Autor: admin

  • Virginia (Parte IV)

    Virginia (Parte IV)

    Ya no me era tan a gusto tener a Virginia buscándome y arruinándome las salidas con otras chicas, ella estaba explorando su sexualidad reprimida conmigo, su lógica era extraña, pues no quería mostrarse como una golfa ante su novio, pero si quería que yo le diera por todos lados, mantenía esa fachada con todos.

    Me sorprendió que rápido asimilo el tener una aventura y el tener que cubrirse los pasos. Porque le escuche a mi hermana decir que ella cancelaba ir a reuniones siempre de excusa que va a ayudar a una tía con su nene, o que tenía un compromiso con otro familiar.

    Coincidían los días que llegaba a mi apartamento y me arruinaba las salidas, estábamos claros que yo no iba a empezar una relación con ella, menos aún, ella no dejaría a su novio perfecto, al que tanto le quemaba la pata.

    Los viernes que tenía planes de salir a tomar con los amigos e incluso ligar alguna chica, me sorprendía ella en la puerta de mi apartamento con comida y bebidas…

    Hacia dos meses de este juego, que comenzó al mes de que terminé con mi novia… surgió el tema en una reunión de trabajo y ella seguro hizo su averiguación de alguna forma con mi hermana. La primera vez que llegó un sábado a media tarde, disque quería que le ayudara con algo, pero apenas entrar tiró su bolso, se desabotono el vestido y fue directo a sentarse sobre mis piernas, le ayude a quitarle el sostén y después de darle una buena chupada a sus tetas, le quite su pantaleta, me desvestí y comenzamos a coger hasta ya llegada la noche, cuando ella se fue rápidamente.

    Así comenzamos encuentros furtivos de media semana o domingos… un domingo que salí a correr a una parque, el cual tiene una gran área de senderos por donde trotar, ella apareció… yo había quedado ya con una chica de vernos ahí, la idea era que terminar de hacer ejercicio, ella viniera a mi apartamento y si todo salía bien, pasar un mediodía en la cama. Pero Virginia hizo que el plan se me esfumara, no se despegó a nosotros en la caminata, así que la chica se despidió después de una hora, porque no le hizo gracia la situación, yo estaba ya contrariado, pero, qué fácil uno olvida al momento cuando te satisfacen de otra manera.

    Al solo irse la chica, trotábamos en silencio en una parte sola del sendero, cuando recordé una parte entre unos pinos, por donde se veían unos arbustos que tapaban una lomita, no se miraba del sendero, había que meterse para poder verla, así que íbamos por esa parte, cuando jale a Virginia,:

    Virginia: que hay aquí?

    Yo: pues no es lo que hay, sino lo que vamos a hacer aquí… mejor dicho, lo que tú vas a hacer aquí.

    La senté a mi lado, iba de un leotardo oscuro, con una chamarra ajustada del mismo color, se resaltaba muy bien su cuerpo, ella hizo ademan de besarnos, le devolví el beso, le abrí la chamarra y sobe sus pechos, que estaban bien embutidos en un top deportivo. Le metí mano entre las piernas y sentí su calor.

    Virginia: aquí no te parece muy expuesto? Nos pueden ver…

    Yo: aquí está bien… por eso venias a buscarme no?

    No contesto y dejo que siguiera manoseándola, ella me tanteaba el pecho y fue bajando hasta que sentí que hurgaba bajo mi calzoneta, la acomode y me baje la calzoneta.

    Virginia: quieres eso aquí? Aquí no…

    Yo: Aquí me buscaste nena, ahora cumple…

    No se opuso más y comenzó a hacerme una paja… puso su habitual sonrisa lujuriosa, me la puso dura rápidamente, reconozco que había agarrado técnica, su boca me daba una deliciosa atención, a la vez que la sensación de que alguien nos pudiera ver era excitante, se acomodó a mi lado, su cuerpo inclinado sobre mi entrepierna, dejaba sus nalgas en alto, como estaban a mi alcance le baje el leotardo para dejar expuestas sus nalgas, con dos dedos le estaba haciendo humedecerse bastante y le di unas lamidas y mordidas en las nalgas, eso hizo que acelerara el ritmo de sus lengüeteos…

    Escuche unas voces y alce la cabeza para ver, por el sendero venía subiendo un grupo, venían hablando en voz alta, aquella dejo de chupar cuando los escucho, levanto la cara y trato de moverse, pero la hice que no se moviera, seguí metiéndole los dedos y le di una mordida en la nalga, ella se aferró a mis piernas, estaba seguro que al pasar por una vuelta no nos verían, así que seguí dándole, ella me araño la pierna cuando moje dos dedos con mi saliva y se los fui pasando por el culo, se le erizó la piel… el grupo estaba pasando a unos metros de nosotros, si alguien decidiera meterse a ver por entre los arbustos nos habría encontrado así…

    Ella gimió otra vez, le di una nalgada y ella me miro con sus grandes ojos abiertos, dejamos de escuchar a la gente hablando, eso la asusto.

    Virginia: Nos vas a encontrar así! No sigas!

    Seguí masajeándole entre las piernas y no deje que se levantara, en su miraba estaba la mezcla de miedo y emoción, creo que hasta más excitada estaba ante el riesgo de ser descubiertos.

    Escuche nuevamente las voces y que seguían por el sendero, no se dieron cuenta de nada, pero eso nos había revuelto el morbo, ella siguió chupándome y yo explorando sus agujeros. Me corrí en su boca, ella lo escupió a un lado y así con las demás andanadas que tuve, al final me lamio hasta limpiarme la verga y se relamió la boca…

    Yo: ahora te doy asco? Escupes mi leche?

    Virginia: No!!! Es que no me lo podía tragar aquí, me iba a escurrir por la boca, como voy a salir así por ahí?

    Yo: bueno, está bien, tienes razón… ahora ven aquí, quítate la licra

    Virginia: qué? Quieres hacer?

    Yo: pues me vas a dar servicio completo, me buscaste aquí, así que cumple todo…

    Virginia: pero… aquí también? Vámonos a tu apartamento!

    Yo: allá vamos a hacer más… pero aquí me cumples también.

    Se quitó como pudo la licra y se puso a gatas, me levante y me puse detrás de ella, comencé a jugar con sus nalgas, un masaje, unas mordidas y lamidas, como ya estaba algo húmeda fue más fácil deslizarle los dedos para ir preparando su agujero, le di una rápida lamida, para que sintiera el calor de mi saliva, antes de empezar a pegarle la verga…

    Ella arqueaba la espalda y contoneaba sus nalgas duras y redondas, se la fui metiendo y ella soltó un bufido corto… se apoyaba en las manos para no dejarse ir de cara, conforme la empecé a embestir… comenzó a sonar el choque de piel con piel, ella trataba de poner la mano para reducir el ruido… pero igual seguí bombeando… cuando estaba por correrme nuevamente, se la saque y la hice darse vuelta, así viéndole a la cara, se asustó porque pensó que le lanzaría la leche encima, pero la abrí otra vez y se la clave, le levante la pierna y me corrí dentro, ella cerro los ojos y abrió la boca, me apretó con los brazos y soltó un largo suspiro, seguí bombeando un poco más, pero cuando ya me sentí acabar con la corrida, se la saque ya flácida, ella siguió acostada, recuperando el aire, de su coño salían líquidos, tome una botella de agua que andaba y le rocié un poco, le lave la entradita, aprovechando siempre a darle una toqueteada, ella me sonreía divertida, le hice señas de que hiciera lo mismo conmigo, le brillo la sonrisa y entre agua y su boca me dieron una limpiada.

    Nos arreglamos y esperamos que nadie pasara, para volver a la vía, ella tenía aun la cara algo roja, pero eso se vería normal, dado que se venía a hacer ejercicio aquí… comenzamos a trotar, hasta que fuimos volviendo a la parte más concurrida del parque, lejos de los senderos, note que unos jóvenes nos quedaron mirando un rato, ella lo notó y se puso muy nerviosa… yo les hice un saludo y ellos rompieron en carcajadas. Ella si se sonrojo y se cubrió la cara con la mano y acomodo el gorro de su chamarra, aparte de sus lentes oscuros.

    Nos fuimos caminando hacia afuera del parque, hacia mi edificio, ella seguía con el sentimiento de vergüenza, creo que pasaría un buen tiempo antes de que volviera a ese parque, algo que me convenía. Ya en el apartamento nos bañamos y claro… otra vez a sacarle sus sonrisas de placer.

  • Con mi cuñada la mayor (Parte II)

    Con mi cuñada la mayor (Parte II)

    Después de haberme cogido a mi cuñada Georgina en un motel a las afueras de la ciudad de Colima, y tomando en consideración que mi cuñada Zandra seguía viviendo en esta ciudad, lo que implicaba que nos veíamos diariamente de lunes a viernes, resulta que un miércoles me llama a mi celular Gina para pedirme si nos podíamos ver al día siguiente, diciéndole que sí, así que nos pusimos de acuerdo y quedamos de vernos en el estacionamiento del mismo lugar.

    Resulta que el jueves a eso de las 8:30 de la mañana llegue a mi oficina, recibí una llamada de Zandra diciendo que ya estaba en el negocio, para lo cual de inmediato llegué y me metí cerrando la puerta, viéndola hasta el fondo del negocio sentada arriba del escritorio, la cual me dice “Buen día Paco, ven”, así que llegué donde ella estaba, la abrí de piernas y la abracé dándole un rico beso húmedo, pegando mi cuerpo con el de ella, besándonos intensamente, aprovechando agarrar sus riquísimas nalgas con mis manos, y diciéndole “Zandra, estas bien sabrosa, ve que ricas nalgas tienes, me encantas todita”.

    En ese posición a ratos tomaba sus ricos pechos y los empezaba a estrujar y besar, los lamia con algo de presión, lo que hacía que sus pezones de inmediato respondieran a los embates de mi boca, poniéndose duritos, así estaríamos algunos 10 minutos, mientras yo empezaba a sentir la respiración más profunda de mi cuñada y como sus pechos se estremecían, ante lo cual terminé de desabrocharle la blusa que traía y su brassiere, dejándome ver sus ricos pechos bien duros, los cuales estrujaba a mi antojo y restregaba sus aureolas y pezones, haciéndolos que se pusieran duros, sabiendo que eso la excitaba, así que la baje del escritorio y ella de inmediato, se desabrochó el pantalón quitándoselo al igual que el rico bikini que traía para quedar completamente desnuda ante mí.

    Así que aproveché para de inmediato quitarme el pantalón y el bóxer que traía, dejarle ver todo mi falo durísimo y le dije “Chiquita, mira que bella estás, quiero que me chupes mi verga, me la tienes toda dura”, ella me dice “Paquito, súbete al escritorio, quiero que tú también me comas mi rajita, ve que depilada la tengo para Ti”, arriba del escritorio, yo me puse boca arriba y ella boca abajo haciendo el 69, así que al momento yo empezaba por darme un festín con su rica panocha, lambiendo su rico clítoris, el cual mordisqueaba, besaba sus labios externos, empezando a sentir como su cuerpo empezaba a contorsionarse fluyendo sus líquidos por mi boca, mientras ella también hacia lo mismo con mi verga, la cual recorría por todo lo largo con su lengua, para posteriormente desaparecer en su boca.

    De inmediato ella empezaba a jadear y gemir diciendo “Paco, estoy súper mojada, uff, agg, me voy a ir, mmm, me encanta esto”, estaríamos así unos 7 minutos y yo ya estaba poseído por la calentura, con mis dedos penetraba su rica almeja, sintiendo los surcos del interior de su vagina para llegar al punto G, lo que hacía que ella se pusiera más caliente, pidiendo que la penetrara, diciéndome como loca “cógeme ya, estoy que exploto, ya métemela” mientras sentía como mi verga entraba en su boca y pegaba en su garganta, hasta que le dije “Zandra me encantas, cada vez que hacemos el amor, me gustas más como lo haces, uff, deja cogerte”.

    Así que la puse boca arriba sobre el escritorio, abriéndole sus piernas para que me dejara abierta completamente su puchita, a lo cual yo con los dedos de mi mano derecha, le dada unos pequeños golpecitos, haciendo que su cuerpo se excitara al máximo, y sus fluidos empezaran a salir más y más, hasta que sentí como empezó a venirse, sus líquidos salían como si fueran de un agujero de una manguera, mojando todo el escritorio, ella solamente exclamaba “augg, ayyy, mmm, uff, que rico”, así que yo con la calentura que me cargaba, puse mi boca y los probé, me gustaba su olor y sabor.

    Tomé su pierna izquierda y la puse sobre mi hombro derecho y acomodé mi falo a la entrada de su vagina y de inmediato empecé a meterlo, pero de repente sentía que sus líquidos hacían presión para sacar mi verga, así que en un arranque de calentura, la presione con mis manos y empecé a darle verga constante y rápidamente, pareciendo el entrar y salir como una bomba para echar aire de una bicicleta, ella ya estaba excitadísima y me dijo “Paco dámela más, dame más rápido, me encanta como lo haces, agg, mmm,”, así estaríamos unos 10 minutos y era tanto el líquido que salía de su rica panocha, que yo con unos kleneex limpiaba mi verga, porque con tanta humedad no me dejaba sentir la fricción con sus paredes vaginales.

    Posteriormente la baje del escritorio y la puse frente al mismo dándome la espalda, le pedí que subiera una de piernas al escritorio para tener abierta su rica almeja, ya en esa posición, yo detrás de ella acomodé mi falo y empecé a penetrarla, sentía como toda mi verga entraba hasta topar con su cuello del útero o cérvix, sentía mucha fricción, quería destapar ese otro hoyo, así estuvimos un buen rato, ella gemía al por mayor, yo sentía lo excitada que se encontraba, pujaba, gritaba y me pedía que la siguiera penetrando, me gustaba oírla como suplicaba y gemía, pidiendo a veces que siguiera otras que parara, lo cual hacía que me pusiera súper caliente, ya para ese entonces nuestros cuerpos estaban llenos de sudor, su quejidos provocaban en mi un deseo de seguirla poseyendo y penetrarla con mayor fuerza y rigor, lo cual hizo que casi sintiera que me corría, así que le dije “Cuñadita, me voy a ir dentro, uff, augg”, sintiendo como mi semen entraba disparado a esta rica almeja, y se mezclaba con sus líquidos vaginales, acabando dentro de ella, la cual seguía gimiendo y diciendo expresiones a veces que no se comprendían, solo pujaba y pedía más “mmm, agg, uff, ayy, que rico”, ya para ese entonces serían las 10 de la mañana, así que nos abrazamos y estuvimos un buen rato besándonos, para posteriormente vestirnos.

    Ya en la plática ella me dice que tenía alrededor de 3 días que no le había bajado la regla, a lo cual yo le pregunté si no se estaba cuidando, respondiéndome que hacía como mes y medio que había dejado de tomar las pastillas anticonceptivas, que ella pensaba que se había embarazado, pero que no sabía si era mío, que era lo más probable o de Javier, que siguiendo mi consejo, cada fin de semana que venía Javier tenía relaciones sexuales aunque fuera una sola vez, para evitarse problemas y que el próximo sábado irían con el ginecólogo, pero que no me preocupara, lo cual si me dejo pensativo, así que al ya llegarse la hora de verme con Gina su hermana, le dije que tendría que salir a visitar a unos clientes y que después nos hablábamos.

    Antes del encuentro con Gina, fui rápido a mi casa para bañarme porque estaba todo sudado y oliendo a Zandra y a su perfume, lo que hice y ya para las 10:40 llegué a mi encuentro con Gina, la cual traía una faldita color negra la cual si apenas le cubría sus ricas nalgotas y hacía que sus piernas le resaltaran y una blusita en blanco bien pegadita que dejaba al descubierto parte de sus pechos, los cuales traían un sostén con encajes, con sus lentes oscuros, la cual de inmediato subió al carro, nos saludamos y le dije “Gina, mírate que buenota y rica estas” a lo cual ella me pregunto “De verdad te gusta cómo me visto”, “claro que si cuñada, estas bien sabrosa, ya hiciste que mi falo se empezara a parar”, le contesté, así que de ahí nos trasladamos al motel.

    Tarde se me hacía para ingresar al motel, cuando ella pidió que rentara una habitación con jacuzzi, ya dentro de la misma y antes de bajarnos del vehículo, ella acercó su boca a la mía y me besó, metiendo su lengua, la cual yo la recibía y succionaba con mis labios, y de inmediato yo puse una de mis manos en sus pechos y los empecé a sobar por arriba su ropa, lo que hizo que ella de inmediato se pusiera cachonda, así que me dijo, “Paco vamos para adentro, quiero que me poseas como tu hembra”.

    Entramos al cuarto, yo iba detrás de ella, se veía súper sabrosa con esa ropa que traía puesta, yo tenía ganas de inmediato quitarle la ropa y empezar a fajármela, sin embargo para no verme tan caliente y desesperado, la tome por la cintura y la senté sobre la cama y yo hice lo mismo a su lado, y le pregunté que como iba su relación con Juan, contestándome que estaba un poco mejor, que con la ropa sexi que le recomendé comprar, lo atraía más y tenían más intimidad aunque no mucho, porque no la satisfacía como ella quisiera, ya que desde que tuvimos la primera relación ella descubrió sensaciones que no sabía que existieran, que le gustaba mi forma de ser en la intimidad, porque era muy atrevido e intenso, por ello buscaba la forma de vernos más seguido.

    Después de platicar un buen rato, ella dejo a un lado su bolsa y con sus manos me tomó la cara y busco mi boca para besarme, yo de inmediato le correspondí tomando su cuello con mi mano y abriendo mi boca para que sus labios entraran en ella, besándonos primero con los labios para posteriormente empezar a introducir mi lengua en su boca, haciendo cada vez los besos más intensos, para ese momento, yo sobaba y manoseaba a mi antojo sus pechos, mientras con mi boca iba a sus oídos para de ahí bajar a su cuello, notando que eso la excitaba de más, ya en ese momento con mi mano derecha yo sobaba su rica almeja por debajo de su faldita y sobre sus calzones, viendo que éstos se encontraban bastante húmedos, así que le dije “Gina que caliente estás, ve que mojados traes tus calzones”, ella solamente se limitaba a gemir “Uff, agg, si estoy bien húmeda”.

    Para eso yo la quise recostar sobre la cama, pero ella me dijo que ocupaba entrar al baño, que cuando saliera quería verme desnudo, se quitó los zapatos de tacón que traía y fue descalza al baño, se veía riquísima y ese lindo culo que a cualquier hombre lo haría voltear para disfrutarlo al compás de su caminar, no duró ni un minuto en volver al cuarto, yo me encontraba solamente en bóxer, cuál fue mi sorpresa que se había quitado su ropa y solamente estaba en un rico calzón cachetero con encajes en color negro y un brassiere del mismo conjunto que solamente le tapaba una parte de sus pechos, dejando verlos todos redondos y grandes, y con su pelo suelto el cual le hacía verse demasiado sensual.

    De inmediato acercó su cuerpo al mío y nos empezamos a besar intensamente, yo con una de mis manos empezaba a estrujar sus ricos pechos y con la otra a sobar su rica almeja, en ambos casos por encima de su ropa, mientras nuestra saliva fluida de una boca a la otra, con el respectivo entrar y salir de nuestras lenguas, después de un buen rato de estar así, la recosté sobre la cama para seguirla besando en su cuello para bajar hasta tus pechos, mientras seguía fajándola intensamente, sintiendo como sus pechos se inflaban debido a la excitación que traía y sus pezones estaban durísimos, para ese momento su cara hacía gestos de placer y sus ojos vagaban, mi falo estaba firme y mi bóxer lleno de líquido pre seminal, el cual se lo repegaba en su vagina cubierta por su cachetero todo húmedo.

    Yo sentía como mi verga estaba a punto de reventar, así que le quite el brassiere, y empecé a lamer y chupar con mi boca y lengua sus pechos, sus aureolas y pezones, llevándolas de saliva, bajando por todo su vientre y quitarle sus calzones, los cuales ya estaban bien mojados de sus líquidos, asi que de inmediato me acomodé y empecé a lamer la entrada de su labios vaginales, y con un dedo empezaba a mover su clítoris de un lado a otro, viendo que con tal acción, salían más y más tales líquidos, y ella ya empezaba a contorsionar su cuerpo, asi que me volteé para hacer el 69, ella me quito mi bóxer y empezó con su lengua a explorar todo lo largo de mi verga, parecía que estaba lamiendo una paleta, y a momentos se la metía y succionaba con su boca mi falo, quizás le entraba hasta la mitad.

    Mientras yo seguía con mi lengua y boca besando y lamiendo su rica chocha, y con mi dedo tocando su clítoris, ella gemía y gritaba como loca “Agg, uff, mmm, Paco sigue así, me estoy mojando, ohh”, al ver la calentura que se cargaba, yo con dos de mis dedos empecé a penetrarla para llegar a su punto G, sintiendo como al meter y sacar mis dedos, estos hacían fricción con su intimidad parecido a surcos, lo que hacía que ella se calentara más, estaríamos así quizás unos 8 minutos.

    Hasta que sentí que mi verga estaba a todo su potencial, y me acomodé a un lado de ella, poniendo mi falo en su boca y le pedí que siguiera mamándomelo, lo que siguió haciendo, viendo como lo metía a su boca entrando solo la mitad, tome su cabeza con mis manos y sujetándola firmemente mi falo lo metía en su totalidad y así lo sacaba para volverlo a meter una y otra vez, provocándole que empezara a toser y a sacar bastante saliva, diciéndome que se ahogaba, sin embargo el metérselo todo sentía como mi miembro rozaba con su garganta, hasta que después de varias entradas y salidas comiéndoselo todo, la deje descansar unos segundos, para poner mi cara frente a la suya y empezarla a besar muy románticamente, con besos intensos donde nuestra saliva fluida entre nuestras bocas.

    Después la acosté boca arriba y yo me puse arriba de ella en posición de misionero, asi que en cuanto la penetré sentí como mi verga poco a poco iba entrando, y sus paredes vaginales cediendo ante cada envestida, hasta que al momento de entrar toda, las sensaciones eran exquisitas, puesto que nuestras pelvis pegaban entre ellas, sintiendo como se comía esos 17 a 18 centímetros de verga, su vagina era estrecha, puesto que de los partos que tuvo todos fueron cesáreas, aprovechando para besarla a mi antojo.

    Yo me sentía algo cansado por la intimidad que había tenido por la mañana con Zandra mi cuñada, así que le pedí que ella se subiera sobre mí, a modo de cabalgarme, lo que obedeció sin inconformarse, en tal posición yo tenía el poder sobre ella, de tomar sus nalgas y moverla a mi antojo en cada penetración, así como sus ricos pechos, ella estaba tan caliente que veía como se ponía roja, y ante cada cabalgada notaba que se iba acoplando mejor, estaríamos a un buen ritmo entre cada entrada y salida, que al verle sus ricos pechos en movimiento, yo los chupaba y los lamia, mientras mis manos manoseaban sus ricas nalgas, yo me empezaba a sentir más excitado, así que le puse unas nalgadas, lo que hizo que ella se prendiera calentándose al máximo.

    Tan caliente la sentía que ella me gritaba “Cógeme, sigue así, méteme tu verga, la quiero adentro, culéame rico”, esas palabras hicieron que me calentara cada vez más, y empecé como un bebé a succionar por todas partes su pechos, mientras con mis manos estrujaba sus ricas nalgotas, así que la puse a cuatro y me acomodé por detrás, le metí varias nalgadas que le dejaron marcados mis huellas, y la tomé por el pelo jalándola hacía, y por detrás empecé a meter mi falo todo duro y mojado en su rica raja, ella se limitaba a gemir “Ahh, sigue así, métemelo todo, uff, que rico, eres un tremendo”, mientras yo la tenía con una de mis manos agarrada por el pelo, con la otra, le daba nalgadas en su nalga izquierda, excitándola al máximo, yo estaba que reventaba.

    Nuestro sudor escurría por chorros a pesar del aire acondicionado, serían alrededor de 20 minutos de estar en tal posición, que yo le dije “Gina, que rico coges, me voy a ir dentro de tu chocha, uff, mmm”, así que empecé vaciarme dentro de ella, mientras ella gemía y decía “Si Papito, dámelos en mi puchita, los quiero todos, que rico se siente, uff, agg”, después de venirme, mi falo se encontraba todo duro, así que yo seguía dándole más fuerte.

    Ella empezaba a convulsionarse, sabiendo yo, notando estaba teniendo un gran orgasmo, diciéndome “Paco, ya no sigas, estoy temblando, me estoy viniendo, ya para, me matas”, lo que hizo que yo me aprovechará de más y seguía bombeándola como un pistón, cada vez más rápido, hasta que pude sentir como salían chorros de su chocha, que me obligaban a sacar mi verga, mientras ella gemía “Mmm, ayyy, uff, ohm, que orgasmo, sigue”, estaríamos así unos 4 cuatro minutos, hasta que me sentía tan cansado, que pare de penetrarla mientras ella seguía aventando chorros de líquido vaginal, hasta que su orgasmo fue disminuyendo.

    Ya acostados después de la refriega, mi cuñada me pidió que la abrazara, lo que hice y le dije que se veía muy guapa, y que me encantaba los gemidos y gritos de placer que hacía mientras hacíamos el amor, y que me excitaba demasiado cuando la penetraba por atrás porque me dejaba ver su rico culo que se cargaba y sobre todo cuando me cabalgaba, ya que al estar arriba de mí, me gustaba ver su cara cuando me miraba toda excitada, dejando a mi completa disposición sus ricos pechos y sus nalgas, además de poderla penetrar más intensamente a mi antojo, provocándole que me besara, lo que yo le correspondí.

    Ella me decía que nunca alguien la había poseído como yo lo hacía, que no respetaba sus reglas como lo hacía su esposo, puesto que mientras ella pedía parar la intimidad cuando sentía algún tipo de incomodidad o molestia o simplemente para llevar a su antojo la intimidad, Juan paraba, mientras yo seguía la penetración, y lo hacía más intensamente, hasta que provocaba en ella esos orgasmos constantes, que la obligaban a ceder ante mis embates y entregarse a mi deseo, a lo cual yo le respondí que con ese cuerpo que se cargaba y la forma de recibirme al penetrarla, me provocaba demasiada excitación y ganas de atreverme a hacerle cosas un poco inusuales, para darle más picardía a nuestra intimidad, provocando que me enculara de ella.

    Veía como ella se emocionaba, cuando le decía lo mucho que me gustaba hacerle el amor, poseerla como yo deseaba, disfrutarla al máximo y sentir como ella se entregaba a mí, diciéndome que los días se le hacían eternos, para volver a estar conmigo, que si bien sabía que lo nuestro solamente era cuestión de intimidad, le tenía envidia a Zandra y a mi esposa; para no seguir la plática en tal sentido puesto que inmediatamente me percaté que estaba celosa, y quería poner un alto a tal discusión, fui hacia el jacuzzi para prenderlo, y en lo que se llenaba, saque de mi pantalón el ensanchador y retardante, y me fui al baño para ponerme bastante sobre mi verga.

    Saliendo del baño, mi cuñada se encontraba parada frente al espejo del cuarto viéndose los pechos y las nalgas, diciéndome “Paco, mira como me dejaste”, señalándole unos hematomas que apenas se empezaban a poner rojos”, yo sin decir palabra le di un abrazo y besé su boca, mientras con mis manos estrujaba sus nalgas, bajando mi boca a por su cuello y seguir hasta sus pechos, volviéndolos a succionar, diciéndole “Es que tú me excitas demasiado y sin pensarlo quizás te chupe muy fuerte, y la verdad quería darte unas ricas nalgadas en ese culazo que te cargas, dime si no te calentaste cuando lo hacía”, ella gemía y decía «Mmm, me calientas mucho, ayyy, si sígueme chupando mis bubis, nalguéame, no pares cabroncito, me estas poniendo muy caliente”.

    Notaba la excitación que traía, así que con una mano empecé a restregar mis dedos dentro de su rica almeja, los cuales entraban y salían, y con la otra mano, tomaba uno de sus pechos y lo manoseaba como si fuera un melón, mientras con mi boca seguía succionando el otro, lambiendo a momentos su pezón y aureola, hasta que después de algunos minutos, de estar en pleno agasaje, sentí como su raja se humedecía, y mis dedos entraban y salían todos mojados, “cloc, cloc, cloc”, era el sonido que se escuchaba en cada entrar y salir de su rica vulva.

    Mi falo empezaba a revivir nuevamente, así que la senté sobre la cama y le pedí que me diera sexo oral, Gina de inmediato lo tomo con sus manos y lo empezó a lamber por todo lo largo para posteriormente meterlo completamente a su boca, haciendo que poco a poco fuera poniéndose duro, mientras yo con una mano hacia presión a su cabeza para que entrara completamente, y con la otra estrujaba sus pezones, sentía nuevamente como si se asfixiara al entrar todo mi pene hasta su garganta, el cual salía lleno de su saliva, estando así alrededor de unos 5 minutos, hasta que me dijo, “Paco, espera, agg, me atraviesa la garganta, uff”, se paró y fue hacia su bolsa, y cuál fue mi sorpresa, sacó un consolador de unos 15 centímetros, diciéndome “Antes que me vuelvas a penetrar, méteme este consolador”, así que lo tomé y con la punta, empecé a pasarlo por sus labios externos hasta frotar su clítoris, viendo como empezaba a retorcerse de placer, ya para ese entonces mis dedos le tenían esa rajita bien lubricada.

    Así que ni tarde ni perezoso después de varias pasadas por su parte externa, empecé a metérselo, primero la mitad y después todo, primero lentamente para después meterlo y sacarlo más rápidamente, ella estaba que no podía con si misma, su respiración era muy profunda y constante, limitándose a gemir y suspirar como loca, así que le dije “Gina, si ese consolador hace maravillas, espera a que vuelvas a probar mi verga, esta durísima y bien gorda y grande”, “Ya vi papacito, por eso al verla tan grande, primero quise que me penetraras con el juguete, para que se fuera amoldando a tu vergota, esta grandísima”, ella no sabía del ensanchador y retardador que me había untado.

    Después de darle unos 5 minutos, retiré el consolador y le dije, este va a servir más al rato para estimularte los pliegues anales y el esfínter, así que la acomodé a cuatro, dejándome ver si rico culote, y mi verga, la cual ya estaba durísima y bien gruesa, le acomodé a la entrada de su sabrosa almeja y empecé a metérsela, de dos empujones entró toda, lo que hizo que gritara “Cabrón, me la metiste toda, está bien dura y gruesa, uff, mmm, ayyy”, así que la seguí bombeando, me gustaba ver en cada empujón que le daba, como mis huevos chocaban con su cuerpo, mientras ella sin miramientos gritaba, se contorsionaba de placer.

    Pasados unos 12 minutos, le dije, vamos a meternos al jacuzzi, así que nos metimos al mismo, yo previamente había tomado el consolador, así que yo sentado, la hice que me montara, penetrándola de frente, lo que me permitía, besar sus boca, su cuello, sus pechos, y con ambas manos la sostenía de las nalgas ayudándole a bajar y subir, lo que ella hacía sin problema al apoyarse sobre sus pies, era bonito ver como el choque de nuestros cuerpos, hacía salpicar el agua del jacuzzi, agua que provocó que disminuyera la sensación de fricción, así que tomé el consolador y la puse hincada para empezar a meterlo poco a poco en su rico culito.

    Al principio su culito lo rechazaba, así que le embarré saliva, y lo puse nuevamente a la entrada y sus esfínteres empezaron a ceder, ella estaba muy caliente, así que poco a poco se lo empezó a comer, cuando llego a la mitad, ella gritaba de dolor “Paco, me duele, me vas a volver a desgarrar el culo”, así que paré un poco y lo sacaba y volvía a arremeter, hasta que después de varios intentos, se lo comió completo, para ese entonces sus líquidos, sangre y excremento se mezclaban con el agua, verla con tales suplicios hizo que yo me aprovechara y siguiera con el mete y saca.

    Así que sin miramientos, el consolador lo avente afuera y coloqué mi falo durísimo y con un largo de al menos 20 centímetros y poco a poco lo fui metiendo, ella me decía “Tu cosa esta más grande y está bien dura, me vas a matar, me partes en dos, uff, duele”, “Espera le dije, aún no entra todo” le respondí, así la presión que hacia al penetrarla, sus pliegues anales fueron cediendo, hasta que después de varias arremetidas, sentí como la base de mi verga pegaba en la entrada de su culo y nuevamente mis huevos chocaban con su vagina, ella ya en ese momento me decía “Paco, me vas a matar, me vas a dejar bien abierta, uff, mmm, agg”, yo con tales suplicas seguía dándole más y más fuerte, con una mano la tenía tomada de su cabello y con la otra, de la cintura para evitar que se moviera mucho, yo estaba parado con mis rodillas dobladas, así que la presión que ejercía al penetrarla era mayor.

    Ella gemía de dolor y de repente de placer, así que yo seguía con mi acometido en seguir la penetración, notando que su culito, ya estaba más abierto, ella me dice que a comparación de la primera vez que la penetre, ya el dolor no era tan intenso y que poco a poco, empezaba a disfrutar más el sexo anal, pero que no entendía del porque en este momento sentía mi verga más grande y gruesa que en el primer encuentro de ese mismo día, le dije que me excita mucho el pensar que la iba a penetrar por el culo, puesto que una mujer no con cualquiera hacia el amor anal, y eso era algo que yo valoraba.

    En esa posición me dejaba ver su rico culo, comiéndose completamente mi falo, no paraba de gemir y suspirar, hasta que llegó un momento que ante cada arremetida, ella empezaba a temblar y sus piernas se contorsionaban, diciéndome palabras que de repente no entendía “Ugg, mmm, auff, ya no puedo más”, viendo que mi falo la penetraba sin tanta presión de sus pliegues viendo que sus líquidos anales lo tenían bien lubricado, así que yo seguía entre y saca más constantemente, notando como de su rica almeja salían igualmente líquidos, lo que hizo que después de algunos 15 minutos, mi paja se pusiera al máximo, y le dije “Gina, me voy a ir dentro de Ti, recibe mi semen, soy tu macho, aggg, aggg…”, “Si papacito, dámelos todos, no dejes nada fuera, me tienes toda adolorida, ayy, uff”, así que me empecé a ir dentro de su rico ano, dejándole todo mi semen dentro.

    Después de mi eyaculación, yo me senté dentro del jacuzzi, y ella hizo lo mismo, recargando su cuerpo en mi pecho, diciéndome que estaba bien enculada de mi, diciéndome que haría cualquier cosa por complacerme, a lo cual yo le pregunté, que si cualquiera, respondiéndome que si estaba a su alcance, lo haría, así que le dije “Que te parece si para la próxima convences a tu comadre Erika y me las cojo a las dos”, diciéndome que si me podría compartir con su comadre, pero que la dejara hacer su trabajo de convencimiento; Erika en ese tiempo tenía la misma edad que ella, hacía mucho ejercicio, y tenía unas nalgas súper redondas y ricas, y sabía que era bien caliente, bueno hasta aquí dejare este relato, espero que lo disfruten como yo disfruté durante mucho tiempo a mis dos cuñadas.

  • Se la meto en el trabajo

    Se la meto en el trabajo

    Hola, soy amigo de Lety y Luis, ellos me animaron a contar mis anécdotas en este perfil mientras ellos regresan, así que contaré unas cuantas y espero sean de su agrado, nunca antes lo he hecho y quiero saber que opinan o si les gustan.

    No diré mi nombre solo me referiré a mi como Tyson, mido 1.70, actualmente tengo 33 años y soy viudo lamentablemente, tengo una polla mediana, de unos 16 a 17 cm, pero gruesa.

    Comenzaré contándoles una historia que ocurrió cuando yo tenía 19 años con una compañera del trabajo llamada Karina, ella tenía 28 años, era chaparrita como de 1.55, medio nalgona y se vestía entallada, lo que la hacía llamativa es que era muy puta, así literalmente, andaba con varios del taller y alrededores, le gustaba darle entrada hasta a vagos, ebrios y casados, le encantaba el sexo y lo decía así sin tapujos.

    A pesar de tener 19 años siempre fui muy aventado, ya había dejado de ser virgen y tenía experiencia con algunas mujeres mayores, vecinas en su mayoría, para mi Karina era una mujer que servía para bajarse las ganas ya que a nadie tomaba en serio, me tocó ver a uno que otro ingenuo llorar por que según ellos la amaban, vaya tontos, esa mujer solo era desmadre y como tal así había que verla.

    Me llevaba muy bien con ella, ella era muy aventada conmigo, me abrazaba, se me sentaba en las piernas, cuando al saludaba movía la cabeza para casi besarme en la boca, una ocasión mientras estábamos contando unos productos, me robo un beso, después yo le robe uno y terminamos agasajándonos riquísimo, la verdad la chava sabia mover la boca.

    Una ocasión la mayoría de los hombres salieron a entregar un pedido fuerte, me quede yo solo en mi lugar acomodando unas cosas, ¡fue entonces que ella subió!

    T: ¿Que paso?

    K: Nada, ando aburrida, ¡las chicas las llevaron a contar y me quede sola!

    T: ¿Y la jefa?

    K: Está hablando por teléfono, ¡además con ella no hay problema en que suba sin que estemos haciendo algo!

    No sé por qué, pero mi pene reacciono poniéndose duro, ella se veía muy bien, traía una calza negra y una blusa abierta de la espalda.

    K: ¡Ahora si estamos solos chiquito!

    T: ¡No me provoques que no respondo!

    Ella me abrazaba y me besaba el cuello, ¡se daba vuelta y me arrimaba sus nalgas masajeándome mi pene el cual ya estaba duro!

    K: ¡Uhm! ¿Ya estas así? ¡Cómo me gustan tiernitos como tú!

    T: ¡jajá, estoy joven, pero te pudo hace aullar, jajá!

    K: ¿Así? Demuéstramelo!

    T: Segura, ¡mira que ya estoy caliente!

    K: ¡Vamos, a ver si es cierto!

    Karina comenzó a besarme apasionadamente, nos fuimos a la parte detrás de los anaqueles, ahí me besaba el cuello y me quito la camisa, que adrenalina, me lamia los pezones riquísimos, mi verga estaba durísima, con su pequeña mano comenzó a aricarla, mientras yo comenzaba adarme gusto acuciándole las nalgas!

    K: ¡Tyson, que ganas te tengo!

    T: ¡Y yo a ti!

    Karina bajo por mi abdomen lamiéndome delicioso, comenzó a desabrocharme el pantalón el cual bajo con todo y mi trusa, yo me quede tenso, no creía lo que pasaba, de hecho, dude un momento!

    T: ¿En serio? ¿Aquí?

    K: ¿Te da miedo? ¡Nadie nos vera!, no sería la primera vez que hago esto!

    Comenzó a darle lamidas excepcionales a mi cabeza, bajaba mi prepucio y mordía mi puntita, yo quería gritar, pero ahogaba mi placer, lentamente lo introdujo su boca, ¡mientras entraba su lengua se encargaba del resto!

    T: ¡No mames! ¡Que rico!

    K: ¡No esta tan grande pero que grueso apena si me cabe!

    Karina comenzó adarme una nada de lujo, abría su boca y al tragaba, se ahogaba con ella, el ruido de su boca tragando eme excitaba más, se chupábamos fluidos, comenzó a acariciarme los huevos tan rico que me sentía morir, aun así, yo vigilaba que nadie subiera y nos encontrara.

    Una vez que termino de sesear su antojo de verga se puso de pie y sin decirle nada le baje el legging con todo y tanga negra, su vagina estaba depilada, se veía apetecible.

    T: ¡Que rica pucha!

    K: ¡Cómetela, uhm!

    Se visualizaba una pucha mojada, ardiendo de deseos, comencé a sobársela con las yemas de mis manos, eso la estremeció un poco, luego lleve mi boca a sus labios vaginales, los bese, chupe y mordí, ¡luego abrí su pepa y comencé a lamerle el clítoris el cual poco a poco se inflo en mi boca!

    Escurría demasiado, con dos dedos comencé a palparla mientras la besaba las nalgas y sus muslos, no eran grandes pero si ricas, Karina se mojaba cada vez más, y más, finamente la mina tuvo un orgasmo suplicándome todo.

    Sin decir más me puse de pie y le alcé una pierna, medio agachado comencé a meterle mi verga, si sin condón, ¡valiéndome todo!

    K: ¡Ah!! ¡Que rico!

    T: ¡Uhm! ¡Que rico se siente tu pucha!

    Comencé con meter y sacar rápido, nos besábamos, ella se movía también, mi grosor la tenía contenta, yo sé que ella se había comido vergas grandes pero la mía la tenía en el cielo.

    K: ¡Que rico coges chiquito, uhm!

    T: ¡Aprietas chingón, ya quería cogerte!

    Me senté en un banco de fierro que ahí estaba y la puse a cabalgarme dándome la espalda, sus movimientos eran fantásticos, yo comencé a sobarle las tetas y apretarle los pezones, también bajaba a jugar su clítoris, ¡qué suerte que nadie nos veía!

    T: ¡Que rico te mueves, uhm!

    K: ¿te gusta?

    T: ¡No pares nena!

    Ella se daba tremendos sentones tratando de hacer el menor ruido posible, yo disfrutaba al máximo, la adrenalina era inmensa, pero seguíamos parchando como animales.

    ¡La puse en cuatro sobre unos cartones y comencé a masajearme con sus nalgas!

    K: ¡Ya métemela!

    T: ¡Pídemela mija!

    K: ¡Cógeme, ándale, méteme tu grueso fierro!

    T: ¡Tus deseos son órdenes!

    Comencé a metérsela rápido, se la empujaba con fuerza, como yo estaba ms alto la empujaba hasta casi tirarla, ¡eso la tenía gimiendo en silencio!

    K: ¡No mames, que rico!

    T: ¡Que rico, uhm!

    Una y otra vez la embestía, le apretaba las tetas, le daba de nalgadas, le arañaba la espalda y los muslos, estaba extasiado.

    K: ¡Oh, me voy a venir, uhm!

    T: ¡yo también me vengo!

    K: ¡Lléname, uhm, no pasara nada!

    T: ¡Como digas!

    En un acto inconsciente pero inevitable, comencé a venirme en su coñito, el orgasmo fue fenomenal, nos mordíamos los labios para no gritar, mi elche la llenaba toda y Karina se retorcía como toda una perra.

    Una vez pasado el orgasmo, nos levantamos y nos acomodamos la ropa, justo en ese momento llegaron los hombres y ella se bajó corriendo al baño, yo me sentía un campeón, haberme cogido a una mujer 10 años mayor y en el trabajo, ¡qué experiencia!

    Ella andaba de novia con un chofer, pero eso no impidó que el viernes nos viéramos, pero esta vez en un hotel, pero esa historia la contaré después.

    ¡Saludos!

    Tyson.

  • Mi esposa con otro y yo gozo

    Mi esposa con otro y yo gozo

    Quiero comenzar mi primer relato con los inicios de mi vida cuckold en Perú.

    Mi nombre es Andy y hace unos años atrás tuve una relación con Yesica con quien poco a poco nos fuimos adentrando al mundo del cuckold, entre sexo y sexo se nos vino el morbo de incluir a un tercero en el sexo, pero la idea era que ella tenga sexo con otro mientras yo veía.

    Creamos un Facebook y a través de el conocimos a muchos varones sobre todo que les interesaba conocernos y sobre todo tener sexo con mi mujer, así que cierto día decidimos conocer a uno que por chat era bien agradable, ardiente y tenía un buen miembro, así que lo citamos en plaza norte.

    Ella fue con pantalón y casaca, pero al llegar cerca al punto de encuentro, busco un baño, se cambió el pantalón por una minifalda corta que le llegaba a la mitad del muslo, una blusa con el escote holgado algo trasparente que se le notaban sus ricos pezones marroncitos, ella era una chica blanquita, estatura mediana, delgada pechos medianos y un trasero redondito así que con esa figura le resaltaba muy bien como estaba vestida.

    Llamamos al chico para darle el punto exacto de encuentro, y nosotros llegar, nuestro invitado no tarde en apersonarse, quien saludo muy cortésmente con un beso en la mejilla a mi mujer y a mí con un apretón de mano.

    Salimos de plaza norte con la intención de buscar algún lugar para conversar y desinhibirnos un poco, pero como era nuestra primera vez no queríamos ir al hotel sino caminar, juguetear etc. por algún parque así que fuimos en un taxi a megaplaza, al llegar teníamos que cruzar el puente así que di el primer paso haciendo que mi mujer suba primero las escaleras y después nuestro invitado y entonces pudo apreciar el trasero que se veía por debajo y me dijo “amigo, esta buenísima”, solo reí y le dije, “es todo tuyo”.

    Fuimos a un parque a la espalda de mi banco, nos sentamos en una banquita en lo que le digo al oído a mi mujer, “has lo que gustes mi amor, disfrútalo”, así que en plena conversación, abrió las piernas dejando ver su hilo color rojo, y nuestro amigo inmediatamente se puso en frente de ella y comenzó a ganarse toda la vista, y nos reímos, se sentó después a su lado de mi mujer, y me pidió permiso para abrazarla y le dije,” amigo, has lo que gustes”.

    Inmediatamente la abrazo, le susurró al oído que estaba hermosa y con la otra mano bajo su mano a sus piernas y no paraba de acariciarlas, yo estaba excitadísimo y mi mujer también porque ya jadeaba así que decidimos caminar por ahí para soltarnos más.

    Caminando me retrasé un poco para ver lo que hacían entonces vi que él le agarro de la cintura y ella también, nuestro amigo bajo su mano apretando su nalga viéndola a los ojos a mi mujer y ella se reía, yo estaba ya excitado a mil.

    Mientras caminaban se agarraban de la mano, parecían pareja y eso me encantaba, entonces me llamaron, y mi mujer me dice, “dice que lo tiene grande jajaja”, y le digo, “habría que comprobarlo”, y como nuestro amigo tenía un buzo holgado, agarró la mano de mi mujer y se la metió a su pantalón, pues no tenía bóxer y pudo agárraselo con toda comodidad.

    Me miro sonriente y sorprendida y me dice “uauu si es grande”, le pregunto “¿más grande que el mío?” Y me dice “siiii” jajaja nos reímos, pero excitamos a la vez, ella ni corta ni perezosa comenzó a masturbarlo dentro del pantalón y eso me ponía a mil. Y me dice nuestro amigo, “que rica mano tiene”, entonces le dije, “si, lo mueve bien, pero también tiene rica boquita”, y él me dice “pues habrá que comprobarlo”, entonces se acercó y comenzó a besar a mi mujer mientras yo veía como se entrelazaban sus lenguas y ella masturbándolo mientras la besaba.

    Tuvo que parar por que pasaron unos carros así que buscamos un pasaje medio obscuro entonces el la abrazo por la espalda y ella estaba feliz, así que nuestro amigo le alzo su minifalda, y le puso a un lado su hilo de mi mujer, sacó su enorme pene y se lo apuntó a su vagina, la cara de mi mujer lo decía todo, jadeó un poquito con su cara roja de lo excitada, y me dice nuestro amigo, “está empapada”, y yo me reí ya con el miembro bien parado mirando a todos lados por si venían.

    Solo de ver ya me quería venir, y le digo “¿entro todo?”. Y me dice mi mujer, “solo la mitad” mirándome coquetamente, pero justo pasaron unos niños y ya se separaron y seguimos caminando, mi esposa se acercó y le pregunté si quería ir al hotel para que se lo meta todo nuestro amigo, pero me dijo que hoy no, así que nos despedimos, nuestro amigo le dio un beso con lengua en la boca de nuevo, y aprovechando bajó y le chupó sus tetas en lo que ella soltó otro jadeo, después se besaron y nuestro amigo se fue pendiente a una próxima cita.

    Llegamos a la casa e hicimos el amor como locos toda la noche, ese fue el inicio, ya estaré contando otras historias.

    Espero les haya gustado saludos.

  • La cogida de mi vida

    La cogida de mi vida

    Espero que aquellos que lean esto estén al tanto de mi historia, si son nuevos y tienen el interés, los invito a leer los relatos anteriores para que puedan entrar en contexto, si alguien se ha tomado el tiempo de seguir mi historia, GRACIAS. Como advertencia les aviso que este relato será largo y tal vez no tan interesante, pero es importante y no me siento a gusto omitiéndolo, una vez advertidos siéntanse libres de leer lo que gusten (obviamente).

    Es muy difícil tener que hacerte a un lado para tratar de sanar heridas, dejar a quienes amas y que son lo más importante en tu vida para no perderlos por completo por esa razón me mude a un pequeño departamento a unos 10 minutos de mi familia y trate de mantener contacto en todo momento y siempre que Laura me lo permitía o cuando ella se prestaba mejor dicho, visitaba a mi hijo todos los días cuando no se quedaba conmigo aun con esto casi no veía a Laura y de verdad que lo intente, supongo que hacia lo que fuera para evitarme, no tengo idea de lo que sucedía en su vida personal ni tampoco en su vida sexual, pasaron semanas enteras sin poder hablar con ella más de lo rigurosamente necesario y cuando al fin cruzamos unas cuantas palabra más allá solo fue para pedirme que le comprara ropa nueva a mi hijo, aun cuando me hablo de forma más amable y con una sonrisa en la cara no pude evitar sentir muchas cosas negativas, rabia más que nada pero tuve que controlarme.

    Aproximadamente 3 meses después en los que literalmente fui una monja, comencé a salir de mi guarida y frecuentar amigos y lugares, pensaba que eso me ayudaría a resignarme aun que siendo honesto eso no pasaría nunca, en una de esas ocasiones estuve en un bar muy tranquilo en la terraza de una casona, un lugar muy bohemio estaba en una mesa con un par de amigos platicando, disfrutando de la música en vivo, bebiendo y burlándonos un poco de nosotros mismos para amenizar el rato, eran tal vez la 11 de la noche cuando escuche detrás de mí “hola Neto, como estas” una chica hermosa de pelo muy chino largo hasta debajo de los hombros, 1.65 m aproximadamente, morena clara, ojos verdes, algo robusta de cuerpo sin llegar a ser gordita, un enorme par de tetas acompañadas de una cintura digamos promedio, pero que la hacía lucir perfecta, piernas carnosas y torneaditas, rematadas con un par de nalgas redonditas y bien proporcionadas, todo esto resultado del ejercicio diario aunque casero (o eso es lo que ella siempre dice). Sorprendido me di la vuelta y sentí que se me salía el corazón por la impresión y es que Nancy tiene un parecido impresionante a Laura, su hermana mayor.

    Nancy es una chica muy inteligente, a primera vista parece ser una chica muy amable, social, alegre, buena onda, etc., si digo parece es porque en realidad tiene un carácter muy difícil, a pesar de que la conocía ya hace mucho e incluso un poco antes que a Lan, no éramos muy amigos, de hecho ya siendo cuñados su actitud para conmigo fue muy diferente, negativa y por qué no decirlo hasta hipócrita, por eso después de la sorpresiva confusión me decepciono mucho que no fuera Lan.

    Tanto ella como su novio Ricardo que la acompañaba me saludaron de forma efusiva lo que honestamente me extraño, para devolver la cortesía los invite a que nos acompañaran pero se negaron ya que venían con un grupo de amigos de Ricardo, de la misma forma cordial nos despedimos, después de eso la vi en su mesa ocasionalmente y cuando paso al baño en algún momento, para cuando me di cuenta ya solo quedaron las personas con las que estuvieron compartiendo mesa.

    La velada termino para nosotros a las 2:30 de la mañana, aún tenía un mojito cubano recién servido pero pagamos y nos retiramos nadie del lugar dijo nada así que me lleve mi bebida, al salir del lugar Nancy y Ricardo se encontraban un poco más delante de donde yo estaba, me despedí de mis amigos ya que ellos venían en un auto y yo en el mío, mientras me acercaba a mi cuñada y concuño me di cuenta que discutían pero se detuvieron cuando me vieron acercándome con una mirada a la defensiva en sus rostros me sentí obligado a comentar.

    –Perdón no intento entrometerme pero tengo que pasar por aquí para llegar a mi auto -comente con un interés casi nulo meneando mi mojito en la mano.

    -no te preocupes, ¿ya te vas? -dijo Nancy con los ojos hinchados por el llanto, pero tratando de sonar alegre.

    –Sí, cuídense -le respondí ahora con mucha seriedad fijando mi mirada en sus ojos con la intención de que entendiera que si necesitaba ayuda ese era el momento, pero solo se limitó a decirme.

    –tú también -y se giró hacia donde Ricardo la esperaba.

    Subí a mi auto que estaba un par de calles adelante en un pequeño estacionamiento con servicio 24 horas, acomode mi bebida en el portavasos, me puse el cinturón, acomode los espejos, etc… tarde un poco en arrancar, a la salida del estacionamiento frente a mi coche paso Nancy haciéndome una seña para que me detuviera, lo cual hice y un poco alarmado baje la ventanilla del copiloto, se inclinó sobre la puerta dejando que su hermoso par de tetas colgaran detrás del escote y pregunto si podía llevarla a su casa y me sentí más tranquilo, mi respuesta fue obvia.

    Fue mucho el tiempo que paso para que rompiera el silencio, (yo no tenía intención de hacerlo).

    –¿y cómo te va? -preguntó de repente, lo pensé un poco pero al fin respondí sin saber exactamente a lo que se refería

    –Pues… hago lo que puedo -soltó una sonrisita como si supiera de lo que estaba hablando

    –ya se -dijo tristemente y después dejo escapar un tímido suspiro.

    -¿y tú? -a riesgo de parecer tonto pregunte lo que era obvio.

    -¿pues tu qué crees? -queriendo parecer muy maduro y honestamente sin tener ni puta idea de lo que estaba diciendo solté algo como

    –Se pierde y se gana -se le dibujo una sonrisa acompañada de una risita más de compromiso que otra cosa

    –¿no te importa verdad?

    Giré mi cabeza hacia ella inmediatamente muy sorprendido, pero al instante me sentí aliviado al ver que se refería al mojito que ya con el vaso en la mano me preguntaba si podía tomarse mi trago, solo asentí con la cabeza y de un solo trago bebió la mitad que restaba, a partir de ese momento empezó una plática que yo no deseaba, no es que tenga algo en contra de Nancy, nunca lo he tenido, simplemente no nos llevamos bien y sabía que a pesar de su buena vibra en ese momento era cuestión de tiempo para que se pusiera en guardia y a la ofensiva como en otras ocasiones, pero afortunadamente sucedió todo lo contrario, la plática fue muy amena e incluso me hizo sentir mejor.

    Al llegar a su casa ya con un semblante totalmente alegre me daba ánimos y me pidió que cuando saliera la invitara, haciendo énfasis en lo mucho que le gusta la parranda y que yo lo sabía bien, me dio un beso en la mejilla, me abrazo a la vez que me decía cuídate mucho, bajo del auto diciendo “¡me llamas!” y entro a su casa, espere hasta que cerró la puerta para irme, honestamente y a pesar de todo en algún momento pensé que terminaríamos cogiendo y sé que ustedes también, pero no fue así.

    Quisiera presumir de una buena autoestima, de mucha hombría, ser un don Juan que consigue a cualquier mujer cuando lo decide, etc… pero la verdad solo soy un hombre común que ahora se estaba sintiendo como un adolecente estúpido que toda la semana sintió repicar incesantemente en su cabeza las palabras de Nancy pidiéndome que la invitara a salir y que le llamara y al llegar el fin de semana estuve a punto de hacerlo aunque pareciera urgido (la verdad es que si lo estaba) pero sonó mi teléfono y al atender era Laura que me preguntaba a qué hora pasaría por mi hijo quien esa noche se quedaría conmigo, había olvidado mi promesa de que esa noche tendríamos una velada de videojuegos, así que me dedique a él totalmente hasta el lunes por la noche que quiso regresar a casa con su mamá.

    Vi a Lan al llevar a mi hijo, resulto muy estresante pues aunque siempre es muy amable cuando trato de acercarme es completamente despectiva y eso me llena de rabia, no hay forma de hablar con ella ya que es tajante sin contemplación alguna, siento como si hablara con un muro, al grado de que se viene a mi mente aquella fría pared de la bodega de un hotel donde termine volcando mi lujuria mientras mi esposa rompió todo lazo conmigo sin darme razón alguna, nuevamente sentí hundirme en un mar de sentimientos negativos, me embriagué cada noche sin importarme que tenía que trabajar al día siguiente y así paso toda la semana hasta el sábado que de pronto me encontré en un bar a media noche con el teléfono en mano enviándole un mensaje a Nancy invitándola a salir junto con mi ubicación, decidido a meterle la verga hasta por los ojos, claro que el alcohol en mi sistema (aunque esa noche no había tomado tanto aun) contribuía mucho o completamente en mi “seguridad”, misma que poco a poco se fue desmoronando mientras pasaba el tiempo sin que Nancy viera siquiera mi mensaje, no pude evitar sentirme estúpido por la situación y llame a la mesera para pedirle la cuenta y largarme de ahí (no entendí como paso desapercibida siendo tan linda pero da igual) termine mi bebida de un trago y mientras me limpiaba la boca con una servilleta escuché:

    -tienes mucha sed -me dijo, gire hacia ella diciendo

    –sí, me tras l… a… hmm… -mudo por la impresión no daba crédito a lo que veía.

    –perdón por la tardanza, no podía conseguir un taxi-.

    Sin poder siquiera hablar me levanté para saludar con un beso en la mejilla a mi cuñada que lucía espectacular en un pequeño traje o vestido (no sé cómo llamarlo) de algodón creo, color negro con grandes flores rojas, en una sola pieza sin mangas cuello muy amplio sin escote, en la cintura un cinturón negro bastante amplio que detallaba perfectamente su figura, abajo terminaba en un short por encima de sus muslos dejando al descubierto sus hermosas piernas que gracias a sus tacones altos igualmente negros resultaban exquisitas, su pelo suelto y completamente chino casi afro y su delicioso olor frutal mesclado con la frescura de haberse bañado recién, tuve que apresurar las cosas para sentarnos rápido y no dejar en evidencia mi creciente erección, la verdad no sé si logre disimular pues se me paro instantáneamente, para empeorar el asunto la mesera también se encontraba ahí, rápidamente las distraje preguntándole a Nancy que deseaba tomar mientras nos sentábamos.

    La noche fue increíble, Nancy era otra persona completamente, nada que ver con la que yo conocía, no podía quitarle los ojos de encima y nos divertimos tanto que nos sorprendió de sobremanera la mesera al traernos la cuenta con el anuncio de que estaban por cerrar, cuando salimos de ahí nos dirigimos lentamente como queriendo nunca avanzar hasta la siguiente calle donde se encuentra ubicado un sitio de taxis, por más ganas que tenía no encontraba la manera de acercarme ni las palabras para insinuarle algo, respire profundo y decidí que simplemente le diría que me la quería coger, respire nuevamente y…

    -¿buscamos dónde comprar algo o en tu casa tienes que tomar? -dijo con toda la tranquilidad del mundo.

    -sí… tengo -aun hoy no estoy seguro si lo dije en voz alta.

    Llegamos a mi departamento, entro al baño, prepare unas bebidas rápidas y la espere sentado en un pequeño sofá que conformaba aproximadamente el 30% de los muebles de mi hogar, trataba de ocultar mi erección cuando regreso del baño se sentó muy cerca de mí e inicio una conversación sobre el lugar y lo que estaba pasando en mi vida personal tal vez con el fin de darme un consejo o que se yo, honestamente no escuchaba, estaba perdido en su hermosura y las ganas que tenia de abalanzarme sobre ella, de pronto su conversación se tornó sutilmente hostil, algo muy familiar que trate de evitar y que me planto los pies en la tierra nuevamente recordándome quien era ella en realidad, aunque trataba de contenerse no podía esconder un dejo de coraje o resentimiento en su semblante que se yo, trataba de ser amable pero eso la hacía más ofensiva hasta que no pude contenerme y la increpe:

    –¿por qué me odias tanto? -hubo un silencio un poco largo.

    –no te odio, es solo que las cosas entre Lan y yo cambiaron mucho cuando se casaron y además… -otro silencio.

    -¿además qué? -se quedó en silencio e insistí- ¿además qué? -la cuestione nuevamente, pero ahora un poco desesperado y algo molesto, me miro extrañada, pero sin pronunciar palabra y así como así se lanzó sobre mí besándome con ansiedad, casi me muero de la sorpresa, pero de inmediato respondí de la misma forma tocando, acariciando y estrujando todo lo que me encontraba.

    –¡eres un pendejo! -me dijo en cuanto tuvo oportunidad.

    Tenía mejores cosas en que pensar así que solo la ignore y seguimos adelante además tampoco me dio mucha oportunidad de responder, en cuestión de segundos me tenía en el sofá en calzones, yo le había quitado el cinturón (era lo único que sabía cómo funcionaba) me tomo tiempo descubrir el cierre en su espalda y más tiempo aun un botón a cada lado de su cintura que se tenían que desabrochar para poderle quitarle el mini vestido de no haberlos encontrado se lo habría arrancado por la desesperación, bajo este traía puesto un sugerente conjunto de lencería en color negro de tela semitransparente (nylon creo) y adornado con encaje negro, recordé algo que escuche de una fina dama amiga mía “cuando llevas a la cama a una chica y su ropa interior hace juego, no te la cogiste, TE COGIERON”.

    Tenía que hacer algo, sentía que esta mujer me estaba dando una paliza, me veía a mí mismo como un adolecente de 16 años y no es que me moleste la idea, pero me inquietaba un poco que ella pensara que así de torpe soy realmente, pero cada minuto que pasaba ella avanzaba sin darme tiempo de reaccionar y para cuando me di cuenta estaba acostado en el sofá completamente desnudo mientras ella detenía con la palma de su mano mi verga al tiempo que lamia de abajo hacia arriba, cada cierto tiempo me daba unas chupaditas en la punta y en seguida con su lengua masajeaba esa tirita de piel entre mi glande y el prepucio lo que era sumamente placentero con su otra mano frotaba suavemente mis testículos y posicionaba sus dedos en el tronco detrás de estos con sus uñas rascaba cuidadosamente provocándome un estremecimiento que corría por todo mi cuerpo al tiempo que se metía mi verga completa en la boca hasta llegar a su garganta y volvía a repetir el proceso, pensé que terminaría rápidamente con esa increíble mamada que estaba recibiendo pero no fue así, por el contrario la tenía más dura que nunca y sentía como si pudiera tenerla así por horas después de un par de minutos y al tiempo que lamia mis huevos se llevó las manos a la espalda y se quitó su sostén dejando libres sus increíbles tetas y sin perder tiempo coloco mi verga entre ellas moviendo de arriba abajo deliciosamente, era algo increíble para mí.

    Recordaba cuantas veces había deseado simplemente ver desnudas las enormes tetas de mi cuñada y ahora no solo podía verlas sino que podía sentirlas alrededor de mi verga y podía tocarlas cuanto quisiera, chuparlas, lamerlas y eso me emociono tanto que casi me chorreo pero afortunadamente en ese momento Nancy se detuvo, supongo que sintió mis contracciones y decidió no darme tregua, se levantó para sentarse sobre mí teniendo el cuidado de no estimular demasiado mi miembro, me besaba apasionadamente restregando su cuerpo al mío, poco a poco fue subiendo hasta aproximar su panochita húmeda a mi cara, era obvio lo que estaba esperando de mi así que no la hice esperar, comencé lamiendo y mordisqueando con mis labios sobre su tanguita ya bañada en jugos vaginales, la sujetaba por las nalgas mientras tanto estrujándoselas y por momentos pasando mis dedos entre sus nalgas para detenerme en su caliente culito y estimularlo un poco pensando que en algún momento de esa noche se lo atravesaría hasta correrme dentro.

    Este pensamiento me puso más caliente y en mi desesperación jale su tanguita reventando uno de los tirantes lo que me sorprendió y me detuve pensando que se molestaría pero ni siquiera le importo solo me restregó su conchita caliente en la cara y se movía exigiéndome que siguiera adelante, termine por romperle el otro tirante, hice a un lado lo que quedaba y enterré mi boca entre sus piernas decidido a dar mi mejor esfuerzo para no quedarme atrás pero incluso en esto ella era quien marcaba la pauta utilizando mi lengua a su antojo, se movía de forma cuidadosa pero con la dirección y velocidad que ella quería, por más esfuerzos que hice por hacer algo notable al final entendí que no podría ponerme a la par con ella, así que decidí solamente ser un dildo humano y dejar que me cogiera como le diera la gana.

    Cuando estaba a punto de conseguir un orgasmo se detuvo, restregándome sus tetas por la cara fue bajando hasta quedar montada en mí, al momento que me besaba sujetó mi miembro y prácticamente sin esfuerzo se la enterró en su cálida conchita para cabalgarme sin tiento, sin calma, sin intención de prolongar el placer, poniendo sus manos en mi pecho se levantó y solo desato su lujuria hasta que no pude más y aunque no estaba usando un preservativo no mostro signos de precaución, siguió cogiéndome hasta que me vine de forma escandalosa dentro de ella, no sé si fue por el modo tan violento en que se movía montada en mi verga o el intenso trabajo previo que me había proporcionado pero sentí una fuerte sacudida en todo mi cuerpo con cada chorro de esperma que disparaba provocando en mi vientre una contracción involuntaria haciéndome gemir y pujar de placer hasta lentamente fue amainando.

    Tan absorto estaba en mí que casi no me doy cuenta que ella también estaba teniendo un orgasmo y seguía clavándose en mi miembro sin detenerse un poco, acompañando cada penetración con un delicioso gemido que me estremecía cada vez y justo cuando pensé que me quebraría el miembro ya que no se detenía y me empezaba ya a doler, disminuyo el ritmo drásticamente desfalleciendo lento sobre mi pecho aun agitado pero nunca se detuvo por completo, ahí exhaustos sentía mi miembro siendo estrujado aun por algunos espasmos ocasionales, casi por inercia mis manos estrujaban sus nalgas para incrementar estos espasmos pues se sentían muy bien, casi me arrepiento de lo que hice después, se me ocurrió meterle un dedo en el culo que instantáneamente apretó al sentirlo dentro y al mismo tiempo ocasión una reacción igual en su puchita cálida aun penetrada con mi verga.

    Llevó su mano hacia atrás y sorpresivamente sujetando la mía para que no la moviera de donde estaba de menos a más retomo nuevamente sus enérgicos movimientos clavando en mi pecho uñas y dientes y aun que fue doloroso al principio en cuestión de segundos se tornó placentero nuevamente, no podía creer lo duro que me ponía la verga sin ningún esfuerzo, parecíamos locos cogiendo a todo vapor, poco tiempo paso para venirme dentro una vez más de la misma escandalosa forma que la primera vez, fue entonces que después de descansar unos segundos se acercó a mi oído para susurrarme:

    -la próxima vez vas a terminar lo que iniciaste -refiriéndose a mi dedo que invadía su suave culito, se levantó con una sórdida sonrisa en el rostro y se dirigió al baño, solo el frio que de pronto sentí me saco de mi transe, con gran sorpresa me di cuenta de lo empapado que estaba en una mezcla de fluidos corporales y la impresión se incrementó al ver la gran mancha húmeda en el sofá.

    La verdad no me moleste en limpiar estaba fascinado como para echarlo a perder de esa manera, cuando mi cuñadita salió del baño fue mi turno de entrar a la regadera, después de un largo baño caliente salí para proponerle ir a cenar y después llevarla a casa pero las sorpresas aun no terminaba, creí estaría lista para salir y en su lugar ya me esperaba en la cama aunque cabe aclara que solo para dormir lo que no me decepciono, la verdad es que todo lo que paso esa noche fue toda una experiencia nueva aun que me sentí muy extraño y me da un poco de pena admitir que me gustó mucho ser cogido tan deliciosamente por mi cuñada que tantos corajes me había hecho pasar.

    El resto de la noche dormimos y al siguiente día no paso mucho en realidad así que dejare esta historia hasta aquí.

  • La amiga feminista de mi novia (Parte 2)

    La amiga feminista de mi novia (Parte 2)

    Había terminado con mi novia hace unos seis meses, pero pasaba mucho tiempo con Sasha por cuestiones profesionales. 

    Fue el primer trabajo que tuvimos después de un período de crisis y protestas en mi ciudad. Esa noche todos trabajamos con entusiasmo, hasta tarde y aprovechando que trabajamos en un bar, decidimos pasar un buen rato entre copas y música.

    Estaban 4 compañeros, Sasha, su amiga y yo. Admito que desde que vi a su amiga tuve una sola cosa en mente.

    Era una mujer no muy alta, con labios gruesos pintados de rojo, con el cabello llenos de rizos, esponjoso, que parecían un arbusto. Un arbusto hermoso, sexy y que seguramente estaba ovulando.

    Usaba un vestido negro muy corto, con un gran escote que le hacía buen marketing a sus tetas, con un rombo que mostraba la piel de su abdomen y su ombligo, unas caderas fuertes y un buen culo que me hizo ignorar el vestido.

    Me acerque, empezamos a hablar de cosas comunes como el trabajo, la profesión, intercalándolo con tragos y sonrisas. Aproveché el ruido del lugar para hablarle al oído y decirle cosas bonitas y cursis, que normalmente les gustan a las mujeres. Ella se reía y yo me estaba divirtiendo.

    Bailamos un poco, nos abrazamos, hasta que Sasha empezó a interrumpirnos. Se puso en medio de los dos y se la llevó lejos de mí, obviamente no quería que coqueteara con su amiga.

    El resto de la noche cada vez que nos juntábamos para avanzar lo nuestro, Sasha estorbaba y se portaba como una verdadera imbécil. Yo estaba harto de todo eso y me la lleve a un lado para decirle:

    -Deja de jodernos -ella estaba muy molesta, de seguro pensó en golpearme. Y me dijo:

    -Lo que estás haciendo es un micromachismo, ella no te pertenece – y un montón de estupideces más. Y le dije:

    -Solo quiero tener sexo con ella, no quiero enamorarme ni nada de eso- Ella se calmó, me miró hacia el pecho y dijo:

    -Está bien, si alguien te gusta, dile que te gusta y que quieres tirar.

    Yo estaba molesto, excitado, casi ebrio y entendí lo que ella quería y que no me dejaría avanzar con su amiga.

    El resto de la noche la mantuve cerca de mi, no le dije nada romántico, pero le tocaba los muslos para estimularla.

    Tomamos un Uber a su casa que estaba más cerca, entramos y fuimos directo a su cuarto, ella se acostó en su cama como en posición fetal pero con la espalda estirada, exponiendo bien su culo. Ella usaba unas mallas blancas con patrón de cebra y sus nalgas eran carnosas y redondas. Todo un manjar.

    Enseguida me quite la ropa y empecé a frotar el pene entre sus 2 nalgas sobre el pantalón, se lo baje y los labios de su vagina estaban pegajoso, algo enrojecidos y con una cantidad considerable de vello púbico. Antes de metérsela tome mi mochila, pero estaba mareado y no podía encontrar los condones. Quería metérsela ya, lo demás no me importaba, pero como hábito siempre uso protección, busque bien, tome uno, me lo puse y entre rápido y sin preguntar.

    Ella se estremecía, estiraba la espalda, respingaba las nalgas y gemía con su voz que es un tanto ronca, mientras su cuerpo se sacudía con cada penetración.

    Pasado un rato me pidió espacio para levantarse, se puso de rodillas en la cama, para quitarse esa blusa negra holgada y ese sostén aburrido. Aunque su cuerpo no era tan sexy como el de su amiga, me gustaban más sus tetas y su cuerpo estaba bien cuidado. Me tomé un segundo para admirar su piel y sus tatuajes.

    Después se recostó boca abajo, levantando un poco el culo. La penetre con ganas y sin consideración, a ratos me apoyaba en sus nalgas, a ratos en sus hombros y le escupí en la espalda varias veces.

    Ya para terminar me recosté sobre ella, la abrace fuerte, metiendo un brazo bajo su abdomen y el otro bajo sus tetas. Movía mi pene con fuerza en dirección a su vagina y ella movía sus caderas con fuerza en dirección a mi pene. Nuestra carne chocaba y ella se retorcía violentamente debajo de mi.

    Yo gruñía y expulsaba con fuerza el aire contra su nuca, ella gemía con silabas cortas explosivas y expulsaba el aire de manera entrecortada.

    Cuando eyaculé dentro de ella la abrace con todas mis fuerzas, mientras le daba las últimas penetraciones profundas y lentas. Ella se estremecía y daba pequeños golpes con sus caderas a mi pelvis.

    Me levanté solo lo suficiente para despegarnos, me quité el condón, dejando tirado en su cama y luego me quedé dormido junto a ella.

    Disfruté mucho ese encuentro, imaginé que una mujer con su carácter tomaría el control en algún momento y me cabalgaría. Supongo que el alcohol afectó su desempeño.

    Después de eso Sasha y yo no volvimos a tener conflictos demasiado serios y la empecé a considerar una verdadera amiga.

  • Diario de una puritana (C. 10): En búsqueda del santo grial

    Diario de una puritana (C. 10): En búsqueda del santo grial

    Mafe era una mujer verdaderamente espectacular, maravillosa, pero sinceramente yo pensaba que nuestra relación no tenía futuro, estaba condenada a morir. Le admiraba mucho, era complaciente con ella, cariñoso y bastante entregado, pero no estaba seguro de quererla auténticamente.

    No por lo menos cuando también podía malpensar muchas veces de ella. Y no porque una pareja esté obligada a ser perfecta, tendrá manías o defectos como cualquiera; pero el que yo percibía de ella quizá no era compatible ni aceptable; no podía haber auténtico cariño hacia alguien que percibía como hipócrita. No porque lo fuera conmigo, pero si porque vivía siendo completamente doble con casi todos los demás. Era una cualidad que me hacía vivir lleno de desconfianza, vivía convencido en que esa falsedad algún día iba a jugar en mi contra.

    Pero a pesar de ello, del eterno recelo que vivía en mi cabeza, tenía una enorme dependencia hacia ella. La había asumido como parte de mi diario vivir y me gustaba, quería ver hasta dónde podían llegar las cosas.

    Tampoco voy a negar que su libidinosidad me tenía atrapado, casi adicto. A pesar de haber fornicado una y otra vez con ella, no me cansaba de hacerlo, parecía inagotable el deseo que tenía hacia la siempre deseosa y deseable Mafe.

    Era de alguna manera raro porque lo que siempre me había pasado era llegar a un punto de agotamiento, de aburrimiento al coger con la misma chica. Con Mafe no me pasó eso, cada polvo fue de alguna manera memorable.

    Aunque he de confesar que las fantasías fueron agotándose, o quizá, más que agotándose, fueron cumpliéndose, por eso dejaron de ser fantasías, eran sueños cumplidos. Pero había algo que todavía no había probado, y por lo menos yo estaba ansioso de hacerlo. Quería que Mafe me entregara su culo.

    Hasta ese entonces nunca lo charlamos, y mucho menos lo intentamos. Era como si existiera un pacto tácito de que era ‘campo santo’.

    Cuando follábamos en cuatro, era cuando más lo deseaba, pues era en esos momentos cuando lo tenía de frente, era ahí cuando tenía ese ojal coqueteándome, como haciéndome ojitos para aventurarme a explorarlo. Pero no me atrevía a retirar mi pene de Mafe, para introducirlo a traición por su ojete. Estaba seguro de que eso le molestaría y marcaría el fin del polvo que estuviéramos echando en ese momento.

    Entendía que debía convencerla, casi como la primera vez que follamos, sabía que debía llenarla de confianza y tranquilidad para tan aventurado paso. Pero no podía ser frentero tampoco, no podía decirle así como así que me entregara su culo, pues sabía que ella se iba a negar rotundamente.

    Una noche, durmiendo junto a mi bella Mafe, soñé que la penetraba por allí, por su misterioso ojete, y obviamente, siendo un sueño, todo era perfecto, ella lo disfrutaba e incluso me pedía ser más agresivo en la aventura contra natura. Pero cuando desperté, me estrellé contra la realidad. Estaba allí acostado junto a Mafe, pero solamente durmiendo. Yo estaba completamente excitado por las imágenes que segundos antes se habían apoderado de mi mente. Empecé a besarla por el cuello mientras dormía, como buscando despertarla, como tratando de encender la llama de la pasión que no había estado presente en nuestro dormitorio esa noche, por lo menos hasta ese momento.

    Ella despertó, y aún somnolienta estiraba su cuello y me alentaba para que la siguiera besando. Me arrimé a ella, y estando los dos acostados de medio lado, fue evidente mi miembro erecto chocando contra sus nalgas, como quien pide permiso para entrar. Empecé a acariciar lentamente sus piernas…

    -¿Te apetece una mamada?

    -Es lo mínimo por haberme despertado –respondió Mafe dibujando una leve sonrisa en su bello rostro

    -Pero quítate la camisa, que antes quiero besarte por la espalda, quiero consentirte como lo mereces

    Tenía pensado ir bajando poco a poco, besando lentamente sus hombros, descender por su espalda hasta llegar a sus nalgas y aventurarme a darle un beso negro, advirtiendo que jamás lo había hecho, y sin saber cómo iba a reaccionar Mafe.

    Comprendía que Mafe tenía que estar completamente excitada, que ella tenía que alcanzar la cúspide del deseo, para permitirme avanzar en mi intento de incursión rectal. Mientras paseaba lentamente mis labios por su espalda, le acariciaba sus piernas, les rozaba la yema de mis dedos y ocasionalmente las arañaba levemente,

    Cuando le saqué las bragas, acaricié su vulva, posando la palma de mi mano sobre ella. Simultáneamente dirigí mi boca hacia su ojete. Mafe se sorprendió por completo, apretó sus nalgas una vez que sintió mis labios y mi lengua tratando de establecer contacto con su ano.

    Ese freno en seco me hizo buscar tranquilizarla. Recurrí a la vieja y confiable frase de “no va a pasar nada que tú no quieras”, buscando calmarla. Volví a dirigir mi boca hacia su ojal y antes de juntarlos le dije “es solo algo que quiero probar”.

    Sinceramente fue asqueroso, pero la excitación que le causé no tiene precio. Fue cuestión de segundos, de un par de pasadas de mi lengua por su ojete para verla retorcerse del placer contra el colchón. Entendí que era el momento de seguir avanzando, por lo que dirigí uno de mis dedos hacia el objetivo, pero una vez hizo el mínimo contacto, Mafe volvió a retraerse, volvió a juntar sus nalgas, como un movimiento reflejo que buscaba impedir cualquier ingreso. Le repetí de nuevo, “no va a pasar nada que tú no quieras”, aunque esta vez no tendría efecto, ya que Mafe tenía bastante claro lo que no quería que pasara. Por mi parte supe que había fracasado en mi intento por explorar su culo.

    Terminamos echando un fogoso polvo de madruga, siempre era apetecible sentir la humedad de Mafe en medio de la oscuridad y a primera hora de la mañana, pero yo quedé con esa sensación de cuenta pendiente. En mi cabeza seguía dando vueltas la palabra fracaso, pues estaba realmente obsesionado con tener sexo anal con Mafe, pero sabía que eso estaba lejos de cumplirse.

    De todas formas, no iba a dejar de intentarlo. Era cuestión de ser paciente y persistir.

    Más tarde esa misma mañana, ya con la luz del sol sobre nosotros, mientras desayunábamos, y antes de partir a la oficina, le pregunté a Mafe cómo se la había pasado con el polvo espontáneo de la madrugada.

    -¡Súper! Estuviste diez puntos. Me quedé tan relajadita, y terminé descansando muy bien.

    -A mí también me encantó, aunque me causó algo de desilusión que no me dejaras probar cosas nuevas.

    -¿A qué te refieres?

    -A que quise consentirte ese hermoso y respingado culito, pero me bloqueaste la entrada.

    -Bueno, es que eso no está hecho para eso. Para el placer y la reproducción está la vagina, y el culo para excretar.

    -Quizá, pero te vi disfrutar muchísimo cuando te estimulé con mi lengua.

    -No fue muchísimo.

    -Lo habría sido si me hubieses dejado avanzar.

    -Se te va a hacer tarde para llegar al trabajo…

    Mafe estaba siendo completamente recelosa con este tema, y la verdad no imaginaba la manera de ablandarla, de convencerla para cumplir esa fantasía.

    Me volví un poco intenso con el tema durante esos días. Le recordé esa vieja versión suya que temía y se resistía al sexo, y que terminó cambiando casi que al extremo opuesto. Traté de convencerla comprando lubricantes, o tratando de convertir la situación en un juego. Pero parecía que no había poder humano que pudiera convencerla de acceder.

    Claro que lo más sorprendente fue que su postura negativa hacia el sexo anal fue pasando del argumento de la prohibición contra natura, a un tipo de chantaje emocional. “Tú y yo no contamos con la bendición de dios, no tenemos una hipoteca, no tenemos un hijo, no tenemos nada que nos una verdaderamente. No veo por qué debo acceder a una pretensión tan osada con alguien con quien no tengo un verdadero lazo”.

    Escucharle decir eso me enervó, enfurecí por completo, pues entendí su postura más como un chantaje que como cualquier otra cosa. Salí furioso de casa. Estaba sorprendido de que Mafe me estuviera sometiendo a este tipo de condicionamientos. De hecho no sabía que pretendía ¿Tener un hijo o casarnos a cambio de su culo? No estaba dispuesto a pagar un costo tan alto.

    Esa tarde salí de casa a dar un paseo, a tratar de calmarme por la actitud que había tomado Mafe frente a mis deseos y nuestra relación. Tanto así que llamé a una amiga para contarle lo acontecido y pedirle consejo. Me aconsejó apelar a la ternura, llevarla a un punto de excitación total a punta de mimos, cariñitos, y tratos dulces. Yo sentía que había intentado eso y había fallado. Pensé en saciar mis deseos con una prostituta, pero rápidamente desistí de ello; nunca ha sido afecto al plan de ir de putas.

    De todas formas era algo que me obsesionaba. Era una ilusión que tenía y que no estaba dispuesto a dejar desvanecer así como así. Le di muchas vueltas en mi cabeza sobre la forma de convencerla. Y tanta meditación dio sus frutos, fueron varios planes los que elucubré para conseguir mi cometido.

    El primero de ellos fue por la línea de la recomendación que me dio mi amiga: ser tierno con Mafe a la hora de intentarlo.

    Decidí entonces reservar una cabaña a las afueras de la ciudad, obviamente con su correspondiente adquisición de vino, cena y la típica cursilería de escribirle un mensaje de amor con pétalos de rosa sobre la cama.

    Le dediqué días a pensar cada uno de los detalles de la velada. Lo primero fue comprarle un abrigo, que le regalaría en el inicio de la noche. En uno de los bolsillos introduje la reserva de la cabaña.

    La reacción de Mafe al recibir el abrigo fue la esperada, no cabía de la dicha, y su embeleso fue en aumento al descubrir el tiquete de la reserva. Tomamos el coche y partimos rumbo a lo que parecía ser la noche más romántica de nuestro noviazgo y mi esperado acceso a la ‘tierra prometida’.

    El sitio era realmente acogedor. Era una casa de campo en adobe, con un ligero aroma a roble, luces tenues, con un decorado rústico, chimenea en el salón principal, y un camino de pétalos de rosa a la habitación, la cual tenía su propia decoración también con pétalos de esta flor.

    La cena también la encargué con antelación, y para mi satisfacción no hubo contratiempo alguno en su entrega. Es más, pasaron cerca de diez minutos desde que habíamos entrado a la cabaña y el momento en que llegó la cena. Ensalada de escarola y peras caramelizadas como guarnición y como plato principal salmón glaseado con naranja y romero. La cena la acompañamos con un Domaine Alain Graillot Crozes, un exquisito vino tinto que bebimos al calor de la chimenea.

    Realmente fue un momento romántico, que ocultaba a la perfección mi malsana intención de desvirgarle el culo a mi hermosa Mafe.

    Fue tal el regocijo de Mafe, que fue ella quien empezó con una larga tanda de besos a modo de recompensa por mi romántica, y hasta entonces desinteresada, sorpresa. Nos fundimos en un fuerte abrazo que acompañamos con besos mientras caminábamos de forma tambaleante hacia el dormitorio.

    Caímos sobre el colchón y continuamos besándonos por un largo rato, mirándonos a la cara con un repetitivo gesto de ternura. El ademán de acariciar la mejilla del otro también se hizo reiterativo.

    Mafe se sacó la camisa, el sostén y me pidió que le besara los pechos. Acepté de inmediato, no había motivo para oponerme a tan grata petición. Me ayudé con uno de los pétalos para estimular a Mafe. Lo pasaba levemente por sobre su torso, apenas rozando su piel, mientras ella reía y me pedía frecuentemente que la besara.

    Me detuve por un instante, me puse en pie y fui al salón principal en búsqueda de otra botella de vino. La destapé y volví al cuarto. Empecé a regarlo de a pocos sobre el pecho de Mafe, sobre su abdomen, sobre su pubis, quería sazonarla un poco con la sangre de Cristo.

    Mafe solo permanecía allí sobre la cama, casi que inmóvil, disfrutando el sentir mi lengua y los pétalos de rosa paseando por su cuerpo. Pero de repente quiso cambiar de rol, se puso en pie casi de forma abrupta y me tumbó sobre la cama. “Dime si te gusta…”, dijo ella antes de empezar a menearse mientras se sacaba lentamente los pantalones. No voy a mentir, el baile erótico no era su mayor virtud, pero debo reconocer que tuvo una gran actitud con la demostración que hizo.

    Me puse en pie y la abracé para de nuevo fundirnos en un apasionado beso. Luego le pedí sentarse o acostarse en la cama, mientras yo le devolvía el espectáculo del show erótico. Tampoco creo que se me haya dado muy bien, pues era la primera vez que lo hacía, pero Mafe por lo menos se divirtió al verme hacerlo.

    Eso sí, estuve siempre pendiente de tener lubricante a la mano, pues era indispensable para llevar a cabo mi plan.

    Una vez quedamos desnudos nos acostamos y continuamos besándonos. Las caricias también se hicieron presentes. No sé si el tiempo se nos hizo largo o si realmente dedicamos mucho tiempo a esta introducción romántica del polvo, lo cierto es que fue verdaderamente extensa.

    Como era de esperarse, la estimulación de su vagina con mis dedos y con mi boca no pudo faltar. Mafe se acostó sobre la cama, abrió un poco sus piernas y con solo su mirada me invitó a que le comiera el coño. Para mí, esto se había convertido en uno de los grandes placeres de la vida.

    Empecé con unos cortos besos por sus pies para luego ir subiendo por sus tobillos hasta llegar a sus muslos y concentrarme allí por un buen rato. Mi lengua empezó a deslizarse por ellos, sintiendo su piel erizarse.

    A pesar de que yo estaba buscando ser romántico y regalarle un rato inolvidable, Mafe tenía algo más de prisa. El accionar de sus manos, tomándome del pelo para clavar mi cara en su vagina, me lo confirmaba. Pero pronto volví a recorrer sus piernas, alejándome de ese objetivo rosa y caliente. Sencillamente porque quería tenerlo entre mi boca en su punto máximo de ardor.

    El calor de su zona íntima empezó a emanar, y el pasar de mis dedos por sobre su vulva confirmó la creciente humedad. Era hora de dedicarme a comer ese postre llamado clítoris.

    El de Mafe era ciertamente especial, no por alguna característica concreta, sino porque lo conocía a la perfección, sabía para ese entonces como estimularlo con mi lengua, con mis dedos, mirando o sin mirar; sabía cómo manipularlo para hacerla tocar el cielo.

    Ella era un adicta del contacto de mi lengua con su clítoris, por eso era bastante normal que me abrazara con sus piernas cuando mi cara se entrometía entre su pubis. Ya era un clásico de nuestros coitos que yo levantara la cara con el mentón recubierto de esos fluidos con sabor a elixir sagrado. Mafe clavaba sus uñas en el colchón mientras apretaba las sábanas y de su boca escapan un cortitos suspiros, era todo un festival.

    Sin embargo, esa noche fue especial por algo más, y es que Mafe se animó a darme una mamada, pero lo hizo con tal grado de perversión que terminé disfrutándola a pesar de su pobre técnica.

    Fue ella quien me invitó a dejarme caer sobre la cama, y luego se abalanzó sobre mi pene para introducirlo en su boca y regalarme la que fue la mejor mamada desde que habíamos empezado a salir.

    En un comienzo sus ojos se enfocaron en mi rostro, con esa mirada cómplice y pervertida de quien busca asegurarse estar dando placer a su contraparte. Pero luego sencillamente los cerró y continuó con su trabajo, como si en realidad estuviese disfrutando de tener mi miembro entre su boca. Fue inevitable descargar un poco de esperma en ese momento, pero no a causa de un orgasmo, sino de esta que va saliendo casi que de forma involuntaria antes del clímax. Ese fenómeno que algunos han definido sabiamente como que “antes de llover, chispea”.

    El semen corrió hacia afuera de su boca, empezó a deslizarse por una de las esquinas de su boca y a bajar por su mentón. Y aunque yo pensé que la reacción de Mafe iba a ser de asco o rechazo, sencillamente sonrió al dejar correr esa pequeña cantidad de esperma por su rostro.

    Mafe decidió que era momento de pasar de la estimulación oral al coito, por lo que se acomodó para montarme y dejó deslizar mi pene entre su humanidad. Una gran sonrisa se dibujó en su cara al sentirme dentro, y a partir de allí empezó a sacudirse hasta terminar en una feroz cabalgata.

    Tumbado en la cama y acariciando sus piernas, veía sus pequeños senos saltar al ritmo que se lo imponía el movimiento de su cuerpo. Ocasionalmente Mafe inclinaba su cabeza hacia atrás, como mirando hacia el techo, mientras dejaba que sus caderas hicieran el trabajo de marcar el ritmo y la labor de generar placer a todo su ser.

    De follar en esta posición me encantaba el hecho de sentir la humedad de su pubis sobre el mío, también el hecho de jalarla hacia mí con un abrazo para sentir sus senitos rozando sobre mi pecho, o mejor aún, el hecho de poder ponerlos entre mi boca.

    Mafe aguantó un buen rato montándome, pero llegó el momento en que el cansancio la venció, por lo que en un rápido movimiento se dio vuelta, quedando apoyada sobre sus rodillas, en una clara invitación a cogerla en cuatro.

    Antes de penetrarla, decidí acariciarle una vez más su apetecible coño, y es que para mí era todo un delirio sentir sus fluidos en mis manos, poder sentir mis dedos deslizarse con facilidad entre su vagina era otro de mis grandes delectaciones. Mafe no se opuso, pues creo que sentía la misma obsesión que yo, aunque de su parte por mojar mis dedos con su coño. Era mutuamente apetecido.

    Una vez satisfecho el deseo de sentir la humedad de su concha en mis manos, nació nuevamente la de sentirla pero con mi miembro. Así que procedí a penetrarla, y fue ahí que comprendí que se acercaba la hora de la verdad. Estaba una vez más con su ojete de frente a mí, mirándome a la cara.

    Arranque lentamente, encargándome de acariciar su espalda, sus hombros y su abdomen al mismo tiempo que le penetraba. La sonoridad de sus gemidos fue en aumento a pesar de que los movimientos no eran bruscos ni severos.

    Decidí entonces empezar a acariciar su ojete, por lo menos de forma superficial, a modo de primer acercamiento para tantear la situación. Mafe no reaccionó, aunque creo que desde ese momento sospechó hacia dónde iba todo.

    Yo, al ver que no hubo reacción, entendí que era un gesto de condescendencia Me animé a meter la punta de mi dedo índice. Ahí sí hubo reacción de su parte, el clásico ademán de echar el cuerpo hacia adelante, juntar las nalgas y apretarlas.

    -Tranquila Mafe, va a ser solo un poquito. Si no te gusta paramos

    Mafe guardó silencio por unos instantes, pero luego terminó cediendo a mis pretensiones.

    -Está bien. Por probar, pero seré yo quien mande

    -¡Como digas! Por cierto, traje esto para ayudarnos

    Fue ahí cuando me puse en pie y tomé el pequeño frasco de lubricante entre mis manos. Sonreí, me unté un poco en los dedos y empecé a esparcirlo sobre su ojete. “Mafe, termine como termine esto, tengo que decir que te amo. Y no te lo tomes como algo menor, pues es la primera vez que lo digo sinceramente”.

    Había un cierto grado de mentira en ello, pero no fue algo que dije solamente por conseguir mi cometido, realmente estaba confundido y creía poder estar realmente enamorado de Mafe.

    -¿Quieres que te lo bese? -pregunté

    -Bueno, dale

    Como todo estaba pensado, el lubricante tenía sabor, por lo que el beso negro no terminó siendo del todo desagradable. Mafe pareció disfrutar de mi lengua paseándose por su ojete. Un par de movimientos involuntarios me confirmaron el descontrol placentero que estaba viviendo.

    Las cosas parecían ir por buen camino, así que una vez más me animé a introducir uno de mis dedos. Poco a poco mi dedo índice empezó esa misión de explorar territorio desconocido.

    Por respeto a Mafe le pedí hacer una pequeña pausa para buscar una menta entre mis cosas, comerla y librarme así del mal sabor y darme la libertad de poder volver a besarla.

    Una vez retomada la acción volví a esparcir un poco de lubricante en su ojete para introducir de nuevo mi dedo, esta vez a mayor profundidad. Mafe dejó escapar un par de lamentos, aunque realmente nada de qué preocuparse. Mi dedo entró del todo, se movió muy poco en su interior y luego lo fui retirando lentamente. Salió evidentemente untado de mierda; la ‘tierra prometida’ estaba llena e la ‘greda prometida’ Era sencillamente asqueroso, pero en ese momento estaba loco perdido por terminar de ejecutar mi magistral plan.

    -¿Probamos ahora con dos deditos?

    -No, vamos al grano de una vez

    -¿Segura?

    -Sí, segura

    -Mafe, eres lo máximo. ¡Te amo!

    Claro que mi dicha iba a llegar pronto a su fin, porque una vez que entró el glande, Mafe me pidió detenerme. Así lo hice, me detuve, se lo saqué y le aplique más lubricante para de nuevo intentar la ansiada penetración anal. Sin embargo, a mitad del estrecho camino, el grito de Mafe fue desgarrador, y una vez más me pidió detenerme. Esta vez fue definitiva, pues parecía bastante adolorida, por lo que yo también sentí que era el momento de abortar la misión. De todas formas valoraba la voluntad de Mafe al pretender permitirme llevar a cabo mi plan, pero sencillamente su cuerpo y su mente no estaban preparados para ello.

    -Lo siento, dijo Mafe al ver la decepción dibujada en mi rostro

    -No Mafe, discúlpame tú a mí. Discúlpame por si te hice daño, y discúlpame por si te hice sentir forzada a hacer algo que no querías

    -Relájate, estoy bien. Forzada no me sentí, fui yo quien aceptó el juego. Aunque es la última vez que lo intento.

    -Más allá de que no pude cumplir mi fantasía, no eches en saco roto lo que te he dicho, te amo Mafe.

    Mafe me besó, acarició mi mejilla y me pidió rematar el polvo que habíamos empezado y que la fantasía contra natura por poco nos arruina. Yo no podía negarme a un pedido de Mafe, más si este consistía en follarla, así que la apoyé contra una pared, la penetré y sin expresarle mi verdadero sentir, la folle con furia por la imposibilidad de haberla cogido por el culo.

    A modo de recompensa Mafe me permitió correrme sobre su cara, entendiendo que ver su rostro recubierto de esperma era una de mis grandes fascinaciones. Claro que la noche no terminó ahí, pues el romanticismo del lugar, la cena y demás, fue un detonante para una velada cargada de actividad sexual y orgasmos.

    Pero a pesar de que había sido una noche llena de placer y cariño, el objetivo principal no había podido cumplirse. Mafe había cambiado de postura, ya no me estaba “vendiendo” su culo a cambio de compromiso, sencillamente lo había intentado y no había resistido.

    No sabía qué hacer pues mi obsesión seguía vigente y no estaba dispuesto a renunciar a cumplir mi fantasía. Estaba viviendo un verdadero tormento ya que penetrar a Mafe por el culo se me había convertido en una obstinación que no podía olvidar, y si bien había pensado en uno y otro plan para lograrla, el que había ejecutado esa noche era el mejor de todos, era mi plan A, B y C.

    Bueno, sinceramente había pensado en un plan B y en un plan C, pero iban en contra de lo que pensaba, de mi esencia. El plan B era penetrarla a traición, y el plan C era embriagarla para llevar a cabo mi fantasía.

    Sabía que de ninguna manera podrían salir bien, pero la obsesión me venció. Era como si me hubiese vuelto adicto a algo que nunca había probado, o por lo menos no del todo.

    Lo primero que intenté fue la penetración a traición, obviamente pasado un tiempo prudente desde esa velada de romanticismo y experimentación. Fue en uno de tantos polvos ocasionales, teniendo a Mafe en cuatro, inocente de lo que iba a sentir. Fue un gesto que poco quiero recordar, pues además de haberle causado daño a Mafe, no disfrute al ser algo fugaz, agresivo y poco empático hacia una persona a la que juraba querer.

    Esa acción, además de marcar el final del coito que estábamos teniendo, me causó una fuerte discusión con Mafe, y un enorme cargo de consciencia.

    Mafe era excesivamente bondadosa, o quizá me quería demasiado, por lo que terminó perdonando mi abusiva intromisión. Y con su perdón desapareció mi cargo de consciencia y reapareció una vez más ese deseo malsano.

    Así que llegué entonces al plan C, recurrir al licor para hacerle perder la consciencia, y así tener vía libre para hacer con ella lo que se me antojara. Claro que no era tan sencillo como suena, ya que Mafe no habituaba a beber. De hecho era muy raro que lo hiciera. Pero tampoco era una misión imposible, ya tenía en mente la forma de conseguir que Mafe y el licor se hicieran amigos íntimos por una noche.

    Fue cuestión de invitar a una cena en casa a uno de mis amigos, a él y a su pareja. Mafe los aborrecía, su compañía le resultaba tediosa e incluso desesperante.

    -La vamos a pasar bien, será una linda cena de parejitas. Y luego podemos rematar la noche con una salida a bailar, al cine, no sé…

    -¡Ni muerta! Vamos a comer con ellos, yo voy a poner buena cara el tiempo que dure la cena, me embriagaré, esperaremos a que se vayan, y luego me lo harás acá, sobre la mesa del comedor. Ese va a ser nuestro plan esta noche.

    -Bueno, también suena bien -dije con una hipócrita sonrisa en mi cara.

    No sé por qué Mafé le tenía tanta repulsión a Santiago y su chica. Es cierto que eran un poco friki, un tanto intensos y un poco inoportunos, pero no creo que hasta el punto de llegar a aborrecerlos. Pero bueno, esa noche iba a ser una ventaja para mí toda esa repulsión que sentía Mafe hacia ellos.

    Mi mente maquiavélica quiso prever todo lo necesario para hacer realidad mi plan. De nuevo conseguí lubricante, unas mentas para el mal sabor de boca, y un buen ron, pues ese licor específicamente la embriagaba y le activaba su faceta más carnal.

    Santiago y su novia, Daniela, llegaron a eso de las siete de la noche, y fue necesario solamente que cruzarán la puerta para que Mafe empezara a empinar el codo.

    Yo también bebí, aunque muy poco, pues quería estar en plena forma, como un capeón, a la hora de ejecutar mi fantasía. Para mí no era tortuoso sostener una conversación con Santiago, al fin y al cabo era mi amigo, de toda la vida, aunque sinceramente si era un tipo muy raro. Era de aquellas personas que creen en hipótesis extrañas como que el sol es frío pero se siente caliente por acción de la atmósfera terrestre, y está dispuesto a gastar horas para explicar su punto y especialmente para defenderlo. También era un tipo muy devoto, aunque realmente no sé de qué religión. Era normal en él empezar a hablar de las bondades de su secta, de las innumerables “evidencias” de su fe, y de lo errado que estaban todos los demás en sus creencias o en su agnosticismo. Y así como era un radical con su dogma, lo era con sus apreciaciones o gustos por la música. Escuchar una canción de un ritmo que no soportara, libera al nazi que llevaba en su interior. Tenían todos los elementos para ser detestable, aunque yo le apreciaba, pues nuestra amistad se había forjado mucho tiempo atrás, antes de que desarrollara características de personalidad tan singulares.

    El reloj empezó a correr y mi plan iba tomando forma, pues a Mafe ya se le empezaban a notar los efectos del exquisito ron que bebimos esa noche, si no recuerdo mal la marca era Arehucas, aunque puedo equivocarme.

    Claro que no todo fue perfecto, pues el licor fue desinhibiendo a Mafe, lo que liberó esa cara antipática y cortante que era tan difícil de ver en ella. Yo recurrí a las indirectas para hacerle saber a Santiago y su novia que era hora de irse a casa, y aunque tardó en entenderlas, finalmente lo hizo.

    Cuando ellos partieron, Mafe estaba en un alto estado de embriaguez, aunque aún le faltaban un par de tragos para perder la razón, que era lo que yo buscaba para cumplir mi plan. Bebimos esas copas de más en medio de besos y manoseos.

    La hora de la verdad había llegado. La desnudé, la acaricié, e incluso la estimulé un poco con mi boca en su vagina. Aunque no dediqué mucho tiempo porque el objetivo era otro. Además ¿Qué más daba si Mafe estaba dormida? ¿Para qué tanto estímulo?

    Tomé el lubricante entre mis manos y empecé a verterlo sobre su ojete. Pero cuando me disponía a introducir uno de mis dedos entre su culo, hubo algo que me frenó. Un repentino freno, uno de esos ligeros choques eléctricos que produce la mente consciente cuando advierte que se trasgreden los límites.

    Empecé a cuestionarme lo que estaba haciendo, el hecho de aprovecharme del estado inconsciente de una mujer a la que supuestamente amaba. Era tan similar como el actuar de un violador. Me sentí sucio y mísero. Tanto que juzgaba a Mafe por su hipocresía, y resultaba que era yo quien realmente lo era.

    No pude hacer nada. La excitación desapareció con la llegada de esos pensamientos deshonrosos. Me puse de nuevo mis pantalones. Tomé a Mafe en brazos, la llevé al dormitorio, le puse un camisón y la acosté.

    Estando ya en la cama y sufriendo del insomnio típico que aqueja a quien se siente indecoroso, reflexioné una y otra vez sobre mi actuar, sobre lo que había pretendido hacer y no hice, pero especialmente sobre la autenticidad del amor que creía sentir por Mafe. Comprendí que realmente si existía un sentimiento de afecto, pues de no ser así no me habría detenido en mi mal intencionado plan. Pero dudaba seriamente que se tratara de amor. Comprendí esa noche también que Mafe era una mujer muy especial, pero yo no la merecía. Ahora solo me restaba pensar la forma de decirle a Mafe que era hora de cortar. No quería confesarle que había pretendido ejecutar tan aberrante plan, que había sido un canalla, pues quería que ella conservara un bonito recuerdo de lo que alguna vez existió entre nosotros.

    Y si bien no le confesé tan rastreros pensamientos planes que tuve para ella, si le di a entender que no la merecía, que era muy poca cosa para alguien verdaderamente valioso como lo era ella.

    El adiós fue doloroso para ambos. Para ella porque quizá no se lo esperaba y no quería aceptarlo, y para mí porque me había habituado a ver amaneceres y atardeceres a su lado, a delirar con el sentir de sus carnes sin encontrar el cansancio por ello, incluso a escuchar sus rezos a toda hora del día, a ser cómplice de sus convencionalismos como respuesta a su condescendencia hacia mis deseos.

    ************

    Capítulo 11: La boda de ‘Piti’

    El tiempo pasó y las heridas fueron cerrando. Tanto Mafe como yo rehicimos nuestras vidas, pero el destino nos tenía previsto un último encuentro, que quizá iba a ser el más trascendental de toda nuestra historia juntos…

  • De traficante a puta (Parte III)

    De traficante a puta (Parte III)

    Viajaron en silencio durante un rato. La noche comenzaba a tornarse fría y el vestido de Eleonor no la cubría lo suficiente.

    -Vaya, este clima cambia drásticamente por las noches en esta época del año verdad. –dijo el chofer mientras se inclinaba buscando un suéter.

    -Oh sí, siempre suele ser así en esta época.

    -Tome, no creo que ese vestido sea tan cálido como aparenta –dijo mientras le daba su suéter a Eleonor

    -De verdad se lo agradezco, señor…

    -Derek, llámeme Derek. ¿Y usted es?

    -Me llamo Eleonor, un placer.

    -El placer es mío. Disculpe que me entrometa pero… una hermosa chica en un lugar como este, a mitad de la noche… no es algo que se vea frecuentemente por la carretera.

    -Sí, supongo que no, bueno, alguien quedó de recogerme, pero no llegué a tiempo y mi celular no tiene pila, entonces… -respondió sin muchas ganas de dar mayor explicación.

    -¡Ah! Entiendo…

    Se acercaban a una pequeña cabaña a orillas de la carretera, era una pequeña cafetería.

    -Pasaré un minuto a comprar algo antes de seguir, puede usar el baño de esta cafetería si lo necesita.

    -No lo necesito, pero gracias. ¿Tienen teléfono público allí?

    -Sí, tienen.

    -Excelente, gracias.

    Estacionaron y entraron a la cabaña. Derek fue a ordenar comida mientras que Eleonor fue directo a los teléfonos. Rebuscó unas monedas en su bolso y le marcó a Luka. Su teléfono sonaba fuera de servicio. Y tras cuatro intentos fallidos decidió volver al tráiler. Unos minutos más tarde llegó Derek, con un café y dos sándwiches para cada uno.

    -Ya es muy tarde, supuse que tendría hambre, le compré esto, espero que no le moleste.

    -Ah… en verdad se lo agradezco, me siento muy apenada, está siendo demasiado amable conmigo y no tengo como pagarle.

    -Tranquila, supuse que no tenía dinero, sino hubiera tomado un taxi. No se preocupe, no es ninguna molestia para mí. Ahora coma, que su café se enfría.

    Ambos comieron en silencio dentro del tráiler mientras veían las oscuras montañas en el horizonte y la luna iluminando el borde de aquellas empedradas colinas, disfrutando del paisaje, del frio de la noche y del sabor del café. El suéter y esa bebida eran lo más cálido y lo más humano que Eleonor había recibido de alguien aquella noche. Observó a Derek mientras él divagaba en sus pensamientos mirando las colinas.

    Ella no se había dado el tiempo de contemplar al buen samaritano. Era un sujeto atractivo, una cabellera negra bien acomodada, unos labios bien dibujados, con una barba que le daba un aspecto rustico, pero su mirada, sus ojos grandes y sinceros lo hacían ver tan tierno y confiable. Su nariz respingada y sus brazos fuertes y vigorosos. Su aspecto era inusual y diferente al de los típicos camioneros de carreta y su cortesía y amabilidad eran dignas de un caballero.

    Luego de comer, continuaron el recorrido. Demoraron un poco más de la cuenta por el mal estado de la carretera. Llegaron alrededor de las 12:15 hasta Alamount.

    -¿Tiene donde pasar la noche señorita Eleonor?

    -Ya veré que hago… realmente agradezco todo lo que hizo por mí.

    -Bueno, el “ya veré que hago” no es un lugar muy cómodo que digamos. Que le parece pasar la noche en un motel cerca del centro. Me he quedado allí un par de veces y es un buen lugar.

    -No no no… ya ha hecho demasiado por mí, no podría aceptarlo.

    -De verdad, no es ninguna molestia para mí, no la voy a dejar sola a medio pueblo, ni siquiera la dejaré bajar del camión si no acepta quedarse en una habitación. –dijo en tono firme, exagerado, pero cómico.

    Llegaron al motel, ambos caminaron hasta la recepción para pedir las habitaciones.

    -Buenas noches.

    -Buena noche, por favor, necesito dos habitaciones.

    -por supuesto… -dijo el velador mientras buscaba las llaves de las habitaciones.

    -Con una sola habitación es suficiente, no se preocupe. –interrumpió Eleonor, devolviendo una de las llaves al velador.

    -Aquí no tienen habitaciones con dos camas… –dijo Derek sorprendido por la decisión de Eleonor

    -Ya dije que no es necesario, ya has hecho bastante por mí, no dejaré que gastes demás por mi culpa… Muchas gracias señor, esto es suficiente – agregó dirigiéndose al velador, tomando las llaves en la ventanilla.

    Derek no pudo hacer más que acceder a su petición. Caminaron juntos hasta la habitación 18 y entraron. Era una habitación pequeña. Una cama regular, un baño, ducha, una pequeña mesa y un pequeño televisor anclado a la parte superior de la pared.

    -Emmm… bueno, creo que… si no le importa, tomaré una ducha –dijo Eleonor, mientras Derek se sentaba en la cama colocando su pequeño maletín en el suelo.

    -Sí, claro, yo iré a comprar algo de comer, ¿quiere que le traiga algo?

    -No, gracias, estoy bien.

    Derek salió a comprar algunos panecillos y unas sodas. Mientras tanto Eleonor se metió a la ducha, que por fortuna tenía agua caliente, se dio la ducha más profunda que en toda su vida se había dado.

    Dejaba que el agua caliente recorriera su sensual figura relajándola por completa, la espuma del jabón se deslizaba lentamente por todas sus curvas y cavidades, a Eleonor siempre le había encantado esa sensación que acariciaba toda su piel al quitarse el jabón bajo la ducha.

    Sus pechos voluminosos estaban adoloridos del maltrato y los labios de su vulva, recibían resentidos la limpieza que sus manos le daban. Su culo palpitante había recobrado su tamaño aunque aún le causaba un dolor intenso al hacer sus necesidades.

    Luego de un largo rato, salió, envolvió una angosta toalla bajo sus brazos alrededor de sus pechos cubriendo su cuerpo. Su cabello mojado estilaba sobre su espalda mojando la toalla que apenas lograba cubrir su voluminoso trasero y su conchita. Salió del baño a la habitación, observando que su ropa estaba sucia, lo único que tenía era el recambio de ropa interior en su bolso.

    Derek volvía de la tienda, justo antes de entrar en la habitación no pudo evitar ver la sensual figura de Eleonor a través de las cortinas en la ventana. Pudo verla mejor ahora, con la plena luz de la habitación. Era una mujer preciosa, de eso no cabía duda, pero él mantendría su postura siendo caballeroso.

    Tocó la puerta antes de entrar.

    -Pasa –dijo Eleonor. Derek entró y tratando no mirarla, colocó lo que traía en la mesa.

    -Le compré algunos panecillos.

    -Ya deje de comprarme cosas, no es necesario, en serio le agradezco, pero me apena mucho. ¿Dónde compró eso?

    -En una tienda a un par de cuadras de aquí, es la única abierta a estas horas.

    -¿No vio si vendían camisetas o algo por el estilo?

    -No lo creo señorita, lo único que venden allí son comestibles y cerveza.

    -¡mierda! –susurró Eleonor frustrada.

    -¿Necesitaba ropa?

    -Es que, este es el único vestido que tengo y está muy sucio, pero tendré que usarlo, no queda de otra.

    Derek caminó hasta su maletín, sacó su ropa, escogió una de sus camisetas, de las más cómodas y limpias.

    -Tome, probablemente le quede grande pero es mejor que nada, supongo.

    Eleonor lo miró fijamente a los ojos, le costaba trabajo asimilar la enorme generosidad de aquel sujeto. No tuvo más remedio que aceptar. Derek se sentó en la cama dándole la espalda a Eleonor, viendo hacia la ventana mientras abría uno de sus panecillos. Era todo un caballero. Eleonor se sentía respetada y segura a su lado.

    Se quitó la toalla a espaldas de Derek quedando completamente desnuda y mojada. La sensación le causaba morbo, y eso le gustaba. Secó su cuerpo lentamente y con suavidad mientras su caballero comía serenamente a la orilla de la cama. Tomó su tanga limpia y se la puso acomodando la parte trasera dentro de sus prominentes glúteos. Luego tomó su camiseta y se la puso. Le quedaba grande. No había nada más excitante que ver a esa sensual mujer usando la camiseta de su caballero.

    Olía exquisita y era tan suave que hasta parecía acariciar la piel de Eleonor con amor. La camiseta le cubría hasta la mitad de los muslos y así se quedó. Una camiseta y una tanga era lo único que llevaba cuando decidió meterse a la cama acurrucándose entre las sabanas.

    Derek se levantó al sentirla en la cama.

    -Si no le molesta, me gustaría darme una ducha también –dijo Derek, mientras tomaba otra toalla y se quitaba los zapatos.

    -Claro, no hay ningún problema –dijo Eleonor sin quitarle la mirada de encima a aquel atractivo caballero.– y por favor, no me trates de “usted”, me haces sentir como una mujer mayor.

    -Jeje bueno, lo siento, puedes tomar los panecillos que quieras –dijo mientras entraba al baño.

    La puerta del baño estaba defectuosa, tenían que ponerle pestillo por dentro para mantenerla cerrada, pero Eleonor olvidó decírselo a Derek. Frente a la cama había un espejo grande que reflejaba la puerta del baño. Con la humedad del agua caliente la madera de la puerta comenzó a correrse abriéndola levemente.

    Eleonor, sentada desde la cama, pudo observar hacia dentro de la ducha sin dificultad. Pudo haberle dicho a Derek sobre la puerta, pero algo dentro de ella no se lo permitió. Quizá el deseo y el morbo de ver por completo a ese hombre que la cautivaba con su buen trato. Eleonor apagó la luz del cuarto para no reflejarse desde el baño. Se acomodó en la cama para observar mejor a aquel hombre.

    Cuando volvió, Derek ya se había quitado la ropa, solamente tenía una toalla envuelta en su cintura. Se estaba delineando la barba con una navaja. Tenía una figura escultural, unos pectorales y abdominales bien marcados, unos brazos fuertes y una espalda ancha y bien trabajada. Luego de terminar se metió a la ducha quitándose la toalla.

    El cuerpo de aquel hombre comenzaba a excitar a Eleonor, unos glúteos grandes y bien ejercitados destacaban sobre dos fornidas piernas, musculosas y esbeltas. Una fina capa de cabello bajaba desde su pecho por su abdomen hasta su pubis, pero su zona púbica estaba muy limpia y bien afeitada. Cuando se giró, Eleonor pudo observar un prominente pene. Era muy grande aun estando flácido, sus testículos colgaban bajo de él, resguardándose tras un glande enorme y prominente.

    Eleonor disfrutó con placer aquel espectáculo, vio a su caballero asear cada rincón de su cuerpo con dedicación y paciencia. Aquel show se tornó más excitante para ella cuando llegó el momento de asear su pene. La abundante espuma recorría aquel tronco lentamente, su miembro se miraba enorme incluso entre sus grandes manos. Era increíble, vio a su caballero acariciar su verga con las manos enjabonadas. Notó como éste comenzaba a crecer poco a poco. Era un pene perfecto. Recto, muy limpio, un glande enorme, rosáceo casi rojizo, varias venas recorriendo el largo y grueso cuerpo de esa verga, la humedad en la vagina de Eleonor comenzó a brotar.

    Derek finalizó su baño secándose lentamente mientras su pene volvía a su estado natural. Eleonor se acomodó en la almohada para disimular estar dormida. Derek salió del baño y encendió la luz. Al ver que Eleonor estaba dormida se despreocupó quitándose la toalla quedando completamente desnudo.

    Eleonor con los ojos entrecerrados observaba con lujuria aquel escultural varón. Lo deseaba. No solo sexualmente, le encantaban su mirada, su caballerosidad y sus atenciones. Disfrutó ver aquel hombre colocarse su ropa interior y una camiseta cómoda. Luego tomó un par de sabanas, una almohada y las tendió en el suelo al lado de la cama dispuesto a dormir allí.

    -¿Qué haces? –dijo Eleonor.

    -Ah, pensé que estabas dormida… pues voy a dormir…

    -¿En el suelo?

    -Claro, no hay problema, ya lo he hecho antes.

    -No, tú pagaste la habitación, no me hagas sentir culpable y acuéstate en la cama.

    -¿No te molesta?

    -Oye, somos adultos, podemos compartir la cama sin ningún problema.

    -No me gustaría incomodarte, en serio no me molesta quedarme en el suelo…

    -Bien, si no quieres compartir la cama me quedaré yo en el suelo.

    -Oh vamos, no voy permitir eso… está bien, la compartiremos.

    -Así está mejor

    -¿Tú siempre consigues lo que quieres no? –dijo Derek bromeando.

    -No siempre –respondió Eleonor dentro de sí en silencio.

    Ambos se acomodaron en los extremos de la cama. A oscuras, boca arriba, viendo el techo, en silencio.

    -¿Tú siempre eres así? –preguntó Eleonor casi susurrando.

    -¿Así cómo? –respondió Derek, escuchando, sin abrir los ojos.

    -¡Así! Tan amable y generoso.

    -Supongo que sí. –respondió.

    -¿Por qué?

    -¿por qué, qué?

    -¿Por qué eres así?

    -No conozco otra manera de ser, así soy, no puedo fingir ser algo que no soy.

    -Sabes, hace mucho que no conocía a un hombre como tú.

    -¿Así?, ¿hace cuánto?

    -Casi 15 años

    -¿Tanto? ¿Quién era?

    -Mi papá.

    -¿Qué pasó con él?

    -Murió cuando yo tenía 10.

    -Lo lamento.

    -Descuida. Supongo que después de tanto tiempo casi lo había olvidado.

    -Vaya hombres los que tuviste que conocer para casi olvidarlo.

    -Imagínate, creo que no seguí un buen camino después de todo.

    -Si algo he aprendido al manejar en la ruta es que no importa lo mal que esté el camino, si sabes a dónde vas, llegarás a un buen destino.

    -¿Tu camino te ha llevado a un buen destino? –preguntó Eleonor, recostándose boca abajo, apoyándose sobre sus codos y acercándose a él.

    -Me llevó hasta ti. –dijo él, mientras continuaba con los ojos cerrados tratando de no quedarse dormido.

    Aquellas palabras la cautivaron. Contempló su bello rostro con la tenue luz que entraba por la ventana.

  • Bailando por un sueño

    Bailando por un sueño

    El viernes, después de una semana bastante atareada, se me ocurrió invitar a mi esposa a salir, tal vez para pasar un rato fuera de casa y relajarnos de las actividades cotidianas. En principio, la idea era ir a cenar a algún sitio que no hubiésemos conocido previamente, de modo que decidimos acudir a una zona gourmet de la ciudad, reconocida por contar con diferentes ofertas gastronómicas.

    Llegados al lugar, optamos por probar la cocina árabe. La velada transcurrió tranquila. Después salimos del lugar y, caminando por el sector, se nos ocurrió entrar a un bar donde, animados por unos cócteles, se nos subió el entusiasmo y quisimos extender la noche de alguna manera. Estando allí, indagamos si había alguna discoteca cerca o un lugar para escuchar música. Se nos indicó que muy cerca de allí había varias discotecas y que podíamos ir caminando si queríamos. Y, no teniendo otra cosa que hacer, así lo hicimos.

    Habíamos andado unas cuatro cuadras cuando empezamos a ver distintos locales y, nos decidimos entrar a uno que nos pareció bastante animado, donde se escuchaba música de salsa. Entramos y, de verdad, el lugar estaba bastante animado, así que no dudamos y decidimos quedarnos allí. Nos acomodamos y empezamos a disfrutar de la música, bailando todo lo que sonaba. Pasado el tiempo y, viendo que estábamos bastante contentos y que la noche prometía ser larga, decidí ir por mi vehículo y dejarlo en un parqueadero próximo al sitio donde nos encontrábamos.

    Le dije a mi esposa que iba por el carro, de modo que lo tuviéramos cerca cuando decidiéramos irnos. Ella estuvo de acuerdo y se ofreció a acompañarme. Le dije que no era necesario y que, además, si dejábamos libre la mesa, corríamos el riesgo de que se la asignaran a otras personas, así que yo prefería que ella se quedara. Estuvo de acuerdo y me pidió que no me demorara mucho.

    Entre ir y volver me habría tardado unos cuarenta minutos. Cuando finalmente volví a la mesa donde nos habíamos instalado, no la encontré. Pensé que seguramente estaba en el baño y me senté a esperarla, sirviéndome un trago, pues la botella de ron, los vasos y los complementos estaban allí. La música estaba bastante animada y, mirando a la pista, pude ver que ella estaba bailando con alguien. Me quedé detallando la escena y vi que estaba bastante entretenida, bailando animadamente con su pareja, un muchacho moreno, aparentemente joven y de buena presencia.

    Cuando la tanda de música cesó, ellos volvieron a la mesa. Mi esposa, de manera espontánea, me presentó al muchacho con el que bailaba. Jorge era su nombre. ¿Y eso? pregunté. ¿De dónde apareciste? le pregunté al muchacho. No se preocupe, me dijo, estaba sentado en la barra tomándome unos tragos, vi sola a la señora en la mesa y me animé a invitarla a bailar. No era nada más. ¿Y qué más podría ser, acaso? No, nada. Solo espero que no le moleste que la haya sacado a bailar. No, tranquilo, le contesté.

    Y, continuando la conversación, pues él se había sentado con nosotros, je dije. Uno viene a estos sitios a bailar y divertirse y, si ella le aceptó y duro tanto tiempo bailando con usted, seguramente es que le dio la talla. Si, intervino ella, él baila sabroso, tiene ritmo y se mueve bastante bien. El comentario que acababa de escuchar por parte de mi esposa me pareció una sugerencia para llegar a algo más, pero, la verdad, no le puse mucha atención. ¡Qué bueno que pasé la prueba! dijo él riéndose. Sí, dije, porque ella no baila con cualquiera. Algo debió verle para que le aceptara.

    Pues que, estando sola, la invitación fue oportuna para no desaprovechar la música que estaba sonando y yo tenía ganas de bailar, replicó ella. Pero te vi muy animada con el muchacho, apunté. Pues sí, tú sabes que a mi me gusta bailar y si el parejo lo hace bien, el tiempo pasa volando sin casi darse uno cuenta. Si, me imaginé, porque yo ya llevaba rato aquí y la señora ni miraba a ver si yo ya había llegado. Es que la música estaba muy animada, dijo ella.

    Salimos a bailar de nuevo. El muchacho, inmutable, se quedó en la mesa, esperando a que nosotros volviéramos. Según me dijo ella, él se había acercado a la mesa y la había invitado a bailar. A ella le pareció una persona correcta y muy educada y no vio inconveniente en aceptar la invitación, además, con la seguridad de que yo iba a estar presente en cualquier momento, la situación no le pareció comprometedora. Le dije, bueno, pero ¿te ha sugerido algo?, porque lo veo como con expectativas, esperanzado en algo. No, dijo ella, sólo bailamos.

    Volvimos a la mesa y, sin dar respiro, el muchacho convidó a mi esposa a salir a bailar de nuevo y ella, sin reparos, aceptó y volvió con él a la pista de baile. Esta vez, conforme avanzaba la noche, la música fue variando de ritmos y, en esta ocasión, colocaron unos boleros bastante románticos, propios para parejas enamoradas. Todas las parejas, incluida mi mujer y su parejo, por supuesto, bailaban muy unidas. Vi como las manos de aquel muchacho se paseaban por el cuerpo de ella, apretando sus nalgas repetidamente. Trató de besarla en varias oportunidades, pero ella lo evitó, tal vez para no hacerme sentir mal, sabido que los estaba mirando, dado que había sido mi iniciativa salir aquella noche y no parecería justo que ella estuviera dedicada a otro en lugar de estar conmigo.

    Al rato volvieron a la mesa y no hubo palabra alguna. Ella, decidió ir al baño, dejándonos solos. ¿Cómo la está pasando? pregunté. Bien, contestó él. Su señora se mueve muy bien. ¿Le parece? Si, dijo él. ¿Cómo lo sabe? repliqué. Bueno, tiene ritmo y mueve sus caderas muy rico. ¿Y eso? dije yo. Pues, que, así como lo mueve, perdóneme lo que voy a decir, pero lo pone a uno a mil. ¡No entiendo! dije. Pues, excúseme, pero ella me tiene muy excitado. Okey. Entiendo, respondí. Y, ¿acaso esperaba otra cosa? Seguramente no, pero, la verdad, llegué a pensar que ella quisiera hacerlo conmigo, es decir, excitarme. Ah, ya. Entiendo.

    Bueno, es parte del juego, dije yo. Me imagino, y temo no equivocarme, que usted ha restregado su pene contra el cuerpo de ella mientras bailaban, o ¿no? Y seguramente ella estará pensando que usted se la quiere comer, de manera que ambos estarán suponiendo lo que el otro quiere. Pues sí, dijo él. Y ¿acaso usted ya le dijo que quiere estar con ella? Si, me dijo. ¿De verdad? ¿Y qué le contestó ella? Que a ella le encantaría, pero que todo dependía de usted. ¿Cómo así? repliqué. Pues que, si ella estuviera sola, de pronto ya nos habríamos ido. Pero que, estando usted presente, ella requiere de su aprobación.

    Y ¿qué le hace pensar que, si ella estuviera sola, ya se habrían ido? Porque ella está bastante excitada, dijo. Mejor dicho, ambos estamos que nos comemos. No me diga, y ¿qué espera que yo diga? Pues, no sé. Tal vez que usted consienta que ella tenga la libertad de estar conmigo, si ella quiere. Y, usted, ¿ya ha hecho esto antes? pregunté. ¿A qué se refiere? dijo él. Pues a pedirle permiso al marido para follarse a la esposa ¿le parece poco? Pues, como ella dijo que todo dependía de usted, yo le dije que si quería yo le comentaba y que esperáramos a ver que nos decía.

    En ese instante ella volvió. Se había retocado el maquillaje y pintado los labios, de modo que estaba en modo conquista, digo yo. Sin embargo, una vez llegó a la mesa, estuvimos sentados, sin cruzar palabra, mientras escuchábamos dos o tres piezas musicales. Luego de esto la saqué a bailar. Estuvimos bailando toda una tanda de música, mientras que aquel muchacho esperaba paciente y expectante el desenlace, pero no hablamos del asunto con ella, para nada.

    Cuando volvimos a la mesa fue ella quien, compasiva con aquel, lo invitó a bailar. Y, cuando él avanzaba detrás de ella rumbo a la pista de baile, le dije, bueno, convénzala y yo estaré de acuerdo. Vi cómo, casi desde el principio del baile, aquel muchacho estrechó su cuerpo con el de mi mujer y le musitaba algo al oído. Y lo que le dijo debió tener su efecto, porque al poco rato se besaban mientras bailaban al ritmo de la música y aquel se dedicó a elevar el nivel de excitación de ella, acariciándola descaradamente por todo su cuerpo.

    Pasado el tiempo regresaron a la mesa. Bueno, dije yo, creo que ya es hora de irnos. ¿No te parece? Si, dijo ella, ya es tarde. Voy a pedir la cuenta y nos vamos, Ella no dijo nada y aquel quedó pensativo, sin soltar palabra. Cuando volví, después de pagar la cuenta, dije, bueno, ¡vamos! Yo fui saliendo y ella, detrás de mí, se estaba despidiendo del muchacho. Oye, ¿acaso no lo vas a invitar a acompañarte? Bueno, no sé, dijo ella. Yo creo que, si sabes, dije yo. ¡Apúrate! antes de que se les pase la calentura.

    No se dijeron nada. Ella lo tomó de la mano y caminó detrás de mí, que iba caminando en dirección al parqueadero. Yo me subí en el puesto del conductor y ella, junto a su conquista, se subieron en la parte de atrás. Yo no dije, nada, encendí el motor del carro y empecé a conducir, en principio sin saber a dónde íbamos. El muchacho, ya instalado en su puesto, no perdió el tiempo. Por el espejo retrovisor vi como abordaba a mi esposa, abrazándola, besándola con intensidad y acariciando sus piernas por debajo de su falda. Y en todo el camino hacia el destino fue así, como dos enamorados con apremio por terminar lo comenzado.

    Yo conducía sin destino previsto, pero, con el paso de los minutos, fui dirigiéndome a la zona de moteles ya conocidos y entré en uno de ellos, que anunciaba tener habitaciones libres a esa hora de la noche. Estacioné el vehículo y le pedí a mi esposa que fuera a la recepción y arreglara el tema de la habitación, indicando que íbamos a entrar tres personas. Y así lo hizo, sin poner reparos. Yo me quedé con el muchacho un poco más atrás de ella. Mientras caminábamos le dije, bueno joven, lo que empezó termínelo rápido, por que con tanto preliminar ella se enfría y la cosa no funciona como parecía estar en la discoteca. No dijo nada y solo siguió caminado a mi lado.

    Llegamos a donde estaba mi esposa, quien se adelantó y nos dijo. Ya todo está arreglado, tercer piso, habitación 307. Así que nos dirigimos al ascensor. Era pequeño, así que permití que ellos entraran y les dije, vayan subiendo, yo les llego en un momento. Voy a pedir algo para beber. Fui al bar, solicité un servicio de ron, coca-cola, limón, hielo, vasos, maní y uvas pasas, pidiendo que me lo hicieran llegar a la habitación. Y me dirigí hacia allá.

    Cuando llegué, estaban sentados en la cama, atentos a mi llegada. Y una vez adentro, como si hubiera estado concertado, aquel se abalanzó sobre mi mujer, la abrazó, la besó y empezó a desnudarla. Lo hizo rápido, sin pausa, dejándola vestida tan solo con sus medias y zapatos negros. A continuación, frente a ella, que ya estaba tendida acostada en la cama, se fue desvistiendo. Fue en ese momento donde tanto ella como yo vimos el enorme pollón, erecto y palpitante, que aquel se gastaba.

    Quizás a mi esposa le hubiera gustado probar ese provocativo miembro, antes que nada, pero aquel no dio tiempo para más preliminares y, sugiriendo que se colocara boca abajo, la abordó desde atrás, penetrándola, de inmediato, en posición de perrito. Así, de esa manera, aquel muchacho pudo disfrutar del cuerpo de mi esposa a gusto, acariciando sus senos mientras la embestía desde atrás, empujando con vigor. Yo podía ver cómo aquella enorme y dura verga entraba y salía del cuerpo de mi mujer, humedecida y brillante.

    Muy rápido mi esposa empezó a gemir, a medida que aquel hundía cada vez más rápido y profundo el sexo de ella que, con cada embate, mostraba gestos de placer, moviendo sus caderas y ofreciendo a aquel muchacho sus nalgas, dispuesta a ser poseída en su totalidad por aquel macho que, excitado por la visión de aquella mujer, dispuesta para él, se esforzaba por no desentonar y extender el momento lo más que pudiera.

    El joven tomaba a mi esposa por las caderas y, de manera acompasada y rítmica, la atraía hacia su miembro. A medida que pasaba el tiempo, el vigor de sus embestidas aumentaba y, colocando las manos en los hombros de ella, la retuvo para ir más profundo dentro de ella hasta que, en medio de los gemidos de ella y unos sonidos similares por parte de él, retuvo su cuerpo unido al suyo en lo que supuso el clímax de aquel encuentro de cuerpos. Al poco rato se retiró, ya con su miembro flácido, recostándose a un lado de ella.

    Ella se recostó boca arriba manteniendo sus piernas abiertas y exhibiendo su sexo, palpitante por la faena recién terminada y aún sin recuperarse de la excitación experimentada. Aquel, entonces, decidió sumergir su cara en medio de las piernas de ella y chupar con apetito su sexo. Con cada chupada la cara de mi mujer se contraía en una mueca de placer, su rostro se puso rojo y su cuerpo empezó a contorsionarse con cada beso que le prodigaba en su ansiosa vagina.

    El muchacho procuró prodigarle un nuevo orgasmo practicándole aquellas caricias con su lengua y fe que lo iba a conseguir, pero, para ese momento, ya su miembro volvía a despertar. Mientras su lengua continuaba explorando cada rincón de la vagina de mi mujer, él se estimulaba manualmente para poner a punto nuevamente su herramienta, lo cual consiguió en muy poco tiempo y, cuando lo hizo, dejo de atender el sexo de la atribulada y excitada dama, procediendo a penetrarla nuevamente, ahora en la posición de misionero.

    Al principio lo hizo con delicadeza y lentamente, diciéndole al oído a mi mujer lo bien que lo estaba pasando y como la sensación cálida de su sexo le ponía su herramienta a mil, pidiéndole también que, por favor, lo abrazara con su sexo para que esa erección no se fuera a perder. Y ella, obediente, así lo hizo. Fue ella quien, ahora, empujaba sus caderas contra el sexo de él. El permanecía inmóvil y era ella quien, debajo del cuerpo de aquel, retorcía su cuerpo, empujaba con su cadera y abría y cerraba sus piernas acompasadamente, presa de las sensaciones que le llegaban en este ejercicio sexual, muy placentero.

    Pasados los minutos, nuevamente el macho se sintió con el ánimo suficiente para tomar el control de la situación y dirigir sus movimientos. Una vez más empezó a empujar y empujar, alentado por los gemidos descontrolados de mi mujer que, sometida al placer que aquel hombre le producía en sus entrañas, se agitaba reactivamente con cada embate de aquel, hasta que ambos, al parecer, llegaron al clímax y, lo que era movimiento desenfrenado, de pronto se detuvo. Los cuerpos de ambos se comprimieron uno contra el otro y los gemidos, poco a poco, fueron disminuyendo su intensidad hasta extinguirse completamente. Una vez más, la faena había terminado.

    Mi esposa fue la primera en levantarse de la cama y, con toda naturalidad, recogió su ropa y se dirigió al baño. El muchacho se quedó tenido en la cama, un poco incómodo con mi presencia, pero satisfecho por la experiencia. ¡Qué buena hembra tiene usted! dijo. Bueno, ella hizo su parte. Si, pero lo hizo muy bien. Ella es una mujer muy caliente y lo hace sentir a uno muy bien. Me gustó. No me diga que quiere repetir, le dije. No, no he dicho eso, pero si hubiera una nueva oportunidad, créame que no lo dudaría.

    Mientras esto sucedía, escuchamos el sonido del agua saliendo de la ducha mientras ella se bañaba y, un rato más tarde, la vimos salir totalmente arreglada y elegantemente vestida, como si nada hubiera pasado. Aquel muchacho, que aún reposaba sobre la cama, desnudo, la contempló y pareció avergonzarse un poco. Sin embargo, al igual que ella, recogió su ropa y se disponía entrar al baño, momento en el cual le dije, bueno joven, lo dejamos. Todo está pago, así que puede salir cuando quiera, que nadie le va a pedir nada. Espero que la haya pasado bien y quedamos en contacto. Seguro, dijo él.

    No era cierto. Sólo supimos que se llamaba Jorge, pero no entramos en detalles de quién era, qué hacía, dónde vivía y mucho menos supimos su teléfono y tampoco le dimos el nuestro. Mi esposa, como siempre, se salió con la suya y yo, igualmente, fui premiado con una sesión de sexo en vivo, protagonizada por mi artista favorita, quien disfruto a tope la experiencia que más le gusta tener cuando se encuentra con un hombre que le gusta. Y a fe que han sido muchos. Así que ese día, que salimos tan sólo a divertirnos, ella terminó bailando con la idea de ser poseída por el hombre que le despertó sus instintos, haciendo su sueño realidad.

  • El vecino friki

    El vecino friki

    Mar llegaba andando a su casa. Eran casi las 8 de la mañana del domingo y a su mente venían flashes de la noche. Había quedado con Julia para salir de copas. Nada más llegar a la discoteca, y con un par de copas en el cuerpo vio, al tipo.

    Avisó a su amiga y le dijo que ese era para ella. Julia no pudo sino alabar el gusto de su amiga. Enrico, como después supo que se llamaba, era un italiano apuesto, alto, fuerte. Afincado en la ciudad donde tenía una empresa y con una labia acojonante. Sus ojos verdes terminaban de redondear lo que sin duda era un gran partido.

    Durante varias horas bailaron al ritmo que marcaba Dua Lipa. Entre bailes y copas cayó algún pico. Hasta que a cierta hora la situación fue inevitable. Salieron de la discoteca cogidos de la mano en dirección a un parking. No movieron ni el coche. Decidieron aplacar el calentón allí mismo. En los asientos traseros del Q7 de Enrico, camuflados por las lunas tintadas, comenzaron a besare de manera apasionada mientras se deshacían de la ropa.

    El escultural cuerpo de él hizo a Mar albergar unas expectativas que se derrumbaron cuando liberó su pene. La tenía pequeña. No era un micropene, pero sus dimensiones eran por debajo de lo estándar lo que provocó en ella un sentimiento de decepción. Esto no hubiese sido más problemático si al menos hubiese sido bueno, pero… Se mostró egoísta, mirando exclusivamente por su placer, y un poco brusco en las caricias para acabar demasiado rápido.

    Al final, la chica optó por fingir un exagerado orgasmo para quitárselo de encima. El tipo, arrogante, pensó que había cumplido como un semental, ella le contestó dándole un número de teléfono falso. Confiaba en no volver a cruzárselo.

    *********

    Pese a ser domingo, Ángel estaba asomado a la ventana de su dormitorio desde bien temprano. Había estado toda la noche enganchado al ordenador. Primero con una interminable partida de FORNITE, luego lo cambió por vídeos porno. Y ahora se asomaba a la ventana para divisar su objetivo.

    A sus 20 años era un auténtico friki. No tenía amigos más allá de internet. El sexo opuesto era un misterio de no ser por las páginas porno que solía visitar. Ni siquiera había ido de putas.

    Ahora, como cada domingo, esperaba la llegada a casa de su vecina. Una chica varios años mayor que él de la que estaba enamorado en secreto. Había perdido la cuenta de las pajas que se había hecho pensando en ella. Sabía que salía los sábados por la noche. La suponía ligando y follando. Nunca los traía a su casa. Siempre aparecía al amanecer. Cuando calculaba que entraba en el portal, él salía de casa con el único propósito de cruzarse con ella y saludarla. Ella lo hacía cansada pero siempre con una sonrisa y a Ángel, eso, le valía.

    *********

    Cansada, Mar llegó al portal del bloque donde vivía. La decepción sexual la había dejado con unas ganas terribles de echar un polvo. No veía la hora de llegar a casa, agarrar el succionador de clítoris, conectarse a la página de relatos eróticos y aliviarse mientras leía un buen anal.

    Nada más colocar el pie en el primer escalón de la escalera oyó como se cerraba la puerta de una casa. Lo hacía con mucho cuidado. Como para no despertar a los habitantes de ella. Mar sonrió. Como cada domingo, su vecino, el friki, bajaba la escalera para cruzarse con ella.

    Vestido con un pantalón de chándal de algodón gris y una camiseta de Star Treck (con sudadera cuando bajaban las temperaturas), se cruzaría con ella en el primer descansillo. La saludaría con la cabeza gacha, casi sin mirarla. Ella, cansada, le devolvería el saludo con su bonita sonrisa. Pensaba que eso le haría feliz y le serviría para hacerse una buena paja.

    A fin de cuentas, ¿qué edad tendría? ¿18? ¿20 años como mucho? Además, aún vivía con sus padres. Era el típico friki pajillero.

    Llegados al descansillo, Ángel saludó con apenas un susurro y miró a Mar de reojo. Ella le devolvió el saludo y le sonrió. El joven siguió su camino hacia la calle. La chica se paró a observarlo. Era delgado, muy blanco de piel (apenas le daba el sol). Ni guapo ni feo. Mar lo detuvo:

    -Perdona.

    Ángel se detuvo en seco. Era la primera vez que iba a cruzar más de una palabra con su vecina.

    -¿Te puedo hacer una pregunta?

    El chico hizo un movimiento de asentimiento con la cabeza.

    -¿Dónde vas cada domingo tan temprano a la calle?

    A esa hora, poco antes de las 8 de la mañana, los negocios permanecían cerrados y su indumentaria no era la adecuada para salir a correr. Ángel comenzó a ruborizarse mientras su mente buscaba una coartada convincente. Cada segundo que pasaba balbuceando su cara se enrojecía aún más. El remate llegó cuando Mar estalló en una carcajada:

    -Entonces, lo haces por cruzarte conmigo, jajaja

    El chico la miraba avergonzado al ser descubierto y se giró para seguir bajando:

    -Disculpa -llamó su atención Mar. -Perdona si te he molestado. No era mi intención. Me resulta halagador que esa sea la razón.

    Ángel se detuvo definitivamente. Miraba hacia ella y se disponía a volver a su casa derrotado.

    -¿Me aceptarías un café? -Mar estaba ofreciéndole una sincera disculpa. Ángel, aún abrumado por la situación y sin creerse que pudiera acompañar a su vecina (y amor platónico) a desayunar, volvió a asentir con la cabeza.

    Sentado en un sofá de cuero blanco a juego con el resto del mobiliario, Ángel observaba aquella casa tan diferente a la suya pese a compartir edificio y planta. No sabría identificar todas las modificaciones pero no se parecía en nada.

    Estaba claro que el recibidor había desaparecido para darle más amplitud al salón que lucía más luminoso que el suyo. No sabía dónde, pero en su piso había un dormitorio más que en este no lograba localizar. La decoración era minimalista y elegante, todo en tonos blancos y negros.

    Oía a Mar abrir y cerrar muebles en la cocina, cuya puerta era visible desde el sofá en el que se encontraba, mientras preparaba los cafés. La dueña de la casa apareció portando una pequeña bandeja que soportaba lo necesario para el desayuno. Ángel la vio acercarse y la observó detenidamente. Con el vestido negro con el que había salido la noche anterior que le marcaba una perfecta y sexy figura.

    Mar se sentó junto a su joven vecino sabiendo lo que provocaba en él. El hombre intentó separarse antes de incorporarse para coger su taza en la mesita auxiliar que estaba frente a ellos:

    -¿Tú no sales? -Rompió el hielo Mar.

    -Bueno… eh… poco, la verdad…

    Ángel contestaba con frases entrecortadas en un estado de nerviosismo que Mar notó. La mujer tomó las riendas:

    -Pues yo salgo mucho. A veces más de lo que debería. Y no te creas que siempre me lo paso bien. Hoy, por ejemplo, la noche no ha salido como me esperaba. -La mujer dio un sorbo a su café y se disponía a calentar a su vecino.

    -Mi amiga Julia y yo salimos a una discoteca y allí conocí a un tío que estaba buenísimo. Guapo, fuerte, con buena conversación… Al final decidimos irnos los dos.

    Ángel oía la historia con interés mientras en su mente la imagen de aquella vecina quitándose el vestido frente al tío le nublaba la visión. Su entrepierna comenzó a despertar y aquel pantalón de chándal no conseguía disimularlo. Mar se dio cuenta y comenzó a dar detalles.

    -Nos metimos en su Q7 y no llegamos ni a salir del parking. Con el calentón ya sabes… nos pasamos al asiento trasero y nos enrollamos. Bueno ya sabes como can estas cosas… Algún polvo habrás echado en los asientos traseros de un coche.

    Mar presionaba a Ángel poniéndolo en evidencia sabiendo que posiblemente nunca hubiese vivido esa situación:

    -Cuando empezamos a hacerlo resultó que el tío no daba la talla, ya me entiendes. -La vecina decía esto mirando a Ángel, mordiéndose el labio inferior y levantando la ceja izquierda.

    Daba una imagen de falsa inocencia irresistible. Mar se dio cuenta que Ángel estaba totalmente empalmado.

    -Oye, ¿qué te pasa en el pantalón?

    La cara roja de Ángel lo delató. Y Mar pasó al ataque:

    -¿Nunca te has comido un coño jugoso? ¿Nunca has separado los labios de un coño caliente y has metido la lengua saboreando los flujos?

    ¿Nunca has metido la polla en una boca hasta la campanilla?

    A cada pregunta de ella, el chico reaccionaba con más rubor. Se removía nervioso en aquel sofá. Mar se colocó delante de él y de manera sensual comenzó a bajar su vestido. Aún le duraba el calentón y el gatillazo del tal Enrico no había hecho sino aumentarlo:

    Ángel no daba crédito a lo que veía. Su vecina, de estaba desnudando delante de él. Había dejado caer su vestido ajustado y ahora, le mostraba su espectacular culo solo cubierto por un tanga que se perdía entre sus maravillosos glúteos. Al chico le sudaban las manos de estado nerviosos. Sentía como su polla latía ardiente dentro de aquel pantalón de chándal. No llevaba ropa interior. Instintivamente metió su mano izquierda dentro del pantalón y acarició su miembro.

    Mar se giró de cara a su vecino. Le mostró sus preciosas tetas, de aureola grande, de color marrón claro, con un pezón puntiagudo que ella agarraba:

    -Bueno, ¿no me vas a enseñar que guardas ahí dentro?, venga sácate la polla.

    La chica se moría el labio inferior expectante. Estaba a punto de desvirgar a su vecino tímido, más joven que ella. Su excitación aumentaba por momentos. Ángel no lo dudó ay tiró de su chándal hacia abajo. Su polla saltó ante la mirada atenta de Mar que no pudo evitar una exclamación de asombro:

    -JODER, MACHO. –De inmediato sintió como su coño se inundaba con sus flujos. Los pezones se le endurecieron y un súbito calor le subió desde su vientre hasta su cara.

    Y es que la polla de Ángel era descomunal. De una abundante mata de vello púbico emergía un tronco de grosor impresionante acabado en un glande sobredimensionado de color violáceo. A lo largo la polla se le marcaban unas venas de colora azul oscuro. El chico se la agarró con la mano izquierda y aún sobraba para tamaño para colocar otra. Mar, curiosa, no pudo dejar de preguntarle por sus medidas. El chico, orgulloso, le contestó que calzaba 24 centímetros. Realmente, salvo en películas, Mar no había visto nada igual. Si se había comido pollas grandes pero nunca algo semejante a esa anaconda que tenía delante:

    -¿Puedo? –Mar, realmente impresionada, se arrodilló entre las piernas de Ángel.

    Le era casi inabarcable por su delicada mano. Tiró hacia abajo y colocó su otra mano encima y comenzó un leve movimiento basculante:

    -Es la primera vez que hago una paja a dos manos.

    Ángel suspiraba sin dejar de ver como las pequeñas manos de piel suave de Mar le acariciaban el rabo. Para él, también era la primera vez que alguien le hacía una paja.

    La vecina le miró a los ojos, caliente, cachonda, viciosa. Dirigió, sin dejar de mirarle, su lengua al capullo de Ángel y lamió el líquido preseminal que brotaba de su glande. Hizo círculos con la lengua alrededor del orificio de salida y extendió el aquel líquido por todo el capullo. Después, bajó hasta que los rizos negros de Ángel le hicieron cosquilla en su nariz y comenzó a subir la lengua desde la base de la polla hasta arriba. Le seguía pareciendo desproporcionada. A la altura del frenillo tiró de la piel hacia abajo y masajeó aquel punto.

    Ángel, que nunca había estado con ninguna mujer, temió no aguantar mucho más cuando Mar, después de escupir en la cabeza de su polla se la metió en la boca. A penas le cabía, Su mandíbula hacía un sobreesfuerzo por darle cabida a aquel trozo de carne. Como pudo logró incrustarse hasta la mitad y comenzar un movimiento de arriba abajo. Su vecino respiraba entrecortado, y sus piernas se tensaban, cuando la avisó que se corría.

    A la mujer no le había dado tiempo a sacársela de la boca cuando el primer chorro de semen impactó en su paladar. Continuó con una paja mientras el enorme capullo de Ángel escupía largos chorros de lefa que Mar dirigía a su cara y sus tetas. La leche caliente sobre su cuerpo hacía que su rajita se inundase de flujos y su excitación aumentase más. Pero aquello no podía acabar allí. Ella quería follarse aquella polla de proporciones exagerada:

    -Ahora vuelo. Ni se te ocurra largarte. –Dijo Mar mientras se levantaba con los restos de la corrida sobre sus tetas y su preciosa cara.

    Ángel, en un estado de relajación desconocido, había tenido el mejor orgasmo de su puta vida. No tenía que ver con aquellas pajas ante la pantalla de su ordenador en las que visionaba vídeos porno o incluso esa otra que se hizo con la fotografía de su vecina en la pantalla. Aquella corrida memorable que tras impactar en el cristal del monitor manchó casi todo el teclado.

    Ahora, tumbado en el sofá de cuero blanco de su vecina, se había desnudado y esperaba impaciente que ella volviese del baño. Oía el agua de la ducha y estuvo tentado a entrar allí y follársela contra la pared. Su mente volaba con todas las fantasías que había tenido con ella pero esto lo estaba superando con creces. En la vida habría podido imaginar que Mar, su vecina, su amor platónico, le hubiese invitado a desayunar en su piso y acabase chupándole la polla. Volvía a estar empalmado y sus 24 centímetros lucían en todo su esplendor cuando Mar salió del baño, totalmente desnuda. El cuerpo de aquella diosa era mucho mejor de lo que había imaginado. Sus tetas de un tamaño medio pedían a gritos un mordisco en cada pezón. Su vientre plano necesitaba un par de palmetazos que le marcase enrojecido. Su rajita, solamente con un pequeño triángulo de vello púbico, ansiaba tragarse una buena polla como la suya.

    Mar se tumbó junto a él y le besó. Le agarró la polla y se deleitó con aquel miembro de actor porno que tenía tan cerca de su casa y que no pensaba desperdiciar:

    -Es realmente impresionante. –Alababa la mujer mientras la acariciaba.

    Ángel sonreía, sin saber muy bien que decir:

    -Las he visto grandes, las he visto gordas… pero como esta no he visto ninguna.

    Mar volvió a besar a Ángel y le dio instrucciones para que se colocase. Ella quedó tumbada sobre uno de los brazos del sofá con las piernas bien abiertas. Colocó una sobre el respaldo y otra en el suelo. Ante Ángel se abría un coño de verdad por primera vez en sus 20 años de vida. Él se colocó de rodillas en el suelo y su cuerpo inclinado sobre la mujer:

    -Vas a probar un coño por primera vez. Disfrútalo y hazme disfrutar.

    El vecino friki acercó su lengua al sexo de su amor platónico y lamió. Ella suspiró. Volvió a hacerlo antes de lanzarse como un perro sobre cubo de agua. Trataba de abarcar con su boca el coño de la mujer para luego meter la lengua entre los labios y recoger todo el flujo vaginal. No lo hacía nada bien. La mujer se desesperaba porque no atinaba con su clítoris. Así que le mandó parar y de manera académica él explicó cómo, dónde y con qué fuerza hacer. Separó sus labios vaginales con los dedos de una mano, con los de la otra mostró su henchido clítoris delimitándolo con los dedos índice y corazón. Ahora sí. El hombre trilló aquel micro pene femenino y comenzó a darle placer a Mar que se retorcía en el sofá. Se mordía el labio inferior mientras con sus manos se agarraba, por encima de su cabeza, al brazo del asiento:

    -Sí, joder, sí.

    El orgasmo no se hizo esperar y con un grito se desvaneció. Ángel levantó su cabeza con el mentón mojado con los flujos de Mar.

    Después de descansar un minuto, la mujer ordenó al hombre que se sentara en el sofá. Ángel lo hizo sin rechistar. Apenas hablaba impresionado por lo que estaba viviendo. Mar se colocó a horcajadas sobre él, colocando una rodilla a cada lado de sus piernas. Miró hacia abajo y, ayudándose de su mano derecha, agarró la polla de Ángel para dirigirla a la entrada de su coño. Antes se pasó la mano por sus labios vaginales tratando de extender el flujo y lubricarlo. Luego hizo lo mismo con el glande y comenzó a descender.

    Mar notó como el enorme capullo de su vecino comenzaba a abrirse paso entre sus labios y como su rajita se abría. Tomó aire de manera exagerada con cada centímetro de polla que se introducía en su vagina. Resopló, cerró los ojos, se mordió los labios y volvió a boquear cuando aquel monstruo de un cuarto de metro topó con lo más hondo de su vagina. La sensación era indescriptible. Se sentía totalmente ocupada. Su rajita totalmente tensada intentando abarcar el grosor de aquel miembro. Y comenzó a sentir lugares inexplorados por nadie en el fondo de sus entrañas.

    Comenzó a botar sobre la polla de Ángel, primero despacio, sintiendo como entraba y salía cada vez que ella bajaba y subía por aquella barra de acero ardiente. Hizo un movimiento de bajada más fuerte para sentir un puntazo y dio un grito de dolor. SE la había clavado en el útero casi:

    -Cómeme las tetas, cabrón.

    Ángel comenzó babear las tetas de Mar, se las mamaba como un niño más que comérselas como un hombre. Ella, sin dejar de botar y con la mirada entrecerrada, le corrigió. Se las agarró y se las ofreció:

    -Muérdeme los pezones. –Le dijo mientras se los pellizcaba ante él.

    Ahora, agarrada a la nuca de Ángel sintió como éste trillaba con los dientes los pezones haciéndole daño mientras su polla seguía horadando lo más profundo de su coño. Pero después de unos minutos la mujer necesitaba más, así que le obligó a girar sin salir de dentro.

    Mar descansaba sobre el asiento. Ángel estaba sobre ella, abrazo por las piernas de la mujer que le impedían salir de dentro de ella. Ella le exigió que le diera fuerte y él no se lo pensó. Con un movimiento de cadera frenético comenzó a penetrar más profundamente aún el coño de su vecina:

    -Dios, joder. Me vas a partir el coño.

    Mar se agarraba a la espalda de Ángel hasta clavar sus uñas en los flancos de él. El hombre sudaba sobre ella mientras percutía hasta empotrarla contra el sofá. La vecina le alentaba a darle más fuerte antes de morder el hombro de su ejecutor en pleno éxtasis. El hombre se esforzó en su último aliento y anunció que se corría.

    -Mi coño, mi coño, me lo partes cabrón.

    Con el último golpe de riñón le dejó la polla clavada en lo más profundo de su ser. Ella le miraba con ojos de asombro y con la respiración entrecortada. Después de esto tendría que follárselo todos los días o comprarse un consolador XXL. Su coño seguro habría dado de sí y ahora no le valdría cualquier polla.

    Los últimos movimientos provocaban un sonido acuoso y como si fuera una bomba de achique cada vez que la polla entraba en el coño se salía buena parte de la gran corrida que Ángel había echado allí dentro. El líquido se salía corriendo por los glúteos de Mar hasta manchar el asiento del sofá. Otra buena parte fue a parar a su ano. Por supuesto, y pese a ser una práctica habitual en ella, deshecho por completo la posibilidad de que el diera por culo. Con ese rabo la rompería en dos.

    Durante los siguientes minutos todo fue relajación. Ángel había dejado de percutir y su polla latía dentro de la vagina de Mar. En un acto de timidez había metido su cara en el espacio entre el hombro y la cabeza de ella.

    Mar, había dejado de abrazar con sus piernas el cuerpo de su amante. Yacía abierta de piernas con él entre ellas y acariciaba su espalda donde antes había clavada sus uñas extasiadas por la tremenda follada.

    Más de hora y media después de la invitación al café, Ángel se vestía para volver a su casa, de la que había salido con sus padres durmiendo y, que ahora, habrían despertado. Mar continuaba tumbada en el asiento del sofá viendo cómo se vestía su amante. Se palpaba la rajita del coño, dolorida y satisfecha. Se introducía dos dedos para medir el calibre que le había quedado:

    -Vaya destrozo que me has hecho guapo. –La mujer sonreía a Ángel que la miraba con media sonrisa.

    Totalmente desnuda le despidió en la puerta dándole un beso al tiempo que otro vecino llegaba al descansillo y les daba los buenos días. Ángel se ruborizó. Mar le sonrió antes de guiñarle un ojo y cerrar la puerta.