Autor: admin

  • Contando las horas hasta sentirte dentro de mi otra vez

    Contando las horas hasta sentirte dentro de mi otra vez

    Hoy me encuentro triste y melancólica, tumbada en el sofá boca abajo con la televisión encendida sin hacer caso de lo que emiten, mirando por la venta y viendo caer la lluvia sobre los tejados inclinados de las casas de Brujas.

    Me encuentro triste, echándote tanto de menos Tomás que pienso que estarás haciendo ahora, desvió la mirada al reloj de la pared que cómpranos juntos en aquel mercado nada más mudarnos a esta hermosa ciudad de Bélgica, me acuerdo de lo que me dijiste entonces, “solo son unas manillas, una corta y otra larga que te indican a cuanto estoy de ti”, y pienso que mientras que aquí son las cuatro de la tarde sé que allí te estarás despertando, me siento sola y vacía sin ti.

    Es una sensación que no había tenido nunca, siempre rodeada de amigos y amigas hasta que tú te cruzaste y te clavaste como una espina en mi corazón, cuando llegaste a mi envuelto de caballero andante armado solamente con un paraguas para salvarme de una tormenta como la de hoy, pero allí en nuestra Valencia natal, haciéndome el amor y despertando en mí sentimientos ocultos que hasta entonces no veía, desde entonces mi cama no estuvo vacía, la pasión la envolvía cada noche y el amor cada mañana despertando a tu lado, echo de menos tus besos cuando te vas a trabajar, las rosas de papel que me dejas en la almohada al partir, sé que dentro de dos días estarás aquí, sé que para navidad estaremos nuevamente juntos, pero estos dos meses se han hecho eternos, demasiado largos.

    Triste y melancólica, tumbada en el sofá viendo como llueve, recuerdo que no hace ni cinco meses eras tú quien estaba tumbado aquí, aquel sábado durmiendo boca arriba descansando de la dura semana mientras yo terminaba de recoger la cocina, te recuerdo con los ojos cerrados, la televisión encendida, no es el calor de España, pero ese día se nota más calor de lo habitual, las persianas semicerradas para protegernos del sol que entraba por la ventana, te miro, te amo con los ojos, tienes una mano sobre tu pecho desnudo y la otra cayendo al suelo, allí tumbado solo con tu bóxer recuerdo que me acerque para besarte en la frente.

    Hasta hace poco estábamos hablando de lo que íbamos a hacer por la tarde, saldríamos a cenar, al teatro quizás o simplemente a pasear por la ciudad abrazados, cogidos de la mano como tantas otras tardes por los canales de esta hermosa ciudad, por sus puentes y plazas, hasta que deje de oírte, hasta que caíste en las dulces manos de Morfeo, yo no pretendía despertarte, pero mis labios no entienden de eso, mis labios empezaron a besarte la nariz que mueves dormido de un lado a otro por las cosquillas, te bese los labios recorriéndolos con cuidado para que me siguieras soñando.

    De rodillas en el suelo mis manos acarician tu cuerpo mientras miro embelesada tu rostro, mis besos van detrás de mis caricias, separo mi melena y me hago una coleta para que no esté cayendo continuamente por mi cara o sobre tu cuerpo, mis besos se acercan a ese espacio donde acaba tu carne y empieza tu ropa interior separándome de ti, con cuidado desabrocho los botones del bóxer, con cuidado busco tu pene sacándolo, acariciándolo, sintiendo como cambia de tamaño, despertándolo con la suavidad de mi lengua mojada al pasar por tu glande, ya no oculto las caricias, ya mis manos recorren tus muslos mientras devoro tu pene haciendo que su tamaño crezca como a mí me gusta dentro de mi boca.

    Te siento mover, te siento gemir, giro la cabeza con tu pene entrando y saliendo de mi boca y te veo mirarme con esos ojos azules y sonriéndome te sonrió.

    -Perdona amor, siento haberte despertado. –Te dije sonriendo con cara de pícara.

    -Estaba despierto Lara, no te preocupes, ven aquí y bésame.

    Recuerdo que me incorpore y me tumbe sobre tu cuerpo, besándote y apoyando mi mejilla sobre tu pecho, nos quedamos así un largo rato, cargándome del calor y del amor que desprendía tu cuerpo, recuerdo como me acariciabas la mejilla con la yema de tus dedos pasándola por mis labios que te besaban al pasar, recuerdo que me quitaste la goma que sujetaba mi pelo y extendiéndolo empezaste a acariciármelo peinándomelo con tus dedos, a pesar del sonido de la televisión… silencio, los dos estábamos en silencio sintiendo como mi cabeza subía y bajaba con tu pecho al respirar, el silencio se había apoderado de nosotros y ninguna imagen, ningún pensamiento por nuestras mentes, solo tú y yo.

    Me acuerdo que empezaste a besarme la cabeza, abrazarme y rodearme con tus fuertes brazos, mis dedos pasaban una y otra vez por tu pezón, besándolo de vez en cuando, me fui incorporando y empecé a cubrirte con mis besos, ahora mi melena se deslizaba por él detrás de mí hasta llegar nuevamente a tu bóxer, la aparte con mi mano pasándola hacia atrás, hacia un lado y mirándote a los ojos me volvía a meter tu pene en mi boca, besándolo, estaba tremendamente duro y erecto subiendo, bajando sobre él lo envolvía con mi saliva dentro de mi boca.

    Me senté a horcajadas, con mis rodillas a ambos lados de tu cuerpo sobre el sofá, sintiendo tu pene sobre mi sexo oculto por mis bragas dejándole sentir la humedad de estas, moviéndome y frotándome contra ti con mis manos sobre tus pectorales, mi melena rubia sobre tu cuerpo como un pequeño velo por el que casi no podíamos vernos, apartándola continuamente con mis manos, el corazón y la respiración se me aceleraba, de los dos salen los primeros jadeos, gemidos que empezaban a resonar en nuestro salón.

    Empecé a quitarme la camiseta despacio por encima de mi cabeza subiéndomela con las dos manos, estirando mi cuerpo y dejándote ver mis senos con mis pezones duros y erguidos, fueron los primeros en sentir tus caricias, tus dedos como pinceles dibujaban mis areolas y mis pezones, tus manos se llenaban con mis pechos apretándolos mientras que seguíamos frotando nuestros sexos.

    Con una mano aparte la tela de mis bragas que me estaba separando de ti y cogiendo tu pene lo deje a las puertas de mi vagina, despacio la iba sintiendo entrar dentro de mí, mi cabeza se echaba hacia atrás cerrando los ojos cuando la iba sintiendo entrar, tu pene se deslizaba por mi vagina abriéndose paso en mi interior llenándome por completo, mi cuerpo empezaba a subir y a bajar, mis caderas se movían hacia delante y hacia atrás, mi vagina le daba la bienvenida, abrazaba y besaba tu pene, cubriéndolo de mi flujo.

    Tan excitada desde que te empecé a besar dormido que ahora con tu pene recorriendo mi vagina una y otra vez no tarde en recibir un delicioso orgasmo, llenando y mojando mis bragas y tu bóxer por los fluidos que salían de mí, los dos cogidos de la mano gemíamos de placer, gritos sordos mientras seguías entrando dentro de mí, paraste con tu pene en mi interior, esperaste a que terminara de temblar y luego cogiéndome de la cintura me diste la vuelta, dejándome boca arriba con mis piernas abiertas y tú entre ellas, tumbado, metiendo y sacando tu pene de mi vagina y yo disfrutando de ti emitiendo gemidos y gritos cada vez más altos.

    Mi interior tan mojado que tu pene parecía un barco navegando, deslizándose suavemente sobre un lago de placer, rozando cada centímetro de tu pene con cada centímetro de mi vagina, mis paredes vaginales te recibían gustosas, esperando que explotaras y me cubrieras con tu semilla, nunca pensé que pudiera tener orgasmos tan seguidos hasta que estuve contigo, era algo nuevo también para mí, no sé si la excitación de estar contigo, tu pene enorme, tu resistencia, tus movimientos o simplemente tú, no sé, pero un nuevo orgasmo, tan delicioso e intenso como el de antes llenaba mi vagina de flujo, mis piernas temblaban a la vez que ahora si explotaste, disparando chorros de tu esperma en mi interior, nuestros gritos de placer ensordecían la televisión y solo nuestros besos eran capaces de aplacarnos y callarnos.

    Tomas mi amor, me acuerdo que te desplomaste sobre mi cuerpo sudoroso, besándonos nuestra piel salada, mirándonos enamorados.

    Algo me ha hecho volver a la realidad, una sirena, una más en estos tiempos tan aciagos ha hecho que mis ojos se vuelvan a fijar en los tejados de la ciudad golpeados por la lluvia, me ha despertado del recuerdo de aquella tarde de verano y vuelvo a mirar el reloj, a contar las horas y los días para tenerte nuevamente en mi cama.

    Sé que tu trabajo puede hacer que nos separemos durante algunos días, no tantos como esta vez, pero sabes que todas las noches, todas las mañana estaré buscándote a mi lado y cuando no te tenga solo el consuelo de una triste pantalla de ordenador me alegre el día, tu mano sobre la mía en la pantalla aunque triste y llorando por dentro por no poderte tocar.

    Sé que serán unas navidades diferentes, lejos de todos aquellos a los que queremos, que nos quieren y nos echan de menos, deseándoles que se cuiden en estos días tan difíciles, ya habrá más navidades, más abrazos, más besos, a ellos no los tendré este año, pero me queda el consuelo que por lo menos a ti te tendré a mi lado, junto a mí dándome calor en la cama, abrazándome y protegiéndome cuando estemos en la calle, sé que a finales de marzo estaré otra vez sin ti, espero que no por mucho tiempo, pero quiero que sepas que al volver estaré esperándote en nuestra cama para recuperar los días perdidos.

    Hoy es domingo y ya solo cuento las horas para que me puedas volver hacer el amor, a amar.

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    Deseo de corazón a todos los lectores una Feliz Navidad y cuidaros, cuidaros mucho.

  • Echar leche después del amante

    Echar leche después del amante

    Le sucedió a un amigo con su esposa Stella, mujer puta, bonita y tetona. Contada con las palabras del cornudo: 

    Esta historia es de Cornelio (no es su nombre, pero le queda bien), un amigo de mi infancia, quien me la contó en una borrachera que nos pusimos en mi casa y de la que él fue el último en retirarse. Cuando sólo estábamos él y yo le pregunté por qué se había divorciado de Estella. En nuestro estado de embriaguez, no tuvo empacho en contarme la razón: “Porque era muy puta, pero me gustaba así, lo que no me gustaba es que ella no era reservada y los demás se daban cuenta que lo era, lo cual nos fastidiaba la vida con los parientes” dijo y me contó varias de las aventuras de su mujer. En efecto, todos nos dábamos cuenta que era muy puta, incluso a mí me presionó varias veces con su pecho, que, junto con la cara, era de una gran belleza y muy tentador; y tentable, por muchos, según mi cornudo amigo, quien además gozaba que su esposa le diera esplendor a su ornamenta. Va una aventura, contada en primera persona por él.

    Hace años, cuando celebrábamos en casa el bautizo de mi hija menor, acudió entre los invitados el primo de una prima de mi esposa, quien la acompañó. Yo ya lo conocía, entre otras cosas porque él le había hecho la corte a mi mujer cuando ella era mi novia. Después de mi primer hijo, ya casada, ella lo aceptó para tener eventuales encuentros sexuales de los cuales me fui dando cuenta poco a poco y ante los múltiples indicios, entre los que se encontraban escasas llamadas, pero periódicas, señaladas en el recibo telefónico, a la ciudad donde vivía este sujeto y mis suegros, así como otras cosas más que se acumularon.

    Me encontraba yo agachado en una zona adjunta a la nevera buscando unas botellas en mi pequeña cava. En esa posición no era fácil que alguien pudiera verme y entró mi mujer a la cocina a tomar unas charolas con algunos bocadillos ya preparados, pero unos segundos después entró el sujeto que se la cogía (a quien aquí llamaré Carlos), poniéndose al otro lado de la barra.

    –¡Te ves hermosa, mi amor!, me tienes con la verga bien parada sólo de verte –le dijo en voz baja, aunque pude oírlo y me quedé inmóvil para no delatarme, pero mi pene empezó a endurecerse, señal de que me gustaban los cuernos.

    –Pobrecito. Yo también tengo ganas, caliente. En diez minutos exactamente subes a mi recámara, la única puerta de la pared del fondo, y me esperas ahí para bajarte la hinchazón… –le dijo ella compadeciéndolo. Tomó las charolas, dándole una a su amante para que le ayudara en la repartición, y salieron.

    ¡Me quedé encabronado! También estaba muy caliente por lo que escuché. Sin pensarlo más, decidí ver la función completa. A lo lejos vi que estaban ocupados ofreciendo los bocadillos y me colé a mi recámara. Corriendo parte de la ropa, me hice espacio en el closet para meterme, dejé una pequeña rendija en la puerta corrediza desde donde veía muy bien. Me quité mi ropa y desnudo esperé. Escuché que abrieron la puerta de la recámara y luego la cerraban con sigilo. Carlos husmeo un poco, cerró bien las cortinas y cuando se acercó al closet y no hizo más porque llegó Stella, quien le puso seguro a la puerta. Se abrazaron y besaron apasionadamente.

    –Creí que ya estarías desnudo –le dijo ella separándose para levantarse la falda y bajarse las panties –. No tenemos tiempo, sólo es para que no andes enseñando la erección del pene por todos lados –concluyó y el amante se bajó los pantalones.

    Al ver el pene babeante, ella lo abrazó y tomándole el miembro a su amante se lo dirigió a la vagina. Se ensartó y colgada del cuello de Carlos lo abrazó con las piernas por la cintura. Él la sostuvo de las nalgas y se movieron hasta venirse. Yo, desde mi lugar, viendo aquello me acariciaba el miembro con la mano derecha y me jalaba el escroto con la otra, todo lentamente, sin hacer ruido y conteniendo la respiración.

    –Vamos abajo –dijo ella subiéndose el calzón

    –Aún no –le contestó desabrochándole la blusa; le levantó de golpe el brasier y se puso a mamarla, mientras le bajaba otra vez las pantaletas.

    Mi esposa, lo abrazó y cayeron en la cama. Le volvió a meter la verga y se volvieron a venir. Yo no aguantaba las ganas de hacerme una chaqueta en forma y estaba con la verga escurriendo presemen en abundancia.

    –Ahora sí, amorcito, ya vete, ahorita que me reponga bajo –le exigió empujándolo.

    A Carlos, todo desmadejado, no le quedó otra que obedecer. Se puso de pie y pude ver los vellos revueltos de mi puta esposa, con las chiches de fuera y el calzón en las pantorrillas. El amante, al agacharse para subirse los pantalones le besó el triángulo en el pelambre que brillaba por el semen y los jugos que salieron. Quise gritar ante el antojo que me provocaba esa vista y sólo me jalé mucho el escroto hacia arriba para no hacerlo y dejé salir un leve suspiro que afortunadamente no fue escuchado. Mi esposa se sentó y le dijo “Salte” volviéndolo a empujar. Pensé que Carlos se caería al perder el equilibrio por el letargo que se siente al estar tan venido y no poder disfrutar de paz. Afortunadamente ya tenía los pantalones arriba y pudo mover una pierna para no caerse. Se abrochó el cinturón y salió.

    Apenas cerró la puerta, mi esposa se volvió a recostar quedando en la posición que casi me había delatado. Me la jalé dejando escuchar los chasquidos de mi prepucio, lo que alarmó a mujer. Corrí la puerta del closet, ante su asombro, ella se puso de pie. La empujé otra vez a la cama y le puse seguro a la puerta de la recámara.

    –¡Quédate así, puta, ahora sigo yo! –le dije hincándome para mamarle la panocha y extendí mis manos para jalarle y amasarle las tetas que tenían los pezones muy erectos par las mamadas que Carlos le había dado. Ella simplemente se dejó hacer… Abrevé de sus jugos y el amor que le dio su amante. Nunca antes la mezcla me había sabido tan rico como ahora.

    Me puse de pie, le enseñé mi palo más enorme que otras veces pensando para mis adentros “Ahora me vas a bajar la hinchazón a mí, puta” y se la dejé ir hasta que mis huevos se mojaron con los escurrimientos del líquido que brotaba de su raja. Me moví mamándole las chiches y supe que se vino porque me abrazó y lanzó quejidos intermitentes. Vacié mis testículos y con un “Te amo” muy sincero, acompañado de un apasionado beso correspondido, quedé yerto, respirando ambos a bocanadas y aún con la verga muy templada sentí su perrito que exprimía todo.

    Cornelio me miró, lloraba y arrastraba las palabras: “Me molestaba que cogiera con otros, pero me llegó a gustar cuando me contaba lo que le hacían o le decían sus amantes. Ahora sólo me la cojo de vez en cuando” Dijo y terminó dándome un consejo: “Si puedes, cógetela para que sepas por qué la aguanté tanto”.

  • Mis aventuras con Srita Annonima (1): Videojuegos

    Mis aventuras con Srita Annonima (1): Videojuegos

    Son las 9 pm, en algún lugar de México suena tu teléfono indicando que tienes un mensaje nuevo:

    -Hola hermosa, pude escaparme un poco temprano de la oficina, ¿puedo pasar o sigue en casa tu marido?

    Tus dedos viajan rápidamente por la pantalla de tu celular mientras respondes:

    -Se fue hace una hora aproximadamente y no va a regresar hasta mañana a mediodía, mándame mensaje cuando llegues y trata de ser discreto, no quiero que los vecinos vayan a sospechar.

    Cinco minutos después suena de nuevo tu celular, ni siquiera es necesario abrir el mensaje, te diriges al interfon y presionas el botón que abre la puerta del edificio. El pasillo que dirige hacia tu departamento se encuentra totalmente a oscuras, ventajas de tener un administrador flojo, la oscuridad me cubre por completo mientras atravieso el umbral y solo puedo ver una delgada línea de luz indicando el contorno de tu puerta, ligeramente abierta.

    Atravieso tu puerta y estás frente a mi, cubierta únicamente por una mullida bata de baño, fumando y descalza.

    -Alguien te vio?

    -No, todo está a oscuras y cerré con cuidado la puerta para que no hiciera ruido.

    -Es muy temprano, tendrás que esperarme, ponte cómodo mientras me baño -me dices mientras aplastas tu cigarro en el cenicero.

    Escucho el ruido de la regadera mientras me siento en un sillón, enciendo la televisión y comienzo a brincar por los diferentes canales, no hay nada interesante para variar, la consola de videojuegos es nueva, así que decido encenderla.

    Comienzo a jugar y como siempre el tiempo vuela.

    -Hombres, la vida se les va en esos juegos -te escucho decir, volteo y estás detrás de mí con un gesto de incomodidad.- Si mi marido me pusiera la misma atención que a ese aparato tú no estarías aquí.

    -Tranquila muñeca, a la hora que tú me digas lo apago y nos vamos -mi atención vuelve a la pantalla rápidamente.

    Minutos después te escucho caminar hacia mi, antes de que pueda voltear a verte estás frente a mi, cubierta únicamente por un vestido negro de encaje, me haces un gesto con las manos y te sientas en mis piernas dándome la espalda.

    Tu cabello aún se encuentra mojado, hago a un lado el control y tomo tu cintura entre mis manos, comienzo a besar tu cuello, aprovechas para acomodarte bien encima de mi y mis manos suben lentamente hacia tus senos. Mis labios se posan en tu cuello y lentamente muerdo tu nuca.

    Mis manos llegan a tus senos, los aprieto lentamente buscando los pezones y tú comienzas a mover tus caderas

    Mi respiración te hace acelerar los movimientos… muerdes tus labios… pones tus manos sobre las mías mientras acaricio tus senos… Y guías una de mis manos hacia tu entrepierna que está húmeda y cálida al sentir lo que va creciendo poco a poco entre mis piernas.

    Tu entrepierna está húmeda y deliciosa, comienzo a acariciar tus labios y poco a poco me abro paso hacia tu clítoris, lentamente comienzo a acariciarlo con mis dedos, los retiro una vez y los llevo a mi boca para probar tu delicioso sabor.

    Regreso mi mano a tu entrepierna y comienzo de nuevo a jugar con tu clítoris, sigo acariciando tus senos con mi otra mano y comienzo a besarte en la boca, tus labios son deliciosos. Tu cadera sigue haciendo círculos, tus manos comienzan a bajar hacia mi cadera

    Tus manos empiezan a acariciar mi miembro ya erecto… sobre la ropa… Se siente como palpita al querer escapar de entre mi pantalón… Empiezas a desabrochar mi pantalón y casi instantáneamente sale de mi bóxer.

    Despacio te levantas y giras hacia mí, en ese momento aprovechó para tomarte por la cadera y llevarte hacia el sillón, quedas acostada boca arriba, mis manos comienzan a subir tu vestido.

    Comienzo a recorrer tus piernas con mi lengua, subo por tus muslos, los lamo y muerdo despacito, la parte interior de tus muslos es deliciosa, sigo lamiendo y sigo subiendo, llegó a tu cadera, comienzo a lamer tus inglés, cerca de tu entrepierna pero sin tocarla, paso hacia la otra pierna, beso y lamo cada centímetro de tu vagina y poco a poco comienzo a pasar mi lengua por tus labios, abres las piernas y comienzo a besar tu clítoris.

    Siento cómo se tensan tus piernas, tu sabor es delicioso, tu olor es embriagador, sigo lamiendo lentamente, subes tus piernas a mis hombros y me jalas hacia ti.

    Mi lengua sigue jugando con tu clítoris, tu humedad aumenta, mi lengua baja y comienza a penetrarte para después regresar hacia tu clítoris, una vez más lamo desde abajo hasta tu clítoris.

    Comienzas a gemir y con tus manos arañas mi espalda, con mis manos aprovecho para quitarme el pantalón, una vez que lo logró busco de nuevo tus senos, quiero tu primer orgasmo en mi boca, tus gemidos son cada vez más fuertes, sé que estás cerca así que aceleró el movimiento de mi lengua, comienzas a correrte y antes de que termine tu orgasmo subo hacia ti y te penetró lentamente.

    Comienzo a besarte mientras te penetro, primero despacio, luego comienzo a acelerar, mi boca bajó a tus senos, comienzo a besar y lamer tus pezones, con tus piernas me abrazas y logras que la penetración sea más profunda.

    El sillón empieza a rechinar, tus gemidos son cada vez más fuertes, sigo penetrándote, tu cadera comienza a moverse al mismo ritmo que la mía.

    Me pides que pare y que me siente en el sillón, conozco esa mirada de lujuria, esa sonrisa promete mucha más pasión, me siento en el sillón con las piernas abiertas, te levantas y parada frente a mí me das la espalda, te sientas sobre mi pene despacio, me encanta tu trasero, poco a poco comienzas a cabalgar, te recuestas sobre mi pecho, me encanta esta posición y lo sabes, tengo a la mano tus senos y tú entrepierna, mi mano baja hacia tu clítoris, comienzo a jugar con él mientras te penetro, estás ardiendo y aceleras tus movimientos.

    Empieza el segundo orgasmo, tu cadera se mueve frenéticamente, tomas mi mano y la muerdes para no gritar, puedo sentir las contracciones de tu vagina y tú humedad bajando por mis piernas, tu cuerpo está todo sudado y aprovechó para lamer tu espalda.

    Tu orgasmo es largo y húmedo, puedo sentir tu respiración agitada, te levantas de nuevo, tus piernas tiemblan y tu sonrisa crece sin más, está vez no escaparé, te sientas sobre mi de frente, guías mi pene hacia tu vagina nuevamente, y comienzas a mover la cadera, me encanta ese movimiento y lo sabes, mis manos toman tus pechos, comienzas a besarme y morder lentamente mis labios, pasas a mi cuello, tu cadera sigue moviéndose, me vuelves loco, comienzas a gemir levemente en mi oído, pierdo el control, tu entrepierna es demasiado para mí, me encanta, me vuelve loco y dices levemente en mi odio «termina adentro».

    Casi como si lo ordenaras, comienzo a correrme, es un orgasmo largo, tus caderas se siguen moviendo, exprimiéndome en cada movimiento, tomo tu cadera con mis manos y te jalo hacia mi tratando de llegar más adentro, mi respiración se agita, mi corazón late desbocado, cierro los ojos un segundo y cuando los abro estás mirándome con esa sonrisa perversa, continuo dentro de ti y puedo sentir cada movimiento que haces, lo sabes y te gusta torturarme, sigues moviendo la cadera, haciendo lentos círculos, te beso en la boca, tus labios me fascinan.

    Te levantas con calma y me dices:

    -Voy a la regadera, me acompañas?

    Ella:

    Aguardado un poco mientras me admiras caminando de puntillas hacia la ducha… En cuanto recobras el aliento te levantas de prisa y vas tras de mi… Yo ya estoy bajo el agua… Sintiendo el vaporizante contraste entre el agua fría y mi piel ardiente… antes de que abra mis ojos empiezo a sentir tus manos recorriendo mi piel… Te colocas detrás de mí y acaricias mis senos húmedos… Me encanta como el agua hace tus caricias resbaladizas… También puedo sentir como tu pene sigue erecto por mi arriba de mi trasero… (Ya que estás más alto que yo jeje) te bajas un poco para colocarlo cerca de mis nalgas… Y también para besar mi hombro… Mientras tus manos siguen deleitándose y jugueteando con mis senos…

    Antes de que sigas… Cierro un poco la regadera pero no totalmente, te coloco sobre el leve chorro de agua y… me pongo de rodillas frente a ti… Empiezo a acariciar tu pene mientras mis labios besan alrededor… Luego… Lo pongo frente a mi rostro y empiezo a lamerlo lentamente… Luego paso mis labios por el costado de tu pene… Mis manos acarician tus testículos… Empiezo a besarlos… Y lamo entre los dos… Para después de un sorbo meterlos en mi boca te encanta sentirlos dentro de mi cálida boca…

    Te escucho lanzar un gemido entre callado pues eso te provoca un leve dolor agradable… Luego mis labios se dirigen nuevamente hacia tu pene totalmente erecto… Con una mano lo tomo y empiezo a introducirlo a mi boca poco a poco y mientras va entrando empiezo a juguetear con mi lengua en tu glande…

    Cada vez lo introduzco más dentro… Hasta que quito mi mano y lo introduzco totalmente en mi boca… Esa primera vez fue algo tosca ya que sentí entrar tu pene a mi garganta y me provocaste un poco de tos… Volteo mi mirada traviesa hacia ti… aún con tu pene dentro de mi boca y empiezo a chuparlo más de prisa… Una y otra vez… Mis manos acarician tus nalgas y de vez en cuando una mano baja hacia tus testículos para estimularte aún más.

    Siento como empiezas a lubricar y justo antes de que explotes… Me levantas y con fuerza me pones de frente a la pared… Me inclinas un poco y empiezas a penetrarme, con una mano tomas mis brazos arriba en la pared… Para inmovilizarme… Y con la otra aprietas mi cadera para moverme al ritmo fuerte de tu pelvis… Me haces gemir y eso te excita y te provoca darme una nalgada que me provoca mover mi cadera más veloz…

    Con tus dos manos tomas con fuerza mi cadera… para poder guiar mis movimientos… Mi espalda se arquea más… mi rostro y mis pechos tocan la pared… me escuchas gemir fuerte con cada embestida… pues me encanta sentirte en total control de mi…

    Sientes como mis fluidos vaginales caen y mojan aún más tu pene… Te encanta sentir tu pene entre mis tibios fluidos y el frío del agua de la regadera…

    Te bajas un poco, me giras hacia ti… Y sin decir palabra veo tu pene y me siento sobre el… Cuando ya está dentro… Siento como te levantas… Me tomas de la cadera y te rodeo con mis piernas… Y mis brazos se entrelazan en tu cuello, mi espalda se arquea instantáneamente pues puedo sentir tu pene más dentro y con tus manos mueves mi cadera hacia arriba y luego puedo sentir tu pene palpitando dentro de mi…

    Caminas un poco y logras salir del baño conmigo cargada y con tu pene dentro… Sigo extasiada por la sensación… no me doy cuenta que me llevas hacia una mesa… Abro mis ojos y me sientas sobre la mesa, me recuesto… Y levantó mis piernas hacia tus hombros… Jalándote con mis piernas hacia mi… Para que sigas penetrándome.

    Te gusta ver cómo muerdo mis labios y como mis senos se mueven libremente cada vez que con fuerza me penetras…

    Él:

    Sigo penetrándote sobre la mesa, tus senos se bambolean con cada embestida, comienzas a correrte, tu orgasmo es explosivo, tu vagina aprieta mi pene con cada contracción.

    Aceleró las embestidas, sabes que estoy cerca del orgasmo y me detienes, te pones en cuatro aún sobre la mesa y con tus manos tomas mi pene y lo diriges a tu boca. Tu lengua hace círculos sobre mi glande, lames los costados de mi pene y suavemente lo mordisqueas, me miras directamente a los ojos y con tu sonrisa más perversa me dices “Está vez los quiero en la boca, así que no te detengas”.

    Introduces mi pene en tu boca y comienzas a chupar lentamente, me miras de nuevo a los ojos y tomando con tu mano mis testículos aumentas la velocidad, sacas mi pene de tu boca solo para sonreírme y mandarme un beso y continuas chupándolo.

    Estoy cerca de terminar y lo sabes, pones tus manos en mis nalgas y jalas con fuerza hacia ti, mi pene llega hasta tu garganta pero esta vez estabas preparada y continuas como si nada, comienzo a gemir con fuerza, mi eyaculación es inminente, tu simplemente continuas, mi semen inunda tu boca, pero lo controlas con facilidad, sigues chupando para extraer todo lo posible, una vez que sabes que no saldrá más simplemente sacas mi pene de tu boca.

    Mientras me miras sonríes y dejas caer mi semen hacia tus pechos. Lames la última gota… Con tu lengua limpias el excedente de semen de tus labios y me sonríes… Te acercas a mi y me das un tierno beso.

  • Mi nuevo juguete (Parte 2)

    Mi nuevo juguete (Parte 2)

    Después de que me la limpiara, preparé algo de comer, ella se quedó en la cama por el agotamiento creo que fue demasiado para su primera vez, pero así se acostumbraría más rápido.

    Eran como las 5 de la tarde después de una comida tranquila sin decir muchas palabras yo quería seguir jugando, parecía niño con nuevo juguete y claro eso era, ella ya estaba vestida a medias porque lo hizo rápido, se levantó de la mesa e iba a tomar sus cosas.

    Le dije que todavía no terminábamos, ella sorprendida, pero un poco molesta dijo que ya lo habíamos hecho y hasta más de lo que había dicho, yo le contesté que me tenía que complacer y que todavía no terminaba, la tomé de la cintura y un poco a rastras la volví a llevar a la cama, en su comida volví a poner del afrodisíaco y sabía que haría efecto en poco tiempo, le dije “quieres que te arranque la ropa e irte con ella así o prefieres quitártela tu sin que sufra daño, además ya lo hicimos una vez, otra vez no causará mucha diferencia”.

    Sin decir nada se quitó la blusa, pero seguía haciendo de forma tímida y le dije que se quedara en ropa interior, eso me provoca más morbo, cuando ya estaba solo en calzones y en brasier le dije que se acostara boca abajo y lo hizo sin rechistar ya estaba empezando a entender, pero por experiencia sé que a las mujeres les gusta que les des órdenes y más cuando son sumisas.

    Le di una nalgada y le dije que levantara el culo, torpemente inclinó las caderas hacia arriba, la tuve que levantar de la cintura y hacer que se pusiera de rodillas, pero con la cabeza pegada a la cama como en escuadra, todavía estaba en entrenamiento así que sabía que para poder divertirme a gusto tenía que inmovilizarla.

    Cuando no lo esperaba le puse otra vez las esposas haciendo que sus manos quedarán en su espalda, así empecé a besar su espalda y reaccionó rápido a mis besos siguió haciendo ligeros gestos y mojándose poco a poco, jalé sus calzones muy tiernos eran como los que usa todavía una niña en lo personal yo prefiero que usen tangas, pero para la transformación de niña a mujer que estaba haciendo no estaba mal. Tomé una navaja y corté sus calzones ella sorprendida dijo que estaba haciendo, “tranquila hoy te irás sin ropa interior esto es para mí así que cállate o te los meteré a la boca”.

    Vi que ya empezaban a caer sus fluidos nuevamente así que ya era hora de seguir con el juego, puse un tripié con una cámara de video tome un consolador de mi colección no muy grande y empecé a sobar su vagina empapando lo y poco a poco lo fui introduciendo aunque no era muy grande ella seguía sintiendo la invasión a su zona íntima jugando con ella hice que tuviera un orgasmo ella hundía su cara en el colchón ahogando sus gritos de placer y eso me ponía más caliente ya se ponía notar otra vez mi erección, tome sus piernas y las puse sobre mis hombros iba a cogerla hasta vaciarme completamente en ella, empecé metiendo la punta poco a poco hasta que ya estaba la mitad dentro la empuje duró hasta el fondo no conseguí meterla toda pero en un futuro lo conseguiría, ella solamente gemía con mis vaivenes hasta que tuvo otro orgasmo, para hacerla mi sumisa tenía que mostrarle el placer del que se estaba perdiendo por lo haber cogido con un verdadero macho no solo es quitarle la virginidad y llenarla de tu semen, tienes que hacer que escurran sus propios jugos, que deje charcos en el piso y que sienta placer con el simple roce de tu verga en su cuerpo y para eso yo soy muy bueno, lo primero es humillarla y hacerla sentir placer con eso.

    -mira que buena putita me en encontrado nunca habías tenido una verga adentro y está ya te la estás comiendo casi toda o será solo que tú novio la tiene pequeña y nunca se te antojo montarlo?

    (Mostraba vergüenza pero no dijo nada)

    -aaa seguro que es eso, a ti te gustan las vergas grandes y no te importa que sea de un viejo como yo siempre y cuando te dejen bien cogida?

    -no eso no es verdad

    -en serio? Entonces porque estás dejando mi verga empapada y al pobre de tu novio ni una mamada le das?

    -si se la eh…

    Cuando dijo eso me causo intriga y quise ponerla a prueba.

    -vaya parece que tenemos aquí una chupa pollas y cuéntame haces que se venga en tu boca o solo le has dado besitos?

    Se sonrojó y volteo su cara lo que pudo para que no la viera.

    -bueno si no quieres hablar me encantará dejarte tu vagina llena para tener a nuestro bebé (es un truco muy casual que uso para convencerlas de hacerme una mamada)

    -no saque la por favor no se venga adentro!!!

    -bueno, si eres una chica buena y me satisfaces con tu boca no tendré que embarazarte, te parece bien?

    -(débilmente) está bien pero no sé venga adentro

    -cuéntame hasta dónde has llegado con tu novio? -Todavía tenía mi verga adentro solo un poco pero es parte del estímulo y el gancho para obtener lo que quiero

    -a usted no tengo porque decirle nada de mi novio.

    -bueno si no me dices no la sacare y en cualquier momento me puedo venir con tu rico trasero (le di una nalgada)

    -aaa, bueno solo le eh dado alguna chupadas cuando estemos solos en su casa

    -y se la chupas hasta hacerlo venir en tu boca?

    -no, solo se la eh chupado un poco y lo masturbo para que se venga al suelo.

    Suelto una carcajada burlona.

    -mira tremenda putita que tengo aquí y al pobre de tu novio no lo dejas venirse en tu boca.

    -es que me da asco el semen y pensaba tener mi primera vez en un lugar especial con él, pero usted está abusando de mi

    Quiso empezar a llorar.

    La tome de la cintura y la jale para meterle mi verga de una estocada.

    -ya ves eso pasa por ser tan recatada y no disfrutar del regalo que Dios te dio, pero tranquila yo te liberaré y le haré el favor a tu novio para que de ahora en adelante cojan como debe ser (claro que eso será bajo mis condiciones porque solo yo decido quien y como se juega con mis juguetes)

    La cargue y la puse de rodillas en el suelo tome asiento en un sillón y cuando puse mi verga frente a su cara sus ojos de abrieron como platos (me encanta generar esa reacción y más grabarlas).

    -qué pasa? Nunca habías visto una tan grande?

    Seguro tu novio no tiene ni la mitad, pero no te preocupes yo haré que veas lo que es una verdadera verga, bueno veamos que tan bien la pasa tu novio contigo.

    Con un poco de asco empezó a tocarla con sus labios.

    -que son estás tonterías *le di una cachetada tumbándola al piso ya que sus manos seguían esposadas en su espalda no pudo apoyarse en ellas*

    -si sigues así te irás con tu vagina llena de leche y con un regalo en 9 meses, te daré otra oportunidad chupa mi verga como si fuera un dulce caramelo o verás entendido?

    Con sus ojos un poco lagrimosos asintió con la cabeza y otra vez en posición empezó a meter mi verga en su boca pero apenas metida la cabeza.

    -que mamadas son esas?, Pobre de tu novio así no lo has de hacer ni soltar unas gotas, pero me va a agradecer cuando vea lo bien que te enseñaré a chupar pollas

    Hice una coleta con su cabello y dirigía su boca por el tronco hasta que ya estuviera más lubricada.

    -abre la boca y saca la lengua

    Empuje mi verga hasta su garganta sosteniendo su cabeza para que se acostumbrara al tamaño y después de unos momentos la solté, empezó a toser y hacer arcadas.

    -tranquila te acostumbrarás

    Tuve que volver a hacer eso unas dos o tres veces más hasta que ella sola metiera mi verga y empezará a chuparla.

    -bueno creo que ya le pediste el miedo así que seguiremos con el siguiente paso, pero no trates de parte de lista porque si no ya no seré bueno contigo

    Liberé una de sus manos y la volví a estar hacia enfrente para que tuviera más movimiento.

    -ahora con una mano acariciaras mis bolas y con la otra masturbaras lo que no entre en tu boca así me vas a hacer venir entendido?

    Con los labios escurriendo baba solo asintió

    Empezó a meterse mi verga en su boca y a hacer lo que le había ordenado.

    Me sentí en la gloria, imaginen esto una chica dulce de 23 años, con cara muy linda, excelente figura y un trasero que todos los hombres quisieran montar y que era virgen hasta hace unas horas hincada en el suelo chupando la polla de un viejo como yo a placer, es un gusto que cualquier hombre quisiera y más cuando sabes que solo es el principio de muchas cosas más.

    Cuando ya me iba a venir la volví a tomar del cabello y empecé a follar si boca sentí como entre hasta su garganta y lance toda la leche que ella provocó.

    -si no la tomas te vas a ahogar

    Y sentí como empezó a tragar la venida que le di directo hasta su garganta así hasta la última gota.

    Al soltarla nuevamente empezó a toser y a hacer arcadas.

    -si vomitas mi leche haré que te la comas del suelo

    Sabía que era capaz de hacerlo y empezó a calmarse poco a poco.

    Me pare a detener la grabación y al parecer ella no le había notado

    -que hiciste?

    -solo guardé un momento muy importante para ti

    -que vas a hacer con eso?

    -si te portas bien solo lo usaré para compasión pero si me desobedeces todos tus conocidos verán lo zorra que eres incluyendo a tu novio que tanto amas, así que a partir de ahora serás mi putita personal entendiste?

    -no, eso no era lo que dijiste…

    Le di otra cachetada.

    No estás en posición de opinar a partir de ahora me dirás amo y haras todo lo que yo te diga entendido?

    Solo se quedó callada y con ojos vidriosos.

    Le di otra cachetada.

    -No me gusta repetir las cosas así que dime

    -si ammmo

    -así me gusta.

    Su sumisión me había puesto duro nuevamente así que la coloque en la cama y la volví a coger, diciéndole que era mi putita, mi zorra, que le dejaría la forma de mi pene en su vagina y así hasta venirme dentro.

    Ella pareció entenderlo y disfrutarlo porque ya solo hacia movimientos hacia mi, teniendo orgasmos seguidos.

    La dejé ir a casa dejándole claro que a partir de ahora tendría que hacer todo lo que yo le dijera sin rechistar porque había sido bueno con ella y no quería conocer mi parte mala.

    Sollozando dijo que si que le dolería cortar a su novio, pero que no divulgará el vídeo (donde se veía claramente como gozaba como una perra en celo).

    -no tienes que hacer eso, puedes seguir disfrutando de tu noviazgo con el cornudo, siempre y cuando no me desobedezcas, entendido? (Si no quien mantendrá a mi hijo cuando te embaracé?)

    Pareció no entender la idea.

    -pero si tú me quieres coger, porque quieres que siga teniendo novio?

    Le di una cachetada, perra mal agradecida, todavía que te dejo seguir con el pito chico de tu novio me reclamas? Entiende que tienes que hacer lo que yo te diga entendido?

    -en… Entendido

    Después de que se aseara un poco pedí un taxi y nos subimos los dos, ella no dijo nada pero si se confundió un poco al ver qué me subía con ella.

    -buenas noches, a dónde los voy a llevar.

    -…

    -rápido Andrea cuál es tu dirección?

    Un poco confundida dijo su dirección y para mí suerte era un sitio no muy lejos de mi casa, empezamos el viaje y Andrea venía junto a mi callada y algo tímida cuando le dije bueno ya puedes empezar a mándamela, sus ojos se abrieron como platos y se puso roja con cara de asombro, se le notaba la inocencia y cualquiera que la viera pensaría que todavía era virgen…

    Con gestos negaba el cumplir mi orden y al oído le dije «prefieres que un taxista cualquiera vea lo zorra que eres o que todos tus conocidos lo sepan» además si me haces venir rápido no se dará cuenta.

    Lleve su mano por encima del pantalón e hice que me sacará la verga la cual ya estaba un poco dura y que empezará a masturbarme, ella lo hacía discretamente sin dejar de ver qué hacía el taxista si hasta que hice que se bajará y empezará a chupármela, aprende rápido porque ya estaba haciendo los movimientos que le enseñé si apenas unas horas antes y se empeñaba en querer hacerme venir, así que empecé a gemir para llamar la atención del taxista lo cual logré rápidamente, al voltear dijo  a cabrón, señor al menos esperen a llegar al motel»

    Andrea intento parar pero la agarre del cabello y no deje que se sacará mi verga de la boca.

    -nombré está niña da una mamadas de lujo y no pude aguantar más, es más para que vea que no miento quiere una?

    El taxista se sorprendió de tal forma que perdió el control del taxi un momento

    -pues es que come pan enfrente de los pobres y más cuando se ve que se la están chupando bien rico una niña tan bonita, no será muchas molestia con la señorita?

    Andrea parecía consternada dejo de moverse, así que tome su cabeza e introduje mi miembro lo más profundo que entró en su garganta para que entrara en razón, cuando deje que se levantará la miré con cara sería y dije «verdad que estarás contenta de hacer lo que te digo?»

    -apenas susurro un si

    -muy bien, señor aquí adelante oríllese y pase al asiento de atrás

    Sin pensarlo dos veces el taxista se orilló en una calle que parecía un poco solitaria, rápidamente paso al asiento trasero y se bajó los pantalones.

    -bueno Andreita ahora obedecerás a tu amo y le enseñarás el buen entrenamiento que te di, entendido?

    El taxista se sacó una verga promedio con un olor fuerte y llena de bellos que ya la tenía «dura» con líquido preseminal en la punta.

    -adelante Andrea y no terminarás hasta que no te tragues todo lo que esté hombre suelte en tu boca.

    Con lentitud pero sin dudarlo Andrea empezó a chuparle la verga a un desconocido solo por mis órdenes, el poder que estaba teniendo en ella era increíble y me prendí nuevamente, le baje el pantalón y acomode la punta de mi verga en su entrada

    -mira cómo eres puta, chupando verga y ya estás mojada, pero como has sido una buena perrita te daré la verga que tanto anhelas.

    Empecé a introducir mi pene y sentir como su vagina ya se adaptaba a mi fue increíble, el taxista se vino después de unos minutos Andrea solo hizo lo que le ordene y apartó al taxista con repulsión muy notoria y para ver qué tan obediente era mi nuevo juguete le dije mientras metía mi verga más fuerte y le daba una nalga.

    -no seas grosera, agradece la leche que te acaba de llenar y deja limpia la verga del señor va a pensar que no te estoy educando adecuadamente.

    Entre jadeos dijo gracias casi cómo un gritito y tuve que darle otra nalgada y recordarle que tenía que dejarla brillante

    El taxista ya la tenía flácida eso era lo que menos me importaba solo probaba los límites de Andrea y al parecer todavía tenía mucho camino que recorrer, pude notar como se estremecía mientras la cogía no supe cuántos orgasmos tuvo pero ya era muy notorio el rudo de chapoteo al vaivén de mi ritmo, verla sumisa a mis deseos y masturbando mi verga con su interior no pude aguantar más y me vine dentro de ella, no pareció importarle ya que nuestros fluidos estaban mezclados vi el buen trabajo que hizo limpiando la verga del taxista y con sus calzones de niña pequeña le limpie su entrepierna de todos los fluidos que escurría, el taxista no reaccionó estaba soñado hasta que le llame la atención de que teníamos que continuar acomodamos todo y seguimos el caminó, el taxista agradeció la mamada diciendo que nunca había tenido una tan rica y menos con una joven tan linda, sus palabras solo elevaron mi ego porqué esa linda joven era mi puta y todavía me faltaban muchas cosas por hacer con ella, llegamos a su casa y baje con ella, le di dos órdenes.

    La primera que se tomará está pastilla porque con toda la leche que le tiré seguro quedaría embarazada y la segunda fue que abriera la boca le metí si calzón empapado en fluidos a la boca y le dije vas a entrar con la boca llena y no te los sacarás hasta que estés en tu cuarto y me mandes una foto abriendo la boca y enseñándome que todavía los tienes adentró además no quiero que vuelvas a usar ropa de infante mañana te compras tangas, cacheteros y ligueros porque siempre debes estar apetecible para mí entendido?

    Solo sintió con la cabeza y la dejé ir por hoy me había satisfecho, espere que entrara a su casa y le dije al taxista que fuéramos de regreso a dónde me recogió.

    En el trayecto me hizo preguntas

    Cómo le hacía para tener a putas tan ricas?

    Que él quería hacer eso con varias mujeres y varios comentarios que no puse mucha atención, pero para como vi el aguante del hombre ni en sueños podría tener a una hembra sumisa.

    A lo cual solo le contesté

    -simplemente déjales la vagina escurriendo y serán tuyas sin importar que estén casadas o muy encariñadas con sus novios, nada supera una buena cogida y que saques la perra que llevan dentro.

  • Ella: Noche de copas

    Ella: Noche de copas

    (Esta historia está basada en 2010 de ahí las referencias a la música de la época). 

    Se despertó descolocada y miró el reloj: 20:30. Hacía ya tres horas y media que se había ido el socorrista. Permanecía desnuda tumbada boca arriba en la cama, relajada, satisfecha, a gusto. Sus pezones, ahora totalmente camuflados con la areola, tenían marcas de mordiscos. En su culo aún sentía el rumor de palmetazos y arañazos. Y en su pómulo izquierdo el ardor de la última bofetada que le dio el niñato. Inspiró fuerte y se llevó la mano derecha a su nariz, olía a una mezcla dulzona de semen y flujo vaginal. Su entrepierna estaba pegajosa. Tenía que ducharse, antes de nada, luego bajaría a cenar algo y decidiría que iba a hacer. Le apetecía salir de marcha. Preguntaría si el hotel tuviera discoteca.

    Eran casi las diez y media cuando se acercó por la barra de la cafetería:

    -Perdona, ¿me pones un Cutty Sark con 7up?

    -Enseguida.

    Ella echó un vistazo a la cafetería y no parecía que aquello fuera a tener discoteca. No había mucha gente en la barra, casi todo el mundo estaba sentado en las mesas. El camarero llegó con el vaso y las bebidas:

    -Perdone, ¿se puede fumar?

    -Sí, en esta zona sí –luego se quedó mirándola –un momento, su cara me suena. Usted es la del informativo del mediodía. –Dijo sonriéndole.

    –Es un placer atenderle.

    -Por favor, tutéame. –Pidió ella mientras se llevaba un cigarrillo a la boca para encenderlo.

    -Son normas de la casa.

    -Conmigo puede saltárselas no te haré mala publicidad en la tele.

    -En ese caso mi nombre es Carlos.

    Siguió visionando todo aquel local. Analizando cada metro y a cada persona. Le gustaba hacer esto, era muy observadora. Casi todo eran familias con niños pequeños, excepto el grupo de una de las esquinas. Eran cinco tipos que parecían ejecutivos después de una reunión. Tras analizarlos solo le gustaba uno de ellos, quizás dos. El resto eran barrigones, calvos y reían a carcajadas. No le gustaba este tipo de gente:

    -Oye Carlos, ¿Qué hay en el hotel? –Preguntó la periodista señalando al grupo de hombre –¿Una reunión?

    -Ah. ¿Ellos?, sí. Una empresa que siempre hace la reunión de verano aquí. Ya sabes. Se reúnen los altos ejecutivos para pasar una semana de vacaciones sin sus familias.

    -Y se van de copas, ¿no? ¿Por aquí hay discoteca?

    -Aquí en la playa no. El hotel tampoco tiene. Pero en el pueblo sí hay bares de copas además de una disco.

    -Pero hay que coger coche. Y entre que encuentro el sitio, aparco… uf que pereza. –Se desanimó ella ante la perspectiva.

    -¿Estás sola? ¿Veraneas sola?

    -Verás. Planifiqué las vacaciones para relajarme, pero llegado aquí… no sé… me siento con ganas de marcha. –Se confesó la mujer extrañamente cómoda ante el camarero.

    -Que tienes el cuerpo golfo, vamos. –Concluyó de manera jovial él.

    -Pues sí, la verdad. –Sonrió la mujer ante la definición de su estado de ánimos que hizo el hombre.

    -Si quieres, y no te importa, yo he quedado con los colegas. Te podrías venir.

    -Hombre, no conozco a nadie. Estaréis con vuestras parejas… no sé.

    -En nuestro grupo solo hay una pareja, el resto somos solteros irreductibles. Ellos y ellas.

    -No sé, no sé…

    -No se hable más, te vienes. Salgo a las doce de la noche, te recojo en la puerta del hotel media hora después, ¿vale? –La decidida propuesta y la soltura de la exposición la habían convencido.

    -Bueno… pero…

    -No te preocupes que también te traigo de vuelta. –Atajó Carlos cualquier excusa de ella.

    -Bueno. Vale. Pues cóbrame.

    -No, a ésta te invito yo. Ahora no te puedes echar atrás. Me debes una copa esta noche.

    Ella sonrió y subió a su habitación. En una hora el camarero pasaría a recogerla así que tenía tiempo de decidir que se pondría. Claro que, cómo no contaba con salir cuando hizo la maleta, no tenía mucho donde elegir. Así, que optó por una minifalda azul que le quedaba realmente bien, una camiseta blanca de D&G y unas chanclas. La melena suelta, un poco de perfume, algo de maquillaje y estaba lista.

    Bajó y se sentó a esperar a Carlos. A los diez minutos él entró en el hotel. Vestía camisa blanca, vaqueros y chanclas. Le quedaba mucho mejor que el uniforme de camarero. Era un poco más alto que ella, no tan guapo como el socorrista, pero tenía algo que le hacía atractivo. Un mentón poderoso que debía afeitar a diario y que a esta hora del día asomaba la barba. El pelo corto y peinado hacía arriba con algunas entradas. Cuerpo trabajado. Debía practicar algún deporte. Tendría unos 36 o 37 años, pero se le veía de movimientos ágiles:

    -Mmmm… que guapa estás. –Alabó el hombre nada más verla.

    -Gracias. Tú también. –Devolvió el cumplido la mujer.

    Salieron del hotel y se metieron en el coche:

    -No te hacía con un coche familiar –dijo ella al ver el 307sw gris.

    -¿Y eso por qué?

    -Hombre, estás soltero. Esto es más para los niños, el perro… tú sabes. –Justificaba la periodista su observación precipitada.

    -Ay, los estereotipos. Practico surf y kite-surf y necesito espacio para las tablas y las cometas.

    -Así que surfista…

    Con la conversación se le pasó el trayecto muy rápido:

    -Primero vamos a ir a un bar de copas “tranki” donde la música es muy buena. Para luego, si quieres, terminar en la disco. –Le informaba de los planes el camarero.

    -Vale. Tú mandas. –Aceptó ella dispuesta a dejarse llevar por su cicerone.

    Llegaron a un pequeño bar en una calle estrecha donde no se cabía de gente. En el bar sonaban canciones de U2, REM, Metálica… La verdad es que el ambiente era muy agradable. Toda la gente rondaba la misma edad, todos en la treintena o superándola. Llegaron a su grupo de amigos:

    -Hombre por fin habéis llegado. –Se dirigió a la pareja uno de los chicos que les esperaban.

    -Acabo de salir a las doce, tampoco os hemos hecho esperar tanto –se justificaba Carlos ante sus amigos. –Bueno os presento, Sam, es inglés y tras conocer a Yola en Londres lo dejó todo por ella. Chus, mi compañero de fatigas desde que entramos juntos en el colegio. Cristi es la yogurina y estudia “teleco” fuera. Andrés, el hombre discreto y Reme el descaro en persona. Bueno y a ella todos la conocéis, ¿no? ¿O es que no veis las noticias?

    Tras asentir todos, fue besando a cada uno de los amigos de su anfitrión. Luego pidieron las bebidas y se sentaron en la terraza del bar.

    Desde el principio la presentadora se sintió muy cómoda e integrada. Todos contaron aventuras y anécdotas, se rieron mucho. Se pidieron varias rondas y la verdad es que la noche prometía.

    Empezó a analizar a todo el grupo y a medida que la noche avanzaba vio como todo iba evolucionando según su intuición. Andrés, haciendo gala de su discreción, fue el primero en ir separándose y mimetizándose en la multitud. Era un tío guapísimo, parecía modelo, perfectos modales y siempre tratando de ocupar un segundo plano. En una de las visitas que la mujer hizo al baño vio confirmada su intuición. En un rincón oscuro y apartado estaba Andrés comiéndose la boca con una “musculoca” de gimnasio.

    Sobre las dos de la madrugada se decidió ir a la discoteca, había que ir otra vez en coche. En ese momento, Chus dijo estar tan cansado como había dicho Cristi, así que no venían. Llevaban toda la noche tonteando. Aunque los otros no se habían dado cuenta, ella sí. Todo apuntaba a que estaban liados.

    Estaba más a gusto que nunca, sabía que había bebido mucho pero no se encontraba mal. Carlos empezaba a darle un morbo increíble y decidió dejarse llevar por los acontecimientos, no forzaría nada.

    Llegaron a la discoteca. Una sala muy grande y bien ambientada. Era una delicia no tener que hacer cola para entrar. Dentro había mucha gente de todo tipo y edad. Era el lugar donde todo el mundo acababa la noche. Pidieron las bebidas y se unieron a bailar con la muchedumbre, todo lo que sonaba WAKA-WAKA, Kyle Minogue, Stereo love, Safri Duo, Robert Ramírez. Más bebidas, más baile, más morbo. A estas alturas Sam y Yola parecían siameses unidos por la boca. Carlos había bailado con ella más que juntos, apretados, con roces, miraditas cómplices y varios “piquitos”. Y Reme, que como le habían avisado era el descaro en persona le había entrado a saco a un guiri bastante guapo con quien no se cortaba en bailar de manera sensual. El chico estaba viviendo su momento de gloria con aquella morenaza latina que debía follar como una diosa. Pararon un momento y fueron a la barra:

    -Vamos al baño –dijo ella a Carlos.

    -¿Te pido otra copa?

    -Vale guapo –y se dieron un pico.

    En la cola del baño, Yola preguntó:

    -Tú conoces el secreto de Charly, ¿no? –Preguntó muy seria mirándole a los ojos.

    La periodista se mostró expectante:

    -No te preocupes, que no es nada malo. Te lo aseguro. Por experiencia propia –dijo Reme

    Ella seguía desconcertada. Entonces Yola arqueó las cejas y separó las manos una de otra dando a entender el tamaño del miembro de su amigo. La presentadora se empezó a reír. Pasaron las tres al baño, Reme sacó algo de su bolso, era un pequeño espejo. Preparó cuatro rayas y le ofreció:

    -No gracias –dijo ella un poco incomoda con la situación.

    -Pues yo quiero tirarme al guiri estando como una moto. –Comentó Reme acomodándose para estimularse.

    -Yo también –dijo Yola –mi guiri también va a tener guerra.

    Salieron del baño, fueron a por sus parejas y otra vez a bailar. Cuando Shakira entonaba su WAKA-WAKA otra vez, se les acercó Reme para despedirse y mirándola le sonrió y le guiñó un ojo. Se fue entre los brazos de su guiri. Al terminar la canción se acercaron a la barra, ella no sabía cuánto había bebido, pero se notaba afectada y mareada. Yola y Sam empezaban también la retirada. Ya solo quedaban ellos dos del grupo inicial. Eran las cuatro y media de la madrugada:

    -Creo que estoy borracha –y miró con ojos tiernos a Carlos.

    -Pues yo tengo algo que podría ayudarte –y se palmeó el bolsillo de su pantalón

    La periodista imaginando de que se trataba le echó valor:

    -Ah, si. ¿Y por qué no me ayudas?

    Él se acercó y le metió la lengua hasta la garganta, ella no opuso resistencia. Salieron hacia el coche. Una vez dentro, la mujer se acomodó en el asiento del copiloto, inspiró fuerte y con las manos se echó la melena hacia atrás. La noche estaba siendo perfecta. Estaba disfrutando como hacía mucho que no lo hacía.

    Carlos, con un poco de esfuerzo sacó lo que buscaba en su bolsillo, luego rebuscó en su cartera su DNI. A continuación, cogió un CD de Sabina y con mucho cuidado preparó unas rayas.

    Su intuición había vuelto a acertar. Hacía años que no se metía un tirito. Él hizo un canutito con un billete de 20 € y se lo ofreció. Ella apoyó el CD en sus rodillas y se colocó el billete en uno de sus orificios nasales e inspiró fuerte, luego repitió la acción en el otro. Mientras él recogía su dosis y el billete la mujer tomó aire fuertemente, cerró los ojos y suspiró:

    -Qué rica –dijo la periodista al sentir los primeros síntomas, a su lado Carlos se limpiaba los restos que quedaban en su nariz haciendo pinza con su pulgar y su índice.

    Ella empezó a notar sensaciones de su juventud. Todo eran sensaciones magnificadas. La noche le había parecido la mejor de su vida. Su excitación iba en aumento. Él le parecía cada vez más morboso. Giró la cabeza y se miraron fijamente:

    -¿Qué te contaron éstas dos en el baño? –preguntó el hombre al tiempo que encendía un cigarro y se lo pasaba.

    La presentadora dio una calada honda que hizo que la ceniza del cigarrillo se iluminase incandescente antes de contestar:

    -Que tienes un secreto.

    -Yo no tengo secretos. Soy transparente.

    -Pues Reme dice que tienes un secreto.

    -¿Y tú le crees?

    -Soy periodista, tengo que contrastar la información. –Apuró el cigarro que se habían estado intercambiando y lo apagó en el cenicero del coche.

    Se volvieron a mirar fijamente y se besaron apasionadamente. Ella se acomodó de rodillas en su asiento, mientras él reclinó un poco el suyo ganado espacio. Carlos la rodeaba por la cintura mientras la mujer se inclinaba sobre él y le cogió la entrepierna. Aquello crecía por momentos. Él se desabrochó y se bajó el pantalón quedándose con un bóxer Calvin Klein negro que no podían retener por más tiempo el tamaño de aquella polla. Carlos le acariciaba las piernas y metiéndole la mano bajo la minifalda acariciaba también su culo descubierto por el tanga que llevaba. La mujer se dispuso a bajar aquel bóxer y lo consiguió con la ayuda de él. Ante sus ojos saltó una polla de un tamaño impresionante. Ella le miró con los ojos muy abiertos:

    -Joder, que tranca, cabrón. ¿Cuánto te mide?

    -Unos 24 centímetros.

    -En mi boca si que cabe, tráela.

    Se agachó sobre ella y la agarró con la mano derecha. La apretó. Casi le era inabarcable. Era preciosa, totalmente recta, la piel suave y con unas gordas venas muy marcadas. El capullo gordo, con la piel tersa y brillante. Y la raja más grande de lo normal. Tiró hacia abajo con su mano de manera que la piel se retiró del todo. Carlos estaba en tensión y ella se disponía a abarcar con su boca aquel mástil desproporcionado. Mientras, el camarero seguía acariciándola, ahora le tocaba el clítoris pellizcándolo con dos dedos por encima del tanga que ya estaba totalmente empapado de su flujo. A la vez que la periodista lamía con su lengua toda la cabeza de la polla y tiraba de los huevos, también de un tamaño considerable.

    Él le fue metiendo, poco a poco, hasta tres dedos en su vagina que estaba ardiendo. Movía los dedos lentamente en círculos. Luego sacó su dedo índice y aprovechando el flujo vaginal comenzó a lubricar su ano antes de introducírselo hasta la mitad. Esto hizo que ella moviese la cabeza de arriba abajo más rápido mientras con la mano derecha le pajeaba con movimientos semicirculares. Aprovechaba la mano también como tope para que no le llegase hasta la garganta. De repente él la soltó, empezó a tener pequeños espasmos y a tensarse. Estaba a punto de correrse. Ella estaba dispuesta a tragárselo todo. Quería que se corriese dentro de su boca, aceleró más el ritmo. Carlos le agarró la cabeza:

    -Aaaahhh. Me corrooo… Joder que mamada…

    La presentadora pudo engullir el primer y abundante chorro de leche caliente que chocó contra su campanilla, pero los otros tres, aunque menos abundante, no pudo, así que los almacenó en su boca. Apretó la verga y dio los últimos meneos para terminar de ordeñarla. El hombre respiraba profundo con los ojos cerrados. Ella se incorporó. Carlos por fin los abrió sonriendo, la mujer le miró fijamente con media sonrisa desafiante. Abrió la boca para que viera el regalito. Se quitó la camiseta y el sujetador para luego, y sin dejar de mirarle, dejar caer la leche desde su boca hasta sus preciosas tetas. Después se relamió para limpiarse. Con las manos se empezó a extender el semen por las tetas. Carlos se arrimó, le volvió a meter la mano bajo la falda y empezó a hacerle una paja. Luego a comerle la boca que sabía a polla y a semen. Volvía a mover lentamente tres dedos en su vagina mientras con el pulgar acariciaba su clítoris.

    Carlos, sabía lo que se hacía, no tenía ninguna prisa por que llegase al orgasmo. Así estuvo un buen rato, ella estaba a punto de estallar:

    -Aaahh, joderrr, que paja. Siii –decía con los ojos cerrados. Disfrutando de la delicadeza con que el camarero la masturbaba. Sin prisas, con la presión justa. En el punto exacto.

    -¿Te gusta eh? ¿Quieres mi polla? –preguntaba lascivamente el camarero.

    -Siii, métemela, fóllame. Méteme ese pedazo de polla por el coño.

    -¿Te va a caber?

    -Tú métemela, aunque me partas en dos. Pero fóllame ya.

    Él se quitó la camisa. No estaba depilado, pero tenía un cuerpo de escándalo. No era el adonis socorrista. Era un tío hecho, con brazos fuertes y un torso increíble. Llevaba un tatuaje de un brazalete tribal en el brazo izquierdo. Y sobre todo tenía una polla que le iba a reventar el coño. Ella se quitó la mini y el tanga. Se sentó a horcajadas sobre él. Carlos le pasó la mano por su sexo y luego se lubricó el glande con el flujo vaginal. La mujer fue descendiendo poco a poco y se fue clavando aquel cacho de carne duro como el mármol en su dilatado sexo. No podía evitar gritar de gusto con cada centímetro que le entraba. Su coño nunca había estado tan abierto. Cuando le entró entera se le escapó un grito de satisfacción. Pero él, sin que lo esperase le dio un último empujón hacia arriba que la terminó de calzar:

    -Aaayy… mi coño. Aaahhh. –Se quejó la mujer al notar como le llegaba hasta el fondo.

    -Uf… joder que estrechito. Aaaahhh.

    Comenzó a comerle los pezones, al tiempo que ella recuperaba el aliento. Se echó un poco hacia atrás se cogió las tetas y comenzó a botar sobre aquella barra ardiendo. La notaba tan adentro como nunca había notado ninguna. Tenía los labios totalmente tirantes. Creyó que se le rompería el coño. Apretaba la vagina para notar todas las venas de aquella polla impresionante. Logró coger un ritmo regular que le permitió notar como se deslizaba y chocaba el capullo violentamente contra lo más hondo de su ser provocándole escalofríos de placer en la columna:

    -Aaaahhh, joder que polla tienes. –Alababa ella.

    -Uf, que buena estás. –Adulaba él.

    -Rómpeme, joder. Clávamela hasta dentro.

    Carlos empezó a acariciar su clítoris mientras ella le cabalgaba. Ahora, la mujer se apoyaba en los hombros de él mientras doblaba las rodillas y las apoyaba en los laterales del asiento. Jadeaba y sus tetas botaban como dos balones, cada vez más fuerte. Gritaba. Los efectos de la coca se dejaban notar y su calentura no decaía:

    -Méteme un dedo en el culo, vamos. –Ordenó la periodista en un tremendo estado de excitación.

    Él le metió su dedo corazón derecho en la boca y ella se lo comió con deseo como si fuera la polla:

    -Aaaahhh, siii –gritaba mientras notaba como aquel dedo profanaba su ano hasta la última falange.

    Movía los dedos en círculos para estimular su ano y su clítoris:

    -Me voy a correr cabrón, sigue dándome. Méteme otro dedo en el culo. Aaahhh, aaaahhh.

    -Sigue botando que me voy a correr, joder. Como follas tía.

    -Aaaahhh, me corroooo –anunciaba la mujer.

    -Toma leche, toma.

    Ella notó como volvió a descargar todo su semen dentro de su sexo. Cayó exhausta sobre él quién se relajó con la segunda corrida y respiró hondo. Sus cuerpos sudorosos reposaban uno sobre otro. Ella tenía su melena alborotada sobre su cara. Tras poco más de un minuto descansando aún notaba lo enorme que era la polla, aunque había bajado notablemente la erección:

    -Eres increíble, tía. Como follas, joder.

    -No, tu polla es increíble. Pensé que me la sacabas por la boca. Que polvo más rico.

    La periodista un poco dolorida por la falta de práctica de los últimos meses tuvo que esforzarse para pasar a la parte trasera sin salir del coche. Ésta no disponía de asientos, según le comentó Carlos para ganar espacio para sus tablas y sus cometas. Ahora estaban tumbados, desnudos sobre una colchoneta hinchable. Habían abierto las ventanas y disfrutaban de un cigarro:

    -Así que éste es tu picadero. ¿Aquí te traes a las clientas del hotel?

    -No te creas, no se liga tanto. Antes sí. Cuando trabajaba en los bares de copas, era más joven, más guapo…

    -No me digas que la tenías más grande…

    -Qué graciosa –dijo el camarero mirándola y arrugando la cara. –Bueno ¿y tú qué? ¿Cómo estás de vacaciones sola?

    -Uf, lo necesitaba. No ha sido un buen año. Y he querido desconectar de todo y dedicarme a disfrutar… de los placeres de la vida. –Apuró el cigarro dando una calada fuerte. –…una buena playa, un buen hotel, una buena “juerga”… una buena polla… un buen polvo. –Esto lo decía casi en susurro y mientras acariciaba el cuerpo de su amante.

    Carlos la miró y se giró sobre ella que le acogió entre sus brazos. Se besaron largo mientras la mujer le cogía la cabeza. Él empezó a bajar, besándola, lamiéndola. La mujer estaba en la gloria. El hombre era un auténtico “profesional”, sabía cómo mantener caliente a una tía. No tenía prisa, siempre la mantenía con la tensión justa. Empezó a comerle las tetas y los pezones:

    -¿Te gustan mis tetas? ¿Están ricas? –preguntó ella.

    -Están riquísimas. Me gustan tus pezones gordos.

    -Cómeme el coño. Hace mucho que nadie me lo come.

    Carlos comenzó a bajar sin dejar de lamerla y chuparla entera. La periodista tenía un desnudo espectacular. Con delicadeza, le separó las piernas y le metió las manos bajo el culo para levantarla. Tenía el coño precioso, con unos labios gordos y una buena pipa que asomaba por la excitación. La raja la tenía grande, de la que se desprendía un olor a sexo exquisito. Su ano estaba oscuro y arrugado. Se veía que era virgen. Desde aquí comenzó a pasarle la lengua. Ella notaba la punta de la lengua caliente en la entrada de su ano para seguir hasta la vagina. Se la metía dentro y muy despacio subía hasta su clítoris donde notaba un escalofrío:

    -Aaahhh, siii. Que lengua más rica.

    -Mmmm… qué coño…

    Él siguió lentamente masajeando el clítoris con su lengua. De vez en cuando paraba para recorrer de arriba abajo todo aquel manjar llegando hasta su ano:

    -Cómeme el culo.

    Carlos abrió sus glúteos para tensar la piel del maravilloso agujero y conseguir meterle la punta de la lengua:

    -Uf… joder que gusto.

    Volvió a hacer el camino hacia arriba y vuelta al clítoris. Ahora también le metía los dedos en el coño. La periodista empezaba a jadear cada vez más fuerte mientras arqueaba la espalda.

    Con los labios aprisionó la pipa y movía rápidamente la lengua sobre ésta. La mujer le agarró la cabeza y la empujaba contra su coño. La rigidez de sus piernas, pies y dedos anunciaba lo que se le venía:

    -Me corro, me corro, ahora, ahora, sííí, aaahhh, ahhhh. –Ella, trataba de separar la cabeza de su amante de su sexo al tiempo que apretaba las piernas en torno a la cabeza de éste.

    Carlos siguió lamiendo su coño mientras observaba como el flujo vaginal resbalaba hasta el ano virgen de la periodista. Quién respiró hondo, con satisfacción:

    -Mmmm… vaya comida más impresionante. -Fue lo único que acertó a decir con los ojos entornados y el cuerpo relajado por el orgasmo.

    Su amante le miraba y sonreía. Ella pudo ver que el hombre tenía una impresionante erección. Éste se acercó y la tomó por las piernas. Fue acercando la punta de su polla hasta la entrada del coño. Solo le metía el capullo con mucho cuidado y muy despacio. La mujer respiraba entrecortada, esperando la llegada de semejante cacho de carne:

    -Antes me has follado tú ahora lo voy a hacer yo. –Anunció el camarero en lo que parecía una declaración de venganza.

    -Sí métemela. Que me estás matando de impaciencia –Aceptó ella el reto.

    En esa posición y sin pausa se la metió entera y mantuvo dentro unos segundos:

    -Aaaayyy, sííí –Ella trataba de agarrarse por encima de su cabeza a la colchoneta.

    Él se reclinó sobre ella apoyado en sus poderosos brazos. La periodista pasó sus piernas por la cintura de él y le agarraba por la espalda. Se miraban y Carlos empezó a bombear aumentando el ritmo progresivamente:

    -Aaahhh. Dame, dame más.

    -Toma joder. Te voy a partir el coño…

    A cada pollazo del chico la mujer la notaba más adentro. Se agarró a él hasta clavarle las uñas en los flancos. Pero el hombre como si nada seguía follándosela hasta el fondo. Sentía como los cojones le golpeaban en el culo:

    -Sigue. Párteme. –Seguía la presentadora de informativos provocándole.

    -Te voy a reventar. –Amenazaba el camarero del hotel.

    -Como me gusta tu polla, cabrón. Dioosss.

    -Aaahhhggg… me voy a correr.

    -Échamelo dentro, vamos.

    -Tomaaa, toda la leche dentro.

    Si bueno había sido follarse aquella polla, que le follase ella había sido sublime. La cara de felicidad no se le iba a borrar en mucho tiempo. Estaba radiante.

    Ahora descansaban los dos, boca arriba en la colchoneta. Estaban totalmente relajados. Cuando ella empezaba a dormitar notó que Carlos le avisaba:

    -Tenemos que irnos. Van a dar las siete.

    Se vistieron, pasaron a la parte delantera y volvieron al hotel. Cuando llegaron a la puerta, se miraron y se dieron un pico:

    -Te invito a comer en la playa. –Propuso Carlos justo antes de que ella saliese del coche.

    -Uf… estoy muerta. Mañana vuelvo a casa. –Se excusó la periodista.

    -Hacemos una cosa, estaré aquí entre las tres y las cuatro de la tarde. Tú te lo piensas y si quieres te vienes.

    -Vale.

    Subió a su habitación. La recepción empezaba a despertar. Oyó ruido de platos al pasar frente al restaurante. Estarían preparándose para el buffet del desayuno. Ella necesitaba dormir no comer.

  • Laura se dio el gusto: Matías nos cogió a los dos

    Laura se dio el gusto: Matías nos cogió a los dos

    El feriado puente del 7 de diciembre, la verdulería donde trabaja Matías estaba abierta hasta las 13 horas, Laura le hizo un pedido a la mañana para provocar que venga a casa al terminar su horario.

    A las 13.15 llego e hizo sonar el timbre, Lau estaba recostada totalmente desnuda, en una colchoneta al lado de la pileta tomando sol y se había quedado dormida o se hacia la dormida, hacía mucho calor, pero una leve brisa hacia que sea soportable estar al sol, a ella le fascina acostarse así y sentir el vientito en la concha, por lo que su posición habitual es con las piernas bien abiertas. Cuando el chico llegó le dije…

    -creo que mi mujer está esperando que la despiertes como a ella le gusta.

    Matías entendió perfectamente de que se trataba y se acercó sigilosamente a Laura, se desnudó en un santiamén y se echó entre sus piernas a saborear el manjar que es esa vagina, no sé si les conté anteriormente que mi putita no tiene nada de olor en su conchita, parece que fuera de plástico, es una delicia, dan ganas de comerla entera, lo único que se siente es el perfume del jabón líquido que usa.

    Al empezar a lamer suavemente sus labios vaginales buscando su clítoris, Lau abrió los ojos y comenzó a gemir agitada, enseguida tomó con sus manos la cabeza del chico y se la hundió aún más entre sus piernas, Matías no tuvo más opción que comerle bien la concha y casi ahogarse con sus jugos que inmediatamente empezó a brotar.

    -Ahhh mi amor, que lindo despertar así, que belleza, dame tu lengua mi vida, cómeme toda, me abro toda para vos mi chiquito.

    A mi que no me gustan los hombres para penetrarlos, me llamo mucho la atención el culo redondito y musculoso de este chico, pero a Laura le fascinan las colas bien masculinas, como creo a muchas mujeres, y en cuanto el chico se subió encima suyo para penetrarla, empezó a jugar con un dedito en su agujerito, ya se lo había hecho cuando lo enjabono en la ducha y le dio el mejor baño de su vida.

    Mati intento una leve queja como hace todo hombre que se precie de tal y preguntó…

    -¿qué hace señora?

    -juego un poquito mi amor, si a vos te gusta bebé, no lo podes negar mi vida, me encanta sentir que me entregas todo, no te preocupes, es un juego mi amor, dale cogeme bien, haceme gozar.

    A medida que el chico le imprimía mayor ímpetu a la cogida, Laura fue metiéndole más el dedo, los gemidos de ambos se confundían, y no se sabía bien que cosa era consecuencia de la otra, yo creo que mi mujer se dio cuenta que al introducir más el dedo, Mati se ponía mas loco y le daba mas fuerte, además le comía las tetas y mordisqueaba sus pezones casi sin control Lau pegaba grititos por los mordiscos y los embates que le hacían sentir hasta los huevos.

    Casi tengo que pedirle que se vayan arriba al dormitorio, porque alguien los iba a escuchar de afuera, en un momento vi como el pibe se quedó casi inmóvil, con la verga entera dentro de la concha de mi mujer, como disfrutando ese dedo entero que tenía en el orto por primera vez, y entonces ella le dijo al oído…

    -goza mi amor, sentí lo que te hago bebé, soy tuya y sos mío también mi vida, haceme sentir lo mismo amor.

    En ese instante él le puso un dedo índice en el ano a Lau y la hizo que levante más las piernas y las separe como una ve corta bien abierta, y gritó, gritó de placer, tenía todo al mismo tiempo, toda la pija de su amante en la conchita, un dedo de él en la cola, y uno suyo en el ano de él, su boca succionando sus pezones y sus tetas, ¿qué más podía pedir?

    Y sí, la leche podía pedir y la pidió, casi suplicando…

    -dame todo bebé, dame toda la lechita mi vida, dámela bien adentro, papi, que después te voy a chupar tanto que me la vas a dar en la boca mi amor.

    Y acabaron juntos, en dúo tuvieron su orgasmo ante mis ojos, pero todavía era muy temprano y esa tarde iban a pasar muchas cosas más.

    Luego de almorzar, nos quedamos tomando sol, un rato de pileta, y un par de horas después fuimos los tres al dormitorio.

    Matías se acostó en nuestra cama y Lau se puso de rodillas al lado suyo

    Primero lo beso en la boca y luego fue pasándole la lengua y dándole besos en todo el cuerpo hasta llegar a sus genitales, lamió sus huevos delicadamente y luego se introdujo toda la verga en la boca, se la chupó un buen rato metiéndosela y sacando toda de su boca y pasando la puntita de la lengua por el orificio del pene con mucha suavidad, Matías deliraba de placer.

    Luego sin dejar por un segundo de pajearlo, se acercó a su oído y le pidió casi susurrando que le diera un pequeño gusto…

    -mi amor, muero por ver al maricón de mi marido como le chupa la pija a mi machito.

    Y por primera vez tuteando a mi mujercita, le contestó…

    -¿estás loca?

    -no mi amor, yo te doy mi cola, me trago tu leche, hago lo que me pidas, dame ese gusto, ni lo tenés que mirar, será solo una boca más en tu pija, por favor mi vida, deja que te lo haga y después tendrás tu premio.

    El chico no respondió casi como si hubiera dado su consentimiento y ella le partió la boca de un besazo como para no dejarlo pensar, me hizo a mí una seña indicándome que ponga mi boca allí, en esa verga hermosa y lo hice lo más suave y dulce que pude, le lamí la puntita y luego fui rodeando su glande con mis labios, bajando por su tronco lentamente me la fui tragando poco a poco, muy lentamente, hasta que desapareció dentro de mi boca y comencé a ahogarme, delante de la mirada satisfecha de mi mujer, que había dejado de besarlo para ver bien de cerca como se la chupaba.

    -qué lindo mi papi, me encanta ver como chupas una buena pija, no sabes cómo me calienta verte disfrutar con un hombre.

    Al darme la primera arcada, la saqué de mi boca y de inmediato mi mujer me dijo…

    -vamos a hacerlo juntos papi, dame un beso a mi y se la chupamos los dos.

    se acomodó y le besó los huevos, luego nos besamos nosotros y lamimos ese tronco durísimo entre los dos, ella se la metía en la boca mientras lo pajeaba y yo besaba sus huevos, y cuando ella lo decidía, hacía que me trague la pija y ella lamía sus pelotas, hasta que un momento en el que Lau tenía toda la chota en la boca, Matías empezó a gemir mucho más fuerte y a tener como pequeñas convulsiones, estaba acabando y sin avisar que ya se venía, largó todo su esperma en la boca de Lau, ella al sentir el primer chorro, se la quitó de la boca y dijo…

    -dame todo mi amor, dame mi leche bebé, dame toda toda mi amor toda, la quiero saborear bien hasta la última gota.

    Eso no lo compartió conmigo, se tragó toda la leche, el chico era una máquina de acabar y le inundó la boca, le dejo tanto semen en la boca que Lau se tuvo que tomar un respiro para no ahogarse y poder tragar todo.

    Luego de descansar un buen rato, nos hizo acostar a los dos boca abajo, y primero le chupo el culo a Matías, nunca se lo habían hecho, le pasó bien la lengua por el ano y se lo empapó con saliva, jugó un poco con un dedo metiéndoselo hasta la mitad, y el chico estaba medio asustado…

    -por favor, no vayas a meterme nada más.

    -no tonto, no tengas miedo, no te voy a hacer nada malo, solo quiero que disfrutes un poco, estas siendo todo mío bebé, me estoy cogiendo a mis dos hombres.

    Luego se dedicó a besármelo a mí, se puso detrás de mí, apretó bien mis nalgas y las separo, jugó con su lengua en el borde de mi ano, me hizo ver las estrellas del placer que me estaba dando, Mati se reincorporó en la cama y miraba muy atento, entonces Lau se animó a más.

    Le tomó una mano al chico y guiándola hacia mí cuerpo, le dijo…

    -tócalo un poquito.

    Él se retrajo como si hubiera visto la luz mala, pero ella insistió, volvió a guiar su mano a mis nalgas lampiñas y le dijo…

    -dale amor, solo acarícialo un poco, es suave como una mujer, además es solo una caricia, él te deja cogerme y que me hagas de todo, dame el gusto a mi, bebé, no te va a pasar nada.

    El chico me tocó, cerró los ojos y me pasó la mano por las nalgas, ella jugaba con un dedo en mi culo y yo gemía despacito de placer, Laura vio como Mati estaba empezando a tener una nueva erección, en segundos la tenía re parada y bien dura, entonces mi mujercita lo ánimo a más…

    -ponesela en la boca mi bebé, hacesela tragar toda, quiero ver cómo te la chupa, mostranos quien es el hombre acá.

    Es una hija de puta pensé, mira lo que le dice para seguramente convencerlo al final de garcharme, el pibe estaba re excitado, la pija se le había puesto muy dura y grande, se acercó con la, poronga bien parada y me la puso frente a mi boca, y escuche a Laura decir…

    -quiero ver a mi cornudo como chupa una linda pija, vamos putito dame el gusto, chupásela a mí novio.

    La verdad es que me sentí avergonzado, mi mujer pidiéndome que se la chupe a su novio, pero ya no podía echarme atrás, no tuve más que estirarme un par de centímetros para tragármela y chupar ese pijon, obvio que lo hice y traté de hacerlo lo mejor que pude, lo disfrute y saboree mucho, tiene una cabezota bien gorda y colorada por la calentura, como a mi siempre me gustaron.

    Matías empezó a agitarse y gemía mucho, Lau se pegó bien a su cuerpo, le chupo las tetillas y luego lo besó apasionadamente en la boca, mientras yo miraba esa escena, no dejaba de chuparle esa verga divina, fibrosa y bien dura, en eso Laura se acercó a mi y muy cerca de mi oído, me dijo muy despacito.

    -ahora voy a hacer que te la ponga y vos te vas a dejar coger mi amor., vas a ser bien puto hoy.

    La escuché, se me hizo un nudo en la garganta y seguí chupándole la pija como si nada, hasta que mi mujer dio la estocada final, escuché como casi suplicando le dijo al chico…

    -cogetelo mi amor, quiero ver como le haces el orto, me fascina ver como un macho de verdad se lo coge.

    El pibe estaba tan caliente con toda la situación que no podía razonar, creo que tenía la mente en blanco como yo, ella agarró un condón que tenía en la mesita de noche, le hizo sacar la pija de mi boca y se lo empezó a colocar, la obra cumbre fue que ella se acostó frente a su pija y le terminó de poner el forro con la boca, es una maestra en eso.

    Mati se puso atrás mío y Lau me hizo poner bien en cuatro, me hizo abrir bien el culo y el chico se colocó apuntando con su verga a mi agujero para sodomizarme, entonces Lau le dio la orden…

    -dale bebé garchatelo, dale vamos mi chiquito, ponesela toda, hace que se la coma toda quiero ver como se la pones bien adentro, hacelo gozar.

    El pibe que nunca se había cogido un tipo, debe haber creído que por ser hombre podría soportar una penetración a lo bestia y así lo hizo, mi hoyo estaba bien lubricado por la chupada que me había dado mi mujercita, gracias a eso, al apoyar la cabeza de su verga en mi ano, ésta prácticamente se deslizó de una vez casi por completo, sentí un dolor terrible y mi grito fue acorde a ese dolor, el chico bombeo sin piedad y solo después de tres o cuatro embates, logré sentir dilatado mi culo y comencé a sentir placer y poder expresarlo mediante gemidos algo femeninos.

    -abrí bien la cola papi, vamos mi cornudo, vamos marica, abrite bien, relájate y déjate coger, quiero verte entregado.

    -Ahhh por Dios que pija tiene este pendejo, porque me haces esto Lau, no dejes que lo haga, paralo por favor mi amor.

    -vamos papi, confesa que te gusta, adoro ver que te cojan, gozalo putito como yo lo gozo cuando me lo hace a mi, me encanta ver cómo te comes esa verga, decime que te gusta, dale decilo.

    Al escucharla alentarme a que me deje coger, el pibe me dio pija con más violencia, cuanto ella más pedía, él más rápido y fuerte me cogía, hizo que me tumbe sobre la cama y me dio sin asco, entraba y salía repetidamente de mi culo, me vino un deseo irrefrenable de acabar y lo hice en silencio, el roce de mi pitito contra las sábanas y el colchón hizo que no pueda evitarlo, pero lo hice en silencio, Mati no lo notó porque salieron unas pocas gotas que tapaban mi cuerpo, mi eyaculación es prácticamente en seco, por efecto de una operación de próstata, pero Lau se dio cuenta y pasó su mano por mi cara acariciándome con cariño y maternalmente me dijo

    -sí mi putito, estás disfrutando mi amor, me encanta verte gozar así, déjate llevar mi vida, me fascina ver como te dejas coger.

    A pesar de haber acabado y bajado mi calentura a cero, soporté que siga bombeando, seguí sintiendo como perforaba mi ano, ahora por un instante casi sin sentir placer, aunque un par de minutos después volví a calentarme y a disfrutarlo, Matías bajo un poco la intensidad de sus embates y sumado eso a mi dilatación, me seguí dejando coger, confieso que me estaba gustando y me hizo gozar como una perra, en ese momento Laura agarró mis tetillas y me las retorció, y ya no pude fingir más.

    Hasta que este semental volvió a sentir deseos de acabar, y empezó nuevamente a cabalgar con su verga bien adentro mío, se movió frenéticamente un buen rato, y empezó a largar su leche sin contemplaciones dentro del forro, pero también dentro de mi culo.

    Grité y gemí como un marica, ya no me importó que mi Laurita me viera así, ella me besó en la boca mientras me estaban rompiendo el orto y yo no pude disimular más lo que sentía, ver su cara de satisfacción es impagable, por supuesto que lo gocé, pero es fundamental en mi vida complacerla y hacerla feliz como sea.

    Verla desnuda con las piernas abiertas gozando al recibir la pija de otro hombre en su concha, es tan placentero para mi como que ella me vea a mí siendo cogido.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Fui de mi ex jefe afuera de mi casa

    Fui de mi ex jefe afuera de mi casa

    Les comparto otra vivencia que tuve.

    Tenía año y medio de casada, ya tenía a mi primer hijo, en esas fechas en la empresa nos habían mandado a un curso. Era de esos días que llovía muchísimo y esa tarde no fue la excepción.

    Desafortunadamente mi esposo no pudo ese día ir por mí después del curso, salíamos a las ocho o a veces a las nueve de la noche le dije a mi esposo que no se preocupara que llamaría a un taxi o si habría alguien me diera un aventón lo haría.

    Mientras se desarrollaba el curso comenzó a llover sin que diera muestras de para la lluvia.

    Cuando terminó el curso eran las ocho de la noche estaba yo por llamar a un taxi, porque no quería mojarme como siempre me había vestido, esa ocasión había llevado un vestido blanco ajustado a mi cadera y amplia en mis muslos un poco corta medias negras de red mis ligueros, mi tanga iba vestida como siempre me ha gustado vestirme para ir a la oficina o una cita.

    Una compañera me dijo que si quería me darían un raí en la camioneta de mi ex jefe como llovía mucho les dije que sí.

    Creí que me pasarían a dejar primero y después a mi compañera pero no pero no fue así porque la casa de mi compañera estaba más cerca y la mía más retirada del trayecto.

    La lluvia seguía pasamos a dejar a mi compañera a su casa.

    No encaminamos a mi casa y o sorpresa cuando llegamos estaba que llovía mucho más intenso por la calle pasaba un tremendo rio, por más que mi ex jefe acercó su camioneta a la banqueta la corriente de agua pasaba con fuerza.

    No quería yo que me cayera porque llevaba mis zapatillas de aguja me dijo mi ex jefe que esperáramos un poco para que pasara la lluvia.

    Estaba yo preocupada porque lo que quería era que pasara la lluvia y no me mojara, pero no se detenía la lluvia nos pusimos a platicar de cuando era mi jefe de lo eficiente que era yo con él, de cómo le iba en su nuevo puesto cosas triviales.

    Me comentó que me extrañaba como su secretaria que me había acentuado bien la maternidad que me veía más guapa.

    Le di las gracias por el cumplido, pero le dije que me sentía igual la verdad no le di importancia, a su comentario sinceramente.

    Pero cuando me dijo que siempre le había gustado, pero que no se había atrevido a decirlo si me puso un poco nerviosa le dije que no debiera decírmelo que los dos éramos casados y no estaba bien.

    Puso una de sus manos en mi pelo diciéndome que lo disculpara, pero que no podía evitarlo que le gustaba yo por mi forma de caminar de cómo lo atendía cuando era mi jefe por la forma de vestirme.

    Que en esa ocasión me veía muy bien con ese vestido blanco y el juego de medias negras de red que llevaba que me veía muy rica.

    Sinceramente me puse muy nerviosa porque había escuchado que en la calle me dijeran rica pero nunca pensé que me lo dijera mi ex jefe.

    Lo mire y le dije que no estaba bien que tenía que bajarme abrí la puerta pero la lluvia estaba en su apogeo, por el intento que hice se subió mi falda se notó el encaje de mi medias y el sujetador del liguero.

    Me dijo que le gustaba como se me veían mis piernas con esas medias y el contraste con mi piel que tenía deseos de acariciarme de besarme.

    Le respondí que no siguiera que mi esposo se podía asomar por la ventana y podía darse cuenta que estaba con él.

    Pero los vidrios de su camioneta se estaban empañando me dijo que nadie nos vería con esta lluvia.

    Se acercó para besarme hice mi cara a un lado le dije que no puso su boca en mi oído, en un suave susurro me dijo que me deseaba que le gustaba.

    Sentí como puso su otra mano sobre mi vestido me empezó a besar mi cuello el lóbulo de mi oreja trate de quitar su mano sobre mi vestido pero no pude.

    Por sus besos en mi cuello el sentir sus labios calientes y el roce de su lengua en la piel de mi cuello provoco que mi respiración se agitara sin poder evitarlo yo.

    Entreabría mi boca para decirle que no siguiera tratando de evitar un gemido de mi boca.

    Su otra mano la metió bajo mi vestido sentí como suavemente acariciaba mi pierna sobre mis medias me decía al oído que le gustaba mis medias de red que tenía buen gusto de usar medias.

    Le dije que ya no siguiera en voz baja casi rozando sus labios su boca estaba en el lóbulo de mi oído y me dijo que me deseaba que lo tenía muy excitado que nos fuéramos a otro lado le dije que no.

    Su mano que estaba en mi pierna la metía más llegando a donde terminaba el encaje de mis medias y el broche de mis ligueros.

    Me susurro al oído “que rico liguero por eso me has gustado por tu buen gusto de usar lencería”.

    Su mano acariciaba el liguero mi piel el encaje de mi media empecé a gemir levemente y le dije que se detuviera.

    Sentí como su mano avanzaba para mi panochita y cerré mis piernas.

    Trataba mi ex jefe de que abriera mis piernas tocando mi tanga que la sintió como estaba mojada por mis jugos.

    Me susurro a mi oído “abre tus piernas” le dije que no en un gemido suave que hice puso sus labios en los míos y me beso.

    Hice el intento de abrir mi boca para decir que no pero solo aprovecho para meter su lengua en mi boca le correspondí su beso.

    Abrí mi boca para recibirlo sus labios calientes en los míos su lengua entrando en mi boca y jugando con la mía sin poder evitarlo hizo que gimiera.

    Me tenía muy mojada excitada con sus palabras sus besos en mi cuello sus palabras en susurros en mi oído que no pude evitar abrir mis piernas para que me acariciar a su antojo.

    Metió su mano en medio de mis muslo y toco mi panochita que estaba muy mojada embarraba mis jugos en mi tanga en mis muslos en el encaje de mis ligueros y de mis medias.

    Empecé a gemir y a mover mi cadera por sus caricias que me daba. No podía evitar el gemir el mover mi cadera me dijo al oído que rica estas y muy mojada.

    Me decía que le acariciar su verga que sintiera como lo tenía de caliente de excitado.

    Le di la espalda para que ya no me acariciara pero no dejo de hacerlo quede en cuatro en el asiento subió la falda de mi vestido en mi cintura descubriendo mis nalgas a su disposición.

    Escuche como bajo el cierre de su pantalón y se puso sobre mi espalda sentí la cabeza de su verga mojada en medio de mis nalgas.

    No pude evitar menear mi cadera y apretar mis nalgas cuando su verga estaba en medio de mis nalgas me tomo de mi cadera así empinada en cuatro recargue mi cara en el asiento y para mis nalgas.

    Pasaba la cabeza de su verga en medio de mis nalgas y en la entrada de mi panochita y mi culo hizo a un lado mi tanga.

    Varias veces hizo lo mismo yo movía mi cadera y apretaba mis nalgas para apretar su verga sin que me la metiera.

    Estaba yo más que caliente deseosa le dije que no podía más que me cogiera por favor. Que me hiciera suya.

    No hizo el intento de cogerme a pesar de que pasaba su cabeza de su verga en la entrada de mi panochita y se embarraba de mis jugos calientes.

    Pase una de mis manos por en medio de mis muslos, tome su verga la sentía caliente mojada muy dura era muy diferente a le verga de mi esposo.

    Pase mis dedos por la cabeza de su verga que le salían sus jugos, se los embarraba en su cabeza se la acariciaba abrí mas mis piernas para poner la cabeza de su verga en la entrada de mi panochita que ya la quería tener dentro de mi.

    Me tenía tomada de mi cadera sus manos en mi cadera que la movía para que metiera su verga en mi panochita le dije “cógeme por favor te necesito no puedo más quiero ser tuya”.

    Estaba yo desesperada porque me cogiera sostuve su verga con mi mano en la entrada de mi panochita empuje mis nalgas para atrás y por fin entro la cabeza de su verga en mi panochita.

    Gemí al sentir como la cabeza de su verga abría mi panochita mecía mi cadera para atrás para que me entrara mas su verga.

    Sentí como mi ex jefe empujo su cadera para adelante y como tomaba mi cadera con fuerza para que entrara mas su verga.

    Gemía yo y le decía “soy tuya, tuya, así cógeme métemela toda”.

    Cerré mis piernas y apretaba mis nalgas moviendo mi cadera para atrás hasta sentirlo como entraba toda su verga muy dentro de mi.

    Se escuchaba a pesar de la lluvia el sonido del choque de mis nalgas con su cadera, la entrada y salida de su verga con mis uñas acariciaba sus testículos cargados de leche sentía como salía su verga mojada de mi panochita.

    Me decía en mi oído “que rica estás apretadita” gemía yo y le ofrecía mis labios para que me besara muestra de mi entrega total a su verga a sus labios su boca.

    Le dije que se saliera cuando fuera a venirse porque estaba en mis días fértiles que podía embarazarme. Su verga entraba y salía provocando que tuviera mi primer orgasmo dándome un placer desconocido para mi en su camioneta afuera de mi casa en plena lluvia siendo toda de él.

    Empinada en cuatro en el asiento delantero de su camioneta los vidrios totalmente empañados, moviéndome y gimiendo teniendo toda su verga dentro de mí.

    Estaba toda sudada por el calor de nuestros cuerpos de la entrega de mi panochita a su verga y sentí que se movía más rápido y se ponía rígido le dije “salte, salte por favor”.

    Me hice hacia delante para que sacara su verga de mi panochita, pero los vidrios de la puerta de la camioneta me lo impidió ya no había espacio.

    Sentí como se puso rígido su verga como hacia los disparos de su leche caliente como entraba en mi como bañaba las paredes de mi gemía mi ex jefe y me apretaba con fuerza metiendo toda su verga hasta el fondo de mi.

    Mi cabello había limpiado lo empañado del vidrio que tenía frente a mi, pude ver como mi esposo se asomaba por la ventana de nuestra recamara mientras mi ex jefe se venía dentro de mi como se vaciaba en mi.

    El ver a mi esposo asomarse por la ventana el sentir como se venía mi ex jefe dentro de mí hizo que tuviera otro orgasmo que moviera mi cadera y apretara su verga para que terminara de vaciar su leche.

    Me dijo que era lástima que nunca se hubiera atrevido a cogerme que lo había hecho gozar, me fue soltando poco a poco acariciando mis nalgas.

    Sentí como desabrochaba el broche de mis ligueros y me dijo que se los regalara que los quería tener de recuerdo.

    Se salió de mi escuchándose el sonido de plop. Limpió su verga en mis medias y me senté para bajar la falda de mi vestido, peinarme y levemente maquillarme para bajarme, sentía sentimiento de culpa por mi esposo y que mi exjefe se hubiera venido dentro de mi estando en mis días fértiles.

    Pero las palabras de mi exjefe que le había gustado como apretaba y como me movía me hicieron sentirme feliz. Diciéndome que no fuera la última vez que fuera suya le dije que sería la única vez que era suya.

    La lluvia había disminuido ya no corría tanta agua en la banqueta bajándome de la camioneta entrando a mi casa dejándole mis ligueros a mi ex jefe llevando conmigo muy dentro de mi su leche mezclada con mis orgasmos.

    Sudada, muy caliente para besar a mi esposo, pero eso es otra historia…

    P.D.: Se me olvidada, gracias a todos los que me han escrito a mi correo [email protected].

  • La futura licenciada

    La futura licenciada

    El año pasado Elizabeth había decidido volver después de muchos años, a estudiar y concluir la licenciatura. Tendría que ir a cursar a la Escuela del Mar de lunes a viernes después de su trabajo.

    Con la llegada de la pandemia, la cursada la tendría que realizar vía computadora. Esta situación la favoreció, ya que podía casi tener un trato más personalizado de los profesores.

    En el curso sólo había dos mujeres y los demás todos hombres.

    Ella volvió a terminar su licenciatura después de más de 20 años, así que sus compañeros, la gran mayoría eran más jóvenes. Otra cosa a la cual se tuvo que acomodar fue la forma de utilización de tecnología para el estudio. En su época todo era más artesanal. Hoy todas sus prácticas de estudios se realizan con la computadora. Esto derivó en que tenía que pedir ayuda a sus compañeros y profesores para entender y practicar con las nuevas tecnologías.

    Muchas veces ella estaba todo el día comunicada vía zoom. Ya que tenía que ponerse al día con el uso de los diferentes programas o las tecnologías que desconocía por ser de otra época de estudios. En la teoría estaba bien, pero en la práctica poco entendía. Así que reiteradas veces la encontré en comunicación personal con otros hombres, explicándole como debía usar los diferentes programas.

    Mi mente comenzó fantasear con alguna situación que se pudiera dar durante estas conversaciones.

    Hay muchos ejemplos de situaciones donde el descuido de nosotros frente a una cámara de una computadora, nos hizo mostrar engorrosas imágenes de personas arregladas de la cintura para arriba, y estar de joggineta, o en calzones por abajo. Con la falsa tranquilidad que no se vería.

    Ella siempre se mostraba presentable frente a la cámara, pero yo sabía que por debajo de un vestido de algodón, no poseía nada.

    Me imaginaba el descuido de ella de alguna forma dando pie a alguna insinuación hacia la persona que la estaba asistiendo.

    —Hola Elizabeth, cómo estás?

    —Que parte del programa no entendés? —Dice Juan, su compañero.

    Juan era una alumno que también estaba estudiando la licenciatura, él tenía un gran conocimiento del programa, ya que aprendió a estudiar con este tipo de plataformas.

    —Hola Juan, muchas gracias por ayudarme! La verdad es que no entiendo nada del programa. Teóricamente lo entiendo todo, pero trabajar con la computadora no! Te pido si me podés ayudar de cero a manejarlo. —Dice ella a cámara, con una gran sonrisa.

    De esta forma su compañero comienza a ayudarla. Le pide que comparta la pantalla para explicarle. Esta situación derivó a que entablará una muy buena relación con ella.

    Juan ya venía estudiando la carrera, así que con otros compañeros tenían una muy buena relación, de esas que se forman con los años de estudios. Entre ellos había una conversación más coloquial de amigos. Tranquilamente se comunicaban de forma más íntima vía WhatsApp.

    —Vieron muchachos las nuevas de la licenciatura? —Escribió uno de ellos en el chat WhatsApp.

    —Siii. Están buenas! Una es una piba joven, y la otra es una mujer más madura.

    —Ya saben que me gustan las maduras! Las Milf me dan vuelta!! Elizabeth está buenísima!! —Dice Juan.

    —jajaja! se ríe con un emoticón uno de los jóvenes.

    —Lo bueno es que Elizabeth no entiende cómo usar el programa de gráficos y me pidió ayuda!! Y obvio que dije que siii! —Dice Juan con emoticón de lengua!

    De esta forma, los meses iban transcurriendo, entre clases y comunicación personal con Juan.

    Elizabeth tomaba el estudio con gran seriedad y responsabilidad, así que en ese afán, no media lo que hacía o dejaba de hacer frente a la cámara de la computadora. Un día, mientras Juan le explicaba, ella mete su mano por dentro de su escote y se toma de uno de sus pechos para acomodarlo. Estaba segura que su cámara se encontraba deshabilitada. Juan observa ese movimiento y se queda sorprendido. Medio boquiabierto, balbucea lo que venía explicándole a ella.

    Otro día, Elizabeth estaba tomando una limonada mientras escuchaba la explicación de Juan, torpemente se vuelca la bebida sobre sus pechos. Llevaba una remera clarita y como estaba en la comodidad de la casa, no tenía puesto el sostén. La bebida hizo traslucir los pechos de ella. Quedando al descubierto la redondez de sus tetas, perfectamente visible las areolas y los pezones respingados, duros, por la mojadita.

    Juan estaba extasiado de ver esos pechos de la Milf. Dentro de sí, no quería que esos segundos terminaran para disfrutar de esa belleza.

    —uhhh. —Dice con exclamación Juan.

    —Querés que sigamos más tarde?

    Ella asiente con la cabeza, entre enojo y vergüenza. Y al mismo tiempo se da cuenta que prácticamente estaba en pelotas frente a su compañero. Tapándose con una de las manos sus pechos.

    Cortan la comunicación y Juan se toma de la cabeza al volver a recordar la imagen de esas tetas! Trataba de no olvidar ni un segundo el momento. Su mente, como si fuera una máquina de vídeo, volvía la imagen hacia atrás y la reproducía en su cabeza en cámara lenta.

    Él estaba caliente con Elizabeth. Ella estaba despertando los más bajos instintos de Juan.

    Recordando el momento, comienza a tener una erección. Frente al computador, Juan comienza a frotar con su mano el pene por encima de su pantalón deportivo, tratando de mitigar la calentura y excitación que tenía. Su pija estaba dura como una roca. Se imaginaba poniendo su pene entre medio de los pechos de Elizabeth, haciéndose una paja con ellas. Se imaginaba como subía y bajaba apretando su choto con ese par de pechos, cuando la cabeza de la pija asomaba entre sus tetas, ella se la chupaba metiéndose el capullo dentro de la boca.

    Juan estaba muy caliente. Mete la mano en su pantalón saca el falo y comienza a hacerse una paja. Sube y baja su mano tratando de satisfacer su calentura. En ese momento recibe el aviso que Elizabeth estaba del otro lado del ordenador pidiendo comunicarse para seguir con la clase. Sin perder tiempo, Juan habilita la comunicación y ella aparece en pantalla. Ya se había cambiado de remera. Y le pide disculpas por el momento.

    —Perdón por mi torpeza!! Que papelón. —Dice ella.

    —No hay nada que disculpar, son cosas que pasan. —Asiente Juan con una sonrisa.

    —Explicame que entendiste hasta ahora. —Dice Juan.

    Él quería seguir tocándose mientras la veía a ella. Seguía con la pija parada, y por debajo de su escritorio, se tocaba mientras ella hablaba.

    No tardó en entrar en ebullición, ya estaba a punto de venirse, de lanzar el chorro de leche dedicado a Elizabeth.

    Mientras ella seguía hablando, Juan asentía con la cabeza como escuchando sin escuchar lo que ella estaba diciendo.

    —Así, claro. Si si claro. —Decía Juan.

    Pero era porque estaba por acabar. Abre un poco sus piernas y como si recibiera un shock eléctrico, lanza un lechazo en el piso, seguido por otros.

    Juan estaba muy caliente, deseaba con locura poseer en algún momento a esa mujer.

    Con una sonrisa Juan la felicita por haber entendido los conceptos. Pero para sí, él estaba agradecido como si realmente estuviera acabando sobre sus pechos…

    El tiempo siguió, y gracias a la ayuda de él, Elizabeth pudo cursar esa materia satisfactoriamente.

    Ya para fin de año, podían participar personalmente a la celebración de cierre de curso lectivo. Todos los profesores y los alumnos estaban presentes de punta en blanco. La mayoría de los alumnos vestían traje y corbata. Elizabeth se había puesto una falda ajustada al cuerpo, un saquito haciendo juego y una blusa con un escote pronunciado. Ella estaba bellísima, y no pasaba desapercibida.

    Juan, era un joven con mucha pinta y se notaba que su cuerpo estaba trabajado. Cuando la vio a Elizabeth quedo encantado y obnubilado. Al verla su cabeza imaginaba poder disfrutar de esa hermosa mujer. Todavía tenía en la retina de sus ojos el recuerdo de esos pechos mojados por la limonada.

    Una vez concluido el acto, le propone a ella invitarla a festejar en un brindis o simplemente a tomar un café. Ella dudo un poco pero acepto la propuesta. Pensó que en gratitud, le debía el gesto por el apoyo en el estudio.

    Juntos partieron hacia una local de moda.

    Sentados en una mesa tranquila, ella se había pedido una limonada. Obviamente Juan recordó la situación de sus pechos mojados, y como una humorada le dice.

    —Cuidado! No vaya a ser que se te vuelque la limonada otra vez! Ja ja ja.

    A lo que ella dice:

    —Pero que papelón ese momento! Qué vergüenza! Jajaja

    —Ningún papelón! Son cosas que pasan, solo fue un accidente. Je! —Dice Juan.

    Ya en confianza, ella dice…

    —Pero no me da vergüenza que se me haya volcado la bebida, sino que con la mojadura, se marcaron mis pechos cuál stripper. Un papelón!

    Mientras se tapaba la cara con las manos, sonriéndose.

    Juan, ni lento ni perezoso aprovecho el momento del comentario y trato de subir un escalón más a la situación. Él quería a toda costa tener la oportunidad de alguna manera de poseer a esta mujer hermosa.

    —La verdad que me quedé sorprendido, y sin ser irrespetuoso, te puedo decir que eran hermosas tus chicas!! Jajaja. —Dice Juan.

    Elizabeth, se sonroja sintiendo una sensación de alago y vergüenza.

    —Ahí nooo! No es para tanto. —Dice ella.

    Juan la observaba y veía ese escote hermoso, que demostraba que estaba en lo cierto.

    —Si Elizabeth, sos una hermosa mujer, y te voy a ser sincero. Me encantas, me gustaría que pudiéramos pasar un grato momento juntos. Espero que no te incomode. Pero es lo que siento y deseo hace mucho tiempo.

    Mientras él le contaba esto, lentamente rozaba su mano sobre la de ella. Elizabeth se sentía alagada y deseada por un apuesto muchacho. Sentía pensamientos encontrados, estaba felizmente casada y disfrutaba de su matrimonio.

    —Elizabeth, te deseo y quiero sentir tu piel, tu aroma de mujer. Con esto no quiero interferir en tu vida sentimental, solo deseo que podamos sentir nuestros cuerpos, mimarnos, acariciarnos y poder fusionar nuestros deseos. —Dice Juan.

    Ella pensó y pensó sobre lo que estaba sucediendo. La propuesta de Juan era inquietante. Se sonrojaba solo de pensar estar y sentir a ese joven tocándola, acariciándola y finalmente cogiéndola.

    —No sé. Estoy nerviosa, sos un hermoso hombre. Me gustaría sentirte, pero me da mucho nervio. —Dice ella.

    Finalmente salen del lugar, y sin un rumbo fijo, pasean en el automóvil. Ya estaba todo dicho, así que su viaje sin rumbo comenzó. El clima dentro del vehículo era muy sensual, la música lenta acompañaba la situación. Las miradas entre los dos se entrelazaban. Juan aprovecha y extiende su mano sobre la pierna de ella y mientras manejaba, las yemas de los dedos la acariciaban. Elizabeth estaba extasiada, cada caricia despertaba una sensación de deseo interminable.

    Juan llega a un lugar apartado oscuro y con vista al río. Apaga el motor, el ambiente dentro del vehículo era increíble. Las miradas se fusionaron. Juan se acerca lentamente hacia ella y suavemente apoya sus labios sobre los de Elizabeth. Los besos eran húmedos, sus lenguas se entrelazaban tremendamente de forma interminable.

    Mientras se besaban, ambos acariciaban sus cuerpos. Las manos de uno y del otro iban y venían. Poco a poco la temperatura corporal de ambos calentaban el habitáculo del auto. Elizabeth desabrocha uno a uno los botones de la camisa de Juan. Ella siente por primera vez la piel de ese joven, besa el pecho de Juan, como queriendo mordisquearlo. Finalmente le saca la camisa y se detiene con su boca en las tetillas del muchacho, besándolo, succionando y mordiéndoselos suavemente.

    Juan estaba muy caliente. Finalmente estaba viviendo lo que por mucho tiempo se imaginaba. Tener a esa hermosa y bella mujer madura haciéndola suya. Juan reclina los asientos para estar más cómodos. Su pija estaba durísima. La excitación era tal que se le mojaba la punta del pene. Elizabeth baja con sus besos por el torso del muchacho hasta la cintura y con las manos refriega por encima del pantalón el pene del muchacho sintiendo que realmente estaba a pleno.

    —ummm, estás a full, —dice ella al sentir el bulto.

    Con las dos manos desabrocha el cinturón de Juan, desabotona el pantalón y con los dientes le baja el cierre lentamente.

    —ufff mamita! Me matas de placer!! —Dice Juan.

    Ella le saca de su bóxer cuasi explotado, el pene erecto. Un mástil duro.

    —mmmm, papi que linda pija que tenés!! —Dice ella.

    Se podía apreciar como con la poca luz de la noche, la punta de la pija brillaba de lo mojada que estaba.

    Elizabeth acerca su boca, abre apenas sus labios, sacando la lengua en punta y suavemente se lo pasa por el ojo del pene. Saborea la humedad de su líquido preseminal que había salido de la calentura y excitación.

    —mmmh que rico!! Esta mojadita!! Que rica pija!! —Dice ella.

    Abriendo un poco más la boca, introduce la cabeza del pene y lo termina de saborear. Cómo un chupetín dulce se lo chupa de un lado a otro de su boca.

    —mmmm mmmm!! Me encanta!!! —Dice ella entre chupadas y lamidas.

    El choto de Juan entraba y salía de la boca de Elizabeth. Juan, explotaba de placer. Su pija era de muy buen tamaño, tranquilamente podía pajearlo y chuparle al mismo tiempo sin ninguna dificultad. Ella estaba extasiada de hacerlo. Elizabeth estaba disfrutando de la pija del muchacho. Joven, fuerte y bien dotado con la fortaleza sexual en su mejor momento.

    Juan mientras ella se la mamaba, le iba desabrochando la blusa quedando con el corpiño de encaje negro. Ya estaba más cerca de ver en vivo y directo esos pechos que no podía olvidar. De una maniobra desengancha el sostén y finalmente las chicas quedan libres para poder deleitarlas. Su erección estaba como un garrote. Comenzó a sobarle las tetas con las manos mientras ella seguía lamiendo y chupando su pija. Él quería hacer realidad de tener su choto entre ellas. Cómo aquel día que fantaseo haciéndose la paja. Así que posó su pene entre las dos, Elizabeth apretó su choto con ellas y comenzó a pajearlo.

    —ahhh, cuánto quería hacer esto mamita!! Que placer!!! Mmmmm, así asiii. —Exclamaba Juan.

    Elizabeth también estaba muy caliente. Quería tener esa pija dentro de su concha. Que por cierto ya estaba empapada de excitación.

    Juan se saca cómo puede el pantalón, y ella hace lo mismo con su pollera.

    El muchacho recuesta a Elizabeth sobre el asiento, suavemente le abre las piernas y comienza a frotar con las yemas de sus dedos por encima de la diminuta tanga negra de encaje haciéndole una paja. Ella finalmente se despoja de bombacha y Juan comienza a juguetear con sus dedos sobre su concha. Iba, venía y cada tanto metía sus dedos en la concha caliente. El percibía que estaba hirviendo de placer. Elizabeth jadeaba sin reparo.

    —ahhh que lindo así, síii, seguí asiii.

    Su concha chorreaba de flujo de tanta excitación. Ya quería tenerlo dentro suyo, así que se incorporó, se subió encima de Juan, cruzó sus piernas una a cada lado de él, acerco su concha a la punta del choto y de un movimiento bajo su cuerpo introduciendo el pene del muchacho hasta el fondo. La pija de Juan había desaparecido dentro de ella, y exclamó…

    —ahh. Cogeme asiii. Cómo te siento. Que buena pija Juan.

    Juan la tomo por la cintura y la subía y bajaba. La cogía sin parar. La concha de ella se tragaba por completo el choto de él. Por momentos fuerte y por otros suave. Juan entre tanto chupaba de los pechos de ella, jugueteaba y mordisqueaba sus pezones mientras la cogía. Elizabeth gozaba a más no poder.

    Sus cuerpos estaban sudorosos de tanta acción sexual. Los vidrios del vehículo estaban muy condensados del calor. Como si estuvieran aplaudiendo, los cachetes del culo de Elizabeth sonaban en cada embestida.

    —ahhhh asii papito!! Asiii siii. Quiero tu leche!!! Lléname de leche!!! Quiero sentir tus chorros entro mío!!! —Gritaba ella

    Ya estaban a punto de terminar. Ambos no aguantaban más del placer. Elizabeth sentía como la pija de Juan latía de las ganas de acabar y ella comenzó al mismo tiempo a endurecer su vientre, su respiración a entrecortase. Y a jadear. Entre gritos de placer, ambos acaban juntos.

    —aaahhhh —exclaman al unísono.

    Elizabeth aprieta con su concha fuertemente la pija de Juan dentro de ella queriendo sacar hasta la última gota de leche de ese semental.

    Por unos minutos continúan abotonados, abrazándose exhaustos de placer. Cómo si hubieran corrido una maratón.

    Juan sigue con su pija dentro hasta que afloja su dureza, retira su pene de la vagina de Elizabeth y un gran líquido blanquecino chorrea de su concha. Ella se vuelve a su asiento y acerca nuevamente su boca a la pija de Juan, chupando las últimas gotas de leche del muchacho. Mientras lo miraba a los ojos.

    —que rico papi, que lindo cómo me cogiste!!! Me encantó! Que linda pija que tenés, quiero hasta la última gota de tu leche!!! —Dijo Elizabeth.

    —sos una mujer increíble!! Me hiciste gozar de una manera que jamás me imaginé!! Ojalá podamos hacerlo así otra vez. —Dijo Juan.

    Los dos terminaron exhaustos.

  • Mi esposa, su amiga y una noche de alcohol

    Mi esposa, su amiga y una noche de alcohol

    Esta es una historia real. La escribo porque la recuerdo como uno de los momentos más excitantes que he vivido con mi esposa, algo que deseaba, pero nunca creí que pudiera pasar. No recuerdo todos los detalles, el alcohol es el protagonista en este relato, de no ser por él esto no pasaría de ser una fantasía y nada más, fue una noche loca de mentes nubladas.

    Cecilia y yo llevamos 9 años juntos, somos bastante atrevidos a la hora el sexo, no nos guardamos nada entre nosotros, nos gusta beber y pasar largas horas haciendo las locuras que se nos ocurran, juegos de roles, disfraces, sexo en la calle, videos. Una de nuestras prácticas comunes es poner porno y hablar sobre los videos, es un buen preámbulo y nos ha llevado a fantasías increíbles. Cecilia es bajita y culona, tiene una cintura pequeñita y grandes tetas, el modelo de chica latina, es de piel canela y cabello castaño oscuro, aunque se lo pinta de rubio claro porque a mi me gusta así.

    Lo que nunca había sido una práctica normal entre nosotros, aunque yo lo había comentado en repetidas ocasiones en busca de alguna respuesta positiva, era incluir a otra persona.

    Andrea era una amiga de Cecilia, tendría unos 22 años, era una chica menuda, delgada, de cabello negro y piel morena clara. Ellas habían trabajado juntas algún tiempo y su amistad trascendió fuera de la oficina, de tanto en tanto salían juntas a tomar unos cócteles y a charlar. Para ser sincero no me gustaba mucho esa amistad, Andrea era una chica joven sin compromisos y algo libertina, temía que Cecilia terminara enredada en alguna idea loca, y vaya que terminó enredada.

    Un viernes cualquiera llegué a casa después de haberme tomado unas cervezas con los muchachos, bastantes cervezas, serían como las 9 de la noche. Cecilia y Andrea habían salido a tomar unos cócteles y estaban ya de vuelta en nuestro apartamento tomando unas cervezas y oyendo música. La cosa estaba animada, me invitaron a bailar con ellas. Sonaba un reggaetón. Cecilia y Andrea bailaban pegadas, me acerqué por detrás de Andrea y estiré mis brazos para alcanzar a mi esposa. Nos movíamos al ritmo de la música, mi cuerpo rozaba con Andrea y yo estaba a mil con la verga tiesa. Guardaba cierta distancia para no evidenciar mi estado, el que estuviéramos bailando pegados no significaba más que eso y no quería generar un momento incómodo.

    Empezó a sonar un reggaetón más movido y nos separamos un poco. De un momento a otro Andrea se inclinó y posó su culo sobre mi paquete tieso. Se me para la verga mientras escribo esto al recordar cómo las nalgas de Andrea se separaron para encajar mi paquete en medio de ellas para sobármelo con un movimiento rápido, arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, y se retiró. Vamos, no es algo anormal este tipo de cosas al bailar reggaetón, pero me dejó la idea de que algo más estaba pasando.

    Siempre que estaban juntas podía sentir una tensión sexual entre ellas, una complicidad que me incomodaba un poco, una infidelidad es infidelidad con quien sea y la idea de que mi esposa tenía un amorío con su amiga rondaba mi mente, a la fecha Cecilia siempre me ha dicho que no pasaba nada entre ellas, pero vaya uno a saber.

    En otra ocasión nos volvimos a encontrar en nuestro apartamento. Esta vez yo había traído un amigo que Andrea quería ver, le había dicho a Cecilia que mi amigo le parecía sexy y que básicamente… quería acostarse con él. De nuevo, víctimas de los tragos, empezamos a bailar. En esta ocasión yo bailaba con Cecilia y Andrea bailaba con mi amigo. Yo no podía dejar de pensar en la otra vez cuando me restregó el culo sobre la verga, necesitaba saber si había algo más allí.

    Bailábamos una salsa y como es normal nos íbamos moviendo por toda la sala, en un momento en que el cuerpo de Andrea estuvo a mi alcance estiré mi mano y le apreté una nalga, fue algo instintivo, no me pude aguantar, después de hacerlo pensé que Andrea voltearía y se armaría un lío tremendo, pero no, siguió bailando con mi amigo.

    Era la prueba que necesitaba, efectivamente pasaba algo más. Aproveché cada oportunidad aquella noche para apretar las nalgas de Andrea mientras bailábamos, era como si nada, después nos sentábamos a charlar entre todos o lo que fuera. Finalmente mi amigo no logró conectarse con ella y no pasó nada entre ellos. Algún tiempo después él me diría que en realidad no creía que Andrea gustara de él, que sus motivos allí en nuestro apartamento parecían otros. Tal vez.

    Como esta hubo varias ocasiones, hasta que pasó lo impensado, deseado por supuesto, pero impensado.

    Viernes de nuevo. Cecilia y Andrea habían salido a tomar algo a un club en una de las calles más populares de la ciudad. Yo hacía parte de un grupo de amigos con los que hacíamos eventos musicales, conciertos. Aquella noche tocaba una banda y mientras grabamos el evento nos tomábamos unas botellas de buen vino. Le había prometido a Cecilia que me encontraría con ella donde estuviera al terminar el concierto. Me llamaba insistentemente:

    -¿A qué hora vienes amor? ven pronto -me escribía.

    Eran las 11 de la noche cuando pude salir del evento, algo incómodo porque el sonido del evento ese día había sido una mierda pero activado por la botella y media de vino que me había bebido solo. Tomé un taxi y me dirigí a donde estaba mi sexy esposa y su sexy amiga.

    Estaba en una mesa fuera del lugar con un balde lleno de cervezas sobre la mesa. Andrea iba acompañada de un tipo cuyo nombre ni cara recuerdo muy bien. Lo cierto es que estaban bastante entonadas ya. Entré al lugar en busca del baño, el ambiente era pesado, era una disco normal pero podías distinguir con claridad una buena cantidad de putas y gente drogándose en los baños, no es que tenga lio con eso, cada quien en lo suyo, pero sí pensé que no quería que mi esposa bebiera demasiado en ese lugar, las cosas se pueden salir de control muy fácil, así que al salir del baño les propuse a todos irnos para nuestro apartamento a continuar allí. Accedieron.

    Había un pequeño problema, en una falta completa de planeación, Cecilia había llevado nuestro automóvil al lugar, yo había bebido y ella estaba en un estado de excitación y de alcohol que impedían que tomara el volante. En otro acto de completa inconsciencia tomamos todas las cervezas y las metimos en la silla trasera del auto. Tomé el volante y empecé a conducir hacia un supermercado en donde compraríamos una botella de whisky, no queríamos más cerveza.

    Andrea y su amigo iban en otro automóvil siguiéndonos. Estacioné afuera del supermercado. No vi por ningún lado al auto que nos seguía, pensé que habían decidido irse, no podría tocar a Andrea esa noche, pensé. Entré y compré la botella de whisky, para mi sorpresa, al volver al auto me encontré a Cecilia bailando con la música a todo volumen y a Andrea en la misma situación sentada en la silla trasera. Esta noche podré tocar a Andrea, pensé.

    Resultó que su amigo se había puesto algo intenso y quería irse con ella a un motel inmediatamente, Andrea se negó porque quería pasar otro rato con nosotros así que terminaron separando caminos, todo se estaba dando.

    La cosa no se dio como pensaba, al llegar al apartamento pusimos música pero no querían bailar, estaban sentadas, Cecilia algo eufórica cantaba y chateaba en su teléfono, Andrea estaba recostada en el sofá algo tomada. Trataba de animarlas a bailar pero básicamente me hicieron a un lado. Me serví un vaso de whisky y me senté en el balcón. Oí a Cecilia hablando a través del teléfono de Andrea con un hombre

    -¡Vengan que estamos listas! -le decía, no vino nadie.

    -Vamos a bajar a la piscina! -le dijo a Andrea.

    Era como la una de la mañana, la piscina obviamente estaba cerrada a esas horas, traté de convencerla de que no bajaran pero no hubo caso, salieron y fui con ellas. Cecilia no aceptó un no como respuesta cuando el guardia de seguridad le decía que no era posible entrar a la piscina en ese momento, logró que el hombre cediera y les dejara entrar por un corto tiempo, yo miraba desde la puerta que daba acceso a la piscina de pie junto al guardia.

    Se quitaron la ropa y quedaron en ropa interior, se tomaron de la mano y saltaron al agua. Las perdí por un momento. Me gusta pensar que se estaban besando bajo el agua pero la verdad es que no sé y nunca pregunté tampoco. Entre risas salieron, se secaron ligeramente, se pusieron la ropa y subimos al apartamento. Yo era básicamente un satélite en la situación, me sentía excluido, estaba algo celoso y empezaba a enojarme. Mi mujer estaba teniendo una aventura en mis narices y hacía como si yo no estuviera ahí.

    Al llegar al apartamento se dirigieron al baño de nuestro cuarto para bañarse, entraron juntas, pusieron seguro a la puerta. Me quedé a pocos pasos de la puerta viento atónito la situación, oí el agua de la ducha empezar a caer. No aguanté más, toqué fuerte la puerta.

    -¿Qué están haciendo? ¿Si están haciendo algo yo quiero ver? -grité.

    No hubo respuesta así que fui hasta mi cama y me senté. Pasó poco y la puerta del baño se abrió, salió primero Cecilia, venía con las tetas al aire, solo traía la panty. Detrás de ella venía Andrea en la misma situación, sus pequeñas tetas al aire y una tanguita rosada. Ambas tenían el cabello mojado y el agua corría cuerpo abajo.

    -Desnúdate -Me dijo Cecilia, y ahí empezó.

    Cecilia empezó a besar a Andrea mientras escurría su mano entre la tanga rosada de la chica, sus dedos entraron en el coño de Andrea y ella soltó un suspiro. Yo ya estaba completamente desnudo y con la verga al tope viendo la escena. De manera brusca Cecilia empujó a Andrea a la cama y le quitó la tanga, le levantó ambas piernas dejando su chocho abierto y disponible y enterró su cara entre sus piernas.

    Andrea gritaba de placer. Cecilia alzaba sus dos nalgas mientras le chupaba el coño y sentí que era mi momento de incursionar, me puse detrás de mi esposa, le separé las nalgas y posé mi lengua en su ano. No tardé mucho en metérsela en el chocho. Me encanta mi esposa, es una mujer realmente atractiva, pero no voy a negar que a esta altura todas mis ansias estaban puestas en dirección a Andrea, no podía esperar más a penetrarla, a tocarla. Por lo pronto sostenía sus piernas en alto para que mi esposa pudiera seguir mamándole el coño sin obstáculos.

    -Andrea, chúpasela mientras me la mete -demandó Cecilia.

    Acto seguido Andrea se acomodó boca arriba bajo el triángulo que formaban las piernas de Cecilia en cuatro. Mi esposa sembró su mejilla sobre la cama, arqueó la espalda y levantó el culo. Me acerqué y besé a Andrea, puse mi verga cerca de su cara, ella abrió la boca y le encajé la cabeza de mi palo en el paladar. Su lengua se paseó por mi glande y lo saqué para junto a un delgado y largo hilo de saliva llevarle hasta la puerta del coño de Cecilia.

    Empecé a darle mientras Andrea estiraba su lengua para lamerme los huevos y la base de la verga. Sin cambiar de posición giré un poco el tronco, lo suficiente para alcanzar con mi mano el coño de Andrea. Le busqué el orificio y le encajé de una dos dedos. Era un chocho delgado y amplio, se notaba que tiraba con regularidad. Le metí un dedo más y tiré hacia arriba, ella apretó sus nalgas y soltó un gemido grave.

    Ambas chicas estaban bastante ebrias, lo podía ver en sus caras, Andrea un poco más ebria, no parecía del todo presente, mantenía sus ojos cerrados, solo gemía. En cierto momento Cecilia tomó la botella de whisky, ya más abajo de la mitad, y la llevó a la boca de Andrea. Le soltó un largo chorro que ella tragó como pudo, se atragantó un poco y tosió. Cecilia se empinó la botella y me la pasó, bebí un trago.

    Cecilia se acostó en la cama boca arriba y levantó las piernas hacia mí. Me anticipé.

    -Andrea, bebé chúpasela como te la chupó ella -dije

    Acto seguido tuve a Andrea en cuatro frente a mi mamándole el coño a mi esposa. Ufff, lo que tanto había esperado. Escupí mi mano y froté mi falo. Al igual que con mi esposa primero tomé las nalgas de Andrea y le chupé el culo, recuerdo que sus gemidos eran graves, algo guturales.

    Penetré a Andrea. Me aferré a sus delgadas caderas y empecé a embestirle su amplio coño. Sus gemidos guturales aumentaron y por un momento dejó de mamarle el coño a mi esposa. En medio de lo nublada que estaba mi mente puedo recordar que Cecilia posó sus ojos en mi.

    -Te estás cogiendo a otra mujer en nuestra cama -me dijo.

    Cerró sus ojos y tomó la cabeza de Andrea para plantársela en el coño. Seguimos así por un rato. Lo siguiente que recuerdo es a Andrea recostada contra una pared en un extremo de la cama. Cecilia me mamaba el coño de nuevo y yo estaba de rodillas a su lado. Acerqué mi verga a la cara de Andrea, ella la tomó con una mano y se la tragó. Como estaba a un costado mi verga entraba y chocaba contra la mejilla interna de la boca de Andrea. Tomé su mano y la puse entre mis nalgas indicando que quería que me metiera un dedo en el culo mientras me la chupaba.

    -ufff… ¿esto te gusta? -dijo Andrea mientras empujaba su dedo índice entre mis nalgas y me penetraba el culo.

    Que delicia, yo estaba en éxtasis. Y pasó lo inesperado. Cecilia se levantó y mirándome con seriedad dijo… Ya no quiero compartir más, esto se acabó. Fue como si alguien hubiera activado un interruptor y todos despertamos. Le insistí un poco que quería seguir pero se negó rotundamente. Salí de la habitación hacia el balcón con un vaso de whisky. Cecilia me siguió y me increpó por lo que acababa de suceder con cosas como “cómo pudiste?” “eres un maldito”, “lo nuestro se acabó”.

    Podía notar que estaba claramente ebria pero igual trataba de razonar con ella diciéndole que había sido ella misma quien había iniciado, y en ciertos momentos, dirigido todo, pero no había argumento que le resultara válido de mi parte. Finalmente me fui a otra habitación a ver algo de porno en el móvil, yo seguía a mil. Las vi salir del apartamento, no sé a dónde. Pasó una media hora, ya eran casi las 4:30 de la mañana cuando recibí una llamada del vigilante del edificio pidiéndome que buscara a las dos chicas que estaban sentadas en el pequeño parque para niños del primer piso.

    Bajé. Andrea lloraba y Cecilia tenía cara de enojo. Después sabría por palabras de Cecilia que le increpó a Andrea por todo aquello, que dentro del baño mientras se bañaban después de subir de la piscina Andrea le había dicho “Hagamos un trio con tu esposo”, que en medio de la locura de aquella noche ella accedió. También supe que Andrea había inhalado algo de cocaína en el bar, Cecilia no, eso me dijo. Las tomé de la mano, las llevé al ascensor y subimos, ellas se acostaron en nuestra habitación, yo fui a otra, me dormí.

    A la mañana siguiente ya Andrea no estaba, Cecilia vino a mi habitación y sin mediar palabra me bajó el pantalón y me la chupó. Mi esposa y yo cogimos un buen rato hasta quedar exhaustos, dormimos de nuevo. No volví a ver nunca a Andrea, Cecilia y ella no volvieron a hablar.

  • Eso no, papá, me dolería, la tengo muy estrechita

    Eso no, papá, me dolería, la tengo muy estrechita

    Mason era un americano rubio, de ojos azules, musculoso, de casi dos metros de altura, con tatuajes hasta en el culo y era cabo en los marines en Rota, un municipio español a 51 kilómetros de Cádiz en la comunidad autónoma de Andalucía cuando conoció en un hospital a Maylin, una china de 38 años, con los ojos y el cabello negro, que no llegaba al metro cincuenta de estatura y que tenía una hija de 7 años. Se enamoraron y se casaron. Once años después Mason trabajaba de mecánico en un taller de coches y Maylin seguía trabajando de enfermera. Kumiko, su hija, había crecido y era un cuadro de su madre, en lo que a cara y cuerpo se refiere.

    Cómo Maylin hacía muchas guardias, Mason y su hija, que estaba estudiando enfermería, se quedaban hasta las tantas mirando la tele. Esa noche Mason con su camiseta blanca de dormir, enseñando sus brazos tatuados que parecía dos columnas con grafitis, estaba sentado en el extremo del tresillo con las piernas estiradas, los pies descalzos sobre la mesa camilla y con una botella de whisky caballo blanco sobre la alfombra.

    Kumiko tenía la cabeza sobre el regazo de su padre y se estiraba a lo largo del tresillo vestida con una camiseta blanca, una minifalda gris, descalza y con las uñas pintada de rojo. La película que daban esa noche en TV 1 no era apta para verla en la posición en que estaban, se trataba de La vida de Adele. Ninguno de los dos sabía de qué iba la película, pero cuando unas chicas hablaron con Adele de follar, se hicieron una idea. Mason se sintió incómodo y Kumiko también, pero cómo el padre no le dijo nada, ella también guardó silencio.

    Luego, cuando Adele se masturbó en su habitación pensando en lo que pensó, a Mason se le puso la polla dura. Kumiko sintiendo cómo se le empezaban a mojar las bragas, le dijo:

    -Se pone caliente la cosa.

    -Demasiado. ¿No sería mejor cambiar de canal, Kumiko?

    -Es cine, papá, es ficción.

    Siguieron más escenas y se relajaron. Luego llegó el polvo de Adele con el chico. Kumiko no quitaba los ojos de la pantalla, Mason bebió un chupinazo de whisky. Al acabar de ver cómo echaban el polvo, dijo Kumiko:

    -¿Hace calor aquí o lo tengo yo, papá?

    Mason mirando para las torneadas piernas de su hija, le respondió:

    -Hace calor, hija, hace mucho calor.

    Vinieron secuencias que enfriaron el ambiente, pero luego llegaron las escenas de sexo lésbico entre Adele y Emma y se volvió a caldear. Al verlas desnudas y besándose, Kumiko, dijo:

    -Se veía venir.

    Llevaban poco más de un minuto comiéndose las bocas, las tetas y los coños y Kumiko le dijo a su padre:

    -Estoy muy malita, papá. ¡Qué malita estoy!

    -¿Quieres que sea tu médico?

    -Sí.

    Mason le metió una mano dentro de las bragas y se encontró su coño empapado.

    -Nunca me había encontrado con un coñito tan mojado.

    Kumiko mirando cómo se comían vivas Adele y Emma, abrió las piernas. Un dedo de Mason, que era más gordo y más largo que muchas pollas, se metió hasta la mitad dentro de su coño y comenzó a masturbarla. Kumiko le dijo:

    -No pares hasta que me corra.

    Mason sin dejar de masturbar a Kumiko sacó su verga y se masturbó al lado su cara angelical. Cuando a Adele le vino a Kumiko se le cerraron los ojos y jadeando también se corrió. Mason viendo cómo se corría su hija, explotó. Un chorro de leche salió de su polla y cayó sobre la cara de Kumiko. La muchacha no se enteró, ni de ese ni de los otros chorros. Estaba gozando cómo nunca antes había gozado.

    Al acabar de correrse la escena seguía. Kumiko puso su mano sobre la de su padre para que no la sacara. Mason la sacó. Cogió a su hija y quitándole las bragas la sentó en el respaldo del tresillo, le lamió la leche de la cara y la besó, le levantó la blusa y le comió las tetas de pasada, luego se agachó y su gran lengua lamió los jugos de la corrida de su hija. Kumiko con la espalda contra la pared disfrutaba cómo una loca viendo cómo Adele y Emma se comían los coños y sintiendo cómo la lengua de su padre hacía estragos en su coño.

    Poco después se corrió. Tuvo que sujetarla por qué se caía del respaldo. ¡Cómo, temblaba! ¡Cómo se estremecía! ¡Cómo se retorcía! ¡Cómo gozaba! De su pequeño coño salieron cantidad de babas que Mason se encargó de tragar.

    Al acabar, con la cara llena de leche, se levantó, y quiso poner las bragas, pero las piernas le fallaron y se tuvo que sentar en el sillón.

    -¡Fue increíble, papá!

    Mason le subió las bragas, para lo que Kumiko levantó el culo.

    -Tú sí que eres increíble.

    Kumiko sacó su coquetería a pasear.

    -¿Tanto te gusté?

    -Más de lo que podría soñar. Solo falta…

    Kumiko la pilló por el aire.

    -Eso no, papá, me dolería. La tengo muy estrechita.

    -Por eso, cariño, por eso sería maravilloso follarte.

    -¿A los hombres os gusta que las mujeres la tengan estrechita?

    -Nos encanta.

    -Carlos no me dijo nada cuando lo hicimos, pero entre nosotros, no sabe hacerlo, a lo mejor es porque la tiene pequeñita.

    Carlos era el novio de Kumiko, aunque cómo tenía cara de tonto Mason pensaba que no follaba a su hija, pero por lo que se veía de tonto no tenía nada.

    -Va a ser por eso, al tener la polla pequeña…

    -Pero es que tampoco me hace con la lengua lo que me hiciste tú.

    -Puede ser que no sepa.

    -O que no quiere, que quiera que yo se la chupe y… ¡Lo dejo! ¡¡Egoísta!!

    Mason le dio por el palo. Le interesaba que lo dejara.

    -Ahora me tienes a mí.

    Le dio un pico, y le dijo:

    -Y lo vamos a pasar muy bien.

    Al llegar a casa Maylin y ver que padre e hija se miraban y sonreían supo que algo había ocurrido:

    -¿Qué os traéis entre manos?

    Le respondió la hija:

    -Un secretito.

    Como faltaba poco para su cumpleaños pensó que le estaban preparando una sorpresa.

    -Espero que sea agradable.

    -Lo es, mamá, lo es.

    Al día siguiente Mason se estaba dando una ducha. Kumiiko llegó de clase, entró en el cuarto de baño y vio a su padre enjabonado y con la verga empalmada en la mano, era obvio que se estaba masturbando. Kumiko bajó la cabeza antes de sonreír y mentir cómo una bellaca:

    -Perdón, no sabía que te estabas… duchando.

    Sin dejar de menear la polla, le dijo:

    -Estaba pensando en ti, Kumiko. No te puedo quitar de la cabeza.

    -¿Y mamá?

    -Ya se fue a trabajar.

    Kumiko miraba para la verga de su padre sin ningún pudor, y sin ningún pudor, se bajó las bragas, subió la falda de tablas que le daba por encima de las rodillas, se sentó en la taza del váter, y le preguntó:

    -¿Qué me hacías en tu pensamiento?

    Mason sintiendo el ruido que hacía en el agua del inodoro al caer el meo sobre ella y sin dejar de menear la polla, le respondió.

    -Enjabonaba todo tu cuerpo.

    -¿Te excitaría enjabonarme?

    -Mucho, acariciaría todo tu cuerpo.

    Kumiko cogió papel del rollo, se limpió el coño y después con un zapato se quitó el otro para después quitarse toda la ropa.

    Kumiko tenía las tetas medianas, tenía las areolas rosadas y picudas y sus pezones eran pequeños. Su coño estaba rodeado por pelos negros, gruesos y espaciados, su cintura no era muy marcada, sus caderas normales, su culo gordito y sus moldeadas piernas cortas debido a su metro cuarenta y ocho de estatura.

    Se metió en el plato de la ducha. No era nada al lado de su padre, eran 45 kilos de peso al lado de ciento veinte. Mason descolgó la alcachofa de la manguera de la ducha, se la dio, abrió el agua fría y el agua caliente y la remojó, Kumiko se la cogió de la mano.

    -Deja que te quite antes el jabón.

    Se dio la vuelta y Kumiko vio sus grandes, redondas y duras nalgas. En cada una de ellas tenía tatuada la cabeza de un tigre con la boca abierta y enseñando los colmillos. Su pequeña mano derecha las recorrió, mano que también recorrió las piernas. Donde tenía dos enredaderas y la espalda, donde tenía tatuada la cabeza de una águila calva.

    Luego Mason se dio la vuelta y Kumiko vio en su pecho tatuada la bandera de Estados Unidos y debajo de ella las siglas EE.UU. Le dio la alcachofa de vuelta y mientras su padre ponía el chorro sobre el pecho Kumiko le puso las dos manos sobre los pectorales y los acarició. Pasó de los brazos, donde llevaba tatuadas flores, se puso en cuclillas, le cogió los huevazos con la mano izquierda y la verga con la derecha y se la lamió. Mason puso el chorro de agua sobre la cabeza. La espuma del champú bajaba por su cuerpo cuando Kumiko metió la polla en la boca.

    Masturbándola comenzó a mamar. Al rato Mason apretó las nalgas, se le tensaron las piernas y se corrió. Su corrida era casi tan copiosa cómo la de un burro, pero Kumiko tragó, tragó y tragó sin dejar que se perdiera una gota.

    Al acabar de correrse la cogió en alto como si fuera una muñeca y la besó con lengua. Su lengua de buey llenó la pequeña boca de Kumiko, que caliente cómo una perra se dejó besar rodeando el cuello de su padre con los brazos.

    Al acabar de besarla la bajó, cogió el gel y poniéndose detrás de ella empezó a enjabonarla. Las tetas de Kumiko desaparecieron bajo sus enormes manos… Las enjabonó y las magreó, le apretó los pezones con dos dedos, luego le enjabonó el cuello y la espalda, se agachó, le abrió las nalgas y le pasó la lengua por el ojete, luego echó más gel en las manos y le enjabonó las nalgas, se las apretó con las manoplas, se las mordió, le acarició el ojete con un dedo, se lo folló con el dedo medio, le hizo tantas cosas que al darle la vuelta de su coño caían gotas de flujo vaginal.

    Pasó su lengua por el coño y sintió cómo si lo tuviera engrasado con aceite. Estaba rico, rico, rico, le echó las manos a las tetas y se las magreó mientras le lamía el coño, luego le comió las tetas, mamando y chupando sus pezones, sus areolas… Se las devoró. Comiéndole las tetas le dijo Kumiko:

    -Me voy a correr, papa.

    Se iba a correr comiéndole las tetas. Mason la cogió en alto en peso, la besó y le preguntó:

    -¿Quieres que te penetre?

    Kumiko respondió metiendo su pequeña lengua en la boca de su padre. Mason cogió la verga y la puso en la entrada de la estrecha vagina. O se la rompía o no entraba, él lo sabía, ella lo sabía. Empujó poquito a poco. Los dos estaban equivocados, la vagina se dilató y el cabezón entró sin hacer sangre, aun así le dolió, ya que Mason sintió el sabor de sus lágrimas saladas llegar a sus labios. Poco a poco, entre beso y beso, la verga se fue haciendo sitio dentro de la vagina… Se la acabó metió hasta los huevos. Al tenerla toda dentro la folló muy despacito. A Kumiko le fue gustando cada vez más… Un cuarto de hora más tarde ya gemía cómo una loca, y entre gemidos le dijo:

    -Me voy a correr, papa, me voy a correr. ¡Me corro, papa!

    Mason sintió a su hija temblando contra su cuerpo, luego vio como sus brazos dejaban su cuello y cómo se separaba de él, con una mano sujetando su culo y otra en su espalda vio a Kumiko correrse con los brazos y las piernas colgando y la cabeza echada hacia atrás. No pudo evitarlo, le llenó el coño de leche.

    Tuvo que comprarle la píldora del día después, y no solo ese día, ya que Kumiko solo quería follar a pelo.

    Quique.