Autor: admin

  • Comprando un coche

    Comprando un coche

    Mi primera vez con un tío no fue ni buscada ni planificada, pero ahí acabamos los dos.

    Después de muchos sustos mi antiguo coche decidió que había llegado su hora y se rompió definitivamente. Evidentemente, no escogió el mejor momento y no podía comprar otro. Así hice mis cuentas y me fui a un concesionario multimarca que estaba cerca de casa.

    Desde el principio le fui claro al vendedor, no tenía tiempo que perder y tampoco quería hacérselo perder a nadie. Le dije mi presupuesto y el estado de mi coche actual. No puso muy buena cara; pero se recompuso en seguida y se puso a pensar. De repente llamó a gripo pelado a un tal Oscar. Tuvo que hacerlo varias veces.

    De detrás del concesionario de la zona del taller salió un jovencito con cara de empanado. No parecía tener muchas luces. Era alto, casi tanto como yo, un metro ochenta. Tendría unos 20 años. Flaco, llevaba un mono con las mangas cortadas y la cremallera bajada hasta la mitad del pecho, no tenía mucho músculo, ni carne ni nada, se le marcaban los pequeños músculos porque no había dónde esconderlos. No tenía ni un pelo en todo el cuerpo, ni siquiera en las axilas… bueno, algunos había en el mentón de la barba, pero afeitado como estaba solo se le veían unos puntos negros. Era rubio pelo liso y peinado a un lado; aún tenía esa cara de niño de facciones suaves, nariz redonda, labios carnosos y mirada alegre.

    —Oscar, coño que está empanado! —dijo el dueño del concesionario mientras él se encogía de hombros y esbozaba media sonrisa, como el que no sabe muy bien que responder. —Es mi hijo, bueno hijastro de mi mujer, lo tengo aquí como favor a su madre, pero no sé, el zagal no tira. —sentenció dirigiéndose a mí mientras el tal Oscar seguía allí sin saber ni qué hacer ni dónde meterse.

    —Oscar, vete a ver si el Fiat está listo y si lo está lo sacas que hoy acompañas a tú al cliente. —Dicho esto y teniendo las instrucciones claras, Oscar salió corriendo y desapareció. —Mira! —dijo dirigiéndose a mí, el coche está bien, no tiene ni kilómetros ni daños, pero tiene más de diez años y me está costando venderlo. Tú lo pruebas y si te gusta hablamos del precio.

    —De hablamos nada, ya te he dicho lo que tengo y no hay más, el coche viejo me ha pillado con el paso cambiado y no tengo más. —Protesté viendo que el dueño intentaba meterme un choche más caro de lo que me podía permitir; pero él ya se alejaba camino de la zona de atrás y haciendo movimientos raros con la mano, como dándome a entender que no pasaba nada.

    Al poco rato, entró Oscar por la puerta de la calle, había sacado el coche por la puerta de taller y venía a buscarme. Tenía una mirada rara y estaba como nervioso. Me dejó conducir a mí y nos fuimos a probar el coche. La verdad es que funcionaba bien, era mucho más moderno que el mío y todo respondía rápido y sin lucecitas ni ruidos raros. Oscar no paraba de morderse las uñas. Lo cual me mosqueaba bastante, era como si el coche tuviera un gran fallo y él solo esperaba que no lo descubriese.

    Yo le metí más caña al coche y el coche respondía y Oscar cada vez se ponía más nervioso. Así que decidí coger el toro por los cuernos. Me salí en una carretera secundaria que conocía y paré el coche.

    —A ver! ¿Me puedes decir qué coño le pasa al coche? —Le dije de golpe, mirándolo fijamente a los ojos. Esperando amedrentarlo a ver si confesaba.

    —Al… coche… no… por qué? No te gusta… ¿qué le pasa? —me respondió entre balbuceos.

    —Joder! Estás súper nervioso. Si al coche le pasa algo, me lo dices y ya está, no tengo mucho dinero, ni tiempo.

    —No! Al coche no le pasa nada. De hecho, iba a ser para mí. Si te lo quiere vender es para joderme. Pero es que no es eso… es que el muy cabrón me ha dicho que te tengo que sacar 3.200€ y si no lo vendo por eso me despedirá, le dirá a mi madre que no valgo para esto.

    —Qué cabrón! Yo le he dicho que mi tope son 3000, que no tenía más.

    —Qué hijo de puta, me va a despedir por 200€, el muy cabrón… —Oscar se puso a llorar, aquello parecía afectarle mucho, estuvo un buen rato así y de repente me miró y empezó a suplicarme. —Tío, por favor, haré lo que quieras, si quieres dentro de un mes cuando cobre te devuelvo los 200, pero por favor, cómpralo, sino lo compras me va a montar una gorda delante de mi madre, tío, por favor, haré lo que quieras…

    Inevitablemente, a mí me entró la risa. A lo que Oscar me puso los ojos como platos. No es que me estuviera cachondeando de él o de sus penas. Lo que pasa es que ese argumento es muy viejo en ventas y yo llevo muchos años vendiendo, la de pedidos que se han cerrado solo porque el jefe te está esperando en el coche. Solo una vez fue verdad, era una rubia que estaba muy buena y de verdad estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No es que yo sea un cabrón, es que era imposible sacársela de la boca.

    —Tío no te rías de mí, va en serio —protestó Oscar ante mi ataque de risa, a lo que le expliqué la situación. Me juró y perjuró que no era el caso, que no intentaban sacarme más dinero. Yo seguía con mi sonrisa cínica de no creerme nada.

    Como aquella venta estaba ya jodida y de ahí no íbamos a sacar nada ni él ni yo y, la verdad, es que me estaba aburriendo bastante de la situación (de verdad necesitaba un coche). Pues estando en estas ni corto ni perezoso, sentado como estaba en el asiento del conductor, me bajé la cremallera, metí mi mano y saqué toda mi polla. No es muy grande, pero en cuanto nota que puede haber acción se pone morcillona rápido (no está mal para mis cuarenta y pico) y le dije: —así están las cosas, yo no me creo nada de ti y tú supuestamente estás jodido, quieres venta y mis 200 pavos, pues ya sabes, escúrreme los huevos con tu boca.

    —Paso! Yo no soy maricón —y dicho esto giró la cabeza y se quedó mirando hacia a fuera.

    —Vale! —contesté yo metiendo la primera y haciendo el ademán de salir del pequeño descampado donde me había parado.

    —¡Espera, espera! Joder! Va tío no seas así, ¿qué te cuesta? Son solo 200 € y te los voy a devolver… ¡Va! —Solté el embrague un poco más sin soltar palabra, como ignorándolo —Vale, vale… lo hago… te la chupo… pero te corres fuera. —Automáticamente solté todo, puse el coche en punto muerto y me recosté en el asiento bajando un poco el respaldo, mi polla ya apuntaba hacia arriba e incluso brillaba una gotita de precum en la punta. No pensé mucho en ello, solo había aprovechado la situación.

    Oscar, llevó una mano a mi polla y la cogió con suavidad. Le temblaba el pulso, tenía unas manos grandes y huesudas, demasiado suaves para ser mecánico. Poco a poco, fue agachando la cabeza. Hasta que sus carnosos labios quedaron a escasos milímetros de mi polla. Aquello me puso muy cachondo, mi polla hasta palpitaba, aún no me había tocado y ya tenía mis buenos 17 cm en su pleno apogeo, toda gorda y con las venas bien marcaditas. Como él parecía no decidirse le puse una mano en la cabeza e hice fuerza para que la bajase. Por fin sus labios hicieron contacto con la punta. Los tenía muy secos por el nerviosismo, así que de forma refleja se pasó la lengua por ellos para humedecerlos, al mismo tiempo también la restregó por mi polla, lo que me arrancó un suspiro de pasión e impaciencia. Hice más fuerza y mi polla por fin penetró aquella boca grande, de blancos dientes y labios carnosos, que estaba caliente y era acogedora.

    En un primer momento se quedó allí quieto con la polla metida en la boca, sin saber qué hacer. Le pregunté si necesitaba las instrucciones. Dicho esto, empezó a mover la lengua, a succionar y a mover la mano a ritmo para darme placer. Al principio, le costó coger el ritmo, sus dientes casi me dan un susto y tuve apartarle una mano que amenazaba por exprimirme un huevo. Pero, poco a poco, el chaval le fue cogiendo el ritmo y su mano y su boca se sincronizaron bastante bien. Cortaba un poco el rollo el que cada poco se parara para decirme que le avisara.

    En un momento dado me quedé mirando su culo y la verdad es que tenía muy buena pinta: pequeño, respingón y duro. Se lo toqué y aquello no le gustó nada, pero le dije que si no preguntase tanto iría mejor la cosa, que me estaba cortando el rollo y que necesitaba más alicientes. Así que se dejó hacer. Me entraron ganas de tocar aquel culo sin toda la tela, y alargando la mano le bajé la cremallera del mono hasta abajo del todo. Le cogí el brazo y estirando del mono se lo saqué de la parte superior derecha. Ya con la mitad de la espalda al descubierto fui bajando hasta donde debería haber estado el elástico del calzoncillo. Pero Oscar iba estilo comando, nada de nada. Me divertí de lo lindo tocando aquel culo duro, duro. Masajeando sus cachetes y rozando el agujerito estrecho que tenía. Que divertido era oírlo protestar y chupar al mismo tiempo.

    De repente se me ocurrió que si no tenía gallumbos dónde se había metido su polla cuando bajé la cremallera hasta abajo. Alargué mi mano hasta su zona genital, tenía un pubis sin casi ningún pelo, definido, apuntaba a tener la “v” marcadita, no por definición, sino por no tener donde esconderla. Pero su pubis se me hizo eterno y su polla no aparecía. Extrañado me incorporé un poco y vi donde estaba su polla. En ausencia de sujeción su polla se había empalmado hacía abajo, por su pierna izquierda. Era enorme, tanto que a la mitad de su pierna su mono tenía una gran mancha de precum. El mamón de Oscar, tanto protestar y estaba cachondo y empalmado con una polla en la boca. “Puto marica” pensé.

    Estiré de aquella polla para sacarla de su prisión y me maravillé ante semejante portento de la naturaleza, menudo pollón. Mediría unos 23 o 24 centímetros de dura carne, tenía un glande rojo, grande y estaba palpitando. Empecé a hacerle una paja a aquel monstruito por el puro placer de ver como se movía. Oscar protestó de verdad, no paraba de decir que no le tocara la polla, pero lo cierto es que cada vez chupaba con más ahínco. Me la lamía, me comía los huevos, me pajeaba a conciencia y succionaba con ganas, luego paraba, jadeaba, me decía que no se la tocase y volvía al ataque.

    Me cayó una gota de precum en la mano y me lo llevé a la boca, para saber a qué sabía, era acre, fuerte, un poco amargo, pero con un fondo agradable. Me humedecí el dedo con mi saliva y le hice un masaje circular solo en la punta. Oscar suspiró y se metió mi polla hasta que casi le dan arcadas. Empezó a chuparla frenéticamente. Y yo a pajearlo salvajemente. De repente su polla se puso dura y empezó a palpitar y soltó varios lefazos bien disparados. Aquello me puso cachondísimo y me abandoné al placer que hacía tiempo que estaba conteniendo. Hice el ademán de sujetarle la cabeza para obligarlo a comerse mi corrida, pero no hizo falta en cuanto lo notó apretó bien los labios y se tragó todo lo que salió, no desperdició ni una gota. Cuando se levantó me enseñó su boca abierta, con sus blancos dientes y sacó la lengua para indicarme que se lo había tragado todo. No me corté un peló y cogiéndole la nuca con una mano le di un morreo con lengua profundo, húmedo y sabroso. Se dejó hacer.

    Como se había hecho tarde nos arreglamos como pudimos y nos fuimos para el taller, me toco pagar los 200 de más y a Oscar limpiar algo la tapicería del coche. A los pocos días me llamó para que fuera a recoger los papeles… pero eso os lo cuento otro día.

    Gracias por comentar.

  • El poder de Violeta (one-shot Los Increíbles)

    El poder de Violeta (one-shot Los Increíbles)

    Nota: En “Los increíbles”, la ropa normal de Violeta no se vuelve invisible con ella, solo lo hace su supertraje. Sin embargo, para que esta historia pueda funcionar, aquí toda ropa que lleve puesta se vuelve invisible con ella.

    Ser adolescente y tener el poder de volverte invisible no es la mejor combinación.

    La madre de Violeta siempre le había dicho, desde pequeñita, que estaba mal utilizar su poder para espiar a la gente. Además de para robar, para colarse en el cine… la verdad es que casi todas las cosas para las que su poder era útil estaban mal. Aun así, Violeta había sido capaz de ser una niña buena durante la mayor parte de su vida, pero la curiosidad sexual despertada por sus hormonas se lo había puesto demasiado difícil…

    Además, la primera vez que se había portado mal había sido casi por accidente. Estaba llorando en el baño de las chicas del instituto después del cruel comentario de una compañera sobre sus pechos (o la falta de ellos), invisible para asegurarse de que nadie la molestara, cuando una pareja de un curso superior entró al servicio. Ajenos a la presencia de Violeta, los jóvenes (bastante atractivos, por cierto) tuvieron una apasionada, aunque breve, sesión de sexo. La inexperta muchacha los contempló con suma atención y fascinación, prácticamente olvidando la tristeza que la acongojaba, aunque no pudo evitar fijarse en que la chica tenía unas tetas envidiables.

    Esa misma noche Violeta descubrió por primera vez los placeres de la masturbación, y en las semanas siguientes su interés por el sexo en general y por el sexo opuesto en particular empezó a desbordarse. Empezó como empiezan muchas adolescentes normales: valiéndose de Internet para investigar y encontrar inspiración para sus sesiones de onanismo, fantaseando con los famosos de turno… pero pronto surgió la tentación de volver a utilizar sus poderes para saciar sus instintos. Y poco después desistió en sus intentos de resistirse a ella.

    Empezó a frecuentar los baños del instituto, especialmente el masculino, pero apenas tuvo suerte y casi siempre tenía que conformarse con ver a los chicos mientras meaban, visión que no le resultaba especialmente estimulante. Alguna vez cazó a alguno haciéndose una paja, pero siempre solía coincidir que estos eran chicos poco atractivos. Le empezaron a despertar mucha curiosidad las grandes diferencias de tamaño entre los penes de los chicos, y la poca influencia que la edad tenía en ese sentido. ¿Cómo podía ser que adolescentes que apenas acababan de entrar en la pubertad estuvieran mejor dotados que algunos profesores? Luego se dio cuenta de que no era tan raro, al fin y al cabo ocurría lo mismo con los pechos de las mujeres… no podía evitar preguntarse si los suyos crecerían algún día.

    La inseguridad de Violeta con su propio cuerpo evitaba que tuviera el valor de intentar buscar el contacto sexual o sentimental con los chicos, y esto a su vez repercutía en que tuviera que recurrir más y más a sus clandestinas técnicas de observación. Con el tiempo se dio cuenta de que el simple hecho de estar viendo algo prohibido la ponía muy cachonda de por sí, y unas cosas y otras la empujaron a llevar su voyerismo más allá: una noche se coló en el dormitorio de sus padres, y lo que presenció fue… bueno, increíble.

    Su padre no es que destacara mucho físicamente, pues las dimensiones de su barriga eran considerablemente más voluminosas que las de su pene, pero la fuerza que era capaz de imprimir a sus embestidas durante el acto era asombrosa, y Elastigirl no tenía ningún problema en recibirlas gracias a la flexibilidad de su cuerpo. Flexibilidad que también le era de lo más útil para todo tipo de maniobras que le hubieran resultado imposibles a una mujer normal, como poder besar a su marido mientras este la penetraba a cuatro patas o incluso utilizar sus elásticos brazos como cuerdas para asumir un rol dominante.

    La verdad es que Violeta sentía envidia. Aunque su poder le servía para observar a otras personas a escondidas, le daba la sensación de que le sería completamente inútil a la hora de tener sexo de verdad. No podía estirarse de formas imposibles, ni tenía una capacidad física asombrosa… estaba segura de que incluso Dash podría darle un uso sexual a su supervelocidad cuando creciera.

    Esa línea de pensamiento la llevó a acordarse de Lucio, el mejor amigo de su padre… No creía que sus poderes de hielo pudieran ayudarle a complacer a su mujer. De hecho, tal vez incluso fueran peligrosos. Aunque era un hombre negro, y si Internet le había enseñado algo era que ellos tenían su propio “superpoder”. Violeta no pudo resistirse a comprobarlo, y la próxima vez que Lucio vino de visita ella se quedó esperando en el baño, confiando en que en algún momento Frozono hiciera uso de él. Tuvo suerte y, tras poco más de una hora esperando (por suerte tenía el móvil para entretenerse mientras tanto), pudo atestiguar que el mito era cierto: aquella polla negra era la más grande que había visto hasta ahora, al menos en estado de flacidez. Aquella noche, Lucio protagonizó sus fantasías.

    Violeta era consciente de que lo que hacía estaba mal, y de que la forma en la que estaba descubriendo su sexualidad no era sana para ella, pero le resultaba extremadamente difícil salir del círculo vicioso en el que se había metido. Los chicos se fijaban en ella tan poco que parecía que fuera invisible todo el tiempo, y había llegado un punto en el que también le costaba sentirse atraída por la mayoría de ellos, habiéndolos visto a todos en sus momentos de mayor vulnerabilidad.

    Cuando, de cara a cursar el bachillerato, tuvo la oportunidad de cambiarse de instituto, para ella fue una bendición. Se prometió a sí misma que en el nuevo centro dejaría de espiar a la gente e intentaría socializar como una chica normal.

    Durante un tiempo le funcionó. Cuando llegó al nuevo instituto, Violeta era una de las pocas estudiantes recién llegadas a su clase, por lo que estuvo un par de semanas experimentando la desconocida sensación de ser el centro de atención. No se volvió una chica popular, ni muchísimo menos, pero trabó buena relación con algunas compañeras y empezó a dejar de lado algunos complejos, aunque no llegó a abandonar del todo su timidez.

    Y, además, estaba Tony. Tony Rydinger era un chico muy mono y bastante simpático aunque, como ella, no tenía un gran don de gentes. Era algo torpe y se veía a la legua que no tenía mucha experiencia con las chicas, pero estos rasgos le resultaban adorables a Violeta, que se sentía menos intimidada por él que por otros chicos. Aún así, ambos eran introvertidos, lo que provocaba que no se dirigieran la palabra tanto como a ella le hubiera gustado. En cualquier caso, cada vez que hablaban Violeta se sentía cómoda y feliz, y pronto Tony Rydinger pasó a protagonizar la gran mayoría de sus pensamientos y prácticamente la totalidad de sus fantasías sexuales.

    Por supuesto que, más pronto que tarde, surgió una vocecilla en su cabeza que la instaba a espiar a su nuevo objeto de deseo. Tony no tenía un físico imponente, y de hecho pasaba bastante desapercibido en ese aspecto, hasta el punto de que su nombre nunca salía a la palestra cuando las chicas del curso hablaban sobre el sexo opuesto (conversaciones que Violeta escuchaba con atención pero en las que rara vez participaba). Sin embargo, Violeta se moría de ganas de descubrir más sobre la anatomía del chico. Aún así, estaba decidida a no espiarle. Tony no solo la atraía, le gustaba de verdad, así que respetaría su intimidad.

    Y así fue durante meses. Su relación con él progresaba sin prisa pero sin pausa. Cada vez hablaban con más frecuencia, aunque Tony no daba ninguna señal de corresponder los sentimientos de Violeta. Claro que ella procuraba tampoco ser muy evidente. Conforme se acercaban las vacaciones de verano, la cada vez más encaprichada adolescente empezó a plantearse declararse a su amado. Pero el destino es caprichoso y, cuando aún no había terminado de decidirse, sucedió algo que trastocó sus planes por completo.

    Cuando Violeta decidió que no espiaría a Tony (ni a nadie) supo que tendría que resistir sus impulsos sexuales, pero no fue hasta un tiempo después que surgió una tentación con la que no había contado. Así como las chicas solían hablar de chicos cuando estos no estaban delante, resultaba bastante evidente que ellos harían lo propio, pero a Violeta ni se le había pasado por la cabeza que podía utilizar su poder para escuchar esas conversaciones, sobre todo porque tenía asumido que no versarían sobre ella. Hasta que un día, mientras toda la clase trabajaba por grupos durante la lección de Educación Física, le pareció oír su nombre entre los cuchicheos provenientes de un grupito conformado por cinco chicos… entre ellos Tony.

    Violeta se giró para mirarlos y, aunque ellos disimularon, le pareció percibir que acababan de apartar la mirada de ella. También notó como uno de ellos le daba un no demasiado discreto codazo a otro, como recriminándole por algo. En cuanto a Tony, Violeta notó que su rostro tenía un color más rojizo de lo normal, pero supuso que estaba acalorado por el esfuerzo físico realizado durante la clase.

    Intentó convencerse de que no debía prestarle mayor atención a lo ocurrido, y si ella fuera una chica normal lo habría conseguido. Pero tenía poderes de invisibilidad y, por lo tanto, no tenía ninguna necesidad de quedarse con las dudas.

    Al finalizar la clase, Violeta se apresuró en cambiarse de ropa (las normas del instituto dictaban que debían llevar ropa de deporte durante esa asignatura y el uniforme reglamentario el resto del tiempo) y, al abandonar el vestuario femenino, se hizo invisible y se encaminó al masculino, con la esperanza de que los chicos hubieran retomado la conversación que sospechaba haber protagonizado.

    Antes de entrar en ese lugar que le estaba prohibido, reflexionó durante unos segundos y estuvo a punto de arrepentirse. Hacía mucho tiempo que había abandonado ese tipo de comportamiento. Sin embargo, en esta ocasión sus intenciones no eran perversas. De hecho, esperaba no ver ningún pene, pues no había ninguna necesidad de que los muchachos se cambiaran de ropa interior. Decidida a averiguar lo que decían sobre ella, y con la esperanza de descubrir la opinión de Tony, Violeta se adentró en el vestuario. Los chicos siempre dejaban la puerta entreabierta (a diferencia de las chicas, que eran mucho más cuidadosas con su privacidad), así que pudo cruzar el umbral sin ningún problema.

    Una vez dentro, su excitación se disparó mucho más rápido de lo que esperaba. Se vio rodeada por cuerpos masculinos, la mayoría de ellos en ropa interior, y unos cuantos muy apetecibles. Violeta, a raíz de sus experiencias pasadas, siempre había tenido cierta fijación por el aparato reproductor masculino, pero ahora empezaba a preguntarse por qué nunca había usado su poder para poder contemplar de cerca pectorales, abdominales y bíceps al desnudo, como hacía ahora.

    Se estaba poniendo cachonda, pero tenía que centrarse en hacer lo que había venido a hacer. Había bastante algarabía en el vestuario, pues había unos 15 alumnos en su interior, así que decidió que lo inteligente era acercarse a donde estaba Tony, para así poder discernir si hablaba con alguien. Lo cierto es que tardó unos segundos en localizarlo, pues era de los chicos menos voluminosos de la clase, y también de los que menos ruido hacía.

    Se encontraba en un rincón charlando con un par de compañeros de los que habían formado grupo con él durante la sesión de hoy. Uno era Paul, un chico gordito que parecía ser su mejor amigo. El otro era Jackson, un muchacho guapo y atlético que era de los más populares del instituto, tanto entre los hombres como entre las mujeres. Violeta se acercó a ellos y se agazapó en una esquina, donde no entorpecería el paso a nadie. Aparentemente, los tres estudiantes estaban tan distraídos hablando que aún ninguno había empezado a cambiarse, y Violeta no pudo evitar sonreír al pensar que presenciaría como Tony se desvestía. Aunque en aquel momento su atención se vio inmediatamente atraída por las palabras que decían los muchachos.

    Es mucha mujer para ti. – le decía Jackson a Paul con tono burlón.

    Le gusto, tío. – se defendía él. – A los dos nos mola el anime, la hago reír y ya nos hemos visto un par de veces fuera del insti. La tengo en el bote.

    Con esa descripción Violeta supo inmediatamente a quién se refería, y también supo que el pobre Paul se estaba haciendo demasiadas ilusiones. Hannah era una de las chicas más guapas de la clase y además tenía un cuerpazo. Y sí, le gustaba el anime y Paul le caía bien, pero a ella le iban más los tíos como… Jackson. Violeta estaba casi segura de que se habían acostado alguna vez, y asumió que ese era el motivo de que el guaperas estuviera tan convencido de las escasas posibilidades de su amigo.

    Para llevártela al Salón del Manga a lo mejor, pero a la cama lo dudo. – rió Jackson, justo antes de decir la frase que lo cambiaría todo. – Tendrías que hacer como Tony y aspirar a algo más asequible.

    ¿A Violeta? Pero si no tiene tetas. – protestó el gordo.

    Durante un par de segundos Violeta se sintió ofendida por el comentario, pero ese fue el tiempo que necesitó para comprender lo que aquel comentario implicaba. ¡Tony se había fijado en ella!

    ¿Qué sabrás tú de tetas? – volvió a burlarse Jackson.

    Más que este. – replicó Paul, señalando con la cabeza a un Tony que se mantenía callado, cabizbajo y algo ruborizado. – Yo al menos he tocado alguna.

    ¿Sin recibir una bofetada después? – Jackson enarcó una ceja.

    ¡Eso solo pasó una vez!

    Los dos chicos rieron, e incluso Tony esbozó una sonrisa. Violeta, por su parte, se había quedado con el detalle de que el chico que le gustaba nunca había tocado un pecho femenino. Le pareció adorable e incluso tranquilizador. Al fin y al cabo, ella tampoco había tenido nunca contacto íntimo con un chico.

    ¡Chicos, venga, que las chicas ya están listas y hay que salir al recreo! – se escuchó la voz del profesor desde la entrada.

    Eso espoleó al trío de amigos y, por fin, empezaron a desvestirse. Violeta se mordió el labio, ansiosa por descubrir el cuerpo de Tony. Los tres se quitaron la camiseta de deporte casi al unísono. Ella ignoró por completo el seboso y peludo torso de Paul y observó con interés el de Tony, delgado y lampiño. Y entonces sintió como sus ojos se desviaban, sin ella quererlo, hacia el tercero en discordia. Jackson tenía los músculos muy desarrollados y, aunque tampoco tenía apenas vello en el cuerpo, Violeta sospechó que en este caso esto era producto de una depilación. Tenía brazos fuertes, un pecho firme y unos abdominales muy marcados. Estaba tan ensimismada mirándolo que ni se percató de que Tony ya estaba cambiándose de pantalones, algo en lo que solo reparó tras el siguiente comentario de Paul.

    Bueno, lo que está claro es que Violeta y tú haréis buena pareja. – dijo, riendo.

    Cuando ella se giró a mirarlos enseguida comprendió a que venía el comentario. Tanto Tony como Paul estaban ya en calzoncillos, y si la parte superior de sus cuerpos contrastaba de forma notoria, la inferior no se quedaba atrás. Bajo la prominente barriga de Paul se percibía claramente un bulto que rellenaba su ropa interior. No era un bulto impresionante, pero era imposible no verlo. En cambio, en los calzoncillos de Tony no se percibía nada.

    Violeta había visto bastantes veces a un hombre bajarse los calzoncillos, y sabía que esa notoria ausencia probablemente significaba que Tony no estaba muy bien dotado. Dejó escapar un silencioso suspiro de decepción, pero enseguida se dijo que no tenía importancia. Como Paul había insinuado, la carencia de tamaño era otra cosa que tenía en común con ella. Seguro que en el pasado también se habían burlado de él, y estaba convencida de que podrían subirse la autoestima el uno al otro.

    Entonces Jackson se bajó los pantalones. Al igual que había ocurrido cuando se quitó la camiseta, el gesto atrajo inmediatamente la mirada de la chica, que en esta ocasión no pudo sino tragar saliva ante lo que vio. Bajo el bóxer de Jackson se intuía una polla descomunal, que aún en su flacidez se extendía a lo largo de la parte superior de la pierna, de tal forma que casi amenazaba con salirse por el borde inferior de la prenda. Violeta se preguntó si era más grande que la de Lucio.

    El tamaño no lo es todo. – se defendió, por fin, Tony, aunque sin elevar casi la voz. – Estoy seguro de que las tetas de Violeta son preciosas.

    Esas palabras ilusionaron tanto a la chica que empezó a sentirse extremadamente culpable por no poder apartar la vista del paquete de Jackson. Le gustaría coincidir con la primera aseveración de Tony, pero había visto muchos penes de todos los tamaños y era innegable que los grandes le llamaban mucho más la atención. “Pero es solo una cuestión estética.” – se dijo a sí misma. – “Seguro que el sexo es igual de placentero.”

    Y yo estoy seguro de que tu pilila es una monada, pero eso no te va a servir para hacer que se corra. – parecieron leerle la mente.

    Por un segundo Violeta pensó que Paul era el autor del hiriente comentario, pero había sido Jackson. Le sorprendió, porque hasta ahora el atleta había demostrado una actitud más madura y respetuosa.

    Eso es, a las tías les mola un buen rabo más que ninguna otra cosa, ¿a qué sí, Jack? – insistió en el tema Paul, divertido.

    A Hannah desde luego sí. – contestó el otro con suficiencia.

    El gesto de Paul se ensombreció.

    ¿Te… te la has tirado? – tartamudeó.

    Está buenísima, claro que me la he tirado. – fanfarroneó Jackson, que de pronto parecía estar disfrutando en demasía de su superioridad física sobre los otros dos.

    Paul se enfurruñó, se terminó de vestir rápidamente y se marchó. Violeta se percató de que Tony y Jackson ya eran los únicos que quedaban en el vestuario.

    Entonces… – habló tímidamente Tony cuando se hubieron quedado solos. – … ¿de verdad crees que le gusto a Violeta?

    Estoy convencido de ello. – aseguró Jackson.

    Violeta sonrió, tan entusiasmada que incluso consiguió apartar la vista de Jackson para volver a fijarse en Tony. Aunque ayudó que ya se hubieran puesto los pantalones del uniforme.

    Pero has dicho que no podré… bueno… – murmuró Tony, cabizbajo de nuevo.

    ¿Satisfacerla? – Jackson sonrió con sorna. – Bueno, una cosa no quita la otra. De todas formas, Violeta es una cría, seguro que es virgen. Y quien no conoce a Dios…

    Tony forzó una sonrisa. Estaba claro que no era la respuesta que quería oír, pero por lo menos mantenía las esperanzas de tener algo con Violeta. Esperanzas completamente fundadas, pues ella estaba más que dispuesta a dejar pasar el pequeño problema del chico.

    Gracias, tío. – dijo Tony tras terminar de vestirse.

    Ve tirando, ahora te alcanzo. – respondió el otro, que había sacado el móvil de su pantalón y se estaba entreteniendo mirando algo, aún sin haberse puesto la parte de arriba del uniforme.

    Tony se marchó y Violeta se dispuso a ir tras él, cuando oyó algo a su espalda que la hizo detenerse en seco.

    Es mono, ¿verdad? Qué pena que esté tan mal dotado… – dijo Jackson con sarcasmo.

    Violeta se giró, confundida. Lo primero que pensó fue que quedaba alguien más en el vestuario y por algún motivo no lo había visto, pero no era el caso. Lo siguiente que se le ocurrió fue que Jackson estuviera hablando por el teléfono, pero no tenía sentido.

    El chico rio, guardó el móvil y se encaminó hacia donde estaba Violeta, todavía invisible. La chica lo esquivó antes de que se chocaran, permitiendo a Jackson llegar hasta la puerta y cerrarla.

    Sé que estás aquí, zorrita. – afirmó por fin. – ¿Qué eres, invisible?

    Violeta sintió cómo se le encogía el estómago. ¿Cómo podía saberlo?

    Así que es eso. – confirmó Jackson, satisfecho. – Deja que te vea, anda.

    Violeta estaba paralizada. No se movió, no dijo nada y, por supuesto, no desactivó su poder.

    Venga, no te hagas de rogar. – prosiguió él y, para sorpresa de Violeta, volvió a desabrocharse los pantalones. – Por esto estás aquí, ¿no? ¿Te gusta ver pollas?

    La chica volvió a quedarse embobada contemplando el enorme bulto en los calzoncillos de Jackson. Para más inri, ahora su polla estaba empezando a crecer.

    Te gusta, ¿no? Déjame verte y te enseño lo que hay debajo.

    No entendía lo que estaba pasando y nunca había estado tan asustada, pero llegados a estas alturas era inútil alargar más la situación. Violeta, temblando, se hizo visible.

    ¡Ahí estás! – Jackson sonrió y se acercó a ella. – No tengas miedo, preciosa, no voy a hacerte daño.

    Eso no la tranquilizó. Ni siquiera era eso lo que más la preocupaba, sino el hecho de que hubiera sido descubierta. ¿Y cómo?

    ¿Qué pasa, te crees que eres la única con superpoderes? – preguntó él mirándola fijamente.

    Otra vez se sintió como si le hubieran leído el pensamiento… y entonces lo comprendió. Eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.

    Veo que lo has entendido. – Jackson sonrió. – ¿Sabes? Tu mente siempre me había parecido un coñazo. Tony por aquí, Tony por allá… Pero menuda bomba escondías ahí dentro.

    Violeta no era capaz de articular palabra. Y tampoco hacía falta. En cuanto un pensamiento cruzaba su cabeza, Jackson lo leía y respondía en consecuencia.

    Así es, sé que estás coladita por él desde principio de curso. Qué pena que justo ahora que se te va a declarar hayas descubierto lo poco hombre que es.

    La carcajada de Jackson ofendió a Violeta. Se estaba burlando de Tony a sus espaldas, a pesar de que lo trataba como a un amigo. Pero lo peor era que tenía razón. Jackson era mucho más masculino que Tony, y Violeta no podía evitar sentirse atraída por él. El atleta volvió a sonreír, y Violeta se dio cuenta de que acababa de confesarle, sin quererlo, lo que sentía por él. Era imposible evadirse de sus pensamientos. Su cerebro era completamente vulnerable al poder del otro.

    Reconozco que mi físico ayuda mucho, pero sí, la verdad es que saber a tiempo real lo que genero en vosotras me facilita mucho el trabajo. – Jackson extendió un brazo y acarició el rostro de la chica, provocándole un escalofrío. – Entonces, ¿has venido a ver pollas? Es la primera vez que te percibo aquí dentro.

    Violeta no quiso responder, pero lo hizo.

    Ah, así que venías a cotillear. Pero seguro que alguna vez has espiado a algún chico, ¿a que sí? – Jackson amplió su sonrisa al leer la respuesta en la mente de Violeta. – ¿Y cómo te gustan los rabos? ¿Grandes?

    Ella no pudo reprimir un suave gemido. Se estaba excitando, tanto por la situación como por el efecto que las caricias del chico, que ya abarcaban su cuello y sus hombros, tenían sobre su cuerpo.

    Como a todas. – prosiguió Jackson la conversación en la que solo él emitía sonidos. – Ha debido ser una decepción descubrir lo que el pobre Tony tiene entre las piernas. La verdad es que tiene la autoestima por los suelos. Cada vez que estamos juntos en el vestuario veo lo inferior que se siente. Tú sabes lo que es eso, ¿a que sí?

    En ese momento, la mano de Jackson se posó sobre el pecho de Violeta y empezó a magrearlo con suavidad.

    A Tony le da pavor la idea de que yo pudiera querer follarte, ¿sabes? Está convencido de que no tendría ningún problema para conseguirlo.

    Tony tenía razón. Y ahora Jackson lo sabía.

    La verdad es que no me lo había planteado nunca, pero si me lo pones así…

    Jackson tiró del elástico de su bóxer hacia abajo con una mano y, con la otra, presionó uno de los hombros de Violeta en la misma dirección. No hizo falta nada más.

    Violeta, arrodillada, practicaba una torpe pero entusiasta felación sobre el erecto miembro de Jackson. A este le congratuló comprobar que ya no había hueco para Tony en la mente de la chica.

    Fue guiándola un poco y, aunque no consiguió grandes progresos, le dio igual que Violeta no supiera chupar una polla. No eran sus habilidades sexuales lo que la hacían interesante.

    Jackson se pasó toda la mamada haciéndole preguntas subidas de tono, y lo mejor era que ella no necesitaba interrumpir lo que estaba haciendo para responder. Bueno, eso y que, aunque no quisiera, tenía que responder con la verdad. Asi, Jackson descubrió todo lo que Violeta había hecho con sus poderes, incluyendo ver follar a sus padres. La tal Elastigirl parecía toda una fiera en la cama, y Jackson se hubiera planteado hacerle una visita si no fuera porque no le parecía buena idea hacer cornudo a un tipo con superfuerza.

    Cuando se cansó del interrogatorio (de la felación se cansó mucho antes), Jackson agarró a Violeta y, con un facilidad pasmosa, la hizo apoyarse en uno de los bancos del vestuario y procedió a desvestirla.

    Violeta, por su parte, estaba fuera de sí, excitada y asustada a partes iguales. Iba a perder la virginidad en el vestuario del insti con un tipo que ahora conocía todos sus secretos, eso la asustaba. El tipo en cuestión estaba buenísimo y estaba claro que sabía cómo dar placer a una mujer, eso la excitaba. Y además tenía una polla enorme… lo que la excitaba y la asustaba por igual.

    Jackson fue cuidadoso. Colocó a Violeta a cuatro patas y, mientras agarraba con una mano sus pequeños pechos, con la otra guió su pene hacia su virginal vagina. La penetró suavemente, pero ella estaba tan húmeda que la penetración fue más rápida y fácil de lo previsto. Pronto pudo empezar a embestirla en condiciones, e incluso se permitió azotar un par de veces su culo respingón mientras le tiraba con no demasiada fuerza del pelo.

    Violeta no tardó mucho en alcanzar el orgasmo, y aún tardó menos en saber que no le sería fácil encontrar a otro hombre capaz de proporcionarle tanto placer.

    Jackson hubiera seguido follándosela mucho más tiempo, pero el sonido del timbre le recordó que acababa el recreo y pronto llegaría otro grupo de alumnos al gimnasio. Así que, a su pesar, tuvo que forzarse a acabar, por lo que sacó su polla del interior de Violeta y se corrió copiosamente sobre su cuerpo.

    La chica quedó empapada de semen, y en ese momento su excitación se evaporó y el miedo se apoderó por completo de ella. ¡La iban a pillar!

    No seas boba. – rió Jackson mientras se vestía, leyéndole el pensamiento. – Hazte invisible y vete a casa a limpiarte.

    A Violeta le entró una risa nerviosa, sintiéndose estúpida. Era una buena idea, aunque le daba rabia tener que perderse clase.

    No te preocupes, seguro que tu novio te deja los apuntes encantado. – se burló Jackson. – Porque le vas a decir que sí, ¿no?

    Violeta meditó unos segundos. Era plenamente consciente de que Tony no podría darle lo que acababa de recibir de Jackson. También era consciente de que necesitaba lo que Jackson le podía dar. Y también era consciente de que eso no impedía que adorara a Tony, y ahora sabía que él la correspondía. Violeta supo que su relación estaría basada, en parte, en una mentira, pero le daba igual. Además, por fin se le había ocurrido qué utilidad tenía su poder a la hora de tener sexo: seguro que le facilitaba practicar el sexo prohibido que tanto iba a anhelar.

    Sí. – respondió finalmente, usando su voz por primera vez desde que entró al vestuario.

  • Primos carnales

    Primos carnales

    Es mi prima hermana y en ese entonces 2016 ella tenía 20 años,  aunque tiene un físico más que excelente sin importar que este un poco llenita, eso no impide que se le puedan apreciar sus atributos físicos como sus enormes senos y su gran culo, sus curvas me vuelven loco también, mencionando que tiene la piel clara, tiene una familia con muchos hermanos y mi tía solamente, porque su papá falleció cuando mi prima era muy pequeña, desde entonces sus hermanos se hicieron cargo de ella. Tienen un negocio familiar al cual me invitaron a trabajar cuando tenía 15 años, trabajaba solo los fines de semana, que por cierto me quedaba a dormir durante el viernes y sábado, de vez en cuando también el domingo, cuando no tenía tarea o simplemente no me importaba faltar al día siguiente. Yo accedí porque era joven y quería comprarme cosas que no necesitaba para satisfacer esa necesidad capitalista de poseer algo con el esfuerzo de mi sudor, pero bueno, desde ese entonces ella tenía 13 años por diferencia de meses.

    Había notado de reojo como se había desarrollado físicamente, todos sus atributos que mencioné antes y eso que usaba ropa gruesa como camisas jersey y pantalones de mezclilla gruesos, no impedía que se pudiera apreciar sus senos que si estaban grandes en ese entonces, ahora imagínense cuando tenía ella 21 que fue cuando le hice el amor por primera vez, ya voy para allá, pero primero debo mencionar que nos llevábamos muy mal cuando yo empecé a trabajar con su familia, ella no se dejaba de nadie, trataba de imponer esa actitud de chica ruda y mal hablada como no se imaginan, y como mencioné, empecé a notar como se desarrollaba porque era puberto aún y me causaba mucho interés el sexo puesto aunque fuera un familiar, eso sí, nunca llegué al grado de masturbarme con ella en ese entonces, pero todo cambió con el pasar de un año aproximadamente.

    Creo que nos volvimos más maduros para nuestra edad e hicimos las paces, nunca lo dijimos, solo se dio espontáneamente. Ella empezó a mostrar cercanía poco a poco conmigo, ya no me insultaba, ni arrojaba cosas ni me gritaba como las primeras veces.

    Éramos tan unidos que hasta me pedía que la encaminara cuando iba a ver a su novio, aunque no duró mucho en esa relación toxica, entonces yo estaba ahí para consolarla, ahí supe que me importaba más de lo que debería, como si fuera la hermana pequeña que nunca tuve, y eso que yo soy el menor de mi familia, todo continuó normal hasta que llegó el año 2016, yo con 23 años recién cumplidos y ella con 20, empezaba un nuevo ciclo en mi vida, ahora era oficialmente universitario, ella solo acabó la secundaria y se metía a estudiar a cursos de belleza, peinado y ese tipo de cosas, a veces me usaba a mi para practicar y pintarme el pelo de colores, cortarme el cabello, me conformaba con cualquier caricia de ella aunque fuera subconsciente.

    Ahora nos tocó dormir en una misma cama, pero ahora solos yo y ella, el primo mayor ahora dormía en su habitación, la cual estaba ocupada por otro familiar anteriormente, ahora mi prima estaba dormida y con una pijama de botones color rosa pastel, se puso en la misma posición que la primera vez que le acaricié sus pechos, ahora todo era diferente, ahora éramos mayores de edad, más sabios, más desarrollados y sin ninguna pizca de culpa, empecé a desabrochar los botones ligeramente y dejo ver un sostén rojo que reflejaba exactamente la pasión que estaba sintiendo en mi ser.

    Quería hacer lo que quisiera con esos pechos, trate de meter mi mano por debajo del brassier y solo alcancé a tocar un poco, estaban tan suaves y cálidos, ella empezaba a respirar más rápido pero todo se vio interrumpido cuando escuché la puerta de una de las habitaciones abrirse, típico cuando alguien iba al baño de madrugada, me sentía tan frustrado que tenía que aliviarlo masturbándome en el baño mientras pensaba en esos enormes pechos.

    Paso alrededor de una semana o dos cuando mi prima me pidió que ayudara a mover su cama ahora en un rincón donde estaba más oscuro, pegado a la pared, la cual podías poner una cortina para que no diera la luz del día o de algún «curioso» que fuera pasando por ahí.

    Mi familia nunca vio mal que yo me durmiera con mi prima y eso me daba más chances de lograr algo, entonces en una noche desde la nueva perspectiva de la cama me atreví a meter la mano por debajo de su camisa celeste que traía en ese instante, subí poco a poco hasta llegar a sus senos cubiertos por un brasier, noto que se mueve mi prima bruscamente y me asusté pensando que me había «descubierto», pero solo note que metió sus manos debajo de su camisa como si se hubiera acomodado sus senos, pero eso no me detuvo y volví a intentarlo.

    ¡No lo podía creer, ahora sus jugosos y enormes senos estaban descubiertos!, empecé a acariciarlos suavemente, sintiendo como sus pezones de hacían cada vez más duros mientras se aceleraba su respiración, empecé a amasarlos como si fuera masa de harina, cada vez más fuerte, luego los dejé al descubierto, acercando mi rostro para sentirlos, olerlos, acariciarlos con mis labios, chuparlos, mimarlos y mordiéndolos ligeramente, de repente se abre otra puerta, yo la tapo de inmediato para que no nos descubrieran y así fue, entonces ella se queda de lado, pero noto que ya estaba cansada porque no seguimos haciendo el «juego» ya era tarde, casi las 5 de la mañana, mejor nos dormimos.

    Al día siguiente todo como si nada, trabajamos y convivimos como siempre, como si nada hubiera pasado, pero ahora deseaba que llegara la noche más que nunca para repetir lo que habíamos dejado pendiente, cuando esperas algo como eso y ya lo tienes asegurado el día se te hace eterno, sientes que nunca llega la noche, pero sabes que sucederá.

    Llega la hora de dormir, luego de un rato de ver películas, que es lo que acostumbrábamos a hacer casi todas las noches, nos acostamos y después de un rato comienzo a tocar sus grandes senos otra vez, primero por la superficie, luego le levanté su camisa y los dejo descubiertos, me abalancé encima de ellos y los comencé a chupar y succionar como si fueran frutas, llenándolos de saliva y notando como se endurecían sus pezones, empecé a lamerle el cuello por igual y pasando mis labios por su boca, besándola apasionadamente, bajando más y más, pasando por en medio de sus senos, luego por su estómago, ombligo, su short que nunca faltaba para dormir lo bajé con una mano y se lo quité todo, dejando ver su vagina con vellos muy suaves y color café, pase mi lengua sobre ella, comiéndomela toda, haciendo que se mojara,

    Se empieza a voltear boca abajo, pero yo no suelto su short en ningún momento, bajándoselo, viendo en todo su esplendor sus hermosas y blancas nalgas, empecé pasar mi rostro suciamente sobre ellas, oliendo y lamiéndole todo su culo, luego de un rato haciendo eso, mi verga ya no aguanta más y la saco para que saliera a tomar aire, restregándola en su enorme culo y arrimándosela sin intención de cogerla, hasta que se me pasa la mano (la verga más bien) y se la meto por su vagina.

    Entonces noto que se revienta algo, la saqué y tenía apenas una gota de sangre, pero ella se despertó de inmediato, revisando sus partes, se levanta de volada al baño con su short en mano y sus nalgas al descubierto, se encierra y pasan unos minutos, me pongo muy nervioso y me gana el sueño. Noto que sale del baño pero trato de hacerme el dormido, en eso que ella se acuesta en la cama, me dice «¿Qué fue lo que hiciste?» y yo no sabía que responder, en eso ella repite la pregunta, pero con más agresividad y me da un golpe en los testículos y yo solo respondí con dolor «No era mi intención», no responde nada y se vuelve a dormir.

    Me invadió la culpa durante esa noche y al día siguiente, pero ella seguía como si nada, como si nada hubiera pasado, pero yo si estaba inquieto porque técnicamente hablando le quité la virginidad ¿no?, los dos estábamos conscientes de ello, pero ahora si estaba nervioso porque llegara la noche otra vez, lo cual pasó, pero ahora no estaba de humor para lo de la noche anterior.

    Solo decido dormir, pero ahora noto que ella se «durmió» acomodando sus manos de otra manera, yo estaba boca arriba y me había dormido con un pantalón de mezclilla, ella tenía su mano justo en mi bulto, entonces es inevitable que se me empiece a parar y a ponérseme dura, porque ella empezaba a acariciármelo con los pantalones puestos, cada vez más fuerte hasta que me empieza a desabrochar el cinto del pantalón, me lo quita y después desabrocha el botón, baja el cierre poco a poco, deja a la vista mi bóxer y finalmente lo baja dejando al descubierto mi verga, la empieza a agarrar firmemente, apretando un poco, entonces empieza a mover su mano de arriba a abajo aunque de manera inexperta, yo tuve que guiarle su mano porque me empezó a lastimar un poquito, así hasta venirme «manchando» en el proceso sus manos, su ropa, mi pantalón y un poco de las sabanas en esa explosión de semen tan satisfactoria.

    Se lo agradecí lamiendo sus pechos y haciéndole sexo oral, no había resentimientos entre nosotros, luego de unas noches de «práctica» ya me la jalaba como una experta, no nos cansábamos de hacer lo mismo todas las noches, un recuerdo gracioso de eso es que cuando estábamos en invierno ahí llegaba mucho el frío por estar en la mera sala, ella me saco el pene y todo pero lo tenía tan flácido como una pasa y ella pregunta «¿euu que es esto?» mientras lo sostenía ahí, mi amiguito flácido del frío mientras me lo estiraba para ver si así se paraba.

    Hasta que dejé de ir un tiempo por cuestiones de estudio y sobrecarga de tarea en la Universidad, no me deprimía en lo absoluto, siempre aunque la distancia nos separara mi prima y yo siempre nos escribíamos, ella me preguntaba que como estaba, que hacía, siempre me procuraba y me preguntaba cuando iba a ir, yo le decía que pronto, solo necesitaba tiempo, así fui de paciente hasta que pude volver a trabajar otra vez, allá y estar cerca de ella.

    Ahora que uno de sus hermanos se había mudado, tenía un cuarto para ella sola, desde ahí pensé lo impensable, que podría tener la oportunidad de hacerla mía antes que nadie, pero ahora en serio, pero había un pequeño obstáculo, cada que me iba por un tiempo siempre había novedades, ahora unos sobrinos pequeños se iban a quedar y más cuando estaban de vacaciones, por lo que era común que el mas chiquillo quisiera quedarse con ella en su cuarto. Me ponía un poco celoso pero no era para tanto, la paciencia tiene su recompensa, eso hasta que una noche se dio la chance y le dijo al niño que no podía quedarse con ella, haciendo un berrinche típico de niño chiflado, pero nadie pensaba mal en ningún momento.

    Ahora en su cuarto veíamos películas a gusto, si teníamos hambre hacíamos de cenar, y nos desvelábamos conviviendo y riendo de nuestras cosas de vida. Y ya en la noche como si fuera nuestra rutina volvíamos a las andadas, primero ella me daba un masaje con crema, luego ella me pedía que le devolviera el favor, me ponía encima de ella, levantaba su camisa hasta arriba, le aplicaba crema o a veces aceite de bebé, luego empezaba a acariciarle la espalda, con ligeros toques y caricias, también amasaba como si fuera harina, bajaba un poco mis manos y le acariciaba el culo y las piernas con esos shorts tan cortos, pero ella seguía platicando como si nada conmigo.

    En cierto momento alcanzaba la relajación máxima, y ahora se transformaba en un masaje erótico, bajándole ese ligero short por completo, dejando al descubierto sus nalgas weras para mi solo, lamiéndole todo, hasta el ano, uno caliente hace cualquier locura por quien quiere de verdad, se volteaba para que jugueteara con sus senos y finalizaba comiéndome toda su vagina mientras apretaba mis manos contra sus senos en una posición muy comprometedora mientras respiraba agitadamente y gemía en silencio, aprisionándome con sus piernas impidiéndome apartarme de su dulce y húmeda panochita hasta llegar al clímax, ¡por dios, pero que sensación!.

    Lo seguimos repitiendo hasta que ella cumplió 21 años y yo con 24 sentía que podía cogérmela, solo quería estar 100% protegido, así que entre semana fui al Benavides más cercano, me daba vergüenza pedir unos condones porque nunca había pedido unos y había mucha gente ese día, aunque por suerte estaban en un estante, pudiendo tomar los que quiera, así que tomé 3 paquetes porque estaban al 2 x 1 (nunca se sabe) y me ahorraban ir más veces a la farmacia, pero ahora puse en marcha el plan, nunca se lo dije a mi prima, solo esperaba que llegara el momento, se me hacía eterna la semana y solo quería que ya fuera viernes.

    Ya llegado el día estaba tranquilo por fuera, pero con un poco de nervios en el exterior cuando estaba con ella, no podía evitar la satisfacción de que ninguno de sus novios de entonces había estado así de cerca como yo lo estaba, su mayor amante era su propio primo carnal. Nuestra convivencia nunca se vio afectada en la realidad por más apasionados que se volvían nuestros encuentros en la intimidad. Esa era nuestra noche, de alguna manera ella lo sabía porque me avisó que se iba a bañar y yo ya lo había hecho una media hora antes, ya no aguantaba más la presión así que me masturbé para calmarme un poco y vaciarme jaja.

    Ella volvió y se veía bellísima y más escultural que nunca, con una ligera camisa que dejaba notar sus pezones parados y un short que parecía más bien uno de esos boxers de mujeres muy pequeños y ajustados, no decía mucho, solo se secaba el cabello frente al espejo y de reojo notaba que me sonreía coquetamente mientras me miraba ahí abajo.

    Hablamos un rato y luego apagamos las luces y fingimos dormir unos minutos, luego tomé la iniciativa y le descubrí sus pechos la besaba mientras los acariciaba y también a su cabello que ahora lo tenía rubio, le besaba y lamía el cuello, sus orejas, sus mejillas, le metía la lengua hasta adentro de su boca mientras besaba sus carnosos labios, mi piel no es muy morena, pero si contrastaba al contacto con su piel clara y recién bañada, se le impregnó ese olor ligero de hierbas aromáticas del shampoo lo cual me excitaba aún más; sus piernas las levante y las apoyé sobre mis hombros con una mano mientras que con la otra le quitaba ese short poco a poco, lanzándolo por ahí y abalanzándome en su panocha dulce y con olor a flores literalmente.

    Empecé lento progresivamente hasta juguetear con mi lengua por sus labios menores y mayores, sintiendo sus vellos púbicos rozando la poca barba que yo tenía, entonces estaba listo, me acerque y le susurré al oído «¿quieres que te lo haga?», respondía con un susurrante «Si», le pregunte «¿si quieres? ¿quieres que te la meta hasta adentro?» a todo me respondía que sí.

    Saqué uno de los condones que compre y lo abrí inmediatamente, me lo puse inexpertamente porque era la primera vez que usaba uno, recuerdo que la tenía tan parada que se transparentaba todo el condón hasta tal punto que no parecía que trajera uno puesto, ya no aguantaba así que nos acomodamos en la posición de misionero, abrió todas sus piernas y ahí la penetré de una estocada, lentamente, en unos segundos estaba adentro de ella, y ella soltó un gran suspiro mientras me agarraba con fuerza con sus manos, apretando mis brazos y acariciando mi pecho, mis vellos púbicos y mis huevos.

    Nos empezamos a besar apasionadamente a la vez que yo aumentaba la velocidad, metiendo y sacando más rápido cada vez, era tan rápido como los actores porno, y como estaba yendo al gimnasio en ese entonces si me ayudó la condición que adquirí, me aparte y entonces ella se volteó poniéndose de «perrito» ahí aproveche para hacérselo por detrás muy duro. En cada posición duramos sin exagerar unos 15 minutos, luego se cambió otra vez a misionero, pero ahora levantando una de sus piernas encima de mi hombro, dejando que entrara más de mi verga en su cavidad, besándonos y disfrutando sus senos a la vez, los dos gemíamos pero susurrando soltando grandes suspiros, aun así se escuchaba un poco del «mete saca» por la habitación, por eso prendíamos el «abanico» para disimular el ruido. Ni siquiera sentíamos el frío que emitía el aire por los calientes que estaban nuestros cuerpos.

    Para finalizar se puso de lado ahí la tomé por el culo mientras tenía mis dos manos amasando sus senos, continuamos así por otros 5 minutos más a gran velocidad hasta que por fin acabé lanzando toda mi leche en su culo salpicándoselo todo, ella tomó un poco y se lo metió a la boca con toda la mano, nos quedamos de cucharita por otros 10 minutos más sin decir nada, solo sintiendo nuestro respirar agitado que se tranquilizaba, luego le puse su ropita otra vez y nos dormimos abrazados el uno al otro.

    Fue una noche perfecta que nunca olvidaré, esta fue nuestra verdadera primera vez.

    Si quieren saber cómo termina esta historia háganmelo saber y platíquenme una experiencia similar a la mía que sea 100% real, esto que les estoy contando me lo voy a guardar hasta la tumba y ella, ni siquiera tengo el valor de platicárselo a mi mejor amigo, saludos y gracias por su tiempo por leer.

  • Sangre limpia (one-shot Harry Potter)

    Sangre limpia (one-shot Harry Potter)

    -Wow, qué pedazo de casa.

    Draco se sonrió, apartando la vista del respingón trasero de la chica solo el tiempo justo para cerrar tras de sí la puerta principal de la residencia de verano de los Malfoy.

    -Pues tendrías que ver la mansión, esto es solo una casa de vacaciones. -alardeó.

    Había dos cosas de las que le encantaba presumir: sus riquezas y su pureza de sangre. Y la joven a la que pretendía llevarse a la cama no habría entendido lo segundo.

    -Perdona, lo estoy poniendo todo perdido. -se disculpó ella, con su escueto bikini todavía chorreando un poco como consecuencia del último baño que se había dado en la playa.

    -No te preocupes, ya lo limpiará el… la asistenta.

    Casi se le escapaba lo del elfo doméstico. Era evidente que el joven Slytherin no estaba acostumbrado a tratar con muggles, y menos muggles con semejante atractivo. Su ondulada cabellera castaña llegaba hasta la mitad de su estilizada espalda, y al observarla de frente era difícil decidirse entre mirar a sus azules ojos o a sus firmes pechos.

    -¿No están tus padres? -preguntó… ¿Lucy? ¿Susie? La chica le había dicho su nombre una sola vez, y Draco no le habría prestado excesiva atención a ese dato.

    -Estarán todo el día fuera, ha surgido una emergencia en la capital y mi padre ha tenido que interrumpir sus vacaciones.

    Y gracias a Dios. Lucius Malfoy jamás habría consentido que una muggle pisara su casa, y mucho menos que se metiera entre las sábanas de su hijo, sin importar el color de sus ojos o la firmeza de sus pechos. Y teniendo en cuenta que aquel pueblucho costero estaba repleto de muggles… Draco llevaba sin meterla en caliente desde que acabó el curso en Hogwarts. Y, a decir verdad, follar con Pansy Parkinson, por mucho que le gustara la chica, ya empezaba a resultarle aburrido.

    -Perfecto, así estaremos más tranquilos. -la muchacha sonrió con picardía. -¿Me enseñas pues esas vistas tan buenas?

    A Draco no se le escapó como ella desviaba su mirada, sin mucho disimulo, a la incipiente tienda de campaña que ya empezaba a formarse bajo su bañador. Estaba claro que ninguno de los dos quería perder el tiempo.

    -Joder, y yo que pensaba que la casa era grande.

    -Calla y chupa.

    Obediente, la chica empezó a practicar sexo oral sobre el impresionante miembro de Draco, con más experiencia y habilidad de la que él había esperado. Tal vez las muggles no fueran tan inútiles después de todo.

    Lo cierto es que el tamaño que ostentaba Draco entre sus piernas no era algo de lo que le gustara fardar tanto, en parte porque él sabía la mentira que se ocultaba detrás. Pansy fue quien tuvo la idea de practicarle un hechizo Engorgio, transformando su funcional pero olvidable pene en algo ciertamente digno de mención. El hechizo salió bien, aunque ninguno de los dos esperaba que los resultados fueran permanentes… pero tampoco iban a quejarse.

    Ahora, por primera vez, otra mujer que no era su novia estaba disfrutando de los efectos del hechizo, y por lo visto los disfrutaba a base de bien. Y ya era hora… ¿De qué te servía tener un pollón si no podías usarlo con quien quisieras? No es que los sentimientos de Pansy le importaran demasiado, pero había otros impedimentos que le dificultaban plantearse siquiera intentar seducir a las estudiantes de Hogwarts que más le llamaban la atención.

    La muggle de nombre intrascendente miró a Draco a los ojos sin interrumpir su felación, gesto que ambos disfrutaron, pero que provocó que la mente del rubio divagara y se centrara en uno de sus más anhelados objetos de deseo: esos ojos le hacían pensar, inevitablemente, en Ginny Weasley. (Nota: Según el canon oficial los ojos de Ginny son marrones, pero para este relato me quedo con el hecho de que sus ojos en las películas son azules)

    Ginny era una pobretona, una Weasley y una traidora a la sangre, pero habría que estar ciego para negar que tenía un atractivo incomparable. Era una de las estudiantes más bellas y sexys de todo Hogwarts, y desde luego su reputación la precedía: se rumoreaba que ya se había acostado con la mitad de los hombres de Gryffindor y un buen puñado de Hufflepuffs y Ravenclaws, y por lo que se decía sus habilidades sexuales estaban a la altura de semejante historial.

    Sin embargo, ningún Slytherin la había catado, que se supiera, pero no era por falta de ganas. Un Slytherin tenía una reputación que mantener, ante los otros miembros de su casa y ante su propia familia, y confraternizar con Ginny Weasley, aunque solo fuera para un polvo rápido, estaría tremendamente mal visto.

    -Fóllame ya. -escuchó Draco, forzando a sus pensamientos a volver a su habitación.

    -Aquí mando yo, zorra. -espetó él, pero aun así se dispuso a complacerla.

    La agarró del pelo y la hizo colocarse a cuatro patas sobre su cama, situándose de pie tras ella. Nunca había sido tan brusco con Pansy, pero su frustración acumulada y su desprecio por la sangre no-mágica de su nuevo ligue habían estallado en forma de una agresividad con la que, por suerte, ella no parecía tener ningún problema.

    Tras propinarle un sonoro azote en una nalga y bajarle la parte inferior del bikini hasta las rodillas sin ninguna delicadeza, Draco se dispuso a penetrarla con violencia. No tuvo piedad de ella, ni en el ímpetu de sus acometidas ni en la fuerza con la que tiró de su melena. El color de esta y el hecho de no estar viéndole la cara ayudaron a que la imaginación del chico transformara la voz que profería los gemidos de placer en la de otra persona: Granger.

    Granger no estaba tan buena como Ginny ni, desde luego, tenía tanta experiencia con el sexo opuesto. Draco estaba seguro de que ni Weasley ni Potter se la habían follado y, aunque se preguntaba si seguiría virgen, sospechaba que Krum sí podría habérsela llevado al huerto. En cualquier caso, Granger no era tan convencionalmente atractiva ni levantaba tantas pasiones como la pelirroja. Pero Draco tenía cierta debilidad por ella desde aquella vez que le dio un puñetazo durante el tercer curso. La odiaba, sí, pero era ese tipo de odio que le encantaría desahogar con una follada salvaje, algo que nunca podría siquiera intentar sin comprometer su estatus. Una sangre sucia era todavía algo más bajo que una Weasley.

    Y todavía peor era una muggle, pero nadie tenía por qué enterarse de lo que estaba sucediendo aquella tarde de verano en aquella habitación de aquella casa de verano, así que Draco podía soltar tensiones a base de bien valiéndose del cuerpo de aquella desconocida a la que confiaba en no volver a ver jamás. Una desconocida que no sabía lo que significaba ser Slytherin, sangre pura y Malfoy. Una desconocida para la que él solo era un guaperas rico y con una buena polla. Lo cierto es que, por mucho que disfrutase de su estatus y del respeto que despertaba su apellido, a veces Draco desearía no ser más que lo que aquella chica veía en él.

    -¡DIOS, SÍ! ¡FÓLLAME, JODER! -se desgañitaba ella ante la intensa y constante penetración a la que se estaba viendo sometida, y aquello era música para los oídos del chico.

    Tras unos cuantos minutos y un par de cambios de postura, Draco sintió que llegaba al clímax y no se molestó en avisar. Depositó su semen en el interior de la muggle y, al hacerlo, pensó que ella nunca habría tenido tanta magia en su interior. Ella, que ya había llegado al orgasmo un poco antes, no puso objeciones.

    -Menos mal que estoy con la pastilla. -susurró entre risas y jadeos, todavía recuperando el aliento, mientras él se dejaba caer junto a ella.

    Los muggles y sus estúpidos métodos anticonceptivos. Los magos tenían una poción que te hacía estéril de forma indefinida y otra que volvía a hacerte fértil, no tenían necesidad de preocuparse por pastillas o condones. Y en cuanto a las enfermedades de transmisión sexual, en San Mungo podían erradicar cualquiera en un máximo de 48 horas, tampoco valía la pena preocuparse por ellas. El sexo entre magos y brujas era completamente seguro… o eso creía Draco.

    Cuando escuchó un sonido proveniente de la chimenea del salón se le heló la sangre. Sabía que se avecinaba algo mucho peor que una gonorrea. La estúpida que yacía desnuda a su lado no lo había oído o no le dio importancia, pero Draco sabía lo que significaba.

    -¡Mierda! -exclamó, levantándose de sopetón. -Tienes que irte, rápido.

    -¿Qué? ¿Qué pasa?

    -Mis padres están aquí. ¡Vístete y lárgate!

    -Vale, tranq…

    -¡Venga, coño!

    Draco la agarró del brazo y la sacó de la cama, pero ella, ignorante sobre la gravedad de la situación, no reaccionó de forma inteligente.

    -¡Suéltame, tío! -se desembarazó de él. -¿Qué coño haces? Una cosa es que te deje tratarme así en la cama y otra que seas un puto borde.

    -Si mi padre te encuentra aquí…

    No hubo tiempo ni necesidad de explicaciones, porque la puerta del dormitorio se abrió y, tras ella, apareció Lucius Malfoy, vestido de forma elegante pero con una expresión de asco en su rostro que solo se acentuó al percatarse de lo que estaba ocurriendo allí.

    -Papá…

    La chica, totalmente desprevenida, apenas había tenido tiempo de cubrir su desnudez con sus brazos. Draco percibió cómo la sorpresa y la indignación de su cara dieron paso a la vergüenza y al miedo.

    -¿Quién es esta puta y qué hace en mi casa, Draco? -preguntó Lucius con frialdad, sus grises ojos completamente fijos en los de su hijo, sin ningún atisbo de tentación de mirar hacia la belleza a la que acababa de insultar.

    -¿Qué… qué haces aquí? -tartamudeó el joven.

    -La situación en el Ministerio se solucionó bastante rápido, Weasley exageraba como siempre. -desvió su atención y su mirada a la chica, pero siguió ignorando su cuerpo. -Ya que mi hijo parece haber perdido la capacidad de expresarse te lo preguntaré a ti. ¿Quién eres?

    -Me… me llamo Sophie, señor. -tembló ella, y no de frío precisamente.

    -Sophie, qué nombre tan bonito… -Lucius desplegó la más falsa de las sonrisas. -¿A qué casa de Hogwarts perteneces?

    Draco cerró los ojos y suspiró, sabiéndose perdido.

    -¿Casa de… qué?

    -¡AVADA KEDAVRA!

    A Draco se le revolvió el estómago solo con escuchar el cuerpo desplomarse, y tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para volver a abrir los ojos. Sophie estaba tirada en el suelo. Todavía desnuda. Todavía hermosa. Muerta.

    -Mira lo que me has hecho hacer. -dijo el padre de Draco, aunque no había ningún rastro de lástima o arrepentimiento en sus palabras, solo fastidio. -Y ahora tendré que deshacerme del cuerpo y buscar a algún idiota al que cargarle el muerto. ¿O vas a hacerlo tú?

    Draco se limitó a negar con la cabeza, sin atreverse a mirar a su padre y esforzándose por contener las lágrimas.

    -Eso pensaba. -concluyó Lucius. -Anda, ve a saludar a tu madre. Y la próxima vez que quieras echar un polvo dímelo y te traigo a la mejor puta del callejón Knockturn, joder.

    Draco obedeció, intentando borrar el recuerdo de Sophie de su cabeza para siempre, pero ya nunca olvidaría su nombre. Echaba de menos a Pansy.

  • Walter y Mica: Control del quinto mes

    Walter y Mica: Control del quinto mes

    Pasaron las semanas y llegó el control del 5º mes, nada había cambiado por fuera pero Walter seguía totalmente confundido por no entender lo que le pasaba.

    Esta vez Walter salió más temprano y llevó a Mica al médico, venia vestida con un mono de algodón gris claro que se amoldaba a su figura, le quedaba muy pero muy bien.

    Todo se repetía era como un déjà vu para Walter, que le había dicho a Mica que la esperaba afuera de la consulta.

    Como la última vez, 17:30 h ya estaba Walter afuera del consultorio mirando a través de la puerta, esta vez fue mucho más rápida la consulta, Mica apenas cruzo la puerta, deslizó los tirantes del mono y lo dejo caer, no llevaba ropa interior y el medico se abalanzo sobre sus pechos, chupándolos con fuerza, mientras con sus dedos la masturbaba sin parar, Mica gemía y gemía, estaba muy caliente.

    El medico se desnudó, la dio vuelta y se la metió de un golpe hasta el fondo, arrancándole un fuerte gemido, la agarraba de la cintura y la penetraba sin parar, las lolas se balanceaban y la imagen desde la posición de Walter era muy excitante,

    «una mujer embarazada de 5 meses, totalmente desnuda, siendo penetrada por atrás con sus tetas moviéndose»

    Excepto por el detalle que era su mujer…

    Mica gemía y pedía que se la meta más rápido, luego de unos minutos que para Walter parecieron horas, el medico descargó todo en el interior de Mica, arrancándole un último orgasmo que la hizo temblar. Así como estaba desnuda y chorreando esperma por sus piernas, se acostó en la camilla para el control de rutina.

    El médico le dijo que el embarazo estaba muy bien.

    Terminó la consulta con un simple beso, Mica bajó las escaleras se subió al auto, saludó a Walter y se fueron a casa.

    Esa noche Walter la busco a Mica, la tocó, besó, pero cuando le rozaba las lolas o entre las piernas le decía que no, que le dolía todo, que otro día mejor…

    Continuará…

  • Nos cobró el plomero

    Nos cobró el plomero

    Habíamos quedado con mi amigo Jaime, en encontrarnos en mi departamento para ver una película. Decidimos pues prepararnos para tal evento ( jugos y los famosos pop corn!).

    Estábamos listos para la función cuando suena en el momento menos inesperado, el portero. Cruzamos miradas con Jaime y las mismas parecían decir: «esperas a alguien?» y… «no espero a nadie!».

    Sin mediar palabra y luego de haber sonado nuevamente el portero, decidí levantarme y atender.

    -Hola, quién es?

    -Hola… aquí habían solicitado un plomero?

    -Ah si es verdad… pero no puede pasar en otro momento?

    -Mirá, no sé cual será el problema, pero si no es ahora pasa la solicitud para dentro de 15 días!

    -Bien, bueno suba…

    Sobre la marcha le dije a Jaime: «vienen a reparar la pérdida de agua en la cocina… ganas de joder!!»

    Para esto, los dos estábamos plácidamente sentados en el sillón y ligeros de ropa ya que Jaime llegó bañado y al verme que yo había hecho lo mismo, quedamos en ropa interior.

    Suena el timbre y me levanto a atender, abro la puerta y tras el saludo… quedé atónito!! El plomero era una especie de Brad Pitt, George Clooney y cualquier otro potro que se le parezca.

    Cuando pasa hacia la cocina, Jaime también quedó impresionado, por supuesto, nuestras miradas lo decían todo. Una vez en la misma, el plomero comenzó con su trabajo, el cual iba a ser rápido porque no era algo grave, me dijo. Mientras tanto Jaime y yo lo observábamos desde el sillón sin quitarle mirada. Los dos llegamos a la misma conclusión: Más allá de su overol, nos derretíamos pensando que habría debajo del mismo. Ya a esta altura, y decididos a todo, comenzamos con un juego (sin saber cuál iba a ser el final).

    Empezamos a tocarnos, a hacernos mimos, a besarnos… En lo mejor del juego, teníamos frente a nosotros, a nuestro observador que con una voz agradable nos dijo: «Terminé!»

    En ese instante y antes de solicitarle lo que le adeudaba, los dos quedamos paralizados!!!

    Nuestro desconocido plomero, comenzó a bajar su cierre del mameluco, muy despacio, y a medida que ello ocurría, íbamos viendo un escultural físico, todo trabajado, musculoso, atlético. Una vez que quedó en bóxer nos pidió arrodillarnos delante de él, y sin decir nada accedimos al pedido ya que lo que se veía era algo imponente. Le bajamos su prenda y… si… era lo que se veía. Su verga era enorme, gruesa, venosa e inmediatamente comenzamos a chupársela y lamerle los huevos. No parábamos un instante porque aquello era algo nunca visto. ¡Qué rico!

    En un momento se alejó de nosotros y yo pensando en que estábamos en el paraíso, todo había terminado. Pues NO!! Mientras se masturbaba, me pidió alguna crema, cosa que accedí tan rápido como pude y al volver nos pidió que nos pusiéramos en la cola y nos metiéramos uno o dos dedos mientras él seguía con lo suyo. Tras hacer su pedido nos pusimos con Jaime arrodillados sobre el sillón.

    -Quién quiere recibir primero? -dijo!

    -YO! -le contesté…

    Fue un placer único porque me entró toda de una, metió la cabeza y adentro. Mientras me cogía (y como), Jaime me besaba, cosa que me excitaba aún más. Pasaron unos minutos, y el «homenajeado» fue Jaime que con un poco de dificultad y dolor, logró también su objetivo. Seguimos así por un rato y yo pensando que por un par de días no nos íbamos a poder sentar. Nuestro amigo paró con su trabajo y nos hizo nuevamente arrodillar, mientras él empezaba a masturbarse cada vez con más ganas hasta que llegó el momento sublime. Borbotones de semen saltaban por el aire tratando nosotros de abrir nuestras bocas y recibir todo lo que podíamos, luego le pasamos bien la lengua y todo concluyó sin querer, besándonos con Jaime y degustando lo que habíamos bebido…

    Luego de vestirse, acompañamos a nuestro destapador de cañerías hasta la puerta, le dimos un beso, tras lo cual nos dijo: «mañana vengo a cobrarles!»

    Cerré la puerta y con Jaime nos fuimos a bañar juntos, sorprendidos y felices, pero además sabiendo que al otro día venían por nosotros!

    A pagar lo que debía y cobrar por los servicios prestados…

    [email protected].

  • La caja sexual

    La caja sexual

    Buenas tardes, vuelvo a relatarles otra de mis tantas experiencias sexuales 100 por ciento real. 

    Hace años y por mis seguidos viajes a Buenos Aires ya tenía algunas trans amigas con las que nos entregábamos a largas maratones sexuales dónde yo era la principal atracción.

    Esta experiencia fue con unas amigas que varias veces habíamos estado todos juntos en un grupal bastante extremo, o eso creía hasta el momento de lo que les voy a relatar. La cosa es que una vez en uno de mis visitas por capital una tarde con una de ellas, la dueña del privado, hablábamos de varios temas y en un momento recordando algún vídeo que habíamos visto una vez de las tantas que me hicieron grupal entre todas las que trabajaban en ese privado, que eran 6 trans muy bien dotadas, habíamos visto un vídeo donde se veían varias personas teniendo sexo a través de paredes como varias opciones de glory hole digamos, y empezamos a fantasear que estaría bueno algo así pero diferente.

    A ver si me explico mejor, al ver ese vídeo que tenían sexo a través de paredes dónde había desde un solo agujero en la pared hasta agujeros dónde habían mujeres con la mitad de su cuerpo fuera para uso libre de quién quisiera, pensábamos en lo excitante que sería hacer una especie de caja donde la persona esté dentro recostado boca abajo sobre un banco largo como los de los gym dónde se levanta pesas, y en esa posición de perrito digamos todo encerrado en una caja de madera y agujeros estratégicos, un agujero atrás donde apoyaría el culo, otro a la altura de la boca y otros 2 a los costados al alcance de la mano, o sea para que quien esté dentro reciba una pija por todos los lados posibles.

    Mientras hablábamos de ese posible proyecto ellas tiraban ideas y cada vez más morbosas jaja!! Una proponía hacer más agujeros pero conectados a tubos o mangueras para que los clientes eyacularan y juntar todo el semen para luego beber ya se estaban zarpando con las ideas muy morbosas jaja!!

    Bueno la charla quedó ahí seguimos cogiendo los días que me quedaba en capital hasta que me tuve que volver a mí ciudad.

    Habían pasado algunos meses hasta que tuve que volver de viaje a capital y me puse en contacto con las que ya eran amantes sexuales y mientras hablaba por teléfono la dueña del privado me dice que en unos días me tenía terminada una sorpresa, yo solo podía imaginarme que me estaba organizando un gang bang con muchas trans algo que siempre organizábamos así que no era nada nuevo.

    Pasaron unos días y me llega un mensaje al medio día que me preparara para la noche que íbamos a tener una maratón de sexo sin parar, le pregunté cuál era la sorpresa y lógicamente no me contó nada solo que me preparara bien, asique le hice caso me lave varias veces por dentro dormí una siesta para luego prepararme para ese encuentro.

    Llegó la noche y llegando al privado no sé porque me recorría por dentro unos nervios como la primera vez, llego me abren y la dueña me toma de la mano y me lleva directo a la habitación sin dejarme saludar a las demás y se veía algo en medio del living tapado con una sábana como un mueble. Ya en la habitación me come la boca en un beso profundo onda novios que automáticamente me hizo tener una erección y respondí agarrándole su garrote que estaba semi erecto, se despega de mí boca y me dice «no sabes cómo extrañe tu boca bebé» y me hace arrodillar para chupar su enorme pija que tan rica era, apenas apoye mis labios en esa rosada cabeza comenzó a crecer en su totalidad, metía todo lo que podía en mí boca mientras le masajeaba con la otra mano los huevos grandes y perfectos que tenía, pasaba mí lengua por todo el largo de los 27 cm de carne dura caliente y llena de venas que tenía hasta que no aguanto más y violentamente me tiró sobre la cama me escupió mí ano y me la enterró sin piedad de un solo golpe lo que me produjo un dolor muy grande pero de tanto entrenar ya al segundo envión lo tenía amoldado. Me taladro unos minutos hasta que me lleno de leche hasta lo más profundo, se separó y recostó a mí lado y yo me acerque a chupársela y limpiarla toda como siempre lo hacía, nos quedamos recostados un rato mientras me decía lo mucho que extrañaba coger conmigo.

    En un momento entra otra de las trans y dice que estaba todo preparado y ahí les dije que ahora sí me van a dar entre todas? Ellas se sonrieron y dijeron si claro y mucho más también. Me vendaron los ojos y me llevaron hasta el living, no sabía a qué me estaba entregando pero ya teníamos confianza así que deje que me guiarán. Siento que me hacen agachar y entrar en un lugar y recostar sobre un banco acolchonado boca abajo y me dejan sacar la venda, abro los ojos y estaba dentro de una caja como la que habíamos hablado meses atrás, no me dejaron reaccionar y cerraron lo que sería la «puerta» pusieron un candado y me tiraron la llave dentro. Les pedía que me dejen salir así hablábamos y arreglábamos bien lo que haríamos pero apenas podía moverme, estaba la caja bien justa, me decían que me relaje que no iba a pasar nada malo que ellas me cuidarían.

    Empecé a mirar a mí alrededor y era tal cual la habíamos pensado en esa conversación meses atrás, un agujero a la altura de la boca uno en cada extremo de las manos pero el de atrás era el más grande cubierto con una goma dónde tranquilamente entraba una mano.

    Ya habiendo pasado unos minutos ellas mismas empiezan a probar la «caja del placer» así la llamamos después, se iban turnando entre cada agujero y yo empecé a perder la noción de cual era cual lógicamente las que entraban por detrás ya no podía descubrir cuál de todas eran porque ya lo tenía completamente abierto.

    De las 6 solo acabaron 2 en mí boca como ellas saben que me gusta y el resto iba jugando para no acabar. En un momento se escucha el portero sonar y una de ellas dice «ya empiezan a venir» yo no entendía y en ese momento se acerca a uno de los agujeros la dueña y me dice «vos relaja que te vamos a dar una noche especial no hables más y déjate llevar yo te cuido» no entendía nada, pensaba que había invitado a todas las trans conocidas de ellas pero no fue así.

    Golpean a la puerta y escucho que entran dos hombres se escuchaban las voces y les comentan como iba a ser la dinámica y quitan la sábana de la caja, que antes habían tapado, los hombres se tiene y preguntan que era y quién estaba dentro, a lo que ellas responden que quien estaba dentro no era de importancia. Veía por los agujeros como daban vueltas a la caja analizando de que se trataba y uno al pasar por atrás se detiene en el agujero que daba a mí culo y mete la mano para tocarme el culo y pasaba sus dedos por mis labios anales y le dice al amigo «acá dentro no sé quién está pero tiene un culo para reventar sin problema» se rieron y el otro dice «vamos a ver si no grita cuando sienta la mía» yo dentro de esa caja de placer solo escuchaba y estaba algo nervioso pero confiaba en mis amigas.

    El que estaba detrás de acerca al frente y mete su pija dormida para que se la chupara, lo cual hice y se le paro automáticamente, era médium hasta que la saca y pide permiso para ir detrás, comienza a meterla y sacarla con fuerza descontroladamente y en medio de esa cogida el otro amigo se acerca al frente y mete su pija y cuando veo lo que tenía pude entender su comentario de si me la iba a aguantar, era literalmente más grande que un desodorante de ambientes, se la chupe creo yo por más de 20 minutos como podía a lengüetazos ya que por el grosor no entraba en mí boca sin evitar rasparla con mis dientes, luego de casi media hora chupándola estaba ya completamente erecta y decide meterme la por detrás, el amigo ya había terminado unos minutos antes y este apoya su cabeza en mí ano y de un solo empujón logra meter todo gracias a la leche de su amigo que me lubricaba todo dentro. Lo malo que solo duro unos pocos minutos porque acabo muy rápido, supongo que era por tremendo tamaño que tenía y era difícil mantener la erección.

    Segunda descarga de leche dentro de mí y entre mis amigas ellas también seguían participando en la caja y escucho en un momento cada vez más voces y abrir y cerrar la puerta, iban llegando cada vez más y más invitados, luego al terminar me dirían cuántas personas habían pasado.

    Se escuchaba música voces risas las pijas entraban y salían por todos los agujeros de la cajita del placer, no pasaba ni 10 segundos sin que apareciera una por alguno de los agujeros.

    Ya había perdido la cuenta de cuántas me habían entrado por el culo y cuántas me acabaron en la boca, apenas me dejaban tiempo de tomar un trago de agua para bajar todo el esperma que tenía pegado en mí garganta, era increíble la cantidad de pijas que aparecían de todos tamaños y formas, por suerte la mayoría de muy buen tamaño.

    Era literalmente una orgía, como dije se escuchaba música risas una multitud de gente, algunas me daba cuenta que repetían una vez recuperados y algunos repetían varias veces que al momento de acabar ya casi no acababan nada.

    En un momento escucho un grupo que estaba mirando por el agujero de atrás lo abierto que era mí culo y uno decía «miren lo que es ese agujero, se lo reventamos bien entre todos» y en ese momento mientras decía «miren que dilatación» iba metiendo 4 dedos y sacando, metía y sacaba todos sus dedos hasta que mete el puño, metía y sacaba su puño y se escuchaban gritos de apoyo del grupo que estaba con él y le festejaban lo que me hacía, entonces escucho que se le acerca la dueña y le dice que eso no estaba en lo pactado, como me había dicho me cuidaba, entonces el que estaba metiendo el puño le dice algo que no logré escuchar y ella se acerca al agujero del frente y me dice que le ofreció muy buena plata para sodomizar mí culo pero que ella iba a controlar que no me lastimaran, entonces accedí y confíe en ella, aclaro mí culo tiene una extrema dilatación entra lo que sea pero el problema es si metían algo muy largo ya que más de 23 cm ya por dentro dolía demasiado.

    Le da luz verde al que le había propuesto eso y escucho que dice «a ver muchachos quien quiere tomar cerveza anal?» Pensé que querría meter cerveza dentro de mí y beber de mí culo pero no era lo que pensaba. Y en ese momento siento que empieza a meterme una botella de cerveza por la parte trasera de la misma, me produjo un gran dolor porque lo hizo de un solo empujón pero el frío de la botella me calmó un poco hasta casi quemarme del frío después. Abrieron la botella y se turnaban tomando tragos del pico hasta terminarla por completo, al momento de quitar la botella ya vacía sentí como si me lastimaran ya que por el frío de la botella y el calor de mí ano se había pegado a mis labios anales, eso duro muy poco porque automáticamente siento que me meten una latita pero completamente y me decía mantener adentro y dice «a ver quién quiere una lata de cerveza de la expendedora?» Se acerca uno y golpeando la caja dice «dame una birra» a lo que yo haciendo fuerza expulso la lata de mí interior y se escuchan gritos de festejo, estaban todos borrachos y sacados, vuelven a meterme otra y otra y otra para repetir ese «juego» hasta que meten 2 lo que me dio mucho dolor por dentro y la segunda que estaba bien profundo me costó más expulsar. Luego de un rato la dueña les dice que ya se terminaron los juegos que el servicio era para sexo y la mayoría de ese grupo ya no se les paraba más quizás por las veces que habían acabado o por el alcohol que habían tomado además habían más que quería seguir usando mí culo, se escucharon algunas discusiones que si habían pagado por una experiencia extrema tenían derechos etc. etc., lógicamente ellas eran mujeres muy femeninas con pija pero también habían sido hombres y sabían pelear así que los calmaron enseguida y al rato se fueron.

    La noche siguió lógicamente con mucho sexo y ya no aguantaba más estar tantas horas en una sola posición me estaba acalambrando y ya no sentía nada en mí culo, lo tenía totalmente adormecido y sentía un dolor de estómago de tanto semen que había tragado.

    Escuchaba que cada vez habían menos voces hasta que se terminó esa orgía y al fin pude salir, me ayudaron entre todas ya que estaba casi tieso de tantas horas en la misma situación, me llevaron a la habitación me recostaron y entre todas me masajearon todo el cuerpo con aceite, era muy relajante tener tantas manos masajeándome todo el cuerpo, una me ponía una bolsa con hielo para la hinchazón de mí culo, me dieron masajes por largos minutos que me relajaron por completo.

    Terminamos los masajes y nos pusimos a tomar unos tragos lo cual agradecí porque sentís esperma pegado por todo el largo de mí garganta, en ese momento estando todos en la cama y viendo todas esas lindas gruesas y grandes pijas amigas les digo bueno antes de irme les toca a ustedes y me dicen que no te diste cuenta que nosotras también participamos y ahí me di cuenta porque ninguna estaba erecta algo raro porque siempre al estar desnudas conmigo se les ponía como piedra a todas jeje!!

    Bueno llegaba el momento de irme ya menos dolorido y la dueña me lleva al baño y me dan un sobre con un fajo de billetes, mí parte de lo que había facturado toda la noche, en plata de hoy serían unos 70000 pesos argentinos aproximadamente quizás un poco más y el extra del que me metió la botella que era algo de 15000, le agradecí ya que no pensé que iba a ser paga la noche pensé que solo era por cumplir una fantasía de ellas. Ella seguía desnuda y me dieron ganas de agradecerle con una chupada además de que era una de la que más me gustaba porque la tenía muy grande y venosa, se la chupe un rato y me dio vuelta y ahí de parado me empezó a culear tan fuerte que me sacaba gemidos y yo le pedía más, teníamos mucho piel y confección ano-pija a pesar que era muy larga y me hacía doler adentro al final de mí conducto rectal, y en un momento extiendo mí mano atrás y se la agarró fuerte pero desde la base y dejando sus huevos hacía adelante y ella me bombeaba y sentía esos enormes huevos chocar en la puerta de mí ano así cada vez más fuerte hasta que empecé a acompañar sus movimiento empujando hacia atrás hasta que en un momento en esos choques contra sus huevos al fin entraron en mí interior, algo que estaba buscando ya que lo habíamos hecho otras veces y eso le provocaba a ella una excitación tremenda y no perdía la erección.

    Así abotonados, porque al hacer eso a ella no se le bajaba y los huevos se le ponían duros además que yo hacía fuerza cerrando mí ano y no dejaba que saliera, me empieza a llenar de leche y sentía como palpitaba ese pijón dentro sin perder dureza, salimos del baño así como estábamos caminando y abotonados y vamos al living a tomar algo esperando que se le bajará y poder sacarla.

    Ya era de día y estaba caluroso así que salimos al balcón a tomar un trago, así en bolas y con 27 cm de pija gruesa abotonada dentro, no había mucha gente en la calle ni los edificios vecinos así que no había problemas de miradas indiscretas que igualmente no nos importaba menos a mí porque no era del lugar jaja!!!

    Luego de un rato siento como le estaba palpitando la pija y empiezo a hacerle presión con los músculos internos de mí ano y me dice que se estaba calentando otra vez y ahí sentados en el balcón empiezo a hacer movimientos circulares con su pija dentro y se sentía tanto calor que eso me hacía calentar a mí también, intentaba levantar mí culo pero todavía no salia hasta que hice fuerza como para hacer mí famoso prolapso y logré sacar los huevos y ella intento sacar también su pija pero estaba dominando yo el momento y empecé a subir y bajar violentamente a lo que ella me pedía que parara y yo sin hacer caso subía y bajaba sin control hasta que escucho que está por acabar y ahí me levanto me arrodilló y me la meto lo que puedo en la boca y acaba una gran cantidad de lo que para mí siempre fue la más rica leche de todas las que probé en mí vida por sabor y cantidad, literalmente sin mentir acababa más de un chupito de tequila y a veces mucho más.

    Nos levantamos para entrar y escuchamos aplausos sin darnos cuenta unos vecino habían visto lo que hicimos jaja! Saludamos y entramos.

    Ya vestido e higienizado me despido y me regreso al hotel para descansar por varias horas para seguir esos días de mí estadía cogiendo con ellas pero ya más tranquilo digamos y solo entre los 7 sin más invitados.

    Espero les guste esta experiencia y les aseguro por más increíble que suene fue %100 real, saludos a todos y buen sexo.

  • Forzados por mi ex

    Forzados por mi ex

    Después de salir 3 años con Rebeca. Una mujer de unos 35 años, muy hermosa, con tetas bien firmes y un culo hermoso separada con hijos. Decido terminar con ella, ya que era muy posesiva. Yo tenía 25 años estaba en la universidad. Me encantaba estar con ella. Teníamos muy buen sexo. Pero la atracción hacia una compañera de la Uni de la cual ella siempre estuvo celosa hizo que no termináramos en buenos términos.

    Llevábamos saliendo unos dos meses con Alejandra, mi compañera, 2 años menor que yo. Hermosa con tetas medianas, y un culo firme muy hermoso. Yo vivía solo en un departamento, pasábamos mucho tiempo juntos, el sexo era lo mejor, ella vivía en una pensión por lo que se quedaba a dormir seguido en casa. Tenía la llave del departamento.

    Un día llego a la tardecita a casa, luego de una cursada y encuentro que a Rebeca sentada en el sillón del comedor. Hacía meses que no la veía, estaba en ropa interior con una bata blanca muy sexi. Le pregunto qué hacia acá, quien le había abierto. Ella me contesta que eso no importaba que tenía una sorpresita para mí.

    A lo que le contesto que por favor se vista que podía llegar Alejandra. Ella me contesta.

    Re: Alejandra? La putita que cursa con vos. Así que estas con ella

    Yo: Si hace unos meses que estamos juntos.

    Re: Que bueno, sabes siempre cuando estuvimos juntos me ratoneó mucho la idea de verte con ella, pero obviamente la puta era yo, ella no iba a acceder a hacer un trío juntos. Mira vos, logró que quería al final.

    Yo: Rebeca por favor vete.

    Rebeca se levanta, se acerca a mí y me dice:

    Re: Ven conmigo, tengo un regalo para ti.

    Me toma de la mano y me lleva a la habitación. Abre la puerta y encuentro a Alejandra atada a la punta de la cama desnuda y con la boca tapada. Desesperado me quiero acercar y Rebeca me detiene.

    Re: Espera, no tan rápido. Esta es la sorpresita que tenía preparada, Tuvimos una larga charla con tu novia. Como veras no nos pusimos de acuerdo, sino te esperábamos en otras condiciones. Así que te propongo que te relajes y hagas lo que te pido. Sino Alejandra la iba a pasar muy mal. Si todo va bien vamos a pasar una noche de sexo espectacular.

    Yo entre la sorpresa de encontrar a mi ex semi desnuda en el comedor, y luego a mi novia desnuda y atada en la cama. Ya me estaba enloqueciendo.

    Re: Quítate la ropa, y pégate una ducha. Nosotras te esperaremos acá.

    Me saco la ropa y me dirijo al baño.

    Mientras me ducho, no paro de pensar en la situación que me espera. Me daba mucho morbo. Pero pensaba que Alejandra, que era muy distinta a Rebeca.

    Salgo de la ducha y escucho la voz de Alejandra, suplicando que nos deje en paz.

    Entro a la habitación y encuentro a Rebeca desnuda junto a Alejandra en la cama. Rebeca tiene en su mano un cuchillo posado en el vientre de Ale que está muy asustada.

    Re: Ven aquí junto a nosotras, si hacen lo que yo les digo la pasaremos muy bien y no sabrán más nada de mí.

    Me acuesto en medio de ellas. Rebeca deja el cuchillo a un lado se sube arriba mío y comienza a besarme. Yo trato de negarme, pero ella me dice al oído que si no cedía, lastimaría a Alejandra. No me deja muchas opciones. Tomo de la mano a Ale y le doy un beso profundo.

    Rebeca se separa y me pide que bese a mi novia un momento que no para de llorar a nuestro lado. Yo lo hago y Rebeca nos separa besando ella también a Alejandra. Estamos así un momento.

    Rebeca nos pide que nos pongamos de rodillas unos frente al otro y que no nos toquemos. Se posa detrás de Ale y acaricia sus senos con una mano mientras con la otra mete su mano entre sus piernas masturbándola fuertemente. Ale por la humillación llora, pero comienza a gozar de a poco. Rebeca le pide que se ponga en cuatro patas y que me chupe bien la pija mientras ella la haría gozar como nadie. Ale se inclina tomando mi pene y comienza a chuparlo.

    Rebeca me mira y se pone detrás de Ale, toma su culo con las dos manos y separa sus nalgas.

    Rebeca: que hermoso culo tiene tu chica. ¿Se lo has roto alguna vez?

    Nunca me había dejado. Pero conociendo las intenciones de Rebeca le digo que si con la cabeza. Alejandra me mira guiñándome un ojo. La mamada que me está pegando me está encantando.

    Rebeca: Mmm que lindo. Voy a disfrutar de esto.

    Comienza a pasar su lengua primero por el ano y lentamente se dirige a la vagina. Introduce un dedo suavemente en su cuito ensalivado y luego dos. Mientras con la otra mano masturba su vagina. Alejandra suelta mi pene un momento y pide por favor que saque sus dedos que le duele mucho.

    Rebeca no hace caso y toma del pelo a Alejandra diciéndole que siga con su tarea. Pasaron uno minutos. Ella termina con Alejandra y se acerca a mi por detrás.

    Rebeca: Ahora quiero que le rompas el culito frente a mi.

    Yo me pongo detrás de Alejandra y comienzo a tocar su oficio que ya está dilatado por el trabajo realizado por Rebeca. Mientras esta besa apasionadamente a Alejandra.

    Rebeca: Ahora me voy a abrir de piernas y te vas a comer mi vagina mientras tu novio te rompe el culito.

    Alejandra: No por favor el culo no, me va a doler.

    Rebeca la cachetea, se abra de piernas frente a ella, le toma la cabeza y la obliga a chupar.

    Rebeca: Comienza tu tarea.

    Yo me dispongo a introducir mi pene suavemente. Hasta que siento que cede y comienzo a bombear. Miro la escena lésbica que me están dando y no puedo evitar calentarme. Alejandra llora y grita de dolor mientras cómo puede chupa la concha de Rebeca que goza como una perra en celo. Pasados unos minutos yo acabo dentro del culo de Alejandra y Rebeca suelta la cabeza de mi chica.

    Rebeca toma la cabeza de Alejandra.

    Rebeca: Y te gusto putita. Ahora te vas a sentar en el sillón mientras yo me monto a tu novio.

    Yo: Por favor déjanos en paz. Ya es demasiado.

    Alejandra llorando se va al sillón. Y Rebeca me pide que me acueste.

    Comienza a chuparme la pija con una maestría increíble, yo no puedo evitar que se me pare nuevamente. Rebeca se sienta mirando de frente a Alejandra y comienza cabalgar mi pene. Le pide a Alejandra que se masturbe frente a ella. Está llorando se acaricia y finge gozar frente a ella para que no nos lastime. Yo frente a esto no tardo mucho en acabar junto a Rebeca. Siento una explosión de jugos en mis piernas.

    Rebeca se da vuelta, me besa y me dice que gracias. Que ya nos volveremos a ver. Se acerca a Alejandra, la besa en la mejilla y se retira.

    Rebeca: Conozco la salida.

    Ale me mira llorando, se retira al baño a pegarse una ducha. Yo la sigo. Nos bañamos juntos, no podíamos creer lo que nos había pasado.

  • Sexo en un parque

    Sexo en un parque

    Estábamos ahí, ella (de 18 años) y yo (de 27), sentados en el banco de un parque, solitario y oscuro a esa hora de la noche. Era la primera vez que nos veíamos en persona, pero ya todo estaba hablado, ya todo estaba planeado con antelación.

    Hacía una semana o menos que le había mandado la solicitud de amistad en Facebook, me la aceptó aquel mismo día y conectamos de inmediato. Nos gustamos. Yo le daba «Me encanta» a sus fotos y por imbox le escribía mensajitos picantes en los que le mandaba fotos de mi pene y ella me seguía el juego enviándome fotos suyas de los senos y la vulva.

    Bajé la corredera de mi pantalón y con dificultad me saqué la mondá; de lo excitado que estaba la tenía a reventar. Ella llevaba una faldita corta de jean, como habíamos acordado. La senté en mi regazo, se apartó la tanga con los dedos y susurró un «Ay, qué rico» cuando me agarró la cabeza del pene y la introdujo en su vagina. La tenía estrecha, muy cálida y jugosa.

    La sujeté por la cintura y comenzó a menearse sin que las personas que a veces pasaban frente a nosotros lo notaran, aunque muchas, curiosas, metieron el ojo y después se giraban tratando de ver lo que no habían visto. Hubo un momento en que no circuló nadie por el parque, y ella empezó a saltar rápido sobre mi verga. Le puse las manos en los hombros para presionar hacia abajo y clavarla más fuerte, cuando de pronto pasó alguien.

    Era un tipo, se detuvo a mirar. Pero nosotros no paramos sino que aumentamos el ritmo. El que nos estuviera mirando me puso más cachondo, y supongo que a ella también. Disparó en mí un éxtasis de placer que nunca antes había experimentado. Entonces, en pleno orgasmo, el tipo se dirigió hacia donde estábamos. Nos quedamos como petrificados.

    -Hola -dijo el tipo, y, sacando su picha erecta, le dijo a ella-: ¿Me la puedes chupar?

    -No está ni tibio -dijo ella-. Vaya y hágase la paja. O busque una puta.

    Como si no hubiese oído, con una mano trató de acercar la cabeza de ella a su pene. Empujamos al tipo y nos fuimos corriendo de ahí. Más adelante, volteamos atrás para ver si nos seguía, pero no vimos a nadie.

    Mientras salíamos del parque ella, muerta de risa, hablaba del suceso, contando cómo tenía la verga el tipo, que estaba torcida y demás. Yo hubiese querido que se la chupara.

  • ¡Me corro en tu polla, hermanito!

    ¡Me corro en tu polla, hermanito!

    Carolo estaba arrodillado al lado de un regato cogiendo agua con las manos. Cuando tenía las palmas ahuecadas llenas de ella se metió una rana entre sus manos y se quedó mirándolo.  Se sentó sobre la hierba y mientras el agua se le escurría entre los dedos, le dijo:

    -¡¿Qué miras?!

    La rana siguió mirando para él y soltó un «croa». Lo curioso es que tanto ella podía saltar de entre sus manos cómo él abrirlas y dejarla caer, pero ni la rana tenía ganas de volver al regato ni él de que se fuera. Esos días andaba leyendo un libro que trataba de la reencarnación y le vino a la mente que podía ser alguna persona que muriera y que conocía. Lo quitó de sus pensamientos su hermana Cristina, una chavala, de estatura mediana, delgada, morena de ojos color avellana y que era tan guapa cómo seria, no sonreía ni viendo una película de Jerry Lewis. Era una copia de Miércoles Addams, era delgada cómo ella, tenía coletas cómo ella, se comportaba como ella y vestía como ella, aunque era mayor que ella.

    -¿Con quién hablas, Carolo? -le preguntó – ¿Qué tienes ahí?

    -Eso quisiera saber.

    Se acercó a él, miró entre sus manos y vio la rana.

    -¡Aprieta y mátala!

    La rana parecía que la entendiera, ya que saltó de sus manos y se perdió en el agua.

    -¿Crees en la reencarnación, Cris?

    -Yo no creo más que en mi misma.

    -A mí me apasiona el tema.

    -A cada persona le apasiona algo, a mí me apasionan los vampiros.

    -Eso de vestir de siniestra, te volvió rara.

    -Soy gótica y soy atravesada.

    -¿Y a dónde vas, atravesada?

    -A destruir nidos de pájaros.

    -Lo dicho, te volviste rara de cojones.

    -¿Cómo de rara me ves?

    -Más rara que cagar de noche.

    -Ya salió el cerdo. ¿Por qué no estás jugando al fútbol con tus amigos?

    -No me apetecía, rara.

    -Te apetecía jugar con ranas. ¿Quién es el raro?

    -No estaba jugando con ranas, payasa.

    -Lo pillan e insulta. ¿Le ibas a dar un beso para ver si era una princesa encantada?

    -¡Cómo no te vayas te lo voy a dar a ti a ver si debajo de esa máscara de dura sigue la hermana que desvirgué!

    Se cachondeó de él.

    -¡Qué miedo me das, Barrabás! Te comería la nariz de un mordisco, y lo sabes.

    -Capaz serías.

    Carolo sacó del bolsillo una cajetilla de Pall Mall, y de la cajetilla un pitillo. Lo encendió, le echó una calada, Cristina le dijo:

    -Me encanta el olor del humo del tabaco rubio y aún más oler el cigarrillo, huele a muerto.

    -¡Das yuyu, carallo!

    Le puso un pie en un hombro y le dijo:

    -Retira eso o meo por ti.

    Miró para arriba y vio sus bragas negras, vio los pelos que salían por los lados y le dijo:

    -O compras braga o vendes pelos.

    -¡Mira que meo!

    -¡Cobarde! No tienes coño.

    Cristina levantó la falda, Carolo salió de debajo de ella a cuatro patas y cagando hostias. A unos metros se levantó, y le dijo:

    -¡Ibas a mear por m! ¡¡Eres una condenada puta!!!

    -Sí, soy una puta, pero de cobarde no tengo nada.

    Cogió el pitillo que había tirado su hermano, le echó una calada y le dijo:

    -Me gustó más el que estaba mojado con los jugos del coño de tu amiguita.

    -Rosita no es cómo tú.

    -Es peor.

    -¡Estás enferma!

    -Me enfermó ella.

    Carolo se cabreó.

    -¡Deja a Rosita en paz!

    -¿Sabías que le van las pollas y los coños?

    Estaba por joderlo y no se lo iba a consentir.

    -Y que meen por ella.

    -Se ve que ya measte por ella.

    -¡Vete a la mierda, payasa!

    -Esa es otra, la mierda. A tu angelito le gusta comerle el culo a otra mujer, tanto o más que comerle el coño

    -A Rosita no le van las mujeres, cabrona.

    -¡Joder si le van! Le van más que los pasteles, y cabrón eres tú, te mete más cuernos que olas hay en el mar.

    -¡Estás loca!

    -Loca está ella, loca por los coños. La muy puta me sedujo.

    -Sí, te dijo lo agradable que eres, lo…

    -No, metió la boquilla de un pitillo encendido en el coño y me dijo si quería aprender a hacer una paja.

    -Ya, y te aprendió, claro.

    -No, le aprendí yo a ella a hacerla, ya que no tenía ni puta idea.

    La puñetera curiosidad le hizo decir:

    -Y se corrió, claro

    -¡Oh, sí! Se corrió y después me comió el culo y el coño, este culo y este coño.

    Se dio la vuelta, levantó el vestido, bajó las bragas y le enseñó el coño a su hermano.

    -Pongas cómo te pongas no voy a volver a follar contigo.

    -No quiero follar contigo. Eres tú el que echa de menos follar conmigo. Tiene más morbo follar con una hermana que con cualquier otra chica.

    -Hablas por ti. Vives en tu mundo y no te enteras de nada.

    Se acercó a él y le echó la mano a la polla.

    -¿Y si no quieres follar conmigo por qué estás empalmado, hermanito?

    -¿Por qué me calentaste con tus mentiras?

    -No te mentí. ¿Cómo sabría yo que lo mismo que me hizo a mí para seducirme te lo hizo a ti en la casa arruinada? Sí, lo de meter el pitillo encendido en el coño, por la boquilla, claro.

    Carolo se encendió.

    -No hay mujer buena, carallo.

    -Ni hombre bueno. Gozan hasta poniéndole el culo a arder a una mujer.

    -A ti bien que te gustaba cuando te azotaba el culo.

    Cristina levantándose, le dijo:

    -Me gusta más cuando me da Rosita.

    Al volver a hablarle de Rosita la maldita curiosidad lo asaltó de nuevo.

    -¿Te corriste con ella?

    Echando a andar, le dijo:

    -Nos corrimos, Carolo, nos corrimos.

    -¿A dónde vas?

    -¿Al monte de las mimosas a destruir nidos?

    Unos minutos después se encontraba en el bosque de las mimosas, un bosque tupido que tendría cincuenta o sesenta metros de largo por sesenta o sesenta de ancho. Era un lugar idílico. Olía de maravilla y se sentía trinar a toda clase de pájaros. Al verlo, Cristina le dijo:

    -Sabía que vendrías. Dame un pitillo.

    Se lo dio y le peguntó:

    -¿Cuéntame cómo lo hicisteis?

    -Te va el morbo. Dame fuego.

    Le dio fuego, Cristina echó el humo al pecho, tosió, y dijo:

    -¡Coño! Me va a dar un jamamacuco.

    No le dio. Siguió fumando. Carolo le preguntó:

    -¿Cómo fue?

    -Te lo cuento si la dejas.

    -Trato hecho.

    Se sentó y su hermano se sentó a su lado.

    -Fue todo muy raro. Después de desnudarnos me eché boca arriba sobre su cama con los pies colgando y ofreciéndole el coño. Se dio vuelta y me dijo:

    -«Acaricia mis cachas con las plantas tus pies.»

    Acaricié sus blancas y redondas nalgas, una con cada pie. Ella se miraba al espejo del armario y acariciaba sus tetas, luego se dio la vuelta.

    -«Ahora méteme pie en las tetas».

    Puse las manos en la nuca y acaricié su vientre y después froté las plantas de mis pies con sus tetas.

    -«Fóllame el coño con el dedo gordo.»

    Al pasar mi dedo por su coño noté su humedad, se agachó un poco y metió la punta de mi dedo en su coño, yo a estas alturas ya estaba muy mojada, y más que me iba a poner cuando me cogió el pie y chupó el dedo gordo mojado con sus flujos. Luego bajó besando y lamiendo mi pierna hasta llegar al coño. Se arrodilló, metió su cabeza entre mis piernas, me cogió las tetas con sus suaves manos y las magreó muy lentamente, y muy lentamente lamió mi coño apretando la lengua contra él. La muy puta al llegar al clítoris lamía hacia los lados y alrededor y volvía a empezar. Me estaba torturando con dulzura, con suavidad, era una tortura deliciosa que me hacía gemir y acariciar su cabello… La cosa acabó de manera espectacular. De mi coño salió un chorro de jugos, de esos que tanto te gustaban e impactó contra su lengua. Lamió cómo una perrita y aprovechó hasta la última gota. Al acabar de correrme quedé sin fuerzas, quedé cómo muerta. Se echó a mi lado y me dio un pico en los labios, luego me besó introduciendo su lengua en mi boca, despacito. Cuando su lengua se encontró con la mía la levantó y me la chupó con tanta delicadeza que mi coño empezó a latir de nuevo. Sentí dos de sus dedos entrar en mi coño…. Al rato comencé a comerle la boca yo a ella, pero no lentamente, con lujuria, y después le metí dos dedos en el coño. Nos masturbamos y poco más tarde me corría otra vez. Dejó que acabara de correrme. Me puso el culo en la boca, abrió las nalgas con las dos manos y me dijo:

    -«Lame»

    Le lamí el ojete y también se lo follé con la punta de la lengua. Después me puso el coño en a boca y comenzó a frotarlo contra mi lengua al tiempo que con tres dedos frotaba el clítoris. Poco después agarraba la almohada, le metía un bocado y jadeando descargo en mi boca una inmensa corrida.

    La historia era cierta y se la puso dura, y digo que era cierta porque lo de los pies y lo de poner el culo y el coño en la boca también se lo había hecho Rosita a él. Se echó encima de ella y le dijo:

    -¡Te voy a comer viva!

    Empujando su pecho con fuerza y poniendo cara de enfadada, le dijo:

    -¡Quita!

    La besó, pero Cristina no aflojaba.

    -Suéltame o te arranco los huevos.

    -Arranca, son tuyos.

    -¡No lo digas dos veces!

    La besó, de aquella manera, ya que escapaba con la boca, y después le dijo:

    -Coge mi polla, Cris.

    -No quiero.

    Cogió su mano derecha y se la llevé a la polla empalmada.

    -Acaríciala.

    -La acaricio, pero después jugamos,

    -¿Qué querrás hacer esta vez?

    -Demostrar algo jugando.

    -Vale, acaricia mi polla.

    -¿Vas a ser solo mío?

    -Sí.

    -¿Rosita te la mamaba?

    -Sí.

    -¿Quién es más guapa, ella o yo?

    -Tú.

    -¿Quién la mama mejor?

    -Tú.

    Carolo sacó la polla. Cristina la cogió, le lamió el capullo, se la mamó, y entre mamadas le preguntó:

    -¿Me echaste de menos, Carolo?

    -Sí.

    La cogió por los pelos y le sacó la polla de la boca, luego se la deslizó sobre los labios. Al abrir la boca se la folló moviendo el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Cristina volvió a coger la polla con su mano derecha para evitar que se la metiera muy adentro. Con la otra mano cogía los huevos de su hermano y los acariciaba. Al rato se corrió y le llenó la boca de leche.

    Al acabar de correrse, le dijo:

    -Tengo empapadas las bragas.

    -Ya no será para tanto.

    -Te digo que sí, siento cómo me sale los jugos del coño

    -Quítalas.

    Se quitó las bragas negras y se las enseñó. Estaban perdidas de Jugos.

    -¿Están empapadas o no?

    Carolo le levantó el vestido puso su cabeza entre sus piernas, y le lamió el coño peludo. Cristina le dijo:

    -Come, hermanito, come.

    La punta de la lengua de Carolo lamió sus labios muy lentamente y luego rozó su clítoris. Le levantó el culo y le lamió el ojete. Cristina se abrió de piernas. Sus labios rosados se habían hinchado. Vio su vagina. Metió y sacó la lengua en ella, después lamió el ojete y el periné, y luego metió y sacó la punta de su lengua de su ojete, lo hizo varias veces. Después lamió su coño y se centró en el meato. Al ratito se puso tensa y del meato salió un chorro de orina que impactó en su lengua, después la posó sobre su clítoris y lo lamió de abajo a arriba cada vez más rápido… Cristina cerró las piernas atrapando la cabeza de su hermano entre ellas. Comenzó a soplar cómo si estuviera pariendo, y en realidad lo estaba, estaba pariendo un tremendo orgasmo, una inmensa corrida, un viaje al cielo. Fue tanto el gusto que sintió que se desmayó y no hubo mujer durante un par de minutos. Cuando volvió en sí, sonriendo, le preguntó:

    -Me gustó mucho. Ahora toca jugar.

    -Ahora no vas a jugar, ahora te voy a follar el coño hasta que eches por fuera otra vez.

    Cristina empezó con el juego sin que su hermano lo supiese.

    -No, no me vas a follar el coño, me vas a follar el culo.

    ¡¿Qué?!

    -Qué quiero que me des por culo.

    -¡Qué bruta!

    -Desnúdate, maricón.

    Carolo se ofendió.

    -¡Maricón el Venancio! Yo…

    -No me rechistes o me voy.

    Carolo se desnudó. Cristina vio su polla empalmada.

    -¿Tu polla nunca se metió en ningún culo?

    -Ni se va a meter.

    Cristina iba a piñón fijo.

    -¡Quiero que me comas el culo, maricón!

    -No soy un maricón.

    -¡Qué no me rechistes, coño! Tú eres maricón porque lo digo yo.

    -¿Y qué más?

    -Y acabarás por reconocerlo.

    -Espera sentada.

    -Mejor espero a cuatro patas.

    Se dio la vuelta, se puso a cuatro patas, y le dijo:

    -Come el culo si quieres meter en mi coño.

    Carolo le lamió las nalgas.

    -¡El ojete, maricón!

    Le abrió las nalgas y le lamió el ojete.

    -Fóllamelo con la lengua.

    Mientras le lamía y le follaba el ojete con la lengua Cristina quitó la blusa y el sujetador y sus gordas tetas con areolas casi negras y gordos pezones quedaron al aire.

    -Levántate y mama mis tetas.

    Carolo no se las mamó, se las chupó, se las magreó, se las mamó…, se las devoró. Carola ya estaba otra vez más que cachonda, y mucho más que se iba a poner… Su coño ya goteaba cuando se agachó detrás de su hermano y jugó con su lengua en el ojete. Jugando le dijo:

    -Reconoce que eres maricón.

    -No, no soy, me gustan las mujeres, los culos son para los hombres.

    Cristina siguió con el juego. Se volvió a dar la vuelta, y le dijo:

    -Puedes follarme por donde quieras, des por donde me des, me voy a correr. Si me la metes en el coño eres un machote, si me la metes en el culo reconoces que eres maricón.

    Carolo se la clavó en el coño le agarró las tetas y la folló a romper. Al ratito le dijo Cristina:

    -¡Me corro en tu polla, hermanito!

    Cristina se corrió cómo una perra. Jadeando y temblando le bañó la polla con su corrida.

    Al acabar de correrse Cristina, Carolo sacó la polla pringada de jugos de su coño, se la metió en el culo y antes de que llegara al fondo se corrió diciendo:

    -¡Qué mariconazo soy!

    Cristina sintiendo la leche calentita dentro de su culo, sonrió y dijo:

    -Gané.

    Quique.