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  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (9)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (9)

    Al día siguiente, pareció volver una cierta normalidad. Los dos se encontraron en el gimnasio y Sergio acompañó a su tía en la bicicleta estática de la misma forma que hizo el día anterior. Carmen no había olvidado como el miembro de su sobrino, se movía debajo de su cabeza desperezándose con ganas de fiesta. Sin embargo trató de pasar por alto aquel sucedo, al menos… por el momento. El joven en cambio, mientras veía a su tía dando pedaladas, no podía olvidar las ganas que reprimió de tocarse después de la tensión acumulada de todo el día.

    Trataron que la mañana siguiera siendo “normal”, aunque lo anormal era lo que hacían. Si tendríamos que pensar en que era normal para esos dos, seguramente nos imaginaríamos algo más íntimo y… más mullido.

    Se ducharon y desayunaron mientras hablaban del único tema que monopolizaba el día, Mari. La madre de Sergio iba a llegar y si todo salía según tenían pensado, se quedaría con ellos al menos un par de días.

    Sobre la una del mediodía salieron a esperar en la puerta de la entrada. Habían conseguido pasar una mañana en calma sin ningún tipo de tensión, también en parte por saber que Mari vendría y que Sol rondaba por la casa haciendo las labores del hogar.

    El joven fue el primero que vio el “barco” en el que venía su madre y avisó a su tía de que ya estaba, para que esta activara el mando y de ese modo abrir la puerta. Su madre atravesó la verja de la casa y con mucho cuidado de no rayar ninguna parte de la carrocería, lo estaciono.

    Del interior salió la versión consumida de Carmen. Su cabello moreno lo llevaba desatendido y arremolinado en una coleta sudada. Igual que el pantalón y la camiseta blanca sin mangas que llevaba, ambas prendas caladas de su propio sudor. Por un momento Sergio comparo a ambas mujeres en un lapso de segundo, le parecieron tan iguales y a la vez tan diferentes, como la noche y el día.

    —¿Qué tal el viaje, mamá? —se acercó a ella con rapidez, hasta llegar a su lado donde su madre le recibió con un frío saludo.

    —Mal… hace un calor inhumano, menos mal que no pille caravana.

    —Nosotros sí, de eso que te libras, no se podía pasar más calor —saltó su hermana propinándola dos besos y un abrazo. La diferencia de las muestras de afectos era tan evidente—. Gracias por lo del coche, Mari, de verdad.

    —¿Tú qué tal, hijo?

    —Muy bien, no puedo estar más a gusto, la tía me ha tratado de lujo.

    —¿Has quedado con los amigos? —comentó Mari entrando en casa.

    —Que va, de momento me he decidido por otro plan, ya les he avisado.

    —¿Qué vas a hacer si se puede saber? —Sergio miró a su tía la cual le devolvió un gesto cómplice.

    —Pues me gustaría que pasáramos los tres unos días juntos y después ya volveremos.

    —¿Cómo que unos días? ¿Juntos? —Mari estaba perdida y buscaba una respuesta tanto en su hijo como en su hermana.

    —Los días que queráis mejor dicho, no presiones a tu hijo para iros ya ¡eh! —miró a Sergio— ¿Le has dado un beso a tu madre?

    Nunca habían tenido por costumbre mostrar afecto mediante besos, unos simples “holas”, sumados a movimientos de cabeza eran suficientes. Sin embargo los ojos azules de Carmen insistían.

    Por una fuerza que parecía proveniente de su tía, el joven se comenzó a acercar a su madre la cual, con los mismos ojos azules brillantes, le miraba con duda. Estando a su lado, a escasos centímetros, bajó su rostro, comprobando que su madre no huele a perfume, sino a simple sudor. No obstante, eso no es algo que le vaya a echar para atrás y sintiendo como su tía le empujaba mentalmente, colocando los labios en posición, acabo por besar a su madre en la mejilla.

    —Menudo saludo… —dijo la tía irónicamente— vamos Mari, deja al niño, tú a descansar y luego me acompañas que tengo que ir a unos sitios.

    Sin poder decir nada más, Carmen se llevó a su hermana. Subiendo ambas las escaleras con intención de que Mari se acomodase en su “nueva” habitación.

    Sergio se quedó viendo la tele mientras le llegaban murmullos de arriba. Al de un rato, bajaron ambas listas para salir a dar una vuelta. Su tía le dijo que pasarían la tarde fuera, que la casa era suya y que hiciera lo que quiera. Dicho y hecho, Sergio pasó todo el día disfrutando de la piscina y del sol, que le acabó por picar de tanto calor.

    Entre chapuzón y chapuzón, su cabeza siguió dándole vueltas al mar de sentimientos que le corría por dentro. Con su madre allí, estaba claro que no volvería a suceder nada “extraño”, aunque si lo pensaba bien no sabía si en verdad había sido como él pensaba. Quizá todo había sido producto de su imaginación, de una mente calenturienta dispuesto a todo por “mojar el churro”. Sin embargo, esas suposiciones se hacían a un lado cuando recordaba la mirada de su tía, tan penetrante, tan preciosa. Aquellos ojos que se le clavaban de forma tan intensa, había que sumarle un tono de voz que a veces no iba acorde con una conversación “normal”. Carmen estaba tensionada, notaba como su garganta no le dejaba fluir las palabras como de costumbre… si, Sergio apostaba que era así.

    La noche anterior, su corazón le gritaba que corriera, que su tía aceptaría que entrase a su habitación en plena noche, pero su mente racional le dijo que era una locura. Tan buena relación tenían que no quería estropearla por una calentura infantil, esperaba que todo pasara y disfrutara de Carmen como un sobrino al uso.

    Salió de la piscina y pensó que sería un gran momento para darse una alegría al cuerpo. Le seguía sin gustar “mancillar” aquella casa con sus fluidos, pero ya llevaba dos días durmiendo con una erección de caballo. ¿Por qué no?, nadie se iba a enterar y si algún tipo de culpa afloraba en su cuerpo, pronto pasaría, al fin y al cabo, solo era una “paja”.

    Lástima que lo decidiera tan tarde, justo cuando su pene se comenzaba a hinchar y ponerse “morcillona” escuchó como el coche atravesaba la valla, y su madre y su tía volvían a casa. Entre la piscina y sus pensamientos, el tiempo se le había escapado de las manos y ahora no había vuelta atrás porque las dos mujeres entraban por la puerta.

    —¿Mamá? ¿Qué te has hecho? —dijo sin contenerse al ver como pasaba por la puerta después de su tía.

    —¿Tan fea estoy? —pregunto avergonzada mientras se pasaba la mano por el pelo y la cara. Al ver su mano tocar su rostro, Sergio se dio cuenta de que incluso se había hecho las uñas, no recordaba haberla visto así antes.

    —No, no, no. ¡Por favor! Todo lo contrario, estás guapa… realmente guapa. —alguna vez la había visto preparada, pero nunca de esa manera, parecía lista para un gran evento.

    —Tu tía —Carmen ya en casa dejó sus cosas en el recibidor de la entrada— que me ha llevado a un salón de belleza. Me han hecho de todo, y además me ha comprado ropa, al parecer se ha vuelto loca.

    —Muy loca, loquísima. Esta noche salimos a tomar algo… solo chicas… lo siento, cariño —se acercó hasta donde su sobrino y le dio un beso en la frente a modo de saludo aunque al joven le supo a más—. No nos esperes despierto, o si, no sé… haz lo que quieras, estás en tu casa.

    Sergio las admiró mientras se marchaban sin parar de reír. Primero lo hizo con su tía, que estaba igual de bella que siempre, una belleza casi perfecta que había empezado a conocer perfectamente. Sin embargo, cuando posó los ojos en su madre, lo que vio le fascinó, parecía otra mujer con una única tarde al lado de Carmen. Eran casi idénticas, al menos en aspecto, mismo rostro, mismos ojos, incluso el cabello tenía la misma textura aunque diferente tamaño y color.

    No se cortó, el joven echó un vistazo a ambos cuerpos. Los comparo con rapidez, sorprendiéndose de lo bien que se conservaban ambas, la única diferencia era que su madre era más delgada, nada más. Sus ojos no le engañan en una tarde, su madre había rejuvenecido e incluso se veía más… feliz. Lo sintió como irreal casi mágico aquella sonrisa y ese brillo en sus ojos no podían ser reales. No obstante, no era magia, ni se equivoca lo que estaba viendo era a su madre rebosante de felicidad.

    Esperó en la sala a que se cambiaran mientras veía la tele pudiendo evadirse de todo pensamiento extraño alrededor de su tía. Solo se desconcentraba al escuchar risas y murmullos de ambas mujeres provenientes de arriba “¿Cuándo se ha reído mamá tanto?”.

    No tardaron mucho más en descender por las escaleras. Los tacones que las dos mujeres llevaban resonaron en la casa, llamando la atención del joven que se incorporó en el sofá para verlas. ¡Menuda sorpresa! Las dos bajaban las escaleras con vestidos similares, si es que no eran iguales, su sentido de la moda era nulo. La única diferencia eran los colores, el de su tía era rojo y el de su madre azul. La parte de arriba era ceñida y las dos mostraban un poco de escote, “¿Escote? ¡¿Mi madre?!” Sergio no daba crédito a lo que sus ojos veían. La vestimenta superior habitual de su madre eran camisetas sin nada de escote y en su efecto camisetas viejas que habían pertenecido al chico años atrás. Cierto es que Mari no tenía reparos en estar delante de sus hijos con el sujetador, pero su moda fuera de casa, solía ser siempre más recata y… simple.

    A Carmen no le hacía falta ni que la mirase, estaba explosiva. Había dejado a un lado su atuendo formal y caro, por un vestido más apretado donde mucha de su piel era visible. Su escote era una delicia y bajo su vestido se veían unas piernas grandes y torneadas. Sin embargo lo que más le seguía impactando a Sergio era que aunque su tía estuviera espectacular, su madre no iba para nada desencaminaba. Su vestido aunque muy idéntico carecía de ese toque “picante” que tenía el de Carmen. Le llegaba hasta los tacones dejando una abertura por donde se podía ver una pierna estilizada. “¿Vestido, tacones, escote? ¿Esta es mi madre?”.

    —Bueno, Sergio, nos vamos de marcha. —Siguió mirando atónito desde el sofá— ¿No nos vas a decir nada? —insistió su tía mientras se ponía un chal y su madre una chaqueta.

    Sergio no podía dejar de mirarlas, estaba hipnotizado. Todos los pensamientos de su tía comenzaban a aparecer como una cascada, un rostro bello, un cuerpo perfecto… pero lo que no le dejó hablar fue ver a la mujer de al lado. Alguien a quien conocía muy bien, pero que no podía reconocer. La había visto de todas las formas, incluso en ropa interior, con ropa fea y desgastada y en ningún momento hubiera pensado lo mismo que ahora, su madre estaba igual de bella.

    —Estáis… —por su mente viajaron varias palabras, buenísimas, macizas… todas soeces que ellas no se merecían— preciosas. Vais a llamar la atención… os parecéis más de lo que pensaba.

    —Siempre nos lo han dicho, bueno por algo somos hermanas —apuntilló su madre, respondiendo a algo más que obvio.

    —Cuando quiere, tu hijo sabe que decir, tiene un pico de oro, te lo aseguro Mari. —dedicó una mirada cómplice a su sobrino, alentando a que le siguiera el juego— ¿Te gusta cómo está tu madre? Ha salido a relucir toda la belleza que sin parar trata de esconder.

    —Sí, sí, mamá, estás muy guapa —sintiendo que era buen momento, soltó una broma con tintes de realidad— cuidado con los hombres que se te van a acercar.

    —¡Hijo, por Dios! —Mari no pudo evitar la coloración de su rostro, ¿ligar ella? ¿A su edad? Estaba fuera de toda lógica. Aunque con una sonrisa algo boba recibió el cumplido con agrado.

    —¿Vienes a darnos dos besos para despedirnos o te vas a quedar ahí tirado? —comentó Carmen ante la pasividad de su sobrino.

    Como azuzado por un látigo, se acercó a ambas mujeres y con una calma, con la cual parecía que disfrutase, les propinó a cada una par de besos.

    Su madre se adelantó para mirar si el taxi ya había llegado. Cuando lo vio, desde fuera hizo gestos para decir que ya salían, de mientras Carmen miró fijamente a su sobrino. Aprovechando aquellos segundos de soledad e intimidad le dijo en voz baja como si de un secreto se tratase.

    —Tienes en la cocina lo que quieras por si tienes hambre. Esperemos no despertarte, vendremos algo… bebidas —evitó reírse— y tranquilo que no me olvido de ti, mañana no te dejaremos solo.

    Escuchó desde el sofá como el taxi arrancaba y las mujeres se marchaban de fiesta dejándole solo en aquella casa tan grande. Las palabras de su tía siempre le removían el alma, era ya algo innato, cada palabra que le iba dirigida a él, era como una fecha llena de lujuria que se le clavaba en la entrepierna. “No se olvida de mí” su imaginación voló, pensando que esas palabras querían decir más de lo que parecía.

    Pasó otra hora en el sofá viendo terminar la película que le hacía al menos no pensar en Carmen. Aunque los ojos se le cerraban aguantó de forma estoica hasta que por fin terminó, levantándose para llegar con paso agotado hasta la cama.

    Antes de conciliar el sueño, su mente repasó todo el día, viendo que había sido de lo más calmado, salvo por esa visión de su madre. En verdad estaba guapa, guapísima podría decir, no parecía la Mari que él conocía. Intentó pensar en su tía, quizá para alegrar un poco la noche, pero el sueño podía con él. Trató en un inocuo intento mantener arriba sus parpados, pero pesaban como losas, acabando por dormirse con una última imagen en su mente… la de su progenitora bajando las escaleras con el vestido azul.

    CONTINUARÁ

    ——————-

    Por fin tenéis en mi perfil mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Un collar para Lucy

    Un collar para Lucy

    Uno de mis hobbies favoritos siempre ha sido escribir cuentos eróticos, porque me ofrece la oportunidad de darle rienda suelta a mi lado más oscuro, perverso y por qué no, a veces hasta sádico. Varios de ellos los he sacados de mi imaginación, pero en ciertas he llegado a publicar en mi blog alguno que otro relato de mi propia experiencia, siendo relatos del tipo D/s de los que me causan más placer de escribir. Sin embargo aun siendo escritor profesional, está siempre parte de mi vida que he mantenido en secreto de mi familia y mis amigos, ya que no es algo que me quisiera gritar a los cuatro vientos.

    Todo eso cambió en la noche de año nuevo. Ese día la mejor amiga de mi mamá vendría a pasar la noche en nuestra casa con toda su familia. Entre ellos se encontraba su hija Lucy, la ahijada de mis papas, y quien durante muchos años, ha sido la mejor amiga. Podría decirse que ella fue la que me empujo a ser lo que soy ahora, pues cuando entro a trabajar como correctora de estilo, siempre me incito a mandar mis cuentos a concursos y a las editoriales, convirtiéndose en mi editora no oficial; así que cada vez que venía a mi casa, lo primero que hacía era preguntarme sobre que estaba escribiendo y siempre me daba su opinión sobre lo que debía hacer para arreglar a mis textos y mejorarlos, sin embargo jamás le había mostrado los que subía a mi blog pues era algo un poco más privado, además de que me asustaba imaginar el cómo reaccionaría ante ellos.

    Ese día yo me estaba corrigiendo cuento para subirlo al día siguiente cuando escuche que un golpeteo en mi habitación junto con la voz de mi amiga pidiéndome permiso para pasar.

    —Adelante, Lu.

    — ¡Qué onda Fernando!

    Ella entrar nos saludamos con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla. Lucy es una chica algo llenita, como su mamá, pero ha desarrollado una excelente figura gracias a comenzó a hacer Pilates; además de practicar natación con el equipo de su preparatoria. Para no mí era difícil no notar lo buena que se había puesto en los últimos años, siendo su culo la parte que más me gustaba de ella pero jamás hice intento alguno por querer tirármela, por los años de conocernos; sin embargo en mis relatos siempre contaba sobre lo que podría hacerle si tuviera la oportunidad.

    — ¿Y dime cómo has estado?

    — Con lo de siempre, la escuela, el trabajo. Lo normal.

    — ¿Y no has escrito nada últimamente?

    Justo cuando dijo eso yo cerré mi laptop y me dirigí a la cama en un intento por qué no me descubriera.

    — ¿Qué escondes?

    — ¿Yo?—respondí— Nada.

    — No te hagas, que te estaba oyendo recitar al otro lado de la puerta. Algo estabas escribiendo pero no me quieres decir.

    Me lleve las manos a la cabeza sintiéndome acorralado. Lucy se acercó a mí, lo cual me puso más nervioso, pues ella me conocía muy bien sabía que mientras más cerca estuviera de mí y más provocativa actuara, más fácil seria para ella sacarme la sopa sobre lo que hacía.

    —Me escondes algo —susurro en mi oído lentamente— ¿es que ya no quieres que vea lo que escribes?

    —No… es… eso, es solo que aún no está acabado…

    Podía oler fácilmente su perfume a jazmín, comencé a sentir como mi cuerpo se estremecía y mi miembro empezaba a endurecerse. Cuando comenzó a acariciar mi cabello yo sentí que ya no podía más.

    La fortuna estuvo de mi lado, pues en ese instante mi mamá nos llamó para que fuéramos a ayudar con los preparativos de la cena. Lucy se levantó de la cama y me dijo que después volveríamos a subir y entonces le enseñaría lo que tenía. Yo me espere, para dejar que mi erección disminuyera.

    No regrese hasta mi cuarto hasta después de la media noche. En todo ese tiempo ella no volvió a tocar el tema de mi texto secreto, por lo que pensé que lo habría olvidado, y aunque la cena transcurrió como si nada, yo seguía sintiendo un terrible un dolor en los testículos a causa de las tácticas de intimidación de Lucy.

    Llego entonces el momento de la cuenta regresiva. Nuestras familiar se reunieron alrededor del televisor. Como estaba distraído, no supe en qué momento se acercó Lucy, para abrazarme por detrás, pero si sentí cuando sus manos comenzaron a bajar por mi cintura, para acariciar mi miembro. Mientras los demás comenzaban con la cuenta regresiva yo solo sentía como las manos de mi amiga masajeaban mi entrepierna y cuando llego al uno yo ye me sentía tan duro que tuve que alejarme de mi familia para que nadie se diera cuenta. Lucy se acercó sonrío mientras discretamente se pasaba la lengua entre los labios.

    —Feliz año, Fer —susurro mientras me abrazaba— o prefieres que te llame…

    Como si fuera una película, el estallido de una botella silencio la última palabra para para los demás. Había mencionado el Nick con el que me hacía llamar en mi blog erótico.

    La erección que tenía se me bajo de repente haciendo que mi sangre subiera hasta mi rostro. En ese momento supe que había entrado en piloto automático, porque cuando me di cuenta estaba caminando hasta mi dormitorio, para ir directo a la cama.

    Cuando abrí la puerta vi que Lucy estaba sentada en mi cama, revisando su teléfono y con la mano muy cerca de su entrepierna. En cuanto la vi de inmediato sentí como el estómago comenzaba a revolvérseme, sintiendo la necesidad de salir corriendo de allí, pero Lucy se levantó de golpe y me agarro de la muñeca para que no pudiera salir.

    —Por favor, no seas payaso y ven aquí.

    —No, por favor suelta…

    Entonces para que ya no dijera nada más, Lucy se acercó a mí y me beso con una pasión que jamás había sentido en ella. La mire a los ojos, desconcertado. Ella solo volvió a sonreírme, mientras me besaba una vez más. Su boca tenía el sabor de la sidra con la que habíamos brindado; además sus labios se sentían carnosos y muy suculentos. Me susurro que le había pedido a mi mamá quedarse hasta mañana; así que sin pensarlo mucho e invadidos por la lujuria que habíamos acumulado horas antes, comenzamos a arrancarnos la ropa. Ansioso por excitarla, lleve mi mano hasta su vulva y comencé a acariciar sus labios y su clítoris. Lucy comenzó a gemir, mientras sentía como el flujo comenzaba a salir cada vez más del interior de su vagina.

    Yo la escuchaba gimiendo, mientras acariciaba su rajita toda empapada de miel. De repente comenzó a llamarme una vez más por mi Nick. Eso comenzó a excitarme y puso mi miembro tan duro que hasta comenzaba a dolerme.

    Metí mis dedos más adentro de su vagina y me acerque a sus pechos para chupárselos y morder sus pezones. La lleve hasta la cama y la puse en cuatro paras por encima del colchón. Le dije que sacara un condón de mi buro y me lo pusiera con la su boca. Lo hizo sin rechistar y luego me coloque detrás de ese culo que tanto me gustaba enfrente de mí. Acaricie sus gruesas y firmes nalgas con un deseo que tampoco había imaginado; después los golpee suavemente con mi mano ella soltó un gemido de que parecía tanto de dolor como de placer. Como ya en momento ya solo quería penetrarla, acerque mi pene a la entrada de su vagina y lo metí de un solo golpe.

    Solo en mis más perversas fantasías me hubiera imaginado en esa situación. Coger con mi mejor amiga no era lo que me imaginaba para el año nuevo pero no niego que era bastante delicioso sentir la vulva de Lucy apretando mi pene y diciéndome lo puta que era al estar cogiendo conmigo y lo mucho que le estaba gustando mi verga. Yo no dije absolutamente nada. Solo seguí penetrándola una y otra vez hasta que sentir como se corría de placer. Yo también me vine dentro de ella y después de eso nos recostamos para fajar un momento mientras nos reponíamos. Por una parte me sentí aliviado porque a pesar del ruido que hicimos mis papás no se despertaron, pero por otra parte aún tenía una duda que tenía que saber.

    —¿Cómo fue que me descubriste? —le pregunte mientras acariciaba su trasero.

    — Tú no eres el único perverso.

    Me conto que ella solía masturbarse leyendo relatos eróticos, y que mientras andaba navegando por la internet se encontró con mi blog y después de leer un par de mis relatos D/s supo que no podían ser de nadie más, pues llevaba años leyéndome y mi estilo era inconfundible para ella. Ofendida por no habérselos mostrado, pensó que sería bueno jugar un rato conmigo como venganza. Pero al final de la noche, su calentura le gano y por eso pidió quedarse para follar conmigo.

    — Jamás me imagine que fueras así de putita.

    —Pues ya ves, Fernando —ella seguía sonriendo mientras acariciaba mi pene que volvía ponerse duro—. Entonces ya me vas a mostrar lo que estabas escribiendo.

    Yo no pude evitar reírme de su insistencia, así que fui a mi maquina e imprimí el cuanto que había escrito en la tarde. Ella al ver el titulo no pudo más que poner una sonrisa

    — “Un collar para Lucy» que coincidencia.

    — Juro por lo que quieras que sí lo es.

    — Bueno, ya lo leeré en la mañana y te diré lo que pienso.

    Me hizo la indicación de que volviera a la cama y una vez más comenzamos a coger. Esa noche Lucy se vino unas cinco veces y yo como unas siete.

    Gracias a su ayuda mi blog comenzó a tener más visitas y en los comentarios me llego el correo de un editor diciendo que tenía deseos de publicar mis relatos en una antología, comenzando con “Un collar para Lucy”. Ese libro salió solo con mi Nick, pues aun sentía un poco de pena de publicarlos con mi nombre.

    Después de aquella noche, Lucy y yo nos convertimos en amigos con beneficios, follando cada vez que podíamos, hasta quedar exhaustos. Esto continua hasta ahora, y con ella he recolectado muchas anécdotas, que a ella le encantan. Algún día los publicaré en mi blog, y espero que mis lectores estén atentos para distinguir las que son reales de las que vienen de mi imaginación.

  • Mi amante, mi amor verdadero (Parte 2)

    Mi amante, mi amor verdadero (Parte 2)

    «Me encantaba apostar contigo… siempre perdías»

    Con este mensaje rompí el hielo contigo, te rete con la esperanza de excitarte, quería que supieras de lo que era capaz. Ya no importaba nada, ni mi matrimonio, ni mi familia, mis creencias… Sólo importaba poder tentarte, poder hacerte mío.

    Cuando vi que leíste el mensaje mi temperatura se elevó, me excite tanto que apena pude disimular ante mi marido… Mis palpitaciones crecían al igual que mis pezones en espera de tu respuesta…

    Oliver…

    Yo?

    Ya no recuerdo

    Específicamente que apostamos

    Sabina…

    Apostábamos de todo

    Y siempre perdías

    Oliver…

    No es cierto sólo perdí una de 50 pesos

    Pero no lo des por perdido

    Te lo pagaré

    Sabina…

    Cómo con una foto erótica?

    Oliver…

    No soy voyerista

    Sabina…

    Yo tampoco

    Oliver…

    Bueno… soy voyerista sólo contigo

    En fin eso es pasado ahora quiero un video eyaculando para mí

    Así como me gusta verte, en cuatro, con tu culo al aire y tus dedos húmedos…

    Sabina…

    Estoy en la calle

    Ahora no puedo

    En cuanto pueda te lo mando

    Oliver…

    Por cierto

    Te mereces unas nalgadas

    Sabina…

    Por?

    En unas horas regresare a mi casa

    Y lo haré

    Te parece?

    Oliver…

    No es por el video, yo puedo esperar

    No has comprado el dildo que te pedí

    Te mereces unas nalgadas

    Sabina…

    Jajajaja!

    Si, que rico

    Quiero que me dejes tus palmas marcadas

    Que no pueda sentarme en muchos días

    Pero te dije que mañana voy

    Me gaste el dinero del dildo

    Era eso o la lencería que me pediste

    Oliver…

    No me digas eso

    Si no cuestan tanto

    Sabina…

    El que quiero para ti, si

    Oliver…

    Entonces te enviaré dinero

    Quiero verte rompiéndote el culo a sentones, en una verga grande y gorda mientras te muerdes los pezones

    Para que imagines el placer que puedo darte

    Sabina…

    Dinero no, no soy una puta,

    bueno contigo si

    pero no por dinero

    es por lo que me haces sentir

    Ya me estaré comprando uno

    un pito grande y gordo, que me recuerde al tuyo

    Oliver…

    Mientras espero te tengo un reto

    quiero que te metas los mientras piensas en mí

    en este instante

    Sabina…

    No puedo, voy con él en el auto

    Oliver…

    Ok

    No es un reto, es una orden

    No puedes decirme que no

    Yo soy tu macho

    Sabina…

    mmm

    Lo haré

    Oliver…

    Y quiero pruebas

    En ese momento sentí que no podía más, quería arrancarme la ropa y masturbarme tal como él me lo pedía, quería sentir mis dedos en mi punto g, acariciármelo frenéticamente hasta explotar en con un chorro de flujos interminable. Pero no podía ser tan descarada, aún me faltaba un trayecto largo en el auto para que mi marido me dejará en casa sola.

    Así que me quite en abrigo y me lo puse en las piernas, eche para atrás el asiento, alegue que tenía un poco de dolor abdominal, con un ademan exagerado de masajeaba el estómago. Mi esposo me pregunto si estaba bien o necesitaba algo, yo le dije que no se preocupara que solo me recostaría un momento.

    No fue difícil bajar mi mano hasta mi entrepierna e introducirla dentro de mis mallas, con cuidado deslice mis dedos a través de mis pantaletas, me abrí camino entre mis labios, que ya estaban hinchados y húmedos en espera de mi mano y comencé primero a tocarme lentamente el clítoris, intente mover lo menos posible mi mano. Poco a poco abrí mis piernas y me fui volteando a la ventanilla del auto.

    Cuando logre la lubricación perfecta, metí mis dedos índice y medio en mi vagina, estaba tan excitada, que fue como cortar mantequilla con un cuchillo caliente. Así que solo tuve manipular mi punto g, con movimientos muy delicados, muy despacio, disimulaba los pocos gemidos que se me escapaban con gemidos de dolor. Eso había sido más sencillo de lo que creí, sólo necesitaba la prueba. Casi como si lo hubiera planeado, nos detuvimos a cargar gasolina después de cargar nos estacionamos en el súper, mi marido aprovecho para comprar agua y yo para bajarme de un tirón las mallas y las pantaletas. Tomé mi móvil y lo puse frente mi vagina me abrí los labios y le mostré lo hinchada que estaba, con algunos hilos de lubricante, quería que viera como me palpitaba.

    Casi no logro vestirme antes que regresará mi marido, eso me prendió aún más, el peligro de ser descubierta me excitaba demasiado.

    Con mucho cuidado envié mi video, yo nunca pierdo.

    Oliver…

    Que rico se ve

    Esta lista para recibir mi verga

    Sabina…

    Siii

    Quiero, lo necesito

    Hazme tuya

    Oliver…

    Te costó trabajo?

    Sabina…

    No, la verdad fue muy fácil

    Casi tan fácil como soy contigo

    Supongo que es por tu culpa

    El pensar en ti

    Y tomar las fotos y vídeos me prende mucho

    Oliver…

    mmmm

    Sabina…

    Mientras mándame una foto tuya

    Quiero verte la verga

    Quiero ver como te la explota a jalones

    Ver como los echas pensando en mi

    Oliver…

    Vaya que tardaste

    Jajaja!

    Me prendes tanto

    Oyeee

    Yo quiero echártelos

    En la cara

    Mientras abres tu boca y ver que te los comes

    Sabina…

    Ya estoy a unas calles

    Ya falta poco para estar más cómoda

    Voy a poder hacer lo que me pidas

    Mientras subía a mi departamento, vibro mi celular, vi que llego un video suyo, una toma cerrada de si miembro viril, se veía tan grande y duro, Así como lo imaginaba cuando era pequeña y me hacía mis primeras pajas pensando en él. Aún recuerdo como me metía la almohada entre las piernas y la apretaba fuerte mientras movía mis caderas, imaginado que lo montaba, o aquella ocasión jale mis pantaletas para introducirlas entre mis labios y mis nalgas, recuerdo con la tela me rozaba el culo y los labios con cada tirón mientras gritaba su nombre y le decía que lo amaba. Ahora no tenía que imaginármelo… tenía su video en mi móvil, estaba parado al lado de su cama, se daba unos tirones y a la vez se pegaba palmadas en los huevos. Mis rodillas se doblaban. Corrí a la recamara y vi como explotaba su verga, de manera casi gloriosa, me imaginaba esos chorros de semen blanco y caliente entrando a mi boca y bajando por mi garganta, mientras que su miembro me ahogaba…

    Casi me arranque la ropa puse el móvil en el tocador y me tire en la cama boca abajo, levante el culo y me puse en cuatro como una perra en celo, abrí las piernas, para antojarle mi culo, ese que ya le había prometido para que lo rompiera a placer. Metí de nuevo mis dedos índice y medio para darme justo en el punto G como él me había enseñado y como ahora me lo exigía, sentía que el culo me latía y empecé a gemir como gata en celo, me di tan duro y rápido que me termine pocos minutos, un chorro grande y caliente salía de mí, empapándome la mano y las piernas, se me doblaron las piernas y caí rendida boca abajo…

    Me tomo un par de minutos controlar la respiración y poder incorporarme, tome el móvil y le envíe el video, como me lo había pedido mi macho…

    Oliver…

    Que húmedo

    Que rico

    Cada vez los haces mejor

    Que ganas de ir a tu casa y cogerte

    Aunque eso sería muy bajo

    Te ganaste más videos míos

    Sabina…

    Siii

    Manda

    Que aún tengo ganas de seguir

    Oliver…

    Pero yo ya salí del hospital

    Ya voy rumbo a la casa

    Tendrás que esperar

    Pero tú sigue mandando

    Sabina…

    Lo haré

    Me mandas muchos videos!!!

    Bueno, no ahorita, ahorita maneja

    Oliver…

    Ya no envíes al WhatsApp

    que ya las tengo que borrar

    Sabina…

    Borrar?

    Oliver…

    Si las fotos

    Como que no las has borrado!

    Sabina…

    Subo las imágenes al onedrive ahí no hay problema

    Lo del WhatsApp todo lo borro

    Yo también, ya aprendí

    Oliver…

    Manda

    Sabina…

    Sí, pero me puedes escribir un rato más yo te aviso

    Ya va a llegar mi hija

    En vacaciones soy niñera casi tiempo completo

    Oliver…

    Y cuanto te falta, ya quiero verte montada en el dildo

    Sabina…

    Por fin, entran el lunes

    Y los tuyos?

    Ya mándame algo, quiero hacer bizcos

    Oliver…

    Espera de verdad te voy a mandar uno

    Sabina…

    Vale las espero

    Oliver…

    Me subes el calor

    Te aviso

    Me fui a hacer mis monótonos deberes de madre y esposa, esperando que este letargo terminara y que mi hija se fuera a la cama para poder seguir con mi sesión de cybersexo… Oliver no había enviado nada tampoco, supuse que su aburrida esposa lo había absorbido con sus estúpidos problemas.

    Ya era tarde y había perdido la esperanza cuando de nuevo vibro mi celular.

    Oliver…

    Ya?

    te lo envío?

    Sabina…

    Ya no puedo

    Va llegando mi marido

    Justo ahora

    Oliver…

    Mmm duérmelo y después me escribes

    Sabina…

    Jajaja!!!

    Lo intentaré

    Tu envíame la foto que me debes al correo

    Ya subió

    Oliver…

    Quien se te subió? Algún amigo??

    Sabina…

    El único amigo con esos privilegios eres tú

    Si me desvelo te escribo cuando sea seguro

    Le di de cenar a mi esposo y me subí a la cama fingí que seguía con dolor abdominal, así que cuando se acostó y se me acerco por la espalda para agarrarme los pechos, pude negarme a entregarme a él fácilmente, hasta pude hacerme la ofendida le eche bronca y saque una semana de pelea para poderme dedicar a Oliver sin que me molestará.

    A la mañana siguiente aprovechando que mi hija se había ido al colegio y que mi marido seguía dormido, le escribí para saber si podía platicar

    Sabina…

    Hola

    Oliver…

    Hola

    Sabina…

    Se puede

    Oliver…

    Si ya voy rumbo al hospital

    Sabina…

    Soñé de nuevo contigo… pero casi lo olvide todo

    Oliver…

    Jajaja

    No te creo

    ¿Qué recuerdas?

    Sabina…

    MMM

    Recuerdo que tú estabas encima de mí…

    Me estabas penetrando por la vagina

    Muy profundo y rápido

    Sudabas mucho y me empapabas

    Hasta que te salías abruptamente

    Yo me coloqué transversal a la cama

    Y tú te levantabas y regresabas a penetrarme la vagina

    Y me dabas durísimo…

    … Muy rápido

    Te subías de nuevo en mi

    Luego me tomabas la cabeza y me metías tu pene a la boca

    Me lo metías muy rápido y hasta donde podías en mi garganta

    Hasta que te explotaba la verga

    Y me dabas de comer tu semen, agridulce

    Me besabas los pechos y me mordías los pezones

    Me dabas la vuelta y me comías el culo penetrándome con tu lengua

    Luego me metías los dedos en la vagina mientras seguía lubricándome el culo

    Me metías de un sopetón tu pene otra vez erecto y duro, momo me gusta

    Me bombeabas tan rápido que sentía que algo explotaría dentro de mí

    Con cada penetración sentía como se me iban abriendo llagas

    Y el dolor y la excitación me hacían terminar

    Te pedía que pararas rogando que no lo hicieras

    Hasta que sentí la hinchazón de tu verga y la palpitación de tu venida

    Que para mi culo era un alivio

    Pero desperté y vi que era sólo un sueño

    Oliver…

    mmmm

    Ya me pusiste a mil

    Quiero un video

    Sabina…

    Te lo mando al correo

    Oliver…

    Me encantó tu sueño

    Pero porque tiene que ser así

    Hay que vernos

    Sabina…

    Dime cuando y en donde

    Continuará.

  • Despertando sin ti

    Despertando sin ti

    ¿Ha sucedido realmente o acaso tan solo ha sido un sueño?

    Eso es lo que ahora me pregunto aquí tumbado en mi cama, la luz de la mañana entra por la ventana desperezando las tinieblas de mi habitación, mientras, yo intento asimilarlo todo y cerciorarme de si ha sido una fantasía o algo real, y mi mente comienza a despertarse y a recordar como ha sucedido todo desde el principio.

    Apareciste en mi vida una tarde a través de una ventana en mi ordenador, la lectura y escritura fue al principio nuestro nexo de unión. Desde ese primer contacto me di cuenta de que eras una mujer muy especial, tu forma de escribir, de hablar, de expresar tus sentimientos, todo en ti rebosaba sensibilidad a flor de piel.

    Nuestras conversaciones eran cada vez más extensas y distendidas, nos contábamos nuestras inquietudes, problemas e ilusiones ante la vida, cada día nos conocíamos un poco más. Me encanta oírte hablar de tu familia. También intento apoyarte, quizás consolarte, en algunos momentos difíciles. Desde el principio ha habido sinceridad y complicidad en nosotros, y eso no es algo a lo que yo esté acostumbrado, lo cierto es que solía ser bastante distante, pero a tu lado todo es muy sencillo, todo fluye y surge como algo natural.

    La primera vez que te vi me enamoré de tu sonrisa, una sonrisa sincera, franca, que otorga a tu rostro una hermosa dulzura, tu mirada es directa y profunda, tu melena morena imprime a tu cara la delicadeza de una muñeca de porcelana, tus curvas generosas muestran a una mujer experimentada, madura y segura de sí misma, sin embargo, hay momentos en los que te sientes una niña con importantes carencias de afecto y amor.

    Procuro estar a tu lado, o quizás debería decir que procuro estar a tu altura, y aunque te parezca una tontería, así lo es en muchos momentos. Me duele cuando te sientes profundamente abatida ante los distintos proyectos que la vida te va proponiendo, me siento enfadado, dolido y, porque no decirlo, celoso cuando veo que él te hace daño y te hiere con su falta de comprensión, y cuando tú aún sigues sintiendo lo que sientes por él, aun así, siempre procuro estar contigo y apoyarte en lo que puedo.

    Por eso ahora, aquí tumbado, intento discernir si estoy feliz porque haya sido un sueño o porque haya sucedido.

    Un día propusimos vernos ya en la vida real, nada de pantallas. Los nervios según lo comentábamos se apoderaban de mí.

    Todo resultó mucho más fácil de lo que esperaba, surgió de una forma natural, contigo siempre es así, y cuando me indicaste donde podíamos encontrarnos para conocernos mi pulso se aceleró desbocado.

    El día y hora señalados llegaron, y allí estabas tú, impaciente, alegre, nerviosa como una quinceañera. Yo tarde unos minutos en llegar, también nervioso y no voy a negar que con cara de atontado. Según iba acercándome al lugar de encuentro comencé a elucubrar posibilidades, quizás te habías arrepentido a última hora, quizás algún imprevisto te impedía venir, quizás, quizás… demasiados quizás, hasta que a lo lejos te vi y todos los quizás se desvanecieron, cuando tu mano se posó en mi hombro.

    Un simple hola, dos besos de presentación y tu sonrisa me bastaron para relajarme y serenarme, estabas preciosa con ese vestido negro, charlamos y reímos durante unos minutos.

    Mi estómago suplicaba de hambre, era el momento de dar un paso más, mis manos sudaban cuando te invité a cenar y tus hermosos ojos chispearon cuando aceptaste la invitación.

    Según empezábamos a andar y dar un paseo, creía ver en tu rostro miradas cómplices, cuando de repente me armé de valor para tomar tu mano entre las mías, noté una leve descarga eléctrica que recorría tu cuerpo, por un instante temí que retiraras tu mano, pero no fue así.

    El tiempo había volado en tu compañía, me dijiste que era hora de tomar un aperitivo, una cerveza, te pedí, si querías, acompañarme a casa donde estaríamos más a gusto, no parecías al principio muy segura de aceptar, pero terminaste por hacerlo.

    -«¿estamos seguros que queremos solo una cerveza?”, me dijiste.

    -«yo lo estoy, probablemente nunca he estado tan seguro de algo» te respondí, entonces me tomaste del brazo y no dijiste más, no hacía falta.

    Ya llegado a casa, te enseñé más o menos mi casa, y te ofrecí la cerveza. Brindamos por nosotros, por el día juntos, por los relatos que nos habían unido… estabas bellísima, seductora, tentadora, en mi mente te asocié con una orquídea, no me preguntes porqué, pero fue así, tu perfume me embriagaba.

    Te tomé de la cintura, notaba los latidos acelerados de tu corazón contra mi pecho, nos mirábamos a los ojos para retener por siempre ese instante, apoyaste tu cabeza en mi hombro y mis labios bajaron hasta besar tus hombros desnudos para luego continuar por tu cuello y por fin el tan ansiado beso, tus labios jugosos, tu boca sabrosa y tu juguetona lengua. Te sonrojaste levemente y en ese instante me pareciste el ser más hermoso y maravilloso de la tierra.

    Te guie hasta la habitación y allí, estando el uno frente al otro, tomé tus manos para que fueran las que desabotonaran mi camisa, lo hacías lentamente, pero con seguridad hasta hacer que me desprendiera por completo de ella, tus manos recorrían mi torso y mi espalda.

    Luego fueron mis manos las que se posaron en tus delicados hombros para tomar los tirantes de tu sujetador negro, tus ojos se cerraron a la vez que lo desabrochaba y caía lánguidamente al suelo dejando ante mí a la vista unos generosos y apetecibles pechos, unos pechos de piel extremadamente suaves con grandes aureolas algo más oscura que los peones duros y dejando ante mi a una hermosa mujer envuelta solo en un tanga negro. Me acerque más a ti, mis manos acariciaban tu espalda al igual que las tuyas la mía, bebía de tu boca y tú de la mía.

    Mientras, tus manos desabrochaban la hebilla de mi cinturón y desabotonaban mis pantalones, haciendo que éstos cayeran al suelo.

    Me senté sobre la cama he hice que te sentaras sobre mis rodillas, quizás mi subconsciente quería volver a la niñez, mis labios se apoderaron de tus pechos, mi lengua jugaba con tus pezones y me amamantaba de tu pasión, a la vez tu besabas, lamías y chupabas mi cuello y mis orejas. Suspirabas cuando mi boca mordisqueaba con deleite tus pezones tremendamente duros.

    Te tumbé sobre la cama y me recosté a tu lado, te besaba mientras mi mano recorría tu cuerpo, bajando por tu vientre, mi mano completamente plana presionaba sobre tu sexo con la única barrera de una delicada tela en la que ya notaba una leve humedad. Mis dedos se movían haciendo que tu ropa interior te presionara más y más cada vez, consiguiendo que tus labios íntimos se notaran nítidamente abultados y logrando que tu humedad fuera en aumento.

    Me puse en pie, y lentamente te fui desprendiendo de la única prenda que aún cubría tu cuerpo. Descubrí tu cuidado pubis, tu sexo sonrosado y húmedo. Coloqué mi mano sobre él, notaba su calor, mis dedos comenzaron a desplazarse por tu sexo, recorriendo cada centímetro, explorando cada pliegue, tú girabas la cabeza de un lado a otro y con los ojos entrecerrados te mordías el labio inferior. Tu sexo me cautivaba, absorbía mis dedos hacia tu interior cálido y jugoso. Y entonces descubrí tu perla escondida, apenas visible al principio, uno de mis dedos comenzó un delicado masaje que consiguió despertarla más y más cada vez, hasta hacerla alcanzar su estado más excitado y sensible.

    Me arrodillé ante ti y hundí mi cara entre tus piernas, aspiré tu perfume íntimo, mi lengua exploró tu sexo con devoción, recorrió cada recoveco de tu vulva. Posé mi boca sobre tu excitado clítoris, mis labios se cerraron sobre él y mi lengua comenzó a jugar y a atormentarlo dulcemente. Tu vientre sufría numerosas convulsiones, tu sexo comenzaba a estar empapado, mis dedos exploraban tu interior mientras mi boca te llevaba a distintas etapas del placer, tu interior es jugoso, cálido, suave, húmedo y muy viciosos, mis dedos entraban y salían con distintos ritmos, a veces solo uno, otras veces dos y en ocasiones incluso tres. Quería llevarte donde nunca antes imaginaste llegar, tus gemidos aumentaban de tono, tu cuerpo indicaba que tu orgasmo estaba próximo, aumenté el ritmo de mis caricias, mis labios y mi lengua succionaban y lamían con más ahínco y de pronto explotaste en mi cara mágicamente.

    Te sentaste sobre la cama y nos besamos mientras yo aún permanecía arrodillado ante ti, me puse de pie y mientras nos mirábamos, tus delicadas manos comenzaron a bajar mi bóxer, tus dedos tomaron mí ya excitado miembro y comenzaron unas lentas caricias por todo su tronco, desde la base hasta su cima.

    Aproximaste tu cara a él y note como tu lengua comenzaba a recorrer en círculos mi glande, una descarga eléctrica recorrió mi espina dorsal, tu lengua recorrió suavemente todo mi tridente, dejando a su paso un fino hilo húmedo. Tus labios se apropiaron más tarde de mi sexo, cerrándose sobre mi glande y succionando con auténtica maestría, lentamente mi pene iba entrando más y más en tu boca, controlabas completamente el ritmo y la profundidad de las embestidas. Tu boca, tus labios, tu lengua hacía estragos sobre mi pene. Lo hacías bien, muy bien, mi placer era tremendo. No recuerdo cuanto tiempo permanecimos así, pero fue maravilloso.

    No quería esparcirme en tu boca, así que cuando intuí que el final estaba cerca separé tus labios de mí. Me miraste sorprendida, como una niña a la que le quitan su juguete, te sonreí y te besé.

    Nos acostamos sobre la cama enlazados los dos, besándonos, lamiéndonos, acariciándonos como dos animales en celo. Me coloqué debajo de ti, mis dedos acariciaron tu sexo, gemiste del placer, tomaste mi tremendamente excitada polla y la dirigiste con maestría hacia el principio de tu vagina, la penetración fue lenta y muy placentera, tu jugosa vulva se cernía sobre mi pene magistralmente y tu lubricación era mágica. Eras tú quien controlabas el ritmo, la intensidad y la profundidad de mis penetraciones, mis manos se alternaban en acariciar tus hermosos pechos y en ocasiones acariciaban tu clítoris para masturbarte a la vez que te penetraba.

    Tras algún tiempo en esta posición, rodamos sobre la cama y yo me situé sobre ti, ahora era yo quien llevaba el control, me gustaba hacerte rabiar y desear mayor ímpetu en la penetración, pero teníamos todo el tiempo del mundo para gozar. A veces sacaba casi por completo mi pene de tu interior y tardaba en volver a la calidez de tu vulva y tú entonces me tomabas de los muslos para atraerme a tu interior. Estabas preciosa, tu rostro empapado en gotas de sudor, tus ojos más abiertos de lo que nunca lo habían estado, tus labios gruesos y rojos, tus pechos suaves coronados por unos pezones duros y tiesos como rocas y tu sexo que me absorbía, me engullía maravillosamente.

    Así permanecimos un buen rato, alternando las posiciones de jinete y montura, alcanzando placeres nunca antes conocidos, convirtiéndonos en muchos momentos en un solo ser. Ni siquiera recuerdo el momento en el que nuestros cuerpos dejaron de estar enlazados, el uno aún dentro del otro.

    Ahora cada vez que amanezco en mi cama y no hay rastro de ti, ¿habrá sido una hermosa fantasía o ha sido todo real?, me giro sobre la cama y apoyo mi cara sobre la almohada y entonces un aroma a perfume aun llega hasta mi cerebro…

    Espero que les haya gustado una vez más, dejen su comentario y su valoración… son gratis y animan mucho.

  • Expectativas con mi amante

    Expectativas con mi amante

    Cada encuentro no sé para él (AF), pero para mí es siempre como si fuera la primera vez. La noche previa a la cita me cuesta conciliar el sueño. No sólo me cuesta conciliar el sueño también tengo que disimular y evitar que mi marido que duerme a mi lado se dé cuenta que no puedo dormir porque de seguro va a querer tener sexo conmigo y obvio que quiero estar impecable para AF.

    Mis pensamientos se contaminan con deseos locos de tantas cosas que me gustaría experimentar con él en tan sólo 3 horas que es el tiempo que dispone para mí. Pienso en todo lo que quiero que me haga y en todo lo que quiero hacerle pero casi siempre se quedan en el aire o solo en mi mente.

    Esta vez lo voy a escribir porque sé que lo leerá, Y aunque hay más de una fantasía que ronda mi cabeza voy a empezar por esta.

    LA SUMISA

    Al fin! el momento del encuentro, yo ansiosa y él impaciente pues trabaja una semana de día y una de noche y la hora de su salida es mucho más temprano de la que yo puedo salir (por mi marido) así que le toca esperarme un buen rato.

    Nuestras visitas al hotel solo lo hacemos cuando su turno es nocturno porque tiene la mañana libre y no levanta sospecha en su casa, ¡obviamente también tiene pareja!

    AF… ¿cómo es AF?

    Es un hombre de 46 años, 1.70 de estatura más o menos, siempre le ha gustado el futbol así que tiene buenas piernas y un culo que me saca suspiros jajaja. No solo su culo sino su espalda ancha me encanta. Su piel es morena clara. Cabello castaño oscuro largo y despeinado, ojos café con una mirada que habla por si sola, (por lo menos yo sé lo que me quiere decir) y sus labios delgados encierran una lengua desordenada y violenta que he aprendido a domar. Vale acotar que AF es totalmente, literalmente opuesto a mi marido en todos los sentidos desde la punta del cabello hasta la punta del pene… si pudiera de esos dos hacer uno seria mi hombre perfecto! Bueno, continúo.

    En cada encuentro estallan todos los deseos acumulados desde la última vez y no vemos la hora en cerrar la puerta de la habitación para besarnos desesperadamente quitarnos la ropa, para sentir nuestras pieles juntarse y en otras ocasiones para observarnos con detalle en silencio sin miradas ajenas que intentan descifrar, descubrir si hay algo entre nosotros.

    Y así se nos pasan las horas y se me olvida lo que quería hacerle y que me hiciera. (Aunque a veces me cohíbo y no le cuento).

    Pero ahora como dije al principio lo escribiré y después les cuento si mis expectativas superaron la realidad o viceversa así que manos a la obra.

    Así me lo imagino:

    Llegando a la habitación me dice «traje algo para ti póntelo»

    Con curiosidad voy y hago lo que me dice es una malla entera de encaje con abertura entre las piernas que deja expuesto algunas partes de mi cuerpo en mi puta vida había usado algo así. Pero me gusta.

    Le aviso que estoy lista, él se acerca y me besa se aleja para apreciar como me quedo el atuendo, satisfecho y con su sonrisa sádica me toma por la muñeca con un poco de fuerza, me coloca una especie de amarre me mira los ojos y vuelve a besarme con delicadeza con su mano acariciando mi cara y la otra sosteniendo aún mi mano.

    De mi cara pasa al cuello hasta llegar a mi cabello que toma con fuerza ahí sus besos se van intensificando. Cuando me doy cuenta me tiene de espalda.

    Toma mi otra mano y la ata junto a la otra; me besa la espalda y me lleva a la ducha ahí me pone contra la pared y mete su mano entre mis piernas superficialmente toca mi vagina para ver qué tan mojada estoy.

    Lentamente separa cada uno de los labios para dejar salir ese flujo. Mete un dedo, lo saca; mete dos, lo saca; mete tres y empieza hacer movimiento circulares suaves. Yo solo intento mantener la calma pero no puedo. Mi cuerpo hierve con el movimiento de sus dedos y mis caderas danzan al ritmo de ellos.

    Se detiene me voltea chupas sus dedos muy cerca de mi boca y compartimos mi flujo vaginal. Me besa metes sus dedos en mi vagina y vuelve a su boca. Me gusta ver cuando hace eso. Él sabe que deseo el calor de su lengua en mi cuquita y más aún su pene gordo dentro de mí. Pero seré paciente esperaré que él decida.

    Pero parecía que escuchaba mi mente, me vuelve de espalda me moja con una buena cantidad de saliva, con un mano en mis cadera y la otra tomando mi cabello comiendo a sentir como entra ese pedazo de carne… se me nublaron los sentidos casi pude abrir la boca para decirle «que rico papi» literalmente mi boca se babeaba.

    Cuando empezaba a disfrutar lo sacó abrió la ducha con agua fría y mantuvo ahí hasta que mi cuerpo comenzó a temblar de frio aún aferrado a mi cabello me arrodilló, tomó su pene y lo metió en mi boca, yo con mis manos atadas no podía hacer más nada que chupar y lamer mientras que el con sus manos en mi cabeza sincroniza el movimiento a su antojo.

    Deja caer su saliva que se mezcla con la mía mientras que los movimientos son cada vez más profundos y su pichula llega al fondo de mi garganta hasta provocarme ganas de vomitar, él sabe que tiene el control. Me levanta me besa con mucha saliva tanta que se desborda de nuestras bocas. «Pídeme que te coja…» me dice al oído mientras me va mordiendo el cuello pasando por la nuca uno de mis puntos de debilidad. «Dime que te coja rico» Venechi… (Así me dice) con sus dos manos en mis senos juntándolos para besar ambos al mismo tiempo, baja por mi ombligo pasa la lengua por mi cintura hasta llegar a mi vagina casi derretida con la lengua relajada y extendida lame como una paleta o un rico helado de punta a punta limpiando la lava que sale del volcán que arde ahí abajo.

    Con la punta de la lengua separa un labio del otro dejando al descubierto la entrada al portal. Chupa un labio bruscamente, lo hala hacia él con sus dientes como si quisiera arrancarlo va con el otro, ahora con los dos juntos. Mis piernas intentan cerrarse pero las sostiene con su mano. Mete su lengua erecta en el orificio de mi vagina en forma circular una y otra vez y luego me coge con ella y mis caderas se mueven para aprovechar ese instante de lujuria como quisiera que fuera eterno.

    Yo desde arriba alcanzó a ver su cara metida entre mis piernas, de vez en cuando me mira para preguntar «¿te gusta?» Casi sin poder modular palabra le digo «si, si, me encanta, me enloquece» Mete un dedo, luego dos, luego tres mientras sus dedos se mueven adentro sin parar, su lengua caliente hace su trabajo afuera y con la otra mano toca mi culo metiendo sus dedos.

    Son demasiadas sensaciones y ya no me puedo contener mis piernas no dan más le suplico que me coja ya! «papi cógeme rico» yo misma me pongo de espalda con mi cara apoyada en la pared pero me toma en brazo y me lleva a la cama, me pone de rodillas con la cara apoyada en la cama dejando mi vagina y mi culo a su merced. «papi cógeme y muévete rico». Escupe ni culo y siento como la saliva baja hasta mi vagina cierro lo ojos y espero ansiosa «mételo ya!» Le exijo.

    Hasta que al fin comienza a entrar; lo saca completamente y lo vuelve a meter con mucha paciencia eso me desespera pues atada de mano no puedo hacer mucho. Le digo «toma mis caderas y muévelas duro contra ti, más duro», «suéltame para poder moverme» quiero disfrutar cada segundo… cada movimiento lento suave fuerte rudo hacia arriba hacia abajo circular a mi manera… ¡oh Dios! que rico siento todo dentro de mí hirviendo, todo dentro de mí se contrae.

    Aprieto los labios, me aferro a las sábanas, lo siento todo completamente dentro de mí… el punto máximo de placer que se activa al escuchar sus gemidos al sentir su empeño por llegar juntos a ese punto máximo de ebullición. Sentir su semen llenando mis adentros y desplomándose sobre mi. Murmurando lo bueno que estuvo. Empieza a bajar el ritmo cardíaco y aún siento como se contrae mi vagina expulsando todo fluido de su interior.

    FIN.

    Dios mío, mientras tu mente piensa y tus dedos escriben el resto del cuerpo pareciera experimentar cada escena…

  • Mi esposa castigada por usar tanga

    Mi esposa castigada por usar tanga

    Cuando conocí a mi esposa, su guardarropa era muy diferente al que usa ahora, no digo que se vistiera recatada, al contrario, la primera vez que la vi llevaba un escote muy llamativo y un jean a la cadera que enmarcaba sus nalgotas, pero yo nunca he sido fanático de las mujeres en pantalón. Así que cuando empezamos a salir ella empezó a utilizar faldas y vestidos cada vez más cortos y como ella había trabajado como edecan, nunca le importó enseñar demasiado.

    Con su ropa diminuta cada que salíamos se volvía mas morboso, haciendo que cada que íbamos en transporte público o en los taxis, le hiciera dedo, viendo cómo se aguantaba las ganas de gemir, pero siempre me incomodaba que trajera tanga, me estorbaba, así que un día le dije que ya no quería que usara ropa interior, al principio la vi un poco dudosa ya que traía la minifalda más pequeña que tenía e iríamos en transporte público.

    Después de convencerla haciéndole un rico oral, accedió y se quitó la tanguita diminuta. Al principio estaba un poco incómoda, sobre todo al subir al bus ya que ella juraba que había enseñado todo y más por cómo la morboseo el conductor, pero después de un rato hasta posaba sentada enseñándome que no traía nada abajo haciendo referencia a la peli de bajos instintos y hasta le tomé fotos.

    Después de ese día se volvió regla que si usaba minivestido o minifalda quedaba prohibido trae tanga o cualquier cosa debajo y mi esposa con lo que le gusta el morbo me siguió el juego, volviéndose una costumbre dejar muy calientes a todos los taxistas que la veían subirse y bajar de su auto.

    Un fin de semana teníamos que cruzar la ciudad para hacer unas compras y ese día le pedí que se pusiera un minivestido que no le gustaba mucho porque cada 4 o 5 pasos ya lo tenía un poco arriba de donde empieza su culote y se lo tenía que bajar y algunas veces yo ni siquiera le dejaba bajarlo haciéndola sufrir. Al final se lo puso y nos fuimos.

    Cuando ya íbamos en el taxi, metí la mano entre sus piernas y descubrí que se había puesto una tanguita negra muy pequeña y de inmediato se me acerco al oído y me dijo que le había dado «cosita» salir sin nada con ese vestido. Le contesté que estaba bien, pero que tendría consecuencias.

    El día continuó lleno de morbo ya que a la menor provocación le metía dedo y le sacaba las bubis para comérselas por el escote tan pronunciado que tenía ese vestido, sin contar las veces que le vieron el culo al caminar varias calles con el vestido arriba.

    Cuando regresamos a casa, ambos estábamos muy calientes, a tal grado que mi esposa ya me estaba sacando el pene para chupármelo y aún ni acababa de cerrar la puerta, así que ya mejor la dejé abierta, ojala que algún vecino la haya visto en cuclillas con el vestido ya en la cintura y su culote enorme enmarcado por su tanguita diminuta.

    Como pude me aguante las ganas de venirme en su boca y le dí la mano para que se levantara. Entramos a nuestra habitación y le quité la tanga que estaba escurriendo. Ella se abrió de piernas y me puso sus tacones en el pecho. Me puse de rodillas y le empecé a comer su entrepierna mojadísima, estaba tan caliente que su clítoris estaba enorme y contrastaba con su piel morena.

    Después de un par de contracciones ya me pedía a gritos que la metiera y ahí empezó el juego. Me levante, me la guardé aún erecta y mojada, «te dije que tendría consecuencias», tomé la tanga y me la guardé. Le dije, «si quieres que lo meta tendrás que cumplir varios requisitos», me vio con cara de puta y me dijo «qué tengo que hacer?».

    La primera tarea fue ponerse un liguero que termina justo arriba de su vagina y que le levanta mucho las tetas, abajo un portaligas atado a unas medias que le quedan a medio muslo. Escogí ese liguero porque la tanga que llevó todo el día era de ese conjunto.

    Ya que se lo puso me dijo, «obvio no me vas a dar la tanguita, verdad» y le dije quedaba confisca. Después me preguntó si ya me la iba a coger, la pobre pensaba que ahí terminaba el castigo, pero no, le respondí que eso era lo único que iba a usar el resto del día.

    Ese día le tomé muchas fotos mientras cocinábamos, esa imagen de ella, en tacones de puta, con las tetas casi de anginas y con sus nalgotas desnudas enmarcadas por las medias y portaligas hacia que me sacara el pito cada rato para embarrárselo por detrás. Mientras seguíamos preparando, vimos que hacían falta condimentos, y me pidió que los trajera de la tienda que estaba en la esquina de casa, pero me negué, le dije que mejor fuera ella mientras yo seguía marinando la carne.

    Ella me dijo que no saldría vestida así a plena luz del día y sola. Entonces le dije que por única ocasión se podría poner algo encima, así que le di el vestido que se había puesto por la mañana, y la imagen era todavía más descomunal, ya que sus tetas saltaban aún más en el escote al traer el liguero debajo, y el vestido era tan corto que hasta se veía la parte de sus piernas que no cubrían las medias, literal se veía como puta.

    Se vio en espejo y se bajó el vestido lo más que pudo pero las tetas y el culo no dejaban bajarlo mucho. Me miro y me dijo si estaba seguro de dejarla salir así, la besé, le metí los dedos en su vagina que estaba inundada y le dije que no se demorara. Ella me respondió, si alguien se propasa será tu culpa. Tomó las llaves y salió.

    En cuanto cerró la puerta me coloqué en la ventana para ver el espectáculo de ella caminando por el pasillo que da a la puerta de la calle, y hasta la empecé a grabar. Ella se dio cuenta, me sonrió y siguió caminando sin bajarse el vestido que a medio pasillo ya mostraba su culo casi desnudo y un poco del liguero, lástima que no estaban los vecinos para admirar todo eso.

    Ella tardó alrededor de 10 minutos, yo ya empezaba a impacientarme pero aguanté, hasta que escuché la puerta de la calle y a lo lejos varios silbidos y gritos, me volví a poner en la ventana para ver cómo llegaba, y me topé a mi esposa, con el vestido muy arriba a tal grado que desde mi posición se veía el inicio de su vulva depilada y cargando 2 bolsas en cada mano con alimentos y botellas de soda.

    Cuando la alcance para tomar las bolsas me dijo que por mi culpa le había pasado de todo, -para describir un poco la tienda, es un local pequeño donde caben 5 o 6 personas, y para entrar hay que subir un escalón- que había mucha gente, así que tuvo que hacer fila, el problema es que había algunos tipos sentado afuera y ella al subirse al escalón se le veía todo, o eso dice, y que algunos hasta sacaron su teléfono y ella jura que la estaban grabando.

    Después me contó que por lo reducido del espacio, la gente que salía de hacer sus compras se le repegaba al pasar -todos sabemos por qué se le pegaban- y que sintió uno que otro manoseo bajo el vestido del tipo que estaba formado tras ella pero se aguantó y no dijo nada. Ya que llegó con el tendero vio cómo abría los ojos al verla -el tipo siempre la morbosea cuando vamos a comprar- y ella pensaba que era por cómo estaba vestida pero no, cuando se vio reflejada en el cristal del refrigerador se dio cuenta que su pezón estaba a nada de salirse y se le veía un poco el café de su areola.

    Al final me cuenta que termino enseñando todo porque compro tantas cosas que traía demasiadas bolsas y como tenía las manos ocupadas no se pudo bajar el vestido como quería, así que ya no le importó y mejor caminó rápido para llegar a la puerta. Con razón te gritaron de todo, le dije, y me contestó que eran los trabajadores que estaba construyendo un edificio frente a nuestra casa. Ya que descargamos todo, le quite el vestido y comprobé que seguía muy mojada.

    El día transcurrió normal, comimos, vimos una película y mi esposa seguía con su liguero ya muy cómoda, de vez en cuando le metía los dedos y la lengua para que no se le bajara la calentura.

    Por ahí de la media noche me preguntó cuanto más la iba a torturar, y le dije que faltaban un par de horas para su castigo, pero que mientras le haría una sesión de fotos en la azotea. La casa del vecino seguía oscura, asumí que aún no volvía, así que la hice cruzar el edificio y subir a la azotea como estaba vestido.

    Mientras le tomaba fotos me la estaba acariciando hasta que me la saque y ahí mi esposa se lanzó poseída a chupármela, de verdad ya no aguantaba de verla hincada en la azotea, con sus tetas a punto de explotar por lo rápido que me la succionaba. Ahí me dijo, «cógeme aquí, seguro alguien nos verá», ahí fue donde pensé que hubiera sido bueno subirla de día a la azotea, que a esa altura la hubieran visto los albañiles que le gritaron de todo, pero ni modo. De repente se bajó un poco el escote y metió mi pene en sus tetotas, que estaban tan apretadas que no resistí más y me vine adentro de su escote. Recogió la venida con sus manos y se la tomo, y siguió chupando mi pito hasta dejarlo limpio. Después la tome de la mano y bajamos.

    Ya casi cuando eran las 3 am, volví a tomar el vestido que usó en el día y se lo di. Le hice advertencia, «hoy te portaste como puta desobediente y tendrás que pagar sino no te la vuelvo a meter. Debes prometer que harás lo que te diga y nada te dará vergüenza, las putas no tienen vergüenza de nada». Ella accedió y así salimos a la calle.

    Como de costumbre, iba grabando como caminaba rumbo a la esquina, la cual da al eje central, que quienes conocen ciudad de México, es de las calles más transitadas. Una vez que llegamos, yo sin dejar de grabar- me dijo, «ahora qué?», le respondí que debía pararse en la esquina como si fuera a tomar un taxi, y cuando viera que pasaba un auto se quitaría el vestido. Ella se dio vuelta muy valiente y al ver pasar un taxi se sacó el vestido, el taxista casi deshacía el claxon pero no se detuvo.

    Ahí estaba mi esposa, en una esquina en la madrugada, sola con su liguero, medias y tacones. Después de eso se regresó corriendo a donde yo estaba y me dio el vestido. La tome de la mano y caminamos de lo más normal hacia otra esquina, una donde había un semáforo. Si bien mi esposa iba semidesnuda y con vaginita al aire, parece que la vegetación y la oscuridad no dejaban que los autos la vieran claramente.

    Una vez que llegamos, esperamos que no hubiera autos y cruzamos la avenida. Le dije, lo siguiente que vas a hacer es cruzar la calle de regreso, pero tú sola, yo te voy a esperar del otro lado y grabare como cruzas. Ahí la vi un poco más indecisa, y le recordé que prometió que no le daría pena.

    Una vez que estaba en mi puesto, mi esposa no se animaba a cruzar porque no dejaban de pasar autos, lo que ella no había visto es que una pareja venia caminando de su lado de la acera, al verlos se aventó a cruzarse, solo escuché que la mujer que la vio le gritó «pinche puta y loca» para aumentar el morbo, apenas cruzó pasó un autobús de pasajeros que le tocó el claxon.

    En cuanto llego a donde yo estaba me empezó a besar y a tocar el pito por encima del pantalón. La detuve y le dije que faltaba uno más. Regresamos a la esquina anterior y le dije que le faltaba quitarse otra penda, el liguero. Para ello me pare detrás de ella, con el pito clavado en su culo y esperé que pasara algún auto que no fuera a toda velocidad, para mi suerte era una Ram de esas con caja atrás, ya que se aproximaba, le bajé de un tirón el liguero y su cuerpo desnudo quedó a la vista de todos, ella intentó taparse pera era tarde.

    Lo que no calcule es que en la caja venían otros 2 tipos sentados y esos aprovecharon para verla sin problemas y le gritaron y silbaron. Ella solo sonrió y me dijo, «ya estás feliz?, me vieron todo». Recogí el liguero y la hice caminar así de regreso a casa, desnuda solo con las medias y tacones.

    Ya estábamos por llegar, no me aguanté más y la empujé contra un camión estacionado y se la metí como poseído. Ella gemía a todo volumen cuando nos deslumbró la luz de un auto, mientras cogíamos la camioneta que la vio desnuda había vuelta y nos buscaba. Ahí me asusté un poco y me repegué a ella sin moverme y sin sacarle el pito. La RAM avanzó lento pero no se detuvo, pensé que no nos había visto pero escuchamos un grito que dijo «qué envidia» y siguió hasta estacionarse una calle adelante.

    Ahí pensé que mi esposa querría que nos metiéramos pero no, me dijo, «cógete a esta puta antes que vengan más a cogérsela», ahí no aguanté más y empecé a bombearla con todo por si los tipos decidían venir a ponerse pesados, pero no pasó, estuvimos como 10 minutos hasta que terminé llenándola de leche.

    Ya que terminamos vimos la camioneta estacionada a lo lejos pero ni señales de quienes venían arriba, no supimos si realmente nos vieron o no, pero si se hubieran bajado, no sé qué habría pasado.

    Desde ese día mi esposa no usa ropa interior, pero de vez en cuando rompe las reglas para ver qué castigo me invento.

  • Primera vez de un adulto (Tercera parte)

    Primera vez de un adulto (Tercera parte)

    Al volver a casa después de mi primera experiencia con Alfredo, el mexicano, sabía que ya todo había cambiado para mí, era una nueva forma de ver la vida, me sentí liberado de un gran peso que había cargado toda mi vida, podía disfrutar de mi sexualidad plenamente, entregarme a los brazos de un hombre y no dudar o tener miedo de que era lo que quería.

    El siguiente fin de semana Alfredo me llamo y me invito al cine, le dije que, si acordamos de vernos para ir a las salas de cine que están en Queens cerca del aeropuerto de Laguardia, es un edificio en un terreno enorme, donde todo es parqueo, muchos árboles y muy privado. Le dije que llegaría en mi vehículo porque en la noche es más complicado viajar en el tren. Gracias a muchos relatos y videos en YouTube aprendí que debía de ir preparado, así que no comí desde temprano, y me lave muy bien por dentro y por fuera por si pasaba algo estaría muy limpio.

    Lo busqué para ir a la función de las 10 de la noche, ya que es más privado, llovía a mares, así que cuando se subió al carro se mojó un poco, me sentí emocionado, alegre de verlo, sentí como me excitaba solo de saber que había disfrutado de ese cuerpo y que él había disfrutado de mi cuerpo.

    Era maravilloso, se subió saludo y nos fuimos, estaba a punto de decirle que nos quedáramos en su casa, pero la timidez seguía allí, al llegar al cine vimos que había muchos autos estacionados así que tuvimos que estacionar algo lejos y la lluvia se caía más fuerte. Así que decidimos quedarnos en el carro un rato para ver si bajaba la intensidad de la lluvia.

    Empezamos a hablar, yo tenía el corazón a reventar y no pude aguantar más, le bese y espere para ver su reacción, que no fue otra que besarme a mí, nos besamos allí en el carro con toda la lluvia cayendo fuerte, sirviéndonos la lluvia de cortina contra las miradas. Le tome de su pene por sobre el pantalón, él se acomodó para que le bajara el zipper, lo cual hice sin pensar, saco su miembro, bello como lo recordaba y así como salió me arroje sobre él, lo metí en mi boca como si fuera una cuestión de vida o muerte, lo bese profundamente, lo lamí, lo saboree desde de la base hasta la cabeza, lo metía en mi boca y lo sacaba, él me estaba cogiendo por la boca, y eso me encantaba, me acariciaba la espalda hasta llegar a mis nalgas, metió las manos por mi dentro de mi pantalón para poder acariciar mis nalgas, me apretaba y fue metiendo la mano por la ropa interior, su mano se deslizo suave por mis nalgas con su dedo medio siguiendo el camino que lo llevaba a mi ano.

    Yo deseaba que me acaricia tocara mi centro de placer y sentí que paso una eternidad para que llegara, cuando al fin llego, pude sentir de nuevo la electricidad que me corrió desde el ano por toda la espalda hasta mi boca donde tenía pene muy bien atendido. Me esforzaba al máximo para que el disfrutara. Quería hacerle sentir que yo podía darle mucho placer, creo que esta necesidad de darle placer y de esforzarme por dar placer nació cuando disfrute de ser el pasivo de la relación, creo que una parte de ti despierta y te dice que en cierto modo sos la hembra de ese macho y que es tu deber sacarle la leche cuando el este muy satisfecho.

    Me comía su pene con mucho placer, ese olor a hombre, escuchar sus gemidos, sentir que su cuerpo se contorsionaba con cada vez que le pasaba la lengua sobre su glande, me hacía sentir más y más caliente. De un momento a otro el empezó a gemir más y más, y mi cerebro exploto al pensar que vendría su leche, su semen, sus jugos y que los tendría en mi boca, no había mucho que pensar, los quería en mi boca, quería conocer la sensación de su semen corriendo sobre mi lengua y llegando a mi garganta, quería sentir como su pene se hinchaba antes de explotar y como palpitaba con cada lechazo, tal como lo sentí dentro de mi ano la otra vez.

    Empecé a masturbarlo más rápido con mi boca, aceleré y le pasaba la lengua, quería hacerlo solo con mi boca, así que con una mano le acariciaba los testículos y con la otra le acariciaba sus bolas, podía escuchar sus gemidos y me excitaba, me enorgullecía y me alegraba saber que lo estaba haciendo feliz, con un mano detrás de mi cabeza me empujaba para que metiera más su pene en mi boca y con la otra seguía gozando de mi ano. La tensión era máxima, podía escuchar la lluvia caer con fuerza, los vidrios estaban cubierto con la condensación de nuestro calor y la lluvia afuera.

    Y yo sabía que estaba a punto de llover dentro de mi boca, y en un momento, el placer, la satisfacción el sueño hecho realidad, empezó a expulsar una buena cantidad de leche, sentí su sabor confuso sabor como lejía dulce, al principio me dio un poco de asco y arrepentimiento, después, de un momento solo lo tragué, como si mi vida dependiera de que no escapara de mi boca, le lamí todo lo que pude, seguí comiendo un poco de su pene, pero era difícil para él. Así que pare y me levante, me dijo que le había encantado y que se lo había hecho súper rico. Eso me lleno de placer, pensé soy bueno, pero como siempre quería más. Me pregunto si aún quería ir a ver la película y le dije que no, me pregunto si quería ir a su casa y por supuesto dije que sí.

    En el camino le comenté que estaba muy limpio para él, y más bien era porque deseaba que me hiciera suyo. Al llegar a su casa entramos corriendo porque seguía lloviendo, ni bien cerramos la puerta cuando ya estaba encima de mi comiéndome a besos y quitándome la ropa, que maravilla, el me desnudaba y se quitaba la ropa también, me comía a besos y con su ya conocida maestría me giro y me puso contra la pared, me quede de espaldas a él, con mi pecho contra la pared, instintivamente pare las nalgas, pude sentir su cuerpo apretándome contra la pared, su pene jugaba con la culo sin entrar pero se deslizaba avisando que eso sucedería muy pronto, me comía el cuello, los hombres la espalda, me acariciaba y me abría las nalgas, un movimiento empezó a besarme la espalda, bajando por mi columna, sorpresa, su boca se posó en la entrada de mi ano, me lo comía, wow, que sensación, me estaba penetrando con su boca, su lengua, sus dedos, ahora sí, era suyo, todo suyo, en mi vida me imagine esa sensación, relajación y entrega total.

    El mundo desapareció en ese momento, podía haber estallado una guerra afuera y no me habría dado cuenta, estaba en otra dimensión otra realidad. No sé ni por cuanto tiempo lo hizo, pero lo goce muchísimo, luego volvió a subir por mi columna. Me beso en el cuello y me pide un segundo, fue a su cuarto y regreso con lubricante, me llevo al sofá, me puso de rodillas en el sofá con cara hacia adentro y con las nalgas paraditas y comenzó a ponerme lubricante en mi anito, mi pido abrir las nalgas y el me lubricaba y metía los dedos, yo gozaba como niño con juguete nuevo. Me saco del sofá y se sentó y me pidió que me sentara sobre el de frente, yo sabía que así podría penetrarme, yo estaría encima podríamos besarnos, era maravilloso. Así que seguí sus indicaciones.

    Como la vez anterior sentí todavía un poquitín de incomodidad al empezar a entrar su pene, pero despacito fui metiendo poco a poco, ¡por todos los santos! Que rico! Uf, aun de pensarlo siento ese placer me penetraba y yo me movía lo mejor que podía, tratando de sentir su pene dentro de mi haciéndome suyo, lo besaba, me comía cara, pecho, cuello. Los besos y caricias en mi cuello me hacen temblar de placer, éramos dos cuerpos desnudos gozándose, con la lluvia cayendo como banda sonora de nuestra película, estaba soñando, la excitación era máxima, quería más, siempre quiero más, me pregunta si me gusta, pensé yo, ¿es en serio?

    Me encanta, me movía más cada vez que me preguntaba, le decía que sí que deseaba que no terminara, él se esforzaba más y más, después de un rato me empecé a detener, pensé, es tiempo de probar más cosas, lo saque y me levante y me senté dándole las espalda, así podía gozar de otras forma, de nuevo hasta adentro, el disfrutaba, yo gozaba, controlaba mis movimientos, lo llevaba hasta afuera y lo dejaba entrar de una sola vez, eso lo hacía temblar y a mí me derretía las piernas, sabía que terminaría pronto así que acelere, quería sentir su semen de nuevo, realmente lo deseaba, pero quería sensaciones nuevas, así que cuando ya estaba por terminar, cuando ya gemía con fuerza le pregunte si ya venía y dijo que si, lo saque, quería hacer algo sucio y caliente, me acerque y deje que su leche cayera sobre mi cara, me estaba bañando de él, de su elixir, era increíble, porque espere tanto? Le saque hasta la última gota y hasta le pase la lengua para dejarle limpio.

    Me fui a limpiar la cara, regrese y me quede allí desnudo con él, no podía dejar de mirar su cuerpo desnudo y pensaba como estaba gozando esta aventura. Después de hablar un rato fui a la ducha para limpiarme, y él me siguió, creo que seguía caliente, yo estaba dispuesto a todo, todo lo que él me pidiera, lo que sea. Así que le deje venir conmigo, en la ducha le enjabone, y el a mí, toda la situación era muy erótica. Rozar nuestros cuerpos bajo la ducha, enjabonarnos, besarnos, tocarnos, trae definitivamente a más calor, más deseos, así que allí bajo la ducha le empecé a besar y a comer su pene de nuevo, el gozaba, podía sentir como gozaba, pero no me dejo hacer mucho, creo que sentía que terminaría rápido y no quería terminar así, me levanto, y ya que su ducha tenía una especia de grada o banca según se vea, pues me puso allí me levanto un pierna y me muy gentilmente me penetro, me dolió un poco, casi como la primera vez, creo que fue la falta de lubricante o la posición, pero así en esa posición de pie me hizo suyo de nuevo, sentía que las piernas no podían sostenerme de pie, era increíble, lo seguía gozando, el agua seguía cayendo, no sé si fría o caliente, mis 5 sentidos estaban al servicio de su pene y sus órdenes, yo trataba de acomodarme lo mejor posible para darle más placer y sentir yo más placer, esta vez fue más rápido, en cuestión de un par de minutos termino de nuevo, era inexplicable la sensación, me sentía muy femenino, muy suyo, muy su mujer, una hembra. En un par de días cambie mi vida para siempre y estoy feliz por eso.

    Nos fuimos a la cama él se puso un short y me pidió que me pusiera solo una camisa suya que quedara algo grande y me acostara con él, y así lo hice, pero me quede pensando en eso, y no entendía por qué, después es el me diría sus planes

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  • Compañera de entrenamiento (II)

    Compañera de entrenamiento (II)

    Al día siguiente yo llegué tarde al entrenamiento, me sentí frustrado porque planee llegar temprano para aprovechar que hubiera poco personal para terminar lo que habíamos empezado en el baño, me disculpé con el supervisor por la tardanza y tome asiento justo al lado de ella. Nos dimos los buenos días acostumbrados y ambos sonreímos con una mirada cómplice. Le expliqué que llegué tarde por los embotellamientos en el camino y que estaba un poco molesto por eso, ella sonrió y nos concentramos en el entrenamiento.

    Noté que su ropa era más suelta que el día anterior, como preparada para que la cogida que pretendíamos darnos ese día fuera más fácil, bromee con ella al respecto y ella me confesó mis sospechas “no traigo pantys”, creo que en ese momento algún compañero pudo haber sospechado, porque nuestras risas en verdad eran algo obviamente cómplices de algo. La mañana transcurrió normal y nuestro supervisor estaba bastante vago ese día, porque había solicitado un trabajador y se lo darían la siguiente semana.

    En un momento aproveche y le dije mirándola a los ojos: “voy al baño”, ella sonrió y al yo estar parado en la puerta del baño la vi pasar hacia el baño de chicas, espere un momento ya que la conserje del lugar estaba haciendo las labores y se dio cuenta que estaba mirando hacia el baño de chicas. Entonces vino la decepción al comenzar uno de los brakes para descanso, mucha gente entró a ambos baños y pues, no pudimos hacer nada.

    Después de volver al entrenamiento solo pensaba en que otro momento aprovechar para poder darnos esa cogida, ella solo me miraba pensativo, me preguntaba en qué pensaba y yo con miradas insinuadoras le respondía que ella ya bien sabía en qué pensaba, todo era risas entre nosotros, pero intentábamos disimular para que los compañeros no dieran por hecho el que algo andaba entre nosotros, al mediodía nos dieron nuestro descanso para el almuerzo, comimos normal en grupo, y todo paso medio lento, en un momento ella se me acercó y me dijo que si no aprovechamos ese día tendríamos que esperar varios días más porque sentía que su periodo se acercaba, eso solo alimento mi ansiedad y al volver al entrenamiento solo buscaba la forma de como hacer para irnos al baño.

    En un momento me percaté de que nuestro supervisor no estaba en el piso, así que le apreté la mano que me quedaba más cerca y con los ojos le hice señas de que ahora, me levanté, dije vengo ahora por si preguntan por mi, y me dirigí al baño de caballeros, espere más o menos 1 minuto y medio y ella llegó, revisó el baño de chicas, estaba despejado, entre igual que la vez anterior al último cubículo y ella entro tras de mí, nos miramos, reímos y nos comenzamos a comer la boca, recuerdo que ella bromeó diciendo que estábamos locos, y yo le apreté contra mi amasando sus nalgas, entre besos tomé sus tetas y comencé a mamarlas, otra vez escuchaba sus gemidos ahogados para que nadie nos escuchará y me encantaban.

    En cierto momento miré hacia la puerta y me di cuenta que si alguien entraba podría ver por la pequeña ranura de la puerta del cubículo, así que nos pegamos más hacia el lado contrario y ella descendió y comenzó a hacerme la mamada, yo quería disfrutar de su bella cara sonriente mientras me hacía la mamada pero estaba desesperado por cogérmela, así que saqué el condón que llevaba y se lo mostré, ella me miró sonrió, se levantó y bajo su pantalón hasta las rodillas y lo confirmé, no traía pantys, el hecho de confirmarlo me encantó, me puse el condón y ella tomó la posición de perrito, la penetré lento mientras veía como ella dejaba caer su cabeza hacia el frente.

    Ya le había dicho que coger en un baño público era de las pocas cosas que no había hecho hasta el momento, ella me dijo que tampoco lo había hecho, así que ahí estábamos los dos, en nuestro nuevo lugar de trabajo, cogiendo en el baño… con mi mano izquierda le di vueltas a su largo pelo y la comencé a alar, y con mi mano derecha le agarré su teta derecha, y comencé a acelerar la cogida, sus gemidos ahogados solo le ponían más morbo a la situación y ya tenía deseos que de alguien entrara al baño, nos moví un poco hacia atrás para poder mirar por la ranura de la puerta, la excitación del momento me ponía en mente ese deseo de que alguien entrara y se diera cuenta que estaban cogiendo en ese cubículo.

    Ella volteó a mirarme, yo vi la expresión de placer en su cara, la estaba pasando bien y yo la estaba pasando excelente, quería hacerle tantas cosas, nalguearla, ser agresivo, pero no sé cómo, me contuve, seguimos en la misma posición, su vagina estaba bien apretada y veía su culo de tez clara rebotar contra mi pelvis… al cabo de algunos minutos sentía que me iba a venir, acelere las arremetida y me dejé llevar, escuchamos que en el otro baño (el de caballeros) había gente, después de venirme seguí con las arremetida un poco más hasta que ya había expulsado todo.

    Nos miramos, sonreímos, nos volvimos a besar, esperamos que hubiera calma u silencio y ella salió delante, me hizo señas y al yo salir justo en el espacio donde están las dos puertas de ambos baños entró otra compañera, la expresión de su cara era obvia de que se dio cuenta que yo salí del baño de damas, yo solo sonreía y entré al de caballeros, mi cómplice salió dirigiéndose al área de entrenamiento mientras la otra chica entro al baño de damas, yo sabía que si le quedaba alguna duda de lo que vió, el condón usado en los zafacones le confirmaría sus sospechas.

    Al cabo de unos minutos entré al área de entrenamiento, me senté de nuevo a su lado y ella me preguntó si vi a la chica que iba entrando, entre risas le dije que si, y ella también sonrió, hablamos de la aventura y dejamos en claro que eso solo había sido un rápido. El resto del día todo fue risas y miradas cómplices, y lo que más divertido era es que ninguno de nuestro grupo sospechaba, aunque la chica del mismo piso que nos vio salir podría significar algo.

  • De vez en cuando

    De vez en cuando

    Frente al estanco, haciendo cola, vi a Raquel. Vestía informal, como siempre; llevaba puestos una sudadera rosa con cremallera, un pantalón vaquero ceñido que no le llegaba a los tobillos y unos calcetines negros tobilleros, y calzaba unas chanclas playeras blancas de una tira. Mis días con Raquel terminaron hace tiempo, sin embargo la tengo muy presente en mi pensamiento, es decir, me hago montones de pajas rememorando nuestras vivencias sexuales. Follaba bien Raquel, la chupaba bien Raquel, gritaba fuerte Raquel cuando se corría. No se me va de la mente esa imagen suya, de su bonita cara, de sus finos labios rodeando mi polla dura y venosa, ese vaivén de su cabecita mientras me hacia la mamada, aquella mamada. Ah, Raquel.

    «Hola, Isma». Vaya, alguien interrumpió el hilo de mis pensamientos. Es Ada. «Ah, hola, Ada»; «Oye, qué te pasa»: «Oh, no es nada; «Te noto despistado, habíamos quedado, ¿recuerdas?»; «Sí, sí».

    Ada. Ada es una mujer metidita en carnes, con unas tetas y un culo de campeonato, simpatiquísima, que, a diferencia de Raquel, le gusta que me corra dentro de su boca, lo cual sucede a menudo.

    Acompañé a Ada a comprarse unas prendas a un centro comercial. Después fuimos a su casa. Nos bebimos unas coca colas y luego nos acostamos. «Aahh, sigue, Isma, sigue, aahh, oohh»; «Ada, Ada, A-a-a-da-ahh». Esta vez follamos.

  • La tribu

    La tribu

    Hola. Me llamo Gloria tengo 46 años y soy rubia con ojos azules y una tez blanca como la cera. Soy arquitecto y estoy ya entrada en carnes y mis pechos y culo son grandes y fuertes.

    Esto me pasó a mi.

    -Ni se te ocurra embarcarte en esa expedición, Gloria. Es solo para hombres. Ya te he explicado que esa tribu tiene por costumbre mujer que ven no sea de allí una especie de rito de pernada máxime siendo occidental.

    De hecho, en toda la subcontrata de arquitectura no quiere ir nadie. Absolutamente nadie. Y el jefe se ha empeñado en que pase la carretera proyectada a escasos kilómetros de esa aldea. Está loco.

    No hice caso de Eugenio y el helicóptero me dejó justo al lado de esa tribu de nombre imposible. El guía, un egipcio llamado Ahmed me dijo que era cierto a lo que me exponía pero que a la vez los Mussanga eran pacíficos y hospitalarios llegado el caso.

    Viajamos a través de la maleza con el guía para otear esa carretera iba a surcar la república de Lesotho. Íbamos E

    El guía y 5 hombres portando unos Kalashnikov AK-47 cuando nos vimos rodeados de 30 guerreros negros unos colgados de los árboles otros mirándonos con tono desafiante provistos todos de arcos y cerbatanas con curare.

    Aquellos valientes de los Kalashnikov tiraron sus armas al suelo y me quedé sola con el guía quien hizo de intérprete.

    -Buufff…! Imposible. Piden sexo contigo por no ser de la tribu si queremos pasar.

    -Ehhhh? Yo? Con toda esa negrada? Pero qué fuma esta gente?

    -Si. Ya te lo dije… Y a mi que no me disparen que solo soy el pianista…

    El supuesto jefe de la tribu provisto de un penacho de plumas y una lanza por toda impedimenta se acercó a mi clavando su arma en el suelo y se atrevió a sobarme las tetas el muy ladino como si fuese un trofeo.

    A lo que el resto hizo lo mismo.

    Estaba atrapada y pude contemplar en sus miradas su deseo hacia una mujer blanca vestida de occidental.

    Sus pollas iban creciendo como por ensalmo. Unas pollas grandes y brillantes rellenas de venas a punto de explotar.

    Me sentí realmente turbada ante tanto rabo para mi sola.

    Los vigilantes de los árboles hicieron lo mismo bajando como simios de las ramas.

    El jefe hizo unas declaraciones a lo que el intérprete tradujo…

    -Dicen que quieren eyacular de una forma u otra y que es un rito en honor a su dios de la fertilidad.

    Temerosa me puse de rodillas y saqué mis tetas erectas y me quité los pantalones y las bragas poniéndome de rodillas entre la maleza. No podía hacer otra cosa.

    Me estaba poniendo muy cachonda pero estaba a la vez avergonzada.

    Una turba de aborígenes comenzaron a sacudir sus pollas de arriba a abajo regándome la cara, tetas y pelo con sus blancos espermas sin tocarme un pelo.

    Eran pollas de todo tipo. Las más de ellas grandes. Uno de ellos me cogió y me puso a 4 patas e intentó penetrarme con su gran pene pero el jefe de la tribu lo expulsó de aquella manada de forma un tanto vehemente. Lo cual yo agradecí pues con semejante polla ese hombre me iba a reventar. Estaba salido perdido.

    A esas alturas el semen de esos salvajes me pringaba todo el cuerpo. Emitían sonidos guturales en su idioma y cuando acababan de eyacular descansaban largos entre la maleza con sus temblorosas pollas al aire secándoselas con hojas de árbol. Era evidente esta gente no conocía la civilización ni de lejos.

    Me sentía pringada y asquerosa pero a la vez satisfecha por haber contentado a aquellos hombres. Posiblemente era la única occidental los había vuelto más salvajes y primarios de lo que nunca habían sido. En otro orden de asuntos sus pollas eran perfectas. Como para mamarlas todas a la vez. 30 pollas para mi sola. Un lujo.

    Definitivamente y cuando acabó de eyacular el más tardano se acercaron 4 negros que me subieron en un palanquín y me escoltaron bajo palio sin limpiarme de las 30 o 40 corridas de esos hombres. Iba llena de esperma por todas partes y… Si… Era un rito. Se habían corrido todos menos el jefe.

    Cuando llegamos a la aldea el resto de la comunidad se puso de rodillas. Hombres, mujeres, niños y ancianos.

    Me subieron a un púlpito y unas jóvenes completamente desnudas y esculturales me limpiaron de la semilla probablemente de sus maridos. Todo era júbilo y diversión. Me vistieron con flores y me pusieron una falda confeccionada con hojas.

    Con mi guía aquellos hombres intimaron y también lo vistieron de guirnaldas y flores.

    He de decir que en ese acto iniciático me había puesto terriblemente cachonda y que mientras esos salvajes habían eyaculado sobre mi me había tocado el coño teniendo no pocos orgasmos. En un principio me dio un asco indecible pero al cuarto o quinto me empecé a acostumbrar al semen emanaban esos aborígenes. Al fin y al cabo era solo eso. Semen. Y tuve la boca bien cerrada mientras. Ver a tantos guerreros perfectamente musculados sentir tanto deseo hacia mi había liberado mis instintos más primitivos.

    Las mujeres me enseñaron la aldea y un aborigen vino a molestarme. El jefe se acercó a mi le dio dos hostias bien dadas a aquel hombre que se retiró como alma que lleva el diablo.

    Mi guía espetó…

    -Dice que eres su invitada y que no quiere que te moleste nadie. Y que se llama Yogurtu Unghe. Ahhh… Y que es músico, un virtuoso del tam-tam… Y está soltero y sin compromiso porque eso del matrimonio no acarrea sino problemas con la mujer y la suegra.

    -También dice que estos negros necesitan de mano dura y algún bastonazo y que a la mínima se desmadran.

    -Y esto no se si te lo debería de decir…

    -Qué es?

    -Nada. Que esta noche después de la fiesta de bienvenida te sacará el rabo.

    -Ehhhh? Que quiere follarme este tío?

    -Eso parece. Hombre… Míralo por el lado bueno. A mi me parece un hombre guapo, simpático, fuerte y cortés…

    -Claro… Como no vas a ir tu…

    -Pero si ponías una cara de salida cuando se han corrido esos negros antes del carajo…

    -Qué insinúas?

    -Ya te hubiese gustado se te hubiesen follado los 20… Con sus 20 pollas y 40 huevos… A mi no me engañas, Gloria…

    -Ahmed! Por favor…

    -Bueno ya me callo…

    En el fondo Ahmed tenía razón. Aquel día iba salida perdida y… Los 20 no pero 10 si que me hubiese trajinado. Lo bueno tiene la selva es que una puede ser todo lo puta que quiera sin que nadie se moleste.

    A mitad de mañana, Yogurtu insistió en dar un paseo por la selva con Ahmed como intérprete.

    He de decir que Ahmed tenía razón. Yogurtu era un hombre conforme Dios manda y además tenía una particularidad y eran sus profundos ojos azules, tanto como el mar. Su mirada era penetrante. Luego me enteraría que era precisamente eso lo que le hacía ser jefe de la tribu además de su abstinencia con las mujeres. Toda su vida la dedicaba a trabajar para la comunidad y en velar por el orden y el concierto sobre sus semejantes a los que consideraba unos salvajes sin remedio. Sostenía que a los niños había que darles desde pequeños una educación si no querían acabar perdidos como sus padres. Debía ser por eso porque los pequeños lo adoraban.

    Caminamos los tres a la ribera de un río y alimaña se nos acercaba, alimaña huía despavorida de ese hombre que parecía el dios de la selva. Su imagen era electrizante.

    Me agaché a beber agua y cuando me incorporé Yogurtu me esperaba con una polla erecta enorme de unos 20 centímetros en la mano. Negra como el tizón.

    -Chupa!!! Me dijo en su idioma.

    Yogurtu, le hizo un guiño a Ahmed para que se acercara y se la sacara también porque era su invitado.

    Comencé a mamar esas dos pollas en mitad de la selva. Primero la de Yogurtu que solo me cabía una cuarta. Después la de Ahmed que si bien era más pequeña no era tampoco manca.

    Luego las dos a la vez en mi boca a lo que se corrieron sin remedio los muy cerdos.

    Se notaba la abstinencia de Yogurtu pues se corrió el primero expulsando varios disparos de leche bien espesos en mi cara.

    Me sentía un animal en mitad de la ley de la selva pero me estaba empezando a gustar.

    Luego, Yogurtu me tumbó en el suelo y comenzó a besar, comer y libar mi maduro coño mientras Ahmed miraba apoyado en un árbol.

    Yo gemía como una gacela.

    Me corrí como una reina de la selva. Como una tigresa.

    De vuelta Ahmed me dijo…

    -Ves lo que te dije. Que eres muy puta?

    -Calla, Ahmed…! Y tu un putero que lo sabemos en toda la oficina…

    -Aunque esta vez te ha salido gratis…

    -No te preocupes que ya te pagaré si así te quedas contenta.

    -Con qué? Con un kilo de plátanos? Por cierto tienes una buena polla.

    Ambos nos echamos a reír. Yogurtu también por mimetismo lanza en mano.

    -Me da la nariz, Gloria que de esta no nos escapamos…

    -No me jodas… Que yo quiero volver a Madrid…

    -Pero no te ves? Rubia con ojos azules. 45 años y tez blanca. Arquitecto y culta de cojones. Con hechuras de hembra, soltera, idiomas, grandes tetas y culo y encima bien puta. Te veo casada con Yogurtu impartiendo justicia.

    -Lo de puta sobra…

    -Cuando seas reina de estos pichones acuérdate de mi.

    -Si… Mi cariñito… Le dije no con cierto retintín…

    Yogurtu hizo señas de que le siguiéramos adentrándose en un sendero. Un león pasó por delante de nosotros y huyó despavorido.

    -Miren…!!!

    Nos enseñó una imponente cascada. Era un lugar precioso. Mientras, multitud de pájaros multicolores rodeaban la vista.

    -Joder, Gloria. Yo me quedo aquí…

    -Pues yo no.

    Yogurtu volvió a sacar su polla a lo que yo sin pensármelo ni un segundo volví a amorrarme. Ese trozo de ébano estaba delicioso y lo salvaje de la selva me ponía cachonda estimulando mis deseos más primarios. Ahmed aprovechó para mear mientras mamaba esa tremenda verga. En el fondo ser usada a placer por ese guerrero me fascinaba.

    Él gemía como un animal salvaje. Solo me preguntaba como me iba a sentir con ese madero dentro de mi coño. Mientras chupaba movía sus caderas como un poseso procurando no hacerme daño y agarrando mi cabeza. Ahmed no pudo más y comenzó a masturbarse ante esa escena eyaculando en la hierba.

    Me sentía una mujer dichosa con ese hombre que solo me iba a dar ventajas a largo plazo. Saqué la polla de Yogurtu de mi boca y la golpeé varias veces sobre la palma de mi mano para comprobar la fuerza de su erección. En el ínterin observé ese edén nos rodeaba y esta vez me iba a tragar todo su semen para saborear su negra semilla.

    Mordí su glande y chupé sus huevos comprobando su dureza.

    Bramó como un toro mientras descargaba todo el contenido de sus testículos en mi boca. Un hilillo de blanco esperma cayó por mi barbilla. Esperma de hombre bueno, fuerte y líder. Estaba subyugada completamente y enamorada de ese salvaje.

    De lo único estaba convencida era de que él todavía más.

    Si. Me iba a quedar…

    Yogurtu cayó pesadamente en el suelo mientras su terrible verga estertoreaba desalojando sus últimas gotas de esperma.

    No podía más.

    Una simple y débil mujer habían dejado K.O. a un líder indiscutible de toda una tribu. A un rey de la selva.

    Me sentía tremendamente dichosa y realizada como mujer.

    Ya no me sentía ni puta ni guarra. Me sentía la mujer de un hombre y de su paraíso. Y eso que aún no había oído su tam-tam…

    Volvimos a la aldea. Por el camino Ahmed me dio no pocas veces la brasa.

    -Ves…? Si ya te digo yo que eres una puta.

    -Pero no te das cuenta que pareces a Pepito Grillo la voz de mi conciencia? A ti lo que te molesta es que no te la haya chupado esta vez…

    -A mi? Si, claro… Bueno… Si. La verdad es que si.

    -No ves? Los moros sois así de mentirosos y celosos.

    -Oye!! Que el Corán prohíbe la mentira.

    -Si… Ya. Pero si comes carne, bebes como un cosaco y cuando ves una mezquita te cambias de acera… No estás ni circuncidado que lo he visto.

    -Me la chuparás sin que se entere Yogurtu?

    -Ni hablar. Si quieres que te la chupe le pides permiso!!!

    -Yo creo que me lo dará.

    -Yo creo que también. Pero te quiero limpio y cuando te vayas a correr no en mi boca. Te dejo a lo sumo lo hagas en mis tetas. Que luego os aficionáis…

    -Bueno… Vale… Me conformo con eso.

    -Y mira a ver si te echas novia en este sitio y me dejas en paz. Será por mujeres aquí que las hay a cientos… Porque a ver si ahora estás enamorada de mi…

    -Pues si!! Me gustas mucho. Me enamoré de ti desde que te vi.

    -Lo que me faltaba… Anda… Que ya te vale…

    -Le voy a decir a Yogurtu te presente alguna chica joven.

    -No!!! Yo quiero contigo.

    -Ni hablar. Ya te la chuparé mientras.

    -Bueno, vale… Si es así… Sabes una cosa?

    -Qué?

    -Que cuando las mamas pareces un águila culebrera…

    -Ohhh!!! Qué comparación más odiosa y soez… No tienes remedio Ahmed. No se como puedo estar contigo.

    Ahmed era un hombre un poco inconsecuente pero muy bueno y cariñoso. Creo que Yogurtu se dio cuenta a la primera de su fondo de buena persona. Estaba ansiosa porque Yogurtu me follara.

    De repente 30 guerreros bajaron de unos árboles arcos en mano.

    Esos guerreros nos habían estado vigilando durante toda la excursión.

    Era la guardia pretoriana de Yogurtu.

    -Joder, Gloria… De dónde han salido estos tíos?

    -Su puta madre…!!! Y han visto todas las escenas.

    Nos escoltaron hasta la aldea. Una vez allí Yogurtu hizo una seña y todos fueron a reunirse con sus familias. Yogurtu visitó choza por choza besando, cogiendo y preocupándose por la salud de los niños y mujeres de aquellos hombres responsables de su seguridad. En sus casas era uno más. Un hombre justo y cercano. Un líder para con sus edecanes.

    Y llegó el día de mi enlace con Yogurtu.

    Toda la tribu asistió al mismo y aportaron frutas y alimentos.

    Yogurtu dio un improvisado concierto de tam-tam y aquellas gentes saltaban de alegría.

    En las capitulaciones de ese mi matrimonio se decía que mientras Yogurtu estuviera fuera cazando podía yacer con cualquier miembro de esa tribu porque se me había erigido como diosa de la fertilidad.

    Ahmed me dijo…

    -Cómo te vas a poner, guapa…

    -Calla, Ahmed.

    Un día salió Yogurtu unos días de la aldea y esperé a 6 jóvenes guerreros en mi choza.

    Entraron con no pocas ofrendas y se arrodillaron delante de mi.

    Me postré en mi catre con el coño abierto comprobando estaba perfectamente lubricada para que me tomaran metiendo mis dedos en mi madura y profunda concha. Me masturbaba viéndolos y les dije se levantaran.

    Comenzaron a sobar mi blanca piel y mis grandes hechuras de mujer de 45 años. Para esos infelices era la oportunidad de su vida.

    La oportunidad de yacer con una diosa que sin duda alguna les iba a garantizar su fertilidad.

    Comenzaron a tocar sus pollas y huevos para ponerlas bien erectas. Se las subían y bajaban. Estaban completamente excitados y me empezaron a follar el coño y la boca.

    Disfrutaba como una loca con tanta polla negra para mi.

    Decir, que se iban pronto. No tardaban ni dos minutos a lo que llamé a más a mi presencia. Muchos se masturbaban mirando, temerosos de tocar a su diosa. Otros me penetraban por turnos mientras los había me tocaban como a una diosa de forma cariñosa y delicuescente y me daban de comer sus ofrendas mientras otros bombeaban en mi coño.

    Era la esposa blanca de Yogurtu. La diosa de la fertilidad.

    Por un momento estuve rodeada de rudas manos y vergas negras por doquier que eyaculaban en mi cuerpo o dentro de él. Me vi envuelta en un marasmo de brazos y manos que sobaban mi cabeza, pelo, tetas, piernas y culo. Los más atrevidos se iban dentro de mi coño para luego otro negro irse después. Sus pollas de ébano salían blancas de la leche de sus compadres. Todos aquellos me penetraban deformaban mis muslos y caderas entradas en carnes a cada embestida. Primero uno, después otro y luego un tercero, cuarto o un quinto.

    El más anciano de la tribu una vez erecto me penetró con alguna dificultad pero logró dejar su semilla en mi cuerpo jadeando como un perro ajustando su polla en mi coño junto con los más jóvenes que le dejaron colarse.

    Las mujeres se apelotonaban a la puerta de mi choza aclamando a sus maridos bendecidos por mi cuando salían. Todo eran parabienes en esa primitiva aldea.

    Yo me corría no pocas veces y gemía como una posesa ahíta de las lechadas de esos infelices y pidiendo más hombres. Al final, me folló toda la tribu de una forma u otra y acabé llena de blanco esperma.

    Ni se los que pasaron por allí. Perdí por completo la cuenta porque no me daba para más.

    Cuando se fueron me quedé un buen rato en mi choza masturbándome con el coño lleno de la leche de esos primitivos hombres pensando en sus pollas de diversos tamaños y en sus esculturales cuerpos de guerreros y en aquellos ancianos habían logrado sus cometidos exhibiendo su vigor y experiencia aún.

    Salí de la choza y una comitiva me estaba esperando. 5 hombres me llevaron en brazos hasta el río y me sumergieron en el limpiándome con sumo cuidado sus mujeres.

    Yogurtu había vuelto y observaba con orgullo de jefe de la tribu ese rito de purificación.

    -Te ha gustado, Gela? Ya no era Gloria sino me habían bautizado como Gela.

    -Me ha encantado, Yogurtu. Le dije abrazándolo mojada y purificada por el agua.

    -Todas estas tierras además de la voluntad de estos hombres y mujeres son tuyas. Trátalos con responsabilidad.

    -Si. Lo haré. Te lo prometo.

    Con el tiempo las visitas de esos hombres se fueron distanciando pero siempre tenía la de algún joven de la tribu a la semana buscaba iniciarse.

    Había alguno que por los nervios no lograba ereccionar a la primera.

    Besaba sus cuerpos y limpiaba sus miembros con cuidado. Cuando notaba empezaban a crecer pasaba sus pollas por mis pechos. Eso les daba confianza hasta que se corrían en ellos. Si no se daba el caso los esperaba para otro día. Eran los que más me gustaban.

    Luego ellos lo agradecían.

    Ahmed encontró pareja. Se la eligió Yogurtu. Se llamaba Shimba y era una mujer negra, escultural y de pequeños pechos. Muy alejada de mis generosas formas. Pero extraordinariamente bella.

    Se le veía contento pero paradójicamente era el más asiduo a que lo bendijera.

    -Otra vez aquí, Ahmed?

    -Vengo a…

    -Si. Ya lo sé. A que te bendiga con el cuento…

    -Es que…

    Saqué su polla y comencé a chupársela a lo que se alivió en mi cara bajo 3 o 4 descargas.

    Cuando venía Yogurtu de cazar rara vez no me follaba. Lo hacía poco a poco y una vez ensartada por sus 20 centímetros de madero se quedaba quieto con el dentro y besándome para luego moverlo fuerte y sin compasión. Tenía el vigor de un león indómito y su gran rabo chocaba con las paredes de mi útero proporcionándonos un placer difícil de describir. Así, mudaba de un orgasmo a otro con ese viril hombre que de todos los de la tribu era el mejor.

    Un día, un helicóptero Apache aterrizó en mitad de la selva y los exploradores de Yogurtu dieron aviso a su jefe.

    Bajaron 8 militares rapados al cero con 8 fusiles de asalto M-16 adentrándose en la selva. Ese helicóptero si hubiese querido habría destrozado la aldea hasta los cimientos.

    Yogurtu dio orden a sus guerreros de apuntar a esos intrusos con sus cerbatanas y arcos. La verdad es que de esa guisa aquellos militares hubiesen durado lo que un jesús ahí en la selva. Pero el helicóptero hubiese hecho su trabajo.

    Me subieron a un trono y todas las mujeres, niños y ancianos me rodearon.

    -Mi madre, Carlos…

    -Estos salvajes han convertido a Gloria en una diosa…!! Ese de los ojos azules debe ser el jefe…

    Yogurtu se acercó al comandante de un helicóptero que ya había apagado sus rotores en son de paz.

    -Buscamos a Gloria.

    -No se llama Gloria, se llama Gela. Yo soy Yogurtu el rey de la selva y ella es la reina. Tradujo Ahmed.

    -Tenemos orden de rescatarla.

    -Preguntadle a ella. Yo soy músico y me acuesto a las 8. Dijo Yogurtu.

    Bajé de mi trono y me dirigí hacia esos hombres diciéndoles no quería irme. Estaba completamente desnuda.

    El oficial miró de soslayo mis pechos y pubis para subir su mirada dirigiéndola a mis ojos. Una mirada penetrante hecha para mandar como la de Yogurtu.

    -Pero usted sabe que llevamos años buscándola. Usted tiene idea de lo que cuesta solo arrancar ese helicóptero?

    -Me da igual. No quiero volver.

    -Y usted? Dijo el oficial a Ahmed.

    -Yo, menos.

    -Vamos, chicos. Esto está muy claro… Misión cumplida. Mañana les traeremos una emisora que funciona a pedales por si al caso algún miembro de esta ignota tribu necesita algo algún día.

    Al otro día volvieron con la emisora. Fueron recibidos entre vítores, pompas y circunstancias y se quedaron unos días con nosotros. También trajeron medicinas y víveres así como collares para las mujeres y chocolates sin cuento para los pequeños.

    No trajeron armas. Para qué?

    Y no… Aquellos habitantes no les ofrecieron mi fertilidad a aquellos soldados…

    Mi fertilidad era de ellos… Y esa carretera nunca llegó a construirse.