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  • Esclavo de ti mismo (Cap. 12): Tercera cacería: Narcosis

    Esclavo de ti mismo (Cap. 12): Tercera cacería: Narcosis

    Pasaron veinte minutos sin que ningún ruido se escuchara, excepto el tronar de la madera al ser devorada por las llamas. Hércules y Sergio dormían profundamente y sus respiraciones eran casi imperceptibles. De pronto, una sombra se deslizó desde los árboles y la figura de Marcus reapareció alumbrada por el brillo de la luna.

    Sonrió retorcidamente al contemplar a sus dos presas descansar confortados por el amparo de las llamas. Se aproximó sigilosamente hacia ellos y tras observarles fijamente por casi un minuto, se inclinó hasta la altura de sus rostros.

    -¿Hércules, estás dormido? -Cuestionó Marcus con una voz suave y aterciopelada.

    -Ssí. -Respondió el griego con un movimiento imperceptible de sus labios y sin abrir los ojos.

    -¿Sergio, te encuentras dormido? -Volvió a inquirir Marcus, aunque ahora al brasileño.

    -Hmmm, Sssi. -Contestó el brasileño con una voz débil y gutural.

    -Perfecto. Ahora Hércules, levántate y ven conmigo. Sergio, colócate también de pie y aproxímate a mí. -Indicó Marcus.

    Sin despertar los dos hombres obedecieron. Se levantaron de las bolsas de dormir, con sus cabezas caídas sobre los hombros y los brazos sueltos a los costados de sus cuerpos.

    Ambos se pararon delante de Marcus y él estiró sus brazos para colgarse de sus cuellos.

    -Ahora es su turno de unirse a mi harem. Vamos a comenzar. ¡Kaligari!, ¡Sicodélico!, mi sonámbulo, mi zombi, ¡vengan aquí! -Ordenó Marcus en voz alta.

    Alfonso y Sam salieron de la tienda y tal como les fue mandado, los dos se habían sacado las camisas.

    -Veo que los dos están listos. Quiero que los cuatro estén en las mismas condiciones. Hércules, quítate la playera, por favor.

    El griego sin pronunciar palabra obedeció y Marcus fue incapaz de retirar la vista de aquel bronceado pectoral, de esos bíceps de hierro, de esa ancha espalda. Hércules sostuvo su playera en la mano izquierda y Marcus se la rebató, al tiempo que le robaba un beso, al cual el fornido hombre no correspondió.

    Se giró entonces y disfrutó el rostro indefenso de Sergio. Ver a aquel gigante totalmente sometido por el narcótico y listo para ser utilizado, le excitó sobre manera.

    -Sergio, quítate también la camiseta, pero hazlo despacio y enséñame todos tus músculos. -Indicó Marcus.

    El brasileño acató solícito. Se retiró lentamente la camiseta por encima de la cabeza y en cada movimiento se esmeró por revelar lo bien modelado de su torso. Marcus salivó cuando las gotas de sudor se reflejaron sobre la superficie de aquella blanca piel y más aún al mirar el abdomen del brasileño, firme y depilado, justo como debía ser.

    Sergio se quedó con la camiseta en la mano y Marcus se la rebató violentamente. Arrojó ambas prendas al suelo y se abalanzó contra el brasileño, que no opuso resistencia. Comenzó a llenar de besos el torso de Sergio y le obligó a inclinarse para chupar su cuello. Después alargó el brazo, atrajo a Hércules y empezó a besar con avidez a los dos en la boca. Exploraba con la mano derecha la espalda del brasileño y con la izquierda el pectoral del griego.

    -Veo que la droga surtió efecto sobre ustedes. Voy a disfrutar esta parte de la cacería con los cuatro, pero antes debo hacer que el estado de narcosis de los dos se vuelva permanente. -Resolvió Marcus, mientras retiraba su mano de Sergio.

    Después Abrazó a Hércules, sujetó suavemente su cabeza y le dijo al oído.

    -Me gusta tu olor, el sabor de tu piel, ¡Estos magníficos hombros de macho, esta espalda de leñador! Eres un esclavo digno de servirme. ¡sí! Te deseo en verdad y serás el siguiente en ocupar mi cama.

    Ante aquellas palabras el griego no experimentó ninguna reacción y sólo se limitó a permitir que Marcus prosiguiera con la exploración de su cuerpo. Marcus le besaba, lamía y chupaba el cuello, al tiempo que con sus manos recorría su espalda.

    Más en ese momento rompió el contacto y se apartó. Observó a los dos machos fijamente por unos segundos y pensó en la mejor manera de proceder. La droga que les había administrado generaba un poderoso estado hipnótico, sobre todo si se mezclaba con alcohol. La droga dejaba la mente sumamente vulnerable ante la implantación de comandos, sin embargo no era permanente.

    Para completar el estado al que el denominaba narcosis, resultaba necesario sumergir a aquellos hombres todavía más en un trance profundo. Era como volver a hipnotizarlos cuando ya estaban hipnotizados, y una vez alcanzaran el nivel más profundo, debía suministrarles la segunda droga para mantenerles en aquel estado de manera indefinida.

    -Hércules, Sergio, escúchenme bien. Quiero que pongan atención al sonido de mi voz, únicamente al sonido de mi voz y a cualquier cosa que yo les indique. Nada más existe, nada más importa, ¿Entienden? -Señaló Marcus.

    -Ssi, poner atención a tu voz… Al sonido de tu voz… A lo que tú indiques… Nada más existe… Nada más importa… -Admitió Hércules en un tono plano y sin inflexiones.

    -Ssi… Poner atención al sonido de tu voz… Únicamente al sonido de tu voz… A lo que indiques… Nada más… Nada más existe… Nada más importa… Entendido… -Aceptó Sergio también sin oponerse.

    -Bien, primero voy a iniciar contigo Hércules. Alza tus manos hacia enfrente. Eso es. Ahora, quiero que tus manos giren sobre sí mismas. Así, eso es. Tus manos giran y giran… dan vueltas sobre sí, mientras describen círculos… Giran con más rapidez cada vez… Giran y giran, se mueven más y más deprisa… Cada vez a más velocidad…Con más rapidez… Aunque trates de detenerlas no podrás, porque cuanto más lo intentes más rápido girarán… Eso es… Puedes tratar de intentarlo… Pero cuanto más esfuerzo emplees en intentar detenerlas más y más rápido van a girar… Así es… Con cada giro que hacen tus manos, quiero que caigas todavía más en un profundo sueño… Así, eso es… Tus manos Giran y giran… Más rápido… Aún más rápido… Y el sueño se hace más profundo con cada giro… Más profundo… Más profundo… Ahora tus manos empiezan a girar en sentido contrario… Ruedan… Dan más y más vueltas… Giran y giran mientras tu sueño se hace más profundo… Más intenso, duermes profundamente… Duermes profundamente al tiempo que tus manos giran… Es imposible detenerlas, aunque trates de detenerlas será imposible porque más y más girarán… Giran y giran, mientras te sumerges en un sueño mucho más profundo. Ahora, toda esa velocidad, todos esos giros se van a detener… Se van a convertir en un sueño muy, muy profundo. Observa como tus manos se detienen, se relajan… Se van a detener y cuando lo hagan caerán pesadas completamente relajadas, mientras alcanzas un nivel más profundo. Todo el movimiento de tus manos se transforma ahora en un trance más y más profundo… Duermes profundamente… Duermes profundamente… Estás profundamente hipnotizado… Profundamente dormido… Disfrutas y sientes un placer muy grande al estar hipnotizado… Tus pensamientos se borran por completo… Tu mente está en blanco… Mis deseos son órdenes… No tienes mente propia… Quieres estar hipnotizado… Disfrutas estar bajo trance… Disfrutas estar profundamente hipnotizado… Disfrutas estar profundamente dormido… Te gusta estar bajo trance… Deseas olvidar quién eres… Quieres obedecerme en todo… eres mi esclavo… Yo soy tu Amo… -Indujo Marcus al griego en aquella técnica de profundización hipnótica.

    Hércules obedeció, levantó los brazos y ejecutó los movimientos que Marcus ordenó. Al detener los giros en el aire, dejó caer pesadamente los brazos a los costados de su cuerpo, al tiempo que clavaba la cabeza sobre el pecho y sus músculos se tornaban increíblemente rígidos.

    –Sssi… Yo… Duermo profundamente… Duermo profundamente… Estoy completamente hipnotizado… Completamente dormido… Me gusta estar hipnotizado… Mis pensamientos se borran… Mi mente está en blanco… Tus deseos son órdenes… No tengo mente propia… quiero estar hipnotizado… Quiero olvidar quien soy… disfruto estar bajo trance… Disfruto estar profundamente hipnotizado… Disfruto estar profundamente dormido… Quiero obedecerte en todo… Soy tu esclavo… Tú eres mi Amo… -Repitió Hércules en un tono carente de vida aquellas terribles sugestiones.

    Después Marcus sujetó las manos del griego suavemente y las puso sobre la hebilla de su cinturón.

    -Desabróchalo, no seas tímido. Abre la bragueta y empieza a explorar mi cuerpo. -Indicó Marcus mientras lamía el oído de Hércules.

    -Ssí… Desabrochar… Abrir la bragueta… Explorar tu cuerpo… Sssi… -Respondió Hércules con aquella voz soñolienta, mientras abría el cinturón y el cierre de Marcus con lentitud.

    Marcus sintió las poderosas manos de Hércules bajar su bóxer, palpar sus muslos y la base de sus genitales. Suspiró de placer cuando el griego comenzó a tocar su miembro y sostuvo sus manos para que no las retirase de allí.

    -Disfrútalo, acarícialo. Recórrelo con tus dedos. Graba su forma en tu mente Hércules, a partir de hoy mi miembro será la primera llave de tu placer. Mi miembro será lo más importante en tu vida. Yo soy lo más importante en tu vida, yo soy tu Amo. -Dijo Marcus en un susurro.

    -Sssi… A partir de hoy tu miembro es la primera llave de mi placer… Tu miembro es lo más importante… en mi vida… Tú eres lo más importante en mi vida… Sssi… Tú eres mi Amo… -Respondió Hércules sin estar consciente de la implantación de aquel comando de sumisión homosexual.

    Marcus empezó a besarlo lentamente, mientras hablaba.

    -Siente mis labios, prueba mi lengua, degusta mi boca. Mi boca es la segunda llave de tu placer. Lo que yo diga a partir de ahora será ley para ti. Mis labios te hacen gozar. Mi palabra es ley para ti. Yo soy tú Amo.

    -Ssí… Tu boca es… Es la segunda llave de mi placer… Lo que digas a partir de ahora… Es ley para mí… Tus labios me hacen gozar… Tu palabra es ley… para mi… Sssi… Eres mi Amo… -Aceptó Hércules aquel segundo comando con facilidad.

    Marcus comenzó a frotar el miembro de Hércules antes de continuar.

    -Percibe mis manos. Siente mis dedos recorrerte, explorarte. Mis manos son la tercera llave de tu placer. Mis manos te gobiernan, mis manos te dominan. Yo soy tu Amo.

    -Ssí… Tus manos son la tercera… Tercera llave de mi placer… Tus manos… Me gobiernan… Tus manos… Me dominan… Sssi… Eres mi Amo… -Contestó el guardaespaldas sin poder revelarse a la sugestión de aquel tercer comando.

    -Escúchame, eres una montaña de músculos sin voluntad, no tienes mente propia, tus pensamientos no existen, tus pensamientos son los que yo ordene. Yo soy tu Amo, tu maestro, tu dueño. Eres mi gran esclavo, mi esclavo secundario, mi esclavo bruto, puto y sexual. Repite varias veces lo último y mientras lo repites, quiero que duermas más profundamente, te sumerjas más en el trance. En un estado a donde nunca podrás despertar.

    -Ssi… Soy una montaña de músculos sin voluntad… No tengo mente propia… Mis pensamientos no existen… Mis pensamientos son los que tu ordenes… Eres mi Amo… Mi Maestro… Mi Dueño… Soy tu gran esclavo… Soy tu esclavo secundario… Soy tu esclavo bruto… Puto… Y sexual…-Ssi… Soy una montaña de músculos sin voluntad… No tengo mente propia… Mis pensamientos no existen… Mis pensamientos son los que tu ordenes… Eres mi Amo… Mi Maestro… Mi Dueño… Soy tu gran esclavo… Soy tu esclavo secundario… Soy tu esclavo bruto… Puto… Y sexual…-Ssi… Soy una montaña de músculos sin voluntad… No tengo mente propia… Mis pensamientos no existen… Mis pensamientos son los que tu ordenes… Eres mi Amo… Mi Maestro… Mi Dueño… Soy tu gran esclavo… Soy tu esclavo secundario… Soy tu esclavo bruto… Puto… Y sexual…

    Marcus sonrió complacido, pues ante cada frase el cuerpo de Hércules se volvió aún más rígido y dejó caer todo su peso sobre él. Sabía que el griego estaba en el punto más profundo del trance y que era el momento para plantar la sugestión Posthipnótica final.

    -Pon atención esclavo. Cada vez que de mi voz y sólo de mi voz, escuches la frase: “Músculos de hierro”, todo tu cuerpo se volverá rígido, cada músculo, cada parte de tu cuerpo. Entrarás profundamente en este trance y te volverás una montaña de músculos sin voluntad, te convertirás en mi gran esclavo, en mi esclavo secundario, en mi esclavo bruto, puto y sexual. -Indicó Marcus al oído de Hércules.

    -Sssi, mi Amo… Cada vez que de tu voz y sólo de tu voz… escuche la frase “Músculos de hierro”… Todo mi cuerpo se volverá rígido… Cada uno de mis músculos… Caeré en este trance… Me volveré tu gran esclavo… Tu esclavo secundario… Tu esclavo bruto, puto y sexual… Ssi mi Amo… Obedeceré… -Respondió el griego sin rebelarse a aquel nuevo comando.

    -Perfecto- Dijo Marcus, mientras sacaba de entre sus ropas un frasco con una substancia gelatinosa en su interior. Apartó a Hércules un poco, destapó el frasco y lo acercó a la boca del griego. -Cómete esto mi esclavo, cómetelo y duerme para siempre.

    -Ssi, mi Amo… Comerlo… Dormir para siempre… -Respondió el griego con un débil murmullo, al tiempo que comenzaba a degustar con su lengua aquella substancia.

    Cuando terminó, Hércules dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre Marcus y él supo que la droga había entrado a su torrente sanguíneo, solamente debía dejar pasar unos minutos para que llegara a su cerebro y la narcosis fuera total. Sostuvo al griego y lo condujo hacia donde estaban Alfonso y Sam. Entregó a Hércules al ojiazul e indicó a este que le sostuviera hasta que él se lo ordenara.

    Se volvió una vez más y miró a Sergio, que sin inmutarse y con la cabeza recargada sobre su hombro esperaba sus instrucciones. Meditó sobre la mejor técnica de profundización y se felicitó a sí mismo por la idea que acababa de tener.

    -Sergio, recoge tu camiseta del suelo, quiero que te la pongas nuevamente. -Instruyó Marcus.

    -Ssi, enseguida… -Respondió Sergio, a la vez que la levantaba y comenzaba a colocársela otra vez.

    -Escúchame bien. Voy a contar hasta diez y cada vez que pronuncie la palabra “Prenda”, quiero que te quites la ropa de forma sensual y la tires en el suelo. ¿Entiendes? -Indicó Marcus.

    -Ssi… Vas a contar hasta diez y cada vez que digas la palabra “Prenda”… debo quitarme la ropa de forma sensual… Y tirarla en el suelo… Ssi… -Contestó Sergio con tono débil.

    -Si, y cada vez que te quites la ropa, deberás decir, “Marcus es mi Amo, soy esclavo de Marcus, sólo Marcus tiene poder sobre mí, sólo Marcus me puede ordenar”, y mientras lo dices y te desvistes, dormirás más profundamente, caerás aún más profundo en la hipnosis. ¿entiendes? -Indicó Marcus.

    -Ssi… cada vez que me quite la ropa, deberé repetir: “Marcus es mi Amo… Soy esclavo de Marcus… Sólo Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar” y deberé dormir más profundamente a la vez que me desvisto… Deberé caer más profundamente en la hipnosis… Ssi… -Aceptó Sergio aquella orden que anularía para siempre su libertad.

    -Bien vamos a comenzar mi viril esclavo. 1… 2… ¡Prenda! -Dijo Marcus.

    -Marcus es mi Amo… Soy esclavo de Marcus… Sólo Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar… -Repitió Sergio, al tiempo que se sacaba la camiseta una segunda vez y se giraba un par de veces, para que Marcus pudiera apreciar lo bien delineado de su torso.

    -3, 4. ¡Prenda! ¡Prenda! -Volvió a instruir Marcus.

    -Marcus es mi Amo… Yo soy… su esclavo… Sólo… Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar… -Dijo el brasileño, a la vez que mostraba a Marcus sus glúteos de manera provocativa y se sacaba los zapatos y calcetines luego de escuchar la doble palabra.

    -5, 6, 7. ¡Prenda! -Volvió a ordenar Marcus.

    -Marcus es mi Amo… Yo soy esclavo de Marcus… Sólo… Marcus… tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar… -Afirmó Sergio con una voz cada vez más apagada, mientras de forma sensual se desabrochaba el cinturón.

    Marcus disfrutó el modo tan lascivo en que Sergio se tocó cuando se sacó el cinturón, ya que jugó notablemente con su miembro.

    -8, 9, 10. ¡Prenda! ¡Prenda! -Demandó Marcus.

    -Marcus… es mi… Amo… Yo… soy su esclavo… Sólo… Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar… -Repitió Sergio, luego de alzar sus torneadas piernas al sacarse los pantalones y el bóxer.

    Marcus entonces lo sostuvo de las caderas y empezó a acariciarlo. -Bien, huéleme Sergio, toca mi cuerpo, recórrelo con tus manos. Estar así desnudo para mí, es la llave de tu placer. Desnudarte para mí, es la primera llave de tu placer. Soy tu Amo. -Indicó Marcus.

    -Ssi… Desnudarme para ti, es la llave de mi placer… estar así desnudo para ti, es la primera llave de mi placer… Eres mi Amo… -Respondió Sergio entre jadeos, enteramente hipnotizado.

    -Mi olor, es la segunda llave de tu placer. Mi olor te hipnotiza, te excita, te doblega. Soy tu Amo. -Instruyó Marcus aquella segunda orden.

    -Ssi… Tu olor… Es la segunda llave de mi placer… Tu olor… Me hipnotiza… Me excita… Me doblega… Eres mi Amo… -Aceptó el brasileño cada vez más sumergido en aquel sopor de sumisión.

    -Ahora, desvísteme. Recorre mi cuerpo con tus manos. Siente mi piel y excítate. Mi cuerpo desnudo es la tercera llave de tu placer. Soy tu Amo. -Ordenó Marcus cargado de lujuria.

    -Debo desnudarte… Recorrer tu cuerpo con mis manos… SENTIR TU piel… Tu cuerpo desnudo es la tercera llave de mi placer… Eres mi Amo… -Admitió el brasileño completamente hipnotizado, al tiempo que desnudaba con gran ansiedad a Marcus. Desabrochó la camisa botón por botón y en cada movimiento aprovechó para deslizar sus yemas sobre el pectoral de su Amo. Después le quitó el cinturón, extrajo los zapatos y entre ardientes caricias le bajó los pantalones.

    Sergio estaba enormemente excitado, cargado de un apetito sexual incontrolable. La última sugestión había calado hondo en su subconsciente y el cuerpo desnudo de Marcus lo volvía loco. Se inclinó y buscó la boca de su Amo, a lo que Marcus correspondió y permitió que el brasileño degustase de sus labios a placer.

    -Eres mi Amo… Sólo tú tienes poder sobre mí… Sólo tú me puedes ordenar… -Afirmó Sergio bajo los efectos absolutos del trance.

    -Así es, yo soy tu Amo. Y por eso cada vez que yo pronuncie: “Rígido y desnudo”, deberás caer muy profundo en la hipnosis. Serás mi esclavo semental. -Dijo Marcus tras un largo beso.

    -Ssi, eres mi Amo… Y cada vez que pronuncies “Rígido y Desnudo”, deberé caer muy profundo en la hipnosis… Seré tu esclavo semental… Si mi Amo… -Aceptó Sergio al tiempo que bajaba el bóxer de Marcus y sujetaba con fuerza su miembro.

    Marcus gimió complacido, pero detuvo al brasileño al menos por un momento. Destapó el frasco con la substancia gelatinosa y abrió los labios del hipnotizado guardaespaldas.

    -Cómelo mi esclavo semental. Cómelo y cae en la hipnosis para siempre. -Indicó Marcus.

    -Ssi, mi Amo… Comerlo y caer en la hipnosis para siempre… Ssi, mi Amo… -Respondió el brasileño, que igual a Hércules no tardó en devorar aquella gelatina azul.

    Sergio dejó caer el peso de su cuerpo sobre Marcus y él soportó a aquel gigante desnudo. Volteó Entonces a ver a los otros tres hombres, todos sin camisa, listos a complacer sus deseos y se relamió los labios al pensar en el espectáculo que estaba a punto de iniciar.

  • Cuando la calentura aprieta (12)

    Cuando la calentura aprieta (12)

    Pasaron algunas semanas desde mi última aventura. Una mañana mientras me tomaba mi café mañanero y me fumaba un cigarro, ese momento para mí era especial todos los días, mi cerebro empezó a rememorar todas mis aventuras fuera de casa, además de todo lo que yo hacía en la intimidad. Me di cuenta que me había vuelto adicta al sexo, pensé que no era tan grave como si fuera una adicta a la droga, pero me di cuenta que más o menos se tenían los mismos síntomas. Cuando pasaba un tiempo sin hacer nada, mi cuerpo se volvía loco, yo no podía ni pensar y buscaba una aventura fuera como fuera.

    Los últimos meses incluso ya no me apetecía hacer el amor con mi marido, aunque seguía queriéndolo con locura. No es que él fuera muy fogoso, pero es que era muy aburrido en la cama, misionero, luego yo encima y se acabó. Hasta entonces yo siempre tenía mi orgasmo, pero al haber experimentado ya otras cosas, el hacerlo tan simple no me llenaba, incluso había tenido que fingir en varias ocasiones tener el orgasmo. Algo que yo nunca había hecho. Pero como estoy contando al no ser que estuviera con muchas ganas, no me excitaba hacerlo como mi marido quería. Aquellos pensamientos se quedaron en mi cabeza y durante unos días me hicieron sentir culpable, tanto que me cambio hasta el humor. Me encontraba desganada, triste, por cualquier cosa me enfadaba con la gente o conmigo misma. Pasaron incluso semanas, no me apetecía hacer el amor con mi marido e incluso ya veía el sexo como algo sucio y repugnante.

    Un día me llamó mi amiga Sandra, tras estar un rato hablando con ella, me preguntó si me pasaba algo, ya que había notado que hablaba con ella como un poco apagada. Aunque hacia que nos conocíamos apenas más de medio año, habíamos entablado una gran amistad, éramos intimas, sabiendo una de la otra todos nuestros deslices y además de ayudarnos en todo lo cotidiano. Yo la intente convencer de que no me pasaba nada, algo que ella no creyó, pero como buena amiga, no quiso insistir.

    Varios días más tarde, al regresar de llevar a mis hijos al colegio, me encontré a Sandra esperándome en la puerta de mi casa. Le pregunte que si le había pasado algo, me contestó que estaba preocupada por mi y había venido a verme. La invite a pasar a mi casa y a tomarnos un café. Ya estando ella allí, no pude resistirme y le conté todo lo que me estaba pasando. Ella cayo mientras le contaba todo lo que me rondaba la cabeza, tras desahogarme, ella hablo.

    «Rosa, lo que te pasaba es que has tenido muchas emociones en poco tiempo, por lo poco que se de ti, tu siempre has sido una chica decente, solo habías tenido relaciones con tu marido, pero con el tiempo tú has sentido que necesitabas experimentar cosas nueva, no has hecho nada malo, desde mi punto de vista. Yo empecé engañando a mi marido por venganza, ahora es porque necesito ese punto de chispa que nos dan esas experiencias. Desde la primera vez que le puse los cuernos, me he dado cuento que mi matrimonio va incluso mejor que antes. Nos queremos hasta más. Tú no has dejado de querer a tu marido, ni has dejado desatendidos a tus hijos. Sigues siendo un ama de casa ejemplar, pero con tus aventuras aisladas. No le des más vueltas y mientras no hagas sufrir a tu familia, disfruta lo que puedas, porque estamos aquí de paso»

    Mientras decía eso yo no paraba de llorar, pero a la vez me habían aliviado algo sus palabras. Mi mente me decía que ella tenía razón que había sido un bajón por tantas cosas que me habían pasado, cosas que yo nunca hubiera ni imaginado, pero que debido a mis calentones me había atrevido. Es como si hubiera dos mujeres dentro de mí, una ama de casa decente y un poco mojigata por un lado y por el otro una mujer ardiente con ganas de que le dieran caña.

    Sandra sacó un pañuelo y me secó las lágrimas que caían por mi cara. Luego empezó a acariciarme, animándome a que no me preocupara. No paraba de alentarme y eso me animaba. Ella seguía acariciándome y no sé cómo ocurrió de pronto nuestros labios estaban juntos.

    Comencemos a besarnos tímidamente, pero al poco nuestras lenguas se juntaron. Mi mente se despejo y lo que estaba sucediendo no me causo reparo ninguno. Nuestras manos, empezaron a acariciar mutuamente nuestros cuerpos y nuestras respiraciones fueron aumentando. Yo semi tumbada y Sandra sobre mí, notaba como frotaba su entrepierna por mi muslo a la vez que no paraba de tocar sus enormes pechos, apretar su culo y acariciar su cuello. No parábamos de besarnos ni un segundo. De mi boca salió la propuesta de irnos a mi habitación, no creía que esas palabras hubieran salido de mi boca.

    Sandra ni contesto, nos dirigimos al dormitorio y aun vestidas nos tumbemos en la cama. Sandra me tumbo y seguimos otro buen rato besándonos, mientras ella no paraba de repetirme lo especial que era. Comenzó a acariciar mi coño por encima del pantalón, mientras me magreaba los pechos. Se levantó se quitó su jersey y el sujetador, pude volver a ver esos pechos que seguían chocándome por los enormes que los tenia, comparado a su cuerpecito de adolescente. No sé dónde salía mi iniciativa, pero la atraje hasta mi y comencé a comérselos.

    Apretándolos, chupándole los pezones, era la primera vez que tenía unos pechos en mi boca y me encantaba a pesar de lo que podría haber pensado en otra ocasión. Ella se dejaba hacer, estuve jugando con ellos bastante rato, mientras Sandra solo me acariciaba por encima de mi ropa. Se acomodó entre mis piernas y mientras yo seguía jugando con sus tetas, no paraba de restregarse contra mi entrepierna. Me puso de rodillas sobre la cama para quitarme la camisa que llevaba. Mientras su mano seguía masturbándome aun por encima del pantalón, estaba haciéndome sufrir, ya que lo que yo quería era notar sus dedos en mi humedad.

    Me desabrocho el sujetador, ahora fue ella la que empezó a disfrutar de mis pechos. Luego siguió besándome, una mano no paraba de apretar uno de mis pechos y otra se deslizaba por el interior de mi pantalón y por fin note sus dedos jugando con mi clítoris.

    Se tumbó, le ayude a quitarse el pantalón y el tanga, me quede mirando su coño depilado, se veía chiquitito y estrecho, no pude resistir la tentación de tocarlo. Ella guiaba mi mano, mientras daba un gemiditos de placer. Me aparto la mano, se levantó y me ayudo a quitarme le pantalón. Me recostó y comenzó a masturbarme. Aceleraba su mano y cuando veía que me aumentaba el placer, frenaba y seguía lentamente, su lengua jugaba con un pezón y yo notaba su dedo entrando y saliendo de mi coño, mientras alternaba a jugar con mi clítoris.

    Cuando vio que llegaba al orgasmo, me beso apasionadamente y me corrí mientras mis gemidos se perdían en su boca. Aun con mis últimos aspamos por el orgasmo, se bajó y sentí como su lengua recogía los caldos que emanaban de dentro de mí. El sentir su lengua recorriendo mi coño hacia que una electricidad de placer recorriera todo mi cuerpo. Aunque le insistía que parara, ella seguía lamiéndomelo, minutos más tarde volví a explotar de placer y me corrí en su boca. Tras tranquilizar un poco mi cuerpo, me levante y volvimos a besarnos. Ahora fui yo la que llevo la iniciativa, me metí sus grandes pechos en mi boca y empecé a chupar sus pezones, ella de rodillas delante de mí, se masturbaba, mientras me pedía que se los mordiera, aumento el ritmo de su mano y no tardo en correrse.

    Me dio la vuelta y me dijo que quería probar una cosa. Me puso a cuatro patas, con mi cabeza apoyada contra la almohada, yo no veía nada. De pronto sentí sus pechos contra mi raja, estaba masturbándome con sus tetas. El sentir esa nueva sensación, me puso de nuevo a cien. Estuvo un buen rato y cuando estaba a punto paro. Me di la vuelta y ella se colocó entre mis piernas de forma que nuestros clítoris se rozaban, empecemos a movernos al unisonó. Sentía el calor de su coño contra el mío, era algo nuevo para mí, no sé si para ella también. Minutos más tarde las dos juntas nos corrimos y nos quedemos tumbadas exhaustas, mientras no podíamos de parar de besarnos.

    Tras esa ración de placer inmenso, nos dirigimos a la ducha y nos duchemos juntas besándonos como dos amantes. Pero tras vestirnos, volvimos a ser amigas. Amigas íntimas e inseparables.

  • La primera vez que me toqué en cámara y mis fantasías

    La primera vez que me toqué en cámara y mis fantasías

    Hoy he venido a confesar mi experiencia masturbándome y dando un show en vivo a personas desconocidas; una experiencia que resultó excitante. 

    Mi nombre es Regina, recién cumplida la mayoría de edad me propuse como objetivo cumplir esta fantasía, para mí era cosa de autoestima, ¡me fascinaba el riesgo! pero me aterraba que la gente rechazar a mi físico. Y todo empezó así.

    Compartir mi rostro blanco pero chapeado, mis cejas cafés y mi pelo lacio café con rayos platinados en un show sexual donde destapará mi intimidad fue un paso que di con temor a que no tuviera gracia para la mayoría de personas y adrenalina porque la gente reconociera quien soy. Hoy me abro a contarles lo que quería.

    Yo siempre quise un cuerpo con más trasero y con un trabajo abdominal exagerado por lo cual me convertí en una mujer de cuerpo grande, soy alta, de espalda contorneada y una chica aficionada al ejercicio, creo que mis piernas son demasiado largas, mis muslos son grandes y sobresalen de mi mallas, mis pies son delicados y mis uñas siempre cortas y pintadas con sutil esmalte color negro, mi cabello en coleta y mi maquillaje al punto. Confieso que eh deseado que mi cuerpo se adapte a ser una guerrera sexual; seductora y una “depredadora”

    Yo siendo una joven hormonal de manera temprana busqué gente que aceptar a mi cuerpo al desnudo, primero empecé a buscar por internet ligando con desconocidos en aplicaciones, después empecé a quedarme a dormir con esas personas y terminar teniendo encuentros sexuales en diferentes sitios de la ciudad ¡Cuanto más alejados de mi casa, mejor! Era una experiencia única despertar en casas donde por un día podías pretender que la vida de alguien era tuya por un instante

    Esto me hizo experimentada en cuestión de poner mis límites y en ese proceso descubrir lo que otras personas harían porque yo les dejará rebasar los mismos. Lo cual me sentó genial. Así que empecé a buscar más atención y por lo tanto más recompensas que para mí fueran sencillas.

    Me atraía la idea de mediante el sexo manipular a las personas.

    Me atraía aún más la idea de tener dinero con tan poco esfuerzo.

    Y un día por la noche había empezado temprano a cachondear con varios tipos por mensaje, para mí era tan sencillo como decir que estaba un poco caliente para empezar a recibir fotos de penes de toda clase de tipos, invitaciones a hacer toda clase de cosas y a ver a toda clase de personas evaluándome, esperando su oportunidad para poder arrancarme la ropa, hacerme suya. Descubrí que mientras unas personas se conforman con el quedarse con el recuerdo de una foto mía desnuda otras personas no; otras personas preferirían quedarse con la imagen de tenerme llena de leche en mi conchita, exhausta y jadeando boca abajo en su almohada. ¿Y que estarían dispuestas a hacer por mí en ese caso?

    Con esta clase de estímulos en mi oído, pasaba horas masturbándome, llenaba mis dedos de suaves roces, de largas horas mojadas, de recios y rápidas penetraciones por parte de consoladores caseros forrados con un preservativo, lubricados resbalaban lo suficiente para meterlos inclusive por mi culito y darme un placer mezclado con un dolor que inmoviliza pero calienta. Calienta bastante ser autosuficiente y poder dominarte sexualmente a ti mismo, produce las mayores eyaculaciones el estar tan empoderada y en control de tu sexualidad

    Veía por medio de una pantalla pequeña en mi mano como el mundo me regalaba todo el sexo qué quisiera y yo; tan sola en mi casa una noche, sin nadie que me llene, sin juguete que me consuele.

    Pensé en compartir mi larga noche, impulsada por miles de hormonas que hervían dentro de mi, por el calor en mi rostro prepare mi sillón, una toalla por qué cuando le viniera iba a dejar un gran charco y espere a encontrar una manera de extender mi placer, posicione la cámara de mi celular apuntándome, un espejo y antes de iniciar a transmitirme en un sitio web popular.

    Me duché y me puse la pijamada más cálida y cómoda que encontré; algo que me hiciera ver sexy y desaliñada después tomé el tiempo de seguir «practicando» como iba a tocarme frente al espejo. Vi la imagen de una chica chapeada del rostro, de mi delicadeza y flexibilidad en el cuerpo, de las ganas que notaba en la saliva de mi boca, de saber que la humedad de mi vagina era inmensa, lo noté cuando la abrí con dos dedos y me encantó el color de esos labios cafés claro, hinchados de excitación, notaba que detrás de la cómoda playera blanca del pijama podía ver unos pezones excitados, que cualquiera quisiera lamer.

    Imaginaba a una persona haciéndome el sexo. Esto me excitaba y hacía que frotara mis dedos de arriba a abajo, si entiendo el roce de la suave piel resbalarse, Imaginaba a más de una haciéndome una corrida grupal, y esto me mojaba y me hacía buscar meterme mis dedos y explorar qué tan adentro podrían llegar, Imaginaba experiencias lésbicas donde mi cara estaba llena de eyaculación femenina y esto me hacía sonreír y mover mi dedos en círculos y perderme en un mar de placer donde la importancia la tenía yo y las paredes de mi vagina.

    Con todo esto, sentí la urgencia de no poder más. Le di a play a la cámara y comencé a transmitirme en vivo.

    Primero sentí miedo por qué nadie me veía, pero dentro de nada llegó la primera persona, y el veía mi figura de la cadera para abajo desnuda. Aproveché el silencio para llenarlo con gemidos, aproveché el miedo para tocarme con euforia. Aprovechaba comentarios de gente que entraba al azar para sonreír, para pasármelo bien, aprovechaba la soledad para gemir con la boca cerrada, mi camiseta para morder, mis tetas para enseñar, mi culo para modelar y lo mojado para resbalar mis dedos. Era éxtasis de placer.

    Mis fantasías en ese momento eran sobre el placer que yo estaba compartiendo eran acerca de que lo único que importaba era que yo disfrutase lo que estaba haciendo de que me entregase por completo y de esta manera miles de personas que me estarían viendo, se entregaran conmigo. Yo quería ser retribuida de todas las maneras posibles por este espectáculo de placer; quería que todo este placer compartido se recompensara en mi economía, en mi salud, en mi gracia y elegancia que me llegaría después de que todas esas eyaculaciones mías y de todos y todas, las que me vieran cayeran en mi danza de seducción, sumisión y dominio.

    Y conseguía de esta manera profundizar más en mi cuerpo y entregarme ante mis espectadores, les otorgaba momentáneamente ángulos de mi cuerpo, les regale la visión de “corazón” que hace mi redondo trasero cuando me ves en cuatro patas, lamí mis dedos llenos de fluido de manera perversa y después lubriqué mis pezones y me mostré cada vez con la espalda más recta y el cuerpo más sucio. Me propuse terminar lo que había empezado así que aproveche todo la calentura de mi cabeza para concentrarme en mis ganas de sacar todo ese cosquilleo en un líquido que olía a mi esencia más pura de mujer; me posicione de la manera que la cámara pudiera captar un primer plano de mi vagina y la dejé explotar.

    Solo sentí felicidad y cansancio al ver como todo ese mundo se desvanecía. Yo apague la cámara lo más rápido que pude y en general todas las luces de la casa, estaba exhausta como cuando haces el mejor de los trabajos y me fui a dormir como la reina más hermosa que enfrento la aventura más amorosa consigo misma.

  • Con mi hermano y su amigo

    Con mi hermano y su amigo

    Esteban, mi hermano se vino a vivir a mi departamento después de divorciarse de su mujer.  Ambos fuimos muy unidos desde pequeño así es que me alegré mucho de su decisión de vivir conmigo.

    A pesar de ser muy unidos nunca le había a mi hermano la curiosidad que me provocaban los hombres, hasta para mí era un tabú que guardaba celosamente. Yo sabía que me atraían mucho los hombres, pero nunca hice nada con alguien, y aunque no faltó la oportunidad, terminaba huyendo de aquello que provocaba atracción y rechazo en mí.

    Dos meses después de instalados en mi departamento, con mi hermano hacíamos todo juntos, él se inscribió en el mismo gimnasio al que yo iba, así es que lo único que nos mantenía separados eran las horas que pasábamos yo en mi trabajo y él en el suyo, pero una vez llegábamos a casa no nos separábamos, veíamos una película, conversábamos de esto y aquello mientras tomábamos una copa de vino etc.

    En cierta ocasión fuimos a cenar y en el lugar escogían a una pareja y les regalaban algo, así es que mientras cenábamos se nos acercó el barman y nos dijo que habíamos sido seleccionados como la pareja de la noche, por lo tanto teníamos derecho a escoger una botella de champagne y alguna otra cosa completamente gratis, nos morimos de risa, y de inmediato me iba dirigir al barman para hacerle notar el error, pero mi hermano me dijo que no lo hiciera que aceptáramos el juego. Esa noche nos fuimos a casa casi al borde de la borrachera y unos finos chocolates en forma de corazón de regalo.

    Mi hermano tiene un amigo de nombre Rafael, es muy guapo, me vuelve loco la verdad, así es que cada vez que va a visitarnos trato de estar muy poco tiempo con ellos para disimular mi fijación con ese hombre, cuando converso un ratito y luego me retiro a mi habitación, él siempre se comporta muy amable conmigo, pero cuando me mira, yo esquivo su mirada, me pongo rojo, no quiero que mi hermano se dé cuenta.

    Un viernes a la noche no teníamos planes para salir a divertirnos un rato, así es que nos quedamos mirando algo en tv y conversando, de pronto sonó el teléfono, era Rafael después de hablar unos minutos mi hermano colgó y me dijo que su amigo iba al departamento.

    Después de comer algo y seguir conversando con una copa de vino en la mano, nos sentamos los 3 en el sofá, mi hermano dijo que lo lamentaba, pero tenía mucho sueño, así es que sin esperar respuesta se levantó y se fue a su habitación. Ahí quedé yo un poco paralizado con la situación. Trataba de conversar algo, pero se me cortaba el hilo de las palabras estaba nervioso. Rafael me miraba mientras me decía algo, cosas sin importancia, de pronto no pude apartar su mirada de mí y nos quedamos mirando fijamente.

    Algo estalló dentro de mí, sentí el calor subir por mi cuerpo y el deseo apoderándose de todo. No recuerdo muy bien quien dio el primer paso, lo cierto es que me vi uniendo mi boca a la suya en un beso apasionado, era la primera vez que sentía los labios de un hombre, al instante me excité como nunca, toda esa energía acumulada por años salía a la superficie, me abandoné al placer, no me importó nada, lo apreté contra mí y aunque nunca había hecho algo semejante mis manos como si fueran diestras en aquello buscaron el cierre del pantalón y dejaron salir el pene erecto de Rafael.

    Me volvió loco, quería besarlo, olerlo, pasarlo por toda mi cara, sin esperar permiso me puse de rodillas y comencé a besar esa deliciosa verga que se erguía ante mí, gemía de placer, lo atrapé con mi boca e intenté meterlo todo en mi boca, no lo logré a la primera, pero la segunda vez entró hasta mi garganta, mi boca rozaba los vellos de su pubis, engullía esa masa de carne, luego bajé hasta los testículos, los lamí como si se tratase del mejor helado que saboreaba.

    Volví a ponerme de pie, Rafael estaba sentado con su mástil tan duro y caliente, sin pensarlo me saqué el pantalón y me senté sobre él, no fu fácil al comienzo, pero mi calentura era tan grande que hice que mi culo cediera ante aquella carne de macho caliente, mi agujero se fue abriendo dejando entrar ese fierro caliente que me quemaba por dentro, me moví como animal hasta lograr que entrara todo, hasta sentir sus huevos chocando contra mis nalgas hasta ese momento vírgenes.

    Gemía, le pedía que no parara de moverse, que me culeara toda la noche, no quería que terminara aquello. Mientras Rafa movía su cuerpo con maestría haciendo que su fierro entrara más en mí me besaba, nos besábamos con pasión, no nos dimos cuenta cuando mi hermano salió de su habitación y se paró a mirar lo que ocurría, vine a reaccionar cuando mi hermano, desnudo, se puso entre Rafael y yo, su pene muy erecto casi tocando nuestros rostros.

    Dudé por un instante, me congelé por un instante, pero inmediatamente comprendí que todo estaba okey, cuando vi que Rafael separaba sus labios de los míos y buscaban la verga dura de mi hermano, se la metió toda en su boca, me sentí aún más caliente y cabalgué a Rafa con furia, él tomó mi cabeza acercándome más a la verga caliente de mi hermano, no era momento de valores morales ni principios éticos, la calentura animal se había apoderado de todos nosotros, sin dudarlo uní mi boca a la boca de Rafa y la verga de mi hermano saltó se su boca a la mía, gemí nuevamente, mi hermano me miraba fijamente mientras hundía su pene hasta mi garganta.

    Mientras Rafael me penetraba mi hermano me llenaba la boca de verga y allí no aguanté más y dando un sonoro gemido comencé a correrme sobre el estómago de Rafael, él también se corrió llenándome el culo de caliente leche, botó toda su leche en mi interior, apresuré mis movimientos bucales y mi hermano estalló dentro sentí como un largo chorro de leche me llenaba, lo tragué y luego otro y otro. Después de un rato me retiré a mi habitación sin decir nada.

    Pasaron vario días y entre nosotros había un incómodo silencio, hasta el día sábado que fuimos a beber unas copas a un bar cercano. Cuando volvimos a casa, me retiré a mi habitación, pero dejé la puerta abierta, me desnudé sobre la cama y apagué la luz, después de un rato vi que mi hermano entraba en mi habitación desnudo, lo abracé, lo besé, chupé ese pene con locura, y me senté sobre él hasta hacerlo acabar, pero la noche no terminó ahí hicimos de todo toda la noche. Cansados y cubiertos de leche pegajosa nos dormimos abrazados.

  • El crucero: Embarque con mi mujer y desembarque con una puta

    El crucero: Embarque con mi mujer y desembarque con una puta

    Me presentaré, me llamo Luis y tengo 45 años, trabajo como director en un hotel de Madrid. Y cada año, como parte de mi sueldo, me regalan un viaje para disfrutar con mi familia. Este año, como nuestros hijos ya son mayores, decidimos irnos solos con mi mujer, a un crucero por el Caribe.

    Somos una pareja normal, mi mujer Rosa, tiene unas nalgas voluptuosas, unas tetas grandes y algún kilito de más, restos de los dos embarazos y de haber superado ya los 40. Aunque su cuerpo no es de diez siempre ha sido resultona porque es muy guapa y va muy arreglada. En mi caso soy algo más delgado que mi mujer y no me considero feo, podemos decir que para nuestra edad ambos nos conservamos bien.

    Durante el crucero, compartimos viaje y mesa con otra pareja encantadora (Javier y Diana) tenían más o menos nuestros años, tal vez algunos menos, ambos eran muy atractivos, cuerpos atléticos y bronceados, nos contaron que regentaban un negocio turístico en Ibiza. Enseguida hicimos amistad, todos los días cenábamos juntos y poco a poco fuimos intimando, íbamos a la discoteca, a los espectáculos, al casino, etc…

    Un día me quedé a solas con ellos y me preguntaron si alguna vez habíamos hecho algún intercambio de parejas. La pregunta me sorprendió y me sentí algo violento, les conté que mi mujer es muy tradicional, que ella en el sexo todo lo que sea pasar del misionero es prácticamente imposible.

    Ellos se echaron a reír y me contestaron que era una lástima, porque no les hubiera importado pasar un buen rato con nosotros. Aquello me excito bastante, porque la verdad que Diana, era preciosa, delgadita, morena, con unos labios de escándalo y unas curvas impresionantes, pero enseguida pensé que mi mujer nunca hubiera aceptado.

    Pasaron un par de días y estaba jugando con Javier en el casino del barco, mientras mi mujer y Diana tomaban una copa, cuando me dijo:

    -Te hago una apuesta, me juego 300€ a que me follo a tu mujer

    -Cómo dices???

    -¡Sí, no te enfades!!! Has dicho que es muy tradicional, no?? Pues te hago un trato, te dejo que te lo montes con mi mujer, si me dejas intentar follarme a la tuya, pero si lo consigo además me darás 300€

    -Estás loco Javier.

    -Vamos que pierdes??? He visto como miras a Diana y estás deseando follarla. Lo he hablado con ella y no le importa, a nosotros nos va el intercambio de parejas y a mí me da morbo intentar montármelo con tu mujer, a ver si es tan estrecha como dices.

    Cuando estaba a punto de decirle que no, entraron Diana y mi mujer a buscarnos, miré a Diana y sin pensarlo le dije. –Trato hecho.

    En el fondo pensaba que sería imposible que Javier se follara a mi mujer.

    A la mañana siguiente, había quedado con Javier para ir al gimnasio, pero cuando pase a buscarlo por su camerino, me invitó a entrar. ¡En la cama tapada únicamente con una sábana, estaba Diana, parecía una modelo!

    -Vamos pasa, un trato es un trato tenéis una hora, yo me voy a gimnasio,

    -Lo dices en serio??? Es una broma verdad??? Diana tu que dices???

    -Te parece una broma, la mujer que tienes ahí tumbada???

    Sin decir nada más Javier cerró la puerta y me dejo a solas con Diana, que me sonreía en la cama. Yo me abalancé sobre aquella morena y comencé a besar todo su cuerpo, primero sus pies, luego sus piernas y posteriormente su coño…estaba fuera de mí.

    Tenía el coño totalmente depilado, todo lo contrario que el de mi mujer que luce el tradicional bello. Su clítoris era rosado y sobresalía como si se lo hubiera estado masturbando antes de mi llegada. Aquello era el paraíso!!!

    -Ummm me encanta, me dijo Diana, me gustan los chicos que saben usar su lengua.

    Estuve jugando con su clítoris que estaba súper excitado, subía y lamía sus tetas, bajaba y seguía jugando con su coño!!! Diana simplemente sonreía y soltaba pequeños gemidos, pero yo ya no podía más!!! Así que decidí metérsela, porque me iba correr solo de tocarla… Creo que no aguanté ni dos minutos, lo que decepcionó a Diana.

    -Suerte que me has hecho gozar con tu lengua, porque con tu polla me has dejado a medias.

    Me quedé avergonzado y mi cara debía ser un poema, pero enseguida Diana rompió la tensión.

    -Tranquilo hombre!!! Con esa lengua, compensas tu polla, si quieres otro día te dejaré que la uses otro rato.

    -Me encantaría, puedo lamerte todo el día si te ha gustado.

    -No seas goloso!!! Deja algo para otro día!!! Vamos, vuelve a tu habitación y en 10 minutos nos vemos desayunando.

    Aquel día fuimos a una excursión, mi mujer y Javier no paraban de hablar y flirtear. Mientras yo no paraba de pensar en el cuerpo de Diana, me daba igual lo que Javier hiciera con mi mujer, mientras yo pudiera disfrutar del cuerpo de Diana otra vez.

    Por la noche fuimos a la discoteca, tomamos algunas copas de más y estuvimos bailando un buen rato. Yo no vi nada fuera de lo normal, quizás porque solo tenía ojos para Diana. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando fui al gimnasio con Javier me enseñó una serie de whatsapp que había cruzado aquella noche con mi mujer.

    -Javier perdóname, no sé qué me ha pasado, de verdad que no quería besarte, los dos estamos casados.

    -Tranquila mujer, solo ha sido un beso, no hemos hecho nada.

    -Si, pero me siento culpable.

    -Pero te arrepientes, del beso???

    -Bueno… arrepentirme no, pero me siento mal

    -Suerte que no te arrepientes, porque a mí me ha encantado que me besaras.

    -A mí también me gustó.

    -Que duermas bien, pensaré en ti esta noche.

    -Y yo…

    ¿Que como lo ves??? Yo creo que tu mujer no es tan estrecha como piensas, no??? Ya verás, voy a mandarle un mensaje a ver como se ha levantado hoy.

    -Buenos días, Rosa.

    -Buenos días (emoticonos de besos)

    -Estás sola??

    -Si

    -Esta noche solo he hecho que pensar en ti?? En tu beso.

    -Yo también, he pensado en ti.

    -Estas hecho un cabrón, eres un maestro, y la puta de mi mujer como entra al trapo!!! Ayer podían ser los gin-tonic, pero hoy???

    -Relájate Luis que tú ya te has follado a Diana, ya te dije que todas las mujeres llevan una putita dentro, a todas les gusta sentirse deseadas.

    Continuaron con el whatsapp:

    -Y qué has estado pensando?? Espero que fuera en volver a besarme. Me muero de ganas de que lo repitas.

    -Lo has adivinado…, pero está mi marido y tu mujer, no se merecen esto.

    -Lo sé, pero ellos no se enterarán, será nuestro secreto…solo será una vez más.

    -No sé, no estoy segura… tú lo estás??

    -Después del desayuno Diana tiene masaje, dile a tu marido que tú tienes yoga o que vas a tomar el sol y baja a mi habitación. Creo que él quería ir a una clase de spinning al gimnasio.

    -No se Javier, me apetece mucho, pero no quiero serle infiel a Luis.

    -Te prometo que no haremos nada que no quieras, me has robado el corazón, baja por favor. Si quieres solo hablamos un rato a solas, con eso me conformo.

    -Está bien luego nos vemos. Besos.

    -Lo ves Luis, no era tan difícil no?? Antes de comer tu mujer habrá probado mi polla.

    Yo no sabía qué decir, estaba totalmente alucinado de lo fácil que había sido convencerla, tenía mis esperanzas de que solo bajara para hablar, pero en el fondo sabía que si ella accedía ir a su habitación no era para hablar.

    -No te gustaría verlo?’

    -Pero qué dices??? Estás loco??

    -Puedes quedarte en la terraza del camarote, y así ves por ti mismo si consigo follármela. Te aseguro puede ser muy excitante, yo he visto muchas veces como Diana se lo montaba con otros. Ah y no te enfades Luis, relájate que además Diana me ha dicho que no le importaría que pasaras mañana otro rato por su cama.

    Aquello me tranquilizó, e hizo que me importara menos lo que estaba a punto de ocurrir. Aunque mi orgullo estaba tocado, porque la sensación de ser un cornudo me producía una mezcla de dolor, furia y morbo a la vez.

    Llegué a mi habitación para bajar a desayunar, mi mujer se había arreglado más de lo normal y aquello hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Pero continúe con el plan.

    -Rosa, después de desayunar he quedado otra vez en Gimnasio, desayuno algo light y me bajo otra horita.

    -Ok, yo creo que me subiré a tomar un poco el sol.

    La verdad que mentir se le daba fatal, porque la ropa que llevaba era para todo menos para tomar el sol, pero le seguí la corriente. Y se lo puse fácil, al subir a la habitación me fui rápidamente, pero en lugar de ir al gimnasio fui al camerino de Javier y Diana.

    -Mira Luis le he contado a Diana nuestro plan y dice que se queda contigo en la terraza, que esto va ser más divertido que el masaje que tenía. Vamos meteros dentro, que bajó un poco la persiana y corro la cortina.

    La habitación quedó penumbra. Al ver que Diana se quedaba me entró un ataque de vergüenza y orgullo… y estuve a punto de parar todo aquello. En lugar de morbo empecé a sentirme como un cornudo humillado, pero ya era demasiado tarde para echarse atrás.

    No pasaron ni dos minutos, cuando Rosa llamó a la puerta. Estaba preciosa, se había maquillado ligeramente y llevaba un vestidito escotado, que le quedaba por encima de la rodilla y le marcaba todo su trasero y las tetas.

    -Estas guapísima Rosa.

    -Gracias, la verdad es que no sé qué hago aquí, pero…

    Sin dejarla terminar la frase, Javier se acercó a ella, le puso un dedo sobre sus labios en señal de silencio y la beso. No tuvo que decir nada más, Rosa se dejó llevar lo rodeo con sus brazos y comenzó a besarlo acaloradamente

    Diana me miraba de reojo, yo estaba rojo de vergüenza y algo incómodo. Javier le dio la vuelta a mi mujer y la puso de espaldas a la ventana, poco a poco sus manos fueron bajando y levantó su vestido para acariciar sus nalgas. Estaba disfrutando enseñándonos cómo le metía la mano y manoseaba todo su culo.

    No podía creer lo fácil que le estaba resultado y la poca resistencia que ofrecía mi mujer, pero lo peor estaba por llegar:

    Sin que él dijera nada, mi mujer comenzó a desabrochar el pantalón de Javier, sacó su polla y comenzó a mastúrbalo… lo miró a los ojos y se arrodilló ante él para comenzar a chupársela.

    Eso sí que no podía creerlo!!! Prácticamente desde que éramos novios no había vuelto a chupármela. Javier nos miraba y sonreía en señal de triunfo. Rosa no dejaba de chuparle la polla, que además era dos o tres centímetros más grande que la mía y parecía que la tenía alucinada.

    Diana se acercó a mí y me susurro al oído;

    -Veo que a los dos os gusta chupar, no??? Vaya con Rosa la estrecha, parece que toma la iniciativa.

    Aquello todavía lo hizo más doloroso y estaba a punto de entrar en la habitación, cuando me di cuenta que me había empalmado. Los sentimientos de vergüenza, excitación, odio y morbo se mezclan entre sí.

    Javier hizo que Rosa se levantara, le sacó el vestido y la tiró sobre la cama. Abrió sus piernas, estaba tan excitada que desde la terraza podíamos ver cómo palpitaba su coño, debajo de aquel pubis peludito.

    Comenzó a besarle el coño, a acariciarlo, mi mujer gemía de placer y cuando vio que ya no podía más, la penetró. Comenzó a follarla en la postura del misionero y en menos de un minuto mi mujer llegó a su primer orgasmo, pero Javier continúo follándola sin correrse. Puso las piernas sobre sus hombros y comenzó a bombear más y más duro. Mi mujer gritaba de placer, sus gritos debían oírse por todo el pasillo, pero le daba igual, estaba fuera de sí. Finalmente, y después de más de 5 minutos de continuos gemidos Javier por fin se estaba corriendo

    -Rosa me corro, no puedo más

    -Siiii dámelo todo… llena mi coño de leche!!!

    Y entonces Javier se corrió, dentro del coño de mi mujer al mismo tiempo que ella tenía su segundo orgasmo!! Los dos quedaron tumbados sobre la cama, besándose…pudimos ver como el semen salía de su coño hasta que ella se levantó para ir al baño a limpiarse. Javier aprovechó para hacernos la señala del triunfo y decirnos que esperamos, como si supiera que aquello no había terminado.

    Diana parecía adivinar mis sentimientos:

    -Vamos no pongas esa cara de pena, he visto el bulto de tu pantalón. Estás excitado como un perro.

    Mi mujer volvió del baño y se tumbó junto a él, Javier comenzó a acariciarla y a besarla de nuevo, a susúrrale cosas al oído. Y poco a poco Rosa se fue calentando de nuevo y comenzó a acariciar la polla de Javier, parecía que no había tenido bastante, con aquellos dos orgasmos.

    Nosotros jamás habíamos echado más de un polvo seguido, por muy pensado que yo me hubiera puesto y ahora era ella la que parecía querer más.

    Se incorporó y comenzó a chupar la polla de Javier hasta conseguir volver a ponérsela dura, él la volteo para ponerla en la postura del 69 y también empezó a lamer su coño, poco a poco los dos se fueron poniendo a punto.

    Rosa estaba tan excitada que tuvo que dejar la postura y se puso sobre Javier para follarlo marcando ella ritmo, se introdujo su polla y comenzó a cabalgarlo, llegando pronto al orgasmo. Javier pareció darse cuenta de que en esa postura nosotros no podíamos ver nada, así que decidió cambiar de postura.

    -Rosa ponte a cuatro patas. Voy a follarte como si fueras un puta, veras como te gusta

    Aquella frase pareció despertar a Rosa del éxtasis, pero obedeció y puso su cabeza sobre la almohada dejando su culo en dirección a la terraza. Javier abrió bien sus nalgas para que pudiéramos ver como chorreaba su coño, para que viéramos lo excitada que estaba y comenzó a penetrarla.

    Lo hacía cada vez más fuerte, sin la delicadeza de antes, de vez en cuando abofeteaba la nalga de Rosa, era como una peli porno, no podía pensar que aquella fuera mi mujer. Aquello me atormentaba y me excitaba a la vez y estaba totalmente empalmado.

    Al principio Rosa parecía incómoda, como si la magia hubiera desaparecido y quisiera terminar con aquello. Pero pronto aquella sensación se disipó y comenzó a gemir y a gemir.

    Por supuesto Diana se había dado cuenta y me susurraba al oído.

    -Vamos Luis mastúrbate!!! Lo estas deseando. A que es excitante ver como follan a tu mujer, quiero ver cómo te pajeas viendo.

    Obedecí y me bajé la bragueta, mi polla ya estaba goteando, comencé a masturbarme, mientras Diana me miraba.

    Mientras Javier seguía a lo suyo, como si quisiera demostrarme que mi mujer era capaz de todo, como si solo importara demostrarme que era una puta.

    -Ves Rosa, como te gusta ser mi putita. Vamos dilo, dímelo…

    -Si me gusta ser tu puta.

    -Vamos repítelo!!! Que no te he odio.

    -Siiii soy tu puta!!! Fóllame no puedo más!!!

    Javier volvía su cabeza hacia la terraza y nos sonreía. Yo me había follado a Diana pero él había ganado, y creo que aquello era lo que de verdad le excitaba.

    Rosa entró en un orgasmo de dos o tres minutos… y Javier justo cuando se iba correr, le dio la vuelta y le acerco la polla a su boca.

    -Vamos puta chúpamela

    Rosa se lo pensó dos o tres segundo, aquello era demasiado, Javier había cruzado la raya.

    Pero volvía a equivocarme, Rosa se metió la polla dentro de su boca y comenzó a chupársela, Javier le penetraba la boca con dureza y sin previo aviso se corrió en su boca. Ella se tragó todo el semen y terminó de limpiar su polla, como si fuera una profesional.

    -Joder con la estrecha de tu mujer no hace ascos nada!!! Le digo que entre a limpiártela a ti también. Me susurro Rosa.

    Yo estaba tan excitado que seguía meneándomela, sin darme cuenta que también me había corrido

    Javier se sentía triunfante, la acaricio, la beso tiernamente y se reconcilió con ella. No podía creerlo, la había tratado como una puta y con un solo beso ya volvía a tenerla a su merced.

    -Eres sorprendente Rosa, me tienes enamorado. Ha sido fantástico

    Ella parecía haber olvidado como la había humillado, como la había llamado puta… ya solo tenía ojos para él.

    -Si ha sido fantástico. Nunca había disfrutado tanto. Me voy, Luis debe estar a punto de volver y creo que antes debo darme una ducha.

    Cuando salimos de la terraza, Javier estaba sonriendo, le di la mano y le entregué los 300€ que nos habíamos jugado. No cruzamos ninguna palabra más, y me fui a mi habitación.

    Pasaron un par de días, mi relación con Javier era un poco más tensa, porque aunque había sido mi elección yo estaba molesto. Sin embargo poco a poco todo se había normalizado y era ya la última noche en el barco, cuando Javier se acercó y me dijo:

    -¿Luis, no estarás enfadado?

    -No, no, una apuesta es una apuesta, le dije mintiendo.

    -Ah porque te iba a proponer otra cosa.

    -Diana dice que no le importa que vuelvas a hacerle una vista, y a mi tu mujer me tiene loco. La verdad que me gustaría volver a follármela, que dices?? Mañana es último día del crucero, nos despedimos a lo grande???

    Yo no quería aceptar, pero si no lo hacía parecía que me importaba lo que había pasado. Así que acepte,

    -Perfecto Luis, ya lo tengo todo planeado, mañana por la mañana te vienes para mi habitación, juegas un poco con Diana y yo me iré a tu habitación a hacer una visita a tu mujer. Esta vez no hace falta que estés mirando. Me dijo riendo. .

    Tenía la esperanza que mi mujer le dijera que no, pero pronto salí de dudas, porque cuando ellas se acercaron a la mesa para cenar, vi que ellos ya lo tenían todo planeado. Seguro que llevaban días viéndose o wasapeando a escondidas.

    -Que tal chicas?? Ahora me estaba diciendo Luis que mañana tiene otra vez Spinning toda la mañana, no sé cómo le gusta tanto hacer deporte. Y Diana ha quedado para un tratamiento de belleza.

    -Pues yo pienso estar toda la mañana tomando el sol, dijo Rosa, si te aburres Javier puedes subirte un poco, aunque supongo que preferirás hacer otra cosa. Dijo sonriendo.

    Por la noche, fuimos un rato a la discoteca y vi como Javier hablaba un rato largo con uno de los cameros, pero no le di importancia, porque la verdad que aquella semana habíamos cogido amistad con ellos.

    A la mañana siguiente, yo me fui directamente a la habitación de Javier y Diana. Ella estaba esperando, desnuda sobre la cama, tapada solamente con la sabana:

    -Anda ven aquí Luis hazme pasar un buen rato.

    Esa mujer era como un bálsamo para mí, otra vez me hacía olvidar lo que pudiera hacer mi mujer y más cuando me mostró su cuerpo, totalmente desnudo debajo de las sabanas.

    Me arrodillé ante ella y comencé a lamerla, sin pensar en nada más, estuve una hora lamiendo su coño, me atreví a lamer su culo, que era toda una delicia… ella solo gemía y gemía.

    Tuvo varios orgasmos mientras yo lamia una y otra vez todo su cuerpo, finalmente cuando se cansó, cogió mi polla y me masturbo hasta que me corrí sobre la cama. Ni siquiera la penetre, no hizo falta, los dos habíamos disfrutado con la sesión de sexo oral. Yo dándolo y ella recibiéndolo.

    Se puso el albornoz y salió de la habitación, diciendo:

    -Ahora tengo tratamiento de belleza, puedes quedarte aquí hasta que Javier termine.

    Estaba allí tumbado boca arriba, pensando todavía en el cuerpo de Dina, cuando sonó el móvil. Era Javier, me había llamado, pero no contestaba…solo se escuchaban los gemidos de mi mujer. Aquel cabrón no le bastaba con follarse a mi mujer, quería que yo me enterara de todo.

    De repente, los gemidos cesaron y escuche a mi mujer.

    -Javier para!!! Por ahí no, soy virgen.

    -Tranquila, verás cómo te gusta.

    -Me harás daño… por favor para!!!

    -Tranquila, las putitas tienen que dejar follarse el culo. Veras como te gusta.

    Aquel cabrón quería follarle el culo, aquello era demasiado. Oía como Rosa gritaba de dolor, los gemidos se habían convertido en gritos.

    -Ves como si entra… ahora ya eres toda una puta.

    -Me haces daño cabrón…

    -Venga putita mira mira…, ya la tienes toda dentro. Relájate y veras como te gusta.

    Poco a poco los gritos se mezclaban con gemidos,

    -Voy a convertirte en toda una puta. El cabrón de tu marido ni te va conocer.

    -Siii

    -Vamos Rosa, dime qué quieres ser.

    -Quiero ser una puta!!! Quiero ser tu puta!!!

    -Me corro, date la vuelta, tómalo.

    -Sí, vamos dámelo todo!!!

    En lugar de enfadarme como hacía unos días, esta vez solo me había excitado y a pesar de que yo también acababa de correrme, comencé a pajearme de nuevo. Creo que estaba aceptando que Rosa era una puta y que yo era un cornudo.

    De repente oí que alguien llamaba a la puerta del camerino de mi mujer. Mi Mujer se sobresaltó:

    – Debe ser mi marido, Joder Javier que hacemos!!!

    -Tranquila, no es tu marido. Son tus primeros clientes.

    -Pero qué dices???

    Javier se acercó, abrió la puerta y pasaron los dos camareros de la discoteca, uno al igual que Javier era bastante musculoso, creo recordar que era venezolano, el otro era filipino muy alto pero muy muy delgado.

    -Chicos como dije anoche, mi amiga Rosa quiere jugar a ser una puta, y le he dicho que vosotros podéis ayudarla. Yo estaré aquí y me encargare de que todos pasemos un buen rato, podéis follarla, pero para ello tenéis que pagarle como se hace con las putas. Vamos quitaros la ropa y dejar ahí encima el dinero.

    -Javier pero qué estás haciendo?? Yo no quiero ser una puta. Estás loco!!! Haz que se vayan por favor.

    -Vamos Rosa, ya verás como pasamos un buen rato, has hecho algún trío alguna vez???

    -Pero qué dices?? Hasta esta semana yo solo lo había hecho con mi marido.

    -Pues eso va a cambiar ahora, hoy lo vas a hacer con tres hombres a la vez.

    -Yo me voy ahora mismo, yo pensaba que tú me querías… pero eres un cabrón!!! Para ti esto solo era un juego. Yo me voy ahora mismo.

    -Que te quería??? Yo nunca he dicho eso!!! Recuerda que estoy casado con Diana.

    -Si pero tú y yo?? Bueno da igual, yo me voy.

    -Si sales de la habitación tu marido se enterará de todo. Así que tú decides o pasas la mañana con nosotros y te portas como una puta o corres a los brazos de tu marido y le cuentas tu misma lo que hemos estado haciendo.

    Rosa se sentó sobre la cama resignada.

    -Vamos chicos acercaros, creo que Rosa ya ha decidido.

    Javier hizo arrodillar a Rosa y la obligó a que comenzara a chuparles las pollas a los dos a la vez. Yo seguía pajeándome, pensando en aquella situación, cuando de repente se cortó la llamada!!! Estaba tan excitado que quise volver a llamar, pero enseguida vi como ahora Javier me llamaba por medio de videollamada. Había puesto el móvil orientado a la cama, sobre un montón de ropa, ahora no solo oía lo que pasaba si no que ahora podía verlo

    Los tres habían hecho corro alrededor de mi mujer, que seguía arrodillada chupándoles las pollas. Pude ver que la polla del camarero filipino, era descomunal medía unos 24 centímetros y era tan gorda como su brazo, no dicen que los orientales la tienen pequeña. Mi mujer no podía ni chuparla apenas le cabía en la boca. Si la penetraba con aquello la iba a destrozar.

    -Ves Rosa como te iba a gustar… a que nunca habías visto una polla así. Vamos chicos es hora de follarla.

    Rosa se tumbó sobre la cama y el camarero Filipino se tumbó sobre ella con la intención de penetrarla.

    -Por favor para!!! eso no me cabe. Me va a destrozar.

    Pero nadie parecía hacerle caso, el camarero lubricó un poco el coño de mi mujer con algo de saliva y comenzó a intentar penetrarla. Lo hacía con suavidad, sabía que aquella polla no entraría por la fuerza y que solo lo haría si el coño estaba muy dilatado.

    Mi mujer se quejaba de dolor, era imposible que aquello le cupiera dentro… Rosa se acomodó para facilitarle la entrada y evitar el dolor y poco a poco consiguió que le entrara más de media. Mientras el otro camarero le ofrecía su polla para que siguiera chupando, pero Rosa seguía centrada en facilitar la entrada de aquel pene enorme. Después de un rato insistiendo, aquel pedazo de carne se introdujo totalmente en su coño.

    Ella soltó un gemido de placer y el camarero, contento por haberla penetrado, comenzó a bombear más y más rápido y cada vez más fuerte. Ahora los gritos eran gemidos de puro placer!!! Ella misma en pleno éxtasis agarró la polla del otro camarero y se la puso en boca. El hombre cada vez la penetraba más y más rápido, mi mujer estalló de placer en un orgasmo y al mismo tiempo el camarero se corrió dentro su coño.

    Javier se echó a reír, al verla gozar.

    -Ves cómo te iba a gustar!!! No hay mujer que se resista a una buena polla.

    Mi mujer estaba exhausta en la cama, no podía ni moverse, había tapado su cara con la almohada en señal de vergüenza.

    -Vamos ahora te toca a ti… aprovecha que la puta está caliente, estoy seguro que quiere más!!! Le dijo Javier al otro camarero.

    Era el turno de otro compañero, pero cuando fue a follarla, vio como el coño de mi mujer rebosaba el semen de su compañero

    -Eres un cabrón!!! Te has corrido dentro, que asco!!! Yo paso de meterla ahí dentro. Javier dile a tu amiga que se lave.

    -Y porque no le follas el culo, que lo tiene casi virgen. Y así no tiene que lavarse.

    -De verdad que puedo follarle el culo??? Se lo he propuesto miles de veces a mi novia y nunca me ha dejado!!!

    -Claro, porque el culo de las novias no se folla, solo las muy putas se dejan. Pero Rosa es una puta, así que estás de suerte.

    Aquellas palabras me dolieron y sé que a Rosa también, porque miraba a Javier con cara de odio y ahora una lágrima caía por su mejilla.

    Rosa resignada acomodo su cabeza entre las almohadas y ofreció sus nalgas al joven camarero, que por lo menos tuvo la delicadeza de lubricar un poco el culo de mi mujer antes de comenzar a follarlo.

    Estuvo follándole el culo durante un buen rato, pero mi mujer ni siquiera se quejaba solo aguantaba resignada, por fin parecía que se iba correr y que aquello iba a terminar.

    -Espera no te corras todavía!!! Lo cortó Javier.

    Vamos a hacer que Rosa se lleve un bonito recuerdo de este crucero, estoy seguro que le gustaría que la penetráramos los tres a la vez.

    A las órdenes de Javier, el camarero filipino se tumbó sobre la cama y Rosa se acomodó sobre él, tenía tan dilatado el coño que ahora la polla del filipino le entraba perfectamente. Su compañero, aunque con alguna dificultad consiguió penetrarle de nuevo por el culo y Javier le ofreció la polla para que Rosa la chupara, más bien se la introdujo a la fuerza en su boca.

    -Ves cariño… disfruta del momento!!! Tres pollas para ti sola y todas más grandes que la de tu marido!!! Ya le puedes decir al cornudo de tu marido que eres toda una puta.

    Javier ya había conseguido lo que se había propuesto, miró hacia el móvil y dejó a mi mujer. El camarero que estaba follándole el culo, que todavía no se había corrido se corrió dentro del culo de mi mujer y también se apartó.

    Solo quedaba el camarero filipino, que ya se había corrido una primera vez, mi mujer estaba tumbada sobre él. De repente se incorporó, pero en lugar de apartarse, siguió sobre él y comenzó a cabalgarlo.

    No podía creerlo… había tenido la oportunidad terminar con aquello, pero aquella polla la tenía abducida. Podía ver como aquel pene entraba y salía de su coño y como ella caía sobre aquella verga una y otra vez. Estaba toda sudada, su culo chorreaba semen y ella seguía y seguía, ahora gritando de placer.

    Javier y el otro camarero la verla, comenzaron a animarla.

    -Vamos Rosa cariño, métetela toda, tu puedes.

    -Disfruta puta, métetela hasta al final. Así se hace.

    -Vamos campeona, esa polla no le cabe a cualquiera.

    Rosa empezó a cabalgar más y más rápido, hasta que ambos se corrieron y Rosa cayó sobre la cama. Los dos estaban exhaustos y el coño de mi mujer había terminado lleno de leche por tercera vez aquel día.

    Los dos camareros se vistieron y se fueron, Rosa seguía sobre la cama inmóvil, mientras Javier se vestía para irse.

    -Ves cariño, no ha sido para tanto, sabía que te iba a gustar. Ahora ya eres toda una puta.

    Le dijo mientras cogía el dinero para irse.

    -Si ahora ya soy una puta, así que deja ahí ese dinero que es mío.

    Javier se sorprendió de la reacción de mi mujer. Pero asintió con la cabeza.

    -Es verdad es todo tuyo, te lo has ganado.

    En aquel momento me di cuenta que había embarcado con mi mujer, pero iba a desembarcar con una puta.

    Chicas si os ha gustado podéis escribir a: [email protected].

  • Mi marido no para de follarme. Felación

    Mi marido no para de follarme. Felación

    Mi marido no para de poseerme. Esta semana le noto más caliente, con más ganas de sexo si cabe, y eso es mucho decir. No paro de tener su polla en mi boca.

    A la menor ocasión, me planta todo su sexo en la cara, en primera plana y a mi aún hoy me impresiona. Su enorme polla, sus huevos hinchados. Todo su sexo perfectamente depilado. Su polla muy erecta deseosa de mi boca. Su capullo restregándose por mis labios, impaciente.

    Cuando estoy sentada en la mesa de la cocina, ya se ha convertido casi en costumbre. Mi cara queda a la altura de sus genitales y le veo pasar calzoncillos frente a mí, con la polla dura saliéndose por arriba del slip, asomando roja y brillante. Separa mi silla de la mesa, se baja el calzoncillo y me restriega toda la cara por su paquete, moviendo mi cabeza y su pelvis por igual. Yo tengo la boca medio abierta esperando el momento en que guíe su polla dentro de mi boca y empiezo a comérsela muy muy profundamente.

    Anteayer estaba él preparando la cena y me acerqué a la mesa de la cocina con la tablet a leer unos emails. Como es habitual, nada más me vio entrar, ya noté en su mirada que estaba cachondo.

    Tras empezar la comida de polla en la mesa, me cogió de la mano, me levantó y me llevó a la isla de la cocina.

    Con un gesto me indicó que me arrodillara en el suelo. Él fue a la nevera, sacó unas verduras, bajó un bol del armario, cogió otros utensilios y se plantó frente a mí. Colocó su polla medio erecta en mi boca y comenzó a pelar verdura, sirviéndose media copa de vino.

    Todo de forma muy natural. Él se movía unos metros si necesitaba coger algo de la nevera o de un cajón y al volver sobre sus pasos, sabía que mi boca caliente envolvería de nuevo su pollón y seguirá pajeándolo suavemente. Sabe que cuando se aleje, al volver me la meteré entera hasta la garganta para compensar los segundos que ha estado alejada de mi boca, para darle el calor que necesita y entonces él seguirá cocinando cada vez acelerando más la respiración, moviendo su cadera levemente, dejando de partir el tomate a dados, hasta que se concentra en mí, me mira desde arriba, apoyando sus dos manos en el banco de la cocina, respira hondo y baja sus dos manos ahora para cogerme la cabeza y embestirla contra su polla cuatro o cinco veces hasta que un ahogado gemido indica que su semen está saliendo de su polla directo a mi boca, mientras él sigue con sus dos manos rodeando casi por completo mi cabeza, ahora quieta.

    Vuelve a mirarme, sigue con su mirada de deseo, de excitación. Ojos medio cerrados, semblante serio y un poco de morritos. Saca un poco la polla de mi boca y con una mano sube y baja la piel para dejarla limpita y gozar los últimos segundos de placer. Yo le absorbo el capullo y se la dejo reluciente. Le miro para obtener su aprobación. Me levanta de un salto y me sube al banco de la cocina. Coge una servilleta y me la pasa por la boca. Me besa y me ofrece vino. He sido una buena esposa. La cena ya está casi lista. Se mete la polla como puede en el calzoncillo y vamos a la mesa.

  • Cogiéndome a Karina

    Cogiéndome a Karina

    Hola amigos como están, hoy les contaré una historia más con Karina, la compañera 10 años mayor que me cogí en la fábrica.

    Solo habían pasado dos días de aquella ocasión, Karina como lo conté andaba con el chofer, pero eso no impedía que cada que podía el acariciara las nalgas o nos besáramos apasionadamente, era una adrenalina que me encantaba.

    Por allá del 2007 no existía Whatsapp, ni Facebook, nos comunicábamos con Live Messenger o mensaje de texto normal, y así yo le escribía diciéndole que s eme antojaba una mamada de su boca, ella me respondía que le gustaría coger conmigo ya, fue entonces que entre mensaje y mensaje quedamos en vernos el sábado para coger, así literalmente.

    Llego el viernes la hora de salir ya justo cuando estaba por salir ella me tomo del brazo:

    K: ¿Me puedo ir contigo?

    T: ¿Y tu viejo?

    K: Va air a entregar, ¡quién sabe a qué hora regrese!

    T: ¡Pues vámonos!

    Íbamos caminando hacia el metro cuando salió la plática de lo acordado.

    T: ¿Entonces a qué hora te veo mañana?

    K: Uhm, pues a las 6, para que no legue noche a casa, ¡luego él va a verme!

    T: Jajá, ¡pobre como lo corneas!

    K: Ni modo, ¡él sabe cómo soy.

    La plática cada vez subía de tono, fue llegando a la última calle antes del metro, que la abracé por atrás y comencé a besarle el cuello, ¡mis manos bajaban a sus muslos y comencé a sobar su pucha por encima del pantalón!

    K: ¡Tyson!! ¿Qué haces?

    T: ¡Uhm, que rica concha!

    K: ¡Nos van a ver!

    T: Y que importa, ¿ya saben cómo eres no?

    Se dio la vuelta y nos besábamos apasionadamente, mis manos entraron como pudieron en su pantalón y comencé a apretar sus nalgas, le besaba el cuello, ella me mordía y trataba de chupetearme, la verdad nos pusimos cachondos.

    T: ¿Oye y si vamos de una vez?

    K: ¿En serio? ¡No te puedes esperar!

    T: La verdad no, además solo vamos a hacer eso, ¡qué importa si es hoy o mañana!

    K: Jajá, ¡me saliste cabron!, pues vamos!

    Subimos al metro y nos bajamos en la estación Coyuya para entrar al famosos “ROSEL” pedimos la habitación y subimos para darle rienda ¡nuestro deseo!

    Antes de empezar nos tomamos una cerveza, puse música de salsa y ella comenzó a desvestirse al ritmo de la música.

    Su ropa caía al suelo y mi verga más dura se ponía, comencé a desvestirme con desesperación, quería ya tenerla en la cama, ¡ella se tomaba su tiempo mientras empinaba se daba más a desear!

    T: ¡Te ves bien rica con tanga!

    K: ¡Cuando acabemos te la regalare!

    Subió a la cama y comenzamos a besarnos, le acariciaba sus tetas, le mordía el cuello, sus manos apretaban y masajeaban mi verga, al cual ya escupía fluidos.

    La acosté en la cama y baje mi lengua por sus tetas, su abdomen, hasta llegar a su cosita, la bese, ¡le mordí sus labios y luego metí mi lengua comenzándole a dar una rica mamada!

    ¡Llevaba mi lengua de su anoa su clítoris, le abría su concha y metía hasta ahogarme de sus fluidos, Karina se retorcía riquísimo, no sé qué tenía esa concha, pero me encantaba tenerla en mi boca!

    K: ¡Ah!! ¡Que rico papi!

    T: ¡Ahora si puedes gritar!

    Mis dedos ya hacían acto de presencia dentro de su concha, Karina se retorcía riquísimo, mi lengua se encargaba de su clítoris, lo apretaba con mis dientes y seguía metiéndole ahora tres dedos a máxima velocidad, sin más comenzó a venirse.

    K: ¡Uhm!!!

    Su orgasmo fue genial, la infiel gritaba y se retorcía, eso me puso más loco que sin decir más, le abrí las piernas y se la metí ¡hasta el fondo!

    K: ¡Ah!! ¡Así, métemela, que rico!

    T: Aquí la tienes, ¡uhm!

    K: ¡Mas, dame más papi, no pares!

    T: ¡Karina, uhm!!

    Que rico se sentía, mejor que aquella ocasión en el trabajo, me abrazaba con sus piernas, se movía en círculos que rico sentía estar dentro de su coño.

    Le levante las piernas y la embestía fuerte, me hacía un poco para atrás para empujarme con fuerza, hasta que sus nalgas chocaban en mi pelvis, ¡ella solo gemía y no paraba de gozar!

    K: ¡Que rico coges, uhm!

    T: ¡Súbete a cabalgar!

    Se al saque y me acomode en la cama, pero antes de subirse bajo a chuparme mi verga.

    La tomaba con sus dos manos y la devoraba riquísimo, mi cabecita era víctima de su hambre, luego como boa abría toda la boca y se metía lo máximo que el cabía, yo apretaba su cabeza, esa madama era ¡única!

    T: ¡Uf, así chiquita traga, uhm, que rico comes, uhm!

    K: ¡Me encanta tu grosor!

    T: Devóratela, uhm, ¡que boca más sabrosa!

    Ahora si, después de comer un poco su comida favorita, Karina subió a cabalgarme como ella sabe hacerlo.

    Primero se puso en cuclillas y comenzó a darse sentones de lujo, sus tetas rebotaban genial, yo acariciaba sus nalgas y apoyaba sus movimientos, ¡le encantaba estar así!

    Luego se movía riquísimo, de adelante para atrás, en círculos, movía riquísimo su cadera, me tenía gimiendo destrozando mi verga.

    T: Que rico, uhm, síguele, muévete rico, ¡que rico lo haces!

    K: ¿Te gusta?

    T: ¡Me encanta, que rico coges!

    Montada arriba de mi moviéndose sabroso, Karina tuvo su segundo orgasmo, yo estaba ya en las ultimas así que le pedí se pusiera de perrito.

    La tomé de las nalgas y se la metí sin perder tiempo, ¡me movía rápido tomándola de los hombros y empujándosela hasta el fondo!

    K: ¡No mames! ¡Qué rico coges, uhm, la tengo hasta el fondo!

    T: ¡Muévete nena, uhm, que rico!

    K: ¡Ah!! ¡Uhm, ah, no pares!

    T: ¡Te voy a llenar de leche!

    ¡Mis embestidas aumentaron la velocidad y fue en ese momento que ya no aguanté más y comencé a venirme dentro de su coño!

    T: ¡Ah!!! Que rico!!!

    K: ¡No mames!!! ¡Ah!!

    El orgasmo fue fenomenal, ambos quedamos pegados como perros, le besaba su espalda y le acariciaba las nalgas en lo que reposábamos.

    Una vez recuperado, cogimos hasta la madrugada, me vine una y otra vez, dentro, en sus tetas, en su boca, que rica tarde pase con ella.

    Esa fue la última vez que cogí con ella ya que comenzó a andar con un morrillo que traía bien pendejo, así que mejor me aleje, pero aún recuerdo lo rico que la pase con ella.

    Saludos.

    Tyson.

  • Nuestra primera salida a un bar swinger

    Nuestra primera salida a un bar swinger

    Hace ya 10 años, después de haber estado pensando en si nos animábamos a ir a un bar swinger, por fin tomamos valor y decidimos conocer y vivir la experiencia.

    Era un fin de semana como cualquier otro, Janeth comenzó a arreglarse a eso de las 8 pm, me preguntaba, que ropa se podría poner, me dio algunas opciones y por supuesto elegí su atuendo, era un vestido algo corto, permitía ver sus hermosas piernas y con un fuerte movimiento dejaba ver un poco de sus nalgas, se puso unos tacones que hacían ver sus piernas más torneadas.

    Eran aproximadamente las 11 de la noche cuando llegamos al bar, este de ubicaba en el centro, se llamaba el rincón de los fiesteros, entre nervios y sentimientos de todo tipo entramos, nos recibió el gerente del lugar y nos acomodó juntó a una pareja, nos preguntó que si era nuestra primera vez que visitábamos el lugar y dijo que la pareja con la que nos sentaría era muy agradable y la pasaríamos muy bien.

    Pedimos unas cervezas y comenzamos a charlar con la pareja, les contamos que era la primera vez que íbamos a este lugar y ellos dijeron que cada 15 o 22 días estaban ahí, se veía que hacían mucho ejercicio, cuerpo bien trabajado y la chica vestía muy sexy, nos dijeron que nos relajáramos que podíamos hacer lo que nosotros quisiéramos.

    Fue pasando el tiempo y fueron llegando más parejas, se veía que ya se conocían entre ellos, cuando acordamos ya estábamos bailando y de repente yo bailaba con una chava y Janeth bailando con un chico, todo iba bien y nosotros muy divertidos, las chicas se animaron y de subieron a una mesa especial con un tubo para bailar, tenía una vista increíble.

    Se podía ver un poco de las nalgas de Janeth y el chico con el que bailó estaba en primera fila junto a mi, tocando las piernas y nalgas de Janeth, me dispuse a hacer lo mismo, cuando se agachó aproveché y metí mi mano entre sus muslos y mis dedos se realizaron hasta su vagina la cual estaba empapada.

    Después de un rato nos regresamos a nuestra mesa y platicamos un poco de cómo la estábamos pasando, Janeth me dijo que estaba muy caliente, que el chico con el que bailó aprovechaba cada momento para acariciar su cuerpo y eso la puso muy caliente, la pareja con la que empezamos a platicar nos dijo que si queríamos conocer el cuarto oscuro, que había parejas, chicos y chicas ahí.

    Ya muy motivados por supuesto que fuimos a ver de qué se trataba, al entrar vimos muchas sombras, no se veía más que eso, pero se escuchaban gemidos, risas, susurros y claro la música de fondo.

    No pudimos caminar mucho, por qué había muchas personas, nos detuvimos y Janeth me dijo tómame por la cintura y no me sueltes, obedecí su indicación y me quedé así, no pasó ni un minuto cuando sentí que Janeth se movía, imaginé que se quería frotar contra mi, ella no decía nada, hasta que no aguanto más y escuché como se escapaban unos gemidos de su boca, escuchaba las pulseras que traía en su mano, baje mi mano por su abdomen y quise tocar su vagina, pero para mí sorpresa alguien tenía sus dedos dentro de su vagina, decidí dejarla disfrutar así que regrese a tomarla de la cintura y frotarme con sus nalgas.

    Cada vez la escuchaba más agitada y sus gemidos parecían gritos ahogados, como queriendo no hacerlo, hasta que seguramente no pudo más y parecía estar terminado ahí mismo, de pronto me dijo ya hay que salirnos de aquí, nos regresamos a la mesa pero yo estaba muy caliente ya quería coger, le dije a Janeth que si ya nos íbamos y me dijo que estaba bien, nos despedimos de todos.

    En cuanto nos subimos al carro y comencé a andar, abrió sus piernas y comenzó a masturbarse, me dijo que había sido delicioso, que en cuanto entramos al cuarto oscuro, se acercaron muchos chicos y sin poder decir nada, ya tenían sus pechos fuera tocándolos, besándolos y mordiéndolos, que sentía como varios metían sus dedos en su vagina, que tomaron sus manos para llevárselas a la verga de esos chicos, que los estuvo masturbando hasta que sintió como algunos terminaban en sus manos, dijo que había un chavo que tenía una verga enorme y que se acercó a su oído y le dijo que se la quería meter, pero estaba tan caliente que solo escuchar eso y sentir los dedos de él, la hizo terminar.

    En cuanto llegamos a casa, no hicimos más que coger y platicar lo que habíamos pasado, fue delicioso, me dijo que si se le había antojado mucho sentir esa verga enorme, que seguramente la abriría por completo, cogimos hasta quedarnos dormidos, desnudos en la cama, cuando desperté ella tenía un juguete en su vagina y seguía masturbándose, seguro recordando lo que vivió en la noche, así que l ayude hasta hacerla gritar de placer.

  • La dependienta de la carnicería

    La dependienta de la carnicería

    Lo que hoy vengo a relatar me pasó de una manera esperada, pero circunstancial y nunca me hubiera imaginado que fuera tan satisfactoria.

    Vivo en un barrio de un pueblo del centro de España donde todo el mundo aún se conoce de vista por lo menos. Las tiendas son muy familiares. La carnicería está regentada por dos primas de unos 45 años, una es… digamos que no es mi tipo de mujer y muy habladora, Susana, pero Chus es guapísima, de esas mujeres que te hacen girar en cuanto las ves, y también es muy extrovertida. Chus vive en la calle paralela a la mía y nuestros balcones se ven, yo vivo en un segundo piso y ella en un cuarto.

    Un día entre a comprar y estaban Chus y una clienta hablando del carácter de una vecina de mi bloque de pisos, diciendo lo mal educada y mal hablada que era.

    «Mira vive en la escalera de este chico, ¿Y cómo es en la escalera?» me preguntó nada más entrar a la tienda.

    Yo contesté que igual que en la calle, pero no quise hablar mucho del tema por si acaso mis palabras luego corrían de boca en boca por el barrio, no me gusta meterme en la vida de los demás. Cuando se fue la clienta, Chus me explicó que mi vecina siempre andaba desnuda por casa al igual que su marido, que ella lo veía cuando salía al balcón.

    «Pues a mí también me habrá visto, porque muchas veces voy desnudo por casa», Chus no dijo nada, pero su sonrisa delató que algún día me había visto.

    A los pocos días de esta conversación hubo una ola de calor muy importante en mí ciudad que duró bastantes días, El calor y la sensación de bochorno era increíble, no se podía ni aguantar.

    Fui a comprar la cena a la tienda de Chus, había un par de clientas que hablaban del calor y que no se podía dormir por las noches y una de ellas dijo que dormía en el balcón con un colchón. Esa noche era inaguantable no hacía más que dar vueltas en la cama, cuando me acordé del comentario de la señora de la tienda. Cogí un colchón y lo puse al lado del balcón, poniéndolo entre el salón y la terraza, y a dormir.

    Cuando desperté y eché un vistazo al cielo vi que Chus estaba en su balcón mirando hacia mi casa. Me desperté y fui a por mis quehaceres, a esas horas siempre voy corriendo ya. Las 3 o 4 siguientes noches fueron igual de calurosas y por lo tanto iba a dormir al balcón y al despertarme Chus estaba siempre allí observando, fumándose un cigarro. Como cada día me despertaba a horas diferentes por culpa del calor me di cuenta que ella se levantaba de la cama a las 6.30 de la mañana.

    El calor fue disminuyendo y por consiguiente ya no tenía la necesidad de ir a dormir al balcón. Pero lo que sí que me gustaba era ir a comprar cada tarde la cena a la tienda cuando estaba Chus, por el morbo de averiguar si se atrevía a decirme algo de mi desnudez. Siempre que iba a la tienda tenía clientas y así era casi imposible que me dijera algo por lo que tenía que iniciar yo alguna conversación que nos llevara al tema.

    «Menos mal que ya no hace tanto calor»

    «Pues no, la verdad es que parece que se respire mejor» dijo una clienta.

    «Y por las noches pasa un poco de fresco» afirmó otra clienta.

    «Desde luego, la pasada semana cuando salía al balcón por las mañanas siempre veía a alguien durmiendo cerca del balcón y ahora ya no» confesó Chus. En ese momento me entró una excitación por el cuerpo que lo primero que reaccionó fue mi miembro que empezó a subir como si tuviera un muelle.

    «¿Espías a los vecinos, Chus?»

    «Por supuesto que no. Es que me alegra el día ver otras carnes y no siempre las de mi marido». Aquellas palabras hacían que mi miembro siguiera aumentando el tamaño y apretando mi pantalón, subí a casa y fui directamente al baño a masturbarme pensando en Chus.

    A la mañana siguiente puse mi despertador a las 6 h. para preparar el escenario para cuando saliera Chus al balcón. Puse el colchón en la puerta y un espejo puesto de tal manera que viera a Chus sin que ella pudiera ver que la estaba vigilando cada uno de sus movimientos y reacciones y me tumbé a esperar a que saliera.

    El tiempo de espera fue excitante y mi miembro fue adquiriendo unas dimensiones que me iban muy bien para mi propósito de que Chus pensara que era la «Excitación mañanera». Cuando vi que la luz de la cocina de Chus se encendía me puse de lado para que no viera directamente mi extremidad, quería que corriera su imaginación, y en ese momento apareció. Solo verme apoyó sus brazos sobre la barandilla del balcón como si fuera a pasar un rato allí. Chus llevaba un camisón de tirantes que le llegaba por encima de las rodillas y el pelo despeinado.

    Yo me giré para que pudiera ver todo el esplendor del tema, Chus se movió un poco para tener mejor vista, mis manos empezaron a recorrer mi cuerpo lentamente hasta encontrar mi barra de hierro la cual agarré y empecé a masturbarme. Yo miraba la miraba a través del espejo, cruzó las piernas, las movía como si tuviera algo entre ellas y sus manos buscaban sus pechos. Yo seguía con mi vaivén lento, pero seguro, entonces vi como Chus se introducía una de sus manos por debajo el camisón buscando un pezón, el cual pellizco tanto que el tirante del camisón se le cayó por el brazo dejando ver una de sus tetas, eso me excitaba aún más y mi mente empezó a lamerlas con desesperación, mi mano acelero el compás de la masturbación, mi excitación era tan elevada que me corrí mientras miraba a Chus por el espejo, esparcí toda la leche por encima de mi estómago y luego con mí mano la repartí por mi pecho como si fuera una pomada.

    Dejé pasar un minuto y me levanté, ella seguía allí, pero esta vez sí que nos cruzamos las miradas directamente, Chus sin ningún pudor me levantó la mano como dándome los buenos días, yo respondí con el mismo gesto y una sonrisa.

    Esa misma tarde, a última hora, fui a comprar y no había nadie en la tienda.

    «Hoy vuelve a hacer calor». Me dijo.

    «Pues yo no lo noto».

    «Pues debo ser yo, pero desde esta mañana estoy ardiendo, como si tuviera fuego en el cuerpo».

    «Ha probado a ducharse, a veces…»

    «Esto no se arregla con una ducha, Carlos, necesito algo más duro»

    Pasados unos días de mi conversación, empezaron las vacaciones con lo cual mi pequeña historia con la tendera pensaba que ahí terminaría.

    Era agosto cuando una tarde pasé por la tienda y vi que la carnicería estaba abierta, miré en su interior y vi que estaba Chus completamente sola.

    «Hola, ¿No ha hecho vacaciones?»

    «No, hemos tenido un problema y no nos hemos ido, y para estar en casa aburrida prefiero abrir, que así me distraigo»

    «¿Tan grave es el problema, si puedo ayudar en algo?»

    «Gracias. Pero es que han ingresado a mi suegra y mi marido se pasa el día en el hospital, no es nada grave, pero ya nos ha fastidiado las vacaciones». «No se puede llegar a vieja, créeme»

    «No lo dirá por usted, que cada día la encuentro más joven»

    «Ay si yo te contara», ¿Y tú ya has acabado las vacaciones?»

    «No, yo siempre o nunca, estoy de vacaciones porque trabajar en casa es lo que tiene».

    «Y usted, ¿Cómo se encuentra de esos calores que tenía?»

    «Hasta hoy mejor, pero me parece que hoy va a volver a apretar el calor».

    Ya os podéis imaginar como tenía el cuerpo y mi imaginación con esta indirecta, Chus esperaba otro show, estaba claro, ¿Pero que podía ocurrir?, no podía permitir que esto se supiese por el vecindario.

    Al día siguiente por la mañana fui a sacar al perro y al regresar vi que la tienda estaba cerrada, subí a casa y me desnude para darme una ducha, al pasar por la ventana del comedor vi que Chus estaba recogiendo la ropa tendida y levante la mano para saludarla, no me podía ver completamente por que la ventana me llega por encima de mi cintura, ella correspondió a mi saludo con una sonrisa. Después de ducharme me preparé un poco de comida y me puse a comer en la mesa mientras miraba el móvil. Oí un ruido y levanté la mirada y no vi nada, pero antes de volver a mirar el móvil, mis ojos se dirigieron al balcón de Chus, estaba comiendo sola sentada de tal forma que podía ver al completo sus piernas, llevaba puesto un bañador completo con tirantes que dejaban al aire sus hombros, su espalda y le formaba un canalillo entre sus pechos que ya le gustaría a más de una veinteañera.

    Ella vio como la miraba y se abrió sus piernas, yo que tan solo llevaba la toalla del baño en la cintura como si fuese un pareo note como empezaba a desarrollarse y se abría paso por la toalla. Chus empezó a abrir y cerrar las piernas hasta que el bañador dejó al descubierto parte de su sexo, deslicé mi mano por debajo de la mesa hasta encontrar mi tridente y empecé a masturbarme. La vecina vio el movimiento de mi brazo y enseguida supo lo que estaba pasando debajo de la mesa. Su mano también se deslizó a su entrepierna y levantando un poco la entrepierna del bañador se introdujo un dedo en su rosada vagina, ella no apartaba su mirada de mí mientras con la otra mano se introducía piezas de fruta en la boca sensualmente.

    Mis testículos estaban al límite y sin mirar que nadie más que ella me pudiera ver me levante y descargue toda mi leche por el suelo. Observe que Chus aún no se había corrido y pensé en hacer algo para que ella también gozara lo mismo que yo. Fui a la nevera y cogí unos fresones que guardaba para la noche y empecé a comérmelos sensualmente, sus dedos entraban y salían de ella a una velocidad increíble cuando de pronto se detuvieron y su cuerpo cayó encima de la mesa. Nos quedamos los dos mirándonos como agradeciéndoles el mutuo placer.

    El domingo me desperté casi a las 4 de la tarde después de haber trasnochado el sábado. Las ojeras me llegaban al suelo y la resaca hacía de las suyas en mi cuerpo, la verdad es que no estaba para nada ni nadie. Me acerqué a la ventana para ver qué día hacía, el sol era radiante y en el balcón de mi vecina estaban ella, su marido, su hijo y su nuera comiendo. Así que me fui a duchar y después me senté en una tumbona hasta que se me pasara la resaca.

    De vez en cuando echaba un vistazo a mis vecinos y en uno de estos vi cómo se despedían el hijo y el marido de Chus, supuse que se iban a ver a la abuela, pero la nuera se quedaba con ella. Después de acabarse el café recogieron la mesa y la apartaron del balcón y las dos se sentaron en unas sillas de esas de playa a tomar el sol. Chus llevaba el mismo bañador que el día anterior y su nuera un bikini de color… rosita

    Las veía que hablaban, pero Chus me miraba de vez en cuando, y cuando lo hacía yo me apartaba un poco la toalla para que viera que no llevaba nada debajo, ella por su parte se quitó los tirantes y se bajó el bañador dejando parte de sus pechos al descubierto, pero sin que se le viera nada. Entonces me levanté y como el que no quiere la cosa hice que la toalla se me cayera dejando todos mis atributos al aire, recogí la toalla y fui a la nevera a buscar en bote de nata.

    Regresé a mi tumbona y deje el bote de manera que Chus pudiera verlo. Cuando fijo su mirada en él lo cogí y levantando la toalla sin que ella pudiera ver nada llene mi falo de nata, estaba fría y mi instrumento se levantó haciendo una tienda de campaña con la toalla, cuando volvió a mirar aparte la toalla para que viera donde estaba la nata y recogiendo un poco con un dedo me lo lleve a la boca.

    Creo que mi vecina ya estaba bastante caliente por la situación, se levantó y se fue, a los pocos minutos regresó y quedándose de pie delante de su nuera, vi como empezaba a gesticular con los brazos hasta que se le cayó el bañador dejando ahora sí, ver sus hermosísimas tetas con sus rosadas aureolas y sus hinchados pezones. Su nuera ni se inmutó y Chus no hizo ni el menor gesto para subirse el bañador, se sentó en la silla como si no se diera cuenta de que sus tetas estaban también tomando el sol. Al rato Chus se giró hacia su nuera y mientras hablaba con ella le desabrocho el bikini para luego quitárselo, tenía unas tetas pequeñas y puntiagudas.

    Eso me puso aún más caliente, la nata se deshacía por las altas temperaturas que desprendían mi polla y mis huevos así que cuando Chus volvió a mirar me quité la toalla y volví a ponerme un buen chorro de nata. Se incorporó y cogiendo a su nuera de la mano le indicó donde tenía que mirar, yo me cubrí rápidamente, ellas se reían, al ver que me tapaba Chus cogió uno de sus pechos y lo beso. Estaba claro, Chus y su nuera querían que me masturbara para las dos.

    Mi mano subía y bajaba por mi miembro suavemente, mientras mi otra mano recorría mi cuerpo y pellizcando mis pezones, mis piernas totalmente abiertas dejaban ver todo. Mientras ellas me miraban, yo no podía más, mi mano iba cogiendo cada vez más velocidad hasta que me corrí tirando toda la leche con tanta fuerza que hasta me salpico en la cara, quedé exhausto viendo como las dos damas se reían viendo como yo me había corrido.

    A los pocos días entré a comprar, Chus estaba acabando de servir a una clienta y no decía nada estaba absorta en su trabajo.

    «¿Ya se encuentra mejor, Sra. Chus?»

    «No, hijo, no. Cada vez es peor, me entran unos calores que no sé qué hacer».

    En ese momento la clienta se fue y nos quedamos solos.

    «Tendremos que ponerle solución a este problema”, la dije.

    «Ya lo sé, hijo. Pero me preocupa más el remedio que la enfermedad, en este caso».

    «¿Por qué?”.

    «¿Y si me gusta?, ¿Qué pasará?».

    «Gustarle, seguro que le gusta. Y no sé lo que puede pasar, ya veremos, todo tiene solución».

    Pagué y al darle el dinero rozamos nuestras manos yo la miraba a los ojos y vi como soltaba un suspiro con el contacto de nuestras manos.

    A finales de septiembre son las fiestas de mi barrio y ahí tenía una ocasión inmejorable para que nuestros cuerpos se pudieran arrimar en algún baile. Pero esto ya os lo contaré en otro momento o dejo que vuestra imaginación fluya y adivine que pasó.

    Muchas gracias por leerme y espero que me valoren o comenten.

  • Fóllame cariño, métemela hasta el fondo

    Fóllame cariño, métemela hasta el fondo

    No era la primera vez que le había visto mirarme en el autobús,  sabía que ya me había dibujado entera y siete meses después, dos veces al día era mucho tiempo para que no supiera de memoria mis medidas, me había visto con prácticamente todo mi vestuario, habíamos pasado del invierno a la primavera y ahora le tocaba al verano, no negaré que al principio me asusté e incluso estuve tentada de decírselo a mi marido, pero era un chico joven, muy joven y en cierto modo me sentía halagada.

    Hace ya tiempo mi marido, me convenció de ir en autobús al trabajo en vez de coger el coche y ya hace más de un mes salgo corriendo de casa o del trabajo para no perder ese autobús, algo me impulsa hacerlo, no sé quizás me gusta que me mire, que se siente a mi lado y que sus ojos se paren en mi escote observando y adivinando como será mi sujetador o si mis pezones son grandes o pequeños, me encanta verle mirar mis piernas, subir hasta mis caderas pasando por mis muslos y entreteniéndose en mi sexo, intentando adivinar si llevo bragas o tanga, si son de encaje o no, si son negras, blancas o de cualquier otro color.

    Soy una mujer de 50 años y que un chico joven se fije en mí me agrada, me encanta y hace sentirme joven otra vez como cuando mis amigas y yo teníamos que apartar a los chicos para poder pasar, soy una mujer guapa y creo que sigo teniendo un bonito cuerpo, pero no quiero engañar a nadie, tengo los años que tengo y estas niñas que van junto a nosotros en el autobús son bastante más guapas que yo, con sus bonitos pechos redondos, duros y turgentes, con esas caderas bien definidas, con esa piel estirada y sin embargo él, se fijaba en mí y eso me seducía.

    El tiempo pasa y yo cada vez me arreglo más para estar más guapa, el verano ha hecho acto de presencia y la ropa que llevo es cada vez más sugerente, cada vez tiene que adivinar menos cuando me mira, hoy es lunes y no le he visto ni al ir ni al volver del trabajo, el resto de la semana lo paso buscándole entre la gente, en la parada en la que él se suele subir, pero no le veo, ese fin de semana algo me pasa, estoy triste, distraída no hago caso a mi marido aunque él a mi hace tiempo que me olvido como mujer.

    Por la noche sueño con él, con aquel joven y el tanga se me llega a humedecer, mi vagina se llena de flujo y necesito que alguien alivie mi quemazón, mi marido está junto a mí en la cama, le seduzco, casi obligándole a que me folle y casi dos minutos más tarde pienso que no ha sido una buena idea, no ha servido de nada, ya no es tampoco ningún jovencito, le quiero mucho, pero como amante nunca fue su fuerte, entrar y salir sin ningún tipo de juego preliminar y ya se corría, dándose la vuelta resoplando y durmiéndose, esa había sido mi vida sexual con él.

    La semana empieza igual, de lunes a jueves él no está y cuando había perdido toda esperanza de volvérmelo a ver el viernes aparece, mi cuerpo experimenta una felicidad inusual, parezco una adolescente con todas las hormonas revolucionadas, se sienta a mi lado y me saluda con un simple. “Hola, ¿cómo estás?”, es la primera vez que hablamos, tiene una voz dulce, el olor de su perfume me embriaga, lleva un pantalón corto y una camiseta, una carpeta azul y un paraguas porque anunciaban fuertes lluvias para hoy, en trayecto no paramos de hablar, tiene 22 años, estudia periodismo por las mañanas y trabaja de becario por las tardes, llega su parada y con una amplia sonrisa me despido, él se me queda mirando, me sonríe y se despide con un hasta luego.

    Hasta luego, esas dos palabras más su sonrisa me persiguen todo el día, mirando como una colegiala las manillas del reloj solo pensando en la hora de salir del trabajo y volver a casa y… ya es la hora, ya son las siete y salgo corriendo para no perder el autobús, sonriendo casi riendo como una niña tonta, hace calor, pero el cielo tiene un color plomizo, ha estado llovido todo el día y ahora parece que va a descargar bastante agua, las primeras gotas empiezan a caer cuando me doy cuenta del olvido del paraguas en la oficina, me niego a volver y empiezo a correr hasta la parada del autobús para resguardarme de las primeras gotas que mojan mi blusa blanca y mi falda verde oscura, una falda corta por encima de las rodillas.

    Ya en el autobús son solo dos paradas y pongo mi bolso en el asiento de al lado como guardando el sitio y cuando le veo entrar no sé por qué me levanto y le llamo para que se acercara, su mirada se clavó en mí desde un principio como extrañado, pero enseguida la conversación fluyo y mi pequeño desliz de un deseo se ocultó tras las primeras palabras.

    Fuera, cada vez llueve más y con más intensidad, parece que se ha hecho de noche en un momento, la gente corre a resguardarse de la lluvia y pienso en alto como voy a llegar a casa de empapada, Luis que así se llama mi joven admirador me ofrece su paraguas, es más me ofrece acompañarme y no lo puedo permitir, pero está convencido de ello, llega su parada y no baja, llega la mía y los dos salimos al amparo de su paraguas.

    Un paraguas demasiado pequeño para los dos, un paraguas que para no mojarnos teníamos que estar muy juntos, tanto que paso su mano por encima de mi cuello para que no me mojase, un paraguas tan pequeño que le tuve que abrazar y apoyar mi cabeza sobre su pecho para no mojarnos, al principio nuestro andar era rápido, de mi casa a la parada tan solo había tres calles, pero llovía con tanta intensidad que sus esfuerzos por que no me mojara fueron en balde, en la segunda calle ya íbamos calados hasta los huesos y empezamos a pasear riéndonos ante aquel torrente de agua.

    Ya solo tenía que cruzar la calle para entrar en el portal de mi casa, pero algo nos impedía separarnos, a la vez que nos acercábamos más al portal, más despacio íbamos y antes de llegar a mi casa, justo antes, casi frente a mi portal hay un pequeño callejón estrecho y oscuro con una pequeña cornisa y allí me pare con él para despedirme con un beso en la mejilla hasta el lunes, Luis se dio la vuelta y empezó a desandar el camino y yo le miraba al resguardo de aquella pequeña cornisa cuando le vi pararse y darse la vuelta.

    Me empezó a mirar de arriba abajo, estaba calada, la blusa blanca pegada en mi cuerpo transparentándose el sujetador de encaje, mi falda pegada a mis muslos y el pelo totalmente mojado caía sobre mi espalda, mi cara llena de gotas de lluvia mirándole con deseo, un deseo irrefrenable y nerviosa pensando en lo que deseaba le veo cerrar su paraguas, su camiseta completamente mojada y pegada a su cuerpo, dejando ver la fortaleza de sus músculos, la lluvia le cae por la cara y allí parado me mira fijamente.

    Con paso firme se acerca a mí y sin mediar palabra me coge de la cintura abrazándome y besándome, a ninguno de sus movimientos me opuse, todo lo contrario, mis brazos rodearon su cuerpo deslizando mis manos por su espalda mojada, todo fue muy rápido me apretó contra la pared apretando mis pechos con sus manos deslizándose hacia abajo y subiendo mi falda, era mucha tensión sexual la que había en ese estrecho callejón, demasiada.

    Nuestros cuerpos se juntaban y nuestros sexos se buscaban, rozaba su pene contra mi vulva por encima de mi braga, sentía como mi vagina se había empapado de flujo y nuestras lenguas no paraban de bailar dentro de mi boca, mis manos acariciando su pelo y sus manos por debajo de mi falda agarrando mis bragas y tirando de ellas hacia abajo dejándolas un poco antes de las rodillas y bajándose los pantalones se sacó su pene y guiándola la metió en mi vagina de un solo empujón, la lluvia amortigua el grito de placer que sale en ese momento del callejón.

    Mi braga cae al suelo mojado, quitándomelas con los pies y quedándose en un tobillo enganchadas, le abría más mis piernas para que pudiera entrar mejor dentro de mí, subiendo una pierna y apoyándola en un cubo que había en el suelo, sus empujones eran fuertes lanzándome hacia arriba y ahogando mis gritos con una de mis manos, aquel joven me estaba follando bajo la lluvia, llenaba con su pene una y otra vez mi vagina.

    La lluvia seguía cayendo sobre nosotros, ya no estábamos en aquella cornisa, habíamos rodado más al interior de callejón amparándonos en su oscuridad, pero incluso desde allí podía ver las luces encendidas de mi casa y me parecía ver a mi marido pasear por la cocina, la lluvia caía sobre mí, llenando mi cara de gotas y estas corrían por mis pechos como en una carrera, ya que Luis me había desabrochado la blusa y subido mi sujetador para poder lamer mis pechos.

    Luis sacó su pene de mi vagina y me dio la vuelta, apoyada con mis manos sobre la pared, mi culo en pompa, mi espalda casi horizontal al suelo, Luis subió la falda por encima de cintura y nuevamente buscando mi vagina por detrás, con su pene acariciando mis labios, bajando por ellos como si fueran raíles empezó a penetrarme ahora con más suavidad, agarro mis pechos que bailaban al son de los empujones y de los gritos que estaba profiriendo.

    Cada vez más rápido y con más fuerza, aquel joven llevaba follándome más de diez minutos, la verdad que había perdido la noción del tiempo, solo sabía el placer indescriptible que me estaba dando, un placer olvidado y que mi marido nunca me supo dar.

    Luis me tenía que bien sujetar por mis caderas con una mano abrazando mi cintura, acariciando rápido y fuerte mi clítoris mientras metía y sacaba su pene de mi interior, una quemazón en el vientre, un no sé qué y espasmos en las piernas hacían que mi vagina se inundara de flujo, saliendo y resbalando por mis muslos, un orgasmo delicioso recorría mi cuerpo, los gritos parecían haber ahuyentado a la lluvia que había cesado.

    Luis con fuerza empotrándome contra la pared, metía y sacaba su pene de mi vagina a la vez que me preguntaba mi nombre una y otra vez, la metía tan dentro que mi orgasmo se prolongaba hasta que empezó a correrse en mi interior, eyaculando en mi vagina, sentía sus chorros calientes golpearme, navegar con mis fluidos a la vez que daba pequeños gritos y gruñidos en mi oído mientras apretaba mis pechos.

    Poco a poco se separaba de mí, sacándomela y dejando que me vistiera, no habíamos cruzado palabra alguna y seguíamos sin hacerlo, hasta que salimos del callejón y el cielo parecía darnos la bienvenida cuando denuedo empezó a darnos su luz, la gente empezaba a salir de sus casas, volvía la vida a las calles.

    Con un beso en la mejilla me despedía hasta el lunes, Luis cogía un taxi y le veía partir, entonces miraba las ventanas de mi casa con tristeza y remordimientos, subía las escaleras y abría la puerta, Pedro me esperaba nervioso, inquieto paseando de un lado a otro y sin hola, ni un beso me soltó.

    -Qué hay de cena

    En ese momento se me quitaron los pocos remordimientos que podría tener por haberle convertido en un cornudo, a pesar de estar empapada, en la ducha el jabón no tocó mi vagina y en la cama por la noche metía mis dedos para luego olerlos y chuparlos, quería tener su aroma dentro de mí.

    El lunes en cuento le vi le hice bajar del autobús a medio camino, ese día lo había cogido de asuntos propios y en un hotel del centro, al resguardo de las miradas indiscretas de la gente, en la habitación del hotel, nos íbamos desnudando.

    -Fóllame cariño, métemela hasta el fondo todo el día, haz con mi cuerpo lo que quieras, pero fóllame y dame placer, por cierto me llama Lara y soy tuya.

    La tarde llegaba a su fin y seguía cabalgando sobre aquel pene que me había despertado del letargo sexual, ahora Luis tiene 27 años y de momento me sigue follando en la misma habitación de hotel todos los lunes, algunos martes, puede que también los miércoles y quizás los jueves y los viernes.