Autor: admin

  • Mi amiga me lamió el culo

    Mi amiga me lamió el culo

    Todo comenzó con una amiga con derechos, cada vez que nos veíamos era sexo desenfrenado, lo más sucio que lo pudiéramos hacer. Ella siempre estaba a mi disposición, el solo recordar su enorme culo y su vagina infladita me vuelve loco.

    Un día después de tener nuestras sesiones de sexo, ella me preguntaba que porque me gusta tanto lamer el ano, y le dije que simplemente lo disfruto, y que si yo estaba dispuesto a que me lo lamieran y obviamente dudoso le dije que no.

    Pasaron los días y un día quedamos para hacer lo nuestro, comenzamos a desnudarnos, ella se pues en 4 a la orilla de la cama dejando ver su tanga negra tapando únicamente su ano, a lo cual yo me abalancé a lamerlo, olerlo y jugar con él, restregar mi cara en ese riquísimo par de nalgas suculentas. Ella solo gemía de excitación, ese día andábamos más caliente de lo normal.

    Ella me acostó y se hincó para poderme mamar la verga tan delicioso, le escupía, pasaba su lengua desde los huevos hasta la punta, dejaba todo ensalivado, ella con su mano jugueteaba con mis bolas, pero, sus dedos rozaban mi ano, cosa que no le di importancia hasta que de golpe me levantó las piernas y pasó su lengua por mi culo, sentí una sensación riquísima, jamás me habían mamado el culo y esa primera vez fue riquísima.

    Sentir como pasaba la lengua y hacia círculos con su lengua, me puso en 4 y seguí comiéndomelo mientras abría mis nalgas y me jalaba la verga de una manera riquísima hasta que me hizo venir a chorros… fue algo tan rico que hasta la fecha trato de convencer a mis «amigas» de que en su mamada incluyan el beso negro.

  • El primer squirt de Karla (5): Donni

    El primer squirt de Karla (5): Donni

    Esto ocurrió con la primera novia que tuve.  Su nombre era Karla. Llevábamos alrededor de 6 meses saliendo juntos. Los padres de Karla me detestaban, pero ella y yo llevábamos la relación en secreto. Todos los fines de semana iba a visitarla a su casa con la excusa que era un compañero de la universidad y teníamos tareas que hacer. En cuanto sus padres salían de la sala aprovechábamos a besarnos y tocarnos lujuriosamente. Era peligroso y eso lo hacía excitante.

    Una noche, luego de una larga conversación sexual por teléfono, le insinué a Karla que nos escapáramos a algún hotel esa noche para por fin follar a gusto. Karla lo deseaba tanto como yo, pero no era tan fácil salir de su casa.

    -Esta noche mi papá sale a trabajar a las 10 pm. Y vuelve hasta las 6 am. De mañana, creo que podría intentar salir de casa luego de las 10 –me propuso Karla.

    -Me parece estupendo, pasaré a buscarte a eso de las 11, tengo que esperar a que todos en casa estén dormidos.

    -Jeje bueno, me parece bien. –respondió de manera nerviosilla.

    Esa noche me preparé para escabullirme. Mis padres tardaron en acostarse esa noche. Eran las 11:30 cuando logré asegurarme que ya estaban dormidos. Silenciosamente y a pies puntillas crucé las habitaciones y salí hasta la terraza de mi casa. Salté por el techo de la casa de mi vecina y bajé a la calle deslizándome por una farola que estaba muy cerca de su entrada. Me sentía como un delincuente. Escabulléndome por los tejados en plena oscuridad de la noche. Le avisé a Karla de mi retraso y caminé hasta su casa.

    Alrededor de las 12:15 am por fin estaba llegando a su casa. Ella me esperaba en la puerta.

    -Perdón por el retraso. ¿Estás lista? –le pregunté susurrando para que no nos atrapasen.

    -Si estoy lista. Solo tengo que cerrar la puerta despacio para que no haga ruido –justo cuando estaba a punto de cerrarla, una de sus vecinas encendió la luz de su casa y abrió la puerta de la calle.

    Karla y yo nos asustamos, pues sabíamos que sus vecinas eran unas chismosas innatas. Karla rápidamente me jaló hacia adentro de su casa y entramos.

    -Carajo, casi nos ve –dijo Karla asustada.

    -¿Crees que tarde mucho en volver a entrar?

    -No lo sé, sale a fumar y suele tardar casi media hora allí.

    -¡¿Qué?! –respondí sintiéndome ya en aprietos.

    -Tranquilo, tengo una idea –me dijo Karla de manera seductora y luego me besó– ven sígueme –me dijo mientras me guiaba de la mano a través de su casa a oscuras.

    Entramos a la sala, subimos las escaleras al segundo piso, caminamos por el pasillo hasta su habitación. Cerró la puerta con seguro y como si nada estábamos encerrados solos en su habitación.

    -¿Qué… aquí, no crees que alguien pueda escucharnos? –le pregunté sorprendido

    -No lo creo, vi a mi mamá tomar esas píldoras para conciliar el sueño. Suele tomarlas cuando tiene jaquecas. No se despertará tan fácil.

    Ambos estábamos nerviosos, era la primera vez que iba a acostarme con Karla. La adrenalina de aquella situación lo hacía todo más excitante.

    Comencé a besarla apasionadamente, me comía su boca como si no hubiese un mañana. La tumbe sobre su cama y yo me senté en la orilla mientras la seguía besando.

    -¿Qué tal si nos ponemos más cómodos? –le decía mientras metía mis manos bajo su blusa y bajo su sostén.

    -Me parece una buena idea –dijo de manera nerviosa.

    Se sentó, le quité la blusa, el sostén y por primera vez por fin, acaricié y apreté esos pechos que tanto había deseado desde que la conocí. Sus pechos eran muy grandes, muy firmes y excitantes. La recosté para comerme sus tetas hambriento.

    Metí mi mano bajo su ropa interior desde su abdomen. Separé los labios de su vulva y con un dedo comencé a masajear su clítoris. Sus gemidos no se hicieron esperar. Se estremecía y gemía mientras yo lubricaba mis dedos con sus flujos.

    La desnudé por completa. Ella se paró y comenzó a desnudarme. Besaba mi boca y mi cuello, acariciaba mis pectorales con sus delicadas y suaves manos. Me bajó el pantalón y seguidamente la ropa interior. Tomó mi verga erecta y la masajeaba de arriba abajo masturbándome.

    La tumbé en la cama de nuevo y me acomodé entre sus piernas. Lubriqué mi pene con sus flujos y empujé hacia adentro. Mi glande se deslizó suavemente dentro de su caliente y lubricada vagina. De una embestida metí mi verga por completo arrancándole un gemido placentero. Sus pechos brincaban al ritmo de mis penetraciones. Sus uñas se enterraban en mi espalda fruto del placer y del dolor que me confesó sentir al principio.

    -¡Uf! Ah! Ah! ¡Qué rico! –gemía con vehemencia.

    Su respiración agitada acompañaba cada gemido. Luego de un rato me recosté y ella se puso sobre mí a horcajadas. Yo acomodé mi pene en la entrada de su vagina. La tomé de la nuca con una mano bajando su cabeza hacia la mía para comerme su lengua a besos. La parte superior de su cuerpo descendió dejando los glúteos alzados, como si estuviese en cuatro. Con la otra mano agarraba sus glúteos redondos y firmes.

    Su piel era tersa, suave y tibia. Con un movimiento repentino, subí mis caderas para penetrar su vagina desde abajo. Seguí con esa rutina, subía y bajaba penetrándola hacia arriba como un taladro. Sus glúteos temblaban con cada penetración, ella gemía tratando de contener los gritos. Apretaba las sabanas con fuerza y sus piernas temblaban de placer sobre mi cuerpo.

    Sus fluidos comenzaron a derramarse por mi verga, mis testículos y mis glúteos mojando la cama. Aumenté la velocidad de mis movimientos púbicos y ella aumentó sus gemidos. De repente me pidió que parara y así lo hice, estaba teniendo un orgasmo. Ella un poco asustada, sacó mi pene de ella y cuando lo hizo la sensación estimuló su vagina liberando un chorro de placer que derramó en mi abdomen. Había tenido su primer squirt.

    Se sintió apenada, pero yo le confesé sentirme muy satisfecho con lo ocurrido, la besé apasionadamente mientras la recostaba en mi pecho.

    Nos detuvimos un momento para secarnos un poco de todos esos fluidos y luego nos quedamos viendo al techo mientras nos acariciábamos. Apenas podíamos creer lo que estábamos haciendo.

    Luego de un rato le confesé que quería verla mientras hacíamos el amor, ya que hasta ahora habíamos estado completamente a oscuras. Encendió una pequeña luz de mesa que tenía cerca y pude verla. Estaba preciosa. Sus pechos eran grandes con pezones oscuros y perfectos. Sus caderas incitaban a querer comérselas y eso hice. Le pedí que se recostara boca abajo. Devoré esas nalgas a placer. Las abría y las saboreaba como una fruta dulce y refrescante. Ella gemía de excitación.

    Sentí la humedad en su vagina y le pedí que se pusiera en cuatro. Comencé a penetrarla despacio y luego más veloz, me eché un poco hacia atrás hasta poner mis caderas en la cama. Ella seguía mi verga con su culo, bajó sus caderas y sin darle indicaciones comenzó a mover sus glúteos. Arriba y abajo, su culo bajaba engullendo mi verga para luego subir y dejarse caer de nuevo. La vista de sus nalgas rebotando en mi verga era excitante. Así follamos un largo rato.

    Alcancé el orgasmo después de un rato. Estallé dentro de ella llenándola de un enorme flujo de semen.

    -¡Oh! Sí! Como puede ser tan delicioso! Se siente muy bien –decía Karla, entre alaridos.

    Nos arrojamos a la cama, rendidos y abrazándonos luchábamos por no quedarnos profundamente dormidos. Tenía que salir de allí antes de las 6 am. Vimos la hora, apenas eran las 2 am. Nos quedamos conversando y besándonos por un largo rato. Volvimos a hacer el amor una vez más a eso de las 3:30.

    -Ya no puedo más, estoy exhausta –dijo agitada y sudorosa mientras se dejaba penetrar por mi pene.

    Luego de un intenso orgasmo ambos nos quedamos dormidos. Cuando despertamos, los primeros rayos de luz estaban entrando por la pequeña ventana que tenía su habitación.

    -¡Mierda! ¿Qué hora es? –pregunté espantado.

    -Son las 5:45, ¡carajo! ¡Mi padre debe estar a punto de volver! –respondió mi novia despertando asustada al igual que yo.

    Nos vestimos al instante y comenzamos atravesar su casa de vuelta hacia la puerta. Por fortuna nadie más había despertado aún. Bajamos y salí de vuelta a la calle, con un beso me despedí de Karla. Ella cerró la puerta mientras yo comencé a caminar. Unas dos cuadras más adelante me encontré a su padre que iba caminando al otro lado de la calle. Por fortuna yo llevaba un suéter deportivo, me puse la capucha y el papá de Karla no me reconoció.

    Volví a casa luego de una experiencia inolvidable y seguramente irrepetible. O al menos irrepetible en dichas condiciones, porque Karla y yo seguimos follando en repetidas ocasiones. Pero eso os contaré en otro capítulo.

    Espero que os haya gustado, déjame tu opinión en los comentarios.

    Con cariño, Donni

  • Primer trío de mi novia siendo estudiantes de universidad

    Primer trío de mi novia siendo estudiantes de universidad

    Mi novia y yo tenemos 20 años, ella siempre fue una mujer muy atractiva, delgada y con un trasero firme y grande que el ejercicio le otorgaba. La forma de caminar, tez clara, su voz y su cara la hacen deseable sexualmente para quien la conociera. Poco antes de volvernos novios ella me confesó que una de sus fantasía era realizar un trío y sentir lo que era estar sintiendo dos penes, al ser una fantasía no le tome importancia. 

    Mi novia y yo siempre tuvimos mucho deseo sexual desde etapas tempranas de nuestra relación, pero todo era común al tener sexo. Cuando empezamos a estudiar la universidad nos fuimos a vivir juntos a un departamento y esto provocó que casi todos los días tuviéramos sexo en cualquier lugar del departamento. A ella le excitaba que dejara las cortinas abiertas donde estuviéramos porque le encantaba la sensación de que alguien la pudiera ver, aunque nunca sucedió.

    Conforme fue pasando el tiempo, la rutina en el sexo fue haciendo que se volviera un poco monótono, pero el nivel de confianza y amor crecía hasta que un día en pleno momento recordé el día que me confesó lo de su fantasía y decidí preguntarle mientras yo estaba acostado en la cama recibiendo un oral de ella acostada entre mis piernas.

    –¿Recuerdas que me dijiste que querías tener un trio? ¿Aun quieres hacerlo?

    Y al decirlo, primero pensé que la distraía y el momento se iría abajo, pero no, ella me vio mientras chupaba mi pene, se lo sacó de la boca y me dijo:

    —Sí, aun quiero.

    Cuando lo dijo me excitó un poco, pero de pronto, ella se pone en posición de perrito levantando su hermoso trasero mientras me sigue dando un oral, me vuelve a ver y me dice:

    —Quiero que mientras te la chupo alguien me esté dando por detrás y se escuche como aplauden mis nalgas en la habitación.

    Comenzó a moverse como si realmente estuviera pasando, de atrás hacia delante. Esto extrañamente me excitó mucho, podía sentir como mi pene se ponía aún más duro y de ser un simple oral, se convirtió en el mejor oral después de mucho tiempo. 

    El tema comenzó a ser recurrente solo cuando teníamos sexo, cada vez que la penetraba por su vagina, le ponía mi dedo en su ano y se movía como queriendo que también lo metiera, al igual que comenzó a meterse mis dedos en su boca y los chupaba como si fueran otro pene mientras yo la penetraba.

    También era más explícita al relatar lo que imaginaba que pasaba en ese trío que hasta en ese momento solo ocurría en nuestra imaginación.

    El Súper Bowl terminó en doble penetración.

    Un día en la universidad quedé con unos compañeros para ver el Súper Bowl el domingo, a mi novia le avisé y le dije que si quería invitara a sus amigos. Llegó el día y fui a comprar algo de alcohol y botanas, cuando regresé mi novia traía un top blanco y una falda suelta color rosa que le llegaba poco más arriba de la rodilla, se veía hermosa y muy sensual.

    Sus amigas y mis amigos llegaron y empezamos a platicar y a tomar, le traía unas ganas impresionantes a mi novia, pero no paraba de hablar con todos, entonces le pedí que me acompañara a la habitación, la empecé a besar y ella me correspondió (también traía ganas), le apreté las nalgas muy fuerte y se sentían deliciosas con esa falda, pero no podíamos dejar a nuestros invitados esperando así que le dije:

    —Te reto a que te quites el calzón y estés así todo lo que dure la reunión.

    Me parecía excitante poder tocarla mientras estaban todos ahí sin que se dieran cuenta y ella no lo dudo dos veces, mientras me veía a los ojos se levantó la falda, se quitó su calzón, me lo dio y me lo guarde en el bolsillo de mi pantalón. Cuando salimos de la habitación estábamos muy excitados por todo lo que implicaba que ella no trajera calzón y estuvieran más personas.

    De vez en cuando nos sentamos juntos y yo discretamente la manoseaba toda, su vagina estaba empapada, y el alcohol fue haciendo que todo fluyera mejor para realizar el primer trío, pues el partido había pasado a segundo plano y ya todos estaban tomando. En mi mente no me podía sacar la idea de hacer el trío pero no sabía si ella estaba en mi sintonía así que trate de calmarse, de pronto se empezaron a ir como a las 11 de la noche de nuestra reunión porque al día siguiente tocaba ir a la universidad.

    El ultimo que quedó fue un amigo que no iba en mi universidad, pero lo había conocido en una fiesta hace un tiempo, mi novia estaba muy cariñosa conmigo y mi amigo parecía que ya estaba a punto de irse, pero todo había ido tan perfecto como para desaprovechar ver a mi novia jugando con dos penes. Mi pene ya estaba listo y el pantalón parecía que explotaría. 

    Le dije que se quedara un rato más y mi novia me apoyó pidiéndole lo mismo, según ella porque casi no había hablado él. Seguimos tomando un poco más tranquilo y con una de las botellas que estaban vacías mi novia propuso que jugamos verdad o reto, fue ahí cuando supe que ella tenía pensado intentar lo mismo, un trio.

    Empezamos a jugar y en poco tiempo fuimos subiendo la intensidad de las verdades y los retos, cuando me toca a mi proponer un reto a mi novia así que aproveché y la reté a que girara otra vez la botella, si la punta quedaba más de su lado tendría que quitarse la falda. La giro y para mi suerte y de mi amigo así fue, puso una cara fingida de tristeza, pero se notaba que estaba feliz de mostrarse desnuda. Hizo hacia abajo el resorte de su falda hasta el punto donde por gravedad cayó al suelo dejando ver todo, mi novia puso una cara entre de felicidad y de pena, dio una vuelta y se dejó caer al sillón tapándose un poco con un cojín. Mi amigo estaba rojo, yo también sentía la cara como me ardía por el alcohol y la excitación.

    Como si estuviera poseído me acerque y le dije a mi novia que no se valía que se tapara, entonces le quite el cojín, me arrodille, levante su piernas dejando ver su vagina y ano a mi amigo y le dije a él:

    —¿Qué te parece esta hermosura?

    Y bastó con que le diera una buena lamida que iba desde su ano hasta el clítoris para que diera un gemido muy rico. Le dije a mi amigo que viniera a probar y se acercó, sus ojos estaban enfocados en mi novia, justo en esa parte, se arrodilló y realizó lo mismo empezó a lamer la vagina de mi novia y ella no sabía que hacer, pero solo se retorcía de placer. Al ver esa escena no dude en sacarme mi pene que ya estaba resbaladizo y me acerque a la boca de mi novia y empezó a chuparlo. 

    El escuchar a mi novia gemir con mi pene en su boca y los sonidos de la baba burbujeando hizo que mi pene se pusiera extremadamente duro, se lo sacó de la boca y nos dijo que estaba dispuesta a que se lo metiéramos por el ano (nunca había pasado). Se puso en posición de perrito mientras me hacía sexo oral y mi amigo la empezó penetrar, me acosté en el sillón y ella no se me despegaba del pene, lo que estaba viendo era lo que tanto habíamos hablado, el movimiento que hacía era como lo imaginaba, volteaba a ver ella amigo y le decía que le empezara dar más duro, me volteo a ver y me dijo:

    —Eres el mejor amor.

    Estuvimos así unos cuantos minutos y le dije que cambiáramos, ahora a él le tocaba que mi novia le chupara el pene y yo penetrarla. 

    Todo era excitante y eso me llevó a intentar meter mi pene en su ano de mi novia, me pidió que no lo hiciera de muy rápido, que con calma y que si salía mejor me pusiera condón porque podía salir manchado de algo, a mi no me importaba porque en serio que estaba muy excitado, pero por ella lo hice, después de un rato mi pene ya estaba todo adentro y sentía bien tenerlo ahí, cuando lo saque si noté un poco de popo, pero no me importó, empecé a meterlo hasta que ya no notara esa resistencia.

    Mi novia gemía un poco y a la vez tenía quejidos de dolor pero nunca me pidió que parara, así que empecé a meterlo más veces y dijo lo que nunca pensé, se sacó el pene de mi amigo de la boca y nos dijo:

    —¡Quiero la doble!

    Es decir, un pene por el ano y otro por la vagina. No lo dudamos y amigo se bajó un poco y él fue quien lo metió en la vagina, yo proseguí a meterlo por el ano y me movía dándole con todo y el sonido de sus nalgas chocar con mi abdomen era muy fuerte, a esto se le sumó el sonido de sus casi gritos de placer. Mi amigo también se tuvo que poner condón porque ya con más confianza pidió que quería también meterlo por el ano. 

    A los tres nos gustó esa posición y todos terminamos con esa, como unas 4 veces cambiamos de «hoyo» y cuando decidí que era momento de terminar y ya no parar, aprovechando que se lo estaba metiendo por el ano a mi novia, me quite el condón y seguí hasta eyacular ahí.

    Quedé cansadísimo y me senté a un lado de ellos, y podía ver el ano abierto de mi hermosa novia y como su vagina estaba ocupada por el pene de mi amigo, aparte no me había percatado pero el trasero de mi novia estaba brillando en sudor. Se veía increíble como mi semen se asomaba de su ano como una pequeña esfera blanca, segundos más tarde mi amigo terminó en su vagina pero traía condón.

    Terminamos como a las 2 de la mañana y mi amigo se fue, solo él y yo nos vestimos porque tenía que abrirle la puerta para sacar su coche, mi novia seguía desnuda acostada en el sillón y de lejos se despidió de mi amigo. Cuando regresé me dijo que no le daban ganas de bañarse porque quería sentir el sudor de ella, mi amigo y yo en su cuerpo todavía, pero al final sí se terminó bañando y yo con ella.

    Al día siguiente no fuimos a la universidad porque desde que nos despertamos solo de recordar nos dieron ganas de repetirlo y teníamos sexo recordando todo. 

    A día de hoy ya hemos tenido 3 tríos, dos con el mismo amigo y uno con su mejor amiga que la verdad está de buen ver (mi novia y ella tienen un trasero idéntico) con la cual no fue una buena experiencia para mí, pero para mi novia si porque su amiga no quiso desnudarse y solo accedió a lamer y penetrar con su lengua el ano de mi novia, mientras mi novia en posición de vaquera era penetrada por la vagina por mí. Todo el tiempo estuvimos así hasta que termino mi novia y al final yo.

    Lo único bueno fue que nos reímos porque cuando sentí que me venía lo saqué de su vagina y eyaculé en la cara de su amiga y ella solo dijo a mi novia riendo un poco:

    —No sé qué sabe más rico, tu ano o el semen de tu novio.

  • Disfrutando los tres

    Disfrutando los tres

    Raquel iba paseando por la orilla del agua en una cala cercana a su aldea, rodeada por bosques, enfrascada en sus pensamientos, vestida únicamente con un bikini negro compuesto de dos triángulos en la parte de arriba que apenas tapaban sus pechos, donde la tira se le caía un poco y una braguita minúscula compuesta por dos triángulos de tela que tapaban escasamente su lascivo cuerpo.

    Carlos que acababa de llegar a la playa la vio de espaldas y enseguida la reconoció, se acercó a ella por su detrás y la tapó los ojos con las manos:

    -¿Quién soy? -la dijo al oído.

    Ella se volvió con una sonrisa pícara en la cara y le dio un pequeño beso en los labios apenas conectándolos con los de él mientras su mano cogía la del chico cariñosamente. Siguieron caminando por la orilla los dos esta vez juntos observando el cielo y el horizonte donde el mar se junta con el cielo. Los dos de la mano mientras admiraban el amanecer, el cielo azul en contraste con el blanco de las nubes.

    Raquel entonces se soltó de la mano y se fue metiendo en el agua a pequeños saltos intentando superar el pequeño oleaje que la impedían el avance. Carlos fue detrás de ella hasta llegar a su altura, el agua les cubría por encima de la cintura, él haciendo un poco el tonto se quitó el bañador, un bóxer de color negro y lo levantó en el aire jugando con él hasta tirarlo y haciendo que la corriente lo llevara hasta la orilla. Ella jugando se quitó la parte de arriba del bikini y antes de que pudiera quitarse la braguita las manos hábiles de Carlos buscaron debajo del agua y se la quitó.

    Suavemente se empezaron a besar, los labios de cada uno de ellos intentaban atrapar a los del otro como si estuvieran en un combate de lucha, las manos del chico acariciaban las nalgas de Raquel mientras ella hacía lo mismo con las de él sin parar de besarse cada vez más apasionadamente, él paró de besarla y cogiéndola de la mano la condujo fuera hasta donde tenían las toallas.

    Cuando estaban llegando vieron que llegaba Laura que era una amiga de los dos que vivía fuera y que solía venir de vacaciones a su aldea, desde hacía casi un año no la habían visto.

    -Veo que habéis pensado en poneros cómodos -les dijo Laura guiñándoles el ojo.

    Ella entonces se empezó a quitar toda la ropa delicadamente, primero la camiseta, Carlos y Raquel la miraban como embobados, luego se quitó los pantaloncillos y por último se deshizo del bikini hasta quedar completamente desnuda, era una chica de aproximadamente metro y setenta centímetros, un par de centímetros más alta que Raquel, de pelo castaño claro ligeramente ondulado, ojos color azulados, los pechos eran medianos con los pezones, más pequeños que los de Raquel, de un color café claro y el sexo rasurado, el culo redondito.

    Raquel estaba completamente desnuda y quieta, Laura la cogió de la mano y se quedó observándola. Raquel era morena un poco más baja que su amiga, con el pelo melena negra, los ojos marrones oscuro, los pechos abundantes de pezón grande color oscuro, sexo también rasurado y el culo redondito y duro.

    Laura acercó sus labios a los de su amiga, no la importó que Carlos estuviera delante, y comenzó a besarse con ella, las manos de las dos se entrelazaban y se abrazaron cayendo en la toalla. Carlos, entretanto, se sentó desnudo como estaba cerca de ellas, observaba, muy excitado, como las dos amigas se comían con la mirada primero y luego directamente con la boca.

    Laura se arrodilló detrás de su amiga y empezó a besarla detrás de las orejas para luego ir bajando por su cuello, rodeándola con pequeños besos en el cuello y alternándolos con pequeños mordiscos mientras con las manos acariciaba los pechos de Raquel y los apretaba como si fuera algún pastel, luego se fue dando la vuelta hasta acabar arrodillarse frente a ella y sentándose con las piernas a los lados de la otra chica, mirándola a los ojos la fue besando en la frente primero, posteriormente en los ojos, y bajando por ella con suaves y delicados besos llegó a los labios.

    Allí la fue besando primero con mucha delicadeza para luego comenzar a besarla con más pasión y uniendo sus lenguas. La fue empujando lentamente hasta que Raquel quedó tumbada en la toalla. Laura se arrodilló a su lado y le hizo una seña a Carlos para que hiciera lo mismo enfrente de ella, los dos al mismo tiempo comenzaron a besar a Raquel el cuello mientras con las manos la acariciaban, luego subían por la cara a los labios donde se juntaban los labios de los tres y se besaban y jugaban con las puntas de sus lenguas apasionadamente.

    Iban bajando por el cuello hasta llegar a escote y llegar a los pechos allí cada uno besaba y lamía los pechos de distinta manera, Laura se centró en el pecho derecho directamente sorbía el pezón duro mientras con la lengua lo lamía como si fuera una batidora, Carlos en el otro lamía la piel alrededor del pezón hasta que este se ponía duro para luego pellizcarlo estirándolo ligeramente con los dientes.

    Los dos iban deslizándose poco a poco por el ombligo rodeándolo cada uno por un lado hasta llegar a su sexo, Laura colocó su sexo en la boca de Raquel dándola la espalda para ponerse en postura de 69 y Carlos se arrodilló entre las piernas de la chica y pasó su lengua ligeramente por los labios vaginales muy húmedos abriendo con las manos las piernas de la muchacha, luego lo fue lamiendo cada vez con mayor rapidez mientras Raquel hacía lo propio con Laura la cual la tenía encima.

    Carlos puso juntas las manos y le hizo a Raquel la mariposa de Venus de esa forma con los dedos índices estimulaba su clítoris con los anulares y corazón penetraban su sexo y con los meñiques estimulaba la zona anal, luego cogía las piernas de la chica y se las puso en los hombros y la penetró con su miembro erguido y venoso con delicadeza y comenzó a follarla mientras Laura se inclinaba sobre el sexo húmedo y abierto de Raquel, comenzando a estimular el clítoris mientras su amiga la lamía los labios vaginales y la penetraba con un par de dedos.

    El chico la penetraba suavemente intentando que la penetración fuera profunda y que el pene estimulara el clítoris en cada acometida al mismo tiempo que Laura lo estimulaba con la lengua, Carlos aprovechaba también para deslizar las manos bajo el cuerpo de Laura y estimular los pechos de las dos muchachas. Estuvieron un rato en esta postura hasta que la descabalgó y Raquel se sentó sobre su pene penetrándose con él y comenzando a cabalgarlo, Laura entonces se sentó sobre la boca del chico dándole la espalda y comenzando a besarse con su amiga mientras las dos se acariciaban los pechos y presionaban sus pezones suavemente aunque a veces los pellizcaban, estaban ya muy calientes y el orgasmo no tardó en producirse llenando Laura la boca de Carlos de sus fluidos y Raquel apretando con sus músculos la polla que tenía en su interior llegando también, así, al orgasmo.

    Carlos se levantó y se masturbó hasta que se corrió sobre los pechos de las dos chicas que se habían arrodillado debajo de él salpicándolas. Su leche caía por ellos, Laura empezó a lamer los pechos de Raquel mientras esta no dejaba de lamer el miembro de Carlos limpiándolo de las últimas gotas.

    Volvieron a meterse en el agua para acabar la mañana.

    Espero que a mis lectores y lectoras que me siguen les guste y lo hayan disfrutado.

  • Cuando la calentura aprieta (09)

    Cuando la calentura aprieta (09)

    Normalmente cada vez que tenía una relación extramatrimonial, pasaban semanas enteras antes de que mi fulgor sexual volviera a aflorar. Pero después del desliz que tuve con Pablo, no se me dio el caso. Pocos días después ya estaba nuevamente enganchada a los chats y mis juegos en solitario. Llegaba a masturbarme casi diariamente. No sé qué pasaba en mi cuerpo pero cada vez estaba más caliente.

    En una de aquellas mañanas en el chat, se puso en contacto conmigo un nick que era Saandra7, me extrañó al ser una mujer, con un escueto hola espero a que yo le respondiera, yo no me atrevía a contestar ya que creía que ella seria lesbiana y claro está yo no. O algún hombre haciéndose pasar por mujer. Mi curiosidad pudo y más y contesté. Iniciamos la conversación y tras un buen rato hablando descubrí que era casada y que como yo era infiel. Resultó también que éramos de la misma provincia y que solo me había escrito porque le gustaba hablar con otras mujeres que como ella y yo engañábamos a nuestros maridos. Aun así no me fiaba ya que algo dentro de mi me decía que podía ser un hombre intentando ponerse cachondo con mis experiencias. Estuvimos hablando casi 2 horas, pero nunca indagando en detalles. Aquello hizo que me diera confianza. Nos despedimos hasta otro día.

    Tres días más tarde, volvimos a contactar y así varias veces. Al final nos dimos la dirección de Skype y empecemos a hablar por ahí. Ya descubrí que realmente se trataba de una mujer. Sandra tenía 37 años, casada desde los 24, con un hijo de 10. Rubia, muy bajita, sobre 1,50, muy delgada también, pero con los pechos operados, tenía una 120 algo que llamaba la atención ya que pesaría en torno a los 45 kg más o menos. Tan pequeñita y delgada aquellos pechos desentonaban por todos lados, aunque me daba envidia ya que a mí me gustaría tenerlos igual, pero me aterra la idea de entrar en un quirófano.

    Su marido camionero de profesión, se tiraba incluso meses sin asomar por casa. Ella se consideraba como yo una mujer muy caliente, me confesó que a pesar de ello nunca había pensado en engañar a su marido y que se aliviaba como todas las mujeres, masturbándose. Pero un día encontró una tarjeta de un prostíbulo en la cartera de su marido, en ella había varias casillas para poner sellos y cuando se llenaban todos, según decía la tarjeta, tendría un servicio gratis. Sobre ella había impresos 3, por lo cual no hay que saber sumar dos más dos, para adivinar que su marido la engañaba. Ella en vez de enojarse, volcó su frustración en desahogarse como su esposo, en carne y hueso. Según me conto había engañado a su marido ya más de 10 veces, claro está ella estaba más buena que yo desde mi punto de vista y eso resultaba más fácil.

    Fuimos cogiendo confianza y un día decidimos conocernos en persona, vino a mi pueblo una mañana y nos fuimos a desayunar juntas. Era estupendo tener una amiga que le pudieras contar todo, además ella era una de esas personas que te encuentras muy cómoda con ella. Transmitía felicidad por todo su cuerpo y eso hacía que te encontraras muy a gusto con ella.

    Días después, hablando por Skype, contándonos nuestras aventuras, cosa que debo decir me ponía muchísimo. Le conté mi aventura que había tenido con un matrimonio joven. Ella me dijo que nunca había hecho eso, pero que le daba morbo, me preguntó que si repetiría, siendo ella la otra chica, me descoloqué y le pregunté que si sería con ella y su marido, me contestó que no, que seríamos nosotras dos y un chico que llevaba tiempo tonteando por el chat.

    Como sabéis cuando estoy cachonda no suelo pensar las cosas, le dije que sí, pero primero me gustaría saber cómo era el chico. Me mandó varias fotos entre ellas alguna que estaba desnudo. Era un chico de 21, cuerpo de gym, totalmente depilado y con un buen pene. Le dije a Sandra que lo tanteara a ver qué tal.

    Aquella misma tarde Sandra me llamó por teléfono, me dijo que había hablado con el chico que le parecía una buenísima idea. Sandra me animó a que fuera a su casa al día siguiente que había quedado allí con él y podríamos estar toda la mañana juntos.

    No pude dormir, a las 7 de la mañana, tras marcharse mi marido a trabajar, me duché y depilé. Me maquillé lo mejor posible ocultando las ojeras y me puse unos vaqueros ajustados y una camisa. Tras dejar a mis hijos en el colegio, me dirigí a casa de Sandra. Media hora más tarde estaba en su puerta, con un nudo en el estómago que me pedía a gritos que no entrara, pero el calor que sentía en mi entrepierna me decía lo contrario.

    Llamé a la puerta, Sandra me abrió, con un camisón blanco que dejaba casi todas sus tetas fuera, al verla así adiviné que el chico ya había llegado. Me invitó a entrar y nos fuimos a su salón, él estaba ya desnudo de cintura hacia arriba, se ve que ambos ya habían calentado. Sandra se dirigió a él y le bajó el pantalón, su polla estaba tremendamente grande ya, nos sentemos ambas a cada lado y Sandra empezó a pajearlo, mientras yo sin presentarme siquiera, comencé a besarlo.

    Besaba a ambas a la vez, cada vez que dejaba de besarme a mí, aprovechaba para quitarme una prenda, al poco tiempo estaba desnuda junto a él. Sandra no tardó en quitarse el camisón tampoco. Estaba besándolo cuando él se apartó y acercó la cara de Sandra hacia la mía, quería que nos besáramos nosotras, ella estaba muy excitada y aunque yo me estaba resistiendo un poquito ella acercó mis labios a los suyos y comencemos a besarnos.

    Según me había contado ella nunca había tenido relación con ninguna chica, por lo cual era la primera vez. No me desagradó, me gustaba, mientras notaba como me humedecía más. Tras ese beso apasionado, bajé hacia su miembro y empecé a mamarlo, Sandra y yo nos íbamos turnando, oíamos sus gemidos de placer, seguramente también sería su primera vez con dos maduritas experimentadas.

    Así estuvimos bastantes minutos, nos dimos cuenta que él estaba a punto de correrse, por lo cual paramos para que durara más. Mientras él descansaba, sin preverlo Sandra me acorraló contra el sofá y comenzó a besarme, mientras su mano empezó a acariciar mi coño. Aquello me estaba volviendo loca, nunca me había tocado una mujer y debo de confesar que sabía dónde había que tocar.

    De repente ella me desatendió, el chico se había puesto un preservativo y estaba penetrándola a cuatro patas, ella dirigió una mano hacia su coño y rítmicamente con las sacudidas que él le daba ella frotaba su clítoris. Viendo aquella escena empecé a tocar mi coño casi sin darme cuenta. Sandra me describía entre gemidos lo bien que la estaba follando y guarradas de ese estilo, escuchar sus gemidos y palabras y el sentir su aliento a pocos centímetros de mi coño, hizo que tuviera un orgasmo bestial, Sandra no tardó mucho en tener otro, no tuve duda ya que lo gritaba inmensamente.

    El chico no paró y estando ella a cuatro patas, seguía su ritmo sin cansarse. Yo los miraba mientras retomaba el aliento, Sandra me pidió que la dejara que me comiera el coño. No pude resistirme debido a lo cachonda que estaba, tímidamente empezó a jugar con lengua en el, al rato se desinhibió y sentí el mejor cunnilingus que me habían hecho jamás. Notaba su lengua subir y bajar por mi raja al ritmo que la estaban follando. No tardé en tener un segundo orgasmo gracias a la boca de Sandra, me estaba retorciendo de placer, cuando ella le dijo al chico que parara.

    Él sacó su polla, Sandra se apartó me ayudó a ponerme a cuatro patas y haciendo de mamporrera introdujo el pene de él dentro de mi coño. Empezó a embestirme fuertemente, cosa que le resulto fácil ya que estaba chorreando por los dos orgasmos casi continuos que había tenido. Me di cuenta que Sandra era incluso más guarra que yo en la cama, mientras él me estaba follando ella puso su cara junto mis nalgas y el chico iba intercambiando embestidas en mi coño y en la boca de ella. De repente el empezó a decir que se corría, Sandra agarró la polla y rápidamente le quitó el condón, se la introdujo en la boca y vi cómo se tragaba toda la corrida. Un pequeño hilo de leche salía por un lateral de sus labios, mientras el gemía de placer.

    Me volví a sentar en el sofá, él hizo lo mismo, mientras Sandra se sentaba en el suelo. Comenzamos a intercambiar opiniones entre risas tontas. El chico no paraba de repetir lo estupendas e increíbles que éramos y que estábamos cumpliendo su sueño. Pasados unos minutos y creyendo que había terminado todo, Sandra se acomodó entre las piernas del chico y comenzó a comer su polla aun flácida, se esmeró y entre su boca y acomodándola entre sus enormes tetas, consiguió ponerla otra vez dura. Se veía que no era la primera polla que pajeaba entre sus senos.

    No pude resistirme y me subí encima de ella dándole la espalda, la introduje en mi coño y comencé a cabalgarla, mientras yo disfrutaba nuevamente de estar llena de polla, Sandra me comía las tetas, esa sensación y que mientras yo cabalgaba él estimulaba mi clítoris con su mano hizo que no tardara en correrme de nuevo. Al decir que me estaba corriendo Sandra metió su lengua dentro mi boca y comenzó a besarme apasionadamente, aquello hizo que tuviera una corrida bestial.

    Me tumbé nuevamente en el sofá exhausta y Sandra tomo el relevo, se subió encima mirando hacia él y comenzó a cabalgar, mientras él intentaba sin éxito comerse sus enormes pechos, parecía que ella intentaba asfixiarlo. Sandra volvió a correrse nuevamente, pero aun así seguía pidiendo más, se puso de nuevo a cuatro patas contra el sofá y él volvió a penetrarla, esta vez fui yo la que se puso junto a ella y él empezó a turnar su coño con mi boca, eso si yo no tenía la misma maestría que mi amiga para encajar los pollazos en mi boca, tras estar así un rato, me introduje un poco entre ella y esta vez fui yo la que comenzó a besarla mientras acariciaba sus tetas, ella empezó a aumentar el ritmo de su respiración y yo no paraba de besarla. Noté que le faltaba poco para correrse, decidí ayudarla con mi mano, sin sacar mi lengua de su boca. Noté como se estaba corriendo bestialmente. Él al notar el orgasmo que Sandra estaba teniendo no pudo aguantar y también se corrió sin sacar su polla de dentro.

    Nos quedamos los tres en esa postura un buen rato. Tras el descanso el chico se vistió y se fue.

    Sandra me invitó a ducharme, me duché y seguidamente ella, mientras hablábamos de la experiencia que acabábamos de vivir. Nos dio tiempo a tomar una cerveza, me sorprendió que pese a habernos enrollado mientras follábamos, ella seguía con la misma naturalidad que dos amigas puedan tener.

    Nos despedimos hasta otro día. Y me volví sin ningún remordimiento como los que solían darme, en el coche durante el trayecto, me di cuenta que ya no había vuelta atrás, era una buena puta.

  • Asistencia técnica a domicilio

    Asistencia técnica a domicilio

    La vida transcurría con cierta monotonía.  Diferentes trabajos me fueron llevando cada vez más hacia las computadoras, justo en el momento en que se hacían más populares (en los primeros años de Internet) y mi especialización era cada vez mayor. De a poco, comencé con un «cliente» que me recomendó a otro y así… me encontré con un buen ingreso al margen de mi trabajo «oficial» que al poco tiempo abandoné. Comenzaba la independencia laboral…

    Así conocí mucha gente entre ellas a Vivi quien vivía más o menos cerca de mi casa, de camino a un cliente importante que tenía… Era no muchos años mayor que yo y dueña de un cuerpo «normal». O sea, era linda y muy agradable, con un buen cuerpo, pero ni una modelo ni una actriz porno. Consiguió mi numero por alguien conocido de ambos y me llamó para pedirme ayuda con un problema en la configuración de su modem 56K (hagan cuentas de la época). Como estaba cerca, quedamos en vernos la tarde noche siguiente en su departamento. Vivía sola.

    Puntualmente llegué. Un dos ambientes muy bonito y luego de los saludos me contó con más detalle su problema aunque la explicación no era suficiente. Le pregunté dónde estaba el equipo… que obviamente estaba en el dormitorio porque no lo veía en la habitación donde estábamos.

    Como no había mucho espacio, estaba sentado en los pies de su cama viendo la pc con ella a mi lado. Le conté que estaba haciendo, por donde podía pasar el problema, etc. etc. Trivialidad. Si la noté un poquito nerviosa al hablar, ese tipo de inquietud que nos damos cuenta que puede derivar en una potente tensión sexual que la habitación tendría que contener. Me acerqué un poco más a ella al explicarle y notamos como nuestra respiración se hacía más y más agitada.

    Nada como el mouse de una pc para tomar su mano como «al descuido»…

    Le pedí que use la pc normalmente para ver si algo «podía estar mal» y mientras lo hacía pasé mi brazo por detrás de su espalda, casi abrazándola. No lo rechazó y por el contrario, parecía estar a gusto. Pensé que ya estaba el camino libre. Sin embargo, cuando la tensión era máxima dio por «terminada» la visita. Un breve diálogo (se la notaba muy agitada), saludos y quedamos en hablarnos.

    Así pasó el primer encuentro.

    La mañana siguiente la llamé temprano (habíamos hablado de nuestros hábitos y horarios) con la excusa de saber si todo estaba bien con el modem; le dije que había encontrado una nueva versión del driver y si podía pasar para terminar «el trabajo». Me preguntó si podía ser ahora… y allá fui. Obviamente a ninguno de los dos le preocupaba el modem, internet o Windows.

    Toqué el portero eléctrico, llegué a su departamento. Golpeé suavemente y me abrió… y que sorpresa me llevé!!!

    Pero se las dejo para el siguiente relato… noooo… no los voy a dejar con la intriga.

    Entreabrió la puerta, no mucho, y la vi… estaba con un hermoso camisón muy corto, bastante transparente que dejaba entrever su ropa interior. Su cara de recién levantada lucía radiante. Estaba muy linda. Entré rápidamente (por los vecinos) y tarde 1 segundo en besarla… demasiado tiempo.

    Nos acariciamos apoyados en la puerta. Ya estábamos ardiendo. La tomé en mis brazos, ella cruzó sus piernas por detrás (un abrazo como de koala) y fuimos al dormitorio. Nos sacamos la ropa mientras mi mano buscaba su vagina, aunque no depilada por completo si muy cuidada. Y primero un dedo… luego otro mientras seguíamos besándonos alternado sus pechos y la boca.

    Ya desnudos, puse la cabeza entre sus piernas y comencé un hermoso juego de lengua vs clítoris. Esos juegos donde ganamos ambos… El sexo invadía su habitación y cuando intenté penetrarla me pidió que lo hiciera con cuidado. Ahí me di cuenta que hacia bastante tiempo que no tenía acción.

    Lentamente la penetré y comenzó a gemir y cada gemido aumentaba más mi calentura en un círculo sin fin. Los orgasmos y los polvos comenzaron a sucederse rápidamente. La habitación explotaba. Nuestros cuerpos también.

    En una «pausa» me desparramé sobre la cama y ella comenzó a chupármela. Lo hacía muy bien, no era una profesional, pero me llenaba de satisfacción. Sin querer miré el reloj: debía avisar a un cliente que cancelaria una reunión. Vivi lo entendió y me dejó hablar aunque mientras conversaba siguió chupándolo… cada vez mejor. Les aseguro que es bastante difícil concentrarse en una situación de este tipo, ya estaba a punto de acabar y no podía terminar la charla. Su lengua solo me permitía contestar con monosílabos hasta que mi leche llegó a su boca. Una imagen hermosa la de su boquita chorreando un hilo de semen mirando a los ojos con una sonrisa.

    Así seguimos un rato más hasta que ya teníamos que continuar con nuestras ocupaciones.

    Hubo más encuentros con ella, muy hermosos, pero que les contaré próximamente.

    Saludos.

  • Mi primera vez de sexo en la calle

    Mi primera vez de sexo en la calle

    Salí a ver a mi amigo, llevaba puesto un pantalón algo ajustado del cual mi cola era muy visible, una blusa que se sostiene con un resorte y de mi pecho y deja libres y desnudos mis brazos, mi busto no solo se ve el principio y la tela hace lo demás, una chamarra deportiva y ya.

    Mi amigo pasó por mí y me llevó a un bar en el centro del pueblo, las calles estaban poco concurridas, había personas paseando y divirtiéndose.

    Pedimos una copa y charlamos de cosas sin importancia de personas conocidas de lugares bonitos.

    Tomamos unas dos o tres copas y salimos de ahí, caminamos por esas lindas calles y su brazo estaba en mis hombros, y el mío en su cintura.

    Nos besamos varias veces, quien nos viera diría que éramos una pareja de enamorados charlando y riendo.

    En una de esas calles que pasamos una pareja estaba bajo el dintel de una puerta tocándose, el hombre acariciaba a la chica descaradamente y ella se dejaba hacer con ese miembro en su mano, eso me perturbó y pensé que era lindo.

    Mi amigo me llevó a una casa cuya entrada estaba oscura y me empezó a besar cuando desabrochó mi chamarra y solo tuvo que jalar mi blusa y mis pechos quedaron a su disposición desnudos y suaves y él los besó y acarició.

    Sus manos recorrieron mis piernas y mi cadera sobre el pantalón y mi vientre se prendió cuando su mano pasó entre mis piernas.

    Desabrochó mi pantalón y lo dejó bajo hasta mis nalgas mientras me hacía estremecer con sus caricias y su toqueteó.

    Tomó mi mano y la puso en su verga y la sobé, mis ojos cerrados y mis suaves gemidos delataban el placer que sentía su verga ya dura lo delataba a él.

    Con la blusa en la cintura y mi pantalón bajo mis nalgas, solita me arrodillé lo saqué de su pantalón y lo empecé a chupar y lamer a darle placer, él estaba excitado y me decía que era un idiota por no haber hecho esto antes.

    Que era una puta y qué manar vergas era lo mejor que había sentido.

    Antes de venirse me detuvo y me ayudó a levantar, me abrazó y sentí su verga en mi vientre y desee que la metiera y le rogué que lo hiciera me miró y seguro vio mis ansias de placer mis ganas de ser poseída y mi poca resistencia a su pasión.

    Miró hacia todas partes y me puso frente a la puerta bajo mi pantalón a las rodillas y me penetró.

    Al entrar su miembro en mi sentí un gran alivio, cerré los ojos y me fui de ahí. Me fui a tu lado y sentí como tomabas posesión ahí en la calle como a una perrita en celo.

    Cada embestida era una bendición y cada manoseo una delicia.

    Me quitó la chamarra y me tuvo así desnudando, si alguien pasaba vería mi cuerpo desnudo siendo penetrado con gran fuerza y ansias.

    Pero nadie pasó.

    Cuando terminó sonrió y me dijo que siempre había tenido de hacerlo así en la calle que era su fantasía y me besó con agradecimiento.

    Me subió el pantalón y me vistió.

    Caminamos y llegué a casa, me metí a dar un baño y como aún sentía ganas de más busqué algo para satisfacer mi ansiedad.

    Solo encontré un mango de madera que es parte del armazón de la cama no es grande ni grueso, más bien como del tamaño de un miembro promedio. Cerré la puerta y estuve metiéndolo dentro de mi, moviéndome y pensando que esa rica sensación que me daba era la que tú verga me da a mí, me vine. Me senté y sonreí satisfecha.

  • Tu novia no te merece

    Tu novia no te merece

    No somos amigos vos y yo, apenas somos conocidos por compartir grupo de amigos. No voy a mentirte, nunca me caíste bien. Y es por eso que te voy a contar una historia, para que tu novia se deshaga de una persona como vos.

    Desde la primera vez que los vi esa vez en la casa de Iban, recuerdo como tratabas a Natalia. Creo que tus chistes groseros la incomodaban, y la tratabas con algo de desprecio, eso se notaba. Realmente nunca entendí como pudo darle lugar a alguien como vos.

    Con ella hablamos varias veces, ya que la dejabas sola porque preferías seguir emborrachándote a compartir un momento entre amigos. Y es así que esas navidades en que vomitaste y estabas casi desvanecido, le di mi número para que me avisara cuando llegaran a tu casa. Cada tanto hablamos, y siempre sentí que ella confiaba en mí, a diferencia de vos.

    La semana pasada, cuando salí de trabajar me llegó un mensaje. Era tu novia que quería venir a mi casa a tomar unos mates, creo que no lo sabías, pero no estaba en la casa de su amiga, vino a mi casa. Y si, tomamos unos mates y me contó que te encontró un mensaje de whatsapp con una chica. Al parecer no sos el único con secretos. La vi llorar, ella te amaba y no merecía pasar por esta situación. Pero tranquilo, yo la consolé y le dije que era una persona valiosa. Se fue recomponiendo, hasta que la llamaste. Dejé que hablaran y me fui a fumar un porro al patio.

    Ella se acercó a mí cuando terminó la llamada y me pidió unas secas. Me contó que le dijiste que saldrías con un amigo a tomar algo y que volverías tarde. Una excusa bastante gastada, por cierto. En su cara noté la decepción, creo que en ese momento su amor se fue al tacho. Nos sentamos en el sillón y ella tenía una expresión distinta en la cara, estaba relajada, como si se hubiera sacado un peso de encima.

    Me sonrió y me acarició la verga, y sabes que me preguntó? Si me gustaba que me chuparan la pija. Creo que no habían pasado ni dos minutos que había cortado la llamada con vos. “Espero que te guste como te la chupo”, me dijo mientras me bajaba el pantalón.

    Y la verdad es que no sólo me gustó, me encantó. Tiene una boca muy sabrosa. Me decía que la tenía grande mirándome a los ojos mientras se sacaba la ropa, creo que tu novia lo estaba disfrutando mucho. Sentía la suavidad de sus tetas entre mis piernas mientras con su lengua me chupaba los huevos y me pajeaba, se la metía en la boca lo más que podía, aunque no le entraba toda, se esforzaba, realmente esa hembra no te merece.

    Jugué con su conchita para que se calentara aún más porque te juro que se la hubiera metido de una de lo caliente que estaba y ya me había dejado la pija chorreante con su saliva. Entre gemidos me dijo que quería sentirme adentro suyo y abrió sus piernas, no la hice esperar. Se la metí toda. Estaba toda mojada, me dijo que lo hacía muy bien, así que si estás interesado podría darte algunas lecciones sobre cómo tratar a una mujer.

    Sobre el final se me puso a cuatro patas, por Dios, su culo es in-cre-ible, dijo que esa posición le encantaba, y eso me súper calentó, tuve que sacársela para no acabar en ese instante. Se la seguí metiendo un poco más y le pregunté si podía acabarle adentro. Pero tu compañera quería que le diera la leche en las tetas. “Te pajeo con mis tetas”, soltó con su voz tan caliente. Vaya mujer tan hermosa, pero su culo me tenía a mil. Te cuento otro detalle, cuando le sacaba la verga y se la metía toda, tu novia gemía más.

    Hasta estuve jugando con un dedo en el agujerito de su culo, juro que en algún momento se lo voy a meter por ahí. La nalgueé un par de veces más y tenía la pija tan caliente que no me dio tiempo y sobre su espalda y culo la llene de leche.

    Como te dije, tu novia estaba aliviada. Hasta tenía una sonrisa. Se duchó porque habíamos transpirado un poco y para sacarse toda mi leche pegajosa de la espalda. Y cuando salió del baño con el olor a mi shampoo y a mi jabón me la volvió a chupar. Realmente quería que le acabara en las tetas y cumplí con sus deseos. Aunque fueron lechazos menos espesos, creo que le gustó igual porque con sus dedos se la desparramó y hasta la probó metiéndose los dedos a la boca.

    Nos volvimos a duchar juntos. Con cariño nos enjabonamos y aunque la invité a que se quedara, se fue a tu casa a esperarte con miedo de saber cómo llegarías esa noche.

    Tengo una casa grande y ahora ella está viviendo conmigo, le di un lugar provisorio para que se quedara el tiempo que quiera después de haberse peleado con vos. Así que quédate tranquilo que yo la cuido mientras te divertís con alguna amiga o malgastas tus neuronas ahogándolas en alcohol.

    Te mando un abrazo y suerte en la vida, Nacho.

  • La amiga de mi madre (Parte I)

    La amiga de mi madre (Parte I)

    Maritza, es una amiga de mí madre desde su infancia. Ronda alrededor de sus 38 años. Es una mujer de 1.65 m de altura, cabello castaño oscuro, no es de complexión muy delgada sin embargo eso no evita que posea una figura muy sensual. Sus pechos de un generoso tamaño se dibujan en su ropa como dos gotas de agua, son firmes para su edad y he notado que no parecen necesitar de sostén para que permanezcan en su sitio.

    Su cintura no es tan delgada, pero la anchura de sus glúteos dibuja sus voluminosas curvas haciéndola ver muy sensual y apetecible. Sus piernas son robustas pero bien formadas y no hay signos de flacidez por ninguna parte de su cuerpo. Para su edad está muy bien conservada.

    Ella nunca se casó ni tuvo hijos. Intentó llevar una vida de pareja con un sujeto pero el tipo era un irresponsable. Después de dos historias similares decidió optar por la vida de soltera.

    Los últimos 2 años han sido un poco complicados para ella en cuestiones laborales y económicas. La terrible situación sanitaria y las medidas de cuarentena habían terminado de complicar su condición.

    En busca de una solución a su problemática decidió emprender y convirtió la sala de su casa en un local de venta de ropa americana a precios bajos.

    Aun así el negocio no parecía ir del todo bien. En un par de ocasiones le escuché contar a mi madre que las ventas eran muy escasas y que apenas lograba cubrir los gastos de comida y servicios.

    El sábado por la mañana me dirigía al supermercado. Pasé frente a su casa, que me queda de camino, pude verla sentada, recostada en el mostrador, su local no tenía cliente alguno. Aburrida ocupaba su tiempo husmeando en su celular mientras esperaba la visita de algún cliente.

    Esa escena me pareció triste, de vuelta a casa decidí pasar por su local y comprar alguna prenda para tratar de alegrarle un poco el día.

    -¡Hola!, ¡Quiero toda la ropa del local por favor! –entré, bromeando alegremente para animarla.

    -Hola muchachón, que gusto verlo, pase, con gusto empacaré todo –respondió mientras reía de mis ocurrencias.

    Me acerqué hasta el mostrador donde estaba, la saludé con un beso en la mejilla como era costumbre y posé mi mano suavemente sobre la suya en el mostrador.

    -¿Qué tal está Mari, como le ha ido?

    -Aquí, haciendo la lucha como siempre, pero el negocio está muerto estos días, a usted ¿qué tal le va?

    -Normal, todo tranquilo, ahí viendo qué hacemos.

    -¿Qué tal su mamá, están todos bien en casa?

    -Si gracias a Dios todos estamos bien, tratamos de no salir mucho por esto del virus –dije mientras comenzaba a husmear entre la ropa que tenía a la venta.

    -Me alegra mucho y ¿que cuenta la novia? –me preguntó en son de broma, pues sabía qué hace tiempo que estoy soltero

    -¿Novia?, yo no sé qué es eso Mari, es pecado. –le dije riendo.

    -Ya va siendo hora de que se consiga una linda muchacha, tengo que conocer a sus hijos aún.

    -Jaja no Mari, tranquila, no me apresure que yo estoy bien así, por el momento. Además quien sabe, a lo mejor y me quedo soltero. A usted no le va tan mal.

    -¡Ay no! No diga eso, usted tiene que hacer su vida. Si supiera, no siempre es tan bueno estar solo como pudiera parecer. –me respondió con un tono un poco desalentador.

    -Ánimo Mari, ya verá que las cosas van a mejorar, usted sabe que cuenta con nuestra familia, en especial conmigo… y para que vea, quiero comprar un par de cosas, ¿tiene donde pueda probarme esto?

    -Ay tan lindo, gracias, si claro. Venga por aquí tengo el vestidor.

    Yo había escogido un par de playeras, un pantalón y una bermuda. Ella me mostró el vestidor, detrás del mostrador principal. Era un espacio angosto que ella había acondicionado.

    Comencé con las playeras, una me quedó bien, la segunda era muy pequeña. Hacía calor, así que decidí quedarme sin camisa mientras me probaba las demás prendas. El pantalón me quedaba, pero era demasiado ajustado para mi gusto.

    Cuando me incliné para probarme la bermuda la cortina se abrió levemente, pude ver el enorme trasero de Maritza que se encontraba apoyando sus codos sobre el mostrador mirando su celular.

    Llevaba unos leggings grises, una blusa corta de tirantes que se subía fácilmente sobre sus prominentes glúteos. Podía ver su diminuta tanga marcarse por debajo de esos apretados leggings. Sus pechos posaban delicadamente sobre uno de sus antebrazos en el mostrador. Maritza parecía haber subido un par de kilos esa temporada, pero los había ganado exclusivamente en sus glúteos y tetas, lo cual la hacía ver más sensual que de costumbre.

    Una intensa erección brotó entre mis piernas. Llevaba rato teniendo deseos de intentar algo con Maritza, y aquel sería el momento perfecto.

    -¡Mari! –grité

    -Si dígame –dijo mientras se acercaba al vestidor.

    -¿No tiene una talla más grande de bermuda? Esta me quedó muy pequeña, mire –le dije riendo.

    Abrí la cortina para mostrarle, la bermuda no me cerraba en la cadera, desabrochada, con el zipper abajo y con el enorme bulto de mí erección que sobresalía entre la prenda, le mostré.

    Maritza me miró de una manera lasciva que jamás había demostrado. Trató de disimular pero fue inevitable notar que observaba mi paquete mientras fingía ver la bermuda. Me miró sorprendida y en silencio por unos segundos para luego reaccionar.

    -Ah, ya veo, si claro, buscaré una más grande y se la traigo.

    -¡Gracias Mari! –me quedé dentro del vestidor acariciándome el pene mientras fisgoneaba el trasero de Maritza balanceándose al caminar.

    Luego de un rato regresó con lo solicitado.

    -Encontré una talla más grande, pero no del mismo color, esta es negra –dijo, acercándose a la cortina del vestidor.

    Perfectamente pudo colgar la prenda por arriba de la cortina para que yo la tomase. Pero no, se quedó parada frente a la cortina como esperando que yo saliera a recibirla de sus manos.

    -Bueno, no hay problema, lo importante es que me quede –abrí la cortina nuevamente. Esta vez me encontraba casi desnudo. El bóxer era la única prenda que tenía puesta y que cubría la enorme erección que el cuerpo de Maritza me provocaba.

    -Sí, déjeme ver cómo le queda esa –me dijo, manteniendo la cortina abierta con una de sus manos.

    Maritza me miró de pies a cabeza mientras yo me colocaba lentamente la prenda. Sus ojos brillaban de deseo, su voz estaba temblorosamente nerviosa y una humedad leve podía notarse sobre sus leggings entre sus piernas.

    -Mmm, me parece que esa le queda bien, dese la vuelta, déjeme ver –dijo observando mi trasero mientras me giraba.– si definitivamente te queda muy bien, bonito bóxer por cierto, ¿qué marca es?

    Su pregunta era inusual, pero la curiosidad y el morbo de la situación hicieron que le siguiera la corriente.

    -American Clothes, creo.

    -¿Y te gusta usar de esa marca?, creo que tengo un par de esos que podrían interesarte –dijo mientras se giraba agachándose para buscar en el mostrador los dichosos bóxer.

    Podía ver como sus glúteos se ensanchaban y abrían cuando se inclinaba. Se puso en cuatro bajando su cabeza lo más posible, hurgando en el mostrador y dejándome su culo como espectáculo para que lo disfrutara. Los labios de su vulva se marcaban en sus leggings apretados y la humedad que dejaban escapar había hecho una mancha oscura en la tela que se expandía lentamente hacia sus muslos.

    Mi pene estaba duro y enorme. La humedad en la punta de mi glande había marcado mi ropa interior.

    -Aquí están –dijo, levantándose y llevándome las prendas.– Uy mira nada más, creo que si los necesitara después de todo. –dijo mirando mi evidente humedad.

    -Supongo que sí me servirán –respondí mientras tomaba las prendas.

    Se sentó en un banquillo frente a mí, con las cortinas abiertas y se quedó mirándome.

    -Bien, adelante muchachón, quiero ver cómo te quedan esos calzoncillos.

    Bajé lentamente mi ropa interior, como dejando que ella disfrutara de lo que veía y parecía gustarle mucho. Un enorme pene de 19 cm salió de entre mi ropa. Estaba totalmente erecto, hinchado fuertemente, las venas recorrían toda su longitud desde el tronco al glande. Una inflamada cabeza brillaba en un extremo y por el otro extremo, debajo, unos testículos colgantes, completamente llenos y urgidos por descargarse.

    -Vaya, se ha convertido en todo un hombre. –dijo Maritza con un tono de excitación y lujuria.

    -¿Le parece?

    -Claro, no había visto un pene de semejante tamaño jamás. No entiendo como sigues soltero. Con semejante herramienta ha de volver locas a las chicas.

    Los pezones erectos de Maritza resaltaban de su ajustada blusa, sus pechos se asomaban levemente fuera de sus tirantes. Deslizó sus manos al medio de sus piernas, apretujando y levantando sus pechos con sus bíceps. Sus manos comenzaron a acariciar su sexo delicadamente. Sus fluidos habían escurrido en el banquillo que ya se notaba húmedo.

    Me acerqué a ella, me incliné buscando su boca con la mía y la besé apasionadamente mientras una de mis manos hurgaba entre sus sostén apretando sus exquisitas tetas. Su boca estaba ardiendo, su agitada respiración mostraba su desenfrenado deseo alimentado por la larga abstinencia de la soltería.

    Me incorporé frente a ella y acomodé su cabello atrás de su cabeza y la sujeté. Acaricié su mejilla y suavemente bajé su barbilla abriendo su boca la cual ya estaba salivando viscosamente. Asomé mi glande a su boca y de forma hambrienta Maritza comenzó a devorar mi verga con fuertes succiones. Masturbaba mi pene desde la raíz mientras se comía el otro extremo. La calidez de su boca era exquisita. Sus pechos colgaban balanceándose libres luego de haberlos sacado con mis manos.

    Estaba cumpliendo una maravillosa fantasía que hace tiempos deseaba. Lo que lo hacía más excitante era el hecho de que la entrada del su casa seguía abierta, veía a la gente en la calle pasar frente al su puerta mientras Maritza engullía mi verga deliciosamente. En cualquier momento podría entrar alguien y pillarnos en el acto.

    Saqué mi verga de la boca de Maritza, me arrodillé frente a ella que seguía sentada en el banquillo, sus tetas quedaban a la altura de mi boca y comencé a degustarlas con ansias.

    Lamí la periferia de sus pezones para luego mamar como un recién nacido aquellas tetas, succionaba fuertemente mientras jugueteaba su pezón con mi lengua. Mientras tanto una de mis manos apretaba su otro pecho y la otra mano masajeaba su vulva que destilaba jugos lubricantes en sus leggings.

    -Oh! Ah! Que delicia, uf! No puedo creerlo, esto no está bien Donni, ah! –me decía Maritza.

    -Acaso ¿no era esto lo que querías?, eres una zorra y ahora por fin serás mía –le decía descortés.

    El decoro entre nosotros había bajado a nivel de iguales. Ya no había más “usted” respetuoso. Ahora éramos amantes.

    Llevé a Maritza hasta el piso y una vez tumbada sobre su espalda, le arranque sus mojados leggings junto con su ropa interior. Su sexo era impresionante, ella llevó sus rodillas a sus pechos sujetando sus piernas y yo me lancé a devorar su hermosa vulva a placer.

    Sus labios eran carnosos, rosáceos, estaba totalmente depilada, sus fluidos vaginales escurrían por su ano. Bajé hasta su vagina, abrí su vulva con mis dedos y un clítoris endurecido emergió entre ellos. Inmediatamente comencé a lamerlo, lo lamía como un niño lame su paleta, endurecía mi lengua para meterla cuanto pudiese en su vagina.

    Ella gemía incesantemente de placer, se estremecía, sus piernas temblaban y su abdomen se contraía con cada lengüetazo. Introduje dos dedos y comencé a moverlos estimulando su punto G. Ella gozaba, apretaba mi cabello con su mano y acariciaba mi cabeza mientras yo devoraba aquel festín.

    De repente, escuchamos unos pasos entrar, era Jazmín, una amiga de Maritza…

  • Con los pies de Jazmín

    Con los pies de Jazmín

    Jazmin es una chica que la ubicaba por la universidad, pero nunca le hablé ya que ella iba un año abajo que yo, pero si la llegaba a saludar cuando me la topaba.

    Empezó cuándo iba a hacer un compañero una comida gracias a su cumpleaños, pero no iba a ser fiesta solo una reunión de amigos ya qué su fiesta y su cumpleaños habían sido una semana atrás,

    Quedamos de ir como 10 o 15 personas a su casa ya que sus padres no estarían era día domingo, yo iba con mi amigo Erik y cuando llegamos estaban todos ya en su casa así que eran las 8:00 de la noche y ahí llego Jazmin con unos pantalones y camisa blanca y unos tenis que a simple vista parecía que no usaba calcetines.

    Llego más tarde que todos a eso de las 9:00 que porque sus padres insistieron en llevarla, transcurrió todo normal en la reunión hasta que se hizo la 1 de la madrugada ahí fue cuando algunos compañeros ya estaban un poco ebrios, Jazmin era una de ellos, pero no estaba al 100% si no que apenas se le notaba un poco en la voz, después de un rato nos metimos adentro de la casa porque estaba haciendo un poco de frío afuera.

    Ellos se pasaron a la cocina yo casi esperando que se fueran algunos para no ser el primero en irme me fui a sentar al sillón de la sala ya que estaba la tv encendida, cuando como a los 10 minutos llegó Jazmin a sentarse muy sonriente al sillón al lado mío, empezó a preguntarme cosas de mi como para entablar una conversación así estuvo por los siguientes 10 o 15 minutos siguientes.

    Hasta que se puso cómoda en el sillón recostando su cabeza en la orilla del sillón y poniendo sus pies alado mío, yo al ver esto empecé a ver que tenía cara de querer dormirse, me armé de valor y le pregunté sin pensar que si quería que le diera un masaje a sus pies ya que se le veía cansada a lo que ella respondió un poco extrañada.

    -Haz dado masajes antes a los pies de alguien?

    Le respondí que la había dado algunos masajes a primas y era cierto, entonces acepto que le diera el masaje, coloco sus pies aun con tenis sobre mi pierna derecha, empecé a quitarle el tenis derecho, al quitárselo tenía unos calcetines de tobillo que era lo que pareciera que no tenía puestos calcetines, así mismo le quité el otro tenis, agarre su pie derecho y con toda la intención lo coloqué sobre mi pene,

    Obviamente lo hice sin apoyar su pie demasiado para que no se diera cuenta, todavía recuerdo que se sentía tibio su pie con calcetín empecé a darle un leve masaje intentando que fuera relajante, después de unos 20 minutos haciéndolo mis compañeros dijeron que irían a la tienda a comprar, Jazmin dijo que iba, pero al ver que irían caminando se arrepiente y solo pide el encargo, así que se recuesta de nuevo poniendo sus dos pies en mis piernas otra vez.

    Esta vez intenté poder disfrutar más y agarre sus pies y los puse los dos en mi pene ella no lo nota ya que nunca se imagina de mi fetiche, aun con los calcetines puestos le empecé a dar el masaje, cuando llegaron los compañeros me dijeron que para que le daba el masaje si ya estaba con los ojos cerrados, me había perdido en sus pies que no me di cuenta que se había dormido le dije que no importaba, ellos salieron al patio trasero.

    Le seguí dando el masaje, para asegurarme de que no estuviera despierta la llame por su nombre varias veces y no hubo respuesta así que saqué el pene gigante que tenía guardado poniéndolo entre los dos pies tenía que ser muy cuidadoso ya que la puerta del patio trasero era de vidrio transparente, ya que los calcetines de Jazmin eran de tobillo no batalle en quitarlos sin ser brusco solo quite la parte del tobillo dejando los dedos aun adentro del calcetín.

    Empecé a pegar suavemente mi pene en su planta y tobillo que se sentía todo su pie tibio, rápidamente se lubrico su pie tenía que acabar ya si no quería que me descubrieran los de atrás me pare un poco y metí mi pene entre su calcetín de tobillo y sus dedos aún recuerdo el calor que se sentía en el nepe y con el saber que lo estaba haciendo a escondidas y en cualquier momento podía ser descubierto era una sensación inexplicable pero excitante a la vez.

    Sentía que no podía aguantar más toda la carga, hasta que no aguante más y le llene los dedos del pie derecho de semen, la carga fue tan grande que su calcetín estaba empapado de la carga, había hecho un desastre le quité el calcetín rápidamente llevándolo al baño para limpiarlo lo más que pude.

    Después tuve que limpiar el pie derecho por suerte no había señal de Jazmin querer levantarse ni de un amigo entrando a la casa, le coloqué el calcetín otra vez aún estaba un poco mojado cuando se lo coloqué para que no hubiera sospechas de Jazmin cuando se despertara yo mismo la levante en ese rato.

    La desperté diciéndole que ya me iría a mi casa ella se levantó para sentarse en el sillón, no había señal de que hubiera sentido algo raro en su pie o calcetín después de unos 2 o 3 minutos hablando se iba a poner los tenis, ahí yo ya estaba un poco nervioso, al ponérselos y pararse no dijo nada esto me tranquilizo.

    Después de ese día no he hablado mucho a Jazmin, pero me quedo con el recuerdo de sus pies.