Autor: admin

  • Mi amiga Ariana

    Mi amiga Ariana

    Esta historia sucedió hace 20 años en pleno 2000, en ese entonces yo tenía 22 años y entré a trabajar en una compañía de pinturas industriales en el área desarrollo de pinturas y barnices para madera ya que era técnico industrial acá en Monterrey. 

    Me describo un poco, 1.82 metros, 95 kilos un poco gordito, tez blanca, ojos café claros, cabello castaño, ni feo ni guapo y pues no muy dotado, pero no he oído quejas… jajaja, nunca me consideré atractivo o mujeriego, pero he tenido suerte.

    A los pocos meses nos hicieron exámenes de rutina, sangre, vista, si teníamos hernias e inyección contra el tétanos, y resultó que me hacía falta usar lentes por miopía y un pequeño astigmatismo. Ahí fue que la conocí, mujer soltera, alta poco más de 1.70 metros, tez perlada, gruesa sin ser gorda, bonita de acara, unos labios hermosos, cabello negro azabache, un busto no muy grande, pero lo que más me llamó la atención fue su trasero, grande y respingón ajustados a unos jeans azules.

    Ella se llama Ariana, en ese entonces contaba con 33 años los cuales me contó en pláticas posteriores, ni que decir de su trato amable y formal, ella es ingeniero industrial y se encargaba de todo lo que tenía que ver con los permisos municipales, estatales y federales para que la compañía no tuviera problemas y se pudiera laborar en un ambiente de seguridad.

    Sentí que hicimos buena química desde que nos conocimos, ya que siempre que nos veíamos me saludaba un poco más efusiva que a los demás compañeros, desde ahí, empecé a tratar de coincidir con ella en algún lugar de la planta o en el comedor.

    Un día después de los exámenes físicos me mandó llamar a su oficina y comentó que era necesario usar lentes para poder laborar bien, y le comento que en aquellos momentos empezábamos a vivir solos mi hermano y yo y apenas nos acabábamos de instalar en un departamento y teníamos lo indispensable para vivir y nos habíamos agotado nuestros ahorros y no contaba con dinero para la compra de los mismos. Ella me comenta que se podía hacer un préstamo por parte de la empresa y me rebajarían de mi nómina. Acepté encantado y en un arrebato valentía y sin medir le propuse que si me acompañaba a verlos ese fin de semana le invitaba a comer, a lo cual me dice que no podría porque iría a ver a sus papás a Tampico, ha de haber visto mi desilusión en mi rostro y me responde “con gusto te acompaño a recogerlos cuando regrese”. Nos dimos nuestros teléfonos, para ponernos de acuerdo para vernos.

    Ese sábado fui a escoger y encargar los lentes un poco aburrido por ir solo y que los tendrían para el próximo fin de semana. Regresé al departamento y vi que mi hermano se disponía a salir con sus amigos a divertirse, me invitó a acompañarlos, pero yo no traía ánimos de salir y le dejé irse solo.

    En ese entonces andaba de amigo con derechos con una chica, le llamé para ver si nos podíamos ver y pasarla bien los dos. El trato era que mientras no tuviéramos compromisos los dos, nos podíamos ver sin problemas, le marco a su casa y me dice que trae novio e iban a salir esa noche.

    No daba de desánimo por haber desairado a mi hermano y a sus amigos y que en eso mi amiga anduviera con su novio, me dispuse a buscar algo para cenar e irme a dormir, en eso suena el teléfono, estuve a punto de no contestar. Era Ariana desde la casa de sus papás en Tampico, la saludé y me subió el ánimo al momento, me dice que quería verificar si en realidad era mi número telefónico entre risas y que sus papás se habían ido dormir y se había quedado sola y sin salir algún lado.

    Empezamos hablando de cosas triviales como porqué no teníamos pareja y de nuestras vidas hasta ese momento, le conté que mis padres se estaban divorciando y se había separado la familia y nos fuimos a vivir solos mi hermano y yo. Después ella me cuenta que no encontraba buen trabajo en Tampico y de cómo llegó a vivir aquí en Monterrey, de ahí del por qué no teníamos parejas, ella me cuenta que si tuvo novio por muchos años y habían hablado de casarse cuando salió la oportunidad de trabajar acá y no le quiso acompañar perdiendo su noviazgo. Yo le cuento que tenía un poco más de medio año solo y no me había interesado por nadie desde entonces y así seguimos hasta la madrugada platicando de nuestras cosas.

    En algún momento empezamos con pláticas más íntimas, cuando perdimos nuestra virginidad y cuando fue la última vez que nos dieron “amor” entre risas. Me animé a decirle que me gustaba mucho aprovechando el estar en llamada con ella y la distancia que teníamos en ese momento y me responde que yo también le gustaba y le llamaba mucho la atención, solo que no le convencía nuestra diferencia de edades. Al instante le respondí que a mi no me importaba, que para mi se me hacía una mujer muy atractiva e interesante, ella me pregunta muy pícara, que es lo que más me llamo la atención de ella y le respondo que tenía muy bonito rostro y unos labios preciosos, pero ella insistía en que más me había fijado y ya no tuve más opción que decirle que su nalgas, no quería que tuviera esa impresión de mi, que no solo me interesaba por su culo, pero la suerte estaba echada.

    Lejos de enojarse u ofenderse se río de mí, que como una treintañera podía levantar pasiones a hombres de veinte. Yo ya no supe que responder, y ella seguía de pícara y que si solo me gustaban sus nalgas, y le respondí que sus tetas no estaban nada mal, y ahí se acabó de reír, no me ofendí tampoco, su risa se oía fresca y divertida, luego me dispara a quemarropa “¿qué me harías si estuviera contigo?”.

    Esa pregunta me agarró en curva y me quedé mudo un momento, y le respondo “que no te haría!!!”. Ariana insistía en que fuera específico, le dije que me encantaban sus labios y por ahí empezaría.

    Oí que su respiración se agitaba un poco, seguía con quitarle la blusa, playera o pijama (me dijo en susurros que traía playera) y que le quitaría su brasear y disfrutaría de sus senos, ahí fue que se escuchó un jadeo de parte de ella… pensé que estaba masturbándose con el tiempo me lo confirmó) y pues le quitaría el resto, hasta dejarla solo en calzoncitos.

    Se oía que jadeaba ya más fuerte, y me pregunta “¿qué más?!!”, “Tu que crees???” Le comenté “te mordería esas lindas nalgas y me comería tu panochita!!!”. Se oyó un suspiro muy fuerte y llegó al orgasmo. Ahora le tocaba a ella seguir si le quitaba la pantaleta o no… Y me dijo que como estaba, claro que si!!! Y le suelto “y a mi ¿qué me harías???”. Me dice un poco más calmada, “a mi también me gustan tus labios, por ahí empezaría y te quitaría todo sin dejar de besarte y sentirte”. Me confesó que le gustaba mi color de piel y que estuviera más alto que ella, el tamaño de mis manos y la forma de mis brazos, según para poderla abrazar completa.

    -Sí, pero que más hermosa? Ahora se tu más específica!!!

    -Me gustan también tus nalgas -me dijo- también las disfrutaría -y que hasta nalgadas me daría su pudiera, me tuve que aguantar la risa (nadie me había dicho eso).

    -Y que más??? -Le pregunte.

    -Tu pene… tocarlo y sentirlo en mis manos y en mi boca. -Eso me acabó por tener una erección y pues ahora yo ya me estaba masturbando- obligarte que lo pases por mis tetas, mis nalgas y que me cojas bien rico.

    Ya no pude más y tuve un orgasmo, ella me pregunta, si me gustaba la idea de hacerlo realidad algún día, le confesé que me encantaría.

    Si les gustó el relato, en la próxima les cuento como fue la recogida de los lentes y la recogida de otras cosas…

  • Me encanta ser puta

    Me encanta ser puta

    Soy Mónica, una chica delgada, de estatura media que ante las personas soy una buena hija y estudiosa. Pero también tengo otro lado que solo guardo para unas cuantas personas y es mi gusto por ser una puta en el sexo.

    La historia comienza cuando conocí a Carlos, un chico alto, musculoso, piel morena. Él llegó a la universidad en la que yo estudio a realizar un proyecto de titulación y si bien no era estudiante, parecía uno pues lo veía a diario en la facultad.

    Pasado el tiempo yo hice buena amistad con él y siempre que lo veía en mi mente estaba el deseo de mostrar mi otro lado a él, y la oportunidad vendría pronto.

    El día donde todo cambió fue cuando nos llevaron a un viaje de estudios y él regresó, era por la noche, así que varios tendríamos que irnos a un hotel o conseguir lugar para quedarse, y ahí fue donde yo no tardé en solucionarlo pues Carlos rentaba a unas cuadras de la facultad, así que le escribí para decirle si me dejaba quedarme esa noche con él, a lo cual accedió muy amable. Todo el viaje me la pasé pensando en ese momento.

    Cuando llegamos del viaje él fue por mi a la entrada de la universidad, de ahí fuimos a cenar mientras hablábamos de tonterías y nos reíamos mucho, después de un rato decidimos irnos a dónde rentaba. Estando ahí me dijo que habían 2 camas porque vivía con otro amigo, pero él no estaría por una semana así que el dormiría en la cama de su amigo y me dejaba la de él a mí. Eso me desilusionó un poco pero tenía algo ya preparado.

    Le pedí que se volteara para poder ponerme ropa cómoda para dormir (un mallón negro y un top, sin nada de ropa interior) él solo soltó una sonrisa y se volteó. Después de eso nos acostamos y a los pocos minutos le pedí que pusiera algo de música porque no tenía ganas de dormir, lo hizo y no tardé mucho después en decirle que tenía frío, que si podíamos dormir en la misma cama, nuevamente él sonrió y se acostó conmigo.

    Después le dije que si podía cambiar la canción, pero para eso tenía que pasar sobre él y lo que hice fue quedar abierta de piernas sobre él mientras usaba su celular para cambiar la música. En eso comencé a sentir su erección pues la ropa era demasiado delgada. Yo no quería quitarme de ahí pues sentía riquísimo. Después de eso me acosté dándole la espalda, pero pegada a él y sentía como se estaba poniendo nervioso, entonces fue cuando decidí que era suficiente de juegos.

    Yo: Carlos por favor necesito que me ayudes con algo.

    Carlos: claro dime en qué puedo ayudarte.

    Yo: Quiero ser tu puta en este momento, tengo muchas ganas de coger contigo desde hace tiempo.

    Carlos: Wooow eso no me lo esperaba, donde directo, aunque debo confesarte que yo pensaba lo mismo.

    Una vez dicho eso no hubo necesidad de más y él se sacó su enorme pene del short y me abalancé sobre él a chupársela con tantas ganas, él solo me decía “Ohh siii puta que buena eres…”. Eso me calentaba aún más y a pesar de que apenas podía meterla a mi boca y solo cubría la punta de su pene la sacaba para lamer desde los huevos y de regreso le daba unas chupadas.

    Después de un rato chupándoselo le dije “ya no aguanto, lo quiero dentro de mí”. Él me preguntó si traía condones, yo le contesté diciéndole que no y que era mejor así, que me encantaría sentirlo al natural.

    Él comenzó a rozar mi vagina con su pene y yo solo me retorcía de placer casi tuve un orgasmo sin que me penetrara, le pedí varias veces que me lo metiera ya, pero el solo se reía y me decía “espera zorrita la tendrás toda dentro, pero quiero verte así, como mi puta pidiéndome verga”.

    Y en un momento donde no lo esperaba fue metiendo su rico pene en mi vagina causándome una sensación de placer que nunca la he vuelto a sentir con otra persona. Él comenzó a meter y sacar primero despacio, pero poco a poco fue aumentando así junto a mis gemidos que se transformaron en gritos de placer.

    Esa noche no paró de cogerme en diferentes posiciones, se vino dos veces dentro de mi vagina y siempre calentándome al tratarme como puta hasta que finalmente le pedí que se viniera en mi boca, así que se lo volví a chupar hasta que salieron ya solo unas cuantas gotas de semen en mi cara, pero yo sé lo volví a chupar para no desperdiciar absolutamente nada.

    Cuando terminamos solo nos acostamos y nos quedamos dormidos.

    Después de eso solo buscábamos una oportunidad para estar cogiendo incluso dentro de la universidad, lo cual si les gusta este relato y me dejan sus comentarios se los podré contar en otra ocasión.

  • Amelia

    Amelia

    Mi nombre es Amelia, tengo 23 años y desde siempre me he sentido atraída por Hugo.

    Hugo, es compañero de trabajo y mejor amigo de mi papá y a pesar de que actualmente existan 30 años de diferencia entre él y yo, desde adolescente me he sentido atraída a él de una manera inimaginable. Además de su gran preparación profesional y su gran sueldo yo veía a un hombre maduro y experimentado con un porte impecable, quería aventurarme en su experiencia y perderme en sus brazos pero con tan sólo 23 años ¿qué podría ofrecerle?, me parecía imposible así que me conformaba con verlo en casa en la reuniones de papá y platicar con el de vez cuando.

    Hace unos años se enamoró de una española, con quién se casó e intentó formar una familia pero ella lo había engañado y él regresó a México para empezar de nuevo, naturalmente mi padre abrió las puertas de nuestra casa para recibirlo e incluso lo invitó a acompañarnos a su viaje de aniversario.

    Así emprendimos a nuestro destino al lugar que mis padres habían reservado junto a la playa y por mi mente rondaban diferentes escenarios de escenarios donde Hugo y yo llegáramos a tener encuentros casuales hasta sexuales pero lo mantenía limitado a mi imaginación. Entre actividades deportivas y recorridos culturales únicamente tenía la oportunidad de cruzar palabra con él de manera directa en el desayuno.

    Una noche mis padres tenían una reservación en un restaurante y de ahí otras actividades para pasar un tiempo juntos y celebrar los 25 años de casados, para mí era mi primera noche libre en ese lugar. Después de despedirme de mis padres, me metí a la ducha y me arreglé, maquillaje discreto, labios y un vestido rojo carmín pegado al cuerpo, zapatillas negras, un bolso y chamarra de cuero. Me sentía sensual y sabía que quería salir a divertirme así que en el bolso agregue un par de condones y como último paso rocié perfume en mi cuello, peine mi flequillo y me dispuse a salir.

    En la recepción estaba una chica a quién me dirigí para preguntarle sobre algunos lugares donde pudiera pasar el rato, me ayudó a pedir un taxi y comencé con mi recorrido turístico, visité algunos lugares hasta que llegué a un bar, agotada fui a la barra para tomar una limonada hasta que sentí la presencia de una persona a lado mío, por inercia di la vuelta y para mi sorpresa era Hugo.

    -Amelia. -me saludó sorprendido- ¿Qué haces aquí?

    -Hola. -le sonreí y di un sorbo a la limonada.- Vine a pasar el rato.

    -Pensé que te quedarías en el hotel. -agregó- además es un poco tarde para que estés sola.

    -Bueno… pero podrías acompañarme. -Lo quedé viendo mientras que con mis dedos acariciaba el cuello de su botella de cerveza- no creo que tenga algo de malo ¿verdad?

    Él negó mirándome y sonrío.

    Después de un par de tragos salimos a la playa a caminar. El mar bravo en la noche era nuestro fondo, descalza bailaba sobre la arena y sentía el agua en mis pies mientras Hugo me miraba sentado, sabía que estaba explorando mi cuerpo, pero no decía nada así que me senté junto a él.

    Por un momento nos quedamos viendo sin decirnos nada y fue en cuestión de segundos para que me encontraba sobre el besándolo lentamente.

    ¿Qué haces? -preguntó sorprendido separándonos.

    -¿Tu qué crees? -le dije cerrando los ojos para volverlo a besar.

    – Eres una niña. -Sujetó mi cabeza.

    -Hoy no quiero ser la niña que conoces, hoy quiero ser tuya. -llevé sus manos a mi cintura mientras nos veíamos fijamente.

    Y así fue como comenzó todo.

    Llegamos a su habitación y el calor de los besos se estaba haciendo presente, con mis manos recorría su cuerpo sobre la ropa y sus manos mis muslos. En la cama comencé a desabotonar su camisa y su pantalón y me levanté un momento para liberarme del vestido el cual cayó al piso dejándome en ropa interior, la cual también quite de mi cuerpo de manera delicada frente al él. Ahora si estaba completamente desnuda ante sus ojos.

    -Eres tan hermosa. -Confesó boquiabierto.

    Me acerqué para besarlo. Sus labios viajaban desde mi boca, pasando por mi cuello, mis clavículas, mis pechos hasta mi abdomen. Me recosté en la cama mientras él se terminaba de desvestir. Sentía mi cuerpo arder y sus manos a pesar de ser muy livianas y delicadas ardían sobre mis muslos y mi cadera. Besaba cada parte de mí y yo solo disfrutaba del contacto, del rose de nuestra piel, sus besos húmedos y tibios.

    -Por favor, te necesito. -Le rogué moviéndome debajo de su cuerpo arañando su espalda. Mi parte está ya estaba bastante húmeda y me sentía demasiado excitada.

    Se detuvo un momento para colocarse un preservativo y así poder entrar en mí. Gemí al momento de introducirse, lo cual causo un poco de extrañeza en su mirada pero con un beso le di a entender que estaba bien, las primeras embestidas siempre son las más lentas pero al momento de la fricción nuestros cuerpos estos comenzaban a dilatarse y entre los sonidos de la habitación estaban nuestros gemidos y el ruido de nuestros movimientos.

    Él sobre mí y yo moviendo mis caderas en armonía con el vaivén circular, me sentía en el cielo hasta que mis piernas comenzaban a temblar, en acto seguido eleve mi pelvis, arqueándome de placer corrió aquel líquido tibio entre mis piernas. Mordí mis labios y luego fue su turno acompañado de algunos gemidos altos y unos tironeos. Nos besamos y nos recostamos en la cama para estabilizar nuestra respiración. Me acercó a su cuerpo y con un brazo rodio mi pechos para sujetarlos y con la otra mi cintura. Así nos quedamos juntos, yo escuchando sus latidos recargada en su pecho y el acariciando mi piel con sus yemas.

    No decíamos nada, solo había besos y caricias disfrutando el calor de nuestros cuerpos sin remordimiento.

  • Mis aventuras con Srita Annonima (2): Bluetooth

    Mis aventuras con Srita Annonima (2): Bluetooth

    Lunes por la mañana, suena el despertador, adormilado estiro el brazo para apagarlo mientras te levantas.

    -Buenos días guapo, lamento la hora pero tengo un día muy atareado -me dices después de darme un tierno beso en los labios.

    -Voy a estar todo el día en la oficina, te dejo el desayuno en la cocina…. tengo una sorpresa para ti, pero tendrás que esperar al final del día -continuas mientras te diriges al baño, escucho el sonido de la regadera antes de quedarme dormido de nuevo.

    Despierto, solo para observarte mientras te arreglas. Sentada en la cama subes lentamente tus medias hasta el muslo, me encantan esas medias, con calma las abrochas al liguero, sabes que te observo, sonríes, esa sonrisa irónica en tus labios me excita -es parte de tu sorpresa, no hagas trampa -susurras mientras te levantas y tomas una mini falda del closet, dándome la espalda comienzas a ponértela, es tu falda favorita, apenas alcanza a cubrir tu delicioso trasero y a cada paso que das puedo ver el encaje de tus medias. Un brasier de media copa complementa el conjunto y antes de salir de la habitación tomas una blusa color vino.

    Despertar en tu cama es raro, cualquier otro se preocuparía porque no regrese tu marido de improvisto, pero sé que ese no es el caso, esta fuera de la ciudad y tardara por lo menos una semana más en regresar, me levanto despacio, desnudo me dirijo hacia la regadera. Después de tomar un baño comienzo a prepararme, no tengo mucho que hacer, pedí mis vacaciones exclusivamente para estar contigo así que tengo todo el día para holgazanear.

    Arrojo la toalla con la que me estoy secando y escucho un golpe seco, tire algo, así que me levanto de la cama y recojo la toalla, bajo ella encuentro una caja blanca con rosa, en la parte frontal puede leerse la marca de un vibrador aunque la caja parece estar vacía.

    Ya me habías mencionado algo al respecto, lo compraste hace tiempo pero cuando le propusiste usarlo, tu marido te dijo que no y no volviste a tocar el tema, pero tu marido no está y creo que tendré que arruinar la sorpresa, reviso la caja con detenimiento y encuentro el instructivo. Tengo facilidad con los aparatos tecnológicos y este no es la excepción, la conexión es mediante bluetooth y puedo manipularlo desde mi celular, solo es necesario descargar la App del fabricante, lo cual hago inmediatamente.

    Sin hacer ruido abro la puerta de tu oficina y me quedo en la entrada, me observas de re ojo, sonríes sin retirar tu mirada del monitor, estas presentando los avances de tu trabajo y puedo escuchar la voz de al menos cuatro personas diferentes en la sesión, con el celular en la mano me conecto al vibrador y lo enciendo, tus ojos se abren al máximo, me miras nerviosa y ligeramente mueves tu cabeza diciéndome «No».

    Empiezo por el nivel más bajo, tu mirada me dice que estas nerviosa y quieres que me detenga, pero los dos sabemos que te estás excitando.

    -¿Ocurre algo señorita…? -pregunta una voz masculina desde la computadora.

    -Nada, disculpen me distraje por un segundo -contestas fríamente.

    -Continúe por favor -esta vez es una mujer la que habla, la situación se vuelve cada vez más interesante, no esperaba que hubiera alguna otra mujer en la sesión.

    Subo un poco más la intensidad, solo un poco, intentas mantener el control, recuperas el aplomo y sigues presentando. Actúas como si no pasará nada, sonríes, te observan. Aprovecho una pausa, alguien está hablando mientras vuelvo a subir la intensidad, desde mi posición puedo ver cómo das un ligero salto, eso te sorprendió, aprietas las piernas y los labios para contener un gemido, volteas a verme con ganas de asesinarme, pero sonríes con complicidad, te está gustando el juego.

    Discretamente bajas una de tus manos hacia tu entrepierna, si tan solo pudieras quitarte el vibrador, pero las medias y tus panties te lo impiden, así que únicamente pasas las manos sobre tu vagina levemente. La junta continúa, tienes que seguir presentando, así que bajo un poco la intensidad, te recompones, empiezas a hablar de nuevo, por mi parte cambio de modo, no quiero que vibre, quiero que empiece a oscilar un poco, el cambio te toma por sorpresa y comienzas a sudar ligeramente, tu humedad aumenta y sientes como empieza a llegar a tus muslos, intentas acomodarte de nuevo en la silla pero eso solo provoca que el vibrador tenga mejor contacto con tu punto G.

    Cierras con más fuerza las piernas, te cuesta trabajo contener los gemidos, las demás personas en la sesión te observan fijamente, las palabras comienzan a atorarse en tu garganta, alguien pregunta si estás bien, sonríes y contestas que sí, únicamente te trabaste un poco.

    Mientras ellos discuten sus puntos de vista aprovechas una oportunidad y me mandas un mensaje desde tu celular, «Detente» es lo único que alcanzas a decir.

    El vibrador se detiene, te relajas, aunque en verdad quisieras no haberlo pedido, el vibrador comienza a moverse de nuevo, quedan 10 minutos para que la sesión termine y pienso aprovecharlos.

    La intensidad del vibrador va subiendo poco a poco, las personas de la sesión te felicitan por tu excelente trabajo, eso no te importa, tú lo único que quieres es que termine la sesión para poder gemir, agradeces sus elogios con sonrisas, sabes que si abres la boca lo primero que saldrá será un gemido de excitación, la intensidad del vibrador sigue subiendo, la sesión termina, antes de que puedas levantarte de la silla la potencia del vibrador va al máximo, explotas en un largo orgasmo, tu vagina comienza a contraerse, tu flujo corre como el agua, no puedes sostenerte y tú orgasmo no se detiene, empieza uno nuevo, te falta la respiración, tu corazón late desbocado, comienzas a gemir con más fuerza.

    Poco a poco comienzas a recuperar el control, la intensidad del vibrador comienza a bajar, te recompones el cabello, volteas a verme con cara de querer asesinarme, está vez es en serio, antes de que puedas decirme cualquier cosa suena una alerta en la computadora, tienes una nueva sesión.

    Parece que alguien va a pasar todo el día sentada frente a la computadora, con un vibrador puesto e indefensa.

  • Una cita nos llevó a coger en el carro

    Una cita nos llevó a coger en el carro

    Buenas tardes soy mexicano, cambiaré mi nombre a Centauro. Esto sucedió hace 8 años con una madura que era clienta de dónde trabajaba.

    Ella acudía cada 8 días al puesto para comprar y yo la atendía, un día me pidió algo que no teníamos, me dijo que le urgía un poco, le pedí su número para contactarla y verla para la entrega. Pasaron dos semanas en las que hablábamos por mensajes, hasta que quedamos vernos un sábado saliendo de mi trabajo, me esperó en su camioneta.

    Al entrar a su camioneta sabía que iba preparada para cogerla, (antes detalles de ella, le pondré Yara de nombre, era blanca de ojos miel, buenas tetas y algo llenita, con un culo delicioso ya que era grande) la veo con una minifalda y un escote, nos quedamos hablando unos minutos cuando le digo “jugamos verdad o reto”, accedió, me pide verdad, le pregunto si tenía tiempo sin coger:

    Y: no, una semana, pero soy ninfómana

    C: jajaja no te creo

    Y: quieres comprobar?

    C: claro además vienes preparada.

    Nos empezamos a besar, ella puso su mano en mi verga y la agarraba cómo desesperada, yo pasé mi mano a su vagina y la otra a sus tetas, estábamos calientes del faje, se arranca para buscar un lugar seguro, encontramos uno.

    Saca mi verga la empieza a mamar cómo una diosa, estuvo unos 15 minutos así hasta que me vine en su boca, su cara saboreando mi leche me prendió, nos pasamos a los sillones de atrás, se acuesta y puedo lamer esa rica vagina depilada, mi lengua penetrando y jugando en su sexo, tuvo un orgasmo delicioso sentí sus jugos en mi boca, teniendo mi verga dura me siento y ella viendo de frente a mí se sienta, empieza a cabalgar, yo le empiezo a decir “así te gusta perra”, “no soy tu perra soy tu puta papi dame todo”.

    Estuvimos así varios minutos hasta que ella tiene un orgasmo, ahora se vuelve a acostar yo con las piernas de ella en los hombros le doy duro, la ahorcó a la puta y ella solo gimiendo diciendo dame más más, hasta que no aguanté y eyaculé, le dije “qué rico coges mami”.

    Desde ese día ella fue mi Milf, hasta que me cansé de sus celos.

  • Lujuria en la madrugada

    Lujuria en la madrugada

    Era de madrugada y estábamos pintando nuestra habitación, entre los olores de pintura y ese cuerpo que me volvía loca cada vez que movía sus musculosos brazos arriba y abajo con el rodillo pintando y esa camiseta pegada que le marcaba todo y ese pijama que me marcaba todo su calipo en estado puro, fui pasto de la excitación y mi mente se empezó a calentar y en medio del fulgor tuve calor y me quité la camiseta y los leggings que me marcaban un redondito culito respingón, me quedé con aquel tanguita de hilo rosita con dos lacitos negros que me gustaba tanto lucir.

    Entre tanto pintar y pintar escalera arriba escalera abajo mis nalgas se movían arriba a abajo y yo era consciente que él lo notaba y se le hacía la boca agua.

    Yo me comenzaba a mojar y él no dejaba de provocarme con ese paquete elevado.

    Eran como las 3 de la mañana y estábamos en casa de mi suegra teníamos que dormir en el sofá solo nos separaba una pared de su habitación, a mí me ponía mucho esa situación hacerlo debajo de las mantas ahí con ella al lado, pero sin saberlo comenzamos a tocarnos, nos quitamos la ropa, él me provoco chupándome mis pezones que estaban en punta y turgentes esperando que me toque yo le cogí su miembro viril ya mojadita y a punto de caramelo y él me palpó mi culito redondito y suave, mi piel olía a caramelo y él se ponía a tono, me metió el dedo en mi culito y estaba muy rico mmm uyyy ¡me muero del placer Dios mío!

    Me tocó y me lamió todo y ahí mismo yo deseaba que me lo metiera entero y duro una y otra vez, debajo y yo sin poder gemir, mis dedos arrugaban las sabanas del sofá y arañaban la pared del placer tan existencial que me estaba dando este loco enamorado.

    Me daba tan rico que yo perdía la razón y él me mordía la oreja y me azotaba sin parar loco y exhausto del orgasmo, yo deseaba que se corriera dentro de mí y me hiciera sentir mujer una vez más.

  • Las hijas de mi novia: Dani, Mica y Juana

    Las hijas de mi novia: Dani, Mica y Juana

    Todo pasó de pronto, nada fue pensado ni planeado. Como los mejores inventos, todo fue por accidente.

    Tengo 43 años, y estoy en pareja hace 8 años con Romina, de 45 primaveras.

    Tengo dos hijos que viven con su mamá, y Romi tiene 3 hijas: Daniela, Micaela y Juana. Dani es la mayor, tiene 22 años recién cumplidos y está más allá de todo, vive para su novio y su carrera.

    Mica y Juana son gemelas, y tienen 19 años. La genética la heredaron de la madre, todas ellas.

    Romina tiene el pelo castaño, lacio. Unos ojos color café claritos, grandes, haciendo gala de su mezcla italiana y turca. Es un poco más alta que el promedio de la mujer en mi país, mide 1.72 metros, es delgada y tiene brazos fuertes para una chica como ella.

    Sus tetas no acusan en nada el paso del tiempo ni mucho menos sus 3 lactancias, son generosas y mantienen una redondez que envidian más de una veinteañera. Y su punto más fuerte, está de cintura hacia abajo. Romina tiene unas piernas perfectas, con una piel suave y siempre bronceada. Y esas piernas terminan en la cola más hermosa a la que tuve acceso nunca jamás. Redonda, sin imperfecciones, suave, con una textura ideal. En síntesis, Romina es una mujer de 45 años de experiencia en el cuerpo de una pibita de 25.

    Sus hijas heredaron el físico de la madre, como dije, pero se dedicaron a hacer deportes. Dani juega al vóley, dado que es más alta que la madre, y las gemelas hacen tenis, hockey y fútbol desde chicas.

    Dani es el calco de la madre, mismo pelo, mismos ojos, misma forma de reírse, mismos gestos y según escuché una noche que bajé a buscar agua a la madrugada, misma forma de gemir cuando la están cogiendo. Si, hasta eso tienen parecido.

    Las gemelas son más alejadas físicamente, pero tienen la misma fisonomía que Romina en lo que a cuerpo respecta. Son de pelo largo, castaño claro, muy lacio, con reflejos más claritos. Los ojos tienen tonos entre marrón claro y verdosos, muy expresivos. Las diferencias entre ellas son mínimas, y es necesario tenerlas una al lado de la otra para poder diferenciarlas. Consientes de esto, Mica se ata el pelo con una colita y Juana usa una vincha. Y siempre la más bronceada es Juana. Por lo demás, son idénticas.

    Mi vida con Romina era de pareja de gente adulta, donde cada uno va por la revancha del amor, con ex parejas a cuestas y pocas ganas de que nos rompan las bolas. Nos basamos en la libertad y el respeto del otro, de sus tiempos y sus espacios. Por eso mismo es que vivimos separados, ella en su casa y yo en la mía. Ese modo de vida nos funciona perfectamente, porque conjuga la libertad y los espacios individuales, y nos permite invitarnos el uno al otro cada vez que queremos dormir juntos o compartir simplemente un espacio y nuestro tiempo.

    Entonces, a inicios de 2020, todo cambió. La pandemia de covid nos metió en una cuarentena obligatoria, y con Romina nos planteamos el hecho de no vernos durante mucho tiempo. Rápidos para decidir, nos pusimos de acuerdo y nos jugamos a vivir todos juntos en su casa hasta que termine la cuarentena. Sería una linda aventura, y de paso nos mostraría más imperfectos, más de entrecasa. Y fue así que con poca ropa y pocas cosas, anclé en la casa de Romina… y sus hijas.

    El sexo con Romi siempre fue el pináculo de nuestra relación. Juntos habíamos descubierto muchas cosas que ignorábamos, muchas técnicas, muchos juegos, nuevas caricias, nuevas formas de dar y recibir placer. Nuestra frecuencia sexual había pasado de varias veces diarias, a al menos una vez por día, y finalmente no pasaba más de un día sin tener alguna acción que nos tuviera desnudos en la cama (o en la ducha)

    Una mañana en que Romi tenía que iniciar su tarea temprano, nos despertamos un rato antes de que suene la alarma porque el sol entraba por la ventana que habíamos dejado abierta la noche anterior. La miré cuando recién abría los ojos, con las sábanas que le tapaban las piernas y dejaban ver su desnudez de cintura para arriba. Sonrió, me dijo «hola mi amor» y me dio un beso tierno y dulce. Yo respondí el beso y la abracé, sin perder la oportunidad de apoyar mi erección matutina en su monte de Venus. Romi se sonrió y me miró fuerte.

    -Qué pasó? nos despertamos contentos hoy?

    -Sabés que siempre que dormimos juntos me despierto con todo duro, mi amor.

    En realidad siempre me despertaba con la pija muy dura, era normal y estaba acostumbrado desde la adolescencia a eso.

    Seguimos mirándonos y besándonos, al tiempo que Romi me agarraba la verga y me pajeaba de manera lenta y constante, yo le pasaba un pulgar por sus pezones, pellizcando ocasionalmente uno y otro. Le encanta que le aprieten los pezones mientras le muerden el cuello, y eso es siempre un buen inicio.

    Romi empezó a gemir despacio, con los ojos cerrados y tirando la cabeza hacia atrás, en claro gesto de estar buscando su placer. Con su mano derecha me rodeaba la pija y con la izquierda me acariciaba los huevos y me tocaba el espacio entre los huevos y el ano, y rondaba mi ano propiamente dicho. No tardé mucho en empezar a tener palpitaciones en la verga y tirar gotitas de líquido seminal, que lubricaba la punta de mi pija para hacer más placentero aún el juego.

    Mi mano se había metido entre sus piernas y de a poco había empezado a jugar con su vulva, haciendo que gradualmente Romina fuera abriendo sus piernas para darme paso a todo lo que venía. Con los dedos empecé a separar sus labios y como era de esperar, ya estaba toda mojada, como si hubiéremos estado jugando desde hacía tiempo. Siempre me asombró su capacidad de mojarse en tan poco tiempo. Ella decía que era porque yo realmente la excitaba. Yo creo que es un don que le dieron, y lo aprovecho al máximo. Despacio, y sabiendo que mis dedos se habían untado yo con sus jugos, empecé a meter la punta de los dedos medios en su concha. Forzó abrir aún más sus piernas, las sábanas cayeron al piso y quedamos desnudos sobre la cama, con nuestras manos completamente ocupadas en la tarea.

    Romi se colocó de costado y me abrazó con su pierna izquierda, dejando la entrada de su sexo a milímetros de la punta de mi pija. Yo cubrí esos milímetros que faltaban y Romi empezó a fregarse el clítoris con la punta de la pija, todos los fluidos se mezclaron, y la sensación de estar frotando su sexo lampiño era una locura. Noté cómo de a poco su flujo me corría por mi pierna, y sentí que su pulso empezaba a fallar. Me clavó las uñas en el brazo y mordió mi labio mientras con su mano de movimientos torpes usaba mi pija para masturbarse. Sin verlo, podía ver como su sexo cada tanto se tragaba la cabeza de mi pija y volvía a sacarlo para seguir frotando su clítoris. Yo no iba a aguantar mucho más con ese tratamiento. Sentía que los huevos me iban a estallar pronto. Decidí ayudarla a terminar su tarea, e inclinando mi cabeza me metí pezón y media teta dentro de la boca, mordiendo y acariciando con la lengua, con movimientos rápidos. Romina no lo soportó más. Explotó de repente en un orgasmo que la hizo eyacular violentamente, mojándome casi entero, en chorros gruesos, largos y veloces. Cuando largó el tercer chorro de líquido, aproveché su falta de defensas y empujé la cabeza de mi verga hacia el interior de su concha completamente abierta. Me mordió más fuerte aún.

    -Qué hacés?? me vas a hacer morir, me vas a… ay… me vas a hacer acabar de nuevo, pará… paraaa… ayyy

    Me mordió el hombro para ahogar su grito de un segundo orgasmo encadenado. Su concha se había tragado entero todo mi sexo y se había quedado quita, sintiendo su placer y yo su estremecimiento. De a poco empecé a hamacarme despacio, sintiendo cómo su vagina liberaba la presión que me tenía preso. Estaba seguro que iba a inundarla de leche, toda la situación me había excitado de manera terrible y en dos minutos iba a estar vaciándome en su vientre.

    Y entonces con un movimiento rápido, Romina se sacó la pija de adentro y me miró.

    -Vos sabés que yo puedo ser una chica muy mala, no?

    -Me consta -le dije mientras me costaba hilar una frase completa.

    -Entonces me vas a esperar a esta noche. Quiero que me bañes de leche la panza, las tetas, la garganta, toda.

    -No me hagas esto -le dije -No me podés dejar así.

    -Ah no? querés ver que si?

    Y mientras se reía de mi cara de desesperado, se levantó para ir a la ducha y comenzar su día. Claro, faltaba un minuto para que suene la alarma. Y ella no podía conectarse tarde a la reunión, porque era la jefa de todo el grupo.

    Ahí me quedé, desnudo tirado en la cama, con la pija hecha un mástil de carne, venas y semen. Eso era nuevo, y me quedaba claro que era un nuevo juego propuesto por Romina, quizás hablado con alguna amiga.

    Me daba curiosidad, y era divertido, pero lo cierto es que tenía una calentura y un dolor de huevos que me moría.

    Romina salió de la ducha y yo seguía en la misma posición, con la pija apuntándole directo al ventilador del techo.

    -Ay, pobrecita ella -Dijo mientras se agachaba a darle un beso a la cabeza de mi pija. -En un rato de te veo, hermosa

    -Sos de lo peor -le dije sonriendo.

    -Lo sé, y me encanta. Te amo -Dijo, y esa fue su despedida.

    Pasó por la puerta del dormitorio, bajó las escaleras y escuché la puerta del estudio cerrarse. Romina estaba oficialmente en su papel de jefa de ventas, nada parecido a su puta interior que acabó a chorros contra mi cuerpo hacía minutos.

    Se me cruzó por la cabeza tocarme y terminar lo que tenía pendiente. Puse mi mano sobre mi pija endurecida, babeante, y pensé en Romina, y en el juego propuesto. Iba a seguirle el juego, esa noche le iba a tirar todo encima y así ser parte del juego propuesto. Saqué la mano de mi sexo, y cerré los ojos. Con un poco de suerte, me dormiría de nuevo.

    Al cabo de un rato, entre dormido y despierto, escuché pasos acercándose despacio. Era obvio el juego, Romina volvía a atacarme estando dormido. Seguramente iba a chuparme la pija mientras creía que dormía. Le seguí el juego, me puse boca arriba, me saqué las sábanas de encima y separé las piernas un poco, dejando que mi miembro se recostara contra una de mis piernas. Si bien había perdido su dureza inicial, había quedado semierecta y chorreando líquidos todo ese tiempo. Cerré los ojos y respiré profundamente, como hacía al dormir

    Cuando escuché a Romina entrar a la habitación, sentí que dejaba de caminar. Me extrañó que no me dijera nada. Entreabrí un ojo, para no romper la ilusión de que estaba dormido. Y entonces vi a Mica parada en el umbral de la puerta, dura, quieta, mirando fijo con los ojos enormes toda la escena, yo desnudo, con la pija a medio parar, toda mojada…

    Abrí los ojos de golpe. La vi colorada e inmóvil. Los dos nos quedamos callados

    -P… perdón. Pensé que estabas… en el estudio con mamá.

    -Ay nena! pensé que era tu mamá que subía!

    -Iba a buscar… una toalla… no sabía que… perdón…

    Atónita, no podía hablar de corrido. Seguía parada inmóvil, pero en mi vértigo de adrenalina noté que no me sacaba los ojos de encima.

    Y noté algo aún peor. Yo no había atinado a tapar mi desnudez. Entonces manoteé las sábanas y me cubrí. Micaela salió de su trance y estalló en una carcajada. Esa reacción descomprimió toda la situación. Yo también liberé mis nervios en una risa neurótica y nos empezamos a relajar de a poco

    -Perdón, JC, me muero de vergüenza -Las chicas me decía JC porque Juan Cruz era muy largo según ellas. -No le digas a mamá, por favor!

    -No nena, perdoname vos. Qué momento raro, no?

    -Rarísimo -dijo, mientras seguía mirándome el torso

    -No le digo nada a Romina porque vamos a tener un planteo por nada, está bien? eh… para saber… vos sos…?

    -jajaja, soy Mica, JC! No me vas a distinguir nunca???

    -No, Mica, perdón -le dije entre risas -son idénticas para mí

    -No, somos parecidas pero yo soy distinta en… bueno, no importa.

    Mica seguía parada en la puerta, con la vista viajando entre mis ojos, mi pecho y el bulto bajo las sábanas. Yo la miraba incrédulo, sin entender por qué no se iba.

    -Mica, me voy a ir a duchar…

    -Ok -dijo sin inmutarse. Y entonces se dio cuenta que se tenía que ir.

    -Perdón de nuevo, re colgada! jaja. Me voy abajo -Dijo, y guiñándome un ojo se dio vuelta y se fue escaleras abajo, saltando, en actitud de nena contenta.

    Me quedé sentado en la cama, rebobinando toda la situación, y al tomar conciencia del momento actual, me di cuenta que estaba otra vez con la pija terriblemente parada. La adrenalina de la situación me la había bajado, y repensarlo me había excitado de nuevo.

    Resultaba obvio que el morbo de la situación había hecho su gracia. Era la hija de mi novia, la conocía desde que tenía 11 años. No era excitación sexual real, era morbo solamente. Punto.

    Me levanté y me fui a duchar.

    Pasaron las horas y esa mañana de martes quedó un poco atrás. Había llegado la tarde y las viejas costumbres de juntarse con gente a tomar algo o a cenar, eran cosa de otra época. En cambio las chicas se arreglaban hablando con las amigas por zoom o whatsapp. Yo había estado conectado a la computadora de mi casa, haciendo algunas tareas pendientes, y al terminar decidí que era un buen momento para tomar una cerveza con Romina en el patio, a la sombra del árbol viejo. Cerré la notebook y bajé a buscarla.

    Camino a la escalera, pasando por la puerta de la habitación de las gemelas, no pude evitar escuchar mi apodo, JC, en la charla que tenían por zoom una de las gemelas con dos amigas. Me paré en la puerta, que estaba cerrada pero no era una puerta demasiado gruesa, por lo que se podía escuchar todo con bastante claridad.

    -Boluda, en pe lo tas y engomado estaba! -Decía Mica

    -Naaa… me jodés! -Decía Lu

    -Pero qué hiciste ahí?! -Preguntaba Vicky

    -Me quedé dura… bah, dura tenía la pija él, jajaja -y todas rieron al compás de la risa de Mica.

    -Y cómo la tiene? -Decía Vicky

    -Y… qué se yo. Yo la única que conozco era la de Manu, y la verdad… está mucho más grande que la de Manu. Toda mojada la tenía, para mí se la había chupado mi vieja antes, qué se yo.

    -Guau! y ahora cómo está él con vos? -Preguntó Lu

    -Está normal, JC es un tipo grande y sabe que yo soy re pendeja para él

    En este punto de la charla, no pude evitar sentirme herido en mi ilusión. Y enseguida pensé «Ilusión?? Ilusión de qué? qué estás pensando???»

    Pero no podía (no quería) despegarme de la puerta de la habitación de Mica. Seguí escuchando atento a que nadie subiera y me encuentre ahí parado

    -Forra! pero vos qué sentís ahora? Contanos!

    -Nada, boluda, qué se yo. Quieren que les cuente, en serio? Ay, me da re vergüenza

    -Dale, yegua, contá!

    -Ok, pero queda acá eh. Ni a Juana le pueden decir. Está?

    -Si, boluda, obvio!

    -Bueno, cuando lo vi me asusté porque pensé que no había nadie, y después no le podía sacar la vista de la poronga que tiene! Me parece que se dio cuenta, quedé re pajera, boluda.

    -Y no entraste a la habitación?

    -No, me quedé en la puerta, pero me calenté, me dí cuenta que se me hacía agua la concha

    -Jajaja, re trola!

    Se excitó viéndome?? Pero era casi mi hija! qué onda?

    -Cuando bajé me metí en el baño y me tuve que hacer una paja para sacarme la escena de la cabeza. Y si lo vuelvo a pensar, me caliento de nuevo. Ya me metí los dedos bocha de veces pensando en eso. No quiero que se me haga vicio!

    -No podés, boluda! jajaja

    No quise escuchar más. Se me había empezado a parar la pija de escuchar a mi chiquita hablar así. Y eso era inadmisible. No estaba nada bien

    Bajé y busqué refugio en Romina, que estaba leyendo en el living. Sentía que en algún punto, la estaba traicionando. La culpa me mataba por dentro. Desterré ese pensamiento y me entregué a los mimos de mi novia.

    Sentía a Romina un poco distante y claro, me empecé a preocupar. Le pregunté si pasaba algo y me dijo «Si, pasa, no vas a ser feliz con esto»

    Se me cruzaron mil cosas por la cabeza, pero no dije nada.

    -Es que sé cómo te dejé esta mañana y ahora… me acaba de venir -Dijo con cierta tristeza

    Romina no cogía cuando estaba indispuesta, era su toc, no le gustaba excitarse y sangrar al mismo tiempo. Lo habíamos hablado y era algo que no me pesaba aceptar.

    -Mi amor, está todo bien. No es para hacer una tragedia de esto, son unos días y podemos jugar a que yo te espero. Cuando te agarre te inundo, jaja.

    -Gracias mi vida, por entenderme.

    Y nos quedamos en el sillón del living abrazados.

    La llamada de mi suegra fue apenas pasadas las 19 hs. Romina atendió su celular y con voz preocupada dijo «Ok, mamá, quedate ahí que ya voy»

    Me contó que la madre se había descompensado y que tenía que ir a verla. Su madre vivía cerca, por lo que no había riesgo que nadie la detuviera violando la cuarentena. Romina se puso un abrigo liviano y se fue, dándome un beso de esos que me gustan, y me quedé en su casa, pensando qué podía cocinar para cenar

    Mica rompió mi pensamiento culinario al aparecer al pié de la escalera. Tenía puesto un short de entrenamiento, un sostén deportivo y zapatillas. Se la veía agitada

    -Entrenando? -pregunté, haciéndome el simpático

    -Si, mal… no quiero perder el ritmo que traía. Me faltan los abdominales y estirar un poco. Me das una mano o estás ocupado?

    Mica sabía que yo había sido deportista (y aún entreno) y conocía todo lo referente a ejercicios físicos. En muchas ocasiones había hecho clases con las chicas y nos salía bien, era divertido. En el caso de Mica, tuve mis dudas si era el momento, pero si le decía que no era tensar una situación que yo no quería que se saliera de la normalidad cotidiana.

    -Obvio, CoiCoi (su apodo de chiquita), dame un minuto y voy. Agarrá la colchoneta y ya te alcanzo.

    -Gracias, JC, sos groso

    Y salió al patio. En ese momento pasaron Dani y Juana, que estaban ensayando una obra de teatro para hacer un vivo el fin de semana. Pasaron riendo las dos y se encerraron en la habitación de Daniela. No parecía que fueran a hacer mucho más en el día.

    Salí al patio con las zapatillas puestas y un pantalón deportivo. «Empecemos con los abdominales, vamos» le dije en tono de entrenador. Mica se puso boca arriba en la colchoneta, levantó sus rodillas y las pegó una contra otra, en la posición típica de hacer abdominales.

    Agarré fuerte sus zapatillas y empecé a contar sus repeticiones. «1… 2… 3…» y así con cada abdominal. Los ejercicios eran para entrar en calor los músculos y se irían variando. Al terminar la primera serie, me dijo que haría codo con rodilla. Entonces solté sus pies y ella separó las piernas un poco y abrió sus rodillas.

    Yo quedé prácticamente con la cabeza entre sus rodillas, y por Dios, trataba de mirarla a los ojos. Mica empezó a realizar el ejercicio y por el esfuerzo, cerraba sus ojos y gemía. Al mismo tiempo, mi mirada se había corrido a su entrepierna

    Su short de tela liviana de entrenamiento era bastante suelto y se plegaba en el lugar preciso para dejarme ver la ropa interior de Mica. Ella seguía en su esfuerzo y yo no podía dejar de mirar esa tela blanca que encerraba su vulva dentro. Se me empezó a parar la verga sin control. De repente había descubierto que Mica era una mujer joven, pero no una nena.

    Me corría la sangre por las sienes y por la pija a torrentes, podía ver cómo por el movimiento su tanga se iba corriendo y dejaba ver apenas uno de sus labios, sin un solo pelo.

    «Está toda depilada» pensé, y se me agolpaban los latidos en mi pantalón. No dejaba de mirarle la concha a mi hijastra, hasta que me sacó del trance:

    -Estas contando?

    -Si! -respondí sobresaltado. Mica me estaba mirando y yo tenía la vista clavada en su minúscula bombacha -Van 12.

    -Van 14! en dónde estás?

    Se sonrió cuando no supe qué responder, sólo seguí contando.

    -15… 16… Dale.

    Me sonrojé. Mica hacía las repeticiones con los ojos abiertos y cada vez que se levantaba enfocaba los míos. Yo le corría la mirada. Entonces noté que dejó de mirar mis ojos y cuando se levantaba, miraba mi erección, que se notaba a través del pantalón de gimnasia.

    -19… 20! Listo, descansá

    -Ayudame a estirar un poco, no seas trucho.

    -Ok, qué querés estirar? qué trabajaste?

    -Cuádriceps e isquiotibiales hice hoy.

    -Cuádriceps podés elongar sola.

    -Pero ayudame con isquio, si?

    -ok…

    El estiramiento del isquiotibial era con Mica acostada en la colchoneta, levantaba una pierna y con mi hombro se la empujaba lo más adelante posible. Y Mica era muy flexible.

    Cuando empujé la primera pierna, Mica soltó un «Ahhh…» como de alivio, pero a mí se me antojó un suspiro erótico al extremo. Mi erección era más que evidente, y cuando le estaba ayudando con la segunda pierna, con el bulto del pantalón le llegaba a rozar su short rosado.

    Ella no decía nada o no se daba cuenta. La cabeza de mi pija rozaba suavemente la entrepierna de Mica, que no parecía darse cuenta. Seguimos así más tiempo del que normalmente tomaría el ejercicio, pero ninguno dijo nada. Al terminar, quedé de rodillas, sentado.

    Mica se paró y me dio las gracias, me dijo que se iba a bañar y que después bajaba a cenar. Yo no me podía mover si no quería mostrar la verga dura que encerraba mi pantalón. Y ella lo sabía.

    Romina llamó y me dijo que su mamá estaba un poco perdida, pero estable, aunque prefería pasar la noche con ella para vigilarla. Le dije que no había problema, que se despreocupara, que yo estaba a cargo en su casa.

    Me agradeció y quedamos en hablar más tarde. No podía esperar a volver a dormir con Romi y concluir los planes pendientes, pero para eso faltaba bastante

    La cena fue ligera, no comemos mucho de noche y tratamos de llevar una vida ordenada de deportistas. Con las chicas debatimos sobre la pandemia, el origen del virus, el deporte y el nuevo método de estudio en cuarentena. Tuvimos una cena agradable, hasta que me di cuenta que Mica me estaba mirando más de lo normal. Era una mirada fija, acompañada de una sonrisa estilo Gioconda. Algo escondía esa sonrisa.

    Terminamos de cenar, lavé los platos y me fui duchar, y enseguida me recosté en el dormitorio a ver las redes sociales, que era ejercicio diario para que me agarre sueño y dormirme pronto. Las fotos de Instagram de mi familia, mis hijos y amigos iban pasando entre asados y frases motivacionales, hasta que llegué a una foto de Micaela donde estaba con ropa interior en el espejo del baño, ropa de encaje blanca, muy insinuante, y hasta con un poquito de la aureola del pezón derecho saliendo del corpiño. En la foto miraba directo a la lente de la cámara, y parecía que me estaba mirando directo a mí.

    Apagué el celular y me dije a mí mismo que no podía ser tan enfermo y depravado. Me tapé con la sábana hasta la cintura y me dormí en pocos minutos, con la mocosa rondando mis pensamientos.

    Soñé. Profundo y vívido. Romina estaba entre mis piernas abiertas, sentada en medio, y me agarraba el trozo con ambas manos, me miraba fuerte, con lujuria, con deseo. «Me vas a dar toda la leche?» me decía, y yo la veía pero con los ojos cerrados. Cosas que sólo ocurren en sueños. Quería moverme pero ella no me dejaba, estaba como trabado. Sentía que me acariciaba el pecho, mientras con ambas manos me masturbaba cada vez más rápido. Sentía sus dedos jugar con mis pezones y en la cumbre de la excitación, me di cuenta que estaba soñando, porque Romina no tenía 3 manos para hacer todo al mismo tiempo. Me desperté frustrado, destapado, con las sábanas en el suelo. Toda la habitación estaba a oscuras. Sentía una erección que casi dolía.

    Me quedé quieto unos minutos. Obviamente cualquiera que me hubiese visto hubiera pensado que me había dormido. Y eso hizo Mica, que estaba en la habitación, al costado de mi cama, escondida de mi visión. Pensó que dormía y volvió a hacer lo que estaba haciendo minutos antes mientras yo soñaba. Subió su mano despacio, y me pasó la mano por el pecho. Tendría que haberme sobresaltado, pero por algún motivo, llamémosle intuición, sabía lo que iba a pasar. Sólo que era intrigante y demente reconocer esa situación.

    Parte de mí quería pensar que seguía soñando. La mano de Mica tocaba mi pecho y mi pezón derecho, lo rozaba con la punta de sus dedos, con las yemas, y con la palma iba de mi pecho a mi panza. Al llegar a mi panza, con su pulgar tocaba apenas la cabeza de la pija y volvía al pecho. No quería moverme, no quería romper ese momento. Era un NO rotundo en mi cabeza, pero en ese momento mandaba el instinto. La razón estaba fuera de combate.

    Notaba en mi vientre cómo me había empezado de chorrear la pija, y cada vez que Mica bajaba la mano, se entretenía con el viscoso líquido de mi cuerpo. Cada vez que bajaba tocaba una porción más grande de verga, hasta que decidió no subir más y quedarse ahí, en mi pija. Pasaba la palma de la mano todo a lo largo de mi verga, la mojaba en la punta y volvía a pasarla de nuevo. Me estaba matando. Entonces sumó la otra mano. Me empezó a pajear con ambas manos de forma muy lenta. Comprendí que lo que estaba pasando no era para darme placer a mi, sino para satisfacerse ella misma con la situación. No me quería despierto, quería hacerme acabar mientras dormía.

    Moví una pierna apenas, y quedaron separadas. Ella se detuvo al sentir mi movimiento, y después de un momento continuó con cuidado. Sacó una mano de mi pija y siguió con una sola mano. En la oscuridad, con la vista anulada, pude agudizar los sentidos y escuchar un muy leve chapoteo que no provenía de mi cuerpo. Micaela se estaba metiendo los dedos en la concha y a juzgar por el sonido, era un charco. La mano que tenía en mi verga empezó a perder su sincronismo, estaba lenta, temblorosa. Pude escuchar su respiración agitada, que ya no podía contener, y el chapoteo de sus dedos dentro de su vulva, frenético. Su mano derecha me agarró fuerte la pija, la apretó y pude escuchar cómo su respiración se detenía, cómo ahogaba los gemidos, hasta que su orgasmo le llegó como un tren de frente y dejó escapar un largo gemido en tono agudo y bajo, apenas audible.

    Como yo no solamente estaba despierto sino que también estaba con todos los sentidos puestos en la situación, al oír su orgasmo no pude soportar más. Moví la mano derecha y rocé sus tetas por encima de la remera que tenía puesta como piyama. Ella se sobresaltó y me soltó la verga de inmediato. Seguía agitada, se notaba su respiración, y ahora también se notaba nerviosismo.

    -Esto tampoco se lo vamos a decir a Romina, te parece? -le dije en voz baja, casi susurrando.

    Mica se quedó inmóvil, paralizada, muda. Pudo articular dos palabras después de balbucear un poco.

    -Estabas despierto? -dijo en tono de vergüenza infinita

    -Estaba durmiendo, y me desperté cuando empezaste a tocarme -le respondí suavemente en tono bajo

    -No quiero que pienses cualquier cosa, no sé ni por qué lo hice, perdoname -Dijo, un poco angustiada e intentando levantarse.

    -Esperá, Mica, no te vayas. Vení, sentate acá

    Le ofrecí un lugar al lado mío en la cama para que se siente, al tiempo que encendía la luz de la mesita de noche. La luz le bañó la cara y fue como ver un ángel sentada en el borde de mi cama. Tenía los ojos tristes, llorosos, las mejillas coloradas en parte por la vergüenza y en parte por el orgasmo que había tenido hacía segundos. La remera le tapaba apenas debajo de su cola y sus pezones se notaban muy duros debajo de la tela. Era obvio que no usaba corpiño y eso me ponía a mil.

    Le agarré la mano y le hablé casi como un padre.

    -Cambiá la cara, no pasa nada. Sos una mujer que recién sale de la adolescencia, hay mucho que no tenés claro todavía y estas cosas te pueden pasar. No digo que esté bien, ni mal, sólo que puede pasar.

    Ella miraba hacia abajo, no podía sostenerme la mirada.

    -Yo soy la pareja de tu mamá, es cierto. Y te conozco desde que tenías 11 años.

    -Ya sé, Juan, lo que pasa es que…

    -No me digas nada que pueda sonar a excusa, Mica. Lo que pasó es que entraste y me tocaste pensando que estaba dormido. Y sabés qué más?

    -Que?…

    -Además te tocaste vos mientras me tocabas a mí. Y hasta tuviste un orgasmo

    -Cualquiera!

    -Esta humedad en tus dedos me dice que tengo razón, Mica. No lo ocultes, no está mal, es sólo que la situación es rara.

    -No te puedo mentir -Dijo bajando nuevamente la vista

    Me quedé acariciando sus dedos todavía empapados de flujo. Ella me miró fijo, y luego bajó la vista pero esta vez, me miró la pija, que seguía estando estallada de excitación.

    -Hagamos esto -Le dije -No quiero que te vayas con la idea que esto me enoja o cambia algo entre nosotros. Hagamos de cuenta que no soy la pareja de tu mamá. Y va a ser solamente esta vez, y me lo tenés que prometer

    Y dicho esto guie su mano hasta mi pija. Su primer impulso fue el de retirar la mano, pero se la retuve y apoyé su manito sobre parte de mi pija y parte de mis huevos. Mica me miró de nuevo. Su forma de mirarme había cambiado, ya no tenía angustia y había deseo en esos ojos. Saqué mi mano de la suya y noté que no sacó su mano de mi sexo.

    Sin darle ninguna indicación, Mica empezó a mover su mano en forma de círculos. No me sacaba la vista de mi pene desnudo, que a esta altura ya estaba pasando de rosado a colorado, venoso y húmedo. La dejé que haga su juego tranquila, que me mire la pija, que haga lo que sienta en ese momento.

    Mica estaba ensimismada con la situación. Sin darse cuenta de lo que hacía, separó un poco las rodillas y llevó su mano a su vulva. Inmediatamente me miró sobresaltada, como buscando aprobación de lo que estaba haciendo.

    -Tranquila, hermosa, hacé lo que quieras, no hay límite por mi parte.

    -En serio? -preguntó, mordiéndose el labio inferior con gesto de duda y deseo al mismo tiempo

    -Si, en serio. No ves cómo me ponés con las cosas que hacés? vos pensás que a mi no me pasa nada?

    -Tenés la p… el pene muy duro

    -No le digas pene, es como tratarme de usted. Pija, verga, poronga, chota… pero pene parece una clase de educación sexual.

    -Tenés razón -me dijo sonriendo tímida -Tenés la PIJA muy dura… y grande.

    No respondí a eso. Simplemente me limité a estirar mi mano y apoyarla sobre su muslo derecho. Aplicando un poco de presión, aún mínima, logré que ella fuera abriendo sus muslos de a poco. A medida que se separaban y la luz inundaba la zona, pude empezar a ver parte de su vulva, lampiña, rosada, con un clítoris que sobresalía de los labios mayores, muy grande para el tamaño de su concha, y muy sobresalido. La concha le brillaba por la humedad que la cubría. Corrí mi mano despacio hacia su entrepierna y Mica cerró los ojos sintiendo el contacto de mi mano en el interior de su muslo.

    Llegué con mis dedos a la entrada de su sexo y noté su humedad y sobre todo su calor. Era una caldera. Al tomar contacto mi mano con su vulva, Micaela jadeó y pronunció como un silbido largo, indicando que estaba muy a gusto con lo que pasaba. Con mi dedo pulgar comencé a dibujar círculos abarcando sus labios y su clítoris, abriendo un poco su vagina para poder verla en todo su esplendor.

    -Estás bien? -Fue más una pregunta de compromiso que otra cosa, se notaba que estaba disfrutando ese masaje

    -Muyyy -Dijo tragando saliva y con los ojos entreabiertos -Qué me estás haciendo?… ahh…

    -Disfrutá y relajate

    Mantuvimos ese tratamiento mutuo durante un minuto o dos, y entonces ella empezó a balancear la cadera, buscando su propio placer, empujando su concha contra mi mano. El flujo que chorreaba de su vagina había empezado a escurrir por su ano y mojaba parte del colchón. La pija me empezaba a palpitar y sentía que estaba llegando a un punto sin retorno. No podía aguantar mucho, aún con los movimientos lentos de la mano de Mica.

    Retiré la mano de su concha y la agarré de los hombros, la acerqué a mí y la besé en los labios. Su boca se abrió apenas, besándome muy despacio y con cautela. Recorrí su boca con mis labios y mi lengua, tomándome el tiempo necesario, cuidando el momento, sin apuros. Eran las 2:50 am y estábamos en mi habitación, solos. No había apuro alguno para hacer nada.

    -Si mamá se entera de esto nos mata. Se muere. Pobre… -Dijo con voz de mala hija

    -No se va a enterar y esto va a quedar siempre entre vos y yo. Nunca se lo vas a contar a nadie, ni siquiera a Lu ni a Vicky, ok?

    -Ay… vos escuchaste lo de esta tarde?? Me quiero morir

    -Escuché una parte, son cosas de chicas, pero esto nos puede traer problemas o ser una experiencia única. Hagamos ese pacto y te prometo que esta noche está todo permitido, porque todo lo que pase entre nosotros va a pasar entre ahora y el momento en que salga el sol, y nunca más

    -Nunca más?

    -Nunca más. Esto es una fantasía tuya y mía, llevada a la realidad. Pero no tiene que volver a pasar. Lo que pase entre nosotros, nace y muere hoy.

    -Entonces a la verga con todo, voy a disfrutarte, JC.

    Y me besó con más fuerza, con mucha lujuria. Se separó de mi, se quitó de un tirón la remera y quedó completamente desnuda delante mío. La poronga me cabeceaba ya sin que nadie la toque. Tenía las tetas firmes, de aureolas y pezones rosados, intactos. La cintura delgada y las caderas de deportista, firmes y bien colocadas. Las piernas largas y la espalda perfecta. La concha lisa y despojada de vello, producto de que Romina les había regalado a las 3 los tratamientos de depilación definitiva.

    La empujé de a poco a la cama, dejándola con la espalda apoyada en el colchón. Bajé a besar su cuello, su pecho, le pasaba la lengua por su oreja, volvía a sus tetas. Pasaba la lengua muy rítmicamente sobre sus pezones que estaban apuntando al techo, amenazantes. Con mi lengua me deslizaba por su estómago, su panza, jugaba en su ombligo hasta llegar a su pelvis. En este punto, Micaela me agarró una mano y el pelo, apretando ambas. Había empezado a jadear de nuevo.

    De a poco recorrí los pliegues de su pubis con la pierna, pasando la lengua de un lado a otro. Sus piernas estaban cerradas, quizás por pudor. Su clítoris asomaba como un monumento en el medio de su vagina y pedía a gritos atención. Yendo con mi lengua de izquierda a derecha lo acariciaba como sin querer y ella levantaba la cadera para ayudar el encuentro. El olor dulzón de su sexo me quemaba la cabeza. Mica abrió sus piernas perdiendo toda la vergüenza que le podía haber quedado y toda la concha abierta de par en par quedó frente a mi cara.

    -Chupámela, por favor… no puedo más de caliente, chupame la concha… -Gemía Micaela

    No me hice rogar. Pasé la lengua unas 10 veces alrededor del clítoris, que notaba exageradamente grande y duro. Y además, descubrí que era muy sensible, porque la nena había empezado a tener pequeños espasmos y sobresaltos cuando pasaba todo el largo de mi lengua por ese timbrecito.

    Con los pulgares abrí su sexo todo lo que pude, sin forzarla, pero sí todo lo que permitía su elasticidad, y le dediqué varios minutos a pasar la lengua desde la puerta de su vagina hasta el clítoris, hacia arriba y hacia abajo. De a ratos me detenía en el clítoris y metía uno de los pulgares en su concha. Cada vez que hacía eso, Mica daba un respingo y arqueaba la espada. Me concentré en su clítoris, lo metí entero en mi boca y lo repasé firmemente con la lengua, mientras al mismo tiempo le metía los dedos medios en la concha hasta hacer tope con la mano. Los dedos buscaron el techo interno de la vagina y ubicaron un espacio rugoso, donde comenzaron una embestida final camino al placer.

    Mica ya no contenía sus gemidos. No paraba de jadear y preguntar «qué me hacés?» todo el tiempo. Hasta que sus manos me agarraron la nuca, sus piernas me apretaron la cabeza y sentí mi boca llena de su fluido orgásmico, mientras me tiraba el pelo y se deshacía en gemidos. Un líquido blanco y espeso me inundó la boca y me dejé llevar, lo recibí con deseo y placer. Tenía la boca llena de su orgasmo.

    -Pará por favor, Juan, no me puedo mover… pará

    -Te gustó?

    -En mi vida tuve semejante orgasmo. No entiendo qué me hiciste… al principio me dolía y después estallé. Fue un flash, hermoso

    -Y hay mejores

    -No creo… casi me muero.

    -Te juro que hay mejores, hermosa

    Subí a través de sus piernas, pasando como por un valle por sus caderas, rozando la pija terriblemente dura por la entrada de su concha, y yendo más arriba, hasta quedar sentado con la verga entre sus tetas. Mica me miraba como preguntando qué iba a pasar.

    -Todo lo que pase entre nosotros, pasa hoy o no pasa más

    -Cómo me gusta tu verga, JC

    -No sabés… porque no la probaste todavía

    Se rio, pícara, la agarró en sus manos y levantando la cabeza un poco, se la pasó por los labios cerrados, recorriendo la cabeza con su boca cerrada y húmeda. Sin sacarme la mirada de mis ojos, sacó apenas la lengua y me sacó una gota de líquido de la punta de la pija y se la llevó a la boca. Me estallaba la pija, sentía el esperma desde los huevos hasta la punta misma, y de hecho, estaba chorreando solo ya.

    Me tiró la piel de la verga lo más atrás que pudo y abrió la boca lo suficiente para meterse la punta de la pija en la boca. Veía las estrellas, estaba tan excitado que perdía la noción del espacio. Micaela se había metido la mitad de mi verga en la boca y se notaba que hacía un esfuerzo por conseguir más. Me miraba con los ojos brillosos llenos de placer y deseo. Me sacó de su boca y jugó con la cabeza de mi pija en sus pezones.

    -Decime que te gusta lo que te hago, decime que te gusto yo -Me pidió casi en tono de ruego

    -Me estás quemando la cabeza, me vas a hacer acabar en segundos si seguís haciendo eso…

    Al escuchar esto, Mica se metió nuevamente la pija en su boca y empezó a subir y bajar la cabeza rítmicamente, con una cadencia mucho más veloz que antes. Yo estiré mi mano hacia atrás y busqué su concha. Estaba tan mojada que chorreaba las sábanas. Metí nuevamente dos dedos dentro de ella y acompañé su ritmo. Mica me chupaba la pija de una manera demente, tenía la cara y el cuello lleno de saliva que chorreaba de su boca, y gemía sin sacarse la pija de la boca.

    -Me vas a hacer acabar de nuevo…

    -Y vos a mi, no aguanto más, CoiCoi

    -Acabame toda, no te aguantes más

    Y le tuve que dar la razón, estaba tratando de demorar el momento. Me dejé llevar y sentí cómo su lengua y su garganta me envolvían la pija, con tanta saliva y tanto calor que fue imposible resistir más. Sentí que la pija se me hinchaba, los huevos se me contrajeron y de entonces comencé a tirar un chorro tras otro de leche en la boca de Micaela. Ella abrió los ojos enormes y volvió a cerrarlos, se ahogó y tiró la cabeza para atrás, dejando la cabeza de mi pija apenas entre sus labios. Dos chorros más le llenaron la boca de semen y se le empezó a escurrir por la comisura de los labios. Yo seguía acabando y moviendo mis dedos muy profundo en la vagina de Mica, que abrió la boca para dar un alarido de placer cuando sintió su tercer orgasmo llegar como un tsunami y pasarnos por encima. Con la pija apuntando a su cara, varios chorros de semen le cayeron en las mejillas, el cuello y las tetas. Sencillamente no podía dejar de acabar, debido al juego realizado con Romina esa mañana, mis huevos rebalsaban y Mica terminó por vaciarlos.

    Nos quedamos los dos inmóviles, yo encima de ella, con mi mano en su concha y la pija todavía chorreando apoyada en sus tetas. Su cara, su boca, el pecho, el cuello, toda ella estaba cubierta de semen tibio, y mi mano estaba empapada de sus líquidos orgásmicos. Lentamente abandoné mi posición y me recosté junto a ella en la cama.

    -Es cierto que no estuve con muchos hombres, pero… nunca me habían acabado de esta manera

    -Y yo jamás vi una mujer que se moje y chorree como hacés vos, Mica. Es increíble

    -Fue hermoso

    -Voy a buscar una toalla y a ducharme -le dije -Quedate si querés, ahora te traigo una toalla para vos también

    -Me puedo duchar también? estoy hecha un desastre -dijo mientras sonreía y pasaba su mano por el semen que tenía en sus tetas.

    -Si, me ducho rápido y te dejo

    Le di un beso dulce y tierno, que devolvió de la misma manera.

    Entré a la ducha y comencé a asearme. A los pocos segundos sentía la mano de Mica que acariciaba mi espalda. No me sorprendió en lo más mínimo, supe que iba a acompañarme cuando la besé. No iba a esperarme sola.

    No me di vuelta, sonreí y le dije «Bienvenida». Ella me abrazó desde atrás, su boca se pegó a mi espalda y me empezó a besar en medio de una lluvia tibia. Yo me dejé besar, disfrutando de esas caricias. Bajó su mano derecha por mi cintura hasta mi pierna, y volvió a subirla pasándola por adelante, llegando a tocarme la pija que en ese momento estaba a media erección

    Haciendo acuse del juego propuesto, busqué con mi mano su cadera y una vez ubicada, la llevé hasta su entrepierna. No era agua lo que tenía en su vulva, era aceitoso y viscoso. Mica nunca había dejado de chorrear flujo y mi mano lo comprobó perfectamente. Sentir su concha y el enorme clítoris a flor de piel aceleraron el proceso de erección y yo quedé parado, con Mica a mis espaldas manoseándome la pija dura.

    Giré sobre mis pies y la abracé. Mi pija quedó apuntando a su vientre, como amenazante. Ella sintió el contacto y se apretó más fuerte. Nos enjuagamos el uno al otro, nos pasamos jabón por nuestros cuerpos, nos investigamos nuestros recovecos y todo nos llevaba a iniciar todo de nuevo.

    Nos secamos y la llevé de la mano otra vez a la cama. Mica se tiró boca abajo y yo me quedé mirando su desnudez, la cola redonda y de glúteos ligeramente separados su piel a contraluz que tenía esa pelusa delicada de vello ligeramente rubio.

    Me coloqué detrás de ella, sentado sobre sus piernas, dejando la punta de mi verga apoyada en su cola. Me recosté sobre ella y le besé la nuca, los hombros, la espalda… bajé por la curvatura de su espina dorsal para llegar con mi boca hasta el comienzo de la raya de su cola. Mordí sus glúteos con delicadeza, mientras notaba que Mica empujaba su cola hacia arriba, buscando más y mejores sensaciones. Con las manos separé ligeramente su cola para tener una mejor visión de su esfínter. Era una postal. Rosado, pequeño, inmaculado. Me acerqué a su ano con calma y me invadió su aroma femenino, que para nada era agresivo, sino que más bien era el olor más delicado que jamás le sentí a una mujer. Una mezcla de sexo reciente y pubertad, juventud e inocencia.

    Con la punta de mi lengua fui rodeando las cercanías de su entrada trasera, viendo de reojo cómo Mica apretaba la almohada con ambas manos. Recorría toda la línea de su cola, le daba pequeños chupones a sus cachetes, jugaba a pasarle la lengua por su agujerito, sin llegar a hacerlo.

    -No seas malo… chupalo, por favor… ay Dios…

    Separé con más fuerza sus glúteos y su ano se abrió apenas. Me dediqué a pasar la lengua en largos tramos, comenzando desde la entrada de su concha hasta bien arriba del ano, con la lengua bien flexible, acariciando su intimidad con paciencia. Micaela tenía su cara hundida en la almohada y jadeaba ahogada, moviendo en círculos la cadera. Mi lengua empezó a ponerse más rígida al pasar por el esfínter y de a poco iba relajando la entrada de su culo. Cada pasada de lengua, se enganchaba en su ano de manera más ensañada, hasta que en una pasada le introduje la lengua casi entera en el ano. Sentí un gemido intenso, ronco. Mica levantó la cola contra mi cara y mi lengua quedó incrustada en su cola, y la movía en círculos dentro de ella. Mica gemía, se quejaba, aullaba… levantó la cadera y llevó una mano a su entrepierna. Metió un dedo en su vulva que a esta altura había perdido su color rosado pálido y estaba de un rosa rojizo intenso, con los labios engordados de sangre y placer. Un dedo más, mientras mi lengua le hacía el amor a su ano. Yo, perdido en su cola y en sus gemidos, la agarré del pelo con una mano, tirándole la cabeza hacia atrás, y con la otra mano le seguía separando los glúteos. Micaela no paraba de moverse, de empujar… su brazo derecho estaba tenso y su mano ya había perdido tres dedos dentro de su concha.

    -Si seguís… voy a… me vas a hacer acabar con la lengua en el orto… Por favor, no pares!!

    Ni pensaba parar. Le saqué la lengua y sólo dejé la punta haciéndole cosquillas en el esfínter, y enseguida volví a meterle la lengua. Una y otra vez. Cada vez más rápido, cada vez más hondo. Cuando me di cuenta, Micaela había metido cuatro dedos en su vagina y con el pulgar frotaba su clítoris. Gritando, y dándole cabezazos a la almohada, Mica tuvo un orgasmo tremendo, que le hizo estallar la concha en una violenta eyaculación. «Otra herencia de la madre», pensé sin dejar de cogerla con la lengua. Mica se retorcía, lloraba, puteaba… pensé que se iba a desgarrar la vulva por la fuerza que hacía para meterse casi toda la mano en la concha. Seguía tirando fluidos que mojaban todo mi cuerpo. El olor a sexo llenaba la habitación, junto a los jadeos de Micaela. Finalmente su mano dejó de moverse, sólo temblaba con los dedos dentro de su vulva. Toda ella temblaba, derrumbada sobre la almohada y su propio brazo, atrapado por su cuerpo.

    Saqué despacio la lengua de su cola, sintiendo cómo tensaba el cuerpo a medida que salía de él. Subí nuevamente por su espalda besando cada centímetro de piel, sintiendo sus temblores, sus espasmos post orgásmicos, su respiración agitada. Llegué a su nuca y separando su pelo desordenado y transpirado, le di pequeños mordiscos alternando nuca, cuello y orejas. Mi cuerpo había quedado subido al suyo, de manera que toda mi pija había calzado perfectamente en la raya de su cola, y mientras mordía su cuello y besaba su nuca, frotaba mi verga contra su culo, que completamente mojado por mi saliva y sus fluidos orgásmicos no ofrecía resistencia alguna a la fricción. Resbalaba todo a lo largo de su culo semiabierto, y comencé a hacer los movimientos más largos y más lentos. Micaela separó un poco las piernas y mi pija encalló en la entrada de su concha violentamente abierta por la reciente masturbación.

    -No, JC, esperá… no me cuido… No podemos hacer esto

    -Entiendo -dije, medio aturdido por la noticia -Entiendo y… acepto que… no tenemos que hacer… esto -trataba de articular palabras mientras empujaba despacito, sabiendo que definitivamente no debía hacerlo.

    -Ay… JC… No está bien esto… ahhh… -Mica gemía mientras sentía que la cabeza de mi pija empezaba a abrirse paso entre los labios de su concha.

    -No… no tengo que… hacer esto. Tenés razón… cómo me estás haciendo exprimir la cabeza, nena…

    -No, es ver… dad… no tenemos que… cogernos así… ayyy… Por Dios… -Levantaba su cabeza y arqueaba la espalda al mismo tiempo, tratando de reprimir lo que estaba pasando, pero rindiéndose al placer. -No aguanto más… -Y empujó hacia atrás con fuerza.

    La cabeza de mi pija se metió de lleno en su vagina, que a esta altura estaba inundada de flujo. Yo hice la otra parte del camino y terminé de meter poco a poco los 22 cm de pija, hasta que mi pelvis descansó en la cola de Micaela. La sola idea de que no teníamos que estar haciendo eso me volvía un enfermo sexual. Era su padrastro, ella no cuidaba, estaba traicionando a Romina, yo era el adulto de la situación… cualquier de esas razones era suficiente para cortar esa escena inmediatamente. Y como consecuencia, saqué de golpe la pija de las entrañas de mi hijastra.

    -Perdón. No podemos hacer esto, si hubiera un forro en la habitación sería distinto, pero con tu mamá no usamos…

    Micaela giró en la cama y me miró con los ojos extraviados. Yo estaba de rodillas en la cama, con la pija apuntando al cielo y los huevos pesados llenos de esperma. Mica se abalanzó hacia mí, me escaló, se abrazó con brazos y piernas a mi torso y fue cuestión de anatomía la nula distancia que quedó entre nuestros sexos. Con una mano me agarró la pija y la puso en la entrada de su concha, que era un lago, y se abandonó a su suerte, bajando lo suficiente para meterse nuevamente toda la pija en la argolla.

    -No puedo… pensar. No puedo… Te tengo que coger, Juan… tenerte adentro me está matando… ahhhh

    -Pero no podemos… si tenemos un accidente sería…

    -No, cuando quieras… ahhh… acabar… avisame, por favooor…

    -Prometo -Le dije, entregándome a esa locura.

    Micaela subía y bajaba infernalmente, quebrando la cintura y cabalgando mi pija como pocas veces recuerdo que me hayan hecho. Era esa juventud y la vitalidad de los casi 20 años. No se cansaba de ese ejercicio. Yo simplemente estaba de rodillas, con el torso ligeramente tirado hacia atrás, y con las dos manos en el culo de mi nena. Ella, con su cabeza en mi hombro y el pelo que le cubría la cara, gemía y llorisqueaba, agitada. Sus uñas se clavaron en mi espalda y supe que iba a tener que explicar esos arañazos a mi novia. Ni ese pensamiento me apartó de lo que estaba pasando. Sentía la pija en la profundidad de la concha de Mica, que saltaba sobre mis piernas y mis huevos, mojando todo lo que tenía debajo. Micaela transpiraba y se mezclaba con mi sudor. Estábamos mojados de sudor, fluidos, saliva… Éramos animales buscando lo primitivo. De repente se separó de mi cuerpo, dejando las tetas delante de mis ojos. Me uní a ellas de inmediato, chupándole los pezones sin soltarle los cachetes de la cola. Ella se retorcía, mientras daba rienda suelta a sus instintos.

    -Ahhhh… Hijo de puta… me vas a… hacer… ACABAR!!… AHHHH!!! -y acabó sobre mí una vez más, bañándome la pija en fluidos blancos que chorreaban por mis huevos y caían al colchón.

    Se quedó quieta un instante y yo respetaba ese momento de reset, estando quieto, pero todo metido dentro de ella. Se abandonó y cayó hacia atrás, llevándome con ella abrazado. Caí sobre ella penetrándola con fuerza, ya que ahora estaba encima de su cuerpo, mirándola a los ojos, teniendo su boca a centímetros de la mía. La besé con pasión, metiendo la lengua en su boca y la suya en la mía de forma exagerada. Comencé a moverme dentro de ella con movimientos largos y parejos, casi sacando la pija, dejando sólo la punta de la verga entre sus labios vaginales, y entrando de nuevo hasta hacer tope con los huevos en su ano.

    En la típica posición del misionero, Mica no tenía una expresión compuesta, sus ojos iban de un lado a otro, su labio inferior temblaba, jadeaba sin poder articular palabra.

    Tomé sus piernas por sus muslos y llevé sus rodillas a mis hombros, de forma que tomé distancia de su rostro, dejando una imagen que nunca podré, ni querré, olvidar. Los ojos de Micaela entreabiertos, la boca jadeante, húmeda, las tetas que se balanceaban en cada embestida y el pecho agitado. Su concha lampiña y completamente explotada de flujo y orgasmos, con mi pija recorriéndola de punta a punta. No podía soportar ese vaivén. Vi que Mica estaba extraviando los ojos nuevamente y supe que llegaba a otro orgasmo inminente. Saqué una de mis manos de sus piernas, que descansaban en mis hombros, y la llevé a su sexo. Con el dedo pulgar empecé a dibujar rápidos círculos en su clítoris, que a esta altura era enorme y de color rosa rojizo.

    -Paraaa, por favor… no puedo más… Si me hacés… acabar de nuevo me… desmayo… paráá…

    -Me calentás, Mica, no puedo parar…

    -Por favor… porfav… ahhh… voy a… otra vez voy a… voiaaacaaabaar…. ahhh….

    Sentí su concha apretarme la pija con fuerza, palpitando el orgasmo que sacudía a Mica con violencia. Sus líquidos volvían a fluir sin control y me mojaban la panza, la pija, las piernas… salpicaban su propio cuerpo, su cara… Con la boca completamente abierta y dando pequeños gritos de placer, Micaela probaba sus propios jugos.

    Demasiado para mi. Empecé a reconocer los pasos previos a mi propio orgasmo. Saqué la pija de la concha de Mica, que quedó abierta como si todavía estuviese adentro de ella. Pude ver su canal vaginal, completamente abierto, invitándome a llenarlo. El esfínter de Mica estaba cubierto de líquido blanco, y los fluidos de sus orgasmos cubrían mi cuerpo y su panza, sus piernas, todo. No tuve ni que agarrarme la pija para comenzar a soltar chorros y chorros de semen sobre la panza de Micaela. Mi pija era una manguera sin control y los disparos de semen alcanzaban sus tetas y el cuello. Mica agarró mi verga y me la sacudió tirándome la piel toda hacia atrás. Dos chorros de semen salieron volando aterrizando en su cara y su pelo, al tiempo que ella abría la boca para poder atrapar al vuelo mi leche. Conté siete chorros completos de semen y después mi pija quedó palpitando, latiendo como un corazón en la mano de Micaela, que la miraba jadeante y con los ojos entreabiertos, llenos de lujuria y placer.

    Caí al lado de Mica, exhausto, transpirado, cubierto de fluidos sexuales de ambos. Pasé una mano por debajo de su cabeza y la traje hacia mí. La besé a boca abierta, con ganas, con intención. Cada vez que besaba su boca de adolescente me invadía una sensación extraña y hermosa. No podía dejar de besarla, era hipnótica. Poco a poco sentí cómo Mica se apretaba a mi cuerpo, pasando su brazo derecho por sobre mi pecho y su pierna sobre me cadera. Sentía su pierna sobre mi pija emblandecida, frotando despacio, mientras sus besos me empezaban a violar la boca. Envié una señal a mi verga para ver si reaccionaba a todo ese estímulo. Sin respuesta. Qué feo eso de pasar los 40 y no tener la recuperación de los 20… Sin embargo nada me impedía seguir jugando con ella, besarla era un acto sexual en sí mismo, así que seguimos con esos besos durante incontables minutos. Mi semen había empezado a ponerse acuoso y transparente en su pecho, y en el abrazo y las caricias, todo ese enchastre era compartido para ambos.

    -No quiero parecer una enferma, pero… te la puedo chupar? -Preguntó casi con vergüenza

    -Como poder, podés. Pero tené en cuenta que hace 5 minutos me vaciaste por segunda vez -Me atajé antes de tiempo, por si mi amigo no volvía a la acción

    -Soy una mujer moderna, no me asustan los desafíos y confío en mi capacidad -dijo guiñando un ojo y con los ojos llenos de picardía

    -Soy tuyo toda la noche, vivo o muerto

    Nos reímos de eso, nos besamos de nuevo, nos manoseamos, nos insinuamos… y sin embargo, mi amigo había decidido que era suficiente. Pero había que darle crédito a las palabras de Mica; era perseverante! Apoyó su cabeza en mi abdomen y se dedicó a jugar con la cabeza de mi verga, que en ese momento estaba en el reposo absoluto. Con su lengua acariciaba la parte de atrás del glande, jugando en círculos y atrapando las gotitas que se escurrían todavía de la punta. Mientras ella jugaba, yo puse mi mano en su cintura y la acariciaba. Tenía la piel muy suave, esa piel que las mujeres sólo tienen a los 19 años, y todavía tenía vestigios de humedad en ella.

    -Qué rica que está tu pija, todavía le sale juguito de adentro -dijo riéndose -Te jode que te la chupe cuando está así?

    -No mi am… No, Mica. No me jode, me gusta sentirte

    -Casi me decís mi amor! ja! Eso tampoco se lo vamos a contar a mamá!

    -No seas cruel, me volaste la cabeza y lo sabés

    -Y te la quiero volar de nuevo

    Había empezado a pajearme con una mano mientras me seguía pasando la lengua por la puntita. De repente, puso su otra mano en mis huevos y empezó a masajearlos. Noté que mi pija de a poco daba señales de vida. Uno de los dedos de su mano empezó a resbalarse hacia abajo, intentando alcanzar mi ano. No era una zona inexplorada para mi. Con Romi habíamos explorado esa sexualidad y era alucinante, a pesar de nunca haber alcanzado los orgasmos que proponían los videos que habíamos visto. Sin embargo, los masajes anales me ponían por lo general la pija como un bate de béisbol.

    Mica se metió la cabeza de mi pija en la boca y jugaba a pasarla de un lado a otro de la boca con la lengua, mientras sus dedos ya habían alcanzado mi ano definitivamente.

    -Te molesta? -Me preguntó, sacándose un segundo la pija de la boca

    -Nada de lo que hagas… me molesta… te dije que soy tuyo

    Siguió con su tarea y, teniendo luz verde para hacer lo que quiera, empezó a forzar la entrada de mi esfínter con su dedo índice. Yo no dije nada y redoblé la apuesta. Bajé la mano desde su cintura a su cola. Abrí sus nalgas con los dedos y con mi dedo medio empecé a acariciar su ano. A diferencia del mío, ella tenía su ano completamente lubricado por sus sucesivos orgasmos, que todavía escurrían su líquido espeso y lechoso. Sentí que eso también la animó, sacó su mano de mi zona anal por unos segundos y luego volvió, con los dedos completamente mojados en sus fluidos. Sin mucho preludio, me penetró con un dedo que ni siquiera tuvo que hacer mucho esfuerzo para entrar. Yo relajé mi esfínter y dejé que hiciera su juego, al tiempo que yo también forzaba la entrada de su puerta de atrás. Ella gimió con la boca llena de mi verga cuando le metí un dedo en su ano. Y casi sin darme cuenta, mi pija había cobrado vida dentro de la boca de Mica, aunque todavía sin estar completamente dura.

    Rítmicamente, ambos estimulábamos la cola del otro. Entonces mientras quise llevar uno de mis dedos a la concha de Mica, noté que ella ya se había encargado de eso. Estaba metiéndose dos dedos en la concha mientras yo le metía una falange en el culo. Al notar eso, empujé más mi dedo y lo metí por completo en su culo, sintiendo cómo sus propios dedos escarbaban el túnel vecino. Eso fue lo que terminó por ponerme la pija al palo otra vez.

    No me iba a quedar con las ganas y tomé la iniciativa. La agarré por la cadera y la subí de un empujón arriba mío, dejándola sentada encima de mi cara. Comenzamos a hacer un 69 perfecto, ella chupándome la pija, metiéndose toda la verga hasta la garganta, metiéndome un dedo en el culo, intentando llegar a la próstata, yo cogiéndole la concha con la lengua, con un pulgar en su ano y con el otro pulgar masajeándole el clítoris.

    No pasó mucho tiempo hasta sentir cómo su cuerpo volvía a temblar. Ahogada por mi verga en su garganta, Micaela gemía y jadeaba sin dejar de chupar como una profesional. Tenía toda la pija adentro, le llegaba a la garganta y seguía tratando de meterse más. Con su mano libre me clavó las uñas en mi muslo izquierdo, justo cuando yo metí lengua y casi mentón dentro de su vagina. Micaela explotó en un torbellino de líquidos que salían de la concha en forma descontrolada, me inundaban la boca, me hacían arder los ojos y me ahogaban. Era la versión sexual del submarino seco. Y me llevaba a un nivel de excitación sexual más allá de lo experimentado hasta ese momento. Mica subía y bajaba su cadera mientras acababa sin parecer tener fin. Aplastó su vulva contra mi boca, obligándome a tragar todo lo que de ella salía. El sabor metálico de su orgasmo y su líquido espeso corrían por mis labios, chorreaban a mi cuello, mi pelo… era la escena sexual más erótica que había tenido jamás.

    Mica se había quedado quieta, sintiendo todo un huracán de placer concentrado en su concha, su cola y su boca, con mi boca cubriendo toda su vulva, mi dedo pulgar completamente metido en su cola y mi pija a un lado de su boca, que yacía casi desarmada sobre mi panza. De a poco, sin pedirle nada, fui apuntando mi pija hacia sus labios nuevamente. Ella reaccionó.

    -Me vas a desmayar… -dijo con voz de cansancio y gata mimosa -Pero no me pierdo esto por nada del mundo.

    -No nos perdamos esto -le dije, mientras le sacaba el dedo de su pequeño ano. -Todo lo que pase, pasa hoy o no pasa.

    -Por favor, JC, qué más puede pasarnos hoy?… estoy muerta

    -Pero mirá cómo me dejaste la pija… Probemos más cosas

    -Qué querés probar? -me dijo mirándome de reojo

    -Vos confiá en mi, si no te gusta lo dejamos de lado

    -Confío en vos, sino esto no habría pasado nunca

    Tenía razón. Todo lo que estábamos haciendo era una cuestión de mutua confianza. La recosté a un lado, boca arriba, mientras me miraba curiosa. Agarré una almohada, la doblé al medio para hacerla más alta y se la coloqué debajo de la espalda.

    -Me estás acomodando de medida? -me sonrió con una expresión erótica y hermosa

    No le contesté. Tomé sus piernas, las subí a mis hombros y me coloqué detrás de ella, arrodillado, con la punta de la pija apuntando directo a su concha. Estiré mi mano a la mesa de luz, donde guardaba aceite para masajes que ocasionalmente usábamos con Romina. Mica seguía mirando y estaba expectante. Destapé el aceite y comencé a tirarlo sobre su sexo abierto, pubis, muslos, esfínter… con mis manos comencé a untarle el aceite y por toda la zona. Micaela cerró los ojos y se entregó al disfrute del masaje que estaba recibiendo. Coloqué el dedo pulgar derecho sobre su clítoris y empecé a presionarlo, con movimientos ascendentes y descendentes, mientras usaba la mano izquierda para acariciarla entera. Vi que sus pezones se habían vuelto a poner muy duros y grandes, y su boca ya estaba entreabierta, gimiendo en voz muy baja.

    Agarré mi verga, la aceité de punta a base, y empecé a puertear su vulva sin dejar de masajear el clítoris de la pendeja. Noté que ella empujaba su cadera para poder meterse la pija adentro, pero mis planes pasaban por otro lado. Con apenas la puntita de la cabeza metida en la concha de Mica y mi dedo ensañado con su clítoris, Micaela empezaba a volver a jadear más profundamente. Se llevó sus manos a las tetas. Sus dedos se adueñaron de sus pezones y se los pellizcaba con delicadeza y fuerza.

    -Metemela, JC, no aguanto más, me estás quemando la cabeza.

    -Te la voy a meter, pero cuando y donde yo quiera.

    Mica abrió los ojos. Se quedó quieta y yo aproveché su confusión para acelerar el masaje en su botoncito. Con mi mano izquierda me agarré la verga y la apunté directamente a su esfínter.

    -No, JC, por favor, no. Me va a doler, por favor… -Me miraba con ojos implorantes.

    -Dejame, teneme confianza

    -Es que con Manu lo intenté y me dolió mucho… hagamos otra cosa…

    -Vos decime si te molesta y yo paro

    -Me prometés?

    -Con el alma

    -Ok, probemos…

    -Algo hasta ahora no te gustó?

    -Me estás explotando la cabeza, JC, y se me nota, perdí la cuenta de los orgasmos que tuve.

    -Entonces vamos…

    Le apoyé la punta de la pija en el culo y empecé a empujar sin intención de entrar, más que nada para que su ano empiece a dilatar. Mi pulgar nunca había dejado de presionar su clítoris y eso hacía que Mica pierda un poco el foco de la situación. Frotaba mi glande contra su culito rosado y eso me estaba volviendo loco. Mica había agarrado la almohada con ambas manos sobre su pecho, en clara intención de aguantar el dolor.

    De a poco, muy despacio, fui empujando mi verga contra su culo, que entre el aceite y sus jugos ya estaba más que lubricado. Estaba tensa y su ano no se relajaba lo suficiente. Le dije que se concentrara en su placer, mientras llevaba una de sus manos a su vagina. Mica hizo caso y empezó a tocarse despacio. Con ambas manos libres, pude alternar jugando en su cola un poco con mis dedos y un poco con mi pija. De a poco, el esfínter de Mica iba poniéndose más elástico, más carnoso. El ritmo con el que Micaela se masturbaba había empezado a crecer. Aproveché para dar el primer paso. Apunté mi cañón a su puerta trasera y empujé apenas. Grande fue la sorpresa cuando de repente el culo de Mica me tragó la cabeza de la pija. No puso casi resistencia y recibió mi verga como una experta en el tema. Mica dio un grito corto, y apretó los dientes. Me quedé quieto, a la espera de una negativa inmediata. Pero a continuación del grito ahogado, Mica dejó escapar un suspiro largo y progresivo, de alivio casi.

    -Salgo?

    -No, esperá, no te vayas…

    Mica llevó otra mano a su vulva y metió en ella dos dedos propios, sin dejar de frotarse el clítoris. Miré su cara, estaba con los ojos apretados, sintiendo dolor y placer en su justa medida.

    Embestí un poco, haciendo que la pija le entre dos centímetros más. Ella acompañó empujando la mano y metiendo el resto de la longitud de los dedos que faltaba para tenerlos completamente dentro de sí misma. Saqué apenas un poco la pija, dejando siempre la cabeza adentro, y volví a meter algunos centímetros más. Y así, con ese trabajo de paciencia y placer, en unos minutos pude pegar mi panza a su vientre, dejándole absolutamente toda la pija dentro de la cola, y haciendo que la pendeja balbucee cosas inentendibles, completamente fuera de sí.

    Me abalancé sobre ella y la besé, estaba en un estado como si estuviera muy borracha o drogada. Babeaba al besarme, al tiempo que con una mano retorcía su pezón izquierdo. Mica me abrazó con las pienas, empujándome lo más adentro de ella que pudiera, besándome como una poseída. Me incorporé, abrí sus piernas lo más que pude y la postal fue una imagen imborrable: Yo metiéndole la pija en la cola a una pendeja de 19 años, completamente abierta de piernas, con 4 dedos metidos en la concha, que a esta altura chorreaba líquidos de todo tipo, y con los ojos volteados hacia atrás, en blanco. Me hamaqué frenético en su culo sintiendo cómo ella taladraba con sus dedos esa concha que no paraba de chorrearle. Mica gritaba en un pseudo lenguaje que había inventado en esa locura, pedía más pija, más fuerza.

    -senaaamee el culooo de lesheee… por fav… ooor… -Era una gloria escucharla pedírmelo

    -Quedate así, no te muevas, estoy a punto de acabar… y no quiero todavía…

    -me vas a … matar… me vas a… ahh… hacer acabar por la… colaaa… ahhhh… ahhh!!! ayyyaaah!!!

    Micaela se retorció y un chorro de líquido volvió a estallar de su sexo. Literalmente, me bañó en su orgasmo, sentía cómo sus flujos femeninos se estrellaban contra mi pecho y mi cara, mientras ella recibía todo el largo de mi verga en su cola y parecía estar convulsionando en la forma que se movía. Pude ver el contorno de mi poronga haciendo un bulto en el vientre de Mica cada vez que empujaba hacia adentro. No tuve más control de mi cabeza, ni mucho menos de mi pija, que después de 3 o 4 estocadas más, reventó en el recto de Micaela llenándole el último agujero que le quedaba por llenar de leche. Sentía cada bombazo dentro de ella como si se me fuera a desgarrar la pija y quedar para siempre en ese agujero caliente y húmedo. Chorro tras chorro sentía que las fuerzas me abandonaban y me dejaba llevar… Micaela mantenía los ojos clavados en mí, semicerrados, en éxtasis total… Sintiendo cómo se iban llenando sus intestinos con mi semen y cómo yo quería meter hasta los huevos en ese culo.

    Quedamos ambos inmóviles, sin fuerza para hacer nada. De a poco, mi pija fue muriendo en el interior de Mica, que no quería que le sacara nunca la pija del orto. Con los minutos, retiré mi verga en semierección de su ano y Mica suspiró, con gesto alegre, satisfecho

    -Esto que pasó… no sé si pueda cumplir eso de que no se va a repetir -Me dijo en voz baja, susurrando

    -No se va a volver a repetir, Mica. No podemos arriesgarnos a jugar con esto. Está tu mamá de por medio

    -Ya sé… la re cagaste! jajaja

    -No seas mala, sabés que todo pasó porque tenía que pasar y fue solo esta vez

    -Me abrazás?

    -Claro, vení, quedate acá

    Y nos dormimos abrazados, ella delante mío, yo a su espalda, con una mano en sus tetas.

    A la mañana siguiente, Mica ya no estaba conmigo al despertar. La habitación era un desastre, todo olía a sexo y había fluidos corporales por donde mirara. Me duché y me puse a ordenar todo. Camino al lavadero me crucé con Mica (que llevaba su pelo atado con una colita, como de costumbre) que muy suelta me dijo «hola, JC, buen día» y me dio un beso. En mi cabeza sonó un «eso es todo lo que me vas a decir después de lo que vivimos anoche???» pero no le dije nada, obvio. Por la tarde entrenamos, ayudé a las gemelas con tareas de matemáticas y miramos películas. Juana se quedó dormida, y yo estuve muy cerca. Mica sin embargo estaba concentrada en terminarse el pochoclo. Cuando intentamos agarrar pochoclos al mismo tiempo, noté que Mica se había cortado las uñas. Ya no tenía esas uñas filosas que me había hundido en la espalda y el muslo. De sólo pensarlo se me ponía gomosa la pija. Le empecé a hacer caricias en el pelo mientras miraba la película. Me miró, nos miramos, y me desconcertó. En sus ojos había algo raro.

    -Qué onda? -Me dijo

    -Qué onda qué? te hago un mimo en la cabeza. Está prohibido?

    -No, sólo que me resulta raro, nunca fuiste muy cariñoso. Y me resulta raro que después de lo de ayer lo seas. No estás enojado, seguro?

    -No, cómo voy a estar enojado? -le dije, incrédulo -A vos qué te pasó con eso?

    -Nada, bah, qué se yo… onda que sos el novio de mi vieja y… estabas ahí en pija! jaja

    -El problema fue el después…

    -El después?

    En ese momento se escuchó la llave de la puerta de calle, entró Daniela y la conversación se cortó

    Eso noche Romina volvió a casa y cenamos todos juntos. Las miradas entre Mica y yo no mostraban en absoluto nada de lo que había pasado hacía horas. Sin embargo, Juana me miraba raro. Mi cara de poco dormir y cansancio me delataba, si, pero culpaba a una mala noche de insomnio solamente.

    -Menos mal que anoche me pasaste por whatsapp el número de la farmacia de turno -le dijo Romina a su hija

    -Si mamá, igual, la próxima fijate la hora, eran las 3 y media de la mañana cuando me sonó el celular.

    -Bueno, tu abuela se descompuso a esa hora. No lo elegí yo para molestarte eh…

    Evidentemente Romina le había pedido a Juana el celular de la enfermera de la farmacia para tomarle la presión a su madre.

    -Si ma, te estoy cargando. No pasa nada.

    -Siempre lo mismo con vos, Micaela!

    Confusión fuerte al instante. El mundo se frenó un momento.

    -Ella es Juana -Le dije a Romina, sabiendo que nada estaba bien.

    -No, amor, me corregís cuál es mi hija… -dijo socarronamente Romina -Ella es Mica! Mica tiene los ojos más redondos y para que las reconozcas mejor, Mica se come las uñas, siempre las va a tener mochas. Así que no, no es Juana, es Mica

    En mi cabeza me retumbó el nombre mil veces. Las uñas largas, las miradas cómplices, la confusión de Mica esa tarde… La noche anterior había tenido sexo con Juana!! Después de que Mica me viera desnudo!!

    Las gemelas habían hablado entre ellas y Mica le había contado a Juana que me había visto desnudo y excitado esa tarde. Sin darse cuenta, a Juana le excitó tanto la idea que terminó entrando a mi habitación esa noche y pasando conmigo la mejor noche de mi vida. No le importó que la confunda con su hermana, y de hecho creo que siempre fue su intención.

    Romina jamás se enteró de esto y lo único que le llamó la atención fue que esa noche, cuando finalmente terminó lo que había empezado aquella mañana lejana en mis recuerdos, la cantidad de semen que obtuvo no fue tanta como esperaba.

    -Quizás ese juego cause el efecto contrario -le dije, pensando firmemente en las 3 veces que había volcado mi semen en Juana.

    -Ah si? veremos la próxima -dijo amenazante y risueña

    Pero eso era parte del futuro. Y yo preferí siempre volver a esa madrugada con la chica de 19 años, aunque haya sido la única que tuvimos.

    FIN

  • El presumir perjudicó al conquistador y a la conquistada (II

    El presumir perjudicó al conquistador y a la conquistada (II

    Poco después de llegar a la casa de mi hermana sonó el teléfono. Era mi cuñada Clara.

    – «Hola Clara.”

    – “Qué le hiciste a mi hermana?”

    – “Saludarla cuando me despedí.”

    – “La tengo a mi lado y dice que vos le hiciste algo en la vagina y el ano, y que por eso le arden.”

    – “Espero ser claro. Alrededor de las siete de la tarde, nos despedimos normalmente cuando salí para acá, y desde ese momento no la volví a ver. Si tiene un problema de salud debieras de haberla llevado al médico antes de perder el tiempo con el teléfono. Ahora contéstame, por qué razón le haría algo así?”

    – “No sé, pero tendrías que venir.”

    – “He comido y bebido en abundancia como para manejar en ruta. Mañana iré.”

    Sábado a media mañana ya estaba en casa.

    – “A ver, contame por qué pretendía tu hermana que venga anoche.”

    – “Vos lo sabés bien.”

    – “No tengo idea de qué me estás hablando.”

    – “Anoche entraste y me pusiste no sé qué líquido en la vagina y en el recto que al rato me quemaban.”

    – “Pero a qué hora fue eso?”

    -“Como a las once.”

    – “Así que a las once entré, te saludé pidiéndote que te levantaras la pollera, sacaras la bombacha, acostaras y te abrieras adelante y atrás para verter un líquido. Y como es algo tan normal no preguntaste, no te quejaste y me habrás saludado cuando nuevamente me fui.”

    – “No, me ataste, desnudaste y contra mi voluntad me echaste eso.”

    – “Lo que decís es rarísimo, pero más extraño es que te haya hecho eso sin razón alguna. Simplemente me dio un ataque de sadismo y me descargué con vos, y todo porque se me dio la gana.”

    – “Es que yo estaba con Alberto.”

    – “De qué Alberto me hablás.”

    – “Del que juega al paddle con vos.”

    – “Y qué hacía acá Alberto a las once de la noche de ayer si yo te lo presenté anteayer al mediodía.”

    – “Me lo presentó Luis un mes atrás y me sedujo.”

    – “Así que vos eras la putita insaciable de sus comentarios después de cada partido, siendo cómplices tu hermana y su marido. Decime, y a este donjuán le pasó algo?”

    – “Lo mismo que a mí.”

    – “Entonces, mientras los ataba y desnudaba, debo haber estado desencajado de la bronca, insultándolos, pegándoles, reclamándote a vos la infidelidad y a él la deslealtad.”

    – “Estabas encapuchado, con antejos oscuros y no hablaste.”

    – “Ya, pónganse de acuerdo y hagan la denuncia policial.”

    – “No quiero saber nada de él. Perdoname, te juro que nunca más va a suceder. No me eches a la calle. Te voy a obedecer en todo.”

    – “De que no va a suceder nunca más podés estar segura. El lunes presento la solicitud de divorcio. Después veré que hago con vos hasta que salga la sentencia. Por lo pronto trasladate a tu nuevo dormitorio, que es la habitación de servicio.”

    El fin de semana lo pasé pensando mis próximos pasos. Llegado el lunes hablé con un abogado conocido por el trámite de divorcio y, en el trabajo, después de barajar varias opciones, decidí que me vengaría haciéndola trabajar de puta en mi beneficio. Un problema era carecer de conocimiento y experiencia en el asunto, pues pretendía ser yo quien tratara con el cliente y cobrara.

    Esa tarde recordé que mi empleado de confianza tenía un trabajo de miércoles a sábados en horario nocturno. Se desempeñaba como encargado de una residencia de alto nivel que funcionaba como restaurant y alojamiento. Para estar en la lista de clientes se requería recomendación y se accedía por reserva previa.

    Los concurrentes tenían confidencialidad asegurada y una regla estricta indicaba que nadie conocía a nadie.

    La comida se servía en el comedor o en alguna de las amplias y cómodas habitaciones, según deseo del cliente.

    Pedro, llevaba bastante tiempo trabajando conmigo, y aunque la otra tarea le reportaba un ingreso mayor, a mi lado hacía los aportes para la seguridad social. Como no quería desprenderme de él acomodamos los horarios para que la carga fuera más liviana. Este hombre, un poco mayor que yo, solterón, fiel y de pocas palabras, fue mi instructor durante el tiempo que le llevo a Sara reponerse de la irritación vaginal y anal.

    Uno de esos días le pedí que se fijara si alguno de los clientes era conocido mío para pedirle su recomendación. Su respuesta fue que le diera un poco de tiempo. Sin embargo a los diez minutos estuvo de regreso diciéndome que ya estaba aceptado. Ante mi gesto de interrogación su respuesta fue:

    – “Lo recomendé yo señor.”

    – “Te agradezco mucho.”

    Una semana después, con Sara ya repuesta, pedí una reserva sólo para el comedor. Pretendía exhibirla y, por si había demanda, llevaba tarjetas donde yo figuraba como representante y la manera de ponerse en contacto. La idea era concertar citas solo para viernes y sábado en la noche, ya que de lunes a viernes ella tenía su compromiso laboral. El límite máximo eran las nueve de la mañana del día siguiente y el domingo libre para descanso.

    Un sábado, dos semanas después del comienzo, a Sara la venían a buscar alrededor de las veintiuna treinta, y yo, sin compromiso, pensaba ver alguna película cuando sonó el teléfono. Era el cliente, diciéndome que un imprevisto lo iba a demorar, por lo cual me pedía de ser posible, que fuera con ella a la residencia a comer. De aceptar, él se encargaría de avisar el cambio y seguramente llegaría después de cena. Naturalmente me transferiría una gratificación por la molestia ocasionada. Sin contratiempos hicimos lo acordado y cuando llegó los dejé solos. Iba llegando a la salida cuando un mozo me alcanzó.

    – “Señor, por favor no se vaya, la señora Sofía lo invita a su mesa a tomar algo.”

    – “Encantado, pero necesito de vos dos cosas, que me digas quién es la señora Sofía y luego que me guíes hacia donde está.”

    – “Ella es la dueña de todo esto, sígame por favor.”

    La mujer que me esperaba era llamativamente linda. Poseedora de una belleza sin afectación, mostraba un leve toque de color en los párpados. Un vestido suelto muy elegante, con un escote poco revelador constituía su atuendo. Estimé que andaría por la treintena.

    – “Buenas noches señora, gracias por la invitación.”

    – “Puede que sea más grande que vos, pero poco. Te molestaría que nos tuteáramos?”

    – “Para nada.”

    – “Qué deseás servirte.”

    – “Una gaseosa cola con un chorrito de algún bitter.”

    – “Seguramente te estarás preguntando el por qué de esta invitación. Lo que te voy a decir, te ruego no lo tomes a mal, pues lejos de mí querer incomodarte. Quería conocer al bicho raro que consiguió ser recomendado por Pedro. Como sé que él no me lo va a decir, ni intenté preguntarle. Por favor, resolvé la incógnita que hace un mes taladra mi cabeza.”

    – “Fue relativamente sencillo. Un día le pregunté si sabía de algún cliente que fuera conocido mío para pedirle la recomendación. Me requirió un poco de tiempo, pero a los pocos minutos volvió diciéndome que había sido aceptado.”

    – “Ahora entiendo, vos sos el dueño del negocio donde él trabaja de día. Es decir otro bicho raro.”

    Sus palabras me causaron gracia, por lo cual mi sonrisa fue amplia.

    – “Por qué te sonreís?”

    – “Llevamos pocos minutos de conocernos y ya me has catalogado y etiquetado.”

    – “Es verdad acerca de los minutos, pero llevo varias noches observándote. Y sí, estoy convencida que sos un bicho raro.”

    – “Por favor, contame el por qué llegaste a esa conclusión.”

    – “Antes una pregunta, la vestimenta y arreglo de la mujer que te acompaña, es cosa tuya o de ella?

    – “Mía.”

    – “Tendrías que tener un doctorado en marketing. Fijate alrededor, hay entre diez y doce parejas. Sería raro encontrar un hombre que, por vestimenta, adornos, color de pelo y gestualidad no esté tratando de mostrar riqueza, poder y sensualidad. Veamos ahora las mujeres. Se han arreglado para la ocasión, pues ropa, maquillaje, adornos, peinado, y seguramente lencería, son para atraer. Ahora, tanto machos como hembras, quieren resultar atractivos no solo a quien los acompaña sino a todos los presentes, sean o no conocidos, ya que constituyen eventuales futuras parejas. Y en medio de este ambiente, donde reina la trampa, la superficialidad y la ostentación aparecen ustedes. Al lado de ellos vos parecés un mendigo, y al lado de ellas tu acompañante semeja una adolescente temerosa ante la próxima desfloración. Va a tener abundante clientela, por lo menos al comienzo.”

    – “Eso espero.”

    – “El hecho de compartir la confianza de alguien como Pedro creo que es suficiente carta de presentación para ambos. Por eso me animo a preguntarte algo personal. Después de verte y charlar con vos me atrevo a afirmar que ser proxeneta no te va. Cómo llegaste a esto?”

    – “Va esa parte de mi historia.”

    Y se la conté. Después de un rato más de agradable conversación nos despedimos, intercambiando teléfonos.

    Tiempo después. Domingo, nueve y media de la mañana, y Sara no ha regresado. Desde que inicié mi actividad de proxenetismo es la primera vez que sucede. Anoche salió con un cliente que repitió con cierta frecuencia. Naturalmente la llamé.

    – “Estás retrasada una hora. Algún problema?”

    – “No, no tengo problemas, simplemente no voy a volver. Eduardo me ha pedido que me quede a vivir en este departamento que es suyo y no siga con la actividad que me imponés. Me quiere solo para él.”

    – “Pienso que no te conviene.”

    – “A vos no te conviene, porque te va a entrar menos dinero. Esta tarde voy a buscar mis cosas.”

    – “Tenés razón en lo del dinero, de todos modos lo importante es avanzar hacia la felicidad. Si consideras que ese es un buen camino, adelante. Suerte.”

    Ese lunes lo primero que hice fue cambiar las cerraduras.

    Días después, ordenando mis papeles en el escritorio, encontré algo que tenía en el olvido. Era la cédula parcelaria de la casa de mi cuñada. Algunos años atrás ellos, en dificultades económicas, tenían deudas impagas y, ante el temor del embargo de su vivienda, habían simulado una venta, siendo yo el adquirente. Tenía en mis manos el arma para vengarme de los dos que habían preparado el terreno donde luego crecerían mis cuernos. Tomé el teléfono y llamé.

    – «Hola Clara. Acabo de encontrar el documento que me acredita como propietario de tu casa. Te la voy a devolver después que trabajés para mí un mes como puta. Llamame cuando tengas la respuesta. Chau.”

    Como era previsible aceptó y ya con algo de experiencia en el tema durante cuatro fines de semana la hice rendir al máximo. Acerca de su desempeño fue ilustrativa la conversación con un cliente.

    – “Me gustaría concertar un encuentro con Sara.”

    – “Lo lamento pero ya no trabaja conmigo. Clara está disponible.”

    – “Qué lástima, Clara no es mala pero no se acerca a lo que es Sara. Esa mujercita coge poniendo en juego hasta el corazón.”

    En una de las idas a la residencia para presentarla a Clara, me acerqué a saludar a Sofía e invitarla.

    – “Sería un gusto si el próximo domingo venís a casa a comer un asado. Entre las once, que enciendo el fuego, y las trece, que sirvo, a la hora que quieras.”

    – “Me estás queriendo levantar?”

    – “Sí y no.”

    “Esto ya no me gusta, me estas envolviendo.”

    – “Si estás en presencia de una mujer físicamente deseable, trato agradable, muy femenina, sin compromisos que la aten, y no la querés levantar, tenés que ir al médico. Probablemente estas padeciendo un desequilibrio fisiológico o psíquico, y yo funciono dentro de la normalidad, así que sí, te quiero levantar. Respecto de la invitación al asado, es solo una muestra de agradecimiento por las atenciones que tenés conmigo. Van a estar dos matrimonios más. De todos modos si el asado contribuye a que te levante, mejor.”

    – “Tengo razón cuando te considero raro, son poquísimos los hombres que le anuncian a una mujer que se la quieren levantar, por el peligro que refuerce sus defensas.”

    – “El que avisa no traiciona, voy a hacer lo que esté a mi alcance para llevarte a la cama y hacerte gozar hasta que me pidas por favor que pare.”

    – “Y si te diera algo de pie qué harías?”

    – “En primer lugar buscaría saber si estás receptiva, y para ello pasaría el dorso de la mano sobre tus pechos, luego abriendo índice y medio aprisionaría tus pezones, viendo si se endurecen y marcan su presencia debajo de la ropa, así como ahora.”

    – “Basta, es suficiente, estás intentando calentarme y yo debo trabajar. Te veo el domingo.”

    – “Sin corpiño, por favor.”

    – “Ni loca.”

    A las once y media del día previsto ella estaba en casa. El beso en la mejilla fue protocolar, en cambio el abrazo reveló el afecto subyacente y la ausencia de sujetador. La vista nada me dijo, pues encima del vestido liviano y suelto llevaba un saquito que tapaba. Naturalmente no me di por enterado.

    Después de recorrer la casa para conocerla se ofreció para preparar una ensalada. Mientras estaba en esa tarea, de frente a la mesada, me aproximé por atrás hasta casi tocarla.

    – “Te agradezco que hayas accedido a mi pedido.”

    – “Cual.”

    – “Venir sin corpiño.”

    – “Todavía no me explico cómo pude darte en el gusto.”

    – “Porque tuviste compasión viéndome inerme ante tu belleza.”

    – “Y te aprovechaste de mi debilidad.”

    – “Es verdad, soy un aprovechado, por eso ahora te acaricio las tetas y pellizco los pezones que se han erguido.”

    – “Y encima no tenés vergüenza de reconocerlo.”

    – “No es vergonzoso reconocer mi incapacidad para defenderme de tu hermosura. Por eso mis labios aprisionan tu lengua, y mientras una mano estruja tus pechos, la otra recorre la hendidura entre los labios de tu conchita.”

    – “Malo, me sacaste la bombacha.”

    – “Sí tesoro, no permitía que mi pija recorriera libremente el camino que va del ano al clítoris, favorecida por el abundante flujo que estás secretando.”

    – “Ahora me echás la culpa de estar colaborando.”

    – “No querida, simplemente el cuerpo está obrando al margen de la voluntad. Si la sensibilidad hiciera caso a la conciencia no te hubieras dado vuelta, poniendo los brazos alrededor de mi cuello para prolongar el beso.”

    – “Sos perverso, tu miembro cruzó el orificio de mi vulva.”

    – “Sí preciosa, mi maldad se valió de un descuido, y el tronco, en este momento, disfruta la acariciadora presión intermitente de tus músculos vaginales.”

    – “Ya me corrí dos veces, por favor, no doy más.”

    – “Espero que haya una tercera mientras mi pija palpita arrojando semen en el fondo de tu conchita.”

    Mientras recuperábamos el aliento en el sillón, ella sentada en mi falda, continuó su defensa.

    – “Me envolviste con tu palabrerío.”

    – “Tenés razón hermosa, cuando se vayan las dos parejas te lo haré más extenso, sobre la cama y en completo silencio.”

    La respuesta fue darme un beso y acurrucar su cabeza en mi hombro. Nuestra relación está afianzándose sin prisa pero sin pausa. Una estabilidad bien cimentada suele ser fruto de la natural maduración en el tiempo.

    Clara ha terminado su mes de trabajo conmigo y, fiel a mi palabra, devolví la casa a nombre de ella. Al malparido traidor que se lo lleve el diablo.

    Han pasado algo más de seis meses desde que Sara se fue a vivir a la sombra de un cliente. Como era esperable en una relación sin la mínima base de afectividad, el tiempo corrió al galope. La novedad dio paso a la rutina, que cedió su lugar al tedio, el cual fue sustituido por el hastío, que derivó en rechazo y terminó con despedida y reemplazo. Hoy es un número más de la estadística, agrupado en el sector “personas en situación de calle”.

  • Tan sólo es un capricho

    Tan sólo es un capricho

    Asistimos con mi esposa a una reunión corporativa en un acreditado hotel de la ciudad, convocados para celebrar la despedida del año, evento que generalmente realizan las empresas como reconocimiento a sus empleados. Aunque yo no hacía parte de tal empresa, fuimos invitados por ser aliados en sus operaciones y recibir reconocimiento por los logros alcanzados en el año.

    Como todo evento de este tipo, hay una parte formal al inicio de la actividad donde se pronuncian palabras de agradecimiento y se entregan reconocimientos a las personas destacadas por su labor a través del año. Después, pasado el formalismo y protocolo, la reunión se ameniza con una orquesta y todos los participantes se relajan y disfrutan a sus anchas del momento.

    Nosotros fuimos ubicados muy cerca de la pista de baile, en compañía de miembros de aquella empresa, porque la idea era que conociéramos a su personal y que ellos procuraran hacer de esa actividad una velada agradable para nosotros, los invitados. Éramos ocho personas en aquella mesa, tres parejas y dos hombres solos. Al empezar a sonar la música, todos salimos a bailar, menos aquellos dos señores, bastante jóvenes, que designaron para hacernos compañía.

    Pasadas dos tandas de baile, consideré que aquellos jóvenes se estaban aburriendo viéndonos bailar, así que les insinué que, si lo deseaban, podían bailar con mi esposa, a no ser, dije a manera de chiste, que a ella le doliera la cabeza, apunte que fue celebrado por los demás asistentes. Otra pareja se manifestó en igual sentido, así que aquellos muchachos se atrevieron a invitar a bailar a nuestras esposas. Ellas no los rechazaron y tanto yo, como el otro marido, nos quedamos viendo cómo nuestras esposas bailaban con aquellos jóvenes, que, dado lo observado, les agradaban, pues habían resultado buenos bailarines y parecían estar a gusto con ellos.

    Se veía que había empatía entre ellos y nuestras mujeres, así que duraron en la pista todo el tiempo que la música estuvo sonando. Y, después de bailar dos tandas seguidas, regresaron a la mesa. Cómo que les iba gustando la cosa, dije yo, cuando recién se sentaron ellas. Hay que aprovechar, respondió una de ellas. A ustedes les gusta quedarse hablando de trabajo, entonces nosotras aprovechamos y nos tiramos una canita al aire. ¿No es cierto, Laura? Claro, respondió mi esposa. Esto no se ve todos los días. Bueno, muchachos, dije yo, entonces alístense, porque estas señoras no los van a dejar descansar en toda la noche.

    La siguiente tanda nos quedamos charlando y bebiendo unos tragos, dándoles a todos un respiro. Iniciada la otra tanda yo, por lo menos, saqué a bailar a mi esposa, y vi que la otra señora salía de nuevo a bailar con uno de los muchachos. ¿Y es que bailan super?, pregunté a mi esposa mientras bailábamos al lado de la otra pareja. Si, lo hacen bien, dijo ella. Tienen ritmo, son respetuosos y charlan agradable. Pues la doña, mencioné mirando a la otra señora, parece que se adueñó de su muchacho. Sí, parece, musitó mi esposa.

    No había acabado la tanda de música y regresamos a la mesa. El otro muchacho, que allí estaba, debió hacer algún gesto o seña que yo no percibí, porque mi mujer ni siquiera se sentó, sino que espero al joven que recién se levantaba y volvieron a la pista de baile. De modo que, al acomodarme allí, los vi que se alejaban hacia la pista y empezaban a bailar. La música estaba bastante animada, así que justifiqué el que mi esposa decidiera seguir en la actividad, pues la verdad yo no estaba tan entusiasmado y requería algo de descanso.

    Y así fue. Me dieron bastante descanso, porque volvieron a la mesa pasadas tres largas tandas de baile, justo antes de que empezaran a servir la comida. El tiempo había pasado volando y yo me había entretenido charlando con varios colegas y conocidos mientras mi esposa bailaba a sus anchas. Aquel hombre estaba bastante atento con mi mujer, y yo vi aquello con buenos ojos pues se trataba de los anfitriones y querían causarnos, decía yo, buena impresión. Así que continuamos compartiendo durante la cena, charlando de todo un poco y tratando de evitar los temas de trabajo. Supimos que aquel hombre era casado, venía de otra ciudad y estaba allí para ser reconocido por su labor. Decía estar a gusto en nuestra compañía y estar disfrutando la velada.

    Terminada la comida, la música bailable empezó a sonar de nuevo. Yo tomé la iniciativa y la saque a bailar, no vaya a ser que aquel se me adelante, pensé. Y estuvimos bailando toda la tanda, con ritmos muy movidos, salsa y merengue principalmente, de manera que al pasar el tiempo el sudor ya evidenciaba el agradable esfuerzo que aquello significaba. Aguanté toda la tanda, por fortuna y volvimos a la mesa para reposar un rato. La otra tanda estuvimos sentados, descansando, y viendo como la mayor parte del auditorio disfrutaba de la velada.

    Cuando empezó una nueva tanda, nuestro anfitrión se adelantó y convidó a bailar a mi esposa que, sin reparo alguno, aceptó y salió nuevamente a bailar con él. Al parecer nuestros anfitriones habían sido del gusto de nuestras esposas, pues me vi charlando con el marido de la otra señora y nos dimos cuenta que la otra pareja, con la que poco habíamos hablado, ya no estaba en la mesa, e incluso la habíamos extrañado durante la comida. Concluimos que quizá ya se habían ido, y nos pareció un tanto curioso dado que la fiesta estaba en su furor. Quizá se fueron a otra mesa, porque tal vez no simpatizaron con nosotros y deben tener su grupo de amigos por allí, comenté.

    La música se tornó lenta y romántica, y nuestras parejas seguían en la pista de baile, así que pusimos atención para verlas. La música, la hora, el ritmo, que se yo, sugería una cercanía de cuerpos durante el baile y, claro, eso mismo estábamos observando. Ambas parejas bailaban muy estrechamente, cual tortolitos en cortejo. Incluso comentamos con el colega que, al paso que iban aquellas, refiriéndonos a nuestras esposas, iban a terminar encamados con ellos, pero lejos de imaginar cualquier cosa seguimos hablando y observando lo que pasaba. Nada fuera de lo normal, sólo que bailaban muy apretujados. Eso era todo.

    Eran casi las dos de la mañana cuando ellos volvieron a la mesa. Mi esposa no llegó a sentarse, y dijo ir al baño a arreglarse un poco. El hombre si, haciéndole una seña de despedida a ella, se sentó a mi lado. Me gusta su señora, me dijo. Le miré un tanto sorprendido y me reí, pero un tanto curioso apunté; gracias, lo considero un cumplido. Pero, ¿a qué viene eso?, pregunté. No, simplemente que me ha gustado bailar con ella, lo hace muy bien y me ha pasado por la cabeza si se mueve igual en la cama, respondió. Volví a reírme impulsivamente y, un tanto serio, pregunté, ¿y es que se quiere acostar con ella? Pues, si ustedes me dan lo oportunidad, sí, contestó.

    ¿De qué han hablado ustedes dos mientras bailaban, se puede saber?, pregunté. Pues nada especial. Lo de siempre entre un hombre y una mujer; usted sabe. Yo, no voy a negarlo, estuve coqueteándole a su señora y me dio la impresión de que ella me correspondía. Le dije que me calentaba mucho su manera de bailar y le hice sentir que me tenía bastante arrecho, pero, quiero decirle a usted, sin faltarle al respeto. Fui directo con ella y le dije que quería saber si ella se movía tan bien en la cama como lo hacía en la pista de baile. Y ella me respondió que eso lo tendría que comprobar yo personalmente. Así que le respondí que me gustaría. Entendí eso como un sí.

    Después le pregunté que cómo íbamos a hacer. Entonces ella me dijo que todo era posible, sin tantas vueltas, pero que tendríamos que contar con usted, porque ella no hacía nada sin su consentimiento. Y por eso es que me he atrevido a hablarle como lo estoy haciendo. Pero, dije, ella no me ha dicho nada. Pues ella me pidió que lo hiciera yo. Y usted, pregunté, ¿no le da temor mi posible reacción? Ella me dijo, respondió, que ya han enfrentado situaciones como estas otras veces, y que puede que se dé, como puede que no se dé. Así que quien no arriesga un huevo no saca un pollo. Espero que no se moleste. No, no me molesta, contesté. Es solo que no teníamos eso en mente esta noche.

    ¿Sabe la hora que es?, dije. Sí, respondió, quizá no nos demoremos mucho. ¿Y a dónde vamos a ir a esta hora? Yo tengo habitación en el hotel, indicó. Recuerde que estoy de paso y estoy alojado aquí mismo. Muy conveniente, apunté. Es solo una coincidencia, replicó él. Si se puede, bien. Y si no, también. Bueno, esperemos que ella venga y decidimos qué hacer, repuse.

    Al rato llegó ella, bastante arreglada. Cero kilómetros y bastante apetecible a la vista. Bueno, ya Oscar, que era su nombre, me dijo el plan. ¿Estás de acuerdo? No sé de qué plan me hablas, contestó. Me quedé mirándolo a él, quien de inmediato intervino y dijo, pues que, si están de acuerdo, podemos subir a mi habitación, pues estoy alojado aquí, y compartimos un ratico. Me parece bien, dijo ella, si no te importa. Pues que me va a importar, si ya tenían todo arreglado. No es así, dijo ella, tú ya sabes cómo funciona esto. Si estás de acuerdo, lo hacemos. Y si no, no ha pasado nada, nos vamos a casa.

    Bueno, pero es que hay algo que no me ha quedado claro, dije. ¿Tú estás de acuerdo?, le pregunté a ella en frente de Oscar. Si, dijo ella, me gustaría. Bueno, joven, apunté, entonces le tocó sacar la casta y mostrar de qué está hecho. No se preocupe, dijo él, trataré de no defraudar. Nos despedimos de nuestros compañeros de mesa, que también estaban en plan de irse, y me quedó la duda de saber si el otro hombre también estaba en el mismo plan que Oscar. Y llegué a fantasear con la idea de encontrarnos todos, subiendo en grupo a las habitaciones. Pero no fue así…

    Le seguimos a él por el pasillo hasta el ascensor. Y fue un tanto extraña la situación pues el recorrido y la espera se hizo en total silencio, porque nadie hablaba. Entramos al ascensor y nos dirigimos al piso doce. Llegados allí, nos condujeron a la habitación 1208. Oscar abrió la puerta y nos invitó a seguir. Ella entró primero, yo después y por último su corneador de turno, quien cerró la puerta tras de sí. La habitación era amplia, con una cama doble grande y unos ventanales, con las cortinas abiertas, desde donde se tenía una vista magnífica de la ciudad. Pensé que él iba a cerrar las cortinas o apagar algunas luces, pero dejó todo como estaba. Yo pasé de largo a lado de la cama y me acomodé en un sillón, a un lado de la ventana, a un costado de la cama.

    Oscar preguntó, ¿quieren algo de beber? ¿Tiene algo en la nevera?, contesté. Si, dijo él, hay whisky, ron, vodka, cerveza, gaseosas. ¿Te provoca algo?, le preguntó a ella. No, le respondió, así está bien. Bueno, dije yo, le recibo un whisky, para entretenerme mientras ustedes están ocupados. Nadie respondió el comentario y Oscar me trajo una pequeña botellita de whisky y un vaso con hielo. Si desea más, sírvase, con confianza. Gracias, le contesté. Voy a darme una pequeña ducha y ya estoy con ustedes, dijo. ¿Me acompañas?, le preguntó a ella. Yo te espero, le contestó.

    Oscar entró al baño y nos quedamos ella y yo, ahí, en silencio. Casi de inmediato escuchamos el sonido del agua saliendo de la ducha y ver vapor saliendo por debajo de la puerta del baño. ¿Te vas a demorar?, pregunté. No mucho, creo. Es tan solo un capricho. Y, mientras decía esto, se empezó a quitar su chaqueta, su blusa, su falda y sus bragas, dejando tan solo vestido su cuerpo con el brasier, las medias veladas y sus zapatos. Y, una vez así, semidesnuda como estaba, se acomodó en la cama a esperarle.

    Cuando él salió, casi al instante, la encontró boca arriba, con las piernas entre abiertas. Él había salido del baño, tan solo cubriendo su cintura con una toalla. Era un hombre de talla promedio, tal vez 1,75 m., poco más o menos, de contextura normal. Al verla dejó caer la toalla, dejándose ver totalmente desnudo, con su miembro erecto. Creo que para ella no hubo sorpresa alguna. Era un miembro normal, corriente, nada que la sorprendiera como en otras ocasiones. Y, al verle desnudo, al lado de la cama, abrió sus piernas y le dijo, ven, al tiempo que estiraba sus brazos haciendo la seña de recibirle. Él no dudó para nada y, acomodándose en medio de sus piernas, decidió besar su sexo antes de penetrarla.

    Antes de hacerlo, recorrió con sus manos todo el cuerpo de mi mujer, acariciando con espacial interés sus piernas. Y, de rodillas, con su rostro a la altura de las caderas de ella, se inclinó para atender su vagina. Llegó hasta ella con su boca y, una vez la hubo probado, dejo caer su cuerpo sobre la cama, que dando tendido boca abajo. Y así su lengua empezó a juguetear con el clítoris de mi mujer que, poquito a poquito, empezó a sentirse excitada y a empujar su sexo contrala cara de aquel. Este, dándose cuenta, empezó también a utilizar sus dedos para estimularle y excitarla todavía más. Ella empezó a gemir, señal inequívoca de que aquello le estaba gustando.

    Poco después, con ella bastante excitada, aquel se incorporó, avanzó hacia adelante en medio de sus piernas y dejó caer su cuerpo sobre el de ella, penetrándola con su miembro. Ella, presa de la excitación, le recibió con un aayyy… muy sonoro, a la vez que lo atraía hacia ella, aferrándose de sus nalgas, que acariciaba con especial intensidad. El empezó a sacar y meter rítmicamente su miembro, con delicadeza, a lo cual ella le respondió diciéndole, estás muy rico. Esas palabras, sin duda, estimularon a Oscar a bombear con intensidad, haciendo que ella empezara a gemir, al principio como contenida y, después, cada vez más fuerte a medida que el empujaba dentro de ella.

    No puedo negar que esa escena resulta excitante. Se experimenta una sensación extraña, mezcla de excitación, sorpresa y miedo, cuando alguien extraño, recién conocido, penetra a tu mujer. Ese momento resulta desafiante, porque una parte de uno quisiera detener aquello, y se piensa que tal vez no se debiera haber llegado a tanto, pero otra desea intensamente que eso pase. Yo traté de distraerme mirando la vista de la ciudad, pero la intensidad de los gemidos de ella me hacía volver la vista para observar lo que estaba pasando.

    Aquel seguía bombeando mientras ella contorsionaba su cuerpo debajo de él y extendía sus brazos por encima de su cabeza, rindiéndose a las sensaciones del momento. De repente ella le interrumpe, se incorpora, se da vuelta sobre la cama, se coloca en posición de perrito y le hace señas para que la penetre de nuevo. Me mira cuando ella hace esto y yo, desde donde estaba, hago señas con mis manos, alentándolo a seguir adelante. Y él así lo hace. Empieza a empujar dentro de su vagina, desde atrás, y despoja a mi esposa del brasier que la vestía, dejándola ahora con sus pechos descubiertos, a merced de las manos inquietas de Oscar, que no duda en amasar esos senos grandes y voluminosos. Él está extasiado. Se le nota la emoción de euforia que experimenta y así, disfrutando al máximo del cuerpo de mi mujer, me mira y embiste aún con más fuerza, procurando que sus gemidos crezcan en intensidad.

    Nuevamente ella lo detiene, se da vuelta de nuevo, se acuesta en la cama y levanta sus piernas. Él se aferra de ellas y vuelve a penetrarla, y así, en esa posición, empuja y empuja hasta que los gemidos de ella parecen alcanzar el tope de intensidad hasta llegar a un máximo donde ella agita su cuerpo, recoge sus piernas y dice repetidamente, uyyy… que rico, que rico… estás muy rico, papi. Sé que aquello es parte de la experiencia sexual, pero escucharle a ella decirle papi a un perfecto desconocido, parece no ser de mi agrado. Sin embargo, si lo es verla sometida debajo de un macho que la complace y la hace gemir. Ella alcanzó su orgasmo, pero él parece que toda vía no.

    Ella, entonces, agitada y rendida, parece detenerle y sugerirle que espere un poco. Él se retira con su miembro todavía erecto. Ella se incorpora a un lado de la cama, se pone de pie, inclina su torso sobre el colchón y ofrece sus nalgas para que Oscar, de pie, detrás de ella, la penetre nuevamente. El, decidido, lo hace y empieza a acelerar el ritmo de sus embestidas, dándole golpes a las nalgas de mi mujer, y acariciando sus senos, que se mueven a un lado y al otro con los embates de aquel macho hasta que él, finalmente, logra alcanzar la cúspide del placer. Saca el miembro del sexo de mi mujer y ve cómo su semen se riega sobre la espalda de ella.

    Ella se queda en esa posición por un rato como recuperándose del esfuerzo. El, ya con su miembro flácido, va a la nevera, saca una botellita de whisky y así, a pico de botella bebe un trago y me dice, salud. Eso estuvo bueno. Espero que no se moleste, pero su mujer está muy buena. Asiento con la cabeza, sonriendo mientras lo escucho. Bueno, digo, ¿comprobó lo que quería comprobar? Absolutamente, dijo. El sexo de su mujer es una licuadora. Perdóneme lo que voy a decir, señora, pero usted culea muy rico. Gracias, dice ella, mostrando en su rostro un tanto de sonrojo ante la afirmación de aquel.

    Ella entra al baño para ducharse y acicalarse. Mientras, yo me quedo con aquel, contemplándole desnudo, sentado en una silla, conversando. Bueno, pregunto, ¿y es así con todas las damas cuando lo designan de anfitrión? No, contesta. La verdad es que algo surgió mientras bailaba con ella y ahí se dio todo, pero para nada me imaginé que esto iba a suceder esta noche. Esta madrugada dirá usted, porque ya son casi las 4 am. Este ha sido un polvo mañanero, anoté. Sí, es verdad, pero estuvo muy buena la velada. Se los agradezco.

    Ella salió del baño, al rato, ya arreglada, como si nada. Bueno, ya es temprano. Hora de irnos. Gracias por sus atenciones. De nada, señora, ojalá nos volvamos a ver. No sabemos. Quizá algún día se pueda volver a dar. Saludos a su esposa y a su familia. Qué manera tiene ella de acabar la velada, pensé yo, recordándole a él que se trata de un hombre casado. Pero, en fin, terminó en aventura sin haberlo planeado. Nos despedimos de él y tomamos camino.

    Camino a casa pregunté, ¿y este qué tenía de especial para que te despertara el deseo de estar con él? La verdad, era un tipo normal. Solo que me provocó hacerlo. Fue tan solo un capricho. Y como tal, lo disfruté. ¿Qué más puedo decir?

  • Mis aventuras con Srita Annonima (3): Fumando

    Mis aventuras con Srita Annonima (3): Fumando

    Llego de imprevisto a casa y te sorprendo fumando, intentas tirar el cigarro sin que lo note, pero los dos sabemos que rompiste tu promesa, en tu mirada veo sorpresa y excitación, lo hiciste a propósito, querías que lo supiera, en fin, un trato es un trato y ambos tendremos que pagarlo.

    Sin previo aviso te cargo sobre mis hombros, te molesta que te cargue de esa manera, pero es la forma más fácil de hacer esto, me siento en el sillón y te recuesto sobre mis piernas, tus senos quedan flotando en el aire, el brasier y la blusa los detienen, pataleas un poco intentando escapar, pero ambos sabemos que eso no va a pasar, subo tu falda hasta dejar tus nalgas desnudas, tus medias cubren ese bonito trasero y la delgada línea de tu tanga baja por tu trasero hasta desaparecer entre tus nalgas.

    -Espera…. -alcanzas a decir antes de que mi mano azote tu trasero, es la primera, aún restan varias, una por cada vez que rompes tu promesa de no fumar. Debo confesarlo, me encanta esto, la carne maciza de tus nalgas es deliciosa.

    Un gemido escapa de tu boca en la segunda nalgada, intentas contenerlo, pero lo escucho, sigo azotando ese lindo trasero. Haz dejado de pelear, pero te conozco, no quieres darme el gusto de escucharte gemir, cambio de nalga, esta vez el azote es un poco más fuerte, usas tus manos para cubrir tu boca y no hacer ruido, vaya niña más obstinada eres, rompo tus medias, quiero tener contacto directo con tu piel.

    Después de 20 azotes, tus nalgas están enrojecidas y muy calientes, uso mis manos para masajearlas y poco a poco avanzan entre tus piernas, inconscientemente las separas un poco, toco tus labios vaginales apenas cubiertos por la tanga, llega hasta mi nariz tu aroma de hembra en celo, y suavemente susurras -«mas».

    Paso mi lengua por entre tus nalgas, bajando por el coxis hasta donde puedo alcanzar en una posición tan incómoda, me levanto y te vuelvo a cargar, esta vez te llevo a la cama, antes de soltarte busco entre los cajones y tomo la cuerda, que me espera como siempre en su lugar, te acuesto en la cama, boca abajo y amarró tus manos en tu espalda, comienzas a pelear de nuevo, te gusta apretar las cuerdas en tus manos de esa manera, durante la pelea giras para quedar boca arriba, aprovecho la oportunidad para abrir tu blusa y me llevo una grata sorpresa, los broches de tu brasier se encuentran al frente, lo sabía, esto fue intencional.

    Me sonríes con esa sonrisa maliciosa y sensual, tomo una cuerda más larga esta vez y veo como doblas tu pierna mientras sonríes de nuevo, comienzo el amarre desde tu tobillo, aprieto la cuerda un poco y comienzo a amarrar bajando por tus muslo hasta la rodilla. Tomo tu otra pierna, mi excitación va en aumento, el tacto de tus medias, el olor de tu excitación y la antelación de lo que viene aumentan mi libido, esta vez tomo tu tobillo y empiezo a pasar lentamente mi lengua por tu pie, bajas tu pie por mi pecho hasta ponerlo sobre mi pene y empiezas a jugar con él, sobándolo, gimes con más fuerza y sensualmente me dices -ven, hazme tuya.

    No debo caer en la tentación, debo tomarme mi tiempo así que tomo de nuevo tu tobillo y comienzo un nuevo nudo, doblas la pierna y me dejas terminar el amarre, no puedes verlo pero yo sí, estas acostada en la cama, totalmente abierta de piernas, la tanga que usas se hunde en tu vagina, remarcando los labios, el cambio de color me dice que estás totalmente mojada, tus senos se encuentran al aire libre y tienes las manos amarradas a la espalda, estas completamente expuesta para mí.

    Debería poner un espejo en el techo para que puedas verte, pero esta vez tengo una idea mejor, saco la cámara y comienzo a grabar, lo verás después, me acerco a tu vagina y hago ligeramente a un lado tu tanga, estas tan apetitosa que no lo pienso dos veces y comienzo a lamerla, en cuanto mi lengua hace contacto con tu piel comienzas a gemir de nuevo, tu sabor es delicioso, podría pasarme la vida lamiendo tu clítoris.

    Después de unos minutos escucho de nuevo tu voz -desnúdate y ven.

    Me acerco desnudo a tu cara, abres la boca y comienzas a chupar mi pene, me encanta esta posición, tengo acceso a tus senos y a tu vagina, con una mano tomo tu pezón y comienzo a jugar con él, con la otra empiezo a masturbarte, me encanta como lo haces sin utilizar tus manos para ayudarte, tu flujo está chorreando y yo sigo masturbándote, entre más te excitas mejor chupas mi pene, me encanta el nivel al que llegas y continuo hasta que empiezas a gemir de nuevo, es increíble sentir y saber que tienes un orgasmo mientras tienes mi pene en tu boca.

    Pero no quiero terminar aún, me hago para atrás y me lanzas una mirada de reproche, sé que quieres que termine en tu boca, pero no esta vez, esta vez voy a llevarte más lejos.

    Bajo de nuevo hacia tu vagina, comienzo a lamer tus labios, tu clítoris y bajo un poco más, paso mi lengua por tu ano, solo un lengüetazo primero, tu cuerpo respinga, no lo esperabas. -No… -me dices en un susurro- no hagas eso…

    -Shhh, shhh tranquila nena, no voy a lastimarte, te prometo que te va a gustar -continuo lamiendo tu ano, tu cuerpo se relaja, comienzas a gemir, sé que te gusta, puedo sentir el calor de tu cuerpo, en un último movimiento recorro con mi lengua desde tu ano hasta tu clítoris.

    -Yaaa, cógeme… -exiges.

    A sus órdenes, señora, me coloco encima de ti, hago un poco más de lado tu tanga, y comienzo a penetrarte lentamente, despacio sacando y metiendo por completo mi pene.

    -Más rápido… más rápido… -ordenas.

    Pero ese capricho no te lo cumplo, me gusta torturarte, sigo penetrándote despacio y en movimientos largos.

    -Suéltame las manos -me pides. Salgo de tu vagina y te ayudo a girarte, estás boca abajo y aprovecho para lamer de nuevo tu ano, sabe delicioso, brincas por el beso inesperado.

    Comienzo a penetrarte de nuevo, te tomo de la cadera con ambas manos, te alzo un poco y controlo la penetración, esta vez son más fuertes y rápidas.

    -Suéltame… suéltame… las… manos -alcanzas a gemir. Sin detener las embestidas deshago el nudo de tus manos, te liberas y te acomodas mejor, después con tus manos tomas tus nalgas y separándolas me dices- más fuerte, más fuerte cabrón.

    Pierdo el control tu sexo es delicioso, tu lujuria me embriaga y comienzo a penetrar con más fuerza y velocidad, tu orgasmo llega primero, tus contracciones me exprimen, comienzas a gemir sin control y con tus manos tomas tus senos y los aprietas lo más fuerte que puedes.

    -En mi boca… en mi boca… -alcanzas a decir, me excita verte así, en cuatro, totalmente expuesta para mí, me acerco a tu boca, tomas mi pene con tus manos y me preguntas- sigue grabando la cámara?

    Antes que pueda contestar metes mi pene a tu boca y comienzas a chuparlo con desenfreno a la vez que con tus manos me masturbas, es un movimiento increíble. Me tiemblan las piernas, pongo mis manos en tu cabeza y empiezo a eyacular. No me das tregua sigues chupando y masturbándome hasta que no queda más.

    Tragas todo mi semen y sonriendo me dices -me pasas un cigarro?