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  • Matías y Noemi. El masaje

    Matías y Noemi. El masaje

    Matías y Noemí después de su último encuentro, siguieron su relación de amistad como si nada, había aún más confianza y los toqueteos eran habituales siempre que estuvieran solos, era su pequeño secreto.

    En una de las tantas visitas, justo se estaba yendo la persona que ayuda a Noemí con los quehaceres de la casa y ella le dice que pase que el nene estaba dormido y su jefa bañándose. Matías entra, y entreabre la puerta del baño (la ve desnuda con la cola pegada a la mampara mientras se lavaba el pelo) y le avisa que la espera en la cocina.

    Cuando sale Noemí envuelta en una toalla, le dice a Matías que vaya a la pieza que quería mostrarle algo, deja caer la toalla y queda completamente desnuda y se recuesta en la cama, Matías entra, la mira y le dice que está muy linda y le pregunta qué pasa, ella se da vuelta y le dice «masajes»!!

    Matías comienza a masajearla lentamente por su espalda, bajando hasta sus piernas una y otra vez, tocándole la cola, el contorno de las lolas y rozando la entrepierna para intentar excitarla, al cabo de unos minutos los toqueteos hicieron efecto y Noemí abrió ligeramente las piernas para que las manos lleguen a todos los rincones de su cuerpo.

    Pasaron unos 15 minutos y Matías le pide que se dé vuelta, Noemí estaba muy excitada.

    Continuando con el masaje, Matías apoya sus grandes manos en los hombros y comienza a bajar por las lolas, la panza, las piernas, roza con la yema de sus dedos el clítoris una y otra vez, mientras Noemí gemía suavemente, él comienza a usar la boca para «acariciarla», empezando por sus pezones para ir bajando lentamente con besos hasta su monte de Venus y recorrerle toda la vagina depiladita de arriba abajo con su lengua, ya los gemidos eran mucho más fuertes, alternaba la lengua entre sus lolas y su clítoris, usaba sus dedos, su mano entera, Noemí arqueaba su espalda y se agarraba fuerte de las sabanas, gimiendo y gozando hasta terminar en un orgasmo que la dejó totalmente relajada.

    Por su parte Matías estaba totalmente erecto, el cierre del pantalón estaba a punto de romperse y Noemí al verlo así, se lo empieza a lamer y tocar, le recorre los testículos con la lengua para ir subiendo desde la base hasta la punta, estaba de espalda y Matías estaba agarrado de sus lolas, luego pone su pene entre las tetas de Noemí y comienza un bombeo constante hasta no aguantar más y comienza a acabarle en la cara, pecho, hasta el ombligo, tenía mucha cantidad, mientras ella le seguía lamiendo el tronco para que largue hasta la última gota.

    Ella toda enchastrada desde la boca hasta el ombligo se levanta y le dice «ahora me tengo que bañar otra vez, si se despierta el nene hacete cargo!»

    Al ratito sale, se cambia y se quedan tomando mate, Matías le dice «¿no lo querés con leche? y ella le dice «no gracias, ya probé un poco de la tuya y me llené» y se ríen a carcajadas, el nene se despierta, Matías lo agarra a upa y comienza a jugar con él, como si nada hubiera pasado, solo una relación de amigos con derecho a roce.

  • Araceli a través del espejo

    Araceli a través del espejo

    Mi relación con Araceli seguía creciendo, teníamos más comunicación, nos contábamos nuestras situaciones cotidianas, las buenas y las malas, recordábamos pasajes de nuestra vida y los comentábamos de un modo constructivo lo cual hacia que no solo existiera sexo de por medio también empatía y amor. Lógico había momentos donde existía la sombra de uno que otro pretendiente de ella, lo cual en momentos generaba fricciones, curiosamente su esposo no entraba en estas crisis.

    En las pláticas de nuestras fantasías tenía la muy básica de tomarnos fotos y/o video, la cual como la gran mayoría no le tenía muy convencida del todo, pero de cuando en cuando me decía que “si” y en esta hemos ido acrecentando nuestro acervo de fotos y videos.

    En nuestro siguiente encuentro ella llevaba un vestido, pegado el cual resaltaba esas deliciosas nalgas, sus piernas bien torneadas y sus senos firmes, entramos al hotel con un poco más de naturalidad que en las veces anteriores y fueron varias mis sorpresas del día.

    Primero llevaba un coordinado rojo debajo la cual con su piel blanca se veía muy sensual, al desnudarla aun sentía sus nervios y su ansiedad, mordiendo sus labios, a veces bajando la mirada, mordiendo sus labios, admirando cada poro de su piel, sus pezones rosas, su conchita húmeda y ese culo espectacular.

    Había un espejo que recorría toda la pared de costado a la cama, lo cual nos permitía tener una perspectiva completa de lo que hacíamos ya que en habitaciones anteriores tenia espejos más pequeños o lejos de la cama entonces podíamos ver todo lo que hacíamos.

    Al entrar desnudarla es una sensación de placer, orgullo y sensualidad, saber en dónde están sus lunares, sus estrías, sus cicatrices que se hizo de niña las marcas del sol sobre su piel es un manjar pero si bien disfruto desnudar a Araceli amo que ella me desnude, sentir sus manos entre la tela y mi piel, su mirada curiosa de cómo va quitándome las prendas de saber que cada movimiento que hace con su mano sobre mi cuerpo la excita, y por fin al estar completamente desnudos.

    Lo más maravilloso es tenerla en cuatro sobre la cama, hincarme detrás de ella y abrir sus nalgas, admirándola, meter mi cara entre ellas, oler su conchita fresca, con carácter y mi lengua sintiendo la tibieza de su flujo, masajear su clítoris y subir mi lengua despacio hasta su culo que me vuelve loco meter mi lengua, mis dedos, con un olor fuerte pero no desagradable el cual me ínsita a devorármela.

    Me recosté en la cama y empezó a mamar mi verga dura, el hecho de ver como desaparece en su boca, la presión de su lengua en mi tronco, sus manos sobre mi abdomen, de un salto me monto que es una de las posiciones que disfruta ya que así puedo abrir sus nalgas y entrar más profundo, amo apretárselas ya que son enormes, firmes, duras, bien paradas, puedo entrar y salir y aun así le da la movilidad a ella de mover sus caderas a placer, se recarga en la cabecera y tengo sus exquisitas tetas rosadas al alcance de mi boca las cuales por momento las junto y se las mamo al mismo tiempo y no puedo evitar morder, mamar y chupar mientras entro y salgo, pero como comente previamente estábamos al lado del espejo y pude ver como ella nos observaba en él, como movía su cabeza y su mirada recorría todo nuestro reflejo, como entrecerraba sus ojos y mordía sus labios y lo mejor de todo, movía sus caderas mucho más rápido, gemía más fuerte, gritaba, su respiración era mucho más rápida, sentía el sudor de su rostro caer sobre el mío, también veía nuestro reflejo, como contorsionaba su espalda, dándose sentones sobre mi verga dura y admirando a mi mujer tomar control de la situación en la cama terminando con un grito de ella y llenándole su conchita con mi leche sintiendo como aprieta mi verga con su conchita deliciosa.

    Termino acostada sobre mí, se podía sentir como nuestros corazones latían al máximo, nos cubrimos con las cobijas y nos besamos bajo las sabanas, algo que tiene Araceli conmigo es que todo el tiempo me pone ansioso de tocarla, así que recorría su espalda hasta sus nalgas con mis manos, pasaba mis dedos en su conchita dejando en mis dedos la mezcla de mi semen, su flujo y sudor, ella me besaba y recorría mi pecho.

    Le comenté que me había encantado como lo había hecho ya que en cada encuentro damos un paso más grande en cuanto al sexo se refiere y si ustedes siguen esta historia lo irán comprobando, me dijo que le había encantado el espejo ver nuestros cuerpos desnudos y así platicando me acomode entre sus piernas y dormite cabe señalar que soy fanático de usar sus nalgas como almohadas o dormirme entre sus piernas a lo cual ella no se siente cómoda porque piensa que estoy torcido a lo cual le recuerdo que estar con ella siempre me hace sentir mejor en la posición que sea.

    Después de un rato nos acomodamos de nuevo y estando boca arriba tuvo la amabilidad de despertar mi verga con una excelente mamada pero como también dije, fue un día de sorpresas ya que si bien mama exquisita mi verga, chupa deliciosa mis huevos, mirando nuestro reflejo en el espejo levanto una de mis piernas y abriendo mis nalgas empezó a mamar mi culo.

    Lógico que me tomo por sorpresa, Araceli y yo siempre tocamos temas, situaciones, fantasías hay unas que hemos hecho y otras que se quedan en el tintero y en esta ocasión fue algo que definitivamente no estaba planeado, por lo menos de mi parte.

    Así que después del instante de sorpresa siguió el momento de disfrutarlo, que bien funciono el espejo en ese momento ya que ambos nos observábamos solo subía un poco para chupar mis huevos y lamer mi verga que definitivamente la ponía más dura, algo que empezábamos a tener era que ya no nos decíamos nada, sabíamos que queríamos y como lo queríamos, claro hay momentos donde nos pedimos cosas pero en ese momento fue el indicado donde me afirmo que éramos uno, ahora la puse en cuatro y le empecé a dar duro, abrirla ¡¡esas nalgas me encantan!! Que ella siempre dice que son sus ojos que, si son bellos, pero amo más sus nalgas.

    Me dejo eyacular en su conchita deliciosa, nos metimos al baño el cual también es un rito mágico donde el agua nos une aún más, al salir ya no uso la ropa con la que entro para que no vieran como había salido en su casa y de ahí partimos a nuestras realidades, empezábamos a manejar nuevas fantasías o situaciones que quedamos que las comentaríamos y nos despedimos con nostalgia, pero con la emoción de volvernos a encontrar.

    Por cierto, gran parte de la que hicimos quedo grabado en video, el cual de cuando en cuando vemos y nos masturbamos.

  • Conchi, la señora del ático (Parte II)

    Conchi, la señora del ático (Parte II)

    Después de ver a Conchi aquel día y haber dejado las puertas abiertas para poder tontear con ella, pues no lo dudé mucho y quise dar un paso más y ojalá me lleve algún premio y no una ostia.

    Es que pensar en esas braguitas que me mostró Conchi en su casa, blanquitas, suaves y delicadas me entró una excitación tremenda. En algún momento me las imaginaba en mis manos, deslizándose hacia abajo, dejando al descubierto su zona más íntima, me las imaginaba bajando de su culo tan curvado y macizo, recorrer sus piernas carnosas y moldeadas hasta llegar a sus rodillas donde ya por su propio peso terminarían en el suelo y yo ligeramente levantarle un pie y luego el otro para por fin tenerlas en mis manos y sentir ese calor, esa textura, oler aquel aroma.

    Claro que me imaginaba todo ese espectáculo. Decidí llamarla un día, recuerdo era un sábado al medio día, no había mucho curro y por pasar el rato llame al número de teléfono que marcaba el paquete.

    Conchi: hola!!

    Yo: hola que tal, Conchi?

    C: si de parte

    Yo: hola que tal, te habla Juan Daniel

    C: Juan Daniel? Disculpa te conozco

    J.D. si mira soy el chico que te llevo un paquete hace unas semanas atrás. El de la apuesta lo recuerdas?

    C: ah, ya, claro el que apostaba que venía en mi pedido.

    J.D. si ya veo que recordaste quien soy. Te encuentro ocupada?

    C: no, estoy en casa limpiando un poco

    J.D. Pues mira qué pena molestarte, pero es que aquella vez que tome la foto, pues para mi suerte salió tu número de teléfono.

    C. Ya y que pasa?

    Joder pensé ahora me manda a la mierda por andar de listo.

    J.D. pasa que me preguntaba si podría hablar contigo, claro si no tenías algún inconveniente para ello.

    C. Hablar? Que serio se esto poniendo esto. Pues pásate cuando quieras en el transcurso de la tarde.

    J.D. en serio? Pues nada te caigo sobre las 5 pm, que termino de trabajar. Te parece bien.

    C. Pues eso. Ah y no olvides traer mi cajita.

    Listo, tenía ya la cita, cajita me dijo. Anda que ha sido bien directa Conchi,

    J.D. vale, pero mejor escogemos juntos no te parece.

    C. Tonto ja ja ja hasta luego

    J.D. hasta luego Conchi.

    Y aquella tarde transcurrió más lenta de lo normal, yo estaba todo el día ansioso por llegar a su ático y poder mirarla, observarla mejor ya que la primera vez fue algo rápido y un tanto ajustado de tiempo. Solo pude mirarla muy por encina y no pude retener tantos detalles exactos de ella. Recuerda que la vi en pijama y pantuflas no sé cómo se vería sin esas prendas encina de ella.

    Llegue al edificio antes de la hora pactada, llame al telefonillo dos veces y nada, que raro dije, llame una vez más y nada, pensé aún no es la hora seguro estará ocupada o me habrá vacilado y a lo mejor no lo tomo en serio, cuando en eso escucho mi nombre y me giro a mirar quien me llamaba en esa parte de la ciudad. Vaya sorpresa la mía, era la señora Conchi que llegaba del súper mercado, la saludé con dos besos y me ofrecí a ayudarla con las bolsitas que llevaba. Saco unas llaves y abrió la puerta principal del edificio, yo aún un poco ansioso por estar en aquella situación y más aún que haya aceptado de buena manera que yo esté en su piso, me quedé un poco bloqueado al principio y le dije que casi le malogró el telefonillo con tantas veces que había llamado pero que claro yo me había adelantado a la hora que habíamos quedado.

    En fin solo atine a decir esa tontería, pues como en aquel edificio no había ascensor subimos por las escaleras, yo quise que ella subiera adelante pero me dijo, “pasa tu que vas con las bolsas y tira pa arriba que son 4 plantas”. Joder, pensé pues nada ya estábamos acá. Llegamos al rellano de su piso y ella se adelantó para abrir la puerta y poder pasar. Deja las cosas en la cocina por favor me dijo y yo amablemente obedecí.

    Ya en su piso pude ver mejor a Conchi, llevaba una chaqueta negra y un pantalón blanco la verdad que el pantalón le quedaba súper bien, apretado bien ceñido a sus curvas, observé que se fue a su habitación a cambiarse la chaqueta ya que iba a prender la calefacción me dijo, salió con una polera más cómoda según ella. Bueno el piso no era muy grande y con la calefacción puesta se calentaba rápido el ambiente. Ya en la sala. sentados en el sofá me pregunto de qué quería hablar con ella, que era eso tan importante que tenía que decirle, a que se debía tanto misterio. Yo me quedé un poco frío al escuchar eso y ella se echó a reír. Has picado chaval y se reía a carcajadas, me avergonzó un poco la verdad pero ya estábamos ahí.

    Me solté un poco y conversamos sobre la última vez que estuve en su piso, le dije que era la primera vez que hacía esto y que a partir de ahora no me mirase mal, “tranquilo- me dice ella- si he dejado que subas es porque a mi también me ha gustado la forma en que han sucedido las cosas”, si pues le digo, “sabes he pensado mucho en las braguitas que me enseñaste la última vez y pues es uno de los motivos por los que me he atrevido a llamar”.

    -Es que te imagino subiendo aquellas bragas por tus piernas y me pongo mal ja ja ja.

    -y seguro alguna pajilla te habrás hecho ya -me dice ella.

    -No, la verdad por eso te he llamado, quería saber si pues existe alguna manera de que te compre alguna y vea como te la pones.

    Y se sintió un silencio total en el salón, bueno yo ya iba por nota a que pase lo que tenía que pasar, total a ella también le gustaba la idea de que yo esté con ella hablando del tema.

    -Pues mira chaval, creo que estás yendo muy rápido no te parece y no te cortas ni un pelo la verdad. Que me guste la situación es una cosa, pero de ahí a que haga lo que me dices, no te pases.

    -Insisto Conchi, me gustas mucho y pues de no haber sido por la forma en que me mostraste aquellas bragas no estaría hoy acá. Bueno mi idea era, comprar algunas y ver que te las coloques delante de mí, en eso nada más había pensado todo este tiempo, pero que te cuesta Conchi -insistía yo- anda anímate me harías tan feliz.

    -Si claro -me dice ella- lo ves tan fácil, pero bueno es que es muy fuerte lo que me pides, a ver, quieres comprar unas bragas y quieres que yo me las ponga en delante de ti, es en serio?

    -Si -le digo yo- obviamente después te las quedas y yo solo me llevaré el momento vivido.

    -Anda ya chistoso -me dice ella- claro que si aceptaría, las bragas se quedarían aquí, a quien se las vas a llevar pues ja ja ja, pero y que me dices, si, -y juntaba mis dos manos en señal de pedir por favor.

    Yo estando sentando en ese sofá ya sentía una excitación, una ansiedad por lo que me podría decir, pensar que aceptara, que dijera que si, yo ya estaba pensando en a donde ir y comprar en ese momento, que en bajar y subir seguro cambiaría de opinión o alguien podría llegar y yo quedar fuera del juego. Eso me hizo calmar un poco los nervios, había que esperar su respuesta.

    -Bueno va -me dice ella- pero ojo que no me pongo bragas del mercadillo ah?

    -Ah claro que no usaras cualquier cosa -le dije yo- pero que te parece si me vendes unas braguitas tuyas? Así no perdemos tiempo y pues ya estando de acuerdo los dos.

    Yo asumiendo que ella diría si, saque de mi billetera 30 euritos, joder que dolor cuando salieron de mi bolsillo. Pero no podía regatear y menos quedar mal en ese momento. Ella me miró y creo ya no podía dar marcha atrás, cogió el dinero y me dijo:

    -Espera que traiga una y me la pongo.

    Ahí me funcionó la cabeza y pensé. Jooo pero si yo estoy comprando, lo normal es que sea yo quien elija la prenda.

    -Eh Conchi, me gustaría escoger las braguitas y yo mismo colocarlas en ese culazo rico que tienes.

    Ella un poco sorprendida me mira y solo sonrío, después de todo ya sé había metido el dinero al bolsillo. Antes que haga nada me dirigí a una habitación que tenía la puerta entreabierta y le pregunté con la mirada si esa era la suya y si podría pasar.

    Ella me dijo que si con un movimiento de cabeza, ya dentro encendí la luz y pude ver un armario con dos puertas abiertas, dentro había ropa colgada. A un lado de su cama había un mueble con tres cajones largos y en medio de cada uno tenía un tirador. Tire del primero y bingo aparecieron ante mi las braguitas, dobladas una por una, casi seleccionadas por colores y creo yo hasta por tamaños, observé como ella me miraba desde la puerta de su habitación y no toque ninguna, solo observaba los modelos y colores.

    Me decidí por unas de color rojo granada, la sujete con mi mano derecha y la saque de entre las tantas que tenía en esa gaveta,

    -mira estas me gustan -le dije a Conchi- te gustan?

    Le pregunté y ella solo movió su cabeza de lado a lado y sonrió. Yo con las bragas en mis manos le pregunte dónde podría ayudarla a cambiarse ya que ese era el fin del trato.

    Conchi solo me miraba y no me decía nada parece que no creía lo que había dejado que suceda y se le había ido de las manos este juego. Yo con las braguitas de color rojo en mis manos tampoco le decía más cosas por no forzar la situación, todo estaba en calma y fueron largos minutos de espera y uno a cada lado de la habitación sin decir mucho, cuando de pronto el sonido del timbre rompe aquel silencio.

    Alguien estaba en el rellano de su piso, pues yo si me asusté mucho y pensé quien podría ser, ella muy calmada me dijo que me sentara en el sofá que seguro sería su vecina, que tensión estar en esa situación, ella fue rápidamente a abrir la puerta, yo me siento en el sofá y ella abre la puerta y deja entrar a una persona a su piso y la dirige hacia su cocina, no levante la mirada para ver quién era o si esa persona me había visto, cuando Conchi volvió al salón era evidente la angustia de ambos, solo atine a despedirme y salir de ahí pitando, no quería meterme en problemas y menos a ella.

    -Muchas gracias señora.

    Dije y salí lo más pronto que pude. Ya en el rellano me di cuenta que llevaba las bragas de Conchi en mis manos y las guardé en uno de mis bolsillos. Me quedé con las braguitas color rojo en mis manos pero las ganas tremendas de ver cómo se las ponía me las tenía que sacar.

  • Erika, la amiga de mi madre

    Erika, la amiga de mi madre

    Ella era amiga de mi madre, su nombre es Erika, una morena de 1,60 cm nalgona de buena pierna, casada y con dos hijos.

    Ella en aquel entonces comenzó a hablarme gracias a que le hice algunos trabajos a su computadora, las tardes las pasaba arreglando su CPU, mientras ella andaba en un shortcito mostrando sus ricas piernas, ella notaba que la miraba, pero contrario ofenderse más me las enseñaba, hasta se me insinuaba.

    E: ¿Qué? ¿Estoy buena verdad?

    T: Este…

    E: Jajá, sigue en lo tuyo…

    Cuando se ponía sus calzas era inevitable mojarme de verla hacer su quehacer o sus ejercicios, siempre empinándose haciendo que se le transparentaran sus ricas nalgas.

    Era inevitable no fantasear con ella y aunque por esas épocas me andaba cogiendo a varias mamacitas de lujo, ella tenía algo que te hacia querer montarla todo el día y noche.

    Una ocasión ya de madrugada llegaba yo de andar de parranda con unos amigos, cuando a lo lejos vi que se acercaba alguien, mi sorpresa fue enorme al ver que era Erika, en una minifalda negra y medias color negras, y su chamarra, se veía muy rica.

    T: ¡Que haces tan noche!

    E: Vengo de rumbear, ¡jajá! ¿Y tú?

    T: ¡Pues igual!!

    E: Ya te vas a meter a dormir, ¡no quieres una cerveza?

    La miré de arriba para abajo y ella coqueta me insistió nuevamente así que ya no me resistí y fuimos a comprar un six y nos metimos en el callejón de su casa.

    Era una adrenalina enorme, estábamos tomando y unos metros adelante su marido e hijos dormían, era una aceleración enorme estar ahí.

    T: ¿Oye y tu marido?

    E: ¿Que tiene?

    T: ¡No se enoja que estés aquí y conmigo!

    E: No te preocupes, ni cuenta se da, toma pastillas para dormir, ¡de lo contrario ya estaría aquí!

    Eso no me convenció, pero mirándole las piernas y sus nalgas me relaje bastante.

    El tiempo pasaba y entre tragos y música nos comenzamos a mirar con deseo, las preguntas personales comenzaron a salir, no aguantaba más, quería tirarme sobre ella, quitarle la ropa, penétrala ahí mismo.

    E: ¿En qué piensas?

    T: ¡Nada importante!

    E: Como no, soy mayor que tú, ¡crees que no me la sé!

    T: ¡Entonces ya sabes en que pienso!

    E: ¡Querido!! Nunca me he metido con alguien tan joven, casi tienes la edad de mi hijo.

    T: Siempre hay una primera vez para todo.

    Erika me sonrió y supe que era momento de comenzar a tomar la iniciativa, me acerqué con suavidad tomándola de la espalda y comencé a besarla, la madura besaba muy rico, sus carnosos labios apretaban muy rico los míos.

    Sus ojos color miel se veían hermosos a la luz de la noche, mis manos bajaron por su espalda baja y comencé a tocar sus nalgas, esas que tantas veces quise tocar.

    T: ¡Que buena estas Erika!

    E: Jajá, eres un caliente, ven sígueme.

    Me tomo de la mano y nos metimos a un cuarto donde estaba una lavadora, ahí había un catre el cual armo y coloco algunos trapos.

    T: ¡Jajá, vamos a rechinar el catre!

    E: ¡Jajá, ojalá no rechine!

    Le quite su chamarra y traía una blusa con escote espectacular, me lance a sus tremendas tetas, las chupaba y apretaba con desesperación, Erika respiraba agitadamente y me quito mi camisa, me beso el cuello y lamia mis pezones, le quite la blusa y la falda, se miraba espectacular con aquella tanga azul y su liguero negro.

    La acosté en el catre y recorrí todo su abdomen, ¡que excitante! ¡Su marido estaba justo arriba de nosotros durmiendo!

    Le quité el brasear y la tanga, mordía eso pezones oscuros como la noche, ella me lamia dos dedos, comencé a bajar rumbo a su vagina, la cual tenía un poco de vello, pero aun así lucia apetecible.

    Mi lengua saboreaba los labios vaginales de esa rica casada, mi sueño finalmente se estaba cumpliendo, metía y sacaba mi lengua bebiendo su néctar de excitación, Erika lanzaba pequeños gemidos, retorciéndose de una manera muy excitante.

    E: ¡Ah!! Qué bueno eres en esto!!

    T: ¡Uhm, me inspiras corazón!

    Subí al catre ya desnudo totalmente, ella se acercó y me besaba muy rico mientras sus manos masajeaban mi dura verga.

    E: ¡Qué bien se siente esto!

    T: ¿Vas a bajar?

    E: ¿Quieres?

    T: ¡Desde hace tiempo!

    Me puse de pie y ella se sentó en el catre, comenzó a sobarme la verga con sus ricas y morenas tetas, me apretaba bien rico mientras su lengua limpiaba el fluido pre seminal que botaba de mí.

    Abrió su boca y la metió muy rico, parecía una víbora tragando un ratón gordo, su lengua se movía bien, sus chupadas eran magnificas, Erika me tenía suspirando de placer.

    T: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm!!

    E: ¡Me gusta tu verga!! ¡Uhm!!

    Presione su cabeza para que no dejara de mamármela, miraba con divinidad como mi verga follaba su rica boca, ella me acariciaba los huevos muy ricos y mientras su marido continuaba durmiendo.

    Se acostó en el catre y yo subí lentamente alzándole las ricas piernas que con las medias que traía me excitaba más, lentamente empecé a penetrarla mientras le comía sus tetas.

    Ella lanzaba pequeños gemidos mientras yo me movía con subida, apoyándome en las orillas del catre me empujaba fuerte y suave en ella, mi verga entraba hasta el fondo, Erika cerraba los ojos y ahogaba sus gritos de placer.

    E: ¡Que rico, uhm!!!

    T: No sabes cuánto te deseaba.

    La puse de pie y me acosté en el catre, ella lentamente se dejó caer en mí, eso casi me hace gritar como nunca, pero resistí mi grito para que no nos descubrieran.

    Sus cabalgadas eran de lo mejor, ella disfrutaba estar arriba, sus movimientos circulares y de arriba para abajo me tenían súper duro y ella lo disfrutaba bien.

    T: ¡Uhm!! ¡Que rico corazón!!

    E: ¡Ah!! que rico, uhm, ah!!

    T: ¡Te mueves fenomenal!!

    E: ¿Te gusta chiquito?

    T: ¡Me encanta, uhm!

    Que adrenalina, mientras su familia descansaba, nosotros en el cuarto de lavado le poníamos bien rico.

    Estaba yo sentado en el catre y ella encima mío de frente, sus piernas estaban en el catre y yo mamaba sus ricas tetas mientras se la metía bien rico.

    Esa pose era medio incomoda, pero me apretaba fenomenal, su sudado cuerpo era un símbolo de que la trabaja bien, ella me mordía el cuello, yo hacía lo mismo, el catre empezaba hacer ruido, solo eso nos detenía un poco de la locura total, así entre metida y metida la puse a cuatro patas.

    T: ¡Que ricas nalgas, uhm!!

    E: ¡Mira como las muevo!!

    T: ¡uf!! ¡Que rico meneas tu cola!

    E: ¡Es tuya, penétrala ya! ¡Dámela por ahí!

    Su petición me puso todo loco, le abrí las nalgas y su culo aún no estaba dilatado del todo, tomé un poco de saliva y se la puse alrededor y comencé a metérsela lentamente.

    T: ¡Dios que rico!!

    E: ¡Agh!! ¡Si papacito, métemela toda, uhm!!

    Se la metía y sacaba hasta la mitad, su culo se hacía grande y apretaba fenomenal, como gata arañaba el catre y ahogaba sus gritos en un dolor y placer incontenible para ella.

    Comencé a embestirla más rápido y duro, tomándola de la cintura, las manos, las nalgas y el cabello, el catre hacia ruido, peor yo estaba acelerado, que rico me apretaba su culo de casada.

    E: ¡Ah!! ¡No tan rápido, uhm!

    T: ¡Oh!! ¡Que culo!! ¡Uhm!!!

    E: ¡Tyson, mi marido puede oír!

    T: ¡Pues que escuche y baje a ver cómo te la meto!!!

    Estaba como perro en brama, la embestía duro, ahora ya solo del cabello la tomaba y me empujaba con fuerza, sus nalgas revotaban bien rico en mí, el ruido de su culo y su coño me prendían, el catre rechinaba, estábamos en el mero éxtasis de todo.

    E: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm!!!

    T: ¡Si, uhm, ah!! ¡Que rico coges nena!

    E: ¡Mas, uhm que rico, métela, no pares, ah!!

    T: ¡Si!! Que perra eres, mira que tu marido arriba y tu cogiendo conmigo, ¡uhm!!

    E: ¡Es que me encanta la verga!! ¡Y la tuya es fenomenal!!

    T: Pues entonces tómala toda, ¡uhm!!

    E: ¡Oh!! ¡Me voy a venir, agh!!!

    Erika se movía fantástico el catre rechinaba a todo lo que da, comenzó a correrse teniendo un fantástico orgasmo, sus fluidos mojaban el catre y me salpicaban fenomenal, yo estaba por terminar y me los pido dentro.

    E: ¡Lléname el culo papi!!

    T: ¡Si, ahí viene!!

    E: ¡Por dios!! Agh!!

    T: ¡No mames!!! ¡Uhm!!!

    Comencé a sacar tremendos chorros de semen que ella recibía en su culo, me apretaba fenomenal, mi orgasmo fue como nunca otros, ese rico culo de casada me tenía en el paraíso.

    Quede pegado a ella, parecíamos unos perros, ella termino boca abajo y yo encima de ella besando su rica espalda, cuando dieron las 5 de la mañana nos vestimos y sin hacer ruido me despedí de ella, tuve la suerte que el catre no despertó a su marido, salí de su casa dándole un tremendo beso, acariciándole los muslos y sus ricas nalgas.

    Esa fue la única vez que me la pude coger, pero jamás olvidare su rico cuerpo y como me la pidió por su culo.

    Tyson.

  • La invocación de Fátima

    La invocación de Fátima

    I

    Únicamente se percibía la luz de la luna. El color de la tarde se había convertido en un distante recuerdo, y el denso follaje de los árboles del bosque había devorado casi todo lo demás. De hecho la oscuridad habría sido absoluta de no ser porque esta era una noche de luna llena, y esa era precisamente la razón por la que Fátima se adentraba sola en lo profundo de las montañas.

    Conforme dejaba atrás la civilización, ella misma se tornaba más salvaje: sus pensamientos iban soltando gradualmente el hilo de la lógica, transformándose en impulsos mucho más primarios, en instintos. Su instinto la llevaba hacia adelante, su mente, trastornada y obsesiva, la impulsaba hacia el claro, aquel claro que ella sabía que se encontraba ahí, aunque nunca lo había visto.

    La luz de la luna, blanca y fría, se hizo ligeramente más intensa cuando llegó al claro. Era exactamente como ella lo recordaba (o había imaginado) y en el centro, esperándola, la piedra circular, como un cadalso primitivo.

    Al llegar a la piedra se despojó de su túnica, la dejó caer al suelo junto con el cuchillo y el palo, y quedó completamente desnuda, su piel eriza por el frío. Tomó el palo y comenzó con el ritual, perforaba un agujero frente a la piedra con movimientos certeros y mecánicos como si estuviese en transe. Después tomó el cuchillo y se hizo una cortada profunda en la mano izquierda, tras lo cual dejó caer gotas de sangre en el agujero.

    La sangre caía caliente y se mezclaba con la tierra y fue entonces que el bosque comenzó a despertar. Una especie de voz oscura y profunda le habló directamente a sus pensamientos en un idioma antiguo y olvidado. Fátima no conocía las palabras, pero entendió el significado: era una manifestación de los espíritus de la oscuridad que emanaban de la montaña y posaban sus invisibles miradas sobre su cuerpo desnudo.

    Entonces Fátima sintió un calor sexual en el centro de su abdomen, una especie de energía erótica que partía del centro de su cuerpo y se expandía eléctricamente hacia sus extremidades. En ese momento la humedad comenzó a manifestarse en su vulva, primero sutilmente, pero incrementándose sin descanso hasta que por fin una gota se formó sobre sus labios mayores creciendo hasta que cayó sobre la tierra.

    Fue el olor de la excitación de la mujer lo que despertó por completo a los demonios oscuros, los espíritus del bosque. El agujero en el suelo se abrió mientras Fátima continuaba en su transe sexual. Manos oscuras, monstruosas y demoníacas, mitad imaginarias y fantasmales, emergieron del suelo y se apoderaron del cuerpo de la mujer jalándola hacia los adentros de la montaña. En la superficie quedaron la túnica, el palo, el cuchillo, y un silencio gélido.

    II

    Fátima se encontró de pronto en una caverna de una oscuridad absoluta. Las manos inefables seguían aprisionando su cuerpo pero ella no luchaba, por lo que reinaba un silencio que únicamente era interrumpido por el sonido de gotas de agua que caían a veces cerca y a veces lejos, resonando en los recovecos y delatando el enorme tamaño de la negra bóveda.

    Ahí, sin poder distinguir si sus ojos estaban abiertos o cerrados, la multitud de manos fantasmales que la aprisionaba comenzó a moverse: acariciaban la piel de sus muslos, sus nalgas, su abdomen, y sus senos; pellizcaban suavemente sus pezones, acariciaban el vello de su pubis.

    Fátima se encontraba en éxtasis por las caricias infernales. De pronto una de las oscuras manos encontró la humedad de su vulva y se hizo camino entre los erógenos pliegues, a veces jugando con el clítoris, a veces introduciendo uno o dos dedos en la vagina. El orgasmo se acercaba y, conforme la intensidad en su cuerpo iba incrementándose, la temperatura misma de la caverna también crecía, como si antiguos fuegos se hubieran encendido en las profundidades. El placer ya recorría todo el cuerpo de Fátima quien gemía delirantemente y, sin aún haber llegado al orgasmo, se convulsionaba por las intensas sensaciones dentro de su cuerpo, como por las cosas ya indescriptibles que le estaban haciendo las manos oscuras.

    El orgasmo fue el más intenso que había sentido en toda su vida. El placer se esparcía en oleadas por todo su cuerpo mientras ella gemía y gritaba. Esto continuó por varios minutos sin que hubiese ningún indicio de que el orgasmo menguara. Los estallidos de placer continuaron asaltando su cuerpo hasta que finalmente, después de varios minutos más, Fátima cayó rendida sobre el suelo húmedo de la caverna.

    III

    Jadeante, y con pequeñas convulsiones reminiscentes de aquel orgasmo, Fátima abrió poco a poco los ojos. Mientras ella se había estado viniendo una lejana luz amarilla había penetrado lentamente en la caverna. Era una luz de fuego acompañada del ya sofocante calor infernal. Fue entonces que Fátima se percató de las dimensiones de la cueva. La bóveda era vasta y había formaciones rocosas como penes erectos que crecían del techo y del suelo. Había una humedad en el aire por las grandes albercas naturales azul turquesa, y los pequeños charcos que se formaban de las gotas que caían de las estalactitas. Los cuerpos de agua estaban entrelazados por deformes fogatas de un fuego sobrenatural que ardía sin un combustible aparente, emanando directamente de la roca.

    Al contemplar esta visión infernal, un remanente de su cordura se hizo presente. De pronto, en un momento de lucidez fuera del trance, se percató de todo lo que había transcurrido y una sensación de profundo temor se apoderó de ella. En su desesperación comenzó a gritar y fue en ese momento en que vio por primera vez a los espíritus de la oscuridad.

    Se materializaron de la nada. Al principio se confundían con las estalagmitas, pero su presencia se fue haciendo cada vez más evidente conforme aparecían más y más de ellos. En un momento dado, Fátima se vio rodeada de una multitud de cuerpos demoniacos: seres mitad humanos, mitad bestias. Algunos con cuerpo humano y cabeza de animal, otros con rostro humano y cuernos de carnero. Muchos eran mezclas entre hombre y mujer, con senos, penes y vulvas húmedas. La monstruosa diversidad que ahí se había manifestado era absoluta, no había dos seres iguales, cada uno siendo una mezcla única y perversa de partes humanas y partes animales que nunca debieron formar parte de un mismo cuerpo.

    Uno de ellos lucía un fornido torso masculino, cuatro brazos toscos y cabeza de bisonte, sus piernas eran peludas y musculosas como las de un caballo, y tenía un pene enorme y erecto, mezcla de humano y animal, con el glande hinchado a punto de estallar. El monstruo la observaba con una mirada intensa y lujuriosa en absoluta quietud mientras resoplaba por sus enormes fosas nasales. Entonces, al verlo, la mente de Fátima volvió a su estado hipnótico como consecuencia de una excitación sexual sobrecogedora. Poseída, caminó hacia el hombre bisonte y comenzó a mamar su pene con desesperación, como sedienta de su semen.

    Al ver esto, las demás criaturas se acercaron a Fátima. Querían tocarla y hacerla suya. Una de ellas, una figura femenina con tres pares de senos y unas enormes alas de águila se acercó y comenzó a masturbarse, metiendo sus dedos dentro de su propia vagina infernal, mientras que usaba su otra mano para masturbar el ano de Fátima, metiendo y sacando sus dedos. Otra bestia más, una especie de cerdo con alas de mariposa la montó por detrás moviéndose frenéticamente tras lo cual eyaculó a los pocos minutos. El hombre bisonte comenzó a chupar los pezones de la mujer de seis senos con lengüetadas salvajes la cual se vino a chorros sobre la espalda de Fátima. Para este momento varias bestias, algunas más humanas, algunas más animales, se estaban turnando el penetrar el ano y la vagina de Fátima y ésta, a su vez, se había entregado por completo a las delicias de esta orgía demoniaca.

    Los orgasmos de Fátima fueron muchos y en todas partes de su cuerpo: a veces se venía en oleadas desde su vagina o su ano y a veces eran como torrentes de placer intenso que emanaban de sus pezones, por algún demonio que los chupaba y estimulaba sin descanso.

    Así pasaron horas, tal vez días y, en su locura, Fátima había cesado de distinguir entre su cuerpo y los cuerpos de los demonios. Le parecía que todo era lo mismo: una gran masa continua de cuerpos, penes, pezones, pezuñas, vaginas, alas y plumas, y todo era placer, un placer colectivo, monstruoso y antinatural. Era como si todos fuesen un solo organismo dándose placer a si mismo.

    Entre la multitud orgiástica Fátima alcanzó a observar al hombre bisonte penetrando salvajemente a un ser que era como una mujer con cabeza de águila, alas en lugar de brazos, y dos pares de senos hermosos con pezones deliciosamente duros. Fátima se movió entre los cuerpos y al llegar comenzó a succionar fuertemente esos pezones. Al comenzar a chupar, Fátima notó que el abdomen de la criatura empezaba a convulsionarse mientras el hombre bisonte continuaba con sus veloces y bruscos movimientos sexuales. Era claro que la mujer águila estaba por venirse, lo cual hizo que Fátima buscara estimular con mayor intensidad los cuatro pezones, chupando uno mientras pellizcaba otros dos, cambiando de uno a otro continuamente. De pronto Fátima sintió un sabor nuevo en su boca, era la leche que había comenzado a emanar a chorros de las tetas de la mujer águila mientras esta se venía. Fátima bebió la leche como poseída lo cual le comenzó a producir placer en sus propios pezones y en su clítoris, a la vez que le nublaba la mente. Gradualmente, como perdiéndose en una ensoñación, se vio a si misma siendo penetrada por el hombre bisonte, sus propios brazos se habían convertido en alas y sus cuatro senos rebotaban con el vaivén del monstruo que la poseía e iba incrementando la velocidad. El hombre bisonte resoplaba con fuerza mientras que penetraba a la ahora transformada Fátima, quien sentía un placer intenso en sus cuatro senos al igual que en su clítoris y en el centro de su vientre. Llegaron más demonios atraídos por los gemidos de Fátima: había cuatro pequeños seres con cuatro alas cada uno, que volaron directamente hacia los pezones y comenzaron a chupar sin descanso; además se acercó un ser con cuerpo de mujer, cuernos de carnero y un hermoso pene erecto y jugoso que se posicionó ágilmente detrás de Fátima y comenzó a penetrarla analmente.

    El placer que sentía Fátima en su nueva condición quimerezca era absoluto. Sintió cómo la mujer de cuernos de carnero comenzaba a venirse en su ano y sintió las pequeñas lenguas de los voraces seres voladores, finalmente sintió el tremendo poder de las embestidas cada vez más poderosas del hombre bisonte. El gran monstruo que la penetraba de pronto se detuvo, una tensión muscular de enorme poder era visible en su poderoso abdomen y en los músculos de sus cuatro brazos, entonces emitió un sonido y comenzó a echar chorros de semen en la vagina de Fátima, a la vez que su enorme pene pulsaba en diabólico éxtasis. Todo esto le produjo a Fátima una excitación tal que comenzó a venirse por todo su cuerpo: su vagina, su ano, sus cuatro senos que comenzaron a echar chorros de leche, pero también la totalidad de su piel al igual que sus órganos internos. Su ser completo era erógeno, la sensación la hacía retorcerse y convulsionarse, gimiendo sin descanso.

    El placer del orgasmo absoluto se manifestó como una luz que pulsaba por todo su cuerpo y alumbraba la totalidad de la caverna infernal. La luz creció a una intensidad cegadora conforme Fátima alcanzaba el punto máximo de su orgasmo.

    IV

    En un claro del bosque, cubierto por la absoluta oscuridad de una luna nueva, un cuerpo femenino brotaba de la tierra. Con cara humana, cuatro senos que se mezclaron para ser solo dos, alas de águila que se transformaban en brazos, una mujer que había conocido las delicias de los seres ocultos en las sombras, de las manifestaciones más monstruosas del infierno, se abría paso entre la maleza, caminando en el silencio de la noche.

  • Buscá en otro lo que no te doy, pero no me mientas

    Buscá en otro lo que no te doy, pero no me mientas

    Me dicen feo y soy feo. La naturaleza estaba en un mal día cuando diseñó mi cara. Probablemente después, al ver su obra, debe haber tenido cargo de conciencia y, tratando de compensar, me dio un potente intelecto, una firme voluntad y un físico armonioso y robusto. Por tener ese cuerpo sufrí muy poco las bromas de mis compañeros, con su habitual crueldad, pues generalmente era más alto y fuerte que ellos. Resumiendo, en el balance salí ganancioso.

    Me llamo Euclides Giménez, 28 de edad, soltero, obtuve la licenciatura en economía a los 24 y dos años después me doctoré. Trabajo en una empresa fabricante de insumos médicos en el sector financiero con una retribución más que suficiente.

    Mi vida está jalonada por episodios donde la suerte juega totalmente a mi favor.

    La primera manifestación es haber nacido y criado en un hogar donde sólo abundaban dos cosas, trabajo y afecto. Ese ambiente rebosante de cariño fue el combustible que me movió a estudiar, ayudar a mi madre en las tareas de la casa y poner el hombro al trabajo de mi padre en el campo.

    El segundo episodio se dio cuando, faltando poco para terminar la primaria, un hermano de papá ofreció tenerme en su casa mientras cursaba el secundario en la ciudad. Quedando pocos meses para finalizar ese ciclo mi tío anunció que se jubilaba, lo cual implicaba una reducción en sus ingresos. Negándome de plano a seguir representando una carga para mis padres y para mis tíos, dejé de lado la expectativa de cursar la universidad.

    Un día, como al pasar, le pregunté a mi tío si era posible entrar a trabajar en la empresa que él dejaba, recibiendo en respuesta que iba a averiguar. Nuevamente la suerte a mi favor hizo que me tomaran a prueba por tres meses. Para terminar el año lectivo faltaba un mes, así que hablé con el director del colegio, quien me concedió el permiso viendo que había tenido buen rendimiento. El puesto de cadete-ordenanza no requería una aptitud especial, así que a los quince días me desempeñaba con soltura, y cumplido el plazo de la prueba quedé efectivo.

    Tercer episodio. Una mañana después de entregar un expediente me cruzo con el dueño de la empresa. En el momento de saludarlo escucho que me llaman

    – “Feo, vení”

    Don Benito simplemente miró cómo acudí al llamado y siguió caminando. Era la primera vez que me veía y caía en cuenta de mi presencia en la empresa. Un poco más tarde me avisan que debía ir a la gerencia general. Me presento a la secretaria y tras anunciarme entré al despacho y, ante una seña, me senté frente al escritorio.

    – “No te molesta que te digan Feo?”

    – “Me molestaría si sonara como burla o desprecio pero no es así”

    – “Cuánto hace que estás acá”

    – “Justo un año señor”

    – “Qué estudios tenés”

    – “Secundario y estoy en primero de la universidad en la carrera de economía”

    – “Cómo entraste a trabajar”

    Le conté todo, resaltando que sin el trabajo no podría estudiar y que el colegio me permitió faltar el último mes.

    – “Y cómo te permitieron eso”

    – “Tenía buenas notas.”

    – “Cuánto de buenas.”

    – “Terminé con promedio general 9,87”

    – “Hijo de puta”

    – “No le entiendo señor”

    – “No te preocupes, yo me entiendo”

    – “Quiero ver los papeles”

    – “Tengo certificado, diploma y medalla. Mañana se los traigo”

    – “Se los dejás a la secretaria, ella te los va a devolver en el día. Cuando termines este año me venís a ver. Podés ir no más”

    – “Comprendido señor, hasta luego”

    Después me enteré que “Hijo de Puta” era una expresión que Don Benito tenía a flor de labios y abarcaba una multitud de significados, pues dependiendo del destinatario, la entonación de voz y el contexto podía expresar admiración, enojo, sorpresa, alabanza, insulto y muchas cosas más. Él había enviudado hacía poco y no tenía hijos.

    Unos meses después fui a ver a la secretaria de don Benito y le pedí que me anunciara.

    – “Señor, está el empleado Giménez diciendo que usted dispuso que lo viera.”

    – “No llamé a nadie, y no sé quién es Giménez.”

    – “El ordenanza, señor, el Feo.”

    – “No le digas Feo, dame un minuto y hacelo pasar.”

    Al entrar vi que estaba con otro señor, también mayor.

    – “Hijo, te presento a don Samuel, socio de la empresa.”

    – “Mucho gusto señor.” Saludé inclinando la cabeza.

    – “Por qué no diste la mano?”

    – “Porque la persona que tiene precedencia es quien dispone la modalidad que tendrá el saludo. Si don Samuel no estiró la mano es porque desea un saludo menos cercano.”

    – “Te das cuenta Samuel?”

    – “Sí Benito, es muy hijo de puta.”

    Naturalmente no intervine en ese diálogo.

    – “Bien hijo, que te trae por acá”

    – “Usted me dijo que cuando terminara el año de estudio viniera a verlo con los resultados. Ayer rendí una materia y ya terminé.”

    – “A ver, que no entiendo. Rendiste una sola materia y terminaste el año. Y las otras?

    – “La que rendí es la única que no podía promocionar.”

    – “Bien, nota del examen.”

    – “Diez, señor.”

    – “Hijo de puta. Promedio del año?”

    – “Nueve setenta, señor”

    – “Samuel?”

    – “Tenés toda la razón del mundo, Benito.”

    – “Bien, te quiero hacer un regalo. Qué querés.”

    – “Que si el año que viene tengo el mismo horario que éste, me deje salir una hora antes del trabajo”

    – “Por qué?”

    – “Porque las clases comienzan a la misma hora que salgo de acá y hasta que llego pierdo la primera hora.”

    – “Samuel?”

    – “Demasiado hijo de puta Benito”

    – “Escuchame bien Euclides, lo que me pedís es un trámite administrativo. Quiero hacerte un regalo. Qué necesitás?”

    – “Un ordenador portátil. Pero es muy caro.”

    Si contestarme don Benito, por el intercomunicador, le ordenó a la secretaria que lo comunicara con el ingeniero que hace el mantenimiento de sistemas.

    – “Don Benito, le habla el ingeniero Ramírez.”

    – “Te va a ir a ver el empleado Giménez para que se pongan de acuerdo sobre el equipo portátil que le conviene comprar. Después llamás a nuestro proveedor para que mañana lo traiga y se lo entregas. Sin que falte ningún accesorio y con programas originales”.

    – “Señor, no conozco ningún empleado Giménez.”

    – “Ingeniero, no hagás que te lo repita. El Feo se llama Euclides Giménez. Entendiste?”

    – “Sí, señor”

    – “Hijo, dejale a la secretaria el número de tu teléfono para llamarte mañana a ver si está todo bien.”

    – “No tengo teléfono, señor.”

    – “Cómo que no tenés teléfono. Qué hacés con tu sueldo si sos soltero y vivís con tu tío?”

    – “Lo divido en cuatro, dos partes para mi tío solventando mi estadía, una parte para mis padres, y una parte para mis gastos. Con eso no me alcanza para comprar un aparato y pagar la línea.”

    – “Has escuchado Samuel?”

    – “Sí Benito.”

    – “Y entonces, qué te pasa. Estás distraído, sos amarrete, qué ocurre. No escuchaste que no tiene teléfono?”

    “Perdón, ya entendí. Euclides mañana la secretaria de Benito va a tener un aparato para vos.”

    – “Samuel, no quiero pensar que te estás olvidando de la línea.”

    – “No, por supuesto, de ahora en adelante yo cubriré el gasto.”

    Otra manifestación de la buena suerte, no importante pero sí altamente placentera, fue conocerla a Julia, una joven de 19 años, la luz de los ojos de su papá, probablemente la más hermosa de la universidad.

    Esta relación, a todas luces incomprensible, fue fruto de algunas coincidencias. Una se dio cuando le llamó la atención mi fealdad y, al preguntar quién era, le contaron entre otras cosas que mi nota más baja de estudio era de nueve. Otra resultó su extrema disposición a la vagancia junto con la exigencia paterna de estudiar algo que le permitiera desempeñarse en puestos importantes de su empresa. La combinación de ambas y su sentido práctico generaron una contraprestación de servicios, yo le hacía todos los trabajos que no eran presenciales y ella se avenía a una sesión semanal de sexo. Al final, lo que parecía ser una obligación desagradable para esta mujercita, devino en algo muy placentero pues, como dicen los criollos, la hacía bellaquear.

    Por cosas del azar nuestros sexos eran asombrosamente complementarios. La profundidad y diámetro de su vagina resultaban levemente inferiores a la longitud y grosor de mi pija, resultando que la fricción de entrada y salida suponía un equilibrado deleite, donde la expansión producida por el intruso era devuelta en modo de presión envolvente.

    Las dos primeras veces fueron placenteras pero matizadas por tanteos, buscando las zonas sensibles, la presión adecuada para cada una, los signos faciales para detectar el estímulo apropiado y otras cosas que sería largo enumerar.

    La tercera vez fue algo glorioso. Después de las caricias preliminares y un buen orgasmo, mientras le comía la conchita, me pidió que la dejara manejar la acción, a lo que accedí.

    – “Cuando te diga, entrá nada más que la cabecita y luego quedate quieto”.

    Se puso en cuatro sobre el piso alfombrado al costado de la cama y me instó a hacerlo. Al ubicarme de rodillas percibí que la suerte de nuevo estaba de mi lado. Sobre la pared a unos dos metros había un espejo de cuerpo entero que me permitiría ver lo que la posición me impedía.

    Julia, apoyada sobre rodillas y codos, mordía su labio inferior con los ojos cerrados. Mientras se movía haciendo que la entrada y salida del glande fuera corta, sus facciones distendidas sugerían concentración en las sensaciones del contacto.

    Varias veces hizo la rutina de salida lenta y entrada súbita, acompañadas de su voz

    – “Qué delicia sentirte suave. ¡Ahora siiii, enteraa!”

    Cuando una de las violentas entradas fue seguida de sus nalgas pegadas a mi pubis haciendo un movimiento rotatorio, quebré mi promesa de quietud. Puse las manos en sus nalgas y con los dedos a modo de garras la aplasté contra mí, profundizando al máximo la penetración comenzando la corrida. Habrán sido cuatro palpitaciones con expulsión pero sentí como si hubiera arrojado hasta la idea de semen. El final de mi orgasmo coincidió con el comienzo del suyo que semejó un ordeñe de lo poco que me quedaba dentro.

    La tarea de ambos, habitualmente tenía lugar los sábados, en la vivienda paterna y nos instalábamos en su dormitorio, con escritorio amplio y todas las facilidades para ambas actividades. En el resto de la semana nos veíamos ocasionalmente en la universidad pues mi tiempo libre era escaso. El trato con su padre fue distante y por parte de él se evidenciaba un desagrado mal disimulado. Reacción en cierto modo lógica pues yo era poca cosa para su princesa.

    Con la pareja del dueño de casa la cosa era bien distinta, al punto de ser la única que me llamaba por mi nombre, algo que solo se verificaba con mis familiares. Nuria, tercera en la lista de mujeres que ocuparon ese puesto, es una hermosa mujer con menos de treinta años. Había sido empleada en la empresa del padre de Julia cuando éste la cortejó y se juntó con ella, hace un año y medio. Proviene de una familia modesta donde todos viven de su trabajo. Tiene un hermano casado y su madre vive de la pensión del esposo fallecido. Lo notable de Nuria es su perfil bajo. Siendo muy linda viste sin llamar la atención, de conversación agradable, opiniones muy centradas y criteriosas, como si la vida le hubiera impuesto una rápida y temprana maduración.

    Con ella la relación fue creciendo en cercanía y confianza en un ámbito de mutuo respeto. En una de mis visitas faltando dos meses para finalizar del ciclo académico, y habiendo concluido mi trabajo con una gratificación algo más larga, estaba ya saliendo cuando me pidió hablar un momento. Por supuesto que acepté encantado.

    – “Necesito que me des algunos minutos. Tenés tiempo?”

    -“Todo el que quieras”

    – “Vos sabés que te aprecio, creo habértelo demostrado en estos meses. Lo que te voy a decir quizá te duela, pero me sentiría muy mal si sufrís porque no fui capaz de advertirte a tiempo. Decir es fácil, lo difícil es hacer. Julia no te conviene, todo lo que para vos tiene valor, estudio, trabajo, esfuerzo, veracidad, lealtad, para ella es cuestión de perdedores, de gente que no sabe vivir. Por aquí he visto desfilar una buena cantidad de jóvenes que al poco tiempo, cuando pasó la novedad, son dejados de lado como pañuelo descartable. Mi sugerencia es que hagas lo posible por no enamorarte aunque sigas disfrutando de su cuerpo, y ante la primera muestra de cansancio de su parte, sin siquiera despedirte no vuelvas a tener contacto con ella. Si te llegara a preguntar qué te paso, simplemente decile que estás muy ocupado. No permitas que ella te descarte.”

    – “Te agradezco la sinceridad, francamente no lo esperaba. Quisiera retribuirte de la misma manera pero antes tengo que saber algo. Alguna vez me dijiste que trabajabas en la empresa del padre de Julia antes de ambos convivieran y que dejaste el trabajo por su expreso pedido. También me contaste que sos la tercera pareja de Jorge llevando año y medio juntos. Dios no lo quiera, pero si mañana él muriera, ¿dónde irías a vivir y como solventarías tus gastos?”

    – “Iría a casa de mi madre y seguro ella me ayudaría hasta que consiga trabajo.”

    – “Entiendo, pero no hay razón valedera para ello. Si fueras inepta para trabajar, vaga o superficial lo entendería, pero así no. Mi invitación es que aproveches la influencia y poder de Jorge para conseguir una buena ocupación. Estoy seguro que te vas a sentir mejor. Si él te preguntara el porqué, simplemente le decís que estás viviendo como un parásito, que deseas sentirte ocupada y útil. El día que tengas trabajo, si te parece bien, avísame, que algo se me va a ocurrir para buscar tu independencia.”

    Por todo ello es que me adhiero fervientemente al dicho que reza: “Creo en la suerte y además he comprobado que cuanto más duro trabajo más suerte tengo.”

    Cuando Nuria me contó del empleo y la remuneración le armé un proyecto. Básicamente era construir un bloque de diez habitaciones con baño para alquilar a estudiantes de la universidad cercana a la casa de su madre. El terreno permitía eso y mucho más. Sus ingresos le daban para afrontar los gastos de un importante crédito para la parte básica de la obra. La dificultad estaba en que, si bien podía pagar, no se lo iban a otorgar. Solución, que madre, hermano y cuñada gestionaran individualmente, siendo ella quien solventara el gasto. Finalizada la estructura se podría conseguir un crédito hipotecario que permitiera terminar. Este proyecto debía hacerse a la vista de todo el mundo, incluido el padre de Julia.

    Durante el desarrollo viajé con cierta frecuencia para ver el avance y coordinar actividades futuras, quedándome tiempo para esparcimiento y cambio de rutinas. En esas visitas llegué a conocer y apreciar a los integrantes de la familia, Mabel la madre con algo más de 60, Pedro el hermano en los 40 y Lea, la cuñada, igual que Nuria apenas pasados los 30.

    El matrimonio llevaba 6 de casados sin hijos. Él tenía una diabetes juvenil que no podía controlar porque comida, bebida y sedentarismo eran su pasión. Ella una hermosa mujer, delgada pero apetecible y culta. Quizá lo más notable era la rara combinación de un carácter fuerte unido a una ternura deliciosamente femenina. Como era quien llevaba el manejo inmediato del proyecto tuve una relación más cercana con ella que con el resto, al punto que teníamos un saludo de buen humor y casi ritual.

    – “Tendría que haberte conocido de soltera”.

    – “Te hubiera rechazado porque no me gustan los estudiosos”

    Tres años han pasado de aquella charla con Nuria donde le expuse un posible proyecto para asegurar en algo su futuro. En ese lapso terminé mi carrera, después logré doctorarme, y lo que en aquel momento era una declaración de intenciones, una semana atrás había concluido. El otro hecho destacable fue la operación para modificar algo mis facciones. Usualmente don Benito, cada dos o tres semanas, me llamaba para invitarme un café y pedirme opinión sobre algún asunto de interés. Una de esas veces me sorprendió por el tema.

    – “Hijo, alguna vez pensaste en hacerte una cirugía facial?”

    – “Sí señor, en cuanto pueda lo voy a hacer. No pretendo ser lindo pero sí menos feo”

    – “Me darías una alegría si me permitís intervenir. Un cirujano, amigo de muchos años, tiene prolongada experiencia en este tema. Cuando estaba empezando yo le equipé todo el quirófano a pagar cuando pudiera. Lo hizo rapidísimo y al completo, sin embargo dice que de por vida va a permanecer en deuda conmigo. Si le pido que te opere lo va a hacer con inmenso gusto y seguro no va a permitir que le pagues. Me dejás que lo hable?”

    – “Encantado señor”

    Y así fue, no cambié el apodo pero sí mi cara. Ya no asusto.

    Hace dos días Nuria me invitó para viajar este fin de semana largo y festejar la finalización del emprendimiento. Salimos en su auto y en tres horas ya habíamos llegado. El sábado hicimos unos cálculos por la mañana. Al mediodía comeríamos todos juntos menos Pedro pues no se sentía bien.

    Cuando sentí que Lea había llegado fui a saludarla, estaba en la cocina y al entrar, viéndola de espaldas, la saludé como de costumbre.

    – “Tendría que haberte conocido soltera”

    Se dio vuelta para contestar.

    – “Te hubiera rechazado porque no me gustan los estudiosos”

    Me llamó la atención verla con cara de agotada, pareciendo estar con el ánimo por el suelo.

    – “Algo pasa que estás distinta a la dama que hubiera deseado conocer de soltera”

    – “Debe ser que tengo un mal día”

    Me acerqué, tomándola de los brazos a la altura de los hombros.

    – “No pretendo ser tu confidente, pero debes saber que estoy dispuesto a ayudarte en lo que sea que esté a mi alcance”

    Su agradecimiento fue silencioso, me abrazó y apoyando la cabeza en mi hombro pegó su cuerpo al mío. Por supuesto que correspondí apretándola suavemente, pasando mis manos por su espalda en tierna caricia, mientras sentía su pelvis en firme contacto con la mía. La unión habrá durado menos de un minuto pero la sensación de su cercanía fue muy intensa. Se separó dándome un leve beso en los labios.

    – “Tengo que cocinar”

    Conmovido regresé con Nuria a terminar la tarea pendiente. Teníamos que determinar qué porcentaje de propiedad le tocaba a cada uno y cómo se dividirían los ingresos. Cuando se dio la oportunidad le pregunté si Lea tenía algún problema, pues la notaba apagada en contraste con lo alegre y dinámica que se mostraba en otras oportunidades.

    – “Vamos afuera como quien recorre la obra. Menos mal que vos tocaste el tema. Yo no hubiera sabido cómo abordarlo. Ahora me explico. Hace tiempo que la salud de Pedro va en franco deterioro y eso representa mucha preocupación, con el agregado de significar la incapacidad para mantener relaciones íntimas.”

    En esto sus palabras fueron muy gráficas.

    – “Sigue teniendo la sonrisa de la mujer alegre, pero le falta el gesto de la hembra satisfecha”.

    – “Y cómo lo llevan.”

    – “De regular para mal. Al punto que hace días Pedro le dijo que se consiga un amante. Lo que no quiere es que lo haga a espaldas de él. Y ella le contestó que no sabía si iba a poder. Anoche me llamó mi hermano diciendo que Lea te había elegido, y si podía, te iba a seducir. Me pidió que, si era posible, hablara con vos para dejar claro que Lea no es una buscona que traiciona al marido. Te ruega que no te des por enterado antes de que ella te lo diga.”

    Después de almorzar Mabel se fue a descansar. Lea se ofreció a lavar mientras Nuria y yo levantábamos la mesa. En eso estaba cuando mi amiga me llevó aparte.

    – “Por favor, no pierdas un minuto, andá a la cocina y dedícate a llevar por las nubes el ánimo de mi cuñada.”

    Naturalmente le hice caso.

    – “Tendría que haberte conocido soltera”

    Su diferente respuesta fue suficiente permiso.

    – “Más vale tarde que nunca.”

    Me acerque pegándome a su espalda, con los brazos alrededor de la cintura y besándole el cuello. Su reacción fue poner su brazo izquierdo sobre los míos, echar su cabeza hacia atrás mientras su mano derecha en mi nuca estrechaba el contacto de mis labios, y hacer fuerza retrocediendo para que la división de sus nalgas alojara el bulto que resaltaba en mi bragueta.

    Después me separé para dejar algo de espacio, desabroché su corpiño sacando los breteles por los codos y retirando la prenda por el frente para dejarla sobre la mesada. Luego levanté el ruedo del vestido para, con ambas manos, tomar la bombacha y bajarla sacándola por los pies. Ahí sí la di vuelta y quedamos abrazados, ella con su mejilla apoyada en el hueco de mi hombro y yo con mi boca detrás de su oreja. Ella dijo dos palabras y yo otras dos.

    – “Mi amor”

    – “Tesoro mío”

    El contacto fue tan intenso, tierno y significativo que me recordó un grafiti leído hace tiempo ‘Hay abrazos que son como para quedarse a vivir’.

    El encuentro de los labios fue el término de un recorrido de besos sucesivos desde el lóbulo de la oreja, pasando por toda la mejilla hasta la comisura, donde lo principal fue saborear la boca del otro. Cuando las lenguas acusaron cansancio de tanto movimiento acariciante, que expresaba la mutua afectividad, me arrodillé desabotonando el vestido de la cintura para abajo. La mata de pelo bien arreglado fue un imán irresistible que recorrí, de abajo hacia arriba varias veces, con el dorso de la mano, mientras ella permanecía con los ojos cerrados y agarrando con fuerza el borde de la mesada. Progresando en la caricia apoyé ambas palmas sobre el final de los muslos, mientras los pulgares puestos en los vértices del vello pubiano estiraban la piel hacia arriba y hacia afuera. El resultado fue que lentamente se fueron abriendo los labios, permitiendo la aparición del clítoris cuyo capuchón se retraía dejándolo sobresalir erguido.

    Que nuestros besos, caricias y contactos previos habían llevado la excitación a buena altura era testimonio fidedigno la cantidad de jugo que empapaba esa conchita. No pude superar la tentación, mis labios se lanzaron en pos del botoncito desafiante, y haciendo el mismo trabajo que si fuera un pezón, en un santiamén provoqué su primera corrida en mis brazos. Las manos que ciñendo mi cabeza apretaban vulva contra boca, cuando terminaron los espasmos, me separaron haciendo que, ya de pie, la abrazara.

    – “No puedo más, por favor déjame descansar.”

    Sentado en una silla, la ubiqué sobre mis piernas. Ella con la cabeza descansando sobre mi hombro me hizo saber el por qué de su proceder, de la impotencia de su marido, de la sugerencia de buscar un amante, de la elección que hizo y de su aprobación por Pedro.

    – “Estoy segura que le debe causar algo de dolor porque me quiere, y en cierto modo, al lado del placer que me das, también tengo algo de remordimiento. Vos sabés que no me sos indiferente, pero lo que me inclinó decisivamente es que te considero incapaz de hacernos daño.”

    Luego de estos minutos de descanso para ella, en que mi excitación no declinaba, pues su vestido, totalmente abierto solo le cubría los hombros, la hice ponerse de pie, para bajar mi pantalón y calzoncillo, sentarme nuevamente haciéndola montar de frente y a caballo de mis piernas.

    -“Te pido dos cosas, que me dejes manejar la penetración y me des tu lengua para saborearla.”

    Naturalmente, a un pedido así era imposible negarse. Se levantó ligeramente, agarró el tronco por la mitad ubicándolo en la entrada de la vagina, me hizo sacar la lengua y en el momento de sorberla empezó a bajar.

    – “Querida, no sé cuánto podré aguantar sin correrme, has logrado que mi nivel de excitación sea altísimo.»

    – “Disfrutá mi amor, no te reprimas, y hacelo bien adentro, ayer terminé de menstruar.”

    Cuando el glande topó con el fondo, sintiendo presiones sucesivas que semejaban un ordeñe, se abrieron las compuertas, dando comienzo a la serie de palpitaciones seguidas de chisguetazos que me dejaron agotado. Ahí pude disfrutar del puro afecto, que permanece una vez superada la pasión y se concreta entre los brazos femeninos, que antes urgían y ahora hacían de contención.

    Por razones de distancia y trabajo nos encontrábamos cada dos semanas viajando alternadamente, una vez yo y la siguiente ella. De común acuerdo quedamos en que su relación matrimonial tenía prioridad sobre la nuestra. El tiempo de Pedro era escaso y nada justificaba convertirlo en una tortura.

    Meses más tarde Pedro falleció producto de una falla orgánica generalizada. Naturalmente la acompañé en esa circunstancia dolorosa y poco después le pedí que nos casáramos, dejando pasar un lapso prudencial. Acordamos que tanto la ceremonia cuanto el festejo se realizaran en un ambiente íntimo, reducido a la familia cercana. De esta relación siempre estuvo al tanto don Benito, quien, cuando se acercaba la fecha de casamiento me pidió conocerla. La reunión en su despacho fue agradable y de corta duración. La conversación final fue, para mí, tremendamente emotiva.

    – “Euclides, tapate los oídos, porque lo que quiero decirle a tu novia no es para vos. Lea, éste es el hijo que siempre quise tener, si él te eligió debés ser muy buena, sean felices y de ser posible quiero rápidamente un nieto.”

    – “Querido bajá las manos que esto también te interesa a vos. Don Benito, le adivinamos el pensamiento, si todo sigue bien, dentro de siete meses será abuelo.”

    Y así fue.

  • Trío con mi esposa

    Trío con mi esposa

    Años proponiendo una fantasía sexual, de ver como se culearían a mi esposa, dieron sus frutos.

    Todo partió como el típico juego de hablar sucio durante el sexo, diciendo ¿quieres que otro te la meta? ¿Quieres el pene de otro hombre? A lo que siempre seguía el juego, diciendo sí. Hasta que un día lo hablamos de manera seria y con todo lo que significa ser adultos.

    Cuento corto, un día de verano un compañero de trabajo de mi esposa llegó a casa a beber unas cervezas, nuestro hijo estaba en casa de sus abuelos y algo me indicó que sería una tarde noche de las buenas.

    Mi esposa es baja 1.60 de altura, senos 38B, culo gigante, contextura gordibuena. Por mi parte 1.65 altura, Delgado, el amigo de abajo se defiende sin ser un monstruo.

    Pasadas muchas cervezas, música, baile mi esposa hace algo que siempre hacíamos cuando éramos jóvenes y mientras fuma me pasa el humo del cigarrillo a mi boca, a lo que el amigo dice que también quería, mi esposa sin más hace lo mismo con él y le pasa el humo a su boca.

    Transcurridos unos minutos me voy al patio con la excusa de ir a ver el jardín y por la ventana de otra habitación los veo hacer el mismo juego del cigarro como en tres oportunidades hasta que de pronto se quedan en un beso eterno las manos de su amigo directo al culo y sus senos, decido entrar silenciosamente para ver esa escena, mi esposa se quitó su pantalón y su polera de una manera poco usual, extremamente caliente, bajó los pantalones del amigo y procede a chupar su pene con hambre hasta el fondo, ya que le entraba completo en la boca… le acerco a contemplar la escena me mira, sonríe y me baja el pantalón y comienza a masturbarme y posteriormente chupar alternadamente… un par de minutos y a la cama.

    No se aguantó nada y directo a montar salvajemente, gemidos espectaculares el amigo se fue inmediatamente, se bajó se puso en cuatro patas y me pidió que le diera, esa vagina era una laguna de fluidos de ella y el semen de su amigo. Mientras yo la penetraba ella consiguió erectar nuevamente su pene e inmediatamente cambiamos turno, él le daba por detrás y a mi me hacía sexo oral… un par de minutos y me montó a mí, sentí como acabó mientras chupaba el pene de su amigo…

    Para finalizar se puso de rodillas y los dos terminamos en sus senos dejando lleno de semen…

    Vienen más encuentros con el mismo, incluso de su encuentro a solas.

  • Me cojo a mi estudiante en el motel

    Me cojo a mi estudiante en el motel

    Había fajado con Ashley -nombre ficticio- varias veces. Lo hicimos una vez, de manera apresurada y con ropa. Después de ello salimos varias veces y acabábamos besándonos como desesperados. Un día antes Ashley me había preguntado a dónde iríamos al día siguiente. Le contesté que a darnos muchos besos. No quise ser prosaico y decirle: «iremos al motel». Si bien es cierto que Ashley era una mujer muy abierta, apenas llevábamos un par de semanas saliendo, por lo que aún había muchas cosas que conocer el uno del otro. Así pues, mientras daba la vuelta para entrar al motel me dijo: «a mí no me gusta ir a moteles y así…» Inmediatamente le respondí: «si no quieres, no entramos…» con ese respeto que me caracteriza: jamás he forzado a nadie a hacer algo en contra de su voluntad. «No» me contestó, «contigo si quiero ir…”. Sus palabras no sólo me excitaron: también llenaron mi corazón de gozo.

    Llevaba puesta una blusa blanca y una falda roja, con un patrón estilo escoces; un par de botines negros realzaban su figura, se veía simplemente deliciosa. Entramos a la habitación y nos acostamos en la cama. Prendió la TV y buscó… algo, supongo pornografía, pero quizá finalmente le dio pena ponerla y la dejo en cualquier canal.

    Después de ello comenzamos a besarnos, con toda la pasión posible, como si no hubiera un mañana. Mis manos se dirigieron inmediatamente a sus tetas, a esas deliciosas tetas que me vuelven loco y le arranqué como pude el brasiere y el top que llevaba puesto. En esos momentos mi boca ya había pasado de sus labios a su cuello y sus hombros por lo que, en cuanto sus pezones quedaron descubiertos mi boca buscó lamerlos, cosa que hice con placer infinito. Sus tetas me vuelven loco por lo que las mordía y llenaba mi boca de ellas y con ellas llenaba mi boca.

    Mientras tanto mi mano derecha ya había levantado su falda y acariciaba su panocha por encima del calzón. Ashley misma se tocaba el clítoris mientras gemía y decía: «si, si así… chingado si, si» y gemía maravillosamente. Hice su calzón de lado y comencé a meter un dedo, sólo la punta, después completo. Cuando lo hice Ashley gimió de excitación lo que hizo que me excitara más de lo que ya estaba.

    Yo tenía aún la ropa puesta por lo que sólo hice una pequeña pausa, me incorporé y me quite totalmente el cinturón y lo tiré al piso. Cuando volví a acostarme Ashley se volteó dándome la espalda y parando sus deliciosas nalgas, un par de nalgas redonditas y paradas, con un culito redondito y delicioso. Me restregaba desde atrás, contra sus nalgas, aún con ropa, tratando de poner mi verga en medio de sus nalgas mientras besaba su cuello y pellizcaba sus tetas y las amasaba con las dos manos. Ashley hizo su mano hacia atrás y me desabrocho el pantalón, metió la mano en mi bóxer y comenzó a acariciarme la verga, de arriba a abajo, a veces con la mano abierta, a veces rodeaba mi pito con su mano.

    Hice otra pausa para incorporarme y quitarme todo, menos el bóxer. Cuando me acosté lo hice sobre Ashley y la bese con pasión, al igual que ella a mí.

    Entonces baje a su panocha y comencé a lamerla toda; mi lengua subía por sus labios, se detenía en su clítoris, lo movía de lado a lado, lo rodeaba con mis labios y lo succionaba para después acomodarme en sus labios y besarlos como si besara su boca, metiendo la lengua y sintiendo su delicioso sabor. Entonces metí un dedo en su panocha mientras mi boca succionaba su clítoris. Los gemidos de Ashley aumentaron y mi excitación también. No aguanté más, me quité el bóxer, subí, me puse encima de ella en posición del misionero y ella misma tomo mi verga y la dirigió a la entrada de su panocha, así que, ya estando a la entrada de un solo empujón de la deje ir toda. Los dos gemimos al unísono y comenzamos un mete saca delicioso. La besaba en la boca, en el cuello, le tocaba todo lo que podía.

    Después de coger un rato así se movió, se volteó y me puso atrás de ella. Así, los dos acostados, la penetré desde atrás. Cogimos así también por un buen rato gasta que yo la volteé y la puse en cuatro: ¡qué delicia! así podía ver sus nalgas, su culo; mi verga entrando y saliendo de su panocha mientras su delicioso olor llegaba a mi nariz. La tomaba de la cintura y la jalaba hacia mí; o bien sólo me quedaba estático mientras ella se movía hacia mí. Yo le decía cosas como: «¡que deliciosa estas!, ¡que nalgas tienes!, ¡qué tetas…!» mientras le tocaba las tetas, el clítoris o le metía un dedo en el culo. Cogimos así, delicioso por un rato y entonces la giré y comencé a mamarle la panocha de nuevo, su olor, su sabor, su forma, su textura me volvían loco.  Lamí y lamí, como un niño a su mamila, como un becerro a su leche o como un sediento en el desierto. ¡Me fascina su panocha! La besé por un buen rato y entonces, mientras subía a besar su boca y mientras la acariciaba con mis dedos comenzó a venirse: un líquido tibio y delicioso inundo mi mano mientras Ashley gritaba y gemía. Pude sentir las contracciones de su panocha en mis dedos.

    Viniéndose nos besamos como locos: la pasión no bajo en ningún momento. Entonces comenzó a descender hacia mi verga hasta que llego y la rodeo con sus labios, con su boca. Comenzó a darme una mamada como nadie me la había dado: subía y bajaba a lo largo de mi troco con la boca, a veces usaba su mano, a veces no; en momentos se la metía toda y me llevaba al cielo (sólo de recordar ya tengo la verga bien parada) me la mamó por un rato hasta que sentí que me venía. Entonces le dije: «amor, ya… me vengo… ya no aguanto…» a lo que Ashley en lugar de sacarla de su boca la metió más profundo por lo que le eche toda mi leche en la boca y se tragó todo. Inmediatamente la bese -ella se negaba un poco pues aún tenía parte de mi semen en la boca- pero yo insistí y aunque no me beso bien del todo pude aún sentir mi sabor en su boca… mmm todo delicioso.

    Descansamos un poco mientras platicábamos de ella, de mí, de nuestros planes. Después de un rato comenzamos a besarnos y nos excitamos de nuevo, por lo que volvimos a hacerlo en diferentes posiciones, todas deliciosas y todas muy excitantes. Finalmente se puso sobre mí a horcajadas mientras se movía de adelante hacia atrás, de arriba a abajo o en círculos: no pude más y me vine pero contraje todos los músculos para no eyacular y que así mi último orgasmo fuera el más intenso.

    Desafortunadamente no había tenido en cuenta la hora y ya era casi hora de irnos. Comenzamos a fajar y me llevo hasta una repisa donde estaba un espejo. Se sentó ahí, abrió las piernas y comenzamos a fajar de nuevo. Yo aún necesitaba tiempo para recuperarme pues la verga aún no se me paraba. Sin embargo la pasión seguía a toda: nos besábamos y nos tocábamos. En cierto momento le acaricié el clítoris con la punta de la verga mientras la miraba a los ojos y le decía: «¡qué hermosa estás!» En ese momento comenzó a venirse mojando mi mano y mi verga con su venida. La besaba y la acariciaba mientras fajábamos y comenzó a venirse dos, tres veces… no sé cuántas pero creo que fueron varias. El piso estaba completamente mojado con su venida por lo que Ashley estaba medio apenada por ello. Yo por mi parte estaba fascinado y moría de ganas de que se viniera así en mi cara, mojándome todo.

    Después de ello me jaló hacia la regadera donde nos bañamos mientras platicabamos y nos dábamos tiernos besos. Platicamos mientras nos bañábamos. Nos vestimos, la abrace y le dije al oído: gracias por una tarde maravillosa. Te amo. A lo que ella respondió, entre sollozos: «ya me merecía algo así… nunca había llorado de felicidad.». Si antes la amaba ahí quedé prendado de ella para siempre. Pero esa es ya otra historia.

    Entonces salimos, la lleve a su casa y me despedí con un largo beso, pensando en una de las mejores tardes que la vida me había regalado gracias a Ashley.

  • Enganche

    Enganche

    Mantuve relaciones con Marc durante más de ocho años, era morbo, juegos, dejar volar la imaginación. Cosas que había soñado y se convirtieron en realidad, me enganché a él de una forma, como si de una droga se tratara.

    Estaba en el trabajo, en casa, a todas horas mirando el teléfono esperando recibir un mensaje de él citándome en cualquier lugar.

    No es que fuera especialmente atractivo, su polla era de un tamaño estándar, unos 16-17 cm., pero había algo en él, o quizás eran las formas de dirigir el juego lo que me enganchó, nuestros encuentros, nunca fueron iguales, en cada experiencia había algo que me hacía desear otro encuentro.

    Una tarde me citó en su casa, estaba eufórica y no veía el momento que llegara la hora prevista, me prepare a conciencia, me duché con tiempo, me perfume hasta el coño. Me puse un vestido blanco por encima de la rodilla, tipo años 60 con vuelo y sin ropa interior, unos zapatos de tacón de color rojo.

    Llegó la hora y llamé a un taxi para que me llevara a su domicilio. Cuando llegué a su casa como habíamos quedado, toque al timbre y me recibió dándome un beso con una sonrisa y pasamos al salón.

    Había otra pareja con la que otras veces habíamos compartido sexo, cada uno el suyo, nunca intercambiamos. Nos saludamos, ellos ya estaban desnudos viendo una película porno, el chico tenía la polla erecta y con líquido en la punta.

    Marc me invito a desnudarme y me pidió que me hiciera una paja mirando a la otra pareja, ellos me miraban y seguían con sus juegos, ella le tocaba la polla a él, él la manoseaba el coño, metiéndole dos dedos dentro. Yo obedecí a Marc y me tumbé en la mesa y empecé a masturbarme, mientras Marc tenía su polla en mi boca y pellizcaba mis pezones.

    Con tres dedos recorría mi coño de arriba abajo, después en círculos estimulaba mi clítoris, notaba la polla de Marc como goteaba dentro de mi boca, el calor iba aumentando dentro de mi y introducía dos dedos dentro de mi vagina, moviéndolos deprisa hacia adentro y hacia afuera.

    Miraba a esa pareja como jugaban, la expresión de sus caras, lo calientes que estaban, notaba sus miradas penetrantes sobre mí, me puse a cien, el calor aumentaba, me quemaba mi interior y no tarde mucho, explote enseguida, en ese momento sin dejarme recuperarme Marc me dio la vuelta tumbada como estaba sobre la mesa, con los pies en el suelo.

    Me cogió de la cabeza dirigiendo mis ojos, obligándome a mirar como terminaba la otra pareja, mientras me metía su polla por el culo, empujando con fuerza, y sin poder remediarlo, empecé nuevamente a tocarme como una loca, era una escena que superaba todo.

    De repente vi como el chico explotaba y vi su líquido como empapaba el culo de la chica y ella moviendo su mano como una posesa en su coño, exploto entre gemidos y ver eso, que Marc llegaba al final, volví a terminar con una explosión increíble, sin poder describir lo que sentí, me tumbe boca abajo sobre la mesa para poder recuperarme.

    Fue explosivo y sin poder después de los años tener una respuesta. No apartaba aquella escena de mi cabeza, pasaba por mi memoria a cámara lenta, como una película y me ponía cachonda recordando.

    Así descubrí, cuando me di cuenta que conseguía mis mejores orgasmos cuando miraba o veía que me miraban.

    Es algo indescriptible lo que me motiva ver a alguien follar en directo.

    En estos momentos que estamos viviendo tan atípicos, el vernos forzados a un confinamiento, permaneciendo las veinticuatro horas del día con nuestra pareja, nos puede llevar a momentos de frustración. Por lo que me solidarizo con todo el mundo, principalmente con las mujeres y nos ofrecemos a aquellas personas que necesiten consejos para manejar la situación y guiarlas para que ellas mismas vean la realidad de su relación.

    Se garantiza confidencialidad absoluta, escribe a:

    [email protected].

  • Despertar a nuevas sensaciones

    Despertar a nuevas sensaciones

    Varios años trabajando en la misma empresa, él y yo, cada uno con sus relaciones, saludos muy corteses y se trataban solo temas laborales, pero al momento en que yo terminé con mi pareja, él se enteró estando en cuarentena en su casa, comenzó que escribirme y preguntar cómo estaba y como iban las labores en la oficina, así lo hacía en el transcurso del día, cada día.

    Los fines de semana se interesó por los temas de mis estudios en la universidad y me hacía sentir cómoda, tranquila y me hacía reír.

    Con el pasar de los días las conversaciones empezaron a ser más personales y atrevidas, yo no le vi ningún problema y empezó a intrigarme sus intenciones.

    Un fin de semana quiso hacer un poco más picante el día y me propuso si jugábamos la verdad o se atreve y le dije si pero solo la verdad sin penitencias.

    Con las preguntas comencé a conocer sus gustos por los temas del bondage y él se dio cuenta que no tenía mucha experiencia sexual.

    Por haberme quedado dormida en una de las conversaciones debí realizar un reto y no se me ocurrió otra cosa que hiciéramos una llamada caliente. Al momento en que me llamo y escuché su voz sentí que me estremeció el cuerpo. Fue delicioso la forma en describía que quería que hiciera con mis dedos pensando que eran los de él, escuchaba su respiración y el mis gemidos, me hizo llegar terminé con mi mano mojada de mis fluidos y el con su mano llena de semen imaginado que estaba dentro de mi.

    La siguiente noche se me olvidó despedirme por quedarme nuevamente dormida así que tenía un castigo para mí, me dijo «será un castigo placentero y lo sabrás mañana en la oficina», quedé asombrada » cómo así que en la oficina» le dije y me dice «si, mañana regreso a la oficina y tendrás tu castigo»

    Esa noche casi que no puedo dormir, por qué la verdad no creí que lo vería tan pronto y menos que quería jugar en la oficina.

    En la mañana al llegar a la oficina, él ya estaba ahí, nos miramos con ojos pícaros y me escribió no tarda en llegar tu castigo, estaba asustada y un poco excitada.

    A la media mañana me escribió sube al baño, con susto le hice caso, al llegar me entrego un vibrador y me dice «debes utilizarlo y yo lo manejare a mi gusto»

    Me encerré en el baño y lo ubique entre mis bragas y el pantalón y él lo activo, me hizo estremecer de nuevo era la primera vez que utilizaba un juguete, se sentía muy rico; ya en mi puesto de trabajo, él quería medir el alcance que tenía, con cualquier excusa se acercaba y me veía a los ojos, sabía que me estaba gustando y que estaba excitada, me hacía gestos de que cruzará mis piernas y yo movía mis caderas en la silla, hacía el frente y hacia atrás sabía que a él también le estaba gustando y que le excitaba verme mover, había momentos en que apagaba el vibrador y sentía un leve descanso por unos minutos pero de la nada lo activaba y me hacía saltar en la silla y a él le divertía; me escribía por el chat «cómo estás, te gusta?» Le respondía si me gusta y estoy húmeda…

    En una oportunidad me escribió «nos vemos en el baño, quiero ensayar algo», no lo dude un segundo y salí de la oficina y nos encontramos y me dice «deseo que lo introduzcas en tu vagina, para ensayar si se siente diferente» me encerré en el baño y le hice caso al activarlo solté un suave gemido y el al otro lado de la puerta me preguntaba qué cómo se sentía le dije delicioso…

    Jugamos hasta la hora de almuerzo y empezamos de nuevo en la tarde, yo no quería detenerme y sabía que él se estaba divirtiendo.

    En una ocasión le escribí, » deseo dañar tu mente» a lo que respondió, » y como lo harías» le escribí » deseas saber cómo es mi ropa interior» respondió que si, le expliqué detalladamente que era un brassier negro con espalda cruzada en encaje y una bragas negras con encaje, sé que se excitó al momento en que lo leyó, por qué me escribió me encantaría verlas y jugar en vivo con el juguete, le escribí que también me gustaría.

    Me propuso ir a un motel para que jugáramos un rato y para darme un masaje en todo el cuerpo, me sentí muy excitada y no lo dude y acepte…

    En el motel me dijo que para que me sintiera cómoda que nos desnudáramos sin vernos y nos duchamos por separado pero él me espió y vio mi cuerpo desnudo al momento en que me bañaba…

    Al momento de empezar el masaje con algo de pudor intenté tapar mis nalgas y mis senos, algo que al pasar del tiempo ya no iba a ser importante.

    Recorrió todo mi cuerpo con sus manos fuertes, sentía que deseaba tomarme pero intentaba parecer sereno y cumplir con el trato de que sería solo un masaje.

    Al estar sentado sobre mi cola masajeando mi espalda intentaba sentir su pene el cual estaba erecto y se sentía entre mis nalgas, yo estaba excitada y muy relajada.

    Cuando me dijo que me diera vuelta para seguir con el masaje en el frente me dio temor no quería quitar la pequeña toalla con la que me intentaba cubrir, comenzó con masajear mis piernas, deseaba que llegara a mi entrepierna para saber que iba a hacer, cuando empezó movía disimuladamente los dedos deseando tocar los labios de mi vagina, cuando los rozaba se sentía delicioso ya estaba a su merced, deseaba que me tomara; pero él estaba muy concentrado y serio y hacia como si no se daba cuenta que estaba sintiendo la humedad de mi vagina, la cual rozo unas ocasiones más, subió por mi abdomen apretaba mi cintura y la llegar a mis senos los tomo con fuerza y los apretó, toco mis pezones que estaban duros por la excitación que sentía todo mi cuerpo, acerco su rostro a mi pecho como deseando pasar su lengua en ellos, pero no lo hizo solo los tomaba entre sus dedos apretando y acariciándolos.

    Al llegar a mi rostro me miro fijamente ambos ya estábamos muy excitados y me dijo quiero jugar con tu castigo. Abrió mis piernas y tomo el vibrador en sus manos y al encenderlo empezó a pasarlo por mi clítoris, los labios que intentaba abrir para así ver mi vagina húmeda expuesta esperando que la hiciera suya, yo tomaba las sábanas entre mis manos y las apretaba estaba muy excitada y empecé a gemir y eso lo hacía excitar a él, sentí el vibrador dentro de mi pero también sentí sus dedos, empezó a masturbarme a meter y sacar sus dedos dentro de mi, yo solo gemía de placer y le decía que continuará que se sentía delicioso, lo miraba a los ojos y veía que le gustaba que estaba complacido con tenerme y hacer lo que quisiera conmigo, quería hacerme su esclava sexual y lo estaba consiguiendo por qué nunca nadie me había hecho sentir tanto placer y de diferentes formas en un solo día.

    Él tenía su rostro cerca de mi vagina, los dedos de una mano dentro de mi masturbándome en le otra mano el vibrador recorriendo la toda, deteniéndose en mi clítoris lo que me hacía gemir más, mis manos no sabían que hacer, a veces lo tomaba a el del cabello, tomaba mis senos los apretaba mis pezones duros y expuestos entre mis dedos, creo que eso lo hizo cambiar de posición, introdujo el vibrador en mi vagina con la mano izquierda y sus dedos aun dentro de mi.

    Ya con su cuerpo junto al mío, se acercó a mis pezones, los lamió, los hizo suyos mordiéndolos, apretándolos con la mano derecha, era mucho el placer que me estaba haciendo sentir, nos miramos y nos besamos, el primer beso delicioso, no sabíamos hace cuánto estaban todos esos deseos y pasiones reprimidas pero las estábamos liberando y de qué manera tan sublime.

    Cambio de nuevo de posición, dejo el vibrador dentro de la vagina, se hizo sobre mi, ubico mis pies en su pecho y empezó a rozarme con su pene duro y erecto, saco el vibrador y me penetró, sé que lo disfrutó, estaba sintiendo mí calor, mis fluidos y yo todo su deseo y excitación en su delicioso pene.

    Después de unos minutos y de meter y sacar su pene dentro de mi, me dijo al oído «vamos a la ducha», al entrar en ella y sentir el agua tibia que caía sobre nuestros cuerpos, nos besábamos y el acariciaba mi cuerpo, bajo y me hizo sexo oral fue delicioso, me encantaba todo lo que me estaba haciendo, estaba tan concentrado en mi, en hacerme sentir cada centímetro de mi piel; sentí que se estaba poniendo en pie y nuevamente nos besamos, con sus manos acariciaba mi espalda y empezaba a bajar por ella, tomo mis nalgas fuertemente las separaba y las unía, yo no pensaba en nada solo sentía y el placer aumentaba en mi, en un momento sentí sus dedos en mi ano, me asusté pero no le dije nada solo apreté mis dedos en su espalda, creo que él esperaba alguna reacción de rechazo o de negación pero como no fue así me penetró con un dedo fue mi iniciación en el sexo anal y de qué manera metió un segundo dedo y yo no paraba de gemir y de apretar mi pecho contra el suyo, me gustaba mucho y sé que a él también, al pasar unos minutos regresamos a la cama.

    Nos besábamos, cambiamos de posición ahora en cuatro tomaba mi cabello y golpeaba duro al penetrarme, me daba palmadas en las nalgas, dolor y placer al mismo tiempo. Estábamos llegando, mi humedad era abundante, el sentía mis fluidos y yo quería sentir los de él, seguía penetrándome cada vez más rápido y hasta el fondo, yo no dejaba de gemir pero se detuvo y me dijo «baja la cadera» y con sus dedos empezó a estimular de nuevo mi ano y con su pene en la vagina lo saco y decidió penetrar mi ano, primero despacio intentando hacerse espacio hasta llegar al fondo, había dolor y placer al mismo tiempo pero no quería que se detuviera le «dije más rápido» por favor y lo hizo se sentía delicioso y su respiración cada vez más agitada, llegó dentro de mi, dejo correr todo su semen dentro de mi ano, sentí su calor, su libido; y con una palmada en la nalga la que me hizo gemir, me dice «delicioso esclava». Y yo mentalmente me dije «estoy agradecida con mi amo por tanta atención y placer».