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  • El gordito de la clase resultó ser tremenda puta

    El gordito de la clase resultó ser tremenda puta

    Cuando eres tan ardiente y sexy como yo, él sexo es algo cotidiano y llegas a creer que conoces de buenos culos, sin embargo la vida te sorprende y te enseña que siempre hay un culo excepcional que te falta probar y en este caso Raúl me sorprendió.

    Me llamo Christian y tengo 18 años y esta historia comienza en mi primer semestre en la Universidad. Soy un chico bastante atractivo, me encanta la vida sana y los deportes.

    Mido 1,78 de altura, soy de piel canela clara, ojos marrones grandes algo achinados y con cejas pobladas que me otorgan una mirada seductora unida a un mentón muy masculino hacen de mi rostro algo difícil de ignorar.

    Mujeres me sobran y hombres me he cogido algunos, claro discretamente. Me considero un semental muy bien dotado con un miembro de 23 cm no muy grueso, pero que enloquece.

    Raúl es un chico de mi edad, gordito de piel blanca, cabello castaño y cara de bonachón. Es bastante serio, algo tímido pero muy amable, es amigo de todos.

    Él y yo nos cocimos en clases y era un compañero más. La verdad es que ambos somos casi opuestos y nuestros grupos de trabajo son totalmente distintos.

    Un día uno de los profesores asignó un proyecto en parejas pero con la particularidad de que él escogería a los miembros.

    Raúl y yo seríamos equipo, me pareció buena idea ya que tanto él como yo somos estudiantes destacados, claro cada uno a su manera.

    Nos pusimos de acuerdo para reunirnos en su casa en la tarde y así comenzar nuestra investigación.

    Al llegar Raúl me recibe muy cortésmente me ofrece algo de tomar y comenzamos a indagar sobre el tema del proyecto. Todo transcurría normal y cuando ya teníamos unas dos horas trabajando le digo que hagamos una pausa para descansar los ojos.

    Comenzamos hablar y la conversación se hizo más amena y me di cuenta que él es más divertido de lo que parecía. Entre un tema y otro fuimos entrando en confianza y me pregunto por Kelly, una chica con la que estaba coqueteando en la Universidad.

    Yo le dije que era una “amiga con derechos” para esas noches solitarias, entre risas.

    Y él me responde con algo de pena que “yo soy un gran afortunado ya que para él tener sexo a veces tenía que hasta pagar.”

    “No te creo” le dije, y continué “yo tengo un par de amigos que parecen unos monstruos y siempre tienen unas putas que de paso están muy buenas”

    “No sé, quizás soy muy tímido o es mala suerte” me respondió.

    “Raúl tienes que ser seguro de ti mismo! Todos queremos sexo!… Tú eres un tipo simpático y estoy seguro que si eres directo te sorprenderás!” Le aconseje.

    “Christian te quiero mamar el guevo!” Me respondió mirándome a los ojos!

    Quedé fuera de lugar, realmente no lo esperaba y el sorprendido fui yo!

    Entonces Raúl al ver mi sorpresa me dice “te puedo pagar… o mejor olvídalo… es una broma” poniéndose nervioso y bajando la mirada.

    “Raúl me sorprendiste, no tenía idea que fueras gay, relájate!” Le dije, y le aclaré “no me tienes que pagar!”

    Raúl abrió los ojos y miró directamente a mi entre pierna y sonrió.

    “Yo siempre estoy caliente, llévame a tu habitación y muéstrame que sabes hacer” le pedí.

    Subimos las escaleras entramos a su cuarto y me dice “Christian, no hay nadie en casa así que no te preocupes, quieres ver una porno?”

    Le dije “no” mientras me quitaba la polo roja que cargaba, me baje el jeans y me quede solo con mis bóxer y medias blancas.

    La cara de Raúl cambio totalmente, era morbosa y sádica. Se arrodilló frente a mi y con ambas manos bajo mi bóxer. Mi pene aún no estaba erecto, lo tomo y lo llevo a su boca muy despacio mientras acariciaba mis piernas.

    Rápidamente se endureció y me dice “es enorme, no había visto ninguno así!” Y siguió chupando con desespero, movía su cabeza de forma rápida y se lo metía hasta el fondo de su garganta, era un experto!

    Me sentó en un sofá, abrió mis piernas y comenzó a lamer mis bolas y con sus manos acariciaba mi marcado abdomen y cintura.

    Yo cerré los ojos y estaba disfrutando de una de las mejores manadas que me habían dado y le dije “eres tremenda puta, con esa cara de bueno que tienes, ocultas muy bien lo pervertido que eres!”

    “Tú estás más rico de lo que imaginaba, si supieras con cuantas fantasías te soñé” me responde mientras me masturba como si quisiera arrancarme el pene.

    “Cuéntame alguna de esas fantasías a ver si la hacemos realidad” le propuse.

    “Mi favorita es que me violas salvajemente y me tratas como puta” me dice con una mirada de ansiedad soltándome y parándose de inmediato.

    Sonrió y pongo mi cara de chico malo, me levanto y me paro desnudó frente a él, lo tomo de la barbilla con una de mis manos apretándole la boca y le digo “ábrela”, Raúl la abre, acercó mi cara a la suya y le escupo adentro y le digo “ahora traga”, él traga y le pregunto “te gusta?” Y con la cabeza dice que si.

    Raúl vestía una camisa manca corta azul de botones y unos jens, y con su cabello perfectamente peinado hacia atrás con fijador parecía todo un santo.

    Lo tomo del cuello de la camisa con ambas manos y con fuerza se la abro reventado los botones y rompiendo parte de la tela y puedo ver su cuerpo blanco pasado de peso, casi lampiño, espalda ancha y llena de pecas. Un hombre fuerte de 1,75 con cara de no partir un plato.

    Lo tiro al piso y lo pego a la base de la cama, le meto el guevo en la boca mientras lo sujeto del cabello y le digo “trágatelo todo” y comienzo a embestirlo con un mete y saca que llega hasta su garganta.

    Solo se escuchan mis quejidos de gozo “ooohh…! siii…! ahhh…!” y el ahogo de Raúl tratando de tragarse mi tieso falo!.

    Luego lo levanto tirándolo del cabello y puedo ver su erección en su pantalón “ha lo estás disfrutando?” Le digo, y luego le grito “quítate esa mierda y muéstrame ese culo gigante!”

    Se comienza a bajar el jeans y el interior, puedo ver su pene de 17 cm grueso y venoso! Al sacar una pierna de la ropa lo volteo y lo empujo a la cama boca abajo. Su culo era grande y muy blanco, totalmente lampiño y dándole una fuerte nalgada le digo “te voy a reventar ese culo”.

    Lo jalo hacia la orilla de la cama, abro sus nalgotas y le escupo en el agujero! Pongo la cabeza de mi pene en posición y se lo voy metiendo mientras él grita en la almohada, Raúl trata de zafarse y lo agarro por la cintura y le digo con ironía “no papi… es como yo quiera!” Y lo jalo del cabello hacia atrás.

    Él era toda una hembra, se quejaba y gemía como puta y el grito que dio cuando se lo metí hasta el fondo ufff… aumente la velocidad y la fuerza de mi mete y saca, me recostaba en su espalda para pegar su cara de lado al colchón y le decía “vamos perra, mueve ese culo”. Así estuvimos un rato entre nalgadas y gemidos.

    Levante su culo dejándolo en cuatro patas, y a la vez que lo seguía cogiendo solté su cabello y le agarre sus pechos que se movían como tetas, y mientras se los apretaba y le pellizcaba sus duros pezones le dije “tienes una tetas ricas”.

    Esto lo volvió loco!!! Se comenzó a contorsionar y sin siguiera tocarse comenzó a eyacular choros de leche por toda la cama!, me sentía orgulloso y todo un macho!

    Sin sacarle mi huevo del culo baje la intensidad para que se recuperara unos segundos y entonces me dice “Christian vamos a pegarnos a la pared al lado de la cama”.

    No entendía que buscaba pero le hice caso. Una vez allí Raúl se inclinó sujetándose de la cama y presionándome con su culo contra la pared y se empezó a Coger el mismo. Wow… que rico! era como si me masturbara con su culo hirviendo!

    Luego comenzó a maraquear ese culo con movimientos circulares intercalados con un mete y saca que me tenían en éxtasis!

    Era la primera vez que alguien me movía el culo de esa manera! Me llevaba las manos a la cabeza para no interrumpir sus movimientos, mis músculos estaban tensos, marcados y sudados al igual que el culo y el cuerpo de Raúl!

    Me encantaba sentir como Raúl apretaba mi pene con su culo y me decía «vamos Christian cógeme!!!» Y gemía más y más «cógeme!!! Cógeme!!! Tu guevo me encanta… tu me encantas… soy tuya… anda papi… reviéntame el culo… pégame!!!»

    Yo le daba nalgadas y trataba de dominarlo pero en este momento yo estaba entregado a sus movimientos y yo le decía «Raúl sigue… eres mi hembra… vamos mami… mueve ese culo así… así… ricooo!!!

    De yo estar violándolo, ahora él me tenía contra la pared sin poder moverme, ensartado en mi pene y a su voluntad, Raúl tenía el control y ya no podía aguantar más y le dije desesperado “voy acabar… no pares… así… así!!! Raúl aceleró sus movimientos y gemidos de puta Y ahhh… ahhh… ooohhh!!! Comencé a bombear leche casi hasta su garganta llenando su fabuloso culo de mi néctar!

    Ambos nos fuimos a la cama exhaustos, no podía creer la gran cogida que le había dado a Raúl, jamás me arrepentiré de aceptar su propuesta. Y lo que siguió será para otra ocasión.

    Nunca subestimen al gordito de la clase con cara de santo, puede ser el culo que los lleve a las estrellas!

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    Espero que les guste, recuerden calificar y comentar!

  • Mi vecina me mira y le gusta

    Mi vecina me mira y le gusta

    Amigas lentoras y amigos lectores hoy os traigo lo que me pasó una noche de hace algún año, una noche de verano con una vecina del portal de enfrente.

    Las horas de trabajo no paraban de pasar y la tensión se acumulaba, los trenzados, los patrones, las herramientas formaban en mi mente un colapso enorme y a las horas que eran no podía dar una puntada más. Me preparé una infusión y salí un poco para ver si había alguien en la plaza de mi barrio, pero no había ni un alma, tan solo un par de gatos hacían compañía a esas solitarias y oscuras aceras, no eran horas para estar en la calle un miércoles como ese.

    Me volví a sentar es mi silla y comencé a buscar algo entre los materiales que hay enfrente del mío, vivo en un segundo piso y entre el calor y el poco aire que corría aquella noche la mitad de las casas tenían sus ventanas y cortinas abiertas de par en par.

    No encontré nada interesante, tan solo una pareja de ancianos que recogía el salón para irse a la cama. Encendí la radio y puse un poco de música, baja, muy pero que muy baja para no despertar a mi pareja. Entre la música y algún Whatsapp un poco picante a alguna que otra amiga oí en el silencio de la noche como una ventana se abría bruscamente en el edificio de enfrente, la cortina seguía echada, pero se veía la sombra de alguien a través de ella. Gracias a la sombra pude adivinar que alguien estaba en mis mismas circunstancias, solo tenía que esperar un poco más para que el calor hiciera su función y la persona que estuviera detrás tuviera que correr las cortinas esperando un poco de aire fresco.

    Así fue, a las 2:30 de la mañana aproximadamente la cortina se abrió y pude ver quien estaba tras ella, era quien sospechaba, mi vecina. Ella tenía insomnio como muchas de aquellas cálidas noches.

    Comencé a observarla, es una chica mona, de melena larga y morena, ojos negros, mucho pecho y grandes caderas. La verdad es que es una mujer que siempre me da morbo verla.

    Tenía un pulverizador de agua encima de la mesa con el que se refrescaba de vez en cuando mientras por lo que podía observar bebía algo.

    Llevaba el pelo recogido con una coleta alta, unos collares y una camiseta de tirantes azul clarita con un dibujo.

    La situación era bastante interesante, me puse de pie y baje la intensidad de la luz de mi habitación, volví a la silla y pude ver como se refrescaba con el agua del pulverizador mientras se quitaba lentamente la camiseta que llevaba puesta para quedarse con un bikini bastante insinuante, el agua chorreaba por sus hombros y ella la extendía con sus manos por todo su pecho, aquella situación me estaba poniendo enfermo, parecía que la forma de extenderse el agua que la caía del pelo al cuerpo paso a ser algo erótico.

    De repente se puso de pie y desapareció de mi campo de visión dejándome clavado en la retina esas hermosas caderas entalladas por un tanga color lila o ese color me parecía a mi e la oscuridad.

    Al volver en mi me di cuenta de que aquella escena me había puesto un poco cachondo y que el pantalón corto que llevaba puesto marcaba perfectamente el contorno de mi miembro.

    Hubiera sido genial poder haber visto más de aquel espectáculo.

    Me senté de nuevo en la mesa cuando de repente la luz de su habitación se apagó e inmediatamente se encendió la luz de su mesilla de noche, allí estaba ella de pie enfrente de la ventana colocando algunas cosas que ocupaban toda la superficie de su mesa.

    Estaba preciosa, el tanga color lila acentuaban esas caderas que tanto empezaba a desear de una forma brutal, unos muslos fuertes y tersos que daban ganas de morderlos suavemente para sentir su calor y esos pechos que parecían manjar de dioses.

    Se sentó en una silla y vi asombrado como comenzó a rozar sus pezones suavemente por fuera del bikini, no podía creer aquello, mi vecina estaba comenzando a masturbarse y yo iba a ser testigo de ello.

    Cientos pensamientos pasaron por mi cabeza lo que hizo que me pusiera tan, tan, pero que tan cachondo que mi miembro volviera a dejarse notar bajo mis pantalones cortos, comencé a acariciar mi pecho como si ella lo hiciera con sus dedos, me moje los labios con mi lengua mientras lentamente pasaba mis grandes y fuertes manos por encima de mi pantalón aprisionando mi polla entre mi cuerpo y la palma de mi mano, eso me hacía sentir perfectamente como cada vez la erección era más fuerte, tanto que ya asomaba gran parte por encima de la goma del pantalón.

    Ella se había acomodado en la silla, una de sus manos no podía verla, seguramente que con ella estaría acariciando sus ardientes muslos.

    Estaba a punto de comenzar a masturbarme, no podía esperar más, mi capullo asomaba en su máximo esplendor por encima de mi pantalón, estaba tan grande que sentía el más pequeño roce.

    Baje con mi mano izquierda el y mientras lo mantenía cogido comencé a acariciar mis testículos suavemente, los tenía muy, pero que muy hinchados y esa forma de tocarme hacía que mi polla estuviera gorda y grande.

    Mientras la observaba como se masturbaba y apretaba sus pechos con los ojos entre abiertos yo empecé a masturbarme también.

    Agarre con mi gran mano mi miembro y baje lentamente mi piel hasta poder ver todo mi capullo, estaba marcadísimo, pase lentamente por el uno de mis dedos y volví a subir suavemente mi piel hasta volver a taparlo por completo… aquella sensación era increíble.

    Cada vez mi mano recorría toda mi polla de arriba abajo un poco más rápido, más rápido, el sonido que hacia mi piel al cubrir y descubrir mi hinchado capullo era delicioso. El ritmo era casi frenético, mis huevos subían y bajaban de una forma brutal debido a la fuerza con la que me masturbaba.

    Mire de nuevo a su ventana, ella seguía sentada, pero había puesto las piernas encima de la mesa, dios, podía ver su coñito y como lo acariciaba, estaba disfrutando tanto como yo, no paraba de arquear la espalda y de morderse los labios, eso me ponía más cachondo de lo que estaba.

    Pare un poco, baje mi piel lo máximo que pude de nuevo y deje caer de mi carnosa boca un poco de saliva hasta mi ardiente capullo, la volví a subir y a bajar, y otra vez a subir, bajar ¡dios! el ruido de mi polla mojada con mi saliva me hacía imaginar que la estaba penetrando toda y muy fuerte.

    El ritmo de mi mano recorriendo cada rincón de mi polla era increíble, no podía parar de mirarla y de masturbarme, aquella paja me estaba sabiendo a gloria.

    Me bajé los pantalones hasta los tobillos para dejar mi mano izquierda libre y comencé a acariciar mis testículos fuertemente, los apretaba, los soltaba, los sacudía, pensando en su boca, todo era poco en aquella situación, quería llegar al orgasmo ya, pero aquello sabia tan rico que aguante hasta el límite.

    Volví a mirar y de repente vi como ella miraba hacia mi bloque, aquello me hizo sentir algo extrañísimo, de repente paso por mi mente que aquello que ella estaba haciendo estuviera premeditado y que yo no me había dado cuenta, pero seguí masturbándome con fuerza.

    Mis gemidos mezclados con mis respiraciones cortadas inundaban la habitación, tenía miedo de que mis compañeros de piso me oyeran, pero no podía evitar gemir tan fuerte.

    Bajé la mirada para ver mi polla y aquello era tremendo, la tenía hinchadísima y con la fuerza con la que la apretaba para masturbarme hacía que pareciera que iba a reventar.

    Comenzaron a salir las primeras gotas de semen de mi polla avisando de mi gran orgasmo las cuales extendí con mis dedos suavemente por toda la superficie de mi capullo, era tremenda esa sensación.

    Ya no podía aguantar más y quería correrme y correrme como nunca, llenarme el pecho de semen y notar como mi densa crema escurre por él.

    Miré a la ventana de mi vecina y la vi de pie, no paraba de masturbarse, de repente vi como con la mano con la que se pellizcaba los pezones comenzó a saludarme, me hizo un gesto extraño dándome a entender que estaba a punto de correrse también y después sin ningún tipo de pudor e intentando llevar la situación al límite se la llevo a la boca y comenzó a masturbarse por detrás.

    Yo ya no sabía qué hacer, no me lo podía creer, me había estado observando sin yo darme cuenta desde el principio, sentí una mezcla entre deseo, timidez y… de repente noté como mi polla no aguantaba más aquel ritmo y necesitaba correrme ya. La mire y vi como ella había puesto un pie encima de la mesa para que yo pudiera ver mejor su mojado sexo.

    Me puse de pie, la mire y aumente la velocidad con la que me estaba frotando, no podía parar aquello, me iba a correr y quería que ella viera todo perfectamente, arquee la espalda, la mire fijamente, me puse de puntillas y comencé a correrme de una forma brutal, salió primero un borbotón enorme que cayó en mi muñeca, de nuevo hice fuerza y volví a echar aún más crema por todo el suelo de la habitación, no podía parar de frotar toda mi polla, aquel orgasmo me recorría todo el cuerpo, mis gemidos eran prácticamente silenciosos ya que mi pareja dormía, mi respiración se entrecortaba… era muy rico.

    Comencé a bajar la velocidad con la que me frotaba y mientras apretaba suavemente mis huevos con la otra mano me apretaba la polla para que saliera todo el semen posible de ella. La que quedó en mi capullo la extendí suavemente con un breve masaje mientras terminaba de acariciarme.

    La volví a mirar, ella ya había terminado, se subió el tanga mientras me observaba como me acariciaba y me lanzó un plácido beso con la mano, me hizo un gesto como que recibiría una llamada suya, apago la luz de la mesilla y desapareció lentamente en la oscuridad de su cuarto.

    Yo volví de nuevo a mis patrones, mis herramientas, en fin, a trabajar…

    Espero que les guste y que dejen algún comentario. Gracias por leerme.

  • Hotwife negrita para todos

    Hotwife negrita para todos

    Aprovechando que me encontraba como una hembra en celo, mi marido aprovechaba para hacer conmigo cosas que normalmente no se las permitía hacer. Cuando le mamaba la polla se la dejaba meter hasta la campanilla provocándome arcadas. Le dejaba follarme por el culo metiéndomela hasta el fondo sin rechistar, le dejaba eyacular en mi boca tragándome toda su leche y hasta le pedía que se mease en mi boca.

    Hasta ahí todo iba bien y él disfrutaba conmigo como quería. El problema era que yo nunca tenía suficiente y debido a mi calentura permanente siempre le echaba en cara de que no me tenía satisfecha.

    Así que llegó el día que mi marido decidió dar un giro a esta situación y aprovechando lo desinhibida que me volvía, ya que me paseaba desnuda por la casa sin importarme si me podía ver alguien a través de las ventanas o si teníamos alguna visita, dio el paso de darme mi merecido.

    No lo he comentado antes, pero soy una mujer negra, con unas tetas enormes, un culo hermoso que no pasa desapercibido y unos labios de mamadora profesional que por cierto lo hago muy bien.

    De hecho cuando la chupo y noto que van a correrse comienzo a succionar suavemente provocando unas eyaculaciones copiosas y haciendo que estas no se me escapen de la boca.

    Ese día llegó, viendo que yo había bebido algo de más y que ya habíamos follado tres veces dejándome la vagina llena de leche y que yo seguía pidiéndole más, decidió buscar ayuda.

    Entró en una página de contactos buscando hombres blancos que deseasen follar con una negra de campeonato, además de poder hacer conmigo las fantasías que se les antojasen.

    No tardaron en llegar las propuestas de todo tipo a cual más degenerada, por lo que mi marido decidió organizar la visita a nuestra casa de unos cuantos hombres. Les propuso a tres de ellos que acudiesen a casa haciéndose pasar por amigos suyos y ya veríamos lo que surgía. Los seleccionados fueron un tal Carlos, Javier y Luis.

    Llegaron a la hora acordada y les abrió invitándolos a pasar al salón donde les había dejado unas cervezas. Yo seguía en la habitación, llevando puesto un antifaz y estaba totalmente desnuda con las piernas abiertas dejando mi coño abierto de par en par.

    Después de una pequeña conversación con los tres les invitó a seguirle hasta la habitación y al ver que yo seguía con el antifaz encendió la luz para que sus tres nuevos amigos pudiesen ver la hembra que tenían delante.

    Los tres se quedaron embobados mientras exclamaban lo buena que yo estaba, qué tetas tenía y que chocho más rico. De manera automática se acariciaban sus paquetes ya que se estaban excitando ante esas vistas.

    Volvieron al salón cuando mi marido les dijo que por ahora tendrían que pasar de uno en uno ya que no sabía cómo yo iba a reaccionar y que él estaría en la habitación por si acaso. Eso sí, podrían hacer lo que ellos quisiesen ya que yo no le hacía ascos a nada.

    Y así hicieron, primero vinieron Carlos y mi marido al que le dijo que esperase en la puerta. Volvió a encender la luz y vieron que me había volteado y ahora les ofrecía la visión de mi hermoso y gran culo negro.

    Mi marido se acercó a mí y cogiéndome por la cintura me colocó con las rodillas en la cama y con el culo en pompa a lo que no puse ninguna oposición.

    Ahora la visión debía ser espectacular, con mi cabeza apoyada sobre la cama, mi espalda arqueada y con mi gran culo delante de ellos. Carlos no se lo podía creer mientras yo le decía balbuceando a mi marido que hacía a lo que él respondió que no me preocupase, que solo venía a follar un poco, a lo que yo sonreí a la vez que agitaba mi culo.

    Para que yo no me diese cuenta de la situación y a la vez que le indicaba a Carlos que se quitase la ropa, acercó su cara a mi culo separándome las nalgas con ambas manos y se puso a lamerme el ano y el coño al unísono como a mí me gustaba, mientras Carlos que ya estaba desnudo y con su polla erecta se acercó a nosotros.

    Paró de lamerme el coño y sin dejar de separarme los mofletes dejó que Carlos me introdujese un dedo en el culo mientras él me lo metía en el coño. Qué situación más morbosa la de ser la fantasía de dos hombres.

    Carlos me sacó el dedo del culo y acercando su boca a mi entrepierna comenzó a lamerme el coño y el ano introduciendo su lengua como si fuese la primera vez que lo hacía.

    Mi marido se separó de nosotros y le dejó hacer, Carlos me lamía con pasión a la vez que alargando una mano comenzó a estrujarme las tetas. Mi marido fue al salón e invitó a los otros dos tíos a que viniesen a la habitación, a ver lo que allí estaba pasando.

    Al volver a la habitación los otros dos se quedaron de piedra al verme en aquella posición. Mi marido estaba compartiéndome y viéndolo en directo.

    En eso, Carlos que estaba totalmente empalmado y colocándose de rodillas detrás de mí, me agarró por ambos lados de mi cadera y enfocando su enorme verga hacia la entrada de mi coñito me la metió de un solo golpe hasta que sus huevos rebotaron en mis labios vaginales.

    Empezó a bombearme con fuerza a la vez que resoplaba mientras yo agarraba con fuerza las sábanas mientras recibía esas fuertes embestidas. Comencé a gemir y a pedir que me diese más fuerte cosa que a Carlos le excitó más y aceleró sus embestidas penetrándome todo lo que podía.

    Yo me estremecía, me estaba gustando por lo que me incorporé colocándome a cuatro patas lo que permitía que mis grandes tetas se balanceasen debido a la fuerte follada a la que me estaban sometiendo.

    Carlos estaba disfrutando, noté como sus huevos se contraían lo que adelantaba que pronto iba a correrse y dando unos fuertes bufidos a la vez que me agarraba con más fuerza empezó a eyacular dentro de mi vagina sin para de penetrarme. Yo notaba los chorros de esperma caliente que me iban llenando por dentro lo que me hizo gemir con fuerza.

    Fueron 4 o 5 sacudidas cuando Carlos comenzó a bajar el ritmo disfrutando del roce de mi coño contra su polla y una vez que me hubo descargado toda su leche se quedó parado con la polla dentro de mi para no darla posibilidad de que el semen se saliese.

    Yo no paraba de balbucear diciendo cuanto me había gustado, pero que quería más y alargando mi brazo hacia atrás agarré a Carlos por la pierna haciéndole venir hacia mi cara, este se colocó delante de mí y agarrándole la polla con la mano y sin cambiar de posición empecé a mamársela a la vez que se la succionaba limpiando todos los restos de leche.

    La visión debía ser impresionante, yo a cuatro patas a la vez que se la mamaba a un desconocido. Carlos comenzó a reaccionar y su polla empezó a ganar tamaño en mi boca y yo al notarlo pasé a acelerar el ritmo de la mamada mientras le masturbaba con la mano.

    Carlos alargó su brazo hacia mi culo y alargando los dedos me los introdujo en el coño, en lo que mirando al techo comenzó a resoplar de nuevo, me agarró por la cabeza y me forzó a tragármela hasta el fondo cuando volvió acorrerse de nuevo soltándome otros espesos chorros de leche que sentí como me rebotaban en la garganta, mientras yo seguía mamándole la polla con fuerza a la vez que le masajeaba los huevos casi como exprimiéndoselos. Carlos quedó totalmente exhausto y retirándose hacia atrás sacó su polla de mi boca ya flácida mientras yo saboreaba lo que me acababa de tragar.

    Mientras Carlos volvió hacia el salón a descansar, yo seguía pidiendo más a la vez que movía el culo de un lado a otro. En eso fue cuando Javier pidió su turno y con la verga ya muy dura se acercó a mi cara apoyándomela en mis carnosos labios.

    Yo me quedé un poco sorprendida debido a que se suponía que mi marido acababa de correrse dos veces, pero como estaba algo bebida no le hice ascos y abriendo la boca invité a que ese otro hombre me la introdujese.

    Javier me agarró por la cabeza con ambas manos empujando su polla lo más dentro que podía hasta que toda desaparecía dentro de mi boca produciéndome arcadas.

    De vez en cuando, Javier me la sacaba y yo me quedaba con la boca abierta a lo que Javier me respondía escupiéndome dentro lo cual yo tragaba pasando a acariciarle el capullo con mi lengua hasta que de nuevo me la empujaba hasta el fondo lo que provocaba que me entrasen temblores.

    De repente, Javier sacó su verga de mi boca y colocándose detrás de mí comenzó a masajearme el ano metiéndome uno, dos y tres dedos mientras me escupía en el ojete dilatándomelo al máximo mientras yo le pedía que me la metiese ya por el culo.

    Javier sacó sus dedos de mi ano y apoyando la punta de su miembro en la entrada me la fue introduciendo poco a poco mientras yo chillaba de gusto y de dolor, lo que animó mucho a este hasta que logró penetrarme hasta el fondo pasando a bombearme por el culo cada vez con más fuerza mientras yo me retorcía de placer notando como hasta sus gordos huevos rebotaban en mi vagina.

    Javier estaba disfrutando de lo lindo follando mi negro culo.

    En ese momento pude observar a mi marido, que agarrándose la polla le pedía paso a Javier, este la sacó de mi culito y rápidamente me la metió él y con solo tres o cuatro sacudidas soltó gran cantidad de semen dentro de mi culito.

    Y rápidamente volvieron a cambiar metiéndomela Javier de nuevo siguiendo con sus fuertes embestidas. Yo estaba alucinando, pero no decía nada, simplemente alargué un brazo por debajo de mi cuerpo hasta sus huevos masajeándoselos a la vez que recibía sus penetraciones cosa que a este le puso a mil.

    Al notar que sus huevos se ponían duros comencé a empujar con mi culo hacia atrás provocando que Javier no pudiese aguantar más y comenzase a eyacular dentro de mi culo a la vez que yo le embestía hacia atrás con más fuerza.

    No se cuanta lefa depositó Javier dentro de mi culo, solo sé que cuando sacó su verga de mi ano comenzó a salir leche de mi marido y de Javier a borbotones resbalándose por mis piernas hasta la cama y este al ver lo que yo le había hecho a Carlos me acercó su polla para que se la limpiase cosa que yo hice con mucho agrado saboreando los restos de esperma que quedaban.

    Yo sabía que estaba siendo follada por varios, pero como estaba gozando como una perra no dije nada y dándome la vuelta me puse boca arriba separándome las piernas con ambas manos pidiendo más guerra a la vez que me acariciaba con la lengua la comisura de mis carnosos labios.

    Javier también se retiró al salón y ahora era el turno de Luis que parecía el más guarro. Se acercó a mí con su verga en ristre y acercando su boca a la mía comenzó a morrearme con pasión mientras yo, con una mano le agarraba de la cabeza metiéndole la lengua hasta el fondo y con la otra le masajeaba su hermosa polla.

    Me volvía loca mientras notaba como este me estrujaba las tetas a la vez que me rozaba la campanilla con la punta de su capullo y esto a mi me ponía a cien.

    Apreté los labios alrededor de esa verga y le animaba a que eyaculase dentro de mi boca, mis succiones eran cada vez más intensas y Luis, resoplando comenzó soltar chorros de caliente lefa en el interior de mi boca mientras yo iba tragando todo lo que salía de esa dura verga.

    Este sacó su polla ya flácida y mirando a mi marido le hizo un gesto dándole a entender que había sido una pasada. Yo seguía tumbada en la cama saboreando la caliente leche en mi boca mientras me acariciaba la vagina.

    Ante esto mi marido no dudo en acercarse y colocándose delante de mi me penetró por el coño ya lubricado por la leche de sus dos amigos. Sentí un gran morbo de estar siendo follada sabiendo que otros ya me habían rellenado de esperma cosa que hizo que mi marido se corriese rápidamente dándome unas fuertes embestidas mientras yo me agitaba con fuerza.

    Una vez hubieron terminado, Luis y mi marido volvieron al salón donde se encontraban Javier y Carlos que esperaban con caras sonrientes. Luis les comentó lo guarra que era yo y que como me había follado por la boca. Presumían de haber rellenado de crema un auténtico bollito de chocolate.

    Mi marido los dejó a los tres en el salón y volvió a la habitación a ver que hacía yo que seguía tumbada, rezumando semen de todos mis orificios y de nuevo dormida con mi abierto coño expuesto de par en par.

    Volvió al salón y les propuso a sus nuevos amigos que por último, si ellos querían, podían correrse encima de mí. Él deseaba ver a cuatro pollas blancas eyaculando sobre mis grandes pechos. A ellos les encantó la idea y volvieron los cuatro a la habitación.

    Se colocaron dos a cada lado de mí y comenzaron a masturbarse observando mi voluptuoso cuerpo. No tardaron en correrse, todos soltaron sus chorros de caliente leche sobre mis tetas y mi estómago.

    En ese momento Luis nos sorprendió a todos pidiéndole a mi marido una cuchara y la uso para ir recogiendo la lefa que impregnaba mi cuerpo y aprovechando que estaba con la boca abierta me la introducía en ella mientras yo me relamía.

    Todos volvieron al salón y dándoles las gracias los despidió.

    Proposiciones a mi [email protected] y a mi marido [email protected].

  • Un consejo para la mujer virgen

    Un consejo para la mujer virgen

    Se darán cuenta, que el porno está hecho para hombres. Personalmente, creo que también debería estar hecho para mujeres, pero su público objetivo son los hombres. Hombres que quieren ser los grandes sementales con las grandes pollas que te follarán la próxima semana.

    Al hacer esta fantasía para un público objetivo, la follarán en muchas posiciones. Muchos de ellos no se sentirán cómodos. Y, muchas veces, la cámara no se enfocará en tu hermoso cabello o tus hermosos ojos o tu hermoso rostro, sino que la cámara estará ahí, a centímetros de la gran polla de un hombre que golpea tu pequeño coño. Y si pensaste que era difícil relajarte y tener un orgasmo cuando perdiste tu virginidad conmigo, Diana hermosa, solo piensa en lo difícil que será para ti relajarte con la lente de una cámara a solo centímetros de tu coño, con la cabeza del fotógrafo cerca. Lo suficiente para ver las pecas en los labios de tu vagina.

    Esta industria del entretenimiento para adultos puede ser brutal y puede ser muy, muy hermosa y me divierte que seas la protagonista de esta hermosa experiencia. Tenías un hombre, muy guapo y talentoso a tu disposición para hacer tu primer video sobre ti. Todos los demás videos que hagas de aquí en adelante no serán sobre ti. Se tratará de lo que el productor y el director quieran que se trate. Tus coprotagonistas masculinos no estarán preocupados por la mejor posición en la que darte un orgasmo, solo se preocuparán por colocarte para que la cámara pueda tener el mejor ángulo de acción, ya sea tú cara, tus tetas, tu coño o tus ojos mientras le haces una mamada, nada de eso será sobre ti y tus necesidades.

    Pero, Jorge estaba listo para hacer ambas cosas. Es un profesional en el sentido de que sabe exactamente cómo ubicarte para que las cámaras puedan darles la toma que el director necesita, pero como era tu primera vez, quería que fuera especial para ti. Quería darte orgasmos más allá de lo que te habías dado; quería mostrarte cómo complacer a un hombre y quería hacerte el amor, así como acercarse a hacer el amor como se pone en esta industria, porque como descubrirás en la industria del entretenimiento para adultos. Ni siquiera se trata de sexo, es solo follar y el objetivo final de eso no es para tu placer, sino para el placer de tu audiencia, por lo que puedes pasar sin un orgasmo en la búsqueda del director para darle a su audiencia lo que desean. Pero tu coprotagonista siempre recibirá su corrida.

    Entonces, tal vez esto sea más una advertencia para todas las chicas que entran por las puertas de los estudios de la industria del porno independientemente de su razón. Quizás escribo esto para todas las vírgenes que perderán su virginidad con el galán, porque me preocupo por las vírgenes de la industria porque soy lo suficientemente afortunada de poder contar tus secretos vírgenes y deseo que tengas lo mejor «primero», tiempo que una chica puede tener cuando vende su virginidad para la cámara.

    Primero, esta será tu única primera vez. No hay mitades, o casi cuando pierdes la virginidad. Es un trato único, así que aprovéchalo al máximo. Si su galán quiere comerte o meterte un dedo hasta el orgasmo, o quizás ambos, déjalo. Deje que derroche su atención en sus senos, en su clítoris y en su coño. Está muy entusiasmado con esto y le da un gran placer. Sé que para la mayoría de las vírgenes, estas son sensaciones nuevas y extrañas y pueden asustar un poco. Pero de esto es de lo que hablamos los protagonistas cuando nuestros personajes femeninos se entregan a su placer y al suyo. Así es, cuando te niegas a ti mismo el placer, independientemente de la causa, también le niegas a su prometido el placer. Entonces, disfrútalo, lo que estás sintiendo es bastante natural y bastante maravilloso y nunca volverás a tener sexo con su amado o no o con alguien que esté muy interesado en darte placer.

    En segundo lugar, esto va a doler. Lo siento, pero es la verdad. A algunas chicas no les duele tanto, a otras, el dolor es inmenso. Pero, de nuevo, tienes suerte de que tu primera vez sea con su galán. Verás, a su escogido no le gustará lastimar a las mujeres, no en su puta carrera profesional, no en su vida real y definitivamente no le gusta lastimar a las vírgenes. Pero el actor es bastante grande. Él lo sabe. De hecho le encanta sorprender a sus vírgenes con su tamaño, longitud y circunferencia. Sabe que te va a hacer daño. Especialmente por el tamaño que tiene. Su gran corazón generoso no quiere que te duela. Quiere brindarte un gran placer y, al hacerlo, le brindará un gran placer. Entonces, te hará venir varias veces antes de entrar en ti. Él se asegurará de que estés bien lubricada y de que tu coño no solo esté listo para él, sino que querrás que esté en tu coño desesperadamente. Y, cuando te penetra, si te duele, sabe exactamente qué hacer para disminuir ese dolor. Él te consolará, se sentirá mal por lastimarte, pero si simplemente le dejas hacer lo que mejor sabe hacer, te brindará un placer indescriptible, tal vez tengas la suerte de tener y darle múltiples orgasmos.

    Finalmente, necesita verte. Necesita ver tu hermoso rostro y tus hermosos ojos. Él siente en ti el placer que te está dando o si no te está dando placer, puede saberlo observando tu rostro y tus ojos; Él puede decir exactamente lo que necesita y lo que no necesita por los sonidos que salen de su boca o por el agrandamiento de su iris. Esto es tan personal para él como para ti.

    Entonces, déjalo que te observe, déjalo guiarte y déjalo dirigir la acción.

    Entonces, queridas vírgenes de antes y vírgenes del futuro, perder su virginidad, por la razón que sea, es un gran problema. Perder frente a las cámaras en el porno te traerá dinero, puede que te dé fama, puede que sea solo para que tu primera vez sea placentera y se maneje de manera profesional. Independientemente de su motivo, independientemente de la estrella porno programada para su video, independientemente de cualquier otra circunstancia, relájese y deje que los grandes se encarguen de usted.

    Después de todo, les brinda un inmenso placer ser la primera vez inolvidable en tu vida y tú tienes el poder en ese hermoso y apretado coñito tuyo para hacer que tu mundo se estremezca tanto como tú.

    Estoy aquí para dar más consejos: [email protected].

  • Con el sobrino político

    Con el sobrino político

    Estaba yo en Madrid, solo, pues mi esposa hacía 10 días había viajado a Sevilla para ayudar a su hermana recién operada de cirugía estética, ya Ud. sabe: un implante de tetas de silicona por aquí y otro por las nalgas, liposucción. En fin un picotillo de carne para lucir más joven.

    Fue un viernes por la tarde que recibo una llamada del sobrino de mi mujer, Ricardo de 28 años y que vive con su novia en Valencia. Me pregunta por su tía y le explico el motivo de su ausencia notándolo un poco contrariado.

    Le pregunto si hay algún problema y si puedo ayudarlo y me explica que está en el aeropuerto de Barajas pero le han cancelado su vuelo a Londres, por mal tiempo en el destino y que no podrá volar hasta el siguiente día para ir a ver a su novia, que está cursando un curso de perfeccionamiento del inglés en la capital británica.

    Lo invito a que venga a la casa, que aunque su tía no esté, él siempre es bienvenido aquí. Apenado me dice que él no quisiera molestar y lo corto:

    –Oye chaval, que vengas para acá y así me haces compañía, que estoy más aburrido que un sapo –se echa a reír y acepta.

    –Tío, ¿cuál es la parada del metro donde me tengo que quedar?, que ya ni me acuerdo, –entonces le explico que tome la línea 8 y se baje en la estación de Colombia y que salga por el ascensor que sale a la calle Príncipe de Vergara y de ahí camine hacia el mercado de Chamartín, me interrumpe para decirme que de ahí ya él sabe cómo llegar.

    Aprovecho que Ricardo no ha llegado y me doy una ducha y me pongo el pantalón de un mono deportivo negro, pero me quedo sin camisa, pongo a enfriar unas cervezas y dos botellas de vino blanco. Al rato tocan el timbre de la puerta y abro y ahí estaba Ricardo con su amplia sonrisa, nos abrazamos y besamos al estilo europeo, con dos besos.

    A mí siempre se me olvida el segundo y Ricardo me reclama:

    –Tío, que siempre me dejas con las ganas, te faltó el segundo beso.

    –Ahh ya, –le respondo yo y lo beso en la otra mejilla pero más efusivamente–. No me carezcas, que besos son los que me sobran. Dale, pasa, estás en tu casa.

    –Gracias tío, tú siempre tan amable y cariñoso, tú sabes que eres mi tío favorito, –y se ríe, mostrando su dentadura tan perfecta.

    –Bueno, por la frecuencia que nos visitas, no creo ser tan favorito.

    –No tío, no digas eso, tú sabes lo agitada que es la vida, puedes estar seguro que yo te quiero mucho, –vuelve a reírse.

    –Ponte cómodo, anda ¿quieres beber algo?

    –No tío, tú sabes que yo no bebo.

    –Pero puedes tomarme una cervecita o un albariño bien frío, –le digo.

    –Pues sí, un vinito blanco me viene bien, pero ¿tú crees que me pueda dar una ducha?

    –No, aquí en Madrid el agua está racionada, –los dos nos reímos. Lo acompaño a la habitación y abre su maletín y saca un calzoncillo blanco y acto seguido se desnuda delante de mí y me pregunta:

    –¿No te importa que me quede en cueros delante de ti, verdad?

    –Para nada, como más cómodo te sientas.

    –Gracias tío.

    –Veo que sigues haciendo muchos ejercicios –le digo; pero echándole un vistazo un poquitín prolongado a su hermosa polla, que cuelga al descuido con una poco disimulada incipiente erección.

    –Si, hay que mantenerse en forma para gustar, ¿tú no crees?

    –Pues si, pero no exageres que ya así estás muy bien. –He sacado el Colt 45 y le he disparado al pecho con alevosía.

    Me da la espalda y se encamina al baño. Me quedo admirando aquél cuerpo tan atlético y aquellas nalgas tan perfectas y apetitosas. ¡Qué maravilla!

    Ricardo siempre me ha gustado mucho.

    Es una belleza de hombre, de piel trigueña, pelo y ojos negros, altísimo, debe medir 190 cm. o quizás más, pues yo mido 185 y él es más alto. Es muy risueño, simpático, se comporta como un adolescente, gesticula mucho y habla con cierto amaneramiento, pero no es afeminado.

    Yo siempre lo he tratado con respeto, pero de vez en cuando, cuando nos vemos, le dejó caer alguna «chinita» o piropo solapado y él se ríe y se pone colorado y me dice:

    –Hay tío, tu siempre con tus bromas.

    Cuando él salió del baño yo estaba sirviendo una fuente con salpicón de langostinos, pulpo y calamares. Venía con una toalla anudada a la cintura.

    –Podías haber dejado la toalla en el baño.

    –Ah, perdón, no sabía si podía.

    –Claro que puedes. Estás autorizado. –nos volvemos a reír. Le sirvo una copa de vino y nos sentamos en el sofá, él ensarta un langostino con el tenedor de marisco y se lo lleva a la boca, lo saborea.

    –Uhmm, esto está delicioso –toma la copa y la alza preguntándome:

    –¿Y por qué brindamos?

    –¿Por qué quisieras tu brindar?

    –Deja ver… pues, brindemos por la vida y por el amor.

    –Pues brindemos por la vida, por el amor y por nosotros, que también nos lo merecemos, ¿no es cierto? –Nos reímos mientras chocamos las copas.

    –Pues sí que es cierto.

    Encendí la tele y mientras comíamos y bebíamos, hacíamos cuentos. Ya íbamos terminando la segunda botella de vino, estábamos bastante alegres. Ricardo se acomodó en la «L» del sofá y subió las piernas. Y yo le digo bromeando:

    –Como has ocupado mi lugar favorito, te voy a usar como almohada –y me acosté en el sofá descansando mi cabeza en sus muslos, muy cerca de aquel hermoso paquete. Él se rio, medio turbado, un poco nervioso y agregué, –no te importa, ¿verdad?

    –Claro que no, pongámonos cómodos.

    Aquella cercanía de mi nariz y boca a su bulto un poco más abultado, valga la redundancia, me iba excitando y ya se me notaba. Sentía también que su respiración se había agitado un poco, entonces le dije:

    –Richard, tú no te imaginas lo que me gusta a mí oírte conversar.

    –¿Ah sí? a mí también me gusta conversar contigo.

    –También me gusta oler lo rico que tú hueles. No te enojes, pero debo decirte que incluso tu olor me excita.

    –No, cómo crees? Al contrario, ya me había percatado de tu erección, me tienes a millón –El suspiró y yo acerqué mi mano y la pasé suavemente sobre su pinga dura y caliente.

    Giré mi cara y la hundí oliendo sus verijas. Le bajé los calzoncillos y le fui lamiendo aquel hermoso tronco.

    Le acaricié con la lengua su glande y alcancé a degustar una humedad pre seminal, el adelantó su mano y me sacó la polla y me empezó a hacer una paja. Se cambió de posición y se colocó encima de mí metiéndosela en la boca y llevándola más allá de su garganta, pensé que se ahogaría, pues se la sacaba dando alguna arqueada, pero volvía a la carga.

    Mientras tanto me puso aquél culito glorioso al alcance de mi lengua, le di un lengüetazo a esa hermosa flor y él gimió de placer. Me levanté despacio y le pedí amorosamente que se colocara bocabajo sobre el brazo del sofá, el obedeció sin chistar.

    Le chupé el culito y le introduje la lengua varias veces con pasión, gemía y gemía y me pedía por favor que lo penetrara, me rogaba que quería ser mío. Lo fui dilatando con un dedo primero y después con dos y tres y rotándolos en círculo dentro de su estrecho esfínter.

    Sabía que no era su primera vez pero la estrechez denotaba que había tenido muy poco uso.

    Con mucha dulzura le pedí que no hiciera ninguna resistencia, que si sentía dolor me avisara. Que aunque yo sabía que no era su primera vez, debía relajarse y confiar en mí.

    Lo lubriqué bien y le puse el glande en el huequito medio dilatado y le expliqué que cuando sintiera la presión por entrar, pujara como si fuera a cagar. Así lo hizo y aquellos 18 centímetros entraron hasta la mitad del mástil, yo paré y esperé un instante, el suspiró y me dijo:

    –Hay papi, ¿qué es esto que estoy sintiendo?

    –Esto que estás sintiendo se llama amar, nos estamos amando. ¿Puedo meterla más?

    –Si, por favor, la quiero toda adentro –me decía mientras jadeaba de deseo. Se la introduje hasta el tope.

    –Ahora te la voy sacando.

    –No, no me la saques.

    –Solo la voy a sacar un poquito –le dije.

    Comencé entonces a metérsela y sacársela y ambos estábamos disfrutando muchísimo, hasta que él me pide que lo haga más rápido.

    –Así mi macho rico, así, más rápido, dame toda tu leche, más duro, fóllame más duro. –Aquello que me pedía me excitaba mucho y le dí cintura casi brutalmente.

    Comencé a venirme dentro de él, en lo profundo de sus entrañas. Él gimió y gimió, por último gritó de placer, tan alto que tuve miedo que nos fueran a oír los vecinos y le tapé la boca. Sentí que él convulsionaba y me atrapaba mi pene fuertemente dentro de su recto. A ambos nos temblaban las piernas. Se la saqué lentamente y observé que él también se había corrido.

    –Esto nunca me había pasado, me has hecho correr sin siquiera tocármela. Sentí como una electricidad fría que me subió por toda la columna vertebral hasta la cabeza y unas convulsiones muy placenteras que me sacaron toda la leche.

    –No siempre las parejas logran terminar a la vez. Esto no pasa siempre. Si nos ha pasado a ti y a mí, felicidades. Yo lo he disfrutado mucho.

    –Por primera vez no he sentido remordimiento por lo que he hecho. Todo lo contrario. Me siento feliz y amado por un hombre como tú.

    –Pues debemos ser discretos, cuando podamos lo hacemos y mientras respetamos a tu tía y a tu novia. ¿Estás de acuerdo?

    –Sí, mi amor. Yo te amo. Tú me haces muy feliz.

    –Acuérdate que yo también te necesito a ti como hombre.

    –Si, seguro. Despreocúpate que yo te haré muy feliz con mi morronga, como tú dices. –Nos besamos apasionadamente, nos chupábamos las lenguas y nos tragábamos las salivas ya mezcladas de uno y otro.

  • Una historia de sexo (IV): Cuernos y sexo por despecho

    Una historia de sexo (IV): Cuernos y sexo por despecho

    Habían pasado varias semanas desde de aquel fin de semana en el que Antonio y yo habíamos disfrutado de dos días maravillosos, lo que empezó en aquella aldea seguía a buen ritmo aquí en la gran ciudad y a pesar de las visitas de Virginia yo solo pensaba en él, en cuando me llamaría o cuando le volvería a ver, en donde cenaríamos o donde mi iba a hacer suya esa noche, mi relación con Virginia paso a ser de amantes a solo amigas y eso ella no lo llevaba bien, intentando continuamente sabotear nuestra relación, queriendo hacer un nuevo trío con nosotros pero sin éxito, los dos nos cansamos de esa situación y en vez de enfrentarnos a ella, como dos colegiales nos empezamos a esconder, a vernos a escondidas tal era el miedo que la teníamos y realmente no sabía muy bien por qué.

    Cuando estaba a solas con Virginia continuamente me machacaba diciéndome que todos los hombres solo querían una sola cosa de nosotras, quitarnos las bragas, pero y ella, ¿no hacía lo mismo conmigo? Me insinuaba que me iba a demostrar que estaba equivocada con él, estaba realmente celosa y aunque todavía seguía viviendo en mi casa hacía tiempo que ya no nos acostábamos, me había empezado a desatar de sus cadenas y aunque cansada de ella, la quería y me gustaba tenerla en mi vida, en muy poco tiempo se había convertido en mi querida amiga y en muchas ocasiones en mi confidente.

    Antonio me estaba invitando a pasar unos días de vacaciones durante las Navidades, pero por motivos de mi trabajo yo no podía viajar esos días así que no pudo ser y quedamos en hablar a primeros de enero cuando volviese, Virginia no sé cómo se enteró y saco toda su artillería durante esos días, fue una cruzada contra mí, todos los días me traía flores, se quedaba en casa viendo las películas que a mí me gustaban abrazándome en el sofá, intentando de vez en cuando besarme pero sin éxito, andaba por casa desnuda para excitarme e intentaba dormir en mi cama con iguales resultados negativos hasta que un día.

    Estábamos a finales de diciembre y aprovechando que veníamos de una fiesta, todas aquellas medidas de seducción dieron su fruto al estar un poco desinhibida por el alcohol, durante toda la noche intento besarme, acariciarme hasta que ya llegando a casa me acorralo contra las paredes del ascensor y me beso, un beso corto pero efectivo, me quede mirándola fijamente, me tenía sobre la pared, su cuerpo sobre el mío frotando su sexo contra el mío, al ver que no reaccionaba me volvió a besar abrazándome, nuevamente sus labios se unieron a los míos y al final la deje entrar, empezó a saborear mi boca y mi lengua, acariciando mis pechos, los besos se sucedían por todo mi cuerpo y la ropa empezaba a caer, antes de que me diera cuenta me tenía en la cama desnuda, una vez volvía a caer en sus redes porque a pesar de mis esfuerzos por escapar, los días siguientes sucedieron las mismas escenas de lujuria y sexo con ella.

    Antonio había vuelto y estaba feliz de su regreso, no quería ocultarle nada así que decidí contarle lo que había sucedido con Virginia, no sabía como podría reaccionar pero estaba decidida, no quería empezar lo que fuera aquello con engaños y mentiras, quedamos una tarde en una cafetería junto a mi trabajo pero él no apareció, le llamaba una y otra vez empezando a preocuparme, llame a Virginia para ver si ella podía hacer algo pero con el mismo resultado, no la localizaba. Al cabo de una hora sola me encontré al hermano pequeño de Virginia que al reconocerme me saludo y se sentó junto a mí, agradecí el gesto del muchacho porque estaba bastante nerviosa y decepcionada.

    Al llegar a casa cansada de esperar, sentí como golpes y gemidos que salían de mi habitación, me acerque y como no, Virginia se habría encontrado algún incauto al que se lo subió para tirárselo, quise marcharme pero aquella escena, ver a Virginia follar con un hombre siempre me ponían a cien, el calor se apoderó de mi cuerpo enseguida viendo como Virginia montaba aquel hombre, dándole la espalda medio tumbada sobre su cuerpo y las manos de su amante presionado sus pechos una y otra vez.

    Virginia no paraba de gemir botando encima de aquel pene que no paraba de entrar y salir de su vagina frente a mí, aquella escena, ver cómo le entraba aquel pene hasta el fondo me ponía muy caliente, Virginia abrió sus ojos, jadeando, gimiendo de placer miro hacia donde yo me encontraba y me sonrió, sus movimientos ahora más fuertes, el pene se metía una y otra vez en su vagina, empecé acariciar mis pechos, a meter mis manos por debajo de mi pantalón buscando mi sexo, las manos de él se posaron en las caderas y la empezó a moverla con rapidez y con fuerza, su pene ya no salía solo se movía dentro de su vagina, Virginia empezó a gritar como una loca “sigue, sigue, sigue así Antonio” “aaahhh” “así, así”.

    Los dos empezaban a correrse, yo apoyada en la pared metía mis dedos en mi vagina, masturbándome, hasta que ese nombre resonó en mi cabeza, un velo oscuro recorrió mi cuerpo, una duda, un temor, cuando denuedo oí a Virginia gritar entre jadeos, “no me acordaba de cómo la clavabas Antonio” “tengo mi vagina llena de tu leche por fin”.

    Con mi mano todavía metida entre mis bragas, volví a la puerta para mirar a tiempo de ver a Virginia sacándose dos dedos de su vagina llenos de semen, llevándoselos a su boca mientras me miraba y se reía, también reconocí a su amante, algo oprimió mi pecho cuando Antonio se incorporaba sudoroso, mis lágrimas empezaron a brotar cuando nuestras miradas se cruzaron, Virginia reía al verme salir de allí corriendo, ya en la puerta solo llegue a oír unos pasos desnudos detrás de mí y una voz que me gritaba «Lara, Lara».

    En la calle a los poco pasos me encontré otra vez con Juan el hermano pequeño de Virginia, no pensaba muy lucidamente, solo sé que nada más verle me fui derecha hacia él y le bese, busque y encontré su lengua desde un principio, él me abrazo amarrándome el culo y apretándolo contra él, nuestros labios no se separaban hasta que yo me aparte, le mire con lujuria y parando un taxi le dije “ve, vamos a follar”, esas palabras debieron sonar como música celestial porque de un salto se metió en el taxi.

    Paramos en un hotel cercano y subimos a la habitación, los besos, los abrazos, sentía sus manos por todo mi cuerpo, me tiro en la cama y se empezó a desnudar, me inventé una excusa y me metí en el baño un momento, me miraba al espejo y solo veía el reflejo de Virginia riéndose y tirándose a Antonio mientras me iba quitando toda la ropa, imaginaba a Antonio acariciando el cuerpo desnudo de Virginia, penetrándola, gimiendo los dos hasta que… mi cabeza no daba más que vueltas y vueltas, estaba tan furiosa que no atendía a razones pero empecé a tranquilizarme, empecé arrepentirme de lo que estaba a punto de hacer, quería vengarme de Antonio y de Virginia follándome a su hermanito y esa no era la solución, estaba más tranquila, iba a salir e irme pero inconscientemente salí sin más.

    Juan estaba desnudo encima de la cama con una enorme erección, sin darme cuenta salí totalmente desnuda del baño y al verle allí esperándome, con aquella enorme polla, aquel cuerpo desnudo al igual que el mío, mi cabeza aunque ya más tranquila seguía oyendo esas voces que me decían «aprovéchate, no seas tonta, deja que te folle, mira como está el niño, total ellos empezaron, ellos lo hicieron primero», fui a su encuentro con pasos cortos, despacio, a mi paso apagaba todas las luces menos una lámpara al fondo dejando la habitación en penumbra y dando un toque romántico, me acercaba lentamente hacia aquel imberbe, que no contaría más de 18 o 19 años, le veía fijarse en mi cuerpo, en mis pechos, penetrándome con su mirada mi sexo.

    Apoyé una rodilla al borde de la cama aparté su mano de su pene para podérselo coger, los dos nos tumbamos besándonos, mis labios iban dibujando su cuerpo desde su boca hasta su miembro, mis manos subían y bajan por su pene, lamiendo el contorno de su glande, la devoraba hasta llegar a mi garganta, entera hasta la raíz mientras le miraba y le veía disfrutar, le salivaba un poco para que mis manos resbalaran sobre su pene y mi boca succionara su pene.

    – Lara, te voy a follar tanto y tan bien que cuando termine me vas a rogar que te la vuelva a meter.

    En un principio me saco una sonrisa, ¿pero qué me iba a hacer aquel chico?, en ese momento no podía suponer que minutos más tarde jadeando le gritaba que me volviera a follar.

    Juan se levantó apartándome y tumbándome boca abajo, empezó a besar mi espalda con suavidad, sus manos se metieron entre la cama y mis pechos apretándomelos, acariciando mi cuerpo por mi costado, su legua me recorría llegando a mis glúteos, me abrió de piernas y empezó a separar mis labios, metió su cabeza y empezó a lamer con su lengua mi vagina, metiendo sus dedos dentro de ella, moviéndola de un lado a otro, yo estaba jadeando de cara a la ventana desde donde se podía ver la terraza de mi casa, sentí como Juan se inclinaba sobre mis glúteos, sentía su pene golpeándolos, como recorrían mis labios una y otra vez hasta que la empecé a notar como se metía despacio en mi vagina.

    Juan empezó a follarme, me cerró las piernas con su pene bien metido dentro de mí, entrando y saliendo de mi vagina yo estaba tan mojada que su pese navegaba dentro mi, rozando mis paredes con sus movimientos suaves y profundos que me iban haciéndome sentir cada vez más, hasta ese momento mi cabeza estaba en otro lugar y en otra habitación, imaginando como Virginia y Antonio lo volvían hacer, pero poco a poco esa imagen se fue disipando gracias a Juan, que en cada penetración me acercaba más a él, más a aquella habitación de hotel, empecé a gemir mis manos agarraban las sabanas apretándolas con fuerza, mis gritos ahogados por la almohada, un muchacho de 18 años me estaba haciendo olvidar todo lo malo de aquel día, mi vagina se empezó a inundar de flujo, mi vientre ardía y tan siquiera me di cuenta, Juan se había corrido dentro de mí y eso era algo que no tenía planeado.

    Juan me giro y tapándome la boca me dijo “no he terminado aun contigo, ahora vas a ver de lo que soy capaz”, yo estaba a su merced, se puso de rodillas en la cama, subió mis piernas a sus hombros y empezó a metérmela muy profundo, y muy rápido, ¡¡¡aahhh!!! no podía parar de gritar y a la vez no podía ni articular palabra, su pene se deslizaba dentro de mi vagina totalmente inundada de mis flujos y de su semen y estaba perdiendo el control de mi misma, le gritaba una y otra vez “más, más, fóllame así, así” los gritos se deberían oír incluso en las otras habitaciones contiguas, la cama se movía de un lado a otro con gran violencia, no me podía creer el aguante que tenía aquel muchacho, estaba en éxtasis, mi cuerpo se movía con violencia arriba y abajo hasta que me hizo estallar en un tremendo orgasmo, haciendo temblar todo mi cuerpo.

    Si darme tiempo a reaccionar me subió me puso a cuatro patas y me la volvió a penetrar, empecé a reírme de placer, mi cuerpo se desplazaba hacia delante debido a los empujones que recibía, me llegue apoyar en la pared, disfrutando cada vez más, ese chico iba a hacer que me volviera a correr, como así fue y una vez más recibiendo su leche dentro de mi vagina.

    Estábamos exhaustos y sudorosos, me sentía incomoda con todos los fluidos dentro y saliendo de mi vagina, me levanté y me fui a duchar, Juan se quedó allí tumbado con los ojos cerrados.

    Estaba terminando de ducharme cuando me abrió la puerta de la ducha, me abrazo por la espalda acariciándome los pechos mojados, metió su pene entre mis piernas, la tenía otra vez muy dura, tan grade y tan gorda como la primera vez, nuevamente estaba tan excitada que solo pensaba en volverlo a tener dentro, me besaba sin parar, sus dedos dibujaban mi cuerpo, su pene rozaba mi sexo metiéndose entre mis labios, su mano sobre mi vulva, acariciaba mi clítoris que estaba respondiendo a sus caricias aumentando de volumen, gire la cabeza para buscar su boca, el agua nos caía como una lluvia fina cuando nos empezamos a besar, cuando dirigió su pene a la entrada de mi vagina, metiéndola con suavidad, igual que sujetaba todo mi cuerpo, como me abrazaba, sentía sus manos incluso allí donde no estaban, el agua seguía cayendo y nosotros empezamos a gemir, esta vez me estaba haciendo el amor con mucha suavidad.

    Saco su pene para juguetear con mis labios, me apoyé sobre los grifos poniendo mi espalda recta, paralela al suelo, le abrí un poco más las piernas ofreciéndole mi vagina y cogiéndome de las caderas volvió a meterla, el agua me caía en la espalda, las gotas iban dibujando mi figura, cayendo por mis pechos, agarrándose a mis pezones hasta que al final caían, sentía entrar su pene duro y grueso muy despacio, Juan se tumbó en mi espalda cogiéndome de los pechos, metía su pene muy profundamente, otra vez mi cuerpo temblara con esos movimientos suaves pero profundos, nunca la había sentido tan dentro de mí, cuando alcanzó su mayor profundidad solté un grito de placer y mi vagina empezó a expulsar flujo a pequeñas cantidades, en todo ese momento Juan la mantuvo dentro de mi bien profunda, mis paredes vaginales le apretaba con fuerza y cuando mis piernas dejaron de temblar empezó a salir y entrar con rapidez hasta que eyaculo nuevamente.

    La noche parecía interminable y el incansable, perdí la cuenta de todas las veces que lo hicimos, así como de los orgasmos que me estaba provocando ese chico de 18 años, serían las 5 de la mañana cuando caímos rendidos en los brazos de Morfeo y navegando por unas sábanas empapadas de nuestros fluidos.

    Cuando desperté abrazada a él, solo me venían los recuerdos de la noche que me había regalado de sexo y placer, una de las noches más memorables de las que yo era capaz de recordar, se empezaba a despertar, me miro a los ojos me dio los buenos días con un beso y se metió debajo de las sabanas abriéndome las piernas, era tan insaciable como su hermana quizás por eso me encantaba, antes de salir del hotel me había vuelto hacer disfrutar de su pene hasta en tres ocasiones, al despedirnos con un beso solo me dijo.

    -Tenía razón mi hermana, eres una putita que follas de vicio.

    Me quede sorprendida con aquellas palabras que no esperaba, ya de camino a casa atravesé el parque del retiro, iba analizando todo lo que había sucedido desde que quede con Antonio, cita que Virginia sabia la hora y el sitio, el cómo me encontré con Juan, no una sino dos veces y en sitios tan alejados como mi trabajo y mi casa.

    No me lo podía creer, todo lo había preparado todo ella.

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    No os mováis que la historia continua y pronto tendréis una nueva entrega, si os apetece podéis comentarme si os está gustando.

  • Bienvenida a mi vida

    Bienvenida a mi vida

    “¿Qué tal si hacemos más interesante la apuesta?”, dijo barajeando con ambas manos los naipes sin verlos y enfrentándome con la mirada y continuó: “Si pierdes, no podrás negarte a lo que te pida; y, si ganas, te llevas el dinero de todos”.

    Yo no podía perder, tenía 3 reinas y un par de 8. Mis tres compañeros de estudios me miraban esperando mi respuesta, mientras nuestro profesor, que a la vez era nuestro anfitrión en su casa, seguía barajeando su mano de cartas.

    “Hecho” le dije convencido y destape sobre la mesa mis barajas.

    Mis compañeros se asombraron. El profesor cambió su semblante, se rascó la cabeza y recuperó su sonrisa.

    “No creo que tus reinas le ganen a mi escalera” dijo mostrando sus naipes y continuó “Bueno, no te vayas”, dijo mientras se levantó de la mesa y fue a otra habitación. Yo estaba sorprendido y destrozado. Me había ganado la emoción.

    El profesor regresó con un par de zapatos. Eran unas sandalias clásicas de color negro, un pequeño tacón, no muy alto, con una tira para pasar sobre los dedos y unas cintas que con una hebilla ajustaban el tobillo por delante y por detrás.

    “Póntelos” me dijo.

    “¿Qué?” exclamé indignado “¡Esos son zapatos de mujer!”, no me los voy a poner.

    “Las deudas de juego son deudas de honor”, afirmó.

    Mis compañeros bajaron la mirada, evitándome.

    “Con permiso”, le dije, “esos juegos no me gustan” y salí de su casa sorprendido por la propuesta.

    “Vamos a ver si tus padres estarán de acuerdo con que pierdas tu clase por no honrar tu palabra” alcancé a escuchar mientras cerraba la puerta.

    La verdad me asusté, no iba muy bien en esa clase y esa era la principal razón por la que intentaba “ganarme” la amistad del profesor yendo a jugar naipes a su casa aquel viernes por la tarde.

    Pasé la noche en vela preocupado y ya noche decidí llamarlo.

    “Sabía que llamarías”, me contestó al teléfono. “Te perdonaré la deuda, pero con intereses, si te parece ven mañana por la mañana, te espero a las 9:00”, sentenció.

    Cuando llegué a su casa el sábado por la mañana comenzamos una charla amena en su sala, nos reímos como dos buenos amigos.

    “Bueno, llegó la hora”, me interrumpió tomando una bolsa que tenía al lado del sillón. Sacó un vestido corto rojo con adornos de flores y en forma de campana y las sandalias que me había mostrado ayer. “allí está el baño, entra y quiero verte salir solo con este vestido y viéndote los pies en estos bonitos tacones”.

    Quise alegar algo, pero continuó: “no te vayas a resistir, ya sabes que te puede ir mal en la clase si no me cumples”.

    Sentí miedo, pero el miedo de perder la materia lo era más. Entré al baño, me desnudé. Lo que estaba haciendo iba contra todo lo que sentía que era correcto. Me puse el vestido y sentí una rara, agradable, sensual y excitante sensación. Respiraba agitado. Cuando metí el pie en la sandalia, mi miembro me dio una punzada, se comenzó a poner duro. Amarré el cincho de la cinta y me sentí mejor. Me calcé la otra y la sensación fue mucho más placentera.

    Había un espejo de cuerpo entero en el baño y al verme me descubrí a mí mismo como una bella mujer. No podía creerlo. Los tacones eran pequeños, de manera que me fue fácil dominar la caminata, además que torneaban mis pantorrillas. Salí del baño y me presenté ante aquel hombre que descubrió por vez primera mi lado femenino.

    “Mmm, qué delicia, acércate, siéntate aquí” me dijo sentado palmeando sus piernas.

    Me acerqué a él y me dejé que jalara mi mano y me forzara a sentarme en sus muslos.

    “¿Qué va a pensar de mi?” le dije “soy un hombre”.

    “¡No!” exclamó con placer “tienes zapatos de mujer, tienes vestido de mujer, no lo niegues, te sientes mujer”

    No se equivocaba, yo estaba confundido en ese momento, me sentía tan bien vestido así que le dije “Tiene razón, me siento muy bien. Pero ¿qué van a decir mis amigos?” le comenté.

    Soltó una carcajada: “ellos también han sido mis mujercitas” me sorprendió, “cada uno ha sido mía. Uno me bailó como una princesa árabe, otro hizo la limpieza con traje de mucama y el otro fue mi alumna distinguida, vistiendo de colegiala. ¿Tú qué vas a ser para mi?” sentenció, exigiéndome con la mirada.

    No me resistí, sentado sobre sus piernas, me acerqué y lo besé. Mi primer beso a alguien, nunca había besado a nadie. “quiero ser su novia” le dije, “la tierna, la delicada, la obediente”.

    Volvió a besarme. Me sentía excitado y me abandoné. Los ánimos se caldearon, comencé a sentir calor, sudaba. Los besos eran cada vez más apasionados. Sentí su mano entrar por mis piernas, estremeciéndome toda la piel. Llegó a mi pequeño miembro que estaba duro y dijo “qué rico mi novia, estás calientita”, apretó mis testículos. Gemí. Siguió besándome y llegó a mi agujero. “ábrete un poquito” me dijo acomodándose en el sillón, de tal forma que al estar sobre sus piernas nos recostamos un poco y metió sus dedos en mi agujero, que para ese entonces parecía una sopa de lo húmedo que estaba.

    “Me duele, por favor pare”, le pedí.

    Ignoró mi súplica.

    “Este culito será tu concha desde ahora. Échate una paja”, me ordenó mientras él metía su dedo en mi esfínter. Comencé a pajearme. El placer era delicioso. Siguió besándome, alocando su lengua caliente mientras su índice entraba y salía de mi agujero. Me masturbé duro.

    “¿Cómo te llamas para mi, mi novia?” me preguntó en medio de la locura que estaba produciendo en mí.

    “Bautíceme usted, me llamaré como usted quiera” continué, mientras la paja que me hacía cada vez era más rápida y su dedo llegaba a mi próstata, jugando adentro de mi culo.

    “Genoveva, te llamaré Genoveva”, sentenció, y al decirlo exploté en semen caliente mientras le besaba con lengua y saliva deliciosa.

    En la locura que me provocó le dije: “soy su novia, solo suya, soy su Genoveva” mientras terminaba de salpicar las últimas gotas de leche, con una sensación electrizante en la punta de mi pequeña verga.

    Me sacó el dedo del ano. Me abrazó. Me besó. Sentí el aire en los pies por las sandalias y por las piernas por el vestido.

    “Ven mañana. Ahora vístete y regresa a tu casa, alguien más viene en unos minutos. Si quieres ser mi novia, sentirás lo que es ser mujer”, me llevó la mano sobre el pantalón hacia su miembro grande, duro y gordo. “Mañana te voy a desvirgar ese culito, pero antes te vestirás y maquillarás como nunca imaginaste”.

    Lo besé de nuevo. Luego me vestí con mi ropa que llevaba y regresé a mi casa. Nunca había experimentado nada igual. Me vi al espejo y me dije: “Hola Genoveva, bienvenida a mi vida”.

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  • Noche de lujuria

    Noche de lujuria

    Cuando trabajaba en el condominio como guardia de seguridad, conocí a muchas chicas que trabajaban como domésticas. Muchas de ellas jóvenes y guapas, entre ellas conocí a Lety, una chica delgada ojos rasgados, morena de unas buenas piernas.

    Cómo ella trabajaba de planta (vivía ahí) casi no nos veíamos, solamente cuando salía o regresaba el fin de semana, así que platicábamos muy poco.

    Un día me animé y le pedí su número de celular así que comenzamos a mensajearnos. Al principio los mensajes eran muy cortantes de su lado.

    Hasta que un día nos quedamos chateando hasta muy tarde y ella comenzó a contarme que tenía problemas con su novio y vi una ventana para poder entrar. Comencé a tocar temas poco a poco candentes y ella correspondía, llegó el punto en el que le pedí una foto de sus piernas y me la envió enseguida y ella me pidió una foto en bóxer.

    Como estaba en el trabajo me encerré en el baño y me la tomé, se la envié y me dijo que la siguiente como la quería, así que le pedí una de sus pechos con bra. Enseguida la mandó y yo estaba más que excitado.

    Me dijo que le enviara una con mi boxer a la mitad del pene y así lo hice. La siguiente que le pedí fue una de su vagina, como que no quería y se hizo de rogar, le prometí que nadie las vería y así me la envió.

    Tenía una vagina rosadita y depilada, pero a cambio me pidió una de mi verga ya en ese momento dura. Al enviarla me dijo que ya estaba húmeda y que le gustaría sentirla en sus manos.

    Yo ya estaba al 1000 de calentura así que rompí las reglas y le dije que si ella quería podía subir al departamento donde trabajaba y entrar por su puerta de servicio.

    Lo dudó mucho hasta que la convencí, me dijo que subiera, pero que no hiciera mucho ruido para no despertar a su patrona.

    Al bajar del elevador ahí estaba su puerta abierta, yo estaba nervioso porque si alguien me veía perdería el empleo así que subí con mi caja de herramientas para poder justificar una fuga de agua.

    Me dijo que pasara y sin perder tiempo comenzamos a besarnos ella solo llevaba una bata blanca larga y no llevaba ropa interior así que la subí a la lavadora del cuarto de servicio, le abrí las piernas y comencé a lamer cada gota de su jugo. Ella se tapaba la boca para no hacer ningún ruido, pero aun así se escuchaban sus gemidos, sin perder tiempo me bajé el pantalón, me puse un condón (que nunca faltaba en ese empleo) la bajé de la lavadora y comencé a cogérmela así empinada.

    Ella estaba súper excitada así que no tardé en sentir su primera venida, así que comencé a bombear más duro y de repente se escuchó un gemido tan fuerte que resonó en el pasillo de afuera, juntos terminamos.

    Ella volteó y me dio un beso antes de despedirme y me dio las gracias por hacerla olvidarse de su novio.

    Bajé a mi lugar y mi compañero me preguntó que si había cerrado la fuga y le dije que sí, solo contesto: “estuvo fuerte la fuga pues te salpicó hasta el pantalón”. No lo había notado, pero cuando se vino escurrió todo en mi pantalón.

  • Espiando a mi sexi vecina madura

    Espiando a mi sexi vecina madura

    Hola todos, quisiera compartir con ustedes algo que ha estado sucediendo recién estos días. Para explicarme mejor necesito darles un poco en contexto, trataré de ser breve.

    Me llamo Donni, tengo 28 años. Vivo en una casa de dos pisos. Mi habitación está en el piso de arriba. El acceso al segundo piso está por el patio trasero de la casa que lleva a la terraza y desde allí se accede a las habitaciones. Allí hay una habitación que utilizo como sala de estudio, esta tiene una ventana que da hacía el patio (la parte trasera de mi casa).

    Mí patio colinda con el patio trasero de la familia Orellana, es una familia comprendida por una señora de setenta y tantos años que vive junto con 3 hijas, 3 nietas y 1 bisnieta. Su casa es de dos pisos con un par de ventanas que dan hacía mi patio.

    Al lado de mi casa vive la familia González, una viuda de cuarenta y tantos años con una hija de veintidós, su casa es solo de un piso y tiene un pequeño patio sin techo casi en el centro de su casa. Al otro lado de mi casa vive una de mis tías, pero ella no viene al caso en este momento. Ahora sí vamos al asunto.

    Dos meses atrás:

    Todo empezó una noche alrededor de la 1:30 am. Para esta hora todas las personas del barrio están durmiendo, el silencio reina en las calles y las únicas luces que iluminan suavemente mi terraza son las luces del alumbrado público. Esa noche me desperté con tremendas ganas de ir al baño, el cual está en la planta baja, así que salí y justo cuando estaba por bajar por las escaleras, vi encendidas las luces del patio de la señora González. (Que vive al lado)

    Por curiosidad me asomé a mirar por la orilla de la terraza, pero no vi nada más que su patio. Fui al baño, lavé mis manos y cuando subí, volvía a mirar antes de entrar a mi habitación. La señora González estaba inclinada sobre lavadero, lavando un trapo, llevaba puesto un babydoll que trasparentaba la ropa interior tipo bikini que llevaba y la silueta de su gigantesco trasero. Para que se den una idea, la señora González es aproximadamente 1.65 m de altura, sus pechos son medianamente grandes, no tiene una figura de modelo y aunque ya tiene un par de años encima, ostenta de un gigantesco, excitante y bien formado trasero. Es ese tipo de señoras que les queda perfecta la definición de madura buenota o gordi-buena.

    Me sorprendió la suerte que tuve de ver semejante espectáculo. Su trasero temblaba con cada movimiento que hacía al lavar, mientras el delgado y casi transparente babydoll se introducía levemente entre sus nalgas. Mi verga no tardó en ponerse dura y silenciosamente me quedé un momento disfrutando del trasero de la señora González. Luego de un rato, ella entró a su casa apagando las luces por completo y yo regresé a mi cama a darme la respectiva manoseada con aquellas imágenes.

    Este suceso se repitió un par de noches más, esta ocasión, yo me había quedado hasta tarde trabajando en el estudio alrededor de la medianoche. Antes de acostarme, me invadió la curiosidad y decidí fisgonear el patio de la señora González. Para mi fortuna, esta ocasión la encontré acalorada, lo único que llevaba puesto eran unos shorts que resaltaba su trasero firme y con los pechos al aire. Ese par de tetas están deliciosas, sus delicados y respingados pezones provocaron mi deseo por cogérmela.

    Cabe destacar que no es fácil husmearla. El riesgo de ser visto desde la casa de las Orellana en cualquier momento, es muy grande. Sin embargo resultó interesante y ahora les explico la razón.

    Este jueguito de husmear a mi vecina aunque no todas las noches, duró varias semanas. En ocasiones lograba ver algo tan sensual como lo que les he narrado y otras veces nada.

    De repente una noche, cuando me disponía a husmear a mi vecina, me percaté que una luz dentro de la casa de las Orellana estaba encendida. Me pareció muy extraño, a esa hora de la noche siempre suelen estar dormidas y su casa totalmente a oscuras. Decidí posponer mi objetivo por temor a ser visto por alguien y me fui a dormir.

    La noche siguiente, pasó lo mismo. Parecía como si repentinamente les había surgido el hábito de dejar una luz encendida dentro de su casa toda la noche y esta vez pude distinguir una silueta detrás de una de las ventanas. Esto me preocupó, ya que comencé a pensar que a lo mejor, alguna de las Orellana me hubiera pillado y ahora me estuviesen vigilando.

    Al principio sentí temor, pero luego me relajé y decidí jugarle una broma a cualquiera de las Orellana que me estuviese husmeando. Cabe destacar que las hijas de la señora Orellana tienen entre 35 y 40 años y sus nietas alrededor de sus 18 y 20 (hagan sus cálculos si desean). Todas son lindas y tienen su atractivo.

    Esa noche me quedé viendo películas hasta la madrugada. Alrededor de la 1:00 am, como era costumbre, decidí apagar todas las luces e ir a husmear a la señora Gonzáles, pero esta vez sería distinto. Esta vez decidí sacarme por completo la ropa y así, completamente desnudo, con una firme y potente erección de 19 cm decidí salir a mi terraza. Me sentí libre a la vez que excitado y nervioso, me excitaba el hecho de estar husmeando a mi vecina estando desnudo mientras, posiblemente, alguna de las chicas de la familia Orellana veía mi erección iluminada por las luces de la calle. Debo agregar que esto, fácilmente imprimía en la pared de la terraza mi silueta y la sombra de mi pene en medio de la noche.

    Husmeé a la señora Gonzáles por unos momentos mientras me masturbaba al aire libre de mi terraza. La luz en la casa de las Orellana seguía encendida, me pareció escuchar algunos pasos en el patio de la señora Orellana, me excitaba el hecho de pensar que alguna de las mujeres estuviese espiándome. Los nervios y la emoción elevaron mi excitación, el glande de mi verga brillaba con la luz de la calle y después de un rato, una enorme eyaculación explotó de mi pene hinchado. Me levanté, bajé a lavarme y luego regresé a mi habitación para descansar cómodamente.

    Actualmente:

    Desde esa noche, suelo repetir el acto de vez en cuando. En la casa de la señora Orellana siguen dejando las luces encendidas por la noche, ocasionalmente suelo escuchar pasos y movimiento en el patio de la señora Orellana, como si alguien tratase de advertir que está allí, quizá con la intención de intimidarme…

    O quizá avisándome, que se encuentra lista para otro espectáculo.

    Hace una semana comenzaron a hacer una remodelación en la casa de la señora Orellana. Pude ver y escuchar una de las nietas llamada Karla (19 años aproximadamente) darles indicaciones a los constructores los cuales, en estos últimos días, han estado haciendo una pequeña ventana que queda en dirección directa a mi habitación.

    Sospecho que es Karla quien me ha estado espiando. Y… ¿esa ventana? ¿Por qué en esa dirección? Y ¿Por qué hasta ahora?

    Sospecho que esta zorrita quiere ver un poco más… y bueno, si lo que quiere es ver verga no se lo voy a negar. Quien sabe, quizá algún día termine follándola. Sería sencillo, a fin de cuentas solo basta con saltarme el muro que separa su patio del mío.

    Si algún día sucede, se los contaré de inmediato.

    Espero os haya gustado, si es así, déjamelo saber en la caja de comentarios.

  • Follando con un lector

    Follando con un lector

    Tras algún tiempo escribiendo relatos eróticos, en las que figura mi correo electrónico, es frecuente que me lleguen correos de lectores que me comentan los relatos o que incluso quieren conocerme personalmente, algo a lo que yo estoy dispuesta. El problema es que algunos viven en otros países y continentes incluso, y los de España no suelen residir por mi zona.

    Uno de los más habituales es un hombre de 55 de una localidad castellana a más de 600 kilómetros de la mía. Siempre ha expresado su interés por conocerme y hace unas semanas me dijo que por motivos de trabajo se desplazaba a apenas 200 kilómetros de mi ciudad y que podía alargar el viaje, planteándome también que podía ir yo allí.

    He de decir que soy casada, pero liberal, que mi marido consiente que me follen otros hombres y que incluso a veces los busca él. En otras ocasiones, ya que yo no conduzco, él me lleva al lugar donde voy a tener las relaciones y me recoge cuando acabo. Digo esto por tuve que plantearle a él si estaba dispuesto a conducir unos 400 kilómetros entre ida y vuelta para que yo conociera a mí lector. Con su respuesta afirmativa concreté la cita con éste y el día señalado me presenté en una cafetería donde habíamos quedado.

    Se trataba de una cita a ciegas en la que nos reconoceríamos por la forma de ir vestidos. Al llegar reconocí por la ropa a mi lector. Tenía más de los 55 que decía, era canoso, alto y bastante gordo. Ante ello, mi marido me preguntó que iba a hacer y yo le dije que ya que habíamos hecho el viaje iba a follar. Ante esa respuesta, mi marido nos dejó a solas, no sin antes decirle que me follara bien.

    Pedro, que era su nombre, me llevó al hotel que había reservado. Nada más llegar me pidió que me desnudara y me preguntó qué estaba dispuesta a hacer. Yo le dije que todo lo que me propusiera. Así, lo primero que me pidió fue que se la mamara puesta de rodillas delante de él. La polla era de apenas 12 o 13 centímetros pero muy gruesa. Yo empecé a chupar y él respondía con ruidosas muestras de placer. Cuando estaba a punto de correrse me dijo que le gustaría hacerlo en mi cara, lo que acepté.

    Cuando lo hizo, en abundancia, mi cara y mi pelo se llenaron de leche que él iba cogiendo con los dedos y llevando a mi boca para que la tragara, lo que hice sin problema porque me encanta beberme el semen. Cuando se cansó de eso me echó en la cama y comenzó a comerme el coño mientras masajeaba también mi culo. Yo grito mucho cuando paso gusto y ese día no iba a ser la excepción y grité hasta que me corrí.

    Me puso a cuatro patas y me la metió en mi húmeda vagina dando fuertes empujones. Y pegándome fuertes azotes en las nalgas y algunos en la espalda hasta que sentí que se derramaba dentro de mí una vez terminado me dijo que tenía que descansar un poco pero que había traído juguetes como habíamos quedado en nuestras conversaciones.

    Me pidió que me acostara con brazos y piernas en v y me ató cada una de ellas a las esquinas de la cama. Entonces sacó unas pinzas que aplicó a mis pezones, con lo que empecé a gemir de gusto y dolor mezclados. Vi que conectaba cada pinza a un cable que salía de un pequeño aparato eléctrico y pronto comenzó a darme pequeñas sacudidas eléctricas que me hacían arquear mi cuerpo en la cama. También colocó una mordaza en mi boca y sacó un enorme dildo que comenzó a meterme por el culo, viendo que yo estaba muy excitada con todo lo que hacía experimentó una nueva erección y me preguntó si quería ser su perra.

    Yo no entendía que quería decir pero contesté que sí. Él sacó un collar de perro con su correa y me lo puso. Me desató de la cama y me pidió que me pusiera a cuatro patas en el suelo y que así fuera hasta el cuarto de baño guiada por la correa. Al mismo tiempo comenzó a darme con una fusta que había cogido de su amplia colección de juguetes. Al llegar al baño ató la cadena a una tubería y me metió su polla por mi culo. Yo disfrutaba enormemente y me corrí antes que él, pero me dio una enorme cantidad de leche pese a ser su tercera eyaculación.

    Me llevo de nuevo a la cama como si fuera un perro y me dijo si quería más. Yo le dije que sí y le pedí una nueva sesión de descargas eléctricas. Él aceptó pero mientras me las daba volvió a comerme el coño, lo que acrecentaba mi placer y volví a correrme. Tres veces es algo que hacía años no conseguía.

    Como llevo pelo me dijo que tenía cera. Yo comprendí rápidamente a lo que se refería y dije que sí. Me volvió a atar a la cama como antes y sacó una vela que encendió. Me amordazó para evitar gritos y fue vertiendo cera caliente por mi cuerpo. Eso puede parecer doloroso, lo es un poco, pero en pleno sexo resulta placentero también.

    No llegué a correrme pero él experimentó una nueva erección y me desató y me pidió que me pusiera en posición de follarme la boca. Yo lo hice y comenzó a meterla hasta que logró su cuarta corrida, ahora ya poco abundante.

    Me hizo ir a la ducha y arrodillarme allí para hacerme lluvia dorada, finalizando así una magnífica sesión de sexo. Una vez suxgada y vestida me despedí, llamé a mi marido y volvimos a casa. Mereció la pena el viaje.