Autor: admin

  • Intercambio con el ex de mi novia y su pareja

    Intercambio con el ex de mi novia y su pareja

    Tenemos 23 años yo y mi pareja 34. Romina así se llama ella. Yo Fernando. Yo estudiaba en La Plata. Ella era separada. A pesar de sus años, y de haber tenido 2 hijos se conservaba muy bien. Linda cola y muy buenas tetas. Teníamos muy buen sexo juntos. A pesar de la diferencia de edad, nos gustaba experimentar. Yo tenía la fantasía de verla a ella con otra mujer cosa que ella no le gustaba demasiado, ya que el juego significaría que yo participara también. Su ex pareja estaba en pareja nuevamente hacía tiempo. Y ella me confiesa que le daba mucho morbo verlo a él con otra. Que si a mí me parecía lo hablaría con él. Roberto se llama.

    Yo acepto. Ella habla con él y lo convence. El problema era convencerla a ella. Pasados unos días él nos avisa que ella acepta, pero que no iba a ver contacto con la otra pareja, pero que todo podía pasar. Yo no la conocía personalmente, Gisele se llamaba, tenía 28 años, pero había visto fotos y me volvía loco. Romina lo sabía y no le gustaba ni medio. Yo la provocaba diciéndole que cuando viera el tamaño de mi miembro se enloquecía.

    Quedamos en juntarnos en un bar, para que sea más distendido y que luego iríamos a la casa de ellos, ya que no tenían hijos. Romina se puso un vestido al cuerpo color rojo, con una ropa interior de encaje del mismo color. Sabía que me volvía loco verla vestida así. Yo me fui de jean justado color azul oscuro y camisa blanca.

    Cuando llegamos al bar, ellos ya estaban, Gisele bestia un minishort de jean y una camisa blanca atada al medio con una botas bucaneras. Él fue de jean y camisa como yo.

    Charlamos un rato, Romina no paraba de tocarme bajo la mesa, mientras tomábamos unas cervezas, Yo trataba de disimular, pero me ir imposible. Gisele estaba más tímida. Era Roberto el que la mimaba, ya que ella no terminaba de soltarse. En un momento cada pareja estábamos cada uno en la nuestra besándonos y mimándonos disimuladamente. Pasadas unas tres horas, pagamos la cuanta y nos dirigimos a la casa de Gisel.

    Al llegar nos invitan a sentarnos en el living y nos ofrecen algo de tomar. Pedimos unas cervezas. Se dirigen a la cocina. Inmediatamente Romina se sienta arriba mío y comienza besarme. Yo me sorprendo pero estaba demasiado caliente con la situación para dar muchas vueltas, le bajo los breteles del vestido y comienzo a comerle las tetas desesperadamente. Pasados unos minutos llegar Roberto y Gisele que se sorprenden ante la situación. Romina inmediatamente se sube el vestido y se acomoda al lado mío.

    Gisele se sonroja ante la situación incómoda. Al decir verdad ninguno habíamos pasado por una situación similar por lo que no sabíamos bien cómo actuar.

    Romina le pide a Gisele que la acompañe al baño Esta acepta y se va con ella. Quedamos Roberto y yo quien me pregunta si era mi primera experiencia así en público a lo que le digo que sí, Pero que me daba mucho morbo. Pasados unos minutos vuelven las chicas de la mano, Cosa que nos sorprende a Roberto y a mí. Frente a nosotros Romina besa suavemente en los labios a Gisele y comienza a sacarle la camisa. Gisele por su parte le baja el vestido quedando ambas en ropa interior. Roberto se levanta y se pone por detrás de Gisele. Yo me quedo quieto observando la escena. Claramente lo improvisaron juntas en el baño.

    Gisele dándole la espalda da vuelta la cabeza besando a Roberto. Este le desabrocha el jean y se lo baja. Gisele al mismo tiempo termina de desnudar a Romina y ella hace lo mismo. Romina se acerca a mí. Desabrochando mi pantalón que está a punto de reventar y comienza chuparme la pija como nunca.

    Gisele se arrodilla frente a Roberto que ya estaba desnudo y comienza a hacer lo mismo. Estuvimos así un rato, las tetas de Gisel se veían deliciosas y su cola la tenía muy dura.

    Romina me pide que desnude y que me acueste en el sillón. Esta se sienta sobre mi cara y hacemos un caliente 69. Mientras Roberto pone en cuatro sobre el sillón Gisele y le chupa la almeja unos minutos hasta que se para y le comienza a dar duro.

    Romina al ver esto detiene su chupada, y se sienta sobre mi pene dándome la espalda para observar la escena que le estaba dando su ex, Estaba descontrolada, cabalgaba fuertemente sobre mi pija y yo le apretaba fuertemente los pechos. Gemía como una puta en selo. Gisele era más tímida pero disfrutaba la embestida que le pegaba Roberto. Romina acaba pasados unos minutos con un fuerte orgasmo que moja mis piernas. Yo sigo bien a pesar de estar súper caliente. Se da vuelta y me pide al oído que me acerque a Gisele de frente y que le bese. Que si no me molestaba ella haría lo mismo con Roberto. Sorprendido acepto y me acerco a Gisele. Esta se sorprende al verme y corre la boca. Yo ni lerdo ni perezoso le beso el cuello y comienzo a acariciarle los pechos. Al comienzo se niega pero, pasados unos segundos toma mi pija con una mano y comienza masturbarme. Pide chuparla, por lo que le doy el gusto al instante.

    Roberto a esta altura ya está con Romina de frente a Romina que le está chupando la pija enloquecida. Gissele se detiene conmigo y al ver a su marido se dirige a él a chuparle la pija junto a romina. Yo observo unos segundos y me propongo a hacerme de ese culo hermoso que me estaba llamando. Me pongo detrás de Gisel y abro sus nalgas y comienzo a chuparle su agujerito que se veía hermoso. Romina al ver esto agarra mi cabeza y ensarta un beso profundo y me dice rómpele el culo que por lo que nunca probo el sexo anal. Yo me dispongo a chuparle bien el culito metiendo primero un dedo y después dos mientas con la otra mano acaricio su clítoris, a ella parece gustarle. Romina lleva a Roberto al sillón montándose de espalada a el observando mi tarea.

    Gisele está en cuatro patas en medio de la sala mientas yo le como el culito. Pasados unos minutos se da vuelta. Y me dice despacio que nuca lo he hecho. Dicho esto me ensalivo un poco la pija comienzo despacio a introducir mi pene en ese culito que tanto había deseado. Al principio me cuesta y ella le duele, pero le gusta y empiezo a acelerar mis embestidas. Ella me pide más y más. Me doy vuelta y Romina acaba junto a Roberto. Yo sigo con mi tarea de desflorar ese regalo que Gisel me estaba dando. Romina se acerca a la cara de romina y la besa. Abriéndose piernas frente a ella masturbándose. Yo no salía de mi asombro. Gisele ayuda con la tarea primero con sus manos y luego comienza a darle sexo oral. Yo no aguanto más y acabado dentro del culito de Gisele.

    Roberto permanece en el sillón fumando un cigarrillo. Me ofrece uno y me siento a observar a escena que siempre fantaseé. Gisele se levanta y se sienta sobre la cara de romina y culminan en un explosivo 69. Luego de 10 minutos acaban como 2 veces y se levantan observándonos a ambos con las pijas paradas nuevamente esperando ansiosas un poco más. Ambas sobre los penes que les corresponden haciéndonos acabar pasados unos minutos de puro placer.

  • El regalito de navidad (1)

    El regalito de navidad (1)

    Enrique trabaja de dependiente en un local que visito regularmente. Tiene 33 años, trigueño, cabello largo, labios gruesos y carnosos, pelo castaño y lacio, lo lleva desordenado y amarrado a veces en una colita de caballo. Si acaso medía 1.69, pero con un cuerpecito lindo, buenos muslos. Es un tipo de campo con una sonrisa fácil, pero casi siempre se le nota algo de tristeza. Cuando lo veía, notaba como se le marcaba una bola en el pantalón, un bulto impresionante en los jeans raídos y gastados que usaba. Por las camisas de cuadro se le asomaban unos vellos largos y lacios. Cuando se sentaba con las piernas abiertas yo me quedaba embobado. Caminaba y las nalgotas se le marcaban aún más. Un cuerpo de campo, acostumbrado a cargar cosas pesadas y nada de manicura en sus dedotes.

    Quique está casado, tiene dos hijos varones desde que él cumplió 17 así que son dos jovenes prometedores. Cada vez me le acercaba más, dándole consejos y riéndome de sus ocurrencias. Yo tengo 48 años y tengo una posición económica desahogada, para una persona con tantas estrecheces, yo era de admirar.

    Un día llegué a la oficina unos minutos antes de cerrar y estaba solo, cabizbajo, sacando cuentas. Recogí mi cheque y cuando me iba me preguntó que si podía darle un bote a la salida de la ciudad porque su auto estaba dañado, con gusto accedí. Ya en el carro, sin mascarilla y viéndole nuevamente el bulto en el pantalón raído me fue entrando una calentura dificil de aguantar. Me conto por todo lo que estaba pasando y los problemas con su mujer por su situacion economica y todo el cuento largo y sufrido de un padre de familia que no sabe como lidiar con eso.

    Igual, quería saber cómo hacia yo para manejar mi supuesta soledad ya que el sentía que no quería ni ir a su casa para no enfrentarse a todos sus dilemas. Yo le dije:

    – Bueno Quique, tengo que pintar mi casa de campo y tal vez pudieras ayudarme en eso y te ganas un par de dólares, solo que tendras que quedarte allá unos días porque no vas a tener auto para salir.

    – con gusto don, sólo deme esa oportunidad y me resuelve un poco de problemas.

    – Toma, te adelanto esto para que compres los materiales, la comida y nos vemos el martes en la tarde.

    El martes lo llamé y nos encontramos afuera de su oficina. Puso la cara de mierdita y me confesó que se había gastado el dinero que le había adelantado.

    Mientras nos dirigíamos a mi casa le dije que definitivamente eso no estaba bien, que yo había confiado mucho en él y que necesitaba mi dinero si no hablaría con la dueña de la empresa donde trabajaba y que esa vieja seguro no le iba a gustar nada la historia.

    – Por favor, dígame como arreglamos, no tengo plata y no puedo pagarle ahora, que puedo hacer?

    Nos fuimos a mi casa y le di un par de cervezas y después como tres tragos de ron, del bueno. Ahí le dije, ahora mira la propuesta, si te gusta me dices OK, si no, buscas la manera de tenerme mi plata para el fin de semana.

    – Bueno, hable, usted manda.

    -Chucha man, para decirte la verdad lo que yo quiero es culear contigo. Hace rato que te tengo un queso y me tienes bien arrecho. Si echamos un par de polvos te doy el contrato de la pintura de toda la casa y el muro de afuera.

    – silencio. Silencio. Silencio…

    Creo que esperaba algo así, pero no tan a bocajarro. No dijo nada y solo miraba su vaso. Me le fui acercando y le puse la mano en el hombro. No dijo nada, no se movió. Estaba congelado. Luego le fui acariciando la barbilla, los pelitos dorados de su barbilla se veían tan ricos. La pinga se me fue parando y me la tuve que acomodar. Se la pegué al hombro y él no hizo nada. Me le fui acercando para besarlo y me quitó la cara muy tímidamente. De un solo golpe le di una cachetada y lo mire fijamente y le dije – Ahora te aguantas que vamos a culear como machos, entiendes?

    Me saqué la verga, bien olorosa a meado y sudor y se la puse en la cara. Con asco la agarró y comenzó a lamerla y despues se la metio entera en la boca. Mi pinga es normal, 7 pulgadas, circuncidada y gruesa. Y él se la tragó obediente. Cada vez más y más adentro hasta que casi vomitaba.

    Le apreté el pantalón y sentí ese tuco duro, durísimo. Parecía que una cosa me decía y otra hacía. Lo fui encuerando y comencé a chuparle las tetilas, velludas, Primero suavecito y luego más duro. Eso parecía calentarlo un poco pero cuando le daba con fuerza se quejaba. Lo volteé y comencé a morderle los hombros mientras le agarraba las nalgas, que nalgotas, hasta que ni me cabían en las manos. Y a diferencia de su pecho, ni un solo vellito.

    Lo agarré por el cabello con rabia y le empuje la cabeza hacia atrás mientras le metia la lengua en el oido. Que caliente se sentia. La verdad es que me daban ganas de tratarlo como una perra sucia así que comencé a morderlo y a chupetearlo en la espalda. Le zurraba la pinga por las nalgas y eso me arrechaba a mi y a el también, porque la vergota no se le bajaba. Minimo como 9 pulgadas y los huevones le colgaban y se mecían con violencia.

    – Meneame el culo, dale, muévete puta. Quiero sentir ese culón en mi huevo. Con un dedo ensalivado comencé a sobarle el huequito, Un puntito, apenas se sentía y por ahi fui metiendo el dedo. Como apretaba ese hijueputa. Estábamos incómodos, sudados pero arrechos. Al fin tenia lo que estuve buscando por años…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (5)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (5)

    El silencio se apropió de ellos después de la última conversación. La música sonaba de fondo, mientras las ideas calientes surgidas en el interior de Carmen se habían evaporado. Ahora se sentía mal por el chico, “¿Le estará dando vueltas? Espero que no”.

    Sin embargo, Sergio seguía pensando en aquellas palabras. Al principio algo enfadado, como si hubiera vivido en una mentira, aunque después sintió pena por ambos, aunque más por su madre. Sintió que era absurdo que él se sintiera mal, gracias a aquel “amorío” estaba vivo.

    Quizá su madre se hubiera casado por presión y con dudas, seguramente por su culpa, ya que sabía que se casaron unos cuantos meses antes de que naciera. Aunque por otro lado, su madre siguió junto a su marido siempre, demostrándole su amor e incluso teniendo una segunda hija.

    A lo lejos, vio el cartel que anunciaba la entrada en la provincia de sus ancestros, aquello le sacó del interrogatorio mental al que se sometía y rompió el silencio que les rodeaba.

    —Por fin, la tierra de la familia.

    —Tiene un olor peculiar al entrar que me encanta.

    —Carmen —Sergio respiró hondo y dijo— Una pregunta, si quieres contestarme claro, si no nada.

    —Sí, dime cariño —Carmen se esperaba retomar el tema y no le hacía gracia, pero asumiría su error contestando lo que quisiera.

    —¿Vosotras dos erais guapas de jóvenes?

    —Sergio, claro que te respondo —la pregunta le sorprendió totalmente, pero se sintió algo aliviada y con una sonrisa pícara contestó— guapísimas, ni te lo imaginas ¿por qué?

    —Pensando en lo que has dicho, por supuesto quiero mucho a papá, pero quiero que me contestes con sinceridad. ¿Crees que era el hombre que ella quería? En las fotos de la boda, mamá parece una princesa y Dani, no tan príncipe…

    —Tu padre no es feo, Sergio, para nada, y muchas veces lo que resalta de una persona no es su físico. Aunque tu madre… era una belleza, esa es la verdad, en el pueblo cualquiera se hubiera casado con ella.

    —¿Quizá se apresuró? Aunque bendita prisa, que de ahí salí yo.

    —Esto, —volvió a resoplar— no es lo que yo pienso, si no lo que he oído de ella y lo que pude interpretar en su momento. Puede ser, que si…

    —Pues, vaya… —dijo algo cabizbajo aunque se le ocurrió preguntar— ¿Y tú?, ¿qué me dices de ti?

    Carmen no pudo evitar mirar con una sonrisa maliciosa a su sobrino, una pregunta tan descarada solo puede venir de su boca, le encantaba como era.

    —¿Quieres saber si me apresuré? O ¿si también me podría haber casado con cualquiera?

    Sergio alzó los hombros, sabía que era igual guapa que su madre, la segunda respuesta la tenía clara, con cualquiera seguro.

    —Nuestro padre siempre dijo que éramos las más hermosas del mundo… quizá en eso se pasó, pero, ¿del pueblo? Creo que sí. Quizá no suene demasiado humilde, pero es la verdad. En mi caso, tenía pretendientes, pero Pedro me encandiló, no era lo que tenía pensado, atarme a alguien de por vida, pero… no me puedo quejar.

    —¿Qué vida hubieras preferido? ¿La de viajera? —ambos rieron.

    —No lo sé, pero ser un alma libre, coger a tu madre e irnos en coche por el mundo, sin que nadie nos detuviera. Vivir la vida con 20 años hasta los 30 o los 40… quien sabe, pero elegí sabiamente, esa vida no me llevaba a nada y quizá hubiera arrastrado a tu madre. Hubiera sido una vida muy “hippie”… ahora las dos somos felices.

    —La verdad, que mi madre cada año la veo más apática, más apagada. Cuando éramos pequeños hacíamos más viajes, más cosas… pero ahora, será por la edad, apenas sale a dar un paseo o tomar algo con las amigas muy de vez en cuando. Esas pequeñas salidas al menos la hacen mantenerse un poco activa. Y tía tú…

    —Tu madre, —prefirió no retomar el tema de Pedro y sus escarceos— aunque no lo parezca es igual de coqueta que yo, le encanta verse guapa.

    —Puedes ser, tía, pero es que no la ves, tiene una vida de vieja. Tú eres muy guapa, pero ella cada vez se cuida menos y se ve más mayor.

    —No digas eso ¡hombre!, si tu madre estuviera unas semanas conmigo, la volvía como nueva. La obligaba a hacer deporte conmigo, que un rato al día no viene nada mal. La llevaba a la peluquería, que por lo que he visto, hace meses que no va… pero, no quiere… es muy cabezota —y al final añadió— y gracias. ¿Tan guapa me ves mi vida? —¿Por qué le gustaban tanto los halagos de su sobrino? No lo sabía.

    —Ojalá pudieras hacer eso con mamá, entre todos la matamos de verdad, yo cada vez intento molestarla menos —añadió al final— y bueno… para ser una señora mayor sí que eres guapa…

    Sergio recibió un golpe en el brazo a modo de broma que le pico brevemente. La cara de Carmen fingiendo estar malhumorada le hizo saber que se lo había ganado.

    —Lo que tienes que hacer, no es dejarla en paz, sino quererla cuanto más mejor, eso la dará vida, intenta hacer cosas con ella, oblígala a salir. ¿La tratas como me tratas a mí?

    —No sé… creo que no… contigo es otra cosa, me sale natural, más de amigos, como si tuviera más confianza.

    —¿Somos amigos? No sabía eso, entonces espero que me lleves con tus amigos de fiesta. —acabó riéndose y retomó el tema de su hermana— de verdad, Sergio, deberías tener esta confianza con ella, darla amor, es lo que necesita.

    —Si quieres te llevo encantado —la miró imaginándose la estampa, sería bastante extraño aparecer delante de sus amigos con su tía— Con lo de mamá, entiendo lo que dices, ¿a ti te ha faltado alguna vez?

    —Si recuerdas la conversación que hemos tenido sobre tu tío, puedes deducir que muchas veces —sentenció— pero, desde que me he montado en el coche tengo que decirte, que no me falta nada de amor.

    —¿Por mí? —se sorprendió y miró a los ojos a su tía.

    —Sí —ella le correspondió con una intensa mirada.

    —¿No entiendo? Tampoco te he tratado de manera especial o eso creo…

    —Siempre me lo paso muy bien contigo, ¡Eres la leche, cariño! —qué joven se sintió Carmen con esa frase— aunque en este trayecto, he estado especialmente feliz. Me he reído como nunca y me lo he pasado muy bien, ¡Si hasta voy con un pareo mojado y los pechos casi al aire! Y mira, no me da vergüenza decírtelo.

    —Me alegro, aunque Carmen no he hecho nada, siempre soy así.

    —Otras veces también hemos estado solos y te conozco muy bien. Sin embargo, de manera tan cercana, solos durante horas… nunca. Me has pasado tu vitalidad, Sergio, te lo juro. Si hasta te he contado lo de Pedro —las palabras salían de su boca de forma sincera, ni ella se creía lo bien que se encontraba— me siento… como tú mismo has dicho… como con una amiga. Puede que tengas razón con lo de nuestra amistad.

    —Yo también, aunque siempre te vi como algo más que un familiar, por eso te dije lo de Marta.

    —Espero que no te hayan aburrido mis cosas de vieja loca, es que me sentía tan bien.

    —¿Soy una buena Sergiocina? —dijo el joven sonriendo ampliamente.

    —¿Cómo?

    —Si soy buena medicina, Sergio más medicina…

    —¡Ah! Vale… Que broma más mala cariño —rio después de manera estridente— puede ser.

    Hubo un breve silencio y Sergio vio el instante perfecto para decirle algo que había decidido a último momento, en un instante en el que esa felicidad que les rodeaba les envolvió por completo.

    —Más o menos, ¿podríamos decir que el tío vuelve entonces en una semana?

    —Eso espero, pero nunca se sabe, como se alargue me voy a cabrear.

    —Carmen, dime sinceramente, ¿te gustaría que me quedara en tu casa? —no entendía el reparo que le daba preguntárselo, incluso su propia tía le había dicho que podía hacerlo.

    —Por supuesto —respondió con tono serio y seguro.

    —Si no me vuelves a pegar esos manotazos, que pican… me quedo contigo.

    —No te prometo nada… —siguió la broma y al final añadió— me encanta la idea.

    —Si tuviéramos tiempo, incluso me gustaría que viniera mi madre, así podrías hacerla disfrutar y que se relaje.

    —Por poder… pero ella tiene que querer… y eso no va a suceder —Carmen dudó al principio, pero después se acercó a su sobrino. Posó sin pensarlo sus labios en la mejilla del muchacho y depositó un tierno beso. Se retiró, sentándose de nuevo en el asiento cómodamente y prosiguió— de verdad mi vida, gracias por quedarte.

    Sergio sintió el aroma de su tía cuando el beso le acaloró la mejilla. La piel se le había erizado y una picazón le comenzó a renacer donde la parte más íntima de un hombre se encuentra. Su “cerebro de abajo” había dormitado después del incidente (o no tan incidente) del escote de su tía y de nuevo, daba la bienvenida. Aunque luchó con toda su fuerza de voluntad aquel órgano reproductor iba en camino de estar en su máximo apogeo.

    —Creo que ya hemos llegado —Carmen divisó su casa al final de la recta.

    —Un viaje largo, pero entretenido, ¿no?

    —Aunque te parezca raro, me ha resultado tan reconfortante que no me hubiera importado seguir más tiempo.

    ****

    Cerca de la entrada, Carmen sacó un pequeño mando y accionó un botón. La valla que estaba automatizada comenzó a moverse hacia un lado y les dejo paso para que por fin, llegaran a su destino. Con el otro botón abrió la puerta del garaje y Sergio mientras metía el coche en el interior, se maravillaba de lo grande que era la casa, todos los años le pasaba y seguramente en el futuro, también. Una vez detenido el coche, el joven comenzó a bajar las maletas sin dejar a su tía que le ayudase, peculiares maneras de agradecerle el hospedaje en su casa.

    La posición del garaje era en un ala del edificio, teniendo conexión directa con la casa a través de una puerta. El interior aunque no era excesivamente grande, al chico le volvió a maravillar. El salón les recibió nada más entrar, con la cocina a un lado, equipada con lo más innovador y otra puerta que si no recordaba mal, era el baño de la planta baja.

    Carmen le pidió que dejara las maletas en las habitaciones de sus hijas, allí es donde Sergio dormiría, total sus primas hacía muchos años que las deshabitaron. Una vez subidas las escaleras y dejó las maletas en la primera habitación.

    La habitación la conocía, era donde solían dormir sus padres cuando la visita se alargaba más de lo debido y con cuatro copas de más no podían volver donde la abuela. Aunque no posee apenas mueves, solo la cama, dos mesillas y el armario empotrado, es el doble que su habitación, y que decir de la ventana, por la que entraba una claridad de la cual sería difícil escapar.

    Comenzaron a andar por el pasillo mientras Sergio admiraba el gracioso andar de su tía, el cual parecía más un contoneo que un paso normal, sin saber por qué, le encantaba. Pero poco duro, Carmen levanto el brazo señalando la siguiente puerta, Sergio sabía que era el baño de la parte de arriba, no hacía falta esas explicaciones.

    Para finalizar, el lugar que menos conocía el muchacho, su tía le llevó a su habitación donde, al fin, el joven descargó la pesada maleta. En medio de la estancia una cama presidía la habitación, la cual era enorme y pegaba de maravilla con la televisión… que más bien era un cine.

    Dos pequeñas puertas estaban enfrente, una con espejo que daba a un pequeño habitáculo donde estaba el vestidor. La otra prácticamente a su lado, comunicaba con un baño, donde su tía le comenta al entrar, que este es su último capricho que se ha dado. Sergio alucinó al ver lo que hay en el interior, aparte de la ducha y demás cosas evidentes que posee un baño, había un ¡Jacuzzi! El joven no da crédito.

    —Eres millonaria, me da igual lo que digas —Carmen no pudo evitar reírse.

    —No, cariño, pero sí que tenemos bastante dinero. Aunque piensa que aquí, las cosas son más baratas, la casa en sí, con los terrenos, para que te hagas una idea, valdrá lo mismo que la vuestra. En verdad estamos a las afueras del pueblo, si no estuviera la casa aquí habría un secarral.

    —Sí, pero aquí os habéis construido una mansión.

    —Donde hemos gastado el dinero ha sido en lo de dentro, eso es cierto, pero la mano de obra también es más barata, creo que vale menos de lo que te imaginas. Lo que más nos costó fue la piscina, y mantenerla claro, que apenas la llenamos desde junio a septiembre, el resto del año está vacía por razones obvias.

    —Tengo ganas de meterme, ya que gastáis dinero en ella hay que aprovechar —Carmen rio de nuevo. Junto a su sobrino no se le iba la sonrisa.

    —De momento, vamos a comer algo ¿No te parece? Le mandé un mensaje a Sol para que nos hiciera algo de comer.

    —¿A quién?

    —Sol, la chica que nos cuida la casa, nos ayuda a limpiar y hace la comida de vez en cuando, es una mujer maravillosa, no vive muy lejos de aquí —Sergio volvió a poner cara de sorpresa. Antes de que añadiera lo ricos que eran, su tía le cortó— no pongas esa cara que me está dando vergüenza contarte las cosas. ¡Anda, vamos abajo!

    Bajaron y en la cocina ya estaba todo listo, la mujer les había dejado para cada uno, un primer plato, un segundo y una tarta de postre, un lujo. Dieron buena cuenta de todo, tenían tanta hambre que en toda la comida apenas soltaron unos cuantos gruñidos, mejor comer que hablar. Al terminar y limpiar la vajilla, cada uno se fue a su habitación para descansar del largo viaje.

    Sergio antes de tirarse en la cama, sacó de su mochila algo de ropa y la dejó colocada para más tarde. Todavía dudaba si se quedaría toda la semana, un día, dos… si sus amigos le llamaban diciéndole que llegaban antes debería marchar y no molestar más a Carmen. Tenía en su cuerpo unas ganas increíbles de salir de fiesta, emborracharse y olvidarse de todo, y claro, hacer eso en la casa de Carmen por mucha confianza que tuviera no le parecía lo adecuado.

    Lo más extraño era que por su mente transcurría sigiloso, sin hacer ruido, otro pensamiento que se estaba arraigando de forma poderosa, ¿Si se quedaba con su tía y pasaba aquellos días junto a ella?

    Antes de que pudiera darle vuelta a esa pequeña idea, comenzó a cerrar los ojos, empezando a adentrarse en un mundo entre el sueño y la realidad. Dejó su mente en blanco sin querer pensar en nada más, suficientes sensaciones para un único viaje.

    Justo antes de caer completamente en los brazos de Morfeo una imagen le asaltó. Era una mujer, una mujer preciosa que se acercaba a él con paso firme y una mirada felina. Su pareo de colores, su piel dorada y una silueta que podía quitar el hipo a cualquiera le delataba. Lo último que su mente le proyectó antes de dormir fue a una mujer preciosa, increíble… a Carmen, a su tía favorita.

    CONTINUARÁ

    ——————–

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Morbosearon desnuda a mi mujer en un probador

    Morbosearon desnuda a mi mujer en un probador

    Para quienes se perdieron nuestro primer relato, les recuerdo como es mi esposa, el sueño de cualquiera, piel morena, nalgona, culona, y tan exhibicionista que siempre me trae durísimo con sus minifaldas y escotes, bueno, no solo a mí me pone duro.

    El día de este relato era su cumpleaños así que fuimos a un mall que está en la calle de reforma en ciudad de México a regalarle más putifaldas y un vibrador que tenía tiempo pidiéndome para metérselo por su culote.

    Ese día llevaba la mini que más me gusta, una de jeans que de por si ya era pequeña pero se la recorté para que quedara al ras de su culote, y obviamente tiene prohibido usar ropa interior con esa falda, la última vez la castigue por hacerlo, pero eso se los contaré en otro relato. Arriba se puso una blusita de tirantes que le levanta más las tetas y se ve más pechugona aún, y como hace la función de levantarle las tetas, no la usa con bra lo que me permite meterle la mano en la blusa y casi sacarle la teta donde sea, me encanta. Para terminar llevaba unos tacones rosas con los que se ve potísima.

    Después de que el taxista la morboseó todo lo que quiso, llegamos al mall, donde, como siempre, llamaba la atención de todos. Después de varias horas de visitar tiendas viéndola probarse todo tipo de putifaldas y vestidos de zorra, entramos a una tienda llamada C&A, donde encontré el vestido perfecto para ella, era de color vino, con escote no tan llamativo pero que de ver lo corto que era me imaginé que le quedaría al ras por culpa de su enorme culo. Se lo di y le gustó, pero me dijo, «este lo tendré que usar con ropa interior del mismo color porque se va a transparentar» eso no me convenció mucho pero igual le dije que se lo probara para ver qué tal le quedaba.

    En la entrada del probador estaba el típico chavo afeminado que trabaja en estas tiendas, al cual no le presté demasiada atención, después de unos minutos salió mi esposa con el minivestido y casi me vengo ahí, obviamente le queda a ras de nalga como me gusta, pero yo no recordaba que abajo de la mini y la blusa no llevaba ropa interior, así que se le transparentaba todo, estaba prácticamente desnuda y se veía deliciosa. Obviamente el chico de la puerta no le prestó atención, después de modelármelo con un par de vueltas aprovechando que estaba casi vacía la tienda, regresó al probador.

    Hasta ahí todo normal, hasta el momento en que mi esposa sale del probador ya con su microfalda y escotazo puesto. La veo que se queda charlando con el chico de la puerta un poco molesta, después me toma de la mano y fuimos a pagarlo. Ahí le dije que me había encantado el vestido, y ella me dijo, «claro que te gustó, si se transparenta todo, ahorita prácticamente salí desnuda a enseñártelo», para ese momento ya estaba con el pito durísimo.

    Cuando salimos de la tienda le pregunté qué le había dicho al tipo del probador, ahí me contó algo que me dio más morbo todavía, y es que resulta que cuando salió a mostrarme el vestido, había un tipo de intendencia «barriendo» la zona de probadores, y el tipo se topó a mi esposa de frente, con ese vestido que le transparentaba las tetas, el culo y su vagina, y el sujeto aprovechó para decirle de todo y morbosearla. En ese momento recordé haberlo visto salir del probador con escoba y recogedor en mano mientras yo esperaba a mi esposa.

    Esa morboseada despertó en mi toda clase de perversiones, pero mi mujer estaba tan molesta que mejor le seguí la corriente.

    El día transcurrió normal con su dosis de morbo al ir a la sex shop por su vibrador, me tenía durísimo verla escogiéndolo, haciéndole preguntas al vendedor que seguro estaba igual de duro que yo imaginando a esa morena chichona de minifalda usando el producto que tenía en las manos. Después de que eligió uno, decidimos irnos a casa a probar el juguetito. Esa noche, cuando la tenía más excitada, le confesé cuanto morbo me había dado lo que le pasó en los probadores, y le hice prometerme que usaría el vestido sin nada abajo a lo que ella aceptó en medio de jadeos.

    Para el fin de semana siguiente ya tenía el plan listo, necesitaba ir a Home Depot a comprar una puerta, y esa era la oportunidad perfecta para que estrenara su minivestido. Ese día le dije que yo escogía su look, y casi se desmaya cuando solo vio el vestido transparente y los tacones rosas.

    Se lo puso y no dejaba de verse en espejo y la veía incomoda. Decidí ser condescendiente y le di a elegir, «tu escoge qué prefieres ponerte abajo, pero solo 1, un bra o una tanguita». Ella lo pensó mucho y me dijo, prefiero que me vean las bubis a que me vean desnuda de abajo», tomó una tanguita morada del cajón, se la puso, se vio en espejo una última vez y me dijo, «estás seguro que quieres que salga así a mediodía?», le dije que claro, sino para qué habíamos comprado el vestido, y ella solo me dijo, «conste, solo quería asegurarme, vámonos».

    A partir de ahí viví una tarde morbosísima, desde el primer momento que salimos a la calle empezaron a sonar silbidos y claxon de auto, creo que ningún automovilista se guardó algo esa tarde, ya que todavía caminamos alrededor de calle y media hasta ir a una esquina a pedir taxi.

    Obviamente cuando subimos, el taxista estaba en el cielo, de hecho el tipo hizo como que desconocía la zona ya cada dos o tres calles volteaba a pedirle indicaciones a mi esposa, seguro no tenían que ver las chichotas que exhibía casi desnudas a través de ese vestido, incluso me di cuenta que sus pezones estaban durísimos, entre la fricción de la tela y lo morboso de la situación.

    Después de un rato de dar vueltas, el taxista nos llevó a nuestro destino. Ahí lo envidie un poco ya que seguro tuvo una imagen perfecta del trasero de mi mujer que se veía tremendo enmarcado por la tanguita que se había puesto. De hecho pensé que mi esposa había conseguido el efecto contrario al que ella quería, porque con la tanga se resaltaba mucho más su trasero a que si no hubiera llevado nada abajo, después entendí que lo hizo para que la vieran más.

    Durante el recorrido en la ferretería no hubo un hombre mujer o niño que no la viera, sí hasta los niños sintieron curiosidad, y en cada pasillo los vendedores se desvivían por «ofrecernos» productos, ajá.

    Después de un rato de provocar, encontramos la puerta que necesitábamos, pero me di cuenta que la caja era muy voluminosa, y de inmediato pensé que sería un problema llevarla en taxi. Es más, se me ocurrió que mi esposa fuera la que les hiciera la parada para que no se negaran a llevarnos, pero salió peor, se detenían, le veían las tetas, decían que no y se iban.

    Cansado de recibir negativas, caminamos hasta una parada de buses, y resignados nos subimos al bus con todo y la caja enorme. Y obviamente mi esposa fue el centro de la atención durante todo el trayecto. Peor aún, ese bus nos dejaba como a 5 calles de casa, así que ya se imaginan el alboroto que volvió a causar verla caminar por ahí, es más, había un adolescente en bicicleta que solo iba detrás de nosotros, y de pronto nos rebasaba, le veía las tetas a mi mujer descaradamente, le sonreía y se devolvía atrás de nosotros para seguir viendo ese culo expuesto.

    Esa noche estuve muy cachondo de recordar lo que había pasado, y después de meterle mano por todos sus orificios y con el vibrador ya en su culo, me puse en plan de amo y le dije, «quiero ver lo que todos gozaron hoy en la calle, vamos a salir a esta hora (3 am) a la calle, vas a ir vestida exactamente igual, y te voy a hacer lo que todos querían hacerte».

    Mi esposa estaba tan caliente que de inmediato se volvió a poner el vestido, la tanga y sus tacones, y se encaminó hacia afuera. La hice caminar hacia la esquina donde tomamos el taxi mientras le tomaba fotos. Ahí entendí el revuelo por verle el culo, lucía perfecto, redondo enmarcado por la tanga.

    Después llegamos hasta una especie de banco de piedra que está en la avenida donde tomamos el taxi, la cual es una de las más transitada en ciudad de México. A esa hora pasaban autos, pocos pero sí había.

    Cuando llegamos ella se sentó ahí, cruzó las piernas como sabe que me gusta, y me dijo, «que sigue». Le dije que tenía que quitarse el vestido y quedarse en la tanga. En ese momento nos dimos cuenta que como a media calle había un tipo en su ventana. La verdad por la oscuridad no supe si nos estaba viendo o no, y yo le dije «hay un tipo en esa ventana», y ella me prendió más diciendo, «está lejos, y ya me lo quiero quitar», así que al momento se levantó y de una se quitó el vestido.

    Y así, en topless, solo con su tanga y tacones cruzó esa avenida en la que en el día había provocado tantas erecciones. Siguió caminando y de pronto escuchamos un silbido, Ella volteo a verme sonrojada pero jamás se cubrió, siguió adelante hasta la banca que está en la calle que estaba frente a nuestra casa donde solemos coger en la madrugada.

    Cuando se sentó en mis piernas me di cuenta del regalito que traía, la muy puta había traído todo el tiempo el vibrador en su conchita, así que estaba chorreando. Ahí me dijo, «ya cógeme, llevo muchas horas de puta caliente», lo que más me sorprendió fue que no me dejó sacar el vibrador, y me hizo metérselo por detrás.

    Nunca la había visto tan caliente, gemía a todo pulmón diciendo «que todos escuchen que soy tu puta y me estás cogiendo por el culo, que todos me desean pero solo tú me puedes coger», eso me tenía al borde del orgasmo, hasta me temblaban las piernas, así que seguí cogiéndola como si no hubiera mañana. Después me dijo, «te gustó cómo me veían todos hoy, cómo me deseaban?» «Que mal que nadie me manoseo en bus, hubiera sido rico, que vieran que traía un vibrador dentro», ahí me di cuenta que desde que se puso la tanga a mediodía se la había puesto con todo y vibrador. En ese momento no pude más y terminé dentro de su culo, ese mismo que seguramente provocó muchas chaquetas esa tarde.

    Yo estaba exhausto, pero quería que ella terminara, así que la senté en mis piernas y empecé a hacerle dedo lentamente, le subimos al vibrador y no demoró mucho en terminar con un grito delicioso que silenció besándome en la boca.

    Los dos exhaustos, medio nos arreglamos la ropa y regresamos a casa a seguir jugueteando, que un culo así debe cogerse varias veces.

    Estaremos atentos a los comentarios a ver si se la jalaron fantaseando con mi esposa.

  • La noche lluviosa con la tía Gloria (Parte 1)

    La noche lluviosa con la tía Gloria (Parte 1)

    Abrí los ojos. Por unos segundos se me había olvidado dónde me encontraba. Escuché el canto de varios pajaritos. Vi tenuemente la claridad de la luz matutina reflejarse en el cielo raso inmaculado. No, esta no era mi casa, ni mi alcoba. Entonces de golpe recordé lo que me había sucedido. Mire hacia mi lado derecho de la cama doble y advertí que el cuerpo de mi tía Gloria no estaba. ¿Despertó ya?, me pregunté.

    Me levanté a tientas, inseguro, sin saber a ciencia cierta que decir, como mirar, como reaccionar ante semejante evento sucedido. Sentía miedo, vergüenza, o tal vez un poco de las dos cosas. Fui entonces consciente de las tremendas ganas de orinar que tenía. Abrí la puerta y salí al pasillo iluminado por la luz que penetraba implacable por la ventana del patio. Intenté abrir la puerta del baño, pero estaba bloqueada.

    – Espera, no me demoro – Era la voz nítida de mi tía Gloria. A los pocos segundos ella salió del baño con su rostro fresco de haber recién tomado una ducha.

    – Buenos días

    – Buenos días tía.

    Apenas si tuve el coraje para mirarle su rostro. Estaba seria pero con aspecto reposado y tranquilo, como si nada hubiera sucedido. Entré al baño. Fue entonces cuando pude ver bien la única prenda de vestir que yo llevaba puesta. Era un short de algodón, color blanco con líneas horizontales de color lila que me quedaba ancho. No se ajustaba bien a mi cuerpo por supuesto. Estaba diseñado para un cuerpo femenino. Reí conmigo mismo. Saqué mi pene y un olor intenso a sexo manido brotó con fuerza. Descargué mi líquido retenido mientras observaba la intimidad de ese baño. Había calzones femeninos recién lavados colgados en una alambrada improvisada a manera de cortina en la ventanita angosta y alta, y una cortina plástica que cubría la zona de la ducha. Me lavé la cara, enjuagué mi boca con crema dental para disipar el mal aliento y miré mis ojos aún adormilados en el espejo. Salí de ese ambiente húmedo.

    Mi tía me llamó a la mesa. Había preparado café y también había dispuesto un plato con unos panecillos rellenos de queso. Ella se había puesto una bata larga y ancha de tela opaca que apenas si dejaba un poco al descubierto el escote por el que se asomaban el inicio de sus senos gordos y caídos. Me senté y le agradecí el desayuno sin saber bien cómo abordar una conversación o cómo reaccionar. Me sentí incómodo, cohibido. Respiré profundo a esperar que ella dijera algo.

    – Tu ropa ya te la puedes poner. Le puse un ventilador dedicado toda la noche y ya parece que se secó bastante, incluso el calzoncillo parece estar bastante seco. Menos mal que paró de llover.

    – Gracias tía. No sabe cuánto le agradezco toda esta hospitalidad, sino, me hubiese tocado esperar toda la noche bajo la lluvia hasta las cinco de la mañana a que se despachara el primer autobús.

    Ella iba a decir algo, pero sonó tu teléfono. No supe bien con quien tuvo que conversar un domingo relativamente temprano, pero parecía no poder postergar esa llamada, que fue prolongada. Ella se fue al patio mojado a seguir la conversación con aire contrariado. Me dio tiempo de desayunar un par de panecillos, irme a la alcoba, ponerme mi ropa ya bastante seca y salir a la salita pulcra nuevamente. Mi tía aún conversaba en el patio. Me asomé y le hice seña de que yo iba a partir porque el autobús de las diez de la mañana no demoraba en pasar por la esquina. Ella sin dejar de conversar, hizo una pausa breve con su interlocutor, se acercó, me dio un beso en la mejilla y me dijo que me llamaba más tarde, que le dejara mi número anotado en un papelito encima de la mesa de comedor. Lo hice y me marché.

    Tomé el autobús. Mirando por la ventanilla el paisaje ruinoso del viejo pueblo, no podía creerme todo lo que me había sucedido. El autobús dejó el paisaje del pueblo y se adentró en una espesa zona rural de fincas verdosas. Me estaba quedando dormido cuando sonó mi teléfono. Aparecía en la pantalla un número que no identificaba y que por tanto yo aún no tenía en mis contactos, pero seguramente debía ser mi tía.

    -Aló!

    -Soy yo, tu tía Gloria. Sé que tenemos una conversación pendiente. ¿No sé si puedes ahora? – su voz suave sonaba decidida y segura.

    – Si tía, claro – dije sin tener ni idea de cómo abordar el tema.

    – Mira, lo que pasó anoche, pasó y eso no puede ya borrarse. A lo hecho, pecho. No sé cómo te sientas, pero quiero que sepas que de mi parte, no me siento cómoda a pesar de lo rico que la pasé. Esto no estuvo bien y no puede suceder otra vez. Fue mi culpa y por eso quiero que te sientas tranquilo – Tenía ese tono de voz de mujer que tiene sus cosas claras.

    – Si tía. Discúlpame también a mí por todo.

    – Tranquilo. No tienes la culpa. Yo fui quien te ofrecí mi cama al fin de cuentas. Solo te pido que esto por favor se quede entre tú y yo.

    – Si tía. Soy discreto. No me gustan los rollos.

    – Mira, debo colgarte ahora. Podemos hablar más tarde si deseas o puedes llamarme por si quieres decirme algo, ¿ok?

    – Ok tía.

    El olor del día húmedo venido de los campos que pasaban por la ventanita del autobús, me invadió. Me sentí tranquilo ciertamente al escuchar las palabras de mi tía Gloria, pero en el fondo de mi corazón, yo quería que lo sucedido se repitiera una y otra vez. Aún mi cuerpo guardaba la sensación de su piel cálida y desnuda de la noche lluviosa anterior.

    Recordé con regocijo inevitable durante esos cuarenta y cinco minutos que faltaban de viaje hasta llegar a la ciudad todo con lujo de detalles. Me era imposible no pensar en la osadía sexual más tremendamente morbosa y estimulante que hasta ese entonces había vivido. Pensé en lo que puede una mujer llegar a hacer cuando se encuentra desinhibida por el alcohol. Yo fui su presa feliz de esa noche. Todo se prestó para que eso sucediera: una mujer sola y separada, no tan bonita, tomada por los tragos, que se halla inesperadamente a solas en su casa en una noche lluviosa con un hombre joven y dispuesto. Las cartas estaban jugadas. Era poco probable que no pasaran cosas. Aunque fueran prohibidas.

    Recreaba en mi mente ese instante en el que ella estaba desnuda, sentada encima de mí con sus piernas gruesas explayadas a lado y lado de mis caderas en su cama crujiente. Ella cantando, sonriendo, gimiendo y a la vez meneando sus caderas hacia delante y hacia atrás restregando mi pene en su rajita caliente. Tenía entonces una actitud relajada, muy distinta de esa mujer que pocos minutos antes me habló por teléfono.

    Y todo empezó al ofrecerme ella no solo entrar a su aposento para que yo no me quedara a la intemperie bajo la lluvia, sino que me ofreció una toalla y un short que ella usaba para estar en casa. Era la única prenda medianamente masculina que había en esa casa que ella podía ofrecerme. Me la puse, ella estalló en risas al verme y después le pareció sexy eso de ver a un hombre con una prenda así mal acomodada y de color rosado. Yo me sumé a sus risas hasta que ella exclamó que debía ser interesante y cómico ver mi palo endurecido y abultado bajo su prenda. El comentario me sorprendió y me hasta me pareció subido de tono, pero igual de manera natural yo le seguí el hilo.

    – Ja ja tía no sé cómo se vería eso. Tendría que poner porno para ver si se me pone dura ja ja ja – respondí más por seguir en su onda cómica.

    – No, ¿y para que porno si estoy yo?, ¿no te parece?

    – Ah caramba, verdad je je – dije inocentemente pensando que todo era broma, pero estaba bien equivocado.

    Ella, aún empapada de lluvia se despojó sin atisbo de vergüenza de su ropa mojada. Deshizo el botón y bajó la bragueta de su blue-jean ajustado a sus piernas gruesas y se despojó de su franela amarilla. Dos sendos senos carnosos tapados por un sujetador negro de talla amplia saltaron a mi vista. Yo quedé helado.

    Se bajó el pantalón y quedó en su calzón oscuro de encajes. Su abdomen gordito caía un tanto y tapaba parte de la costura superior de su prenda íntima. Su piel blanca era lisa y se veía muy suave para ser ella una mujer iniciada ya en su cuarta década. La miré atónito. Ni me lo creía.

    – ¿Querías porno?, bueno tu tía te da porno.

    No podía yo hilvanar palabra alguna mirando su cuerpo de carnosidades abundantes delante de mí. Era todo excitante. Mi tía es una mujer loca o bien estaba más borracha de lo que parecía, pensé.

    Echó sus dos manos hacía detrás para deshacer el bretel de su sujetador y en un par de segundos un par de tetas blancas de aureolas ovaladas y oscuras saltaron de manera grotesca. Cada seno se acomodó caído y de lado por la ley de gravedad. Mi tía era más tetona de lo que parecía con la blusa puesta. Ella seguía risueña y mi morbo se disparó inevitablemente bajo la luz de ese cuartito chico y desorganizado. Ella tomó una toalla y comenzó a secar su pelo y su cuerpo diciendo que allí estaba la porno que yo quería.

    Mi verga fue cobrando volumen. Se fue levantando hacia el horizonte creando un bulto en la telita rosada del short de mi tía muy a pesar de lo algo cohibido que yo me sentía. Ella atónita miraba el proceso de erección con felicidad. Para ella era como una conquista que debió honrarla. Su desnudez a medias había provocado en un hombre mucho más joven que ella una erección inminente. Su reacción estaba entre la risa, el encanto y el morbo.

    – Uao que bulto. Me gusta cómo se te ve, ja ja, ay, qué mala soy. Que gracioso esto – se decía para sí misma.

    Yo no decía nada. Atrapado entre la broma y el morbo de ver sus tetas gordas caídas.

    – Te gustan mis melones, ¡morboso!, hombre tenía que ser, ja ja – se las agarraba y acariciaba hasta juntar sus dos pezones – Bueno, ya está bueno de porno. Vamos a dormir. No tengo cama ni otro cuarto, así que te va tocar aguantarte a esta tía loca por esta noche. Buscó una tanga limpia y seca de tono claro en su gaveta y en segundos se quitó la que tenía puesta ya húmeda por la lluvia y se colocó la seca, lo hizo delante de mis ojos de medio lado. No pude verle bien ni su chocha ni su culo aunque de ganas me moría.

    Se giró hacia mí ya con su prenda puesta. Me miró el bulto. Rio otra vez diciendo que le encantaba eso de calentar a los hombres y vérselos así abultados. Apenas si pude estudiar con morbo lo sexy de su nueva tanga blanca en su cintura. Apagó la luz y se metió a la cama.

    – Ven, duerme, que ya son casi las tres de la madrugada. Esta bueno ya de joda por hoy. Reía y cantaba aún.

    Yo no acababa aún de entender ese gesto tan loco e inesperado. No sabía bien si mi tía me estaba invitando a tener sexo o simplemente a dormir. Entonces, ¿para qué todo ese espectáculo de sus senos y verme el pito pintado en su short femenino?, ¿solo querría eso?, ¿divertirse y satisfacer su fetiche visual de calentar a un hombre? No encontraba respuestas. Después de todo no la conocía bien, ni ella tampoco a mí. Éramos poco más que un par de desconocidos. Ella es una de las hermanas menores de mi papá o más bien medio-hermana de mi papá, hija de mi abuelo con su segunda mujer. No creció cercana a mi papá por ende tampoco a mí. Gloria era esa tía relativamente joven que yo había visto pocas veces en mi vida. Prácticamente en funerales de tío-abuelos o en alguna fiesta casual de algún primo o familiar. De ella yo solo sabía que se había separado de su ex marido no hacía mucho, que siempre tuvo problemas de fertilidad y que era una mujer que le gustaba la fiesta y la cerveza.

    Me metí entonces lleno de interrogantes en la cama a oscuras a pesar de que la luz de una lámpara pública penetraba por las rendijas de la ventana mal cubierta por la cortina. Ella me dio una sábana. Me arropé. Ella ya lo estaba. Le dije buenas noches. Ella respondió sin parar de reírse con su voz de mujer medio borracha. Se giró a medio lado dándome la espalda y hubo silencio.

    Intentaba dormir, pero era difícil calmar la avalancha de preguntas y emociones. Mi tía respiraba fuerte y afuera la lluvia suave y constante golpeaba el tejado. No sabía bien qué hacer, pero todo indicaba que la fiesta había culminado. Yo estaba excitado e incómodo a la vez. Me puse boca arriba como hago siempre para dormir, metí mis manos debajo de mi prenda y comencé a acariciarme despacio mi miembro y mis testículos más por relajarme que por masturbarme a pesar de las imágenes morbosas e impactantes de los senos de mi tía que aún estaban fijas en mi mente.

    Varios minutos pasaron, mi erección había bajado un poco de intensidad a pesar de que con mis dedos yo tentaba la cabeza de mi verga. La sensación era apacible, suave. No tenía ganas de masturbarme la verdad. Solo acariciarme hasta que el sueño me venciera.

    Pensé por un momento lo azarosa que es la vida. Como después de una fiesta patronal de pueblo con amigos y sin proponérmelo, terminé acostado semidesnudo con una mujer madura en su propia cama. ¡Caramba!, ni si me lo hubiera propuesto. Se suponía que debí haber tomado el autobús que pasaba a las dos de la madrugada por la carretera principal, pero decidí resguardarme de la lluvia en el zaguán de la esquina sin tener ni idea que justo a dos casas de allí vivía mi tía Gloria. Ella venida también de la fiesta me divisó y por pura amabilidad de su parte, me invitó a pasar a su casita.

    – ¿Estas dormido? – la voz de mi tía retumbó como venida de ultratumba rompiendo el silencio en medio de la oscuridad y haciéndome alejar mi mano de mi sexo como si me hubieran pillado.

    – No tía. Aún no – respondí con expectativa y algo de susto.

    – ¿Sabes?

    – ¿Qué tía?

    – Estoy caliente, pero no de fiebre, sino de lo otro je je.

    – ¿Ah sí? – no sabía bien que decir. No quería dar un paso en falso y quedar como un atrevido o perverso.

    – Hace rato que no me montan – me resultó gracioso ese término de animal de granja.

    – ¿Je je y eso porque tía?

    – Ah pues, soy una mujer sola, ya lo ves. También tengo mis necesidades.

    Joder, mandé todo al carajo. Ella no paraba de hacer y decir cosas atrevidas y yo actuando como un pendejo tirándomelas de respetuoso y moralista. Me la quería coger allí enseguida y ella también quería eso. Me lancé entonces al vacío. Todo o nada.

  • La cuñada virgen

    La cuñada virgen

    En mi época de estudiante de bachillerato solía ser muy noviero, estudiaba en un colegio público y era mixto, lo que permitía el contacto permanente con las jóvenes y ahí nacía las relaciones sentimentales entre todos. Conseguí una novia de nombre Constanza, pasábamos muy chévere, sobre todo para hacer las tareas en grupo unas veces en mi casa y en otras ocasiones en la casa de ella.

    En una de esas oportunidades conocí a su hermana Vanessa (cuñada) de 20 años, que también estudiaba, pero en otro grupo. Esa noche conversamos de varios temas, pero noté que en la charla me daba a entender que le había gustado. Me preguntó a solas que si era posible visitarme en mi casa para tratar tareas de matemáticas que no entendía muy bien y necesitaba un repaso, le contesté que con mucho gusto le avisaba el día y la hora para el encuentro.

    En la noche en mi habitación la observaba en mis pensamientos, su cara esbelta y su cuerpo muy tallado, el día del trabajo que la conocí vestía un short de color azul y una camiseta que por lo apretada dejaba notar sus téticas con un brassier de talla de 34 aproximadamente. Soñaba con el día del encuentro y como sería la forma de conquistarla, máxime que con la relación con su hermana no era tan fácil, ya que al darse cuenta podría perderla a las dos.

    Todo debía suceder en la más estricta reserva como se lo advertí a Vanessa y ella coincidió igualmente que nadie podría saber de lo clandestino de esa cita. Con lo convenido seguí preparando lo acordado, debía estar solo y contar con el tiempo necesario para atender a la niña, primero explicarle lo de su tarea y luego tratarla de conquistar. Hice mis cuentas y todo quedo para un domingo a las once de la mañana cuando mi madre se iba con sus amigas a trabajar en el costurero del barrio.

    Se llegó el día y la hora. Apareció la reina y cuál sería la sorpresa cuando también apareció la novia Constanza con ella. Es decir estaban en mi casa la novia y la cuñada. No supe que decir, las mandé a seguir y les traje algo de tomar. Esperé que se iniciará la conversación por parte de algunas de ellas y así sucedió:

    Constanza: Papito, mi suegra se encuentra en casa.

    Yo: No mi amor, se fue para el costurero.

    Vanessa: Que bien, mejor para todo!

    Yo: Será que podemos empezar el trabajo?

    Constanza: Cuál trabajo mi amor, solo vine a cumplir una promesa de Vanessa y en donde participamos los tres. Queríamos darle una sorpresa.

    Vanessa: Así es mi bello varón, estamos perdiendo tiempo, debemos empezar ya. Podemos pasar a su cama y le explicamos.

    Yo: Claro, con todo gusto, pasen y se ponen cómodas.

    Con una luz tenue, agua y un par de cervezas a la mano, entramos, en ese momento las dos dirigieron su mirada a mi diciendo todo sin pronunciar una palabra.

    Suavemente me empujaron sobre la cama avanzaban seguras y deseosas, no sé de qué hablaron antes de llegar pero era innegable su complicidad, ya en mi cama y frente al espejo, empezamos a besarnos, Vanessa se recostó en la parte superior de la cama, con la vista clavada en Constanza su hermana y novia mía..

    Entre mí novia y la cuñada brotaron miradas y caricias que subían de tono, yo tocaba los excelentes senos de Vanessa mientras ella acariciaba mi verga que estaba muy caliente, todo iba sucediendo con calma, hasta que Constanza se acercó a Vanessa y le dio un beso largo y apasionado al cual mi cuñada respondió de la misma forma, sumando la mano sobre la vagina, fue un momento mágico que desencadenó toda la pasión que flotaba en el cuarto y que todavía no entendía. Los besos entre ellas no eran simplemente apasionados, ni mucho menos tiernos, era lujuria desbordada, algo que yo no había experimentado nunca, a pesar que hacíamos el amor constantemente con mi novia, pero no le conocía esos dotes de putica rica.

    Quería comerme sus labios, los labios de las dos, y no solo los de sus bocas sino los vaginales, quería devorar sus lenguas, quería que sintieran que eran mías por completo, ya era un desorden que no podía parar. Estábamos acostados de tal forma, que yo podía observar las reacciones de Constanza, quien observaba a Vanessa con deseo. Yo en un arrebato cómplice despojé a Vanessa de su blusa y mis manos seguían hurgando en su entrepierna, ella inquieta, apoyándose en mi pecho, hizo lo mismo con Constanza, y fue así sin más ni más que arrancó de un jalón la falda de Vanessa que también sin contemplaciones respondió de la misma forma, luego las dos se enfocaron en mí, y sin planearlo, sin decir una palabra ya estábamos desnudos, llenando de besos y caricias nuestros sexos.

    Fluían besos y caricias en una mezcla indescriptible, para ser la primera vez estábamos bastante sincronizados, noté que la excitación estaba al límite, mi pene más duro que nunca, las dos chicas bastante húmedas literalmente su humedad escurría entre sus piernas y el brillo de sus ojos reflejaba impulsos lujuriosos. Me aparté de ellas para contemplar la escena lésbica, mi novia metió los lindos senos de Vanessa en su boca, la devoraba, mientras Vanessa excitada le tocaba el clítoris una y otra vez, Constanza bajaba del pecho a la entrepierna lentamente, Vanessa cerraba los ojos y yo solo podía imaginar que estaba en un éxtasis de placer nunca vivido.

    Vanessa para sorpresa mía, tomó un impulso, recostó a mi novia en la cama y empezó a hacerle sexo oral, pero mientras lo hacía cogió mi pene y la dirigió a su vulva para que la penetrara, y yo lo hice con más fuerza y pasión que de costumbre, sabiendo que era virgen, ya en esa tónica y con ánimo de no sentirme inferior al reto, me dediqué a provocar a Constanza lamiendo a Vanessa mientras ella seguía dándole placer a mi novia, puedo decir que besé a Vanessa, sus senos, su vagina y su ano como nunca lo había hecho.

    Mi prometida se levantó y besó a Vanessa en la boca con más fuerza, más ímpetu, demostrando su deseo y pasión, me tomo la mano e hizo que pusiera mi pene entre sus bocas, fue majestuoso, las dos besaban mi pene con desesperación y gusto mientras se masturbaban, lo succionaban muy rico y una se lo pasaba a la otra para que lo degustara. Constanza me pidió que la penetrara hasta el fondo y mientras le metía mi verga en su vagina Vanessa por debajo chupaba mi verga y la concha de mi novia en forma espectacular. Inmediatamente volví a coger a Vanessita por su vagina y le introduje mi pene para desvirgarla bien, pero en su emoción no sentía tanto y se dedicaba a chupar la conchita de Constanza.

    Nuestros sentidos no paraban de disfrutar, pero el clímax llegó cuando Vanessa llevada por lo que sentía me pidió que la penetrara analmente, por supuesto lo hice mientras mi novia, la invitada de honor, se acomodaba bajo nosotros, le hacía sexo oral a Vanessa y en cada embestida mía, besaba mis huevos. En lo personal hasta ese punto creo que no faltaba nada, pero Vanessa quería más, empezó por besarle el ano a Constanza que como ya estaba mojada lo disfrutaba mucho más, la tocaba con las dos manos, la hurgaba por el ano y por la vagina mientras yo hacía que Constanza se comiera todo mi pene y lo disfrutara.

    Luego de un rato así, Vanessa cogió mi pene con una mano y comenzó a frotarlo en su húmedo clítoris, mientras con la otra mano no paraba de hurgar el ano de Constanza que gemía de placer, a esa altura yo me contenía por no eyacular para no terminar el momento de placer, mientras ellas llegaban a su cuarto o quinto orgasmo, estaban completamente inundadas de leche por todas partes.

    Aproveche los fluidos que brotaban de la vagina de Vanessa que sabían delicioso para meter casi todos mis dedos en su interior, estaba feliz, seguía chupando mi pene con gran intensidad. Por la arrechera del ritmo supe que me vendría en poco tiempo, así que saqué de su boca mi pene y contemplé como se acariciaban mutuamente. Con mucho cuidado cogí mi novia le empaque mi verga por el culo hasta que me canse de sacarlo y meterlo. Mientras se fundían en un beso y tocaban sus clítoris yo no resistí más, eyaculé en sus rostros, nunca había visto tanta leche, tan caliente salir de mí, pero puedo decir que hubo suficiente para las dos, ellas lo disfrutaron y utilizaron mi semen para acariciar sus cuerpos, estaban tan excitadas que probaron un poco de mi leche, se besaban, lo compartían, con la que tenían en los dedos seguían masturbándose, realmente estaban encantadas.

    Agitados y agotados seguimos recostados sobre la cama un buen rato más, yo, recargado en el vientre de Constanza y lamiendo los deliciosos senos de Vanessa que estaba tirada más abajo acariciando el clítoris de mi novia con un rostro de satisfacción única. Se fueron sin ninguna explicación de lo sucedido.

    Al día siguiente me encontré en el colegio con mi novia, hablamos y solo me pidió que le hiciera el amor rico en el baño de la institución y cuando la tenía clavada me dijo que lo del trio era para cumplir una promesa a la hermana Vanessa pero que no podía suceder más, me chupó la verga me vine en su boca y se tragó el semen.

    Creo que la síntesis es que tener un trío siempre es bueno cuando se impone el deseo y el placer sobre los prejuicios.

    Para consejos estoy: [email protected].

  • Seducida por mi concuño

    Seducida por mi concuño

    Hola, esta ocasión quiero compartirles lo que viví esta noche de Navidad.

    Como ya me conocen algunos que me han escrito a mi correo y hemos tenido comunicación.

    Me gusta siempre estar cómoda presentable para salir o ir a la oficina con mis vestidos o faldas ajustadas.

    Esa ocasión especial no sería la excepción de llevar a la cena de navidad en la casa de mi suegros un vestido ajustado mi cadera y amplio en mis muslos mis medias color Darling sujetadas con mis ligueros mi tanga de hilo y mi bra, que algunos de los lectores ya conocen.

    Estaba un poco preocupada porque a mi suegra no le gusta que use ese tipo de vestidos ajustados menos que use medias ligueros. y no se diga de mis tangas, siempre se molesta y esa noche no fue la excepción desde que me vio llegar con mi esposo mis hijos a su casa.

    Cuando tuvo oportunidad estando en la cocina se me acercó y me dijo “que bárbara se te notan los encajes de tus ligueros y tu tanga es muy atrevido, tu vestido, no debiste vestirte así”.

    No le contesté nada solo me quedé callada, ya conocía su molestia.

    Estábamos apuradas con los preparativos de la cena por el reflejo de los cristales de la cocina me di cuenta que el señor esposo de una de las hijas de mi suegra se me queda mirando mucho, pero no le di importancia. Continúe ayudando con la cena de Navidad.

    No les miento que cuando mi cuñada me presentó a su esposo que era este señor que se me quedaba mirando me puse muy nerviosa.

    No nos conocíamos, pero me hizo ponerme muy nerviosa porque cada que pasaba por la cocina veía yo como se me queda mirando, mi cadera mis nalgas.

    Sinceramente me gustó como me miraba me hizo pensar tantas cosas, pero no debiera estando en casa de mis suegros.

    Con mi familia, pero no pude evitar sentir cosquilleo en mi panochita y mi culo cada que lo veía como me mira mis nalgas.

    Me toco servir unas botanas amor para antes de la cena, cuando pase donde estaba sentado mi concuño le dije si gustaba uno se me quedó mirando y me dijo que sería un placer.

    Por su forma de mirarme y el tono de su voz sentí mi cosquilleo en panochita mi culo sé que no debía haberme sentido así pero no pude evitarlo.

    Cuando me fui a la cocina moví más mis nalgas de lo normal para me viera.

    Esa ocasión era la única que llevaba vestido ajustado medias transparentes y zapatillas me gusta cómo se me quedaban mirando, pero en especial él no sé porque.

    Me estaba excitando sentía mis jugos como me escurrían al imaginar tantas cosas por su forma de mirarme y su tono de voz.

    Cada vez que caminaba sentía como me temblaban mis piernas a cada paso que daba en la cocina o en la sala, sentirme deseosa de ser acariciada besada.

    Tenía que seguir atendiendo a mis familiares y nunca espere vivir algo con un concuño.

    Creí que solo serían sus miradas cada que podía ir a la sala movía más mis nalgas para que me viera.

    Sé que no debiera haberlo hecho, pero su forma de mirarme cada que llevaba botanas cuando le volví ofrecer otra ronda ofrecí le pregunte si le habían gustado me dijo que estaban muy ricas.

    Nuevamente su forma de decirlo me puso muy excitada acercarme a él sinceramente.

    Nos aviaron que se iban a romper piñatas en el patio de la casa que saliéramos.

    Todos salimos al patio entre los gritos y los cantos de quien pasaba a romper la piñata no me di cuenta donde estaba mi concuño mis hijos estaban enfrente de mi yo los protegía no se acercaran y los golpearan.

    Todos gritábamos por la emoción de la piñata cuando sentía que una mano me tocaba mis nalgas y los encajes de mi tanga mis ligueros estaba por voltear para saber quién lo hacía, pero no lo hice.

    La verdad me excito tanto su atrevimiento de quien me acariciaba con los gritos de todos no pude evitar apretar y menear mis nalgas.

    Se acercó a mi oído y me dijo “que rico debes coger” y supe que era mi concuño por el tono de su voz.

    Le tocaba pasar a mi hijo menor y lo lleve al centro para rompiera la piñata él se quedó en el mismo lugar.

    Mi cabeza era un hormiguero sin saber que hacer lo miraba discretamente y el me veía paso el otro de mis hijos para romperla la piñata, sinceramente no supe que hacer.

    Estaba ya muy excitada no me lo esperaba cuando rompieron la piñata pusieron otra y me fui a donde estaba mi concuño de nuevo con mis hijos.

    Me excito su atrevimiento desde que le había ofrecido las botanas que le moviera más mis nalgas cuando me alejaba de él para ir a la cocina ahora dejar que me acariciara

    Nuevamente se acercó a mi y me dijo quiero cogerte me toco de nuevo mis nalgas lo deje que lo hiciera apretaba y soltaba mis nalgas movía para atrás mi cadera veía a mi esposo que no se diera cuenta. O alguien nos viera.

    Me tenía muy excitada muy caliente que me dijera que quería cogerme lo deje que me acariciara sentir su mano en medio de mis nalgas.

    De lo excitada que estaba deseaba tanto que me cogiera me hiciera suya que me abrazara en ese momento pero sabía que no se podía.

    No podía más escuche que me dijo que le regalara mi tanga me quede casi helada, no le dije nada no quería que nadie se diera cuenta de lo que pasaba.

    Quería que todo terminara por lo caliente que me tenía y que alguien se diera cuenta pero. No sé cómo hice, pero como pude baje mi tanga y deje que cayera para la recogiera mi concuño.

    No sé cómo fui capaz porque cuando baje mi tanga sentí como escurrían mis jugos en mi piel y el encaje de mis medias.

    La levanto y se la guardo en su pantalón terminamos de romper las piñatas y nos metimos a la sala no vi para donde se había ido mi concuño

    No lo vi en la sala empezamos acomodarnos para la cena a servir para los que ya estaban sentados entre ellos mi esposo mis hijos.

    En un momento vi que entro mi concuño y se sentó en la mesa para servirle le iba a servir pero no quise se notara algo raro.

    Dejé que su esposa le sirviera se quedaba mirando cada vez que pasaba para servir solo él sabía que no tenía tanga.

    Me sentía más caliente porque tenía algo de mi que yo misma le había entregado lo veía discretamente.

    Deseaba tanto saber lo que pensaba en ese momento, que me dejara sin tanga enfrente de mis familiares mi esposo.

    Se acostumbra que a la doce nos darnos el abrazo de navidad entre todos los presentes.

    Cuando me tocó darle el abrazo, me entregó mi tanga estaba más mojada pegajosa me dijo al oído “te voy a coger algún día ponte tu tanga” me abrazo una de sus manos rozó mis nalgas y se me repegó, sentí como estaba parada su verga.

    Me la fui a poner mi tanga cuando fui al baño vi, como tenia leche en donde va mi vagina y mi culo.

    Fue la primera vez que me ponía mi tanga con leche de otro.

    Muchas cosas pasaron por mi mente de cómo quiere cogerme sin importar que sea mi concuño me sentí muy diferente, no pude evitar meter mi tanga en medio de mi panochita y en mi culo sentir su leche dentro.

    Cuando llegue a la sala se me quedo mirando pase por donde estaba para que mirara mis nalgas viera que me había puesto mi tanga.

    Veía su cara de satisfacción me sentía muy feliz de tener una experiencia totalmente diferente me quede en la sala platicando con mi esposo para que me viera bien me ponía de espaldas a él.

    Deseaba saber lo que pensaba en ese momento como se sentía caminaba y sentía como mi tanga se metía más en mi panochita y en mi culo y me excitada mas, sentir el contacto de su leche con mis labios vaginales de mi panochita y mi culo.

    Esa noche fue la primera vez que tuve su leche en los labios vaginales de mi panochita y mi culo.

    Pensé que solo se conformaría con esa noche pero no fue así cuando nos despedimos me dijo antes de que termine este año te voy a coger, apretando mis nalgas. Que ya les contare como se dieron las cosas.

    Como lo he dicho una nunca sabe lo que pueda pasar cuando y donde y con quien.

    Gracias a los quienes ya me han escrito a mi correo:

    [email protected] y quienes ya me conocen.

  • Walter y Mica: Control del tercer mes

    Walter y Mica: Control del tercer mes

    Mica y Walter habían sido novios y luego esposos desde muy jóvenes, ambos perdieron juntos la virginidad y luego de casi 11 años juntos, deciden separarse y vivir nuevas experiencias.

    Mica es una mujer alta, de ojos claros, cabello largo, largas piernas y buenas lolas, Walter por su lado mide más de 1.90 m, carismático y con un físico trabajado.

    La vida sexual de la pareja no era buena, estaban meses sin tener relaciones y cuando las tenían eran rutinarias, solo el misionero, algo de sexo oral y poco más, si bien Mica es multiorgásmica, y llegaba siempre al orgasmo el problema era lograr el clima para que ambos quieran tener sexo.

    A Walter le encantaba acabar en la boca de Mica pero esta nunca quería, solo en contadas ocasiones y en la ducha lo conseguía, a Mica parecía no importarle mucho el sexo, cuando Walter le preguntaba por alguna fantasía nunca le decía nada.

    La vida fue pasando y la relación se fue desgastando a un punto sin retorno, por lo cual decidieron separarse.

    En ese impasse, ambos consiguen parejas sexuales, Mica mantuvo una relación con un hombre casado como amante y una relación ocasional en otra ciudad y Walter también se involucró con una mujer casada y mayor que él.

    Luego de casi 2 años, Walter y Mica se reencuentran y vuelven a estar juntos, eran los mismos. pero con más experiencia sexual y eso le vino muy bien a la pareja. Tenían muy buen sexo, pero algo no había cambiado, Mica no quería sexo anal ni que le acaben en la boca.

    La pareja se afianzó y buscaron un hijo, el cual llegó rápidamente. Durante el embarazo volvió la escasez de sexo, pero ambos estaban muy felices.

    Walter salía a trabajar todas las mañanas y Mica se quedaba estudiando, todo iba muy bien. Walter cada tanto conseguía alguna caricia y ella no quería saber nada con tener relaciones porque estaba incómoda o con dolores por el embarazo pero el lejos de enojarse la intentaba comprender, anhelando los días de sexo previos al embarazo.

    En una visita de rutina al médico clínico cursando el tercer mes de embarazo, Walter decidió sorprender a Mica y la fue esperar a la salida, supuestamente el turno era a las 17:30 h, pero eran las 19 h y no había salido. Cuando se acerca a la recepcionista a preguntar dónde atendía el médico, le informa que en el consultorio 15 en el 2º piso.

    Walter sube al consultorio, no había nadie en la sala de espera, y cuando pasa por la puerta del consultorio, la misma se entreabre por el viento y ve a Mica de rodillas chupándosela al médico con mucha pasión, recorriendo con su lengua desde la base hasta la punta y engullendo con mucha destreza 3/4 partes de la misma.

    Walter se quedó duró mirando pero no reaccionó, siguió mirando como su mujer se la tragaba una y otra vez hasta recibir toda la descarga en su boca y tragarse todo. Luego ella se levantó, lo saludó con un beso y se dirigió hacia la puerta del consultorio.

    Walter como pudo, volvió al auto a esperar a su mujer sin que lo vieran.

    Cuando Mica lo vio, le hizo señas desde lejos y se dirigió al auto, lo saludó con un beso y emprendieron el camino de regreso a su casa.

    La noche transcurrió como si nada hubiera pasado, Mica estaba como siempre, lo que Walter hizo que se preguntara hace cuanto estaba ocurriendo esto.

    Ya en la cama, Walter estaba con una mezcla de emociones, sentía mucha rabia y desilusión y por otro lado estaba muy excitado de haber visto a su mujer en esa situación.

    Continuará…

  • Abre los ojos y mira como se corre tu hija, papi

    Abre los ojos y mira como se corre tu hija, papi

    Rosal era una joven alta, morena, guapa, gordita y con todo muy bien puesto, su padre era un hombre de 52 años, alto, moreno y fuerte y era un timador que usaba a su hija como gancho y a una mulata cómo fullera.

    Rosal hablaba con su padre en la cocina de su casa mientras rellenaba seis botellas de whisky Doble V con whisky de garrafón, para lo que ponía un embudo en la boca de la botella… Ya antes había rellenado las botellas coñac Napoleón por coñac de garrafón. Le dijo su padre:

    -… Tú ponte guapa que todo va a salir bien.

    -Puede que hoy sí, pero un día nos van a descubrir y lo vamos a pasar mal papi.

    -No creo, somos muy buenos en lo nuestro, los mejores diría yo.

    Rosal acabó de dar el cambiazo, y le dijo a su padre:

    -Me voy a duchar y a echar esa crema hidratante que me regalaste.

    -Aprovecha que dieron el agua, hija, aprovecha.

    Rosal yéndose de la cocina, le dijo:

    -Lleva las botellas al mueble bar, papi.

    -Sí, ya las llevo.

    Al rato Rosal estaba en la ducha enjabonando las tetas y el coño. Al enjabonarlas las magreaba y jugaba con sus pezones. Luego cogió la alcachofa y se echó agua sobre la cabeza para quitar el champú Su melena negra fue tapando sus tetas cómo si fuese una cortina, después la echó hacia atrás con la palma de la mano derecha, se arrimó a la pared y puso los finos y potentes chorros de agua encima de su coño. Echó una mano a su teta izquierda, cerró los ojos e imaginó qué se la estaba comiendo su padre. Tardó unos cinco minutos en sacar la mano de la teta y llevarla al coño. Con la mano sobre él cerró las piernas, se encogió y jadeando se corrió cómo lo que era, una viciosa.

    José Antonio, Alberto, José Gregorio, Julio César y Carlos Eduardo eran cinco cuarentones, morenos, de buen ver, aunque algo bajos de estatura. Estaban montados en el dólar en un país que se caía a pedazos, y no voy a decir que país es, pues este relato no va de política. Pues bien, estos cinco camándulas, estas cinco escorias humanas, estos cinco sapos, estos cinco desgraciados…, ahí lo dejo porque repito, este relato no va de política, estos cinco hijos de puta mal nacidos, tres de ellos cubanos y uno español, estaban sentados a una gran mesa cubierta con un tapete verde en la que una crupier mulata, de ojos negros y bien escotada para enseñar gran parte de sus gordas tetas, les daba cartas a ellos y a Vicente, el padre de Rosal. Le daba cartas buenas una vez sí y dos no a quien le pagaba, o sea, a Vicente. Rosal servía el whisky y el coñac a los cinco cabrones y al hacerlo les pasaba un dedo por la columna y les sonría. A Vicente le sonó el celular. Lo cogió, escucho, recogió sus ganancias, y les dijo:

    -Seguir vosotros, me reclaman con urgencia.

    Vicente se fue y las cosas se iban a torcer. Rosal los había provocado y ahora pagaría las consecuencias. Julio César, alias «El Emperador», cogió a Rosal por la cintura y arrimando la polla a su culo, le dijo:

    -Ahora te voy a acariciar yo ti.

    Rosal estaba asustada, o por lo menos se hacía la asustada.

    -¡¿Qué me vas a hacer?!

    -¡Te voy a romper del coño, gordita!

    Los otros se dieron cuenta de que estuviera jugando con ellos… Para resumir diré que acordaron follarla todos.

    La crupier se levantó con idea de huir de allí, pero José Antonio se puso detrás ella, la agarró por las tetas y le dijo:

    -¿A dónde vas, morena?

    La crupier se revolvió cómo una serpiente.

    -¡Soltarnos o Vicente os castrará!

    -Vicente no va a saber nada de lo que os hagamos, por cuenta que os tiene. ¿O queréis desaparecer?

    Julio César con una navaja le fue saltando los botones de la blusa a Rosal, Alberto comenzó a hacerle lo mismo a la crupier hasta que sus enormes tetas y su coño con pelo negro rizado quedaron al descubierto. Poco después estaba las ropas cortadas en el piso. Rosal estaba echada encima de la mesa donde antes se jugaba a las cartas y los cuarentones estaban con sus pollas en las manos. Julio César le dijo:

    -Come sus tetas, Caridad.

    -¡Ni muerta!

    -Eso se puede arreglar.

    La amenaza surtió su efecto. La crupier le agarró las tetas a Rosal, le lamió los pezones y chupó mientras sentía cómo la lengua de Julio César lamía su ojete, cómo después entraba y salía su culo y cómo sus manos magreaban sus grandes tetas, unas tetas con enormes areolas negras y gordos pezones. Follándola le dijo.

    -Bésala.

    Cuando Caridad besó a Rosal ya estaban las dos cachondas. Los cinco vieron cómo se comían las lenguas mientras meneaban sus empalmadas pollas.

    Al rato le dijo Julio César:

    -Cómele el coño

    Caridad lamió aquella delicia empapada de jugos, Julio César se la metió en el coño a ella y la folló con fuerza. José Antonio y Alberto le comieron las tetas a Rosal y José Gregorio y Carlos Eduardo se turnaban para comerle la boca.

    Caridad comía el coño cómo una lesbiana, sabía lo que hacía con su lengua en cada momento… Lamer los labios, follar su vagina, lamer el clítoris de todas las maneras posibles, hacia arriba, hacia los lados, alrededor, lo chupaba… Tenía Caridad su lengua dentro del coño de Rosal cuando comenzó a correrse. Su coño bañó la polla de Julio César y bañándola chupó con fuerza el clítoris de Rosal, lo que hizo que la joven se corriera cómo una perra. Los cuatro que le comían la boca y las tetas las machacaron más aprisa y se fueron corriendo en la boca abierta de Rosal.

    Julio César no se había corrido, Subió encima de la mesa, se echó encima de Rosal, ella flexionó las rodillas y la polla entró hasta el fondo de aquel coño empapado. Julio César no duró nada, en menos de un minuto, y comiéndole la boca, le llenó el coño de leche. Rosal ya tenía leche por todas partes, pero se había puesto cómo una moto y quería más. Cuando se bajó de la mesa cogió sus bragas rotas y limpió con ellas la leche de Julio César que le bajaba por el interior de sus muslos. Después de devolver las bragas al piso, le dijo a los cabrones:

    -¿Quedasteis satisfechos?

    Le respondió José Antonio.

    -Hacernos unas mamadas.

    Caridad también estaba perra, pero aún razonaba.

    -Cómo vuelva su padre y nos pille se va a liar a tiros.

    -No creo, somos muchos contra él.

    Los cabrones se sentaron en sus sillas. Caridad, ya no era la del principio, ahora estaba muy cachonda, así que se agachó entre José Antonio, y Alberto, cogió sus pollas y comenzó a menearlas y a mamarlas. Rosal cogió tres pollas para ella. Se picaron mamando, lo que hizo que sacaran lo mejor de ellas mismas, o sea, si una le chupaba los huevos a uno de ellos, la otra intentaba hacerlo mejor lamiendo y chupando, o si le mamaba el capullo, la otra lo mamaba y la metía toda dentro de la boca, el resultado fue que los cabronazos se lo pasaban en grande. Rosal después de mamar sus pollas conciencia y de ponerlas duras cómo piedras, se levantó y les dijo:

    -Seguidme a mi habitación.

    Carlos Eduardo tenía prisa, la empotró con la cara contra la pared, y le dio caña brava mientras José Gregorio y Eduardo se las pelaban esperando su turno.

    -¡Te voy a reventar el coño! -dijo Carlos Eduardo- ¡Te voy a reventar el culo!

    Rosal con la cara y las manos pegadas a la pared, ya se había venido arriba, y le dijo:

    -Habla menos y taladra más.

    El aprendiz de violador se cabreó

    -¡Serás cabrona!

    Le dio a romper. Cuando Rosal estaba a punto de correrse, quien se rompió fue él. Se corrió dentro de su coño cómo un pajarito.

    José Gregorio le dijo:

    -Saca de ahí, flojo. Deja que le enseñe a la gordita lo que es bueno.

    Carlos Eduardo sacó la polla. Del coño empezó a salir leche. A José Gregorio le daba igual. Se la clavó y venga a meter y sacar, y venga a meter y sacar cada vez más aprisa… Cuando Rosal estaba a punto de correrse otra vez, José Gregorio se corrió dentro de su coño sin darle tiempo a correrse a ella.

    Alberto, el español, le dijo:

    -¡Qué dura eres, cabrona!

    Alberto mojó la cabeza de la polla en la leche que salía del coño, la frotó en el ojete y le metió la punta. Rosal exclamó:

    -¡Diosss! Me acabas de desvirgar el culo.

    -¡¿Sufres, muñeca?!

    -Sí, muñeco, sí.

    Alberto se ablandó. Se la metió despacito y acariciando su clítoris. Rosal giró la cabeza. Necesitaba cariño, necesitaba besos. Eduardo la besó y le dio la vuelta. Caridad dejó de mamar, la besó, le comió las tetas, se agachó, le metió el dedo medio dentro del coño y se lo folló con él mientras lamía su clítoris de abajo a arriba. A Rosal se le pusieron los ojos en blanco y se corrió cómo una golondrina, sin hacer casi ruido, gimiendo en bajito.

    Cuando Rosal acabó de correrse, Caridad se separó de ella, Julio César cogió a Caridad en alto en peso y se la metió hasta las trancas y José Gregorio, empalmado de nuevo, se la clavó en el culo. Ya no era la primera vez que se la metían en el culo, pues disfrutó desde el segundo uno. Con sus brazos rodeando el cuello de Julio César se dejó ir para que la llevaran al orgasmo… Mientras tanto Alberto había sacado la polla del culo de Rosal. José Gregorio la había puesto de nuevo cara a la pared y le follaba el coño sin tregua… Esta vez sí, esta vez se corrió cuando él le llenó el coño de leche, y dijo.

    -¡Me corro!

    A Rosal mientras se corría le temblaron las piernas, le temblaron las tetas, le temblaron las nalgas…, le temblaron hasta las cejas.

    A unos metros de ella Caridad, corriéndose, decía:

    -¡Y yo vuelo!

    Vicente llegó a casa. Ya anocheciera. Fue a la sala donde había jugado al póker, encendió la luz y vio las bragas, los sujetadores, toda la ropa estaba inservible. Cagándose en todo lo que se movía fue a la habitación de su hija. Encendió la luz y vio que estaba tapada con una sábana. Vicente, serio cómo un muerto, le preguntó:

    -¡¿Qué te hicieron esos hijos de puta?!

    Con voz lastimera, le respondió:

    -Qué nos hicieron papi, que nos hicieron.

    -A mí solo me interesa lo que te hicieron a ti.

    Se levantó de cama y desnuda cómo vino al mundo arremetió contra su padre.

    -¡Todo lo que me hicieron es por tu culpa!

    Vicente viendo sus firmes tetas con areolas rosadas y pequeños pezones y viendo su coño, le dijo:

    -Tápate, hija, tápate.

    -¡Así me vieron ellos!

    Vicente tenía un cabreo brutal, y un pequeño empalme, que todo hay que decirlo.

    -¡Los mato! Esos desgraciados no hacen otra.

    Rosal se sentó en el borde de la cama y siguió culpado a su padre por lo que le había pasado.

    -No fue culpa suya, fue culpa tuya por decirme que los calentara. ¡Fue culpa tuya que me humillaran!

    -Lo debiste pasar muy mal.

    Mentía bien la condenada.

    -Lo pasé fatal papi, fatal.

    -Imagino cómo te sentiste.

    -Pero no lo sabes, solo siendo humillado se sabe lo que se siente.

    -Humíllame, hija, humíllame, me lo merezco.

    Rosal hacía tiempo tenía ganas de tirarse a su padre y no iba a desaprovechar la ocasión.

    -Desnúdate.

    -¿Del todo?

    -Del todo.

    -¿Y no te valdría…?

    -Del todo, papi.

    -Tú ganas.

    Eso de ganar a Rosal le sonaba a gloria. Llevaba tiempo ganando sin que nadie lo supiera. Vicente se desnudó.

    -Siéntate en esa silla. Quiero que veas cómo me masturbo.

    -Eso es indecente, hija.

    -¿De verdad? ¿Quién mira cómo me masturbo por el agujero que hizo en la habitación del baño?

    -Yo no hago tal cosa.

    -Vi la mirilla que pusiste en tu habitación.

    Ya no podía seguir negándolo.

    -Bueno, es qué…

    -Es que eres un pajillero.

    -No sabía que tu sabías…-Si lo supieras al verme masturbándome te excitabas aún más.

    -Mujer, tu madre me dejó y…

    -¿Y no sabes ir a putas?

    -No…

    No lo dejaba hablar.

    -Voy a empezar, mira, pero no te toques, ni hables, es parte de la humillación.

    Vicente empalmado cómo un toro vio cómo su hija abría las piernas, cómo mojaba tres dedos en la lengua y cómo acariciaba con ellos el clítoris. Al rato metía dos dedos en el coño y seguía masturbándose sin perder contacto visual con su padre. La polla de Vicente se movía. Era como si tuviera vida propia. De su capullo iba saliendo aguadilla que bajaba hasta los huevos. El silencio era casi insoportable, y cuando el silencio dio paso al chapoteo de los dedos dentro del coño y a los gemidos, Vicente tuvo que cerrar los ojos. Rosal, le dijo:

    -Abre los ojos y mira cómo se corre tu hija, papi.

    Vicente abrió los ojos y vio cómo se le iban cerrando los ojos a su hija. Sus dedos chapoteaban en el coño, luego sintió cómo si se estuvieran zambullendo en un vaso lleno de agua. Vio cómo comenzaba a temblar y oyó cómo decía:

    -¡Me corro!

    Al acabar fe correrse chupó los dedos pringados de jugos, y le dijo:

    -Coge una zapatilla debajo de mi cama y dámela -la cogió y se la dio-. Échate sobre mis rodillas.

    Vicente se echó sobre las rodillas de su hija y le cayeron cuatro zapatillazos.

    -¿Por qué me espiabas?

    -Necesidad.

    -¡Plas, plas!

    -Hiciste que acabara masturbándome pensando en ti. ¿Te parece bonito?

    Vicente, que se iba a correr en cualquier momento, echó el alma a la espalda y le dijo:

    -Bonita eres tú.

    -¡Plas, plas, plas!

    -¡A mí no se me compra con halagos ni se me vende como si fuera una mercancía!

    -Sabes qué…

    -Calla.

    -Es que…

    -¡Plas, plas!

    -¡Qué te calles, caraaajo!

    Vicente se calló la boca. Tenía el culo a arder y la polla a punto de explotar. Esperó a que siguiera llamándole la atención, pero no iba a hacerlo, le echó una mano a la polla tiesa, mojó el dedo medio de la mano izquierda en la lengua, se lo metió en el culo, y se lo folló con él al tiempo que con la mano derecha ordeñaba su polla cómo si fuera el pezón de una vaca, o sea, lo ordeñó tirando de la polla hacia abajo hasta que la leche salió a presión. Vicente se corrió cómo un tiro, dejó un charco de leche en el piso de baldosas.

    Al acabar, le dijo:

    -¿Ya puedo irme?

    -¡Y una mierda! Cómeme el coño.

    Rosal se echó sobre la cama. Vicente metió todo el coño de su hija en la boca y comenzó a lamerlo como si fuese un pastel de crema… Al rato Rosal estaba a punto de correrse, movió la pelvis de abajo a arriba y su gran culo alrededor, y le preguntó:

    -¿La quieres, papá?

    -Sí, dámela.

    -¡Tomaaa!

    Rosal estremeciéndose y jadeando, se corrió en la boca de su padre. Vicente, después de tragarse aquella delicia de corrida, le dijo:

    -Ahora me voy, tengo que pegar unos tiros.

    -No los mates, papi.

    -¿Por qué no?

    -Por qué si lo haces acabas en la cárcel y no podré seguir humillándote.

    Quique.

  • Joder, lo que tiene mi sobrino entre las piernas

    Joder, lo que tiene mi sobrino entre las piernas

    Me estaba despertado,  la claridad entraba ya por la ventana impactando directamente en mi cara y a mi lado Víctor dormía todavía plácidamente, ya había pasado casi un mes de aquella noche que iba a poner mi mundo patas arriba, hoy era el día elegido, no podía aplazarlo más y no sabía cómo iba a reaccionar Víctor, con el camisón de raso blanco que cubría mi cuerpo me incorporé y me recosté sobre el cabecero de nuestra cama, le miraba con ojos llorosos y la mirada se perdía recordando aquella tarde donde no me pude controlar.

    Mi hermana había salido con su marido a cenar y al estar Víctor de viaje y nuestro piso recién pintado me iba a quedar en su casa el fin de semana, mi hermana es bastante mayor que yo, tienen un hijo, mi sobrino Raúl que tiene tan solo seis años menos que yo, exactamente 20 años, un chico muy guapo, rubio con unos ojos muy grandes de color marrón avellanado, Raúl está estudiado medicina y es un fanático de los deportes acuáticos se hay su cuerpo tan bien formado, con esos músculos que rivalizan con el mismísimo Hércules y con un secreto que pocos o mejor dicho, muy pocas sabían y que yo descubriría aquella noche.

    Aquella tarde, casi anocheciendo nos quedamos Raúl y yo solos en la casa, ya estaba todo hablado sobre las nueve llamaríamos para que nos trajeran una pizza y veríamos una película, pero con lo que no contábamos es que no había ni una película buena esa noche, solo de terror, de chorradas y a mí ni una cosa ni otra me gustaban, sobre todo las de terror con las que lo pasaba realmente mal y la verdad que todavía no sé por qué me deje convencer por mi sobrino, de no haberlo hecho, nada habría pasado.

    Ya desde un principio sabía que lo iba a pasar realmente mal, solo con la música y las primeras escenas en las que me asustaba y gritaba como una loca, tapándome la cara con las manos mientras que mi sobrino por el contrario parecía disfrutar con la película, pero sobre todo riéndose de mí cada vez que gritaba y me tapaba la cara, los dos estábamos sentados en el sofá y según avanzaba la película me iba acercando más a él, cada vez un poquito más hasta estar tan juntos que ni el aire pasaba, yo con un pijama blanco de ositos de colores y él con un pantalón corto y una camiseta.

    Con el pie encima del sofá, mis manos sobre mi cara tapándome los ojos, me gire apoyándome en su pecho y ahí me quede sin mirar el televisor, sobre el pecho de mi sobrino que se reía de lo miedosa que era, llegaron por fin para mí los anuncios interminables de la cadena que partían a la mitad las películas, aunque yo en esta ocasión los agradecí, me encontraba muy a gusto sobre el pecho de mi sobrino Raúl, con su mano rodeándome y reposando su mano sobre mi cadera y a pesar de sentir sus caricias sobre mi cuerpo no lo di importancia en ese momento.

    La película había empezado y nuevamente la tensión, mi sobrino acariciaba mi cadera con sus dedos, su dedo pulgar casi rozando por debajo mi seno derecho, mi cabeza apoyada en su pecho y empecé a notar como me acariciaba el pelo, oía su corazón latir con más fuerza, más rápido y note como por debajo del pantalón le crecía un bulto, joder mi sobrino se estaba empalmando conmigo, así que me incorpore y quise sentarme más lejos, pero en ese momento un nuevo susto me paralizaba ocasión que mi sobrino aprovecho para abrazarme y volverme a poner en la misma posición que la anterior.

    No quería mirar a la televisión y tampoco sé por qué no me fui de allí cuando sentí nuevamente sus manos sobre mi cadera, pero esta vez elevado sus caricias, con su pulgar acariciando mi pecho sin que yo pusiera oposición, un poco más y lo que empezó a acariciar eran mis pezones que empezaban a querer salir del pijama de los grandes y duros que me los estaba poniendo, en ese momento me di cuenta de lo excitada que estaba, notaba mi braga humedecerse y sin pretenderlo o quizás sí, no sé, mi mano cayó sobre su pantalón quedándose allí inmóvil, pero sintiendo la erección de mi sobrino.

    Ese momento supongo que dio vía libre para que su mano apretara mi pecho suavemente haciéndome sentir un escalofrío por todo el cuerpo a la vez que mi mano se giraba, cogía y apretaba su pene, ya en ese momento poco me importaba los sustos de la televisión, no sé qué había pasado, pero me encontraba con la mano de mi sobrino acariciándome el cuerpo por debajo de mi pijama, con mi mano también por debajo de su pantalón agarrando su pene y empezándoselo a menear despacio y girando mi cara hacia él, mirándole a los labios, deseando que acercara los suyos para besarme.

    Era inevitable, nuestros labios se juntaron y lentamente se iban abriendo hasta juntar nuestras lenguas, nuevamente un escalofrío me recorría el cuerpo, mi sobrino me incorporo un poco y empezó a quitarme la parte de arriba de mi pijama que con mi ayuda levantando los brazos salió dejándola caer al suelo y me quede con los pechos desnudos para él, ¿qué estaba haciendo?, ¿qué estaba permitiendo?, la cabeza me daba vueltas en esos momentos, estaba tan excitada que no me responsabilizaba de mis actos, estaba como hipnotizada con sus caricias, con sus besos, me miraba con esos enormes ojos y me desmontaba entera para luego reconstruirme suavemente con sus caricias.

    Solo sabía que en ese momento, solo en ese instante le deseaba, no sabía que había ocurrido, ni cómo ni porque, pero deseaba a mi sobrino Raúl, deseaba que me follara, tenerlo dentro de mí, una sensación extraña, una sensación deliciosa cuando sus manos acariciaron mis pechos a la vez que lamía mis pezones apretándolos, besándome el cuello; gritos de angustias en la televisión y jadeos en un salón en penumbra, ni una palabra salía de nosotros, no hacía falta, ya que todo estaba dicho y nada habíamos hablado.

    Mi sobrino se acercó más a mí besándome y poco a poco me fue tumbando en el sofá, sus labios empezaban a recorrer mi cuerpo, haciéndome sentir con cada caricia hasta llegar a mi tripa, me besaba de lado a lado, múltiples escalofríos sobre mi cuerpo, mi sexo totalmente humedecido, preparándose para recibir su pene que esperaba que fuera más pronto que tarde.

    Raúl se puso de rodillas delante de mí, mis piernas a ambos lados de su cuerpo cuando sus dedos cogían mi pantalón del pijama quitándomela despacio junto con mi braga, ayudándole elevando mi pelvis para que me lo pudiera quitar mejor y poco a poco iba quedando mi cuerpo desnudo, Raúl al ver mi vulva depilada dejo el pijama a la mitad de mis muslos para acariciarme, sus dedos pasaban por un monte de Venus depilado, sin vello alguno, parecía que le fascinaba que no tuviera vello, me lamía y metía esa parte de mi cuerpo en su boca, luego buscaba y frotaba mi clítoris, recorriendo mis labios tanto mayores como menores con su lengua, despacio fue metiendo sus dedos en mi vagina haciéndome gemir, nuestros ojos se clavaban el uno en el otro, sin apartar ni un segundo nuestras miradas, le miraba no con sorpresa sino permitiéndole y rogándole con la mirada que me los volviera a meter, sacándolos y dándome a probar sus dedos, mojados con mi flujo.

    Levantándome las piernas me quito el pantalón por completo, estaba completamente desnuda con mis piernas abiertas teniéndole a él entre ellas, la excitación flotaba en el ambiente y se podía llegar a cortar, no perdía ni un solo movimiento de su cuerpo cuando se empezó a quitarse la camiseta, un pecho duro y musculoso apareció ante mí, pero la sorpresa fue cuando se quitó el pantalón y admire aquella polla tan grande y dura, con un glande rosado, pero sobre todo tan, tan grande, no menos de 21 centímetros de polla que iban a ser para mi sola, una polla que se elevaba hacia mí haciendo como una pequeña circunferencia, mi sobrino enseguida vio mi expresión al ver su polla y se apresuró a dármela a probar, levantándose sobre mí, poniendo un pie en el suelo me acerco su polla a mi boca y se la empecé a lamer.

    Era enorme, casi ni me entraba en la boca, lamía, chupaba, devoraba a la vez que le oía gemir, a la vez que le veía disfrutar cuando mi boca resbalaba arriba y abajo llenando con su polla a duras penas mi boca y poco a poco me dejaba con más ganas de ella, la fue retirando de mi boca, fue bajando pasándomela por todo el cuerpo, desde mi barbilla, pasando entre medias de mis pechos los cuales apreté reteniéndola para que mi sobrino la subiera y bajara entre ellos y con mi boca esperándole al final dejando que su glande se metiera un poco en mi boca y nuevamente empezar ese camino descendente por mi tripa, por mi monte de venus, por mis labios vaginales.

    Estábamos los dos tan excitados que no atendíamos a ningún ruido, ni al tiempo que parecía haberse detenido para nosotros, yo estaba a punto de entrar en ese momento en que mis más bajos instintos hicieran realidad el deseo que me había perseguido aquella noche, el tiempo si se detenía para mí cuando note el roce de su polla entre mis labios humedecidos dirigiéndose a la entrada más solicitada por un hombre del cuerpo de una mujer, la entrada de mi vagina empezaba a ser penetrada por su glande, dejándole de mirar por primera vez desde que empezó aquella locura, cerrándome mis ojos y abriendo mi boca cuando la sentí entrar en mi vagina.

    La sentía entrar, notaba como me iba llenando y como mi vagina se expandía a su paso, no paraba de penetrarme, no podía creérmelo, estaba desnuda en el sofá con las piernas abiertas siendo follada por mi sobrino 6 años menor que yo, mi sobrino de rodillas con su enorme polla entraba y salía de mi vagina, no parábamos de mirarnos a los ojos salvo cuando el placer intenso provocado por su polla me hacía cerrar los ojos un segundo, no paraba de gemir del placer que me daba cada vez que su polla penetraba en mi interior.

    Sus manos sobre mis pechos, apretándomelos, pellizcando mis pezones, su mano derecha me cogió la cara y metió un dedo en mi boca, lo empecé a chupar como si fuera su polla, con la otra mientras me la metía frotaba mi clítoris, una sensación tan placentera que me desmontaba entera, volviéndome loca, una y otra vez sacaba y metía su dedo de mi boca y su polla de mi vagina, como una barra de acero al rojo me follaba sacando de mí no solo gemidos y gritos sino aullidos como una loba en celo.

    -Más rápido Raúl, más rápido

    -así, así, así, Raúl así mmm.

    -Métela entera, métela mmm metee… laa joder, joder, joder así, aahh!!

    No paraba de gritarle, de jalearle, ayudado con mis gritos no paraba de meterla hasta que saco la polla corriendo y empezó a correrse en mi tripa llenándome entera con su semen, no me lo podía creer, no me podía creer que se hubiera corrido dejándome con la miel en los labios, estaba tan apunto para correrme que en parte me sentó mal, pero fue solo un momento, ni dos segundos habían pasado cuando mi sobrino me cogía por las caderas elevándome y empezó a lamer mi vulva con su lengua, a beber de mi interior metiendo su lengua en mi vagina realmente inundada de mis flujos, succionando mi clítoris, metiendo mis labios en su boca y lamiéndolos los dos juntos, empezaba a sentir escalofríos de placer por todo el cuerpo.

    Como si fuera su muñeca hinchable me cogió de la cintura y me puso a cuatro patas, me abrió las piernas y empezó a lamer nuevamente mi vagina, note como se incorporaba y apretándome los pechos, con su polla entre mis piernas, buscando nuevamente la entrada de mi vagina “mmm”, volvía “mmm” a meter su polla “aahh!!” en mi vagina y esta vez era el que me decía.

    -Venga tita, muévete un poco, mueve ese culito para mí.

    – Así Ra… ulmm así, te gusta así mi niño.

    -Joder tía si, así, joder así no pares, así, haz que mi polla se meta en tu coñito, joder así.

    -Joder que bien te mueves tía, así, mira como te entra.

    De rodillas sobre el sofá con mi sobrino detrás de mí, de pie en el suelo, mis manos sobre el respaldo y con mi boca mordiendo la tela, mi vagina subía y bajaba metiéndose la polla de mi sobrino una y otra vez en mi interior, sintiendo nuevamente como cada centímetro de su carne me devora por dentro, la quería dentro de mí, que no saliera nunca, los gritos volvían aparecer, unos gritos intensificados cuando mi sobrino tomo el control de las penetraciones, cogiéndome de los hombros empezó a meterla con fuerza, desgarrando de mí los gritos de placer más altos que yo hubiera dado, volviéndome loca con cada empujón que recibía por detrás, intentándolos acallar mordiendo el sofá, aferrándome fuertemente cuando mi vagina se inundaba y pequeños temblores por todo el cuerpo me asaltaban, sintiendo esta vez también otro orgasmo de mi sobrino en mi interior.

    Su semen se derramaba por toda mi vagina, los gritos de los dos resonaban en todo el salón cuando algo nos cegó a los dos los ojos, una luz intensa, la luz del salón se encendía de repente y todavía con su polla metida, todavía sintiendo los últimos empujones mirábamos al frente, hacia la puerta, mi hermana y mi cuñado habían vuelto, no daban crédito a lo que estaban viendo, los cuatro nos mirábamos sin saber qué decir, ellos vestidos en la entrada del salón, nosotros desnudos follando en su sofá, mi sobrino se retiró de repente y a la vez que mi hermana me miraba con unos ojos que daban miedo, el semen de su hijo empezaba a salir de mi interior resbalando por mis muslos, mi hermana dejo caer el bolso al suelo y dirigiéndose a mí me abofeteo fuertemente y me echo de su casa gritándome puta.

    Casi un mes después, mi hermana sigue sin quererme hablar, tardará en perdonarme, eso sí me perdona algún día, Víctor de momento no sabe nada, pero no se lo quiero ocultar eternamente, tiene derecho a saberlo.

    Hoy se lo diré.