Autor: admin

  • La noche en Cabo Frío

    La noche en Cabo Frío

    Nos habíamos quedado solos en la casa de mi abuelo cerca de Cabo Frío, mi abuelo había salido esa noche hacia Río de Janeiro y no volvería debido a sus asuntos de embajada hasta una semana después; el personal doméstico se había retirado, mamá y yo nos quedamos después de cenar en la galería frente a la inmensidad de la noche, frente a nosotros la laguna de Saquarema encerrada entre montañas, el firmamento estrellado y lejana una guitarra sonando “zamba”, la brisa cual caribe, juagaba con su corto vestido rojo de breteles, mostrando de vez en cuando su tanga blanca enmarcando las caderas. En mi reposera seguía leyendo los libros de poesías que iba y venía a buscar hasta la biblioteca; en un momento mamá se ofreció en traerme un trago fresco, le dije que sí y al incorporarse de su hamaca, su tanga era apenas un hilo calzado entre sus muslos dorados.

    Me incorporo de mi hamaca para pedirle que mi trago sea un simple jugo de guaraná helado, cuando a través del ventanal la descubro apoyada sobre la pared, llevando sus dedos después de acariciar su vulva hacia sus labios, la veo excitada cerrando sus ojos y uno de sus senos se escapa de aquel camisolín rojo.

    ¿Se ha excitado pensando quizá en su viejo amigo Reinaldo al que volvería ver después de años, en su novio Mingo que había quedado en Bs. As. en el bóxer blanco que yo llevaba puesto dibujando mi bulto en la noche?, pero no creo que sea pensando en el cornudo de mi padre, que siempre le recordaba llevar preservativos, mientras se quedaba en Bs. As.

    Laura, mi madre estaba ardiendo y no dejaba de ser casual frente a semejante espectáculo en la noche de Cabo Frío.

    Volví a mi hamaca y la esperé acariciando mi bulto, sensualmente me acercó el trago inclinándose hacia mí y provocando que a mis ojos sus lolas cayeran insinuando sus pezones, sus piernas rozaron mi brazo y dándome la espalda se volvió a su hamaca, sobre sus muslos bronceados la tanga blanca y desprolija era una mueca de provocación a mis instintos; poco después la sentí dormida.

    —Me quedé dormida, me voy a la cama, hasta mañana amor

    —Hasta mañana ma, me quedo leyendo un rato más, la noche tiene poesía

    —Pedí un deseo…, acaba de pasar una estrella fugaz

    —Hmmm, pedilo vos. Insinué volviendo a acariciar mi bóxer.

    Creo que en ese momento dejé de ver para siempre a mi madre como madre y se convirtió en una mujer deseable, y para lo lascivo de su mirada también dejé de ser su hijo para convertirme en su pecado más furtivo, su encendido deseo, el cómplice de sus vidas de cortesana, de puta ante mis ojos y para lo más perverso entre nosotros, desde esa noche en Cabo Frío nada sería igual.

    Ya no éramos madre e hijo, éramos una misma intención en la noche, aunque yo soñaba con mi primera novia, con mis poesías, la deseaba, ella era lujuria desatada abiertamente a la excitación de sus deseos sexuales. El incesto ya estaba delante de nuestros bajos instintos.

    Había leído por ahí: “que lo hombres traicionan porque está en su sistema genético. La mujer lo hace porque no tiene dignidad suficiente, y además de entregar su cuerpo acaba siempre entregando un poco de su corazón, Un verdadero crimen. Un robo. Pero asaltar un banco, porque, si algún día la descubren (y siempre lo hacen), causará daños irreparables a su familia. Para los hombres apenas es un “estúpido error”. Para las mujeres es un asesinato espiritual de todos aquellos que la rodean de cariño y que la apoyan como madre y esposa”.

    Me fui a mi cama a seguir leyendo, por el corredor vi que aún había luz en el cuarto de mamá, me acerqué y escuché que se estaba duchando, volví pensando que mi madre ya no lo era, ahora era su nombre sinónimo de una trasgresión, de incesto, de una puta. Laura, el deseo del placer prohibido pero adictivo. Apagué la luz y me quedé pensando mirando el vacío de un apetito erótico quizá irrealizable, —solo si ella lo hubiera deseado al caer esa estrella—. La brisa ingresaba por la ventana, un resplandor de luna dejaba ver sombras en mi cuarto.

    Siento su presencia, su respiración me provoca, no lo creo, me masturbo con los ojos cerrados, pienso en ella, me incorporo en la cama; adivino su figura dibujada en ese resplandor, siento su perfume y abro los ojos, ella está sentada en la banqueta blanca, sostiene una copa, cubriendo su pubis depilado.

    Encaramada sobre unas botas de caña alta, entreabre sus piernas y veo su vientre apenas depilado, dejando adivinar una tira delineada que baja hacia su clítoris, sus senos escapando del negro soutien y un liguero sostenido desde la tanga se le clava en la carne.

    No me dice nada, me mira sensualmente, eróticamente me provoca y levanta su copa hacia mis ojos. Vuelvo a cerrar mis ojos…

    Se incorpora y se acerca sobre sus botas —vamos a mi cama—, me resisto a la invitación, pero su tanga perfumada me provoca un incontrolable temblor, mi pija se rigidiza aún más, mis manos acarician sus piernas y me atrevo a su rozar con mis dedos sus marcados labios en ese encaje. La miro y le esbozo una sonrisa, me toma de la mano. No quiero, pero lo que va a pasar cambiará nuestras vidas.

    No me habla, me observa, su dedo índice se introduce en mi boca, después otro más que succiono y salivo, me hace callar. Sé que ya es imparable y ya no quiero que se detenga mientras baja su mano acariciando mi pecho acariciando mi sobre el bóxer.

    Deja caer sus brazos y con ellos cae su bata de encaje hacia el suelo, su cuerpo aparece ante mí casi desnudo.

    Quiero besarla, pero me resisto mientras sigo acariciando sus piernas, juego con la seda de su tanga, rozando su pubis, adivinado sus labios y su húmeda grieta que presiono…

    Quiere besarme, abre los labios jadeando, pero suspira.

    Me levanto de la cama, quedo por sobre su cuerpo con mis brazos caídos, ella eleva su boca buscando mis labios, se desnuda toda, toma mi pija apretando la base de mi tronco erectándola hasta que la hace rozar sobre los vellos delineados de su pubis.

    No puedo decir palabra, reclino mi cabeza hasta el placer de sentir que me masturba, me entrego y sus labios comen mi boca, se confunden las salivas, nuestras lenguas se encuentran, su mano atrapa mi nuca, me aprieta aún más sobre sus labios y entrego mi voluntad a ella.

    Oigo su respiración que se acelera sobre mi boca, mientras sigue masturbándome, se arrodilla y mi glande desaparece entre sus labios, roza con sus dedos mi ano, me electriza y empujo mi pija hasta el fondo de su garganta.

    Me ha poseído, soy suyo en esta noche, la estrella que cayó en el infinito, está de rodillas ante mí, desnuda, pervertida y puta. Sus pezones se frotan en mis piernas, no me deja acabar en su boca, se pone de pie, ata en mi cuello el cinturón de su bata, me da su espalda, me apoyo en sus caderas, quiero penetrarla, pero se aleja… Me toma de la mano y nos perdemos en corredor hacia su lecho.

    Soy esclavo de su deseo, abre sus piernas y me tiendo sobre ella, esquiva la penetración de mi pija, se gira, una pierna reposa sobre la mía, me vuelve a masturbar, me pajea, pero no me deja acabar, no eyaculo.

    —Tengo algo especial para vos, mi bebe, nadie nunca te va a tratar como yo esta noche.

    Me mira, se sonríe y me guiña un ojo; sube el cinto de seda y me cubre los ojos, no puedo ver nada, solo siento su respiración y sus manos rasgando las sábanas mientas su aliento baja por mi pecho, lo siento sobre mi vientre. Espero una caricia sobre mi erección, pero no.

    Quiero sentirla, el silencio es muy profundo, no me toca.

    No veo nada y estoy temblando.

    Su dedo índice roza otra vez mi ano y se introduce suavemente, levanto mis caderas, me gusta la sensación, mi madre me está penetrado, mi erección siente la suavidad de sus labios que vuelven a envolver mi glande y acabo interminable en su boca que se retuerce mientras sus manos agitan, pajean aún más mamando mi semen.

    No me quita la seda de mis ojos, la siento recostar su cuerpo sobre el mío, su pubis se aprieta con mi pija y me besa con el sabor de mi semen que se ha bebido. Su lengua busca otra vez la mía, me chupa la boca, succiona mi saliva. Mis manos ahora la recorren y descubro sus caderas, encuentro la raja de su cola y busco su ano, me besa aún más profundo, pero se aparta.

    Me quedo inmóvil entre sus sábanas, la ceguera y su alejamiento me sugieren sus juegos sexuales. No la siento, no escucho su voz, ni percibo su aliento, su contacto, su perfume, permanezco en silencio.

    Al cabo de un rato que me semeja el infinito, vuelvo a notar sus piernas cabalgadas sobre mi vientre, su concha se refriega sobre mi pija que se tiesa y se entierra en sus labios, me mojan sus flujos, pero no deja que la penetre. Me tomo del respaldo de la cama y dejo que ella me cabalgue, se frota sobre mi vientre, siento en mis labios sus pezones, que me obliga a morder; los mordisqueo, los succiono y se hacen más grandes en mi boca.

    —Nadie nunca te va a tratar como yo esta noche. —Repite.

    La penetro aún más, hasta que desaparece mi pija en su jadeo y acabo otra vez, profundo en su intestino y caigo sobre su cuerpo, estamos sudando de placer, resbalo de su cuerpo y cae un chorro de semen desde su culo ensangrentado de tanta calentura y del tamaño de mi furia.

    Me cogí a mi madre, le rasgué el culo, más de uno hubiera deseado ese momento, pero era solo mío, su esfínter estaba reservado para mí.

    Siento entre sus labios vaginales que mi pija se ha hinchado nuevamente, pero no me deja penetrarla; se incorpora y me quita la seda de los ojos, la habitación está solo iluminada por la luz de la noche que ingresa por la ventana.

    —Vuélvete. —Me ordena.

    Me paro del lado de la cama y ella se recuesta, su cuerpo se quiebra y flexiona sus piernas hacia mis hombros, sus tetas se coronan con dos aureolas de profundo rosado y sus pezones apuntan hacia mi mirada lasciva. Le sujeto las piernas por debajo de sus rodillas y mi glande se acerca a sus labios, ¡Suspiramos!

    —No, por mi nácar aún no, primero “haceme la colita”, la guardé virgen para vos, ningún macho dilató mí esfínter, es mi regalo para tus dieciocho.

    —Emboco mi glande en su ano y presiono, se lo había lubricado y mi erección se abre paso, con sus manos separa aún más sus caderas y la penetro, su clítoris es mi tentación, quiero chupárselo, pero no me deja que deje de penetrar aún más, hasta atravesar sus intestinos.

    —No te detengas, cógeme, cógeme más fuerte; rómpeme el culo, me arde; así quería sentirte, así, así nadie se atreve a ser el primero, solo vos bebe.

    La veo arquear su cuerpo sin soltar mi pija, y aprieta su esfínter aún más…

    —Atravesame, tenés una pija enorme hijo, abrime, ensanchame, enculame a tu forma y a tu ritmo.

    Se dibujan las siluetas en el cristal de la ventana con fondo de mar. Se arrodilla delante de mí, me masturba, me devora… acabar o no, ya no es una alternativa, inundo sus labios y cae desparramando mi semen entre el abismo de sus senos. Ya no es sino mi amante, mi lujuria, mi pecado final, la noche es profunda entre sus labios, me erecto sobre sus senos y desparramo mi semen otra vez sobre sus aureolas rozadas y sus pezones erectos.

    Apoya sus manos sobre una mesa, sus pechos escapan del body negro, le corro la tanga, la penetro una vez más, ella curva su cabeza, sus cabellos negros huelen a “savage” me rozan el pecho, me siente, me gime y empuja sus caderas hacia mi erección que late acabando dentro de su vientre; curva en su figura en un intenso orgasmo, su cabeza de desploma hacia adelante y vuelve a gemir.

    Se deshace el tiempo en edades mitológicas, consumado el deseado incesto se repite una y otra vez entre las penumbras que incitan el pecado. Edipo y Yocasta, se reencarnan en ella y en mí. Cenamos en la habitación del hotel, nos miramos, sonreímos mientras saboreamos el sabor fatal sobre una fondue de chocolate, ante quien nos sirve en silencio, ya jugamos incontrolables el placer lascivo de lo mitológico.

    (…) Me despierto sudando con una erección, la tengo a mi lado, me levanto y la contemplo, es mi madre, entregada a Morfeo, dormida entre espumas de encajes, almohadones de ganso y sábanas color pasteles resaltando el negro de sus encajes. Me hechiza verla dormir, indefensa su piel morena, sus piernas de color cual el ocre me perturban, la deseo, me acerco y acaricio sus piernas, ella no se despierta, rozo apenas con un dedo su pubis, le beso los labios, me masturbo y dejo que mi semen caiga delicadamente sobre su boca entreabierta.

  • El hermano gemelo de mi padre (III)

    El hermano gemelo de mi padre (III)

    Probé con mi lengua la base de los huevos grandes y maduros de mi tío de 46 años, calco de mi padre pero con mejor forma.

    Cuando comienza mi boca a subir por la base del tronco con mis labios húmedos y mi lengua que saborea cada centímetro suena el teléfono de mi tío.

    Era mi madre, llama insistentemente al punto que mi tío atiende.

    Estaba en el portón de la quinta, se había tomado un taxi porque no quería dejarme sola.

    En unos minutos, mi tío se vuelve a poner el bóxer y el pantalón mientras baja por las escaleras.

    Yo me saco el vestido rojo y busco una remera que usaba para la pileta.

    Cuando mi tío abre la puerta para recibir a mi madre, nos encontramos ambos abajo.

    Mi tío la ayuda con el bolso con la ropa para pasar unos días.

    Está descalzo, solo con el pantalón, y el torso desnudo.

    Yo estoy con la remera y la tanga roja, hago un esfuerzo por estirar la remera para que llegue más abajo pero apenas cubre mi cola.

    Mi mama dormirá conmigo en la cama del tío. En el cuarto me dice:

    «deberías haberle pedido un jogging al tío, no podes andar vestida así delante de él»

    Si supiera lo que interrumpió se muere.

    Además agrega comentarios respecto al maquillaje, me dice que si uso maquillaje debo sacármelo para dormir porque mancharía la cama de mi tío. Voy quejándome como una adolescente al baño y me doy cuenta que tengo el labial corrido. Evidentemente por donde pasó mi boca hizo correrme el labial.

    Pero para mi mamá solo es un descuido de no sacarme el maquillaje para dormir.

    Por la mañana en un descuido quedo con la remera levantada y mi mamá despierta me pregunta de dónde había sacado esa tanga diminuta roja.

    Le había explicado que eran de una ex novia del tío, que eran nuevas, etc.

    Me trato de puta, de que esa ropa no era de una chica decente y de buena familia. Todo eso mientras buscaba en el bolso ropa interior mía, saca una bombacha común rosa con una florcita al frente y me la tira a la cama diciéndome que me cambie.

    Bajamos a desayunar con un jogging y una remera.

    Me cuesta mirar a mi tío a la cara. Él se comporta como si nada hubiera pasado la noche anterior.

    Pasamos los dos días más aburridos de mi vida, tomaba sol y me metía a la pileta con mi mama en el lugar tomando sol con su maya enteriza y enviándose audios con sus hermanas y sus amigas.

    Mi tío acompañaba cada tanto pero casi no estaba con nosotras. Decía que tenía que trabajar. Solo estábamos juntos en las comidas.

    Me canso de todo ese aburrimiento, le digo a mi mama que quiero irme. Y ella dice que la está pasando bien, que quiere quedarse unos días más.

    Mi papá arregló el auto y viene a buscarnos tras mis berrinches de adolescente.

    Me llevo algo de la ropa nueva bajo el rezongo de mi mamá. Lo único que no me dejo llevar mi madre es la ropa interior.

    Vuelvo sin hablarle en todo el viaje, como iba a usar esos vestidos super finos y sexys con las bombachas grandes de algodón?

    Al llegar a casa me llega una invitación a una fiesta, tengo casi todo en la cabeza que voy a usar, salvo la ropa interior.

    Averiguo el número de mi tío que estaba agendado en el celular de mi papá.

    Le digo que no diga nada, que necesitaba ropa interior pero en secreto.

    Mi plan es ir a buscarla a su casa y luego ir hacia la fiesta. Pero es mucha distancia y no tengo auto ni quien me lleve.

    Él dice que no puede ir hasta donde vivo porque tiene reuniones, pero que me pagaría el Uber hasta su casa.

    Llega el día de la fiesta y mi mama me prohíbe ir con el vestido rojo y los tacos, me vuelve a tratar de puta. Tras gritos y llanto termino usando un jean blanco y un top y obviamente una bombacha de algodón rosa.

    Mi papá me deja en la casa donde sería la fiesta. Allí solo me resta esperar el Uber que me pidió el tío.

    Me siento un poco mal por mentirles a mis padres, pero estaba cansada de que me trataran como una niña cuando ya soy mayor de edad.

    Llego a la casa de mi tío y allí está él con una chomba al cuerpo y un pantalón beige.

    Lo saludo rápido y voy directo al cuarto.

    Elijo y me pruebo todo tipo de ropa y también de ropa interior.

    Finalmente me quedo con una pollerita corta a la cadera de color blanco. Y una remerita pegada al cuerpo con escote pronunciado de color dorado.

    La tanga es una de encaje con transparencias de color blanco, con unas tiritas en los costados.

    En eso toca la puerta del cuarto mi tío. Pasa y me indica dónde están los perfumes de su ex.

    Me vuelvo loca con los aromas, todos caros y finos.

    Me pruebo el que me parece más rico y le pregunto si le gusta.

    Se acerca a mi cuello y siento su respiración. Yo comienzo a agitarme como la otra noche.

    Me besa el cuello delicadamente, me toma la cara con su mano y abre mi boca con su pulgar maduro.

    Instintivamente cierro los ojos y permito que su pulgar entre al interior de mi boca, mis labios le dan la bienvenida pero el objetivo es mi lengua.

    Mi tío me saca una cabeza de altura, así que puede ver bien como arque mi cabeza para recibir su pulgar.

    Con su otra mano rodea mi cintura desnuda empujándome contra su cuerpo.

    Mis manos descansan en sus brazos, mis tetas tocan la parte superior de su abdomen, siento su miembro duro hacer presión en mi panza, aun a través de su pantalón.

    Siento que su dedo pulgar sale de mi boca que queda abierta. Ese instante aprovecha mi Tío para meter su lengua dentro de mi adolescente boca.

    Juegan nuestras lenguas, y quiero que no pare de besarme. Su mano liberada baja hasta mis pequeñas tetas. Con esa remera escotada suelta no le es difícil meter la mano dentro del escote y alcanzar mis senos blancos.

    Sus dedos encuentran mis rosados pezones y eso causa una electricidad en mi cuerpo.

    Mi pierna se levanta como los enamorados, pero es el acto reflejo de una mujer que está siendo estimulada sexualmente y el sexo intenta distribuir el placer por todo el cuerpo.

    Mis manos se cuelan por debajo de su remera arañando sus abdominales y subiendo para levantarle la remera.

    Comienza a empujarme llevándome contra una pared.

    Al llegar mi espalda a destino, se deshace de la remera y me vuelve a besar apasionadamente, una mano en mis tetas y la otra, va hacia mi pierna buscando el final de mi corta falda blanca.

    Cuando haya ese final, su mano se mete por dentro tocando ambas partes interiores de mis muslos. En medio del beso se me escapa un gemido.

    Sigue subiendo y sus dedos tocan la suave y transparente tela de la microtanga blanca.

    A través de ella se propone estimularme y lo hace con maestría. No puedo besarlo mas, necesito bocanadas de aire. Mis manos van por debajo de sus brazos buscando sostenerme de su espalda y me dan ganas de morder su hombro.

    Sus dedos hacen a un lado la tanga y tocan mis jóvenes labios vaginales. Están empapados, el olor a sexo comienza a inundar la habitación.

    Juega varios minutos disfrutando que no puedo dejar de jadear y suspirar con fuerza. Nunca había sentido nada igual.

    De repente mete dos dedos dentro de mí, abro los ojos como platos, no puedo creer lo que está pasando. Mi tío, el hermano gemelo de mi papá está masturbando a su sobrina de 18 años.

    Los saca y los vuelve a meter y pego un grito de placer que se escuchó en toda la casa. Me sostengo de la pared pero las piernas me tiemblan. Mi tío no para de meter y sacar con suavidad sus grandes y maduros dedos de mi conchita.

    Mis piernas flaquean y termino deslizándome hacia el suelo, mi tío en ningún momento saca sus dedos dentro de mí. Me acompaña hasta abajo.

    Mis piernas están abiertas, mi tanga corrida, yo sentada apoyada en la pared. Mi tío al frente mío metiendo y sacando sus dedos y yo jadeando mojada.

    Me agarra del cuello, y saca sus dedos de mi vulva. Salen mojados con mi fluido y me muestra como se los lleva a su boca. Mi Tío estaba probando lo que había provocado en mi.

    Luego vuelve a meterlos y al sacarlos los lleva a mi boca. Nunca hubiera llevado eso a mi boca, pero estaba tan caliente que apenas tocaron mis labios lo recibí gustosa.

    Sentí mis propios jugos, ese sabor agridulce y ácido. Me estimuló mucho más. Mis pezones se pusieron más erectos.

    Allí en esa posición mi tío se pone de pie y se baja los pantalones y su bóxer.

    Nuevamente veía esa monstruosidad.

    No me dejo reincorporarme, así como estaba sentada puso su glande en mis labios.

    Cuando quise tomarlo con la mano, me dijo que sin manos.

    Entonces solo mi boca lo estimularía, la abrí, la deje entrar. Era enorme, estaba caliente, tenía ese olor a hombre.

    La metió y se la chupe, mi lengua lo rodeo. Quise metérmela hasta lo más profundo de mi garganta, me hizo dar arcadas, pero seguí.

    Mis manos estaban al costado del piso, solo para apoyarme y no caerme, mis piernas algo dobladas pero abiertas, una mano de él en mi cabello y mi nuca guiando.

    El rímel se me corrió, la transpiración hizo lo suyo con la base. El labial rojo estaba desparramada en su miembro.

    La saliva caía por el tronco, hasta las bolas.

    Veía su abdomen perfecto maduro, esa piel que ya no es tersa, contrastaba con mi piel suave, sin arrugas.

    Luego de largos minutos termina haciéndome explotar la boca con su leche caliente. Eran tantas sacudidas que llegaban hasta mi garganta y se me caía por el costado de la boca, cayendo a mi cuerpo, mis tetas y mis piernas.

    Entonces saca su pija de mi boca, obligándome a dejarla limpia. Luego suelta mi cabeza.

    Y me viene un momento de relajación tal que tengo que acostarme en el piso, buscando recuperar aire y fuerzas.

    La postal es yo tirada en la alfombra con la pollera levantada y mi tanga corrida mojada. Mi cara transpirada con maquillaje corrido, despeinada. Se me ve una teta por el movimiento y el corrimiento de la remera escotada.

    Hay leche en mi cara, en mis pechos, en mi pierna.

    Mi tío se viste y me dice que me arregle que va a pedir el Uber para que me vaya.

    Continúa…

    Comenten que les va pareciendo la trama, todo aporte es bien recibido.

  • Desvirgando a un casado (Parte 3)

    Desvirgando a un casado (Parte 3)

    Después de un tiempo de no escribir, voy a continuar contándoles sobre mi historia con mi amante casado, la tercera parte de «la saga» como me dijo un amigo, a quien se lo dedico porque sé que le gustan mis relatos.

    Tener sexo en su casa, en su cama matrimonial, había sido una experiencia alucinante pero difícil de repetir. Las cosas se habían complicado con los horarios y las rutinas de trabajo de los dos, por lo que nuestra calentura por un nuevo encuentro iba en aumento pero no se podía dar. Uno de esos días de encuentro por el chat mientras estábamos cada uno en su oficina quedamos de encontrarnos en el horario de salida. Nos vimos en la calle y fuimos en su auto hasta un parque cercano, estacionamos en la oscuridad… nos besamos con mucha pasión y empezamos a tocarnos primero entre la ropa y después desabrochando camisa y pantalón, cuando cada uno tenía en su mano la pija del otro, nos comimos la boca con mucha lengua y después me agache para mamársela. Por unos minutos disfrute de esa hermosa verga de arriba a abajo, metiéndomela toda hasta sentir sus bellos acariciándome la cara. Después el hizo lo mismo y me chupo la pija con muchas ganas, cada vez lo hace más rico.

    Estábamos algo nerviosos por estar en el auto pero igual me propuso bajarnos un momento, decía que no iba poder irse si no nos apoyábamos, que quería sentir nuestros cuerpos juntos otra vez. Me paré al lado de la puerta del auto y el detrás mío, volví a desprender mi pantalón que, como era liviano, cayó rápidamente hasta mis rodillas y él hizo lo mismo con el suyo. Sentí su garcha caliente apoyarse en mi culo, me besaba la nuca y mordisqueaba mi oreja, mientras su pija dura pujaba como queriendo entrar. Me la deslizaba de arriba a abajo por mi raya. Luego la metió entre mis piernas y bombeaba suavemente como para que nadie desde lejos pudiera advertir el movimiento. Me dijo que no daba más de calentura pero no tenía forro. Su líquido preseminal fue mojando mi entrepierna y gozábamos terriblemente con ese roce. Tanto que no se pudo aguantar y de repente sentí su leche correr por mis piernas. Se avergonzó un poco y me dijo: «bebé no doy más, disculpame no me aguante, te necesito, voy a arreglar para que podamos encamarnos de nuevo y te aviso».

    Así fue como unos días más tarde, me llamó para que le confirmara si podía ir con él en un viaje de trabajo, El viernes por la tarde pasó a buscarme por mi casa, yo había pedido ese día en mi laburo, Había alquilado una cabaña para esa noche y el sábado. Antes pasamos por el supermercado para comprar lo que necesitábamos, le dije que me encargaría de comprar las cosas para prepararle una rica comida.

    Cuando llegamos a la cabaña, tiramos las cosas, nos sacamos la ropa de un tirón y nos dedicamos a amarnos por dos horas sin parar. Totalmente en bolas, nos comíamos las lenguas y nuestras manos recorrían todo lo que podían. Me senté en la cama y lo paré frente a mí para comerme su pija con todo el deseo que tenía desde hacía tantos días, mientras mis manos seguían recorriéndolo. Él se abalanzó sobre mí, recostándome en la cama sin sacar su pija de mi boca, empezando a moverse como haciendo flexiones sobre mi cuerpo. Me cogía la boca hasta atragantarme. Se dio vuelta y me chupo la pija también, enganchados en un 69 brutal. Nos comimos todo.

    Cuando estábamos en la cima de nuestra calentura, me puso en cuatro y me pego una culeada hermosa, con toda la fuerza como lo hace siempre. Sentí otra vez, sus brazos y sus manos apretándome, sus labios recorriéndome mientras su hermoso pedazo hacia latir mi orto. «¡Que rico papi! ¡Así mi macho! ¡Papito, después me toca a mí, te quiero tener así también!» – «Si mi amor, vamos a hacer de todo, estamos solos y vamos a entregarnos el uno al otro!!! Entre ese diálogo caliente, acabamos casi a la vez. Me desmayé sobre la cama y él sobre mi cuerpo, quedamos unidos por un rato y seguimos acariciándonos.

    Preparé la cena y la compartimos, después de una ducha pero sin vestirnos, los dos sentados a la mesa pero totalmente en bolas, tomaditos de la mano, besándonos entre bocado y bocado, nuestro deseo no disminuía. Cuando llegó la hora del postre, le dije que había una sorpresa… comimos durazno con crema que compré deliberadamente en el súper. Mientras disfrutaba su postre, yo me dispuse a comer el que había guardado para mí. Me arrodille a su lado y tomando la crema la unté en su pija, Comencé a chuparla suavemente, pasando mi lengua y hacerlo gozar todo lo que pudiera… Reía por la ocurrencia pero me contó que estaba entre sus fantasías y que le encantaba que pudiéramos estar dándonos esos gustos, juntos sin inhibiciones sin miedos.

    En agradecimiento por la comida y fundamentalmente por el postre compartido, se ofreció a lavar los platos, se puso un delantal que había en la cabaña pero seguía en bolas debajo, por lo que me ofrecía su culo peludito a la vista mientras yo permanecía sentado a la mesa. Volví a mis andanzas y sin que lo notara me acerque arrodillándome detrás de él y comencé a besar sus piernas hasta llegar al orto y meterme en su raya para jugar con mi boca. Se excitó y dejo por ratos de lavar, me decía que así no podía, reíamos juntos… lo acompañe mientras terminaba su tarea con mis caricias y lamidas, Después, sin que se diera vuelta, lo tomé de la cintura y lo lleve hasta la mesa, subí un pie suyo a una silla y lo recliné sobre la mesa, En esa posición habían quedado a mi merced, su culo y su pìja que estaba tirada hacia atrás sobre la mesa, totalmente abierto por la pierna subida a la silla y haciendo apenas pie en el piso. Me lo comí con todas mis ganas, que hermoso espectáculo su hoyo, su entrepierna, su pija, sus huevos. Todo lamí, bese y acaricie con mis labios y mi lengua a más no poder.

    Sentía su excitación, sus gemidos, me decía que lo volvía loco. Yo no podía dejar de pensar en lo increíble de tenerlo así y fui por más, Me paré detrás de él y apoye mi pija en su orto, fui entrando despacito y después se la mande con todo. Comencé a culearlo, bombeando primero parado, golpeando mi pelvis con su culo y después subí una pierna a la misma silla en la que estaba la de él, para así montarlo mejor. Mi pija le entró hasta los huevos, me subí sobre su culo y explote de placer adentro suyo. Sus gemidos ya eran gritos y nuestro jadeo interminable. Que hermosa cogida, tenía a mi macho casado como quería. Cuando nos bajamos, me senté en la silla y él sobre mí, abrazándonos y dándonos un beso que sello esa cogida increíblemente rica.

    Fuimos a la cama dispuestos a una interminable noche de amor, por lo menos eso hubiésemos querido, lamentablemente tenía su fin al otro día, pero digo eso porque fue larga, obviamente tratamos de dormir lo menos posible, dejándonos llevar, esa noche y la mañana siguiente. Nos deshicimos en caricia, me llevó en andas a la cama, jugamos desnudos como dos niños, caímos una y otra vez en los brazos del otro, nuestras bocas parecían querer volver a juntarse a cada rato y penetramos mutuamente una vez más. Primero yo me senté en su pija y después lo cogí con las piernas al hombro.

    Por la mañana, su mujer lo llamó por teléfono, mientras yo desayunaba su verga. Él estaba sentado en la cama, recostado sobre las almohadas y yo acostado panza abajo entre sus piernas., chupándole la pija, cosa que no dejé de hacer mientras atendía el llamado. Noté que la situación lo ponía entre nervioso y más excitado. Las palabras le salían cortadas y entre suspiros. Mientras hablaba, se estiraba hacia adelante, acariciaba mi cabeza como diciéndome que no me detuviera o llegaba hasta mi culo para deslizar un dedo por mi orto. Cuando dejo de hablar con su mujer, me levantó de la cintura atrayéndome hacia él, me sentó sobre sus piernas, crucé las mías por detrás de su cuerpo y así sentados uno encima del otro y abrazados, nos besamos, me murmuro al oído: «Me vuelve loco todo esto! y no sé cómo voy a hacer cuando tengamos que irnos».

    Finalmente, nos duchábamos juntos antes de dejar la cabaña, Nos enjabonábamos uno al otro, convirtiendo el baño en caricias y abrazos. De pronto, me giró de frente hacia la ducha, enjabonó suavemente mi espalda y mi culo, acariciándolo por unos minutos, puso con su dedo mucho jabón en mi orto y también enjabonó su pija. Sentí como la apoyaba y mi deseo fue lujuria. Su glande entro en mi orto mientras el agua tibia de la ducha nos mojaba a los dos y él volvía a morder mi nuca. – Dijo: «Ahora vos, nuestro pacto… nuestro compromiso… nuestro souvenir de estos días…» Se apoyó sobre la grifería, quedando su cuerpo algo inclinando, Pasé jabón por su espalda, su culo y mi pija… y repetí el ritual. Mi pija entrando totalmente en contacto con su orto, carne con carne, unidos como un solo cuerpo. Gocé y entré en éxtasis de amor y deseo por este macho. Espero que este relato despierte el deseo en ustedes como lo hace su recuerdo en mí, una y otra vez.

  • Las primas y el cabo de la Guardia Civil

    Las primas y el cabo de la Guardia Civil

    -Una de mis fantasías es estar con un hombre que me domine y que haga de mí todo lo que quiera.

    -¿Qué le gustaría que te hiciera, Guadalupe?

    -Que me tratara cómo a una puta. Iba a gozar cómo una loca.

    -Yo no tengo fantasías sexuales, cómo no conozco hombre

    -¿Y mujer?

    -Mujer, menos.

    -¿Te tocas pensando en alguien, Gloria?

    -¿Para qué, Guadalupe?

    -Para qué va a ser, para correrte.

    Gloria bajo la cabeza, y le respondió:

    -No, pero sé lo que es correrse, me corrí varias veces en sueños.

    -Hacerse unas pajas es cómo correrse en sueños, pero el sueño te lo inventas tú.

    Las primas estaban debajo de un pino manso apastando las cabras Guadalupe y apastando las ovejas Gloria.

    Guadalupe era una muchacha de estatura mediana, con el cabello negro y largo, rellena sin estar gorda, con mucho de todo, incluida belleza. Gloria también era morena, de su misma estatura, pero delgada y con poco de todo, menos de belleza, ya que era tan linda cómo su prima.

    Detrás del pino estaba poniendo la oreja Marcial, que era un cabo de la guardia civil de 55 años, alto, moreno y de complexión fuerte, de baja por haberse roto un brazo y que había visto desde un otero cómo Guadalupe le levantaba la barbilla a Gloria y cómo le daba un pico. Siguió escuchando.

    -¿Me dejas que juegue con tu coñito?

    -No, prima, no estaría bien.

    -¿Y con las tetas?

    -No.

    Guadalupe se abrió la blusa, levantó las copas del sujetador y Gloria vio sus tetas, unas tetas grandes, con areolas marrones y pequeños pezones. Guadalupe magreando las tetas, le dijo:

    -Yo empiezo así para hacerme un dedo. ¿Quieres tocar?

    -No.

    Marcial salió de detrás del pino manso y le dijo a Guadalupe:

    -¿Quieres que toque yo?

    Las primas se llevaron un susto de los gordos. Guadalupe, bajando las copas del sujetador, le dijo:

    -¡Qué susto!

    Marcial, con voz de sobrado, les dijo:

    -Así que sí, a las primitas les gusta hacer guarrerías.

    Gloria, que estaba colorada, le dijo:

    -Solo me estaba enseñando sus tetas.

    -¿Y el beso, qué? ¿Sabéis la pena que lleva el escándalo público? Además de lo que dirá la gente del pueblo.

    Sin levantar la cabeza, le respondió:

    -Yo no hacía nada.

    -Tú te dejabas.

    Guadalupe ya tenía tablas. Levantó otra vez las copas del sujetador.

    -¿Se olvidaría de todo si le dejo jugar con mis tetas?

    -Olvidarlo no puedo, pero puedo hacer que el cuento muera aquí.

    -¿Cómo?

    -Si hacéis lo que yo os mande.

    -Mande que obedeceremos.

    Marcial le dijo a Gloría.

    -Magrea las tetas de tu prima.

    Gloria le echó las manos a las tetas a Guadalupe. Al sentir su esponjosidad y su suavidad le subió toda la sangre a la cara y se le puso de un rojo subido.

    Marcial le dijo a Guadalupe.

    -Desabotona la blusa de tu prima.

    Hizo lo que le dijo y cómo Gloria no llevaba sujetador quedaron al descubierto unas pequeñas tetas casi triangulares con pequeñas areolas y pequeños pezones.

    -Mámaselas, Guadalupe.

    Guadalupe acababa de oír lo que quería hacer. Lamió las areolas y los pezones, chupó y después las metió enteras en la boca. Al rato le dijo a Gloria:

    -Dale una bofetada por haberte comido las tetas.

    Gloria le dio sin fuerza: «Plas»

    -Devuélvesela, Guadalupe.

    Guadalupe le dio con fuerza.

    A Gloria le dolió y se enfadó.

    -¡Puta!

    Le dio también ella con fuerza.

    Marcial estaba gozando.

    -Cómele la boca, Guadalupe.

    Guadalupe se echó encima de ella y le comió la boca. Marcial le dijo a Guadalupe:

    -La lengua, métele la lengua.

    Guadalupe nunca había besado con lengua.

    -Eso es en el coño.

    Marcial se sentó a su lado y les dio un beso con lengua, primero a Guadalupe y después a Gloria.

    -Así se besa con lengua. Venga, os toca.

    Las primas se comieron las bocas y en nada ya aprendieran a besar con lengua. Al rato le dijo a Guadalupe:

    -Dale las tetas a mamar.

    Guadalupe le puso la teta derecha en la boca y Gloria se la comió, esa y la otra… Las primas ya tenían los coños que echaban por fuera y Marcial un empalme del gordo. Después de comerse las bocas, sacó la polla y les dijo:

    -Que una me chupe los huevos y otra la polla.

    Guadalupe cogió la polla y meneándola le mamó la cabeza, la metía toda en la boca… Gloria le lamió los huevos, Marcial le dijo:

    -Chúpalos, primero uno, después el otro y después los dos juntos.

    Le hicieron un trabajo tan bueno en la polla que se la pusieron dura cómo una piedra. Para no correrse tan pronto, le dijo a Guadalupe:

    -Cómele el coño a tu prima.

    Ya no se cortaban, Gloria subió el vestido, se quitó las bragas, unas bragas blancas encharcadas de jugos, se echó boca arriba sobre la hierba, flexionó las rodillas, abrió las piernas y dejó su coño peludo en posición para ser comido. Guadalupe se arrodilló, metió su cabeza entre las piernas y lamió aquella delicia. Marcial le levantó la falda a Guadalupe, le bajó las bragas, vio su coño empapado con pelos negros alrededor y se lo lamió a conciencia, después lamió y folló su ojete con la punta de la lengua. Guadalupe dejó por un momento su pastelito, levantó la cabeza, y dijo:

    -Me voy a correr, Marcial.

    Marcial dejó de lamer y le frotó la polla entre los labios y alrededor del ojete. Guadalupe le devoraba el coño a su prima. Gemían las dos cómo locas y sus gemidos estaban anunciando inminentes orgasmos. Así fue, al ratito, levantando la pelvis, decía Gloria:

    -¡Me corro!

    Marcial le clavó la polla en el coño a Guadalupe, le dio caña y Guadalupe con la lengua enterrada dentro del coño de su prima se corrió en la polla de Marcial, exclamando:

    -¡Qué corridaaa!

    Marcial se la sacó del coño a Guadalupe, se arrodilló delante de Gloria y le frotó la polla en el coño empapado. En nada, Gloria le dijo:

    -¡Ay que me corro, ay que me corro!

    Marcial se corrió sobre su clítoris. La leche bajó hasta el coño abierto, lo encharcó y luego bajó hasta su ojete. Vagina y ojete latían…, se abrían y se cerraban… Gloria gemía como una perra y se moría por correrse. Nada más acabar de correrse, el cabo de la guardia civil le cogió las nalgas, la elevó, su lengua lamió el coño perdido de jugos y leche y al ratito Gloria, dijo:

    -¡Me corrooo!

    Se corrió jadeando, retorciéndose y temblando.

    Sintieron el ruido de chavales que venían a jugar al monte y lo dejaron.

    Quique.

  • Orgasmo anal travesti

    Orgasmo anal travesti

    Escuché el dulce sonido plástico de su condón lubricado, mientras lentamente me sentaba sobre su linda verga y él entraba por fin y deliciosamente en mi culito cerrado.  Él estaba recostado boca arriba en la cama y yo sobre él, hacíamos la posición de la amazona. Tomó con sus manos mi cadera y me empujó más hacia abajo. Gemí duro cuando la base de su miembro llegó a mis nalgas: Al fin la tenía toda adentro. Me acarició las piernas y subí poco a poco mientras sentía como se desplazaba aquel monumento viril por todo mi recto hasta disfrutar en la puerta de mi ano la punta y nuevamente bajé despacio. Su rica pija se abría paso nuevamente en mi recién desflorado agujero.

    Me pellizqué las tetillas para darme más placer. Él tomó mi micropene y comenzó a hacerme una paja. Era todo un deleite la mezcla de sensaciones: ser penetrado, ser masturbado, acariciarme los pezones y estar travestido.

    Me sentía tan mujer en sandalias blancas de tacón de suela delgada, pantimedias blancas con encaje hasta la parte alta de mis piernas, brillo labial improvisado, el chinchineo de unas pulseras en las muñecas, anillos en los dedos de las manos con piedras color rosa, aretes de presión y muchas ganas de experimentar mi primera penetración.

    Recosté mis manos sobre su pecho y rasqué con la uña sus pezones. Él gimió y me penetró más profundamente, aunque a un ritmo rico y lento. Su verga era grande, gorda, caliente y con una cabeza redonda que desfloraba mi ano delicadamente y con fuerza.

    El bombeo con que me daba por el culo era fenomenal, pero el ritmo con que me la metía lo estaba controlando yo. Yo me había decidido a vestirme de mujer y entregarme a él con cierto miedo a convertirme en gay, a exponer mi secreto ante el mundo y a que me doliera aquella experiencia. Pero simplemente entendí, mientras me dejaba penetrar y gozaba el momento, que no era gay, sino un travesti de closet que me había dado permiso a mi mismo de tener un buen palo dentro, que mi secreto seguiría siendo secreto y, que podría seguir haciendo mi vida normal cuando quisiera y que también cuando quisiera podía ser la mujer que guardo en el armario (y tenía el derecho y la libertad de hacerlo); pero lo más sabroso, era que, en vez de dolerme, mi agujero pedía más y más verga.

    Aceleré un poco el paso. La fricción del látex enfundando su miembro que entraba y salía de mi agujero comenzó a darme una sensación quemante en el recto. Comencé a jadear. Su pecho estaba mojado de sudor y el mío también. Lo cabalgaba. El me dio una palmada en las nalgas y aceleré aún más. La cabecera de la cama golpeaba la pared y el colchón rechinaba por el esfuerzo.

    -¡Puta que rico!, ¡papacito!, ¡métemela así!, ¡Tu verga está deliciosa! – Comencé a decirle descontroladamente en voz alta, a medida que la cabalgata se tornaba más intensa.

    Sentía su miembro hincharse cada vez que la sangre lo bombeaba y lo hacía más gordo.

    El placer carnal, de deseo y pasión me enajenaba y me arqueé hacía arriba viendo al techo y colocando mis manos en sus rodillas, lo que provocó que me entrara su miembro mejor. Me penetraba una y otra vez. Decidí cambiar y roté como una tuerca sobre un tornillo de carne, de modo que ahora ya no lo veía a él sino a sus pies. Mientras me giraba, sentí como todo adentro de las paredes de mi recto se estimulaba con ese manjar de hombre dentro de mí.

    De repente, él me tomó de la cintura y sin sacármela me puso boca arriba en la cama. Mis piernas pasaron por arriba de sus hombros y su cabeza. Me acercó hacia él y me besó. Se separó y paró en el piso haciéndome a la orilla de la cama. Mis pantorrillas estaban en sus hombros mientras seguía entrando y saliendo de mi culo convertido en concha de mujer. Fueron 78 largas metidas de polla las que me dio así.

    Dobló mis piernas, me empujó y se subió a la cama. Parecía yo una pollita sin plumas desnuda que estaba lista para ser comida y me estaban comiendo ya. Sin dejar de darme, comenzó a hacerme la paja. Estaba tan rico, tan caliente, empapados los dos en sudor copioso. Gemía y jadeaba sin cesar gritándole de placer. No pude más, de mi insignificante pene a medias erecto comenzó a brotar semen y más semen. Nunca había visto que me saliera tanto.

    Tomó mi semen con sus manos y me lo esparció por el pecho, por la cara, por las orejas, las mejillas y el cabello. Tomó un poco más del que quedaba sobre mi vientre y lo vertió en mi boca y lo enjuagué con mi lengua caliente. Se acercó a mi tomando la postura del misionero mientras continuaba penetrándome y me besó. Nuestras lenguas ardían de deseo.

    Lo abracé con mis piernas y con mis brazos, podía ver mis pies con medias en aquellas lindas sandalias de mujer sobre su espalda. Me empezó a dar verga más rápido y profundo. -sí, sí, sí-, dije incontrolable. Mi pelvis comenzó a dar movimientos enloquecidos de arriba hacia abajo, toda mi piel se erizó. Nuestro beso era profundo y su lengua llegaba a mi garganta. El aceleró aún más. Se electrizó mi pene, mis huevos y el perineo. Cuando la electricidad llegó a mi ano, enloquecido comenzó a dar espasmos, se abría y cerraba frenéticamente y le apretaba el miembro que luchaba por entrar y salir de él. Grité más, los espasmos se volvieron demasiado. En un momento sacó su verga de mí, rápidamente se quitó el preservativo y entró de nuevo, aprovechando que el espasmo le había dado espacio. Me dio pija mas rápido y más y más y más, eyaculé nuevamente mientras a la vez tenía mi primer orgasmo anal y él, en un grito triunfal de hombre sobre una nena travesti que era yo, acabó en un orgasmo irreprimible. Sentí la potencia de sus siete chorros dentro de mi recto, cada uno acompañado de una penetración más profunda, pero a la vez mas espaciada. En la séptima metida, me besó rico con lengua y finalmente se desplomó sobre mí. Sentí todo su peso deliciosamente. Luego se hizo a un lado y ambos nos sumergimos en un sueño profundo por el cansancio de esta maratón sexual travesti y hombre.

    Pasaron quizá unos treinta minutos. Noté un movimiento en la cama, al despertar mejor, vi que él estaba parado sobre la cama, con sus pies a los lados de mis hombros. Lo veía desde sus pies hacia arriba como a un gigante sobre mí. Se estaba haciendo la paja y justo al abrir bien los ojos, noté como se corría y desde arriba me cayó en la cara y en los ojos una nueva bocanada de semen caliente.

    -Hola, así quería despertarte – me dijo.

    Se bajó de la cama. Me besó y aprovechamos para sentir el sabor salado de su leche, que espesa y ligosa nos enjuagamos con nuestras lenguas.

    -Vamos a bañarnos, pronto vendrá nuestra madre- puntualizó mientras se incorporó y se dirigió al baño contiguo, abriendo la llave de la ducha.

    Me senté en la cama, desamarré las cintas en las hebillas de mis bellas sandalias de mujer, testigos hermosas que me habían acompañado en este delicioso momento y vestido como toda una chica. Me puse unas pantuflas de peluche rosadas, de tacón medio y suela dura y que dejaban ver mis dedos. Caminé hacia el baño sintiéndome femenina en aquel calzado tan suave y, mientras lo hacía, sentí el ardor potente en mi agujero por aquella jornada de desfloración intensa y, a medida que las suelas duras de mis pantuflas rebotaban en mis talones, sentí un hilo de esperma mezclado con sangre de mi virginidad anal perdida, que salió de mi agujero y me provocó un rico cosquilleó en mi entrepierna, mientras mojaba mis medias.

    Llegué a la ducha, me desnudé, hice a un lado la cortina y él estaba mojado y brillaba. Entré y me hinqué frente a él.

    -Mi amor, ya sabes lo que dicen: un travesti sin hacer una mamadita no es un travesti. Y, después de la cogidita deliciosa que me diste, que rico te vendrá esta mamadita.

    [email protected].

  • Desbordo el placer de mi tímida novia

    Desbordo el placer de mi tímida novia

    Esta historia está basada en una experiencia con mi novia, ella es de 1,60, tiene 24 años y era un poco tímida, ahora su fantasía desborda y yo solo estoy para cumplir sus deseos.

    Era ya un largo tiempo que no nos podíamos ver, pero la relación estaba mejor que nunca, resistimos el no poder estar juntos sin perder el interés y fuerza que nos caracterizaba, teníamos fe y ya eran pocos los días para que pudiéramos salir de casa y abrazarnos, para poder sentirnos cerca hablábamos todos los días compartíamos películas y algunas veces hasta jugábamos en línea. Fue en uno de esos juegos que todo comenzó pues para poner un poco de emoción y picante decidimos hacer una pequeña apuesta; el perdedor tenía que hacer caso a todo lo que el otro ordenara, claro cuando nos pudiéramos ver.

    El juego comenzó como siempre, no se veía un posible ganador pero en cada movimiento se sentía más la presión, el juego siguió pero este comenzó a pintar mal para mi, trate de dar mi mayor esfuerzo pero ella seguía con la delantera, siempre he sido muy competitivo así que no me rendí tan fácil, fue hasta el último movimiento que en un golpe de suerte logre llevar la delantera y finalmente ganar, el juego estaba tan emocionante que ninguno cayo en cuenta lo que la victoria conllevaba, hablamos un rato y reímos con lo que había ocurrido.

    Pasaron los días como de costumbre hasta que al fin paso todo el tema del aislamiento éramos libres y nos sentíamos realmente contentos de poder vernos, no hicimos ningún plan de salir, íbamos a pasar el día juntos en mi casa, pero yo estaba tan emocionado por volverla a ver, era como si fuera la primera cita con la chica mas guapa del mundo. Limpié la casa, tome un buen baño, rocié por toda mi piel su perfume favorito, me puse una camisa y comencé a alistar lo que iba a cocinar de almuerzo.

    Estaba poniendo todo de mi en los detalles, corte vegetales, prepare una salsa y aliste papas para preparar puré, cocine a fuego alto los vegetales y los saltee con salsa de soya, prepare el puré y termine de poner la carne en una rica salsa la estilo barbacoa. Estaba concentrado en la correcta cocción de todo cuando me interrumpió el llamado de la portería, era ella, estaba aquí, sentí un vacío en mi estómago y se me corto la respiración, conteste con voz entrecortada y confirme su entrada, no lo notaba pero estaba sonriendo tratando de guardar calma, me asome en la ventana y la vi, estaba radiante tenía unos jeans que desde la distancia se veía una forma espectacular, una blusa azul que dejaba ver parte de la piel de su abdomen y una chaqueta de cuero blanco.

    Me miro y sonrió pude sentir que como yo estaba nerviosa y emocionada, di un par de vueltas por la sala tratando de calmar mi ser, sentí que se demoró una eternidad en subir hasta mi piso, pero finalmente llego, abrí la puerta me saludo con una sonrisa y yo le respondí con gran beso. Yo me sentía realmente emocionado pero ella como siempre se mostraba muy serena.

    -Como estas mi amor. -Pregunte yo

    -Bien amor, y tus papas?

    -No están cielo

    -Mmm y que haces?

    -El almuerzo, carne, puré y vegetales

    -Mmm que rico te ayudo? -Sonreí, como podía decir eso ella era mi consentida y ese día la trataría como una reina quería que se sintiera a gusto

    -No mi amor, descansa. Quieres algo de tomar?

    -Bueno

    Se hizo a mi lado y hablamos un poco, me conto los detalles de su llegada y hablamos de temas varios, aliste la mesa, nos sentamos, yo buscaba algo para ver mientras comíamos y ella miraba con mucho agrado su plato, lo probo y la mire, vi en sus ojos como disfrutaba de todos los sabores, era muy buena para expresar sus gustos yo sonreí con satisfacción todo el esfuerzo había valido la pena, me miro y me dijo que estaba muy bueno, sus palabras me llenaron de felicidad. Terminamos de comer, dejamos los platos en la cocina y descansamos en el sofá, nos dispusimos a ver una película y nos recostamos.

    Era increíble estar abrasándola podía sentir su respiración, con mi mano podía sentir parte de la piel parte de la delicada blusa, podía oler su perfume, ese olor entro como un éxtasis en mi cuerpo, me dejo sin aliento y sentí como se generaba en leve cosquilleo en mi estómago, no resistí y tuve que bajar en búsqueda de sus labios, cuando llegue a ellos pude sentir su suavidad, su sabor único, sentía como los presionaba con los míos, siento como ella también disfrutaba de mi, acaricie su rostro para aumentar el coctel de sensaciones, tenía los ojos cerrados y el mundo desapareció solo estaba ella, y mientras tanto yo estaba perdido en sus besos, sentí la suavidad de su lengua tocar la mía y disfrutamos el tacto suave en el jugueteo de movimientos.

    Con delicadeza baje la palma de mi mano de la mejilla a su cuello y la apreté más hacia mí, no la quería soltar, quería sentirla aún más cerca, seguí bajando y pase la mano por su pecho, una serie de emociones se desataron en mi, la sensación llego hasta mi entre pierna y sentí como un aire frio subía, comencé a sentir como se generaba una gran erección. Ella también disfrutaba la sensación podía sentir como sus sentidos se perdían, su respiración aumentaba, su espalda se arqueaba y su pecho se abría, metí mis dedos por dentro de su sostén y pude sentir como su pequeño pezón crecía, se hacía más prominente, ella se encogió levemente, aunque no lo podía ver me imagine como sus dedos de los pies se contraían, la sensación también la hizo responder con un leve mordisco en mis labios como si quisiera sentir con más fuerza mi ser.

    Disfrutamos un instante de largos besos con caricias en nuestros cuerpos hasta que un recuerdo vino a mi mente y entre besos le dije:

    -Mmm, tú me debes algo

    -A si?, que?

    -¿Recuerdas nuestra apuesta?

    -¿Cual apuesta?

    -La apuesta del juego que tuvimos hace unas semanas

    -AAA jajaja mmm esa apuesta?

    -Si esa…

    -¿Y cómo era?

    -El que perdía tenía que hacer TODO lo que el otro quisiera

    -A si? Y que quieres?

    Esas palabras generaron un vacío intenso en mi estómago, me hizo faltar el aire tuve que pasar saliva para responder, mi mente estaba volando y solo pudo responder:

    -Quiero que hagas todo lo que yo te diga quiera

    -Y si no?

    -Mmm y si no… no pasara nada, pero quiero que lo hagas por mi placer y el tuyo, quiero que te comprometas al máximo a intentarlo, que confíes en mi y te dejes llevar, pero si algo no te gusta, no va a pasar nada sabes que no te voy a obligar

    Me miro con ojos grandes, llenos de dudas y con nervios, pero con voz suave me dijo bueno, una sonrisa de oreja a oreja se generó en mí, quería ver hasta qué punto me podría llevar la idea. Me levante del sofá y le extendí la mano, le dije vamos a mi cuarto y se levantó, caminamos y al llegar sonreí y le dije:

    -ves, no es tan difícil -ella sonrió y me beso.

    Nos besamos de pie, los dos sentíamos como aumentaba el deseo, era como una punzada intensa bajo el vientre, con una mano pase su pelo liso a un solo lado, mientras con el otro apretaba su cintura contra mi. Le dije que se diera la vuelta y con una mano le gire, ella estaba de espalda y yo tenía mis manos en su cintura, le dije:

    -pon las manos en la pared y quédate ahí.

    Ella tímidamente las puso a la altura de sus hombros, yo le bese el cuello y vi como esto le agrado, pegue mi pelvis a ella y con mis manos acaricie sus pecho, ella realmente lo estaba disfrutando, estaba empezando a pensar en perder el control, en confiar y dejarse llevar, tenía la cabeza levente de lado y para atrás lo que me permitió besar de los hombros al cuello mientras comenzaba a apretar con un poco más de fuerza sus pechos. Cuando la sentí cómoda baje mis manos hasta su entrepierna, ahora era ella quien empujaba su cuerpo contra mi, sabía que podía sentir mi erección, y mas que eso sabía que la estaba disfrutando.

    Con cuidado y destreza desabroche su pantalón, era momento de que dejara de estorbar, no se resistió, lo desapunte y juguete con mi mano entre su pantalón y su ropa interior, la sensación era única, estaba húmedo y caliente, casi podía sentir su palpitación, apreté contra mi y vi como la invadía el placer, abrió la boca para tomar aire, tenía los ojos cerrados y toda su atención estaba ahí abajo, sintiendo como mis firmes manos la estaban tocando, con mi otra mano solté mi correa y baje levemente mi pantalón, con un movimiento casi instintivo ella pego sus nalgas contra mi, ahora ella podía sentir con mayor facilidad la forma y el tamaño que tenía mi miembro.

    Yo quería disfrutar de todo su cuerpo así que bajé su pantalón hasta los tobillos y comencé a besar la parte de atrás de sus piernas mientras las acariciaba, la sensación de sus piernas levemente frías, su firmeza, su sutil olor me hizo despertar un hambre por los olores y sabores que ofrecía su cuerpo, a ella comenzaba a gustarle la sensación de cosquilleo que provocaba el roce de mis labios al pasar por su piel. En ese punto la veía como una diosa a la quería adorar y entregarme a su voluntad. Comencé a subir hasta llegar a sus nalgas, las comencé a besar y comencé a juguetear con mi lengua y el borde de su ropa interior. Ella se sintió demasiado vulnerable y giro hacia mi, me miro y me dijo

    -ven para aquí.

    Yo la mire y le dije:

    -te moviste.

    Sabía que no iba a ser fácil, pero realmente lo deseaba, quería que se dejara ir sin condiciones, pero mas que eso quería que aprendiera, quería que supiera que yo quería ser quien recibiera las ordenes, quien estaba dispuesto a realizar lo que ella quisiera, que cumpliera conmigo sus fantasías y que experimentara todo tipos de sensaciones. Me pare la bese y le dije date la vuelta, ella con dudas y un poco de nervios lo hizo, entonces yo me di vuelta y busque en mi armario una pañoleta, le di un par de vueltas y se la puse en los ojos.

    -Que haces? -dijo con una sonrisa

    -Bueno pues te tapo los ojos. -Le di vuelta y la bese, retire por completo su pantalón, la abrace y pase mis manos por su cuerpo mientras besaba su boca y su cuello, cuando la sentí nuevamente cómoda la guie dos pasos adelante.- Quiero que hagas lo que yo diga, quiero que confíes y que experimentes, nunca te voy a tapar la boca, así que si no quieres hacer algo quiero que digas PARA.

    -Bueno -respondió con un tono diferente, sabía que en su interior sentía un tentador vacío y deseo, y yo lo iba hacer crecer.

    -Ahora escúchame bien, quiero que cuando yo te diga BAJA, tu te arrodilles y cuando diga ARRIBA te pongas de pie. Vale?

    -Bueno

    -BAJA.

    Ella se arrodillo lentamente, tenía los ojos tapados así que estaba a la expectativa de lo iba a pasar, espere un momento y vi como pasaba saliva, sabía que la estaba sacando fuera de su zona de confort, me arrodille y la bese, beso que ella devolvió con pasión, pase mis manos por sus nalgas y las apreté contra mi, entonces me aparte y le dije:

    -ARRIBA

    Ella se paró con un movimiento casi instantáneo, yo la bese desde la cintura y fui subiendo lentamente dejando un rastro besos mientras quitaba su blusa, podía sentir como cada parte de su cuerpo estaba pendiente de donde iba caer el próximo beso, finalmente quite su blusa y termine con un pequeño beso en la boca que cayo totalmente de improvisto. Me quite totalmente el pantalón y le dije:

    -BAJA.

    Ella se arrodillo y yo me acerque lentamente hasta unos pocos sentimenteros de ella. En este punto todos sus sentidos están alerta y por un leve rastro de olor o por intuición ella se acercó y comenzó a besarme sobre la ropa interior, deje que disfrutara su sensación, su olor y su textura, yo sentía como si fueran toques de corriente que llegaban hasta mi espalda, ella recorrió con su boca todos los rincones que estaban a su alcance, sintió con sus suaves labios, también probo con su lengua, hizo sentir suavemente sus dientes, como si quisiera guardar consigo mi sabor, luego de todas esas sensaciones le dije:

    -ARRIBA.

    Cuando se levanto puede ver como su boca tenia un gesto de deseo, tenia los labios tensos y veía como estaba respirando de forma profunda. Me acerque a sus labios y sin que ella lo esperara pase mi lengua sobre ellos, ella trato de abrir la boca en búsqueda de mas y la bese mientras con mis manos soltaba su brasier y lo dejaba en el piso.

    -Abrázame -le dije mientras yo pasaba mis manos por su espalda y sentía como sus senos se pegaban a mi.- quítame la camisa.

    Ella se apartó un poco y palpando con sus manos llego al primer botón de la parte de arriba, lo desapunto y paso su boca por mi pecho, podía sentir su nariz oliendo mi perfume, sabia el placer que sentía al sentir mi piel y perderse en mi olor. Termino de desapuntar lo que le faltaba de la camisa y acaricio lentamente desde mis hombros hasta la parte baja de mi espalda arrastrando consigo la camisa hasta que esta cayó al suelo. Su lengua recorrió mi pecho y sentí como dejaba un rastro de humedad que con la mas suave brisa me hacía sentir un frio que despertaba mis sentidos, centro su atención en mis pezones, los beso y les dio leves mordisqueos, esto pronuncio aún más mi erección.

    BAJA

    Ella se arrodillo, y espero alerta en que parte de su cuerpo sentiría mi presencia, yo puse una mano detrás de la espalda, la bese y con la otra mano toque sorpresivamente su entrepierna, su ropa interior se sentía aun mas húmeda, sentí como su cuerpo se contraía y como la sensación de placer hacia que apretara su cuerpo, comenzó a besarme con mas pasión, yo disfrutaba de presionar su zona con mi dedos y controlar su placer, cuando sentía que su cuerpo se comenzaba a soltar, lleve mi dedo índice a un costado, hasta que sentí el borde de sus pantis, metí levente la punta de mi dedo y cori su ropa interior permitiéndome sentir con mis dedos sus húmedos labios, ella se contrajo nuevamente y dejo caer parte de su peso sobre mis dedos y mi brazo que aun rodeaba su espalda, podía sentir como perdía la fuerza y como se entregaba al placer mientras yo exploraba con mis dedos toda su zona.

    ARRIBA

    Ella se levantó haciendo algo de esfuerzo, la posición había hecho que sus piernas perdieran la fuerza, cuando estuvo en equilibrio me acerque a su pecho y comencé a besar su pezón con suavidad, ella puso las manos en mi espalda me quería sentir, quería saber en qué posición se encontraba mi cuerpo. Deslicé mis manos por su espalda hasta meterlas dentro de su ropa interior, podía sentir como su pezón se endurecía, baje totalmente su ropa interior, le indique que alzara una a una sus piernas y conserve la prenda en mi mano, luego jugué un poco con su otro seno para que quedara igual de duro mientras a mi entraba un sutil aire con el dulce olor de su entrepierna.

    BAJA

    Ella se arrodillo mientras yo quitaba lo que un conservaba de ropa, con una mano acerque la punta de mi miembro a su boca a lo que ella respondió con agrado, sentía como la mezcla de olores entraba por su nariz, abrió su boca y saco la legua para probar y juguetear con todo mi miembro, recorrió lentamente con su lengua llenándome de placer, la paso de lado a lado mientras yo sentía otras partes de cara por sutiles toques cuando cambia de perfil, me éxito el hecho de sentir parte de sus mejillas, su frente y su nariz mientras buscaba no dejar un rincón sin el toque de su lengua.

    Abrió la boca y lo metió en su boca suavemente, succionó el poco aire que había, haciendo que sus mejillas se contrajeran, esa sensación de vacío causo un agrado tan fuerte que hizo que perdiera el aliento y que mi espalada se arqueara, ella sabía lo que estaba ocurriendo y disfrutaba sentir el placer que generaba en mi. Cuando me acostumbre a la sensación de su boca y me pude enderezar, lleve una mano a su cabeza para sentir su posición y la otra que aún conservaba su prenda interior la lleve a mi rostro, clave mi nariz y me perdí en sus olores, no puedo describir lo bien que eso me hizo sentir, olía a mujer, a pasión, a deseo a vida.

    Ese olor me trasporto a otro lugar hizo que sintiera levitando, mientras con su boca se generaban espasmos de placer, la sensación aumento cuando a causa de la excitación y el deseo ella llevo más al interior de su boca mi miembro, casi podía sentir como estaba totalmente dentro de ella, sentía como cada parte estaba en un lugar cálido y húmedo, sentí como estaba controlando su respiración por la nariz para evitar la sensación de arcadas, sabía que estaba perdiendo mi conciencia y ella sentía como era yo el que se entregaba a sus movimientos.

    ARRIBA

    Con la mente en flanco ella se levantó yo seguía en un éxtasis profundo, tuve que decirle que parara o iba a terminar antes de comenzar y no quería eso, quería que ella sintiera placer, quería hacerle esas cosas que sabía, no podríamos hacer con nadie más, no tendríamos la confianza, sabía que a cada segundo estaba dando saltos de fe, estaba vulnerable, frágil, expuesta y me estaba diciendo; no importa, confió en ti, ahora no solamente estaba en calma, lo disfrutaba. Le empujé las piernas con las mías para que estuvieran un poco mas abiertas, nos besamos y sentí un sabor peculiar en su boca, era mi sabor, era dulce y salado, dejaba una sensación en la boca, me gustaba sentir como compartíamos la experiencia que cada uno sentía. Me separe un momento, busque una cuerda en mi armario y amarre sus manos por delante, sé que eso le puso a volar la imaginación estaba atada ahora no podía controlar sus manos, se bien que eso no le gusta, pero en este punto ella no lo veía como una idea tan mala.

    BAJA

    Estaba atada de manos, desnuda, con el ritmo alterado, a la espera, no sabía donde estaba yo, solo estaba con los sentidos abiertos buscando alguna pista. Yo estaba acostado en piso boca arriba con la cabeza entre sus piernas pero sin tocarla, me levante lo más suavemente posible para no delatar mi posición hasta estar a pocos centímetros de su sexo, entonces pase mi lengua, ella sintió como si fuera una corriente que recorriera su cuerpo, no lo pudo resistir su boca emitió un quejido, y sus manos aunque atadas buscaron mi cabeza, ataque con otra pasada de mi lengua, pude saborear sus jugos directamente de la fuente, era algo de otro mundo, era como si fuera la fuente del agua mas pura y yo la quisiera beber toda, pase mi lengua por todo los lados, me asegure de no dejar un espacio sin probar, ella disfruto cuando lo hice concentrándome en los lados, y luego en la parte de arriba, desee que mi lengua fuera mas grande, que pudiera entrar mas.

    Ella esta con la mente en blanco, el chorro de placer se convirtió en una fuente, sus piernas temblaban había perdido el control de sus sonidos, su postura se retorcía y sentí como sus cavidades internas se comenzaban a cerrar, su respiración era rápida, su cuerpo comenzó a sudar y yo no daba tregua a mi tarea, jalo mi pelo como si ordenara que no fuera a parar, estaba dejando caer mas su peso en cara y ahora su pelvis marcaba el ritmo y los movimientos, en ese momento nada me hubiera podido detener, estábamos sintiendo una mezcla de placer y a pesar de tener las manos atadas y no poder escapar se sentía libre. Subió el ritmo de su respiración y de sus movimientos, apretó con sus manos mi cabeza y yo me clave totalmente en ella, no la podía ver pero sabía que tenía la boca totalmente abierta y su cabeza estaba hacia atrás, si tuviera que decir con una palabra lo que estaba sintiendo, seria gloria, todos sus músculos se contrajeron, un chorro helado recorrió su columna dorsal hasta llegar abajo, yo luchaba por contener la respiración y buscar los momentos en los que sus movimientos me permitían tomar pero aun así seguía dando toques de placer, ella respiro y me soltó suavemente, soltó un poco su cuerpo, había sentido el primer orgasmo del día. Y nuestro encuentro apenas estaba comenzando

    ——————-

    Espero lo disfrutaras, me gustaría saber vuestros comentarios, y también como te gustaría que continuara.

  • La tercera jaula

    La tercera jaula

    Laura despierta, su celda se tiñe de una tenue luz rojiza. Se estira sintiendo como cada músculo de su cuerpo desnudo intenta volver a la rutina, sus brazos están fríos por el aire de la mañana cosa que también parece hacer efecto en sus pezones que se dejan notar bajo las sabanas a medida que resbala por sus pechos, luego su vientre, hasta caer el pliegue de la tela sobre sus muslos dejando una sensación cálida en su pelvis irritada por los juegos de la noche anterior.

    Pero sentir aquel ardor en sus labios le encanta, le recuerda todo lo que él le hizo anoche.

    Una sonrisa de satisfacción un tanto picara azota su rostro repentinamente mientras sus ojos contemplan su cuerpo marcado por los deseos concedidos a su amo, sus manos como por propia voluntad deciden reconfortar sus pezones.

    Los pezones de Laura emanan calor, un calor corporal que la fría mañana no supo quitar a pesar de aliviar un poco el ardor de los golpes.

    Sus pezones disfrutan de sus dolorosas caricias.

    La piel irritada y rojiza, las marcas obscuras que han dejado las succiones, las finas líneas de los arañazos recuerdan el placer que sintió anoche, cuanto disfruto de aquellos azotes, como se retorció de dolor mientras la humillaban tratándola como un animal, como una cosa para usarse, sin valor ni moral.

    Recordar eso la éxito, siente como se calienta su irritada y maltratada entrepierna, sus labios se sensibilizan aún más y de su interior comienzan a fluir sus jugos. Ella sabe que no debe tocarse, que ese cuerpo ya no le pertenece, sabe que si no obedece ya no podrá disfrutar de los tratamientos de su dueño.

    Un sonido conocido aumenta su libido, su sistema reacciona al igual que un perro cuando escucha la llegada del dueño y sabe que le darán de comer, su vagina se humedece aún más y siente una irritación que intenta desesperadamente confortar apretando sus muslos con sus manos acercándose lo más posible a su deseosa cavidad.

    Mira hacia la puerta de su hábitat con expectativa, esperando que aquella masculina figura la elija una vez más, ella sabe que no es la única, sabe que debe esperar su turno de complacer a su dueño, pero no sería la primera vez que la elije seguidamente.

    Escucha los pasos fuertes y contundentes sobre la madera del pasillo, y se imagina las botas, la presión de las pisadas, las mismas que hubiera sentido en su rostro hace unas horas.

    Su cuerpo tiembla, en parte por el cansancio en sus músculos, cansancio por mantener durante horas la misma posición mientras atrapado entre ataduras esperaba su recompensa por ser obediente.

    En su cabeza las imágenes de anoche desquician su mente, presiona sus piernas y fuerza sus nalgas intentando contener su excitación húmeda y cálida que empieza escurrir desde sus labios hacia su ano sus latidos se aceleran y casi sin querer entre su respiración exaltada se escapa un gemido.

    Los pasos fuera de la habitación se detienen.

    Detrás de la puerta se oye un girón de la llave en la cerradura.

    Laura no puede contenerse y un “amo” se escapa casi como un suspiro de sus abultados y colorados labios, mientras casi al segundo lleva una mano a la cara presionándolos para ahogar el sonido.

    Pero es tarde, él ha oído ese suspiro y ella sabe que no debió pronunciarlo sin permiso.

    Encolerizado por su falta y su desobediencia el entra violentamente empujando la puerta que da un golpe seco contra la pared de la habitación, se acerca rápidamente a la cama y dejando oír su respiración furiosa la ve a la cara.

    Ella entiende que hizo mal, apabullada y temerosa baja de la cama, inclina su cabeza mirando el piso y alejándose todo lo que la cadena que sujeta su cuello a la cama se lo permite se arrodilla ante él, esperando con las manos detrás de su espalda el castigo que merece.

    El la rodea con pasos firmes mientras sus fuertes manos hacen puños.

    Ella ve sus botas en cada pisada, oye el rechinar del cuero de sus guantes.

    Mientras su cuerpo por instinto se tensa esperando la reprimenda, sus jugos comienzan a bañar sus muslos, las gotas caen rápidamente resbalando por su piel hasta detenerse en el pliegue detrás de su rodilla. Su respiración acelerada y el corazón ahogando su garganta no logran ensordecer la respiración furiosa y violenta de su amo.

    El amo acerca el rostro a su oído para dejarle sentir aquella respiración más cerca, más invasiva. Con voz de mando en un tono colérico dice a su oído.

    -Callada puta de mierda!

    Seguidamente toma su enmarañada cabellera como si de un trapo se tratara y tira de ella obligando a torcer su cabeza hacia atrás, ella esquiva su mirada y el nudo en su garganta se siente más grande, cuando repentinamente una mano cubre su rostro de un bofetón resonando el cuero del guante contra su piel, ella siente la presión en su cara, en su nariz y en sus labios, aguanta la respiración lo más que puede en esa incómoda posición. El color rojizo en sus mejillas por la excitación ahora se intensifica por la presión y el esfuerzo que hace por respirar tomando toda su cabeza, bajando por su cuello donde se dejan ver sus venas hinchadas.

    El presiona aún más la cabeza de Laura entre sus manos, mientras a tirones la obliga a ponerse de pie.

    Ella siente desesperación por la falta de aire, sus ojos lagrimean y por más que trata de abrir la boca para tomar aire no puede hacerlo, sube una y otra vez sus brazos intentando agarrar las manos de su amo pero antes de tocarlo las vuelve a su espalda, ella sabe muy bien que no debe tocarlo sin su permiso.

    Viéndola con desprecio y asco como a una maloliente bolsa de basura el sacude su cabeza y luego de un empujón la libera dejándola caer sobre la cama.

    Ella toma aire inmediatamente, siente como sus pulmones se hinchan rápidamente y su garganta seca irritada le provoca toser, una y otra vez hasta casi sentir arcadas.

    El mira con desprecio, y le propicia una bofetada con el dorso de su mano casi abierta.

    El golpe empuja la cabeza hacia un lado dejando una sensación de calor en su rostro que rápidamente se convierte en un dolor agudo.

    Recordando su adiestramiento Laura se apresura a volver a su posición de espera, nuevamente se arrodilla ante su amo con la mirada al suelo mientras las lágrimas ruedan por la piel de su pómulo inflamado.

    El posa una mano sobre la cabeza de Laura y extendiendo la otra frente a la cara de ella le ordena:

    -Limpia con tu lengua mi guante, sucia de mierda.

    Ella acata la orden de su amo inmediatamente, comienza a lamer desesperada cada pliegue de su guante, se inclina y recorre con su lengua el cálido cuero entre los dedos, la palma, los nudillos mientras en su vagina sus labios hinchados babean, sus jugos recorren sus muslos una vez más.

    El Amo empuja con su mano la cabeza de ella penetrando con sus dedos la boca, haciendo presión como si intentara meter toda su mano hasta la garganta.

    Ella siente como se estiran sus labios hasta ajeársele la piel.

    Siente aquellos dedos en su boca como van cada vez más profundo presionando su lengua hasta su garganta. Haciendo arcadas una y otra vez escucha los insultos Y amenazas que su amo murmura a su oído.

    -Te voy a enseñar a obedecerme puta asquerosa. Crees que podes hacer lo que quieras? ahora te voy a violar esa boca sucia de puta que tenés para que aprendas a hablar solo cuando te lo ordeno! Cada vez que te la saque de la boca me vas a pedir perdón por desobedecerme y vas a dar las gracias por usarte hoy. Entendiste pedazo de mierda?

    Concluyo mientras sacudía la cabeza de Laura de arriba hacia abajo haciéndola asentir.

    -Abrí la boca y jadea como perra, puta! -Le grito.

    Dividió su cabello en dos mechones, enredó uno en cada mano y con un tirón fuerte llevo la cabeza de Laura hacia su entrepierna.

    Laura sintió el tirón y su cara rozando el ajustado pantalón, la textura de la prenda mojándose con su saliva, el calor de la piel al otro lado de la tela, el bulto que crecía mientras ella lamia incómodamente, jadeaba y babeaba como un perro al beber agua.

    Refregaba su adolorida cara masajeando el miembro de su amo que crecía y se hinchaba tensando la tela, disfrutaba con cada pasada el tacto, agradecía estar en esa posición, ser tratada como una “cosa”, ser usada, humillada, pero lo que más disfrutaba era el dolor de sentirse tan excitada y no ser libre de tocarse. Sus jugos se escurrían entre sus piernas temblorosas y el deseo de tocarse aumentaba con cada maltrato, con cada insulto, con cada orden.

    Laura sabía bien que él era su dueño y decidía cada cosa, cada acción que ella debía hacer, para eso la había adiestrado.

    Recordaba cada palabra de desprecio; Puta asquerosa, Basura inútil, pedazo de mierda.

    Cada orden; ven aquí sucia!, sentada como perra!, en cuatro y ladra, Infeliz basura! Baja la mirada puta idiota! Agradéceme que te violo puta de mierda! Ruega como la mierda que eres!

    Cada amenaza; si me vuelves a mirar a los ojos te voy a arrancar las tetas me oíste infeliz?!

    Si te mueves otra vez te voy a romper el culo con un palo!

    Y con cada una el dolor que acompañaba; los cachetazos, tirones, pinzas o latigazos en sus pezones. Los dedos entrando en su ano sin lubricante, los nalgazos con la suela del zapato.

    Estaba extasiada, deseaba ser usada, temblaba de cansancio y excitación a la vez.

    Continuará…

  • Amor y ganas

    Amor y ganas

    Cuando me describo empiezo por decir que tengo el cabello negro, me gusta mi cabello, un poco desordenado, pero me gusta así. Mis senos son grandes y ese día llevaba una blusa azul un poco transparente, no suelo ser la chica promedio de belleza, entre que soy bajita y no tengo curvas muy pronunciadas, carezco de ese estándar. Tengo labios gruesos y ojos oscuros, pestañas negras y largas, lunares regados por todo el cuerpo y el color de mi piel, se acentúa con el sol.

    El día que nos conocimos yo tenía 22 años, el 18, un poco más alto que yo, boca delgada, delineada, perfecta, pero su mirada, inquietante, misteriosa, seductora fue lo primero que me atrajo… fueron sus ojos, claros, pequeños, pestañas y cejas de revista, inocente, tímido, morboso.

    Nos conocimos por amigos en común, él más reservado que yo, entre una risa torpe y el frio que hacia le hablaba de mi vida como si fuese mi terapeuta, sus ojos claros y la frescura de sus 18 años me transportaban a una calma que nunca había sentido.

    Él hablaba poco, pero se reía mucho, cantaba como si le doliese la vida misma, fue justo en medio de un concierto en vivo, que lanzo la primera frase: «me gustan las niñas bajitas», y yo, ilusionada, sentí el primer cosquilleo, justo en el ombligo, siguió mas abajo, hasta llegar a la entrepierna, ahí sentí fuego por un momento.

    Nos quedamos la noche entera, bailamos, cantamos, hablamos, nos conocimos sin más… serían las 2 de la madrugada cuando empezamos a caminar para ir a casa, todos íbamos al apartamento de un amigo en común, vivía cerca, tenía comida y podíamos terminar la noche… alguien le preguntó qué tipo de chica le gustaba, el respondió corto y claro : » prefiero las pelinegras», esa frase sonó como un detonante para mí, me sonroje, sentí que se dibujó una sonrisa en mis labios, cosquillas en las piernas, latidos acelerados. Era un hecho, algo inesperado pero irreversible, me había enamorado.

    Llegamos a casa de nuestro amigo, después de comer algo, todos estaban dormidos, él y yo, estábamos en el sofá, escuchando música, hablando, algunos de nuestros amigos estaban dormidos a nuestro lado, pero para mí estábamos solos, quería estar a solas con él. Lo veía un poco nervioso, quizás era mi constante insinuación y el hecho de que yo tenía pareja, o solo, también se sentía como yo, atraída, deseosa, nerviosa, feliz…

    Vestía como un chico de 18, relajado, sin prisa, con un expansor en su oreja que le daba un toque sutil a su aspecto de galán, de verdad que era muy guapo, su cara de modelo, cuerpo perfecto, brazos marcados, piernas atléticas, manos grandes, todo un galán… sin embargo, sus ojos, esos ojos, estaban metidos hasta el alma, no podía hablar sin dejar de verlos, hechizada.

    Él hablaba en palabras cortas, respondía a mis preguntas, se reía, me hacia una que otra pregunta, pero en especial, me hacía sentir en otro mundo, no quería que se terminará. Cantaba todas las canciones, jugamos, mis manos tocaban mi cabello, le quería coquetear, quería que se diera cuenta de cuanto lo deseaba, de cómo me había enamorado.

    Mojaba mis labios, me quite la chaqueta, así mis senos se notaban un poco más… él se reía, cantaba, se acercaba un poco a mí, me miraba fijamente…

    Coincidimos en el gusto por la música, en lo tímidos al estar juntos, en las risas por las frases sin sentido y en el calor de querer besarnos.

    Escuchaba su voz a lo lejos, entre mi consciencia y mi deseo, era algo que no podía explicar, quería ser suya para siempre.

    Me contó algunas anécdotas de su vida, yo le conté mi vida entera, quería que lo supiera todo, hasta el estar comprometida, y el solo dijo: por qué no te vienes para acá? Mereces ser feliz… yo, me moje, no soportaba tanto amor, tanta excitación, podía morir ese mismo día y habría bastado para ser feliz.

    Repasaba su figura, estaba sentado en una esquina del sofá, sus manos iban y venían, tocaba su cabello, las llevaba a su pierna, su brazo izquierdo estaba extendido sobre la cabecera del sofá, su boca perfecta no paraba de reír y cantar, a veces miraba alrededor, todos seguían dormidos, estaba amaneciendo y yo le propuse un juego…

    Le dije que si adivinaba la siguiente canción, obtendría un premio, sabía que lo haría, el ama la música, es un idioma, su manera de desconectar, así que, estaba ansiosa porque dijese el nombre de la canción, quería darle el premio, que evidentemente se trataba de alguna parte de mi cuerpo…

    Acertó, como no, dijo el nombre de la canción y acto seguido reclamó su premio, le dije que eran mis labios con la voz más tierna que me he oído, me acerque lento, a mi torpeza no le va bien la prisa, mis manos temblaban, lo miraba fijamente, el me desnudaba con sus ojos, su brazo me abrazo tímidamente, mis piernas y sus piernas se rozaron, sentía como respiraba, lento, rápido, lento, rápido… me lancé a su boca, lo besé.

    Primer beso pasión, lengua adentro, manos acariciando los cuerpos, ojos cerrados, respiración agitada, primera pausa. Sonreímos, mordimos los labios, nos reímos, observamos que nadie estuviera despierto, seguía la música…

    Segundo beso, ternura, más lento, más fuerte, más carnal, mas morboso, me veía los senos, pero no se atrevía a tocar, yo veía su pene, no sabía cómo llegar ahí, pausa.

    Tercer beso, ligero, pequeños besos, labios jugando, manos acariciando, ojos abiertos, risas, nervios.

    Cuarto beso, demoledor, lenguas jugando a penetrar el alma, fuego en la entrepierna queriendo explotar, respiración gimiendo deseosa de estar desnudos.

    Quinto beso, conmovedor, nostálgico, lleno romance, de poesía, sus ojos mirando mi cuerpo, mi alma, sus manos acariciando las mías, declarándonos enamorados.

    Sexto beso, trágico, lleno de itineranticas, miedo por la despedida, cabeza hacia atrás, ojos cerrados, frente arrugada, deseo de tenerlo, de no poder.

    Séptimo beso, amor, un juramento de amor eterno.

  • El regalo de Reyes

    El regalo de Reyes

    Ana estaba en su habitación oyendo música. Era un 5 de enero muy diferente. La pandemia hacía imposible la cabalgata de Reyes, excusa como otra cualquiera para quedar con Carlos, su novio, y otras amigas. Pero esta tarde, la chica no tenía plan y había decidido pasarlo relajada en casa. Tenía todos los regalos comprados, no tendría que salir a buscar nada de última hora. Al día siguiente sí había quedado con su novio para verse e intercambiar sorpresas.

    Sentada frente a su ordenador, leía el excitante último relato de su autor de cabecera, Hansberville. En él, una chica llamada como ella le era infiel a su pareja con un vecino maduro aburrido de las relaciones con su mujer. No podía negar que el tipo lograba recrear situaciones tan morbosas como para hacerle desear ser la protagonista de sus historias.

    Abstraída por la lectura y aislada por los cascos en sus orejas, comenzó a acariciarse levemente con cada frase que leía. Decidió introducir su mano derecha por dentro de sus mallas deportivas negras y acariciar su sexo por encima de sus bragas. Aquella chica del relato se lo estaba pasando en grande con aquel maduro 20 años mayor. Cuando la tensión sexual del relato era máxima y su mano sentía el palpitar de su clítoris, Dua Lipa dejó de entonar su Physical. Ana se sobresaltó lamentando lo inoportuno del whatsapp que interrumpía la reproducción musical de su móvil:

    -Joder Carlos, tienes el don de la oportunidad… -se quejaba la chica antes de comprobar que no era su novio quien le escribía.

    «Hola guapa. Estás sola en casa?»

    «Sí. Mis padres han salido. Volverán esta noche.»

    «Perfecto. En media hora nos vemos ahí.»

    «Ok»

    No era Carlos si no Robert, el maduro con el que ejercía de sugar-baby y que le pagaba 300 € al mes. Básicamente, Ana era la putita del tipo. A ver, no es que la chica estuviera orgullosa de serlo pero…. Sus estudios de ingeniería aeronáutica eran costosos, el dinero nunca sobraba y 300 pavos por un par de polvos al mes no estaba nada mal. Con 24 años y en su último año de carrera, la situación no era nada despreciable. Tenía claro que, sin ningún compromiso sentimental, en cuanto se licenciase aquello acabaría. Se convertiría en uno de esos secretos inconfesables que se recuerdan en la madurez como ejemplo de una juventud loca y divertida.

    Además Robert no estaba nada mal para sus 46 años. Lo había conocido un año antes en una boda. Ella estaba trabajando en el catering para ganar unos euros con que aliviar los gastos de los estudios, y él era el padrino. El tipo pasaba por un play boy. Alto, guapo, buen cuerpo, elegante….y un mujeriego incorregible.

    La fama de Robert era conocida entre varios compañeros del catering. Entre ellos existía algo parecido a la idolatría por la figura del personaje. Entre ellas corría la leyenda de lo buen amante que era. Una aseguraba tener una prima, vecina de la amiga de alguien que se lo había follado y conocer, por tanto, de primera mano la veracidad de la leyenda.

    La verdad es que a Ana el tipo le parecía que tenía un morbazo increíble. La elegancia y seguridad que transmitía eran magnéticas. Tal era esa atracción que la chica se las apañó para ser ella quien sirviera su mesa. Intercambiaron miradas y sonrisas durante los platos pero cuando se desencadenó todo fue durante la barra libre.

    En un ambiente menos protocolario y distendido, Robert comenzó un acercamiento a la chica que le había servido la comida. Se dirigía a ella para pedir las copas (Jack Daniels con hielo en vaso ancho) hasta que comenzaron a conversar, miradas cómplices y… acabaron en una habitación privada de aquel salón de celebraciones echando un morboso polvo contra la pared. Ella se agarraba al cuello de aquel maduro trajeado mientras recibía los puntazos de una polla de considerable tamaño en su coño hasta un bestial orgasmo.

    Meses después recibió una llamada. En la pantalla de su móvil aparecía “Catering”, nombre con el que había grabado el número de Robert después de intercambiárselo tras el polvo. Ana se sintió desconcertada. No entendía que este tipo la llamase después de varios meses. Su novio, a su lado, la miraba esperando que contestase:

    -Bah, es del catering, luego llamo. –Y colgó.

    Media hora después, y cuando había liquidado a su novio, llamó al tipo:

    -¿Hola?, soy Ana, ¿qué quieres? –Su actitud era un poco altiva y desconfiada.

    -Hola, Ana. Soy Robert, ¿te acuerdas?

    -¿Robert? Sí claro.

    -Verás me gustaría proponerte algo. ¿Podríamos vernos…?

    Desde ese momento, un par de veces al mes quedaba con aquel maduro, casado y aburrido de su mujer para echar un par de polvos y ganarse 300 pavos. Su única preocupación era montar una coartada para librarse de la compañía, a veces, de su propio novio, y quedar con Robert. Normalmente se veían en el despacho de él, en un edificio céntrico. Otras veces en un piso que el hombre utilizaba de picadero. Pero aquella tarde de Reyes, Robert le pedía quedar en la propia casa de ella.

    Ana recibió a Robert recién duchada, con su melena mojada y solamente vestida con una camiseta ancha y unas braguitas brasileñas. El hombre venía con un abrigo sobre un traje azul marino. La imagen de elegancia era habitual en el tipo. La chica tiró de él hasta su habitación y, tras cerrar la puerta de ésta, se sentó sobre el escritorio:

    -Así que aquí es donde estudias…

    -Sí. ¿Te daba morbo hacerlo aquí?

    Robert se acercó a la chica y se besaron.

    -Pues por hacerlo en mi propia habitación me tienes que pagar 500 €.

    -De eso nada, Anita. Te conformas con los 300 pavos.

    -Pues entonces nada. –Ana le tiró un órdago.

    -A ver niña, por 500 € me tiro a una escort y no a una estudiante. Pero vamos que si quieres 200 pavos más te lo tendrás que ganar, y no me digas que solo por venir a tu casa.

    -Bueno ¿y qué quieres que haga? –preguntó Ana agarrada al cuello de su amante y besándole muy cerca de la comisura de los labios.

    -Podrías llamar a tu novio y que nos vea… Una de mis fantasías es que el cornudo vea como le crecen.

    -Sabes que no voy a llamar a Carlos. Esto es un secreto.

    Ana había deshecho el nudo de la corbata de Robert y ahora desabotonaba su camisa. Descendió su mano hasta el pantalón. Abriendo la cremallera, la introdujo dentro y agarró la polla del hombre que empezaba a crecer:

    -Joder, vaya rabo que tienes cabrón.

    -¿Qué se te ocurre para ganar esos 200 € más?

    La estudiante tomó la mano del hombre y se llevó el dedo corazón a su boca. Comenzó a lamerlo y succionarlo para, luego, dirigirlo hacia sus nalgas y su raja del culo. El hombre encontró un hueco para introducirle el dedo en el ano. La chica gimió exageradamente haciéndole saber su propuesta de negociación:

    -Pero que guarra eres, Anita.

    -Y tú un cerdo que te tiras a una estudiante 20 años menor.

    Se volvieron a besar apasionadamente. Ella le agarraba por la nuca presionándolo contra su boca. Sus lenguas peleaban cuando Ana se la mordió. Las manos de él ya recorrían el cuerpo de la chica. Buscaba las pequeñas tetas por debajo de aquella camiseta que la cubría escasamente. Pellizcaba sus pezones gordos provocándole dolor.

    No era la primera vez que practicaban sexo anal. Ana, sin ser una experta, si contaba con cierta experiencia sexual. Pero con Robert, cada vez que lo habían hecho por el culo había sido en una sesión de sexo duro y ahora pretendía ganarse ese dinero de más ofreciéndole esa posibilidad en su propia habitación.

    Robert, tiró del pelo de la chica. Mordió su labio inferior. Le metió una mano en el coño y comenzó a masturbarla:

    -¿Quieres más dinero, puta?

    -Sí, cabrón.

    -Pues te lo vas a ganar.

    Robert sacó de uno de los bolsillos de su abrigo una mordaza de cuero con una bola roja. Ana lo miraba a medio camino entre la excitación y el susto. Nunca habían utilizado ningún juguete. Sin reacción, vio como su amante le colocaba la mordaza dejándole la bola de goma en su boca y se la ajustaba con una correa a su nuca. Luego se quitó el cinturón y le ató las manos a la espalda. En cuestión de segundos Ana se sentía secuestrada en su propia casa. Amordazada y maniatada, estaba totalmente a merced de su “cliente”:

    -Hoy te lo vas a ganar con creces, perra.

    El hombre se desnudó ante ella. Su polla apuntaba al cielo cuando la levantó en vilo, cogiéndola por las nalgas. La llevó contra la puerta de su habitación. Echando las braguitas a un lado la penetró con violencia. Su polla, pese al grosor, se deslizó por aquella gruta ardiente totalmente lubricada con el propio flujo de Ana. Robert le mordía el cuello mientras ella solo podía bufar con aquella bola en la boca. Durante unos 10 minutos, el hombre la estuvo empotrando contra la puerta. El cuerpo de Ana golpeaba contra ésta provocando un ruido perfectamente identificable.

    De repente, el maduro la llevó hasta la cama. La colocó de rodillas en el suelo y con su cuerpo apoyado en la cama. Con las manos atadas a la espalda con el cinturón y la mordaza de cuero, Ana se sentía un juguete de Robert. Ahora el hombre colocó alrededor del cuello de ella la corbata, sin duda, la pretendía utilizar de riendas de su montura:

    -¿No querías ganar más? Pues ahora lo vas a hacer.

    Robert, con una actitud prepotente, cogió su cartera y sacó dos billetes de 100 € (dentro tenía otros de 100, 200 y 500). Uno de los que sacó los tiró junto a su cabeza. Ana lo miraba con una extraña sensación. La estaba tratando como a una puta. El otro billete lo enrolló y comenzó a introducírselo por el culo. La chica se revolvía pero el hombre la inmovilizó con uno de sus brazos:

    -Quédate quieta puta.

    Tras dar una nalgada que le dejó los dedos marcados en uno de sus glúteos prosiguió introduciendo el billete en el interior de su recto. Cuando se perdió entero, lo empujó con un dedo. Ella bufaba mientras su coño comenzaba a inundarse de flujos. Ahora, Robert se colocó tras ella y apuntó el capullo de su polla al ojete marrón de su sugar-baby. Después de lubricarse la polla con un gel que sacó de uno de sus bolsillos, comenzó a introducirla dentro.

    Cuando Ana comenzó a moverse, el hombre tiró de la corbata con la que tenía rodeado su cuello. Su polla atravesó el anillo del esfínter de la chica y topando con el billete lo empujó más adentro. Fue entonces cuando comenzó a darle por culo a su gusto. Tiraba de la corbata haciendo que el cuerpo de la chica se levantase y con la otra mano se agarraba a la cadera, sin dejar de acelerar en su follada anal.

    Cuando a Ana la falta de aire, por la presión de la corbata, se le hacía angustiosa, Robert la soltó haciendo que Ana cayese rendida sobre el colchón de su cama. El hombre gritó al llegar al orgasmo. El puntazo fuerte hizo que la joven notase una punzada aguda muy dentro de su culo. El pollazo de su maduro había hecho que el billete de 100 € alcanzase una profundidad desconocida. Inmediatamente comenzó a notar una tremenda corrida que inundaba sus tripas. Un par de golpes de cadera más y Robert cayó exhausto por el orgasmo.

    Unos minutos después, el hombre comenzó a desatar a su chica. Le quitó la corbata de su cuello, retiró la hebilla de la cinta de cuero para liberar a Ana de su mordaza y por último desató sus manos. La sugar-baby se dejaba hacer rendida. Su coño palpitaba de la excitación pese a no haber llegado al orgasmo. La situación de dominación que acababa de vivir era muy morbosa y le resultaba muy excitante. De su culo salía un río de lefa que manchaba sus muslos:

    -Te has ganado los 200 pavos de más.

    -Eres un cabrón, cerdo. –Dijo Ana intentando levantarse de una posición que empezaba a entumecerla.

    -Y tú una perra…. –La definió el hombre riendo.

    El hombre se vistió y abandonó la casa dejando a Ana intentando recuperar los 100 € de su culo. Colocada en cuclillas, hacía fuerza mientras introducía sus dedos dentro de su ano para alcanzar su paga. No sin esfuerzo, el canutito verde fue saliendo de su interior. Un suspiro entrecortado de la joven y el billete estaba entre sus dedos, totalmente manchado de semen. Ana pasó al baño a recomponerse ella y limpiar los 100 €. Se metió en la bañera, y dirigiendo la alcachofa hasta su culo se limpió a fondo. Al recordar lo que acababa de vivir, se volvió a excitar y con el chorro directamente golpeando su clítoris se corrió en un tremendo orgasmo. No se podía quejar del regalo de reyes que le acababa de hacer su maduro.

  • La putita de don Julio (Parte 1)

    La putita de don Julio (Parte 1)

    Al mudarme a la Ciudad de México tenía miles de opciones para poder salir vestida como la nena que siempre me he sentido. Llevaba ya varios años vistiéndome, perfeccionando mi estilo, mi maquillaje, mi forma de comportarme, sin embargo no sentía la confianza para salir a la calle a un lugar con muchas personas, sentía pavor por encontrarme a algún conocido, así que salía por las madrugadas (cerca de las 4 a.m.) cerca de mi casa, cuando sabía que no había gente en las calles.

    Se había convertido ya en algo rutinario, despertar para vestirme y arreglarme lo más rápido posible, salir cuidando que mis vecinos no se dieran cuenta, y caminar algunas calles cerca de donde vivo. Mis salidas al principio eran breves pero después duraban cerca de una hora, siempre con más confianza para llegar más lejos. Me encanaba llegar a un pequeño parque, ahí encendía un cigarro y me tomaba algunas fotos, admirando siempre el atuendo que había escogido. Me gustaba salir muy sexy pero de a poco cada vez me vestía más puta, cualquiera que llegó a verme al pasar en su coche mientras caminaba seguro pensó que me prostituía y más de uno se acercó a preguntar pero nunca me animé, hasta después de conocer a Don Julio.

    Frente al parque había un pequeño edificio de oficinas que cada noche cuidaba un guardia, Don Julio. Era un tipo más que maduro, calculo que tendría unos 70 años, ganándose la vida cuidando ese lugar. Nunca me percate de él ni he sabido cuántas veces me vio llegar vestida tan provocativa. Lo conocí la noche de un viernes que llegué como de costumbre al parque, llevaba unos 15 minutos caminando de un lado a otro, hipnotizada por el sonido de mis tacones. Ese día vestía una falda en corte A de color mostaza tan corta que si me agachaba un poco enseñaba media nalga, un bralette de color blanco y una blusa blanca, transparente, que dejaba ver completamente el bralette, un bolso negro a juego con mis botines negros con tacón alto. Como siempre no faltaba mi peluca de cabello largo y lacio y un perfume delicioso, me gustaba cuidar cada detalle.

    Estando en el parque me senté en una banca y saqué un cigarro, me llevé uno a los labios y buscaba el encendedor dentro de mi bolsa pero nunca lo encontré. Estaba dispuesta a seguir caminando cuando escuché unos pasos detrás de mí al voltear vi a un señor alto, moreno, vestía una camisa azul cielo, pantalón y zapatos negros. Por las arrugas de su rostro y sus canas calculaba tendría unos 70 años. Cuando lo vi me quedé congelada y no supe que hacer mientras lentamente, a su paso, se acercaba a mí.

    – «Buenas noches señorita, veo que hoy olvidó su encendedor. Todas las noches cuando viene por aquí la contemplo y me fumo un cigarro desde allá adentro, pero hoy no podía dejarla sin su gusto de todos los días. Déjeme encender su cigarro y así me hace compañía un minuto, soy el guardia de este edificio de enfrente, puedes llamarme Don Julio. Pero anda, acércate sin miedo y dime, tú como te llamas linda?»

    – «Adriana» le dije mientras se acercaba a encender mi cigarro. Era la primera vez que me detenía a platicar con alguien en mis paseos nocturnos y estaba nerviosa, pero dispuesta a seguir con esa experiencia.

    – «Mucho gusto Adriana, ¿te incomoda si me siento contigo? No me vas a dejar fumando solo después de tantas noches que, aunque tu no lo supieras, hemos disfrutado juntos de un cigarro. Nunca quise incomodarte y solo te veía desde dentro del edificio, siempre admiro lo linda que te vez y hoy no es la excepción» me decía mientras se sentaba a un lado mío.

    No pude evitar sonrojarme y sonreír tímidamente; estaba nerviosa y consternada pues nunca imaginé que alguien me observara cada noche.

    – “Espero no incomodarte, pero siempre que pasas por aquí despiertas mi curiosidad. La primera vez que te vi fue porque estuché unos pasos en tacones, al principio pensé que trabajabas aquí por las noches pero he visto como rechazas a quien se acerca a ti”

    “Así es, aunque la verdad tengo que decirte que no soy mujer, soy travesti. Me gusta salir para sentirme libre pero aún no me atrevo a ir a lugares con mucha gente”

    – “Lo sé, solo una chica como tú se esmeraría tanto por arreglarse para salir a un parque vacío por las madrugadas. Y pienso que eres aún más linda que una mujer, definitivamente más linda que las que trabajan en estas oficinas. Pienso que si te dedicaras a lo que muchos se imaginan tendrías miles de clientes”

    “Muchas gracias Don Julio, la verdad me da pena aceptar que sí lo he imaginado, pero nunca he tenido relaciones con un desconocido. No sabría qué hacer.”

    “Pues yo agradezco que vengas por aquí, eres lo mejor de mis largas noches en vela. Tengo que confesarte que no puedo dejar de mirarte, y cada que estas aquí me caliento mucho. Imagínate, a mi edad, teniendo una erección todos los días gracias a ti” Dijo riendo mientras dejaba caer su mano en uno de mis muslos, apretándolo.

    Quedé helada y no sabía qué hacer, darme cuenta que alguien se calentaba tanto conmigo me estaba excitando, y el suave masaje de su mano firme y callosa en mi pierna me empezaba a calentar, así que lo dejé seguir. No apartaba la vista de mis piernas y cada vez se atrevía a tocar un poco más. Me di cuenta que su pantalón empezaba a levantarse, se le estaba poniendo durísima, no dejaba de ver como crecía aprisionada ahí dentro, tratando de escapar.

    “¿Segura que solo sales para ‘sentirte libre’? A mí se me hace que sales a buscar clientes, aunque digas que no. Dime, cuánto me cobras por una mamada?” Aparte su mano de inmediato viéndolo fijamente, no podía creer lo que me acababa de decir pero lejos de incomodarme terminó de calentarme. Me levante de golpe quitando su mano de mi pierna, casi gritándole.

    “Don Julio!! Me ofende, ya le dije que no soy puta, yo no cobro por una mamada” Y me hinqué frente a él, mis manos se apresuraron a desabrochar su pantalón y liberar su pene duro y palpitante, era de tamaño promedio pero tan grueso que apenas podía cerrar mi mano alrededor de él. Miré hacia arriba y Don Julio estaba sorprendido, con los ojos enormes, denotando una calentura incontenible. Sin apartar la vista bajé lentamente hasta llegar a la punta de su pene y le di una pequeña lamida. Tenía un olor fuerte a macho, sudor y orina que no sabía por qué pero me excitaba demasiado.

    Envolví su gorda cabeza con mis labios mientras mi lengua jugaba en círculos alrededor de ella, la sacaba en ocasiones para lamerla desde sus huevos y hasta la punta, llenándola de saliva, sin dejar de verlo a los ojos, para después volver a meterla en mi boca, cada vez un poco más profundo.

    Él se dejaba hacer, solo puso una mano sobre mi cabeza con la que guiaba la velocidad de mi mamada, en ocasiones me jalaba hacia él con tanta fuerza que me obligaba a meterla hasta mi garganta, y me dejaba ahí, con la verga bien enterrada, sin poder respirar, hasta que él lo decidía.

    Yo seguía su ritmo mientras el disfrutaba de mi boca cálida y húmeda, estuvimos así cerca de 15 minutos hasta que me separó de su verga, se puso de pie y dijo “Abre bien la boca putita”, vaciando su semen caliente y espeso sobre mí, logrando entrar la mayoría en mi boca y el resto cayendo sobre mi rostro. Terminó de sacudir as últimas gotas golpeándome en los labios con su verga que aún estaba dura, sonriendo, satisfecho.

    “Eso fue delicioso, se veía que eras una putita buscando verga por más que lo negaras, pero tengo ganas de probar tu culito. Quiero que vengas mañana, llega más temprano y vístete más sexy, yo vendré por ti”. Se acomodó el pantalón y así sin más se fue a su edificio.

    “Si Don Julio, como usted diga”, fue lo único que atiné a decir antes de que se fuera, dejándome sentada en el piso del parque, con el maquillaje corrido y semen espeso sobre mi rostro.

    Regresé a mi casa, ya casi amaneciendo, caminando sonriente y con semen sobre mi rostro, encontré a varias personas en el camino, me miraban descaradamente y con lujuria, ya no me importaba que me vieran, lo disfrutaba. Llegué a casa y me acosté pensando en lo que había pasado, no dejaba de sentir su aroma a macho, el palpitar de su pene gordo en mi boca y el salado sabor de su semen. Estaba claro que a partir de ese día sería su putita.