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  • Odiaba a las lesbianas y me convertí en una

    Odiaba a las lesbianas y me convertí en una

    Siempre me considere homofóbica, sobre todo con las lesbianas, siempre buscaba la forma de no estar en contacto con ellas y una fiel amante de un buen pene.

    Una tarde de septiembre mi pareja de 6 años terminó la relación ya que había conocido a otra chica y se marchó, mi mejor amiga que la mencionaré como Leona también había terminado su relación con su marido hacía pocas semanas.

    Un día me llamó ya que yo estaba sumida en una enorme depresión no sé si por la falta de mi ex por su miembro que me hacía llegar al cielo, así que Leona me invitó a su casa para que ahogáramos las penas en alcohol y películas, ocasión ideal ya que ambas con hijos ellos estaban con sus respectivos padres.

    No me arreglé mucho ya estaríamos solas así que me puse unas calzas un top y un polerón.

    Ya estando es su casa y tras varias charlas de odio y repudio hacia nuestros ex el alcohol comenzó hacer lo suyo y comenzamos hablar de cuanto los extrañábamos, por mi parte ese enorme pene grueso de 18 centímetros que ya había entrado en todos lados de mi cuerpo, estuvimos hablando más de una hora de cómo lo hacíamos y seguíamos bebiendo. Pasadas las horas me quedé dormida en el sofá donde estábamos y desperté por unos gemidos.

    Leona dentro de su borrachera se había sacado su jeans y estaba solo una tanga que cubría muy poco su concha sus piernas abiertas apoyadas en su mesa de centro y acariciaba su concha muy suavemente, en ese momento fue impactante verla así, pero sin creer que me pasaría mi concha se humedeció de inmediato la miraba de reojo para que no notara que la estaba observando, cada vez sus masajes eran más intensos, sus piernas se abrían cada vez más y sus gemidos se intensificaron, corrió su tanga y comenzó a darse palmadas en su concha, estaba completamente rasurada y su clítoris se erectaba entre los labios de su concha, yo no aguantaba más, quería hacer lo mismo, pero si lo hacía ella lo notaría y se detendría y sentía una calentura enorme de verla acabar, deseaba ver que más hacía, mi concha latía y mis calzas estaban tan mojadas que se pegaron a mí cuerpo.

    De repente ella se detuvo se acercó a mí para ver si dormía y creo que disimulé bien ya que ella se fue de puntillas a buscar algo y volvió.

    Cuando pensé que no podría calentarme más la veo llegar con un pepino que sacó de su estante de verduras y un condón y se lo puso al pepino apoyó su pecho sobre el sofá con el culo empinado y comenzó a metérselo muy suave, yo no daba más, ya no quería masturbarme, quería cogérmela!!!

    Nunca me había dado cuenta que su culo era exquisito, muy firme, una cintura envidiable y sus senos enormes con unos pezones que se notaba que habían sido muy succionados porque eran como chupetes.

    Cada vez se metía más más el pepino que no notó que su cabeza se acercaba a mis piernas cuando trató de acomodarse se resbaló y su mano cayó justo sobre mi concha, se levantó muy rápido, el pepino seguía dentro de ella y me dijo “has visto todo??”. Yo solo asentí con la cabeza ella se rio y me dijo «niña estás más mojada que yo, pero estoy caliente y debo terminar con esto así que tú decides».

    No dije nada, me paré frente a ella y comencé a chupar sus senos se ponían más y más duro,s no quería detenerme mientras afirmaba el pepino que ella tenía dentro se lo movía despacito, ella gemía cada vez más fuerte, se puso de rodillas sobre el sofá apoyando sus senos en el respaldo abrió sus piernas y me dijo «come». Dios mío toda su concha estaba muy mojada, sus jugos corrían por sus piernas, abrí sus nalgas y comencé a lamer, jamás pensé que podría hacer algo así, pero ahí estaba lamía desde su clítoris hasta el hoyo de su culo, el pepino quedó al olvido, mis dedos entraban en ambos agujeros así a lo perrito la tenía para mi, la tomé de sus senos y la empujaba sobre mi.

    Mi lengua ya estaba dentro de su concha, ya la sentía latir en mi rostro, le dije «quédate así» mientras yo me quitaba la ropa.

    Mi concha estaba hinchada de lo caliente que estaba y así como ella la mantengo rasurada.

    Comencé a sobar mis senos en su concha mojada empapándome de sus ricos jugos.

    Ella se volteó y se sentó en el sofá y abrió la piernas no lo sé, pero entendí lo que quería.

    Me subí sobre ella y nuestras conchas se juntaron, comenzamos a sobarlas como besándola entre ellas cada vez más intenso.

    Entre los jugos de nuestras conchas y el roce intenso acabamos una y otra vez hasta terminar exhaustas quedándonos dormidas con un placer que nunca habíamos tenido.

    Ahora cada vez que nuestros hijos están con sus padres nos reunimos en su hogar para darnos sexo duro y me hice adicta a su concha.

    Pero ese será otro relato con mi Leona.

  • Exhibicionismo y masturbación en el autobús de noche

    Exhibicionismo y masturbación en el autobús de noche

    ¡Hola! Les voy a contar del primer día, en el que probé la exhibición y me encantó.

    Recuerdo que tenía en ese entonces 23 años, tenía problemas con mi chica y nos dejamos de ver por un año; nuestra vida, se había hecho rutina; de hecho hasta en el sexo, nos faltaba algo, algo que ni uno de los dos sabíamos y aunque ya lo estaba superando, me sentía un poco solo, ya me había acostumbrado a su compañía.

    Me sentía ansioso todo el tiempo y a veces, triste, aburrido, confundido; sentía que me faltaba algo. Decidí tratar de distraerme con los amigos, pero, todo fue en vano; porque el alcohol, las fiestas, los juegos etc.; provocaban ese vacío cuando estaba solo.

    Fue hasta que un día, viendo pornografía por la red, encontré algo que llamo mi atención, un vídeo de un tipo masturbándose en público en un autobús, me excitó tanto, ver cómo la mujer que lo observaba; tenía la lujuria, el deseo dibujado en el rostro, que deseé tanto ser yo, el protagonista de ese vídeo.

    No podía quitarme de la mente ese rostro, el rostro de esa mujer cachonda, suplicante por tocar ese pene, lo pensé mucho, antes de decidir hacer realidad esa fantasía, que no me dejaba en paz.

    Salí una de esas noches en las que hace mucho calor, eran como las 9 pm y abordé un taxi, pedí que me llevara al paradero de autobuses de cuatro caminos, ahí esperé a que saliera el último camión de las 11 pm, dejé que subiera toda la gente que estaba formada y se acomodara en sus respectivos asientos; eran pocas personas; como unas 7 mujeres y 5 hombres, subí al camión y observé donde colocarme con estrategia; todas las personas estaban ocupando un solo asiento, en diferentes lugares, pero, habían dos en particular que llamaron mi atención; hasta el fondo había una chica sola, como de unos 25 o 30 años de edad, bastante gordita, de cabello lacio y largo; delante de ella, pero del mismo lado, una joven, de entre 18 y 20 años, delgada y bastante bonita.

    Ellas estaban sentadas en el lado derecho del autobús, junto a la ventanilla y yo decidí sentarme del lado izquierdo, también junto a la ventanilla, en el penúltimo asiento, con la intención de que las dos me vieran masturbarme; el autobús empezó a avanzar y encendió las luces tenues, con poca luz, me coloqué mi chamarra encima de mis piernas y esperé que el autobús avanzará unos minutos.

    Ya en la carretera, todos iban dormitando y escuchando la música que el chófer, había puesto en su estéreo, deslicé mi mano y desabotoné mi pantalón, bajé el cierre de mi pantalón y saqué mi miembro, lo empecé a sobar, para que este, se erecta más.

    La chamarra evitaba que se viera mi miembro, pero mis movimientos no, la primera chica en darse cuenta, fue la gordita, me miraba extrañada y confundida, yo miraba de reojo y mi corazón palpitaba fuerte, después la chica de al lado volteó a verme, me observó por unos segundos y giró su cara hacía la ventanilla, sacó su celular; como simulando chatear, pero yo podía observar que de reojo me miraba, excitado recorrí la chamarra, a modo que saliera mi pene, lo tenía totalmente erecto, sentía que me iba a reventar de tan parado qué lo tenía.

    Seguí masturbándome, y noté que la muchacha gordita tragaba saliva y con cara de sorpresa, de pena y excitación, no dejaba de verme, la chica bonita me miraba de reojo, pero con timidez; lo malo fue, que después de tres calles, ella se levantó, se acercó y como echándole la última miradita de cerca, dio la vuelta, tocó el timbre y se bajó, en ese preciso momento la mitad del autobús se bajó, casi estaba vacío y todavía faltaba hora y media para llegar a su destino final.

    Aproveché que ya no había tanta gente y me quité por completo la chamarra, bajé mi pantalón hasta las rodillas y me empecé a masturbar más rápido, mi corazón palpitaba más fuerte, mi excitación creció, giré descaradamente mi cabeza, para observar a la chica de atrás, la muchacha me miraba excitada y ya no se le notaba nada de timidez, miraba para todos lados, como asegurándose que nadie la viera, se lamía los labios, como saboreando mi pene, quería venirme de tan excitado que estaba, pero esperé, le di unos golpecitos a mi pito, para que se tranquilizara, giré la cabeza nuevamente y me sorprendí de lo que vi.

    Ella también se estaba masturbando, se había quitado la pantaleta y la falda la tenía remangada hasta la cintura, se podía apreciar su rica y sabrosa rajita, depilada y carnosa, su rostro era totalmente de lujuria, entre los dedos escurría un líquido transparente y viscoso, se podía escuchar su fuerte respiración aún con la fuerte música del chófer y el chacoteo que hacía al masturbarse.

    Me entre subí el pantalón y decidí, sentarme hasta atrás; al otro extremo de ella, bajé rápidamente mi pantalón y seguí masturbándome; aunque esta vez, mirándonos fijamente los dos, ella se retorcía y gemía bajito, se me quedó mirando unos segundos, giró la cabeza para observar a su alrededor, comprobando que nadie nos prestaba atención y se acercó junto a mí, me empezó a chaquetear la verga, primero suave y después rápido, pero delicadamente.

    Sin dudarlo, se agachó y empezó a lamerlo, lo succionaba con mucha experiencia, sentí la gloria en ese preciso momento, mi excitación creció más y le dije que se sentara junto a la ventanilla, me subí el pantalón, me arrodillé, le abrí las piernas y le empecé a lamer su rica cosita, la tenía mojadísima y su rica miel escurría de entre mis labios, lamí su ano y después la hice venir, ella gemía en voz baja “haaa, haaa, comete mi lechita, cómetela, papito por favor, por favor papi”.

    Con su cara suplicante y sonrojada, cerró los ojos y se empezó a convulsionar de placer, después me bebí toda su miel agridulce, que brotaba de su sabrosa verija, le bajé la falda y le pregunté si le había gustado, ella contesto que sí, que no le habían dado nunca un oral tan excitante, también le pregunté que si era casada o vivía con alguien y me respondió que no, me preguntó el porqué y le dije, que tenía muchas ganas de cogérmela.

    Me miró con lujuria y me dijo “¿en tu casa o la mía?”

    Pero esa es otra historia que les contaré después, si te gustó mi anécdota, coméntame o escríbeme a mi correo electrónico:

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  • Eyaculo en sus pies mientras duerme

    Eyaculo en sus pies mientras duerme

    Tengo 18 años y este relato fue así.

    Tengo una amiga llamada Alejandra que es muy bonita y siempre me llamo la atención, ella tiene 18 años y tiene unos pies hermosos que siempre me había gustado la idea de poder tenerlos.

    Entonces empecé a pensar en un plan para poder tener sus pies y rápidamente se me ocurrió uno que consistía en invitarla a dormir a mi casa a ver una película, creía que sería posible que aceptara ya que teníamos una relación cercana de más de 1 año, tenía que tener la casa sola para poder invitarla y estar a solas y el fin de semana íbamos a ir a con los abuelos a quedarnos el sábado así que dije que me quedaba por un proyecto escolar y aceptaron sin problemas.

    Así que el día viernes la invité diciéndole que mi familia se iría el fin de semana y para no pasarla solo y aburrido se me había ocurrido invitarla a quedarse a dormir para poder ver una película que pensaba de la idea, y ella respondió que más tarde me avisaba, pero que ella pensaba que sí, pasaron alrededor de 2 horas cuando me mandó mensaje que si se quedaría, en ese momento todo me estaba saliendo como pensaba y además se le podía oír en los audio emocionada.

    Se llegó el día sábado y nos habíamos quedado de ver en el parque a las 7:00 de la tarde para de ahí irnos a la casa y así pasó, nos vimos en el parque y nos quedamos unos 30 minutos platicando y tomando fotos, estaba vestida con unos shorts negros y una camisa blanca, después de unos 20 minutos caminando hacia la casa llegamos pusimos la película en la sala, estábamos los 2 en el sofá y después de 1 hora ya ella con más confianza se quitó los tenis, pero no los calcetines, en ese momento se me ocurrió decirle que le daba un masaje a sus pies pero la verdad no me animé.

    Después de acabar esa película me fijé la hora y eran alrededor de las 11:00 de la noche, pedimos de cenar y mientras cenamos estábamos platicando, yo solo quería que se hiciera más tarde para que llegara la hora de dormir, acabamos de cenar y eran casi las 12 de la noche y pusimos otra película para hacer tiempo entre la película había sacado unas cobijas para ponernos más cómodos, esa película se acabó alrededor de las 2:30 de la mañana.

    Le pregunté después si quería ver otra y respondió que di quería si así que puse otra, pero ya se le notaba el sueño en los ojos.

    Más o menos a la mitad de la película me di cuenta de que tenía los ojos cerrados entonces puse en marcha mi plan, para asegurarme de que estuviera dormida la moví varias veces con la mano después mencioné su nombre en voz alta un par de veces, al ver que no había respuesta me pare del sillón lentamente para no despertarla.

    Lentamente comencé a levantar la cobija de sus pies y al levantarla estaban sus pies con calcetines puestos, sus plantas estaban a la vista ya que estaba acostada boca abajo empecé a agarrar su calcetín para poder quitárselo y si me atrapaba le diría que era para que durmiera más cómoda, lo jalé poco a poco con paciencia hasta lograr quitarlo así mismo con el otro pie tenía las uñas pintadas color negro con dedos hermosos y no había señal de querer despertarse.

    Me bajé los pantalones junto con los boxers dejando al descubierto mi pene lo empecé a jalar para ponerme duro tenía la punta llena de presemen.

    Lentamente me acerque con el pene a su pie derecho y lentamente lo puse entre sus dedos, instantáneamente se llenaron sus dedos de presemen me excito más al saber que ella no sabía nada empecé a masturbarme sin despegar mi pene de su pie hasta que decidí ir más allá.

    Puse mi pene en su planta para poder follarla empecé a hacer hacia delante y atrás dejando si planta lubricada con presemen estaba más excitado que nunca, el sonido a pegajoso que se escuchaba en su pie por el presemen, seguí cuidando de que no se levantara hasta empezar a sentir que no aguantaría más viendo todo su pie derecho lleno de presemen.

    Puse mi punta otra vez en sus dedos y empecé a jalar sin despegarla igual se escuchaba lo pegajoso eso me excitaba más y al punto de eyacular sin pensarlo dos veces solté toda mi carga en sus dedos.

    Fueron 5 cargas enormes que en el primer chorro Alejandra movió su pie bruscamente, pero igual no despegue los chorros aventando todos los chorros a sus dedos, fue una de las cargas más grandes que he tenido, cuando acabe había un chorro gigante en sus dedos que hasta se derramó rápidamente me subí el pantalón y muy nervioso busqué algo para limpiar.

    Al volver con rollo empecé a ponerlo cuidadosamente en el charco de semen que había para limpiarlo poco a poco entre más limpiaba más sentía que se movía, después de limpiar lo más que pude sin ser brusco con los movimientos se miraba algún rastro de semen entre sus dedos, pero imposible de limpiar sin ser brusco ya que se había metido entre los dedos, igual después de limpiar lo más que pude ahora el problema eran los calcetines, como explicaría eso.

    Así que empecé a meterlos sin ser brusco sin mentir tarde como media hora haciéndolo, pero valió la pena por lo que hice intente ponerlos como estaban de a ver empezado a las 3:00 de la madrugada acabe a las 5:00 de la madrugada después la cobijé y me fui a dormir tranquilamente.

    Al día siguiente todo transcurrió normal y Alejandra nunca mencionó nada.

  • Gardenia

    Gardenia

    Después de 9 meses Gardenia había terminado su relación, lo cual nos dejaba a Pablo y a mí como los caballeros de arma dorada que iban a mitigar su sufrimiento y es que a pesar de las lágrimas derramadas Gardenia, la chica morena de grandes ojos marrón era nuestra mejor amiga y una persona poco ortodoxa en la vida y por eso no permitiríamos que siguiera de esa manera.

    Un viernes por la noche estará chévere para Garde. -hice una pausa.- Bebidas y bailecito no le harán mal.- Le comenté a Pablo mientras estaban en el corredor.

    -Sí, suena bien. -acomodó sus lentes.- quizá case algún desprevenido. -miró de manera pervertida.

    Un par de llamadas bastaron para convencerla de ir de fiesta con nosotros.

    Al terminar las clases en la Universidad Pablo y yo fuimos al departamento para cambiarnos de ropa y zapatos. Alrededor de las 9 llegamos a casa de nuestra amiga para recogerla, ella salió inmediatamente envuelta en un vestido verde esmeralda pegado a su cuerpo, escote en “v” y chamarra de cuero, cabello suelto y zapatos bajos.

    -¡Uh lala! -Pronunció Pablo al abrirle la puerta.- Parece que hoy si nos vamos de cacería. -Mostró su sonrisa de galán de pueblo y volvió a subir a su puesto de copiloto.- Bueno, arranca que la noche nos espera. -Encendí el auto y nos dirigimos al bar.

    Había mucha gente en la entrada, pero logramos ingresar y apartar algunos lugares para sentarnos a beber y convivir.

    Todo parecía ir bien hasta la tercera ronda de tequilas el juicio de todos comenzaba a nublarse y fue ahí cuando todos fuimos a bailar y divertirnos como nunca.

    El alcohol transitaba por nuestras venas y para esas horas de la noche entre el sonido de la música y el calor de la pista de baile había hecho que en un par de ocasiones hubiera más que toqueteos y acercamientos entre Gardenia y yo, mis manos en sus caderas hacían que sus movimientos fueran espectaculares y es que no podía negarlo ella era una mujer espectacular con una belleza poco común pero hipnotizaste con el movimiento de su cuerpo y sus manos.

    Así transcurrió y el tiempo, muchos hombres se acercaban a intentar ligar con ella pero Gardenia únicamente se dedicaba a rechazarlos, con nadie bailo más que conmigo y Pablo y yo estaba agradecido por eso, era nuestra chica.

    Pablo estaba borrachísimo y decidimos marcharnos de ese lugar, era muy mala copa y quisimos evitarnos de problemas. Arrastras lo subimos al carro y ella se fue adelante conmigo, en cada momento aprovechaba para ver sus trabajadas piernas, su hermoso escote y el perfecto contorno de sus labios rojos. Para mí era una belleza.

    Al llegar al departamento llevamos a Pablo a su habitación.

    Ahora solo estábamos ella y yo en mi habitación, comenzamos a platicar de cosas sin sentido y era algo definitivo que se quedaría a dormir con nosotros, no la dejaría tomar un taxi a esa hora.

    -Puedes cambiarte si tú quieres, prometo no mirar. -Le dije mientras buscaba mi pijama.- En el primer cajón está mi ropa deportiva, quizá algo pueda funcionar. –agregué-. Y creo que también ropa tuya que dejaste hace tiempo.

    Ella me agradeció y se quitó los zapatos, luego la chamarra, recogió su cabello y desabrochó su vestido para mi suerte no tenía sostén y en lugar de salir o por lo menos voltear para otro lado y cumplir mi promesa quedé como una estatua al ver su figura semidesnuda frente a mis ojos.

    -Yo sé que me quieres. -se acercó a mí y llevó mis manos a sus caderas-  y la única forma que quiero que me ayudes es de esta manera. -Subió sus brazos rodeando mi cuello y me besó lentamente.- Quizá es difícil pero mira mi cuerpo, tócalo y quizá eso te ayude a verme como otra mujer. -Ella me miro con esos ojos inquietos y con una sonrisa pícara entre sus labios hinchados.

    No sabía si era parte de mi delirio que estaba cegando a mi cordura al tener latente la imagen con la que había soñado en muchas ocasiones y había tenido pajas en muchas ocasiones. Dubitativo aproximaba mi cuerpo al suyo, aun cuando no la entendía. Ella por su parte me recibió con pequeños besos en el cuello y sus manos frías recorrían mi espalda por debajo de mi camisa. Nuestras respiraciones comenzaban a agitarse a diferencia de los movimientos. Con una mano rodeaba su cintura y con la otra sujetaba su cabeza entre un beso lento, no pensaba en nada, solo me limitaba a sentir su piel erizándose al roce de la mía, a su cuerpo inquieto y tibio entre mis brazos, podía sentir sus latidos acelerados en sus mejillas.

    Nuestros jadeos aumentaban mientras nuestras manos temerosas exploraban cuidadosamente nuestros cuerpos, la miraba tratando inmortalizar cada momento en mi mente hasta que sentí como con su mano comenzaba a masajear mi pierna, mientras me recostaba y pegaba su cuerpo para sentir sus pechos desnudos, en cuestión de segundo comenzó a convertir mi respiración en jadeos, dio un beso corto, casi como un roce.

    Por instinto solté un gemido al sentir su mano rozar mi entre pierna y a pesar de ello seguía dudando de tocar su cuerpo más allá de lo permitido, ella se encargó de quitarme la playera y posicionar su cuerpo encima del mío, tomo mis manos y las puso encima de sus senos mientras daba pequeños brincos, y ahí supe que no era un sueño o una visión, así sentía mi cuerpo y el de ella calentarse y cuando bese su cuello rebase la línea total de la cordura, en un movimiento brusco intercambiamos posiciones ahora estaba ella bajo de mí, la observe antes de tocarla, acaricié sus piernas con las yemas de mis dedos y comencé a recorrerla hasta a la ropa interior mientras ella solo respondía a mi tacto al arquearse.

    Era un juego de lucha por el poder, así que volvió a posicionarse encima de mí y llevo sus pechos a mi cara, al entender la indicación iba comenzar a tocarlos cuando llevo uno de estos a mi boca, nunca había hecho esto con ella, lo cual lo hacía más placentero, jugué con sus pezones un momento, y seguí así hasta que sentí su cadera moverse, por lo cual guie mi recorrido de besos hasta su parte intima, la cual ya estaba húmeda y de un tirón retire las pantis seguida de un gemido alto de ella, ahora si estaba completamente desnuda. Me miró.

    -¿Podrías quitarte la ropa de una vez? -expresó con la voz entre cortada.

    Estaba desesperada, así que comencé a desabrocharme el pantalón y a bajarlo lentamente, ella me reprocho con un bufido y bajo a sus manos a su parte intima para acariciarla mientras abría las piernas, la mire con extrañeza y me di cuenta que quería jugar sucio por lo cual rápidamente terminé de quitarme la ropa y apartarle las manos.

    -Esa parte me corresponde a mí, abre más las piernas. -le dije con voz ronca por la excitación y comencé a besarla, mientras me introducía en su cuerpo y movía mis caderas.

    Sería una mentira que no deje muchas marcas por todo su cuerpo, que no disfrutaba de cada embestida, de cada roce y cada beso que nos dimos sin importar que Pablo estuviera en la otra habitación y que podía despertar den cualquier momento a consecuencia de nuestros gemidos que llenaban el silencio de la noche y el sonido de nuestros movimientos rápidos e indecorosos, su piel y mi piel podrían fundirse perfectamente como el cristal cuando alcanza el punto de ebullición.

    Sentí como mis muslos se tensaban en señal de que el final se acercaba o al menos para mí, estaba llegando, salió un fuerte gemido y me aferre a su cuerpo mordiendo su hombro. Sentía el líquido correr y me sentí triunfal. Ella también sonrió y me pidió que me sentara en una de las esquinas de la cama frente al espejo, se sentó frente a mi e introdujo nuevamente mi miembro, daba saltos mientras posicionaba sus manos en mi cuello para aferrarse a él y yo sujetaba sus glúteos, contribuí a su final feliz volviendo a chupar sus pechos, veía su cuerpo arquearse, sentí como sus paredes se tensaban al igual que sus muslos y luego un líquido tibio y salí de su cuerpo para recostarla en la cama y abrirle las piernas para besar su cavidad chorreada, lamí cada gota antes derramada y acaricie su clítoris rojo e hinchado con mi pulgar dando golpes pequeños, de nuevo comenzaba a humedecerse y mientras ella cogía mis dedos lengua iba a sus pechos, a esas hermosas bolas grandes que tenía frente a mí, de nuevo otra corrida esplendorosa y mis dedos cubiertos con sus fluidos los cuales llevé a su boca. Al terminar cubrí su cuerpo y el mío con las sabanas y dormí aferrado a su cuerpo tibio.

    -¡Weeey! -escuché una voz en la habitación.- Weeey. -volvieron a llamarme y aun medio dormido reconocí la voz de Pablo, lo que hizo que me despertara rápidamente.

    -¿Gardenia? -busqué su cuerpo a lado de la cama, pero solo veía a Pablo parado en la puerta, ¿Dónde estaba?

    -No wey, soy Pablo, Gardenia se fue en la mañana, cámbiate que nos vamos por algo para desayunar porque no aguanto ni a mi alma. -y se puso sus lentes obscuros.

    Revisé mi celular y tenía un mensaje.

    “Hola dormilón, espero que Pablo no nos haya escuchado anoche, eres excelente con esos dedos largos y no porque seas guitarrista.

    Nos vemos el lunes en la universidad.”

    Miré mis dedos y sonreí.

  • Le entregué el culo a mi mejor amigo

    Le entregué el culo a mi mejor amigo

    Hace un tiempo atrás tuve una discusión con mi pareja acerca de las intenciones que Diego, mi mejor amigo, tenía sobre mí.

    Con él nos conocimos en el jardín de infantes.

    Compartimos nuestra niñez, nuestra juventud, y adolescencia.

    Cuando éramos pequeños jugábamos a los novios y nos besábamos con inocentes piquitos.

    Con el paso del tiempo mi cuerpo comenzó a crecer y transformarse en cuerpo de mujer, Diego estuvo siempre a mi lado, cuidándome, notando mis cambios.

    Si alguien rompía mi corazón, si alguien me lastimaba, Diego siempre me daba su hombro para llorar, su oído para escuchar y su cama, para dormir abrazados y secar mis lágrimas.

    Somos mejores amigos y el sexo no era parte de nuestra relación.

    Esa noche la discusión con mi pareja comenzó tratando de convencerlo por centésima vez que Diego era inofensivo, que no tenía ningún interés sexual hacia mí.

    Discutimos mucho, nos dijimos cosas feas, mentiras que lastiman, palabras que son utilizadas en momentos de enojo, de gritos, cuando uno piensa solo en herir a su oponente.

    Y como era de esperarse. Después de la discusión, llamé a Diego.

    Le expliqué lo que había pasado, se ofreció para hablar con mi pareja, pero no me pareció el momento adecuado. Le pedí que viniera, que necesitaba verlo.

    Mi novio, después de la discusión, se duchó, y como era su rutina de viernes por la noche, se recostó en el sillón a mirar su equipo de fútbol preferido, eso era como un bálsamo para él. Supongo que lo calmaba ver a varios hombres disputar una pelota durante 90 minutos. Nunca entendí el fútbol.

    Aproveché su enojo y el partido, y me fui al encuentro con Diego.

    Obviamente él no podía venir hasta mi casa y yo tampoco podía ir a la suya ya que su madre estaba de visitas y no tendríamos la privacidad para hablar.

    Pasó por mí en su auto. Yo lo esperaba en la esquina. Fuimos hasta un parque alejado unas 30 cuadras de mi casa.

    Era de noche, una noche de verano que invitaba a la charla y la buena compañía.

    Diego es una persona hermosa, lo quiero mucho y él me quiere mucho a mí, nos cuidamos mutuamente, no ha tenido suerte en el amor, las mujeres que han compartido su vida nunca entendieron nuestra relación y celosas, se alejaban.

    Diego tiene todo lo que yo buscaba en una pareja… pero es mi amigo.

    Nunca tuvimos sexo.

    Hasta esa noche.

    Llegamos al parque, estaciono su auto.

    Me ofreció un cigarrillo, lo encendió y solo me escuchó…

    “Mariano es un boludo, cree que vos me tenés ganas. Dice que me miras las tetas, que cuando me abrazas me miras el culo. Que la amistad entre el hombre y la mujer no existe. Que no puede creer que todavía no me cogiste, que bla bla bla” yo hablaba sin parar.

    Hablaba rápido y casi sin respirar, estaba ahogada con tantas palabras que en mi boca sonaban estúpidas, pero en mi cabeza empezaron a sentirse cada vez mejor.

    Diego me escuchaba ”escupir” las palabras y me miraba fijo a los ojos mientras se le dibujaba una sonrisa libidinosa.

    Cuando por fin respiré e hice silencio, con una voz sensual que nunca había usado hasta el momento, me preguntó “¿por qué crees que son ideas raras?”.

    Mi cuerpo reaccionó a aquella situación, noté como se lubricaba mi vagina, centré mi mirada en su boca y en cómo movía sus labios al hablar, como si el tiempo se detuviera, su voz endulzaba mis oídos diciendo no sé qué y un impulso hizo que trepara sobre él, sujetando su hermoso rostro y mordí sus labios carnosos.

    Que bien que besa!

    El sabor de su boca era suave, dulce.

    Su cuello perfumado, calentito.

    Rápidamente tomé su pene, corrí mi tanga, lo introduje en mí y comencé a mover mis caderas, estaba muy excitada, mi amigo era hermoso y mi pareja estaba mirando fútbol.

    Era infiel y eso me excitaba aún más.

    Llegar a mi primer orgasmo fue casi inmediato.

    Cuando quitó mi camisa, sentí sus labios sobre mis pechos, sus dientes en mis pezones y sus manos en mi culo, llegué al segundo orgasmo.

    El placer era constante, sus jadeos se mezclaban con los míos, su pecho retumbaba de pasión, totalmente entregada a ese hombre y dispuesta a todo, le entregué mi culo, casi virgen.

    Su gran pene, completamente dentro de mí se movía suavemente como con cuidado.

    Y mientras nuestras bocas se juntaban en un beso, se unían nuestros gemidos, sus manos recorrían mi cuerpo en su totalidad, su pene cogía mi culo.

    Siento dentro de mí la explosión de su eyaculación, como una erupción en mi culo y una electricidad invade mi cuerpo, me hace estremecer de placer hasta dejarme inerte, inmóvil por unos segundos y volver a convulsionar de placer.

    Vuelve la paz.

    Siento la relajación de su pecho contra el mío.

    Vuelvo a mi asiento.

    Prendo un cigarrillo y acomodo mi cabello.

    Diego me besa y me pide que no discuta más por él, que no tiene sentido.

    Volví a mi casa, mi pareja aun miraba fútbol.

    Poco tiempo después, nos separamos.

    Nunca supo lo de Diego, con quien seguimos siendo mejores amigos.

  • Alfredo y sus amigos estudiando en casa

    Alfredo y sus amigos estudiando en casa

    Alfredo es un joven hermoso y bello, estudiante de ingeniería. Vive con sus padres en una linda casa en un reparto residencial. Muchas veces invita a sus amigos Eduardo y Alejandro a estudiar en su casa en tiempo de exámenes y la mayoría de las veces se quedan a dormir, acomodándose entre la otra cama del cuarto de Alfredo y el sofá cama del salón principal.

    Una noche en que terminan de estudiar muy tarde, se disponen a dormir y Eduardo ocupa la otra cama mientras Alejandro alegando que no tiene sueño, se queda conversando con Alfredo en su cama. Mientras ya Eduardo duerme, Alfredo y Alejandro, que se aman secretamente, sigilosamente se masturban debajo de la sábana.

    Otra noche, ya tarde, Eduardo prefiere quedarse a dormir en el sofá y le deja libre la otra cama a Alejandro. Ambos jóvenes, tanto Alejandro como Alfredo se alegran de poder quedarse solos en el cuarto y poder disfrutar y tener sexo con bastante privacidad. Mientras, Eduardo se muda al salón con sábanas y almohadas.

    A partir de ese día, Eduardo siempre prefirió quedarse en el sofá y ellos dos lo interpretaron como un acto altruista de él, que habiendo sospechado que se entendían sexualmente, habría preferido sacrificarse para que sus amigos disfrutaran sin la incomodidad de su presencia, que aunque él era hétero no tenía nada de homófobo.

    Estando tanto Alejandro como Alfredo durmiendo en sus camas respectivas, se levanta este último de madrugada con mucha sed y va a la cocina a tomar agua. Lo hace con sigilo evitando despertar tanto a Alejandro como a Eduardo, pero al pasar por el salón, nota que no hay nadie en el sofá y extrañado sigue hasta la cocina, que también está a oscuras. Antes de abrir la nevera, escucha un ruido que viene del cuarto de lavado, adyacente a la cocina. Pospone la apertura del frigorífico y se acerca a la puerta, escucha unos quejidos tenues, como reprimidos y entreabre lentamente la puerta.

    El espectáculo es pornográfico, iluminados por el alumbrado público, que se filtra a través de una ventana que da al patio interior, se recortan las siluetas de su madre, que se encuentra de pie, desnuda, agachada con la cabeza y los brazos recostados en una mesita, mientras Eduardo en cueros y con su pingona parada, le está dando por el culo. Aquella escena lo pone a millón. Ellos están tan ocupados en su asunto, que ni se percatan de su presencia.

    Alfredo vuelve a cerrar la puerta con mucho cuidado, para no hacer ruido y se va a su cuarto. Comprueba que Alejandro está dormido y pasa al baño, dónde se masturba con deleite y vuelve a su cama y le cuesta trabajo volver a quedarse dormido. Sigue pensando en qué hacer con todo lo que ha visto. Cualquier decisión que tome, puede desembocar en una catástrofe familiar. Por fin se queda dormido y se despierta temprano, Alejandro está sentado en la cama, vestido y calzándose los zapatos, mientras se escucha a Eduardo cepillándose los dientes en el baño.

    –Buenos días, Alejandro. ¿Cómo has dormido?

    –Yo muy bien, ¿y tú?

    –Muy bien, sabroso. Estoy en talla.

    –Bueno días Alfre. ¿Todo bien? –es Eduardo que va saliendo del baño, sonriente.

    –Buenos días Eduardo. ¿Se puede saber a qué se debe tu rostro tan risueño?

    –Ah, ¿pero ahora no puede uno sentirse contento?

    –Claro que sí, cada cual se puede sentir feliz a su manera. Pero como dicen que el que solo se ríe, de sus maldades se acuerda…

    –Ahh, lo dices por el refrán. No, no lo hago por nada especial. No te preocupes. –y se sigue sonriendo, que a mí se me ocurre, que con malicia.

    Alfredo se termina de vestir y salen los tres de la habitación. La madre de Alfredo está en el comedor, con una bonita bata de casa, y con el desayuno servido. Se sientan a la mesa, Eduardo se sirve cereal con leche, Alejandro dos huevos fritos con bacon y Alfredo tiene en su plato servido panquecas, a las que le vierte sirope de arce de una botella. Hay además zumo de naranjas recién exprimido, café, leche, tostadas, mantequilla y confituras de varios sabores en minidosis. Petra, una señora ecuatoriana que ayuda a la Sra. Sofía en los quehaceres, sale de la cocina y se acerca a la mesa con una jarrita con café expreso.

    –Buenos días. ¿Alguno de los señoritos desea tomar café solo?

    –Buenos días Sra. Petra, contestamos todos casi a coro.

    –Yo si quiero. Por favor. –Le dice Eduardo. Mientras ella toma una taza con su platillo y una cucharita y poniéndola frente a él en la mesa, le sirve el humeante y aromático café. Le acerca la azucarera, Splenda y terrones de azúcar.

    –Yo también voy a tomar Petra. –Dice Alfredo y ella va diligente a complacer al señorito de la casa.– Madre, mi padre no ha regresado de viaje, ¿verdad? –Ella niega con la cabeza–. Entonces el chófer nos puede llevar a la Universidad.

    –Si, ya Petra le ha avisado y está afuera esperando en el car porch. –Le dice la Sra. Sofía.

    –Los tres se ponen de pie y cada cuál agarra su mochila. Se despiden. Petra los acompaña hasta la puerta y cuando el coche ha salido, cierra la puerta, detrás de ella.

    En la tarde llega Alfredo de la Universidad, la madre está sentada en una banqueta alta de la isla de la cocina-pantry, bebiendo un coctail de Vermouth con brandy y hielo, mientras hojea una revista de modas.

    –Hola madre. –Se le acerca y le da un beso en la mejilla. –Qué olorosa estás, hueles a Eau de parfume.

    –Si, es mi preferido. ¿Y tus amigos no vienen hoy a estudiar?

    –No, vamos a descansar este fin de semana. Alejandro piensa salir con su novia y Eduardo creo que tenía una cena en casa de los padres de la novia.

    –Y mi padre ¿no regresaba hoy?

    –No, ahora regresa el lunes. ¿Así que los chicos no vienen hoy?

    –No, el lunes deben venir. ¿Por qué?

    –No, por nada especial. Es que le pedí a Petra que antes que se marchara, les preparara una buena merienda.

    –Mejor para mí. Así tengo la merienda garantizada para mi para todo el fin de semana. –Se frota las manos con efusividad–. ¿Y por qué no vamos para tu cuarto que estaremos más cómodos?

    –Si vamos, que hoy me siento muy sola y así me acompañas. Tu padre solo piensa en trabajar y trabajar.

    –Pero tú vives como una reina, no te puedes quejar. –Ella se ha acostado en la cama con la bata media abierta y él está sentado a su lado.

    –Es que no todo son las comodidades, en la vida se necesitan otras cosas.

    –Si, me imagino. Como por ejemplo un macho como Eduardo que te sodomice, metiéndote la pinga por el culo.

    –¿Estás loco? –Se incorpora y lo increpa–. ¿De qué tú estás hablando Alfredo?

    –¡No te atrevas a negarlo! Anoche los vi como gozabas en el lavadero mientras Eduardo te cogía el culo y tú gemías de placer.

    –¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Yo soy tu madre y me tienes que respetar!

    –Tu lo que eres una zorra, tan puta, singándote a mi amigo. Ya tú verás como se lo voy a contar todo a mi papá. ¿Cómo prefieres que se lo cuente? ¿Delante de Eduardo o solos nosotros tres? –Ella se ha echado a llorar desconsoladamente, rogándole a su hijo que la perdone, que no la vaya a delatar, que por lo que él más quiera no diga nada.

    –Eso lo tengo que pensar muy bien antes de tomar una decisión. Tengo que analizarlo.

    –Mira Alfred, yo me casé muy joven con tu papá. Él me lleva unos añitos, entonces esa diferencia de edad, no era importante, pero al pasar los años comienza a notarse y ya no es lo mismo.

    –Pero eso debiste haberlo pensado en aquél momento. Pero claro, la idea de casarse con un empresario próspero, de unos cuarenta años y que te diera todos los lujos que nunca tuviste te sedujo ¿verdad?

    –Pero era lógico que me pasara, yo tenía solo 17 años.

    –¿Y tu mamá no te advirtió de que no debías casarte con un hombre que te llevaba 24 años?

    –Si, es verdad que me lo advirtió, pero yo no le hice caso. Ahora me arrepiento, pero qué puedo hacer.

    –Lo único que podías hacer era comportarte como una mujer decente. Y no solo es suficiente serlo, si no también parecerlo.

    –Yo te juro que más nunca en mi vida yo volveré a mirar a otro hombre. Y haré lo que tú quieras que yo haga, por muy humillante que sea.

    –Bueno, déjame pensarlo bien y analizar tu propuesta. A lo mejor me conviene.

    –¿Tu crees que mañana tengas una respuesta?

    –No sé. Ya veremos. –Se dio la vuelta y se marchó. Mientras ella muy nerviosa, se quedó llorando y gimoteando por la mala suerte que tuvo, de que su hijo la sorprendiera teniendo sexo con un amigo suyo.

  • Aquel tanga azul oscuro

    Aquel tanga azul oscuro

    Aquella noche era distinta a otras noches porque había luna llena. Estábamos en el campo, en una casa rural. El aire que olía a bosque húmedo, animaba a los dos cuerpos tendidos en un colchón, en el suelo, mirando distraídamente a la televisión, a quitarse la ropa.

    Otra vez la misma película, los mismos anuncios… Ella, muy despacio, se levantó a por otras cervezas. Yo le dediqué un amago de sonrisa y me sorprendí imaginándomela sin más ropa que un tanga azul oscuro y aquel culito redondo que tanto deseo provoca en mí. Una camisa larga semitransparente dejaba asomar unas piernas ágiles, que ahora se movían perezosas esforzándose por alcanzar el firme suelo y avanzar hasta la cocina. Daba vértigo verla moverse así.

    Ella entró a la cocina. Yo, casi sin querer, comencé a desabrocharme los vaqueros. Era la única ropa, además de la interior, que llevaba puesta. Noté cómo mis manos iban separando cada botón de su ojal, y deseaba que fueran las manos de ella. Sentí una erección repentina que incluso dolía. Parte de mi decía que «No podría hacerle esto», me repetía mientras me acariciaba cada vez más desesperado y más loco de deseo por ella.

    La había invitado a mi casa con la excusa de enseñarle los últimos trabajos que había terminado. Ni yo mismo comprendía porqué lo había hecho. Ahora no tenía remedio. La sangre me palpitaba por las venas de mi miembro, por todo mi cuerpo, y sólo la piel de ella me tranquilizaría, o me haría perder la razón.

    Ella volvió con otras dos cervezas más, quizás lo que yo necesitaba para reaccionar. Me ofreció la cerveza y yo bebí con ansiedad. Ella, sin darle importancia a los ojos crispados por ver más allá de su breve ropa, se sentó a mi lado. Yo la observaba, silencioso, ardiente… Mi respiración se cortó cuando ella, con más erotismo del que yo podía soportar, deslizó su boca hasta el principio de la botella y con esa dulzura que la caracteriza bebió unos tragos.

    Entonces reparó en mis pantalones, entreabiertos, sugerentes, con el bulto de mi miembro hinchado de deseo, luchando por salir. Instintivamente sonrojó. Levantó la vista y se encontró con mis ojos, mirando, goloso, sus piernas, tumbado de lado. Ella se tumbó también y como ofreciéndome los pechos que parecían pedirle a gritos mordiscos y besos. No sabía muy bien porqué la había invitado, y ahora estaba allí, tumbada a mi lado, mordiéndose con lascivia el labio inferior mientras su mirada recorría la abertura de mis vaqueros.

    Sin saber cómo lo hice, empecé a acariciarla el muslo, subiendo poco a poco, muy poco a poco, su camiseta larga y ancha. Tropecé con su tanga. Ella se tumbó bocarriba, suavemente, y abrió las piernas. Deslicé mi dedo índice dentro de ella, y sentí cómo temblaba. Ella suspiró de placer y relajó todo su cuerpo, dejándose invadir por los estremecimientos que la estaba produciendo. Con la otra mano, arranque su tanga, que era tal y como había imaginado, y la acaricie desde los pies a los muslos con la yema de mis dedos.

    Hundí mi cabeza entre sus piernas y empecé a mover la lengua hasta hacerla gritar. Al principio despacio, de abajo a arriba, disfrutando de todos sus jugos. Continúe haciendo especial énfasis en su clítoris, que se endurecía por segundos. Mi lengua jugaba traviesa, dejándome guiar por los temblores de unas piernas que a duras penas lograba sujetar. De su boca salían gemidos y algunos adjetivos que más que ofenderme me animaban a seguir lamiendo aquel pecado tan sabroso.

    Cuando sentí que ella iba a desfallecer, la penetré con delicadeza, como si fuera su primera vez. Ella notó mi miembro contra sus paredes, gritó y me arañó, me besó y me apretó contra su cuerpo, rodeándome con sus brazos y piernas, con toda la fuerza que le quedaba. Me excitaba cada vez más. Volví a sentir que el orgasmo de ella se acercaba y cambié de postura y se puso a 4 patas. Ambos estábamos perdiendo la razón. Entonces fui yo quien estuvo a punto del orgasmo.

    En la misma postura busque su entrepierna, queriendo terminar de hacerle el amor y tocar el cielo juntos. Ella sudaba. Yo sudaba. El olor a bosque se había perdido entre el olor a sexo y los vapores de alcohol, un grito de los dos compartido se adueñó de la habitación. Me desplome sobre ella, sintiendo los latidos de su sexo abrazando mi miembro exhausto. Y nos sentimos felices. Sexo sin palabras.

    Entonces ella volvió a levantarse para ir al baño retocarse. Cuando volvió me encontró tumbado bocarriba, con restos del líquido blanco en el pecho que delataba que no me había limpiado, de la extenuación, en su ausencia. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa de placer infinito en mis labios.

    Ella se quitó el camisón y se sentó encima de mí, lamiendo despacio mi pecho manchado, mi cuello palpitante, cubriendo con sus manos cada centímetro de mi piel. Paseó su lengua por mis piernas, deteniéndose en la parte interna de mis muslos. Continuó subiendo. Llenó su boca con mis genitales, y luego con mi pene, aun húmedo y erguido. Como si de un helado se tratase, su lengua lo lamió y su boca lo rodeó. Estaba a punto de desmayarme, cuando ella empezó a metérselo y sacarlo de su boca…

    Lo que sucedió al final está en vuestra mente… os invito a que escribáis en los comentarios un final contando como acabó.

    Muchas gracias por leerme y espero que os guste.

  • El taller de mi suegro

    El taller de mi suegro

    El día de mi 18 cumpleaños tuve una doble celebración, por el mediodía con mis padres y hermanos y por la noche con mi novio y sus padres.  Cuando terminamos está última, el padre de mi novio se ofreció a llevarme a casa, ya que vivo a unos 10 kilómetros de distancia.

    Una vez en el coche y ya alejados de la vivienda, mi suegro, que tiene 42 años me sorprendió diciendo «¿el soso de mi hijo no te ha follado hoy?». Yo no sabía que contestar y entonces él me miró y se puso a reírse y me dijo «vamos a parar en ese terreno oscuro y soplas una buena vela gorda». Yo no sabía todavía qué decir cuando él paró el coche en el lugar que había dicho y me preguntó si quería o no.

    Yo, la verdad es que estaba como hipnotizada pero le pregunté si su hijo se enteraría y él dijo que lógicamente no. «Venga, vamos» le contesté y tras ello le advertí que iba a ser la primera mamada de mi vida. «Realmente mi hijo es soso» dijo riéndose mientras se bajaba el pantalón y los bóxer y dejaba al descubierto un enorme pene todavía flácido rodeado de una espesa mata de pelo.

    «Venga zorra, chúpamela» me dijo y como si esa fuera la señal convenida yo agaché mi cabeza y me introduje la polla en la boca y ésta empezó a ponerse dura y a alcanzar un tamaño considerable. Yo chupaba tal y como había visto hacer en algunas películas porno y no debía hacerlo muy mal pues mi suegro gemía de placer y a los pocos minutos anunció que iba a correrse.

    Yo fui a sacar la polla de mi boca y apartarme, pero él me dijo «qué haces guarra, eso se traga». Al tiempo me sujetaba la cabeza para que no pudiera apartarla, yo le hice un gesto de que no era necesario y me soltó en el momento que un gran chorro de espesa leche caliente entraba en mi boca y yo me la iba tragando.

    Mi suegro me dijo que quería follarme, pero que si nos entreteníamos más alguien podía sospechar. «Así que mañana faltas a clase y te vienes al taller, que como sabes está cerrado unos días, y allí te follo. Sé que no vas a fallarme».

    Yo no sabía que me empujaba a aceptar lo que me decía, pero una fuerza misteriosa hizo que al día siguiente estuviera a las 9 en el taller. Él se rio al verme y dijo «aquí está mi zorra jovencita en busca de buenos polvos». Vi que había preparado una especie de cama con mantas en un rincón del taller y allí me dirigí y me desnudé. Él hizo lo mismo y mirándome dijo «me voy a comer ese chochito rubio» porque el escaso pelo de mi pubis es de ese color. Metió su cabeza entre mis piernas y su lengua comenzó a arrancarme oleadas de placer y a hacerme gritar de gusto hasta que me sentí desfallecer y me corrí.

    Entonces él se colocó un condón en la enorme polla erecta y se sorprendió cuando le dije que era virgen. «Mi hijo no es soso, es maricón» dijo. «Te puede doler un poco”, advirtió, mientras que, literalmente, me empalaba con su polla y empezaba rítmicos movimientos de cadera. «Mueve el coño nena» me pidió y yo comencé a seguir sus movimientos.

    Es verdad que al principio dolió un poco, pero luego comencé a sentir un intenso placer que se acrecentaba con los bocados que me daba en los pezones. Yo no sabía que se podía gritar tanto de gusto antes de correrme, lo que hice al tiempo que mi suegro. Éste se quitó el condón y me enseñó la gran cantidad de leche que había en él. «Mira lo que te pierdes por ser virgen y no tomar anticonceptivos» me dijo, para continuar diciendo «pero mi leche dentro te la llevas hoy».

    Me dijo que se la chupara para volver a empalmarse y mientras cogió un tarro de vaselina que había preparado y comenzó a echármela por el culo. «¿Me la va a meter por ahí? Me va a doler» le dije. Pero él no hizo caso y me ordenó ponerme a cuatro patas. Yo obedecí y él comenzó a entrar poco a poco sin condón hasta que la enorme verga estuvo dentro por completo. De nuevo sentí el éxtasis de su penetración y tuve la magnífica sensación de notar su leche entrando en mi cuando se corrió.

    Me dijo que teníamos que aprovechar que estábamos en el taller y divertirnos. Así, me llevó hasta una especie de grúa que me dijo era para sacar los motores de los coches. Allí me izó los brazos sobre la cabeza, los ató juntos por las muñecas y puso el gancho de la grúa en la cuerda y poniendo esta ven marcha me levantó unos 20 centímetros del suelo, al que no llegaban mis pies. Luego ató a cada uno de estos unas pesas que tiraban de mí hacia abajo.

    «¿Quieres que te azote y mezclas dolor y placer?». Yo estaba tan llena de placer que le dije que sí. Me advirtió que durante unos días tendría marcas, pero que al ser invierno nadie tenía por qué verlas bajo la ropa. Entonces cogió una cosa que me dijo que era una correa del motor y la cortó por uno de los lados ovales de sus extremos. «Elige» me dijo, mostrándome la parte lisa y otra con pequeños salientes como dientes. Ni que decir tiene que me di cuenta que la de los dientes dolería más y por eso mismo la escogí. Entonces empezó a azotarme. Fueron ocho o diez latigazos que, curiosamente, me hicieron correrme por el dolor, algo que yo no me explicaba.

    Mi corrida lo puso a cien y manipuló la grúa de manera que mi vagina quedara a la altura de su gran polla, enfundada de nuevo en el condón que yo hubiera deseado no usar. Fue una follada salvaje que nos dejó a los dos exhaustos. Me descolgó de la grúa, nos duchamos en los vestuarios del taller y me marché a casa.

    Y mi novio sigue sin follarme, pero su padre lo va a volver a hacer esta semana. Estoy deseando que llegue el momento.

  • Confesiones de medianoche

    Confesiones de medianoche

    Era noche de chicas, otros tiempos. Por fin un momento de diversión después de una larga semana en la oficina. Me reuniría con mis amigas tras largos años sin vernos. Lo teníamos planeado con semanas de anticipación.

    Muy entusiasmada, me envolví en un vestido divino de tirantes color azul profundo, con elegantes líneas color rosa pálido horizontales en las faldas de su caída de holanes. Me monté sobre unos tacones altos de un tono rosado más intenso, y para el frío, una cazadora de cuero. Sin embargo, debajo de todo eso, me atreví a ponerme una lencería de lo más erótica, de una sola pieza, encajes y trasparencias, como las que tanto me encantan. Todo era válido en esa noche especial.

    Ya por la tarde, a las afueras de un popular bar en el centro de la ciudad, esperaba recargada en mi camioneta asentada bajo la luz de una farola que ya comenzaba a atenuar las sombras de la noche. La primera en llegar fue Paulina, muy guapa ella, con su abundante cabello largo y ondulado el cual dejaba caer libremente hasta un poco por debajo de sus hombros. Caminaba sensualmente, entallada en un vestido ajustado color crema, cinturón y botas negras, unas muy lindas por cierto, eran largas y de tacón alto. Por encima de todo eso se abrigaba con una gabardina de un café oscuro.

    Nos saludábamos efusivamente, besos y abrazos, risueñas por encontrarnos nuevamente, cuando justamente llegaba Daniela. La única chica soltera de las tres. Apenas la vi en su vestido corto color amarillo de largo escote, morí de envidia. Se le veía hermoso delineando su esbelta silueta, enfatizando su cintura con ese precioso corte que dejaba una elegante caída desde sus caderas hasta sus largas piernas.

    Le quedaba perfecto, resaltaba en su piel canela y su cabello largo negro y lacio. No lo negaré, es una chica realmente hermosa, exuberante y sexy. Claro, es la más joven, debe ser unos cuatro años más joven que yo, quien por esos días tendría unos treinta y cuatro, a la vez, dos años menos que Paulina.

    Y las risas, más abrazos, y los coqueteos clásicos de chicas. Más tarde entramos al bar y la pasamos increíble. Bromeamos, platicamos, reímos y sí, también bebimos un poco. Recuerdo que unos chicos se nos acercaron e intentaron los suyo. Hicieron un buen esfuerzo, pero nada, esa noche era de nosotras y para nosotras, así que los mandamos a volar rápidamente. Sin embargo sirvieron de excusa para abrir el tema en torno a nuestras relaciones.

    Bien sabíamos que Paulina llevaba ya casi ocho años de casada, pero Daniela seguía soltera después de separarse hacía un par de años. Yo vivía con mi actual esposo, pero aún no había nada serio en ese entonces.

    -El chico rubio no estaba tan mal. –Nos decía Dani, como le decimos de cariño, acentuando una voz sensual y traviesa. –A mí me gustó más el moreno de los brazos grandes. –Confesaba Paulina ya con unas copas encima. -¿Qué hay de ti Nadia? -Me preguntaba Dani con una malévola sonrisa. –Mmm, ninguno. Ya están muy viejos, los prefiero un poco más jóvenes. –Le respondía con toda sinceridad y sin titubeos, dando apertura a una charla más íntima y personal, haciendo que aquel lugar nocturno nos comenzara a quedar muy grande.

    Entonces decidimos trasladar la charla a un lugar más cómodo. Daniela propuso su departamento, que no quedaba muy lejos del lugar. Sabiendo que ahí estaríamos solas, todas aceptamos y nos fuimos en mi camioneta, pues era la única que había llegado en auto propio, por la distancia.

    Confesiones

    En el camino la pasábamos alegres, ruborizadas y riendo de cualquier cosa. Como yo era la que menos había bebido de las tres, sería la que conducía. Paulina se había sentado a mi lado de copiloto, lo disimulaba muy bien, pero sabía que ya estaba bastante mareada. Pero Dani, ella ya no podía fingir ni un poquito, y no paraba de hacer desmanes en la parte trasera de la camioneta.

    Para cuando llegamos a su departamento estábamos como locas, lo siento por sus vecinos, seguro despertamos a todo el complejo. Enseguida Dani nos invitó a su comedor, y mientras tomábamos asiento alrededor de la mesa, ella sacaba de la alacena una botella de whiski para servirnos a cada una, acompañado con un poco de agua mineral.

    -Cuéntanos de tus aventuras Nadia. Ya nos enteramos de que tienes gustos muy tiernos. –Me decía Paulina poniéndose cómoda para escuchar mejor. –Pues sí, he tenido un par de aventuras. –Les confesaba con mi bebida en mano, iniciando una pequeña historia en la que describiría mi más reciente atrevimiento cuando me le exhibí al hijo de mis vecinos.

    Ellas escuchaban atentamente, sin interrumpirme apenas para hacer algún comentario ocasional. En tanto, yo me extendía en mis descripciones sin mediar palabra, sumergiéndolas en el relato de aquella aventura: <“En esas estaba cuando sentí una mirada. De reojo miré a la casa de enfrente y enseguida me percaté que el vecino conversaba con su hijo en la sala de estudio… Era natural que le arrebátese la mirada. Vestida en esa holgada blusa rosa cual dejaría ver mis senos debajo, aprisionados en mi sujetador deportivo color lila, y mis ajustadas mallas del mismo color metiéndose entre mis muslos y mis nalgas por los movimientos normales al realizar mi rutina de Yoga.”> Les decía.

    Continuaba sin medida, pero al paso del tiempo las emociones comenzaban a aflorar. Ambas, atentas a mis palabras, navegaban en mis fantasías eróticas, imaginando cada escena y cada detalle que les narraba: <“Caminé cerca de la ventana, fingiendo distracción, acomodando mi cabello en una coleta, Ahí, sin voltear a ver, me llevé las manos a la espalada y me desabroché mi sostén. Enseguida lo dejé caer desnudando mi torso y exponiendo mis senos balanceándose a la intemperie y a ese chico, a ese afortunado muchacho quien espiaba mal escondido desde su cuarto, masturbándose con el espectáculo, delatado por el inequívoco movimiento de sus cortinas, al paso de su mano estrujando su miembro excitado por mí. Gracias a mí.”> –Mmm que rico. –Expresaba Daniela. –Y con ese cuerpo que tienes debe ser el chico más afortunado. –Agregaba Paulina.

    Les sonreí cautivada por sus halagos, y seguía con mi recuerdo, llegando a la mejor parte: <“Estaba vuelta loca. Mis redondas y libres tetas se me endurecían aprisionadas por el helado frío al ser expuestas. Temblaba y sudaba pese a la poca ropa que vestía… Enseguida me abrí de piernas con todo descaro directo hacía la ventana del chico y comencé a tocarme. Me llevé las manos a mi vagina y la encontré receptiva, mojada y ardiente como una buena taza de café por las mañanas desbordando su tibio contenido, esgrimida para darle un buen sorbo sabroso… Sabía que le encantaba, podía verlo zanjándose con fuerza su miembro de adolecente precoz, gozando como nunca en su vida, al verme desnuda, masturbándome al otro lado de la ventana… Entonces lo miré. Le clavé firmemente mis delineados ojos cafés y le sonreí. Mirando cómo gozaba al ver escurrir mi trasparente eyaculación entre mis dedos en cada espasmo de mis músculos internos expulsando todo mi blanquecina y tibia lechita. Toda para él. A su vez, disfrutando de su propio orgasmo en ese mismo instante, haciendo eyacular su largo pene hinchado hasta secretar todo su contenido haciéndolo caer al suelo de su alcoba.”>

    –Eres una loca. Yo nunca, ni pensarlo. –Estallaba Paulina, rompiendo con su silencio, visiblemente nerviosa. –Yo si me atrevería. Si el chico estaba tan bueno como dice, también le regalaba espectáculo. ¿Por qué no? –Afirmaba Daniela evidentemente excitada por el relato.

    –¿Lo has hecho alguna vez? –Le pregunté, aprovechando que tenía la palabra, para cederle el turno. –No tanto así, pero alguna vez me enredé con un desconocido en una fiesta. –Comenzaba a explicar su aventura, la cual nos llevaría a fantasear con semejante explicación sin censura que nos relataba.

    Se trataba de una noche de fiesta, donde habría conocido a un hombre de otro país, con quien habría terminado follando de desinhibida en uno de los cuartos de la casa de su prima.

    Ya para ese punto las tres éramos confidentes de nuestros deseos más profundos. La noche era la única testigo de lo que ahí comenzaba a surgir entre nosotras y apenas comenzaba.

    Escuchando aquellas palabras impúdicas de nuestra mejor amiga, de inmediato me di cuenta que a las tres nos gustaba tanto escuchar como el confesar. A Dani se le veía ya muy alterada, su respiración se hacía entrecortada, no dejaba de mover sus manos incontrolablemente, frotándolas sensualmente sobre su esbelto cuerpo, era la que más había bebido y no paraba de hacerlo, con la confianza de ser la anfitriona. Eso la llevaba a abrirse un poco más que nosotras. Pude notar en un par de ocasiones cómo su mano se deslizaba bajo la mesa ocultándose tras el mantel. Sabía que estaba tan excitada que seguramente se estaría tocando por debajo de la mesa, creyendo que no lo notaríamos, pero lo cierto era que no podía disimularlo tanto como ella creía.

    A Paulina no se le evidenciaba tanto, pero estaba segura que también se le habían pasado los tragos. Sudaba por lo acalorada que estaba, roja cual tomate en su piel trigueña, se había puesto tan sonrojada que se había obligado a abrirse el abrigo, desnudando su escote, el cual dejaría ver que en sus endurecidos senos brillando por el sudor que en ellos corría, no vestiría ropa interior, haciendo que sus pezones levantasen los telares de su vestido.

    Y yo, bueno, ya estaba resignada, seguramente no llegaría a casa ese día. Le pediría a Daniela que me dejara quedar en su sofá. Ya le había manado un mensaje a mi prometido para que no me esperara. En verdad me gustaba mucho aquella acalorada conversación. Me sentía encantada, la atmosfera nocturna me cautivaba con su natural frío silencioso, el cual habría empañado las ventanas con la contraste temperatura del interior, donde las tres amigas nos dejábamos enamorar por nuestras historias.

    En ese momento Daniela terminaba su relato y nos había dejado boquiabiertas, no se había medido nada, siendo aún más abierta que yo, logrando que nos sumergiéramos en sus palabras, acentuando todavía más lo perceptibles que ya estábamos.

    -Vamos Lina, es tu turno. –Le decíamos a Paulina, alentándola a despojarse de su carcasa cohibida. Ella siempre ha sido la más recatada de las tres, sabíamos que no sería tan fácil sacarle una historia íntima, pero no sé, quizá por los tragos se animó a confesar una aventura con su esposo en un baño público. No fue la gran cosa pero, ya era algo. Para ese punto estábamos tan calientes que ya cualquier cosa nos abochornaba incontrolablemente.

    En cuanto terminó sabía que sería mi turno nuevamente, y no me guardaría nada. Inicié confesando cuánto me gusta exhibirme en público, vistiendo sensualmente para provocar a los hombres, como aquella ocasión en los probadores de la tienda departamental, en donde me follé al joven empleado.

    <“En una ocasión me encontraba aburrida en mi cubículo frente a mi ordenador”> Iniciaba mi relato. <“Cuando se me ocurrió quitarme mi sujetador para quedarme únicamente con la blusa transparente que vestía ese día bajo mi saco negro. Así salí despreocupada y bien caliente… Una vez en mi escritorio de nuevo, me quité mi saco sin más y continué con el trabajo que tenía. Aquella sensación de mostrar mis pezones a quien fuese que pasare frente a mi cubículo me ponía muy mojada. Me toqué un poco ese día bien recuerdo.”>

    Relataba con explicito detalle una de mis tantas exhibiciones en público, al mismo tiempo, miraba a mis amigas navegando en mis propias experiencias, quienes fantaseaban con lo que yo describía, a su vez excitándose más y más a cada palabra. Especialmente Dani, quien ahora delataba con sus movimientos que se estaría tocando bajo la mesa, podía ver su mano moviéndose sutilmente, seguramente masajeando su caliente vagina por encima de sus bragas. No la culpaba todas estábamos igual; temblábamos, cambiábamos de posición constantemente, estábamos muy ansiosas y teníamos los sentimientos a flor de piel. Nos relamíamos los labios y masajeábamos nuestras piernas con todo el deseo de masturbarnos ahí mismo tal y como lo hacía ella.

    <“Un día fui a un mercadillo ambulante a pocos minutos de mi casa. Uno de esos días, estaba tan caliente, que me puse un vestido amarillo con estampado de rosas, holgado, debía ser fresco pues era uno día de verano, por lo que me decidí a no ponerme nada debajo. La sensación de estar desnuda debajo del delgado vestido, era muy fresca, pero sobre todo excitante… Estando en esas, me encontré con un puesto de ropa deportiva. Entonces se me acercó el vendedor, enseguida me di cuenta que me miraba con deseo y con perversión, seguramente se habría dado cuenta de mi desudes bajo mi vestido. Coqueteaba con el desconocido cuando encontré un top que me gustó mucho, sin titubeos pregunte si podía probármelo. Entonces me di media vuelta para darle la espalda al vendedor y sin más me bajé los tirantes de mi vestido, dejándolo caer hasta el suelo. Le modelé un poco hasta ponerlo como perro hambriento. Ya convencida y complacida le indiqué que me llevaría la prenda. Cuál fue su sorpresa al verme dejar caer de nuevo mi vestido que sujetaba con ambas manos a la altura de mi cintura, esta vez frente a él, sin ningún pudor, para después quitarme el top, quedando así completamente desnuda, frente a su mirada atónica, desquiciante e impotente en el rincón de aquella tiendilla callejera.”>

    Finalizaba, sentenciando la historia con lo caliente que había quedado después de ese explicito atrevimiento. <“Saliendo del mercado ambulante, me tentaba a regresar a aquella tienda para follarme duro y sucio al tipo que me había visto desnuda. Recuerdo que apenas regresé a casa me masturbe como loca, imaginando que me cogía a aquel hombre frente a su esposa en ese mismo lugar.”

    -Que rico. Yo si me lo hubiera follado. –Nos confesaba Daniela, perdida en sus sentidos. –Y lo hice. Le contesté. –Bueno, no a él, pero si a otro empleado. Un adolecente de una tienda departamental. –Continuaba mis historias de exhibicionismo que tanto me encantaban.

    <“En aquella tienda había muchas prendas de moda… Me cogí algunas y me encaminé dispuesta a probarlo en los vestidores. En esas estaba cuando me detiene un encargado diciéndome que no estaba permitido probarse ropa íntima… Le convencía fácilmente con un poco de seducción femenina.”

    “Una vez en la privacidad del cubículo me comenzaba a sentir aquellos cambios inequívocos que me indicaban cuanto necesitaba tocarme, aunque fuese un poco… Enseguida noté una cámara de seguridad en la parte superior apuntando directamente al espejo… no me importaba, y comencé a desnudarme por completo.”>

    -Explicaba a voz seductora casi balbuceando de la excitación que me producía el confesar mis aventuras sexuales. Sin embargo en ese momento tuve que hacer una pausa en medio de la historia pues las bebidas habían hecho estragos en mí, y ya no aguantaba las ganas de ir al baño, así que tuve que dejarlas por un momento.

    Amigas y confidentes

    Rápidamente salí corriendo rumbo al baño, sin poder esperar un segundo para continuar con aquel momento tan especial y tal excitante. Al cerrar la puerta tras mis espaldas me bajé las bragas y fue ahí cuando me di cuenta de lo excitada que estaba. De inmediato noté lo mojada que había puesto mi ropa interior. No podía creer lo caliente que me había puesto, tenía mi vagina completamente lubricada con mis secreciones sin siquiera haberme tocado. No podía imaginarme lo caliente que debía estar Daniela, quien no podía ni disimularlo.

    No me quedó más opción que sacarme las bragas y meterlas en mi bolso. Enseguida me arreglé un poco y salí de nuevo a paso veloz de regreso al comedor.

    Cuando llegué me percaté que la plática había migrado a la sala. Ahora Dani esperaba en el sofá de una sola plaza a la izquierda y Paulina se posaba en el love seat a la derecha, dejándome el sillón triple en el centro para que continuara con mi explicito relato.

    Risueña, me posé en medio de ambas, crucé mis piernas y continué con la historia. Lentamente el relato cobraba forma, avivando las llamas de los sentimientos más profundos y privados de las tres señoritas sonrojadas. Los detalles salían a la luz desde mis entintados labios rojizos, sin censurar nada en absoluto. <“Sabía que alguien me estaría vigilando a través de aquella cámara de seguridad, y eso me encantaba.”> Les confesaba. <“Ya desnuda, tomé aquella lencería que tanto me gusta, de una sola pieza, de encajes y trasparencias”>

    -Te debes ver muy hermosa con un traje así. –Me decía Paulina. –Seguramente el tipo de seguridad tuvo el mejor día de su vida, que envidia. –Añadía Daniela. –Sí, me encanta usar esas prendas. Aunque solo la uso en ocasiones especiales, como está. –Les confesaba.

    -No lo creo. ¿Dices que vistes uno debajo ahora mismo? –Me retaba Daniela, incrédula e insistente porque lo exhibiera, incitándome a que se los mostrara en ese instante.

    Y me habían dado justo en el ego, ahí en mi punto débil, seduciéndome con halagos a mi figura. Y entonces me decidí. En ese momento me puse de pie y comencé a deslizar mi vestido. Estaba muy nerviosa pero al mismo tiempo me sentía tan enaltecida, tan hermosa, tan mujer y tan excitada, que me armé de valor y solté los tirantes de mi vestimenta dejando que cayeran hasta mis coquetos tacones altos color rosa, develando mi sensual lencería de telares y encajes trasparentes, exponiendo mis tetas erizadas con mis pezones bermellones, cintura delgada, largas piernas, y en medio de todo, se exponía a la vista mi desnuda vagina, depilada, tersa y brillante. Había olvidado por completo que recién me había despojado de mis bragas en el baño, dejando al descubierto mi húmeda y brillante vagina depilada frente a mis amigas.

    No me molestaba en absoluto, me gustaba. Me enorgullecían sus miradas penetrantes e indiscretas saboreando hasta la más íntima parte de mi esbelto cuerpo, forrado en la más erótica lencería, mostrando mis senos tras los telares de encajes y mi vagina desnuda enmarcada por las pantimedias unidas al conjunto. Sus ojos se me calvaban y me embriagaban de poder, aún más que cualquier bebida, mientras les modelaba con una coqueta sonrisa, contenta de mi explicites.

    -Te ves divina Nadia. –Te queda muy bien. –Que hermosa. –Me decían ambas casi coqueteándome, y más loca me volvía, enalteciendo mi ego y feminidad. No juzgaban, ni hacían comentarios ante mi atrevimiento o mi exhibicionismo nudista bajo mi cintura. Nada de eso, estábamos en completa confianza, y eso me hizo sentir lo suficientemente cómoda como para quedarme así, dejando mi vestido en el suelo alfombrado del departamento.

    Ruborizada y encantada, regresaba a mi asiento, cruzando mis piernas elegantemente, dejando levitar mi pie derecho en mis zapatos rosas de tacón alto, jugueteando en el viento. Retomando mi historia con más énfasis y coquetería, llegando finalmente a la aclamada parte donde me follaba al joven empleado.

    <“Me senté en la banca que estaba frente al espejo y separé mis piernas cuanto mi elasticidad me lo permitía. Sin pensármelo, baje mis manos y comencé a tocarme alrededor de mi coño caliente como caldera, restregando mi palma en mi clítoris que ya se asomaba ansioso por comenzar la acción. Estaba tan excitada que de inmediato me metí un par de dedos en mi húmeda vagina cuales se deslizaban sin problemas… No me importaba nada, estaba como cachorrita deseosa y ansiosa. Sin más continúe metiéndome el par de dedos hasta alcanzar aquel punto de placer erógeno en el interior de mi mojado coño, produciendo así un sonido pegajoso sonando mis fluidos entre mis dedos medios, mientras me estimulaba mi clítoris con mi pulgar y mis tetas con la mano restante.»

    “Sabía que me haría correr como nunca, no me importaba, lo necesitaba. Entonces aumentaba mis ritmos cada vez más y más, haciéndome la más maravillosa y placentera de todas las pajas que me había dado jamás, provocando que un par de gemidos se me escaparan de mi garganta entre sofocantes jadeos de éxtasis total… Ahí no pude más, me coloqué al borde de aquella banca para dejar mi coño fuera del precipicio y poder meterme mis dedos más adentro y masturbarme con más velocidad, metiendo y sacando mis dedos a gran velocidad en mi vagina mientras de paso rozaba ferozmente mi clítoris con los dedos de mi otra mano. Poco a poco comenzaba a sentir como aquellas tortuosas carisias lograban su cometido, haciéndome jadear y arrancándome uno que otro gemido casi grito desgarrador desde lo más profundo de mi ser hasta conseguir hacer estallar mi coño en un tremendo orgasmo, que expulsaba todos mis fluidos entre mis dedos produciendo un chapuceo al restregarse en todo mi sexo y mis manos hasta llegar a parar en el piso de aquel probador. Todo frente a aquella cámara de seguridad.”>

    -Y ya ninguna de las tres podíamos ocultarlo, estábamos ebrias de sexualidad, más allá del alcohol en la sangre. Nuestra tez se ruborizaba por las sensaciones eróticas a flor de piel, provocadas por las palabras nacientes en mi boca al tiempo que observaba a mis amigas con los vellos erizados, relamiéndose los labios, a su vez, mirando mi cuerpo expuesto en mi lencería trasparente y mis tacones altos cual puta de lujo frente a ellas. Las tres, temblábamos y sudábamos muy nerviosas, pero sobre todo, muy excitadas.

    Lina jugueteaba nerviosa con su cabello, perdiendo su mirada en mi cuerpo, en mis labios y en mis erectos pezones expuestos bajo los encajes, igualmente masajeando sus rodillas y un poco sus piernas, deseosa por llegar un poco más allá de sus muslos. Pero Dani, ella estaba incontrolable, a esas alturas, con el alcohol y la excitación, no podía contener sus manos que llegaban desde sus torneadas piernas hasta su entrepierna, deslizándose todavía más por debajo de su vestido hasta llegar a las fronteras de sus bragas. Se estaba tocando frente a nosotras con todo descaro, pero no dijimos nada.

    <“Entonces me acerqué a la cortina, y tras asomarme un poco, pude ver al joven vendedor. Estaba ahí completamente embebecido al verme asomar. Le sonreí. Me encantaba. Regresé dentro de mi cabina dejando adrede un tanto más abierto, insinuando lo obvio… El afortunado empleado, se aproximaba lentamente, disimulando y asegurándose que nadie le viese. Al tenerlo en frente, le tomé de la mano y lo arrastré dentro del vestidor. Ahí le pregunté qué tal se me veía el conjunto que vestía. –Hermosa –me respondía temblando de pies a cabeza. Le sonreí coquetamente y le pregunté si le gustaba. –Sí. -Me balbuceaba como idiota.”

    “Comencé a quitarme la parte superior para mostrarle mi par de grandes tetas. Él se paralizó. Entonces le tomé su mano y le restregué su palma en mis tetas. Ya tomando confianza, aquel joven vendedor continuó pellizcándome los pezones justo como me encanta.»

    «A manera de agradecimiento me arrodillé frente a él, le saqué su pene completamente erecto a punto de reventar la cremallera de su pantalón y sin más me lo tragué cual paleta de hielo. Como toda una zorra profesional le comencé a propinar una tremenda felación con desesperación y pasión, engulléndomelo hasta el fondo de mi garganta obligándome a aglutinarme con toda su tranca, moviendo mi cabeza de enfrenta hacia atrás, masturbándolo con ambas manos y sobando su endurecidos testículos.”>

    -Y Dani se perdía en sus caricias completamente encantada por mi seductora voz, haciendo que aquella escena se plasmara en sus parpados cerrados, potenciando las sensaciones en su cuerpo relajado por el alcohol.

    <“Una vez asegurándome de haberle humedecido por completo su pene tieso como roca, me puse de pie y tras bajarme las bragas de un veloz movimiento hasta los tobillos, le di la espalda y me agaché parando mi colita recargándome sobre la banca del vestidor… Esperé, estaba tan caliente que nada me importaba, entonces por fin, sentí aquel magnifico pene caliente entrando en mi húmeda cavidad vaginal deslizándose como guante aceitado con toda mi lubricación escurriendo de mi coño recién estimulado hasta el éxtasis… Una vez dentro el joven comenzaba con las memorables embestidas que yo aletargaba moviéndome a rimo contrario, alejando mi cola cuando el retrocedía y estrechándome cuando me la metía, apretujándonos para que su tranca entrara hasta lo más fondo de mi ser.»>

    –Hay, discúlpenme muchachas. –Nos decía Dani, soltando un profundo suspiro, antes de comenzar a tocarse ahora por debajo de sus bragas, separando sus piernas de par en par frente a nosotras, perdiéndose en sus caricias, tumbándose en el sofá como si estuviese sola, haciendo que su vestido se le subiese a su cintura para dejarnos ver su mano bajo los mojados encajes de su ropa interior negra, masajeando su clítoris y sus labios bañados en sus secreciones íntimas, rozando sus piernas con extrema sensualidad. -Continua no te fijes en mí. -Me decía perdiendo su mirada bajo sus parpados.

    Paulina y yo le mirábamos atentas masturbarse placenteramente, haciendo dulces gemidos entre sus labios cerrados, contorneándose sobe el sofá, contagiándonos de su erotismo.

    Mi respiración estaba muy agitada, sentía mi corazón en la garganta, mis piernas temblaban. Estaba tan excitada como ella, podía sentir toda esa humedad en mi entrepierna escurriendo por mis muslos. También necesitaba tocarme, en verdad quería hacerlo, pero en ese momento mi relato llegaba a su fin.

    <“Poco a poco aquellos van y viene, en esos felices deslices de su falo entrando y saliendo de mi caliente y chorreante coño, comenzaban a acercarme de nuevo a otro orgasmo más, el cual recibiría con placer y goce… Así, bajé mi mano derecha hasta mi clítoris y comencé a pellizcarlo firmemente como más me gustaba, mientras sentía el feroz pene del vendedor embistiendo duro y profundo detrás de mí. Ahí, finalmente sentía que me venía de nuevo, así que paré la cola lo más que pude para permitir que su tranca entrase aún más profundo, y mientras apretaba fuertemente mis muslos y me estrujaba con placer mi clítoris, fue cuando un poderoso orgasmo estallaba en mi coño, escurriendo un par de chorros desde lo más íntimo de mi ser, empapando todo su pene hasta acabar en el mismo lugar que mi anterior filón de líquido vaginal.”>

    -¿Ya no hay más Nadia? –Me preguntaba Dani deseosa de continuar. –Yo tengo una. –Me arrebataba la palabra Paulina. –Es una experiencia lésbica que tuve hace mucho, antes de casarme. –Nos decía.

    Apenas escuchamos la introducción y nuestros cuerpos se estremecieron en un poderoso escalofrío que nos erizaba la piel, haciéndonos sudar y palpitar intensamente.

    Íntimas amigas

    La historia se desarrollaba con ella. No sabía qué tanto creerle, pero no importaba, estábamos tan calientes que solo queríamos escuchar su voz relatando cualquier escena de sexo, tan detalladamente como fuese posible.

    Aun así aquella aventura parecía muy real, sonaba a lo que haría ella. Nos confesaba que había conocido a una chica en su antiguo trabajo, y nos relataba cómo había logrado cautivarla hasta llegarle a coger mucho cariño. Tanto así, como para invitarle a cenar y después follar en un hotel de paso.

    <“… Estábamos muy nerviosas, nos sentíamos extrañas pidiendo la habitación del hotel… Parecíamos adolecentes primerizas, teníamos miedo de tocarnos, aunque ambas sabíamos perfectamente que lo deseábamos con toda nuestra alma”>

    Nos decía, mientras Daniela y yo escuchábamos atentamente. En ese momento pude ver la mano de Dani regresar bajo los confines de su ropa interior, bajándosela de paso un poco más para tocarse mejor, sin pudor, sin miedo, sin vergüenza. Y entonces me uní a ella. Me dejé llevar y me recosté a lo largo del sillón, estirando mis piernas en torno a Lina, quien orquesta el relato en turno.

    Y mis manos comenzaban a ponerse muy ansiosas, deslizando las yemas de mis dedos sobre los encajes de mi segunda piel que delataba mis duros senos levantando mis pezones cafés claro a tope bajo la trasparente tela. Mis piernas temblaban, y yo trataba de tranquilizarlas frotándolas con desdén, pasado de paso por mi entrepierna tan profundo como podía llegar en mis muslos al tener los pies cruzados, aún con los tacones altos.

    Y Paulina continuaba su relato. <“Por fin las caricias encontraban un camino libre sobre nuestros cuerpos desnudos… Nunca dejamos de besarnos, nos encantaba, solo separábamos nuestras bocas para inmediatamente fundirlas en otra parte de nuestro cuerpo. Hombros, senos, ombligo, pies, piernas y nuestras jugosas vaginas.”

    “Jamás había recibido una chupada tan rica, y nunca imaginé que me la fuese a dar una mujer… Al llegar mi turno estaba muy nerviosa, tenía miedo de no hacerlo tan bien cómo ella me lo había comido… La textura y el sabor… Me dejé llevar y seguí restregando mi lengua en su clítoris haciendo caso omiso a sus quejidos hasta hacerla venirse en mi boca”>

    Escuchábamos la historia de Lina cual seguía su cauce natural, la escena sexual nacía entre sus húmedos labios, mientras los detalles florecían impúdicos y explícitos. Las imágenes aparecían nítidas frente a nosotras como si estuviésemos ahí mismo.

    Yo estaba realmente excitada, volteé a ver a Dani de reojo para espiarla masturbándose sin recato, observándola abriendo sus piernas hasta posarlas sobre los apoyabrazos del sofá, masajeándose con sensualidad uno de sus senos al aire tras haberse bajado los tirantes de su vestido, mientras con la otra mano se estimulaba plácidamente introduciendo sus dedos medios en su mojada cavidad, apenas un poco oculta por sus bragas estiradas a la altura de sus rodillas.

    Lina también la miraba, sus ojos se clavaban en sus manos acariciando todo su cuerpo, hasta su más íntima parte. Le excitaba mucho, se podía ver en sus facciones encantada con el sexual espectáculo que nos estaba dando.

    Aquella vista me hizo estremecer, era demasiado. Trataba de contenerme jugueteando con mis pantorrillas, restregándolas una con la otra, recorriendo mis tacones rosas con sensualidad, intentando negarme a lo que tanto quería, pero ya no pude resistirlo más. Entonces separé mis piernas un poco, y comencé a tocarme. Apenas deslizaba mi mano sobre mi caliente vagina al descubierto y mi cuerpo se estremeció en un fuerte espasmo que me erizaba cada centímetro de mi piel.

    Lentamente introduje mis dedos entre mis empapados labios mayores embarrándome toda mi lechita en mi vagina a medida que me penetraba masajeando mi clítoris de paso con mi pulgar. Cerré los ojos y me perdí en la voz de Paulina, quien continuaba exponiendo su aventura lésbica, mirándonos tocarnos frente a ella con tanto placer, obligándola a entrecortar sus palabras para tragar saliva cada que se le secaba la garganta, por lo excitada que la estábamos poniendo.

    <“Así terminamos en un profundo orgasmo, frotando nuestras vaginas mojadas una contra la otra, nos besamos y al final solo sonreímos traviesas”>

    Finalizaba nuestra querida amiga. Aquel relato fue corto. Conciso pero muy excitante. Estoy segura que Lina lo habría acortado, estaba incontrolable, las tres lo estábamos.

    Al terminar de confesar su historia, Paulina se puso de pie y se fue al baño, apenas sonriéndonos, exclamando que no tardaba.

    Se le veía muy abochornada, sin duda estaba muy caliente. Las tres lo estábamos. Al voltear la mirada a Dani, vi que seguía tocándose, lentamente como aletargando su orgasmo tan solo un poco para no hacerse venir ahí mismo. Entonces me miró y me sonrió. No era necesario decir nada, ambas sabíamos lo que sucedía en ese piso departamental. Le regrese la sonrisa coquetamente, relamiéndome los labios con una mirada muy seductora y coqueta.

    -¿Tu lo harías Nadia? –Me pregunta Dani. -¿Hacerlo con una chica?, no lo sé. Quizá con alguien que le tuviese mucho aprecio. –Le respondía a su insinuante pregunta. Enseguida guardamos silencio un momento, mirando a la nada, mientras nuestras manos continuaban masajeando sutilmente nuestras partes íntimas. Al mismo tiempo, escuchando unos tenues gemidos proveniente del baño adyacente a la sala.

    Sonreímos al darnos cuenta de que Lina se estaría masturbando también. –Nunca he estado con una chica. –Me confesaba Dani. –Yo tampoco, aunque siempre he querido hacerlo. –Contestaba temblando de ansiedad sabiendo lo que vendría, escuchando a Paulina dándose placer a raudales en el baño, gritando y gruñendo sin poder disimularlo.

    Yo seguía tocándome sin miedo, sin pudor ni vergüenza, me sentía muy nerviosa pero en confianza, sabía que lo que sucediería en ese apartamento, de ahí no saldría jamás. Y me sentía tan bien, tan caliente y tan complacida que nada me importaba.

    Cerré mis ojos de nuevo y relajé mi cuerpo dejándolo desfallecer sobre el sillón triple, estirando y abriendo mis piernas, sin importarme que una de ellas callera por el costado, afianzándola al piso alfombrado con mis zapatos altos rosados.

    Mi mano izquierda recorría mis senos sobre su natural tela de seda negra, jugueteando un poco con mis pezones erguidos debajo, al tiempo que los dedos de mi mano derecha me masturbaban haciendo circulitos en mi clítoris, hundiéndose traviesos solo un poco dentro de mi húmeda vagina. Cuando de pronto sentí un calor radiante a mi derecha.

    Asustada, abrí los ojos estremecida, enseguida miré el largo cabello de Dani tapándome la luz de la bombilla en el techo. Su rostro se ocultaba tras la sombra de la perspectiva, tan solo dejándome ver un poco sus hermosos ojos claros y sus labios pintados color moscada, brillando por la delgada capa de saliva sobre ellos.

    Mi corazón explotaba insoportable, sentía como si se me fuese a salir del pecho. No supe que hacer. Me congelé. Creí que sería lo suficiente madura para responder, pero en ese momento sentí pánico, sabía lo que pasaba, pero no podía dejar de sentir miedo y mucha ansiedad, mirando a Daniela acercar su rostro poco a poco hacía mí. Y no me pude mover un centímetro.

    Nunca me había besado con una mujer, y nunca me imaginé hacerlo con mi mejor amiga. Mis músculos se tensaron incontrolablemente, temblaba como condenada a muerte, sudaba y resoplaba sin poderme contener, cuando en ese momento finalmente sentí sus cálidos y húmedos labios sobre los míos.

    Le respondí como puede, no sabía cómo hacerlo, pero tampoco quería quedarme muerta y que pensara que no la deseaba.

    Besar a otra mujer por primera vez fue la sensación más extraña y excitante que jamás antes había experimentado. Pero me gustó, y mucho. Dani siempre ha sido una chica muy hermosa, confieso que siempre le había tenido un poco de envidia, pero ahora, ahí, completamente desnuda sobre mí, rozando nuestros labios con dulzura y cariño, todo era diferente. Ya no me sentía solo su amiga, ahora me sentía parte de ella, éramos dos amantes de toda la vida compartiendo su amor con toda naturalidad.

    Ya relajada por el primer golpe de ansiedad, seguí besándola con cariño y sensualidad. Nos fundimos en ese largo beso, disfrutando el sabor de nuestros labios, el olor a mujer que emanaba de nuestras cabelleras, acariciándonos como cualquier viejo amorío, dejando que su ardiente cuerpo desnudo se frotarse sobre los encajes de mi sudada lencería. Al mismo tiempo escuchábamos a Lina haciéndose venir en el baño al exhalar un agudo alarido de placer que resonaba fuertemente desde el baño y por todo el departamento enmudecido bajo la fría madrugada.

    Enamorada, abrecé a Dani con cariño y pasión, restregándola sobre mi esbelto cuerpo. La besé, le sobé sus suaves nalgas, jugando con sus esponjosos glúteos, manoseándola sin medida, me agasajé con sus curvas, sus piernas, y cintura. Ella me respondía regalándome sensuales gemidos a labios cerrados cerca de mi oído, momentos que aprovechaba para besarle su cuello. Estaba entregada, en verdad quería hacerlo, no tenía duda, estaba muy excitada.

    Entonces, me abrí de piernas para ella y se las enredé sobre las suyas, permitiendo que su vulva se juntase con la mía. Y la sensación fue increíble, indescriptible, simplemente fantástica. Disfrutaba al máximo de cada caricia, cada beso, y cada parte de su cuerpo, cuando escuchamos los tacones de Paulina al regresar por el pasillo desde el baño. Pero no paramos, estábamos fundidas en nuestras eróticas caricias, y seguimos haciendo el amor sin importarnos que nos estuviese viendo, percibiendo, solo con el sonido de sus pasos, regresar a sentarse en el mismo sofá de doble plaza.

    Nos observaba, lo sabíamos. Enmudecida por el espectáculo de sus dos amigas enredadas, una sobre la otra, haciendo el amor apasionadas. Cogiendo como locas. -¿Puedo chupártela? –Me preguntaba Daniela. –Hazlo. –Le respondía con un profundo suspiro. Haciendo grandes esfuerzos por congregar un poco de aliento para hacer sonar aquella palabra en mis labios. Enseguida Dani bajó su boca por todo mi cuello hasta mis pechos, relamiéndome los pezones de paso sobre la trasparente lencería, mojándola por completo con su saliva justo encima de mi aureola, continuando por mi abdomen, recorriendo su lengua hasta llegar a mi monte de Venus. Ahí abrió un poco sus labios para posarlos delicadamente sobre mi vagina empapada completamente lubricada de forma natural. Y comenzó a sorber de mis jugos con extrema sensualidad, estimulando mis labios menores lentamente, alrededor de mi mojado coño hasta introducir su lengua hasta los confines de mi intimidad.

    Me había perdido en todas esas sensaciones extremadamente estimulantes, sentía mi cuerpo muy sensible; mis ojos se derrumbaron, mis músculos se relajaron, estiré mis piernas, dejé caer mis brazos y le abrí mi vagina, dejando que su boca la dilatara por completo. Estaba tan excitada que creí que me vendría en su boca. Pero entonces paró.

    Al abrir los ojos miré a Lina con el torso desnudo, tocándose en el sofá doble, con sus piernas completamente abiertas, poniendo su elegante vestido como cinturón.

    La vista era increíble, estimulante, no podía dejar de mirar la vagina mojada de Paulina secretando su brillante placer sobre sus manos y a Dani entre mis piernas mirándome fijamente a los ojos, con mis propias gotas en sus labios.

    Desdén

    Entre risas, nos encaminamos a la recamara de Daniela, y ahí nos perdimos. Me besé con Dani, después con Lina, la acaricié, saboreé sus labios, probé su saliva y la abracé con pasión, le acaricié la espalda, su cintura, caderas y le masajeé fuertemente sus nalgas. Se las estrujé con cierta rudeza, con ambas manos, mientras gozaba de la suave textura de sus pechos restregándose contra los míos. Entonces sentí los calientes senos de Dani abrazándome por la espalda, y su cálida lengua besándome el cuello. Sus manos se entrelazaban por mi cintura, acariciándome los brazos y de paso los de Lina unidos a los míos.

    Estaba entregada a ellas y ellas a mí. Lentamente nos desfallecimos en la cama, disfrutando de la ardiente fricción de nuestra femenina piel. Tocando y siendo tocadas, perdiéndonos respeto sobre las sabanas, revolcándonos como alimañas llenas de amor, cariño y pasión.

    Me encantó sentir sus desnudos cuerpos frotándose en el mío, incluso en las partes que aún se escondían bajo mi lencería. Aquella sensación de tener a dos mujeres para mí, fue sumamente excitante. Su aroma, su calor, su suavidad, su sabor, su delicadeza y su ternura. Fue una experiencia que jamás puede mejorar con cualquier hombre con el que he estado.

    Me regocijaba perdiéndome en los cuerpos de mis mejores amigas, entremetiendo mis dedos en su cabello, al mismo tiempo sintiendo sus manos sobre mi piel y sus piernas enredándose entre las mías.

    Lo hacíamos como locas. Como todas unas depravadas. Dejamos que nuestros instintos más bajos se apoderaran de nosotras. Era una forma de desahogarnos de la rutina, dejarnos llevar por lo que queríamos, sin miedo ni pudor. Se trataba de hacer lo que en verdad queríamos y no pensar en nada más, sin medirnos entre lo que sabíamos y lo que pareciese educado o formal.

    Ahora estábamos en total confianza, amigas de toda la vida, solas en aquel departamento bajo la oscura noche, nadie juzgaría a nadie. Éramos confidentes, sabíamos que no habría testigos, el momento era solo nuestro, daríamos camino libre a nuestros deseos y haríamos realidad nuestras más temidas y deseadas fantasías.

    Nos besábamos en nuestros ardientes labios, las tres al mismo tiempo. Nos tocábamos sin respeto, sin temor y sin permiso. Dejábamos que nuestras manos se descarrilaran de lo correcto, perdiéndose en nuestras partes más privadas de una o la otra. Cintura, cuello, espalda, piernas, nalgas, senos, pezones y vaginas, todo estaba permitido.

    Fue en ese momento cuando finalmente comenzaron a despojarme de mi lencería de encaje. Lentamente jalaban de mis telares trasparentes exponiendo mis inflamados y sudorosos senos, mi caliente abdomen, hasta liberar mis largas piernas rosadas por los encajes tatuados en mi piel, cuales habría de par en par al libre albedrío de mis mejores amigas sobre mí.

    Enseguida Lina me besó los muslos acercándose con agónica lentitud en mi entrepierna, al tiempo que Dani se regresaba a mis labios para seguirme besando como tanto nos gustaba.

    Sentía el cabello de Lina haciéndome cosquillas entre las piernas, sabía lo que vendría, y me puse muy nerviosa. Temblaba incontrolablemente, sentía que la garganta se me cerraba, me sentía mareada más allá de los estragos del alcohol. Cuando por fin sentí la tibia lengua de mi querida Lina deslizándose en mi caliente vagina húmeda como nunca, y entonces se me escapó un profundo gemido sensual que exhalaba entre la lengua de Daniela quien me besaba con todo su cariño y pasión, al tiempo que me masajeaba eróticamente los pezones, la cintura, y mi monte de Venus, llegando a masturbarme un poco mi clítoris solo cuando Lina le dejaba un pequeño espacio entere su boca.

    Las sensaciones estaban a flor de piel, me sentía realmente estimulada por aquellas hermosas mujeres expresándome todo su amor y deseo. Paulina, empeñada en mi clítoris, succionándolo, lamiéndolo y sorbiendo de mis néctares que emanaban desde las profundidades de mi coño, y Daniela haciéndome el amor con dulzura y cariño desbordado, besándome y acariciándome apasionadamente como amantes de toda la vida.

    Estaba tan potenciada por todo ese placer que no tardé mucho en sentir mi pubis palpitando, aclamando por culminar aquella tortura sexual. Mis piernas se tensaban contrayendo las terminales nerviosas de todo mi cuerpo, desde la planta de mis pies hasta la cabeza. Sabía que me vendría con gran intensidad, todas esas señales no podían equivocarse, sentía que algo estaba por explotar en mi interior. Y ya vuelta loca de pasión, completamente enamorada de tan bella y hermosa compañía, perdida en sus caricias, en sus labios, en sus manos y en sus lenguas, no pude más y me dejé venir lánguidamente.

    Relajé mis piernas, abrí mi conchita, y pujé un poco, dejando que mi coño eyaculara en la boquita de Paulina, como ese placer culposo de orinar después de aguantarse mucho tiempo, sintiendo cómo lamía y sorbía de toda mi lechita tibia escurriendo desde lo más profundo de mí ser, restregando con su lengua el líquido seminal por todos mis labios vaginales, cuales se dilataban por completo entregándose a ella, dejando al descubierto mi clítoris convulsionando de pasión, haciendo que mis piernas finalmente sucumbieran ante la intensidad de aquel glorioso y profundo orgasmo lésbico con mis amigas del alma.

    Aun gozando, Lina por fin se alejó de su jugoso manjar al verlo completamente exprimido, solo para subir hasta mi boca y besarme húmedamente, haciéndome probar de mis propios pegajosos jugos escurriéndole entre sus labios. Agradecida por la exquisita mamada que me había dado, la besé con pasión, entregando todo mi amor, y satisfacción en mi cuerpo. Ella me respondía frotando su húmedo cuerpo sobre el mío, cruzando su pierna izquierda alrededor de mí, buscando que nuestras vaginas se frotasen aunque fuese solo un poco.

    En ese momento pude sentir lo excitada que estaba, pues de inmediato me mojó todo mi pubis con su chorreante vagina, embarrándome todas sus secreciones en mi poco vello púbico recortado en una coqueta línea y sobre mi rosada conchita depilada, aun babeando mi propio orgasmo consumado por ella misma.

    Así, mientras Paulina y yo nos besábamos con ímpetu, Dani se nos unía abriendo sus piernas arrodillada sobre mi cara, posando con delicadeza su caliente vagina entre mi boca y la de Lina, obligándonos a que se la chupáramos ambas al mismo tiempo.

    El ambiente olía a sexo y alcohol, olía a perfume de mujer, wiski sudor y secreciones femeninas. Se escuchaban nuestros gemidos sensuales entre los fluidos chapoteando en nuestros labios, con nuestras lenguas entrelazándose como serpientes hambrientas dentro de la caliente cavidad de Daniela.

    Todo era hermoso, sentía el cuerpo de Lina sobre mí, sus tetas se apretaban con las mías, podía sentir su corazón palpitando junto al mío, su piel ardiente abrazándome, casi quemándome, obligándome a abrirme de piernas a ella, quien me restregaba su coño por todo lo largo del mío, como queriéndose meter mi clítoris erecto entro de ella. Gozando y haciéndome gozar, meneando las caderas, follando como amantes maritales, mientras nos besábamos y besábamos la concha de Dani, quien a su vez, se estremecía con nuestras bocas jugando en sus inflamado coño, mojándose cada vez más, sin dejarnos más opción que sorber de su esencia femenina, compartiéndola una con la otra.

    Entonces notamos algo inusual, un cambio en la respiración de Daniela nos indicaba que estaría a punto de venirse. Sus gemidos se intensificaban, meneaba la cintura con extrema sensualidad, estrechándose cada vez más a nuestros labios que no dejaban de devorar sus carnosidades lubricadas e hinchadas, lamiendo sus labios, chupando su clítoris, succionando y sorbiendo.

    Lengua con lengua, nuestras bocas se peleaban por el mejor lugar, y Daniela lo gozaba como nunca, gimiendo y gritando, bailando sobre nosotras hasta que su coño estalló en nuestras bocas, eyaculando sobre nosotras, regalándonos toda su dulce esencia cremosa que saboreábamos complacidas, al tiempo que ella sucumbía a su poderoso orgasmo, haciéndola desfallecer sobre la cama, donde se derrumbaba completamente exhausta y mojada.

    Pero Lina quería más, estaba muy caliente, era la única que faltaba por culminar su goce con nosotras. Pese a que ya lo había hecho a solas en el baño, seguramente no dejaría ir esa oportunidad. Entonces se posó sobre Daniela, quien aún se retorcía convulsionándose por su intenso orgasmo, y la besó. La besó como si fuese el último amor de su vida, y se abrió de piernas sobre ella masturbándose con su delgado cuerpo como si se tratase de una muñequita sexual, tratándola sin piedad ni respeto.

    En tanto, yo me quité de su camino, dejándolas perderse en su interminable beso, que no las dejaba respirar ni un poco. Me inmiscuí entre sus piernas, deleitándome con la visión de sus conchas empalmadas frotándose entre sí, y ahí, acerqué mi boca y comencé a chupárselas como podía en tan precaria posición.

    Sin embargo Dani ya estaba satisfecha, por lo que se apartó deslizándose debajo de Lina, obligándola a ponerse en cuatro para poder llegar a su entrepierna donde yo la esperaba para que me ayudase a que entre las dos se la chupásemos.

    Enseguida Daniela me acompaño relamiendo los labios vaginales de Paulina desde abajo, mientras yo también comía de su coño con desdén por arriba, arrodillada detrás de su blanco culo totalmente expuesto para mí.

    Y no pude resistirme a tocárselo; primero le acaricié las nalgas, restregándoselas con fiereza, rasguñándolas un poco con mis largas uñas naturales. Abofeteándolas con rudeza de tanto en tanto solo por mero placer, para ponerlas aún más enrojecidas de lo que ya estaban, y finalmente, le toqué un poco su hoyuelo.

    Tan solo jugué un poco con él, como si se trátese un botón de elevador, presionándolo con mi dedo pulgar sin llegar más allá de sus pliegues tensados en la entrada de su estrecho hoyuelo. Pero Lina lo gozaba, me di cuenta que le gustaba, escuchaba cómo susurraba sensualmente, como gatita ronroneando, al mismo tiempo parándome su colita, rogándome por que continuase haciéndolo.

    Ahí lo entendí perfectamente. Me llevé mi dedo índice a la boca y me lo lamí hasta cubrirlo por completo de saliva, enseguida lo regresé en su orto y se lo comencé a introducir lentamente.

    No creí que le fuese a gustar, pero sí que lo disfrutó. Se regocijaba de placer meneando la cadera con extrema sensualidad, complaciéndose con los labios de Dani que le chupaban su coño, y conmigo abusando de su culito, cual se dilataba lentamente al paso de mi delgado dedo ahora dentro de ella.

    Me preocupaba un poco que la fuese a lastimar, pero a Paulina le encantaba, realmente lo estaba gozando, no dejaba de bailar masturbándose con mi dedo, parecía como si me pidiese que lo hiciese más profundo. Entonces le saqué mi menique para enseguida introducirle mi dedo medio, fuerte y profundo, de adentro hacia afuera, escuchando como lo disfrutaba expresando deliciosos gemidos de placer, endureciendo sus sonrojadas nalgas, que estrujaban mi dedo en las profundidades de sus pliegues anales.

    Por su parte, Daniela, no queriéndose quedar atrás, aumentaba la intensidad de sus lengüetazos añadiendo además un par de dedos, introduciéndolos sin piedad dentro de su vagina, masturbándola con rudeza, como queriéndola hacerla venirse rápidamente. A lo que Lina accedía, separando sus rodillas un poco más para que Dani le pudiese ultrajar el coño sin piedad.

    Ahí supe que Paulina estaba a punto de terminar, casi no podía controlar su respiración, sus piernas le temblaban ya sin poder resistir el tremendo orgasmo que se amotinaba en medio de ellas. Entonces me desinhibí, escupí en su hoyito y añadí un dedo más a la fiesta, introduciéndolo en su estrecho culito, ayudándome con toda la lubricación que escurría de su vagina para dilatar sus pliegues anales. Y la llevé al cielo, ensañándome con fiereza y sin vergüenza en su orto, abusando de su rabo al enterrarle profundamente mis dedos medios con crueldad y rapidez, mientras Daniela la complacía con intensidad, lamiendo y succionando su coño completamente empapado, escurriendo como si fuesen gotas de sudor alrededor de sus dedos que la masturbaban simulando un buen pene fallándola con rudeza.

    Así, embriagada de todas esas sensaciones estimulando su cuerpo, Lina finalmente se venía, estallando en un poderoso orgasmo haciendo que se estremeciese todo su cuerpo, mojando el rostro de Daniela debajo de ella. –Perdón, perdón. Lo siento. Disculpen. –Nos reiteraba incesantemente entre eróticos gemidos, avergonzada y al mismo tiempo totalmente extasiada de placer, antes de explotar en un poderoso squirting que bañaba la carita de Dani, casi ahogándola con su largo y tibio torrente trasparente, sin dejarle más opción que beber de él, escurriendo por su boca, sus mejillas hasta mojarle su largo y sedoso cabello.

    Finalmente Paulina desfallecía, sin parar de disculparse, estremeciéndose por tan extremo orgasmo colapsando entre sus piernas.

    Ebrias, mojadas y satisfechas, finalmente nos metimos a la cama, nos besamos y nos tocamos un poco, hasta quedar profundamente dormidas, desnudas entrelazadas en nuestros húmedos cuerpos sudados y exprimidos por completo.

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  • Compartí a mi mujer por primera vez

    Compartí a mi mujer por primera vez

    Este fin de semana tuve por primera vez la experiencia de compartir mi mujer, a continuación les cuento cómo fueron pasando las cosas.

    Hace un mes aproximadamente conversábamos con mi esposa que haríamos en nuestro siguiente aniversario (que fue en esta semana). Ella es una mujer muy esbelta, atractiva, y un bonito cuerpo, no lo digo porque sea mi esposa, también cómo hombre lo reconozco, y me lo han dicho.

    Referente al sexo, jamás la había considerado extremadamente advierta y liberal, sin embargo en la intimidad le gusta ser complaciente. No sabría decirles cómo nació este interés, pero nació en mi mente la idea de querer tener un trío con mi esposa, y no precisamente compartiéndola con otra mujer, ya que en varias ocasiones me habría expresado que no le atraía estar con una mujer ni por curiosidad.

    Bueno conversando que haríamos por el aniversario y estando en momentos de pasión en la cama, le confesé que tenía una fantasía que quería cumplir, le dije que quería verla explorar de placer como nunca, que me daría mucho gusto, y que para eso, necesitaríamos un compañero. No puedo describir su cara de asombro al escuchar lo que le decía, pero mi asombro fue aún mayor cuando me dijo:

    -Estás seguro que no tendrías problema con eso?

    Sólo internamente pude ocultar mi excitación con la idea, procuré ser discreto y no mostrarme en extremo emocionado, pero tuve una erección que nos brindó otro buen momento de sexo.

    Luego de esto me preguntó si había sido en serio mi propuesta, sin titubear le dije que sí, que sabía que era una locura, pero que quiera hacerlo por motivo de hacer algo nuevo en nuestro aniversario. Luego de un corto silencio me respondió:

    -Está bien.

    Pasaron un par de días y me preguntó que si tenía en mente como podríamos hacer real está fantasía, me preguntó obviamente quién sería está tercera persona. En principio le dije que no tenía nadie aún en mente, que había leído alguna vez en relatos que se podía buscar personas en las redes, o quizás solicitar un servicio profesional, ésta última sería nuestra primera alternativa, considerando no exponernos con nadie.

    Pasó una semana y conversé con uno de mis mejores amigos, para ser más preciso mi compadre, y mientras platicábamos de distintas cosas x mensajes recordé que en algún momento mi esposa me comentó que él le parecía buen mozo, en alguna ocasión me dijo de manera muy sutil, que le parecía atractivo.

    Cuando recordé aquellos inmediatamente mi mente empezó a fantasear, imaginar que él era nuestro acompañante en esta fantasía. Para describirlo un poco daré pequeños detalles de ambos, él es un poco más bajo que mi, sin embargo gusta de ejercitarse, por lo que tiene una musculatura firme, es blanco con cabello negro lacio, factor muy importante ya que mi mujer siempre me había dicho que se sentía atraída por hombres con esa característica, por mi lado, como mencioné, soy un poco más alto, delgado pero no musculoso, llevo una vida ligeramente activa, cabello claro, crespo, realmente dos figuras diferentes.

    Retornando a los hechos, como les dije inmediatamente imaginé la escena, y con la lujuria a la cabeza, sin pensarlo tanto le mandé dos imágenes, un meme y una foto de mi mujer desnuda, era la excusa para enviar la carnada y ver qué pasaba.

    Mi compadre demoró un poco en responder, y me mandó una risa y la carita de asombro, me reí y le dije: “disculpa, eso no debió irse”, pero aquella acción encendía la chispa para una futura escena estallara. Sabía que mi amigo es muy caliente, no lo digo en sentido homo, sino porque siempre me contaba cuanto le gusta el sexo, y que trata de jamás desperdiciar oportunidades que se le presenten, eso me dio la idea que quizás él podría ser este «compañero» que estábamos buscando.

    Le comenté a mi esposa que ya tenía la persona, no le dije inmediatamente quién, pero le dije que sospechaba que quién había conseguido, sería de su gusto. Pasaron las semanas, se acercaba la fecha planteada, era hora de poner el plan en marcha. Le conté a mi esposa quien era, cuando le conté se murió de risa y puso una cara de bochorno única, me dijo que entre risas que si estaba loco, pero esas risas me dieron a entender que había encontrado al hombre indicado, me preguntó nuevamente si estaba seguro, le dije que no quiera darle tantas vueltas al asunto, y que si ella estaba segura, no lo pensáramos más, accedió.

    Mi mujer accedió a la idea, ya teníamos al tercero, solo faltaba planear el momento, la tercera y última parte del plan.

    Esto conllevó a conversar a detalle el plan con mi esposa, creo realmente que la sinceridad con ella fue lo que hizo de esto una gustosa experiencia.

    Bueno pues conversábamos de como haríamos que esto pase, si debía decirle a mi amigo la idea, o fingir que las cosas se dieron por casualidad, sin tantas vueltas decidimos que lo mejor sería la segunda. Ya que somos buenos amigos, no era raro que en ocasiones vaya a visitarme para tomar unas cervezas, para éste fin de semana le dije que venga de visita ya que queríamos tomar, pero por motivo de la pandemia preferíamos no salir, y no queríamos tomar los dos solos, el accedió sin titubeos.

    Planeamos con mi esposa que lo mejor sería crear el ambiente poco a poco, para que si no se daban las cosas, no hubiera un mal rollo. Para no contar las cosas dos veces, les diré directamente como se dieron las cosas aquella noche…

    Vivimos los dos en nuestro departamento, tenemos una hija de 3 años, lamentablemente no pudimos dejarla en casa de alguien más para que nos la cuide, pero sin querer terminó siendo la excusa ideal para el final de esta historia.

    En la noche, aproximadamente a las ocho, llegó mi amigo, mi esposa se puso un vestido negro bien ajustado con botones para desabrochar el escote al gusto, unos tacos altos, y se dejó el pelo suelto, cuando llegó mi amigo le dije a ella que lo recibiera, que lo haga sin insinuaciones, pero de manera amigable, vi a la distancia como lo recibió con un abrazo apegándose a su cuerpo y le dio un beso a la altura de la oreja, mi pene ya estaba erecto de sólo imaginar lo que se venía.

    Compramos trago y empezamos a conversar de cómo va todo, el actualmente es un hombre divorciado, y por conversaciones con él, me contó que llevaba unos dos meses sin sexo, que conveniente para nuestro propósito, pensaba yo. Nos sentamos en le pequeña sala, mi esposa junto a mí, y mi amigo de frente, buscaba que pueda apreciar las piernas de mi esposa, y quizás en un descuido algo más.

    La conversa fue de lo más trivial, así que decidimos jugar algo para poner más emocionante el ambiente, a parte que las horas iban pasando, y era mejor no perder más tiempo antes que nos quedemos con las ganas de dar rienda suelta al plan, así que le dije en un momento a solas en lo que mi amigo iba a ver más cervezas al refrigerador que vaya a sacarse la tanga que llevaba puesta, que era momento de intentar las cosas.

    Propuse que jugamos a un juego que llamamos la carta borracha, de seguro tiene muchos nombres, en cuestión trata de que dependiendo la carta que saques haces penitencias, confesiones, tomas un vaso entero de trago, etc. Jugamos por más de dos horas, la verdad nos estábamos divirtiendo bastante y aún no llegábamos a nuestro plan.

    Para todo esto ya eran las doce de la noche, mi hija aún estaba despierta, la escuchaba jugar en su cuarto, con un cruce de miradas decidimos que era el momento de llegar a la parte final del plan. Con una que otra excusa dije que estaba cansado del día que había tenido, y que no quería que mi hija siguiera despierta así que me una un rato al cuarto de ella a hacerle dormir, y que los dejaba solos un momento, que si me dormía me dieran al menos unos 15 minutos para descansar y poder seguir tomando (una excusa genial para dejarlos a solas).

    Llegó el momento que tanto esperaba, esperaba que mi mujer no se arrepintiera a último momento, realmente estaba demasiado erecto imaginando lo que deseaba que pasara. Llame un momento a mi esposa para darle las últimas indicaciones, le dije que era su momento para coquetearlo de frente y ver «que pasaba», que quería que empiece sin mi, y qué al momento yo me les uniría, que lo lleve a nuestro cuarto y dejara la puerta entre abierta ya que quería escuchar cómo se iban dando las cosas, y que así sabría cuando ir, me preguntó una vez más si en verdad quería que lo hiciera, que tenía miedo aunque si se sentía emocionada, le dije que estaba bien, le hice que me agarre mí pene que estaba erecto, y que supiera que todo era una fantasía, que no lo pensemos más.

    A continuación les diré lo que me relató mi esposa luego que los dejé. «Luego de que te fuiste, me senté junto a él, le dije que siguiéramos jugando ya que tú ibas a demorar un rato, a parte que como estabas cansado, vendría bien que te dejáramos descansar un momento, él me dijo que por su lado no había problemas, que no se quería ir.

    Jugamos por unos 20 minutos más, entre risas y tragos, me puso una penitencia que era muy sugestiva, supongo que algo sospechó, me dijo que hiciera 5 sentadillas, con los tacos puestos, es algo que no suena del otro mundo, pero sé que en ese momento me lo dijo por querer verme algo más. Lo hice.

    Continuamos jugando y le tocó a él hacer una penitencia, le dije que hiciera unas flexiones de pecho, a lo cual accedió, pero ahí vino mi sorpresa, cuando mientras las hacía, hizo movimientos de penetración, me miró y solo me le reí; a continuación de eso nos tocó hacer una confesión a ambos, el primer preguntó, hace cuánto tuviste sexo por última vez?

    Ambos respondimos, él me dijo que hace ya un buen tiempo, y yo pregunté: has deseado estar con la mujer de algún amigo? Creo que fue el momento en que supo que era lo que le estaba proponiendo, me respondió un seguro y corto si, nos quedamos viendo fijos por unos instantes, y me besó, le correspondí, acto seguido mando mano a mis piernas y directo a mi vagina, que supuse ya había notado que no llevaba ropa interior, yo de por sí ya estaba mojada y él de inmediato lo sintió, yo, siendo un poco más sutil, recorrí con mis manos su cuerpo y le pedí que me acompañara, lo lleve a nuestro cuarto, entre cerré la puerta, y lo empuje a la cama, realmente para ese punto te debo confesar que estaba muy excitada, lo presioné en la cama y lo empecé a besar, el me agarraba duro las nalgas, jalaba mi cabello y besaba mi cuello, fue bajando con mis besos hasta que llegue a su pantalón, vi como estaba erecto y mordí su pene por encima de la ropa, como te lo hago a ti y que me has dicho como te enloquece, bajé el cierre de su jean y se lo empecé a chupar, luego subí un poco mi vestido, me senté encima de él, y me empecé a mover, no sabes que gusto que sentía, después fue que llegaste tú, y ya sabes lo demás.

    A partir de ahora retorno con mi relato. El cuarto de mi hija queda justo al lado del nuestro, procuré que mi hija se duerma rápido y bueno se quedó dormida en menos de cinco minutos, por lo que escuché desde su cuarto los juegos que ellos dos tenían en la sala, escuché cuando empezaron a besarse, y la puerta de nuestro cuarto cuento la abrió. Ni siquiera sentí el paso del tiempo, cuando empecé a escuchar los gemidos de mi esposa, cosa que lo hace cuando ya en verdad está en el borde de la lujuria, decidí que era el momento de ir, pero una segunda idea cruzó por mi mente, después de todo, hasta ahora todo se había dado de acuerdo a mi plan, era momento de que suceda algo imprevisto, así que decidí dejarla a solas, dejar que se desenvuelva como quisiera, hasta que luego yo llegara.

    Desde ahí considero que empieza la mezcla más rara de excitación y celos, escuchaba a mi esposa gemir, y obviamente no lo hacía conmigo, escuché como la nalgueaba, y como sonaba el choque de las embestidas que le daba(detalle que mi esposa decidió no contarme jaja), estuve por pajearme muchas veces, creo que solo bastaba que me masturbara por un minuto y ya acababa, pero decidí que no podía hacerlo, quería ver la cara de placer de mi mujer y eso sólo sería posible si yo estaba ahí con ellos, y tenía que llegar erecto.

    Vi el reloj y ya llevaban poco más de 30 minutos solos, sabía que en cualquier momento uno de dos podría terminar y la lujuria se calmaría, así que no podía esperar más. Entre al cuarto y en ese momento él le hacía tremendo sexo oral a mi esposa, me vio y detuvo en seco, pero yo solamente me acerqué a mi esposa, saqué mi pene y lo llevé directamente a su boca. Creo que ya ahí entendió que no habría ningún problema.

    Mi mujer tenía una cara de éxtasis único, como me encantó verla chupar mi verga mientras le hacían lo mismo a su vagina, luego la bese y recorrí a besos todo su cuerpo, bajando por los senos, su abdomen, las caderas, hasta que estuvimos muy cerca mi compadre y yo, y le dije que ahora era mi turno de chupar esa vagina y que el subiera.

    Lo que pasó después fueron demasiadas cosas excitantes, nos la chupo por turnos a los dos, probamos varias poses, hasta encofrar una donde estemos los tres cómodos, poco faltó para que los tres acabemos al mismo tiempo, ella dio un gran gemido, yo me vine dentro de ella, y mi amigo sobre sus pechos, mi esposa vino a mis brazos y se quedó ahí un momento.

    Nos vimos los tres y nos reímos un poco, y sugerí que fuéramos a seguir tomando entre una sonrisa (realmente no tenía idea de que más hacer en ese momento).

    Ya en la sala mi esposa demoró un poco en regresar, mientras eso le dije a mi amigo que nos había ayudado a cumplir una fantasía, él me dijo que no lo imaginaba, pero que desde el día que le mande la foto de mi mujer, le traía unas ganas.

    Conversamos un poco más y dijo que ya tenía que irse, para esto eran un poco más de las dos y media de la mañana. Se despidió con un beso en la mejilla de mi esposa, pero esta vez lo acompañé yo a la puerta, creo que ya no quería que esté a solas con mi esposa. Luego de ello fuimos a dormir con mi esposa, pero antes de eso tuvimos otro buen rato de sexo, no con la locura que fue antes, creo que ambos teníamos un poco de vergüenza, pero nuestros cuerpos respondieron, y luego nos quedamos dormidos.

    Ya han pasado dos días, y quedamos con mi esposa que esta fue una aventura muy excepcional, pero que no deberíamos repetirla para no tener problemas, algo que sinceramente consideré adecuado, aún me siento algo confundido, no tengo enojos hacía ninguno de dos, pero no quisiera que venga mi amigo por un buen tiempo jaja.

    Como han leído, esto pasó recientemente, no sé qué pasará después, pero espero las cosas vayan bien.

    Espero que haya sido de su gusto mi experiencia, veo realmente he se ha hecho un texto enorme. Ojalá lo lean hasta este punto. Bueno hasta la próxima.