Autor: admin

  • La sesión de Molinari

    La sesión de Molinari

    Ya había escudriñado varias veces los alrededores; aun así, volvió su cabeza una vez más para estar seguro de que nadie lo estaba observando. Segundos más tarde, el profesor Molinari golpeó la puerta del viejo caserón ubicado al final de esa callecita cuyo nombre nunca puedo recordar.

    Doris, la dueña de casa, respondió prontamente a los cuatro toques sutiles de irregularidad calculada que parecían configurar una torpe contraseña: abrió la puerta lentamente tratando de atenuar su estridente crujido y ensayó un gesto de cortesía; pero el profesor prescindió de toda dilación protocolar y fue directo al asunto:

    –La necesito. Pagaré lo que sea.

    La anfitriona comprendió la urgencia, entonces lo invitó a entrar y lo condujo a través de un rancio y oscuro zaguán hasta la gran sala principal. Una vez allí, le indicó que se sentara a la orilla de una mesa de redondo cedro. Molinari obedeció sin hablar. Ella se sentó frente a él y estiró sus brazos hacia adelante con las palmas de las manos hacia arriba.

    –Tome mis manos –le dijo; él las tomó–. No rompa el circuito –él asintió con un leve movimiento de cabeza.

    La mujer cerró los ojos y se sumergió en un profundo estado de concentración. Hubo unos minutos de silencio; fue un silencio perturbador de tan perseverante. De repente Doris movió ligeramente sus labios y pronto esos movimientos se hicieron grotescos. Luego balbuceó alguna cosa; torció su cabeza; sus ojos temblaron en forma espasmódica y quedaron en blanco; después se abrieron grandes configurando una mirada perdida. Estaba en trance.

    El profesor Molinari había estudiado las ciencias y solía ejercer su escepticismo con excelsa dignidad, quizá por eso –y no a pesar de eso– se mantuvo imperturbable. Y así estuvo hasta que Doris lo miró fijamente y le habló con meridiana claridad. La voz sonó diferente a la que le había dado la bienvenida: algo más aguda y con cierta afectación fantasmal.

    –Te extraño, mi amor –dijo la nueva voz. Molinari esbozó una tenue sonrisa– Bésame –Molinari titubeó. Ella insistió con decisión–. ¡Bésame! ¡Hazlo! No tenemos mucho tiempo.

    El profesor se incorporó lentamente, bordeó la mesa orbitando su centro y se acercó a la mujer sin soltarle las manos; sus rostros quedaron enfrentados a unos pocos centímetros.

    –Hazme el amor aquí, sobre la mesa –le pidió ella con ansiedad. Molinari volvió a titubear. Ella volvió a insistir– ¡Vamos! ¿Qué esperas? Vamos a divertirnos con el cuerpo de esta perra.

    La mujer soltó las manos de Molinari y se agarró las tetas con firmeza. Luego comenzó a moverlas en círculo mientras se relamía su labio superior con gesto lascivo.

    –Tremendas tetas tiene esta puta; mira, parecen melones. ¿Te gustan? Ven, quiero que se las chupes, que se las muerdas –dijo con una voz que ya no era la original ni tampoco la aguda y fantasmal, sino más bien grave, honda, diabólicamente lujuriosa.

    Entonces Doris acercó esos preciados melones a su propia boca, sacó una lengua larga y filosa y castigó a aquellos erectos pezones con una suerte de rápidos latigazos. Molinari se excitó al punto de volver a prescindir de toda dilación protocolar (siendo esa dilación el beso) e ir directo al asunto (siendo el asunto esas dos frutas maduras). Entonces la boca del arrecho profesor se prendió de aquellas deliciosas ubres como cordero lechazo y sus manos se aferraron del culo de la mujer como si fueran las garras del diablo.

    De forma violenta y desordenada, la fue despojando de su ropaje hasta dejarla completamente desnuda. Luego la recostó sobre la mesa. Doris, con su espalda contra la madera, abrió sus piernas como queriendo abrazar el cielo con ellas. El profesor, cuya humanidad se interponía entre la fémina y el cielo implorado, bajó sus pantalones con dificultad y vio cómo su pija alborecía pulsante para responder al acuciante abrazo.

    –Métemela ya, por favor, estoy ardiendo –suplicó Doris chupándose su propio dedo.

    Él la penetró con desesperada prisa, como si no hubiera un mañana –quizá no había–. Su henchido miembro completó las húmedas vastedades de aquel candente piélago rosáceo y comenzó a cavar hacia sus profundidades: ella buscaba el cielo, él había encontrado las puertas del infierno.

    –Puedo sentir. Puedo sentirte. ¡Cógeme duro… oh, Alcides!

    Las apremiantes envestidas fueron tan intensas que Molinari pronto sintió que desfallecía. Entonces hizo una breve pausa buscando aire, la cual sirvió de excusa para que la ardorosa mujer forzara un cambio de posición. Instantes después era el profesor el que estaba recostado sobre la mesa y Doris la que lo cabalgaba con ritmo salvaje, imprimiendo inusitada furia en cada sentón.

    Mientras la humanidad de la ardiente hembra se desplomaba una y otra vez sobre la de su visitante, su ímpetu sexual se fue transformando en cruel violencia; la calentura se le confundió con la rabia y entonces sus pequeños puños golpearon repetidas veces el pecho del hombre mientras de su boca comenzaron a brotar furiosos reproches:

    –¿Te gusta esta putita, verdad? ¿Cuántas veces estuviste sobre esta mesa? ¡¿Cuántas veces te la cogiste a mis espaldas?! ¡¿Te gusta?! ¡¿Te gusta así?! –le gritaba mientras aumentaba la intensidad de sus saltos arremetedores y le abofeteaba el rostro sin piedad.

    El profesor estaba extasiado, padeciendo el extremo goce del sufrimiento provocado por los golpes, los insultos y los bestiales conchazos, cuando de pronto Doris abandonó su montura.

    –¡Date la vuelta! –le dijo– ¡Esto te va a gustar… hijo de puta!

    Él obedeció presto y se colocó boca abajo sobre la mesa; ella le escupió el orificio anal y le introdujo un dedo hasta el fondo. La impasibilidad del docente hizo que pronto fueran dos los dedos percutiendo salvajemente contra sus paredes rectales. La dilatación obtenida tentó a un tercer dedo, que derivó en la mano entera de Doris profanando un ano completamente sumiso.

    Las piernas de Molinari temblaron; sus alaridos retumbaron furibundos en las mohosas paredes de la sala. El último grito de placentero dolor fue desgarrador y una explosión de semen pasivo antecedió a un largo silencio, durante el cual Doris pareció encontrar sosiego y, con sumo cuidado, retiró su mano de los interiores del profesor.

    Instantes después, como si abandonara su propio cuerpo, la dama caminó lentamente hacia una de las esquinas de la sala y quedó enfrentada a un gran espejo. Allí pasó largos minutos en los que no hizo más que atravesar su imagen con ojos todavía extraviados.

    Mientras tanto el profesor se fue incorporando con cierta dificultad, se vistió sin emitir palabra y dejó un fajo de dinero sobre la mesa. Después se acercó a la mujer y la observó con ojos grandes, expectante, como queriendo preguntarle algo. Pero no preguntó. Ella le habló con absoluta calma, sin mirarlo:

    –Que tenga usted un buen día, Alcides; ya conoce la salida.

    Molinari atravesó el oscuro zaguán hasta llegar a la puerta de entrada y la abrió lentamente tratando de atenuar su estridente crujido. Luego asomó la cabeza al exterior, escudriñó un rato los alrededores, y se marchó a paso apurado por esa callecita cuyo nombre nunca puedo recordar.

  • Tapando la rajita de las gemelas

    Tapando la rajita de las gemelas

    Soy muy putita, lo sé.

    Pero lo que no sabía que mi hermana gemela era tan puta o más que yo, nuestras vidas empezaron a cambiar cuando dejamos de ser vírgenes, un novio por aquí, un rollo de una tarde por allá, la verdad que somos inseparables menos cuando salimos, ya que cada una va por caminos diferentes eso si, a partir de ese fin de semana empezamos a ser inseparables incluso en eso.

    Dormimos en la misma habitación y una tarde mi hermana se dio la vuelta en la cama, nada nuevo estaba estudiando para su examen de derecho no sé qué, os diré que en eso también somos diferentes ella va para abogada y yo para bióloga.

    Muy bajo casi inapreciable, pero la oía jadear y la veía moverse de forma inusual, notaba que algo pasaba y notaba como estaba excitada sin venir a cuento, entonces comprendí que mi hermana se estaba masturbando allí delante de mí, al verla me excite aún más y mirándola empecé a pasar mis manos por mi cuerpo acariciando mis senos, me había masturbado muchas veces antes, pero aquella vez era diferente, mi excitación en poco tiempo hizo que mis bragas empezaran a empaparse y en esos momentos mi hermana se dio la vuelta, ya no se podía ocultar de mí.

    A escasos metros de mí en su cama estaba mi hermana semidesnuda, la camiseta subida y sin el sujetador, su tanga a la mitad de sus muslos y sus dedos se movía vigorosamente en su clítoris, su mano derecha en sus pechos apretándolos una y otra vez acariciando con las yemas de sus dedos sus areolas y sus pezones enormemente hincados y duros.

    De verla mi cuerpo se encendía cada vez más, mis manos ya buscaban mis bragas y mis dedos mi vagina, recorriendo mis labios vaginales humedecidos por tanta excitación, mi hermana se metía los dedos en su vagina haciéndolos entrar y salir gimiendo como una loca, era como verme en un espejo, la misma cara, el mismo pelo, el mismo cuerpo y nuestros movimientos, jadeos y gemidos eran todos iguales, nos metíamos los dedos en nuestra rajita y presionábamos nuestro clítoris rozando nuestros dedos de forma circular sobre él, de forma simétrica, si yo metía un dedo en mi vagina ella también, si ella metía dos y gemía yo también.

    Las dos llegamos a un orgasmo casi simultáneo y en ese mismo momento en que nuestros cuerpos empezaban a convulsionar, en ese momento sin retorno nuestras miradas se dirigieron a la puerta donde nuestro hermano menor con su polla en la mano y mirándonos a las dos empezaba a correrse soltando por su capullo tres enormes chorros de su leche que cayeron al suelo.

    Una escena surrealista hasta aquel mismo momento, los tres hermanos nos habíamos masturbado y no se nos ocurrió decir nada en ese momento, mi hermano se dio la vuelta y corrió por el pasillo asustado de nuestra reacción a la vez que mi hermana y yo nos miramos y empezamos a reír todavía con las manos sobre nuestros sexos.

    Tres días habían pasado y no sé por qué aquello nos acercó aún más, incluso con mi hermano que a pesar de tener 19 años era todavía muy niño, ese día mi hermano entre risas nos preguntó si podríamos repetirlo algún día, a lo que mi hermana le contesto que quizás, que si se portaba bien y nos servía como un esclavo durante una semana quizás lo repetiríamos, yo me quede extrañada por la contestación, pero más cuando mi hermano sonrió y accedió.

    Durante una semana nos sirvió y antes de que acabara no sé ni cómo ni porque mi hermana me convenció para asaltarle en plena noche en su habitación y hacerle una mamada.

    Una noche en pleno agosto nos dirigimos a las dos de la mañana a la habitación de Jorge, entramos llevando solamente unos tangas minúsculos e íbamos descalzas para no despertar a nadie, Jorge dormía plácidamente sobre la cama con un bóxer de esos que tiene botones por delante, Lis a un lado y yo por el otro nos subimos en su cama y le empezamos a besar, a lamer su cuerpo hasta que poco a poco se iba despertando, al principio se asustó, pero Lis poniéndole un dedo en sus labios para que no dijera nada, le tranquilizo y le susurro.

    -Hemos venido a pagar la deuda hermanito.

    -Pero hemos pensado en darte un premio mayor por lo bien que nos has servido, ahora tú solo recuéstate.

    En ese momento aproveché para sacarle su polla por la abertura del bóxer, la tenía pequeña, pero se iba poniendo dura a cada segundo, sin pensar en mi querida hermana me la metí en mi boca para sentir como se hacía cada vez más grande, cada vez más dura y eso a Lis no le gustó nada, había sido suya la idea y hubiera querido empezar ella, pero si hay algo que me excite es meterme una buena polla en la boca y que vaya aumentando su tamaño, sintiendo como poco a poco me va llenando.

    Mi hermano no paraba de gemir, quien le iba a decir que a sus 19 años tendría a dos chicas chupándole la polla, mi hermana por un lado y yo por el otro recorríamos con nuestras lenguas el tronco de su pene, lamiendo su glande a la vez que nos besábamos y eso lo de besarnos uniendo nuestras lenguas no lo teníamos planeado ni Lis ni yo, pero nos empezó a gustar y a la vez que nuestras manos subían y bajaban por aquel enorme pene nos empezábamos a besar delante de él, agitando y calentando más el ambiente incluso le permitimos que nos tocara los pechos e incluso a la vez que le lamíamos el pene nos giramos las dos para mostrarle nuestras vulvas permitiéndole que apartara la tela de nuestros tangas y metiera sus dedos en unas vaginas tremendamente mojadas y ardientes que hervían por dentro.

    Los gemidos eran ya de los tres, gemidos que intentábamos acallar porque nuestros padres dormían al final del pasillo, mi hermano con una mano metía sus dedos en mi vagina y con la otra acariciaba el clítoris de Lis, la temperatura estaba empezando a subir demasiado, yo metía su pene en mi boca, mis labios resbalaban subiendo y bajando por su tronco y sentía como sus dedos se introducían dentro de mi vagina moviéndolos, entonces me incorporaba extendiendo mi espalda y gimiendo agarraba mis pechos hasta que mi hermano los sacaba.

    Aquello se nos había ido de las manos, solo le íbamos a hacer una mamada entre las dos y ahora las dos estábamos sintiendo lo mismo, nos mirábamos y sabíamos lo que queríamos, queríamos disfrutar de aquella polla dentro de nuestros cuerpos, metiéndose y saliendo de nuestra vagina, estábamos en esa situación que casi ya no hay retorno posible, estábamos las dos dispuestas a quitarnos el tanga cuando mi hermano teniendo su pene dentro de mi boca empezaba a gemir cada vez más, la saque para que Lis pudiera disfrutar también de la leche de nuestro hermano que empezó a expulsar su semen en nuestros labios y nuestra cara.

    Le lamimos hasta que no quedara nada de su leche y Lis empezó a quitarse el tanga, mi hermano la miraba emocionado, excitado e ilusionado y como si algo me reseteara el cerebro, solo por un momento de cordura en aquella noche, cogí a Lis de la mano arrastrándola hasta la puerta.

    -Y por qué no Ainara. –Susurrando me preguntaba Jorge cuando me levantaba de la cama arrastrando a Lis conmigo.

    -Porque no Jorge. –Le contesté.

    -Eso, porque no Ainara. -Me preguntaba ahora Lis.

    -He dicho que no joder. –Les contesté enfadada y levantando algo la voz.

    A pesar de que Lis y Jorge sabían que tenía razón estuvieron una semana sin hablarme prácticamente, era fin de semana y mis padres se habían ido con unos amigos de vacaciones, ese sábado por la mañana estaba con Lis nadando en la piscina y sin venir a cuento me empezó a decir que era una mandona y que siempre tenía que llevar razón, yo sabía que era su forma de pedirme perdón, así que nade hacia ella y la abrace, éramos nuevamente amigas, nuevamente volvíamos a ser una y nuevamente nuestros cuerpos se excitaban juntos cuando nos rozábamos, el agua nos llegaba por el pecho y los brazos rodeaban nuestros cuellos, tenía mi frente apoyada en la suya y despacio en silencio nos mirábamos y nos empezamos a besar.

    Otra vez el mismo ardor, otra vez mi hermana gemela despertaba en mí un fuego interno difícil de apagar, otra vez mi lengua buscaba la suya, mis manos buscaban sus pechos, desabrochándole el top de su bikini, sus manos buscaron enseguida mi sexo, metiendo sus dedos por debajo de la braga del bikini, yo lamía sus pechos, ella metía sus dedos en mi rajita, tan excitadas, tan calientes que el propio agua parecía hervir a nuestro alrededor, cuando mi hermano Jorge apareció por el jardín junto a un amigo.

    -Hola hermanitas, si os parece bien podemos participar nosotros en el juego también. –Nos decía mientras los dos se tocaba el bañador con sus penes aumentando de tamaño y volumen.

    El chico que estaba a su lado era Raúl, un amigo de Alicante que solo venía el mes de agosto a casa de su tía, un chico alto, pelo corto, unos ojos azules muy bonitos, de cuerpo no estaba nada mal y tendría más o menos unos 22 años como nosotras, pero en lo que más nos fijamos Lis y yo fue en el enorme bulto que tenía debajo del bañador.

    Las dos estábamos tremendamente excitadas y muy desinhibidas, Lis no paraba de besarme, me miraba y me susurraba “venga di que sí, di que si”.

    -Todo depende. -Le contesté de forma muy lasciva.

    -Si venís sin bañador, todo puede ser, probar a ver que pasa. –Sentencie mientras les miraba lascivamente mordiéndome el labio inferior.

    -Bien, te quiero Ainara. –Me susurro Lis al oído

    Ni un segundo paso cuando los dos tenían el bañador en el césped y sus penes como dos colosos apuntaban en nuestra dirección, yo miraba el pene de Raúl mordiéndome el labio, imaginándomelo dentro de mi vagina, entrando y saliendo de ella, mi hermano no estaba tampoco nada mal, ya la había probado y sabía de su resistencia.

    Lis y yo nos separamos y apartándonos un poco esperábamos que llegaran a nosotras y mientras nos íbamos quitando la braga del bikini y nuestras vaginas se preparaban para ser penetradas, el ardor era máximo y la excitaron se podía cortar en el ambiente entre los cuatro.

    No elegimos pareja o quizás sí, nosotras íbamos también a su encuentro, pero mis ojos no se apartaban de Raúl y los de Lis de nuestro hermano y como si ellos lo supieran así se dirigían hacia nosotras, el agua me llegaba por la cintura cuando Raúl llego a mí, mi corazón se había acelerado, una sonrisa y mi cuerpo se estremeció cuando sus manos se posaron en mis pechos, luego me estrecho entre sus brazos rodeándome con ellos por mi cintura y nos empezamos a besar.

    Ninguno de los dos dijo nada, nuestros cuerpos ya estaban fundidos y mis pechos se aplastaban contra su cuerpo, podía sentir su enorme pene golpeando mi monte de venus y a la vez observaba como Lis y Jorge se empezaban a besar y como Jorge cogiéndola de la mano a Lis la sacaba del agua dirigiéndose a las tumbonas.

    Raúl y yo por nuestra parte seguíamos abrazados, dando vueltas en el agua, mis piernas se habían enrollado a su cuerpo, me sujetaba con sus manos por el culo y sentía esa enorme polla darme en el vientre, lo llevé a las escaleras, subimos un par de escalones y sentándose con el pene saliendo del agua empecé a chuparle el glande despacio mientras le miraba, miraba sus gestos de placer y oía a mi hermana gemir, Lis estaba tumbada con las piernas abiertas y mi hermano metía su lengua en su vagina, aquella escena, ver a mis dos hermanos disfrutando juntos me excito y calentó aún más.

    Mi boca resbalaba por su polla a la vez que mi mano subía y bajaba por aquel enorme tronco, Raúl gemía, me miraba y cogía mi cabeza siguiendo el ritmo, la sacaba y le lamía el glande pasando la punta de la legua por todo su contorno y como si fuera un helado bajaba por el tronco hasta sus huevos para volver a subir y volvérmela a meter en mi boca.

    Raúl se levantó y sentándome casi al borde de la piscina me abrió las piernas para lamer mis labios vaginales, mordiéndolos con sus labios, se entretenía con mi clítoris y bajaba con su lengua hasta mi vagina, metiéndome la lengua, lamiéndome y secando mi ardor, parecía que no respiraba, tenía mis labios menores metidos prácticamente en su boca succionándolos al igual que el clítoris, estaba haciendo que gritara de placer y los gemidos de mi hermana se unían a los míos, cerraba los ojos y al poco los volvía abrir para ver como Jorge empezaba a meterle su pene a Lis, mis hermanos por fin estaban follando.

    Raúl se levantó y cogiéndome de la cintura me echo un poco hacia atrás, mi vulva al borde del agua, el de pie entre mis piernas busco con su glande mi vagina y poco a poco me la iba metiendo dentro, sentía como su pene me iba abriendo lentamente mi rajita, metiéndose en mi vagina, abriéndose paso por ella, navegando por el mar de flujo de mi interior hasta el fondo y me empezaba a volver loca cada vez que la sacaba y la volvía a meter, sus penetraciones y empujones arrastraban el agua contra mí salpicando mi cuerpo, me miraba y yo no podía dejar de jadear, mis pechos subían y bajaban con cada empujón salpicados por el agua.

    En la hamaca Lis estaba de rodillas con la cara sobre la colchoneta y Jorge se la metía detrás, le metía el pene una y otra vez como si fuera una perra, en esos parece que también estábamos sincronizadas porque las dos empezamos a gritar como poseídas cuando nos penetraban cada vez con más vigor, sus penes salían y entraban de nuestros cuerpos más y más rápido hasta que nos empezamos a correr las dos a la vez.

    No pararon ni aflojaron la marcha en ningún momento, de mi hermana salían chorros de su corrida a la vez que mi hermano la sacaba para volverla a meter y aunque mi vagina estaba en parte sumergida notaba algo parecido, notaba como llenaba la piscina de mi flujo o quizás de los nuestros porque Raúl con unos gemidos cada vez más sonoros hacía presagiar que se iba a correr como así fue, pero antes de eso me puso a cuatro patas y agarrando bien por mis caderas empujaba su pene muy dentro de mí, dándome azotes en mis nalgas y llenándome con su enorme pene hasta que se empezó a correr en mi interior sin decirme nada.

    Salimos de la piscina y nos sentamos en la hamaca junto a mis hermanos, Lis se metía los dedos en su vagina sacando el semen de Jorge que se había corrido dentro de ella, yo miraba los penes de nuestros amantes, las tenían envueltas en nuestros flujos, pero todavía las tenían duras, se habían recuperado prácticamente al momento así que me abrí de piernas mirando a mi hermano y sin hablar, sin hacerle ni un solo gesto, solo con la mirada le invitaba a que me llenara con su pene y que depositara en mí también su semilla.

    Mi hermano me estaba follando ahora a mí y Raúl a mi hermana Lis, tenían los dos bastante aguante y eso nos volvía locas, los gemidos de los cuatro iba en aumento, los pequeños gritos de las dos les ponía cada vez más cachondos a los dos, les pedimos que se tumbaran en las hamacas y las dos nos sentamos a horcajadas, la una frente a la otra dándoles la espalda y empezamos a cabalgar sobre aquellos penes como queriéndoles domar.

    Sus penes se metían en nuestras vaginas, deslizándose por ellas, veía como el pene de Raúl se metía hasta los huevos en la vagina de Lis y cuando la sacaba casi al completo solo el glande quedaba dentro de ella, cada vez más rápido y cada vez con más gritos incontrolados, estallamos nuevamente las dos en un delicioso orgasmo, me eche hacia atrás con espasmos en mi cuerpo, pequeños temblores en mis piernas y veía como el pene de mi hermano se metía en mi interior y al salir junto con él, pequeños chorros de mi flujo vaginal salían también al exterior.

    Notaba su pene palpitar, notaba como Jorge estaba a punto y agarrándome fuerte de los pechos tumbándome hacia él, su pelvis se elevó y empezó a penetrarme con su pene como mucha velocidad haciendo que mi orgasmo se prolongara, el golpeteo de nuestros sexos, de nuestra carne en cada empujón, cuando su pene se metía hasta el fondo en mi vagina, sonaba tan altos en el jardín que junto a mis gritos lo envolvían entero, entonces Jorge estallo como un volcán llenándome la vagina con su esperma, navegando con mi flujo y con lo que podría quedar de Raúl.

    Una mañana deliciosa follando con mi hermano y con Raúl, una mañana que se repitió por la tarde y días sucesivos, unos días que como decía Raúl tapamos las rajitas de las gemelas.

    Ha pasado el tiempo y de vez en cuando nuestro hermano nos busca para seguir tapando esas rajitas, las rajitas de sus hermanas gemelas, las de sus putitas gemelas como nos llama cariñosamente.

  • Ella concertó una cita por internet

    Ella concertó una cita por internet

    Ella estaba experimentando la posibilidad de expresarse sexualmente con libertad y sin tapujos, lo cual nos había llevado a conocer y compartir diferentes situaciones, con hombres principalmente, pero también con mujeres y parejas. Los encuentros, casi siempre, eran resultado de compartir con personas en discotecas y lugares dedicados a promover el intercambio sexual entre parejas.

    Algún día, sin embargo, ella estuvo dedicada a chequear los comentarios que aparecían en el perfil que habíamos montado en una página de sexo y, le llamó la atención los comentarios que hacía un muchacho llamado Andrés. Respondió al comentario que allí figuraba y, casi de inmediato, recibió respuesta, pues el hombre también estaba chequeando la página en ese momento. Como resultado, aquel muchacho, un hombre joven, le propuso que se conectaran en una video llamada por internet. Ella, por alguna razón aceptó, pues este muchacho no se ajustaba al patrón de hombre que a ella le dispara su energía y deseo sexual.

    Andrés, no obstante, se dio sus mañas para convencerla y logró que ella aceptara. Él le indicó cómo hacerlo y, poco después, tras algunas instrucciones previas, estaban enlazados a través de una video llamada utilizando el internet. El joven no perdió el tiempo y, bastante atrevido, le propuso jugar un poco para conocerse y ver si había alguna posibilidad de encontrarse personalmente. Y, ella, curiosa, le siguió la idea.

    El muchacho se desnudó para ella y le dejó ver todos sus atributos masculinos. A ella, él le pareció una persona espontánea, decidida y ciertamente atrevida, y eso llamó su atención. Hecho esto, él pidió ser correspondido y requirió que le dejara ver algo de su cuerpo, así que ella se descubrió el busto y le dejó ver sus pechos. El muchacho, aparentemente fascinado con la experiencia, le dijo que se había masturbado varias veces observando las fotografías que aparecían en el perfil una página de contactos, la página donde habíamos montado el material, y que le gustaría mucho tener la misma oportunidad que tuvieron los muchachos con los que ella aparecía.

    Puede ser, respondió ella, ya habrá el momento en que se pueda acordar algo. Pues, si tienes tiempo, podría ser hoy mismo, ahora mismo; yo estoy disponible. ¿Dónde vives? Yo estoy ubicada cerca a los almacenes Éxito de la calle 80. Yo, estoy cerca, y no tardaría en estar allá, contestó él. ¿A qué hora nos vemos? ¿Puedes? Si, dijo ella. Si te parece, podríamos encontrarnos en el Café OMA que queda a la entrada de esos almacenes. ¿En una hora y media estaría bien? Si, dijo el muchacho, ¡allá estaré!

    Oye, conocí a alguien por internet y quedamos de vernos en una hora y media, aquí, en el Éxito. Bueno, y, ¿quién es? No lo sé, lo acabo de conocer y me llamó la atención. Pero, ¿cuál es la propuesta?, pregunté. Nada. Sólo conocernos. Y ¿cómo llegaste a él? Escribió un comentario en el perfil de la página, yo contesté, y dio la casualidad de que él estaba conectado y resultamos chateando, y poco después conectados en una video llamada. ¿Otro morenito?, pregunté. Para nada. ¿Entonces?, dije yo, ¿cuál es el encanto? Pues me pareció una persona espontánea y acordamos conocernos.

    Pues, tú te comprometiste; entonces ve y me cuentas. Pues yo estaba pensando que me acompañaras, me replicó. ¿Tú le dijiste que ibas a estar acompañada? No. Y ¿no crees que el tipo se indisponga si te ve acompañada? Pues, pensaría que no. Creo que lo puedo manejar. Bueno, pero ¿acordaron algo? No, nada. Él ha visto nuestras fotografías y quiere conocerme. Es todo. Y ¿no crees que es obvio que quiera que les des la oportunidad de estar contigo? Seguramente, pero lo que acordamos fue encontrarnos para conocernos. Bueno, te acompaño, pues.

    Lo que siguió fue el ritual de arreglo personal que ya conozco; ropa interior negra, medias negras, zapatos negros, falda y chaqueta negra, y blusa roja. Y, sin temor a equivocarme, supuse que ella ya tenía algo en mente, así que me hice de rogar alegando que tenía cosas que hacer y que, como solo era conocerse, pues bien podía ella acudir sola a la cita y que, si algo pudiera surgir, pues me llamara. Me dijo que se sentía más segura si yo estaba presente, de modo que no tuve otra alternativa que asegurarle que la iba a acompañar, pero que era mejor que ella estuviera a solas con él y hablaran lo que fuera pertinente y que, cuando ella lo considerara necesario, yo me aprecia y me presentaba. Y ella estuvo de acuerdo.

    Cuando llegó la hora, nos desplazamos hacia el lugar. Cuando íbamos hacia allá, me comentó que el muchacho había escrito y que ya estaba en el OMA, esperándola. De manera que tan pronto llegamos, estacioné frente al sitio, ella bajó del carro y se apresuró a entrar al lugar. Yo me quedé dentro del vehículo y, de lejos, vi el instante en que se encontraron. Se saludaron de mano y se sentaron en una mesa, situada al lado de una ventana, donde los podía ver. Habrán conversado como unos quince minutos a lo sumo, cuando ella empezó a mirar hacia el vehículo, haciéndome una seña para que me acercara.

    Bajé del carro, ingresé al sitio y me acerqué a ellos. Mira Andrés, él es mi marido. Hola, dijo él, Andrés. Hola, dije, Fernando, y le saludé estrechando su mano. ¿En qué va la cosa? Bueno, pues le decía a Andrés que, si estaba de acuerdo, podíamos ir a algún sitio para estar un ratico, indicó ella. Yo la miré, entre sorprendido y curioso, pues nunca la había oído expresarse de esa manera. Sugerir ir a algún sitio para estar un ratico era, simplemente, la aceptación tácita para tener sexo con aquel, pero dicho de una manera sutil y elegante. Y usted, joven, ¿está de acuerdo? Sí señor, me respondió. Bueno, entonces vamos, dije yo, riéndome para mis adentros, pues aquel muchacho, dadas las circunstancias, haría lo que fuera para tener sexo con mi esposa.

    Subimos al carro los tres y me dirigí a los lugares que normalmente frecuentábamos. Era un día sábado, como a las cinco de la tarde, de manera que tenía mis dudas sobre si íbamos a encontrar habitaciones disponibles y así se lo hice saber a ella. De pronto nos toca ponernos a buscar y ese programita si no me gusta, comenté. Esperemos, dijo ella. Y siguió conversando con el muchacho, como si nada. ¿Qué lugares frecuentas? No muchos, la verdad. Y soy nuevo en esto, dijo.

    Llegados al lugar, como presentía, los sitios estaban concurridos. El lugar habitual no tenía habitaciones disponibles, así que hubo de necesidad de ir de sitio en sitio, preguntando sobre la disponibilidad y comentando nuestra situación, porque no siempre permiten que entren tres personas a una habitación. Y, en efecto, tuvimos que deambular por varios sitios antes de que encontrar habitación disponible y ser aceptados.

    La llegada a la habitación fue todo un proceso. El lugar no tenía ascensor y tuvimos que subir por escaleras hasta un quinto piso, que era el único lugar al que nos permitían ingresar a los tres. De manera que, por lo menos para mí, aquellas circunstancias no eran aptas para calentar el evento sino, por el contrario, confabulaban para que se enfriara.

    Por fin, después de muchas peripecias, llegamos a la esperada habitación. No era nada del otro mundo; un lugar pequeño y algo estrecho, pero con lo necesario para lo que se anticipaba. Ella entró al baño de inmediato, dejándonos a los dos solos en la habitación. Al rato, y quizá para hacer que las cosas fueran más rápidas, ella salió mostrando sus caderas y torneadas piernas, pues se había despojado de la chaqueta y su falda. SE veía bastante provocativa en esa vestimenta, así que Andrés, muy respetuoso, se acercó a ella, situándose a su lado, acariciando sus muslos y, con desparpajo, empezó a estimular su vagina con la mano.

    Ella se entregó al gesto de él y se dedicó a experimentar las sensaciones que aquel le producía al estimular su clítoris. Poco a poco, él fue atreviéndose un poco más y empezó también a besar y acariciar su cuerpo, sus hombros, sus brazos, sus pechos, su vientre y sus muslos. Y poco después, sin musitar palabra, se animó a despojarla de su blusa roja y sus bragas, dejándola tan solo vestida con su brasier, sus medias y zapatos. Y él, por su parte, también, poco a poco, se fue desvistiendo sin dejar de estimular el sexo de mi esposa.

    Llegado a este punto, él decidió estimular el sexo de mi esposa con su boca y, para ello, se acomodó para realizar un 69. Colocó su cuerpo sobre el de ella y accedió a su sexo, dejando su pene disponible para que mi esposa le correspondiera. Y ella, así lo hizo. Su miembro no era muy grande, así que ella pudo manipularlo con su boca sin dificultad. Y en esa posición permanecieron concentrados por varios minutos. Andrés lamía con muchas ganas el sexo de mi mujer que para aquel momento ya debería estar lubricado y dispuestos para lo demás. Y mi esposa, con su boca, ya había logrado que aquel miembro estuviera duro y erecto.

    A continuación, él retiró el brasier a mi esposa y se dedicó a besar, a lamer y acariciar sus senos. Y, posteriormente, le pidió a ella que se diera vuelta y se colocara en posición de perrito. Ella pensó que él la iba a penetrar, pero ¡no! él quiso seguir chupando su sexo, pero ahora desde atrás, lamiendo también su ano. Y ella, al parecer, se encontró a gusto. Nunca antes nadie había hecho con ella algo parecido, así que, cerrando sus ojos, enfocaba su atención en las sensaciones que aquel le producía.

    Poco después, ya más animado, aquel finalmente se decidió a ir dentro de mi esposa y, en posición de misionero, colocando su cuerpo sobre el de ella, la penetró y empezó a empujar rítmicamente, metiendo y sacando su miembro de la vagina de mi mujer quién, para aquel instante, se encontraba encantada con la faena. El, para llegar más profundo dentro de su vagina, se empinaba sobre ella apoyándose en sus piernas. La escena era excitante y, estando en esa posición y al calor del momento, por fin, después de varios minutos llegaron a besarse, señal inequívoca de que la estaban pasando bien.

    Aquel, moviendo su cuerpo sobre el de ella, en esa posición, logró que ella se excitara al punto de empezar a gemir, como solo ella sabe hacerlo. Y eso estimuló a que él se moviera con más vigor y acelerara sus embestidas hasta que, presa de la inmensa excitación, ella lanzó un fuerte gemido, indicando que había alcanzado lo máximo y estaba experimentando un fantástico orgasmo. No sé si él también lo alcanzó, pero siguió embistiendo y embistiendo un rato más.

    Ambos quedaron tendidos sobre la cama por un largo rato, recuperándose del esfuerzo. Y, cuando todo parecía indicar que aquello había acabado, fue mi esposa quien tomó la iniciativa para despertar aquel miembro dormido y, llevándoselo a la boca, empezó a estimularlo nuevamente. Andrés no tardó en estar a punto y, mostrando vigor, puso a mi esposa en posición de perrito, penetrándola desde atrás, posición desde la cual se atrevió a incrementar la excitación de ella, metiendo sus dedos dentro del culo de mi mujer. Ella no dijo nada y se entregó a la experiencia. Nunca antes le habían hecho aquello.

    Poco después ella se retiró, se volteó, se acostó de espaldas sobre la cama, boca arriba, abrió sus piernas y le indicó que se aproximara. El entendió la invitación y volvió penetrarla, como antes lo había hecho. Ella, al parecer, encontraba agradable aquella verga y, levantando sus piernas y doblando sus rodillas, permitió que aquel hombre la complaciera nuevamente. Y así fue. Al poco rato ella empezó a agitar sus piernas, arriba y abajo, y a gemir, primero con bajo volumen y luego, gimiendo más fuerte, hasta que volvió a llegar al clímax bajo el cuerpo de aquel dedicado y atento muchacho.

    Esta vez fue suficiente. Ambos, al parecer, habían agotado sus energías. Ella llegó a sugerir que podían esperar un poco más, pero el manifestó que ya tenía un compromiso y que no se podía quedar. Agradeció la oportunidad y la experiencia y, despidiéndose muy respetuosamente, nos dejó. Ella, por su parte, aprovecho la jornada festiva y desfogó sus apetitos sexuales con ese muchacho. La cosa salió bien y el internet fue la herramienta para lograrlo. Seguramente recurrirá a ello cuando el deseo sea grande y la satisfacción de la necesidad no de espera. Bienvenida la tecnología…!!!

  • La fiesta secreta

    La fiesta secreta

    Según le había comentado Hans en su último correo, le tenía preparada una sorpresa para el día de hoy, sábado. En esa comunicación le decía que la recogería donde siempre, C.C. Nervión Plaza, y que se tendría que vestir para una fiesta de noche.

    Mar dudaba. ¿A qué sorpresa se refería Hans? ¿Por qué debía ir vestida de fiesta? En cualquier caso la mujer estuvo pensando durante buena parte de la mañana del sábado sobre el vestuario que debía llevar. Al final se decidió por un traje negro ajustado que se adaptaba perfectamente a su bella figura como un guante. La sensación que tenía Mar con ese vestido era el de ir desnuda. El mínimo grosor de la tela era lo que separaba su piel desnuda de la mirada de cualquiera. Optó por utilizar ropa interior negra para evitar que se transparentase nada. Se miró por delante, y se miró por detrás, para quedar satisfecha con la elección para la “fiesta sorpresa” a la que iba acudir acompañando a Hans.

    A la hora acordada, el autor de relatos eróticos apareció a bordo de su Alfa Giulia para recoger a Mar. Acercó el coche a la acera donde ella le esperaba, sin darle tiempo, Hans se bajó del coche para abrirle la puerta del acompañante. Él vestía un traje azul que le daba un porte más elegante aún. Mar, con un delicado movimiento se introdujo en el coche cuidando de no mostrar más de lo necesario. Luego, él dio la vuelta para introducirse en el lugar del piloto:

    -Estás espectacular, preciosa.

    -Gracias. Tú tampoco te quedas atrás. Nunca te había imaginado con traje.

    Hans parecía un modelo de anuncio de colonia. Su traje de Arman, sin duda echo a medida, le quedaba perfecto. Su camisa blanca, sin corbata le daba un aire de informalidad elegantemente irresistible. Sin más preámbulo el coche encaró la Avenida San Francisco Javier buscando la salida de la ciudad en dirección a la carretera de Mérida. Mientras circulaban por las avenidas de la ciudad permanecían en silencio. Hoy el equipo de música del Alfa no reproducía a Sabina. El With Or Wihtout You sonaba por los altavoces bose envolviéndolo todo en un agradable ambiente. Mar pensó que el gusto musical de Hans era tan elegante como él:

    -Oye, ¿tú no usabas Egoiste? –Preguntó la mujer cuando olió que el perfume era diferente.

    -No. Utilicé ese para nuestra primera cita, pero no es el que utilizo habitualmente. Ni siquiera me gusta. Es más lo odio.

    -¿Entonces…? ¿Por qué lo llevabas la primera vez?

    -Bueno, tenía pensado un juego que no sabía si iba a salir bien. Preferí no asociar aquella experiencia a mi olor habitual. Se podría decir que interpreté a otra persona.

    -Y el que llevas ahora, ¿cuál es?

    -Es Polo Blue de Ralph Laurent.

    -Tienes buen gusto.

    -Lo sé. Tú eres el más claro ejemplo.

    Mar se quedó cortada ante el halago y se quedó sin palabras.

    -Verás, me encanta la belleza. Pero no tiene que ser una belleza exagerada, ni espectacular. Me gusta la discreción. Yo suelo ser discreto y observador. Alguien me dijo una vez una frase que suelo llevar a rajatabla “que tu mano derecha nunca sepa lo que hace la izquierda.” De manera que prefiero moverme en un segundo plano, siempre discreto lo que me permite buscar y admirar la belleza que para otros puede pasar desapercibida.

    Bono seguía entonando el resto de su repertorio cuando el Giulia azul tomaba la carretera de Mérdia hacia su destino:

    -Bueno, y ahora ¿dónde vamos?

    -Vamos a un lugar casi secreto. Un lugar donde se celebra una fiesta privada a la que tú y yo estamos invitados. Y dónde por supuesto habrá sexo. ¿Te apetece?

    Mar le miró con media sonrisa antes de asentir mientras pensaba que seguía enganchada a aquel tipo del que apenas conocía nada.

    -Sí claro que me apetece.

    -Ya lo sabía –Contestó Hans con cierta suficiencia.

    -¿Y por qué lo sabías? –Preguntó Mar simulando enfado.

    -Pues porque de lo contrario no habrías venido a esta cita.

    La mujer se sintió derrotada. En la pantalla del Alfa aparecía la indicación del GPS. Estaban a punto de llegar. Se habían salido de la autopista y circulaban por una solitaria carretera nacional en dirección a una población a las afueras de Sevilla. A falta de unos 5 kilómetros para llegar se desviaron por un carril rural. Pese a que la situación pudiera considerarse peligrosa, Mar se sintió segura al lado de Hans. No temió que él volviese a abusar de ella.

    Apenas recorridos unos metros a poca velocidad por este camino rodeados de pinos, divisaron una especie de control con una barrera. A la derecha, perfectamente camuflado, había un sensor. Una barrera se abrió y accedieron con el coche hasta un aparcamiento lleno de coches de alta gama.

    En una mansión rodeada de vegetación se estaba produciendo la fiesta a la que estaban invitados. En un salón enorme, decorado con lujo exquisito, varias personas, algunas muy conocidas, hablaban y reían en corros:

    -¿Conoces a toda esta gente, Hans?

    -No. A todos no. Solo a la organizadora, nada más. Y es esa que viene ahí.

    Hacia ellos llegaba una mujer de la edad del hombre. Era elegante, con rasgos felinos y mirada azul. Sin apenas maquillaje, era muy guapa. Con una melena castaña bastante larga. Vestía un traje ajustado de color rosa. Besó al escritor y luego éste le presentó a Mar:

    -Mmmm, Hans siempre ha tenido un maravilloso gusto para las mujeres. –Dijo esto mientras besaba en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios a la invitada.

    Mar se sintió, primero halagada y después desconcertada. Aquellos besos habían sido lascivos. Después de una hora de agradable conversación y varias copas con algunos de los invitados, Susana (que así se llamaba la anfitriona) acompañó a la pareja a una habitación más íntima. Junto a ellos entraron dos chicos más jóvenes que Hans.

    La sala era grande y por el hilo musical sonaba música clásica. Mar estaba bebiendo una copa de champán cuando uno de aquellos chicos se le acercó por detrás. El tipo era alto, y con un buen cuerpo. Besó a la mujer en el cuello retirando su melena hacia un lado. Después acarició sus brazos. Frente a ella, Hans la miraba con media sonrisa mientras Susana el cogía por la cintura:

    -Disfruta, Mar. Lo pasaremos muy bien. –Hans levantó su copa de champán hacia ella.

    Mar se dejaba llevar por las caricias que aquel desconocido le ofrecía. Los besos fueron acompañados por pequeños mordiscos en los hombros. La mujer suspiraba y echaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. Frente a ella, el otro chico, se quitaba la camiseta mientras Susana le miraba con media sonrisa. Era un chico de color con un cuerpo de surfista. Solamente Hans permanecía sentado en un sillón observando toda la secuencia.

    Mar sintió como el chico a su espalda comenzaba a bajar la cremallera de su vestido antes de deslizarlo por su cuerpo. Recorría el descenso de la prenda con besos a lo largo de su espalda hasta arrodillarse tras ella y besar sus glúteos.

    Mar quedó en mitad de aquella sala solamente vestida con su ropa interior negra. Expuesta a la visión de Susana, el chico negro y Hans:

    -Vaya, vaya… -Susana alabó su cuerpo.

    El chico negro también se dirigió hacia Mar. Al llegar junto a ella, la mujer le echó los brazos por su cuello y comenzó a besarlo. El chico blanco comenzaba el viaje hacia arriba con nuevos besos, mientras el negro se pegaba a ella hasta notar la fibrosa musculatura. Las manos de los dos chicos recorrían la sedosa piel de Mar en todas direcciones. La joven modelo nunca había experimentado esa sensación de ser acariciada por dos hombres a la vez. Si había fantaseado con los tríos pero nunca había formado parte de uno y ahora, en aquella mansión perdida en el campo, estaba en medio de una sala, siendo acariciada por dos desconocidos de cuerpos esculturales.

    La mujer comenzó a sentir como su sexo ardía y se inundaba con sus flujos. Mientras aquellos tipos seguían cubriéndola de besos. El blanco besaba su cuello mientras agarraba sus tetas y se las ofrecía al chico negro. Éste, no dudó en mamárselas, succionando sus pezones antes de mordérselos. Ella estaba en una nube.

    Sin saber como, los chicos la llevaron hacia una especie de potro. La inclinaron sobre una barra que quedó a la altura de su vientre, presionando su ombligo. El chico negro se colocó delante de su cara, el blanco detrás de su culo.

    El chico negro se quedó totalmente desnudo ante ella mostrando una polla de considerables dimensiones. El blanco separó su tanga negro antes de comenzar a introducir un par de dedos en su vagina y hacer un movimiento circular. Mar suspiraba ante aquel excitante escenario.

    Para entonces, Hans seguía sentado en el sillón pero ahora Susana estaba arrodillada ante él practicándole sexo oral. Sin esperarlo, el chico blanco penetró fuerte a Mar mientras con una mano la apretaba contra la barra, hundiéndola en su vientre. El chico negro le ofrecía su polla que Mar no dudó en engullir hasta donde le cupo.

    Era la primera vez que mantenía sexo con dos tíos al mismo tiempo. Un negro de polla enorme le follaba la boca con sus manos en su cabeza marcándole el ritmo. Un blanco, la apretaba contra una barra hasta hacerle daño en el vientre mientras le follaba el coño cada vez a más velocidad. Notaba como sus pezones se endurecían y se retorcían sobre sí mismos por el placer. Sentía como la polla del negro llegaba hasta la campanilla provocándole arcadas. La del blanco, no tan grande, se incrustaba en el fondo de su vagina produciéndole escalofríos de placer en su columna. La barra se clavaba en su vientre con distinta fuerza a medida que el chico que tenía la mano en su espalda ejercía más o menos presión. Mar estaba a punto de estallar.

    Sus muslos tenían calambres. Su respiración estaba entrecortada. Y su clítoris estaba más hinchado que nunca. A punto de llegar al orgasmo los chicos pararon. Hans gritó de placer mientras se corría en la boca de su anfitriona.

    Los chicos llevaron a Mar hasta una pared. Allí ataron sus manos a la pared. Susana, se puso de pie. Se quitó el vestido y quedó totalmente desnuda ante sus invitados. El cuerpo de la mujer era espectacular. Unas tetas grandes que, pese a sus más de cuarenta años, seguían desafiando a la gravedad. Su cintura se estrechaba antes de ampliarse en sus caderas. Su sexo estaba cubierto por una franja de vello realmente sensual.

    Susana se colocó delante de Mar, que ya estaba desnuda. Sin darle opción la besó metiéndole la lengua hasta lo más profundo mientras con su mano comenzó a acariciar sus tetas. Las amasó, primero una y luego la otra. Pellizcaba sus pezones con la presión justa para conseguir ese dolor placentero que tanto la ponía. Mar estaba entregada al beso de Susana. La anfitriona siguió con su mano, descendiendo hasta su coño. Acarició el triángulo de vellos de Mar antes de utilizar su dedo corazón para separar los labios vaginales e introducirlo poco a poco en el interior. Ambas mujeres parecían haber perdido la noción del tiempo y sobre todo que estaban rodeadas por tres hombres que se deleitaban con el espectáculo lésbico que ellas estaban dando.

    Susana cambió en un segundo. Ahora agarraba la melena de Mar y la obligaba a echar la cabeza hacia atrás. Su boca se dirigió hacia uno de sus pezones que, tras lamerlo con hambre, lo trilló con sus dientes y tiró de él. Con su mano libre comenzó a masturbarla, metiendo y sacando tres dedos de su coño antes de moverlos frenéticamente contra su clítoris. De la boca de Mar salía un grito ahogado a medio camino entre el placer y el dolor:

    -Disfruta perra, disfruta. –Susana no paraba de masturbar e insultar a su invitada.

    El cuerpo de Mar se tensó, su espalda se curvaba hacia atrás sacando sus maravillosos pechos que volvían a estar entre los dientes de Susana. Sus piernas comenzaron a flaquear. En su cabeza la imagen de los tres hombres desnudos presenciando aquella imagen de masturbación lésbica fue superior a lo que podía soportar. Desde sus muslos, un calambre recorrió su cuerpo antes de correrse de gusto con los tres dedos de Susana en el interior de su coño.

    Antes de caer, Hans la agarró y la desató. La abrazó por la cadera y la llevó hasta un sofá rojo. La sentó mientras la besaba con pasión. Ella estaba entregada a la situación. Era la primera vez en su vida que tenía sexo con una mujer y le había provocado un orgasmo impresionante. El hombre siguió besando su cuerpo, acariciando sus tetas con delicadeza, en contraste con los mordiscos de Susana. Hans recorrió su cuerpo con besos, dejando un camino de saliva caliente desde su cuello hasta su ombligo.

    Mar se tumbó sobre el respaldo y dejó que Hans se la comiera enterita. De algún sitio, el autor de relatos eróticos sacó un cinturón de cuero con una gran bola, similar a una manzana. Lo único que acertaba a hacer la chica era suspirar con las caricias del hombre. Otra vez en su mente, la situación le provocó un ardor en su sexo. Volvía a estar desnuda en medio de una habitación junto con dos hombres y una mujer que se deleitaban con sus suspiros mientras otro le lamía el cuerpo entero. Hans hizo pasar un extremo del cinturón de cuero por debajo de su cuerpo. Colocó la bola sobre su ombligo y comenzó a apretar la correa hasta hundirle el vientre.

    A medida que Hans ceñía aquel cinturón a su vientre, Mar se quejaba con la respiración entrecortada. Sentía sus tripas oprimidas cuando el hombre se arrodilló entre sus piernas, se las levantó y la penetró con fuerza. La mujer boqueaba intentando tomar aire. El movimiento de cadera de él hacía que la polla le llegase muy adentro. La sensación era que al entrar se oprimía con su vientre. Su “amigo” le dio un par de bofetadas en sus tetas que se movían con cada puntazo que le daba. Ahora aceleró el ritmo al tiempo que hacía un dedo sobre el clítoris de ella.

    Mar intentó incorporarse, totalmente excitada, para poder ver como su coño se tragaba cada centímetro de la polla de Hans. Pero Susana se lo impidió. La anfitriona se colocó a horcajadas sobre su cara dejándole el coño a la altura de su boca.

    La joven modelo de lencería no dudó en sacar su lengua y lamer cada pliegue de aquel sexo cubierto por una franja de rizos negros. Su lengua recorría la raja de Susana desde el ano hasta el clítoris, sintiendo como los flujos de la otra resbalaban por su barbilla llegando hasta el cuello.

    Pocos minutos después, el trío alcanzaba un sonoro orgasmo. Mar no pudo evitar correrse de gusto con la polla de Hans entrando y saliendo de su vagina mientras la masturbaba. El hombre se corrió dentro de sus entrañas. Susana también se corrió con la lengua de su invitada dándole placer oral en su clítoris.

    Mar estaba agotada cuando los chicos, blanco y negro, se acercaron a ella ocupando el lugar de la pareja. La mujer pidió un respiro pero no se le concedió. El chico blanco abrió sus glúteos y dirigió su lengua hasta el agujero de su ano. Allí se entretuvo durante unos segundos alternando culo y coño antes de lubricar el esfínter con un gel. El líquido tenía un efecto frío cuyo cometido era dilatarlo. Luego, la abrazó y la ayudó a sentarse sobre su polla.

    Mar sintió como el glande del blanco atravesaba el anillo de su esfínter sin apenas esfuerzo. Ella echó la cabeza hacia atrás y dio un grito cuando se sintió totalmente ocupada. Inmediatamente el chico negro se acomodó entre sus piernas y le penetró el coño con su gran polla.

    La joven era la primera vez que practicaba una doble penetración. La sensación era algo extraña pero no desagradable. Los chicos se habían acoplado perfectamente para dejarla en medio de aquel sándwich. Ella con las piernas abiertas sentía como se habían coordinado para que mientras uno entraba el otro salía encontrando un punto, indeterminado de encuentro. La mujer se moría de gusto. El cinturón seguía oprimiendo su vientre contra su columna. Y las pollas de aquellos dos desconocidos confluían en el interior de sus entrañas. Apenas separados por una final membrana, los dos glandes chocaban entre sí, frotándose y dándole un placer desconocido.

    El chico blanco colocó su brazo alrededor de su cuello y comenzó a presionar hasta provocarle un principio de asfixia. El chico negro le agarraba las tetas clavando sus dedos en ellas. Mar estaba siendo usada sin compasión. Mientras uno le partía el culo y le impedía respirar, el otro le reventaba el coño con su polla negra al tiempo que le clavaba sus dedos en las tetas. El cinturón seguía clavándole la bola en el ombligo.

    Antes de asfixiarse el chico aflojó la presión sobre su cuello. El negro dejó sus dedos marcados sobres sus tetas y ahora le mordía alternativamente sus pezones. Ella intentaba gritar pero no le salía la voz. Por fin, el blanco comenzó a bufar en señal inequívoca de estaba llegando al orgasmo. El negro aceleró sobre ella tensando su fibrado cuerpo antes de correrse dentro de ella.

    Las piernas de Mar permanecían abiertas y se movían al ritmo que le marcaban los puntazos del negro. Por fin el éste se corrió abofeteando sus tetas. Ella se quejaba de dolor cuando sintió la corrida del chico blanco en el interior de sus intestinos.

    La joven estaba derrotada. Había perdido el control sobre todo. No sabía las veces que se le habían corrido dentro. Tampoco las veces que la habían hecho correrse. Una vez la dejaron sola consiguió desabrochar aquel cinturón de cuero que violaba su ombligo con aquella bola. No supo en que momento, quedó dormida en el sofá.

    Cuando despertó lo hizo desnuda, en una cama grande, con sábanas blancas, en una habitación diferente a la que había practicado todo tipo de prácticas sexuales. Hans estaba sentado en un sillón frente a la cama. Estaba vestido con su traje.

    Mar se encontraba cansada. En su memoria se amontonaban recuerdos que no sabía decir si eran realidad o imaginación. Había sido utilizada por dos desconocidos para hacer una doble penetración. También había tenido sexo lésbico con la anfitriona de la fiesta a la que no había visto en su vida. Solamente conocía a Hans.

    El hombre le ofreció un desayuno en una bandeja. Tenían que volver a casa. Pero sobre todo tenían mucho de qué hablar…

  • No sabía que tenía una gran puta en casa

    No sabía que tenía una gran puta en casa

    Por algún motivo el día del padre íbamos a estar solos con mi mujer, ella días antes había hablado con un matrimonio amigo en común ex vecinos donde vivimos antes, que también estarían solos, los invitamos almorzar accedieron, pero la esposa de nuestro amigo debía trabajar más tarde.

    Mientras estuvimos los cuatro juntos muchas tallas de doble sentido, risas algunos traguitos, pero en un momento dado me entró el morbo de culearlas a las dos juntas, pero solo un pensamiento mío personal.

    Llegó la hora que nuestra amiga debía irse su marido fue a dejarla y volvió yo pensé que no volvería, seguimos en la misma onda más traguitos risas en fin, y yo seguía con mi pensamiento ahora con mi señora, me empezó a calentar de sobremanera la situación.

    En un momento mi esposa va al baño y yo la sigo como un minuto y medio después, está en el espejo la abrazo por atrás la empiezo a tocar se deja se calienta se agacha me empieza a chupar el pico y de repente se para y me dice «vamos para allá mejor» o sea al living donde estaba nuestro amigo.

    Ella sale yo me quedo unos minutos en el baño atónito con esa frase de ella, no sabía cómo interpretarla, salgo y veo una diferencia ella sentada en el sofá grande frente a él, me siento a su lado y yo seguía pensando en esa frase me daba vuelta la cabeza hasta que me arriesgué y la beso normal primero, luego más pasión lengua bajo un poco mi mano hacia una teta y se deja llevar y veo de reojo que entreabre sus piernas y luego un poco más.

    Ella vestía una falda hasta la rodillas, pero suelta una blusa abotonada sostén y un calzoncito blanco con encaje tiene su concha peludita se le salen los vellos por el borde de cualquier calzón y unas tetas medianitas suficientes para mamar.

    Bueno estaba besándola me erecto de inmediato y captamos los tres lo que se venía, me paro y me pongo detrás de ella detrás del sofá y le empiezo a masajear el bajo mis manos a las dos tetas abre de nuevo un poco sus piernas y nuestro amigo al frente, me saco el pene se lo pongo en el cuello se voltea y me lo empieza a chupar le hago una seña a mi amigo que se acerque.

    Se empieza a desabrochar el cierre del pantalón, pero ella termina por abrírselo y le saca el pene y se lo empieza chupar me doy la vuelta y a dos manos nos empieza a lamer la verga a los dos, mientras agarrábamos las tetas.

    Ya era una calentura total. La acostamos en el sofá con la cabeza en el apoya brazos le pongo el pico en la boca mientras mi compadre la empieza a besar y pasar lengua desde los pies hacia arriba hasta que llega a los muslo y muy cerca de la zorra, de ahí se salta hacia las tetas mi mujer se empieza mover gemir, con la escena casi acabo.

    Me aguanté y voy al baño, pero antes le hice una seña al hombre que se la culeara no más, salgo del baño y le tenía con el calzón en una pierna, la otra pierna en el respaldo del sofá la falda subido la blusa abierta el sostén suelto, parecía violación, le vuelvo a poner el pico en la boca, él le chupa la concha ya mojada y de repente le mete la verga, la cabeza primero suave y luego la embiste a lo perro, cuando le mete todo el pico yo siento una mordida en mi pene y un gemido de ella diferente a otras veces.

    Eso fue solo el comienzo de casi dos horas culeándola. Lo que se viene después se los cuento en otra ocasión y todo lo demás que hicimos como pareja durante años.

  • Esposada

    Esposada

    Amigos lectores y amigas lectoras, hoy voy a confesarles algo.

    Siempre he pensado que las fantasías superan a la realidad, pero con creces, de hecho, algunas de mis mejores momentos han sido fantaseando situaciones morbosas de sexo, quizás será porque en las fantasías todo se da como uno quiere.

    Una de mis mejores fantasías, espero que algún día la lleve a cabo, tiene que ver con ponerle unas esposas a una lectora que, por diferentes motivos no puede decir nada.

    Os cuento:

    En primer lugar, y antes de que llegase la mujer elegida, pondría toda la casa en penumbras sólo iluminada por velas, con el fin de dar un ambiente de misterio y romanticismo, y en el salón haría un círculo en el suelo con las velas .A la mujer le diría que viniese a mi casa sólo con una gabardina y debajo de ella un camisón trasparente sin ropa interior, de tal forma que cuando entrase por la puerta y sin que dijera ni una sola palabra le quitaría la gabardina y en ese mismo instante le pondría unas esposas de tal manera que las manos quedaran a su espalda y una venda en los ojos

    La llevaría cogida por el brazo e iríamos a la ducha, todo esto en absoluto silencio, y una vez en la ducha le mojaría todo el camisón con el fin de que se le transparentarán sus duros pezones y sus pechos y se quedarán pegados a la prenda, al igual que su culo. No la secaría, y la llevaría mojada luciendo sus encantos a través del camisón mojado hasta el círculo de velas en el salón.

    Una vez allí, le diría las primeras palabras, «ponte de rodillas, que tu culo se siente sobre tus pies y ten la cabeza agachada”, allí la dejaría para que se secara al calor de las velas viendo como poco a poco su camisón se iba desprendiendo de su cuerpo, sus pezones, sus pechos, sus piernas… Sería en ese momento, cuando llegando por detrás, con mucha delicadeza, le empezaría a acariciar y pellizcar sus pezones a medida que mi lengua recorre su cuello, para a continuación quitarle la venda de los ojos, pero no las esposas y haciéndole apoyar la cabeza en el suelo, haciendo descender con suavidad con mi lengua por el camino que marca su columna vertebral hasta sus nalgas, donde me quedaría jugando un buen rato, besándolo, lamiéndolo y dando algún que otro azote.

    Entonces, con mis dedos tocando su clítoris y mi lengua saboreando sus nalgas, jugaría con la punta de mi miembro en su sexo, llegando a entrar de un solo golpe, intentando que de ella saliese un grito de dolor y de satisfacción que le provocará un primer orgasmo, para volver a sacársela de su húmedo sexo, inmediatamente y acto seguido volver hacer lo mismo, pero ahora dándole continúas sacudidas cada vez más fuertes sacando todos los gritos de placer y de dolor que le saliesen de su cuerpo.

    Ya con nuestros cuerpos sudoroso y manteniéndola con las esposas, la pondría encima de mí, para que cabalgase al ritmo que le marcase con los azotes que con las palmas de mis manos le iría dando en sus duras y preciosas nalgas, dejando que se curvara hacia atrás para poder saborear los erectos pezones. Y así estaría, hasta que notase como iba a reventar, colocándola en la base de su barbilla para que todo mi semen salpicara su cara y cayera por ella como regalo por el placer que me había dado.

    Qué bonito y qué placentero es soñar… o no.

    Un saludo y gracias por leerme, espero algún comentario y valoración.

  • Hermoso recuerdo: Una primera relación que duró

    Hermoso recuerdo: Una primera relación que duró

    Tuve algunas relaciones más o menos estables, espero poder contarles en diferentes relatos estas experiencias que son un grato recuerdo con el tiempo, a pesar del dolor que pudieran ocasionar cuando se terminaron. Alguno de mis amantes ocasionales decía que esto no era posible entre hombres, pero yo me enamoré y me hicieron sentir su amor, por eso creo que sí, mantengo la esperanza de una nueva oportunidad y les deseo a todos que puedan vivirlo.

    Cuando estudiaba en la facultad, realizaba actividad deportiva, jugando en uno de los equipos de la universidad y me entrenaba regularmente, pero hubo un tiempo en que por cambio de horarios no podía concurrir a los entrenamientos y el profesor me dio la posibilidad de entrenarme con un grupo que hacía atletismo en un horario en el que yo podía hasta que pudiera reincorporarme con mi equipo. Así fue como conocí a un chico muy lindo en el nuevo grupo y que cursaba una carrera distinta a la mía, con el que tuvimos afinidad de entrada, pero como siempre yo me mantenía discreto porque no quería problemas en la facultad, aunque me gustaba mucho. Es un chico rubio, de ojos verdes, pelo muy enrulado, buen cuerpo.

    Cuando hacíamos ejercicios, muchas veces elegíamos hacerlos juntos y pude notar sus brazos y sus piernas fuertes. El contacto de nuestros cuerpos me excitaba pero hacía todo lo posible por disimularlo. Le dedicaba muchas pajas cuando estaba solo recordando la sensación de rozar su piel, de sentir sus manos calientes cuando me tomaba para hacer algún ejercicio físico, sujetándome fuerte de los tobillos para hacer abdominales o simplemente cuando nos abrazábamos o nos besábamos en la mejilla al despedirnos en el estacionamiento.

    Además, después de cada entrenamiento, compartíamos las duchas y podía observar todo su cuerpo desnudo y a él parecía gustarle exhibirse (como a mí) porque se paseaba en bolas un rato largo antes de entrar a la ducha. En varias ocasiones íbamos en bolas a los mingitorios y meábamos completamente desnudos uno al lado del otro, a la vista de los demás. En una ocasión, se metió en mi ducha con la excusa de que se había olvidado el champú y pude observar que su pija estaba algo erecta, yo intenté pensar en otro cosa y los nervios me ayudaron para que no se notara que la situación también me calentaba. Había zafado otra vez. Pero un día antes de entrenar, mientras esperábamos al profe, charlábamos en un banco, observábamos un grupo de chicas que corrían alrededor de la cancha de básquet mientras el equipo masculino de básquet practicaba, entre las cuáles había algunas bastante gorditas, y me dijo que antes que coger con alguna mujer con el cuerpo tan deforme prefería hacerlo con un hombre y me preguntó: «fíjate aquel chico que esta junto al aro de básquet que cuerpo tiene, ¿no sería mejor que estar con esa gorda de ahí?». Me dejó helado, no supe que decir, después dije que si, entre risas, y zafé de nuevo.

    Nos hicimos amigos y quedamos en salir a pasear o compartir un café. Un día me invitó a que nos viéramos un sábado a la noche porque se sentía muy solo ya que era del sur de la provincia y no tenía amigos en la ciudad. Le dije que tampoco vivía cerca y no estaba con vehículo en ese momento, en transporte público iba a ser muy complicado si se hacía tarde, entonces me invito a quedarme a dormir en su casa. Así fue, nos encontramos en el centro, paseamos, charlamos, fuimos a comer algo. Allí retomó la conversación sobre sexo, más distendido me animé a hablar yo también y nos contamos libremente nuestras experiencias y nuestras fantasías.

    Volvimos a caminar por un rato pero la confianza entre nosotros era otra, nuestras miradas se cruzaban a cada instante. Lo deseaba cada vez más y sentía que lo mismo le pasaba a él. De tanto caminar sin rumbo y sin darnos cuenta, llegamos al parque O’Higgins que estaba muy solitario y allí, tomo mi mano, acercándome hacia él y me dio un beso en la boca. No podía creerlo, algo lejos pero no tanto como no habernos visto, un grupo de chicos venía caminando. En esa época, no era algo habitual como hoy que se pueden ver chicos besándose libremente a plena luz del día, por suerte. Salimos rápido y entre risas. Lo adoré.

    Nos fuimos a su casa. Vivía con unos tíos que lo alojaban mientras estudia aquí en la ciudad y a esa hora, según sus cálculos, ya debían haber tomado la pastilla para dormir y estarían en un sueño profundo como para no darse cuenta cuando entráramos… Por las dudas, pasamos sin hacer ruido a su habitación.

    Como debería haberme imaginado, solo tenía una cama de una plaza, ni siquiera lo discutimos, ya no era necesario, no íbamos a estar como amigos en esa habitación, los dos moríamos de ganas. Las charlas, las insinuaciones, las miradas, todo nos había llevado hasta ahí, a poder estar juntos finalmente deseándonos tanto. Nos besamos con locura, mientras nos arrancábamos la ropa. Nos tiramos en la cama, con los pantalones a la rodilla, mientras nos seguíamos besando. Me puso de espaldas y mientras terminaba de sacarme el pantalón y el bóxer, comenzó a chuparme. Cerré los ojos y me dejé llevar por la sensación de sus labios recorriendo mi pija en todo su largo, de su boca succionándola o comiéndosela entera, su lengua jugando con mis huevos.

    Después se paró frente a mí, me incorporé y mamé su verga también. Acariciaba sus piernas, mientras él se enredaba un poco en su intento de terminar de sacarse calzado y pantalón, sin sacarme su hermosa pija de la boca. Estaba erecta pero su prepucio seguía cubriendo la cabeza, lo corrí con mis labios y llegué hasta su base. Tenía el vello púbico recortado y los huevos afeitados. Una sensación deliciosamente suave. Desde ese momento y en cada encuentro, darnos mutuamente placer oral fue estar en el cielo.

    Ya completamente desnudos, nos abrazamos, nos recorrimos con la boca, nos acariciamos, nos prendimos en un hermoso 69. Recuerdo especialmente su delicada piel que me provocaba tanto deseo, la blancura de su culo y la suavidad de su orto, la dulzura de su mirada, especialmente al momento de pedirme que lo penetrara y sus labios carnosos posándose sobre mi glande mientras me miraba a los ojos. Lo cogí primero en cuatro y luego con las piernas al hombro. Me incline para besarlo cuando estaba por acabar y el me rodeó y apretó fuerte con sus piernas sobre mi espalda.

    Esa habitación se transformó en nuestro refugio. Después de cada salida, volvíamos a la madrugada para disfrutar juntos. Experimentamos el placer de pasar la noche juntos, de quedarnos dormidos después de gozar apasionadamente y de despertar juntos, desnudos, abrazados y con un beso. Compartimos nuestra amistad, nuestro amor no declarado más que en momentos de pasión (quizás por nuestros propios prejuicios y miedos o por la sociedad conservadora en la que crecimos donde el amor entre hombres parece un imposible aún para algunos homosexuales). Igualmente siempre me hizo saber que sentíamos lo mismo de distintas maneras, estoy seguro que estaba enamorado como yo.

    Como anécdota, en una de tantas veces, nos quedamos dormidos más allá de la hora habitual (siempre tratábamos de levantarnos antes que ellos para que no supieran que había pasado allí la noche, me iba antes o era una amigo que llegó temprano de visita) y su tía fue a golpear la puerta para despertarlo porque tenían visitas, por precaución estaba con llave. Saltamos de la cama, me metí desnudo en el placard, mientras él le avisaba a su tía que en un momento estaría listo. Me vestí y esperamos a que la puerta de salida de la casa estuviera libre para irme sin que lo advirtieran, mientras él los distraía saludando a las visitas.

    Nuestra relación se mantuvo con la misma pasión y cuidado hasta que él terminó de cursar su carrera y decidió volver a su pueblo. Allí lo esperaba una familia que jamás entendería lo nuestro. Yo aprendí a comprenderlo y dejar que se transformara en uno de los mejores recuerdos de mi vida.

    Espero sus comentarios sobre el relato y sus opiniones sobre el tema de las relaciones amorosas entre hombres. Saludos.

  • Mi primera vez con mi amiga Euge

    Mi primera vez con mi amiga Euge

    Hola, tengo 22 años, últimamente he sentido la necesidad de explorar mi sexualidad con mujeres, empecé buscando en las redes sociales para intercambiar fotos con chicas bi, donde teníamos charlas muy calientes con chicas más grandes y sinceramente ese deseo y fantasía se volvió más intenso.

    Hace una semana interactué con una chica de mi ciudad, ella tenía experiencia en estar con chicas, me contó lo que hacía, me empezó a describir sus tetas, pezones de grandes aureolas oscuras y rugosos, muy ricos, su cola, sus piernas y a la vez me preguntaba cómo eran las mías, esa situación me calentó tanto que me masturbe pensando en ella, quedamos en vernos y cuando fui a su departamento, ella me abrió la puerta, llevaba una musculosa blanca sin corpiño y estaba con una bombachita negra de encaje, un cuerpo hermoso de 45 años, entré, nos besamos, ella se desnudó, dejo que jugará con sus pezones yo ya estaba muy mojada y ella disfrutaba un montón.

    Con mi boca empecé a succionar esas bellas tetas, iba de una a la otra, ella se dejó y con su dedo acariciaba mi conchita, me bajó mi top y empezó ella a mamarme las mías, luego con mucha delicadeza separó mis piernas y hundió su lengua en mi vagina, me hizo venir varias veces, luego se incorporó y me besó con mis jugos en su boca.

    Con toda su experiencia se acomodó y me fue guiando para moverme al juntar nuestros sexos en una tijera perfecta, estábamos tan mojadas que era hermoso sentirnos en esos movimientos frenéticos, mientras nuestras lenguas se cruzaban, fue una tarde calurosa, no solo por el clima, si no por lo que se vivió en esa habitación, la mejor experiencia de mi vida.

    Espero seguir adquiriendo experiencia con chicas…

  • La exposición que terminó en un gran banquete

    La exposición que terminó en un gran banquete

    Ellas hablaban sobre la exposición y yo pensaba en follármelas. Estábamos organizando una exposición para la universidad con dos compañeras: Lili, una compañera con la que pasaron algunas cosas, pero dejamos de hacerlo por una relación toxica que ella tenía, la otra compañera era Ana, una chica muy normal y común.

    – “¿me puedo quedar en tu casa esta noche? Es que es tarde y…”

    – “No sé, Lili me acaba de decir lo mismo…”

    – “Vale no te preocupes, entiendo…”

    (Ana se quedó pensando un rato)

    – “Pero te puedes quedar en la sala, si no te incomoda”

    (La tal sala no existía en mi mente, solo existían ellas dos lamiéndome la verga al mismo tiempo mientras se besaban entre ellas y me veían a los ojos)

    – “Si, por mí no hay problema, preguntémosle a Lili”

    Cuando Ana le estaba preguntando a Lili si había problema en que yo me quedara también, Lili dijo que no, al voltearse Ana, Lili me sonrió pícaramente, como diciendo: sé por dónde vas.

    La casa era muy tranquila, Ana vivía sola en la capital, había venido a estudiar y creo que era la primera vez que recibía visitas, como buena anfitriona, comenzó a organizar el lugar, sacó unas sábanas y unas mantas para poner en el sofá, mientras las tendía, yo, me perdí en sus formas, qué mujer, ya no la veía tan normal y común. “¡Listo!” Me dijo, había terminado de arreglar mi supuesta cama.

    “Hasta mañana” me dijo Ana, mientras me abrazaba, se dirigió al cuarto, Lili se me acercó, me abrazó y me dijo al oído: “la vamos a convencer”. Las chicas se fueron al cuarto, cerraron la puerta. Yo me quedé sentado como imbécil en el sofá, pensando en si sería capaz de tanto, desde adentro del cuarto, escuchaba unas risas, a los pocos segundos salió Ana, con pijama, para mi sorpresa, la pijama era muy cortita, tenía la sensación de que Ana era una mujer muy conservadora y aburrida para ponerse algo así, pero estaba completamente equivocado, aproveché que Ana estaba en el baño para meterme a la cama con Lili, quien me recibió de buena gana, entre risas y abrazos, nos besamos, solo bastaba juntar nuestros labios para que mi verga se pusiera dura, ella al percibirla, la tocó suavemente, yo le agarré el culo… “chicos yo creo que duermo en la sala”, era Ana, que se notaba un poco incomoda, “no, ya me voy, disculpa”, me levante torpemente, tratando de disimular mi erección, intercambiamos risas falsas, ella siguió hacia su cama, yo hacia la puerta, cuando se acostó yo dije: pero ahí cabemos los tres ¿no? Y me fui acercando, Ana dijo un poco molesta: “no, ¿Qué te pasa?” La negativa fue sorpresivamente interrumpida por los labios de Lili que la besaron apasionadamente, Ana al principio mostró resistencia, pero luego se sumergió en esos labios carnosos, yo me acerque a ese beso, y los tres nos derretimos cuando se juntaron nuestras bocas, era algo que los tres deseábamos, la respiración estaba agitada, la adrenalina estaba fluyendo por nuestros cuerpos y subía aún más cuando nuestras manos descubrían esas geografías.

    Los tres éramos el deseo en carne, los labios peregrinos en la piel, yendo aquí y allá, la desnudez fue la liberación, sentía como Ana era poderosa con el placer que le llenaba el cuerpo, mientras Lili y yo chupábamos y lamiamos sus hermosos senos, luego Lili pidió que le hiciéramos lo mismo, Ana me pregunto al oído: y ¿tú que quieres? Pues…

    Tengo a las dos arrodilladas, mamándome la verga, pasando su lengua suave, de vez en cuando ellas se besan, me escupen la verga y vuelven a metérsela a la boca, a la hora de follar Ana se acostó boca arriba, quería que Lili le comiera el coño, yo aproveché que Lili estaba en cuatro para romperla, el sonido de mi cadera contras sus enormes y ricas nalgas era tan excitante, Ana y yo intercambiábamos miradas, estábamos muy calientes, Ana no se aguantó más, se levantó me tiro a la cama y me empezó a cabalgar, “Lili ponle tu coño en la cara”, Lili me puso su coño húmedo en mi boca mientras Ana me cabalgaba, yo escuchaba y sentía como se besaban y se agarraban las tetas, “ahora quiero que me cojas en cuatro” dijo Ana, mientras se acostaba y arqueaba su espalda, con sus manos se agarró las nalgas y abrió su exquisito coño, mientras la clavaba, nos besábamos con Lili, ella me beso el cuello, en mi pecho, mi abdomen, y fue bajando por mi espalda, besó mis nalgas, en un momento me detuve cuando sentí su lengua hurgando suavemente mi culo, que sensación más extraña y exquisita a la vez.

    Después de esas deliciosas caricias a mi culo, Lili quería que le pagara de la misma forma, ya que puso su culo a la altura de mi boca y al igual que Ana, se abrió sus nalgas para que yo introdujera mi lengua. Los tres cuerpos desaparecieron, éramos un solo ser vibrante hasta que…“no chicos, no puedo, estoy saliendo con alguien, esto no está bien” Ana se comenzó a vestir, Lili trató de acercársele para darle un beso. “NO, no más, no está bien” repitió Ana, el cuadro era un poco ridículo, Lili y yo desnudos, sin saber que pasaba, y mi verga asustada, se estaba durmiendo, estábamos saliendo del trance, “perdón, perdón, sigan ustedes y yo los veo” dijo Ana, “¿crees que somos un puto show o que Ana?” Dijo Lili un poco molesta (del amor al odio solo hay un paso, me dije) “chicas tranquilas, ya me voy para la sala” me iba a levantar de la cama.

    Ana me detuvo con su mano, con la otra agarró mi verga, y se la metió de nuevo a la boca, para despertarla, Lili se acercó, tratando de desvestir a Ana, pero ella la agarró y la arrastró hasta hacerla sentar en mi verga, mientras Ana besaba a Lili, poco a poco se fue alejando, hasta sentarse en una silla mientras nosotros hacíamos un show muy especial. Al otro día nos fue increíble en la exposición.

  • La ex novia de mi cuñado

    La ex novia de mi cuñado

    Mi nombre es Gerardo, tengo 33 años, mido 1.74, complexión media, cabello rizado, abogado de profesión, casado y sin ser soberbio con un miembro de buen tamaño sin caer en la exageración.

    Mi cuñado sin ser un hombre precisamente apuesto tenía como novia a una mujer por demás hermosa, su nombre es Sandy, cuando la conocí hace 6 años ella tenía 22 y desde el primer día en que la vi quedé impactado con tanta belleza.

    Ella mide 1.60, piel blanca con tintes rosados, su cabello como castaño, quebrado y de largo a media espalda. Unos ojos aceitunados capaces de hipnotizar, sus labios rojos, frondosos cómo para acabárselos a besos, delgada, con un busto pequeño pero nada despreciable, unas piernas muy bien torneadas y lo mejor es su cadera y ese hermoso y grande trasero que Dios le dio.

    Es inevitable no voltear a ver su culo cuando camina, su manera de contonear su cuerpo hace que sea imposible no mirarla, además en su vestir sabe sacar provecho del hermoso cuerpo que tiene.

    Cierto día, en una reunión familiar nos topamos en la entrada del baño, ella salía y yo deseaba entrar, nos reímos por el encuentro furtivo y ella se fue, mi reacción fue voltear de inmediato para ver sus nalgas al caminar, pero vaya sorpresa que me dio, ya que ella giro y me sorprendió morboseando su hermoso culo.

    Temí lo peor, por un momento pensé que su reacción sería de enojo y me delataría con mi esposa y el resto de la familia, creo que hasta sude frío, sin embargo, ella me regaló la sonrisa más pícara que jamás había imaginado.

    Desde aquel día, todos nuestros encuentros se fueron envolviendo en una complicidad riesgosa pero que me encantaba, cruzábamos miradas, sonreímos, nos provocábamos, cómo retándonos para ver quien se atrevía a dar el primer paso, pero jamás me atreví.

    Cierto día mi cuñado nos platicó que la relación con Sandy había llegado a su fin, que no serían más novios y que evitáramos hablar de ella, lo cual francamente respetamos, pero yo la extrañaba mucho, anhelaba ver su trasero, ver su sonrisa, escuchar su voz, seguir con el juego del coqueteo.

    Así paso un par de meses hasta que un día llegó un Whatsapp a mi celular de un número que no tenía añadido a mis contactos, el mensaje decía:

    -Hola!! Tan pronto te has olvidado de mi?

    Yo respondí:

    -Hola, no sé quién eres, me puedes decir tu nombre?

    Ella contestó:

    -Te daré una pista, tú y yo tenemos algo pendiente de solucionar.

    Por mi mente paso de inmediato algún colega de carrera o un compañero de trabajo, sin embargo, le pedí más pistas, a lo que me respondió:

    -Soy una mujer que conoces de hace tiempo y que estoy casi segura he estado en tu mente más de una ocasión.

    De inmediato pensé en ella, pero no quise decir su nombre hasta no estar completamente seguro, por lo que después de un par de preguntas más le dije:

    -Como te voy a olvidar, eres Sandy!!

    Su respuesta fue inmediata:

    -Siii, soy yo… Pensé que me habías olvidado y eso me pone triste.

    Le respondí:

    -Para nada, jamás podría olvidar a una mujer tan increíble como tú.

    Los mensajes continuaron por un par de horas hasta que ella me dijo:

    -Oye quiero pedirte un favor, claro si tú esposa no se enoja…

    A lo que dije:

    -Qué va!! Para nada, sabes que para ti siempre estoy disponible, dime de qué se trata.

    De inmediato respondió con emoticones con ojos de corazones, con el siguiente mensaje:

    -Muchas gracias Gerry, sabes… Mañana a las cuatro de la tarde iré a una entrevista de trabajo, pero no sé bien cómo llegar, sé que es muy cerca de tu oficina y pensé que quizá podrías acompañarme…

    ¿O acaso te gustaría que algo malo me pasará?

    Mi respuesta fue sin pensar:

    -No lo digas ni de broma, jamás me perdonaría que por no acompañarte algo malo te sucediera, cuenta conmigo.

    De inmediato pedí que me cancelaran las 2 citas que tenía para la tarde del día siguiente, nos pusimos de acuerdo y quedé de pasar a recogerla a las afueras de un centro comercial.

    Al fin llegó el día, compré un ramo de rosas y me dispuse a pasar por Sandy…

    La vi a lo lejos, se veía imponente, realmente impresionante, todos los hombres que pasaban volteaba a mirarla, hasta que orille mi auto para abrirle la puerta y pudiera subir a él.

    Portaba una blusa blanca con un escote sencillo que permitía ver lo suficiente, un saco torero color negro y una falda tipo lápiz, ajustada a su hermoso trasero, en verdad se notaba un culo soberbio, la falda permitía mirar sus grandes y bien formadas nalgas, así como la marca su tanga que llevaba debajo, absolutamente hermosa y provocativa…

    La saludé con un beso en la mejilla y un abrazo, le dije que se veía increíble, a lo que contestó con una sonrisa traviesa y la frase: ¿Te gusta?

    Le dije: por supuesto Sandy, me gusta mucho como te ves y más que todos vean que estás conmigo a lo que juntos reímos. Le entregué las flores que le había comprado, me dijo que no era necesario, sin embargo le dije que eran de buena suerte para su entrevista. Subimos al auto, y nos fuimos… camino a la entrevista no perdimos la oportunidad de seguir adulando lo bien que nos veíamos y el gusto de estar juntos, bromeamos un poco, hasta llegar al edificio en que la esperaban. Yo aguarde en el auto.

    Después de aproximadamente 30 minutos la vi venir, ella movía si cuerpo de la manera más sensual que se puedan imaginar… Decidí bajar del auto para abrirle la puerta pero al verme, ella me abrazo con mucho ímpetu y me dijo:

    -Me contrataron!!! Las flores si dieron resultado, cómo podré agradecerte?

    Tenía que aprovechar el escenario que se me presentaba, así que le dije:

    -Me lo puedes agradecer aceptando ir a tomar una cerveza conmigo, que dices?

    Su respuesta fue:

    -Por supuesto que sí, vamos!!

    De camino al bar que tenía en mente llevarla, no podía dejar de pensar en lo delicioso que sería besarla y mejor aún de seducirla y hacerle el amor con todo el deseo acumulado por ella.

    Llegamos al bar, me sentía orgulloso de llevar de mi brazo a una mujer tan hermosa, de inmediato los hombres del lugar volteaban a verla, ella al sentirse observada caminaba con mayor desdén, hasta que llegamos a nuestra mesa, ordenamos 2 tarros de cerveza y unas alitas de pollo, las cervezas se acabaron y pedimos más, hasta tomarnos unos 6 tarros cada quien.

    Estando en la mesa platicamos en primer lugar de su nuevo empleo, del rompimiento con mi cuñado, de su familia, hasta que ella me hizo una pregunta:

    -¿Te gustó?

    Respondí:

    – Mucho Sandy, desde el primer momento que te vi…

    A lo que dijo:

    -¿Si te gusto tanto, porque no me das un beso que me lo demuestre?

    Por mi mente no paso otra idea más que besarla, al fin conseguiría algo que había anhelado por tanto tiempo, así que sin pensarlo me lance sobre esos labios tan apetecibles, les aseguro que esos labios carnuditos y húmedos me hicieron probar el más exquisito de los besos.

    Los besos continuaron, nuestras lenguas se entrelazaban, los besos subían de intensidad vez más, mis manos se lanzaron sobre sus piernas y ella lo disfrutaba… Tanto que llegó el momento en que le susurre al oído:

    -¿Qué te parece si vamos a un lugar más privado?

    Francamente temí que se ofendiera y todo lo logrado se fuera a la basura, sin embargo su respuesta me sorprendió gratamente:

    -Muero de ganas por estar contigo, quiero que me hagas el amor…

    Después de esa respuesta me dio el beso más apasionado hasta ese momento, pedí la cuenta, pague y nos retiramos. Aproveché un momento para avisar a mi esposa que por trabajo saldría más tarde, así que ya sin la premura de volver a casa salimos del bar tomados de la mano, me sentía envidiado, la gente miraba con morbo el enorme culo de Sandy y eso me excitaba aún más, la gente sabía que íbamos a coger.

    Llegamos al auto, los besos no se hicieron esperar, mis manos se lanzaron a sus piernas, luego a sus senos, primero por encima de su blusa, pero ella guío mis manos a su interior, le afloje el sujetador y pude sentir sus senos, estaban tibios, sus pezones estaban erectos, mi pene estaba a full, estaba sumamente excitado, ella lo noto y llevo su mano hacia el, me estaba masturbando por encima del pantalón, y me decía que deseaba sentirme dentro suyo…

    Finalmente llegamos al motel, pedí una habitación con alberca privada, mi plan era hacerle el amor a Sandy toda la noche y de todas las maneras posibles, a ella le fascinó la elección de la habitación, estacione el auto y nos dirigimos a la habitación, subiendo las escaleras Sandy me regaló la mejor vista, ella camino delante de mi mostrándome con toda la sensualidad posible su hermoso culo… Mi fantasía se haría realidad muy pronto.

    Entramos a la habitación, los besos apasionados entrelazaban nuestras lenguas, con la lengua recorríamos toda la boca, mientras nos besamos estábamos abrazados, sus brazos sobre mis hombros rodeando mi cuello, mientras yo rodeaba su delicada cintura…con ello pude pegar su cuerpo al mío, puse mis manos sobre esos hermosos glúteos, eran grandes y firmes, manipulaba esas hermosas nalgas a mi antojo y ella procedió a desatarme el cinto, luego el pantalón, para sacar mi pene erecto del bóxer que lo trataba de contener.

    La ropa de ambos salió volando por toda la habitación, no dejábamos de comernos a besos, quite su blusa, tuve frente a mi esos hermosos senos, con unos pezones rosaditos, sus pezones erectos, no espere más y me lance sobre ellos, los besaba, los mordía, los succionaba… Ella gemía mientras seguía masturbando mi pene.

    A continuación desabroché su falda, sus nalgas son tan grandes que costaba trabajo bajar la falda, al fin la falda cayó al piso, ví la gloria frente a mi, sin dudarlo las mejores nalgas que jamás había tenido en mis manos, ella usaba una tanga de encaje color blanco, era muy sexy, la vista era de lo mejor, lo único que tenía encima era esa tanga…

    Se giró, la abracé por la espalda y puso sus nalgas en mi pene, la sensación era única, mientras sus nalgas jugaban con mi miembro mis manos bajaron a su vagina, la masturbaba por encima de su tanga, pude sentir como comenzaba a mojarse y mientras eso pasaba me restregaba con mayor intensidad esas nalgas tan hermosas en mi pene que estaba a punto de estallar…

    Con una mano la masturbaba mientras con la otra acariciaba sus senos, me pidió que la penetrara en el ano, ella inclino su cuerpo sobre la cama, quedando en 4, la vista era mejor de lo que imaginaba, hice a un lado su tanga e introduje mi pene en su ano, sus gemidos se intensificaban y eso me excitaba más… ella me azotaba las nalgas cada vez con más fuerza hasta que finalmente me corrí, casi al mismo tiempo ella tuvo su primer orgasmo de la noche, las sábanas de la cama se empaparon…

    Se giró, nos besamos con mayor intensidad, ella beso mi cuello, bajo hacia mi pecho, mi abdomen, mi ombligo, hasta que llegó a mi pene, lo recorría con su lengua de arriba a abajo, hacia círculos sobre mi glande mientras jugaba con mis testículos, de pronto introdujo mi miembro en su boca, me masturbaba con sus labios, mi pene entraba y salía de su boca con fuerza, me pidió que me corriera en su boca, y eso no fue nada difícil, estaba tan excitado que con su boca logro que saliera mucho semen de mi pene, y ella limpio con si lengua hasta la última gota…

    Pensé que eso solo pasaba en las películas porno, pero mi fantasía estaba superando sus expectativas por mucho.

    Era mi hora para demostrar lo que mi lengua puede hacer, la lleve hacia el potro, la senté en la orilla, abrí sus piernas y le comencé a besar las piernas, sus muslos, le daba besitos alrededor de esa rosita y depilada vagina, mi lengua comenzó a recorrer cada milímetro de tan hermosa vagina, ella sujetaba mi cabeza y la dirigía hacia ella, mi lengua jugaba con su clítoris, su sabor saladito era increíble, la humedad que salía de ella cada segundo iba en aumento, movía mi lengua cada vez con mayor velocidad, ella gemía mientras se mojaba más y más, sus piernas temblaban, gritaba de placer, hasta que de pronto tuvo otro orgasmo, sus fluidos caían sobre mi cara, la excitación era sublime.

    Me pidió que la penetrara y así lo hice, estando en el potro, puse sus piernas sobre mis hombros, su vagina estaba muy mojada, así que mi pene entró con mucha facilidad, la embestía con mucha rapidez, estábamos tan excitados que perdimos el control en absoluto, mi pene entraba y salía de ella con vigor, sus gemidos eran cada vez más intensos, eso me lo puso más duro aún, después me pidió que fuéramos a la cama, y la complací.

    Ella me tiró sobre la cama y se acostó sobre mi, mi pene rozaba su vagina y nos besábamos como unos verdaderos amantes, ella decidió montar sobre mi, el control lo tenía ella, mi miembro entraba y salía a su antojo, la experiencia de sentir sus nalgas rebotando en mi cuerpo me excitaba más y más, yo agarraba sus senos y ella inclinaba su dorso hacia mi para poder besar sus pezones, una vez más terminamos casi simultáneamente, terminamos tendidos en la cama dándonos tiernos y apasionados besos.

    Después de un rato decidimos meternos en la alberca, estando en la alberca nuevamente nos abrazamos mientras nos besábamos sin parar, mis manos no podían dejar de acariciar sus nalgas y ella restregaba su vagina en mi pene, nuevamente estaba dentro de ella, la sensación de hacerlo bajo el agua es única…

    Casi a media noche tuve que llevarla a su casa, desde entonces buscamos momentos para encontrarnos y hoy día somos amantes, si gustan puedo compartir con ustedes más de los encuentros que hemos sostenido.