Autor: admin

  • Consulte a su farmacéutica

    Consulte a su farmacéutica

    En la farmacia de mi casa trabaja una chica de pelo castaño, que debe tener 35 años y que solo llama la atención por lo redicha y maruja que es.  Tiene dos buenos pechazos que se le adivinan tras la bata blanca.

    Un día entré a jugar un poco con sus modales de vieja prematura y tradicional. Estaba sola y me sonrió al entrar.

    -Buenas tardes caballero. ¿En qué puedo ayudarle?

    -Hola, quería una caja de preservativos. Pero hace poco que lo dejé con mi pareja y no estoy muy actualizado.

    -Vaya tonta su ex. Dejar escapar un hombretón como usted.

    – En eso tienes razón. Y eso que me has visto vestido…

    – Uyyy qué cosas tiene, respondió roja como un tomate.

    -Pues a eso me refería. A lo que tengo, la dije riendo y agarrándome mis partes sin dejar de mirarla a los ojos. Tengo entendido que hay tallas de condones, pero yo no me la he medido nunca. ¿Cuánto es la XXL?

    Puuues, no no no le le sé decir, tartamudeo.

    ¿Lo miramos en la caja? A ver… A partir de 22 cm. Pues yo creo que van a ser estos, lo único la anchura que lo rompa antes de colocarlo entero.

    -Ella estaba superada, pero con un brillo de excitación en los ojos que decidí aprovechar.

    Hagamos una cosa. Me pruebo uno a ver. Lo pago, eso sí, no te preocupes.

    Vale, pongo el letrero de cerrado por si acaso y pase usted dentro, contestó azorada y seguramente mojada.

    Bien, pero ven conmigo a ayudarme, la dije llevándola de la mano.

    – Siéntate.

    Me puse delante y empecé a desnudarme. Ella no sabía cómo ponerse y desviaba a la mirada.

    Me bajé el bóxer y cayó todo el rabo semierecto delante de su cara.

    -¿Qué tal? Se le había abierto la boca y no articulaba palabra. La quité la bata y sobé sus tetazas por encima del jersey de abuela.

    -Hay que ponerla dura para probar el preservativos. Acto seguido se la metí en la boca y ella comenzó a mamar aunque de manera torpe. La controlé el ritmo con mis manos en su cabeza y cuando aceleré la provoqué una fuerte arcada.

    ¿Ya casi está no? La obligué a agarrarla con las dos manos y me pajeó con fuerza.

    -Mmm así, muy bien. Pruébalo ahora.

    El condón se rompió al abrirlo para abarcar el glande.

    -Bueno, no importa. Te follo a pelo y me corro fuera en esas tetazas que tienes.

    – Enséñamelas

    -Uff, vaya pezones. Parece galletas, exclamé antes de morderlos.

    La subí la falda y me puse detrás. Tenía el culo muy blanco e hirsuto. La penetré de un golpe y profirió un grito por el que pagaría un dineral Joseba, el de Carglass.

    ¡Shhh que te van a oír! Córrete pero para dentro.

    ¿Te gusta, no? Asentía como podía, entre sacudidas que la perforaban su chocho desentrenado.

    Tuvo al menos dos orgasmos, que ahogó mordiéndose el brazo para no armar un escándalo.

    Antes de eyacular la saqué y me pajeé encima de los dos tremendos melones caídos hacia los lados, dejándolos blancos, como cubiertos por una capa de nieve caliente.

    Pues si que me has ayudado al final linda. Ha sido un placer conocerte tan a fondo.

    Dejé un billete de veinte euros en el mostrador.

    -Por los condones y quédate la vuelta por atenderme tan bien.

  • Anal, quiero tener un orgasmo anal

    Anal, quiero tener un orgasmo anal

    Abelardo había hecho casi de todo, trabajara de camarero, pintor, peón, enfermero…, lo dicho, trabajara casi de todo, y a los treinta y seis años trabajando de jardinero en un marquesado le ocurrió lo que os voy a contar y lo contaré cómo si yo fuera él.

    La marquesa tenía sesenta años y era de estatura mediana. El día que la vi por vez primera llevaba su cabello teñido de rubio, un vestido azul que le daba por encima de las rodillas y calzaba unas sandalias del mismo color. Lucía una gargantilla, pulseras, un anillo con una esmeralda y otro con un diamante además de la alianza de casada… Llevaba los ojos pintados de azul, las uñas de los pies y de las manos de esmalte rojo, lo mismo que los labios, en su cara coloretes, sombras. Yo estaba podando unos rosales y al pasar por mi lado me echó una mirada de esas que le echan las viejas a los yogurines. Al irse dejo atrás un delicioso aroma a jazmín. Se daba aires de lo que era, de marquesa. Su marido, el marqués, era un bonachón de noventa años, muy alto, delgado, con el pelo cano y ya no daba ni tenía.

    Llevaba trabajando un mes cuando una sirvienta me dijo que el marqués quería hablar conmigo. Seguí a la sirvienta hasta un salón donde encontré al viejo sentado en un sofá. Me mandó sentar en otro sofá. Al marchar la sirvienta se levantó, echó dos brandis me dio uno y fue al grano:

    -¿Cuánto quieres por llenarle el coño de leche marquesa?

    Me dejó anonadado.

    -¡¿Quiere que folle con su esposa?!

    -Quiero lo que ella quiere, y ella quiere volver a correrse sintiendo cómo le llenan el coño de leche. ¿Cuánto quieres? ¿Te parecen bien 300 euros?

    -Me parece genial.

    -El sábado es mi cumpleaños. Lo arreglaré para que estéis solos en casa.

    No entendí cómo siendo su cumpleaños el regalo fuese para la marquesa, pero no hice preguntas, no estaba en posición para hacerlas.

    El sábado llegué a trabajar a las nueve de la mañana y llamé a la puerta de la gran casa. Me abrió la marquesa, enjoyada y vistiendo con una combinación transparente que dejaba ver el vello de su coño y sus enormes tetas.

    -Pasa.

    Al cerrar la puerta la agarré por la cintura, le di la vuelta y le metí un morreo que la dejé sin aire y que me puso palote la polla. Al dejar de besarla y sentir mi polla dura entre sus piernas, me dijo:

    -Te excitaste. ¡Te gusto!

    Le volví a comer la boca, y después tuteándola le dije:

    -Claro que me gustas, me gustaste desde el primer día que te vi.

    Echó a andar hacia su habitación. Me fijé en su culo yendo de un lado al otro y no estaba mal para su edad… Arreglando el cabello mirándose a un gran espejo que había en la pared de su dormitorio, dejó caer la enagua al piso, y me dijo:

    -¿Ya te explicó el marqués lo que quiero?

    Le di la vuelta y la volví a morrear.

    -Sí, pero antes quiero conocer el sabor de la corrida de una marquesa.

    Yendo para la inmensa cama en la que se reflejaba el espejo, me dijo:

    -Eso estaría muy bien.

    Le quité la combinación. La empujé y se echó encima de la cama. Me desnudé lentamente y al estar desnudo me eché a su lado.

    A ver, la marquesa no tenía un cuerpo que dieran ganas de comerlo. Sus enormes tetas iban a su bola, una caía para un lado y la otra para el otro, tenía barriga, no muy grande, pero barriga era y michelines, no muy grandes, pero michelines eran, más por raro que parezca tenía cierto imán, fuera por las joyas que la cubrían, fuera por lo que fuera mi polla no se bajaba. La volví a besar, pero esta vez besaba su boca, su cuello y le mordía los lóbulos de las orejas al tiempo que con las yemas de los dedos gordos y medio de mi mano derecha le cogía el capuchón del clítoris y le hacía una paja cómo si su glande fuese una diminuta polla. Luego le lamí los pezones y los apreté con la lengua plana, jugué con la punta de mi lengua haciendo círculos sobre las grandes y rosadas areolas, le levante los brazos y le lamí los sobacos. Se retorció y le dio a risa:

    -Jajaja. ¡Me haces cosquillas!

    Seguí lamiendo y de las risas pasó al silencio, que rompió para decir:

    -No sabía que fuera tan placentera una lamida de sobacos.

    Después mamé sus tetas. La marquesa estaba con los ojos cerrados y en silencio de nuevo. Silencio que solo rompían los trinos de los jilgueros y los verderones que llegaban desde el jardín. Luego bajé a su coño, del que salía un hilillo de jugos que brillaba entre sus pelos blancos y negros. Echando el capuchón hacia atrás dejé el glande al descubierto y después lo lamí. Seguía en silencio. Era como si no sintiera ni padeciera. Le metí dos dedos en el coño, le busqué el punto G y se lo acaricia. Poco después. El coño se le encharcó, lamí al tiempo que la masturbaba. Sentí un torrente de jugos bañar mis dedos, su pelvis se levantó, y solo dijo:

    -¡Me corro!

    Se corrió gimiendo en bajito, era cómo si no quisiera que supiera el placer que estaba sintiendo, pero por el largo de su corrida y por sus sacudidas debía estar gozando de lo lindo.

    Al acabar, sonriendo cómo una tonta, me dijo:

    -Voy a tener que pagarte un plus.

    -El dinero nunca sobra.

    Se puso de lado, me cogió la polla, bajó la piel del glande y pasó la punta de la lengua por el meato después lamió y chupó mis huevos, primero uno y después el otro, lamió el tronco de abajo a arriba, me la mamó, y cómo de cuando en vez miraba al espejo llegué a la conclusión de que no era para verse en él sino para que desde el otro lado viera el marqués lo que estaba haciendo. La idea de que nos estuviera viendo me excitó. Cuando dejó de mamar y se puso a cuatro patas y a través de la cama, ya no me cabía duda de que alguien nos miraba, fuera el marqués o fuera quien fuera. Si quería ver iba a ver.

    Me arrodillé detrás de la marquesa la agarré por la cintura y lamí desde el coño al ojete… En las nalgas tenía celulitis, pero eso no bajó mi excitación… Lamía seis o siete veces y le follaba el ojete y el coño con la lengua otras seis o siete veces. La marquesa no soltaba un gemido por más que mi lengua entrase y saliese de su coño y de su culo. Al rato le froté la polla en el ojete y le pregunté:

    -¿Puedo?

    -Mete.

    La agarré por las tetas y le clavé la cabeza, se la saqué y se la volví a meter varias veces hasta que ella empujó con el culo y la metió hasta el fondo. Me quedé quieto y dejé que fuese ella la que se follase el culo a su aire, y follándose el culo a su aire comenzó a gemir. Saque una mano de las tetas y puse la palma en su coño. Lo tenía encharcado. Llevé la palma a su boca y lamió los jugos cómo lo haría una perra. Le agarré los pelos, tiré su cabeza hacia mí y le di caña brava. La marquesa ya gemía cómo una loca. Cuando vi que me iba a correr, paré. Sentí su culo latiendo. También ella estaba a punto. Se la iba a quitar y me dijo:

    -Anal, quiero tener un orgasmo anal.

    Dándole caña, me dijo:

    -¡Lléname el culo de leche!

    Me estaba corriendo cómo un cerdo cuando se derrumbó sobre la cama y dijo:

    -¡¡Me muerooo!!

    Se corrió sacudiéndose y jadeando cómo una perra.

    Al acabar de correrse la saqué, le di la vuelta, le cerré las piernas y la metí en su coño. Hice eso para que al ablandarse la polla no saliese, pero al estar tan apretada no se ablandó. Sintiendo la dura polla entrar y salir tan apretada de su coño, me dijo:

    -Realmente te pongo.

    Me ponía, sí, una mujer de sesenta años me ponía más de lo que me pusieran muchas mujeres jóvenes, tanto me ponía que cuando se corrió de nuevo y yo me corrí con ella, sus labios me supieron a puta bendita.

    Quique.

  • Tomás, tú sí que me la sabes meter

    Tomás, tú sí que me la sabes meter

    Al final, aquel sábado por la tarde me hallaba sola en el cocktail del museo, ninguna de mis amigas había podido venir y yo me encontraba delante de aquel enorme lienzo, contemplando el colorido o mejor dicho la ausencia de color de aquella pintura cuando me pareció ver a una cara conocía, alguien que me sorprendió ver allí y con quien no me quería encontrarme, era Tomás, realmente no me apetecía verle, nunca me cayó bien y sé que yo a él tampoco, la única relación que nos unió en la universidad era que Cesar el novio que tuve era su mejor amigo y de hecho Tomás fue el culpable de que me dejara, bueno, seré justa porque la culpa fue de los dos, ya que no sé cómo paso, pero nos acostamos a pesar de caernos tan mal.

    Con todos esos precedentes como se comprenderá no me hacía ni pizca de gracia cruzarme con él y esperaba que a él le pasara lo mismo, llevábamos ya casi tres años sin vernos y esperaba que fueran muchos más. Al principio todo iba bien, sabía que me había visto porque le vi mirándome y al igual que yo me estaba evitando, pero la mala suerte dio que nos encontráramos de cara yendo al baño, una conversación corta, poco más de un hola un adiós, nos despedimos y ya está.

    A la salida del evento estaba diluviando, estábamos a finales del mes de octubre y ya empezaba hacer frío en Valencia, llevaba puesto un vestido rojo corto por encima de la rodilla, unas medias negras no muy oscuras, botines de medio tacón y una chupa de cuero negra, realmente estaba muy guapa.

    No suelo maquillarme mucho, pero la verdad que para esos eventos me suelo arreglar más de lo normal, mi melena rubia recogida con un moño, unos polvitos mágicos como yo los llamo para dejar mi cara uniforme tapando algunos poros y granitos malvados, dándole después un poco de brillo y de color a mis pómulos, una raya perfecta con mi eyeliner, un poco de sombra de ojos, un toque para alargar un poco mis pestañas, mis labios y mis uñas pintadas de un rojo pasión y la transformación había terminado, estando realmente preciosa, como complemente un pequeño bolso de mano pero… sin paguas.

    Mi casa estaba a tres manzanas del museo con lo no me hizo falta el coche y fui andando, la gente se empezaba agolpar en la puerta pidiendo taxis y una voz conocida me susurro por detrás.

    – Lara, ¿necesitas que te lleve a casa?, mi paraguas está a la disposición de la chica más bonita de la ciudad. – Menudo zalamero que estaba hecho Tomás, pero la verdad que me venía bien su ayuda así, que aunque con no pocos reparos acepte la invitación y le conteste en plan de broma.

    – ¡OH!, gracias mi gentil caballero, le agradezco el gesto tan amable que tiene con esta pobre damisela en apuros. – No sé por qué le conteste así, supongo que me salió, el caso que le arranque una sonrisa y después la mía.

    -Pues siendo así, presto estoy para acompañarla a mi dama y a donde quiera usted mi señora, puesto que no hay colinas altas, ni valles profundos que me impidan que lleve a mi dama sana y salva. –me replico Tomás haciéndome una reverencia.

    -Pues su brazo espero mi cortés y gentil caballero, para ser escoltada por su merced. –Le volvía a contestar mientras los dos nos reíamos y divertíamos a todos los que nos rodeaban hasta el punto que empezaron a aplaudirnos.

    -Gracias, gracias a todos por estos ánimos que nos dan, ahora permítanme que parta con mi dulce y amada dama. –Y abriendo un enorme paraguas negro, me ofreció su brazo y así, entre risas y aplausos nos enfrentamos a la lluvia y al viento.

    No negaré que me resulto gracioso, cómico y hasta un poco romántico lo que hizo Tomás, los dos íbamos andando casi abrazados como dos enamorados resguardándonos de la lluvia gracias a su paraguas, llovía tan fuerte que aun así me estaba mojando cuando Tomás tuvo un gesto más amable conmigo y prácticamente me dejo el paraguas para mi sola.

    La lluvia empezando a empapar su traje y eso sí que no, podría ser lo que fuera, pero se estaba comportando como un verdadero galán así que le dije de tomar algo en un bar que vimos abierto y esperar a que escampase un poco, pero él me propuso algo mejor.

    -Ven a cenar conmigo Lara, me encantaría tanto que aparquemos nuestras diferencias aunque solo sea por un momento, yo te invito a cenar al indio que hay allí. -A lo que le contesté rápidamente.

    -De acuerdo, acepto Tomás.

    A la vuelta de la esquina había un restaurante Indio, justos a escasos metros de mi casa, ya lo conocía, pero nunca había estado, era sitio pequeño y las especias se olían según entrabas, algo oscuro iluminado con velas en las mesas, pero la verdad que era un sitio muy bonito y romántico.

    Tomas era un chico muy guapo y aquel día más, con un traje gris marengo, una camisa azul clarita y una corbata azul oscura, la verdad que no sabía cuando ni porque habían empezado nuestras rencillas, porque de cerca y tratándolo era un chico muy educado, correcto y culto con el que se podía hablar de casi cualquier cosa, aparte de buen amante como ya me demostró.

    La cena transcurrió hablando de todo un poco, con risas y miradas de complicidad, no sé, me encontraba muy a gusto con él, estaba disfrutando tanto de la velada que el tiempo paso sin darnos cuenta, al pedir la cuenta los dos fuimos a cogerla a la vez y nuestras manos se rozaron, la sensación que tuve fue un escalofrío que me recorrió en cuerpo, algo muy agradable.

    Él tenía su mano sobre la mía y no la soltaba, mirándome con esos ojos azules que tiene, empezó acaricias mi mano, me sentía nerviosa, pero me gustaba, levante mi mano y nuestros dedos se entrelazaron y empezaron a jugar, levante la otra mano buscando la suya hasta que la encontré y Tomás me miraba diciéndome lo guapa que estaba aquella noche.

    Al salir del restaurante ya no llovía, hacía frío, pero el viento había cesado y nosotros nos besábamos en el portal de mi casa, era un pequeño apartamento que tenían mis padres en el centro de Valencia y desde que me independice mis padres me lo cedieron y sin saber todavía muy bien cómo empezó todo aquello, me encontraba besándole apasionadamente y abrazándole tras haber rebasado la puerta de mi casa, los besos continuaron por toda la casa medio a oscuras, hasta llegar al dormitorio y allí frente a un espejo enorme nos empezamos a desvestir el uno al otro hasta quedarnos prácticamente desnudos.

    Tomas me besaba el cuello mientras me quitaba el sujetador, mis manos recorrían su cuerpo, las yemas de mis dedos acariciaban y dibujaban suavemente sus pectorales, sus manos se posaron sobre mis senos desnudos y sus labios besaban mis pezones suavemente metiendo en su boca mis areolas, mis manos volvían a moverse buscando sus abdominales y más abajo metiéndose por debajo de su bóxer hasta encontrar su pene duro y empalmado.

    Nos empezamos a besar y con sus manos deshizo el moño cayendo mi melena sobre la espalda, me cogía con las dos manos mi cara y me besaba una y otra vez, nuestros labios unidos encajando nuestras bocas para que nuestras lenguas participaran.

    Poco a poco, paso a paso, nos fuimos echando hacia detrás hasta llegar a la cama y tumbándonos en ella nos seguimos besando, le tenía encima de mí, empezó a pasar su mano por mi sexo, apretándolo hacia dentro con sus dedos y notando mi tanga humedecido por la excitación, los besos no cesaban, nuestros labios no se despegaban y mis manos sobre su pene haciéndole subir y bajar, pasando mi mano por encima del glande para volver a bajar hasta los testículos.

    Los dos jadeando, los dos con las pulsaciones muy altas, cuando Tomás empezaba a meter su mano por debajo de mis medias y de mi tanga, acariciando mi clítoris, bajando por mis labios buscando mi vagina, los primeros gemidos empezaron aparecer, gemidos muy suaves casi imperceptibles.

    Tomas se levantó y poniéndose de rodillas frente a mí me empezó a quitar las medias y el tanga con cuidado, despacio, le ayudé levantando mis nalgas un poco y a partir de ahí, poco a poco las iba casi enrollando hasta quitármelas por completo, dejándome desnuda ante sus ojos, dibujando mi cuerpo con su mirada bajando su cabeza sobre mi monte de Venus depilado y besándome mi sexo.

    Lamiendo mis labios vaginales de arriba abajo, metiendo su lengua en mi vagina y volviendo a subir pasando por todas las etapas de mi cuerpo entreteniéndose en cada una de ellas, repasándolas y dibujándolas de nuevo, mis labios menores, mi clítoris, mi vientre, mis senos, mis pezones, mi cuello, llegar a mis labios y asaltar mi boca metiendo su legua, buscando la mía y bailando y jugando con ella.

    Mis piernas las había ya abierto para él, sentía su pene golpear mis muslos, intentando ciegamente encontrar la entrada oculta de mi vagina, los movimientos de cadera de los dos fueron acercándola hasta quedarse en la entrada, su glande se metía despacio y se paraba a medio meter, para volver a salir, realmente estaba tan mojada que ya no le costaba encontrarme, no le costaba entrar y así jugo conmigo un rato, excitándome cada vez más, abrazándole y rodeándole con mis brazos y pierna y poco a poco me fue dando lo que más deseaba y su pene atravesando mi umbral.

    Fue un momento delicioso cuando por fin la sentí dentro de mí, mis manos dibujaban su espalda a la vez que entraba y salía de mi cuerpo, nuestros gemidos eran la banda sonora de una noche perfecta, me penetraba con cariño, despacio, disfrutando de cada centímetro de mi vagina y yo de su pene, un pene tan duro y suave que hacia música cada vez que me llenaba, a veces tan profundo que mis uñas se clavaban en sus hombros.

    Poco a poco Tomás iba aumentando sus movimientos, mi vagina empezaba a empapar cada vez más su pene, envolviéndolo en mis flujos vaginales, cada vez más placer y con golpes precisos de su pene dejándola muy profundamente metida dentro de mí me empecé a correr, la música de mis gemidos cada vez más altos al igual que los suyos, cuando estallo como un volcán en un orgasmo pintando mi vagina con su semen, y yo arqueaba mi espalda y mis piernas temblaban, la había metido tan profunda, la sentía tan dentro de mí que casi sin moverse un orgasmo delicioso hacia que nuestros fluidos empezaron a unirse, a bailar juntos.

    Tomas me había hecho el amor de una manera deliciosa, disfrutando los dos de nuestros cuerpos, la tarde empezó escondiéndonos el uno del otro y la noche iba a acabar buscándonos hasta en lo más interno y allí acostados en cama, desnudos, mientras su semen salía de mí y parte navegaba en mi interior, apoyada en su pecho, besándoselo y jugueteando con él, Tomás me pregunto.

    -Y ahora que Lara, te vas a seguir escondiendo de mí. –Yo no le contesté, de momento me dedicaba a escuchar su voz.

    -Lara, no es que no me cayeras bien, es que me gustabas demasiado, eres una chica bonita, inteligente, pero eras la novia de Cesar y me gustabas, me gustabas realmente, por eso te pregunto ahora, podremos ser amigos.

    Tenía razón, no sé por qué a mí me pasaba lo mismo, quizás era autodefensa por algo que quería y no podía ser, sentía algo raro en mi interior, pero de lo que estaba segura es que no era aversión por él, todo lo contrario, me gustaba estar con él, su mirada me traspasaba y el roce de sus manos me derretían.

    No conteste su pregunta, simplemente me levante y me senté a horcajadas sobre él, le bese en los labios recorriéndolos de un lado a otro, levante mis nalgas y cogiendo su pene otra vez en forma, dispuesto para una nueva batalla, lo guíe hacia mi vagina y deje que poco a poco se fuera metiéndose dentro de ella sentándome sobre él.

    Lo deje allí metido, calentando mi vagina, humedeciéndola más, me eche sobre su cuerpo besándole, traspasando su boca con mi lengua y después de un rato, me empecé a mover arriba y abajo, mientras que le decía entre jadeos.

    -Te parece bien mi respuesta. -Le dije con mis manos sobre sus pectorales y mis caderas moviéndose hacia delante y hacia detrás.

    -No solo no quiero esconderme de ti, sino que quiero que me busques y que me hagas el amor como esta noche.

    -Porque aparte de todo lo anterior, tú sí que me la sabes meter bien. –Los dos nos empezamos a reír entre jadeos y gemidos.

    Fue una noche larga y apasionada así como el domingo que no salimos de la cama, hubo gente que se sorprendió que nuestra relación cambiara tanto, otros que se alegraron por nosotros como mi amiga Sofía, hacía donde nos llevara esta aventura no lo sé, pero lo que si sabemos es que de momento la queremos recorrerla juntos.

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    Te quiero y te amo mi vida.

  • Virginia (Parte III)

    Virginia (Parte III)

    Estábamos en la oficina, pase por los cubículos donde atendía Virginia y disimuladamente me acerque por detrás, me acerque y me incline sobre su silla y le dije: Recuerdas la mañana del regreso?

    -Me desperté apenas cubierto por una sabana, podía sentirse la luz filtrándose por la ventana, mire a mi lado y ahí seguía Virginia, dormida con el cuerpo tumbado boca arriba, su rostro ladeado a su derecha, un brazo sobre el vientre y otro acomodado por sobre la cabeza, sus pechos como dos budines, con sus pezones coronando, aunque inclinados hacia los costados del cuerpo, mire alrededor y vi mi bóxer al pie de la cama, la blusa y falda al otro lado de la habitación… ella seguía dormida, me levante tratando de hacer el mínimo ruido.

    Tome la ropa otra vez y la puse debajo de la cama, igual con sus zapatos; me acomode nuevamente a su lado, acaricie su pubis con mis dedos, deslizándolos por toda la línea de la entrepierna, ella aun no despertaba, pase por su vientre, subí a sus pechos, me quede apreciando lo circular y tono más oscuro de la areola, el pezón estaba suave, comencé a lamérselo, ella se movió un poco, ya se ponía durito, igualmente su coño ya se humedecía, cuando se despertó, lo hizo casi como resorte, abrió los ojos y se incorporó sobre la cama, se sentó sobre sus piernas y se tapó el pecho con las manos.

    Virginia: y mi ropa???

    Yo: tranquila, la dejaste por ahí… ya te quieres ir?

    Virginia: ya terminamos, ya no más…

    Yo: acaso no te gusto lo que te hice?

    Se le entornaron los ojos y quiso disimular una sonrisa, no dijo nada, pero se sonrojo…

    Yo: quieres algo de tomar? Tengo unos jugos y unas galletas… imagino que te dio hambre…

    Virginia: dame…

    En la habitación tenía un minibar disponible, le traje un jugo y unas galletas, se lo abrí y ella tomo muy ávida, igual con las galletas, lo curioso es que no hizo ademan de cubrirse nuevamente, me dejo ver sus pechos redondos, esta vez muy claramente vi lo redondo de las areolas y su pezón…

    Virginia: qué? Deja de mirarme así…

    Me recosté al lado, me había puesto el bóxer, así que no estaba totalmente desnudo, la miraba a ella, su pelo negro revuelto, sus pechos redondos, nos miramos un rato y se tapó, estire la mano, para quitar la sabana, al principio o me dejo, pero un rato después ya no se opuso a que se la quitara, nos quedamos viendo y me di cuenta que ella estaba recordando todo lo de anoche, porque su boca, sus labios carnosos tomaban ese brillo que me encantaba.

    Yo: tenemos tiempo, es temprano

    Virginia: tiempo para qué?

    Yo: ven…

    Ella estaba recostada ahora viendo hacia mí, se cubría únicamente el pubis, estire la mano para pasarla por su cintura, cuando se inclinó más sobre mi cuerpo, acaricie sus pechos, su sonrisa parecía salirle del rostro, sus grandes ojos mirándome siempre de forma curiosa. Acune un pecho en mi boca, ella cerro los ojos cuando le di mordidas al pezón. Deslice mi mano por su cadera y fui dejando descubierta su entrepierna, fui metiéndole los dedos en su rajita, ya sentía como se calentaba.

    Virginia: que quieres hacer?

    Yo: yo te daré atención y tú me la darás a mi… recuerdas la primera noche? Ahora me tienes que dar algo igual…

    Virginia: pero cómo? Quieres un 69?

    Yo: ahhh! Si conoces el término…

    Yo: ven, te va a gustar…

    Nos acomodamos más en la cama, ella con las piernas recogidas, recostada sobre su hombro, ofreciéndome una vista de sus caderas, ella comenzó a explorar mis partes, sentí sus dedos recorrer mis pelotas con curiosidad, yo fui haciendo lo mismo, recorriendo las curvas de su trasero, se lo fui acariciando con suavidad, estaba nuevamente caliente y fui explorando entre las piernas y ya segregaba jugos, acomode su pierna para tener un mejor acceso de ese trasero, ella me miro con su sonrisa de deleite, le saque la lengua como relamiéndome la boca y se sonrojó sus labios rojos tomaron brillo. Me acerque a su cara y le di un largo beso, se sentía bien, tenía una boca deliciosa, unos labios carnosos y una lengua que se acoplo rápidamente a los juegos con la mía, nos separamos un rato y con expresión de sorpresa dijo que nunca había besado así a alguien, le dije que igual se hacía para darle placer a otro, así como le di a ella la noche anterior, con eso su cara se puso aún más roja y sus ojos brillaban de forma lujuriosa.

    Ella se inclinó sobre mi cintura y fue tanteando con las manos, agarre sus caderas y la hice que se acomodara, le roce el coño y humedecí dos dedos y se los pase por dentro, ella empezó a explorar mis bolas y a masajearme la verga, se sentían sus dedos deslizándose, aun sin agarrarla en serio, creo que ocupaba una motivación, así que dirigí mi boca a su coño, aparte la pierna para hacerme espacio y le di una mordida por encima, soltó un pequeño grito y trato de cerrar las piernas, pero la retuve.

    Virginia: que haces?

    Yo: lo mismo me vas a hacer a mí, tu boca me tiene que contentar… le saque la lengua de manera lasciva y los ojos le brillaron.

    Virginia: quieres que haga lo mismo? Quieres que ponga mi boca en tu cosa?

    Yo: así es, te va a gustar…

    Su boca toco la punta de mi verga y tras un rato sentí sus labios envolviéndola, ella se acomodó sobre mi vientre y su cabeza comenzó a rondar alrededor de mi entrepierna, sentí sus manos arañándome las piernas y sus dedos pasar a jugar con mis pelotas, en tanto fui explorando sus nalgas.

    Mire entre sus nalgas y comencé a masajear su sexo, un dedo, dos dedos… ella empezó a engullirse mi verga, cuando al fui calentando y se humedecía mucho, no creí que lo hiciera con tan buena técnica, pero la verdad que su boca estaba dándome una gran placer, sentía como se escurría su saliva y mis líquidos por el tallo, sentía como espuma que se formaba sobre mi vello con su movimiento de manos y boca, hizo que tensara las piernas y una ola de placer me recorrió el cuerpo, por mi parte hice juegos en la entrada de su sexo, estaba muy húmeda y aproveche a masajearle la entrepierna, a tantear sus agujeros, en mi punto de vista sus nalgas eran una provocación divina, tenía dos lunares muy juntos en la línea entre sus nalgas, abajo de la pelvis, empapé la mano en sus jugos y comencé a frotarle en ese espacio, ella apretó la boca sobre mi verga al sentir el movimiento de mis dedos, miraba a sus nalgas en el ir y venir, le di nalgadas y era un deleite ver como se formaban ondas por la piel, era como mover el agua, una ola de placer pasando de sus nalgas al resto del cuerpo.

    Sus lengüeteos me estaban por hacerme explotar, sentí que no me aguantaba más y solté un chorro que ella recibió en su cara, dejo de chupar en el momento exacto y lo recibió en el rostro, al mismo tiempo sentí como un chorro de sus jugos escurría entre sus piernas cayendo sobre mi pecho, ella se levantó, se giró hacia mí, su boca cubierta de semen, respiraba agitada, mirándome con la cara embadurnada y su expresión de sorpresa y gusto, aún tenía la verga dura y ella la agarro con la mano y siguió sacándome leche, me la chupo hasta limpiarme totalmente, se sentó sobre mi vientre y siguió chupándome hasta quedar limpio, yo acariciaba sus nalgas y me deleitaba en la vista, ella giró hacia mí, tenía la cara empapada, aun así vino hacia mí y nos dimos un intenso besuqueo.

    Nos recostamos un rato después de terminar. Tomo sus cosas, le devolví todo, me quede en la cama un rato, mientras ella entro al baño a lavarse la cara, se terminó de vestir y se fue rápido. Tuvimos el tiempo del desayuno y después del último taller del día, comenzamos el regreso a la ciudad, íbamos todos en el mismo transporte, pero nos sentamos separados.

    Así que al voltearme a ver, tenía un lápiz en la boca, me dedico una de sus miradas intensas y se llevó el lápiz a la boca… luego cruzo la pierna. Aunque esta vez ya no se sonrojó.

  • De traficante a puta (Parte II)

    De traficante a puta (Parte II)

    “Mierda” piensa. El dinero está en el bolso. Eleonor saca el contenido, unos preservativos, las toallitas húmedas, su cartera y un recambio de ropa interior.

    -Listo –dice Eleonor mientras aun sostiene el bolso

    -Por favor permítame su bolso. –el guardia se lo arrebata y tras inspeccionarlo encuentra los rollos de billetes.- ¿Podría explicar esto? –preguntó.

    Eleonor guardó silencio estupefacta. El oficial toca la puerta y el guardia le abre.

    -¿Que tenemos aquí? Creo que tenemos a una señorita muy atrevida eh.   –pregunta el oficial.

    -Encontré mucho efectivo en su bolso señor.

    -Y tú ¿no tienes nada que decir al respecto? –dijo el oficial dirigiéndose a Eleonor.

    -No diré nada hasta ver a mi abogado.

    -Mire señora, solo hay dos formas de salir de mi pabellón. –decía el oficial, mientras caminaba alrededor de Eleonor inspeccionando su cuerpo de pies a cabeza. –una, es consiguiendo una celda en el pabellón de mujeres… y otra… por la puerta de salida… ¡PERO!… si usted está dispuesta a colaborar… -dijo de manera insinuante, mientras la punta de su macana acariciaba el interior de su muslo subiendo hasta sus nalgas bajo su vestido.

    -¿Qué es lo que quiere? –dijo Eleonor.

    -Solo queremos que colabore con nosotros –dijo el oficial.

    Sujetó a Eleonor por la cintura y la llevó hasta la mesa, la inclinó sobre la mesa y levantó su corto vestido hasta la cintura. Sus voluminosos glúteos se abrían dejando ver un rosáceo ano, más abajo, unos labios delgados y húmedos se abrían levemente dejando ver un clítoris hermoso.

    -Es exactamente lo que buscamos, lo ve “Callahan”, no es tan difícil atrapar a los malos. –dijo el oficial en tono sarcástico.

    El oficial desabrochó su pantalón liberando su miembro, su verga aunque no era muy larga, era enormemente gruesa. 18 cm de circunferencia. Su glande rojo era enorme y estaba tan hinchado que brillaba goteando semen de su agujero. Gruesas venas recorrían todo el cuerpo de su verga mientras la frotaba entre los ardientes labios de Eleonor.

    El guardia tomó sus grilletes, esposó las manos de Eleonor a las patas de la mesa estirándola, dejando a merced su culo para ellos, sin que ella pudiese escaparse. El oficial metió su verga en la vagina de Eleonor, su enorme miembro estiraba al máximo su conchita.

    -¡Ah! ¡Ah! Es tan gruesa, me arde, arde mucho, ¡me va a romper! ¡Ah!

    El oficial la embestía con fuerza penetrándola por completa. El guardia, quien se había bajado también los pantalones, ya estaba de rodillas sobre la mesa, asomando la cabeza de un pene, que aunque era más delgado, era tremendamente largo. El guardia metió su verga en la boca de Eleonor mientras ella la engullía hambrienta para satisfacer a sus abusadores. Metía su verga completa, su glande atravesaba su garganta llegando a la entrada de su esófago.

    Las arcadas que le provocaba a Eleonor hacían que abundante saliva viscosa lubricara su verga como una diosa. Cada arcada también provocaba que sus esfínteres se contrajeran fuertemente provocando mayor placer a su otro abusador que le penetraba bestialmente la vagina.

    -Eres una puta, que rica que estás, que bien aprietas el culo. A ver qué tal te sabe –dijo el oficial, bajando a sus nalgas, las abrió totalmente con sus manos y comenzó a saborearle el ano lubricándolo con su lengua.

    -¡Mmm! ¡Ah! –gemía ella cuando ocasionalmente lograba tomar un respiro.

    -Sigue así “Callahan” esta perra va a pagar su libertad ahora mismo.

    El oficial soltó un grande y viscoso escupitajo en el ano de Eleonor, introdujo un dedo, luego dos, luego tres, Eleonor gemía casi en silencio mientras tragaba verga por el otro lado. Luego colocó su enorme glande en la entrada de su culo y comenzó a empujarlo lentamente. Su ano se expandió dolorosamente tratando de tragar ese enorme tronco.

    -¡AH! Mierda, es enorme, no cabe, por favor, ¡no! ¡No! ¡NO! ¡AH!

    El oficial no desistiría de su cometido y empujaba con fuerza. El culo de Eleonor se abrió lo suficiente para que el gigantesco glande del oficial entrara, en la punta de su verga podía sentir la calidez de su culo, apenas había metido el glande nada más y ella ya gritaba como una perra.

    -Adelante “Callahan”, hazlo –indicó el oficial.

    El guardia sin previo aviso metió su larga verga hasta el tronco, en la boca de Eleonor, provocándole una arcada tremenda. Inevitablemente su ano apretó muy fuerte la verga del oficial, estrujando esa enorme cabeza en su interior, los espasmos de su culo le daban el placer más intenso que el oficial jamás había sentido. Sin esperar más, introdujo el resto de su verga hasta los huevos en el culo de ella mientras continuaba contrayéndose.

    El dolor cortante en su culo comenzó a apaciguarse dando lugar a una dilatación para recibir aquel descomunal verga. Su recto apretaba y succionaba dentro de sí esa verga con fuerza. Luego de casi media hora de semejante hazaña, una carga bestial de semen caliente estalló dentro de ella llenando todo su intestino de leche masculina.

    La verga del guardia le llenó el estómago descargando directamente a su garganta grandes borbollones de semen viscoso, resbalando por su garganta, a su esófago y su estómago.

    Esas bestias se saciaron de Eleonor hasta agotarse. Luego se vistieron, retiraron los grilletes de sus muñecas. Y Eleonor tomó asiento luego de vestirse con dificultad. Su culo ardía mientras gotas de semen y sangre escurrían de su palpitante y adolorido ano. El sabor a semen llenaba toda su boca y su aliento.

    Se sentó. Los oficiales tomaron el dinero encontrado en su bolso, se lo repartieron entre ellos y le indicaron que esperara en la habitación. Salieron acomodándose los pantalones dejando a Eleonor encerrada en aquella sala.

    Unos minutos después dos guardias distintos entraron al cuarto de interrogatorios. Tomaron a Eleonor para saciar sus más lujuriosos deseos. La follaron como a una perra mientras ella gemía incesante de dolor. Era extraño para ella, le daba asco ver a esos hombres tomarla y utilizarla como cualquier cosa, pero una vez que tenía las vergas dentro, una vez que sentía sus enormes troncos penetrarla con fuerza, el placer y los orgasmos se adueñaban de su cuerpo y su mente de manera inevitable.

    Uno de los guardias se recostó sobre la mesa, colocando a Eleonor sobre él, cabalgando su verga, que era tan larga como la del guardia anterior. Éste penetró su vagina con avidez, cada embestida empujaba su útero fuertemente, apretando su clítoris haciéndola mojarse abundantemente.

    Mientras tanto el otro guardia se acomodaba en cuclillas atrás de Eleonor, bajando su cadera, lubricando con su líquido seminal el ano de Eleonor, la empotró con fuerza, el pene de este guardia era tan grueso como largo, era realmente un tronco monumental, el ano de Eleonor, adolorido y palpitante, ya comenzaba a mostrar pequeños y leves cortes en el borde, tantas vergas penetrándola sin piedad alguna. Ambos guardias la penetraron simultáneamente. Sus vergas llenaban su vagina y su culo reventándola por dentro.

    Los alaridos de Eleonor rebotaban en las paredes de la habitación sin ser escuchados por nadie más que ellos. La follaron hasta que el cuerpo de ella se convulsionaba en orgásmicos espasmos. La llenaron de tanto semen que sus agujeros estilaban de viscosos y blanquecinos fluidos al más mínimo movimiento. Su cuerpo débil y tembloroso quedó tendido en el piso de aquella habitación.

    Le tomó casi una hora recuperar las fuerzas suficientes para tomar su ropa y vestirse. Luego fue escoltada por uno de los guardias hasta la salida de la prisión.

    -Vuelve pronto cariño –dijo morbosamente mientras la nalgueaba al salir.

    Eleonor estaba destrozada, caminaba dolorosamente, con dificultad bajó las escaleras hasta el estacionamiento. El auto de Luka ya no estaba. Eran casi las 10:30 pm. Su celular se había quedado sin pila. Estaba varada en aquel oscuro lugar, no había ninguna estación de buses ni gasolinera cercana, solo áridos desiertos, una luna llena y carretera.

    Comenzó a caminar en dirección a Alamount, era el pueblo más cercano. Quedaba a 45 min en auto y no sabría cuánto le tomaría llegar caminando. No tenía dinero ni teléfono. Luego de caminar durante 15 minutos, iluminándola desde atrás, los faros de un vehículo se acercaban a ella. Esperanzada en la bondad de un buen samaritano, alzó la mano levantando el pulgar, tratando de conseguir un aventón hasta Alamount.

    Unos 20 metros delante de ella, un desacelerado tráiler se estaciona para esperarla. Ella apresura el paso, acomodándose el vestido y arreglando su cabellera alborotada para no dar tan mal aspecto.

    -Buenas noches

    -Buena noche señorita, ¿se encuentra bien? –dijo el chofer.

    -Sí lo estoy, es solo que necesito llegar a Alamount. Y quería saber si usted podría ayudarme.

    -Por supuesto, será un placer, suba. –dijo amablemente, tendiendo su mano para que se ayudara a subir.

    -Oh gracias, no sabe cuánto se lo agradezco.

    -No se preocupe señorita. Llegaremos pronto.

    Viajaron en silencio durante un rato. La noche comenzaba a tornarse fría y el vestido de Eleonor no la cubría lo suficiente.

    CONTINUARÁ…

  • Compañero de viaje

    Compañero de viaje

    Regresaba solo a Mendoza después de estar unos días en Buenos Aires, había viajado acompañando a mis tíos y debía volverme por cuestiones de trabajo, cuando el colectivo se detiene en una terminal para que nos dieran la cena en el restarurant que estaba allí.  Bajé y fui al baño, allí me cruce con un chico muy atractivo que también venía en el mismo grupo pero yo no había visto. En el restarurant me senté solo y estaba viendo que podía comer cuando observo que estaba parado frente a mí el mismo chico del baño y me dice: Veo que también viajas solo, podemos compartir la mesa porque no me gusta comer solo. Claro, le dije, me pasa lo mismo.

    Tuvimos una charla muy amable y variada durante la cena, me costaba quitarle mirada y recorrerlo todo porque se trata de un hombre muy lindo de cara y podía adivinar que también de cuerpo, alto y delgado, cuyo jean marcaba muy bien unas piernas fuertes y un culo paradito. Cuando subimos al colectivo, seguíamos charlando animadamente y observamos que no estaba cubierto del todo, por lo que dijimos que no habría problema en sentarnos juntos, ya que los dos ocupábamos asientos sin un acompañante al lado.

    Nos sentamos en el mío que estaba al fondo, era el penúltimo y en los de atrás no viajaba nadie. Compartimos también la dificultad para dormir en el viaje, continuamos nuestra charla en voz baja. Todos los pasajeros habían apagado sus luces y parecía que dormían. Nos había dado algo de frío por el aire acondicionado, le propuse taparnos un poco con una manta que tenía en el compartimento de arriba, la saque y le dije que estaríamos más cómodos si bajábamos el apoyabrazos que estaba en el medio. Eso hicimos, nos tapamos hasta el pecho y nuestros cuerpos comenzaron a estar en contacto. Se rozaban nuestras piernas y nuestros brazos, noté que él no los retiraba ante el roce por el contrario los mantenía en el lugar o se movía suavemente provocando o intensificando el contacto. Eso y la cercanía de nuestros rostros tratando de escucharnos al hablar en voz baja, comenzó a excitarme. Podía sentir su mirada en la oscuridad.

    Era tan dulce al hablar y parecía que compartíamos el mismo sentido del humor irónico porque lo que teníamos que contener nuestras risas y eso hacía más agradable aún su compañía. En un momento, tratando de acomodar la manta, nuestras manos se tocaron y él tomó mi mano acariciándola. Sentí escalofríos pero me decidí a avanzar. Sin decir nada al respecto, comenzamos a intercambiar caricias por debajo de la manta. Nos estábamos manoseando el bulto mutuamente y podíamos sentir la dureza de nuestras pijas, cuando intentó bajar el cierre de mi pantalón, yo lo ayudé y después el hizo lo mismo con el suyo.

    Sacamos nuestras garchas y comenzamos a pajearnos, él a mi y yo a él. Acercó su cara y nos besamos en la oscuridad. Sentí que había conocido alguien muy especial y era así. Se animó a más e inclinándose comenzó a chuparme la pija. Lo hizo por un buen rato hasta que creí que iba a estallar y lo detuve. Hice lo mismo y me comí su riquísimo miembro, confirme con mis labios lo que había sentido con mis manos. Una hermosa, dura, cabezona y curvada chota digna de acompañar ese cuerpo. Me la metí toda hasta que mis labios acariciaron sus huevos y su vello púbico rodeaba mi cara. Sentí que me tocaba indicando que me retirara porque estaba cerca de acabar. Nuevamente nos besamos, mientras seguíamos pajeandonos por debajo de la manta.

    Estaba comiendo apasionadamente su boca, cuando sentí el latido de su pija y la humedad de su leche en mi mano. Seguí besándolo y pajeandolo suavemente con mi mano mojada con su leche hasta sacar la última gota (después me dijo que esa sensación lo había gustado mucho). Tomó mi mano y comenzó a chupar mis dedos, tomándose su propia leche. Me calentó tanto que me hizo acabar.

    Estábamos complicados, nos habíamos ensuciado algo de la ropa. Busqué pañuelos descartables y nos limpiamos como pudimos. El resto de la noche permanecimos tocándonos y besándonos suavemente. Me apena que el viaje se terminara pronto pero me quedaban esperanzas de verlo porque me contó que vivía en San Luis por trabajo pero que era de Mendoza por lo que descubrí que estábamos más cerca de lo que pensaba. Así sucedió, volvimos a vernos y eso se los cuento en otro relato porque es muy especial.

  • Esclavo de ti mismo (C. 7): Zombi sin voluntad (Parte 1)

    Esclavo de ti mismo (C. 7): Zombi sin voluntad (Parte 1)

    En el interior de la sala, el atractivo ojiazul sintió el helado choque de agua sobre su piel. Recobró rápidamente la consciencia, al percibir que le habían sacado toda la ropa. Se descubrió sentado sobre un reclinable y quiso levantarse, pero cuatro firmes ataduras mantuvieron inmovilizados sus brazos y piernas. Trató de tirar de ellas, mas sólo consiguió lastimarse.

    Sam decidió abrir los ojos y se quedó desconcertado. La primera imagen que captó fue la de Alfonso caminar hacia él totalmente desnudo. Volvió a apretar los párpados y a negar con la cabeza, aquello carecía de sentido.

    “Me encuentro desnudo… desnudo… desnudo… Estoy sonámbulo…Sonámbulo… Sonámbulo… Yo Duermo profundamente… Profundamente… Profundamente… Marcus es mi Amo Y yo soy su esclavo… Su esclavo… su esclavo…”.

    El ojiazul despegó los párpados horrorizado al escuchar a su mejor amigo pronunciar aquellas palabras. Observó a Alfonso caminar ahora hacia el extremo derecho de la habitación, aunque Entonces se percató de que él no estaba realmente allí, sino que podía verle a través de una enorme pantalla tridimensional.

    Buscó retirar la mirada, pero las luces blancas de dos poderosos reflectores lo enceguecieron cuando quiso girar la cabeza hacia la izquierda. Intentó voltear a su derecha, no obstante, otros dos reflectores causaron el mismo efecto.

    Bizqueó herido por la luz y Sam no tuvo más opción que contemplar la imagen de su mejor amigo, que sin pudor y de manera más que sugerente exhibía su cuerpo desnudo.

    Notó que Alfonso caminaba una y otra vez a lo largo de una lujosa estancia, con los ojos cerrados y los brazos extendidos, mientras profería en una voz gutural e incesante aquellas frases.

    “Me encuentro desnudo… desnudo… desnudo… Estoy sonámbulo…Sonámbulo… Sonámbulo… Yo Duermo profundamente… Profundamente… Profundamente… Marcus es mi Amo Y yo soy su esclavo… Su esclavo… su esclavo…”.

    “Marcus”. Aquel nombre encendió todas las alertas de Sam. Furibundo reintentó romper las amarras, sin embargo, estas permanecieron inmovibles y únicamente pudo bramar y maldecir a causa de la desesperación.

    Recordó que aquella mañana Marcus fue quien abrió la puerta. Fue él quien le hizo entrar a la casa y fue él quien tras realizar una especie de orden provocó que Alfonso lo atacara. Recordó también que Marcus había dicho que él mismo, permanecería a partir de ese día en aquella casona y no volvería a salir al menos que él lo deseara.

    Sam azotó el cuerpo exasperado contra el sofá. No entendía nada. ¿Por qué Alfonso lo había atacado?, ¿Por qué caminaba desnudo? ¿Por qué había ayudado al desgraciado de Marcus a aprisionarlo en aquella sala? ¿Cómo es que Marcus consiguió someterlo a ese nivel? ¿Cuáles eran las intenciones de Marcus al hacer todo eso?-

    “Me encuentro desnudo… desnudo… desnudo… Estoy sonámbulo…Sonámbulo… Sonámbulo… Yo Duermo profundamente… Profundamente… Profundamente… Marcus es mi Amo Y yo soy su esclavo… Su esclavo… su esclavo…”.

    Sam Escuchó de nuevo la voz de Alfonso emanar de los altoparlantes. No obstante, otra de las palabras resonó en su mente. “Sonámbulo”. “¿Acaso Alfonso se hallaba sonámbulo?”. “¿Cómo era posible?”. Sam había escuchado de extrañas conductas de los sonámbulos. Que se levantaban y trataban de salir de la casa, que abrían las llaves del grifo o inclusive intentaban vestirse. “¿Pero que una persona en un estado de sonambulismo se volviera esclava de alguien?”. “Nunca”.

    Sam no podía comprenderlo. Pero la imagen de su mejor amigo, que en ese preciso momento caminaba en torno a un fino comedor de cristal, sin ropa alguna, dominado por una conducta bastante lasciva y sin dejar de afirmar que Marcus era su Amo, no daban lugar a duda. Marcus había conseguido drogar a Alfonso a través de algún tipo de substancia o le había colocado en una especie de trance.

    Estuvo a punto de hacerse más preguntas, sin embargo se quedó sin saber cómo reaccionar cuando Marcus entró en aquel comedor e interceptó la caminata de Alfonso.

    Marcus puso las manos sobre el torso de su mejor amigo y Alfonso no pudo evitar emitir un gemido y una mueca de placer.

    “Quiero disfrutar tu cuerpo ahora esclavo. Quítame la ropa de forma sensual, mientras lo haces, quiero que me beses y chupes con tu lengua. Después cárgame, súbeme a la mesa y luego cabálgame. Vamos a tener sexo y quiero que lo disfrutes más que nunca. ¡Hoy voy a penetrarte!”.

    Escuchó el ojiazul a Marcus ordenarle lujurioso a su mejor amigo.

    Sam se quedó asombrado y asqueado cuando Alfonso obedeció sin resistirse. Comenzó a desvestir fogosamente a Marcus, a la vez que le plantaba calientes besos y chupaba hambriento su piel. -Ssi, mi Amo… Haré lo que digas… Mi cuerpo está desnudo para ti… Listo para que lo uses… Listo para complacerte… Tendré sexo contigo… Disfruto brindarte placer… Haz conmigo lo que quieras… Penétrame… Mi cuerpo te pertenece… Soy tu esclavo…

    Sam no podía creerlo. Alfonso nunca había sido homosexual. Él lo sabía bien. Desde niño Alfonso perseguía a las mujeres y las mujeres lo perseguían a él. Era todo un sex simbol, un play voy. Sam casi vomitó cuando Marcus se apoderó de la boca de su mejor amigo y él respondió intensamente al beso.

    Trató de apartar la mirada, mas el resplandor de la pantalla impedía que lo hiciera. Observó angustiado como su mejor amigo terminaba de sacar los pantalones a Marcus y desesperado rompía el bóxer. Alfonso se inclinó y cargó a Marcus en sus brazos, para colocarlo encima de la mesa.

    Sam quiso cerrar los ojos, sin embargo, se asustó al darse cuenta que era incapaz de hacerlo, la luz de la pantalla igualmente se lo impedía. Le resultaba imposible entender como ese loco, ese pervertido, había sometido a aquel grado a su mejor amigo.

    ¿Cómo lo había transformado en un maldito homosexual?, ¿Cómo lo obligaba a tener sexo con él? y más aún, ¿cómo consiguió que Alfonso lo disfrutara?

    Porque su mejor amigo lo disfrutaba. Alfonso y él se habían acostado muchas veces con prostitutas o mujeres al mismo tiempo, sobre todo en la adolescencia, por lo que Sam sabía cuándo Alfonso experimentaba el verdadero placer.

    Alfonso se montó sobre Marcus, mientras este le chupaba y mordía salvajemente la espalda. “Muévete provocadoramente para mí. Deseas que te use y te penetre, ¡deseas brindarme mayor placer!”

    Ordenó despiadado Marcus.

    Sam no paraba de horrorizarse. Fue un mudo testigo de la manera tan desbocada y vehemente en que Alfonso se balanceó para Marcus. En círculos, hacia atrás y hacia adelante, mientras le ofrecía el trasero efusivamente. No pudo evitar pensar en las ocasiones excitantes en que muchas mujeres lo habían hecho con él a lo largo de los años, justo de esa misma manera. Y a su pesar, Sam experimentó una repentina erección.

    “No, ¡no soy gay!” Se dijo mentalmente. Trató de resistirse, pero el resplandor de la pantalla se apoderaba cada vez más de su vista. Le resultó imposible dejar de contemplar el cuerpo desnudo de Alfonso, con esa piel blanca, tersa y aquellos músculos de hierro, iguales a los suyos, aquel provocador trasero, esos movimientos dignos de un gigoló profesional.

    “Pídeme que te penetre esclavo. Lo deseas. Debes complacerme, ¡pídelo!”

    Ordenó Marcus con una voz autoritaria, que a Sam comenzó a excitarlo.

    “Ssi… mi Amo Lo deseo… Sólo vivo para complacerte… Úsame mi Amo… ¡Penétrame, soy tu esclavo, haz conmigo lo que quieras, penétrame mi Amo, penétrame mi Amo!”

    Sam quiso oponerse a la saliva que escurría de su boca y al calor que llenó su cuerpo cuando Marcus tomó al castaño con fuerza y lo penetró sin miramientos. Todavía más a la erección que creció incontenible al escuchar el gemido de placer de Alfonso.

    “¡Grita que estás sonámbulo, que disfrutas tenerme dentro de ti, que eres mi esclavo!, ¡No dejes de repetir que eres mi esclavo!”

    Indicó Marcus con la voz cargada por el placer.

    Sam estuvo seguro entonces que el placer y calor crecían dentro de sí, a cada orden que Marcus le daba a Alfonso. Y empezó a pensar “En lo que se sentiría ser penetrado por aquel hombre”. “No”. Él no podía pensar aquello. “¡Él no era homosexual!”. Siempre había odiado a los homosexuales. “Alfonso tampoco era homosexual y ahora estaba entregado al placer con otro hombre”. Una voz repitió aquello fuertemente en su cabeza.

    “¡SSI, MI AMO!… ¡ESTOY SONÁMBULO!… ¡DISFRUTO TENERTE DENTRO DE MÍ!… ¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!.. ¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!…. ¡SOY TU ESCLAVO!”

    Repitió Alfonso, a la vez que se movía lascivamente para brindar más placer a su Amo. “¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!”

    Aquellas palabras resonaron fuerte dentro de la sala y entraron con ímpetu en los oídos de Sam. Y la pasión, el deseo, la necesidad de sentir placer, nublaban cada vez más su mente.

    El ojiazul comenzó a salivar y sudar sin control. Empezó a moverse al ritmo de las envestidas de Marcus, como si fuera él quien estuviera sometido a aquella penetración. Se encontraba totalmente absorto en la visión de Alfonso, que continuaba con los ojos cerrados, enteramente desnudo y abatido por las envestidas inclementes de Marcus.

    Alfonso gemía de placer, aunque sin parar de gritar. “¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!… ¡SOY TU ESCLAVO!”

    La erección de Sam alcanzó un tamaño descomunal. Se hallaba a punto de explotar a causa del gozo, el placer recorrió en oleadas su cuerpo. Y sin que pudiera contenerse, empezó a repetir junto con Alfonso. -Soy tu esclavo… Soy tu esclavo… Soy tu esclavo… Soy tu esclavo… Soy tu esclavo…-

    Sam ni siquiera se percató cuando Alfonso y Marcus explotaron juntos al experimentar aquel simultáneo orgasmo. Ni cuando la imagen de la pantalla de los dos cuerpos desnudos, se difuminó lentamente en una cascada de chispas blancas y azules. Sam no escuchó a la estática sustituir las voces de Marcus y Alfonso. Ni mucho menos notó a la cascada de chispas transformarse en un aro concéntrico de colores que giraba sin parar.

    Sam observaba la pantalla fijamente. Sus ojos azules reflejaban el aro concéntrico, a la vez que todo su cuerpo se ponía rígido y relajado. -Soy tu esclavo… Soy tu esclavo… Soy tu esclavo… Debo obedecer… Debo obedecer… Debo obedecer… Un esclavo debe obedecer… Un esclavo debe obedecer… Un esclavo debe obedecer… Sin voluntad… Sin voluntad… Sin voluntad… Soy un esclavo sin voluntad… Sin voluntad… Soy un esclavo sin voluntad… Sin voluntad… Soy un esclavo… Un esclavo sin voluntad…-

    Sonidos agudos salieron de los altavoces y el cuerpo de Sam se arqueó de placer, al tiempo que la sucesión de colores y movimientos de la pantalla se tornaron increíblemente veloces.

    -Ssi, eres mi Amo… No tengo voluntad…. Debo obedecer… Debo cumplir tus órdenes… Tus deseos son órdenes… Eres mi Amo… No tengo voluntad… Debo obedecer… Debo cumplir tus órdenes… Soy tu esclavo… Sólo existo para obedecer… Mi Amo…-

    Sam giraba la cabeza en círculos al ritmo del aro de la pantalla. Las amarras repentinamente lo soltaron y Sam comenzó a mover sus brazos en círculo, en perfecta imitación del aro multicolor.

    -Ssi… Debo obedecer… Sólo existo para cumplir tus órdenes… Soy un cuerpo sin voluntad… Un títere… Un zombi sin voluntad… Sólo existo para obedecer a mi Amo… Sólo existo para ser un esclavo sin voluntad… Soy propiedad de mi Amo… Un esclavo sin voluntad… Un Zombi sin voluntad… Un títere… Un cuerpo sin voluntad… Existo para obedecer y cumplir las órdenes de mi Amo… Mi Amo… Marcus es mi Amo… Mi Amo…. Marcus es mi Amo… Mi Amo…

    Sam se dejó caer hacia adelante y quedó de rodillas, mas en ningún instante retiró la vista de la pantalla. -Soy un cuerpo sin voluntad… Un esclavo sin voluntad… Un zombi sin voluntad… Soy propiedad de mi Amo… Sólo existo para obedecer y cumplir las órdenes de mi Amo…. Mi Amo… Mi Amo… Mi Amo… Marcus… Mi Amo… Marcus… Mi Amo…

  • Como fue el debut con mi hermoso hermano

    Como fue el debut con mi hermoso hermano

    Mis padres salieron muy temprano por la mañana. Partieron rumbo al pueblo de donde es mi mama, a visitar a la familia. Estarán todo el fin de semana allí. Y mi hermano anoche fue a la casa de su novia, donde seguramente pasaría todo el día, dejándome la casa para mi sola. Les cuento un poco de mí.

    Me llamo Camila, tengo 19 años, y a pesar que muchos chicos me ven como una chica sexy, nunca tuve relaciones. Lo más lejos que he llegado fue con mi último novio, a quien una vez estando en su casa, lo masturbe. El me pedía todo el tiempo que hiciéramos el amor, pero yo aún no estaba preparada y eso derivo en una pelea y no nos hemos vuelto a ver. Mi pelo negro contraste con mis ojos color verde y soy un poco petisa, mido 1,57. Tengo un par de kilos de más, pero los hombres no se fijan en ello ya que tengo unas tetas muy grandes y llamativas, y es allí donde siempre se posan las miradas de los hombres. Mi culo, aunque no es muy llamativo, sí que está muy firme, tal vez porque suelo dedicar algunas horas todas las semanas al gimnasio.

    El sol que ingresa por la ventana hace que ya no pueda dormir. Me quedo un rato en la cama escuchando, pero el silencio en toda la casa confirma que me encuentro sola. A pesar de no haber querido entregar mi cuerpo a un hombre aun, soy una chica muy sexual. Claro que sin haberme entregado aun, mi único contacto con el sexo es mediante el autoconocimiento. Y es así como, al igual que hago siempre que estoy sola, me preparo para jugar un rato con mi cuerpo.

    Me aseguro que la puerta de la casa este cerrada para no recibir visitas inesperadas, agarro una muda de ropa limpia, mis juguetes que guardo celosamente en un cajón junto a mi ropa interior, y me dirijo al baño. Nada disfruto más que explorar mi cuerpo mientras me baño. Abro la canilla y dejo que la bañera se empiece a llenar mientras quito mi ropa y admiro mi cuerpo frente al espejo. Al quitar mi camiseta veo mis pechos en el espejo, notando que mis pezones se encuentran muy erguidos. Y no es para menos, realmente tengo ganas de empezar el día masturbándome. Al quitar mi tanga y ver lo mojada que estoy, decido no perder más tiempo. Agarro los dos juguetes con los que deseo jugar hoy, de esos que pueden usarse bajo el agua, y me meto en la bañera.

    La canilla no tiene mucho caudal, por lo que la bañera se llena muy despacio. Pero su principal función no es esa. O al menos no es la que a mi más me interesa. Me acomoda de tal manera que al agua que cae lo haga sobre mi vagina. Apenas siento el agua caliente golpeándome no puedo evitar emitir un leve gemido. Fue muy suave, pero si no estuviera sola en casa me habrían escuchado. Uno de mis juguetes tiene forma de un pene real. Y así se siente al tacto, casi como se hubiera un hombre de verdad conmigo. Y lo que más me gusta de este juguete es como se siente en mi boca, así que comienzo a pasarle la lengua, recorriendo todo el tronco y la cabecita.

    Al mismo tiempo uso mí otro juguete en mi entrepierna, uno sin tanto detalle pero igualmente con forma fálica y con el agregado de tener vibración, La suma de la vibración más el golpe del agua hace que muera de placer. Al cabo de unos segundos, me encuentro totalmente entregada al placer. El agua que cae masajeando mi clítoris. El vibrador en su máxima potencia entrando y saliendo de mi vagina. Y casi sin darme cuenta, me encuentro tragando el pene de plástico hasta sentir como llega a mi garganta. De seguro tuve un sueño muy sexual anoche debido a la excitación con que desperté, aunque no recuerdo de que se trataba. La forma del vibrador hace que al moverse dentro mío frote mi punto G. Mis pezones parecen explotar de tanta excitación.

    Dejo quieto el vibrador dentro mientras penetro mi boca con el otro juguete. Ahora tengo una mano libre y la uso para pellizcar mis pezones. Y es tanto el placer que no puedo resistir ni un segundo más, y un grito de placer lleno cada rincón de la casa en el momento que mi cuerpo se estremece y se entrega al placer del orgasmo. Me relajo y me recuesto dentro de la bañera, pero un ruido me perturba. Giro la cabeza rápidamente y veo un movimiento en la puerta del baño. Alguien estaba allí y me quedo helada al darme cuenta. No solo me estaba observando, antes que se fuera pude ver que se encontraba desnudo.

    Mi hermano vio como me masturbaba. Escucho cerrarse la puerta de su habitación y ya no me quedan dudas. Muerta de vergüenza salgo del agua y seco mi cuerpo. Aún estoy sensible luego del orgasmo, y cuando seco mi entrepierna mi cuerpo se estremece. No puedo crear que uno de mis mejores orgasmos se vuelva uno de mis peores recuerdos. No estoy segura sobre que deba hacer, pero luego de meditarlo un rato tomo una decisión. Me visto y salgo del baño en dirección a la habitación de mi hermano. Más vale hablarlo y dejar todo atrás, o sería un fin de semana muy feo estando los dos solos en casa sin hablarlo.

    Golpeo a su puerta, pero no responde. La abro lentamente y lo veo acostado en su cama, de espaldas a mí. De seguro se está haciendo el dormido para evitar hablar conmigo.

    – Sé que estás despierto – le digo mientras me siento al borde de su cama.

    – Perdoname – responde sin voltear. – No quise mirar, solo estaba yendo al baño y ahí estabas y yo…

    – No, perdoname vos. Pensé que estaba sola en casa, que vos te ibas a quedar en lo de tu novia.

    Se da vuelta y nos miramos a los ojos. Sin decir ni una palabra ambos sabemos que esto solo sería una anécdota de la cual ninguno de los dos volvería a hablar. Le doy un beso en la frente y dispongo a salir cuando noto algo raro. Al ser un verano muy caluroso él no se encuentra tapado. Y al girar pude ver que el bulto en su entrepierna estaba enorme y no solo eso, una pequeña mancha de humedad había invadido su pijama.

    – Perdona, no puedo evitarlo – me dice mientras intenta tapar su erección.

    No respondo. Solo me quedo mirándolo. Sé que es mi hermano pero… siento que me mojo nuevamente. Siempre me pasa que al llegar rápido al primer orgasmo, no pasa mucho tiempo para que mi cuerpo me pida más. Pero… ¡estoy viendo a mi hermano!

    Poco a poco retira las manos de su bulto y mi mirada sigue como hipnotizada sobre él.

    – No pasa nada, sé que los chicos, en especial a tu edad, despiertan así.

    – Es que no es solo eso… Es por lo otro

    – ¿Lo otro? ¿A qué te réferis?

    – Vos sabes… cuando fui a entrar al baño y vos estabas ahí… haciendo lo tuyo…

    – ¡Ay nene! Soy tu hermana… ¿me vas a decir que eso es por mi culpa? – le digo mientras señalo su bulto.

    No me responde pero no es necesario. Desvió la mirada de su bulto y busco su cara cuando me doy cuenta que él también está paralizado viendo algo. Como pensé que estaría sola en casa busque ropa muy fresca para pasar el día. Y acá estoy, en la habitación de mi hermano vistiendo solo una tanga y una camiseta. La camiseta es muy larga y cubre toda mi zona intima, pero mis piernas quedan al descubierto dándome un aire de sensualidad. Y además es de una tela muy fina.

    Al salir del baño estaba tan metida en mis pensamientos, en cómo iba a hablar con mi hermano, que no me di cuenta que aún no estaba completamente seca. El agua que quedaba sobre mi cuerpo ahora se estaba haciendo notar al volver transparente mi camiseta, permitiendo ver ligeramente mis pezones. Esto está mal, ¡mi hermano está mirando descaradamente mis tetas! Pero en lugar de intentar taparme, me doy cuenta que mi cuerpo reacciona a su mirada y mis pezones parece quieren atravesar la tela.

    Mi hermano se da cuenta de lo que está haciendo y desvía su mirada hacia mi cara. Pero de inmediato la devuelve a mis pechos al tiempo que noto que ya no tapa su bulto, sino que parece masajearlo por sobre el pantalón de si pijama. Esto está mal. Debo detenerme. Vuelvo a mirarlo a la cara buscando sus ojos, pero los tiene fijos sobre mis pechos. Debo frenar esta locura. Pero mi cuerpo no hace caso a mis pensamientos y de repente me encuentro quitando mi camiseta y mi hermano estira su mano para agarrar mis pechos.

    Yo meto mi mano en su pantalón y descubre que debajo de él no lleva ropa interior. Al sentir el calor de su miembro en mi mano me doy cuenta de dos cosas. Una es que mi hermano está muy excitado. Y la segunda es que se siente mucho mejor al tacto que el pene de mi ex. Agarro a mi hermano por la cabeza y lo acerco a mis pechos. Él no se opone y deja que lo guie hasta quedar con su cara entre mis pechos. Mi mano comienza a deslizarse sobre su tronco duro y caliente. Estoy masturbando a mi hermano.

    A sus 18 años recién cumplidos debe sentirse orgulloso de lo que lleva entre sus piernas, mucho más grande que el de mi ex. Su punta ya se encuentra mojada. Y yo también estoy muy mojada al sentir la boca de mi hermano mordiendo mis pezones. Muero de excitación y no puedo resistir un segundo más. Aparto su cara de mis pechos. Me paro al lado de la cama, y lo dejo mirarme mientras retiro la última prende de vestir que llevo puesta. Ahora estoy totalmente desnuda frente a él. Recorre mi cuerpo con su mirada. Observa mis pechos erguidos que culminan en unos pezones muy duros. Al llegar a mi entrepierna detiene su mirada. Me gusta estar completamente depilada lo que le permite ver los labios.

    – ¿Te gusta lo que ves?

    – Mucho hermanita

    Lo escucho llamarme hermanita y lejos de hacerme sentir mal, me siento excitada. Sin dudarlo subo a la cama, y me acomodo sobre de forma tal que ya nos encontramos haciendo un 69. Mi ex me pidió muchas veces que se la chupe pero siempre me dio asco. Sin embargo ahora sin que mi hermanito me lo pida, me estoy comiendo todo su pedazo. Intento meterlo en mi boca lo más que puedo hasta que me da arcadas, y siento que me gusta.

    Me gusta sentir esa verga dura y caliente entrando por mi boca. Esa verga que ahoga mis gritos de placer al sentir su lengua recorrer mi clítoris. Lo masturbo al mismo tiempo que lo hago gozar con mi boca. Con mi otra mano acaricio sus bolas. Se sienten muy bien en mis manos. Siento que me mojo más y de seguro estoy mojando toda su cara. Pero parece gustarle ya que lo siento chuparme con más intensidad. Y lo mismo hago yo son su verga. Al cabo de unos segundos siento que deja de chuparme.

    – Para hermanita, no sigas. Estoy muy caliente

    No le hago caso. Por el contrario, intensifico la mamada. Nunca pensé en chupar una verga, lo veía como algo feo. Pero acá estoy, chupando con más y más intensidad la verga de mi hermano, sabiendo que lo está gozando mucho, y sabiendo también que si no me detengo le va a llenar la boca a su hermana. Y continúo. Me muevo con más velocidad. Lo siento clavar sus manos en mi cintura mientras aplasta su cara contra mi vagina. En ese momento un espeso chorro de leche caliente inunda mi boca.

    Con mi nula experiencia no sé qué hacer. Pero continuo chupando mientras su miembro se estremece dentro de mi boca largando hasta la última gota de leche. Trato de mantenerla toda en mi boca hasta que mi hermanito finalmente retira su verga, pidiendo que pare. Sin salir de arriba suyo, me incorporo quedando sentada sobre su cara. Separo los labios de mi vagina y empiezo a masturbarme sobre su cara.

    De inmediato el saca su lengua y la usa para penetrarme mientras masajeo mi clítoris. Mi boca aún está llena de su leche. Su verga esta relajada pero aun con un enorme tamaño. Intensifico el masaje sobre mi clítoris y en pocos segundos llego a un orgasmo tal que no pude evitar gritar, esta vez sin que nada ahogue el grito.

    Mis piernas me tiemblan y me cuesta mucho salir de arriba de la cara de mi hermano. Pero lo hago, me recuesto junto a el dándole la espalda y agarrándolo de una mano hago que se recueste contra mí. En ese momento trago toda la lechita que queda en mi boca.

    – Gracias hermanito

    – Gracias hermanita

    Nos quedamos así abrazados hasta quedar dormidos. Desnudos. Con su verga apoyada contra mis nalgas. Y con nuestras bocas llenas del sabor al sexo prohibido

  • Escapada en la montaña (Parte II)

    Escapada en la montaña (Parte II)

    Sarah bajaba por las escaleras cuando Matt preparaba el desayuno en la cocina. Se quedó prendado viendo con la sensualidad natural que tenía para bajar las escaleras, llevaba una bata de seda roja que le quedaba muy por encima de las rodillas, dejando entrever sus muslos, cosa que hacía que Matt no pudiera quitarle ojo.

    -Mmm, ¿es mi cumpleaños? –dijo Sarah al percatarse que Matt estaba preparando el desayuno.

    -Este finde eres mi princesa, te lo mereces… -respondió Matt rodeándola con el brazo antes de darle un cariñoso beso de buenos días.- ¿Cómo has dormido? –preguntó.

    -¡Genial! Estaba entre tus brazos. –Respondió Sarah acariciando el brazo de Matt.– Y tú, ¿has descansado?

    -La verdad es que he dormido como un bebé, nos quedamos exhaustos… -dijo Matt con una sonrisa.

    -Mmm, a mí me queda aún gasolina. –susurró Sarah andando de forma sugerente hacía el otro extremo de la cocina mientras dejaba caer la bata al suelo.

    Matt tragó saliva al ver la lencería roja de encaje que descubrió Sarah. Hipnotizado por el contoneo de sus caderas se acercó hacia ella. Sarah se giró ondeando su melena y encontró a Matt a unos centímetros de su boca. Se besaron de forma tan pasional que parecía la escena de una película, Matt tenía una mano enredada en el pelo de ella y la otra rodeando sus caderas, Sarah paseaba su mano por el torso desnudo de Matt mientras con la otra acariciaba su mejilla. De tal manera que pareciera que no querían separarse nunca.

    Matt agarró a Sarah por la cintura para subirla en la encimera y seguir con ese beso, ella lo rodeó con sus piernas para sentirlo más cerca. Pronto el bulto que se intuía en los pantalones de pijama de Matt comenzó a crecer, Sarah lo notó y empezó a bajar su mano por el torso hasta introducirla en el pantalón.

    Efectivamente Matt no le defraudó. Empezó a acariciarla de arriba abajo notando como la respiración se les aceleraba poco a poco. Matt comenzó a besarle el cuello, ella echó su cabeza hacia atrás descubriendo el camino a su pecho, camino que Matt siguió beso a beso. Desabrochó el sujetador de encaje rojo con una mano liberando así sus preciosos pechos.

    Seguían acariciando y besando sus cuerpos al ritmo de la respiración, cuando Matt empezó a bajar con su camino de besos, hasta que se situó delante del culot rojo, miró hacia arriba, sonrió y le guiñó un ojo antes de quitarle lentamente la última prenda que le quedaba.

    Sarah apoyó sus piernas sobre los hombros de Matt para recostarse un poco sobre la encimera, Matt ya había empezado, pronto no sería capaz ni de controlar su cuerpo.

    Cerró los ojos y se dejó llevar, Matt estaba siendo cuidadoso con cada detalle, acariciaba los puntos exactos, al ritmo perfecto, cada caricia, cada rocecito que daba con la lengua la transportaba un poco más y más al nirvana. Creía estar flotando, nada le importaba, sentía las manos de Matt acariciar sus muslos, su pecho, su boca…

    De repente un agradable calor le sube por sus piernas y le baja del pecho en dirección a donde Matt estaba haciendo su magia, intuía que iba a ser grandioso y se dispuso para disfrutarlo. La respiración se aceleraba más y más y la lengua de Matt acompañaba ese ritmo acelerado. Se acercaba el clímax, rodeó a Matt con sus piernas y arqueó la espalda, ya no tenía control sobre su cuerpo, sintió la explosión de calor y placer al tiempo que gemía tan fuerte que pensó que le habrían escuchado en toda la montaña. Su cuerpo se relajó completamente y sintió que fluía como un líquido. Era la primera vez que había sentido algo así…

     

  • Mi mujer me pone un cinturón de castidad

    Mi mujer me pone un cinturón de castidad

    Acabo de contarles como mi mujer Alicia, descubrió mi gusto por los hombres, paradójicamente una de sus fantasías era hacerme coger por un tipo, rápidamente consiguió un pibe joven que se prestó a acostarse con nosotros en un trío bisexual, ella le propuso que me haga el culo a mi y luego ella se dejaba coger.

    Esa misma noche el trato de ella hacia mí, cambio totalmente, comenzó a humillarme, que era uno de mis temores cuando acepté el juego, sabía que iba a perderme totalmente el respeto.

    Al otro día me fui a trabajar y cuando llegué a la noche, después de cenar, me dijo que tenía algunas sorpresas para mi.

    No me pidió, me ordenó que fuera al dormitorio y la espere desnudo y de rodillas en el piso del cuarto…

    Me dejó esperando arrodillado mientras se fue a dar una ducha, no me animé a desobedecerle y espere ansioso que entre a la habitación.

    Finalmente vino envuelta en un toallón y se lo quitó ante mis ojos, la miré y me dio un cachetazo en la cara

    – yo no te di permiso para que me mires inútil, baja la vista y mira al piso, voy a tener que domesticarte como a un perro –

    Mire hacia abajo y no entendía bien que quería, y siguió hablando…

    – a partir de ahora, vos no sos más, ni mi marido, ni mi pareja, ahora sos mi perro, mi esclavo, mi puto y vas a tener que aprender a obedecerme, y nada de querer cogerme, ahora tus únicos órganos sexuales son tu culo, para hacerte coger y tu lengua para chupar mi concha, ¿entiende el marica?

    – Si

    – ¿ si que ? Imbécil

    – si Ama

    – bien, empezamos a entendernos

    La verdad que yo no me esperaba esto, entendía que mi imagen para ella había cambiado al dejarme coger por un tipo, pero no creí que me iba a convertir en su esclavo, si bien yo tenía una clara tendencia sumisa, al principio me sentía descolocado, luego comprendí la razón de todo esto y me fui adaptando y de a poco comencé a experimentar una especie de placer al ser despreciado por mi mujer o mejor dicho por mi Ama.

    Lo que sucedió en ese momento, contribuyó enormemente a sentirme inferior, primero me coloco unas esposas inmovilizando mis manos, yo no levantaba la vista por temor a recibir otro cachetazo, pero la turra se paseaba desnuda delante mío, y a pesar de que era oficialmente un puto, me seguía gustando como mujer, en el fondo yo, desde el momento que la conocí fui bisex, en realidad ella era la única mujer que había tenido y poseído, fuera de mi relación con ella, yo prefería claramente estar con hombres, por eso me consideraba homo, que se yo, un caso definitivamente de diván.

    Después de colocarme las esposas, sacó otro aparatito, una jaula para mi pequeño pene, eran como unos anillos que rodeaban mi pijita, y no iban a permitirme penetrarla en el hipotético caso que ella lo permita, igual ya me había dejado claro que no iba a cogerla nunca más.

    Esa cosa se supone que sirve para que no pueda tener una erección muy pronunciada, un poquito de lugar me dejaba, primero porque mi porquería, como ella la empezó a llamar era bastante chica y segundo porque tuvo la bondad de no ajustarla demasiado, de todos modos, esa jaulita que actuaría como cinturón de castidad, no me iba a permitir masturbarme ni tener orgasmos, obviamente buscaba hacerme sufrir.

    -Esto es para que no te masturbes más porque sé que sos bastante pajero, no te vas a poder andar tocando, además esto va a privarte totalmente de tener orgasmos, vas a juntar lechita y te van a doler los huevos, ni cuando te haga coger por un macho mío, te lo voy a sacar, maricón de mierda, porque ¿vos sos puto, no es cierto?

    -no por favor Alicia

    Paf, me estampó un sonoro cachetazo en una mejilla, un golpe en la cara a mano abierta, debe ser de las cosas más humillantes, y dijo

    -¿Cómo me llamaste? inútil

    -perdón Ama, por favor no me haga decirlo

    -contesta marica, ¿vos sos puto no es cierto?

    En ese instante pellizcó mis pezones y los retorció apretando bien fuerte, cerré los ojos por el dolor, me quejé y lloriqueé, se rio de mí y volvió a decirme varias veces que contesté sin dejar de apretar.

    Luego de torturarme de esa manera varios minutos, finalmente me doblegó y consiguió mi respuesta.

    -si Ama, soy puto, si lo soy, siempre me gustaron los hombres, siempre me gustó la pija, perdón, se lo suplico, perdóneme

    -bien, eso era lo que quería escuchar, y así va a ser, vas a suplicar y llorar por lo que me hiciste vas a pedir por Dios, vas a pagar por haberme mentido

    Acabáramos, todo este enojo era porque dedujo que yo me junté con ella mintiendo sobre mi sexualidad, la verdad es que tuvo razón, fui una basura al no ser totalmente sincero, realmente merezco lo que me está haciendo, no me queda otra que asumirlo y aceptar lo que me haga, la verdad merezco que me tire a la calle, sino lo hace es porque piensa vengarse y divertirse conmigo.

    A partir de comprender esto acepté mi nuevo papel en esta relación.

    Después de hacerme confesar, estaba claro que debía pagar por mis errores y esa era una forma de empezar.

    Luego se pegó bien a mi, poniendo su concha bien cerca de mi cara, ella sabe de qué a pesar de mi tendencia hacia los hombres, su vagina me enloquece y deseo chupársela desesperadamente, bajé mi vista, entonces volvió a agarrar mis pezones y empezó a tironearlos bien fuerte otra vez, no pude evitar quejarme y entonces fue cuando dijo:

    -¿qué pasa putito, te duele marica?

    Y apretaba cada vez más fuerte. Entonces se inclinó un poco y me tocó el ano apenas rozándolo, eso sabe que me desespera.

    -Ah por favor no haga eso Ama

    -yo hago lo que me viene en gana, esto te gusta ¿no? Pedazo de puto. Se te está parando la porquería, espero que no te duela mucho, bueno ya estoy cansada por hoy, mañana te voy a seguir adiestrando.

    Entonces me sacó las esposas, me dejó esa cosa en mi pene, me dijo que me suba a la cama y que me vaya a dormir, no sin antes advertirme que no me atreva a tocarla, de lo contrario iba a tener que dormir esposado y no iba a estar muy cómodo, y a continuación se acostó desnuda a mi lado, yo me corrí todo lo que pude a un costado para no tocarla, le dejé tres cuartas partes de la cama y yo me puse en en el pequeño espacio que quedaba.

    No pude dormir en casi toda la noche, no dejaba de atormentarme lo que estaba pasando y pensaba que esto no iba a terminar jamás, además la jaulita en mi pajarito era muy molesta, ser torturado me excitaba mucho, y no podía ni tocar mi pene, a media noche me levanté para hacer pis, y me mojé las piernas y el piso del baño, quise hacerlo como siempre parado frente al inodoro y la orina salió para cualquier lado, Alicia escuchó que puteé por lo que había hecho y se despertó, al ver que me había orinado encima y mojado todo, se rio y dijo:

    -sos un inútil, ¿no te das cuenta que vas a tener que orinar sentadito como una señorita? pelotudo, ahora seca todo y lávate, no quiero sentir tu olor a meo, y déjame dormir idiota.

    A las dos de la mañana, tuve que limpiar y secar el baño, lavarme las piernas y recién después volver a la cama.

    Al día siguiente me fui a trabajar como siempre, después de que mi Ama me diga que hoy seguiría con mi adiestramiento.

    En la oficina estaba distraído y mis compañeros me notaban raro y molesto, la jaulita en mi pajarito me tenía muy incómodo, además de la situación en mi casa.

    Esa tarde volví a casa y nuevamente me mandó a esperarla desnudo en el piso del dormitorio en mi posición de esclavo sumiso, o sea de rodillas con mi vista hacia abajo y mis manos unidas a mi espalda.

    Esta vez entro vestida solo en ropa interior muy sexi, tenía en una mano un cinturón mío de cuero y otra cosa que parecía una fusta, el cinto me lo colocó en el cuello a modo de correa de perro y la fusta la mantuvo en la mano.

    Después de ponerme la correa, me tocó uno de los pezones casi cariñosamente y me pregunto

    -¿cómo estás hoy putito?

    -Bien Ama

    -podes decirme Señora también si te sentís más cómodo

    -si Señora

    Tanta amabilidad me sorprendió, me agrada más llamarla Señora y me sentí más tranquilo.

    Caminando lentamente alrededor mío, y dando golpecitos con la fusta en la palma de su mano, comenzó un largo monólogo.

    -Para empezar ahora no tenés permiso para hablar, solo escuchas y asentís con la cabeza, a menos que te pida una respuesta

    -A partir de hoy, voy a establecer las nuevas reglas de esta casa, vos solo serás mi pareja aparentemente normal, estando en la calle, dentro de la casa, sos mi esclavo y yo tu dueña. Tendrás que usar la correa y todos los elementos que me den placer usar con vos.

    Ni bien llegues de la calle, te darás un baño y tu única vestimenta será una tanguita negra. Deberás tener siempre limpio el culito por si se me da la gana de meterte los dedos, estar sucio será una falta grave y me obligarás a hacerte enemas de agua jabonosa o gaseosas.

    Aquí adentro harás todo lo que te ordene y cumplirás mis deseos, de lo contrario, no voy a dudar en castigarte duramente.

    -Claramente habrá un cambio de roles, la que penetra soy yo, la puta sos vos, serás sodomizado por mi y por quien yo quiera, las veces que yo quiera, usaras la jaulita para tener guardada en forma constante tu porquería, ya que no me sirve más, hasta que se me ocurra sacártela o te lastime. Por lo tanto no tendrás orgasmos por mucho tiempo, y veré, quizás no los tengas nunca más, no me importa si te explotan las pelotas. Por supuesto la llave de la jaulita la tendré yo bien guardada y agradece que no la tire al río. No te la voy a sacar ni cuando venga algún tipo a cogerme, porque vos no vas a cogerme, pero yo sigo teniendo necesidades como mujer, así el tipo que venga, te quiera romper el culo, será con la pijita encerrada.

    -Yo veré si te permito que veas como gozo con un hombre de verdad, o si solo te dejo escuchar mis grititos, y también voy a decidir si te hago romper el culo o que lamas la pija de mis machos, también seguramente voy a traer alguna pendeja para divertirnos delante tuyo, y reírnos de vos. Ah, te compré una colchoneta para que duermas a los pies de mi cama, los perros no pueden subir a la cama sin permiso

    -Demás está decir que cuando yo tenga visitas, sean hombres o mujeres, vos seguís siendo mi esclavo, y te mantendrás callado, obedecerás mis órdenes o la de mis invitados y por supuesto solo usaras tu tanguita negra

    -no Ama por favor

    -no te dije que podías hablar

    Nuevamente me pegó un cachetazo en la cara por haber hablado sin permiso.

    No podía creer todo lo que me dijo, mi vida iba a ser un auténtico calvario, y estaba decidida a vengarse de mi, lo único que me quedaba era aceptarlo y tratar de que algún día me perdone.

    Se sentó en el borde de la cama, cruzó una pierna sobre la otra, y me ordenó que vaya en cuatro patas como un perro, a su lado, lo hice, seguí de rodillas frente a ella, Alicia tiene unos pies de princesa, pequeños y perfectos, con unos deditos chiquitos hermosos, me dijo que le saque el zapato, le bese los dedos y se los chupe, para mi era un premio inmerecido, se los bese tímidamente y me reprendió,

    -hacelo con devoción, inútil, y después el otro pie, demostrame la adoración que sentís por mi

    Se los bese apasionadamente, mi pequeño pene, se había puesto duro y luchaba por salir de su prisión, en un momento ella lo notó y me dio unos toques con el pie en la jaulita, haciendo que se muevan mis genitales como el badajo de una campana y provocándome un poco de dolor, hacia un par de días que tenía puesto ese adminículo y ya me estaban doliendo los testículos…

    -¿qué te pasa, te duele maricón?

    -Un poco Señora

    -a mi me duelen los ovarios y no me ando quejando

    Entonces apoyo sus dos hermosos pies en el piso, tiró su cuerpo hacia atrás quedando acostada sobre la cama, abrió bien las piernas y me ordenó que le chupe la concha y la haga correrse.

    Me dediqué un buen rato a lamerle el clítoris y besar sus labios vaginales, una dulzura, me volvía loco hacer eso, hasta que dijo:

    -Vamos marica, pone más ganas o tengo que traer a Manuel para que te haga el culo, y así pongas más empeño, haceme acabar puto, serví para algo inútil, la semana que viene voy a traer una nena de 19 años de visita y si te esmeras ahora, es posible que te deje besarle los piecitos.

    Continuará…

    Espero que les haya gustado, pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos