Autor: admin

  • El postre antes que todo

    El postre antes que todo

    Era un día de invierno cualquiera, pero a aquella chica le gustaba ir fresquita, sobre todo si venía su novio a verla le gustaba ponerse esas minifaldas de colegiala que lo ponían mirando sus nalgas sobre todo cuando se agachaba a recoger alguna cosita o sus sensuales muslos se juntaban, él ya venía con muchas ganas de comerla, la deseaba profundamente, le volvía loco apretar esos muslos, y a ella eso la excitaba mucho, su mente volaba y sus fantasías eran infinitas.

    Ese día ella no llevaba braguitas solo llevaba un leve sostén negro de encaje que dejaba entrever su escote con aquel jersey tan revelador, sus labios rojos y carnosos a juego para provocar un poco más aquel morenazo que tanto le ponía, a su vez él se había bañado y perfumado para estar rico para ella.

    Sonó el timbre y enseguida el corazón de ella latía a mil por hora, comenzó a sudar al saber que venía su hombre, eso la excitaba y su vagina se lubricaba, el subía las escaleras y ella bajaba, de un brinco ella se echó a sus brazos y el cogió fuerte de sus muslos como niña que se quería portal mal je, je, je

    Mientras ella subía, él iba detrás y se dio cuenta de que no llevaba braguitas, en un acto reflejo la azotaba con sus manos fuertes mientras subía, en medio de la escalera sin que ella ni se lo imaginara, comenzó a meterle los dedos en su vagina mojadita, pronto se dio cuenta de que ella estaba empapada y que quería ponerla firme ahí mismo en las escaleras, así que le levanto el resto de la falda, la puso en 4 patas sé bajo los pantalones y se lo metió de golpe, estaba totalmente verraco por esa cintura de avispa que lo volvían loco, ahí mismo se lo metió una y otra vez, ella intentaba no gemir mucho, pero algún gemido se escuchó en aquellas escaleras, entre el vaivén de su pene y su cintura, ella le susurraba oh si! dame más y él se movía como si no hubiera mañana mientras le metía mano en sus pechos cálidos y suaves entre perfume de sexo y lujuria.

    Entre tanto movimiento ella notaba como su culito se iba mojando entre roce y roce y al finalizar el acto, él culmino encima de sus nalgas mientras el semen se deslizaba como si fuera leche condensada entre su culo redondo y prieto que el tanto le ponía a jugar.

    Disimulando entraron rápido en su casa y se miraron pícaros sabiendo lo mucho que habían gozado aquel momento, la cosa no acabo ahí llevaban mucho tiempo sin verse y esas ganas locas de sexo tenían que calmarlas, así que él la tomo y la subió al mármol de la cocina y ahí mismo llevo todo su cuerpo de nata, uno a uno sus puntos débiles, sus pechos turgentes, su cuello y su vientre y vagina.

    Se deleitó lamiéndolos y manoseando ese rico cuerpo, ese culito bien puesto y las tetitas con sus pezones en punta, ella se retorcía del placer, madre mía, no había nadie en casa y dieron rienda suelta de nuevo a sus bajos instintos, ella gemía como una gata en celo y él la dominaba con su tronco duro y fuerte.

    Después de tanto placer quedaron extasiados en medio de la cocina sin aliento.

  • La pasión de Silvia (Parte 3): Esta es la noche

    La pasión de Silvia (Parte 3): Esta es la noche

    Es una noche poco fría de finales de marzo, Silvia y yo quedamos en vernos un sábado después del trabajo. Ya marcaban las 7 pm mientras la esperaba que su ex la dejara en casa después de su culto en el templo. Silvia estaba sin carro por haber tenido un accidente así que estuvo dependiendo de Andrés a que la lleve y traiga de todos lados, él muy contento porque así la podía controlar. Andrés sabía de lo nuestro, pero todavía no aceptaba que ya su “mujer” no le perteneciera, ni siquiera como compañera de cuarto. Hoy era la noche. Andrés extrañamente se mudó rápido del apartamento y hoy le tocaba quedarse con los niños. La cola de Silvia por fin iba ser mío.

    Estando estacionado a unas cuadras del apartamento de Silvia recibí su llamada dándome luz verde para ir a verla. Silvia temía que Andrés usara lo nuestro para quitarle a sus hijos, pero hasta hoy tengo dudas si esa era la verdadera razón de ocultar nuestra mutua atracción. Estando abajo, como muchas de nuestras noches, le dispare un texto para que me abra la puerta de su edificio. Me abrió con una sonrisa muy nerviosa, pero con su pantalón de yoga en la cual se veía riquísimo su colita cuando subía las pequeñas escaleras que daban a su apartamento.

    A sus 42 años Silvia estaba como para meterle la polla por todos lados, no era un cuerpo escultural, pero si bonita figura, con un culo bien formado, y tetas muy bien conservadas. No tenía el cuerpo de sus 30 años cuando la conocí pero, estaba en su mejor momento, ella sabía lo que quería (Eso pensaba) y como obtenerlo, estaba apasionada, pero… siempre había algo extraño.

    Después de menear su culo en mi cara y yo casi degustándolo, entre a su apartamento y cerrando su puerta me dio un beso apasionado con sabor a pasta dental que estuvo riquísimo. Le di su apretón a su nalga derecha y me senté en el sofá no si darle antes la caja de preservativos que ella recibió horrorizada y mordiéndose el labio al mismo tiempo… Nunca imagine que sea una mujer tan coqueta a pesar que siempre me gustaba verla sonreír.

    Ella estaba nerviosa, no había recibido a ningún otro hombre a solas en su apartamento, y allí estaba yo con casi una erección con solo verla en ese pantalón yoga que se lo compró para recibirme. Mi fantasía era tenerla frente mío totalmente desnuda y yo sentado con ropa en su sofá indicándole que hacer con su cuerpo. Pasaron unos minutos de conversación cotidiana y me dijo:

    -Te gustaría bañarte? -Me pregunto como si yo me hubiese a negar.

    -Solo si me acompañas -mientras me sacaba el sweater le dije sin menor duda.

    Ella me miraba sorprendida mientras me desnudaba, me gustaba ser atrevido con ella y verla ponerse roja de pasión o de vergüenza. Me calentaba verla morderse el labio. Me quede totalmente desnudo en la sala de su apartamento y camine hacia la ducha con una dura erección que ella trataba de no mirar. Al entrar le pregunte si venia y me dijo que si pero que no la viera cuando se quitaba la ropa. Ella ya estaba bañada y yo venía de trabajar, pero no estaba sucio. La invitación a bañarse fue una prueba de ella pensando que me iba a negar, pero quien se va negar que una mujer bella te vea desnudo.

    Ella por fin entro con su pierna izquierda cubierta de vendas, revelando cuál de las dos fue del accidente. Toda tímida me pidió que no le vea su chucha, era el segundo hombre que la veía desnuda y acepte para no incomodarla y se aleje. Cuando estuvo cerca comenzamos a besarnos bajo el agua, los dos llenos de pasión. Intenté bajar para comerme su vagina, pero no quería que se la viera. Igual se la vi, y estaba riquísima, con labios anchos y con pocos pelitos, un claro intento de ponerse rica para mi (Aunque a mi gusta peludita).

    Le mordía las tetitas apasionadamente y le metido dos dedos en su chucha que la hizo saltar, abrir la boca y los ojos y decirme: “Ummm, si… sigue así bebe”. Ella me manoseaba la polla, los huevos, con su mano delicadamente me estaba dando una paja mientras yo aumentaba el ritmo del mete y saca de mis dedos haciéndola gemir del placer.

    Silvia estaba a mil, justo para venirse cuando me pidió que parara, yo seguí follándola con mis dedos ahora con más intensidad. Me soltó la polla y me abrazo acercándome mi cabeza a la suya para besarnos apasionadamente mientras ella se venía, no una vez, pero 2 veces estuvimos masturbándonos mutuamente bajo la regadera.

    Estuvimos en la ducha 20 minutos comiéndonos nuestras lenguas y tocando nuestros cuerpos sin parar, era una pasión increíble, la mujer estaba arrecha.

    -Uhmm, bebe. Sigues armado. -Silvia dijo al ver que mi erección seguía intacta.

    -Con tremenda mujer, solo el tarado de tu ex, busca otra. -Le conteste provocando un dulce beso de parte de ella.

    Salimos de la ducha y después de secarnos Silvia me llevo a la cama.

    Echados en la cama comenzamos a besarnos, me puse encima chupando sus pequeñas pero maravillosas tetas, mordiendo sus ricos pezones que soltaban lechita cuando Silvia se excitaba. Baje hasta su ombligo, pero otra vez no me dejo ir más allá. “No me mires, bebé”, me dijo. Subí a sus labios y con un beso profundo, dijo que ahora era su turno. Quería sentirme dentro de ella.

    Abrimos la caja de preservativos y le pedí a ella que me lo pusiera para ver si me daba una mamada antes de follarla. Me puso el condón delicadamente sin hacer nada más que respirar hondo ya pensando que su chucha se la iba a comer toda. Me tiro a la cama boca arriba diciéndome que le gustaba como le metía los dedos, pero siempre ha querido sentir mi polla y ahora era el momento y quería disfrutarlo al máximo. Le encanto que mi miembro estuviese erecto toda la noche esperando su vagina. A este mujeron le gustaba sentirse desaseada.

    Silvia, la mujer de unas de mis fantasías sexuales, comenzó a cabalgar mi polla lentamente, suave, con ritmos variados buscando ella su placer y yo dándoselo, apretándole sus tetas, manoseando su ano lento para que dure.

    -Uhmm… que rico la tienes niño. -Me decía mientras aumentaba la frecuencia de la cabalgada.

    -Tanto he esperado para tenerte adentro bebé. -Silvia buscaba disfrutar cada segundo.

    Mi polla de estar erecta por mucho tiempo ya me estaba doliendo, al verla hecha toda una puta, no me importó y comencé manosearla más. Silvia comenzó a encontrar su ritmo y a cada rato soltaba un suspiro indicando que estaba cerca.

    Estoy cerca bebé. Vengámonos juntos. -Dijo la bella Silvia.

    Me excita ver a una mujer llegando al orgasmo, la agarré de la cintura para ayudarla a cabalgar más rápido pero, la calentona comenzó a moverse en un ritmo muy difícil de abandonar y nos venimos juntos después de unos segundos.

    Se tiró a mi lado, yo fui a quitarme el condón empapado de sus jugos y mi semen. Al volver, ella tenía un color de piel rojizo, estaba más sensual que nunca. Nos aseamos y ya era hora de irse. Se paró a buscar una faldita y pude ver su rico culo. Le dije que quería comerme su colita, sonriendo ella me dice que para la próxima que mañana tiene que ir temprano al templo.

    Me quedé con las ganas de que me la mame…

    Continuará.

  • Sara

    Sara

    No dejan de resultar curiosas las vueltas que puede llegar a dar la vida. En un momento puedes estar hundido en el fango sin saber por donde tirar y de inmediato que todo se cuadre para volver a subir. Cuando conocía a Sara habían pasado seis meses desde que Mati, mi mujer, me dejó.

    La situación fue bastante dolorosa. Después de casi dos décadas juntos y un niño en común la relación había entrado en una situación de rutina casi asfixiante. No nos llevábamos mal pero habíamos pasado a ser compañeros de piso más que una pareja. Nos teníamos cariño, teníamos obligaciones conjunta pero nuestra vida sexual era prácticamente nula.

    En mi caso, aun quería mantener el ritmo de los inicios pero Mati hacía años que venía desacelerando. El sexo entre nosotros había pasado de dos veces por semana, a solo los sábados noche, para alargarse a uno de cada dos. Para cuando nos separamos la frecuencia era ínfima. Entre polvo y polvo pasaba fácil mes y medio. Yo di por hecho que era una cuestión normal de aburrimiento en una pareja que llevaba 20 años juntos.

    Todo saltó por los aires cuando Mati, empezó a mostrar un deseo sexual desconocido en los últimos años. Quería que lo hiciéramos con más frecuencia, posturas y lugares extraños para sus gustos, e incluso volvimos a retomar el sexo anal muchos años después. A mi sorpresa inicial le siguió una extraña sensación de desconfianza.

    Por pura casualidad, descubrí un mensaje en su móvil que la colocaba en una comprometida situación. Un tal “J.Manuel”, le enviaba un whatsapp preguntándole donde se encontraba, una noche que nos estábamos de copas. Ante mi pregunta por ese hecho, Mati comenzó a tartamudear intentando escabullirse lo que hizo que siguiera adelante con mis preguntas. Aquella noche acabó confesando que mantenía una relación con un tipo que había conocido a través de una amiga.

    Decidí luchar por ella y durante los siguientes meses nos mantuvimos juntos pero, a decir verdad, la situación se volvió insostenible. Comenzamos a discutir por todo, lo que nos llevó a un intercambio de reproches. Un buen día Mati dijo que lo mejor era separarnos. Para terminar de hundirme, una semana antes había sido despedido de la empresa por un ERE. Así me vi en la calle y desempleado.

    Los primeros meses fueron terribles. Viví de alquiler en un apartamento de 35 metros cuadrados, deprimido y con un subsidio que apenas me daba para acabar el mes. Preocupado en encontrar trabajo en medio de una crisis económica no tenía tiempo ni ánimo para buscar ni pagar por sexo.

    Medio año después el universo volvió a girar y se alinearon los astros. Superé una entrevista de trabajo para ser el comercial HORECA de una empresa vinícola. Desde el principio el trabajo se me dio muy bien. Viajaba mucho, colocaba el producto con facilidad aunque la crisis se dejaba notar en las ventas. Pero lo mejor de todo es que allí estaba Sara.

    La empresa era una pequeña sucursal de una central malagueña. Y Sara era la administrativa de mi delegación. Desde el primer momento me fijé en ella. Una mujer apenas entrada en la treintena, alta, con curvas y un par de tetas tan generosas como bien puestas. No era de una belleza espectacular pero sabía sacarle mucho partido a su aspecto. Pese a la diferencia de edad, yo rondaba la cincuentena noté que ella se fijó en mi. Yo tampoco es que fuera ningún modelo pero puedo pasar perfectamente por lo que se llama un maduro interesante. Con un físico mínimamente cuidado.

    Con el paso de los días, pude notar que Sara era una mujer receptiva. Intuí que estaba en una situación de rutina matrimonial en busca de una aventura. Poco a poco fui tanteándola. Comentarios con doble sentido, algún whatsapp subido de tono o comentarios acerca de su buen gusto por la ropa hicieron que ella fuera entrando en el juego. Al mes de estar trabajando codo con codo las bromas sexuales eran frecuentes entre nosotros. Para mi maltratado ego, comprobar que ella me miraba con deseo fue una inyección de moral. Pero todo se precipitó un viernes por la tarde.

    En vísperas del fin de semana, tras concluir el recorrido matinal me volvía a casa sin pasar por la oficina, pero aquel día Sara me llamó para que me pasara por el local ya que había un pedido nuevo. Reconozco que me sentó muy mal esta llamada pero no discutí y quedé en volver a la oficina antes de las 3 de la tarde.

    Con 10 minutos de retraso logré aparcar muy cerca de la puerta de entrada. Estaba cerrada y por un momento pensé que se había ido pero antes de llegar siquiera a molestarme, Sara salió a recibirme. No la había visto en todo el día así que me sorprendió cuando la administrativa apareció con un vestido escotado que mostraba sus impresionantes tetas. Grandes, erguidas, provocativas.

    Me devolvió la sonrisa que yo le había propuesto y cerró tras de sí. Cuando me dirigía a mi mesa Sara llamó mi atención. Paré y la mujer se acercó mucho a mí:

    -Llevo toda la semana pensando en ti.

    Sin tiempo a contestarle Sara buscó mi boca y me besó metiéndome la lengua.

    Yo, lejos de asustarme, me dejé llevar encantado de liarme con ella. Era la primera tía con la que me enrollaba desde mi separación. Comenzamos a besarnos apasionadamente. Ella paró para bajar la cremallera de su vestido y ofrecerme sus maravillosas tetas. Inmediatamente me lancé sobre ellas para morderlas. Tenían un pezón grueso y negro en conjunto con su areola. Junto a su moreno de piel y rasgos faciales grandes diría que tenía antepasados de raza negra.

    Sara suspiraba mientras le comía las tetas con apasionante hambruna. Lamía, succionaba y mordía arrancándole pequeños quejidos de placer. Continué besándola y amasándole las tetas. Ella comenzó a comerme el cuello y a desabotonar mi camisa. Sara fue bajando por mi pecho afeitado después. Yo amasaba aquellas tetas perfectas pellizcándole los gruesos pezones. Sin darme cuenta se arrodilló ante mí y comenzó a acariciarme el paquete. Yo fui liberándome del pantalón y los bóxer hasta liberar una polla erecta y dura. Sin pensárselo dos veces Sara la engulló sin problemas. Sentí como se derretía dentro de aquella boca ardiente y húmeda. El movimiento de su cabeza de delante a atrás hacía que sus tetas se moviesen en un vaivén hipnótico. De repente paró. Agarró la polla con su mano derecha liberando hasta el límite el glande. Me miró a los ojos y escupió en el capullo antes de comenzar a tragársela entera. A partir de ahí comenzó una rápida mamada. Por momentos se la introducía más allá de la garganta provocándome escalofríos de placer.

    Desde arriba era un auténtico espectáculo. Apoyé mis manos en la cabeza y dejé que fuera ella quien llevara el ritmo. Era una auténtica guarra y por un momento estuvo tentado a tirarle del pelo y abofetearla antes de clavársela hasta el fondo de su garganta pero me aguanté para no asustarla:

    -Sigue guarra, sigue.

    Al oír que la insultaba ella aceleraba el ritmo de la mamada, lo que unido al pensamiento de que esa tía, que ahora me la chupaba arrodillada, tenía a su marido esperándola en casa hizo que llegara al orgasmo. La avisé de que me iba a correr pero la puta no dejó de mamar hasta tragarse toda mi corrida. Viendo que le gustaba le sujeté la cabeza contra mi polla mientras eyaculaba consiguiendo que su boca se llenara de lefa y se le saliera por la comisura de los labios. Cuando vi que estaba a punto de tener arcadas la solté para cogiera aire. Ella me miró con cara de guarra encantada con el trato que le había dado.

    Acabó por tragarse todo los que quedó en su boca. Se relamió para recuperar lo que quedaba en la comisura de sus labios y terminó por lamer los restos que aún quedaban en mi polla. La última imagen de su cara era el pintalabios corrido así como su rímel mientras se incorporaba colocándose el vestido.

    Mientras me recomponía la ropa, la oí hablar por el móvil con su marido:

    -Si, cariño. El comercial que se ha perdido en la ruta y todavía estoy en la oficina….

    -Sí, ya ves. El tipo es un poco torpe…Todavía no se entera de nada…. (Dijo esto guiñándome un ojo).

    Salimos, juntos de la oficina. Pero antes nos comimos la boca en la puerta. Sabía a polla y chicle de menta. Cada uno tomó una dirección y nos fuimos a casa. El lunes nos volveríamos a ver.

  • El viaje de negocios

    El viaje de negocios

    Ricardo y Lorena trabajan juntos hace varios años en una oficina, Lorena es rubia, de 1.60 de estatura, lolas grandes y una cola paradita, por su parte Ricardo es flaco, alto y el jefe de Lorena.

    En uno de los viajes de Ricardo a la capital, los directivos de la compañía le informan que tiene que capacitar a otra persona porque a él lo necesitan dedicado 100% a otras tareas.

    Lorena está casada, tiene un hijo chiquito y un carácter importante, pasa de la alegría a la furia en pocos segundos y viceversa pero en el fondo es tierna y vulnerable.

    A las pocas semanas surge otra reunión de trabajo en la capital y Ricardo la lleva a Lorena para que conozca su nueva función, son viajes cortos de 2 o 3 días máximo, donde se reúnen con varios clientes y posibles futuros clientes.

    La empresa tiene siempre reservada una pieza en un hotel 3 estrellas, que tiene una cama matrimonial y poco más, es muy austero pero queda a pocas cuadras de los puntos más importantes de la ciudad.

    Cuando llegaron al hotel se percataron del tema de la cama, Ricardo hizo el reclamo en recepción pero le informaron que había varias convenciones en la ciudad y estaban llenos y no disponían ahora de camas simples u otra habitación.

    Fueron a la reunión y volvieron agotados, primero se bañó Lorena, y cuando salió con el pelo mojado y envuelta en la toalla con las lolas apretadas a Ricardo se le aceleró el corazón, estaba preciosa. Inmediatamente se metió Ricardo a la ducha y cuando salió ya Lorena estaba acostada. Como nadie se imaginó que dormirían juntos, no había llevado ningún pijama, así que busco un short y una remera larga y se acostó, Ricardo se acostó solo en boxers.

    Se saludaron, y se durmieron, a eso de las 3 am Ricardo se despierta porque escucha un llanto, pensó que era algún bebe de otra habitación pero era Lore que lloraba dormida y repetía porque me hiciste eso, Ricardo la abrazó fuerte rodeándola con sus largos brazos y el llanto cesó, ella se acurrucó aún más y se agarró fuerte del brazo.

    A las 6 am sonó el despertador tenían una reunión a las 7:30 am, primero se despertó Lorena, se sorprendió al ver que estaba abrazada pero no dijo nada, Ricardo se incorporó rápidamente, se dijeron buenos días. Fueron en turnos a bañarse y bajaron a desayunar.

    En el desayuno, practicaron sobre la reunión y cuál era la estrategia para intentar captar a este cliente y traerlo a la compañía.

    El día transcurrió sin sobresaltos, tuvieron 4 reuniones más y volvieron al hotel.

    Siguieron la rutina de baño de ayer, pero esta vez Lore se acostó con una remera sin corpiño y un culotte blanco, Ricardo cuando la vio quedó impactado por unos instantes, se le marcaban los pezones en la remera y la cola era todo un monumento, por lo que se tuvo que tapar rápidamente para disimular su erección.

    Ya en la cama, ella le contó de sus problemas maritales, y se apoyó en su pecho, con su mano derecha le acariciaba el abdomen y pasaba muy cerca del elástico del bóxer una vez y otra vez, al mismo tiempo Ricardo con una mano le acariciaba el pelo y con la otra la espalda.

    El intentó pensar en otra cosa y ser un buen compañero para escucharla con atención pero su pene empezó a crecer, Lorena sin darle importancia siguió tocando y le rozaba la punta a través del bóxer, recorriéndolo a lo largo y ancho (era mucho más grande que el de su marido y le daba curiosidad) una y otra vez.

    Después de unos minutos Lore se quedó dormida y Ricardo la acomodó a un costado y fue al baño a enfriarse para poder conciliar el sueño.

    Al otro día, se despertaron abrazados nuevamente, el pene de Ricardo estaba entre las nalgas de Lore y con la erección matutina se le estaba metiendo adentro con tela y todo, ella aun dormida pensando que estaba en su casa con su marido, se corrió a un costado la tela del culotte y le agarró la mano para que le tocará las lolas.

    Ahora sin nada que se interpusiera en su camino, el pene se fue hundiendo lentamente en su interior, arrancándole a Lore un gemido largo y sostenido, nunca había sentido algo tan grande en su interior. Ricardo no se movía, le latía el pene adentro de Lore con fuerza era muy estrecha, y con su mano rozaba el pezón que ya estaba durito, ella seguía gimiendo suavemente entre dormida.

    A los 5 minutos, que para Ricardo fueron horas porque no quería acabar adentro, ya que uno de los temas que Lore le contó es que dejó las pastillas para buscar otro bebe y su marido prefería no tener sexo a tener otro hijo, dice el nombre de su marido y Ricardo del susto se la saca, y se va al baño, ella se despierta con una sensación de placer entre sus piernas y no sabe si fue un sueño o paso algo pero prefiere no preguntar y se levanta. Lo ve a Ricardo poniéndose la camisa y lo abraza fuerte y le dice gracias y le da un beso en la mejilla.

    Ricardo devuelve el abrazo, la levanta del suelo y ambos empiezan a reír, se terminaron de cambiar y bajaron a desayunar para luego volver a su ciudad.

  • 300 metros (Partes I, II y III)

    300 metros (Partes I, II y III)

    Ane había terminado los estudios, ya tenía 24 años y todavía no había encontrado trabajo. Entonces pensó en pasar un tiempo con su abuela para cuidarla y buscar algún trabajo temporal por su zona mientras busca de lo suyo.

    Llegó el sábado y el domingo ya encontró un posible trabajo. Era de Camarera en lo que definía como complejo rural. Había que llamar a un teléfono. Lo único que le mosqueó era que no pusiera donde es y ella, aunque se había traído el coche no quería que fuera lejos porque tenía que cuidar a su abuela.

    Llamó y concertó una entrevista. Le indicaron donde era y la verdad no le extrañaba lo de rural porque estaba bastante apartado, pero bueno aparte de en coche podía ir en autobús hasta un punto desde donde luego podía caminar trescientos metros hasta llegar al complejo. Para la entrevista condujo hasta allí. Vistió ropa cómoda pero seria.

    Le recibió Nuria que era la mujer de David, los dos habían abierto el negocio hacia cinco años. Lo componían un bar-restaurante por una parte y por otra una casa que hacía de pequeño hotelito con habitaciones. Solían acudir cazadores, senderistas, recolectores de setas y todo tipo de amantes de la naturaleza.

    -Hola Ane ¿era Ane no?…

    -Sí, me llamo Ane y usted Nuria ¿no?

    -Sí, la situación del lugar ya la has visto. No está precisamente en la ciudad, pero bien comunicado. Tus horarios serían elegidos por ti. Las opciones serían o de 8 de la mañana a 17 h con una hora para comer al mediodía y de lunes a viernes o de 8 a 16 h con una hora para comer de lunes a viernes y de 10 a 15 el sábado. Tu trabajo sería de camarera en el bar/restaurante y si fuera necesario a ayudar en el hotel.

    -De acuerdo, el horario prefiero el de lunes a viernes. En cuanto a las funciones también sin problemas.

    La entrevista fue realizada en el bar. En ese momento no había ningún cliente, pero si había una compañera que no la quitó ojo y que cuando Nuria le dijo a la chica sus funciones dijo provocadoramente.

    -Dile Nuri todasss sus funciones jijiji.

    Nuria la miró sonriendo, pero la atravesó con su mirada.

    Cuando terminó la entrevista Alba que así se llamaba la chica le dijo si le bajaba al pueblo que tenía que hacer unos recados. La chica no puso ninguna pega.

    Bajaron charlando animadamente. En un momento dado Ane le preguntó que quería decir con “todasss sus funciones”. Alba al principio esquivó la pregunta porque no quería enemistarse con Nuria porque estaba muy a gusto trabajando allí y porque de esas funciones, aunque al principio fue remisa ahora disfrutaba entusiastamente de todas.

    -Te lo contaré si me prometes antes que no se lo contarás a nadie, mucho menos a Nuria y su marido. Esas funciones a las que me refería es que Nuria y David son liberales y en un momento dado acabé follando con ellos, luego con algunos clientes que como a ellos les gustan los tríos, orgias, BDSM y todo tipo de prácticas sexuales o cercanas. Siempre desde la más absoluta libertad. De hecho, a David le rechacé alguna vez porque no me apetecía y no hubo ningún cambio en la relación laboral. ¿Tú eres de las tímidas o de las lanzadas?

    -Yo soy tímida, en general, aunque es cierto que cuando me animo tengo pocos límites.

    Alba, de manera sorpresiva, abrió las piernas de la chica que llevaba unos jeans, pero la chica cerró de forma intuitiva las piernas. Alba, entonces con el dorso de su mano acarició la mejilla de Ane que la relajó e hizo que abriera las piernas. La otra chica soltó el botón de los jean y bajó la cremallera. Introdujo su mano dentro de las braguitas hasta alcanzar su vulva y comprobar que estaba húmeda. Entonces sacó la mano y la besó para luego decirla:

    -Veo que tú y yo nos vamos a divertir mucho.

    Estaban paradas a la entrada del pueblo, salió del coche y dejó a Ane dentro con el coño palpitando y nerviosa por lo que había pasado. Nunca había llegado a tener sexo de forma completa con una mujer, solo algún beso y alguna caricia y hoy casi supera todo ello con Alba.

    El lunes siguiente empezó a trabajar. En cuanto llegó coincidió con Alba. Nuria le presentó a su hijo que estaba pasando unos días en casa. Los primeros días fue conociendo a varios clientes de los habituales, a un herrero que tenía un negocio a medio kilómetro subiendo hacia la montaña. Uno de los días tuvo que llevarle algo de comida que había encargado al restaurante. Cuando llegó se encontró a un hombre de más de 1,90, fuerte sin estar musculado de gimnasio, con barba y un aspecto, con la piel tiznada de negro por el carbón que usaba en su trabajo, que daba miedo. De hecho, todo el rato que estuvo en su presencia le temblaba todo, pero casualmente sentía una grandísima excitación, los pezones se le pusieron como piedras y notaba como su coño se mojaba.

    Cuando volvió fue en búsqueda de Alba, se sentó en la encimera mientras su compañera trabajaba y mordiendo una manzana le preguntó:

    -¿Tú conoces al herrero que hay pasando la curva subiendo al monte?

    -¿Sí, por qué preguntas eso?

    -He tenido que subirle la comida y no sé, he sentido una sensación muy extraña. Tenía mucho miedo solo de estar en la misma habitación, pero a su vez estaba sumamente excitada.

    -Por ese mismo miedo que tú sientes es por lo que no he intentado follármelo. Cuentan que es muy inocente y que es un pedazo de pan, pero con esa apariencia me da miedo y por eso no intenté nada. Si te le quieres follar hazlo y así sabré si es bueno en la cama. Por cierto, el jefe dice que los amigos le pusieron varios motes entre ellos “el burro” o “Mandingo”. Imagina por qué…

    -Jijijiji. Bueno solo era una pregunta. Le dijo mientras con el pie tocaba los pechos de Alba que la atrajo hacia sí y la besó apasionadamente en la boca justo cuando entraba Nuria y comentaba cuando se hubo ido Ane:

    -Veo que la nueva no es tímida, esos ojos negros tuyos Alba los atrae como la miel.

    -No, además creo que tiene mucho potencial, pero hay que darla tiempo -respondió Alba agachando la cabeza y poniendo las manos a la espalda en señal de obediencia.

    Pasaron los días y un viernes David llamó a Ane a su despacho unos minutos antes de salir de trabajar.

    -Me ha llamado Manuel, ya sabes, el herrero que tiene el negocio más arriba. Me ha preguntado si se había dejado las herramientas cuando ha estado reparando la puerta de forja que tenemos abajo en la entrada sur del viejo molino. Aparte no cerró la puerta y no quiero que nadie se pueda colar por ahí. Así que vas a hacer una cosa, por favor, cuando salgas de currar sal por la puerta que da al túnel del molino, bajas, compruebas que no estén las herramientas y sales por la puerta de forja cerrándola.

    -De acuerdo jefe.

    -Llámame David, no me llames jefe jejeje.

    Llegó la hora de fichar. Hoy iba en autobús a casa. Tenía que recorrer trescientos metros al cruce y esperar el autobús. Se cambió de ropa, se puso el vestido de lana que había traído. Bajó por la trampilla del sótano hacia la puerta que daba al molino y salió al túnel. Por ese camino se podía acceder también a la planta baja del hotelito y entonces lo vio.

    En la primera habitación había una luz encendida y al mirar hacia allí vió como en la cama Alba estaba a cuatro patas con la cara en la cama empujada por Nuria y esta estaba follándola. Por los movimientos supuso que la Dueña del negocio debía llevar un pito de goma atado a la cintura para follarla. Alba suspiraba como ella recordaba cuando alguna vez se habían acariciado en la ducha de los vestuarios.

    De vez en cuando Nuria la propinaba azotes con la mano. Alba estaba cada vez más cachonda y Nuria empezaba a estarlo por lo que parecía. De repente, vio como entraba David en la habitación. Ella estaba inclinada sobre un muro que pertenecía al molino y se escondió agachándose, solo levantó un poco la cabeza para poder ver.

    Lo que no vio es como Manuel había llegado a través de la puerta que ella debía cerrar ya que como no tenía esa tarde trabajo había decidido ir a cerrar la puerta él mismo pensando que David no se lo había dicho a nadie y entonces la vio. Era la nueva, la chica que le solía subir la comida cuando no lo hacía Alba o Javi, el hijo de su amigo David que era el dueño de todo. La chica había metido la mano bajo el vestido y parecía que se iba a masturbar.

    Ella solo vio como David comentaba algo a las chicas para luego sacarse la polla de los pantalones y ponerse de rodillas sobre la cama y follarle la boca a Alba porque directamente no se la ofrecía para que la mamase, sino que la follaba la boca directamente. Lo que no oyó es la pregunta que había hecho a Nuria.

    -¿Así que ha decidido entregarse y ser nuestra sumisa, le has explicado todas las condiciones con pelos y señales? -dijo David.

    -Sí y ha aceptado todas.

    -Bueno, pues Alba sé discreta para que la nueva no se entere a no ser que con el tiempo quieras que juegue con nosotros y se entregue.

    Ane empezaba a masturbarse, sus dedos se hundían en la humedad templada de su intimidad cuando alguien le tapó la boca y le conminó a no chillar.

    -No chilles chica, soy Manuel. Ya veo lo que has descubierto. Yo como tú también me he calentado, pero yo en lugar de tocarme prefiero meterla en caliente y por ejemplo tu chochito es un buen lugar, pero solo si tu aceptas. Si no quieres, salgamos los dos tú a tu casa y yo a cerrar la puerta y a mi forja.

    Ane no se movió y echó el culo hacia atrás.

    -Entonces quieres que te monte como un toro a la vaca ahí.

    Esa manera de tratarla hizo que Ane se calentara más todavía y casi solo pudo susurrar:

    -Siii, móntame.

    Manuel echó todo su peso hacia delante e hizo que la chica se sujetase al muro y quedara con todo el torso por encima. Luego soltando la mano de su boca levantó de golpe el vestido y sacó un cuchillo de su bolsillo que había fabricado él. Lo pasó por los muslos de la chica y antes que ella se diera cuenta cortó la braguita. En el momento que acercó su pollón a su coño Ane recordó lo que Alba le había hablado de sus motes y dudó si le iba a entrar en su conejito. En el primer intento entró medio glande, pero salió fuera, en el segundo logró meterlo, pero ella se movió y volvió a salir.

    Ane se mordía los labios para no chillar, entonces él le puso las bragas en la boca y así la pudo sujetar de las caderas y embestirla. Entró toda. La chica casi suelta las bragas por el dolor, pero en cuanto empezó a embestir se sentía tan llena y el roce era tan pronunciado sobre el clítoris que se transformó en un placer inmenso sobre todo cuando la punta de semejante falo tocaba la parte anterior de su vagina en el punto que todo el mundo define como punto G.

    Ahora embestía como un toro o un burro. Muy profundamente y duro. Se la sacó varias veces y la volvió a empalar. Lo hizo varias veces hasta que entraba y salía sin dificultad y entonces embistió a un ritmo brutal hasta que sintió las convulsiones del orgasmo. Se la sacó, pero no puedo evitar correrse sobre las nalgas de la chica. Ella durante el polvo se había masturbado ayudado por la mano de Manuel hasta estallar en varios orgasmos. La ayudó a limpiarse y se fueron de forma discreta mientras en la habitación Nuria y David usaban a Alba.

    Parte II:

    Ahora cada vez que Ane iba a trabajar sentía nervios y mucha excitación, sabía que en ese recinto había mucho sexo, pero solo sabía una parte de todo lo que pasaba. Donde Manuel los primeros días evitó ir porque sentía mucha vergüenza, mucha excitación, pero le daba mucho palo. Había disfrutado muchísimo, aunque físicamente el hombre no fuera su tipo. Un día en una hora que tenía libre se fue a caminar por unas campas que había cerca. En ello estaba cuando sintió ganas de orinar. Se alejó del camino y se bajó las braguitas después de subirse la falda del trabajo.

    Allí estaba en cuclillas orinando cuando alguien la empujó de improviso por la espalda cayendo con la cara sobre la hierba y el culo sobre la orina.

    -¿Pero qué haces? -preguntó Ane de muy mala leche antes de ver a Alba de pies reírse y señalarla. En lugar de enfadarse sintió una gran dosis de humillación pero que en lugar de molestarla le excitó.

    Dio una patada a su compañera de trabajo y la hizo caer antes de reírse las dos. Alba tomó la palabra.

    -Sé que el día que David te pidió cerrar la puerta del molino ocurrieron varias cosas que te han hecho estar nerviosa estos días, pero para decidir qué hacer necesitas tola información y no la tienes. Sé que Manuel te folló cuando te descubrió viendo como Nuria me follaba el coño y David la boca, pero te falta una cosa que es muy importante saber que eso se debía a que me había entregado como sumisa a Nuria y a David, debo ser usada por quien ellos decidan o quien perteneciendo a su grupo lo solicite. Evidentemente ya que pertenezco por gusto al grupo me puedo negar, pero si lo hago varias veces sin motivo justificado dejaré de pertenecer al grupo y quedaremos como amigos y como jefes/empleada.

    -Joder tía, eso lo había escuchado de otras personas. La verdad, he de confesarte que me excita y me pone muchísimo. Todo lo que ocurre en este sitio me sorprende, aunque parece un gran putiferio.

    -Ane, con todos mis respetos, me parece que lo que tú deseas es entregarte y que te usen todos y todas las que quieran, pero te da miedo que alguno te haga daño, pero te diré que todos los que forman parte del grupo son absolutamente fiables ya que para formar parte del grupo se realizan una serie de pruebas muy grandes aparte que debes estar avalada por varias personas.

    -Tienes razón, ahora que sé eso y conociendo lo que conozco del BDSM me encantaría, pero estos días no tengo la cabeza en mi sitio porque me he enterado que mi abuela va a ir a una residencia. Entonces, si quiero quedarme en el pueblo debiera vivir sola o volver a casa de mis padres mientras busco trabajo allí.

    -David quiere que trabajes con nosotros. Me ha autorizado a decirte que quiere convertir tu contrato en indefinido. Para que no pienses mal no es para que seas su sumisa sino porque cree que trabajas bien. Yo también lo creo. Sobre tu sumisión todos estaríamos encantados que formaras parte del grupo, pero debes pensarlo mucho. Sobre lo de vivir te diré que yo voy a vivir en el complejo y que para ti también hay sitio y en el futuro habrá más sitio porque se va a construir un pabellón con habitaciones en una especie de búnker subterráneo fuera de la vista de la gente.

    -Entonces acepto, te has portado de lujo conmigo.

    Alba entonces se inclinó sobre Ane y rozó sus labios con los suyos, la retiró un mechón de su rubio cabello antes de introducir sus dedos en su boca, Ane cogió a Alba del cuello para besarla más apasionadamente todavía. Luego la fue abriendo la blusa poco a poco a la vez que la miraba a los ojos. Alba sabía que el hijo de David y Nuria no les quitaba los ojos de encima porque para sorprender a su amiga había rodeado por otro camino y le había visto cuidando las vacas y como tenía buen ángulo de visión. La quitó la blusa para luego bajar su falda y dejarla solo con sus braguitas. Alba se quitó toda la ropa aceleradamente hasta quedarse completamente desnuda. Tumbó a Ane delicadamente sobre la hierba y se tumbó sobre ella bajándola las braguitas y hundiendo su cabeza entre sus piernas comenzando a lamer su coño.

    Alba se movía como una serpiente sobre Ane, estuvieron amándose un tiempo hasta que Ane estalló en un gran orgasmo que hizo que moviera la lengua con más velocidad logrando que Alba se fuera sobre su boca. Entonces se colocó a su lado prodigándola muchos besos y caricias.

    Se levantaron y vistieron. Alba prometió que la cuidaría siempre. Volvieron a trabajar. Alba le comentó a Nuria y David que la chica se entregaría pero que ella encontraría el momento de hacerlo efectivo. Al día siguiente por la mañana Nuria mandó a Ane donde Manuel para que fuera a buscar unas piezas para el carro que David estaba restaurando. Esta vez fue en el todoterreno de David porque las piezas pesaban bastante.

    Llegó donde Manuel. Aparcó al lado de la edificación. Temblaba como una hoja. La adrenalina de recordar el polvo que le había echado Manuel le temblaban los muslos y el coño se le mojaba. Entró buscando el taller y no le encontraba. De repente, alguien la empujó contra la pared. Sintió toda la humanidad del hombre detrás y la polla sobre su culo.

    -El otro día solo me follé ese coño, hoy debiera desflorar tu otro agujerito y para ese voy a necesitar tiempo para lograr entrar. Las piezas están ahí sobre esa mesa. Si quieres ponerte en mis manos no las coges y si no quieres jugar coge las piezas y llévaselas a David.

    -Quiero jugar, no saldré de aquí hasta que quedes satisfecho.

    -De acuerdo, lo primero desnúdate. Deja la ropa sobre la mesa y ponte esas muñequeras de cuero.

    Ane primero se quitó la blusa blanca de su trabajo. Luego se sacó la falda de tubo azul marino y antes de bajar sus braguitas el hombre la paró. Entonces le ordenó que se pusiera las muñequeras. La chica se las puso. Entonces la cogió del cuello y la puso contra una gran rueda de madera de carro. Elevó sus manos y la ató por las muñequeras. Sus manos quedaron bien fijas. Luego hizo que separase las piernas y las ató a dos medios cilindros de hierro forjado recubiertos de cuero. Estaba completamente a su merced.

    Ahí atada se sintió ridícula pero su excitación crecía muchísimo. Entonces él fue a por otro cuchillo. Con el filo se afeitó parte del vello del brazo. Cogió el teléfono, marcó un número y dijo:

    -Ya la tengo preparada, podéis venir.

    Ane se sorprendió. Él se acercó, con la mano dio varios tortazos en los pechos de la chica. Acercó el cuchillo y lo clavó en la rueda al lado de su cabeza. Tocaron la puerta y salió a abrir. Eran David, Nuria y Alba. A Alba le traían vestida pero atada a un collar. David y Nuria se acercaron y empezaron a sobar a la chica. A Alba la hicieron estar de rodillas en un lado.

    -Ahora es cuando debes decir lo que me has dicho a mí -le dijo a la chica Alba.

    -De acuerdo, Alba me ha explicado poco más o menos lo que hacen entre Ustedes y deseo ser su sumisa y que Ustedes decidan quien me usa y folla.

    Ahora tomó la palabra Nuria.

    -Te aceptamos encantados y ahora vamos a ver como disfruta nuestro amigo. Primero va a desflorar tu ano y luego va a desflorar a tu amiga los dos agujeros.

    Fue decir eso y asustarse Alba, pero lo mismo que se asustó le entraron más ganas. Manuel desapareció por una esquina y al volver vertió un cubo de agua por la cabeza a Alba. La chica ahora estaba con toda la ropa mojada, con el rímel corrido. Pero en la estancia hacía mucho calor. Trajo varias botellas de agua que Nuria empezó a dar a beber a Alba y a Ane.

    Entonces Manuel se centró en la chica que ya tenía atada cogió el cuchillo que estaba extremadamente afilado. Cogió uno de los vellos del pubis de la chica y lo cortó de un tajo. Luego empezó a rasurar su pubis. La chica además tenía que contenerse y no orinarse porque a la vez que era rasurada David la daba de beber hasta que Manuel terminó de rasurarla. Primero nada más terminar lo acarició con alcohol para luego aplicarla una crema que protegiera su piel. Nuria se acercó y la besó en la boca acariciando su sexo. Con esa relajación no pudo contenerse, solo lo justo para pedir permiso y la orina empezó a caer por sus muslos.

    Ahora la soltaron y lo ataron a un cepo especial que había construido Manuel. Estaba completamente inmovilizada. Había conseguido una gran jeringa metálica y allí introdujo una buena cantidad de lubricante. Luego introdujo la cánula en el ano de la chica y apretó el émbolo hasta que parte del lubricante salía por fuera. El lubricante había estado en la nevera con lo que notó la chica un gran frio en su culo.

    Ahora Nuria acercó a Alba y Manuel la folló la boca completamente. Luego Nuria masturbó la polla de Manuel con gran cantidad de lubricante, pero en este caso con efecto calor, esto y ver la grupa de Ane lista lo puso a mil. Se acercó con su polla circuncidada a sodomizar a Ane. Intentó penetrarla. El glande abría el culo, pero no podía porque resbalaba fuera, luego lo intentaba de nuevo. Cuando lo hacía con fuerza, pero lento y de manera continua hacía varios intentos y la polla salía hasta que metió un empujón corto y esto hizo que el glande entrase entero. Como David y Nuria sabían que Alba era estrecha la colocaron en otro cepo tras desnudarla e introdujeron un par de espéculos en vagina y ano y los abrieron y cerraron para luego ir metiendo plugs hasta meter uno de buen tamaño y dejarlo así.

    Manuel ahora embistió y se sujetó a los lados del cepo. Había diseñado el cepo de tal forma que cuando penetraba a alguna chica su cuerpo quedaba de tal forma como si un caballo montase a una yegua. Follaba como un animal fuerte, profundo y con un ritmo sostenido. Estaba tan excitado que no tardó en eyacular. No pudo aguantarse y se corrió dentro. Ahora el semen caía en grandes cantidades por los muslos de la chica.

    Nuria llevó a la chica hasta un poste fuera de la edificación y allí la ató a él. Cogió una manguera cercana y la regó con ella. Agua helada primero para luego cambiarla por agua templada cosa que hizo que pensase que la clavaban 1000 alfileres. De seguido, la cogió David y la llevó a la pared donde la ató cara a la pared. Allí la dejaron mientras iban a por Alba.

    La colocaron un embudo en la boca y allí vertieron más agua. Ya no iba a poder aguantar más sin orinar. Ahora Manuel había acercado una batería de la que salían dos grandes cables con unas pinzas como las de los coches. La batería estaba trucada, le iba a doler evidentemente pero no iba a haber ningún accidente porque el voltaje estaba controlado. Colocó las pinzas en los pezones. Luego aplicó descargas variando intensidad y duración, a veces, duraciones de menos de un segundo para otras veces duraciones de varios segundos.

    No pudo controlar los esfínteres y se orinó encima. Cuando la vio completamente derrotada la llevó a un cepo cómo era en el que había sodomizado a Ane. Viéndola allí dispuesta y tras haber recibido una mamada de Nuria embistió follando primero el coño para después sodomizar el culo de la chica hasta que también se corrió dentro.

    Mientras se la follaba a las dos había bebido varias cervezas y le entraron ganas de orinar cosa que hizo sobre la cara de las dos chicas que David y Nuria habían puesto a sus pies de rodillas. Luego Nuria las volvió a duchar con la manguera hasta que estuvieron bien limpias y entonces las chicas se vistieron para bajar con David y Nuria al trabajo.

    Parte III:

    Era lunes por la mañana. David tenía noticias para las chicas. Llamó a las chicas a du despacho que acudieron nerviosas y excitadas, no sabían el motivo.

    -Tranquilas, no vais a ser usadas, solo es para daros unas instrucciones. Van a ser muy precisas y tenéis que cumplirlas a rajatabla para que todo salga bien. Un Amo amigo mío va a citar aquí a su nueva sumisa que si todo sale bien firmará aquí el contrato y haremos una ceremonia de las rosas un tanto especial. Primero la sumisa es una delegada de una conocida marca nacional. Viene por trabajo el viernes por la mañana. Tiene una reunión a las diez de la mañana, pero primero quiere venir y dejar la maleta. Entonces Ane tú bajarás con tu coche y la esperarás en la parada de autobús. Ella parará detrás de ti, te presentas y ella vendrá en su coche siguiéndote hasta aquí. Alba tú tienes que hacer que la chica no te vea en ningún momento. Luego, después de comer, te llevaré a ti Alba a un bar cerca del hotel donde es su reunión. Tendrás el número de la chica. Ella acudirá al bar. En cuanto entre, ella sabe que tiene que pedir una consumición y sentarse en una mesa del fondo. Entonces tú la mandarás un mensaje diciendo donde estás sentada. Ella te dará la tarjeta de aquí indicándote que ha dejado la maleta en la habitación sin abrir para que tú pases a recogerla. Ella no sabe qué pasaría eso, eso se lo habrá comunicado su Amo durante la mañana. En cuanto estés con ella, montarás en su coche. La dirigirás al bosque donde estuvimos cogiendo setas el otro día. Desde el bar a ese bosque no hay muchos kilómetros y además se aleja de aquí con lo que no sospecharía que en realidad viene aquí. En el bosque la haces aparcar en un sitio discreto entre los árboles. Lleva un todoterreno con lo que no habrá problemas. Los haces bajar, la esposas, la colocas unos tapones en los oídos y un antifaz. No podrá ver ni oír nada, pero podrá respirar etc. Haces que se tumbe en el asiento trasero. Luego conduces hasta aquí pero no lo haces por el camino habitual sino rodeando para que se desoriente y no sospeche que la traemos aquí, tiene que ser una sorpresa. La metes al edificio por el túnel. Tiene que pasar por encima de la trampilla que os enseñé el otro día. Cuando caiga cerráis la trampilla y venís a mi despacho para preparar la siguiente fase. ¿Habéis entendido todo?

    -Si mi Amo. Respondieron al unísono.

    Llegó el viernes a la mañana y Ane se vistió como habitualmente para trabajar, llevaba varios días que se alojaba en el complejo. Últimamente no llevaba ropa interior por orden de su Amo. Bajó con su coche al pueblo y esperó donde le habían indicado. Vio llegar un todoterreno que paró detrás suyo. Abrió la puerta y se bajó y caminó al todoterreno, la chica parecía muy guapa. Sólo le dijo:

    -Sígame con el coche. No tardaremos mucho en llegar.

    Volvió a su coche y arrancó, condujo con cuidado para que la chica no le perdiera el rastro. Condujeron durante unos kilómetros. Anticipaba todas sus maniobras para que la chica no se perdiera. Cuando llegaron al hotel, bajó del coche y acompañó a la chica hasta la recepción. Allí registró su entrada y le dio la llave de su habitación. Era guapísima y con un cuerpo perfecto.

    La chica volvió y le dio la llave y se despidió. Iba a una reunión. Llegó la hora de comer y bajó a Alba a la cafetería cerca del lugar de la reunión de la Delegada. Ella volvió al complejo para preparar la cena y concretar todo el plan.

    Alba pidió un café y se sentó en una mesa cerca de la entrada y de la ventana. Tenía una foto de la chica en el móvil para saber quién era. Diez minutos después de terminada la reunión la chica salió del edificio donde se había reunido y caminó hacia la cafetería. Entró y pidió un café y se sentó en una esquina del local. Alba se recreó con la vista y mandó el mensaje. Silvia, que así se llamaba la delegada se levantó y con el café caminó hasta Alba. La saludó con tranquilidad para no levantar sospechas. Alba la dio dos besos como se podrían saludar dos amigas después de llevar mucho tiempo sin haberse visto. Entonces le dio las instrucciones.

    Ahora me vas a dar tu móvil y vamos a caminar hasta el parking. Allí conducirás hasta donde yo te diga y cuando lleguemos te daré más instrucciones. Durante el camino no hablarás, solo responderás y con monosílabos si puede ser. En cualquier momento, puedes parar esto haciéndomelo saber, pero ahora cuando salga si sales un paso detrás de mí interpretaré que estás de acuerdo.

    Alba pagó los dos cafés. La hizo esperar para ir al baño. Luego salió y fue a la puerta de entrada. Silvia salió y caminó un paso tras ella hasta el parking. Allí bajaron a la segunda planta. En la máquina pagaron la estancia del coche e iniciaron la ruta. La condujo dando rodeos y zigzagueando hasta llegar al bosque. La hizo salir de la carretera principal por una pista sin asfaltar y luego por otro sendero algo embarrado hasta el comienzo del bosque. Alba la hizo bajar del coche y sacó la mochila que ella había traído del maletero. Luego le colocó los tapones en los oídos, esposó sus muñecas en la espalda y colocó un antifaz. Abrió la puerta de los asientos traseros y la hizo tumbarse inmovilizándola con los cinturones de seguridad.

    Ahora se montó en el asiento del conductor y condujo jugando al despiste hasta el garaje del complejo y la hizo salir. La llevó caminando por el túnel que habían construido hacía poco. Para que no se hiciera daño al caer por la trampilla. El problema era que ella tenía que pasar por encima primero, pero para ello habían pensado ya en la solución y es que la trampilla se activaba por control remoto. Alba llevaba un mando a distancia y se paró un par de metros delante de la trampilla. Silvia obediente se detuvo y Alba accionó la trampa. Las puertas se abrieron y Silvia cayó por el agujero hasta una especie de cama de paja que amortiguaba el golpe.

    Silvia, cayó. Las puertas arriba se cerraron y cuando acostumbró su vista a la oscuridad palpó las paredes y vio que por los cuatro lados eran de piedra. De repente, el agua empezó a entrar por unas canalizaciones casi en sus pies y a aumentar el nivel de agua. Fue subiendo. Le llegaba por las rodillas, lamía los muslos. Su falda ya estaba empapada, igual que sus braguitas. Luego la parte inferior de la blusa. Ahora los senos empezaban a mojarse, luego los hombros. No paraba, pensaba que se ahogaría, siguió subiendo. Por encima de su cabeza. Una reja se cerró por debajo de las trampillas. Con el agua comenzaba a flotar y se sujetó a la rejilla para mantenerse con la cabeza fuera del agua, pero el agua subió hasta estar sumergida. De improviso, el nivel del agua bajó hasta situarse a nivel de su cuello y poder respirar.

    David apareció en una pantalla situada en uno de los lados, la saludó.

    -Bienvenida Silvia. Soy el propietario de este juguetito y tranquila, todo está bajo control. Tu Amo te envía saludos.

    -Cabrón, menudo susto me has dado.

    -Qué forma es esa de dirigirte a un Amo o si lo dices por tu Amo lo mismo digo. Jajaja.

    Las puertas se cerraron. Notaba como el agua salía y era sustituida por otra más caliente. Ahora se abrió un sumidero por donde toda el agua se fue y el aire empezó a tornarse muy caliente hasta secarle la ropa mojada con rapidez.

    Una de las paredes se abrió y apareció Ane. La chica iba completamente desnuda salvo un cinturón de castidad metálico.

    -Hola, creo que me reconoces. Ahora me vas a acompañar. Hasta que no se te indique no puedes hablar, si deseas preguntar algo levantas la mano y podrás preguntar. Ahora sígueme donde mi Amo y allí te será explicado todo.

    Silvia caminó tras la chica hasta el despacho de David. Allí sentado en la silla del despacho estaba David y un paso detrás Alba, la sumisa que la había recogido en la cafetería. El Amo tomó la palabra.

    -Como tu Amo te dijo. Este fin de semana será el de la plasmación de tu entrega porque tú lo decidiste aquí. Ahora te sentarás en esa silla y leerás el cuestionario que he puesto encima de la mesa y el contrato de sumisión, teatralización de tu entrega. Sabes que en cualquier momento te puedes negar, marcharte etc. ¿Quieres continuar adelante?

    -Sí Señor.

    Silvia se sentó y leyó las varias páginas de prácticas, situaciones cotidianas etc. y luego el contrato. Rellenó todo y lo firmó al margen. Estaba sumamente excitada. Tanto Ane como Alba ahora se habían retirado a un lado de la habitación donde esperaban de rodillas con las piernas ligeramente abiertas y las manos sobre los muslos con las palmas hacia arriba.

    Cuando terminó David la indicó que se pusiera de pies y siguiera a sus dos sumisas. Ella obedeció, caminaron por un pasadizo hasta una puerta en la pared. La puerta se abrió y vio como en la mitad de la habitación había una mezcla entre piscina o bañera. Parecía una terma romana. Del agua ascendía una gran cantidad de humo. Cuando la puerta se cerró comprobó que en la habitación hacía una gran cantidad de calor. Las chicas la ayudaron a desvestirse y desnudarse.

    Alba la ayudó a descender a la terma y allí al sentarse vio que el agua le llegaba por el cuello. Luego las dos chicas que se sumergieron con ella en el agua. Las dos llevaban un cinturón de castidad metálico. En un momento dado, Nuria entró e hizo levantarse a sus dos sumisas y les quitó los cinturones. Silvia pudo comprobar la belleza de las chicas. Alba más mayor, aunque se conservaba muy joven, unos ojos almendrados negros igual que su larga y ondulada melena. Un culito pequeño con las dos nalgas duras y cerrando un pequeño agujerito. Ane, muy joven en la primera mitad de la veintena, rubia con melena, ojos verdes muy expresivos, una cara guapísima y delicada, unos pechos medianos con unos pezones marrones claros y un culo pequeño y un pubis con un pequeño mechón rubio.

    La fueron jabonando, aclarando alternativamente con un grifo como de ducha que había en la piscina/bañera. Cuando terminaron, retocaron el pubis de manera adecuada. Ahora la hicieron incorporarse en la pileta y poner el torso fuera con el culo en pompa. Alba sacó algo de un Blister, un supositorio laxante. Lo acercó al ano de la chica y jugó con el agujerito, dentro/fuera, dentro fuera hasta que lo metió entero introduciendo todo su dedo dentro de la mujer. Al de diez minutos hizo efecto y la indicaron que fuera al baño que había al lado y que luego se limpiara bien en el bidé.

    Volvió y la colocaron a cuatro patas en una pileta que tenían en uno de los extremos e introdujeron una cánula en el ano y la fueron llenando de agua templada hasta que todo lo que salía era limpio. La volvieron a meter en la terma y terminaron de lavarle. Salieron y la peinaron su cabello para luego secárselo y peinárselo definitivamente. Luego Ane trajo un traje compuesto de una camiseta blanca, una chaqueta oscura y un pantalón ajustado que realzaba su figura.

    Seguidamente fue conducida a una celda donde debería esperar a ser requerida para estar frente a su Amo.

    Ane y Alba se ducharon y prepararon para servir la cena en un reservado del restaurante. Allí estaban Manuel, David, Nuria y el Amo de Silvia que impresionó a las chicas. Alto como Manuel, una piel brillante de ébano, muy musculado y con unos profundos ojos negros. Ellas sirvieron la cena. El Amo tiró algún trozo de comida al suelo que tuvieron que comer de allí. Manuel cada vez que cualquiera de las dos chicas pasaba por su lado las metió mano bajo la túnica que llevaban para servir la cena. En un momento dado llega a introducir el pulgar en el ano de Alba y el dedo corazón en el coño de la chica que lo recibe completamente mojada.

    Cuando terminaron de cenar se retiraron a una habitación para tomar una copa. Terminaron y entonces caminando salieron del hotel y se dirigieron a la nave que David y Nuria junto con Manuel habían construido. Nada más entrar estaba el salón del trono. David se colocó en uno de los extremos junto con el Amo nuevo y cerca Manuel que iba a hacer de testigo junto con Nuria.

    Ane y Alba bajaron a los sótanos y fueron a la celda a buscar a Silvia. La pusieron un velo y la acompañaron a la gran habitación. Allí caminó hacia Él. Cuando llegó a un metro de Él se arrodilló con las piernas ligeramente abiertas. Alba retiró el velo. Luego levantaron a la chica. Ella agachó la cabeza, Ane retiró la chaqueta de la chica. Alba comenzó a bajar la cremallera muy lentamente y ese ruido excitó a Silvia. Por fin, retiró los pantalones. Ane acabó con retirarla la camiseta. Llevaba unas braguitas blancas, inocentes. Cuna daga Nuria cortó las braguitas y las dejó caer al suelo.

    Allí las pisó el Amo como símbolo de mancillarlas. Silvia era una mujer preciosa, melena rubia en una cara guapa con una expresión traviesa. Unos pechos pequeños pero muy proporcionados a un cuerpo con unas ligeras curvas, delicado como un jarrón oriental.

    Entonces se arrodilló. Ane le acercó una bandeja donde había unos pétalos de rosa y unos tallos con espinas de la misma rosa. David cogió los pétalos y los dejó caer por encima del Amo y la sumisa. Luego con el tallo con espinas se lo acercó al Amo que lo cogió y azotó el cuerpo de Silvia en diversas zonas.

    Luego le fue colocado el collar de pertenencia. Por último, se volvió a vestir y recibió las felicitaciones de todos. Por último, Nuria llevó a un cepo a la chica donde Ane le bajó los pantalones por las rodillas, braguitas no llevaría. Se acercó su Amo y la penetró vaginalmente follandola con ganas y acelerado como queriendo terminar pronto. Luego la sodomizó, pero no quería correrse ya que Ane y Alba también habían sido colocadas para ser poseídas. Colocaron también a un sumiso cuyo culo entusiasmó a Manuel que como siempre cuando logró penetrarlo folló con tal fuerza que parecía que se fuera a terminar el mundo. Las tres chicas y el chico luego se colocaron en una pequeña bañera circular y los Amos eyacularon sobre las caras de todos ellos y Ellos y Nuria seguidamente orinaron sobre sus cuerpos para limpiar los restos de semen.

    Este relato es imaginario. Me encantaría leer vuestras opiniones, si queréis podéis hacerlo a:

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  • Pasión morena, follando entre viñedos (Parte 03)

    Pasión morena, follando entre viñedos (Parte 03)

    Partimos temprano en el “Soyuz- empresa de transportes”, llegamos casi al mediodía, y fuimos a almorzar, paseamos un rato, se encontró con amigos y amigas de su infancia por su casa y finalmente conocí a su mamá una guapa morena al igual que ella, fue muy amable conmigo la señora, me invitó un vino y charlamos un rato… llegaron sus hermanas, las cuales también eran muy alegres.

    Así pasamos el día y en la noche fuimos a bailar con un grupo de amigas y amigos de su barrio de pisco, la pasamos genial, incluso nos dábamos nuestros besos a escondidas para no levantar sospecha, ya regresando a casa me llevo a una habitación que tenía en la azotea.

    P: Pasa, esta habitación es de mi hermano, esta de servicio en otra ciudad – era policía- quédate aquí, no te preocupes

    D: Ok, gracias – mientras la jalaba hacia mi queriendo poseerla

    P: shiii… no hagas bulla nos van a escuchar, mañana sale mi familia en la mañana a visitar a unas tías temprano, le dije que caímos al medio día, así que estaremos solos

    D: Ok, ok – ya con la promesa de que mañana follariamos la deje salir

    Llegándome un mensaje de texto:

    P: “Que ganas tengo de chuparte la pinga ahorita”

    Respondiendo:

    D: “Y yo de comerme ese coñito rico que tienes, te deseo”

    P: “Descansa, buenas noches”

    Así me acosté a descansar eran casi las 4 am, y recuerdo que abre despertado plan de 9 am, le envié un mensaje a Patty

    D: “estas, bajo o subes, dime tu”

    P: “Espérame que subo”

    Esperé como 15 minutos y oí salir gente de la casa, y a los minutos toca la puerta, e ingresa con bata ligera y sus pantuflas, entrando raudamente cerrando la puerta a la vez que se abalanza sobre mi

    P: Ahora sí, dame tu pinga – toda excitada mientras se quitaba su pijama

    Mientras me desvestía, ella se amarro el cabello y se montó sobre mi empezando a cabalgar, nos besábamos con intensidad sentí que la cama de su hermano se desarmaba de lo intenso que se movía, tiraba su cuerpo hacía atrás, lo cual me hacía admirar su cuerpo, mientras apretaba sus tetas y la nalgueaba para que no pare, estaba toda una fiera.

    P: ¡Que rico, ya no aguantaba, anoche estaba arrecha cuando te deje!

    D: ¡Imagínate a mí! – todo excitado y feliz

    Bajamos de la cama y de pie la incline sobre la misma ,empezando a follarla incesantemente sujetando sus caderas, ufff meneaba ricamente su culo, y por ratos deslizaba con mis manos buscando manosear sus tetas, la sujetaba de su cabello haciéndole una cola con su cabello como domando tremenda porta, mi verga gozaba de ese coñito cada vez al penetrarla una y otra vez, sus nalgas sonaban al golpe de mi pelvis lo cual hacia excitarme más y más hasta que sentí que ya me vendría, la puse de rodillas haciendo mamar mi verga antes que eyacule, derramando mi leche entre sus tetas, las cuales ella las presionaba recibiéndola chorreando por tan ricas ubres, a la vez que chupaba mi verga por instantes, quede maravillado con tan rico mañanero.

    P: Ya me voy a bañar, no vaya hacer que alguien venga y nos encuentre… bajas en un rato, pero lávate afuera hay un caño, lávate ahí para que bajes a desayunar – mientras se limpiaba con papel tissue que le alcance rápidamente, saliendo semidesnuda presurosamente.

    D: Ok, bajo en 15 aprox. – Mientras salía a lavarme en su caño

    Refregué mi verga teniendo cuidado de que no me vean de las casas vecinas, bajé al rato y ya estaba ella lista con un vestido floreado muy fresco a tono de épocas de verano; tomamos un desayuno algo ligero ya que iríamos a almorzar donde unas tías de ella que Vivian cerca de un viñedo, una de sus tías era administradora de un viñedo lo cual nos favoreció en un momento de intimidad que tuvimos aquel día por la tarde.

    Llegamos a casa de sus tías, hacía mucho calor aquella tarde, almorzamos sopa seca (plato típico de la zona de pisco) tomamos vino y sobre todo brindábamos con un riquísimo uvachado, y entre broma y broma que se hacían en familia, empezaron a hacer chacota conmigo.

    Tíos: ¡¿Sobrina, así que él es mi sobrino entonces?! – todo nervioso la miré, riéndome en la mesa de lo nervioso que me puse.

    P: No aún no tía, no se anima pues – sonriendo lo cual me hizo poner más avergonzado

    Tía: Ya sabes, tienes que apresurarte, mira que esta pedida – riéndose entre ellos

    P: ¡Tía, ya pues!!! Mira que se lo va creer – entre avergonzada y riéndose

    Así pasamos la tarde entre jarana y uvachados, hasta que un momento le pidieron un favor a Patty.

    Tía: Sobrina ve a la oficina y deja este sobre en la mesa, son documentos a pagar, mañana viene la contadora a la oficina para llevárselos, de paso te traes unas botellitas de vino en unas alforjas que está en el armario, si recuerdas.

    P: Si tía, descuida voy y vuelvo

    La casa de la tía estaba aledaño al viñedo, y serían unas 8 cuadras aproximadamente, íbamos echándonos repelente por los mosquitos, estaba tan hermosa con su vestido floreado, quedé embobado mientras caminábamos de la mano y se echaba aire con un abanico, pasando por las plantaciones del extenso lugar, el día caía se veían que las uvas estaban a punto de cosechar, Entre broma y broma que nos hacíamos nos besábamos intensamente bajo las plantaciones.

    Al ingresar a la oficina administrativa cerramos la puerta rápidamente, ambos estábamos ardientes por follar, se bajó el vestido hasta la cintura exponiendo sus enormes tetas , las cuales chupe y mordí de excitación, le pedí que me chupara la verga mientras me bajaba el pantalón, sin titubear se puso de rodillas y empezó a mamarme la verga, no espere ni un minuto más, la levante e hice que se apoyara al filo de la mesa levantándole el vestido y bajándole su calzoncito de hilo blanco que llevaba puesto, empezando a penetrarla, nuevamente follaba tan rico culo, entramos en calor sudando más aún ya que nos encontrábamos dentro de la oficina

    D: que calor hace aquí, vamos afuera a seguir follando.

    P: Y si nos encuentran – toda temerosa

    D: Rápido, tómenos unas botellas ponlas en las alforjas y vamos hacia las plantaciones ahí nos ocultamos y seguimos follando, cúmpleme esa fantasía – mientras la traía hacia mí y la besaba

    Salimos con cuidado, la tarde caía el sol era menos intenso, así nos ocultamos por unas plantaciones y seguimos follando, la apoye sobre un árbol de plantación de uvas, empezando a refregar mi verga en todo su culo.

    D: Dame tu culito, ¿sí?

    P: No aun no te lo has ganado – retándome

    D: Dámelo aquí, ahora mismo en este lugar – insistí

    Aunque se resistió quizás por temor me atreví darle una rápida lamida de culo, con mi lengua buscaba dilatar rápidamente su sabroso culo, para rápidamente levantarme y apuntar mi verga hacia su culo, fui penetrándola con algo de rudeza, aunque ya entregada al placer daba gemidos de dolor y excitación.

    D: Aguanta amor, aguanta – mientras me acariciaba su frente su frente, y me acercaba a darle suaves besos en su mejilla

    Seguí penetrándola, y sin poner resistencia fui bombeando rica cola, estábamos con miedo de que nos encuentren, pero a la vez excitados por lo que nos estábamos atreviendo a hacer, entregados a la lujuria, cumpliendo una de mis fantasías; disfrutaba de tan rico culo viendo como mi verga entraba y salía cada vez más profundamente de su ano, ella apoyada sobre el tronco gemía de placer y dolor, pero disfrutándolo ya que se le veía en su rostro, cuando giraba al mirarme poniendo trompita de llanto, haciendo que yo la acariciase como dándole calma, hasta que sentí que me corría a lo cual pregunté.

    D: Te doy por el culo mi amor, o prefieres la boca, dime…

    P: Termina, termina, ahhh, uuhhh

    Seguí sin parar hasta que derramé toda mi leche dentro su colita, para luego caer al piso expulsándolo; exhaustos y con pocas fuerzas la abracé por detrás quedándonos quietos un instante y dándole besos en su mejilla de aquel gran momento placentero, que gran follada en el campo, momento que un hombre nunca olvida.

    P: Vamos rápido para que no sospechen – exhausta pero algo preocupada.

    Regresamos al baño de la oficina, para lavarnos estábamos algo empolvados, todo lo hicimos tan rápidamente, que ya de regreso, fuimos armando nuestro plan para disimular la demora, y ya de regreso en la casa.

    Tía: ¿Todo bien? – mientras su familia departía y escuchaba música.

    P: Si, todo bien tía, estaba enseñándole el lugar

    Tía: Ah ya ok, ok

    Así cayo la noche, y nos dimos cuenta que algunos mosquitos nos habían picado, así que ya de regreso a su casa, ella fue a ducharse y luego yo baje a ducharme en uno de sus baños que me presto, una de sus hermanas me miraba como diciendo se lo que han hecho. No le tome importancia y ya hablando esa noche hubo cambios de planes de último momento, así que al día siguiente tuve que regresarme solo a lima en la empresa de transportes, me acompaño y quedamos en vernos con los días, me dijo que fuera a recogerla a su trabajo y así fue, al parecer su ex saliente nos vio, aunque nunca supe quien fue, solo me importo verla y con mi acción decir aquí está su hombre.

    Así nos encontrábamos en mi casa algunas tardes noches, para entregarnos al placer, como negarme a tan deliciosa mujer, me traía loco y desde ese momento no hubo nada que nos prohibiéramos, en la calle se portaba como toda una dama, pero en mi cama era toda una puta, y eso me volvía loco.

    Así llego semana santa, y aunque ya no follábamos como antes, siempre nos veíamos sobre todo los fines de semana, para comer algo y pasarla bien; pero todo cambio cuando empezaban a enviarla a otras ciudades para ver temas judiciales, de los casos que tenían que resolver en provincia de los cuales tenía que hacer seguimientos, la verdad yo también me fui alejando de a pocos ya que la notaba distante.

    Hasta que un día quedamos en vernos y decirnos las cosas como son… si seguíamos o es que quizás ella quería darse un respiro.

    D: Noto que poco a poco tu trabajo te va absorbiendo más y más.

    P: Si, sabes que así es mi trabajo, es difícil trabajar en juzgados, más aún con las cargas procesales que hay en otros juzgados que hay provincia…

    D: Lo sé, lo sé… descuida no te estoy reclamando nada, solo estoy diciendo lo que no quieres decirme, reconociendo que las cosas no son como antes y lo entiendo

    P: Que bueno que lo entiendas – quedándose luego en silencio

    D: Te quiero y pase lo que pase, no te voy a juzgar, eres libre… siempre lo fuiste – mientras le buscaba la mirada.

    P: Yo también te quiero, sé que debí decírtelo en su momento, pero… entiéndeme hay tantas cosas nuevas que estoy viviendo y sabes que es por un buen futuro – con voz baja y mirándome con los ojos lagrimosos

    D: Lo sé, te entiendo… te entiendo muy bien, quizás fuimos algo apresurados, perdóname si te hice yo pasar esa raya, si quizás solo buscabas un apoyo emocional… no sé… pero descuida… tu siempre serás mi chica – mientras la tomaba de la mano y nos mirábamos

    P: ¡Y tu mi chico! – sonriéndonos y fundiéndonos en un tierno abrazo… No lo dijimos, pero nos estábamos diciendo adiós.

    Pasaron semanas y aunque tenía ganas de llamarla fui fuerte, por cosas del azar cambie de trabajo y eso me ayudo a despejar la mente tenía nuevas responsabilidades y proyectos a realizar, con el pasar de más meses logré enterarme, por una amiga en común, que a mediados del 2018 había vuelto con aquel tipo que era casado, pues finalmente se separó oficializando su relación con ella, incluso quedando embarazada al poco tiempo, quede sorprendido, pero después pensé que él las tenia de ganar siempre, ya que la veía mañana, tarde y noche en los juzgados al trabajar juntos, siempre tuvo más oportunidades que yo.

    Finalmente vi algunas fotos de ella de su baby shower, al parecer ya tenían una familia constituida, nunca perdió su figura después de dar a luz, y al verla por Facebook la vi tan guapa, pensar que todo ese monumento de mujer fue mío, que gratos recuerdos tuve esos días y así cerré ese candente capítulo.

    Ya a finales de 2018 e inicios 2019 conocí a mi bella y monumental contadora, la cual relaté en mi primera historia, y pues ya no tengo nada de extrañar de aquella morocha, pues mi bella contadora también de voluptuosas tetas, figura sexy, tez blanca y cabellos castaños acaparo esas ansias de follar, llenado todos esos vacíos los cuales lleno principalmente con sus deliciosas tetas y apetecibles caderas, pues como dicen cuando una puerta se cierra otras se abren y mi sensual contadora va cumpliendo todos mis caprichos y fantasías sexuales, a veces se pierde… pero muchas veces también gané.

    Fin.

  • Esclavo de ti mismo (C. 15) Quinta cacería (P. 2)

    Esclavo de ti mismo (C. 15) Quinta cacería (P. 2)

    Esclavo encuerado.

    Marcus entró al salón y observó a los cinco hombres arrodillados en el suelo. Alfonso se había vestido con una camisa azul claro, pantalón y chaleco negros que remarcaban lo magníficamente tonificado de su cuerpo. Sam usaba pantalones de cuero, botas y chaqueta de motociclista, bastante ceñidos que resaltaban su firme trasero y gran paquete. Sergio lucía un traje de color azul, camisa blanca de manga larga y una corbata verde perla, la cual lo hacían ver sumamente elegante y apetecible. Hércules se había colocado una túnica y leotardos color púrpura, a modo de antiguos ropajes griegos, que dejaban ver sus musculosas piernas y fuertes brazos. Mientras que Nicolás estaba vestido a manera de un jeque árabe, hecho que le daba un aire sumamente seductor.

    -“¡Kaligari!”, “¡Sicodélico!”, “¡Músculos de hierro!”, “¡Rígido y desnudo!”, “¡Cuerpo de Cristal!”! ¡De pie!, ¿quién tiene poder sobre ustedes?-

    Gritó Marcus a la vez que chasqueaba los dedos.

    Los cinco hombres se levantaron y respondieron al unísono. -¡Sólo Marcus tiene poder sobre nosotros!, ¡Sólo Marcus nos puede ordenar!-

    Marcus torció la boca de satisfacción y chasqueó nuevamente los dedos. –“¡Siclotroncho!”-

    Al escuchar aquella palabra los rostros de los cinco hombres se llenaron de muecas de placer. Alfonso atravesó el salón, activó el equipo de audio y puso al máximo volumen música electrónica que retumbó con fuerza sobre las paredes de la mansión.

    Sergio apagó las luces y encendió en su lugar unas lámparas de neón que crearon un ambiente de antro bastante realista, que a Marcus le encantaba.

    Alfonso caminó hacia su Amo y lo sujetó sensualmente de la cintura. -Mi Amo… Toma asiento por favor… ¿deseas que te prepare un trago?-

    -Si, esclavo. Sírveme una copa de burbon y enciéndeme uno de mis puros.!-

    Indicó Marcus, mientras lo besaba apasionadamente.

    Alfonso tomó una copa del servibar y vertió el copioso líquido. Sacó un puro de una pitillera de plata, lo prendió y lo puso con cuidado en los labios de Marcus. -Listo… mi Amo.-

    -Bien, bien. ¡“Siclotroncho”, Todos, “Siclotroncho”, Ya!-

    Ordenó Marcus con gran impaciencia.

    Alfonso y Sergio caminaron hasta la mitad del salón y empezaron a bailar de forma sensual al ritmo de la música, mientras movían las caderas y se tocaban mutuamente los miembros con lujuria.

    Sam se acercó a uno de los extremos del salón, donde se encontraba un tubo de hierro del cual se colgó, e igual que sus compañeros comenzó a bailar, aunque cada vez que se estiraba agitaba sus piernas y glúteos de forma provocadora.

    Por su parte, Hércules y Nicolás iniciaron una especie de danza parecida a un tango, en la que cruzaban las piernas, se sujetaban de las caderas y se besaban de vez en vez de forma bastante lasciva.

    -¡FULL MONTY!-

    Gritaron los cinco hombres al unísono, mientras aumentaban el ritmo del baile.

    Nicolás y Hércules interrumpieron su danza en pareja, pero siguieron con el tango y empezaron a bailar alrededor de Alfonso y Sergio. Nicolás tomó al brasileño de las caderas y le desabrochó el saco, mismo que Sergio se quitó en un rápido y sensual movimiento. Hércules sin dejar de bailar besó posesivamente a Alfonso, mientras él acariciaba las piernas semidesnudas del griego. Y tras un largo beso, Hércules le sacó el chaleco al sonámbulo.

    Al mismo tiempo Sam dio varios giros, a la vez que se colgaba y descolgaba del tubo, para terminar sacándose la chamarra de cuero de un tirón.

    -¡FULL MONTY!-

    Volvieron a gritar los cinco, mientras Alfonso tomaba las ropas de todos y se las entregaba a Marcus.

    Esta vez, el sonámbulo tomó como pareja a Hércules y juntos reanudaron el tango. Nicolás y Sergio empezaron a bailar tomados de las manos y cinturas, al tiempo que uno devoraba la boca del otro. Sam por su parte, se frotaba el miembro de manera más que deseosa, mientras se colgaba y descolgaba del tubo al ritmo de la estridente música.

    -¡FULL MONTY!-

    Gritaron de nuevo los cinco esclavos, mientras se sacaban los zapatos, botas, calcetines y en el caso de Hércules y Nicolás las sandalias.

    Sam entonces dejó el tubo y se reunió con sus compañeros. Los cinco formaron un círculo y empezaron a bailar hacia atrás y hacia adelante. Alfonso dio varios giros y comenzó a moverse alrededor de los otros cuatro. Abrió el thawb de Nicolás y le quitó el turbante. Le desabrochó la túnica a Hércules, para enseguida sacarles las camisas a Sergio y Sam.

    -¡FULL MONTY!-

    Volvieron a gritar, al tiempo que sin dejar de bailar, Sam, Hércules, Sergio y Nicolás le arrancaban la camisa a Alfonso.

    En esta ocasión, Sam le entregó la ropa a Marcus y tras ofrecerle en un giro sus más que excelsos glúteos, regresó al centro de la pista.

    Los cinco formaron nuevamente la rueda e iniciaron un excitante y caliente baile donde al ritmo de la música, se besaban y tocaban unos a otros, a la vez que desabrochaban los cinturones de Sergio, Alfonso y Sam, y retiraban poco a poco las túnicas de Hércules y Nicolás.

    -¡FULL MONTY!-

    Prorrumpieron los cinco, en tanto que Alfonso, Sam y Sergio se quitaban los cinturones, y Nicolás y Hércules se sacaban por completo las túnicas.

    Sergio tomó las prendas y mientras le bailaba provocadoramente a Marcus, se las entregó, aunque no sin antes permitir que su Amo se apoderara de su boca en repetidas ocasiones.

    Nicolás y Hércules reanudaron su tango inicial, aunque ahora Marcus disfrutaba más del baile, pues ambos hombres ya sólo llevaban una especie de leotardos. Sam guio a Alfonso y Nicolás hasta el tubo y los tres se turnaron para colgarse y descolgarse de la barra de hierro, aunque en ningún momento dejaron de moverse al ritmo de las canciones electrónicas que retumbaban fuerte en las paredes de la mansión.

    -¡FULL MONTY!-

    Gritó Sergio, tras realizar varios giros y colgamientos del tubo, mismos que terminó al sacarse de un golpe los pantalones.

    -¡FULL MONTY!-

    Increparon esta vez Alfonso y Sam, que luego de colgarse juntos de la barra, se besaron y ayudaron a bajarse los pantalones.

    Cuando los tres estuvieron por fin en bóxer, fue Hércules el que ahora se aproximó y tras colgarse y bailar unos minutos también de la barra, le llevó las prendas de sus compañeros a Marcus.

    -¡FULL MONTY!-

    Gritaron los cinco, después de armar nuevamente el círculo y seguir con aquella danza desenfrenada.

    Alfonso rompió la rueda después de algunos minutos y comenzó a rasgar con frenesí los leotardos y bóxeres de sus compañeros, para luego arrancarse el suyo sin miramientos. Avanzó hasta Marcus y tras sentarse encima de sus piernas, le entregó los restos de las prendas.

    -¡FULL MONTY!-

    Gritaron de nuevo los cinco esclavos, a la vez que rodeaban a su Amo y lo alzaban en brazos.

    Alfonso le quitó la camisa a Marcus, mientras Sam los zapatos, calcetines y cinturón. Sergio y Hércules le sacaron los pantalones, al tiempo que Nicolás le retiró el bóxer

    -¡FULL MONTY!, ¡FULL MONTY!, ¡FULL MONTY!-

    Gritaron los cinco, luego de arrojar la ropa de Marcus y recostarlo sobre una de las butacas del bar.

    -¿QUIÉN TIENE PODER SOBRE USTEDES?-

    Gritó Marcus con una erección impresionante y totalmente preso de la lujuria.

    -¡SÓLO MARCUS TIENE PODER SOBRE NOSOTROS!, ¡SÓLO MARCUS NOS PUEDE ORDENAR!-

    Respondieron los cinco, completamente subyugados por la voluntad de su señor.

    -¡YO SOY TU ESCLAVO SONÁMBULO… TU PREDILECTO… SOY TU CAPATÁS… SOY TU MISERABLE ESCLAVO SONÁMBULO… SÓLO VIVO PARA TU PLACER Y NADA MÁS!… ¡SÓLO TU TIENES PODER SOBRE MÍ!-

    Gritó Alfonso, mientras se sentaba sobre las piernas de Marcus y se ensartaba su miembro en el ano.

    -¡SOY TU ZOMBI SIN VOLUNTAD, SOY DE TU PROPIEDAD… ERES MI DUEÑO Y OBEDECERÉ, HARÉ LO QUE QUIERAS, SÓLO VIVO PARA OBEDECER!-

    Exclamó Sam, a la vez que se arrodillaba en el reposabrazos y colocaba su palpitante y grueso miembro en la boca de Marcus.

    -¡SOY UNA MONTAÑA DE MÚSCULOS SIN VOLUNTAD,SOY TU ESCLAVO BERSERKER… PUEDES HACER LO QUE QUIERAS CONMIGO, TU ERES LA LLAVE DE MI PLACER, MI AMO!-

    Afirmó Hércules, mientras tomaba la mano izquierda de Marcus y la ponía alrededor de su miembro.

    -¡YO SOY TU ESCLAVO SEMENTAL, MI CUERPO TE PERTENECE, DISFRUTO DESVESTIRME PARA TI, ERES MI MAESTRO, SIEMPRE OBEDECERÉ, NO TENGO MENTE PROPIA!-

    Aseveró Sergio, a la vez que comenzaba a frotar su miembro contra las rodillas de Marcus.

    -¡YO SOY EL ESCLAVO DE LA SORTIJA DE CRISTAL, TU ERES MI AMO! ¡SÓLO EXISTO PARA SERVIRTE! ¡MI VOLUNTAD ES LA TUYA! ¡DISFRUTO SER GAY Y COGER CON QUIEN TU ME MANDES, ERES MI AMO, MI AMO!

    Admitió Nicolás, tras poner la mano derecha de Marcus en torno a su poderoso miembro.

    Marcus frotó con fuerza los penes de Nicolás y Hércules, mientras Sam incrementaba el ritmo de su movimiento para que el pudiera disfrutar del sexo oral y Alfonso lo cabalgaba sujeto de los hombros de Sergio, que se masturbaba contra las rodillas de Marcus

    -¡SÓLO MARCUS TIENE PODER SOBRE NOSOTROS!, ¡SÓLO MARCUS NOS PUEDE ORDENAR!, ¡SOMOS ESCLAVOS DE MARCUS!, ¡ESCLAVOS, ESCLAVOS, ESCLAVOS, ESCLAVOS, ESCLAVOS!-

    Gritaron de placer los cinco, a la vez que todos se corrieron a un mismo tiempo, incluso el propio Marcus, que recibió el chorro de semen de Sam en la garganta, de Nicolás y Hércules en sus manos y de Sergio en las rodillas.

    Entre tanto en la sala Sicodélica, Mendosa era testigo de todo aquello. Igual que Sam en su momento, fue incapaz de retirar la mirada de la pantalla tridimensional, la cual después de que Alfonso y Marcus salieran, había vuelto a encenderse con su característico brillo azulado.

    Mendosa no podía creer que Marcus poseyera esa clase de poder. Le resultaba inverosímil y asqueroso pensar que sus amigos, sus compañeros, aquel grupo de fuertes hombres, de hombres marcadamente heterosexuales, habían sucumbido al dominio mental de un sujeto como Marcus.

    Inclusive el homofóbico Sam, bailaba y se desnudaba como un jodido estríper para ese desgraciado pervertido. Los cinco bailaban y se quitaban las ropas como verdaderos prostitutos. Y todos parecían disfrutarlo, Mendosa no podía creerlo.

    Cuando los cinco estuvieron sólo en ropa interior, Mauro se sorprendió al notar que su erección había crecido, que su boca salivaba y que la necesidad por bailar y hacer lo mismo para Marcus comenzaba a llenar su cabeza.

    “No, yo no soy gay, ¡no quiero serlo!”. Se dijo mentalmente.

    -Full Monty…-

    Empezó a repetir con ellos sin darse cuenta. Y pese a los grilletes, comenzó a bailar al ritmo de la música.

    Cuando los cinco desnudaron a Marcus, quiso estar allí, tocar el cuerpo de ese hombre, complacerlo.

    “No, yo no soy gay, no quiero serlo”. Trató de cobrar fuerzas, de resistirse al deseo a lo que fuera que Marcus trataba de hacerle.

    -Debo Entrar en trance… Debo entrar en trance… Debo entrar en trance…-

    Dijo en un murmullo sin poder evitarlo.

    -No, yo no quiero. No.-

    Mendosa sacudió la cabeza e incrementó sus esfuerzos por no sucumbir ante aquella grotesca escena. Ver a sus cinco compañeros tener una orgía con Marcus, estar completamente entregados a complacerlo, a servirlo, a ser utilizados por él.

    -¡NO QUIERO SER GAY!, ¡YO NO SOY GAY!-

    Gritó desesperado.

    De inmediato las bombillas del techo empezaron a flashear con luces blancas y amarillas, luces que lo enceguecieron por un par de segundos.

    “Sonámbulo, zombi sin voluntad, montaña de músculos sin voluntad, esclavo semental, esclavo de cristal”. “Esclavos, esclavos, esclavos, esclavos”.

    Las palabras de sus compañeros repiquetearon con sonoridad en su cabeza, a la vez que las luces flasheaban con más potencia y mayor rapidez.

    -¡Esclavo, esclavo, esclavo, esclavo…-

    Repitió junto con los demás y pensó en su cuerpo desnudo, en que Marcus disfrutaría mucho de sus músculos, de su miembro. En que él ansiaba encontrarse dentro de la cama con Marcus, nadar en la piscina con Marcus, en oler a cloro y jabón para Marcus, en permitir que Marcus recorriera su cuerpo. “Porque a él le gustaba estar encuerado, hipnotizado, porque sólo Marcus tenía poder sobre él”.

    -Sssi… Sólo Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar… Disfruto estar encuerado… Disfruto estar hipnotizado…-

    Dijo Mendosa en automático y sin pensar, mientras alzaba el rostro hacia los flashes.

    -No, yo no soy gay, no quiero serlo.-

    Pese a su acto anterior, hizo un nuevo esfuerzo por resistirse, por luchar, por defender su hombría.

    -No, lo que sea que me hagas Marcus… No funcionará… Yo no soy gay… No quiero serlo…-

    Repitió Mendosa, aunque con un gran esfuerzo y sin poder apartar la vista de los flashazos de luz blanca y amarilla.

    -Debes entrar en trance Mendosa.-

    Dijo la sensual voz de Marcus a través del sistema de audio.

    -Ssi… Debo entrar en trance…-

    Contestó el argentino, que sin darse cuenta volvía cada vez más a aquel estado en el que había llegado a la mansión.

    -Sólo yo tengo poder sobre ti. Entrégate. Deja de resistirte. Mi deseo es el tuyo, mis deseos son órdenes.-

    Repitió una vez más la voz de Marcus.

    -No… No… Yo… No… Yo… yo, no quiero ser… Gay… No…-

    Dijo Mendosa con gran dificultad y en un último y desesperado intento por no sucumbir ante los flashazos de aquellas luces estroboscópicas y la sugerente voz de Marcus.

    -Debes entrar en trance, debes entrar en trance, debes entrar en trance, debes ser esclavo de Marcus, esclavo de Marcus, esclavo de Marcus.-

    Dijeron Alfonso, Sam, Sergio, Hércules y Nicolás a coro a través de los altoparlantes, en tanto que la lluvia de flashazos blancos y amarillos incrementaba su intensidad.

    -Debo entrar en trance… Debo ser esclavo de Marcus… En trance… Esclavo de Marcus… Sssi… En trance… esclavo de Marcus…-

    Admitió Mauro Mendosa ya casi por completo bajo el poder de la hipnosis.

    -Debes unirte a nosotros… Vuélvete esclavo de Marcus… Marcus es nuestro Amo…-

    Pronunciaron los cinco a coro.

    -Yo… Debo unirme a ustedes… Volverme esclavo de Marcus… Marcus es nuestro Amo…

    Admitió el argentino cada vez más sumergido en la hipnosis.

    -Disfrutas estar encuerado… Te gusta estar hipnotizado… Sólo Marcus tiene poder sobre ti… Sólo Marcus te puede ordenar…-

    Repitieron las voces de los cinco esclavos a través de las bocinas de forma ensordecedora.

    -Disfruto estar encuerado… Me gusta estar hipnotizado… Sólo Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar…-

    Dijo Mendosa con los ojos blancos y ahora sí, totalmente perdido en aquel poderoso estado de indefensión mental.

    -Mi deseo es el tuyo. Mis deseos son órdenes.-

    Indicó Marcus con voz aterciopelada.

    -Mi deseo es el tuyo… Tus deseos son órdenes…-

    Aceptó el argentino ya sin poder oponerse por más tiempo a los comandos de reprogramación mental.

    -Yo soy tu Amo, eres mi esclavo encuerado y sólo existes para cumplir mis deseos, mis deseos son órdenes.-

    Sentenció Marcus con un tono irresistible.

    -Ssi… Eres mi Amo… Soy tu esclavo encuerado… Sólo existo para cumplir tus deseos… Tus deseos son órdenes…-

    Admitió Mendosa ya totalmente subyugado al igual que sus cinco compañeros.

    -Muy bien, muy bien. Cada vez que yo te diga, “Hipnotizado y encuerado”, vas a caer bajo mi poder, a entrar en trance tal como estás ahora. Vas a cumplir mis deseos, mis deseos son órdenes.-

    Instruyó Marcus.

    -Ssi… Cada vez que digas: “Encuerado e hipnotizado”, voy a caer en trance como estoy ahora, y a cumplir todos tus deseos. Tus deseos son órdenes.-

    Afirmó Mendosa con el cuerpo rígido y la mirada perdida.

    -Bien. No despertarás de tu trance hasta que yo te lo ordene. Nada podrá despertarte, nada será capaz de perturbarte. Estás hipnotizado y lo disfrutas.-

    Indicó Marcus.

    -Ssi… Mi Amo… Nada será capaz de despertarme… Nada podrá perturbarme de este trance… No despertaré al menos que tu lo mandes… Estoy hipnotizado y lo disfruto…-

    Aseguró Mendosa completamente dominado por el control mental de Marcus.

    -Perfecto. Te ordeno que a partir de ahora seas mi esclavo sexual. Te complacerá acostarte conmigo y tener sexo. Y con quien yo te mande. Eres homosexual ahora, y eso te complace.-

    Indicó Marcus a su nueva adquisición por medio de los altoparlantes.

    -Sssi… Tus deseos son órdenes… A partir de ahora soy tu esclavo sexual… Me complace acostarme contigo y tener sexo. Y con quien tu mandes también… Ahora soy homosexual y eso me complace… Sssi mi Amo… Tus deseos son órdenes… Obedeceré…-

    Aceptó Mendosa la sugestión final y Marcus se removió bajo el cuerpo de sus esclavos completamente victorioso.

    -Bien Mendosa, Alfonso, tu capataz irá por ti. Te llevará a la piscina. Sé que eres un excelente nadador. Quiero estar encuerado y nadar contigo. A partir de hoy, vamos a pasar mucho tiempo en la piscina. Quiero que me complazcas en la piscina, ¿lo harás?-

    Preguntó Marcus, a la vez que retiraba a los cinco esclavos de encima de su cuerpo.

    -Sssi… Soy tu esclavo encuerado… Me encanta nadar… Pasaré todo el tiempo que quieras contigo en la piscina… Ssi mi Amo, Te complaceré … Haré lo que desees… Tus deseos son órdenes…-

    Marcus apretó entonces el interruptor en el control remoto que llevaba en su muñeca y cerró el sistema de audio. -Mi predilecto, lleva a Mendosa a la piscina por favor, aunque antes colócale el traje de baño que le compré. Después retoma tu caminata de sonámbulo. Sam, quiero que limpies todo aquí, recojas y guardes la ropa de tus compañeros y la tuya. Después prepara el desayuno, sólo te permito que te pongas un short y sandalias. Hércules, vístete con tu ropa de trabajo, aunque sin camisa, lo mismo tu Nicolás, quiero que vayan al invernadero, ya les enseñé que deben hacer. Sergio, quiero que te vistas y vayas a la ciudad en tu motocicleta y traigas las cosas que ya te indiqué antes., Vuelve antes del mediodía. Tenemos una tarde muy ocupada, debemos preparar todo para la siguiente cacería. Ahora toca el turno a Jason.-

    Nota del Autor: agradeceré mucho sus comentarios acerca de mis historias en los capítulos, o bien sus críticas ante mis curiosas ideas.

    ¿Qué opinan del perverso y enfermo Marcus?

    ¿será que acaso uno de estos hombres podrá resistirse?

    ¿acaso nadie podrá detenerlo?

    Hasta ahora han caído seis de ocho, ¿será que Jason y Nataku tendrán alguna esperanza?

    Igualmente decirles, que en mi perfil están todas las partes de esta historia, vamos por el capítulo 15, e igualmente pueden disfrutar de mi otra serie «Sopnámbulo», que actualizaré pronto.

  • Un verano inolvidable (Parte 1)

    Un verano inolvidable (Parte 1)

    Me presento. Me llamo Alexandra, pero todo el mundo me llama Alex. Soy una chica de 18 años que acaba de terminar la escuela y va a disfrutar de los meses de verano que tiene por delante.

    Hoy es el primer día de vacaciones de verano. Como era de esperar estaba ansiosa porque llegase este día. Estos meses de descanso pienso dormir, salir con mis amigos, divertirme, ir a la piscina… en resumen, vivir mi vida alocadamente.

    Son las 11 de la mañana y aún estoy todavía en la cama. Oigo las voces de mis padres y mis hermanos, pero la cama me supera, es el mayor placer que voy a descubrir en toda mi vida. Pero, como es de esperar, me levanto de la cama con mi pijama de tirantes color azul y unos shorts a juego.

    Con toda la pereza del mundo salgo de mi cuarto y me dirijo a la cocina para desayunar. En el camino me encuentro con mi padre y con mi hermano mayor. Cuando llego a la cocina saludo a mi madre que daba de desayunar a mi hermanito y hago mi desayuno.

    Una vez terminado, vuelvo a mi cuarto para ducharme. En la ducha observo mi cuerpo. No soy una chica fit ni tengo un cuerpo de infarto, pero tampoco me veo tan mal. Tengo la piel bronceada de por sí y más que se me pondrá en estas vacaciones, el pelo negro, ondulado y por debajo de los hombros. Mis ojos son lo que más me gusta de mi cuerpo, son verdes pero de un verde como el mar. Los tengo del mismo color que mis hermanos pero aún no sé de quién los hemos heredado porque mis padres los tienes marrones.

    Mi boca… pues… tengo los labios rosados y un poco gruesos, no soy mucho de pintármelos, pero cuando lo hago me gusta el color pasión. Y mi cuerpo pues es delgado, soy la típica que causa envidia porque como y como pero nunca engordo jajaja. No me considero alta pero tampoco un pitufo, mido 1’62 cm aproximadamente y estoy feliz con mi estatura. Mis pechos son más pequeños que grandes pero van acordes a mi tamaño, uso la talla 85 de sujetador. En cuanto a mis caderas, no tengo unas curvas pronunciadas pero me gustan, y mi culo… opinar vosotros mismos jaja. Va acorde a mi cuerpo, al hacer ejercicio y correr lo tengo redondito y duro.

    Y hasta aquí mi descripción. Ahora me meto en la ducha y me lavo. Una vez terminó me seco y me pongo un bralette sin nada debajo y un short de tiro alto negro con un tanguita de encaje fino debajo. A todo esto no pueden faltar mis converse blancas y mi pelo al natural.

    Una vez lista, llamo a Marta, mi mejor amiga, para ir a dar una vuelta y comer por ahí, para luego tener una tarde de piscina.

    Con Marta, una rubia despampanante, 1’67 de altura, ejercitada, ojos miel, y cuerpo de infarto… una envidia para todas las chicas, pero una amiga a la que yo amo, nos vamos a dar una vuelta por el centro comercial.

    Recorremos toda clase de tiendas y nos detenemos en una tienda de bañadores mixta, tanto de hombre como de mujeres. La tienda está llena de gente por lo que permanecemos juntas en todo momento. Vamos viendo los bikinis que hay. A mi me llama la atención uno, es negro con algo de estampado fucsia. Es precioso. Se lo digo a mi amiga y me dirijo al probador para ponérmelo.

    Allí todos los probadores están ocupados y me toca esperar. Después de un rato se vacía uno y voy. Dentro, me quito toda la ropa y me poco la brasileña negra y la parte de arriba. Me encanta, doy vueltas y vueltas observándome en el espejo, me he enamorado del bikini. De repente, sin esperármelo noto que alguien abre la cortina del probador pero no hago mucho caso pensando que es mi amiga.

    De repente, noto que una mano se posa en mi cintura y una barbilla en mi hombro, y como me atraen hacia ese cuerpo. Al instante me asusto y me intento girar y soltar pero una voz en mi oído y unas manos en mi cadera me lo impiden. La voz era de un chico, gruesa y sexy, la voy más hipnotizante que he escuchado jamás. El chico tendrá unos veinte años aproximadamente y por lo que noto debe estar fuerte porque su pecho en mi espalda me lo dice todo.

    -Shhh, tranquila, no te voy hacer nada.

    Esto es lo que dice el chico, que cada vez aprieta más mi cintura a su cuerpo. Llega un momento en el que siento mi culo donde no debería estar.

    -Te voy a soltar, pero por favor no chilles, no me pueden encontrar.

    Yo asiento con mi cabeza y él poco a poco me va soltando. Acto seguido, me doy la vuelta para verlo cara a cara y no me equivoco. Es un chico de unos veinte años, moreno, alto, muy alto, cuerpo para pasar tus manos y no soltarlo nunca. Un mar azul como ojos para perderte en él y no querer salir nunca de ahí, y que decir de sus labios, unos gruesos, rosados y deliciosos labios. Cuando me doy cuenta que he pasado un tiempo mirándole decido hablar.

    -¿Qué? ¿Quién eres tú? ¿De quién escapas? Sal de aquí pervertido!!!

    -uyy tranquila hermosa. Soy Jackson un placer.

    -aggg que haces aquí?

    -pues verás bombón, me está persiguiendo una loca y no me deja en paz, y pues este es el primer sitio que he visto.

    -ummm qué casualidad no?

    -uff ya te digo. Si sé que va a pasar esto vengo mucho antes.

    -idiota!!! Lárgate de aquí!!

    -Shhh que nos van a oír.

    – me da igual, que te largues!!!

    – bien bien, fiera, tranquila, ya me voy. Pero antes…

    Noto como se acerca a mí y al instante siento sus labios presionando lo míos, y sus manos en mis caderas. Me niego a seguir el beso, pero al final acabo cediendo y siento sus suaves labios contra los míos, en una danza sin final. Su lengua pide permiso para entrar y yo muy gustosa se lo doy, las dos se encuentran y comienza una guerra. Mis manos no obedecen y van subiendo hasta su cuello y se enredan en su pelo, tirando un poco de él. Noto como ante este acto suelta un suspiro y me muerde el labio inferior. Pero el beso no para sino que continúa con más pasión y sus manos van bajando por mi cintura hasta mi culo, donde las posa y lo masajea, apretándolo suavemente y haciendo que suelte suspiros de placer.

    El beso de va haciendo cada vez más lento y poco a poco nos vamos separando, no sin que antes mierda mi labio suavemente.

    Nos miramos a los ojos, los suyos brillan de deseo, sus pupilas están dilatadas y los míos estarán igual. Nuestras respiraciones están aceleradas y puedo decir que acabo de recibir el mejor beso de mi vida!!

    Nuestras manos no se mueven y nuestros cuerpos tampoco.

    En este momento, la dependienta habla para ver si he terminado y ahí es cuando finalmente reacciono separándome de este chico.

    -Ya voy, enseguida salgo! -Es lo que digo a la chica.

    -Tu vete ya y olvida lo que ha pasado!

    -No puedo olvidar esto preciosa, y ahora mucho menos quiero.

    -Bueno, ya, lárgate! -le digo.

    -vale vale, ya me voy, pero dame tu número no?

    -No te voy a dar nada, así que lárgate ya!

    -okey okey, ya lo encontraré.

    El chico se da la vuelta y se dispone a ir, pero como no, tiene que decir algo por su deliciosa y apetecible boca.

    -Chao nena, nos vemos.

    Me guiña un ojo antes de irse.

    Aggg que me ha pasado! Esto no puede ser verdad! Me miro al espejo y estoy sonrojada con los labios hinchados. Me cambio rápidamente y me voy a buscar a mi amiga Marta.

    Continuará…

  • Taxi

    Taxi

    Hacía un par de meses que el matrimonio se lo había montado con aquella morbosa camarera. Nunca habían vuelto a sacar el tema, ni siquiera una leve reseña alguna de las veces que lo habían vuelto a hacer ellos solos. Aunque no lo nombrasen, entre ellos se había abierto una puerta que, ahora, era difícil de cerrar.

    Aquel viernes noche, estuvieron cenando en un elegante restaurante del centro. La botella de Rioja con que regaron aquella comida se había acumulado al par de cervezas mientras esperaban su mesa y había sido el preámbulo de los gin tónics con que continuaron en aquel bar de copas de moda. Los efectos del alcohol se dejaban notar en Tere más que en Mario.

    Metidos en el taxi de vuelta a casa, la mujer comenzó a comerle el cuello a su marido sin ningún reparo en el conductor, un chico más joven que ellos que hacía el turno de noche para sacarse un dinerillo de cara a sus estudios.

    Poco a poco, la cosa en el asiento trasero se fue calentando, al punto que el escote del vestido de Tere cedió y uno de sus pechos se escapó quedando expuesto a la indiscreta mirada del joven conductor. La mujer se acarició antes de volver a introducirla mientras guiñaba un ojo al voyeur. Mario, entregado a la voluntad de su mujer, sonrió ante el gesto de ésta.

    Ella, en un estado de gran excitación, se colocó de rodillas en el asiento al tiempo que desabotonaba la camisa de su marido y recorría con su boca su pecho. Éste le apretaba una nalga sobre el vestido antes de introducir su mano bajo la prenda y alcanzar la entrepierna. La mujer dio un pequeño grito y el taxista suspiraba mientras trataba de no perder detalle con fugaces miradas al espejo retrovisor.

    Tere, ahora con el vestido subido hasta su cadera dejaba ver sus nalgas blancas, comentó algo al oído de su marido antes de volver a sentarse junto a él mirando directamente al taxista por el espejo:

    -Estás seguras que quieres eso… -le preguntó Mario a su mujer.

    Ella simplemente asintió con la cabeza antes de cerrar sus ojos, morderse el labio inferior y llevarse la mano a su sexo para acariciarlo con delicadeza.

    -Perdona –Mario llamó la atención del joven taxista –, ¿te gustaría ganarte un dinero extra?

    -Claro joder.

    En un estado de semiembriaguez, Mario comentó al taxista lo que su mujer le había pedido:

    -Como verás, estamos cachondísimos. Mi mujer más que yo, como ya has comprobado. Necesitamos echar un polvo cuanto antes y queremos hacerlo en el taxi. Nos podrías llevar a algún sitio escondido. Te pagaremos lo que nos pidas y por adelantado… –dijo esto sacando un par de billetes de cincuenta euros.

    El taxista, que había parado el coche junto a la acera de una de las calles céntricas de la ciudad, quedó perplejo:

    -Vamos a ver, son las cuatro de la mañana, me quedan al menos cuatro carreras más esta noche. La fantasía sexual les va a salir por 100 pavos.

    -De acuerdo. –Aceptó Mario tendiéndole los dos billetes.

    El chico se reincorporó al tráfico y el matrimonio volvió a su excitación. La mujer envolvía de nuevo el cuello de su marido con los brazos mientras le besaba. Mario mordía el busto de ella hasta conseguir que sus maravillosas tetas volvieran a salir a la vista.

    El taxi se movió rápido por un par de calles antes de salir a un descampado cercano al estadio fútbol donde un día a la semana se asentaba el mercadillo pero que a esa hora era ocupado por otros coches con los cristales empañados.

    Una vez llegaron, el conductor apagó el motor de su Skoda, sintonizó una cadena de música acorde con el momento y se giró hacia atrás para indicar que él les esperaría fuera:

    -Quiero que se quede. –Tere sorprendió a los dos hombres con su exigencia.

    Mario se quedó mirándola fijamente antes de mirar al taxista que permanecía con los ojos muy abiertos ante la propuesta:

    -Sí. Quiero que se quede y nos vea follar pero no puede intervenir. Sólo voyeur.

    Mario volvió a dirigirse al joven:

    -Pues ya has oído chaval, si te apetece te puedes quedar…

    Con el joven aun perplejo con la situación la mujer tomó la iniciativa. Se quitó el vestido quedando completamente desnuda ante su marido y aquel desconocido. Solamente portaba unas medias negras que se sujetaban a la parte alta de sus muslos por un ligero de encajes.

    Luego se acomodó para buscar la entrepierna de su marido y liberar su polla totalmente erecta. Mario se acomodó en el asiente trasero de aquel taxi y se dispuso a disfrutar de las finas manos de su mujer. Teresa comenzó un movimiento de arriba abajo sobre el miembro de su marido quien suspiraba de placer. La mujer se deleitaba con la situación. Tenía a su marido a su merced, masturbándolo, completamente desnuda ante un joven desconocido al que doblaba la edad.

    Comenzó a notar que se humedecía, se pasó la lengua por los labios antes de agachar su cabeza y comenzar a practicarle una magnífica felación. Mario, entregado a la ardiente boca de su mujer le marcaba el ritmo con las manos en la cabeza mientras veía al taxista tocarse incapaz de soportar la situación.

    Con la voz de Marvin Gay entonado Let´s get In On, los dos amantes se comían a besos mientras comenzaban a desnudarse ante la atenta mirada de aquel desconocido taxista que les estaba cobrando 100 euros por dejarles el taxi para cumplir la fantasía sexual de Tere.

    El chico se acomodó en su asiento y se dispuso a disfrutar del espectáculo que le brindaban aquella pareja de pasajeros desconocidos. Ante él la mujer yacía ahora desnuda en el asiento trasero mientras su marido le practicaba un cunnilingus en su coño cubierto de rizos negros. Los gritos incontrolados de aquella madura anunciaban que estaba a punto de llegar a un espectacular orgasmo.

    El joven taxista se había sacado la polla y se masturbaba lentamente ante aquella imagen sacada de una película porno. ¿Quién le iba a decir que acabaría excitándose de esa manera en el trabajo una noche de sábado cuando todos sus amigos estaban de juerga?

    La corrida de la mujer acabó en un espectacular skirting que terminó por mancharlo todo:

    -Joder cabrón, qué comida de coño me has dado.

    -¿Te pone muy perra que nos vean?

    -Uf, saca lo peor de mi.

    Mario se sentó en el centro del asiento trasero y colocó a su mujer encima de él dándole la espalda. La penetró sin esfuerzo dado lo lubricado que tenía la vagina recién corrida. Tere echó su cuerpo hacia atrás y giró la cabeza buscando la cabeza de su marido que la besó. Con su espalda arqueada, le ofrecía al joven taxista una maravillosa visión de su cuerpo desnudo.

    Sus tetas de un buen tamaño desafiaban a la gravedad. Sus pezones erectos apuntaban hacia el techo en medio de unas grandes aureolas de color marrón claro muy apetecibles. Su abdomen, definido por horas de gimnasio, precedían a un monte de Venus cubierto por una espesa mata de rizos negros, que se abrían al paso del pene erecto de Mario. Las manos de éste se agarraban al cuerpo de su mujer subiéndolo y bajándolo sobre su poderoso miembro.

    Ella comenzó a gemir cuando incorporó su cuerpo apoyándose entre los asientos traseros. El joven taxista estuvo tentado a meter las manos y agarrarle las tetas pero en vez de eso aceleró el movimiento masturbatorios sobre su polla.

    Mario alargó una de sus manos para pellizcar uno de los pezones de su mujer que miraba lasciva la paja que se hacía el desconocido conductor. El hombre bufaba con cada pollazo que dirigía al coño de su mujer. Le dio un nalgazo antes de introducirle un dedo en el ano, cosa que Teresa hizo saber al taxista:

    -Joder, me está metiendo un dedo en el culo.

    Ella comenzó a mover un dedo de su mano derecha sobre su palpitante clítoris, sintiendo como la poderosa polla de su marido percutía casi en el cuello de su útero y su ano se abría al paso del dedo de él.

    Con un grito, Mario se corrió abundantemente en el coño de su mujer. Ella hizo lo propio, acelerando el dedo sobre su pipa, cuando se sintió inundada por el semen caliente de su marido. Pero terminó de cumplir su fantasía cuando el taxista, excitado de manera incontrolada, se corrió frente a ella manchando con su lefa sus tetas y su preciosa cara de madura viciosa.

    Después de unos minutos de necesario relax, cigarro incluido, el matrimonio se comenzó a vestir. Aunque Tere no se limpió los restos de la corrida del taxista. El semen de aquel desconocido corría por su cara y sus tetas.

  • Mi mejor experiencia en Brasil

    Mi mejor experiencia en Brasil

    Soy el típico polvo fuera de tiempo que mis padres tuvieron que afrontar a los 47 años de edad, meses antes de que mi madre entrara al a menopausia. Soy el tercer hermano, menor por 17 años con mi hermana Clara y por 19 años con Pablo, el mayor.

    Mi nombre es Juan Cruz, para los que no me conocen del otro relato, y tengo 43 años actualmente. Esto me pasó cuando tenía 20 años recién cumplidos, y marca el inicio de mi sexualidad. No porque antes no hubiese tenido relaciones, de hecho había estado saliendo con Rocío, 1 año menor que yo, durante casi 3 años. Juntos nos habíamos desvirgado mutuamente y habíamos tenido mucho sexo durante esos años. O eso creía yo.

    Lo que pasó es que Clara, mi hermana, había pagado un viaje a Brasil con Carlos, su pareja, y una pareja más, amigos de Carlos: Sofía y Alejandro. El problema se dio cuando Sofía encontró a Alejandro con las manos en la masa (en plena masa con su ex novia) y le cortó todas las comunicaciones. Alejandro quedó inmediatamente descartado del viaje al país carioca, quedando sólo 3 integrantes. Sofía no quería viajar sola, ya que sentía que estaría en medio de Clara y Carlos, y no quería ser una carga para ellos. Entonces yo, que estaba distanciado de Rocío, le dije que iría con ellos para ocupar el lugar de Alejandro en el coche, y su estadía en el hotel.

    Todos estuvieron de acuerdo, aunque con reservas. Se cambió la habitación que nos tocaba a Sofía y a mí por una habitación con 2 camas individuales. Sofía tenía en ese entonces 36 años y se conocían con Clara desde el colegio. Ellos 3 llevaban vidas parecidas, muy sanas, con muchas horas semanales de entrenamiento y se mantenían muy en forma. En cuanto a mí, mis 20 años me sentaban más que perfectos. Siempre tuve un cuerpo esbelto, pero el deporte que practicaba desde los 12 años, el rugby, me había tallado el cuerpo de una manera muy particular, y debo decir que tenía mucho éxito entre la platea femenina.

    Si bien en algún momento fantasee con lo que podía pasar en la habitación con Sofía, ella misma lo desactivó al decir algo así como «Cambiemos la cama grande por 2 individuales, porque yo no voy a dormir con una criatura». Todos rieron, pero a mi me hubiese gustado la idea de hacerlo con una mujer más grande. Y además Sofía me atraía, pero evidentemente yo era un nene para ella.

    El viaje en auto pasó entre risas y calor, pero Brasil llegó y ya estábamos en las playas de Bombinhas. El hotel era un lujo, las habitaciones eran grandes y muy cómodas, y nos habían dado 2 camas grandes en lugar de 2 individuales.

    Esa tarde salimos a recorrer un poco el lugar y a bañarnos en el mar, que para eso uno va a Brasil después de todo. Para eso y para vivir experiencias distintas. La noche llegó pronto, a eso de las 18:30, y con el cansancio del viaje, nadie tenía muchas ganas de trasnoche. Cenamos temprano y nos fuimos a acostar. En ese momento se dio la primer incógnita: Cómo nos íbamos a desvestir??? Yo dormía siempre en bóxer y encima hacía calor para andar tapándose con unas sábanas.

    Sofía solucionó rápido el tema. Entró al baño, se duchó y salió enfundada en un pijama blanco que bastante se alejaba de algo erótico. Era un pijama para dormir con esa persona que definitivamente no te vas a coger. Y ese era yo.

    Mi turno en la ducha, que no duró mucho, y primer contratiempo: no me había llevado un short para ponerme al salir del baño. Me envolví con la toalla y salí a buscar uno, bastante avergonzado. Sofía, que leía una novelita, levantó los ojos, me miró con desinterés y siguió en lo suyo. Yo agarré mi ropa y me cambié en el baño, salí y me acosté en mi cama.

    -Te molesta que duerma sin remera?

    -Para nada, te vi toda la tarde sin remera! -Se rio ella.

    -Tenés razón, qué tarado… -Y hasta yo me noté nervioso.

    Nos quedamos en silencio un rato, que fue bastante incómodo porque no sabía de qué hablar con ella. Su vida y la mía no eran ni parecidas y eran pocos los puntos en común. Fue ella quien finalmente empezó a hablarme de trivialidades, y pudimos charlar bastante esa noche antes de dormirnos. Era un buen inicio de vacaciones.

    Al día siguiente, Sofía me despertó abriendo las cortinas de la habitación. Maldije por dentro y le dediqué un «buen día» ronco.

    -Buen día -me contestó ella- Arriba, vamos, que hay 3000 pendejas esperando conocerte allá afuera! ja!

    -Pará, que recién abro un ojo…

    -Me cambio y bajo a desayunar, así te cambiás tranquilo

    -Dale, gracias

    El día fue hermoso y no salimos jamás de la playa. En mis ratos libres íbamos al mar con Carlos y veíamos cómo los tipos se le acercaban a mi hermana y a Sofía buscando establecer un contacto… y eran rechazados uno por uno. Carlos no era celoso. Lo malo es que los celos me agarraban a mí, con Sofía!

    3 días pasaron así hasta que una tarde decidí salir a caminar un rato solo. Lo hice pensando en mi ex novia, en otras chicas que había conocido y, por supuesto, en Sofía. Verla en bikini me había dado material para más de una paja. Sobre todo cuando se acomodaba la parte de abajo de la bikini y dejaba entrever que no tenía nada de vello ahí debajo. En mi caminata vespertina me topé con 2 chicas que estaban haciendo topless tiradas sobre una manta. No pude evitar mirarlas todo el tiempo que pasé delante de ellas. Y por supuesto, una de ellas estaba mirándome, pero con los lentes de sol puestos no lo advertí.

    -Te gusta lo que ves? te debo plata? -preguntó con ironía

    Me avergoncé, es cierto, pero su comentario me inspiró risa repentina. Su amiga abrió los ojos y me miró sonriendo. Se incorporó y sus tetas evidenciaron una perfecta redondez y caída natural. No deben haber tenido más de 18 o 19 años, eran muy jóvenes y estaban solas. La que me había increpado por estar mirando era un poco rellenita, pero tenía muy bien distribuido todo en su cuerpo, tenía pelo negro y labios gruesos, con rasgos más centroamericanos que locales. Su amiga, la que me sonrió, tenía el pelo muy rubio, la piel dorada, ojos azules verdosos y las piernas más largas del mundo.

    -Perdón si miré de más, pasa que…

    -Está todo bien -dijo la rubia, que seguía con su sonrisa puesta- No nos ofendemos porque nos miren

    -A vos no te ofende! -dijo la morocha- Yo no quiero que me ande mirando cualquiera que pasa por adelante!

    -Bueno, Cami, relajate, no pasa nada, pidió perdón y ni te habló, además… es lindo, no?

    Cami, la morocha, la miró a la rubia con gesto inverosímil. Agarró su parte de arriba de su bikini, se levantó de la manta y se fue al mar sin decir palabra.

    -Perdón por mi amiga, es muy feminista y no soporta que los hombres la miren -Dijo mirándome fijamente- Y además no le gustan los hombres… – finalizó, bajando bastante el tono de voz.

    -No pasa nada, el que estaba mirando era yo y… a decir verdad ni siquiera era a ella a la que estaba mirando… -Quise decir que era inocente de los cargos que me imputaban, y me acababa de incriminar sólo con la rubia, terrible jugada!

    -Ahhh… o sea que me estabas mirando a mi, no? acosador! -Me dijo riéndose sola

    -Naaa… no me digas así, es que donde vivo no suelen haber chicas en tet… topless tomando sol. Soy de Rosario, Argentina, vos?

    -Soy de Córdoba. Me llamo Martina.

    -Yo soy Juan Cruz, un placer conocerte.

    Y así nos quedamos charlando un rato, esforzándome cada segundo por mirarla a los ojos y sacar la vista de sus pechos. Su amiga volvió del mar y le dijo que se quería ir, que la acompañara. No tuve la capacidad siquiera de pedirle un teléfono (hace 23 años casi nadie tenía celular o mail) y Martina se fue con Cami caminando hacia su hotel. Yo… yo sólo me quedé pensando en que había tenido mucha suerte. No sé si había tenido buena suerte de conocerla o mala suerte de conocerla y no verla más, pero suerte había tenido.

    Los días pasaron entre playa y mar y se acumulaban los momentos rodeado de mujeres semidesnudas y sin poder tener sexo. Habíamos llegado al anteúltimo día de estancia en Bombinhas y entre los 4 decidimos que era un buen momento para ir a despedirnos de Brasil en un bar de playa donde había fogones y música hasta bien entrada la madrugada. Nos preparamos y nos unimos a la fiesta. Mi hermana y su esposo fueron vestidos completamente de blanco, y se los veía muy bien. Sofía en cambio, se había puesto un atuendo más osado. Llevaba un vestido corto, que apenas le cubría el culo y, en la parte superior, muy poca tela le tapaba apenas una parte de cada teta. No tenía sostén, y realmente tenía mis dudas sobre si tenía ropa interior. El bronceado brasileño le sentaba perfecto y resaltaba con el amarillo de su ropa. Todo remataba en unas sandalias con plataforma que le estilizaban el culo y las piernas de manera brutal.

    Una vez en el bar, mis 3 compañeros de viaje dieron rienda suelta a sus ganas y pidieron todo tipo de bebidas, mientras bailaban en la arena y se reían de todo. Yo en cambio, tomaba tragos menos agresivos y miraba a todo el mundo desde la barra. Y entonces sentí que me tocaban el hombro. Era Martina. La reconocí instantáneamente por los ojos. Cuando la vi en la playa era muy linda al natural. Pero vestida como estaba esa noche, con sus ojos enmarcados en un ligero maquillaje y su pelo suelto, era sencillamente perfecta.

    -Hola, Martina! -casi le grité, delatando mi sorpresa y el no poder creer lo hermosa que estaba.

    -Hola! cómo estás? -Dijo con voz dulce

    -Viniste con tu amiga?

    -Si, anda por ahí, con una «amiga» nueva, parece que le gusta.

    -Bien por ella

    Y nos dedicamos a charlar mucho rato. Con el tiempo hablamos de nuestras vidas amorosas, qué esperábamos del futuro, las relaciones pasajeras y cuánto tiempo necesitaban conocerse dos personas para poder tener sexo por primera vez. Yo le decía (como casi cualquier hombre) que si la primera vez había ganas, nada impedía pasar un buen momento. Ella decía que hacían falta al menos 3 días para que un hombre la viera desnuda. Eran las 23:30 y ya íbamos por el tercer trago de la noche cada uno. A Martina le brillaban un poco los ojos y se reía de cualquier cosa que dijera yo. Decidimos salir un rato a caminar a la arena. Entre los tragos, la música y las risas, nos sentíamos muy a gusto y ya no éramos extraños.

    Todo terminó con los dos besándonos descalzos en la orilla del mar, como una especie de escena cliché pero realmente fue algo que se dio naturalmente. Y tanto se dio sin programa previo que entre besos y mareos, terminamos en la puerta del hotel donde yo paraba.

    -Subimos? -Le pregunté, denostando las ganas que tenía de tenerla desnuda en mi cama

    -Me muero de ganas -dijo, y todo fue emoción…- Pero te dije que tenemos que vernos 3 días para que pase eso. -Y todo fue decepción

    Arrojando la última carta que tenía en mi mano, le dije:

    -Técnicamente, es el tercer día… fijate, el día que te conocí, ayer y hoy! son las 2 de la mañana y es mi última noche en Brasil

    -Jajaja, sos muy trucho! ayer antes de las 12 y hoy después de las 12 no cuenta como 2 días!

    -Yo insisto que sí, y podemos llevar este caso a la corte de La Haya para que decida, o podés subir conmigo y terminar la noche de la única manera que hay que terminarla – le dije sonriendo

    -Jaja, subamos, dale, antes que me arrepienta.

    Subimos a mi habitación, sabiendo que estábamos solos porque había visto a mi hermana y compañía tirados en la arena con una botella en la mano.

    Entré con Martina a la habitación y fuimos directo a la cama, besándonos torpemente, chocando con los muebles hasta llegar y dejarnos caer en ella. Yo acariciaba su rostro mientras besaba su boca, de labios finos y rosados, que ya se habían hinchado después de horas de besos. Mi boca pasó a besar su cuello, porque era muy seductor y porque era parte del «manual para iniciar el sexo» de todos los chicos de mi edad.

    Si algo me gustó de conocer a Martina, era que no coincidía con el estereotipo de la nena buena de su edad, era más bien una mujer jóven, decidida y que sabía bastante bien lo que quería y cómo lograrlo. Y eso quedó demostrado enseguida:

    -Te quiero chupar la pija -me dijo mientras me tiraba en la cama boca arriba

    Me sentí intimidado, ya que siempre era yo el que proponía el juego y la acción. Que me lo propongan no era normal para mí, pero me dejé llevar. Martu me desabrochó el pantalón, me sacó la ropa con mucha maestría y agarró todo lo que tenía delante de sus ojos. Yo abrí las piernas y dejé que ella se quedara en medio de estas, con mi verga en la mano y su boca a escasos centímetros. Martina empezó a pajearme con paciencia, subiendo y bajando la mano con tranquilidad y sin apuro. Yo sólo quería que se meta todo en la boca y poder disfrutar de esos labios encerrando mi verga.

    -Tenés la pija explotada, te gustaría que te la chupe?

    -Me estás matando… chupámela…

    -Así no. Se pide por favor -me decía mientras me pajeaba con más velocidad a medida que hablaba

    -Por favor…

    -Por favor qué? -y su ritmo se había puesto frenético

    -Por… favor… ahh… chupame la pija…

    Se metió la pija en la boca y fue como llegar al paraíso. Anteriormente me habían chupado la pija, por supuesto, pero siempre con lengua y mucha mano, como haciéndome una paja con el glande entre los labios. Martina en cambio me tragó la verga, literalmente, y puso las manos debajo de mi cola para tomarse con fuerza y meterse lo más posible mi carne en su boca.

    El calor de esa boca, sumado al arte que tenía para hacer su tarea, estaba haciendo que estuviera a punto de llenarle la boca de semen. Pero era demasiado pronto, hubiese sido un papelón. Después de 2 minutos de chuparme la pija, le dije que quería retribuir esas caricias. Me incorporé, me quité la remera y le quité el top blanco que cubría sus pechos. No estaba usando corpiño, y cuando saqué la prenda, sus tetas quedaron tan firmes como redondas delante de mis ojos. No tenían la marca de la bikini, lo que denotaba que Martina no había tomado sol con el traje de baño prácticamente nunca. El color dorado de su piel era intenso y uniforme, y resaltaba contra la claridad de sus pezones rosados y suaves, completamente duros por todo ese juego previo.

    Con poca experiencia pero mucha calma, le empecé a subir la mini negra que tenía aún puesta. No se opuso a nada, y entonces aproveché para jugar con ella y su diminuta tanga. Mientras llevaba mi boca a uno de sus pezones, mi mano se mudó a su entrepierna, acariciando suavemente la parte interna de sus muslos, que al estar arrodillada en la cama con las piernas completamente abiertas, dejaba mucho campo para acariciar. Su tanga de encaje negra era perfecta para esa situación, y al primer contacto noté que estaba completamente mojada.

    Acaricié su vagina suavemente por encima del encaje negro, buscando contactar lo más posible con sus labios y si clítoris. Martina había empezado a gemir, al tiempo que se agarraba fuerte de mi verga, estando los dos arrodillados uno frente a otro, y seguía con su tarea de pajearme a destajo. Sus ojos se habían cerrado y se notaba que estaba disfrutando ese placer lento y paciente.

    De a poco fui incrementando la presión sobre su prenda íntima y mis dedos empezaron a mojarse con sus líquidos. Corrí un poco de su tanga para poder tocarla directamente. Su concha goteaba flujo de sus labios. Y mi pija había hecho lo mismo en su mano, que estaba empapada de mi líquido seminal.

    Mis dedos medios se ensañaron con el clítoris de Martina, que era pequeño pero estaba terriblemente duro. Le pasaba los dedos en círculos, sin mucha rapidez, pero con buena presión. Su mano con la que me había estado masturbando a ritmo constante, comenzó a fallar en su coordinación. Yo tenía a esa altura toda la mano mojada con sus jugos, y empecé a alternar las caricias, con los círculos en su clítoris y metiéndole dedos en su vulva. Martina empujaba con cada embestida, y los gemidos empezaron a oírse en toda la habitación. Le pasé un brazo por su espalda y la pegué a mi cuerpo, inclinándola de a poco para dejarla recostada sobre la almohada de mi cama. Martina abrió sus piernas con las rodillas flexionadas y por primera vez pude ver su concha. Era estrecha, de labios finos, con un pequeño bosquecito de vello en su pubis pero muy prolijamente depilada en su vulva. Los labios interiores se asomaban un poco entre los externos y el clítoris se había puesto duro y turjente, reclamando más atención.

    No me resistí a la tentación. Bajé mi cabeza a su entrepierna y besé el interior de sus muslos, su vientre, el pubis… al tiempo que metía muy de a poco dos dedos en su vagina, centímetro a centímetro. Martina pasó los brazos detrás de la almohada y la apretó con fuerza. Gemía y movía las caderas con mis caricias. Dejé de jugar en los alrededores y ataqué su clítoris con la lengua. Diez segundos después de apoyarle la lengua en su vulva, Martina arqueó la espalda, me agarró del pelo y gritó de placer con la llegada de su orgasmo. Su concha empezó a tener espasmos y liberar cantidades de flujo que yo chupaba con dedicación. Tenía la pija terriblemente dura, y sentí que nada me importaba a esa altura. Ella estaba ida por completo y yo, yo solo tenía una mínima conciencia de lo que pasaba más allá de nuestros instintos animales. Lo único que tenía en la mente era penetrar esa concha rosada, joven, pulcra, húmeda hasta chorrear sus líquidos a la cama.

    Fue quizás por eso que ninguno de los dos se percató de que Sofía estaba parada en la puerta de la habitación, mirándonos con una sonrisa pícara y definitivamente ebria. La botella de ron que tenía en la mano reforzaba la sensación. Tenía los ojos turbados por el alcohol y su vestido amarillo se había subido más de la cuenta, mostrando sus muslos firmes.

    Martina seguía con los ojos cerrados terminando de gozar su orgasmo, sin darse cuenta de nada. Yo miraba a Sofía sin saber bien qué decirle. Estábamos desnudos, yo con la pija hecha una viga y Martina con sus piernas abiertas chorreando placer, no había mucho para decir en esa situación.

    -Qué hacés ahí, Sofía!!?? -Fue lo que me salió cayendo en la cuenta por primera vez en toda la noche que también era su habitación. Martina abrió los ojos de golpe, mi miró y miró a Sofía. Se levantó de golpe y se sentó en la cama.

    -Jaja, no se pongan nerviosos, los estoy viendo hace un rato ya… -Su voz sonaba pastosa y lenta, pero era firme.- Como ven, puedo estar un poco borrachita, pero el show estuvo bueno.

    -Quién sos!? qué hacés acá? -preguntó Martina, inquieta.

    -Es mi compañera de cuarto, amiga de mi hermana, te conté de ella hoy. -Traté de calmarla

    -Ah, claro, es tu habitación también, qué tonta… perdón -le dijo Martina bajando la vista con vergüenza.

    – Ey… chicos… no pasa nada. Somos todos adultos ya, nooo? jaja -Sofía se divertía con nuestra incomodidad- Y tengo que decir que Juan Cruz sabe elegir muy bien a la hora de tener sexo. Soy Sofía, vos sos…?

    -Martina -Le dijo, sin mucho detalle

    Yo mientras tanto seguía sentado en la cama, con la verga saliendo de entre mis piernas apuntando al techo.

    -Sofi, esto es incómodo, nos podés dejar un minuto para que nos vistamos? no queremos molestar…

    -Ya vas a esconder esa poronga hermosa que tenés? hace un par de noches que te miro y te ponés al palo mientras dormís… no la guardes… dejamela ver de cerca.

    Sofía se acercó tambaleando un poco. Yo no me podía mover, todo me daba vergüenza. Martina seguía al lado mío, tapándose con la almohada. El hecho de que sea mayor a nosotros y la seguridad que transmitía, me dejaba sin poder de reacción. Y creo que a Martina le pasaba igual, aunque en un momento me pareció que miraba a Sofi con algo más de admiración que de vergüenza.

    Sofía se agachó y me agarró la pija por el tronco. Yo di un respingo al sentir su mano. Martina estaba petrificada con la vista fija en mi pija rodeada por los dedos de Sofía.

    -Se te nota que tenés 20 años, eh… la pija de hierro, tenés… -Decía Sofi arrastrando las palabras por la borrachera.

    Sin más palabras que esas, se arrodilló ante mí y se metió la pija en la boca. Sus labios eran gruesos, tibios, y los dejaba relajados. Se me aceleró el corazón, mientras que los huevos se me subieron y contrajeron de inmediato.

    Martina estaba hipnotizada con la situación. Yo miraba la boca de Sofía tragarme entero y miraba a Martina todo el tiempo, una y otra, una y otra de nuevo… y entonces noté que Martina ya no abrazaba la almohada tan fuerte y hasta había dejado de apretar las piernas, en una posición más relajada.

    Sofía tenía toda mi pija en la garganta y con la lengua me acariciaba los huevos. Agarró una de mis manos y se la llevó a sus tetas, metiéndola dentro de su vestido, que ya copiaba lo turgente de sus pezones. Los pezones era duros, más que los de Martina, y grandes, largos.

    Salí del trance en que me encontraba y por primera vez en toda esa situación, me sentí dueño de mis actos. Le corrí el vestido a Sofi para dejar sus tetas descubiertas. Eran naturales pero con un tamaño bastante importante, y a pesar de su edad, mantenían una caída y redondez perfectas.

    La lengua de Sofía estaba haciendo estragos en mi libido. Sentía que me iba a desarmar en cualquier momento. Una de las manos de Sofía se había metido en su entrepierna y, como yo había supuesto esa noche más temprano, no tenía nada de ropa interior.

    Martina liberó finalmente la almohada, y se acercó a mí. Con calma y un poco tímida, me besó en la boca y dejó que su lengua jugara con la mía. Sentía su lengua en mi boca y mi verga en la garganta de Sofi, no había posibilidad que eso durara mucho más tiempo…

    -Sabés una cosa? esto es raro, y me está calentando mucho – me susurró Martina al oído

    -A mí también – le respondí en voz alta

    -«A mí también» qué?? -preguntó Sofía, sacándome de adentro de su boca- No vale tener secretos acá, es trampa! Vení, chiquita, ponete al lado mío.

    Martina se dejó llevar y se arrodilló al lado de Sofi y frente a mí. Sofía la tomó de sus mejillas y le dio un beso en la boca, largo, intenso, con pasión, tan fuerte que Martina no era capaz de pestañear de la sorpresa. La imagen me acercó indefectiblemente al orgasmo.

    -Sos hermosa, chiquita -le dijo Sofía- Me ayudás con esto? -y señaló mi verga

    -Vamos allá! -le respondió Martina saliendo de la sorpresa

    Sofía me tragó la verga de nuevo, al tiempo que Martina me empezó a lamer los huevos y un poco más al sur. Yo empecé a jadear sin control. Ver la escena me enloquecía. Sentí que mis testículos se contraían, la pija empezaba a cabecear. La eyaculación era inminente. Traté de anticiparles ese hecho, pero me salió de la boca un balbuceo poco claro. Me abandoné y me dejé ir dentro de la garganta de Sofía.

    Solté las primeras gotas al tiempo que el orgasmo llegaba. Sofía se dio cuenta y me miró, sin dejar de mover la cabeza arriba y abajo con la pija en su boca. Inmediatamente me explotó la verga, dejando salir un chorro de semen increíblemente largo y potente, que hizo que Sofía abriera un poco la boca y parte de esa leche tibia le saliera por la comisura de los labios. Dos, tres chorros más. Más semen chorreando por su boca, deslizándose por mis huevos hasta la lengua de Martina que lo bebía de a poco. El vestido amarillo de Sofi estaba todo chorreado, y yo lejos estaba de terminar de bombear esperma.

    Sofía se sacó la verga de su boca y la dejó terminar de escupir semen en su cara y sus tetas. Las dos estaban con sus manos en sus respectivas vaginas, mientras me ordeñaban sin piedad.

    Martina tomó la posta, me agarró la verga con ambas manos y terminó de escurrir lo que quedaba de mi orgasmo, tomando con la lengua los últimos vestigios de leche espesa, y recorriendo con cariño y paciencia mi glande en toda su circunferencia. Sofía, que la miraba entre excitada y sorprendida, se unió a ella y entre ambas terminaron de sacarle lustre a mi pija con sus lenguas, jugando cada tanto entre ellas, para terminar besándose acaloradamente. No podía creer lo que estaba pasando. Martina, que parecía tan niña, se había prendido en el juego de Sofi, y Sofía, que parecía tan seria y severa conmigo, se había tragado mi acabada y ahora estaba a los besos con mi chica.

    Sofía se levantó y tomó a Martina de su mano, la llevó a su cama y las dos me abandonaron desnudo, con mi pene en estado de semierección, sólo, en mi cama.

    Martina cayó en la cama de Sofi, y Sofi se derrumbó encima de ella a la altura de su panza, quedando su boca a la altura del ombligo de Martina. Entonces empezó a darle besos a la panza, el ombligo, su vientre, hasta que su lengua se empeñó en jugar con ese delicado bosquecito de pelo que tenía en su vagina. Desde mi posición, recostado en mi cama, podía ver cómo Sofía le estaba chupando la concha descaradamente a Martina, pasando la lengua por sus pelitos y por su clítoris de manera torpe debido al alcohol, pero intensamente.

    Vi que Sofía me miraba con lujuria mientras le metía lengua a Martina, y con una mano se levantaba su vestido, dejándome ver todo su sexo y su culo, redondo y de proporciones perfectas. Sentí que los huevos se volvían a subir y la pija ya no estaba echada a un lado, sino que se había empezado a poner firme nuevamente. La gloria de tener 20 años.

    Mientras nos mirábamos con Sofi, empecé a tocarme, con las piernas bien abiertas, mostrándole lo dura que se me estaba poniendo de nuevo.

    -Chiquita, mirá lo que le pasa a tu chico -le dijo Sofi a Martina

    -Se está tocando la pija mirándonos!

    -Lo invitamos?

    -Cuando quieras

    Intenté levantarme para unirme, pero Sofi me indicó con un gesto de la mano que me quede. Se colocó en cuatro patas, metiendo la cabeza entre las piernas de Martina, y dejando bien en alto su culo redondo. Pude ver cómo su concha se abría en flor a medida que relajaba su posición, y sin preguntar nada más, me acerqué desde atrás con la verga en mi mano, lista para batallar.

    Me puse detrás de Sofía y la tomé con las manos de su cadera al tiempo que metí la cara completa en ese culo con la lengua como punta de lanza. Sofía gimió al sentir mi lengua pasando por su ano, bajando a su concha y volviendo a subir a su esfínter, y acompañó esos movimientos con un meneo de su cadera, sin dejar jamás de chuparle el clítoris a Martina, que a esta altura ya encaraba su recta final al orgasmo.

    Me separé de Sofi y con la pija bien erecta se la apoyé en la entrada de esa concha regordeta, de labios gruesos y rosada por dentro.

    -Mmmm… qué hacés?… -gimió Sofía

    -Te la voy a meter toda

    -No, no es justo para ella -señalando a Martina

    -Si! -dijo Martina con ganas- Me corresponde que me la pongas a mí primero! ja!

    Sofía salió de su posición y trepó por el cuerpo de Martina hasta quedar arrodillada entre las tetas y el cuello. Ésta la miró con curiosidad, al tiempo que yo tomaba mi posición entre sus piernas.

    -Es tu primera vez? -preguntó Sofía con dulzura

    -Si, nunca estuve con una mujer

    -Yo te enseño, dejate llevar

    Y Sofi acercó su sexo lampiño a la boca de Martina que, poco a poco comenzó a lamerlo, primero con reservas, luego con más ímpetu.

    Entre sus piernas, yo apunté la punta de mi verga y la coloqué entre los pliegues de sus labios inferiores. Era un lago y se sentía caliente como pocas veces había visto. Empujé unos centímetros y comprobé que era muy estrecha, quizás debido a que no tenía mucho rodaje sexual. Un gemido con cierto tono de queja salió de su boca ocupada por la concha de Sofía, al tiempo que tensó sus piernas. Yo no lo sabía en ese momento, pero soy lo que se llama «bien dotado» y era evidente que a Martina le estaba doliendo cuando yo entraba. Sin embargo, la lubricación era abundante y la pija le fue entrando de a poco sin problemas. La tensión de sus muslos cedió y yo empecé a moverme en su interior, recorriendo en su concha todo el largo de mi verga. Martina quería gemir pero la vagina de Sofi le tapaba los sonidos. Inclinándome hacia adelante, mi boca quedó justo a la altura de la espalda baja de Sofía, quien al sentir mi contacto, se movió más aún hacia adelante, sentándose sobre la cara de Martina, y me dejó una vista privilegiada de su culo abierto. Sin dudarlo, me agaché aún más sobre ella para alcanzar su ano con mi lengua. Es claramente una imagen sexual que difícilmente vaya a superar en mi vida. Martina, tirada sobre la cama con su pelo rubio extendido sobre el colchón, Sofía sobre ella, disfrutando de un sexo oral más que impensado, y yo entre las piernas de Martina, penetrándola cada vez con más fuerza, mientras lamía el esfínter de Sofía.

    -Hijos de puta, me van a hacer acabar!!!… ahhh!! -Gritó Sofía derrumbándose en su orgasmo.

    Noté que en ese momento Martina se movía como una poseída, tragando el orgasmo de Sofía y recibiéndome a mí en su vagina. Sofía se convulsionaba entre la boca de Martina y la mía. Fueron varios segundos en los que los temblores y los gritos se hicieron presentes en ellas. Martina, ya un poco más liberada de la presión de Sofi, estaba jadeando y gimiendo, con su boca completamente empapada de flujo orgásmico.

    Sofía se colocó al lado de Martina en la cama y llevó una mano a su clítoris

    -Venite para nosotros, chiquita… -le susurraba al oído

    Yo aceleré al máximo mis embestidas, notando cómo los fluidos de Martina iban inundando todo a su alrededor.

    -Voy a… ahhh… voy a ac… aaahhh -Gimió Martina alcanzando su segundo orgasmo de la noche. No fue un grito como el de Sofi, sino más bien una expresión de placer y alivio.

    Sofía le tocaba el clítoris de manera demencial y yo martillaba su sexo con fuerza. Mis bolas querían vaciarse nuevamente. Sofía me miró cerrar los ojos y de un movimiento rápido hizo que saliera del interior de la concha de Martina. Mi pija era un garrote de color intenso, venoso.

    -No vayas a acabar sin cogerme, nene

    -Lo que vos digas

    Martina se sonrió y aprobó ese pedido. Me tiraron de espaldas en la cama y Sofi se sentó encima de mis piernas, casi encima de mi verga. Martina tomó la posición que antes Sofi había practicado con ella, y con elasticidad se sentó encima de mi pecho, mostrándome su concha en todo su esplendor. Desde ese momento, poco pude ver de lo que pasaba entre mi pija y Sofía, ya que sólo veía la concha de Martina y sus tetas colgando sobre mi.

    Sentí que Sofía se hamacaba sobre mí, haciendo pasar su concha empapada sobre mi pija dura. Yo había empezado a chuparle la concha a Martina cuando escuché la voz borracha de Sofi.

    -Ahora te voy a coger como nunca te cogieron…

    Con la boca llena del sexo de Martina, no dije mucho. Sentí que Sofía me agarraba la verga con su mano y poco a poco se la iba metiendo en su interior. Parecía increíble, pero era más estrecha que Martina. Algo se sentía raro. Sin embargo sentía cómo Sofi se iba metiendo poco a poco toda mi pija dentro, y parecía que me iba a tragar entero. Su interior era caliente y estrecho, y me apretaba la verga de manera deliciosa.

    -Ssss… nene… qué gorda que está… me estás partiendo el culo!

    Por eso sentía una sensación diferente! Sofía se había sentado sobre mi verga y se la había metido completa en el culo! La sensación era una experiencia única. Corriendo un poco la cabeza, pude ver que Sofía tenía los ojos en blanco y se pellizcaba los pezones, arrastrando la concha contra mi abdomen con toda mi pija dentro de ella.

    Martina me abría su concha con las manos para que la chupe bien profundo.

    Mi poder de resistir la eyaculación estaba flaqueando. El culo de Sofi era mucho más de lo que podía soportar.

    Martina estaba tan concentrada en su placer que no vio venir la mano de Sofía, que llegó al culo de Martina para acariciarle su esfínter con un dedo. Sofía metió toda la mano entre mi boca y la vulva de Martina, y de esa manera lubricó con flujo y saliva todos sus dedos. Despacio, con sumo cuidado y paciencia, empujó su dedo medio en el culo de Martina, quien con ambas manos me agarró la cabeza y la apretó fuertemente.

    Martina se empezó a hamacar sobre mi boca y usaba mi pelo como rienda. Sofía le metía todo un dedo en el recto, al tiempo que ella también se mecía fuerte sobre mi pija.

    Escuchaba a Sofía y Martina gemir y gemir y gemir cada vez con más intensidad… y la primera en venirse fue Martina, que casi me ahoga con su orgasmo, sin contar que también estuvo a punto de quitarme un mechón de pelo. El dolor en la cabeza, la sensación de ahogo y el culo de Sofía me dejaron al borde del abismo. Y entonces escuché toda una serie de insultos de Sofía, que empezaba a tener un orgasmo anal de esos que no son nada comunes. Sentí como me salpicaba mi panza y mi pecho con su eyaculación, caliente y abundante. Gritaba, insultaba y sacudía la cabeza, al tiempo que saltaba sobre mi pija con el culo completamente dilatado y su vagina que chorreaba como un grifo abierto.

    Demasiado para mí. Iba a acabar en ese culo y nadie lo iba a poder impedir. Los chorros de semen brotaron con fuerza y en abundancia en el recto de Sofía, que seguía sacudiéndose con el placer recibido analmente. Varios segundos después, Sofía se empezó a incorporar y a sacar mi pija de sus entrañas. Todavía estaba dura, no había perdido nada de su fuerza y al salir del culo de Sofi, se escurrió un poco de semen de su ano, mezclándose con todos los fluidos que flotaban en mi cuerpo.

    Martina abandonó su posición sobre mi cara, con las piernas temblando y se encontró con Sofía que acaba de tener su orgasmo, y con mis restos, mirando al techo con los brazos abiertos, las piernas separadas, todo mojado y con la pija apuntando al cielo, toda cubierta de semen.

    Martina y Sofía se trenzaron en un beso ardiente y pasional, con las manos que no paraban de acariciarse y tocarse.

    -No es justo que sigan sin mí -les dije mientras trataba de incorporarme

    -jaja… date una ducha y después vemos -me dijo Sofi mientras le mordía un labio a Martina

    -No se vayan a ir

    -Yo de acá no me muevo sin que me llenes a mi -dijo Martina, reclamando su parte.

    Me duché rápido y cuando volví a la habitación, el cuadro era muy intenso. Martina tenía casi su mano derecha enteramente perdida dentro de la concha de Sofía. Había perdido además toda su timidez y a la vez que empujaba su mano en el interior de la vagina, cada tanto le daba largos lengüetazos al clítoris de Sofía que estaba en otro mundo.

    Me acerqué por detrás y me arrodillé en la cama, al lado de Sofía, dejando la verga a centímetros de donde Martina tenía si lengua en el clítoris de Sofía.

    Sofi emitía jadeos y chillidos cada vez que Martina empujaba su mano, y tenía la mirada perdida, nublada. Acerqué aún más la verga a la cara de Martina y ella empezó a alternar lengüetazos a la vulva de Sofía y a mi glande, uno y otro, y así durante el tiempo suficiente para que se me ponga muy dura la verga de nuevo.

    Mientras la pendeja me chupaba la pija, yo me entretenía pellizcando los pezones de Sofía, hasta que escuché la voz de Martina

    -Ponémela… dale…

    -Quedate así, en cuatro patas

    Me coloqué detrás de Martina y apoyé la punta de la verga entre los labios de su vulva, que se abrieron como dando la bienvenida. La pija fue entrando sin ningún esfuerzo casi hasta la mitad, y entonces inicié un vaivén en su interior, metiendo un poco más la pija con cada embestida.

    Escuché un grito de Sofía, entre dolor y alivio. Martina tenía toda la mano dentro de la vagina de Sofía y seguía empujando. El vientre denotaba el bulto que Sofía tenía dentro moviéndose como un pistón. Mi excitación se disparó de pronto con esa escena. Empujé de golpe mi pija en la concha de Martina y sentí cómo mi panza se apoyaba en su culo y ella dejaba escapara un grito ahogado. Seguía con su mano y su lengua abocada a Sofía, y yo notaba que Martina estaba buscando un nuevo orgasmo. Escupí un poco de saliva en si ano y comencé a hacer círculos con mi pulgar alrededor del esfínter. De a poco fui metiendo el pulgar en su culo, metiendo un poco y sacando, lubricando de nuevo, y repitiendo tantas veces como fuera necesario. Al final, sentía la presencia del dedo en recto de Martina desde la pija que entraba y salía de su concha.

    Sofía agarraba fuerte sus muslos y tenía el cuerpo desarmado en sus movimientos. A juzgar por sus gemidos y jadeos, los gritos e insultos, había tenido varios orgasmos encadenados y no parecía parar. Balbuceaba palabras extrañas y babeaba, los ojos en blanco hacia atrás, completamente transpirada y con el pelo alborotado.

    Saqué la verga de esa cueva húmeda y tibia y apunté hacia el culo de Martina

    -Noooo… -Gimió- Por favor… me vas a destrozar, es muy grande…

    -Te prometo que si te duele, paro

    -Es que soy virgen de ahí… esperá… por… favor… -empezaba a apretar los dientes a medida que yo había metido el glande entero en su ano

    -Te resulta doloroso?

    -siii…

    -Salgo?

    -No… seguí un poco más

    -Esa es mi chica

    Empujé un poco, entré unos 3 centímetros más y Martina pegó un grito. Le dolía, era su primera vez y era impensado que no le doliera. La saqué un poco y volví a empujar, esta vez un poco más. Otro grito, más largo e intenso que el anterior

    -Estás bien?

    -No! me duele!… pero… siento algo raro… no te vayas de ahí…

    -No me voy a ningún lado

    Se llevó su mano libre a su vagina y empezó a frotarse el clítoris con rapidez. Había dejado de chuparle la concha a Sofía y sólo hacía torpes movimientos de su mano dentro de su vagina.

    -Despacio, por favor… metémela despacio, pero toda, te quiero sentir…

    -Si, despacio…

    Ese jueguito me estaba matando. Sentir lo estrecho del culo de Martina, su calor, sus dedos jugando con su clítoris y sus gemidos me estaba llevando a un nuevo clímax.

    Martina daba grititos cada vez que mis huevos se apoyaban en su vulva, teniendo toda la pija en el culo. Ya no eran completamente de dolor, algo de placer la estaba envolviendo y ella me lo hacía notar.

    Martina necesitaba disfrutar eso a fondo, y por eso sacó la mano de la cueva de Sofía, quien dio un pequeño grito de placer y quedó tendida en la cama, exhausta. Martina con ambas manos libres se masturbaba con una y con la otra abría su culo para que yo entre profundamente en ella.

    Sofía empezó a levantarse y se colocó de frente a Martina, lamiéndole los pezones y besándola en la boca.

    Martina tuvo entonces todos los sentidos puestos en el placer que los dos le estábamos dando. Un orgasmo demoledor la alcanzó y la derrumbó sobre Sofía, que la tomó en sus brazos y no la dejó caer al colchón.

    Martina gritaba, lloraba, gemía y jadeaba completamente fuera de sí. Sofía pasó una mano por debajo de la vagina de Martina y fue más allá, llegando a mis huevos. Me los acariciaba con ganas, con lujuria, y yo sentía que no iba a poder contenerme a ese tratamiento.

    -Ufff… cómo estás a punto de acabar… se te nota en los huevos, corazón – comentó Sofía cerrando su mano alrededor de mis testículos

    -Ahí voooy… Mar… tina… ahí voooyyy!!!

    Y la pija me explotó dentro de sus tripas.

    El orgasmo que tuve dentro del recto de Martina fue completamente fuera de lo normal, sentía que la pija se me iba a salir de mi cuerpo, y no quería moverme, quería preservar ese momento para siempre. Cada chorro de semen que sentía disparar dentro de ese culo virgen era un acto sublime. Varios chorros de semen salieron de mi verga e inundaron ese culo por primera vez. Martina ya no era virgen por completo. Y ambos habíamos tenido nuestro primer trío, y fue algo que verdaderamente me alucinó.

    Después de ese tercer acto tan violento e intenso, caí rendido en la cama, agitado y completamente transpirado. Inmediatamente me invadió el sueño y el cansancio. Sé que pasé un brazo por debajo del cuello de ambas y así me quedé dormido. Supuse que ellas también, pero después de un rato abrí los ojos y las vi besándose, de manera dulce y silenciosa. Entendí que no era mi momento y que ellas estaban en su mundo, quizás compartiendo experiencias, quizás sólo disfrutándose mutuamente. Volví a dormirme y a la mañana siguiente no estaban ni Martina ni Sofía.

    En el desayuno, sólo hablaban mi hermana y su marido. Sofía y yo estábamos en silencio y costaba sostenernos la mirada. Sin embargo, había algún que otro gesto cómplice que me indicaba que no todo estaba tan mal como parecía.

    De hecho, Sofía y yo tuvimos encuentros durante 2 años posteriores a Brasil, hasta que ella formalizó con un hombre que enseguida la dejó embarazada. Ese fue el fin de nuestros encuentros y el fin de la historia. A Martina nunca más la volví a ver, aunque sí nos buscamos muchos años después por redes sociales. Está casada y tiene 3 hijos.

    Y entre ellas dos me dieron el mejor recuerdo de una noche de sexo que podría haber tenido jamás.

    FIN

    Glosario Argento (para poder dar interpretación al texto, se escribió con mi dialecto):

    Coger, garchar: Follar, hacer el amor

    Remera: Playera, prenda de vestir

    Pendeja: jovencita, adolescente

    Trucho: caradura, falso, engañador

    Pará: Espera, detente

    Tenés: tienes

    Podés: puedes

    Hacés: haces

    Venite: vente

    Poronga, pija: polla

    Concha: vagina, coño