Autor: admin

  • El sereno de la fábrica (Parte 2): El reemplazo

    El sereno de la fábrica (Parte 2): El reemplazo

    Tal como habíamos establecido en nuestro primer encuentro con Mario, el sereno de la fábrica, estuve visitándolo varios lunes seguidos, deben haber sido al menos 10 noches en las que fui a acostarme con él aprovechando que debía quedarse allí vigilando el lugar, pasábamos el tiempo en la cama y debo decir que era un hombre muy guapo y su forma de ser, de tratarme y su miembro, me conquistaron, en nuestra primer noche, fue muy dulce, atento, cuidadoso y protector, eso hizo que cada vez que nos acostamos me fuese entregando cada vez más.

    Desde el primer momento en que me llevó a su cama, me llenó de besos y caricias, me hizo sentir deseado, desde el primer momento hizo que aflore mi lado femenino, y eso me fascinó, su forma de tratarme provocó que baje totalmente mis defensas y le permita hacer conmigo lo que deseaba, puse nuestra relación en sus manos, yo me dedique a disfrutarlo y complacerlo, desde el momento en que me desnudó por primera vez, fui suyo y me convirtió en su hembra.

    Cada vez que me llevaba a su cama, me entregaba completamente, sentí que me estaba enamorando de ese hombre maravilloso que me colmaba de caricias y me hacía sentir muy especial, ya no era solo follarme, no era solo penetrarme, ni sodomizarme, era mucho más que eso, comencé a sentir que me hacía el amor, me lo hizo de todas las maneras posibles, besó y penetró cuantas veces quiso mi cola y mi boca, llenándolas con su esperma dulce, blanco y espeso, que saboree y tragué con mucho placer. Sus chupadas de ano eran sublimes, su lengua lamiendo mi hoyo o mi conchita, como el la llamaba, me llevaban a tocar el cielo con las manos y hacían que pierda la razón, que me sienta flotar sin tener dominio de mi cuerpo.

    Pasaba los fines de semana, solo pensando en la llegada del lunes, e imaginando como iba a rendirme en los brazos de mi amante, pero un lunes después de más de 10 encuentros, sucedió algo inesperado, llegué a su puerta ansioso y excitado como siempre que iba a pasar la noche con ese hombre que era mi macho.

    En su lugar, el que me recibió fue su hermanito menor, aquel joven que nos había visto desnudos en la cama, aquel que había abierto la puerta del cuarto sin llamar y me había visto siendo sodomizado por su hermano, el solo hecho de que me mire a la cara, me llenaba de vergüenza, al abrir la puerta mi sorpresa fue mayúscula, traté de comportarme normal y pregunté si estaba Mario, el me miró reconociéndome y noté una sonrisa que me pareció burlona, me respondió que Mario se había retrasado y estaba por llegar, que lo había llamado pidiéndole que me haga pasar y lo espere.

    Dude un segundo, pero mis ganas de acostarme con mi macho eran muchas y mi calentura hizo que decida pasar a esperar a mi amante, la situación me resultó muy incómoda, me invitó a sentarme en un sillón bien amplio que había en una oficina en la que no había estado nunca, Mario siempre me llevaba directamente a su cuarto y prácticamente lo único que conocí fue su cama, este joven que era mayor que yo se llamaba Carlos el tenía 25 años y yo les recuerdo que solo 18 y mi despertar homosexual había ocurrido hacía pocos meses con un hombre que me había terminado entregando a un maduro, por eso esta nueva situación me asustaba un poco, esperaba no terminar sodomizado contra mi voluntad por este chico.

    Me senté en ese sillón grande, como Carlos me lo indicó y él lo hizo en uno individual que estaba frente a mi, por un instante se hizo un molesto silencio, yo no sabía que decir y estaba realmente incómodo, me pareció notar en su mirada que disfrutaba hacerme sentir así y no dejaba de mirarme a los ojos, para confirmarme eso, me preguntó “¿ y vos, para que venís a ver a mi hermano?”, él sabía perfectamente porque estaba yo ahí, pero buscaba avergonzarme o burlarse de mí, seguramente Mario le había dicho que yo era «SU» putito y que no quería encontrarme con él, además ambos sabíamos que me había visto desnudo en la cama, pero yo estaba haciendo como si ese episodio no hubiera existido.

    Se me ocurrió responder su pregunta sin entrar en detalles obviamente y dije que éramos amigos, por supuesto no se conformó y siguió indagando, “¿y de donde son amigos, donde se conocieron?”, no sabía que contestar y lo primero que pensé fue decir que nos conocimos en una reunión con amigos comunes, entonces fue al grano y me dijo directamente «Vamos, no mientas, yo vi cómo te estaba follando en su cama».

    Me quedé paralizado, sentí que me había puesto colorado por el calor que sentí en mi cara, intenté decirle que no podía ser y que estaba confundido, pero insistió y dijo que no solo me había visto la primer noche que fui, sino que en varias ocasiones nos había visto por una rendija que hay en la habitación de Mario y desde donde se ve todo lo que ocurre en la cama, y que obviamente había visto como su hermano me penetraba la cola, creí que me moría, todavía no sé porque no me levante de inmediato y me mande a mudar de allí.

    Por alguna razón pensé que levantarme e irme iba a ser peor y se podía enojar, la verdad es que tenía cara muy seria y me daba un poco de temor, pensé que eso podía no terminar bien para mi, la verdad es que soy bastante cobarde, Bah… lo que se dice un maricón, digamos que no soy, lo que se dice un machito, es obvio que esa es mi personalidad, por algo busco y disfruto tener sexo con machos de verdad que me hacen sentir mujer.

    Tampoco sé muy bien que hizo que me quede y siga hablando con Carlos, quizás tenía la esperanza que Mario llegue pronto, me rescate de esa situación y esa pesadilla termine o en el fondo deseaba tener sexo de todas formas, ya sea con Mario o con su hermanito.

    Entonces el chico remató su frase lapidaria con «Sabes muy bien que yo vi como mi hermano te cogió y te dio por el culo, bien que te escuche gritar como una puta, y hasta vi cómo le chupabas la pija y tragabas su leche».

    Hablando de tragar, pensé, trágame tierra, y siguió diciendo «Y la verdad es que me encantó verte desnudo, tenés un culo hermoso como el de una mujer» se me hizo un nudo en la garganta, su halago sobre mi culo, hizo que baje un poco la guardia y piense que en realidad este chico no quería humillarme ni burlarse de mi sexualidad, sino lo que quería era cogerme, como decimos en Argentina o follarme como dicen los españoles.

    Entonces algo provocó que se lance y me diga, «Desde que te vi desnudo y vi esa cola divina que tenés y ver a mi hermano garcharte (otra forma de decir follarte) me muero de ganas de cogerte esa cola, de penetrarte bien y preñarte», bueno dije, «pero vos sabes que soy amante de tu hermano» bajándole un poco el tono, pero sin cerrar del todo la posibilidad de que suceda lo que él quería y en el fondo yo también, porque negarlo. Mario no era mi marido ni le debía fidelidad absoluta, además creo que no hay persona más infiel que un puto, los habrá, pero no la mayoría, y sí, yo soy así y ante todo, me gustan los hombres, no los necesito lindos, los preciso buena gente, con un buen miembro que me haga gozar como mujer y que sepan tratar a un marica como yo.

    El hecho de no haberme negado rotundamente a su insinuación tan directa, y de haberme quedado allí sentado provocó que Carlos interprete que yo podía acceder a tener sexo con él, la verdad es que si yo no hubiera querido hacerlo, debería haberme levantado y marcharme, entonces se paró y caminó hacia mí, me quedé paralizado en mi asiento, me dijo claramente y para que no queden dudas «Te quiero coger putito».

    Yo seguía paralizado y mudo, tragué saliva, se paró justo frente a mi a muy pocos centímetros, tenía puesto un pantalón corto muy ajustado que resaltaba el pedazo de carne que tenía entre las piernas, y que puso justo frente a mis ojos, se lo tocó manoseándose el mismo y preguntó “¿Te gusta esto que tengo para vos?”.

    No pude responder nada, bajé la vista avergonzado en señal de sumisión, se inclinó hacia mí, tomó la parte de abajo de mi remera al tiempo que dijo «dejame ver tus pezones paraditos» era verdad, mis tetillas se habían puesto duras como dos botones y se notaban a través de mi ropa. Entonces dejé que levante mi remera, la levantó pasándola por mi cabeza y me la quitó, yo seguía mudo pero empezó a notarse que respiraba agitado por la excitación, confieso que se me pusieron los ojos vidriosos, eso extrañamente me sucede cuando estoy muy caliente y un hombre está a punto de poseerme.

    Tiró mi remera al suelo y empezó a rozar muy suave mis pezones, tengo mucha sensibilidad en mis tetillas, cerré los ojos y comencé a gemir como una nena “bájame el short», le obedecí, tire de la tela del borde hacia abajo, no tenía calzón, y apareció como si tuviera un resorte su hermoso miembro ya casi duro, con su glande rojizo por la calentura, era un poco más corto que la de su hermano, pero notablemente más grueso, y unos huevos grandes como dos pelotas de golf. Para mi, era la cuarta polla que me iba a comer en mi vida, pero claramente era la más gruesa que había visto, al verla tan cerca de mis ojos, se me nubló la vista, exclamé «ay papi, que grande la tenés», él me replicó, «no, no es más grande que la de Mario».

    La tomé con una mano mientras con la otra acaricie sus pelotas que debían estar cargadas con mucha leche, le manoseé sus genitales con delicadeza, mientras él seguía rozando suavemente mis tetillas, yo estaba re agitada no dejaba de gemir y le dije «es muy gruesa papi», lo escuché decir, «que puta sos, ¿sabes que te voy a coger, no?», “Si lo se amor» «te la vas a comer toda, te voy a romper bien el culito».

    A esta altura, ya se había envalentonado y su trato era más áspero conmigo, notó mi timidez y mi evidente sumisión y sacó provecho de eso, entonces me acomodé bien, primero lamí sus pelotas con devoción, y luego llevé ese rico pedazo de carne fibroso y grueso a mi boca, empecé a chupar con suavidad y delicadeza su glande y de a poco fue introduciéndola cada vez más, era tan gruesa que tenía que esforzarme mucho para que entre en mi boca hasta donde el pretendía, pasado un minuto o dos, su verga se puso redura y más grande, ya me era imposible contenerla dentro de mi boca, seguí chupando y succionando como pude, comencé a ahogarme y las arcadas eran continuas, pero como dicen por ahí, no hay mamadas sin arcadas, y él demostró quien era el que mandaba, y me estuvo metiendo la pija hasta que casi vomito.

    Después de varios minutos haciendo que me coma su verga, dijo «Te voy a coger ahora». Me hizo incorporar y me quitó los zapatos, el pantalón, el calzón y me hizo poner de rodillas sobre el sillón mirando al respaldo y dándole la espalda a él, me inclino bien y me dijo que saque la cola bien para afuera, bruscamente me agarró de los tobillos y me los separó bien, mi agujerito quedó a su merced, entonces al verme así exclamó «que lindo culo de nena que tenés, como voy a darte verga en ese orto, a partir de ahora vas a ser mi puta».

    En ese momento pensé en Mario y le dije «Tu hermano no se va a enterar, ¿no?” Y me contestó «Él no va a venir más, se fue lejos, ahora vas a ser mi perra», entonces se escupió la mano y pasó saliva por mi orificio, cerré los ojos, y sentí como me mojaba toda.

    Apoyó esa cabeza gruesa en la entrada de mi culo, se me hizo un nudo en la garganta al sentir esa terrible polla y esperé poder soportarla, apenas empujo un poco y un dolor agudo me invadió, «auu por favor papi, no lo hagas me duele mucho», entonces me dijo «Aflojate puta, seguro que te comiste más grandes que la mía, aguántatela, no te muevas de donde estás». Agarró un pote de crema que tenía sobre la mesa, se embadurno la verga y metió un dedo encremado en mi culo lo deslizo por mi conducto anal, fue bastante bruto y me hizo gritar, pero logró lo que buscaba, me lubrico bien, y dijo «no grites marica, vos te lo buscaste”, volvió a apoyar el glande en la puertita de mi ano y la verga prácticamente sola se deslizó hasta bien adentro, igual grité como una yegua «ay por Dios que pedazo tenés papi, me estas matando amor, Dios mío que grande la tenés ¿qué estás haciendo corazón? Como me coge este hombre Dios mío».

    Mis palabras lo incitaron a darme más fuerte y me ensartó toda esa morcilla negra y gruesa en mi cerradito culo, se pegó bien a mi cuerpo sentí su pelvis pegada a mis nalgas, y poco a poco empezó a aflojar el dolor y éste se convirtió en placer. Al ensartarme y metérmela hasta los huevos, agarró mis pezones y los retorció, pellizcó y tirones con fuerza, el dolor en mis pezones me distrajo y dejé de sentir tanto dolor en mi conchita de marica, me dio meta y ponga bien fuerte, entraba y salía casi completo continuamente.

    Yo no podía articular palabra, solo emitía sonidos ininteligibles, «mmm, ayy, ahh, oh», por Dios creí que moría de tanto placer, luego de bombear dentro mío un buen rato, gritó que se venía «acabo puta, te lleno de leche perra, ahí va, ahí la tienes», yo abrí todo lo que pude mi culo, entregándome completamente el saco un poco la verga dejándome adentro solo la cabeza de su pija, lo que me hizo sentir los chorros de semen que escupía su verga, descargó tanto esperma que parecía estar dándome una enema, cuando terminó y la sacó, sentí caer por mis piernas la leche que rebalsaba mi año, si hubiera sido mujer de verdad, seguro que me dejaba embarazada.

    Esa noche me fui a mi casa muy cogida y con la promesa de Carlos de volver a hacerlo todas las veces que yo quiera, le juré que volvería el lunes siguiente, y el otro, y el otro y me siguió haciendo su mujer, durante bastante tiempo, antes de irme esa noche, me pidió que la semana siguiente traiga puesta debajo del pantalón una bombachita porque me quería bien puta.

    A Mario lo encontré 10 años después casualmente por el centro, nunca le dije que me había acostado con su hermano.

    Espero que les haya gustado y excitado leer mi relato, tanto como a mi recordarlo y escribirlo.

  • Mi amigo se garchó a mi novia

    Mi amigo se garchó a mi novia

    Mi nombre es Marcos, tengo 22 años y hace 8 meses me fui a vivir con mi ex novia de 21 años a un departamento y digo ex novia porque ahora le anda comiendo el pito a un compañero de trabajo.

    Seguramente llamar a Pablo (33 años) fue una de mis peores decisiones en la vida, si me hubiera imaginado que se calentaría al ver a una rubiecita con un par de buenas tetas nunca lo hubiera llamado para que me ayudase a subir los muebles a mi departamento, los hubiera subido yo mismo. También cabe decir que mi ex novia le siguió su jueguito erótico y yo se lo permití porque me calentaba que ella sea manoseada por él.

    Como les decía anteriormente él estaba caliente con mi novia y es por eso que iba a nuestro departamento de forma muy seguida y a veces se quedaba a cenar. Fue luego de unas de esas cenas que compartimos juntos que nos comentó acerca de un juego.

    -Che, porque no jugamos a algo -dijo él.

    -A qué quieres jugar? -pregunté yo.

    -Llegaron a escuchar del «adivinador»?

    -Hay que adivinar algo? -pregunto mi novia.

    -Sí, pero este juego se juega de a parejas así que nos estaría faltando una mujer.

    -Pero no se puede jugar de a tres? -pregunto mi novia.

    -Si pero habría que cambiar las reglas.

    -Entonces juguemos -dijo mi novia.

    -Si pero el juego es erótico y no sé si ustedes lo quieren jugar.

    -Pero en que consiste el juego? -pregunté.

    -La regla es fácil, hay que sumar puntos y la pareja que consiga más puntos gana pero para sumar puntos deben adivinar si fue su pareja o no. Por ejemplo: yo le doy un beso a tu novia y ella debe adivinar si fuiste tú o yo y si adivina suma puntos.

    -Esta bueno el juego pero faltaría tu pareja -dijo mi ex novia.

    -Podemos jugar los tres y la única que adivina sos vos, si adivinas si fui yo gano puntos y si adivinas que fue tu novio gana puntos el.

    -Juguemos entonces -dijo mi novia.

    -Estás de acuerdo con jugar a esto? -le pregunté a mi novia.

    -Si, Juguemos que me estoy aburriendo.

    -Pero mira que esto es un juego para adultos, no sólo vas a tener que adivinar besos en la mejilla -le dijo el a mi ex novia.

    -Ya lo sé.

    -Cerra los ojos y empecemos a jugar entonces.

    Antes de cerrar los ojos nos sentamos los tres sobre la alfombra y empezamos a jugar.

    -Empecemos con algo liviano, con un beso en la mejilla -dijo mi amigo.

    Entonces me indicó que yo debía darle un beso en la mejilla así que le di uno pequeño en su lado derecho.

    -Y quién fue? -pregunto Pablo.

    -Fuiste vos.

    -No, fue Marcos.

    -Me hubieras dado otro tipo de beso y lo hubiera adivinado -me dijo mi novia.

    -Lo siento -dije yo.

    -Cerra los ojos y pasemos a otra prueba. Ahora va ser un beso en la boca, estas preparada?

    -Si.

    Ahora fue el turno de Pablo y la beso con ganas por varios segundos y yo no pude darme cuenta que hubo choque de lenguas hasta que mi ex novia me lo hizo saber.

    -Creo que fuiste vos Pablo.

    -Así es, y como te diste cuenta?

    -Es que tenés una lengua larga.

    -Pero te gustó?

    -Estuvo bueno -dijo mi novia con una sonrisa.

    -Ahora pasemos a algo más hot, estas preparada?

    -Pero que es?

    -Ya te vas a enterar.

    Mi novia volvió a cerrar los ojos y esta vez no fueron besos, Pablo con sus dos manos le empezó a tocar las tetas a mi novia por encima de su pequeña y ajustada remera y yo pensé que ella le iba a pegar una cachetada pero todo lo contrario, se dejaba tocar y además se mordía los labios como si estuviese sintiendo placer.

    -Quien fue? -pregunto Pablo.

    -Fuiste vos.

    -Y como lo adivinaste?

    -Instinto de mujer -dijo mi ex novia de nuevo con una sonrisa.

    -Ahora necesito que te saques la remera y el corpiño.

    -Bueno, está bien -dijo ella.

    Yo no entendía como ella le decía que si a todo sin ningún reproche, me pareció bastante raro en ese momento.

    -Ya está -dijo mi novia al quedarse en tetas al frente nuestro.

    Pablo me hizo un gesto de que me tocaba así que tuve que chuparle un pezón a mi novia teniendo a Pablo a lado mío.

    -Quien fue?

    -Creo que fue mi novio.

    -Y cómo te diste cuenta?

    -El no suele morderme cuando hace estas cosas.

    -Ahora vas a tener que tocar algo y decirme de quién es?

    -Bueno está bien.

    Pablo se bajó el pantalón y su calzoncillo y quedó con su poronga al aire, la cual se encontraba en estado de erección y era bastante peluda y grande.

    -Dame tu mano.

    Mi novia le dio la mano e hizo que ella se la agarre por unos segundos.

    -Sabes qué es?

    -Un pene erecto -dijo mi novia riéndose.

    -Y de quien es?

    -Fue muy fácil adivinar, mi novio se afeita así que debes ser vos.

    -Acertaste y como queda una sola prueba me doy por ganado.

    -Pero eso no vale -dije yo.

    -No te enojes, hagamos que la última prueba valga doble y si empatamos vamos a un desempate, te parece justo?

    -Me parece bien -dije yo.

    -Para esta última prueba vas a tener que saborear algo, estas preparada?

    -Si, adelante.

    Yo pensando que me tocaba a mí me baje el pantalón pero cuando lo hacía Pablo se apropió de mi turno.

    -Abrí la boca -dijo Pablo.

    Mi novia abrió la boca y Pablo le metió la pija y ella se la empezó a chupar y no pasaron segundos pasaron minutos con su pija en su boca hasta que se la sacó y respondió.

    -Y de quién era?

    -Lo siento por mi novio, pero ese sabor no es el de él.

    -Entonces creo que gané.

    -Y ahora que sucede? -pregunté.

    -Ahora yo debo decidir qué hacer con ustedes y lo primero que quiero que tú hagas es que te des vuelta y no mires.

    -Bueno está bien -dije yo.

    -Ahora tú me vas a chupar la pija.

    -Como tú digas.

    Me di vuelta para ver si mi novia cumplía con el deseo de mi amigo y cuando la alcance a verla con la pija en la boca tuve que volver a darme vuelta por pedido de Pablo.

    -Te dije que te des vuelta o no entendés cuando te hablo?

    -Si, lo siento -dije yo.

    Me volví a dar vuelta y lo único que podía hacer era mirar la pared y escucharlo a ellos.

    ¡Glup glup glup!

    -Como te gusta chuparme la pija putita.

    -Está deliciosa.

    -Que rico mami, tremenda chupapijas sos.

    -Gracias.

    -Y esto cuando termina? -pregunté yo.

    -Vas a tener que esperar a que acabé.

    -Y te falta mucho? -pregunté yo.

    -Ahora le voy a romper el culo a pijazos.

    -Rompeme toda -dijo mi ex.

    -Subite al sillón -dijo Pablo.

    Entonces escuche como mi ex novia se subía al sillón por pedido de él.

    -Ahora lo que voy a hacer es romperte el culo y tu vas a gritar como una trola.

    -Ok -dijo mi ex novia.

    Entonces empezaron a garchar y hacían bastante ruido, no sólo eran las embestidas fuertes sino que también eran los gemidos de mi ex y los ruidos del sillón.

    -Ahh ahh ahh -decía mi ex.

    Los gemidos de mi ex me generaron una erección la cual me llevo a pajearme y a darme vuelta por uno o dos segundos para llegar a ver cómo Pablo la tenía sujetada fuerte del cabello y le pegaba terrible embestidas.

    -Arrggg arggg arggg -empezó a decir Pablo y bajando el ritmo a cero.

    -Perdóname preciosa pero me vine dentro tuyo -dijo Pablo.

    -La próxima dámelo en la boquita.

    -Así será.

    -Ya te podés dar vuelta Marcos.

    -Y les gustó lo que hicieron? -dije medio enojado.

    -No te enojes, así eran las reglas del juego y ustedes quisieron jugar.

    Pablo se vistió y cuando se estaba por ir dijo algo que me dejó sorprendido.

    -Che, cuando vas a ir mi casa de nuevo?

    -Que te parece mañana? -dijo mi novia.

    -Esperen, vos ya fuiste a su casa? -le pregunté yo a mi novia.

    -Y vos pensás que es la primera vez que me la garcho? -dijo Pablo.

    -Pero, cuando pasó esto?

    -Decile a ella que te cuente, yo me voy.

    -Me podés decir si esto es verdad -dije yo bastante enojado.

    -Calmate que te lo voy a contar todo.

    Continuará…

  • El amor en tiempo de manifestaciones (II)

    El amor en tiempo de manifestaciones (II)

    Hace dos días pasé por la puerta del edificio donde vivía. Todo está como era en esos días, tal vez un poco más necesitado de pintura el frente y la gente con tapabocas caminando por la cuadra. ¿Coincidencias? En la misma semana en que la recordaba con mi relato, veo su balcón. Y todo se hace más claro. Volvamos a ese momento.

    Como era de esperar, después de tan explosivo encuentro volvimos a vernos. Las siguientes semanas fueron más que intensas: los llamados eran más que frecuentes y de alguna forma nos arreglamos para encontrarnos casi todos los mediodías, no para hacer el amor… sino para vernos, compartir un almuerzo rápido y besarnos el resto del breve tiempo. Con las restricciones de ambos por nuestro estado civil, hacíamos una vida de novios explorando el sexo en común en cada minuto disponible. Excusas de todo tipo surgieron en esos días y también algún golpe de suerte, con el viaje de alguna de nuestras parejas. Visitamos casi todos los hoteles en los alrededores de nuestros empleos.

    Con la «práctica» nos complementamos cada vez mejor y nos liberamos de los prejuicios de nuestros matrimonios. Ella se convirtió -ya lo era- en una experta en el sexo oral y yo encontré la posición que más placer le daba. Sentado en la cama con las piernas flexionadas, ella me abrazaba juntando nuestros pechos, Sentíamos los latidos a pleno mientras con suaves movimientos la penetraba, siempre mirándola a los ojos. Sus movimientos eran perfectos: entraba y salía húmeda de sus líquidos mientras sus pezones se endurecían cada vez más a medida que raspaban el vello de mi pecho. Nos sentíamos tan relajados y felices que los orgasmos se hacían suaves pero de mucha duración. Era como una ola que en lugar de romper violenta contra las rocas… se deslizaba por la playa ocupando cada rincón, como la marea subiendo. Espero que puedan imaginarla y entender que sentíamos tal y como era… no es tan difícil.

    Muchas veces perdimos la noción del tiempo o volvíamos a nuestras casas como fuera de sí, lo que nos traía algunos problemas. Era sin duda, la droga más maravillosa. Éramos adictos a nosotros.

    Una mañana, más o menos unas seis semanas después de nuestro primer encuentro, me dijo que quería que nos veamos ese mediodía a almorzar en el lugar de siempre. Como lo hacíamos con frecuencia. Llegué puntual y ella ya estaba, algo que me llamo la atención dado que generalmente ella siempre llegaba unos minutos tarde.

    Fue directo al tema: tenía un atraso. Me dijo que con el marido no tenía sexo y obviamente, era mío. Por otro lado, recordé cada segundo de nuestro primer encuentro donde, desbordados por las ganas, existía la posibilidad de que hubiera acabado un poco en ella, sin forro (vean el relato anterior). Seguramente, con el tiempo era muy posible que dejemos nuestras parejas para estar juntos. Era mucho lo que estaba naciendo entre nosotros en esos días… pero no podíamos resolverlo en el lapso de 8 meses… o al menos no nos animamos a hacerlo. Y ella no quería «endosárselo» al marido… seria como firmar una confesión.

    Abrazados, sin soltarnos las manos, con algunas lágrimas en los ojos pensamos en lo mejor que podíamos hacer. Y comenzamos a averiguar cómo hacerlo…

    Par de días después me llamó para preguntarme si tenía tiempo -bastante- para encontrarnos. Le dije si, que nos veríamos donde siempre. Y me dijo que quería hacer el amor plenamente. Sin nada entre nosotros… que tendríamos la oportunidad para sentir que nada se interpone entre nuestras pieles.

    Nuevamente… fue tan maravilloso como aquella primera vez, pero un aire de tristeza nos sobrevolaba.

    Finalmente, el día llegó y todo ocurrió como se había planeado. Salió bien y por un mes aproximadamente no nos vimos… aunque mantuvimos el contacto por teléfono. De a poco fuimos regresando a nuestra normalidad… a nuestra vida común de encuentros y llamados furtivos. Y el amor que siguió fue casi tan bueno como antes… era claro que la experiencia nos había marcado y que no volveríamos a ser los mismos.

  • Mi primo me hace su puta

    Mi primo me hace su puta

    Aquí les traigo un relato propio al igual que el anterior y los que quizás puedan ver. 

    Me gustan las mujeres, me encantan, vivo por ellas y el amor. Pero, hace un tiempo no tan lejano tenía unos 18 años estaba en el campo donde mis abuelos, teníamos una salida al parque todos los primos y ya las damitas estaban listas a lo que apresure el paso para meterme al baño y vestirme rápido en eso uno de mis primos se mete junto conmigo, no digo nada pues tenemos mucha confianza, nos duchamos y en un repentino momento él se da la vuelta yo estoy de espaldas y soba su rabo por mi culo, pues no me pareció bien, pero tampoco tan mal.

    En ese momento no estaba muy claro de las cosas a lo que pasó ese momento y ningunos dijimos nada. Pues recientemente tengo para contarles actualmente tengo 24 años, soy alto mi primo tiene la misma estatura, quedamos en mi casa para enseñarle algunas cosas a lo que a la hora de dormir yo un poco asustado y nervioso, el muy tranquilo.

    Se acercó a mí por la espalda y me susurro al oído, te acuerdas de cuando te sobe mi pene en tu culo, y como olvidar ese momento.

    Dije pues sí, si me acuerdo.

    Pues no me eh olvidado de ese momento y vine hoy con el pretexto de que me enseñes de computación para comerte completo y no acepto un no por respuesta, eso dijo el…

    No tarde mucho en asimilar la situación pues ya si quería experimentar, aunque algo nervioso y asustado estaba procedí a relajarme rápidamente y le dije:

    -hazme tuyo, destroza mis nalgas y úsame como quieras, se sacó su pene y tremendo pene como de unos 18 cm bien grueso, empecé a mamar lo como si se me fuese el alma.

    Lo escuchaba decir, así perra así me gusta hasta que con sus manos me apretó la cabeza y me la metió toda en la boca por unos 5 o 10 segundos, fue molesto pero no me opuse, con la misma saliva que se salió de mi boca al sacar su pene con esa misma me lubrico el culo me puso en 4 y me lo succionó, eso no me lo esperaba pero me encantó.

    Ya en 4 y con una buena mamada de culo empezó a puntear mi trasero virgen y me obligó a decirle cosas sucias y que le pidiera ser mi dueño, en esa leve plática me lo metió de un solo golpe y la dejó un momento dentro sin movimiento alguno.

    Grite de dolor, me nalgueo muy fuerte lo cual me éxito mucho comenzó el movimiento y empecé a sentir cosas maravillosas, una sensación única a lo que sin pensar yo mismo y de mi ser comencé a decirle:

    Yo: Que rico papi lo haces

    El: te gusta verdad, que puta eres, desde este momento soy tu dueño y no quiero que te atrevas a darle este culo a nadie mas ni a ninguna de tus novias

    Yo: si mi dueño, eres mi dueño así decía yo mientras sus envestidas iban en aumento y el calor y olor a hombre salía en la habitación, hasta quedar yo moviéndome como toda una perra experta.

    Me puso boca arriba con las rodillas en mis hombros y fue como un pase de drogas me la metió agresivo y duro, me molesto pero me lo disfrutaba el me tomo del cuello como si fuese su mujer.

    El: eres mía y de nadie más, joder que ricas nalgas tienes y tu oyó es bien suave como una vagina

    Yo: si papi soy tuya y ese guebo es mío, cada palabra que le decía lo volvía loco a lo que me dijo que se quería venir dentro de mi y no aceptaba un no por respuesta. No lo pensé dos veces

    Yo le dije -si mi dueño haz lo que quieras conmigo cabrón, sus chorros eran obvios me dio semen en cantidad y se sentía delicioso, ese caliente entre las nalgas ese calor dentro de mi me volvió adicto a su miembro el cual tomó cada vez que puedo y me lo como completito, desde ese entonces él ha sido mi único dueño aunque tengo para decirles que si aparece otro de mi agrado lo haría sin ninguna duda.

  • Sometida por el bully de mi hijo (2)

    Sometida por el bully de mi hijo (2)

    Quedé completamente desequilibrada emocionalmente después del encuentro con el papá de Robi. El que pagó las consecuencias fue el pobre de Matías. Se sorprendió mucho cuando corté con él, sin darle más motivos que decirle necesitaba un tiempo sola.

    No podía sacarme de la cabeza las palabras del perverso hombre mientras me penetraba. «Una puta siempre será una puta». Era la primera vez que aquellas palabras me hacían sentir sucia. Me maldije por no haber sido más fuerte y evitar que me posea.

    Durante semanas estuve de un humor lúgubre, que me esforzaba por disimular cuando mi hijo estaba en casa.

    Pasaron días, y luego semanas, en los que esperé que el papá de Robi se contactara conmigo para exigir mis servicios nuevamente. Pero por suerte, el hombre no apareció.

    Me daba mucho miedo pensar en el hecho de que Robi se enterara de mi pasado. Si se burlaba de Leandro por tener una madre prostituta, él no lo soportaría. Explotaría de alguna manera. Me daba miedo imaginar de qué manera sería. Era tan sensible el pobre, que ante tal humillación, hasta podría pensar en el suicidio. La sola idea me helaba la sangre.

    Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, no tenía noticias ni del padre ni del hijo. Y de hecho, empezó a ocurrir algo sumamente curioso: Leandro empezaba a mostrarse con un mejor ánimo. Se lo notaba más vivo, más libre. Cada tanto llegaba tarde de la escuela, y me decía que había estado con algunos compañeros. Noté que también se miraba más al espejo, y se preocupaba más por su apariencia. En fin, de a poco, se iba pareciendo a un adolescente sano y normal, cosa que me llenó de alegría ya que en cuestión de semanas terminaría la secundaria y debería enfrentarse al mundo laboral, por lo que era indispensable que su seguridad se afirme.

    Tal fue el cambio, lento, pero progresivo, que operó en él durante el último par de meses, que mi ánimo también empezó a cambiar. Me preguntaba si realmente Robi había recibido una reprimenda de parte de su padre. Daba la impresión que estaba funcionando. La horrible situación que me había hecho pasar ese desagradable tipo, ya no parecía tan terrible.

    Sabía que un buen polvo podía obrar milagros, pero no imaginé que esta vez funcionaría. Me preguntaba si el tipo exigiría que siga pagando el bienestar de mi hijo con sexo. Deseaba que no fuera así, pero por Leandro estaba dispuesta a todo. Sacrificaría mi orgullo y mi libertad, sólo para verlo feliz. Además, en dos meses no se había contactado conmigo, por lo que seguramente no es un hombre tan exigente como parecía. Con un polvo de vez en cuando lo tendría controlado. Quizá debería calentarle la pava para mantenerlo contento, y nada más.

    Pero las cosas no serían tan fáciles como imaginaba. De hecho, no tenía idea de lo que me esperaba. La paz que imperó en mi vida durante esos cortos meses, no eran más que la calma que antecedía a una violenta tormenta.

    Hace dos semanas, Leandro me mandó un mensaje diciéndome que iría a casa más tarde, y que, además, iría con unos compañeros de escuela, ya que desde hace tiempo les había prometido que se reunirían a jugar a los videojuegos acá.

    Como era viernes, no vi inconveniente en ello. El fin de semana podía hacer los deberes. Le dije, muy animada, que no había problemas.

    A eso de las tres de la tarde escuché el alboroto mientras mi hijo llegaba con un grupo de chicos. No pensaba molestarlos. Además, al pobre Leandro siempre le hicieron la vida imposible por tener una mamá tan joven y linda. No quería que los chicos se pusieran muy babosos conmigo, así que sólo iría a la sala de estar para presentarme. Me puse un pantalón de jean bastante holgado, para no llamar la atención, y una remera blanca. Eso sí, mis tetas no se podían esconder en ninguna prenda.

    Había cinco chicos con Leandro. Me desagradó ver de quiénes se trataban. Estaba Robi, el chico rubio, carilindo y musculoso, que tanto detestaba. El hijo de Pierini, el tipo que me había humillado. Los otros cuatro los tenía de vista. Eran los compinches de Robi, todos repetidores de años, alguno incluso ya rondaba los veinte años.

    Todos estaban sentados en el living, frente a la tele, jugando a un viedojuego. Me dio mala espina verlos a todos ellos rodeando a mi hijo. Hasta hacía poco tiempo le hacían la vida imposible.

    Miré a Leandro. Parecía contento y relajado. Supuse que en los últimos meses habían limado asperezas.

    -Hola chicos. – Los saludé.

    Desde sus lugares, me saludaron con un «Hola señora Clara», al unísono. Se mostraron muy serios y educados, cosa que me confundió.

    -¿Quieren tomar algo? – pregunté.

    Fui a buscar coca cola y agua saborizada. Ellos tenían paquetes de papas fritas y otras snack sobre la mesa, así que no necesitaba ofrecerles comida.

    Me fui a la cocina, pensando en qué carajos estaba sucediendo. Incluso si la amistad era real, no me gustaba nada ver a mi hijo con esos trúhanes. ¿Pero qué pasaría si le decía que no se junte más con esos chicos? ¿Cómo reaccionaría Leandro, y qué pensaría el papá de Robi? Sentí escalofríos.

    Estuvieron jugando por más de una hora, hasta que dejé de escuchar el bochinche que venía del living. Ese silencio me pareció muy extraño. Fui a ver qué había pasado.

    Sólo había quedado una persona en casa: Robi.

    Estar a solas con ese mocoso engreído, bajo mi techo, me generaba una angustia indescriptible.

    -Se fueron a comprar más cosas para comer -comentó Robi, sin que se lo pregunte-. Yo les dije que me quedaba a terminar esta pantalla.

    -Está bien, así aclaramos algunas cosas- le dije.

    Robi soltó el Joystick y puso toda su atención en mí. De repente, la actitud seria que había mostrado cuando fui a saludarlos, desapareció. Su boca dibujó una sonrisa, y sus ojos se desviaron a mis tetas.

    -Mis ojos están acá – Le dije, con sequedad, señalándolos con mi dedo.

    -Tus ojos también son lindos -dijo, descaradamente- Pero tus tetas me hipnotizan.

    -Pendejo de mierda, sabía que la careta no te iba a durar mucho – dije-. Te vas ya mismo de mi casa, y no lo volvés a tocar a mi hijo…

    -¿O qué? – Desafió él.

    Se mostraba con una seguridad que me intimidaba. Estaba sentado, demasiado tranquilo, sin ninguna muestra de nerviosismo, parecía que nada lo perturbaría. Era como si guardara un as bajo la manga, una carta con la que me vencería, fuera cual fuera la carta que mostrara yo. Me dio miedo.

    -¿Qué querés pendejo? – dije, atragantada.

    -Tus servicios de puta. Vanesa. – dijo.

    No podía sentirme más humillada. Pero no podía caer en la trampa de un pendejo de dieciocho años, y ya no cometería el error de dejarme doblegar, como me había pasado con su papá.

    -Estás loco, no sabés lo que decís -dije, fingiendo que me sorprendían sus palabras-. Andate de mi casa, o llamo a la policía.

    Robi sacó el celular de su bolsillo, tocó la pantalla varias veces y luego me lo entregó.

    -Salís bien en el video -dijo, con la sonrisa más odiosa que vi en mi vida.

    Pierini me había grabado mientras me levantaba la pollera, y me penetraba sobre su escritorio. Luego había otra grabación de cuando golpeaba mi cara con su pija. Yo en ese momento cerraba los ojos por instinto, así que no me había dado cuenta de que había hecho la grabación.

    -¿Tu papá comparte esto con vos? Son unos enfermos – dije.

    Robi largó una carcajada escandalosa.

    -¿Mi papá? Ese es mi tío Raúl. El primo de papá -dijo-. Son socios, así que muchos se confunden. Te llegó mal la info -dijo. Se levantó y se sentó a mi lado-. Lo gracioso es que si hubieses hablado con papá, seguro que te hubiera hecho caso. Papá es un señor, no como mi tío. Hablaste con el Pierini equivocado.

    -Pero… -dije, casi llorando-. No podés hacer esto – agregué, sabiendo lo que pretendía aquel muchacho. Todos los hombres querían lo mismo.

    -Es decisión tuya. Te ponés en bolas ya mismo, o viralizo estos videos por todo internet. Vas a ser famosa en el barrio. Imaginate cuando lo pase a toda la escuela. Tu hijo se va a volver loco.

    Lo miré fijo, como intentando descifrar si realmente había un humano adelante mío.

    -Además, todos van a conocer tu pasado de puta – siguió amenazando.

    Me crucé de brazos, como protegiéndome de aquel engendro.

    -Pero Leandro va a venir enseguida, con tus amigos. -Balbuceé, con la voz temblorosa, en un último intento de librarme de aquel sociópata-. No podemos hacer nada ahora.

    -Le dije a los chicos que lo distraigan. Tenemos al menos quince minutos. En ese tiempo podemos hacer de todo. Además, cuando salgan del supermercado me van a mandar un mensaje.

    Lo tenía todo planeado el hijo de puta.

    -Entonces, los demás también saben… -dije.

    -No te preocupes. Sólo les dije que hagan tiempo porque le quería hacer una jodita al nerdo de tu hijo.

    -Sos peor que tu tío.

    -No perdamos más tiempo.

    Me desabrochó el pantalón. Empezó a tirar de él, y me lo bajó junto a mi ropa íntima. Yo, paralizada, no hice nada para evitarlo.

    Quedé con las piernas abiertas, totalmente expuesta, frente a él. Miré por la ventana, que tenía la persiana a medio cerrar. También tenía una cortina, pero si alguien miraba hacia adentro, desde el ángulo correcto, podría ver lo que estaba pasando. Pero no quise pedirle que lo hagamos en otro lugar. No quería pedirle nada.

    Robi se deleitó con la vista que yo le ofrecía, durante un rato. Después se arrodilló, tomó mis piernas y las levantó.

    -Quedate así – ordenó.

    Era imposible mantener la postura, sin ayuda de mis manos, así que agarré mis tobillos con ellas. Me sentí como un pedazo de carne en el mostrador de una carnicería.

    Robi apoyó sus manos en mis nalgas. Arrimó su rostro y saboreó mi sexo. Fue directo al clítoris. Mi cuerpo, contrario a mi alma, reaccionó favorablemente ante el estímulo.

    Sus ojos, que estaban por encima de mi pubis, me observaban a medida que su lengua babosa masajeaba insistentemente en el mismo lugar. Estuvo un buen rato degustando mi sexo, luego enterró un dedo en mi vagina, y descubrió lo que yo temía: estaba mojada.

    -Apurate, por favor. -supliqué. La sola idea de imaginar a mi hijo viendo la escena, me hacía temblar de pánico.

    Robi se puso de pie.

    -Vení acá -dijo, agarrando su sexo, durísimo con la mano.

    Era delgado y largo, y sus venas marcadas reflejaban su potencia juvenil.

    Me arrodillé a sus pies, como si fuera mi amo.

    -Empezá por acá. – dijo, señalando sus testículos. Por suerte los tenía depilados Aunque el vello ya empezaba a crecer, y raspaba mi lengua.

    -Mirame a los ojos. – dijo.

    Obedecí. Miré sus diabólicos ojos verdes, y tal como él lo había hecho, reparé en cada cambio en su fisonomía, mientras le daba placer con mi lengua.

    Subí, lentamente, por su largo tronco. Sabía a sudor y a semen. Su rostro se transformó cuando empecé a masajear el glande. Muy a mi pesar, mientras mamaba la verga de aquel pendejo malvado, sentía cómo mi sexo segregaba más y más fluido.

    Me concentré en ese lugar. En la cabeza. Si había aprendido algo en mis tiempos de puta, era que había que concentrarse ahí si se quería hacer acabar rápido al cliente. Acompañé mis masajes linguales con dulces movimientos de las yemas de mis dedos en sus testículos. Robi gimió de placer. Y como una especie de premio, tomó mi mentón, levantó mi vista, y me sonrió con ternura.

    Estaba a punto de terminar mi tarea. Sentí cómo los músculos de Robi se contraían. Pero él me ordenó que me detenga.

    -¡Pero ya van a venir! – Me quejé.

    – Todavía no mandaron mensaje. A esta hora todo el mundo sale a comprar. Deben estar en la cola todavía – dijo, y rio al verme preocupada.

    Me agarró de la cintura, y me ayudó a levantarme. Me empujó hasta el sofá de nuevo. Agarró mis piernas y las flexionó.

    -Quedate así – ordenó de nuevo.

    Con ayuda de mis manos, quedé a su merced, con las piernas completamente abiertas, flexionadas, y suspendidas en el aire.

    Era impresionante la diferencia que había entre los muchachos de ahora con los de mi época de adolescencia. El internet y la pornografía los hacían muy precoces.

    Robi apuntó su pija, sin molestarse en colocarse un preservativo, y me penetró una y otra vez. Lo hacía sin tocarme, sólo su pelvis depilada chocaba con mis muslos. Yo empecé a gemir contra mi voluntad. Trataba de disimular el placer que me hacía sentir esa pija, pero no podía. Odiaba a ese pendejo, pero su miembro era hermoso, y sabía cómo utilizarlo.

    Robi me miraba, desde las alturas de su ego, con arrogancia y superioridad. Cuando iba a acabar, retiró su sexo de adentro mío.

    -Vení acá, y tomá la leche.- dijo.

    Yo, entusiasmada porque al fin la cosa terminaba. Me senté en cuclillas y empecé a masturbarlo. Intuía que iba a querer eyacular en mi cara, así que, sin más vueltas, la acerqué a su glande, mientras seguía sacudiendo la verga con desesperación. Los chorros de esa leche pegajosa saltaron con vehemencia hacia mi cara. Le regalé una vista de mi rostro embarrado con su semen. La disfrutó durante un rato. Entonces me pare y me fui a limpiarme.

    A los cinco minutos llegaron Leandro con los otros Malnacidos.

    En ese momento decidí que, por el momento, lo mejor sería complacer a Robi en todo lo que me pidiera. Si mantenía la expectativa de un nuevo encuentro, no querría compartirme con nadie. Guardaría el secreto para disfrutarme él solito, como si fuese su juguete personal.

    Su tío era otro problema, pero por sus meses de silencio, supuse que sería más fácil de complacer, aunque quizá más difícil de acallar.

    Estaba a merced de esos dos sátiros. Uno peor que el otro. No sabía qué le deparaba a mi vida. Tenía que idear una manera de sacármelos de encima. Pero, de momento, no se me ocurría nada. En todas mis elucubraciones, terminaba desnuda, a merced de los caprichos de ese pendejo.

    Esperaba que mi hijo, al menos, siguiera viviendo en su burbuja, sin darse cuenta de nada. Robi había cambiado de juguete. Ya no necesitaba al chico torpe que lo hacía sentirse superior cuando era blanco de sus burlas; y que le generaba un placer sádico al verlo sufrir. Ahora contaba con una adulta con la que podía jugar a juegos más perversos, a la que podría humillar y usar como si fuese una esclava sexual. Confiaba en que dejaría de molestar a mi hijo. Me parecía un buen intercambio.

    Continuará.

  • Poema al amor

    Poema al amor

    Recuerdo

    como parte de un sueño tangible

    cierro los ojos y percibo su voz audible

    la fragancia de su piel aumenta

    y se hace perceptible

    puedo ver como sonríe

    aunque su presencia no es visible

    Es increíble

    que a pesar de tanto tiempo

    el recuerdo de sus besos

    no volaran con el viento

    Indiscutible

    soy libre preso de sus sentimientos

    y la dura cordura no concuerda

    con mis pensamientos

    Fue tan denso

    como el río que vertí dentro de ella

    su expresión de pasión la hacía lucir más bella

    mientras su marea de placer contra mi roca estrella

    y gemía como el dulce canto de una doncella

    La sentí,

    más cálida que el sol en verano

    solo estaba ella y yo, el resto en segundo plano

    degusté de sus placeres, la exploré con ambas manos

    me atreví a beber su fuente y mi esfuerzo no fue en vano

    Era una diosa,

    creaba destellos en las penumbras

    me incitaba a devorarla hasta que mi alma sucumba

    podía pararme el corazón sin llevarme a la tumba

    mientras yo gozaba todo eso que el cuerpo vislumbra.

    En nuestros cuerpos

    tocamos mucho más que melodías

    se posaba sobre mí con un ritmo que repetía

    le dolía y el amor suele doler ella decía

    mientras ebrios de placer amamos hasta el otro día

    Era perfecta

    me hacía disfrutar de lo incorrecto

    amaba todo de ella

    incluso todos sus defectos

    que eran pocos

    y pronto me hice un fiel a sus preceptos

    Dentro de ella crecí gigante

    sin agrandar mi ego

    su labios saborearon mi grandeza

    consumiéndola como el fuego

    Mi flecha se posaba

    apuntando muy certero

    y su espalda se curvaba

    como el arma de un arquero

    Preparada

    para recibir mi fuerza muy adentro

    me olvide de lo que me rodeaba

    ella era mi epicentro.

    Perforé su alma

    casi perdiendo nuestro aliento

    y luego de un momento

    repetimos el evento

    Fue tan grato

    su piel era suave como la seda

    no hay partida amarga

    la noche es larga

    y en toque de queda

    ¡Que se libre como pueda!

    aunque dudo que ella pueda

    si mis dedos aferrados

    en su cabello se enredan

    No sé cuánto

    duramos en ese encuentro

    en esa dimensión no existe

    espacio ni tiempo

    Solo sé

    que tuve lo que mis ojos no ven

    y agradezco que de aquel encuentro

    no fuera la última vez

    Con cariño, Donni

  • Disfrutando a Rafa

    Disfrutando a Rafa

    Hablando con Laura, mi esposa, un día cualquiera, surgió la fantasía de contactar a alguien que no conociéramos, para que tuviera una aventura diferente. Su pareja sexual habitual, Wilson, siempre estaba disponible, pero simplemente se nos ocurrió la idea de intentar hacer algo distinto y probar con alguien diferente.

    La cuestión era, como siempre, dónde buscar, a quién contactar. Le dije a ella que dejara eso por mi cuenta y le iría contando. Así que empecé a consultar en los avisos de varias páginas porno sobre las opciones disponibles. Teníamos un perfil en una página, con varias fotos de ella y sus aventuras. Muchos hombres dejaban mensajes insinuantes, pero nunca se había concretado nada. Ella no reacciona a eso, la calentura le viene cuando tiene al frente a la persona y su lívido se alborota, en vivo y en directo.

    Le contesté a uno de aquellos hombres, quien casi de inmediato me contestó. Le dije quién era y le pregunté qué le llamaba la atención de esta señora y cuál su interés, porque muchas veces las cosas no pasan de continuas y eternas insinuaciones que jamás se hacen realidad. Enseguida me dijo que le gustaría tomar el puesto de alguna de las personas que veía con ella en las fotografías, una manera discreta, pero directa de manifestar su deseo de estar con ella.

    Sin embargo, yo quise ser más incisivo y le dije que si estaba interesado, debíamos hacer algo sorpresivo y novedoso. Me dijo que contara con él para lo que fuera. Le dije que a ella le gustaban los preliminares extensos, porque llegar y penetrarla recién conocerla no era su idea de un encuentro sensual con un hombre, así supiera que al final el propósito de todo fuera tan solo el contacto sexual. Me confesó que le gustaría excitarla chupando su sexo hasta que llegara al clímax, para luego si cabalgarla como nunca. Bueno, eso hay que verlo, le dije… Ya verá, me contestó, no se van a arrepentir.

    Pasada una semana le escribí de nuevo y le pregunté si seguía firme en su intención de compartir con nosotros una noche de sexo. Me dijo que sí. Bueno, concretemos la fecha, le dije, y quedamos de realizar la faena un viernes en la noche. La idea es que el encuentro fuera una sorpresa, una cita a ciegas, y que ella no supiera para nada de quien se trataba, de dónde había aparecido, etc., etc.; un completo desconocido. Estuvo de acuerdo y quedamos de conversar de nuevo antes del evento.

    El jueves en la noche fue el quien me contactó para preguntarme qué le gustaba a ella o cómo le gustaba que la montaran. Bueno, le dije, recuerde que a ella le gustan los preliminares largos para irse calentando y ponerse a punto. Le conté que ella es una mujer muy física, de modo que reacciona bien a las caricias, los besos y los toqueteos en todas las partes de su cuerpo, los besos en la boca, en la parte trasera de sus orejas, el cuello, las caricias en sus senos, la parte baja de la espalda, la parte interior de sus muslos y, por supuesto, su vagina.

    Le indique que, pasado eso, a ella le excitaba mucho que el hombre se mostrara dominante, que le exhibiera su pene y la invitara a acariciárselo, a que le acariciara su pecho, sus brazos y sus muslos, ya que parecía sentir placer al hacerlo y sobre todo una sensación de dominio y control al sentir cómo el pene crecía y se endurecía en sus manos. Me dijo que estaba tomando atenta nota y que, al parecer, ella era exigente a la hora de estar con un hombre. Le recordé, entonces, que no era un hombre conocido y que esas golosinas tenían que disfrutarse a plenitud.

    Llegado el día, le propuse a mi esposa que nos fuéramos de correría, por allí, a visitar moteles y que fuera preparada por si acaso. Le dije que me habían hablado de un lugar nuevo, donde las habitaciones tenían una especie de tarima rodeada de espejos, con un tubo en el centro, para que las mujeres se exhibieran e hicieran su show, y que también había unas sillas especiales para que ellas recibieran a su macho sentadas, con las piernas abiertas, como si estuvieran en cita con el ginecólogo.

    Ella no puso reparos a la idea y se vistió de fiesta, una falda corta roja y una chaqueta tipo sastre de color blanco. Sus interiores estaban compuestos por un sujetador en licra transparente, una tanga, medias con ligeros y zapatos de tacón alto, todo en color rojo; la verdad toda una dama. Al verla en la calle, nadie imaginaría que esa inocente dama terminaría revolcándose con un muchacho en la cama pocos minutos después, cuando aquella vestimenta insinuaba que fuera a asistir a un coctel o una reunión de ejecutivos.

    Llegamos al sitio y nos asignaron una habitación, tal cual como se la había descrito el día anterior, así que le propuse tomarle unas fotografías utilizando el mobiliario que habíamos encontrado allí. En esa actividad y para hacer más atractivas las fotografías, ella, poco a poco, se fue desnudando y exhibiéndose para mí en diferentes poses y encuadres. Pasados unos minutos, recibí en mi celular un mensaje del invitado, quien ya se estaba anunciando en la recepción, así que le indiqué a ella que se vistiera porque alguien venía a visitarnos. Me miró un tanto sorprendida, pero empezó a vestirse sin decir palabra.

    Al minuto tocaron a la puerta de la habitación. Ella permaneció sentada en un gran sofá blanco mientras yo le abría al invitado. El me saludó muy amablemente y se presentó como Rafael José. Le invité a pasar y de inmediato se fijó en mi mujer. Nos dirigimos hacia ella y se la presenté. Se saludaron de manera muy formal y se acomodó a su lado. Le pregunté si quería tomar algo para entrar en calor y me respondió que le gustaría un ron, así que me levanté a hacer los requerimientos y esperar a que el pedido llegara.

    Mientras tanto empezamos a charlar y, en medio de la conversación le pregunté, bueno Rafa, y a qué vino usted hoy aquí. Pues, si usted me lo permite, a complacer a su esposa, respondió. Bueno, dije, ¿ya le preguntó a ella si quiere? Ahora le pregunto, me contestó riéndose y mirándola a ella con picardía y tomándole su mano. Y ella pareció corresponderle, así que la cosa me parecía que había empezado bien. Los dejé un rato mientras iba a recoger las bebidas y, cuando regresé, ya tenía sus manos acariciando los muslos de mi esposa, por debajo de su falda.

    Serví unos tragos y procedimos a brindar por la ocasión y la oportunidad que se le presentaba. La conversación siguió y al poco rato, Rafa se acercó a ella y la besó. Ella no lo rechazó y, dada la cercanía, sus manos empezaron a desabotonar su chaqueta y ella, le facilitó la labor, ayudándole a hacerlo. El beso siguió y sus manos empezaron a acariciar su s senos por encima de su transparente body y ella, no sé, por qué, aligeró esos preliminares colocando su mano sobre el pené de aquel por encima de su ropa. La reacción fue instantánea. Se notó de inmediato cómo creció aquel bulto en su pantalón.

    Y la caricia que ella le procuraba, por encima del pantalón, le sugirió a aquel que era hora de aligerarse la vestimenta, así que desabrochó su pantalón y expuso su miembro, grande, gordo y con su glande palpitante, a la vista de mi mujer que, sin dudarlo un instante, bajó su cabeza para llevárselo a la boca y empezar a chupar tan delicioso bocado. Él no se lo esperaba. Se echó de espaldas sobre el sofá y blanqueó los ojos como si estuviera recibiendo corriente en medio de sus piernas.

    Ella continuó chupando aquel miembro de arriba abajo mientras sus manos jugaban con sus testículos. El hombre estaba feliz y permitía que ella hiciera cuanto se le antojara. Ahora ella, de rodillas frente a él, seguía succionando aquel pene y acariciaba sus muslos desnudos. El apartó su cabeza, la invitó a sentarse a su lado y se dispuso a devolverle los favores. La recostó sobre el sofá, subió su falda, y abrió sus piernas para tener acceso a su húmeda vagina, pero no pudo hacer mucho porque el ligero obstaculizaba el acceso y dificultaba retirar su tanga, así que ella tuvo que levantarse, retirarse la falda, quitarse la tanga y dejar su sexo expuesto para que este hombre pudiera satisfacer sus impulsos.

    Ella se sentó, se recostó en el espaldar del sofá y abrió sus piernas lo más que pudo, dejando que aquel accediera a su sexo y empezara a excitarle con su lengua. El hombre clavó su cabeza en medio de las piernas de mi esposa y empezó a chupar y chupar, estimulando con sus dedos su clítoris. Poco a poco ella se fue relajando, permitiendo que fluyeran a plenitud las sensaciones que aquel macho en calor le procuraba.

    Rafa se incorporó, la tomo de las manos y la invitó a trasladarse de sitio e ir hacia la cama. Al llegar allí hizo que se acostara de espaldas y que abriera sus piernas para el continuar con su labor, chupando y chupando su sexo. Al rato, después de disfrutar de los jugos vaginales, el hombre se incorporó, tomo su miembro entre las manos y se dispuso a penetrar a mi mujer, quien ya estaba más que dispuesta a recibirlo.

    No hubo pausa, Rafa insertó su miembro en la vagina de mi mujer y empezó a empujar rítmicamente dentro y fuera de ella, quien rodeo su torso con sus piernas atrayéndole para que siguiera su labor con más y más intensidad. Aquel empujaba y ella se retorcía bajo su cuerpo, mostrando en su rostro gestos de gusto y placer, por lo que estaba sucediendo. Y Rafa seguía y seguía moviéndose con intensidad, como a ella le gusta… Y en ese bombear, una y otra vez, Rafa decidió cambiar de posición y penetrarla ahora desde atrás, dejando su cuerpo recostado lateralmente sobre la cama. Y así siguió y siguió hasta que ella empezó a gemir y a gemir en un estallido de placer…

    Él se retiró y se recostó a su lado para reposar un rato después de aquella faena. Su pene seguía erecto y palpitaba, así que mi esposa no desaprovechó y volvió a chuparlo, tal vez para sentir el sabor de su propia vagina, pues aquel pene había estado instalado allí por bastante tiempo y estaba húmedo y reluciente. No paso mucho tiempo para que ella decidiera montarlo y volver a sentir aquel miembro dentro de sí.

    Ella instalada sobre él, cerró sus ojos y empezó a moverse rítmicamente, de arriba abajo, de un lado a otro, haciendo que aquel muchacho blanqueara sus ojos y arqueara su cuerpo sobre la cama, como poseído. Y ella, sin abrir los ojos, seguía concentrada en lo suyo hasta que fue aquel, quien sorpresivamente empezó a gritar y la lanzó a ella a su costado mientras su pene disparaba chorros de semen a granel. Y ella, extasiada, volvió sobre aquel miembro para saborear los restos de su derrame.

    Los dos quedaron tirados sobre la cama bastante rato, exhaustos, sudorosos y cansados, pero satisfechos con su encuentro. El miembro de Rafa estaba flácido y ella pareció estar satisfecha con la faena, de manera que parecía que todo había acabado allí. Se preguntaron el uno al otro si aquello había gustado y, lógico, ninguno dijo que no. Estuvo super dijo ella, apretando su mano. Y él, buscando fuerzas, quiso empezar de nuevo.

    Deambularon desnudos un rato por la habitación, contemplándose en los espejos puestos en la pared y hasta intentaron bailar, pero la pasión estaba instalada en ellos dos y más que bailar, querían unir sus sexos una vez más. Aquel hizo que ella se sentara en una de las sillas especiales de aquel lugar y empezó a chupar su clítoris, de nuevo, mientras se masturbaba con intensidad, para logar una erección. Al rato lo consiguió, se incorporó, se puso a sus espaldas, la hizo inclinar su torso hacia adelante y la penetró desde atrás, con fuerza, con intensidad y mucho vigor hasta que se vino de nuevo, gritando una vez más. Y ahí si acabo todo, ya no había energía para más.

    Bueno, Rafa, creo que ya fue todo, dije. Espero que la haya pasado bien. Seguro, dijo él, podremos volvernos a ver. De seguro que sí, dijo ella. Y diciendo y haciendo aquel se fue vistiendo y, al ver que la noche no daba para más, respetuosamente se despidió de nosotros y se fue.

    Mi esposa y yo seguimos allí un rato más, porque quise tomarle un par de fotos adicionales, ya que su rostro mostraba rasgos del disfrute que había experimentado y quedaba registrado así en las fotografías. Después de varias poses y retratos, ella me dijo, gracias amor, fue una gran noche. Y así, sin más, se vistió y salimos de aquel lugar. Fue otra aventura exitosa.

  • El encargo

    El encargo

    Esa noche no podía dormir por dos cosas, estaba preocupado por Mahia que no volvía y no aguantaba más la calentura por la misma razón, estaba deseando que volviera para que me contara cómo le había ido, daba vueltas y vueltas en la cama, hacía mucho calor y yo solo tenía el calzoncillo puesto, y por la bragueta me salía la pija totalmente al palo, al girar se me aplastaba contra el colchón, lo cual me daba ganas de moverme como si ya me estuviera cogiendo a Mahia. En un momento me monté a mi almohada pero desistí porque no quería acabar.

    Mi nombre es Pablo, hacía un año que con Maiha, tratando de recuperar la pasión perdida, habíamos acudido a nuestras fantasías, y habíamos acordado proponerle mes por medio a uno que cumpliera con la fantasía del otro. Esto nos había hecho vivir momentos muy calientes a ambos, no solo por cumplir nuestras propias fantasías, sino por ser el vehículo por el cual el otro gozaba, y eso a la vez era el propio goce de saber que independientemente de lo que el otro estaba haciendo, lo estaba haciendo para darnos placer mutuamente, y cuanto más avanzábamos en este sentido, más era el placer que sentíamos, además habíamos descubierto que nos erotizaban situaciones similares, generalmente relacionadas con terceros, lo cual nos acercaba más, y nos incitaba a gozar cada vez más, aumentando nuestras exigencias para poder apagar las calenturas.

    Esta vez le había tocado a Maiha cumplir con “mi encargo”, había ido a la casa de Julia, su mejor amiga, a eso de las 6 de la tarde y calculaba que iba a volver a eso de las 11 de la noche, pero ya eran la una de la mañana, yo no sabía si era porque no había podido cumplir o si le había costado mucho lograrlo, y ahí estaba mirándome la pija emergiendo del calzoncillo, imaginando cómo se iba a poner mi mujer cuando la viera así, y yo deseando que me contara como le había ido.

    Por fin llegó, se apoyó contra el marco de la puerta con una sonrisa, y señalándome la pija me dijo

    M: Parece que estás un poquito ansioso, no?

    P: Y qué te parece? Mirá la hora que volvés, ya pensaba cualquier cosa.

    M: Y qué pensabas, mirá que esta vez me la hiciste difícil!

    P: Pero pudiste o no? Dale contame, mirá como estoy!

    M: Y cómo te vas a poner cuando te cuente! Mirá como estoy empapada yo! -Mientras me mostraba la entrepierna de la shorts que se acababa de sacar, y ahora tiraba la musculosa que estaba toda transpirada, gateó en la cama pasándose la mano por la concha encima de a bombacha y me metió los dedos en la boca:- Y preparate porque mirá cómo vengo!

    P: Podrías haber venido más rápido, así no me hacías desear tanto! -Y le llevé la mano a mi pija- por qué no me la chupas mientras contás? -No se hizo rogar, se estiró entre mis piernas y me empezó a pasar suavemente la lengua a todo lo largo mientras me contaba mirándome a los ojos con una lascivia que me enloquecía.

    M: Mirá que linda la tenés! Además lo que me pediste no era fácil, yo con Julia soy muy amiga, muy confidente, pero nunca pasó nada ni ahí, salvo contarnos alguna cogida con algún tipo, así que tenía que ir preparada, en principio me fui a la casa en bicicleta, porque pensé, si pongo el asiento con la punta para arriba seguro que se mete bien en la concha durante el viaje y voy a llegar bastante calentita y entonada como para encararla. Y así fue que volaba de la calentura cuando llegué, con decirte que hasta los shorts ya estaban mojados.

    P: Sos una guacha, contá.

    M: Yo sabía que Julia tenía pensado salir hoy sábado de noche, o sea que a la hora que yo llegaba estaría saliendo de bañarse, y efectivamente cuando me abrió estaba con un camisolín de algodón corto mojado por el pelo recién lavado, sin nada abajo, por supuesto se le transparentaban los pezones oscuros y el triángulo de pendejos, imaginate que entre la paja de la bici y eso ya me puso a mil.

    P: Y ella no se fijó en vos?

    M: En principio no sé si se dio cuenta que estaba mojada, pero yo si me quedé mirándole las tetas y la concha, no quería que sospechara todavía a qué venía, a ver si todavía se me iba al mazo antes de empezar.

    P: No me mirés más con esa cara de puta que me vas a hacer acabar.

    M: Y como querés que te mire con esta poronga que me estoy tragando, por lo menos me podrías alcanzar el consolador así yo también me saco un poco las ganas.

    Me estiré hasta la mesita de luz y saque del cajón dos, uno tamaño normal y el otro un vibrador chiquito, le pregunté cual quería.

    M: Dame mejor el chiquito, así deseo más que me metas la pija, porque cuando te cuente me la vas a meter bien adentro no?

    P: Dale contame y vas a ver hasta dónde te la entierro!

    M: Esperá así yo también lo disfruto despacito. Lo primero que me pide Julia es que la acompañe al cuarto que se estaba probando ropa para la noche, eso ya me gustó, por lo menos me aseguraba verla desnuda. Cuando llegamos era todo un quilombo de ropa tirada por todos lados, ella se sacó el camisolín y se empezó a probar vestidos, me quedé mirándola un rato, me di cuenta que tanto me jodiste con el encargo de que querías me cogiera a mi mejor amiga, que me había pasado los últimos días mirándole esas tetas en forma de perita con los pezones grandes y me las imaginaba metiéndomelas en la boca y chupándoselas hasta hacerla volver loca, y tantas veces me hablaste lo lindo que debía ser apoyarse ese culo paradito, que parecía hecho con compás, que de solo vérselo me daba ganas de agarrarla por atrás y enterrarle la concha. Ya estaba alucinando y no veía la manera de sacarme su cuerpo de la cabeza, para dejar de pensar le pregunté si me podía probar algo.

    J: Sí claro que podés, acá tengo este enterito que a vos te va a quedar bárbaro.

    Me saque la remera y el short y lo doblé para que no se dé cuenta de lo empapado que estaba, y ahí se dio cuenta de cómo tenía la bombacha mojada.

    J: Mirá como tenés la concha, que te anda pasando?

    M: Aproveché la pregunta y le conté que últimamente no sabía que me pasaba, pero todo me calentaba, que había venido en la bici y me había pajeado con el asiento, que el otro día me había dejado apoyar en el colectivo por un tipo y había acabado. Nunca te pasó a vos? -Le pregunté.

    Lo pensó un rato, me pareció que se había acordado de alguna cosa, pero lo que me contó se notó que fue otra, ella también había tenido unos meses que se pajeaba con cualquier cosa, se refregaba la concha contra los muebles, y una vez también había acabado en la bici.

    Todo esto lo charlábamos mientras nos probábamos la ropa, a partir de que Julia se había dado cuenta de mi calentura noté que de vez en cuando lanzaba alguna mirada furtiva a mi entrepierna, y yo apropósito trataba de mostrársela lo más que podía, inclusive le comenté que lo que más me calentaba era sentirme así mojada.

    J: Pero siempre acabás tanto?

    M: Que vos no te mojabas así cuando te cogías los muebles -le dije con una sonrisa pícara.

    Se ve que volvió a pensar en lo otro, lo que se le había ocurrido contarme primero.

    J: Con los muebles no tanto…

    M: Ah, sí, y con qué si te mojas así? -le pregunté mostrándole ahora la bombacha pero estirándola bien para que se me marcaran los labios de la concha

    J: No mejor no te cuento porque te vas a enojar -me dijo sonriendo sin sacarme los ojos de la concha.

    Me acerqué y le pellizqué el culo.

    M: Que te vas a hacer a estrecha conmigo, que es lo que no le podés contar a tu mejor amiga?

    Ella se quiso zafar y saltó por sobre la sobre la cama, yo la perseguía y la seguía pellizcando.

    M: Pensando en eso que no me querés contar, te pajeabas contra los muebles? -Se puso colorada, pero no me contestó.

    Imaginate, Julia estaba con el vestido a medio poner por la cintura y sin bombacha, vos sabés que ella es tan flaca como yo, lo único que tiene un poco más de tetas y el vestido le había quedado trabado en las lolas, o sea que estaba en concha, yo no podía alcanzarla porque el enterito me lo había subido recién hasta los muslos casi a la altura de la bombacha y tenía las tetas al aire. Corríamos alrededor de la cama y en una de esas la logré agarrarla del vestido y la hice caer en la cama y yo encima, le sostuve las dos muñecas contra el colchón y le trabé sus piernas con las mías y empecé a interrogarla.

    M: Que era lo que te calentaba para pajearte? Te querés coger a Pablo? Andás caliente con alguien que yo conozco y no me querés decir? Porque crees que me voy a enojar si me lo contas? Imaginate Pablito la escena, a cada pregunta yo le apretaba mi bombacha empapada contra su concha desnuda. Mirá como la tengo ahora. Pablo, porque no abrimos las piernas los dos y me acercás la pija así me la puedo refregar la cabeza un poquito, pero sin metérmela, eh? Que todavía falta lo mejor!

    P: Dale guacha apurate que estoy a mil, y a ella la notabas caliente?

    M: Lo único que podía notar de calentura era la manera de mirarme, y la respuesta de su concha a cada arremetida mía, le seguí insistiendo: Dale decime que fue lo que te calentó, acaso fueron mis tetas? le pregunté en joda y se las hice bailar muy cerca de su boca: Fue ahí que me di cuenta que por ahí venía la cosa por la forma que se pasó la lengua por los labios y no me quitaba la vista de los pezones: Ah! Era eso, me viste en bolas un día y te calentaste? Ella asintió con la cabeza: Pero si vos me viste un montón de veces en bolas, que viste para calentarte? Ahora sabía que la tenía, y le iba a hacer pedir por favor que me chupara las tetas, la seguía seduciendo bamboleándole las tetas cerca de los labios, con la boca entreabierta y visiblemente excitada me empezó a contar.

    J: Uno de los días que me quede a dormir en tu casa, habíamos estado con nuestros novios y llegaron tus viejos y las dos nos habíamos quedado sin coger, vos creías que yo estaba dormida, en un momento te destapaste y te empezaste a tocar, primero te abriste el saco del pijama y te empezaste a pellizcar los pezones…

    M: Mostrame cómo me los pellizcaba? -le dije soltándole las muñecas

    J: Así te los pellizcabas

    M: Si, y que más hacía?

    J: Tratabas de alcanzarte con la lengua el pezón

    M: Cómo?

    J: Así guacha, como te lo hago ahora, te gusta? Y yo mientras tanto en a otra cama me volvía loca, al principio trataba de imaginar que era mi novio el que me los estaba chupando a mí, pero después me di cuenta que lo que yo quería era darte placer a vos, era yo la que quería metérmelas en la boca como ahora, y después cuando te bajaste el pantalón y te metiste los dedos, y empecé a sentir ese enloquecedor chuf-chuf de tus dedos saliendo y entrando en esa argolla divina que tenés, y empecé a desear tu concha, que ahora debe estar encharcada e inmensa como esa noche.

    M: Porque no te fijas como está y te sacas las ganas de aquella noche? -y giré a un costado mientras me sacaba el enterito y le abrí las piernas, y mientras ella se desvestía yo me refregaba la concha con la mano esperándola. Ella se puso entre mis piernas y mirándome desde ahí abajo me empezó a pasar e pulgar por el clítoris.

    J: No sabés como te voy a coger hoy! Por todas las veces que me pajeé pensándote! Y vos, a que se debe que estés caliente estos días?

    M: No te diste cuenta todavía? Dale linda chupámela y te cuento! Con Pablo nos proponemos uno al otro “Encargos” y el que me tocó a mí este mes fue tratar de seducirte y cogerte para contarle después a Pablo. Por eso hace días que lo único que hago es tratar de espiarte los escotes tratando de verte las tetas, o mirar cómo se te marca la concha cuando te pones las calzas, para después matarme a pajas imaginando cómo hacer para llevarte a esto guacha, y Pablo que se la pasa dándome ideas me vuelve loca. En ese momento Julia me hundió dos dedos en la concha y me sacó un quejido.

    J: Qué linda que la tenés y ese olor me enloquece, tan abierta y empapada, me voy a tomar todos tus jugos… así que también anduviste caliente conmigo, y de las ideas que te daba Pablo cual te calentaba más?

    M: Lo que más me calentó fue que decía que tratara de rozarte las tetas como sin querer para ver si se te paraban los pezones, o que te apoyara la concha en ese culito parado que tenés a ver si empujabas para sentirla más.

    J: Hija de puta! Y lo hiciste un montón de veces, y yo pensando que era casualidad, y me calentaba tanto que dejaba las tetas para que siguieras rozando o me clavaba tu concha como si fuera una pija, deseando que me abrieras las nalgas y me llegaras al ojete. Porque no me lo haces ahora, ya, que no doy más de las ganas de sentírtela, por favor…

    M: Ahí le dije que me lo pidiera otra vez, lo hizo, entonces me la monté, porque también quería sentir mi concha hundida entre sus nalgas, y ella boca abajo se movía desesperada, con el culo en pompa, pidiendo que me la cogiera, las dos estábamos enloquecidas, yo que la quería enterrar y ella ser enterrada, yo le agarraba la concha con las dos manos y en cada empujón le metía los dedos entre los labios, no sabés los labios carnosos que tiene, las ganas que te dan de chupárselos, no podíamos parar, en un momento la di vuelta y la empecé a besar apenas rozándole los labios con mi lengua, y ella mordiéndome los míos pero apenas la saliva le corría por el mentón y yo se la chupaba, y después ella me metió la lengua bien adentro, en ese momento las dos explotamos uniendo nuestras conchas en un entrechocar enloquecedor, gritando desesperadas, pidiéndole una a la otra que la coja, que la chupe, que lo vamos a seguir haciendo, que me calentás mucho, que vos también, ay metémela Pablo que voy a acabar como acabé con ella las dos juntas.

    P: Así la querés adentro, ahora que probaste la concha no vas a querer más pija?

    M: No ahora, voy a querer las dos juntas… y te voy a contar que ella también las quiere.

  • Me cogí a mi mamá en una despedida de soltero

    Me cogí a mi mamá en una despedida de soltero

    Todo pasó el fin de semana pasado, resulta que fui a mi ciudad a visitar a la familia y al momento de llegar me encontré con unos viejos amigos, nos pusimos a platicar y resulta que uno de mis amigos nos invitó a dar un show para mujeres. Dijo que era cuestión de ir a bailar en ropa interior, dejarse tocar y pues ya cada quien decidía si hacía algo más con las mujeres. Al principio me sonó algo loca la idea, pero a la vez quería ir para ver qué onda, por lo que acepté, mi otro amigo dijo que él no, que él pasaba.

    Me mandó fecha, hora y lugar donde nos veríamos, fue el sábado, me citó cerca de su casa, nos fuimos en mi carro y llegamos a una casa elegante.

    Nos fuimos con los demás bailarines y me dieron un pantalón una playera y una máscara, me dijeron que me vistiera y conforme bailáramos nos fuéramos desvistiendo, yo la verdad estaba un poco nervioso mi amigo me dijo “tranquilo déjate llevar y todo va salir bien, si quieres imita lo que nosotros hacemos”.

    Llegó la hora de la verdad había un escenario, varias mesas con sillas, toco salir al escenario éramos 5 muchachos bailando de forma sexy, cuando empezamos a salir las mujeres gritaban, eran como unas 20 mujeres señoras en diferentes puntos, empezamos a bailar poco a poco nos fuimos quitando la playera, las mujeres gritaba “FUERA ROPAAA!! AUUHHH”.

    Después pasamos a quitarnos el pantalón y quedamos en pura tanga, sáltanos a la pista y nos dirigimos a bailarles a las mujeres que ellas estaban desesperadas queriendo agarrar carne, yo baile frente a una mujer cuarentona que me empezó a manosear, me apretó las nalgas y me agarro mi pene por encima de la tanga, después me fui cambiando de mesa para que todas las mujeres pudieran apreciar el show.

    Me paré con otra muchacha la verdad muy joven esa si me toco el pene me bajo la tanga y me dio unas cuantas mamadas, las demás mujeres empezaron a grita “EAEAEAA síguele síguele sácale la leche” gritaban, pero ella paró y ofrecía mi pene a la persona que estaba enseguida de ella que un poco cohibida con vergüenza poco a poco accedió a tocar mi pene para darle un par de pajazos, seguimos el show durante un par de horas, salimos del escenario y el que nos contrató dijo que solo 2 se quedarían para dar un show privado, ir los demás nos podíamos ir o quedarnos a ver el show.

    Yo subí a la planta de arriba a un cuarto a cambiarme la verdad que estaba un poco cansado, por lo que llegue aún cuarto me recosté y justamente me metí al baño a orinar, cuando escucho que entran al cuarto, rápido reaccione y me puse la máscara.

    Era una mujer algo tomada que venía con una copa de vino y me dijo “te caché, por qué estás aquí en la habitación”, yo nervioso al ver que era mi madre, empecé y le dije “lo siento solo vine al baño pero ya me voy”, ella dijo “claro que no tú no vas a ningún lado”, se dirigió a la puerta la cerró con seguro y dijo “ahora me darás un show privado aquí”. Yo estaba sumamente nervioso no sabía qué hacer, ella apago la luz y dijo “vamos que estamos solos así que comienza”.

    Pensé que si le daba el pequeño show rápido podría irme así que empecé a bailar frente a ella, mi madre comenzó a tocarme el cuerpo, mi pene poco a poco fue agarrando tamaño hasta ponerse muy duro, yo trataba de que no se me parara, pero era imposible; mi madre a pesar de tener 50 años tiene sus pechos y sus nalgas muy duras ya que hace ejercicio, ese día llevaba un pantalón pegado y una blusa de escote que le deja ver muy bien sus atributos.

    Después que le seguí bailando ella bajo mi tanga y mi pene erecto salió de forma violenta, ella dijo “guauuu este amiguito quiere acción”, mi madre tomo mi pene y comenzó a masturbarme, después sin pensarlo se lo llevo a la boca y me empezó a dar una suculenta mamada, yo no creía lo que estaba pasando, pero la verdad la carne es débil y me estaba pegando una exquisita mamada así que me deje llevar, ella aumento el ritmo, yo con la mano agarre su cabeza y hundía más su cabeza en mi pene hasta ahogarla ella se lo sacaba de la boca y me lo dejaba lleno de saliva, después de unos minutos, le dije me voy a venir me voy a venir.

    M: no voy a desperdiciar nada así que dámelos todos en la boca

    Y: pues ahí te van, síguele no pares

    Cuando de pronto una ráfaga de leche inundó su boca.

    Pensé que ahí había acabado todo cuando se comienza a desvestir y me dice “ahora toca que me hagas tuya y me introduzcas tú gusano en mi cueva”, se quitó el pantalón y el calzón de encaje blanco que llevaba así como de su blusa y su brasier, y como muy zorra se acostó en la cama, se abrió de pies, se escupió en una mano y se comenzó a tocar su vagina me dijo ven métemela ya está muy mojada y lubricada, yo nervioso parado frente a ella

    Y: pe pe pero que dice

    M: si que vengas y me la metas vamos no hay que perder el tiempo

    Pues así como estaba acostada y abierta de pies me acerqué e introduje mi pene y comencé a penetrarla ella empezó a excitarse, jadeaba y se tocaba su vagina ella gritaba de su boca salían gemidos.

    M: vamos no pares no pares estoy a punto de tener un orgasmo

    Y: te gusta quieres más

    M: si no pa pareesss, ahhhh ahhh ahhh

    Su vagina empezó a expulsar fluidos y ella gritaba, como yo no había terminado me le dije

    Y: ahora móntate encima

    M: okey acuéstate

    Me acosté y ella empezó a cabalgarle yo empecé apretarle las nalgas y comencé a mamarle las tetas con las que alguna vez me amanto, ella gritaba de placer, yo de lo excitado la empecé a nalguear un poco fuerte creo que le marque mis manos pero ella disfrutaba, después de unos minutos los dos terminamos en un orgasmo maravilloso, ella se quedó acostada, como si hubiera caído muerta yo aproveche para vestirme y salirme.

    Al día siguiente me dirigí a casa de mi madre eran como más 5 de la tarde, platiqué con ella.

    Le pregunte:

    Y: y a donde fuiste ayer

    M: salí con unas amigas

    Y: y qué tal como estuvo la noche

    M: muy bien estuvo de maravilla me la pase increíble

    Y en su cara se notaba una risa picarona, ella no sospechaba que había tenido relaciones conmigo y yo tampoco le iba decir de lo sucedido, la verdad fue una experiencia increíble, que sinceramente disfrute y nunca pensé que eso pasaría.

    No saben cómo deseo volver a tener relaciones con ella.

  • Trío de ninfómana

    Trío de ninfómana

    Queridos lectores y lectoras, hoy os traigo lo que fue mi segundo trío para mí, con un amigo y la exnovia de otro amigo. Espero les guste.

    Un amigo mío tenía una novia, bastante alta, no demasiado guapa, pero con unos pechos y un culo casi perfectos (y digo casi porque perfectos solos los tiene, para mí, una amiga mía). Raramente hablábamos de sexo, pero alguna vez me contó que la muchacha en cuestión, de nombre Rosa*, era un poco exigente con la frecuencia de sus relaciones sexuales. Mi amigo a veces se hartaba de tener que largarse de una fiesta con sus colegas porque a ella le entrasen las ganas de follar.

    Puede sonar absurdo que un tío se harte de eso, pero es que la tal Rosa lo tenía consumido.

    Una vez me contó Luis*, que es como se llama mi amigo, que prácticamente lo secuestró. Un lunes por la noche lo montó en el coche con la excusa de que tenía que tenía que ir a por unas cosas que le iba a dejar una compañera de la facultad. Cuando quiso darse cuenta estaba en un descampado de las afueras de la ciudad sin comunicación ninguna y con la loba esa encima exigiéndole los polvos que no le había echado el fin de semana.

    Al siguiente día en el curro no se tenía en pie y tenía mala cara, fue cuando me lo contó. La novia le había sacado la leche a mamadas y luego le echó cuatro casi sin sacarla. Luis no se explicaba como lo hizo. Pero en vez de agradecerlo, va y ¡le deja!

    Varios meses después de eso, en una tarde de calentón, me acordé de ella y de las pocas cosas que Luis me había contado de ella. Me entraron unas ganas tremendas de comprobar si aquello que me habían contado era cierto.

    Aprovechando que siempre me miró algo más de lo que debería haberlo hecho para estar saliendo con mi amigo, decidí mandar un mail a Rosa proponiéndole quedar para vernos, le di mi móvil para que me llamase cuando leyese el mensaje.

    Pensaba yo que para cuando viese el mensaje de correo habrían pasado unos días, pero no, lo debió leer al cabo de un par de horas y me llamó. Muy dulce, ella diciendo que fíjate cuanto tiempo, que qué tal todo y sobre todo que tenía ganas de verme. A eso yo pregunté con bastante descaro y mucha más guasa que si vestido o desnudo, a lo que ella me respondió con toda naturalidad que desnudo y con mi miembro entre sus pechos.

    Ahí me dejó sin palabras, por lo que tuvo ella que preguntarme si todavía estaba al teléfono, entonces reaccioné y le dije que esa noche a las diez iba a ir a su casa a para que me viese como quería ella, a lo que ella respondió que me esperaría con lencería transparente viendo una película porno.

    No cabía duda, era algo ninfómana. Al cabo de un rato me llamó un amigo (Andrés*) para ver si quedábamos para salir por ahí. En un principio le iba a decir que no podía, que tenía planes, pero en ese mismo momento me imaginé haciéndole un favor a mi amigo Andrés y otro a Rosa, que seguro le molaba montárselo con dos tíos. Quedé con Andrés en que me pasaba a buscarle y le dije que se pusiera sus mejores galas y que si no se había masturbado ese día que no lo hiciera que esa noche mojaba. Se río y colgó diciendo, «si hombre si, como siempre».

    Cuando llegué le pregunté «¿te has masturbado?» Me contestó que no, que llevaba varios días liado con el trabajo y que siempre que le decía que no se masturbara que esa noche mojaba me hacía caso, aunque no sabía muy bien por qué. Total, que llevaba algo así como tres días acumulando. Yo iba cachondo perdido pensado en la ración que iba a tener Rosa, porque yo llevaba algo así como semana y media.

    En el coche me preguntó Andrés que a dónde íbamos, a lo que respondí que a buscar a una amiga. Su pregunta inmediata es siempre:

    -¿Está bien?

    -Si

    -¿Y tiene pareja?

    -Ni idea

    Cuando llegamos la llamé porque no sabía que piso era. Nos abrió sin decir nada. Montamos en el ascensor, llegamos al piso y nada más salir oímos gemidos. Mi colega me miró entre asustado y cachondo y yo le devolví una mirada de «tranquilo, que se lo que pasa». La puerta de la casa estaba abierta y de dentro salían los gemidos que escuchábamos.

    Entramos ya más calientes que una cafetera, cerramos la puerta y cuando llegamos al salón al final de un largo pasillo la encontramos tumbada en el sofá, vestida con una camisetita suelta y semitransparente y una tanguita realmente insignificante, de esos que llevan un hilo dental por detrás.

    Como yo iba delante tardó un poco en ver a Andrés, y cuando lo hizo amagó con taparse un poco, pero para ese momento yo ya estaba a su lado, cogiéndola de la cintura y susurrándole al oído

    «¿Vas a hacerme el favor de desvirgar a mi amigo?

    Con solo oír esto se le iluminó la cara. Supongo que se imaginó todo tipo de situaciones y manejándolo a su capricho.

    -Si claro, me dijo. Si tú me hace a mí un favor con esto

    Y me agarró mi miembro por encima del pantalón. Andrés flipaba y comenzó a decir que se iba. Rosa se fue a por él preguntándole si es que no le gustaba lo que veía, que si no le excitaba. En ese momento, en la película, una mujer se estaba tragando el mástil de cuidado mientras se la metían por detrás y gemía. Rosa le preguntó si no le gustaría hacer eso mismo, y mi amigo no sabía dónde meterse, pero su rabo sí que lo sabía porque estaba montándose una tienda de campaña en el vaquero bastante apreciable.

    Rosa se abalanzó sobre él y le plantó un beso en los morros mientras le desabrochaba el cierre del pantalón. Yo me había desnudado y para cuando iba a sacar el miembro de Andrés de los bóxer me puse al lado para que me la meneara un poco.

    Me pegó un par de chupetones rápidos para no hacer esperar al pobre muchacho, y cuando le quito los calzoncillos flipó, y yo también. ¡Qué pedazo tranca! Largo normal, pero de un grosos bastante grande.

    Rosa se desentendió de mí y se abalanzó sobre semejante trasto. Se lo empezó a chupar con un ansia. Arriba y abajo, arriba y abajo. Como buenamente podía porque apenas le cabía en la boca, pero estaban los dos disfrutando de lo lindo, tanto que a Andrés le dio tiempo a decir «me corro» y a sujetar a Rosa para darle todo lo que tenía acumulado de tres días, y la puso fina. Ella se tragó una buena parte, pero aun así se le escapó buena parte que le cayó sobre sus pechos, dejándole pegada la camisetita. Tenía los pezones duros como para cortar cristal con ellos.

    Le dije –Eres una niña mala, mira cómo te has puesto. ¡Quítate eso ahora mismo!

    Ella se levantó la camiseta, y antes de que terminara estábamos los dos chupándole las tetas como posesos.

    -¡Así, no paréis que llevo meses sin que me den lo que merezco!

    Al oír eso le dije a mi amigo:

    -Vamos campeón, clávasela.

    Él se acercó y antes de que pudiera hacer ningún movimiento Rosa le cogió la polla y se la metió por «su sitio».

    Como yo me había quedado con las ganas de una mamada me acerqué a la cabeza de ella y le arrimé mi miembro a la boca. Evidentemente se lo tragó y al tiempo que Andrés le daba lo suyo me la iba comiendo. Toda una experta hay que reconocerlo, movía la lengua de alguna manera que no logro entender pero que me aceleró de tal forma que me tuve que retirar. Sí, me retiré, pero para aprovechar lo dura que me la había puesto para clavársela por el culo, exactamente igual que le hacían en la peli porno. Fui con cuidado porque yo era nuevo en esos menesteres, pero siempre había tenido ganas de abrir un culito como ese. Cuesta, y más si hay un maromo al otro lado dándole fuerte en su sexo. Le dije a Andrés que parase un momento, y entonces me dejé de hostias y le pegué un buen empujón. Ella se retorció y al momento empezó a mover la pelvis para notarnos dentro. Y ese fue el pistoletazo de salida para darle lo que no está escrito.

    Como Andrés y yo somos casi de la misma estatura la levantamos ensartada como estaba y le dimos de pie. Ella no hacía más que jadear y pedir más y más.

    Como yo no me había corrido aún, acabé antes que mi amigo. Le dejé la espalda llena de leche, cosa que aprovechó mi amigo para probar. «Ya que por delante no puedo, a ver si con tu culo me corro”. Y diciendo esto le clavó de un empujón todo ese pedazo de carne.

    De pie con el culo en pompa y con sus pechos bamboleándose se me puso el rabo como un garrote, así que para bajar la inflamación me tumbé delante de Rosa a que me la chupara como solo ella sabe.

    Así estábamos cuando Andrés no aguantó más y sacándola de la caverna trasera de Rosa se le corrió en la espalda también.

    «Me ha faltado un poquito para el tercer orgasmo de la noche» le dijo a mi amigo

    Nada más oír eso dije: No, de eso nada.

    Me escurrí hacia abajo y se la clave en su sexo húmedo y a fondo. La metía y sacaba casi por completo, y parece que eso le gustó porque me agarró fuerte de la espalda y comenzó a pegar ella empujones con la cadera. La tumbé boca arriba y le puse las piernas sobre mis hombros, la cogí de las caderas y comencé a darle todo lo que tenía. En esta posición me fue creciendo el miembro de forma espectacular, tanto que a ella le vinieron dos orgasmos seguidos sin yo saber muy bien que hice, el caso es que aquello se puso más duro y más grande que nunca, y justo en ese momento le solté una descarga que la llenó por completo, haciendo un ruido muy característico los últimos empujones que le di.

    El resto de la noche siguió de la misma forma, follando como locos, llevé a cabo más de una fantasía y Rosa también. Andrés, por su parte, estaba reventado y solo podía mirar.

    Sé que para muchas lectoras los tríos no les gustan y para otras es puro morbo, así que podéis dejar un comentario diciendo si queréis.

    Muchas gracias por leerme y hasta otra.

    *Nombres inventados.