Autor: admin

  • Cuando nada está planeado

    Cuando nada está planeado

    A veces la vida confabula para que las cosas sucedan de manera espontánea e imprevista.  Andábamos de compras por un sector céntrico de la ciudad y, al salir de un almacén, mi esposa se encuentra de frente con su amante de color. ¡Hola!, saluda él. ¿Qué haces por acá? Necesitábamos unas cosas y vinimos de compras, contesta ella. ¿Y tú? Estaba por acá cerca haciendo diligencias varias y necesité dinero, así que entré acá para buscar un cajero, contestó él. Grata sorpresa; quién se iba a imaginar que nos íbamos a encontrar por aquí. Y ¿estás sola? No, mi esposo está conmigo, por ahí debe venir.

    Y, en efecto, cuando salía del sitio, los vi conversar a la entrada del local. Me resultó sorpresivo e incluso pasó por mi cabeza pensar que aquello no era fruto de la casualidad, sino que había sido acordado. Sin embargo, muy controlado ante la novedad, le saludé muy cordialmente. Hola, ¿qué haces por acá? Le decía a Laura que estaba por acá cerca haciendo diligencias y que entré aquí para buscar un cajero. ¡Qué casualidad! dije yo, porque si acordamos encontrarnos, alguna situación se presenta para complicar todo. Bueno, dijo él, es verdad, así ha pasado otras veces. Pero, en fin, pues hoy nos encontramos, de casualidad.

    Mi esposa estaba vestida normal, de calle, nada especial. Tampoco había una idea en mente, no era de noche, no estaba ella vestida como acostumbra para sus encuentros, así que nada hacía prever que este singular encuentro fuera a terminar en nada particular. ¡Les invito un café! ¿Tienen tiempo? preguntó él. Bueno, dijo ella mirándome, ¿por qué no? Okey, dije yo, pero dejemos los paquetes en el carro; yo los llevo. ¿Dónde van a estar? No, pues, mejor lo esperamos aquí, dijo él. Está bien, respondí. Ya vuelvo. Y me dirigí hacia los parqueaderos.

    Me tardaría unos diez minutos entre ir y volver, tiempo suficiente para que ellos hablaran de lo que fuera. Les encontré de nuevo y empezamos a caminar hacia algún lugar dentro de aquel centro comercial. Pronto vimos un local de Starbucks al cual, sin consultarnos, ingresamos. Wilson, muy educado, acomodó a mi esposa y me mostró la silla en la cual me podía yo acomodar e, instalados en nuestros puestos, pedidos café, unas tortas, y empezamos a conversar.

    Entre hablar del clima, de la cantidad de gente que frecuentaba aquel lugar, de lo caro que era todo en ese Centro Comercial y demás, resultamos hablando de las parejas de jóvenes estudiantes que, uniformados, veíamos cruzar frente a nosotros. Debe haber algún colegio mixto por aquí cerca, porque todos estos andan emparejaditos. Yo estudié en colegio para varones y, si fuera yo, estaría andando con el grupo de compañeros. Si, dijo él, lo que pasa es que han inaugurado unos motelitos por acá cerca y ellos van o viene de allá, por eso las parejitas. ¿De verdad? pregunté. Si, dijo él, pudiéramos darnos una vuelta para detallar la cosa. No hay necesidad, dije yo. Pero podríamos darnos una vuelta, dijo mi esposa; para conocer.

    La verdad, no me llamaba la atención la propuesta, pero como no teníamos algo especial que hacer, pues accedí a echar un vistazo. Bueno, pero me acompañan a sacar el carro al parqueadero. No hace falta, dijo él, eso queda aquí, no más a dos o tres cuadras. Podemos ir caminando. Bueno, dije yo, entonces déjeme ir a un baño y vamos pues.

    Cuando volví, echamos a andar. A ver, Magallanes, guíenos, dije. Muéstrenos el mundo. ¡Listo! dijo él y echó a andar tomando a mi mujer de la mano. Para nada me pareció raro, porque habiéndoles visto intimar otras veces, que la tomara de la mano me pareció de lo más natural y ella, además, lo permitió, y caminó a su lado. Ellos iban adelante, charlando, y yo atrás, siguiendo sus pasos. No tardamos en llegar a una cuadra donde todos los locales eran moteles. Los sitios eran vistosos, coloridos y bien decorados. Y, ciertamente, vimos como entraban y salían parejitas de colegiales de ahí.

    Bueno, quién lo creyera, comenté. Uno pensando que los muchachos están estudiando y resulta que andan en estas faenas. Con tal que no pierdan el año y no le hagan perder plata a los papás, pues que disfruten su vida. Si, dijo él, hay que aprovechar todos los momentos. Es verdad. Y, llegando en frente a uno de esos lugares, dijo, este está recién abierto y luce muy bien. ¿Entramos a conocer? Mi mujer me miró, esperando mi reacción, de manera que yo dije: ¡Entremos pues! La idea es conocer, ¿no?

    El entró, habló algo en la recepción y dijo, ya está, subamos. Confieso que pequé de inocente, porque estaba convencido de que íbamos en plan de “tour” a echar un vistazo al sitio, de manera que no entendí muy bien lo que quiso decir con… ¡ya está!, ¡subamos! Al llegar al tercer piso, Wilson se dirigió de inmediato a una habitación, abrió la puerta y nos invitó a seguir.

    Cuando estuvimos adentro dijo, déjeme entro un momentico al baño. Con Laura nos quedamos detallando la habitación. No era nada del otro mundo, pero estaba bien arreglada, decorada y nos pareció agradable. Yo me puse a chequear la programación del televisor, el sonido, la música, el control de la luz y estos detalles, cuando Wilson salió del baño totalmente desnudo y con su miembro totalmente erecto. Bueno, dijo él, si la cuestión es de afán, ya estoy listo.

    ¿Y eso? pregunté yo. Nada, dijo. Laura me dijo que estaban algo apurados y que, si hacíamos algo, no podían demorarse mucho, así que aquí estoy, listo y con la herramienta a mil revoluciones. Yo la miré a ella, entre sorprendido y atónito, pues no supe en qué momento se había dicho o sugerido algo, así que me cuestionaba en qué momento fue y le pregunté, oye, ¿y a qué hora arreglaste esto? No, yo no arreglé nada. Wilson me dijo que tenía ganas de estar conmigo y preguntó que si había alguna posibilidad. Yo le respondí que teníamos cosas que hacer y que, de pronto, tendría que ser algo rápido. Pero nada más. Y, cómo tú estuviste de acuerdo en venir, yo supuse que estabas al tanto. ¡Aaahhh! dije yo, ahora resulta que yo fui el responsable de esto. No, para nada, respondió ella, pero si hay inconveniente, lo dejamos así y no pasó nada.

    Bueno, pero si yo pregunto, como preguntó él, y le dicen que de pronto tendría que ser algo rápido, yo entendería que hay luz verde, que sí hay posibilidad y sigo adelante. Bueno, pues eso entendí yo, dijo Wilson. Te das cuenta, le dije. Pero si no estás de acuerdo, dijo ella, tranquilo, nos vamos y no pasa nada…

    Ella terminó de decir eso y yo, viendo a Wilson desnudo y ansioso de follar a mi mujer, sentí pena ajena. ¿Cómo es que ella responde eso con tanta tranquilidad? ¿Por qué no expresa abiertamente que también quiere estar con él y ya? Pensaría yo que no habría malos rollos si todo fuera más claro. En fin. El caso es que dije, bueno, si ya lo habían conversado, pues ni modo, a lo que vinimos vamos. Lo cierto es que me sentí como ignorado y tonto, porque no adiviné cuál era el juego.

    No pasa nada, tranquilo, dijo Wilson. Lo que sucede es que usted como que todavía no sabe cómo se expresa ella. Pues si yo era el despistado, no lo dudo, dije. Y usted, ¿cómo se da cuenta? Bueno, dijo riendo, de muchas maneras, creo yo; la forma como me habla, la forma como me mira, la forma como aprieta mi mano. Y yo sé que ella también sabe qué estoy pensando yo. ¿No es cierto? Preguntó mientras la miraba. Para ese momento él se frotaba su pene, arriba y abajo, procurando mantener su erección. Pues, dijo ella, tú me habías dicho que tenías ganas y yo interpreté que querías estar conmigo. Eso es todo.

    Se le notaba a ella el deseo de ser poseída por aquel, pues miraba con ganas cómo él se estimulaba para mantener viva su erección. Y a ella eso parecía gustarle. A mí aquello me tomó por sorpresa, porque acostumbro ir preparado con cámara y videograbadora para esos encuentros. Y en esta ocasión tan sólo disponía de mi celular, pero, entrados en gastos, qué más da, pensé, así que dije, bueno, y si todo está claro y ustedes saben cómo es la vuelta, ¿qué impide que lo hagan, como ya lo han hecho otras veces? No, nada, dijo él. Que ella quiera, porque yo ya estoy listo.

    Ella, entonces, se quitó sus bragas sin quitarse lo demás. Se la veía vestida, normal, como si nada, pero se colocó de espaldas a él, acomodándose tímidamente y ofreciendo sus nalgas para ser penetrada por detrás por este macho excitado. El no dudó en hacerlo. Estímulo con sus manos el clítoris de mi mujer y, cuando sintió húmeda su vagina, la tomó por sus caderas y la atrajo hacía si, penetrándola suavemente. Ella, al principio, pareció guiar sus movimientos y moverse sobre aquel pene al ritmo que le dictaban sus sensaciones. Lo hizo arriba y abajo, de un lado a otro y en movimiento circular, mientras aquel muchacho, contemplaba cómo su sexo aparecía y desaparecía de su vista al entrar y salir de la vagina de mi dispuesta mujer.

    Bien rápido ella empezó a acelerar sus movimientos y Wilson, ya excitado, empezó a desnudarla mientras ella seguía disfrutando del contacto con su miembro. Poco a poco, y sin que ella dejara de moverse y empezar a gemir de placer, aquel le fue retirando su chaqueta, luego su blusa y por último el brasier, dejando su torso desnudo y disponible para ser acariciado. El, se concentró en acariciar con especial esmero sus senos, y delinear con sus manos la silueta de su torso, mientras ella retozaba a gusto sobre aquel miembro.

    Wilson seguía fascinado mirando cómo su pene entraba y salía del cuerpo de mi esposa y, poco a poco, fue tomando el control de la situación. Empujaba y empujaba con gran vigor dentro de la vagina de mi excitada y obediente mujer que, seguía a pie juntillas todo lo que aquel le decía. ¡Levántate un momento! dijo él, mientras se incorporaba, sin dejar de empujar una y otra vez. ¡Voltéate y apoya las manos en la cama! le insistió, quedando él de pie detrás de ella.

    Cogió su cabellera con las manos y halaba de su cabeza hacia atrás mientras seguía empujando dentro de ella con gran vigor. Y luego, en vista que la falda de mi esposa le bloqueaba la visión, la despojó de la prenda. Tuvo que sacar su miembro unos instantes para que la falda pudiera caer a los pies de mi esposa, ahora sólo vestida por sus zapatos y sus medias veladas. El, ahora sí, tenía a la vista todo su cuerpo y disfrutaba ver como su miembro se perdía dentro del cuerpo de mi mujer, a veces superficialmente y a veces muy profundo.

    De un momento a otro sacó su pene y dice ¡voltéate y recuéstate en la cama! Ella obediente lo hace y él, estando ella acostada, levanta sus piernas, una en cada mano, y la penetra, empujando ahora con mucha más velocidad y vigor. Ella gime, contorsiona su cuerpo y se acaricia a sí misma sus senos mientras él continúa con sus embestidas.

    Ella sigue gimiendo y él, ahora, coloca las piernas de ella a los costados y deja caer su tronco sobre el de ella, quedando sus pechos en contacto mientras sigue empujando. Pasan unos minutos y le dice, ¡muévete al centro de la cama! Ella lo hace y esto permite que él pueda subirse a la cama y quedar sobre ella, en posición de misionero, poniendo sus cuerpos en contacto pechos, sexos y piernas. El sigue retorciéndose sobre mi esposa y empujando a placer mientras ella no atina a hacer otra cosa que acariciar las nalgas de aquel e insinuar con sus caricias que vaya más y más profundo dentro de ella, y que no se vaya a separar.

    El, ahora, preso de la excitación, la besa y mueve su lengua dentro de su boca al ritmo de las embestidas de aquel dentro de su vagina. Esto, definitivamente, la vuelve loca, la excita, parece que su pecho quisiera salirse de la piel, aparta su boca de la de Wilson y explota en un grito de placer que no cesa mientras él sigue empujando, todavía más y más aprisa, hasta que saca su miembro y deja caer sobre el vientre y pecho de ella un profuso y denso chorro blanco que extiende con su pene por todo el torso de mi excitada esposa.

    Todo está dicho. Mi esposa sigue sobre la cama con sus piernas abiertas y su sexo palpitante, agotado y ansioso, mientras Wilson continúa sobre ella, besándola y acariciando sus piernas. Pasado un rato, se coloca a un costado de ella y se dedica a acariciar sus pechos, cuyos pezones están parditos y duros, signo de que la excitación aún está viva. ¿Te gusto? ¿Cómo estuvo? Si, dice ella, estuvo súper.

    Quedaron allí tendidos un rato, uno junto al otro, recuperándose, sin decir nada, solo atentos al sonido de una música suave que procedía del equipo de sonido. Y, pasados los minutos, él vuelve a tener bríos y empieza a estimularse manualmente su miembro para que vuelva a despertar. ¿Quieres que lo hagamos otra vez? pregunta él… y ella responde que sí. Pues yo ya estoy listo dice, y ella, riendo dice, yo soy la que tengo que esperarte, porque no he dejado de estar lista. Bueno, demuéstramelo, dice él.

    El sigue acostado sobre la cama y ella, ahora, entonces, se incorpora y lo monta, tomando con la mano derecha su pene e insertándoselo dentro de su vagina. Una vez lo ha hecho, empieza a mover sus caderas rítmicamente, adelante y atrás, sin parar, suave pero continuo. Wilson empieza a gesticular, a expresar a través de las facciones de su rostro que está sintiendo placer. Ella se mueve y se mueve y él acaricia, una y otra vez, sus senos. A él le fascinan los senos de mi esposa.

    Poco rato después cambian de posición, ella es quien se acuesta y él quien la monta. Se coloca de lado formado una cruz con el cuerpo de mi mujer y la penetra. En esta posición las sensaciones que ella experimenta parecen ser más intensas. Mi esposa gime, mueve sus brazos, contorsiona su cuerpo y se aferra a las nalgas de aquel, que no deja de bombear y bombear. Luego vuelve a alinear su cuerpo con el de ella, vuelve el juego de los besos, vuelve a acelerar el ritmo de sus embestidas y ambos, esta vez, parecen haber llegado al clímax al tiempo. El ha eyaculado dentro de ella, deja de moverse, pero no saca su miembro de la vagina de mi mujer. Y ahí se quedan.

    Parece que se han dormido. Y, al rato, él se coloca a un costado de ella, su miembro ya totalmente flácido. Parece que ya todo acabó. Bueno, dice ella, yo creo que ya es hora de irnos. ¿Te parece? pregunto yo. Si, dice ella, creo que ya es suficiente. No me preocupo entonces, digo, porque si eso es un “rapidín”, que tal que la cosa fuera para largo. Pues si ella quiere seguir, dice Wilson, denme un chance para recuperarme. No dice ella, otro día nos programamos y le damos toda la noche.

    Y si lo dice ella, seguramente lo ha pensado y tiene en mente llevarlo a cabo en algún momento. En esta ocasión, sin embargo, todo se dio de manera casual y no planeada. A veces, de esos momentos, resultan las mejores folladas. Y a ella, esos momentos, inesperados y no previstos parecen gustarle. Veremos con qué sale la próxima vez.

  • Tú estás aquí

    Tú estás aquí

    Aquí estamos, abrazados y en cama, estás sobre mí pecho y te siento tan profundo.

    Me susurras cuanto me quieres, yo siento tu sinceridad, eres tan dulce, me haces sentir en la cima.

    Toco tu pelo, deslizo mi brazo al tuyo, entrelazamos nuestros dedos y nos mostramos todo.

    Sigues aquí, te siento así, me miras y tus ojos me hacen sentir tranquilo, me aseguran todo irá bien.

    Yo te sigo, mi corazón ya no late desesperado, no observo mis lágrimas en la mejilla, ya no me siento solo, tú estás aquí.

    Me levanto de la cama y voy a la cocina a preparar nuestro café, ya te bese al despertar, ya te volví a decir la primera palabra del día… Te amo con locura!

    Ya el café listo en mis manos me dirijo a nuestra habitación y parado bajo la cornisa solo observo una sábana arrugada a un lado de la cama.

    Aunque desperté otra vez solo tú estabas toda la noche junto a mí, hace tiempo te perdí o quizás nunca te tuve.

    Aun así… Te amo!

    Fernando Valerio.

    18 Nov. 2020

  • De visita (Partes I, II, III y IV)

    De visita (Partes I, II, III y IV)

    I.

    Era verano y estaba de visita en su casa.

    Yo dormía en el salón en un colchón y ella en su habitación, Mi cuñado estaba trabajando esa noche, pues es vigilante de seguridad.

    A medianoche me desperté, tenía el pene duro y erecto, escuché que mi hermana se levantaba, así que me hice el dormido, dejando ver mi pene por el elástico del bóxer. Noté como mi hermana lo miraba.

    La noche pasó y el día como si nada, aunque notaba las miraditas de mi hermana.

    Esa noche, mi cuñado se fue a trabajar, y a la hora de dormir, mi hermana no se fue a su habitación, se quedó en el salón conmigo, durmiendo en el sofá y con un pantaloncito muy corto y una ancha camiseta de tirantas, por cuyo escote casi se les salían las tetas… Me extrañó mucho, pues siempre dormía con pantalón largo y camiseta de mangas cortas, aunque era verano.

    Cuando la escuché que roncaba, me decidí a atacar y meterle mano… Le bajé el pantalón y dejé su culo a la vista, pues no usa ropa interior. Lo sobé, lo lamí, le hice un beso negro… ufff que sensación… incluso le metí unos centímetros de pene… Era la gloria sentir el calor de su culo en mi pene… No metí todo por miedo a despertarla…

    Fui al servicio y cuando volví, sorpresa, estaba boca arriba, con su coñito peludo a la vista y con sus pechos saliéndose por las tirantas de la camiseta. No me lo pensé y le comí el coñito, saboreando su clítoris. Esta vez si la escuché gemir, casi seguro que estaba despierta, o tenía un sueño húmedo. El caso es que eso me excitó tanto que decidí probar a meterle el pene en su coñito. Empecé por rozarle la puntita por su rajita y cuál fue mi sorpresa cuando noté que separaba las piernas… ya no aguanté y le metí el pene hasta la mitad… Me sentía en la gloria al estar follándome a mi hermana (supuestamente dormida). Cuando noté que iba a eyacular, lo saqué y eyaculé en mis boxes, la vestí y me eché a dormir relajado.

    A la mañana siguiente, todo era normal, parecía como si no hubiese pasado nada esa noche, pero sus miradas, parecen que la delataban de que estaba consciente, o eso me parecía a mí.

    Desde esa noche, cuando mi cuñado se iba a trabajar, mi hermana en vez de irse a la habitación dormía en el salón y a veces dormía solo con una bata de tirantas un poco por encima de las rodillas, con botones, la cual le dejaba ver sus muslos, y unas braguitas transparentes. Así vestida me era más fácil desnudar y meter mano a mi hermana.

    Una de esas noches, dormía de espaldas a mí, con su culo en pompa. La bata se le había subido casi a medio culo. Terminé de subir la bata y dejé su culo a mi vista, solo cubierto por la pequeña braguita. La sobé y le bajé las bragas, dejando su culo hermoso a la vista. Lo besé, lo sobé, le separé las nalgas y le lamí el ojete.

    La polla se me puso dura. Me bajé el bóxer, lo rocé por sus cachas, por la rajita, lo apunté al ojete y poco a poco empecé a empujar, hasta meterlo en su culo. Ufff… que sensación más placentera, sentir su culo apretado en mi polla.

    Empecé a bombear, follando el culo de mi hermana, hasta que llegué a eyacular dentro. Fui al baño y cogí una toallita húmeda para limpiarle la corrida que salía de su ojete.

    Le subí la braguita, bajé la bata y me eché en el colchón. Casi no podía dormir pensando en cómo me había follado el culo de mi hermana.

    Sentí que se movía, y me hice el dormido. Al ver que seguía en el sofá, miré y había cambiado de posición. En esta ocasión estaba boca arriba con una pierna en el sofá y la otra apoyada en el suelo. En esta postura y con la bata tan corta, se le veía las braguitas transparentes y su coño se le notaba por la tela. Se le habían abierto los dos últimos botones de la bata.

    Alargué la mano y comencé a sobarle el coño por encima de la braguita. La bajé y le dejé el coño a la vista. Me incorporé y acerqué mi lengua a su clítoris y comencé a lamerlo y metiendo la lengua en el coño. Que rico sabor. Cuando la escuché que gemía, dejé de lamer por miedo a que se despertara. Esperé un rato, la vestí y me eché a dormir con el sabor de su coño en mi boca.

    ********************

    II.

    He estado estos días visitando a mi hermana mayor, pues mi otra hermana, con la que vivo se fue con mi cuñado de vacaciones, y al tener este fin de semana a mi hija, me la llevé a su casa.

    El día pasó sin novedad, como un día normal, pero cuando llegó la noche y nos dispusimos a dormir comenzó la aventura.

    Nos quedamos en el salón mi hija, mi hermana y yo a dormir.

    Mi hija en un sofá cama, mi hermana en otro y yo en un colchón en el suelo a la vera de mi hermana.

    Cuando la escuché que roncaba, me incorporé y observé que los pantalones del pijama se le habían bajado hasta medio culo, pues tiene el elástico flojo, con el movimiento mientras dormía. Miré hacia el lugar donde dormía mi hija, y estaba completamente dormida.

    Me giré de nuevo hacia mi hermana y comencé a terminar de bajárselo y a acariciar su culo desnudo, llegando con mi dedo a su coño e introducirlo… Ummm que sensación sentir el calorcito de su sexo.

    Como no reaccionaba, me puse de pie, me bajé mis pantalones de pijama y mis boxes y le puse mi pene entre los cachetes del culo haciéndome una cubana con ellos… Fue como recordar lo de la vez anterior… Había tenido el detalle de coger una servilleta de papel, y cuando noté que iba a eyacular, lo hice en la servilleta.

    Fui a la cocina a tirarla y a coger otra, por si acaso, y cuando volví, estaba boca arriba, con su coño a la vista… No me pude aguantar y se lo empecé a lamer por toda la rajita hasta el clítoris, el cual succioné… Luego la volví a subir el pantalón y me eche a dormir, pero no sin antes deleitarme con sus pechos, que se le habían salido por la tiranta de la camiseta, acariciándolos, besándolos y succionar sus pezones sonrosados. Esto lo repetí las dos noches que estuve en casa de mi hermana. Fue excitante recordar las experiencias anteriores.

    ***************

    III.

    He estado de visita en casa de mi hermana, y he pasado dos noches allí.

    La primera noche no ocurrió nada interesante, un poco de manoseo por encima de la ropa y nada más.

    La segunda noche, que era la que yo esperaba, regresó con mi cuñado del cumpleaños del hermano de éste, a las 2 am y después de cambiarse de ropa, poniéndose un pantaloncito corto y una camiseta ancha de tirantas, se acostó al lado mío en el sofá, mientras yo estaba en un colchón en el suelo. Estaba un poco bebida, por lo que se quedó dormida al momento, circunstancia que aproveché para manosearla a gusto.

    Estaba dormida de lado, de cara hacia mí, por lo que aproveché para sobarle las tetas y el coño, por encima de la ropa.

    Como no reaccionaba, le comencé a bajar la tiranta de la camiseta y comencé a sobarle la única teta que pude descubrir, y masajear su pezón, besarlo y mamarlo.

    Se movió y se abrazó a la almohada, por lo que no pude seguir saboreando su pezón… ni tampoco pude bajarle el pantalón para ver y manosear su coño, pero le metí la mano para acariciar su culo, jugando con su ojete e introduciendo el dedo, ya que no llevaba ropa interior. Como no podía hacer más nada me tumbé en el colchón con la polla tiesa.

    Al cabo de un rato sentí como mi hermana se levantaba para ir al servicio. Cuando regresó yo me hacía el dormido, pero con mi polla un poco fuera del bóxer.

    Con los ojos entreabiertos, noté como mi hermana lo miraba. Volvió a tumbarse en el sofá y se volvió a quedar dormida. Esperé un rato prudente y me volví para ver cuál postura tenía esta vez.

    Estaba boca abajo, me incorporé y comencé a tocarle el culo suavemente. Como no reaccionó, comencé a sobarla más a fondo, metiendo mi mano por el pernil del pantaloncito, hasta llegar a su ojete. Luego bajé para acariciar su coño y meterle el dedo. Lo saqué y me lo llevé a la boca para chuparlo y notar su sabor.

    Volví a sobarle el culo por encima del pantaloncito, acerqué la mano al elástico, y comencé a bajarlo, hasta dejar su culo desnudo a la vista. Se giró y se puso de espaldas a mí. Era excitante ver ese culo en pompa. Volví a acariciarlo, separando las nalgas y jugando con mi dedo en su ojete. Me bajé el bóxer y le rocé la polla por la raja, haciéndome una cubana con sus nalgas, apretándome la polla con ellas. No me pude contener y apunté mi polla hacia el agujero de su culo, empujando y metiéndola poco a poco. Comencé a bombear despacio, follando ese delicioso culito. Casi me corro dentro. La saqué y me corrí en mis boxes.

    Le subí el pantalón y le bajé la tiranta de la camiseta para sobarle las tetas. Jugaba con sus pezones, que se ponían duros con mis caricias. Después de un rato, le compuse la ropa y me acosté.

    A la mañana siguiente, mi cuñado se fue temprano a trabajar. Mi hermana seguía dormida, en este caso boca arriba. Sus pechos se les salían por las tirantas de la camiseta. Me incorporé para acariciarlos, y al ver que seguía sin reaccionar, me dispuse a lamer y chupar sus pezones, mientras metía mi mano por debajo del pantaloncito y acariciaba su coño. Metía mi dedo en su orificio del placer o jugueteaba con su clítoris. Después de un rato, me eché a dormir.

    Al cabo de unas horas, me desperté. Mi hermana ya estaba levantada y agachada recogiendo el sofá cama, Las tetas se les veían por el escote de la camiseta y se me puso dura, recordando cómo las había sobado esa misma noche. Me fui al servicio y me hice una paja pensando en mi hermana.

    ********************

    IV.

    Un día me llamó mi hermana, por si quería ir con ella a ver una procesión, pues mi cuñado trabajaba y no quería ir sola. Le dije que sí, y fui a recogerla con mi coche.

    Llevaba una falda hasta las rodillas y una blusa blanca, que se le notaba el sujetador y sus deliciosas tetas.

    Al bajarnos del coche, para ver la procesión, se colocó el abrigo, pues era invierno.

    Cuando llegamos a la puerta de la iglesia, nos enteramos que saldría con una hora de retraso. Fuimos a un bar cercano y tomamos unas cervezas.

    Llegó el momento de la procesión y nos fuimos a la iglesia. Había ya mucha gente, por lo que los empujones para coger buen sitio eran frecuentes, Yo me pegaba a la espalda de mi hermana, pues había quien buscaba ponerse detrás de ella. Con tanto roce sobre su culo, la polla se me puso dura. Yo la agarraba por la cintura y me pegaba a ella evitando que se metieran en medio. Ella me miraba de reojo girando la cabeza.

    Cuando ya pasó todo, nos fuimos al coche y la llevé a su casa. Como era demasiado tarde y vive lejos de mi casa, me dijo que me quedase a dormir para que no tuviese que conducir de noche. Le dije que sí, que sin problemas. Soy soltero y no me espera nadie.

    Me senté en el sofá y mi hermana trajo una botella de litro de cerveza. No la tomamos, hablando sobre la procesión y lo bonita que iba la virgen. Fue por otra botella y seguimos bebiendo hasta bien entrada la madrugada.

    Mi hermana ya estaba bebida y antes de irse a acostar, me trajo el pijama que tengo en su casa, para cuando me quedo a dormir. Yo pensé que se iría a su habitación a dormir. Mientras se cambiaba de ropa, yo puse la tele y busque algo que ver. Mientras buscaba me vestía. Dejé la imagen en una escena de una pareja hablando. Me puse la parte de arriba del pijama y fui al servicio. Cuando salía, mi hermana salía de su habitación con una combinación semitransparente. Se le notaban los pezones duros, pues hacia frio y las areolas rosadas.

    -Voy a poner la calefacción, pues hace frio esta noche.

    -Vale, no te preocupes.

    Cuando llegamos al salón, en la pantalla, la chica le estaba chupando la polla al chico. Rápidamente la quité.

    -Ups, no me di cuenta que era el canal porno. Discúlpame.

    -No te preocupes. Puedes poner lo que quieras, yo me voy a mi habitación. Hasta mañana.

    -Hasta mañana.

    Cada uno nos fuimos a dormir, ella en su habitación y yo en el sofá del salón.

    Con tanta bebida, me levanté para ir de nuevo al servicio. La puerta del servicio está frente de la habitación de mi hermana. Cuando salí, me fijé que la puerta de la habitación estaba abierta de par en par y que la luz de la lamparita estaba encendida. Entré para apagar la luz y vi a mi hermana, tendida boca arriba, con la bata por encima de sus muslos y su coño peludo se le veía por debajo, pues no llevaba ropa interior. Sus tetas resaltaban por las transparencias de la combinación.

    Me acerqué sin hacer ruido, despacito, hasta el borde de la cama. Me agaché para ver su coño. Mi sorpresa fue que estaba mojado, Mi hermana se había estado masturbando.

    Entre la bebida y el orgasmo que habría tenido, estaba profundamente dormida, con la cabeza girada hacia mí. Esta vez hice algo que nunca había hecho. Me acerqué a la cabecera de la cama, me bajé el pantalón del pijama y el bóxer y le puse la polla en la boca a mi hermana. Con cuidado, se la pasé por los labios y con una mano, tirando despacio de la barbilla, le abrí la boca y metí la punta de mi polla. Me excitó tanto esta nueva experiencia, que casi me corro en su boca. La saqué y me corrí en mis boxes.

    Cuando me recuperé un poco de la corrida, me dediqué a sobarle las tetas y a subirle más la combinación para ver su coño. Aún seguía mojado. Me agaché, y pasé mi lengua por toda la raja, recogiendo sus jugos. Luego le lamí el clítoris y lo succioné con mis labios.

    Entre sus jugos y mi saliva, tenía el coño bien lubricado, así que le separé las piernas, me puse encima y poco a poco le fui metiendo la polla en su calentito coño. Después de un rato de bombeo y cuando iba a correrme la saqué y me corrí en su barriga. Fui al servicio y cogí una toallita para limpiarla.

    Cuando regresé a la habitación, había cambiado de postura y estaba boca abajo, con todo su culo a la vista. Sus deliciosas nalgas estaban a mi disposición, como otras veces anteriores. Tenía las piernas separadas, por lo que podía ver su coño mojado. Me aseguré de que seguía dormida y al escucharla roncar, me coloqué encima de ella y me hice una cubana con sus nalgas. Luego, con sus jugos y un poco de saliva, le lubriqué el ojete y mi polla y poco a poco, se la empecer a meter en su delicioso y excitante culo.

    Esta vez, después de un rato bombeando, me corrí dentro de su culo. La limpié con la toallita que traía, Le bajé la combinación, no sin antes darla un beso en las nalgas y meterle un dedo en el coño, y me fui al salón a dormir.

  • El becario

    El becario

    El sonido amortiguado del timbre de su teléfono móvil la despertó. De repente, Nuria abrió los ojos y no supo donde se encontraba. Un calor recorrió su cuerpo y enrojeció su cara. Miró a ambos lados, no reconocía nada. Junto a ella un hombre dormía. Se incorporó y se descubrió desnuda, miró bajo las sábanas y comprobó que el hombre también estaba desnudo. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Su cabeza daba vueltas. Su boca pastosa sabía a una agria mezcla de tabaco, alcohol y semen.

    A su mente llegó un recuerdo vago de la noche anterior. Sentada en la cama cubrió su cara con las manos antes de echar su melena negra hacia atrás y seguir haciendo memoria:

    “Julia, su compañera, y David, el director, iban de su brazo cuando llegaron al fotocool del salón donde se celebraba la gala de los premios. Después de dos temporadas en antena el programa matinal El café de Nuria, era líder de audiencia de la radio nacional y habían sido galardonados.

    Tras la recogida del premio todo el equipo del programa había acabado en la fiesta privada de la emisora, en un hotel. La cena había sido escasa en comparación con la barra libre. Pese a las recomendaciones de David y sobretodo de Julia, Nuria no había reparado en la cantidad de copas que se había bebido. Requerida por todos los invitados que querían felicitarla estuvo más de dos horas atendiendo compromisos con los que compartió diferentes cócteles hasta diluir por completo su sobriedad.”

    Un bostezo del hombre que permanecía a su lado la hizo volver a la realidad y girar la cabeza en su dirección cuando éste se estiraba con los brazos abiertos y los puños cerrados:

    -Hola preciosa. –Fue el halagador saludo.

    Nuria no daba crédito, era Ignacio. Nacho, el becario. Un joven veinte años menor que ella. Su cara de asombro se congeló con la boca abierta cuando un recuerdo volvía a su mente:

    “En mitad del salón todos bailaban desenfrenados, cuando Julia advirtió a Nuria, en un claro estado de embriaguez que estaban siendo objeto de un marcaje por el grupo de técnicos informáticos donde se encontraba el joven becario:

    -Pues el niño ese tiene un polvo. –Había comentado Nuria.

    -Ya te digo –le confirmó Julia –pero a nuestra edad… Reconozcámoslo, Nuri, ya somos dos puretas cuarentonas casadas con cuarentones con barriguita.

    -Pero coño, nos podíamos dar una alegría, que hemos ganado, Julia. –La cadencia alcohólica y la calada al cigarro fueron el preludio de aquella disparatada idea. –Pues yo lo voy a sacar a bailar, y si no lo cato por lo menos lo manoseo. -Mirando a Julia anunció -estoy muy caliente…

    Nuria acomodó su generoso busto en el no menos generoso escote de su vestido negro y se fue derecha hacia Ignacio que no se intimidó ante la iniciativa de su superiora. Tirando de su mano Nuria sacó a bailar a Nacho. Al ritmo de Kyle Minogue la pareja se movía perfectamente sincronizada. Ella comenzó a darle la espalda y a restregar su maravilloso culo por la entrepierna de él. Con los ojos cerrados tiraba su cabeza hacia atrás facilitando a Nacho que le diera pequeños mordiscos en el cuello al tiempo que disimuladamente acariciaba su figura.

    Nuria se giró y le rodeo el cuello con sus brazos mientras se miraban a los ojos con las frentes unidas. Nacho la atrajo hacia sí con la mano en su espalda que lentamente descendió hasta su culo y agarró las prietas nalgas de la periodista. Cuando ella se lanzó a besarle nadie reparaba en ellos y todos bailaban Al ritmo de la noche.”

    No pudo evitar excitarse con el recuerdo y sus pezones respondieron. Tratando de borrar aquel recuerdo de su mente saltó de la cama cubriéndose las tetas con la sábana, destapando el cuerpo desnudo del becario que se deleitó con la imagen desnuda del culo de ella mientras abandonaba la habitación.

    En el salón de aquella vivienda extraña para ella, Nuria recogía su ropa esparcida por la estancia rememorando como la había perdido:

    “Tras el calentón del baile y con la ingesta de alcohol ella se dejó arrastrar por Nacho hasta un taxi que les condujo hasta el pequeño apartamento del becario. Durante el trayecto la pareja se comía a besos en el asiento trasero mientras el taxista les echaba una mirada lasciva por el espejo retrovisor.

    En el ascensor ella comenzó a desabotonar la camisa de su joven compañero para morder y lamer su lampiño pecho. En el salón, y camino del dormitorio, él tiró del vestido negro forzando una de las costuras y liberando dos maravillosos pechos redondos que comenzaban a perder la batalla contra la gravedad. Como si lo necesitase para vivir, Nacho, se lanzó a morder los pezones oscuros arrancando gemidos de placer de la cuarentona.

    Una Nuria excitadísima y tan sola vestida con un tanga de encajes negro y unos zapatos de tacón de aguja fue levantada en vilo por los musculados brazos del veinteañero. Tumbada sobre la cama, la periodista se dejó recorrer por los carnosos labios del becario que lamían la piel morena de ella, cubriéndola de saliva caliente desde el cuello, bajando por los pezones endurecidos de placer. Siguiendo por el abdomen, recorrió cada encaje de la ropa interior con la punta de la lengua embriagado por el maravilloso aroma a sexo, para acabar mordiendo el interior de los muslos.

    Nuria se pellizcaba los pezones sintiendo el hormigueo que le producía la lengua de Nacho, el becario, recorriendo su anatomía. Su sexo latía a punto de explotar como un volcán en erupción, su flujo manaba como lava ardiente. El éxtasis llegó cuando Nacho apartó el fino tanga que cubría la cuidada mata de vello púbico de su vulva y la demoníaca lengua ardiente surcó cada pliegue de su sexo abriéndose paso desde su ano hasta su clítoris para llevarla a la gloria donde entró con un grito orgásmico agarrada a la cabeza de su amante.”

    Como pudo se introdujo el vestido por los pies descubriendo que estaba roto por una de sus costuras, se olvidó colocarse antes el tanga. Sentía una contradictoria sensación de cabreo consigo misma y excitación por lo prohibido, mientras buscaba sin suerte su teléfono móvil:

    -Donde coño estará el puto móvil… –Blasfemaba fuera de sí.

    De repente apareció por la puerta del salón Nacho totalmente desnudo, con el iPhone de ella en su mano:

    -Toma, aquí lo tienes. –Le dijo con suficiencia mientras se lo ofrecía.

    La periodista, admiró, de arriba abajo, el definido físico lampiño de surfista que gastaba su joven compañero del que pendía un miembro provocador. Tratando de disimular la atracción que le producía le arrancó el móvil de la mano y confirmó las llamadas y el what´s app. Cuando Nacho se volvió a la habitación, ella volvió a echarle una mirada. No pudo evitar una sonrisa al comprobar que se acababa de tirar a un yogurín espectacular. A su mente regresaban secuencias sueltas de la noche de pasión prohibida:

    “Sentada a los pies de la cama besaba la tableta de chocolate de Nacho al tiempo que desabrochaba el pantalón y liberaba el sexo erecto de su amante. El glande violáceo la invitaba a dirigir el miembro a su boca. No era excesivamente grande, tampoco tenía el grosor de un actor porno, pero le pareció precioso. Totalmente recto y con la piel tersa lo recorrió con su lengua desde la base hasta el glande antes de introducírselo entero en su boca y demostrarle al joven becario como era una estupenda feladora, Nacho de pie le acariciaba el pelo. Su cabeza se movía hacia delante y hacia atrás mientras con la mano hacia un movimiento circular para facilitar la masturbación. A medida que el becario suspiraba y se precipitaba hacia el final, ella se deleitaba acariciándole las musculosas piernas y el duro culo. El cuerpo del hombre se tensionó antes de eyacular un primer chorro de semen que la mujer no quiso evitar y se tragó sin reparos ni dificultad. Nacho retiró su polla de la boca de Nuria y dirigió a su cara los tres siguientes chorros. El becario cubrió de semen la cara de la periodista radiofónica de más audiencia del país. Ella recibió la corrida con satisfacción sobre su cara.”

    Tratando de borrar aquella morbosa imagen de su cabeza, Nuria retiró con su mano izquierda su melena hacia atrás.

    Por fin logró ver que las llamadas en su móvil eran de su marido y que su amiga Julia le informaba por whatsapp que ya había hablado con él para decirle que ella se había quedado a dormir en su casa y que aún dormía. El marido quedó tranquilamente convencido y le dejó encargada que le llamara en cuanto se despertara. Por último, la amiga le preguntaba:

    -¿Qué tal folla? –Nuria, sintió una punzada de culpa. Se le había ido la cabeza por un niñato de veinte años. Pero no pudo contener una sonrisa de satisfacción al recordarse poseída por el miembro de su becario:

    “Nacho se tumbó sobre Nuria que le recibió con las piernas abiertas y los tacones aún puestos. El hombre dirigió su pene a la entrada de su vagina y se mantuvo durante unos interminables segundos entre los labios de su jefa que no podía soportar tal tortura y exigió que la penetrase. El becario la miró a los ojos y se la clavó hasta el fondo de un solo golpe de cadera, Nuria mordía, arañaba y pellizcaba cada parte de aquella anatomía masculina. Desde los hombros hasta los glúteos mientras el incesante golpe de riñón de Nacho le hacía sentir en lo más profundo de su vagina un placer infinito. Notaba como el glande llegaba hasta el cuello de su cerviz provocándole escalofríos en su columna. Ella le animaba con insultos a que no parase mientras, él obedecía sin tregua en su bombeo al tiempo que mordía su cuello hasta el límite de la marca. Volvió a sentir que su amante estaba a punto de correrse y cruzando las piernas por su espalda le aprisionó para que no saliese. Nacho, apoyado en sus brazos mantuvo su pene todo lo dentro que pudo hasta que entre alaridos se corrió en las entrañas de su jefa. Abrazados y sudorosos rodaron por la cama mientras la mezcla de fluidos salía de la vagina de Nuria manchando las sábanas.”

    Mirando a los ojos de su becario, que la observaba apoyado en el quicio, con los brazos cruzados marcando bíceps, preguntó:

    -¿El baño?

    El hombre con sonrisa de satisfacción le indicó con un leve movimiento de cabeza en dirección al excusado. Sentada en la taza del váter se ruborizó avergonzada cuando una punzada caliente en su ano le hizo recordarse aferrada a las sábanas y alentando a su subordinado:

    “A cuatro patas y con la cabeza en el colchón, la periodista, se agarraba a la tela mientras Nacho la sodomizaba violentamente agarrado a sus caderas.

    Ella le insultaba pidiéndole más a lo que él aceleraba el ritmo de sus embestidas sabiendo el daño por desgarros que provocaba. Nuria no pudo más y cayó boca abajo mientras el becario continuó con el castigo anal hasta volver a descargar el semen que quedaba en su reserva dentro de sus intestinos. La locutora, excitada por la situación, se masturbó hasta el orgasmo con el miembro latente de Nacho incrustado en su ano.”

    Después de recomponerse y refrescarse la cara, salió al salón y sin despedirse corrió hacia la calle. Acomodada en un taxi que la llevaba de vuelta a su casa llamó a su marido dando por buena la coartada que Julia le había preparado. Su marido en su oficina bancaria quedó convencido de que su mujer había dormido en casa de su amiga dado el mal estado etílico en que había acabado la noche.

  • Mi mujer trae dos amigos para ver como me violan

    Mi mujer trae dos amigos para ver como me violan

    Las reuniones sexuales en mi casa, se sucedieron en incontables ocasiones durante más de dos años, Alicia traía constantemente hombres en su mayoría, y algunas pocas veces mujeres, muchos para que la cojan delante mío, y hacerme ver como gozaba con otros, humillarme y que se burlen de mi, jactándose de como la cogían hombres de verdad, me repetía hasta el cansancio que yo no podía satisfacerla más que con la lengua, que era un inútil y no servía para nada.

    Algunas de esas veces traía tipos que además me penetraban a mi también, eran casi vejaciones, porque a pesar de que me gustan los hombres, delante de ella se ocupaban más de burlarse de mi condición de marica y cornudo, despreciándome hasta el hartazgo.

    Durante esos años, soporté todo tipo de violaciones, Alicia se entretenía usándome como una cosa, un juguete, y cuando no encontraba a quien traer, a solas me atormentaba con todo lo que se le ocurría.

    Me mantenía casi todo el tiempo a dieta líquida, dentro de mi casa no comía sólidos, y debía cuidarme mucho de excederme cuando iba a trabajar porque irremediablemente se daba cuenta, y si lo hacía, me hacía enemas, así que perdí bastante peso y estaba muy delgado.

    Mis pezones estaban aplastados y ardidos por los broches que me colocaba, mi pene dolorido por el encierro, al igual que mis testículos, por la prohibición de eyacular.

    Mi ano constantemente abierto por los hombres que me sodomizaban, o por ella que me penetraba con el strapon o porque se le ocurría hacerme dormir con un dildo encajado toda la noche.

    Llegó a escupirme en la cara, azotar mi espalda con una toalla mojada o mis nalgas con sus manos abiertas, orinar encima de mí y hacerme tragar su meada, decía que era un honor para mí que me regale su pis.

    Además claro está, de hacerme lamer su vagina y hacerla correr diariamente, chupar su culo y sus pies, estas tres cosas eran lo único que disfrutaba yo también, aunque debía ocultar el goce que me producía, porque solo ella tenía derecho a ello.

    Las veces que venían hombres que no querían cogerme porque eran solo heteros, y solo me obligaba a verla gozar con ellos, encontraba la manera de ultrajarme luego que se iban al quedar solos.

    Más de uno de los que me cogían, me pegaban en las nalgas mientras lo hacían, hasta hacerme caer las lágrimas para demostrarle a ella que eran bien machos y yo un patético cornudo marica. Por supuesto ella no necesitaba corroborarlo, pero disfrutaba ver como me ultrajaban.

    Extrañamente comencé a excitarme cada vez más cuando me pegaban, siempre que no me provocaran dolor extremo ni lastimaduras.

    Varias veces venían hombres solo a sodomizarme y no cogerla a ella, eran tipos a los que solo le interesaba coger putos como yo y mientras lo hacían, Alicia me insultaba y se mofaba de mi, solía repetir varias veces cosas como éstas

    -que puto sos, como te gusta la pija, cada día estás más maricón, me encanta ver cómo te comes tantas vergas, sos más puta que yo

    Mi obligación, después de que ella solo mire la escena un buen rato, era lamer su vagina y hacerla acabar varias veces, sentir una poronga metida hasta los huevos en mi culo, hacía que metiera bien mi boca adentro de su concha, y me trague todos sus jugos y de vez en cuando terminaba dándome su orina, le fascinaba hacérmela tragar toda.

    Varias veces trajo de a dos tipos para que me enfiesten entre ambos y ella se encamaba con alguno de los dos, y también más de una vez, me hicieron poner en cuatro patitas al lado de ella y nos sodomizaron a los dos juntos como si fuéramos dos hembras, en esas ocasiones ella me hacía mirarla a la cara fijamente mientras gemíamos y gritábamos de placer, era indescriptible que nos hagan el culo a los dos al mismo tiempo.

    Pero una vez trajo a dos tipos que eran amigos entre sí, que se conocían muy bien, para que solo se ocupen de mi y ella deleitarse viendo como ambos me rompían el culo y ver como gozaba una doble penetración.

    Esa vez me hizo esperar en la habitación desnudo y con los ojos vendados para sorprenderme, entraron los dos y antes de poder reaccionar me ataron las manos al cabezal de la cama quedando indefenso boca arriba.

    Primero jugaron con la sugestión y me manosearon todo el cuerpo mientras yo no podía hacer nada por evitarlo, claro que al empezar a recibir tantas caricias, no tuve interés en que no lo hagan, y enseguida me hicieron jadear y gemir desesperadamente.

    Solo escuche que me decía uno de ellos…

    -resignate putito, estas en nuestras manos, te vamos a hacer gozar como una zorra.

    De entrada sentí una lengua sobre mis labios, abrí la boca y saqué la mía, fue cuando entonces se encontraron y sentí esa dulzura húmeda, nos saboreamos mutuamente, mientras sentía dos dedos apretando y estirando delicadamente uno de mis pezones, y pronto otra boca sobre el otro pezón, se me agitó muchísimo la respiración y gemí como una perra, Alicia me alentaba a gozarlos…

    -Vamos perrita, goza los dos hombres que te traje para vos sola, se van a dedicar a vos hoy exclusivamente, hoy vas a demostrar cuanto te gusta ser la putita de dos machos, mostrame bien lo que sos, quiero verte bien femenina, no te reprimas, no finjas, sé bien lo que sos.

    Al escucharla y sentir todo lo que me hacían, la excitación subió a un nivel insospechado, no sabía ni mi nombre ni donde estaba, solo podía gozar a esos tipos aprovechándose de mi desnudez y mi indefensión, me sentía sometido dulcemente y me fascinaba la situación, fue una de las ocasiones en que me sentí más puto delante de Alicia, ya había perdido todo el pudor, bueno… ya lo había perdido muchas veces, pero esta vez parecía más fuerte.

    Seguidamente uno de los tipos, no tengo idea quién de ellos, metió una mano entre mis piernas abiertas y con uno de sus dedos busco llegar a mi hoyito, por supuesto que lo logró enseguida y hacia como que dibujaba círculos en el borde de mi ano, luego lo quitó de ahí y lo volví a sentir inmediatamente, pero ahora muy mojado, obviamente le había ensalivado, y empezaba a meterlo con mucho cuidado, yo diría que con demasiado cuidado, pero no era que tenía miedo de lastimarme, sino que lo que quería era hacerme desesperar, hacerme desear y que pida que me meta algo más, obvio que no aguante mucho y rogué que me penetren, deseaba con locura que me cojan.

    En cambio lo que hizo uno de ellos fue meterme la pija en mi boca, que comencé a chupar sin que me lo pida, igual no podía hacer otra cosa porque sin lentitud me la metió hasta los huevos empezando a ahogarme, gracias que tuvo el cuidado de sacarla un poco cuando empezaba con las arcadas, permitiéndome respirar, pronto me la sacaba y la metía haciéndome chuparla toda, entonces escuche a Alicia…

    -hijo de puta como te estás comiendo esa pija, como la disfrutas puto.

    Así que el siguiente paso fue desatarme, hacerme montar sobre uno de ellos que había ocupado el centro de la cama, y volvieron a atar mis manos al cabezal, ahora en esta nueva posición, sentado sobre la verga del que estaba debajo mío, éste la fue introduciendo lentamente a medida que el otro que se ubicó detrás mío, me tomó de las caderas y llevó mi culo hacia abajo haciendo que me coma una verga enorme.

    Por un momento olvidé la presencia de Alicia que estaba callada seguramente observando todo detenidamente, pero la recordé porque empecé a escuchar sus gemidos, estaba haciéndose una paja descomunal, viendo como estaban por meterme las dos pijas juntas.

    Yo ya conocía esta escena por aquella doble que me hizo mi amigo Roberto unos años antes con Lucas y sabía lo que se venía, tenía mis manos atadas a la barra de la cabecera y el tipo que estaba debajo mío, me tenía ensartado hasta los huevos, al tiempo que agarró mis pezones y los tironeó con fuerza, para distraer la atención de mi ano, enseguida sentí las manos de aquel que me había hecho chuparle la pija un minuto antes, separando y abriendo más mis nalgas.

    Mi agujerito ya estaba ocupado y lo sentía lleno, pero estos tipos estaban decididos y empeñados en que me entren las dos pijas juntas, así que el de atrás, que por cierto no tenía una verga chica precisamente y yo lo sabía porque había estado en mi boca, apoyó su glande en mi hoyito y empezó a empujar a pesar de que la verga del otro estaba obstruyendo el paso, no le importo, le aviso al amigo y a mi que se iba a embadurnar la polla con una crema y unos segundos después comenzó su labor, entonces escuche a la hija de puta de Alicia alentándolos…

    -dale flaco (ni los nombres sabía, parece) métesela aunque grite, quiero ver como ese culo se come dos juntas, hacelo parir por el orto.

    Se notaba el odio que me tenía, empecé a sentir como el tipo empujaba y entraba casi antinaturalmente en mi dolorido culo y con voz casi inaudible y muy femenina dije:

    -Por favor no, basta deténganse, ahh por Dios no, por favor, por favor por favor, no basta no lo hagan no puedo, me duele mucho ahh ahh.

    -si vas a poder, aguántatela vos te buscaste esto, ya se lo hicimos a otros y vas a poder.

    Luego de un arduo trabajo finalmente lo consiguió, grité como un descocido, pensé que me desgarraban, pero por suerte pude aceptar, o mejor dicho mi ano aceptó que esas dos vergas entren juntas.

    Después de un rato en el que pensé que me habían lastimado, uno empezó a acabar dentro de su forro pero adentro de mi culo también, obviamente perdió volumen y se redujo considerablemente por lo que sentí mucho alivio, traté de elevarme y sacar esa verga que quedaba dentro mío, pero me obligaron a sentarme nuevamente sobre esa pija y recibí los lechazos que quedaron dentro del preservativo del que estaba debajo mío.

    Luego no demoraron mucho en irse, yo estaba muy dolorido por lo que me habían hecho prácticamente a la fuerza y sobre todo por la actitud de Alicia que comenzaba a cansarme.

    Los tipos se fueron y ella me obligó a chuparle la concha, ya que no daba más de la calentura, por haber estado viendo lo que me hacían sin que nadie la toque.

    Estando con mi culo reabierto y dolorido, me tiré entre las piernas abiertas de hasta ese momento mi mujer y se la chupe hasta que tuvo un par de orgasmos en mi boca.

    Esa fue la última vez que Alicia invitó tipos a casa para que vengan a cogerme, creo que vio la amargura que yo tenía y además el espectáculo de verme penetrado por dos hombres a la vez, fue demasiado.

    Por suerte uno de los tipos que venía frecuentemente a cogerla y a mi ni siquiera me tocaba, comenzó a seducirla y yo veía que pasaba algo más entre ellos, empezó a llevarla algunos fines de semana a su casa y se enamoraron, unos meses después Alicia me dejó y se fue a vivir con él.

    En los meses siguientes yo pude reponer mi peso, al empezar a comer normalmente, y pronto retomé mi vida, nunca más tuve sexo de ninguna especie con una mujer a solas solamente algunas veces en las que conseguía hacerlo con un matrimonio.

    Volví a acostarme con hombres, y entre ellos recuerdo a varios, sobre todo a uno que era un dominante, Marcelo, obviamente después de haber vivido tanto tiempo como sumiso, lo primero que busque fue un macho que me haga sentir igual, de todos modos, de vez en cuando necesito un hombre que me trate con cariño en la cama y me haga sentir mujer, en ese sentido conocí un señor que decía que él no me cogia, sino que me hacía el amor.

    La verdad, ese fue el único hombre con el que sentí que me estaba enamorando, nunca había estado en mis planes sentirme así con un tipo, era algo impensado e imposible.

    Pero con Mario que así se llamaba, fue el único con quien me hubiera ido a vivir.

    En mis próximos relatos voy a contar mis experiencias con ellos.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a mis amores.

  • Confesiones de una seguidora: Mi amiga y yo intercambiamos

    Confesiones de una seguidora: Mi amiga y yo intercambiamos

    Este relato me lo mando una seguidora, espero les guste.

    Este relato sucedió cuando yo cumplí 20 años.

    Mi nombre es Renata, soy una chica “petite”. Mido 1,60 tengo el cabello negro completamente liso y a pesar de que no suelo hacer mucho ejercicio, me agrada decir que soy flaquita y tengo lo mío. Por si te interesa, mis pechos no son tan grandes, soy copa B casi C y mi trasero está bien formadito gracias a las horas en bicicleta que hago para la escuela.

    Te describiré a mi novio de ese entonces, Mario. Tenía 23 cuando este relato sucedió. 1,74, ojos y cabello café, una espalda increíble y musculosa ya que iba dos veces a natación, una sonrisa increíble y una risa bastante juguetona.

    Él fue mi primera vez (igual y un día les cuento ese relato ya que fue muy especial para mí) y desde que lo hicimos habíamos intentado hacer varias cosas con respecto a nuestra vida sexual.

    Y una de las mejores fue este relato que te voy a contar.

    Ese día acabamos de tener sexo en su casa. Ayudaba mucho a nuestra relación que él ya viviera solo y pudiera ir a visitarlo cada que me ponía caliente. Mario siempre me esperaba en su casa cuando yo quería y nos desfogábamos sin que nadie nos interrumpiera. Mario tenía un roomie, claro, pero él casi siempre estaba fuera por su trabajo de sobrecargo, así que sólo había un par de veces que estaba en la casa y cuando lo estaba se encerraba en su cuarto y nos dejaba disfrutar de ambos.

    Pues ahí estábamos, acostados en la cama, ambos con una taza de café que Mario había preparado. Estaba un poco cubierta con las sábanas y dejaba afuera uno de mis pechos y mi pierna izquierda para que Mario pudiera acariciarme a su antojo, por su parte él estaba sentado con un calzoncillo ajustado mientras hablábamos.

    —¿Sabes algo amor? —me dijo—. Estuve hablando con una amiga tuya, Brenda.

    Volteé a verlo con enorme curiosidad.

    —¿Sí? —le pregunté alzando una ceja.

    —Bueno, no sé si ella te lo dijo, pero quiere que tú y yo vayamos con ella y su novio a pasarla en una casa en la playa dentro de unos días.

    —Ah, sí. Brenda me había dicho, pero no te quería decir por si sentías que era incómodo, Brenda es mi amiga y pues honestamente no conozco mucho a su novio, entonces probablemente ella y yo estaríamos hablando y hablando y no sé si a ti te agradaría convivir con alguien a quien no conoces.

    —¿Estás bromeando? Me gusta hacer nuevos amigos y además cómo puedo no querer ir a la playa.

    —¿Estás seguro? —le pregunté mientras su mano recorría mi pierna con delicadeza.

    —Claro, además, te verás súper sexy con un bikini.

    Le sonreí y me lance para poder besarlo.

    Por el momento no te voy a incomodar con todos los sucesos que pasaron para poder armar el viaje. Planear una salida entre amigos es complicado, dinero, hospedaje esas cosas, pero si te voy a contar una pequeña platica que tuvimos Brenda y yo entre esos días de planificación. Te voy a describir un poco a Brenda, no podría describirla como mi mejor amiga, pero sí una amiga cercana. Ella tiene otro tipo de belleza, casi siempre se la pasa haciendo ejercicio, tiene el pelo largo y café claro, sus pechos, uff si tan solo pudieras verlos, son más grandes que los míos y bastante redonditos, casi como unos buenos melones, no lo digo yo porque soy su amiga, si no que con tener ojos basta para saberlo. En un par de ocasiones me ha llevado al gimnasio donde entrena y ahí he visto porque varios hombres la voltean a ver. Su novio, Héctor, es bastante suertudo de tenerla, él es su fotógrafo personal, seguramente has visto sus fotos en Instagram sin darte cuenta, sale mucho por ahí. Héctor es un poco más flaco que Mario, pero tenía una sonrisa que lo hacían bastante atractivo Cabello negro y corto, y aunque sus brazos no estuvieran marcados, no se veían nada mal con la ropa que ponía.

    En fin, ambas parejas estábamos hablando acerca de nuestro y sobre todo en cuanto necesitábamos para poder celebrar con alcohol, porque obviamente iba a ser una escapada con alcohol (y algo de marihuana) junto con lo que nos íbamos a llevar para hacer nuestra experiencia más placentera, cuando los dos muchachos decidieron ir a la cocina para ir por unas cuantas cervezas. En ese momento, Brenda me hizo una pregunta que me tomó bastante por sorpresa.

    —Reni, ¿qué piensas del intercambio de parejas?

    Mire a mi amiga completamente sorprendida.

    —¿Qué?

    —Quería decírtelo antes del viaje y todo —continuó tomándome del brazo—. Tengo que decir que desde hace un rato he visto a tu novio y la verdad no está nada mal, si sabes a lo que me refiero —dijo guiñándome el ojo—. Sé que quizá sea una propuesta un poco rara, pero te quería decir que me gustaría follarme a tu hombre y creo que lo más equitativo es que follaras con el mío mientras yo lo hago con el tuyo.

    Abrí la boca por la impresión. ¿Quién se creía al decirme eso? ¿Qué iba a aceptar así como así? ¿Entregarle a mi novio?

    —Y antes de que me digas algo, ya vi como miras a Héctor y sé que no te es nada indiferente.

    Cerré la boca.

    Ella tenía razón. En una ocasión me pidió que la acompañara a una sesión que ella iba a hacer con su novio. Siendo completamente honesta, la manera en como se expresaba y la forma en como hacía cualquier tema fuera interesante fue lo que me atrajo de Héctor, sé que suena un poco cliché, pero era la verdad…y desde luego también era bastante parecido.

    —¿Entonces estás sugiriendo que intercambiemos a los novios durante el viaje? —le pregunté con una ceja alzada.

    —¿Por qué no? —me dijo ella con una sonrisa—. Él y yo habíamos barajado la posibilidad. La verdad le da curiosidad y preferiría que fueras tú, al resto no les tengo tanta confianza.

    Me rasqué la barbilla con total incredulidad y las dudas me asaltaron la cabeza. Pensé que esas situaciones no se daban más que en el porno o en las novelas eróticas. No sabía que tan buena idea era. Miré a mi novio que estaba en la cocina, intentando entablar amistad con Héctor. Imagine a Brenda con Mario, la visión me causó un poco de celos, pero al mismo tiempo imaginé a Héctor acercarse a mí, besarme, tomarme entre sus brazos. Sentí un ligero cosquilleo al imaginarme cómo se sentiría estar con otro hombre que no fuera mi novio, me gustó un poco, lo suficiente para decirle a Brenda.

    —Déjame pensarlo.

    Ella sonrió, me aseguró que era decisión mía completamente y que respetaba lo que eligiera. Los muchachos regresaron y continuamos planificando un buen rato. Durante el resto del día volteaba a ver a Héctor y me pregunté si era buena idea.

    Y entre más lo pensaba, más quería hacerlo.

    El día finalmente llegó y los cuatro nos fuimos en autobús para llegar. La casa tenía un jardín bastante grande, era bastante bonita y acogedora.

    Dejamos que los muchachos hicieran el trabajo pesado, ya sabes, encargarse del equipaje y acomodar las cosas en el refrigerador.

    Mientras ellos lo hacían, lleve a Brenda a una habitación aparte para hablar.

    —Oye, Brenda, lo estuve pensando, y la verdad si me da curiosidad ver lo que pasa —le dije un poco nerviosa.

    Ella se río ante mi respuesta y me tomó de las manos.

    —Amiga, no te preocupes, vas a ver que la vas a pasar increíble. Ya lo he discutido antes con Héctor y él ha querido hacerlo, pero me gustaría sorprenderlo y que no se lo espere. ¿Qué dices?

    Sonreí y asentí. Aún estaba muy nerviosa ante la situación. Mario en una ocasión que estaba borracho me comentó que tenía la fantasía de hacer un trío, suponía que esto podría ser parecido.

    Ideamos un plan para poder hacer que ambos chicos se relajaran lo suficiente y se sintieran cómodos con los que estaba a punto de suceder.

    A eso de las 3 de la tarde pensamos ir a pasear a la playa, así que decidimos preparar todo. Aquí era el inicio de nuestro plan.

    —Mario —le dije desde el cuarto de Brenda y mío—. ¿Puedes ayudarme con mi maleta? Creo que se atoró.

    Mi novio apareció en el cuarto en unos cuantos minutos, él ya estaba en bañador y verlo así, sin camisa y con su pecho que tanto me encantaba expuesto, me hizo sentirme un poco más ansiosa por lo que iba a pasar.

    —A ver —dijo Mario yendo a la maleta.

    Mire a Brenda quien me sonrió. Habíamos puesto un poco de papel entre el cierre de la maleta para atorarla. Mi novio intentó abrirla con todas sus fuerzas y en un par de minutos lo logró.

    —Rayos —actué molesta—. Creo que no debí meter mis Kleenex en la maleta.

    —Deberías tener más cuidado, amor —me dijo Mario.

    —Lo sé, soy una tonta —tomé mi bikini negro de la maleta y le di un beso a Mario—. Gracias por ayudarme, voy a cambiarme. Ya vuelvo, amor.

    Luego miré a Brenda y salí de la habitación, dejándolos solos.

    Me cambie de una forma rápida y sobre todo nerviosa. Me centré en mi cuerpo, mis pechos medianos se alzaban con la ayuda del bikini y eso me gustaba mucho. Me gustaba mucho como se veía mi piel blanca en contraste con el negro, sobre todo este bikini me gustaba porque había follado con Mario usándolo, tan sólo me había visto y me atacó como una fiera hambrienta, eso me hacía pensar que me veía sexy en él.

    Para ese momento ya debería estar pasando. Me coloque una playera holgada para tapar todo mi bikini y me recogí el cabello en una cola de caballo. Esperé un momento y luego salí.

    Con el mayor sigilo posible me dirigí al cuarto y asomé la cabeza. Brenda estaba contra la pared, siendo besada por Mario. No sabía lo que ella le había dicho, pero Mario devoraba los labios de mi amiga con deseo y pasión. Él comenzó a atacar su cuello y comenzaba a tocar sus piernas y su cuerpo. Brenda abrió los ojos y me sonrió, luego levantó un pulgar y continuó besando a mi novio.

    Una parte de mi se sentía celosa por la escena, pero al verlo así, ver la espalda de mi novio y ver su cuerpo moverse con el de Brenda hizo que comenzara a sentir un hormigueo en la entrepierna, extrañamente me estaba gustando verlo disfrutar.

    Seguí de largo por el pasillo a la sala, donde Héctor estaba sentado en el sillón usando una camisa de playa abierta, revelando su pecho desnudo. Llevaba unas bermudas algo holgadas revelando unas piernas de corredor. La verdad se veía bastante guapo. Estaba mirando su teléfono, completamente distraído.

    —¿Listos para irnos? —preguntó con una sonrisa. Si supiera lo que le esperaba hubiera sonreído más.

    No le contesté, deje que mi cuerpo actuara.

    Tomé su celular y lo lance a un lado del sillón, coloqué mis piernas a ambos lados de las suyas y me senté encima de él, dejando que mi pelvis se pusiera sobre su entrepierna. Sin darle tiempo, lo besé. Tenía un sabor delicioso, sus labios eran suaves y tenían un sabor algo dulce. Él se quedó ahí, necesito un momento para entender lo que estaba pasando, luego tomó mis caderas y me devolvió el beso con más pasión.

    Comenzaba a sentir como el ambiente se calentaba, sus manos se movían por mi cuerpo, haciendo que la parte inferior del bikini comenzara a mojarse ligeramente, podía sentir su erección crecer debajo del bañador y eso me excito más.

    Su mano jugó con unos de mis pechos y eso hizo que un ligero gemido saliera de mi garganta. Comenzaba a gustarme lo que estaba haciendo.

    —Vamos, Mario, ya quiero ir a la playa —oí a Brenda en el pasillo.

    Esa era la señal.

    Me lance a un lado de Héctor tomando una pose como si siempre hubiera estado sentada ahí, él se quedó completamente confundido. Brenda y Mario llegaron, ella con su bikini rosa y él con el cabello algo revuelto y con cara de confusión.

    —Vamos, Reni

    —Claro

    Me levanté del sillón y tomé la mano que me ofrecía y nos dirigimos a la puerta con nuestros novios siguiéndonos, sus rostros reflejaban la confusión que sentían, pero aun así sonreían, intentando disimular un poco.

    Ya en la playa continuamos con nuestro siguiente paso. Necesitábamos calentarlos aún más para que estuvieran a nuestra merced. Me sentía un poco mal por manipularlos así, pero una parte de mi lo estaba disfrutando demasiado, me ponía tan caliente y eso que apenas y me había tocado.

    Y la diversión apenas estaba comenzando.

    Cuando encontramos nuestro lugar para poner las cosas, tuve una idea. Le pregunté a Brenda si podía ayudarme a quitarme la playera porque mi cabello se había enredado un poco. Se colocó detrás de mí y me la fue quitando poco a poco para no jalarme el pelo, casi como si me estuviera desnudando. Esto, desde luego, hizo que ambos chicos no nos quitaran la vista de encima. Me gustaba que Mario me viera con esos ojos de lujuria, pero al ver la misma expresión en Héctor se sintió diferente y muy parecido al mismo tiempo.

    Durante nuestro tiempo en la playa no pasó mucho, Brenda y yo nos metimos al mar y de vez en cuando nos lanzamos agua. En una ocasión, Brenda salió con la parte inferior del bikini completamente pegada a su trasero y eso no pasó desapercibido por los muchachos.

    A la hora de la comida fue donde volvimos a jugar con ellos.

    Fuimos a un restaurante de comida típica, de esos que te cuentan alguno de tus amigos que tienes que visitar cuando vas a cierto lugar. Cuando el mesero nos llevó a nuestra mesa, Brenda le indicó que quería una que estuviera algo apartada, cerca de la esquina. Nos sentamos las chicas de un lado y los chicos del otro lado. La mesa tenía un mantel blanco, lo cual nos venía en perlas para lo que queríamos hacer.

    —¿Te molesta si cambiamos de lugar? —le pregunté a Brenda tal como lo habíamos planeado—. Me da un poco de frío de este lado.

    —Claro —dijo ella con una sonrisa cómplice.

    De esta manera yo quedé frente a Héctor y ella frente a Mario.

    La mayor parte de la comida pasó como si nada. Hablamos nos reímos y tomamos unos cuantos caballos de tequila para infundirme un poco de valor.

    Ya entrados en tono, Brenda golpeó ligeramente mi pierna para llamar mi atención. Ella sonrió y mire como se quitaba el zapato por debajo de la mesa y estiraba la pierna. La mire, un momento y luego mire a Mario.

    Mi novio saltó ligeramente, completamente sorprendido, miró a su entrepierna y luego a Brenda.

    Ella continuaba comiendo como si nada y yo me hice como la que no veía. Mario tosió ligeramente, se acomodó en la silla y continuó con lo suyo.

    Yo por otra parte mire a mi alrededor, la adrenalina subió en mi cuerpo mientras también me quitaba mi zapato. Si nos descubrían haríamos un enorme escándalo, pero agradecía que había un enorme mantel para tapar la travesura que estábamos haciendo.

    Con trabajo estire la pierna y toque la pierna de Héctor, por un momento él me miró y yo sólo le guiñe el ojo. Miró a mi novio a su lado y quiso beber agua, fue ese momento en el que apreté mi pie en su entrepierna.

    La reacción fue la que esperaba, el agua salió de su boca de la sorpresa y los demás nos reímos.

    —¿Amor, estás bien? —preguntó Brenda con cara de inocente.

    —Sí, sí —dijo usando una servilleta para limpiarse—. Sólo que se me fue el agua por otro lado.

    —Ten más cuidado entonces.

    —S-sí —dijo él mirándome.

    Yo por otra parte le sonreí y continué acariciando su entrepierna, podía sentir su erección aumentar. Brenda hacía lo mismo con mi novio, ahora podía ver la cara de satisfacción de Mario mientras Brenda acariciaba su verga por debajo de la mesa.

    Continuamos comiendo, Mario soltaba ligeros gemidos de placer, pero era bastante listo y los soltaba después de dar un bocado a la comida para luego decir.

    —Esto está demasiado rico —comentaba en su intento de disimular.

    —Sí, la verdad es que sí —le respondía Héctor casi con la misma expresión que él.

    Brenda y yo no dijimos nada, ambas estábamos demasiado concentradas en lo que hacíamos como para hacerlo.

    Cuando nos trajeron el postre, Héctor se acomodó más en la silla y pude sentir su mano tocar mi pie, lo levantó ligeramente y un segundo después podía sentir su falo caliente en la punta de mis dedos.

    Sentí como mi excitación aumentaba y podía sentir como se humedecía mi bikini. Seguía mirando a todos lados para ver si alguien espiaba lo que estábamos haciendo, pero nadie nos podía atención, eso hizo que me calentara más. Saqué mi otro pie del zapato y utilice ambos pies para apretar el miembro de Héctor, él se tuvo que cubrir la boca para evitar un gemido.

    Volteé a ver a Mario, quien se había metido un enorme pedazo de flan en la boca y su expresión mostraba gozo.

    —Dios, que rico.

    Estaba completamente segura que no lo decía por el flan.

    Miré a Brenda y ella me sonrió. Podía ver como sus pezones se marcaban sobre su camisa y yo podía sentir lo sensibles que estaban los míos. Ante mi sorpresa, Brenda, con descaro, se desabotono su short para meterse una mano y comenzó a masturbarse ligeramente. Me tape la boca sin poder el descaro de esta mujer y mire a nuestro alrededor. La situación me estaba prendiendo como nunca, sentir el falo tan duro de Héctor entre mis pies hacía que quisiera meterme debajo de la mesa y comérmelo. Por un momento, una pareja posó su mirada en nuestra mesa y me di cuenta de que habían notado lo que había estado haciendo Brenda.

    —Necesito ir al baño —dije soltando el miembro de Héctor y levantándome.

    —Te acompaño —dijo Brenda.

    Ambas nos fuimos al tocador. Sin dudarlo me eché agua en el lavabo. Había otro par de chicas con nosotros, esperamos hasta que se fueran antes de hablar.

    —Los tenemos donde los queremos —me dijo Brenda con una sonrisa.

    —Dios, eso estuvo, guau —dijo echándome aire con la mano para bajar el calor que sentía. Me recogí el pelo y sentí como mi piel estaba sudando ligeramente, producto del enorme incendio que había en mi interior—. Creo que los que estaban en la mesa de al lado te estaban viendo.

    —¡Lo sé! —Dijo ella como si nada mientras se tocaba ligeramente el pecho—. Eso me prendió más.

    —¿De qué crees que estén hablando Héctor y Mario?

    —No lo sé, pero de seguro están más que sorprendidos. ¡Mírate! Tú estás algo roja.

    Seguía tratando de echarme aire, sentía el corazón latir rápidamente en mi pecho.

    —Creo que yo también me calenté demasiado.

    —Puedo verlo —me dijo Brenda acercándose y tocando uno de mis pezones alzados.

    Baje la mirada mientras ella los tocaba y los apretaba un poco, levanté la mirada para ver su rostro estar muy cerca del mío. Sus labios se acercaron a mí y comenzó a besarme, lo cual me sorprendió un poco, pero el alcohol y el deseo me desinhibían y le devolví el beso no sin antes morder su labio inferior. Muchas veces le había visto ponerse labiales y quería saber qué se sentiría besar esos labios.

    Sus labios eran suaves al igual que su tacto, me empujó contra el lavabo y recorrió mis caderas con deseo, pude sentir como se detenía en mi bikini y como recorría la tela hacia un lado. Sentí sus dedos en mi coño, resbalaban tan fácil entre mis piernas antes de que supiera lo que estaba pasando, una sensación de placer recorrió mi cuerpo. Un ligero gemido salió de mi garganta que ella acalló con otro beso.

    No sabía que estaba pasando, pero sólo me dejaba ser, llevada por las caricias de Brenda. Hubiéramos seguido, pero oímos la puerta del baño abrirse y Brenda se separó de mí rápidamente.

    Volví a echarme agua para bajar el fuego dentro de mí y ambas salimos. No dijimos nada. Tan sólo una mirada cómplice.

    Aún teníamos un plan que llevar a cabo.

    Regresamos a la casa con la idea de bañarnos y prepararnos para la noche, queríamos ir a un antro a bailar y continuar con nuestro plan. Sin embargo, en cuanto entramos, Brenda me tomó del brazo y me llevó a la cocina.

    —Reni, la verdad ya no puedo más, no quiero esperar hasta la noche.

    —¿Pero qué hay de nuestro plan? —Pregunté aún caliente por lo que acababa de pasar en el restaurante—. Necesitamos excitarlos más para que no nos digan que no.

    —Tengo la solución para eso —dijo ella y se quitó el sostén para mostrar sus pechos completamente desnudos. Luego me lanzó una mirada, luego se acercó a mí y me volvió a besar como en el baño mientras me quitaba la playera. Brenda se separó un momento para poder mirar mi cuerpo por completo, se mordió el labio y llevó su mano a mi espalda. Pude sentir como desnudaba el bikini y sentí como caía al suelo, yo no podía despegar la mirada de los ojos de Brenda que me miraban con deseo.

    —¿Chicos? ¿Pueden venir por favor? —dijo Brenda.

    Tanto Héctor como Mario llegaron, riéndose entre ellos seguramente por un chiste que se contaron y en cuanto entraron a la cocina ambos se quedaron parados completamente sorprendidos.

    —¿Qué? —dijo Héctor.

    —¿Qué sucede? —preguntó Mario.

    Podía ver el bulto en su short crecer ante la visión de nuestros pechos. Definitivamente no esperaban esto.

    —Vamos, no se hagan los inocentes —dijo Brenda y se acercó a Mario de forma lenta y sensual—. Cómo si no supieran lo que ha estado pasando.

    —No sé a que… —comenzó a decir Mario, pero Brenda no lo dejó terminar. Lo tomó de la mano y lo jaló directo hacia el refrigerador.

    —Amor, ¿qué? —me preguntó Mario, pero Brenda lo silenció con un beso y comenzó a levantar su playera.

    Héctor se colocó a mi lado, yo hice como si no lo notara y me recargue sobre la mesa que estaba en medio de la cocina para que pudiera ver mi trasero. Lo miré mientras posaba su mirada en mí y eso me hizo sentir deseada.

    Brenda terminó de quitarle la playera de mi novio y luego comenzó a arrodillarse para poder quitarle el pantaloncillo. El miembro de Mario salió de su encierro, podía ver que no estaba completamente erecto, pero eso no detuvo a Brenda.

    —Creo que me quedé con un poco de hambre después del restaurante —dijo mientras comenzaba a lamer su verga desde la base a la punta.

    Un gemido salió de mi novio y me miró aun preguntándose si debía seguir. No le contesté ni le dije nada, tan sólo me volteé y besé a Héctor. Él respondió a mis besos y llevó sus manos a mi trasero para poder apretarlo.

    Me sentía tan fogosa y deseosa, las manos de Héctor me tocaban con firmeza y sentí como bikini volvía a mojarse producto de mi excitación. Metí mi mano dentro del pantalón de Héctor y agarré su miembro duro y comencé a masturbarlo. Sus gemidos no tardaron. Su boca se alejó de la mía y comenzó a atacar mis pechos con lamidas y besos. Cada que su lengua tocaba mi pezón un ligero gemido salía desde el fondo de mi ser.

    Podía escuchar a mis espaldas como Brenda comenzaba a comerse la verga de Mario. Ahora los gemidos de mi novio se alcanzaban a escuchar fuertes y claros. Intenté voltear, pero Héctor me levantó del suelo y me colocó encima de la mesa. Me dio un par de besos más antes de bajar hacia mi mojado coñito, jaló uno de los cordones de bikini para desamarrarlo y dejó que la gravedad hiciera lo suyo antes de comenzar a comerme los bajos.

    En cuanto su lengua recorrió mi clítoris, una fuerte ola de placer me recorrió el cuerpo. Me mordí el labio mientras agarraba el pelo de mi caníbal mientras continuaba succionando mis labios y mi clítoris.

    Mire atrás para ver cómo Mario tomaba a Brenda por el cabello mientras hacía movimientos con su cadera para hacer que su verga entrara en la boca de mi amiga.

    —¿Te gusta, amor? —le pregunté mientras me mordía el labio, mirarlo así mientras me hacían un oral hacía que me prendiera demasiado.

    —Me encanta, me encanta como me la come Brenda —me dijo sin despegar la mirada de ella.

    —Qué bueno —le contesté— Porque a mi también me gusta como me está comiendo el coño Héctor.

    En ese momento, mi amante sin aviso o preámbulo comenzó a meterme dos dedos. No sabía quienes eran los culpables, pero lanzaba olas de placer a mi cuerpo. Los gemidos llegaban a mi garganta y no evitaba que salieran. Me estaba dando tanto placer que no quería reprimirme.

    Volteé a ver que hacían Mario y Brenda. Ella se había levantado y Mario prácticamente le bajó el bikini de un tirón, le dio la vuelta y la lanzó contra la mesa donde estaba yo. Ella se río mientras abría sus piernas para él. Mario se acercó por detrás, le dio un par de nalgadas y ella gritó con cada una. Brenda acercó mi cabeza a ella y nos volvimos a besar, completamente fogosas por la situación y por lo que nos estaban haciendo.

    Héctor se detuvo y lo miré mientras se quitaba la playera y el pantaloncillo. Su verga estaba completamente erecta. Antes de que hiciera algo, me baje de la mesa y me arrodille para poder comérmela. Quería agradecerle por hacerme aquel oral.

    Mientras le hacía la mamada, podía escuchar como Brenda comenzaba a gritar, desde donde estaba no podía ver que pasaba, pero podía imaginar que Mario le estaba comiendo el coño o follando. Yo sólo podía mirar a los ojos de Héctor y su cara de satisfacción mientras me metía y sacaba su miembro de la boca. Escupí un par de veces en el tronco de su miembro para hacer que resbalara mejor y continúe mamándosela. Podía sentir como mi saliva caía sobre mis pechos y eso me invitaba a hacerlo más rápido.

    Héctor gemía de placer, tomó mi cabello y me ayudo a hacerlo más rápido y al ritmo que él quería.

    —Así, Renata, me encanta —me decía.

    Los gritos de Brenda aumentaron, ahora podía oír cómo la pelvis de Mario chocaba contra el trasero de mi amiga. Quería ser follada por Héctor, quería sentir la verga que tenía en la boca dentro de mí.

    Héctor pareció notarlo, pues se retiró, tomó una silla que estaba cerca de él y se sentó en ella con la verga apuntando arriba.

    Yo me limpie la saliva de la boca, me quite el bikini y me coloque en posición. Dándole la espalda, tomé su verga y apunte directo a mi coñito que lo esperaba completamente con ansias. Mario estaba acostado sobre la mesa, con Brenda encima de él, moviendo las caderas y lanzando gemidos de placer. Con esta imagen, dejé que la verga de Héctor se abriera paso por mi dilatado coñito. A cada centímetro sentía una ola de placer, acompañada con la visión de mi novio follando con mi amiga hizo que la sensación se acrecentara. Sentía que la verga de Héctor llegaba un poco más profundo que la de mi novio, lo cual me agradó y en cuanto llegó al fondo comencé a cabalgar a mi amante con deseo y satisfacción.

    —Así, Mario, no pares —decía Brenda mientras él apretaba su trasero y le daba un par de nalgadas.

    —Que rico te mueves —le respondió él sin apartar la mirada de los pechos de mi amiga mientras rebotaban frente a él

    Yo los miraba mientras me apretaba los pechos y sentía como el miembro me causaba olas de placer.

    —Así, apriétalos —le decía a Héctor—. Follame duro.

    Él tan sólo gemía mientras subía y bajaba sobre su miembro.

    Brenda se detuvo un momento, soltó un enorme grito y su cuerpo se retorció por el orgasmo. Continué cabalgando a Héctor mientras mi amiga besaba a mi novio. Luego ella se bajó de la mesa y Mario se acercó a mí.

    —Ven acá amor —me dijo tomándome del brazo y alejándome de Héctor. Comenzó a besar y apretar mis pechos como si estuviera hambriento.

    —Vaya, nunca te había visto tan excitado —le dije mientras continuaba mordiendo mis pezones, su mano llegó a mi entrada y comenzó a estimularla.

    Héctor se levantó de la silla para que Brenda se pusiera en ella, la abrió de piernas y la penetró de la misma forma que lo había hecho conmigo.

    Regresé la mirada a mi novio y fui directamente a su pene para poder chuparlo. Sabía a Brenda y el sabor me gustó. Comí como una golosa, sintiendo la verga entrar y salir de mi boca mientras me masturbaba. Apretaba los labios cada que me la sacaba y Mario se agitaba ligeramente por el placer que eso le provocaba.

    Oía a Brenda volver a gritar, seguramente Héctor le estaba dando muy duro, los cuatro estábamos más que excitados y parecía que ninguno quería parar.

    Mario me tomó por la cintura y me alzó, utilizando sus brazos como soporte, apuntó su glande a mi coño y lo introdujo lentamente. Mi cuevita aceptó gustosa su falo y volvió a mojarse para él. Colgando en sus brazos, Mario me hizo subir y bajar sobre aquel tótem de placer. Animada por los gritos de Brenda, también comencé a gritar de placer. Hundía las uñas en la espalda de nadador de Mario mientras me la metía y lanzaba olas de placer a todo mi cuerpo.

    Mi novio dejó que mi cuerpo bajara un poco, apenas me agarré de su cuello y comenzó a penetrarme con un ritmo acelerado.

    —Sí, sí, fóllame —le decía mientras aprovechaba la posición para ver como su verga se perdía en mi interior.

    Mi orgasmo llegó de improviso. No sabía si había sido la situación en general o la posición, pero sentía como mi vagina se contraía con el miembro de Mario todavía dentro de mí. Mario me bajó mientras sentía como mi coñito comenzaba a chorrear, manchando el piso.

    —¿Aún no te corres amor? —oí que preguntaba Brenda.

    —No —dijo Héctor con la respiración acelerada—. ¿Puedo follarme a Renata de nuevo?

    —Claro, amor —le dijo dándole un beso—. Follatela todo lo que quieras.

    Él sonrió y me ayudó a levantarme mientras Brenda regresaba con Mario.

    Con una sonrisa deje que Héctor me lanzara contra la mesa. Desde esa posición pude ver como Mario tomaba a Brenda y la ponía contra el refrigerador en una posición muy parecida a la que me encontraba. Mi novio tomó la pierna de mi amiga y la alzó mientras volvía a introducir su miembro lentamente.

    Ahora Héctor no fue sutil, me penetró rápido y con una fuerte embestida. Sentí como su verga llegaba al fondo de mí. Apreté los pechos contra la mesa y dejé que él llevara el ritmo.

    Miraba a Héctor y luego miraba a Mario mientras continuaba castigando a Brenda. Me agarra del fondo de la mesa, sintiendo las embestidas de Héctor y disfrutando el placer que le daba a mi coñito.

    —Te haré mía —dijo Héctor de repente. Me agarró con sus dos manos por la cintura y me penetró lo más duro y profundo. Llegue a un estado donde no podía controlar nada, lo único que podía hacer era aferrarme a la mesa y gemir, acompañado de gritos de placer. Quise parar pero él me tomó de los brazos y me jaló ligeramente para hacer arquear la espalda. Un segundo orgasmo llegó y sentí como mi coño se contraía alrededor de su miembro. Sentí como me daba un par de nalgadas, prolongando el orgasmo. Sentí que duró lo que parecieron minutos. Mientras la sensación remitía me apreté los pezones para disfrutar de cada exquisito segundo.

    Me abrazó apretando mis pechos y continuó bombeando su herramienta dentro de mí. Continuo dándome un par de nalgadas en mi ya sensible trasero, y eso mandaba olas de placer a mi cuerpo

    —¡Me corro! —gritó Mario.

    —Dámelo, papi, dámelo todo —dijo Brenda separándose de él y arrodillándose.

    Vi a Mario correrse sobre el rostro de mi amiga. Su corrida cayó sobre parte de su cabello, pero a ella no pareció importarle, pues continuaba con la boca abierta y sacando la lengua para recibir la mayor cantidad posible. Jamás había visto a Mario correrse tanto como aquella vez.

    En vez de sentir celos o asco, me puso más a tono.

    Empuje a Héctor hacia atrás y comencé a moverme por mi cuenta.

    —¡Ah! Así —me dijo mientras movía mi cadera mientras metía y sacaba su miembro dentro de mí.

    Héctor tomó mi cabello con una mano y se dejó hacer mientras yo me daba placer con su falo.

    Brenda me miraba del otro lado de la mesa, quitándose los restos de la corrida de Mario y llevándolos a la boca. Ante su mirada, comencé a moverme más rápido, sintiendo como mi coño chorreaba.

    —¡Ah! Me corro.

    —¡Afuera! Hazlo afuera —le grité entre gemidos de placer.

    Sentí el vacío de que ya no estuviera dentro, me incline de nuevo en la mesa y luego sentí como su corrida caliente y espesa llegó hasta casi la mitad de mi espalda, luego sentí otro chorro en mi trasero y un tercero cerca de mi coñito.

    Me quede inclinada un momento, comencé a castigarme el coño con mis dedos para arrancarme un tercer orgasmo, había estado tan cerca que no quería quedarme con las ganas. Mi cuerpo se retorció mientras Brenda me ayudaba y me apresaba contra la mesa para hacer la sensación más intensa

    Brenda sonrió, caminó hacia su novio y le dio una pequeña chupada a su miembro, seguramente para saborear su corrida y la mía.

    Pasamos varios minutos en silencio. Luego pareció como si todo volviera a la normalidad. Los cuatro nos miramos y nos reímos.

    —¿Entonces? —Preguntó Brenda—. ¿Vamos al antro?

    Había anochecido sin darnos cuenta, habíamos regresado cerca del ocaso, pero perdimos el paso del tiempo.

    Ninguno estaba en condiciones de salir de fiesta, estábamos algo cansados por lo que habíamos hecho. Así que decidimos posponerlo para mañana y nos fuimos a dormir.

    En la mañana, desperté algo temprano, no llevaba sostén y traía solo un par de bragas. Fui a la cocina a servirme algo de café y ahí estaba Héctor solo con un bóxer y sirviéndose una taza.

    —Hola —salude.

    —Hola —dijo él como si nada.

    Me sirvió una taza de café y ambos nos quedamos viendo sin decir nada, tan sólo sonriendo.

    —Ayer estuvo… —dijo él

    —Sí —lo interrumpí con una sonrisa—. Bastante bien, ¿no lo crees?

    Él asintió y miró mis tetas desnudas.

    Mientras sorbía mi café, podía ver como su paquete volvía a crecer a través del calzoncillo. Unos minutos después estaba apresada contra el refrigerador, Héctor chupaba mis pechos y yo jalaba su miembro erecto para luego ambos subirnos a la mesa y volver a follar como la noche anterior.

    Podía escuchar los gritos de Brenda desde la habitación, seguramente buscando una segunda ronda con Mario.

    Y básicamente así fue nuestro viaje. En ocasiones lo hicimos entre los cuatro y en ocasiones nos íbamos con la pareja ajena.

    En una ocasión algo sucedió entre Brenda y yo, pero eso será para otra ocasión.

    Espero que lo hayas disfrutado porque puedo asegurarte que yo sí me la pase muy bien

    Besitos.

  • Mi novia y su amiga (Parte II)

    Mi novia y su amiga (Parte II)

    Después de la intensa noche de sexo que habíamos tenido con Belén y Tina, más las cervezas y el porro, caímos los 3 desplomados en la cama, así desnudos como dios nos trajo al mundo.

    Al despertarme, pude observar que ellas dos seguían dormidas. Habíamos quedado tan agotados de la noche anterior que no habíamos cerrado del todo la persiana, por lo que al pararme pude ver sus hermosos cuerpos desnudos medio abrazados ya que la cama de dos plazas era medio chica para los tres.

    Lo primero que hice fue bañarme y al terminar de hacerlo de mi cuenta que mi novia también se había despertado y estaba sentada en el sillón con una remera mía puesta (cosa que me alegro, porque a pesar de todo lo que había pasado ayer, hubiera sido medio incomodo que se despierte Tina primero y estar los dos desnudos con mi novia durmiendo).

    Al verme mi novia se paró me dio un beso y me dijo:

    B: Buen día mi amor, como dormiste?

    F: Bien hermosa, vos?

    B: Bien, ayer quedé muerta así que dormí muy profundo. Que noche la de anoche eh.

    F: Si, noche intensa. Como la pasaste?

    B: Re bien, me calentó mucho verte coger a mi amiga y me gusto como la dominamos entre los dos jajaja. Bastante puta salió tina eh.

    F: Vos no te quedas atrás, sos una putita hermosa.

    Sinceramente yo tenía ganas de hacer otro trio esa mañana pero no sabía como se iba a despertar Tina y tampoco sabía con seguridad (aunque creía que sí) si mi novia iba querer.

    Después de preparar unos mates y ponerme una remera con un calzoncillo nos pusimos a tomar mates con mi novia en el sillón, intentando no hacer mucho ruido para no despertar a su amiga. Al rato vemos que tina se asoma al living tapándose las tetas y nos dice medio avergonzada:

    T: Buen día, perdón que aparezca así es que no encuentro mi ropa y quería ver si estaba acá.

    B: Ay amiga no seas vergonzosa, con lo que paso ayer no podés tener vergüenza! Toma esta remera.

    Mi novia le tiro una remera mía que estaba colgada, ella se la puso y se vino a sentar con nosotros, al pasar pude ver que la remera no le tapaba todo el culo, al verlo con la tanga que tenía puesta ayer me puse un poco caliente y la pija se me puso dura, igualmente con un almohadón la tape y lo pude disimular.

    B: Como dormiste amiga?

    Dijo mi novia para romper el hielo

    T: Bien! Ayer quede re cansada y me desmaye. (Haciendo referencia a que se quedó dormida al instante)

    F: Si, yo también quede muerto. Además el porro y el alcohol también hicieron lo suyo.

    B: Hablando de porro, quedo un poco? Tengo ganas de fumar una pitada.

    Al decir mi novia esto me levante del sillón olvidándome completamente de mi erección, al verme mi novia se rio y dijo:

    B: Jajaja parece que alguien se levantó caliente.

    F: Perdón es que me acorde de lo que paso anoche y me calenté un poco.

    B: Como para no, el sueño de la mayoría de los hombres es estar con dos mujeres y vos ayer lo cumpliste

    T: Y que mujeres! Jajaja

    Los tres no reímos. Me pare a buscar la caja donde tenía la marihuana y les dije:

    F: No quedo nada armado de ayer, querés que arme uno?

    B: Bueno pero alguno más quiere fumar, no quiero fumar yo sola.

    Tina puso cara de duda a lo que mi novia le dijo.

    B: Dale amiga, es sábado hay que relajar fumamos una pitada para relajar, quédate a almorzar con nosotros.

    T: Bueno dale está bien.

    Ver a mi novia con esa actitud y buen humor me hizo entender que quería volver a tener un trio, lo cual me puso contento pero intente disimularlo. Al volver con la caja donde tenía la marihuana y todos los elementos para armar, seguía con la pija semi parada.

    Al llegar las dos chicas me miraron el paquete y mi novia dijo:

    B: No se calma eso eh. Y mira que ayer trabajo mucho (refiriéndose a mi pija) jajaja.

    F: Es incansable.

    Dije yo en tono de chiste.

    Belén al ver que su amiga estaba bastante callada le dijo

    B: Amiga estas bien, te noto un poco callada.

    T: Si, sigo medio shockeada por lo de ayer.

    B: Por qué? No te sentiste cómoda?

    T: No la pase bien y me sentí súper cómoda pero no había hecho nunca algo así.

    B: Pero si te sentiste cómoda y la pasaste bien entonces no pasa nada, nuestra amistad va a seguir siendo la misma fue una linda experiencia. Yo también la pase re bien y estoy seguro de que Facu también.

    F: Yo la pase bárbaro jajaja.

    B: Como para no, mira a las dos perras que te comiste.

    Dijo mi novia abrazando a su amiga. La cual después de que mi novia la abrace se quedaron cara a cara y le dio un beso de lengua muy apasionado. Inmediatamente alejo su cara y le dio:

    T: Perdón, me deje llevar.

    B: No me pidas perdón, yo también sigo medio caliente y por lo visto Facu tampoco.

    Dijo mirándome la pija que al ver ese beso se había vuelto a poner dura.

    Al decir esto mi novia se paró, se sentó en frente mío me saco los calzoncillos, y con cara de puta me dijo:

    B: Ya la tenés dura mi amor.

    Y antes de que se la meta en la boca, me pare me acerque a tina y le dije.

    F: La muy puta de tu amiga está muy caliente, no te parece que deberíamos devolverle lo mal que te trato ayer?

    T: Yo creo que se merece que te la cojas muy fuerte.

    Se pero y me dio un beso de lengua con mucha baba, se lo correspondí mientras le agarraba el culo y se lo apretaba, cosa que hizo que de un pequeño saltito.

    F: Que culo que tenés hija de puta, vení, quiero ver como mi novia come concha.

    Tira se sentó en el sillón y abrió las piernas dejando su conchita toda expuesta. La zorra de mi novia fue en cuatro patas hasta ella le dio un beso en la pierna y empezó a comer desesperadamente la concha de su amiga.

    T: Ay si Belu, que rico que me comes la concha putita.

    Yo al ver esta situación me puse muy caliente, y fui al cuarto a buscar un pug anal que teníamos, es uno de esos juguetes que sirve para dilatar el culo.

    Al volver al living vi como Tina la agarraba de los pelos a mi novia y le daba cachetadas en la cara. Eso me puso a mil fui atrás de Belén y le empecé a chupar el orto.

    F: Como te gusta que te dominen mi amor.

    Le decía mientras le pagaba algunas cachetadas en su culo. Poco a poco empecé a introducir el juguete en su culo como que hizo que empezara a gemir.

    T: No dejes de comerme la concha trolita.

    La situación era muy excitante, al tener el juguete ya metido en su totalidad. Empecé a pajear su clítoris, cosa que hizo que acabara al poco tiempo. Luego me pare e hice que las dos chicas se arrodillaran en frente mío.

    Tina agarro la cabeza de mi novia y le metió mi pija hasta el fondo, ella, ya acostumbrada a mi pija y además una experta en hacer garganta profunda se lo aguanto como toda una profesional.

    F: Que rico que me comes la pija mi amor.

    Ella seguido chupando mientras Tina la agarraba del pelo y hacia que se meta mi pija con gran velocidad. La sensación era increíble.

    Al rato saqué mi pija de la boca de ella y se la di a Tina, que ya se le estaba haciendo agua la boca y empezó a chupar de inmediato.

    F: Te gusta cómo me come la pija tu amiguita?

    Le decía mientras le pegaba cachetadas a Belén. A lo que ella asentía haciendo pucherito con cara de zorra.

    Al rato de estar así, un rato chupándome la pija cada una, pero siempre Tina dominando a mi novia me acorde que mi novia tenía el juguete en la cola.

    Las agarré a las dos y las hice ponerse en cuatro patas en el sillón, les pegue un par de cachetadas en el culo a ambas y cuando le pegue a Tina me dijo

    T: A la que íbamos a dominar es a ella no a mí.

    A lo que le respondí.

    F: No te hagas zorrita si te encanta que te peguen en el orto. Sácale el juguete del culo a ver como lo tiene.

    Al sacárselo tenía el culo muy dilatado.

    F: Mira como tiene el culo la putita de tu amiga Tina, pide pija a gritos, decís que se la meta?

    B: Métemela por favor.

    Interrumpió mi novia. Que ya estaba muy caliente y mojada.

    T: Vamos a hacerla esperar un poco más, vamos a la cama y cógeme primero a mí, pero antes…

    Y volvió a meter el juguete en el culo de mi novia.

    B: Aaahhh hijos de puta.

    Fuimos los tres al cuarto y Tina le dijo a mi novia,

    T: Quiero que te pajees con el juguete puesto mientras tu novio me da en 4.

    La actitud de Tina me volvía loco y me gustaba ver como se ponía en “vengativa“ con su amiga por haberla dominado el día anterior.

    Tina se puso en 4 dejando todo su culo a disposición y mi novia se sentó delante de ella y se empezó a tocar, estaba muy excitada y mojada.

    T: Así pajeate putita.

    Me puse atrás de Tina la agarre del pelo y le pegue un par de chirlos en la cola.

    F: Acordate que estamos dominando a Belén pero el que manda soy yo.

    Le metí la pija de una, y la empecé a coger muy fuerte.

    T: Aaaay Facu que rico hijo de puta. Aaaah, que pija que tiene tu novio Belu, dios me parte.

    Le seguí dando hasta que acabo un par de veces.

    Luego se la saque toda llena de sus flujos me pare en frente de mi novia y le hice chuparme la pija

    F: Tu gusta mi pija toda acabada por tu amiga mi amor? Sos una puta muy sucia te amo.

    Tina se acostó boca abajo y le empezó a chupar la concha a mi novia que no paraba de gemir mientras me chupaba la pija.

    En un momento Tina le saca el juguete y me dice

    T: Facu este culo pide pija. Cogetela que ya no da más.

    La puso a mi novia en 4 mientras le agarraba la cara, me puse atrás de ella y de poco empecé a meter mi pija en su culo.

    F: Que culito apretadito que tenés mi amor me encanta.

    B: Aaah sii méteme la pija, pégame en la cola, soy una trola me encantaaa

    Le metí la pija hasta el fondo y le empecé a dar muy duro ya pegarle en la cola, tina le agarraba la cara y le decía

    T: Te gusta la pija en la cola zorrita, sos muy puta amiga, me calienta mucho eso.

    Yo le seguí dando con todas las fuerzas que pude.

    B: Ay me siento muy puta me encanta tener tu pija en la cola. Aaah sii dale asii más fuerteee.

    Yo le di con toda la fuerza que podía hasta que en un momento no di más y le dije.

    F: Te voy a llenar el orto de leche mi amor.

    B: Sii quiero la leche calentita en la cola, como me gusta tu pija, y me encanta coger con esta trola de Tina.

    Al decirle eso tina le levanto la cara y la escupió.

    T: A si? Te gusta que te cojan fuerte putita, sos muy muy tola Belén.

    Y la volvió a escupir.

    Eso hizo que me excitara demasiado y acabe adentro del culo de mi novia con un gran grito de placer y desahogo.

    Luego los tres nos quedamos en la cama y nos acordamos de que nunca habíamos armado el porro cosa que hizo que nos empezáramos a reír y ellas me insistieron para que lo armara.

    Yo me quería quedar tirado en la cama, pero antes la insistencia me pare a complacer a mis dos putitas.

    Patrick.

  • Primera vez con la novia de mi primo

    Primera vez con la novia de mi primo

    Habíamos ido varios amigos a comer a un lugar que acostumbrábamos los viernes y como siempre nos acompañaron algunas amigas invitadas.

    Ese día mi novia tenía un «compromiso» y no fue conmigo porque iba a una fiesta con sus dos amigos más cercanos.

    La comida fue como siempre, platica, buena comida, buena bebida y muchos chistes y desmadre.

    Cuando se hizo de noche mi primo, el que había invitado a «la Newton» se tenía que ir y me pidió que la dejara en un taxi para que llegara segura a su casa.

    Se fue haciendo más noche y alguien sugirió que fuéramos a otro lado a beber y ver un show.

    Todos dijimos que sí y yo le dije a «la Newton» que se fuera conmigo hacia allá y nos dirigimos al lugar que habíamos quedado.

    Cuando llegamos al lugar pedimos mesa para 6 personas, pedimos una copa cada uno y nos dispusimos a ver el show.

    Pasaron los minutos y no llegaba nadie, seguimos esperando y no llegó nadie, al día siguiente se disculparon pero esa noche no llegaron.

    Al ver que no llegaban le pregunté si nos íbamos y me dijo que viéramos el show que era un show erótico de la película «Cabaret»

    Seguimos bebiendo y viendo el show que sin proponérnoslo fue subiendo nuestra cachondez. Empezamos a hablar cada vez más cerca hasta que nos comenzamos a besar, ni yo pensé en mi primo ni ella en mi novia (se conocían).

    Los besos se fueron haciendo más apasionados, su lengua abrazaba a la mía y yo me la comía con mucha pasión, hasta que los dos estábamos muy calientes y le propuse ir a otro lado.

    Aceptó.

    Pedimos la cuenta y en un minuto estábamos en el carro dirigiéndonos a mi oficina, que por la hora estaba completamente vacía, en el trayecto nos seguimos besando y yo la acariciaba, levanté la falda de cuero que llevaba y toqué su tanga que estaba totalmente mojada.

    Llegamos y sin dejar de besarnos ni acariciarnos, ahí mismo en la sala de recepción nos fuimos quitando la ropa hasta quedar desnudos.

    La recosté en el sofá y fui bajándolos besos, primero en su cuello y mientras le daba pequeños mordiscos noté como se le erizaba la piel, seguí bajando y comencé a comerme sus pezones, pequeños, duros, erectos, morenos, deliciosos, así seguí bajando a su abdomen y su camino de vellos del ombligo a su clítoris me fue guiando para darle más placer hasta llegar a su clítoris y comérmelo succionándolo lamiéndolo, estaba duro y muy rojo y de repente tuvo un orgasmo mientras le daba una mamada que me sabía a gloria y me llenó la boca con su squirt, gemía, gritaba bajito y yo no paraba de comerme su coño y ella no paraba de venirse y me pedía que no me detuviera.

    Así estuvimos un buen rato en donde me di cuenta que es multiorgásmica pues no paro de venirse.

    Cuando le comenzaron a temblar las piernas me pidió que la pusiera en cuatro y la penetrara.

    N – Ponme en cuatro, quiero sentirte dentro

    Al ponerla así vi las nalgas más paradas que he visto en toda mi vida, abrí sus piernas y le metí la verga de un solo golpe pero ella estaba tan mojada que solo gimió cuando se sintió completamente penetrada, me dijo:

    N – Dame más, cógeme papi, quiero sentir tu leche dentro de mí, no pares.

    Cuando me dijo eso, me detuve pero ella me besó volteando la cabeza y me dijo:

    N – No te salgas, métela por favor, no la saques, quiero sentirte, me estoy cuidando, dame tu leche papi.

    No resistí y la empalé otra vez.

    Seguí cogiéndomela hasta que sentí que empezaba a palpitar mi verga, ella también lo sintió y me dijo;

    N – Vamos a venirnos juntos por favor

    No pude más y tuvimos un orgasmo simultáneo donde los dos gritamos y temblamos al estarnos viniendo.

    Ella se dejó caer sobre el sofá y yo me senté para descansar, pero no era suficiente para ella así que se levantó y esta vez fue ella la que me comenzó a besar, primero la boca, luego lamió mi cuello y su lengua fue bajando hasta mis pezones y luego comenzó a acariciarme la verga y cuando comencé a sentir que se me paraba sentí su boca lamiendo desde la punta de la verga hasta los güevos, y se la metió toda a la boca y comencé a mover mis caderas instintivamente para cogérmela por la boca, ella lo sintió y se levantó, cerró mis piernas, abrió las suyas y agarrando mi verga la puso en la entrada de su coño y se sentó a horcajadas sobre mí, besándome y ella me empezó a coger.

    Ella llevó el ritmo, se sentaba hasta sentir mi verga hasta adentro y se levantaba hasta casi sacársela, yo sentía como chocaba con el fondo de su vagina y como casi se salía.

    Me besaba y tuvo un orgasmo tras otro pero no se detuvo, gemía, gritaba, hasta que no aguanté más y me volví a venir, cuando ella sintió mi semen caliente que la volvía a inundar se quedó con la verga hasta adentro, me besó durante varios segundos, metió su lengua con sabor a semen en mi boca y así nos quedamos abrazados.

    Después se fue saliendo poco a poco hasta que estuvo fuera, se sentó a mi lado y me dijo:

    N – Solo te voy a pedir un favor, no te limpies, quiero que huelas a mi toda la noche y mañana cuando te hayas bañado me platiques que soñaste mientras tenías mi olor impregnado en tu cuerpo.

    La complací y al día siguiente le platiqué que me masturbé bañándome mientras pensaba en ella y lo que habíamos hecho.

    Solamente volvimos a estar juntos una vez más y ya lo escribí en un relato anterior.

  • Entrégate

    Entrégate

    Vivir la vida a toda plenitud es haber amado, pero amado con pasión, es no poder vivir sin la otra persona, es perder la cabeza por ese amor.

    Quién llega al final del camino sin un verdadero amor es no haber vivido, intentarlo puedes! Pero cómo? Pues debes tratar de verlo, no con la cabeza sino más bien con el corazón y entregarte!

    Date alguna vez la oportunidad de amar y sentirte amada por ese que en algunos momentos dudas, jamás sabrías de que te pierdes si no lo intentas. Nunca esperes respuestas más bien búscalas, arriésgate y entrega todo de ti, te sentirás satisfecha por haberlo intentado y podrías tener el mejor resultado que posiblemente más que una u otra experiencia, te armaste de valor y obtuviste lo que buscabas; Un compañero que se entrega y busca en ti dar lo mismo que tú diste.

    Libérate, anda, busca, entrega y recibe.

    Fernando Valerio.

    16 Nov. 2020

  • Claudia y Yess, rico sexo

    Claudia y Yess, rico sexo

    Me llamo Claudia tengo 25 años, vivo en México, no soy una mujer despampánate, pero sé que tengo unas buenas tetas y unas nalgas que llaman las miradas.

    Mido 1,70 y hago aeróbicos, por lo que me considero una mujer atractiva, siempre he sido muy caliente, me encanta probar cosas nuevas en el sexo y en la vida, y será por eso que hace unos meses conocí el sabor de una mujer.

    Yesenia es una amiga menor que yo con la cual nos empezamos a entender muy bien de un tiempo a esta parte, solíamos charlar largamente en mi depto., solas y tomando algunas cervezas o solamente fumando unos buenos cigarrillos.

    Note una tarde que mientras hablaba, yo no podía dejar de mirar su busto, me resultaban interesantes las proporciones y la firmeza de sus tetas.

    Eran de un tamaño inferior al mío, pero más llamativas, no sé, las observaba como si fuese la primera vez que las veía.

    Cuando se fue, quede pensando en ello, note que también otras veces había observado a Yess con otros ojos, como prestando más atención a sus nalgas, a sus tetas, a su piel bronceada, empecé a sentirme rara con ella, me ponía nerviosa de solo pensar en su boca, en las veces que nos tomábamos del brazo para caminar…y lentamente me fui haciendo a la idea de que me atraía sexualmente.

    Un sábado a la tarde llamo para decirme que no tenía ganas de salir y si la acompañaba a ver unas películas en su casa, le dije que sí, pero mejor viniera a casa que estaríamos más tranquilas, y acepto.

    Prepare unas pizzas, aprovisione la heladera con cervezas y un vino blanco espumante.

    Me bañe, me depile, me arregle como para una cita con un hombre… o tal vez más, me puse una tanga negra diminuta, una falda negra entallada, una blusa ajustada sin corpiño, y deje mi pelo suelto.

    Cuando sonó el portero, recién terminaba de vestirme, y me sorprendió, los nervios que sentí fueron únicos, abrí y subió entro directamente al departamento y cuando la vi casi me desmayo.

    Traía un vestido turqués, cortito, diminuto, que dejaba ver el comienzo de sus senos y los resaltaba, su pelo rojo atado bien firme, sus labios de un rojo brillante, ¡sus ojos resplandecían… estaba hermosa! La saludé con un fuerte beso y un abrazo en el cual pude sentir sus senos contra los míos.

    C: Pensé que no salíamos hoy, ¡estas para matar!

    Y: Bueno, tú también este re linda, además me vestí así para ti, ¡jajá!

    Quedo ahí, pero cuando la vi de espalda, un frio corrió por mi cuerpo, podía ver a través de ese vestido que ella también llevaba una tanga negra, estaba decidida a intentar algo con esa mujer que me atraía.

    Bueno, para abreviar, bebimos bastante y charlamos, reímos y siempre que podía le tocaba la mano, la pierna, el hombro, ella solo me respondía con miradas sugestivas.

    Realmente me gustaba y estaba excitada por la situación, ¡tome un trago para darme valor!

    C: Espero no lo tomes a mal, pero me atraes, ¡me gustas mucho!

    Y: Me halagas y para ser sincera, tu a mí me gustas también, ¡peor me gustas más que como amiga!

    Me acerque para besarla, ella me respondió, me tomo la nuca, introdujo su lengua muy adentro, al tiempo que yo tocaba sus deliciosas nalgas por debajo del vestido.

    Ella me toco también y me sorprendí, me gusto, le acaricie un seno, ella bajo los breteles de su vestido y me pude saciar de sus senos, los toque delicadamente, los bese, los lamí, los chupe y mordisqueaba sus pezones.

    ¡Rápidamente quedamos en nuestras diminutas tangas negras, y muy calientes!

    Yesenia comenzó a lamerme por todos lados, el cuello y bajando hasta mis tetas, mis pezones estaban erectos, sensibles al tacto de su lengua húmeda, de sus manos suaves, luego su lengua fue hasta mi axila y comenzó a lamer allí, eso me excitó aún mas, nadie había hecho eso antes!!

    La despoje de su tanga y luego al ver la mía note que estaba completamente empapada por mis jugos, estaba tirada en el piso, desnuda, totalmente mojada, con Yesenia lamiendo mis axilas… luego se agacho, beso mi pancita, y empezó a frotar sus dedos contra mi vulva lo cual me saco un grito de placer, ella noto mis creciente gemidos y empezó a darme lengüetazos largos y profundos que provocaban que mi cuerpo se retorciera y gimiera, mientras apretaba su rostro contra mi concha, luego de un instante tuve un orgasmo maravilloso y abundante en jugos, pero ella no paro, me siguió lamiendo.

    C: ¡Ah! Yesenia, que rico!

    Y: ¿Te gusto verdad amor?

    C: ¡Eres maravillosa!

    Y: ¡Aún hay más!

    Metió dos dedos en mi concha y los embadurno con mi flujo, luego empezó a intentar penetrar mi ano, lentamente sentía su dedo introducirse… para darle mejor posición, me puse en cuatro patas, y ella entendió que quería esos dedos en mi culo, y así lo hizo.

    Escupió en sus dedos, luego lamió la entrada de mi ano, y fue metiendo su dedo mayor hasta el fondo, la sensación fue tan sorprendente que al poco tiempo termine por segunda vez y bañe toda su mano que seguía masturbando mi clítoris.

    C: ¡Por dios!! ¡Ah, que rico!

    Y: ¡Así me gusta baby, disfrútalo!

    Después ella se colocó debajo de mí e introdujo sus dedos en mi boca, ¡me encanto saborear mis jugos!!

    Ahora me tocaba a mí, era la primera vez con una mujer, pero creo que sabía que hacer, puse mi concha empapada sobre uno de sus pezones erectos y comencé a mojarlo con mi esencia, Yess ayudaba moviéndose en círculos.

    Luego me puse sobre ella y la besé largamente, pausado, al tiempo que masajeaba su clítoris, a esta altura su concha estaba súper mojada, y comprendí que ella había acabado junto conmigo la segunda vez.

    Baje con mi boca hasta sus tetas y las chupe, lamí mis jugos de su pezón, recorrí con mi lengua su abdomen, su ombligo y llegue hasta la más linda joya de su cuerpo.

    Tenía escaso pelo, de color semi-rojo, suave, casi lacio…toque con la punta de mi lengua su clítoris hinchado, y estuve segura de lo que hacía cuando note que al instante dejo escapar un gemido, empezó a cerrar los ojos y a moverse, sus manos en mi cabeza revolvían mi pelo, me empujaban más adentro de su cuerpo.

    Y: Que rico, uhm, ¡no pares Claudia no pares!

    C: ¡Tienes un majar de dioses entre las piernas!

    Tal como ella había hecho, moje mis dedos con saliva e intente meterlos en su ano, pero note que no estaba cómoda, ¡SU ANO ERA VIRGEN!!!

    Me excito mucho saber que sería la primera en cogerla por atrás, con suavidad la fui dando vuelta y la puse como una perra, caliente, esperando a su macho.

    Y: ¡Por favor, se amable!

    C: Tranquila mi amor, ¡tu déjate llevar!

    Metí la punta de mi lengua en ese agujerito caliente, sentí su cuerpo dar un respingo, introduje más y más mi lengua, la ensalivé bien por dentro y por fuera.

    Su mano jugaba con su clítoris, y yo empecé a meter lentamente un dedo en ese orificio apretadito… primero una falange… luego otra… los gemidos eran cada vez más fuerte… y finalmente la penetré con mi dedo mayor hasta el tope, ¡y comencé a cogerla despacio!

    Y: ¡Dios mío! ¡Ay, uhm, ah!

    C: ¡Me encanta como te retuerces, uhm, que mamita más rica eres!

    Aumentando la velocidad al ritmo de su cuerpo que se movía hacia adelante y hacia atrás… al final dejé que ella se cogiera con mi dedo y pude masturbarme yo también.

    Acabamos casi al mismo tiempo, quedamos rendidas una al lado de la otra, ella se tumbó de espaldas, con su cabeza mirándome, me acerque y la bese profundamente.

    C: ¡Que rico estuvo!

    Y: ¡Quiero más!

    Yesenia era realmente hermosa y muy caliente, y yo sabía que esos no serían nuestros últimos orgasmos en esa larga noche.