Autor: admin

  • Como el confinamiento cambió m vida sexual (II)

    Como el confinamiento cambió m vida sexual (II)

    Cuando desperté, aquel hombre ya no estaba, solo oía la voz de mi madre desde el piso de abajo llamándome para comida. Sentía como el sol había calentando mis muslos y mi abdomen, y me sentí tentada de acariciarme de nuevo… ¿Qué me estaba pasando? No voy a negar que alguna que otra vez me había dado placer a mi misma, pero esta vez, estaba deseosa de tocarme, tenía muchísimas ganas de sentir como mi entrepierna hervía de nuevo… Pero me controlé, suspiré profundamente y me coloqué el vestido de andar por casa para bajar a almorzar. Esa misma noche acabé aquello que buscaba en la ducha… Me masturbé de lo lindo recordando aquella mirada. Me dije a mi misma que solo sería una vez más, sobre todo después de hablar con mi novio por teléfono y sentirme bastante mal por haber estado todo un día pensando en sexo sin que él estuviera en la ecuación.

    Los siguientes días no me sentí tan excitada, pero notaba que algo había cambiado. Cuando veía alguna serie o leía algún libro, todo lo relacionado con el sexo me interesaba sobremanera. No es que me considerara hasta entonces una chica desinteresada del sexo, pero desde luego, desde el día en el que me masturbé bajo la mirada cómplice de aquel vecino pasado de años mi cuerpo había experimentado en claro cambio… Toda mi mente estaba centrada en buscar puntos de placer, en descubrir posibles morbos dentro de mi vida rutinaria en casa de mis padres… Normalmente solía masturbarme una vez en semana o dos igual si no tenía sexo con mi novio, pero esos días, las duchas mañaneras se volvían eternas bajo el agua… Lo que con la rutina diaria era una estimulación rápida y atropellada, esos días se traducían en una larguísima excitación bajo el agua, en unos dedos que se deleitaban con toda mi anatomía, desde mis muslos, hasta mi cuello, donde yo misma mordía mis labios buscando ese punto de presión que provocara un espasmo entre mis labios…

    Pero eso, no era lo que me inquietaba. Mis amigas por lo normal eran bastante más activas en cuanto a la masturbación que yo, ¿Que malo tenía en querer un poco más de placer de mí misma…? No, eso no era lo que me inquietaba. Me inquietaba, que cada vez que llegaba al orgasmo, cada vez que apretaba con más fuerza mis tetas a la hora de llegar al clímax… Lo veía a él. No, no veía a mi novio. Veía a ese vecino, veía su mirada, veía sus labios susurrando lo que más de una vez me imaginaba diciéndomelo al oído… Como podía ser tan desconsiderada de estar fantaseando con un señor a todas luces mayor que yo, teniendo novio. Por más que intentaba explicármelo, no encentraba respuesta, y por más que intentaba reprimirme, no podía borrarlo de mi mente. Solo esperaba no tener que encontrármelo por el vecindario. Era fácil, solo tenía que quedarme en casa, al fin y al cabo, estábamos en pleno confinamiento. Aquello quedaría en mi mente, se quedaría para mí…

    Pero todo se truncó el día en el que se nos estropeó la cinta de correr de casa. Por supuesto que durante todo el confinamiento no había dejado de hacer deporte en casa gracias a la habitación que mis padres tenían para hacer ejercicio. Una cinta, una bicicleta estática, una banca y varias pesas… Aunque a mí con la cinta estática me sobraba para hacer unos 8-9 kilómetros diarios y no perder la forma que tanto me había costado lograr a bases de clases de crossfit. Pues bien, un día, la máquina Dios sabe porque dejó de funcionar. En casa era mi padre el que salía a hacer la compra, pero ese día, decidí ir yo, para estirar las piernas. Sinceramente, lo hice sin pensar en nada en lo referente al vecino, total, solo era ir a por el pan. ¿Qué podía salir mal?

    Después de tanto tiempo sin salir de casa, de estar acostumbrada a andar por casa en pijama y ropa de deporte, me apetecía ponerme algo mono, aunque fuera solo para ir a por el pan… Por ello decidí ponerme unos vaqueros ajustados negros, un top negro y una chaqueta vaquera. Todo acompañado con unos tacones negros que, a decir verdad, me hacía un buen culo… Incluso me di un retoque de maquillaje, nada exuberante, pero lo suficientemente sutil para verme bastante mona, sobre todo después de semanas sin ni siquiera ponerme el rímel.

    Volvía cargada con el pan y algunos refrescos, cuando a la vez que estaba metiendo la llave en la puerta de la calle, lo vi, en la acera, acercándose a toda andando a toda prisa, con una bolsa en la mano. Llevaba una camiseta de licra de tirantas y unas mallas que le hacía unas piernas a todas luces bien trabajadas… Lo miré, y estoy segura ahora mismo que pudo ver en mi cara la expresión del deseo, porque durante unos segundos no pude seguir con mi tarea de abrir la puerta. Por un lado, me moría de vergüenza al imaginar lo que pensaría aquel hombre de mí, pero por otro lado quería que aquel encuentro se produjera. Cuando estaba a pocos pasos de mí, abrí por fin…

    -Perdona, ¿Te importa dejar la puerta abierta? (Mis ojos pudieron ver con mayor claridad esos brazos perfectamente marcados, no demasiados abultados, pero que dejaban entre ver una fuerza desmedida…)

    -Ehhh, claro. Perdona, pero… no está permitido salir a correr, ¿Verdad?

    -¿Bueno, hay otras cosas que igual no están permitidas hacer y nos la saltamos verdad señorita? (Aquello no me lo esperaba. Noté como mi cara enrojecía por segundos. Enseguida se rio, mostrándome unos dientes perfectamente alineados. Y eso no fue lo peor, mi entrepierna respondió a esa sonrisa.)

    -No claro, aprovecho para ir a por la compra bien equipado, y aunque no se puede hacer running… Nadie me puede decir que no vaya andando rápido ¿Verdad? Jejeje (En ese momento me volvió a mostrar una sonrisa segura, franca, directa… Y ahí lo pude ver mirándome mientras mis dedos se clavaban en mi coño días atrás… Fueron segundos, pero un calor inundó mi entrepierna. En ese momento estuve segura de que sabía que yo era aquella zorra que se había dado gusto delante de él y justo después de sentir aquella excitación, me sentí súper avergonzada, bajé la cabeza e intenté que pasara rápido y que todo acabara…)

    -Bien pensado, si… ¿Entras entonces?

    Entro delante de mí y aunque se notaba su camiseta bien sudada, aún pude oler el aroma de su perfume. Entró cerca de mí, y lo mismo fueron imaginaciones mías pero su mano rozó levemente mi cintura, no había excusas para ello, puesto que la puerta era lo suficientemente grande para que pasáramos los dos. No pude evitarlo y no evité ni por asomo el contacto, aunque mi mirada seguía clavada en el suelo, quería sentir como sus manos me tocaban.

    Una vez pasó, me fijé en el bien colocado trasero que le hacían las mallas y menos mal que estaba de espaldas a mí, porque mi mente no pudo reprimir morderme el labio como si de una auténtica quinceañera se tratara. Con suerte, él caminaría hacia delante, puesto que a su casa se accedía por un ascensor diferente a la mía, pero para mi sorpresa, mientras íbamos andando dijo…

    -Oye… ¿Tu eres la hija del presidente de la comunidad, ¿verdad?

    -Si… si ¿Por?

    -Acabo de caer en que el otro día recibí una carta por error de algún vecino y creo que lo mejor es que se la entregue al presidente.

    -Ah pues… si, la verdad es que es lo mejor, si.

    En ese momento él aprovechó para quedarse quieto y esperar a que le adelantara. Nada más pasar por su lado pude sentir su mirada en mi cuerpo, o eran las ganas que tenía de sentir como aquel hombre me mirara. Por suerte, el ascensor estaba en la misma planta y no tuvimos que esperar mucho. Por desgracia, el entro antes que yo en el ascensor colocándose detrás de mí. Ahí ya no era un deseo infundado. Podía notar su respiración sobre mi nuca. Giré un par de veces la cabeza, y pude ver como su mirada estaba clavada en mis nalgas, lo que aproveché para subirme el vaquero y ajustarlo aún más a mis glúteos.

    -Se nota que te cuidas, señorita… ¿Qué deporte haces? Para recomendárselo a mi mujer más que nada.

    Sin poder girarme de la mezcla de vergüenza y excitación que sentía le respondí.

    -Hago bastante spinning y ahora me he aficionado al crossfit con mi novio.

    -Ya entiendo, un chico listo tu novio. Se nota que lo echas de menos.

    -Bueno…

    Justo cuando dije esa palabra, sabía que me había equivocado, pero fue instintivo.

    -¿Ah no? A juzgar por como “tomabas” el sol la otra mañana, yo diría que lo echas bastante de menos…

    Intenté balbucear una primera excusa, pero enseguida me agarro de mi muñeca con una de sus grandes manos. El tacto de su piel a la mía hizo que se me erizaran los vellos de la nuca, sentí como mi boca salivaba…

    -No tienes que excusarse, de veras, no sé si igual que tú, pero disfruté de lo lindo con tu exhibición. No todos los días se puede ver a una mujer como tu gozando de sus propios dedos…

    Mi cuerpo estaba paralizado, miré, quedaban aún dos pisos, algo dentro de mi quería salir corriendo de ese ascensor, pero el aroma que ese hombre emanaba detrás de mí, su mano agarrando mi muñeca… Y entonces dio un paso al frente, su cuerpo rozaba el mío, y sentí su entrepierna, abultada rozando una de mis nalgas. El calor apretaba mi garganta, notaba como me faltaba el aire y sin pensar dejé caer la bolsa que llevaba.

    -Por favor, no le diga nada a mis padres, yo… me dejé llevar.

    -¿Por qué me tomas? Por supuesto que no pienso decir nada, me encanta guardar un secreto, pero claro, hay algo que me gusta aún más…

    -¿El qué?

    Estaba entrando en su juego, lo sabía, pero mi cuerpo reaccionaba por mí, mi mente era incapaz de pensar en nada que fuera seguir sintiendo sensaciones. En ese momento, su otra mano se posó en mi cadera, me atrajo hacía él, que quedó apoyado sobre el espejo del ascensor, y mi cuerpo sobre el suyo

    -Que te dejes llevar…

    Me colocó mis manos en ambas paredes del ascensor, llevó las suyas a la parte baja de mis caderas, sin llegar a tocar mis nalgas y apretó un poco más mi culo contra lo que a todas luces era un paquete importante. Suspiré de forma casi infantil y en ese momento sentí como mis braguitas empezaban a humedecerse

    -¿Hace cuánto no sientes una de estas, señorita? ¿No quieres dejarte llevar?

    De nuevo mi cuerpo siguió su camino, me aferré a las paredes del ascensor, puse de puntillas mis pies y me “monté” encima del bulto. Me apreté contra ella sintiendo como su tela de licra rozaba el interior de mis muslos haciendo que mi coño empezara más que a humedecerse a emanar gran cantidad de fluido… No podía articular palabra, así que solo puse asentir con la cabeza. Él reaccionó pasando sus manos hacia adelante, agarrando con firmeza la parte entre mis muslos y mi entrepierna, apretada sobremanera por mis vaqueros. Me subía y me bajaba sobre tu polla, durísima a esas alturas mientras yo notaba como mis labios estaban ya bastante hinchados debajo de aquella ropa. Mis suspiros solo conseguían darle alas a aquel hombre, que con tanta maestría me estaba llevando a su terreno. En ese momento, como si despertara de un sueño erótico, las puertas se abrieron. Gracias a Dios nadie estaba esperando. Una de sus manos agarró mi cuello por delante, llevando mi nuca hacia su boca.

    -Dime, ¿Quieres salir?

    Sin capaz de pensar más allá del placer que estaba sintiendo entre mis piernas respondí

    -No…

    -¿Te gustó masturbarte para mí?

    -Si…

    Supe que no había vuelta atrás, me giró completamente, poniéndome frente al ascensor, con su cabeza apoyada en uno de mis hombros, agarro con una mano mi culo, lo apretó tan fuerte que sentí como sus dedos se clavaban en mi carne.

    -Joder que culazo tienes niña…

    Estaba más cachonda de lo que había estado nunca en mi vida, le agarré la otra mano y la llevé mi boca para meterme uno de sus dedos. Lo lamí, mientras le miraba a los ojos a través del espejo, y sentía como tocaba mi culo con ansias.

    -¿Quieres volver a hacerlo, nena? Vamos… No me digas que no tienes ganas de correrte para mi…

    Asentí, como una perra en celo. Podía sentir su polla cada vez más dura dando en la parte alta de mi culo. Notaba como él estaba cada vez más fuera de sí, mientras lamía sus dedos imaginando que era esa tremenda polla, su otra mano ya no me tocaba, me manoseaba con un deseo que no había sentido nunca en otras manos. Me estaba poniendo tan cachonda sentir como aquel hombre tomaba el control de mi excitación que metí una mano dentro de mis vaqueros y cerré los ojos…

    -No cierres los ojos zorrita, quiero que me mires en todo momento…

    En ese segundo me pude ver en el espejo, con una mano metida en los vaqueros y con la otra apoyada sobre su cabeza mientras él se agarraba el culo con una mano mientras la otra empezaba a subir por mi camiseta. Dios, no me había sentido tan mojada en mi vida, enseguida noté como mis dedos se llenaban de flujo. Metí tres dedos entre mis vaqueros y mis bragas, y al instante noté como la tela de mis bragas empapadas se colaba entre los labios hinchados de mi coño. Pude notar el flujo cayendo por mis muslos.

    Mi vecino coló con fuerza su mano dentro de mi camiseta y de mi sujetador y agarró una de mis tetas con toda su fuerza.

    -Estaba ya cansado de los tetones de mi mujer, esto es lo que quiero, una tetita dura como esta…

    Aquel animal estaba consiguiendo hacerme sentir como una autentica zorra.

    -¿Te gustan mis tetas?

    Y le lancé una mirada que fue un reclamo a voces de que quería que me las comiera. Pero no picó, en cambio aferró mi pezón entre dos falanges para presionarlos con una maestría que hizo que mi coño casi volviera a estallar.

    -Cállate y se una zorra buena, bájate los pantalones, quiero ver que bragas te has puesto hoy…

    Ese comentario, mientras su aliento se clavaba en mi nuca hizo que casi me corriera del gusto, teniendo que separar mis muslos para dejar de notar el tacto de mis bragas empapadas sobre mi coño y evitar tener un orgasmo monumental a las primeras de cambio. Estaba ida, como en shock, solo quería gozar, apoyé la cabeza sobre el espejo, arqueé la espalda para pegar mi culo sobre su polla y como pude susurré.

    -Bájamelos tú si tantas ganas tienes de verme las bragas.

    El reaccionó más rápido de lo que me esperaba y sin estar prevenida me agarró del pelo poniendo mi cabeza sobre tu pecho. En ese momento pude ver su sonrisa triunfal. Sabía que estaría dispuesta a todo. Sus manos deshicieron rápidamente el botón y con una fuerte sacudida me bajó los pantalones, dejando a la vista mis bragas negras de encaje (Soy una chica que cuida bastante su ropa interior sea cual fuere el momento gracias a Dios).

    -Joder, pero que culazo tienes hija de perra…

    Quería más, quería sentir como mi clítoris palpitaba sobre mis dedos, agarrarlo con firmeza y estrujarlo hasta desmayarme de placer. Pude ver como él se separaba de mí para poder ver como mayor claridad mi culo tapado solo con mis bragas. Agarró la tela enrollándola sobre sus dedos en mi cadera, haciendo que mis bragas se entremetieran entre mis nalgas haciendo que la presión de mis dedos en mi coño aumentara. En esos momentos mis gemidos ya no eran ahogados, gemía sin temor a que nadie me oyera.

    -No puedo más…

    El flexiono sus rodillas para ponerme su polla sobre mis muslos desnudos.

    -¿Te gusta mi polla, señorita? Quiero que te folles el coño mientras notas mi polla entre tus muslos.

    Obedecí, metí tres dedos en mi coño ida completamente por el placer que me producía aquel animal. Noté como se sacó la polla de las mallas y me la metía entre los muslos.

    -Ve voy a correr en tus bragas cabrona…

    Tuve que sacar mis dedos al notar como el flujo salía disparado de mi coño. Jamás había experimentado la sensación de estar meándome mientras me corría e intenté evitarlo, pero él se dio cuenta, me volteó poniéndome frente a él y mientras me besaba el cuello su mano accedió a mi coño. Tensé los muslos preparándome para recibir sus dedos, pero por el contrario empezó a lanzarme suaves sacudidas de sus dedos contra mi clítoris. Creía que me desmayaba de placer, cada sacudida de sus dedos contra mi clítoris hinchado era un látigo de placer. Me apoyé sobre tu cuello, dejando caer todo mi peso sobre su mano. Su lengua caliente recorría mi cuello, abriendo la boca y mordiendo mi piel.

    -Joder así, así, no pares por favor no pares…

    De nuevo otro chorro de fluido cayó sobre su mano y otro y otro… Mi cuerpo se convulsionaba a cada chorro que salía por mi coño.

    -Dios que rica estás zorra.

    Su voz cambió, con su otra mano se estaba pajeando y no pudo aguantar ver como me corría sobre su mano. Acerqué mi mano hasta su polla y la agarré con decisión.

    -Deja que te ayude eso es. Quiero que te corras encima de mí joder.

    Llevó su cabeza a mis tetas, totalmente fuera de mi camiseta y mientras le pajeaba me devoró las tetas. Menos mal que no tardó mucho en echar el primer chorro de semen contra mi vientre, pues sentía que casi me las iba a arrancar. Cuando sentí ese primer chorro apreté más su piel hasta el fondo unos segundos y después aceleré haciendo que un segundo, tercer, cuarto y hasta quinto chorro de semen bañaran mi vientre mientras él gruñía entre mis tetas…

    No sé cuantos segundos o minutos pasaron, solo recuerdo, subirme rápidamente los vaqueros, agarrar la carta del suelo y salir del ascensor. Miré hacia atrás y lo pude ver, no había sido consciente hasta entonces, pero ahí de pie, con las mallas bajadas, el vecino me ofrecía la visión de una polla verdaderamente gruesa. Sonreía maliciosamente. Salí corriendo entrando en casa. Para mi alegría mis padres estaban en el salón así que subí las escaleras y me metí en mi habitación aún sin poder recobrar el aliento…

    Espero que os haya gustado esta segunda parte que se ha hecho de rogar.

    Para cualquier sugerencia o anotación dejo mi mail [email protected].

  • Sueño lésbico

    Sueño lésbico

    Sé que aun que no me lo diga, más de una lectora se va a ver identificada con este relato. Cuando acabas de hacer tus labores domésticas, tienes todo recogido y te tumbas 5 minutos en el sofá, pueden ocurrir de todo.

    Hacía unos meses que se habían conocido, quizás el suficiente tiempo como para haberse dado cuenta que su relación era diferente al resto de las amistades que hasta aquel entonces habían tenido.

    Raquel estaba en el salón de su casa como cada mañana después de haber hecho su casa, escuchando música, sentada, ojeando el móvil, de pronto algo le llamó la atención y le pareció muy curioso, la mayoría de los mensajes eran de María. No le dio mayor importancia.

    María hacia poco tiempo que había llegado a su ciudad y todavía estaba algo confusa por el lío de la mudanza y el cambio de amistades, de clima… En el sur siempre estaba soleado, pocos días de lluvia, en cambio en Madrid el frío era tremendo, apenas conocía gente de su edad, pero tampoco lo echaba de menos porque contaba con el apoyo incondicional de su amiga Raquel.

    Ambas tenían las ideas muy claras, todo lo que se decían por redes sociales se quedaba en las redes sociales. Tanto María como Raquel eran dos mujeres heterosexuales a las cuales siempre les había llamado la atención el morbo de tener alguna experiencia lésbica.

    Un día decidieron quedar y se encontraban las dos amigas tomando una cerveza, charlando de banalidades, cuando María, sin saber por qué, se quedó mirando fijamente a los ojos a su compañera de velada, embobada, a lo que Raquel le respondió con una sonrisa y chasqueó los dedos para que despertase. Reaccionó de la forma más natural que pudo y le hizo saber lo bonito que eran sus ojos, tanto que se quedaba prendada mirándola mientras hablaba, Raquel se puso algo colorada y comenzaron a reír.

    Pasaban los días, cualquier pretexto era suficiente para quedar y verse un rato, cuando no estaban juntas era como si les faltase algo, comenzaron a bromear con que parecían novias, pero siempre sin sospechar hasta qué punto necesitaban aquellas tardes de charlas.

    Una tarde, Raquel fue a la casa de María, mientras estaban hablando surgió la conversación por la cual las dos coincidieron en su grupo favorito venía a la cuidad a dar unos conciertos, sin pensarlo dos veces fueron a por las entradas y comenzaron a planear el día del concierto. El piso de María estaba mucho más cerca de la sala del concierto, así que después de la juerga se quedarían en su piso, así, si bebían más de la cuenta Raquel no tendría problemas para llegar a casa.

    Todo parecía perfecto.

    Una noche, ya se había acostado Raquel, cuando le llegó un mensaje a su móvil. Le entró una especie de alegría extraña al ver que era de su amiga, y decía:

    – ¿Estoy nerviosa por el concertó, tu no? ¿Y te has dado cuenta que esa noche dormirás en mi casa?

    Aquel mensaje dio pie a que Raquel comenzara a fantasear con situaciones imaginarias sobre esa noche, en todo el tiempo que se conocían siempre había pensado que dormir juntas no tenía mayor importancia, puesto que era algo muy común entre amigas, pero le iba a costar mucho tenerla a su lado plácidamente dormida, con ese olor tan agradable, tan dulce, y contenerse el deseo de darle un abrazo sin que pareciera algo más.

    No sabía que le ocurría con ella y tampoco si María compartía ese comedero de cabeza.

    Llego el día y el concierto fue estupendo. Exultantes por el ambiente, la música y las copas hicieron que las horas rápidamente y el concierto llegó a su fin. Caminaban por la calle para llegar al piso de María, que vivía sola, el lugar no era demasiado ostentoso, tipio piso de recién mudada, pero si acogedor y agradable, el frío apretaba y el modelito que lucían no era demasiado apropiado a la temperatura reinante. Apresuraron el paso.

    Raquel llevaba puesto un vestido negro ajustado, muy cortito y una chaqueta, con sus tacones y la melena de pelo negro y sedoso deslizándose por sus hombros.

    María llevaba un vestido igual pero blanco, era su opuesto, también con una chaqueta y tacones blancos a juego, preciosa, pelo castaño largo, parecía un ángel…

    Iban muy conjuntadas y muy monas, y con aquellos modelitos ajustados a sus curvas, los hombres las miraban con deseo y las mujeres con envidia. Estuvieron andando unos diez minutos y por fin llegaron al piso. Se dirigieron a la habitación, pusieron la calefacción a tope y se desvistieron. Era la primera vez que se veían en ropa interior y ambas se sonrojaron un poco. Se sumergieron bajo el edredón de plumas. Estaban un poco tensas, y a María le pareció una buena manera de romper la tensión el comenzar a hacerle cosquillas a Raquel.

    Entre risas y carcajadas, por algún motivo pararon radicalmente y se quedaron mirándose fijamente. Los ojos color verdes de Raquel se perdían en el azul eléctrico de los ojos de María, sus rostros estaban a pocos centímetros y un segundo después sus labios se rozaron por primera vez, fue un beso fugaz, un piquito, suave y delicado a la par que tímido. Ninguna de las dos sabía cómo iba a reaccionar la otra. Sentían que sus corazones iban a reventar de un momento a otro por el torrente de emociones que las embarga. Lejos de arrepentirse de lo que acababa de suceder, las dos amigas se sintieron más unidas y se abrazaron como si lo necesitaran para seguir vivas. El roce de sus pieles les producía miles de sensaciones nuevas y continuaron besándose. María paseaba su lengua tímidamente por los labios de Raquel, se fundieron sus bocas en un caos de tensión contenida que desembocaba en pasión sin medida distribuida por sus besos.

    María paseaba sus manos lentamente por la espalda de su amiga, memorizando cada centímetro, acariciándola con delicadeza extrema, saboreando el tacto de su piel de melocotón mientras seguían besándose. Bajo aquel edredón, la temperatura subía y subía cade vez más.

    Disimuladamente María le desabrochó el sujetador y liberó sus pechos, equilibradamente compuestos, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños, Raquel tenía un cuerpo divino, morena, labios carnosos, de expresión intensa, y en aquellos momentos se encontraba a total disposición de María que en aquellos pezones erectos de sus amiga empezó a rozar con sus dedos, la cual se mostraba receptiva y entregada a la impulsividad de su compañera, que tomando el control, se colocó sobre ella y con sus labios comenzó a sembrar de besos el pecho de Raquel; la recorrió con sus manos, hasta que se decidió a rozar levemente la entrepierna y temblorosa continuó, percatándose del grado de excitación al que había llegado gracias a las caricias de María.

    Sus miradas se cruzaron una vez más, como si buscara el consentimiento en los ojos de Raquel. Decidida fue bajando entre besos y caricias por aquel maravilloso cuerpo.

    Raquel sentía el calor de las mejillas de María entre sus piernas, sentía como respiraba, sus labios aproximándose a su sexo. Lentamente aumentaba la presión que estaba ejerciendo con la punta de su lengua sobre el clítoris de ella, y con movimientos varios se hundía más y más, percibiendo el goce de aquella escultural mujer que se agitaba, sintiendo cómo se contorsionaba y cómo pedía más, disfrutando cada lametón que le daba, y la sentía bajo su voluntad, bajo su orden, el ritmo era frenético, la pasión inundaba el ambiente, el silencio de la habitación se veía interrumpido por los jadeos y gemidos de Raquel, quien finalmente alcanzó un éxtasis en el que todo su cuerpo vibro, estallando en una felicidad indescriptible. Temblaba de emoción.

    María se sintió orgullosa al recibir un abrazo con las piernas de Raquel, lleno de gratitud y complicidad.

    En ese momento, Raquel vio interrumpido su sueño tan pícaro con una llamada de teléfono, algo confusa se levantó del sofá, se había quedado dormida sin darse cuenta, todo había sido un sueño, ¡y vaya sueño! Pensó. Agarro el móvil, vio quien la llamaba….

    Era María…

    Espero que os haya gustado y si te identificas, me alegro.

  • Follando con mi abuelo

    Follando con mi abuelo

    Me llamo Camila, tengo 19 años, este es mi primer relato, soy gay de closet, un poco gordito debido a hecho unas nalgas un poco grandes espero les guste.

    Bueno lo que les voy a contar me pasó hace unos días, cuando me tocó irme a quedar a casa de mi abuelo.

    Mi abuelo vive en un pueblo cerca de la ciudad donde vivo y pues yo voy y me quedo cada 15 días los fines de semana.

    Hace una semana fui lo más de normal y pues ya se imaginarán a mi me gusta la verga cómo la puta que soy, pero pues nunca había visto a mi abuelo como este fin de semana en su casa.

    Llegue a su casa y me recibió y pues estudiando platicando un rato hasta que llego la noche, yo ya me iba a dormir y pues fui al cuarto donde siempre me quedo y me quite la ropa, yo duermo en bóxer, pero mis bóxer siempre los compro apretados y como tengo unas nalgas un poco grandes se me salen y me quedan como cacheteros y me encanta porque me veo como una perrita.

    En fin me quede dormido y a la madrugada me levante por una vaso de agua, cuando llegue a la cocina vi que el tv de la sala estaba prendido y pues dije debe ser que mi abuelo se quedó dormido, voy a pagar la tv entonces me acerco hasta el mueble y veo a mi abuelo viendo una porno.

    Cuando alcanzó a verlo a él tenía su verga en la mano, lo cual me excitó mucho era una verga blanca de unos 16 o 17 cm gruesa y un poco torcida, entonces me quede degustando esa rica verga y cuando me iba a devolver hice caer el vaso en el que estaba tomando agua, él se paró y me dijo te pasa algo yo estaba un poco nerviosa y le respondí “nada abue tranquilo”

    Se me acercó y prendió la luz y yo me había calentando que me agaché a recoger el desastre cuando vio mi culo no sé qué le pasó y llego y me cogió de mis nalgas y me levanto.

    -Abue, cuidado amor te cortas

    Yo sentí sus manos en mis nalgas y me calenté más.

    -Por lo que veo eres toda una perrita -y se cogia su bulto.

    Me Rei pícaramente y me dijo

    -ven enséñame que sabes hacer con esa boquita

    Y se bajó su pantaloneta y veo yo esa verga hermosa y me agaché y le di unas mamada sabia rico estaba un poco chorreado y después de un rato mamando me dijo:

    -ven enséñame tu culito

    Y me baje el bóxer y que me dijo que nalgas tan ricas, me puse en posición de perrito y me daba unas buenas nalgadas y me metía el dedito y pues me dijo quieres que te la meta bebe y yo claro que tenía unas ganas de sentir ese trozo de carne en mis nalgas fuimos a su cama y se sentó le seguí chupando la verga y ya quiera meterme eso y pues le iba a poner un condón, pero dije que más da somos familia y lo hicimos a pelo.

    Cogí de mi bolso vaselina por qué soy una perra calenturienta que si me encuentro a alguien que me quiera dar por el culo para eso tengo mi vaselina y mis condones, en fin, cojo vaselina y me echo en mi ano y le echo en su verga y comienzo a dar sentones en esa verga hasta que entró completa.

    Fue algo complicado porque llevaba más de un mes si follar y estaba un poco cerrado. Cuando entró completa comencé a cabalgar esa verga, después él se hizo arriba y me cogió con una perra sumisa y cuando sentí chorros de leche en mi culo quedé satisfecha.

    Y pues nos dormimos los dos juntos sin ropa y quedamos que siempre que fuera donde el sería su perra para que el guarde me secreto de que soy gay.

    Próximo relato les contaré cómo me follo a mi primo!!!

    Si quieren ver el video con mi abuelo escríbanme al correo, yo sé los envío [email protected]. Espero les haya gustado.

  • Esclavo de ti mismo (C 14): Quinta cacería (P 1): hipnocopio

    Esclavo de ti mismo (C 14): Quinta cacería (P 1): hipnocopio

    Era casi media noche y Mauro Mendosa se despertó al escuchar el fuerte chirrido del timbre.  Se levantó de la cama aún algo adormilado, se aproximó a la ventana y miró a Nicolás y Sergio en la entrada de su casa.

    Se frotó los ojos confundido y corrió la claraboya. Al percatarse del ruido Sergio alzó el rostro e hizo un gesto clave, el cual indicaba que algo pasaba. Mendosa asintió y se volvió para ponerse algo de ropa, solía dormir únicamente con short, por lo que tomó una camiseta y bajó rápidamente las escaleras.

    Mauro Mendosa abrió la puerta, un poco preocupado por lo que podrían querer decirle. ¿Habría ocurrido algo con Alfonso?, ¿con algún cliente?, ¿le habrían disparado a uno de sus compañeros?

    -Sergio, Nico, ¿qué sucede? ¿todo está bien?-

    Inquirió Mendosa al quedar cara a cara con sus compañeros.

    -Si, necesitamos que nos ayudes con algo.

    Respondió Nicolás.

    -¿Con qué? ¿Qué ocurre?-

    Preguntó Mendosa desconcertado.

    -Con esto.-

    Dijo Sergio, al momento que alzaba sus manos y revelaba una especie de poliedro fluorescente, que expedía varias luces brillantes que deslumbraron a Mauro.

    -¡Oye apaga esas luces!-

    Dijo Mendosa lastimado por el fuerte resplandor.

    Sergio apretó un botón en la base del poliedro y este incrementó su destello, mismo que se vio reflejado en los ojos cafés de Mendosa, los cuales adquirieron una mirada ausente.

    -Hermosas luces… Hermosas luces… luces…-

    Repitió Mendosa con una voz algo perdida y con los destellos sobre sus pupilas.

    -Necesito que nos ayudes, Mauro. ¿puedes hacerlo?-

    Preguntó Sergio.

    -Ssi… Claro… Lo que necesiten… ¿cómo puedo ayudarlos?-

    Respondió Mendosa con expresión complaciente.

    -Ven conmigo, vamos al auto, alguien muy especial quiere verte. Pero no dejes de mirar las luces. Las luces son hermosas Mendosa, debes mirarlas. No quieres dejar de mirarlas-

    Indicó el brasileño.

    -Ssi… Iré contigo… Sssi. Las luces son hermosas… Debo mirarlas… No quiero dejar de mirarlas…-

    Respondió Mendosa con la vista totalmente fija en el destello.

    -Ya está hipnotizado. Ve por las llaves de su auto, su dinero y su móvil. Suele dejar todo en la habitación, no te tardes, nuestro Amo nos espera.-

    Señaló Sergio a Nicolás.

    -Si, yo sirvo a mi Amo, no demoraré.-

    Afirmó el mexicano.

    El brasileño condujo a Mendosa hasta la camioneta de Alfonso y se subió con él en la parte trasera. En ningún momento dejó de sostener el poliedro que emitía esas luces brillantes, que Mauro contemplaba totalmente fascinado y absorto

    Nicolás tardó un par de minutos y se subió en el asiento del conductor, para arrancar enseguida. El móvil del mexicano sonó y entonces usó el manos libres para contestar.

    -¿Todo salió conforme al plan?-

    Inquirió la voz sonámbula de Alfonso a través de los altoparlantes de la camioneta.

    -Sssi, mi capataz… Puedes comunicar a mi Amo que todo se hizo como mandó… Sorprendimos a Mendosa… Sergio usó el hipnocopio… Mendosa Está en trance… Y Sergio lo mantiene hipnotizado como mi Amo ordenó…-

    Exclamó Nicolás.

    -Es perfecto… Nuestro Amo los espera ansioso… ¿Tomaste las cosas que el Amo requirió?-

    Preguntó el sonámbulo.

    -Sssi, Mi capataz… Tengo todo… Y nadie nos vio… Todo fue hecho conforme a la voluntad de mi Amo…-

    Afirmó Nicolás.

    -¿Qué ropa trae puesta Mendosa?-

    Inquirió Alfonso.

    -Sólo un short, una camiseta y pantuflas…

    Describió Nicolás.

    -Bien… En cuanto lleguen, Les daré más instrucciones … No apaguen el hipnocopio en ningún momento… Mendosa debe de mirarlo todo el tiempo…-

    Indicó Alfonso.

    -“Ssi, mi capataz”-

    Respondieron Sergio y Nicolás al unísono.

    Tras dar aquella instrucción Alfonso colgó el teléfono y Nicolás aceleró a través de la ciudad desierta a aquellas horas. Condujo por la avenida de las Acacias y subió el puente que lo sacaría hacia la autopista. Sergio sostuvo en todo momento el hipnocopio y Mendosa lo observaba totalmente ensimismado por las luces.

    Después de unos quince minutos, se incorporaron a aquella desviación que los regresaba a la morada del perverso Marcus. El portón de hierro se abrió en cuanto la camioneta se aproximó, cruzó rápidamente el jardín y Nicolás se estacionó en el aparcamiento enfrente de la casona.

    Sergio abrió la portezuela, bajó de la camioneta y Mendosa lo siguió completamente hipnotizado. Los tres hombres caminaron hacia la puerta de madera, misma que se hallaba emparejada.

    Nicolás cerró detrás de sí y los tres se toparon con Hércules y Sam que custodiaban la entrada.

    -Hemos regresado… La nueva presa fue cazada con éxito… Un hombre más, listo para ser convertido en un esclavo de mi Amo…-

    Afirmó el mexicano.

    Antes de que Hércules o Sam pudieran responder, Alfonso salió desde la sala completamente desnudo y en su postura de sonámbulo. -El Amo espera a su nuevo esclavo… Dame el hipnocopio Sergio… Mi Amo lo aguarda en la sala Sicodélica… Yo lo llevaré desde aquí…-

    Indicó el castaño.

    -Ssi, mi capataz… Lo que mi maestro mande… Toma…-

    Aceptó el brasileño mientras entregaba el hipnocopio al sonámbulo.

    -¿Qué debemos hacer ahora mi capataz?… ¿Cuáles son las órdenes de mi Amo?…-

    Preguntó Nicolás con voz pausada.

    -El Amo Quiere que cada uno de ustedes Vaya a sus habitaciones… Después pónganse las ropas especiales … Luego vayan al salón…Allí esperen a que mi Amo y yo lleguemos… Esas son las órdenes… Vayan a cumplirlas, nuestro Amo no quiere retrasos…-

    Señaló Alfonso, a la vez que se daba la media vuelta y comenzaba a caminar a través de la mansión, con el brazo derecho en lo alto en el que sostenía el hipnocopio.

    Mendosa y Alfonso subieron las escaleras seguidos de cerca por los otros cuatro, aunque al alcanzar la segunda planta los demás continuaron hacia sus alcobas.

    El sonámbulo se detuvo delante de la puerta del salón Kaligari, mas antes de ingresar se giró y sin soltar en ningún momento el hipnocopio, empezó a examinar el cuerpo de Mendosa con su mano izquierda.

    -Quieres encuerarte Mendosa… Quieres romperte la playera… Quieres Romperte el short… Quieres quitarte las pantuflas… Quieres quedarte completamente encuerado para Marcus, tu nuevo Amo…-

    Ordenó Alfonso.

    -Quiero encuerarme … Quiero romper mi playera… Quiero romper mi short… Quiero quitarme las pantuflas… Quiero quedarme completamente encuerado para Marcus, mi nuevo Amo…-

    Respondió Mendosa al tiempo que se rasgaba las prendas y arrojaba sus pantuflas hacia atrás.

    -Bien… Bien hecho… Así está bien… Debes estar encuerado para nuestro Amo … él quiere verte completamente desnudo… Ahora Continúa con tu vista en las luces… Míralas y duerme profundamente… Te gusta estar hipnotizado… Te gusta estar encuerado… Te gusta estar bajo trance…-

    Instruyó el sonámbulo, mientras recorría el cuerpo de Mendosa y apretaba su miembro.

    -Sssi… Debo volver a mirar las luces… Mirarlas y dormir profundamente… Me gusta estar hipnotizado… Me gusta estar encuerado… Me gusta estar en trance…-

    Contestó Mendosa con voz soñolienta y un fuerte gemido, al sentir la mano dura de Alfonso frotar su miembro.

    -Bien… Muy bien… Así está bien… Ponlo duro… a nuestro Amo le gusta duro y firme… Mira las luces y sígueme… No dejes de mirar las luces y ponerte duro y firme… Estás hipnotizado… Te gusta estar hipnotizado… Te gusta estar encuerado… Debes ponerte duro y firme…-

    Repitió Alfonso tras comenzar a guiar a Mendosa sujeto del pene y con el hipnocopio directamente sobre su rostro.

    -Sssi… Mirar las luces… Ponerme duro y firme… Seguirte… Estoy hipnotizado… Me gusta estar hipnotizado… Me gusta estar encuerado… Sssi, debo ponerme duro y firme… Duro y firme…-

    Contestó Mendosa mientras caminaba detrás del castaño hacia la sala Sicodélica.

    Marcus yacía allí con una sonrisa de triunfo, la cual ensanchó al contemplar al sonámbulo conducir a su nueva presa sujetada del miembro y a Mendosa con una increíble erección.

    -Muy bien hecho mi predilecto, veo que traes a mi nueva propiedad y que ya le enseñas quien es el jefe. Dame el hipnocopio.-

    Ordenó Marcus tras fundirle un apasionado beso en la boca a Alfonso.

    El sonámbulo correspondió al beso, extendió el instrumento y se quedó a espera de más indicaciones. -Tu eres Mi Amo… Sólo existo para complacerte y nada más… Soy tu capataz… Me complace cazar hombres para ti… Disfruto quitarles la ropa para ti… Volverles homosexuales y doblegarlos para ti… Me complace que uses mi cuerpo… Que me obligues a hacer lo que quieras… Dime tu voluntad mi Amo… De inmediato la haré…-

    Respondió Alfonso con devoción, mientras frotaba su miembro contra el de Marcus.

    -Por eso eres mi predilecto mi sonámbulo, porque disfrutas ser mi esclavo y disfrutas someter a otros hombres. ¡Cómo me excitas! Aguarda un minuto, enseguida estoy contigo. Entre tanto camina por la habitación con tus pasos de sonámbulo. Quiero ver tu cuerpo en su plenitud, mientras esclavizo a Mendosa, quiero que me inspires.-

    Solicitó Marcus.

    -Ssi… Mi Amo… Soy un objeto para tu placer… Te inspiraré para que esclavices a Mendosa… Sssi Mi Amo…-

    Respondió Alfonso luego de efectuar una reverencia y comenzar a andar por la sala con su andar de sonámbulo.

    Marcus contempló de manera alternada el cuerpo desnudo de Alfonso y el de Mendosa por unos minutos, antes de poner toda su atención sobre Mauro. -Ahora te tengo encuerado y totalmente en mi poder Mauro Mendosa. Tú serás el sexto en unirte a mi harem, debes estar orgulloso y complacido. ¿cómo te sientes?-

    Cuestionó Marcus, mientras evaluaba de arriba a abajo el bien formado cuerpo de Mendosa.

    -Bien… Muy bien… Orgulloso y complacido…-

    Contestó Mendosa en un tono monocorde, aunque sin dejar de mirar las luces y con su grueso glande palpitante y duro como una vara de hierro.

    -¿Te gusta estar hipnotizado? ¿Disfrutas estar encuerado? ¿Te gusta estar en trance?-

    Preguntó Marcus mientras se aproximaba unos pasos.

    -Sssi… Me gusta estar hipnotizado… Sssi… Disfruto estar encuerado… Sssi, me gusta estar en trance… Sii…-

    Contestó Mendosa con una voz carente de toda inflexión.

    -¿Estás listo para complacerme?-

    Inquirió Marcus.

    -Sssi, listo para complacerte… ¿cómo puedo complacerte?, ¿Qué deseas que haga?…-

    Aceptó Mendosa.

    -Bien, así me gusta, que estés dispuesto. Me gusta que te portes bien. Te portas bien, muy bien. Ahora por favor camina hacia tu derecha, recárgate sobre la pared del fondo, pero no dejes de mirar las luces.- Te gusta estar hipnotizado. Te gusta estar encuerado. Te gusta complacerme.-

    Indicó Marcus, mientras avanzaba a la par de Mendosa para guiarlo.

    -Ssi… las luces… No debo dejar de mirarlas… No debo dejar de mirarlas… Me gusta estar hipnotizado… Me gusta estar encuerado… Me gusta complacerte… Ssi…-

    Aceptó Mendosa en un leve murmullo, al tiempo que caminaba hacia la pared.

    Cuando Mendosa estuvo junto al muro, Marcus atravesó la habitación y apretó un botón en una de las paredes. Un panel de control se deslizó desde el muro y Marcus tiró de una palanca de color rojo. Varios grilletes emergieron con un fuerte chasquido del muro donde Mendosa estaba apoyado y apresaron las piernas,, brazos, cadera y cuello del argentino.

    Marcus entonces apretó cinco veces un gran interruptor naranja, tras lo que las lámparas y la pantalla tridimensional se apagaron, para ser sustituidas por una serie de luces estroboscópicas empotradas en el techo. Las luces emitían un resplandor amarillo y blanco muy tenue que se mantuvo fijo, mientras las pequeñas bombillas se inclinaban directamente hacia el rostro de Mendosa.

    -Alfonso ven aquí, acércate.-

    Ordenó Marcus al sonámbulo.

    Al escuchar la orden, Alfonso acató de inmediato y avanzó hacia su Amo. Marcus lo abrazó por la cadera, al tiempo que apagaba el hipnocopio y se apoderaba de sus labios.

    Luego de un par de segundos, Mendosa parpadeó desconcertado y miró confundido a su alrededor. -¿Qué, dónde estoy?, ¿qué está pasando?, ¿qué?-

    -Marcus despegó su boca de Alfonso e interrumpió la fuerte succión que ejercía sobre el sonámbulo. -Hola Mendosa, bienvenido a mi casa y se también bienvenido a tu nueva esclavitud. Debo decir que tienes un cuerpazo, eres aún más guapo que Alfonso, casi tan guapo como Nicolás. ¡Ya quiero cogerte!-

    Saludó Marcus con malicia a Mendosa, mientras sostenía entre sus manos el rígido miembro de Alfonso.

    -¿Qué carajos? ¿Marcus? ¿qué es esto?… Pero ¿Alfonso por qué estás desnudo?, ¿qué cojones?, ¿qué? ¿por qué estoy encadenado? ¿por qué me tienen encuerado? ¡libérenme ahora!-

    Exigió Mendosa entre gritos.

    -¡Silencio!, debes guardar respeto a tu nuevo Amo.-

    Gritó Marcus de forma autoritaria.

    ¡-¿Qué mierda!, ¿Mi nuevo Amo?, vete al infierno. ¿de qué cojones hablas?, desencadéname ya!-

    Volvió a exigir el argentino , mientras forzaba los grilletes.

    -Mi sonámbulo, disciplina a novato, por favor.-

    Pidió Marcus al castaño, al tiempo que besaba y chupaba su cuello.

    -Ssi, Mi Amo, sólo vivo para complacerte y nada más…-

    Contestó el sonámbulo al avanzar hacia su antiguo compañero.

    Mauro se quedó sorprendido cuando Alfonso le propinó una lluvia de violentos golpes sobre todo el cuerpo y le tiró tres veces con fuerza de los genitales.

    -Aaaah. ¡Carajos!, ¿Qué haces cabrón?, ¡para ya!-

    Se quejó Mauro a causa del dolor en los testículos.

    -Bien es suficiente, mi predilecto, ven aquí conmigo.-

    Ordenó Marcus, a lo que Alfonso obedeció y regresó al lado de su Amo.

    -Qué le hiciste a Alfonso?, ¿qué carajos le hiciste?-

    Preguntó el argentino adolorido y confundido.

    -No te preocupes por él. Preocúpate por ti. ¿recuerdas cómo llegaste aquí?-

    Inquirió Marcus.

    -¿Qué?, yo, no. Sólo recuerdo que Sergio y Nicolás tocaron a mi puerta y… Sólo recuerdo ver unas luces.-

    Respondió Mendosa desconcertado.

    Marcus le enseñó el apagado poliedro antes de hablar. -Mendosa, Mendosa. Este es un instrumento de mi propio diseño, se llama hipnocopio. Sergio, que también es ya uno de mis esclavos, bajo mis órdenes, lo usó para hipnotizarte.-

    Explicó Marcus con perversidad.

    -¿Qué?, ¿hipnotizarme?, ¡eso es una estupidez!, la hipnosis no te puede obligar a hacer nada en contra de tu voluntad.-

    Respondió Mendosa desafiante.

    Marcus lo observó con soberbia. -Si, eso es en parte cierto. La hipnosis clínica está limitada. Sin embargo, yo he descubierto varios métodos para potenciar su poder y he conseguido crear estados de hipnosis y trances supercargados, donde puedo moldear los subconscientes de mis víctimas a mi antojo.-

    -¿Qué, eso no es posible?, ¿qué les hiciste?-

    Inquirió Mendosa indignado, al tiempo que volvía a forzar sus cadenas.

    Marcus soltó una carcajada triunfal. -Te lo acabo de explicar. A él, a tu jefe, a Alfonso es al que más deseaba. Desde que lo conocí sentí un anhelo irrefrenable por poseerlo, por convertirlo en mi esclavo. Ansiaba cogerlo, romper su culo, pero también quería que él me atravesara con este miembro tan duro y rígido. ¡Es un verdadero espartano!-

    Aclaró Marcus mientras acariciaba el falo de Alfonso y sujetaba sus glúteos con posesividad.

    -¿Qué?, ¿qué?, Alfonso no es puto, nunca accedería a acostarse contigo. ¡Alfonso reacciona!, ¿cómo permites que este puto abuse de tu cuerpo!, ¡despierta, eres hetero!, ¡no dejes que este cabrón te viole!, ¡defiéndete!-

    Exclamó Mendosa, mientras hacía tintinear sus grilletes.

    Marcus volvió a carcajearse de forma burlona. -Él no te escucha. Bueno sí lo hace, pero para él, tus palabras carecen de sentido. ¿verdad mi sonámbulo?-

    Dijo Marcus, a la vez que besaba al castaño en la boca con pación.

    -Sssi, mi Amo… Tu eres lo único que existe… Yo soy un miserable esclavo del Kaligari… Tú eres mi Amo Marcus… Y sólo vivo para complacerte y nada más… Haré todo lo que me digas… Sólo importas tú…-

    Respondió Alfonso con aquella voz soñolienta cargada de adoración.

    Mendosa vio a ambos horrorizado, aunque Marcus impidió que hablara. -Para tu consuelo, la mayoría del tiempo Alfonso no es consciente de sus actos. Gracias a un maravilloso aparato, llamado Caja Kaligari, lo transformé en mi esclavo. Alfonso está dormido.-

    Explicó Marcus al anonadado Mendosa.

    -Así es. Se encuentra en un estado de sonambulismo muy profundo, donde puedo manipular su subconsciente a mi antojo. Y Alfonso lo disfruta en verdad, únicamente siente placer al ser mi esclavo, ¿verdad Alfonso?-

    Inquirió Marcus al sonámbulo.

    -Así es mi Amo… Soy un objeto para tu placer… Existo para complacer y nada más… Eso me hace feliz y lo disfruto…-

    Respondió el castaño sin ninguna inflexión en su voz.

    -Esto no es posible, ¿cómo es qué?-

    Cuestionó el argentino totalmente colérico.

    -Y eso no es nada. A Sam lo tengo completamente hipnotizado, lo coloqué en una hipnosis muy profunda, donde lo hago hacer lo que quiero. Hércules y Sergio también, se encuentran drogados mediante una substancia de mi propia creación e igual que Sam, están en un trance profundo. A Nicolás, el más ardiente, el más fogoso, por otra parte lo esclavicé mediante una sortija. Eso es más difícil y largo de explicar, pero lo que importa, es que los cuatro son mis esclavos sexuales.-

    Afirmó Marcus, mientras gozaba del cuerpo de Alfonso.

    -Qué?, ¿cómo?-

    Preguntó Mendosa completamente asqueado.

    -Así como escuchas. Sam, el homofóbico es ahora un perro sexual. Le complace hacerme magníficas mamadas y que le rompa el culo como el puto que siempre quiso ser. Hércules, es ahora un bruto, una montaña de puro músculo, un puto pasivo, totalmente dispuesto a dejarse coger por mí o por cualquiera de ellos, aunque creo que después de mí, lo goza verdaderamente con Nicolás. Sergio, ¡hay Sergio!, lo estoy convirtiendo en mi estríper privado. Le encanta, disfruta desvestirse para mí y desnudar a sus compañeros esclavos, todo un semental. Y Nicolás, tan ardiente, tan sensual, junto con Alfonso es el activo, el que le enseña a los otros tres perros que yo soy su Amo.-

    Expresó Marcus, mientras sacaba gemidos de placer de Alfonso al introducirle su dedo medio en el culo.

    -¡Estás enfermo!, ¡eres un puto enfermo!-

    Afirmó Mendosa furioso y con asco.

    -Cuida esa lengua, porque una más y habrá castigo. Además no te preocupes, ahora es tu turno. Serás el sexto y tu me ayudarás a cazar a Nataku y Jason.-

    Sentenció Marcus con sorna.

    -¿Qué?, ¡Nunca! ¡Nunca seré tu esclavo!, ¡yo no soy un marica!, ¿vete a la mierda, puto!-

    Gritó y escupió el argentino lleno de rabia.

    -Alfonso por favor, más disciplina.-

    Indicó Marcus a su predilecto.

    -Ssí.-

    Acató el sonámbulo, al tiempo que daba otros tres fuertes tirones a los genitales de Mendosa.

    -¡Perro!, respeta y obedece a nuestro Amo… Debes obedecerlo… es lo único que importa… Su voluntad es la nuestra… ¡obedece esclavo!-

    Instruyó el sonámbulo, mientras tiraba de los genitales y golpeaba con saña a Mendosa.

    -Aahh. ¡basta!, ¡maldito Marcus!, ¡desgraciado puto!, nunca voy a obede….-

    Pero se interrumpió, pues Alfonso le lanzó un puñetazo en la quijada que le partió el labio inferior.

    -Basta, mi predilecto, creo que ya entendió.-

    Dijo Marcus, ante la mirada rabiosa y sorprendida del argentino.

    -Ssí, mi Amo.-

    Admitió Alfonso y regresó al lado de su perverso Amo.

    -Como decía, ahora sigues tú. A ti, te voy a convertir en mi esclavo sexual doméstico. Será un placer tenerte en short o desnudo, mientras aseas mi casa y atiendes a tus compañeros esclavos, siempre listo para ser penetrado o para cogerme si yo quiero, porque en mi caso, te deseo como activo. ¡Con ese cuerpazo!-

    Indicó Marcus con gran lujuria.

    -Nunca… Yo no…-

    Pronunció Mendosa con dificultad debido al dolor y a la sangre que le escurría del labio.

    -Tranquilo, te encantará, sólo imagínalo. Alfonso recorriendo la casa en este magnífico sonambulismo. Encuerado, siempre dispuesto para mí, pero camina y luce su cuerpo para todos nosotros, listo para disciplinar a cada uno de ustedes cuando sea necesario y para atender todos mis deseos. Sergio casi igual, andará por toda la casa, pero a diferencia de Alfonso, baila y se desviste en cada habitación. Cuando se queda completamente desnudo, vuelve a bailar y vestirse, una y otra vez, mientras ofrece su cuerpo a sus compañeros esclavos y a mí. Hércules, como el bruto que es, totalmente hipnotizado, andará sin camisa, a la vez que hace la guardia por todo el terreno y vigila que los demás hagan su trabajo, dispuesto a reportar a su capataz cualquier violación a mis órdenes, además, siempre preparado a ser cogido por Nicolás, Alfonso o por mí, su Amo. Sam, bueno, él era hasta ahora el perro sexual, pero también el doméstico. Ahora tu vas a sustituirlo y a él le dejaré la cocina y la tarea de bañarnos a todos. Y Nicolás, bueno, él ayuda a Hércules con la guardia, pero cada dos horas le pido que me modele un conjunto de ropa nueva, ¡tiene talento y será un éxito cuando los doblegue a todos!-

    Explicó Marcus con voz seductora.

    -No, nunca, yo jamás disfrutaré eso. ¡libérame!-

    Exclamó Mendosa desesperado.

    -Cálmate Mendosa. Verás que te gustará. Ellos, tus amigos, ahora son felices. Porque todos son más felices cuando dejan de pensar.-

    Aseveró Marcus con voz aterciopelada.

    -¡No, jamás! Me resistiré. Eres un enfermo. Yo jamás permitiré que me violes, que me obligues a ser un puto. Voy a resistirme, ¡vas a tener que matarme!-

    Afirmó Mendosa con determinación y furia.

    Marcus soltó una carcajada malvada. -Sam trató de resistirse, fue el único que peleó. Ciertamente a Alfonso, Hércules, Sergio y Nicolás los tomé desprevenidos y no pudieron hacer nada. Sam costó algo de trabajo, pero al final sucumbió. Tú no serás diferente.-

    Aseveró Marcus con seguridad, mientras frotaba el miembro de Alfonso.

    -Para que te convenzas como ellos cinco lo disfrutan, tengo preparado un espectáculo para ti. Un espectáculo que ellos cinco te darán, antes de que seas hipnotizado permanentemente. Lo vas a disfrutar tanto, que tú, por tu voluntad, vas a suplicarme que te hipnotice y te tome como mi esclavo.-

    Mendosa soltó una risa irónica. -Vaya que estás enserio enfermo. ¡Jamás seré puto!, no podrás hipnotizarme, yo no creo en la hipnosis. Y más vale que nos liberes, antes que ellos despierten de lo que sea que les hallas hecho. ¡Vamos a matarte cuando recuperen la conciencia!-

    Exclamó el argentino amenazante.

    Marcus rio sarcástico. -¿Despertar?, ellos nunca van a despertar. Alfonso lleva más de tres semanas bajo mi poder. Sam casi dos. Sergio y Hércules una semana, y Nicolás, ya tiene cinco días. Es a la inversa, mi futuro mayordomo sexual. Mientras más permanecen en esos trances, más profundo caen, más se vuelven mis esclavos, más homosexuales se hacen y las posibilidades de liberarse, son prácticamente inexistentes. Sólo yo puedo liberarlos y por supuesto que no lo haré. Pero ya es suficiente de la charla, como dije, hay un espectáculo para ti. Y además, quiero poseerte, quiero bañarme contigo, recibir un masaje de esas manos profesionales y dormir esta noche con tu cuerpo desnudo entrelazado al mío.-

    Afirmó Marcus mientras empezaba a avanzar con Alfonso hacia la salida.

    -¡Desgraciado, voy a salir de aquí!, ¡voy a matarte!, ¡voy a moler a golpes tu cara de puto y voy a arrancarte los cojones!-

    Gritó Mendosa presa de la ira.

    -Lo que digas. Pero recibirás una decepción y una corriente máxima de placer. Mendosa, en una hora, vas a suplicar que te hipnotice y te tome como mi esclavo. En dos horas, recibiré de ti un masaje erótico y nos bañaremos juntos. Y en tres horas, gemirás de placer en mi cama.-

    Sentenció Marcus, al tiempo que Alfonso y él abandonaban la sala sicodélica.

  • La empleada y el cliente

    La empleada y el cliente

    Hola! Mi nombre es Juan, soy de Santa Fe, Argentina y la historia que les cuento, y que espero sea de su agrado y les sirva de inspiración para dar rienda suelta a sus morbos, fantasías y calenturas, es totalmente real, es una de las tantas vividas y ocurrió en este 2020, antes de esta maldita pandemia.

    Soy cliente de un negocio de venta de polirubro, al cual asisto en forma habitual cada vez que necesito algo. Siempre noté al concurrir que una de las empleadas del negocio me clavaba la mirada y me saludaba muy amablemente. Pero un día en particular que fui, y mientras miraba algo que comprar, veo que se acerca, levanto la mirada para saludarla, se me acerca y mucho disimulo (ya que el negocio estaba lleno de gente y de sus compañeras de trabajo) y me susurra al oído “te como todo” y siguió su caminata por el pasillo.

    Se imaginan como quedé!, debo reconocer que en un primer momento quedé sorprendido ya que no lo esperaba, pero inmediatamente después me bajó una calentura bárbara, que me hizo parar la pija como si tuviera mis tan lejanos 15 años, cuando andaba duro todo el tiempo! (aunque ahora no esté tan lejos, jeje).

    Obviamente que la situación ahí no daba para nada, por lo que con semejante calentura que me hizo agarrar, lo primero que hice fue rastrear algún tipo de contacto para obviamente garchar con esa yegua, por lo que entre varias averiguaciones y dar con ella, es que empezamos a mensajearnos.

    Tras las presentaciones de rutina, Julia (y así la llamaré), me contó que era casada… obvio no me importó demasiado ya que lo único que quería era coger con esa diosa que tanto hizo volar mis ratones. Después de tan sólo unos pocos mensajes, ni lerdo ni perezoso, empecé a calentar el chat de una manera tal que se logró soltar de una manera que la verdad, no esperaba.

    A los pocos días y después de coordinar (algo difícil, por ser casada) nos encontramos y uuuh!!! Nos empezamos a besar desaforadamente, nuestras lenguas se entrelazaban como si fuera la última vez! obvio lo primero fue arrancar para el hotel directo, la calentura que había en ese trayecto! De camino me iba tocando la verga por arriba del pantalón, a lo que respondí sacando la verga como podía, mientras manejaba, para que me chupe la pija ahí mismo, cosa que hizo un rato hasta llegar al hotel.

    Una vez en la habitación, entramos con una calentura tremenda, nos sacamos la ropa y nos tumbamos en la cama, comenzamos a jugar nuevamente con nuestras lenguas, labios, saliva, sí!, bien a lo película porno.

    Empecé a hablarle a la vez que hacía y más se calentaba, más nos calentabámos… me pedía que la haga sentir la más puta de todas, cosa que obedecí con gusto, porque es lo que me encanta hacer, empecé a chuparle la conchita, y que rica, hermosa y mojada conchita!

    Se retorcía pidiendo que no pare, la puse en 4 y empecé a chuparle el culito, más pedía… inmediatamente me puse en posición 69 y nos fundimos chupándonos de una manera tan rica y desesperada, que fue donde tuvo su primer orgasmo…

    Se preguntarán, cogieron? Siii, obviooo, es que nos dimos cuenta lo excitante que era para ambos semejante previa, el calentarnos, el jugar libremente con nuestros cuerpos, sentirnos la piel, el sabor de ambos, tan excitante. Después de ese sublime 69, empezó el goce de la penetración, que hermoso y caliente garche, cogimos en varias posiciones, la hice sentir bien puta, como le gustaba, pidió, y tanto me gusta hacer sentir a una mujer con todas las letras. Bien puta en la intimidad, como debe ser.

    Conectamos sexualmente de una manera fantástica, como si nos conociéramos los gustos de antemano. Cogimos, cogimos y cogimos, por la conchita, me pidió que le rompa el orto, que le llenara el culo de leche y que creen… la consentí! Como ella me consintió a mí con una hermosa chupada de pija, me lamió los huevos, jugo con su lengüita en mi culo, de una manera suave y jugosa y gustosa hasta hacerme explotar en su boca, la ahogué en leche!! Que placer!

    Fue el inicio de una relación de amantes que duraría un tiempo y tendría diferentes historias y matices que les contaré luego.

    Espero les haya gustado y sobre todo, calentado. Es la primera vez que me animo a escribir una de las tantas experiencias propias.

    Hasta un nuevo relato, si les gustó, comenten. Gracias!

  • El ojito derecho de papá

    El ojito derecho de papá

    Sonia Camila Venancia de Todos los Santos era una joven alta, de cabello de color negro azabache, largo y rizado, su nariz era pequeñita, su boca tenía labios carnosos, sus ojos eran azules y grandes…, era bella, tan bella era que era la envidia de sus pocas amigas y el sueño de cualquier hombre que la conociese.

    Sonia desde muy joven, en verano, andaba por la casa en bragas y camiseta y su padre lo veía cómo la cosa más normal. Esa noche de verano iban a cambiar las cosas. Sonia estaba con las piernas cruzadas, en bragas y camiseta sentada en la alfombra del salón mirando una revista. Su padre estaba sentado en un sofá, fumando en pipa y con un Whisky sobre la mesa camilla, le preguntó:

    -¿Cómo va esa obra de teatro en la universidad, Sonia?

    -Sigue adelante. Preparo el baile en mi habitación.

    -¿La música de Richard Strauss que oigo a veces es cuándo practicas?

    -Sí. ¿Quieres ver cómo lo hago?

    -Claro que quiero, cariño.

    Sonia, que se sentía atraída por su padre, vio la oportunidad de seducirlo, le dijo:

    -No te muevas de ahí, ahora vuelvo.

    Poco después en un teléfono móvil comenzó a sonar Salomé de Richard Strauss. Apareció en la sala Sonia cubierta con siete velos, uno de ellos cubriendo su nariz y su boca. Posó el móvil en la alfombra y echando la cabeza hacia atrás, una pierna hacia delante y levantando el brazo izquierdo comenzó a bailar contoneando las caderas, moviendo sus brazos, sus pies y moviendo en sus manos un velo blanco, todo lo movió al compás de la música hasta que se inclinó y dejó caer el velo blanco en la alfombra. Se levantó, se quitó el velo naranja y bailo moviéndose alrededor, movió sus brazos cómo si fueran alas de mariposa y luego cómo si fuera serpientes, alas de mariposa de nuevo, todo sin dejar de contonear las caderas hasta que se volvió a inclinar para dejar el velo en la alfombra. Se levantó contoneándose y moviendo los brazos.

    Volvió a echar la cabeza hacia atrás, sus brazos hicieron filigranas en el aire y después le dio la espalda a su padre que vio cómo su melena rizada le caía en cascada por espalda mientras comenzaba a mover el velo amarillo con las dos manos. Al darse la vuelta vio su cintura de avispa y su ombligo. Su sujetador blanco y sus braguitas a juego. Vio sus anchas caderas contoneándose y sus largas y moldeadas piernas que dejaba ver su falda de seda abierta por delante. Comenzó a verla como mujer y no cómo hija. Sonia con los brazos en alto y con el velo cogido con las dos manos dio vueltas y vueltas haciendo una especie de remolino con el velo. Se paró un momento, echó la cabeza hacia atrás y movió la pelvis hacia delante y hacia atrás cómo si estuviera haciendo el amor, después se volvió a inclinar y puso sobre la alfombra el tercer velo.

    Moviendo el culo a un metro escaso de su padre quitó un velo rosa y otro amarillo, velos que llevaba a ambos lados de las caderas sujetos con las bragas, volvió a mirar a su padre y acto seguido siguió bailando de aquella manera tan sensual hasta que puso los velos sobre la alfombra, después, sin dejar de contonear las caderas se quitó el velo verde que llevaba en la cintura y danzó, danzó y danzó, hasta que lo puso en el cuello de su padre, luego se dio la vuelta y moviendo las caderas se quitó el velo negro que cubría su nariz y su boca, giro la cabeza, miró a su padre y sonrió.

    -¿Qué te pareció, papa?

    Pablo quitó el velo de su cuello, lo echo sobre la alfombra, y le dijo:

    -Tú no te vas a exhibir así en público.

    Sonia no se podía creer lo que estaba oyendo, era la primera vez que le negaba algo. Le preguntó:

    -¿Por qué?

    -Porque lo digo yo, y vete a vestir.

    -Eso es porque no lo hice bien, dilo.

    -Lo hiciste demasiado bien.

    Sonia sabía lo que le pasaba a su padre, pero quería oír de sus labios que lo había excitado. Le preguntó:

    -¿Me quieres explicar que te pasa?

    -Pasa que no quiero que te vean cómo te vi yo.

    -¿Qué malo hay en que alguien se haga una paja pensando en mí?

    Pablo se quedó a cuadros. Su cariñito se había convertido en un ser vulgar.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Lo que acabas de oír. Ya tengo diecinueve años, papá, hace mucho que dejé de ser una niña. Sé lo que provoco en los hombres.

    -¿Y qué provocas, Camila?

    Sonia cogió un cabreo brutal.

    -¡No me llames Camila!

    -¿Qué provocas, Venancia?

    Le pusieran Camila de segundo nombre porque así se llamaba su madre y de tercero Venancia por su abuela. Sonia no sabía cual de los nombres detestaba más.

    -¡¡Te odio, papá, te odio!!

    -Ódiame, pero no me dijiste que provocas, Camila Venancia.

    Sonia se desahogó.

    -¡Provoco ganas de ponerme a veinte uñas y meterme la polla hasta la garganta!

    Pablo se levantó del sofá y con cara de mala hostia, le dijo:

    -¡Tira para tu habitación!

    Sonia recogió el móvil y los velos y se retiró a su habitación, diciendo:

    -¡Te odio, te odio, te odio! ¡¡Cómo te odio!!

    En los tres días siguientes Pablo se fue del chalet al despacho antes de que llegara el servicio y volvió después de que se había ido y cuando ya su hija se fuera para cama. Al cuarto día Sonia lo estaba esperando. Al entrar en la sala, le dijo:

    -Tenemos que hablar, papa.

    -¡No hay nada que hablar! No vas a trabajar en esa obra de teatro.

    -No es de eso de lo que quiero hablar.

    Pablo sacó la chaqueta, la echó sobre un sofá, aflojó el nudo de la corbata y yendo hacia el mueble bar, le preguntó:

    -¿De qué quieres hablar, Sonia?

    -De mi regalo de cumpleaños.

    -¿A cuántos estamos?

    -No te hagas el tonto, mi cumpleaños fue ayer, ayer cumplí veinte años.

    Pablo, que era alto, de ojos azules, pelo cano…, era un hombre atractivo, dio con la palma de su mano derecha en la frente, y le dijo:

    -¡Qué cabeza la mía! Perdona, cariño, pide lo que quieras, menos hacer la obra de teatro.

    Sonia fue a su lado, le quitó de la mano la copa que se había echado, la bebió de un trago, y después mirándolo a los ojos, le dijo:

    -Te quiero a ti, te quiero a ti en mi cama.

    Sonia quiso besarlo, Pablo le hizo la cobra.

    -Sabes que eso no puede ser, hija, me prometí a mi mismo hacerte feliz desde que murió tu madre.

    -Eso es lo que te pido, que me hagas feliz.

    Le echó los brazos al cuello, sus duras tetas se apretaron contra el pecho de su padre y esta vez lo besó. Pablo se estremeció cómo si fuera un adolescente al que le dan su primer beso y cómo a un adolescente se le puso la polla dura. Sonia la notó sobre su coño y se lo restregó contra ella. Era muy dulce y excitante lo que estaba sintiendo Pablo, pero no podía continuar, le quitó los brazos del cuello a su hija, y le dijo:

    -No puede ser, cariño, no puede ser, lo único que te haría sería daño.

    -No, papa, me harías feliz.

    Pablo fue hasta el sillón, cogió su chaqueta, y yendo hacia su habitación, le dijo:

    -Un rato, hija, un rato, pero ni tú ni yo podríamos con el cargo de conciencia después de consumar el incesto.

    Transcurrido un cuarto de hora, o algo menos, Sonia, con el velo negro tapando su boca, con la falda de seda abierta por delante, en bragas y sujetador, descalza y con una copa en la mano, abrió la puerta de la habitación de su padre, y encendió la luz. Lo vio en calzoncillos sobre a cama y le dijo:

    -Te traigo la copa que te quité.

    Al llegar su hija al lado de la cama Pablo no pudo resistirse a la tentación que le causaban los encantos de su hija, se puso en pie, le quitó el velo de la boca y la besó con pasión mientras le echaba las manos a sus duras nalgas y la apretaba contra él. A Sonia la copa le cayó de la mano y el whisky se derramó en la carpeta roja que cubría el piso. Sonia echó los brazos alrededor del cuello de su padre y se fundieron en un beso tan largo y apasionado que acabaron con el coño mojado y la polla empalmada. Al dejar de besarse Sonia se echó sobre la cama y se quitó el sujetador.

    A Pablo su hija le parecía un ángel con las tetas más hermosas que había visto, unas tetas medianas, casi triangulares y con areolas oscuras y pezones diminutos. Cuando las acaricio vio que las tenía duras cómo piedras y blanditas en sus areolas picudas. Amasó, lamió, chupó y mamó largo rato aquellas deliciosas tetas, unas tetas que eran las tetas más hermosas que había visto. Sonia se quitó las bragas. Pablo metió la cabeza entre las piernas de su hija y vio su coño abierto, un coño con los labios rosados llenos de babas y con la vagina palpitando. Al lamer el coño Sonia arqueó su cuerpo y gimió de placer. Con la pelvis elevada, le echó las manos a las tetas, le metió y sacó varias veces la lengua en la vagina y después siguió lamiendo los labios, despacito, saboreando cada gota de flujo.

    Sonia subía y bajaba la pelvis para que la lengua lamiera su clítoris, pero su padre, que no dejaba de acariciar sus tetas, no dejaba que esto ocurriera. Tiempo después, cuando ya Sonia con sus gemidos pedía pan por señas. Pablo posó la parte superior de su lengua sobre el clítoris y metió la punta dentro de su vagina. Sonia comenzó a mover la pelvis de abajo a arriba. Frotándola con la lengua. Paró de gemir, para decir:

    -¡Me corro, papá!

    Sonia se corrió jadeando y retorciéndose. De su coño salió una riada de jugos agridulces casi tan blancos cómo la leche que su padre se tragó.

    La polla de Pablo estaba enferma, muy enferma, babeaba cómo le babeó el coño a Sonia antes de correrse. Tenía los calzoncillos con una mojadura de cojones, y nunca mejor dicho, pues así tenía los cojones, mojados.

    Sonia cuando volvió del viaje alucinante le echó la mano a la polla a su padre y al encontrar los calzoncillos mojados, le dijo:

    -¡Qué cachondo te pusiste, papá!

    -Con lo rica que estás la cosa no era para menos, hija.

    -Déjame ver.

    Le quitó los calzoncillos y vio la polla y sus huevos mojados. La cogió, la descapulló y la metió en la boca. Pablo le dijo:

    -¡No, Sonia, no!

    Ya era tarde, Pablo comenzó a correrse. Sonia tragó la leche que tena en la boca, luego sacó la polla y viendo cómo la leche salía leche de ella y paraba en su mano cerrada, le dijo:

    -¡Qué rápido! En las películas de vicio no pasa esto.

    Después la volvió a mamar y se tragó los dos últimos chorritos.

    Pablo al acabar de gozar le preguntó a su hija:

    -¿Que decías del vicio?

    Sonia, por si colaba, dijo:

    -Decía que soy una viciosa.

    Había colado

    -No digas eso, hija, eres una mujer apasionada.

    Si su padre supiera la colección de consoladores y vibradores y toda clase de juguetes que tenía en un lugar secreto no diría que era apasionada, diría que era una viciosa de tomo y lomo, pero no era de eso de lo que os estaba hablando, os estaba hablando de que le ocultó que miraba porno, pues si le decía que lo miraba vendrían las preguntas y le acabaría diciendo que se masturbaba un día sí y el otro también.

    En fin, la mujer apasionada se limpió la leche de la mano a la falda de seda abierta por delante, la quitó, la tiró sobre la carpeta roja, se echó a su lado, le puso la cabeza sobre el pecho, y le preguntó:

    -¿Te sientes mal después de lo que hemos hecho?

    -No.

    -Yo tampoco. Sabes, eres el primer hombre en mi vida, y me gustaría que fueras el último.

    -Te acabarás enamorando de algún chico de tu edad, por eso tenía miedo de hacerlo contigo, cuando te enamores te arrepentirás de haber estado conmigo, con tu padre, con…

    Le puso un dedo en los labios.

    -Ya, ya, ya sé quién eres, y nunca me arrepentiré porque cómo te quiero a ti no voy a querer a nadie.

    -Pero es que eres tan joven…

    -Y tu hija.

    -¡No me lo recuerdes, no me lo recuerdes que me haces sentir mal. Eres tan niña…

    Le calló la boca con un beso, y después le dijo:

    -Soy una mujer, papá, no soy una niña.

    Se volvieron a besar, comenzaron con un pico, dos tres, cuatro, un beso con lengua, una mano que agarra la polla, dos dedos que entran en el coño y Sonia que acaba encima de su padre aplastando su polla con el coño mojado, poniéndole una teta en los labios y diciéndole:

    -Un besito en el pezón para la niña mala -se lo dio y cambió de teta-, otro para la caprichosa -se lo dio-, y muchas mamaditas en los dos pezones para Sonia.

    Después de mamarle las tetas, le dijo:

    -¿Te has puesto juguetona?

    -¿Te gusta verme así?

    -Ponme el chochito en la boca.

    -¿También quieres jugar?

    -Sí.

    Sonia le puso el coño en la boca, Pablo la cogió por la cintura, la echó hacia delante, puso su culo en la boca, y le dijo:

    -Una lamidita en el ojete para la niña mala -se lo dio-, otra para caprichosa -se lo dio- Y muchas folladitas de lengua para Sonia.

    Sonia después de la follada de ojete se puso perra, pero perra, perra, bajó el coño hasta la polla, la metió hasta el fondo y folló a su padre con violencia. Metía y sacaba como queriendo romper el coño, queriendo romper la polla, queriendo romper todo y no pagar nada. Estaba cómo loca… Al rato bajaban por sus piernas dos regueros de jugos casi blancos como la leche… De su coño salieron más y más jugos. Los huevos de Pablo se encharcaron con ellos. Sonia lubricaba una cosa mala y sus gemidos eran de posesa, y cómo posesa, dijo:

    -Me corro me corro me corro ¡Me corrooo!!

    A correrse, queriendo o sin querer, sacó la polla y dejó solo la puntita dentro. Por la polla abajo cayó una cascada blanquecina hecha con sus jugos y la leche de la corrida de su padre. Después Sonia bajó el culo, metió la polla hasta el fondo y se acabó de correr sintiendo la polla de su padre latir mientras se corría.

    Al acabar, aún con la polla dentro del coño, y después de darle varios picos, le dijo:

    -Puede que me dejaras embarazada, papá.

    -¿Quieres que te compre la píldora del día después?

    La respuesta no iba a dejar lugar a dudas.

    -¡No!

    -No sé si alegrarme o si echarme a llorar.

    -¿Me dejas ahora hacer mi papel de Salomé?

    -¿A qué viene esa pregunta?

    -Responde y te quitaré de dudas.

    -Ahora menos que antes.

    -Entonces es que te alegrarías si dentro de nueve meses tengo una criatura.

    Sonia le dio un pico a su padre, sonrió, y le preguntó:

    -¿Me equivoco si digo que quieres que sea solo para ti, papá?

    -No, eres mi ojito derecho.

    Le dio un beso con lengua, cogió su polla flácida, se la empezó a menear, y le dijo:

    -¿Me equivoco si digo que también te gusta el ojito de mi culo?

    A Pablo casi le da la risa, pero se aguantó y le dijo:

    -No seas vulgar, cariño.

    Besándolo deslizó su mano hasta los huevos, se los acarició y jugó con la yema del dedo índice de la mano derecha en su ojete haciendo círculos sobre él.

    -Quiero, ser vulgar, quiero que me vuelvas a comer el culo? Me gustó mucho.

    A Pablo se le puso la polla morcillona, y le preguntó:

    -¿Sabes a lo que te arriesgas?

    Le metió la mitad del dedo en el ojete y la polla se puso tiesa.

    -No me arriesgo, lo estoy buscando, papa.

    Lo buscaba y lo encontró.

    -Date la vuelta.

    Sonia se dio la vuelta y levantó el culo, Pablo le dio un par de nalgadas, después con una mano le magreó las tetas y con la otra abrió las nalgas y le lamió el coño, el periné y el ojete unas doce veces. Sonia se puso a cuatro patas. La punta de la lengua de Pablo entró y salió de su culo innumerables veces, después le metió un dedo el coño, lo sacó pringado de jugos y se lo metió entero en el culo y se lo folló metiéndolo, sacándolo y moviéndolo alrededor. Poco después le metía dos dedos en el coño, del coño fueron al culo y se lo follaron cómo antes, a eses dos dedos siguieron tres… Cuando Sonia le cogió el gusto a la cosa y comenzó a gemir su padre le puso la polla en la entrada del ojete. Sonia separó las nalgas con las dos manos. La cabeza de la polla entró en su culo.

    Se incorporó, le echó a su padre un brazo al cuello, giró la cabeza y se besaron… Mientras se besaban la polla fue entrando en su culo muy lentamente. Cuando la tenía toda dentro, Pablo, le echó una mano a las tetas y cuatro dedos de la otra mano al coño, dos de estos dedos entraron en el coño, salieron mojados y acariciaron su clítoris. Sonia estaba ardiendo. Su cara estaba colorada y sus pequeños pezones, que eran como cabezas de alfileres habían crecido un poquitín y estaban tiesos. Entre besos y caricias comenzó a temblar y le dijo a su padre:

    -Papa…

    Pablo le cayó la boca con un beso, y le dijo:

    -Lo sé, hija, lo sé, córrete.

    Sonia se corrió entre temblores y de nuevo soltó una riada de jugos casi blancos cómo la leche que cayeron sobre la cama al tiempo que chupaba la lengua de su padre. Pablo le llenó el culo de leche.

    Al acabar, descansando una al lado del otro, le dijo Sonia a su padre:

    -Dime otra vez quien soy para ti.

    -Eres mi ojito derecho.

    Quique.

  • Debajo de la mesa

    Debajo de la mesa

    Siempre me gustaste, desde que te conocí aquella noche algo se rompió definitivamente dentro de mí. Pero siempre he sido demasiado tímido y nunca encontré la ocasión propicia para decirte lo que estaba sintiendo, era un amor intenso lo que sentía y al mismo tiempo un deseo irrefrenable de llegar hasta los más profundos secretos de tu alma y de tu cuerpo.

    No sé si alguna vez notaste que te comía con los ojos cada vez que te miraba, más que mirarte te soñaba despierto. Aquello que un día despertaste dentro de mí crecía cada vez más y ya era mucho más fuerte que yo.

    Recuerdo que todo sucedió inesperadamente, como suelen suceder todas las cosas inolvidables. Aquella tarde estabas sentada frente a la mesita de la computadora haciendo no sé qué, yo estaba de pie a unos centímetros de ti y observaba algo que había en la pantalla. De repente el pendrive que sostenías en la mano se cayó y rodó travieso por el piso de la habitación hasta quedar debajo de unas cajas llenas de papeles y objetos que había apiladas detrás de la mesa. Yo, servicial como todo enamorado, fui detrás del pendrive y en segundos estaba debajo de la mesa escarbando en aquellas cajas pero sin poder alcanzarlo.

    En mi afán rocé sin querer una de tus piernas y de repente vi que tus dos bellos muslos estaban cruzados frente a mí. Tu pierna respondió a mi roce alargándose hasta tocarme, como una suave caricia. Entonces que todo aquel monstruo que llevaba dentro tomaba el control de la situación y acaricié suavemente aquella bella pierna. Tus muslos de descruzaron y tu risa me hizo notar que aquello que comenzaba a suceder te resultaba placentero.

    Yo estaba debajo de la mesa frente a ti, tus rodillas ligeramente separadas me incitaban cada vez más. Acaricié tus dos piernas al tiempo que besaba tus rodillas, quería comerme tus dos muslos, pero mi boca era una sola, no sé cómo tuve paciencia aquella tarde. Comencé a besar tus muslos suavemente por la parte interior y por arriba, una vez el izquierdo y otra el derecho, y cada vez subiendo un poco más, lentamente.

    Sentí que te estremecías y empezaste a moverte separando un poco más las piernas, cuando apenas había recorrido la mitad del camino ya gemías y reías al mismo tiempo. Pero yo seguía mi camino lentamente, ya había sobrepasado la parte que suelen enseñar las faldas y me adentraba en el área íntima de tus hermosos muslos. Sé que tú hubieras querido que fuera más rápido, pero yo me acercaba con lentitud, como el que no tiene prisa por llegar.

    Tomé tus rodillas y las levanté, apoyándolas sobre mis hombros, de esta forma continué mi camino hacia ti. Ya casi estaba ahí, podía sentir el calor de tu sexo excitado debajo de aquellas bragas azules. Cuando mis labios llegaron al límite de tus bragas y mi lengua ávida de placer se deslizó debajo te oí gritar y reír al mismo tiempo. Mis manos tomaron tus bragas y las quitaron definitivamente de la escena, y tu sexo apareció frente a mí con todo su esplendor. Pasé suavemente mi lengua sobre tu concha ardiente y me bebí su deliciosa almíbar, continué acariciando con mi lengua los labios de tu sexo, en algún momento introduje la punta de mi lengua dentro de tu vagina y acaricié parte de su interior. Así estuve un rato, después continué subiendo y llegué hasta la pequeña fruta que se esconde debajo de tu vello púbico, allí puse mi lengua y la rozaba intensamente una y otra vez haciéndote explotar de placer.

    Empujé tu silla hacia atrás y salí de debajo de la mesa, tomé tu falta y la pasé por debajo de tus nalgas, me percaté que la habías desabrochado en la cintura y me fue fácil sacarla. Me puse de pie y en un santiamén mi pullover voló hacia un rincón, mi pantalón cayó y mi miembro hinchado apareció ante ti, lo tomaste entre tus manos y comenzaste a lamerlo tímidamente para después introducirlo poco a poco en tu boca hasta llegar a tragártelo por completo y succionarlo y lamérmelo con avidez.

    Te puse de pie y tomé tus nalgas entre mis manos, te jalé hacia mí y puse mi miembro entre tus piernas. Te empujé ligeramente hacia la cama que había detrás y quedaste boca arriba, con las rodillas levantadas y yo entre tus piernas. Tu blusa desabrochada aún colgaba y tu sostén aún me ocultaba una parte preciosa de tu cuerpo. Desabroché tu sostén y descubrí tus preciosos senos, los acaricié con pasión y pasé mis manos por tus bellos pezones. Puse mi miembro en el centro de tu placer y comencé a introducírtelo suavemente, al tiempo que acariciaba tus nalgas y agarraba tus caderas. Te lo introduje completo, mis 19 centímetros de sexo con una pulgada y media de grosor en su parte más ancha ya estaba dentro de ti.

    Encima de ti, con todo mi miembro en tu vagina, comencé a moverme lentamente y a besar tus pezones y lamer tus senos. Mi movimiento se fue haciendo cada vez más fuerte y más rápido hasta que literalmente embestía tu bajo vientre con todas mis fuerzas. Tú gritabas, reías, llorabas, decías cosas, me apretabas con tus piernas, me abrazabas, me besabas, te estremecías toda. Hubo un momento en que todo pareció llegar al máximo y sentí que me derramaba dentro de ti, entonces un río caliente corrió hacia ti impetuoso, incontenible, en medio de tus gritos de placer.

    Me quedé abrazado a ti, inmóvil, con mi miembro aún dentro de tu sexo. Poco a poco regresaba la cordura y la calma, te di más besos y más caricias, los más tiernos que te he dado nunca. No supe hasta ese día lo mucho que te amaba y lo mucho que te amo.

    Ah, si algún día encuentras el pendrive y te vas a deshacer de él, dámelo para hacerle un monumento.

  • Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 3)

    Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 3)

    En los encuentros posteriores a aquella visita al bar swinger, seguían los comentarios y las ganas de seguir experimentando, Daniela había quedado fascinada de ser ensartada por todos lados al mismo tiempo pero tenía ese sentimiento donde yo pudiera molestarme o incomodarme ante tal situación, ella dejo claro que si se repetía tendría que estar yo presente de lo contrario no sucedería, acto que agradecí y le reitere que mi objetivo es que disfrutara su sexualidad y más siendo una mujer tan bella, aun tenia conflicto por el cigarro de marihuana y mi edad, principalmente por sus hijas.

    De todo lo anterior no tenía problema con eso y mucho menos con ella, hasta que un buen día me dijo que estaba empezando a hablar de nuestra relación con una de sus excompañeras, la que había servido de ayuda para podernos escapar aquel día del bar, su nombre es Erika, lo cual me llamo mucho la atención ya que yo era un secreto para todos, soltando una carcajada le pregunte… ¿y que sabe?… respondiendo con pena… todo… a lo cual seguí cuestionando… ¿Qué es todo?… a lo que muy seria dijo… TODO… ya sin tono de burla le comenté que por que había decidido contarle a ella y con qué cantidad de detalles estaba cagada la información que le daba.

    La curiosidad por parte de Erika empezó por esa salida, por el favor que le había pedido, de que si se comunicaban con ella dijera que estaban juntas y conociéndose por años era la primera vez que se lo pedía, le comento que tenía una relación conmigo, alguien más joven que ella, de cómo había crecido su sexualidad, de no existir limites en la misma, de mostrarle otro tipo de ángulos sin prejuicios, los cigarros que si bien no eran necesarios en cada encuentro Daniela había decidido fumar uno de cuando en cuando, que quería volver a experimentar el Gang Bang pero en sus planes a corto plazo no estaba contemplado que las veces que se veían para tomar el café veía la curiosidad y el morbo de nuestros encuentros, a Daniela le servía contarlos como un modo de desahogo ya que hasta ese momento mi nombre no aparecía por ningún lado.

    Seguíamos en nuestra búsqueda de placer, Daniela buscaba en la red posiciones, tácticas, ejercicios toda herramienta que sirviera para poder aumentar el placer de ambos, pocas veces salía Erika a la plática pero yo no preguntaba por ella, hasta que un día Daniela me dijo que en el próximo café que tuviera con ella quería que la acompañara, me había mostrado una foto de ellas juntas de cuando eran jóvenes y Erika se veía muy bien y Daniela decía que se veía conservada como ella para estar a la mitad de sus 60s.

    Accedí a acompañarla y estar un rato ya que vi una pequeña oportunidad para salir de las sombras y me vieran como parte activa de la vida de Daniela y no solo como un amante o algo por el estilo. Llegamos al café señalado y al poco rato llego Erika, una mujer igual de pequeña que Daniela, de tez blanca, cabello debajo de los hombros chinos, cejas tatuadas, un poco llenita, senos pequeños, caderas muy grandes, usaba lentes, zapatillas, medias naturales, blusa negra, voz suave y dulce, al llegar a la mesa me puse de pie y me presentaron con ella a lo que con una sonrisa en los labios dijo… por fin te conozco, he escuchado muchas cosas de ti… respondiendo… espero que todas de ellas sean buenas… Daniela estaba apenada la abrase para que se relajara y tomamos asiento.

    Erika como Daniela venían de un divorcio tenía un hijo y una hija, su vida sexual no había sido mala pero la sentía muy plana y al escuchar a Daniela contar nuestros encuentros confeso que se excitaba cosa no me causó sorpresa pero a Daniela abriendo grande sus ojos y lógico moviendo mucho sus dedos, estaba contenta como su amiga de años estaba liberada, entre tatuajes, sexo, cigarros y juguetes, que ella tenía su propio juguete pero que necesitaba dar un paso, tanto Daniela como yo pensamos que quería que yo tuviera sexo con ella pero la sorpresa es que quería tener sexo con Daniela lo cual nos tomó por sorpresa a los dos y la idea es que yo le diera “permiso” a Daniela de hacerlo con ella a lo que sin dudar dije que SI y que si fuera por mi seria en ese momento cosa que no le causo mucha gracias a Daniela, Erika comento que no podría creer que su amiga hiciera poses circenses (el 69 de pie), lluvias doradas, de meteoritos, squirt, que fumara y quería experimentar eso y la parte lésbica cosa que no le estaba causando mucha gracia a Daniela, comentamos que era algo que se tenía que pensar bien y que no afectara la relación que tenían entre ellas por los años, una vez más Daniela trato de ver el lado positivo y dijo que lo pensaría en casa, nos retiramos, nos despedimos cordiales pero Daniela iba pensativa, sin moverle mucho no toque ese tema por algún tiempo, se seguían viendo Erika y Daniela le contaba Daniela nuestros encuentros pero no tan detallados y al parecer no se tocaba el tema de estar juntas y como es su característica un día me dijo… ya lo pensé y si quiero estar con Erika, pero quiero que estés tú, te lo debo por la vez del bar… le dije que esa vez del bar no tenía nada que ver con esto, que no es una por otra sino el hecho de estar cómodos nosotros sin importar quien sea. En ese mismo instante le marco a Erika y le dijo que había accedido a estar con ella siempre y cuando yo estuviera presente a lo que dijo un sonoro SI que se escuchó más allá del celular pero que también quería que lleváramos todo con lo que nos divertíamos y ella llevaría los suyos, Daniela frunció el ceño extrañada, pero le dije que se relajara que saldríamos bien de esta.

    La cita era el siguiente fin de semana Erika paso directo por Daniela a su casa donde hablo con las hijas de ella y le hicieron el comentario que le daba gusto que retomaran su relación y salieran como antes lo hacían, pasaron por mí a un punto medio y nos dirigimos a un hotel con más aparatos y espacio (Daniela y yo hemos recorrido todos los hoteles de la capital) así que regresamos a uno el cual cumplía con lo que teníamos planeado, pagamos por los tres, entramos a esta gran habitación y en lo que sacaba las botellas de vino y algo de comer, sin decir nada Erika se fue sobre Daniela besándola, lo cual hizo q abriera los ojos de plato, ambas iban de pantalón de mezclilla, botas, blusa y chamarra con sus respectivas bolsas de trucos, mientras Erika la besaba yo seguía llenando las copas y Daniela me veía y una vez más el comentario de… relájate.. y cerrando los ojos se dejó besar, Erika paso sus manos por las nalgas de Daniela, le abrió el pantalón y metió su mano por atrás pasando por su culo hasta la conchita que empezaba a humedecerse más con esos dedos dentro de ella, Daniela le acariciaba las tetas a Erika. Les dije… las copas están listas y se acercaron a mí, tomaron cada una su respectiva copa de vino y brindamos por estar juntos y pasarla bien abrace a las dos metiendo mis manos por las nalgas de cada una de ellas, Erika se desabrocho el pantalón ya que Daniela ya lo traía abierto y abrió sus piernas, ya estaba húmeda y se volvieron a besar pero ahora Daniela era quien empezó, le saque la blusa a Erika y el bra y tomado a Daniela de la cabeza la lleve a las tetas de Erika las cuales lamia y daba pequeños mordiscos, le baje el pantalón a Daniela a lo cual ya estaba más que húmeda y tomando a Erika de la mano la baje y tomando su cabeza la pegue en la concha de Daniela diciéndole… prueba este manjar… pero antes de acercarse veía como goteaba, ponía sus dedos que se enjugaran y los llevaba a su boca y los chupaba y le dije…¡¡¡no!!! Pruébalo directo de ella… y acercándola empezó a lamer y mamar, yo detrás le lamia el culo a Daniela y en esas bajadas y subidas me encontraba con la boca de Erika y con el sabor de Daniela en ella y nos besábamos, Daniela se hizo a un lado y se desnudó completamente cosa que replico Erika.

    Erika fue a la cama acostándose y tomando a Daniela del cabello la lleva a su concha y le dije… ahora pruébala tu… al principio la observaba, pasaba sus dedos y deje que disfrutara el momento, digo, era la primera vez de Daniela y Erika no solo entre ellas sino los primeros flujos vaginales, las primeras tetas, el culo y concha que no fueran de ellas.

    Erika con sus piernas acerco la cara de Daniela a su concha y yo detrás de Daniel lamiéndole su culo. Podía ver como Erika jugaba con sus tetas con pezones apiñonados, vagina depilada y con unos labios pequeños, se escuchaba como se agitaba su respiración lo cual excitaba a Daniela que gemía con su boca y lengua bien metida en la concha de Erika y yo tomando el hilo de flujo q salía de Daniela, Erika se volteó para hacer un 69, Erika pasaba su lengua por el clítoris hasta el culo de Daniela lo cual la hacía chorrera más cosa que sorprendía a Erika que sacando su mano de entre las piernas de Daniela tomo mi verga y la llevo a la concha de Daniela y cuando iba a empezar a moverme para cogerla duro, metió mis huevos en su boca de un mordisco que si bien me dolió y tomo por sorpresa me calentaba más, ya que no le quedaba a otra a Daniela de mover sus caderas en círculos estando dentro de ella.

    Por fin Erika dijo… pásame mi bolsa por favor… y al abrirla saco un “strap-on” el cual se puso ágilmente y dejando en cuatro a Daniela le metió el juguete poco a poco, yo me puse enfrente de ella para q mamara mi verga Daniela y después de un rato Erika me dice… ¿y si cambiamos? Poniéndome yo detrás y ella de frente… al meterle el juguete por la boca a Daniela Erika le dijo… jamás pensé verte así, con razón estas con él, que rico lo haces y como lo disfrutan… Daniela con los ojos cerrados sin decir nada seguía mamando y yo cogiéndola por detrás.

    Erika fue al “potro del amor” donde se sentó e invito a Daniela que se sentara sobre ella, obedeciendo sin poner objeción y ahora Erika le mamaba las tetas, le apretaba las nalgas y movía sus caderas. Daniela no para de moverse, su columna se contorsionaba de placer, agarrando sus tetas y las de Erika, algo que hace Daniela conmigo es que mientras la penetro ella se masturba, algo q replico con Erika, siguiendo en el mismo potro Erika la puso en cuatro y se la metió por el culo, lo cual hizo q Daniela diera un grito sordo, mientras yo seguía sentado en la mesa tomando vino. Y para terminar Erika se puso de frente a Daniela hincándola y ella se empezó a masturbar con los dedos orinando la cara de Daniela que abrió grande la boca tomando lo más que podía y la termino bañando de todos sus líquidos, Daniela quedo hincada en el piso, Erika se sentó sobre el sillón, con la respiración entre cortada, me pare a acercarles las copas las cual tomaron y se besaron delicadamente, no dejaban de tocarse a lo que Daniela voltea a verme y me dice… pásame mi bolsa por favor…

  • La encontré en la cama con otro (Parte 2)

    La encontré en la cama con otro (Parte 2)

    El domingo Laura estaba súper ansiosa, tenía miedo que Matías no venga, nunca la vi tan insegura con un tipo, claro que este chico no era un tipo cualquiera, tenía solo 18 años, Laura era la primer mujer que se cogió, y encima por la diferencia de edad, podría ser su madre, yo creo que eso era lo que la ponía tan nerviosa, no lograba sacarse de la cabeza que Mati se podía asustar por algo y desaparecer, los chicos tan jóvenes y tan inexpertos suelen ser imprevisibles.

    Mi participación esa tarde no estaba clara, mi mujer me contó la charla que tuvo con él la última vez que vino a casa, en ella le dio a entender al pibe que no tenía porque temer que yo le haga algo a él (tenía miedo que le toque el culo cuando se la estaba cogiendo a ella) concretamente le dijo, que más bien eso podría suceder al revés, ante esta respuesta, el chico no hizo ningún comentario, así que no sabíamos si le cabía hacerme algo a mí.

    Laura me dijo que la deje a ella tantear el terreno estando con él un rato a solas, para saber si podíamos hacer algo todos juntos, yo sabía que a ella le calentaba mucho la idea de que el pibe aunque sea mínimamente me toque o me deje chupársela, por lo que Lau iba a tratar de inducirlo a eso, pero no iba a insistir demasiado porque no lo quiere espantar por apurarse.

    Teníamos planeado que yo me pondría a hacer un asado en el parquecito que tenemos cerca de la pileta y en cuanto Matías llegara, Lau lo iba a secuestrar llevándoselo al dormitorio.

    Al fin el invitado tocó el timbre de la entrada y Lau corrió a abrirle, parecía una quinceañera con su primer novio, era una tarde de verano y hacía mucho calor, así que ella estaba preparada para meterse en la pileta, tenía una micro tanga, de cola era un hilo que le dejaba su hermoso culo al descubierto, y la parte de arriba no era mucho más grande, la verdad que apenas sostenía sus lindas tetas, dejando gran parte de ellas a la vista y marcaban muy bien sus timbrecitos, estaba para comerla ahí mismo en el parque.

    Lo recibió con un besazo en la boca, yo podía ver la puerta de casa desde la parrilla, y se quedó hablando con él un par de minutos, no los pude escuchar porque hablaron bajito y estaban como a 10 metros de distancia.

    Luego me contó algunas de las cosas que le dijo, y el diálogo entre ellos fue más o menos así…

    -hola mi amor, ahora vení conmigo donde está mi marido así lo saludas, vos tranquilo, confía en mí, con él no pasa nada, él sabe todo y además acordate que ya vio el primer día que me estabas en la cama conmigo, él es mi marido pero mi macho sos vos, así que me podes besar y hacer lo que quieras delante de él.

    Luego de hablar con Mati, lo trajo a mi lado donde estaba preparando el asado que íbamos a comer, el chico me dio la mano y me preguntó…

    -¿cómo está señor?

    Era tan tímido y educado que todavía no sé cómo hizo mi mujer para meterlo en la cama con ella. Después del saludo Laura lo besó en la boca delante mío como para que el chico se fuera acostumbrado que esto iba a ser así, y le dijo…

    -vení bebé vamos arriba al cuarto que te compré un regalito y quiero que te lo pongas.

    Le había comprado un short de baño, bastante ajustado y cortito que le marcaba terriblemente el pedazo que tenía entre las piernas.

    Al ver ese bulto, noté claramente las dimensiones de su verga y automáticamente comprendí el porqué del entusiasmo y calentura de la puta de mi mujercita.

    Pero bueno, eso recién lo pude apreciar, un buen rato después, porque parece que tardaron bastante en que el chico se cambie y se ponga su nuevo short, es más, estoy seguro que no se lo puso inmediatamente.

    Obviamente y considerando lo excitada que estaba Laura, tuve la certeza de lo que había ocurrido en mi dormitorio mientras yo preparaba el almuerzo, y que por supuesto ella me lo corroboró más tarde contándomelo todo detalladamente.

    Ni bien entraron al cuarto Lau le dio el regalo, él lo abrió y vio su short de baño, ya que había dicho que no tenía para meterse a la pileta, es más el día que nadó unos minutos en ella, lo hizo desnudo, cosa que instigó y aprovechó mi mujer para prácticamente violarlo y chuparle la pija en el borde de la piscina y tragarse su semen.

    Como supuse, en cuanto él se sacó su pantalón, ella le ofreció darse una ducha en nuestro baño privado, ya que venía de trabajar toda la mañana y hacía mucho calor, por supuesto él aceptó y Lau entonces le dijo…

    -me encantaría que me dejes bañarte, te quiero enjabonar bien y darte un lindo baño relajante, con unos buenos masajes.

    ¿Quién podría negarse a semejante ofrecimiento? El chico por supuesto aceptó de muy buen grado. Entonces mi mujer, cual si fuese una geisha, le preparo el agua de la ducha templando la temperatura, lo hizo ingresar a la bañera y procedió a enjabonar todo su cuerpo, pasándole las manos resbalosas por cada centímetro de su piel suave y lampiña.

    Primero masajeo su cuello y hombros, y empezó a bajar sus manos recorriendo sus brazos musculosos, se detuvo un momento en sus bíceps y luego pasó a enjabonar sus pectorales, poniendo especial atención en sus tetillas que estaban duras como las de mi mujer cuando se las acarician, el cerró los ojos disfrutando la suavidad de sus manos y la delicadeza con la que ella lo mimaba, Lau bajo un instante la vista y vio como el pene del muchachito estaba bien parado y ni siquiera se lo había rozado todavía, estuvo tentada de dejar de enjabonarlo y meterse esa pija divina en la boca.

    Sin embargo, siguió con su labor, bajó sus manos enjabonadas recorriendo todo su torso, hasta llegar a su pubis, allí tuvo cuidado de pasar sus manos solo alrededor de esa belleza que colgaba entre sus piernas, solo acarició por arriba, a los lados y sus huevos que ya había lamido en la primer cita, no quería agarrarle la pija hasta que Matías se lo pidiera.

    El chico no dejaba de respirar cada vez más aceleradamente, no decían ninguno de los dos una sola palabra, solo se escuchaba correr el agua y la agitación del muchacho.

    Laura quería hacerlo desear y vaya si lo estaba consiguiendo, a medida que las manos de mi mujer se acercaban a su verga y parecía que se la iba a agarrar, se notaba que su deseo estaba por llegar al límite, su agitación se transformó en gemidos y hasta quejidos.

    Para mí mujer, conservar la calma y no tirársele encima tampoco era fácil, tenía una calentura descomunal con este pendejo, ya me había confesado que no podía dejar de pensar en cogerlo.

    En un momento se arrodilló frente a él, y con su pija dura a milímetros de su cara, hizo un esfuerzo más y se dedicó a enjabonar las fuertes piernas del joven, lavó hasta sus pies, y después de enjuagarlos bien, llevó sus pies a la boca y se los chupó.

    Lau estaba dispuesta y empeñada en hacerlo desear hasta la locura.

    Después de besarle los pies y meterse dedo por dedo en su boca, al fin, se volvió a poner jabón en las palmas de sus manos y le agarró la poronga, arrodillada y mirándolo con esa cara que tiene cuando está muy excitada, se la pajeo y enjabono toda, Mati estaba que deliraba de deseos, no daba más, se la quería poner ya mismo, mientras lo masturbaba se fue poniendo de pie y ya parada frente a él le dijo que se dé vuelta y mire hacia la pared.

    El chico no daba más de la calentura, no obstante obedeció, entonces comenzó a pasar los dedos llenos de jabón por su ano.

    El chico gimió e intentó una leve queja, entonces ella apoyó las yemas de dos de sus dedos haciéndole presión en su agujerito virgen y le dijo…

    -Bebé me dijiste el otro día que tenías miedo que mi marido te toque el culo, pero yo sí te lo puedo tocar ¿no?

    -si, usted si señora, pero despacio por favor.

    Entonces le froto aún más los dedos en su agujero.

    -Ay señora por favor ¿qué hace?

    -te hago gozar mi amor.

    -pero señora Laura, nooo por favor.

    -¿por favor qué? Mi amor si te está gustando.

    A esta altura ya sin querer o queriendo, le había metido dos falanges del dedo medio en el ano y el chico entre asustado y sorprendido lo estaba disfrutando, pero por temor se negaba.

    -No por favor señora Laura, esto no está bien.

    -¿dónde dice que no está bien? No tengas miedo confía en mí, no tiene nada de malo que sientas placer así mi amor, no vas a ser menos hombre por esto.

    El chico se calmó un poco y buscó una excusa para que le saque el dedo de allí.

    -quiero cogerla, no puedo más…

    Entonces Laura que tampoco podía ya más, lo hizo girar, lo puso de frente a ella, y cambiaron de posición, ahora Laura era la que apoyaba su espalda contra la pared, flexionó una pierna poniendo su pie contra un saliente de la bañera, se corrió a un lado la poca tela que le cubría la concha y casi le rogó…

    -cogeme mi amor, ponemela así de parada, dale bebé por Dios dámela toda ahora.

    Entonces el chico al ver la conchita abierta y escuchar el ruego de mi mujer, se la metió casi de una vez, la hizo dar un grito mezcla de dolor y placer, que pude escuchar claramente, porque la guacha dejó a propósito la ventanita del baño abierta, seguramente para yo la escuche gritar mientras la cogia.

    Cada embestida que Matías le daba profundamente, Laura soltaba un gritito de placer, así la escuché no menos de veinte veces,

    -Ahhh ohh mmm ahhh dame, dame mi amor dame la leche amor, soy tu puta papi, dámela toda mi vida.

    Hasta que los gemidos y gritos de los dos se confundieron en uno solo, al acabar juntos.

    Cinco minutos después bajaron juntos, la carne ya estaba a punto, Laura se acercó a mi y me dijo…

    -hola amor, ¿qué tal?

    -bien, ¿vos la pasaste bien arriba?

    -si papito, ¿se escuchaba?

    -si absolutamente todo.

    -no sabes cómo me cogió papi, es un divino.

    -espero que te coja otra vez, pero delante mío.

    -olvidate, seguro que me coge un par de veces más como mínimo. ¿te gustaría que le dé la cola? Tengo ganas de ver si te da la verga para que se la chupes.

    -no lo presiones, si se da lo hacemos, sino no importa, disfrútalo vos mi amor.

    Claro pensé, ¡cómo no va a estar encajetada con este pibe! Si es como un animalito, sino hubiera tanta diferencia de edad entre ellos yo pensaría que se estaba enamorando de él.

    Ya eran más de las dos de la tarde y todos teníamos hambre, así que nos sentamos a comer, luego nos quedamos tomando sol y ellos se comportaban como dos tortolitos, sobretodo mi mujer, que está obnubilada con su juguetito nuevo, no dejaba de franelearlo y tocarlo bastante.

    Estábamos todos tomando sol sobre unas colchonetas tiradas en el pastito, cuando Laura empezó a besar apasionadamente a Mati, ella estaba de costado con su hermoso culito ante mis ojos, los dos se acariciaban abrazados sin despegar sus labios y lenguas del otro, todo esto obviamente como si yo no estuviera viéndolos, de mi mujer eso no me sorprende, a los dos nos da placer que lo haga delante mío, pero me sorprendió que el chico se haya soltado tanto, pero bueno, eso era lo que esperábamos.

    De pronto Lau comenzó a deslizarse hacia abajo, se puso casi sobre el muchacho que ya tenía una nueva erección, tomó con una mano su pija y la corrió para dejar sus huevos a la vista y a su merced, sobre los que empezó a pasar su lengua lamiendo a su gusto, el pendejo que ya estaba tomando confianza y dejando de lado su timidez, agarró del cabello a mi mujer y tirando de él, le hizo comerse bien la chota.

    Se la metió hasta la campanilla haciendo que se atragante, le provocó arcadas, y como ustedes saben Laurita a pesar de llevar las riendas de nuestra pareja y de la relación con este chico, en el fondo es bastante sumisa en la cama y algo masoquista, así que no le vino mal que Matías le aplique algo de rigor.

    Mientras Laurita se estaba tragando toda esa pija teniéndola metida hasta la coronilla, el pibe al tenerla agarrada del cabello, la obligaba prácticamente a comérsela toda, yo miraba atentamente y con mucho morbo la escena, Matías me miró a los ojos como diciendo, «vea lo que le hago» se habla enganchado con el juego del cuckold y le estaba gustando, entonces se preocupó porque yo vea como le pasó un brazo por detrás a mi mujer y alcanzó a tocarle bien el orto y enseguida vi cómo le metía un dedo en su anillito trasero.

    Lau sintió la entrada del dedo y se estremeció porque creo que no lo esperaba y estaba segura que no era yo el que le estaba metiendo el dedo, soltó unos quejidos, Matías le hizo bajar la cabeza y que su pija le haga de mordaza, estábamos al lado de la pileta al aire libre y no era cuestión que alguien la escuche desde la calle, le agarró el gusto a meterle el dedo y le metió otro más mientras no dejaba de mirarme sonriendo, entonces dijo…

    -tengo muchas ganas de penetrarla por la cola señora.

    Lau levantó la cabeza ya que al decir eso Matías había aflojado la tensión en su pelo, se sacó la pija de la boca por completo y le dijo…

    -hacelo bebé, no esperes más, cogeme por el culo mi amor, pensé que no me lo ibas a pedir nunca, dale amor haceme la cola, mostrale a mi marido como me coges.

    Entonces sin perder más tiempo, ella se colocó en cuatro patas como una perra con la cola bien paradita, él se puso en cuclillas detrás suyo, le apretó fuerte los glúteos separándolos, hizo que se le abra bien el ano, se inclinó y le pasó la lengua sobre el agujerito, le dio varios lengüetazos y la mojó toda con su saliva, ella al sentir esa paleta lamiéndole el ojete, empezó a gemir como una cerda, tuve que llamarle la atención para que baje el tono y no la escuchen desde la calle, paredón de por medio, no estamos tan lejos de la vereda por donde puede pasar gente y oírla y le dije.

    -shhh, cállate nena, baja la voz putita, te van a escuchar los vecinos.

    Luego el chico apoyó su glande en el orto de mi mujer y empezó a metérsela lentamente, Lau gritó…

    -Ahhh mi vida, despacito mi amor, se siente muy grande bebé, oooh por Dios, no amor, en la cola parece más grande, para pará chiquito, no me lastimes cielo.

    Le volví a decir que se calle…

    -vamos puta, cerra la boca, vos querías que te lo haga, déjate coger sin quejas nena

    De a poco ella se fue amoldando y dilatándose, pronto cambió sus ruegos por expresiones de placer…

    -Ohh mi amor que bien lo haces corazón, dámela fuerte, dame más bebé, haceme bien puta.

    Entonces está vez yo lo dije…

    -así me gusta amor, que lindo es ver como te garcha, me encanta como te hace la cola, me encanta que seas tan puta.

    Él se entusiasmó más y le dio unos lindos pijazos que mezclaron sus gemidos con pequeñas quejas de dolor, ella se metió un par de dedos en la concha y se pajeaba mientras Mati la cogia por el culo, y dirigiéndose a mi dijo…

    -Ay mi amor mira como me garcha, me está rompiendo el culo papi, ay por Dios que pija tiene, mirá lo que me hace, como me coge, como me la da este chico.

    Entonces me acerqué bien a su oído y le dije…

    -que puta sos.

    -vos me hiciste así, hijo de puta, esto es lo que querías de mí.

    Pero no crean que eran reproches verdaderos, decirnos esas cosas son parte de nuestro morbo y nos excita más.

    Vi entonces como el pibe, le agarró los pezones y se los tironeó con fuerza, ella gritó desesperada y le rogó que la llene de leche.

    -Dámela nene, por favor dame tu leche corazón, llename la cola chiquito, por favor quiero sentir tu leche entrando en mi culo, dale cielito, dámela toda.

    Hasta que a ella también, le vino un irrefrenable deseo de acabar.

    Entonces el chico empezó a descargar todo su esperma en el orto de mi mujer, mientras ella gemía y trataba de contener el volumen de su voz, se corría por el efecto de la paja que se estaba haciendo, frotándose el clítoris.

    Yo me quedé extasiado viendo ese espectáculo maravilloso, la verdad confieso que al verle la pija en el momento que penetró a Laura, deseé que también me lo haga a mí, o por lo menos chupársela, pero si mi mujer no dijo nada al respecto, no lo hizo por egoísmo o por comerse a ese chico sola, a ella le gusta tanto como a mi ver que un tipo me haga el culo y seguramente pensó que no era el momento.

    Ella encontrará la manera de llevarlo a Matías a esa situación, estoy seguro que en un próximo encuentro algo así sucederá, lo que si les aseguro es que será dentro de la casa, no quiero volver a estar pendiente de los grititos y expresiones de mi puta, seguramente se los contaré en el próximo relato.

    Pronto publicaremos la parte 3.

    Continuará.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Trío caliente

    Trío caliente

    Era una fría mañana de invierno en la que me estaba arreglando para ir a tomar mi café mañanero al bar de siempre cuando el camarero me manda un mensaje diciendo que me echaba de menos y quería verme. Terminé de ponerme mis vaqueros ajustados, con una camisa elegante y mi chupa de cuero. Cuando llegué al bar estaba el camarero junto a uno de sus amigos que casualmente yo ya conocía.

    La gente fue marchando mientras nosotros seguíamos riéndonos y pasando un buen rato mientras tomábamos el café, hasta que quedamos solos. El camarero decidió que era hora de cerrar para ir a comer. Me disponía a irme cuando me dijeron que me quedara con ellos un rato.

    No tardaron demasiado en sentarse uno a cada lado de mí poniéndome un poco nerviosa. Sin previo aviso, mientras charlábamos, el camarero me besó mientras una de sus manos se movía lentamente por mi pierna. Su amigo no tardó en unirse a la fiesta acariciando mi espalda hasta llegar a mi cuello para apartarme el pelo y empezar a besarme el cuello lentamente.

    Aquel momento estaba subiendo de temperatura rápidamente. Seguíamos besándonos, mientras por mi cuerpo se deslizaban varias manos apartando la ropa de su camino. El morbo de aquel momento me tenía encendida y deje bajar mis manos a los pantalones de ambos comprobando que no soy la única a la que le encantaba aquel momento.

    Casi toda mi ropa se encontraba por el suelo y por la barra cuando dejé que mis piernas cedieron quedando de rodillas entre ambos. Estaba muy juguetona, por lo que no tardé en sacar sus miembros ya erectos y acariciarlos con mis dedos lentamente mientras voy intercalándolas para jugar con mi lengua y tenerlas en mi boca.

    Tras un rato así, empezaron a mandar ellos, y mientras uno bajaba a jugar con mi vagina el otro seguía disfrutando de la comodidad de mi boca recorriendo su miembro. Sin previo aviso, sentí como el miembro del camarero se metía dentro de mí haciendo que mi boca dejara escapar un pequeño gemido. Las manos de ambos se desplazaban por mi cuerpo mientras callaban mis gemidos teniendo mi boca ocupada a la vez que iban cambiando de posición cada poco.

    Llegado el momento, decidimos que ya estaba preparada para que lo hicieran. Una doble penetración dejando mi boca por fin libre. Al principio no era muy cómodo, pero a medida que pasaban los minutos esa pequeña sensación de dolor se fue convirtiendo en placer mientras mi boca dejaba salir sendos gemidos junto a cada orgasmo. No tardaron mucho en terminar, haciéndolo en mi pecho dando por terminado ese momento que tanto había deseado.