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  • La pasión de Silvia (Parte 2)

    La pasión de Silvia (Parte 2)

    Han pasado exactamente una semana desde que Silvia le dijo a Andrés se vaya de la casa, pero seguían viviendo juntos. Como será el destino que ella tuvo un accidente con su carro el cual quedó inservible y ahora tenía que compartir el carro con su ex para ir a trabajar, dejar a los niños y poder verme. No podíamos vernos en mi casa, ni en su departamento, no nos quedó otra en acordar de vernos en un estacionamiento de un centro comercial que estaba en quiebra. Era buena opción para evitar ojos familiares. Les hago recordar que para el mundo, ella seguía “casada”.

    Era domingo, ella se escapó de una reunión de amigos y dejo al ex con sus hijos para verme. Quedamos vernos en un estacionamiento techado del centro comercial, pero estaba cerrado. Yo le insistía mucho en verla porque a ella le excitaba sentirse deseada, la ponía cachonda cuando la presionaba. Tenía tendencia a ser sumisa pero había algo que no la dejaba ser en su totalidad. Esa era mi fantasía, que fuese mi esclava.

    Estaba sentado en mi Toyota negro en un estacionamiento casi vació, miraba a las mamás saliendo de compras de una tienda de bebés. Mi carro era uno de 15 carros en un lote con capacidad de 2 mil autos o más. Era un buen sitio, no había calles aledañas y estaba rodeado de vegetación. Mi teléfono sonó y era ella, ya venía en camino… La vi llegar y bajar nerviosa de su van gris, caminaba riquísima con su jean de twill color pardo y blusa blanca. Le pedí que viniera con falda, pero no le dio chance de cambiarse, pero si de cepillarse los dientes 2 veces después de comer pescado… era semana santa.

    Silvia solía vestir siempre pantalones o faldas largas. Ella se avergonzaba de una de sus piernas por haber sufrido un accidente que se la dejo “deformada” y siempre la escondía bajo una pierna de una pantaloneta cortada. Desde que la conozco tuvo ese problema y siempre me dio morbo saber cómo lucía y cuál de las dos piernas era.

    Entró a mi carro con su blusa blanca y podía ver su sostén, se sentó y como dos tontos no supimos como saludarnos ni entablar conversación. Pasaron unos segundos y entre sonrisas y preguntas cortas, nos besamos intensamente sin preocuparnos de dónde estábamos, me dejó poner mi mano en el interior de su pierna. Silvia se concentraba en acariciar lentamente mis dientes con su lengua mientras su pasión aumentaba y su calor corporal iba aumentando notoriamente. Al besarla podía verle sus senos por el escote de su blusa, unas tetitas blancas que nunca pensé tener tan cerca de mí, me las quería comer si me dejaba en pleno estacionamiento.

    Ella me trababa de niño o de bebé por ser menor que ella por 10 años.

    – Estás terrible hoy niño – dijo Silvia toda coqueta y mordiéndose el labio.

    – Hubiese querido que vengas sin sostén, pero, así como estas, estas para comerte toda – Le respondí serio para que sepa que no era juego.

    Puse mi mano otra vez en la parte interna de su pierna y ella mirándome abrió lentamente su piernas, mirando picara por las ventanas a ver si alguien nos veía. Me dejo subir hasta su vagina, respirando hondamente y agarrándose del respaldar del carro. Cuando llegue a su chucha, ella cerro sus piernas atrapando mi mano, estaba caliente y me dio otro beso apasionado. No podía mover mi mano, pero ella si se movía en su asiento rítmicamente como si estuviese follando mi mano.

    Nos separamos por instante, abrió sus piernas y le subí la blusa lentamente como como niño travieso y ella con respiros profundos supervisaba que tan lejos llegaba. Por debajo de su blusa, acaricié su teta izquierda, se la saque de su sostén, me acerque a sus labios, pero no la bese.

    -Quiero tetita- Le dije mirándola a los ojos mientras le apachurraba el pezón.

    -Toma tu teta bebé- queriendo morderme la boca, dejando ver su lado perverso.

    Su seno cabía en una sola mano, lo tenía fuera de la blusa y visible a cualquiera que se aproche a la ventana, la estaba probando si este tipo de exhibicionismo la excitaba y sí que lo hacía. Me mandaba instrucciones que no sea tan avezado y notorio, pero no me detuvo cuando pasaba mi lengua lentamente por alrededor de su areola marroncita y caliente. Luego succionaba su pezón como si besara su boca girando mi lengua en forma de remolino que la volvía loca, arqueando su espalda y empujando mi cabeza hacia su seno.

    -¡Muérdelo bebé, duro, muérdelo duro! Si, si asi! – Estaba poseída, se olvidó de dónde estábamos. No importaba quién podía vernos.

    -Vamos al asiento de atrás, estoy incomoda- me dijo abriendo las piernas.

    Hubiese querido estar bajo la oscuridad de la noche para penetrarla o me de una mamada, su mirada baja me lo indicaba, pero no se atrevía a tocar ninguna parte de mi cuerpo. Ella quería que la manosee, quería sentirse como una chica mala.

    Ella se recostó en todo el asiento trasero reposando sus piernas en mi falda, dándome acceso fácil a su chucha, sus senos y sus labios. Ella podía sentir mi erección en todo momento, entre conversaciones mundanas y calientes, sonreía porque siempre estaba duro. Se estaba siendo tarde, ella tenía que volver donde sus hijos, nos quedaba poco tiempo. En cada estimulo que le daba, ella nunca expresaba su placer en voz alta, ella era silenciosa porque viviendo en apartamento, siempre le dio pena que los vecinos la escuchasen, le daba orgullo ser silenciosa.

    Quiero dejar en claro, que Silvia me atraía, pero la idea de quitarle la máscara de mujer decente, me excitaba más que mi propio placer. Antes de terminar nuestra sesión de ese día y echada en el asiento de atrás, le sobe su clítoris sobre su apretado pantalón de Twill. Eso la calentaba más y más al aumentar las revoluciones, pero seguía callada. Comencé a manosear sus tetas y besarla en los labios con mordiscos. Seguía gimiendo a voz baja, no podía bajarle el pantalón así que le metí dos dedos en su vagina con todo pantalón y calzó incluido. Silvia, toda perra, abrió los ojos y perdió el aire. Quiso decir “OH” pero no encontraba su aliento.

    -¡Más rápido niño!!! ¡Muerde sin miedo! – La descarada me pedía maltratarle sus pezones.

    Le metía el índice y el dedo medio hasta donde la tela me permitía, cada vez más rápido y brusco. Silvia me miraba empapada de pasión y casi gritando.

    -Que rico bebé! Me estas metiendo todo el calzón, no pares! – Estaba loca y cerca del orgasmo.

    Soltó un grito de “ahhh” pidiéndome que pare… Quería venirse lento y prolongar el placer. Le hice caso y su chucha estaba mojadita. Puse mis dedos húmedos en su boca y me los chupo como si fuesen mi polla. Nos dimos un beso de despedida para después ponerse un polo más largo que tapase su venida…

    Continuará

  • Quiero que me hagas el amor

    Quiero que me hagas el amor

    Iniciaré este relato presentándome, en este momento que escribo tengo 34 años de edad, felizmente casado, con cuatro hijos, me describo como un hombre de 1,78 metro de altura, piel morena como cualquier latino, con el encanto de tener ojos de color verde, siempre uso mi cabello al estilo militar con un toque moderno, tengo un cuerpo muy atlético, con un pene llamado Paco de 7” de largo, todo este tentempié me ha ayudado a ser atractivo para muchas mujeres, una chica de 19 años me inició en el mundo del sexo, a partir de ese momento me volví adicto, y poco a poco aprendí el arte de la seducción.

    Conocí a mi esposa siendo adolecente, hija de españoles, su piel blanca, cabello castaño claro y un rostro tan hermoso, su cuerpo con hermosas caderas, delgada casi una modelo, nos enamoramos y por no cuidarnos la embaracé. Los padres de ella decidieron ayudarnos no podíamos dejar de estudiar, muy jóvenes ya éramos padres de una hermosa niña, a partir de aquí decidí que a esa niña no le faltaría nada, además mis padres me dan una lección me cambiaron de liceo, y me enviaron con mi abuelo materno a estudiar y a trabajar a la vez en su finca.

    Debía mantener no a una familia pero si a una hija, desde ese momento sin tiempo libre casi no vi a mi hija, el trato era si seguíamos enamorados teníamos la bendición de casarnos, pero resulta que soy un adicto al sexo y lejos de mi novia se me hizo fácil montarle los cuernos, no fue sino cuando teníamos 20 años cuando nos casamos, y decidimos vivir juntos, ambos estudiamos carreras técnicas y a los 23 ya estamos graduados, a los 24 nace nuestro segundo hijo y antes de los 30 tenemos 4 hijos, mi abuelo enfermo, me hereda la finca y me dedico a ella, paso 5 días y 4 noches en mi trabajo, y 3 noches y 2 días con mi familia, fácil para mí tener relaciones fuera del matrimonio.

    Cuando estoy en casa me dedico 100% a mi familia, como mi hija es la más grande se apegó mucho a mi, muy atenta en todo, mientras mi esposa cuida a los más pequeños mi hija y yo salíamos de compra al supermercado o al mercado de frutas y verduras, en ese tiempo note que ella siempre me agarra de la mano como exhibiéndose conmigo, pero para mí no le di un gran valor, conversando un día de novios entre familia le preguntamos que como se imaginaba un novio o esposo, ella solo dijo quiero que sea como mi papá, le dije como su papá no, a mi me hicieron y botaron el molde, cuando mi hija se desarrolla y su cuerpecito comienza a formarse en el de una mujer.

    Me dije a mi mismo, esta chica va a ser una rompe corazones, pero ella ahí siempre a mi lado mientras estoy en casa, para ver películas, para cocinar, arreglar el jardín y muchas cosas más, era mi compinche, en algún momento estando en casa me llaman de urgencia en la finca, solicitaban mi presencia, tendría que ir, tomar la carretera por 3 horas, quedarme y salir al otro día lo más temprano posible para regresar con mi familia, en ese momento mi hija se empeñó en acompañarme, no quería llevarla pero mi esposa insistió, no tuve más remedio que llevarla conmigo, por el camino almorzamos antes de llegar a la finca, al llegar nos acomodamos en la casa, pero tenía que salir para solucionar el problema, le dije a mi hija que me esperara, no sabía cuánto tiempo me tomaría en regresar.

    Al caer la tarde ya había solucionado el percance, en casa me espera mi hija con la cena, unos sándwiches de jamón y queso, observe que ella está recién bañadita, usa unas lycras y franela sin mangas bien pegaditas a su cuerpo, note que no usa sostén, disimulaba para que no me pillara viéndola, yo catalogo la medida de los pechos de la siguiente forma, mamones, limones, naranjas, toronjas, melones y sandias, mi hija con 19 años, tiene par de naranjas con sus puntitas bien paraditas mostrando su figura tras la franelilla, hablamos de lo sucedido y como se resolvió, ella me pregunta lo que iba hacer después de cenar, le conteste que pondría en orden unos papeles en la oficina, luego tomaría un baño y a dormir, le dije tu qué vas hacer, me contesto ver la tele y luego me acuesto.

    Bien, me dirijo a la oficina y ella pasa junto a mí, esa nena está bien crecidita, me detengo y la miro por detrás, me digo para mí mismo, carajo, esa hembra sí que está bien buena, y en ese momento se agacha para recoger algo que se le soltó de las manos, seguí mirándola, cielos, como se le ve el bollo, dichoso el tipo que se la tire, para no seguir con el morbo quite mi mirada y seguí a la oficina, pasada una hora decidí ir a mi cuarto y tomar un baño, mi hija ve tele en la sala, le dije no te quedes tan tarde mañana salimos muy temprano de regreso, me dijo si papá 10 minutos y ya, llego a mi habitación, no acostumbro a encerrarme y dejo la puerta abierta, me desnudo tomo una toalla y entro al baño y me ducho, al salir la toalla me la enlazo a la cintura, menuda sorpresa, mi hija está sentada en medio de la cama con una bata de baño manga larga y llega más abajo de sus rodillas, le dije que pasa hija, vi su rostro, sus ojos están vidriosos y sus labios tiemblan tratando de decir algo, me acerque y me senté a su lado, ¿Qué pasa?, y no me decía nada, olí esa fragancia que tanto me excita y que usa su mamá antes de hacer el amor conmigo, de pronto escuche su voz como un susurro, diciendo:

    -¡Papá hazme el amor!,

    -Hija, no, no, no, eso no puede ser,

    -Papá te lo pido, te lo ruego no me hagas suplicar,

    -Hija, que pasa, eso no es posible, soy tu padre,

    -Papá si se puede, quiero que tú seas el primero y nadie más.

    -Sabes lo que me pides, y en ese momento siento su mano entre mi bragadura buscando a Paco, pegue un brinco y salte de la cama, ella se arrodilla y se quita esa fea bata de baño, cielos, lo que vi, no puedo creerlo, esas naranjitas bien redonditas con unas puntitas bien paraditas color rosa, y, esa totonita bien rasurada como si fuera la de una niña, cielos tuve que voltear, y mordí mi dedo índice con el puño cerrado,

    -Papá voltéate y mírame, soy una mujer, que quiere estar contigo.

    -Hija, estas hermosa, pero no puedo, no sería lo correcto

    -Papá no me mires como a tu hija, mírame como se mira a una amante, es que no te gusto,

    -Hija si te miro como amante está claro que me gustas mucho.

    -Papá hazme el amor, yo se que tú me vas a cuidar, mira como me tienes,

    Gire para mirarla de nuevo, ahí estaba desnuda para mi, fue como tomarme una píldora de viagra, al verla me recordó a su mamá cuando hicimos el amor por primera vez, se parece tanto a ella, son como dos gotas de agua, alguien dijo que el hombre mujeriego se parece a la diabetes, se puede controlar pero no se cura, tengo una gran debilidad, no puedo dejar pasar un virgo, y ese debilidad me traiciono, mi hija esta virguita, inmaculada, y es sola para mi, estoy mudo, ella se baja de la cama y me busca, se acerca a mí y me abraza, siento sus naranjas en mi pecho, y Paco comienza a ponerse erecto, ella me dice:

    -Papá bésame por favor, y tócame,

    Ella es más baja que yo, su rostro apenas llega a mi barbilla, la abrazo fuerte y mis manos agarran sus nalgas bien formaditas y paraditas, ella mira mi rostro, busco sus labios y la beso, me di cuenta que era su primer beso de todos, ella cerro sus ojos y se dedico a sentirlo, sus labios son finos pero deliciosos, meto mi lengua y busco su lengua, siento que su piel se eriza y en ese momento comprendí que siente lo que le hago, la cargo entre mis brazos, sus brazos se cuelgan de mi cuello y nos seguimos besando, la llevo a la cama, me quito la toalla y Paco está totalmente erguido y rígido, ella lo ve.

    -Papá es muy grande,

    -Hija tú lo buscaste, ahora es todo tuyo,

    -Papá entrara todo en mi totonita sin que me duela.

    -Hija te va a doler un poco, pero al principio, si estás bien lubricada el dolor pasara.

    -Papá y como me lubrico.

    -Tranquila hija la excitación libera un líquido viscoso en tu vagina que te lubrica, Paco también lo hace, además el sexo oral te ayudara.

    -Excítame papá, quiero tenerte adentro, bésame mucho.

    La bese, y fui bajando, esos pezones rosaditos bien paraditos pasaron por mi lengua y mi boca, los chupe hasta que me supo a miel, ella está bien caliente y es cuando por primera vez mi mano toca su totonita, ella abre las piernas, la sentí mojada, mis dedos recorrieron sus labios inferiores hasta llegar al clítoris en ese momento se da un estirón llevando su cuerpo hacia atrás, me coloco entre sus piernas y las abro, mi cara se introduce entre ambas y con mi lengua busco su totonita sin un pelo púbico, recorro todo su entorno rosadito, y chupo su clítoris, esa pepita que la hace gemir, esta calladita se aprieta los labios y sus manos agarran las puntas de la almohada que tiene bajo su cabeza, y esos ojos del mismo color de los míos se retuercen y sus parpados a medio cerrar me da a entender que la está gozando, le pido que cambiemos de posición, me acuesto boca arriba, le pido que ponga su totonita en mi cara pero ella mirado hacia mis pies, sigo lamiendo sus jugos, Paco esta tieso y recto, le pido que lo agarre, acaricie y me lo mame.

    -Papá, quiere que lo mame ¿pero cómo?

    -Hija mételo en tu boca y piensa que es una chupeta de caramelo.

    -Entiendo papá será mi chupeta preferida.

    Ella lo toma con toda sutileza, explora primero su figura y lo toca con sus dedos como si fuera un bicho, sus dos manos no alcanzan en arropar a Paco y juega con él.

    -Papá es grande en verdad.

    -Pero como yo seguía chupando su clítoris y metiendo mi lengua en su huequito ella brinca de espasmo.

    -Hija chúpalo ya, Paco espera sentir el calor de tu boca.

    Ella baja su cabeza tan cerca como puede de Paco, saca su lengua y con la punta toca la cabecita.

    -Papá es como saladito.

    Y con sus labios le da un gran beso, uuy no me corrí fue de verga.

    -Papá quiero chupar.

    -Que espera hija no me hagas sufrir.

    Y en ese momento sentí como Paco era engullido por una boquita pequeña que no podía tragarlo todo, y se dedicó solo al glande.

    -Papá es grande y no me cabe en la boca

    -Hija cállate y siga mamando, uf que rico -su boca bien apretadita me llena de placer-. Mójalo bien, debe estar húmedo cuando te desflore, cuando te penetre y te desvirgue.

    -Papa siento algo muy rico si sigues así no sé qué va a pasar, ay uf umm.

    -Hija te gusta pero voy a parar.

    -Papá ni se te ocurra sigue así.

    Ella dejo de mamar, coloco su cuerpo recto sobre mi cara sus rodillas apretaban mi cabeza, ella agarra sus botones y los estira, su respiración se agito, y en un santiamén obtuvo su primer orgasmo, su cuerpo se desplomo sobre el mío, en éxtasis con pequeños agites.

    -Papá que rico, me gustó mucho, no sé qué me pasa estoy como boba ¿Qué fue eso lo que me paso?

    -Hija llegaste, acabaste, eso fue un orgasmo, por lo visto tu primer orgasmo

    -Uf, que rico, quisiera dormir, papá ¿puedo tener más orgasmos?

    -No te duermas, te falta hacerme llegar, además está dejando dormir a Paco, y ¡si! puedes tener otro orgasmo o varios si tu quieres

    -Papá si quiero

    -Hija no dejes dormir a Paco

    -Ven Paquito te quiero para mi

    Lo agarra, lo acaricia y de nuevo lo lleva a su boca chupando y tragando todo lo que puede.

    -Llego la hora hija, viene lo bueno, la bajo de mi, la acuesto boca arriba, le coloco una almohada bajo su cabeza y otra bajo las caderas para levantar su totonita, ella comenzó hablar en susurro.

    -Papá cuídame, no me vayas a preñar.

    -Hija yo te cuido.

    -Papá Paco es grande y siento que me va a doler, puedes meter solo la cabecita

    -Hija relájate, no te pongas tensa, al final Paco entrara todo

    -Papá un momento, quiero grabar

    -Como hija, quiere grabar, hacer un video porno

    -No papá porno no, es para verme después y recordar este momento

    -Hija está bien pero después hay que borrarlo, por si alguien lo consigue

    -Si papá lo sé

    Colocamos una cámara de video enfocando hacia nosotros, Paco casi se duerme, mi hija lo agarra y le da unos pajazos con la mano y lo vuelve a mamar dejándolo bien mojado hasta estar bien duro, toma la posición que tenía, me cuelo entre sus piernas, toco su totonita con mis dedos y gracias al orgasmo está húmeda, con mis dedos abro su huequito y ahí está, ese himen que tanto me excita.

    -Hija ten abierto tu huequito para tomar una foto del antes y el después, tomo el teléfono y capturo la imagen, ella vuelve a susurrar

    -Papá tengo nervios, poquito a poquito lo vas metiendo

    -Hija será suave y lento, Paco es muy dócil para esto

    Agarro con mi mano derecha a Paco, y juego con su totonita, froto mi glande por todos sus labios inferiores, ella vuelve a susurrar

    -Papá ¿Qué haces? Siento cosquillas en mi vientre

    Te preparo para la penetración, pero no me aguanto más, abrí su totonita y coloque a Paco a la entrada de su vanito, Paco es largo y esbelto pero no es grueso para su tamaño, ella coloca sus manos sobre mis hombros, doy una pequeña embestida, cuando siento sus uñas aferrándose a mí, ya Paco tiene la medida, está en línea, empujo un poco más duro, y siento en ese momento una pequeña mano tratando de frenar la penetración.

    -Papá ¡no!

    -¿Qué te pasa hija?, ni siquiera lo he metido, ¿dime que sientes?

    -Mucho nervios papá, pero te quiero tener adentro

    -Relájate yo te lo hago con mucho cuidado, duele muy poco y después desparece y se deleita, hija quiero meterlo, no me dejes así, Paco esta que revienta

    -Papá, métalo y cógeme, he querido esto desde hace tiempo

    -Hija te voy a gozar, coloco de nuevo a Paco a la entrada de su simita, abro bien sus piernas, dejándola casi desarmada, dejo caer un poco mi cuerpo sobre ella con Paco justo en la puerta, y de un resbalón toco su himen, umm un meneo más y mi hija deja de ser virgen

    -Papá con mucho cuidado, siento a Paco

    Debo pensar mi próximo movimiento, de aquí depende si mi hija va a gozar o a odiarme por lo que le hago, aguijoneo suavemente y Paco atraviesa con su cabeza esa telilla que todo amante quiere quitar en su primer amor, robe la inocencia de mi hija.

    -Ay papá, me ardió mucho, saca a Paco por favor

    -No hija, es que ya no eres virgen, te he desflorado

    -Papá que dices, eso fue rápido pero me está doliendo

    -Hija, Paco se moverá un poco, el dolor desaparecerá en un ratito nada mas, y con movimientos sumamente suaves lo seguía metiendo, ella aguanta la pela y resiste la penetración, al ver y sentir que la mitad de Paco está adentro lo saco y lo vuelvo a meter repetitivamente lentamente.

    -Papá me gusta

    -Y el dolor hija

    -Me está pasando, ahora siento rico, umm

    Saco a Paco de su totonita bien manchadito de sangre y ella lo ve, susurrando me dice:

    -Papá y esa sangre

    -Es tuya, salió al romper tu virgo

    -Papá que pena, no me dijiste que iba a sangrar, límpiela por favor

    Con una toallita húmeda limpie a Paco, y en su entrepierna, pero las ganas de cogerla no le di tiempo para que se enfriara, y en un santiamén me la volví a clavar, cada vez mis movimientos fueron en aumento, umm que rico, esa totonita bien apretada me pone a millón, ella murmurando en voz baja.

    -Papá, me gusta, esto es divino, estas dentro de mí, cógeme más, chupa mis pezones

    -Todo lo que tú quieras hija, te estoy gozando ni como te lo imaginas

    -Papá siento a Paco llegando a mi vientre, esta todo adentro, dame duro, así, me gusta así, duro umm siento que va a salir por mi boca

    -Hija que rica esta, tu chocho está muy caliente, te gusta duro verdad, para ser tu primera vez coges como una puta, en voz bajita me dice

    -Papá soy tu puta, tú me enseñas, papá ¡que no se entere mamá!, si lo hace nos mata a los dos

    -Oh cielos que rico es esto, cogería contigo toda la vida. Hija cambiemos de posición, ponte de lado yo me coloco a tu espalda, levanta tu pierna sobre mí para que Paco entre desde atrás.

    Ella lo agarra y lo mete en su totona y con fuerza arremeto, con la yema de mi dedo medio, froto su clítoris, veo como se contorsiona, y embisto más rápido, mi hija gimotea y grita de placer, diciendo voy a terminar me corro, yo estaba igual Paco no aguanta más y explota un gran chorro de semen, si no es por mi habilidad le termino adentro, fueron milésimas de segundo para que sucediera, toda esa leche fue despedida fuera de la totonita y a la entrada de su ano, ese culito bien apretadito, me desplomo drogado de éxtasis, ella me pregunta tocando el semen con sus dedos.

    -Papá esta lechita es la que deja embarazada a las mujeres, primera vez en mi vida que la veo.

    -Si quieres puedes probarla, a muchas mujeres le gusta y se la tragan toda

    -feo papá, no debe saber a bueno

    -Si no la pruebas nunca sabrás, ella con su dedo índice toma un poco de esperma, lo lleva bien empapado abre su boca y se chupa el dedo

    -Papá no sabe a feo, pero tampoco es rico

    Ella sigue jugueteando con el semen extendiéndolo alrededor de su vulva y de vez en cuando chupando un poco como si fuera miel, yo atrás de ella sintiendo su espalda sobre mi pecho, y sus nalgas en el adormecido Paco, retozando el polvazón que le di a mi hija.

    -Papá, quiero decirte algo,

    -Dime mi vida,

    -No seré amante tuya, ni mucho menos tu mujer, no me trates como a una puta, te quiero como mi papá, y siempre seré tu hija, lo que paso hoy solo fue un deseo, tenía ganas de ti, soñaba con este encuentro, lo de hoy fue para mí la oportunidad que esperaba de estar a solas contigo, esperaba el rechazo total de tu parte, pero al contrario fui correspondida y mi meta se cumplió, aprendí mucho de ti, eres el primer hombre en mi vida, y eso marca una diferencia para mí, no todas las mujeres lo pueden decir, gracias papá, espero que se repita, si esta fue buena como serán las demás, gozada por mi papá.

    No dije mucho, pero una cosa si es cierto, mi hija si está bien buena, y me la gozo cada vez que puedo, aprendió tan rápido que es mejor puta que mi mujer, para nuestro segundo encuentro mi hija pensó que iba a ser como el primero, lento y romántico, se hecho una estrellada, porque lo hicimos en todas las posiciones conocidas y su totonita quedo bien destrozada bañada en purita leche, claro sin hacer daño solo gozadera, y ese video nunca se borró, solo está escondido en una nube, pero los hijos crecen y buscan su propio futuro, ella decidió hacer su carrera universitaria en Madrid y allá consiguió su media naranja y están comprometidos, me alegro por ellos, porque formaran un hogar y tendrán su propia familia. Y como dijo ella, solo soy tu hija.

    Escrito: cayorouz

    [email protected]

  • El jefe es quien manda y lo que él pida se hace

    El jefe es quien manda y lo que él pida se hace

    La historia que les contaré hoy, es de como conseguí mi trabajo en el almacén de ropa cuando recién había terminado mi relación con Andrés. Yo había terminado mis estudios, así que decidí buscar un empleo para poder ganar dinero y no depender de mis padres, busqué en los periódicos hasta que encontré una oferta de trabajo interesante, se trataba de manejar documentos y finanzas algo en lo que yo era buena, no era la mejor, pero hacia muy bien trabajo.

    Me vestí de manera formal, un pantalón negro que me apretaba el culo, y lo dejaba ver bien redondito y duro, me puse un hilo dental de color negro y un brasier negro, me usé una blusa escotada blanca no dejaba muy descubierto mis pechos, pero si los dejaba ver bien redonditos. El lugar quedaba en el centro de la ciudad, había toda clase de negocios y personas de día era muy transitada, pero de noche era peligroso pasar por ahí, debido a que había mucha delincuencia en el sector.

    Llegué a la dirección y veo que era un almacén grande de dos pisos, destacaba mucho en comparación a los otros negocios que había en el sector, eran las 7 de la mañana cuando llegue para entregar mi hoja de vida. Cuando iba a entregar la hoja de vida en recepción me encuentro al dueño del almacén en persona, es un señor delgado con pelo canoso, muy bello físicamente es alto, se notaba que vestía muy bien y olía delicioso, se llama Daniel.

    D: Jovencita buenos días, mucho gusto me llamo Daniel soy el jefe, ¿viene usted a entregar su hoja de vida?

    S: Si señor buenos días, mucho gusto me llamo Sofía, y me vengo a postular para la oferta de asistente que vi en el periódico.

    D: Perfecto, por favor acompáñeme a mi oficina, le hare la entrevista de inmediato.

    Lo acompañe a la oficina en el segundo piso, en lo que pude ver la mayoría de empelados eran hombres y una o dos mujeres, eso si habían muchos clientes cuando subí al segundo piso entramos a la oficina, me dijo que me sentara y empezamos a hablar de mi vida me pregunto por mis estudios y cosas así, en eso lo llamaron al celular y me dijo que se tenía que ir, pero me dijo que si no era mucho inconveniente, en que nos viéramos en su casa a las 7 de la noche, yo accedí y él me dijo que no solía a ser ese tipo de cosas, pero que como yo cumplía con sus expectativas iba a hacer esa excepción conmigo.

    Llegando la hora de la entrevista cogí un taxi, y fui a la dirección que me había dado vivía en uno de los sectores residenciales más adinerados de la ciudad, cuando llegué a su casa a simple vista parecía una mansión. Yo para ir a la entrevista con Don Daniel, me aplanche mi pelo y me llegaba hasta el límite de mis caderas, me puse un hilo dental blanco delgadito que se perdía entre mi culo, un brasier morado en encaje, me puse un vestido blanco apretado no muy corto, pero dejaba ver mi culo firme y redondo, y unos tacones, toque la puerta y Don Daniel me abrió, él estaba vestido igual que cuando nos vimos en la mañana, me vio de pies a cabeza me dijo que entrara y me sentara en la sala, yo me senté y me dijo que si quería beber algo le dije que un ron estaría bien el me lo sirvió y se sentó y me siguió haciendo preguntas, el me pregunto:

    D: Y dime Sofía, por que debería de contratarte

    S: Porque me siento capacitada para cumplir con todas mis funciones, tengo la disposición para cumplir todas las órdenes que usted me diga que haga. El jefe es usted y usted es el que manda, yo siempre voy a estar a su disposición para lo que me pida.

    D: ¿Todo lo que yo te pida?

    El tiempo paso y seguimos hablando un poco más amigable por así decirlo, y así mismo como el tiempo pasaba los tragos también aumentaban, y mientras hablábamos él me dijo que el trabajo era mío y que mañana fuera para firmar mi contrato, los exámenes me los podía hacer en el transcurso de la semana, me dijo que la paga sería buena dependiendo de cómo me desempeñe en mi puesto, de manera cómica él me dice que cual debería ser la primer orden que debería darme, y de manera sarcástica y ya con los tragos encima, porque eso si cuando se me suben los tragos me pongo re puta, de manera sarcástica le dije si usted me dice que le chupe la verga, yo me arrodillo ya mismo y la chupo, y le hice la putiseñal de la mamada con mi boca, él se me quedo mirando fijo y nos empezamos a reír, a lo que yo para disimular le dije a Don Daniel que me disculpara.

    Él se baja su pantalón y me dice no te disculpes por eso, y ven a chuparla saco su verga y estaba dormida pero se veía grande, no muy gruesa pero cabezona y venuda, yo me subí mi vestido para que viera mis piernas en todo su esplendor, y viera mi hilo dental que dejaba ver la mitad de mi vagina, me senté en el sofá al lado de él y me agache para ponerme a chupar verga, primero empecé lamiendo sus huevos, en un segundo se le puso la verga firme y dura como una barra de metal, eran unos 20 cm tenía la verga torcida y las venas se le notaban mucho, eso me gustó mucho me dispuse a chupar toda esa vergota, todita en mi boca el me acariciaba el culo y con sus manos me dirigía la cabeza para que la chupara a su ritmo, luego con la punta de mi lengua empecé a hacerle círculos, y hacer movimientos lentos, de arriba para abajo en la cabeza de su chimbo, el gemía de placer y yo lo disfrutaba mucho escuchar como a él le gustaba que se la chupara.

    Me quede alrededor de un minuto con toda su verga en mi boca haciéndole una garganta profunda, y ya me estaba ahogando pero yo la aguantaba muy bien, el me soltó la cabeza y se paró yo volví a tomar aire cuando me la saco de la boca, el me paso un condón y me dijo que se lo pusiera mientras él se quitaba lo que le quedaba de ropa, me puse el condón en la boca y se lo puse, yo me termine de quitar el vestido y el brasier, y sin quitarme los tacones el me voltio me puso en cuatro ahí en el sofá me corrió el hilo para un lado, y me la metió mientras me la metía le preguntaba

    S: Donn Daaaniellll y usted no tiene esposa o familia

    D: Ufff No mamita, yo soy separado no te preocupes por eso.

    Mientras Don Daniel me la metía todita por mi chocho, me nalgueaba eso me prendía mas yo le movía la cadera en círculos, y él me decía que lo movía muy rico que si las cosas iban a ser así siempre me iría muy bien, como sabía que nadie iba a llegar a la casa estaba gimiendo duro, y él me la metía más duro solo se escuchaban mis gemidos y el choque de sus huevos con mi culo, plas plas plas como si fueran aplausos, después de diez minutos de estarme dando duro por mi chocho me pregunto, que si la podía meter por el culo yo le dije Don Daniel yo soy suya, métamela por donde quiera, cuando apenas termine de hablar me la metió enterita, yo me mordí los labios y empecé a sentir un orgasmo rico, a los cinco minutos de estármela metiendo por el culo me vine en chorros encima de él, Don Daniel se quitó el condón y se la empezó a jalar al frente mío, yo me arrodillé y me puse en posición de recibir el rico semen que tanto me encanta, recibí toda su descarga en mi cara boca y tetas, me trague todo el semen que pude, y me empecé a chupar las tetas para comerme el semen que había caído ahí.

    Don Daniel me dijo que me podía bañar en su baño para limpiarme, yo me bañe y me vestí me despedí de él y me dijo que fuera al día siguiente para arreglar mi contrato, yo me fui para mi casa y al día siguiente me presente en el almacén, con un pantalón blanco, zapatos negros, y una blusa normalita negra, para no dar a aparentar que soy la puta del jefe.

    Cuando llegue a la oficina estaba mi jefecito hermoso sentado en su escritorio, yo cerré la puerta y él se sacó su verga, yo me puse a chupársela y mientras me la chupaba me decía los beneficios de mi contrato, el cual era un aumento de sueldo, horario libre para llegar e irme a la hora que quiera, pero siempre y cuando cumpliera con mis deberes laborales, y mis deberes sexuales con mi jefe, espere a que se viniera en mi boca para tragarme su semen, me baje el pantalón y me senté en su verga y como tenia puesto un hilo dental, me la metió todita y mientras él me la metía, yo firmaba y leía mi contrato me pare me despedí, y me fui para hacer unas diligencias como exámenes, y abrir una cuenta bancaria.

    Posdata: Hola a todos espero se encuentren bien, lamentó mucho no haber vuelto a subir historias a la plataforma, ni por contestar los mensajes en el correo, lo que pasa es que he tenido muchos problemas con mi red wifi, y debido a eso no he podido hacer los relatos les pido disculpas y que por favor me entiendan.

  • Madre e hija (Parte III): Cenando con Elizabeth

    Madre e hija (Parte III): Cenando con Elizabeth

    Al día siguiente, lunes, regresé del trabajo y al abrir la puerta de mi departamento me encontré con Daniella que estaba esperándome. Tenía puesta una de mis camisetas. Al verme, se la sacó quedando totalmente desnuda ante mí y vino a mi encuentro.

    -Hola, ¿cómo est…?

    -Rápido. No tengo tiempo. Mi mamá me está esperando para cenar. -para luego darme un beso.

    Creo que desvirgarla hizo salir su lado salvaje. Me comenzó a desabrochar mi pantalón, y de inmediato se puso de rodillas y su boca se fue al encuentro de mi pene que recién estaba despertando. Con fuertes succiones sentí como me pene fue creciendo dentro de su boca y sus manos acariciaban mis testículos.

    Ya con mi pene al máximo, fuimos a la cama. Me terminé de sacar la ropa y fui a su encuentro. Ella ya me esperaba echada en la cama con las piernas abiertas y con una mano tocándose su sexo. Me eche sobre ella y comencé a besar sus pechos y dar pequeñas mordidas en sus pezones que hacían que comience a soltar gemidos.

    -Métemela, ya no aguanto.

    -Shh… espera, con calma.

    -¡Métemela!, he estado con ganas desde la tarde. Quiero sentirme tuya otra vez. ¡Métemela!

    La miré a los ojos, mientras la iba sujetando con un brazo y mi otra mano la coloqué sobre su boca. Puse mi pene en su entrada. Ella trataba de liberar su boca para seguir hablando cuando de un solo golpe le metí todo mi pene hasta los huevos.

    Daniella abrió los ojos al máximo. Mi mano ahogó el grito de dolor que dio. Sus manos trataban de empujarme pero la tenía bien sujeta, su cadera y sus piernas se movían tratando de liberarse de invasor que tenían al medio pero mi peso sobre ella hacía inútil cualquier esfuerzo de liberarse. Sólo le di un par de segundos de pausa y comencé a penetrarla rápido y con fuerza. Sus gritos siempre ahogados por mi mano pronto fueron cambiados por gemidos y sus manos buscaban sujetarse de las sábanas. Liberé su boca. La tuve así por varios minutos cuando se tensó, puso sus ojos en blanco y comenzó a correrse dando fuertes gemidos que se oyeron por todo el departamento. Conforme se fue relajando fui bajando la intensidad de mi penetración para darle un respiro. Pronto había quedado como una muñeca sin fuerzas. La besé y luego busqué sus pechos. Mi lengua iba recorriendo cada espacio de ellos, sus aureolas y pezones recibieron un mucho énfasis. Una fuerte mordida en su pecho derecho la hizo reaccionar.

    -Ahora es tu turno. -me dijo.

    Se subió encima de mí y dirigió mi pene a su entrada y comenzó a cabalgar por un buen rato hasta que le avisé que ya iba a llegar. Se salió de la penetración y tomó con su mano mi pene y acercó su boca al glande. Comenzó a succionar al mismo tiempo que me masturbaba y su otra mano jugaba con mis testículos. Al poco tiempo le llenaba la boca con mi semen y luego lo dejó caer en su mano y lo esparció por todos sus pechos.

    Al poco rato se fue a lavar, se vistió y se fue a su casa despidiéndose con un beso.

    Me di un baño y me dispuse a cenar algo cansado y después me puse a ver televisión. Cerca de la medianoche me llegó un mensaje de Daniella donde me mandaba una foto de su pecho desnudo con la marca del chupetón que le había hecho con la leyenda: “dejaste tu marca grabada en mi” con un corazón de emoji. Le respondí que le marcaría el otro pecho la próxima vez a lo que finalmente me respondió que lo esperaba con ansias y me daba las buenas noches.

    ——

    El martes pasó sin ninguna novedad salvo algunos mensajes con muchas fotos bastante explícitos de Daniella. El miércoles nuevamente me espero en mi departamento donde tuvimos sexo con un poco de prisa y otra vez con muchos gritos de Daniella cuando llega a su clímax.

    El jueves, al regresar del trabajo pasé por el supermercado y me encontré con Elizabeth en la cola de las cajas. Llevaba un pantalón pegado que demarcaban muy bien su figura y resaltaban sus bien formadas nalgas.

    -Hola Elizabeth, ¿qué tal?

    -Hola, bien, Justo comprando unas cosas para la cena. Y tú?

    -Igual, comprando para algunos días.

    -Te agradezco nuevamente por ver a mi Dani el fin de semana.

    -Que no fue nada. No te preocupes.

    Llegó su turno de pagar y me quedé un poco atrás mientras veía como se inclinaba a recoger sus compras del carrito quedándome con muchas ganas de darle un par de nalgadas a esa gran cola. Creo que se dio cuenta hacia donde iba dirigidas mi mirada.

    Al terminar su turno, me preguntó si iba al edificio a lo que le respondí afirmativamente entonces me dijo que me esperaría para compartir un taxi.

    Pasé mis compras y pronto ya estábamos en la puerta del supermercado a la espera de un taxi. La ayudé con sus compras y nos pusimos en camino.

    -¿y qué tal tu semana?, ¿Alguna noticia de tu esposo? -le pregunté.

    -Si. Viene el mañana. -me respondió con desgano.

    -¿Y tu hija? ¿Cómo va su comportamiento?

    -Ahí si ha mejorado y mucho… esas clases le han ayudado mucho.

    -Si supiera que clases ha estado recibiendo -me dije para mi divertido -que bueno.

    -Tu si la estás pasando bien, ¿verdad? -me dijo con una voz cómplice.

    -¿por qué lo dices? -Le pregunté un poco intrigado.

    -Es que las paredes no son tan gruesas como uno quisiera…

    -Ah… -le dije un poco avergonzado.

    -Jajaja -comenzó a reírse sabiendo que me había puesto en aprietos.

    -Disculpa por los inconvenientes -le dije

    -No es nada, estas en todo tu derecho de recibir visitas y mucho mejor que pasen un buen rato -me dijo haciendo énfasis en lo último.

    -Bueno, se hace lo que se puede -soltando ambos una risa.

    -Al menos la chica tiene buenos pulmones -comentó entre risas.-que suerte tiene.

    Llegamos al edificio, bajé las cosas de ambos y entramos al ascensor.

    -Y… ¿hoy vas a recibir… visitas? -me preguntó inquieta

    -No, hoy no -le dije riéndome

    -Ah ya… entonces, ¿aceptarías una invitación a cenar? Con Daniella y yo, ya sabes como agradecimiento… te dije que le debía una.

    -Eh… Bueno. Está bien.

    -¡Perfecto!

    Se abrió la puerta del ascensor. Y fuimos hacia su puerta. Abrió y comenzó a recibir sus cosas. En eso, sale Daniella.

    -Dani, hija, ¿adivina qué? Alonso va a cenar con nosotros.

    -Que bien. -Dijo Daniella después de la sorpresa inicial.

    -Buenas noches, señorita Daniella. -le dije

    -Buenas noches, señor -me dijo conteniendo su risa.

    Le entregué sus cosas y me disponía a entrar a mi departamento.

    -Gracias por la ayuda, entonces… ¿vienes en una hora? -me preguntó Elizabeth.

    -Está bien. Nos vemos entonces.

    Pasé a dejar mis cosas, cuando al instante recibí un mensaje de Daniella preguntándome que había pasado. A lo que le conté que me había encontrado con ella en el supermercado. Que estuvimos conversando y también le dije que nos había escuchado teniendo relaciones pero que no sabía que era ella.

    Antes de la hora, llamaron a mi puerta, salí y era Daniella, pasó y se abalanzó hacia mí dándome un beso con lengua mientras agarraba mi paquete

    -Mi mamá me mandó a buscarte.

    -Que buena emisaria… jejeje -le respondí mientras mi mano apretaba firmemente su nalga izquierda.

    -Bueno, ¿vamos?

    -Espera un momento -fui a buscar una botella de vino -ahora si, vamos.

    Su departamento era igual al mío sólo que era a la inversa.

    Elizabeth se había cambiado de ropa, ahora estaba con un vestido de algodón floreado de fondo celeste que le quedaba unos centímetros por arriba de la rodilla.

    -Hola. Traje un vino. -Le ofrecí a Elizabeth al entrar

    -Gracias, será para después de la cena, pasa, toma asiento. Dani, ¿puedes ir a comprar?

    -Está bien -contestó con un poco de desgano.

    Salió Daniella y yo me ofrecí a ayudarla.

    -No te preocupes eres nuestro invitado -mientras se iba a la cocina.

    Igual la seguí pero me quedé en la entrada de la cocina. Estaba buscando unos platos en la alacena inferior por lo que lo primero que vi su hermosa cola en pompa hacia mi. Ganas no me faltaron para acariciarla y tal vez un par de nalgadas.

    Recogió los platos, se levantó y pegó un susto cuando me vio ahí. Casi se le caen los platos.

    -Que susto. -me dijo.

    -Discúlpame, quería ayudar -le dije tomando los platos.

    -Bueno, llévalos a la mesa por favor. -me dijo con una sonrisa ya después del susto.

    Deje los platos en la mesa y volví a la cocina. Ahora ella estaba de puntitas tratando de alcanzar unas copas de la alacena superior por lo que su vestido se había subido dejando ver gran parte de sus piernas blancas bien moldeadas imagino que por el ejercicio.

    -¿en qué más te ayudo? -Le dije de imprevisto

    -¡Ay! -atinó a decir dando un salto -debes dejar de asustarme.

    -Disculpa, no fue mi intención. -le dije entre risas

    -Ayúdame con las copas.

    Me acerqué y me puse al lado de ella y saqué las copas. Fue inevitable rozar su brazo.

    -Aquí tienes -le dije muy cerca de ella.

    -Gracias -me dijo mientras sus mejillas se sonrojaban.

    Nos quedamos uno cerca del otro por un instante. El sonido de la puerta anunciando la llegada de Daniella nos hizo salir del trance de ese momento.

    La cena transcurría sin novedad, salvo unas miradas cómplices con Daniella, conocí un poco más de ellas, algunas bromas por ahí, a Elizabeth le gustaba que Daniella estaba un poco más suelta conmigo comparando al momento en que nos conocimos. Acabamos la cena y abrimos el vino para tomar un par de copas. Me percaté que las mejillas de Elizabeth se iban sonrojando conforme iba tomando cada copa de vino. Pronto comenzó a reírse por todo y cruzaba sus piernas cada vez más seguido haciendo que su vestido se suba un poco dejando a la vista sus blancas piernas mientras que Daniella recién le empezaba a hacer efecto el licor. Seguíamos conversando cuando llamaron a la puerta. Era Carla la amiga de Daniella,

    -¡Hooola Dani! -exclamó Carla

    -¡Hola!

    -Te he extrañado amiga.

    -Yo también, ¿qué haces por acá?

    -Vine con mi mamá, ella está abajo recogiendo la correspondencia que quedó pendiente y a saldar unas cuentas con la administración del edificio.

    Daniella salió al pasadizo y cerró la puerta quedándome con Elizabeth en su sala con las copas de vino y su vestido ya se había recogido y me dejaba ver su ropa interior negra cubriendo su entrepierna. Al poco rato, Daniela entra animada haciendo que su madre de un ligero salto sobre su asiento para acomodarse la ropa y me pregunta si puede entrar a mi departamento que Carla quería ver como había quedado.

    -Dani pero como crees. -dijo Elizabeth al escuchar la solicitud.

    -Porfis -me insistió Daniela. -Solo un rato -mientras me ponía una carita de niña engreída.

    -Esta bien-le dije dándole mi llave. -No hay problema que se tomen todo el tiempo que necesiten -le dije a Elizabeth.

    Con la llave en mano, Daniella salió en dirección de mi departamento. Y yo al recordar lo que me había contado Daniella, disimuladamente activé la grabación de la cámara de mi departamento desde mi celular.

    Seguí conversando con Elizabeth quien ya estaba muy alegre. Se acabó el vino y me dijo si me apetecía otra botella a lo que asentí. Se paró y se dirigió a la cocina. Un ruido fuerte me hizo ir hacia allá, se había tropezado y se había caído un par de ollas, le ayudé a recogerlas y me dijo que iba a sacar la botella, me dio la espalda y alzó su mano para buscar la botella en el estante superior.

    Con el pretexto de querer ayudarla, también fui en dirección al estante quedando atrás de ella, levante una mano para tomar la botella y mi otro mano la puse en su hombro, pegué mi cuerpo y ella quedó atrapada entre la mesa y yo, mi pene comenzó a despertar y sentí como iba creciendo y se acomodaba entre sus dos magníficas nalgas.

    Después de la sorpresa inicial donde se puso rígida, Elizabeth comenzó a ceder, bajó su mano para sujetarse de la mesa mientras movía sus caderas lentamente y mi mano pasaba de su hombro a su cintura.

    -Mmmmm -dejó salir de su garganta.

    Mi mano fue a parar a su seno izquierdo mientras que mi otra mano buscaba el borde del vestido en sus piernas.

    -Esto… no… mmmm… está… bien… -decía con dificultad.

    Fui subiendo su vestido hasta sus caderas, ahora acariciaba sus muslos e iba en busca de su entrepierna mientras apretaba fuertemente su pecho.

    Ahora era ella quien buscaba que su cola rozara con mi paquete ya totalmente erecto. Sabía que no tenía tiempo por lo que la incliné sobre la mesa y amasé fuerte mente sus nalgas. Intentó levantarse pero le di una leve nalgada que la excitó dejando salir un pequeño grito.

    Le di dos nalgadas más uno en cada lado a lo que me respondió con gemidos. Era el momento, Le baje las bragas que tenía puesta, liberé mi pene y puse una mano sobre su espalda para evitar que intente levantarse y mientras mi otra mano acariciaba sus labios vaginas comprobando que estaba muy mojada. Sus gemidos iban en aumento.

    Coloqué mi pene en su entrada haciendo que diera un respingo como si se diera cuenta lo que le iba a pasar. Pero mi mano sobre su espalda le impidió cualquier posibilidad de escape y comencé a empujar. Fue una penetración suave pero constante como para que Elizabeth sienta centímetro a centímetro como invadía su ser.

    Apenas mis testículos tocaron sus labios vaginales en señal de que la penetración fue completa, Elizabeth se dejó caer sobre la mesa producto de su orgasmo soltando un gemido de placer.

    -Eres más grande que mi marido -me dijo recuperando la respiración.

    -¿Y tu marido te hace esto? -le pregunté dándole una sonora nalgada.

    -Ah…

    La sujeté bien de sus caderas y comencé a penetrarla fuerte y lo más rápido que podía arrancándole gemidos de placer fácilmente audibles en toda su casa. Continuamos así por varios minutos.

    -Ah… ah… no pares… no pares ah… que me corro… ah… me corroooo…

    Se tensó sobre la mesa, sus flujos comenzaron a caer sobre el piso mientras yo seguía dándole hasta que me llegó al momento a mí. No me importó nada y me comencé a correr dentro de ella. Elizabeth dejó salir un gran gemido al sentir como depositaba mi semen dentro de su vagina y finalmente se relajó sobre la mesa.

    Cuando terminé de eyacular me salí de ella, le saqué su ropa interior que se había quedado a la altura de sus tobillos y limpie los rastros de semen de mi pene con ella, luego se lo pasé por su vagina haciéndola estremecer. Le ayudé a levantarse, le di un beso y le dije que iba a la sala por si regresaba su hija. Elizabeth se fue al baño caminando con dificultad por el temblor de sus piernas.

    Apenas me senté en el sillón, se abrió la puerta, era Daniella que regresaba. Me sorprendió verla acalorada. Se fue directo a su habitación.

    Al rato salió Elizabeth del baño algo más arreglada, le dije que ya me iba para que pueda descansar. Le agradecí por la cena y especialmente por el “postre” a lo que ella se ruborizó. Abrí su puerta y cuando estaba por irme me detuvo.

    -Creo que tenemos que hablar -me dijo.

    -Si, es verdad. Pero no te preocupes, descansa, y ya mañana conversamos con más calma.

    -Pero…

    -Recuerda que hemos estado bebiendo, mejor con la cabeza fría

    -Está bien -me dijo.

    -No vemos. -me despedí dejándola en su puerta.

    Salí de su departamento, crucé el pasillo y estaba abriendo el mío cuando ella viene y me da un beso en los labios y se regresó a su departamento y cerró la puerta desapareciendo tras de ella.

    Entré a mi departamento, fui a mi cuarto para darme una ducha, lo primero que veo es mi cama que está desordenada lo que me indicaba que Daniella había estado aquí con su amiga. Me alegre de haber puesto a grabar las cámaras.

    Me di un baño, tome una cerveza, me senté en mi sillón y le pulsé el botón “play” del reproductor…

    Continuará…

  • Conociendo a mis vecinos en el confinamiento

    Conociendo a mis vecinos en el confinamiento

    Siempre creo que he sido de los que veía o intentaba ver alguna oportunidad en una situación complicada, y después de lo que he ido viviendo en la cuarentena, la verdad es que creo que si es así, aunque también todo lo que ocurre viene distorsionado de alguna forma por el problema que causa el confinamiento de aburrimiento o inactividad.

    Durante estos meses de confinamiento he vivido dos experiencias sexuales, con personas diferentes, que me han gustado en general, aunque con sus matices.

    La primera fue con unos vecinos de enfrente, donde yo vivo son bloques de pisos que más o menos cerca tienen otros bloques de pisos, por lo que es fácil que en momentos como esto la gente esté pendiente de unos y otros.

    En mi caso fue de una vecina, en sus cincuenta, que en alguna ocasión me la he cruzado en el garaje donde aparcamos, aunque sólo ha sido un simple hola y adiós, pero me ha sido suficiente para fijarme que está muy buena y se cuida, de hecho me la he cruzado con su marido saliendo a correr juntos de vez en cuando.

    El caso es que, con este confinamiento y el poco poder salir estaba uno más salido que el pico de una mesa, y las pajas caían de forma constante y algunos días de forma abundante, jaja.

    Cuando salíamos a aplaudir solía ver a esta vecina y a veces con su familia en el balcón, un día al salir al balcón la saludé y curiosamente ella me devolvió el saludo, cosa que llamó mi atención.

    Una tarde me puse a ordenar cosas y vi uno de esos catalejos que te venden en AliExpress que tenía pensado utilizar algún día de vacaciones para probarlo, así que me puse a probarlo poniéndolo en la cámara del móvil y te hace un zoom mucho mayor del que trae la propia cámara, y me puse tontamente a mirar por la ventana a otros bloques a ver que veía.

    Fíjate por donde, de pronto se me ocurre mirar al balcón de esta vecina y la veo en el balcón, haciendo algo con las plantas o así, con el culo un poco en pompa por la posición… pero que culo. Así que os podáis imaginar, pajote al canto pensando en esa maravilla de culo.

    Así fui haciéndolo durante varios días, algunos días la veía y a veces no, eso sí, todos los días al salir a aplaudir la saludaba y ella a mi, cuando salía sola veía que ponía una enorme sonrisa y de pronto uno de los días me dice «Hola vecino», en alto, que podía oír casi todo el mundo y yo la respondí.

    Un día en uno de los grupos de whatsapp se desata una especie de discusión entre 2 personas que también son vecinas, y algunos intentamos paliar esa discusión, se notaba que el confinamiento empezaba a hacer mella en algunos.

    Después de esa discusión en el grupo, veo un mensaje en mi whatsapp que me dice «Hola vecino», lo miro, y me quedé perplejo, era ella con una foto de su familia también. Me alegre mogollón y empezamos a charlar, la verdad es que me encantaba saber de ella, me molaba su conversación.

    Empezamos a hablar casi todos los días un ratito y uno de los días la dije que tenía un telescopio para el móvil y que me dejaba ver bien a la gente, que lo había hecho por accidente, pero que un día la vi con las plantas (un día jaja, había estado mirando casi todos).

    Al día siguiente, recibo un mensaje de ella que me dice «A ver si adivinas con que planta estoy hoy». Así que yo voy con mi catalejo todo feliz a mirarla, y efectivamente estaba con una planta, puesta en mitad de las tetas, con una blusa que se la marcaban bien los pezones y un escote que casi le llegaba hasta el ombligo. Os podéis imaginar con el rabo más tieso que un árbol.

    Le pongo en el whatsapp «pues la verdad es que no se planta que es pero si sé que la que tengo en casa se ha puesto más tiesa que un tronco». A partir de ahí empezó una gran complicidad, y empezábamos a hablar dos o tres veces por día.

    Un día, mientras hablábamos le dije que cada vez que la veo me hacía una paja pensando en ella, y me dijo que quería ver cómo me hacía la paja pensando en ella, que nos llamábamos y que me hiciera una paja por video conferencia.

    Y así lo hicimos, encendí mi cámara y allí estaba ella con la blusa del escote grande y los pezones marcados, empezamos a calentarnos un poco con pequeñas guarrerías y me saque la polla y los huevos para que ella viese como me la meneaba, ella entonces se quitó la blusa, dejando unas preciosas tetas al aire con unos pezones más tiesos que mi polla.

    Cuando me la estaba meneando con muchas ganas acercó su cámara a su boca y me empezó a hacer una mamada virtual con su boca, que me encantó. Tenía ya tantas ganas de estar con una tía, sin tener que estar viendo porno, que no tardé demasiado en correrme.

    A partir de ese día, cada vez más, las conversaciones iban subiendo de tono, y me empezó a contar sus fantasías, que también hice mías. Una de ellas era follar en público y que la vieran, aunque lo decía con cierto recelo. Bien, que mejor momento para hacerlo ahora ¿Qué te lo impide? le pregunté.

    Que no se puede salir a la calle, y que además que mi hija está en casa. Su marido es uno de los grandes a los que tenemos que agradecer en esta época su lucha contra este Covid y trabajaba en temas de transportes por lo que no estaba mucho en casa, aunque si más que antes. Así que fuimos calentando todos esos días, que llegamos a follar virtualmente por whatsapp los dos hasta dos y tres veces al día.

    Un día le pregunté si ella había hecho intercambio de parejas alguna vez y me comentó que su marido y ella estuvieron asistiendo a un local de intercambio por un tiempo atrás, pero al final lo dejaron, pero que a su marido le gustaba mucho verla follar con otros. Cada vez se ponía todo mucho mejor, no me lo hubiera imaginado nunca.

    Así que ya me imaginaba follándola y su marido haciéndose una paja mientras nos miraba.

    De pronto nos dicen que podemos salir por la mañana desde las 6 hasta las 10 de la mañana y por la tarde desde las 8 hasta las 11 de la noche, y se me ocurrió proponerla que nos viésemos en el garaje, le podía enseñar lo amplio que es mi coche por detrás, se lo día pensando que igual se cortaría. Y ella me contestó que mejor en una furgo que tenía su marido y que no la utilizaba mucho, así que el primer día que nos permitieron salir fuí al garaje a las 8.00 en punto de la tarde y allí estaba con esa maravilla de sonrisa de oreja a oreja, al igual que yo, claro.

    Fue un encuentro lleno de pasión, tenía tantas ganas de tocarla que me encantó, sentía cada detalle, sus pezones tocándome el pecho mientras nos metíamos un morreo de aupa, su lengua… una pasada.

    Abrió la parte de atrás de la furgo, bastante amplia, y con una especie de colchoneta que llevaba, nos metimos dentro, nos empezamos a desnudar uno al otro con unas ganas enormes y lo primero que empezamos a compartir fue un maravilloso 69, en el que noté como se humedecía por segundos, me encantaba esa textura en la boca, y sus gemiditos, el olor de ese coñito, una maravilla.

    Me miró con una mirada tan llena de fuego, que no me voy a olvidar fácilmente, y me dijo, con las preocupaciones de la mierda esta del virus llevo sin follar bastante, necesito que me folles con todas tus ganas… y para mi eso era una orden, así que hicimos un misionero en el que me la follé hasta con saña, con toda la fuera que podía y como me encantaba, sobre todo escucharla esos gemidos de placer y tensión, sus piernas completamente dobladas y alcanzaba a ver algo sus dedos de los pies completamente hacía dentro. Follar ese coño era una pasada, movía mi cadera todo lo rápido que podía, quería reventarla.

    No sé si habría alguien más en ese garaje, pero si lo hubo desde luego tuvo que flipar.

    A todo esto, con las prisas, se me había olvidado bajarme los condones, así que me la estaba follando a pelo, cosa que a ella no le importó pero cuando estaba a punto de correrme, me miró con esa mirada viciosa y me dijo: en la boca, córrete en mi boca, y así lo hice. Qué maravilla de corrida y de lengua pasando por mi rabo mientras me corría. Mis huevos sacaban todo lo que tenían y se vaciaban completos.

    Después de esa corrida caímos los dos rendidos. En ese momento me volví a dar cuenta que estaba en la parte de atrás de una furgoneta. Fue mágico. Me encantó. Pasamos un rato abrazados y como hacía algo de frío, nos vestimos, salimos de la furgo riéndonos con una sonrisa de complicidad que me encantaba, la cerramos de nuevo, nos despedimos con un beso, y nos fuimos.

    Al día siguiente, estuve esperando la llamada que habíamos estado teniendo otros días, pero no se dio. La puse un mensaje en el whatsapp pero no lo vio en todo el día. Así que empecé a pensar que quizás sería bueno volver a utilizar el catalejo del móvil para ver si había otra vecina con ganas. Y no pude evitar mirar a su terraza, pero nada, no había nadie.

    Así pasaron varios días. De hecho ya casi me había olvidado de ella, y recibo un mensaje en el whatsapp que me dice «Se lo he contado a mi marido, el polvo del otro día» y lo primero que pensé es que no la había visto porque le había pasado algo con su marido.

    Y sigue diciéndome «Le ha encantado y se ha puesto súper cachondo. Llevamos dos días sin parar de follar», mira que bien pensé, la caliento y me pierdo el pastel, bueno, que se le va a hacer. Y sigue «Queremos que me folles delante de él, ¿puedes esta tarde a las 8 en la furgo?» Como, me puse como una moto, hasta nerviosito. «Claro, ya sabes que tus deseos son órdenes para mi» le contesté.

    Seguiré en otro artículo que este ya me ha constado un huevo escribirlo, y cuando lo voy escribiendo me acuerdo de detalles que me ponen cachondo, y tardo 3 veces más en escribirlo, jajaja…

    Espero que todos estéis bien y que os haya afectado todo esto lo mínimo posible.

  • Me gustó subir a la torre

    Me gustó subir a la torre

    Pasaba caminando frente a una obra en construcción. Cuando en ese momento alguien me llama. Era Carlos, un viejo amigo albañil que sabía algunas de las debilidades que yo tenía.

    Me volví, lo saludé y nos pusimos a charlar.  Yo había quedado sorprendido por el semejante edificio en el que estaba trabajando. Para lo cual me invitó a subir al último piso para tener una visión panorámica desde allí arriba. Subimos.

    La vista era imponente y se observaba todo, era realmente interesante.

    En un abrir y cerrar de ojos y de una manera más que rápida, siento a Carlos detrás mío. Sentía como me manoseaba, cómo me besaba el cuello, me apoyaba. Podía sentir su respiración más que excitada, cada vez con más intensidad sus manos recorrían mí cuerpo que no atinaba a hacer nada, su miembro apoyado en mí cola me decía todo! Su lengua se paseaba por mí cuello, encima no tuvo mejor idea que metérmela en el oído, lo que me generó una hermosa excitación con mí pene ya, bastante erecto y encima me lo tocaba.

    Fue ahí cuando le dije «basta Carlos» me estás haciendo calentar!!! Eso es lo que quiero, me dijo. Nos besamos por un largo rato… Me manoseaba todo y yo hacía lo mismo, con la diferencia que él tenía un abultado miembro que, por lo que tocaba, era enorme!!

    En ese instante llamo a dos compañeros que estaban en el piso de abajo. Subieron rápidamente y una vez arriba los dos y Carlos empezaron a manosearme y besarme mientras me sacaban la ropa. Sorpresa!! Cuando me quitan el pantalón, los compañeros quedaron atónitos al ver qué tenía puesta, una tanguita roja. No así Carlos que ya sabía de mis gustos! Me hicieron arrodillar y al rodearme, sacaron cada uno su pene, con lo cual empecé a degustar unos por uno. Uno de ellos la tenía enorme, venosa, dura… no me entraba en la boca pero yo estaba feliz: ¡chupando vergas a tres hombres y en tanguita!

    De tanto mamar y mamar, Carlos acabó primero luego los otros. Me tragué todo, se las limpié con la lengua, luego me paré y empecé a besar a cada uno. Fue ahí el momento que se fueron al otro piso. Me cambié, llegué a planta baja acompañado por Carlos. Lo besé, lo toqué y me fui pero con las ganas de volver y volver por más, sí, porque ahora quiero que me cojan!!

    Volveré lo prometo…

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  • Trío con una milf y su ex marido

    Trío con una milf y su ex marido

    Esto sucedió cuando tenía 23 años.

    Salía con una mujer 11 años más grande que yo. «Separada». El ex marido por sus hijas dormía cada dos días por su trabajo, pero sexo era lo que no tenían. Yo estaba en la universidad y lo que más me gustaba de ella, era que le gustaba el sexo con locura. Un día me invita a la casa a cenar. Me dijo que iba a estar sola que las hijas se iban con los abuelos, y el marido trabajaba. Acepté, y cuando llego me encuentro con la sorpresa que estaba él.

    Me invita a pasar, diciéndome que Romina, así se llamaba estaba en el baño. La mesa estaba puesta para tres, lo cual me sorprendió. Él me pide que me siente, que quiere hablar conmigo. Yo era un amigo, por supuesto él no era boludo, y me plantea que hace tiempo que le ronda la cabeza la idea de ver a su mujer con otro hombre, Romina no aparecía, seguía en el cuarto. Yo me sorprendí con la propuesta, a lo cual pregunté qué opinaba Romina. A lo que él me contestó que estaba dispuesta solo si era conmigo. Acepté, aclarando que solo era con ella, que no iba a tener contacto con él. El me dio la mano y llamo a Romina qua aparece vestida de colegiala muy sexi.

    Romina se acerca, me da un beso en los labios y me susurra al oído que me relaje, que está todo bien. A lo que yo meto la mano entre sus piernas acariciando suavemente su entrepierna. Roberto, así se llama él aparece con una botella de cerveza, nos sirve y la invita sentarse en la cabecera de la mesa con nosotros a ambos lados. Trae una bandeja con una pizza y prende la tele, poniendo el canal porno para encender el ambiente.

    Yo en principio no sé qué hacer, con la sorpresa de la proposición, él que tenía todo planeado, una vez que terminamos de comer le pide a Romina que se siente en las piernas de él mientras ven la película. Ella acepta y se sienta en sus piernas. Él comienza besando el cuello de Romina y metiendo la mano bajo su falda comienza a masturbarla. Ella tímidamente empieza a gemir observándome de reojo. Yo de a poco me voy relajando, tomando mucho alcohol. El pantalón me está por reventar, pero me da vergüenza desnudarme o masturbarme adelante de él. Pasados unos minutos él me pide que me pare y que me ponga delante de ella. Yo me acerco cauteloso pensando que me van a pedir. Ella inmediatamente me baja la bragueta y empieza a chuparme la pija como nunca lo había hecho. Me sacó la remera porque el calor que hacía no se aguantaba. Ella se detiene y se levanta llevándonos al sillón del comedor.

    Roberto y yo nos sentamos. Y ella se desnuda completamente delante de nosotros. Yo me saco la poca ropa que me queda. Y ella se coloca en medio de los dos. Empieza por besarme y acariciarme, colocándose en cuatro patas dándole la cola a Roberto. Este no tarda mucho en comenzar a besarle las nalgas y a chuparle la argolla. Mientras ella sigue dándome sexo oral. Pasados unos minutos él se levanta y la penetra fuertemente. Ella no detiene su chupada, pero empieza a gemir suavemente. Esto a mí me vuelve loco. Las tetas de Romina eran pequeñas pero me encantaban. Mientras me la chupaba se las acariciaba suavemente como sé que le gusta.

    Él se detiene y me dice “Ahora ella se va a sentar arriba tuyo mientras yo le rompo el culito”. Ella se sorprende, Le encanta el sexo anal, pero nunca había tenido una doble penetración. Ella saca un preservativo que tenía preparado, me lo coloco y se sienta arriba mío introduciendo mi pene. El trae un pote de vaselina preparando el culo de romina, sin antes pedirme que aguante que no acabe rápido.

    Debo admitir que me costó, pero estuvimos más de 20 minutos bombeado. Ella gritaba de placer. Después nos admitió que le encantó tenernos adentro a los dos. Él acabó primero llenando de leche el culo de Romina y ella unos minutos después salió de arriba mío, me sacó el forro y me chupó la pija hasta que acabé dentro de su boca. Ella se acerca a mi oído y me dice: “me encanto mi amor. Sos el mejor como siempre…”

  • La virgen soñada

    La virgen soñada

    Cuando empezaba mi vida de adolescente, es decir después de los 19 años, ingresé a la universidad en la capital de mi país y comencé a estudiar una ingeniería. Siempre fui un joven muy familiar, sobre todo con mi prima Jacke, mi amiga ideal a la que le contaba mis sueños y las diferentes aventuras con mis novias y todo lo que hacía en el sexo. Nunca pensé, que ella también, a pesar de nuestra familiaridad, estaba interesada en entregarme su virginidad de una manera casual y en el más grande sentimiento de amor, el cual nunca sentí, a pesar de su hermosura de una niña de 20 años.

    Todo ocurrió cuando en vacaciones regresaba a mi ciudad en el centro del país, siempre salía con ella y crecía cada día más, sus tetas y sus nalgas eran más provocativas, nunca salíamos porque departíamos en su casa, tomamos licor en varias ocasiones y todo ocurría dentro de la relación de amistad con la prima. Todo sucedió en un diciembre que llegué y la invité a salir a bailar y a tomar unas cervezas. Me dijo que se iba a poner bonita y que salíamos a partir de las ocho de la noche a una discoteca famosa de la zona rosa del centro. Así fue, pasé por ella, lucía un jean muy ajustado, que dejaba ver un culo muy bien formado y además se le marcaba un cuquita linda, una blusa ombliguera que permitía ver sus téticas hermosas por el escote bastante pronunciado, estaba realmente bella.

    Llegamos al lugar esperado, pedimos una cerveza para compartirla juntos. A medida que charlábamos y tomábamos licor, le insinuaba lo bella que estaba y ella sonreía muy pícara. La invité a bailar un reggaetón, ese baila de origen puertorriqueño se presta para acercarse demasiado, especialmente por la cola, aprovechaba para sobarle mi verga que estaba caliente y erecta y ella no decía nada, se volteaba y dejaba su cara frente a mí y bailábamos muy pegados y de igual manera le acariciaba su cuca apretada que por el jean se notaba y le arrecostaba mi verga cada vez más fuerte.

    Continuaba la tertulia y sentía que mi verga estaba mojada y pensaba que la cuca de ella debía también estar echando lechecita después de semejante apretón. Continuamos bailando y cada vez más cerca el uno del otro, hasta que ella buscó mi boca y me beso en una forma apasionada mientras le apretaba sus tetas con mi pecho, como era oscuro en la discoteca, baje con cuidado mi mano y le toque su cuquita y sentí que se estremeció y no dijo nada, en ese momento estaba convencido que esa noche era el desflore de ese virgo, ya que tenía el pleno presentimiento que era virgen y que todo el tiempo lo había guardado para mí.

    La sentía cada vez más con un entusiasmo de querer hacer el amor. Ya era la madrugada y habíamos tomado bastante cerveza, la besaba, le acariciaba su cuca por dentro del pantalón, sacaba lechecita y la chupaba y la sentía con sabor a licor, en un momento sentí que su mano apretaba mi verga y comenzó a masturbarme, todo era silencio, nadie pronunciaba nada, solo actuamos llenos de placer, la cargue y la lleve hasta el carro y la senté en el asiento de adelante conmigo y antes de arrancar la bese y le quité la blusa y comencé a chupar estas tetas lindas que siempre había soñado acariciar.

    Ya dentro del carro le quité el jean y quedó en unos pantis diminutos, que con el mayor cuidado retire y sin pensarlo dos veces le baje hasta el coño y le pegue una mamada que hizo que ella gritará del placer y a la vez bajó sobre mi boca toda ese leche caliente que había guardado por tanto tiempo. Arranque en el carro y me miraba con un sentimiento de amor muy grande, no pronunciábamos palabra, solo era el actuar en ese momento de éxtasis.

    La llevé a un motel en las afueras de la ciudad de nombre los ángeles recuerdo, el carro entraba hasta la habitación en el respectivo garaje, la saque en mis brazos y la acosté en la cama, parecía un ángel, me quite la ropa y me bañe, ella me acompaño y en la ducha le chupe de nuevo la conchita rica y ella más liberada me pegó la primera mamada haciéndome derramar y se tomó la leche.

    La lleve de nuevo a la cama y sin pensarlo le metí mi verga en esa concha hasta la raíz, exploto en una alegría inmensa, era una culeada nunca vista, estaba ansiosa de tener una verga adentro me decía mientras me besaba, salió una muestra de sangre que no le produjo dolor, por el contrario, le producía mucha alegría, se vino varias veces, era lo que siempre espero y lo consiguió de su primo.

    Después le di la vuelta y la puse en cuatro patas, pude ver su cuquita con rastro de sangre muy poca, pero también iba por el otro virgo que era su culito, no podía terminar la faena sin explorar esa cola tan bella y así fue, la acomodé bien y le agache la cabeza y quedo con esa colita parada y al descubierto y le metí mi verga hasta el fondo, trató de gemir al sentir mi pedazo adentro, le di clavo hasta derramarme en su culo y ella se sentía muy feliz, se lo saque y se lo volví a introducir en la conchita ya desvirgada y terminamos dormidos con el adentro.

    Al día siguiente nos levantamos y la lleve a su casa y desde ahí somos amigos cada uno con su hogar y no comentamos nada de esa noche inolvidable.

    Estoy aquí para cualquier consejo: [email protected].

  • Un amor imposible con sentimientos mutuos

    Un amor imposible con sentimientos mutuos

    Todo comenzó cuando tocamos el tema de los fetiches sexuales, en lo de igualdad de sexo, jamás habíamos hablado de eso y sin embargo lo tratamos de lo más normal y claramente una conversación interesante, nos dimos cuenta que a ambas nos interesa estar con mujeres y experimentar cosas nuevas, somos vírgenes, pero los hombres de nuestro entorno, son más niños de pañales, que hombres con ganas de satisfacer…

    Después de unos días, ambas nos dimos cuenta que era incómodo hablar y más cuando los términos eran de «mi amor» «mi vida» etc. Esas palabras, en mi, ocasionaban un aceleración de mi ritmo cardíaco, un escalofrío y simplemente ganas de engrampar ese mensaje en mi corazón y claramente en mi pensamiento, lo mejor era que eso nos pasaba a ambas.

    Yo decidí hablar de ese tema y platicarle que debíamos dejar que pasara o dejarlo pasar, su respuesta fue clara «por más que sintamos, no puede ser». Ese mensaje fue doloroso, pero al final yo sabía que era así y que solo podríamos tener esa amistad, tanto para nosotras dos, como para el mundo…

    No volvimos hablar de eso y dejamos todo a un lado, ella conoció a un man que de la noche a la mañana, ya la tenía enredada y botando baba por él, yo claramente apoyándola y estando ahí, nos empezamos a alejar porque el man estaba tan metido en ella, que se puso en mi contra por un chiste negro que hice sobre él.

    Hoy día de inocentes, decidí decirle que hace mucho debía de comentarle un par de cosas, me dijo que sentía cosas por mí, pero lo de ella no era estar con mujeres y que todo quedará en sexo y amistad, nada más.

    Si llegas a leer esto, te amo con toda mi vida y eres la persona que quiero tener a mi lado por siempre, sé que algún día vamos a vivir un romance donde estemos decididas por estar juntas…

    Continuará…

  • ¿Quieres natillas o leche?

    ¿Quieres natillas o leche?

    María se levanta de la cama con sus carnes bamboleantes a contestar el teléfono. Está segura de que será su marido con cualquier excusa para llamar su atención. Paco tiene setenta años y parece que está más allá que aquí. María tiene cinco menos, en cambio está como una rosa y su cuerpo todavía se agita como si fuera el de una veinteañera, pese a su prolongada madurez. Quizás también porque hace demasiados años que Paco sustituyó el sexo por la petanca, y eso ha agravado considerablemente su hormigueo.

    —Dime Paco —contesta María sabiendo que querrá cualquier idiotez.

    —¿Dónde estás? —le pregunta Paco.

    —Te he dicho que salía a comprar.

    —Ya, pero como tardas estaba preocupado.

    —Pues no te preocupes que no me voy a perder. Antes de la una estaré en casa —le dice hastiada, mientras contempla al muchacho tumbado en la cama y meneando su erecta polla a la espera de retomar la cabalgada. María se relame los labios, cuelga el teléfono dejando a Paco con la palabra en la boca y vuelve a colocarse a horcajadas sobre Dani. Aferra la dispuesta polla y se deja caer haciendo que desaparezca en su ávido coño. Pronto empieza a saltar sobre la montura, entretanto echa su cabeza atrás mientras sus pupilas se pierden detrás de sus párpados en señal inequívoca del placer que recibe.

    Dani es un joven de diecinueve años dispuesto a satisfacer a la insaciable yegua que reclama su vigor tres veces por semana, habida cuenta de que sus hormonas siempre parecen estar revueltas y la madura que se folla es un magnífico sustituto de sus pajas. Aunque físicamente no es una belleza, fornica como una fiera y no es ninguna mojigata remilgada, ni le hace ascos a nada, en contraste con las niñas con las que sale. Es una insaciable de sesenta y cinco años con ganas de que le den un buen meneo, le sacudan todas sus carnes y la pongan mirando “pa Cuenca”.

    Hace años que la exquisitez de su figura desapareció, sin embargo aún conserva unas sugerentes y contundentes curvas que hacen las delicias del joven potro sobre el que cabalga. Mientras salta, suspira y gime, sus tetazas abofetean al chaval y la boca de éste intenta atrapar los enormes pezones para morderlos.

    María está a punto de correrse y empieza a mover su pelvis de lado a lado queriendo sentir el miembro del joven en todos los rincones de su cueva. Se tumba un poco hacia delante para que su clítoris friccione con la pelvis del muchacho. Vuelve a sonar el teléfono y María lo ignora, pero maldice por lo bajo a su marido con una avalancha de improperios, sin dejar de saltar sobre la polla que la está llevando a la cúspide de un apoteósico orgasmo en el que su vagina no deja de convulsionar desencadenando gritos y jadeos que invaden la estancia. Poco a poco las pulsaciones de la madura remiten, aunque la polla del joven sigue percutiendo en su coño, por lo que parece que el orgasmo no quiere abandonar a María.

    El teléfono vuelve a insistir en echar abajo lo que prometía ser una mañana de desenfreno.

    María abandona a su semental para coger de nuevo el móvil y se recuesta en la cama para hablar. Al tiempo que le suelta la oleada de reproches pertinentes a su esposo, una enhiesta polla se pasea por su cara y se le incrusta en la boca, y mientras su marido le pide que compre natillas, un chorro de semen invade su boca para, a continuación seguir estrellándose en su cara una y otra vez hasta dejársela completamente blanca.

    —Vale, te compraré natillas —le dice entre gorgoritos provocados por la leche, y vuelve a colgar. A continuación relame la polla, limpiando los restos de la corrida hasta dejarla reluciente.

    Los padres de Dani trabajan los dos por las mañanas y en cada una de las que no tiene clase se queda estudiando, sin embargo, más que estudiar, aprovecha para repasarle los bajos a María.

    Todo empezó cuando Dani trabajaba a horas sueltas de repartidor en un supermercado con el fin de sacarse un dinero extra. El primer día que le llevó la compra a María, ésta aprovechó que su esposo estaba en el hospital haciéndose unas pruebas, para seducir al muchacho. No fue una tarea ardua, pues el joven pareció desde el primer momento muy colaborador. Ese día fue amonestado por la empresa por entregar los pedidos tarde y mal. El segundo día que tuvo que entregar el reparto en la misma dirección también se demoró y fue despedido, por lo que no hubo un tercero. Ese tercero, sin embargo, fue formalizar el folloteo en casa de Dani, siempre en función de sus jornadas estudiantiles. A María no le importa adaptarse a los horarios del chaval. Ella tan sólo tiene que decirle a su esposo que se va a comprar y desaparecer durante dos horas para que el mozo le arranque una sonrisa y tres o cuatro orgasmos. Si lo visita tres veces a la semana, eso es todo un lujo para ella, acostumbrada a recurrir a las hortalizas del supermercado. En cada sesión, su joven amante puede desencadenarle hasta tres, e incluso, a veces cuatro orgasmos, y eso suma una cantidad considerable de clímax a la semana que ni en sus sueños más húmedos, podían sus amigas aspirar a algo así, y mucho menos con un mancebo como Dani. En ese sentido, se considera una privilegiada, y mientras dure aquella aventura, ella no dirá que no a un buen polvo mañanero.

    María se limpia la corrida de la cara y Dani se enciende un porro. A ella eso le da igual mientras le dé su ración de polla.

    Dani abre la ventana para que se ventile la habitación y después se sienta en el borde de la cama mientras se lo fuma. María deambula por la habitación ordenando la ropa, después se arrodilla ante él como si fuese a rezar y su mano se apodera del pene flácido que poco a poco va creciendo y ganando firmeza en su mano. Dani se echa hacia atrás mientras María le hace una paja poniéndole la polla como una piedra, a continuación se la coloca en el canal de sus tetazas e inicia una paja turca como si fuera toda una profesional. Las tetas se balancean al compás de sus manos y la polla se pierde en la profundidad de aquellas dos domingas.

    María escupe una y otra vez sobre la verga para lubricarla y que resbale mejor, y a Dani empieza a desencajársele la cara del gusto que le da la “turca” que le está aplicando. La lengua golpetea el glande y el miembro desaparece entre los zepelines que no cejan el masaje.

    Dani está en el punto deseado, de tal modo que María se levanta como si nada, dejándolo sentado con una erección, incluso dolorosa, y lo contempla satisfecha. A continuación se pone a cuatro patas ofreciéndole el enorme trasero que está reclamando a gritos que la folle. Dani se levanta y no se hace de rogar, y de un golpe de caderas le hunde por completo la polla en la babosa raja.

    María empieza gozar de las embestidas que le da el joven garañón y culea pidiendo polla a gritos. Un vecino se queja del escándalo, y hay un momento de impasse en el que ambos se miran y se ríen por lo bajo, momento que aprovechan para cambiar la posición. Ella se tumba abriéndose de piernas para que se la folle estando él arriba, mientras abre sus piernas todo lo que dan de sí. Los embates se hacen cada vez más rápidos y fuertes y el sudor comienza a barnizar el cuerpo del adonis, y a María le faltan manos para acariciar todos los resquicios. Sus manos aprietan su pecho, cogen sus hombros, descienden por los brazos y se instalan en sus nalgas, unas nalgas sin un solo pelo y bien duras a las que se agarra con firmeza acompañando en cada embate, queriendo sentir toda su potencia y toda su polla golpeando hasta el tuétano. El joven apolíneo la folla como si le fuera la vida en ello y la madura grita como si estuviesen matando a un cerdo.

    El vecino, enfadado y más que harto, vuelve a quejarse con un grito, pero María está demasiado cerca del orgasmo y no puede parar de bramar, e inmediatamente los alaridos, bramidos y jadeos se multiplican en cantidad y en volumen cuando ambos se corren al unísono como dos animales.

    María está llorando de placer y no sabe por qué. Nunca, ni en sus mejores tiempos la han follado con tal intensidad y vehemencia. El muchacho está asustado porque no entiende que esté llorando, de todos modos, ella tampoco lo entiende, sólo sabe que la felicidad embarga su ser. Le importa bien poco que su marido no pueda pasar por las puertas. Ella quiere seguir gozando de su cuerpo y del joven mancebo que está siempre a su disposición.

    Mientras camina hacia casa se siente colmada de alegría, henchida de gozo y completamente saciada. Cuando entra en casa su marido le reclama sus natillas y ella cae en la cuenta de que cuando se las pidió, el semen del adonis se estaba estrellando en su cara.

    —¿No está en el bolso? —se excusa ella.

    —¡No! ¡Mira que te lo he dicho! —le recrimina.

    —Cariño, lo siento. Debo habérmelas dejado. Sólo he cogido la leche.