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  • En el sur: El final de las vacaciones

    En el sur: El final de las vacaciones

    Llegamos al restaurante a la hora prevista. Nos habían acomodado en una mesa en la terraza con vistas a toda la línea costera. Laura y Julia se sentaron frente a mí. Se acercó el camarero para tomar nota de las bebidas y Julia fue la primera en pedir, en esta ocasión, dos botellas de Sauvignon Blanc. Laura pidió dos jarras de cerveza. Entre el vino y la cerveza, dimos por concluida la petición de bebidas al camarero, que no tardó en traerlas. Miramos la carta y no tardamos en decidir nuestros platos. Antes de que el camarero viniese a tomar nota, ya nos habíamos tomado la primera jarra de cerveza. Hacía calor y entraba con muchas ganas mientras hablábamos de lo provechoso y genial que había sido nuestro encuentro.

    Los tres sabíamos como acabaría la noche y por ello, empecé a agradecerles la conexión que habíamos creado y el haber disfrutado junto a ellas de aquella preciosa cala en una tarde fantástica. Usé mis mejores argumentos con un buen protocolo de palabras, y conseguí que ambas se levantaran y se acercaran a darme un beso por lo emotivo de mi discurso. Me levanté y las agarré de la cintura y ambas me besaron en la mejilla, como a esos ciclistas que ganan etapas y son besados por las azafatas. Al posar mi mano sobre ellas, noté que ninguna llevaba ropa interior, lo cual instintivamente me causó el despertar más libidinoso, sabiendo que a partir de ese momento se estaba forjando nuestra fantasía.

    Les devolví un beso a cada una con cierto aire de complicidad. De vuelta a su sitio, el camarero llegó con los platos. Spaguetti para Julia, lasaña para Laura y yo opté por una pizza. Ya estaba a punto de terminarse la segunda jarra de cerveza, cuando Julia sirvió el vino. Los tres disfrutábamos intensamente de la cena, la bebida, las vistas y del mágico momento. Julia ofreció probar sus spaguetti a Laura y ya no sé si fue por el alcohol o por las ganas de encender la mecha, en un juego inocente y travieso, colocó la punta de un spaguetti en su boca y la otra punta en la boca de Laura. La escena empezó a tomar una connotación más pícara. Yo las miraba expectante y ellas lo hacían con un mensaje en su mirada.

    Concluida la cena con algún otro juego y conversación insinuante, aún nos quedaba la mitad de la segunda botella, cuando Laura comenzó a rozarme con su pie bajo la mesa, lo que provocó que me pusiera nervioso y se me cayera al suelo mi servilleta. Al agacharme a recogerla, pude disfrutar de una visión privilegiada. Las manos de Laura acariciando su zona íntima y las piernas de Julia abiertas mostrando su linda vagina que pude ver con detalle.

    Al reincorporarme a la mesa, ya tenía una erección importante y sus miradas provocativas sobre mi. Habían despertado el instinto y ya solo pude entrar en su mismo juego mientras apurábamos lo que quedaba de botella. Julia, sin cortarse nada, me preguntó que cual de las dos me gustaba más. Ante una cuestión como esa, respondí airosamente, diciéndoles mientras me miraban, que la mezcla de ambas y de sus personalidades sería mi mujer ideal. La forma de mi respuesta y de cómo había resuelto dicho dilema, les pareció muy elocuente y acertada, y unas sonrisas cómplices iluminaron sus caras. Laura seguía con su pie por debajo de la mesa alcanzando en esta ocasión mi entrepierna pudiendo notar a estas alturas su dureza. La siguiente pregunta la hizo Laura, que seguía frotando su pie contra mí.

    En esta ocasión, dicha pregunta abrió la caja de Pandora. -¿Y a cuál de las dos te follarías esta noche? El mundo se paró por un par de segundos, pero yo tenía clara mi respuesta y mi jugada, que ahora tenía que exponer.

    Había llegado el momento tan esperado y crucial, mientras ellas me miraban expectantes. -Bueno, mis preciosas damas, he de deciros que lo que ha ocurrido hoy ha sido algo único y maravilloso que jamás me imaginaría que pudiese ocurrir durante mis vacaciones y que posiblemente no vuelva a repetirse nunca. Os he follado a las dos y he saboreado vuestros coños, os he hecho subir al séptimo cielo y yo con vosotras, habéis probado mi néctar y yo el vuestro… ante tu pregunta querida Laura, solo os puedo decir que lo propio, justo y necesario, sería que nos fuésemos al hotel e hiciéramos el tan esperado trío que tanto vosotras como yo, estamos deseando.

    Tras esa respuesta tan sincera y contundente, las dos amigas se miraron con una sonrisa pícara y acto seguido, volvieron sus miradas a mi. Laura dijo que estaba deseando oír esa respuesta, mientras Julia apoyaba su mano sobre el hombro de Laura, asintiendo a la respuesta de su amiga. Acto seguido, Julia llenó las copas de vino con lo que quedaba en la botella y propuso un brindis por nosotros y por el sur. Después de brindar, Laura pidió la cuenta al camarero y este no tardó en traerla junto con unos chupitos de vodka caramelo. Ya llevábamos un punto muy vacilón entre las cervezas y el vino y esta última ronda, gentileza del restaurante, nos activó para salir de allí en dirección al hotel. Los tres estábamos receptivos, con ganas de disfrutar una vez más, pero en esta ocasión los tres juntos, como un equipo coordinado.

    Sin titubeo alguno, las cogí de sus brazos y las enganché a los míos quedando yo en el centro. La brisa del mar y sus perfumes, daban la nota aromatizante del momento y nuestras risas junto a las leves olas, eran ahora la banda sonora. Nos dirigimos al hotel en el que apenas había tránsito por la hora que era. La cena se nos prolongó más de la cuenta, pero ya estábamos enfocados en disfrutar de los placeres de la carne. Al entrar en el hotel, saludamos al recepcionista y Julia se acercó a una máquina de bebidas para sacar algún refresco. Laura seguía agarrada a mi brazo, pulsé el botón del ascensor mientras se acercaba Julia. Una vez dentro ellas se pegaron en el fondo y yo delante de la botonera. Simulando jugar como si fuese un botones del hotel, les dije: -¿A qué piso van las señoritas? Laura sin pensarlo y sin cortarse dijo mirándome con picardía, vamos a la planta 4 que nos espera un chico para follarnos como si no hubiese un mañana. Las risas resonaban en el ascensor hasta que llegamos a nuestra planta.

    Decidimos ir a mi habitación y en cuanto abrí la puerta, Julia se dirigió al baño mientras Laura se quitaba sus sandalias y se acomodaba. Le pregunté si le apetecía beber algo del minibar, me dijo que de momento no, que prefería chocolatinas si las hubiese y bingo, había un paquete de kit kat. Se lo di. Julia salió del baño y también se quitó sus sandalias de cuña y se tumbó en la cama. Laura se acercó a ella con una chocolatina en la boca como la escena del spaguetti, pero esta vez el juego dió paso a un beso prolongado y sabroso. Yo tomé posición y me senté en una silla a observarlas.

    Mientras se besaban, Laura bajó los tirantes del vestido de Julia dejando al descubierto sus pechos bronceados que ya denotaban excitación por la dureza de sus pezones. Estaban de rodillas sobre la cama y yo enfrente presenciando la escena más linda que jamás había visto. Ambas acariciaban sus pechos mientras no paraban de comerse sus bocas. Me deshice de mi pantalón para estar más cómodo ya que mi erección estaba en su punto álgido. Julia tumbó a Laura y quedo a cuatro patas frente a mi. Empezó a chuparle sus tetas y con una mano acariciaba la vagina de Laura e iba bajando desde sus pechos por el vientre hasta llegar a su coño, donde juntó boca y dedos que introducía efusivamente. Tras un instante, Julia se volvió a mi haciéndome un gesto para que me uniese a ellas.

    No tardé en arrodillarme frente al coñito de Julia y empezar a chuparlo mientras ella hacía lo mismo con el de Laura. La escena era fascinante y terriblemente bella. Saboreándonos nuestras esencias mientras una suave brisa entraba por la ventana recorriendo nuestros cuerpos. No tardaron en llegar sus primeros orgasmos ya que ambos coños estaban sido comidos con intensidad y deseo. Primero fue Laura y acto seguido, Julia que se llevó su mano a su clítoris mientras yo introducía lengua y dedos en su vagina. No habiendo terminado de correrse Julia, sentí como una mano suave, agarraba mi polla desde atrás. Era Laura, que sin yo percatarme, se había incorporado justo detrás de mí, mientras yo seguía ensimismado con el cunnilingus de Julia. Mi excitación se disparó, lo que hizo que mis dedos y lengua se moviesen con más intensidad hasta que Julia consiguió correrse nuevamente. Laura seguía masturbándome desde atrás mientras yo me daba un festín tragándome la corrida de Julia. Laura soltó mi polla y me cogió de la cintura para reincorporarme de pie, mientras Julia seguía a 4 patas en la cama acariciando su clítoris con más suavidad y más relajadamente.

    Una vez de pie, me giré y me puse frente a Laura a la que empecé a besar apasionadamente mientras le introducía mis dedos a la vez que ella agarraba mi miembro, sus pezones duros los notaba sobre mi pecho. En esa posición, me acercó a la cama para sentarme entre las piernas de Julia. Sin apenas percatarme de la jugada, en un abrir y cerrar de ojos, tenía a Laura cabalgando suavemente sobre mi y a Julia restregándome su coño otra vez en mi boca y parte de la cara, mientras ellas se comían sus bocas lascivamente. Apenas podía moverme y ver la escena, tenía encima la vulva deliciosa y empapada de Julia que hacía cada vez más intensos sus frotamientos y ante eso, solo podía chupar y chupar.

    No tardamos en corrernos los tres simultáneamente, casi a la vez. Laura llegó a su orgasmo con un jadeo de placer que debió escucharse en las habitaciones contiguas. Dicho gemido, dio paso a que Julia alcanzara su orgasmo con mi lengua dentro de su coño, mientras mis manos agarraban sus cachetes abriéndolos en un intento por tomar aire. Acto seguido pude avisarlas que llegaba mi momento de eyacular, teniendo aún a Laura moviéndose elípticamente sobre mi miembro de una forma más pausada pero intensa. Se levantó y dejó que esparciera mi néctar entre los pechos de ambas y su abdomen, que se llevó la mayor parte.

    Ellas se reincorporaron a un lado de la cama, mientras yo quedé exhausto tras mi corrida, observándolas como a dos ninfas juguetonas, pero en esta ocasión su juego consistió en seguir comiéndose la boca y frotarse sus tetas impregnadas de semen. Mi erección se mantuvo firme cuando observé esa húmeda y jugosa visión.

    Durante gran parte de la noche, los 3 formamos un ente bien combinado de placer, de éxtasis, de morbo, de pasión, de lujuria. Hicimos todo lo que nuestros deseos y fantasías nos invitaban a disfrutar, como si el mundo fuese a desaparecer al día siguiente. Tres cuerpos dando y recibiendo placer con una intensidad sincronizada. En la habitación flotaba un olor a sexo, sexo morboso, sexo de verano que nos ensimismaba aún más en la situación. Tres cuerpos cuyos poros emanaban deseo y fuego hasta que el agotamiento pudo con los tres y nos abatió en un profundo y delicioso sueño, refrigerado por la suave brisa que entraba por la ventana.

    El fotograma que ilustraría esta historia en mi recuerdo, fue el dormir entre ellas, abrazado a ambas con una complicidad y ternura que se forjó en la experiencia tan inolvidable e irrepetible que los tres vivimos y disfrutamos en el Sur.

  • Abuso de mi amiga en la fiesta de su novio

    Abuso de mi amiga en la fiesta de su novio

    Entre el alcohol y el deseo andaba yo, no le quitaba la mirada de encima, ella lucia espectacular, una calza con algunos cortes transparente, en las piernas y cerca de la nalga, una blusa que mostraba sus ricas tetas, el único problema era el novio y que ella solo estaba con él. 

    Ya era de madrugada y luego de cogerme a Estela en el baño aún estaba caliente, Ivette me tenía todo idiota, me molestaba verla con su novio, pero ni hablar, tenía que seguir fingiendo.

    Ella me miraba de re ojo, yo no podía dejar de verle las nalgas, que ganas de tocarlas, de morderlas, que ganas de cogérmela tenia.

    La mire que entraba y salía de su casa, ya que la fiesta estaba siendo en el patio trasero y cochera, fue entonces que la seguí sin que se diera cuenta de mi presencia.

    Subía las escaleras rumbo a su recamara y ahí antes de que entrara llegue y la abrace por atrás besándole el cuello acariciando sus ricas piernas.

    I: ¿Que pasa?

    T: ¡Quiero comerte!

    Al darse cuenta que era yo, ¡ella me aventó y aunque no grito comenzó a reclamarme!

    I: ¡estás loco!

    T: ¡Por ti mi amor!

    I: ya párale, que te pasa, ¡toda la noche has estado de idiota!

    T: ¡No tolero verte con el!

    I: Pero él es mi novio, ¡te guste o no!

    T: Pero Ivette él no te merece, ¡apuesto a que ni tocarte sabe!

    I: Y a ti que te importa, mejor ya cálmate Tyson, no quiero decirte cosas de las que me arrepentiré.

    Pero en lugar de relajarme y bajarme de ahí, la tomé a la fuerza y comencé a besarla, ella me aventaba, ¡pero yo la sostenía con fuerza y le apretaba las nalgas empujándola hacia dentro de su habitación!

    I: ¡ya!! ¡Voy a gritar!

    T: Hazlo, ¡me vale!

    Mientras alegaba la tiré en la cama y comencé a acariciarla, ella me aventaba las manos, pero yo no me detenía al contrario comencé a levantarle su blusa y lamer su abdomen.

    I: ¡No mames ya basta!

    T: ¡Uhm!! ¡Que buena esta nena!

    Baje su calza hasta donde las botas me lo permitieron, lamia sus rodillas y muslos, ella pataleaba, prácticamente la estaba abusando.

    Me dirigí directo a su cosita, comencé a saborearla por encima de su tanga, comencé a hundir mi lengua rosando sus labios vaginales, ella me aventaba la cabeza, pero era tarde, le hice a un lado su tanga y mi lengua hacia lo suyo, una y otra vez succionaba los fluidos que ya comenzaban a salir de Ivette, le lamia de las entre piernas hasta el inicio de su ano, ella dejo de luchar y comenzó a dejarse llevar por mi sexo oral.

    Apretaba su clítoris con mis dos dedos y le metía otros dos, miraba su cara de satisfacción, teníamos la puerta abierta, el riesgo de que su novio subiera y nos encontrara era máximo, pero no me iba a detener, así que seguí chupando y dedeando a mi amiga.

    T: ¡Que rico!! como te mojas!

    I: ¡Uhm, ah!!

    Ivette se quitó su blusa y se desato el brasear, finalmente comenzaba a meterse más, me acariciaba la cabeza, subí recorriendo con mi lengua su abdomen hasta llegar a sus ricas tetas, las cuales lamia y chupaba como recién nacido, es al hacia estremecer.

    Me desnude y la desnude por completo, ¡toscamente la tome del brazo y la arrodille frente al enorme espejo de su cuarto y le di a comer verga.

    Ella comenzó con lamidas ligeras alrededor del troco y la cabeza, me encantaba verla y como me miraba eso me la ponía aún más dura, poco a poco introducía mi verga su boca hasta donde le cupo, ahí comenzó con un mete y saca moviendo su lengua de una forma riquísima.

    T: ¡Uhm, si, así mami, así!

    Una hora antes tenía a Estela empinada en el baño cogiéndomela rico y ahora Ivette se tragaba mi verga como solo ella sabe.

    Se puso de pie y la llevé a la cama se acostó normal y abriendo sus piernas para mí, subí en ella y comencé a metérsela suave, mi verga entraba en su húmeda vagina que la recibía con mucho gusto.

    Comencé a moverme con fuerza mientras nos besábamos, le apretaba el cabello, mordía sus ricos pezones, le apretaba las nalgas, ella también se movía riquísimo, me arañaba la espalda y se empujaba más a mí.

    T: ¡Que rico, hm!!

    I: ¡Estás loco!

    T: ¡Imagínate que nos viera, uhm!!

    I: ¡Ni lo digas!!

    T: ¡Apuesto que no te coge rico!

    Levante sus piernas juntándolas y haciéndome un poco para atrás empecé a metérsela mientras ella se abría con sus manos las nalgas para que le entrara casi toda mi verga.

    Que rico era tenerla así, el lamía sus pies, sus dedos estaban en mi boca, apretaba esos muslos carnosos que tanto me gustan, le doblaba las piernas en posición fetal y levantándome un poco se la metía con toda mi fuerza.

    T: ¡Uhm, ah, sí, que rico, uhm!!

    I: ¡Tyson!! ¡Uhm, ah, dios!!

    T: ¡Eres mía!!! ¡Uhm, entiende!!

    I: ¡Por dios, que rico, agh!!!

    La fortuna nos sonreía, nadie entraba y yo seguía cogiéndomela rico, me acosté detrás d ella y subiéndole una pierna se la metía rápido, me encanta acariciar sus pezones mientras mi verga le daba placer, placer que su novia no podía darle, le besaba el cuello, le daba a lamer mis dedos de las manos como si de vergas duras se trataran.

    I: ¡Que rico coges!!!

    T: ¡Si!! ¿Te gusta mi verga?

    I: ¡Me encanta, uhm!!

    Me senté en la cama y la subí de frente para que se dejara caer y me cabalgara rico.

    Sus movimientos eran fantásticos, su cama rechinaba y rechinaba, le mordía las tetas, nos besamos, sudamos la gota gorda pero que rico era tenerla encima de mí moviéndose en círculos y saltando, logrando que tuviera un rico orgasmo.

    I: ¡Que rico, uhm!!!

    T: ¡Eres la mejor!!

    Yo estaba en el éxtasis, su convulsión y espasmos lograron hacerme venir llenándole su rico coño de mi leche caliente, como deseaba preñarla.

    Pero la acción no termino, la jalé del brazo y la puse de pie apoyada en la esquina de su cama, quería su culo y me lo tenía que dar si o sí.

    I: ¿Qué haces?

    T: ¡Quiero esto!!!

    I: ¡Espérate, ah!!

    T: No quiero, ¡ya no aguanto!

    Lubricándola con nuestros fluidos comencé a estimular su ano, ella movía su cola, no quería tenerme ahí por lo grueso de mi verga, pero a mí no me importaba, ella era mí y su culo tenía que sacarme la leche.

    Comencé a con la puntita, ¡ella se estremecía mientras el primer cuarto de mi verga ya estaba dentro de su ano!

    T: ¡Si!!! ¡Qué rico culo!!!

    I: ¡Ay!! ¡Me duele, uhm!!

    T: ¡Toma!!! ¡Ahí va más!!

    I: ¡Agh!! Tyson!!

    T: Que suba, que vea como me das el culo, ¡uhm!!

    I: ¡Ah!! ¡Por dios!!

    Comenzaba con unas embestidas suaves su culo aguantaba muy bien mi verga, le jalaba el cabello, la apretaba sus nalgas, arañaba sus muslos, tenía a Ivette como siempre quise.

    Me movía más rápido, ella gemía y me pedía que fuera despacio pero más duro le daba, su culo se abría mas y más y el color rojizo que tenía me ponía más duro y loco.

    La acosté en la cama y levanté sus piernas abriéndola para que su culo rojizo quedara a mi disposición, la introduje de golpe, ella grito tan rico que solo la música de afuera encubría lo que hacíamos.

    I: ¡Ah, no mames, uhm!!

    T: ¡Que culo!!! ¡Toma, uhm!!

    I: ¡Más suave, me duele!!

    T: ¡pero te gusta amor!

    Le levantaba las piernas y se la seguía metiendo, ella se movía también rico, le encantaba tenerme atrás, yo me sentía con mucha suerte, primero Estela y ahora Ivette y dándome el culo, que suertudo era.

    T: ¡Ivette como me encantas!!

    I: ¡Agh!! ¡La verdad tú a mí me gustas mucho!

    T: ¡Yo o como te cojo!

    I: ¡Las dos, uhm!!

    T: Ponte de perrito, ¡quiero terminar así!

    I: ¡Uhm, como quieras!

    Se puso en cuatro y yo comencé a metérsela suave le di un par de empujones con suavidad mientras apretaba sus chichis y sus peones, también jugué un poco con su clítoris quería que recordara ese momento.

    Poco a subí mi velocidad, se al dejaba ir hasta el fondo, Ivette mordía su almohada, no quería gritar, entre dolor y pacer estaba recorriéndose, le daba de nalgadas y le apretaba sus nalgas hasta marcarlas le jalaba el cabello, le daba golpes en los muslos, ¡la estaba haciendo mi puta total!

    T: ¡Si!!! que rico, uhm, ¡nena que rico!

    I: ¡Ah!! ¡Qué rico, uhm, ah!!

    T: ¿De quién eres nena?

    I: ¡tuya, uhm, ah, me voy a venir!

    La embestía rápido y con toda mi fuerza, Ivette comenzó avenirse y tener un orgasmo por segunda vez, ¡su cama estaba salpicada de sus fluidos y fue entonces que me sentí llegar y justo cuando me iba a venir se la saqué y jalándola del cabello comencé a venirme en su cara!

    Ivette recibió mi leche en su cara y trago un poco, su cara de felicidad al recibir mi semen me demostró que aprobaba lo que acababa de hacer, ¡el orgasmo fue fenomenal!

    En lo que ella se aseaba yo me guardaba su tanga y reposaba en su cama.

    I: ¡Te pasas!

    T: Es inevitable, ¡además te veías riquísima!!

    Ella estaba molesta y sabía que me mandaría al carajo bajamos y seguimos como si nada, aunque ella me veía entre coqueta y enojada, terminare esto diciendo que gracias a una tragedia, ella no, me mando a volar y continúe disfrutando de su rico cuerpo.

    Tyson.

  • El perroflauta

    El perroflauta

    —¿Qué ha visto Susana en ese tío? No tiene oficio ni beneficio. Sólo hay que ver su aspecto. Es un perroflauta, por el amor de Dios. Además, es cuatro años mayor que ella. No me gusta, —aseveró Manuel.

    —No tiene que gustarte a ti, sino a ella. Es su novio, te guste o no, —sentenció Raquel.

    —No lo quiero en mi casa.

    —Pues lo vas a tener, quieras o no.

    —No me gusta para ella. Es un andrajoso.

    —A ti no te gusta nadie para ella. Si por ti fuera, la ingresarías en un convento.

    Carlos se presentaba como el nuevo novio de Susana, y como era de esperar, viniendo de una familia con tendencias conservadoras, él no cumplía los requisitos que se le presuponían al cortejador de su hija. Carlos tenía veinticuatro años e intentaba labrarse un porvenir como guitarrista de un grupo los fines de semana en un pub, si bien, para Manuel su forma de ganarse la vida era síntoma de holgazanería. Raquel, aunque compartiera la preocupación de su esposo, entendía mejor los entresijos de los sentimientos. Aun cuando el semblante de su yerno era un tanto desaliñado, no por ello significaba que fuese un mal chaval, y aunque le costase verlo como posible candidato, podía llegar a entender que la apariencia no era motivo suficiente para determinar si era apto o no para su hija.

    —No sé cómo no te da asco el pelo ese que lleva. En esas rastas debe anidar una fauna de lo más variopinta.

    —¡Déjalo ya papá. Es mi novio, te pongas como te pongas.

    —Al menos dile que se corte las rastas.

    —Se las cortará porque lo digas tú, ¿no?

    —Pues que busque un trabajo, —dijo a falta de argumentos.

    —Ya tiene un trabajo. Es músico.

    —Ese tío no te conviene, Susana. ¡Hazme caso! —insistió Manuel.

    —Eso lo decidiré yo, ¿no te parece?

    —Tú eres demasiado joven para entender ciertas cosas, Susana. No sé qué has visto en ese tío. No lo entiendo.

    —No quieras saberlo tampoco, —declaró desafiándolo en un tono más elevado—, y se llama Carlos.

    —No te atrevas a hablarme así, —replicó en un tono adusto, y Susana abandonó la habitación dando un portazo.

    —Eres un energúmeno. Tienes que andarte con más tiento, —le anunció Raquel señalándolo con el dedo. Inmediatamente fue a la habitación para respaldar a su hija, en vista de que Manuel parecía no entender sus sentimientos.

    —¿Estás bien hija? —preguntó cerrando la puerta para no sufrir interrupciones mientras la consolaba.

    —Papá es un retrógrado. ¿Qué pretende? ¿Que salga con un médico? Es músico. ¿Qué hay de malo en ello?

    —No es su profesión, es su semblante lo que le inquieta.

    —Pues no va a ponerse corbata para satisfacerle, eso está claro.

    —Lo sé. No te preocupes. Ya se le pasará. No tendrá más remedio que claudicar.

    Pese a que Raquel intentaba ejercer el papel de madre comprensiva y tolerante, a ella también le echaba hacia atrás la estampa que el joven mostraba sin complejos. Carlos no pretendía ofender a nadie, sino que para él su forma de vestir era la habitual. Era su forma de ser y tenía claro que no iba a cambiar su personalidad por culpa de unos suegros intolerantes y tradicionalistas. Era evidente que a Raquel también le turbaba el aspecto desaliñado y las escasas perspectivas de futuro de su yerno, pero tenía que ofrecer una actitud más condescendiente con él, y sobre todo, más comprensiva con su hija, aunque le resultase ofensiva su indumentaria, viniendo como venía de una familia de la alta alcurnia. Ver a aquel zarrapastroso al lado de su hija completamente pulcra, maquillada y sofisticada era demasiado contraste para su posición. Sin embargo, no le quedaba otra que aceptarlo y confiar que más pronto que tarde, Susana se cansara de él.

    Pese a detectar que Carlos no era bienvenido en casa de sus suegros, no fue impedimento para que Susana y él fuesen consolidándose como pareja, al margen de lo que pudiesen opinar sus suegros, y en pocos meses se quedaba a dormir alguna noche en casa. Por contra, Manuel estaba en completo desacuerdo con esa decisión y cada vez que eso ocurría tenía que hacer de tripas corazón, con lo cual, se iba pronto a dormir para no tener que ver ni oír nada que le resultara ofensivo. Todavía no se resignaba a dar por perdida esa batalla con su hija, pero si no quería perderla a ella también, de momento tenía transigir y tragarse al harapiento de su novio.

    Raquel se retiró antes y se fue a dormir para dejar a la pareja a solas. En la habitación, su esposo ya dormía profundamente y ella cogió un libro como solía hacer todas las noches hasta que el sueño la venciera, pero esa noche no había manera de que la somnolencia acudiera en su busca y siguió con su lectura durante una hora, hasta que oyó a la pareja acostarse y, ante el silencio reinante, se empezaron a escuchar algunas risas y murmullos que pronto fueron reemplazados por los jadeos. Los jóvenes intentaban ser discretos, pero Raquel estaba tan desvelada que lo escuchaba todo como si hubiese altavoces amplificando el sonido. Sabía que estaban echando un polvo y ante el sonoro recital que le estaba regalando la pareja, Raquel empezó a excitarse, y sin darse cuenta se encontró con sus dedos paseándose por su húmeda raja.

    Los gemidos de su hija evidenciaban su entusiasmo e intentó ponerse en su lugar, obviando el semblante zarrapastroso de su novio. Se lo imaginó encima de ella completamente desnudo y follándola conforme se lo estaba haciendo a su hija en esos momentos, mientras sus rastas caían sobre su cara. Pudo escuchar como Susana recibía el orgasmo entre resuellos de gozo, siendo eso el detonante para que su madre alcanzara el clímax con la ayuda de sus dedos.

    Seguidamente se escucharon murmullos y algunas risitas, y Raquel se puso una bata semitransparente para ir al baño a lavarse. En el momento que regresaba, salió Carlos de la habitación completamente desnudo pensando que sus suegros dormían plácidamente, pero se encontró con su suegra en el pasillo. Raquel se quedó en shock y sin saber qué hacer, al igual que él. Sin pretender ser indiscreta ni impertinente, pero sin poder evitarlo, permaneció absorta durante unos segundos contemplando su desnudez. Se demostró que detrás de aquella apariencia desaliñada se escondía un joven tremendamente atractivo con un físico fibroso del que colgaba un rabo a media molla de tamaño mayúsculo. Al igual que ella, su yerno también se quedó boquiabierto contemplando las delicias del cuerpo de su suegra a través de la tela. Cuando se recompuso del sobresalto, el joven pidió perdón por su osadía y fue directo al baño. Fue entonces cuando Raquel se dio cuenta de que ya podía cerrar la boca. Rápidamente se metió en la habitación, cerró la puerta y volvió a acostarse sin poder conciliar el sueño.

    Ahora ya podía entender las motivaciones de su hija. A pesar del reciente orgasmo y del agua refrescante, su coño volvió a arder y a su cuerpo retornó la agitación de momentos antes, sin embargo, ahora podía visualizar cada detalle del garañón que se la estaba follando en su fantasía. Sus dedos no tuvieron que esforzarse mucho, pues en breves minutos, el clímax la sacudió imaginándose poseída por su yerno con aquella polla que parecía haberla hechizado. Tuvo que ahogar un grito y mitigar varios gemidos, mientras su cuerpo se retorcía en la cama, intentando no despertar a su esposo.

    A partir de ese momento ya no contempló a su yerno como un andrajoso, sino que ahora siempre estaba el componente sexual en sus miradas y en sus reflexiones. El hecho de que fuese un perroflauta se había desvanecido y después de aquel encuentro fortuito, cada vez que lo veía intentaba vislumbrar lo que escondía debajo de sus harapos. Del mismo modo, Carlos había visto a su suegra en paños menores y reconoció su enorme atractivo y el morbo que despertaba en él. También detectó que ella no era de piedra y que entre ambos se había establecido cierta química durante esos breves segundos en los que se quedaron en shock. En ese intervalo, el examen anatómico que se dedicaron el uno al otro expresó más que cualquier palabra. En los días sucesivos, las furtivas miradas entre ambos se fueron trasformando en complicidad sin ninguno de ellos haber mencionado nada de lo ocurrido.

    Cada vez que Carlos iba por casa, Manuel seguía tan huraño como era habitual en él, en cambio, Raquel era cada vez más solícita y amable, y eso era un hecho irrefutable para Carlos.

    Raquel, pese a que estaba en los inicios de la menopausia, seguía siendo una mujer atractiva para cualquier hombre y de cualquier edad. Ella siempre cuidó su aspecto y quiso sacarse el máximo partido para verse estupenda y por ello intentaba cuidarse caminando todos los días ocho kilómetros en la cinta estática. En cambio, su marido era todo lo contrario. Nunca se preocupó de su físico, y mucho menos de su alimentación, y la prueba evidente saltaba a la vista al observar a uno y a otro.

    El hecho de incorporar a Carlos en sus fantasías se hizo algo habitual, de manera que cuando Raquel se masturbaba o disfrutaba del sexo con su esposo, era su yerno quien se la follaba cada vez de forma más salvaje, conforme sus deseos iban acrecentándose.

    Lo mismo ocurría con las fantasías de Carlos en las que era a su suegra la que recibía su leche, aunque estuviese haciéndolo son Susana, de modo que sin ellos saberlo, sus cuerpos se enardecían en presencia del otro, pero también en su ausencia.

    El siguiente día que Carlos se quedó a dormir, los hechos se desarrollaron prácticamente del mismo modo. Manuel se escabulló después de la cena hacia su habitación. Al cabo de un rato lo hizo Raquel para dejarlos solos, y un poco más tarde les tocó el turno a la pareja. Raquel permaneció atenta a los murmullos y cuando estos se hicieron evidentes, se acarició sabiendo que su hija estaba recibiendo su ración de polla. Se preguntó en quién estaría pensando él en esos momentos y cuál sería su fantasía. Quiso pensar que estaban en sintonía, y mientras escuchaba los resoplidos y el leve sonsonete de la cama, Raquel paseó su dedo por su humedad, agradeciendo que su marido empezaba a respirar fuerte. Cogió el vibrador que utilizaba para emergencias (de su escondite) y se lo introdujo imaginando a su yerno penetrándola. Lo sacó un instante de su gruta y lo abrazó con la boca saboreando su propio caldo, después lo volvió a hundir en su sexo, iniciando un movimiento más ligero. Oyó que su hija suspiraba y deseó ocupar su lugar, ser ella quien sintiese el peso del rastas encima, pero tuvo que conformarse con su dedo retorciendo su clítoris junto al juguete que entraba y salía de su cavidad. En cualquier caso, fue un placentero orgasmo, aunque, tras la tempestad acudió la calma a recordarle su desvergüenza. Raquel guardó el dildo en la mesita, se puso el pijama y permaneció unos minutos reflexionando sobre sus incipientes apetitos, y le preocupó seriamente su actitud. Pensaba que si se le hubiese planteado la oportunidad, posiblemente no habría dudado, y eso rayaba en la perversión y en la indecencia.

    Ahora, calmada su efervescencia, veía las cosas con más cordura y estaba resentida por sus degenerados pensamientos, si bien, sus razonamientos e inquietudes se desvanecieron cuando la somnolencia la atrapó, arrastrándola a un profundo y merecido sueño, que empezó con la placidez y el sosiego y continuó con la agitación y el delirio. Tanto fue así que Manuel tuvo que despertarla en dos ocasiones durante la noche antes de marcharse a trabajar. Nunca la había visto tan agitada durante la noche e imaginó que estaba sufriendo alguna pesadilla de las que se prolongan durante todo el sueño, y cuando sintió el beso de despedida de su marido en los labios, exhaló un suspiro, por consiguiente Manuel reconsideró lo de las pesadillas, pero ya eran las seis y media y tenía que marcharse a trabajar.

    Raquel retomó el hilo de su sueño erótico en el que pasaba sus labios por la polla de su yerno. Podía hasta olerla. Su lengua salió en busca del glande que se frotaba contra su cara y lo repasó con movimientos circulares hasta que su boca se abrió acogiendo la barra de carne que se adentraba en su boca. Un sonoro gemido rasgó el silencio. Raquel se sintió en la gloria. Notaba como la estaba penetrando y retorcía su cuerpo en busca del placer, al mismo tiempo, la polla se adentraba una y otra vez en su boca. Las sensaciones eran tan reales que estaba siendo el mejor sueño de su vida hasta que abrió los ojos y comprobó que el supuesto sueño no era tal. En algún momento dejó de serlo y pasó a ser real. Entonces Raquel tomó conciencia de lo que estaba pasando. Tenía la polla del rastas intentando follarle la boca, sin embargo, el placer que el dedo le daba trabajándole el coño le impidió protestar. Pero todavía permanecían piezas del puzle sin encajar. Se sacó la polla de la boca para ladearse y ver qué había pasado con su marido. Comprobó que estaba amaneciendo y empezó a procesar la información. Eran las seis y media de la mañana y su esposo ya se había ido a trabajar, momento que aprovechó el intrépido de su yerno para aprovecharse de su sueño e infiltrase en él, mientras Susana dormía plácidamente ajena a lo que estaba pasando en la habitación de enfrente.

    Su cabeza era un polvorín procesando información. Ratificó que los deseos eran compartidos y desde aquella noche los apetitos de los dos habían sido los mismos.

    Unos sonoros pollazos en la cara la terminaron de apuntalar a la realidad. Una realidad que todavía seguía pareciendo un sueño, sin embargo, el gusto que le daba el dedo que se movía en su raja era muy real. Ya no había vuelta atrás. Era lo que había deseado durante las últimas semanas. Se puso bizca contemplando en la penumbra el pollón que cruzaba su cara y lo cogió con la mano, deslizándola arriba y abajo para cerciorarse de que ya había abandonado el sueño. Carlos volvió a metérsela en la boca y cualquiera hubiese dicho que intentaba sacársela por la nuca. Raquel tosió, e incluso tuvo una arcada sabiendo que era imposible albergar más de la mitad de aquel puntal en su boca y volvió a sacársela.

    —¿No es esto lo que deseabas Raquel? —le dijo cruzándole la cara con su polla.

    —¡Menuda tranca! —exclamó mientras la contemplaba.

    —Quiero follarte. No he pensado en otra cosa durante semanas.

    —Está mi hija durmiendo. Puede oírnos, —dijo sin convencimiento.

    —¡Dime que no lo deseas y me iré!

    Raquel agradeció que su hija tenía el sueño profundo y que si no la despertaban podía estar en la cama hasta las once de la mañana.

    —¡No te vayas! ¡Fóllame! —rogó delirante de deseo.

    Carlos le arrancó el pijama, desnudándola por completo y se extasió de su desnudez. Unas tetas redondas caían hacia los lados y su yerno las cogió apretándolas con furor. Después le pellizcó los pezones hasta hacerle daño, retorciéndoselos como si fuese a darle cuerda. A continuación le abrió las piernas y la claridad de los primeros rayos de luz le permitió contemplar un magnifico coño perfectamente acicalado que estaba pidiendo a gritos que se la metiera, y sin más preámbulos, su polla se adentró sin paradas, resbalando hasta tocar fondo. Raquel no pudo ahogar aquel primer alarido de placer y temió despertar a Susana, pero el gozo disipó sus miedos y sus manos se aferraron a las nalgas que empujaban con violentos golpes de cadera. Con cada sacudida, Raquel exhaló un gemido mitigado con el fin de no despertar a su hija y esas rastas que tanto odiaba su marido, ahora le caían por la cara, entretanto su dueño le pegaba la follada de su vida.

    —¿Ahora ya te gustan mis rastas? —le preguntó en plena efervescencia.

    —Me gusta más tu polla, —exclamó encendida, —¡Dámela toda que me corro!

    —Menuda zorra estás hecha.

    Raquel gritó de gusto cuando el clímax golpeó con contundencia su sexo. Su yerno le tapó la boca para ahogar sus gemidos, ya que, por muy profundamente que pudiera dormir Susana, el ímpetu de su madre bien podía despertarla.

    Raquel no tuvo tiempo de recomponerse. Su yerno estaba como un toro en celo y no dudó en darle la vuelta, le levantó el culo e inmediatamente notó como tiraba de sus caderas hacia atrás y volvió sentir el pollón martilleando en su interior con contundentes golpes de riñón.

    El placer regresó con renovadas fuerzas y las caderas de Raquel iniciaron unos movimientos circulares queriendo acaparar y sentir toda la verga en cada recoveco. Un sonoro cachete en su nalga derecha incrementó el morbo y otra palmada más potente lo acrecentó aún más.

    —¡Así! ¡Dame fuerte! ¡Fóllame! —pidió.

    —¿Qué ha pasado con la mamá tradicionalista? —preguntó desatado, sin parar de arremeter en su coño, pero sabiendo que tenía el control.

    Raquel no supo qué contestar, aunque en esos momentos le importaba bien poco su elocuencia y lo que él le dijera, mientras no dejara de embestirle.

    —Eres una yegua en celo. ¡Mueve tu culo, zorra! —dijo, mientras con una rasta le fustigaba la nalga como si se tratara de un látigo.

    Lejos de molestarle aquel lenguaje soez y ultrajante, lograba con él ponerla más caliente, y estaba en condiciones de abrazar un segundo clímax cuando un dedo se precipitó dentro de su ano para empezar a follárselo al mismo tiempo que la polla le reventaba el coño, de tal modo que Raquel tuvo que morder la almohada para sofocar sus gritos de placer, mientras otro orgasmo espoleaba su sexo con espasmos que arrastraron a su yerno a soltar su carga en su interior, entre gritos que no podía exteriorizar y que se transformaban en muecas y expresiones de placer.

    Carlos se quedó un breve instante recostado encima de Raquel, al mismo tiempo que ella notaba como la polla iba perdiendo rigidez, de tal modo que su coño la escupió con un sonoro plof.

    —¿Has gozado? —le preguntó su yerno.

    —Mucho, —tuvo que admitir.

    —¿Lo estabas deseando tanto como yo?

    —Desde el primer día.

    —¿Ahora ya te gustan mis rastas?

    —Sí, sobre todo cuando me fustigas con ellas.

    —Ese argumento no creo que convenza a tu marido.

    —Que se joda. Tampoco le parecerá bien que me des tu polla.

    —Tu hija también la quiere.

    —Podemos compartirla.

    —No sé si ella estará de acuerdo.

    —No estamos de acuerdo en muchas cosas. Ahora vete no vaya a ser que se despierte.

    —Hace un momento no querías que me fuera.

    —Las cosas cambian.

    —Volveré, y la próxima te la meteré por el culo.

  • Ventajas del turno de noche

    Ventajas del turno de noche

    Es la primera vez que me atrevo a escribir, espero les guste y me den su opinión.

    Soy colombiano mi nombre es Ángel, complexión normal, y tengo 26 aunque en este relato tenía 18. Comienzo.

    Resulta que mi madre administraba varios hoteles en la ciudad que vive, una ciudad turística muy cerca a Panamá por lo que ahí constante personal extranjero. Yo le ayudaba en algunos turnos principalmente de noche para hacerme de dinero. Una de las noche en las que trabajaba, llegó una huésped frecuente una mujer mayor tendría 40 años, tez morena, alta, comerciante de Medellín, venía por negocios rumbo a Panamá para comprar mercancía en la zona libre.

    Siempre se quedaba en la misma habitación ya todos sabíamos. Resulta que la noche en cuestión yo llegué de jugar básquet con unos amigos así que llegué sudado, y quise darme una ducha antes de comenzar turno, no tomé la llave del personal de la habitación, al ingresar me desnude y me dispuse a darme un duchazo de agua tibia justo por eso escogí esa habitación por el agua caliente.

    Estaba yo bajo el agua cuando entró Carmen y al sentir la ducha funcionando se asomó al baño a ver porque una habitación «libre» había gente en ella, al entrar nos vimos frente a frente yo desnudo como pude me tape mientras tomaba la toalla y muy apenado salía de la habitación.

    Ya más tarde de lo ocurrido yo en recepción, suena el teléfono la habitación de Carmen.

    C: hola me puedes vender un cuarto de Wiskey.

    A: claro si gusta termino un ingreso y se lo llevo.

    C: ok acá te espero

    Me dispuse a llevar lo pedido.

    A: noches, traigo lo que pidió

    C: pasa déjalo en el nochero estoy en el baño.

    Deje el wiskey y salí, como a la media hora nuevamente carme al teléfono.

    C: me traes media de wiskey y algo para picar.

    A: enseguida.

    Al llegar a habitación me invitó a pasar, tenía una bata de satín color ocre. Y se veía que había tomado muy pronto el anterior cuarto de wiskey

    C: gracias, te quieres tomar uno conmigo?

    A: no como cree, debo estar pendiente de recepción

    C: a esta hora no viene nadie, y si algo te das cuenta por el timbre.

    A: no que pena

    C: vamos ya te vi las vergüenzas así que no ahí pena.

    Debido a la insistencia y a que sacara el tema de la ducha acepte, fuimos al balcón y serví dos vasos, ya con varios tragos me atreví a decirle.

    A: en verdad estoy tan mal que doy vergüenza?

    C: jejeje no como crees, solo era chiste, aunque lo poco que vi no estaba en su esplendor así que en realidad no se toca volver a ver qué tal

    A: ya en confianza y con el efecto del licor, pues cuando quiera.

    C: ojo con lo que dices niño

    A: se bien lo que digo, así que no tengo que tener cuidado

    La verdad es que desde hacía rato esa bata medio abierta le dejaba ver un par de pechos muy tentadores y las piernas ufs.

    C: no sabía que el servicio incluía eso pero me gusta la idea.

    A: y yo no sabía que la clienta más fiel fuera alguien tan descomplicada sino hace tiempo me hubiera exhibido y adrede (mientras le pasaba mi mano por la espalda hasta sus nalgas)

    C: así, entonces será mejor que entremos, no quiero dar show en el balcón

    Ya a dentro la bese y empezar a destapar la bata y debo decir que sabía que tenía buen cuerpo pero que mujer.

    Carmen me tiro a la cama mientras se denudaba luego se subió a mi y me devoraba a besos. Yo recorría su cuerpo. Y agarraba sus nalgas

    C: quítate eso quiero ver que es lo que tienes.

    A: es todo tuyo pero tendrás que quitarlo tú, para que puedas calificarlo

    Ya sin nada de ropa, debo acertar que Carmen me dio el mejor oral de mi vida hasta ese entonces. Como lo chupaba y devoraba dándome pequeños mordiscos al glande.

    A: si sigues así no creo aguantar mucho…

    C: no me importa pero quiero probar tu néctar

    Luego de unos 10 minutos más de oral y tratando de resistir todo lo posible tuve suculenta corrida que Carmen no tuvo reparo en recibir y no desperdiciar ni una gota.

    C: mmmm niño no Estas mal creí que duraría menos, pero espero no pienses dejaré así.

    A: ni de chiste, ante todo agradecido así que lo mínimo es devolverte el placer

    Fui bajando por su cuello llegue a su pecho y devoré esos senos que se veía jugosos con el pezón como roca podía morderlo y chuparlo a placer, mientras con mi mano jugaba con su vagina sobre la tela de la tanga que usaba.

    Lentamente seguí bajando hasta llegar a su vulva que ya estaba mojada y lista para recibir mi lengua, lamí y chupé su clítoris como si no hubiera mañana y trataba de meter mi lengua lo más profundo posible con tal de hacerla venir y dio resultado.

    C: ahí niño que rico sigue así, no pares que rico me vas a hacer venir, me vengo me vengo uff que rico.

    A: vamos dámelo todo, no te contengas (decía mientras seguía chupando y devorando esa vagina)

    Mientras todo eso ocurría yo recuperaba fuerza y sin perder tiempo aprovechando la sensibilidad y excitación de ese orgasmo acerque mi pene a su entrada y la penetré completamente sin darle tiempo de nada, pues no me gusta usar preservativos.

    De misionero la penetraba lento, rápido, duro, mientras la besaba y jugaba con sus pezones, Carmen me rasguñaba la espalda o tomaba de las nalgas para que entrará lo más profundo posible.

    Continuamos haciéndolo por unos 45 minutos más hasta que logré sacarle un par de orgasmos más y le advertí que estaba por venirme, en vista de que no tenía preservativos pues Carmen me pidió parar y se dedicó a chupármela para que me viniera en su boca.

    Ya cansados pero satisfechos, nos tiramos a la cama ambos.

    C: veo gratamente que si sabes corresponder, pero espero que esto no sea todo y me empezó a besar mientras con su mano me estimulaba el pene.

    El cual supo responder y recuperar vigor listo para otro raund, el cual espero compartir en otra ocasión sobre cómo terminó la noche con Carmen.

    ——————–

    Espero les haya gustado mi relato y espero sus comentarios y opiniones.

  • En el loft

    En el loft

    Jutta era una mujer elegante que había nacido en Alemania de padres españoles. En su juventud se había introducido en ambientes bedesemeros y ambiente liberal. Se había introducido en círculos reducidos donde le habían enseñado a Dominar y junto con su carácter se había convertido en una Dómina dura, fría y calculadora, pero cuando sesionaba en alguien muy cálido.

    Se había mudado a un gran piso, muy luminoso en el mismo bloque que Ane. Aparte, en las afueras de la ciudad, pero cerca del barrio donde iba a residir había adquirido una planta de un pabellón donde iba a instalar su taller donde hacer sus esculturas tanto de madera como de hierro. Luego se había introducido hacía poco en el cuero también.

    Un día que entró al portal vio a Ane esperar el ascensor. Fue un flechazo a primera vista. Observó sus formas desde atrás y cuando la vio girarse y observó su angelical cara se decidió que tenía que convertirla en su sumisa. La saludó educada, pero fríamente. Ya estaba tramando como hacerlo y decidió que le daría tiempo y poco a poco ir hablando con ella etc.

    Varias veces coincidieron en el portal y siempre la dejaba pasar. Le gustaba observar sus formas y esa cara angelical. Lo que no sabía era si la chica era sumisa en lo que a ella le interesaba y si más concretamente le gustaban las mujeres. Y un día decidió actuar. Escribió una nota y uno de los días que la chica pasó a su lado se la introdujo en el bolso sin que ella se apercibiera.

    Si ella estaba, aunque solo fuera un poco interesada llamaría. Si no, pasaría del tema. La duda que tenía era que igual no interpretaba que era ella la que se lo había metido así que cuando se despidió de ella al salir del ascensor le dijo:

    He metido una nota en tu bolso, léelo cuando llegues a casa.

    Lo hizo justo cuando se cerró la puerta del ascensor con lo que a la chica le pilló de improviso. Ane llegó a casa y cogió la nota. Era un número de móvil y una palabra:

    LLAMAME!

    Era como una orden que la conminaba a llamarla. Esa mujer siempre la había puesto nerviosa. No sabía por qué. Siempre sentía una sensación extraña, por una parte, un escalofrío le recorría la columna y por otra no sabía si era excitación, pero su sexo se humedecía a la vez que su piel se erizaba. Nunca le habían gustado las mujeres, aunque alguna vez sí que había fantaseado con hacerlo con alguna pero nunca se decidió.

    Pero llamó. Marcó el número. Al otro lado cogió Jutta que se lanzó un farol.

    -Hola Anne, veo que te decidiste a llamar. Te puede la curiosidad de porque quería que llamases. Pues lo que quiero de ti es enseñarte mi taller. ¿Cuándo puedes venir a verme?

    Ane no sabía si estaba decepcionada o como sentirse con aquellas palabras, pero balbuceando aceptó y concretó que esa misma tarde acudiría.

    Esa tarde se vistió con un vestido veraniego con vuelo que le caía por medio muslo y un bolso tipo capazo. Fue caminando hasta el loft. Allí pulsó el botón del portero automático y la mujer le abrió. Subió luego en el montacargas y llegó un espacio diáfano donde pudo ver esculturas terminadas y otras a medio terminar y allí apoyada sobre una mesa estaba Jutta,

    -Pasa y ponte cómoda. Como verás aquí tengo toda mi obra.

    Ane fue pasando por todas las esculturas y admirando su trabajo. Se sentía observada por la mujer. En una de las obras se paró la chica. Jutta se acercó por detrás y se acercó a tan corta distancia que Ane podía sentir su respiración. La mujer cogió un mechón de su cabello y jugó con él a la vez que soplaba su nuca. Con el dedo índice de la mano derecha bajó por su hombro y su brazo luego por el lateral de su torso hasta llegar a su cadera y continuar hasta el fin de su vestido, entonces subió con la mano hacia su pubis y allí metió la mano entre las piernas de la chica y sintió su humedad. Introdujo el dedo corazón exhalando Ane un prolongado suspiro. El dedo lo acercó a la boca de la chica dibujando sus labios con el mismo e introduciéndolo en su boca.

    Ane que había permanecido cuasi inmóvil chupó el dedo con ganas. Jutta la tenía donde quería. Espontáneamente había reaccionado a sus caricias ahora debía lanzar el cebo y ver si aceptaba el reto.

    -Si quieres continuar acércate a la mesa y siéntate en el borde. También si aceptas me obedecerás en todo y yo seré quien mande. Cuando te diga vez vendrás, evidentemente cuando puedas. También sabrás que me gusta azotar y realizar otro tipo de juegos que entran en el BDSM, la Dominación, el Sadomasoquismo. No sé cómo lo conocerás si lo conoces. Si no sabes que es pregunta, si lo conoces y aceptas siéntate en la mesa y si no aceptas, vete y lo que ha ocurrido hasta ahora quedará entre nosotras.

    Ane caminaba hacia la salida, pero de tal forma que pasaría al lado de la mesa y cuando estuvo a su altura se sentó en el borde mirándola retadoramente a Jutta. Esta se acercó y cuando estuvo a su altura la dio un tortazo para luego besarla. Ane al comienzo se dejaba hacer para luego abrir las piernas y aceptar sus besos. De repente, Jutta paró. Introdujo la mano en un cajón y recogió unas esposas que había hecho ella de forma artesanal y se las colocó a la espalda a la chica.

    Cuando Ane se vio inmovilizada se sintió indefensa y algo temerosa pero una terrible excitación la invadió. Miró a Jutta buscando comprender, pero al ver la expresión severa de la mujer se excitó todavía más. Sujetó las esposas a la mesa y los tobillos tras abrir las piernas a las patas de la mesa. Entonces cogió un pequeño bisturí. Con él fue dibujando el perfil de su cara. La pasó por la frente, la nariz, sobre los labios. Dibujó los labios con él. Seguido la barbilla para bajar al cuello. Allí se recreó para luego cortar el tirante izquierdo.

    Ane quiso protestar, pero Jutta la dijo que tranquila que luego se daría uno igual pero que ahora iban a jugar. Ane se iba a levantar e irse, pero quiso continuar más bien lo deseaba. Ahora cortó el otro tirante. El vestido se desprendió descubriendo sus pechos. Jutta se inclinó sobre ellos. Blandos como flanes, aspiró su aroma y probó la dulzura de los pezones, suaves como terciopelo.

    Ahora cambió el bisturí por unas tijeras y rasgó el vestido hasta romperlo del todo. Luego con la chica solo con el tanga puesto metió su mano entre sus piernas y acarició su sexo. La chica comenzó a suspirar. Con las tijeras cortó un trozo del tanga en la zona del pubis. Otro en un lado para por último romperlo en varios trozos. Cuando la tuvo completamente desnuda observó la belleza de la joven universitaria que allí atada en su mesa la observaba con su belleza retadora.

    Ahora la soltó y cogiéndola del pelo la condujo hasta el tótem de madera que presidía en un extremo la estancia. Un gran tótem con un relieve de hierro con la forma de una cara de un monstruo y allí dándola la espalda la ató e inmovilizó.

    Cogió el látigo largo y cortando el aire con él azotó sus nalgas. Las zonas acariciadas con el cuero se inflamaron. Los azotes no eran muy fuertes. Ane estaba excitadísima. En otro momento se hubiera negado a todo aquello, pero hoy estaba muy, muy cachonda. Tras varias series de azotes con varios instrumentos tapó su cabeza con una máscara.

    -Tranquila, confía en mí. Además, si quieres parar da con la palma de la mano en el tótem y pararé.

    Jutta se apartó y se colocó un strapon. Untó bastante lubricante en él y se acercó a la chica. El aparato tenía un pequeño dildo vibrador que la penetraba a ella también. Luego introdujo un huevo en un condón y lo untó en lubricante introduciéndoselo a Ane en su coño. Ane estaba descolocada, pensaba que la había metido unas bolas chinas. Entonces se acercó donde la chica y cogiéndola de las caderas la sodomizó comenzando a follarla y a la vez activar el huevo con el mando a distancia. Los ritmos los fue acompasando a sus embestidas. Primero más suave para cada vez más ir más rápido. A su vez, de vez en cuando apretaba los jóvenes pechos de la mujer. Ane no pudo aguantar más y tuvo un gran orgasmo. Fue tan potente que se orinó encima. Además, emitió un gran suspiro culminado en un grito que hizo que Jutta no pudiera aguantar más y estallara en otro orgasmo quedando derrumbada sobre Ane y levantando parte dela máscara besándola en la boca.

    La soltó y dio un vestido como el de la chica. Dejó que se vistiera, pero le ordenó ir sin tanga.

    -Esto que has encontrado hoy es lo que vas a encontrar a partir de ahora. Si aceptas, vuelve mañana a las 17 y si no como he dicho antes, aquí se termina todo y tan amigas. Pero si vuelves me tratarás de Usted y obedecerás.

    ¿Volvió? Por supuesto, no lo dudó.

    Este relato es imaginario, me encantaría que me contarais vuestras impresiones. Hacerlo a:

    [email protected].

  • Walter y Mica: Control del sexto mes

    Walter y Mica: Control del sexto mes

    Mica estaba con una panza considerable, y las lolas las tenía gigantes, pero gracias a su altura, seguía estando muy sexy para cualquiera que la viera.

    Esta vez fue a la consulta vestida con una blusa escotada y una pollerita muy amplia, para estar más cómoda.

    Llego como siempre a las 17:30 h, subió al consultorio, se desnudó totalmente y se recostó en la camilla.

    El medico la reviso, palpo su abdomen, le hizo un ultrasonido, luego algunas preguntas de rutina y empezó a tocarla, Mica se dejaba hacer, estaba muy excitada, tenía los pezones duros y lista para recibirlo en su interior.

    El medico se sentó y ella se dejó caer sobre su miembro erecto, dejando sus pechos justo en su boca, el aprovecho para chuparlos y tocarlos apasionadamente.

    Ella subía y bajaba y algunos gemidos se escapaban de entre sus labios. Luego se puso de espaldas, y el médico empezó a jugar con su colita, metiendo un dedo, luego dos y cuando entró el tercero, empujó a Mica sobre el escritorio y la penetró por la cola, primero lento para que se amolde y luego fuerte y profundo.

    Mica la sentía bien adentro, mientras el medico jugaba con sus lolas y su clítoris sin parar, los gemidos de ella eran de placer, mucho placer, parece que le encantaba el sexo anal y tenía orgasmos una y otra vez, hasta que se vino en su interior y una pequeña gota blanca se deslizo hasta su vagina.

    Walter estaba desencajado, no solo le acababan en la boca a su mujer, sino que también había entregado la cola a un supuesto extraño antes que a él.

    Siguió mirando, esa tarde no iba a terminar ahí parece, el consultorio tenía un baño con ducha, y ambos entraron juntos, ya Walter había perdido el miedo y entro al consultorio, ya no le importaba que Mica lo viera.

    Ya en la ducha Mica estaba chupando salvajemente, tragándosela toda, y el medico la siguió sodomizando contra el vidrio de la ducha, pero esta vez le aviso antes de correrse y le acabó en la boca.

    Walter no entendía nada, dudaba de su paternidad, de su amor de todo, pero no quería hacer nada hasta poder estar seguro si el hijo que esperaba Mica era suyo o no.

    Continuará…

  • Me puntearon rico, pero aún no me penetran

    Me puntearon rico, pero aún no me penetran

    Como sabrán, ya he tenido una experiencia como gay pasivo, por alguna razón me excita la idea de que me penetre algún hombre maduro, en mucha ocasión mientras me baño, me enjabono la parte de mi ano y aprovecho que esta resbaloso y meto mi dedo medio, hasta el fondo y eso me hace sentir delicioso excitándome sin límites.

    A eso le sumo que me gusta ponerme pantis y calzones de mi mujer actual pero claro, ella no sabe de este secreto. Pero me excita ponerme e imaginarme que un hombre maduro me humilla y me posee, así que un día me cite con un hombre maduro en Abancay, quería saber hasta qué punto me excitaría esa experiencia, llego el día, y espere a dicho amigo, su nombre era Cesar.

    Esa un maduro alto, delgado, ojos celestes, medio guapo pero se notaba claramente mañoso así que tengo que confesar que me encanto a primera vista, caminamos por entre las personas y mientras caminábamos había mucha gente, y pasando y pasándose me acercaba mucho y me ponía su pene entre mis nalgas y me decía al oído, ups disculpa y se reía, eso me excitaba tanto que solo le miraba a los ojos y me mordía los labios, pues me prendió como no tiene idea, se me dio por comprar una baratija y mientras la señora buscaba en su almacén lo que le pedí, cesar tomo mi mano y me lo llevo a su pantalón, encima de su miembro, entonces note que no tenía bóxer ni calzoncillos y al ponerme mi mano en su bulto, pude sentir en todo su esplendor su pene que de pronto se levantó y erecto como si quería romper el buso su miembro.

    Solo me quede mirando estúpidamente, saboreando y pasando mi lengua por mi boca y obviamente deseando tenerlo hay, pero justo llego la señora y simule que nada pasaba.

    Mientras caminábamos después de la compra me preguntaba si me gusto, y lo miré y le dije, me dejaste excitadísimo, me encanta que seas mañoso y que me uses para excitarte.

    Me dijo entonces ven por aquí, y fuimos a un baño que se encontraba en un edificio, pero ese baño era muy metido y casi nadie pasaba por ahí, mientras entraba al baño mi corazón se aceleraba y estaba tan excitado como dispuesto a entregarme.

    Llegamos al baño cerró la puerta y sin decir nada saco su enorme pene y yo al verlo me quede sorprendido, era grandísimo de unos 18 cm o 19 imagino, me fui de boca para mamárselo para que se le pare bien, lo saboreaba completamente, succionaba descontroladamente, le pasaba mi lengua pro su glande e intentaba comérmelo todo tratando de disfrutarlo completamente.

    No aguante y supuse que no habría mucho tiempo así que me pare, bajo el pantalón hasta la rodilla le di un enorme beso y él se comía mi lengua mientras me sobaba las nalgas y las apretaba furiosamente, así que deje de besarlo, me voltee y me curve lo más que pude abriendo mis nalgas para que me penetre.

    Se acercó me coloco su pene, la punta en mi ano y sentí que se me venía la gloria, y comenzó a empujar, empujar y empujar, pero como soy virgen por ahí no entro más que solo dilato un poquito mi hueco, pero sentimos unos pasos acercándonos y nos arreglamos y salimos como si nada.

    Me llevo apresura mente a unos edificios medio abandonados que había por Abancay, me subió como al cuarto piso y me dijo: “ahora si te voy a cachar” me prendió y le dije que hare lo que él me diga y mande, así que saco su enorme miembro otra vez y me dijo que se lo chupara, lo cual obedecí inmediatamente, pero note que había cámaras así que me pare y le dije hay cámaras, lo agarre del pene para que no lo guarde y lo jale hacia un lugar donde parecía que no había nadie. Entonces lo bese profundamente y le dije que me haga suya, me voltee, baje de nuevo los pantalones y abrí mi nalga lo más que pude, así parado, y comenzó a empujar, pero como no estaba tan parado su rico pene no me lo pudo meter, pero si me lo metió un poquito, en eso escuchamos voces y otra vez nos acomodamos nos reímos y nos fuimos besándonos mientras bajábamos la escalera.

    Lo llamaron al celular por un asunto urgente de su trabajo así que tuvo que irse quedando pendiente la próxima salida, pero esta vez de frente al hotel o aun sauna.

    Hasta el momento no se ha podido concretar la salida, pero si me gustaría conocer a alguien maduro, que sea mañoso, besucón como yo obviamente muy discreto pero que me sepa guiar con calma y cariño para que sea el primero en entregarme.

    Y si estás leyendo y tienes esas características, te interesa y eres de Lima, Perú, escríbeme. [email protected] que me gustaría sentirme una mujer, sumiso y humillado, aunque sin agresiones, pero si sentirme una perrita putita, eso me excita enormemente.

    Saludos.

  • Bañada de semen por Año Nuevo

    Bañada de semen por Año Nuevo

    Primero un preámbulo a los hechos.

    Como les conté hace unos meses en mi primer relato, tuvimos con mi esposa nuestra primera experiencia trio con un amigo en común, han pasado ya dos meses y algo más de aquel día, y ésta semana la experiencia se repitió. A continuación, les contaré como se dieron las cosas, y como terminó siendo una experiencia en extremo placentera.

    En mi relato anterior les describía como es mi esposa, pero me pidieron que diera fuera un poco más explícito en los detalles así que procuraré ahondar en ellos.

    Mi mujer goza de una figura muy sensual, atractiva, 1,60 cm, piernas contorneadas, latina, piel ligeramente de tono canela, unos pechos deliciosos, que no son inmensos, pero apenas logras cubrir la mitad de uno con tu mano, un trasero de campeonato, ella es delgada pero no flaquita, así que siempre le quedan las faldas y shorts demasiado ajustados, en general una silueta deliciosa, y no porque sea mi esposa, pero siempre se lleva algunas miradas.

    Pasada nuestra primera experiencia en un trio, nuestra vida sexual se animó bastante, debo confesar que antes de que pasara, temía que las cosas se echarán a perder, pero puedo decir con gusto que hasta ahora vamos en un buen momento. Pese a que la experiencia no se había repetido nuevamente, creo que ambos en secreto disfrutábamos de recordarla. En varias ocasiones me masturbé recordando aquellos momentos, y en otros, sólo de recordarlo me daba una excitación inmensa, que terminábamos haciendo el amor con mi mujer con bastantes ganas.

    En algunas ocasiones mencionamos lo que habíamos vivido, y concordábamos en que fue realmente excitante, tanto así que en una ocasión mi esposa llegó del trabajo, me encontraba acostado en nuestro cuarto, y apenas me vio, empezó a besarme desenfrenadamente, cogió mi mano, y la llevó a su vagina, estaba empapada. Me dijo que mientras venía en camino revivió como se dieron las cosas en su mente, y me pidió que por favor utilizara en todo momento mis manos, que quería sentir como estas recorrían todo su cuerpo cuando la penetrara, mientras fantaseaba lo que ya había vivido.

    Esto me dejó como los locos, sabía que mi esposa deseaba nuevamente estar con dos hombres, y mi mente empezó a alucinar con mil y un plan para que esto se vuelva a dar. Yo también lo quería. Mi mente fantaseaba con las imágenes de ella jugando con dos miembros, viéndola chupar un pene mientras la penetro, o ver cómo me lo chupaba mientras mi amigo se lo metía.

    Decidido a que la experiencia se debía repetir.

    Como arte del destino, mi compadre me llamó en estos días, aproximadamente la segunda semana de diciembre, habíamos mantenido contacto, pero sin mencionar lo que había sucedido, y mayormente conversaciones cortas, algún comentario en algún estado que publicara uno o el otro en Whatsapp, me preguntó que si lo estaba evitando, que por qué no habíamos salido a tomar o conversar nuevamente desde aquel día, le respondí que entre una cosa y otra había estado ocupado, pero que no había ningún problema, a continuación de esto me dijo que si era así, que tal si nos tomábamos unas cervezas ese fin de semana, para conversar y ponernos al tanto, y quedamos en que así sería.

    Luego de esa llamada no lo dudé más. Debíamos compartir a mi mujer de nuevo. Era momento de empezar a poner las piezas en su lugar.

    Le conté a mi esposa que él me había llamado, justamente unos días antes ella me había preguntado si sí nos seguíamos hablando, así que le conté que saldríamos a tomar. No hablamos más al respecto, ni mencionamos nada de lo anterior. Llegó el día y sólo me dijo que cuidado vaya ahora él a compartirme a alguien, y que ése era el motivo de la salida, sólo me reí, me pareció bien gracioso, le dije que no pensara nada de eso, que no andaba buscando igualar las cosas.

    Conversando con mi compadre entre varias cosas, le conté que con mi esposa nos habíamos ido de paseo a un lugar campestre, que tiene pequeñas lagunas y cascadas, me pidió si tenía fotos del lugar, que le gustaría ver, y le mostré las que tenía en el teléfono. Estaba tan concentrado explicándole acerca del lugar, que olvidé que nos habíamos tomado unas fotos en el agua. No estábamos desnudos, pero ya que originalmente nunca habíamos pensado en bañarnos, aquel día nos metimos al agua en ropa interior. Pasé unas fotos y entre esas se cruzaron unas fotos que justo estábamos así, otra que le tomaba un primer plano, otra foto de cuerpo entero, y así algunas más, a mi esposa le gusta en ocasiones jugar con la cámara. Él se sonrojó, me pareció gracioso, en ésta ocasión nuevamente estaba viendo a mi esposa, aunque ahora semi desnuda, y me dijo sonriendo y con una sonrisa pícara:

    -No se puede negar que tiene un lindo cuerpo. Yo solamente me reí, y le respondí:

    -Creo que eso es algo que ya lo conoces muy bien. El me vio con una mirada fija, como si estuviera entendiendo inmediatamente mis intenciones. Y luego de eso, sin dar más vueltas, se lo propuse.

    Le pregunté qué pensaba hacer para fin de año, en mi país han puesto restricciones de circulación, así que para fin de año había toque de queda desde las 10 pm, hasta las 4 am del día siguiente. Él me dijo que no tenía nada especial en mente, que visitaría a su familia temprano, y luego pensaba tomar en algún lugar con alguien. Inmediatamente le hice la proposición:

    -¿Qué tal si vienes a pasar fin de año con nosotros, y recibimos el año con unos tragos?

    Me respondió: -Por supuesto, cómo voy a rechazarte compadre, te agradezco.

    Estaba hecho, el plan había tomado su rumbo.

    Esa noche al regresar a casa le conté a mi esposa algunos detalles de nuestra plática, y le conté que lo había invitado a pasar fin de año con nosotros, que si no habría ningún problema. Ella sólo se sonrió y me dijo que no había ningún problema si para mí todo estaba bien.

    En secreto pensé y afirmé que esto era lo que ella y yo deseábamos. Esa noche hicimos el amor, muy delicioso, y terminamos dormidos.

    Llegó el 31 de diciembre, temprano fuimos a visitar a nuestros familiares, y le pedimos a mis suegros que se quedaran con mi hija, ya que íbamos a tener una pequeña reunión en casa con amigos, y que no habría más niños como para que ella se entretenga, ellos sin poner complicaciones accedieron, siendo así cómplices de lo que estaba por pasar.

    El día del encuentro.

    31 de diciembre, 9:30 pm

    Regresamos a casa a alistarnos, darnos un baño, y vestirnos para la llegada de mi amigo. Esta vez no le di ninguna instrucción a mi esposa sobre que esperaba que vistiera, simplemente dejamos que todo fluyera como a cada quien le apeteciera. Mi esposa vistió un enterizo color palo de rosas, muy ceñido, nada vulgar, con un solo cierre en la espalda, y un escote amplio de botones a la altura de los pechos.

    31 de diciembre, 10:40 (aproximadamente)

    Llega mi amigo, se disculpó por la demora, y nos saludamos. Nada extraordinario, pero tampoco nada que ponga la situación incómoda. Le dije que me acompañara a preparar unos cocteles para amenizar la noche.

    Ya entrando a la medianoche, luego de conversar de todo por un buen rato, decidimos jugar a algunos juegos, para hacer más entretenida la noche.

    Juegos de desafíos, penitencias, preguntas picaras, todo para ir calentando el ambiente.

    En un momento nos pusimos a bailar, bailé con mi esposa, y luego bailó ella con él, no nos fuimos de largo con esto, supongo porque era algo incómodo que dos bailen y uno solo vea. Sin embargo, en medio de esto, mientras bailábamos un reggaetón, mi esposa se agachó por completo, dándome la espalda, mostrándole sus pechos por el escote, y rozando su trasero contra mi pene, empezando a estar erecto. Seguimos con los juegos.

    31 de diciembre, 11:15 pm tal vez (no llevé más control del tiempo)

    Seguíamos con las penitencias, a ella le tocó una en que tenía que darle un baile sensual a él, mientras estaba sentado en el mueble. Observé con morbo toda la situación, ella mostró disfrutarlo, subía y bajaba por sus piernas, le dio varios sentones mientras se ponía frente a él, le pidió que se pusiera de pie, y continuó bailando de arriba para abajo, hasta que bajando mientras bailaba, a la altura de su pene, se detuvo unos segundos, y de manera muy lenta y casi deteniendo el tiempo, paseó su lengua por encima de la cremallera de su pantalón. Mi amigo inmediatamente me observó, y asentando mi cabeza, le di a entender que prosiguiera como él deseara.

    La tomó de los hombros y la acercó a su pantalón, ella jugó con su boca, y asumo que él ya estaba erecto, ya que ella le dio lo que al parecer era un mordisco a su miembro, pero sobre la ropa. Tenía ganas de en ese mismo instante acercarme, sacar mi pene del pantalón, y ponérselo también en la boca, sin embargo, decidí esperar.

    Ambos jugaron con sus manos, mi esposa me vio brevemente, y entendió que tampoco iba a presentar alguna protesta a lo que estaba sucediendo, él la recorrió por completo con sus manos, se besaban frente a mi ardientemente, recuerdo como sentía que mi pene no tenía a donde más ir, estaba demasiado apretado dentro de mi interior y pantalón. Mi compadre la tomó de espaldas, y en ese momento se dispuso bajarle el cierre del enterizo que cargaba. Vaya sorpresa que nos llevamos ambos en ese momento.

    Al bajarle mi compadre el cierre, ambos descubrimos lo que llevaba mi esposa por debajo de la prenda, una pijama nueva, extremadamente sensual, tipo malla, color negra, semitransparente, sin nada más que un hilo en la parte inferior. Realmente me tomó por sorpresa, jamás imaginé lo que ella cargaba, sabía que no estaba desnuda, pues obviamente se notaban las copas de la pijama, pero pensé que era un brasier como cualquier otro. Cuando él la desnudo, sentí que sólo necesitaba darle un par de agarradas a mi pene, y seguro hubiese acabado. Pero saqué fuerza de voluntad de donde aún me quedaba, y aguanté observando un poco más.

    Llegó el momento del acto como tal.

    Me acerqué, no aguantaba más. La besé fervorosamente, poco o nada me importaba que haya tenido su boca sobre el pene de mi amigo, aunque haya sido sobre la ropa. La sentamos en el mueble, directamente abierta de piernas, moría por probar esa vagina, y como era de esperarse, tenía una laguna entre sus piernas. La chupé como si no hubiese un mañana, jugaba con sus labios vaginales, pasaba mi lengua por todo lo largo, casi desde el ano hasta lo más arriba del clítoris, quería meterme entero, pero sólo entraba mi nariz y mi lengua, diablos, sólo de recordarlo no puedo evitar estar erecto, quería llegar a lo más profundo que pudiera con mi lengua; mientras que, al mismo tiempo, mi compadre ya había sacado su verga, y se había parado junto a mi esposa para que ella se lo chupara.

    Estuvimos en esto al menos unos diez minutos antes que alguno de los tres quisiera moverse. Saqué mi lengua, me bajé los pantalones, y estaba listo para penetrarla, ella me observó mientras se la seguía chupando a él, apenas se la metí, supe que no iba a durar ni dos minutos, estaba demasiada cálida, demasiada húmeda, era una vagina palpitante, y mi verga ya no podía más. Tuve que retirarme a la fuerza, ya que agarró con sus piernas a la altura de la cintura, con una expresión en el rostro que simulaba fuese a desmayar. Pero yo no quería acabar tan pronto, no podía hacerlo, me levanté de ella,

    Les dije que volvía de inmediato, que iría por algo a la cocina, mi esposa me vio, me dijo que no tardara, y de inmediato se dio vuelta, se puso de perrito, mientras se la chupaba a mi amigo, que estaba parado junto a ella en el mueble. Fue mi escape, me mentalicé a que debía calmarme un poco, o no iba a disfrutar del todo lo que estaba sucediendo. Fui por unas cervezas, me tomé una entera de golpe, respiré hondo un par de veces, y volví con ellos, para sorpresa mía mi compadre la tenía encima de él, él se había sentado, y ella estaba de espaldas a él, brincando sobre su verga, que excitante fue verla brincar, rayos, sentía que no había servido de nada mi momento de calma. Regué cerveza por encima del cuerpo de ella, y lo siguiente que hice, hasta éste momento aún no lo creo.

    Me arrodillé y empecé a lamer su vagina expuesta, bañada de cerveza, con la verga de mi amigo entrando y saliendo de ella. Ella quedó sorprendida, lo vi inmediatamente en su rostro. Debió considerarme bisexual, y quizás definitivamente lo fui en ese momento. No puedo negar que en algún momento mi lengua rozó también su verga, por más que procuraba evitarlo, sencillamente entre su penetrada y mi lamida, en algún momento nos topábamos. Sin embargo, no era mi intención probar su verga, aunque para este punto ya ambos indirectamente nos la habíamos probado, y eso no era un engaño (risas).

    Mi esposa no pudo más, dio un fuerte gemido y se rindió sobre él. Se recostó sobre su pecho, estando ella de espaldas, mientras el aún la penetraba, mucho más lento, y yo seguía lamiendo su vagina, que había tenido una explosión de jugos hace breves momentos.

    Mi esposa se levantó, y nos dijo que mejor nos pusiéramos más cómodos. Nos llevó a ambos de la mano a nuestra habitación, mi compadre y yo nos vimos con una cara de enfermos de sexo los dos, mientras en el camino nos terminábamos las cervezas.

    Llegamos a la cama, mi esposa se recostó, dijo de manera muy segura y confiada, que quería ser bien atendida, con cariño, que seamos corteses. Empezamos ambos a besarla por todo su cuerpo, él desde un costado, yo empezando por los pies, recorriendo con mi lengua, y labios todas sus piernas, hasta que llegué a su trasero. Le di una buena lamida, no puedo negar que sabía raro, ya los jugos vaginales y pre seminales se habían mezclado, sin embargo, era un detalle que me importaba de lo menos.

    Él besaba el costado de sus senos, alcancé a ver como de a ratos se besaban, y de a ratos chupaba lo que alcanzaba de sus pezones. La levanté lentamente a mi esposa, la puse en rodillas, la penetré de espaldas, y el aprovechó para acceder a sus senos, mientras yo la penetraba, luego se puso completamente de pie y nuevamente se la puso en su boca para que la chupara, esta vez mientras yo la embestía de espaldas. Luego de eso empezamos a variar un poco entre poses.

    Quisimos hacerle doble penetración, pero con mi esposa no practicamos muy seguido el sexo anal, así que su culo estaba demasiado apretado, lo que menos quería era generarle un dolor, y que cortara la excitación del momento. Sin embargo, en algún momento mi compadre se recostó en la cama, y estando ella encima de él, yo rosaba su ano con mi verga, mientras hacía un vago intento por introducirla, más al menos rozaba y rozaba su culo, frotando mi pene entre los cachetes de su nalga.

    Estuvimos con esto un buen tiempo, tantos cambios de poses, y mentalizarme había hecho que dure lo que esperaba. Los tres teníamos ganas de ya acabar, lo veníamos mencionando en varias ocasiones, así que llegó el momento, le dije a mi esposa que se pusiera de rodillas frente a nosotros, que acabaríamos en su boca, ella soltó una risa, y me dijo que ni loca se tragaría tanta leche. Sin embargo, nos la empezó a chupar, por turnos, o tratando de tener las dos en la boca a la vez, con sus manos haciendo una paja a uno, mientras se la chupaba a otro.

    Yo estaba decidido a entregarle mi leche tan pronto saliera, así que me dediqué a disfrutar todo lo que sentía, y finalmente pasó, acabó mi compadre, con un fuerte gemido, justo afuera de su boca, le embarró todo el rostro, su cabello, y algo del pecho, yo no quise aguantar más, hice justicia por mano propia, mientras ella nos deleitaba con una expresión de éxtasis total, estaba disfrutando sentir el semen corriendo por su cuerpo, me masturbé y acabé de igual manera en todo su rostro, pero terminé de derramar mi leche sobre sus senos. Vaya, que cara que puso, parecía que con su piel podía disfrutar el semen que le habíamos dado. Que buena corrida por parte de ambos. Quedo bien bañada de leche, tal como es el título de este relato.

    Luego de eso nos levantamos, y mi esposa, siendo bien descarada y mostrando dominio en ese momento, se nos acercó a los dos, y nos dio un buen beso con lengua, me reí por dentro, capaz quería darnos a probar algo de nuestro propio semen.

    El cierre de la velada

    Bueno, a diferencia de la vez anterior, esta ocasión le dije yo mismo a mi amigo que se quedara, bueno, de igual manera en realidad no podía irse, ya que había restricciones de circulación como les mencioné anteriormente. La dejamos que se dé un baño, mientras le dije a mi compadre que fuéramos por unas cervezas. Le pregunté riendo si le gustaba disfrutar de mi esposa, me respondió que no tenía idea de cuánto, que le ha encantado que lo hayamos hecho participe, pero me dijo que si quería que se fuera se lo pidiera no más, que el buscaría la manera, que no quería incomodarnos, ni dañar las cosas entre nuestra amistad. Le dije que no se preocupara, que tenía algo en mente, y que seguro lo íbamos a disfrutar.

    Todos nos vestimos, mucho más cómodos, nosotros sólo ropa interior y la camisa, ella se puso una pijama nueva. Seguimos tomando hasta alrededor de las 4 am, conversando y riendo de las locuras que hicimos, y hablando ya de ir a dormir, es aquí donde yo le doy la sorpresa ambos. Les dije que si no tenían problema, pues los tres dormiríamos en la misma cama, mi esposa se rio y sólo dijo: -Ja Ja, a ti si que se te ocurre cada cosa.

    Ahorrando un poco los detalles les diré que nos fuimos a la cama, nos acostamos, nos besamos un poco más, jugamos con nuestras manos, recorriendo los cuerpos, y en un intento forzado, intentamos dormir. No era posible.

    Nos seguimos besando más, ya estaba erecto nuevamente, también mi amigo. Y en ese momento lo decidí, les dije que tenía en mente una última fantasía. Y que en ella mi única participación sería dejarlos solos, que les entregaría ésta noche para que disfruten los dos lo que más quisieran, y que lo único que quería es que no se guarden ni un ruido, que hagan todo lo que quieran, ya que yo estaría en el cuarto de al lado escuchando, mi compadre puso una cara de asombro, y mi esposa para asombro mío solo respondió: amor te esperaré con el desayuno mañana. Fin.

    Despedida

    Éste relato lo dejaré aquí amigos, se ha hecho demasiado extenso, y lo que luego mi esposa me contó es buen material para otro relato que gustoso se los compartiré si ustedes lo desean. Sé que ya no solamente compartí a mi mujer en un trio, me hice yo mismo un buen cachudo. Sin embargo, les puedo decir que desde ese día hasta hoy todo ha estado muy bien, y hemos estado de muy buen humor, teniendo buen sexo. Hasta una próxima!

  • El hermano gemelo de mi padre (II)

    El hermano gemelo de mi padre (II)

    Lean el relato anterior donde cuento como termino vestida solo con una inocente bombacha blanca de algodón chocando con mi tío que sale de bañarse. 

    Él me pregunta si quiero darme una ducha para cortar la tensión y me cubre con su toalla para calmar mi bochorno.

    Me dirijo hacia el baño que está dentro del cuarto de mi tío, sin mirar atrás. Sabiendo que detrás de mí estaba mi tío de 46 años desnudo.

    Cierro la puerta del baño, me saco la toalla húmeda de mi tío y temblando me bajo la bombacha blanca de algodón.

    Abro el agua caliente, y me meto para darme la necesaria ducha.

    Cuando termino salgo de la ducha y me doy con que no tengo toalla limpia ni ropa.

    Me secó como puedo con la toalla húmeda de mi tío, me visto con la única prenda que tenía, mi bombacha blanca de algodón usada.

    Abro tímidamente la puerta del baño, no había nadie.

    Pero inmediatamente afuera de la puerta hay una silla con toallas y unas bolsas y una nota.

    En la nota mi tío escribe:

    «no sé si tenías ropa interior limpia, te dejo estas nuevas que había comprado para mi ex novia, usa la ropa que quieras del vestidor también, te espero abajo para cenar»

    Como si estuviera temerosa de un cazador, solo saque una mano y tome todo y lo metí al baño.

    La ropa interior era muy sexi, encajes, diminutas, con transparencias. Para una mujer que quiere derrochar sensualidad.

    Me daba vergüenza solo de ver esa ropa que nunca había usado.

    Me puse una tanga roja, diminuta. Haría juego con el vestido que me había probado.

    Salí con timidez del baño y me dirigí al vestidor donde descansaba el hermoso vestido corto rojo al cuerpo.

    Esta vez me voy a peinar y encuentro maquillaje, evidentemente de la ex novia de mi tío. Se fue sin llevarse nada? Un tanto extraño.

    Me puse la base, los labios bien rojos, me delineé y le di volumen a mis pestañas.

    Baje las escaleras hacia el comedor como una princesa.

    Al llegar estaba mi tío terminando de cocinar. Y mientras espero me ofrece otra copa de vino.

    Hablamos de muchas cosas, del futuro sobre todo, no quiero parecer una niña hablando de la escuela. Así que hablo de lo que quiero estudiar, de cómo sería una buena abogada, de que usaría esa computadora que me regaló mucho y de cuando apreciaba ese regalo.

    Me dice que aproveche a estudiar, el no pudo, que tuvo suerte en la vida pero que en la vida no siempre pasan las cosas como a él, me alienta a no soñar despierta, sino a trabajar duro.

    Ojalá mi padre me hubiera hablado así, para mi papa, yo tenía que estudiar si o si porque para eso se mataban trabajando, me lo transmitía como una carga más que una motivación.

    Finalmente nos sentamos a la mesa, cenamos los dos solos. Me dice que me quedaba muy bien el vestido, mejor que a su ex novia.

    Me pongo colorada, le agradezco. Y sigo comiendo como puedo.

    Después de comer, hablamos de todo un poco, de la familia, de las peleas, de las ex y los ex de cada uno.

    Me invita a pasar al living para tomar un champagne antes de irnos a dormir y brindar por un futuro promisorio.

    Brindamos, y tomamos el champagne mirándonos a los ojos, como es costumbre.

    Baja la mirada por mi cuerpo y me dice

    «no estás usando medias?»

    Le digo que no, con 18 años recién cumplidos no las necesitaba para que se notara la suavidad y la perfección de mis piernas adolescentes.

    Luego de unos segundos de silencio incómodo decido preguntarle dónde dormiría.

    No había preparado el cuarto de huéspedes, así que me invitó a dormir a su cama. Mi tío dormiría en el sofá.

    Le digo que no tenía problema de dormir en el sofá, no quería incomodarlo, pero él insiste.

    Me acompaña al cuarto, subimos por las escaleras. Otra vez voy delante, y con cada escalón el vestido rojo corto al cuerpo sube un poco más dejando al descubierto la parte inferior de mis nalgas y seguramente la tanga diminuta roja que estrenaba.

    No iba a acomodarme el vestido, lo haría sentir incómodo a mi tío. No sé si miraría, pero la oportunidad la tenía.

    Una vez en el cuarto me indica cómo encender su smarttv, el aire acondicionado, el blackout, etc.

    El busca su cepillo de dientes y una toalla de manos para llevarse.

    Nos despedimos diciéndonos buenas noches, se acerca y me da un sonoro beso en el cachete sosteniéndome la cara y la cintura con sus manos.

    Yo respondo dándole otro sonoro beso en la comisura de sus labios, apoyando mis manos en sus pectorales duros.

    Ese instante es eterno, cuando nos separamos, mis manos instintivamente bajan un poco más abajo de su pecho mientras se aleja. Por su parte, su mano en su cintura se desliza hacia abajo tocando la parte superior de mi cola.

    Una vez sola, me dedico a sacarme decenas de fotos que subo a mis historias, estaba en un cuarto espectacular, con mi vestido rojo y unos tacos de ensueño.

    Mis historias en redes sociales explotaban de reacciones. Me estaba gustando todo esto.

    Le contaba a algunas de lo que estaba viviendo y me decían que le presente a mi tío. Eso no me gusto, y medio como que me enoje.

    En eso me doy con que casi no tengo batería, me había olvidado el cargador abajo. No podría seguir mi noche sin celular.

    Decido bajar pero esta vez sin tacos, solo con el vestido rojo.

    Las luces están apagadas, solo entra la luz de la luna por la ventana.

    Llego hasta donde estaba mi cargador y me tiento a mirar hacia el sofá donde dormía mi tío.

    Estaba solo vestido con un bóxer pegado, se le notaba un gran bulto que me hizo sonrojar. Sus piernas trabajadas, sus abdominales marcados se veían claritos a pesar de la oscuridad.

    Mi teléfono en silencio sigue recibiendo notificaciones que me preguntan por mi tío, también cae, una de mi ex novio, diciéndome que estaba muy perra.

    Me lleno de odio en ese instante, no porque me dijera perra sino por la caradurez de hacerse el galán después de todos los engaños. Le contesto con ira de que estaba perra y no para él.

    Un intercambio furioso de preguntas y suposiciones en un minuto, todo a metros de mi tío que dormía plácidamente

    Mi novio me termina diciendo que me dejo porque era una nenita y que no le daba lo que un hombre quería, cosa que sí le dio una de mis amigas. Tras ello, me manda una foto que había tomado de ellos en la cama.

    Me lastimo y casi pego un grito en el momento, pero me contuve.

    De bronca, me acerco a mi tío y me bajo los breteles para que queden mis pechos desnudos. Me agacho lo suficientemente cerca de su bóxer y su bulto y me saco una selfie de tal forma que se vea que estaba «desnuda» al lado de un hombre bien formado con un buen bulto en esa misma noche.

    Esa selfie fue al instante para mi ex novio, pero ocurrió una fatalidad. Salió con flash.

    Eso despertó a mi tío, y me encontró dándome vuelta dejando mis pechos a su vista con el vestido aún puesto y a centímetros de su bulto.

    Me levanto y de los nervios me voy corriendo sin decir nada hasta el cuarto.

    El pánico me invade, incluso hasta me tropiezo en las escaleras y trastabillo en la subida.

    Cierro la puerta del cuarto y me meto a la cama subiendo los breteles del vestido y tapándome con las sábanas hasta la cabeza.

    Me largo a llorar, había cometido una estupidez, todo para darle celos a un exnovio.

    En eso tocan a la puerta, es mi tío. Me dice que quiere pasar, de que está todo bien, solo quiere hablar, que no me preocupe.

    Tardo en responder, pero finalmente le digo que pase.

    Viene vestido solo con un pantalón, su torso está desnudo. Se sienta al costado de mi cama y  me pregunta qué fue lo que pasó.

    Solo se ven mis ojos de lo tapada que estoy.

    Le cuento la verdad sobre mi ex novio, mi tío se lo toma para risa. Eso me alivia.

    Me preguntaba que había respondido mi ex. Reviso el celular al lado de él, para esto ya me salí de la protección de la sabana, estaba nuevamente mostrando mi vestido rojo para mi tío.

    «lindo montaje, esa foto es más falsa que vos» había contestado mi ex.

    Mi tío se ríe, y medio que se burla de la actitud de adolescente de mi ex, se ríe de su inmadurez y eso me agrada.

    Me pregunta mi tío si puede ver la foto.

    Tardo unos segundos pero digo que si, tampoco había visto cómo había salido.

    Cuando la miramos se ve en primer plano mis tetas y borrosa mi cara y muy oscuro el bóxer de mi tío porque el flash había rebotado en mis tetas.

    No se distinguía que era yo, tampoco se veía con claridad que era un bóxer lo de atrás y mucho menos un hombre.

    «querés que le mandemos una bien hecha?» me pregunta mi tío.

    Y va a buscar un trípode y conecta algo del televisor al celular y podemos ver en 100 pulgadas lo que haríamos.

    Ponemos el temporizador y comenzamos a posar, pero esta vez vestidos. Mis manos se apoyan en sus abdominales, mi cara cerca de su bóxer y solo un bretel bajo para dar sensualidad a la imagen.

    Chequeamos y la envío, sigo mientras con otras fotos.

    Mi tío me sugiere que ponga mi boca entreabierta cerca de sus abdominales y mi mano como intentando bajar el bóxer.

    Siento el calor de su cuerpo y tengo sensaciones extrañas en mi cuerpo al estar tan cerca de su miembro.

    Mi celular anuncia la batería baja. Pero alcanza para esa foto, se la envío a mi ex, quien me putea diciéndome que era una puta barata.

    Mi tío se ofrece a seguir con una cámara profesional que saca las fotos automáticamente.

    Cuando esta todo colocado probamos con otras poses, esta vez, mi tío besándome el cuello levantándome un poco el vestido, dejando para la imagen la parte inferior de mi culo y la tanga metida entre mis nalgas para el lente.

    Sentí calor en esa foto, mucho calor, mis piernas se abrieron instintivamente. Mi abdomen se apoyó a su miembro que emanaba calor a pesar de la tela del bóxer y de mi vestido rojo.

    Sentí necesidad de devolverle el favor y bese yo su cuello, mientras apretaba sus bíceps musculosos. Mi boca abierta besaba sus hombros estando en puntitas de pie.

    Baje por sus pectorales y ya que besaba con boca abierta y húmeda, mi lengua también se prestó al juego. No me di cuenta y mis ojos estaban cerrados.

    Seguí bajando lentamente, mi tío no decía nada. Se escuchaba el ruido del chupeteo de mi boca. Sin querer se me escaparon pequeños gemidos al besar la parte superior de los abdominales de mi tio.

    En las 100 pulgadas de su smartv se veía con nitidez como iba bajando por su cuerpo y mi cola iba hacia abajo aprovechando lo que había levantado mi tío de mi vestido rojo.

    Me detuve en su ombligo y lo besé con pasión, mis manos estaban en sus muslos y quería meter mi lengua por todos lados.

    Cada vez más seguido se me escapaba el «mmmmm» y los gemiditos de quien disfruta haciendo disfrutar al otro.

    Mis rodillas finalmente tocaron el suelo, mi vestido por acción de mi posición se subió totalmente dejando mi cola adolescente en alta definición para mi tío.

    Abrí mis ojos y levanté la mirada hacia los ojos de mi tío, gemelo de mi papa.

    Mientras lo miraba a los ojos, abría mi boca y mi lengua salió para humedecer mis labios.

    Siguiéndolo con la mirada, mis manos se posaron en el elástico del bóxer, haciendo presión hacia abajo.

    Un segundo después el bóxer estaba en sus rodillas, otro segundo más y estaba en sus tobillos.

    Mis ojos miraron por primera vez un miembro maduro, ancho, largo, con experiencia. Caliente, con venas gruesas. Bolas enormes que se bamboleaban.

    Mis tiernas manos subieron por sus piernas hasta llegar al lugar prohibido.

    Una mano se dirigió a tocar el miembro, la otra a acariciar esas bolas.

    No sé cuánto mediría esa monstruosidad pero no me cabían 3 manos, así que debía andar arriba de los 20 cm.

    Me asusto el tamaño, pero no me detuve.

    Acerque, siempre mirándolo a los ojos, mi boca abierta hacia sus bolas.

    El toque de mis labios y mi lengua en sus bolas hizo recorrer electricidad en mi conchita.

    Mi tío por primera vez dejó salir un sonoro gemido seguido de un

    «ufff pendeja putita»

    Eso me calentó mucho más, y lo hice sufrir pasando mi lengua con mucha lentitud por sus bolas.

    Mientras, la cámara tomaba mi culo y como arrodillaba estaba lamiendo y besando sus huevos maduros. Era una imagen sumamente erótica. Todo lento, todo caliente.

    Saboree cada uno de sus huevos, cada uno de ellos me los metí a la boca.

    No podía creer que estaba haciéndole eso a mi tío que era un identikit de mi padre.

    Cuando comienzo a subir por la base del tronco con mis labios húmedos y mi lengua probando el sabor de cada centímetro, suena el teléfono de mi tío.

    *******************

    Comenten que les va pareciendo la historia, eso ayuda mucho para seguir escribiendo.

  • Me como a la madura en su departamento

    Me como a la madura en su departamento

    Maricela es una chica que conocí por mi amiga Ivette, ella en ese entonces ya era una mujer madura, de esas que te la paran al verla. 

    Una morena de 1.70 cm, unas tetas grandes, un trasero firme de unos 100 cm y par de piernas bien torneadas, cuando la conocí me gustó, pero al ver que solo salía con hombres mayores y de más dinero contando que tenía un carácter de la fregada, solo me conformaba con verla.

    Por mi amiga ya había convivido con ella y me di cuenta que con unas copas de más perdía rápido, con el paso de unas semanas nos empezamos a llevar mejor, nos escribíamos por whatsapp y todo.

    Una ocasión entre charla y charla por whatsapp, la convencí de que fuéramos por unas cervezas y ella aceptó.

    Ella llevaba un mayón blanco que resaltaba sus torneadas piernas y sus nalgas grandes y firmes, empezamos a tomarnos unas chelas mientras platicábamos para conocernos más.

    Pasaron las horas y ya estábamos un poco subidos de tono, bailábamos repegando nuestros cuerpos, yo sin pena la abrazaba le besaba el cuello y acariciaba las piernas, Maricela no se oponía, se me pegaba ms y hasta me regresaba los besos.

    M: Ivette dice que eres muy tierno y yo creo que eres un cabrón.

    T: ¿Jajá y porque dices eso?

    M: Eres joven y sabes cómo llegar, ¡me gusta tu estilo!

    T: Como me gustaría disfrutar contigo un rato más íntimo.

    M: Eres un loquillo, ¡jajá!

    Nos miramos fijamente y comenzamos a besarnos muy pasionalmente, ella mordía mis labios, yo la tomaba de la cintura y bajaba mis manos acariciándole las nalgas duras y firmes, ella me arrimaba su conchita a mi verga.

    No podía creer que Maricela, la mujer más mamona que conocí, estuviera fajando conmigo en ese bar.

    M: Vámonos a mi departamento, ¡ahí seguimos! ¿Como ves?

    T: ¡Yo voy contigo a donde vayas!

    Pagamos la cuenta y fuimos a su departamento, al entrar apenas se cerró la puerta y comenzamos a besarnos como locos.

    Así nos fuimos hasta su cuarto, yo la acosté en la cama y comencé a quitarle su blusa mientras besaba su cuello, le quité su brasear para ver un par de pechos grandes y pezones erectos los cuales llevé a mi boca, lengüeteaba y mordía sus pezones.

    T: ¡Que ricas tetas!

    M: ¡Uhm, cómelas, uhm!

    Maricela se dejaba llevar y disfrutaba lo que le hacía, sin impedimento alguno, yo proseguí disfrutando a la morocha.

    Ella gemía mientras me quitaba la camiseta, poco a poco le quité su mayón, pasaba mi lengua por sus ricas piernas, mientras ella murmuraba, me acariciaba la cabeza, le quité su tanguita y comencé a lamerle sus ingles.

    Poco a poco llevé mi lengua hasta su clítoris, comencé a chuparlo y darle pequeñas mordiditas, ella se convulsionaba y gemía de placer, metía mi dedo en su vaginita y la masturbaba mientras ella seguía gimiendo.

    M: ¡Uhm!! Cómeme rico!

    T: ¡Te tenía ganas desde que te vi!

    Después de darle tremenda mamada me puse de pie, me quité la trusa y dejé que jugara con mi verga.

    Ella me daba pequeñas chupadas mientras acariciaba mis bolas con sus manos, yo le acariciaba al cabeza, era increíble tenerla mamándomela y bien rico.

    Yo le acariciaba la cabeza, ella poco a poco metía totalmente mi verga en su boca, raspaba mi tronco con sus dientes y con su lengua lamia la cabecita, el ruido que hacia la ahogarse con mi grosor me excitaba muchísimo.

    M: Que vergota tienes, ¡nunca me había chupado una tan gruesa y venosa!

    T: ¡Pues gózala, es para ti, uhm!!

    M: ¿Me la vas a meter ya?

    T: ¡Si nena, acomódate!

    La puse en cuatro y comencé a penetrarla suavemente, primero la cabecita y luego lo más que se pudiera, la tomaba de la cintura y me movía rápido, ella acompañaba con ricos movimientos, apretaba delicioso mi verga, yo acariciaba sus piernas y le jalaba despacio el cabello.

    T: Que rico, eres un manjar, que rico aprietas mi verga

    M: ¡Ah!!! Coges bien rico!

    Ella se acostó y comencé a cogérmela normal, le besaba el cuello y tetas y su boca, nuestras lenguas se enrollaban mientras ella movía su cadera para sentir más rico.

    Yo le levanté las piernas y bruscamente la penetraba apoyándome en sus piernas, me gustaba lamerle los pies y apretarle las nalgas esas nalgas duras y ricas, moviéndome como un toro desenfrenado.

    Ella gemía igual que yo, ella me abrazaba con sus piernotas, mientras yo le lamia las tetas, nos besábamos pasionalmente nos mordíamos, yo la penetraba fuerte consiguiendo que tuviera un rico orgasmo

    M: ¡Ah!!! ¡Que rico, uhm, ah!!!

    T: ¡Si!! Gózala mamacita, uhm, como mojas mi verga!

    M: ¡Me encanta tu verga, uhm!!

    Después que ella se corrió, me acosté en la cama y la puse a cabalgar, ella licuaba mi verga de una manera muy rica, ¡mientras yo le acariciaba las piernas y las tetas!

    M: ¿Estás gozando papacito?

    T. Maricela, uhm, coges riquísimo!!

    M: Que dura, me encanta, ¡ah!!

    Ella se movía rápidamente, como no traía condón su clítoris rozaba exquisito con mi verga, que en esa pose le entraba toda.

    Después, la puse a cabalgarme al revés, ella movía rico su cuerpo, se convulsionaba con mi verga y eso me hacía gemir, yo le arañaba la espalda y le daba tremendas nalgadas.

    T: Ay nena que ricas nalgas, ¡me vas a hacer venir!!

    M: ¡S!!, quiero tu leche, ¡tu leche caliente!!

    T: ¡Uf! pues has que me venga, ¡te voy a llenar toda!

    M: ¡Si papacito, uhm!!

    Sus movimientos aumentaron ella se daba sentones fuertes mientras yo admiraba su deliciosa espalda y nalgas, sus movimientos eran perfectos, sus nalgas eran magnificas estaba a punto de llegar.

    Sus impecables movimientos me tenían a tope y yo ya no pude contenerme más, la tomé de la cadera y me vine dentro de ella, ambos nos convulsionábamos ya que ella volvió a venirse.

    M: ¡Agh!!! ¡Que rica leche, uhm!!!

    T: ¡Tómala nena, uhm!!!

    El orgasmo fue espectacular, quedo encima mío y luego se dio vuelta y me abrazo, nos quedamos descansando y luego charlamos un poco.

    M: Que rico coges, ¡hace mucho no cogía así!

    T: ¡Tu estas riquísima y también chambeas bien!

    M: ¿Ya estás listo para más?

    T: De una vez nena, ¡ven para acá!

    Cogimos toda la noche hasta el amanecer, le preparé el desayuno y me fui de su casa, aunque les confieso que me aplico la de no me acuerdo y si no me acuerdo no paso, pero de todos modos ella volvería a buscarme.

    Tyson.