Autor: admin

  • La inicié en el cuckold y ahora no piensa en otra cosa

    La inicié en el cuckold y ahora no piensa en otra cosa

    Unos días después del primer trio con Joaquín, mi mujer estaba muy excitada y no dejaba de hablar de hacer un nuevo encuentro, habíamos charlado que, ya que eran muchas las propuestas de tipos, no valía la pena repetir con nadie, salvo que haya sido algo deslumbrante, cosa que a mi no me entusiasmaba, tampoco era cuestión que se caliente con algún macho y me termine dejando, yo sabía que me amaba pero no quería arriesgarme demasiado.

    A los dos nos parecía y sobre todo a ella, mucho mejor cambiar la monta cada vez, en la variación está el gusto.

    Un tipo que le llamó la atención, aunque estaba por encima del rango de edad inicial, fue Antonio un señor de 48 años, muy pintón por lo que se veía en sus fotos, y por lo que mostraba, estaba más que bien dotado, Lau le había agarrado el gustito a sentir una verga grande, y esta era de las que más llamaron su atención.

    Antonio decía tener una pija de 20 x 5 y eso estaba más que bien, sé que hay cosas más grosas, pero yo tenía muchas ganas de ver como alguien le hacía la cola y eso ya era suficiente, ella no estaba muy decidida a entregar el culito a cualquiera pero ya íbamos a ver como la convencía.

    Este hombre parecía tener más experiencia en el tema que el chico anterior, y eso también le entusiasmó a Laura que parecía más lanzada y decidida, evidentemente dar el paso inicial la liberó de algunos prejuicios y se mostraba mucho más interesada en hacerme cornudo.

    Antonio en las charlas previas, nos comentó que le excitaba mucho cogerse a la mujer de otro, eso tenía para él un condimento especial, y que si no nos molestaba le gustaba hablar durante el encuentro haciendo hincapié en los cuernos que el marido de turno se estaba comiendo, el de turno en este caso era yo.

    Lauri me confesó que eso le parecía divertido y quería jugar un poco con eso, yo imaginaba que el tipo iba a humillarme verbalmente mientras se cogia a mi mujer, y la verdad, debo decir que parte de mi placer radicaba en sentirme de esa manera, no lo puedo negar.

    Supongo que en todo hombre cornudo que disfruta como se garchan a su mujer, hay una alta cuota de masoquismo.

    Así que sin pensarlo demasiado combinamos un encuentro con Antonio, debido a lo charlado y habiéndolo visto en un par de video llamadas, decidimos decirle que venga directo a casa, a tomar algo y que si todo estaba bien, sobre todo para ella, la cama estaría muy cerca.

    Este hombre apuesto vino un viernes a la noche y nos sentamos a hablar y tomar una copita para entonarnos un poco en el sillón del living, después de un rato de charla, nos miramos con mi mujer y ella me hizo un gesto con los ojos que significaba que quería irse a la cama con este tipo.

    Antonio era muy seductor y se lo veía muy seguro de sí mismo, hasta se tomó la libertad de plantear que prefería que yo solo mire y no tenga ningún tipo de contacto físico con Laura mientras ellos estaban en la cama.

    Antes que yo conteste a ese requisito, mi mujer lo aceptó de inmediato, entonces en ese momento dije que tenía que pasar al toillete para darles el espacio que supuse necesitaban, y como en la cita anterior con Joaquín, cuando volví se estaban besando apasionadamente, esta vez Lau tenía un vestido ajustado con un cierre en la espada que ya Antonio estaba bajando cuando volví al living.

    Me quedé parado en la entrada viendo como en segundos mi mujer quedaba totalmente desnuda, ya que no tenía ni tanga ni corpiño debajo del vestido, y Antonio le comía literalmente sus hermosos pechos y pezones duritos que eran una tentación para cualquiera, en un movimiento muy rápido la puso con las piernas abiertas sobre sus hombros, se bajó el mismo los pantalones, tampoco tenía su ropa interior, por lo que quedó a la vista la estupenda verga que mi mujer se iba a comer entera, y ya estaba a punto de cogerla cuando dirigiéndose a mi, dijo

    -¿querés ver cómo me cojo a tu mujer?

    -si cógetela, es toda tuya esta noche

    -ahora vas a ver cómo te hacemos cornudo, te la voy a coger bien cogida

    El tipo era un lanzado y mi mujer estaba embelesada con la situación, y el tipo siguió.

    -a ver nena, abrí bien las piernas, y levantalas así el cornudo ve bien como te hago el orto.

    -no Antonio por favor no, así no, me va a doler.

    Entonces yo intervine y le dije a Lau…

    -date vuelta y ponete en cuatro así te abrís bien

    Laura casi lloriqueando y un poco arrepentida me dijo…

    -no papi, ¿por qué me haces hacer esto? No, por favor mi vida.

    -vamos amor, si a vos te gusta, dale el gusto, danos el gusto a los dos, quiero ver cómo te hace el orto

    En ese instante ella fue como que se resignó, se puso como una perrita, arqueó la espalda un poco y paró bien la colita que se le abrió increíblemente, entonces Antonio dijo:

    -tenés un culo hermoso nena, mereces una buena verga adentro, como te voy a gozar, mira cornudo, mira bien como me la cojo a tu mujercita.

    El tipo resultó medio bruto, pero mi mujer necesitaba un tipo así decidido, sino nadie iba a hacerle el culo delante de mí.

    Ya la tenía en posición para hacerle el culo, y yo le dije…

    -vamos nena, tócate la conchita, pajeate vos amor mientras te hace la cola.

    Entonces ella se puso a manosear el clítoris mientras Antonio se la empezó a culear, ni bien se la apoyó en su agujerito, Laura me miró y me dijo…

    -por favor, no me hagas hacer esto, por favor mi amor

    -vamos mami, hacelo por mi nena, entregate

    -por favor papi, por Dios no dejes que me lo haga, me duele amor, nooo, ohh maldito, noo, no seas malo.

    Antonio ya no la dejo hablar más, empezó a empujar y lentamente fue entrando muy de a poco, ella me miraba con cara de no puedo, comenzó a lloriquear, la vi aferrarse muy fuerte de la manta que había sobre el sillón, buscó una mano mía para apretarla, como si eso la ayudara a sentir menos dolor, no se quejó más porque ya no podía ni hablar, juro que sufrí con ella, me dolió a mí verla así, me acerqué y la acaricié el cabello para que se afloje, y de a poco se relajó, logró dilatarse, y empezó a disfrutar un poco, el masturbarse la ayudo mucho y en ese instante él le dijo…

    -vamos mami, mostrale a tu marido que puta sos, vamos linda ya está ya la tenés casi toda adentro, un poquito más, aguantala, tenés un orto hermoso.

    Gimió por la paja que se estaba haciendo y al relajarse Antonio logró metérsela toda, se la dejó adentro un poco sin moverse mucho, se quedó quieto casi del todo, disfrutó un instante tenerla clavada, y apenas se movía, la tenía demasiado grande para su culito y se apiadó de ella, se la sacó y fuimos al dormitorio donde la puso boca arriba, le separó las piernas, le chupo la conchita un rato y luego se la cogió mientras me decía…

    -Mirá como me garcho a tu hembra después de que le rompí el culo, te gusta verla coger con otro, ¿no cornudo? Te gusta verla gozar con otro, y verla bien cogida, que puta es.

    -ay mi amor que pija tiene este hombre, como me coge, es increíble, estoy por acabar mi vida.

    El tipo se puso un poco intenso, pero a mi mujer le gustó, pensé que se iba a espantar, pero estaba contenta, nunca la había visto tan excitada, después de darle un ratito por la vagina, la hizo sentar en el borde de la cama y él se paró frente a ella y poniéndole la pija en la boca, le dijo…

    -toma, ahora chupamela bien mirando al cornudo de tu marido, mostrale como te gusta chupar una buena verga, hasta que me salte la leche

    -nooo, pero no la quiero tragar, tírala en mi cara.

    Entonces él le agarró los dos botoncitos que tiene de pezones y se los estiró un poco apretándoselos levemente y ella se metió todo lo que pudo esa chota en la boca, hasta que él le dijo que le iba a tirar la leche, él sacó la pija y se pajeo muy cerca de su boca, ella la abrió y sacó la lengua para recibir el esperma de este tipo, y empezó a tirar chorros muy espesos de semen sobre la lengua de Lau, nunca la había visto ser tan puta con alguien como esa vez.

    -mira como disfruta mi leche, mirá qué linda putita tenés de mujer, cornudo

    Luego nos pidió disculpas por si se había excedido en su forma de hablar, pero entendimos que era un juego y como tal lo aceptamos.

    Lau quedó chocha con lo sucedido y contrariamente a lo que yo esperaba, estaba feliz con todo lo que había hecho, cada vez está más guarra y cerdita y a mi cada día me da más placer verla cogiendo con otros.

    Cuando nos quedamos solos, hablamos sobre lo sucedido, yo pensé que iba a estar avergonzada pero no, por el contrario estaba feliz y excitada, hasta quiso chuparme el pene a mi y hacerme acabar, yo tuve una erección por un rato pero pese al esfuerzo de mi mujer por darme placer, yo no pude acabar y mi pija comenzó a bajarse, Yo le dije que no se preocupe, yo era feliz viéndola a ella gozar y eso era para mi más que suficiente, sé que no la convencía del todo, pero de alguna manera había recuperado su deseo sexual y eso nos tenía contentos.

    Luego me dijo que la actitud arrolladora de Antonio y mi insistencia para que se deje sodomizar, al principio le molestó un poco, pero después le gustó y la fantasía de que la obliguemos a hacerlo la excitó muchísimo.

    Le gusto que nos haya humillado verbalmente a ambos y me pidió otro hombre que guste de la misma fantasía, pero quería que esta vez la hicieran sentir más puta y a mi más cornudo, alguien que prácticamente nos insulte, alguien que busque una pareja de sumisos.

    Con tal de darle el gusto a ella, yo estaba dispuesto a lo que sea, así que le dije que me ocuparía de conseguir alguien que busque eso.

    Y no tardó en aparecer el candidato, pero eso se los contaré en el próximo relato.

    Esto sigue y se pone cada vez más intenso.

    He creado un monstruo, jaja.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • La letrada

    La letrada

    Distaba mucho la imagen de Marta ahora de la de hacía apenas cinco horas.   A las doce de la mañana su actitud altiva de mujer poderosa acaparaba la atenta mirada de los presentes en aquella sala número 3 del juzgado. Había elegido un discreto conjunto de falda de tubo gris perla con una camisa de Chanel blanca de seda.

    Aquella ropa realzaba su esbelta figura, más aún sobre los diez centímetros de tacón de sus sandalias de Blanik. Su melena recogida en una cola permitía ver su delicada belleza. Las gafas le daban un aire de inteligencia interesante. Sus pómulos, apenas maquillados, tan solo se insinuaban. No así sus carnosos labios pintados de rojo sangre, en lo que era su única concesión estética a su ego. En su faceta profesional, Marta, no se permitía alardes de frivolidad.

    A pesar de ejercer el turno de oficio, su alegato defensor a favor de aquel joven serbio, acusado de agredir violentamente a un joven a la puerta de una discoteca donde ejercía de “gorila”, fue un rotundo éxito. El tipo había salido absuelto.

    Cinco horas después, y sin lograr comprender muy bien cómo, se encontraba en casa de su defendido. Un auténtico cuchitril de apenas 40 metros cuadrados, compuesto por un salón con cocina americana, un baño y un dormitorio.

    No pudo negarle la invitación a almorzar que Pedja, el presunto delincuente, le ofreció. Aunque fuera en un McDonald, lo único que éste se podía permitir. A pesar que sabía que aquello no era una buena idea, su lado más salvaje siempre la empujaba hacia el límite. Y se había sentido atraída por su cliente desde el mismo día que fue asignada para defenderlo.

    El tipo se ganaba la vida como portero de discoteca, para lo cual tenía una imagen perfecta. Su más de metro noventa se cubría con una sobredimensionada musculatura a base de batidos proteínicos e inyecciones de anabolizantes. Su cara de rasgos angulosos parecía tallada a machete y delataba su genética balcánica.

    De profunda mirada gris acerada, su rictus era serio e intimidante. Su cráneo afeitado dejaba ver una cicatriz en su parietal derecho producto de un golpe que le propinó su padre siendo un niño. Hijo de un bebedor miliciano y una mujer maltratada fue abandonado junto a ésta con quién comenzó un éxodo como refugiado de guerra. Después de varias paradas se afincó en España.

    Tras aquel pobre almuerzo, la letrada había bajado todas sus defensas para dejarse embaucar por Pedja.

    Después de aparcar su flamante AUDI S3 negro en un barrio marginal, Marta y su defendido, subieron por la escalera de aquel piso de VPO de ladrillos rojos comiéndose a besos y casi desnudándose por la escalera.

    Media hora después, la abogada, se encontraba con la cabeza apoyada en un colchón desnudo y sus preciosas manos aferradas a él. Pedja la agarraba con fuerza de su melena al tiempo que horadaba su ano. Casi sin descanso, su movimiento de cadera se mantuvo durante largo rato, ignorando las súplicas de su letrada para que se detuviese.

    Ella en un estado de excitación sin igual pedía algo que no deseaba. Le excitaba que aquel animal culpable de apalizar a un adolescente le pagase su indulto con aquella sesión de salvaje sexo anal. A Marta le gustaba oírse suplicar clemencia mientras Pedja la ignoraba y la sodomizaba sin respiro.

    Dos horas después de aquella experiencia sexual extrema, la abogada comenzó a vestirse y recomponerse para irse. Lo hacía ante la cama donde la observaba el delincuente. Poco a poco fue colocándose su conjunto de ropa interior negra. Sujetador, tanga y medias de encaje. Se embutió en su falda de tubo con elegancia antes de abotonarse lentamente la camisa de seda blanca.

    Mientras hacía todo eso admiraba el maravilloso cuerpo de su defendido. El típico espécimen de veinticinco años, “petado” de gimnasio con la mayoría de sus escasas neuronas atrofiadas por esteroides, anabolizantes y un sin fin de sustancias dopantes y psicotrópicas.

    El numerito de la vestimenta había llevado a Pedja a sufrir una erección y Marta no dudó en aplacarlo proporcionándole una magnífica mamada antes de salir definitivamente de aquel agujero maloliente donde le había dado por culo. Mientras bajaba deprisa por aquella escalera se repetía para sus adentros que aquello había sido una auténtica locura.

    A pesar de que su coche lo encontró rodeado de críos, muchos de ellos futuros raterillos, comprobó que estaba intacto. Sin prestar atención a algún piropo soez subió al coche y en una rápida maniobra hizo chirriar las ruedas para salir pitando de aquel barrio de mala muerte.

    Después de una hora de atasco, por fin, logró entrar en el aparcamiento subterráneo del edificio donde vivía. Un luminoso apartamento en una séptima planta en pleno centro de Madrid. Al abrir la puerta la embargó el dulce aroma de su hogar y sin perder tiempo se metió en el baño. Necesitaba una ducha urgentemente.

    Al sentarse en el váter pudo comprobar los efectos secundarios de su disfrute:

    -¡JODER! El cabrón me ha dado bien fuerte. Y menos mal que no la tenía muy grande.

    Al limpiarse, unos pequeños restos de sangre certificaron el estropicio. Se terminó de desnudar ante el espejo y comprobó como en su pecho derecho, muy cerca de su areola, estaban las marcas de los dientes del yugoslavo. Se recordó cabalgándole mientras recorría cada uno de los abdominales y como en el momento del clímax él se incorporó para morderle las tetas mientras ella llegaba al orgasmo. Sin más, se metió en la ducha. Abrió el agua caliente y dejó que el líquido recorriera su cuerpo llevándose cualquier resto de Pedja.

    A la mañana siguiente, en su despacho del bufete de su padre, la letrada recibía a un cliente económicamente solvente aunque con fama de problemático y mal pagador. Hasta ese momento, los asuntos de Jhony, los había llevado don Gregorio, el experto socio de su padre pero decidieron que sería un buen comienzo para la nueva letrada del despacho. Marta era una buena abogada. Conocedora de todos los resquicios legales y pocos miramientos a la hora de defender.

    A cada lado de la mesa del despacho, ella y Jhony, visionaban las imágenes de una cámara de seguridad en las que un hombre, que se correspondía con las características físicas del cliente, abofeteaba a una mujer, sin duda, la denunciante. Su novia, Jennifer, le demandaba por malos tratos.

    A todas luces aquello tenía poca defensa. Jhony con gesto de preocupación se separaba el cuello de la camisa, mientras Marta le comentaba las dificultades del caso. Al tiempo que le hablaba le escrutaba con la mirada.

    Típico niñato traficante que en poco tiempo se había montado. Había pasado la adolescencia en centros “reformatorios” y ahora una condena le venía muy mal. En su cara una cicatriz de sus andanzas, dos brillantes en los lóbulos y cuerpo trabajado de gimnasio. Se le adivinaban los brazos tatuados ya que alguno asomaba por debajo del puño de la camisa. Tenía fama de perder los nervios con facilidad. El prototipo de personaje que atraía sexualmente a Marta.

    Después de exponer todo tipo de dificultades la letrada dio un poco de esperanzas a su cliente:

    -Podemos ganar -. Le dijo mirando a los profundos ojos negros de Jhony que sonrió por primera vez.

    Marta, inspiró fuerte haciendo que su generoso escote se expandiera ofreciéndole una maravillosa imagen al tipo. Éste no se cortó en mirar descaradamente y ella clavó sus ojos en los de él con una ceja levantada a modo de reprobación:

    -Vamos a atacar a la cámara. La ilegalidad de su situación. Vamos a tratar de anularla como prueba.

    Después se extendió en unos detalles técnicos a los que Jhony no prestó mucha atención mientras se relajaba observando el buen polvo que tenía la abogada.

    Al despedirse, y en un gesto poco profesional, Marta dio dos besos a su cliente aprovechando para comprobar la dureza de sus bíceps y rozar sus tetas por su brazo. Esto no pasó desapercibido para el hombre que le sonrió antes de abandonar el despacho.

    Marta no podía evitar sentirse atraída por ese tipo de personajes. Tíos con pinta intimidante, delincuentes de poca monta e incluso peligrosos o violentos. Ella, a sus veintiocho años, era una mujer sexualmente muy activa. Muchos dirían ninfómana, otros directamente muy puta pero, la verdad, es que la joven letrada estaba muy por encima de eso. Era una buena profesional, independiente e inteligente. Tenía claro que su juventud pasaría y quería disfrutarla. Le gustaba el sexo y lo practicaba. Había perdido la cuenta de sus amantes, cuando alguien le gustaba iba a por él sin más. Ni remordimientos, ni traumas, sexo solo sexo. Eso sí, sexo salvaje, morboso, trasgresor…

    Una semana después de que Jhony visitara su despacho se celebró el juicio. El alegato defensor de Marta fue definitivo. Desmontó la prueba del vídeo de la acusación dejándole sin opciones y logrando que su defendido saliese libre y sin cargos.

    Una vez fuera del juzgado, Jhony la abrazó para agradecerle sus servicios y ella le dio dos besos. Él la invitó a tomar una cerveza.

    Eran las 5,30 de la tarde. Habían pasado tres horas desde el juicio y la pareja seguía tomando copas para celebrar el resultado. En la letrada, la ingesta de alcohol era más acusada que en el cliente. Lo que hizo que Jhony comenzara a entrarle abiertamente al tiempo que ella se dejaba hacer:

    -Voy al baño –susurró Marta al oído de Jhony antes de guiñarle un ojo.

    El chico esperó un minuto antes de apurar su gin tonic y abonar la cuenta. Dejó un billete de 50 € y se dirigió a los baños. Con disimulo entró en el de señoras. Una vez dentro comprobó que no había nadie a la vista.

    Carraspeó e inmediatamente oyó una cisterna vaciarse. Abrió la puerta del váter de donde provenía el sonido y allí estaba Marta. Le esperaba desnuda de cintura para abajo, sentada en la taza con las piernas abiertas. Ante Jhony, la visión del sexo rasurado de su abogada. Sin pensarlo, el hombre se arrodilló y comenzó a lamer cada pliegue de aquel manantial de flujos ardientes. La letrada, con los tacones apoyados en el marco de la puerta suspiraba y agarraba la cabeza de su defendido cada vez que la lengua de éste se entretenía con su excitado clítoris. Entregada al placer, Marta alcanzó un maravilloso orgasmo cuando Jhony acompañó el moviendo de su lengua con su dedo anular profanando su esfínter.

    Sin tiempo para recomponerse, el hombre la cogió en vilo. Ella se agarró a su cuello y mordió su labio inferior cuando sintió como la polla se le incrustaba en su coño sin compasión. Jhony no descansó de penetrarla contra la puerta del baño hasta que se corrió. La mujer hacía fuerza con sus piernas alrededor de su cintura, intentando clavar sus tacones en las nalgas del hombre obligándole a que no saliera de su interior.

    El ruido había alertado a los encargados de la cafetería. Incluso llegaron a asustarse con los gritos de la mujer. El hombre fue el primero en salir con media sonrisa ante la expectante mirada de una camarera. La puerta quedó entreabierta mientras que Marta terminaba de subirse el tanga delante del encargado y la camarera. Sin mediar palabra, la letrada abandonó el baño y posteriormente la cafetería en dirección a su coche. Jhony lo había hecho sin esperarla.

  • Incestuosos, lujuriosos y tramposos

    Incestuosos, lujuriosos y tramposos

    Ofelia y Sergio eran dos hermanos que vivían con sus padres separados, ella con su padre Raimundo y él con su madre Lucrecia. Él no era guapo ni feo, ni alto, ni bajo, ni gordo ni flaco, era un tipo del montón. Ella era de estatura mediana, muy flaca y tan guapa que parecía un ángel, era una de esas chicas blancas de cara que las ves y piensas que todavía son vírgenes, los dos eran rubios y tenían los ojos azules.

    Sergio y Ofelia habían heredado un piso de sus abuelos y en una cama de este piso estaban esa tarde de domingo sin que lo supieran el padre ni la madre.

    Ya habían echado un par de polvos. Estaban desnudos sobre la cama hablando y fumando el cigarrillo de después. Ofelia le decía:

    -… Prométeme que siempre seré la única mujer en tu vida.

    Sergio le dio un beso en el pezón de una de aquellas pequeñas tetas con areolas rosadas, y le dijo:

    -Lo prometo. Promete tú que siempre seré el único hombre de tu vida.

    -Te lo prometo, cariño.

    Se dieron un beso, después Sergio volvió a besar el pezón que acababa de besar, lo lamió y mamó mientras le magreaba la otra teta, luego jugo con la otra teta y magreó esa. Quiso bajar hasta el coño lamiendo y besando, pero Ofelia, le cogió la nuca, levanto el brazo derecho y le llevó la boca a la peluda y sudada axila, Sergio la lamió y después le lamió la otra, para luego bajar lamiendo y besando su vientre y su ombligo hasta llegar al coño, metió su cabeza entre las piernas de su hermana y comenzó a lamer su coño peludo y corrido. Lo lamía de abajo a arriba, lo cerraba con dos dedos, lamía su clítoris, después lo abría, le lamía un labio, el otro, metía y sacaba la lengua de la vagina, lo volvía a cerrar con los dos dedos, lamía de nuevo el clítoris…

    A Sergio le encantaba comer el coño de su hermana cuando estaba así, jugoso, oliendo fuerte, oliendo a lo que era, a coño. Ofelia se volvía loca cundo su hermano la saboreaba, ya que el cabronazo sabía lo que hacía, sabía llevarla al clímax, y al clímax la llevó, cuando sintió la respiración acelerada de su hermana y sus gemidos de loca, ya que apretó la lengua contra el clítoris, la movió alrededor a toda pastilla, y Ofelia exclamó:

    -¡Me corro!

    Se corrió retorciéndose y temblando.

    Mientras se recuperaba, Sergio, orgulloso de su trabajo y con la polla tiesa, le dio la vuelta, le abrió las nalgas. Vio su ojete estriado, fruto de las veces que se la metieran en el culo. Ofelia, aun respirando con dificultad, se puso a cuatro patas. Sergio hizo círculos con la punta de la lengua en la entrada del ojete, después se lo lamió y acto seguido le agarró sus pequeñas y duras tetas y le folló el culo con la lengua. Poco después le frotaba la cabeza de la polla en el ojete y luego se la metía con suavidad, y con suavidad sus huevos chocaron contra el coño cuando la polla llegó al fondo del culo.

    Después fue acelerando paulatinamente hasta que sus huevos colgantes golpeaban su coño y su clítoris cada vez que la clavaba hasta el fondo, Ofelia comenzó a gemir de nuevo… Tiempo después, sintiendo la polla entrar y salir de su culo, sintiendo los huevos golpear su coño y su clítoris y las manos de su hermano acariciar sus tetas comenzó a correrse. Sus piernas temblaron, sus tetas temblaron, su culo tembló, toda ella temblaba y su coño echaba por fuera, cuando le dijo a su hermano:

    -¡Me corro otra vez!

    Sergio se corrió dentro de su culo y acabaron pegados uno encima del otro cómo dos perros.

    Era el cuarto polvo y ya les llegara para ese día.

    Cuando Sergio llegó a su casa, Lucrecia, su madre, una mujer de cuarenta años, morena, con larga melena marrón, ojos azules y bella de cara, estaba limpiando el polvo de la sala de estar vistiendo con un short hecho cortando un pantalón vaquero, una camisa de cuadros rojos y azules atada por encima del ombligo y calzando unos zapatos negros con tacón de aguja. Desde luego no estaba limpiando y vestida de ese modo porque iba a recibir visitas, estaba esperando por su hijo y estaba caliente, tan caliente estaba que solo entrar en casa y cerrar la puerta, lo empujó contra la pared y le comió la boca. Después del morreo le dijo Sergio:

    -Andas salida, Lucrecia.

    -¡Ni te puedes imaginar cuanto, cariño!

    Le plantó otro beso con lengua, le bajó la cremallera del pantalón, le sacó la polla, se arrodilló sobre la moqueta, olió su polla, y le dijo:

    -Tu polla huele a coño. ¿Con quién follaste?

    Le mintió.

    -Con tu amiga Graciela.

    Le lamió la polla, y le dijo:

    -¡Qué puta es! No le llego yo y su marido que también te tuvo que follar a ti. ¿La follaste en su casa?

    -Sí, en su dormitorio.

    -Claro, cómo su marido tenía que dar una conferencia. ¿Te mandó besar el lunar que tiene en su coño rasurado?

    -Sí. ¿Hace mucho que te la follas?

    Meneándole la polla, le respondió:

    -Ya la follaba de soltera, y ahora dime. ¿Con quién follaste esta tarde?

    Al verse descubierto, le preguntó:

    -¿Cómo supiste que no fue con Graciela?

    -Por qué Graciela tiene el coño peludo y no tiene ningún lunar en él. ¿Con quién follaste, mentiroso?

    -No la conoces. Podíamos hacer un trío Graciela, tú y yo.

    -Te quiero para mi sola. ¿Está buena la desconocida?

    Sergio le dio un pico, y después le dijo:

    -¿Estás celosa?

    -¡No digas tonterías! ¿Está buena?

    -Sí, pero no tanto como tú.

    Lucrecia metió la polla en la boca y se la mamó y masturbó un ratito, luego se puso en pie, se desató la camiseta, y le dijo:

    -Come mis tetas que sé que te encanta.

    -¡Vaya si me encanta!

    Sergio fue a por aquellas tetas, gordas, con grandes areolas de color marrón y pezones gordos, las agarró por debajo, y apretándolas le lamió los pezones y mamó las tetas, de las que salía leche, ya que Lucrecia aún amamantaba a su hijo de nueve meses -motivo de la separación, ya que no era de su marido-. Lucrecia se bajó el short. Sergio con la boca llena de leche se agachó y en forma de chorro escupió leche en su coño. Parte de la leche después de mojar el coño cayó al suelo y la otra cayó por el interior de sus muslos, la lamió y después lamió de abajo a arriba su coño pringado de jugos y leche, luego le metió la lengua en la vagina y al sacarla subió hasta el clítoris y lo chupó y lo lamió hasta que Lucrecia echó una copiosa corrida, corrida que Sergio se tragó.

    Al acabar de correrse Lucrecia, le dijo Sergio:

    -¿Acabamos la faena en mi cama?

    -Aquí, la acabamos aquí.

    Se echó encima de él y se sentó de modo que su polla quedase entre sus labios vaginales. Moviendo su culo apretó su coño desde la base de la polla a la cabeza muy, muy lentamente. Sergio veía los pezones soltar gotas de leche que caían sobre su pecho y su vientre y se moría por lamerlos, pero Lucrecia no lo dejaba. Tiempo después, cuando levantó el culo la polla se puso mirado al techo, Lucrecia la metió hasta el fondo de su coño empapado, después en posición vertical y magreándose las tetas y bañando de leche el pecho de su hijo, comenzó a follarlo, despacio, aprisa, despacio, paraba, lo besaba, volvía a follarlo a su aire… Cuando estaba a punto de llegar, se echó sobre él, lo besó y le dijo:

    -Fóllame cómo si no hubiera un mañana.

    El vicioso quería leche dulce.

    -Antes dame un poquito las tetas a mamar.

    Lucrecia se puso juguetona.

    -Pídemelo por favor.

    -Por favor, mamá.

    -¿Que quiere mi niño?

    -Leche, mamá, leche.

    Lucrecia cogió una teta, le puso el pezón y las mamilas en la boca, la apretó y le dijo:

    -Toma, vida mía.

    Sergio mamó con gula hasta que Lucrecia le quitó la teta de la boca y le dijo:

    -¿Quieres más leche, goloso?

    -Sí, mamá.

    Le dio la otra teta a mamar. Sergio mamando le dio al culo y folló a su madre a toda pastilla. Tan aprisa hizo el mete y saca que se corrió dentro de su coño. Sintiendo cómo le llenaba el coño de leche, Lucrecia, le acarició el cabello, y le dijo:

    -No pasa nada, córrete, hijo, no pasa nada, llena de leche a mamá.

    Al acabar de correrse, le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -Toma más leche, corazón.

    Esta leche ya no era dulce. Sergio sacó la lengua y Lucrecia, que se moría por correrse, frotó el coño contra ella. Antes de que acabara de salir la totalidad de la leche de la corrida de Sergio de su coño, lo deleitó con una copiosa corrida que se mezcló con la leche de la otra. El goloso la tragó mientras Lucrecia, estremeciéndose con el placer que sentía, tiraba de los pelos de su hijo para apretar su boca contra el coño.

    Después del polvo tocaba ducharse, cenar y descansar.

    Esa noche Ofelia estaba en su cama tapada solo con una sábana roja de seda leyendo un relato erótico en un pequeño ordenador portátil con la lámpara de la mesita encendida, su padre, Raimundo, un cuarentón, se metió en la cama, la destapó, vio que estaba en pelota picada, metió la cabeza entre sus piernas y fue a por su coño mojado. Ofelia leyó en alto para que su padre hiciera lo que le decía:

    -El padre mientras su hija leía le cogió la mano izquierda, le chupó los dedos y le lamió la palma -Raimundo iba a hacer lo que ella leyera- Subió lamiendo el interior de su brazo hasta lamer su axila peluda… Le dio un pico en la boca… Luego la besó con lengua… La besó en el cuello… Mordió y lamió los lóbulos de sus orejas… El hombro… Luego le amasó las tetas mientras su lengua jugaba con los dos pezones, los aplastaba, los lamía, los chupaba… Lamía en círculos sus areolas… Mamaba las tetas…

    Bajó lamiendo su vientre y metió su lengua en el ombligo… Siguió bajando y le dio besitos en el clítoris… Bajó besando y lamiendo el interior del muslo derecho… Al llegar al pie masajeó su planta, la besó, la lamió y después besó, lamió y chupó los dedos del pie… Lamió y besó el tobillo, el talón, el empeine… Hizo lo mismo con el pie izquierdo… Subió lamiendo el interior del muslo izquierdo hasta llegar al coño peludo… Se lo abrió con dos dedos y vio que estaba perdido de jugos. Lo lamió de abajo arriba muy lentamente una docena de veces…

    La hija que hasta ese momento se contuviera comenzó a gemir -gimió-, y entre gemidos siguió leyendo. Con el coño abierto y sin rozar el clítoris le lamió los labios por separado, veinte veces el izquierdo… veinte veces el derecho… Y juntos otras tantas… Después le metió y le sacó la lengua de la vagina otras veinte veces… Y para acabar aplastó su lengua contra el glande del clítoris erecto, lamió, y… ¡Me matas de gusto, papá!

    Ofelia tiró con el pequeño ordenador portátil y retorciéndose se corrió cómo una perra.

    Al acabar de correrse le dijo su padre:

    -¿Qué quieres que te regale el día de tu cumpleaños?

    -Eso aún es la semana que viene.

    -¿Qué quieres?

    -Un trío con otro hombre.

    Fue como si le dijera que quería un vestido.

    -¿Alguien en especial?

    -Sorpréndeme.

    Raimundo subió encima de su hija, cogió la polla, que estaba a media asta, se la frotó en el coño y después se la metió, le cerró las piernas para que no se saliera, y con sus piernas por fuera de las de su hija la folló lentamente, besándola, acariciándola, mimándola hasta que la polla se le puso dura. Al tener las piernas cerradas la polla entraba apretada, y cómo Raimundo al tenerla dura hacía palanca con el culo y la polla se frotaba con su punto G, Ofelia no aguantó nada, al ratito, le decía a su padre:

    -¡Me corro, papá!

    Raimundo viendo la cara de placer de su hija, sintiendo sus gemidos y sus temblores debajo de él, sintiendo cómo el coño apretaba su polla y la bañaba se las vio y se las deseó para no correrse dentro de su coño.

    Al acabar de correrse Ofelia, Raimundo sacó la polla empapada de jugos.

    -Dámela en la boca, papá.

    Raimundo le metió la polla en la boca. Ofelia le cogió los huevos, acariciándolos mamó su glande y el padre se corrió en la boca de la hija.

    Al acabar de correrse, Ofelia le hizo con el dedo medio de su mano izquierda el gesto de que se acercara a ella, lo cogió por la nuca y lo besó con toda la leche de la corrida, y besándose con lengua la tragaron.

    -¡Qué viciosa eres, hija, qué viciosa eres!

    -¿Y quién me metió el vicio?

    -¡Qué cabrón soy, coño, qué cabrón soy!

    Quique.

  • Follando mi primo me hizo gritar

    Follando mi primo me hizo gritar

    Estaba tan excitada con el continuo roce de su cuerpo que mis manos empezaron acariciar mis pechos por encima de mi camiseta,  mis nalgas continuamente se frotaban con su cuerpo, con su pene que a pesar del estado de reposo en el que estaba me lo imaginaba bastante grande, mi mano derecha busco mi tanga y apretando con mis dedos sentía la humedad que había en la tela, estaba loca, prácticamente no lo conocía y sin embargo me atraía de una manera increíble.

    Me di la vuelta y le vi dormido plácidamente, no se había despertado ni con el tremendo ruido del viento, ni con los roces de mi culo sobre su pene, sus labios me llamaban a besarle y con sumo cuidado para no despernarle le empecé a besar, sus labios suaves al igual que el resto de su piel y su olor me excitaba.

    Fuera la ventisca helaría los cuerpos en segundos, pero en el interior del hotel hacia bastante calor debido a la leña que ardía en la chimenea, eche el edredón hacia nuestros pies con delicadeza y empecé acariciar su cuerpo desnudo, musculoso sin prácticamente vello en su pecho, pasaba mis dedos dibujando sus abdominales hasta llegar a su bóxer, mis labios le seguían besando, mirando que no despertarse.

    Mis manos buscaron la forma de entrar por debajo del bóxer, pero cada vez que lo intentaba él se movía, descubrí que tenía dos pequeños botones en el centro uno de los cuales estaba abierto, podía ver su vello y desabrochando el otro mi mano pudo entrar y buscar su premio, un pene que prometía, era suave y con glande por fuera, se lo saqué del escondite y lo empecé a lamer con suavidad y ni aun así se despertaba.

    Empecé a besar su glande muy despacio con mis labios y poco a poco lo iba metiendo dentro de mi boca, chupándolo con suavidad, notaba como aumentaba de tamaño y de grosor hasta tener una verdadera campeona entre mis manos en forma de lápiz, que ahora subía y bajaba metiéndose en mi boca, saboreando aquel tronco duro y venoso mientras él, seguía durmiendo, pero ahora de vez en cuando su cabeza se movía de un lado a otro emitiendo pequeños gemidos.

    La punta de mi lengua recorría todo su glande, bajando y metiéndomelo entre los labios como si fuera una mazorca de maíz, subía por él terminando mi exploración y volviéndomelo a comer, metiéndola despacio en mi boca, sacándola y metiéndola hasta que no quedara nada fuera, con suavidad para no despertarle, saboreando su líquido pre seminal que ya salía, llenándoselo de mi saliva a la vez que con mucha suavidad mi mano resbalaba por él, acariciando su piel suave.

    Le hice una mamada que duró varios minutos hasta que su cuerpo empezó a moverse más de lo normal, pensé que al final lo había despertado, pero no, empezó a gemir y su pene empezó a expulsar chorros de su semen caliente en mi boca, tragándome su leche según salía y yo seguía chupando como un caramelo hasta que salió toda, mi lengua recogía cualquier rastro de su leche entre mis labios y con una sonrisa en ellos le volví a abrochar los botones de su bóxer, volví a cubrirnos con el edredón y con un beso cálido en su boca con sabor a él, sin que se hubiera despertado, me despedí del hasta el día siguiente.

    Era la tercera noche que pasaba con él en aquel hotel de montaña, la tercera que pasaba con mi primo, un hombre de unos 27 años, cinco más que yo y al que prácticamente no conocía, salvo por esos dos días maravillosos en los que nos descubrimos nuevamente, mientras paseábamos por aquella montaña blanca, sin poder movernos de aquel hotel al estar incomunicados.

    Hacia años mis tíos decidieron marcharse de la ciudad y lo único que recordaba de él es que era un chico flacucho, divertido y con el que me reía mucho y ahora ese chico se había convertido en un hombre alto y corpulento, bastante guapo, tenía el pelo castaño, unos ojos azules muy claros y una sonrisa muy bonita, su cuerpo musculoso y con unas manos muy suaves que tras estudiar en la universidad, se había convertido en el veterinario de los distintos pueblos pequeños de la región, donde nos dirigíamos cuando nos sorprendió la ventisca.

    Al no poder continuar nuestro viaje nos tuvimos que conformar con la única habitación que había libre, una habitación con tan solo una cama y no precisamente grande, ninguno de los dos venía preparado para esa situación, yo desde muy joven dejé de utilizar camisón y pijamas porque me molestaban para dormir, con lo que en mi maleta no había nada para esa situación y él solo disponía de lo puesto, ya que simplemente me había ido a recoger al aeropuerto para llevarme a la reunión familiar en casa de sus padres donde nos esperaban todos.

    Esta es la pequeña historia de cómo empezó aquella semana y de cómo descubrí a mi primo, de cómo pasaba los días enamorándome de él, la historia de sus noches, los dos en una habitación metidos en una cama con nuestros cuerpos semidesnudos, sintiendo el calor de sus piernas sobre las mías, de su cuerpo sobre el mío y de lo que paso el resto de aquella tercera noche ya lo sabéis.

    Después de mi pequeña travesura, de haberme alimentado de mi primo, desvelada por completo la noche transcurría y no sabía cómo dormir, la ventisca golpeaba en las ventanas, fuera en la calle estaba cayendo una nevada impresionante, la habitación iluminada a penas con la leña que todavía ardía en la chimenea, se sentía calor no obstante debido a la calefacción central del pequeño hotel en el que nos tuvimos que refugiar.

    La mañana siguiente amaneció un día muy soleado, por fin después de cuatro días volvíamos a ver el sol y podríamos salir de allí, pero a eso de las once de la mañana nos dieron la mala noticia que hasta el día siguiente no estarían las carreteras despejadas, esa noticia realmente yo la cogí como una buena noticia.

    Pasamos todo el día paseando por la montaña, sabía que algo había cambiado, mi primo estaba más sonriente y yo como era evidente estaba feliz, hablábamos y reíamos de cualquier cosa, jugábamos a guerras de bolas de nieve, corríamos entre la nieve a pesar de que en muchos sitios la nieve nos llegaba por las rodillas, nos tirábamos al suelo y hacíamos Ángeles de nieve, fue un día realmente maravilloso.

    Como colofón para ese día, ya atardeciendo hicimos un muñeco de nieve al que le pusimos ojos, nariz, boca y unos brazos con unas ramas y cuando estuvo terminado cogí una bola de nieve estampándosela en la cabeza a mi primo y este reacciono cogiéndome y cayendo al suelo los dos.

    Reíamos y nos mirábamos a la los ojos, mi primo pasaba sus dedos por mi cabello, quitándomelos de la cara, el silencio se había apoderado de nosotros, sus ojos miraban mi pelo, mis labios, le sentía acercarse a mí, estábamos allí a los pies de nuestra creación y yo soñaba con que me diera un beso, pero eso al final no paso, desde la casa nos llamaban y mi primo se levantó como un resorte, me ayudo a levantarme y una vez más de pie nos quedamos mirándonos a escasos centímetros el uno del otro.

    Nos habían llamado para comunicarnos que las carreteras ya estaban limpias de nieve, pensé lo peor pensé que al estar tan cerca la casa de sus padres nos iríamos esa misma tarde, no nos llevaría más de una hora en llegar, pero mirándome me dijo que si a mí no me importaba partiríamos al día siguiente para ir más descansados.

    Aquello aunque no se me noto, bueno quizás un poco si, me alegro enormemente, aquella noche cenamos y nos sentamos a hablar con otras personas que estaban hospedadas y junto con la pareja que regentaba el pequeño hotel.

    Estábamos todos reunidos en la gran sala con una enorme chimenea encendida, me encontraba muy cansada y recosté mi cabeza sobre el pecho de mi primo, él me abrazo y sentí una enorme emoción, mi primo hablaba con todos, discutían de esto y aquello mientras que jugaba con las puntas de mi pelo yo le miraba atentamente a la vez que mis ojos se cerraban.

    Ya en la habitación, como siempre le esperaba metida en la cama esperando a que él saliera del baño, estaba reuniendo las fuerzas necesarias para besarle y repetir lo de la noche anterior, pero estando despiertos los dos, estaba tan cansada que el ulular del viento, el chisporroteo de la leña al arder me fueron acunando y cerrando los ojos hasta que me quede dormida.

    No sé el tiempo que dormí, pero daba igual porque me despertaron sus manos acariciando mis pechos, yo estaba girada sobre mi lado izquierdo y sentía su cuerpo desnudo pegado al mío, podía sentir los músculos de su pecho sobre mi espalda, su vientre y sus piernas pegadas a mí, sus dedos acariciando mis pechos por debajo de mi camiseta recorriendo mis areolas y mis pezones, notaba como sus dedos bajaban acariciando mi vientre y como las yemas de sus dedos con suavidad recorrían la goma de mi tanga, metiéndose por debajo y acariciando mi monte de Venus, acariciando mi vello, como salía de allí y volvían a mis pechos, sus labios empezaba a recorrer mi cuello besándolo a cada centímetro, notaba como empezaba a mover su cadera y su pene rozaba sobre mi cuerpo, en mi culo, queriéndose meter entre mis nalgas.

    Como una orden que me daba mi deseo mi pierna derecha se dobló hacia mí, mi rodilla casi rozando mis pechos, dejando mi sexo más accesible, con la respiración acelerada sintiendo pequeños jadeos, pequeños gemidos cuando su pene me rozaba mi vulva por encima de mi tanga, rozando su glande contra la tela húmeda, gire mi cabeza buscando sus besos, mi mano las suya encontrándola enseguida, mis dedos se entrelazaban con los suyos y mi lengua con la suya fundiéndonos en un beso tan profundo que diferentes escalofríos recorrieron mi cuerpo como si del primer beso que me daban se tratase.

    Nuestros labios ya no se separaban, y ahora sus dedos habían profundizado más allá del monte de Venus, acariciando y masajeando mi clítoris, dibujando como si fueran pinceles mis labios vaginales, metiéndose entre ellos derritiéndome cuando rozaron y se metieron en mi vagina.

    Su cadera no era la única que se movía, también la mía, su glande poco a poco se iba abriendo camino entre la tela y mi cuerpo, sus dedos también habían ayudado a despejar el camino, sentía su glande sobre mi vagina, solo unos milímetros la separaban para abrirse paso dentro de ella, de navegar en mi interior y de ella de hacerme el amor, sintiéndole dentro de mí, sintiendo que parte de su cuerpo se fundía con el mío.

    Y en ese momento cuando su pene empieza a penetrar en mi interior, en ese momento en que mi cuerpo experimenta todo tipo de sensaciones de placeres, en ese momento en que te sientes como te va llenando, como tu vagina se expande y abraza su pene, en ese momento mi primo rompió su silencio.

    -Te quiero Lara, desde que te vi en el aeropuerto, sabía que estábamos destinados a estar juntos.

    -Quiero que disfrutes, como tú me haces disfrutar a cada momento que estoy contigo.

    -Quiero que disfrutes como tú me hiciste disfrutar anoche.

    Todas aquellas palabras me emocionaron, todas las sentía yo también, todas menos las últimas, mi primo estaba reconociéndome que no había estado dormido la noche anterior y que durante un día me lo había estado ocultándomelo que durante un día ¡¡aahh!! Los primeros gemidos salían de mi cuerpo olvidando todo lo malo, aunque lo malo fuera tan solo eso.

    -Yo también te quiero Eduardo.

    -Quiero ser tuya, hazme tuya, mmm

    Mi primo saco su pene y poniéndose encima de mí me empezó a besar, sus labios empezaban a cubrir todo cuerpo y por cada parte que recorría mi cuerpo se estremecía, mis pezones estaban tan sensibles que un solo roce creaba nuevos jadeos y gemidos, se arrodilló entre mis piernas y elevo mi pelvis quitándome el tanga a la vez que yo me quitaba la camiseta, quería sentir su piel contra la mía, sus ojos no paraban de mirarme, sus manos no paraban sé acariciar mis pechos, mi vientre, mis nalgas, cogió su pene colocándolo en el centro de mi vagina y de un solo golpe me la metió hasta el fondo.

    Me movía y desplazaba con sus manos puestas en mis caderas acercándome y alejándome de su cuerpo, metiendo y sacando su pene de mi vagina, mis gemidos empezaron a rivalizar con el viento, mi corazón parecía salirse de mi pecho, su pene siendo empujado tan dentro de mí, llenándome por completo que poco a poco nos acercaba más al un resultado final.

    No quería que se apartara, quería sentirle tan dentro de mí, que mi cuerpo solo tenía un fin, moverme con él siendo uno, mis pechos bailaban sobre mí en cada empujón, cada vez que salía y entraba pequeños gemidos salían de mí, mis ojos se clavaban en él veía el placer en su cara con los ojos cerrados, luego los abría y se posaban en mí, nuestros cuerpos empezaban a sudar, mis manos cogieron las suyas en mis caderas cuando sentí no poder más, demasiado había aguantado, mi vagina empezaba a inundarse y como una tempestad golpeaba su pene en mi interior.

    Con un grito mudo saludé al orgasmo, un grito que rompió la barrera de silencio y no había puertas que lo encerraran no dejaba de gritarle mientras me corría y jadeando le decía.

    -Si, si, si así ¡aahh!

    -Sigue, sigue Eduardo sigue.

    -No te apartes, sigue metiéndomela, sigue así, así, así.

    -Así Lara, te gusta así Lara.

    -Lara me voy a correr, Lara, Lara mmm

    -Si, si, si así.

    -No me importa, no te separes, así, así mmmm

    Mi primo empezó a llenarme con su esperma, su semen caliente navegaba dentro de mí, mi cuerpo estaba recibiendo diferentes espasmos de placer, su cuerpo se derrumbó sobre el mío, resbalando por mis pechos sudorosos, uniendo nuestros labios, buscando con mi lengua su boca, su pene poco a poco se iba retirando de mi vagina, Eduardo poco a poco se iba tumbando extendiendo sus piernas y las mías abrazándole al igual que mis brazos.

    La noche no había hecho más que empezar, Eduardo siguió amándome esa noche, la noche siguiente y la otra, ya no recuerdo las noches ni los días, lo único que recuerdo bien aparte de lo que paso en aquella habitación fue mi sonrisa, su sonrisa al día siguiente y lo colorada y avergonzada que me puso María la dueña del hotel y ahora amiga, cuando por la mañana me decía.

    -No le dejes escapar hija mía y espero que te siga haciendo gritar durante muchos años.

  • Probando a un venezolano en la cama

    Probando a un venezolano en la cama

    Hola, como están, espero se encuentren bien.  Esta es la continuación de mi vida después de haber experimentado lo que es ser una puta infiel, espero les guste.

    Un mes después de lo sucedido con el señor Henry, por cosas de la vida él se tuvo que ir del país, no sin antes una buena culeada de despedida que dejaré esa historia para otra ocasión.

    Debido a la dura situación de Venezuela muchos venezolanos tuvieron que emigrar a muchos países, para empezar una nueva vida y Colombia no fue la excepción, había gente que estaba disgustada con la situación debido a muchas circunstancias, y había gente que solo se ocupaba de lo suyo.

    Resulta que mi novio, era uno de esos muchos que estaba disgustado con la presencia de los venezolanos debido a que por la casa donde mi novio vivía, había llegado un joven venezolano de 21 años, se llama Osvaldo, es de color trigueño, alto, un poco acuerpado no era feo, pero tampoco era tan atractivo yo diría que era normal pasable por así decirlo.

    Mi novio me decía que la razón por la que no le caía bien Osvaldo era por su acento, que lo irritaba su acento venezolano, a mi realmente me parecía una excusa patética, como yo iba donde mi novio yo siempre pasaba por un semáforo donde Osvaldo limpiaba los vidrios de los carros, y en la noche cuidaba los carros que se parqueaban en un restaurante que hay cerca de la casa de mi novio, con eso él podía pagar una pieza que era donde vivía, yo siempre que lo veía estaba sucio y pues no le prestaba mucha atención, pero entendía que era debido a su trabajo.

    Una noche yo salí con mi novio, a cenar al restaurante donde Osvaldo cuidaba los carros, nos sentamos en la parte de afuera donde se podía ver a la carretera y se recibía una buena brisa, yo llevaba puesto un vestido morado, unos tacones negros, y llevaba puesto un hilo dental negro, no lleva puesto brasier solo me había puesto unos parches en mis pezones, para que no se me notarán por sobre el vestido y con cada paso que daba mis tetas brincaban, y mi culo de movía de un lado otro como si fueran la campana de un iglesia cuando es tocada, el vestido no era muy apretado, pero resaltaba mi trasero, y dejaba ver que llevaba un hilo dental diminuto yo me senté mirando hacia al frente, y mi novio dando la espalda hacia la carretera.

    Pasaron las horas y mi novio había pedido unas cervezas las cuales le cayeron muy mal, y por si no fuera poco ya llevaba rato sintiendo la mirada de Osvaldo mirando hacia mis piernas, mi novio se percató de eso e inició una pelea, yo sentía mucha vergüenza porque la gente estaba mirando. Afortunadamente no pasó a mayores y con la ayuda de otras personas se pudo evitar que fuera más grave.

    Me fui con mi novio para su casa, yo estaba un poco caliente, por unos tragos que me había tomado y por el agite de la pelea, así que le bajé los pantalones a mi novio y se la empecé a chupar, una vez estaba recostado, pero cuando llegó la hora de que me la metiera él se quedó dormido.

    Eran las 3 de la mañana cuando salí a la calle a esperar un taxi para irme a mi casa, y en eso apareció Osvaldo que se dirigía a su casa después de haber terminado su noche de trabajo.

    S: Osvaldo buenas noches, me presento me llamo Sofía soy la novia de Andrés que pena contigo por lo que sucedió con mi novio, se pasó de tragos, en serio te pido muchas disculpas.

    O: Buenas noches gusto en conocerte, no te preocupes por eso, pero dime ¿Cómo sabes mi nombre si solo hemos cruzado unas cuantas miradas de solo segundos?

    S: Bueno mira a mí me da mucha pena decirte esto, pero a mi novio no le agradas Y pues él me habla de ti cosas no muy buenas, pero realmente yo no opino lo mismo que él.

    O: Ohhh bueno me alegra mucho saber eso, ya está muy tarde me imagino que te diriges a tu casa tal vez suene algo atrevido, pero puedo acompañarte a tu casa y podemos ir hablando y nos vamos conociendo mejor, así vas mejorando tu opinión sobre mí.

    S: Si dale, por que no.

    En ese momento me fui con Osvaldo hasta mi casa. Esa noche él estaba muy bien vestido ya no estaba sucio y olía rico. Me contó sobre su vida en Venezuela hasta que llegamos a mi casa. Eran alrededor de las 4 de la mañana, me despedí de él y subí las gradas, pero sentí como a medida que iba subiendo Osvaldo miraba por debajo de mi vestido.

    Algo dentro de mí me dijo que no lo dejara ir así que lo invité a quedarse en mi casa, con la excusa de que ya estaba tarde para que se devolviera solo. Como era fin de semana mis padres no estaban así que en mi casa no había nadie, le dije a Osvaldo que podía dormir en el sofá, él dijo que sí, pero luego me entró la calentura de experimentar como era un venezolano en la cama, así que me fui a cambiar me quité el vestido y me puse una puti pijama, de esas que los shores parecen cacheteros me puse los más apretados que tenía y mi culo de inmediato los devoró, me puse un top blanco, pero me quité los parches en mis tetas para que se me notaran los pezones.

    Pero aun no sabía cómo decirle o que hacer para que se metiera en mi cama a darme verga, y pues como mi novio no me resolvió como era debido en la cama yo estaba caliente, entonces me decidí de ir a la sala a donde estaba Osvaldo y le saqué el tema que provocó la pelea entre él y mi novio, y le pregunte que por qué me estaba mirando las piernas. Yo en mi mente estaba algo nerviosa porque pensé que lo iba a negar todo, y además Osvaldo tenía una mirada de asombro y de morbo como, la de un depredador a punto de ir a por su presa de inmediato él se paró y me dijo:

    O: La verdad usted está muy rica, y si yo la estaba mirando porque me pareces hermosa, ese culito tuyo me vuelve loco.

    S: Si te vuelve loco, porque no vienes a mi pieza y me muestras algo que me ponga loquita a mí también, mi novio no se va a enterar este va a ser nuestro secreto.

    O: Dale mami, déjame partirte ese culo.

    De inmediato Osvaldo me pegó contra la pared y me empezó a besar, muy delicioso su lengua me recorría toda la boca, y en mi mente solo pensaba si así es besando como será lambiéndome abajo, nos dirigimos hacia mi pieza mientras Osvaldo me agarraba el culo y me tocaba abajo bien rico.

    Llegamos a mi pieza y se bajó el pantalón y sus boxers, yo me senté en la cama y me puse a apreciar su verga era grande grandota, algo rico algo suculento, gruesa, venosa, sus huevos también eran grandes parecían dos bolas de béisbol, y su pene parecía un bate béisbol así que en mi mente le puse “El Bateador”, por su enorme pene era grande, ancho y duro como una piedra.

    Lo empecé a chupar y empecé a hacerle una súper garganta profunda, pero su chimbo no me cabía en la boca del todo él me cogía la cabeza, y me la sostenía duro y yo la aguantaba lo más que podía, luego me solté y empecé a chuparle sus dos huevos, que también eran grandes me los trague como pude, y los empecé a succionar lo mas de rico, solo escuchaba como disfrutaba Osvaldo con mis chupadas, el me soltó la cabeza y me empezó a apretar las tetas con su manos duras.

    Luego le empecé a lamber la cabeza de su chimbo, que era rosadita lo mas de rico, y a lo que el reacciono pegándome 3 cachetadas en la cara con su verga, algo que me excitó mucho más, me que quite mi top y deje mis tetas al aire libre, y empecé a hacerle una paja rusa y movía mis tetas los más duro y rápido posible, mientras le iba chupando la punta de su verga con la punta de mi lengua, la iba lambiendo como si me estuviera comiendo un helado.

    Osvaldo se quitó lo que le quedaba de ropa, y yo me acosté en la cama quedando únicamente en hilo dental, Osvaldo me empezó a hacer un sexo oral increíble con su lengua, sabía perfectamente cómo usarla, donde ponerla, como moverla que hacer y qué no hacer, las piernas me temblaban y sentí como se me paraba el corazón, cuando me alzó las piernas y me empezó a chupar el culo que rico jamás me habían hecho un beso negro, estaba muy excitada me sentí en otro mundo que delicia, pero ya había llegado la hora de la verdad y las piernas ya me estaban temblando, y ni siquiera me la había metido, yo solo pensaba que mi novio estaba durmiendo borracho, y yo estaba siendo culeada por el tipo que a él le caía mal. ¿Acaso hay algo más excitante que eso?

    Cuando estaba a punto de ser penetrada, Osvaldo me preguntó que si tenía condones que era por precaución, en caso de que se me fuera avenir adentro algo que ninguno de los dos quería, le dije que buscara en el cajón unos que eran de mi novio, y mientras los buscaba le decía que si quería se podía venir dentro de mi culo, o que si quería me podía hacer tragar su rico semen internacional.

    En eso me mira con picardía y se va poniendo el condón, que le quedaba pequeño a lo que Osvaldo, me dice que era increíble que ese tonto ósea mi novio se estuviera comiendo a una mujer como yo, me quede callada y le dije que me la metiera que no aguantaba más, yo estaba acostada boca arriba me corrió la tanga para un lado, y cuando me la metió de un solo tirón pegué un gemido, que creo que los vecinos del primer y tercer piso de mi casa pudieron haberse despertado.

    De inmediato él me tapó la boca y me lo empezó meter durísimo y luego despacio, su movimiento de cadera era increíble, yo lo amarré con mis piernas para que me la metiera rápido y duro, quería que me destrozara el útero él se me pego a chupar mis tetas, mientras estás se movían de abajo a arriba, y luego lo empecé a besar y le decía al oído que era mejor que mi novio, que no fuera a parar, que me matara a punta de chimbo, que me rompa el útero luego me voltio y me puso boca abajo.

    Me empezó a nalguear y agarrar las nalgas hasta dejármelas ardiendo y rojas, le abrí mis piernas lo más que pude para que supiera que tenía luz verde para meterlo en mi culo, cuando me la metió pensé que me iba a desmayar quería gritar durísimo gemir, decirle que era mi papi pero me aguante y empecé a morder almohada, sentí como se quitaba el condón y me la volvía a meter en el culo, para ya echármela adentro su semen rico caliente internacional mi cuerpo todo mi ser había probado lo que era un venezolano en la cama. Realmente me encantó y me dejo matada lo hicimos durante 2 horas, las cuales él se vino 3 veces y en el último polvo no aguanté más y me vine.

    Me quede recostada a él y me quedé dormida, cuando me desperté sentía un dolor terrible en mi culo y piernas, ni siquiera el señor Henry me había culeado de esa forma tan brutal, luego me percaté de que Osvaldo no estaba en la casa, así que me bañe y salí para donde mi novio, pero era solo una excusa para ver a Osvaldo, que estaba en su semáforo trabajando, cruzamos miradas pero nada más, él supo comer callado y me siguió comiendo en muchas más ocasiones.

    Cuando llegué donde mi novio estaba enguayabado, así que decidí acostarme a dormir con él, yo para recuperarme de esa culeada tan rica y él para recuperarse de su guayabo.

    Posdata: Espero les guste y espero que me dejen sus comentarios, diciéndome que les pareció. Voy a tratar de ir subiendo relatos más seguido, muchas gracias y espero que estén bien.

  • Las fotografías despertaron su calentura

    Las fotografías despertaron su calentura

    Llegué de uno de mis acostumbrados viajes y la encontré a ella un tanto susceptible. No encontraba razón alguna para que se mostrara un tanto fría y distante, lo cual ciertamente me molestaba un poco. Después de varios días de ausencia y con ganas de volver a casa, lo que menos esperaba era que ella tuviera ganas de reñir conmigo. Y, como yo no estaba en plan de discusiones, me comporté igual. Pregunté por los asuntos triviales y de común preocupación en el hogar; que cómo estaba ella, qué había pasado en mi ausencia, qué había habido de nuevo, qué se sabía de su familia, qué de la mía, qué novedades había con los hijos y cosas así.

    Había llegado tarde y bastante cansado del viaje aquella noche, así que tan pronto puse mi cabeza sobre la almohada quedé dormido. Y bien agotado vendría porque no supe de mí hasta el día siguiente cuando me desperté. Nos levantamos, con la rutina de siempre, me vi con los hijos antes de salir a cumplir sus rutinas, desayunamos, conversamos un rato y al final, después de dedicarle un tiempo al uno y al otro, quedamos solos con mi esposa.

    Sin embargo, dado que ya hay rutinas establecidas, no se tardó en pedirme que la acompañara a realizar algunas diligencias. Había quedado de ir a recoger unos libros donde una amiga, tenía que hacer unos pagos programados, dejar algunas cosas en casa de su mama, ir a comprar una ropa interior que le había encargado la hija y, si te parece, podemos aprovechar y almorzar por fuera. Y, ante esa agenda tan apretada, qué podía decir. Bueno, vamos. Así que me tocó de chofer, acompañándola a cumplir las diligencias a las que se había comprometido.

    Después del mediodía, y aun faltando cosas por hacer, decidimos darnos un respiro y almorzar por ahí, en algún lugar tranquilo, de manera que al fin pudiéramos hablar. Había regresado de Estados Unidos, dónde había permanecido por una semana, atendiendo compromisos de trabajo. Y ¿cómo te fue por allá?, preguntó. Bien, respondí. Lo normal. ¿Mucha actividad social? ¿Qué tal las viejas, por allá? Bueno, no sé por qué preguntas eso, si bien sabes que vamos en plan de trabajo y más bien poco tiempo queda para eso, entre otras cosas porque no sabemos a dónde ir, no conocemos a nadie e irnos en plan de exploración requiere no sólo tiempo sino también la disposición a gastar. Y tú sabes que lo que nos dan de viáticos no permite darse esas libertades. Tocaría comprometer los ahorros, pagar con tarjeta de crédito y después terminamos discutiendo por la plata que nos hace falta.

    Bueno, pero no me digas que no les echan el ojo a las mujeres por allá. Pues, ya sabes, que, por allá, por acá, cada quien tiene libertad para ver lo que le llame la atención, contesté. Pero de ahí a pensar que de sólo ver a una mujer de esas ya se sostuvo una relación, no tiene sentido. Y, es más, la gente que va conmigo está más interesada en ir a centros comerciales y comprar diferente tipo de cosas, que en gastar su dinero socializando o visitando sitios para entretenimiento de adultos. Más bien, ya que estás interesada en picarme la lengua, yo te preguntaría, ¿en qué van tus calenturas? Normal, dijo ella. Hace rato que no salimos.

    Entiendo. Con eso quieres decir que estás con ganas de que te peguen una de esas revolcadas memorables, que tanto te gustan. Yo no he dicho eso, contestó, pero a veces siento que algo de eso hace falta. ¿Y a qué te refieres con que algo de eso hace falta? Pues que a veces una necesita sentir que alguien se interesa en sus necesidades. ¡Ya! Entiendo, repliqué. O sea que ¿haber permitido que tú te dieras tus libertades con otras personas no es estar interesado en tratar de satisfacer tus necesidades y caprichos? No, no me has entendido.

    ¿Estamos hablando de tener sexo con alguien que te despierte los más hondos instintos?, ¿Estamos hablando de tener una relación afectiva con alguien, que se comporte contigo como si fueran novios?, o ¿estamos hablando de ambas cosas a la vez? Creo que deberías hablar más claro, dije. Reconozco que, en un matrimonio, con el tiempo, muchas cosas se dan por sentadas, de manera que se pierde el encanto del cortejo, de la conquista, de la aventura, porque ya se siente que todo debe darse dada la relación y compromiso que se ha establecido. Mientras que, en esas aventuras, por el contrario, nada se da por sentado.

    Los hombres, por lo general, buscan la oportunidad para tener sexo con una mujer, y si además es con alguien que les guste, pues mucho mejor. Pero llegado el caso, con tal de hundir su verga en una vagina, se le miden a cualquier posibilidad. Generalmente ustedes son las que disponen y deciden si aquello va o no va, así que, teniendo el poder de decidir lo que se quiere, no sé porqué entramos en este tipo de conversaciones. Para mí sería más fácil que me dijeras, oye, sabes que, tengo ganas de follarme un hombre y tengo visto a este o a este otro. Nos ahorraríamos muchas malas interpretaciones, ¿no crees? Y, pensándolo un rato, dijo, pues sí.

    Lo que pasa es que ustedes son más prácticos. Nosotras le ponemos mucho sentimiento a las cosas y nos enredamos. ¡Si! Ustedes nos dicen cosas bonitas y nos cortejan sólo con el interés de tener una relación sexual, pero, en el fondo, verdaderamente no existe ese interés. Bueno, pues, puede que si lo haya, pero una discoteca no es el sitio para encontrar al amor de su vida. Allí cada quien está esperando la oportunidad de divertirse, pasarla rico y sin compromiso. Y se entiende que todos los que van allí están en el mismo plan.

    Recuerdo que Xiomara, alguien que mi esposa conocía muy bien, me decía que lo que le aburría de esos planes era que, aceptar ir de rumba, era consentir que ellos tenían derecho a todo. Y yo le decía, pues, si no te gusta, ¿por qué aceptas? Y ella contestaba, que, si no lo hacía, nunca la invitaban a nada. Ella, entonces, estaba esperando otra cosa, una relación más duradera, hogar, familia, hijos. Una rumba no es para eso. Pero si se está pensando en retozar con un hombre, sin ataduras y compromisos, el plan de la discoteca puede ser perfecto. Y pregunté, acaso no te has dado cuenta que en las proximidades a las discotecas hay moteles y sitios para pasar un rato? ¿Por qué será?

    El problema no es querer estar con un hombre sino en no distinguir muy bien qué es lo que se quiere realmente en ese tipo de situaciones. De ahí que lo más fácil sería tener claro cuál es el propósito y así sería más fácil llevarlo a cabo. Claro, también entiendo que el cortejo, las palabras bonitas y el aparente y sincero interés del hombre por la mujer sirva para calentar el momento y a entrega sea más placentera. Pues sí, dijo ella, ustedes son más prácticos. Esa es la palabra.

    Salimos de allí sin concluir la conversación y continuamos con los asuntos pendientes hasta que, desocupados, ya más tarde, regresamos de nuevo a la casa. En la noche, ya descansando en nuestra cama, se me ocurrió utilizar el PC para proyectar, en la pantalla grande del televisor, las fotografías calientes que le he tomado en cada uno de sus encuentros sexuales. Bueno, ya que estás como rara con el tema, ahí tienes para que revivas situaciones y me digas realmente en qué estás pensando. Ten en cuenta, por ejemplo, que casi no hay fotografías de nosotros dos, porque nunca hemos tenido el cómplice que nos tome fotos mientras estamos juntos. Mientras que ellos y tú si tienen esa oportunidad, porque yo soy el fotógrafo designado.

    Fui pasando las fotografías y ella, con cada proyección, hacía su respectivo aporte. En una de ellas, se nota en su rostro la emoción, con un gesto que pareciera la elevó al cielo mientras el macho que la atendía besaba su sexo. Ufff, aquello fue intenso. Cuando él puso su lengua en mi clítoris sentí que se me calentaba todo el cuerpo. Me cogió por sorpresa porque, siendo la primera aventura, yo no sabía cómo iba a reaccionar. Hasta ese momento todavía pensaba que, para tener sexo con otro hombre, diferente al marido, había que tener una relación más íntima con él. Bueno, y si eso fue lo que experimentaste y aprendiste, porqué estabas diciendo lo que me comentabas esta tarde. No sé. Bobadas mías.

    En otra, donde ambos están desnudos, él toma su rostro con ambas manos para besarla y ella acaricia su pene erecto. Sentir el pene erecto de eso hombres me excita, me humedezco ahí mismo, dijo. Las sensaciones fueron intensas esa vez, porque yo no me lo esperaba. Estábamos de aniversario y ese fue mi regalo. Y, para qué, ese tipo me dispara la calentura. Además, me trató con mucha decencia y fue muy espacial conmigo. ¿Cómo así, especial?, pregunté. No era brusco. Se sentía su energía y era muy varonil, pero para nada brusco conmigo.

    En otra, un mulato, bastante acuerpado y más grande que ella, la está penetrando en posición de perrito. Ese tipo tiene un pene bastante grueso y yo me sentía totalmente llena cuando me penetraba, afirmó. Fue una sensación diferente a las otras, pero bastante agradable. No sé si fue porque habíamos bailado y bebido unos tragos antes de eso, pero ese día yo estaba bastante relajada y entregada a la situación, sin importar que apenas lo habíamos conocido. Fue chévere.

    En otra fotografía, su actual corneador la está penetrando en la posición del misionero y el rostro de ella expresa una satisfacción inmensa con lo que está pasando. Bueno, Wilson no es un tipo que digamos atractivo, pero tiene un algo que hace que yo desee estar con él. ¿Y no será el tamaño de su verga lo que te convence? Me atreví a preguntar. No, contestó ella, porque no lo conocimos desnudo y, antes de eso, ya sentía yo su energía, incluso antes de salir con él. Cierto es que, cuando estuve cerca de él y lo sentí cerca, la calentura subió. Y ya no hubo dudas. ¿Recuerdas? ¡Claro! Como si fuera ayer, dije.

    Y así estuvimos, casi hasta la media noche, repasando todas sus aventuras, sus encuentros, poses, las miradas, los gestos en su rostro y, en medio de aquello preguntó, ¿no te disgustan mis caprichos, ¿verdad?, de pronto son inseguridades mías. Bueno, pues eres tú quien las resuelve, dije. Fotos y conversación, todo eso hizo que la comunicación mejorara y luego, abrazados, nos dormimos.

    Al día siguiente tuve que ir hasta mi empresa y, estando allí, recibí una llamada de ella. Hablé con Wilson, está disponible hoy, y no sé si tengas tiempo para que nos veamos con él. Hoy es martes, anoté. El ambiente en los alrededores no es el mejor en esos lugares. Pues, dijo ella, se trata de que nosotros hagamos el ambiente ¿no te parece? Bueno, dale. ¿Cómo a qué hora nos encontraríamos?, preguntó. No sé, temprano, dije, con eso, si se alarga la cosa, no nos trasnochamos mucho. Creo que a las 7 pm está bien, dijo. De acuerdo, contesté. Llego como a eso de las 4 pm, anoté. Okey, dijo ella.

    Cuando iba de camino a casa, recibí una llamada de Wilson, el corneador. Hola, contesté. Hola, me dijo, No sé si sabía; me llamó la patrona. Y ¿por qué le dice así?, pregunté. Por qué ella es la que ordena, me contestó riéndose. Y quería saber si ella desea algo especial, pues, para complacerla. Pues, lo de siempre, dije, ella lo que extraña es las cogidas magistrales que usted le da y sentir su verga dentro. ¿Le parece poco? Espero no decepcionarla, me replicó. Váyase pintoso y bien perfumado. No se preocupe, contesto. Bueno, más tarde nos vemos.

    Cuando llegué a casa pude darme cuenta que ella había estado en el salón de belleza. Tenía su cabello arreglado, cepillado. Su cara maquillada y sus labios pintados con un rojo intenso, al igual que las uñas de manos y pies. Supuse que quería hacer de aquel encuentro algo especial y metérsele por los ojos a su corneador, de tal manera que este se esmerara en atenderla como ella esperaba. Las características del encuentro, sin embargo, se apartaban de su modelo de relación, porque aquel no la iba a cortejar, a tratar de conquistarla, sino que, encontrados, y ambos con deseos, como siempre, la desnudez y la satisfacción del deseo no se harían esperar.

    Ella, definitivamente, quería exaltar la pasión y el deseo, así que se vistió toda de rojo para la ocasión, utilizando como ropa interior un baby doll escotado en su torso, una mini tanga, medias con liguero y zapatos de tacón alto. Encima se colocó una corta falda, también de color rojo, y una chaqueta blanca. Adornó su cuello con collares blancos, aretes en sus orejas y pulseras en sus muñecas. Mejor dicho, haciendo uso de sus mejores galas para la ocasión.

    Poco antes de salir, el corneador la llama para saber por dónde vamos, pues él ya está próximo a llegar al lugar acordado. Ah, bueno, perfecto, dice ella. Entonces, escoge la habitación y nos esperas. Cuando lleguemos allá nos cuentas dónde estás y te caemos. ¿Te parece? Nosotros no nos demoramos. A lo sumo en media hora debemos estar llegando. Al colgar, ella me dice, toca apurarnos, porque él ya está allá. Apurarnos ¿para qué? dije yo. Para no hacerlo esperar, contesta.

    En camino al lugar de encuentro, le pregunto a ella, ¿cómo lo contactaste y qué le dijiste para acordar el encuentro? Nada especial. Le dije que estábamos perdidos y que nos gustaría compartir de nuevo con él, si tenía tiempo. Me dijo que estaba libre hoy y que el resto de semana tenía compromisos. Como quien dice, tenía que ser hoy si o si, de modo que le dije que bueno y que después lo llamaba para ver dónde nos veíamos. Y ¿dónde nos vamos a ver? Yo le dije que mirara a ver si cambiábamos de escenario, por eso llegó más temprano. Cuando estemos cerca lo llamamos y le pregunto dónde debemos llegar.

    Ya, próximos al lugar, ella lo llama de nuevo. Hola, entonces, ¿a dónde llegamos? Bueno. ¿Es cerca de donde hemos estado? Perfecto. Ya estamos llegando. Ya nos vemos. Es en el Jardín Real, al lado de donde hemos estado. Me dijo que está esperándonos en el primer piso, habitación 103. Okey, dije. Espera y parqueamos. Y lleguemos juntos. Bueno, dijo ella. Pero, sugiero, te quites las bragas, le dije. Y ¿por qué? dijo ella. Creo que no las vas a necesitar y cómo estas preocupada por no hacerlo esperar, eso facilita las cosas que van a venir. Bueno, dijo riéndose, mientras se las arreglaba para despojarse de las diminutas bragas, que a continuación me entregó. No me las vayas a botar, dijo. Pues, dejémosla aquí en el carro…

    Bajamos del vehículo y nos dirigimos directamente a dónde se nos indicó. Ella tocó a la puerta que, de inmediato se abrió. Y no sé si ella fue la más sorprendida o yo, porque este muchacho nos recibió totalmente desnudo, con su miembro totalmente erecto. Apenas la vio, le dio un beso en la mejilla y tomó una de sus manos, dirigiéndola directamente a su pene. Mamita, hace tiempo que tenía ganas de verte y mi verga estaba extrañando la suavidad de tus manos, así que no pude esperar. ¿Quieres probarla ya?, dijo. Sí, respondió ella.

    Bueno, vamos, entonces. La habitación tenía dos niveles. El primer piso estaba amoblado con un sofá. Una escalera en forma de caracol conducía al segundo nivel, donde, rodeada de espejos, había una gran cama frente a un televisor donde proyectaban películas pornográficas. Se contaba con un baño bien dispuesto y limpio. Las paredes tenían cuadros con figuras de parejas enamoradas, todo muy bien organizado y llamativo. ¡Claro! Para ese instante, eso era lo que menos les importaba a ellos. Era yo quien ponía atención a los detalles.

    Y, en el sofá de ese primer nivel, Wilson se sienta en el borde y atrae a mi mujer para que se instale encima de él. Ella, sin quitarse la ropa, así lo hace. Y, como no tenía las bragas puestas, esa primera maniobra resulta fácil. Ella abre sus piernas, dejando las piernas de él en medio, acomoda su vagina sobre el pene de aquel y deja caer su cuerpo. Apenas siente que su miembro la penetra, exclama un sonoro, aaahhh… muestra de la inmensa expectativa que guardaba esperando ese momento.

    Empieza a mover su cuerpo, adelante y atrás, instalada sobre aquel, pero parecen estar algo incómodos y no poder maniobrar con libertad. De modo que él, después de varios intentos errados por acomodarse, le dice… “Mamita, mejor vamos arriba”. Si, vamos, replica ella. Estás incómodo, ¿verdad? Si, dice él, mientras se incorpora, la toma de la mano y la arrastra escaleras arriba. 

    Al llegar al segundo nivel, él se tiró de espaldas sobre la cama y le hizo señas para que se acercara y siguieran con lo que habían empezado allá abajo, así que mi esposa se retiró la pequeña falda roja, su chaqueta blanca y se acomodó de nuevo sobre aquel. Ahora sí, con entera libertad, ella empezó a moverse a gusto sobre el pene de aquel. Primero movía su cuerpo adelante y atrás, pero, con el pasar del tiempo, poco a poco, empezó a moverse de manera circular sobre su pene, presa de la mayor excitación, pues gemía, su rostro se contraía y con sus manos se acariciaba sus propios pechos. Aquel, sabiendo lo que pasaba, de cuando en vez, la aprisionaba por sus nalgas y le insinuaba cómo mover su cuerpo.

    Pasados los minutos ella parece alcanzar el clímax y se retira de aquel, tumbándose a su lado y aun contorsionándose, presa de la emoción. Wilson, le pide que se coloque de espaldas y ahí, tumbados sobre la cama, la penetra desde atrás, ahora sí, empujando con gran vigor e intensidad. La escena es excitante, porque a medida que el empuja y empuja, la excitación de ella va otra vez en aumento y ya no gime, grita, con cada embate de este macho persistente. Mientras lo hace, sus manos se entretienen acariciando los hinchados y agitados pechos de mi mujer. Voy a complacerte como nunca antes, para que no me deje olvidado tanto tiempo, como esta vez, dijo. ¿Te gusta? Si, dijo ella. ¿Qué es lo que más te gusta? Sigue así, dijo ella.

    Al rato, y después de darle y darle, el hombre pareció alcanzar su máxima sensación y, apretando las caderas de mi esposa con sus manos, la retuvo contra su cuerpo empujando y reteniendo su miembro en el contraído sexo de mi mujer mientras eyaculaba. Al rato se retiró y se pudo ver el condón lleno de su semen. Así que se levantó y fue al baño. Ella, mientras tanto, permaneció tendida en la cama, aún sobrecogida por la emoción y el esfuerzo puesto de manifiesto en aquella cogida. Se la veía muy contenta y, al parecer, satisfecha.

    Su corneador volvió, se tumbó nuevamente a su lado, y, mientras le hablaba, se dedicó a acariciar su cuerpo; especialmente sus piernas. La charla, por ahora se enfocó en preguntar porqué lo teníamos tan olvidado. Ella dijo que habíamos tenido muchos compromisos y que, distraídos con tanta cosa, se había pasado el tiempo. Bueno, recuerda que no tienes sino que llamarme, y yo, con mucho gusto te complazco, donde sea y a la hora que sea. Y si el patrón no está, porque anda de viaje, pues lo llamamos y le pedimos permiso. ¿Por qué no?, dijo.

    Pasado un rato, él colocó una de las manos de ella sobre su pene para que lo empezara a estimular de nuevo. Esta maniobra dio resultado, porque al poco tiempo su miembro volvió a estar disponible. Sin embargo, no pasó nada de inmediato. El seguía acariciando a mi esposa, y comentando cosas, sólo que ahora su miembro ya estaba duro y listo para entrar en acción. ¿Ya descansaste?, peguntó. Si, ¿por qué?, dijo ella. Pues para que lo hagamos otra vez, ¿si te parece? Si, dijo ella, y abrió sus piernas de manera mecánica.

    El pareció entender la sugerencia y, de inmediato se incorporó, se acomodó en medio de las piernas de ella, dirigió el pene a su vagina y, al parecer muy entusiasmado, la penetró de nuevo. Lo hizo de manera delicada inicialmente, lentamente, y poco a poco, su miembro fue entrando más profundo dentro de ella. Sus embestidas empezaron de manera pausada al principio, y luego, un tanto más rápido, cuando aquel morocho empezó a mover su cuerpo en todas las direcciones. Ella le aprisionaba sus nalgas, atrayéndole hacia sí, quizá porque la sensación de placer empezaba a hacerse presente de nuevo.

    Resulta un tanto cornudo decirlo, pero causaba excitación ver como los músculos de las nalgas y piernas de aquel hombre se tensaban cada vez que se acomodaba para empujar dentro de mu mujer, y como, poco a poco, su piel empezaba a ponerse brillante por el sudor que ya se empezaba a hacer visible. Mientras tanto ella, excitada con tanto movimiento, gemía cada vez más alto y movía sus piernas con intensidad, tratando de rodear y atenazar el cuerpo de aquel vigoroso hombre, que, la llenaba de placer.

    Wilson quería alcanzar su máxima sensación, porque ella, al parecer, y de nuevo, ya parecía estar llegando, así que corrió su cuerpo al borde de la cama, permitiéndole que ella apoyase sus pies contra la pared, quedando el en libertad de embestir y embestir, permaneciendo de pie al borde de la cama. Esta posición, de hecho, permite llegar más profundo dentro del sexo de ella y maniobrar con mayor espacio, amasar los senos de mi mujer, a voluntad, y jugar con sus piernas, abriéndolas o cerrándolas, tal vez para sentir su pene más o menos aprisionado dentro de su cuerpo.

    Sea como fuere, esa posición resultó fabulosa. El rostro de ella se congestionó, se puso colorada de la excitación y, después de varias embestidas y numerosas variaciones en lo forma en que aquel la penetraba, finalmente soltó un estruendoso grito que, con el apaciguamiento de la sensación, de a poco fue bajando en volumen. Se agarró del cuello de Wilson y retuvo su cuerpo, unido al de ella, mientras disminuía toda la excitación que había surgido en aquella singular follada. Él se retira dejando ver en el condón los restos cremosos de su semen mientras que ella, aun agitada, permaneció tendida en la cama. Su respiración aún era agitada y sus pechos se movían arriba y abajo.

    El muchacho entró al baño, se duchó y, al poco rato, salió relajado y con cara de satisfacción. Al fin y al cabo, para no haberse visto por algún tiempo, parecía que ya había recuperado los polvos perdidos y había sabido gozar de ella lo suficiente. Se sentó en la cama y, sonriente, dijo, ahora sí le recibo un trago. Creo que me lo merezco. Usted dirá, contesté. Un ron con coca-cola estaría bien. Bueno, espere lo pido, pues con esa arrechera suya, no hubo tiempo de pedir nada. Tranquilo, no se preocupe, yo espero… Ella, mientras, se había levantado y entrado al baño.

    Hice las llamadas respectivas para solicitar el servicio y mientras esperábamos estuvimos charlando. ¿Cómo le ha ido? Todo bien, me comentó. Bueno, y ¿qué tanto compromiso tiene? No, lo normal, nada especial. Bueno, pero Laura me dijo que andaba ocupadísimo y que, si no era hoy, ya no sería. Dije eso porque, si lo aplazaba, de pronto ella se arrepentía y la cosa quedaba en veremos. Mejor aprovechar que ella tomó la iniciativa y sacar provecho que anda deseosa. Pues, sí, dije. Al parecer así ha sido, ¿no le parece? Si, dijo él, está bastante caliente el día de hoy. Bueno, esos es señal de que lo estaba deseando a usted desde hace días. Hay que aprovechar, dijo…

    Llegadas las bebidas y ya reunidos los tres, continuamos la conversación al calor de unos tragos. Bueno, no te puedes quejar, le dijo él a ella; me he esforzado bastante. Está bien, respondió ella, no tengo queja. Esperemos un rato a ver si levanto presión de nuevo. Admiro tanta energía, dijo ella, porque yo ya estoy que no doy más. No te creo, respondió aquel. Cuando estás así, resultas insaciable.

    Pasado un larguísimo rato, él, de nuevo, empezó a acariciarla y, con sus manos, tratar de estimular su clítoris, a ver si ella se animaba de nuevo. ¿Sabes qué?, dijo ella, la verdad, yo ya estoy agotada. Yo creo que mejor guardamos fuerzas para otro día. Y, con más ánimo, nos encontramos de nuevo. Bueno, dijo él, pero, entonces, para despedirnos, déjeme bañarla. Nunca lo hemos hecho. Buuueeeno, dijo ella, no muy convencida. ¡Vamos pues! Dijo él y me picó el ojo sonriendo, con cara de travieso.

    Entrados al baño fueron directo a la ducha, que estaba bastante amplia y se separaba del resto del mobiliario con un gran vidrio transparente. Abrieron la llave del agua y bien pronto el recinto se llenó de vapor; el agua estaba caliente. Él tomó la iniciativa, cerró la llave del agua y empezó a enjabonarla a ella, llenándola de espuma en todo su cuerpo. Mientras lo hacía, ponía especial atención en estimular su clítoris. Ella, en respuesta, hizo lo mismo, enjabonando todo su cuerpo y, desde luego, con énfasis en su miembro que ya para ese momento estaba endurecido y erecto.

    La mutua enjabonada sirvió de pretexto para que él arrimara su cuerpo al de ella y, en un estrecho abrazo, la besara. Ella no lo rechazó y, por el contrario, hizo de esa caricia un simulacro de cópula, sólo que estaban ambos de pie y, por la diferencia de altura, una penetración en esa posición resultara imposible, a menos que ella se apoyara sobre algo. Pero no habiendo como, ella, percibiendo la dificultad, se puso de espaldas a él, apoyo sus manos en las llaves de la ducha e inclinado su cuerpo, meneó sus nalgas, ofreciéndoselas a aquel.

    El no desaprovechó su gesto y, rápidamente se apresuró a penetrarla. Ella abrió la llave del agua y aquella follada se dio estando los dos bajo un chorro de agua caliente. Wilson acariciaba los senos de mi esposa mientras empujaba y empujaba, y ella, apoyada en las llaves, tan solo resistía sus embestidas. No paso mucho tiempo para que empezara a gemir, a mover sus caderas, a contorsionar su cuerpo, mientras Wilson la atenazaba por sus caderas para que no se fueran a desconectar. Ella, totalmente excitada, gimió de lo lindo y pareció haber alcanzado su orgasmo, de modo que aquel se retiró su miembro todavía erecto y, sin vergüenza, le pidió a ella que se lo mamara.

    Mamita, deme ese regalo, ya que hoy no lo hemos hecho. Y ella, obediente, tomó su pene en las manos y se lo llevó a la boca. Seguramente él, también, ya estaba próximo, porque no tardó en venirse. Y ella, aprovechando que caía agua sobre ellos, siguió chupando aquel miembro hasta que fue perdiendo dureza y las cosas se fueron calmando. Estuviste súper, dijo él. Llámame cuando quieras, que siendo así vengo sin tardanza, dijo. Ella tan sólo contestó sonriendo. Yo me salí a esperarles afuera.

    Se demoraron un rato en salir, así que supongo que hubo otro espacio para besos y abrazos, más reservados, quizás más espontáneos, ajenos a mis miradas. Cada uno, por su lado, empezó a vestirse, sin decir nada y tan solo mirando de rejo las escenas pornográficas que se veían en el televisor. Era curioso, sin embargo, como aquellas escenas captaban su atención, tanto, que llegué a decir, pues si quieren esperamos otro rato y practican esas poses. ¿Te le mides?, dijo él. ¡No! ya está bien, dijo ella. ¿Es que nunca te cansas? Contigo no, mamita, le respondió.

    Una vez vestidos, quién iba a imaginar que aquellos, poco rato antes, habían estado follando a más no poder. Todos salimos de allí con rostros satisfechos. Ella, porque había logrado aliviar la inmensa tensión sexual que venía acumulando desde días atrás y que, minutos atrás, había desfogado con toda su intensidad. El, porque la oportunidad de follarse a una hembra tan caliente y deseosa, como estaba mi esposa aquel día, no se da muy seguido. Y yo, por supuesto, por haber presenciado, en vivo y en directo, la magnitud de tal faena.

    Ya en el carro y habiéndonos despedido de Wilson, dije, ¿no te puedes quejar? No, dijo ella, él, como siempre, es inagotable y soy yo la que no le da la talla. Para estar con él uno tiene que tener muy buen estado físico y estar preparada. No hay queja. El tipo sirve para esto. Pues sí, dije, hay que reconocerlo. Y, bueno, ¿eran tantas las ganas que tenías? Pues, verse con él resulta agradable, pero no tanto como para decir que si no se da se acabó el mundo. Y ¿entonces? ¿Tú fuiste la que organizaste la cosa? Pues, sí. La verdad, ver esas fotos anoche, me calentaron y me animaron a hacer esto. Vaya, vaya… dije yo. Y volvimos a la casa, por supuesto, a descansar después de una noche de sexo muy intensa.

  • El amigo de mi tía sacó mi zorra interior

    El amigo de mi tía sacó mi zorra interior

    Hola mis amores, éste es mi primer relato, espero que les guste.

    Aunque soy un hombre bisexual por primera vez decidí actuar, pensar y sentirme como una mujer, como una puta a la cual no le importa nada más que el puro placer enfrente del machito que me partiría en dos.

    Bueno, esto pasó hace unos días en la casa de mi tía para hacer una parrillada y sí, lo sé, hay pandemia, pero uno ya está harto de estar encerrado todo el día y pensé que una buena parrillada no caería nada mal y todo esto con un rico palo como extra para mi sorpresa, en fin, mi tía dijo que iría un amigo suyo y todos estuvimos de acuerdo al fin y al cabo es su casa y ella sabe a quién deja entrar y a quien no, como quiera a mí me agradaba la idea de que fuera porque ya lo conocía ya que va de manera regular a visitar a mi tía (es soltero) y desde hace tiempo le traía ganas, de hecho me he tocado pensando en él.

    Su amigo es gay, tiene 33 años, como 1.80 de estatura, güerito, ni feo ni guapo, ni flaco ni gordo, pero eso sí, con el pantalón que traía puesto como se notaba aquel paquete se cargaba entre sus piernas ufff una ricura. En cambio yo tengo 18 años, mido 1.65, ya algo rellenito por esta gordentena, también güerito, pero con unas nalgas muy apetecibles. Tenía un pantalón puesto que me apretaba las nalgas, la verdad, casi todos mis pantalones me aprietan de las nalgas puesto que me gusta provocar.

    Todo empezó como de costumbre, llegamos a la casa de mi tía, preparamos todo lo necesario para asar la carne y salude a ese chico el cual (omitiré su nombre por privacidad) muy educado me saludo también, notaba como de vez en cuando él me echaba un vistazo de reojo hacia mi culo lo cual me calentaba me ponía al 100 y yo se lo devolvía pero hacia su paquete igual de reojo. Charlamos un poco y mis padres se fueron por el resto de familiares y mi tía tuvo que salir a hacer unos pagos de su negocio y ese chico y yo nos quedamos solos en la casa; a mí me encargaron prender el fuego en el asador y a él que me ayudara en lo que necesitara.

    Él me preguntó amablemente si me podía ayudar en algo pero yo le dije que no, que así estaba bien él me dijo que ok y se sentó con su teléfono celular en una mesita que está enfrente del asador. Mientras yo acomodaba las cosas, si me tenía que agachar, lo hacía de tal modo en que mi culo apuntara hacia él de una manera muy descarada para que me viera y yo pudiera atraparlo y hacer algo.

    Después de varios intentos de manera despistada noté como se me quedaba viendo fijamente y volteé repentinamente, él se puso nervioso y yo me le acerqué.

    -¿Qué ves? ¿Acaso te gusto? -Le pregunté en un tono algo serio.

    Se quedó callado todo nervioso.

    -Sí, te gusto y eso de aquí abajo me lo confirma.

    Oh dios, su pene estaba durísimo, no hacía falta tocarlo para darse cuenta que lo tenía parado y grande, solo bastaba con ver el bulto sobresaliente ay que rico ya quería metérmelo todo a la boca, mi nivel de excitación estaba en lo más alto o eso creía.

    Entonces me paré y me di media vuelta alzando mis nalgas hacia arriba para que pudiera verlas mejor y solo miraba, pero no decía nada así que tomé su mano y la puse en mi culo.

    -Tranquilo corazón que yo también te traigo ganas, puedes tocarlas si quieres. –Dije yo.

    -Mmmh, que buen culo tienes. –Me dijo mientras lo masajeaba de una manera lenta y rica.

    Entonces me siento arriba de su bulto frotando mi culo contra él.

    -Ay papito que rica verga tienes, perfecta para mamarla y montarla.

    -Vaya, quién diría que alguien como tú le gustara tanto la verga. –Dijo él.

    -A mí no solo me gusta, me encanta y a partir de éste momento seré tu perra, seré tu puta, ésta zorrita es tuya ahora. –Y me le eche encima para besarlo y wow! Besa muy rico, unos labios carnosos y una lengua que sabe hacer su trabajo.

    -Vente mi amor vámonos para adentro. –Le dije y nos fuimos besando hasta llegar a un cuarto y entrando nos tiramos en la cama, nos retiramos nuestras prendas y nos seguimos besando. Me besaba y lamia el cuello, pecho y espalda de una manera tan apasionada y pervertida mientras agarraba mis nalgas y yo su grande y gruesa verga. Nos pusimos en posición de 69 para yo poder por fin comerme su enorme pito y el me comenzó a estimular mi ano con su legua, no puede ser, es la primera vez que hacen eso, comenzó a meterme un dedo, luego dos y finalmente 3 y se sentía tan rico.

    -Mmmm… ummm ayyy –Yo solo gemía del placer, entonces yo ya no aguantaba más y suplique que me la metiera toda.

    -Vamos corazón dale verga a tu putita, enséñale a tu hembra quien es el macho aquí. -Entonces me acomodó de perrito, me escupió en el culo y me la metió toda de un solo golpe y empezó a bombear muy duro.

    -¡Ayyy ayyyy, si mi amor dame, sí, así más duro, uyyy. -Sentí un dolor enorme, pero fue siendo reemplazado por si el placer.- Vamos nalguéame fuerte. -Empezó a nalguearme.

    -¿Te gusta culera? ¿Te gusta que nalgueen mientras te cogen eh?

    -Sí me gusta, mmmm, me encanta.

    Y así estuvimos un buen rato, cogiendo cambiando de posiciones besándonos mientras yo me masturbaba, el placer, el placer estaba a tope. Ese calor que había entre nosotros, nuestros cuerpos tocándose mutuamente era algo espectacular. En eso lo veo y le digo:

    -Tremenda cogida que me está dando un tremendo cabrón -Dije yo.

    En eso me da una cachetada y me excité aún más y él me respondió.

    -¿Cabrón yo? Eres una zorra muy grosera y te acabas de ganar un castigo.

    En ese momento me aventó quedando yo boca arriba, puso mis piernas sobre sus hombros, me agarró mi cuello con su mano izquierda para ahorcarme mientras que la mano derecha me la acercaba a la boca para que yo pudiera chuparle los dedos, me metió toda su verga y comenzó a darme, pero más fuerte y más rápido, oh sí, ese placer fue algo hermoso.

    -mmmm…

    -Tienes que aprender que a tu macho se le respeta. -me dijo él y otra vez aumento la velocidad con la que me penetraba. Yo ya no aguantaba más y me vine, el placer que me causaba ser penetrado era mucho.

    Él sacó su verga de mi culo y me lo dejo palpitando, todo abierto mientras yo temblaba por el dolor y el placer de haber sido penetrado, se empezó a masturbar enfrente de mí.

    -Ven acá y abre la boca que te vas tragar toda mi leche.- Yo obedecí pensando que solo me los iba a aventar pero me metió toda su verga en mi boca también de un solo golpe, me dieron arcadas y algo de asco puesto que él me la había metido sin condón así sin limpiarse ni nada pero por la excitación fui perdiendo el asco, entonces él comenzó a cogerme la boca bombeando de una manera agresiva hasta que se vino, me la sacó para que yo pudiera tragármelos.

    -Que rica lechita mi amor, esta calientita. -Dije yo.

    -Calla y limpia mi verga con tu lengua. -Y empecé a limpiarla desde el tronco hasta la punta.

    Terminé y nos cambiamos.

    -Éste es el primer culito que de verdad me deja satisfecho, eres una puta muy buena.

    -Claro que sí amor y estaré dispuesta para lo que me pidas.

    Después recogimos bien todo para que no quedara rastro alguno de lo sucedido ahí y seguimos con lo demás para hacer la carne y yo caminaba cojeando por lo adolorido que me había quedado mi culo.

    Bueno espero que les haya gustado este relato amores.

    Que se la pasen bien, cuídense y tengan mucho sexo.

    Chau.

  • Placeres encadenados

    Placeres encadenados

    Pablo: A veces pienso que lo mío no es normal, o tal vez le debe pasar a muchas personas, no puedo entender como tanto vos como yo sentimos el mismo placer cuando tenemos relaciones, que cuando vos me contás que tenés alguna aventura con alguien, o simplemente alguna situación erótica, inclusive una simple fantasía morbosa.

    Y esto fue producto de lo bien que nos hemos llevado en la cama, esa misma manera de sentir el placer a través del placer del otro, sin importar como se lo obtenga, cuando ambos sabemos que cualquier forma de placer que busquemos va a ser en función de excitar al otro y pensando en la excitación que a la vez va a producir eso en nosotros.

    O sea que en realidad se produce una cadena de placeres, la primera en la concepción de la fantasía por hacer realidad, la segunda en concretarla, la tercera al relatarla al otro y la cuarta en la cogida desenfrenada que nos provocan todas las anteriores.

    Por ejemplo sé que en este momento estás viajando hacia el turno que tenés con la masajista, elegido por supuesto en hora pico, debés estar viajando en un colectivo colmado de gente que sale del trabajo, habrás esperado en la cola para entrar y quedar por el centro del bondi, habiendo ya elegido algún pendejo para acomodarte parada delante de él, de esos que te gustan a vos, que son los que más se calientan, esos que sabés que después se van a matar a pajas pensando en vos, y excitado va a intentar varias veces tomar el mismo colectivo a la misma hora con la esperanza de volver a encontrarte.

    Por la ropa que falta sobre el respaldo de la silla, sé que te pusiste la pollera plisada corta y la blusa escotada negra, esa que te marca los pezones, por supuesto sin corpiño, ahora debés estarle rozando con las nalgas contra el jogging del pendejo, apenas, hasta que empieces a notar que se le pone dura la pija, eso es lo que más te gusta, tantearlo primero para después encerrársela entre los cachetes y empezar a sentir el calor de la pija que todavía apunta hacia abajo, entonces vas a empezar a empujar un poquito, solo por ese placer que te proporciona el sentirla crecer a lo largo de tus nalgas y rozarte ya el ojete. Él ya debe estar empujando también, después va a meter la mano en el jogging y se la va acomodar para ponerla en punta y hundírtela bien en la culo, sé que te estás agarrando de pasamano del asiento, de manera que en cada empujón del pibe también se te calce el caño en la concha.

    Y ahora debés estar llevando tu mano hacia atrás buscando eso que tanto te gusta que es modelarle la poronga, como vos decís, a través del pantalón, tus dedos van dándole forma cada vez más grande al bulto, apretando y soltando levemente te vas sintiendo una escultora de ese pedazo de carne tibia que ya debés estar ansiando apoyártela contra tu concha, y el deseo crece cuando te imaginás como me voy a poner cuando me lo cuentes, cuando te pida los detalles, la respiración agitada, el tamaño de la pija, la humedad de tu concha… por eso tratás de que tu mano también recuerde para también contar, te levantas la pollera para sentir la dureza contra tu bombacha, pero no te basta, como siempre estás empapada y no podés parar, necesitás que él lo sienta, le bajás el elástico del pantalón y la pija salta hundiéndose más en tu culo, ahora sentís todo el largo de la poronga deslizándose entre tus nalgas, pero vos la agarras y comenzás a pajearla llevándola de a poco entre tus piernas, metida entre tu raja empapada, eso necesitabas, apretarla entre tus muslos y moverte para sentir como la cabeza hinchada te roza el clítoris, y sentir el tronco de la poronga surcando la raya de tu culo, del pendejo está desesperado empujando y agarrándote con ambas manos de las caderas, vos quisieras metértela ya, pero tenés que bajarte, entonces te calienta aún más el pensar que lo vas a dejar al pibe con la pija afuera goteando, apretás las piernas y comenzás a estremecerte mientras acabás, y así le liberás la pija de entre tus piernas y con la mano mientras giras se la acomodás dentro del pantalón, y te vas hacia la puerta trasera, tocás el timbre y antes de baja llegás a ver las maniobras del pendejo para esconder la pija al palo.

    Mahia: Sí, esta perversión compartida es una catarata de placeres, yo estoy aún disfrutando de mi orgasmo en el colectivo, y a la vez pensando que vos en casa te debés estar pajeando con solo imaginar lo que acabo de hacer, y que no debe diferir mucho de la realidad que viví en el bondi, además sigo pensando en el pendejo, que ahora debe estar deseperado tratando de apoyársela a alguna mina para acabar, no debe aguantar esperar volver a su casa para hacerse una paja en mi nombre y ya se la debe estar tocando disimuladamente tratando que no se den cuenta los pasajeros, a eso se suma mientras camino hacia lo de la masajista el flujo me está chorreando por los muslos, y eso me excita aún más, aún faltan dos cuadras para llegar a la casa de masajes y espero no se seque la bombacha así la masajista que elija lo note cuando me desvista, me pregunto cómo te gustaría que la eligiera, bajita, tetona, con cara de puta o de inocente para que me excite más el seducirla, siempre es una distinta, para probar, para descubrir si esa perversión que vive en nosotros también vive en ellas. Creo que igual que yo preferirías que la elija con cara de inocente.

    Antes de tocar el portero verifico con mis dedos que la bombacha está húmeda, me da gana de dejarlos ahí, pero mi urgencia prefiere dejar marcado el flujo de mis dedos en el botón del portero.

    La recepcionista verifica mi turno y me pregunta con quien quiero que me hagan el masaje, le pido me muestre quienes están libres, son solo tres, me las presenta, las tres visten calzas y musculosas:

    María responde al tipo puta, alta, rubia, un lomo infernal, ojos verdes, me sonríe y se pasa la lengua por los labios.

    Elena es la típica masajista, media gordita, castaña con el pelo recogido, ojos castaños, buenas tetas que salen del escote, se le trasparentan unos pezones grandes y negros, también me sonríe.

    Judith es chiquita, debe tener mi edad, morocha de rulitos, unas tetas medianas en punta paradas, un culito redondo como trazado con compás, unos labios muy sensuales, no le veo en este momento el color de los ojos porque mira hacia abajo, entonces también bajo la vista y me encuentro con la calza encajada en unos labios carnosos, lo cual me decide de inmediato a elegirla. Se lo comento a la recepcionista, y Judith a media voz me dice que la siga.

    Al seguirla me doy cuenta que no solo se le mete en la raja sino también la tiene bien metida en el culo, e indudablemente sin bombacha, eso me calienta aún más, pero no condicen estos detalles con su mirada evasiva.

    Cuando llegamos a su gabinete me pide que me desvista, me trata de Ud., la miro entre divertida e intrigada, comienzo a desabrocharme la blusa, esa bien escotada que te gusta a vos, lo hago despacio porque sé que ya comienzan a aparecer mis tetas y quiero ver la reacción de Judith en cuanto me vea con los pezones parados. Está concentrada acomodando las toallas pero veo que por momentos gira la cabeza hacia mí vigilando mis movimientos, cuando termino de abrir la blusa detiene más la mirada, y vuelve a lo suyo, buena señal pienso.

    Ahora me quito la pollera dándole la espalda para que pueda ver mi culo, que no tiene nada que envidiarle al de ella, está por poner la toalla sobre la camilla y se detiene, yo sigo agachada alargando el sacarme la pollera para que se deleite mirándome ahora ella a mí la bombacha bien metida en el culo.

    Le pregunto si tengo que sacarme la bombacha, me contesta con un hilo de voz como quiera, le digo que prefiero dejármela, en realidad lo que prefiero es que se dé cuenta que la tengo empapada de flujos, y me acuesto en la camilla boca abajo con la cabeza apoyada en los brazos cruzados, mientras ella me coloca la toalla atravesada en el culo.

    Se unta las manos con el aceite que cuelga de su cintura y se instala en la cabecera de la camilla para masajearme los hombros, ahora para mi deleite tengo la visión de su concha frente a mis ojos, no vas a poder creer lo gruesos que tiene los labios, están tan cerca ahora que cuando la acerca estirándose para frotarme la espalda hasta puedo sentir el olor, no sé si lo hace a propósito o de pura inocente, es fácil probarlo, saco uno de mis brazos de debajo de la cabeza y lo dejo colgando de la camilla con el codo hacia arriba, ahora queda entre sus piernas, cuando se acerque otra vez, el codo le va a rozar la raja, veremos si la retira o la deja, aquí viene, sus labios se apoyan en mi piel, parte de mi codo se hunde entre ellos, detiene el masaje un segundo, creo que mira para cerciorarse contra qué se apoyó, y completa el masaje hasta la cintura hundiéndose el codo en la calza más aún, yo estoy que vuelo, ahora se aleja y vuelve a los hombros y al cuello y comienza a bajar lentamente por la espalda, yo hipnotizada por esa raja que se va acercando hasta que roza nuevamente mi codo, una leve presión y se aleja.

    Mi mirada está fijada en su concha, mido cada milímetro que se acerca, trato de sacar el codo lo más afuera posible, pero la guacha se ha propuesto hacerme desear, varias veces apenas la apoya, hace una leve presión y retrocede como si intentara solamente hacerme desear.

    Cambia y se va a los pies de la cama y empieza a hacerme reflexología en las plantas, mi concha está que arde, la aprieto lo más que puedo contra la camilla, primero el derecho después el izquierdo y comienza a subir por las pantorrillas con ambas manos hacia mis muslos, eso ayuda para que mi pelvis se aplaste contra la camilla y mi concha destile más flujo.

    Aprovecho y me deslizo hacia ella, doblo la rodilla derecha y dejo que el otro pie sobresalga de la camilla, ahora sé que debe estar viendo la mancha de flujo en la bombacha gris que está empapada, tal vez eso la caliente y en el ir y venir del masaje se tiente y se calce mi pie entre sus piernas, muero por sentir mi empeine entre esos labios, y hacerla chorrear.

    Se estira hasta mis nalgas y siento como mi pie izquierdo queda atrapado entre sus piernas, ejerce una leve presión y se estira un poco más masajeando mis muslos, y vuelve a presionar, giro el empeine y se inserta en los labios, esta vez al bajar las manos por los muslos sigue apresando el pie ente sus piernas, una, dos, tres veces vuelve a presionar, a tal punto que ya siento sus jugos correr entre mis dedos, mi deseo se alterna entre la concha de Judith, la pija del pendejo del bondi que en este momento se debe estar pajeando y la tuya que también te la estarás meneando imaginando lo que yo lo estoy haciendo.

    Me libera el pie y me pide que me dé vuelta, mis tetas contentas, están tan parados los pezones que me los pellizcaría ya, pero voy a esperar, eso me calienta, y la guacha comienza a pasarme el aceite como en las porno, primero por los hombros y rodea las tetas hacia las costillas y masajea debajo sin tocarlas, y sigue viaje hacia mi vientre, ahora pasan cerca de mi boca los pezones de ella bien marcados por la transpiración en la musculosa, ¡cómo los chuparía! pero quiero que ella tome la delantera, no puedo evitar apretar mis piernas y soltarlas, apretar y soltar, como si tu pija estuviera en el medio de ellas, la del pendejo en el colectivo, o como mi pie estaba hace un rato entre las piernas de ella, no doy más…

    Por fin comienza a masajearme las tetas, suavemente, con la palma primero, después pellizcando los pezones, cada vez se me ponen más duros, en cualquier momento voy a acabar, se corre a un costado y con una mano me masajea las tetas y con la otra el vientre, sus dedos comienzan a meterse apenas debajo de la bombacha, yo me agarro a los bordes de la camilla, tratando que mis nudillos queden cerca de su concha, deseo que se apoye en mi mano mientras me masajea, ella baja la vista y por primera vez sonríe mirando mi mano, sigue masajeando el vientre y sus dedos rozan mis pendejos dentro de la bombacha, a la vez siento apoyada en mi mano por un instante los gruesos labios de su concha, y cuando comienzo a sentir la humedad de su calza, la retira, también su mano de mi bombacha, doblo las piernas y las entreabro, y comienzo a mover la pelvis apenas hacia arriba y abajo, como tratando de alcanzar su mano con mi clítoris, ella se acerca cada vez más a mi raja y cada vez apoya más su concha en mi mano… No puedo más Pablo! Le agarro la mano y se la llevo a mi concha y la aprieto obligándola a que me pajee, la turra me sonríe, saca su mano y me toma de la muñeca y me obliga a que yo me siga pajeando y ella se baja la calza hasta las rodillas, trae una silla, la coloca a un costado, se sienta, abre las piernas y me ofrece una visión inmejorable de su inmensa argolla chorreando y en la que se mete tres dedos y comienza a bombear.

    Yo también giro y abro lo más que puedo las piernas para darle una mejor visión de mi paja, y las dos mirándonos a los ojos nos desesperamos por calentarnos mutuamente, tratamos de sacar la conchas lo más que podemos hacia la otra como una ofrenda, movemos nuestras lenguas como si las tuviéramos entre los labios de un 69, y así, enloquecidas ambas al ver que ella acaba con un chorro en medio de un grito apagado, yo la sigo apretándome con las dos manos la concha y arqueando el cuerpo tres veces en convulsiones sucesivas que me dejan exhausta mientras grito tu nombre, ¡Pablo!

    Ella se levanta, camina hacia mí, saca los dedos de su raja y me los mete en la boca, yo juego con mi lengua mientras solo me dice:

    -Chupa preciosa, que la semana que viene te espero con tu marido.

  • Me enamoré de mi vecina

    Me enamoré de mi vecina

    Cuando me volví independiente compré un departamento el cual estaba junto al de una señora que era mi fantasía cuando era morro. 

    Comencé a platicar con la señora y nos hicimos muy buenos amigos, tanto que su esposo ya estaba acostumbrado a verme en su casa y a verla a ella en mi casa. Y los dos teníamos llaves del departamento del otro por lo que podíamos entrar a la hora que fuera.

    Yo siempre le decía que era una mujer muy hermosa y que cualquier chavo de mi edad quisiera estar con ella y a su vez ella me decía que cualquier señora de su edad quisiera andar conmigo, que ella no porque estaba casada y podría ser hasta mi mamá.

    Un día me metí a bañar como a la una de la tarde, lo que no sabía es que ella justamente estaba entrando a mi casa y por error había llegado a la ducha y me estaba viendo como me bañaba. Yo no me di cuenta pero un rato después vi en las cámaras como me había espiado.

    Al día siguiente su esposo se había llevado sus hijas a un viaje, por lo que mi vecina estaba sola. Decidí llevarle unas flores pero al entrar en su casa no la encontraba, subí hasta la ducha y vi cómo se estaba bañando.

    Me baje el pantalón y comencé a masturbarme sin que ella se diera cuenta, cuando empecé a eyacular decidí desnudarme y meterme a bañar con ella.

    Entre la abracé por detrás y comencé a frotar mi pene sobre su culo, ella me estaba confundiendo con su esposo, por lo que yo le dije:

    -No soy tu esposo, soy el vecino al que espiaste el otro día mientras se bañaba, ¿Te gusta lo que te estoy haciendo?

    Ella entre gemidos dijo:

    -Eres Biny, nunca pensé que yo te pudiera gustar, follas muy rico

    Continúa…

  • Segunda cita cuckold y yo feliz cornudo

    Segunda cita cuckold y yo feliz cornudo

    Después de haber tenido nuestra primera experiencia cuckold, estuvimos ansiosos por buscar otro candidato para el próximo encuentro, así que encontramos a un chico nos pareció buena gente y decidimos citarlo por los olivos, por los parques que se encuentran al frente de mega plaza, por donde fue nuestra primera aventura.

    Se vistió sexy con unos leggings ajustados que mostraba su figura exquisita, un polo a tiritas color rojo, sin brasier y con su hilo color blanco, por su puesto también con casaca pues ese día hacia algo de frio.

    Llegamos al sitio indicado y vimos que nuestro invitado tenia carro, lo cual nos sorprendió y gusto a la vez pues se nos ocurría hacer travesuras hay.

    Nuestro amigo bajo del carro, se presentó educadamente perdiendo su mirada de arriba debajo de mi mujer, y yo feliz, así que le invitamos a caminar por los alrededores, caminando con el no paraba de sorprenderse de lo riquísima que se veía mi mujer, así que le di pase a que la abrazara y manoseara, acto que no tuvo demora alguna y abrazo por delante mi mujer, él era alto así que podía abrazarla y poseerla completa a mi esposa.

    Caminando ellos adelante abrazados se reían y yo atrás excitado por la escena, y como yo tenía que comprarme una pastilla, pues andaba con medicamentos, nada grave, así que los deje en un extremo de la vereda mientras yo cruzaba la calle para comprar la pastilla en una farmacia, de lejos pude ver como se reías, se miraban y se besaban tan apasionadamente que me excitaba totalmente, después la abrazo ella delante de el apuntando su miembro en medio de las langas y el abrazándola de la cintura apretando para que le sintiera todo el paquete, a lo que yo regreso le digo a mi mujer, lo sientes todito? Y me dice excitadamente, siii así que nos quedamos así por un rato para después seguir caminando.

    ¿Llegamos a un parque donde ellos se sentaron juntos y yo al frente de ellos para vigilar que nadie venga, y le pregunte, es verdad que lo tienes grande como la foto que nos enviaste? Y me responde, que te lo diga tu mujer, y ella me dice, pues lo sentí grande en mi trasero y se ríe, así que le invite a meter la mano dentro de su pantalón de nuestro amigo para que lo corroborara, miro a todos lados del parque certificando que estábamos solos y metió la mano, y dijo: uauuu es grande y gruesa y comenzó a masturbarlo dentro del pantalón mientras que nuestro invitado se acercaba a besarla, a lo que se aproximaba un peatón, saco la mano, dejaron de besarse y mi mujer me dice despacito, está rico, y nos reímos los tres.

    Nuestro amigo nos invitó a su auto, el camino por delante mientras nosotros conversábamos atrás y le preguntaba si le gusta, y me dijo que si, tiene un pene rico y grande y grueso, le dije que tal si aprovechas que estamos en el auto y se lo chupas, me dijo, ya pues y se rio lo cual em excito como no tienen idea.

    Llegamos a su auto y mi mujer ni si quiera recibió la invitación y subió adelante del carro con nuestro amigo, mientras yo todo cornudo subí atrás para ver el espectáculo, ya arriba comenzó a conducir despacio sin rumbo dando vueltas por lo alrededores, mientras le decía a mi mujer lo rica que estaba y acariciaba su pierna y su entrepierna por encima de su pantalón a lo que le dijo, ahora me toca a mí, en eso se bajó un poco el pantalón con su calzoncillo y saco su enorme pene y grueso, extendió sus brazos como quien abrazando a mi mujer para dejar todo su miembro al aire, mi mujer inmediatamente comenzó a masturbarlo a lo que él se le apega y comienza a besarla, y mientras lo hacía le digo al oído, si quieres, chúpaselo, así que dejo de besarlo, y engullo desesperadamente el pene de nuestro amigo, y mientras lo hacía gemía, se lo estaba devorando y yo tan excitado que ya me iba a venir dentro del pantalón.

    Nuestro amigo comenzó a decirle que era una putita bien rica, que lo chupaba delicioso y que le sacara la leche y ella al oír eso, gemía mucho más, así que nuestro amigo metió la mano por debajo del pantalón de mi mujer y para ayudar, se lo bajo un poco, y nuestro amigo comenzó a meterle el dedo por el ano de mi mujer, cosa que ella le encanta, y comenzó a mamárselo con tal desesperación que tuvo que estacionarse en un lugar oscuro, estuvo así buen rato, lamiendo succionando y chupando todo hasta que le hizo venir a nuestro amigo, sin esperar la invitación, mi esposa se tomó todo el semen, el jugo, la saliva, todooo y lo dejo totalmente seco y recién alzo la cabeza media coqueta sonriendo y terminando de saborear las ultimas gotas que tenía en sus labios.

    Nuestro amigo quedo exhausto y feliz y dijo que bien lo mamas y nos reímos.

    Ya hay nos despedimos de nuestro amigo quedando pendiente una próxima cita, pero esta vez de frente al hotel, no está demás contarles que fuimos a nuestra casa e hicimos el amor toda la noche, ella es multiorgásmica así que fue otra noche llena de sexo desenfrenado.

    Ya les seguiré contando otras aventuras que tuvimos, espero les haya gustado, un abrazo y gracias por leerme.