Autor: admin

  • Comprando un coche (Parte 2)

    Comprando un coche (Parte 2)

    A pesar de darnos los teléfonos y eso, después de nuestro primer encuentro Oscar no dio señales de vida.  Para mí fue una putada, solo pensaba en lo ridículo de la situación, toda una vida de hetero y ahí estaba colgado de un niñato que pasaba de mí y ni los mensajes de Whatsapp leía. De repente pensaba que al final había sido solo una estrategia de ventas que le salió mal, pero era un pensamiento ridículo. Tenía sueños húmedos y andaba todo el día empalmado pensando en aquel efebo rubio que la chupaba tan bien y que tenía aquel enorme pollón que deseaba con todas mis fuerzas probar con mi boca.

    Un día de repente llamó él, pero solo para darme los papeles del coche. Al final, y a base de decirle que no me podía pasar a ninguna hora en la que el taller estuviese abierto decidió esperarme el viernes sobre las 14:15 o así. No trabajaban los viernes por la tarde y a esa hora no habría nadie, pensé para mí. Él accedió en seguida, por fin se mostraba suave y accedía a quedar, pensé.

    Al llegar el viernes yo iba muy contento. Él estaba nervioso, huraño, mantuvo las distancias en todo momento. Me indicó que los papeles estaban en la oficina y que tenía que firmarlos. Me indicó el camino de la oficina y aunque iba delante no hacía más que mirar de reojo. En la oficina se puso a buscar en un cajón lleno de papeles iguales, todos sujetos con un clip y ordenados. Serían todos los cambios de nombre. Me fijé en que llevaba el mismo mono, la cremallera estaba bajada hasta el principio del abdomen, se le veían todos los pectorales. Intenté ladear la cabeza para ver si podía ver su polla colgando, había un hueco enorme entre su blanca piel del abdomen y la tela del mono que caía por su peso, pero estaba oscuro y no pude ver nada. Por fin los encontró y me indicó dónde tenía que firmar. Me dio los míos y añadió:

    —Bueno pues con esto está todo, gracias por la compra, espero que lo disfrutes —su tono sonó seco y distante.

    —Esto, yo, Oscar… a ver…

    —No voy a darte los 200 € —me cortó el tajante.

    —Olvídate del dinero, joder, yo pensé…

    —¡Me violaste! ¿Vale? ¡Me violaste! Me has destrozado la vida y no quiero verte. Solo he accedido a verte para ver si me pedías el dinero y podía así romperte la cara.

    —Oscar, yo no te violé, joder… eso no…

    —Me has jodido la vida.

    —Tú a mí también, no como, no duermo, ando empalmado todo el día, me hago pajas como un quinceañero y para colmo el puto criajo del que me he colgado no me contesta ni al whatsapp… bueno peor, me quiere partir la cara y solo dice que le he destrozado la vida.

    —Llame a mi novia por tu nombre…

    —¿Qué?

    —Que llame a mi novia por tu nombre, ¡joder! Por la noche quedé con ella y mientras me la chupaba, cuando estaba a punto de irme la llamé por tu nombre.

    Casi me da por reír, pero no era el momento. Realmente, solo había que mirarlo para ver que lo estaba pasando mal. Aquello era importante, me puse en su pellejo y no me gustó lo que vi. Si yo con cuarenta y pico lo estaba pasando mal, él, tan joven, lo estaría pasando fatal de verdad. Los jóvenes lo magnifican todo. No sabía realmente que hacer, y lo único que quería era tocarlo y sentirlo cercano, no como ahora que me rechazaba.

    —Oscar… yo…

    —Tú qué? ¡Marica de mierda!

    Acto seguido hizo un ademan con la mano y se apoyó en la mesa, cerca de mí. Me levanté de la silla y acercándome a él le pregunté: —¿te puedo abrazar? Por favor.

    Contestó un sí con morritos y nos fundimos en un gran abrazo. No sé el rato que estuvimos abrazados, no quería que terminase nunca. De repente él empezó a darme besitos en el cuello y en la oreja. No le dije nada, le dejé hacer durante bastante rato. Después fui bajando mis manos hasta cogerle su pequeño y duro culo con mis dos manos. Una vez lo tuve así cogido lo acerqué contra mi cadera y nuestros bultos se rozaron, a lo que se le escapó un quedo gemido en mi oreja que, me hizo babear de placer.

    Sin pensarlo mucho le bajé la cremallera y me senté en la silla, para ver de cerca como su enorme polla salía del encierro de su mono. Como siempre no llevaba calzoncillos y eso facilitaba mucho las cosas. Su polla salió impetuosa como los toros salen de toriles a la plaza. Se la cogí con una mano y empecé a besarla y a intentar que me cupiese la mayor parte en mi boca. Él mientras se quitó el mono por los hombros y cayó hasta sus tobillos, y allí se lo quitó rápido del todo, botas de trabajo y todo. Se cogió la polla con una de sus manos y empezó a jugar con mi boca, me la metía me la sacaba, me la arrastraba por la barba o la separaba para que yo sacase la lengua. También me ponía los huevos a tiro. Yo me comía todo lo que él me pusiese cerca.

    Como tenía las manos desocupadas le volvía a coger el culo. Esta vez sin telas. Se lo masajeé y amasé a conciencia. Luego con mis dos dedos índices, uno de cada lado empecé a jugar con su agujerito. Aquello le gustó mucho, gemía y me dejaba chuparle la polla a conciencia. Cogí saliva con los dedos de mi mano derecha y le unté bien el ojete, luego empecé a introducir mi dedo anular y después de darle unas cuantas chupadas más a mi dedo índice también entraron los dos. Aquello lo hizo enloquecer, tanto que empezó a pajearse olvidándose de mi boca.

    Con la mano izquierda le empuje por el abdomen, indicándole que se tumbara en la mesa. Le abrí las piernas y empecé a comerme ese pequeño y delicioso agujerito. Cuando estuvo húmedo y dilatado empecé a follarme su ojete con mi lengua. Aquello lo enloqueció. Su mano iba arriba y abajo por su polla. Noté que su ojete se ponía tenso y que él jadeaba mucho y rápidamente me levanté e introduje todo lo que pude de su polla en mi boca. Acto seguido explotó allí dentro como si fuera magma hirviendo, litros y litros de leche. No pude con todo, me choreaba por la barbilla y también tenía en las manos. Oscar se incorporó solícito y me lamió toda su leche.

    Cuando hubo acabado se volvió a recostar sobre la mesa, abriendo enormemente las piernas. Me miraba con lujuria con sus alegres ojos inyectados de deseo, mientras se revolvía el pelo con las manos y se llevaba sus dedos a su boca que chupada con deleite. Así tumbado abrió las piernas ofreciéndome sin condiciones su pequeño y rosado agujerito que me llamaba a gritos.

    Me desnudé rápidamente. Mi polla estaba dura dura, toda impregnada de precum. Estaba tan excitado que había sido solo casualidad no haber explotado dentro de los pantalones. Me acerqué a él y abrió más las piernas. Restregué el líquido de mi polla contra su agujerito y él jadeó con más ganas. Aquello iba a costar, a simple vista era como meter un pepino por el ojo de una aguja, ya sabes que no cabe. Pero una vez lo situé en la entrada y empecé a empujar, poco a poco su culo se abrió y engulló toda mi polla.

    Oscar gritó y se mordió la mano para aguantar el dolor. Pero me decía que la metiera toda y eso hice. Una vez dentro del todo paré para ver como estaba. Con cuidado de que no se saliera me incliné sobre él y lo besé en los labios. Húmedo y cálido, sabroso, su boca era siempre tan deliciosa. Después de un tiempo, Oscar empezó a mover su cadera y yo me aparté de él para poder follármelo a conciencia. Una vez dilatado, aquel culo suyo comía polla como un bulímico los pasteles. Dentro y fuera, dentro y fuera. Cada vez más bestia y cada vez más rápido y Oscar solo decía “más, más, dame más”.

    Se le volvió a poner dura y empezó a pajearse. Intenté tocarle aquella polla otra vez, pero perdía el ritmo. Él se sonrió y me indicó que parase. Siguiendo sus indicaciones me senté en la silla y él de cara a mí se sentó en mi polla, con lo que su enorme miembro quedaba entre los dos. Él empezó a cabalgar sobre mi polla a su propio ritmo y yo por mi parte me ocupaba de la suya, la masajeaba, le tocaba los huevos, la pajeaba con las dos manos, arriba y abajo, suave o fuerte, lento o rápido… daba igual el agujero de su glande me tenía hipnotizado. Tanto es así que de repente sin darme cuenta empezó a escupir lefados de sabrosa leche. Me excitó tanto verme cubierto de leche que me corrí de forma salvaje dentro de su culo. Aquello lo hizo gritar de placer mientras su polla seguía escupiendo.

    Se levantó y se sentó de lado encima de mí. Nos estuvimos besando hasta que se me durmieron las piernas. Su olor, la sensación húmeda que chorreaba de su culo sobre mis piernas, su boca siempre solícita y esa lengua suya tan juguetona me tenía embriagado. Después de eso me llevó a las duchas del taller. El agua caliente y que a él de casualidad se le callera el jabón, hizo inevitable que lo empotrase allí mismo. Luego lo acompañé a su casa, pero me perdí y acabamos en la mía, donde me comí su polla para cenar y repetí toda la noche. Pasamos muchos años así, incluso hoy nuestros caminos se vuelven a encontrar de vez en cuando y la llama del deseo se enciende rápido en los dos.

  • Aniversario en un bar

    Aniversario en un bar

    Hola somos una pareja joven de 30 años.

    Ese día nos fumamos un porro, mi esposo y yo queríamos celebrar nuestro aniversario, un poco de música, algunas cervezas frías y mucha afinidad.

    Llevaba una falda con medias negras y liguero, el toque sutil de las braguitas de seda blancas, me gusta que se marque los labios de mi vagina, cubriendo solo una pequeña parte de ella. Si alzabas la falda se dejaba ver el tatuaje que llevaba con orgullo en mi entrepierna, una blusa transparente donde se podían ver los pezones, son gruesos y grandes, con el frío más, mis tatuajes, mi torso, espalda, en medio de mis tetas estaban unos lunares que a mi esposo le enloquecían. Cabello suelto y nada de maquillaje, así me veía esa noche.

    Él se reía, jugaba con mi boca, me tomaba fotos, un jean ajustado y camiseta azul, una candonga en su oreja, tatuajes y brazos marcados, su pene sobresalía entre su bóxer y su pantalón, pura poesía.

    Caminamos en búsqueda de un bar, donde pudiéramos hablar, reír, o jugar…

    Llegamos a «Marco Polo» un barcito de buena música, con un balcón medio oscuro, donde puedes ver la ciudad, ahí solo hay dos mesas y unas cuantas sillas, unas velas y un olor a sudor que te excita.

    Sonaba una de reggaetón cuando entramos, eran las 9 de la noche y hacía frío en las calles, soplaba el viento y el hielo se metía entre mi falda y las medias, un roce con mi pecho y mis pezones se ponían firmes, mi boca temblaba y mi cabello se alocaba un poco.

    El, me tomaba de la mano, están calientes como su pene, lo sabía por su mirada, es sutil, sensual, fría, penetrante, así mira cuando tiene ganas de follar, y ese día, lo quería, deseaba mi cuerpo, me lo había dicho mientras me vestía, y con sus ojos recorría cada pliegue, lunar, curva, como si estuviera haciendo fotografías mentales.

    Reíamos por todo, los placenteros efectos del porro, nos hicimos en el balcón, en la mesa de la esquina, la más alejada de todo, perfecta para nuestra celebración, silenciosa, con vista a la ciudad, oscura, romántica, sencilla, como nosotros y nuestras ganas de tocarnos.

    Pedimos un par de cervezas frías y brindamos apoyando la jarra en la mesa, para que no falte el sexo.

    Sentía cosquillas en mi vagina, quería sus dedos, su lengua sobre mí, me sentía excitada… otro delicioso efecto del porro y de mi perfecta compañía.

    Me acerqué un poco a él, rocé su pierna con mi mano, subí un poco su camiseta, metí mi mano para tocar su espalda, lo arañé despacio y lo besé, duramos segundos, hasta que su lengua cambio el ritmo, me lamió y se deslizó al cuello, me beso tan suavemente que sentía sus latidos dentro de mí.

    Metió su mano entre mis piernas, sus dedos fríos buscaban afanadamente bajar las medias y encontrar las bragas… suspiraba, gemía en silencio, le ayudé un poco sentándome en la mesa para que tuviera más libertad, mis medias llegaron hasta las rodillas, sus dedos hasta el fondo de mi vagina. Me miraba, ansioso, alegre, morboso, era el rincón perfecto.

    Mirábamos alrededor para percatamos que no había mucha gente… pero igual así nos gustaba sentíamos las cosquillas en el pecho de adrenalina pues nunca habíamos hecho algo así…

    Me senté más cerca, abrí las piernas, baje el cierre de a poco y empecé a sobar muy suavemente, ya estaba muy duro y yo me empezaba a mojar de a poco después de 3 o 4 cervezas más uno o dos porros ya estábamos para la acción.

    Me llevó a un lado de la mesa cerca de los baños no había modo que nos vieran ahí.

    Nos pusimos de pie, me agarró del pelo, sutil tirón hacia atrás, su otra mano en mi cuello, me ahogaba, me encantaba, mis manos agarraban su pene, me dio la vuelta, mis nalgas frías rozaban su entrepierna, me tiro hacia adelante, y le dije que quería un poco por detrás… aunque ya la habíamos hecho por este lado varias veces ese día quería mucho que me diera, mi ano estaba ya palpitando y me metió sus e los dedos con un poco de saliva… me dolió al principio luego entre todo en mi cabeza y la adrenalina solo seguimos, me metió su pene y me daba duro, lo escucha gemir, llamarme puta, se le despertó el lado guarro y yo más me enloquecía… yo le decía: mas, mas, me convertí en un perra en ese momento le decía… duro duro… se vino, chorreo todo mi culo, mis bragas, su pantalón, me temblaban las piernas.

    No quería parar, no podía aguantar más, estaba feliz.

    Feliz aniversario amor mío. Fue muy bonito y con un poco de adrenalina…

  • Rapidín con la cuñada de mi amigo

    Rapidín con la cuñada de mi amigo

    Estaba en un tono por el cumpleaños de un amigo de mi promoción de la universidad, me había reunido con mis patas luego de casi un año de haber terminado la Universidad y la estábamos pasando chévere. Uno de mis patas había llevado a su flaca y a la hermana menor de ella, la chibola tenía 19 años, era alta me llegaba por encima del hombro, blanca, guapa aunque muy maquillada, tenía un cuerpo fino pero bien rico, resaltaba por la ropa que llevaba, tenía un short jean putero, esos cortitos, y una blusa negra chiquita que dejaba ver su ombligo y hacía notar su cinturita, varios la estábamos marcando durante el tono, pero yo ya había apegado con mi pata en plan de 4 con su flaca y la chibola.

    Conversando con ella me dijo que su hermana la cuidaba bastante, porque sus papás sólo la dejaban salir con ella, y eso la aburría porque a ella le gustaba el vacilón, salir, tonear y esa huevada, pero su hermana era seria y casi no salía, sólo a veces y con su enamorado, mi pata. Después de un rato de hablar, empezamos a bailar, su hermana nos quedaba mirando, la chibola se daba cuenta y se pegaba más a mí, cómo para hacerla enojar, yo aprovechaba para meterle su rozada, ella no decía nada y parecía disfrutarlo.

    En un momento mi pata me dijo que su flaca se daba cuenta que algo pasaba con su hermana y yo, que ella la cuidaba mucho porque la chibola era medio bandida, y me pidió que no haga nada, «no te prometo nada bro, tu cuñada me está pidiendo huevo a gritos jaja», mi pata se cagó de risa pero insistió en que no haga nada con la chibola.

    Eran cerca de las 3 am, estaba bailando con la chibola, cuidándome de la vista atenta de su hermana, empecé a meterle mano disimuladamente, ella sólo me miraba y sonreía, hasta que me agarró la pinga por encima del pantalón, lo hizo rápido y me soltó, me sonrió y me dijo que ya fuéramos con su hermana y mi pata, así que dejamos de bailar y nos acercamos a ellos. La pendeja me estaba calentando, sabía que yo no me la podía llevar a otro sitio porque su hermana no la iba a dejar.

    Mi pata salió a bailar con su flaca y aproveché para hablar con la chibola «que te parece si vamos a otro lado?» «crees que mi hermana me va a dejar irme contigo?» «a otro lado de la casa» volteó a mirarme sorprendida, le dije que vaya al baño, que yo iría tras ella después, no obtuve respuesta, sólo me sacó a bailar justo al lado de su hermana, fue un baile tranquilo y no hablamos más, pensé que había perdido la oportunidad por apurado. Cuando los 4 volvimos de bailar, ella tomó un trago de su vaso, y luego dijo que iría al baño, me guiñó un ojo y se fue, entendí el mensaje, esperé 2 minutos y me alejé con la excusa que iba a buscar algo de comer, me cuide que no vieran a donde iba.

    Llegué al baño preparado para la guerra, no había nadie cerca, toqué la puerta despacio, ella abrió y luego de mirar si había alguien por ahí, me hizo pasar. No le dije nada, la tomé de la cintura, la pegué a mi cuerpo y nos empezamos a besar, yo le acaricié la espalda por debajo de la blusa, buscando desabrochar su brasier para liberar sus senos, mientras ella me tocaba el cuerpo y tiraba de mi polo indicando que me lo quitara. Le quité el brasier, ella se sacó la blusa mientras yo me quitaba el polo, me lancé a sus ricos pechos, no los tenía muy grandes pero estaban muy firmes, le chupé los pezones, sentí que ya estaban duros, ella empezó a soltar unos gemidos, por lo que con una mano le cubrí la boca.

    Después de un rato degustando sus tetas, la pegué contra la pared y me arrodillé para sacarle el short, lo hice despacito, masajeé sus nalgas y les di mordidas, luego tomé su calzón lo bajé de un tirón, ella se quebraba sacando el culo, le di un par de nalgadas suaves y me levanté. Metí un dedo a su conchita, estaba apretadita y húmeda, jugué con mi dedo dentro de su hueco, ella gemía y pedía que la penetre de una vez, quise hacerla esperar y seguí con la dedeada, le tapé la boca con la otra mano ya que sus gemidos se hacían más fuertes, metí un dedo más a su conchita y empecé a acariciarla por dentro con mucha intensidad, ella se retorcía de placer mientras ahogaba sus gemidos con mi mano, seguí dándole placer con mis dedos hasta que sentí que por mi mano chorreaban sus jugos.

    Retiré mis manos para abrir mi pantalón, ella susurraba que quería sentir mi pene dentro, lo saqué y luego de ponerme un condón, empecé a palpar su rajita con mi pinga, volví a cubrir su boca y se lo metí de golpe, noté qué le había dolido pero no me importó y comencé a embestirla, me acerqué a besarle el cuello mientras la penetraba, vi en su rostro una expresión de dolor y placer a la vez. Seguí por un buen rato hasta que alguien tocó a la puerta, nos detuvimos al instante, ella dijo que estaba ocupado que pronto salía, nadie respondió pero esperamos un momento para comprobar que se habían ido, ella me dijo que tenía que apurarme pues su hermana seguro la empezaría a buscar.

    Ella tenía razón, así que le tape la boca nuevamente y comencé a bombearla con fuerza, no quería quedarme a medio polvo, pero el tiempo apremiaba así que tuve que meterle quinta, cuándo sentí que estaba por acabar, le solté la boca para tomarla fuerte de la cintura y darle las últimas embestidas mientras se me venía toda la leche, me zafé rápido y la apuré para que salga, no quería roches con su hermana por mi pata.

    Después de unos minutos, me lavé la cara y salí relajado, cuando me acerqué al grupo noté la tensión, su hermana se había dado cuenta que ambos habíamos desaparecido, no pasó mucho tiempo y la flaca de mi pata dijo que ya era tarde y tenían que irse, me hice el huevón diciéndoles que se queden, aunque la verdad ya no me importaba, la flaca insistió así que se despidieron y los 3 se fueron. Al día siguiente hablé con mi pata, me dijo que su flaca estaba enojada con él, le había reclamado por la clase de amigos que tenía jaja, igual se amistaron luego aunque la flaca me agarró cólera desde ese día.

  • Libre al fin

    Libre al fin

    Hola corazones, hoy les contaré un poquito de como cerré el año.

    Como ya saben, las fechas decembrinas siempre son motivo donde se reúne la familia y en esta ocasión por la pandemia que hay, iban a ser pocos los invitados que tendríamos en mi casa.

    Yo desde inicios del mes he decidido darme a conocer en mi ámbito familiar de mis preferencias, salir a decirles que me siento mujer por dentro y toda esa infinidad de cosas que se vienen a la mente. Era obvio que el nerviosismo es impactante pues podría tener rechazo de alguien (aunque era obvio que ya lo sabían de mi) pero no me importo y decidí hacerlo este día último pues sabía que sería poca familia y sería el momento perfecto de hacerlo.

    Llegado el día esperado, mis pocos familiares que fueron invitados llegaron y yo estaba en mi cuarto nerviosa y ansiosa a la vez, pues sabía que era el día donde me iba liberar de esa carga que traía en mis hombros.

    La noche llegó y era momento de salir a contarles, pues todos estaban conviviendo y yo seguía encerrada esperando el momento oportuno, sin más, me arme de valor cuando todos estaban adentro de la casa (unos en la sala y otros en el comedor) así que duplique mi celular en la tele y tras un video que había hecho días antes, vestido de chico obvio, les compartí…

    -hola familia, sé que estos momentos donde nos reunimos son una bendición para todos, pues logramos cerrar un año junto a las personas que amamos y damos inicio a una nueva etapa, porque cada día vale con los que estas rodeado.

    Esta ocasión, les quiero hacer partícipes de una decisión que llevo tiempo planeando y espero puedan apoyarme con su aprobación, ya que es mi sentir y quiero seguir siendo parte de ustedes como hasta hoy.

    Les pido que tomen esto con la seriedad que se merece, pues no es un juego para mi y sin palabras les resumiré todo esto cuando decidan voltear al pasillo donde estaré atento a su opinión si es que me la dan.

    Todos voltearon y sus caras de sorpresa aún las tengo marcadas, pues vieron a ese niño que creció entre ellos vestido como una mujer, pues me veían ahí parada con el pelo suelto a la altura de mis hombros, pintada, con una sudadera rosa, jeans y unas botitas a la altura de mis rodillas.

    Creo que pasaron unos segundos (los cuales sentí minutos, horas) para que me respondieran, mis tías y primas todas reaccionaron de forma alegre, pues era una más de ellas ahora, pero mis tíos y primos se quedaron mudos al verme vestida así.

    Mis padres estaban en llanto, pues era un cambio total en su hijo, bueno ahora ya hija.

    Mi madre con lágrimas me abrazó y felicito por el valor que tuve y mi padre un poco más haciéndose el fuerte me abrazó y dijo que era difícil lo que estaba haciendo, que él me apoyaría en esto, pero que le diera un poco de tiempo para asimilarlo, que no me sintiera mal si no lo veía emocionado, pues le llevaría poquito de tiempo tomarlo como es.

    Mis tíos y primos me felicitaron por el cambio que decidí hacer (aunque algunos solo lo dijeron por respeto, pues se veía que no me aceptaban tan fácil)

    La noche continuó y cenamos todos como siempre, solo que ahora yo me sentaba tiempo completo con las mujeres y me trataban como una señorita más.

    El tiempo pasaba y se llegaba la hora en que acostumbramos dar el abrazo, yo me fui a mi cuarto para darme un retoque ya que era primeriza ante la gente y quería lucir espectacular todo momento.

    La hora llego y salí a dar el abrazo con todos y sentí una mirada penetrante, pues ahí estaba mi tío Pedro (el cual ya les relaté quien es en textos anteriores) mirándome fijamente pues me vio vestida de mujer, yo le sonreí y seguí felicitando a todos hasta que llegue a él…

    -feliz año tío, sé que se sorprende, pero ya les confesé a todos de mis preferencias.

    Mi tío era obvio que ya sabía, pero le sorprendió que al fin era yo libre realmente.

    -me da mucho gusto hermosa, ojalá consigas ser feliz con este paso -y acercándose a mi oreja para darme el abrazo me dijo- me encanta como te ves de mujer, pero siempre seguirás siendo mía.

    Yo sonreí, pues ya tenía la confianza de seguirle el juego o no, y aunque pensé que con este paso todo cambiaría, ese hombre me da mucho placer solo el recordarlo desnudo y como me trata.

    La noche continuó y todo era maravilloso para mi, era la mejor noche de mi vida pues al fin había realizado lo que más anhelaba.

    Las horas pasaban y cada vez eran menos los que seguían en casa, yo me salí al patio a despedir a mi tía y mi prima que ya se iban, platicamos un poco y se marcharon, yo comencé a caminar para entrar con los demás y al fondo del jardín escucho que me chistan y volteo para ver quién era y vi que era mi tío que estaba fumando un cigarrillo haciéndome la seña de que fuera, yo le obedecí y fui con él un rato a platicar, pero en cuanto llegue se me lanzo a besarme como loco..

    M: Tío estás loco, nos van a ver

    P: No te preocupes, no pasa nada hermosa

    M: Puede salir alguien y nos encontraran aquí tío, no lo hagas

    P: Solo un besito así rápido

    Todo esto me lo decía mientras me abrazaba con fuerza y metía su lengua lo mas adentro de mi y yo le pedía que no, pero mi cuerpo le decía que si, pues no forcejeaba nada y supe que también lo quería.

    P: Ya ves lo que causas, que me ponga tan caliente con verte nena

    M: Me encantan tus besos mi amor, pero no hagamos esto, aún hay poca gente y pueden vernos.

    P: Bueno pero eres mía y como mi mujer te quedarás aquí conmigo un ratito platicando.

    Pasaron como 2 horas y el total de la gente se fue, solo quedaron mis padres, mi tío Pedro y otro primo.

    No tardaron en despedirse y se marcharon, mi padre se fue a su cuarto y yo me quedé ayudando a mi madre a acomodar unas cositas antes de irnos a la cama cuando recibí un mensaje de mi tío Pedro

    -hola corazón, estoy a dos cuadras de tu casa, avísame cuando se duerman tus papás y sales un ratito al portón a platicar.

    Yo sabía cuál era su plática, y cuando pasaron unos minutos en que mi madre entro a su recamara, no se escuchaban ruidos lo cual me hizo pensar que estarían ya dormidos.

    Le respondí a mi tío Pedro que ya estaba en el portón, que podía venir.

    P: Hola hermosa, ya quería oler tu perfume de nuevo

    M: Ven a mi cama

    P: Pero hermosa, solo venía a platicar

    M: No pierdas más el tiempo amor, sé que quieres cogerme desde que me viste, así que no perdamos más el tiempo porque también lo deseo

    Mi tío simplemente sonrió porque sabía que era verdad, así que nos fuimos directo a mi recamara, lo llevaba del brazo caminando yo por delante para que no dejara de ver las nalgas que se iba comer y se calentará más rápido

    P: Al fin podré probarte de nuevo corazón

    M: Shhh amor, tendremos que ser cuidadosos porque pueden escucharnos mis padres

    P: No te preocupes, no se darán cuenta

    Comenzamos a besarnos y acariciarnos, yo prendí mis brazos de su cuello y él me comía con unos ricos besos mientras me recorría la espalda de arriba hasta abajo terminando en mis nalgas y las apretaba y separaba, era riquísimo como me tocaba

    P: Eres fabulosa Mich, me encanta darte

    M: Si papi, a mi me encanta lo que me haces

    Mi tío me separó y comenzó a bajar su cierre del pantalón lo cual me indicaba que debía hacer mi trabajo, así que me puse de rodillas y comencé a darle una rica y profunda mamada a su verga.

    M: mmmhh papi, que rica verga tienes

    P: Es toda tuya putita, cometelaaa

    M: Aaagg aaaggg

    P: Así, ahógate con mi verga perra

    M: Si mi amor aaagg aaagg

    Así duramos un rato mientras le daba una de las mejores mamadas que he dado, pues debíamos comenzar bien el año y quería complacerlo a mil…

    M: cómeme papi, comete mi culito por favor

    P: Si putita, ponte empinadita

    Yo rápido me levante y me desvestí por completo, pues mi hombre me estaba esperando así que me subí de rodillas en la orilla de la cama, me incline hasta poner mi pecho y cara en la cama y con mis nalgas a su merced, comencé a abrirlas lo más que podía para que me lamiera el hoyito como debe comérselo un hombre.

    Mi tío pasaba y metía su lengua en mi culito, se lo comía a su antojo mientras me nalgueaba y acariciaba los senos alternando sus manos para darme placer total.

    M: Me encanta que me comas, me encanta sentir tu lengua por mi culito papi

    P: Y a mi comerte preciosa, me encanta tu sabor, tu piel mi amor

    M: Mmmhh si papi, cómeme todaaa mmmhhh

    Mi tío seguía y seguía comiéndome hasta que sentí que se detuvo, se levantó y sentí como empezaba a empujarme su verga en mi colita

    M: Mi amor hazlo despacio, te lo pido de favor

    P: Si nena

    M: Aahhh noo amor aahh nooo

    P: Tranquila mi amor

    M: Aahh no papi por favor aahhh no me hagas gritar amor aahh aahh noo papi

    P: Jajaja está bien, solo quería escucharte tantito

    M: Si mi amor pero ya no, así ya no por favor

    P: No te preocupes, ya sé que eres escandalosa jaja

    M: Mmmhh si papi, así cógeme despacio

    P: Que rico culito tienes nena, me la aprietas muy rico

    M: mmhh la tienes muy gruesa mi amor, me llenas todaaa nmmhh

    P: Por dios, ojalá no fueras mi sobrina para poder traerte para todos lados y cogerte a la hora que yo quiera

    M: Papi soy tuya, cuando tú quieras pero sígueme cogiendo, metemela todaa

    P: Así putita, apriétamela ricooo

    M: sii mi amor, toda toda

    Mi tío siguió dándome un rato en la misma posición ya que no queríamos hacer más ruidos que pudieran escuchar mis padres y nos descubrieran

    P: Cielos Mich, me harás terminar perra

    M: Mmm si papi, termíname adentro, córrete en mi

    Sentí como lo contraía y se aceleraba su respiración

    P: Oohh nena

    M: que rica lechita papi, aahh

    P: Te encanta mi leche putita

    M: Si papi mmm me encanta tu lechita

    Mi tío se acostó conmigo un rato, yo obvio sobre su pecho besándolo y acariciándolo como premio por la cogida que me había dado.

    Nos besábamos y acariciábamos como dos enamorados, pues ese hombre me ha sabido dar mucho placer.

    Al poco rato nos levantamos para vestirnos y acompañarlo al portón porque ya se iba para que no lo fueran a encontrar aquí por la mañana.

    Lo despedí como toda mujer enamorada, haciéndole saber que me había llenado ese día completamente.

    Espero pronto volverles a contar algún otro momento que valga la pena.

    Los quiero, besitos.

  • Perdí mi virginidad a los 18 años en una forma soñada

    Perdí mi virginidad a los 18 años en una forma soñada

    Quiero hacerlos participes de esta historia contada por una adolescente y que es toda una fábula de amor y sentimiento. Esto comienza así:

    En realidad no quiero que sientan que fui violada o que por lo que digo en el título de mi narración, me siento arrepentida o he tenido secuelas o problemas en mi vida sexual, ahora que soy adulta.

    Vivía en ese entonces a mis 18 años sola con mis padres, quienes por razones económicas decidieron no tener más hijos (aunque por accidente, después mi mamá salió embarazada y nació mi hermanita). Por esta misma razón, ambos trabajaban y yo asistía a un colegio con un horario bastante fuerte en el cual solo quedaba libre a las 3 de la tarde y donde allá mismo recibía mi almuerzo. Después de salir de clases, venía a la casa y compartía el resto de la tarde con unas vecinas de mucha confianza y con las cuales hablaba y jugaba con los otros jóvenes sin ningún problema.

    Sin embargo, mi papá empezó a andar con una de esas tales vecinas de confianza y mi mamá lo descubrió, por lo que vino una etapa de muchísimo conflicto que terminó por hacernos mudar a mi mamá y a mí a otro barrio con tal de no estar con mi papá y mucho menos, viviendo al lado de su amante.

    Fue así como mi mamá, después de haber encontrado un apartamento pequeño ubicado en el nivel superior de un bloque de dos pisos donde solo estaban tres apartamentos, decidió repentinamente que nos fuéramos sin nada más que nuestra ropa. Afortunadamente, mi papá buscó a toda costa reconciliarse con mi mamá y en menos de lo que todo el mundo esperaba, a los pocos días ya estaba viviendo con nosotros nuevamente, eso sí, en el nuevo apartamento al que nos habíamos mudado.

    De ahí en adelante todo retomó su rutina, salvo por el hecho de que al salir de mi colegio tenía que venirme para el apartamento y quedarme sola puesto que en los otros dos apartamentos vecinos que estaban en el mismo nivel, uno estaba deshabitado y en el otro, vivía una pareja de cuarentones sin hijos que se la pasaban trabajando al igual que mi papá y mi mamá, así que me la pasaba supremamente aburrida viendo tele, esperando que acabara la eterna tarde y llegara la noche para que retornaran mis padres de su trabajo.

    Entonces un día normal como todos los otros, después de salir de mi colegio llegué al bloque de apartamentos, abrí la puerta común de acceso a las escaleras para subir al segundo piso y noté con mucha extrañeza que la pueda del apartamento donde vivían el señor y la señora que siempre estaban trabajando ubicada casi pegada al nuestro, estaba abierta, solo con la reja y dentro el señor Alejandro viendo televisión, por lo que al pasar él me miró y yo le respondí con un buenas tardes.

    Luego mientras quitaba el candado de nuestra reja y abría la puerta para entrar, se me ocurrió preguntarle por qué no estaba en su trabajo como de costumbre y con un gesto frunciendo el ceño me dijo que había quedado sin trabajo. Yo realmente me alegré mucho porque sabía que aunque fuera un señor de 40, al menos no iba a estar totalmente sola y con todo lo aburrida que me sentía, cualquier novedad sería positiva para buscar algo en que entretenerme. Fue así como entonces, esa misma tarde después de cambiarme el uniforme por ropa de estar en casa, salí y de manera descarada me puse al pie de su reja con la excusa de estar viendo el programa de televisión que tenía sintonizado y él, pues obviamente apenado me preguntó si prefería entrar y sentarme para que estuviera más cómoda, a lo cual accedí.

    Recuerdo con total claridad que el señor Alejandro fue siempre un hombre respetuoso y mantenía la distancia conmigo, aunque con el pasar de los días ya teniendo más confianza por la costumbre que yo misma establecí de irme a ver televisión a su sala después de llegar del colegio, nuestros temas de conversación fueron tornándose un poco más íntimos, empezando porque yo le contaba de mi atracción por uno de mis compañeros de clase con el que supuestamente tenía una relación de noviecitos, pero que me molestaba que se comportara como un niño bobo, siempre pendiente de jugar con sus amiguitos y que yo quería era uno que me consintiera mucho y me diera muchos besitos. El señor Alejandro por su parte, permanecía en silencio después que yo le contaba mi forma de pensar y si en alguna ocasión me aconsejó algo, estoy segura que siempre fueron las palabras de «eres una niña y debes pensar como niña, concentrarte en salir bien en el colegio. Para eso habrá tiempo después».

    Con el pasar de los días, la confianza fue creciendo y empecé a sentirme atraída por el señor Alejandro hasta el punto de desear que se acabasen rápidamente las clases para irme a casa a ver televisión, conversar con él y sentirlo cerca. Así que una vez, después de cambiarme como de costumbre el uniforme por ropa cómoda e ir a pararme al pie de su reja para que me abriera, esperé que se sentará en el sofá y me le lancé encima, abrazándolo muy cariñosamente y poniendo mi cara en uno de sus hombros, fingiendo tener sueño y preguntándole que si me podía quedar dormida de esa forma.

    El solo se quedó inmóvil y yo feliz de que mi plan estuviese funcionando que hasta ese momento no era otro que simplemente sentirme consentida, pero como suele pasar en estas situaciones, una cosa va llevando a la otra y yo, que venía ya varias noches fantaseando con varios compañeritos del colegio y ahora últimamente con el mismo señor Alejandro, empezaba a sentir más necesidad de avanzar a niveles más atrevidos.

    Sin lugar a dudas, ese fue el inicio de la situación que me llevó dos años después a perder mi virginidad con toda la complacencia del mundo después de haber vivido una cantidad de situaciones muy íntimas de las cuales no me arrepiento y que han servido para enriquecer mi sexualidad ahora que soy una mujer madura.

    A esa edad ya tenía un poquito de información sexual, las escenas sexuales (poco explicitas) de películas, los besos muy fogosos de novelas, y alguna caricia que había visto en el colegio de unos novios que encontré escondidos, metiéndose mano; y si sufría unas noches de excitación que calmaba medianamente abrazando una cobija enrollada con las piernas; pero realmente no sabía masturbarme ni qué era eso. El primer abrazo con carácter sexual que tuve en mi vida fue con Alejandro (con el señor Alejandro) aunque él no correspondía en un principio. Y en el segundo o tercer abrazo que le di viendo tv sentí excitación.

    Supongo que él lo notaría, pero no fue sino a la semana más o menos que el me empezó a responder los abrazos; recuerdo que lo primero que hizo fue acariciar mis mejillas y cuello, y progresivamente ya no me recostaba a su pecho sino que me bajaba a sus piernas; la primera vez fue el que me bajo; luego era yo. Y me empezó a tocar la cintura las caderas las piernas, el vientre, solo las hacia como caricias. Ya para mí era normal sentirme excitada y me gustaba, aunque aún no entendí que era eso que sentía.

    Un día (ya teníamos como un mes con mis visitas) me acosté o me acostó en sus piernas e hizo que mis manos quedaran sobre su pene. Yo me impresione un poco, pero él no se inmutó y a mí la curiosidad me impidió reaccionar quitándole las manos de allí. Lo tenía parado. Tenía puesto un pantalón corto de tela suave y lo sentía completo su pene en mis manos. No moví mis manos a pesar que la curiosidad me mataba. Así nos quedamos por unos minutos; él se levantó y pude ver su erección sobre la ropa y comprender que no era lo normal, fue a la puerta y la cerró un poco más… era la primera vez que lo hacía. Volvimos a la misma posición y comenzó a decirme cosas acercándose a mi oído y a darme besitos.

    Eso me puso a un nivel de excitación que no había experimentado; me moje mucho sola, varias veces; creo que tuve un primer orgasmo de mi vida y fue múltiple. Tanto que quedé como dormida en sus piernas; el empezó a darme besitos en los labios y yo no hacía nada; me empezó a tocar la vagina, metiéndome la mano debajo de la falda sin mucho preámbulo (cuando ya me vio excitada) y me decía que me quería mucho y me preguntaba si me gustaba, yo solo le decía que sí; también me preguntaba si seguía haciéndome y le decía que sí. Me apretaba el clítoris y en otro lado y me decía que le dijera donde quería que me tocara; era para manipularme o hacerme creer que yo le pedía que lo hiciera… claro, cuando me presionaba el clítoris yo le decía: ahí, deme ahí.

    Esa fue la primera vez que tuve sexo. Me dieron muchas ganas de hacer pis y fui a mi casa. No volví ese día porque estaba como en shock, no sabía qué hacer si regresar o llorar; hasta me asuste pensando que mis padres se darían cuenta que hice eso. Pero al otro día regrese.

    Ya era rutina el meterme el dedo y se sacaba el pene y lo masturbaba hasta que eyaculaba. Cuando empecé las vacaciones aumentó todo. Mi papá un día le dijo al Sr Alejandro que estuviese pendiente de mí, que no llegara nadie a la casa porque estaba sola y si venia alguien que él la atendiera. Alejandro ya me había advertido que no dijera que me pasaba a su casa a ver tv. Él dijo que me llamaría por teléfono siempre a media mañana y le dio su celular a mi papa para que lo llamara de ser necesario. Sin embargo mi mama me dijo que no me fuera a su casa a menos que fuese necesario o una emergencia, pero que no entrara allá ni lo molestara de ser necesario… Ya en ese momento me desnudaba con él en su cama.

    Fueron como 2 meses que estuve de vacaciones y metiéndome en la cama con Alejandro; porque llego un momento que me desnudaba en su cama y me besaba toda; me hizo el primer oral una de esas mañanas y quede extasiada. Con 18 años, eso era ir y volver del cielo. Me pasaba que cuando tenía un orgasmo así fuerte me quedaba como dormida y el me hacía de todo mientras, sin penetrarme hasta esos momentos.

    Así en una de esas desmayadas me puso el pene en la boca y le hice su primer oral casi sin darme cuenta; luego hacíamos oral todos los días. Me hice experta en el 69 y el me acababa en la boca y me decía que me tragara su semen para no manchar nada.

    A veces, en las noches mi mama me mandaba a llevarles dulces o comidas, como agradecimiento por estar pendiente de mí; siempre me habría su esposa Clara y entraba hasta la cocina y conversaba un ratico con ella.

    Un día ella se bañaba y me abrió Alejandro, entre y nos chupamos rapidito en el mueble de la sala, como por morbo, y a mí me gustaba ya esconderme.

    Luego de mis clases y él empezar a trabajar nos veíamos menos. A veces un solo ratico en la semana. Él ya me ponía el pene sobre la vagina desnudos los dos y yo me le afincaba como si tuviéramos sexo de verdad, sin penetrarme. Recuerdo que me encantaba cuando eyaculaba y el me hacía a veces tragarme su semen, aunque no me gustaba mucho yo lo hacía. Así cumplí 19 años. Ya tenía un poquito más de libertad y podía salir en las tardes a casa de unas vecinitas que conocí. A veces nos poníamos de acuerdo y pedía permiso para ir a donde las vecinas, pero me metía un rato en el apartamento con Alejandro y luego iba para allá. Mis padres me buscaban en casa de las vecinas luego.

    Una vez mis padres salieron de viaje y me dejaron en casa de Alejandro un sábado hasta el domingo porque tenía un juego en el colegio. Clara su esposa tenía un curso o algo así de su trabajo, aunque en la ciudad, no vendría hasta la noche. Fui al juego y a las 10 de la mañana ya estaba en la casa. Alejandro me hizo desnudar y que me quedara desnuda todo el día… fue una orgia, me mamaba, se me restregaba, me ponía a mamarle, me hizo bailarle desnuda y me intento penetrar por atrás pero no pudo porque me dolía mucho.

    Esa vez recuerdo que fue desesperante la excitación; creo que el hecho que nunca me penetrara me tenía sobreexcitada e insatisfecha definitivamente. Yo sentía que faltaba algo y no sabía qué; ahora entiendo que era que no me penetraba. Pero él no se atrevía. Ya en esos días me ponía la cabeza del pene en la entrada y allí se quedaba, me lo movía y a veces yo me arqueaba para que me lo metiera todo pero él se separaba prudentemente. Ese día me pregunto que si me lo hacía completo yo lo dejaba y no le decíamos a nadie, yo le dije que si… tenía 19 años estaba en undécimo de secundaria. Sin embargo esa vez no me lo hizo, pero me chupo toda, se lo mame todo el día y me acababa en la boca. Cuando llego Clara, me estaba durmiendo sola en la sala.

    Cuando cumplí 20 años empecé a notar la mirada y las atenciones de los varones, cosa que no pasaba antes. Creo que el ser prematura en el sexo disparó mis hormonas y era como muy formada y con curvas de más para mi edad; mi papa hacia comentarios en son de broma que iba a comprar un perro y un arma; y las visitas de chicos a mi casa empezaron a ocurrir. Mi papa no le gustaba y Alejandro me puso un ultimátum por un chico de unos 20 años que no quería salir de la casa.

    Un día lo recibí una tarde y nos dimos besos y agarrones (pero era un chico inexperto delante de Alejandro) y unos vecinos del otro apartamento le dijeron a mi mama que unos chicos me visitaban en las tardes. Fue un terremoto, mi papa prohibió las entradas de nadie a la casa si ellos no estaban y algo comentaron con Alejandro y Clara, porque Alejandro se apresuró a pedir vacaciones para quedarse solo en la casa. Luego supe que mi mamá tenía un viaje de trabajo de una semana y yo entraba en vacaciones y me quedaría sola con mi papa… Claro Alejandro vio la oportunidad. Ya me había reclamado por el chico y me dijo que si lo volvía a ver por allí le diría a mi papa y terminaría conmigo; yo de verdad quería a Alejandro, ya era como mi novio y me cuidaba, me mandaba, pero yo necesitaba tener sexo o esos juegos sexuales que él me enseñaba, más seguidos y con él a veces no podía.

    Vino el viaje de mamá, yo de vacaciones en el apto y Alejandro también. El segundo día de vacaciones me pase desde las 7 de la mañana a casa de Alejandro en silencio por los vecinos, me desnudo, me acostó en su cama, me lo empezó a restregar primero, luego me hizo el juego de meterme solo la cabeza, pero en un momento me lo fue empujando y yo también empujaba y me lo metió todo; fue el placer más increíble que había vivido; no me dolió como dicen, más bien me puse como loca a moverme y moverme, y gemía duro y él también se puso como loco; yo estaba encima y él se arqueaba hacia arriba y me levantaba penetrándome. Me lo hizo como cuatro veces esa mañana y en la tarde me lo hizo 3 veces más hasta que me fui porque era la hora de llegar Clara y mi papá. A media tarde mi papa llamo y le dijo a Alejandro que averiguara si estaba en el apto y el volvía a llamar. Él le dijo que estaba sola allí, que no entro pero me vio en pijama viendo tv. Y el llamo varias veces a Clara para asegurar que no llegara de sorpresa. También me tuvo desnuda desde que llegue hasta que me fui.

    Estuve todo ese año teniendo sexo con Alejandro hasta que nos mudamos a una casa. Empezamos a usar condón; los escondíamos en un escalón de la escalera del pasillo del edificio.

    Hicimos la costumbre de buscarme los miércoles en el colegio que salía temprano y nos metíamos en su apto y me cogía un rato; la presencia de los vecinos nos ponía alertas, pero como entrabamos por el garaje ellos no me veían llegar con él a menos que abrieran la puerta del apto nos vieran pasar.

    El mes antes de mudarnos, fui con él a un parque que se mantenía solo los días de semana y terminamos teniendo sexo sin condón. Me mudé con el susto de un embarazo. Alejandro me estuvo llamando seguido y hasta fue a la casa nueva a visitarnos, hasta que me bajo la regla, que se desapareció. Supongo que reaccionó del riesgo de dejarme embarazada. Luego como a los 4 meses supe otra vez de él y me decía que dijera que quería visitarnos, así nos veíamos pero no hacíamos nada.

    Una vez fui a dormir a casa de ellos negándome ir a un viaje de mis padres y Alejandro solo pudo darme una mamada en la sala en la noche cuando clara se acostó, nos dio miedo que se levantara y a los 6 meses me buscó y me llevó al apartamento y lo hicimos. Luego no lo hicimos más por mucho tiempo.

    Yo tuve un novio a los 21 años que solo me metía la mano y lo terminé por aguado, luego tuve otro universitario, pero mi papa me cuidaba mucho de él porque era mayor que yo; solo lo hicimos 2 veces, porque el solo se me montaba me acababa y se iba; nada como lo que me hacía Alejandro. Cuando cumplí 22 años busqué a Alejandro, lo llamaba al trabajo, a la casa; y nos estuvimos acostando varias veces al mes sin que nadie supiera que nos veíamos.

    Ahora tengo 23 años, estoy comprometida con un hombre de 48; que es mi amante desde hace 2, que me trata como una reina y mis padres están felices con él. Me caso este año y le dije a Alejandro y Clara que serían mis padrinos de boda… a Alejandro le debo que sea una mujer feliz y satisfecha sexualmente y sin resentimientos ni falsas tristezas por haber tenido sexo desde tan joven.

    Para consejos: [email protected].

  • La camarera

    La camarera

    El matrimonio sentado en el sofá de cuero negro, uno a cada lado, dejaban el espacio central para su invitada.  Geno se sentía observada por la pareja. Aun así, se movía con soltura en aquella casa que le era desconocida. Le había tomado la palabra a Mario y se había servido una copa mientras hacía un repaso a la magnífica discoteca de vinilos del matrimonio.

    Con toda la sensualidad que desprendía, Geno se agachó para alcanzar los discos de la balda inferior. Su mini vestido, de punto gris ajustadísimo, se ciñó más a su cuerpo definiendo unas nalgas impresionantes que arrancaron los suspiros de sus anfitriones. Geno giró la cabeza, les miró levantando una ceja y mordiéndose el labio inferior. En su cara, de tez morena, destacaban sus ojos rasgados y marrones, sus carnosos labios y su hoyuelo en la barbilla. Su melena castaña, recogida en un moño estratégicamente desordenado, dejaba a la vista un provocativo lunar en la parte alta de su cuello, casi en su nuca:

    -Os apetece música. -Por fin rompió el silencio mientras mostraba la funda del vinilo de Alannah Myles.

    -Magnífica elección. -Sugirió Tere que la observaba con lascivia desde su lado del sofá. Se había descalzado y recogía sus piernas sobre el asiento sin preocuparse que su minifalda vaquera apenas cubría ni un tercio de sus extremidades mientras removía con paciente cadencia un Jack Daniels con hielo en un vaso ancho.

    A su lado, su marido, Mario, se acomodó desabrochando su cinturón para acceder mejor al interior de su pantalón vaquero.

    Mientras sonaba Black Velvet, Geno comenzó a contonearse al contraluz, frente al ventanal de aquella estancia íntimamente iluminada con una lámpara de pie desde una esquina. La invitada se movía de manera sensual, como un gogó, mientras su vestido mostraba cada curva de su perfecta anatomía de manera sutil.

    Apuró su copa de un sorbo, provocando que las últimas gotas de su bebida se derramasen por su barbilla, descendiendo por el cuello, hasta su maravilloso escote y perdiéndose debajo de aquel vestido que comenzaba a sobrar.

    Geno, con los ojos cerrados, siguió moviéndose al son de la música, acercándose a sus anfitriones hasta lograr sentarse entre ellos…

    Apenas cinco horas antes se encontraba tras la barra del bar donde trabajaba poniendo copas. Al principio no le sorprendió que aquella pareja se sentase en la barra para beber. Después de dos rondas y una vuelta por la pista de baile comenzaron a entablar una pequeña conversación.

    En el intercambio de información supo que eran veraneantes con ganas de marcha, pero desconocían la zona de noche, hacía tiempo que no la frecuentaban pese a ser asiduos a aquella población. Desde el principio hubo química y le propusieron que les hiciera de guía en aquella ciudad. Geno, acostumbrada a vivir todo tipo de situaciones raras por tipos aún raros, se dejó llevar. La pareja, pese estar bien entrados en la treintena estaban bastante bien sin ser espectaculares.

    El tipo, Mario, era un pelín más alto que ella. Para nada era el típico personaje de gimnasio. Pese a eso no se mantenía en mala forma y de cara era guapo sin destacar. Teresa, su mujer, también se mantenía en buena forma.

    Pactaron volver a verse sobre las tres de la madrugada para recorrer los lugares más recónditos del lugar. Copas, risas y excesos por las terrazas más concurridas para terminar en la discoteca más famosa de la ciudad fueron el preludio de la propuesta definitiva. Con bastante alcohol en las venas, Geno aceptó aquella extravagante invitación de acompañarles a tomar la última a su piso, dentro de una urbanización en la playa…

    … La invitada se acomodó entre el matrimonio antes de mirarles con los ojos semicerrados. Primero al marido, que la miraba con deseo. Después a la mujer que lo hacía con lascivia. Sin darse apenas cuenta, Teresa acercó los labios a los suyos y comenzaron a besarse. Primero lentamente, luego entre suspiros de deseo para acabar acariciándose ambas mujeres para disfrute de Mario.

    El hombre acomodándose y dejándoles espacio, comenzó a tocar las piernas de su invitada. Lentamente recorrió, desde su rodilla, todo el muslo de aquella preciosa mujer que se besaba con su esposa hasta introducir la mano en su entrepierna, en aquel momento un auténtico volcán. Geno sintiendo los dedos de su anfitrión jugar con la tela de su tanga suspiró y echó la cabeza hacia atrás ofreciéndole a Teresa su cuello y su busto. Ésta no tardó en besar y lamer desde su barbilla hasta el límite que marcaba el vestido.

    Mario, que permanecía detrás, desabrochó la cremallera de la espalda para liberar a Geno de aquel vestido de punto y se recreó en sus senos agarrándolos desde atrás mientras Teresa, su mujer prosiguió con los besos. Tras liberarla también del sujetador, ante el matrimonio, la invitada exhibió dos hermosas tetas con una areola grande y negra de la que sobresalía un grueso pezón. Ante la mirada de ellos, Geno inspiró fuerte y se las agarró para acabar tirando de sus pezones. Volvió su cabeza hacia Mario y comenzaron a besarse mientras Teresa degustaba cada una de aquellas maravillas de la naturaleza. Mordiendo, succionando y besando cada una de ellas por igual.

    Poco a poco, la mujer fue descendiendo por el torso de su invitada al tiempo que la liberaba totalmente del vestido y la dejaba expuesta tan sólo con su tanga negro. Mario también se liberó de su ropa y dejó a la vista de la camarera su miembro erecto.

    La chica se acomodó en el sofá de cuero para acercar sus carnosos labios hasta el glande del hombre. Mientras, Teresa, que no perdía de vista aquella excitante situación, se arrodilló en el suelo para acceder a la entrepierna de la joven. Retirando cuidadosamente la minúscula prenda íntima se excitó ante el sexo rasurado de aquella desconocida. Echando una última mirada a la cara de su marido mientras Geno le practicaba una felación, inspiró todo el aroma de aquel manjar femenino antes de acercar su boca y repasar con su lengua desde el perineo hasta el pelado monte de venus.

    La imagen era tremendamente excitante. Mario sentado, disfrutaba de la maravillosa mamada que la joven camarera le proporcionaba mientras acompañaba con sus manos el movimiento de cabeza la chica. Ésta, inclinada sobre la entrepierna del hombre abría sus piernas y recibía gustosa el placentero sexo oral que Teresa le ofrecía. La mujer de Mario, arrodillada junto al sofá se esforzaba golosa para beber todo el flujo de aquel manantial juvenil mientras amasaba con sus manos los duros glúteos de aquella completa desconocida. Todo esto sucedía en un salón en penumbra mientras Alanah Myles seguía repitiendo su Black Velvet.

    Con un sonido gutural, Mario anunció que comenzaba eyacular, Geno siguió con su tarea y en ningún momento hizo amago de retirarse. Lo que al hombre le supuso un motivo más de satisfacción y tuvo un fascinante orgasmo. La joven camarera tragó buena parte de la abundante corrida. Mientras que algunos restos resbalaron por la comisura de sus labios.

    Teresa, volcada totalmente en darle placer a su invitada, se esmeró en practicarle una impresionante comida. Trilló el clítoris con sus labios y movió su lengua sobre él al tiempo que introducía un par de dedos en la vagina y otro en el ano de Geno. La chica se mordió el labio inferior, aún manchado con restos de semen, y se aferró a la cabeza de su anfitriona con una mano mientras que con la otra se masajeaba un pecho.

    A su lado, Mario presenciaba atónito como su mujer le comía el coño a una desconocida hasta llevarla a un sonoro orgasmo.

    Tras el grito de placer de Geno, los tres quedaron en silencio por un minuto. Tan sólo el brazo del tocadiscos volviendo a su posición inicial rompía una atmósfera cargada de tensión sexual.

    Fue Teresa quién rompió el hielo. Se incorporó y se colocó entre la pareja que formaban su marido y la camarera:

    -Bueno ahora quiero disfrutar yo…

    Mario la besó. Su boca sabía a sexo, al flujo vaginal de Geno. Sus lenguas se entrelazaron con deseo y lujuria. Su invitada comenzó a acariciar los senos de Teresa por encima de la camisa. Su marido comenzó a desabotonarla. La mujer se giró hacia su invitada y buscó su boca para besarla.

    Geno comenzó a desnudar a la mujer mientras la besaba. Mario les dejó espacio en el sofá y se incorporó para desnudarse. Ante sus ojos las dos mujeres comenzaron a besarse apasionadamente. Recorrían sus cuerpos, ya desnudos, con sus manos. Sus pechos se frotaban provocando que sus pezones reaccionasen erectos. Las manos de Teresa amasaban el impresionante culo de Geno, lo que provocaba una nueva erección en Mario.

    La invitada colocó a Teresa en el sofá de manera que pudiera acceder a su coño en perfectas condiciones. La chica se colocó de rodillas con su cabeza en el sexo de la mujer, cubierto por un triángulo de rizos negros y ofreciéndole el culo al hombre.

    Teresa abrió las piernas para que Geno comenzase a devorar su sexo. Mirando con ojos lujuriosos a su marido le ordenó:

    -Fóllatela.

    El marido, no se hizo esperar. Se colocó detrás de Geno. Acarició sus rasurados labios vaginales. Introdujo un dedo entre ellos para comprobar que la chica seguía más excitada que antes y terminó por introducirle un dedo en el ano. Sin previo aviso, incrustó su miembro en el sexo de la joven, que no pudo reprimir un gemido de dolor. Teresa alternaba su mirada entre la cara de la camarera mientras le practicaba el sexo oral y la de su marido, que agarrado a las caderas de Geno se esforzaba en una tremenda penetración.

    Esta vez la situación causó un efecto más rápido en el hombre que llegó al orgasmo mucho antes que su mujer y la amiga, corriéndose en el interior de ésta antes de caer derrotado. Ante esto, Teresa atrajo a Geno hacia arriba y le propuso juntar sus sexos. Las mujeres entrelazaron sus piernas haciendo coincidir sus coños. El contraste entre el rasurado de la joven y el peludo de la mayor era excitante. Ambas comenzaron a moverse haciendo que sus clítoris se frotasen entre ellos, mezclando los fluidos que manaban de aquellas lujuriosas cavernas, hasta llevarlas al orgasmo.

    Mario volvió un minuto después de haber salido del salón. Traía un pequeño bote de vaselina. Con una mirada cómplice miró a su mujer que desfallecida reposaba en el sofá. Haciendo un gesto con la cabeza señaló hacia Geno. La chica aceptó el reto del hombre.

    Colocada boca arriba, la joven camarera, alzó sus piernas mientras Mario, untaba vaselina en su ano. Luego lo hizo sobre su miembro. Con cuidado y no sin gemidos de quejas por parte de ella, el hombre fue introduciendo su glande en el ano de su invitada. Una vez el glande superó el pequeño anillo, la penetración se hizo más rápida. La chica sintió como su esfínter hacía un esfuerzo por acomodarse a ese ariete extraño. No era la primera vez que lo practicaba, pero tampoco era algo frecuente con lo que las primeras embestidas fueron algo dolorosas. Luego el hombre fue cogiendo un ritmo adecuado y Geno disfrutó de la penetración anal hasta que el hombre volvió a derramarse en el interior de sus entrañas ante la mirada de su mujer.

  • Mi exnovia, una experta chupando bolas

    Mi exnovia, una experta chupando bolas

    Hace dos años empecé una relación con la que ahora es mi exnovia. Desde el principio se trató de una relación de excesos pues además del sexo nos unía el alcohol y muchas veces después de beber terminábamos cogiendo como locos. Cogíamos, como suele suceder, en baños de bares, fiestas, en moteles y, básicamente, en cualquier lugar donde la excitación se iniciaba.

    Lo que deseo narrar pasó en un hotel, uno muy cutre por cierto. Habíamos estado paseando casi todo el día por el centro de la ciudad y no queríamos regresar sin haber cogido como Dios manda. Ya en el camino le había estado acariciando las nalgas y la repegaba a mi para sentir sus pechos que son muy generosos. Además, algo que siempre voy a resaltar de ella es su disposición a complacerme, siempre usó la ropa que le pedía usar y para ésta ocasión le encargué que usara una blusa rosa con un escote vistoso y un pantalón de licra que resaltara sus piernas y su culo. No pasaba desapercibida, a cada momento las miradas de otros hombres se volvían a ella y es que es una mujer alta, de piernas largas y cabello quebrado que simulaba ser rizado… inevitable no verla.

    Así pues al llegar al hotel yo estaba como loco y ella no podía ocultar su ansiedad. Apenas entramos a la habitación, desabrochó mi pantalón para sacar mi verga y empezar a mamarla como solo ella sabe hacerlo. Me miraba a los ojos con lujuria y yo la tomaba del cabello mientras sacaba mi carne de su boca y la estrechaba contra sus mejillas, ella respondía gimiendo y tocándose las tetas. Enseguida la giré para poder restregarme en sus nalgas y sobarle cada uno de sus pechos mientras le besaba la espalda y el cuello para terminar tomándole la cara y besarla en la boca con frenesí. Estaba hecho un animal. No tardó en bajarse los leggings y decirme «ya métemela» a lo que respondí colocándola en cuatro sobre la cama y enfilando mi pene a su vagina, no sin antes pasarlo entre su culo, acariciando su ano y ensalivándolo (no le hice sexo anal, aunque sí ocurrió en otro momento y espero poder narrarlo después). Ella desesperada me tomó con su mano y me dejó entrar de un golpe, fue un mete y saca rápido y ambos gemíamos. Yo la nalgueaba y le jalaba del cabello y ella se volvía una mirada que me encendía aún más.

    Duramos así varios minutos hasta que me pidió parar y que me recostara. Accedí quitando el resto de ropa, ella hacía lo propio. Una vez desnudos me quedé acostado boca arriba, mientras me masturbaba mi entonces mujer se acercó para empezar a chuparme. Ésta vez me dijo despacio que me iba a dar un «servicio especial», le asentí con la cabeza y la dejé continuar. Me agarró la verga fuertemente, me empezó a masturbar de manera que dolía pero el dolor lo encontraba placentero y no la detuve, yo gemía como pocas veces. Me lamía de la cabeza a los testículos y de regreso.

    De repente se centró en lamer y chupar mis huevos no tardó en ir más abajo. Me pidió que abriera un poco las piernas y comenzó a darme una tremenda chupada de culo de la que no estaba preparado y por la sorpresa me resalté. Sin embargo, ambos notamos que mi erección había aumentado y en si la sensación no me había disgustado así que le ordené que siguiera «te gusta hacer estas cosas, eh, puta?» Le dije, y al momento que empezaba de nuevo a chuparme desde la punta de la verga me respondió «si, me siento muy puta… una perra en brama… me gusta como tú verga se pone dura con lo que hago» y continúo a seguir pasando su lengua entre mis testículos y dentro de mi ano.

    Continuamos así por varios minutos más, la acomodé para masturbarla y nalguearla, hicimos un rico 69 en el que se esforzaba por seguir dándome lengua. Casi a punto de terminar le dije que se pusiera en cuatro y me subí en ella, la bombeé por unos cuantos minutos más y me vine en sus nalgas. Remató limpiándome los restos de semen con la boca y nos abrazamos un rato antes de vestirnos y salir; nos había importado poco que la habitación que nos asignaron estaba a unos pasos de la recepción y estábamos seguros de que nos habían escuchado gemir y gritar, pero íbamos satisfechos.

    No sé si habrá aprendido a hacer eso con alguien más o si en verdad era la primera vez que lo hacía pero me encantó y desde entonces busco repetir esa sensación en cada sesión de sexo. Me hubiera gustado verla haciéndolo a otro hombre pero nuestros intereses eran distintos y no solo de sexo vive el hombre.

    Extraño tu boca y tu manera de coger, putita.

  • Mi cuñada me da el mejor sexo del mundo

    Mi cuñada me da el mejor sexo del mundo

    Desde hace ya un par de años mi cuñada, la hermana de mi esposa, trabaja en la misma empresa que yo. Es por eso que la relación entre ambos se fue haciendo cada vez más estrecha ya que comíamos diario juntos, nos topábamos frecuentemente en el edificio de la empresa e incluso en las tardes la acercaba en mi auto a su casa.

    Ella se llama Ana, es una chica de 27 años aunque aparenta menos edad, la verdad que es una chica bastante bonita, muchos de mis compañeros han intentado conquistarla, tiene una cara muy linda, además de que es sumamente agradable en su trato con los demás, ella es de estatura baja, mide aproximadamente 1.55, cabello negro y de largo a media espalda, esbelta, sus piernas son delgadas, tiene un trasero bien formado, redondo y de buen tamaño, nada exagerado pero nada despreciable y lo mejor es su enorme busto, y es que aun cuando su manera de vestir es algo recatada, es inevitable darse cuenta que posee un busto grande y muy apetecible.

    Algunas veces la llegué a mirar con ojos de deseo, pero automáticamente mi mente trataba de eliminar ese pensamiento usando la razón y repitiendo: -es mi cuñada, no puedo hacer nada con ella-, por lo que jamás me insinué y tampoco percibí algún coqueteo o insinuación por parte de ella, por lo que esos pensamientos se fueron disipando.

    Cierto día, mi esposa y yo fuimos de visita a casa de mis suegros, fue una convivencia normal, como la de cualquier domingo con ellos, comimos, platicamos, miramos televisión, hasta que anocheció y llegó el momento de marcharnos para ir a nuestra casa. Nos despedimos y emprendimos camino a casa, unos cuantos kilómetros avanzados mi esposa me pidió detener el auto, había olvidado su móvil.

    En el retorno más próximo gire para regresar a casa de los suegros, al llegar mi esposa me pidió que yo fuera por su móvil, que muy probablemente lo habría dejado en la cocina. Para este punto es importante que sepan que para llegar a la cocina de la casa de mis suegros hay que cruzar una terraza pequeña y en medio de ella se encuentra la habitación de mi cuñada. Dicho lo anterior, continúo con el relato.

    Francamente no vi nada extraño en la petición de mi esposa, así que descendí del auto, abrí la puerta principal e ingrese a la casa, las luces ya estaban apagadas, al parecer ya todos estaban en sus habitaciones descansando, así que no quise hacer ruido y me dirigí velozmente a la cocina, pero cuando estaba cruzando la terraza, vaya sorpresa que me he llevado, la puerta de la habitación de Ana estaba abierta y ella estaba sobre su cama, enfundada en un conjunto de lencería negro, lucia absolutamente sexy, estaba tomándose fotografías con su celular, al verme se espantó y me dijo: -oye me espantaste, hubieras prendido la luz para saber que alguien venía -mientras se trataba de cubrir con una bata.

    Le dije: Discúlpame, solo vine por el celular de tu hermana y ya me voy.

    Ingresé a la cocina, tomé el móvil de mi esposa y me dispuse a salir de inmediato.

    En el trayecto a casa no podía dejar de pensar en aquella escena, como si aquella imagen hubiese quedado tatuada en mis ojos, era imposible de olvidar lo sensual y provocativa que se veía mi cuñada, lo delicioso que se veían sus senos cubiertos por ese hermoso brasier de encaje negro, un espectáculo erótico inimaginable, al tiempo que pensaba en quien sería el afortunado hombre a quien le mandaría esas fotografías.

    Por cuestiones de trabajo tuve que viajar y pensé que quizá era lo mejor, así evitaría alguna situación de reclamo con Ana. La siguiente semana regresé a la oficina, el día transcurría con mucha normalidad, eso hasta un poco antes de la hora de la comida. Ana me envió un mensaje al móvil con lo que comenzó la siguiente conversación:

    -cuñadito, ¿estás en la oficina?

    Le respondí: -Si cuñadita, aquí estoy, qué onda ¿vamos a ir a comer?

    -Si cuñadito, pero tengo ganas de comer fuera de la oficina.

    No vi nada extraño en su mensaje, ya que con frecuencia salíamos a buscar que comer fuera del comedor de la oficina, así que le respondí:

    -¿Te parece bien si vamos por unas hamburguesas?

    Me respondió: -sí, me parece buena idea, entonces te veo a las 2:30 en el estacionamiento.

    Hasta este momento, todo parecía transcurrir con normalidad, pero unos 10 minutos después del último mensaje que nos mandamos, ella envió uno nuevo en el que me preguntaba:

    -Oye cuñadito, ¿te gustó lo que viste la otra noche?

    En ese momento pensé que cualquier respuesta podría ser usada en mi contra, pero apenas estaba formulando la respuesta que le daría, cuando me llego una imagen de mi cuñada, era una de las fotografías que se tomó aquella noche, era una foto sensual a más no poder, en ese momento me quedó claro que tenía que seguir su juego, así que le respondí:

    -Por supuesto que me gustó cuñadita, francamente me sorprendí, pero te ves muy sexy.

    Después de mi respuesta ya no me respondió nada, los nervios me absorbían, no sabía lo que pasaría después de lo que dije, pero ya estaba inmerso en su juego así que no tenía otra alternativa más que continuar. Transcurrió el tiempo y llego la hora acordada para ir a comer, así que me dirigí al auto para encontrarme con Ana.

    Una vez en el auto, le hice saber que esas fotos estaban increíbles e incluso en tono de broma le dije que era una mosquita muerta, le pregunté quién era el afortunado que recibiría el álbum completo y ella me pidió que le guardara un secreto, le dije que no se preocupara, a continuación, me confesó que estaba trabajando como modelo para un portal erótico y que le pagaban una buena cantidad de dinero por cada sesión de fotografías, me dijo que había sesiones que ella se tomaba con su celular y que el mayor número de ocasiones la fotografiaban profesionalmente en algún lugar como hoteles, albercas, parques. También me dijo que las fotos eran bien pagadas pero que ganaba más por dejarse tomar video mientras se masturbaba y que la mayor cantidad de dinero le llegaba por las video llamadas eróticas que le solicitaban.

    En ese momento me quede completamente sorprendido, jamás hubiera imaginado que mi cuñada se dedicará a esta actividad, le pregunté si lo hacía por su voluntad o alguien la estaba forzando, y su respuesta fue tajante, lo hacía por gusto, completamente libre y que era una manera de generar un buen ingreso adicional a su sueldo, pero me pidió que le guardará ese secreto, que por lo que más quisiera no lo comentará con nadie. Le dije que no tenía nada que temer, que su secreto sería guardado.

    Después de comer aquellas hamburguesas por las que salimos, nos dispusimos a volver a la oficina. Llegando al auto me acerqué a la puerta del copiloto para abrirla y que ella ingresara al auto, con mi mano en la manija del auto y ella a punto de entrar, se giró súbitamente hacía mí y me ha plantado un tremendo beso en los labios, yo lo respondí y ese beso se hizo duradero y apasionado, nuestras lenguas se entrelazaban de una manera muy caliente. Concluido el beso me dijo que así mantendría mi boca ocupada y estaría segura de que no diría nada.

    Desde aquel día, cada vez que salíamos de la oficina nos besábamos con mucha pasión y deseo, esos besos cada vez eran más intensos, nuestras manos comenzaban a conocer el cuerpo del otro, adicional a ello, Ana me mandaba muchas de las fotos y videos que se tomaba, así que cada encuentro que teníamos, por más fugaz que fuese, la besaba y tocaba con mucho deseo, imaginando estar con ella en la cama.

    Así transcurrieron un par de meses, hasta que llego la fecha de la convención anual para los colaboradores de la empresa, este evento se realizaba durante dos días, viernes y sábado, se hacía en algún sitio turístico, para ello reservan un hotel y en sus instalaciones se llevan a cabo las actividades, conferencias, charlas, premiaciones y una gran fiesta de clausura. Esta ocasión el evento fue en las playas de Cancún, México.

    La convención transcurría de manera ordinaria, el viernes y la mañana del sábado estuvo llena de actividades, a media tarde del sábado nos dieron tiempo libre y en la noche sería la gran fiesta de clausura. Ana y yo nos pusimos de acuerdo para ir a bañarnos a la playa y a las albercas de hotel, quedamos de encontrarnos en la recepción del hotel para irnos juntos, yo llegué unos minutos antes que ella, de pronto la puerta del elevador se abrió, era ella, se veía espectacular, usaba el cabello suelto y alborotado, unas gafas de sol que enmarcaban perfecto son su rosto, una blusa transparente que dejaba admirar aquel hermoso bikini blanco absolutamente sensual, se veía hermoso su cuerpo, la cintura bien definida de la que resaltaba un hermoso ombligo con un piercing, sus piernas, su culo, era perfecta.

    Como si fuésemos novios nos tomamos de la mano y nos dirigimos a la playa, dejamos algunas pertenencias en los camastros y de inmediato ingresamos al mar, ella fingía tener miedo al agua por lo que yo aproveche para llevarla mar adentro mientras rosaba mi cuerpo con el suyo, habiendo avanzado algunos metros nos fundimos en un abrazo y dejamos que los besos expresaran el deseo que experimentábamos, el mar era nuestro cómplice, nuestras manos se perdían en nuestros cuerpos sin pudor alguno, ella tomaba mi pene completamente erecto a punto de estallar entre sus manos, me masturbaba de una manera exquisita, yo hacía lo mismo, mis dedos entraban y salían de su vagina al ritmo de las olas, era una experiencia increíble, de pronto hice a un lado su tanga y ella dirigió mi pene hacia su vagina, la penetraba con fuerza, ardíamos de deseo, mientras la penetraba la acercaba a mi apretando su culo, jugaba con sus hermosos senos y los besos no paraban, después de un rato me corrí dentro de ella, fue una explosión de placer.

    El resto de la tarde estuvimos en una de las albercas donde seguíamos rozando eróticamente nuestros cuerpos y nos besábamos como si fuéramos recién casados en luna de miel, se acercaba la noche y nos teníamos que ir a arreglar, ella me dijo que me llevaría una sorpresa así que no podía esperar más.

    Cada quien nos fuimos a nuestra habitación, me duché, me afeité y me puse el smoking para la gran fiesta, la cita era a las diez de la noche en el salón del hotel, Ana me mandó un mensaje, me pidió que pasará por ella a su habitación, atendiendo de inmediato corrí hacía su habitación, llame a la puerta y en instantes ella apareció. Al verla quede atónito con su belleza, jamás la había visto lucir tan sensual en su vestir, usaba un vestido rojo de encaje, el corte era el llamado corte sirena, por lo que su culo se veía impresionante, la espalda completamente descubierta y al frente un escote que apenas alcanzaba a cubrir sus enormes senos, lucía un peinado sensacional y el maquillaje sencillo la hacía lucir como la más hermosa de la noche sin lugar a dudas.

    Nos dirigimos al salón del hotel, la llevaba del brazo, al ingresar era evidente que ella era el centro de atención, les juro que se veía impresionante, la cena transcurrió con normalidad y después de ello comenzó la fiesta, el baile, el alcohol, las luces, todo era un frenesí, ella bailó conmigo toda la noche, bailamos de todo, con forme fueron pasando las horas el deseo de llevarla a mi cama aumentaba, por lo que ya muy avanzada la madrugada le dije que tenía ganas de arrancarle el vestido y hacerle el amor, ella me lanzó una sonrisa de complicidad, me dio un beso y me dijo vamos.

    La llevé a mi habitación, nos besamos desenfrenadamente, mis manos se perdían en su cuerpo, quería sentirla mía, nos recostamos en un sofá mientras nos quitábamos la ropa, nos deseábamos y cada instante la temperatura subía más y más, sus senos eran increíbles, sus pezones color rosado eran una invitación al pecado, no me pude contener y me lancé sobre ellos, lamía sus senos como nunca antes lo había hecho, su ombligo era otro lugar muy apetecible, así hasta que llegue a su hermosa y depilada vagina, lamía su clítoris, mi lengua entraba y salía de ella, supe que lo disfrutaba porque lanzaba unos gemidos riquísimos, además ella llevaba mi cabeza hacía su sexo, como tratando de que no dejará de hacerlo, mi pene estaba durísimo, el bóxer estaba a punto de estallar, quería penetrarla, me puse de pie para acomodarla pero ella me sorprendió, me empezó a masturbar por encima del bóxer, me puso al cien, bajó mi ropa interior y comenzó a pasar su lengua por mi pene, lamia cada centímetro, hacia círculos con su lengua en mi glande al tiempo que acariciaba mis testículos, se llevó el pene a la boca era una diosa en el sexo oral, yo jugaba con sus enormes senos, de pronto me dijo que quería que la llenara de leche, eso no tardo mucho y me corrí en su boca, lamió mi glande hasta retirar el último milímetro de semen.

    Nos dirigimos a la cama y ella se tiró boca abajo, se comenzó a deslizar en la cama y de pronto levanto su culo, quedo en una perfecta posición, no lo dude, lamí su ano, besaba sus nalgas al tiempo que la masturbaba, me pidió que le perforará el culo y así fue, le metí el pene con la mayor fuerza posible, cada embestida era respondida con gritos de placer, me pedía más, nunca antes me había excitado tanto, no quería que ese momento terminara. Después me pidió que me acostará, la obedecí, ella se puso sobre mí y me comenzó a montar como una verdadera pornstar, que espectáculo ver sus tetas brincar al ritmo de cada embestida, ella tuvo un orgasmo, me empapó y eso provoco que me corriera dentro de ella, cada vez que eyaculaba ella secaba mi pene con su lengua, así estuvimos cogiendo un par de horas hasta que amaneció.

    Desde entonces buscamos oportunidades para escaparnos a coger, en un futuro relato les contaré del día que me pidió que la acompañará a una grabación de un video lésbico, fue algo sorprendente.

  • Mi noviazgo loco

    Mi noviazgo loco

    Sebastián fue mi novio durante mucho tiempo, mi padre y familia lo querían mucho, tanto que ya hasta lo dejaban quedarse a dormir conmigo en mi habitación, después de 6 meses de noviazgo un día ya no lo dejaron irse en una reunión familiar que habíamos tenido, así que le dieron una habitación de la casa, claro durante las primeras veces, yo muy calenturienta siempre iba con mi hombre a darle sus servicios por la madrugada, entraba a su recamara, se la mamaba, me hacía lo que él quería y me regresaba a mi habitación, a lo largo de dos años construimos amistad, confianza, pasión y sobre todo placer y sexo.

    La primera ocasión que se quedó a dormir en mi recamara, yo estaba un poco enferma y fue a verme, era fin de semana y se quedó en mi cama sobre mis pies, que en la madrugada entro mi papá y le coloco una cobija, por la mañana mamá pregunto porque se había quedado en mi recamara y papá dijo que no tenía nada de malo, que nunca me había conocido un novio y que él pensaba que era lesbiana, y eso le daba gusto, si él se hubiera enterado de mi pasado le hubiera dado un infarto.

    Al poco tiempo de aquella ocasión empezó a quedarse conmigo en mi habitación y ya nadie en la casa decía nada, uno de mis hermanos también llevaba a su novia y se quedaba con él.

    Sebastián tenía en mi un poder de convencimiento, y una influencia sobre mis sentimientos, él me decía como vestirme, y que ponerme de bajo, una vez fuimos a la boda de un amigo y pregunté que podía ponerme, me dijo que quería un vestido súper ajustado y entallado rojo con zapatillas negras, no quería que me pusiera nada debajo y así fue, llegamos a la fiesta y muchos me miraban, miraban mis hermosas piernas y mi cintura bien definida, mientras nos sentábamos el colocaba su mano bajo mi pierna y metía sus dedos en mi, obvio yo me excitaba tanto que me retorcía del placer, yo en cada momento tenía que bajar mi vestido para que no se me viera nada, a él, le encantaba que vieran a la hembra que traía, siempre terminamos en un hotel cogiendo al máximo.

    Cuando salíamos al centro comercial también hacía que me fuera de minifalda, sin nada debajo, una mini entre ajustada y amplia, al subir escaleras eléctricas, yo apretaba piernas, pero uno que otro debajo miraba toda mi cola depilada, mientras caminábamos el tocaba mis nalgas y yo me excitaba mucho, siempre sentía la mirada de los hombres y también siempre inmediatamente te después de hacer compras terminamos en un hotel llenos de amor y sexo.

    En mi familia era tanto su aprecio que también me dejaban quedarme en su casa, así como viajar junto con él. Llegó el día de mi cumpleaños y pedimos permiso para irnos de viaje, me llevo a la playa todo el fin de semana, de viernes a domingo, en el avión le dije que de cumpleaños me hiciera de todo, le dije «voy a ser tu cumpleañera puta» «tienes cartera abierta, hazme lo que quieras, por dónde quieras y dónde quieras y así fue.

    Pensé que había reservado un hotel, pero en realidad contrato una casa frente a la playa durante esos días, dijo que no quería a nadie cerca, al llegar había pétalos de rosa y en la cama un gran corazón, pero fue lo único romántico, porque los demás días fue puro sexo, al grado de hacerme su perra y humillarme, claro tenía carta abierta.

    Ni siquiera esperó, ni fue a bajar las cosas del auto en renta, entrando me abrazó por la espalda me arranco mi top, me cargó en sus hombros y me aventó a la cama, me jaló los shorts que traía puestos y pues abajo no tenía nada, me arrodilló saco su verga y me la metió en la boca muy duro, me decía perra puta y zorra, me coloco en cuatro patas y me cogió por la culo, sentí un gran dolor, que me retorcí, así me bombeo durante varios minutos, después me lo metió en mi sexo yo estaba adolorida y excitada, pero ya había durado mucho tiempo y el no terminaba, andaba muy caliente hasta que fui yo la primera en chorrear mis líquidos, finalmente vacío como medio litro de semen en mi cara pidiendo que le limpiará lo que faltaba con mi lengua.

    El sábado despertamos teniendo sexo, al ir a almorzar yo no podía caminar, estaba muy adolorida y llegando a la casa, me fui a recostar a la playa, ahí estuve dormida cerca de una hora, al poco tiempo, ahí estaba parado frente a mi con la verga de fuera, me dijo; anda perra, mámamela, que a eso viniste, a qué te diera tu cumpleaños por todos lados. Le dije que en la playa no, que podría pasar alguien, pero no entendió, me tomó del cabello y me dio una bofetada y metió su verga en mi boca, sentía ahogarme, me cogió y me puso de varias posiciones, a lo lejos venia una pareja, se recostó me dijo que se la mamara y que no parará, y así fue, no se frenó ni nada, ahí seguí, solo con mis ojos mirándolo a él, la pareja paso de largo y solo nos miraron, pero lo más humillante de todo es que se levantó me pidió que abriera la boca arrodillada para vaciar su semen, pero después de su leche orinó todo mi cuerpo, le dije que estaba loco y me volvió a bofetear y me recordó que era su perra y que tenía mi consentimiento, me levanté y me fui al mar a enjuagarme, cuando regrese a la casa nos recostamos en un camastro abrazados pero no dije nada, en mi cumpleaños me estaba dando una humillación.

    Por la noche nos fuimos a un antro y me fui vestida como él dijo, vestido en color azul turquesa súper corto y ajustado sin nada debajo, nos fuimos al antro y bailando se pegaba mucho que se excitó rápidamente, me dijo que fuéramos al baño para que se la mamara, entramos al baño de hombres, nos encerramos en un lugar, me arrodillé y se la mame, hasta sacar toda su leche, al salir muchos chicos nos miraban pero yo sonreía y disfrutaba, al pasar entre la gente muchos hombres me repegaban y rosaban mis nalgas con sus bultos, pero Sebastián no decía nada, sentía arrimones por todos lados.

    Cuando Sebastián fue al sanitario me quedé sola en la barra y llegó un chico, estaba tan sudada que todo en mi vestido se marcaba, me invitó a bailar, cómo en ese momento Sebas no llegaba accedí, baile con él, durante unos minutos que me repegaba todo su bulto y yo me excitaba, pero decidí mejor irme a mi lugar y al llegar ya estaba Sebas, se molestó y me dijo que nos fuéramos, pagó la cuenta de los tragos y salimos.

    Al llegar a la casa Sebastián me bofeteo me tomó del cabello y me arrastró por el pasillo, me aventó en el sofá y arrancó el vestido, metió su verga en mi culo, que solo vi estrellitas del dolor, me cogió durante mucho tiempo dándome unas embestidas salvajes hasta que me sangro un poco, y finalmente vacío sus chorros en mi boca, me dijo que era su puta y su perra y que no quería volver a verme con alguien más, le gustaba me me mirarán pero no que me tocaran.

    De regreso a la ciudad iba muy adolorida apenas y podía sentarme ya que tenía un pene no muy grande pero si muy grueso, al llegar a mi casa me recosté, la verdad estaba muy cansada del viaje y de las cogidas que me propinó mi hombre, al final me habían vuelto a humillar y a tratar como puta, pero me gustaba y más si había amor.

  • Leyendo a Bataille y pensando en batir atole

    Leyendo a Bataille y pensando en batir atole

    Esta es una historia, en voz de Stella, sobre su experiencia en el gusto de los hombres por el atole, experiencia tratada por otros autores del foro. 

    Pues después de tanta insistencia de mi amigo Cornelio porque intimara con Estella, su exesposa para que hiciéramos un trío, accedí. Pero le pedí que antes de hacer algo juntos, me permitiera intentar restaurar nuestra amistad, la cual se distanció con la separación de ellos.

    ¡En verdad que Estella es una mujer con vocación puteril!, como dice despechadamente José Vasconcelos de Consuelo Suncín, quien después fue la esposa de Antoine de Saint Exúpery. Después de unos minutos de hablar por teléfono ella me propuso tomar un café para platicar y después seguirla con farra o “lo que saliera”. Desde luego que accedí. Resultó muy platicadora y me contó lo que apenas había ocurrido entre Cornelio y ella y un amante, que no es el mismo al que se refirió Cornelio en «echar leche después del amante«, y que pueden leer en este foro. Va tal como Estella me lo contó.

    A mis hijos les tocaba estar este fin de semana con su padre quien los recogió el viernes en la noche y regresaría a dejarlos la noche del domingo. Por mi parte, estaba dispuesta a pasarla en cama ese fin de semana, pero no sola… Ya había preparado el avituallamiento que requería para no necesitar salir de casa, sólo faltaba mi hombre y sabía que llegaría de un momento a otro. Únicamente traía puesta la bata de baño con la que me cubrí al terminar de ducharme en la tarde. Ya me había secado y cepillado el pelo.

    Continué con la lectura de un libro de Bataille que había iniciado hacía unos días y tuve claro por qué veía las estrellas cuando me poseía mi amante: al inicio sólo teníamos mimos y cariños tiernos el uno para el otro, pero en el momento culminante del coito cambiábamos las caricias por rasguños y fuertes presiones que nos dejaban laceraciones y moretones, que empezaban a doler hasta que nuestras respiraciones se normalizaban y el sudor terminaba por evaporarse. Recordé su presencia más reciente y los orgasmos que sentí mientras él eyaculaba; mi vagina inició una serie de pequeñas contracciones y claramente volví a apreciar el calor de los borbotones de semen dentro de mi ser…

    El libro se cayó de mis manos y una de éstas, sin que yo advirtiera cómo pasó, acariciaba mi monte con movimientos circulares resistiéndose el índice y el anular a despegarse de mi clítoris… El timbre sonaba insistente y caí en cuenta que mi hombre tenía rato que había llegado. Suspendí mis caricias, me amarré el cinto de la bata y fui a abrir.

    Abrí la puerta, aún no terminaba de saludarme y lo jalé al interior, cerré el acceso y le di un gran beso. Mi lengua navegó dentro de su boca y mi mano me daba cuenta exacta qué tanto crecía su miembro. Él me cargó sosteniéndome únicamente de las nalgas y me llevó directamente a la recámara. Me acostó desnuda sobre la cama. Yo estaba mojadísima y muy caliente. Simplemente me abrió las piernas, me besó los labios, los abrió con su lengua y probó mi flujo. Metió la lengua y se puso a chupar desmedidamente mientras me agarraba las nalgas con una mano y el pecho con la otra. Yo empecé a tener un orgasmo tras otro, lo tomé de la cabeza para presionarlo contra mi vulva, restregué mi pubis en su cara y veía como ésta se le iba mojando con mi flujo dejándole una gruesa pátina húmeda y viscosa.

    –¿Qué hacías, golfa, que no me abrías? ¡Estás mojadísima! ¿Te masturbabas o tratabas de limpiarte la cogida que te dio tu ex cuando vino por tus hijos? –decía exaltado de pasión y de celos sin detener sus mamadas y yo lo gozaba intensamente.

    –¿A qué te sabe, sólo a mí o la mezcla que ya has probado con deleite? –le pregunté para enardecerlo más; aunque sí, mi exmarido me cogió un buen rato la noche anterior, pero ya me había aseado.

    –¿De verdad te acaban de coger, mi mujer? –preguntó, más extrañado porque no había atole ni verijas escurridas, ni pelos pegados con semen seco –Sabes rico, pero no hay rastros de semen, si acaso un olor a amor consumado hace muchas horas –precisó presumiendo su gran olfato y su sentido del gusto.

    –Me pajeé recordándote, pero me interrumpió el timbre, los niños se fueron desde anoche y… ya me bañé –le dije y él arqueó las cejas olfateándome con mayor detenimiento.

    –Sí, hueles a jabón, te hubieras esperado un poco para… bañarnos juntos.

    –Lo haremos antes de acostarnos.

    –Sí, así le tocará mi recompensa por las veces que tomo el atole aderezado con el amor que él siente aún por ti –me dijo fingiendo disgusto y celos.

    –Seguramente te lo agradecerá pues también a él le gusta tu aderezo, desde antes que nos separáramos, así como a ti te gusta el suyo desde entonces –le dije para ubicarlo en esa relación gastronómica sexual que compartían.

    –La verdad es que al cogerte te vienes mucho y es rico beber tus jugos, pero si además te dieron mucha carga, se fermenta muy rico, eso es lo que nos gusta –precisó, dando en el gusto exacto que compartían.

    A mí me fascina verlos prendidos con sus labios a mi vagina haciendo que su lengua navegue dentro de ella, abrevando mis venidas revueltas con las suyas, propias o del otro. Lo que poco a poco le fui tomando gusto fue a los besos con sabor a orinal de cantina que era como olía mi vagina en las mañanas después de un día de sexo y sin asear, ahora entiendo que el semen es el fermento para producir ese olor y sabor con mis jugos, que les gusta más después de varias horas. Pensar que, en mi entonces marido, ese gusto nació una noche que llegué después de un día completo de sexo con mi amante. Al llegar, para no tener discusiones al ver su rostro con gesto agrio, lo seduje con besos y caricias nuevas que él aceptó de inmediato. Me penetró chacualeando con mucha enjundia en mi panocha inundada, pero, antes de que se viniera, lo tumbé en la alfombra y mamándole la verga llena de atole lo obligué a hacer el 69 que él y yo nunca habíamos hecho juntos y probamos el amor consumado entre mi amante y yo.

    Pensé que lo estaba humillando, pero él no dejaba de chuparme aun sabiendo de dónde venía y qué había hecho. Con mi amante fue similar: un lunes en la mañana que amanecí ensartada, además de haber estado así todo el domingo, después de dejar a los niños en la escuela, llegué a su casa donde me recibió en piyama y quise comprobar mi suposición. Me encueré, le bajé el pantalón y me fui al 69 que aprendí con él. La reacción fue idéntica, ¡quedó fascinado lamiéndome los pelos, las verijas y el ano, además de querer acabarse mis flujos que seguían manando! Sí, a los hombres les gustan las mujeres muy cogidas. Así que me atreví a proponerle que pagara con la misma moneda a su benefactor del placer culinario:

    –Pues tenemos toda la noche, además de la mañana y la tarde del domingo, para hacer un rico atolito de amor para mi ex. Yo me encargo de servírselo y quizá lo convenza de que amanezca aquí para desayunar rico… Te esperaré, sin asearme, el lunes en la noche para decirte qué le pareció, mientras tú degustas algo similar.

    –¡Eres una golfa…! Dijo y me penetró dándome la primera prueba líquida de su amor de ese día.