Autor: admin

  • Mi linda amiga

    Mi linda amiga

    Hoy mi travesía de conquista me lleva a una ciudad cercana a mi tierra natal, camino por sus calles y voy directo a un café muy entretenido, donde compartiré un momento grato con mi amiga Bárbara.

    En ese local, ella trabaja, me recibe muy amablemente, con un “Hola” como siempre en su estilo un poco tímido y reservado: es una hermosa mujer joven, inteligente y muy fogosa, su vestimenta sensual me permite apreciar su cuerpo curvilíneo, unos pechos medianos, un culo rico, piernas contorneadas, dueña de una mirada penetrante y acogedora, me tomada de las manos y me acomoda en una silla, y me pregunta con su voz sensual y a la vez tímida:

    -Dime cariño, qué te vas servir.

    Yo un poco nervioso, le pido un agua mineral sin gas, y me pregunta si le invito una copa, “claro” le digo. “Gracia”s me responde y camina muy sensualmente a la barra, sabiendo que mi mirada, se pierde en su encantador cuerpo.

    Vuelve, mientras me sirve el agua, me pregunta cómo he estado, y en ese momento pierde toda timidez y se acomoda a mi cuerpo y empieza acariciarme, me dice con una voz cariñosa y dulce:

    -mi amigo, te extrañaba -sus manos recorren mi la espalda y hombros y yo correspondo ese gesto de cariño, abrazándola diciéndole, que también la había extrañado.

    Mientras charlamos de lo que nos pasado, poniéndonos al día, nuestros cuerpo se empiezan a reconocer, ella se acomoda quedando a la altura de mi verga, que ya dura y caliente está encima de su vagina, “mmm” me dice con voz coqueta, uyy ya lo siento, mientras tantos mis manos y sus manos unidas se acarician, me las deja libre para poder acariciarla, comenzando por su espalda, hasta llegar lentamente a su suave culo, no me mido en caricias y masajeo suavemente, mis dedos juegan, siguiendo el contorno de sus prendas sensuales, mientras ella se contornea un poco más y me abraza, escuchando levemente sus gemidos en mi oído.

    Se aparta un poco, me da esa mirada penetrante y encantadora, y me da su espalda, dejando a mi disposición su culo, que aprieta y mueve en mi verga, “mmm que rico! se siente” le digo, “me encanta tu culo”, le susurro al oído, se ríe coqueta y le pido que se aleje un poquito para apreciarlo, luego nuevamente la traigo a mi cuerpo y punteo un momento más, meneando ella, su cola muy rítmicamente, con música de reggaetón de fondo ¡Vaya que placer!.

    Nos detenemos un momento para charlar, mientras bebemos nuestras bebidas, quedamos abrazado, aprovechó de oler su exquisito perfume, mirar y acariciar su linda carita, juego con sus collares que cuelgan de su cuello; ella me acariciaba mi cabello y me celebra lo bien que me veo, me dice:

    -estás hecho un maduro rico, que no aparento la edad que tengo…

    Yo la sigo mirando extasiado por su belleza y verla en ese local, medio oscuro y la vista de sus compañeras que esperan a más clientes… me pone caliente, la posibilidad de ser mirados, mientras estamos tocándonos.

    La miró fijamente, acarició sus hombros y mientras vuelvo a jugar con sus collares, ella toma mis manos y la pone en sus pechos, tiene una prenda que me permite tocar sus pezones y apretarlos suavemente, mi verga vuelve a endurecerse y ella muy discretamente lo acaricia por encima de mi pantalón, diciéndome al oigo: un cariñito para él, yo solo atino a cerrar los ojos y dejar que lo acaricie el tiempo que desee.

    Luego de esas caricias ambos extasiados y ardientes, sigue apretándose a mí ahora hago palpitar mi verga en su vagina y a ella le encanta y me dice “uyy que rico!! Ya me mojo!”. Se la hago palpitar un poco y me abraza y vuelvo a escuchar sus gemidos en mi oído. La apretó nuevamente, pero ahora mis dedos buscan, siempre por encima de su ropa el botoncito del placer, su clítoris tentador que me ella me indica con un suspiro, que ya lo encontré, lo apretó suavemente, mientras observo su carita de caliente mientras la sigo frotando, ella nuevamente me corresponde y me acaricia mi verga que sigue dura y caliente por ella, creyendo darles un rico espectáculo a sus compañera, que seguramente deberían estar mirando.

    Terminamos en un rico abrazo y seguros que ambos la pasamos muy bien, dejamos una promesa de vernos en otro momento para terminar lo que estamos empezando.

    Pero esa historia, espero contarles pronto.

    Atte.

    Pirata el Guapo.

  • Pequeña aventura con mi ex

    Pequeña aventura con mi ex

    Era un día por la mañana, y estábamos cogiendo con mi pareja, yo sobre él subía y bajaba, en eso suena mi celular un mensaje de whatsapp, para mis adentros dije, “que estúpida me olvidé silenciarlo”, mi pareja me dice, “¿Quién es?”, yo me la enterré más al fondo y sin dejar de moverme sobre él jadeaba, “ah así, así, no pares, voy a tener un orgasmo ah” todo para hacerlo calentar y que se olvide del móvil; en eso un catarata de semen, llenó el interior de mi vagina.

    Excitada y agitada me volteé sobre un lado, tratando de respirar profundo, mi pareja se fue al baño a ducharse, tomo el celular y leo sin abrir el mensaje, era un número o sea no lo tenía agenda do y el mensaje dice “Disculpa Andrea, me podes hacer un favor”, mi primer interrogante fue, ¿Quién carajos es?, no lo tengo en la agenda y me conoce, mientras parte del semen me corría por la pierna, el morbo me hacía dar vueltas la cabeza, no abrí el mensaje para no clavarle el visto.

    Mi pareja salió del baño, ya se preparaba para ir a trabajar, y le grite, “hace un café fuerte corazón ya voy”, para que se siga olvidando del mensaje y además lo necesitaba; me lave y me envolví en la toalla, siempre con el celular en la mano, obviamente lo silencia, y así descalza y con la toalla envuelta fui a la cocina, me serví un café, y apoye el celular en la mesada, tome un sorbo de café y me dirigí donde se encontraba Claudio mi pareja, y masajeando su miembro por encima del pantalón, le dije, “que rico café mi semental”, él respondiendo mensajes del trabajo, me dice, “no creo que vuelva en una o dos semanas tengo que viajar, te aviso cuando vuelva”, le respondí con un okey, nos dimos un beso de lengua y se fue.

    Ufff, pude respirar, y llega otro mensaje, decido abrir el whatsapp del número y este último mensaje dice, “si podes, me dejas dormir unos días en tu casa, cambio de departamento y no tengo donde ir”, me quedo helada, la cabeza a mil, y el interrogante ¿Quién carajos es y no me doy cuenta?, dejo el celular y me voy a dar una ducha, mientras el agua cae por mi cuerpo, sigo pensando, hasta que una idea me deja paralizada, este es mi ex, y una idea me dice no Andrea, y otra me dice que si, de ser mi ex me digo está loco ¿?, yo lo borre y él no me borró, y ahora me pide que lo deje dormir en mi casa ¿? Salí del baño después de la ducha y necesitaba otro café urgente mientras volví a leer los mensaje.

    Respiro profundo y le mando un mensaje, “me podes llamar porque por mensaje es complicado”, sin dar nombre porque no sé quién es y además quería saber si realmente era mi ex, el morbo se volvió apoderar de mi, si era mi ex, recordé su verga, de tamaño considerable y las veces que la devoré, y como me hacía gritar cuando me rompía el culo, mi corazón comenzó a palpitar, y en eso suena el celular, tarde unos segundo respondo, y si, era mi ex.

    El tema era que del departamento en donde estaba no le renuevan el alquiler, y en el nuevo tienen que hacer unos arreglos de una semana (justo lo que dura el viaje de Claudio mi pareja actual), su pedido me dio sensibilidad y le dije que sí; (debo estar loca), solo vendría con algo de ropa, sus muebles los pudo acomodar en la casa de su hermana, arreglamos que vendría al mediodía.

    Me puse un short, una remera corta, y unas sandalias con el pelo recogido, cuando al mediodía suena el timbre y era él, nos saludamos y arreglamos la convivencia, le mostré una habitación que no uso donde hay un sillón cama, y que puede acomodarse allí, varias veces me pregunto si no tenía problemas le dije que no, mientras mi cabeza decía, Claudio no vengas, así pasamos los días, mi ex Sebastián, hacia compras, comíamos juntos, hablábamos de cosas de todos los días nada de lo nuestro, hasta que llegó el sábado, me puse un short un tanto más corto, donde se dejaba ver parte de mi nalgas, y la parte superior de un bikini.

    Sebas se quedó mudo al verme yo me hice la tonta, tengo que reconocer que estaba un tanto excitada, sin querer le vi el miembro y se notaba que estaba parado se le notaba el bulto en el pantalón, en un momento rosé sin querer y pude notar lo duro que estaba; me llegó un mensaje de whatsapp y me inclino sobre la mesa para ver el mensaje, mientras leo siento que me apoyan por atrás, cuando reacciono era Seba, y le digo “¿qué haces?”, tenía la cola hacia afuera y sin decir más, me toma de las caderas y me apoya con fuerza, me acorde de años antes, en un suspiro le dije “no sigas, por favor”, sin hacerme caso sus manos se dirigieron al botón de jean y desprendiéndomelo me lo baja, acaricia un poco mi vientre y me obliga a quitarme la remera, quedo en tetas, las que me acaricia y aprieta los pezones, yo ya estaba agitada gozando.

    Me toma de los brazos y me inclina sobre la mesa, me baja la tanga, y lo ayudo a quitármela, ya estaba caliente, escucho que se desabrocha el pantalón y se lo baja, su miembro ya acaricia mi cola, esta durísimo, yo gozando, “aaahhh que rico”, y en un suspiro me salió de decirle, “haceme la cola”, no tardó un minuto, tomo su pene, apoyo el glande en mi agujerito, y comenzó a empujar mientras me abría las nalgas, dos intentos hasta el glande entro, un grito salió de mi boca, “aaahhh”, y comenzó el meta y saca, hasta que me la metió toda, “así, así, rompeme el culo”, estuvimos así cogiendo un buen rato, hasta que buenas descargas de semen caliente siento que me van a llegar a mis entrañas.

    Termine agitada sobre la mesa, me quede así un rato, tome las ropas y me fui al baño, pasamos el día sin decir nada, nos mirábamos sin hablar, esa noche me fui a mi dormitorio, me puse una diminuta tanga, y un baby doll negro, así me fui a despedir de Sebas que estaba en el comedor; obviamente que terminamos en mi dormitorio cogiendo toda la noche, y los días siguientes hasta el día que se fue a su departamento.

    No quedamos en seguir viendo ni nada, solamente estábamos calientes y queríamos satisfacer nuestro apetito sexual guardado en nuestro interior.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • ¡Me acaba de poner cachonda, padrino!

    ¡Me acaba de poner cachonda, padrino!

    Camila era una joven gallega que estaba como un queso de tetilla.  Era Pascua y fuera a recoger la rosca a casa de su padrino acompañada de su novio Javier, un joven desgarbado y chulo de más. Emilio, su padrino, al abrir la puerta y verlos, les dijo:

    -Pasad, pasad.

    Entraron en la casa. En la sala sobre una mesa camilla con la parte superior de cristal había una botella de Tío Pepe y una docena de pasteles. Sobre un mueble estaba la rosca. Emilio estaba con una sonrisa de oreja a oreja.

    -Sentaros y tomar una copa de jerez y unos pasteles.

    La sonrisa de Emilio desapareció de su rostro cuando dijo Javier:

    -Tenemos prisa.

    Camila no estaba de buen humor. Le dijo a su novio:

    -Prisa la tendrás tú, yo no tengo ninguna.

    El chulo sacó su chulería.

    -¿A qué vuelves andando para casa?

    Camila era de las que se callaba ni debajo del agua.

    -No me voy a perder.

    Camila era muchacha, bella, robusta, su cabello negro era corto y rizado y llevaba unos grandes aros de oro en las orejas, era de estatura mediana y sus ojos eran negros. Sus labios carnosos los llevaba pintados de rosa, cómo sus uñas. Tenía generosas tetas, que se marcaban en su camiseta blanca y largas y moldeadas piernas que dejaba ver su minifalda marrón.

    Emilio no comprendía cómo su ahijada tenía un novio tan poquita cosa y tan gilipollas, pero no se quiso meter cuando le dijo:

    -Ahí te quedas.

    Camila se cabreó.

    -¡Vete a la mierda!

    Javier se dio la vuelta. Encaminándose hacia la puerta y moviendo el llavero con llaves del coche alrededor del dedo medio de la mano derecha, le dijo:

    -¡Qué te preste el paseo de vuelta a casa!

    -¡Mi padrino también tiene coche, payaso!

    Camila se sentó en un sofá, le echó la mano a un pastel y le dijo a su padrino:

    -Venga esa copa.

    Emilio, que ya se había sentado en su sofá echó dos copas de jerez. Mirando para las piernas de su ahijada, le preguntó:

    -¿Cómo están tus padres?

    -Bien, discutiendo un día sí y el otro también, pero bien, bien. ¿Sabe algo de la madrina?

    -No, desde que se fue con Amancio parece que se los tragó la tierra.

    -¡Ojalá! Al menos que se lo tragara a él.

    -Y a ella, y a ella, que me metió unos cuernos de carallo, nunca mejor dicho.

    Hablando de esto y de aquello acabaron con los pasteles y con media botella de jerez. Camila estaba relajada. Emilio le preguntó:

    -¿Qué te pasó con tu novio para acabar discutiendo?

    -El origen ya es viejo.

    -Creí que llevabais tres meses juntos.

    -Y los llevamos, tres meses y pico y en esos tres meses aún no… Son cosas íntimas.

    Emilio la pilló por el aire, le miró para las tetas con descaro, y le preguntó:

    -¿Aún no te corriste con él?

    -Me da un no sé qué hablar de esas cosas con usted.

    -Aun no te corriste con él.

    Al final confesó.

    -Pues no.

    -¿Qué pasó hoy?

    Camila sonrió con timidez, bajó la cabeza, y le respondió:

    -¡Ay, padrino, que no sé qué me da hablar de estas cosas con usted!

    -No pasa nada por hablarlo, así también te desahogas.

    -Desahogarme es lo que hago… Mejor lo dejamos ahí.

    Emilio estaba en plena caza y no iba a dejar marchar a su presa.

    -A mí no me da corte decirlo, me la pelo, y a veces dos veces al día. Suéltate, coño, suéltate que no me voy a echar encima de ti cómo si fuera un sapo. ¿Qué fue lo que pasó?

    -Es que va a pensar que soy una guarra.

    -La mujer que no es guarra cuando juega con un hombre no vale un duro.

    -¿Usted cree?

    -Claro que lo creo. Cuenta. ¿Qué pasó?

    Camila lo soltó de un tirón.

    -Que después de más de tres meses le pedí que me comiera el coño y me dijo que no le gustaba el bacalao.

    Emilio, que era un hombre de más de cincuenta años, con el pelo cano, alto y fuerte, le dio a la cabeza hacia los lados, y después le dijo:

    -Hay tipos muy raros. ¿Folláis mucho?

    -Sí, pero la saca al poco de meterla para correrse fuera.

    -¿Probaste a mamársela antes de follar? Si se la maman a un hombre y se corre después aguanta más.

    -Él después no quiere nada.

    Camila abrió un poco las piernas. Emilio vio sus bragas blancas. Al ver para donde miraba, Camila, cerró las piernas. Emilio le dijo:

    -Entonces ya se lo hiciste.

    -Viniendo para aquí hicimos una parada y antes de pedirle que me comiera el coño le hice una mamada de las de película, de esas que se ven en los videos porno. Me tragué su leche y después ni besarme quiso.

    -A mí si se tragan mi leche dejo seca a la que lo haga.

    Con sonrisa de picarona, le preguntó:

    -¿Cómo que la deja seca?

    Volvió a abrir las piernas. Emilio le volvió a mirar para las bragas y esta vez no las cerró.

    -Que le como el coño hasta que se corre tantas veces que ya no le quedan jugos que echar.

    Carmela rompió a reír, abrió las piernas un poquito más, y después le dijo:

    -¡Qué mentiroso!

    -Tú deja que te coma el coño y ya verás como no miento. ¿Cuántas veces quieres correrte, tres, cuatro…?

    Carmela estaba boquiabierta.

    -¡¿Seguidas?!

    -Sí, seguidas. ¿Cuántas veces quieres correrte?

    Carmela ya estaba colorada cómo una grana.

    -¡Me acaba de poner cachonda, padrino!

    -¿Otra copita?

    -Eche.

    Poniendo las copas y mirándole para las bragas, le preguntó:

    -¿Eres tan buena mamando una polla cómo me dijiste?

    -¿Quiere que le haga una mamada?

    -Si te animas…

    -Me animo si me come el coño, pero solo eso, sin llegar más lejos, usted ya me entiende.

    Emilio se levantó del sillón, y le dijo:

    -Trato hecho.

    Camila se levantó, le puso un dedo en el mentón las manos a la nuca, hizo que se levantara, y le dijo:

    -Le voy a hacer una mamada cómo nunca antes le hicieron.

    Lo besó con lengua y se restregó contra él, después agarró con fuerza la hebilla del pantalón, abrió el cinto, le bajó la cremallera y acarició su polla y los huevos por encima del calzoncillo, luego se la quitó y cerrando la palma de la mano derecha sobre ella lo masturbó hasta ponérsela dura, después se puso en cuclillas, metió la polla en la boca y movió la lengua arriba y abajo creando así un hueco para mantener la polla alejada de los dientes, a continuación le apretó la polla contra el cuerpo y lamió y chupó sus huevos, primero uno y después el otro…

    Chupó el glande mientras su dedo índice y pulgar apretando la polla subían y bajaban por ella, bajaban y subían… La saliva que caía de la boca engrasaban la polla y el círculo que hacían los dos dedos simulaba un coño apretado y engrasado. Camila acariciando los huevos de su padrino mamó la polla y lo masturbó lento, al principio, después fue aumentando la velocidad… Emilio se puso tenso, sus huevos se pusieron duros y comenzaron a retraerse. Arqueó su cuerpo hacia su ahijada, Camila siguió mamando y sintió cómo la boca se le llenaba de leche espesa y templada.

    Al acabar de correrse Emilio, Camila, se puso en pie y lo besó, Emilio le comió la boca.

    -¿Soy buena mamando?

    Quitándole la camiseta, le respondió:

    -Buenísima.

    Tiró la camiseta al piso, le quitó el sujetador, y vio sus tetas, unas tetas redondas, tirando a grandes, con areolas marrones y pezones pequeños, pero gordos. Cogió las tetas con sus grandes manos y palpándolas puso sus pulgares sobre los pezones y sin apretar demasiado hizo movimientos circulares. Después apretó una teta contra la otra y le lamió el canalillo, luego besó los pezones y acto seguido los lamió de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor y le dio suaves mordiscos.

    Su lengua giró alrededor de las areolas, mamó las tetas sin dejar de magrearlas. Le dio pequeños mordisquitos en los pezones… Camila comenzó a gemir, estaba muy excitada. Se agachó besó, lamió su tripita y le bajó la minifalda y las bragas, unas bragas que ya estaban encharcadas de jugos vaginales. Vio su coño, un coño rodeado por una tremenda mata de vello negro y rizado. Le dio un beso en el clítoris y después se lo acarició con la yema del dedo medio de la mano derecha. Abrió los labios vaginales con dos dedos y chupó su clítoris. Camila no necesitó más. Exclamó:

    -¡Me corro, padrino!

    Sus piernas comenzaron a temblar y corriéndose cayó de culo con la mano derecha entre las piernas en el sofá en que estaba sentada. Se encogió, abrió los ojos y Emilio vio que los tenía en blanco.

    Al acabar de correrse Emilio se agachó delante de ella, le abrió las piernas y le lamió el coño corrido. Gemía cómo un adolescente al saborear aquella delicatesen. Camila se recostó en el sofá, cerró los ojos y con las piernas abiertas de par en par se dispuso a disfrutar. Sintió la lengua de su padrino subir del coño al clítoris, entrar y salir de su vagina. Sintió cómo le chupaba los labios vaginales… Cuando la yema de un dedo buscaba su ojete, se echó hacia delante para que pudiera acariciarlo.

    Lo acarició más de una docena de veces. Después sintió cómo el dedo entraba en su vagina, cómo salía empapado de jugos, cómo entraba en su culo y cómo se lo follaba mientras la punta de la lengua rozaba suavemente el glande erecto de su clítoris. Al apretarse la lengua contra el clítoris y lamer más aprisa de abajo a arriba. Camila, que no dejara de gemir, volvió a decir:

    -¡Me corro, padrino!

    De nuevo tembló y se convulsionó cómo si se estuviera muriendo de gusto.

    Sonó el claxon de un coche. Camila le dijo a Emilio:

    -Ese es Javier.

    -¿Te vas a ir?

    -Sí, pero vendré mañana para rematar la faena.

    -Si vienes te voy a follar.

    -Eso es a lo que me refería al hablar de rematar la faena, padrino.

    Quique.

  • Jacqueline: la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 3)

    Jacqueline: la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 3)

    Ya habían pasado varios meses y Jacqueline siempre me mantenía con esas emociones que llegaban como las expectativas infantiles de la sorpresa. Me gustaba su juego y no sé si lo hacía por la prudencia, por las intenciones de torturarme y acorralarme entre las ansiedades, pero no me importaba pues por aquellos días estaba descubriendo las avenidas amplias de volver a ser soltero y, no me iba tan mal. Las erecciones que Jacqueline me provocaba al coquetearme, ya sea de una forma verbal o física, tenían los seguros desahogos en chicas como la bella rubia Grace, la hondureña Yoseline, su compatriota y bella mexicana Marisela, por mencionar a las que más recuerdo. Pero ahí estaba en el juego de Jacqueline y después de varios almuerzos y encuentros, después de cuatro meses solo me había ofrecido que besara sus labios y que tocara los otros de su hirviente y juvenil sexo.

    Por esos días me invitó a que le acompañara a su modista, pues debería de medirse algunos vestidos que había ordenado. Habíamos ido a almorzar y camino para que ella me fuera a dejar a mi oficina, quedaba esta plaza comercial donde estaba su modista. Le saludó una señora que andaba pellizcando las apariencias de una quinta década, una mujer muy elegante que al verme me dio una de esas miradas que puedes sentir cubrió sin casi disimular desde la punta de mis zapatos al tope de mi coronilla. Jacqueline me presentó como su novio y por primera vez a mis 33 años me sentía incómodo que una chica de 20, con apariencia de quinceañera me presentara como su novio. Imaginaba lo que esta mujer pensaba de mí, pues yo estuve al otro lado de la moneda década atrás con mujeres que cuando yo tenía 18 o 20, miraba ya en los rostros de la bella y sensual Desiree, el rostro de una mujer madura y para mi a esa edad, ya Desiree era una mujer que imponía respeto y que yo ya consideraba como una mujer mayor. Hoy que he atravesado el medio siglo de vida, veo a una mujer de 33 como a una jovenzuela y a una de 20 todavía en esa metamorfosis infantil. Jacqueline me miró pensativo y me dijo acercándose a mi oído:

    -¡Le gustas a la señora… te come con esa mirada!

    -Pensé que me miraba de esa manera porque presiento que se hace esa pregunta interior: ¿Qué hace este viejo con esta jovencita? – Y Jacqueline sonríe.

    -¿De veras te consideras un hombre viejo?

    -Mucho mayor que tú… de seguro. – vuelve a sonreír.

    La señora la hace pasar a una habitación donde Jacqueline debe probarse los nuevos vestidos. Es Jacqueline quien me pide que la acompañe y veo que hay un pequeño sofá, una de las paredes es un espejo gigantesco, hay un cancel en la otra pared opuesta y donde Jacqueline podrá desvestirse y probarse los nuevos vestidos. La mujer le lleva las nuevas confecciones y Jacqueline me llama para que le asista a desabrochar su brasier. Este día vestía uno de esos overoles que le hacían ver más juvenil y Jacqueline ya se había despojado de ellos y solo la encontraba con sus bragas estilo bikini de un color beige que al principio pensé que se encontraba desnuda de esa parte, el brasier era del mismo color y le asistí en desabrocharlo.

    Sus pechos tenían una medida espectacular y siempre tenía en mente que eran la obra de algún cirujano plástico, pero no reconciliaba esa idea, pues Jacqueline tan solo tenía 20 años. Hice como que quería evitar mirarla, pero esta mujer es una tentación que es imposible hacerlo. Pude ver esa piel corrugada de un café rosa de su areola, sus pezones estaban erectos y Jacqueline sostenía sus dos hermosos pechos con sus pequeñas manos. Me iba a retirar después de colgar su brasier y escucho que me dice: ¡Cariño… ayúdame a vestirme! -Y luego dice algo que plenamente me incómodo, pues realmente no me lo esperaba, especialmente estando frente a una mujer mayor y para mí, además de que era mayor también era desconocida. Jacqueline de una forma simple, pero con una ironía erótica le dice a la modista: -Estos hombres… que bien como ansían desvestirnos, pero para ayudarnos a vestir… ahí nos ignoran. -Y Jacqueline me sonreía con esa mirada picara y preciosa. Estuvimos en esa rutina de pruebas por unos 40 minutos, donde la bella y erótica Jacqueline me brindó un espectáculo para que yo la viese ese día semidesnuda. Por suerte, puede ocultar mi erección, pues esa es la ventaja de usar trajes o sacos de vestir.

    No sé si Jacqueline me exageraba o me mentía, pero debido a que ya le había visto los pechos desnudos y creo que conocía a su modista por algunos años, mientras se probaba aquellas confecciones me hablaba de que debido al crecimiento de sus pechos y de su trasero en sus años de pubertad, dejó de practicar ballet pues sus dedos de los pies no podían ya en sostener ese peso adicional. La modista, que en ese día supe también era la modista de su hermana mayor y madre, dijo algo que me hizo llamar la atención: ¡A esta mujer le asentó muy bien llegar a ser madre muy joven! De repente un día la vi hecha toda una mujer que hasta llegué a pensar que todo aquello que resaltaba tenía que ver con la cirugía plástica. – La cuenta de los tres vestidos eran alrededor de unos $800.00 dólares, los cuales me ofrecí en pagar, pero Jacqueline intervino y me dijo de esta manera: ¡Disculpé Sr. Zena! Muy su mujer puedo ser, pero mientras no lo confirme ningún documento, yo me valgo por mi misma. Gracias, pero no puedo aceptarlo. – concluyó diciendo.

    Podía sonar autoritaria pero la mayoría del tiempo era una chica muy melosa. Le molestaba que la compararan con esa actriz juvenil mexicana Thalía, quien cuando la vi por primera vez en una fotografía, me pareció una chica muy guapa y sensual y sí tenía algunas facciones muy parecidas, pero definitivamente Jacqueline era mas voluptuosa que la sensual Thalía, pero al igual que la actriz tenía una llamativa cintura. No recuerdo haberla visto nunca vistiendo lo mismo, excepto las veces que lucía sus jeans bien ajustados y que era una delicia verla en ellos, especialmente sí solo usaba bustier o esas pequeñas blusas que me dejaban verla con su ombligo adornada de sus piedras brillantes. Siempre me cuestionaba como podía hacerse de todo aquello que hasta un día llegué a pensar que se dedicaba parcialmente al sexo de paga de la alta clase. No tenía un coche muy caro que digamos, pero en los tres años que la conocí siempre cambió su coche al año más reciente. Lucía siempre alguna diferente joya y bonitos atuendos confeccionados especialmente para ella o esa ropa de marca que venden los departamentos populares de la alta clase. Vivía en un condominio en un lugar que se podía decir de media clase alta, pero que no se podían sostener todos estos lujos con un salario de recepcionista. Su esposo al que nunca conocí debería ser el que pagaba todas aquellas cosas. Tiempo después entendía de donde provenía todo eso.

    Hasta el momento creo que nunca estuvo casada, pues salía conmigo a todas horas de los días sin ninguna preocupación. Un día me la encontré con alguien más por pura casualidad en un restaurante cuando yo también me miraba con su compatriota Marisela, quien también era muy bella y con un cuerpo igual de espectacular. A diferencia con Jacqueline, Marisela si era casada y tenía cuatro hijos a sus 27 años, sorpresa que me llevé cuando lo descubrí, pues Marisela nunca me habló de hijos, mucho menos que había parido cuatro. La verdad que se me hizo difícil de creerlo, pues esta mujer tenía un cuerpo de doncella espectacular. Ese día que nos vimos el uno con el otro con diferentes parejas, ni ella ni yo intentamos hacer contacto, aunque el día siguiente me cuestionó:

    -¿Quieres provocarme celos?

    -¡Para nada! Esa chica es representante de ventas… cuestiones de negocios.

    -¡A las ocho de la noche!

    -Jacqueline, hay veces que desayuno a las seis de la mañana con un cliente y ceno y voy a cocteles hasta medianoche.

    -¡Siempre has tenido en tu vida las excusas perfectas!

    -¿Si estás celosa?

    -¡No! ¿Y tú no me vas a preguntar nada de mi compañía de esa noche? ¡Quizá no te importo! ¿Verdad?

    -No tengo por cuestionar nada… siempre he pensado Jacqueline que me someto a tu juego y nada más.

    -¿No te causó un poquito de celos verme con otro hombre?

    -No… Pensé que era tu esposo. Tú me hablas de él todo el tiempo y es por eso por lo que pienso que lo tuyo es nada más que un juego. -Y escuché como el tono del teléfono desapareció. Me colgó.

    Ese día conocí a la Jacqueline infantil y caprichosa y no intenté en marcarle o buscarle días después. Pasó un mes y un día se aparece la recepcionista con un ramo de rosas rojas. Nunca nadie en la vida me había enviado flores… me parecía inusual: ¿Una mujer enviándole rosas a un hombre? Yo nunca le había enviado rosas, a pesar de que sabía que muchos de sus admiradores se las enviaban todo el tiempo. Me propuse no contactarla y la seguí ignorando. Dos días después la misma recepcionista subía con otro ramo de rosas, el cual también ignoré en enviar las gracias y por pura coincidencia, ese fin de semana tomaba mis vacaciones y las cuales ya había agendado para visitar la tierra de mi padre y me fui con mi hijo a la bella ciudad de la loba: Roma. Regresé dos semanas después, solo para partir una semana más a la ciudad de Cancún en México y la misma recepcionista me contaba que habían tenido que tirar el resto de las rosas que envió Jacqueline.

    No la vi por dos meses consecutivos y un día se apareció en mi oficina sin siquiera pasar por recepción para anunciarse. La recepcionista que ya la conocía se contacta por medio del intercomunicador y con tono de advertencia me dice: Sr. Zena, Jacqueline va subiendo las gradas… no ha pedido audiencia. Le dije que no se preocupara y que no me pasara llamadas hasta ver salir a Jacqueline de las instalaciones. La vi aparecer y aunque la puerta estaba medio abierta, ella tocó la puerta y me preguntó: ¿Puedo pasar? – Vestía un vestido de una sola pieza que se le ceñía a su hermoso cuerpo. Era de esa tela de mezclilla y con botones de bronce y, con un escote que se podía apreciar buena parte de la piel tersa de sus preciosos senos. Llegó como una gatita buscando mimos.

    -¡Hola, cariño… cómo te he echado de menos!

    -¡Hola Jacqueline! ¿Cómo has estado?

    -¡Tu debes saber como me encuentro! ¡Te he extrañado un siglo!

    -Jacqueline, disculpa que te suene breve, pero acabo de regresar y tengo muchas cosas pendientes en mis manos.

    -¡Esta bien! Solo quería pedirte perdón por haberte colgado… quiero saber que me perdonas.

    -Jacqueline, no hay nada que perdonar. – Se acercó a mí, me dio un abrazo intenso y se despidió con un beso en los labios.

    Creo que fueron cinco minutos y me gustó haberla visto vistiendo ese atuendo realmente muy provocativo. Esa especie de vestido me dejaba ver unos doce o catorce centímetros por sobre sus rodillas, un escote provocativo que parecían que esos dos melones se salían y verdaderamente me excitaron y que me hicieron soñar. Tres días después ella me llama para hacerme una invitación:

    -Tony… ¿podemos cenar juntos mañana?

    -Si… solo con una condición.

    -¡Condición! Ok… creo que me lo merezco. Solo porque eres el Sr. Antonio Zena, me someto a tu condición. Dime.

    -¿Puedes llevar el mismo vestido que llevaste la última vez que nos vimos?

    -Usted no conoce a las mujeres… no podría llevar el mismo vestido.

    -¿Por qué no? Me gustaría verte con el mismo vestido. Tienes tiempo para lavarlo, llevarlo a la tintorería si lo requiere… simplemente quiero verte con el mismo vestido.

    -¿Alguna otra petición?

    -Déjame pensar un segundo… No lleves nada de maquillaje, no quiero que tengas ninguna joya, no quiero que, vistas ninguna ropa interior, solo puedes usar ese perfume que usas y nada más.

    -De acuerdo… ¿pero puedo pedirle algo?

    -Tú dirás…

    -Si yo digo No significa No y si me quedo callada significa Si.

    -Siempre lo he intuido así.

    -No significa Si y, si hay silencio significa también Si.

    -Eres chistoso Antonio, por eso me encantas mucho más de lo que tú te imaginas.

    Creo que desde ese punto los niveles de erotismo de parte de esta preciosa mujer se elevaron. Ella me sorprendió con ese dilema de su tortura, pero de una manera masoquista me sometí a ella… creo que valdría la pena… creo que muchos se habrían sometido a ella. Jacqueline era una tortura erótica, era como decirle a un oso, ahí esta el panal de miel, pero no lo muerdas; como estar muerto del hambre viendo el bistec mas gustoso y que te digan que solo puedes olerlo… oh… simplemente desvestir a una mujer mas hermosa con los ojos cerrados: Es imposible.

    Este relato continuara el día de mañana y quizá la próxima semana, pero si no entiendes el contexto en general, intenta buscar las partes anteriores. Jacqueline siempre fue erotismo y se intensifica tan violenta, como cuando te sorprende una marea alta. Tienen que ver muchos los astros, pero en realidad, Jacqueline tiene control de las mareas.

    Continúa.

  • Las carnes de la tía

    Las carnes de la tía

    Mi nombre es Ramiro, tengo 22 años y vivimos con mi mamá en un modesto departamento de la ciudad. Mi mamá se llama Claudia, tiene 45 y hace tres años está divorciada de mi padre, con el cual mantienen muy poca relación; la justa y necesaria. Yo nací y me crie en la ciudad, pero mi mamá es oriunda de un pueblo muy pequeño a un par de horas en auto de donde vivimos. Ella vino a vivir a la ciudad cuando se casó con mi padre, pero se crio en el pequeño pueblo con sus padres, ya fallecidos y su hermana Norma, mi tía.

    Norma es un poco más grande que mamá. Tiene 50 años y, a diferencia de mamá, nunca quiso dejar su pueblo natal porque con su difunto esposo habían creado una pequeña empresa de productos de cerdo. Mi tío Miguel, el esposo de Norma, había fallecido unos años atrás y mi tía decidió hacerse cargo ella sola de la empresa que había creado su marido. Su devoción al trabajo había hecho que el deseo de tener hijos no formará parte de sus prioridades en la vida.

    Mamá me contaba que la tía poseía un don para facturar productos de cerdo. Tal es así que, por más que sea una empresa familiar, se había convertido en la más importante del pueblo y la zona. Norma pasaba sus días en la despensa haciendo jamones, chorizos, salames y todos los derivados de cerdo más ricos del pueblo, mientras que Miguel se ocupaba de atender la modesta pero exitosa carnicería qué habían edificado al lado de su casa.

    Pocos recuerdos tengo de la tía Norma. La última vez que la vi fue en una Navidad cuando yo tenía 15 años. Era una mujer un poco más baja que mamá, rellenita y con las características clásicas de una mujer del campo abocada toda la vida al trabajo con las manos. Su metro sesenta y algo venía acompañado de unas tetas pequeñas con su caída natural, un amplio culo con las imperfecciones de una mujer de su edad, pelo castaño oscuro rizado y unos grandes y penetrantes ojos verdes.

    Los primeros días de diciembre llegaron con temperaturas normales para la época. Era mi último día de universidad antes de comenzar mis vacaciones y estaba ansioso por volver a casa para empezar a disfrutar de la paz lejos de los libros. Ese viernes llegué a casa y mamá estaba hablando por teléfono con la tía Norma. Me fui a mi habitación a dejar mis cosas sin interés por su charla y unos minutos después entró mamá con lágrimas en los ojos.

    -¿Qué pasó ma?

    -Rami, hijo, me llamó la tía Norma para avisarme que falleció Rubén, mi padrino.

    -¡Uy ma! ¡Qué cagada! Lo siento mucho. Nunca llegué a conocerlo.

    -Gracias, hijo. Lo sé, pero tu tía y yo estamos destruidas.

    -No sé qué decirte ma, lo siento mucho.

    -Yo sé que arrancas tus vacaciones, pero no tengo a quién más pedírselo. ¿Vos no me acompañas a pasar unos días a lo de la tía así me puedo despedir de mi padrino?

    -Obvio ma, contá conmigo. Mañana a primera hora salimos.

    -Ay, gracias mi vida, te amo.

    Mis vacaciones no habían empezado y ya se estaban yendo al carajo. Hacía años que no veía a la tía Norma, pero un pueblo diminuto sin nada que hacer y dos viejas con ánimos de velorio no eran mis vacaciones ideales. Pero el dolor de mamá hizo que no le pueda decir que no. Me preparé la valija con unas cuantas mudas de ropa, la Playstation con pocas esperanzas de que haya internet en el pueblucho y me acosté a dormir pensando que al otro día empezaba la semana más larga y aburrida de mi vida. Que equivocado estaba…

    A las 7 sonó la alarma de mi celular y mamá me estaba esperando en el comedor con una taza de café, unas tostadas y la valija preparada. A las 8 ya estábamos en la autopista rumbo a la casa de la tía Norma. El viaje duró dos horas y mamá no paró de contarme anécdotas de su adolescencia con su hermana. Según ella, la tía Norma a pesar de no ser una mujer despampanante, tenía un éxito abrumador con los jóvenes de la época y había tenido más novios de los que ella había tenido jamás. Con sueño y de mal humor no paré de escuchar a mi madre tratando de descubrir el secreto de la tía con los hombres en su juventud y pidiéndome mi opinión.

    Poco me importaba el tema, así que mientras mamá estaba ocupada en sus recuerdos, manejé lo más rápido que pude para llegar a la casa de la tía. Después de dos horas de viaje, estacionamos en la puerta de la carnicería “Las carnes de Norma”. El nombre me dio gracia en mi picaresca manía de encontrarle el doble sentido a todo. De la casa vecina salió una mujer que nada se parecía a la tía que había conocido aquella navidad a mis 15 años.

    Todavía tenía el pelo castaño oscuro, pero con unos rubios y brillosos reflejos dorados de peluquería que le sacaban algunos años. Los grandes ojos verde oscuro seguían teniendo esa intensidad que recordaba, pero esta vez, estaban delineados cuidadosamente acompañados de un labial rojo oscuro en sus carnosos labios. Pero su rostro no era nada en comparación con los cambios de su cuerpo. Había adelgazado mínimo 10 kg, su cintura de avispa estaba seguida de sus grandes, pero formadas nalgas y una remera algo escotada dejaban ver poco menos de la mitad de dos enormes tetas, obviamente adquiridas en un quirófano. Mamá quedo más anonadada que yo al ver los cambios que había sufrido su hermana.

    -¡Norma! Sos vos? Volviste a nacer querida.

    -Jaja ¿Viste hermanita? Es maravilloso lo que pueden hacer algo de entrenamiento y un buen cirujano.

    -¡Guau! Te felicito. Siento mucho lo de Rubén, Normita. Yo no lo veía hace unos cuantos años, pero vos eras mucho más cercana. Vivía acá a unas cuadras

    -¡Ay si Clau! Estoy destrozada. Pero bueno, estaba muy enfermo y ya estaba sufriendo un montón. A veces es preferible que dejen de sufrir. ¡Ay, pero no me digas que él es Ramiro! –me miró llevándose las manos a la cara sorprendida y casi se echó a correr para abrazarme.

    -Hola, tía, tanto tiempo –le dije mientras me abrazaba y me apoyaba en el pecho los duros y firmes implantes. La dureza en mi verga no se hizo esperar, pero el jean que llevaba puesto me ayudó a que no se notara.

    -Pero que grande que estás mi vida. Si no fueras mi sobrino y tendrías unos años más Ramirito jaja –se reía mientras me acariciaba el mentón con el pulgar.

    -Los nenes crecen Normita Jaja –acotó mamá sin darse cuenta de las intenciones que ocultaba la tía.

    -Pasen que hice una torta riquísima así comemos algo y nos vamos al velorio.

    Entramos a la casa y era una típica casa de señora mayor, llena de antigüedades y fotos en blanco y negro. Mamá y la tía se pusieron a charlar con un café de por medio, mientras yo no prestaba atención. La tía se dio cuenta e intervino.

    -Espero que no te aburras estos días Ramirito. Debe ser horrible para vos tener que acompañar a dos viejas lloronas. Anda a conocer el local y a ver las máquinas con las que trabaja tu tía. Vos que sos un bicho de ciudad seguro no tenés ni idea de cómo se hace un jamón o un chorizo jaja.

    -Ni idea tía. Yo voy a la carnicería y los compro nada más. Jaja

    -Me imaginé jaja. Anda que mañana te enseño un poco del trabajo que hace la tía.

    Le hice caso y fui a ver el emprendimiento que habían creado mís tíos. La parte de adelante era como cualquier carnicería, pero la cocina donde hacían todo era un mundo aparte. Heladeras repletas de carne, cuchillos de todos los tamaños y un par de máquinas que no tenía ni idea cómo se usaban ni para que servían. Después de recorrer todo un poco asqueado por el olor a carne cruda del lugar de trabajo de la tía, volví a la casa y ya se estaban preparando para ir a despedir al padrino de mamá. Me quedé solo en la antigua morada.

    Cómo había imaginado, la tía no tenía internet ni lo necesitaba. Me acosté en la cama que la tía había improvisado para mí en el sillón del living a mirar los pocos canales de la antigua tele. Después de unos minutos me aburrí y me puse a recorrer la vieja casa. Recorrí el pasillo y una puerta entreabierta me dejó ver el interior de lo que parecía ser la habitación de mi tía. Entré tranquilo sabiendo que no había nadie en la casa y me tiré en el mullido sommier de dos plazas. Metí la mano por debajo de la almohada como cada vez que me tiro en mi cama y mis dedos palparon algo duro.

    Al sacarlo me encuentro con un enorme vibrador color piel, con huevos muy realistas y varias velocidades de vibración. La imagen de la tía pajeándose con semejante juguete hizo que me envergara enseguida. Me desprendí el botón del jean, me bajé el bóxer y, mientras olía el juguete, me masturbé unos pocos minutos acostado en la cama de la hermana de mamá y al acabar, el largo y espeso chorro de leche fue a parar al impecable cubrecama.

    Dejé el vibrador donde estaba y fui al baño a buscar papel para limpiarlo. Use varios metros del rollo, pero el manchón de leche aún seguía en la tela despidiendo el agrio aroma. Antes de empezar a caminar hacia la cocina a buscar un trapo húmedo para sacar la mancha, escuché la cerradura de la puerta de entrada, seguido de una charla sobre recuerdos y herencias entre mamá y la tía. Iba a ser imposible limpiar mi jugo de la cama. Así que me fui de la habitación con la mano aún manchada y sin poder dejar limpia la escena de mi travesura. Por suerte no era el único que cometía travesuras en esa casa.

    El día transcurrió normal y aburrido. Mamá y la tía Norma se pasaron el día sentadas charlando sobre su infancia en el amplio patio de la casa. La mancha en la cama dejó de preocuparme después de unos minutos y me olvidé del asunto. Volví a deambular por la casa, por la carnicería y por la cocina donde la tía hacia su magia, todavía intentando descifrar para que servían esas dos enormes máquinas. Volví a pasar por el cuarto de mi tía, pero la puerta estaba cerrada. Rogaba que la tía no haya descubierto la mancha en su cama después de que yo haya descubierto su chorizo no comestible.

    El día fue el más largo del mundo y recién era el primero de cuatro. Cerca de las 9 de la noche mamá me avisó que la tía ya tenía lista la cena. Me senté en la mesa y la hermana de mamá trajo una fuente repleta de sus manjares caseros acompañados de papas fritas. Jamás en mi vida había comido embutidos tan ricos como esos, devore tres platos enteros de los más ricos chorizos, jamones y salames ante la sonrisa de satisfacción de la tía.

    -¿Viste que te dije que tú tía hacia magia con esas manos? -me preguntó mamá mientras me acariciaba el pelo en un gesto maternal como si todavía fuese un nene chiquito.

    -¡Increíble tía! Nunca había comido algo tan rico

    -¡Gracias mi vida! Se nota que te gustó. Capaz que te vas con unos kilitos de más a tu casa jaja. –apoyó los codos en la mesa apoyando las manos en su mentón y presionó con fuerzas sus enormes tetas con los antebrazos mientras me miraba a los ojos.

    -¡No importa! Este manjar lo vale tía jaja –le dije mientras hacía un breve paneo al escote del vestido rojo entallado que llevaba puesto. Ella me vio y yo lo sabía.

    -¡Come querido! Que ese cuerpito que tenés necesita estar sano y fuerte –dijo en tono cariñoso. Me guiño el ojo sin que mamá se diera cuenta y se levantó para juntar los platos.

    -¿No te gustaría aprender a hacer el trabajo de la tía así no te aburrís? Hoy me dijo que tenía ganas de enseñarte.

    Al ser un bicho de ciudad, no tenía mucha devoción por ensuciarme las manos con carne cruda y grasa, pero haber visto las enormes tetas de la tía me ganaron las ganas de tener cerca otro tipo de carne, y también de devorarla. Di una respuesta de la que ya conocía la reacción de mi tía Norma.

    -No tengo ni idea ma. Aparte mirá si rompo algo. La tía está muy ocupada para andar preocupándose por mí -La tía mordió el anzuelo y se dio vuelta al escucharme.

    -¡No digas pavadas Ramirito! Mañana es domingo y no abro el local, así que tenemos todo el día para que te enseñe. Vos quédate tranquilo que tú tía es la mejor maestra choricera del país jaja –dijo mientras secaba un plato y con el movimiento del brazo los enormes globos de su pecho le rebotaban uno con otro– capaz que mi sobrino termina haciendo chorizos más ricos que yo jaja.

    Con la panza repleta de comida y una mezcla de miedo y morbo por las lecciones de la tía, me acosté en el sillón-cama del living y, mientras jugaba con mi celular, mamá y la tía me avisaron que se iban a dormir. Dejé pasar unos minutos y, después de un poco de manoseo, me levanté al baño con la verga endurecida y con las tetas de la tía rebotando en mi mente.

    Caminé por el oscuro pasillo caminé hacía el baño con el objetivo de mear y de descargar mi calentura con una paja nocturna. Pero al pasar por la puerta cerrada de la habitación de la tía un sonido hizo que frenara de golpe. Pegué mi oído a la puerta y escuché el “prrr” constante del juguete de la tía acompañado de gemidos cada vez más fuertes. Era mi oportunidad perfecta para golpear la puerta y aprovechar la excitación de mi provocadora tía. Decidí contener las ganas y seguir con el juego de seducción, ya que era lo que más calentura me provocaba. Con la imagen de la tía masturbándose en mi cabeza, fui al baño, me hice una paja rápida y volví al sofá cama. Dormí plácidamente toda la noche.

    A las 10 de la mañana me desperté con el sol que se colaba por la ventana en mi cara. Hacía mucho calor así que me vestí con un pantalón de fútbol, una musculosa ajustada y ojotas. Entré al comedor y ahí estaban mamá y la tía Norma charlando desde muy temprano. Las saludé a ambas, pero casi no pude mirar a mamá por las transparencias de su hermana. Llevaba un camisón negro semi transparente casi hasta las rodillas y atado por la cintura con un fino hilo del mismo color. La transparencia de su prenda dejaba ver, casi en su totalidad, un hermoso corpiño de encaje negro que hacía casi imposible dejar de mirar sus enormes tetas de quirófano. Desvié la mirada todo lo que pude mientras que mamá me unía a la conversación.

    -¿Dormiste bien mi amor?

    -Excelente ma, como un bebé –que le encantaría amamantar las tetas a la tía, pensaba por dentro.

    -Me alegro querido, ese sillón es muy cómodo. A veces yo también me quedo dormida ahí –acotó la tía– Yo también dormí como una reina, aunque voy a tener que lavar el cubrecama porque tiene una mancha que no me doy cuenta cuando se la hice.

    Mientras sorbía su taza de café, levantó la vista y me miró con ojos pícaros. La tía lo sabía, había descubierto mi travesura húmeda y pegajosa, pero no me había increpado frente a mamá.

    -Quien sabe Nor, capaz se te volcó café y no te diste cuenta –trató de descifrar mamá.

    -No creo Clau, no soy de tomar café en la cama y no tenía olor a café. Era un aroma mucho más fuerte, rico, pero no era café -contestó mientras se pasaba la lengua por el labio superior como saboreando el regalo que, sin querer, le había dejado en su cama.

    Me senté en la mesa con ellas para ocultar la erección que llegaría en cualquier momento al enterarme que a la tía le gustaba el olor de mi leche. Por suerte, la conversación siguió por otros rumbos.

    -Como te contaba Clau. Cuando falleció Miguel sentí la necesidad de ponerme linda y aproveché que me va tan bien con el negocio. Así que empecé a entrenar y después de unos meses busqué al mejor cirujano plástico de la zona y me hice estas dos bellezas que me cambiaron la vida jaja –dijo orgullosa mientras hacía rebotar con sus manos sus enormes tetas. Desvié la mirada a mi celular para no hacer tan obvio mi deseo de chupar cada centímetro de sus enormes pechos.

    -Qué bueno hermana. Estás más hermosa que nunca. Quizá algún día yo haga lo mismo jaja.

    -Te lo recomiendo Clau. Yo sigo sola, pero estoy contenta porque atraigo muchas miradas y me siento deseada, aunque algún que otro chori masculino de vez en cuando acepto jaja –dijo mientras desviaba la mirada hacía mí, aunque yo siguiera con la vista en mi teléfono escuchándolo todo.

    -¡Ay Nor! ¿Qué va a pensar Rami? Después hablamos de esto nosotras solas –dijo mamá mientras se sonrojaba.

    -Nada ma, ¿qué voy a pensar? Tiene necesidades como todo el mundo. Vos porque sos una vieja antigua jaja

    -Jaja viste Clau, tu hijo la tiene más clara que vos. Si vivieras un poco más desinhibida serías más feliz.

    Mama se sonrojó aún más y cambió de tema

    -Son dos desubicados. Dejen de hablar pavadas. Nor, ¿cómo va el negocio? –preguntó nerviosa mamá en su afán de cambiar el tema.

    -Muy bien, como siempre hermana. Desde que Miguel no está me cuesta un poco más, pero sabes que me encanta trabajar y ensuciarme las manos desde chica para hacer los chorizos más ricos. Y por ahí Rami heredó el don y los hace igual o más ricos. Hoy lo averiguamos sobrino.

    Antes de que pueda responderle a la tía, el celular de mamá comenzó a sonar. No presté mucha atención, pero la charla parecía ser sobre herencias y sucesiones del difunto padrino de mamá. Después de unos minutos cortó el teléfono y nos contó las novedades.

    -Era el abogado de Rubén para avisarme que me dejó parte de su herencia. Me dijo que hoy a las 3 de la tarde tengo que estar en su estudio para firmar papeles y ultimar detalles.

    -Una desgracia con suerte ma.

    -No tanta suerte, tengo que viajar de vuelta a casa porque el estudio del abogado queda allá y me dijo que la sucesión puede estar lista recién en tres días.

    -¿Y qué esperas hermana? Anda y hace lo que tengas que hacer. Rubén seguro te dejo una buena cantidad de los campos que tenía.

    -Eso no me importa Norma, yo quería quedarme unos días acá con vos y Rami.

    -Anda tranquila ma, yo me quedo acá con la tía.

    -¿Seguro hijo, no te vas a aburrir? Aunque te vas a aburrir más si venís conmigo a hacer trámites. ¿Vos no tenés problema Norma? –Mi cara y la de la tía se iluminaron al mismo tiempo.

    -¿Qué problema voy a tener hermana? Además, le prometí a Rami enseñarle mi trabajo y no me gusta romper mis promesas.

    -Bueno, prometo volver lo antes posible y estamos en contacto.

    Después de una hora, mamá se subió al auto y se puso en marcha a hacer sus trámites mientras yo quedaba al cuidado de mi renovada tía Norma. La despedimos en la puerta y cuando entramos me pareció ver que la perversión y la lujuria habían invadido la cara de la tía. Ya no me parecía un lugar tan aburrido.

    -Rami, mi vida, me voy a cambiar así empezamos a trabajar en la carnicería, ¿Te parece?

    -Dale, tía, te espero en el local.

    Después de unos minutos la tía entro al local con su torso cubierto únicamente por un delantal de cuero blanco hasta las rodillas que le ajustaba fuertemente las tetas que se asomaban por los costados. En la parte de abajo solo se veía un pequeño short blanco que, con suerte, alcanzaba a tapar su bello culo. Con la mirada perdida en sus tetas no preste atención a que traía un delantal idéntico al de ella en su mano.

    -Para trabajar hay que vestirse adecuadamente Rami, ponete el delantal de carnicero así no te ensucias la ropa.

    -Jaja, me va a quedar ridículo tía.

    -¿Vas a trabajar o a salir de noche mi amor? Jaja, Además, ¿A mí me queda ridículo? –preguntó mientras apoyaba sus manos en la cintura y giraba para mostrarme su look de carnicera.

    -No tía, a vos te queda pintado –contesté nervioso mientras intentaba, sin éxito, sacar la mirada de las tetas que se asomaban por el costado del delantal.

    -Bueno, a vos te va a quedar igual mi vida, dale, cambiate.

    Tomé el pesado delantal y atiné a ponérmelo directamente sobre mi ropa, pero la tía me detuvo

    -¡Ch ch! Sacate la remera mi amor que se te puede manchar. Ponete solo el delantal.

    Le hice caso y me saqué la musculosa ante la atenta y depravada mirada de la tía. Me puse el delantal por encima de mi cabeza y me sentía ridículo e incómodo, aunque mis brazos y mis pectorales se lucían mucho mejor asomándose por los costados del brilloso cuero blanco.

    -Todo un carnicero mi sobrino –alabó la tía mientras me ayudaba a atar el delantal por la espalda y me rozaba con sus enormes tetas la parte baja de la espalda– Bueno, ahora traigo la mezcla y vamos a usar las máquinas embutidoras.

    Fue hasta una despensa contigua y trajo una enorme olla con una pasta de carne con un olor muy fuerte, pero no tan desagradable.

    -Esta es la mezcla para chorizos Rami. Sé que no te gusta ensuciarte las manos bichito de ciudad, pero si querés aprender lo vas a tener que hacer –dijo con un tono entre autoritario y cariñoso.

    Metió sus descuidadas, pero hábiles manos en la pasta y empezó a revolverla. Yo la imité y juntos empezamos a revolver la olorosa pasta para mezclar los ingredientes. Lo hicimos durante unos diez minutos y noté como sus manos buscaban encontrarse con las mías dentro de la carne. El delicado y sutil roce de su mano hizo que mi erección sea casi instantánea. El bamboleo de sus gomas producido por el enérgico movimiento de sus brazos hizo que me olvidara del fuerte olor y de la suciedad en mis manos.

    -¡Muy bien sobrino! Sabía que de algo te iban a servir esos brazos fuertes. Ahora sí vamos a las maquinas así te enseño como se hace y después vemos cómo te sale a vos.

    Siguiendo sus instrucciones y con las manos aun embarradas de carne, levanté la pesada olla y deposité el contenido en una enorme boca que tenía la maquina en la parte superior. Una vez depositada la carne, la tía tomó de una bolsa lo que parecía ser un preservativo gigante y lo insertó en un pico inferior de la máquina.

    -Esto que pongo acá es la tripa del chorizo Rami. Cuando prenda la máquina, la carne va a salir con la forma del chorizo y se va a meter dentro de esto que parece un forro gigante para dejarlo con la forma alargada perfecta con la ayuda de las manos.

    -Guau, nunca imaginé que se hacían así.

    -Jajaja, no es mucha ciencia Rami. Ahora vas a ver la experiencia que tienen mis manos para el chorizo -dijo mientras prendía la embutidora y a mi se me alteraban las hormonas.

    Prendió el aparato y ella puso sus manos en el pico que había puesto el forro gigante. Después de unos segundos, la carne con forma alargada comenzó a salir y meterse dentro de la tripa mientras la tía le iba dando forma con ambas manos como toda una profesional. El movimiento de sus dedos y la similitud del chorizo con una verga me inundaron de morbo. Trataba la carne con una suavidad y una técnica que aumentaron aún más mi calentura y la dureza en mi entrepierna.

    -¿Viste que no es difícil Rami? Querés intentar vos? –dijo mientras seguían saliendo metros y metros de chorizo por el pico mientras la tía le daba forma con sus habilidosas manos.

    -Bueno, a ver, pero si hago un desastre la culpa la tenés vos, jaja –dije, nervioso.

    -Pero no pasa nada mi amor, dale vení.

    Se corrió a un costado y me hizo pasar por detrás suyo, procurando rozar sus firmes nalgas por mi entrepierna. Quería comprobar si la situación me había excitado y lo logró. Puse mis manos en el pico de la maquina intentando imitarla, pero mis movimientos eran más bruscos y torpes para darle forma al chorizo. A ella le causaba gracia la torpeza de mis manos.

    -Jaja, con un poco de práctica te va a salir sobrino. Trata la carne suave como si fuera tu pija y te va a salir mejor jaja.

    El comentario hizo que me excitara aún más pero también me puso nervioso. Mis manos empezaron a temblar y la carne que salía de la máquina empezó a tener forma de cualquier otra cosa menos de un chorizo.

    -¿Te puse nervioso sobrino? Pensé que la puritana era tu mamá jaja –dijo al tiempo que apoyaba sus manos sucias sobre las mías para ayudarme a darle mejor forma a mi imperfecto trabajo.

    -Jaja no tía, lo que pasa es que no es fácil hacer esto, tus manos están acostumbrada a los chorizos, además nunca imaginé hablar de mi pija con mi tía jaja.

    -¿Y hacerte la paja en mi cama y dejarme la leche de regalo te lo imaginaste?

    La pregunta me hizo temblar aún más las manos y sentí que, en cualquier momento, iba a atravesar el duro cuero del delantal con la rigidez de mi verga.

    -Pe… perdón tía, se me escapó el chorro y no hice a tiempo a limpiar –contesté nervioso y transpirado.

    -No me pidas perdón Rami, hacía mucho tiempo que no olía leche tan rica. Me hizo acabar muy rico anoche cuando me masturbaba.

    Cuando pensé que la situación no me podía calentar más, la tía apagó la embutidora y llevo una de sus sucias manos por debajo de su delantal, metió la mano en su concha y sacó sus dedos índice y mayor empapados de su espeso y transparente jugo.

    -Me acordé del regalito que me dejaste en la cama y me mojé toda jaja.

    Me quedé mirando con una sonrisa nerviosa el sucio pero excitante espectáculo. Tomó la punta del perfecto chorizo que ella había hecho y, como si fuera una verga flácida, empezó a pajearlo con sus manos sucias de carne y flujo. Después de unas suaves subidas y bajadas con su mano, lo metió en su boca rosándolo suavemente con sus labios para que el embutido no se rompa. Cerca de 20 cm de chorizo se habían metido en su boca para luego sacarlo suavemente con un suave desliz en sus labios sin haber roto el blando tubo de carne.

    -Todavía tengo el toque jaja –dijo con vos provocativa mientras pasaba la lengua por sus labios rojos y miraba la marca del labial rojo en los 20 cm del chorizo– Pero voy a necesitar algo un poco más duro.

    Metió las manos por debajo de mi sucio delantal y me bajó el short y la ropa interior. Cuando notó la dureza de mi verga, una sonrisa se dibujó en su cara y me sacó, casi de un tirón, el pesado cuero del delantal. La dureza de mi verga quedó frente a su cara y de forma frenética hizo lo mismo que había hecho con el chorizo. Lo metió entero en su boca sin dejar de subir y bajar con sus carnosos labios. De vez en cuando amasaba con sus manos mis huevos, el tronco y el glande para luego volver a meterlo en su garganta, sin importarle los restos de carne que quedaban cuando lo tocaba.

    Cuando notó que en cualquier momento mi verga podía convertirse en un volcán de leche caliente, se paró, se sacó el delantal y se bajó el pequeño short y su tanga negra para quedar completamente desnuda. No se preocupó por los elementos de trabajo que había en su mesada y se tumbó boca arriba y con las piernas bien abiertas sobre los chorizos que habíamos hecho y los restos de carne que habían quedado, manchándose toda con la mezcla de su producto.

    -Cogeme pendejo –susurró al tiempo que tomaba una vez más el largo chorizo para chuparlo y frotarlo por sus enormes tetas.

    Con la verga dura como una roca, embestí con mi glande en su concha empapada y los gemidos no se hicieron esperar. Uno, dos, tres, cuatro orgasmos conté mientras amasaba sus enormes tetas repletas de carne y metía y sacaba mi venoso pene de la humedad de su concha. Después de un rato, me pidió que la sacara y se dio vuelta para quedar tumbada boca abajo en la sucia mesada y dejar su culo a mi disposición. Abrí sus nalgas con mis manos y enterré mi lengua en su culo, intentando meterla en lo más profundo de sus entrañas. El aroma y el sabor que subían de su mojada concha me había cegado y, en ese momento, era capaz de hacer cualquier cosa.

    -Rompeme bien el culo –me ordenó mientras con su mano derecha frotaba en su clítoris el chorizo imperfecto que yo había hecho.

    Apoyé la punta de mi endurecida verga y empuje hacía delante con toda firmeza mientras ella empujaba hacía atrás. Mientras mi falo se abría camino en sus entrañas, los gritos de dolor y placer de la tía Norma retumbaban en la carnicería. Después de unos minutos de bombeo duro, sentí como la leche caliente empezó a trepar por mi verga, depositándola en su dilatado ano. Al sacarla, un hilo blanco espeso comenzó a chorrear del asterisco entre sus nalgas. Al pararse de la sucia mesada, paso su mano por su culo tratando de juntar la mayor cantidad de leche posible para luego meterla en su boca y saborearla como un delicioso postre. Nos quedamos ahí parados unos segundos repletos de carne cruda y olor a sexo.

    Durante esos tres días en la casa de la tía aprendí lo más importante de su oficio con mucho entusiasmo. Mejoré mucho mi técnica con los embutidos gracias a sus lecciones y a la motivación del sexo más sucio y depravado de mi vida. Mamá quedó sorprendida de mis habilidades con el sucio trabajo, pero se sorprendió mucho más al ver que iba a pasar cada verano a la casa de mi tía Norma a ayudarla con su fructífero trabajo.

  • Clara la nalgona no agraciada

    Clara la nalgona no agraciada

    Hay un dicho en mi país que dice “cuerpo de encanto, cara de espanto” refiriéndose a personas muy sabrosas de cuerpo, pero de cara, horribles como Chucky.

    Así es o era Clara, ella era una chica que tenía un rico trasero y tetas ricas, pero su cara, dios mío, no sé si tuvo algún accidente de niña, pero cara cortada se quedaba corto a su lado, así que era normal las habladurías sobre su aspecto entre hombre, pero Clara era la novia de un compañero que teníamos, el cual estaba igual de feo, tal para cual.

    Pero siempre la traté con respeto de hecho creo que era el único que la trataba bien admito que cuando traía calzas me gustaba estar detrás mirándole las nalgas, pero cuando volteaba, adiós encanto, pero uno jamás debe decir de esa agua no beberé.

    Pues bueno, había pasado dos meses de que me cogí a mi madrastra, en el año 2012 empecé a superarme y me habían movido a otra división, así que los antiguos compañeros ya no los veía, en cambio fui conociendo a nuevas personas.

    Pero siempre que salía noche me encontraba a Clara regresando del metro, me platicó que se salió de la fábrica y andaba trabajando en un restaurant, así pasó una semana topándomela diario.

    Ella siempre me aventaba el calzón, pero yo le daba le avión o definitivamente me hacía bien pendejo y es que las nalgas las tenía buenísimas, pero yo pendejamente me dejaba llevar por lo que decían, lo cual afortunadamente hoy ya superé.

    Pero una noche andaba bien caliente, me había aventado un chat hot con una amiga de la secundaria y andaba filoso, necesitaba desahogarme ya, saliendo ya casi como a las 9 de la noche para mi suerte me topé a Clara, traía una calza gris que marcaba muy rico su tanga, su blusa entallada negra y su pezón erecto, al verla no pude evitar tener un deseo enorme en ella.

    C: ¡Hola!!

    T: ¿Cómo estás?

    C: ¡Muy bien, gracias!

    T: ¡Sí!! ¡Se ve que estas muy bien!!

    C: ¡Ay qué lindo!!

    No podía dejar de mirarle las nalgas, creo que ella se dio cuenta de eso y más se contorneaba al caminar, ¡fue entonces que salió la plática de su novio!

    C: ¡Te mando a saludar Gerardo!

    T: ¡A qué bien!

    C: ¡Si lo veo casi diario!

    T: ¡Imagínate si viera que venimos juntos!

    C: Jajá, pero no me debe de decir nada, ¡no estamos haciendo nada!

    T: ¿Y si hago esto?

    Sin pensarlo más me coloqué detrás de ella dándole tremendo arrimón y sintiendo sus duras nalgas, ¡yo la tenía parada y obviamente ella me sintió!

    C: Pues no debería decir nada, ¡solo me estas abrazando!

    T: ¿Y si hago esto?

    Comencé a besarle el cuello, sentí como suspiraba y caminando en la calle le iba dando sus arrimones y besándole el cuello, en un momento comencé a acariciarle las nalgas disimuladamente, ¡fue llegando a la esquina de la 5ª calle que nos comenzamos a besar con todo y lengua!

    C: Si me viera haciendo esto, ¡si me mata!

    T: ¡Pues vamos a otro lado!

    C: ¿Adonde?

    T: ¡Vamos a un hotel!

    C: ¿Así? de plano!

    T: ¿No quieres?

    C: ¡Vamos pues!

    Nos subimos a un taxi que nos llevó a un hotel cercano, en el trayecto íbamos en mero faje, besándonos y toqueteándonos, creo que ella me tenía ganas y poco a poco me contagio.

    Apenas entramos a la habitación y la ropa salió volando por todos lados, la acosté en la cama y con mi lengua recorría sus teas, eran duras muy ricas, mis manos apretaban sus nalgas las cuales tanto me gustaban, ella gemía y suspiraba, miré su pucha y ya la tenía húmeda y algunos jugos escurrían de ella.

    T: ¿Estas caliente?

    C: ¡Si!!!

    Comencé a lamerle los labios vaginales, estaba tan caliente que me valió todo, mi lengua entraba en su concha y saboreaba sus jugos, le succionaba el clítoris, al jurmu solo gemía y se retorcía bien rico.

    C: ¡Que rico, uhm!!

    T: ¿Te gusta que te coman la concha?

    C: ¡Si!! ¡Que rico lo haces tú!

    Levante sus piernas y el lamia del clítoris a su ano, estaba desatado comiéndome esa concha un poco peluda pero muy rica.

    Entre lengua y dedos la mujer fea como le decían comenzó a venirse a chorros.

    C: ¡Que rico, uhm!

    T: ¡Ahora te va a ti nena!

    Clara se acomodó para llevar mi verga a su boca, primero comenzó a darle ligeras lamidas como paleta, me acariciaba mis huevos de una manera tan rica que se me ponía bien dura, abrió su boca y comenzó a meterla hasta donde mi grosor le permitía.

    T: ¡Uhm!! ¡Que rico!

    C: ¡La tienes gruesa, uhm!

    Clara me la mamaba tan rico que me tenía viendo estrellas, la tomaba de su cabello y la subía y bajaba con velocidad, ella babeaba y apenas si podía tener los ojos abiertos, mientras disfrutaba de lo rico que se veían sus nalgas.

    T: ¡Ponte de perro!

    C: Uhm, ¿me la metes ya?

    T: ¡Si, ponte!

    Clara se puso en cuatro y se veía fenomenal, ¡la tome de los cabellos y la penetre con violencia!

    C: ¡Ay!! ¡Qué tosco!

    T: ¡Uhm, uf, ah!!

    El mete y saca subía su velocidad, ella poco a poco se acostumbraba a mis embestidas y su concha se adaptó a mi grosor, ¡haciéndola sentir como nunca!

    C: ¡Tyson que rio, uhm!!

    T: ¡Ese wey no te cogerá tan rico como yo!

    La tomaba de los hombros empujándola más hacia mí, ella se movía en círculos, era un movimiento tan rico que me tenía gozando como loco.

    T: ¡Que rico te mueves!

    C: Ah, métemela, no pares, ¡ah!!

    La voltee y levante las piernas acomodándolas en mi cuello y la embestía tan fuerte como podía, sus nalgas chocaban en mi pelvis, la besaba, le mordía las tetas, me tenía bien caliente.

    T: ¡Que rico aprietas, uhm!

    C: ¡Ah!! ¡Sí, no pares, uhm!

    Sentí como se corría nuevamente mojándome todo, las sabanas estaban empapadas, ella se retorcía arañándome la espalda yo babeaba como perro.

    T: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm!

    Me acosté y Clara subió a cabalgarme, se movía tontamente pero su vagina apretaba bien rico, le mordía sus tetas, la tomaba de sus nalgas para subirla y bajarle y guiarla hacia mi orgasmo.

    C: ¡Oh, que rico, uhm, Tyson ah!!

    T: ¡Así, uhm, mamita, uhm!!

    No aguante más y saque un tremendo chorro de semen, llenándole su coño, mi orgasmo fue fantástico, creo que ella tuvo uno más, los dos gritábamos y nos retorcíamos riquísimo.

    Me la pase hasta la madrugada cogiendo con Clara, seseando mis ganas y disfrutando de sus ricas nalgas, esa no sería la única ocasión, ya que en un arrebato me la cogería una vez más, pero se los contare después.

    Tyson.

  • Amor y fidelidad hasta que los cuernos nos separen

    Amor y fidelidad hasta que los cuernos nos separen

    Sonia se casó a los veintiocho años prometiendo amor y fidelidad hasta que la muerte les separara y con esa convicción alimentó su matrimonio, sin embargo, esos principios que creía tan firmes ya no los tiene tan claros tras doce años de una relación que ha ido debilitándose con el paso del tiempo.

    No es una mujer guapa, pero es el conjunto de sus cualidades lo que la hace interesante. Tiene cuarenta años. Es delgada, de pelo castaño, aunque ahora, con el tinte se ha hecho rubia porque ya hace algunos años que las canas la obligan a usarlo. Sus pechos son pequeños y el sujetador sólo cumple la función de que los pezones no se le marquen a través de la ropa. Viéndolo como una ventaja, es porque nunca se le caerán. Unos ojos de un color avellana y unos labios delgados se enmarcan en un rostro enjuto y puntiagudo. Junto a las cualidades físicas se le pueden añadir las intelectuales. Aunque es tímida y reservada con su intimidad, no por ello deja de ser una mujer de mundo. Es profesora de historia del arte en la facultad de historia y jefa del departamento, además de haber colaborado en diversas investigaciones.

    A pesar de haber recibido decenas de proposiciones indecentes por parte de sus compañeros, nunca contempló la opción de un flirteo con ninguno de ellos. Todo lo contrario. Ella siempre se aferró a su contrato y a ese amor incipiente de los primeros años. Por el contrario, su marido es un petulante que se cree superior a los demás, pero sobre todo, superior a ella, aunque si se profundiza en su psicología, se puede adivinar que esa actitud es un complejo de inferioridad ante ella. Muchos de sus amigos así lo creen y así se lo han hecho saber a Sonia, pues también muchos de ellos han sabido ver en ella su valía y sus cualidades como mujer. Alberto es comercial. Se dedica a captar clientes para una empresa de impresión y, a decir verdad, es muy bueno en su trabajo, sin embargo, su erudición no va más allá de sus conocimientos laborales. A nivel intelectual, no le llega a la suela del zapato a su esposa, en cambio se diría que es totalmente al revés, dada su soberbia. Su verborrea es pomposa y rimbombante, en su lugar, su esposa es una persona sencilla y llana que no ha tenido nunca la pretensión de aparentar más de lo que es, al contrario, al profundizar en su interior se descubre el vasto y profundo pozo de sabiduría que encierra.

    Son las seis de la tarde y al terminar su clase, Sonia espera a que salga hasta el último de los alumnos para cerrar la puerta. Va a su departamento, recoge sus cosas y se dirige a la salida, pero está lloviendo a raudales. Lo que empezó con una fina lluvia se ha convertido en un diluvio y ha salido de casa sin paraguas, por consiguiente, hasta la parada del metro son trescientos metros que tiene que recorrer cruzando una auténtica cortina de agua. Se queda en la puerta mirando un cielo que parece muy enojado y quisiera arrojar todo lo que tiene acumulado de golpe, de modo que no le queda otra alternativa que esperar a que remita.

    Detrás de ella sale un alumno suyo que la anima a llevarla con el paraguas hasta su coche y de él a la parada, y en vista de sus escasas opciones, decide aceptar.

    Santi es un buen alumno, jovial, extrovertido y educado. Tiene veinticuatro años y lo ha tenido en sus clases durante dos trimestres, uno el año anterior y otro el actual. Aparte de esas virtudes, es un chico atractivo a quien se le suele ver habitualmente con alguna alumna revoloteando a su alrededor.

    El paraguas no es muy grande, por lo que Santi coge a Sonia del hombro para que se arrime lo máximo posible a él, de tal manera que se mojen lo mínimo hasta que lleguen a su coche. Al llegar le abre la puerta y Sonia entra, y en unos segundos Santi ya está sentado en el asiento del conductor.

    Cuando llegan a la parada del metro, ella le agradece el detalle de llevarla y él le ofrece llevarla hasta su casa y, pensando que se ahorra diez paradas en las que posiblemente tenga que ir de pie entre empujones y codazos, acepta gustosa, es más, al señalarle la ubicación de su casa, coincide en que viven relativamente cerca. Al llegar a la portería de su finca, muy amablemente, Sonia vuelve a darle las gracias por ser tan cortés y sale del vehículo intentando mojarse lo mínimo, coge su abrigo y su maletín, saca sus llaves como puede del bolso y ante la incomodidad, se le caen por la rejilla del alcantarillado.

    Ahora tendrá que esperar durante horas hasta que venga Alberto de viaje, quizás tres, quizás cuatro, si no son más, de manera que Santi se ofrece a que espere en su apartamento hasta que regrese. Es un apartamento compartido con otro compañero que cursa empresariales, pero últimamente no está pasando las noches allí porque se queda en el de su novia, por tanto, a Santi le viene de perlas, ya que tiene muy buen feeling con su profesora de historia del arte y se encuentra muy a gusto a su lado.

    Por el contrario, Sonia piensa por un momento que aquello es un error y que no debería ir al apartamento de un alumno, ni siquiera en unas circunstancias como aquellas, aunque… —¡Qué demonios! ¿Por qué no he de ir?— Se pregunta. —No hay nada de malo en ello. ¿Qué he de hacer, esperar en una cafetería hasta que vuelva mi marido no se sabe cuándo?— Y ante la respuesta evidente decide aceptar. Así pues, Santi dirige su automóvil hasta su apartamento.

    Sonia se percata al instante de que no se esperaba ninguna visita ese día, dado que el desorden en todas las estancias así lo confirma. Santi se disculpa por la batalla campal que parece haber tenido lugar allí, pero ella piensa que es normal en un estudiante que su vivienda parezca un auténtico caos. Rápidamente quita la ropa sucia y algunos cachivaches que molestan y le ofrece algo de beber.

    —Un café está bien —señala.

    Sonia está sentada en el sofá con las manos entre sus muslos evidenciando sin querer su timidez y parece una adolescente en su primera cita a solas con un chico. Santi está sentado al otro lado del sofá manteniendo cierta distancia de seguridad e intentando no invadir su espacio vital. Su profesora se da cuenta que es todavía más extrovertido de lo que en apariencia parece, pero tampoco lo conocía tanto para saber cómo es realmente.

    Él le cuenta someramente su vida y Sonia hace lo mismo sin entrar en demasiados detalles. Podría decirle que se casó muy enamorada y que en la actualidad su matrimonio es una mierda. Podría también contarle que apenas tenían sexo, aunque tampoco sabría explicarle exactamente por qué. Quizás él disfruta de alguna aventura en sus viajes, quien sabe, como tampoco sabría indicarle en qué momento desapareció la química entre ellos. Podría afirmar sin mucho error de cálculo que está más de tres meses sin tener sexo, y eso es motivo más que suficiente para aventurarse con el muchacho que tan bien parecido es. Además, todo indica que sus intenciones son las mismas.

    —¿Por qué no?

    Sonia le mira fijamente intentando que su timidez no entorpezca sus pretensiones. Quiere dejarla de lado para que la deje sentirse mujer. El muchacho le devuelve la mirada y se acerca un poco hacia ella. Sonia está receptiva, demasiado. Hace mucho tiempo que no tiene sexo y el apuesto joven que está frente a ella está revolucionando sus hormonas. Se acercan un poco más hasta que sus labios se juntan y sus bocas se abren para que sus lenguas se entrelacen.

    El cuerpo de Sonia empieza a bullir. El prolongado beso estimula todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo. Sus pezones se endurecen de tal forma que desean perforar su camisa. Sus labios vaginales se abren como los pétalos de una rosa en primavera. No hay remordimientos, sólo aprobación.

    Las manos de su alumno cogen sus pechos, sin embargo no hay mucho donde agarrar, no obstante, sus pezones son extremadamente sensibles y Sonia abandona el beso para poder liberar un reprimido gemido, suspirando de nuevo al reencontrarse con sensaciones casi olvidadas. Una mano sube lentamente por su muslo hasta que se detiene en su sexo. Nota un apretón, pero con el pantalón puesto no tiene la sensibilidad que desea. Quiere desnudarse y facilitarle la labor. Quiere que la posea y sentir su carne dentro, pero el joven parece tener otros planes y quiere seguir con el beso, intercambiando su saliva y haciendo sonoros sonidos mientras le come la boca. Ahora sí, sus manos empiezan a desabrocharle la blusa, después el pantalón. Su impaciencia la obliga a ponerse en pie para terminar de quitarse ella la ropa. Ahora él puede contemplar su exótica belleza. Se ha quedado únicamente con sus braguitas blancas, no son de lencería, son sencillas, de algodón, pero ajustadas a sus caderas parecen de lo más sexi.

    Santi se levanta también del sofá y hace un gesto con la mano un tanto vulgar, como si pretendiese recolocar su entrepierna. Sonia se percata de ello y piensa que su erección está tirando de algunos pelillos. Se aproxima a él e intenta ayudarle a desnudarse. Él se quita el suéter y a continuación ella le quita la camiseta y pasea sus manos por su fibroso pecho, después desciende las manos y le desabrocha el pantalón vaquero y, mientras lo hace puede notar la protuberancia que forma su bragueta y que alberga al preso que desea ser liberado, pero los botones se le resisten por la falta de práctica y él tiene que acudir en su ayuda. Cuando ambos terminan de desnudarse por completo, Santi parece extasiarse de la delgadez de Sonia, hasta el punto de estar fibrosa, pero a él le gusta su físico, prueba de ello es el miembro que apunta firmemente hacia ella, adornando su percha.

    Sonia nunca ha hecho el amor con ningún otro hombre que no sea su marido. De jovencita disfrutó de algunos escarceos y tocamientos con otros chicos, pero nunca más allá de eso y con nadie tan atractivo como el joven que está ahora delante de sus ojos y a su disposición.

    Ambos cuerpos se acercan y se unen en un abrazo en el que cada mano recorre la fisionomía de su pareja buscando cada rincón sin que quede ninguno por explorar. Santi recuesta a su profesora en el sofá y se coloca encima de ella besándola de nuevo, pero esta vez su boca busca el lóbulo de su oreja y la lengua se pasea por él, después desciende por el cuello provocándole hasta dolor en los sensibles pezones. A continuación la lengua se pasea por el hombro, bajando por el brazo para dar un pequeño salto hasta sus pezones. Ni en sus mejores tiempos, su esposo le provocó tantas sensaciones de placer en rincones en los que aparentemente no tendría por qué encontrar deleite, pero allí había estado siempre cada recoveco a la espera de ser atendido por una experta lengua.

    Tras un largo recorrido por su anatomía, deambula por los alrededores de su sexo, pero sin llegar a posarse en él, sólo circunvalándolo una y otra vez hasta hacer que Sonia se retuerza y contornee sus caderas buscando la esquiva lengua que parece no querer libar sus mieles.

    —¿Por qué la tortura de ese modo? —No aguanta por más tiempo aquel suplicio, así que deja de lado la timidez, aferra su cabeza y la presiona contra su sexo, moviendo sus caderas en busca de la huidiza lengua.

    Parece que ya ha encontrado el botín. Ahora recorre los pliegues de un sexo completamente abierto y mojado. No recuerda haber estado tan excitada, ni haber sentido tanto placer sin ser penetrada jamás. Es inaguantable. Entonces aparta bruscamente su cabeza y de piernas abiertas le pide que la folle. La vergüenza ha desaparecido dando paso a la concupiscencia. No desea más preámbulos. Le duele el cuerpo de tanto placer inconcluso. Santi se incorpora y se pone de pie. Parece que ha llegado el momento tan deseado por Sonia, en cambio dirige su miembro a la altura de su boca para que reciba el mismo tratamiento. Sonia contempla maravillada el pistolón que le apunta, y al abrir la boca, sus labios abrazan el miembro que acaba adentrándose buscando la humedad del interior. Su alumno cierra los ojos y es quien profiere los gemidos ahora.

    Sonia ha sido partícipe innumerables veces, sin ella saberlo, de las fantasías de Santi, pero éste jamás pensó que podrían hacerse realidad. Aparte de introvertida, siempre le ha parecido una mujer que marca una línea inquebrantable entre profesor y alumno, pero ahora, desde su posición, contempla como su profesora está engullendo su polla y está deleitándose con ella sin remilgos. Los jadeos del aventajado alumno empiezan a delatarle y sin remedio estalla dentro de su boca. Rápidamente su profesora intenta zafarse de las descargas que inundan su boca y parecen querer ahogarla. Cuando lo consigue, los trallazos continúan impactando en su rostro uno tras otro y ella tiene que cerrar los ojos, pero poco a poco la presión disminuye hasta que finaliza el riego.

    Santi se disculpa por su incipiente falta de tacto, pero sobre todo por la rapidez. Ella se levanta y se dirige al lavabo sin saber ni siquiera donde está, pero tras una indicación de él, lo encuentra. Ahora se pregunta si todo aquello no ha sido un error. Deseaba que culminara en algo más sensual y placentero, y no ahogándose y con su cara bañada de leche. Podía haber parecido en un principio que Sonia era la alumna y Santi el profesor, y toda la sensibilidad que consideraba que manejaba, se desvaneció cuando desparramó su esencia sobre su cara, sin contemplar tampoco sus necesidades. Le duele el clítoris de no haber rematado tanta excitación en un clímax. Necesita correrse y liberar todo el desasosiego que la invade.

    Pensándolo fríamente, considera que le da igual la falta de sensibilidad de la que ha hecho gala su alumno en el último momento. Sale del baño dispuesta a violarlo si es necesario, pero cuando aparece en el salón se detiene en el acto al observar que Santi está hablando con su compañero de cuarto. Ella se queda petrificada. No sabe cómo taparse y lo hace con sus manos de una forma un tanto cómica. Sonia dirige la mirada a uno y a otro sin saber qué está ocurriendo ni tampoco qué hacer, ni a qué atenerse. El compañero de piso de Santi repasa con su escrutadora y lasciva mirada la anatomía de Sonia haciéndola sentirse muy incómoda.

    —Este es Álvaro, mi compañero de piso —le anuncia Santi, como si aquella situación fuese lógica y natural, pero ahora Sonia quiere que la tierra se la trague, desaparecer de allí, todavía no sabe cómo, pero quiere huir. Busca su ropa para vestirse y no la encuentra. Le parece que todo aquello es una broma de mal gusto. Le pide su ropa a Santi suplicándole, casi llorando y él la abraza tratando de consolarla, de modo que estalla en un llanto provocado por tanta tensión acumulada. Ambos se abrazan, mientras Sonia nota la dureza de su miembro sobre su vientre, lo cual vuelve a desconcertarla y se hace un poco atrás advirtiendo su erección fuera de lugar. Al mismo tiempo siente como unas manos apartan su cabello y una lengua se desliza por su cuello, entretanto, otro falo erecto se posa en el canal de sus nalgas.

    Sonia se queda paralizada y rígida. Su cabeza es un mar dudas. Todo aquello es surrealista y piensa que quizás está soñando y pronto despertará comprobando que es como un mal sueño fruto de su imaginación por tanta abstinencia sexual, pero el pene que intenta abrirse paso en su sexo la saca de su abstracción. Santi pega su boca a la de ella y se funden en un morreo, entretanto ella siente como la verga de Álvaro empieza a bombear y sus manos se aferran a sus caderas. Tiene muchas dudas por lo que está haciendo o, mejor dicho, por lo que está dejando que le hagan, pero la excitación acude en su ayuda y se abandona al deleite. Álvaro la inclina para que se apoye en el sofá y la verga de Santi vuelve a buscar su boca.

    Ni en sus sueños más húmedos podría haberse imaginado una situación semejante. Quizás debería hacerse un selfie y enseñárselo a su esposo por haber sido tan capullo durante tantos años, aunque quizás él también disponga muchos selfies que enseñarle a ella.

    Santi coge su cabeza con las dos manos aproximándola en cada embate mientras le folla la boca y en cada acometida, una arcada la acompaña y le señala que si cruza el umbral vomitará. Entretanto, Álvaro está extasiado embistiendo por detrás y contemplando la panorámica de las exquisitas nalgas de la profesora de su compañero de piso. Santi abandona la boca de la docente y se sienta en el sofá con su erección bien visible y la anima a sentarse sobre él y, a pesar del placer que su compañero de piso le está otorgando, no lo duda.

    Se zafa de él y se sienta sobre su alumno. Los gritos y jadeos se adueñan del lugar y Sonia se abandona a un merecidísimo y liberador orgasmo que la hace gritar como nunca antes lo había hecho. Está exhausta, en cambio, sus amantes están en plenas facultades para seguir con su fiesta. Santi permanece debajo pistoneando en el sexo de Sonia sin darle ninguna tregua y, aunque su orgasmo ha concluido, el continuo meneo de la polla bombeando en su interior provoca que siga deleitándose de ese percutor incansable. Al tiempo que ella empieza a saltar, iniciando una nueva cabalgada, vuelve a encontrarse con una verga amenazante en su cara y la coge con la mano para masturbarla sin ningún pudor. Pronto su boca se adueña de ella intentando satisfacer al garañón del mismo modo que su montura la está satisfaciendo a ella. Un dedo lubricado incursiona en el pequeño orificio que le hace dar un respingo, pero no logra librarse de él, sino todo lo contrario, el dedo se hunde poco a poco en su ano.

    No es una sensación dolorosa, pero sí extraña, pese a ello, el placer que le está aplicando el miembro de Santi mitiga la extraña sensación hasta que otro dedo se une a la fiesta intentando ensanchar el canal. Sonia está confusa. Sabe lo que significa y lo que viene a continuación. No está segura de querer experimentarlo hasta que nota que la sensación comienza a ser agradable e incluso placentera, y pronto es otro dedo el que se une al festín. Sonia deja de moverse, son sus amantes los que hacen el trabajo. Su atacante se coloca de cuclillas en el sofá detrás de ella y acerca el glande al supuesto dilatado orificio y presiona ligeramente mientras desaparece y se escucha un pequeño gemido de protesta obviado por el agresor de su retaguardia.

    Éste escupe sobre su falo y presiona un poco más consiguiendo que desaparezca otro buen pedazo de verga en su cavidad, acompañado también de otro grito, y así sucesivamente hasta que su esfínter logra alojar todo el intruso. Poco a poco los movimientos se van acelerando y se convierten en embates, coordinándose ambos sementales y consiguiendo darle a la docente la follada de su vida.

    Nunca antes ha practicado el sexo anal, puesto que siempre lo ha considerado como algo antinatural. Ahora, no solo está disfrutándolo, sino que está deleitándose con un estupendo sándwich que le están aplicando dos niñatos. Algo impensable unas horas antes.

    El salón del apartamento se ha convertido en el salón del sexo en el que gritos y jadeos dan fe a los vecinos de lo que está ocurriendo en el pequeño apartamento. Sonia grita de placer con las dos pollas incrustadas en sus entrañas dándole duro, y los dos sementales bufan como toros intentando satisfacer a la tímida, pero sofisticada dama.

    Sonia siente que pude correrse, pero el orgasmo es huidizo y se hace de rogar. Los dos garañones aceleran las embestidas al percibir que su orgasmo está cerca y cuando parece conseguirlo entre gritos y resuellos, ambos se dejan llevar expulsando toda la euforia acumulada en sus entrañas. Álvaro abandona el orificio y se sienta en el sofá extenuado, Sonia se zafa de su montura, coge su bolso y desaparece en el baño para lavarse. Santi se queda al lado de Álvaro de piernas abiertas, con los brazos extendidos y el miembro regresando a su estado de reposo.

    Mientras Sonia se lava hace balance de lo ocurrido e intenta localizar algún destello de culpabilidad, pero no lo halla. Se encuentra totalmente colmada y satisfecha y está casi segura de que no será la última vez. El teléfono suena, lo coge y es su marido anunciándole que tardará más de lo esperado, quizás a media noche.

    No le dice que no tiene llaves, probablemente le da igual porque una chispa se enciende en su cabeza. ¿Por qué no?

  • Tercer encuentro con Daniela

    Tercer encuentro con Daniela

    Después de este segundo encuentro que a ambos nos llevó a nuevos niveles, seguimos en contacto, haciéndonos observaciones de los momentos que se dieron, de que moría de pena por lo que había sucedido, que tuvo que limpiarme, etc., etc., a lo que siempre le comenté que no tenía problema con nada de lo sucedido, al contrario, había enriquecido el momento y definitivamente la relación.

    Pero no todo podía ser miel sobre hojuelas, al poco tiempo Daniela empezó a tener problemas familiares, una de sus hermanas falleció, un primo se fracturó una muleca, sus hijas tuvieron problemas de pareja lo que la orilló a cambiar de residencia y la comunicación fue alejada, podían pasar semanas o meses en contestar. Me dice que no le gustaba la forma que estaba tomando la relación, pero decidí esperarla, que sé que valdría la pena, ¡y lo fue!

    Después de tres años regresó con la comunicación más constante, el jugueteo parecía que no había pasado el tiempo sobre nuestra relación así que nos quedamos de ver en el mismo lugar de nuestra primera vez y me prometió una sorpresa a lo que le dije que yo también tenía una para ella.

    Llego el día y traía el cabello corto, más delgada, se notaba los años en su rostro, mirada triste. Y al vernos la abrace, nos besamos y sin decirnos mucho nos dirigimos al hotel, al llegar a la habitación, nos besamos con mucha más desesperación, nos tocamos y me dice… “¿listo para tu sorpresa?”. Contestándole con una sonrisa se voltea y se baja su pantalón primero, dejándome ver una tanga hermosa roja, levantando su blusa y era un tatuaje que se había hecho en la espalda baja y si era una gran sorpresa.

    Le recorría toda la espalda baja, de flores de colores y me dice… “fíjate bien…” y entre las flores y las enredaderas se ocultaban mis iniciales, lo cual me prendió a mil y empecé a besar toda su piel tatuada, le saque su suéter, la blusa dejándola en bra rojo y tenía otro tatuaje en la nuca, una cruz egipcia y en el antebrazo el nombre de sus hijas, y mientras la admiraba se ponía roja, me pregunto que, si le gustaban, respondiéndole… “¡¡me encantan!!”.

    En lencería se voltea sentándose para abrirme el pantalón y en un suspiro se metió mi verga dura en la boca, completa, apretando mis huevos con sus manos, solo se la saco para decirme… ya extrañaba tu verga… para después meter mis huevos en su boca y chuparlos, se llevó a la cama y me acostó y siguió mamándome, en ese punto le dije… “ahora va mi sorpresa”.

    Acostado y ella en cuatro mamando mi verga, me acerqué la bolsa con su sorpresa, era un consolador al cual no tuve que lubricarlo ya que con los jugos que ella chorreaba basto para prepáralo, al tener el cabello corto y sin mascada no me quedo más de otra que tomarlo de la cabeza y así no ver realmente que seguiría.

    Al poner la cabeza del consolador e irlo metiendo despacio, vi como abría los ojos queriéndose incorporar evitándolo apretando su cabeza a mi verga y metiéndole todo el juguete de un golpe al cual soltó un gemido grande y profundo lo cual me excito mucho. Después de un rato mamándome la verga la acomode de costado y le pedí que me masturbara así que en esa posición podría ver un poco más que la hacía.

    Le agradecí los tatuajes y más que me tuviera en uno de ellos a lo que ella agradeció el juguete preguntándome si se lo podría llevar a lo que le dije que ese era el objetivo.

    La llevé a la orilla de la cama y metí mi verga por el culo, el cual se dilato sin ningún problema y dándole el juguete le dije… “muéstrame como lo usaras amor…” lo metió con nervios a su conchita tome sus talones y le abrí las piernas sin sacar mi verga de su culo y con las dos manos tomo el juguete y empezó a meterlo y sacarlo, mientras más velocidad ponía en sus manos procuraba que fuera la misma que ponía en mis caderas, mientras entraba el juguete salía mi verga y viceversa, tenía el rostro rojo, golpeaba su cabeza contra el colchón de cuando en cuando de placer cerrando los ojos y gimiendo cuando estuve a punto de eyacular saque mi verga de su culo, la tome de la cabeza sin sacar el juguete y abriendo la boca y sacando la lengua recibió, fue tanta la presión al salir que empezó a toser pero limpio mi verga completamente de mi leche, se recostó sin sacarse el juguete porque quería hacerlo con sus músculos vaginales lo cual fue un espectáculo maravilloso, ver cómo iba saliendo y como se movía su culo y su pelvis.

    Nos tapamos y ella estando sobre mí, me empezó a contar a detalle lo que había sucedido en su familia, las perdidas, la situación de sus hijas y los tatuajes fueron para sentirse unidas ya que también sus hijas se habían hecho unos pero el de la cadera no estaba planeado y mucho menos mis iniciales en él. La bese preguntándole si le había gustado su regalo soltando una estridente carcajada como respuesta, me pregunto cuando lo había conseguido explicándole que, al poco tiempo de la última vez, pero jamás pensamos que dejaríamos de vernos tanto tiempo.

    Seguimos platicando, besándonos, cachondeando a lo que le dije… “¿a quién le gusta la verga?…” abriendo los ojos y lógicamente respondiendo… “a Dany…” a lo que respondí… “entonces ¿por qué no la estas mamando?”. Y en un segundo ya la tenía en su boca, le puse lubricante al juguete y en ese momento es donde vendría otra sorpresa ya que tenía la facilidad de convertirse en un tipo “U” así que lo metí el mismo tiempo por su culo y su conchita a lo cual empezó a mamarme la verga con más fuerza, veía como sus venas se marcaban en su rostro, en mi mano sentía como con su conchita y culo apretaban el juguete y se estremecía hasta mi mano, movía cada vez más rápido mi mano hasta hacer un 69, cuando empezó a chorrear saque el juguete de un movimiento honestamente esperando que cagara en mi boca lo cual no sucedió pero si volví a llenar de leche su boca. En ese punto Daniela y yo bañados en sudor se dejó caer sobre mí, respirando entre cortado, con su corazón acelerado, la moví de lado y la abracé.

    Le comenté los tantos usos que podía obtener con su juguete al cual también se le podía poner pilas y vibrar, no dejaba de reír con su juguete nuevo y entre broma y reclamo le hice saber que estaba esperando que cagara en mi boca a lo que previendo eso había cagado antes de salir de su casa, pero estaba como siempre agradecido que chorreara en mi boca a lo cual me beso y como siempre con las prisas ya que sus hijas pasarían por ella.

    En lo que salíamos le dije que para la siguiente ocasión no me conformaría con un par de horas que necesitaba mínimo que nos quedáramos una noche completa, porque después de lo que hicimos mi mente ya tenía algunas ideas a lo que me dijo que no me prometería nada, pero haría lo posible, así que fue el camino para llegar a un nivel más alto de sexualidad y de relación entre Daniela y yo.

  • Espiando a un sacerdote

    Espiando a un sacerdote

    Hace mucho tiempo me dedique a trabajar de guarda de seguridad en una casa de retiro de sacerdotes… si de sacerdotes.

    Era común que frecuentaran a la casa muchos jóvenes que colaboraban en las iglesias y realizaran sus convivencias. Lo extraño es que una noche, pasadas las 9 pude escuchar un ruido que provenía de unas de las habitaciones que estaban a lo largo de un pasillo, estas eran donde se hospedaban los visitantes que pasaban uno o dos o tres días.

    La curiosidad me llevo a mirar a través de una ventana que dejaba ver por las cortinas que no se cerraron bien. Pude ver como un sacerdote acariciaba las piernas de una jovencita de unos 18 años que vertía con falda de pliegues y una blusa abotonada que dejaba ver la redondez de unos pechos blancos, el morbo de ver cómo le subía lentamente la falda y apretaba las piernas blancas que marcaban una pequeñas venitas rojas, eso me excitó.

    Tenía mi pene con una erección descomunal. El sacerdote saca su enorme pene y lentamente se lo pasa de arriba abajo por la ropa interior de la joven ya mojada de la lubricación quede notaba.

    Así se dieron las cosas y podía ver como el sacerdote no más de 30 o 35 años ya estaba penetrando a la joven, que de donde yo estaba se podía ver las piernas torneadas levantadas a los hombros del hombre, así estuvieron unos 20 o 25 minutos en esa faena. Tuve que retirarme porque se acercaba una joven que desde otro lugar espiaba a la pareja y también a mí.

    Me sorprendió mucho cuando me aborda y me dice “te gusta ver a las parejas en su intimidad”, le dije “bueno no pude evitarlo solo hacia mi labor de vigilancia y se dio el momento”.

    Ella al ver lo excitado que estaba, decidió agarrarme e insinuarse, que no se podía aguantar las ganas y quería sentir un pene grueso y largo y cabezón dentro de su vagina.

    En ese momento actúe por instinto y la tomé, la recosté en una mesa y ahí la penetré hasta descargar un enorme chorro de semen que al pararse le chorreaba por las piernas.

    Así pase todas las noches mientras estuvo en la casa de retiro espiritual.

  • Fantasías (Parte I)

    Fantasías (Parte I)

    Me llamo Pablo, hace ya tiempo que tratando de rescatar la pasión perdida habíamos buscado con mi mujer la manera de renovarla acudiendo a nuestras fantasías mientras teníamos relaciones, contándonos uno al otro lo que nos había gustado hacer en otros tiempos con otras personas, lo que nos gustaría en ese momento o lo que podríamos planear para excitarnos usando a terceros.

    Esa noche no era diferente, Máhia estaba con las piernas abiertas y yo entre ellas le surcaba la concha con la cabeza de mi pija pero sin penetrarla, quería hacerla desear, ella me pedía por favor que se la metiera, cuanto más caliente está más le chorrea el flujo por los muslos, al ir su jadeo creciendo yo sabía que estaba a punto de decirme que si se la metía le pidiera lo que quisiera

    P: Que te gustaría hacer ahora?

    M: Lo que vos me pidas, pero meteme la puntita aunque sea -Lo que más me excitaba era que me lo estaba pidiendo mientras miraba la pija resbalando en su concha y entreabría los labios como si quisiera chuparla

    P: Contame como le hacías la paja a tu primo en la casa de tía

    M: Lo haces a propósito porque sabés como me calienta todavía mi primo Seba

    P: Si ya vi cuando se saludaban el otro día en el cumpleaños, estoy seguro por lo juntos que estaban mientras hablaban te la debía estar apoyando

    M: Qué, se notaba mucho? Es que no podía decirle nada, la tenía tan parada que no podía resistirme a refregármela, más sabiendo que vos estabas mirando, y el estar rodeados de tanta gente me calentaba más

    P: Se la tocaste?

    M: Apenas, la agarré un momento para acomodármela mejor disimuladamente entre las piernas, se volvía loco, la pollera que tenía era corta y me dejaba sentir el calor de su poronga contra la piel

    P: Y ahora te la meterías?

    M: Si no me la metes vos rápido me cogería cualquier cosa

    P: Como te la metías en la casa de tu tía? Dale contame, si lo hacés te meto la puntita

    M: Sí, si me la metés te cuento. Ay si así! Dejame moverme un poquito para sentirla.

    P: No quedate quieta, quiero que la desees más, empezá a contarme y después vemos

    M: La primera vez no nos acostamos, hacía un tiempo que yo me había separado, y desde ese momento no había salido con nadie, ese domingo fui a comer como siempre a la casa de mis tíos donde ser reúne toda la familia, cuando llegué no lo vi a Seba, yo me estaba meando y me fui para el baño, cuando estoy llegando me encuentro con él que sale de bañarse, tenía puesta una toalla en la cintura, me llamó la atención porque se le notaba mucho el bulto, se dio cuenta que se lo miraba, y corriéndose el pliegue de la toalla me la mostró, yo no podía despegar los ojos, seguro que se la había estado tocando porque la tenía media parada, me preguntó sonriendo si me gustaba, yo estaba muda, un poco porque no esperaba esa situación y otro porque me sentía atraída por esa pija que se seguía parando más. Me agarró de la muñeca y me llevo la mano hacia la poronga mientras me metía con él en el baño.

    P: Me gusta como decís poronga y pija, ponés una cara de puta que me vuelve loco

    M: Si vos sabés que esto que hacemos me pone también loca a mí, sigo?

    P: Claro, y que hiciste?

    M: Primero intenté retirar la mano, pero cuando la cerré sobre la carne caliente, mi calentura fue tal que sentí como un chorro que me mojaba la bombacha, entonces , comencé a apretársela y soltársela, y después al ver como se calentaba pidiéndome que lo pajeara bien, me contó que hacía rato que me tenía ganas, que yo no sabía las veces que él se había pajeado pensando en mí, como recién lo había hecho en el baño sabiendo que yo venía, entonces se la empecé a sacudir, no sabés que caliente la tenía, se notaba que hacía rato me deseaba, y eso me volvía loca. Fui yo que lo busque con la boca abierta para que me bese, nos enredamos las lenguas en forma desesperada, la mezcla de las salivas me corría por el mentón, él me levantó del culo y me calzo sobre la pija, yo imaginate entre las ganas de mear que tenía y la calentura acumulada en el último tiempo estaba que volaba… en ese momento golpean la puerta del baño, nos separamos del susto, él preguntó quién era, era su hermana Ana y le dijo que se estaba secando que cuando terminaba la avisaba.

    Quiso volver a montarme pero le dije que podía venir alguien, abrí la puerta, me fijé si se había ido la hermana y me fui para el comedor.

    P: Y te quedaste con las ganas de tragártela, porque te fuiste?

    M: Conociéndolo a mi primo sabía que eso no había terminado ahí, sabía que se las iba a arreglar para no dejarme en ese estado

    Ya estaban llamando a comer, me senté en el banco doble de una de las cabeceras, la que da contra la pared del comedor, cuando estaban por servir apareció Seba y se sentó a mi lado, estaba todavía con la toalla en la cintura, la madre le pidió que se vaya a cambiar, pero él le dijo que después de comer tenía que salir y se iba a cambiar después, y me guiño un ojo señalando con el mentón hacia abajo, cuando bajé la vista pude ver que la tenía afuera de la toalla y la tapó con el mantel que caía de la mesa, y aprovechó también para tapar mis piernas, estiré la mano y se la agarré, con solo sentirlo al palo volví a calentarme como en el baño, apreté la concha contra el banco para sentir el flujo en la bombacha, ahora el mantel se abultaba con la pija, no sabés lo que era tenerla ahí tan dura y caliente en mi mano. Mi prima Ana que estaba sentada al lado de Seba en el lateral de la mesa nos miraba, la guacha era la única que se debía estar imaginando algo, eso también me calentó y siempre pensé que entre ellos dos pasaba algo, no sabía si nos miraba por celos o por calentura. Yo también me empecé a pajear por debajo del mantel comencé a mirarla fijo para ver si ella reaccionaba de alguna manera.

    P: Y te pajeabas por arriba del short o te metiste la mano adentro de a bombacha

    M: Al principio fue por arriba, pero cuando me di cuenta que la mirada de mi prima era de calentura no pude aguantar más y me desprendí el short, lo bajé un poco y le agarré la mano a Seba y se la llevé adentro de la bombacha, solo al sentir lo mojada que estaba él me metió un dedo, tuve que disimular para no gritar, solo entreabrí la boca para que lo viera mi prima. A esta altura me imagino que ella también tapada por el mantel se estaría pajeando pensando que yo se la estaba agarrando al hermano, y eso me enloquecía, porque al tenerla en la mano no podía contener las ganas de metérmela, de chupársela, lamentándome no haberlo hecho en el baño.

    P: Y tu prima qué hacía mientras tanto?

    M: Creo que a esa altura estaba desesperada, yo no le quitaba la vista de encima, no sé si me calentaba más la pija de Seba o imaginar la calentura que tendría Ana en ese momento, porque un minuto antes ella había tirado la servilleta al piso a propósito y al agacharse seguro que vio mi mano agarrando la hermosa pija de Seba y los dedos de él en mi concha encharcada, así que ahora no hacía más que mirarme y sacar la lengua entre los labios como si me la estuviera chupando a mí.

    P: Guacha me calentás un montón, dejame que te la meta un poco más, así, ves así, te gusta no? Tenés que prometerme que te vas a coger a tu prima, me lo prometés?

    M: Vos querés decir que me la coja otra vez? -me dijo con una sonrisa sarcástica y metiéndose un dedo en la boca.

    P: En serio te la garchaste? Que hija de puta! Eso no me lo contaste nunca! Y me vas a decir quién te gustó más ella o el hermano?

    M: Si, alguna vez te lo voy a contar, pero ahora dejame seguir con lo del almuerzo que me calienta mucho, no sabés lo que es estar con toda la familia alrededor, y haciéndole desear a mi primo, porque la paja se la hacía entre el índice y el pulgar, rozándosela apenas, con lo cual él trataba de moverse para sentir más el roce, y yo intentando abrir lo más que podía las piernas y sacar la pelvis hacia afuera para que los dedos se me metieran más adentro, y además sabiendo que Ana había visto el panorama de mi concha bien abierta deseosa de que esa lengüita suya estuviera en mi clítoris, y su cara libidinosa me confirmaba que sabía lo que yo estaba deseando.

    P: Y se hicieron acabar los dos?

    M: Creo que los tres acabamos juntos.

    P: Cómo lo sabés?

    M: Porque yo no sé cómo hice para disimular mi acabada, y en el mismo momento sentí el chorro de leche de Seba en mi mano.

    P: Y Ana?

    M: Ana, me lo contó después, pero dejémoslo para otro día, ahora ensártamela bien que ya estoy acabando.

    P: Tomá mi amor, acá la tenés toda, bien adentro, tomá el premio por calentarme de esta manera, por eso quiero que te sigas cogiendo todo, porque sé que lo haces para calentarme a mí.

    M: Si mi vida, yo gozo con otros porque sé que eso te hace gozar a vos, dale metela más, así quiero sentir tu leche, algún día tendríamos que invitar a Seba, no?