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  • El segundo esposo de mi madre

    El segundo esposo de mi madre

    ¡Qué rico es disfrutar lo prohibido!

    Sucedió un sábado en la tarde, mi madre salió de compras al centro comercial y mi padrastro y yo fuimos al cine a ver una película, jamás había tenido una salida con mi padrastro y menos para ir a ver una película al cine.

    De pronto no sé cómo, pero una sensación electrizante invadió mis piernas al ver a mi padrastro tan galante, apuesto y bien vestido.

    No paraba de observarlo y eso a él no le incomodaba. De hecho él no dejaba de observar mis senos que inmediatamente se pusieron duros y se marcaban muy apretados en mi blusa.

    Se echó una mirada fugaz por toda mi anatomía y eso a mí me excitaba.

    No dejaba de observarme y ni yo a él, que no sé cómo que se me escapó un gemido y me sonrojé toda. Estaba mojada y mi puchita estaba palpitando de los nervios y de tanta tensión acumulada.

    La película se acabó y bajamos al estacionamiento para irnos a casa.

    Durante el camino no paraba de observar a mi padrastro, se veía tan atractivo manejando con sus gafas oscuras y su barba bien delineada y tupida. Dios mío!!! Esto es un pecado y una prohibición desear a mi padrastro, no me imagino si mi madre se entera que estábamos coqueteando en el cine con miradas perversas.

    Y les juro que no sé cómo puse los ojos en mi padrastro. Era algo mágico, pero nada me importaba más que dejarme llevar por mi instinto.

    Cuando llegamos a casa, mi madre aún no regresaba de sus compras y mi padrastro me tomó en sus brazos y me llevó a la recámara principal, donde él duerme con mi madre.

    Cuando me bajó al suelo, no pude contenerme y lo azoté a la cama.

    -Hazme tuyo hija -me dijo.

    -Si papito, pero si mi madre regresa y nos descubre…

    -Va a tardar, ya sabes que cuando se va de compras se tarda mucho.

    Y entonces comencé a desvestirme y sin querer traía puesta la mejor lencería para dejar sin aliento a mi padrastro.

    Estaba sudando, extasiado de que me cogiera fuertemente y de que le moviera mis senos duros y erectos para que jadeara hasta quedarse sin garganta.

    Ese día le cumplí todas las fantasías sexuales a mi padrastro y fue algo delicioso, tener sexo con una persona prohibida y que por supuesto que estaba consiente que eso no se hace y menos traicionar a su esposa conmigo.

    Y nada nos detuvo, ese día follé bien rico con mi padrastro y estimulé su fruta madura.

    Y mi madre seguía en sus compras. Cuando de repente escuchamos mi padrastro y yo unos pasos, era mi madre que llegaba de sus compras.

    Y mi padrastro y yo nos vestimos rápidamente. Agotados de tanta actividad sexual y de tanta estimulación. Fue algo mágico y maravilloso, que estoy segura que esto si se va a volver a repetir.

    – Andy Pau

  • Trío medieval

    Trío medieval

    Hoy os traigo una fantasía en una aldea medieval que espero que les guste.

    Esto sucedió en una aldea medieval, el primer día pasado la festividad de Shamain cuando tu chico me fue a visitar. Resulta que en la mañana todos dormían por cada rincón de la aldea después de una noche cenando ese típico cerdo asado que se hace en la hoguera, beber cerveza y mucho hidromiel en nuestros cuernos, como tu chico deseaba seguir la parranda, le sugerí que ya estaba bien, que yo le acompañaba a casa, que tu estarías preocupada y como buen amigo no te podía defraudar y que le acompañaba.

    Nos montamos en el carro de tu chico y nos fuimos en aquel carro tirado por bueyes con el cual íbamos viendo amanecer.

    Cuando llegamos tu chico puso su brazo en mis hombros y medio a rastras le llevé hasta vuestra puerta, toqué con mis nudillos aquella puerta de madera. Abriste la puerta con unas vestimentas ceñidas a tu cuerpo, un poco arrugado por dormir con él y nos invitaste a pasar, nos preguntaste que si queríamos desayunar que tenías unas tortas de harina recién hechas. Yo te seguí hasta la cocina, te tomé por la espalda, te abracé y notaste mi bulto en tu culo, te echaste hacia atrás para restregarte en él. Fue cuando metí mis manos a través de tu pronunciado escote que dejaba poco a la imaginación, aquel vestido hacía que tus pechos sobresalieran un poco de esas vestiduras, lo único que no se te veían eran tus pezones.

    Te diste la vuelta y nos fundimos en un largo beso, mientras yo te levantaba la falda de aquel vestido y te agarraba tus nalgas, en ese momento pasó tu chico rumbo al baño, nos vio, hizo algo de ruido, pero nosotros no le paramos y seguimos con nuestro beso.

    Cuando tu chico salió del baño, ya tenías las tetas al aire y estabas recostada en la cocina sintiendo el bulto de mi pantalón. La gente debe saber que eres una chica muy desinhibida razón por la cual no te inmutó que tu chico nos viera.

    Él siguió a la sala principal y nosotros nos arreglamos un poco salimos a la sala también.

    Como ya te había terminado de arrugar el vestido decidiste ir a cambiarte, yo te seguí y te sugerí que te pusieras algo cómodo, ya que estábamos en confianza.

    Cuando saliste llevabas un conjunto bastante corto y una blusa de satén verde y una falda con una raja muy pronunciada, te sentaste a mi lado y mientras hablábamos, me hacías cariñitos con tu chico al lado medio dormido sin apenas moverse del cansancio que tenia de la noche pasada.

    Entre algunas gracias y chistes fue pasando el rato, cada vez hacíamos comentarios más calientes, pero todo dentro de un juego de palabras, sin embargo, yo observaba que a tu chico se le iban los ojos y era que la posición que tenías dejaba ver uno de tus pechos y parte aquella blusa de satén.

    En ese momento comencé con el juego macabro de hacer chistes sobre el bulto que se le veía a tu chico, mientras me acercaba más a tus labios acariciando tus piernas, cada vez subiendo más a tus caderas. En ese momento te diste cuenta que no estaba bien la situación y te levantaste del tablón que nos servía de asiento llamándome a vuestra alcoba con la intención de reclamarme por mi actitud, pero como ya estaba demasiado cachondo, te empujé contra la pared, te quité la blusa y tus pechos quedaron al descubierto, te besé, te agarré las tetas y comencé a meter mis manos por tu falda, al principio te negaste diciéndome que me quedara tranquilo porque afuera estaba tu chico y se daría cuenta, pero en ese momento desaté mi pantalón y saqué mi miembro y lo puse en tus manos.

    Ante aquel duro trozo de carne caliente tú te dejaste llevar, logré llegar a tu sexo con mis dedos y lo noté húmedo, como a mi me gusta, te obligué a bajar hasta mi miembro para que me lo chuparas lo cual hiciste con mucho gusto, abriendo tu boca comenzando a tragarte lentamente mi verga, a succionarla suavemente, la metía y la sacaba, la envolvía con tus tibios labios, arrancándote suspiros de placer.

    Mientras no parabas de introducir mi miembro en tu boca yo me desvestía. Te levanté, te tiré en la cama dejando tus piernas colgadas llegando al suelo, bajé hasta tu sexo y metí mi lengua en aquella rajita muy húmeda, lo recorría desde el clítoris hasta el final, tu gemías cada vez más fuerte, yo seguí chupándote y comiendo aquel jugoso manjar hasta que tuviste un gran orgasmo.

    En ese momento te levanté y me senté en la orilla de la cama y te monté sobre mí, cara a cara, cuando notaste como entraba en ti te estremecía, me besabas y gemías cada vez más fuerte. Luego te puse a cuatro patas sobre aquel colchón relleno de paja y me dediqué a envestirte desde atrás, en aquella posición frente a una hoja de latón que te servía de espejo te pedí que me miraras, que vieras la cara de deseo que tenía, me dijiste que no querías ver sino sentir, entonces tomé la funda de la almohada y la puse alrededor de tu cara tapando tus ojos.

    Hacías cada vez más ruido, fue cuando tu chico se acercó a la puerta y vio lo que pasaba, él estaba que casi se caía, pero yo le hice una señal para que pasara, mientras tú estabas ensartada en mi polla con un trapo en los ojos que hacían de venda, le dije a tu chico lo bien que lo estaba pasando y que tu necesitabas más, que se la sacara y se parara frente a ti, fue cuando decidí quitarte la venda, te sorprendió como estaba la situación, pero más que sorpresa fue morbo lo que te dio, pero no te dio tiempo de reaccionar porque tu chico enseguida te metió su verga en la boca.

    Ante esa situación, que nunca antes habías vivido estabas como enloquecida, movías sus caderas, mientras succionabas con pasión la verga blanca de su chico. Ante aquellos movimientos no pude contenerme y me vacié dentro de ti, mientras tu chico seguía follándote la boca hasta que te la llenó de su leche.

    Te recostaste boca arriba en la cama y nos dejaste ver tu cuerpo desnudo, con tu sexo destilando mi semen y tu boca chorreando con la leche de tu chico.

    Te levantaste, fuiste al baño, con un cubo de agua que te echaste por encima y regresó envuelta en unos trapos, mientras tu chico y yo ya estábamos sentados de nuevo en la sala conversando y riendo de lo sucedido. En ese momento te acercaste a tu chico, retiraste los trapos y le dijiste: «ya te chupé la polla, ahora quiero que me comas mi sexo, y tú, como eres un degenerado y un depravado quiero que te masturbes mientras ves cómo me lo come». Aquella petición hizo que mi miembro se levantara nuevamente y comencé a frotar mi verga mientras tu chica metía su lengua en tu sexo y tu acariciabas tus tetas.

    Cuando viste que yo estaba masturbándome quitaste el sexo de la cara de tu chico y le bajaste el pantalón, te subiste frente a él, le agarraste su enorme polla y te clavaste en ella, mientras me mirabas de reojo viendo la expresión de mi cara, y me decía que ahora si te sentías una cualquiera, que me odiabas por lo que yo te había hecho, pero cuando te restregabas el miembro de tu chico reías con cara de placer.

    Cuando vi que estaba totalmente entregada a tu chico me acerqué por detrás agarrando tus tetas y le puse mi polla venosa en tu culo, como estaba muy lubricado solo tuve que apuntarla bien. Se la metí, estabas muy excitada y poseída de placer porque estabas teniendo una doble penetración, gemías, gritabas, me maldecías, mientras hacía movimientos rítmicos con nuestras dos pollas dentro de ti.

    Esa situación hizo que me vaciara nuevamente dentro de ella, pero esta vez en su culo, llenándote de semen mientras tu chico te llenaba de nuevo el sexo de leche.

    Luego nos metimos los tres en un pequeño riachuelo que pasaba cerca de casa mientras jugueteábamos con el jabón y nuestros cuerpos.

    Salimos y nos vestimos, me pediste que ya con las horas que eran me quedara a comer, pero yo no acepté, decidí irme a casa por cuanto ya habían pasado unas cuantas horas desde mi salida y tenía cosas que hacer por casa.

    Y hay una cosa que siempre digo: Hacer tríos, hace amigos.

    Espero que les guste y disfrutaran de este relato de fantasía tanto como yo. Gracias por leerme.

  • Ale, una viuda de 45 años

    Ale, una viuda de 45 años

    Hola. Mi nombre es Martin, vivo en Córdoba (Argentina). He leído mucho de los relatos aquí publicados y pensé en mis historias. No son miles, no son pocas y todas tienen un detalle que, creo, las hace interesante. En las relaciones entre amantes ya casi esta todo escrito y es muy difícil redactar algo que sorprenda a los lectores. Por eso, vamos con la más absoluta verdad. Lo que les cuento pasó así.

    Luego de varios meses de desempleo, ya con la autoestima laboral y personal por el piso, fui a una entrevista donde me ofrecieron un empleo bastante por debajo de mis pretensiones y estudios. Pero también era fácil ganarme el puesto. Lo tome como algo transitorio y acepte. El primer día conocí a los pocos empleados y me di cuenta que, empresa familiar al fin, muchos eran parientes o amigos. Solo un par eran «de afuera». Hacia la tarde, me presentaron a Ale: viuda, 45 (yo tenía 25), muy agradable en el trato y la presencia. No una modelo, no un desastre. Una mujer normal con dos hijos adolescentes. Ella trabajaba menos horas que yo por lo que coincidíamos en la hora de salida (20 h).

    Con los meses nos conocimos más y, en esas horas de la noche, conversábamos más a fondo de nuestras vidas. La suya era difícil, único ingreso del hogar, la mía de un joven soltero pero, reconozcámoslo, muy tímido para las mujeres. Un tema al que no le encontraba la vuelta, tal vez por esos problemas de autoestima que arrastraba. Una tarde de verano la invite a tomar algo después del trabajo, ella acepto pero me pidió que fuera cerca de su casa por los chicos necesitaban algo. Acepté y fuimos.

    Cervezas mediante, la charla se hizo más íntima. Hasta que, con mucha sutileza de ambos, fuimos revelando nuestra ganas de sexo. No nos molestaba la diferencia de edad (a mí en absoluto) y la tensión se hacía insostenible. Pero ya era tarde, debía volver a su casa y lo pospusimos por unos días. Mientras caminábamos abrazados, nos besamos y la pasión comenzó a fluir.

    Una semana después, ella acomodo sus horarios y tuvimos nuestra noche. Yo salí primero para esperarla en una esquina cercana, al rato salió ella. Caminamos hasta un hotel cercano y podíamos sentir el temblor de nuestra primera vez. Ya solos en la habitación, nos miramos a los ojos. Su experiencia y sus ganas (varios años de viudez sin un hombre), mi juventud y mis ganas (por fin algo me salía bien!!). A medida que nuestras ropas caían, bese cada centímetro de su cuerpo. Cada rincón de sus tetas (normales, un poquito caídas) pero lo que más me sorprendió fue su piel perfecta. Ella acaricio mi pene y se agacho para saborearlo. Sentí su lengua hacer un trabajo perfecto, esos que solo nacen de la pasión.

    Fuimos a bañarnos juntos, enjabonarla fue la excusa perfecta para recorrer su cuerpo. Buscamos una mejor posición y comencé a penetrarla. Así… parados… con el agua cayendo. Al rato, minutos que parecieron horas, nos tiramos en la cama. Nos veíamos hermosos. Mi cabeza busco su entrepierna y mi lengua su vagina. La cara bañada por sus jugos. Nos besamos y volví a penetrarla. Su vagina era un lago, se podía sentir el chapoteo de mi pija y sus líquidos en mis huevos. Su cara explotaba de placer y nuestros cuerpos se sacudían con cada orgasmo. Fue una noche hermosa. Luego de recuperar un poco el aliento, cigarrillo mediante, volvimos a repetir cada momento.

    Volvimos a su casa, abrazados como enamorados pensando en la próxima vez. Sabíamos que esto solo sería sexo, pero… sería mucho sexo del mejor

    Los días en el trabajo junto a Ale cambiaron. Mantuvimos la misma distancia y trato de siempre, pero después de las 19 cuando nos quedábamos solos en la oficina las cosas cambiaban. Además, ambos nos ganamos la confianza del dueño y nos dejaba la llave así él se podía ir antes cuando no había mucho que hacer.

    Tampoco es que hacíamos el amor en los escritorios a cada rato… simplemente estábamos más relajados para hablar, besarnos y acariciarnos sabiendo que nadie nos molestaría. Dos empleados «modelo»

    Nos habíamos «organizado» bien. Ambos teníamos las mañanas libres y cada tanto nos hacíamos una escapada al hotel al salir del trabajo. Así fuimos entablando una relación más profunda: amigos con derechos… y muchos derechos.

    Una tarde nos avisaron que al día siguiente la compañía eléctrica haría una serie de trabajos en la cuadra. Aunque no habían informado cortes de energía, era muy posible que ocurriese.

    Efectivamente, alrededor de las 15 llego Ale y poco después… apagón. Averiguamos y nos dijeron que el problema era serio y que el corte se extendería hasta la noche. Un problema porque nuestra oficina no era luminosa y el trabajo dependía de equipos eléctricos (sobre todo computadoras). Después de un rato, nos dijeron que podíamos irnos, no tenía sentido quedarse a hacer nada.

    Salimos con Ale y en el ascensor nos hablamos con la mirada. Teníamos libre hasta las 20 h… sería un buen momento… sí… es una buena ocasión… vamos… donde siempre.

    Nos despedimos en la puerta y cada uno tomo un camino diferente… ella aviso a sus hijos que tal vez llegaba más tarde… para llegar 15 minutos después al mismo lugar.

    Nuestros encuentros siempre habían tenido el problema del tiempo. Eran muy cortos y cada vez se nos hacían más breves, sea por trabajo o por su familia. Pero esta vez, no era un problema.

    Llegamos, entramos y nos enredamos en un sinfín de besos y caricias. Ya sin ropas, las manos encontraron rápido lo que buscaban y nuestros cuerpos armaron un fantástico 69. Esa tarde Ale me lo beso como nunca, estaba más que inspirada… su lengua no paraba jamás, pero al ritmo perfecto. Abandonamos el 69 pero ella siguió su tarea con el pene. Cada tanto levantaba la vista y veía sus ojos negros desbordando placer. Acabe y vi mi semen escapar apenas por la comisura de sus labios. Inmediatamente me beso y su lengua me hizo tragar mi propia leche. Una merienda compartida.

    Claramente ese día estábamos desatados… su vagina era un lago y comencé a jugar con mis dedos en su cola. Primero uno, luego dos… y finalmente… la penetré. Aunque ella lo esperaba, hizo algún ademan de resistencia… un par de segundos… rápidamente se soltó y comenzó a gemir de placer.

    Descansamos un rato y nuevamente retomamos. Ahora más tranquilos, misionero, besos y charla mientras no dejaba de mover su pelvis y yo no paraba de bombear. Nos dimos vuelta y se sentó sobre mi pija… sus movimientos eran increíbles. No podía aguantar un segundo más y volví a acabar. Ella había perdido la cuenta de los orgasmos. Estamos exhaustos pero aun seguíamos. Nunca nos habíamos amado tanto tiempo. Era un sueño.

    Empapados en sudor, el rostro cansado pero feliz… Nos besábamos suavemente para descansar y volvíamos una y otra vez…Ya casi no tenía erecciones pero de algún modo volvíamos a hacer el amor. Miramos el reloj y eran casi las 23… el conserje no necesitaba la habitación y, como nos conoció «clientes habituales» nos dejó liberado el horario.

    La experiencia con Ale disipo cualquier duda sobre mi capacidad como amante. No sería el campeón mundial… en absoluto… pero podía hacer feliz a cualquier mujer. Esa confianza me cambio para siempre, me dio seguridad y así salí a buscar un nuevo empleo. Lo conseguí pero los horarios y las nuevas obligaciones, nos distanciaron un poco.

    Nos vimos una veces más con casi la misma pasión pero de a poco se fue enfriando.

    Ale… si por una de esas cosas de la vida algún día lees este relato y la historia te resulta familiar… si tus iniciales son AZCdeF…. te estoy eternamente agradecido. No voy a olvidarte nunca. Un beso… Obviamente… el nombre no es Ale… pero es parecido.

  • Si te daba mis pechos, tendría que darte hasta el culo

    Si te daba mis pechos, tendría que darte hasta el culo

    La primera mujer casada con la que me involucré cuando todavía era un chaval, era una chica de Honduras que se llama Juliet. Era mi vecina en la casa de atrás y la conocí pues venía dándole mantenimiento a las piscinas de algunos vecinos. John, quien era el dueño de la casa, era un viejo que por esa época rondaba los sesenta años y de repente se casó con una chica muy hermosa de Honduras que según mi recuerdo le calculaba unos 30 años lo máximo. Fue desde entonces que la casa de John tomó más vida, pues siempre había sido silenciosa y además de su nueva esposa, llegó la hermana mayor y un hermano menor, quien era el esposo de Juliet. Siempre seguí dándole mantenimiento a las piscinas y es como de vez en cuando me cruzaba palabras con estas nuevas personas.

    John tenía una pequeña casa de huéspedes al lado de atrás a solo un par de metros de la pared de solo metro y medio que dividía las dos casas. No había una vista total, pues además de la pared, había algunos arbustos y cipreses que nos daban más privacidad a ambas propiedades y, es en esa casa de huéspedes era donde vivía Juliet con su marido y una pequeña niña de unos cinco años.

    Nos tomó cierto tiempo tener algo de confianza, pero con los meses Juliet se me fue acercando a pedirme pequeños favores. Quizá por esa época tendría unos 23 a 25 años… nunca le pregunté la edad, yo unos 18 años. De las tres nuevas mujeres que vivían en esa casa, sentía que era la mujer de John quien más me coqueteaba y se me insinuaba y verdaderamente era una delicia verlas en sus bikinis cuando estaban en la piscina. Inclusive la hermana mayor, a quien le calculaba unos 35 años, tenía una figura muy sensual, aunque no tanto me gustaba su rostro. Su nombre era María y terminó conviviendo con uno de mis primos quien le engendró un hijo.

    Juliet, en contraste con sus cuñadas, era de tez morena clara, cabello espeso negro y ondulado. Bonito rostro alargado, con un cuerpo esbelto de bustos de tamaño moderado, pero con un trasero de ensueño. Era bastante alta, quizá llegaba al metro setenta y cinco y tenía unas piernas alargadas y bien torneadas… era una delicia verla en bikini. Me gustaba su sonrisa y la manera que me hablaba con ese acento bien centroamericano del que no se desprendía.

    Como ella no tenía un vehículo y no sé si sabía conducir, en cierta ocasión me pidió de favor que la llevara a comprar algunas cosas y en unas de esas platicas escuché por primera vez la excusa más usada que regularmente las mujeres, como también los hombres damos para abrir la puerta a la infidelidad: ¡Es que ya no me presta atención! O… ¡Ya casi no tenemos sexo! – No recuerdo cual expresión usó, pero algo así dijo y que hasta tiempo después entendía sus verdaderas intenciones y que en ese momento a un joven de mi edad y sin esas experiencias pues pasa totalmente desapercibidas. Tuvieron que pasar varias pláticas y un coqueteo con insinuaciones más obvias para mí, para que un día me atreviera a dar ese paso, pues verdaderamente el marido de Juliet era un tipo mal encarado y que creo yo no le caía del todo bien… siempre me dio una mala aptitud, aunque no sospechaba nada de su mujer y yo, creo que por ese tiempo el marido de Juliet pensaba que me estaba cogiendo a su hermana, la mujer de John.

    Cada vez que me llamaba a través del cerco para pedirme un favor, sentía que lo inevitable estaba a punto de ocurrir. De solo pensarlo me daba esa sensación de incertidumbre, de ansiedad y como siempre, cierto nerviosismo de encontrarme en esa situación con cualquier chica, pero Juliet no era cualquier chica, era una mujer casada y con una hija.

    La primera vez que pasó algo indebido, Juliet me pidió que la llevara a la estética para arreglarse el cabello y hacerse el manicure. Llevaba un pantalón vaquero bien ceñido a su cuerpo, con una blusa un poco suelta, zapatos de tacón y me invadió con lo dulce de su aroma cuando se subió a mi coche. Ese día estaba algo apresurado, pues estaba limpiando la piscina de nuestra casa y no quise cambiarme e iba con solo un pantalón corto y sin camisa y solo puse una toalla en el espaldar del asiento. Era difícil contener una erección viendo el cuerpo de esta linda mujer y por más que lo quise evitar, mi paquete se miraba elevado cuando Juliet entró. Tampoco ella intentó disimularlo y pude ver como sus dos ojos oscuros enfocaron mi paquete y dio una exclamación de cómo quien alguien hace una de esas bromas irónicas diciendo:

    -¡Uno muriéndose del deseo y tu poniéndome en tentación!

    -¿De qué hablas Juliet? – yo sabía de qué hablaba.

    -¡De nada Tony! Bueno, de lo que le das a disfrutar a tu novia Gaby y uno muriéndose del deseo.

    -¡Tú si me haces reír Juliet!

    -¡Y tú me haces poner muy nerviosa y deseosa!

    -¿Por qué te pongo nerviosa?

    -¡Pues mira cómo se mira eso! ¡Realmente me pones muy caliente!

    -Pues para hacerte honesto Juliet, eres tú la que me ha puesto caliente. Perdón que te lo diga, pero no pude evitarlo.

    Era la verdad. Tan solo la vi aparecer desde el portón por donde ella salía, mi verga comenzó a tomar volumen y verdaderamente quise pensar en otras cosas para evitar la excitación, pero se me fue imposible. Pensé que la incómoda situación pasaría al tomar velocidad el vehículo, pero Juliet creo que lograba llegar al camino que sospecho ella quería de alguna manera llegar. Fue cuando me lo preguntó:

    -¿De veras, fui yo quien provocó esa excitación?

    -¡Si! ¿Quién más?

    -¿De veras te gusto tanto así! ¿Te provoco tanto así?

    -¡Tú no sabes lo que me provocas! -le dije.

    -Tony, estaciónate en algún lugar. -me pidió.

    Me estacioné en un lugar solitario, pues todavía íbamos por una zona residencial. Ella un tanto nerviosa me quedó mirando y luego después de un breve silencio me dijo: Tony, bésame. – Quizá intuyó que no me atrevería a nada y me pidió que la besara y entonces recliné el asiento donde ella iba y nos dimos un beso largo con mucha pasión el cual ambos disfrutamos. Nos dimos algunos otros besos más donde intenté sobarle los pechos por sobre su blusa y llegar a su sexo por sobre sus pantalones y ella siempre me alejaba las manos de estos lugares de su cuerpo. Ese día no pasamos de solo besos y de nuevo, nos incorporamos y la fui a dejar a la estética y luego después en el tiempo acordado la fui a recoger.

    Pasamos por varios días así, donde parecíamos dos chavales jugando a los besos y siempre iba porque siempre imaginaba que ese día me lo iba a dar todo. Intenté desabrocharle sus blusas algunas veces, llegar a sus pechos y mamarlos y el día que por primera vez toqué su sexo sobre sus húmedas bragas, ella llevaba una falda corta y me atreví pues poco a poco subí a su entrepierna hasta sentir la tela y humedad de su concha. Me la quitó y solo me dijo: ¡Me da miedo! Realmente siento que esto no está bien. -terminaba diciendo.

    Yo realmente no la apresuraba pues en la universidad tenía mis desahogues y Gaby y algunas chicas en turno siempre estaban dispuestas a entregarme el culo cuando yo lo deseaba. Creo que me mantuve insistiendo por la extra-adrenalina el saber que uno se puede meter en problemas buscando sexo con una mujer casada. Todo cambió el día que Juliet me dijo que ya no los veríamos, pues a su marido lo habían cambiado al turno de la noche y estaría en casa todo el día. En forma de broma le dije que, si algún día quería dormir calientita, pues que me lo hiciera saber y ella solo había sonreído.

    Una noche me habló por teléfono y me decía que necesitaba hablar conmigo, que teníamos ya un par de meses que no lo hacíamos. Eran la una de la mañana y por suerte yo contesté antes a que lo hicieran mi hermana o mi madre. Estuvimos hablando por unos diez minutos cosas triviales y de repente de la nada salió con la propuesta:

    -¿No te gustaría venir y estar conmigo?

    -¿Cuándo… ahora?

    -Si… si puedes.

    -Y como… ¿Cómo le hago?

    -Sáltate el cerco, la malla metálica de la ventana es fácil removerla. – me dijo.

    No lo pensé mucho y salí por la puerta corrediza de mi habitación. Subí la pared de la división y me hice paso entre los arbustos y cipreses intentando no hacer mucho ruido. Vi que Juliet tenía una luz que poco iluminaba, removí la malla que protege contra los mosquitos y Juliet no aparecía para que abriera la ventana. No quería hacer ruido, pues no sabía que pasaba al otro lado de la pared y de repente veo que abre un poco la cortina para echar un vistazo afuera, la identifico y le toco la ventana. La abre y me dice:

    -¡Pensé que ya no vendrías!

    -He estado esperando en la ventana por unos diez minutos.

    -¡Perdón! Me fui a la sala para asegurarme que todo esté con llave. Sabes… ¡Estoy muy nerviosa!

    Llevaba puesto uno de esos camisones de tela semi transparente para dormir, pero además tenía una toalla que le cubría los pechos y en algo las nalgas. Era una habitación pequeña donde apenas cabía la cama, en frente un espejo con su respectivo gabinete y un armario pequeño. La niña dormía en la sala en un sofá que se hacía cama por las noches. Definitivamente Juliet estaba muy nerviosa, sus manos estaban frías cuando las toqué y estas temblaban. Yo estaba nervioso igual, pues nunca imaginé entrar a invadir una habitación donde el dueño y quien paga las cuentas se encuentra trabajando y sin quizá sospechar que su mujer tiene el deseo de ponerle los cuernos. Eso estaba pensando y llegaba a la conclusión que era mejor retirarme. A decirle eso, lo que tenía en mi pensamiento iba, cuando Juliet me pide que me acerque.

    En esta ocasión fue ella la que me dio un beso y fue ella la que se fue por encima de mí. Le removí la toalla y por primera vez veo en algo la areola oscura y el pezón de sus pechos a través de su camisón de dormir. Nos besábamos y yo le tomé por ese trasero subiéndole su camisón para sentir lo voluptuoso de sus carnes. Sus glúteos se sentían sólidos y sé que llevaba una pequeña tanga, pues encontré el hilo dental dentro de sus nalgas. No sabía que color eran, no me había dado tiempo en descubrirlo. En esa posición le removí su camisón y me quedaron sus dos pechos colgando frente a mis ojos. Los tomé con mis manos y uno a uno me los llevé a la boca y comencé a mamarlos. Juliet solo dijo una frase que fue como una canción a mis oídos: -Sabía que si te daba los pechos tendría que dártelo todo.

    Los pechos de Juliet eran de buen tamaño con una figura alargadas y donde ambos se podían unir y mamar los dos pezones a la vez. Sé que le gustaba que le hiciera eso porque siempre que lo hacía ella gemía de placer. La luz en la habitación era un tanto pálida que se me fue difícil reconocer el color de la tanga cuando le di vuelta y era Juliet la que estaba ahora debajo de mí en posición del misionero. Ella me había despojado de mi camisa polo, pero continuaba con mis pantalones vaqueros por sobre de ella. Su piel olía al jabón como sí antes de llamarme había tomado una ducha. Le gustaba que le mamara los pechos y pasé un buen tiempo chupándolos. Sabía que al bajar a su concha estaría totalmente húmeda y cerca de hacer erupción. Bajé por su monte venus el cual carecía de algún vello, pero pude descubrir a pesar de lo pálido de la luz, una cicatriz en su abdomen que ahora puedo entender que se trató del parto por cesárea. No intenté quitarle su pequeña tanga, tan solo la hice de lado y me concentré a chupar esa conchita que estaba jugosa y muy caliente.

    Juliet tiene una conchita de labios delgados y si uno la mira parada solo se mira una línea. Para descubrir su clítoris uno tiene que abrir esos labios y eso fue lo que hice y me dediqué a pasarle la punta de mi lengua sobre su clítoris de forma muy delicada. De vez en cuando bajaba mi lengua y la subía intentando a penetrarla con ella lo más profundo posible. Al principio fueron movimientos lentos, pero conforme Juliet correspondía con la ansiedad de ese vaivén de sus caderas que deseaba una dosis más fuerte, mi lengua subía y bajaba con frenesí. Me lo anunció un minuto antes y continuó con gemidos que intentó ahogar mordiendo las cobijas y pude sentir cuando se corría, pues un flujo de sus líquidos vaginales bajó con un sabor salado y delicioso que saboreé hasta que el orgasmo de Juliet había cesado.

    Me indicó por donde estaba el baño, pues mi rostro estaba empapado de sus jugos vaginales. Regresé y ahora fue ella la que sentada a la orilla de la cama me esperaba ansiosa para despojarme de mis pantalones vaqueros. Me desabrochó el pantalón y me bajó el cierra y liberó a mi verga que se mantenía comprimida entre los calzoncillos estilo bikini que usaba en esa época. Me los dejó hasta las rodillas y me comenzó a comer el falo con una delicadeza al principio y con más ímpetu después. Hizo una pausa y me quité completamente el pantalón y también le quité la tanga a Juliet y ambos quedábamos completamente desnudos.

    Me pidió que me acostara sobre mis espaldas y en esta ocasión hacíamos un 69 que nuevamente llevó a Juliet a otro orgasmo. Yo continuaba con mi verga bien erecta, pues lo que no sabía Juliet, era que temprano en la tarde me había literalmente culeado a una de mis amigas y le había dejado ir dos palos. Ya para la noche, ya no tenía la presión de eyacular. Ella me hizo la observación: ¡No puedes acabar! ¿No me digas que eres impotente a tu edad? – Le dije que estaba a punto de irme, que solo era cuestión de un par de minutos. En esta ocasión le pedí que se pusiera en cuatro o de perrito y ella me asistió poniéndose a la orilla de la cama, la cual, por mi altura y su altura, quedaba perfecta para follarle la conchita con tremendas embestidas. Vi ese hermoso culo que tiene Juliet, se lo abría de vez en cuando mientras le perforaba la concha, hasta que me atreví a masajear su ano. Pensé que me lo prohibiría, pero cedió al placer de sentir mi pulgar masajear su ojete y a la vez sentir mis embestidas. De nuevo sentí su contracción en su vagina, que hasta sentí como sí literalmente me apretara el glande y me dijo que se corría. Yo la embestí con bestial fuerza y sus gemidos y alaridos me llevaron a dejarle ir mi primera descarga a las dos y veinte de la mañana.

    Mientras nos limpiábamos pude escuchar como mi corrida caía en el inodoro, para luego entrar rápidamente a la tina y darnos una ducha en turnos separados. Creo que Juliet estaba sorprendida con mi aguante, pues creo que pensaba que debido a mi edad y quizá sin mucha experiencia, iba a ser uno de esos eyaculadores precoces. Ella ya se había corrido tres veces, mientras a mí me costó llegar a ese primer orgasmo. Ella en esa plática comenzó a insinuarme algo, que pensé a mí me tomaría tiempo en convencerla a experimentar. Creo que fantaseaba con el sexo anal y me insinuó que su marido lo miraba como una aberración de la gente y me preguntó algo al respecto.

    Le di mi opinión y le dije que simplemente era cuestión de gustos. Que todo lo que se daba en la cama entre dos adultos que consentían ciertos comportamientos, pues era muy de ellos y por tanto respetable. Me quedó viendo con esa mirada muy tierna que tenía y con una morbosidad que sentía me comía desde la distancia. Ella pensó que no me atrevería, mas ella no sabía que estaba adicto al sexo anal, pues más bien, mi primera eyaculación fue haciendo sexo anal. Ella me lo preguntó:

    -¿Te gustaría experimentarlo?

    -¿El qué… sexo anal?

    -Si… ¿Te incomoda o no es lo tuyo?

    -Para nada, me gustaría experimentarlo contigo. -le dije.

    Ahí estaba y a punto de romperle el culo a la bella Juliet. No me lo creía, pensé que iba por lo básico con la esperanza de rogar y que un día me diera la oportunidad de romperle el culo y resulta que la callada Juliet, parecía tener esa fantasía o quizá al igual que yo, era adicta al sexo anal. Recuerdo que la puse en cuatro sobre la cama y se sorprendió cuando me fui por detrás a lamerle el camino de sus nalgas hasta encontrar su ojete. Se lo succioné y lamí de arriba abajo y esta chica catracha solo disfrutaba y gemía de tremendo placer. Recuerdo que me dijo con su acento centroamericano: ¡Vos si sabes lo que haces! – Le lamí el culo por media hora y su concha estaba tan húmeda y solo le metí mi falo por un par de minutos para lubricarla y se la saqué para introducirla a su rico y bien apretado culo.

    Juliet tiene un culo tan apretado que me costó perforarlo. Fue difícil que Juliet sostuviera mi glande pues este era rechazado. Se quejada del dolor, pero era ella la que insistía en ser penetrada. Le dilate el ojete con un dedo y luego dos, pero según Juliet mi falo es muy grueso y la cabeza es todavía más gruesa, pero lo que me gustó de esta chica, fue que no desistió y yo quería realmente cogérmelo. Finalmente, después de tanto intentarlo los 22 centímetros de mi verga se hundieron en el rico y bien solido culo de esta linda mujer. Nos tomó algunos minutos en hacer ese vaivén, pero una vez comenzamos, no paramos hasta ver de nuevo correrse a Juliet. Pasamos en esa posición de perrito por unos 20 minutos, pero luego me pidió que ella quería montarse. Pude ver como de nuevo Juliet se metía cada centímetro de mi verga y como flexionaba sus piernas. Luego cambió de posición y se sentó literalmente en mi verga y descansaba sus rodillas por sobre la cama y se levantaba una y otra vez para sentir que mi falo se le introducía. Yo le llevé ese vaivén y creo que sintió las cosquillas del placer. Una vez encontró la posición correcta, fue un vaivén que no paró hasta que de nuevo se corría. Gimió y de nuevo tomó una cobija para morderla y mitigar el ruido, y vivía un potente orgasmo anal del cual me dijo que este era el segundo que había sentido haciendo sexo anal, pero que este había sido el más potente que había experimentado. Con sus gemidos y gestos de su rostro, me llevaron a mi segunda corrida y eran la tres y once minutos de la mañana. Nos fuimos a bañar rápidamente y nos dimos un beso y nos despedimos y salí por la ventana.

    Esas aventuras las tuve un tiempo y un año después ella y su esposo se habían mudado a un apartamento en la ciudad. Creo que Juliet por ese tiempo me dio esa sensación que a la mayoría de las mujeres les gusta el sexo anal. Cuando tuvimos más confianza, ella me lo decía con más franqueza: -Creo que a la mayoría nos gusta, pero es un tabú y la gente con sus creencias lo han satanizado, pero la verdad a mi me encanta y especialmente hacerlo contigo, pues tienes el vigor para hacerlo llegar a uno a lograr el placer deseado. – Juliet era muy linda, realmente me gustaba coger con ella. Un día estuvimos a punto a que nos pillara su marido, pues este quizá con cierta sospecha regresó dos horas después de que él debería estar trabajando, y suerte que Juliet tenía buen oído, pues yo nunca escuché a ningún vehículo estacionarse, especialmente que en ese momento me estaba dando el culo y estaba a punto de acabar. Ella reaccionó y me dijo que me fuera. Suerte no estaba totalmente desnudo, fue solo de subirme el pantalón y tomar mi camisa y salí por la misma ventana. No quise hacer más ruido y me quedé cerca de la ventana. Escuché la siguiente plática:

    -Pensé que te encontraría dormida.

    -Me acabo de levantar a orinar… ¿Estas bien, has venido temprano?

    -Si… dos máquinas estaban paradas y pidieron voluntarios para regresarse sin derecho a pago. Y aquí estoy y con la idea de venir y ver si nos echamos un palo.

    -¿De veras quieres coger a estas horas de la noche?

    -Si… dame un rapidin.

    -¡Está bien! Veni pues, dámelo.

    Vi la silueta de Juliet a través de las cortinas y luego con un poco de más claridad pues la parte de abajo no estaba tan cerrada y pude ver como la trababa su marido. La tenía en cuatro y de repente este se vino gimiendo en su eyaculación. No duró ni cinco minutos. Vi cómo se levantaron ambos, se fueron al baño y salieron y se echaron a dormir. Tuve que salir por el portón de enfrente y caminar por cinco o siete minutos para llegar a la casa y no hacer ruido en atravesar los arbustos. Se lo conté a Juliet a la primera oportunidad y solo me dijo lo siguiente:

    -Te das cuenta… solo busca el placer de él y no piensa en mí. No aguanta, en dos tres minutos se corre.

    -Lo sé, lo vi.

    -Además, su verguita no se compara a la tuya. Lástima que te haya conocido en estas circunstancias… me hubiera gustado tener a un hombre como tú en la cama todo el tiempo. ¡Qué suerte la de Gaby, que verga se coge!

  • Triángulo prohibido

    Triángulo prohibido

    A nadie le hace especial ilusión que el mejor amigo de su novia sea su ex, pues como bien suele decirse: “donde fuego hubo, cenizas quedan”. Sin embargo, a mí nunca me ha importado que mi chica, Marina, se vea con el que fuera su primer amor, en parte porque aquel romance ocurrió hace ya tanto tiempo que mucho me extrañaría que quedara alguna ceniza, pero sobre todo porque el chico en cuestión, Víctor, hace ya un buen puñado de años que salió del armario.

    Por alguna razón, Víctor siempre me ha considerado un buen novio para Marina, y aunque nunca hemos hablado abiertamente sobre ello, estoy bastante seguro de que él jugo un papel importante a la hora de que ella me diera una oportunidad. Creo que fue una apuesta acertada, pues las cosas entre Marina y yo van bastante bien, en parte porque confiamos bastante el uno en el otro, pero también, para qué mentir, porque ella es una chica muy apasionada, de tal modo que el sexo resulta increíble. Bajo el influjo de sus besos y sus caricias me dejo llevar totalmente, mostrando una pasión y una falta de tabúes que nunca había tenido con ninguna otra mujer. ¿Y quién va a arriesgarse a perder a una mujer que le hace sentir así?

    Sin embargo, hace poco sucedió algo que me dejó bastante descolocado. Todo había empezado unos meses atrás, cuando Marina y yo estábamos hablando de cosas nuevas que podrías probar, y yo propuse que hiciéramos un trío. Lo cierto es que la idea no pareció entusiasmarla demasiado, pero supongo que al verme tan entusiasmado aceptó, ahora bien, con la condición de que encontrásemos a una persona con la que ambos nos sintiéramos cómodos. Desgraciadamente, eso es más fácil de decir que hacer, porque nuestras amistades no son especialmente liberales y tampoco hay mucha gente abierta e interesante que puedes conocer en una ciudad pequeña como la nuestra. Y en Internet, por desgracia, hay tanta identidad falsa y tanta gente rara que al final te cuesta mucho confiar en nadie. Total, que la idea ya la tenía prácticamente olvidada cuando, sorprendentemente, Mariana me dijo que ya había encontrado a alguien.

    ¿Una amiga? ¿Una compañera de estudios? ¿Una conocida de Internet? No, en absoluto. La persona en la que mi chica pensaba no era otra que su ex, Víctor. Sí, exactamente, esa misma cara puse yo.

    Marina me explicó que no, que a Víctor seguían gustándole los hombres, y que de hecho yo siempre le había parecido bastante atractivo. La idea era jugar un poco entre los tres, Víctor conmigo y yo con ella, pero solo llegaríamos hasta donde a mí me apeteciera. Al ver la pasión que ponía en su propuesta, empecé a darme cuenta de algo que ella misma me confirmó: la excitaba tremendamente la idea de que los dos hombres que más había querido también compartieran algo entre sí.

    Acabé aceptando por dos razones. Una, la que me repetía a mí mismo una y otra vez mientras iba a casa de Víctor junto a mi novia, era que si la experiencia le resultaba agradable a Marina, podría convencerla para repetir con una chica de mi gusto. Otra, la que realmente estaba encendiéndome sin ser yo mismo consciente, era que deseaba verla tan excitada que toda fuera desenfreno y deseo de complacerme.

    En casa de Víctor escuchamos algo de música sentados en un sofá de colores chillones, charlamos animadamente y bebimos alguna que otra copa. Yo, de hecho, bebí más de lo que estoy acostumbrado, o quizá simplemente fuera que con los nervios el alcohol se me subiera más rápido a la cabeza, pero lo cierto es que cuando quise darme cuenta tenía a Marina a mi izquierda, mordisqueando mi cuello y jugando con su mano en mi entrepierna, mientras que Víctor apretaba sus suaves labios contra los míos. Yo me dejaba querer sin saber bien cómo actuar, y parecía que mi indecisión les despertaba las ansias, pues la antigua pareja parecía disputarse mi atención, hasta el punto que ya no sabía quién mordía con furia mis labios ni quién me había abierto la camisa para humedecer mis pezones con la cálida caricia de su lengua.

    De repente sentí que nos incorporábamos del sofá, y tardé unos segundos en darme cuenta de que nos estábamos desplazando al dormitorio, donde Víctor prendía una vara de incienso y encendía algunas velas, creando un misterioso efecto de luces y sombras. El fresco de la noche se colaba por la ventana, y aunque ayudaba a que mi cabeza se despejase un poco, si logré quitarme los pantalones fue gracias a la asistencia de Marina. Sin prisas, bailando al ritmo de una melodía que me sonaba levemente familiar, Víctor se iba desnudando, mostrándome un cuerpo delgado pero bien proporcionado, con cierta delicadeza femenina y perfectamente rasurado.

    Marina estaba sentada en la cama, desnuda. Me guio hasta que mi nuca estuvo recostada sobre sus muslos, y con una leve inclinación me incitó para que jugara a atrapar los pezones que despuntaban entre sus voluptuosos senos, regalándome los oídos con un leve jadeo cada vez que lograba atraparlos entre mis labios. Ocupado como estaba, apenas me percaté de que Víctor se había colocado sobre mi pelvis, disfrutando de un juego similar al mío, solo que era mi sexo lo que sus labios se afanaban en atrapar una y otra vez. Cuando quise mirar para abajo, intrigado por la sensación que me empezaba a recorrer, Marina atrapó mi rostro y me obligó a volver a centrarme en sus pechos, cosa que no resentí lo más mínimo.

    Aunque aquel juego era divertido, incluso a través de las brumas del alcohol fui consciente de algo que me aterrorizó: no era capaz de tener una erección. Pese a los nervios, me hallaba bastante excitado, pero mi sexo, a pesar de haber ganado volumen, no lograba despuntar como era natural en él. Marina, consciente de ello, dejó que mi cabeza reposara sobre la cama, y colocándose a horcajadas encima de mi rostro, situó los húmedos labios de su sexo sobre mi boca, embriagándome con aquel sabor de su intimidad que tan bien conocía. Al mismo tiempo que hacía eso, aferró mis piernas y las levantó, obligándome de ese modo a levantar las nalgas y a dejar expuesto y vulnerable mi cavidad más íntima. Una ola de excitación culpable me inundó cuando escuché a mi novia ofrecerme al que había sido su primer amor.

    Lo que sucedió no fue lo que esperaba. Víctor se reclinó con el mismo cuidado que había tenido hasta aquel momento, y su lengua enjugó con calma y cierta ternura mi orificio, que se estremecía con cada pasada de su lengua. Una extraña sincronía se estableció entre ambos, y cada vez que él me saboreaba entre las nalgas, mi lengua se movía al compás entre las piernas de Marina. Sin embargo, el ritmo se interrumpió cuando su boca ya no solo fue capaz de disfrutar acariciándome, sino que su lengua atravesó todas las resistencias (que eran pocas a esa altura), introduciéndose dentro de mí. Solo dos personas habían estado dentro de mí, Marina y Víctor, y en ese momento, por primera vez, comprendí el hermoso triángulo que se configuraba entre nosotros.

    Mi sexo respondió muy bien a todas aquellas atenciones, aunque lo que realmente le permitió alcanzar lo que era su envergadura habitual fue el dedo que firme pero amorosamente Víctor introducía dentro de mí, acariciando partes de mi ser que no sabía que existían, haciéndome olvidar en cada explosión de placer dónde acababa yo y empezaban ellos. Mi cuerpo ya no era mío, sino de ellos, y me sorprendía al pensar que alguna vez hubiese podido ser de otro modo.

    Finalmente, viendo cómo la excitación iba en aumento, Marina se levantó poco a poco. Su sexo y mis labios siguieron unidos por una infinidad de hilos de saliva y flujo durante algunos instantes, hasta que la distancia entre nuestros cuerpos los cortó. Moviéndose hasta la altura de mi oído, me susurró cómplice si quería que Víctor me penetrara, asegurándome que ni ella pensaría menos de mí ni habría por qué mencionarlo más adelante si yo no quería. Pese a formularlo como una pregunta, hasta en mi estado podía ver que Marina ardía de deseo por escucharme aceptar su propuesta. Tras preguntarle si realmente estaba segura de que aquello no le molestaba, se limitó a sonreírme y preguntarme qué quería yo.

    Bastó una mirada mía para que Víctor supiera que podía introducirse dentro de mí. Sus primeros movimientos fueron lentos y cuidadosos, siguiendo el camino que sus dedos habían trazado previamente, pero una vez estuvo claro que mi cuerpo le aceptaba sin remilgos, su cuerpo comenzó a agitarse como poseído por la mayor de las furias, teniendo yo que afirmarme a la cama por miedo de salir disparado. Mientras tanto, Marina parecía derramarse sobre mi cuerpo, ahora besando mis labios, ahora mordiendo mis pezones, ahora agitando con su mano mi sexo, que gota a gota iba liberando un dulce reguero que cada poco recogía entre sus labios.

    Uno de los dos, no sé quién, me preguntó si iba a acabar. Debía de ser evidente, porque ni Víctor ni Marina necesitaron esperar a mi respuesta. Él aumentó su ritmo, ella introdujo mi sexo, en ese momento más allá de toda proporción, en la humedad de su boca. Yo intentaba contenerme todo lo posible, alargar aquel éxtasis todo lo posible, y enseguida comprendí, al posar mis ojos sobre aquel cuerpo varonil y al mismo tiempo absolutamente femenino, que aquella también era su lucha. Mi novia me preguntó si había algún problema en que él acabara dentro, y no fui capaz de encontrar ninguna razón para negarme, así que me limité a disfrutar de la humedad que de pronto despuntó dentro de mí. Yo mismo no era capaz de aguantar más, pero Marina tuvo la gentileza de volver a recoger mi sexo entre sus labios, pudiendo depositar toda mi esencia en el interior de su boca.

    Tumbados en un caos de brazos y piernas, comulgamos la esencia que acababa de descargar de Mariana, y nos dejamos llevar por su sabor y por la satisfacción de que aquel triángulo que tanto había deseado Marina, por fin, estaba formado, y ya nada podría romperlo.

  • Un cuento basto para terminar follando con mi padre

    Un cuento basto para terminar follando con mi padre

    Por fin salía por la puerta después de tres meses de confinamiento, tenía una sensación agridulce estaba contenta y triste a la vez, durante esos tres meses mi vida cambió, alguien me hizo gozar hasta el punto de volverme loca y ese no fue otro más que mi padre, aunque sabía que como padre era un diez, como amante era indescriptible, nunca antes nadie me había hecho sentir tanto, nunca antes nadie me había acariciado con tanta ternura y nunca antes nadie me había follado tan bien como él.

    Me llamo Lara y desde hace ya tiempo vivo a caballo entre Valencia y Madrid, desde que mis padres se separaron hace bastante tiempo, suelo vivir con mi madre en la ciudad del Turia, pero paso grandes temporadas con mi padre y más ahora que estoy en la universidad en Madrid, si algo puedo decir de ellos es que les quiero por igual, aunque entiendo por qué mi padre dejo a mi madre, ya que es una puta redomada y digo puta con cariño, hace diez años que se separaron y mi madre ha tenido diez relaciones por una de mi padre, yo tengo ahora 20 años y la historia empieza cuando desgraciadamente empezó esta pesadilla en él mes de marzo.

    Mi padre es un hombre muy guapo, con unos ojos azules claros, pelo castaño, un cuerpo espectacular con músculos bien definidos por la cantidad de deporte que suele hacer sobre todo natación, me tuvieron muy jóvenes supongo que por un error, mi padre tan solo me saca dieciocho años y es un padre genial, siempre estuvo muy atento de mí y más cuando se separaron y mi madre me trajo a Valencia, no pasaba un día sin que me llamara y hablara conmigo y los fines de semana y vacaciones que me tocaba estar con él, yo era su centro de atención.

    La cuarentena me pillo en Madrid y los primeros días discurrieron con normalidad, cada uno en su sitio él teletrabajando y yo estudiando, veíamos la televisión, por la mañana hacíamos deporte juntos en el jardín, jugábamos al ajedrez o al parchís, cocinábamos y sobre todo nos reíamos a todas horas. Mi padre cuando era pequeña todas las noches antes de irme a dormir me leía un cuento, a veces inventado por él y una noche al verle leer en sofá mientras yo veía la televisión, baje el volumen de esta y le dije si me lo podía leer en alto como cuando era pequeña, quizás por eso empezó a pasar lo que más tarde sucedió.

    Habrían pasado ya veinte días, estábamos a primeros de abril cuando esa noche me empezó a leerme su libro, me acuerdo que me acurruque junto a mi padre y recosté mi cabeza sobre su hombro, siempre me había encantado oírle, como le ponía énfasis a la lectura, haciendo que los personajes cobraran vida en mi cabeza, era un libro de historia medieval, de caballeros y princesas, de villanos y alcahuetas, una noche en un capítulo de repente el relato se tornó en un juego erótico y en la siguiente hoja en sexo, tuve que disimular la excitación que me estaba provocando aquella lectura, mis bragas se empezaban a humedecer al contacto con mis labios, para mi era fácil, sin embargo para mi padre no, ya que de reojo veía como se empezaba a empalmar por debajo del pantalón.

    La lectura aquella noche termino, al día siguiente no me digáis por qué, le miraba de otra manera, quizás porque me recordaba al protagonista de la historia, me encantaba verle hacer ejercicio, le miraba de una manera casi lasciva y empecé una lucha en mi cabeza, es cierto que mi padre este cañón pero no deja de ser mi padre, me decía una y otra vez.

    Ya por la noche una nueva sesión de lectura y la cosa se calentó más, la lectura se tornó más picante, con más sexo, en mi cabeza yo era la princesa que era poseída y amada por el fiel escudero de su tío, no hace falta decir que ese personaje era el apuesto y valiente protagonista y yo lo encarnaba en mi padre, esa noche apoye mi cabeza sobre su muslo cerca de su cadera y cuando se empalmó no lo vi, no lo sentí, sino que lo note aunque mi padre lo intentara ocultar acomodándose enseguida, al cabo de un rato mi padre dejo caer su mano sobre mis mejillas, acariciándome con cariño mientras leía, mis bragas se humedecieron al instante y más tarde en la cama no pude más que masturbarme pensando en aquellas escenas también descritas por mí padre.

    Al día siguiente la misma rutina y por la noche repetimos la misma acción de los días anteriores pero con una salvedad, había terminado el libro y hoy empezábamos uno nuevo, esta vez su mano se posó sobre mi hombro y me abrazaba por encima de mis pechos, el tema del libro muy diferente, era de misterio asesinatos en la antigua Grecia pero en el que también había alguna que otra escena tórrida a la mitad y sobre todo al final de este, empezaron a ser las mejores horas del día, me encantaba estar allí con él escuchándole, no fue hasta casi el final del libro cuando los protagonistas tuvieron unas páginas muy subidas de tono, realmente subidas, ya que lo describían realmente todo con pelos y señales.

    Mi padre seguía leyéndome absorto en el relato, su mano bajo hasta uno de mis pechos acariciándolos suavemente con las yemas de sus dedos, cerré los ojos y aunque él seguía leyendo yo ya no le escuchaba, estaba concentrada en sus caricias en como recorría mi pecho por encima de mi camiseta, como rodeaba mi pezón, estaba tremendamente excitada y quizás algún gemido se me escapo, sentía su pene sobre mi cabeza, por debajo de su pantalón, supongo que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y levantándose rápidamente me beso en la frente dándome unas buenas noches muy apresuradas y se marchó.

    Por la mañana haciendo el ejercicio matutino, en el estiramiento que hacíamos antes de correr un poco alrededor de la casa notaba como mi padre no perdía ojo de mi cuerpo, como me miraba de reojo, como sus ojos se clavaban en mis pechos y en mi culo, nos sentamos en el césped y empezamos a estirar los muslos, estábamos los dos abiertos de piernas haciendo pequeños rebotes con las rodillas en el suelo, empecé a sentir vergüenza cuando mi padre clavo sus ojos en mi vulva, sentía como atravesaba mis mayas, como penetraba por debajo de mis bragas hasta mi vagina, empecé a sudar y a pesar de la vergüenza mis bragas se empezaron a mojar, era una sensación rara y menos mal que una vez más él se dio cuenta y se levantó sin poder esconder el bulto que había crecido debajo de su pantalón, por la noche ya en mi habitación me volví a masturbar frotándome con la almohada mi sexo desnudo, acariciando mi clítoris pensando ahora en aquella mañana.

    Al día siguiente, mi padre saco un balón de fútbol, empezamos a darle patadas y yo intentaba quitársela, hasta que cansada de correr tras él se la quite con las manos y empecé a correr por todo el jardín riendo, mi padre me gritaba tramposa mientras me perseguía riéndose también, el cansancio empezó hacer mella en mí y al final me cogió tirándome al suelo con el balón, cayendo detrás de mí, los dos rodamos por el césped, estábamos uno junto al otro tumbado boca arriba riendo, mirándonos de reojo, mi padre se giró y se puso encima de mí cogiéndome por las muñecas apretándomelas contra el césped por encima de mi cabeza para que no me escapara, estaba sentado a orca jadas sobre mí, seguíamos riendo mientras me decía que había hecho trampas, nos mirábamos fijamente y las risas poco a poco se fueron callando hasta que nos quedamos en silencio, le sentía tan cerca que aunque el intento disimular notaba su pene como se elevaba rozando mi vulva, sus labios se iban acercando a los míos despacio sin dejarme de mirar, estaban ya casi unidos cuando cerré los ojos para sentir sus labios sobre los míos, nuevamente mi padre se levantó del suelo dejándome un beso en la frente y se marchó corriendo a la ducha.

    Yo me quede allí tumbada mirando a un cielo azul despejado de nubes, ¿Qué estaba pasándonos?, era mi querido padre pero al final y al cabo mi padre y ahora soñaba con él, me había masturbado con sus historias y hubiera deseado que me besara y él aunque creo que inconscientemente por unos ataques de calentura me había acariciado el pecho, desnudado con la mirada y casi besado para luego recobrar la cordura y escabulléndose como un niño que sabe que ha hecho algo malo, si no fuera porque era mi padre estaba segura de que habríamos acabado en la cama en cada situación antes mencionada, mi padre tan solo tenía treinta y ocho años y ya les gustaría a muchos estar como él, era muy joven todavía y era normal que buscara sexo ¿pero en mí?, y ¿yo en él?, era todo una locura y sin embargo estaba pasando.

    Aquella noche mi padre no me leyó, no compartimos esa pequeña tradición instaurada no hacia ni dos semanas, me fui a la cama pronto y ya en la cama me desnude, estaba dispuesta a masturbarme una vez más pero esta vez pensando en él con un pequeño consolador cuando mi padre toco a la puerta y entro.

    -Lara

    -Estas despierta aún.

    -Si papa, estaba quedándome dormida, ¿qué quieres?. -Le mentí a la vez que me ponía de costado dándole la espalda y tapándome con el edredón.

    -Pues que no te he leído esta noche y había pensado contarte un cuento nuevo. -Me contesto.

    -Es tarde papa, pero si no es muy largo y me ayuda a dormir adelante. -En un principio intenté deshacerme de él, hasta que empezó el cuento.

    La luz estaba apagada, la habitación iluminada por la luz que entraba del pasillo, la casa en silencio y empezó su cuento tumbándose a mi lado por encima del edredón acariciando mi pelo,

    -Era sé que era…

    El cuento iba sobre un padre y una hija, el padre la quería tanto que habría hecho cualquier cosa por ella, pero no se dio cuenta del cambio que ella estaba dando, la metamorfosis que ella sufrió convirtiéndose en una mujer realmente preciosa, simpática, alegre, divertida, cariñosa, inteligente, con unos dientes blancos perfectos que iluminaban a cualquiera al sonreír, claramente mi padre me estaba describiendo bajo su punto de vista y por aquel entonces mis ojos se empezaban a inundar de la felicidad que empecé a sentir.

    -El padre no se dio cuenta del cambio, no la reconoció, no se dio cuenta de quien era y se empezó a enamorar de aquella preciosa mujer.

    Así seguía su relato cuando note como apartaba el edredón y se metía en mi cama acercándose a mí muy despacio, en ningún momento quise darme la vuelta y una vez más mi sexo se humedecía, mi padre se acercó tanto que le sentía en mi espalda, le sentía desnudo y aquello precipito mis latidos, lo quería allí dentro entre mis sabanas pero por otro lado estaba mi lucha interna, seguía escuchando atentamente relatar el cuento, sus palabras predecían sus movimientos y por eso supe que me iba a abrazar, que me iba a acariciar mis pechos y entonces con las yemas de sus dedos sobre mi pezón lo cambio todo, ya no había lucha en mi cabeza, solo deseo, el deseo de que no parara, de que me besara, que me hiciera suya, de sentirle cerca, el deseo de sentirle dentro de mí.

    Me dedique a esperar, me dedique a escuchar y saber de antemano cuál iba a ser su próximo movimiento, su voz me envolvía en un aroma de paz y deseo, sus manos ya recorrían mis pechos, mi vientre, sus labios besaban mis hombros y mi cuello y ahora estaba esperando a que sus manos bajaran como en el cuento hasta mi monte de venus, que sus dedos acariciando mi clítoris y abrieran mis labios buscando mi vagina, esa era las siguientes instrucciones del relato y ya estaba preparada pero a pesar de todo cuando empezó a pasar, cuando sus manos, sus dedos empezaron sus caricias me seguía sorprendiendo, llenando mis pulmones de aire y manteniéndolo por un momento con la boca abierta, expulsándolo despacio mientras aparecían mis primeros gemidos.

    Sentía su pene sobre mis nalgas, grande y duro, golpeando sobre ellas, metiéndose entre ellas, rozando mi abertura vaginal, sus dedos por el otro lado entraban y salían de mí vagina, acariciando mi clítoris, el relato continuo en que ella volvía su cabeza y se besaban por primera pero no antes de mirarse a los ojos unos segundos y así lo hice, gire mi cabeza y mire fijamente a los ojos azules de mi padre esperando sus labios, la espera parecía eterna y no habían pasado más que tres segundo cuando ya eran míos, cuando empezamos a besarnos, cuando buscábamos nuestras lenguas, sus manos seguían acariciando ahora mis senos, sus yemas se iban deslizando con cuidado, despacio, muy despacio casi sin rozarme hasta mis caderas.

    -Lara, estás segura de esto. –Mi padre me susurro mientras me besaba.

    -Si papa, estoy muy segura, de hecho lo estaba esperando. -Le contesté entre jadeos y gemidos.

    El relato no pudo continuar, no dejaba de llenarle con mi legua y viceversa, nosotros nos habíamos convertido en el cuento y dependía de nosotros acabarlo. Tenía una mano sobre mi cadera, levante una de mis piernas por encima de las suyas dejando mi vulva preparada para lo que él quisiera, para lo que el relato dijera, pero seguía sin poder hablar, pero su pene si, desde hacía un buen rato rondaba la puerta de entrada, golpeándose contra mis nalgas, subiendo y metiéndose entre mis labios, estaba tan mojada y tan preparada para el que simplemente se acercó y se metió, al sentirla dentro deje de besarle, abrí mi boca sin hacer nada más, unida a la suya, mis gemidos más fuertes mientras le miraba a los ojos, mientras que sentía como su pene penetraba despacio el umbral de mi vagina, como se deslizaba suavemente hacia el interior.

    Sin apartar nuestra mirada estuvimos un buen rato en que mi padre entraba y salía de mí, sin apartar la mirada sentí los primeros empujones fuertes que mi padre hacia contra mi vagina metiéndola más y más profunda, sin apartar nuestros labios, inhalando y espirando el aire juntos, gemido tras gemido seguimos hasta que un orgasmo me vino, cerrando los ojos fuertemente, la primera vez que dejaba de mirarle desde que empezó a penetrar mi cuerpo con su pene, desde que los roces de su pene al entrar y salir de mi cuerpo provocase lo que estaba a punto de pasarme, que mi interior se inundase, que chorros de flujo salieran despedidos rodeando y empapando su pene, que mi cuerpo se paralizara con pequeños espasmos, que los gemidos se ahogaran con mis gritos de placer.

    Cuando termine note como mi padre se había corrido también dentro de mí, tenía su semen navegando en mi interior, saliendo por mi vagina hasta caer en mis sabanas, notaba a mi padre preocupado, no por lo que habíamos hecho sino por no apartarse a tiempo, con un beso le dije que no se preocupara, que estaba tomando anticonceptivos para regular mi regla y continué diciéndole.

    -Y ahora papa, como sigue el cuento.

    -De verdad quieres saberlo Lara.

    -No es que quiera papa, es que lo deseo.

    Entonces me giro y se puso encima de mí abriendo mis piernas, metió su cabeza entre ellas empezó a lamer mi clítoris, mis labios, apartándolos para ver la piel rosada de mi vagina y penetrar en ella con su legua, hasta que mi espalda se arqueó soltando un enorme grito y que mi padre empezara a beber de mí, no tardo en levantarse para darme de beber de su boca mientras nos besábamos a la vez que empezaba a penetrar en mi interior suavemente, el cuento tubo varios descansos, pero no acabo hasta el amanecer.

    Al día siguiente me volvió a contar otro cuento y otro y otro, estaban llenos de cariño, de caricias, de amor, cuentos en los que unos pequeños viajeros recorrían y exploraban mi cuerpo, descubriendo zonas de placer ocultas hasta esos momentos y en las que un gigantón se hizo dueño de ellas.

    Como ya os comente fueron los tres meses más maravillosos que pase junto a mi padre, juntos las veinticuatro horas al día, haciendo el amor en cada rincón de la casa, sintiendo sus labios y sus caricias en cada habitación, desde ese último día en que salimos por primera vez nuestra relación había cambiado por completo, los cuentos se acabaron de momento pero ahora estamos pendientes de unas vacaciones no sé donde, no sé con qué cuento me sorprenderá esta vez, pero ya estoy abierta a todo y deseando descubrirlo los dos solos.

    _________________

    Espero que este cuento os haya gustado.

    Espero que os lo llevéis con vosotros y a mí con él y que recordéis que los cuentos.

    Cuentos son.

  • Sesión doble en el cine

    Sesión doble en el cine

    Ella y yo estábamos en la cola de la taquilla solos, sin acompañante. Eran multicines y un jueves a las 4, por lo que había muy poca gente más.

    Debía tener cerca de 60 años pero lucía un cuerpo espectacular tras un vestido negro entallado y tacones. Pelo rojizo y un moreno en la piel que denotaba una evidente ausencia de obligaciones laborales.

    Llevaba muchas pulseras, un colgante que descansaba en su interminable canalillo y pendientes con pinta de caros. Todo ello con una cara maquillada muy sensual y morbosa. Era una auténtica loba, y al verla no pude evitar quedarme en la fila.

    Ella me miró de reojo cuando los dos estudiábamos los carteles de las diferentes películas

    -¿Cuál vas a ver? dejó caer sin dejar de mirar la oferta, pero situándose a mi lado. Su voz grave y sensual, mezclada con su fragancia me cautivaron.

    -Pues si puede ser, la misma que tú, porque si no me gusta te miraré todo el rato y eso ya compensa con creces el precio de la entrada.

    -Jajaja, adulador, si podría ser tu madre.

    -La edad es sólo un número y tú eres una diosa de la belleza y el morbo tengas la que tengas.

    Se mordió el labio y me miró de arriba abajo divertida.

    -¿Qué te parece la película documental polaca sobre la minería y su transformación?

    -Perfecta, no habrá nadie más que nosotros y podremos sumergirnos bien en la trama, o donde sea…

    Sacamos las entradas y nos encaminamos a la sala. Me dijo que fuese entrando y se adelantó para pasar por el WC. Sus piernas eran un escándalo, se notaba que hacía ejercicio diario y el culo se intuía duro y bien puesto.

    Cuando entró me lanzó un tanga minúsculo negro y un sostén con una copa enorme.

    -Guárdamelos, que quiero ver la peli más cómoda…

    No había terminado de decirlo y ya tenía una erección de caballo.

    Cuando la miré las tetas se transparentaban completamente y los pezones duros amenazaban con salir a ver la película. Me pilló antes de desviar la mirada y disimular.

    -Ufff, se me escapó sin querer…

    Se río de mi reacción y se las sacó un momento para que las viera.

    -¿Te gustan? -preguntó sabiendo perfectamente la respuesta.

    Asentí como un adolescente primerizo porque no acertaba a vocalizar y se las volvió a guardar dentro del vestido, no sin esfuerzo.

    -A ver que tienes tú para enseñar, comentó girándose hacia mí. Lo que tenía para ella estaba ya más duro que el tobillo de una cabra.

    Mire a los lados y como seguíamos solos me bajé el bermudas elástico y mi pene salió como impulsado por un muelle. Sus dimensiones la cambiaron la cara y la provocaron un exceso de saliva en sus carnosos labios rojos, que se deslizó por las comisuras.

    -¡Pedazo de polla que tiene mi niño!

    En ese momento apagaron las luces y me la agarro sin miramientos, con sus manos suaves y cuidadas de uñas rojo-pasión. Yo me abalancé a besarla, pasando mi brazo por detrás y llegando a agarrarle uno de sus tremendos melones.

    Empezó a pajearme mientras nos mordíamos las lenguas. Estábamos encendidos los dos.

    Se liberó de mi boca y bajo la cabeza. Sentí el calor de sus labios cuando contactaron con mi glande y se la tragó entera hasta que los sentí rozar mis bolas. No me lo podía creer, qué pericia como tragasables.

    Mi mano ya había encontrado, bajo la falda y por detrás, la ruta hasta su chorreante y depilado coño, y la penetraba con dos dedos provocando que se retorciera de gusto.

    La mamada seguía siendo de concurso y ahora la acompañaba con su mano en un meneo rítmico, acompasado al vaivén de la cabeza, cada vez más vivo.

    Nos corrimos a la vez, lo que no impidió que se tragara entera la descarga descomunal que me provocó. Con un poco de semen en los labios se incorporó y me besó otra vez.

    -Sepo a ti, me susurró divertida. Por cierto soy Maribel, y ahora que ya nos vamos conociendo quiero que me la metas por el culo, soltó como si me informara del tráfico.

    -Encantado, yo soy Luís. Respecto a tu proposición, sólo puedo decir que será un honor introducirme en un trasero tan perfecto y apetecible como el tuyo, chica morbosa, y estoy deseando ensartarte para proporcionarte todo el placer que pueda.

    -Uy que bien “mandao”, exclamó observando mi rabo enhiesto otra vez por la conversación.

    En un rápido movimiento se sentó dándome la espalda. Se levantó la falda y con una habilidad increíble llevó la punta hasta el ojete y se dejó caer, encajándola a la perfección en su ardiente ano, lubricado por sus humedades vaginales y que era una ruta que debía tener bastante trasiego a juzgar por la facilidad con la que entró.

    Comenzó a moverse con destreza, reprimiendo algún gemido, pero dejando escapar algún otro y denotando que estaba disfrutando como una loca. En la pantalla seguía el documental, pero nosotros estábamos en el séptimo cielo!, a lo nuestro.

    Mis manos estrujaban como podían sus inabarcables tetazas. Cuando las soltaba se balanceaban al ritmo de los pollazos con su tremendo tamaño.

    Ella se corrió dos veces. Lo noté, pero es que además lo radiaba, aprovechando que seguíamos solos en la sala.

    -Sííí, me corrooo cabrooon!!!

    Qué forma de follar tenía la buena señora, lo que habrá tenido que entrenar para llegar a esta maestría, pensé. Más que Nadal…

    Para recibir mi leche se descabalgó más rápido que Billy el Niño, se puso de rodillas y me ofreció su cara para hacer blanco, nunca mejor dicho. Tras unas pocas sacudidas me derramé en sus ojos, nariz y pelo hasta ponerla perdida.

    Luego me la agarró y se dio golpes en los mofletes y en sus pechos jugueteando con ella como una niña traviesa.

    -Cómo me gusta tu polla Luís, me la quiero llevar a casa…

    -Cuando quieras te la llevo linda, pero tengo que ir yo también si la quieres operativa.

    Me apuntó el teléfono en el brazo, se acicaló y limpio un poco y se fue. Yo me quedé a ver el final de la peli oliendo su tanguita negro, más feliz que una perdiz. Una perdiz chocha, por supuesto…

  • Un consejo para la mujer virgen (II)

    Un consejo para la mujer virgen (II)

    Otra historia fantástica de la imaginación llevada a la realidad del lector. Oye, Recibí una llamada sorpresa del productor. Parece que hay alguien enamorado de mí. Ella tiene 20 años y es virgen y ha sido su sueño ser desflorada por mí. Bueno, ¿quién soy yo para interponerme en el camino de una damisela y su deseo? Le dije que estaba totalmente listo para ayudarla.

    Caminaba y tomé el primer vuelo. Llegué al estudio directamente desde el aeropuerto. Mientras caminaba hacia la habitación, seguía pensando cómo sería ella. He conocido a tantas chicas. Algunos son habladores, algunos son tímidos, algunos están asustados, algunos están muy ansiosos. Sé cómo hacer que se sientan cómodos, ya que nunca es fácil para una joven perder su virginidad, no importa lo preparada que crea que está.

    Estaba lloviendo y nublado y me sentía un poco triste. Amo mi trabajo, pero a veces trae sorpresas horribles, así que no sabía en qué me estaba metiendo esta vez. Cruzando los dedos, abrí la puerta y me quedé atónito. Allí, tendida sobre la cama, profundamente dormida, estaba una bella durmiente moderna y con una ligera pijama. Oh Dios mío. Quizás fue la virgen más encantadora que he visto. Sus pantalones cortos de seda rosa apenas la cubrían y sus tetas de adolescente me llamaban. Se estiraron mientras ella se movía y anhelaba tocarlos con mis manos. Mi gran polla ya estaba haciendo algunos movimientos. Mi productor había sido muy travieso y me dio un impacto total tan pronto como llegué.

    No me apresuré a acostarme como quería, sino que me tomé mi tiempo como un caballero. Me quité los zapatos y los pantalones y me levanté a su lado sin tocarla, muy suavemente, bajé hasta su coño virgen con mis labios. Se movió, pero no creo que se despertara del todo. Mi productora me había dicho que estaba enamorada de mí y quería ver su respuesta en sus ojos cuando me veía. Ella gimió de placer pero los ojos no se abrieron. Mientras le quitaba su hilo diminuto e hice trucos con mi lengua en su hermoso clítoris virgen, sus ojos se abrieron con repentina emoción. Ella dio otro jadeo de alegría, agarrándose a las sábanas.

    Quería darle más placer antes del acto y realicé magia con todos mis dedos. Mientras movía mis dedos por los labios de la vagina virgen, tocando el punto mágico una y otra vez, ella estaba extasiada. Ella era tan inocente y mientras se corría, apartó mi mano de su coño virgen mientras el placer se volvía insoportable. Oh dulce, dulce niña.

    Me gusta entrar por primera vez en la vagina de una chica virgen por detrás ya que siento que les duele menos. Me veo grande y fuerte, pero soy un gatito cuando se trata de ser gentil. Sé que la primera penetración de una chica es muy especial y una experiencia única en la vida y siempre hago todo lo posible para que sea memorable para ellas. Estiró su cuerpo mientras la tomaba por detrás y sus pequeñas tetas de adolescente eran muy eróticas y sus pezones estaban erectos. Estaba excitado. Empujé mi polla en su coño virgen y luego entré y salí, rompiendo su himen mientras la sostenía cerca de mí. Fue doloroso para ella, pero también lleno de placer. Podía distinguir por los gemidos.

    Ella era una chica valiente. La entré desde arriba también y fue extremadamente sensacional. Ella era bailarina y su ombligo perforado era erótico y hacía que mi polla cobrara vida. Su cuerpo era firme y flexible. Cada movimiento que hacía era como un movimiento de baile, sensual, lento y articulado. Mientras entraba y salía de ella desde arriba, la miré a la cara y pude ver que no estaba nerviosa, sino que disfrutaba de la experiencia. Ella se correrá varias veces y este día será muy especial para ella. ¡Siempre estoy feliz de ayudar!

    Cuando se subió encima de mí y tomó mi polla en su boca, casi grito de éxtasis. Esta chica conocía los movimientos. Ella debió haber visto películas pornográficas. No sé cómo lo hizo, pero mientras giraba su lengua alrededor de mi verga, parecía tener vida propia. Hasta ahora me controlé, pero de repente no pude controlarme. ¡¡Yo, el fuerte Galán, me sentí fuera de control!! Tiró con la boca, me hizo cosquillas con la lengua y me corrí en su boca. Ella lo deseaba.

    Agotada, cayó en mis brazos y pronto se durmió. Sabía que estaba enamorada de mí y ahora creo que yo también estoy un poco enamorado de ella.

  • Diario de una puritana (Cap 6): Adicción masturbatoria

    Diario de una puritana (Cap 6): Adicción masturbatoria

    El fin de semana terminó siendo memorable aunque muy agotador. La sesión masturbatoria del sábado en la tarde fue solo el abrebocas de una apasionada jornada que se extendería hasta el domingo al anochecer.

    Ya en soledad, en mi casa, pensando en el inicio de una nueva semana, me sentía agotado, exprimido, sin ganas de volver a follar jamás, pero un buen descanso y una alimentación correcta lograrían que mi deseo sexual volviera a la normalidad en cuestión de horas.

    Mafe se tomó muy en serio lo de entrenar, no fallaba nunca; todos los días estaba ahí, lista para ejercitarse siempre al terminar la jornada laboral. Con el transcurrir de unas semanas el cambio era evidente, su abdomen ahora estaba más plano y tonificado. Sus piernas eran un poco más delgadas y definidas, y sus nalgas ya no eran flácidas ni temblorosas.

    Sinceramente, me parece que fue un cambio para mal, porque a mí me atraía muchísimo más su versión más maciza, esa que la había llenado de complejos e inseguridades y que la había llevado a entrenarse conmigo, pero ella se sentía feliz y conforme con lo logrado. Tanto así que, meses después, terminó renunciando a su trabajo para dedicarse a vender productos de una de estas empresas multinivel relacionadas al bienestar físico.

    Ella había cambiado drásticamente, y no solo físicamente, pues de la chica tímida que había empezado a entrenar conmigo unos días atrás, no quedaba nada. Sus insinuaciones hacia mí eran frecuentes, tanto en horario laboral como a la hora de ejercitarnos. Yo me llenaba de fuerza de voluntad para no romper con la regla de la abstinencia durante los días de rutinas de levantamiento de peso. También hacía un enorme esfuerzo mental para no enamorarme de Mafe, quería seguir percibiéndola como solo sexo. Pero tanto encuentro íntimo hace que surjan sentimientos.

    Y fue algo que a la larga no terminó incomodándome, pues Mafe cambió drásticamente. Su devoción no desapareció, pero si se debilitó ciertamente para complacer caprichos míos. Eso para mí era un gesto supremamente valioso, pues era verla renunciar a su gran motivación espiritual solo para compartir conmigo.

    Y hubo un gusto que los dos fuimos adquiriendo y que luego se nos convirtió en vicio: La masturbación. Claro que solo en un sentido, de mí hacia ella. No porque yo no deseara que ella me masturbara, alguna vez se iba a dar, pero yo sinceramente prefería no malgastar la energía que implica el orgasmo; si lo iba a hacer, era preferible que fuera con un buen polvo y no con una paja, por más que fueran las suaves y delicadas manos de Mafe las que me la brindaran.

    Masturbarla fue un hábito que se nos fue convirtiendo en adicción. Su clase magistral de tocamiento me llenó de deseos de practicar, y entendí que cualquier situación, lugar y horario era perfecto para hacerlo.

    Una de las primeras veces que pasó fue en una sala de cine. No fue algo planeado, o por lo menos no del todo. En esa época estaba por estrenar una cinta llamada Khoobsurat, que tenía a la expectativa a Mafe y diría que casi al borde de un ataque de ansiedad. Yo nunca he sido muy cercano al cine, de hecho siempre he sido más bien reacio a permanecer frente a una pantalla por más de dos horas. Pero en esa época quería complacer a Mafe en todo sentido, y si a ella le entusiasmaba ir a ver esa película, yo estaba dispuesto a cumplir ese deseo.

    Claro que la situación cambió apenas llegué a recogerla. Esa noche Mafe usó un vestido que hacía exaltar sus piernas. Yo quedé deslumbrado, y ciertamente antojado, con solo mirarla. Esto fue un día entre semana, por lo que iba a ser imposible follar con ella a menos de que quisiera romper con mi regla de cero orgasmos durante los días de entrenamiento con peso.

    Toda la sensualidad de Mafe quedó escondida bajo un largo gabán que utilizó como complemento a su sensual vestido. Solo yo sabía que había bajo el gabán, y camino a la sala de cine no pude dejar de pensar en sus espectaculares piernas y en el tesoro que se esconde entre ellas.

    Una vez tomamos asiento, Mafe se puso cómoda, desabrochó su gabán, aunque no se lo quitó, solo lo dejó abierto para no sofocarse por el calor. Y mientras disfrutaba de unos snacks en los prolegómenos de la película, yo no podía dejar de fijarme en sus piernas, tan blancas, tan delicadas, tan bien contorneadas, tan perfectas y provocativas como siempre.

    Dejé que terminara de comer y luego le permití sumergirse en la trama de la película, para luego empezar a distraerla con unos ligeros tocamientos por la cara interna de sus muslos.

    Ella se sorprendió, pues seguramente no se lo esperaba, o quizá porque estaba muy concentrada con la película. De todas formas no se molestó ni me hizo reproche alguno. Yo empecé a arrastrar mis uñas suave y lentamente por las carnes blandas de la cara interna de sus muslos, una y otra vez, de arriba abajo y viceversa.

    Poco a poco el ritmo de su respiración fue cambiando, lo noté con cierta facilidad, y esto fue guiño suficiente para continuar con mi lujurioso juego. La fila en la que nos sentamos estaba prácticamente vacía, de hecho la sala entera tenía muy poca gente. Posiblemente porque era una película muy desconocida o quizá porque fuimos a la función de las 11:00 pm. Lo cierto es que eso jugó a mi favor, pues me sentí cómodo para continuar, casi con la certeza de que no iba a ser descubierto.

    Mis tocamientos entre sus piernas fueron acompañados de pequeños besos por su cuello y ocasionales mordiscos en uno de sus lóbulos. El calor que empezó a emanar de su zona íntima fue la confirmación que necesitaba para seguir adelante con mis caricias entre sus piernas.

    Llegar a su vagina estando sentado de forma colindante implicaba una posición incómoda para la mano, pero la situación ameritaba pasar cualquier tipo de dificultad.

    Uno de los detalles que hacían aumentar el deseo de mi parte era que Mafe había tomado el hábito de llevar depilada su vagina siempre. Como mucho se sentían esos vellitos nacientes, pero ahora era un área de acceso despejado.

    Los movimientos de mi mano por sus piernas fueron lentos casi todo el tiempo, al fin y al cabo no había apuro alguno, tenía aproximadamente dos horas para divertirme. Las caricias sobre su vagina fueron más que todo superficiales, pues en esa posición era osado entrar con mis dedos y no lastimarla. De todas formas eso no limitó la excitación de Mafe, pues poco a poco empezó a alternar su pronunciada respiración con ocasionales suspiros.

    Mafe era una chica de rápido humedecer, pero en esta ocasión sus fluidos no facilitaron el acceso de mis dedos, sino que terminaron siendo esparcidos por sus muslos.

    Dudo que alguien haya notado lo que hacíamos, pues no había nadie relativamente cerca, aunque la marcada respiración de Mafe pudo habernos delatado.

    La fuerte respiración de Mafe solo se vio interrumpida por su deseo de expresarme su apremiante necesidad de follar.

    -Cuando lleguemos a casa tienes que hacérmelo, dijo en un leve susurro

    -No puedo, ya sabes. A partir del jueves con mucho gusto bonita

    -Lo que no puedes es dejarme iniciada

    -No te preocupes, que yo termino el trabajo pero a mano

    -¿A lengua no?

    “Shhh”, se escuchó desde una de las filas de atrás. No volteamos a ver quién lo había hecho, no tenía mayor importancia.

    -Vámonos Mafe. Vamos a casa a rematar esto

    -Dale, vamos

    Nos levantamos de nuestros asientos a mitad de la función, sin remordimiento alguno, pues no había película en el mundo que pudiera igualar la satisfacción de una buena sesión masturbatoria. Para mí también era algo placentero, pues ver los gestos de goce de Mafe, oír sus jadeos y gemidos, y sentir su cuerpo expresarse era suficiente motivo.

    El remate de la noche me tuvo a mí de rodillas en el piso y con la cumbamba una vez más recubierta de fluidos. No hubo penetración porque lograba ser muy disciplinado con la regla de la ausencia de orgasmos en días de entrenamiento, pero aguantarme teniendo la oportunidad era toda una tortura. Claro que tanto aguante hacia que los días permitidos follara con Mafe como si no hubiera mañana. De hecho eran jornadas maratónicas de sexo de jueves a domingo, que me hacían quedar seco y agotado.

    La sesión masturbatoria de Khoobsurat solo fue una de tantas, memorable quizá por ser la primera vez que la consentía en un lugar público, pero lejos de ser la mejor de todas.

    Como dije antes, fue algo que se nos volvió un vicio, y realmente hubo ocasiones para enmarcar.

    Hubo una ocasión en que nos enviaron a un municipio cercano a negociar con un potencial cliente para la empresa. En el trabajo ignoraban que Mafe y yo éramos pareja, aunque notaban que había buena química entre nosotros, y a la hora de vender éramos casi infalibles cuando sumábamos esfuerzos. Por eso nos encomendaron esa vez esa tarea, pues se trataba de un cliente que no podía escapársele a la empresa, y nuestro jefe confiaba en que Mafe y yo éramos capaces de convencerle.

    Teníamos que viajar a una ciudad situada a un par de horas de Bogotá, y como para la época ninguno de los dos tenía transporte propio, debíamos recurrir al tan resistido transporte público.

    Yo era uno de aquellos que lo odiaba, pero esa vez no, esa vez lo disfruté. Abordamos el bus en una de las terminales satélite de la ciudad. Cuando lo hicimos estaba prácticamente vacío, pero a medida que fue avanzando, se fue llenando.

    Nos hicimos en la última fila, en el asiento de atrás, concretamente en la esquina, Mafe junto a la ventana y yo evidentemente a su lado. Como era habitual en Mafe, ese día llevaba una falda de aquellas que le hacía lucir sus piernas completamente espectaculares. Con solo subir al bus imaginé lo que iba a terminar pasando minutos después.

    Esta vez no empecé acariciando sus piernas, sino que me lancé a la yugular, me lancé a besar su cuello, sabiendo de sobra para ese entonces que esa era una de sus grandes debilidades. Su “excitómetro” pasaba de cero a cien con el primer beso en esa zona.

    Como al comienzo estábamos solos, Mafe no le vio problema, de hecho fue ella quien complementó los besos por su cuello al tomar mi mano y dirigirla a sus piernas.

    Yo llevaba un morral, el cual puse sobre mis piernas. Con esto lograba ocultar mi erección a la vez que imposibilitaba la visual de cualquiera que quisiera ponerse de mirón.

    En lo que se pareció esta situación a la de Khoobsurat fue en la incomodidad de la posición, pues nuevamente estábamos de forma colindante. Pero eso no iba a ser impedimento para disfrutar de la hambrienta vagina de Mafe, a la vez que ella disfrutaba de mis caricias, que cada vez se volvían más precisas y diría que hasta sofisticadas.

    Para ese entonces me daba el lujo de encontrar el clítoris de Mafe en cuestión de segundos sin necesidad de mirar. Tenía en mi cabeza todo un mapa mental de la vagina de Mafe y sus recovecos.

    Lo que quizá pudo habernos puesto en evidencia esa vez fueron los apasionados besos que nos dimos, aunque esto no teníamos por qué esconderlo. Y es que era inevitable besarla, no solo por el deseo que me surgía de hacerlo, sino porque esa era la forma de ahogar posibles gemidos involuntarios.

    Esa vez la excitación de Mafe fue tan notoria y diciente, que no solo mi mano quedo recubierta de sus fluidos, sino que también un poco el asiento, pero fue algo que noté solo cuando nos íbamos a bajar del bus.

    Debo admitir que fue una época en la que desarrollé la mal vista costumbre de olerme los dedos, pero era inevitable para mí, pues el olor a coño de Mafe me resultaba encantador, diría que incluso inspirador.

    Para ese entonces creo que había quedado atrás mi intención de percibirla como una pareja de sexo ocasional, para ese momento era evidente que me había enamorado de Mafe.

    Era algo que me inquietaba un poco porque lo percibía como el fin de mi libertad, pero a lo que no podía negarme por tan poca cosa, al fin y al cabo era algo que yo directa o indirectamente fui buscando, y que ella correspondía con dulzura y con gran complacencia a mis deseos.

    Mientras que con una mano palpaba su pubis y esparcía sus fluidos por toda la zona, con la otra la tomaba ocasionalmente de la mejilla para poder besarla, para luego decirle cosas al oído. Para esa época Mafe ya me había revelado su gusto de que le hablara sucio, pero no era ese el escenario ideal para decirle guarradas, así que preferí llenarla de “te amo, eres preciosa, te deseo, etcétera”.

    Como bien comenté más de una vez, la posición no me favorecía para introducir mis dedos, pero Mafe se dejó llevar tanto que terminó guiando con una de sus manos el camino que debía seguir la mía para consentirla sin llegar a lastimarla.

    De todas formas la sesión masturbatoria del bus terminaría siendo una mala idea, básicamente porque al descender de este, los dos llevábamos un calentón casi que incontrolable, con toda una jornada laboral por delante. El viaje de regreso pudo haberse prestado para lo mismo, pero el cansancio nos venció, y yo preferí dejar que durmiera sobre mi hombro mientras yo acariciaba su pelo con delicadeza.

    Luego habría otras ocasiones de tocamientos memorables. Estuvo por ejemplo aquella vez de la comida de “Piti”. “Piti” era su mejor amiga, que en realidad se llama Tatiana. Eran íntimas, pero la vida laboral las había distanciado, como a todo mundo, aunque un par de veces al año se citaban para adelantar agenda y ponerse al día. Una de esas fue en mi presencia, pues Mafe estaba ansiosa de presentarme con orgullo como su novio, esperando recibir la bendición de su amiga.

    En la antesala yo tuve cierta desconfianza, pues habitualmente la mejor amiga sirve para malmeter y llenar de prejuicios y dudas a las parejas. Pero Tatiana no era así, de hecho era una chica muy agradable, muy simpática, además de ser muy atractiva.

    Tatiana tenía operados sus senos, y vaya gran trabajo que hizo el cirujano, pues estos eran pechos de admirar, no eran exageradamente grandes, ni de aquellos que quedan con un pezón mirando hacia arriba y el otro hacia abajo (no puedo constatarlo pero muchas veces eso se nota incluso con ropa encima), eran sencillamente perfectos, lucían tersos, suaves y provocativos en ese escote por el que asomaban.

    Obviamente yo hice esta apreciación con el disimulo que requería el caso. Tampoco esperaba un reproche por parte de Mafe por haberle visto los senos a su amiga, era imposible no hacerlo con el escote que llevaba. De hecho, pudo haber sido esto el detonante para emprender una nueva sesión masturbatoria con Mafe en esta cena de reencuentro con su mejor amiga.

    Claro que esta fue algo mucho más corta y superficial, pues Tatiana podía notarlo todo con gran facilidad, y no era esa la imagen que Mafe quería dejarle a su gran amiga. Incluso aún me pregunto si esta se puede contar como sesión o aventura masturbatoria, pues fue más un juego de caricias sobre sus piernas que otra cosa. Lo cierto es que posterior al encuentro, Mafe y yo rematamos la velada con un buen polvo.

    Masturbar a Mafe se nos convirtió en vicio a los dos, ella era adicta a mis caricias, a mi lengua sobre su pubis, a mis besos y a mis palabras, y yo a sus muestras de placer, así como al olor y al sabor de sus fluidos.

    Fueron tantas veces que es difícil encontrar un encuentro superlativo a los demás. Hubo de todo, alguna vez en una piscina, con una posterior infección de su zona íntima, lo que a la vez nos dio la lección de no hacerlo en una piscina nunca más; alguna otra ocasión en la oficina, en extrahorario, con el morbo que nos generaba el riesgo de poder ser descubiertos; y una infinidad de veces al interior de su casa como de la mía.

    Y si bien es difícil escoger una vez como la más placentera, hubo una ocasión que por lo menos fue la más excitante para mí. Ocurrió en esos días en que Mafe empezaba a incursionar en el negocio multinivel de venta de suplementos dietarios.

    Fue un martes. Lo recuerdo a la perfección porque ese día me encontraba viendo un partido entre el Chelsea y el Liverpool, que iba terminar siendo un empate a cuatro, y que yo iba a dejar de ver a pesar de lo interesante del juego, pues la tentación me venció. Aunque hoy debo decir que no me arrepiento de nada-

    Mafe charlaba por videollamada con su superior en el negocio multinivel, acordando seguramente los pasos a seguir para cerrar una venta de los suplementos, para crear una red de clientes, y las estrategias de promoción de los productos.

    La vi allí sentada frente a la pantalla del PC, tan concentrada que quise sorprenderla. Me fui gateando en competo sigilo hasta meterme bajo el escritorio. Luego, casi que de la nada, aparecí allí arrodillado, con mi cara a la altura de su pubis.

    Quise ser tierno al aparecer allí, así que la saludé besando tímidamente sus rodillas. Ella apenas sonrió y continuó charlando con su interlocutor. Con delicadeza separé sus piernas y empecé a acariciar la cara interna de sus muslos para posteriormente pasar a una zona más profunda de su entrepierna.

    Poco a poco empecé a deslizar mi lengua por sus muslos, con rumbo final a su jugosa vagina. Mafe apretó mi cabeza fuertemente con sus piernas, como evitando que yo fuera a retirarla, aunque igualmente me impidió acercarme a mi objetivo final. No me quedó más opción que empezar a pasear mis manos por sobre sus piernas, por sus caderas y por su abdomen, de forma momentánea, mientras Mafe daba el visto bueno a la avanzada de mi lengua hacia su coño.

    No tardó mucho en ceder. Su comunicación siguió adelante, pues los asuntos que tenía por resolver parecían ser inaplazables, aunque igualmente inaplazable fue su libidinosidad.

    Para esa época conocía prácticamente todos los secretos del placer de Mafe, sabía cómo, cuándo, dónde y hacia dónde mover mi lengua y mis dedos para conseguir el delirio de Mafe.

    Ella había evolucionado mucho desde aquella chica tímida y temerosa del sexo, ahora no tenía reparo alguno en dejar caer sus fluidos sobre mi cara y sobre cualquiera que fuera la superficie donde estuviera sentada o apoyada. De hecho, una costumbre de nuestras sesiones masturbatorias fue encontrarnos un pequeño charco o mancha al final de la sesión.

    Era algo revelador, pues evidenciaba que aquella invitación a ser libre y disfrutar que le hice en nuestros comienzos, había hecho mella. A mí me parecía algo excitante y de alguna manera conmovedor, pues lo entendía como una reacción ciertamente involuntaria o incontenible. Pero también fue algo que nos causó un inconveniente, realmente menor e intrascendente, consistente en que la pequeña mancha decoloraba la tela. Tanto sus sábanas, sillones, alfombras, cojines, como los míos, fueron decolorando por esta costumbre, lo que nos llevó a tener que invertir en renovar todos estos accesorios y mobiliario. Claro que como dije antes, era un inconveniente irrelevante, pues ni ella ni yo vivíamos con alguien que nos fuera hacer reproches por aquellas manchitas.

    El paseo de mi lengua por sobre su clítoris causó el efecto deseado, su respiración fue agitándose y haciéndose más notoria, a tal punto que su interlocutor le preguntó si se encontraba bien, a lo que Mafe respondió que no del todo, pues unos supuestos cólicos le estaban haciendo pasar un mal rato.

    -Si quieres reanudamos mañana, dije el sujeto al otro lado de la pantalla

    -No, dale, sigamos, y si no lo soporto te lo aviso para que continuemos otro día

    Yo mientras tanto sonreía al escucharla inventar pretextos para ocultar lo que realmente estaba viviendo. Era una sonrisa auténtica, de extremo a extremo, no solo por lo que mis oídos escuchaban, sino por estar una vez más frente a tan exquisita vagina.

    Yo me ayudaba con mis manos para acariciar su cuerpo, y parecían haberse multiplicado, pues tuve gran agilidad para pasearlas por su espalda, nalgas, piernas, abdomen, cintura, caderas, y obviamente su vagina.

    Desafortunadamente para Mafe su respiración fue mutando en jadeos involuntarios y casi que inocultables, por lo que pidió a su supervisor aplazar definitivamente la conversación

    Apenas se cortó la comunicación, Mafe me agarró fuerte del pelo y me hizo poner de pie para besarme, sin importarle si quiera un poco el intenso sabor a coño que emanaba de mi boca.

    Luego me ordenó agacharme y continuar el trabajo que no había terminado. Me sumergí de nuevo entre su vagina mientras ella me abrazaba con sus muslos. La “técnica del gancho” con los dedos al interior de su vagina había sido perfeccionada, pues para ese momento encontraba con facilidad esa superficie corrugada al interior de su coño, que funciona como botón de encendido para el orgasmo. Mafe fue pasando rápidamente de los jadeos a los gemidos, y la presión que ejercía con sus manos sobre mi cabeza, empujándola contra su vagina, era cada vez más fuerte; parecía como si quisiera introducir mi cabeza en su coño.

    Fue tal el delirio de aquella ocasión, que sus fluidos no salieron poco a poco para ir deslizándose por mi mentón, sino que fueron expulsados a presión, chocando contra mi cara, dejándola cubierta prácticamente por completo. Yo iba a tener desquite en relaciones posteriores, pues me iba a dar el gusto de descargarme sobre su rostro, aunque Mafe prefería que fuera en su interior, claro que ya habrá momento para ahondar sobre ello.

    ***********

    Capítulo 7: Rueguen por nosotros los pecadores

    Mafe había cambiado radicalmente. De esa chica tímida, inocente e insegura quedaba muy poco. Ahora tenía una actitud un tanto más osada, su mentalidad era otra, ahora estaba abierta a darse la oportunidad de probar y conocer cosas nuevas…

    @felodel2016

  • Mi Jefa de carrera: De sensual diosa a traviesa (Parte 3)

    Mi Jefa de carrera: De sensual diosa a traviesa (Parte 3)

    -¿Te quedarás ahí parado?

    Tenía fuego en su mirada. Me metí a la ducha y por primera vez, hacía lo que quería.  La tomé de la cintura e introduje mi pene por su vagina. Sentía como su trasero chocaba contra mi pubis. Estaba realmente caliente y apretaba sus tetas mientras ella gemía como loca y yo le daba una y otra vez. No teníamos mucho tiempo, pero tampoco necesitábamos tanto. La di vuelta y chupé cada uno de sus pezones mientras metía mis dedos en su vagina llena de sus deliciosos fluidos. Todo fue muy rápido. Saqué mis dedos de su vagina y metí, con mucha fuerza, uno en su culo generando un grito por la sorpresa

    -¡Ahhh!

    -Shhh. Despertará tu amiga.

    -Oh! Dame por mi culo. Ahora. Lo necesito –dijo y se dio vuelta agachándose levemente.

    No me di cuenta como ni de dónde pero sacó un consolador y se lo metió sin problemas en la vulva. Me miró hacia atrás como implorando que ya comenzara así que escupí mi pene y con cierta resistencia lo metí por ese delicioso orificio. Daniela gritaba como loca así que para dar mayor morbo, tapé su boca con mi mano y comencé a penetrarla de forma salvaje mientras nos caía el agua por todo el cuerpo. Podía sentir como apretaba su culo mientras ella se daba por la vagina una y otra vez. También podía sentir el consolador entrando y saliendo por su otro orificio. De pronto, y sin poder aguantar, exploté llenando de semen su culo. Fue majestuoso para mí, pero ella no había acabado. Se dio vuelta y subió un pie a la tina mientras me miraba agitada, comenzó a masturbarse. No le tomó ni dos minutos acabar frente a mí. Esta mujer era increíble. Terminamos de bañarlos y nos vestimos. Bajando por el ascensor, me dice que han sido unas horas maravillosas y que podríamos repetir.

    -¿Has estado en un trío? –(¡Mierda! ¡Mi sueño! Pensé.)

    -Ehh, no y ust… tú?

    -¿Te tinca probar? – (SI POR EL AMOR DE DIOS. Mi pene se erectó. Ya llegaba a doler.)

    -Si, obvio.

    -Okey, hoy a las 22:00 h te espero acá –dijo agarrando mi paquete mientras se abría la puerta del ascensor y caminaba delante de mí casi como si no me conociera.

    Saludó al conserje y se fue hasta tu auto.

    Me dirigí a la universidad y todo me parecía hermoso jaja. Era verdad cuando le decía a Daniela que, aunque quisiera relatar la maravilla de jueves que había tenido con ella, nadie me creería y sería el hazme reír. Pensé todo el día en sus últimas palabras y no sabía qué hacer. No puse mucha atención en clases e incluso me dediqué a buscar en internet qué hacer y no hacer en un trio pero no tenía idea si sería con otro hombre o con una mujer. La última me parecía más atractiva pero me preguntaba si habría otra mujer que me calentara tanto como Daniela.

    Pasaban las horas y no podía más de los nervios. Obviamente no nos vimos en la universidad. Me fui a mi casa, me masturbé unas 3 veces recordando detalles de nuestro encuentro. Pensaba en ese hielo que metí en su vagina, en como penetré su boca o en cuando se comió mi semen al caer en su cara y en sus tetas. Era realmente una diosa. Miré un poco de porno para tener una referencia más práctica y a las 9:30 h me subí y conduje hasta su departamento.

    -Voy llegando. ¿necesitas algo?

    -¡Sí! Justo te iba a escribir. ¿Podrías pasar a comprar chocolate?

    -Sí, claro. Llego en 10 minutos.

    ¿¡Chocolate!?, ¿Lo iba a poner sobre mi cuerpo y ambas iban a comerlo? O quizás era al revés porque el trío podía ser con otro hombre… puta que nervioso estaba. Compré 6 barras grandes de chocolate y me fui.

    Podía sentir música mientras estaba al otro lado de la puerta. Golpeé y apareció mi diosa vestida con una corta falsa de tablas y una blusa que dejaba ver sus exquisitos pechos. Me besó en los labios, tomó mi mano y me sentó en una silla. Estaba impávido. Se sentó sobre mí, de frente. Me besó tan sensualmente que no me percaté de las esposas. Llevó mis manos a mi espalda y con una habilidad increíble me esposó al respaldo de la silla.

    Delante de mí, comenzó a bailar seximente. Se tocaba entre las piernas y se perdía en la música con los ojos cerrados. Yo sentía como mi pene iba creciendo cada vez más. Estaba seguro de que podía romper las esposas y tirarme sobre ella.

    -¿Quieres algo para beber? –decía mientras se contorneaba

    -Si, por favor.

    Sacó la botella de whisky y tomó directamente de ella. Volvió a sentarse sobre mí y me hizo abrir la boca. Vertió el líquido sobre mí. Cayó en mi boca y en mi cuello. Pasaba su lengua por donde había caído mientras de restregaba sobre mi pene. ¡YO ESTABA LOCO! Me volvía a dar licor y repetía toda la secuencia. Ya sudaba de la excitación. De pronto, siento unas manos metidas entre nuestros cuerpos y la risa sexy y juguetona de Daniela. Había poca luz pero pude notar una silueta de pelo largo. La chica, la tomó desde el pelo y la tiró al piso, todo en un juego muy sensual mientras ambas reían.

    Sofía quedó en el piso mientras Daniela iba en busca de los chocolates.

    -Hola, soy Sofía. Encargada de hacerte gozar y sufrir esta noche – dijo mientras me miraba fijamente a los ojos.

    Daniela se sentó junto a ella en piso y le entregó el chocolate. Sofía se acomodó detrás de ella y comenzó a tocarla mientras Daniela metía trozos en su boca. Sofía la tocaba por encima del calzón y de la blusa. Daniela echaba su cabeza hacia atrás mientras comía y gemía. yo necesitaba estar entre ellas pero no, ahí estaba esposado, mirando como baboso lo que estaba ocurriendo. Sentía que en cualquier momento acababa ahí mismo. Sofía quitó la barra y metía trozos de chocolate en su vagina para luego llevarlos a su boca. Que recuerdo más sexi…

    Ella tocaba de una forma exquisita a Daniela. Agarraba sus tetas y metía los dedos en la vagina mientras chupaba su cuello. Daniela ya no gemía sino que gritaba y yo veía todo esa escena más caliente que la mierda. Sofía se da cuenta que no puedo más y la suelta.

    -¿Quieres tomar algo? Estás todo sudado.

    No alcancé a responder cuando Daniela se pone de pie y vuelve a tomar la botella de whisky. Abro la boca instintivamente pero esta vez, comienza a verterla sobre ella así que Sofía comienza a chupar el escote por donde caía. Daniela estiró el brazo y vertió el líquido en mi boca mientras era comida por la otra chica.

    -Daniela, suéltame, por favor.

    -No puede soltarte. Pero mira lo que haremos.

    Ambas se desnudaron. Sofía desabrochó mi pantalón y mi pene salió como eyectado. Me sacó el pantalón y el calzoncillo junto con mis zapatos y ambas comenzaron a lamer mis piernas. Sofía echaba whisky en mis piernas y pasaban su lengua muy cerca de mis genitales. Sentía que iba a morir en ese momento. Mientras sufría con los ojos cerrados (a punto de terminar), siento una boca en mi pene. Al mirar veo que Sofía tenía agarrada de la cabeza a Daniela y la dirigía mientras ella chupaba como una loca. Eso era el paraíso. Sofía agarraba a Daniela y presionaba fuertemente hasta escuchar alguna arcada y recién la sacaba lo repetía juguetona. A veces, no la dejaba chuparte y eso era una tortura. Era una locura. Comenzó a masturbarme en su boca y estaba a punto de terminar cuando Sofía se incorporó y ahora ambas lamían mi glande, el troco y mis testículos. Mierda, ojalá esto fuera eterno. Mi jefa de carrera y su amiga (suponía), se devoraban mi miembro como desesperadas y terminaban en un caliente beso cuando se encontraban al final de mí duro pene.

    -Voy a acabar.

    -No aun –dijo Daniela mirándome a los ojos como una fiera.

    -No aguanto, voy a acabar.

    Y en se mismo instante, Daniela me suelta y eyaculo sobre ella. Era impresionante verla cubierta de mi semen. Su cara, sus tetas, su estómago. Sofía comenzó a lamer todo mi semen del cuerpo de Daniela para luego escupirlo en su vagina. Esto no lo vi nunca antes en el porno ni en mis fantasías. Estas mujeres estaban locas. Escupió mi semen en su vagina y comenzó a masturbarla hasta que, por su grito y los espasmos de su cuerpo, pudimos comprobar que había terminado cayendo al suelo. Sofía se levantó y me beso de una manera deliciosa. Me puso sus tetas en mi cara y logré saborear de forma rápida mientras sacaba las esposas y se fue a la habitación. Daniela sonreía tirada en el suelo, aun respirando agitada. Me agaché y me beso profundamente.

    -¿Te gustó, Alex? –decía mientras tomaba mis manos, las ponía en su vagina y las movía lentamente.

    -Sí. Me encantó –dije sin entender nada de lo que había ocurrido.

    -Ohhh… eres tan delicioso. Bésame el cuello –me pedía con los ojos cerrados y una gran sonrisa, sin dejar de mover y pasar mis manos por su vagina.

    -¿Se van a demorar mucho? –gritó Sofía desde la habitación.

    -¿Listo para otra ronda? –me preguntó Daniela con su voz calentona y su mirada sensual.

    Se incorporó como si nada y caminó hasta la habitación…

    Si quieres saber como continúa, espera la parte 4.