Autor: admin

  • Comprando con Lara

    Comprando con Lara

    El relato de hoy trata de una fantasía con una de mis lectoras, que también escribe relatos por aquí. La llamaré Lara.

    Era una tarde lluviosa y algo fría de finales de octubre en esta ciudad del centro de España, donde vivo.

    Salí temprano de trabajar y, al ser la época de las rebajas, decidí ir a unos grandes almacenes, puesto que tenía la intención de comprarme un traje nuevo.

    Como es normal, había mucha gente por todas partes y me dirigí directamente a la tienda de ropa para hombre, donde empecé a mirar camisas y chaquetas.

    A los pocos minutos, alguien me tocó en el hombro y, al darme la vuelta, vi a mi espalda a Lara, una compañera de mi antiguo trabajo y con la que apenas había tenido ningún contacto en aquella época, solo de vez en cuando coincidíamos y nos saludábamos brevemente e intercambiábamos una sonrisa y algunas palabras al cruzarnos por los pasillos o en la cafetería.

    Lara es una bonita mujer, cabello castaño, más bien delgada y no muy alta, de ojos verdes, labios sensuales y una preciosa sonrisa.

    Nunca le había prestado especial atención, pero esa tarde, la encontré irresistible, con las mejillas sonrosadas por la fuerte calefacción que había en los grandes almacenes, su voz dulce al hablarme y esa sonrisa que no se apagaba ni un segundo de su bonito rostro.

    Había abierto el abrigo y debajo vestía una bonita blusa blanca, con el suficiente escote como para dejar ver el nacimiento de sus pechos, que se adivinaban firmes y muy apetecibles, una falda corta y ajustada, medias negras y zapatos también negros de tacón medio. Su aspecto no era especialmente provocador, pero a mí me pareció increíblemente «sexy» y empezó a invadirme una ola de deseo irresistible hacia ella.

    Intercambiamos algunas frases banales y hablamos de la última cena de personal que en nuestro trabajo se organizó.

    Me dijo que había venido a comprarse algo para ponerse en un evento que tenía y yo le contesté que también quería comprar un traje para una ocasión especial. Le pedí que me ayudara a elegirlo, cosa que ella aceptó, de nuevo, con una preciosa y amplia sonrisa, que me hizo sentir crecer el deseo de tomarla en mis brazos, acariciar su cuerpo y besar sus labios.

    Juntos elegimos un traje oscuro, casi negro, bastante elegante y, además, al estar rebajado, a buen precio.

    Le propuse entrar a los probadores conmigo para que me diera su opinión una vez puesto.

    Tan solo quedaba libre uno de los probadores libres al haber tanta gente y en la que, por supuesto, entré solo.

    Me empecé a quitar la ropa para poderme probar el traje nuevo. Al quitarme el pantalón, me di cuenta de que mi pene se encontraba en estado de… bueno iba creciendo. Estaba más excitado de lo que creía y no lo había notado quizás un poco hipnotizado por la sonrisa y belleza de Lara.

    La cabeza de mi pene aparecía ya hinchada y algo roja, saliendo por la apertura central de mi bóxer. Sin pensarlo, me lo quité y dejé libre mi verga, que se puso completamente erecta y dura con unas caricias que me hice mirándome en el espejo del probador y soñando ya locuras con Lara, que se encontraba justo detrás de la cortina.

    Me puse el traje, la chaqueta sobre la camisa y el pantalón ocultando apenas esa erección que se negaba a bajar. Abrí la cortina y vi a Lara, que se había quitado el abrigo, y le pregunté…

    —Bueno, ¿qué te parece?

    Ella se acercó y me hizo dar la vuelta para ver el traje desde todos los ángulos. Me dijo que la chaqueta quedaba impecable, pero que el pantalón no le gustaba como me quedaba, estaba algo ajustado, y se acercó al probador hasta entrar en él.

    Se agachó delante de mí y empezó a moverlo de la cintura, de los bajos…, como queriendo colocarlo mejor. Le dije que prefería cerrar la cortina del probador, ya que soy tímido y me daba corte que me mirara toda esa gente que pasaba por delante probarme ropa.

    Corrí la pesada cortina estirando mi brazo. Quedamos los dos solos dentro de la cabina.

    Ella seguía intentando ajustarme mejor ese pantalón que no acababa de quedar bien y, al moverlo, éste rozaba mi miembro erecto y me provocaba descargas de placer. Casi tenía miedo de no poder aguantar y correrme en ese pantalón nuevo que aún no era mío.

    En uno de sus intentos por colocar mejor el pantalón, su mano rozó mi erección. Sentí un placer potente con solo ese roce, pero al mismo tiempo también me asusté un poco. Temía su reacción, que se asustara o molestara tras notar mi estado, aunque ya se olía algo, debería de haberse dado cuenta de ello antes.

    Lara levantó la mirada y quedamos observándonos directamente a los ojos. Permanecimos unos segundos así, mirándonos, sin decir nada, viendo cada uno el deseo en los ojos del otro. Solo su mano se desplazaba despacio, subiendo por mi pierna hasta llegar de nuevo a la cremallera del pantalón, donde esta vez no se conformó con un ligero roce, sino que se paró sobre ella y palpaba la dureza de mi miembro bajo la tela. El placer que me proporcionaba su mano al acariciarme se acentuaba más con lo excepcional de la situación, ya que estábamos rodeados de mucha gente, de la que solo nos separaba una cortina y las frágiles paredes de madera del probador.

    Hice que se levantara tomándola por los brazos. Quedamos frente a frente, y hundí mi mano en su bonito pelo, fragante, acariciándole la nuca. Nuestras bocas se fueron acercando, rocé sus labios con los míos y pude oír cómo se le escapaba un breve suspiro, y sentí su aliento caliente sobre mi boca. Recorriendo su mejilla con besos suaves, puse mi boca junto a su oído y le susurré, despacio, que la encontraba adorable, irresistible, y que la deseaba en ese momento. Ella respondía a mis palabras con suspiros entrecortados, colocando sus manos en mi pecho, bajando una de ellas de nuevo buscando mi sexo erecto y rozando su mejilla caliente contra la mía. Nuestras bocas se buscaron de nuevo y nos fundimos en un beso.

    Mientras vivíamos ese primer beso, que a cada segundo era más intenso y apasionado, mientras sentía la dulzura de sus labios sobre los míos y nuestras lenguas rozarse y buscarse, mis manos acariciaban su espalda, bajaban por ella despacio hasta llegar a sus nalgas que también acariciaba por encima de la falda.

    Lara seguía tocándome sobre el pantalón. Sin dejar de besarnos, le abrí los dos primeros botones de la blusa e introduje mi mano por debajo de ella, palpando sus pechos y sintiendo bajo la tela ligera del pequeño sujetador sus pezones erectos duros de excitación, que comencé a acariciar y pellizcar con las yemas de mis dedos.

    Ella me bajó la cremallera, introdujo la mano y liberó mi pene de su prisión de tela, el cual salió sin ninguna dificultad al no tener puesta ropa interior.

    Esas caricias hicieron que nuestro deseo se disparara hasta el punto de casi perder el control, hasta olvidarnos que a solo unos centímetros de nuestros cuerpos había muchas otras personas que podían oírnos y darse cuenta de lo que estaba pasando dentro del probador, pero a ninguno de los dos nos importó. Incluso creo que era algo que nos excitaba más.

    Nos abandonamos completamente a nuestras ansias. Nuestras lenguas se devoraban y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos. Le quité la blusa y el pequeño sujetador, acaricié sus pechos redondos y duros y tomé en mi mano uno de ellos. Lo apreté y llevé mi boca al pezón, que metí en ella y empecé a chupar fuerte, como si lo quisiera empaparlo de saliva, mordisqueando y acariciándolo con la punta de la lengua. Estas caricias provocaban sonoros suspiros a Lara, la cual apretaba suavemente mi cabeza contra su pecho colocando sus manos sobre ella.

    Después, le levanté la falda hasta la cintura y acaricié su precioso culo, que estaba completamente accesible ya que vestía un minúsculo tanga y que podía ver detrás, reflejado en el espejo. Mientras, ella pajeaba más fuerte mi pene, haciéndome casi perder el sentido de placer.

    Introduje mis dedos por la parte de delante de aquella minúscula braguita y los deslicé hasta su sexo, que empecé a acariciar suavemente. Estaba muy mojado, sus piernas se separaban ligeramente para acceder a acariciarla mejor, y sus suspiros se hacían cada vez más intensos. Le introduje uno de mis dedos y lanzó un pequeño grito que, sin duda, debieron oír las personas que estaban cerca. Eso me animó a acelerar el ritmo e introducirlo más dentro, jugando a meterlo y sacarlo rápido que la hacía abrazarme fuerte y retorcerse contra mi pecho de placer.

    Yo deseaba probar el sabor de su sexo excitado y jugoso. La hice sentar en el taburete, con las piernas separadas, me arrodillé entre ellas y la seguí masturbando con dos dedos. El placer la hacía resbalar hacia adelante y abrir al máximo las piernas. Puse mi cabeza entre ellas, no sin antes haberle quitado el tanga. Mi boca pasaba por sus muslos, rozando su sexo. Lara gemía y me decía, con la voz muy entrecortada, que estaba a punto de tener un orgasmo y me suplicaba que la lamiera.

    Así lo hice.

    Hundí mi cara entre sus muslos y empecé a pasar la lengua por encima de sus empapados labios vaginales, lamiéndolo entero, separándoselos con los dedos y penetrándolo con la lengua, parándome en el clítoris que lamí y chupé con fuerza. Ella pellizcaba uno de sus pezones con una mano y con la otra agarraba mi cabeza, apretando mi cabeza contra su sexo. En solo un par de minutos le llegó un orgasmo intenso y largo, que le hizo empujar fuerte esa rajita depilada contra mi boca y gemir intensamente. La seguí lamiendo suavemente para prolongarlo al máximo, hasta que de placer abandonara su cuerpo.

    Tras unos segundos, me puse en pie. Ella seguía sentada en el taburete, recostada contra la pared del probador. Mi pene apuntaba hacia el techo, con unas gotas de líquido transparente resbalando por el tronco venoso. Lara se incorporó y me dijo… «Ahora te toca a ti correrte en mi boca, ven…».

    Me coloqué más cerca de ella, acercando sin complejos mi miembro a su boca. Ella la atrapó con una mano y empezó a masturbarme, bajando hasta mis testículos que apretó provocándome algo de dolor, pero excitándome aún más, si eso era posible. Introdujo el hinchado y mojado glande en su boca y empezó a chuparlo y lamerlo. Tuve que apoyar mis manos en la pared del probador del placer que me proporcionaba, las piernas me temblaban y sentía que muy pronto me correría, ya no aguantaba más.

    Lara se introdujo mi verga casi completamente en la boca, atragantándose, y moviendo la cabeza de atrás adelante, succionándola entera y acariciándome al mismo tiempo los muslos. Sentí que me corría y se lo dije. Temía que su reacción ante el anuncio de mi inminente eyaculación fuera sacarse de la boca mi falo, pero, muy al contrario, y por fortuna, acentuó la presión de sus labios sobre mi pene y se lo introdujo de nuevo entero, hasta la garganta.

    Soltando un largo gemido descargue varios chorros de mi esperma dentro de la dulce cavidad de su boca, mientras ella lo tragaba y seguía chupándome y acariciándome, ahora más suavemente y haciéndome casi perder el sentido.

    Cuando me recuperé, nos vestimos y salimos de aquel probador. Había varias personas esperando que alguno se quedara libre y todas ellas se nos quedaron mirando. Algunas con un tono de reproche en la mirada, pero otras con una sonrisa cómplice y un tanto envidiosa. Acompañé a Lara hasta su coche y nos despedimos dándonos un beso largo e intenso, y sabiendo que nos volveríamos a ver muy pronto y que en el futuro ayudaríamos un poco al destino para coincidir.

    Espero que os haya gustado y disfrutado tanto como para dejar un comentario, jejeje.

    Gracias por leerme, un beso.

  • Ante todos nos queremos y en secreto nos amamos (1)

    Ante todos nos queremos y en secreto nos amamos (1)

    Esta es mi historia con mi mejor amiga que empecé a sentir amor por ella, pero por temor no me animaba a decirle lo que sentía.

    Tenía miedo de que ella lo notara o que alguna mirada me delatara, ella es hetero y yo pues también lo soy o lo era, pues empezaba a sentir cosas que nunca antes me habían pasado.

    Para mí todo esto era nuevo el sentir esto por una mujer y más por qué se trataba de mi mejor amiga no quería arruinar la amistad, muchas fueron las veces que me imaginaba dándole un beso o un abrazo.

    En ese proceso ella conoció a una chica que la pretendió, no creía que ella aceptaría andar con otra chica, pero al momento de que me enteré que sí, si me dieron celos y por dentro una tristeza de que alguien más tuvo más valor de llegarle y demostrarle el amor que yo por tonta no me animaba.

    Así pasaron los meses, seguíamos siendo buenas amigas, pero yo sentía que no podía por verlas juntas, y yo guardando este amor que por ella sentía.

    Hasta que un día yo y mi amiga nos fuimos a tomarnos unas cervezas, disfrute mucho esa noche con ella platicamos, reímos como ya hacía tiempo que no lo hacíamos, ya casi por terminada la noche y ya casi por cerrar el bar donde estábamos ella fue al baño, yo al ver que no salía, fui a ver qué pasaba, la vi ahí recargada sobre el lavamanos, la vi que estaba como decaída pero pensé igual ya los tragos nos están pegando, me acerque a ella la mire de frente le dije tranquila todo está bien y en eso que me da un beso me saque de onda pero a la vez al verla y yo haber deseado esto por tanto tiempo, me deje llevar, nos dejamos llevar nos metimos a uno de los baños dónde seguimos besándonos fue de lo más rico el poder besar su boca, fue como un sueño para mí a pesar de estar borracha lo recuerdo todo.

    Al haber sucedido esto, desató en nosotras esa chispa, quizás para ella solo fue un «nos besamos en la peda y ya» al principio para no verme tan obvia yo también le decía lo mismo y quedó por semanas en solo eso «nos besamos pero hasta ahí y ya».

    Pero en otra salida que tuvimos, y como saben antes y con mucha razón después del beso ya sentía cosas por ella, y no quería desaprovechar que en esta nueva salida que tendríamos el poder besarla de nuevo, y si! Volvió a suceder.

    Yo por mi sabía que ya no era un simple estoy borracha y pues te beso, no! Ya para ese momento yo quería decirle, sentía la necesidad de decirle lo que me pasaba, aunque creo que quizá ya tenía sus sospechas.

    Y ahora sí que como se dice la tercera es la vencida, y así fue, en esta ocasión se dio otro par de besos, pero fue por mensaje después de que ella se fuera a casa que le confesé que estaba enamorada de ella, que esto que ha venido pasando entre nosotras para mí no ha sido un «ya pasó, ya equis» olvídalo! Al contrario le dije que cada beso lo había deseado tanto y que no me animaba a decírtelo pero que estaba enamorada de ella.

    Ya lo demás que fue pasando en nuestra amistad después de confesarle mi amor, con el paso de los días, las semanas fue subiendo de intensidad sentía que ella también deseaba el poder tener esos ratos a solas que se volvieron muchos, con el paso del tiempo y vaya que los disfrutamos

    Continuará…

  • Maduro muy dotado: Segundo encuentro

    Maduro muy dotado: Segundo encuentro

    La verdad que el fin de semana que prácticamente pase en la cama con Juan, la noche del sábado y la tarde del domingo, me dejó extasiado, haberme dilatado con ese aparato fue una experiencia extrema para mi, yo solo tenía 18 años, no había estado con muchos hombres y Juan me había deslumbrado, me sentía como una nena con su primer novio, me fascinaba que me trate como a un hombrecito al que se cogió, pero un hombrecito al fin, fue el primero que no me llamó nunca putita ni me trató como mujer, me dio mi lugar haciéndome sentir lo que soy, un puto.

    Sentí que podía dejar que me haga lo que quiera, en concreto me sentía suyo, no dude en llamar a su teléfono y arreglar un nuevo encuentro el sábado siguiente, tuve miedo que me rechace, pero no, no lo hizo, por el contrario, me demostró que estaba interesado y me invitó a que vaya más temprano y que esperaba que me quede a dormir con él.

    Estaba feliz el sábado preparándome desde muy temprano, me depile la cola, unos pocos pelitos que asomaban cerca de mi hoyito, ya que tengo la cola naturalmente lampiña, y afeité completamente mi pubis y genitales, eso sé que ahora es costumbre en muchos gays y también en las mujeres.

    Estaba entusiasmado como una colegiala con mi macho, la diferencia de edad me asustaba un poco, me llevaba 40 años, pero pensé que quería vivir ese momento con mi hombre sin pensar en nada más.

    Juan era un hombre maduro, con su vida personal resuelta, bien varonil, con una verga enorme y que sabía usar muy bien, excelente amante, cariñoso y paternal conmigo, ¿qué más podía pedir? Era todo lo que yo buscaba en un hombre. Sin casi darme cuenta, había volcado decididamente mi vida hacia la homosexualidad, y Juan fue muy importante en mi decisión. Mi único y principal problema era mi familia tradicional y chapada a la antigua, no me sentía capaz de salir del closet y declarar abiertamente mi gusto por los hombres ante mis padres.

    Entonces tomé el camino equivocado, mantuve en apariencia lo que todos esperaban de mí, y llevé una doble vida, que solo me hacía feliz por momentos efímeros al frecuentar a escondidas encuentros sexuales con machos y que al tener que fingir otra cosa, solo me llene de angustia y frustración.

    Ese sábado a media tarde fui al dúplex de Juan, era una tarde hermosa para estar en el balcón terraza del piso superior, cuando entré, me llevo al balcón, él estaba vestido solo con un short de baño, había dos reposeras y un par de colchonetas, había estado tomando sol, ni bien pasé al balcón me pidió que me ponga cómodo y al mismo tiempo que lo dijo, se sacó el short de baño y quedó desnudo, yo entendí que el que me ponga cómodo significaba que me desnude, el balcón era lo suficientemente alto como para que nadie nos vea ni desde enfrente, ni desde los costados, a pesar de ser de día, estar allí desnudos me resultó excitante.

    Tiempo después viví una situación similar con otro hombre, que me cogió en un balcón terraza, pero a oscuras y de noche, y lo gracioso era que justo enfrente en otro balcón había una reunión familiar, con mucha gente riendo y bailando, pero que nunca vieron ni imaginaron que frente a ellos, cruzando la calle, había dos hombres teniendo sexo, pero esa es otra historia que contaré más adelante.

    Obviamente me desnude en segundos, mientras no dejaba de mirar esa pija divina, hermosa, enorme, que me tenía fascinado, nos acostamos en las colchonetas que estaban una junto a la otra y nos comenzamos a besar, de inmediato los dos buscamos con nuestras manos las partes que más nos atraían, el acaricio dulcemente mi cola y yo agarré esa belleza que colgaba entre sus piernas, enseguida él se colocó encima mío, con su pija entrando en mi boca de a poco hasta ahogarme y del otro extremo, levantó mis piernas flexionadas, llegó con su lengua a mi ano, que quedó expuesto y bien abierto, justo para que me diera la mejor chupada de culo que jamás me habían dado, gracias a que era bastante más alto que yo, no tuvimos problema en hacer un 69 como macho y hembra.

    Sentí que su lengua lamiendo mi ano me transportaba al cielo, mientras yo no dejaba de succionar su enorme, gruesa y fibrosa pija, que me daba tanto gusto tener en mi boca, ambos no podíamos ocultar el placer que sentimos y gemíamos enloquecidos, dejándonos llevar por nuestros más bajos instintos. Juan estaba pronto a eyacular en mi garganta, pero se detuvo abruptamente, me quitó mi juguete de la boca y dijo:

    -no, no quiero acabar todavía, quiero hacerte esa cola antes, quiero estar adentro de ese culito apretado y ver como gozas mi verga.

    Yo estaba jadeando, caliente como nunca, con mi culito abierto y todo mojado con su saliva, que pedía a gritos tener su hermoso pedazo bien adentro mío. Me preguntó si quería que me vuelva a dilatar con el especulo vaginal y le dije que no, que quería sentir esa pija como debía ser, yo estaba tan caliente y tan mojada mi cola que no dude en querer recibir esa hermosura naturalmente.

    Entonces se dispuso a penetrarme, solo le rogué que lo haga con mucho cuidado, el conocía bien lo que calzaba, y el poder de daño que podía provocar esa verga descomunal en mi culito.

    -si putito, te voy a cuidar mucho, quiero hacerte feliz, no quiero lastimarte, ese culito va a ser mío muchas veces y quiero que lo disfrutes.

    Sus palabras terminaron de derretirme e hicieron que me entregue totalmente, una vez más antes de poseerme, elevo mis piernas y lamio mi agujerito, si algo me faltaba para entregarme, lo acababa de hacer, me enloqueció de nuevo con su lengua unos minutos hasta que me volvió a poner las piernas sobre sus hombros, acomodo su glande en mi hoyo y comenzó a empujar muy lentamente, grité, le pedí por Dios, y muy de a poco sentí como esa verga inmensa se deslizaba entrando en mi culo, lo miré a los ojos, me mordí los labios, me miró, me sonrió y segundos después me dijo:

    -ya la tenés toda adentro mi amor, sos todo mío nene, la tenés hasta los huevos.

    Al escucharlo hablarme así con tanta dulzura, no pude evitar tener un orgasmo, tire mi lechita sobre mi cuerpo, mi pene estaba flácido a pesar de mi excitación, mi cuerpo no funcionó siempre como el de un varón, en ese momento yo era una hembra y mi pija lo sabía.

    Al ver y sentir mi acabada sonrió y me preguntó si quería que salga, le pedí que no, le rogué que siga, empezó a moverse nuevamente, me tenía ensartado hasta los huevos, tardé segundos en comenzar a gozar de nuevo, me cogió así un buen rato hasta que no pudo más y ahora sí, me dio toda su leche, acabo como un animal desaforado, me conmovió sentirlo así, tal como yo le entregue mi cola, él me entregó su esperma, me dio hasta la última gota, y mientras lo hacía no dejaba de llenarme de besos, era tan cariñoso y dulce conmigo que llegué a pensar que me estaba enamorando de él.

    Esa noche después de cenar, volvimos a tener sexo, pero esta vez fue oral, se la estuve chupando como dos horas hasta que logre hacerlo acabar y esta vez no se resistió y me la dio en la boca, y saboree ese rico semen, después nos quedamos dormidos, al despertar tuvimos un mañanero de compromiso, ya estaba fundido pobre, y al mediodía me fui porque no daba para más.

    Después de eso lo vi un par de veces más, comenzó a decir que podía irme a vivir con él, pero yo no estaba preparado para enfrentar a mis viejos y decir que era puto y que me iba a vivir con un hombre, así que lo hablamos y entendió que yo no podía hacer lo que me pedía y dejamos de vernos, un par de años después el destino quiso que nos volviéramos a encontrar de levante por Santa Fe, él estaba con un amigo y me invitó a ir con los dos, pero lo que pasó esa noche lo contaré en el próximo relato.

    Espero que les haya gustado, ya saben si quieren pueden dejarme un comentario aquí o escribirme a [email protected].

    Besos a todos.

  • La directiva

    La directiva

    Susana aterrizó en el último vuelo del puente aéreo el martes a las 11 de la noche.  Con el pequeño trolley azul, que pasó como equipaje de mano, salió con paso firme tratando de esquivar al resto de viajeros hacia el parking. Se dirigió a la plaza 47-B que había memorizado por la mañana. Allí estaba el A-3 negro de empresa que habían dejado los empleados de la delegación de Barcelona.

    A las ocho de la mañana del miércoles estaba en un atasco en dirección al hotel Arts, en el puerto deportivo, donde una hora después tendría una reunión con la delegación comercial de la ciudad previa a la decisiva reunión del jueves y viernes con los socios chinos.

    Cinco minutos antes de la hora, y tras pedir información en la recepción, entraba en la sala Picasso del hotel. Iba vestida con una falda gris perla a juego con una chaqueta del mismo color de Channel y una camisa blanca de seda abotonada lo justo para permitir un impresionante escote. Los zapatos eran unos “manolos” a juego con el traje. Un maletín de piel Loewe y unos pendientes a juego con un pequeño collar de Swarovski.

    Todo esto unido a su imponente presencia física causaba una sensación mitad admiración mitad respeto. Medía 1,77 de altura, tenía una melena rubia, unos ojos verde de gata y unos rasgos marcados que le daban una belleza salvaje.

    Nacida en Barcelona hacía treinta años, estudió gestión y dirección de empresas, hablaba español e inglés. Llevaba cuatro años en la empresa y había llegado arriba sin que nadie le regalara nada. Su fuerte carácter era conocido entre sus compañeros y sus subordinados. En las duras negociaciones era inflexible. Así la dirección de la empresa le tenía gran aprecio y reconocimiento.

    Después de muchas horas de reuniones, discusiones y negociaciones el viernes a mediodía se firmó un acuerdo por el que la empresa ganaría mucho dinero. A las nueve y media de la noche en el restaurante del hotel habría una cena con los socios chinos.

    Susana, una vez terminada la reunión, decidió pasar la tarde en el ático de Paseo de Gracia que la empresa tenía para este tipo de estancias y donde dormía desde que llegó el martes noche. Estaba cansada.

    Tras una pequeña siesta y una ducha reponedora, decidió que todo el trabajo se merecía un homenaje. Durante los tres últimos meses había vivido exclusivamente preparando esta reunión. Había estado aislada de su familia, de sus amigos y del mundo en general. Solo vivía para este acuerdo. No salía de fiesta y hacía tiempo que no tenía pareja. Así que decidió hacerse un gran regalo.

    Envuelta en un albornoz y mordiendo una manzana conectó su pequeño portátil y buscó por Internet alguna agencia de chicos de compañía. Después de unos minutos bicheando la galería de fotos de una de estas empresas, se detuvo en el anuncio de un chico brasileño:

    Fabio.

    25 años.

    1,92 de altura.

    Modelo publicitario.

    Culto

    Discreto.

    Español, inglés y portugués.

    Tarifa 250 €/hora.

    Toda la noche consultar.

    Tras tres tonos de teléfono una voz grave de hombre le atendió. La conversación fue breve. Pactaron 1.000 € toda la noche y ella le pidió que apareciese en traje negro indispensablemente.

    Fabio era un brasileño que llevaba afincado en Barcelona cinco años. Como buen carioca había empezado jugando al fútbol pero una grave lesión de rodilla con diecisiete años le retiró. Un año después un cazatalentos de la moda se cruzó con él en un burguer, en la playa de Ipanema. Firmó un contrato con una agencia de modelos y con veinte años dio el salto a Europa. Pese a que había hecho algunas campañas publicitarias de perfumes, la competencia en ese mundo era feroz. Así fue como le propusieron alternar su trabajo de modelo con este otro mucho más lucrativo.

    Habían quedado a las ocho y media en la Plaza de Catalunya. Ella le reconocería a él.

    Susana entró en la plaza por la esquina noreste, desde el Paseo de Gracia. Justo en el centro estaba Fabio rodeado de palomas. Parecía que de un momento a otro sonaría alguna sintonía pegadiza y él ofrecería los encantos de algún perfume.

    Ganaba mucho al natural. Sus 192 centímetros le hacían muy visible para cualquier mujer. Llevaba el pelo corto e iba engominado realzando un rostro anguloso muy varonil. Su perfil de dios griego se remataba con un hoyo en la barbilla y unos expresivos ojos grises. Ella se acercó:

    -¿Fabio? -preguntó Susana.

    -Sí. ¿Eres Susana? -preguntó el chico un tanto sorprendido. Y es que no era habitual que chicas tan guapas requirieran este tipo de compañías.

    -Sí, soy Susana -se saludaron con dos besos -¿Tomamos una cerveza?

    Cruzaron por el paso de cebra y entraron en el Hard Rock Café. Se sentaron en la barra y pidieron dos cervezas. Susana le explicó la necesidad del traje ya que asistirían a una cena de su empresa y los hombres debían vestir así. El hombre le comentó que no tenía ningún inconveniente en vestir traje. Mientras él hablaba ella le analizaba. El tipo era realmente guapo y se notaba bastante cómodo dentro de aquel traje de Armani que le sentaba como un guante. Sus poderosos hombros delimitaban una amplia espalda. Sus manos, que movía con frecuencia mientras hablaba, eran muy grandes y sus Martinelli debían ser del número cuarenta y cinco. Susana se sintió muy cómoda en su presencia y la gran conversación de él ayudaba bastante. En cuanto al precio, pensó aquello de “…me lo merezco…” después de tantos meses de secano.

    A las nueve y cuarto salieron con el coche hacia el restaurante. Una vez llegaron pasaron a un pequeño reservado donde se estaba sirviendo una copa previa a la cena. De entre tanta gente salió Rafa uno de sus superiores además de amigo personal de la dierctiva:

    -Hola Susana. -Saludó efusivo su compañero.

    -Hombre Rafa. Ya me extrañaba no verte.

    -Susana, no podía faltar a este éxito tuyo. -Alabó su amigo Rafa un poco achispado.

    -No, Rafa, de la empresa -contestó ella.

    -Susi, yo se lo que has trabajado en este acuerdo. Y es tuyo. Disfrútalo. -Y mirando a Fabio que ocupaba un segundo plano le guiñó un ojo a Susana -lo dicho disfrútalo.

    -Gracias. Rafa. -Se despidió ella sonriendo.

    -Estás espectacular -le dijo el hombre antes de volver a perderse entre los chinos.

    Efectivamente, Susana era un espectáculo. Llevaba un traje negro ajustado, palabra de honor que permitian admirar su espectacular cuerpo. Sus hombros redondeados y suaves al aire eran objeto de comentarios y sus pechos eran imán para los ojos de la mayoría.

    A lo largo de toda la cena las miradas de Fabio y Susana se cruzaron y no se podía disimular la tensión sexual entre ambos. Más de una vez Susana pilló a Fabio colgado de sus pechos. A lo que él contestaba con su bonita sonrisa. Susana se sentía deseada por el gigoló y comenzaba a excitarse. Notaba como su sexo ardía y apretaba los muslos uno contra otro. Poco a poco empezó a sentir cierta impaciencia por salir de allí con Fabio.

    Tras la cena Susana se apresuró a disculparse y despedirse de casi todos. Mientras rozaba su culo contra la entrepierna del profesional quién respondía con disimuladas caricias a sus glúteos. Después de la última despedida miró a Fabio a los ojos y con cierta lascivia le dijo:

    -¡Vámonos ya! -se sentía muy mojada y con unas ganas tremendas de hacerlo.

    Salieron a gran velocidad del parking del hotel haciendo chirriar las ruedas del pequeño AUDI. Fabio se colocó de medio lado y agarró el tirador del techo con la mano derecha mientras miraba con ojos de deseo. Susana hizo un par de giros rápidos callejeando hasta que entró en la calle Marina dirección a la Plaza Monumental. Justo enfrente un semáforo en rojo sirvió para que él le tocase el muslo. Ella suspiró y le miró mordiéndose el labio. También le tocó la pierna, la tenía dura como una piedra. Salieron del semáforo segundos antes de cambiar a verde. No volvieron a parar en ningún otro hasta llegar al edificio. La calentura de la mujer era visible en su cara. El hombre la miraba con media sonrisa sabiendo que en poco tiempo la tendría a su merced.

    Dentro del edificio salieron del coche y entraron en el ascensor. Estaban frente a frente, mirándose a los ojos. Durante el recorrido por las catorce plantas se miraron con deseo lo que fue aumentando la tensión entre ellos.

    Llegaron junto a la puerta del piso 14-A. Susana abrió. Dejó que Fabio entrase primero. Lo hizo con paso lento pero firme mientras se quitaba la chaqueta. Ella entró tras él y cerró con un portazo. Fabio giró sobre sus pies abriendo los brazos, como preguntado a que se debía tanta prisa. Susana no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre él metiéndole la lengua hasta la campanilla mientras le agarraba la nuca. Fabio la agarró por la cintura y la atrajo hacia él al tiempo que la correspondía a su lengua. Dejaron la unión de sus labios y comenzaron a desnudarse. Él con bastante habilidad encontró y bajó la cremallera trasera del vestido dejándolo caer al suelo. Susana quedó tan solo con la ropa interior negra de encaje y unos tacones negros.

    Ella necesitó un poco más de trabajo para quitarle la corbata y desabotonar de mala manera la camisa. Un par de botones saltaron al suelo. Pero por fin, ante ella el perfecto torso de Fabio, lampiño, duro. Unos pectorales marcados, una tableta de chocolate que parecía esculpida en piedra. Susana sudaba, su vulva parecía entrar en erupción, notaba como se le hinchaban los labios, sus flujos empapaban su tanga. Estaba presa de una excitación desconocida. Pero es que era ÉL, sí ÉL. Ese modelo que la había vuelto loca hacia unos meses. Durante la campaña publicitaria de Navidad. Fabio era el modelo de aquel anuncio de colonia con el que ella había llegddo a fantasear en sus sesiones onanistas.

    Volvieron a besarse. Con un hábil movimiento de dedos él abrió el cierre del sujetador, dejando libres dos pechos redondos, turgentes, henchidos por el deseo y coronados por unos pezones oscuros, erguidos, desafiantes. Fabio fue bajando con su boca por el cuello besándola hasta llegar a ese par de tetas. Con pequeños mordiscos hizo que soltase unos gemidos de placer que harían la delicia de cualquier hombre. Él se sentía poderoso ante ella. Era un profesional y sabía lo que se hacía.

    Tras sentir los pechos ensalivados ella le cogió de la mano y se dirigieron al sofá de piel blanco. El culo de Susana, tan solo con el tanga, era un escándalo.

    Ella se tumbó en el sofá boca arriba. Fabio se arrodilló en el parqué y se acercó a ella. Con delicadeza le quitó el mojado tanga. La mujer, a la que tan solo le quedaban los zapatos de tacón, abrió las piernas apoyando una en el brazo del sofá y la otra en la mesita auxiliar. La cabeza de Fabio quedó en medio. Delante de él se abría un coño jugoso, caliente, todo rasurado inundado de flujos, deseoso de ser acariciado, devorado, penetrado.

    La directiva atrajo la cabeza del gigoló hacia ella:

    -COME -le ordenó -Vamos come. Yo pago y tú comes. -Le excitaba la idea de pagar por sexo. Se sentía su dueña.

    Él acató la orden y pasó su lengua caliente por toda la hendidura de su vulva. Saboreando ese coño ansioso de sexo:

    -Mmm…siii… -acertaba a decir ella.

    Fabio, un autentico profesional en la materia, seguía deleitándola. Introducía su lengua en la vagina desde el perineo hasta terminar en el clítoris donde acababa con pequeños mordiscos y lametones. Esto la iba a llevar al orgasmo. Y este llegó como una ola de placer inmenso que hizo que se corriese con un grito incontrolado. Agarró fuerte los pelos de su amante hacia su coño antes de empezar a relajarse con pequeños espasmos.

    Fabio se puso de pie para terminar de desnudarse. Susana se relamió de gusto al ver el tremendo bulto que ese marcaba en la entrepierna del modelo.

    Con cierta pausa el hombre se descalzó, se quitó el cinturón y se bajó los pantalones y los calcetines. Había dejado para el final los bóxer negros D&G que atrapaban como podían su poderoso pene. Como pudo, Susana se sentó para ver semejante espectáculo. Fabio bajó los bóxer y su polla saltó como un resorte. Los ojos de Susana se abrieron descomunales al ver el enorme tamaño del miembro del modelo de perfumes.

    Ante esto la mujer se arrodilló y se dispuso a practicarle una felación. Fabio le acariciaba la melena rubia mientras la cabeza de Susana iba y venía a lo largo de aquel tremendo cacho de carne. Ayudada por sus manos le pajeaba al mismo tiempo que succionaba. Por un momento dejó de chupar y mirándole con ojos de gata le dijo:

    -Quiero que me la metas. Que me folles como a una perra. He pagado y quiero sexo salvaje.

    Tras dos chupadas más al glande se volvió a tumbar en el sofá y abrió las piernas para recibir a su amante. Fabio apoyó sus rodillas en el sofá y dejó caer su impresionante cuerpo sobre Susana que le recibió con las palmas de las manos sobre sus pectorales para descender tocando cada uno de aquellos abdominales. Él aguantando su peso sobre sus poderosos brazos aterrizó suavemente sobre la mujer. Ella notaba como la punta de aquella polla rozaba la entrada de su rasurado coño y tan solo esperaba el movimiento de cadera que abriese la raja después de varios meses. Cuando por fin hundió su tremendo pene en el coño ella respondió cerrando los ojos y con un largo suspiro de satisfacción. Le abrazó la ancha espalda mientras él empezaba un vaivén provocando en ella una serie de gemidos y suspiros de goce que con frecuencia se traducían en arañazos.

    A medida que él aceleraba el ritmo la mujer le rodeaba con sus piernas obligándole a no salir de su interior. Le clavó las uñas en el culo. Fabio se levantó sobre sus brazos e hizo un esfuerzo por llegar lo más hondo posible. A lo que Susana contestó con un grito casi de dolor.

    La abundante lubricación vaginal facilitaba la velocidad de la penetración. Esto a ella la estaba llevando al éxtasis:

    -Ponte a cuatro patas, vamos -pidió él

    Fabio paró para que ella se pudiese colocar. Apoyó su cuerpo en el respaldo del sofá y sus piernas en el asiento de manera que ante él se ofrecía una visión perfecta de su ano y su vagina. Fabio se colocó justo entre sus piernas, apuntó con su glande hacia su coño y de un golpe seco se la incrustó hasta el fondo. Ella gritó y se agarró fuerte con las manos al sofá:

    -Así, joder, así.

    El modelo la agarró por las caderas y siguió con un incesante bombeo. La follaba sin tregua, con todas sus fuerzas. Le tiró del pelo haciendo que su cabeza se fuese hacia atrás:

    -¿Te gusta, eh? ¿te gusta?

    El ritmo de las embestidas seguía:

    -Sííí, aaahhh

    -Ahora. Me corroo.

    Con un sonido gutural Fabio se corrió abundantemente en el interior de su coño:

    -Así joder, córrete. Vamos córrete dentro -le ordenaba ella a gritos -vamos cabrón.

    Fabio cayó sobre su espalda. El corazón le latía a mil por hora. Estaba sudando. Ella también. Respiraba entrecortada:

    -Vaya polvazo, joder -dijo Susana.

    -Pues aún queda noche… -apuntó Fabio.

    Cuando Susana salió del baño vio a Fabio tumbado boca abajo en la cama. La visión de aquel cuerpo perfecto en la penumbra de una habitación tan solo iluminada por la luz de la luna llena a través de la lumbrera del techo era casi idílica. Pasó sigilosa por los pies de la cama para tumbarse sobre él y comenzar a besar su cuello, sus hombros, sus orejas. Poco a poco fue descendiendo por aquella inmensa espalda. Recorriéndola a lo ancho y dejando que su melena sirviera de estela de sus movimientos por aquel edén de la lujuria. Frente a aquel culo de mármol no pudo resistir la tentación de morder arrancándole un suspiro a Fabio. Pasó la lengua por toda la raja hasta terminar en los testículos. La erección del modelo le impidió permanecer por más tiempo en esa postura. Al girarse. Su potente miembro apuntaba desafiante al techo. Con un capullo grueso y brillante.

    Susana se aproximó a él con pequeños mordiscos a sus cuadriceps para acabar pasando su caliente lengua de abajo a arriba. Despacio, fue introduciéndosela centímetro a centímetro en su boca. No pudo engullirla entera y fue retrocediendo la cabeza para volver a bajar antes de sacar el glande. Todo esto mientras Fabio suspiraba. Fue acelerando el ritmo de sus movimientos hasta que notó que él se correría y se preparó para tragarse el semen.

    Con unos sonidos ininteligibles y tensando el cuerpo Fabio descargó una corrida en el interior de la boca de Susana que siguió mamando hasta tragarse la última gota de semen.

    Una vez terminó fue incorporándose, haciendo pasar la polla del hombre por su cara, entre sus tetas, su abdomen y finalmente hizo pasarla por su raja totalmente lubricada. Comenzó a subir pasando ahora su coño por su tableta de chocolate, sus pectorales hasta restregarlo por su cara donde se mantuvo para que su hábil lengua le practicase un cunnilingus.

    Susana suspiraba, jadeaba mientras sentía como Fabio introducía la lengua en su ano para pasearla luego hasta su clítoris mientras con sus grandes manos la tenía cogida por los glúteos.

    Tras un momento y comprobando que el mástil de carne volvía a estar duro descendió para cabalgarlo.

    Poniendo las rodillas a cada lado de él, Susana fue descendiendo sobre la tremenda polla. La fue guiando con su mano derecha hasta la entrada de su coño.

    Notaba como se abría paso en su interior. Descendió hasta sentir que su vagina ya no daba más de sí para albegar tanta carne:

    -Aaayyy, sííí joder.

    -Mmm…

    Susana comenzó a cabalgarlo con maestría:

    -Joder que grande la tienes.

    Fabio intentó acariciarla pero ella cogió sus brazos y se los puso por encima de la cabeza:

    -Tú quieto. Mando yo. -Ordenó Susana dueña durante esa noche de aquel esclavo sexual.

    Fabio se mantuvo en esta postura donde sus bíceps se marcaban de manera sensual.

    Ella, con la mano izquierda sobre su torso y con la derecha haciéndose un dedo, no dejó de botar sobre aquel descomunal falo hasta que tuvo otro orgasmo y se corrieron juntos…

    A las seis y media de la mañana Fabio se estaba vistiendo con su traje de Armani en el salón cuando apareció Susana totalmente desnuda y casi de manera autómata cogió de su cartera el dinero. El profesional la miraba sonriendo. Ella le devolvió la sonrisa y le entregó los mil euros acordados luego él se giró y se marchó. Susana volvió a la cama donde durmió hasta casi las dos de la tarde…

  • Grace… maravillosas esas noches

    Grace… maravillosas esas noches

    La ciudad es hermosa en primavera y esa semana de octubre en particular aún más. Es como que se llena de mujeres hermosas, o por su físico o por lo bien que se arreglan. Es alegría para los ojos mirar a las muchachas y las que ya no tanto que van de un lado a otro derrochando femineidad… y así volvieron a mi memoria los días con Grace.

    La conocí caminando no muy lejos de mi casa (yo casado, hijo pequeño) cuando salía de una reunión con un potencial cliente. El resultado había sido muy positivo y estaba muy contento por las perspectivas de trabajo para los próximos meses. Ella iba unos metros frente a mí, recién salida de su trabajo. Admiré su hermoso cuerpo, me acerqué y le pregunté una tontería (como llevaba anteojos negros, le pregunte si sus ojos eran tan lindos como el resto de su anatomía). Se sonrió. Caminamos tres cuadras e intercambiamos teléfonos. La llamé al día siguiente y no la encontré. Eso fue todo por unos diez días.

    Al tiempo recibo un llamado de un número desconocido y, aunque me parecía familiar, no podía ubicar quien podría ser. Llamo de nuevo, pero era tan mala la señal que no pudimos hablar. Dios bendiga al inventor del Caller Id porque pude recuperar el número, me metí en un locutorio y llamé. Al oírla, supe quién era inmediatamente. Hablamos un rato y quedamos en vernos en su casa al día siguiente porque ella no tenía problemas de horario por la tarde (separada, su hija estaba con el padre ese día).

    Quedamos cerca de las 17 aunque trataría de llegar más temprano. Ya tenía otro compromiso impostergable -asuntos de trabajo- a las 19. Calculé las distancias y el tiempo que me llevarían los viajes: había que atravesar el centro dos veces. No me quedaba mucho tiempo, solo podía quedarme hasta las 18.30. Arreglé salir antes de mi trabajo y hacia las 16 salí para su casa.

    Llegué, nos saludamos afectuosamente y me preguntó si quería tomar algo para amenizar la charla. Estaba hermosa de entrecasa, por dentro me mataba la calentura, pero preferí consolidar la situación que tener un polvo de 10 minutos y volar. Tal vez… no le gustaría. Opté por «hacer el novio”… un poco.

    La cosa venía muy bien, ella era muy amable, simpática. Nos contamos nuestras vidas. Hablamos de los hijos y fue al dormitorio a buscar una foto de su hija. Yo la seguí mientras seguía la charla, pero la habitación cortó nuestros últimos vestigios de cordura, liberándonos. Ella dio el primer paso… y yo el segundo. Nos besamos muy apasionadamente y caímos sobre la cama, cada vez con menos ropa. Sus labios, su manera de besar era única. Ella está dispuesta a todo, yo también pero… tenía que irme.

    Como pude… la convencí y le prometí que al día siguiente pasaríamos la tarde juntos (a esa altura ya le había dicho que era casado, dudó un poco, pero no demasiado…).

    Al día siguiente inventé un turno con el médico en el trabajo y mi jefe, gran tipo, me liberó a la tarde. Así que a las 14 ya estaba tocando el portero eléctrico. Subí y me abrió la puerta de su departamento para recibir una sorpresa maravillosa.

    El lugar estaba muy a media luz, Grace vestida solo con un camisón corto muy transparente me recibió con un beso increíble (me recordó una historia que ya les conté…) y, tomándome de la mano, me llevó por un reguero de velas y pétalos hasta el dormitorio. Nos desvestimos muy despacio sin dejar de mirarnos a los ojos y con cada prenda que caía se volvía cada vez más hermosa. Morocha, cuatro años menor que yo, 165 delgada con buenas tetas y mejor cadera. Insinuó que hacia bastante que no tenía sexo, pero esa tarde los dos volveríamos al ruedo con la mejor experiencia de nuestras vidas.

    Desnudos, comenzamos con sexo oral. Le encantaba la pija, la chupaba como una experta y se movía como la mejor escort. Libre de prejuicios, no tuvo problemas con la cola y si bien costo un poquito, entró todo a la perfección. Ardiente, su vagina era perfecta. Tal vez Uds., queridos lectores, piensen que exagero, pero les puedo asegurar que sentir esos labios atrapando el pene fue una experiencia fuera de este mundo. Estaba mojadísima facilitando todos los movimientos y así llegamos a nuestro primer orgasmo juntos. Charlamos unos minutos, pero enseguida estábamos de nuevo en tema. Nos encantaba coger y cada polvo era mucho mejor que el anterior.

    Sentado en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, ella se acercó a mi gateando felina. Tomó mi pene con su mano y volvió a chuparlo hasta que tomó otra vez rigidez. Así se sentó sobre él, y apoyó sus tetas sobre mi pecho mientras nos besábamos sin pausa. Y fue así… casi sin movernos, apenas perceptibles la flexión de su cadera, estuvimos un muy largo rato. Hasta que volvimos a acabar. Maravillosa tarde.

    Así fue nuestra relación por unas tres semanas: cada dos o tres días o bien hotel cerca de mi trabajo o en su casa a la tarde. Ya sobre fin de año, mi esposa quiso ir a Córdoba a visitar a sus padres unas semanas. «Lamentablemente» me tuve que quedar en Buenos Aires por razones de trabajo aunque le prometí que estaría por ahí en 15 días. Imaginaran ustedes, mis lectores, que ocurrió en esos días.

    Apenas podía, estaba con Grace, hacia presencia por mi casa hacia la noche (siempre hay un portero capaz de llevar y traer chismes y delatar a cualquier) para, otra vez, salir de nuevo. Los fines de semana lo pasaba con ella desde el viernes a la tarde hasta la noche del domingo. Lo hicimos en cada habitación de su casa: en la cocina mientras se enfriaba el delivery de comida, en la ventana abierta para alegría de los vecinos, por supuesto la bañadera, en el suelo, en cada rincón del dormitorio…

    Nunca fui un santo, y mujeres no faltaron… pero jamás me sentí tan bien con una mujer como con ella. De a poco el sexo se mezcló con el amor, sentimiento que Grace me confesó que era recíproco. Ella también se sentía cada vez más a gusto conmigo. Nos gustaba estar juntos, necesitábamos cada vez más tiempo juntos.

    Llevaba 4 meses con ella y me di cuenta que ya estaba enamorado… de su forma de hacer el amor y de ella. Y no hay nada peor que una buena mujer que sepa coger para un tipo casado. No sabía que hacer… algunos días pensaba en separarme, otras en dejar a Grace… En ese dilema seguí un par de meses más y finalmente después de un fin de semana juntos con cogidas monumentales… le dije adiós y no volví a verla.

    Siempre me pregunto ¿habré hecho lo correcto? En vista de cómo fue mi vida los años siguientes, tal vez fue una decisión equivocada, pero faltó saber cómo sería la convivencia diaria con mi «nueva mujer». Imposible saberlo. Uds. ¿qué opinan?

  • Casada y poco follada

    Casada y poco follada

    Enrique, un veinteañero, moreno, de estatura mediana y con cuerpo de gimnasio, estaba tomando el sol en la playa sobre una toalla. Llegó a su lado una mujer de mediana edad, se quitó el vestido, las sandalias, extendió la toalla, se sentó sobre ella y quitando de una bolsa de tela un tarro de crema bronceadora se la dio por los brazos, parte de los pechos, el vientre… Cómo Enrique no le quitaba la vista de encima, le preguntó:

    -¿Qué pasa, chaval?

    -Nada. ¿Quieres qué te de crema por la espalda?

    -No me vendría mal, pero mejor que no me la des, igual te emocionas.

    -Tú misma, yo solo quería hacerte un favor.

    Cómo se puso boca abajo sobre la toalla y se desentendió de ella pensó que le había dicho la verdad, se puso también ella boca abajo, se abrió el sujetador del bikini, y le dijo:

    -Bueno, vale, dámela.

    Enrique cogió la crema y se la echó masajeando sus hombros, luego untó crema en la espalda y las costillas rozando sus tetas, después se la dio en las piernas y cuando se la dio en las nalgas y rozó los lados de su coño, la mujer sintió que se empezaba a poner cachonda, así que, agarró el sujetador con una mano, se dio la vuelta, se sentó y le dijo:

    -Tienes manos grandes y muy finas

    -Tu también tienes una piel muy fina. Todo en ti es fino.

    La mujer se puso en guardia.

    -¡¿Estás intentando ligar conmigo?!

    -Desde el segundo uno. Me gustan las mujeres maduras. Saben lo que quieren.

    -¿Sabes lo que quiero yo?

    Poniendo cara de interesante, le respondió:

    -No, sorpréndeme.

    -Quiero que te vayas a la mierda.

    Se le quedara cara de tonto, y solo pudo decir:

    -Sorprendido.

    Era una mujer difícil, pero era hermosa, llevaba media melena rubia, y tenía unas tetas gordas que parecía que querían reventar el sujetador del bikini azul, unas piernas largas y moldeadas, una cintura normal, anchas caderas y el culo grande y redondo.

    Enrique se moría por ver sus tetas y la engañó.

    -¡Cuidado con esa rata que va hacia ti!

    Se levantó cómo si fuera un muelle que se suelta. Enrique vio sus gordas tetas con areolas rosadas y gordos pezones. Cuando la mujer se dio cuenta de la jugarreta se volvió a echar sobre la toalla y con cara de mala hostia, le dijo:

    -Cabrón.

    -Perdona, confundí una rata con una sombra.

    -La rata eres tú.

    -¿No era un cabrón?

    La había enfadado.

    -¡Déjame en paz!

    -Las tienes preciosas.

    La mujer tenía muy malas pulgas.

    -¡Qué me dejes en paz, coño!

    Enrique se calló la boca. Media hora más tarde, más o menos, la mujer se abrochó el sujetador y se fue a dar un baño. Cuando volvió a la toalla en el sujetador del bikini se le marcaban los pezones y en la braguita la raja del coño. Al ver que le miraba para ella, estiró la braguita y la raja desapareció. Tumbada boca abajo en la toalla, le dijo:

    -No te cortas un pelo.

    -Por lo que se intuye tú te los cortaste todos. No te puedes imaginar lo que se me está pasando por la cabeza.

    -Claro que lo puedo imaginar. No me chupo el dedo.

    -Supongo que chuparás otras cosas.

    -¿Cómo qué?

    -Cómo las cabezas.

    -¿Las cabezas de qué?

    -De las gambas, por ejemplo.

    Le echó una esas miradas que echan las gatas cuando se ven acorraladas, y después Le dijo:

    -¡Qué te den!

    -¿No quieres saber que me pasó por la cabeza?

    -¡Déjame en paz de una puñetera vez!

    -Te lo digo y te dejo en paz. Imaginé que te chafaba un helado de cucurucho en el culo y que después me lo comía lamiéndolo.

    -Encima cerdo, o me dejas en paz o voy a buscar un guardia municipal para que te ponga en tu sitio.

    Su cara de gata a punto de sacar las uñas no dejaba duda de que lo decía en serio. Le dijo:

    -Oído cocina.

    Una hora y pico después, vistiéndose para marchar y mirando para la tableta y el cuerpo musculado de Enrique, le preguntó:

    -¿De que sabor?

    Mirando hacia arriba vio su cuerpo vestido, y por extraño que parezca se excitó por primera vez. No sé por qué, pero ver a una mujer en la playa, sea en bikini, en toples o desnuda, no le provocaba deseo. Le preguntó:

    -¿Lo qué?

    -El helado.

    -De chocolate, con el sabor salado que debe tener tu culo debía estar delicioso.

    -¿Te gusta comer culos?

    -Entre otras cosas. No te vayas. Te invito a cenar.

    -No me apetece cenar con alguien que come culos.

    Se calzó las sandalias, recogió la bolsa y se fue.

    Enrique regresó a la playa toda la semana pero no la volvió a ver. El sábado, estando tumbado boca abajo sobre una toalla, oyó su voz:

    -Hoy calienta más que el otro día.

    Enrique giró la cabeza hacia su lado y allí estaba, la mujer que esperaba echada boca abajo y sonriendo, le respondió:

    -Sí, está un buen día de playa.

    Esa tarde se bañaron juntos, merendaron en un chiringuito y hablaron de mil y una cosas. Menos su nombre y si estaba casada, soltera o separada, Enrique sabía de ella hasta cómo se limpiaba el culo. Tomando unos vinos en el chiringuito, le dijo:

    -¿Compro dos helados y nos los comemos en mi coche?

    -¿De chocolate?

    -Uno, si. ¿De qué sabor te gustaría que fuese el otro?

    Su voz tomó un tono sensual que calentaba más que el sol, cuando le dijo:

    -Tú eres el que lo va a comer. ¿Dónde tienes el coche?

    Señalando el auto con un dedo, le dijo:

    -Es aquel plateado con los cristales tintados que está entre dos pinos.

    -Te espero allí.

    Poco después estaban dentro del coche. El asiento del lado de la mujer estaba reclinado y ella estaba boca abajo sobre él. Enrique le bajó la braguita del bikini, le chafó el helado en el culo y después se lo folló con el cucurucho y acto seguido se lo comió, luego le lamió el helado de las nalgas y del ojete. Estaba deliciosa aquella mezcla de dulce y salado. Pasó después a follar su ojete con la lengua mientras dos dedos de su mano derecha entraban y salían de su coño mojado. La mujer tenía su cucurucho de fresa en una mano, lo lamía y gemía de cuando en vez. Al tenerla a punto se dio la vuelta, le dio el helado, y le dijo:

    -Toma el de fresa.

    Lo cogió y se lo se lo chafó en el coño, tiró la galleta y le lamió el helado del coño empapado, helado que se derretía por momentos con el fuego que tenía en el coño. Le agarró las esponjosas tetas y se las magreó. Suavemente lamió sus labios, su clítoris, folló su vagina con la punta de la lengua… Le comió en coño cómo si fuera un pastelito, hasta que le dijo:

    -Me voy a correr.

    Lamió su clítoris de abajo a arriba a toda mecha y en segundos exclamó:

    -¡Me corro!

    Al acabar de correrse y de tragar los jugos de su corrida siguió lamiendo despacito de nuevo… Al ratito le cogió el culo, se lo levantó y jugó con la lengua en su periné y su ojete para después subir lamiendo sus labios vaginales meter y sacar la lengua de su vagina, lamer su clítoris erecto y volver a bajar para seguir lamiendo su periné, follar su ojete con la lengua, y volver a subir… La mujer gemía en bajito para que no la oyera la gente que veía pasar a ambos lados del coche… Pasado un tiempo, y mientras le follaba el ojete, sintió cómo su respiración se aceleraba y cómo el ojete se cerró teniendo la punta de su lengua dentro. Tuvo un orgasmo anal y se lo anunció.

    -Me corro otra vez.

    Al cesar sus convulsiones quitó el sujetador, le cogió la cabeza y se la llevó a sus tetas. Comió aquellos melones esponjosos con ganas atrasadas hasta que le volvió a coger la cabeza y le dio un beso con lengua. Era el primer beso que le daba y la polla de Enrique, que ya latía una cosa mala, acercó la cabeza a la entrada de su vagina. La mujer le cogió el culo y lo apretó contra ella. La polla entró sin resistencia en su coño engrasado. Lo morreó y después le dijo:

    -Dame duro.

    La folló clavándosela con violencia. Poco después la polla chapoteaba en los jugos de su coño al llegar al fondo. Los besos se fueron haciendo más apasionados, y más y más, y más, hasta que clavó sus uñas en las duras nalgas de Enrique, y chupando su lengua se corrió cómo una vampiresa.

    No paró de follarla hasta que se volvió a correr dos veces más y no se corrió una tercera porque al sentir que Enrique se iba a correr, le dijo:

    -Dámela en la boca.

    La sacó y la quiso llevar a la boca, pero el primer chorro le cayó en la frente, luego si, luego se corrió en los labios, ya que la boca no la abrió. Cómo Enrique era un cabronazo que a la que no quería una taza de caldo le daba siete, al acabar de correrse le pasó la lengua por los labios y luego la besó con lengua. Después de lamer la leche de su frente ya fue ella la que lo besó con lengua a él. Sonreía cómo una diablesa, cuando le dijo:

    -Eres un hacedor de cerdas.

    -Más bien de viciosas. ¿Te gustaría echar un polvo en el mar?

    -Tendríamos que esperar a que se vaya la gente.

    -¿Tienes prisa?

    -Ninguna.

    Vieron juntos cómo se ponía el sol dejando teñido de rojo el horizonte y después cómo la luna se bañaba sobre la superficie del mar. Al estar a solas en la playa la mujer le cogió de la mano, se levantaron juntos, le dio un pico, y le preguntó:

    -¿Follas mucho con desconocidas?

    -Solo con las que me dejan. ¿Estás casada?

    No le iba a responder a la pregunta.

    -Está buena el agua.

    -Tú si que estás buena.

    Cuando el agua les daba por la cintura la besó, de su boca bajó a sus tetas, de sus tetas a su coño. Aguantó lo que pudo. Sacó la cabeza del agua, volvió a comer sus tetas y después comió su boca. La mujer echó los brazos a su cuello y rodeó su cuerpo con las piernas. Enrique frotó la polla en el coño antes de meterla, ella le dijo:

    -Frótala más abajo.

    Se la frotó en el ojete, la mujer bajó el culo y la cabeza de la polla entró en su ano con normalidad, y con normalidad se la clavó hasta el fondo. Después fue ella la que subió y bajó el culo al tiempo que frotaba su clítoris contra la pelvis de Enrique. El olor a salitre que traía la brisa, los graznidos de las gaviotas y el apacible sonido de las olas al llegar a la orilla junto a sus besos y al placer que sentía al entrar y salir la polla de su culo hacían que aquel momento fuese mágico, y la magia se volvió inolvidable cuando apretando la polla con su culo, le dijo:

    -Córrete conmigo.

    Al correrse chupó la lengua de Enrique y ahogó sus gemidos en su boca. Enrique le llené el culo de leche. Se corrieron cómo dos condenados.

    Al acabar de correrse, le dijo ella:

    -No la saques. Dame por el culo un poquito más.

    La folló despacito mientras sus lenguas se volvían a devorar y sus tetas se frotaban en su pecho. Pasado un tiempo, y tras un largo beso, le dijo:

    -Casada, estoy casada.

    -Y poco follada.

    -Sí, muy poco. Métela en el coño que ya no aguanto más sin sentirla dentro de nuevo.

    Se la metió en el coño y le dio leña. Cuanta más leña le daba más leña le daba ella a él subiendo y bajando el culo. Esta vez lo miraba desafiante y le negaba los besos. Quería que se corriera él primero y lo que consiguió fue que se corrieran juntos. Al correrse se comieron las bocas con lujuria… Enrique sintió cómo el coño de la mujer apretaba y soltaba su polla mientras se lo llenaba de leche. Sintió sus tetas temblar en su pecho, oyó sus gemidos, vio cómo echó la cabeza hacia atrás y notó cómo su coño bañó la polla con una descomunal corrida.

    Al acabar de gozar, le dijo:

    -Me gustó follar contigo.

    -¿Se acabó?

    -Sí.

    -En una habitación follaríamos mejor.

    -No creo, fue genial.

    -Ya que no nos vamos a volver a ver… ¿Echamos otro polvo?

    -Hombre, la polla ya la tienes dentro.

    Quique.

  • El placer del sexo es un juego

    El placer del sexo es un juego

    Hemos estado satisfechos a nuestra forma de coger, las caricias y el vaivén al penetrar a mi mujer. Solían ser para nosotros una buena experiencia en cuanto al mundo del sexo.

    Pero de pronto, las cadenas de las fantasías fueron arrastrándonos hacia la posibilidad de hacer real cada una de ellas y probamos con la fantasía del trío en dos oportunidades.

    Pero ahora quiero contarles una que nació en la mente de mi mujer, ella atendía en su oficina al igual que todos los días a sus clientas. Pero un día, una de sus clientas envío a su ex marido a recoger su pedido y en esa y otras veces que el ex marido de esta clienta llegará a recoger productos, se fue entablando una ligera amistad entre él y mi mujer.

    Y cada día, Exbin, fue metiéndole un poco de erotismo a sus conversaciones, lo cual fue creando en la mente de mi mujer la fantasía de coger con otro en lo secreto.

    Una tarde mientras yo trabajaba y mi hija estaba en casa de su tía, Exbin llegó a visitar a mi mujer, sé que llegó a eso, aunque en pantalla llegaba a recoger un producto.

    Y tras su palabrerío le dio un beso el cual ella rechazó en un inicio, pero luego sus lenguas se enredaron entre ellas y las manos del conquistador acariciaban las sus caderas y sus pechos.

    Luego de un rato así, mi mujer se encontraba totalmente excitada y en el sofá de la sala, él sentado y ella de rodillas empezó a comerle su verga que a la vista de ella era brillante y cabezona.

    Entonces la recostó sobre el sofá, y con las piernas abierta dejando su rico coño a la vista, le pasó la lengua de tal modo que ella, en menos de unos minutos estaba gritando de placer, dando al final un grito que le indicó a él que la había hecho venirse en su primer orgasmo.

    Entonces sin esperar a que tomará su aliento, él le metió su verga con las piernas de mi mujer sobre sus hombros y ella empezó a gritar una vez más tan fuerte, que las mascotas de la casa empezaron a ladrar.

    Y en muy poco tiempo mi mujer dio otro grito indicativo de su segundo orgasmo de esa tarde y ella una vez más empezó a chuparle la verga ya que él aún no se había venido.

    Y ella lo miraba excitada mienta se metía asta al fondo de su garganta su verga, y le preguntaba sin sacársela de la boca “¿te gusta?”

    Él le dijo: sii. Sigue así, eres toda una perra cachera.

    Y entonces él se vino, regó toda su leche tibia en el fondo de la garganta de mi mujer, quien quedó rendida con su boca llena de leche y placer.

    Ella fue para el baño a darse una ducha y él se vistió para salir a pararse en la ventana de la oficina, que es el lugar de donde siempre los encuentro conversando.

    Se preguntaran como sé que esto pasó, pues la respuesta es muy sencilla, él escribió una vez al Whatsapp de mi mujer y en ese momento tenía yo el celular.

    Y al ver que él de frente le ponía, “¿cómo estas mi amor?” decidí responder el saludo sin dar a notar que era yo, y él prosiguió preguntando si le había gustado como se la había cogido.

    Llamé a mi mujer y le pedí explicaciones, ella como es lógico, tras lo que él escribía no tenía ninguna explicación a su favor.

    Así que le dije que para mi ella ya no sería más mi amor, que sería solo la perra en mi casa.

    Me miró extrañada y me preguntó a qué me refería al decirle que desde ahora sería sólo la perra de la casa y le expliqué:

    -Desde ahora harás todo cuanto te diga.

    Y ella que nunca vistió ropas pequeñas, la empecé a vestir con shorts cacheteros dejando sus nalgas a la vista de todos los que llegan a casa y blusas con escotes que dejaban sus tetas casi por completo al aire libre.

    Continuará…

  • Cosas que pueden pasar, pero no se pueden contar

    Cosas que pueden pasar, pero no se pueden contar

    Estaba en mi casa de campo en la montaña, donde una empresa de construcción ultimaba los trabajos de restauración y expansión. El capataz, Pedro, lo conocía desde varios años. Era el típico “oso” velludo, con barriga de cervecero, alto, grande, musculoso, como es típico de su arte. Llevaba siempre el pelo muy corto, tipo “marines” y trabajaba en camiseta, mostrando sus brazos fuertes.

    Era un viernes, el último día de los trabajos ya totalmente terminados. Los restantes obreros habían terminado de recoger las herramientas y cargadas en la camioneta y se despidieron adelantando la salida, porque las condiciones climáticas se estaban poniendo amenazadoras. Pedro se quedó a terminar algunos detalles y para “mostrarme” en detalle todo el trabajo que había sido realizado.

    Nos quedamos solos y nos sentamos a tomar unas cervezas. Noté que Pedro mi miraba de reojo, como quien quiere preguntarte algo, pero no se atreve. Me quedé sorprendido cuando me preguntó:

    «Disculpé patrón, supe que se separó de su compañera, que lástima parecía buena persona»

    «Pues si Pedro, cosas que pasan, sobre todo cuando la mujer es “buena” y muy puta»

    Pedro se quedó un poco sorprendido, pero su expresión cambio, como cuando se le abre una puerta de conversación a alguien.

    «Bueno, eso vale para casi todas las mujeres, las únicas que se salvan son las madres y las hermanas, ¿no?»

    ¡Explotamos a reírnos de ganas! Me levanté y fui a buscar una botella de brandy. Estaba sintiendo frio y extrañamente, también tenía ganas de relajarme y tomar con ese hombre con el cual había iniciado una conversación bastante personal. Regresé y después de haber servido las dos copas dije:

    «La verdad Pedro es que ya nuestro estar juntos no funcionaba. Se había “apagado la llama” y los dos buscábamos fuego fuera de nuestra unión. Yo me concentre con el trabajo, y ella, digamos que lo hacía con otros hombres bastante descaradamente. Por mi parte, entre compromisos laborales y viajes, desde que nos separamos he vivido seis meses en castidad»

    «Wow! ¡Seis meses sin tener sexo! Eso si que es un récord. Usted es un hombre viril y de buen aspecto, un hombre de suceso que cualquier mujer desearía llevarse a la cama. Se me hace difícil imaginarme estar tanto tiempo sin tener sexo»

    Íbamos per la tercera copa cuando le dije:

    «Pedro, que te parece si nos tuteamos y abandonamos el “usted”, ¿“patrón” y non tratamos como dos amigos?»

    «Con mucho gusto Julián. Bueno, si me puedo permitir, era una tremenda yegua, ya me imagino como se la gozaría montándosela»

    Me di cuenta de que Pedro, ayudado por el alcohol, quería entrar en detalles íntimos y yo decidí seguirle la corriente:

    «Pues la verdad es que era una furia en la cama tanto que últimamente a menudo no lograba complacerla por completo, lo que nos llevó a empezar a usar dildos para poder completar sus orgasmos»

    «No me digas! No me lo creo. ¿Y eso?»

    «Bueno, digamos que después de haber cumplido mis cincuenta y cinco años, mis “características” han disminuido y ya no logro tener las mismas prestaciones de antes»

    Note que Pedro cambió de expresión. Su mirada se había convertido descaradamente en una mirada lujuriosa. Estaba todavía en camiseta y pude notar que, entre sus piernas, se evidenciaba una potente erección de un pene que debía tener dimensiones considerables. El, sin ninguna vergüenza, por encima del pantalón se lo “acomodo” mientras seguía mirándome descaradamente:

    «Que te parece si damos una vuelta y te muestro los trabajos?»

    Me levante mientras lo fijaba con mi mirada a su rostro y también lo que tenía debajo de su cintura. Algo extraño estaba pasándome. Quizás las fuertes ganas después de meses de austeridad sexual, las copas, o no se qué, pero lo cierto era que yo también me había excitado. Nunca había tenido alguna experiencia con otros hombres, ni había sentido el deseo de tenerlas. Pero en ese momento, solo en casa con Pedro, algo se prendió dentro de mí.

    «Empecemos por el piso superior, desde el dormitorio principal donde solo agrandamos la ventana»

    Entramos en la habitación y note que los obreros habían quitado todas las sabanas con las que había cubiertos los muebles.

    «Que te parece esta nueva ventana, es bien grande, ¿no?»

    «Si, es fantástica. ¿Y dime, pusieron el plantador externo?»

    «Estaba para mostrártelo, pero para que lo puedas apreciar bien debes subirte sobre la silla, pero con cuidado»

    Mientras lo decía, arrimo una silla a la ventana y me hizo señas de subirme:

    «Tranquilo, yo te sujeto»

    Mientras me ayudaba a subirme, sentí sus manos fuertes que me sujetaban, inicialmente bajo las axilas, de seguido la cintura y al final las piernas. Sentir el roce de sus manos me produjo escalofríos y una extraña sensación de placer. Miré hacia afuera para ver la obra, pero en realidad, estaba distraído por esa extraña sensación de placer que estaba experimentando. Note que sus manos, mientras me “sujetan” en práctica, me estaban acariciando las pantorrillas. Pasaron varios minutos en la que en realidad él estaba detrás de mí, “sujetándome”, y yo parado sobre la silla sin aparente motivo. Fue Pedro que interrumpió el momento y dijo:

    «Ha visto bien todo?»

    «Si, Pedro lo suficiente»

    Me baje de la silla con la “ayuda” de Pedro que no perdió la oportunidad de rozar sus manos por mi cuerpo, de manera ni tan disimulada. Estaba claro que él era un depredador y había capturado a su presa, y esa presa era yo. Aparto la silla y se acomodó detrás de mí. Ya no había movimientos disimulados, estaba claro cuáles eran sus intenciones. Yo estaba casi temblando, como un adolescente a su primer encuentro con una chica, pero al mismo tiempo, sin ninguna voluntad de interrumpir lo que estaba pasando. Detrás de mí sentí su pene que frotaba con fuerza entre mis nalgas y a pesar de estar haciéndolo sobre los pantalones, sentía su fuerte su erección. Por vergüenza o por disimulo dije sin mucha convicción:

    «Pedro, que estás haciendo?»

    El continuo como si nada, es más, sentí que se había bajado sus pantalones. Dijo:

    «Mira, está nevando»

    Era cierto, estaba nevando y por la cantidad de nieve ya en el piso se preanunciaba una fuerte y abundante nevada. Sus brazos habían circundado mi cintura y de seguido bajo mis pantalones que cayeron a mis pies. Con una mano sobre el vientre a atraía hacia el mientras la otra se apodero de mi pene completamente erecto:

    «Pedro que haces!?»

    «Shhh, nada, tranquilo, sigue mirando el paisaje, del resto me encargo yo…»

    Después de pocos minutos, las manos me habían separado las nalgas y su pene apoyado entre ellas. Sentía que debía ser grande y empecé a preocuparme, sabiendo ya lo que estaría por pasar. Cierto, mi culo no era “virgen” o por lo menos non completamente. Mi excompañera, en varias oportunidades había usado uno de los falos de silicona que yo usaba con ella, introduciéndomelo por el culo. Después de las primeras veces, le había tomado gusto y note que ella hasta alcanzaba el orgasmo por la excitación que probaba en sodomizarme. Pero lo que me estaba rozando era mucho mas grueso. Pedro había venido preparado. De hecho, tomo un tubo de vaselina de no sé dónde y empezó a frotarme la entrada de mi ano.

    «Pedro, no, pero que haces, ¡yo no soy gay!»

    «Y entonces? ¿Yo tampoco soy gay, pero te voy a romper el culo, porque es lo que estas deseando, no es cierto? ¿No vez la hora de convertirte en mi puta, no es cierto?»

    Estaba tan ido por el placer que esas palabras en vez de ofenderme me excitaban. Me estaba dando de la puta, me había bajado los pantalones, me estaba culeando y yo por el contrario, no me rebelaba si no que estaba excitado. Sus dedos gruesos y ásperos entraron uno a la vez hasta que eran tres y ellos lubricaban y agrandaban mi agujero. Yo estaba completamente sumiso y me deje llevar por el placer:

    «Dóblate un poquito hacia adelante, puta, ¡qué voy a meterte mi trozo de carne para que goces!»

    Obedecí como un autómata y en lo que me incurvé, sentí como la gruesa cabeza de su polla, se hacía camino entre mis entrañas. Instintivamente trate de oponer resistencia, pero Pedro, estaba decidido a romperme el culo, y empujo haciéndome gritar de dolor:

    «Grita zorra, grita, tienes que gritar y aguantar, veras que dentro de poco vas a sentir solo placer, toma perra, toma»

    Yo, ya había acabado un par de veces, casi sin darme cuenta, pero la cosa non importo a quien me estaba dando polla. De hecho, Pedro siguió con el mete y saca por un tiempo indeterminado, y el dolor y el ardor dieron paso al placer. Un placer desconocido, nuevo, mesclado a la vergüenza y al sentimiento de culpa que, pero al mismo tiempo me excitaba: ¿¡El sabor de lo prohibido!? Probable. Ya aclarado que estaba completamente en “sus manos”, Pedro me puso en cuatro patas sobre la cama siguiéndome, dando caña. Parecía insaciable y parecía que no iba a acabar nunca. Mi ojete, ya bien “acostumbrado” al tamaño de su pene, y con la ayuda de la vaselina abundante, recibía su mete y saca sin ninguna “objeción”. Las posiciones cambiaban, pero la finalidad era la misma. Pedro tenía casi una hora arremetiendo mi culo y yo completamente rendido y sumiso, me dejaba someter a su merced y a ese placer nuevo y desconocido. Cuando me puso de espaldas y levanto mis piernas para insertarme, pude ver su expresión: Su cara roja de lujuria y su mirada de caballo en celo. Me fijaba y dijo:

    «¿Cómo te encanta, perra, cierto? Lo entendí desde mucho tiempo y estaba esperando el momento propicio. Tu hembra te dejo porque tu prefieres recibirlo por el culo en vez de darlo y desde ahora en adelante, vas a gozar, pero como puta. Ha llegado el momento de bautizarte. Ponte sentado»

    Yo obedecí casi lamentando que me sacara su pene, él se quitó el condón y me acerco su polla que parecía estar por estallar a la boca:

    «Abre la boca, perra, chúpamela y trágate todo sin desperdiciar nada»

    Su polla hervía y pulsaba, era gruesa, pero con mi saliva logró metérmela casi toda. Estaba produciéndome arcadas de vómito, pero la cosa no lo detuvo. Pocos segundos más tarde, un fuerte chorro de esperma caliente empezó a llenarme boca y garganta. Una parte la trague directamente, otra salía por los lados de mi boca. Era abundante y viscosa, un sabor nunca probado. El empujaba su polla sin piedad hasta que termino completamente. Por fin Pedro se recostó en la cama a mi lado. Estábamos empapados de sudor y yo sentía que algo salía de mi ano. La cantidad de vaselina y algún otro líquido, me fui para el baño a limpiarme. Regrese a la cama con la esperanza que Pedro se hubiese marchado, pero al contrario me estaba mirando y dijo:

    «Ven a mi lado, ahora eres mía»

    Durante todo el tiempo que estuvo dándome polla, Pedro había usado siempre términos femeninos: Puta, perra, zorra, y ahora “eres mía”. Estaba claro que quería subrayar que me veía como a una mujer, y para colmo puta. Me acosté a su lado y el, empezó a acariciarme delicadamente:

    «Te gusto?»

    No le conteste y el volvió a preguntarme:

    «¿Dime, te gusto o no?»

    «Claro que me gusto, y tú te diste cuenta. Es algo que no imaginaba habría pasado y ahora estoy confundido»

    «Cuál es tu temor, que te hayas vuelto gay o que la gente sepa que alguien te desvirgo el culo?»

    «Quizás ambas las cosas. Espero que tu sepas mantener el secreto»

    «De pende de ti. Si tú quieres mantener el secreto, yo no diré nada, pero tengo que advertirte una cosa: Ya no podrás prescindir de mi polla, por lo che creo debemos volver a vernos»

    «Dame tiempo para reflexionar»

    «Si, pero empieza mañana, ahora necesito comerte el culo otra vez»

    Hizo darme vuelta y empezó con la lengua a lamerme el ojete. Inmediatamente volví a excitarme como una perra en celo. Era una sensación nunca probada antes per muy rica. Hizo que le mamara la polla, el culo y volvió a metérmela toda por casi toda la noche. Desde esa noche, Pedro se convirtió en mi amante fijo y por tres meses, prácticamente me cogía de las dos a tres veces por semana. Un poco a la vez nos alejamos. Yo mientras tanto no tuve sexo con ningún otro hombre, pero si con mujeres. El verdadero motivo era que necesitaba comprobarme a mí mismo que aún era “hombre” y no era gay o por lo menos me había convertido en bisexual. Después de haberse interrumpido mi relación con Pedro, busque mujeres a las que les gustaba sodomizar al hombre, pero créanme, un pene verdadero no tiene ninguna semejanza con un dildo de silicona. Por lo tanto, inevitablemente sentí la necesidad de encontrar otro hombre con quien tener sexo, y fui bastante afortunado. Conocí una pareja, ella cuarenta y cinco años, el cincuenta con la que tenemos sexo entre los tres. Ella es muy caliente y perra y le gusta darnos con el strapon, a él también le gusta que le den por el culo, pero sobre todo a los dos les gusta darme a mi y yo, con mi nueva doble vida, sigo siendo un ejecutivo respetable, que a veces tiene alguna aventura con mujeres, pero, sobre todo, en el privado, sentir el placer que me follen por el culo. Cosas que pueden pasar, pero no contar… ¿O sí?

  • Cumplí una fantasía oculta de estar con una trans

    Cumplí una fantasía oculta de estar con una trans

    Hola a todos/as me presento, digamos que me llamo Pablo, vivo en Chubut, Argentina. Hace muchos años rondando los 24 años ya venía hacía tiempo visitando páginas y viendo videos de travestis activas y tenía ese morbo de estar con alguna, debido a que una ex pareja me había iniciado en el placer de los masajes prostáticos y por comentarios de personas conocidas que en la estimulación prostática eran ideales las travestis, me rondaba por la cabeza esa intriga de probar, pero debido a vivir en una pequeña ciudad sin prácticamente mercado sexual de ese género es que nunca tomaba la decisión.

    Por aquel entonces a punto de cumplir 25 años, una noche de primavera volviendo a mi casa caminando veo a lo lejos acercarse una figura femenina que no sé porque me llamó la atención, al ir acercándose solo me dediqué a observar su cuerpo, tenía una remera suelta que se notaba sin corpiño y unos pechos redondos de muy buen tamaño aunque se notaban operados y unos pezones grandes que sobresalían, debajo llevaba un pantalón muy liviano y ajustado en la parte de los muslos, era alta morocha pero no observé su rostro hasta más tarde.

    Llegó el momento de cruzar nuestros camino y al hacerlo ella suelta un «hola papi» lo que me produjo una erección instantánea. Continuo mí camino algo nervioso sin saber qué hacer, ya que siempre fui bastante tímido.

    No llegue a hacer 50 metros y decidí volver sobre mí camino para tratar de alcanzarla con alguna excusa buscar conversación, la seguí por unas cuadras hasta que veo que entra por un portón, al llegar al lugar miro por arriba de ese portón y veo que habían 3 departamentos (de alquiler) y para suerte mía solo uno se veía con una luz roja tenue prendida adentro.

    Me quedo unos minutos pensando que hacer mientras me fumaba un cigarrillo hasta que tomo coraje y decido ir a golpear la puerta sin pensar en que diría.

    Golpeó la puerta y automáticamente se abrió la puerta sin poder siquiera pensar en que decir, ahí estaba «ella» morocha de pelo ondeado metro 76 y bastantes rasgos masculinos que recién en ese momento me di cuenta que se trataba de una trans, me dice «te tardaste bastante papi» me invita a pasar yo seguía como congelado sin saber que hacer pero mí cuerpo me empujaba a entrar y entregarme al juego nuevo de estar con una trans.

    Nos presentamos me invita a tomar una cerveza y me tranquiliza que no estaba trabajando que no buscaba dinero, que solo iba a pasar lo que quisiera sin obligación a nada. Me siento en una silla me trae la cerveza y se dan cuenta de mí erección y al dejar el vaso en la mesa me apoya lo que hasta ahora pensaba solo era un bulto en mí hombro y ella con una mano me acaricia mí bulto y me dice relájate estás muy tenso como el, estaba que explotaba, pero decidí ir despacio a ver a dónde llegábamos.

    Ella se siente en frente mío en una cama king size y comenzamos a charlar de varios temas principalmente subidos de tono y sexuales, yo no podía quitar mis ojos de sus pechos que se notaban desnudos debajo de esa remera, ella se daba cuenta lógicamente y después de un rato me dice «mejor me la quito así las ves bien te parece?» A lo que dije que obviamente no tenía problema y me dice, pero vos también me mostrás, me puse de pie delante de ella se quitó la remera dejando ver unos hermosos pechos con 2 pezones del tamaño de una falange de mis dedos, me bajó el pantalón y bóxer y se la mete en la boca completamente haciendo movimientos circulares con su lengua y limpiando cada gota de líquido preseminal que tenía.

    Me volvía loco la manera en que me la estaba mamando, mientras yo le masajeaba los pechos y pellizcaba los pezones con suavidad, ella subía y bajaba con su boca por toda mí pija succionando con fuerza, con una mano me acariciaba los huevo y con la otra me dan masajes circulares con 2 dedos en la puerta de mí virgen culo.

    Sentía que iba a acabar y le dije que se detenga así nos poníamos más cómodos. Ella se levanta yo al tener ya los pantalones por los tobillos me siento al borde de la cama a terminar de quitármelos y quitarme la remera, ella se para de espaldas a mí quitándose el pantalón suavemente agachándose para dejarme ver ese tremendo culazo con una diminuta tanga negra que dejaba ver apenas en la penumbra algo escondido entre sus nalgas, tenía ese deseo de tocar y ver qué era lo que se escondía ahí, pero no me animé en ese momento.

    Al terminar de sacarse el pantalón me mira por arriba de sus hombros con una sonrisa y me pregunta «me sacó todo?» Le respondo que si por favor, se quita la tanga con una mano y con la otra se agarraba el paquete y lentamente se gira y solo atiné a quitarle la mano quería ver de una vez que escondía detrás, y quedé boquiabierto al ver lo que tenía esa morocha, tenía una pija todavía flácida de unos 16 cm y muy gorda y completamente mojada con sus líquidos preseminal es que la hacía brillar.

    Sin pensarlo y sin saber porque la tomé con una mano y me la metí en la boca por completo, quizás para devolverle el favor y ser agradecido jaja! La chupe unos segundos como si de un helado se tratara y saboreaba ese líquido que por ser la primera vez me agrado bastante, en cuestión de pocos segundos empezó a tomar forma y dureza, creció tanto que ya no me entraba entera en la boca tanto por el largo como por el ancho, igualmente trataba de recorrer cada centímetro y no dejar escapar ni una gota del preseminal que no dejaba de salir de su agujerito en su pija, no sabía si lo hacía bien trataba de imitar lo que siempre me habían hecho a mí al chupármela y por sus gemidos y reacciones parecía que estaba haciendo bien mí primer pete.

    Estuve varios minutos chupando ese garrote enorme duro y caliente hasta que ella también me pidió parar porque la iba a hacer acabar, inconscientemente al escucharla que me pedía detenerme la sujete con mis manos por sus nalgas para no dejarla escapar y se la comencé a chupar más fuerte tratando de meterla completa produciéndome arcadas hasta que sentí que se le hinchaba más y comenzaba a latir y de un golpe me la metí todo lo que pude que me llegó hasta el centro de mi garganta literalmente, la estrechez de mí garganta le produjo tal placer que empezó a acabar hasta 6 chorros de espesa leche muy caliente pero que pasaba directamente por mí garganta sin poder saborear correctamente, si sentía su espesor porque sentía que bajaba muy lentamente, la saca de mí boca ya un poco flácida y veo que tenía todavía unas gotas de su leche y le pasó la lengua para poder saborear y saber el gusto que tenía, era entre salada y ácida pero no me desagrado, quizás si hubiera recibido esa acabada en la boca podría haber saboreado más y saber si me gustaba más o no.

    Me tumba en la cama boca arriba me la chupa a mí por unos segundos la llena de saliva y se sube para clavársela entera en su culo que estaba como un volcán de caliente por dentro. Me empezó a cabalgar como si fuera un jinete sobre su caballo, se la dejaba toda dentro y hacia movimientos circulares arqueando su espalda para atrás y con una mano acariciándome los huevos que estaban duros e hinchados de la calentura, en pocos minutos su enorme pija tomo dureza nuevamente y decidí masturbarla mientras me montaba, su calentura aumentaba que daba saltos fuertes sobre mí pija y estaba casi al límite de explotarme la pija y la suya estaba nuevamente como un mástil de dura.

    Doble mis piernas para levantar mí pelvis y que me quedara más cerca su pija y comencé a chupársela nuevamente acompañando sus movimientos, hacía atrás metiéndose mí pija y sacando la suya de mí boca, se sacaba mí pija y me metía la suya en la boca, era algo muy excitante, estuvimos varios minutos en esa posición ella penetrándose con mi pija y cogiéndome la boca con su tremenda pija.

    Hasta que sentí que no podía aguantar más mí eyaculación y ella al notarlo sin dejar de moverse llevo una mano hacia atrás y me metió el dedo medio por completo en mí culo lo que me produjo una eyaculación que jamás había experimentado, sentía que me salían litros de leche y automáticamente ella comenzó a acabar nuevamente y esta vez pude saborear ese néctar blanco, una y otra vez salían chorros de leche muy caliente y espesa de su pija que apenas me daba tiempo de tragarla sin derramar ni una gota, los últimos chorros los dejé dentro de mí boca y se la seguía chupando jugando con la leche dentro de mi boca hasta que la quite y fui tragando de a poco saboreando mejor esa leche tan espesa, la verdad me gustó mucho.

    Se levantó se puso en una posición casi de 69 a limpiarme la pija que estaba empapada y veo como le empezaba a salir un poco de mí leche de su culo y sin pensarlo quise probar y le ante mí cabeza para limpiarle mí propia leche de su culo, el sabor era distinto pero agradable.

    Nos reincorporamos me siento en la cama tratando de recuperar el aliento mientras ella se dirige al baño a orinar. Al volver yo ya cambiado sentado en la cama agachado atándome los cordones se acerca y me dice «limpiamela y si te gusta la próxima te doy de tomar mí orina» levanto la cabeza y me coloca su pija empapada en orina y se la limpie por completo, el sabor era fuerte y muy ácido, no me gustó pero tampoco me desagrado tanto, increíblemente se le paró por tercera vez y se empezó a masturbar furiosamente frente a mí cara, parecía una máquina sexual, en poco minutos me ordena que abra la boca y saque la lengua y me acaba en la cara, por suerte ya no tanta cantidad, me salpica casi toda la cara y con su pija me iba untando esa leche hacía mí boca para que me la tomara toda, me agarra de la cara me pasa la lengua por toda la cara limpiándome su leche y me la escupe en la boca, sentía que esa noche era otra persona totalmente desconocido de mí mismo.

    Intercambiamos números y me dice que me iba a llamar seguido para repetir si quería porque al tener una pija tan grande casi nunca ningún cliente quería ser pasivo o chupársela y ella necesitaba acabar al menos día por medio, yo accedí.

    Nos despedimos y esa noche comenzamos una aventura de amantes que duro varios años.

    Después de esa primera noche:

    Al volver a mí casa luego de esa primera experiencia con una trans, mi cabeza era un torbellino de cosas y hasta dudas de mí inclinación sexual.

    Al otro día decidí visitar a una amiga con la que también tenía sexo muchas veces, una mujer real para probar a ver si me seguía excitando las mujeres y ciertamente si me seguían excitando las mujeres.

    No podía entender porque me excitaban tanto mujeres como travestis, pero luego de unos días y ante el inminente nuevo encuentro con la morocha trans decidí no darle más vueltas al asunto y disfrutar del sexo que al fin y al cabo era el placer lo más importante, el único detalle era saber o decidir cuándo probar dejar mi virginidad anal, pero eso será otra historia de las muchas que tengo con trans.

    Este relato es %100 cierto como todos los que iré subiendo, experiencias totalmente personales y verídicas. Espero sea de su agrado y cualquier comentario será bienvenido saludos.

  • Mi sensual vecina madura, promotora de productos

    Mi sensual vecina madura, promotora de productos

    Después de tener una obsesión con mi comadre, me fijaba en conocer a mujeres maduras y así fue que tuve una aventura casual con una vecina madura muy sensual y ardiente, era una mamadora insaciable. Clara, Una mujer de unos 43 años, blanca, de pecas, cabellos rizados, figura tonificada y pies finamente cuidados.

    Con el verano del 2010 y ya viviendo solo con la libertad de poder gozar mi adultez al máximo, conocí a esta inquilina en mención, que llegó al edificio y que justo vivía en el departamento colindante al mío, siempre nos cruzábamos sea en las mañanas al salir yo a trabajar o cuando regresaba a mi departamento y tenía sus reuniones grupales que tenía en su departamento, escuchaba siempre mucha bulla de mujeres en su casa.

    Siempre solía verla de una habitación, ya que de un tragaluz se veía un dormitorio de su departamento, solía verla arreglando su departamento seguro para recibir al grupo de ventas en su sala.

    Una noche ya casi al amanecer de regreso de la casa de una amiga que celebro su fiesta me cruce mi vecina, con vestido de verano ligero, en la puerta del edificio al bajar del taxi y tuvimos una charla muy coqueta.

    -Llegamos justos –me dijo toda sonriente y provocadora.

    -Si –solo atine a reír e ingresábamos al edificio

    -Vaya que tú también tuviste una buena fiesta –se notaba que llegaba de una fiesta Luau

    -Sí, disfrutando el verano al máximo mientras se pueda no todo es trabajar.

    -Si, pienso lo mismo clara

    -Como sabes mi nombre –Sorprendida.

    -Bueno la presidenta del edificio comento en una esquela que envió de los pagos de cada propietario, y por eso lo sé -ufff salí librado

    -Ah claro, cierto “Dijo mi nombre” –Mientras abría su puerta y trataba de que no saliera su perro

    -Y tú sabes el mío? Por la esquela que también te comento, ya ves que tengo razón –dándole una respuesta afirmativa.

    -No, no es por la esquela, ya lo sabía antes, le pregunte al portero tu nombre -sonriéndome y ya mirándome con su puerta entre junta.

    -Ahh –me quede frio

    -Chau vecino que descanses –sonriendo y guiñándome

    Me quede pensando en ese momento y fue ahí que nuevamente me obsesione con estar con una mujer madura y ella se veía ya experimentada, una mujer a sus 43 años, bien cuidada, arreglada que buena hembra se le ve. Pasaron días y al llegar a mi departamento se encontraba con una amiga conversando en la puerta, yo llegaba algo rengo ya que había tenido un mal movimiento en la pierna llegando doloridamente, pero disimulando mi dolor y al acercarme escuche una voz baja diciendo.

    -Es el –con tono misterioso replico la amiga

    -Shiiiii, no digas nada –toda disimulada

    -Hola clara –salude

    -Hola, menciono mi nombre –sonriéndome

    -Hola saludando a su amiga –que era algo más joven treintañero aproximadamente

    -Hola que tal –me saludo a la distancia todos

    Mientras abría mi puerta, ella se despidió de su amiga y mi vecina me busco el habla rápidamente antes que ingresara.

    -Puedo buscarte en un ratito –dudosamente

    -Eh, si, si porque, necesitas algo –yo también dudosamente

    -Te busco y explico, espérame

    Entre a mi departamento, deje mis cosas en mi sofá y me fui a prender la terma para bañarme estaba muy cansado, adolorido y algo sudoso, así que me quede en bividí con mis jeans y descalzo y sentí tocar mi puerta y al abrirla estaba ella.

    -Vecino, lo noté mal y le traje esta crema “Árnica” que es muy buena para los dolores musculares, y congénitos, te va ayudar mucho –muy preocupada pero feliz

    -Eh, ok, gracias clara, pero cuando esta o te debería -pregunte dudoso ya que sentí que me estaba embaucando con sus productos

    -No nada es una muestra, yo la vengo utilizando también en algunos dolores musculares en mi espalda y me está sirviendo, si crees que te funciona puedo venderte un nuevo producto después

    -Ok, bueno lo probare esta noche –dije agradecidamente

    -Dame tu numero para agregarte a mi red de contactos tengo más productos que te podrán servir a ti, tu familia, a tu novia –tratando de sonsacarme información

    -Ah no, no tengo novia, pero si amigas a que quizás le puedo reenviar tu info –mientras apuntaba mi número

    -Ok ya me cuentas, buenas noches

    Ya habiéndome bañando y estando en bóxer, me aplique la crema y descanse mientras veía la tv, a las 2 horas –casi 10 pm– me llega un mensaje a mi móvil.

    -Como te fue con la crema sientes mejoras –era ella preguntando saber cómo esta

    -Eh, si si bien, ya me la apliqué, pero bueno tendré que esperar a mañana para ver como amanezco

    -Ok, ya me cuentas, que descanses

    Sentí que mi verga se ponía dura, imaginándome que estaba follándola y domaba tan rica mujer.

    Así seguimos conversando, siendo amigos y bueno poco a poco me gane su confianza así fue que me invito una noche a su casa para que me mostrará más de sus productos, la charla fue amena hasta cuando ocasionalmente miraba como se veía la ventana de mi habitación a su sala. Sus cortinas eran de rolls, algo tenue, pero si se podía notar con claridad y más de noche supongo. Ella se dio cuenta, pero no pregunto y luego ya nos despedimos.

    Un viernes por la noche que me encontraba en casa no había salido para nada, estaba algo gastado de dinero así, que solía andar en bóxer en mi casa en el verano; note que la luz de su sala se notaba prendida me asome sin prender la luz de mi habitación y ahí estaba ella sentada en su sala con su bata de baño y cabello amarrado por otra toalla echándose cremas en sus piernas, me quedé estupefacto mirándola y poniéndome excitado.

    Al terminar de echarse cremas en sus piernas desato su bata dejándola, caer de los hombros y vi sus pechos blancos, pecosos, no tan grandes pero embellecida de tanto cuidado que se daba, se frotaba sus brazos pecho todo lo que pudiera embadurnar, veía en la oscuridad como hidrataba su figura, que excitación empecé a sobarme mi verga estaba quemando, hasta que de pronto se retiró la bata totalmente abriéndose de piernas viendo como su depilada vagina era frotada con sus dedos friccionado su clítoris y recostándose en su sofá que escena tan bella, era testigo de su masturbación; ella se auto complacía metiéndose los dedos sobándose su concha empezándose a excitar y a contornear su cuerpo, yo estaba excitadísimo agarrándome la verga y masturbándome, hasta que se oyó una bulla de un piso superior, interrumpiendo su acto, momento en que se puso de píe, poniéndose la bata presurosa y asomándose por la ventana, ocultándome rápidamente, metiéndome al baño para ducharme y bajar la calentura.

    Escuche tocar a los minutos mi puerta, me puse rápidamente un buzo y polo yendo hacía mi puerta y para sorpresa mía estaba ella parada, con su bata con unas pantuflas y su cabello aún amarrado, momento en el cual me quede frio delatándome por lo que la había observado, fue imposible negar mi cara de culpa.

    -Y te gusto lo que viste, ¿cierto? –con voz sería e intrigante

    -Que, ehh, yo que, no no de que hablas –dubitativa

    -Me viste pues, no te hagas, así que eres muy curioso por lo que veo –con voz sería y provocadora

    -No, este fue casual… o sea no debí… discúlpame clara –temeroso y avergonzado

    -Te pasaste no pensé que fueras así –girándose y metiéndose a su casa rápidamente

    Me quede muy apenado cerré mi puerta y me quede de pie pensando en lo que había ocurrido y que ojalá no me trajese problemas, al momento sentí abrir su puerta y cerrarla rápidamente, se va pensé, seguidamente toca mi puerta apresuradamente, abrí mi puerta y… ahí estaba ella con un neceser en mano, sus llaves y un buzo enrollado en sus manos.

    -Clara! –quedándome admirado

    -Vamos a terminar lo que viste y a empezar lo que yo quiero –empujándome hacia dentro de mi departamento, empezándome a besar y tocar mi bulto.

    A este acto lo llamo la mamadora insaciable.

    Ya dentro de mi departamento arroja sobre mi sillón sus cosas, seguíamos besándonos, le quite rápidamente su bata tirándola sobre el sillón también, la lleve acostándola sobre mi butaca y empecé a besar, morder sus pezones rosados , uff estaba en la gloria ,su cuidado cuerpo estaba siendo mío a minutos de haberla visto de lejos, ella me sujetaba del cabello y me dirigía hacia su depilada vulva, algo ajetreada seguro por los años y sus encuentros sexuales; empezando a lamerla y succionarla ,tocando su clítoris con mi dedos masturbándola, ella gozaba y yo también, notaba sus pies finamente cuidado me encanto.

    -Clara! uhmmm, que rica estas mujer… que deliciosa vagina tienes –mientras lamia con desesperación

    -Vamos quítate todo, quiero probar tu pinga niño –parándome y quitándome todo dejando escapar mi verga erecta

    -Que rico lo tienes niño –inclinándose y metiéndose a la boca

    -Slup, slup, uhmmm, rico –mamaba y saboreada incesantemente.

    Así quede atónito de pie, siendo devorado por tremenda boca; mamaba una y otra vez, lamia mis huevos mientras se tocaba su clítoris, estaba siendo sometido a sus placeres.

    -Ufff, que delicia clara, me encanta, sigue, sigue! –le pedía como un niño enviciado

    Mamaba y mamaba, se la metía hasta la garganta era toda una experta devoradora de vergas

    -Ven -se paró y se echó sobre mi sillón abriéndose de culo para que la follará

    -Wao, que delicia –mientras nalgueaba y apretaba su culo y empecé a penetrarla

    La follaba una y otra vez, sujetando sus caderas, nalgueaba su cola, ella gemía de placer no falto mucho donde sentí que estaba por venirse, subiéndome sobre mi sillón y penetrando como haciendo ranas chochando mi pelvis con ese culo tan blanco, mientras la sujetaba sin dejarla escapar y dando un fuerte gemido, presionado su boca sobre mis cojines para tapar los gemidos de su eyaculación; Se vino a chorros que hasta mancho mi sillón, pero que importaba ya era mía.

    Recostada y tratando de recuperar fuerzas, yo lamía su concha y besaba sus piernas estaba aún hambriento de carne, me subí sobre ella poniéndole mi verga sobre sus pechos empezándole a hacer una rusa algo rápida para dirigirme nuevamente a su boca y como mamaba, waooo… mordía, succionaba mis bolas, se metía profundamente mi verga y ella gozaba hasta que sentí venirme en su boca.

    -Ohhh, ohhhh, woooo, chúpalo, no lo saques

    -Uhmmm, uhmmm –mientras recibía mis descargas de semen y ella tragaba y trabaja.

    -Ahhh, uhmm, que rica leche niño, leche calientita no sabes cómo extrañaba esa sensación

    -Hace que tiempo no follabas –preguntándole mientras exprimía la última gota de leche en su boca

    -Slup, uhmmm, tiempo… slup, slup, ahhhh– mientras exprimía mi verga a punto de tornarse flácida

    Así nos quedamos acostados en mi sillón, abrazados y dándonos delicadas caricias, nos fuimos al baño donde nuevamente nos dábamos caricias, lamía sus tetas y ella tocaba mi verga.

    -Esta, crecido tu vello púbico, tienes rasuradora –empezando a rasurarme mi verga con mi crema de afeitar nuevamente erecta y dándome mamadas en intervalos, fue tan delicada.

    Nos duchamos, le preste una toalla limpia y fuimos nuevamente a la sala donde nuestras cosas se encontrabas regadas, saco de su neceser sus cremas y nuevamente empezó a echárselas en su cuerpo.

    -Vaya que si te cuidas -mientras masajeaba mi verga sobre el sillón

    -Si niño, para una mujer de mis años es esencial cuidarnos y así atrasar el peso de los años

    -Pero te ves más joven de lo que crees –mirándola como se acicalaba y secaba el cabello.

    -Gracias niño, veo que te gusto entonces –con mirada y risa coqueta

    -Claro, a quien no le gustaría una mujer como tú –mientras la miraba y empezaba a ponerme excitado otra vez.

    -Otra vez ya se te paró, vaya que eres muy goloso –levantándose y poniéndose de rodillas frente a mi, buscando otra vez mi verga a devorar.

    -Ohhh, me encanta, que rico lo mamas clara, uhhmm –mientras cerraba los ojos y seguía devorando mi verga

    Siguió así un rato hasta que me vine nuevamente y nuevamente se tragó todo mi semen disfrutando cada chorro que me salía, dejándomela limpia de tanta lengua que recorrió mi pinga y huevos ya irritados.

    Se sentó a mi lado, y se arregló un poco más y tuvimos una charla final antes de acompañarla a su puerta.

    -Bueno niño, espero que esto no lo sepa nadie del edificio, sino que pensarían –mientras se ponía su buzo sin nada de ropa interior por lo bajo.

    -No, como se te ocurre clara, espero yo después visitarte a ti, una con otra ¿no crees? –inquietándola a que pasará de nuevo.

    -Sí, claro porque no, con tal que no me vuelvas a espiar-riéndose

    -Eh, fue sin querer, pero bueno ya me gustabas de antes

    -Así, bueno ya lo sabía… siempre gusto por donde voy.

    -Uyyy, entonces tienes varios pretendientes

    -Sí, bueno, pero son mayores y pues me invitan a salir y pues… más que pareja busco un apoyo, no sabes lo aburrido que suelen ser los hombres mayores buscando conquistarte creen que todo es dinero, pero bueno.

    -Sí, bueno te entiendo, en mi caso las mujeres con las que he salido, siempre quieren que las galanteen al extremo, buscan romanticismo al extremo antes de poder quizás “estar” con uno.

    -Sí, -sonriendo- recuerdo cuando hacía eso, pero ya en mi caso, no quiero romanticismo, soy directa con lo que quiero. No estoy para perder tiempo.

    -Por eso no perdiste tiempo conmigo –mirándola y riendo

    -Ehhh –quedándose muda y sonriendo

    -Bueno no importa y entonces que más querrías conmigo -pregunté

    -Por el momento dejarte descansar y yo también son casi las 11 pm y mañana tengo que salir con mi grupo de chicas de ventas.

    -Ok, bueno te acompaño y veo que no haya nadie para que salgas y entres a tu casa tranquila.

    Me fijé que no hubiera nadie y entro a su casa y antes de cerrar la puerta me envío un beso volado y me guiño.

    Así todo complacido me fui a descansar, ya el domingo temprano sonó mi timbre y al salir me fijé que tenía una volante de just bajo mi puerta con una nota diciéndome.

    “El pase muy rico anoche y sé que tú también lo disfrutaste, si estas desocupado esta noche búscame, puedo tenerte una sorpresa, ya depende de ti, besos niño bello”

    En la segunda parte relataré como fui en la noche a su departamento cuando regreso en la noche, tenía champagne helado, y lencería negra muy atrevida, follamos en su cuarto con una luz roja tenue de su lámpara. Y así estuvimos visitándonos ocasionalmente, incluso después tuvimos un trio con la amiga de ella, que conocí y mencioné en el relato, follando salvajemente con ambas una noche que despertaron en mi a un follador insaciable.

    Así después con los meses de nuestros encuentros, cada vez fueron menos y se mudó para mediados de ese mismo año, noté antes que se fuera que tenía una pareja algo mayor de buen carro que venía a llevarla y recogerla las pocas veces que me di cuenta. Sabía que buscaba la oportunidad de salir adelante y que la apoyen.

    Con los años (+ de 7 años) cuando salía con otra mujer y utilizaba esos productos, vi que tenía folletos de la empresa, y me percaté de una foto de ella siendo premiada -con otras damas- y siendo mencionada como encargada de una jefatura zonal, me alegré por ella, y la busqué por Facebook fijándome que en sus fotos había tenido varios viajes al exterior con el mismo señor mayor de antes, al parecer encontró donde soltar ancla, me alegré por ella, pero recordé esa primera vez y las varias veces que follamos, incluso con aquel trío que tuvimos, que por cierto nunca más supe de esa amiga, al parecer creo era casada, y lo que tuvimos quedó dentro de esas 4 paredes de su habitación, como mudo testigo de nuestra lujuria.

    Di vuelta a la página, conociendo más mujeres y volviéndome adicto al sexo, gracias al despertar sexual de mi bella y madura vecina.