Autor: admin

  • Fuimos a comprar y sucedió una situación muy caliente

    Fuimos a comprar y sucedió una situación muy caliente

    Bueno, es algo corto, pero quería contar algo que pasó el otro día así que me decidí a escribirlo.

    Estábamos con mi mujer en la verdulería, cuando como siempre encuentro al verdulero mirándola de arriba a abajo a mi mujer mientras la atendía, el tipo de unos 50 o 55 años con las manos negras de tierra no le sacaba los ojos de encima a las tetas y el culito de mi mujer, que unas tetas y un culo hermoso, además que estaba con short y remera escoltada.

    Yo me quedé a un costado viendo la situación y me empecé a calentar al ver al tipo cada vez con más cara de pajero y más caliente. Mi pija estaba que explotaba y menos mal que éramos los únicos porque si no cualquier vecina me hubiese visto la pija bien parada bajo el pantalón.

    Seguimos comprando y yo seguía admirando la situación, ya no podía ni hablar, cuando de repente siento gente que hablaba atrás mío, me doy vuelta y eran dos pibes de unos 25 años altos y grandotes, en ese momento ya no podía bajar el morbo y la calentura así que decidí salir a la calle y quedarme a distancia de la puerta observando a mi mujer encerrada con tres tipos que la cogían con la mirada. A decir verdad esperaba que alguno la empiece a desvestir y la enfiesten.

    Cuando termina de comprar ella sale, cuando está por llegar a la puerta tenía que pasar por los dos flacos que se juntan en el medio y ella hace un esfuerzo por esquivarlos y no rozarlos. Cuando salió la vi colorada y excitada, mi pija reventaba y la calentura no la aguantaba.

    Cuando llegamos a casa la cogí fuerte como si la hubiesen encuestado esos pibes. Pensando en cómo la había calentado la situación, pero eso será para otra historia.

    Espero les guste.

    Los leemos.

  • Somnámbulo (Cap. 3): Novio, amante y esclavo

    Somnámbulo (Cap. 3): Novio, amante y esclavo

    David se fascinó al estar delante de aquel delicioso macho. El norteamericano lucía un torso duro, limpio de cualquier clase de bello y con dos pectorales firmes como el acero, que deseó chupar enseguida. Pensó en que su cintura estrecha y sin el mínimo asomo de grasa constituían un espectáculo digno de una estrella del porno gay.

    Scott avanzaba por la sala enteramente desnudo, con los brazos extendidos hacia adelante, los párpados fuertemente apretados y la cabeza suelta hacia atrás. La luz de la lámpara le permitió a David apreciar el suave palpitar de la expuesta vena en el cuello de su cuñado. Se excitó al ver como su torso se expandía a causa de la profunda respiración, aunque casi se le fue encima cuando se giró y pudo contemplar las torneadas piernas y los firmes glúteos que en ese momento estaban allí, indefensos, completamente a su merced.

    David se deleitó al ver como su futuro esclavo caminaba una y otra vez por la estancia y percibió el aroma del alcohol que todavía se desprendía de su cuerpo. Sonrió para sí, aquel olor a vodka, a borracho, combinado con la fragancia maderosa de la piel de Scott, lo encendían, lo incitaban, lo volvían loco.

    El sonámbulo se giró repentinamente al detectar la loción de David. Anduvo con pasos lentos hacia donde él estaba y a cada movimiento, la lujuria del fotógrafo fue en aumento. Entonces dio una calada al cigarro de mariguana, lo apagó y se aproximó a su dormido cuñado.

    Las manos de Scott se colocaron encima del pecho de David y comenzaron a frotar el cuero de la chamarra. El fotógrafo sujetó con su mano izquierda las muñecas del sonámbulo y con la otra mano le inclinó un poco el torso para besarle el cuello. David lamió la delgada y marcada vena de un color ligeramente azulado que sobresalió al estirarle la piel y no pudo evitar hacerle un chupetón.

    -¡Me encanta tu cuello! Tu piel sabe a madera. Me calienta tu aroma de borracho. -Murmuró David, mientras lamía el cuello de Scott y le acariciaba el rostro.

    Scott no contestó, únicamente se limitó a suspirar hondamente y a aproximar su cuerpo al de David. El fotógrafo sintió la dureza de la erección de su cuñado rosar su vientre y en respuesta el tamaño de su miembro también se disparó.

    -¿Scott, me escuchas? -Preguntó David en un susurro, a la vez que acercaba su rostro al de su cuñado.

    -Sssi… -Respondió el norteamericano con una voz cavernal, entre dos profundos suspiros.

    -Bien, ¿sabes quién soy? -Cuestionó David, al tiempo que sujetaba al norteamericano por la cintura y besaba repetidamente su cuello.

    -Eres… David… mi cuñado… -Respondió Scott mientras volvía a recorrer la chamarra de cuero y a aspirar con fruición la loción de David.

    -Exacto. Yo soy David. Quiero que olvides todo. Olvida quién eres. Olvida dónde estás. Solamente concéntrate en mi voz. -Indicó en un susurro el fotógrafo, mientras chupaba los pectorales de su cuñado.

    -Sssi…. Olvidar todo… Olvidar quien soy… Olvidar donde estoy… Concentrarme solamente en tu voz… Ssi… -Repitió Scott en un tono cadencioso y casi gutural, a penas con un movimiento perceptible en sus labios, aunque con una clara expresión de placer.

    -Bien, eso es. Mi voz es lo único que existe, nada más importa. Nada más existe. -Dijo David, a la vez que atraía el rostro de Scott hacia su pecho y apretaba con lujuria su cuerpo desnudo.

    El sonámbulo aspiró la loción de su cuñado y acrecentó todavía más su erección, pero se resistió a aceptar la sugestión.

    David se excitó nuevamente por el aroma a alcohol del norteamericano y volvió a repetir sus instrucciones, al tiempo que masajeaba sugerentemente los hombros del norteamericana. -Scott, Mi voz es lo único que existe, nada más importa. Nada más existe.

    -Sssi… Tu voz es lo único que existe… Nada más importa… Nada más existe… -Admitió tras unos segundos el norteamericano en conformidad, en medio de hondos suspiros de excitación.

    -Bien, muy bien. Repítelo otra vez. -Ordenó David, mientras volvía a chupar el pectoral de su cuñado.

    -Sólo tu voz existe… Nada más importa… Nada más existe… -Repitió el sonámbulo, mientras se abrazaba al cuerpo de David y frotaba su rostro contra el cuero de la chamarra, totalmente cautivado por la loción de su cuñado.

    -Scott, escúchame bien. A partir de ahora, yo soy el nuevo Amo de tus sueños. Mientras estés somnámbulo seré tu Amo y señor. -Indicó el fotógrafo en un murmullo al oído del norteamericano, a la vez que deslizaba sus manos encima de su desnuda espalda.

    Scott no respondió, como si analizara las palabras de David y comprendiera que quería subyugarlo. David entendió que la naturaleza heterosexual de Scott buscaba oponerse justo en ese momento, por lo que decidió reaccionar rápido.

    Volvió a chupar su cuello y se bajó el cierre de la chamarra para que la loción con la que empapó la camisa, impregnase todavía más el olfato del norteamericano. Aquella loción era especial. Hecha a base de feromonas para cualquier hombre resultaba absolutamente irresistible.

    -Scott, aspira mi loción. Mi loción te atrae, mi loción te causa placer. -Dijo David, a la vez que le plantaba un caliente beso y acariciaba su rígido miembro.

    Scott inhaló con satisfacción, mientras un gesto de deseo se reflejaba en su rostro. -Sssi… tu loción me atrae… Tu loción me brinda placer… Sssi…

    -Eso es Scott, yo te causo atracción, yo te brindo placer. Yo te hago disfrutar.-

    Señaló David, al tiempo que guiaba las manos de su cuñado para que comenzaran a recorrer su cuerpo.

    -Ssi… Me atraes… Me brindas placer… Me haces disfrutar… -Respondió el sonámbulo entre suaves gemidos de gozo, a la vez que palpaba los muslos de su cuñado.

    -Bien, así es. recorre mi cuerpo, explóralo. Desliza tus manos por todo mi cuerpo, reconócelo, así, despacio. Explorarme te brinda placer, Reconocerme te excita. -Instruyó David, mientras colocaba las manos de su cuñado en su trasero.

    -Sssi…Explorarte me brinda placer… Reconocerte me excita… Ssi… -Aceptó Scott, con una naciente expresión de lujuria y una cada vez más marcada erección.

    -Eso es, disfrútalo. Mientras estés somnámbulo sólo debes disfrutar. Sólo debes sentir placer. -Repitió David, mientras Scott se agachaba para palpar sus piernas con ansiedad.

    -Sssi… Mientras esté somnámbulo sólo voy a disfrutar… Sólo voy a sentir placer… -Admitió el norteamericano, en medio de varios suspiros y luego de deslizar sus manos con gran excitación sobre la espalda de David.

    -Bien, eso es. Así, palpa mi cuerpo, siente mi cuerpo, vuelve a oler mi loción. Mi loción te vuelve loco de placer. Mi cuerpo te hace disfrutar. Palparme te excita. -Ordenó David.

    Scott inhaló con enorme deleite el aroma de la loción y volvió a palpar con aquellas fuertes manos el torso y rostro de David. -Sssi… Tu loción me vuelve loco de placer… Tu cuerpo me hace disfrutar… Palparte me excita… Sssi…

    -Así es. Mientras estés somnámbulo yo soy la fuente de tu placer. Yo soy lo único que te hace disfrutar.

    Volvió a recalcar David la sugestión, al tiempo que frotaba su miembro contra la poderosa erección del norteamericano.

    -Sssi… Mientras esté somnámbulo tu eres la fuente de mi placer… Tu eres lo único que me hace disfrutar…

    Repitió Scott con lascivia, al tiempo que acercaba su rostro al de David para percibir su aroma y frotaba con gran encomio su glande contra el miembro de su cuñado.

    -Bien, muy bien. Mientras estés somnámbulo, yo soy el nuevo Amo de tus sueños. Yo soy tu nuevo Amo y Señor. Que yo sea tu Amo y Señor, te causa placer, te hace disfrutar. -Instruyó David en un nuevo esfuerzo por inducir aquel comando de sometimiento en su cuñado.

    Scott guardó silencio por un par de segundos, pero las feromonas de la loción y el efecto de las drogas fueron más fuertes y doblegaron su subconsciente en aquel estado de sonambulismo. -Sssi… Mientras esté somnámbulo, Tu eres el nuevo Amo de mis sueños… Tu eres mi nuevo Amo y Señor… Que tu seas mi Amo y Señor me causa placer… Que seas mi Amo y Señor me hace disfrutar… -Admitió Scott finalmente aquella orden de dominación, al tiempo que frotaba con fuerza su imponente miembro sobre la bragueta de David.

    -Bien, muy bien. Mientras estés somnámbulo harás todo lo que te diga. Me perteneces, Te tomo como mi propiedad. Eres mi esclavo, novio y amante. Ser mi esclavo te causa placer. Ser mi novio y amante te hace disfrutar. -Dijo David al tiempo que besaba a su cuñado con fruición y le masajeaba los hombros con gran lujuria.

    -Sssi…Mi Amo y Señor… Mientras esté somnámbulo haré todo lo que digas… Te pertenezco… Soy tu propiedad… Soy tu esclavo, novio y amante… Ser tu esclavo me causa placer… Ser tu novio y amante me hace disfrutar… -Aceptó el norteamericano, mientras correspondía con pación al beso de David y colocaba sus manos en torno a su cintura.

    -Bien eso es. Esta es mi primera orden. A partir de esta noche y todas las noches, te levantarás sonámbulo, completamente dormido. Caminarás con los brazos por delante, los ojos cerrados y tu cabeza caída hacia atrás. Tu deseo más profundo será buscarme y no importará la distancia que tengas que recorrer para hacerlo. Si te regresan a tu cama, esperarás a que se vayan y volverás a levantarte dormido. Mientras sea de noche continuarás sonámbulo y nada será capaz de despertarte hasta que llegue la mañana. Cuando me encuentres tu deseo más ferviente será acostarte conmigo, como mi novio, amante y esclavo, pero permanecerás sonámbulo y obedecerás todo lo que te ordene. -Indicó David, a la vez que chupaba el cuello de su cuñado y apretaba entre sus dedos aquel falo caliente y rígido.

    -Ssi, mi Amo y señor… Acataré tu primera orden… A partir de esta noche y todas las noches, me levantaré sonámbulo y completamente dormido… Caminaré con los brazos por delante… Los ojos cerrados, y la cabeza caída hacia atrás… Mi deseo más ferviente será buscarte y no importará la distancia que tenga que recorrer para hacerlo… Si me regresan a la cama, esperaré que se vayan y volveré a levantarme dormido… Mientras sea de noche continuaré sonámbulo… Nada será capaz de despertarme hasta que llegue la mañana… Cuando te encuentre mi mayor deseo será tener sexo contigo… Seré tu novio, amante y esclavo… pero permaneceré sonámbulo y obedeceré todas tus órdenes… -Admitió el norteamericano aquella instrucción, para enseguida dedicarse a besar de forma posesiva a su Amo y Señor.

    -Bien, esclavo. Tu segunda orden es la siguiente. Cada vez que me encuentres cuando estés sonámbulo, como ahora, debes reconocer mi cuerpo. Deberás palparme con tus manos hasta que estés seguro de que soy yo, tu Amo y Señor. -Dijo David, para enseguida introducir con fuerza su lengua en la boca de Scott que sin oponer resistencia correspondió al beso con gran avidez.

    Sssi… Mi Amo y Señor… Cumpliré tu segunda orden… Cada vez que te encuentre como hoy, deberé reconocer tu cuerpo… Deberé parparte con mis manos. Deberé reconocer tu cuerpo… Hasta estar seguro de que eres tú, mi Amo y Señor… Explorar tu cuerpo me causa placer… Palparte me hace disfrutar… -Afirmó Scott totalmente excitado, mientras frotaba su entrepierna contra la de su cuñado y sin dejar de besarlo.

    -Bien, muy bien. Tu tercera orden es que cuando me encuentres como ahora, mientras estés sonámbulo, deberás quitarme la ropa, prenda por prenda de forma sensual. Deberás llevar las prendas hasta tu cuarto y doblarlas junto a tu cama. Y cuando me tengas desnudo, deberás tomarme del brazo y llevarme hasta tu cama, para que tengamos sexo y me penetres. -Demandó David, a la vez que ´conducía a su cuñado hacia el sofá.

    -Sssi, mi Amo y Señor… Cuando te encuentre, mientras esté sonámbulo, te quitaré la ropa, prenda por prenda de forma sensual… Llevaré la ropa a mi cuarto y la doblaré junto a mi cama… Después volveré por ti… Te tomaré del brazo y te conduciré hasta mi cama para tener sexo y penetrarte… Sssi, Mi Amo y Señor… tú eres la fuente de mi placer… Tú me haces disfrutar… -Afirmó Scott completamente subyugado por aquel sonambulismo sexual.

    -Bien, bien perfecto. Ahora tu cuarta orden. Cada vez que yo chasque los dedos y te diga: “Somnámbulo”, aún y cuando estés despierto, caerás en este estado de sueño profundo. Te volverás mi esclavo somnámbulo y me obedecerás. -Indicó David, mientras tomaba a Scott del hombro y lo sentaba junto con él en el sofá.

    -Sssi, mi Amo y Señor… Cuando me digas: “Somnámbulo”, aún y cuando esté despierto, caeré en este estado de sueño profundo, me convertiré en tu esclavo somnámbulo y te obedeceré… Ser tu esclavo, novio y amante me causa placer… Me hace disfrutar… -Respondió Scott, mientras recostaba su cuerpo encima de su Amo y volvía a aspirar cautivado su aroma.

    -Bien, muy bien. Tu última orden. Mañana, cuando te despiertes, tendrás el gran deseo de permanecer en casa para hacer labores de limpieza y querrás cocinar para mí y atenderme. Todo el día, me atenderás, me complacerás y te insinuarás sexualmente. Aunque no sabrás porque y aunque te gustará, te sentirás ansioso, confundido y extraño, mas parte de ti lo disfrutará. Comenzarás a verme con ojos de atracción, y eso te extrañará. Y empezarás a pensar que eres gay. Mientras haces todo eso, estarás desnudo, pero no tendrás conciencia de que te encuentras encuerado, creerás que usas ropa. -Ordenó David, mientras masajeaba el cuerpo desnudo de su cuñado y mordía su clavícula.

    -Sssi, mi Amo y Señor… Mañana, cuando me despierte, tendré el gran deseo de permanecer en casa para hacer labores de limpieza… Querré cocinar para ti Y atenderte… Todo el día te atenderé… Te complaceré y me insinuaré sexualmente… Aunque no sabré porque, y aunque me gustará, me sentiré ansioso, confundido y extraño… Mas lo disfrutaré… Comenzaré a verte con ojos de atracción… Eso me hará sentir extraño…. Empezaré a pensar que soy gay… Mientras hago todo eso, estaré desnudo… Pero no tendré conciencia de que me encuentro encuerado… Creeré que uso ropa… Sssi, mi Amo… y Señor… Obedeceré… -Dijo Scott completamente doblegado y sin ninguna resistencia ante aquella esclavitud.

    -Perfecto, pronto te volveré mi puta. Dejarás de ser hetero y te convertiré en un puto sumiso gay. Claro que gozo el violarte y dominarte mientras estás dormido y te explotaré como activo durante todas las noches, pero te prefiero despierto y aún más preferiré cuando me pidas que yo te penetre y te use como mi puta. -Afirmó David totalmente caliente y con la boca llena de saliva.

    -Sssi, mi Amo y Señor… Me causa placer ser tu novio y amante… Me excita ser tu esclavo… Te pertenezco… Soy de tu propiedad… Obedeceré… -Dijo Scott, mientras besaba con voracidad a su Amo y lo recorría poseído por el placer de arriba a abajo.

    -Aunque quiero violarte ahora y coger contigo hasta romperte el culo al menos unas veinte veces, todavía no. Mañana. Hoy sólo vamos a dormir juntos. Te daré dos órdenes más. Desnúdame ahora y llévame a tu cama. Vamos a dormir desnudos toda la noche. Y hasta que yo me levante por la mañana, entonces despertarás. Dormir desnudo conmigo te complace, te excita. -Ordenó David al tiempo que pellizcaba y estimulaba los duros pezones de Scott.

    -Sssi… Dormir desnudo contigo me complace… Me excita… Tu cuerpo me vuelve loco de placer… Tú eres mi Amo y Señor… Tú me haces disfrutar… Yo te pertenezco… me brindas placer… Me haces disfrutar… Soy tu propiedad… Obedeceré… -Respondió Scott, a la vez que se levantaba de encima del cuerpo de su Amo y comenzaba a desnudarlo lentamente, en medio de calientes besos y encendidas caricias.

    Cuando David quedó encuerado, Scott se puso de pie y lo guio lentamente hacia la alcoba. -Soy tu novio, amante y esclavo… Obedeceré… Obedeceré… Mi Amo y Señor… Disfruto dormir desnudo contigo… Eso me causa placer… Me hace disfrutar… Me vuelve loco tu cuerpo… -Repitió Scott presa del deseo y con una imponente erección, a la que David le costaría trabajo resistirse.

    David dejó que su cuñado lo condujera hasta la cama y una vez estuvieron allí, se abrazó a su cuerpo desnudo y se colgó de su cuello. -Voy a contenerme mucho hoy, me encantaría que me cogieras. Me encantaría violarte. -Inquirió David, mientras lamía el oído de Scott.

    -Sssi… Mi Amo y Señor… Me encantaría cogerte… Quiero que me violes… Quiero tener sexo… Quiero acostarme contigo… Me brindas placer… Me vuelve loco tu loción… Me excitas… Mi Amo y Señor… -Respondió Scott, mientras tomaba a David de las caderas y se refregaba contra él una y otra vez.

    David sintió las manos de su cuñado apretar sus glúteos y se sorprendió ante aquellos desbordamientos de conducta homosexual. La combinación de las feromonas de la loción y el narcótico suministrado a lo largo de los meses en el té que le envió, así como la mezcla especial de esa noche, parecían haber conseguido un efecto maravilloso y el proceso para crear una personalidad homosexual en su ardiente cuñado norteamericano iba por buen camino.

    David se introdujo entre las sábanas y Scott dejó caer su musculoso cuerpo sobre su torso. El norteamericano se refregó una y otra vez contra su cuñado y este comprobó lo que Karen había dicho acerca de que Scott se tornaba más fogoso durante los episodios de sonambulismo. Sintió a su rígido miembro chocar una y otra vez en su vientre, a sus labios besar y chupar su cuello, a sus hambrientas manos acariciar sus piernas. Entonces David lo sujetó con fuerza de los hombros y lo detuvo.

    -Detente. Sólo abrázame. Quiero sentir tus brazos. Estréchame con fuerza. Recuerda que eres mi novio, amante y esclavo. -Dijo David, mientras mordía el cuello y las clavículas de Scott.

    Sssi, mi Amo y Señor… Lo que quieras, – soy tu novio, amante y esclavo… Me causas placer… Me haces disfrutar… Obedeceré… Obedeceré… -Contestó el norteamericano mientras rodeaba con sus brazos a David y lo besaba desenfrenadamente en los labios.

    -Así me gusta, a partir de hoy, tú y yo vamos a pasar mucho tiempo juntos, mi fogoso esclavo. Ahora, estoy cansado, vamos a dormir. Calma tu deseo por sexo y duerme profundamente. No olvides tus órdenes. -Murmuró David a la vez que abrazaba a su cuñado, cerraba sus ojos y se giraba para quedar encima.

    -Sssi, mi Amo y Señor… Soy tu esclavo… Obedeceré… Obedeceré… -Replicó Scott con convicción, mientras se amodorraba y colocaba la cabeza de su Amo encima de su cuello.

    Antes de quedarse totalmente dormido, David se relamió los labios gracias a aquella primera victoria. El estado de sonambulismo de Scott era extremo. Su cuñado no era consiente de nada y su mente, debilitada por la administración de los narcóticos y la mezcla de esa noche, respondió bien a las sugestiones y eliminó cualquier barrera que la naturaleza heterosexual pudo haber creado. El lívido de Scott consiguió imponerse, y al sonámbulo lo controlaba el placer, las ansias por disfrutar, por estar con él.

    David entreabrió los ojos y mientras besaba una última vez a Scott, degustó el sabor a alcohol de su boca, sintió aquel fuerte pectoral hundirse y expandirse a cada onda respiración y gozó porque esa noche, era él y no la estúpida de su hermana la que disfrutaba de ese hombre.

  • Araceli, repinga

    Araceli, repinga

    Araceli es una mujer que conocí desde la secundaria, pero con el paso del tiempo y sin redes sociales dejamos de vernos y como se ha vuelto costumbre últimamente con las redes sociales se hacen grupos de (des)encuentro y ahí volvió a aparecer, ella es bajita de piel muy blanca, rubia, ojos verdes, labios gruesos, facciones finas, senos generosos y caderas impresionantes, casada con dos hijos ya adolecentes, amable, risueña y empezamos a tener comunicación, de “buenos días”, “¿Cómo estás?”, situaciones de la escuela de sus hijos de su esposo de las cuales procurábamos ver el lado amable.

    Las fricciones y desacuerdos con su esposo crecieron y tratando de ser imparcial y mantenerme al margen, un día recibí una imagen de ella en lencería de espaldas que obviamente me sorprendió por recibirla y ver que tenía una forma deliciosa, a lo cual me pidió una disculpa que no había sido su intención enviármela, que era para otra persona, un antiguo novio que ella tuvo y con esto de las redes sociales volvió a tener contacto con él, aun así seguí insistente y empezó a subir el tono de nuestras platicas, un día me comento que tenía que ir a comprar algunas cosas que la habían pedido a su papá y que justamente estaba cerca de mi trabajo y justo vendría en la hora de la comida, nos vimos afuera de este negocio y sin decirle nada la bese, la pegue a mí y le dije… vamos al hotel… a lo que con ojos grandes y sonrojada dijo… NO… entramos a comprar las cosas que le habían encargado y en lo que buscaba las cosas la besaba y acariciaba, ella se tapaba el rostro con su cabello, mordiéndose los labios mientras volvía a insistir en ir al hotel a lo cual se negaba con la cabeza.

    Al salir me dijo que tenía que regresar que tenía el tiempo medido puesto que su esposo pasaría por ella, nos despedimos con unos besos llenos de ternura, pasión y lujuria.

    Seguíamos en los mensajes y tratábamos de coincidir en el camino de su casa y mi salida del trabajo ya que ella al ser ama de casa justificar sus salidas era un poco complicado, pero ella para tener un ingreso extra vendía ciertos artículos y en esas esporádicas coincidencias nos comíamos a besos, pasaba mis manos por sus bellas tetas o apretaba esas enormes nalgas, tomaba su mano y la ponía en mi verga dura comentándole siempre en ir al hotel, me decía que no porque solo había ido dos veces a un hotel, la primera donde perdió la virginidad que no fue muy placentera para ella y la segunda a una despedida de soltera que resulto más en guerra entre “amigas” y no veía un hotel como un lugar placentero, yo le comentaba podíamos romper ese círculo pero siempre tenía la duda y solo quedaba en cachondeos.

    Un diciembre nos quedamos de ver en un punto medio de su casa y la mía, me había dicho que tenía un regalo para mí y era nuestro modo de vernos por última vez en el año, su hijo mayor trabajaba y su hija menor estaba en la escuela por lo que teníamos a partir de mediodía un par de horas para platicar, llegue al lugar nos saludamos con un beso largo y tomamos camino yo había buscado en la zona donde estaríamos un hotel al cual empecé a tomar camino y lógico vio el anuncio a lo lejos y deteniéndose me dijo que no iría, que ese no era el plan y sabía que pensaba referente a los hoteles, yo le argumente que era ahora o nunca que sería la última vez que nos veríamos en el año y más con el beneficio de tener tiempo para nosotros y no levantar sospechas en su casa.

    La tome de la mano y ella se negaba a caminar, besándole y diciéndole que entráramos al hotel y solo platicaremos para evitarnos un problema mayor accedió a regañadientes, al llegar al lobby del hotel se veía nerviosa, se mordía los labios, jugaba con sus manos, nos dieron las llaves y subimos al cuarto, de camino veía su mira de pocos amigos y trataba de bromear con ella para que se relajara, por fin llegamos a la puerta y tenía ya el rostro duro y la mirada fija en mí.

    Entramos y nos sentamos ella en la orilla de la cama y yo en la otra, empezamos a platicar, me acerque a ella y la empecé a besar, metiendo mi mano derecha por la espalda acercándola a mi ahí Araceli brinco sobre mí y nos besamos más, le saque un blusón tejido que llevaba y un bra tipo deportivo dejándome ver usas tetas deliciosas unos pezones delicados ya erectos los cuales mi boca no perdonaron y me los devore, ella me quito la playera, le quite los tenis le baje los leggings que acentuaban ese enorme culo que tiene y sus pantaletas dejando ver una conchita con vello recortado, rubio, unos labios carnosos y un culo exquisito, toda ella blanca y rosadita de ahí entre otros motes el de “rosita fresita”, me ayudo a bajarme el pantalón y me dio una mamada exquisita se comía toda mi verga, la chupaba, la lamia, la recosté y pase mi lengua por su conchita, con un olor delicioso, con carácter, fuerte nada desagradable su culo igual, me incorpore listo para penetrarla y antes de hacerlo me dijo… por tu culpa me iré al infierno.. dándole como respuesta mi verga en su conchita, la cual recibió con gusta apretándomela maravillosamente, le saque los calcetines y le bese los pies, subí mi mano por su pecho y cuello hasta su boca y empezó a chupar mis dedos, jugaba con esas tetas, admiraba sus lunares uno en su seno izquierdo, se puso en cuatro y me dijo… ¿esto es lo que querías ver?… esas nalgas enormes, hermosas, exquisitas, su conchita y culo rosados abriéndolas y viendo su humedad deseosas de mí, entre de un golpe que la hizo gemir y en cada envestida sus nalgas brincaban hacíamos el amor, cogíamos, no podía dejar de apretarlas, abrirlas, recorrer sus piernas hasta los pies, hasta que eyacule dentro de ella y al sacar mi verga podía ver como goteaba su flujo y mi leche, nos abrazamos debajo de las sabanas y nos besamos, me gustaba olerla, admirar su cicatriz en la espalda baja que se había hecho en la infancia, sus lunares.

    Después de un rato, nos preparamos para el siguiente, esas tetas que tiene son mágicas, deliciosas, rosadas, se las mordía, se las chupaba dejándoselas roja diciéndole que a partir de ese momento eran mías a lo que afirmaba con la cabeza, baje por su abdomen y le volví a mamar su conchita que ya estaba húmeda, metía mis dedos y los apretaba delicioso así que sin más volví a estar dentro de ella, nos abrazábamos, cogíamos, hacíamos el amor, recorrerla toda y saber que era solo para mí y que a partir empezaba una nueva etapa en nuestras vidas, verla desnuda era una experiencia exquisita, nos fuimos a la regadera, la voltee tratando de penetrarla pero al ser muy bajita no encontraba el modo de hacerlo, se volteó y me peguntó que pasaba y yo le dije que era muy bajita a lo que respondió… ¿estás diciendo que soy pitufina? Lo que me provoco una carcajada y meterle mi verga dura bajo la regadera, con la pierna arriba y ella tomándome del cuello la besaba hasta que eyacula de nuevo en ella lo cual sabía que lo disfrutaba ampliamente.

    Salimos de la regadera para vestirnos y me dice… te pasas, jamás pensé que vendríamos aquí y yo usando ropa de abuelita… no podría dejar de reír, otro comentario fue de… ninguna de tus quinientas mujeres te la va a hacer como yo… a lo que respondí… tu eres la 501… sin dejar de reír a lo que me dijo… búrlate, pero hoy yo soy la única y de mi cuenta corre que te harás adicto a mi… palabras proféticas…

  • Una decisión difícil

    Una decisión difícil

    Cuando Jaime le comunicó a Sofía trasladarse a San Francisco no le pareció buena idea. Tenía entonces tres opciones que ponderar: vivir cada uno al otro lado del mapa y verse de uvas a peras; trasladarse con él e intentar iniciar una nueva vida allí, o romper un matrimonio que durante quince años había sido dichoso.

    Jaime trabajaba en una multinacional en Madrid y la dirección le ofrecía un puesto de mayor relevancia en su sede en San Francisco, por tanto, estaba claro que para él no había mucho que ponderar. Su sueldo era más que sustancioso, pero el hecho de trasladarse suponía que se iba a duplicar. Ella era traductora de inglés y en principio no tenía por qué suponerle un problema el hecho de trasladarse, pues podía igualmente desempeñar su trabajo teletrabajando, y a pesar de sus dudas iniciales, finalmente accedió a regañadientes aceptando su propuesta.

    Al principio pensó que la decisión tomada era la acertada, pero después de varios meses viviendo allí ya no lo tenía tan claro, después de que su esposo pasara la mayor parte del tiempo viajando y ella completamente sola.

    En vista de que la soledad se había convertido en su nueva y asidua compañera y Jaime iba a estar varios días de viaje, decidió visitar la ciudad en la que estaba viviendo ya varios meses y que hasta el momento tan sólo conocía algunas cafeterías, restaurantes, un centro comercial y poco más.

    Cogió el tranvía con la intención de hacer un poco de turismo recorriendo las calles de la ciudad. Visitó el puente Golden Gate; el barrio Fisherman’s Wharf, uno de los más variopintos de San Francisco; visitó la prisión de Alcatraz llamada “La Roca” en una visita guiada donde el guía les explicó cómo primeramente el fuerte de Alcatraz se convirtió en uno de los puntos más importantes de la defensa americana ante el avance de las colonias extranjeras, y décadas más tarde se habilitó como prisión de máxima seguridad para albergar a los presos nacionales más peligrosos. Mientras el guía les explicaba a los visitantes las células nueve a la catorce, del bloque “D” conocidas como “el agujero” donde eran enviados los prisioneros más conflictivos, una mujer se aproximó a ella por detrás.

    —Se dice que, en noches brumosas, el viejo faro derribado después de que fuera dañado en el gran terremoto de 1906, aparece repentinamente, acompañado de un misterioso silbido y una luz verde destellante.

    Sofía se volteó y le sonrió amablemente a la mujer que compartía con ella aquella leyenda. Calculó que tendría su misma edad, es decir, cuarenta. A primera vista vio que era una mujer con mucha clase y de una elegancia exquisita y refinada. Su atuendo era estiloso, pero cómodo, idóneo para hacer turismo. Llevaba un suéter de pico de manga larga ajustado al cuerpo igual que sus pantalones de pitillo, mostrando sus tobillos, y unas zapatillas llanas remataban su indumentaria, como si hubiese pretendido rescatar el estilo de Audrey Hepburn de los años sesenta.

    —Mi nombre es Anabelle, —se presentó dándole la mano.

    —Sofía —contestó ella con una amable sonrisa.

    —Este es James, mi marido —señaló a su lado a un hombre unos diez años mayor que ella.

    —Un placer señorita —le dijo cordialmente.

    —Encantada, el placer es mío —le respondió dándole la mano.

    —¿Viajas sola? —le preguntó Anabelle.

    —En realidad no estoy viajando. Llevo viviendo unos meses aquí y todavía no conocía lo más emblemático de la ciudad.

    —Nosotros estamos anclados en Fisherman’s Wharf. También estamos visitando lo más representativo de la ciudad.

    —¿Estáis de crucero?

    —No. Nuestro yate está amarrado en el muelle 41. Llegamos hace tres días de Monterrey, y estaremos aquí hasta el domingo, que zarparemos de regreso. Solemos estar una semana en cada ciudad, visitar lo más pintoresco, conocer gente y disfrutar del lugar.

    —Eso es estupendo.

    Mientras el guía les iba enumerando al grupo los reclusos más famosos que habían pasado por cada celda, Anabelle y Sofía permanecían detrás, ajenas a las explicaciones del guía, comentando entre ellas lo característico del lugar. El esposo de Anabelle siguió con el grupo, interesado en las descripciones del guía, y permitiendo que las dos mujeres se conocieran.

    —¿Entonces no eres de aquí?

    —Soy española. Vivo aquí provisionalmente. ¿Y vosotros?

    —Vivimos en Los Ángeles, tenemos una casa allí, pero en realidad, somos de Sacramento. ¿A qué te dedicas, Sofía? Déjame que adivine… economista —dijo al azar.

    —No, ni de lejos. El economista es mi exmarido. A mí se me dan muy mal los números. ¿Por qué pensaste que lo era?

    —No lo pensé. Fue lo primero que se me ocurrió. Era una forma de que me lo dijeras —dijo con una pícara sonrisa.

    A Sofía le sedujo la simpatía, la soltura y el desenfado con el que hacía sus preguntas.

    —Soy traductora ¿Y tú?

    —Qué interesante. Mi marido y yo tenemos negocios en todo el mundo, pero ahora estamos de vacaciones y las transacciones están en buenas manos, así que está prohibido hablar de trabajo y responder al teléfono, —y siguió con sus preguntas, pero que, para nada le molestaban.— ¿Tienes pareja Sofía? —le preguntó.

    —Sí, aunque mi esposo está de viaje de negocios.

    —Esta noche damos una fiesta en el yate y me gustaría que vinieras. Por eso te lo preguntaba, pero en vista de que tu esposo no está, vente sola.

    —Me encantaría. Nunca he subido a un yate.

    —Podrás hacer algo más que subir. El yate está a tu disposición para todo lo que quieras.

    —¿A qué te refieres?

    —No se trata de una visita turística por el yate. Habrá buena música, comida, bebida, drogas blandas, para quien las quiera, y otras singularidades que los más osados quieran satisfacer. ¿Eres liberal, Sofía?

    —¿Por qué lo preguntas?

    —Porque si no lo fueras, quizás podrías sentirte incomoda en la fiesta, pero siendo así, creo que te gustará.

    —Estoy intrigada.

    —¡Toma! Con ésta tarjeta te dejarán subir al yate. Sobre las nueve empezará a venir la gente. Ven cuando quieras. Fisherman’s Wharf, muelle 41. El nombre del yate es “Anabelle”. Lo encontrarás enseguida. Es el más grande.

    —Le has puesto tu nombre.

    —Sí, —le respondió con una cómplice sonrisa—. Nos vemos esta noche en la fiesta. ¡Ven elegante! —le guiñó un ojo y regresó con su marido que permanecía en el grupo, en el que ya estaban todos prestos a subir al barco de regreso.

    Anabelle regresó con su esposo y se sentó junto a él en el barco. Sofía lo hizo apoyada en la borda intrigada por cómo podría ser la fiesta. Como dijo Anabelle, habría comida, evidentemente de la más selecta, champagne francés, toda clase de bebidas, drogas blandas y, por lo que dedujo, posiblemente habría algún tipo de servicio sexual, tanto para hombres como para mujeres, lo cual despertó su curiosidad e interés.

    Sofía se acicaló a conciencia. Quería causar buena impresión a los invitados de la fiesta y, sobre todo agradar a Anabelle, con la cual empatizaba, y con la que se estableció cierto feeling. Cogió un taxi que la llevó a Fisherman’s Wharf y la dejó en el muelle 41 y, como Anabelle dijo, no le fue difícil encontrar el yate que llevaba su nombre.

    Le entregó la tarjeta al guarda de seguridad que había en la pasarela y, muy amablemente, la hizo pasar para que la cruzara y accediera al impresionante yate de 100 metros de eslora y cuatro pisos de altura. Al otro lado de la pasarela, estaba el que se suponía que era el sobrecargo, y la acompañó al salón donde la gente había empezado a comer y a beber, mientras hablaban unos con otros de forma distendida, al tiempo que una música de jazz de fondo amenizaba el ambiente. Sofía llevaba un vestido negro ajustado, con un abrigo por encima que le cogió uno de los camareros para guardárselo.

    Para el tamaño de aquel enorme yate, pensó que habría mucha más gente, pero eran sólo diez parejas, ella y cuatro camareros que atendían los menesteres de los invitados. Se preguntó para qué quería aquel magnate un yate tan grande si sólo viajaban por la costa de forma esporádica él y su esposa y, como mucho, su círculo de amistades más próximo. Al parecer, no había nada como un superyate para pasar automáticamente al “top”, de modo que, cuanto más grande y menos práctico, mejor. La embarcación tenía piscina, helipuerto, discoteca, gimnasio y, en la parte inferior del casco, un indestructible cristal transparente que permitía ver el fondo del mar. Lo importante, sin embargo, no era sólo lo que tenían y su tamaño, sino dónde se dejaban ver. Solían preferir puertos destacados, con bares y restaurantes para asegurarse un público del mismo estatus que ellos.

    Anabelle fue a recibirla.

    —Hola Sofía. Estás bellísima —le dijo dándole dos besos.

    —Tú también lo estás —le hizo saber de igual modo lo atractiva y elegante que iba.

    Anabelle llevaba un vestido gris ajustado al cuerpo, con un fajín hecho con la misma tela del vestido. Tenía una abertura que, cuando caminaba, dejaba ver su larga pierna hasta, casi su ingle. El vestido mostraba sus hombros, y las mangas finalizaban por debajo de los codos. Su cabello rubio y sus ojos azules, perfectamente maquillados, resaltaban todavía más su atractivo, como si de una actriz de Hollywood se tratara. James se aproximó para saludar a Sofía con dos cordiales besos, y después, la pareja de excéntricos millonarios le presentó al resto de invitados. Sofía supuso que todos pertenecían a la jet set, y su edad rondaba entre los cuarenta y los cincuenta, excepto el anfitrión, que oscilaría entre los sesenta y pocos. Los camareros eran los más jóvenes de cuantos allí había.

    Durante la degustación de los delicatesen, Sofía fue conociendo a las distintas parejas e integrándose perfectamente en la fiesta. Casi todos eran estadounidenses, excepto una pareja canadiense, otra inglesa, y un señor español que se dedicaba a las finanzas, pero su mujer era americana.

    Los camareros iban y venían con las bandejas repletas de copas de champagne ofreciendo continuamente a todos los invitados.

    Después de la degustación, los sirvientes retiraron las bandejas de comida, dejando paso a las bebidas: whisky, ron, ginebra, todo tipo de licores, como también, rayas de coca, perfectamente dispuestas, con unos canutos hechos exclusivamente para esnifarla.

    Sofía nunca había probado la cocaína, sólo algunos porros cuando estaba en la facultad, pero parecía que todos los allí presentes no tenían ningún reparo en esnifar coca, tanto hombres como mujeres, incluso el magnate dueño de aquel inmenso yate. En esos momentos, Sofía se sintió como pez fuera del agua, pues no quería probar la coca, ni se le había pasado por la cabeza el hacerlo, pero Anabelle se le acercó y la animó a hacerlo, de modo que no quiso ser descortés ni tampoco una aguafiestas. Se aproximó a la mesa, cogió un canutillo y aspiró profundamente todo el polvo. Inmediatamente se sintió eufórica y muy enérgica. A continuación, experimentó la necesidad de hablar y conversar con todo el mundo. Era como si le hubiesen recargado las pilas, y a la vez su vergüenza y su posible timidez desaparecieran.

    —¿Te diviertes? —le preguntó un texano de su misma edad, considerablemente alto, y que parecía que su esposa había encontrado a alguien más interesante con el que conversar.

    —Mucho —le respondió sonriente.

    —¿La has probado ya? —le ofreció, señalándole otro conjunto de rayas perfectamente alineadas.

    —Ya he probado, gracias —dijo Sofía pensando que con una vez era más que suficiente.

    El hombretón cogió un canutillo, se agachó sobre la mesa y volvió a esnifar toda una raya, cerrando los ojos al incrementar un nuevo subidón, y en la base de la nariz se le quedaron restos del polvillo blanco, que fue aspirando con repetidas inhalaciones, mientras se presionaba el otro agujero nasal.

    —¡Toma! ¡No seas tímida! —insistió, ofreciéndole un canutillo.

    De nuevo, no quiso ser desconsiderada, cogió el pequeño artefacto y aspiró otra raya que le provocó un creciente júbilo.

    —¡Ufff!

    —Es una fiesta estupenda —afirmó el hombretón.

    —Sí, sí que lo es —dijo intentando ser amable.

    —Me llamo Stewart —se presentó ofreciéndole la mano.

    —Sofía. Encantada.

    —No pareces de aquí, Sofía.

    —No, no lo soy. Soy española.

    —Oh, España. Flamenco. Buen vino, buen jamón y, sobre todo, buenas mujeres.

    —Sí —dijo ella sonriendo, intentando ser educada, y en verdad, el interés que despertaba el hombre en ella era nulo. Al parecer, para aquel hombre, en España todos andaban por la calle bailando flamenco y comiendo jamón.

    Sofía miró a su alrededor buscando a Anabelle para que la rescatara de aquel gigante texano que parecía tener pocas luces y, al mirar más detenidamente vio al financiero español tumbado en el sofá, mientras una mujer que no era su esposa se afanaba haciéndole una felación, a su vez, el hombre parecía estar saludándola con la mano. Sofía, cerró los ojos y volvió a abrirlos por si lo que estaba viendo eran visiones, producto de la droga, pero al abrirlos de nuevo, el hombre seguía sonriendo, mientras la mujer se esmeraba en su labor. En otro sofá más a la izquierda, otra mujer estaba con el vestido levantado, las piernas abiertas, el tanga a un lado, y un hombre que no era su marido abrevaba en su entrepierna. Sin convencerse todavía de que lo que estaba observando era cierto, apoyada en una mesa, se encontraba también otra mujer con el vestido levantado, y el hombre que había tras ella se desabrochaba el pantalón, se desanudaba la corbata y la tiraba al suelo, al mismo tiempo la mujer esnifaba una raya de coca y bebía un sorbo de champagne, mientras el hombre que se encontraba a su espalda la penetraba e enérgicos y contundentes movimientos de su pelvis.

    Fueran visiones o no, Sofía experimentó unos calores internos al ver como la fiesta se estaba desmadrando, convirtiéndose en una bacanal y, si aún no estaba lo suficientemente convencida de que aquello era real, sintió la mano del texano presionándole la nalga. Inmediatamente, le dio la vuelta para besarla, y Sofía paladeó un sabor desagradable a un exceso de alcohol y de tabaco, sin embargo se dejó llevar e intentó disfrutar del momento. Después de todo, Jaime lo tenía bien merecido por dejarla siempre sola.

    Después del desagradable morreo, el hombretón le dio la vuelta bruscamente y sin ningún miramiento, la apoyó en la mesa, le subió el vestido, le bajó el tanga, le abrió las piernas, palpó su raja mojada, sacó su herramienta y la penetró con un brusco empujón, aferrándose a sus caderas y atrayéndolas hacia él. Sofía estaba un poco turbada por el alcohol y la droga, pero sobre todo estaba desconcertada por como se estaban desarrollando los acontecimientos, pero no fue motivo para dejar de gozar con las embestidas del gigante. Vio que ya estaban todos los invitados, de un modo u otro disfrutando del sexo con sus parejas intercambiadas. En un sofá había dos parejas, los dos hombres sentados y las dos mujeres montadas sobre ellos. Pudo ver que una de ellas era Anabelle saltando alegremente sobre su amante. Buscó por la sala al marido de Anabelle y lo encontró sentado en otro sofá, con su copa en la mano y con las piernas abiertas, mientras la esposa del financiero español estaba arrodillada ante él, esforzándose con la felación que le estaba aplicando al magnate. Sofía gozaba del gigante texano que seguía embistiendo en su retaguardia, entretanto, mientras jadeaba, su vista recorría la sala hasta que se detuvo a observar como Anabelle saltaba ante el que parecía ser un gran miembro, reconociendo el buen gusto que tenía su anfitriona. De repente notó que el texano la abandonaba dejándola allí plantada con el culo en pompa y completamente excitada. Se sintió estafada por aquel energúmeno sin modales. El gigante se ensalivó abundantemente su órgano, se aproximó hasta Anabelle, subió de pie al sofá, se colocó detrás de ella de cuclillas y se la incrustó en el ano a la mujer del magnate que se encontraba en el sofá de al lado disfrutando de su copa y de la mamada de la esposa del financiero español, al mismo tiempo que observaba como su esposa era ensartada por aquel semental y por el gigante texano gozando del estupendo sándwich.

    Sofía estaba frustrada y muy excitada. Se había quedado sin premio. Todos los presentes parecían ocupados, pero antes de que se incorporara, notó unas manos que se agarraban a sus nalgas separándolas, y una lengua hacía incursiones en su raja, lamiendo toda la zona, tanto anal, como vaginal, y volvió a sentir el placer y el deseo de sentirse penetrada de nuevo. Su amante le dio la vuelta, la tumbó en la mesa, le abrió las piernas, cogiéndoselas en alto, y se la metió iniciando una nueva cópula que su sexo agradeció.

    El sonido de la música apenas se oía, menguado por los jadeos y los gemidos de las veintiuna personas que estaban gozando del sexo. El caballero que se ocupaba de Sofía la estaba satisfaciendo notablemente y, mientras disfrutaba de él, una verga se le incrustó, buscando el calor de su boca y un recipiente donde alojar su carga y, después de unos segundos, evacuó su esperma en ella. Después sacó su miembro y Sofía escupió el líquido, pensando que en aquella fiesta había un lema que era el de “sálvese quien pueda”.

    Mientras consideraba el contraste entre lo insensible que era aquella gente y la sofisticación y el glamour de aquella fiesta, otro chorro de semen impactaba en su cuello, desparramándose por su vestido. Su galante caballero le había eyaculado encima sin contemplar sus necesidades, al igual que lo habían hecho el usurpador de su boca, y el texano, sustituyéndola por Anabelle, quien seguía gritando de placer de aquel estupendo sándwich. Buscó a su alrededor y vio que todos seguían ocupados, excepto los dos que se habían vaciado con ella, desapareciendo en busca de más champagne.

    Comprendió que en esa fiesta cada cual buscaba su placer sin contemplar las necesidades de su pareja inmediata y, si en mitad del trajín, alguien sentía el deseo de cambiar de pareja, no contemplaba el estado, ni las necesidades de su amante provisional.

    Hasta ese momento no se había percatado de que los camareros se habían despojado de la camisa y del chaleco, quedando con el torso al aire, pero con la pajarita puesta y unos puños de camisa postizos. Estaban los cuatro dispuestos uno al lado del otro con las manos detrás, prestos a satisfacer a cualquier mujer que los solicitara. Sofía se deshizo de su manchado vestido, cogió una copa de champagne y se la bebió de un trago, después cogió otra e hizo la mismo, se aproximó un poco mareada a uno de ellos, arrodillándose ante él, deslizando sus manos por el torso hasta bajar a su bragueta para abrirla y extraer una verga totalmente dispuesta que le pareció de lo más apetitosa. La cogió con la mano e inició una felación en la que el camarero cerró los ojos ante el placer que le estaba proporcionando aquella mujer madura de cuerpo espectacular. Sofía alargó la mano y cogió del cinturón al otro camarero que estaba a su lado, le desabrochó el pantalón y saltó otra verga totalmente lista para satisfacerla. Con una mano en cada miembro, Sofía masturbaba a aquellos serviciales camareros, mientras miraba, primero un miembro y después el otro, decidiendo cuál de los dos iba a penetrarla primero, con lo cual, la decisión le resultó difícil. Llevó a sus dos siervos cogidos de la verga a un sofá, les hizo que se quitaran los pantalones, sentó en el sofá a uno de ellos y se montó encima y, al sentir el falo dentro de ella, empezó a saltar sobre él, sabiendo que su orgasmo era inminente. En ocasiones, cuando su esposo le follaba el coño, utilizaba también un consolador para follarle el ano a la vez o al contrario, por tanto, Sofía estaba puesta en estos menesteres y animó a su otro amante a penetrarla en su otro agujero. El camarero, obediente, se puso de cuclillas, se la ensalivó y se la introdujo en el ano que, al no estar, ni lubricado, ni dilatado, sintió una punzada de dolor que sirvió para retrasar su orgasmo. Poco a poco cesó el dolor y el placer apareció también en el otro agujero, favoreciendo la llegada del clímax en el que sus gritos parecían sobresalir sobre el de todos los presentes. Fue un orgasmo conjunto muy intenso, en el que se fusionaron los dos placeres a la vez. Eso nunca antes le había ocurrido y quizás fueron los efectos de la droga.

    Cuando los serviciales camareros vieron que la invitada había obtenido su premio, se salieron de ella, y rápidamente fueron solicitados por otra mujer que se situó a su lado a la espera de que le dieran el mismo tratamiento que anteriormente le habían dado a Sofía, pero optó por la posición a la inversa, de modo que, primero se sentó el camarero, después ella encima, dándole la espalda y ensartándosela en el culo y, encima de ella, el otro camarero atacando su agujero más grande.

    Sofía se levantó del sofá todavía extenuada, porque pensó que en aquel sofá estaba de más. De todos modos, no le apetecía volver a tener sexo. Buscó su manchado vestido, pero con lo embotada que tenía la cabeza por la bebida y la coca, no conseguía encontrarlo, hasta que lo divisó unos metros más allá de donde recordaba habérselo quitado. Quizás con el trasiego alguien le había dado una patada y había cambiado de lugar. Se agachó para cogerlo y, al levantar la cabeza se encontró un regio miembro amenazante en su cara y tuvo curiosidad por saber quién era su dueño. El propietario del yate le sonrió y acercó un poco más su gran verga y, después de bizquear, sus labios la envolvieron iniciando una mamada digna de la mejor profesional. Aquel excéntrico millonario de sesenta y pocos años tenía claro que Sofía era una de las mujeres más atractivas de las allí presentes y no quería perder la oportunidad de disfrutar de sus encantos.

    Sofía incrementó el ritmo de la felación, pero James se la sacaba de vez en cuando de la boca para retrasar el final y, a la vez, le atizaba en la cara, como si pretendiera demostrarle quien mandaba allí. Mientras Sofía seguía arrodillada, James restregó el miembro por algunas rayas de coca para después volverla a introducir en su boca intentando que se atragantara con su polla. Sofía volvió a excitarse nuevamente y el magnate cogió un canutillo de la mesa y se lo ofreció a Sofía.

    —¡Toma! ¡Esnifa un poco! —le ordenó.

    Ella se levantó, se apoyó sobre la mesa y esnifó otra raya, notando un nuevo subidón. James la cogió de las caderas, le levanto una pierna y se la apoyó encima de la mesa, sujetó su herramienta y se la introdujo en la babosa raja, y una ola de placer golpeó su sexo. James le daba azotes en las nalgas. Con ellos, y con la presión de su dedo en el punto estratégico llegó a un nuevo orgasmo, sintiendo que las piernas se le aflojaban. Sin embargo, al magnate aún le quedaban cartuchos en la recamara y se la sacó de la raja para alojarla en el culo. Se la puso en la entrada, presionó ligeramente, y el ano la acogió de nuevo, no sin manifestar un lamento de dolor, acompañado de otro más intenso cuando avanzó unos centímetros más hacia su interior, para acabar con un grito más contundente al albergar toda la verga en la tercera y última embestida. Después, el magnate empezó a fornicarla con brío, aferrándose a sus caderas y haciéndola gozar como el mejor de sus amantes, pues contrariamente a lo que pudiera pensarse, aquel hombre que entre sus propósitos vacacionales estaba el de organizar aquellas bacanales en su yate, sabía muy bien cómo usar su herramienta. Sin abandonar la posición, ni salir de aquel hoyo, James la condujo hasta un sofá en el que estaba Anabelle recostada, con las piernas abiertas y saboreando la verga de un invitado que permanecía de pie.

    Su marido seguía enculando a Sofía y, con cada empujón la acercaba un poco más hasta donde estaba su esposa, con lo cual, Sofía tenía un primerísimo plano de su sexo a veinte centímetros de su cara y, mientras Sofía recibía aquella ración de pollazos en el culo, Anabelle le cogió la cabeza y la acercó a su gruta. Sofía no supo qué hacer. Tenía la nariz en su vagina oliendo su aroma de mujer, y no le desagradó. Anabelle la alentó a que se lo comiera moviendo su pelvis sobre su boca, por lo que Sofía metió la lengua allí, repasando la raja, igual que le gustaba que se lo hicieran a ella. Notó como sus flujos resbalaban por su boca, percibiendo que Anabelle se excitaba cada vez más con su lengua, lo cual era un indicativo de que lo estaba haciendo bien. Tuvo que parar un momento porque el miembro que amartillaba dentro de su culo empujaba con mucha violencia, hasta que unos fuertes gemidos del dueño revelaban el orgasmo del magnate que atacaba su retaguardia. Después, el dueño del yate sacó su órgano de allí y se fue como Dios lo trajo al mundo a esnifar otra raya, y a por otra copa de champagne. Sofía siguió aplicándole el cunnilingus a Anabelle y ésta lo disfrutaba enormemente. Por su parte, Sofía se deleitaba con la esencia salada de aquella sofisticada mujer. Anabelle aferró su cabeza presionándola, mientras sus movimientos pélvicos se hacían notar cada vez más hasta que tuvo un orgasmo, en el que Sofía saboreó por primera vez el néctar de mujer, bebiéndose todo el extracto. Después de la descarga del hombre al que le estaba haciendo la felación, abandonó la boca de Anabelle para masturbarse sobre su cara y venirse abundantemente sobre ella. A continuación, se incorporó y se acercó -con la cara llena de semen- a Sofía para besarla, mezclando ambas mujeres las dos sustancias en sus bocas.

    Sofía volvía a estar tremendamente excitada. Besaba a su amiga y lamía el viscoso líquido de su cara.

    —Eres maravillosa —le dijo Anabelle, dándole un último beso, para ir a limpiarse los restos de fluidos, con lo cual Sofía volvió a quedarse sola y excitada, aunque no por mucho tiempo. Alargó la mano para coger otra copa de champagne bebiéndosela de un solo trago, y cuando dejó la copa vacía sobre la mesa, volvió a encontrarse una polla en su cara y no dudó en engullirla sin saber a quién pertenecía. Cuando miró hacia arriba, vio que el dueño de la polla que estaba devorando era la del financiero español, que había estado deseando fornicar con ella desde el primer momento, sin embargo, no había encontrado todavía la ocasión.

    —Quiero follarte. He estado deseándolo desde que te vi.

    —¡Pues fóllame! —le rogó Sofía completamente ebria y excitada, mientras se abría de piernas para él, pero Mark optó por comerse aquel delicioso coño totalmente abierto y adornado con su peculiar franja de vello en su zona superior. Sofía se retorció de placer notando la lengua como se retorcía en su interior, abriendo los pliegues y repasando toda la zona vaginal, sin dejar de hacer incursiones en su ano. Al parecer, a su nuevo amante no le importaba que el pequeño agujero rezumara restos de la anterior corrida.

    —¡Fóllame ya! —le volvió a implorar.

    Mark se incorporó, se cogió la verga y se la ensartó entera en aquel glorioso coño. Ella enroscó sus piernas en su espalda y se dejó hacer por el español que decía desearla tanto. Sofía estaba tan caliente que no tardó en correrse, arrastrando a Mark a su orgasmo con enérgicas convulsiones de su vagina, con lo que ambos aunaron sus gemidos en aquel intenso orgasmo.

    Sofía se quedó tendida en el sofá, completamente extenuada, sin embargo, Mark fue a una mesa, cogió un canutillo y esnifó otra raya para seguir disfrutando de la fiesta, sobre todo de Sofía, a quien se le aproximó, polla en ristre, sin haber perdido su erección, gracias al subidón provocado por la coca y al deseo de volver a poseerla. Sofía estaba recostada en el sofá y su amante volvió a ponérsela en la boca.

    —¿Es que no te cansas nunca? —le preguntó.

    —Tienes un cuerpo divino. Quiero metértela en el culo.

    —¡Déjame descansar un poco! —le pidió.

    —No me hagas esperar o me iré con otra —le advirtió mostrándole su erección mientras se la cogía.

    El español se ensalivó el miembro y se lo frotó, después la hizo ponerse a cuatro patas en el sofá, lubricándole el ano con su saliva, y cuando lo consideró oportuno, introdujo su miembro en el hoyo. Al tenerlo todo dentro emprendió un ritmo constante que conseguía arrancarle unos gemidos a Sofía que se unían a los de él a un mismo compás. Sofía dejó de gritar cuando se dio cuenta de que todos habían culminado la sesión de sexo de la noche, al menos de momento, y se ruborizó, a pesar del alcohol y de la coca que había consumido. Todos los presentes estaban pendientes de ellos que seguían fornicando como dos campeones, motivados, por supuesto, por el exceso de estupefacientes en el cuerpo. Sin embargo, al español parecía no importarle ser el centro de atención de todas las miradas -incluida la de su esposa- y seguía pistoneando en el culo de Sofía.

    Hubo un valiente que volvió a esnifar coca por enésima vez esa noche para estimularse, y después de contemplar como copulaban los dos campeones y de unos cuantos meneos, volvió a tener una erección. Quería disfrutar también de la desconocida a la que todavía tampoco había tenido la oportunidad de acceder, y parecía ser que era a la que más le iba la marcha y la que más aguante tenía, de ahí, que fuese la última en mantenerse en pie. Le colocó el miembro en la boca para que le hiciera una mamada mientras su colega la enculaba. Después se recostó en el sofá sugiriéndole que se colocara encima del revés y Sofía accedió, se sacó el miembro de Mark, se montó encima del americano, dándole la espalda, y sobre ella volvió a colocarse Mark para atenderle ahora el orificio más grande, de tal manera que volvía a estar empalada por dos vergas. Cuando iniciaron de nuevo el mete y saca, ya no le importó que la oyeran gritar y tampoco pudo evitarlo porque aquellos dos hombres la estaban haciendo gozar de forma desmesurada. Se formó un ruedo de curiosos -tanto masculinos, como femeninos- en torno a ellos, entre los que estaban el dueño del yate y su preciosa mujer, quien no quería ser menos que su reciente amiga, y esnifó una nueva raya para, a continuación, elegir a dos camareros, obligándolos a hacerle un emparedado como el que en esos momentos le estaban procurando a su amiga los dos hombres del sofá contiguo. El marido de Anabelle volvió a la carga esnifando otra raya y tomando de un bote, un estimulante (disponibles también para quien lo deseara), y después de unos cuantos meneos volvió a estar listo de nuevo. Se aproximó por detrás a una de las invitadas que estaba junto a su marido contemplando como los dos hombres atendían a Sofía, la inclinó sobre el respaldo del mismo sofá, y con el permiso del esposo, se la metió en el culo, quien, al observar el calibre del magnate enculando a su mujer, volvió a excitarse nuevamente. Esnifó otra raya, y se acercó a la esposa del español para gozar con ella. Así pues, la gran mayoría de los allí presentes volvieron a la carga retomando aquella velada sexual, digna de la mejor de las bacanales romanas.

    El texano observaba atentamente como gozaba aquella mujer a la que anteriormente había dejado con el caramelo en la boca, alentado por la visión del culo de la dueña del yate, y pensando que no quería perder la oportunidad de tirarse a la anfitriona por si acaso no volvía a presentársele la ocasión. Reconoció que debía haberla hecho terminar, y admitió que, de todas las presentes, era la dueña del mejor cuerpo, de modo que quiso retomar el sexo con ella donde lo había dejado. Después de esnifar otra raya, y tomar un estimulante, el texano estuvo de nuevo dispuesto y se aproximó al trio, alentando a los dos hombres que ya estaban a punto a acabar. Mientras esperaba, el texano introdujo su miembro en la boca de Sofía para cubrir todos sus orificios, entretanto ella volvió a disfrutar de un nuevo y prodigioso orgasmo en el que arrastró a los dos hombres al suyo, inundando sus dos agujeros.

    Sofía ya no podía más. Había perdido la cuenta de sus orgasmos. Estaba completamente saciada, pero también irritada, sin embargo, aún tenía un invasor usurpando su boca. Se dio cuenta de que era el gigante que antes la había dejado con la miel en los labios, y pensó en pagarle con la misma moneda, no obstante, cuando sus compañeros de sándwich salieron de ella, el gigante le dio la vuelta, la apoyó con cierta brusquedad en el respaldo, y se la introdujo en su sexo sin contemplaciones. Ni siquiera le importó que anteriormente había eyaculado allí el compatriota de Sofía, y el miembro del texano empezó a chapotear en el agujero rebosante del semen. Quiso zafarse de él, pero era imposible con aquellas manazas que se aferraban a sus caderas, dándole azotes considerablemente fuertes. Sofía se volteó para quejarse y el hombre abandonó su sexo sólo para alojar de un empujón su verga en el culo, haciéndola gritar ante la inesperada clavada. El mete y saca de su polla en el ano hacía que el semen del otro hombre que había depositado anteriormente su esencia allí rezumara y embadurnara toda la zona anal, oyéndose el chapoteo en el sofá contiguo en donde estaba Anabelle a punto de su orgasmo. Ambas mujeres estaban apoyadas en el respaldo de sendos sofás, y ambas se miraban entornando los ojos con cara de placer. Sofía había empezado a gozar de nuevo con la verga del texano en su culo y observaba a su amiga como gritaba con el orgasmo que estaba recibiendo por parte de los dos camareros, pero antes de eyacular, a una orden de la anfitriona, acudieron a la ubicación de Sofía para masturbarse sobre su cara, poniéndose bizca frente a aquellos dos sementales. Cogió una de las pollas y masturbó la otra. Por su parte, el gigante estaba más que a punto, al igual que los dos camareros. Ambos se zafaron de sus manos y de su boca para masturbarse en su cara, eyaculando a la vez sobre ella, mientras el texano lo hacía en su ano sin lograr proporcionarle su orgasmo a ella. Fue James quien, después de que el gigante abandonara el canal, volviera a tapárselo, notando el mayor calibre. Empezó a realizar unos contundentes movimientos buscando el clímax y, en pocos minutos, Sofía exhaló un grito de placer con un nuevo orgasmo anal. A continuación, el magnate salió de aquel pozo totalmente encharcado y apuntó con su arma a la cara, y en unas cuantas sacudidas, reventó, expulsando una buena cantidad de leche que se mezcló en su rostro y en su boca con el esperma de los dos camareros.

    Anabelle se aproximó a ella y la besó lamiendo y compartiendo toda la sustancia, tanto de su cara, como de su boca. Ambas se fundieron en un pringoso, pero sensual beso, intercambiando los fluidos masculinos.

    Tanto Sofía, como Anabelle ya habían tocado fondo y no deseaban continuar. Sofía se limpió los restos de semen de su cara con el mantel, cogió su maltrecho vestido, totalmente arrugado y manchado y, con dificultad, se lo puso. Buscó su tanga, pero no lo encontró y decidió prescindir de él. Mientras se colocaba los tirantes, Mark se aproximó a ella para hablarle.

    —¿Qué tal la fiesta?

    —No me tengo en pie —balbuceó.

    Su cuerpo estaba acusando todos los excesos de la velada. Alcohol, drogas y sexo. Solo quería marcharse antes de que algún otro invitado impulsivo decidiera seguir usando su cuerpo. Después de tanto abuso, estaba mareada, no coordinaba, sus piernas parecían dos losas que se negaban a obedecer sus órdenes. Quería coger su abrigo y marcharse, pero ni siquiera se acordaba dónde lo había dejado ni qué pasó con él. Intentó llegar desde el sofá hasta la mesa para encontrar un punto de apoyo, y lo consiguió dando bandazos y con la ayuda de Mark.

    —¿Te encuentras bien? —le preguntó cogiéndola del brazo para que no cayera.

    —Estupendamente —respondió con voz gangosa y totalmente borracha.

    Mark la sentó en un sofá libre, porque en aquel estado, no hubiese llegado ni a cubierta.

    —Sofía, eres una mujer asombrosa.

    Ella lo miró zarandeando la cabeza de lado a lado, casi como ida, pero sin poder articular palabra.

    —A veces, la realidad supera a los rumores, y este es uno de esos casos. Ha sido increíble follarse a la mujer de Jaime.

    En ese momento se aproximó Anabelle y, viendo su estado decidió que era mejor que pasara la noche allí, y ya mañana, en mejores condiciones, llevarla a su apartamento.

    Sofía buscó con la mirada a Mark, como si sus movimientos fuesen a cámara lenta, pero Mark empezaba a desdibujarse, desapareciendo de su vista junto a todo lo demás. Tanto personas como objetos fueron desenfocándose hasta que se desvanecieron dando paso a una oscuridad que envolvió su conciencia, pero, a pesar de su borrachera y del embotamiento en su cabeza, estaba segura de que el financiero español había pronunciado su nombre y el de su marido. Sabía quien era y la había reconocido, no cabía ninguna duda, pero aquel fue el último pensamiento de la noche. Su cuello se aflojó, y su cabeza se vino abajo, desconectándose su conciencia.

    Sofía se despertó en una gigantesca cama, con sábanas de raso, en una suite que ni el mismísimo Sultán Haji Hassanal Bolkiah tendría. Anabelle dormía plácidamente a su lado.

    Lo primero que sintió al incorporarse fue un fuerte dolor de cabeza provocado por la resaca. Al sentarse sobre la cama notó unos pinchazos en su esfínter, causados por los excesos de la noche anterior. Sintió ganas de orinar y se dirigió al enorme baño que había en otra estancia, dentro de la habitación y, después de orinar se limpió en el bidet y advirtió que tenía sus partes íntimas completamente irritadas. Llevaba un pijama de raso que no sabía de quien era, ni quien se lo había puesto, y dedujo que había sido Anabelle.

    Se aproximó a la ventana y admiró la belleza de la bahía. Por detrás se le acercó Anabelle, le apartó el cabello, y le dio un beso en la nuca que le erizó el vello y le puso los pezones duros.

    —¿Te gusta la vista? —le preguntó.

    —Es preciosa.

    —¿Disfrutaste anoche?

    —Mucho.

    —¿Nunca habías participado del sexo en grupo?

    —Sólo hice un trío antes de casarme.

    —Me alegra que lo disfrutaras, Sofía.

    —Sí, aunque estoy molida. Me gustaría darme una ducha, y si fueras tan amable de dejarme algo de ropa, te lo agradecería. Mi vestido está que da pena y, por cierto, no sé ni donde está.

    —No te preocupes por eso. Tienes todo el armario a tu disposición —le dijo mostrándole el ropero, que era como otra habitación con decenas de conjuntos, y todo tipo de complementos femeninos.

    —Me bastará con unos jeans, un suéter y unas zapatillas para poder volver a mi hotel.

    —Puedes coger cuanto quieras.

    Después de darse una ducha, Sofía eligió unos vaqueros y, mientras se los ponía, Anabelle observaba su cuerpo perfecto, con todas las curvas en su justa medida, sus pechos completamente erguidos, apuntando hacia arriba y un vientre completamente plano.

    —Eres preciosa, Sofía.

    —Tú también lo eres, Anabelle —le dijo con total sinceridad—. Nunca había estado con otra mujer.

    —¿Y qué tal la experiencia?

    —Maravillosa.

    —Me alegra que te gustara, y que disfrutaras tanto. Fuiste el alma de la fiesta. Por cierto, a James le gustas mucho.

    —Tu marido es un toro.

    —Sí que lo es —admitió.

    Cuando terminó de vestirse le dio un beso a Anabelle de despedida, esperando que la acompañara a la salida.

    —Ha sido un placer conoceros —le dijo con toda franqueza.

    —¿Por qué no te quedas el resto de la semana? Nosotros nos iremos el domingo, mientras tanto, puedes disfrutar de todas las instalaciones del yate como si fuera tu casa. Además, estoy en deuda contigo.

    —Será al revés ¿no?

    —Tú me hiciste gozar a mí. Yo no pude hacértelo a ti. Estabas muy solicitada, de hecho, fuiste la que más.

    A Sofía le sedujo la idea. Podría ser una buena elección pasar el resto de la semana con ellos hasta que regresara Jaime y no encontró mejor opción que quedarse en el yate disfrutando de las comodidades de aquel palacio flotante y de sus dueños.

    Desayunaron en una sala donde había todo tipo de comida, tanto salada, como dulce, dependiendo del gusto de cada comensal. Había también zumos de cualquier variedad de fruta, leche para todos los gustos, agua, y aparte, una mesa llena de botellas de las mejores marcas de alcohol, por si alguien quería empezar la mañana disfrutando de los licores. Sofía optó por su café con leche de costumbre, sus tostadas con mantequilla y miel, y un zumo de naranja. Anabelle se tomó unos huevos con baçon, un zumo de naranja y un expreso.

    Mientras desayunaban, los invitados a la fiesta nocturna empezaron a hacer su aparición en la sala, y cada pareja eligió su mesa para desayunar de forma más íntima. Su compatriota hizo su aparición junto a su esposa y eligieron una mesa alejada de ellas, pero antes de sentarse saludó a todos los presentes, incluidas, Anabelle y Sofía, a quien le guiñó un ojo, como si ella fuese especial respecto a las demás. Anabelle se percató del gesto.

    —Veo que impresionaste a Mark.

    —Eso parece —dijo Sofía, sin embargo, sabía que aquel guiño significaba más que eso— ¿Puedo pedirte un favor?

    —Por supuesto que puedes.

    —Me gustaría hablar con él un instante a solas. Sólo tienes que entretener a su esposa mientras hablo con él.

    —Veo que también él te ha causado buena impresión.

    —No, no es eso. Luego te lo explico. Necesito hablar con él sin que esté su esposa presente.

    —Está bien.

    Anabelle llamó a la esposa de Mark y la hizo sentarse a su lado, Sofía abandonó la mesa como si fuese una muestra de cortesía el hecho de que la dueña del yate quisiera hablar a solas con la otra mujer. Sofía se sentó en la mesa de Mark y éste esbozó una locuaz sonrisa.

    —Hola Sofía —la saludó, sin embargo, ella no le devolvió el saludo y fue directa al grano.

    —No sé quién eres, pero espero que lo que ha pasado en este barco no salga de aquí.

    Mark removió el azúcar en su taza mientras hablaba.

    —¿Sabías que tu marido no deja de hablar de ti? Me enseño una foto tuya. Lo tienes completamente enamorado. Ahora entiendo por qué. Lo que no entiendo es por qué deja a una mujer como tú tanto tiempo sola y desatendida. El resultado es más que evidente.

    —Espero que seas un caballero y mantengas la boca cerrada sobre lo que pasó anoche.

    —La de veces que hemos hecho planes para que nos presente, pero al final, trabajo, trabajo y más trabajo. Siempre interponiéndose.

    —¿Me estás escuchando?

    —Por supuesto que te escucho, Sofía.

    —¿Cuáles son tus intenciones? —quiso saber.

    —¿Mis intenciones? Lo último que habría imaginado era encontrarte en este yate, y mucho menos, tener el placer de fornicar contigo. Ya ves. El mundo es un pañuelo… ¿Sabes?… Desde que tu marido me enseñó tu foto no he dejado de envidiarle—dijo mientras sorbía de su taza de café con toda la parsimonia del mundo y, después de mover circularmente la taza para que el poso se disolviera, tomó el último sorbo y retomó sus palabras—. Sofía, tu vida secreta está a salvo, al menos, de momento.

    —¿Qué quieres decir? —le interpeló.

    —Tienes todo el derecho del mundo a vivirla como te plazca, y más teniendo un marido tan capullo que antepone su trabajo a una mujer como tú, abandonándola para que se la follen los demás. Lo tiene merecido —hizo una pausa—, y me siento afortunado por haber sido uno de ellos. He estado en muchas fiestas como la de anoche, pero nunca conocí a nadie como tú. ¡Ah! Y otra cosa, —añadió—. Quiero seguir follando contigo.

    —¿Tengo otra opción? —le preguntó.

    —Sí, desde luego. Sólo si tú también quieres —le contestó guiñándole un ojo.

    Después de reflexionar unos segundos le contestó.

    —Por supuesto —dijo añadiendo una cómplice sonrisa.

    Sofía regresó a su mesa con Anabelle, y la esposa de Mark volvió con su marido.

    —¿A qué venía tanto misterio? —le preguntó Anabelle cuando regresó a la mesa.

    —Trabaja con mi marido y hemos quedado para seguir follando.

  • Sexting en la oficina

    Sexting en la oficina

    Quiero contarles algo de la historia más excitante de mi vida. Mi nombre es Mónica, trabajo en una compañía de bienes raíces, tengo 36 años, felizmente casada y con dos hijos. Físicamente no me considero una súper modelo soy más bien de estatura media, más bien rellenita (sin ser gorda) pero la verdad siempre he tenido uno que otro admirador.

    Luis es un compañero de trabajo con el que eventualmente salía a almorzar hablábamos como amigos sin ningún tipo de morbo ni nada por el estilo… bueno hasta que un día le dio por enviarme por el chat un chiste de esos de doble sentido, a mi me causó gracia y le contesté con risa, así que más adelante me envió otro un poco más subido de tono, a ese no le contesté aunque si me gustó y la verdad me pareció excitante.

    Un rato después Luis se disculpó y pregunto si se había sobrepasado a lo que le respondí que para nada que me había gustado y de hecho le envié otro que me había enviado días atrás una amiga, creo que esto fue la puerta de entrada para que él se tomara confianza y todos los días me enviaba algo un poco más insinuante yo no ocultaba mi gusto por ello, al cabo de unos días no sé cómo pero la conversación pasó un poco más a lo personal y terminamos hablando, por chat, de que era lo que más nos gustaba en materia de sexo.

    Yo estaba tan entusiasmada que respondía con sinceridad a todos sus cuestionamientos y le preguntaba también en los términos que Luis empleaba, por ejemplo le confesé lo mucho que me gustaba chuparle la verga a mi esposo y, la verdad es que tenía muchas ganas de probar otra porque a pesar de que antes de casarme había tenido sexo con un par de novios, a ninguno se la había chupado y era algo que en serio me excitaba mucho.

    Un día Luis me dijo que si sería capaz de chupársela a él, a lo cual para seguirle el juego le dije que tendría que conocerla primero, así que sin asomo de vergüenza me envió una foto que la verdad me puso a imaginar, la tenía bastante gruesa y un poco más larga que la de mi esposo, que no estaba mal, pero si me imaginé inmediatamente que se sentiría tener ese trozo de verga entre mi boca y mientras lo imaginaba me mojaba como hace mucho no lo hacía.

    Le contesté con emoticones diciéndole que se veía delicioso que me encantaría chupárselo y le pregunté que más le gustaría hacer, me dijo que le gustaría cogerme por detrás subirme la falda y clavármelo por la cuca, todas esas palabras me encendían tremendamente al punto de sentir la necesidad de tocarme cosa que no podía hacer porque me encontraba en la oficina, después de un rato de chatear con la misma intensidad y escribirle cosas como que quería que se viniera en mi boca y tragarme todo su semen me pidió que le enviara una foto de mis tetas, yo estaba tan emocionada que me metí al baño y me tome una foto en la que se veían casi completas mis tetas y sin dudarlo se la envié.

    Por su puesto camino al trabajo yo borraba los chats para evitar que mi esposo los viera y a pesar de que me sentía un poco mal por hacerlo, era más fuerte la excitación que me producía la situación, además de alguna forma me sentía tranquila de que no era más que un juego virtual; me excitaba tanto que cuando tenía sexo con mi esposo por la noche recordaba las charlas y le pedía que me pusiera en las posiciones que me describía Luis, me imaginaba además que era Luis el que me lo estaba haciendo y eso me ponía súper caliente.

    Casi siempre le contaba a Luis que me había imaginado teniendo sexo con él mientras lo hacía con mi esposo y como ya teníamos confianza Luis me decía que le gustaba que fuera así de putica, por alguna razón eso lejos de molestarme me excitaba. ¡Creo que me gustaba sentirme una puta!

    Un día en la que estábamos sosteniendo una conversación igual a las que teníamos desde hace unas semanas me pidió que en verdad me sincerara, que si todo lo que yo le decía era verdad o solo por seguirle la corriente, que si de verdad me gustaba tanto el sexo como decía y la verdad es que si me gustaba, por lo tanto le respondí que si. Me dijo entonces que porque no pasábamos al siguiente nivel del juego, en ese momento me asusté porque una cosa era una infidelidad virtual y otra cosa era hacerlo ya físicamente.

    Entonces le respondí temerosa que cuál sería el siguiente nivel a lo que me contestó que jugáramos un poco a hacer cosas que él me pidiera pero que por supuesto no me iba a obligar a nada, quedé un poco sorprendida y le pregunté que tipo de cosas, a lo que me pidió que primero le dijera si si estaba dispuesta, que no me asustara que solo era un juego, esto me asustó un poco, pero pensando en las sensaciones excitantes de las charlas anteriores, accedí.

    Me dijo que empezáramos con cosas simples pero que me iban a calentar mucho, me pidió que a la hora del almuerzo cuando él se agachara a recoger algo bajo la mesa, abriera mis piernas para dejarle ver lo que tenía puesto, no me pareció tan grave así que así lo hicimos estábamos almorzando con 3 compañeras más, hablando de todo un poco cuando Luis dejó caer la tapa de la gaseosa que estaba tomando apenas se agachó me percaté de que nadie estuviera mirando y le abrí las piernas como me lo había pedido yo tenía puesta una tanga blanca, pero no sé si la pudo apreciar muy bien porque también tenía puestas unas pantimedias de color natural.

    Cuando se levantó tomó un sorbo de su gaseosa y exclamó ¡que rico!, yo entendí que se estaba refiriendo a lo que vió entre mis piernas. Ese mismo día en la tarde me dijo que me tenía otra tarea, tenía que quitarme mi tanga y entregársela, le dije que estaba loco que como se le ocurría, pero la verdad es que toda esa situación me tenía tan excitada que terminé accediendo, pensé de verdad me estoy convirtiendo en una verdadera puta, me metí al baño me quité las pantimedias y posteriormente la tanga la guardé en mi bolso, me vestí y salí del baño, al comienzo me sentía un poco incómoda pero luego mientras trabajaba, pensar que estaba en falda y sin ropa interior me ponía súper caliente.

    A la hora de salida quedamos con Luis para vernos en el primer piso y cuando me la pidió le metí rápidamente mi tanga en el bolsillo de su chaqueta sin que nadie viera la escena y nos despedimos. Después de un rato cuando yo estaba llegando a mi casa recibí un mensaje de Luis, era una foto de mi tanga enredada en su verga y me decía que se estaba masturbando con ella, eso me puso a mil y empecé a mojarme. Apenas llegué a mi casa entré directo a mi cuarto para buscar otros interiores antes de que me viera mi esposo y me metí al baño a tocar mi cuca mojada mientras miraba la foto de la gruesa verga de Luis masturbándose con mi tanga, me excité tanto que empecé a meterme uno a uno los dedos hasta llegar a meterme casi la mano completa.

    Al día siguiente Luis me escribió preguntándome como estaba vestida, a lo que le dije que con una falta y una blusa de color blanco, me dijo súbete la falda lo que más puedas y desabotónate la blusa voy para tu puesto a llevarte un regalo, mi puesto está un poco aislado de los demás, así que accedí porque sabía que nadie iba a estar viéndome, me subí la falda hasta casi dejar ver el inicio de la punta de mi cuca y me desabotoné dos botones de la blusa para que se viera un escote profundo, toda esta situación me ponía el corazón a mil porque no podía creer lo que estaba haciendo.

    Cuando llegó Luis se paró frente a mi silla y pudo ver el escote y mis piernas completamente descubiertas, es más, alcanzó a ver algo de los interiores que llevaba puestos, me entregó una bolsa me miró a los ojos y se fue, cuando estuve sola, me volví a acomodar la ropa y abrí la bolsa, eran mis tangas, casi al instante recibí un mensaje de Luis confesando que se había venido en ellas, en otras circunstancias esa situación me habría provocado asco, sin embargo no sé porque razón eso me excitó muchísimo.

    Ese mismo día una compañera nuestra, estaba de cumpleaños y acostumbrábamos a ir a almorzar a un sitio especial que no quedaba tan cerca de la oficina, así que teníamos que irnos en taxi, así que Luis organizó para que compartiéramos el taxi Mario, un compañero nuestro que está como quiere, él y yo, Mario se sentó en el puesto de adelante y Luis y yo atrás. Tan pronto nos subimos vi que Luis me miró las piernas con ganas de tocarlas pero no creí que fuera capaz de hacerlo, pero… me equivoqué, en un momento en que Mario le daba indicaciones al conductor, Luis puso su mano sobre mi pierna y la acarició estirando sus dedos hasta llegar casi a tocarme la cuca, en ese momento sentí una sensación extraña, entre terror porque podrían haberlo visito, porque el hecho de ser una mujer casada, etc., pero también una tremenda excitación, no acababa yo de salir de mi asombro por lo que Luis acababa de hacer cuando puso mi mano sobre su verga y la cubrió con su chaqueta, en ese instante mi calentura era tal que empecé a frotar mi mano sintiendo como iba creciendo esa enorme verga entre mis dedos.

    Casi finalizando el almuerzo, y sentados en la misma mesa, Luis empezó a escribirme en el chat lo excitado que lo había dejado, que tenía ganas de culearme como nunca lo habían hecho, que quería ponerme a mamarle la verga y ponerme en cuatro como la perra que era, nuevamente esas palabras lejos de ofenderme me excitaban un montón, saliendo del restaurante estaba dispuesta a volver a sentirle la verga de vuelta a la oficina pero él recibió una llamada y tuvo que ir a atender a un cliente, me devolví con Mario y otros compañeros con la calentura a flor de piel.

    Esa noche, ya en la casa saqué la tanga que me había devuelto Luis, estaba tan excitada que nuevamente entré al baño me desnudé y comencé a restregarla en mi cuca me tomé una foto haciéndolo y se la envié a Luis, nuevamente me recordó lo caliente que lo ponía y lo puta que era, me despedí para evitar que siguiera escribiéndome porque mi esposo estaba por llegar, cuando llegó yo estaba tan caliente que lo busqué para tener sexo, mientras lo hacía le decía que me culeara que yo era una puta se lo mamé pensando en la verga de Luis y le pedí que se viniera en mi boca, estaba un poco temerosa de lo que me iba a decir por haberle dicho todas esas cosas en medio de la excitación pero me confesó que le gustaba que no sabía porque había llegado tan arrecha a la casa pero que fuera lo que fuera lo hiciera más seguido, así que estas palabras me dieron pie para continuar mi aventura erótica con Luis pero en un próximo relato les contaré como continuó el juego y como descubrí el verdadero placer sexual.

  • La casada ardiente

    La casada ardiente

    Me había escrito un correo, me había dicho su edad y me mandara unas fotos de su cuerpo. Era una mujer madura. ¡Y cómo estaba! Sus piernas era largas, su culo pequeño y redondo y sus tetas eran unas tetazas.

    Me preguntó si tenía Telegram, le dije que no, pero que lo iba a bajar. Por Telegram me mandó fotos en la que estaba en ropa interior en poses atrevidas y en las que se le veía la cara y era guapa. Jugamos, y después de correrse no supe de ella hasta una semana después, me llegó un mensaje por Telegram, que decía:

    -Caliente…

    -Estuviste desaparecida en combate. ¿Follaste mucho?

    -Todo lo que pude. ¿Sabes cómo me gusta follar?

    -Cómo te gusta.

    -De todas las maneras, tú encima y mis piernas en tus hombros… Yo cabalgando, a cuatro, de todas las maneras.

    -De lado también se disfruta, de todos modos se disfruta.

    -Sí. ¿Cómo me follarías?

    -A ti te quería encima pasa verte mejor.

    -Cabalgándote y mirándote.

    -Sí, para ir viendo cómo cambia tu rostro, y luego ver cómo te corres, sería delicioso.

    -Haz que me corra. Estoy cachondísima.

    -¿Dónde estás?

    -En casa. Caliente.

    -¿En qué sitio?

    -En el sofá.

    Abre las piernas.

    -Las tengo abiertas.

    -Con dos dedos mojados acaricia el clítoris de abajo a arriba… Con la otra mano acaricia los pezones… Mete dos dedos dentro del coño con ellos mojados acaricia el clítoris hacia los lados y alrededor… Imagina que es mi lengua… Deja el coño un momento y céntrate en tus tetas… Amásalas y juega con los pezones… Pellízcalos imaginando que te los muerdo… Ahora tócate el ojete sin follarlo…

    Olvide deciros que yo estaba meando cuando me llegó el primer mensaje al móvil. Me sentara en la taza y ahora me la estaba pelando. Escribió:

    -Ufff.

    -Imagina que te lo lame esa puta que te cae gorda, pero que está muy buena. Imagina que tus dedos son su lengua.

    -Estoy tan caliente que me voy a correr.

    -Ahora es mi lengua… Mi polla roza tu ojete… Mete un dedo, es mi polla.

    -Siii. Fóllalo.

    -Cierra los ojos e imagina que te folla quien más te gusta… Mete y saca, mete y saca y con los dedos de la otra mano acaricia el clítoris… Acaba cuando quieras, pero córrete en mi boca.

    Ese día no me volvió a escribir.

    Recostado contra la cisterna la imagine corriéndose y machacándola me corrí cómo un cerdo.

    Unos días después me volvió a escribir. Leí:

    -El otro día llegó mi marido cuando me estaba corriendo.

    -¿Qué te dijo?

    -No fue lo que me dijo, fue lo que me hizo.

    -¿Qué te hizo?

    -Me echó un polvo que me dejó mirando para Cuenca. Gracias, Quique.

    -Dáselas a él.

    -Te las doy a ti porque tú encendiste la mecha.

    Estuve para decirle que ya la tenía encendida, pero me callé y hablé de otras cosas.

    Quique.

  • SOS: Necesito una buena polla que me haga sentir mujer

    SOS: Necesito una buena polla que me haga sentir mujer

    El título de este relato es el mismo título que tenía el perfil de Isabelle en esa red social donde por primera vez supe de su existencia. Por pura casualidad al entrar a esta red me llamó la atención lo que leía de ella, pero además de que su descripción o nota sonaran a una invitación directa de erotismo, supe de que detrás de esas primeras palabras realmente había una mujer desesperada en busca de ayuda o una salida. El principio me llamó la atención y le hice clic a la pestaña para poder leer el resto de su nota de presentación. La nota decía algo así:

    -Me puedes llamar Isabelle, soy una mujer recién casada de 26 años y necesitada de una buena polla que me haga verdaderamente sentir mujer. Creo ser una mujer atractiva, quizá la naturaleza no me agració de los mejores pechos, pero siempre me han dado cumplidos por mis alargadas piernas y un decente trasero. Uso brasier de copa B, (que no suenan nada espectacular) pero tengo bonica cintura y unas caderas de 92 centímetros. Me siento tan frustrada con mi matrimonio y la falta de sentir a un verdadero macho que al menos me use como mujer…

    Su perfil decía que medía 1:65 de altura, pesaba 135 lbs., y se describía como una mujer de mente abierta. Aparecía con una minifalda blanca y donde se podía apreciar un cuerpo de una mujer esbelta y de cabello negro y largo. Su rostro tenía los efectos para no ser reconocido, pero sí verdaderamente alguien estaba interesado, ella podría enviar por correo fotos recientes una vez el sistema de esta red haya comprobado que el interesado es real y que llena algunos requisitos de seguridad. El resto de la nota me iba a pasar desapercibida, pero luego leí que decía: -Haz clic para seguir leyendo. – Hice clic y se abrió toda su página donde leí lo siguiente y lo cual voy a abreviar.

    -Me casé hace un poco más de un año y por el momento mi marido no me ha provocado un orgasmo tan siquiera. No sé si está acomplejado por el tamaño de su miembro, pero para provocarle un orgasmo a una mujer no se necesita una polla de 20 o 28 centímetros… me podría hacer correr con la punta de su lengua. Desafortunadamente hemos crecido en un mundo religioso y el sexo en sí es un tabú en nuestras familias y más que todo la familia de mi esposo, quienes son los pastores de nuestra iglesia. No puedo hablar del sexo oral, mucho menos del sexo anal, pues mi marido me vería como a una cualquiera. No llegué virgen al matrimonio, pero con mi esposo no tuvimos sexo hasta casarnos. La noche de nuestra luna de miel me lo hizo dos veces y no creo que haya durado ni cinco minutos en terminar. Pensé que era el cansancio de todo un día y ya eran las 3 de la mañana, pero el siguiente día por la tarde me lo hizo dos veces más y siempre en esa aburrida posición del misionero e igual solo duró cinco minutos cada vez. Su pene no ha de llegar a los seis centímetros y no exagero, pero pensé que podría usar sus manos, su boca o algo para calmar mi excitación y hasta el momento esto no ha pasado.

    Realmente se sentía el dolor de esta chica que, en vez de concentrarme en sus partes más eróticas de la nota, me llegaba su voz de frustración de lo que vivía. Estaba indeciso en comunicarme pues, aunque esta red dice que es gratis, la única forma de comunicarse con otro perfil es de una manera interna de correo y te cobran la estampía de una forma metafórica de $5.00 hasta $35.00 dependiendo el contenido. En los requisitos o lo que ella buscaba sentía que me excluía, pues sobrepaso los 50 años, pero su contenido erótico me mantenía leyendo a considerar enviarle un correo. Esto es lo que ella buscaba:

    -Busco un caballero entre 30 a 45 años, que por lo menos mida 1:70 y de cuerpo atlético, pero no obeso. Que sepa dar placer a una mujer pues, aunque he crecido en ese ambiente religioso de mis padres, yo llevo una puta escondida adentro de mí. Quiero sentirme como una mujer o que me usen como una mujer… que me pongan como quieran, que me enseñen a dar una buena mamada y que me den placer oral o anal. Estoy tan desesperada, que estoy dispuesta a descubrirlo todo en ese momento. No busco compromisos y aunque estoy segura de que con lo de mi marido no va durar mucho tiempo, tampoco busco una relación extramatrimonial a largo plazo. Si te intereso, envíame un correo.

    Los que entramos gratis a esta red social podemos dejar comentarios y sí que ya tenía cientos, pero no se pueden dejar correos electrónicos o números de teléfono. Sin sentir que tenía muchas posibilidades le envié un correo que me costó $35.00, pues solo de esta manera le podría enviar mi correo electrónico para un contacto directo, como también algunas fotos para ver si me consideraba. Le escribí una nota que decía así:

    -¡Hola Isabelle! Mi nombre es Antonio, leí tu nota de perfil y verdaderamente mi simpatía hacia ti por lo que estás viviendo. Tengo 50 años y me excluyo de antemano a lo que tú buscas, pero no pude dejar de escribirte, pues realmente tu nota me hizo sentir tu frustración. Si buscas a alguien con quien hablar, alguien con quien canalizar tus frustraciones, puedes contar conmigo. Creo que eres una chica linda, aunque no he visto todavía tu rostro, pero no dudo que ya tengas algunos candidatos. Te envío mi foto para que conozcas quien es el que escribe y espero verdaderamente que encuentres lo que en este momento buscas. Atentamente Antonio.

    Pensé que se trataba de un robot, pues un par de minutos después me llega un correo que no pensé tenía nada que ver con Isabelle, pues su verdadero nombre es otro. Dudando que se trataba de un humano le dije que me llamara y le envié un número de teléfono que generé a través de google. Sorprendentemente a los cinco minutos me llamó:

    -¡Hola Antonio! Soy Isabelle… gracias por haberme escrito.

    -¡Mucho gusto Isabelle! Disculpa, por un momento pensé que un robot me enviaba ese correo.

    -Entiendo… acabo de enviarte otro correo con mis fotos.

    -Isabelle, no sé si leíste en total mi nota, pero tengo 50 años.

    -Si… leí tu información y pensé que estabas mintiendo… te miras mucho más joven y eres muy guapo. ¿De veras ese eres tú?

    -¿Gustas confirmarlo hablando por video?

    -Podemos hablar por video si gustas, pero lo debo hacer por mi celular… esta es una línea generada por google… por seguridad tú sabes.

    -Entiendo… yo también te di una de esas líneas, pero déjame darte mi número de celular y me marcas.

    Esperé por unos minutos y me quedé viendo sus fotos que me había enviado por correo electrónico. Realmente es una chica bonita de rostro y el cual aparenta esa edad de 26 años. Me gusta su sonrisa en la foto y para esto diez minutos han pasado y no recibo ninguna llamada. Pensé que era alguna broma, pero luego sonó el teléfono y veo que es una llamada video. Isabelle se disculpa por la tardanza, pero me decía de una manera de broma que debería maquillarse un poquito… no quería asustarme. Hablamos por una hora y media y al principio me dio como advertencia que si colgaba que por favor la entendiera. E Isabelle me habló de sus fantasías como también de sus frustraciones.

    Me habló de que había tenido mala suerte con los dos únicos dos hombres de su vida. El chico que la desvirgó a los 18 años con la puesta del condón había acabado, así de breve me lo describió. Lo hicieron dos veces más y siempre con la misma presión de ser pillados y nunca creyó que haya durado más de tres minutos. Lo de ella, como me lo decía en forma de resignación y con una risa era el jugar consigo misma. Lo de su marido me dijo que no lo estaba exagerando, literalmente me dijo que un infante tiene la verga más grande que la de su marido. Me lo dijo riendo:

    -Sabes, estaba tan ilusionada, pues con mi marido no tuvimos sexo hasta casarnos… un noviazgo aburrido, de esos donde siempre estaba mi hermana cuidándome y donde siempre salíamos acompañados de alguien. Él es grande, mide 1:70 y se mira fuerte, potente, aunque es un tanto callado, no muy sociable. Siempre había escuchado que el tamaño del pene tiene mucho que ver con lo grande de los pies, pero yo creo que tiene mucho que ver con la medida de las manos… él tiene las manos pequeñas. No te miento, es el pene más pequeño que existe. Busqué en el internet la medida más pequeña de un pene, mi marido tiene uno de ellos. Tú dices que tienes una altura de 1:88, ¿tienes manos pequeñas? -E Isabelle reía.

    -No… las mías parecen ser grandes. -y continuaba riendo.

    Isabelle me hablaba de sus frustraciones, pero también me hablaba de sus fantasías y cómo se habían incrementado al conocer a su nueva amiga a la que le dio el nombre de Rocío. La había conocido en la lavandería un día que su lavadora se había dañado y por esto de la pandemia tomó tiempo para que llegaran a reemplazarla. Rocío es vendedora de esas vitaminas y remedios populares y con el tiempo se mostró muy abierta. Isabelle me lo decía de esta manera:

    -Me hablaba de que con cierto producto mi marido se convertiría en el semental de mis sueños. Alardeaba de cómo su marido se la cogía hasta tres veces por noche casi todos los días de la semana. Era tanta la actividad sexual de esta mujer que amanecía adolorida de tanto follar. Me dijo que desde que le había dado el culo a su marido y tomando estas píldoras, este no para de pedírselo y que como le saca los más intensos orgasmos desde que le perfora el ano con una polla que esta mujer le describía gruesa y larga. Me habla de las mamadas que le da su marido, de cómo él le come el culo y la hace vibrar sexualmente. Yo con la boca abierta escuchándola solo imaginando que es su marido el que me folla, pues hasta me voy a masturbar con esas tabletas de pastillas que hasta parecen más grandes que el pitito que tiene mi marido.

    Realmente no pude dejar de reír cuando me lo decía y hasta le pedí disculpas. Isabelle se perdía en sus frustraciones que creo olvidaba que éramos todavía dos desconocidos. La sentía desesperada y le pregunté si lo había hablado con su marido. Me sorprendió su respuesta:

    -Sabes, con los meses y con más confianza intenté seducirlo a que por lo menos me hiciera acabar con un sexo oral. El chico es delicado y me sorprendió diciendo que el sexo era algo sagrado y que no se debería ensuciar con nuestras aberraciones. Un día mi madre que sentí me daba algo de confianza se lo confieso y terminé en un juicio familiar con los pastores de la iglesia y quienes son los padres de mi marido. Oraron por semanas para que ese espíritu perturbador se alejara de mí. Según ellos yo soy la que tengo un problema y ese día me sentí humillada, la mujer sucia ante ellos. Sé que me voy a divorciar, pero esto de la pandemia me ha bloqueado un poco, pues es difícil encontrar un buen trabajo. Dejé de trabajar, pues ellos tienen un taller mecánico y yo de tonta renuncié al trabajo cuando todo esto empezó. Pero como dice mi amiga y no sé si lo intuye pues yo no le hablado de todo lo que vivo, pero ella tiene un dicho: Uno debe buscar lo que uno quiere.

    -¿Y qué es lo que verdaderamente buscas Isabelle?

    -Pues por de pronto… una buena follada. – me respondió sin tapujos.

    Ese día quedamos que nos encontraríamos un jueves, pues es el único día que su marido está obligado a estar en el taller sin poder salir pues el padre de este debe preparar su discurso semanal de la iglesia. Le pregunté si estaba en control de fertilidad y me había dicho que si, que ella no quería tener un hijo con su marido y complicar su divorcio. También me dijo que su marido no lo sabía y se había sorprendido el por qué no salía embarazada. Quedamos en comunicarnos por los teléfonos generados por google para evitar cualquier sospecha y nos encontramos en un restaurante local por la mañana.

    Venía una tanto maquillada vistiendo un vestido de una sola pieza de un color celeste, el cual me sorprendió pues le quedaba la falda por sobre la rodilla y bastante ceñido a su cuerpo. Ella me lo aclaró minutos después… esta era la Isabella que se solía vestir provocativa antes de casarse, aunque me contaba generaba algunas rabietas con sus padres. Me dijo que estaba nerviosa y que no deseaba comer nada, que solo tomaría un café. Ella iba más al grano, mientras yo imaginé llevarla con tacto:

    -¡Qué! ¿Te gusto?

    -Desde que vi tu foto y hablamos en video, supe que eras una mujer muy hermosa. Estaba más pendiente si yo había llenado las expectativas.

    -¡Ya lo ves! Estamos aquí y es porque me pareces un hombre elegante y me pareces muy seductor. ¿De veras tienes 50 años? Dudo que tengas esa edad… te miras muy juvenil a pesar de tus flecos de color gris.

    -¡Gracias por tu cumplido! Si tengo esa edad. -le mentía, soy mayor que eso.

    -Me gusta tu seguridad… sabes, eres un hombre muy guapo. Imagino a cuantas mujeres te habrás follado.

    -No a muchas… no he tenido la suerte que tú te imaginas.

    -¿Cuándo fue la última vez que te follaste a una?

    -Uf… no recuerdo… ocho diez meses… antes de esta pandemia.

    -Entonces te gusta jugar contigo mismo, como a mí. – E Isabelle reía.

    Le había contado que era viudo, pero que había enviudado recientemente y que no tenía ningún compromiso y que no buscaba ninguno. Ella buscaba salir de su nerviosismo y sentir un poco más de confianza. Habíamos quedado que aquella reunión era sin ningún compromiso y que pasara lo que pasara no nos volveríamos a contactar. Yo terminé con mi jugo de naranja y ella con su café y me preguntó de una manera ambigua:

    -¿Qué crees?

    -¿A qué te refieres?

    -¿A que si se te antoja follarme?

    -Desde que leí tu perfil te me antojaste… y tú. ¿Quieres follarme?

    -Déjame ver tus manos. – me dijo y se las extendí.

    -¿Qué te dicen mis manos?

    -¡Que sí quiero follarte! – me contestó con una mirada directa y profunda.

    Le dije que había visto un motel en el camino cerca de ahí, que me siguiera. Nos pusimos de acuerdo y que tan pronto obtuviera las llaves de la habitación que le enviaría un texto por medio de ese número de google, el cual se puede desechar fácilmente. Pedí que me dieran una habitación al lado de atrás del edificio y de preferencia en el primer nivel. Así lo hicieron y llamé a Isabelle quien llegó cinco minutos después. Sentí esas mariposas que siempre me dan en el estómago y hasta entonces me sentía sorprendido que me iba a coger a esta bonita mujer. Entró y le digo en forma de broma:

    -¿Estás verdaderamente lista en sentir un buen pollón en tu culo?

    -Sorpréndeme… úsame como quieras… quiero que me folles como a una puta.

    Parecía que sus nervios se habían evaporado, se miraba una Isabelle dispuesta a follar a morir. Le bajé el cierre de su vestido y mientras lo hacía le besaba el cuello. Tenía un aroma muy agradable sobre su piel y ya abajo el cierre en su totalidad le subo el vestido para removerlo por sobre su cabeza. Ella me había sonreído y me decía que se notaba que sabía hacer lo que hacía. Llevaba unas bragas cacheteras de color azul más intenso y verdaderamente tenía un culo precioso en el cual descubría algunas pecas. Como decía Isabelle, no había sido agraciada con unos buenos pechos, pero era los típicos pechos sólidos y parados de una chica de copa B. Isabelle se describía al pie de la letra de bonitas piernas alargadas, pero se quedaba corta al describir su trasero, realmente hacía babear a cualquiera. Con vestido se miraba pronunciado, pero totalmente desnuda solamente usando esos calzones cacheteros, se miraban divinos. Le quité el brasier, le di unos cuantos besos a sus pezones, luego le pedí asistencia para que me desabrochara los pantalones, los cuales bajó en su totalidad, me asistió con quitarme la camisa deportiva que llevaba y ya solo en nuestras prendas íntimas la invité a que nos diéramos una ducha. Nos metimos a la tina e Isabelle usaba esa gorra plástica para cuidar su larga y negra cabellera. Cuando le removí su calzón cachetero, ya tenía mojado su calzoncito y ella me removió el bóxer con una exclamación: ¡De veras, que rico pollón tienes y lo más lindo, sin ningún pelo!

    Me lo masajeaba con su mano y nos comenzamos a bañar. Isabelle tiene coñito de Barbie bien depilado y solamente se le mira una delicada raya como que si se la hubiesen dibujado. Nos enjabonamos y nos restregamos con esa pasión de sentir el uno el cuerpo del otro. Ella me hizo la observación siguiente: ¡No pareces un hombre de 50 años! Creo que me mientes, tienes un cuerpo espectacular que cualquier chico de 20 quisiera lucir lo que tu tienes. – Realmente me hacía sentir bien, pues realmente conforme pasen los años, encontraré al viejo que sé ya no podrá atraer a una chica joven y quizá solo lograré tener una, en forma de renta. Por el momento ya pasando los cincuenta, todavía he logrado conquistar el sexo de chicas en sus veinte y créanme, eso me provoca buena estima. Y créanme, haré todo de mi parte para hacer sentir bien a cualquier mujer, y no solo en el sentido sexual, tiene mucho que ver en estimular el espíritu de cualquier ser humano y creo más que todo, en eso siempre ha radicado mi éxito, en dedicarme a llenar sus necesidades y eso hace llenar las mías.

    Salimos de la tina y nos secamos mutuamente. Isabelle me mostraba ese deseo de llevarse mi polla hacia su boca, sabía que la quería sentir ahí, se la quería comer, pues ella me había dicho que nunca había mamado una en su vida. Me senté al filo de la cama y ella se hincó ante mí y comenzó a besarla. Se metía lo que podía y me comenzó a dar una mamada que parecía de experta. Yo le hacía plática entre algunos gemidos que me provocaba:

    -¡No pareces una novata mamando! ¡Que rico como lo haces! Parece que fueras una experta… ¡De lo que se pierde tu marido!

    -¿De veras no lo hago tan mal?

    -Debo de tener cuidado de ti o me harás hacer acabar prematuramente. ¡Lo haces divino! -le dije.

    -Ya ves… aprendí mirando alguna película porno.

    -¿Te gusta el porno?

    -A escondidas… es como me desahogo algunas veces. Por lo menos no quiero ser una decepción para ti.

    Se volvía a tragar lo que podía de mi verga y me dejaba llena de saliva las bolas que también chupaba. Se escuchaba ese chasquido cuando me mamaba la verga agresivamente y su rostro se distorsionaba y quedaba embarrado de la combinación de mi líquido pre seminal y su saliva. Esa es la ventaja a mi edad, uno puede controlar mejor esa necesidad de eyacular y le di el placer a Isabelle a que me mamara como quisiera pues sabía que ella lo gozaba también. A los 15 o 20 minutos me paré, me limpié el pene con una toalla que tenía en mano, le limpié el rostro a esta linda chica y le dije que se pusiera en cuatro. Ella decía en su perfil que estaba cansada de esa posición del misionero. Recordando eso, la puse en cuatro en medio de la cama, le pedí que recostara sus pequeños pechos sobre la cama y que elevara su rico trasero. Creo que pensó que le iba dejar ir mi verga, pero se sorprendió que cuando me puse de cuclillas, toqué su conchita que estaba totalmente mojada y se la abrí con los dedos delicadamente y le lancé mi lengua también de una manera delicada pero firme.

    Isabelle solo gimió del placer y no se aguantó en decirme: ¡Qué rico… que divino se siente! -Creo que a sus 26 años probaba por primera vez sexo oral. Ese fue el primer día que se comía una verga y que le comieron su delicado y tierno coñito. En los minutos mi boca estaba llena de sus jugos vaginales y creo que se sorprendió cuando sintió mi lengua chupándole su ojete. Solo escuché un gemido y algo que dijo así: ¡Uh… qué rico! Definitivamente sabes lo que una mujer quiere. – Podía ver como sus nalgas se le erizaban y le di una nalgada que la hizo reaccionar: ¡Uh… que rico, hazlo otra vez! De esa manera lo hice varias veces siempre considerando no dejarla tan marcada, pero una vez más, me recordaba que su marido no se tomaba ni siquiera el tiempo de disfrutar de ver su cuerpo, pues según me contaba Isabelle, lo hacían envuelto en las cobijas y cree que era para que ella no le mirara la diminuta pajita que tenía.

    Sabía que Isabella lo estaba gozando y chupaba a los minutos su clítoris y ojete de una manera más violenta y creo que de esa forma le gusta el sexo a esta mujer, sus gemidos se elevaron y literalmente podía ver como su ojete y conchita se contraían al borde de un grandioso orgasmo. No pudo más y se corrió como nunca lo había hecho en su vida. Le comí el culo y su conchita hasta que logró un segundo y tercer orgasmo. Paramos y ella me limpió la cara y me dijo de esta manera: ¡Me vas a matar del placer y luego te verás en problema de deshacerte de este cuerpo! Se le miraba una sonrisa y rostro de satisfacción. Me fui a limpiar con jabón la cara y con una toalla húmeda limpié mi verga, la cual estaba mojada de tanto liquido pre seminal. Regresé a la cama donde me esperaba y le pregunto:

    -¿Qué se te antoja hacer? ¿Qué te gustaría probar?

    -Me gustaría que usted se coma mi conchita mientras yo me como su polla.

    -¿Quieres hacer un 69?

    -No estaba segura como le llamaban… si, eso me gustaría.

    Creo que descubrir o experimentar por primera vez sexo oral, una chica o persona de 26 años, donde los sensores a esa edad están de lo más agudos, debe de ser una experiencia para recordar. Yo también recuerdo esa primera vez que la gata Sonia se metió mi verga por primera vez en su boca. Parece que uno está en el cielo, donde los sentidos te juegan a distorsionar si lo que uno vive es fantasía o realidad. Esto era lo que sentía Isabella y quería seguir sintiéndolo y comenzamos a hacer un 69 donde ella estaba por sobre mí… quería que sintiera que ella también podría estar por encima de un hombre. Mamaba rico a pesar de que era su primera vez y no sé si ella lo sabía o ese mismo día lo descubría, esta chica era multiorgasmica y de repente sin mucho pre ambulo se corrió de una manera breve y simple. Luego al minuto me frotaba su conchita contra mi boca al sentir la corriente de otro. Esta vez se sonrió y me dijo: -No sé qué me pasa… siento ese placer tan rico como cuando a veces uno se orina y que siente placer. Solo se me ocurrió decirle que eran todos esos orgasmos frustrados que hoy liberaba. Nos incorporamos y ella me dijo:

    -Sabe, quizá le suene extraño, pero sabe que me gustaría que me follara bien por la boca. Me gustaría sentir como que me ahoga… que me trate como una puta y que se corra en mi boca. Nunca he probado una corrida o ver a un hombre correrse en mi boca.

    -¿Realmente quieres sentirlo así? No me gustaría causarte daño… lo mío no es lo más grande, pero te puede causar daño.

    -Inténtelo… si me hace sentir mal, yo se lo digo con pellizcarle las nalgas.

    Le dije que se acostara por sobre sus espaldas y que dejara su cabeza colgando al filo de la cama. Ella creo que lo intuyó y medio flexioné mis piernas e Isabelle comenzó a mamarme las bolas. Le tuve que decir que le bajara a la violencia de su mamada, pues no soy de los que aguantan que me aprieten con fuerza los huevos. Ella en esa posición aprovechó en chuparme el ojete y sabía que estaba dispuesta a todo. Le metí la verga en la boca y comencé a taladrarle calculando no lastimarla. Tomé un ritmo semi lento y solo escuchaba su desesperación por respirar, pero luego ella me decía: Más… más…

    Llegó el momento que se la empujé toda y le embestí su boca como me imaginaba embestir su conchita y culito. Le di un taladreo de unos dos minutos consecutivos y le dejé ir mi descarga que sabía había sido abundante y ella se atraganto y me pegó en las nalgas desesperada. Me tuve que pajear la verga para terminar de sentir la excitación, pero de su boca no salió una gota de semen… literalmente la corrida había quedado ya en su esófago. Me mamó la verga y me exprimió la última gota de semen. Nos fuimos a bañar.

    En el baño, de tanto tocarnos y enjabonándonos mi verga tomó volumen otra vez y la puse con el culo parado y comencé a follarle el coñito. Ella es una chica esbelta, así que su coño se siente apretado por más lubricado que se encuentre. Ella no hace mucho movimiento y de tanta embestida que termina literalmente con las manos apoyándose en el piso. Pienso acomodarla de nuevo, pero ella dice que así siente placer, que está a punto de correrse de nuevo. Sigo con el taladreo y me dice de esta forma: No pare… deme, deme, que me vengo. Pude sentir que su piel se le erizó por toda su espalda y disfrutando el orgasmo estaba cuando le llegó un calambre en una de sus piernas. Se rio por lo irónico de las dos sensaciones y cargando me la llevé a la cama y le di masaje a su pierna acalambrada. En eso hacíamos plática y le pregunté:

    -¿Pensabas pasarla así?

    -¡No así de rico!

    -Antes de que entráramos al motel, ¿qué es lo que más querías hacer? ¿Qué es lo que más querías experimentar?

    -La verdad que venía con la mente pensando en el sexo anal. Quizá por lo que me dice mi amiga, a como ella dice que lo disfruta.

    -¿Lo has intentado con tus dedos?

    -No… nunca.

    -Para algunas mujeres puede también ser doloroso.

    -Me gusta el dolor… de hecho, cuando me abrió la conchita por primera vez sentí el dolor cuando me la metió toda. Me dolía, pero me gustaba… no sé cómo explicarlo.

    -Voy a intentar no causarte mucho dolor.

    -No se preocupe… si me quejo no me haga caso. Quiero sentir esa hermosa polla enterrada en mi trasero. Créame que verdaderamente la quiero.

    Masajeaba su pierna acalambrada mientras pensaba en qué posición le iba a perforar ese precioso culo. Vi una silla rotatoria que también ajustaba la altura y pensé que esa sería una buena opción. Nos incorporamos para acomodarnos y le pedí que se pusiera en cuclillas sobre la silla después de encontrar la altura apropiada. Estábamos listos cuando Isabelle me hace la siguiente petición:

    -Antonio, le puedo pedir un favor… ¿podría tomarme algunas fotos mientras me folla el trasero?

    -¿Quieres tomar ese riesgo? Alguien podría encontrarlas y meterte en problemas.

    -Tan pronto salga de aquí las sube a la nube. Tengo una cuenta que solo es del conocimiento mío. Quiero tener ese recuerdo de la primera vez que alguien me folla el trasero.

    -Yo no tengo problema, solo espero que tú no los tengas.

    Me puso su celular cerca del tocador donde apoyábamos la silla y donde su imagen se reflejaba en el espejo y así poder ver sus expresiones faciales mientras me la follaba. Nuevamente comencé a comerle el culo y dejárselo lubricado. Isabelle solo gemía del placer rodeada quizá de esa ansiedad que sabía lo que estaba por venir. Su conchita rebalsaba de sus jugos vaginales y le metí la verga en ese canal, para que estuviese también lubricada y mitigar el dolor de la penetración anal. Siempre pienso en el dolor, pues por experiencia he visto las reacciones y gritos de algunas chicas con quienes lo he experimentado y creo que soy más que consciente que quizá exagero, algunas chicas asimilan el dolor y lo asocian al placer y, ese era el caso de esta hermosa mujer.

    Gimió y por el espejo vi su expresión de dolor, pero en vez de decir: alto o no siga, o algo por el estilo, Isabelle se limitó a decir: ¡Uf… que rico! -Supe que lo asimilaba bien pues, aunque el anillo de su ojete me rechazaba expulsando mi glande, se lo volvía a hundir y podía sentir literalmente cómo me apretaba la cabeza de mi verga. Una vez mi glande se sostuvo en su rico ano, comencé a tomar las fotos. Luego eventualmente le tomé videos cuando mi verga entraba y salía de su culo. Isabelle solo me repetía con una voz erótica y temblorosa: ¡Que rica se siente su verga! – Le pompeé el culo en esa posición por unos cuantos minutos, pero no podíamos hacer ese vaivén violento pues parecía que la silla no iba aguantar con mis embestidas. Le pedí que nos fuéramos para la cama y me quedé sentado al lado del espaldar de la cama y le pedí a Isabelle que se sentara frente a mí y la acomodé para seguirle perforando el trasero en esa posición que creo le llaman “el clip”. Nos daba otro diferente ángulo para filmar y a la vez yo o ella podría masturbar su conchita mientras le follaba el culo. Ya con su trasero bien abierto, ya la penetración fue mucho más fácil. Filmando la escena estaba cuando suena el celular con el cual estaba haciendo el video. Isabelle me hace la señal con su índice que calle y ella contesta el teléfono, pues en voz baja me dice: ¡Mi marido! -Escucho la conversación, mientras mi verga está sembrada en el culo de esta linda mujer:

    -¡Hola! ¿Qué haciendo?

    -Limpieza y lavando la ropa. -le contestó Isabelle.

    -Recuerda que hoy cenaremos en casa de mis papás.

    -Si lo sé… en algunos minutos salgo a comprar algún postre para llevar.

    -Isabelle… ¿Me extrañas?

    -¿Por qué lo preguntas?

    -¡No sé! Últimamente te he sentido ausente.

    -Figuraciones tuyas… en este momento me recordaba de ti. -le dijo irónicamente y me parpadeaba el ojo.

    -Bueno… nos vemos más tarde.

    Quizá podría sonar algo que nos hubiese distraído, pero creo que esa trivial plática como que llenó de morbo a Isabelle, pues mientras hablaba con su marido, ella me apretaba la verga deliciosamente con su culo y también me llenó de morbo. En esa posición que les describí, era Isabelle la que podía hacer mejor movimiento y me dio un vaivén divino mientras con una mano se chaqueteaba su clítoris. No tardó mucho en encontrar el siguiente orgasmo que creo que es el que más vivió intensamente y minutos después le dejo ir mi segunda corrida y con mucho cuidado ella se sentó sin sacarse la verga y seguimos así haciendo pequeños movimientos y creo que son contadas las veces que sigo con mi verga erecta hasta alcanzar otra eyaculación consecutiva. Tenía ya algún tiempo de no vivir esa experiencia sin realmente pensar o intentar vivirla.

    Muchas veces después de una buena corrida me ha quedado todavía la verga erecta y llega a la flacidez quizá porque la chica en turno no continúa concentrada o viviendo el acto. En este caso Isabelle continuó sin pensar en ello, y continuaba porque ella es una mujer multiorgasmica y sintió la electricidad de un nuevo orgasmo que estaba a punto de explotar. No nos movíamos violentamente, pero verdaderamente era un sexo anal erótico, donde Isabelle sentado frente a mí, con mi verga hundida en su rico culo nos besábamos y le mamaba el cuello y sus pequeñas tetas. Sus gemidos, alaridos me mantenían la verga erecta y me corrí esa segunda vez consecutiva y no sé cuántos orgasmos ella habrá tenido.

    Habían pasado tres horas y esta chica creo que lo había disfrutado. Ella había puesto la hora de las 12:00 p.m. como el tiempo que ella tendría que partir. Yo estaba más que satisfecho después de haber inducido ese placer en tan hermosa mujer y se fue para su carro a traer una bolsa donde traía otro vestido. Se bañó en esta ocasión ella sola y se vistió de una manera más conservadora y con un calzón regular. El calzón cachetero estaba todo mojado de sus jugos vaginales y me dijo que lo iba a tirar, que lo había comprado especialmente para vestirlo para ese día. Ella me lo insinuó con una sonrisa: ¡A menos que te lo quieras llevar de recuerdo! – Platicamos un poco mientras le ayudaba a vestirse y me preguntó curiosamente:

    -¿Tú usas viagra?

    -¡No! Nunca he tenido problemas de erección.

    -¡Es que tienes un aguante que me has dejado sorprendida!

    -Creo que mi dieta y mi ejercicio tiene mucho que ver en ello.

    -Sé que quedamos que después de hoy ya no nos hablaríamos… pero realmente me gustaría repetirlo.

    -A mí también. -le contesté.

    -¿Quieres que nos veamos el siguiente jueves?

    -¿Te espero en el mismo restaurante?

    -No… llámame cuando ya estés aquí.

    Se despidió con un beso, me dejó su calzón cachetero para que la recordara y se fue con la promesa que en nuestro próximo encuentro vestiría alguna tanga. Le recordé que borrara las fotos y los videos y solo me dijo: Ya los he borrado y solo están en la nube y aquí, que los llevo en la memoria y hoy estaré soñando despierta de cómo esa hermosa polla me partió el culo… Hasta la próxima semana Antonio. -Se fue con ese rostro feliz de la satisfacción y esto debe ser una advertencia para muchos hombres que debemos considerar los deseos de nuestras parejas, pues si no eres tú quien le provoca ese orgasmo a tu mujer, será uno como yo que siempre estará buscando esa oportunidad de follarse a una chica que busca urgentemente la necesidad de liberarlos. Y creo que eso es lo que más me encantó de esta chica, quien llego en busca de encontrar su orgasmo aunque fuese con un desconocido.

  • Trío con dos amigas

    Trío con dos amigas

    Ella siempre me había gustado mucho, unos ojos hermosos, unas piernas torneadísimas, un trasero paradísimo y unas tetas de ensueño, así era Nadia, al ser amiga de Evelia, siempre me rechazaba hasta los buenos días, creo yo por eso de la lealtad de amigas, pero bueno yo no podía evitar fantasear con ella, y pensé que solo quedaría en eso, en fantasía.

    Cuando llevaba sus minifaldas con sus medias que excitación, ¡pero me conformaba con verla de lejos!

    Una noche mientras trabaja, Evelia me llamo…

    E: ¿Hola que haces? ¿Muy ocupado?

    T: Estoy aún trabajando, ¡se juntó un poco!

    E: ¡Todavía!! Eres un matado, oye cuando acabes porque no me alcanzas en el bar de siempre

    T: ¡Ok te veo ahí!

    Ya era tradición ir al bar, beber, bailar y terminar cogiendo, de hecho, ya me estaba aburriendo de lo mismo, pero ese día acepté porque quise relajarme de la semana estresante que había tenido.

    Al llegar al bar, vaya sorpresa que me llevé ya que no solo estaba Evelia, si no que Nadia también, ambas con sus minivestidos y con ya algunos tragos encima, yo no pude evitar sonreír y comenzar inmediatamente a unirme a su fiesta.

    Bailábamos y reíamos, finalmente se me hacía convivir con Nadia, bailábamos pegaditos, aunque ella mantenía aun distancia, estaba claro que sabía que Eve y yo cogíamos, pero aun así era un deleite tenerla cerca.

    Ya entrando la madrugada Eve y yo comenzamos a besarnos y Nadia solo se dedicaba a observar, yo la miraba y ella con una mirada picara sonreía…

    E: ¡Vámonos para mi casa! ahí nos la seguimos

    N: Si vámonos de aquí hay que seguirla en otro lado…

    T: ¡ok nenas vámonos yo las sigo!

    Llegamos a su casa de Evelia, antes de llegar pasamos por unas cervezas, Eve puso música y ambas se quitaron sus tacones, bailábamos y continuábamos en la fiesta.

    E: ¡Voy a ponerme cómoda regreso en unos momentos!

    Nadia y yo nos miramos fijamente, hasta que ya no resistí y comencé a besarla, ella al principio trato de rechazarme, pero poco a poco fue accediendo, mis manos comenzaron a acariciar su espalda y sus caderas, ella mordía mis labios, besaba riquísimo, lo que más había deseado se estaba cumpliendo.

    N: ¡Nos va a escuchar!

    T: ¡No importa!!

    En eso Eve salió de su cuarto solo con un camisón puesto, nos miró y sonrió, Nadia seguía besándome y yo no podía dejar de ver a Evelia.

    De pronto ella se lanzó en medio de los dos, y comenzó a besarnos a ambos, primero a Nadia y luego a mí, mis manos acariciaban las piernas de Eve mientras Nadia besaba su cuello.

    E: Sé que querías esto desde hace tiempo, ahora disfruta

    N: Claro que disfrutara, ¡sabemos hacer esto muy bien!

    T: ¡Esto es un sueño!!!

    Me comencé a quitar la ropa mientras ellas se besaban, me senté en el sofá, Nadia se puso frente a mí y Eve comenzó a desvestirla, su hermoso cuerpo estaba quedando al descubierto frente a mí, Eve también se quitó su blusón dejándose en tanga, ambas se agacharon y comenzaron a juguetear con mi pene.

    Sus manos acariciaban por encima, Eve me quito la trusa y Nadia se emocionó al verme.

    N: Uf!! Eve tenías razón, esta riquísimo lo que tiene aquí!

    E: Jajá ya sabes amiguita, ¡siempre elijo lo mejor!

    Para seria mi primer trio, pero para ellas parecía que era una rutina mensual.

    Ambas se lanzaron a chupármela, sus lenguas lamian todo mi pene, Nadia ponía sus labios en mi cabecita mientras Eve me lamia mis bolas, estaba en la gloria, Nadia se clavó a mamar solita mientras Eve me ponía sus tetas, las mamadas de ella eran deliciosas y me la ponían más y más dura.

    Nos fuimos la Cama ahí me acosté y Eve se subió en mi cara y me puso su vagina para que me la comiera, mientras Nadia se subía a mi palo, se dejaba caer suavemente y mi verga durísima entraba en su rica y estrecha vagina.

    ¡Estaba en la gloria! comenzó a moverse deliciosamente mientras yo me comía la concha de Eve, Nadia movía sus caderas tan rico que sentía como mi verga era triturada Eve volteaba de vez en cuando para besarse con ella o lamerle las tetas.

    E: ¿Te gusta?

    T: ¡Dios!! Esto es fenomenal!

    N: ¡Que dura esta!!!

    Cambiamos de lugar ahora Eve cabalgaba y Nadia arriba de mi dejaba que mi lengua jugueteaba su vagina y su ano…

    E: ¡Que rico, uhm, que rico!

    N: ¡Así!! ¡Que rico me chupas, ah!!!

    ¡Ambas gemían y gritaban eso me ponía más y más excitado!

    Cambiamos de pose, puse a Nadia en cuatro y comencé a penetrarla y mientras yo la embestía ella devoraba la concha de Eve.

    T: ¡Nadia, que rico, ah!!

    E: Si!! Nadia síguele haz que Tyson goce como nunca!

    N: Que rica verga!!! Métemela, ah, que rico, ah!!

    Sus movimientos me excitaban mucho, ella apretaba mi verga deliciosamente, de pronto no pude más y comencé a venirme dentro de ella, ella se movía y gritaba, Eve también gritaba de placer, era un orgasmo delicioso, su vagina llena de mi leche, pero aun no terminábamos.

    Me acosté en la cama y mientras ellas me hacían un rico oral, yo con mis dedos estimulaba sus anos.

    Luego de unos minutos mi verga estaba dura otra vez y lista para penetrarle sus anos.

    Se pusieron en cuatro y comencé con Eve, mi verga poco a poco entraba en su ano mientras con mi dedo seguía estimulando a Nadia, mis movimientos eran toscos, apretaba con fuerza las nalgas de ambas, Eve gritaba y Nadia gozaba de lo que pasaba.

    E: ¡Ay!!! ¡Que rico, uhm, no pares, ah!!

    T: ¡Que culo!!! Evelia aprietas muy rico!!

    N: Yo también la quiero en mi culo, ¡ah!!

    Ambas eran unas ninfómanas de lujo, era la primera vez que le partía el ano a Evelia y vaya que estaba de lujo.

    Antes de pasar a penetrar a Nadia, mis penetradas hacían que Eve casi vomitara, pero eso me excitaba más, ellas se besaban y yo jalándole el cabello a Eve, seguía destrozándole el ano.

    T: ¡Toma, uhm!! Tómala!

    N: ¡Si!! Métesela tosa, uhm!

    E: ¡Ah, uf, ah!! ¡Me voy a venir, ah!!

    De pronto Evelia comenzó a chorrearse, Nadia se acostó recibiendo el jugo de su amiga en la cara, mientras tanto yo la embestía fuerte para que siguiera disfrutando su orgasmo.

    Cambiamos ahora penetraba a Nadi, se la metía suavemente en su rico anito, acariciaba su espalda y su nalgas, Eve la besaba y la empujaba hacia mí, de fantasear con ella ahora estaba dándole por el culo, que dicha tengo, pensaba en mi mente.

    Aumenté la velocidad de mis penetraciones, su ano apretaba con fuerza y ella gritando me pedía más y más.

    N: ¡Ay!! Métemela, que rico, ah!!!

    T: ¡Nadia!!! Aprietas riquísimo, ah!!!

    E: Y yo que bebe no te olvides de mii!

    T: Para las dos tengo, ¡uhm!!

    Empujándome como loco, apretándola de las piernas, nalgas y cabellos embestía a Nadia, quien se movía en círculos gozando mi verga, ¡finamente también comenzó a venirse riquísimo!

    Se acostaron una encima de otra y yo comencé a darles verga a ambas, la forma en la que estaban acomodadas me permitía penetrarlas casi al mismo tiempo, estaba en la gloria, me movía acariciando sus ricos cuerpos sudados y llenos de mí, ellas se besaban y gemían, estábamos a punto de llegar los tres.

    T: ¡Estoy en el paraíso!

    N: ¡Que rico, uhm!!

    E: ¡Amor!! ¡Me vengo, ah!! ¡Me vengo!!

    N: ¡Papito, yo también me vengo!!!

    T: ¡Ahí les va su leche, agh!!!

    Los tres nos venimos juntos, ambas recibían mi leche y retorciéndose como gusanos sus fluidos me mojaban toda la verga, el orgasmo fue de los mejores en mi vida.

    Nos recostamos en la cama para reposar un poco, la acción no termino ahí, aproveché que fue la única vez que estuve con Nadia así que me la cogí hasta que mi verga no pudo más.

    En la mañana me despedí de ellas y me fui a mi casa sonriendo y pensando que lo mejor estaba por venir.

    Tyson!

  • Mis bragas, empapadas de su leche

    Mis bragas, empapadas de su leche

    La visita al ginecólogo no fue como yo había previsto, era una exploración rutinaria, pero al final me encontraba tumbada en aquella camilla con las piernas abiertas, con un montón de alumnos de ginecología mirando como me realizaban una citología y no era que me importase que me vieran, lo que me molestaba era que me metieran esa especie de pinza helada en mi vagina y que me rasparan el cuello del útero… cuanto lo odiaba.

    Allí estaba yo como una atracción de feria, rodeada de tres chicas y dos chicos más mi doctora haciéndome la exploración, la verdad que cuando salí lo que más me importaba como siempre era irme a casa y ducharme, pero aquel día necesitaba desayunar algo, fue entonces cuando les vi a los dos alumnos que estaban tomando café y hablando sobre las prácticas, sobre todo de la que acababan de hacer.

    -Joder te diste cuenta del coño de esa tía, a esa sí que me la follaba yo.

    -Pero tío si podría ser tu madre.

    -Mejor, que morbo no, la verdad que la metía el rabo bien dentro.

    -Ja, ja, ja que burro eres.

    La verdad que no me molesto el comentario todo lo contrario, me había subido la autoestima que un jovencito de 21 años se fijara en mí, yo ya no cumplía los 55 años y la verdad que esos chicos me alegraron el día, llevo una vida muy normal, en mi juventud fui una chica bastante guapa con más pretendientes de los que yo deseara, al final me case con 27 años con el amor de mi juventud, un chico alto, guapo y que hoy es una sombra de lo que fue, Felipe está medio calvo, gordo y de aquel chico atento que día si y día también me traía flores ha pasado al “Joder Lara, déjame dormir”, “no fastidies ¿mañana es tu cumpleaños?”, ¿Lara, tú te acuerdas cuando nos casamos? si, el amor de mi vida es hoy un verdadero capullo, le quiero mucho, pero es un verdadero capullo.

    Que los años pasan factura, lo sé y muchas veces más a nosotras que a ellos, nosotras siempre con nuestras cremas, siempre intentando cuidar la dieta y a ellos les importa cuanto…! Nada ya te lo digo yo¡, Felipe, mi marido lleva sin fijarse en mí, hace ya tanto que ni me acuerdo, no se fija si he ido a la peluquería, ni si me he comprado una lencería solo para estar con él, ya realmente ni hacemos el amor, supongo que tendrá alguna aventura con alguna mujer más joven que yo, solo lo supongo, tengo con el tres hijos y el menor precisamente de 21 años, quizás por eso esos chicos me alegraron tanto el día que hoy ni el capullo de mi marido me lo iba a estropear.

    El jueves pasado recibí otra llamada de la clínica, el lunes a las cuatro de la tarde me tenía que pasar otra vez por la clínica, no me dijeron motivo, solo que preguntara por el doctor Pachón y a las cuatro de la tarde me presente, en recepción no sabían nada, de hecho no había consultas de ginecología por las tardes y no conocían a ningún doctor Pachón, estaba extrañada y a punto de irme cuando en la puerta un chico joven con bata de doctor me llamo.

    -Perdone la confusión, ha sido un error, soy el doctor Pachón y si me acompaña yo la voy explicando.

    Aquel muchacho me resultaba conocido, pero no sabía de qué, era muy joven, pero la verdad que no le di importancia, en la consulta el doctor me paso a una salita para que me desvistiera y que me pusiera la bata que tenía colgada, mientras él me iba hablando de lo que íbamos a hacer, su colega la doctora Martínez, mi ginecóloga, le había pedido una segunda opinión sobre mi última visita, me comentaba que no era nada malo que estuviera tranquila, ¿tranquila?, pero como podía estar tranquila.

    Me ayudo a subirme en la camilla y abriéndome de piernas puse los pies sobre los soportes a ambos lados de la camilla, me dijo que necesitaba poner una cortinilla delante de mí, hasta ese momento todo iba bien, extraño, pero bien, el doctor empezó la exploración, notaba como me tocaba los labios separándomelos, como me rozaba con su dedo mi clítoris y como metía un poco su dedo corazón dentro de mi vagina, era todo muy extraño, mi doctora nunca me había explorado así, no obstante le deje continuar aunque me estaba excitando tanto que notando como mi vagina empezaba a mojarse, tenía que reprimir algunos gemidos y apretar con fuerza los pies sobre los apoyos, aquello nunca me había pasado, era todo tan extraño, pero a pesar seguí sin decir nada y entonces caí en la cuenta.

    Aquel farsante era ese chico con quien estuvo mi doctora en mi última exploración, el mismo con el que me encontré tomando café con un amigo, estaba tan enfadada que le iba a montar un escándalo allí mismo, pero recordé sus palabras, recode lo que decía de mí, me acordé de mi marido y pensé ¿Por qué no?, vamos a ver a donde me lleva esto, vamos a ver hasta donde.

    Al verme tan excitada aquel chico, empezó a meterme ahora dos dedos en mi interior, sacándolos y metiéndolos mientras me decía que parecía estar todo bien, todo muy bien y si sentía algo, ¿si sentía algo?, lo que estaba sintiendo él ya lo sabía, mis jadeos eran evidentes, quite la cortinilla de golpe y nos miramos, él seguía teniendo los dedos dentro de mi vagina, el silencio se podía cortar, le veía avergonzado, pero no quería eso, no quería que parara así que acomode mi cuerpo y cerré mis ojos diciéndole…

    -Por favor doctor siga usted, siga.

    Al verme y oírme decir eso el muchacho muy despacio fue acercando su cabeza entre mis piernas sin parar de mirarme, sin para de mirar como me recostaba, jadeaba excitada con sus dedos que entraban y salían de mi vagina, note como empezaba a mordisquear mis labios metiéndoselos enteros en su boca, lamiéndome el clítoris hasta hacerme gemir de placer, su lengua recorriendo mis labios y metiéndose en mi vagina, entrando y saliendo de ella y moviéndose con rapidez de un lado a otro, profundizando dentro de mi sexo, explorando lo inexplorado desde hacía tanto tiempo.

    Se levantó y mirándome como esperando mi aprobación se empezó a quitar los pantalones y su bóxer dejando libre un hermoso pene en forma de media luna, con un glande gordo y rosado, despacio se iba acercando a mí pidiéndome en silencio permiso para meterla en mi rajita, el permiso se lo concedí en el momento que nuevamente me recosté la cabeza hacia un lado y cerrando los ojos mordisqueaba mi labio inferior lascivamente y empecé a levantarme el camisón apretando con mis manos los pechos.

    No tardo nada en reconocer el permiso de mi silencio, su glande empezaba abrirse camino entre mis labios, metiéndose en mi vagina, entraba y salía despacio, sacando con él, el flujo que ya me empezaba a salir, desde el momento que la note dentro de mi vagina, mi boca se abrió y abrí los ojos mirándole, quería mirar como ese muchacho de 21 años me empezaba a follar, estaba entre mis piernas y con sus manos sobre mis caderas se iba acercando cada vez más a mí, robando cada centímetro de mi vagina a su paso, deslizando su pene en mi interior, mi boca abierta sin emitir sonido alguno, su enorme pene de más de 23 centímetros me iba dilatando despacio, poco a poco llenándome con su polla hasta llegar al fondo cuando solté todo el aire acumulado gritando esta vez de placer.

    Antes de sacarla, intentaba penetrar más sin resultado, estaba tan dentro que no podía llegar más y sin embargo aquellos pequeños empujones me estaban volviéndome loca, la sentía tan dentro de mí, una polla que hacia muy pequeña la de mi marido y aso que tenía un buen tamaño, mis gemidos empezaron a anunciar que se había puesto en marcha una vez más, metiendo y sacando su polla de mi vagina, su cadera una y otra vez golpeaba mi pelvis metiendo y sacando su pene e inundando la consulta del sonido de nuestros cuerpos al chocar, un sonido hueco como de palmas, sus manos apretaban con fuerza mis caderas, más y más rápido, más y más gemidos, mis piernas apretaban los apoyos cuando este muchacho provoco lo que tanto y tanto tiempo había ansiado, desde años un orgasmo no atravesaba mi cuerpo de punta a punta haciéndome temblar y gritar.

    El muchacho empezó a metérmela con tanta fuerza que salía despedida hacia arriba, nunca antes me la habían metido con tanta rapidez, estaba alargando mi orgasmo y tenía que taparme la boca para acallar mis gritos sus gemidos también evidentes se unían a los mis cuando se empezó a correr sacándola corriendo y eyacular sobre mis labios vaginales y mi vientre, yo estaba como anestesiada del placer, cuando sin decirme nada se limpió el pene, se subió el bóxer y el pantalón y se marchó, yo me quede allí tumbada un rato más, disfrutando de lo que me acababa de pasar, sentía como mi vagina expulsaba parte de mi flujo que empezaba a caer por mis muslos al levantarme juntándose con el semen que recorría mis labios.

    En casa no podía pensar más que en aquel chico y como podría verlo de nuevo, le busque en la clínica, espere a que entraran a que salieran, incluso en el bar donde le oí hablar de mí por primera vez, pero en las tres ocasiones sin éxito, habían pasado dos semanas perdiendo ya toda esperanza hasta que un día le vi aparecer, el muchacho me reconoció nada más verme e intento esconderse de mí.

    -Hola,

    -Hola yo… Yo… ¿Qué tal está usted?

    -Bien ahora que te he visto

    -Yo… si… Siento de verdad lo que…

    -Pues yo no lo siento.

    El chico estaba muy nervioso, dubitativo en sus comentarios, avergonzado.

    -No te preocupes, que no muerdo, bueno todavía no y te andaba buscando. –Le dije guiñándole un ojo.

    -Pasa algo, no estará…

    -Hui hijo no, Ja, ja, ja no te preocupes ja, ja, ja.

    -Solo quería saber a qué hora sales y si te gustaría tomar un café luego para comentarte algo.

    -Ah pues… pues… no sé, ¿usted querría?

    -Ja, ja, ja, a ver céntrate, soy yo la que te lo pide ja, ja, ja.

    -A pues, pues, pues salgo a las cinco.

    -Bien, pues a las cinco te espero en la cafetería de la esquina, ves que fácil.

    Madre mía que muchacho, todo lo que tenía de guapo lo tenía de cortito, aunque la verdad es que estaba muy nervioso con mi presencia allí delante de todos sus amigos.

    Las cinco y no aparecía, las cinco y media y estaba a punto de marcharme cuando apareció por la puerta, jadeando después de haber estado corriendo, nada más llegar se sentó y cuando iba a pedir un café le corte, diciendo que nos íbamos, puesto que se había hecho tarde.

    -¿Tarde para qué? – Me pregunto

    -Pues tarde para que me puedas follar otra vez. –Le contesté directamente y sin darle ninguna otra opción lo metí en un taxi y a los 15 minutos entrábamos en la habitación de un hotel.

    Prácticamente le había secuestrado para que me la volviera a follar, no sé si eso es delito, pero si lo es que me detengan, esos si después de que me la volviera meter y para eso faltaba poco, me había convertido en una mujer que no reconocía, deseosa de sexo, de sexo con un chico que podría ser mi hijo, pero el cual tenía una polla que ya había hecho de mis delicias y ahora allí en aquella habitación a medio iluminar nada más pasar y cerrar la puerta me lance como una loba a por él, buscando su polla entre sus pantalones

    No deje que se quitara nada de ropa, en medio del pasillo sin preparación, sin juego alguno le saque la polla y se la empecé a chupar, metiéndomela hasta la garganta, aunque de vez en cuando me daba alguna que otra arcada yo seguía saboreándola, no quería ni el mínimo centímetro de su piel sin que mi boca hubiera pasado por encima, lamiéndola, se la estaba meneando fuertemente mirando su cara de sorpresa primero y de placer después cuando empezó a gemir y a correrse en mi cara lanzando parte de su semen a mi pelo y una vez que acabo, volvía a chapársela para limpiársela entera y cogiendo su semen de mi cara con los dedos para acto seguido meterlos en mi boca mientras le sonreía.

    -Y ahora… fóllame, métela como tú quieras, pero la quiero ya, quiero sentir tu polla dentro de mí como el otro día en la clínica.

    Según le decía esto me iba desnudando lentamente de forma lasciva, meneando con mi mano su polla para que siguiera así de grande, subiéndome en la cama, poniéndome a cuatro patas, mirándole como una gata en celo, moviendo mis nalgas de un lado a otro para que como un toro me embistiera por detrás quitándome las bragas y metiéndome esa enorme polla en mi coño, saboreado desde un principio su polla con mi vagina, disfrutando de cada centímetro que iba metiendo en mi interior, en mi vagina empapada en mis flujos para que no tuviera ningún problema de entrar y salir de mi coño, dándome y regalándome una vez más los gemidos y gritos que estaba deseando dar como una puta en celo que era en lo que me estaba convirtiendo.

    Su polla por fin empezó a penetrarme, pero no me quito las bragas, simplemente las aparto, no me dejo tampoco que yo me las quitara, quería follarme así con las bragas puestas, quería que su semen las inundara y que me fuera con ellas empapadas de su leche a mi casa y que durmiera con ellas toda la noche, la idea me excito más aún, la idea de dormir con las bragas húmedas, empapadas con su semen junto a mi marido me resultaba tremendamente excitante.

    Una y otra vez sacaba su polla de mi coño, empezaba a gritar como una loba apretando los dientes fuertemente, mis manos arañando sus muslos, mi cara casi empotrada con la pared de sus embestidas y los dos caímos en un éxtasis de placer cuando nos corrimos, dejando parte de su semen en el interior de mi vagina y el resto como me había dicho empapando mis bragas por dentro, sobre la base de mi vagina.

    Fue el primero de los cuatro orgasmos que este muchacho del cual no sabía todavía su nombre me provocaría esa tarde, una tarde de sexo salvaje.

    Se hacía tarde, la noche caía sobre la ciudad y los dos nos teníamos que ir a casa, no sin quedar para el día siguiente en el mismo hotel, en la misma habitación, donde le esperaría ya desnuda encima de la cama, no quería saber su nombre no me hacía falta, solo quería su polla, solo quería el placer que mi marido ya no me daba y pensando precisamente en él, de camino a casa en el taxi notaba la humedad de mis bragas entre mis piernas, notaba su semen entre mis labios y más tarde ya en la cama, me acercaba a mi marido y frotándome con las bragas empapadas de la leche de mi amante sobre su cuerpo.

  • La denuncia de Elena

    La denuncia de Elena

    Elena había estado todo el día enganchada al móvil, al parecer preparando los últimos flecos de la cena de navidad con sus compañeros de trabajo. Pese a que algunos, los llamados subversivos por el resto, habían declinado ir el grueso de trabajadores estaban ansiosos por quedar todos juntos fuera de la oficina y pasarlo bien. Y es que diciembre siempre era un mes de mucho trabajo.

    Pedro, su marido, notó un cambio en el semblante de su mujer apenas hora y media antes de salir esta:

    -¿Qué te pasa? –preguntó más curioso que preocupado.

    -Nada –contestó con desdén ella– resulta que Fuly no viene.

    -¿Y eso? –preguntó de nuevo su marido, ya sin un interés real. Lo hizo de manera automática por no parecer grosero.

    -Dice que el marido está enfadado y han tenido bronca…

    Pese a que Fuly era la gran compañera de Elena en el trabajo, a Pedro le pareció excesivo el comportamiento de su mujer cuando la oyó renegar en voz baja en la habitación antes de lanzar el móvil contra la cama. No le dio mayor importancia. Últimamente Elena tenía cambios de humor repentinos que Pedro combatía dejándole más espacio vital.

    A las 10 de la noche, Elena apareció por el salón de su casa para despedirse de Pedro y su hijo pequeño:

    -Que no se acueste muy tarde –Ordenaba la mujer a su marido mientras termina de colocarse un pendiente en su oreja derecha–. Y que se lave los dientes.

    -Estás espectacular. –Alabó Pedro a su mujer embutida en una falda de cuero y una camisa semitransparente blanca abotonada el máximo que permitiera lucir su espectacular escote.

    A las 10:30, Elena estaba sentada junto al resto de sus 9 compañeros haciendo el primer brindis de los muchos que quedaban aquella noche. Una hora después comenzaban con el segundo plato y el vino había regado buena parte de la conversación. A las 12:30 envió una fotografía de grupo a su marido, donde todos brindaban con algún tipo de licor tras el postre antes de salir hacia el bar de copas de turno.

    En el salón de su casa, Pedro se sorprendió al ver la foto de whatsapps que recibió de su mujer. Estuvo tentado a comentarla pero prefirió que siguiera divirtiéndose sin tener que mirar el móvil. A lo largo de la noche hubo muchas más pero él dejó de atenderlas sobre la 1 de la madrugada.

    A las 4 de la madrugada, Elena se decidió a saludar al chico alto que llevaba toda la noche marcándola. Era Juan Carlos, trabajador de la gestoría donde ella repartía a menudo. El tipo era unos 20 años menor que ella, rondaría los 26. Guapo, buen cuerpo, alto y con una sonrisa cautivadora:

    -¿Qué tal Juancar, veo que llevas un rato mirando y he decidido venir yo? –Le dio dos besos acercando el cuerpo al suyo todo lo posible.

    -Es cierto que te he visto, pero estabas con tus compañeros y no quería importunar.

    -Tú no inoportunas hombre. –Comentó ella guiñándole un ojo antes de ofrecerle un brindis.

    En el momento en que hacían chocar sus vasos apareció otro joven:

    -Mira, te presento a Daniel. Mi compañero.

    Elena saludó al amigo de Juan Carlos:

    -¿Tu compañero? Nunca le he visto por la oficina.

    -No, no es compañero de trabajo. Es compañero de piso. Él acaba de llegar a la ciudad y hasta que encuentre una casa donde vivir compartimos piso.

    -Así que compañero de piso, ¿eh?… –Elena asintió con la cabeza mientras les miraba con media sonrisa.

    -Sí ¿por qué?

    -Ya me gustaría a mi saber la que liaréis en ese piso, dos chicos jóvenes, guapos y fuertes.

    Elena no dudó en apretar el musculado brazo de Dani.

    Sin esperar contestación, y ante los acordes de una conocida canción de moda, Elena sacó a bailar a Dani. A partir de ese momento alternó, intercambió y compartió bailes con ambos jóvenes al tiempo que el alcohol diluía cualquier rastro de pudor y recato. Roces impúdicos, gestos obscenos y algún que otro pellizco al amparo de la oscuridad reinante en el local les llevó a pasar una noche estupenda.

    Hacía más de una hora que había perdido el contacto con el resto de sus compañeros cuando Elena, Juancar y Dani salieron riendo del bar de copas. Eran las más de las 4 de la madrugada.

    A las 7:30 de la mañana, Elena estaba sentada en el bordillo de una acera cuando una patrulla de la policía loca se acercó a ver que le ocurría. La mujer con la mirada perdida mostraba signos de agresión. El maquillaje de su cara deshecho, despeinada, con la camisa rota dejando ver marcas en uno de sus pechos. Y sus medias totalmente rasgadas. La falda estaba rota a la altura de la cremallera de cierre.

    En la comisaría de policía, Elena hizo una denuncia por violación contra los dos chicos del bar. En su declaración dijo que:

    -…conocía a Juan Carlos por una relación estrictamente profesional. Ella, mensajera, solía repartir paquetería en la oficina gestora donde él trabaja.

    -Vio a los chicos en el bar y entabló conversación con ellos. Luego se ofrecieron a llevarla a su casa. Pero una vez en el coche la convencieron para parar un momento en el piso que ambos comparten. Ella, ante el temor de que se enfadaran, aceptó y no se atrevió a decirles que no. Una vez en el piso, fue maniatada y forzada a mantener sexo oral y relaciones…. –Elena comenzó a llorar.

    Una agente la acompañó a una estancia apartada, mientras el compañero se ponía en contacto con su marido, Pedro. Cuando este llegó, Elena se abrazó a él antes de romper a llorar. En medio del desconsuelo preguntó por su hijo pero su marido le comentó que no se preocupase, que lo había dejado con una vecina.

    En un primer reconocimiento médico se decía que la mujer mostraba señas de haber mantenido relaciones sexuales vaginales y anales. Aparecían restos de semen en ambas cavidades, incluso un pequeño desgarro anal. Además de marcas de mordeduras en el seno izquierdo y el hombro derecho. Una leve marca de una palmada en uno de sus glúteos y arañazos en las piernas.

    A las 13 horas, una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía se presentaba en el domicilio de Juan Carlos y Daniel con una orden de detención. Sin saber muy bien que estaba sucediendo, los dos hombres fueron esposados y conducidos a la comisaría de policía donde les fue tomada declaración por separados. En ella declararon que:

    Juan Carlos: -…efectivamente conocía a Elena por ser la mensajera que repartía en su oficina. Que aquella noche, la mujer le reconoció en el bar y se acercó a hablar con él. Luego apareció su amigo Daniel y estuvieron pasando toda la noche hasta que decidieron terminar la velada en el piso de ambos. En ningún caso forzaron a la mujer a ir a su vivienda ni a mantener relaciones sexuales. Fueron relaciones consentidas. Nunca hubo intención de hacer nada que ella no quisiera. Y que nunca la habían maniatado.

    Dani: -…al volver del baño se encontró a su compañero de piso, Juan Carlos, que hablaba con una mujer que conocía. Se la presentó como Elena. Después de un rato de conversación la mujer les sacó a bailar y les propuso terminar la velada por todo lo alto (según palabras textuales de ella) en el piso que compartían ambos. No, no le preguntaron si deseaba mantener relaciones sexuales pero la situación se fue dando de tal forma que todo se precipitó. En ningún caso la forzaron. Todo fue consentido y que para nada la habían maniatado.

    Tras ponerse en contacto con el grupo de compañeros de trabajo ninguno aportó luz al asunto. Alguno dijo haber visto a Elena hablar con alguien aquella noche pero que les era imposible recordar cuando y con quién. La policía consiguió que la compañía telefónica de Elena les facilitase el listado de llamadas y mensajes de su teléfono móvil. Aparecía un número con el que había mantenido contacto vía whatsapps durante el último mes y medio. Y especialmente el día previo a los hechos. Se llegaron a intercambiar hasta 70 mensajes de whatsapps siendo el último a las 7:30 de la tarde. Desde entonces no volvieron a estar en contacto.

    El número pertenecía a un hombre de cierto reconocimiento social que declaró que:

    -…conocía a Elena, primero como a cualquier otra persona de la ciudad, solamente de vistas, pero desde hacía un mes y medio, por mediación de unos amigos en común, habían estrechado la relación.

    Se negó por completo a revelar el contenido de los whatsapps intercambiados con Elena al considerarlos de ámbito privado pero ante el requerimiento del agente y la posibilidad de imputación en un caso de violación el hombre declaró que:

    -…desde que fuimos presentados por ese amigo común ambos comenzamos a intercambiar whatsapps. Al principio sobre “chorradas” después de índole sexual hasta terminar con ardientes peticiones de contacto sexual.

    A la pregunta de si llegaron a mantener relaciones sexuales el hombre declaró que:

    -Sí, en los últimos 15 días nos decidimos a dar un paso más y hemos tenido relaciones sexuales hasta cuatro veces. Aprovechamos las ausencias por motivos laborales de su marido para vernos en un piso de mi propiedad.

    El hombre se echó a llorar:

    -Mi mujer no puede enterarse. Es el fin de mi matrimonio. ¿Y mis hijos?…

    Se le volvió a preguntar. Esta vez si se podría considerar aquello como una relación que se fuera a prolongar en el tiempo. A lo que el hombre declaró que:

    -Para nada. De hecho, ella si quería, decía que no estaba bien con su marido, que se aburría.

    Pero yo no quería. Me vi atrapado y decidí cortar. Por eso ayer nos escribimos tantos whatsapp. Ella quería que nos viésemos aquella noche que ella tenía cena de trabajo y podría estar muchas horas fuera de casa. Yo le dije que no, que aquello tenía que acabarse. Y se enfadó. Desde las 7:30 no volvimos a escribirnos… Por favor que no se entere mi familia de esto… -El hombre volvió a llorar…

    En casa. Después de un baño y una vez su hijo se quedó dormido. Se metió en la cama junto a su marido quien la abrazó con cariño:

    -¿Por qué me dijiste que Fuly no iba a la cena?…

    Elena no contestó.

    -Me enviaste una fotografía en la que aparece ella…

    Elena contuvo la respiración pero, de nuevo, no contestó.

    -Me dijiste que te habías contrariado porque ella no iba pero no era cierto, ¿con quién hablabas? ¿Y por qué te enfadaste?

    Elena no contestó. Su respiración era relajada y parecía dormida. Pedro no volvería a insistir. Pero sus sospechas tomaban cuerpo.

    En una primera inspección ocular al lugar de los hechos, la policía no logró encontrar ningún tipo de elemento que sirviese para maniatar a la víctima. Sobre un sofá sí se encontraron fluidos corporales de tres personas. Semen, sudor, flujo vaginal, vello púbico… Pero por ningún lado algún tipo de lazo, cuerda o prenda que sirviese para maniatar a Elena.

    El lunes a las 8 de la mañana la mujer fue llevada a una clínica donde se le volvió a realizar un exhaustivo reconocimiento. El informe reflejaba que no existían las heridas propias de una penetración forzosa. Ni siquiera el pequeño desgarro anal, perfectamente explicable con cualquier penetración consentida o no. Las mordeduras bien podrían ser productos del momento del clímax o de una verdadera agresión aunque la ausencia de otras de mayor daño descartaba ese hecho. Tampoco aparecían marcas en las muñecas que demostrasen que en algún momento hubiese estado atada.

    Con todo lo recogido hasta ese momento, la policía se hizo una versión más o menos fiable de lo sucedido. Todo apuntaba en contra de la mujer. En el juicio rápido, el juez declaró inocentes a los dos acusados por falta de pruebas concluyentes en su contra. Elena se derrumbó y comenzó a llorar. Abrazada por su marido abandonó el Juzgado. Antes de llegar a casa, Pedro aparcó y miró a su mujer. Elena, tras 10 minutos de llanto desconsolado comenzó su versión:

    Tras salir del bar, el trío se marchó en dirección al piso de los dos chicos. Por el camino, las risas y los chistes con doble sentido eran la banda sonora al inicio de una noche grande, pensaba Elena.

    Sentada en un sofá, entre los dos hombres, la mujer bebía una copa mientras ellos contaban aventuras sexuales grupales que habían disfrutado. Dani fue el que introdujo a Juancar en los tríos. El primero tenía una novia que le excitaba mucho la idea de hacerlo con su mejor amigo, así que una noche quedaron los tres y se lo montaron. Elena oía a los amigos que se quitaban la palabra uno al otro para explicar detalles pormenorizados de aquel momento. La mujer cada vez se encontraba más excitada con el relato de aquellos dos jóvenes buenorros.

    Todo se le iluminó cuando Dani contó lo bien dotado que estaba Juan Carlos y como su novia quería repetir con él.

    La mujer, totalmente desinhibida por todo el alcohol ingerido aquella noche comenzó a mirar como crecía el paquete de Juancar sentado a su derecha. El hombre la miró:

    -¿La quieres ver?

    Ella sonrió. Se giró dando la espalda a Dani:

    -Claro que sí. Me encantan los pollones.

    Juan Carlos se desabrochó el pantalón ante la atenta mirada de su entregada admiradora. No sin esfuerzo se bajó de un tirón el pantalón y el bóxer liberando un miembro de más de 20 centímetros y considerable grosor. Sin dudarlo ni un instante Elena alargó su mano y agarró aquella polla. Se había librado de la copa cuando comenzó un lento movimiento de su mano sobre aquel miembro. Hombre y mujer se miraban cuando comenzaron un acercamiento hasta unir sus bocas en un húmedo beso. Elena no dejaba de pajear a Juan Carlos.

    Dani, se había acomodado justo detrás de ella para acariciarle las tetas. Con suavidad fue desabrochando los botones de aquella camisa semitransparente hasta conseguir alcanzar el sujetador de encaje negro. Amasaba las tetas hasta lograr pellizcar los pezones que se marcaban en la prenda íntima.

    Como pudo, Elena se colocó de rodillas en el sofá, se desprendió de la camisa y el sujetador dejando a la vista de aquellos dos jóvenes unas maravillosas tetas de milf. Pese a ser madre, y sus 47 años, sus pechos soportaban más que bien la gravedad. Sus areolas marrones se coronaban con un pezón pequeño ahora endurecido por la excitación. Acercó su cabeza a la polla de Juan Carlos y comenzó una espectacular mamada. Con paciencia, llevaba su cabeza desde el capullo hasta la base haciendo que entrase más allá de su garganta. El chico suspiraba de gusto cada vez que notaba como su tremendo miembro taponaba la garganta de su amante.

    Dani, comenzó a recorrer la espalda de Elena hasta llegar al límite de su falda. Con menos cuidado del previsto, el joven tiró de esta y de las medias hacia abajo provocando que la cremallera de cierre no lo soportase y se cediese. Las torneadas piernas de la mujer también quedaron marcadas por un par de arañazos. Ante él se descubrió un precioso culo blanco, con un lunar en uno de los glúteos.

    Entre las piernas asomaban unos henchidos labios vaginales rasurados que no lograban cubrir un hermoso clítoris. El hombre no lo dudó y recorrió con su ardiente lengua desde el coño hasta el culo. De arriba abajo. Ida y vuelta. No dejó escapar la oportunidad de dar un par de cachetazos que dejaron marcados sus dedos,

    La mujer hizo un sonido gutural de satisfacción.

    Con Elena entregada por completo al sexo oral, dando y recibiendo, Juan Carlos la miraba con suficiencia antes de definirla:

    -Que puta eres. Desde que te vi el primer día sabía que eras una guarra.

    Esto excitaba a la mujer, que nunca había imaginado verse haciendo un trío con dos jóvenes musculosos.

    Dani, totalmente empalmado se colocó de rodillas detrás de ella y la agarró por las caderas. Sin previo aviso incrustó su polla en el fondo del coño de Elena. Con un golpe de cadera seco, hizo que la mujer se tragara más allá de sus posibilidades la tremenda polla de Juan Carlos provocándole una arcada. Como pudo se la sacó de la boca para poder respirar mientras Dani bombeaba sin cesar agarrado a sus caderas:

    -Sigue comiéndomela, guarra.

    Ante la orden de Juan Carlos, Elena no dudó en seguir chupándosela, se sentía utilizada por aquellos dos amigos a los que casi doblaba la edad. De repente, la mujer paró y ordenó parar a Dani:

    -Quiero follarte. –Le dijo a Juan Carlos

    Se colocó a horcajadas sobre el hombre y poco a poco comenzó a introducirse la polla. Se notaba completa. Su vagina apenas podía abarcar aquel trozo de carne duro como el acero. Con un grito de satisfacción logró engullirla entera. Mirando a su amante, le abrió la camisa arrancándole los botones. Se deleitó con el cuerpo del tipo y mordió sus pectorales antes de comenzar a cabalgarlo. Como una auténtica bestia, Elena subía y baja sobre aquel embolo incandescente que laceraba el interior de su sexo. Juan Carlos, aprovechó que la mujer se incorporó para agarrarse a una de sus tetas y dejar la marca de su mordida al tiempo que succionaba:

    -¿Qué haces cabrón? No me dejes marca, ¿qué quieres que le diga a mi marido?

    -Que eres una puta guarra.

    La mujer comenzó a reír y se tiró sobre él sin dejar de follarlo. Dani volvió a colocarse tras ella. Abrió sus glúteos dejando a la vista un agujero anal arrugado y marrón. Escupió en el centro y comenzó a dilatarlo con los dedos. Los gritos de Elena eran de excitación. No era la primera vez que le daban por culo, ni mucho menos, pero si sería la primera vez que la empalasen al mismo tiempo por detrás y por delante.

    Cuando Dani entendió que aquel agujero ya estaba preparado, dirigió su polla al centro y con cuidado comenzó a presionar. Poco a poco notó como el esfínter de aquella puta iba cediendo al ariete. Con la entrada del capullo, Elena dio un grito de dolor que inmediatamente fue acallado por un beso de Juan Carlos. Seguidamente, Dani, la penetró despacio.

    Después de unos segundos de acople, los tres sincronizaron los movimientos. Dani percutía con cuidado pero sin pausa. Intentando conquistar con cada embestida un poco más de recto. Por fin alcanzaron un movimiento constante. Elena, en una sensación indescriptible, iba y venía movida por el empuje basculante de las dos pollas que perforaban cada uno de sus agujeros sin pausa. La polla de Juan Carlos alcanzaba límites inexplorados por nadie hasta entonces. Dani, mucho menos dotado, la sodomizaba con fuerza.

    Durante más de 10 minutos estuvieron percutiendo sobre Elena que gritaba cada vez más excitada. Nunca había hecho nada tan morboso en su vida y estaba encantada con la situación. Dani fue el primero que anunció que se corría. Apoyado sobre la espalda de la mujer, mordió su hombro al tiempo que descargaba su semen en el interior de sus entrañas. Juan Carlos le siguió con una corrida impresionante que Elena no pudo contener dentro de sí. La leche caliente de aquel joven salía a borbotones y el movimiento sobre su polla producía un sonido líquido. Ella, todavía empalada por los dos, se terminó una paja que la llevó a un glorioso orgasmo…

    En medio de aquella orgía, Elena tuvo una insoportable sensación de culpabilidad. Su semblante se volvió serio. En su cabeza las imágenes de su marido y su hijo la golpearon. Ordenó que la dejasen salir de allí:

    -Pero ¿qué te pasa? –preguntaron los hombres sin entender su comportamiento.

    -Dejadme en paz.

    La mujer se puso a buscar la ropa. Se recomponía con prisas. Dani le ofreció la camisa y ella, en un intento de arrebatársela de las manos, acabó rompiendo algunos botones. Sin decir nada más. Abandonó la casa dando un portazo y dejando a los dos amigos sin explicación…