Autor: admin

  • Deseo prohibido

    Deseo prohibido

    Voy a compartir una experiencia que en lo personal cada vez que la recuerdo me pone igual o más caliente.

    Pues pasó que hace algunos años atrás cuando estaba por entrar a la universidad en un lapso de vacaciones mi hermana me invitó a pasar unos días en su casa. Yo vivía en México con mis padres y ella vivía en Los Ángeles, California con mi cuñado Mario, su esposo.

    En un principio no me gustó la idea pues yo quería pasar tiempo con mi novio, pero mi mamá terminó enviándome a Los Ángeles a casa de mi hermana Brenda ella es mayor que yo. Total que llegué a California y mi cuñado Mario fue a recogerme al aeropuerto, ya tenía algunos años de no verlo así que cuando me miró casi no me reconocía. Ya no era la niña que conoció en México cuando era novio de mi hermana.

    Y me abrazó de gusto de verme, y Mario me dijo:

    -Dammy como has cambiado casi no te reconozco estás muy cambiada y hermosa.

    Le agradecí el cumplido parecía algo normal. Y nos subimos a su camioneta y nos fuimos a su casa, llegando a casa mi hermana Brenda ya me tenía un bonito recibimiento pues tenía comida lista y un bonito pastel algo de música y bebidas.

    Al vernos de frente Brenda me abrazó y me llenó de besos no podía creer que estaba ahí de visita, así que después del gran recibimiento le dije a Brenda que estaba algo cansada y necesita descansar del viaje. Y ella solo dijo:

    -Claro que si nena ya está tu dormitorio listo, pasa, date una ducha y descansa.

    Y me fui a la recámara, me desvestí y me metí a la tina para relajarme un rato. Después de algunos minutos me salí y me puse algo cómodo para dormir, la cama era algo tentadora así que me aventé y me puse leer un rato en lo que me daba sueño, esa era mi primera noche en Los Ángeles así que me sentía libre de la vigilancia de mis padres. Era ya pasada medianoche así que apague la luz para poder dormir, pero no contaba con que mi hermana y mi cuñado tendrían una noche intensa de pasión y todo se escuchaba en mi habitación, mi primera noche ahí y tenía que escuchar los gemidos de mi hermana o sea me daba mucho que pensar, pero estaba tan cansada que terminé quedándome dormida.

    Al siguiente día Brenda salió a su trabajo y mi cuñado igual así que me quedé sola en casa, tenía como el morbo en mente de lo que había pasado la noche anterior. No dejaba de pensar en los gemidos de mi hermana y me hacía pensar que mi cuñado era demasiado bueno en la cama.

    Después de algunos días de estar ahí con ellos y escucharlos a diario hacer el amor, una noche mientras estaban en su acto yo me paré en la puerta que estaba entre abierta y me quedé mirando como Mario le daba la verga por la boca a Brenda y ella se la tragaba casi toda, Mario le retacaba todo ese hermoso miembro que le alcancé a mirar y me dejó pasmada, era un pene algo curveado como que apuntaba hacia arriba y bastante grueso y tenía las venas resaltadas y ahí estaba Brenda succionándolo casi todo, y Mario se la retocaba más fuerte, la pobre de Brenda se ahogaba con aquel tremendo vergón.

    Después de rato Brenda lo montó y empezó a dar de sentones y Mario le mamaba las tetas parecía que se la quería comer. Y yo parada viendo todo ese espectáculo y obvio me empecé a tocar por debajo de mi bata, metí mi mano en mi húmeda vagina y empecé a acariciar mis labios vaginales y a apretar mis tetas con la otra mano, cuando Brenda se bajó para cambiar de posición Mario me alcanzó a mirar ahí parada tocándome y en un momento pensé que le diría a Brenda, pero siguió culeándola con ganas y yo ahí de frente a él masturbándome ya casi desnuda así que empecé a desvestirme y a mostrarle mis tetas y él le daba más duro a mi hermana hasta que de un sólo se la dejó ir toda que la hizo gemir como puta y yo casi me corría también.

    Después que Brenda terminó, Mario le sacó la verga de la vagina y se la retaco en la boca y le empezó a follar la boca como si la estuviera culeando por la vagina y yo ahí frotando mi clítoris y Mario mirándome como me tocaba, no aguantó más que terminó por vaciarse todo en la boca de Brenda, su respiración agitada se escuchaba en toda la casa y me excitaba demasiado así que no aguante más y el orgasmo se me hacía presente tuve que aguantarme de no gemir para no ser descubierta por Brenda, pero confieso que ese fue sólo el principio de varios encuentros con mi cuñado.

    Esto es solo el comienzo de esta historia porque aún no termina.

  • El secreto de la enfermera Jazmín (candente)

    El secreto de la enfermera Jazmín (candente)

    Una expresión de tristeza hizo brotar una pequeña lágrima de los hermosos ojos de la enfermera Jazmín, la lágrima rodó por su mejilla y se soltó de su barbilla cayendo en los voluminosos pechos que asomaban en su escote.

    Arrastré mi silla al lado de Jazmín, me senté y puse mi mano en su hombro para darle consuelo.

    -Tranquila, todos cometemos errores, eso nos hace humanos.

    -Lo sé, pero yo me siento sola, me he sentido abandonada por Alberto desde hace mucho.

    -No, mira, tranquila, no estás sola, cuentas con Mari y también conmigo si necesitas hablar en cualquier momento. Parte de la magia en las terapias psicológicas es hablar sobre lo que te abruma, eso esclarece tu mente y con nosotros te ahorras el costo de la terapia –dije tratando de hacer reír a Jazmín.

    -Bueno, ahora que tocamos el tema, quizá podamos ser confidentes. Te contaré. –agregó.

    Jazmín procedió a contarme el motivo de su pesar. Y me permitiré contarlo como ella me lo contó a mí.

    «Todo empezó una noche luego de una larga discusión con Alberto. Yo tenía que cubrir mi turno en el hospital. Esa noche debía cubrir desde las 9 pm hasta las 9 am del siguiente día. Llegué al trabajo enojada y frustrada. Mi trabajo aunque cansado a lo mejor me despejaría lo suficiente para olvidar las tonterías de Alberto.

    Esa noche cubría la unidad de medicina interna de hombres. Habían transferido a un nuevo paciente, su nombre era Edgar. Un hombre de unos 37 años, 1.80 m como de 75 k, atlético, con pectorales y abdomen bien marcados. Mis compañeras y yo cuidamos a todos nuestros pacientes sin preferencia alguna, sin embargo, ellas ya bromeaban sobre quien sería la afortunada de atender al señor Edgar ya que el sujeto era muy atractivo, tenía un cabello abundante y sedoso, unas cejas bien talladas naturalmente, una nariz respingada, un mentón que ostentaba una masculina barba y unos labios muy apetecibles.

    Desafortunadamente el señor Edgar había sufrido un accidente hace poco y una contusión le había dejado en coma. Los médicos continuaban trabajando para curarlo, pero los esfuerzos hasta ese momento eran en vano.

    Acababan de transferirlo a mi unidad y su camilla era un desastre, las sabanas estaban sucias, el señor Edgar necesitaba un baño urgente antes de ingresarlo a la unidad. Carol, holgazana como siempre, decidió hacer el papeleo dejándome a cargo todos los cuidados del señor Edgar.

    Lo llevé a una habitación privada y procedí a preparar lo necesario. Necesitaba hacerle un baño de esponja (bañar y vestir al paciente en su propia cama), cambiar las sábanas, etc. Llevé mis implementos y comencé mis labores.

    Comencé quitando las sábanas sucias, luego con delicadeza, retiré la bata del señor Edgar. Quedé impresionada al ver esa figura muy bien tallada. Lucía como el tipo de hombre que se ejercita pero sin excederse. Sus abdominales, aun estando relajados marcaban una forma de “V” que descendía hasta su pubis. Mi asombro solo aumentó cuando retiré el pantalón que llevaba. Unas gruesas y fuertes piernas que acaricié mientras retiraba su prenda. Unos glúteos redondos, firmes y levemente endurecidos que no dudé en apretar entre mis manos al desnudarlo.

    Pero lo más sorprendente fue lo que vi entre sus piernas. Un enorme pene reposaba flácido sobre unos testículos redondos y grandes. Jamás había visto un pene así, su tamaño no correspondía a su flacidez. No soporté la curiosidad y lo medí con mi cinta métrica. 14 cm. en estado de reposo. Aquello era una barbaridad. Gran cantidad de pensamientos eróticos cruzaron por mi mente mientras mi vagina humedecía mi ropa interior. No podía permitir semejante cosa pues mi falda de uniforme era blanca y denotaba cualquier mancha de inmediato.

    Traté de ignorar aquel hermoso regalo de la naturaleza y comencé el baño. Pasaba la esponja mojada sobre aquellos firmes pectorales, sobre sus fornidos brazos, su tallado abdomen. Aquella labor comenzaba a ser placentera pero una tortura a la vez. Tener entre mis manos a semejante figura y no poder hacerlo mío. Comencé a enjabonar aquel escultural cuerpo. Sentir cada uno de sus músculos entre mis dedos escurridizos me prendían de manera desmedida.

    Miré al techo de la habitación. Era una pequeña habitación utilizada para exámenes de rutina. Me di cuenta que no habían cámaras de seguridad. Estábamos solos, aquel sensual hombre y yo. En un arrebato de adrenalina y excitación me decidí y cerré la puerta de la habitación, coloqué el letrero de “Ocupado” en la puerta, cerré las cortinas quedando completamente aislada con aquel semental y regresé a él decidida a mitigar mi lujuria.

    Me quité la blusa, el corpiño rojo que me había puesto, era una lástima que aquel hombre no pudiera hacerme suya con sus enormes y venosas manos. Las tomé y apreté con ellas mis pechos. Mis pezones se endurecieron inmediato al sentir sus gruesos dedos apretujar mis senos. Continué enjabonando a mi caballero.

    La humedad comenzaba a escurrir fuera de mis bragas escurriendo por mis muslos. Me arranque la falda y las bragas. Por fin, estaba completamente desnuda junto a mi hombre, lo acariciaba con mis manos enjabonadas sintiendo la textura de aquel cuerpo maravilloso.

    Lo mejor lo había dejado para el final, enjaboné muy bien mis pequeñas y delicadas manos y comencé a acariciar ese enorme pene. Lo sujeté del tronco y lo levanté, era muy firme a pesar de no estar erecto aún. Mi mano abarcaba su circunferencia con exactitud, era muy grueso. Comencé a acariciarme el clítoris mientras sostenía aquel trozo en mi otra mano.

    No lo soporté y me abalancé para comérmelo. Metí cuanto pude de esa verga en mi boca. Comencé a succionarlo de manera violenta. Pronto sentí como la sangre comenzaba a llenar el cuerpo muscular de su miembro. Lo masturbaba con mi mano mientras succionaba el glande con fuerza. No tardó más de 1 minuto y aquel pene de grandes dimensiones se había convertido en algo monumental.

    Aquel no era un hombre, era una bestia semental. Su pesada verga reposaba hacia arriba sobre su abdomen, su longitud sobrepasaba ligeramente su ombligo. Y su grosor, ni hablar, no era capaz de cerrar mi mano ante semejante circunferencia. Eran 22 cm de puro placer y gloria. Lo sujeté con ambas manos y comencé a masturbarlo.

    Cuanto más lo masturbaba más parecía inflamarse, una enrojecida cabeza goteaba líquido seminal por su orificio mientras las venas se marcaban a lo largo de todo el pene. Me comía ese glande como un helado, jamás había sentido tanto placer, era la verga más deliciosa que había probado. Su zona púbica estaba muy bien afeitada aunque él era velludo.

    Me subí sobre él, abriendo mis piernas lo acomodé entre ellas. ¡Uf! ¡Qué delicia! Era como sentarse sobre un tronco pero terso y suave. Yo estaba casi tan enjabonada como él. Me incliné para besar sus labios, eran suaves y aunque inmóviles estaban deliciosos. Los devoré mientras me masturbaba el clítoris con la punta de su glande.

    El jabón hacía que todo estuviera resbaladizo, mis jugos brotaban como fuente sobre su verga endurecida, introduje el glande en mi vagina. ¡Santo Cielo! Jamás había sentido mi vagina estirarse de esa manera. Era casi como sentir una mano tratando de entrar en mi estrecha concha. Continué masturbándome con su glande hasta que mis flujos remplazaron el jabón por completo. Su pene ahora estaba barnizado con la caliente lubricación de mi sexo.

    Lo intenté de nuevo, introduje esa gigantesca cabeza en mi vulva. ¡Mierda! Era lo más delicioso que jamás había sentido. Dolía un poco, pero pronto me adapté a su descomunal tamaño. El grosor de aquella verga presionaba por dentro mi punto G. estimulándome de manera sobre humana. Fui sentándome sobre aquella inmensa, firme y dura erección dejándome penetrar como una perra. Mi vagina había alcanzado sus límites, se expandió al máximo a lo ancho y a lo profundo. Sentí su glande llegar al fondo de mi vagina y presionar contra mi útero.

    Un pequeño dolor me advirtió sobre mi limitada capacidad anatómica. Bajé mi mano para sentir su verga, aún quedaba una tercera parte de ella fuera de mí. Estaba tan excitada que mis caderas comenzaron a moverse de arriba abajo, engullendo esa gigantesca verga dentro de mi sin parar. Mis fluidos escurrían sobre sus hinchados testículos que brincaban al compás de mis cabalgadas. Mis glúteos rebotaban amenizando cada embestida. No podía contener mis gemidos, quería gritar. Por suerte el bullicio del gentío fuera de la habitación mitigaban aquella lujuriosa melodía de gemidos y chapoteos.

    Comencé a sentir los espasmos en el pene del señor Edgar que hacían que se hinchara un poco más dentro de mí. Era el aviso de su orgasmo. Aproveché la viscosidad de aquel manjar para penetrarme esa verga por completa. No quería terminar aquella experiencia sin vivirla al máximo. Dejé caer todo mi peso sobre aquel tronco sobre humano.

    Sentí su pubis chocar con mi clítoris y sus testículos exprimirse entre mis nalgas estimulando mi ano. La enormidad de aquel miembro me rompía por dentro. Pero lo estaba disfrutando como nunca. El glande hinchado de su verga había encontrado el orificio en mi cuello uterino y lo penetró. Sentí su glande literalmente entrar hasta mi útero y deslizarse entre las paredes de mi matriz. El dolor fue intenso, pero no voy a negar que el inmenso placer lo compensaba por completo.

    Un grito desgarrador escapó de mi garganta. Pero nada me importaba en ese momento. Estaba llena de lujuria, ebria de placer. Mis movimientos eran casi involuntarios.

    Continué moviendo mis caderas. Presionando sus testículos en mi culo. Sintiendo su verga hurgar en mi matriz. Atravesándome con ese descomunal miembro que jamás volvería a encontrar en la vida.

    Un espasmo intenso ensanchó su gran pene cuando un enorme chorro de líquido caliente brotó en el interior de mi sexo. Sentí ese líquido llenar mi útero con facilidad, hasta mis trompas de Falopio. El resto comenzó a desbordarse en mi vagina escurriendo por los bordes de mi vulva. La sensación era exquisita. Estaba en éxtasis.

    Mi vagina comenzó a contraerse, un cosquilleo recorrió mi sexo, recorrió mi culo, subió por mi espalda para esparcirse por todo mi cuerpo. Grité, gemí y me estremecí sin pudor. Mis tetas estaban inflamadas de excitación, mis pezones endurecidos goteaban de placer.

    Continué moviéndome disminuyendo la velocidad y la intensidad paulatinamente. Mi orgasmo duró casi 3 minutos. Pero sentí que eran interminables. Mi cuerpo débil y asustadizo temblaba sin control. El pene de aquel hombre permaneció endurecido durante 5 minutos más. Solo me recosté sobre su pecho mientras sentía como su pene se relajaba dentro de mí muy lentamente. Deslizándose naturalmente fuera de mí poco a poco.

    Aun estando en completa flacidez, la longitud y el grosor de aquel pene lo hacían permanecer dentro de mí. No quería que terminara. Aquel era un sueño. El bullicio fuera de la sala parecía menguar. Así que decidí terminar con mi fantasía. Deslicé lentamente aquella verga fuera de mí. Su semen escurría a borbollones fuera de mi concha. Estaba tan dilatada que tuve que esperar unos minutos para no chorrear la abundante cantidad de semen que aquel hombre había dejado dentro de mí. Quería sentirlo así por el resto de la noche. Caliente, viscoso y escurridizo por dentro.

    Terminé de enjuagar al señor Edgar. Le puse la ropa limpia, la más suave cómoda que encontré. Arreglé con esmero su camilla y lo acomodé cariñosamente. Hice todo aquello mientras continuábamos encerrados y yo completamente desnuda.

    Arreglé todo. Y me vestí para salir. Llevé al señor Edgar a su cama correspondiente y entre 3 chicas lo acomodamos.

    Desde ese día hice las asignaciones de pacientes al personal de enfermería. Me dejé los cuidados del señor Edgar sólo y exclusivamente a mí. Pongo todo mi esfuerzo en los cuidados del señor Edgar, sueño con su pronta recuperación para poder conocernos e invitarle a salir. Después de todo, soy suya aunque no lo sepa… Aún.»

  • Un segundo intento para un trío

    Un segundo intento para un trío

    Mi mujer estaba frustrada tras haber esperado disfrutar de dos vergas a la vez y no haber podido. Por cuanto mi compañero se vino muy rápido.

    Esta es una continuación de mis relatos anteriores “Matando la rutina (Primera y Segunda Parte)”.

    Unas noches después de nuestro primer trío, mi esposa estaba algo insatisfecha, me costaba trabajo satisfacer su apetito sexual por la decepción tras la venida rápida de mi amigo y para lidiar con esto, se me ocurrió ofrecerle un consolador de 18 centímetros y acepto.

    Lo compramos y ¡bomba! el fin se hizo real, pues le metí mi verga por detrás y los 18 cm de consolador estaban en su coño totalmente cubierto por los jugos sexuales sin dejar un solo centímetro afuera. Mi mujer gritaba como loca, creo que los vecinos tuvieron que escuchar por fuerza y enterarse así; la perra que por las noches tengo en mi cama.

    Y una vez más nuestra imaginación hizo su parte, mi mujer le puso por nombre al consolador… Jorge… El nombre de su ex amor más recordado.

    ¿Quién es Jorge? Les contaré un poco sobre él.

    Mi esposa conoció a Jorge en una tarde caminando por la playa con sus amigas en el puerto la cruz tumbes. Y él estaba con su grupo de amigos exhibiendo lo que a mi mujer le llamó la atención, su pecho totalmente velludo y desde esa tarde mi mujer lo llama peloncito. Esa tarde solo lo vio por primera vez y no se dijeron nada, por la noche hubo una fiesta a la que acudió junto a sus hermanas (o sea mis cuñadas) y ¡eureka¡ allí estaba él acompañado en esta ocasión por una amiga de mi esposa, anclaje perfecto para que mi esposa pudiera conocerlo y en menos de un minuto mi esposa se había acercado a saludar a su amiga y como es lo lógico su amiga le presentó a Jorge, quien no dudo por un segundo contemplar el cuerpo perfecto de mi mujer, su gran culo y sus tetas asomando por los filos de un escote bien pronunciado en la polera sexi que esa noche llevaba puesta mi mujer. Sus ojos el resto de la noche no perdían oportunidad de disfrutar del bello cuadro que le parecía el culo de mi mujer y para hacer esta parte más corta solo unas noches después mi mujer ya se encontraba tumbada sobre la arena de la playa con las gruesas manos de Jorge apretando sus nalgas y su boca chupando sus tetas.

    Pero todo era tocamientos, besos y caricias ardientes que si bien eran fuego total. No había la fuerza necesaria para hacer que mi mujer echara a perder su sueño (llegar virgen al matrimonio) por esto, esta relación solo se basó en juegos sexuales sin penetración. Mi mujer dice que tras verlo así de excitado diciéndole una y otra vez que le deje poner aunque sea la putita en su coño ella le ofreció hacerlo por el culo a lo que él le respondió que no era cabro, que solo los cabros lo hacían por detrás, pero por algunos relatos que les contaré en otros escritos sé que solo decía esto porque su meta era cachar a mi mujer siendo él quien la desvirgara y eso nunca pasó.

    Puedo golpear mi pecho de orgullo y decir que fui yo quien le metió por primera vez la verga en su rico coño a mi mujer. Y en parte nuestros juegos sexuales se trataban de esto, de imaginar que lo que quiso su cuerpo hacer mientras ardía como causa de sus besos y tocamientos y que no pudo. Ahora en nuestra cama mientras la penetraba… ella, se hiciera la idea de que mi verga es la de su ex amor Jorge.

    -M… Aah jorge, sí. Sigue, sigue así, hazme ahora todo lo que quisiste hacerme cuando estábamos sobre la arena de la playa.

    Cada vez mi mujer repetía esta frase con mayor fuerza, a la medida en que mi verga se hundía en su rico coño y mis bolas parecían aplaudir al chocar con sus nalgas, era sorprendente como su cuerpo terminaba rendido sobre la cama, cubierta de nuestros jugos sexuales.

    Ver sus tetas moverse por su agitación y oír su respiración apresurada, provocaban en mi el besarla desde sus pies hasta las puntitas de sus tetas. Haciendo una breve parada en su coñito y continuar luego por su ombligo hasta llegar a sus sublimes pezones.

    -Te amo -sonaba entre un susurro, mientras sus manos sujetaban mi cabeza por los cabellos buscando que no deje de disfrutar de sus tetas que para este momento otra vez estaban duritas indicando que ella estaba preparada para una segunda ronda de placer.

    Y cuando me encontraba chupándole otra vez su coñito, ella me dijo:

    -amor quiero que intentemos otra vez

    -¿Otra vez qué? -Le dije

    -Ya pues, no te hagas. Sabes bien que me estoy refiriendo a que volvamos a probar con un trío.

    Le dije que estaba bien, que llamaría a mi amigo y le preguntaría y antes que termine de decirle eso.

    Mi mujer me dijo que lo hagamos con otro, ya no con mi amigo al que ella llamaba pistola defectuosa o cañón de un solo tiro.

    -Quiero una verga que me haga gozar, que me haga gritar así como las putas de los videos.

    -¿Segura que eso quieres? -Le pregunté algo extrañado.

    .Si quiero que me hagan sentir una perra…

    Desde ese momento por varios días estuvimos pensando a quien le diríamos ahora y no sería una tarea muy fácil porque teníamos el temor de repetir la misma experiencia de un cañón defectuoso jeje.

    Tras casi un mes llegó un amigo a visitarme y luego por la noche en plena acción cuando mi verga era una manjar en boca de mi mujer ella entre mete y saca me dijo:

    -Tu amigo José tiene un cierto parecido a Jorge.

    -Ah si? ¿Entonces, te gustaría que el trío fuera con él?

    Podría ser me dijo con la cabeza de mi verga dentro de su boca.

    -¿puede, o quieres que sea con él?

    -Sí, quiero sentir su verga dentro de mí -me decía mientras rosaba sus tetas sobre mi pecho con un ritmo muy suave.

    -Está bien -le dije.

    Voy a sondear a José, a ver si se atreve a hacer un trío con nosotros. Aunque de antemano yo tenía casi el 90% de certeza. Pues sabía que él llevaba meses separado de su mujer. No puedo decir que llevará meses sin sexo, pero sí que no lo hacía más con su mujer, así, que teníamos la esperanza de que diría que sí. No me fue muy difícil convencerlo y unas pocas noches después se dio la oportunidad.

    Llevamos a José a nuestro terreno a las afueras de la ciudad, y esta vez mi mujer disfruto cada momento desde que llegamos. Le chupamos las tetas una cada uno, con mis dedos le sobaba su culo mientras José le metía sus dedos en su coño sin dejar ninguno de los dos de chuparle las tetas, los gemidos de mi mujer empezaron hacerse más fuertes con cada vez que José le empujaba sus dedos hasta el fondo y yo con uno de mis dedos habría su ano que lo tenía bien apretadito.

    Luego nos acostamos boca arriba y mi mujer empezó a chupar nuestras vergas turnándolas. Pero evidentemente demorándose un poco más en las veces que chupaba la de José y claro que era lógico lo que hacía, la mía la tenía todas las noches y ella debía disfruta de la verga extra que tenía en esa oportunidad.

    A diferencia de la vez anterior, esta vez podía ver en los ojos de mi mujer disfrute perfecto, se cogia de las vergas como si no quisiera soltarlas nunca. Luego poco a poco fue colocándose de rodillas poniendo hacia mi su culo y entonces entendí perfectamente que deseaba mi verga entrando y saliendo de su coño mientras disfrutaba del banquete que era para ella la verga de José.

    Luego llegó el turno de que la verga de José entrará en el coñito de mi mujer y mientras chupaba mi verga pude sentir como casi me la muerde apenas sintió como José le metía su fierro. Y allí estaba ella, disfrutando por primera vez, tal como lo habíamos imaginado (su placer era extremo entre chupar y recibir verga por su coñito).

    Y esta vez pudimos decir estando ya en casa (satisfacción total).

  • Esos encuentros sexuales inesperados

    Esos encuentros sexuales inesperados

    Karla era mi mejor amiga, era la única chica con la que podía sentarme a hablar por horas y de quien nunca pensé que podía pasarnos algo más que la amistad. Ella es muy linda, una morena de gran carisma, piel suave, y unos senos grandotes.

    Cuando estaba de novio ella era la que siempre me contaba que debía hacer o no hacer. Ella se casó, y el tipo con el que estaba era muy malo con ella, claro después de casarse fue que se dio cuenta.

    En una de esas ocasiones donde ellos estaban peleados, estábamos conversando por chat, y entre toda la conversadera, terminamos hablando de los besos y yo le dije que a mí me dijeron que ella besaba bien. Fue entonces así que caímos en ese plano juguetón donde le dije que eso había que comprobarlo, me sorprendí porque ella estaba muy dispuesta a comprobarme que de verdad besaba bien.

    Un día salimos, íbamos a comprar algunas cosas, y cuando llegamos a casa, en el estacionamiento le pregunté si era en serio eso de comprobar lo de los besos y ella me dice que sí, que cual era el miedo, entonces me acerqué y fue nuestro primer beso, allí dentro del carro y fue muy dulce, de verdad me gustó.

    Subimos a mi habitación porque ella haría algo en la PC, me coloqué detrás de ella y masajeé sus hombros, que carrizo, ya lo que queríamos era besarnos, nos besamos como locos apasionados, su lengua se enredaba con la mía, besé su cuello, la levanté de la silla y la abracé sin dejar de besarla, mis manos recorrían su cintura y su espalda, bajé hasta sus nalgas y me dejé apretar, mi pene estaba bien parado dentro del pantalón, pero estaba seguro ella lo sentía.

    Seguimos besándonos así, más y más, sin quitarnos la ropa, la llevé a la cama, abrí sus piernas y me metí entre ellas haciendo movimiento como si la estuviera penetrando, pero con la ropa puesta, ella me dijo, “vas a matar a tu novia” yo estaba full excitado, así que saqué mi pene y se lo dejé ver y me acerqué de nuevo a ella besándola y rozando mi miembro en su vagina sobre la ropa rozando con fuerzas y ella, estaba empapada que ya se marcaba en su ropa.

    Me levanté, me entro como un golpe de conciencia, pero el pene parado no me dejaba pensar bien, le dije “mejor vámonos” y ella asintió. Cuando salimos de la habitación en el marco de la puerta volvimos a besarnos y saqué de nuevo mi pene rozándolo con más y más fuerza que hasta me causé un raspón como si quemara la cabeza de mi pene con el roce en las telas de tu pantalón.

    No me importó ese pequeño dolor, guardé y bajamos, fuimos a la cocina, estando allá nos empezamos a besar de nuevo y esta vez me atreví a recorrer sus senos, que ricos, sus pezones me encantaron, eran grandes y oscuros, deliciosos, los lamí, los succioné mientras ella agarraba mi cabello, y me dijo, “no aguanto más”, se agachó, sacó mi pene y comenzó a mamarlos deliciosamente, una mamada difícil de olvidar, era la segunda vez en mi vida que me lo chupaban y se sentía delicioso, tanto así que casi saca mi leche, salió un poquito y le dije que se detuviera, se levantó y me dijo que sabía delicioso…

    Fue muy excitante, mi amiga Karla, aun me gusta, aun me encanta. Pero que se le va a hacer, no es mía.

  • ¡No te corras adentro de mí!

    ¡No te corras adentro de mí!

    Me gustaban las matemáticas, no tanto a como me gustaba la profesora de matemáticas, la jovial y bella Mrs. Pat. La tuve en mi primer y último año de preparatoria: algebra y trigonometría, pero también iba por lo menos dos veces a la semana a su tutoría que impartía por las mañana antes de comenzar el horario regular de la escuela.

    Patricia Patterson, mejor conocida como Mrs. Pat, era la profesora más joven que haya visto por ese tiempo en la escuela. Tenía el infortunio de haber quedado viuda a tan joven edad, pues su esposo había fallecido en ese famoso ataque en Beirut en el 1983 y en el otoño del 1984 fue cuando entré por primera vez a su aula escolar. Rondaba los 27 años, pero su rostro y cuerpo juvenil se camuflaba como una estudiante más de la escuela. Tenía facciones bonitas y años después siempre la recordaba cuando veía las películas de Julia Roberts, pues tenía un enorme parecido a ella, aunque creo que Mrs. Pat, tenía más trasero.

    Siempre fue una mujer muy profesional, aunque por ese tiempo inventaron que tenía un amorío conmigo debido a sus atenciones, pues creo que la admiración era mutua y tampoco yo nunca me propasé o nunca me le insinué en nada. En ese tiempo era una relación de alumno y maestro y realmente nunca averigüé el por qué se dio ese rumor y en el cual conllevé una interrogación por parte de mis consejeros, al punto que involucré a mi madre y con las semanas aclaramos la intachable reputación que Mrs. Pat había cosechado en esos primeros años como maestra.

    A muchos estudiantes de mi edad nos gustaba y fantaseábamos con ella, pero Mrs. Pat reconociendo y con la experiencia de haber pasado recientemente por nuestra edad, se mantenía siempre distante y realmente era más estricta que el docente promedio. Nunca me habían gustado las matemáticas, pero me gustaba tanto esta profesora que comencé a encontrarle el gusto a esta asignatura.

    Cuando me gradué de preparatoria y comencé a ir a la universidad, siempre la iba a visitar de vez en cuando por las mañanas a su aula de tutoría. Sabía que cumplía años en octubre y recuerdo que la invité a desayunar ese día y había aceptado. De esa manera nos fuimos acercando y ella me dio tanta confianza que un fin de semana me invitó a ver películas en su apartamento. Ya para ese año me acercaba a mis 20 y ella tenía 30 años. No se había vuelto a casar y por lo que ella misma me contaba, no tenía novio tampoco.

    Un día me propuso en ir a una fiesta y que, si pudiese pasar como su novio, pues quería alejar a un admirador indeseado. Obviamente acepté, pues me gustaba la idea y ese día desde antes de llegar a esa fiesta tuve un acercamiento físico con Pat, como la comencé a llamar. Entramos tomados de la mano y me sorprendí al conocer a sus padres y quienes me dieron la bienvenida. Llegó la noche y eran horas de la madrugada y después de compartir con su familia y amigos bailando y tomando algunos tragos salimos rumbo a su apartamento donde la debería dejar. Me iba a despedir cuando ella me preguntó: ¿Quieres subir? Quédate, hazme compañía.

    Entramos a su apartamento y sabía que Pat se había tomado unos tragos de más. La llevaba del brazo y de repente se dio vuelta y me dijo: Tony, tienes una sonrisa muy linda… regálame un beso. – Me quedé estupefacto y con las dudas que sí había escuchado bien. Me abalancé para darle un beso y seguimos besándonos hasta caer sentados en el sofá de la sala y continuamos besándonos por largos minutos. Ella se quitó la chaqueta pues entramos en calor y solo me miró de nuevo y se dirigió a mi boca diciéndome: Eres un chico muy guapo… me gusta como besas.

    Poco a poco fui encontrando el valor de buscar su cintura y tomarla del trasero. Hasta ese punto todavía me invadía el respeto que le tuve de alumno y que me era muy confuso de cómo proseguir. No sabía hasta donde tenía permiso tocar o qué es lo que podía hacer hasta que Pat me comenzó a remover mi camisa y buscar mis tetillas para mamarlas. Eso me abrió el camino para hacer lo mismo y ella me asistió en remover su blusa y quedaba solo con su sostén y sus pantalones negros. Ella llegó a besarme hasta el ombligo y la recosté en el sillón y comencé a besarle y mamarle sus pechos, pues ella se lo había desabrochado para hacerme más fácil el camino e insinuarme que sí estaba dispuesta.

    Por sobre ella y besándole por el cuello logré desabrocharle sus pantalones y bajarle el cierre y como pude, logré introducir mi mano entre su panti y tocar su sexo húmedo. Gimió de placer cuando sintió mi invasión de mis dedos y los cuales comenzaron a masajear su clítoris y de vez en cuando lograba introducirle uno de mis dedos en su vagina. Quizá pasamos en ese juego de exploración por unos veinte minutos y realmente los dos estábamos más que excitados.

    Pat se puso de pie y se despojó ella misma del pantalón y se quedó solamente con sus bragas estilo bikini de color blanco. Me incorporé junto a ella y me asistió en hacer lo mismo sin quitarme mi calzoncillo también estilo bikini del mismo color, aunque el mío era semi transparente. En el mismo sillón me fui por sobre ella a seguir mamando sus pequeñas tetas y le estiraba a placer sus erectos pezones. Ella solo gemía tímidamente del placer y así con nuestras prendas íntimas puestas todavía, comencé a hacerle un canal por sobre sus pantis y sentía el calor exquisito de su húmeda conchita. Hacíamos un vaivén sin todavía penetrarla, pero fue lo suficiente para hacerla llegar a tocar el cielo. Con una agilidad le hice de lado las bragas y había sacado mi verga y se la hundí a Pat en ese toque punzante de electricidad que fue su orgasmo. Pat no dice mucho cuando hacía el acto sexual, lo de ella son solo gestos y tímidos gemidos. Me pidió que no me fuera adentro de ella y apenas pude sacarla y me he ido dejándole caer mi corrida por sobre sus bragas. Cuando recuperamos la respiración nos fuimos a tomar un baño juntos.

    Pat me enjabonó y restregó la verga y yo hice lo mismo con ella. En la ducha me comenzó a dar una exquisita mamada y me dijo algo que me llevó a recordar a esa chica de la escuela: Sabes, tienes una hermosa verga… ahora sé por qué volvías locas a las chicas de la escuela. -Me la follé en la tina y le provoqué otro orgasmo que hizo le temblaran las piernas, pero igual, me pidió que no me corriera en su conchita y cuando se la saqué porque me venía, me hizo que me viniera en su boca. Qué lindo fue ver a Pat recibiendo mi descarga en su linda boca. En otra ocasión intentamos el sexo anal, pero no era lo de ella. Le penetré su ano con mis 22 centímetros, pero no lo aguantó para hacer ese vaivén sexual. Por esos meses cogimos algunas veces y manejaba desde la zona de San Francisco a Los Ángeles, solo para poder sentir esa rica conchita y sus mamadas tiernas y delicadas.

    Un día llego el fin, pues ella me lo dijo con esa seriedad que le caracterizaba: Tony, me gustas mucho, pero sé que lo nuestro no puede ser… Sé que eres un picaflor y siento que me estoy enamorando de ti y no quiero salir lastimada. Es mejor que le pongamos fin a esta relación. – La verdad que también yo me estaba encariñando con ella. Ese día follamos como locos y nos dimos un tierno beso de despedida y nunca la volví a ver jamás.

  • El aprendiz, La FemDom y el cuckold

    El aprendiz, La FemDom y el cuckold

    La esperada noche llego al fin. Tenía todo listo, después de una semana de intenso chat con Eli, una sensual rubia que contacté por una App de citas. Mi deseo de poder verla y concretar lo que nos dijimos por chat era irresistible.

    Suena mi teléfono, un mensaje de ella “te espero” y una foto sacada bien enfrente de su sexo, se la ve sentada en el piso de piernas abiertas con una sensual tanga rosa, dando ese toque inocente que arremete más mi mente ya que ella es 18 años menor que yo y su fantasía siempre fue alguien de 40.

    Se puede ver como su dedo insinúa correr la prenda para iniciar su propio placer. Automáticamente después de la foto me envía otro mensaje “Hoy me vas a dar lo que derramaste en cada tributo que me hiciste”. Para ser menor, sabe cómo llevar las riendas del asunto se la percibe dominante y eso me excita, porque si bien es menor que yo, está claro que sabe lo que le gusta y como lo quiere.

    Me cambio, me perfumo y me dispongo ya listo para nuestro encuentro.

    Me pasa su ubicación por mensaje, ajusto mi GPS y me aventuro a mi noche de placer.

    Al llegar al edificio toco el portero y al preguntar quién es, respondo con mi nombre. “Lautaro” y automáticamente se puede sentir que ríe suavemente al escuchar mi nombre.

    Ya en el ascensor, aprovecho el espejo para acomodarme mejor la ropa. Al llegar al 5º piso las puertas corredizas del ascenso se abren y para mi sorpresa ahí está, con sus tacos y ese vestido corto marcando sus curvas. Ninguno pierde el tiempo nos encaramos y a mitad de camino nos alcanzamos para fundirnos en un beso totalmente húmedo. Mi lengua invade su boca buscando la profundidad de ella, te tomo de la cintura y la nuca, te hago mía y sus manos en mi espalda presionan para que nuestros cuerpos estén más juntos, haciéndome suyo.

    Sin separar nuestros labios, salimos del ascensor antes que este se cierre y como sabiendo que es lo que iba a suceder, caminado de espaldas me lleva hasta su departamento que tiene la puerta abierta. Su deseo era tal que no quería perder tiempo abriendo la puerta. Al entrar me saca mi saco y con mis pies me quito el calzado, ella deja caer al piso su bello vestido dejando al descubierto su hermoso y sensual cuerpo, solo con su tanga rosa, la misma de la foto, y sus estiletos negros queda al placer de mi vista, excitado me abalanzo a ella y con su mano en el pecho me frena.

    -No tan rápido caballero, está en mi casa y las reglas las pongo yo. Con autoridad me detiene, su seguridad me excita.

    -Quiero que te desnudes, solo déjate el bóxer puesto.

    Soy su invitado y obedezco, la ropa queda en el piso de la sala, con su mano me hace señas que la siga, su sonrisa es de total picardía, para su joven edad tiene muy claro su rol. Al girar y poder apreciar mejor su culo, me sigue regalando bellas sorpresas, se puede ver detrás del hilo de su tanga esa joya en forma de corazón rosado haciendo juego con su ropa interior.

    -Supongo ves la joya de mi plug, ya te había dicho que si te portabas bien, te iba a dar todo, así que lo estoy preparando para vos… pero veremos si te lo ganas.

    Al entrar a su dormitorio, hay varias velas encendidas sobre tu chifonier una tela negra y unas cuerdas de yute.

    -Contra la pared, AHORA! –Su actitud es brutal, no puedo más que obedecer. Agarra la cuerda de yute y mirándome fijamente comenta las reglas.

    -Hoy quiero jugar fuerte, hoy quiero que seas mi hombre fuerte, pero todo tiene un límite. Y si hay algo que te haga y no te gusta me lo advertís con la palabra “ROJO”, si lo que te hago es tolerable, pero aun así, te molesta, me advertís con la palabra “AMARILLO”. Que esto esté claro, porque solo vos podes decirme hasta dónde puedo llegar. ¿Estamos claros?

    Asiento con la cabeza, la situación realmente me tiene excitado, toda la semana pensando que iba a dejar en ella mi experiencia por nuestra diferencia de edad, pero resulta que ahora soy yo el niño inexperto.

    Estando ya contra la pared, tal como me lo ordeno, me hace elevar mis brazos cuando miro hacia arriba noto que hay en la pared ganchos los cuales me ata usando la cuerda de yute quedando inmovilizado.

    Ya a su merced, me toma de la quijada y con su lengua lame mi mejilla para después besarme con pasión, con su otra mano, arañando mi pecho, va bajando hasta llegar a mi sexo semi erecto.

    -Me gusta que no me estas cuestionando nada, sos obediente, y mereces un premio por eso.

    Empezando por mi cuello, comienza a besarme por el cuerpo, sin soltar mi glande, que a la par de sus besos empieza a ganar rigidez. Haciendo una pequeña pausa por mis pezones, su lengua juega en uno de ellos, lo chupa y suavemente lo muerde tirando de el con sus labios, mi gemido es inevitable y puedo escuchar reír satisfecha de tu cometido. Sigue su camino, bajo mi cabeza para verla y una vez llegando a la altura de mi, ya si, firme verga, me mira desde abajo, en cuclillas conservando esa sonrisa, pero con una mirada perversa. No deja de masturbarme, la imagen es completamente excitante. Se humedece los labios con su lengua y yo todo lo que deseo es verla devorar mi falo, que me lo llene de saliva tal como me lo decía en varios de nuestros chat. Pero no lo hace, solo me mira y me masturba, se divierte con la expresión de mi rostro por el placer que me da.

    -¿Te gusta que te haga la paja?… ¿te la hago bien? –Pregunta buscando mi aprobación. Excitado solo asiento con la cabeza. Y cuando creí que todas las sorpresas habían acabado, se reincorpora de su posición y va al chifonier y en una mano me muestra una navaja.

    -Te voy a llevar al límite, pero tranquilo, recuerda las palabras claves.

    Curioso no sé qué responder, quiero conocer más, quiero ser su juguete, su placer, me estoy dejando llevar y me excita su dominio.

    Sin previo aviso, activa el mecanismo del arma blanca. De la empuñadura sale la afilada hoja de acero y en un rápido movimiento se arrodilla y con ella lentamente va rompiendo mi ropa interior, quedando colgada de lado y mi erecta intimidad, ahora sí, completamente descubierta.

    -Mmmm tu pija sigue dura, no te dejas asustar… mereces otro premio por tu buen comportamiento.

    Sus labios carnosos se humedecen nuevamente con su lengua y sin dar tantos rodeos, su boca se alimenta de mi verga, completamente dentro de ella, se puede escuchar como hace pequeñas arcadas. Al retirarla de allí, los hilos de saliva caen en sus muslos y nuevamente comienza a masturbarme. Yo el único sonido que hago son los gemidos por el placer que me entrega. Su excitación también se hace presente y veo como se toca mientras sigue chupando, lamiendo y besando mi glande.

    Mientras me da su mejor sexo oral, a la par que su mano derecha viola con intensidad su mojada vagina, escucho el ruido de la puerta, alguien entra. En voz alta pregunta por ella.

    Al entrar al cuarto, nos encuentra en una situación de la cual no se puede disimular, el pánico corre por mi cuerpo, pero en segundos noto que ella no deja de chupar mi miembro. Nuestro visitante nos mira, supongo que por mi cara de incrédulo sonríe, y mientras la mira a ella comenta.

    -Putita, ¿este era tu regalo de aniversario?

    -Si mi amor, sabes lo mucho que me gusta ser tu puta, pero hoy quería romper los límites –le responde a su pregunta.

    Yo, aun anonadado, sigo sin entender que sucede.

    -Lautaro, él es mi novio, Matías, y siempre tuvo la fantasía de verme coger. –Sin dejar de masturbarme me presenta, y prosigue– Te lo habría dicho antes, pero tenía miedo de que no quieras y realmente nos gustaste a los dos, porque obviamente el vio las fotos que me enviabas.

    Sigo callado, no sé qué hacer, el morbo me invade. Quiere que la coja delante de su novio mientras el mira. La situación es de otro mundo, nunca me había pasado algo así.

    -No estás obligado, si lo pedís te soltamos y podes irte –me dice Matías mientras me mira.

    -No pares… -Son las dos únicas palabras que salen de mi boca. Eli mira a Matías con una gran sonrisa. El sale del cuarto para volver unos instantes después con una lata de cerveza, se sienta en un pequeño sillón ubicado en la esquina del cuarto y se dispone a disfrutar del placer que su novia le está ofreciendo.

    Eli, aun arrodillada y sin haberme soltado desde que llego Matías, me mira sumamente divertida, con una gran sonrisa, contenta de aceptar su juego, agrega.

    -Lautaro, te mereces otro placentero premio.

    Eli, se levanta y apoyando su culo en mi erección lo se frota con ella, con sus manos se abre más sus nalgas, literalmente me masturba entre su bello trasero. Luego se deja caer hacia delante, con las piernas extendidas demostrando gran destreza y elasticidad, con su cabeza a la altura de los tobillos y con una mano en el piso para sostener el equilibrio.

    Su vagina queda completamente expuesta en esa posición y con su mano libre veo como se la lleva a la boca para lamerla, llenarla de saliva y acto seguido se frota su concha mojándola más aún. Toma mi verga y poco a poco la acomoda sobre sus labios. Yo inmóvil dejo que ella se penetre sola, solo empuja desde su cadera lentamente, suave, puedo sentir la tibia temperatura de tu intimidad, suave, mojada, siento como mi miembro la va penetrando milímetro a milímetro hasta que y está completamente dentro de ella. Como péndulo, ayudada por su mano en el piso, se balancea de menor a mayor en el ritmo, sus gemidos comienzan a llenar el silencio de la habitación y también hacen coro junto a los míos.

    La cama de la habitación está a pocos centímetros de ella, se reincorpora un poco y en vez de quedar apoyada en el piso, ahora se sostiene en el borde de la cama.

    -¿Te gusta mi amor? Lautaro tiene una linda pija y la siento muy adentro, me estremece de placer mi vida, me está volviendo loca. –Sin quitar su mirada sobre Matías, Eli le expresa lo que siente al ser penetrada, en su voz se siente, aparte de su excitación, un tono dulce al hablar con él. Luego voltea su cara y me mira.- Te estás portando muy bien Lautaro, tu pija no defraudó y me encanta como coges.

    Con un tono de voz más “perra” me expresa su satisfacción, nuevamente gira hacia Matías para buscar su aprobación. El, con su cerveza a un costado, solo tiene ojos para Eli, su mano frota por encima del pantalón su bulto dejando en evidencia su pronta excitación.

    -Si mi amor, pajeate para mi, quiero ver cómo te sale leche mientras Lautaro me coge.

    Excitada, le solicita su deseo a su amor, el, devoto a ella, se desprende el botón de su jean y baja su cierre continuando el pantalón hasta las rodillas. La protuberancia de su sexo asoma al bajar sus prendas y con total placer escupe su miembro para lubricarlo y comienza a masturbarse al ritmo que Eli me coge, como queriendo buscar la misma sinfonía de sus movimientos para sentir que él es quien se la coge.

    Viendo como su pareja se masturba para ella, Eli aumenta sus movimientos, recorre toda la longitud de mi sexo, llevándolo al límite de la cabeza pero si sacarla de su interior. Me extrémese, veo su culo avanzar y retroceder, decorado con su joya la cual siento que por su peso y solidez, roza mi verga en cada embestida de ella.

    -Todavía no acabes amor, quiero que guardes tu lechita para lo mejor.

    Eli, con cariño, le solicita a Matías que aguante, que no se acelere. Yo sigo atado a la pared, con deseos de romper todo para agarrarla a ella y cogerla con total brutalidad. Ella me sigue cogiendo a su placer y gusto, mientras mi cuerpo se tensa, ella gira su rostro que queda escondido en su pelo, apenas puedo ver su mirada de placer y su media sonrisa mientras muerde su labio inferior. Mis manos se cierran, se abren, toman las cuerdas y tiro de ellas para desatar el nudo que Eli hizo en los ganchos, pero mis esfuerzos son estériles. Ella viendo mi desesperación me coge con más vigorosidad, más profundo, esta vez, con movimientos más cortos, pero rápidos. Hace cada tanto, pausas cuando mi verga está absolutamente dentro de ella y empuja más para tener más profundidad.

    -Qué bien se siente tu verga dentro, me encanta, me encanta verte loquito de ganas de agarrarme y violarme, pero hoy sos mi juguete y estas acá para regalo de mi cornudito, -otra vez, como cada vez que me habla a mí, lo hace más perra, más dominante, a diferencia de con Matías.

    Se nota el amor entre ellos, a pesar del morbo de la escena, en sus miradas hay amor, hay algo que trasciende del cuerpo, de la carne o la lujuria. Se miran con un cariño único, y aunque no están en contacto físico, claramente están sincronizados, conectados y entregados uno al otro. El amor tiene muchas formas, claramente, ellos demuestran su amor, se aman y se entregan al 100% sin prejuicios ni tabúes…

    Siento que voy a explotar, Eli, astuta, siente como mi erección está más fuerte, sabe que todo me está llevando a otro nivel. Se aparta de mí, me agarra con su mano la verga empapada por sus flujos y acercándose a mi oído me susurra

    -Todavía no te dije que acabes, vos vas a darme leche, como mi conrnudo novio, cuando yo la pida.

    ¡Uf! Que mujer… Con un temple de acero marca su dominio en la habitación, gira para mirar a su novio y le advierte también a el que no acabe aun, quieres nuestra leche y parece que busca una sincronización en ambos. Puedo ver a Matías totalmente excitado, es increíble también como aguanta su deseo de no saltar arriba de Eli y olvidarse que estoy ahí, yo no lo hubiera dudado un segundo, pero claramente hay un código entre ellos y el respeta el deseo de su mujer.

    Eli se dirige al chifonier, toma algunas velas encendidas y las coloca un par de ellas a mí alrededor, luego vuelve por la cinta negra y me venda los ojos.

    -Voy a probar la cera caliente en tu piel, ¿estás listo para sentir el calor? Recorda las palabras claves ante cualquier eventualidad.

    -Adelante, nadie me llevo a tal extremo y quiero complacerte tanto como me estas complaciendo a mí. –le respondo para tu satisfacción.

    Completamente ciego, solo puedo escuchar sus tacos alejarse de mí. Es increíble, como a los segundos de estar ciego tus otros sentidos se empiezan a agudizar. Puedo sentir la voz de ella susurrando con su novio, pero sin entender lo que dicen, me pongo nervioso. Luego escucho un sonido que parece ser de un beso, pero al escuchar a Matías gemir también imagine que Eli le daba un bello regalo con su hábil boca.

    Estimulado solo por los sonidos de ellos, más desesperación me dio. Me quiero soltar ya, la imaginaba a Eli chupando el sexo de su novio, agachada dispuesta a ser cogida por mí, pero no, no solo que no podía ver, no podía soltarme. La situación me elevaba más aún.

    Segundos después, la escucho decir “ya vuelvo” y nuevamente escucho el golpe de sus tacos acercarse a mí. Cuando siento, por sus pasos, que está frente a mí, hay otra pausa de silencio. La expectativa me tiene todos mis sentidos despiertos a la espera de algo. De golpe, siento el suave tacto de su mano en mi pecho, mi rostro, me besa con ternura, una ternura que no había mostrado hasta ahora, y de la nada, siento algo caliente cerca de mi cuerpo. Intuyo que tiene una vela en la mano que va subiendo desde mi estómago, pasando por el pecho y luego por mi rostro.

    -No te asustes, te va a gustar. –me susurra al oído y sobre mi hombro siento las gotas de cera caer en el hacia abajo. Respiro profundo, la sensación de calor es absoluta, pero rápidamente Eli me besa donde sentí ese agudo calor, apaciguando el dolor… Es raro… Me castiga, pero me sana… Ser su presa… Ser su juguete de deseo… ser de ella… me tiene absolutamente excitado.

    -Se llama Wax Play, es el juego de velas, sentir la cera caliente sobre tu cuerpo.

    Mientras me explica lo que hace vuelvo a sentir, esta vez en mi otro hombro, más gotas de cera caer sobre él.

    -¿Te gusta? ¿Te gusta sentir esa mezcla de dolor y alivio? –Mientras me pregunta, otra vez su mano en mi, aun, duro sexo para no dejar de excitarme.

    -Me gusta, no lo había vivido antes. – e respondo a su duda y para su tranquilidad.

    Me retira la venda, demoro un par de segundos hasta enfocar la vista luego de estar a oscuras, lo primero que veo son mis hombros con las gotas y pequeños chorros de cera ceca. Ya sin la vela en la mano, otra vez escucho el sonido mecánico de la navaja al desenfundar su hoja de la empuñadura y con un pulso de cirujano, Eli pasa el filo de la navaja por las gotas de cera para ir limpiando mi cuerpo, suave, el frio acero también alivia. De cada gota que retira, su lengua acaricia mi piel. Ya dejando mi cuerpo completamente limpio de cera, se aparta un poco de mi y en voz alta, para que su novio escuche, me dice:

    -Lautaro, te ganaste el premio mayor, tu conducta a sido ejemplar… ¿Todavía quieres mi culo?

    Como rechazarlo, me muerdo el labio y la miro de pies a cabeza, afirmo con la cabeza, seguido de un impaciente ¡SI! que avala mi deseo.

    Ella, con su ya clásica sonrisa, se dirige hacia donde está su excitado novio, se pone de espaldas a él y le pide que le retire el plug de su culo.

    Matías, toma la navaja de la mano de Eli, con violencia la corta de la parte posterior de su tanga, cayendo esta como un trapo inservible al piso. Dejando la navaja a un costado, con ambas manos abre el culo de ella y con su boca comienza a retirar lentamente el plug que llevaba su novia. Eli, semi agachada para facilitar el trabajo de su novio, expresa en su rostro un placer exquisito. Mientras con su mano sostiene de los pelos, la cabeza de Matías para marcar la velocidad de cómo debe retirar el juguete de su interior.

    Ellos me tienen alucinado, son erotismo en su máxima expresión. Una vez liberado el plug, Eli se lo retira de su boca, y como una recompensa lo besa pasionalmente. Luego se reincorpora, y lentamente se acerca a mí, toma la silla guardada debajo del escritorio y la acomoda a un costado. Me vuelve a besar, su mano nuevamente busca mi erección para seguir manteniéndome excitado y como al comienzo de la cita, comienza a bajar besando mi cuerpo. Llegando a mi erecto placer. Otra vez, su hábil, boca me regala una deliciosa felación. Matías, esta vez se acomoda en la cama, no quiere perder detalles de cómo su novia me va a dar su culo y aun excitado no deja de estimularse mientras mira atento todo lo que su chica me hace. Eli, desde abajo, no deja de devorar mi falo, bien profundo, provocando la salida del exceso de saliva por la comisura de sus labios y sin retirar su mirada de su novio quien tampoco deja de mirarla mientras se masturba.

    Eli, retira su boca de mi verga, se reincorpora, me da la espalda, con sus manos abre más su culo y me lo frota sobre mi erección. No doy más, otra vez forcejeo en vano con las cuerdas, ya no soporto la situación, quiero estar dentro de ella ¡ya!

    Acerca la silla que había acomodado anteriormente, apoya su pierna izquierda arroba de ella y otra vez lame su mano para pasar su saliva por su ano, toma mi erección y lo acomoda en su orificio. Igual que antes, ella empuja con su culo para que la penetración sea cuidada, puedo ver el placer en su rostro. Matías se arrodilla frente nuestro, no quiere perder detalles

    Yo atado, su novia sosteniendo mi verga introduciéndosela lentamente, su novio arrodillado a un costado masturbándose para nosotros… Todo es morbo… Es locura… Es placenteramente fuerte. Nuestros gemidos, en sinfonía, llenan la habitación, ya penetrada en su totalidad, Eli comienza a moverse con más intensidad al tiempo que se masturba en su clítoris. Su mirada no se aparta de su amado ni la de él con Eli. Mi excitación es tan fuerte que no puedo evitar moverme en contra de los movimientos de ella, es decir, cuando ella se aleja, yo lo hago un poco y cuando ella empuja yo también para profundizar la embestida. Por un lado se escucha el sonido de la mano de Matías provocada por sus fuertes movimientos y por otro, el choque del culo de Eli sobre mi pelvis… Ya no aguanto y parece que Matías tampoco

    -Ahora sí, quiero la leche… denme lo que merezco… ¡la quiero ahora!

    Sus deseos nos estremece más, mis movimientos se intensifican y puedo notar que Eli se deja llevar por mis embestidas, a pesar de estar atado ahora puedo tener más control. Eli se frota con más fuerza, su boca se abre y sale un quejido hermoso acompañado de un bello baño por su squirt que nos regala placenteramente. Al tiempo Matías se deja caer hacia delante y noto como chorreante, sale su semen cayendo a nuestros pies. Todo esto me resulta tan excitante que tampoco puedo aguantar más, mis puños se cierran y con un fuerte gruñido deposito todo mi semen dentro del culo de Eli tal como me lo había solicitado en nuestros calientes chats…

    Segundos después, nuestros cuerpos comienzan a relajarse. Eli, lentamente, saca mi semi erecto pene y el semen cae chorreante de su interior haciendo un pequeño charco en el piso y dibujando una línea en sus piernas.

    -No veo la hora de que me limpies cornudito –Eli, mientras sostiene la quijada de Matías, le dice en voz baja. Matías sonríe deseoso y afirma con su cabeza.

    Luego Eli me suelta, me pide disculpas por romper mi ropa interior y riendo le digo que no se preocupe…

    Me abraza con fuerza, me besa en la mejilla, me da las gracias por la hermosa velada y por ser un fiel cómplice de juegos para ellos. Lo que agradecido le devuelvo su afecto.

    Eli nos mira a los dos y sonriente nos invita una ducha de a tres. Matías del piso, sonríe también y yo no puedo negar la invitación de la anfitriona de casa. Eli ayuda a levantar a Matías del piso y nos dirigimos al baño… Pero esa, será otra historia para contar…

    FIN

  • Haciendo el amor en la oficina con mi compañera de trabajo

    Haciendo el amor en la oficina con mi compañera de trabajo

    Era el año 2015, trabajaba en una empresa de arquitectura publicitaria, junto a una arquitecta de interiores, una mujer trigueña azabache, de linda figura. Solíamos venir algunos fines de semana avanzar pendientes, lo cual nos llevó a tener un encuentro furtivo, cayendo en el placer y la lujuria.

    Si bien había presión laboral, Una noche de viernes me pidieron ir al trabajo el sábado por la mañana para avanzar un proyecto al cual accedí.

    Ya temprano en la mañana del sábado asistí, y las primeras horas eran normales, prácticamente no había nadie en oficinas y solo en la portería ingresaban y salían operarios de distintas obras que salían o regresaban a planta a dejar o llevar implementos, mientras solía avanzar los planos, sentí unos pasos subir escalones por las oficinas, y me pregunte vendrán seguro algún operario a pedirme algún plano de algún proyecto. Pero veo asomar por la mampara la figura de Cindy con ropa casual, llevaba una blusa blanca de los cuales caían de unos de sus hombros, con un short de jean cortito, y sandalias acordes ya que estábamos en época de verano, aparte de tener una figura delgada se le notaba sus senos no tan grandes. Era una linda mujer tez azabache.

    -Que sorpresa “Cindy”! y tú qué haces por acá, pensé que era el único esclavo –mientras sonriamos.

    -Hola!! Me dijo la jefa que, si pudiera venir también a apoyar con los avances del proyecto, aunque no quise, pero después me dije bueno no tengo nada que hacer… igual le pediré compensar luego las horas con algún permiso.

    -Si bueno también pensé lo mismo, bueno estoy avanzando los planos eléctricos y estaba por hacer los cortes para las vistas, me ayudas con ello.

    -Si claro, dámelos y ya mismo los hago también no quiero quedarme hasta tan tarde.

    -Si quieres te invito a almorzar -preguntándole como quien sabe y me resulta.

    -Pon música de tus parlantes -me dijo mientras ella ya sentada y subiendo los pies cruzados sobre el sillón, mientras empezaba hacer el trabajo.

    Empezamos a charlar de cualquier tema, mientras nos relajábamos con la música del momento, hasta que me pidió que me acercara.

    -Tengo una duda para este corte, puedes explicármelo.

    Me levanté y me incline a su lado para explicarle los detalles del corte y mientras le iba explicando los detalles pude visualizar de reojo su escote de aquella blusa la cual la llevaba caída de un hombro, me quede algo frio pude ver el color de su piel de sus pechos azabache algo voluptuosos, pero no tantos, pero si firmes junto con sus cabellos que caían semi ondeados, el cual ella se dio cuenta, fue un momento incómodo.

    -He ya regreso, voy al baño –dije todo avergonzado.

    -Ujum… dale… -pero ella se reía y seguro le causo gracia mi reacción.

    Ya de vuelta, y sentado en mi máquina, ambos nos dábamos la espalda.

    -Oye, ¡y si vamos a almorzar tu novia no se amarga?

    -Eh no. No… este estoy solo.

    -Pero no dijiste unas semanas que estabas saliendo con alguien que nos comentaste con la jefa mientras almorzábamos en el comedor.

    -Ehh No, no sigo soltero… no hay quien me caze aun… del verbo Cazar!

    -Ahhhh ok, -mientras reía– que tan difícil de cazar eres.

    -No tanto así, solo que no me valoran pues.

    -Si tú lo dices –mientras entrabamos en un silencio y solo la música creo no hacia avergonzarme más.

    -Y tu Cindy, ¿si tienes novio? Creo que sí… no creo que alguien tan guapa como tu este sola.

    -Guapa? ¿te parezco guapa entonces? –tratando de sacarme una confesión

    -Si, si bueno si eres guapa, ¿acaso lo dudas? -le pregunte

    -No, solo quería escucharte decirlo

    Me quede mudo y nervioso, y mientras poníamos salsa para ya ir poniéndonos a tono por ser fin de semana.

    -Quieres algo de la tienda, voy a comprar agua, que calor está empezando a hacer

    -Sí, claro, también tráeme agua, y unos cigarros.

    -Vas a fumar aquí? -Le pregunte

    -Si claro acaso cuando vas a la oficina del jefe de producción no fuman, no te hagas Uds. son viciosos –mientras reía

    -Ah bueno si, bueno ok ya vuelvo.

    En verdad ya estaba empezando a hacer calor, y ya eran casi el medio día y fácil aún teníamos para una hora más en acabar, ya no había ningún operario en planta, y casi nadie en las oficinas, solo las de R.R.H.Hs y sus practicantes. Y el portero, el cual me pregunto.

    -Arq. Van a demorar aún en salir, es que voy a ir a almorzar en un rato

    -Si, bueno tengo para una hora más, pero cuando regrese de la tienda, puedes ir a almorzar y bueno ya me conoces no voy a dejar entrar a nadie, tranquilo.

    Ya de regreso y con el portero yéndose a su refrigerio, también iban saliendo las chicas de recursos humanos deseándome un buen fin de semana al igual que yo. Y ya en la oficina de mi área. Ella ya se encontraba relajada, con sus piernas ya estiradas sobre la isla del escritorio.

    -Que relajada, vaya que si está haciendo calor, como vas con los cortes del plano.

    -Ya los acabe –me dijo mientras miraba su móvil.

    -Oh vaya, me ganaste, bueno toma te traje agua, cigarros para ambos y traje un par de latas de cerveza heladas. Por si te animas, sino ya las guardo en el frigo bar

    -Si claro, gracias –a vez que encendía el cigarrillo

    Mientras me sentaba terminar los planos para poder imprimirlos, ella me comentaba.

    -Me llamo la jefa y me dijo que como íbamos y le dije que ya acabando… le íbamos a enviar los planos por correo antes de salir, ya tienes los tuyos,

    -Si ya casi, déjame expórtalos, y te los paso para que se lo envíes del tuyo con tus proyecciones en 3D. –Mientras buscaba hojas para imprimir

    -Que ganas de bailar tengo, me hubiera gustado ir a la playa, pero se me venció el soat para ir hasta el sur tengo miedo que me paren

    -Pero vamos a almorzar a la costa verde, yo invito, pero tú pagas –mientras reía poniendo las hojas en la impresora

    -Que gracioso eres, ni que fueras mi novio para yo invitarte.

    -Que entonces tienes novio?

    -No, bueno la verdad estaba saliendo con alguien, pero es medio bandido y no estoy para estar pegándole de sufrida ni acosadora, ya no quiero saber nada de él, mejor así, año nuevo amor nuevo… Uyyy que buena salsa de Eddie Santiago (Tú me haces falta), salud, salud.

    -OK, salud salud, así que te hace falta entonces tu novio -mientras acababa de imprimir los planos.

    -Eh no tienes razón, pero no es por el que hablas –mientras que fumaba.

    -Cindy, estas bien… te noto rara, te choco golpear seguro mientras tomas.

    -Ay no tranqui, maso es que no desayune bien nomas.

    -Envíale los correos ya acabé de imprimir voy a separarlos en los sobres y dejarlos con remitente, antes de irme quiero dejarlos debajo de la oficina de producción.

    A este acto lo llamo una salsa sensual, no llevo a un acto sexual.

    -Voy acabar de tomar mi lata de chela, y vamos a almorzar –mientras ella hacia sus ademanes de bailar, disfrutaba del momento de relax.

    -¿Ok, vamos para la costa verde no?, voy a buscar la ruta del waze.

    Ella tan relajada que se puso a menearse con la salsa de fondo y me atreví a pedirle bailar

    -Bailamos antes de salir –accedió

    -Oye, pero estas tomando estas bien, ósea creo que así no puedes manejar, no te vaya a chocar –mientras bailábamos salsa, algo torpe yo, pero ella relax.

    -Es ciertooo! No me vaya agarrar un tombo en camino y la fregada

    -Hay que descansar un rato –mientras le daba una vuelta y reíamos estábamos en plena rumba.

    -Que calor hace!!! –ella ya sonrojada y algo sudorosa

    -Ok, entonces mejor descansemos –mientras nos mirábamos fijamente, quedándonos sin decirnos nada.

    -Estas bien? –le pregunte

    -Tienes lindas pestañas –me dijo, quedándome sorprendido, pero a la vez devolviéndole el halago

    -Y tú eres linda, en todo sentido –mientras no dejaba de mirarla.

    -Te parezco linda entonces y ya no guapa, entonces soy linda y no otra cosa más, estás seguro

    -Y solo te gustan mis pestañas, nada más, te las regalaría, pero como no uso pestañas falsas como las mujeres no me las puedo arranchar –con voz de pobrecito y ella riendo

    -Que tonto eres, me das risa –mientras seguimos de pie uno frente al otro y ya coqueteándonos directamente

    -Déjame acomodarte tu cabello… que lindo sería que alguien te valore y no solo por tus pestañas –pasándole la mano sobre sus cabellos y ella algo nerviosa– con la salsa de fondo si supieras de maelo ruiz

    -Quizás por eres muy bueno –mientras nos íbamos pegando uno al otro

    -O porque quizás soy muy tonto, y no suelo decirle a nadie que es linda a menos que me guste mucho tanto que podría sentir que la quiero.

    Ella sosteniéndose con sus manos sobre mi pecho y yo sujetándola de los brazos y con una tierna mirada diciéndome suavemente.

    -Y si te parezco linda, porque no me lo dices –mientras estábamos poniéndonos cariñosos

    -Eres linda, linda, linda, muy linda –atreviéndome suavemente a buscar sus labios

    El beso fue tierno, ambos estábamos algo nerviosos, ella sujetaba ya mi rostro y yo de su cintura, a la vez que pude sentir que sus pechos friccionaban sobre el mío, sentí que mi verga se iba poniendo dura, y poco a poco los besos se fueron poniendo más intensos.

    Llevándola sobre el escritorio y sentándola sobre el mismo y empecé a besar su cuello suavemente, para luego hacerlo hasta la altura de sus hombros, estaba dejándose llevar, tenía la seguridad de que no habría nadie por lo cual me atreví a meter mis manos debajo de su floja blusa.

    -Que haces… nos van a ver –mientras ella dudaba por lo que accedía, pero cediendo finalmente.

    ¬-No hay nadie, el portero salió a su refrigerio.

    -Estas seguro, y sin nos descubren –aún dudosa pero ya entrados a la lujuria

    Ya entregados a lo que queríamos a hacer, le quite la blusa por sobre sus brazos, dejando apreciar sus senos con su sujetador a la vez que puede apreciar un tatuaje en su vientre.

    -No sabía que tenías tatuajes, esta sexi –a lo cual la recline para besar su vientre.

    Ella se dejaba llevar, besé su vientre a la vez que mis manos sujetaban sus caderas y empecé a acariciar su entre pierna que estaba libremente expuesta por su mini short, introduciendo mis dedos por su vagina, lo cual le produjo un pequeño salto de excitación.

    Entregada totalmente, le baje el short junto con su bombacha, pude apreciar su vagina estaba depilada y predispuesta a saborear tan rica vulva, levante sus piernas sobre mis hombros a la vez que inclinado empecé a lamer y saborear tan rica vagina.

    -Uhmmm que rico, lo tienes tan delicioso

    -Ujummm sii, te gusta, házmelo despacito porfa, se delicado conmigo,

    -Si preciosa –mientras lengüeteaba su vagina y succionaba tan rica vulva.

    Íbamos entrando en calor, el aire acondicionado no enfriaba tanto, así que procedí a parar, me quité los zapatos, pantalón y polo, ella se quitó el brasier y vi sus firmes pechos de pezones canela y de piel suave, a la vez que me quedé en bóxer, con mi bulto expuesto de la erección lo cual ella visualizo y menciono.

    -Tan excitado estabas

    -Si preciosa, me estabas volviendo loco –volví a su coño inclinándome a la vez que friccionaba su clítoris con mis dedos, sentí que me estaba mojando, pero seguía lamiendo su concha, pero de inmediato la base y empecé a besarla bajando por su cuello, tetas caderas y piernas

    -Basta, no sabía que tenías tanta hambre, siento que me vas a devorar –a la vez que se dejaba hacer todo.

    -Ahora te va tocar devorarme a mí-me senté en mi silla indicándole que me bajará el bóxer e invitándole a que me lo mamara.

    Se puso de rodillas y bajándome el bóxer, deje escapar mi verga, ya erecta y mojada de lo excitado que estaba, dejando caer chorros sobre el filo de mi silla, esa épica escena y seguro la excito más que busco su collet, haciéndose una cola de caballo… a la vez que tomábamos los sorbos restantes de cerveza que quedaban.

    -Que sorpresa que te depiles, estás seguro que no tiras hace tiempo

    -Y ahora tú me devoras y vas a constatar, además ya que no tomaste desayuno, sírvete preciosa

    Ella sonriendo, a la vez que empezó a frotar mi verga y llevándola dentro de su boca, empezando a darme una mamada espectacular, succionaba, pasaba su lengua sobre toda mi verga, metiéndola una y otra vez a ritmo desenfrenado

    -Ohhhh, waooo, que rico lo haces… ohhh siii, ohhh –dejándome recaer sobre mi silla y cerrando por intervalos mis ojos, estaba dándome una tremenda mamada.

    -Slup, slup… uhmmm estas arrecho, hace que tiempo, no tiras ya me di cuenta… slup slup…

    -¡No importa, o si te importa… sigue! –mientras jugaba con mis bolas

    -Slup-slup… Porque creo que tus bolas están bien hinchadas, que miedo

    La sujete de la cabeza y empecé a follarla de boca.

    -Ya me vas a decir que tan llenas están cuando te la tragues!

    -JA… Veremos -empezando a succionar mis bolas y dándole lengüeteadas en las mismas.

    -Ahora si vamos a follar –aseveré.

    Parándome y llevándola sobre el escritorio, poniéndome detrás de ella a la vez que la besaba de las orejas, y sobando mi verga dentro de sus nalgas, inclinándola haciéndole poner sus manos sobre el escritorio, sobre el reflejo de las mamparas que teníamos enfrente veía nuestros reflejos, ambos desnudos follando salvajemente, clavándole mi verga y chocando mi pelvis con sus nalgas… ufff que rico la estábamos pasando.

    -Sigue sigue –me repetía.

    -Ufff creo que me vas hacer venir de lo caliente que estoy

    La sujetaba de sus caderas mientras la penetraba una y otra vez, viendo rebotar su culo en cada embestida, su sudor caía sobre el escritorio.

    -Despacito que me duele, hace poco se me cortó la regla y estoy algo sensible en algunas zonas.

    -Ok, discúlpame, ven súbete a la silla.

    -Ah como, o sea -dudosa, pero ambos excitadísimos

    La llevé a mi silla la hice arrodillar apoyándola de brazos en el espaldar dejándome su lampiño culo para empezar a lamer tan rica y húmeda cola. Empezando a devorármela de culo, pasaba mi lengua por su ano introduciéndola, estaba siendo un primitivo sexual.

    -Ahhh!! uhmmm me gusta, me gusta, sigue ahh… que salvaje eres para tirar… y yo que pensé que eras una mansa paloma… ahhhh uuufff… ahhh

    -Así no suelo, tirar, solo suelo tirar así con las personas que me gustan y siento amor por ella

    -Así, entonces que me quieres ahhh, ahhhh, ufff me quieres acaso dímelo, dímelo.

    Me puse de pie, incliné su culo y nuevamente empecé a penetrarla, estaba vez la sentí tan mojada que hasta chorreamos más mi silla de nuestros líquidos pre seminales.

    -Ayyy creo que ya me vengo, me vengo… sostenmeee, ahhh, ahhhhh!! –sosteniéndola para que no cayese por el peso de mi silla giratoria

    -Uhmmm que delicia es poder verte así, desnudos, jamás lo pensé, y si, claro que te quiero –mientras giro y me veía a los ojos exhausta.

    -Siéntate –me dijo, buscando tomar la botella de agua que le traje

    -No creo que aguante nuestro peso o que me vas hacer –pregunte

    -No precioso, ya será en otro momento ya nos tenemos que ir, pueden venir a vernos

    -Descuida, no va pasar nada –dándole seguridad mientras la acariciaba de sus caderas y nalgas.

    Sin perder tiempo, se puso de rodillas y empezó a pajearme incesantemente con intervalos de mamadas para que me hiciera venir rápido, y no fallo en el intento porque de lo excitado que aún seguía empecé a retorcerme empezando a venirme a chorros, a lo cual ella con su boca empezó a recibir mis descargas

    -Uhmmmm, tienes mucho semen! -admirada

    -Ya ves, ahora sabes que hace tiempo no tiro, trágatelo –ordenándoselo

    -Uhhhmm -no dejando escapar nada de semen, pasándoselo como urgida de semen

    -Waooo si que lo hiciste –quede maravillado y rendido

    -No estaba mal –mientras relamía con su lengua los rastros de mi semen, recogiendo con sus dedos los restos para seguir tragándoselos.

    Fue un momento tan bello, excitante, y con miedo a que nos fueran a descubrir, pero, todo fue preciso para que se diera el encuentro, ordenamos la oficina, yo vistiéndome de inmediato para salir al baño, ya que en los pasadizos había cámaras de seguridad y teníamos que ser cautelosos, eran ya la 1.35 pm, y ya cambiada salió primero, con un breve paso al baño y luego al estacionamiento para salir con su auto, a lo cual el portero que ay había regresado la dejo, salir esperándome en la esquina.

    Salí tras ella, por la puerta de ingreso sin levantar sospechas, y fuimos a comer comida marina a la costa verde, y luego nos fuimos al malecón de magdalena, fumar unos cigarros y tomar unas cervezas coronas que compramos en el camino.

    Vimos el atardecer y parecíamos pareja, pero en la oficina nos tratábamos solo como compañeros de trabajo, era difícil para mí tenerla cerca en la oficina en el lugar donde habíamos follado tan deliciosamente, en alguna oportunidad, nos escabullimos por la planta cuando sabíamos que no había nadie, para que me diera unas ricas mamadas.

    Esta historia tiene otra parte, del cual incluye una tarde sexual en su casa, pero con la duda de saber si podíamos ser más que compañeros de trabajo, ya que ella era de un nivel socioeconómico más que mi persona, al final peso su familia, amistades y el círculo en el cual frecuentábamos, fue lindo mientras se dio.

    Luego entrado el invierno renuncio al trabajo, y aunque con orgullo nunca le dije que me dolía que no arriesgase por mi nunca se lo dije, tuve orgullo y dignidad. Ahora es independiente, hace sus propios proyectos de decoración y está cada vez más guapa y soltera quizás ella resulto ser la soltera –no cazable– como solía autonombrarme. Alguna vez la miraba en sus redes y cada día se veía tan segura de sí misma y de sus vivencias (viajes, paseos, fiestas, rutinas fitness, etc.)

    No fue una mujer inalcanzable, es y será una mujer indomable, pero que sé que en el fondo se entrega con mucho amor y pasión, y yo lo supe.

  • ¿Y si me volviera prostituta ocasional? (Parte 2)

    ¿Y si me volviera prostituta ocasional? (Parte 2)

    La semana siguiente Regina regresó de «trabajar» feliz diciéndome que ya había hablado con doña Tere y estaba de acuerdo en hacer una excepción conmigo al saber que lo hacía meramente por caliente.

    Traía una bolsa llena de ropa y tomándome de la mano corrimos a la recámara para que me enseñará que traía, deje al bebé en su cuna y regresé rápidamente a ver las cosas.

    Eran varias blusas y minifaldas; todas de colores brillantes como le gustaban a Regina y me di cuenta de una cosa:

    Todas las blusas eran transparentes y las minifaldas eran extremadamente pequeñas aún para mí estilo con una abertura lateral hasta la mitad.

    Tomando una combinación, le dije:

    -¡vamos a ver qué tal me veo!

    Ella aplaudió encantada y me dijo que era su regalo por haberla aceptado en mi casa.

    Sonriéndole en complicidad, me desnudé y me puse el conjunto… Minifalda roja y blusa de igual color totalmente transparente…

    Rápidamente ella me dijo:

    -las blusas son para usarse sin bra, te atreves?

    -Claro que sí! -Dije excitada

    Busqué en mi clóset un par de zapatillas estilizadas rojas que hicieran juego y me las calcé para luego ir al espejo y ver el efecto del atuendo…

    -Wow!! -Dije entre excitada y sorprendida, Regina sabía perfectamente cómo acentuar mi figura con esa ropa y el efecto era de una puta descarada.

    La blusa obviamente dejaba ver mis tetas y pezones perfectamente y la minifalda llegaba apenas al inicio de mis nalgas por lo que al caminar se verían parcialmente expuestas, las zapatillas terminaban de estilizar mi figura y reconozco me veía realmente cachonda.

    Rápidamente pensé en comprar un set de tangas que me gustaban de varios colores que había visto en el trabajo que irían muy bien con la ropa.

    Regina mencionó que me veía francamente como una puta y seguramente sería la sensación en el día de mi regreso al lugar que me vio iniciar en esta locura.

    El sábado por la mañana nos bañamos y cuando me iba a poner unos pants para llevar mi atuendo en una bolsa y cambiarme allá, Regina me detuvo y me dijo que creía sería más cachondo si me fuera vestida desde la casa así.

    Y al llegar y dejar el coche a unas cuadras y caminar hacia el callejón, los hombres me verían y sabrían que iba rumbo a la vecindad a trabajar.

    Me excitó mucho su idea así que acepté, ambas salimos vestidas ya listas para ofrecernos a los machos.

    Dejando el coche en la pensión y saliendo al mundo de gente que labora y compra en la Merced inmediatamente llamamos la atención de los hombres que nos vieron caminar por la avenida circunvalación rumbo a nuestro lugar.

    Todos sabían al vernos que éramos un par de putas yendo hacia nuestro lugar.

    Me di cuenta que un par de hombres en distintos puntos empezaron a seguirnos adivinando hacia dónde íbamos y dispuestos a levantarnos rápidamente en cuanto empezáramos a ofrecernos.

    Dando vuelta a la calle entramos al callejón llamando la atención inmediatamente del grupo de hombres que estaban esperando una puta que les gustara del grupo que caminaba en círculo ofreciéndose.

    Entramos a la vecindad excitadísimas y fuimos directo con doña Tere a saludar.

    -Vaya contigo! Qué cambio tan drástico! -Me dijo Tere al recorrerme de pies a cabeza… ¡Quien lo dijera! La señora casada que viene por gusto! Anden pues, a trabajar y que tengan buena mano!

    Volteando a vernos Regina y yo, sonreímos en complicidad y caminamos rumbo al portón…

    Mi corazón iba latiendo a mil por hora y sentía mariposas en el estómago, la ocasión anterior no estaba preparada para esto, pero hoy venía dispuesta y consiente en ofrecerme como una puta a esos hombres calientes.

    Regina me tomó de la mano en la entrada y me deseó buena suerte, salí delante de ella excitadísima de cumplir esta fantasía que se volvió mi obsesión en estos días.

    Me metí en la fila de mujeres meneando las caderas sabedora de que varios hombres me veían con lujuria las tetas visibles debajo de mi blusa transparente esperando llegara a ellos.

    Iba caminando rumbo a un macho que me había gustado cuando sentí que una mano me detenía del antebrazo y me preguntaba: “¿cuánto?”

    Era un señor de unos 50 y tantos años, le respondí excitada:

    -$200 y pagas el cuarto…

    -¿Te gusta? ¿Quieres esta? -Preguntó el señor a un muchacho que estaba parado junto a él y que no había visto por estar esperando la respuesta del señor.

    -Sí, dijo tímidamente, está muy bien -recorriéndome el cuerpo con su mirada.

    Rápidamente el señor le dio el dinero a su hijo y viéndome paternalmente me dijo:

    «Trátamelo bien, es su primera vez!»

    Sonriéndole le dije al muchacho:

    -Ven, te voy a tratar bien!

    Caminamos juntos hacia la entrada y vi que varios hombres de nuevo se movían inquietos porque les habían ganado su turno conmigo-

    Al entrar alcancé a ver a Regina platicando animadamente con un muchacho señalándome.

    Después de pagarle a doña Tere entramos a un cuarto y escogí una cama, corrí la cortina y sentándome le dije al muchacho:

    -¿Me pagas?

    Me dio el dinero y me quite la tanga, decidí guardarla en mi bolso y no ponérmela el resto de la jornada.

    Lo acerqué y le bajé el pantalón y su calzón dejando ver su pene virgen y empecé a mamárselo sin dejar de verlo y llevando sus manos hacia mis pezones.

    La mirada de él era de un joven caliente que se enamora de su primera experiencia y decidí darle un regalo íntimo que recordaría toda su vida…

    Sin dejar de mamarle tomé un condón y antes de abrirlo le dije:

    -¿Es tu primera vez de verdad?

    -S-si tartamudeo él, ¡es mi primera vez!

    -Ok, solo por eso te voy a dejar cogerme sin condón, pero si regresas después tendrá que ser con condón ok?

    -Ok -dijo él feliz de verme la velluda raja mientras me acostaba abriéndole las piernas en franca invitación a que me penetrara.

    Abalanzándose sobre mí, me penetró profundo mientras lo abrazaba con mis desnudas piernas para aumentar su placer, me puso sus manos en mis hombros apoyándose para besarme mientras me cogía rápidamente en completa ansiedad de principiante.

    .Mmmm… ¡Disfrútalo! .alcance a decirle entre besos, seguro lo platicaría a sus amigos después.

    Mi vagina lo apretaba fuertemente a cada metida de él y lo acompañé con mis caderas mientras lo sentía empezar a endurecerse más a punto de venirse…

    En un movimiento que me tomó desprevenida porque pensaba iba a venirse dentro de mi raja se salió hábilmente y me jaló de las manos enderezándome para dejarme sentada de nuevo y entendí lo que deseaba…

    Lo empecé a mamar de nuevo con lujuria viéndolo cachondamente y sentí su semen derramarse en mi boca con fuerza de joven primerizo… ¡Delicioso!

    Terminó y se subió rápidamente los pantalones de nuevo y prometió regresar en cuanto pudiera.

    Salió y me arreglé un poco antes de salir de nuevo, al llegar al portón me sentí más excitada aún.

    Salí de nuevo a ofrecerme y decidí dar una vuelta completa para dejar a los hombres verme completamente y excitarlos más.

    -¿Vas? ¿Vas? -Repetía cachondamente acercándome y apretándoles la verga a los que me gustaban, cuando me preguntaban cuánto? Les decía: -ahorita regreso fingiendo ver a otro hombre…

    Casi al terminar mi vuelta, uno de los hombres que nos habían seguido desde que caminábamos por circunvalación se adelantó a mí y me tomó de la mano diciéndome: -vamos!

    Riendo le dije: -pero si ni te he dicho cuánto…

    -¡Vamos! Dijo de nuevo, ¡adentro me dices!

    Divertida le dije: -ok, vamos!

    Pagó el cuarto y llegando a la cama me dio $500 pesos diciendo:

    -quiero que te desnudes!

    Tomando el billete, me desnudé y se desnudó rápidamente él también.

    Nos acostamos y empezó a acariciarme toda mientras trataba de penetrarme…

    -¡Ponte condón y me la metes! -le dije amigablemente

    -… Pero, te la quiero meter sin condón -dijo caliente

    -Lo siento, respondí masturbándolo, solo con condón, si quieres te dejo venir donde quieras, pero afuera…

    Aceptó y empezamos a coger intensamente, cuando lo sentí a punto le pregunté: -donde me los vas a echar?

    Pensando sería en las nalgas o tetas…

    -¡En la cara! ¡Quiero venirme en tu cara!

    Mmmm… Aceptando que me había ganado, me acomodé y lo dejé venirse en mi cara…Sentí su semen caliente y aspiré ese aroma que tanto me volvía loca!! Estuve a punto de decirle que me cogiera de nuevo y lo dejaba venirse adentro sin condón por lo caliente que me puse al oler y sentir el semen en mi cara, pero haciendo un esfuerzo enorme, le agradecí no sin antes escuchar su promesa de regresar en la quincena por otro palo…

    Terminando de vestirme de nuevo al salir al patio me encontré de nuevo con Regina que me dijo que ya me había recomendado con uno de sus clientes que regresaría en las tarde para estar conmigo, le di las gracias y salimos de nuevo a ofrecernos, esta vez ella delante de mí.

    Empecé a caminar feliz y excitada deseando encontrarme con alguien vergon porque estaba muy excitada y quería venirme…

    Sabía perfectamente que con la ropa que traía podían verse mis pezones perfectamente a través de la tela y la minifalda dejaba poco a la imaginación de los hombres calientes que estaban esperando encontrar alguna puta que les gustara para cogérsela.

    Al caminar me pregunté qué pensarían los clientes y proveedores que atendida en mi trabajo de saber que la gerente de compras nacional se ofrecía de esta manera por muy poco a los hombres de la clase más necesitada del país.

    ¡Qué locura!, En eso pensaba mientras caminaba y de repente un hombre flaco y alto se puso frente a mí, debía trabajar en un taller mecánico porque su ropa estaba manchada de aceite y olía a aceite de coche.

    -¿Cuánto?

    Alzando la vista le dije: -$200 y pagas el cuarto…

    -Cuánto por hacer anal? Haces anal? -Me preguntó inquieto…

    -Sí, son $200 más… -Decidí soltarlo así, a ver qué tanto lo deseaban… Doña Tere me había dicho solo $100 más, pero decidí decir eso a ver qué respondían.

    -Ok, vamos! -Me tomó de la cintura y avanzamos hacia el portón…

    Llegando a la cama me pagó y me senté a ponerle el condón… Estaba vergon!

    Encantada de ver su erección me puse de perrito, subí mi falda y le dije: -vas, métela humedeciendo mi ano con saliva esperando su embestida.

    Se acomodó de pie detrás de mí y me penetró profundo mientras yo con mi mano derecha empezaba a masturbarme el clítoris para venirme.

    -Ahhh…. Déjate ahí cabrona, primero te doy por aquí y en un momento te la meto en la raja!

    -Ahhhh… mmmm! -Gemía caliente como estaba sintiendo las embestidas de este hombre que me tenía tomada de las caderas fuertemente mientras me penetraba con lujuria el ano.

    Empezaba a sentir un orgasmo llegando así como me tenía cuando de repente la sábana se abrió totalmente, era Regina que estaba checando como iba.

    Riendo escandalosamente dijo: -ya entregando el culo tan pronto!? Eres una cabrona caliente!!

    Me quedé momentáneamente sorprendida porque los demás en el cuarto, putas y clientes, me vieron en cuatro dándole el ano a ese hombre que me estaba cogiendo delicioso.

    .Sí, ya lo estoy dando y me encanta! .Dije sonriéndole a Regina y pidiéndole nos dejara terminar de coger, recorrió la sábana y volteando a ver a mi cliente mientras me movía cachondamente le pedí me las metiera ya por la raja ansiosa de sentir el orgasmo ya.

    Me saco su vergota del ano y me penetró profundo la velluda raja sin dejar de embestirme cachondamente, siguió deteniéndose de mis caderas mientras me decía obscenidades y vulgaridades que me calentaron más.

    -¡Me vengo! ¡Me vengooo!! -Gemía sintiendo un orgasmo enorme llegarme y llenar todo mi cuerpo de sensaciones deliciosas.

    Al oír esto él empezó a venirse también en espasmos ricos que llenaron el condón de su semen, lentamente me saco la verga y mientras se quitaba el condón me dijo que regresaría la semana entrante.

    Me ocupe muchas veces más esa tarde, yo feliz de empezar a convertir en clientes a los que me cogieron quedando de regresar en cuanto pudieran a echarme otro palo.

    Regina y yo nos despedimos de todas las otras putas y doña Tere y salimos satisfechas de haberle dado placer a tantos hombres.

  • La línea roja del metro

    La línea roja del metro

    Te veo subiendo al metro y yo subiendo detrás de ti, me aproximo a ti apresurándome para no perderte pues quede fascinado tu delicioso trasero, logro quedar exactamente detrás de ti, y poco a poco aproximo mi cuerpo al tuyo y comienzo a rozar mi pene contra ese delicioso y voluptuoso trasero que me hipnotizo en cuanto lo vi, me sorprende que al sentir mi pene no tengas reacción de molestia y eso provoca que comience a tener una erección y mi pene comienza poco a poco a endurecer cada vez más, tu al sentirlo reaccionas y das un ligero empujo hacia tras lo que hace que mi pene ya erecto y muy duro quede solo cado y brazado entre tus dos deliciosas nalgas que lo abrazan como invitándolo a pasar y a sentirse como encasa.

    Comienzo a frotar ligeramente con movimientos de arriba y abajo empujando un poco y un poco más cada vez y puedo sentir como tu trasero se mueve contra mi verga erecta, y lo mueves con un rítmico movimiento circular empujándome hacia atrás mientras yo con movimientos de arriba abajo comienzo a empujar al frente, la gente comienza a bajar, de pronto comienzan a subir y me da oportunidad de guarte hasta un rincón quedando tú de espaldas a la gente atrapada para mí en el rincón del vagón que se atasca de gente indiferente.

    Y cuando te sientes presa entre el muro del vagón y mi erección emites un pequeño gemido de excitación, yo empujo mi cuerpo contra el tuyo sujetándome con la mano izquierda firmemente mientras mi mano derecho de desliza dentro de tu pantalón. Acaricio tu pelvis jugueteando con tu vello púbico, y deslizo poco a poco mi mano más abajo hasta llegar a tu húmeda vagina y comienzo a acariciar con la palma de mi mano tu vagina hacia arriba y hacia abajo, y cuando logro sentir que tu humedad moja mi mano introduzco mis dedos en ti y acaricio tu clítoris repetidamente más y más. Hasta comenzar a introducir mis dedos arqueándome hacia a ti empujando tu mi cuerpo contra el tuyo mi pene contra tus nalgas y ese culo delicioso que muero de ganas por probar.

    Puedo sentir como te estremeces comienzas a lanzar geminados ahogados y apretar con tus piernas mi mano, empujando con más fuerza tu culo contra mi verga dura y erecta por sentirme mojada y dispuesta. No aguanto más y saco mi mano de tu vagina deslizándola hacia atrás bajando poco a poco esos leggings negros que adorna tu delicioso trasero, ya con tu culo expuesto, bajo rápidamente mi pantalón saco mi verga dura y mojada y la deslizo dentro de tu vagina hundiéndola rápido y con fuerza por la humedad que la inunda y que me da la entrada perfecta, arremeto contra ti contra tu cuerpo teniéndote sometida en el rincón, embistiéndote con fuerza una dos y tres veces sintiendo como te estremeces en ese vagos repleto de gente indiferente que ignora que te estoy cogiendo frente a ellos, te empujo fuerte contra el muro del vagón una dos y tres veces intentando ir más profundo cada vez hasta que no aguanto más y me vengo dentro de ti empujando una última vez con fuerza para tocar lo más profundo de ti mientras te lleno de mí.

    Al final me retiro, subo mi pantalón tu subes tus leggings, y nos alejamos el uno del otro sin mirarnos, pero llevo clavada en la menta la hora y la línea y espero encontrarte otro día.

  • Asistencia técnica a domicilio (II)

    Asistencia técnica a domicilio (II)

    Fueron días muy lindos y llenos de sexo. Nos encontrábamos por la mañana casi todos los días en su departamento porque ella trabajaba por la tarde y yo pude arreglar correr mi horario un par de horas. La noche quedaba libre para nosotros. Así casi llevábamos una vida de pareja.

    Cuando oía el sonido del ascensor dejaba la puerta entreabierta y me esperaba desnuda en cualquier habitación. Nos comenzamos a «entender» cada vez más y el sexo se volvió maravilloso. Algunos días podían ser de 5 horas de sexo, otros solo desayunar desnudos en la cama, hubo también anocheceres y amaneceres juntos. Una de esas mañanas me dijo que tenía su periodo y una sonrisa le ilumino la carita. Solo había una explicación posible: seria el día de explorar nuevos caminos…

    Recostada boca abajo, comencé a jugar con su cola con besos y dedos. Primero uno,… dos… lubriqué muy bien su ano hasta que los dedos se movieran con facilidad. Ella se entregó completamente. Pegue mi pecho a su espalda mientras besaba su cuello y me respondía con pequeños gemidos. Así llegué a su boca. Entre caricias y besos estuvimos un largo rato.

    Comencé a bajar su espalda apenas tocándola con los dedos. Su piel se erizaba esperando el momento. Acomode el pene y muy despacio entre en su ano. Se le escapo un grito ahogado pero le brillaban los ojos. Poco a poco, nuestros movimientos se sincronizaron perfectamente y entró cada vez más. Ya casi estaba todo adentro… lo disfrutábamos plenamente. El ritmo se aceleró y los susurros dieron paso a gritos más desatados. Sentía que su cola apretaba el pene con ganas de no dejarlo salir jamás… Al rato, el orgasmo nos alcanzó a los dos.

    Nos recostamos, descansamos un momento y volvimos a hacerlo. No fue necesaria tanta preparación previa… ya conectábamos sin problemas.

    Al rato nos duchamos y comenzamos nuestro día laboral.

    La relación se hizo cada día más estrecha y ella comenzó a insinuar la posibilidad de vivir juntos. En realidad, ya pasábamos buena parte del día los dos y no me desagradaba la idea pero… notaba que algo faltaba, obviamente no en el sexo, pero si en nuestros gustos y el futuro individual que planeábamos. Tal vez, no era mi tiempo de «sentar cabeza». Por eso quedó en la idea… mi trabajo cerca de su casa llegó a su fin y el próximo proyecto me llevaba a la otra punta de la ciudad. Ya no teníamos tanto tiempo a disposición y la relación se enfrió. Pocos meses después, ella se mudó a otro barrio y solo nos encontrábamos casualmente.

    Y mi historia aún no estaba terminada…