Autor: admin

  • El demonio con forma humana

    El demonio con forma humana

    El demonio con forma humana salió una vez más a rondar las calles de la ciudad. La tarde ardía con el color del deseo y las masas humanas se distribuían como fluidos en movimiento por las calles.

    En uno de los vagones del metro el demonio encontró a su primera víctima, un hombre alto y bien parecido de cuerpo tosco y musculoso. El hombre iba cansado y el demonio lo siguió al salir del vagón e internarse en las calles que se oscurecían al paso lento de las sombras. Conforme se iba internando en las calles de un viejo barrio, el demonio comenzó a jugar su juego sutil: puso la semilla del erotismo en los pensamientos de aquel hombre. La semilla se presentó como una idea fugaz que al principio parecía pasajera, pero poco a poco, como un trastorno obsesivo, iba creciendo mientras se retroalimentaba.

    En algún punto de su trayecto nocturno, el hombre solo pensaba en salvajes actos sexuales. Se veía a sí mismo en orgías con cientos de insaciables jóvenes, con sus vaginas mojadas y sus ojos trastornados por la lujuria. Él, con su pene perfectamente erecto, su glande pulsante y sensible, las penetraba insaciablemente, viniéndose a chorros en cada una de ellas. Su semen era inagotable al igual que sus orgasmos y los orgasmos de las chicas, quienes se retorcían de placer con cada embestida.

    Los pensamientos del hombre habían tenido un efecto en su cuerpo y ahí, en la calle solitaria, su erección pulsaba aprisionada entre sus ropas. Así, embriagado por el deseo, perdiendo casi totalmente el uso de la razón, el hombre bajó su bragueta y comenzó a masturbarse. Se masturbó furiosamente perdido en sus pensamientos mientras el demonio se acercaba.

    Cayeron varios chorros de semen sobre la banqueta y, para la sorpresa de aquel hombre, su erección no disminuyó. Fue entonces que el demonio se hizo presente y atacó: tomando la forma de un grupo de hombres de mala muerte, el demonio hizo uso de su magia para poseer a su víctima.

    Cada una de las manifestaciones del demonio se desvistió dejando ver un cuerpo duro, sudoroso y con una erección formidable. La magia del demonio también poseyó el cuerpo de aquel hombre preparando su ano para la penetración.

    El hombre, al verse rodeado sintió todas las respuestas psicológicas ante el peligro inminente, con una adición inesperada, la excitación sexual. Su erección no disminuyó, al contrario, su pene pulsaba y se sentía casi a reventar mientras que su ano se sentía de pronto sensible y erógeno. La idea cayó sobre su mente de golpe: sería violado por este grupo de extraños y la idea le causó una impresión tal que inició una reacción en cadena desde sus adentros. Sintió una potente y creciente emanación de placer desde sus testículos que creció hacia su ano, su pene y su glande. Poco después se vino sin siquiera tocarse.

    El demonio violó a su víctima: siempre alguna de sus manifestaciones penetrándolo analmente mientras otro lo masturbaba y otro más le forzaba el pene en la boca. El hombre sentía una marea de sensaciones pero ninguna más poderosa que el ser penetrado analmente por estos monstruos. Una y otra vez uno u otro pene se movía incansable en su ano y la sensación lo saturaba, enloquecía y hacía llegar al éxtasis. Los demonios eyacularon incontables veces en su ano, su boca y sobre todo su cuerpo y el se vino más veces de las que podía contar.

    Finalmente el demonio emprendió su retirada condensando su ser en un solo cuerpo el cual caminó lento por la calle oscura hasta que desapareció.

  • La putita de don Julio (Parte 2)

    La putita de don Julio (Parte 2)

    Al día siguiente desperté aún con su sabor en mi boca, no podía apartar su recuerdo de mi mente y me inundaba un deseo enorme por ser suya.

    Me bañé y no pude evitar meterme un par de dedos en el culo mientras jugaba con mis pezones, recordando la deliciosa verga de Don Julio, imaginando cómo me haría suya esa noche. Al terminar salí, tomé un desayuno ligero y empecé a buscar el atuendo que usaría, pero aunque tenía una buena variedad y toda muy sexy nada me parecía suficiente para la ocasión. Quería algo que, con solo verme, gritara a los cuatro vientos que era una puta que solo sirve para dar placer a su macho.

    Salí a buscar algo más adecuado para cumplir con mi objetivo, fui a una sex shop y escogí un disfraz de colegiala que era perfecto para lo que tenía en mente. Aproveché para comprar un lubricante, una lavativa y un buttplug, quería estar completamente preparada para él.

    Regresé a casa a descansar otro poco pues me imaginaba que mi noche sería muy larga. Cerca de las 8 de la noche empecé a prepararme, abrí una botella de vino rosado y puse mi playlist favorita, me pude la lavativa y ya después de dejarme el culito bien limpio me bañé y usé unas cremas con brillos y bastante aroma. Me pinté las uñas de manos y pies con un esmalte color blanco, y empecé a vestirme. El disfraz que compré era super sexy: un par de medias de red blancas que me llegaban a medio muslo, adornadas con unos moños rojos en la parte trasera; una diminuta tanga blanca que por delante apenas y cubría mi pequeño pene y por detrás desaparecía por completo enterrada entre mis nalgas; una pequeña falda tableada, a cuadros negros con rojo, que apenas y cubría mis nalgas, con unos cortes a la altura de cada pierna por la parte delantera que hacía que mis piernas quedaran completamente al descubierto cada que daba un paso; un pequeño top blanco que se sujetaba por un nudo en la parte frontal, que a pesar de mi falta de senos se veía espectacular y marcaba mis pequeños y duros pezones. Me hice un maquillaje muy cargado y escogí mi peluca rubia, ondulada, y unos tacones blancos, quería verme completamente putita. Por último pero no menos importante, tomé el buttplug, le unté un poco de lubricante y lo metí en mi culito, sintiendo como mi cuerpo se estremecía de placer.

    Al mirarme en el espejo veía a una nena muy jovencita, pero completamente puta, que nadie podría respetar. Parecía más un objeto creado para satisfacer hasta los más degradantes deseos de los hombres que una mujer, y eso me encantaba. Había terminado ya de vestirme y también había terminado con la botella de vino cuando decidí que era tiempo de empezar la noche. En una pequeña mochila puse unos condones, el lubricante, algo de maquillaje por si necesitaba retocarlo, mis cigarros y algo de dinero. Eran las 10:15 de la noche cuando salí de casa.

    Al salir por la puerta me di cuenta que aún era muy temprano y, siendo sábado, algunos de mis vecinos estaban fuera de sus casas con sus amigos, platicando y tomando cerveza. Me sentí nerviosa al verme en esa situación pero el vino que me había tomado y mi excitación hicieron que lo olvidara rápidamente. Respiré profundamente y me dije “eres una putita y esta noche por fin aceptarás que siempre lo has sido, que lo sepa todo el mundo”, y caminé haciendo sonar mis tacones sobre el asfalto. Sentía las miradas a cada paso que daba, escuchaba chiflidos y cómo me gritaban piropos y obscenidades, lo que me hacía sentir que en verdad había hecho un buen trabajo. Algunos coches se me acercaron a preguntarme cuánto cobraba por mis servicios, pero solo les sonreía y les decía que ya estaba ocupada, por el momento no podía aceptar si eso significaba dejar esperando a mi macho. Pronto llegué al parque y me senté en la misma banca que el día anterior, encendí un cigarro y esperé pacientemente a Don Julio. Casi terminaba de fumar cuando él llego, se sentó a mi lado y me clavó su mirada.

    – “Hola Adriana, qué rica te ves hoy, nunca habías usado algo tan atrevido” me decía mientras su mano acariciaba mis piernas. “¿Me modelarías un poco para verte mejor?”

    Me levanté y empecé a modelarle, caminando frente a él iba y venía, moviendo las caderas, levantando las nalgas, subiendo un poco mi falda para mostrarle mi trasero. Cada que pasaba frente a él le mandaba un beso o me lamía un dedo, guiñándole un ojo. Para las otras tres personas que se encontraban en el parque (3 hombre ya muy maduros paseando a sus perros) el espectáculo debió ser impresionante.

    – “Muy bien Adriana, eres toda una putita y estás deliciosa. Ven, acompáñame.” Don Julio se levantó, me tomó por la cintura, y abrazándome caminamos hacia el edificio donde trabajaba.

    Entramos a la caseta de vigilancia y había una pequeña puerta, la abrió y me hizo pasar, era un pequeño cuarto donde solo había un sofá cama, un pequeño refrigerador, microondas, cafetera, y un pequeño televisor, tenía un sanitario separado solamente por una cortina. El lugar estaba sucio, descuidado, oliendo a café, cigarro y sudor, y eso en cierta forma me excitaba. Don Julio cerró la puerta tras él, se acercó por detrás de mí y me abrazó, clavando en mis nalgas su pene erecto, aprisionado por su pantalón. Hizo mi cabello a un lado y empezó a besar mi cuello mientras me manoseaba las piernas y el trasero, para después voltearme y plantarme un beso en los labios, devorando mi boca agresivamente y metiendo toda su lengua. No pude evitar gemir mientras sentía como mis fuerzas desaparecían por completo y me entregaba a él.

    -“Parece que te gusta putita, y espera a que empiece lo bueno. Hoy me tomé una de esas pastillitas para tenerla más dura, no iba a desaprovechar una noche con una nena como tú.” Terminando de decir esto me empujó hacia abajo hasta quedar de rodillas frente a él, se bajó el pantalón y antes de bajar su ropa interior hizo una pausa, me vio a los ojos y me dijo: “Pídeme que te de verga”

    Sus palabras me hicieron estremecer, estaba ahí vestida como toda una puta, de rodillas frente a un viejo pervertido, en un lugar sucio, viendo de frente su pene erecto atrapado bajo su ropa interior, con un olor penetrante a sudor y a macho. No pude más y tomándolo de las manos lo miré fijamente a los ojos y dije:

    – “¡Por favor papi, dame tu verga! Quiero chupártela completa, desde la pase hasta la punta, lamer lentamente cada centímetro, chupar tus huevos peludos, sentir como me ahogas cuando me metes todo ese trozo de carne en la boca. Quiero que me penetres, que me entierres tu verga dura y deliciosa en mi culito, que me hagas cabalgarte o me pongas en cuatro como la perrita que soy, quiero que abuses de mi culito cerrado y me hagas gritar de placer, quiero que me llenes de tu semen calientito, que me dejes el culo escurriendo, que me llenes la cara, que me hagas comerlo todo, lo que tu decidas. Quiero ser tuya, complacerte en todo lo que me pidas. Por favor Don Julio, quiero ser tu putita”

    – “Así me gusta, putita” Respondió Don Julio y sacó su pene.

    Empecé a mamar de inmediato, primero le di unos cuantos pesos y pequeñas lamidas en la punta del pene, para jugar con mis labios desde la punta hasta la base. El olor a sudor y a macho combinado con la situación me tenían súper caliente. Metí lentamente su cabeza en mi boca y mientras apretaba con mis labios, mi cabeza iba de adelante hacia atrás, y mi lengua jugaba suavemente, arrancándole unos suspiros y gemidos de placer. Sentí sus manos detrás de mi cabeza y lo dejé dirigirme. Me empujaba hacia su verga cada vez más fuerte y más profundo, dejándola clavada en mi garganta, haciéndome salivar tanto que escurría y escapaba de mi boca. Se sentó en el sofá y me hizo una seña para acompañarlo, quedé empinada en cuatro a un lado suyo con mi cara entre sus piernas mamando su verga y mi culo al aire. Empezó a tocarme las nalgas y al encontrarse con el juguetito que tenía metido en el culo empezó a sacarlo y meterlo, dilatando mi hoyito.

    Habían pasado unos quince minutos y yo estaba en el cielo chupándole el pene mientras masturbaba mi hoyito cuando sacó el juguete, hizo a un lado mi cabeza y se levantó. Me incliné por mi mochila y saqué el lubricante y los condones y se los di, a lo que él se rio y me contestó.

    – “Se nota que venías preparada putita, pero ni pienses que voy a usar eso contigo. Quiero que te quede bien claro que tú eres mía y que puedo hacer contigo lo que quiera, además me pediste que te llenara el culo de semen, ¿o no?”.

    – “Si papi, haz conmigo lo que quieras, soy tuya”.

    Dejó los condones de lado y me tiró de espaldas sobre el sofá, me quitó la tanguita y abrió mis piernas, se escupió en la mano para después embarrarme toda su saliva en el hoyito y puso su verga en la entrada, presionando suavemente. Sin dejar de mirarme a los ojos empezó a enterrarme su verga dura y caliente, mientras me sostenía con sus manos de los tobillos. Sentía como se abría paso lentamente, palpitando dentro de mí, mientras mi culito estrecho la apretaba como para no dejarla escapar. Finalmente entró toda y sentí como sus huevos peludos chocaban con mis nalgas, gemí muy fuerte y me mordí el labio mientras cerraba los ojos: estaba en el paraíso.

    – “No pensé que fueras tan apretadita”, me dijo Don Julio riendo. “Se ve que te gusta tenerla bien adentro, eres una puta muy golosa”

    – “Si papi, me encanta que me la claves toda completa, cógeme papi”.

    Y empezó a bombear, entraba y sacaba lentamente su verga, casi por completo, haciéndome sentir cada pequeño borde, casi cada vena. Respiraba fuertemente sin quitarme la mirada de encima, sonreía al ver mi rostro sonrojado, con una expresión de satisfacción, mojado por las gotas de sudor que escurrían de su frente. Intenté tocarme mi diminuto pene para masturbarme a lo que él respondió alejando mi mano y dándome una pequeña cachetada me dijo: “Eres una putita, MI PUTITA, y si te vas a correr tienes que hacerlo como toda una nena, siendo cogida por tu hombre”. Esto me excitó más aún, lo tomé por detrás de la cabeza y lo incliné hacia mí para besarlo apasionadamente.

    Sentí como aceleraba el ritmo y me clavaba su verga cada vez más profundo, de pronto la ensartó por completo y con un gemido muy fuerte vació su semen dentro de mí. Sentí cada palpitar de su verga al vaciar chorros de semen caliente, sentí como me llenaba por dentro y sobre todo, sentí que en ese momento ya era suya. Sacó su verga aún un poco dura y se sentó, mientras me ordenó que se la mamara de nuevo.

    Me puse de rodillas frente a él y empecé a limpiar su pene con mi lengua, saboreando esa mezcla del sabor de mi culo y su semen. Sentí como de pronto su semen escurría de mi culito y resbalaba sobre mis piernas, lo tomé con mis dedos y me lo comí. Era tan delicioso como lo recordaba. Seguí mamando y de pronto su pene ya estaba tan duro como antes, escupí un poco sobre la punta y me senté sobre sus piernas, me ensarté su verga en un solo movimiento y empecé a cabalgarlo. Don Julio apretaba mis nalgas y chupaba mis pezones que quedaban justo frente a él. Yo subía y bajaba, me movía hacia adelante, hacia atrás, despacio y luego más rápido. Así pasaron unos 20 minutos hasta que me levantó, me puso en cuatro sobre el sofá y me la clavó de nuevo. Se movía rápidamente, agitado, tomándome de la cintura y nalgueándome de vez en cuando. Yo estaba en un éxtasis total. De pronto, y sin esperarlo, empecé a correrme. Pequeños chorros de semen caían sobre el sofá mientras gritaba de placer y apretaba más el culito.

    Sentía un inmenso placer y además era feliz al saber que por fin había encontrado a un macho que me tratara como la putita que siempre fui. Don Julio me sacó de mis pensamientos cuando se apartó, me puso de rodillas y empezó a correrse en mi cara. Tomé su abundante semen con mis dedos y lo llevé a mi boca, no me cansaba de ese delicioso sabor de mi macho.

    Se sentó agitado, viéndome de rodillas en el piso saboreando cada gota de semen. Estaba llena de sudor, con el maquillaje corrido, agitada, sonrojada, feliz. Me ordenó limpiar con la lengua el semen que había caído en el sucio sofá y me sentó sobre sus piernas, manoseándome y besándome.

    – “Estuviste increíble putita, pero ahora tienes que irte. Recoge tus cosas y sal, te espero por aquí el próximo fin de semana, sabes que eres mía”.

    – “Gracias por hacerme tuya papi, aquí estaré siempre que tú quieras”. Me dio un beso en la frente y me levanté, me puse la tanga y me acomodé un poco la ropa. Retoqué un poco mi maquillaje y volví caminando a casa. Por fin me había convertido en la mujer que quería ser, en la putita que quería ser, y solamente sería el primer paso de un largo camino.

  • Walter y Mica: Control del octavo mes, nacimiento y final

    Walter y Mica: Control del octavo mes, nacimiento y final

    Ya entraban en la recta final del embarazo y el bebé podía llegar en cualquier momento, Mica fue al control del octavo mes, como siempre a la misma hora, mismo lugar. Subió por el ascensor, entró al consultorio y ambos médicos la esperaban con una sonrisa, hicieron el control de rutina, estaba todo más que bien y le dieron las instrucciones para que sepa cuando era la hora de ir al sanatorio para tenerlo.

    Walter esta vez no fue a la consulta, ya no quería ver más.

    Ambos médicos se desnudaron y Mica se abalanzo sobre sus miembros, ya el sexo era peligroso porque podía incitar un parto prematuro.

    Mica las recorría con su lengua a lo largo y lo ancho, la del obstetra era muy grande para su boca y no le entraba mas que la cabeza, pero ponía muchas ganas en hacerlo gozar.

    El primero en acabar fue el médico clínico, le llenó la boca de leche y Mica tragó rápidamente y siguió con la del obstetra, chupándola, lamiéndole los testículos, y recorriéndola de arriba a abajo sin parar, cuando estaba por explotar, él la agarro de la cabeza y eyaculó 5 potentes chorros que impactaron directo en la garganta de Mica, era mucha cantidad y se le dificultó tragarla toda pero lo logró y abrió la boca para mostrarle a su obstetra favorito que era una buena paciente.

    Se limpiaron, se acomodaron las ropas y se despidieron hasta el día del parto.

    Cuando Mica volvió a casa, le dio a Walter la noticia de que todo estaba bien y en unas semanas ya tendrían a su bebe, esa noche Walter tuvo «suerte» y Mica lo dejó acabarle en la boca, el miembro de Walter era más grande que el del médico clínico, pero más chico que el del obstetra.

    Pasaron unas semanas y las contracciones de Mica aumentaron en dolor e intensidad y salieron volando al sanatorio.

    Ya en la sala de preparto ambos médicos estaban con Mica, revisando que todo estuviera bien.

    Le dijeron que apenas dilatase, tendría a su bebé.

    Pasaron las horas y no estaba progresando, así que los médicos, sacaron a Walter de la habitación y hablaron con Mica, le informaron que no se estaba dilatando como corresponde y que había dos caminos, o le ponían un goteo para acelerarlo o tenían sexo y que los orgasmos hagan el trabajo.

    Mica quería que el bebé nazca ya, así que le pidió a ambos que la penetren sin parar hasta que esté lista, primero arranco el médico clínico, sin ningún reparo se puso debajo de Mica y la penetro una y otra vez hasta descargar en su interior.

    Rápidamente paso el obstetra a tomar su lugar, y cuando Mica se dejó caer sobre ese miembro enorme, exploto en una cadena de orgasmos brutales y sintió que el bebé estaba por nacer.

    El obstetra se la sacó y llamaron a la enfermera para que asistiera, Walter volvió a entrar y vio el semen escurriendo de la vagina de Mica, y el bulto en el pantalón en el obstetra que no había podido acabar por la urgencia.

    Al cabo de unos instantes, el bebé nació sin problemas, era un varón hermoso, sano, fuerte y Walter estaba extasiado de felicidad, toda su confusión desapareció y no le importó más nada, ni Mica, ni los médicos ni nadie, por ahora…

  • La casada mal aprovechada

    La casada mal aprovechada

    Este es un trocito de la historia de una mujer casada en la cuarentena y muy mal aprovechada, muy mal aprovechada porque la mujer a la que voy a llamar Nuria, hacías que se corriera tres o cuatro veces y una hora después ya volvía a tener ganas.

    Hace un tiempo iba a tener su primera cita con un hombre que conociera chateando aprovechando la circunstancia de que se acercaba a Vigo a realizar un trabajo de marketing, hablaba con el desconocido por el manos libres y de las cosas que se dijeran ya estaba cachonda cuando paró en el aparcamiento de un bar para comer. Estaba cerrado, pero servían comidas en el aparcamiento, y fue lo que hizo, comer y beber en su auto después de que le llevaran la comida. A su alrededor había coches y camiones con los camioneros dentro dando cuenta de sus comidas. Después de comer y beber, hizo lo que vio hacer, tomar la siesta, para lo que reclinó el asiento y le pasó lo que le pasaba siempre que tomaba la siesta, le entraron ganas de correrse. Le dio un toque a su cita de esa noche y volvió a hablar con él.

    -Ayúdame con una fantasía que tengo. Solo necesito que escuches. Voy a tocarme e imaginar que es tu mano y tus dedos quienes me acarician y fantasear que alguien me está mirando mientras me tocas -se comenzó a tocar-. Tus uñas bajan rascando mi cuello. Tu mano derecha lo aprieta fuerte. Tus manos presionan mis tetas. Desabotonas mi blusa. Acaricias mis tetas. Un dedo de tu mano recorre mis labios se posa en mi lengua, te lo chupo -comienza a gemir-. Me quitas la blusa y me subes la falda. Yo tendida en el asiento de mi auto siento cómo se me mojan las bragas al pasar el dedo sobre mi clítoris. Estoy con las piernas abiertas y acaricias mis muslos -Nuria vio cómo la miraba un camionero y cómo se le movía el brazo derecho-. Pasas un dedo por mi coño mojado. Me miras y te masturbas. Metes un dedo dentro de mi coño. ¡Oh dios que gusto! ¡Qué morbo! -Nuria ya tenía sus ojos clavados en el camionero-. Mi coño ya está empapado. Sacas el dedo y me das a probar mis jugos. ¡Aaaaah! Disfrutas de mis tetas, las amasas, fuerte, suave, juegas con mis pezones. ¡Aaaaah, Aaaaah, Aaaaah! ¿Te gustaría lamer mi coño? Siento tu lengua en mi coño. Lame mi clítoris, más, más, más… ¡Oooooy! Ahora me metes dos dedos. ¡Aaaaah! ¡Oooooh! ¡Joder, joder! ¡Fuuuu! ¡Aaaaah! Me estás follando, tu cuerpo se frota en mi clítoris! Estoy empapada -un par de minutos solo de gemidos- ¡Me voy a correr! ¡Córrete conmigo!

    Se corrió ella y oyendo sus estridentes gemidos se corrió el camionero y se corrió la cita de esa noche.

    Por la noche se encontró con su cita, se llamaba Álvaro y era un tipo alto, moreno, con el pelo cano, algo mayor para mi gusto, pero a ella le gustó, ya que durante el postre, acaramelados, Álvaro le metió mano por debajo del mantel y al ver que no tenía bragas le hizo un dedo. Nuria al verse observada por uno de los camareros, un joven muy guapo y delgado. Volvió a sentir aquel morbo que la ponía a mil, y en poco tiempo el camarero vio cómo se le cerraban los ojos y se encogía mientras se corría en silencio.

    Al acabar de correrse se puso la mascarilla y le dijo a su cita que iba al baño. Pasó por el lado del camarero, le sonrió y se fue.

    Estaba lavando las manos cuando vio en el espejo la cara del camarero con la mascarilla puesta. Luego sintió cómo le levantaba la falda. Abrió las piernas para que la follara. El camarero antes de clavársela le lamió el culo bien lamido. Cuando se la clavó en el culo no se sorprendió, era demasiado guapo para ser heterosexual. Bajó una mano al coño y mientras el camarero le pulía el culo ella se pulió el clítoris. Sin un beso de por medio, y en poco tiempo, el camarero le llenó el culo de leche y ella se pringó la mano de jugos con una enorme corrida.

    Tiempo después, en la habitación de un motel de carretera, Nuria estaba sentada en el borde de una cama y Álvaro abría encima de un mueble una botella de vino blanco, servía dos copas y acercándose a la cama, le decía:

    -Me gustó ver cómo te corrías.

    -Y a mí correrme.

    Le dio la copa, la levantó y le dijo:

    -Por nosotros.

    Chocaron las copas.

    -¡Por nosotros!

    Nuria bebió la copa de vino y después le bajó la cremallera de la bragueta del pantalón. Se llevó una buena sorpresa. Aquella polla tenía el grosor de un vaso de tubo y en reposo ya medía unos doce centímetros. Al mamarla no se puso más gorda, se puso dura, pero eso sí, estiro considerablemente mientras entraba y salía de su boca. Al tenerla dura lamió y chupó sus huevos sin dejar de masturbarlo. Al levantarse se dio la vuelta, Álvaro le bajó la cremallera de la falda, abrió el corchete y la falda cayó al suelo. Vio su culo, redondo y apetecible. Cuando le pasó la polla por el ojete Nuria pensó que le iba a romper el culo, pero estaba equivocada, del culo pasó a frotársela en el coño. Nuria puso las manos sobre la cama y sintió cómo la polla al entrar le llenaba el coño cómo nunca antes se lo habían llenado. Álvaro sabía lo que se hacía, mientras la follaba con suavidad le fue desabotonando la blusa, luego le abrió el sujetador y cuando las tetas colgaban y quedó solo con unas medias negras y un liguero azul, amasando sus tetas le dio sin compasión, a lo bestia, y a lo bestia se corrió Nuria, o sea, aullando cómo una loba y temblando una cosa mala.

    Álvaro, al acabar de correrse, dejó que se enderezara y le quitó la blusa y el sujetador, Nuria se echó sobre la cama mientras él se desnudaba.

    Entró en la cama y le comió las tetas, pero no de cualquiera manera. Las acariciaba cómo si fueran de cristal y tuviera miedo a romperlas. La punta de su legua rozaba los pezones, hacia círculos sobre las areolas y chupaba muy suavemente… De las tetas bajó al vientre y besó y lamió cómo haría un caracol, la velocidad no aumentaría al llegar a su coño empapados, con un dedo retiró el capuchón del clítoris hacia atrás. Con el glande fuera pasó la lengua entre los labios, despacito, los labios se fueron abriendo. Nuria entre gemidos levantaba la pelvis para que lamiera también su ojete, no se lo lamió, metió y sacó de él la punta de la lengua y después lamió un labio, el otro y luego le clavó la lengua en el coño… El clítoris seguía erecto esperando ser lamido, pero Álvaro lo ignoraba. Cuando Nuria volvió a subir la pelvis le lamió el ojete y después se lo folló, acto seguido le clavó y sacó la lengua en el coño una docena de veces. Después lamió lentamente de abajo a arriba con la lengua plana. La lengua aplastó el clítoris y se movió con celeridad de un lado a otro, Nuria exclamo:

    -¡Me corro!

    Álvaro dejó la parte de arriba de la lengua encima del clítoris y metió la otra mitad dentro del coño. Nuria gimiendo movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo y Álvaro sintió en su lengua sus contracciones y los jugos agridulces bañar su lengua.

    Al acabar de correrse Nuria, Álvaro salió de entre sus piernas, se bajó de la cama, echó otras dos copas de vino y al volver a la cama y dársela, y le dijo:

    -Después de tomar el vino me gustaría que me follaras y que fueras mandona y atrevida.

    Nuria poniendo la copa de vino en los labios lo miró a los ojos y le preguntó:

    -¿Cómo de mandona y atrevida?

    -Todo lo mandona y atrevida que quieras.

    Nuria bebió el vino después se quitó las ligas y las medias, y le dijo:

    -Ponte boca abajo.

    Se puso y le ató las muñecas a la espalda, le dio la vuelta, subió encima de él, le puso el culo en la boca y le dijo:

    -Come, cabrito.

    Álvaro lamió y folló su ojete. Después le puso el coño, se lo lamió cómo un perro. Al culo y al coño le siguieron las tetas, después frotó la polla en su ojete, lo puso en la entrada, y le dijo:

    -Fóllalo.

    Álvaro empujó, pero Nuria le apartó el culo.

    -Picaste.

    -Cabrona.

    -De cabrona nada, soy puta, muy puta.

    Aplastó el coño contra la polla y lo movió desde la base hasta el glande y del glande hasta la base. Álvaro se moría por meter, pero Nuria se quería correr frotando. Cabalgó su pierna derecha y magreando las tetas frotó el clítoris contra ella cada vez más aprisa hasta que se corrió cómo una cerda. Y cómo una cerda le pasó el coño corrido por la boca antes de volver a coger su polla y meterla en el coño. Lo cabalgó cómo una amazona, con estilo, al paso, al trote y al galope… Al rato sintió cómo Álvaro se corría dentro de su coño y cómo la polla perdía dureza, pero la tenía tan gorda y tan grande que le valía igual. Lo siguió follando, en nada se la puso dura de nuevo. A punto de correrse le dio las tetas a mamar, unas tetas grandes con areolas rosadas y gordos pezones. Sintió cómo Álvaro se corría otra vez dentro de ella y se puso mala, malita, mala. Lo cabalgó al galope de nuevo hasta que derrumbándose sobre él, dijo:

    -¡Me muerooo!

    Siguieron follando después de soltarlo, pero cómo había dicho al principio este es un trocito de la historia de una mujer casada en la cuarentena y muy mal aprovechada.

    Quique

  • Xochi mi madre, incesto, morbo y complicidad

    Xochi mi madre, incesto, morbo y complicidad

    Como cada mañana nos levantábamos y luego de desayunar nos preparábamos para irnos a la playa, mientras tomábamos el desayuno, mi padre y Marcos preparando el auto; mientras que “Mena” y mi madre “Xochi” (la diosa Quetzal) preparaban los bártulos de playa. Mingo (el amante oficial de mi madre y por muchos años, aunque no el único) en zunga blanca y musculosa no dejaba de mirar a su hembra, insinuándole gestos que ella respondía bajando la cabeza y ruborizándose. No falto mucho para que él con la excusa de la heladera rozara su prominente bulto sobre el short negro de que traía mi madre sobre la tanga que dejaba asomar sus hilos sobre la cintura, haciéndola más pervertida. Ella sintió esa pija y suavemente —tratando de ser discreta— curvó su cintura y empujó su cola hacia esa sensación, mientras levantando la cabeza y al verme entrar en la cocina, me clavó la mirada, —yo me hice el distraído—.

    Buen día Richard, ¿qué tal, dormiste bien?

    Respondí con otros buenos días y le regalé una sonrisa, me acerqué le di un beso en la mejilla y dejé que mi mano, aún más mis uñas se deslizaran por su espalda, no podía resistir empezar a gozarla de algún modo; ellos (mi madre y su amante) estaban jugando sus deseos delante de quienes no advertían esos antojos. Mingo me miro y como la noche anterior (que ya contaré) me guiño un ojo. Mi madre descubrió esa complicidad del incesto y de sus placeres entre su amante y su hijo, —ruborizándose y sonriendo bajó la cabeza y siguió en sus quehaceres.

    Mamá se volvió a su cuarto para cambiarse y alistarse para ir a la playa, era evidente que se había dado cuenta que yo ya sospechaba o que furtivo había presenciado de sus placeres, porque se quedó mirándome sonrojada, mientras iba desabrochando su camisa, la que llevaba anuda a la cintura, descalza y con su short negro que eran lujuria para mis ojos.

    —Perdón, le dije, cuando me sumergí en su cuarto y la descubrí desnuda.

    Mi madre era una deidad solo cubierta con la tanga de su traje de baño color naranja, con tiras que subían y atravesaban su cuello, dejando sus senos al aire; sus pezones eran el centro desde el cual giraban las aureolas rozadas y suaves ante mis ojos, el universo de esos senos perfectos y ya pervertidos en el ardor del sexo sucio e infiel, eran el morbo de mi placer.

    —Veo en tu mirada que te gusta lo que acabas de descubrir. —Dijo mi madre, girando y mostrándome también su cola firme, trabajada en el gimnasio y cabalgada la noche anterior.

    —Va a ser un secreto entre nosotros. Ok?

    Se veía fantástica. Sus pechos eran grandes y los vi rebotar mientras se calzaba ese traje de baño. —Demasiado erótico para estas playas—, le dije.

    Con casi cuarenta años, su cuerpo era una escultura delineando sus curvas, sus caderas de infarto, tenía un vientre plano y tonificado, una maravillosa cola que bajaba como dos peras desde su cintura hacia sus piernas, como si hubieran sido talladas por el mismo libidinoso dios Eros. Me quedaría todo un día admirando su cuerpo, cada vez que camina hipnotiza por las playas, cuando lleva jeans aún más se esculpen sus formas, su cola y su vulva se cincelan sobre la tela y se resaltan si lleva botas de caña alta; y debajo de todo ello su ropa interior que no deja de provocar intenciones lascivas, mi mente me golpea con pensamientos eróticos, —pero no siento remordimiento—, todo eso es ella, aunque Laura “Xochi”, mi diosa, la diosa del placer siga siendo mi madre.

    No pude evitar que mi pija se pusiera dura al mirarla. Ella descubrió mi erección y tomándose su tiempo comenzó a frotarse con crema hidratante, sus manos se deslizaban sobre su cuerpo, asegurándose de extender la crema sobre cada centímetro de su piel, indicando hacia donde debía llevar mi mirada, hasta que luego de pasar por sus piernas, subió con sus dedos por la marca que se dibujó cuando ella apretó entre sus labios vaginales la tanga, llevando hasta la locura mi imaginación. No pude evitar gemir y ella se detuvo y se volvió hacia mí:

    —Ya llegará tu tiempo, por ahora disfruta. —Me dijo, mientras me acarició las mejillas y me besó tiernamente. No resistí y acabé bajo mi short de baño.

    Salimos del cuarto; “Mena” la miró con complicidad de duda al ver que yo venía detrás de ella y mamá con gesto de sin importancia, le sonrió y nadie se dio cuenta de todo lo que había pasado y de la complicidad que nacía ese día, hasta hoy, algunos años después.

    Llegamos a la playa, instalados y corriendo por la arena y las olas; mamá y “Mena” siempre se apartaban hacia el borde de la costa, como exponiendo sus figuras al sol, a las aguas del mar y a los dichos que provocaban, algunos generosos otros bien sucios, pero estos últimos eran los que incitaban ellas y buscaban para sus universos paralelos.

    —Richard. Me llamó mamá, mientras yo jugaba a las paletas con mi hermano. Le pasé mi raqueta a papá y fui tras ellas que comenzaban a caminar alejándose de nuestra carpa y perdiéndose entre las gentes.

    Me acerqué a ellas y en un principio me daba vergüenza el traje de baño que lleva mi madre, ya que insinuaba por demás y hasta dejaba escapar a propósito sus lolas por los costados de los finos breteles, mientras su cola era ardor puro expuesto al sol; pero poco a poco fui acostumbrándome a las miradas que la lujuriaban y que lejos de enfadarse o avergonzarse, mi madre correspondía con una sonrisa al igual que “Mena”, pero menos entregada que mi madre, y que la divertía e incluso —diría yo—también la excitaba sexualmente. A veces, me rezagaba un poco con la excusa de recoger algún caracol o piedrecilla de la orilla, y la miraba desde lejos viendo como provocaban, lo que me excitaba aún más. De vez en cuando se agachaban a recoger también conchas, y yo me encontraba en estado próximo al éxtasis, ya que las tangas desaparecían entre sus cachetes y parecía ir sin ellas, pero, cada tanto metía sus dedos entre sus nalgas y se arreglaba la braguita.

    Pero no era lo único que le sucedía, ya que, al agacharse, cuando yo estaba frente a ella, no perdía detalle de sus tetas, que pugnaban por salir del pequeño sostén que eran simplemente dos tiras que nacían desde la tanga misma, dibujando siempre sus pezones bajo la tela mojada por el sudor, cuando más de una vez una de sus lolas se atrevía a escaparse ante la mirada morbosa de hombres y de mujeres con los que nos cruzábamos por esas playas.

    Morboso yo, no le advertía sus deslices, no por vergüenza sino por el placer que sentía al ver cómo todos disfrutaba viendo el erotismo de mi madre, la escultura de su cuerpo, su pelo negro y sus ojos verdes, más allá de la lujuria de su boca. No solamente influía el buen físico que tenía, el bikini tan pequeño que llevaba, sino también mis hormonas estaban en plena efervescencia, de forma que solamente pensara en ella, masturbándome prácticamente todos los días, incluso varias veces al día, después de empezar a compartir sus secretos.

    Cuando emprendimos el camino de regreso hacia nuestra carpa, aún todos seguían jugando; mi padre leyendo el diario, Marcos (el esposo de “Mena”) tomando sol y yo guardando en silencio todo lo que había escuchado entre ambas; la confesión de mi madre a su fiel amiga, revelando que no solo había tenido el mejor sexo de su vida con Mingo, alcanzando cientos de orgasmos esa madrugada, sino que hacía tiempo que se había enamorado del rubio, musculoso y muy bien dotado; “Mena” abrió los ojos, la miró y le dijo —ahí lo tenés, ahí viene.

    —Hacete la descompuesta, le dijo mamá a “Mena”.

    —¿Qué…?

    —Hacete la descompuesta, como que tragaste agua de mar y te tengo que llevar a la casa, haceme caso.

    Así fue, como “Mena” llegó tosiendo y escupiendo, fingiendo malestar, cuando Mingo la tomó del brazo y mamá le dijo —llevémosla a tomar algo a casa, tragó agua de mar—. Los tres se alejaban de la playa mientras nosotros nos quedábamos allí, mi padre y Marcos sin sospechar nada se quedaron en la playa. Yo sabiendo que era un juego de mi madre… por lo que, saliendo a caminar, me dirigí entre los médanos hacia la casa, siguiendo de lejos la 4×4 de Mingo; mi madre iba pegada a su lado, “Mena” del lado del acompañante. Por el baboseo que se dieron ahí mismo, ya era evidente la relación de amantes y de pareja que duró más de diez años, aunque también infieles entre ellos.

    —No te alejes tanto, me gritó mi padre.

    —No, no, voy hasta el muelle y regreso.

    La casa no estaba muy lejos de la playa, apenas unos quinientos metros que recorrí a pie, dándoles tiempo a llegar a ellos y dejar que el clima se adecuara a lo que, por supuesto no solo era mi sospecha, sino el fin de la excusa de mi madre en complicidad con “Mena”. Al llegar vi que “Mena” estaba regando el jardín del frente (haciendo la guardia), la 4×4 de Mingo a un costado del garaje, me permitió ingresar por su costado hacia el fondo de la casa y acercarme al dormitorio del cual provenían murmullos y risas cómplices de los amantes.

    Mi madre, seguía con su tanga de traje de baño y con una camisa anudada a su cintura, entreabierta dejando ver sus lolas y una vez más sus pezones en relieve delatando el morbo de su excitación. Mingo recostado a su lado acariciaba su bulto, cada vez más alargado bajo la zunga negra, que mi madre comenzó a acariciar con su mano, mientras se reían, recordaban aventuras escondidas, compartidas y como las escondían del cornudo de mi padre.

    —¿Te gusta nena?, hace tiempo que deseaba que fueras mi hembra, que seas mi puta y casada con tu cornudo.

    —Me volvés loca Mingo, no sé qué adrenalina me excitas, pero quiero que me cojas.

    —Mi puta, te voy a coger, chúpame la pija, mojala bien porque te va a doler hasta el útero; hoy te perforo y los cuernos le van a doler también a tu marido.

    Descubriendo su pene era tan grande que parecía un brazo, mi madre se arrodillo en la cama delante de él y su boca comenzó a devorarlo hasta un poco menos de la mitad de ese tronco, sus flujos, sus jugos chorreaban sin cesar entremezclados con la saliva.

    Mi madre se desató la camisa y comenzaron a pajearse: los dedos de Mingo corriéndole la tanguita se perdieron en la concha de mi madre, mientras ella se saboreaba con su boca y con sus manos sobre una pija cada vez más rígida; Mingo lamiendo sus dedos y volviendo a meterlos suavemente, le rosaban el ano, que estaba también súper excitado, aunque nadie aún se lo había penetrado profundamente.

    —Puta… te quiero coger ese culo, por favor putita…

    —Hmmm no sé, tenés la pija como un tubo (…) —Le dijo, muy caliente, mientras le chupaba y mordía los huevos más grandes que había visto yo, tan cargados de leche.

    —Bueno, pero voy a acabarte, no puedo más.

    Tenía las pelotas demasiado hinchadas y su miembro erecto iba de su boca hacia los pezones de mi madre hacia uno y hacia otro. Ella seguía acariciando sus testículos y le pajeaba la pija con lengüetazos, apenas inclinándolo y haciéndolo más rígido en su boca.

    —Si, acabá, dame tu leche caliente y babosa, lubricá mis pezones que explotan, mirá lo que son tus bolas, no das más mi potro. Suspiro mi madre.

    Mingo se echó hacia atrás curvando su físico y su glande comenzó a escupir chorros de semen que ella con su mano uso para dibujar círculos entre sus pezones. Mi madre comenzó a masturbarse, su clítoris se tensó entre sus dedos que separaban sus labios vaginales, mientras su boca buscaba aquellos restos de semen que fregó sobre sus labios cerrados.

    —Chupala, mamala, limpiame la pija hasta la última gota, tragate toda mi poronga pensando en el cornudo de tu marido. Me calienta hacerte cada vez más atorranta, más guasa y vas a ser muy cortesana para mí delante de todos, ¿entendés “Xochi”, entendés putita? (Le decía mientras le sostenía en pelo con fuerza, para besarla con un morbo extremo).

    —¿Me vas a coger potro, o me vas a dejar así de caliente?, sodomizame, soy tu perra erótica y en celo.

    —Ponete en cuatro, separa tus piernas y abrí con tus manos ese culo.

    Ella obedece y la pija dura y puntiaguda va forzando el esfínter de mi madre, solo la penetra un poco, apenas le deja sentir el glande, ella espera y siente el ardor, goza de la dilatación con los restos de semen cual leve lubricación; pero Mingo solo se la deja sentir, no la deja morir adentro, sale y la penetra, la cabalga en su concha salvajemente mientras ella cae rendida de cabeza sobre la cama en un orgasmo larguísimo, sus ojos se ponen blancos, sus uñas rasgan las sábanas, la pija de Mingo escapa, y aún erecta golpetea y se derrama otra vez en semen sobre los labios sucios de esa vulva enrojecida.

    Descubro que en la puerta del dormitorio “Mena” se masturbaba sobre su tanga húmeda, se cruzan las miradas compinches con mi madre, yo acabo del otro lado de la ventana y regreso a la playa, mi padre se pasa las manos por sus cabellos, acaso sintiendo sus crecientes cuernos de esposo y yo guardando en silencio la complicidad, el morbo y el incesto con mi madre.

  • Viaje de ida

    Viaje de ida

    Lo último que quiere Patricia es tener que viajar en coche durante ocho horas seguidas, pues, si en condiciones normales ya le resulta agotador, en su estado, todavía lo es más. ¿Por qué Gregorio no la complace en nada, ni siquiera ahora que está embarazada de siete meses? Patricia le dice por activa y por pasiva que no desea viajar, aunque sea por la buena causa de llevar a su hermano Javier. Ella insiste en que vaya solo, pero él no acepta un no por respuesta.

    Su embarazo no está siendo lo que se dice agradable, ni física, ni tampoco emocionalmente. Las náuseas, la indigestión, las alteraciones en la piel, los cambios de humor y un largo etcétera son testimonio inequívoco de que no le está resultando fácil, sumado al hecho de no encontrarse atractiva, (y que probablemente por eso Gregorio no la toca) le hace pensar que no fue buena idea quedarse embarazada.

    Parece que toda la ilusión inicial de tener un hijo se ha esfumado, dado que él se ha hecho más egoísta en el transcurso de esos meses, anteponiendo siempre sus necesidades a las de ella, cuando debería ser completamente al revés.

    Javier no quiere ser el motivo de la disputa y le dice a su hermano que no le importa coger el tren, pero Gregorio insiste en llevarle, a pesar de las reticencias de su esposa a viajar, de tal modo que su testarudez le impide dar el brazo a torcer y su decisión final es irrebatible: viajarán de noche para que ella duerma, minimizando así sus dolencias, y de este modo zanja la discusión, evitando ponerse en evidencia delante de su hermano.

    Después de tres horas de viaje, Patricia necesita orinar y hacen la primera parada en una estación de servicio de la autovía. No hay casi gente, sólo un matrimonio con sus dos hijos y un camionero tomándose un café en la barra. Los dos hermanos se sientan y retoman la conversación que mantenían en el interior del coche, mientras Patricia coge su bolso y se dirige a los servicios. Al mismo tiempo que lo hace, su mirada se cruza con la del recio camionero y se da cuenta de que la observa fijamente. Quizás pretende desnudarla con su mirada libidinosa, pero ¿quién puede encontrarla deseable con semejante barriga?, piensa.

    Desde luego, su esposo no, y a los hechos se remite, cuando los dedos de su mano rebasan con creces los meses que hace que no la toca. En cambio ahora se siente deseada, aunque sea por otro hombre que ni siquiera conoce. Al cruzar por su lado, el camionero le sonríe y ella le devuelve la sonrisa tímidamente, enseguida baja la mirada y continúa su camino por el largo pasillo que conduce a los lavabos. El hombre abandona su silla y la sigue sin que nadie repare en él. Sólo Javier percibe una disposición anómala en la actitud de ambos y observa expectante hasta que el fulano desaparece por el mismo pasillo. Antes de que ella cierre la puerta, el camionero la sujeta con la mano y le vuelve a sonreír.

    Es un hombre de complexión fuerte, con una barba de hípster muy bien arreglada. Lleva una camisa a cuadros arremangada, mostrando unos antebrazos cubiertos por frondosos tatuajes. El hombre fija su mirada penetrante en ella y se apoya en el borde de la puerta al mismo tiempo que lo hace Patricia, por lo que sus manos se tocan un breve instante en el que un leve estremecimiento recorre su cuerpo evidenciando señales inequívocas de deseo. Es un mal momento y un mal lugar, pero se siente deseada, de la misma manera que experimenta una gran atracción por aquel desconocido. Ambos se miran. Patricia entreabre la boca y el hombre avanza para besarla. Cierra la puerta detrás de él, y sin dejar de morrearse se meten en la última estancia, encerrándose en ella.

    Patricia lleva un vestido de premamá de tela fina sobre el que puede notar sus fuertes manos acariciando su cuerpo y su erección presionando sobre ella. Es obvio lo que el camionero quiere, pero ella lo necesita aún más, después de meses de continencia forzada como resultado de las paranoias de su esposo.

    Sin abandonar el morreo, el desconocido se deshace de sus bragas y Patricia nota una recia mano que sube por sus muslos hasta detenerse en su sexo completamente mojado. Al aparcar su mano, el hombre nota unos labios hinchados y hunde dos dedos en la gelatinosa raja, arrancándole a Patricia un suspiro placentero seguido de jadeos incontrolados, mientras los dedos empiezan a follarla con contundencia. La otra mano se apodera de un pecho hinchado, casi a punto para la lactancia, y el camionero lo aprieta con firmeza, como si quisiera extraer la incipiente leche, mientras ella echa la cabeza hacia atrás en señal del placer que recibe. El hípster detiene por un momento las caricias y Patricia se queda quieta y a la espera, entretanto su amante se desabrocha el cinturón para luego desabotonar los botones y extraer un miembro del que se apodera ella con impaciencia. Empieza a masturbarlo, al mismo tiempo que su boca vuelve a buscar la del hípster con la intención de fundirse en un erótico morreo.

    Mientras Gregorio empieza a impacientarse por la tardanza de su esposa, ella está apoyada en la pared con las dos manos, ofreciéndole a su amante su inmaculado trasero, y este no duda en abofetearlo, mientras su polla se adentra implacable dentro de ella. El hípster arremete con todo lo que tiene, aferrado a sus caderas. Patricia no puede ahogar los gemidos de placer, por el contrario está liberando toda la contención de todos estos meses y un potente orgasmo sacude su sexo entre jadeos, al mismo tiempo que el camionero tira de su cabello como si fueran las riendas de una yegua, arremetiendo con furia en unas últimas acometidas que lo llevan a eyacular sin contención en su interior.

    Las pulsaciones de Patricia empiezan a bajar, sin embargo necesita sentarse y lo hace en la taza de wáter, entonces recuerda a qué ha ido y se oye el potente chorro de pis al mismo tiempo que el repiqueteo de la puerta.

    —¿Te queda mucho? —pregunta Gregorio impaciente.

    —No. Ya acabo.

    —¿Estás bien? —vuelve a preguntar preocupado.

    —Sí. Ahora voy. No te preocupes, —le dice mientras una polla nervuda y pringosa se pasea por su cara en busca del calor de su boca, y Patricia no se hace de rogar. Abre la boca y abraza el falo que crece aceleradamente en su boca. Cuando la erección está en su punto álgido lo saca y lo contempla embelesada. Un glande completamente descapullado le pide a gritos que no se detenga, pero primero golpetea con la lengua la hinchada cabeza para después engullir la polla como si pretendiese atragantarse. El hombre empieza a jadear ante la espléndida mamada que la futura mamá le está aplicando, al mismo tiempo que es consciente del morbo que despierta en él la mujer embarazada y los incipientes cuernos que le asoman al arrogante de su marido.

    Desde su posición, el hípster contempla las tragaderas de aquella futura mamá despechada, y ante su impetuoso afán, el hombre suelta su carga sin que ella abandone la felación, de tal modo que, conforme eyacula, ella se atiborra de su corrida, con un exceso que resbala por la comisura de sus labios hasta que cree que ha terminado, con lo cual, abandona la degustación, pero un último trallazo de semen le cruza la cara.

    El hombre satisfecho enfunda su polla y Patricia se coloca las bragas y recompone su ropa, a continuación se mira al espejo y se arregla el pelo, estira un poco su vestido, respira hondo y sale de los lavabos.

    —Ya era hora, —le recrimina Gregorio levantándose en un controlado ataque de ira.

    —No me encontraba bien. Estaba devolviendo, —se excusa mientras abandonan el local.

    —¿Estás mejor? —le pregunta Javier mientras contempla al hípster subir al camión sin dejar de observarlos.

    —Estoy un poco mareada, —miente.

    —¿Quieres que suba detrás contigo? —le pregunta.

    —Como quieras.

    Javier sabe que su hermano es un estúpido y no le gusta como trata a veces a Patricia. Él siempre ha tenido debilidad por ella, pero en su momento su hermano se le anticipó y no quiso disputarse con él a la mujer que siempre le gustó. Así pues, no le quedó otra que dejar que Gregorio se casara con ella, siendo una decisión que lamentará por años, puesto que nunca ha llegado a renunciar completamente. Viendo el desprecio y el poco cariño con el que la trata, se arrepiente de no haber luchado en su momento por ella. Incluso a dos meses de finalizar su embarazo, encuentra a Patricia de lo más sexi e incluso sigue enamorado de ella.

    Ella quiere dormir y se recuesta sobre su hombro, con lo cual, Javier está más que encantado sintiendo el contacto de su cabello sobre su piel. Todo está en calma. Apenas hay tráfico y el silencio se adueña del pequeño habitáculo. Gregorio conduce y piensa que ambos duermen y agradece haber tomado un café cargado para que el sueño no le venza. Por su parte, Javier nota como el peso de la cabeza de Patricia provoca que vaya deslizándose poco a poco para encontrar una postura más cómoda, sumida en el sueño hasta que sin ser consciente, la cabeza vence y descansa sobre la entrepierna de Javier. Lo que ha pasado en los lavabos, el contacto de su rostro y el olor de su perfume, junto a sus feromonas, le provoca una erección involuntaria e incontrolada.

    Javier se ha percatado de todo y ha sabido sumar dos y dos, en cambio, su hermano es tan estúpido y arrogante que su soberbia le impide ver más allá de sus narices, y no sabe que si maltrata a su mujer y la desatiende no se puede esperar otra cosa, excepto lo que ha pasado. Javier sólo lamenta no haber sido él quien estuviese en los lavabos para consolarla.

    En cualquier caso, ahora su cándido rostro descansa sobre su paquete y piensa que si se despierta se dará perfecta cuenta de que su polla erecta está en su cara. Javier no sabe qué hacer, lo que sí que sabe es que está cada vez más excitado e involuntariamente hace movimientos con su pelvis buscando el placer. Está contrariado. Por un lado desea seguir así todo el viaje, pero por otro tiene miedo de que despierte y se encuentre con su polla amenazante apuntándola.

    Nota que se mueve y no sabe como reaccionar, pero sus dudas se disipan cuando advierte que le está dando silenciosos besos recorriendo toda la zona. Su bragueta está a punto de explotar y Javier mueve su pelvis en busca de un contacto más firme, en cambio, un travieso mordisco atrapa el tronco, deslizando su boca a través de él. La mano de Patricia acude en su ayuda y presiona la hinchazón que parece que vaya a reventar el pantalón vaquero. A continuación empieza a desabotonar lenta y silenciosamente la bragueta. Ahora Patricia puede oler su hombría y la besa a través del slip, recorriendo toda la verga por encima de la tela. Seguidamente libera la polla y se embriaga de su olor, la coge con la mano y con la lengua repasa cada centímetro del enhiesto falo.

    Por su parte, Javier desliza su mano por detrás de su culo en busca de un contacto directo hasta que se topa con una raja excesivamente mojada. Piensa que posiblemente es debido a los restos de la corrida del hípster y siente un indicio de repulsa que se evapora cuando su polla desaparece en la garganta profunda de su cuñada. Su respiración se acelera y Gregorio tiene que encender el aire acondicionado porque los cristales se están empañando a marchas forzadas, mientras su hermano jadea en silencio y respira aceleradamente a la vez que Patricia le devora la polla. Al otro lado, sus dedos buscan las profundidades del coño hambriento y empieza a follarla con ellos deteniéndose, en ocasiones, en el esquivo botón. Nota como sus caldos resbalan de su vagina sin contención y teme que la inundación invada el asiento, de igual modo que se preocupa por el sonoro chapoteo de los dedos incursionando en el coño, así como los lengüetazos que ella le está aplicando a su polla.

    El olor a sexo invade el ambiente, pero está demasiado excitado para detenerse. Nota como la boca de Patricia aprisiona su falo más de lo normal y entiende el motivo cuando su mano percibe los espasmos de la vagina con una explosión de caldo que se desparrama en ella. Patricia sigue aferrada al pilón de carne con su boca, de ese modo evita los gemidos, y cuando sus pulsaciones recuperan su ritmo, retoma la mamada hasta que la polla estalla sin contención en su boca. Javier se retuerce de placer y tiene que morderse la mano para evitar gritar de gusto, entretanto su verga sigue disparando la leche que su cuñada va tragando con glotonería. Al remitir la corrida, ella extrae la polla de su boca y paladea los restos de la amarga sustancia por segunda vez esa noche.

    Javier se abrocha el pantalón y no encuentra palabras que decir ante lo ocurrido. Tampoco es necesario. Ella se incorpora un poco, se recuesta sobre su hombro y sigue durmiendo.

    Al llegar a su destino, Patricia decide quedarse unos días porque dice que no está en condiciones de retomar el viaje y le da igual la insistencia que muestra Gregorio y su terquedad. Ella se queda y su marido toma la insensata decisión de marcharse para regresar a por ella en dos días, por lo que Patricia está más que encantada, sin mencionar la exultación oculta que invade a Javier.

  • Pasión morena, confesiones íntimas (Parte 01)

    Pasión morena, confesiones íntimas (Parte 01)

    En el año 2012 conocí, por una amiga, a varias de sus compañeras de universidad que estudiaban abogacía, con las cuales nos juntábamos fines de semana para ir a bailar; con una de ellas, una morena preciosa, me reencontré a los años volviéndonos íntimos amigos, acabando como amigos sexuales, follando de una y mil maneras.

    Nos reencontramos en el 2016, ya que “Patty”, una morena de figura sexy, de cuerpo algo llenita, sobre todo era de pechos voluptuosos, labios carnosos, de bellos ojos negros era muy atractiva… solía salir a patinar como hobby los domingos, cerca de una avenida cerrada a mi departamento, si bien la tenía en el Facebook intercambiamos números y que de cariño nos decíamos “Chica” y “Chico” en nuestras horas de llamadas y momentos de chat.

    Un día por la noche.

    D: ¡Chica!… que tal, así que tienes la costumbre de salir a patinar los domingos, nos vemos el próximo domingo entonces?

    P: ¡Hola chico!!… si, bueno ya tengo la costumbre de hace unas semanas aprovechando el buen clima

    D: Y que fue de las demás chicas

    P: Bueno… ya la mayoría están comprometidas y con sus niños

    D: Si, si lo vi en sus redes, pero pensé que te veías con ellas

    P: No mucho, aunque a veces hablo con ellas

    D: Si bueno, ya buenos años que no nos juntamos, y si pues ya la mayoría está echando raíces, ¡y tu aún nada?

    P: Si, estoy saliendo con un compañero del trabajo, aunque lo tengo en secreto, el aún es casado y pues… tenemos una relación con discreción.

    D: Oh, bueno como dicen, dios perdona el pecado, pero no el escandalo

    P: Algo así –con voz dudosa

    D: Bueno entonces si el próximo domingo estas por aquí, me pasas la voz y nos vemos un rato.

    P: Ok, dale yo te aviso chico –riéndose

    D: Ok, chica cuídate… un abrazo

    Así nos despedimos, pero como a fines de ese mismo año estaba en encuentros furtivos con “Anita” hasta que llego a irse de viaje.

    Año Nuevo.

    Llego así el verano del 2017, y veo un whatsapp de ella un jueves por la tarde.

    “Chico espero hayas tenido un feliz año, este domingo… me avisas si puedes para vernos, con un beso chico”

    La verdad fui algo ingrato pues no la salude ni por navidad ni año nuevo, perdí interés cuando me dijo que tenía su relación con el tipo casado. Aun así, le respondí a su mensaje porque sé que a veces las segundas oportunidades pueden darse.

    “Chica! también espero hayas un tenido un feliz año, este domingo claro, si puedo chica, ya me dices por donde estarás… un abrazo, hasta el domingo entonces”

    Llego el día, y la llamé plan de 8 am para saber por dónde estaba

    D: “Chica”, por donde estas… ¡nos vemos por donde, dime tu?

    P: “chico”, ya mira hay que tomar desayuno en la Chicharronería “nombre”… te parece?

    D: Ya genial nos vemos ahí

    P: tomo un taxi ahí nos vemos, un beso.

    Pude sentir que estaba cariñosa, pues iría con todo a jugármela esta podría ser mi oportunidad, llegue antes y al encontrarnos ufff que mujer, traía un vestido ceñido a su figura de algodón de color lila y sandalias traía un maletín, varios tipos giraban y la miraban de reojo, me sentía dichoso. Ingresamos a desayunar, empezando a charlar muy abiertamente.

    D: Chica, y que tal tu fin de año, donde lo celebraste.

    P: Me fui para Pisco (Ciudad al sur de Lima) para casa de unos familiares

    D: Genial, que chévere… yo no pude viajar este año… será para el próximo, si me invitan a pisco pues –riéndome

    P: Ay, me hubieras dicho y te colabas –contestándome con risas

    Así fuimos conversando, coqueteándonos y pues contándonos de a pocos nuestras historias

    D: Y sigues con tu novio, el que me contaste hace tiempo

    P: Uhmm, bueno en realidad se supone que estamos, pero en todo este tiempo aún no me ha dado señales que quisiera estar seriamente conmigo… es una historia larga

    D: Sorry, solo pregunte no quise hacerte sentir incomoda

    P: No te preocupes… y tu chico… ¡en que andas, estas aún con tu novia?

    D: Quien yo, no ya no estoy solo hace unos meses… ¡me hablas de la maestra de inicial?

    P: Con ella, si es la misma con la que ponías fotos en tus Facebook, un poco más y juraba que se casaban

    D: Bueno… se terminó, no congeniamos en el fondo tan bien… lo que más nos unía era… ya sabes la parte intima.

    P: No, no se cuéntame – toda intrigada y riéndose

    D: Bueno, de ese tema te estoy hablando, no te hagas – avergonzado y riéndome

    P: Si, ya lo sé, entiendo te estoy fastidiando – riéndose

    D: Y pues se acabó, voltee la página y ahora estoy tranquilo

    P: Y no hay nadie quien te guste ahora, no estas saliendo con nadie

    D: Bueno no… aún no hay nada, quien sabe y pueda aparecer alguien de sorpresa

    P: Si a lo mejor… oye estoy algo cansada y llena, vamos a tu departamento… no tengo ganas de patinar

    D: Si supuse, además con tremendo desayuno que hemos tenido… como todos los domingos me dan ganas de descansar, me levanté por ti nada más chica – en todo coqueto

    P: Hay chico, que lindo, pero me hubieras dicho y podíamos vernos otro día…

    D: No, no que dices soy de cumplir mi palabra, además también quería verte… y charlar claro

    P: Ohh gracias, en realidad no quería estar en mi casa, anoche discutí con mis papas, están molestos porque no sé cómo se enteraron que estoy saliendo con este tipo que te conté… el casado – con tono de voz estresada

    D: Ok, entiendo…vamos y descansas el tiempo que quieras.

    Tomamos un taxi y llegamos a mi departamento, ingresamos y se recostó sobre el sofá grande, mientras miraba su móvil, tecleaba rápido, pero no le preguntaba nada, hasta que ella me dijera algo, hasta que en un momento me fui a la cocina mientras ponía en el refri botellas de gaseosa por si me pedía al rato, cuando la vi ingresar a mi cocina.

    P: Tienes algo helado que me invites

    D: Si, justo puse gaseosa a helar, pero descuida ya te sirvo con hielo – todo atento

    P: Ok, gracias chico – con voz de niña dejándose engreír.

    Mientras le servía rápidamente y se lo alcanzaba cogió con su mano rozando con la mía, mirándola a los ojos sorprendido, y ella ya me tenía clavada su mirada y acentuó decirme

    P: Gracias chico, eres muy atento… si hubiera sabido elegir bien, quizás pudimos vernos hace tiempo

    D: Lo dices, en serio o me estas bromeando – todo confundido.

    P: Eh… olvida lo que dije – tomado del vaso mientras salía nuevamente hacia la sala

    Volvió a recostarse y pues la acompañe yo recostado en el otro sofá mientras ponía música desde mi móvil… y nos quedábamos en reposo en un gran silencio, pues nos encontrábamos a la luz del día que reflejaba, entrando la brisa por la ventana.

    D: Quieres que te traiga algo para que te tapes por si deseas dormir, solo pídemelo con confianza

    P: No… solo… quiero dormir…

    Así quedaba profundamente dormida y solo la contemplaba, que linda mujer de piel morocha, veía como sus piernas se ente cruzaban, sus brazos hacían presión a sus pechos, sentí que me excitaba queriendo saltar sobre ella, desvestirla y poseerla… aun así esperé pasando casi 20 minutos cuando volvió en si al escuchar sus mensajes del móvil, levantándose y mirando su móvil y al parecer poniéndolo en modo silencio.

    P: Todo bien, no te molesta que duerma cierto – algo dudosa

    D: Si deseas dormir mejor, te presto mi cama

    P: ¿Ohm, no tendrías problemas? – más dudosa en su hablar

    D: No, no descuida… descansa un rato, yo te cuido – sonriéndole

    Así la invite a mi habitación a cuál deje ordenada antes de salir, algo dudosa, quedándose profundamente dormida, olvidándose su celular en la sala y al asomarme para saber quién era puede ver que llegaban mensajes.

    “Donde estas, con quien estas que no puedes hablar”, “Cuidado con lo que hagas Patty, cuidado con lo que hagas”,” ya vamos hablar cuando se te pase tu berrinche”

    Deduje… esta chica tiene muchos enredos, se está haciendo un mundo seguro este tipo se está obsesionando con ella, típico cuando tienes relaciones con terceros. Mientras estaba sentado en mi sillón prendí un cigarro… al cual en los minutos escucho que me llama desde mi cuarto.

    P: ¿Chico?, ¡estas fumando?

    D: Este… si, te molesta el olor, lo apago descuida.

    P: No, no descuida es tu casa y puedes hacer lo que quieras, no te preocupes.

    D: Pero, si te molesta el olor, normal hago lo que sea para que te sientas mejor y cómoda.

    Hubo un silencio… hasta que la oí decir.

    P: Puedes traerme gaseosa helada, por favor

    D: Si, claro ya te lo llevo –apague el cigarro y llevándole un vaso de gaseosa e ingrese a mi habitación

    P: Gracias, que lindo eres conmigo -con tono de voz tierna

    D: Ok, voy a la sala te dejo descansar.

    P: No quédate, hablemos un poco

    D: Ok, – me senté al filo de mi cama, y mientras ella estaba recostada nos miramos en silencio – y de que quieres hablar.

    P: ¿Yo te gusto verdad? – con voz intrigante

    D: Ehh, este… si, si eres guapa – estaba todo nervioso por la pregunta y sonrojado

    P: Ok, pero no te pongas nervioso, además a quien no le gusto – con voz picará y riéndose

    D: Obvio, claro – riéndome con ella para olvidar el nerviosismo.

    P: Hace calor acá cierto – mientras miraba como abrir la ventana.

    D: Ya abro la ventana, descuida seguro por ello no has podido descansar bien.

    Así abrí la ventana entrando una suave brisa de la mañana, así cuando la volví a mirar ya miraba muy tiernamente

    D: ¿Si, necesitas algo más? – todo intrigado por cómo me miraba.

    Me sorprendió que sus ojos se pusieran llorosos casi brotando lágrimas

    P: No, Nada chico descuida… ya se me va a pasar

    D: ¿Que sucede Patty, sigues con problemas… ya me imagino es con el tipo cierto?

    P: Si, bueno si… es que soy una tonta no sé cómo me pude enganchar en esa relación sabiendo que no me hace bien… me cuesta superar este tema, no porque lo quiera, sino porque quisiera que ya no me busque, voltear la página para estar tranquila, pero pareciera que estuviera obsesionado.

    D: Si entiendo, te entiendo… yo alguna vez fui un tercero y sentí que me obsesionaba con aquella mujer, se puede decir que me obsesione con ella, pero más por la parte sexual… menos mal di un paso al costado, ya que tenía su familia y pues no quería romper un hogar, pues sentía que solo buscaba un escape conmigo, fui difícil, pero lo supere.

    P: En serio, tú has pasado también por ello – algo sorprendida

    D: Si, se cómo te sientes, es difícil dar la vuelta la página, pero no imposible – mientras la tome de la mano.

    Al parecer eso era lo que ella necesitaba un cariño, una caricia, un consuelo para darle paz; por dentro sentía que quería besarla, tocar todo su cuerpo, morderla toda, saborearla desde la punta de sus cabellos hasta la punta de sus pies, solo resistía para quedar como un caballero.

    Así pasamos a la sala, y pasando un rato la acompañe a que tomará un taxi de regreso a su casa, me había dejado ardiendo, pero supuse que podría esperar para otro momento.

    Acordamos ir al cine a mitad de semana, mientras en eso días pensaba, tiene que darse en algún momento un par de salidas más y me lanzo, ya que sentía que lo que quería era atención y cariño, pero no iba a dejar escapar tremenda hembra, tenía chupar esas tetas y que comerme esa colita sí o sí.

    Continuará…

  • Mi primera vez con un hombre de 60 años

    Mi primera vez con un hombre de 60 años

    Les voy a contar la historia de mi primera vez, esto es una historia 100% real, mi nombre es Leo, tengo 32 años, soy de Caracas, Venezuela, esto ocurrió cuando tenía 30 años, debo confesar que a pesar de mi edad aún era virgen, pero ya me había decidido a terminar con eso después de una crisis existencial e identitaria.

    Me voy a describir, no soy afeminado, tengo 1,65 de estatura, delgado, pero con buen culo, cara de niño, de hecho, aparento ser más joven.

    Bueno la historia comenzó un día que me registré en una página de encuentros sexuales donde publicas fotos desnudo y puedes chatear con otros usuarios, allí publiqué varias fotos y en mi perfil puse una donde tenía un suspensor blanco que le había quitado un suspensor a un primo que hace karate (temporalmente), luego lo devolví sin que se diera cuenta, buenos pasaron varios días, chatee con muchos hombres, pero nuca concretaba nada, pero un día me escribió un hombre que no tenía ninguna foto en el perfil, empezamos a charlar y me dijo que era un hombre de 60 años, yo no tenía especial interés en los hombres mayores pero si sentía algo de morbo por los mayores, no hubo tanta charla, hablamos de los básico, que si la edad, que si era serio (es decir que no era afeminado), que si tenía sitio, yo no tengo porque vivo en una casa multifamiliar, él me dijo que sí que por los lados de Caricuao que si iba en metro me bajara en el zoológico y que luego tomará una camioneta hasta su casa, me preguntó que si quería dejarme coger por él, yo tenía tanta calentura que le dije que sí, me dijo que le gustaba coger fuerte, yo no entendí que quería decir eso, que iluso, pero eso no me detuvo, al final me dio su dirección y quedamos que iría a su casa el día siguiente, un sábado, le pedí que me diera un teléfono para poderlo localizar en la zona donde vive, pero dijo que no tenía (AY AJÁ!) Pero bueno el medió la dirección bien clara y al día siguiente llegué sin problemas,

    Al día siguiente pare temprano me hice un lavado, me pues un jogger y una camiseta, me llevé en mi bolso unos condones y lubricante y me fui, cuando llegué a su edificio esperé que alguien entrara o saliera mi subí por las escaleras, toque la puerta, lo vi era un señor de 60 años tal como me dijo, barriga cervecera, canoso, normal nada de particular parecía uno de mis tíos, no era George Clooney ni mucho menos.

    Me hizo pasar y me dijo que me desvistiera, yo estaba muy nervioso porque pocas veces había estado desnudo frente a un hombre, lo hice y estaba temblando, él me dijo que no tuviera miedo, me dijo que parecía más joven de lo que pensaba, me preguntó que si era mi primera vez y yo le mentí, le dije no.

    Luego él se desnudó tenía el cuerpo velludo pero se había rasurado los vellos púbicos, y se sentó en el sillón de la sala y me hizo señas con la cara, yo me arrodillé y estaba temblando, su pene era descomunal para mi, debería medir como 21 cm y era bastante grueso, el me preguntó que quería que le pusiera Nutella para que se la mamara (jajaja debe ser porque me veía nervioso) yo le dije que no.

    Yo empecé a mamar ese pedazo de carne bien gruesa, aunque no tenía experiencia trate de hacer lo que en las pornos, empecé por chupar la cabeza y luego comencé a tragarlo, él me decía que abriera bien la boca, jejeje la verdad aquello me estaba gustado, al cabo de un rato ya estaba mamando como becerro hambriento, luego él me dice «quieres que te la meta» yo lo dije que sí «pídemelo» yo le deje “quiero que me la metas”, acto seguido me levanté le di uno de los condones que tenía, y le puse lubricante a su pene y traté de sentarme, pero yo en mi inexperiencia, no estaba dilatado y cuando me senté sobre su pene me dolió horriblemente cuando trató de metérmela, yo pegué un brinco de dolor y fui corriendo al baño, casi que llorando porque me dolía mucho, después de que el dolor paso volví a su sala y le dije que me disculpara, yo estaba decidido a perder la virginidad así que continué. Él me dijo que se la mamara otra vez, y así lo hice yo me arrodillé y mientras se la mamaba empecé a abrirme el culito con los dedos, me puse lubricante en los dedos y fui metiendo uno, luego otro y así fue abriéndome yo mismo el culito, cuando sentí que ya estaba dilatado, le dije que ahora si estaba preparado, y él se puso otro condón y lubricante.

    Yo me volví a sentar sobre su grueso pene, esta vez ya estaba dilatado, y esa posición tiene la ventaja de que yo podía guiar el ritmo, fui sentándome poco a poco, en eso siento que su pene traspasó los pliegues de mi anito virgen y poco a poco hasta que entro todo, yo en ese momento me di cuenta que ya no había vuelta atrás ya me estaba dejando coger por un hombre de 60 años.

    Después de la epifanía, me entro la calentura, ya tenía un pene en mi culo, y empecé a cabalgar sentado sobre él, yo me volteaba para verlo, y él tenía la cara llena de lujuria, ya mi culito se había ajustado a sus gruesos 21 cm.

    Ya mi culito estaba bien abierto, en eso me dice que me ponga en cuatro patas en el sofá, así lo hice y allí entendí lo que quería decir “coger fuerte”, el empezó su saca y mete y de repente y sin aviso, me embiste con todas sus fuerzas, eso me dolió mucho.

    Allí empecé a sentir arrepentimiento, que estaba haciendo allí, este hombre me hace daño, pensé que tal vez me había roto por dentro, ya tenía miedo y morbo, no puedo explicarlo, era muchas cosas en ese instante, que quería quejarme pero él me dijo que me callara, yo obedecí y aguanté como un macho, sabía que no era una violación porque yo me lo había buscado, pero en ese momento me sentía así.

    Luego me dijo que me pusiera en cuatro, pero en el piso y creo que esa ponía mi pobre culito más cómodo y sus embestidas ya no me dolían tanto, como tenía aguante ese viejo, parecía que nunca iba a terminar.

    Finalmente me llevó a su cuarto, estaba desastroso, me acosté boca abajo en la cama y él se puso sobre mí, y siguió embistiendo durísimo y me decía que «quien es tu macho» yo le decía simplemente «tú», hasta que fielmente acabó, yo no había acabado, así que fui al baño y me masturbé hasta acabar y me duché, , me revise el culito lo tenía bien dilatado no lo podía creer, pero pese a mis temores no estaba sangrando, lo que pasó es que como me dilate yo mismo para la segunda vez ya mi culito no se resistió a la entrada de su pene, yo temía que con sus embestidas me hubiese desgarrado, pero afortunadamente para mi no fue así, solo que tenía un culito estrechó y no estaba acostumbrado a ese ritmo de coger jajaja.

    Luego me vestí y salí, yo estaba aún confundido, pero ya no era virgen del culo.

    Pensé que me diría para repetir al día después como era domingo, pero al llegar a casa me di cuenta que me bloqueo en la página donde habíamos cuadrado, entonces yo lo bloqué a él también, por si arrepentía se iba a joder, nunca más supe de ese señor pero ahora que tengo más experiencia con hombres, me excita mucho acordarme de mi primera vez.

  • Trabajo chupando pollas

    Trabajo chupando pollas

    Chuparles la pija a hombres desconocidos no era uno de mis objetivos durante el año que ya se nos fue.

    Mi nombre es Jazmín, tengo 22 años, soy una chica delgada de buenas curvas y tengo el cabello largo y oscuro. Como bailarina tuve que rebuscármela ya que por culpa de la pandemia no podía ejercer mi profesión. Entonces fue que así por medio de una amiga conocí una aplicación donde las personas pueden pagar el contenido de fotos y videos y vi una oportunidad.

    Empecé a bailar en ropa interior para muchos hombres a través de internet y a ganar buena pasta, con la cual luego la invertía en ropa sexy de fantasía así que además bailaba vestida de colegiala, de enfermerita o de chica policía. Debido a esto último me empezaron a llegar por privado propuesta de hombres y a las cuales yo las vi con buen ojo ya que lo que me ofrecían era lo que ganaba en una semana. Así que las empecé a aceptar y a realizar bailes privados para aquellos hombres que me contrataban.

    Yo sabía que iba a ver hombres que además de verme bailar con poca ropa iban a querer tocarme así que iba con la mentalidad de que no era ese tipo de mujer y que debía decir qué no a todo, pero la realidad resulto ser otra.

    Los hombres se excita demasiado cuando me ven bailar en frente de ellos vestida con la ropa de fantasía así que yo jugando con eso voy y me siento sobre sus bultos y les muevo la cola para todos lados, luego me levanto y sigo bailando. La mayoría de ellos consideran ese momento como parte del show pero hay otros que lo toman muy en serio.

    Vestida de colegiala le había empezado a mover el culo encima del bulto de un hombre que se encontraba muy excitado, tan excitado que me agarró de la cintura y me empezó a decir «así mami». Yo para no generar un mal clima agarré sus manos y las separé de mi cuerpo y seguí revolviendo mi orto sobre su bulto porque era lo que él quería en ese momento, entonces él me volvió a agarrar de la cintura y esta vez me dijo «cuanto para que me la chupes».

    Yo como era la primera vez que lo escuchaba no supe cómo reaccionar y en vez de decirle que no, le dije que por tal precio lo hacía, el cual era medio alto y era sobre todo para que él diga que no, pero me llevé una sorpresa. El hombre en vez de ofrecerme el dinero que le pedí me ofreció una cifra intermedia, la cual seguía siendo bastante y yo no me pude resistir, así que luego de pagarme primero tuve que abrir la boca y tragarme su poronga.

    No sé cuánto tiempo estuve, pero fueron más diez minutos seguro en los cuales estuve chupando, lamiendo y besando la punta de su chota, parte de su tronco y sobre todo sus testículos. Me gustó tanto hacerlo que dejé que me acabara en la boca y me lo tragué todo sin desperdiciar una gota. A partir de ese día agregué una nueva rutina a mi baile.

    Ahora luego de frotar mis nalgas sobre los bultos de los hombres suelo agacharme enfrente de ellos y mientras les tocó la poronga con mis manos les digo de forma muy sexy «te gustaría que te la chupe» y según la respuesta que reciba puedo terminar la noche con la boca llena de leche y con la billetera llena de billetes.

  • Pasión Morena, entregándonos al placer (Parte 02)

    Pasión Morena, entregándonos al placer (Parte 02)

    Luego de tener días de charlas, yendo al cine, a reuniones juntos y demás confesiones íntimas, un día la invite a cenar y con la excusa de tomar un vino en mi departamento, acabamos follando ardientemente, quedando sorprendido por su forma de follar y de saborear sus voluptuosas tetas de pezones oscuros.

    Después de tener varias salidas y mostrándome correctamente para que siempre me tenga confianza, la invité a comer anticuchos una noche, pues nos gustaba la comida criolla a ambos, charlamos amenamente, mientras me confesaba que su ex saliente casado, estaba dejándola en paz, mientras planeaba viajar a pisco por verano, a lo cual ella me invito a acompañarla.

    P: ¡Chico, vamos a pisco, a pasar unos días en mi casa, te animas?

    D: ¿Y va estar tu familia, normal, no te dicen nada?

    P: Ya le hablé de ti a mi mamá y me dijo que normal que podía invitarte, además… no te avergüences no va decir nada mi familia.

    D: ¿Ok, ok, vamos pues… que calor que hace vamos un rato a mi departamento, puedes… tienes tiempo aún?

    P: Si, si vamos aún tengo tiempo.

    Así terminamos y fuimos en un taxi a mi departamento, ya dentro destapé la botella de vino y mientras brindábamos frente a frente, poco a poco nos fuimos poniendo cariñosos, previa charla íntima que empezamos a tener a luz tenue de una lámpara en la noche.

    D: Salud, chica… vaya que nos hemos vuelto íntimos amigos… y todo por casualidad.

    P: Si, quien iba a pensar has sabido escucharme y ser bueno conmigo – mientras miraba su copa, frotándola con sus dedos y algo nerviosa mordía sus labios.

    D: Sabes, te confieso algo

    P: ¿Qué cosa? –mientras me miro nerviosa y sorprendida

    D: Tu, tu eres una gran mujer…por eso me gustaría saber si… –algo nervioso y quedándome mudo adrede.

    P: ¿Que, que… que te gustaría?, es sobre mí? –estaba toda intrigada

    D: Uhmmm creo que no, mejor me lo guardo -mientras me servía más vino.

    P: Ya dime… no te quedes callado, para eso querías que viniera, solo para tomarme el pelo, mira que esta oportunidad no se puede volver a repetir – sentí retarla

    D: Ósea, que si no te digo ahora que me gustas y que quisiera besarte, quizás nunca te lo diga otra vez –entre nervioso y medio sonrojado por el vino

    P: ¡tonto! –se me acerco dándome un tierno y suave beso, quedándonos en silencio mientras estabas frente a frente en el sofá

    D: Me rescataste de la soledad, quédate conmigo… me haces falta todas las noches.

    Así tomé su mano, me acerqué a ella y besándola sentía que iba a estallar de la excitación, dejamos nuestras copas, fui besándola bajando hacia su cuello, ella estaba entregada, atreviéndome a desabotonar su blusa, íbamos poniéndonos intensos, aunque no sabía cómo reaccionaría la clave fue ser paciente.

    Al terminar de desabrochar su blusa subí su brasier blanco, exponiendo sus preciosas tetas de pezones oscuros, tocándolos y besándolos con la excitación de por fin poseer tremenda hembra, mientras con mis manos deslizándose por debajo de su falda llegué a sus caderas presionándolas sintiendo esa carnosidad de sus muslos que me hicieron volver loco.

    P: Vaya que estabas ansioso, con calma que no voy a ir a ningún lado.

    Inclinándose hacia el respaldar del sofá pudiendo alzar su falda, quitándole su calzón en el acto para acariciar su vulva con mis dedos, sentí lubricándose sometida a mis bajos instintos, abierta de piernas empecé a comerme su coño, lengüeteando, succionando su rica vulva, mientras ella gemía se retorcía de placer, fue quitándose su blusa y brasier por completo, alzando mi mirada y observando la voluptuosidad de sus tetas, acariciándolas llevando mis dedos a su boca los cuales ella chupaba, ufff sentía que me mojaba, la puse de pie para poder quitarle su falda para después recostarla sobre el sofá levantando sus piernas sobre mis hombros, así devoraba tan pulposa concha mientras con mis manos sobaba sus tetas a placer

    P: ¡Ay, ay, que rico, quiero tu pinga!  ¡Dame tu pinga que quiero comérmela toda!

    D: Ok, cométala todo mi amor –parándome frente a ella, mientras me ayudaba quitarme el pantalón y bóxer… mientras caía mis fluidos pre seminales.

    P: Ya estabas arrecho –mientras me miraba y empezaba a masturbar mi verga, a la vez pasaba su lengua sobre mi glande como saboreando un helado

    D: Ya cómetelo todo, chúpalo –todo excitado

    La tomé de la cabeza y empecé a follarla de boca, devoraba mi verga a todo placer me estaba llevando al cielo con las tremendas mamadas que me daba, mientras apretaba mis bolas y yo la tomaba del cabello, estábamos entregados al placer, la levante mientras la pegaba mi cuerpo nos besábamos, sentía tus voluptuosas tetas, tenía tremenda hembra entre mis brazos.

    Me senté posicionándola encima de mío, friccionaba su culo buscando penetrarla mientras ella me entregaba sus tetas a mamar y chupar, lo disfrutaba tanto que me pegaba sus tetas a mi cara casi sin respirar, hasta que por fin pude penetrarla dando ella un gemido de placer, le hacía menear su culo, la penetraba una y otra vez estábamos excitadísimos, seguimos así unos minutos

    P: Ahhh, ya me viene, ya me viene, ahhh –toda excitada

    D: Vente, vente mi amor –mientras la besaba y chupaba tan ricos pezones sujetando sus caderas y apretando tremendo culo.

    Empezó a remecerse, mientras daba un gemido largo, sintiendo como se mojaba toda mi verga, sujetaba su culo contra mi pelvis; Luego la recosté sobre el sofá subiendo sobre ella colocando mi verga en su cara y empezando a follármela de boca, retándola a que me haga venir con su deliciosa boquita.

    D: chúpalo más fuerte, hazme venir, vamos –mientras aceleraba mis movimientos.

    Seguía a ritmo frenético, oía las arcadas que seguro le producían las embestidas en toda su boca, hasta que sentí venirme a chorros, ufff ella solo mamaba y mamaba devorándose toda mi leche, respirando agitada y exhausta, a la vez con sus brazos me sujetaba las piernas y con sus manos apretaba mis nalgas, su hambrienta boca se encargó de recibir toda mi leche.

    Al acabar me puse de pie viéndola desnuda y rendida sobre el sofá se recogía el cabello hacia atrás, ofreciéndole más vino, para luego recostarme sobre ella besándonos y acariciándola tiernamente, disfrutando de un momento romántico luego de una maravillosa sesión amatoria, pero como resultamos ser muy ardientes, seguimos follando esta vez en mi habitación.

    La lleve cargándola, con todas sus tetas en mi cara, mientras se sujetaba con sus piernas de mis caderas, la tumbe sobre la cama y abriéndola de piernas apunte mi verga nuevamente en su coño penetrándola y empezando a bombear tan rica conchita, ella solo me sujetaba de mis brazos, gimiendo de placer, veía como sus tetas se meneaban en cada movimiento, a lo cual ella juntaba sus pechos con sus manos ofreciéndomelas a chuparlas, era toda una atrevida. Me gire y eche en la cama, para subirse en mí, pero dándome el culo a mi vista, ufff quede maravillado, se sujetaba de mis canillas, a la vez que sentía que sus tetas rosaban mis piernas, disfrutaba ver rebotar su culo incesantemente mientras lo acariciaba y daba nalgadas.

    P: ¿Te gusta? –con voz arrecha

    D: ¡Me encanta, sigue, sigue! -excitadísimo

    Mientras cabalgaba, fui rosando mis dedos en su ano, lo cual pareció excitarla más.

    P: Quieres mi culito, vamos a ver cómo te portas para dártelo –excitadísima a mas no poder

    D: ¡Cuando tú quieras, sabré esperar

    Acto seguido se puso de cuclillas quedando maravillado por tremendo culo expuesto, dándome unos sentones incesantes, sentía que ya no podía más.

    D: ¡Me vengo!, me vengo! –exclamaba excitadísimo

    P: Córrete mi amor, ya estoy en mis días, córrete –motivándome a acabar.

    D: ¡Me vengo, ahhh!!! -mientras empecé a eyacular dentro de su concha

    No tuve escapatoria y menos pude escapar de su hambrienta cola, tuve miedo de que quedase embarazada, pero con los días si tuvo su menstruación

    D: Wao… eres… increíble Patty –todo exhausto y rendido

    P: Y tú no quedas atrás –mientras se subía en mi para besarme, nos quedamos así unos minutos

    P: ¿Ya me tengo que ir es tarde, un fin de semana me quedo quieres? –sonriendo y guiñándome

    D: Claro que si –todo sonriente.

    Fue a ducharse de cuerpo teniendo cuidado de mojar su cabello, la ayudé recogiendo su ropa, nos vestimos, y le pedí un taxi de aplicativo. Así luego que me confirmo que llego bien a su casa, hablamos un ratito por el móvil y planeamos cuando iríamos de viaje, incluso ya fantaseábamos con lo que queríamos hacer a solas cuando estemos en pisco, la pasaríamos mejor aún.

    Continuará…