Autor: admin

  • Sexo en el cubículo

    Sexo en el cubículo

    Una vez más soy su amigo Centauro.

    Esto pasó hace unos años en la universidad, no era la primera vez que tenía sexo con la asistente de mi profesor, pero sí fue la primera en el cubículo.

    Ella se llamaba Laura (nombre ficticio), siempre que podíamos teníamos sexo, ella tenía una hija y estaba juntada con el papá de su hija, yo con novia, eso no nos impidió el coger cuando quisiéramos.

    Un día me pidió que la ayudara para calificar unos ensayos, como siempre estábamos fajando, besos, dedeadas que le daba, hasta que ella me dijo cógeme aquí, bajé mi pantalón y la chupó yo agarré su cabeza y empecé a penetrar esa boca rica.

    Después de un rato la paro y empiezo a desnudarla, queda únicamente con su tanga y le gustaba que la tratara cómo una puta, le aventé dinero y empezó a modelar, nalgueaba su culo, hasta que la aventé al escritorio.

    Acomodé mi pene en su entrada jugando y ella gimiendo me decía papi mételo, ya cógeme, tu puta quiere sentir tu verga. A lo que empecé a meterla le jalaba el cabello mientras mis bolas chocaban con su culo, le daba sus ricas nalgadas a mi puta, después me acuesto en el escritorio y ella se montó en su caballo, saltando y gimiendo, yo lamiendo y mordiendo sus tetas tan ricas, explotó en un orgasmo y yo en el mío, llené su vagina de mi leche, se bajó para limpiar mi verga, cuando íbamos a iniciar un segundo palo, tocaron en la puerta que porqué se escuchaban esos ruidos, ella se vistió rápido para atender y me dejó encerrado dos horas.

    Después les contaré otras historias.

  • Un delicioso trío con motivo de mi cumpleaños

    Un delicioso trío con motivo de mi cumpleaños

    El pasado mes de mayo cumplí años, me encontraba triste por la situación que hasta el momento sufrimos en todo el mundo, la frustración me había invadido, sin poder ver a mi familia y permanecer encerrados me estaba volviendo loca, como se los platiqué en el relato pasado, un querido amigo estaba viviendo con nosotros.

    La convivencia era muy divertida, pero cuando me quedaba sola con mis pensamientos me volvía la tristeza, ellos lo notaron y 2 días antes de mi cumpleaños me dijeron que me tenían una sorpresa para festejarme, por más que insistí no me dieron ninguna pista sobre qué haríamos, solo me pidieron que me arreglara muy lindo. Esos días estaban cerrados los restaurantes, centros nocturnos en suma toda la vida nocturna no existía, por lo que me intrigaba a qué lugar iríamos.

    Llego el día y no había conseguido conocer cuáles eran sus planes, solo me prometían que la pasaríamos bien y que sería un día inolvidable. Ellos vistieron con traje y corbata, por lo que tuve que seleccionar otro vestido, algo más elegante, elegí un vestido de seda color palo de rosa, amplio, se disimulan las curvas de mi cuerpo, con un escote que deja ver un poco a diferencia de la espalda que la abertura llega hasta el inicio de mis nalgas y me queda un poco arriba de las rodillas, lo convine con unas zapatillas con la punta descubierta, ajuste de pulsera y un tacón de 12 cm, (esas zapatillas mejoran extraordinariamente mi figura) color blancas, utilice una gargantilla de perlas y un pequeño monedero blanco, difícilmente cabían el celular, el lipstick, un par de toallas húmedas y un espejo. Me maquille perfectamente y alise mi cabello.

    Baje a la sala y ellos me esperaban al pie de la escalera, me dieron un abrazo, listas las copas para brindar por mi cumpleaños, estábamos con los abrazos cuando Frances recibió una llamada, se apuró a contestar, solo dijo ok saldremos enseguida, me quede confundida y pregunte ¿Quién te llamo? lo sabrás en un momento, fue su respuesta.

    Salimos, Frances me llevaba del brazo y en lugar de dirigirnos a la cochera, caminamos hacia el portón de la casa, al salir nos esperaba una limousine, el chofer ya tenía abierta la puerta para que abordáramos, subí y detrás de mí subió Carlos, Frances habló brevemente con el chofer, supongo que le daba instrucciones. Yo me había sentado al centro a mi izquierda Carlos y Frances a mi derecha. El bar quedo junto a Carlos y él se encargó de abrir una botella de Champaña y servir las copas. El limo tenia los vidrios polarizados, pero desde el interior se veía perfectamente hacia afuera. Las calles lucían semi vacías, el auto circulaba a baja velocidad, nosotros escuchábamos música, reíamos y brindábamos, note que nos encontrábamos en la avenida Rafael Sanzio, atravesamos la avenida Vallarta, no acertaba a adivinar cuál era el destino. Pasaron los minutos, de pronto nos encontrábamos frente a un Estadio de Futbol del equipo con más tradición en Guadalajara. Se detuvo el limo justo en la caseta de vigilancia, Frances me dijo, espera un momento y descendió, hablo unos segundos, vi que saco unos billetes de su cartera, tan pronto subió nos permitieron el paso, yo iba muy intrigada, avanzamos por espacios iluminados, de repente el chofer se dirigió a un paraje oscuro donde se encontraba una pequeña camioneta blanca, no obstante, de ser una noche de luna llena, la oscuridad nos envolvía. Nos detuvimos a un lado de la camioneta, percibí a dos personas, mujer y hombre, vestidos como meseros, nos saludaron amablemente y nos dieron la bienvenida. El chofer movió ligeramente el limo, cuando se detuvo sus luces estaban dirigidas a una mesa que un momento después pude ver que estaba elegantemente arreglada, nos aproximamos a la mesa y diligentemente el mesero nos ayudó con las sillas, nos llenó las copas de otra botella de champaña que estaba en la hielera, al retirarse encendió unas lámparas que asemejaban ser unos candelabros, para ofrecer un ambiente romántico.

    Estaba muy sorprendida y antes de empezar a cenar los llene de besos, cenamos y no dejaban que las copas permanecieran vacías, inmediatamente las llenaban.

    Frances me pregunto qué deseaba, algo que pudiera darme en esos momentos, no lo pensé mucho, le pedí que bailáramos, me dice dame un momento déjame pagar el servicio, se acercó a Carlos, algo le dijo, pago a los meseros, que casi de inmediato se fueron, ya que estaban muy bien organizados por lo que tenían casi todo recogido, vi que Carlos hablo con el chofer, quien se alejó caminando de donde estábamos, nos acercamos a la limo y Carlos selecciono música, tenía muy buen sonido, nos pusimos a bailar bajo la luz de la luna y la luz interior del auto. Después de un rato, descansamos un momento y le pedí a Carlos que pusiera algo tranquilo para bailar suavemente.

    Frances me tomo de la cintura y empezamos a bailar muy pegados, ya teníamos la temperatura al máximo, sentía su miembro en la parte baja de mi abdomen, lo sentí muy duro y se me antojaba agarrarlo y acariciarlo, nos besamos con mucha pasión, de pronto sentí que las manos de Carlos se posaron en mi cadera, tomándolas con cierta fuerza y junto su cuerpo al mío, beso mi espalda, tomo mi cabello y lo sostuvo para poder besar mi cuello, mi calentura era indescriptible, estar de pie entre dos hombres que tenían sed de mí, me derretía del deseo que quemaba mi cuerpo, hice un esfuerzo para retirarlos me urgía sentirlos, fui al auto, me quite el vestido para quedar solo en zapatillas ya que no llevaba ropa interior, me quite también el collar, al cerrar la puerta ellos ya estaban encima de mí, no dejaron de besar un solo lugar de mi cuerpo, Carlos se quitó el saco y lo puso en el cofre del auto, me tomaron de la cintura y me sentaron, Carlos abrió mis piernas y miro a Frances como pidiendo su permiso para ser el primero en besar mis labios vaginales, me hice hacia atrás y apoye mis brazos en el auto para poder soportar el placer de sentir su lengua en mis labios, mi mente extasiada no podía detener las convulsiones que causaban sus caricias en mi cuerpo. Sentí que se retiró y su lugar lo ocupó Frances, quien subió mis piernas sobre sus hombros y además de besar mi vagina introdujo un dedo en mi culo, no conté las veces que tuve orgasmos, pero fueron muchos, Carlos se había situado a un lado y sostuvo mi cuerpo que se desvanecía, tomo mi rostro y me beso con mucha pasión, el placer que sentí fue maravilloso, Frances se detuvo y dirigiéndose a Carlos le dice que era hora de irnos, me bajaron con mucho cuidado y me ayudaron a subir al auto, caí rendida en el asiento, mientras Carlos me ayudaba a poner el vestido, Frances llamo por el celular al chofer, quien en pocos minutos estaba con nosotros, cuando estuvo al volante le pidió Frances que nos llevara al punto donde nos recogió.

    Pasaron unos minutos, ambos me acariciaban suavemente lo que estimulo que yo recobrase fuerzas, me deslice al piso y quede de rodillas, empecé a desabrochar sus cinturones y prontamente me ayudaron, se descubrieron sus miembros, les pedí que se acercaran uno al otro para tener acceso a sus vergas, empecé a masturbarlos con mis manos y con mi boca, les pedí que me llenaran la boca con su esperma, me esforcé en complacerlos, disfruto mucho morder con mis labios el glande y con la lengua jugar con su uretra y un movimiento uniforme de mi mano en sus pene tienen un efecto muy rápido, Frances fue el primero que saco sus jugos, me los trague al momento, antes de introducirme la verga de Carlos, tome una copa de champaña para enjuagarme la boca y no se me escurrieran en la ropa o en el auto, de igual manera en unos minutos recibí un fuerte chorro de semen, no abrí la boca hasta que había tragado hasta la última gota. Me enderecé y vi que Frances aún tenía cierta firmeza, por lo que me encargué de limpiarlo y después el de Carlos, me ayudaron a sentarme nuevamente, hasta ese momento me acorde del chofer, afortunadamente Frances había subido a tiempo un separador que tenía la limo entre la cabina del auto y el área de pasajeros. Recargue mi cabeza en el pecho de mi esposo quien suavemente me acaricio el rostro, el travieso de Carlos deslizaba su mano sobre mi muslo hasta la nalga, llegamos a la casa y les pedí me dieran un momento, que la fiesta seguía.

    Me di una ducha rápidamente sin mojar mi cabello, sentí una carga de vitalidad, me coloqué un dildo anal, mientras me maquillaba y vestía haría su función, deseaba disfrutar de una doble penetración.

    Estrene un vestido de licra color plata, difícilmente me cubren las nalgas, pegadito al cuerpo, con toda la espalda abierta y los senos se desbordan, con unas zapatillas de plataforma negra y tela plateada, mis piernas desnudas, les gusta ver mis piernas blancas sin medias. Me pinte como una callejera, me gusta verme como una prostituta, ya que complazco todos sus deseos.

    Cuando llegue a la sala, Frances estaba sentado en un banco de la cantina, Carlos en el love seat, ambos totalmente desnudos, ya estaba colocada en el piso una colchoneta que utilizamos para hacer travesuras, me aproxime a Frances, tome su verga con mi mano izquierda al momento que me pegue a sus labios para darle un exquisito beso, en la barra de la cantina estaba lo que quedaba del pastel, con la mano derecha a tientas retire la cubierta de crema y la coloque en la punta de su verga, con el beso y el apretón creció y endureció, lo distribuí desde la punta hasta la base y comencé a quitarlo con ligeros mordiscos, inicie por la parte inferior, cuando llegue a su glande lo succione hasta que sentí el sabor del líquido preseminal, me quise enderezar pero Carlos me pidió que me volviese a inclinar y abriera las piernas, se arrodillo, con ambas manos abrió mis nalgas e inicio a acariciar con su lengua mi ano, Frances se levantó un poco y puso su verga entre mis senos, entendí lo que deseaba, con mis manos tome mis senos y apreté su pene, inicie un movimiento de masturbación, cuando lo tenía cerca lo metía en mi boca para darle una rica mamada

    Estuvimos unos minutos hasta que Frances me tomo las manos y los 3 nos incorporamos, les dije que ya los quería sentir dentro de mí, me llevaron al centro de la sala, se pusieron uno junto al otro y me pidieron me arrodillara para mamárselas, obedecí y gustosamente metí sus vergas en mi boca, cuando consideraron que ya estaban más que listos, Frances se acostó boca arriba y me pidió que me sentara dándole la espalda e introduciéndome la verga, me puse a cabalgar con el falo en la vagina, haciendo movimientos circulares para mayor satisfacción, me pidió me detuviera un momento y que sin salirme, me recostara hacia el frente y mis piernas las estirara hacia atrás, de tal forma que la penetración era máxima, al mismo tiempo mi culo quedaba expuesto para una penetración más fácil. Carlos se colocó encima de mí, retiro el dildo, me puso una crema para facilitar la introducción de su pene, sentí su glande que se abría camino en mi estrecho ano, le tomo muy poco tiempo, sentí todo su pedazo de carne dentro de mí, estaba como me gusta, con mis orificios ocupados por 2 ricas vergas, inicie mis movimientos, apoyándome en las rodillas, soy yo la que me gusta moverme, que ellos permanezcan sin movimiento, lo disfruto más y ellos también, esta posición nunca la había hecho, se me hizo novedosa y sentí que la penetración era más profunda.

    No dejaba de gemir del gozo que sentía, mis orgasmos eran continuos, desfallecía por momentos, pero la virilidad con la que me estaban fornicando me alentaba a sobre ponerme. Tuve que pedir cambiáramos de posición, mis rodillas me dolían. Carlos se sentó en el sillón y ensarte mi culo en su rabo, Frances se puso frente a mí, abrió y subió mis piernas, Carlos las sostuvo con sus manos desde atrás y empezó un frenético mete y saca que me pareció interminable, soy multi orgásmica y el desgaste físico es muy alto. Les pedí que lo hicieran que ya no aguantaba más, sentía que me desmayaba, apuraron sus embestidas y sentí la explosión dentro de mí, cada uno de su lado queriendo meterse aún más para vaciarse todos. Con la energía que me quedaba, ayude a que sacaran todo, apretaba el ano para exprimir la verga de Carlos y con los músculos de la vagina aplicaba el “perrito” a la verga de Frances.

    Caímos rendidos, Frances y yo nos tiramos al piso, se puso atrás de mí y me abrazo. Quería ir a limpiarme ya que me habían dejado bañada en semen que salía de mi culo y vagina, pero no tuve fuerzas, descansamos un rato, cuando abrí los ojos Carlos estaba totalmente recuperado y con una cuba en la mano, me pregunto si me servía una, asentí con un movimiento de mi cabeza, no vi a Frances, supuse que estaba en el baño, yo quería ir a asearme, pero preferí esperar, sentí que las piernas no tendrían fuerza para subir a los baños del piso superior, me senté en flor de loto en la colchoneta, el vino tinto que me sirvió lo sentí riquísimo, Carlos me dijo que quería brindar por la mujer más sensual y exquisita, me reí y dije, brindo por ella, aunque no la conozca, se acercó para acariciar mi rostro, me sonrió y me dice lo afortunado que se siente de poder disfrutarme, que le parecía irreal que fuera tan hermosa y con una forma de ser tan especial, solo acerté a decir que agradecía el haber encontrado un hombre que entendió mi sexualidad y mejor aún que lo disfrutáramos juntos, sin engaños sin ser infieles. Francés llego justo cuando estábamos besándonos, no interrumpió, al contrario, empezó a pajearse la verga, cuando nos separamos, nos dice no quise interrumpir y todos nos reímos. Estire los brazos para que Frances me ayudara a levantar, cuando me incorpore dije que iría a asearme, Frances me pido que no lo hiciera, te vamos a ensuciar más, no lo hagas, si quieres solo refréscate. Ambos me tomaron de las manos para ayudarme a salir de la colchoneta, cuando les di la espalada cada uno agarro una de mis nalgas al tiempo que decían que buena estas, exagere el movimiento de las caderas y ellos chiflaban y gritaban piropos.

    No tenía ni dos minutos en el balo, cuando Frances toco la puerta, le pregunte que se ofrecía y me dijo, no quiero que arregles tu maquillaje ni tu cabello, pregunte porque, me contesto que le despertaba mucho morbo, verme desaliñada y con las piernas pegajosas de semen.

    Cuando salí, los dos estaban pajeándose y con su cuba, vi que estaban muy frescos y me sorprendí, les dije que ya no aguantaba mucho y pregunté qué habían tomado ya que no éramos unos muchachos y regularmente no tenían ese rendimiento, como respuesta, Carlos saco de un cajón de la cantina un frasco al tiempo que decía son de las azules, teníamos que hacer de este día memorable, sonreí y pensé que se agradecía lo que habían hecho, pero les dije que eran unos tramposos y como se dice cuando se toma el último trago, la última y nos vamos.

    Frances contesto, no te prometo nada, pero si ya no puedes solo duérmete y nosotros hacemos lo demás, soltaron una carcajada, respondí no me hace gracia, pero se lo ganaron, pondré todo de mi parte. Me acerque a tomar otra copa de vino que Carlos me ofrecía, hicimos otro brindis, pusimos música y bailamos música suave con las luces tenues, ahora Carlos estaba de frente y Frances a mi espalda, el aliento en mi nuca y en mi rostro, sentir sus miembros grandes y fuertes como acero que trataban de lacerar mi cuerpo, Frances con una mano acariciaba mi cintura y mis glúteos y sus dedos jugaban con mi ano, besando mi cuello y espalda, Carlos besando mi boca y mis senos y metiendo su dedo en mi vagina. Me encendieron de inmediato, ellos ya lo estaban, cuando nos separamos Frances se acostó en el piso y me pidió que yo me recostara frente a él, cuando estaba pegada a él, me fue introduciendo la verga en mi ano, mientras me masajeaba mis senos y besaba mi nuca, ya estaba penetrada Cuando sentí que Carlos tomaba mi pierna izquierda y la colocaba arriba de una silla que había aproximado a nosotros, se colocó para hacer un 69, me mamaba mi vagina mientras tenia a unos centímetros la verga de Frances que me taladraba el culo, yo procedí a mamar su verga, mientras Frances besaba mi nuca, en varias ocasiones voltee para que Frances me besara y sintiera el sabor de la verga de Carlos. Todos gemíamos tremendamente, yo no podía dejar de tener orgasmos y quería que ese momento fuese interminable. Frances dijo “es hora de terminar”, me levanto y llevo frente a un muro, entendí lo que quería, puse mis brazos extendidos y me apoyé en el muro, abrí mis piernas y me penetro, dándome unas palmadas en los glúteos, eso me enciende y lo sabe, empecé a moverme con frenesí y a apretar las nalgas, el ya no me nalgueaba, ahora me las estrujaba, duro pocos minutos, sentí como el semen me llenaba, no deje de apretar hasta que sentí que su flacidez no le permitía seguir dentro de mí, cuando se salió una gran cantidad de semen empezó a salir, No había dado ni un paso cuando Carlos me tomo del brazo y me pidió no me moviera, quería sentir lo mismo que Frances. El pene de Carlos es un poco más grueso por lo que aun teniendo inundado el ano, sentía como se albergaba en mis entrañas, en un principio era yo quien llevaba el movimiento, con movimientos circulares y apretando el recto, de repente el inicio un mete y saca, sus manos apretaban mis nalgas, sus embestidas eran tan fuertes que se fue estrechando la distancia que había entre el muro y yo, quede aprisionada contra la pared, ya no podía moverme, me tenía ensartada como una mariposa a la pared, separaba mis nalgas con sus manos, quería entrar aún más a mi interior, me empujaba y yo no podía moverme, de pronto siento que se retira un poco y me embiste con mucha fuerza, soltó un gemido que sacudió mis sentidos y sentí su semen caliente como salió despedido de su verga a mis intestinos. Se separó suavemente y me cargo al parecer me desvanecí, me recostó en el sillón, sentí un beso en mis labios y se retiró. Frances me cubrió con una frazada y se sentó recargado al sillón, junto a mí.

    Me despertó el sonido del timbre de la casa, al parecer tenía mucho tiempo sonando, ya que era insistente y no dejaba de sonar, ellos estaban muertos, el ruido no los altero en lo más mínimo, me levante y levante el interfono, pregunte que deseaban y escuche la voz de una de mis hijas, que me preguntaba como estábamos. Me comento que al no recibir respuesta a las llamadas que hizo a nuestros celulares y al teléfono de casa se había preocupado. Le dije que habíamos tenido fiesta y que se nos habían pasado las horas, Estamos bien hija, tu padre aun duerme, regresa a casa y te llamo más tarde.

    Cuando prendí mi celular pude ver que pasaban de las 5 de la tarde, nunca supe a qué hora termino la fiesta.

    Muchas gracias por tomarse el tiempo de leerme, no pretendí que fuera tan extensa la historia, pero al recordar aquel día quise transmitirlo en este texto, un beso y hasta pronto.

    Romina

  • ¿Te vas correr para mí, putita?

    ¿Te vas correr para mí, putita?

    Nazarena era una joven rellena, muy guapa y que llevaba su cabello recogido en una coleta que le caía frontalmente por el lado izquierdo, estaba sentada en un sofá delante de su tía Elizabeth, que era una manicura, de 40 años, alta, de cabello negro, labios gruesos, tetas grandes y poca nalga. Pintando la última uña.

    -… ¿Y cómo lo llevas sin el pelma?

    -Ya va para ocho meses que rompimos. Es historia.

    -Pero las necesidades siguen ahí.

    -Hay formas de cubrirlas.

    -Dímelo a mí que aún esta mañana me hice una paja.

    -Pero tú tienes al tío.

    -Tu tío debe tener otra, ya que a mí se acerca una vez al mes.

    Esa otra era Nazarena y su tía se había enterado recientemente, pero tenía planes con ella. Nazarena le dijo:

    -No creo, no tiene cara de adúltero.

    -¿Y qué cara tienen los adultos?

    -Era un decir.

    -¿Un decir? ¿Qué pensarías si te dijese que me gustaría coger contigo?

    -Que sí, que tiene.

    -¿Qué tengo qué?

    -Ganas.

    -¿Lo hiciste con alguna mujer?

    -No, no sabría qué hacer con ella.

    -Yo sí que sabría qué hacer contigo, putita.

    Nazarena soplando en una uña para que secase el esmalte se puso seria.

    -¡No me llames putita, carajo!

    -Es que quiero que seas mi putita.

    -Aunque quisiera matar la curiosidad, que no quiero, eres mi tía.

    Elizabeth estuvo por decirle que también su marido era su tío y se lo estaba tirando, pero le dijo:

    -Tu tío es José Luis, yo no soy de tu sangre.

    Le acarició el lado izquierdo de la cara con el dorso de la mano derecha, y después jugando con su coleta, le dijo:

    -¡Eres tan hermosa!

    Nazarena bajó la cabeza. Se la levantó con dos dedos, la miró a los ojos y le dio un pico.

    -¿Cogemos?

    -Pare tía, pare que se me está mojando la cuca.

    Las palabras de la sobrina espolearon a la tía. Le dio otro pico y ya Nazarena abrió la boca para que la lengua de su tía se juntara con la suya. Después de los besos, Elizabeth se arrodilló delante de su sobrina, le metió las manos debajo de la falda y le cogió las bragas, Nazarena se levantó y subió la falda, Elizabeth le quitó las bragas. Nazarena se echó hacia atrás y se abrió de piernas. La boca de Elizabeth iba hacia el coño de su sobrina cuando sintieron que se abría la puerta de la casa, Nazarena se puso las bragas a toda hostia y Elizabeth se volvió a sentar en su sillón. Entró en la sala José Luis y le preguntó a su mujer:

    -¿Cómo va esa manicura?

    -Ya terminamos.

    José Luis, un hombre de 44 años, moreno, alto y fuerte, se sentó en un sofá, encendió la televisión con el mando, y se puso a mirarla.

    Nazarena se levantó con la manicura hecha y les dijo:

    -Yo ya me voy.

    Elizabeth no la iba a dejar marchar sabiendo que podía mojar.

    -Es muy tarde y la calle está peligrosa. ¿Por qué no te quedas a dormir aquí?

    Nazarena vio sus intenciones y le agradó la idea, pero le dio vueltas a la cosa para que su tío, tío y amante, no desconfiase.

    -Solo tenéis un dormitorio. No me agrada dormir en el sillón, pero estando la calle cómo está…

    -Puedes dormir con nosotros, a José Luis no le importará. ¿Verdad, cariño?

    -Claro que no.

    Por la noche, ya en cama, José Luis dormía al lado izquierdo de la cama, Nazarena en el medio y Elizabeth en el derecho. Llevaban más de media hora en cama cuando Elizabeth se giró hacia su sobrina, que le estaba dando la espala a su tío, estiró una mano y acarició la teta derecha, cogió su pequeño pezón con dos dedos y jugó con él por encima de la chaqueta del pijama, le dio un pico y después le metió la lengua en la boca, Nazarena susurró.

    -Vas a despertar a tu marido.

    -Tiene el sueño pesado.

    Elizabeth le metió una mano dentro de las bragas y un dedo dentro de coño y le susurró al oído:

    -¿Te vas a correr para mí, putita?

    -Sí.

    Nazarena se puso boca arriba y dejó que su tía la besara y la masturbara.

    -¿Quieres qué te coma las tetas?

    -Sí.

    Elizabeth destapó a su sobrina, le subió la chaqueta del pijama y magreó su teta derecha y le lamió y le chupó la teta izquierda mientas la masturbaba. Nazarena, de cuando en vez miraba para su tío y su respiración le decía que dormía. Elizabeth le preguntó:

    -¿Quieres dármela en la boca?

    -Sí.

    Elizabeth le quitó el pantalón del pijama y las bragas, se metió entre sus piernas y le lamió el coño. Pasado un rato, Nazarena, sintiendo la lengua de su tía lamer su coño y viendo a su tío dormir se empezó a poner mala, le dijo:

    -Me voy a correr, tía.

    -Dámela, putita, dámela.

    -Llámame putita, llama.

    -¿Lo eres?

    -Sí, soy una puta. Ay que me corro, Ay que me corro. ¡Me corro!

    Nazarena se había olvidado de que su tío estaba durmiendo en la cama. José Luis se giró y vio a su mujer comiendo el coño de su sobrina y a su sobrina corriéndose y exclamó:

    -¡Fiesta!

    José Luis besó y le lamió el cuello de su sobrina, las orejas… Elizabeth siguió lamiendo el coño, Nazarena le chupó con lujuria la lengua a su tío y después se comieron a besos. Elizabeth sintiendo los besos y los gemidos de su sobrina, le dijo:

    -Me estáis metiendo envidia.

    Dejó el coño y fue a por la boca de su sobrina, la besó y con su mano derecha le cogió todo el coño pringando la palma de jugos. Lamió ella, le dio la palma a lamer a su marido. Después Nazarena cogió la polla de su tío y se la masturbó mientras su tía le comía a ella las tetas. Poco más tarde Elizabeth encendió la luz y volvió a meterse entre las piernas de su sobrina. Le abrió el coño mojado con dos dedos, y le dijo:

    -Tienes la totona estrechita y empapada.

    Elizabeth se debió poner cachonda al ver su vagina estrechita, ya que esta vez lamió su coño de abajo a arriba cómo una perra cuando bebe agua. Nazarena comenzó a gemir mientras meneaba la polla de su tío invitándolo a que se la diera a mamar, pero no se la dio. Nazarena desesperaba. Su tía Elizabeth no dejaba que se corriera de nuevo, ya que cada vez que estaba a punto, paraba, le comía la boca, luego las tetas y volvía a comerle el coño… Ya tenía Nazarena el coño echando por fuera cuando Elizabeth deseaba ver cómo follaban su sobrina y su marido, de hecho se había masturbado varias veces imaginando cómo lo hacían, así que le dijo a su sobrina:

    -Singa con tu tío.

    No se lo tuvo que decir dos veces. Nazarena subió encima de su tío y metió la polla en el coño. Lo cabalgó cómo una posesa, su culo voló de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Elizabeth se masturbaba viendo cómo follaban. Quería correrse cuando se corriera su sobrina, pero no pudo aguantar, se corrió antes.

    -¡Me corro, cabrones!!

    Se corrió gimiendo y retorciéndose. Acabó de correrse y Nazarena seguía dándole caña a su tío. Poco después dijo Nazarena:

    -Estoy a punto, lléname, tío.

    Elizabeth, le dijo a su sobrina.

    -Deja que os haga correr yo.

    -¿Cómo, tía?

    -Así, putita.

    Elizabeth le cogió el culo y se lo levantó y se lo bajo en un lento mete y saca. Cada vez que estaba toda la polla dentro la nalgueaba sin fuerza, le abría las nalgas, le lamía el ojete y se lo follaba un par de veces, volvía a levantarle el culo, a bajarlo y a repetir la follada de ojete… Nazarena estaba gozando cómo nunca antes había gozado… Tenía toda la polla dentro de su coño y la lengua dentro de su culo cuando le comenzó a venir de repente. Dijo:

    -¡Joder, joder, joder, joder! ¡Me corrooo!

    Su coño apretó la polla de su tío, la bañó con una corrida larga y calentita, y la polla la recompensó con una corrida brutal.

    Al acabar, bella cómo un rayo de luna, se echó boca arriba, Elizabeth metió su cabeza entre sus piernas y le volvió a comer el coño, un coño que ahora estaba perdido de leche y flujos vaginales. José Luis se puso detrás de su mujer, le frotó la polla en el ojete. Se la clavó de una estocada y le echo una mano al coño para masturbarla. Tiempo después se corría Nazarena en la boca de Elizabeth, Elizabeth en la mano de su marido y José Luis dentro del culo de su mujer.

    Ese día Nazarena no le comió el coño a su tía, pero todo se andaría.

    Quique.

  • Construyendo cuernos

    Construyendo cuernos

    Diez años de matrimonio son muchos para Isabel, considerando que todas aquellas virtudes que veían el uno en el otro en el noviazgo han quedado en nada. Ahora apenas se dirigen la palabra. Pablo está todo el día fuera de casa por su trabajo, pero cuando regresa sobre las ocho de la tarde no tiene mucho que contar. Lo mismo le pasa a Isabel, hastiada de una relación que ha ido enquistándose con el paso de los años porque ella cedió mucho y él parece que no cedió nada.

    Los dos terminaron la carrera con veinticinco años. Pablo se licenció en Arquitectura e Isabel se graduó en Arquitectura interior, sin embargo, su error fue quedarse embarazada nada más terminar los estudios, y después de meditar mucho la decisión a tomar, optaron por casarse, decisión que lleva lamentando desde entonces.

    Para Isabel supuso echar proyectos e ilusiones por la borda, en cambio, Pablo encontró trabajo enseguida y fue enriqueciendo su formación con los años. En consecuencia, a ella le tocó la peor parte. Sus proyectos de futuro no eran precisamente ser madre. Eso eran planes a largo plazo y tampoco estaba segura de que los hijos formaran parte de sus inquietudes. Ahora tiene dos churumbeles, uno de diez y otro de siete. Todo lo que no quería ser en el futuro, lo es ahora. Es madre, ama de casa y mantenida, de tal modo que todo aquello que había odiado le ha tocado por partida doble, renunciando a sus sueños y viendo como Pablo no ha renunciado a nada, y sigue sin querer hacerlo. Por eso lo odia, pero también se odia a sí misma por haber estado dando pasos equivocados uno tras otro. El haber abandonado su carrera en favor de la de su marido la va consumiendo lentamente, y con tan sólo treinta y cinco años se ve en pocos años como una maruja haciendo calceta todas las tardes. En cambio, Pablo ha cumplido su sueño profesional y disfruta de una excelente y fructífera vida social, pero eso tiene que cambiar, piensa.

    Isabel no tiene indicios de que su marido le sea infiel, pero puede apostar su futuro a que lo es porque apenas la toca, y cuando a ella le apetece tener sexo, él está de mal humor, dice que está demasiado cansado, o cualquier otra absurda excusa, de ahí que Isabel se consuele ella misma con sus medios. Un año sin un hombre que la sacuda entera es mucho tiempo para una mujer joven como ella, con su sexualidad en plena vorágine.

    A las ocho y media de la mañana Pablo la llama desde la obra para que le lleve antes de las doce unos planos que se ha dejado encima de la mesa, e Isabel piensa en mandarlo a la mierda, pero se contiene y aprovecha que tiene que llevar a los niños al colegio para pasarse por allí y dejárselos.

    A las nueve y media está a pie de obra, aunque no ve a su esposo por ningún sitio y opta por llamarle, pero salta el buzón de voz. Avanza un poco más y empieza a sentirse como si estuviera adentrándose en una jungla y de un momento a otro fuera a saltarle una fiera encima. Los albañiles contemplan a la atractiva mujer buscando algo o a alguien, pero parecen no hacer caso a eso, sólo quieren regocijarse contemplando a la fémina que deambula por la obra. Isabel le pregunta a un joven el paradero del arquitecto y el peón parece no entender el idioma, o es medio tonto, piensa ella.

    Se encuentra ante una situación que la violenta cuando es observada de forma indiscreta y con descaro por toda la cuadrilla, y está realmente incómoda con el asedio visual al que está siendo sometida, hasta que el encargado de la obra los pone firmes y les ordena continuar con su trabajo. Muy amablemente le pregunta qué desea y ella le dice que busca a su esposo, y el hombre se deshace en elogios ofreciéndose a acompañarla.

    —Creo que está en las alturas. Si no me equivoco andará por el piso veinte.

    —Si es tan amable de entregarle estos planos, —le pide ella.

    —Puede dárselos usted misma. Podemos subir en el montacargas.

    —Está bien, —contesta.

    Mientras suben en el montacargas la escrutadora mirada del capataz le da un repaso visual por toda su morfología. Isabel lleva el pelo suelto por encima del hombro. Su corta melena es morena y a un lado lo lleva recogido detrás de la oreja. No va maquillada en exceso, sólo un poco de sombra de ojos en tonos grises, la raya del ojo y un poco de rímel. Lleva una falda suelta en tonos rosa que cae por debajo de las rodillas y está abotonada en el centro. En la parte de arriba viste una especie de top blanco de tirantes con un escote cruzado y unas sandalias de tacón alto rematan su vestimenta. El capataz, al igual que han hecho los albañiles anteriormente, le ha pasado el escáner. Isabel se percata de las miradas furtivas del hombre a su escote mientras le comenta cosas intrascendentes, del mismo modo, ella también le da un repaso visual al encargado. Es un tipo rudo, de brazos fuertes y está sudado por el calor, y se supone que también por el esfuerzo del trabajo. Lleva pantalón vaquero y una camiseta de tirantes de la que asoma un pectoral con un poco de vello.

    —Hace un calor de mil diablos, —comenta el hombre para romper el hielo, mientras el montacargas se eleva.

    —Así es. Con este calor se hará duro trabajar.

    —Bueno, son los inconvenientes del oficio. En invierno frío y en verano calor. Qué se le va a hacer.

    —Ya…

    El montacargas se detiene en la vigésima planta y el hombre le cede el paso a Isabel y mientras avanza ella delante, el capataz babea ante los sutiles movimientos de cadera que ejecuta al caminar, y unas nalgas sugerentes se le insinúan a través de la fina tela de la falda.

    —¿Dónde está mi marido? —pregunta Isabel.

    —Creo que no está por aquí, —señala el capataz sin dejar de observarla de forma cada vez más indiscreta.

    De pronto el montacargas es llamado desde abajo y ella piensa que va a tener que perder más tiempo del esperado por culpa de su marido. Mientras él le dice que tendrán que esperar un rato hasta que suba el montacargas, se percata de que no le quita el ojo de encima y eso logra ponerla nerviosa.

    —Parece que nunca hayan visto a una mujer —se queja Isabel.

    —Tiene que disculpar a los chicos. No vienen muchas mujeres por aquí, y mucho menos tan hermosas como usted —asegura mientras rebasa su espacio vital.

    Para Isabel es una situación embarazosa ante tanta mirada libidinosa a la que ha sido sometida. Ahora, sin embargo, con las indirectas y las insinuaciones, Isabel siente cierta atracción animal hacia ese hombre rudo de fuertes brazos y manos grandes con la piel sudorosa y bronceada por el sol. Está tan cerca que puede aspirar su fuerte olor, con la consiguiente labor que las feromonas están ejerciendo, del mismo modo que las de ella hacen lo propio.

    —No lo decía por ellos, lo decía por usted, que tampoco deja de mirarme, —dice tras un lapso de tiempo en el que parece que se le ha ido el santo al cielo.

    —Bueno, uno no es de piedra. La verdad es que está usted como un queso.

    —Le agradezco el cumplido. ¿Dónde está mi marido? —pregunta para cambiar de tema.

    —Ya le he dicho que no lo sé. Pensaba que estaba aquí, pero parece ser que no.

    —Pues tendremos que bajar ¿no?

    —Sí, pero tenemos que esperar a que acaben con el montacargas.

    —Yo tengo un poco de prisa, —señala.

    —Hay que esperar de todos modos.

    —Entonces esperaremos, —dice resignada.

    —Su marido es un hombre con suerte, —declara el encargado invadiendo de nuevo su espacio vital.

    Las feromonas de aquel hombre vuelven a asaltar sus fosas nasales e Isabel puede notar su humedad e incluso como el flujo resbalaba hasta su braguita. Tanta abstinencia, y el notar la cercanía del hombretón que se le está insinuando y que solo necesita una señal para saltar sobre ella, la está poniendo muy caliente, y su respiración se acelera por su agitación, pero también por lo nerviosa que está ante una situación que puede considerarse de acoso, de modo que se separa un poco y se va hacia la fachada para apoyarse en una ventana mientras contempla el paisaje desde el vigésimo piso.

    El hombre no puede apartar la vista de aquel culito respingón que parece estar pidiendo a gritos que lo azoten y ve en aquella pose una insinuación, e incluso una invitación. Se acerca por detrás preguntándole en la oreja si le gustan las vistas, al mismo tiempo que encaja su paquete en la regata de su culo. Ha pasado lo que Isabel se temía, pero también lo que parecía estar deseando. Su respiración se acelera un poco más, al tiempo que nota el bulto completamente hinchado haciendo presión en sus nalgas, mientras dos manazas se cogen sus pequeñas tetas. Isabel no puede moverse, ni tampoco quejarse, pero tampoco está segura de querer hacerlo. Solamente se ha dejado llevar por sus impulsos más animales. La falta de sexo durante tanto tiempo, el sentirse deseada por todos aquellos hombres, y después la cercanía de ese hombre rudo junto a sus insinuaciones, la han excitado sobremanera.

    El encargado le pellizca los pezones y ella abre la boca como buscando el aire con un suspiro por las sensaciones de las dos manazas que parecen querer reventarle las tetas. Isabel nota la erección del hombre en su culo a través de la falda, y alentada por el deseo, empieza a moverlo acompasando los movimientos de pelvis del albañil.

    —Ya veo que te va la marcha y has venido a que te den polla, ¿verdad zorrita?

    Isabel no contesta y se deja hacer. No ha ido a que le den polla, pero quiere que se la den.

    Está asomada a la ventana ofreciendo su culo al hombre que le levanta la falda y se deleita ante la octava maravilla. Unas bragas brasileñas rosa le muestran unas nalgas dignas de exhibir y que aquel hombre nunca ha tenido el placer de contemplar, pero que ahora las tiene a su disposición. Se las baja completamente y desliza su manaza entre las piernas hasta llegar a un coño completamente mojado, en el que un dedazo se adentra como si fuera una polla. Isabel gime de placer con las incursiones de la extremidad, al mismo tiempo que sus flujos vaginales se deslizan por sus piernas. El dedo chapotea en el chorreante coño, penetrándola una y otra vez con rotunda brusquedad.

    —¿Quieres sentir una polla de verdad, preciosa, o buscamos a tu marido?

    Isabel no contesta, pero sabe lo que desea. No quiere a su marido, lo quiere a él y desea que la folle.

    —¡Dime cariño! ¿Qué quieres que haga?

    —¡Métemela! —le suplica deseosa.

    —¿Ya no tienes prisa? ¿Ahora quieres que te folle? ¡Joder! ¡Qué buena estás! ¡Menudo polvazo tienes!—le dice exteriorizando sus pensamientos. A continuación se desabrocha los pantalones y extrae un miembro completamente erecto y lo encaja en la regata de sus nalgas para que sienta como se desliza.

    —¡Vamos, pídeme que te folle!

    —¡Hazlo ya! —le suplica mientras contornea su culo en busca de la polla.

    —¡Cabrona! Como me has puesto desde que te he visto. Sabía que ibas a ser mía. Lo presentía.

    Isabel contempla apoyada en el alfeizar de la ventana desde el vigésimo piso el paisaje, y también a los hombres trabajando, entonces nota como una gorda polla se abre paso en su cavidad, abriéndola en canal, y echa la cabeza hacia atrás en señal del goce que recibe. El hombre la coge del pelo, estirando su cabeza y empieza a arremeter con contundentes y violentos meneos de su pelvis, al tiempo que se la folla, e Isabel va gimiendo al compás de cada pollazo que el cavernícola le va imprimiendo.

    El capataz babea a la vez que contempla como su verga se hunde una y otra vez en aquel coño caído del cielo. Isabel contornea sus caderas queriendo sentir el puntal que se adentra en sus entrañas. Las manos sudorosas resbalan por sus nalgas sin dejar de aferrarse a ellas en cada embate e Isabel percibe como empieza a asomar un orgasmo en su sexo, y en cuestión de segundos envuelve todo su ser, exhalando un alarido del éxtasis después de tanto ayuno. Sin embargo, el hombre no deja que se reponga del clímax. Le levanta la pierna y la penetra de nuevo apoyándola con brusquedad contra la pared, arrancándole un gemido con aquella primera y enérgica estocada. Después le levanta la otra pierna y mantiene a Isabel en volandas, apoyando su espalda contra el tabique. Sus manos sujetan y alzan su culo, mientras ella acomoda sus piernas detrás de su cintura. El capataz la eleva con sus brazos sudorosos y, al bajar, ella siente como la polla penetra dentro de su ser para después volver a salir con aquellos violentos y reiterados movimientos que le aplica aquel hombre que parece convertido en un salvaje, no obstante, aquella rudeza, lejos de molestarle, le gusta cada vez más. Se aferra a su cuello e intenta ayudarse a subir en cada embate, sintiendo el garañón penetrar una y otra vez hasta que advierte como un segundo orgasmo golpea su coño, recorre su clítoris y transita después por todo su ser a través de cada terminación nerviosa. Isabel exhala un último suspiro de gusto pensando que todo ha terminado, pero el encargado la coloca en el suelo, sobre un cartón y se deshace completamente de los pantalones, le abre las piernas y las engancha a sus hombros para volverla a penetrar, iniciando así una nueva cópula en la que ambos se funden en uno como si fueran dos amantes que hubiesen estado dos años sin verse y ahora se reencuentran, y eso no conduce a otra cosa que a fornicar como posesos.

    Isabel jadea como una yegua en celo a la vez que el garañón resuella como un toro mientras embiste con fiereza en su coño. El sonido de los chapoteos se entremezcla con los resoplidos y los jadeos. El sudor del hombre cae a chorros sobre la cara y el cuerpo de Isabel. Ella se coge a sus fuertes brazos mojados también por el sudor y abierta de piernas se abandona a un tercer orgasmo gritando de gusto.

    —Me voy a correr yo también, puta, —le dice el hombre mientras su pelvis golpea con inusitado frenesí una y otra vez con su polla se hundiéndose reiteradamente en sus entrañas.

    —No te corras dentro, —le advierte ella, pues en vista de su poca actividad sexual decidió en su momento dejar los anticonceptivos.

    El hombre extrae su polla y tras tres movimientos de mano la leche escapa a presión, derramándose sobre su falda, su top, su cuello y su cara. El capataz grita como un energúmeno mientras se la menea encima de ella hasta que los últimos trallazos se diseminan por su ropa. A continuación le acerca la polla pringosa a la boca y se la hunde. Isabel nota que se ahoga y lo empuja hacia atrás para que se la saque. Ahora tiene el cipote en la cara y se pone bizca ante una bolsa con dos pelotas de pin pon que se pasean por su boca, y aunque no le apetece más sexo, su lengua golpetea los huevos y se va introduciendo primero uno, y después el otro.

    Con semejante repiqueteo de la lengua de Isabel, la polla del capataz parece no querer retornar a su estado natural y se mantiene en pie de guerra.

    —¡Vamos! ¡Empléate a fondo! —le ordena.

    El hombre se recuesta sobre los cartones e Isabel se incorpora para apoderarse de la polla. La coge con la mano y la mueve arriba y abajo con movimientos lentos. La descapulla completamente y su boca babea ante la perlada y brillante cabezota roja. A continuación repasa con su lengua cada centímetro de aquel pedazo de carne venosa. Después sus labios abrazan el cimbrel e inicia una felación como hacía años que no realizaba.

    —¡Vamos, sigue mamando hasta que me corra! Quiero regarte esa cara de mamona que tienes para que tu marido sepa lo zorra que eres.

    Isabel no sabe si sentirse ofendida o halagada, pero la verdad era que aquella jerga irreverente le excita. Por tanto se afana en la felación, mientras su mano masturba el cipote trazando círculos sobre él. Contrariamente a lo esperado, Isabel vuelve a estar caliente ante la mamada que está realizando y después de tres orgasmos, cree estar en disposición de poder alcanzar un cuarto, de tal modo que cruza una pierna a través del él y se monta a horcajadas sobre la verga.

    El capataz parece que no da crédito ante la ninfómana que tiene el arquitecto como esposa y empieza a gozar de la cabalgada que la atractiva esposa le está realizando. Parece una jinete experimentada, pero sobre todo, tiene que reconocer que la jinete está hambrienta de polla.

    El hombre le coge las tetas y las lame, le muerde los pezones y se los estira con los dientes, y ella retuerce sus caderas en busca de ese último placer que vuelve a sacudir su vagina, provocándole una convulsión tras otra durante veinticinco segundos de un intenso placer.

    Cuando recupera el resuello vuelve a retomar la mamada que había dejado a medias con la intención de que acabe en su boca y después de unos segundos el hombre empieza a mover su pelvis en un intento de follarle la boca, pero Isabel sabe lo que tiene que hacer. La verga empieza a descargar el espeso líquido en su boca y el hombre se retuerce como una serpiente abandonándose a un placer inigualable. Los gritos y jadeos invaden la estancia, pero los ventanales abiertos disipan los sonidos de la euforia, mientras Isabel va tragando toda la sustancia que va saliendo de la polla.

    Parece ser que el montacargas vuelve a subir y ambos se visten apresuradamente. Isabel intenta adecentar su aspecto y limpia las manchas de semen con una toallita mojada, después intenta recomponer su compostura y el ascensor hace su aparición. Isabel se estira un poco la falda mientras paladea los restos de la sustancia viscosa que acaba de tragarse. El sabor amargo ahora le resulta desagradable, pero trata de ignorarlo y se sube al montacargas, a continuación lo hace el capataz ahíto de sexo. Ahora tiene una anécdota que contar a sus amigotes y un acontecimiento digno de recordar, por su parte Isabel ha aplacado el ardor que bullía en su interior y amenazaba con desbordarse. No tiene remordimientos por lo que ha hecho, pero el rencor sigue aferrado a sus carnes, aunque ahora ya sabe lo que tiene que hacer.

    Cuando llega el montacargas a la planta baja, Isabel escucha el aplauso de los operarios, y aparenta estar dedicado a ella, pues al parecer todo el mundo conoce ya lo que ha pasado allí arriba, de ahí que ella se ruborice y agache la cabeza.

    —¿Puede darle los planos a mi marido? —le vuelve a preguntar.

    —Por supuesto. Ahora sí, —sonríe.

    Ese día Pablo llega a casa mucho antes de lo que es habitual en él, puesto que ahora es conocedor de lo que ha pasado en la obra. Abre la puerta con determinación y cierra de un portazo. Isabel está esperándole con las maletas hechas.

    —¿Qué coño has hecho?

    —Lo que tú tendrías que haber hecho durante estos años.

    —Eres una puta.

    —Sí, soy una puta, y tú un cornudo, pero por inútil.

  • En tiempos de cuarentena (III)

    En tiempos de cuarentena (III)

    Esa noche terminé con mi cara hundida en el coño caliente de Yolani y ella chupándome hasta lo último de leche de mi verga…

    Cuando saque mi cara del coño de Yolani vi hacia donde Leonor… los dos chicos estaban los dos frente a ella, que estaba exhausta y recostada, se estaban haciendo una paja y le lanzaron un chorro de semen en los pechos y la cara, ella ni se movió, en eso Yolani se puso de pie y fue hacia ellos, les dijo algo y les dio un beso a ambos, luego se inclinó a darles una chupada a cada uno, a dejarlos limpios y los despidió, les dijo que ya estaban servidos, ellos no pudieron refutarle más, tomaron sus cosas y discretamente salieron del apartamento.

    Cuando cerró la puerta tras ellos, se recostó contra la puerta y alzo la cabeza… su cuello se miraba infinito, se extendía hasta llegar a su pechos relucientes, bajaba a su cintura y su coño aun brilloso de semen y jugos corporales, parecía tratar de tomar un aliento más, para no caer… pero apenas un parpadeo se enfilo hacia la cocina, volvió con un gran vaso de jugo para mí, lo tome, porque estaba seco por dentro, me ofreció más, además de tomar ella, hasta le escurrió por el cuello, bajando a sus pezones, me acerque a chupárselo, pero no me dejo, solo me hizo un guiño… -ahorita solo mira, es mi turno con tu chica.

    Se volteó a donde yacía Leonor, se inclinó sobre ella y fue chupándole la piel, los pechos y la boca… compartió con ella las corridas que le habían dejado en el cuerpo, luego se puso sobre ella en un 69… comenzó a comerle el torturado coño, lo que hizo que Leonor reaccionara un poco y le agarrara las nalgas con las manos, me gustaba ese contraste entre la piel tan clara de Leonor y el bronceado canela de Yolani. Las dos chicas dándose mucha atención manoseándose y chupando sus coños al mismo tiempo, me sorprendía la energía de Leonor, que después de estar ensartada por los dos lados continuamente, seguía el ritmo de Yolani, que a todas luces era una experta del sexo, solo con su lengua hacia que aquella gimiera nuevamente, como si la siguieran taladrando por el coño.

    Después de una corrida, quedaron recuperando el aliento un rato, yo estaba por dormirme, cuando sentí algo frio entre las piernas, al despertar estaba Yolani muy sonriente, con unas bebidas en la manos, me ofreció uno y a mi mente vino la imagen de la primera vez, la noche no acababa aun… lo tome rápidamente, pero no era el mismo jugo de la vez pasada, me alcanzo el otro y también lo tome, vi que tenía una botella de la que volvió a llenar los vasos y nuevamente me ofreció un vaso y ella apuró el otro.

    Yolani: -llevemos a tu chica a bañar… ya es hora de asearla para dormir.

    Levantamos a Leonor y la llevamos hacia el baño… me sorprendió que tuviera bañera, así que la acomodamos ahí, las dos chicas desnudas, con el cabello sudado, sucio, cubierto de lechazos… la cara, nalgas y pezones rojos de tanto chupar y recibir vergas. Yolani se acomodó a un lado de ella, me quede viendo sus nalgas cuando se inclinaba para acomodar a Leonor, le puse la mano encima y me dio una palmada, me quedo viendo con picardía, pero se giró para quedar a la par de Leonor. Comenzó a darle caricias suavemente por el cuerpo salpicado de fluidos corporales. Me senti ya algo ajeno a la escena, fue cuando se me revolvieron las ganas de orinar, iba a levantar la tapa del inodoro cuando…

    Yolani: -No! Ven… aquí estamos para eso- El solo mencionarlo y lo que significaba me hizo casi soltar un chorro, sentí que estallaba, la mire para confirmar lo que había escuchado y esa diosa del sexo morena me lanzo una sonrisa provocadora.

    Solté un chorro caliente y fuerte, que cayó en sus pechos, ella comenzó a frotarse el cuerpo con Leonor, luego se puso de nalgas sobre ella recibiendo el resto, desee seguir tomando más agua para no terminar… la imagen era alucinante de ver a esas dos mujeres recibir mis chorros. Yolani arqueaba la espalda tan bien, mi chorro caía en él y se deslizaba como tobogán sobre la piel, sus nalgas bien paradas y la vista a sus hoyos tan sabrosos y provocadores. Cuando ya no tuve más, ella se sentó de rodillas y la vi soltar también su chorro sobre el cuerpo de Leonor, esta apenas se movía, solo el que recibiera pequeñas pringas en la cara hacían que se moviera, cuando Yolani también se vació, empezó a frotarse con Leonor, a envolverse con ella en la bañera, se me ponía dura nuevamente, aunque me doliera, se me ponía dura, ella me sonrió…

    Yolani: hay más de ese jugo en la cocina- Ese solo comentario hizo que saliera disparado a buscarlo, me lo empine y sentí que me llenaba nuevamente de líquido, volví corriendo y el show de las contorciones de ella en la tina, verlas empapadas y brillosas a las dos me excito, me vio y se preparó para lo que venía, nunca había tomado tanto líquido y disparado tan rápido la ganas de orinar, fue otro buen torrente que lance hacia su cara, ella lo recibió con los ojos cerrados y alzando la cara, el líquido deslizo por su cuello y entre sus pechos, ella lo restregó por su cuerpo y dejo otra parte para frotar con el cuerpo de Leonor, cuando terminé las reservas que tenía, desde el borde de la bañera me la agarró y me la chupo con suavidad, paso un buen rato para que pudiera ponerme a punto, pero ella tenía una boca divina, también me acariciaba las bolas con manos de seda… cuando me corrí, me agarro la verga y me la bombeó sobre Leonor… apenas fue un chorro aguado, pero salió con la fuerza suficiente para llegar a sus pechos. Yolani se los restregó en los pechos y luego los chupo… abrió la llave de la ducha y con la manguerilla de la bañera se fue bañando junto a la otra, aquella reaccionaba aletargada al manoseo de Yolani.

    Yolani: aquí ya no tienes que hacer… vete a dormir.

    Yo muy mandado, me lave la cara y por lo menos me lave un poco mis bolas y verga, mientras miraba como se contorsionaban en la bañera a medida que el agua corría y el jabón espumaba la tina; me fui hacia la cocina a comer algo, agarre apenas un yogurt y unas galletas, después de comerlos me acosté en el sofá, cuando ya miraba algunas luces del amanecer, me puse el bóxer y me dormí…

  • Karina (Parte 2)

    Karina (Parte 2)

    Hola, esta vez les contaré todo lo que ocurrió después de haber probado el néctar de aquel guarda de seguridad, en la fiesta de fin de año de la empresa de mi esposa…

    Al reponerme de aquel baño de semen que me había dado mi macho, el guarda de seguridad me tomó del hombro un poco fuerte y me dijo: Vamos perra a buscar a tu ama…

    Sabía que esto me iba a traer más problemas ya que mi cara, cuerpo y ropa estaban totalmente empapadas de semen además que el olor de este néctar es inconfundible, estaba aterrada de solo pensar lo que diría mi esposa al verme así, teniendo en cuenta que ella es una enferma tomadora de semen y notaría de inmediato lo que yo había estado haciendo..

    El guarda de seguridad, tomó su radio y se comunicó con otra persona indicándole que acudiera de forma inmediata que le tenía una sorpresa, algo dentro de mi supo que la noche iba a ser larga, continuamos nuestro camino y durante el trayecto no pronunció palabra, me apretaba muy duro el brazo y yo solo le hacía caso y caminaba a su lado sin abrir mi boca para nada.

    Mientras caminábamos hacia el salón donde debía encontrarme con mi esposa el sonido de la fiesta se escuchaba cada vez más lejos, eso me aterraba ya que pensaba en lo que nos pudieran hacer a mi esposa y a mí en un lugar tan solo y alejado.

    El camino cada vez era más oscuro y dentro los arbustos se notaba la luz de una linterna que apuntaba a mi cara no podía ver quien era, pero presentía que era la persona con la que se había comunicado el guarda, al fin pude observar y vi acercarse un hombre de unos 35 años, de estatura media, de barba y piel blanca, el uniforme le quedaba perfecto podía verse a simple vista que hacia ejercicio tenía un pecho súper formado y unos brazos musculosos, la verdad no era para nada feo, es más me gustó desde que li vi, me pareció muy sexy.

    Al llegar se miraron de frente y el guarda maduro que había descargado toda su leche en mi cara y boca, le dijo al más joven: te acuerdas de aquel favorcillo que me hiciste y del cual quedé en deuda contigo? Ha llegado la hora de agradecerte, el joven lo miró se sonrió y le dijo: vaya pensé que nunca me ibas a pagar ese favor, pero veo que tienes palabra, a lo cual me miró de arriba abajo acercándose lentamente a lo que dijo: pero por Dios Antonio esta perra huele a semen, ¿te la has comido y te has derramado en su boca?

    Antonio que era el veterano le contestó: si Oscar la encontré paseándose por estos lugares así vestida como una puta calentona, le pregunté qué hacía en este lugar y sabes que me respondió? Que era idea de su esposa y que iba camino a encontrarse con ella, los dos se rieron y Oscar el guarda más joven le contestó: no le creo nada y así como tú le has dado su merecido por entrar a propiedad privada yo haré lo mismo, sabes Antonio lo que me calientan estas travestis, a lo que respondí: no me hagan nada, les juro que mi esposa me citó en este lugar y ella en este momento se encuentra en la fiesta y en cualquier momento debe llegar para aclarar todo, por favor no nos hagan nada, se los pido…

    Oscar, me miró, se acercó y me dijo al oído: tranquila si te portas bien no le contaremos a tu esposa lo perra que eres, metió su lengua en mi oreja lo que estremeció todo mi cuerpo, mi ano se contrajo produciendo que mi piel se pusiera como de gallina, no lo podía creer a pesar de la angustia y el susto que todo esto me producía solo quería que este hombre musculoso me tomara y me hiciera sentir su perrita.

    Antonio, pudo notar mi reacción y le dijo a Oscar: Mira como esta perra se puso cuando le metiste la lengua, se nota que solo quiere verga, esas palabras me calentaron y solo pude mover mi cabeza en señal de aceptación, Antonio me tomo por la cintura mientras me besaba el cuello, el solo sentir sus labios rodeando mi nuca hizo que de inmediato tuviera una fuerte erección levantando mi pequeña faldita, Oscar se acercó y me besó de una forma salvaje, mientras sentía la verga de Antonio rozando en mi culo, el pene grueso de Oscar pude sentirlo en mi ombligo.

    El momento era muy caliente, jamás había pensado que todas esas noches y días de calentura en los que me quedaba solo travestido y fantaseando con varios hombres, aquella noche se estaba convirtiendo en realidad, la reacción que tuve en ese momento fue tomar un dedo de la mano de Oscar y meterlo en mi boca para besarlo y llenarlo de saliva, a lo que me dijo lo chupas muy rico mami, me tomó por la cintura y me dio la vuelta pegándome su rica y dura verga en mi hambriento culo.

    Oscar Jugueteó con mi tanga hasta correrla y meter su dedo en mi ano, la sensación era lo mejor, lo saco y puso su dedo nuevamente en mi boca para llenarlo de saliva yo muy caliente se lo chupé y le dije: mételo en mi culo, estoy muy caliente papi, como una fiera tomé de la mano a Antonio y lo incorporé a la juerga, él estaba a un lado haciéndose una paja, tenía entre sus manos aquel pedazo de carne venoso el cual ya había descargado su leche en mi cara y boca.

    Tome la verga de Antonio en mis manos y empecé a pajearlo, por instinto me agache para meterlo en mi boca, el olor a macho y a semen se sentían en el ambiente, de un solo movimiento me metí aquella polla en la boca y empecé a succionarla suavemente, mi lengua jugaba con su glande el cual parecía iba a estallar, mientras yo mamaba aquella verga sentí entrar el dedo de Oscar en mi culo, lo que me hizo temblar y doblar las rodillas por un momento, mi cuerpo temblaba.

    Mientras seguía en mi mamada con la verga de Antonio, Oscar me besaba el culo hasta que sacó su dedo juguetón y me empezó a mamar el ano con su lengua, sentía como me violaba con su lengua, mi verga estaba a punto de estallar de un momento a otro, ya que Oscar con el solo meter su lengua me iba a provocar el más grande orgasmo de mi vida, y eso lo sabía porque un fino hilo de lubricante salía de la punta de mi verga llegando al piso…

    Era un momento de lujuria, solo quería sentir a ese par de machos clavándome hasta lo más profundo de mi ser, quería sentir sus huevos gigantes golpeando en mis nalgas y me hicieran sentir la mujer más sexy del planeta, estaba a punto de correrme pero quería más, por lo cual paré la mamada que le estaba haciendo a Antonio y retiré la lengua de Oscar de mi culo, los miré y les dije:

    Nunca me han penetrado y estoy ansiosa por sentirlos dentro de mí, así que por favor derramen toda su leche en mi ano, quiero que me llenen ese culo de leche, esta noche seré su perra, hagan lo que quieran.., al decirle estas palabras a mis hombres, pude observar a Claudia mi esposa quien me miraba fijamente a los ojos, lo único que se me pasó por la mente fue decirle: amor, llevas mucho tiempo viéndonos? Contestándome: lo suficiente como para saber que eres una maldita puta, lo sabía desde hace unos años, pero quería ratificarlo, no puedo creerlo te gusta más la verga de lo que me imaginaba.

    Sentí que el mundo se me caía a pedazos, que ahí terminaba mi matrimonio y todo el mundo se enteraría de mis gustos y mis andanzas, no sabía qué hacer, solo decirle: Claudia amor no es lo que parece, ella sonrió me miró de arriba abajo, y me dijo: todo está dicho me casé con una mariquita a la que le gustan los penes, hoy lo ratifiqué o acaso creíste que nunca me daría cuenta que te probabas mi ropa y andabas como toda una perra por la casa? Nunca llegaste a pensar que en uno de tus viajes podía instalar cámaras en el apartamento? Después que ella dijo estas palabras quedé frio, sabía que todo estaba dicho…

    Debía aceptar como todo un hombre mis errores, a lo cual le dije: Claudia perdóname y tienes toda la razón no merezco que me perdones soy un cabron y si te quieres separar o ir de la casa no te detendré yo soy el culpable y merezco tener un merecido por lo que acaba de suceder y de lo que fuiste testigo.

    Claudia: es bueno que aceptes tus errores, pero es mejor que los enmiendes de alguna manera, la mire y le pregunte: y como puedo arreglar mis errores?

    Claudia, con una sonrisa macabra me dice: hay una forma de arreglar este problema, mirando a los guardas de seguridad y pasando su lengua por toda su boca…

    En la tercera y última entrega… Claudia sabrá qué clase de esposo tiene y yo que clase de esposa tengo…

  • Mi vecino y el equipo de futbol

    Mi vecino y el equipo de futbol

    Hola, hoy les platicaré de mi primer gang bang, fue con los amigos de mi vecino.

    Fue un jueves por la noche, yo venía de la tienda ese día traía un pantalón negro muy ajustado con unos zapatos un poco altos una blusa blanca va porosa sin sostén y un suéter rosa muy ligerito.

    Cabe decir que ese día me veía muy linda nada extravagante, solo mis nalgotas que no las puedo esconder ni me gusta!

    Cuando di vuelta a mi calle, venían 3 señores con uniforme de fútbol, short blanco playera blanca, calcetas amarillas y tenis negros, dos de ellos morenos y medio panzones y uno muy chaparrito pero muy moreno y delgado.

    Al pasar a un lado de ellos se me quedaron viendo con unas caras de lujuria y morbo, hasta voltearon a verme las nalgas, lo sentí!

    No le di mucha importancia puesto que estoy acostumbrada a que pase eso y a las miradas hacia mis nalgas por parte de los hombres.

    Llega a la puerta de mi casa, estaba por abrir y en ese momento se estacionó un auto justo detrás mío, volteé a ver que era y era mi vecino, con el que cogí en el supermercado.

    Me saludó, me acerqué a saludarlo, me dijo que estaba haciendo, a lo que conteste que no mucho, “me preparo para hacerme de cenar para dormirme temprano”, “oye te tomas una cerveza conmigo”, me preguntó.

    -No vecino que mañana tengo que ir a trabajar me tengo que acostar temprano y además aquí es muy arriesgado, nos puede ver Lupita tu esposa!

    -No te preocupes, ella no está aquí en la casa fue al pueblo a ver a su mamá.

    -Ándale ven, solo una cerveza y ya!

    -Ok está bien, pero solo una -me di la vuelta al coche, y me subí!

    Me dio una lata de cerveza y empezamos a platicar de cosas cotidianas, pero también de lo que pasó en el supermercado!

    Nos tomamos la segunda cerveza y ahí empezó todo, se abalanzó sobre de mi y me empezó a besar.

    -Vecino espérese alguien nos puede ver!

    -No inventes! Después de lo del súper me dices eso!

    -Pues si, aquí nos pueden ver y decirle a Lupita!

    No te preocupes, no pasa nada. Me besaba con muchas ganas, desabrochó mi suéter y mi blusa, no traía sostén y sacó mis tetas, las besaba y luego me besaba la boca ya estaba poniéndome muy caliente, desabrochó también mi pantalón y metió su mano para sobarme mi papayita, yo hice lo mismo con él, pero como traía su uniforme del juego, se tuvo que bajar el short para poder sobarle la verga.

    Nos seguíamos besando él me sobraba mi panochita y yo le hacia una buena chaqueta! Me tomó del pelo y me bajó para que le diera una buena mamada (me puso muy cachonda que me tratara como una cualquiera, como putita) lo que hice fue que me hinqué en mi asiento, puse una rodilla en el asiento y la otra debajo del asiento en el piso, así pude meter mi cabeza entre su panza y el volante, él cómo pudo me bajó el pantalón, abajito de mis nalgas y se dio vuelo con mi culito hizo a un lado mi tanguita y me empezó a dedear mi culito. Yo seguía comiéndome esa verga tan rica y gorda de mi vecino, de repente oí una voz!

    -Si conseguimos cerveza compadre -acto seguido abrieron la puerta del coche del lado del conductor y obviamente me vieron con la verga de mi vecino en la boca, sentí un poco de pena, pero también me excitó mucho!

    -Compadre veo que ya está festejando, pero no sea así, preséntenos a su amiga!

    También abrieron la puerta de mi lado y vieron todo el espectáculo! Mis nalgotas al aire solo con mi tanguita y los de dotes de mi vecino dentro de mi culito! Cuando los reconocí que eran los mismos que hace 5 minutos me comían con la mirada me puse aún más caliente! El señor moreno chaparrito empezó a meter mano también, se siente muy rico tener muchas manos en el cuerpo tratando de llegar a mis hoyitos!

    Los 3 estaban muy tomados, y mi vecino dijo:

    -Vamos a mi casa al fin no hay nadie.

    Yo le dije que sí, se subieron los 3 atrás y fuimos a su casa, ahí nos viajamos del coche y entramos a la sala efectivamente no había nadie, porque cabe aclarar que viven sus 3 hijos con sus respectivas esposas e hijos.

    Bajaron las cervezas y nos pusimos a bailar, todos querían bailar conmigo porque me manoseaban y me besaban, yo solo me dejaba querer, Después de un rato me empezaron a desnuda e hicieron que les bailará desnuda, así empezó todo, se acercaron y me besaban me chupaban las tetas y me metían mano en mi papayita y en mi culito, me tomaron del pelo hicieron que me hincara se pusieron a mi alrededor, les bajé sus short a todos y empecé a chupar se la a los 4 nunca lo había hecho con tantos hombres juntos, mi vecino y el señor moreno chaparro se desnudaron todos solo se quedaron con sus calcetas de juego y sus tenis y los otros dos solo se quitaron el short.

    Yo estaba muy excitada y también un poco tomada de tanta cerveza, ellos, los 4 si estaban muy tomados, aun así a los 4 se les paro muy rápido, pero a don Juan el señor moreno y chaparrito, se le paro aún más, parecía de piedra, la tenía muy grande y dura.

    Mientras yo seguía chupando vergas él me tomó por la cintura e hizo que me pusiera de pie para poderme penetrar, yo solo hacía lo que ellos decían y así fue, estaba de pie solo me agache para poder seguir con mi trabajo y empezó a penetrarme por mi papayita, tenía a los otros 3 frente a mi, al de en medio se la chupaba y las de al lado solo se las jalaba, después de un rato mi vecino me llevó al sillón de la sala se sentó e hizo que me subiera de frente a él, don Juan el chaparrito se puso detrás mío y también me penetro, mi vecino por mi papayita y don Juan por el culo! Nunca había tenido una doble penetración, me existe tanto que me vine muy rápido, parecía que me había meado de tanto que me vine, los otros 2 se pasaron detrás del sillón para seguir jalándoselas y chupándoselas, me sentía una súper putita, jamás pensé que podría coger con 4 hombres a la vez! Cambiamos de posición y ahora los que estaban parados era su turno de darme al mismo tiempo, y a mi vecino y a Juanito se las mamaba con muchas ganas y les dije! Cójanme los dos al mismo tiempo por el culo!

    Quería tener 2 vergas dentro de mi culito!

    Nos pusimos en posición, se sentó mi vecino y me subí a su cosota me penetro por el culo, después Juanito se puso detrás mío y también me penetro por el culo, nos costó un poco de trabajo, pero al fin tenía 2 vergas dentro de mí, me bombeaban muy rápido, más Juanito, hicieron que me viniera, fue muy intenso y fue por atrás, se salieron de mi culito yo seguía sobándome mi papayita y me abrieron las nalgas, jamás había sentido tan abierto mi culito, lo abría y cerraba con las contracciones de mi orgasmo, los otros 2 estaban filmando con su celular, estaban filmando mi culito dilatado, que cachondo fue ese momento, seguimos teniendo sexo en diferentes posiciones hasta que el señor más gordito se vino en mi boca, me los trague todos!

    Siguió el otro gordito panzón y velludo, tenía el pecho y la espalda llena de pelos, también se vino en mi boca, solo faltaba mi vecino y Juanito, los dos gordito después de venirse y de tan tomados que estaban se sentaron en los otros sillones, parecían leones después de comer, se quedaron bien dormidos!

    Nosotros estábamos en lo nuestro! Mi vecino sentado, yo de a perrito chupándosela y Juanito dándome por el culo! De repente Juanito no aguanto más y se vino adentro de mí!

    Acto seguido, se sentó en el sillón tomó una cerveza se la tomó de Hidalgo y se durmió! Unos min después sucedió lo mismo con mi vecino, me llenó la boca de leche! Terminamos muertos!

    Nos sentamos los 2 en el sillón tal cual estábamos y no supe de mi.

    Desperté! Estaba recostada en las piernas de Juanito y mi vecino recostado en mi pecho! Los 3 completamente desnudas y sus 2 amigos dormidos en los otros sillones sin short solo con la playera del uniforme!

    Cuando desperté, había mucha luz, ya había amanecido eran como las 11 de la mañana, todos seguían bien dormidos, yo me levante busque mi ropa me vestí y me fui a mi casa solo no encontré mi tanga ahí se las dejé de recuerdo, en la calle estaban unas señoras que vieron que salía de la casa de mi vecino, después de días supe lo que decían de mi, que era una puta.

  • El último del año

    El último del año

    Se acababa un año difícil para todos y por todo. La pandemia había cambiado todo el escenario. El miedo a un contagio de consecuencias incalculables había hecho que las relaciones humanas se encontrasen en pleno proceso de transformación. Después de pasar muchos meses confinados, Ana y Carlos habían tenido que separar sus vidas.

    Él era abogado y ella estudiante de último año de medicina. Compartían un piso en Madrid hasta que el aviso de confinamiento hizo que decidieran volver a casa de sus respectivas familias. Carlos se quedaría en Madrid acompañando a su madre viuda. Ana viajaría hasta la residencia gaditana para pasar los meses de encierro junto a sus padres, ambos mayores.

    Durante esos meses, la relación se mantuvo vía telefónica y por videollamada. Incluso echaron algún polvo frente a la pantalla de sus respectivos ordenadores. Y es que Ana era una mujer muy sexual. Le apasionaba el sexo. Sentir las manos de su novio recorrer su precioso y delicado cuerpo era algo que la excitaba solamente con recordarlo. Por eso, ansiaba la llamada de Carlos a media noche para calentarse, excitarse y mostrarle como se tocaba con alguna de sus múltiples fantasías.

    Pero había veces, donde Carlos no la correspondía como a ella le gustaría. El novio solía ser bastante convencional. Incluso algo conservador llegando a tener algunos tabúes con respecto a ciertas prácticas sexuales. Ella, en cambio, tenía una mentalidad mucho más abierta para esas cosas. Quizá fuera su formación científica mientras que la de él era puramente de letras. La experimentación era algo que Ana necesitaba para colmar sus inquietudes. De manera que, aunque el sexo con su novio no se diría que era malo, por momentos su imaginación iba mucho más allá de lo que el abogado podía ofrecerle.

    Llegó el verano y se fueron relajando las medidas anti Covid. Los novios volvieron a reencontrarse para pasar las vacaciones juntos. Después de tanto tiempo sin sexo Ana no veía la hora de ser penetrada por Carlos. Pero aquel primer polvo después de tantos meses de sequía le supo a poco. Lo disfrutó pero le dejó una extraña sensación de vacío. Como si no hubiese sido todo lo pleno que cabía esperar después de medio año de abstinencia forzada.

    Quedó desconcertada. Su libido estaba en su máximo, durante el confinamiento había fantaseado mucho pero ahora, después de follar con Carlos, tenía la sensación de que le faltaba algo. Necesitaba algo que hacía que el sexo fuera mucho más excitante. Necesitaba morbo.

    Los meses pasaron, siguió follando con Carlos pero la sensación de plenitud no le llegaba. Su mente volaba para fantasear con encuentros prohibidos, con personajes conocidos y desconocidos. Con todo tipo de prácticas y posturas. En situaciones cada vez más morbosas y peligrosas.

    Pasó el verano, y Carlos volvió a Madrid, al bufete donde trabajaba. Ana, en cambio, permaneció en casa de sus padres y solo subía a la capital para realizar los exámenes. Su relación había sufrido un cambio durante el post confinamiento. La chica se sentía insatisfecha sexualmente con su novio. En los siguientes meses volvieron a hacerlo cada vez que ella subía a Madrid. Pero la necesidad de experiencias más atrevidas se volvía cada vez más imprescindible para la futura médica. El abogado, por el contrario, se mantenía en no atravesar ciertas líneas rojas.

    El último trimestre del año llegaba a su fin. Las navidades se le presentaban a Ana como un ultimátum para la relación con Carlos. Ella, mujer joven, muy atractiva y sexualmente tan inquieta como activa, necesitaba que su novio decidiese qué hacer con su cada vez más aburrida vida sexual. Echar un polvo en modo misionero estaba bien cuando eres un adolescente sin experiencia. Pero a los 26 años, la chica necesitaba comenzar a experimentar nuevas prácticas, nuevas posturas. Perder los papeles, interpretar roles diferentes a los socialmente aceptados. Para ella el sexo era un juego morboso donde cabía todo un universo de posibilidades que su mente podía imaginar.

    Las navidades cambiaron poco la situación. Carlos llegó el mismo día 24 para pasar junto a su novia, y la familia de ella, la nochebuena. Lo hicieron en el piso que la familia de él tenía en Cádiz. Fue un sexo convencional y aburrido que a Ana, a estas alturas, ya no satisfacía en absoluto. Lo volvieron a hacer cinco días después y tras mucho insistir ella. Carlos se estaba convirtiendo en un señor mayor con la rutinaria (y malsana) costumbre de hacerlo una vez en semana.

    Ana se puso seria con él. No era la primera vez que le planteaba el tema pero aquella tarde del 30 de diciembre su paciencia había llegado al límite:

    -Necesito hacerlo contigo Carlos.

    -Ya Ana. Pero si lo hemos hecho hace dos días.

    -Pero yo necesito hacerlo más. Mucho más.

    -Venga ya Ana, ni que fuéramos perros en celo, joder…

    -Y si lo soy, ¿qué, Carlos? ¿y si me siento muy perra?

    -No digas tonterías joder. Hablas como una cualquiera. Tú no eres así. –Carlos se acercó a su novia y la besó con delicadeza.

    Ella se retiró bruscamente:

    -No soy una cualquiera. Pero necesito más de lo que me estás dando. Necesito sentirme deseada. Pero deseada de una manera pasional. Lujuriosa. Quiero sexo fuerte. Duro. Necesito nuevas experiencias.

    -Ana, ¿qué te pasa? ¿Desde cuándo hablas como una…?

    -¿Como una qué…, Carlos? Dilo… ¿Como una puta? ¿Como una zorrita? Quiero ser tu puta, Carlos. Tu perrita en celo. ¿O es que no te has dado cuenta?

    -Mira Ana, lo mejor será que me vaya ya. Tranquilízate, date una ducha y relájate. Nos vemos el día de Reyes en Madrid. Ya estarás más calmada. Te prometo hacértelo en cuanto llegues.

    Carlos besó a su novia en los labios. Ella ni abrió la boca. Algo se había roto en aquella relación.

    En todos los años de su relación, Ana no se había planteado serle infiel a Carlos. Una cosa era querer un poco más de caña en la cama y otra bien diferente ponerle los cuernos porque sí. Y no es que le hubiesen faltado oportunidades. Ella sabía perfectamente lo que provocaba en los hombres. Era una chica guapa, con muy buen cuerpo. Quizá algo escasa de pecho pero compensado con un maravilloso culo trabajado a base de horas de gimnasio. Allí mismo cruzaba miradas con otros usuarios de cuerpos espectaculares con los que sí había fantaseado. Pero nunca más allá.

    Lo más lejos que había llegado era a masturbarse de manera descuidada en la terraza de la casa de sus padres sin darse cuenta que un vecino maduro la observaba. Aunque se reconocía que en un primer momento pasó vergüenza ahora, en la perspectiva del tiempo, era una de las experiencias más excitantes que había disfrutado.

    Con ese recuerdo se levanta de la cama la mañana del último día del año de la pandemia. Al puto 2020 solo le quedaban horas para finar. Las medidas anti Covid seguían siendo muy restrictivas. Cafeterías abiertas solo hasta las 18 horas, número máximo por mesas, prohibidas las aglomeraciones. Y la petición de que mantenerse en casa era la mejor opción para toda la población. Pocas opciones de diversión para el último día del año.

    Ana se metió en la ducha. Abrió el grifo del agua caliente y dejó que ésta recorriese su precioso cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás y dejó que su melena cayese por su espalda. La curvatura hacía se pronunciase su culo. Unas espectaculares nalgas de jugadora de vóley brasileña se reflejaban en el espejo de enfrente. Ana se gustó. Se sintió muy sexy:

    -Joder… este Carlos es gilipollas. Si yo fuera un tío me estaría follando todo el día… Capullo.

    El agua utilizaba su cuerpo a modo de trampolín. Corría por su espalda y saltaba al llegar a su culo. Lo mismo sucedía por delante. Donde sus pezones habían reaccionado a su pensamiento endureciéndose y retorciéndose sobre sí mismos. Ahora sus aureolas se encogían provocando que sus pezones saliesen hacia fuera de manera provocadora. Las gotas de agua golpeaban sobre ellos saltando al vacío. Ana se acarició las tetas de manera sensual antes de pellizcárselos y tirar de ellos hasta provocarse dolor. De inmediato su entrepierna aumentó de temperatura.

    Ana sentía como su clítoris palpitaba. Llevó su mano derecha hacia su entrepierna y comenzó a acariciarse. Sus vellos púbicos parecían más oscuros estando mojados. El perfilado triangulo sobre su monte de Venus era la antesala de unos labios, ahora henchidos por la excitación, no demasiado gruesos que cerraban perfectamente una vagina rosada. Sus dedos recorrieron la rajita que los separaba y acertó a diferenciar la textura entre los líquidos que mojaban su coño. El agua bajaba por sus piernas pero sus dedos se pringaron con el fluido viscoso que manaba de su interior. Con los ojos cerrados y suspirando, los movió instintivamente hacia su botón recordando a aquel maduro que la vio pajearse en la terraza durante el confinamiento. Movió los dedos en un movimiento circular sobre su clítoris dándose un placer inmediato.

    El chorro de agua caliente caía sobre ella mientras sus dedos surfeaban por aquella acumulación de terminaciones nerviosas produciéndole calambres que recorrían su columna vertebral. La imaginación de Ana voló hacia el 2ªB, donde su vecino estaría ahora con su mujer. La joven estudiante de medicina fantaseaba con pasearse desnuda por el piso de sus vecinos, agarrar al voyeur y tirárselo sobre su sofá mientras su mujer la observaba. Impotente y derrotada por una niñata mucho más joven que ella.

    A punto de llegar al orgasmo, agarró la alcachofa de la ducha y dirigió el potente chorro de agua caliente hacia su sexo. Lo hizo impactar contra su pipa mientras con dos dedos de su mano izquierda separaba los labios abriendo su coño al placer. Con el orgasmo a las puertas, Ana boqueaba tratando de tomar aire para poder gemir de placer. Una descarga eléctrica salió de su coño recorriendo toda su espalda a través de la espina dorsal hasta el bulbo raquídeo, donde impactó en un lugar indeterminado para hacerla gritar de placer. La última imagen que vio su mente calenturienta fue la de su vecino observando como su mujer empalaba por el culo a Ana con un arnés mientras ella lo miraba lasciva…

    La chica salió de la ducha hacia su habitación. Aún le temblaban las piernas de la espectacular paja que se acababa de hacer. Allí se visitó con ropa deportiva ya que su intención era no salir de casa; “qué asco de pandemia” pensó mientras se embutía en unas mallas negras con las que solía acudir al gym. La prenda se ajustaba perfectamente delimitando su figura tonificada. Se colocó una camiseta Nike tipo top que dejaba ver su vientre definido.

    Pese a la paja con la que había recibido al último día del año, su excitación sexual no desapareció a lo largo de todo el día. Cada cosa que leía, veía o escuchaba, sin saber muy bien por qué, la traía la cara de su vecino. Su mente la llevó a plantearse muchas cosas y ninguna “buena”. Bajó a la tienda a hacer unos recados cuando coincidió con su vecino que iba en su misma dirección. Prácticamente no se habían vuelto a ver desde aquel día en la terraza. La situación era tan incómoda como excitante.

    Cruzaron sus miradas un segundo. A la joven le dio tiempo a hacer un reconocimiento rápido. El tipo era mucho más alto frente a frente que lo que le pareció desde la terraza. Le pareció realmente guapo. Su cuerpo no se correspondía con el de alguien de su edad, tampoco su vestuario. Su porte elegante hacía que rellenase los vaqueros de manera espectacular y su camisa blanca parecía echa a medida de sus hombros anchos.

    Ambos iban en la misma dirección y tomaron el ascensor juntos. Dentro la tensión sexual aumentó muchos grados. Ana sabía lo que provocaba en los hombres, y éste no era ninguna excepción. Su vecino la miraba con ojos de lujurioso deseo. Prácticamente la desnudaba con la mirada. Tuvo la sensación de que le podía ver a través de su camiseta. Este pensamiento hizo que sus pezones reaccionasen, lo que unido a su falta de sujetador provocó que se marcasen de manera sensual por encima de las letras de la marca estampadas en la camiseta, sobre su pecho. Lo que no esperaba es lo que este vecino le estaba provocando a ella.

    Compartir un espacio tan reducido como un ascensor con un desconocido que ha visto como se masturbaba en la terraza y con el que acababa de fantasear en la ducha, era algo que a Ana le estaba provocando espasmos de excitación. Sintió como sus bragas no podían absorber el flujo vaginal que manaba de su entrepierna. El tipo respiraba muy cerca de ella. No había apenas espacio. Estaban enfrentados. Sin decir nada se miraron. El hombre se acercó un poco más a ella sin dejar de mirarla. La chica aceptó el acercamiento con deseo reflejado en sus preciosos ojos. De repente, el vecino pulsó el botón de STOP haciendo que el aparato se detuviese bruscamente. En el movimiento ella cayó levemente sobre él. El beso fue inevitable. Se comieron la boca como dos adolescentes apasionados. Sus lenguas jugaron de manera imprudente, dadas las circunstancias, intercambiando saliva caliente de una boca a la otra. Ana mordió la de él dejándola prisionera de su pasión desenfrenada.

    Las manos de los dos pugnaban por palpar cada vez más superficie corporal del otro. Ana agarraba la nuca de su vecino obligándole a agachar la cabeza para seguir besándola. El hombre, con sus grandes manos, dibujaba el contorno de la joven estudiante de medicina con predilección por su culo. Las mallas y unas pequeñas braguitas brasileñas eran las únicas prendas que le separaban de acariciar las maravillosas nalgas de la hija de sus vecinos. Poco a poco fue subiendo, metiendo la mano por el interior de la camiseta hasta palpar aquellas dos fresas con su mano.

    Al tacto, Ana se sobresaltó. Era la primera vez que otro hombre diferente a su novio le acariciaba las tetas. Lo hacía de una manera muy diferente. Sin brusquedad pero con determinación. Agarró sus pezones hasta conseguir que le dolieran de placer. La sensibilidad de sus tetas era enorme y más cuando la situación era tan morbosa. En pleno éxtasis un grito les trajo a la realidad:

    -Ascensor…

    Algún vecino llamaba al elevador sospechosamente detenido en algún piso. Se apresuraron a ponerlo de nuevo en marcha interrumpiendo así un momento de excitación casi pornográfico. Antes de llegar hasta el siguiente piso, el hombre le pasó su número de móvil:

    -Esta tarde mi mujer sale con los niños a casa de su madre. Estaré solo unas tres horas desde las cuatro de la tarde…

    Sin tiempo para despedidas, la puerta del ascensor se abrió en la planta en que lo había reclamado un matrimonio septuagenario, famoso en el bloque por sus constantes quejas sobre el estado de la comunidad. Ana salió disparada hacia su casa. El vecino hacia la suya. No se miraron.

    Durante el resto de la mañana, Ana no dejó de pensar en su vecino. Un semidesconocido, casado y maduro, 20 años mayor que ella. Durante el almuerzo con su familia no dejó de pensar en follárselo. Se había colado en su cabeza de manera casi obsesiva. Mientras comía, imaginó que se levantaba al baño y allí estaba él esperándola. Se bajaba las mallas y el tipo le practicaba un maravilloso sexo oral contra la puerta del baño, arrodillado ante ella.

    Llegados al postre, al joven se impacientaba mirando su móvil para ver la hora. Esperaba un whatsapp que le indicase que podía ir a su piso. La última media hora se le hizo eterna. Y más aún cuando pasaban 20 minutos de las 16 y no recibía nada de su vecino:

    “Joder, seguro que se ha arrepentido. He sido una ilusa al pensar que podía follarme al tío este.”

    Cuando ya había perdido toda esperanza de follar ese día. Su móvil sonó al recibir una whatsapp de él:

    “Mi mujer se ha retrasado y no ha salido hasta ahora. Dame 15 minutos.”

    Se estuvo arreglando un poco pero mantuvo las mismas ropas y a las 16:45 anunció en su casa que salía a dar un paseo por fuera de la urbanización. Sus padres comenzaron una siesta. Aparentando una tranquilidad que no tenía salió de su casa en dirección al 2ªB. Se encontró la puerta entreabierta y entró sin llamar. La casa era inversa a la suya y se movió por ella con soltura hasta el salón. Allí le esperaba su vecino, vestido con un pantalón de chándal y una sudadera. Estaba tan sexy como en el ascensor.

    Sin mediar palabras, se fundieron en un apasionado beso retomando la situación en el mismo punto en que lo habían dejado en el ascensor. Ella agarrada a la nuca de él, presionando la cabeza contra la suya. El vecino recorriendo el cuerpo de la chica con especial atención al culo y las tetas. Ana abrió la cremallera de la sudadera y fue desnudando al hombre. Él la ayudó quitándose la camiseta de mangas cortas y dejando su torso desnudo. La chica aprovechó para besar y recorrer su cuerpo con sus labios. Mordió uno de los pezones del hombre al tiempo que él le pellizcaba los suyos.

    La respiración entrecortada, los gemidos y suspiros eran la banda sonora de aquella tarde previa a Nochevieja. El vecino comenzó a comer el cuello de Ana, lamiendo desde su barbilla hasta el inicio de la garganta. La futura médica se liberó de su camiseta Nike dejando a la vista de aquel casado dos preciosas tetas. Eran de un tamaño medio que el hombre abarcaba sin problemas con sus grandes manos. Ella notó como sus pezones erectos se clavaban contra la palma de la mano de él. Su sensibilidad en el pecho hacía que se excitase de manera casi animal.

    Ana tiró de la mano de su vecino y lo acercó al sofá. Él quedó de pie cuando ella se sentó. Sin dejar de mirarle a los ojos, fue tirando del pantalón del chándal. Sin ropa interior, se fue liberando una polla de generoso tamaño. Gruesa, recta, en la base de la cual colgaban dos huevos considerables. La joven agarró aquel miembro prohibido y lo presionó. Tiró de la piel hacia atrás haciendo salir un glande gordo y desafiante, de color rojo intenso por el que asomaban un par de gotas de líquido pre seminal. No dudó en lamerlo, pasando la lengua por todo el glande, saboreando ese sabor agrio-salado del sexo.

    Desde arriba, el vecino miraba a los ojos de Ana. Agarrándose la polla se la ofrecía para que la degustase. De repente la cogió por el pelo tirando de su cabeza hacia atrás y le golpeó la mejilla varias veces con la polla:

    -Te la vas a tragar putita.

    El insulto sonó en la cabeza de Ana como un disparo. Su excitación subió mucho más y se tragó la polla de aquel vecino hasta la campanilla para luego ir sacándola muy despacio. Volvió a repetir la maniobra haciendo un movimiento de cuello para encajarla perfectamente más allá de su campanilla:

    -Así joder. Qué guarra eres, niñata…

    Cada insulto hacía que su coño escupiera más flujo sobre sus bragas. Comenzó a tragar hasta su garganta el capullo de aquel vecino maduro provocando un sonido líquido, además de arcadas. Sus babas comenzaron a salir por la comisura de sus labios y sus ojos a lagrimear. Cuando apenas podía respirar se la sacó de la boca. La polla del tío estaba llena de babas de su joven vecina:

    -Joder, vaya cerda más rica…

    El vecino volvió a agarrarla del pelo y tras darle una bofetada se la volvió a incrustar en la boca. Ahora la cogió por la cabeza y comenzó a follarle la boca sin compasión. Ana dirigió una mano a su coñito y comenzó a tocarse. Se sentía como nunca antes con Carlos, su novio. Ahora se sentía como una puta y eso la excitaba. La mamada estaba llevando al hombre al orgasmo. La mujer comenzó a notar como se tensaban las piernas del tipo y entendió que estaba a punto de correrse.

    El primer chorro de abundante semen, dio en su campanilla. Ana notó como comenzó a descender por su esófago. El hombre sacó la polla de la boca de ella para dirigir el resto de la corrida a su cara, impactando en sus mejillas, a su boca, manchando sus dientes, su lengua y sus labios. Y el último chorro lo dirigió contra sus tetas. Un hilo de líquido viscoso y blanquecino quedó colgando de uno de sus pezones. Ana no dudó en relamerse los restos de sus labios. Recogió con los dedos los que marcaban su cara y sus tetas para llevárselos a la boca hasta degustarlo con hambre:

    -Eres un cerdo cabrón… -Dijo esto mirando a su vecino con lascivia y media sonrisa.

    -Y tú una perra guarra… -Contestó el hombre totalmente extasiado con la descarga de calcio sobre la preciosa cara de Ana.

    La tomó por los brazos y la levantó del sofá. Agarrándola por debajo de las nalgas al aupó sobre él. Ana rodeó el cuerpo de “su hombre” con las piernas alrededor de la cintura y se fundieron en un acalorado beso. Un beso sucio, guarro. Muy cerdo que a Ana le volvió loca.

    Agarrada a la nuca de su vecino comenzó a morderle la oreja, el cuello, el hombro:

    -Túmbate en el sofá que ahora me toca a mí.

    Sobre un sofá de cuero negro junto a la pared, el hombre se tumbó cual largo era. La estudiante de medicina tiró de sus mallas arrastrando con ellas las braguitas brasileñas, quedando totalmente desnuda en aquel salón ajeno y ante un completo desconocido.

    El hombre se deleitó con el cuerpo joven y perfectamente proporcionado, de piel canela. Las tetas de un tamaño medio desafiaban a la gravedad con una dureza casi virginal. Los pezones gordos y duros de color marrón oscuro, pedían a gritos una buena mordida. El abdomen definido por el gimnasio. Un triángulo de vellos marrón claro precisamente delimitado sobre el monte de Venus se veía realmente apetecible.

    Ana se inclinó para besar a su vecino antes de subir al sofá y sentarse sobre su cara. La chica le ofrecía merendarse un coño:

    -Cómeme cabrón.

    -Pero que guarra eres…

    -Lame perro, cómetelo todo.

    Ana se tiró de los vellos para separar sus labios, abriéndose el coño de par en par. Ante el vecino quedó una vagina rosada de olor penetrante y húmeda. El maduro dio una lamida de abajo a arriba que arrancó un suspiro de satisfacción de la chica:

    -Aggg, joder que caliente tienes la lengua.

    -Como me gusta tu coño, putita.

    -¿Te gusta más que el de tu mujer….?

    -Pero que perra eres, hija de puta…

    El hombre comenzó a devorar aquel manjar. Agarrado a las nalgas de Ana, acercaba el sexo a su boca para meter la lengua en aquel volcán ardiente. Los suspiros de la chica eran incontrolados, notando como aquel hombre casado recorría cada pliegue de su interior. Sintiendo cómo disimuladamente le introducía un dedo en el ojete (todavía virgen) y con la otra amasaba una de sus nalgas. La joven estudiante miró hacia abajo para ver como sus pelos del coño rozaban la nariz del vecino maduro que no dejaba de morder, succionar, trillar y masajear su clítoris a una velocidad nunca vivida por ella:

    -Me corro, cabrón, no pares de mover esa lengua cerdo…

    Un grito de placer anunciaba el espectacular orgasmo que acababa de alcanzar con la comida de coño de su vecino. Nunca antes había llegado al clímax con el sexo oral, pero Carlos nunca la había tratado como ella se merecía (quería), ni le había metido un dedo en el culo mientras mordía su pipa… Había sido excitante.

    -Vaya corrida que me he pegado cabrón. Joder como me lo has comido. Ahora te toca a ti.

    Ana se puso de pie en el sofá. Bajo ella, su vecino se acariciaba el miembro erecto deseoso de penetrarla. Apoyada con una mano en la pared y un pie a cada lado del cuerpo del hombre, fue descendiendo sobre el falo de aquel tipo. Tenía ganas de sentir aquella polla gorda y dura en su interior. La agarró con la mano derecha y la colocó en la entrada de su coño:

    -Te mereces correrte dentro de una vagina joven, vecino. Un chochito estrecho como el mío. Llénamelo de leche caliente.

    -Ufff, joder niña, que caliente lo tienes.

    Ana se fue empalando la polla de su vecino. Sintió cada centímetro que aquel ariete de carne caliente ganaba en su interior hasta que un golpe de cadera de él se la calzó hasta el fondo. Entre suspiros y gemidos de ambos se acoplaron a la perfección. Ella comenzó a moverse sobre él, sintiendo como el glande alcanzaba todos los recovecos de su vagina. Por fin comenzó a botar sobre el hombre. Primero apoyada en el pecho de él, luego pellizcando sus pezones para acabar en una espectacular cabalgada con sus manos en la nuca.

    Ahora era el vecino el que le metía dos dedos en la boca, que ella no dudó en succionar como haría con su polla, antes de agarrarle las tetas con las manos.

    Ana gritaba. Nunca había echado un polvo tan bueno. Con Carlos, su novio, las relaciones sexuales eran muy planas, poco dadas a la imaginación morbosa. Pero ahora le estaba poniendo los cuernos, cepillándose a un vecino maduro y casado.

    El hombre se incorporó, Le acarició el cuerpo y le metió la lengua en la boca antes de comerle las tetas. La agarraba por las nalgas, amasándoselas, buscando con sus dedos el agujero trasero. Ella le agarraba por la nuca apretando su cabeza contra sus tetas:

    -Cómeme las tetas cabrón. Vamos muérdeme.

    El vecino acataba sus órdenes y succionaba aquellos gordos pezones de manera lasciva:

    -Ay, joder que bien –un grito de Ana resultó más excitante que nunca -. Córrete cerdo. Córrete dentro de mi coño joven. Soy tu puta.

    -Toma leche, hija de puta. Toma, perra.

    El vecino explotó de manera abundante dentro de la vagina de aquella joven vecina. Notaba como ella apretaba su musculatura vaginal terminando de ordeñar su polla. Descargó hasta la última gota de semen que quedaba en sus testículos. Abrazó a Ana y se fundieron en un beso líquido y caliente:

    -Vaya polvazo, niñata.

    -¿Te ha gustado, vecino cabrón? –Dijo ella con media sonrisa y cara de zorra.

    -Me ha encantado putita hija de puta…

    -Pues cuando quieras más ya sabes dónde estoy…

    Seguían abrazados. La polla del hombre había empezado a perder dureza y la mezcla de fluidos había comenzado a salir del coño de Ana. Descendían por sus muslos hasta el sofá de cuero:

    -Me encanta estar así contigo, guapa pero mi mujer está a punto de llegar.

    -¿Te la vas a tirar esta noche pensando en mi?

    -Ufff, que cerda eres…

    Ana se marchó a su casa directa a la ducha. Pese a haberse duchado por la mañana necesitaba una lavarse entera. Su cuerpo estaba lleno de sudor, saliva y fluidos de uno de los polvos más morbosos de su vida. Era la primera vez que le ponía los cuernos Carlos, su novio. Pero no creía que fuera la última vez. El vecino se prestaba a muchas fantasías y habían quedado en volver a verse a poco que tuvieran otra oportunidad.

    Por la noche, tras las uvas, Carlos la llamó para felicitarla y decirle lo mucho que la echaba de menos. Tenía ganas de follársela y le propuso una video-llamada pero Ana declinó ya que quería estar con sus padres… Para ella, el del vecino había sido “el último del año”.

  • Nuevo novio

    Nuevo novio

    Después de aquella situación que viví con esa persona, que era una persona con poder o un maleante o algo por el estilo, pasé alrededor de tres años sin tener contacto alguno con un hombre, hasta que llegó a mi vida Sebastián.

    Sebastián fue mi segundo novio, 7 años mayor que yo, a él lo conocí en mi primer empleo, inmediatamente después de terminar mi carrera profesional de administración, llegué a trabajar al gobierno, y él ya tenía cerca de dos años trabajando ahí, algunas compañeras en diversas ocasiones me invitaban a salir, pero yo no accedía, estaba muy temerosa, hasta que por fin después de tres meses de trabajo accedí a ir de fiesta con las compañeras.

    Estábamos en un bar y de pronto llegó Sebastián con otro compañero éramos seis en total, cuatro chicas y ellos dos, esa noche se me borró todo de la cabeza, hacía tanto tiempo que no salía y me divertía, al final cada una de las chicas se fueron yendo hasta quedar con Julia la que me había invitado, Sebastián y Rubén, Rubén ofreció a llevar Julia y se fueron, Sebastián me dijo que si quería, el me llevaba o pedía un taxi, así que accedí a qué me llevará a mi casa sin antes pasar por unos tragos más, íbamos platicando sanamente en el auto, hasta llegar a mi casa, le dije que mejor fuéramos a otro lugar, mi papá tenía un salón de fiestas tipo jardín campestre así que fuimos ahí.

    Durante la plática reíamos y tomábamos algunos tragos, estábamos a punto de irnos hasta que Sebastián se lanzó sobre mí y me dio un beso, yo me quedé quieta y me pidió que lo perdonará, así que le dije que mejor me siguiera besando, y así fue, estuvimos besándonos durante muy buen tiempo, el casi se subía en mí y le dije que con más calma, me dijo que si podía llevarme a un hotel para besarme mucho mejor, yo solo le dije que si.

    Después de tres años no había tenido relación alguna con ningún hombre y yo ya estaba excitada con esos besos, al llegar al hotel yo iba muy nerviosa y al entrar a la habitación le dije que mejor no, el me miró con tranquilidad y me dijo que como yo quisiera, aunque inmediatamente me volvió a besar y sentí su paquete, por lo que dije que mejor si, besaba tan bien que quería estar con él.

    Al entrar a la habitación, nos tiramos sobre la cama, a besarnos ya más prendido el asunto ambos como adolescentes nos despojamos de nuestras ropas, y nos metimos entre las cobijas, era el principio de un noviazgo de 2 años, un noviazgo que empezó con una persona que apenas y conocía, esa noche todo fue rápido y bonito a la vez.

    Al día siguiente quedamos en volver a vernos y platicamos de lo sucedido, que iríamos despacio, pero no fue así, a él también le gustaban los autos clásicos así que lo invite a un expo no muy lejos de la ciudad.

    El día domingo iría con mi hermano y mi papá así que quede en pasar por el en mi auto, pero como yo era la imagen sexi femenina del club llevé conmigo puesto una minifalda con gorra y tenis, el estar en esas expos es que muchos hombres miren los autos pero que también me miren, tomar alcohol y comer carne asada, él estaba gustoso y de regreso me pidió manejar mi auto, ya era noche cuando regresábamos a la ciudad y yo era la copiloto sexi.

    El venir de regreso sobre la autopista empecé a frotarle el pantalón y a excitarlo poco a poco, hasta así que con toda la actitud del mundo baje el ciper y saque su verga, algo no muy grande, tamaño normal pero exquisita y muy rica, empecé a mamársela muy rico él iba muy concentrado en conducir y yo chupaba sus bolas y su tranco hasta quedarme en la punta chupando su líquido preseminal, hasta que por fin se decidió, apresuramos el coche y camino a su casa se metió por un sendero

    En aquel sendero no había nada alrededor, estaba muy solo, se bajó del auto abrió mi puerta y saco todo su pene metiéndolo hasta mi garganta, así durante un buen rato, me saco del auto y me cargo metiéndome su pene en mi sexo y yo abrazándolo con mis piernas, después me recostó en el cofre de mi auto y abrió mis piernas colocándolas en sus hombros cogiéndome muy rico, después de tres años había vuelto a sacar lo puta que era y que jamás dejaría por tanto tiempo, me cogió y me cogió hasta que vacío sus chorros en mis pechos.

    No limpie nada así me fui a mi casa, toda chorreada y manchada de semen, cuando llegue aún nadie llegaba por fortuna, mi madre estaba en su recamara y yo entre de prisa a cambiarme, al desnudarme pase mi mano por mis pechos recogiendo el poco semen que me quedaba y lamí mi mano, cerré mis ojos, mordí mis labios y me llene de felicidad, entré a bañarme, me recosté y toda la noche pensé en ese momento.

  • El año de la pandemia

    El año de la pandemia

    Buenos días, soy Hansberville, autor de esta página. Desde hace años una de mis grandes aficiones es la escritura, lo que unida a la pasión por el sexo ha dado multitud de relatos. Y por fin este año 2020, el de la pandemia, me he decidido a publicarlos. Lo voy haciendo poco a poco, uno al día. Mis relatos fueron escritos, en unos casos hace una década (la serie ELLA, por ejemplo) y en otros casos los he escrito sobre la marcha

    Woody Alen decía que el mayor órgano sexual es el cerebro y es muy cierto. No hay más que asomarse a esta página para corroborar que la imaginación es imprescindible para disfrutar plenamente del juego sexual. En mi caso, mi imaginación es bastante prolífica y de cualquier situación puede encontrar inspiración para recrear una situación que me resulte morbosa y excitante.

    En todos los relatos hay una parte de ficción y otra de realidad, normalmente son guiños a situaciones reales propias o conocidas. Incluso otras, las más recientes han salido de conversaciones mantenidas por correo electrónico con algunas lectoras y autoras. Y esas son a las que más cariño les tengo. El hecho de que alguien se tome su tiempo en leer y decida comunicarse es gratificante.

    Aunque no todo es de color de rosa. La mala crítica también existe. He recibido correos que me decían lo malo que eran mis historias, pero bueno cuando uno se expone públicamente se arriesga a que haya alguien a quien no le guste y hay que aceptarlo.

    Entre mis categorías preferidas está la INFIDELIDAD. Me resulta la más morbosa de todas y la que más juego suele dar. Me gusta recrear situaciones reales o posibles, de las que se le dan a cualquier persona, en cualquier momento y la posibilidad de ser INFIEL es algo que se produce casi a diario. ¿Quién no ha fantaseado con algún conocido o desconocido con quien se cruza a diario? Por eso creo que es la categoría que más juego da a mis fantasías.

    Por el contrario, la categoría estrella parece ser el AMOR FILIAL y particularmente no me gusta. No me resultan morbosas las relaciones incestuosas. Padres con hijas, madres con hijas, hermanos. No, me causan rechazo ese tipo de situaciones por eso no leo nada de esa categoría. Aunque tengo que decir que he hecho un par de pruebas. Viendo la diferencia de visitas que tienen estos relatos con respecto a los de cualquier otra, he catalogado como AMOR FILIAL algunos relatos en los que habiendo una relación lejana entre los personajes se adaptarían mejor a otra categoría. Y sí, el número de visualizaciones aumentó considerablemente.

    Una cosa que realmente me pone nervioso y dejo de leer son las faltas de ortografías. Entiendo que los administradores no está para fiscalizar el nivel literario de los muchos relatos que reciben por eso deberíamos ser nosotros mismos los que nos preocupásemos de ser exigentes. Una cosa es tener la idea clara y otra bien diferente escribirla. Hay errores que me resultan inadmisibles para seguir leyendo un relato.

    No entraré a valorar si la historia es mejor o peor, eso va en el gusto del propio lector. Hay relatos cuyas historias no me resultan nada excitantes que están llenos de valoraciones máximas y en cambio otras muy trabajadas y bien estructuradas que apenas cuentan con votaciones.

    Para terminar solo me queda agradecer la acogida general que tienen mis historias. Que seguiré imaginando situaciones que puedan darse en la vida real para seguir escribiendo relatos. Y que seguiré contestando a todos y cada uno de los correos que me llegan de los cuales pueden surgir relaciones más o menos estrechas de las que nacen magníficos relatos. Un beso a las protagonistas de mis relatos. Nos leemos.

    FELIZ AÑO.