Autor: admin

  • Noche de placer sin límites

    Noche de placer sin límites

    En la cama ambos nos acostamos de costado mirándonos de frente, yo empiezo a tararear la canción de Aerosmith que se escucha de fondo mientras cierro los ojos. Siento que me acaricia el pelo quitándomelo de la cara 2 veces, y en la última vez se acerca y me da un beso suave en la boca de esos que te humedecen los labios, son perfectos.

    Empieza a sonar mi tema preferido, entonces me acerco a él para sentir su calor, con una mano lo rodeo por la cintura como abrazándolo mientras mi boca busca su cuello para darle besos cortitos. Él pasa su brazo para abrazarme y de un momento a otro quedamos nuevamente frente a frente con esa pequeña distancia. Vuelve a besarme, pero ahora sosteniendo mi cabeza para asegurarme que no me voy a ir. Mis manos recorren su espalda de arriba hacia abajo y viceversa. Meto mi mano por debajo, ¡necesito su piel!

    Se da vuelta para quedar boca abajo y su piel irresistible me anima a llenarlo de besos por la espalda, pero comienzo a acariciar su cabezada y recorro su espalda con las yemas de mis dedos (ese contacto mínimo pero necesario). Le doy la espalda y él hace lo mismo conmigo hasta que me sujeta por la cintura y se acerca para quedar pegados, en ese momento me doy cuenta que las caricias surtieron otro efecto.

    Me hace cosquillas entre el oído y el cuello solo para molestarme entonces me doy vuelta y lo beso más apasionadamente. Mientras está distraído con el beso voy insinuándole que me haga un lugar y me coloco arriba suyo. Éste es el momento de quitarle la remera y recorrer su pecho con besos bajando hacia su pelvis. En el borde de su bóxer me detengo y comienzo a bordearlo con la lengua para generarle cosquilleo.

    Mientras ese cosquilleo sucede, mi mano busca su miembro para tocarlo por arriba de la ropa (me gusta hacerlo humedecer con la ropa puesta). Una vez que lo logro, sigo mi descenso y le quito la poca ropa que le queda. De la misma manera, me desnuda de las caderas para abajo. Solo conservo la remera solo porque me gusta que me la quite él.

    Comienzo a practicarle sexo oral, mojar su miembro entero, estimularlo bien, sentir su leve jadeo, él me lo hace saber acariciando mi cabeza y sosteniéndome el pelo.

    Cuando mis ganas no aguantan más y necesito su contacto vuelvo arriba y sin rodeos me coloco arriba para que me penetre lo más profundo que pueda. Con leves movimientos voy acomodándome al placer, el busca sentir más piel y me quita la remera. Frota mis pechos y me pellizca los pezones provocando movimientos más enérgicos.

    Suena “Dream on”, apenas puedo reconocer la música porque el momento me distrae. Mi pelvis necesita más de él y el ritmo se empieza a acelerar. Con mi lengua recorro sus labios y lo muerdo levemente (sé que lo hace enloquecer y querer más). Sujetándome el cabello me lleva a un beso pidiéndome más. Yo logro llegar a una posición en la que puedo disfrutar de que me chupe los pezones mientras mis movimientos son más repetitivos. Mi clítoris quiere más y no quiero parar porque sé que me voy a venir.

    De pronto él quiere llevar el control y me mueve quedando atrapada abajo suyo. Sus penetraciones son cada vez más duras y constantes cortándome la respiración.

    Por un lado deseo que no pare nunca, pero me voy a correr. Entonces le digo que me acabe así lo hacemos juntos.

    La situación de placer explota, siento sus fluidos tibios dentro de mí y cómo todo se comienza a relajar. Cae desplomado arriba mío y mi gula no se contiene. Con él arriba mío empiezo con unos leves movimientos para seguir estimulando mi clítoris hasta acabar nuevamente.

    Ambos tomamos un respiro y disfrutamos el aire frio que toca nuestros cuerpos hasta que logramos recomponernos. Se acuesta a mi lado, le vuelvo a practicar sexo oral saboreando los restos hasta que su miembro queda dormido en mi boca. Amo sentir como su piel se vuelve más suave.

    Me pongo la remera y mi ropa interior para meterme en la cama extasiada, lista para dormir.

    De costado, ya con los ojos cerrados, le digo buenas noches y con mi mano busco su oreja para tocarla hasta caer dormida.

  • Explotando en deseo

    Explotando en deseo

    Antes que nada soy Damaris y quiero contar algo que me pasó hace algún tiempo atrás. Yo soy una mujer de una estatura de 1.65, piel blanca, según dicen de cara bonita, caderas pronunciadas, una pequeña cintura y unas tetas divinas.

    Hace unos meses atrás mi novio Junior y yo nos encontrábamos distanciados por nuestros trabajos, literal nos separaban casi 10 horas de camino. En un principio todo estaba normal y él pasaba loquito por mí, y no había día que no habláramos por teléfono. Y algunas ocasiones teníamos sexo cibernético.

    Pero después de un tiempo empecé a notar que él ya no respondía mis mensajes o llamadas, y me daba muy poca atención. Entonces empecé a suponer que tenía a alguien más y se lo pregunté varias veces, y no me daba respuesta.

    Una mañana yo iba manejando rumbo a mi trabajo y me entró una llamada y era Junior, me pareció raro que me llamara tan temprano, y cuando conteste él me dijo: “tengo que hablarte claro”, en ese momento supe que venía algo fuerte para mi. Y así fue pues su conciencia no lo dejaba y terminó por confesarme que estaba viviendo con otra mujer. Me quedé fría y solo respondí, “ok bien por ti” y mi voz se quebrantó pues me rompió el corazón. Le colgué el teléfono y no quise saber más.

    A los días en la madrugada sonó mi teléfono y para mi sorpresa era Junior y rápidamente respondí, pero solo escuchaba voces, parecía que él y la otra mujer acababan de llegar algo pasados de copas a su casa, y accidentalmente se marcó el teléfono. Yo me quedé escuchando lo que hablaban y escuchaba sus risas, la verdad parecían muy felices. Y aunque me dolía mucho escuchar que él le decía cosas lindas a ella, me quedé en la línea por un rato.

    Y de pronto empecé a escuchar unos gemidos de esa mujer y moría de celos, pero lo curioso fue que me excitó escuchar que estaban ahí cogiendo y yo dándome cuenta de todo. Empecé a sentir una tremenda humedad en mi vagina y metí mi mano por debajo de mi tanga y lo que hice fue abrir un poco mis labios vaginales y empecé a acariciar mi clítoris entre más fuerte gemían yo con mi mano frotaba mi clítoris y sentía delicioso.

    De pronto ella le dijo a Junior que le lamiera las tetas y gemía como perra y yo empecé a desnudarme y a tocar mis hermosas tetas y a jugar un poco con mis pezones, el escuchar la respiración agitada de mi novio me excitaba más. Deseaba estar ahí y enseñarle a esa mujer como le gusta a él que lo atienda una verdadera hembra.

    De pronto Junior le pidió que se pusiera en cuatro y yo escuchaba ese golpeteo en su culo cuando rebotan los huevos al estar envistiendo duro y eso me prendió aún más. Y agarré mi vibrador y empecé a jugar con mi clítoris, frotaba el vibrador y sentía esas ganas de vaciarme, pero quería esperar a que ellos terminaran. Así que estaba atenta a sus ruidos y aquello se escuchaba de lo mejor. La mujer empezó a gemir tan fuerte y el ruido del mete y saca era una delicia tanto que empecé a meter el vibrador en mi vagina y sentía e imaginaba que mi novio me estaba culeando, y mientras ella le pedía que le diera verga más duro yo me daba más duro con el vibrador, y cada vez más y más duro.

    Sabía que no tardaría en explotar de placer, en ese momento la mujer seguía pidiendo verga más duro hasta que no aguantó y se corrió de placer. Yo también seguía dándome duro, ya estaba muy mojada y decidí esperar un poco cuando escuché a mi hombre gemir como cuando lo hacía conmigo y supe que estaba terminando y no me aguante más y empecé a correrme en mi vibrador y a dar gritos de placer.

    Fue una experiencia que no puedo olvidar siento que fue la mejor masturbada de mi vida. Después de eso colgué el celular y le regresé la llamada para mandarlo al diablo jajaja.

  • Sin compromiso

    Sin compromiso

    Conocí un hombre hace poco más de un año, acepté sin ganas ese empleo y ese día le dije a mi examiga que no quería estar ahí, pero insistió en que la acompañara a esa reunión y luego hablábamos.

    Allí estaba él, era el líder del grupo y aunque su apariencia luce tierna también se le nota lo ¡jodido! ¡Su sola presencia me cautivó! me senté a su lado y no sé porque bajé la vista y vi el bulto que sobresalía de su pantalón corto. Inmediatamente -algo avergonzada- enfoqué mis ojos en otra dirección.

    Él se esforzaba en hablar y aunque lucía despreocupado noté que le guste. Todo transcurrió normal, pero esa imagen se quedó en mi retina. Empecé a preguntarme si él podía llegar a ser esa clásica fantasía femenina del hombre que te toma sin permiso y solo con hablarte al oído te mojas, que te pone a contra pared y te penetra sin parar, que en la ducha te besa y en solo un movimiento baja y succiona con tal perfección que toda la piel se eriza y solo te queda arquearte un poco y gemir, ese hombre que sin conocerte parece tener un mapa de tu cuerpo y sabe cómo y dónde tocar. Me excitaba de sólo verlo y me quedé a satisfacer mi curiosidad.

    Algunas veces recibí unas llamadas, pero no las atendí ni retorné. Intenté limitar la conexión visual en reuniones, pero él es dominante y hacía lo necesario por enfocar mi mirada en él, una vez lo conseguía, salía esa sonrisita y le hablaba a alguien más. Ese juego empezó a gustarme y me acaricie pensando en él. Dos meses después llamé y lo invité a salir, no me importaba que pensara quería verlo al volante y de piernas abiertas. Conversamos por 6 horas, su voz me gustó, sus manos me excitaban y sin mayor esfuerzo acepte su invitación.

    ¡Esa noche fue fatal toda la imagen que había trazado y las mil fantasías que habíamos vivido no eran reales! pero la verga era linda y antes que regresar a mi ex preferí darnos otra oportunidad. Necesitaba que borrara de mi cabeza cualquier recuerdo, que los derritiera todos a punta de placer.

    Visité su apartamento y él supo que buscaba, empezó a besarme a desvestirme hasta decirme al oído “quietica”, se hundía en mi lentamente como esperando que le rogara, sus besos no eran dulces y cada vez se fue tornando más fuerte, con cada embestida me llevaba al límite, se apropiaba de mí, hacía lo que quería y se lo permití -con esa mirada morbosa le permitiría todo- disfruto su salvajismo, disfruto su egoísmo sexual, disfruto que se de placer en mi, disfruto que me haga sentir su posesión.

    Al final, sí lo era, es el hombre de mis fantasías, para él quiero ser la más puta, que me enseñe a serlo, que me devore cada semana sin compromisos, que rompa mi récord de orgasmos, que me coja en un sitio público, que lo ponga en mi boca y me haga mamar mientras conduce, que me dé un striptease, que se masturbe para mi, ser otra más en el cuerpo de ese desconocido, que me ofrezca una copa la llene y tras el primer sorbo de vino lo saque de mi boca lo lleve a mi vagina y se la coma sin pudor.

  • En el departamento en construcción

    En el departamento en construcción

    Hola de nuevo con un relato de lo calientes que éramos mi ex y yo.

    El viernes por la mañana me marcó muy temprano a casa, y me pidió que fuéramos a dejar un dinero que su papá tenía que darle al albañil que estaba construyendo unos departamentos. Así que le dije que solo me dejara bañar e iba por ella a su casa.

    Durante esa semana, nos habíamos visto todos los días, casi siempre a la hora de la comida y a veces a medio día, y como les comenté los dos éramos muy cachondos, cada vez que teníamos oportunidad nos gustaba tener sexo en donde nos dieran ganas, nada más que durante esos días no habíamos podido, ya que como eran vacaciones escolares, sus hermanos estaban en casa y en la mía también estaba mi hermano, y como su papá estaba trabajando por las mañanas, no me dejaba salir por la tarde con ella. Así que solo eran unos fajes que a los dos nos dejaban muy calientes.

    Al llegar a su casa ya me estaba esperando en la puerta, iba vestida de lo más normal, con unos jeans y una blusa de licra morada, se subió al carro y nos dimos un beso muy húmedo y largo.

    I: que bueno que no tardaste mucho, acaba de hablar mi papá y le dijo a mí mamá que tal vez alcance a llegar a ver al albañil.

    Yo: pues no que le tocaba doble turno?

    I: pues eso nos dijo ayer cuando se fue, pero el amigo que le había pedido que lo cubriera, que siempre si llegaba.

    Yo: ok, pues vámonos y espero que no llegue cuando estemos ahí, ya vez que no le gusta que estemos solos mucho tiempo, quien sabe por qué? Jajaja.

    I: pues si ya vez como me cuida, mejor ya vamos.

    Así que arranque y nos dirigimos hacia el terreno donde estaban construyendo, durante el camino que no era muy lejos de su casa, solo comentamos que durante esos días no habíamos tenido sexo. Cuando llegamos al lugar, nos dimos cuenta que podíamos pasar, sin tener que esperar al albañil, ya estaba ahí, así que ella le dio el dinero y le dijo que tal vez llegaría su papá, él nos dijo que estaba bien y que si queríamos podíamos ver cómo iba la construcción, que no tardaba mucho.

    En cuanto se fue y cerró la puerta, ella me dijo, vamos a subir a ver qué tal se ve, así que subimos por la escalera típica de las construcciones, de madera y no muy estable, le dije sube tu primero, quiero ver tu hermoso trasero, mientras yo subo atrás de ti.

    Me gustaba mucho verle su trasero, redondo y bien formado, siempre que podía le agarraba sus nalgas y se las masajeaba, eso hacía mientras iba subiendo.

    I: espérame que nos podemos caer.

    Yo: ok pero bien sabes que me gustan mucho tus nalgas.

    En cuanto subimos, no perdí tiempo y comencé a besarla y tocarla por todos lados, ella respondió de igual manera y comenzó a sobarme el pene sobre mi pantalón, mientras yo le tomaba con fuerza sus nalgas y se las separaba, como pude logre meter mi mano bajo su pantalón para sentir la piel de sus nalgas, ella comenzó a estimular más mi pene con su mano.

    I: ya se está poniendo como gusta, mmm…

    Yo: y a mi como me gusta sentir así tu piel

    I: bájame el pantalón, rápido tenemos que aprovechar que no hay nadie, te necesito dentro de mi.

    Eso hice y mientras iba bajando su pantalón, le iba besando sus tetas, bajaba más y le besé su abdomen, un poco más y le besé su entrepierna sobre su calzón, ella me sujetaba la cabeza y la pegaba más hacia ella.

    I: mmm… ah ah, busquemos un lugar para que nos acomodemos…

    Yo: que te parece que te recargues en esa ventana, (que al estar en construcción, solo estaba el espacio donde pondrían la ventana)

    I: nos van a ver.

    Yo: ponte como si vieras hacia la calle, recarga tus brazos ahí.

    Así lo hizo, mientras yo le besaba la espalda, e iba bajando hacia su cintura y a sus nalgas, le di un pequeño mordisco que la hizo gemir muy leve, pero muy sensual, le baje su calzón hasta los tobillos y le abrí sus nalgas, para tener acceso a su vulva y comencé a pasarle la lengua de arriba abajo, ella trataba de aguantar sus gemidos y solo levantaba más sus nalgas hacia mí, se zafó su pantalón junto con su calzón, de un solo pie y subió la pierna que recargo un pequeño borde de la pared, yo continuaba pasando mi lengua en su vulva, se la abría con una mano y sentía como empezaba a lubricar, ella solo contenía sus movimientos y sus gemidos, ya que estaba literalmente casi con medio cuerpo hacia afuera.

    De repente se volteó y me dijo que parara un momento, alguien se acercaba en la calle y venía del lado donde estábamos, no le hice caso, solo la jale más de la cintura hacia mí y comencé a meter un dedo en su vagina, ella comenzó a mover su cadera y a gemir un poco más fuerte, se inclinó completamente y sentí como tenía su orgasmo, le temblaban las piernas y lubrico riquísimo, ya quería sentir su calor y yo observar como entraba mi pene en su vagina, le saqué los dedos y apunte mi pene a su vulva, mi pene también ya estaba con líquido preseminal, solo lo esparcí sobre mi glande y comencé a metérselo poco a poco.

    I: ya metelo todo no me hagas eso, y menos aquí, ahhh ahhh mis piernas me tiemblan.

    Yo: con calma me gusta ver cómo te lo vas comiendo, despacito.

    Bajó su pierna y dejó parado su trasero para que siguiera con el mete y saca, entraba y salía muy rico los dos comenzábamos a sudar y gemir más fuerte, la sujetaba de la cintura y los movimientos eran cada vez más rápidos y el chocar de mi pelvis con sus nalgas se escuchaban más fuertes. Al tenerla en esa posición, me era fácil acercarme a su cuello y besarla, le tocaba sus tetas aun con su brasier puesto, a lo que ella me ayudó a liberar una de sus tetas y poder tocar mejor. Sus gemidos a veces los contenía y otros los dejaba que fueran más fuertes.

    I: dame más más, no pares mmmm…

    Comencé a moverme más rápido y ella movía sus caderas en forma circular y de abajo hacia arriba, en eso estaba cuando la empine un poco más y con un dedo empecé a tocar su ano.

    I: no empieces de travieso eh, mmm… Me lo vas a tener que meter por el culo, ahhh que rico sigue…

    Yo: es lo que quiero, darte por el culo y llenártelo…

    El olor a sexo era delicioso en ese espacio, que al principio era a tierra y humedad.

    I: está bien, dámelo en el culo, pero ya, que puede regresar el albañil o llegar mi papaaahh.

    Se lo saque y le puse un poco de saliva, se lo acomodé en la entrada de su ano, y ella comenzó a hacerse hacia mí, poco a poco se fue relajando su esfínter, yo la jalaba de la cintura y ella se separaba sus nalgas con una mano la otra le tenía recargada en la pared, haciendo fuerza hacia atrás, para que pudiera entrar mi pene, cuando iba la mitad adentro me volteó a ver, me excitaba mucho ver su cara de dolor y placer al recibir mi pene en su rico culo, ella lo sabía muy bien, y ponía cara de «te voy a comer todito».

    I: me encantaaa que me des por el culo, dámelo todooo yaaa…

    Le metí lo que faltaba de golpe y se estremeció, su piel se puso chinita y grito, más de placer que de dolor, comenzamos con el mete y saca, ella trataba de llevar el ritmo, pero de repente yo lo aumentaba o se lo sacaba por completo, para ver su ano dilatado.

    I: no hagas esooo, me excitas y a la vez me duele cuando lo sacas todo, aahh pero sigue soy toda tuyaaa…

    Se lo metí de golpe y la jale del cabello con una mano, con la otra la jalaba de la cintura, los movimientos eran cada vez más fuertes y rápidos, la solté del cabello y le comencé a frotar su clítoris, mientras ella solo me decía que le diera más fuerte y que no parara, asi estuvimos unos minutos cuando sentí que estaba a nada de venirme, ella también lo sintió:

    I: déjamelos todos en el culo, los quiero sentir hasta adentro, me estás haciendo ve…

    En ese momento se vino muy rico, su humedad escurría en sus piernas, mientras yo seguía con las embestidas más fuertes y profundas, sus piernas se doblaron un poco, cuando yo también me vine, ella apretó más su ano, como si no quisiera que se lo sacara, lo mantuvo así unos instantes y lo relajó, me lo apretó riquísimo. Cuando se la saque, la ayude para que no se fuera a caer sus piernas le temblaban, se volteó y nos dimos un beso muy húmedo y largo.

    I: me excitas demasiado cuando me coges así, en este tipo de lugares o cuando nos pueden cachar…

    Ambos seguíamos con los pantalones en los tobillos, estaba a punto de contestarle, cuando escuchamos que se abrió la puerta, era el albañil que había regresado, nos acomodamos la ropa, cuando nos gritó que si estábamos arriba, a lo que le conteste que sí, que ya bajábamos, nos sacudimos un poco la ropa y bajamos, nos vio con cara de que estaban haciendo?, los dos estábamos aún un poco sudados y ella estaba aún colorada de la cara, por la rica sesión de sexo que habíamos tenido.

    Nos despedimos de él y salimos del lugar, casi al llegar al carro, llegó su papá, nos vio y le dijo que se fuera con él, que no tardaba mucho, ella le contestó que estaba bien y nos despedimos con un picorete, beso sin lengua ni nada, quedamos de hablar por la tarde, y me fui a casa a almorzar y a dormir un rato.

    Espero sus comentarios y que les haya gustado mi relato, gracias por leer.

  • Matando la rutina (Parte 2)

    Matando la rutina (Parte 2)

    En esta segunda parte, quiero empezar contándoles un poco sobre mi esposa. Su nombre es Sarilú y su estatura es 1.50, sin embargo tiene un culo extraordinario.

    Y desde esa noche mágica, su lengua no deja de poner mi verga tan dura que ella le llama (su barra de hierro) y de pronto como fruto de tanta calentura se nos ocurrió que debíamos coger imaginando que lo hacemos con algún amor del pasado.

    Y así empezamos ella en cada metida profunda de mi verga decía entre jadeo el nombre de uno de sus ex (Jorge, si sigue así, hazme todo lo que no pudiste hacerme) y yo le llamaba a ella por el nombre de su sobrina… Una chica de tan solo 18 años, pero de un cuerpo tan perfecto como el de mi esposa. Y que en algunas ocasiones al salir ella de ducharse envuelta con su toalla pude imaginarla totalmente desnuda debido a que al verla ella solo se limitaba a sonreír pícaramente y a moverse como diciendo en silencio te gustaría disfrutar de mi cuerpo.

    De pronto sin imaginarlo mi mujer entre jadeos me pedía que le llamase por el nombre de su sobrina (que rico culo tienes Milumi, siente mi verga dentro de ti) y esto a mi mujer la calentó tanto que sus gritos realmente llegaron a los oídos de Milumi… Pues en la mañana siguiente Milumi le dijo a mi esposa.

    M: ¿Tía, mi tío realmente la tiene grande o tu exageras en tus gemidos? porque no he podido dormir de tanto oírte gritar y peor que su cama parecía que ya mismo se rompía.

    S: No exagero para nada, tu tío la tiene perfectamente grande y disfruto de cada uno de sus centímetros, y más cuando la mete con fuerza.

    Y claro desde entonces nuestras noches al cambiarnos los nombres y llamarnos por el nombre de nuestros ex amores. Se volvieron muy calientes y salimos de la rutina. Pero un día un pensamiento empezó a rondar nuestras noches de placer, y era ¿qué tal será hacer un trío? Y con quien lo haríamos era nuestra incertidumbre.

    Tras unas noches de hacernos la misma pregunta, acordamos que sería con un amigo del trabajo. Un loco que siempre me contada de sus aventuras de fin de semana y creímos que era el candidato indicado y le llamé para hacerle la consulta de si se atrevería a hacer un trío con nosotros, no lo pensó mucho y me respondió que sí y bla bla bla. Comenzó a decir las tantas veces que ya había participado de un trío.

    Y al fin el día llegó, mi esposa y yo, lo fuimos a recoger y lo llevamos a un terreno que tenemos a las afueras de la ciudad y allí pasó nuestra primera experiencia con el trío y la verdad no fue lo que esperábamos, pues resultó que el hablador de mi compañero de trabajo solo era eso (un experto hablador y nada más)

    Llegamos y mi mujer estaba nerviosa y entre casi susurro me dijo:

    S: Amor mejor otro día, ahora no me siento preparada.

    ¿Pero puede acaso alguien estar preparado para su primera vez en un trío?

    A: No te preocupes amor, veras que lo vamos a disfrutar.

    Y nuestro tercer personaje estaba ya desnudo ante nosotros y le vire el rostro de mi mujer hacia él y le dije mira esa verga que te vas a comer.

    Y empecé a tocarle los pezones a mi mujer para calentarla y le llevé sus manos hasta la verga de nuestro compañero. Pude sentir en ese momento que el cuerpo de mi mujer dio una sacudida y allí entendí que ella ya estaba lista para gozar de nuestras vergas.

    Y así fue, de pronto mi mujer tenía la verga de nuestro amigo dentro de su boca y con una de sus manos apretaba mi verga y en cuestión de segundos ella estaba turnándose las vergas que se las metía hasta lo más profundo de su garganta. Entonces procedimos a ponerla de rodillas con la verga de nuestro amigo en su boca y la mía entrando y saliendo de su coño una y otra vez.

    Sus gemidos eran extremadamente llenos de placer y sin duda alguna ella no quería dejar de comer la verga extra que esa tarde le había concedido. Luego intercambiamos de lugar yo en su boca y el entrando y saliendo del coño de mi mujer y lo triste fue que solo unas cuantas metidas y salidas y nuestro amigo descargo su chorro de leche quedando rendido sobre la espalda de mi mujer y pude ver en la mirada de mi mujer la decepción pues para ella él se había venido muy rápido…

    No sé cuál fue la razón de su tan rápida venida, pero el disfrute para mi mujer fue a medias y esa noche ya en casa, ella solo me repetía lo frustrada que se sentía pues su primera experiencia con el trío no salió del todo como lo habíamos imaginado…

  • La mucama de Punta Cana

    La mucama de Punta Cana

    Estaba en cuestiones de trabajo y la compañía para la que trabajaba como consultor me había enviado a Punta Cana en la República Dominicana. Era mi quinto día en este lugar turístico y ya para este momento había cruzado algunas palabras con la mucama del hotel. Era una chica baja de estatura… quizá un metro y sesenta y no más de 120 libras. En el recuerdo le calculo unos 23, pero no más de 27 años. Tenía un rostro redondo y ojos achinados; cabello corto ondulado, de labios gruesos y nariz pequeña. Con su blusa de uniforme no se le miraba que tuviera grandes pechos, pero con su pantalón negro, se podía apreciar una cola simétricamente sensual y bien acorde a su bonito y pequeño cuerpo.

    El día que me llegó esa idea de follármela fue cuando ella se sorprendió encontrarme en la terraza del hotel y donde yo solo vestía un bikini de baño. Se disculpó, pues me dijo que había tocado la puerta y que había pasado al no escuchar respuesta. Vi como no dejaba de mirarme mi paquete y aunque intentaba disimularlo le sorprendía la vista de vez en cuando divagando en dirección a mi entrepierna. Sabía que se sentía incómoda, pero también tenía la certeza que estaba excitada.

    La invité a un coctel de mariscos que me habían llevado minutos antes y a lo cual se negó con la excusa que no estaba apropiado para ella convivir con los clientes del hotel. Le dije que nadie se enteraría y que no tenía que limpiar nada y que disfrutara del coctel con alguna bebida. Aceptó sin decir “si”, pues la convencí de que esa media hora que le tomaba limpiar mi suite, era el tiempo que podría disfrutar de un descanso.

    Estaba seguro de que no se había quedado por el coctel, más bien ella estaba disfrutando en verme en ese traje de baño y donde mi paquete estaba comprimido. A estas instancias de mi vida sé que era cuestión de atreverme e ir directo al grano, pues no sabía si ella estaría allí el siguiente día y tener otra oportunidad. Y le pregunté:

    -Me gustaría invitarte a cenar esta noche… ¿puedes?

    -¡No creo! Soy una mujer casada.

    -¡Perdón! De todas maneras, no pensaba buscar a tu marido para hacerle saber que habías salido conmigo. -ella sonrió.

    -¿Y a dónde pensaba invitarme? Dígame… ¿que realmente busca?

    -Honestamente… Un momento especial para llevármelo de recuerdo.

    -Mire… voy a ir a hacer lo que tengo que hacer. No se lo prometo, pero si salen bien las cosas, estaré aquí antes que termine mi turno. ¿Le parece?

    -¡Esta bien! Aquí te espero.

    En ese momento no sabía si era la salida perfecta para ella salir de mi habitación o sí realmente regresaría más tarde. Me dijo que le tomaría hacer todo en hora y media y la vi salir y sentí que se iba a dar algo pues esta chica cuya viñeta decía llamarse Xioma, me dio un beso en los labios de despedida y yo le correspondí y paseé mi mano por sobre su trasero.

    A las cuatro de la tarde estaba tocando la puerta. No me pude contener y tan solo entró la tomé entre mis brazos y la levanté para darle otro beso. Ella me dijo apresurada:

    -Tengo solo una hora pues a las cinco debo salir.

    Le desabotoné la blusa a prisa y descubrí unos pechos redondos de mediano tamaño comprimidos en un sostén adecuado a ellos. Se los mamé empujado por la prisa de la que ella hablaba y solo escuché sus gemidos cuando mi boca comenzó a mamarlos. Sus pezones tomaron otra dimensión y los halaba y los chupaba desde su areola oscura. Le bajé los pantalones negros y llevaba unos pantis normales de color rosa y descubrí que llevaba una toalla de las que se ocupan cuando les baja su periodo. Xioma me dijo que la esperaba en cualquier momento.

    Tenía una conchita pequeña y bien depilada… la toalla era de esas olorosas y ese perfume estaba saturado en la concha de Xioma. Después de mamarle los pechos quise bajar a su monte venus y Xioma me dijo que no se sentía cómoda en recibir sexo oral, debido que sentía que había sudado consecuencia de su trabajo. La convencí de que eso no me desagradaba, que en todo caso me excitaba.

    Su conchita estaba húmeda de la excitación y se la mamé por unos diez minutos, lo suficiente para luego introducirle mis 22 centímetros. Pensaba penetrarla tan pronto terminara de chuparle su clítoris, pero ella insistió que quería mamarme la verga. Me la mamó deliciosamente y esta chica sí que disfruta mamando. Creo que lo disfruta igual, si mama o la maman. Luego la puse en posición de misionero y encorvando mi cuerpo, le mamaba sus tetas mientras le hundía mi verga hasta el fondo de su vientre. Su conchita se sentía bien apretada y me sorprendió pues, aunque estaba bien lubricada dio un gemido de dolor cuando se la dejé ir toda hasta el fondo. Ella solo dijo:

    -¡Con cuidado… tienes una verga grande!

    Comencé a pompearla y ella correspondía con ese vaivén frenético de sus ansias y luego casi en la misma posición, la puse en la orilla de la cama y elevé sus piernas mientras le taladraba su concha sin misericordia. Ella comenzó a gemir de placer y en esa posición comencé a masajear su clítoris con mis dedos y a la vez le dejaba ir constantes embestidas hasta que toco el cielo. En su acento dominicano me dijo:

    -¡Que rico… me estoy corriendo… dame, dame, dame papito… me vengo, me vengo, me vengo.

    Vi como cerró sus ojos y no paré hasta que le llené su vagina con una espectacular corrida. Me besó cuando recuperamos una respiración normal y me dijo: ¡Que follada más rica me has dado!

    Se lavó la panochita y salió en minutos con la promesa que lo repetiríamos el siguiente día con más tiempo, pues era su día libre y buscaría la excusa para con su marido y quien, según él, debería estar trabajando mientras en realidad su mujer estaría culeando y literalmente culeando donde le sangré el culo a Xioma, pero se fue feliz al disfrutar algunos cuantos orgasmos. Follamos por lo menos una vez al día los siguientes cinco días que me faltaban en Punta Cana.

  • Mona, mi ahijada, la hice mi mujer

    Mona, mi ahijada, la hice mi mujer

    Pasión sin límites, primero con su madre, ahora desvirgar a la ahijada, la perseverancia tendrá su premio, tenerlas dispuestas en la misma cama.

    Mona, es la primogénita de mis amigos, su madre es una bella mujer capaz de despertar las tentaciones más atrevidas, me dejé ir y disfruto las pasiones prohibidas, tampoco soy un héroe estoico, me dejé arrastrar por la seducción de un par de tetas para el infarto de cualquier calentón, y revolcar en el deseo más abyecto que derribó los prejuicios de ser la esposa de un amigo. No sé bien quién llevó a quién a la cama, pero tuvimos un tórrido romance de verano, la ausencia temporaria del marido nos dio la oportunidad de tener casi tres meses para satisfacernos a gusto, revolcarnos, amarnos y coger a como diera lugar, sin importar dónde y cuándo nos encontrara el deseo.

    Con el regreso de su marido, perdimos la disposición de tiempo y oportunidad, los encuentros furtivos se fueron espaciando en el tiempo y amainando el fuego de lo prohibido.

    El tiempo siguió andando y su primogénita, Mona (Mo), creciendo con la herencia genética y la impronta del sentido erótico materna. Los modos y maneras seductores de su madre y sobre todo la insignia familiar, la opulencia de su pechos, habían puesto de relieve sus cualidades que cautivan a cuanto macho se le pone enfrente, precisamente sus cualidades físicas privaron sobre las prevenciones morales, nada importó que fuera su padrino para impedir que máquina del deseo trabajara a destajo, sobre todo cuando me recibía, abrazando de tal forma que me costaba disimular el reflejos físico condicionado por la turgencia de sus tetotas. Tanto era el magnetismo de sus pechos que me costaba quitar la vista de la voluptuosidad de sus “cositas”, en más de una ocasión me atrapó en la intención de comérmelas con los ojos, su complicidad al pescarme infraganti nos hacía partícipes de la misma transgresión prohibida.

    Trataba de conservar las distancias, ella de acortarlas, hasta que ella quien derribó las barreras de la prudencia, acorralado dentro del habitáculo del auto, se abalanzó sobre mí y me besó, ese fue el minuto fatal cuando se queman las naves, el inicio de un tórrido y pasional sentimiento enfervorizado y compartido. Nada más importaba, ni el vínculo familiar, menos aún la diferencia de edad, cualquier obstáculo era consumido por esta pasión arrolladora, con el argumento de la pasión quemando su sexo y haber alcanzado la mayoría de edad dos días antes se lanzó al vació, acurrucándose en mi regazo, frotando la formidable erección del pene que no podía dar crédito a aluvión pasional que nos encendía por dentro.

    Los encuentros, fugaces, eran aprovechados para amarnos a escondidas, el deseo apremia y el tiempo escaso no permitía más que esporádicos encuentros, pero el destino había movido sus hilos para enredarnos en nuestra propia telaraña, el verano próximo y la preparatoria para el ingreso a la universidad nos permitía algún momento para burlar la férrea vigilancia materna, aun así no habíamos podido pasar de los besos encendidos y los toqueteos dentro del automóvil.

    Por un acontecimiento familiar, los padres debieron ausentarse de la ciudad por dos o tres días, Mo debió quedarse por tener que asistir al preparatorio de la universidad, dejándola en nuestra casa, ahora solo restaba buscar cómo disponer del tiempo sin el obstáculo de mi familia. Un viejo compinche de correrías facilito el apartamento donde refugiarnos, ella aducirá quedarse en la casa de una compañera para estudiar, yo un viaje por razones laborales, el plan perfecto para secuestrarnos por dos noches y dos días, un viaje al mundo de lo desconocido y consumar la asignatura pendiente: Hacerla mujer.

    Mi ahijada tenía la inocencia de la adolescente y la madurez sexual de la hembra consumada, belleza sutil con la discreción que sugiere la riqueza erótica sin explorar, toda ella es una insinuación de promesas.

    Hacerme dueño de su deseo fue la forma de sumergirnos en una pasión devastadora, sus gestos eran un misterio que invitan a derribar los obstáculos, abrirle los horizontes eróticos hasta el infinito. Podría decirse que es una bestia sexual, joven y lujuriosa, que transita el colmo de su hermosura, la opulencia de los pechos y la calentura insaciable de su madre

    Dos noches y sus días nos mantuvieron sin abandonar el apartamento, siempre desnudos y calientes, el sexo en maratón erótica sin solución de continuidad. Nada superaba el encanto del despertar sexual, me sentía el Adán aún con el sabor de la manzana en la boca.

    El sexo no entendía de amaneceres o anocheceres, todo estaba teñido por la pasión y el deseo, el recurso de la pastillita azul fue el auxilio presto para que siempre fuera una noche ardiente.

    A través de la humeante taza de café me deleita bebiendo leche del pico de la botella, empina el envase para dejar, como al descuido, que el líquido se escurra por las comisuras de sus labios, resbalarse, discurrir por el mentón, el cuello y más abajo, abre más la camisa para mostrar como unta los pezones, el resto del lácteo escurre por los senderos, atravesando sin pudores el vientre desnudo. Sus manos esparcen la textura de la leche sobre los pechos y pezones, sin dejar de mirarme, ofreciéndose a la rapiña de mi boca, nos sumergimos en la intensa textura del beso apasionado.

    Con los labios embebidos en la leche me deslizo siguiendo el derrotero blanco hasta llegar hasta la espesura nevada de su pubis angelical, mi boca encuentra la suya vertical, una rajita discreta, mis caricias interrumpen el letargo, el animalito se despereza, descorre el telón de seda de su guarida convirtiéndose en flor carnívora, boca de bebé glotón que mamaba mi dedo mientras le aguijoneaba el clítoris con la punta de mi lengua, dejándolo húmedo y brillante como patito chapoteando en la carne rosada.

    A su tiempo fue ella quien se hincó, entre mis piernas para ofrecer la boa constrictor que se engullera el miembro de su amado, agarrado en su mano me hace sentar, necesita estar arrodillada ante su amo, rendirle los honores al que fue capaz de despertar y encender la llamas ocultas de la pasión que devora sus entrañas, necesita ahogarse con la carne enhiesta y turgente de su macho, rendirle pleitesía poniéndose a mis pies. Tenerla tendida a mis pies asumiendo ante su hombre la actitud reverencial de las sumisión incondicional, resumiendo la entrega y revelación de su temperamento de fuego significó el momento de iniciarla en el juego de la dominación, la corbata atada a su cuello y llevarla a recorrer el cuarto como perra llevada con la correa.

    Le enseñé el placer de la obediencia y disfrute de ser sometida, amarrada y gozada en todas las formas posibles. Enseñarle el disfrute de la sumisión facilita el descanso del guerrero y darle un respiro a la producción de leche.

    Iniciarla en los placeres inéditos de ser la obediente sumisa de su padrino, desde ahí ella aprendió a complacer y servir a su padrino, aceptar y obedecer las condiciones que le impone su amo, a tan así que reconoció haber visto desde su escondite cuando años atrás había tenido sexo con su madre y que ahí, masturbándose en el silencio había tenido su primer orgasmo. La situación de dependencia erótica y afectiva con su padrino produjo la segunda sorpresa, al confesarme que tenía la complicidad de su madre por compartir el secreto de su infidelidad conmigo.

    -Y ahora, cómo seguimos…?

    -Te gustaría… -gestos de complicidad

    -Es lo que estoy pensando?

    -Qué morboso eres… sí, eso mismo

    -Quieres tenernos a las dos a tu servicio?

    -Pero… cómo?

    -Yo me ocupo. Madre sabía que me tendrías dispuesta para servirte, ella también lo está. Le puedo avisar?

    La sorpresa silenció la obvia respuesta.

    -Hola! Mami… sí, estoy con él… sí, sí, claro, nos acepta a las dos…

    Hay un viejo dicho que dice: “Debes tener cuidado con lo que deseas, pues esto puede convertirse en realidad”. En este caso se cumplió ese deseo nunca formulado, por mí al menos, ahora solo será necesario conseguir alguna pastillita azul para poder satisfacer a dos lobas…

    Todos sabemos que la realidad supera la ficción, te ha sucedido a ti. [email protected].

    Nazareno Cruz

  • Sexo con mis compañeros de piso

    Sexo con mis compañeros de piso

    Hace poco quedé para tomar un café con mi mejor amiga, hacia tanto que no quedábamos que aquel café de media hora se convirtió en una tarde de recuerdos, desde aquel primer día en que nos conocimos en la facultad de periodismo en Madrid, pasando por como alquilamos aquel piso en nuestro segundo año de universitarias y cuando Toni y Luis dos amigos de la facultada de económicas entraron en nuestras vidas, aunque yo tenía un secreto que ella desconocía.

    Me presentaré, me llamo Lara y hace diez años llegué a Madrid para estudiar periodismo, fue cuando conocí a la que sería mi mejor amiga Sofía, las dos recién llegadas de Valencia con 20 años y que en nuestro segundo año convencimos a nuestros padres para que nos ayudaran a alquilar un piso, mejor allí que en aquella residencia del colegio mayor, pero aun así necesitábamos a dos compañeras más porque el alquiler aún se nos hacía caro, después de sondear bastante a compañeras y amigas nos decidimos por abrir el abanico y que optaran los chicos también.

    Fue entonces cuando entraron en juego dos amigos que conocimos en una de tantas fiestas el primer año y que ahora eran nuestros inseparables amigos, Toni y Luis, eran dos gallegos muy guapos, simpáticos y muy divertidos que estaban también buscando piso para alquilar pero que no encontraban nada acorde a su economía, el día que se lo propusimos y que aceptaron yo ni me imaginaba lo mucho que cambiaría mi vida.

    Le conté a Sofía una historia que nadie sabía, algo que llevaba ocultando desde hacía años, cuando recién Licenciadas después de cuarto año de carrera habíamos planeado unas mini vacaciones los cuatro para despedirnos, despedirnos de la casa, despedirnos de momento de aquella ciudad que tan bien nos acogió y cuando ella por un problema familiar se marchó a su casa en Valencia y ya no volvió.

    Toni y yo solíamos salir a correr todas las mañanas desde hacía años y esa mañana cuando Sofía se marchó no iba a ser diferente mientras que Luis se había quedado en casa durmiendo, después de una hora corriendo me fui a casa para darme una ducha bien merecida, Toni que era un ligón de tomo y lomo se quedó un poco más en el parque del retiro persiguiendo a otras chicas, a pesar de estar los cuatro durante tres años conviviendo juntos entres nosotros nunca hubo nada, si tuvimos algunos novios nada serios, pero con ellos nunca paso nada de nada.

    Cuando llegue, Luis ya se había levantado y estaba tomando un café en el salón mientras ojeaba la prensa en el portátil, era un chico que cuidaba mucho su aspecto y me sorprendió verle solo en bóxer, despeinado y con cara de sueño, Luis y yo nos llevábamos muy bien y se notaba una química especial aunque ninguno de los dos en todo ese tiempo se atrevió acercarse al otro, estaba toda sudorosa y notaba como Luis me miraba de arriba abajo, no sabía que le pasaba pero se le veía muy excitado, no era propio de él.

    Le pillaba mirándome los pechos, bajando la mirada a mi sexo, estaba un poco descontrolado y notaba, sabía que si pudiera me arrancaría la ropa allí mismo, entre risas le comente que le pasaba, porque me miraba tanto y su respuesta me dejo de piedra.

    -Lara es que hoy estás muy guapa.

    -Bueno la verdad que siempre estás guapa.

    -Joder es que estás bien buena tía. -Yo no sabía dónde meterme de la vergüenza.

    -Pero que te has metido Luis ja, ja, ja, que pusiste en el café ja, ja, ja. -Le contesté riéndome.

    La conversación siguió un poco picante y los dos empezamos a reír, me senté junto a él comentando algunas de las noticias hablando de todo un poco pero Luis iba subiendo de tono los comentarios, insinuaciones morbosas y demás, así que me fui riéndome a mi habitación dejándole por imposible mientras buscaba unas braguitas y un sujetador en mi armario y metiéndome en el baño a continuación para ducharme cerrando la puerta tras de mí.

    Cuando salí de la ducha con una toalla tapándome el cuerpo y otra en mi cabeza me di cuenta de que la puerta estaba abierta por la mitad, desde donde yo estaba veía a Luis por el espejo y supongo que él a mí, de lo que estaba segura del todo es de haber cerrado la puerta, no me podía creer que Luis me hubiera espiado viéndome como me duchaba, viéndome desnuda pero en vez de enfadarme hizo que me excitara.

    Observaba como repasaba mi cuerpo con su mirada, como sus ojos se clavaban en mis piernas he iban subiendo poco a poco intentando ver lo que había debajo de la toalla, le veía tocarse entre las piernas con su mano y me estaba poniendo muy caliente, no podía creer que Luis estuviera haciendo eso pero la verdad que siempre me había gustado y pensé que a este juego podíamos jugar los dos, así que aprovechando que él suponía que no le había visto empecé mi juego.

    Me arrimé más a la puerta para que tuviera mejor visión sin hacer uso del espejo, como despistada sin que él llegara a pensar que me había dado cuenta, subí una pierna en un taburete y empecé a echarme crema extendiéndomela con las dos manos despacio, recreándome en cada centímetro de mi cuerpo, subiendo la toalla para podérmela extender bien por el muslo, la toalla subía justo hasta el comienzo de mi cadera insinuando mi sexo pero sin que lo pudiera ver, mis manos se deslizaban suavemente por el interior de mi muslo hasta tocarme la vulva, le miraba de reojo y le notaba muy caliente, su mano derecha habían desaparecido por debajo de su pantalón y la veía moverse.

    Baje la pierna y comencé con la otra de la misma manera dándome crema entre mis muslos, rozándome la vulva notaba mis labios humedecerse, mis dedos llegaron a mi clítoris y un pequeño escalofrío atravesó mi sexo, mis ojos se cerraron y mi cabeza se inclinó un poco hacia atrás mientras dejaba salir un pequeño gemido, en esos momentos me di cuenta de que se me estaba yendo de las manos el juego.

    Sentía como me seguía mirando, como sus ojos me desnudaban y sus manos me acariciaban, era simplemente una sensación pero me gustaba, empezaba a estar muy excitada, así que decidí seguir con el juego aumentando de nivel, baje mi pierna del taburete y me quite la toalla de la cabeza flexionando mi cuerpo hacia delante lo subí de golpe para mover la melena hacia atrás quedando suelta por mi espalda, en ese momento y sin que lo hubiera planeado la toalla que rodeaba mi cuerpo cayó al suelo quedándome desnuda delante de él, sin pensarlo le mire directamente y nuestras miradas se encontraron, aguantamos nuestras miradas unos segundos hasta que cerré la puerta pero solo un poco.

    Me había descubierto y ahora él sabía que me había dado cuenta, estaba nerviosa pero muy excitada, tarde en reaccionar y al fin cogí el bote de crema y me eche un poco en las manos, empecé a extendérmela por el cuerpo acercándome nuevamente a la puerta pero cuando mire Luis no estaba, se había marchado del salón y me lleve un pequeño disgusto, el juego se me había ido de las manos por completo y deseaba que se hubiera acercado a mí y que me hubiera poseído.

    Estaba decepcionada así que termine de darme crema, estaba de espaldas a la puerta cuando la sentí que se habría por completo y pode ver a través del espejo a Luis que estaba desnudo detrás de mí, no me gire, permanecí inmóvil, mi respiración se aceleraba y mi corazón parecía salirse de mi pecho, extendí la mano para dejar el bote de crema y sentí como la suya me acariciaba y me cogía el bote, se echó un poco en las manos y empezó a extendérmela por la espalda, por mis hombros, sus manos se posaron en mis senos dándome pequeños masajes circulares, mis pezones resbalaban entre sus dedos, ni una sílaba salió de nosotros, solo se escuchaba el silencio y el roce de sus manos sobre mi cuerpo.

    Su cuerpo se unió al mío por detrás sintiendo su pene por encima de mis glúteos, lo sentía muy grande y duro, mi cabeza se apoyó en su hombro dejando escapar un gemido cuando sus manos resbalaron de mis senos a mi vulva acariciando mi clítoris, separando mis labios húmedos y metiendo sus dedos en mi vagina, recogía algo de crema de mi cuerpo y busque su pene acariciarlo suavemente de arriba a bajo, sus manos no paraban de acariciar mi cuerpo y las mías tampoco de acariciar su pene, sus labios buscaron los míos y nos besamos por primera vez, buscando mi lengua, el silencio se rompió con el sonido de nuestros besos y de nuestros jadeos, después de tantos años de espera Luis me besaba.

    Me di la vuelta y ahora frente a frente nos miramos un buen rato, Luis me sentó en el lavabo y se metió entre mis piernas, estaba deseando sentirle dentro, aquello que empezó como un pequeño juego se me había ido de las manos y estaba a punto de follar con él, lo deseaba tanto que la espera era insoportable, algún que otro beso pero las miradas no secaron, las miradas de deseo el uno del otro, le abrazaba, rodeaba su cuerpo con mis brazos acariciándole la espalda, entonces note su glande entre mis labios bebiendo de ellos, acercándose a mi vagina y penetrando dentro de mí con cariño, con mucha suavidad.

    Mi boca se abrió de repente inhalando una buena bocanada de aire, mis ojos se cerraron al sentir como se deslizaba despacio en mi interior, como mi vagina se expandía, el roce de nuestra piel desnuda en mi interior, su pene se introdujo causándome ese placer reprimido desde hacia tiempo, despacio muy despacio empezó hacerme el amor, acomode mejor mi cuerpo apoyando mi cabeza sobre el espejo y mis manos por detrás de su cuello, el tiempo se paró, segundos, minutos, horas perdí la noción cuando mi amante con sus movimientos cada vez más rápidos, más fuertes, más profundos y nuestros gemidos cada vez más altos y la puerta de entrada de la casa se abrió.

    Toni entró y una vez que paso al salón nos encontró allí follando, ninguno de los dos hizo nada por parar, todo lo contrario solté un pequeño grito de placer, él miraba atónito aquella escena, miraba como me tapaba la boca y mis ojos se entornaban del placer, se acercó a nosotros y dejando caer una bolsa que traía se empezó a desnudar sacando su pene y empezando a meneársela delante de nosotros.

    Podría parecer una situación incómoda, pero nada más alejado de la realidad, en ese momento empecé a sentir un tremendo orgasmo que me hizo temblar, gemía tan alto que pequeños gritos salían de mí, Luis dejo su pene en mi interior tan profundo como pudo hasta que deje de temblar entonces salió y entro con rapidez varias veces y sacándola rápidamente y empezó a eyacular en mi tripa, me baje del lavabo y me agache para lamérsela cuando todavía seguía expulsando pequeñas gotas de semen.

    Toni se acercó a mí sin previo aviso me empezó a besar, sentía como los dos me acariciaban el cuerpo, sus manos sobre mis senos apretando mis glúteos, me cogieron de la mano y llevaron al salón tumbándome en el sofá, Luis lamía mis pechos y Toni metía su lengua en mi vagina, me sentía una mera muñeca en sus manos pero estaba tan excitada que no pensaba, solo quería disfrutar de aquel momento con los dos.

    Tome la iniciativa y levantándome empecé a lamer los dos penes a la vez, los metía en mi boca primero uno y luego el otro, Luis la tenía otra vez totalmente empalmada muy gruesa y venosa, me encantaba aquella polla que me acababa de follar, la quería sentir moverse otra vez dentro de mí, de un pequeño empujón le tumbe en el sofá y me senté metiéndola dentro de vagina.

    Toni metió su pene en mi boca, lo empecé a lamer, recorría todo su contorno con mi lengua, succionando su glande y metiéndola poco a poco hasta la garganta, mis manos no paraban de movérsela de arriba y abajo al igual que mi cuerpo caía sobre el pene de Luis, Toni estaba tan excitado que empezó a gemir alto a mover su cadera rápidamente hasta que se corrió, seguía laminándosela a pesar que ya había terminado tragándome toda su leche.

    Toni se fue al baño dejándonos a los dos solos, que seguíamos disfrutando el uno del otro, Luis me apretaba los pechos con suavidad, mis manos apoyadas en el sofá a ambos lados de su cabeza, medio agachada, mi melena caía sobre los dos tapándonos mientras le daba pequeños besos, lamiendo sus labios, mordiéndolos cuando sentía su pene penetrar muy dentro de mí, Toni había vuelto y llevaba una botellita de aceite del cuerpo, le miraba nerviosa porque sabía lo que quería y pretendía.

    -Ven aquí Lara quiero que estés tranquila, sé que te va a gustar y lo vas a disfrutar. -Me dijo Toni.

    La verdad que casi ni le escuche porque un nuevo orgasmo hacia que me desplomara sobre el cuerpo sudoroso de Luis, nos estábamos besando apasionadamente cuando sentí sobre mi ano un líquido frío y unos dedos que lo extendían metiéndose dentro de él, Toni metía dos dedos y los sacaba, se ponía de cuchillas en el sofá y su glande jugaba con mi año, Luis había parado de moverse, me miro a los ojos y me susurro si yo quería aquello, dude un poco pero mordiéndome el labio asentí, entonces Luis me beso y volvió a susurrarme, “tranquila te va a gustar, tú bésame y si quieres parar paramos”.

    Esas palabras me habían tranquilizado y le empecé a besar, sentía el glande de Toni meterse en mi ano, despacio muy despacio, cada vez más dentro, sacaba el pene y lo volvía a meter, Luis empezó nuevamente a moverse, sentía los dos penes meterse en mi interior, mi ano se había ensanchado bastante y Toni aceleraba las penetraciones así como Luis las suyas, apretaba los músculos de mi vagina haciendo que el roce entre sus penes en mi interior fuera más placentero, tanto para mí como para ellos, los dos empezaron a gritar, la sensación para Toni era igual de placentera y ahora los dos se movían simultáneamente y me estaban volviendo loca, los gritos empezaron a resonar por toda la casa y mis dos amantes empezaron a resoplar y expulsar su semen dentro de mí llenando mi culo y mi vagina, yo no podía más y me corrí por tercera vez.

    Nuestros cuerpos se desplomaron uno sobre otro, resbalaban entre el sudor y el aceite que Toni me había echado, empezó a salir su semen de mi interior, resbalando hacia mi vagina con el pene de Luis todavía dentro de mí, Toni se levantó de mi espada y yo deje de presionar el pecho de Luis, su pene poco a poco se iba retirando de mi vagina y empezó a salir su semen junto con mis flujos resbalando entre mis muslos y cayendo sobre él, los tres nos sentamos en el suelo apoyándonos en el sofá, nos miramos y empezamos a reírnos y a resoplar, apoye la cabeza sobre el hombro de Luis y este me beso con ternura el cabello, después de ducharnos, comimos algo y volvimos a follar, primero con uno y luego con otro, se nos ocurrían entre risas nuevas posturas para los tríos que volvíamos a repetir, aunque esta vez les obligue a ponerse condones, al día siguiente la casa parecía un campo de minas.

    Desperté al día siguiente rodeada por ellos con sus manos sobre mi cuerpo desnudo, había dormido abrazada a Luis con mi cabeza sobre su pecho y Toni detrás de mí abrazándome por la espalda, los dos dormían o eso pensaba yo que estaba jugueteando con mis dedos acariciando el pecho de Luis cuando note como Toni se movía detrás de mí y su pene envuelto en una fina capa de látex empezaba a juguetear entre mis labios arriba y abajo buscando mi vagina, levante un poco la pierna para facilitar la entrada mientras mordía mi labio inferior con mis dientes y al sentir nuevamente su pene dentro de mi vagina Luis empezaba a despertar.

    A pesar de que Toni empezara aquella mañana, solo con uno de los dos continué haciendo el amor no solo ese día sino el resto de la semana, el resto del año el resto de mi vida.

    Sofía estaba con la boca abierta cuando termine mi relato, cuando se levantó para saludar a Luis que me venía a buscar.

  • El chantaje de Alfredo a su madre

    El chantaje de Alfredo a su madre

    El sábado en la mañana, Alfredo se levanta muy temprano y sale en su coche sin apenas desayunar, ha tomado solo un sorbo de leche. Estaciona frente a la casa de Alejandro, éste que lo está esperando baja los pocos escalones que lo separan de la calle y sube al auto. Se saludan.

    –¿Y a dónde vamos Alfredo?

    –A cualquier parte. Es que tenía necesidad de salir de casa. ¿Y con quién mejor que contigo Alex?

    –Bueno, vamos a donde tú quieras Alfred.

    –Por lo pronto vamos a desayunar algo. ¿Te gustan las empanadas venezolanas?

    –Sí, las he probado. Las de cazón no me gustan. Pero las de queso guayanés y las de carne mechada me flipan. –responde Alejandro.

    –A mi también me gustan esas y las arepas. –le dice Alfredo.

    –Pues para luego es tarde.

    –Yo conozco un sitio muy cool en la avenida Paraná que las hacen muy buenas. –Y parten al destino seleccionado para desayunar, que les queda a unos 20 minutos en coche.

    Se sientan en la terraza del lugar y enseguida son atendidos por una bella chica.

    –Buenos días. Bienvenidos, ¿en qué puedo ayudar a los señores? ¿Desean desayunar?

    –Esta es la carta del desayuno, seleccionen lo que deseen y me avisan para tomarles la orden. –Les entrega una carta del menú a cada uno.

    –Mira, por qué no te quedas y así nos aclaras algunas dudas. Además, es tan agradable tener a una chica guapísima como tú al lado. –Ella se sonríe con timidez y se ruboriza.

    –Pues si, por favor, ¿nos puedes explicar qué contienen las arepas de Reina pepiada?

    –El ingrediente principal es la pechuga de pollo asada, tiene además puerro cortado muy fino, mayonesa y guacamole que es la salsa mexicana que se hace con aguacate, cebolla morada, ajo, sal, pimiento verde, tomate, cilantro y aceite de oliva.

    –Pues a mi traes una arepa Reina pepiada, una empanada de queso guayanés y otra de carne mechada. –Le pide Alejandro.

    –Para mi lo mismo.

    –¿Y qué desean para beber?

    –¿Qué nos sugieres?

    –Soda, cerveza, café, té, leche y maltín Polar.

    –Pues yo prefiero maltín y un café expreso. –le dice Alejandro.

    –Y a mí me trae un Ginger Ale y un cortao.

    –Enseguida se los traigo todo.

    –Muchas gracias.

    –¡A la orden!

    Al terminar de desayunar se marchan al Centro.

    –Alfred, ¿por qué no vamos un rato a mi casa?

    –Tú sabes que me gustaría mucho Alex, pero hoy estoy muy tenso. Prefiero dejarte en tu casa e irme a la mía a descansar y pensar.

    –OK, hacemos eso entonces y nos vemos el lunes en el aula.

    Alfredo dejó a Alejandro en su casa y siguió para la suya.

    Al llegar a su casa, deja el coche en el car porch y se dirige a su habitación. Cambia de idea y entra a la cocina, donde su madre está sentada en la banqueta de siempre y bebiendo.

    –Hijo, buenos días ¿Ya desayunaste? Te fuiste sin tomar ni café.

    –Buenos días. Si, desayuné ya. Y tú también veo que estás desayunando, pero un poquito más fuerte.

    –Es que estoy un poco estresada. Así me calmo un poco.

    –Si, eso es muy importante, pero te puedes alcoholizar. –Abre la nevera y toma la jarra de agua y se sirve un vaso. Lo apura y se marcha.

    –¿Y no tienes nada que decirme? –Él se detiene y sin voltearse le dice:

    –Esta tarde hablamos, y date una ducha, que no me gusta conversar con borrachos. –Siguió y se metió en su habitación.

    En la tarde, después de una siesta, se levanta y se da una ducha. Anda en calzoncillos y pantuflas, se va a la cocina, se sirve un whisky con dos cubos de hielo y agua gaseada. Allí repite lo mismo dos veces más. Está oscureciendo y decide ir al cuarto de su madre. Ya tiene un plan elaborado.

    –¿Estás despierta? –Ha tocado la puerta y nadie ha respondido, decide entrar– ¿Estás bañándote?

    –No, me estaba secando el pelo. –Sale del baño envuelta en una bata que transparenta todo y no trae nada debajo. La mira bien, detallándola se da cuenta que está muy buena, que a sus 38 años todavía levanta pasiones y otras cosas más.

    –Ven, siéntate aquí, –señalándole con unas palmaditas la cama. Ella se sienta, está temblorosa.

    –No tengas miedo, solo quiero hablar contigo. Te traigo una propuesta, que aunque deshonesta, no podrás rechazar. A no ser… que estés dispuesta a perderlo todo.

    –Alfred, de verdad que me estás asustando.

    –No, no tienes por qué asustarte. Si lo que vas a tener que seguir haciendo, es eso mismo que has hecho hasta hoy, poniéndole los cuernos a mi padre, pero esta vez con su hijo y sus amigos. ¿Qué te parece? ¿Te gusta la idea? ¿Verdad que mola?

    –¿Pero te has vuelto loco? ¿Qué locura es esa? ¿Me quieres convertir en una puta?

    –No, ya tú eres una puta. Tú solita te convertiste. A ti nadie te obligó. Así que tienes que escoger. Y no puedes negar que estoy siendo muy magnánimo, dándote el chance de seguir viviendo una vida de lujos y comodidades, y lo único que tienes que hacer es seguir gozando, mamando pingas, dando el culo, follando hasta la saciedad.

    –¡Ay Dios mío! ¡Qué malvado eres! –Gemiquea un poco.

    –Deja a Dios tranquilo, que tú ni crees en él. No te hagas la santurrona. Le toma la mano de ella y se la pone sobre su entrepierna. Ella forcejea pero él la obliga a que sienta cómo tiene la verga de alterada–. No me hagas perder la paciencia, es la última vez que te lo advierto. Si vuelves a portarte mal, nuestro pacto se rompe y mi padre se enterará de todo.

    –Pero esto es un pecado. Con mi propio hijo. –Ella solloza, o lo finge más bien.

    –No solo conmigo. También con mis amigos. No lo olvides. –Y acto seguido se saca su pingona–. Aquí tienes para que te entretengas. ¡Dale! Qué quiero contemplarla completica en tu boca. –Ella obediente, se arrodilla a sus pies, entre las piernas de Alfredo y comienza a mamársela, primero con algunos remilgos, luego con más entusiasmo.

    –Ay, así, qué rico. Como me gusta. –Alfredo se relame de placer. Aquella mamada lo está llevando a niveles insospechados. El nivel de morbo y de estar haciendo lo prohibido, son los que le han elevado su líbido. La adrenalina en su cuerpo está haciendo lo suyo–. Dale, para. –Se la saca de la boca y la coloca de rodillas sobre el borde de la cama. Le quita la bata y la tira, la atrae hasta el mismo borde y le pasa sus dedos por su rajita, que está bien mojada. Se embarra bien los dedos y se los mete por el culo. Ella reprime un gritico.

    Listo ya, le espeta su morrongona por el culo hasta donde no va más. Ella grita y hace como por sacársela. Él se lo impide y la embiste varias veces.

    –¡No te atrevas a sacártela, cojones!

    –Es que me duele mucho.

    –Aguanta. Ya se te pasará. –Él no para de metérsela y sacársela. Al cabo del rato no aguanta más y se corre. La saca y se limpia el rabo con la bata de ella.

    –Esto no termina aquí. –Se pone sus calzoncillos y se marcha a la cocina, dónde toma dos latas de sodas de ginger ale y las vacía en una jarra a la que agrega varios cubitos de hielo. Bebe y aplaca su sed, la de líquido, porque la de la venganza la había saciado, parcialmente, un poco antes.

  • Mi primer anal con mi amigo de la universidad

    Mi primer anal con mi amigo de la universidad

    Este es mi primer relato. Me presento, yo soy Adriana, el cual es mi nombre de mujer. Desde que era pequeña me di cuenta de mí orientación sexual, aún sin saber nada de sexualidad, mi intuición e inclinaciones se fueron por el lado femenino. Recuerdo mis inicios inconscientes cuando tenía algunos pocos años de edad, solía ir al baño como una señorita y comportarme como tal.

    El tiempo pasó, mi vida fue cambiando a partir de mí adolescencia. En ese tiempo ya vestía como señorita en casa, incluso desde los 14 años a esa edad empecé a usar ropa interior de niña.

    Recuerdo ir la universidad a mis 18 años, en donde conocí y tenía un amigo que sin etiquetas éramos más que amigos. Solíamos realizar actividades juntos muy seguido, hasta llegar a un momento en el cual yo proponía juegos donde tuviese que ver el contacto físico, he ahí donde dejaba que me tocara, cosa que realmente me fascinaba…

    Aunque para ser sincera no sabía mucho el significado de nuestra relación, yo proponía y él me seguía el juego, siendo así mi cómplice de mis momentos más excitantes, no había aún sexo de por medio, pero aun así me excitaba pensarlo.

    Recuerdo haberlo invitado a casa, entre las actividades de la uni yo le cocinaba a él, claro él aceptando que le cocinara, yo me sentía toda una mujer, una mujer complaciente, y mientras imaginaba como sería si yo fuese su mujer, simplemente mojaba mis tangas que usaba de solo pensarlo, en mis desvaríos imaginaba a él cogiéndome como la putita que era.

    Después de unas cuantas horas ese día terminamos de estudiar como en eso de las 9 pm una materia que recuerdo bien era cálculo (por cierto soy buena en ese tipo de materias), retomando el tema, al final cansados de estudiar toda la tarde terminamos en el sofá viendo documentales en la tv.

    Por lo cansada que estaba de estudiar toda la tarde apague el tv y de estar sentada me fui a la habitación a acostarme, le tomé la mano y lo guíe conmigo, él se dirigió conmigo a la habitación donde yo estaba, el sé recostó en la cama, una cama matrimonial que disfrutaba para mi solita cada noche masturbándome pensando que mi juguete era su verga entrando y saliendo de mi culo impaciente por sentirla dentro de mi, siendo esto un secreto incluso para él.

    Acostados en esa cama, mientras entre juegos que solíamos jugar, cual si fuésemos novios, realizaba movimientos donde bajaba mi pequeño short rosa que usaba junto con una camisa de tirantes negra, poco a poco esperaba el instante preciso para imaginar el momento perfecto en que él me metiera hasta el fondo su verga palpitante, mojada y dura, excitado por verme caliente y tan puta como debería ser.

    Jugueteamos con cosquillas, como si nada pasara, como si todo fuera normal, de pronto se levantó y sé fue al baño, al principio se me hizo raro, de lo caliente que estaba en silencio puse una porno en la tv, viendo cómo se cogían a la chica, deduje que sé había excitado demasiado y por eso fue al baño, por lo cual decidí desnudarme por completo e ir al baño donde él estaba, me acerque a la puerta y escuché gemidos a través de esta, decidí abrirla y… Oh mi sorpresa, se estaba masturbado rápidamente, al verme él quedó atónito porque me vio desnuda me preguntó impactado:

    -¿Qué haces aquí… y desnuda?

    Pícaramente le respondí:

    -¿Qué haces… masturbándote?

    -Nada, bueno, no lo sé…

    Desorientado por el momento, aproveche ese momento que sabía que era único, le pregunté:

    -¿Te excite? ¿Te pusiste caliente por nuestros jugueteos?

    Él respondió afirmativamente con la cabeza, por lo cual le dije:

    -Sabes, lo supuse. -Acercándome hacía él le hablé al oído- Por eso fue el motivo por el cual me encuentro desnuda ante ti… quiero que me la metas hasta que termines en mi boca… ¿No quieres que te haga terminar?

    Él accedió, asintiendo con su cabeza nuevamente, medio nervioso me llevó a la habitación donde estábamos y ahí con la verga de fuera empecé a chupárselo, tan puta como debería ser se lo chupé sin parar como si fuera mi última mamada a alguien, se la chupé hasta que él me retiraba, quizá por temor a que se viniera…

    Entendí todo, por lo cual me levanté y le bajé su pantalón, mejor dicho, le retiré toda su ropa hasta dejarlo desnudo, lo senté a la orilla de la cama, me puse un poco de saliva en mi culo y me senté sobre su verga dura… Poco a poco iba entrando y lo disfruté ese momento como nunca en la vida…

    Hasta pronto, se despide su amiga Adriana.