Autor: admin

  • Laura, mi madura voluptuosa

    Laura, mi madura voluptuosa

    Bueno compañeros, esto pasó hace 10 años cuando en un evento del trabajo conocí a una señora de nombre Laura, tenía 57 años, estatura media 160 cm, tenía el típico peinado de señora adulta, color castaño oscuro, ojos verdes y un cuerpo que sobresalía ya que era muy voluptuosa, tenía unos senos bien grandes y unas nalgas muy gordas, ella se caracterizaba por una sonrisa pícara y su vestimenta era recatada, pero sensual, un pantalón ceñido color negro, una blusa negro con un leve escote y unos pies hermosos, pequeños con uñas rojas y envueltos en unas sandalias de tacón súper sensual.

    Siempre me han fascinado las señoras que usan tacones altos y sobre todo que tenga un trasero bien grande, con caderas anchas. Me considero un asiduo practicante del beso negro, creo que el trasero grande de una madura es el festín de todo hombre y en efecto el de Laura era inmenso.

    Estábamos en la fiesta de fin de año de la oficina y Laura era la encargada de la fiesta, era la dueña de la productora que había planificado el evento, cuando la vi me quedé impactado, ni que hablar del tamaño de sus senos que eran grandotes, al ser de estatura baja, el cuerpo exuberante sobresalía muchísimo.

    Todo el mundo bailaba, pero yo no le quitaba la vista. La miraba y ella me sonreía por lo que me decidí a hablarle y decirle que el evento estaba re lindo y que quería su número de contacto y su correo para tenerla en mi base de datos. Me miró, sonrió y me dijo que claro que no había problema. Toda la noche estuve viéndola caminar, era imposible que este en un lugar por más de 5 minutos ya que estaba coordinando todo, la música, la comida, las bebidas, etc.

    Cada vez que caminaba era imposible no verla, no podía dejar de ver sus nalgas grandes, gordas, sus caderas amplias y me imaginaba aspirar el olor de su ano, saborearlo, sentir su perfume, era increíble. Un amigo me miró y me dijo que gustos extraños tienes, hay tantas chicas hermosas y tú te fijas en una vieja gorda, yo le respondí que estaba mirando a la gente bailar pero dentro de mi quería besarla toda, desde el zapato hasta las orejas.

    Al momento de despedirnos me acerqué y me despedí dándole la mano y agradeciendo la deferencia de su contacto. Su respuesta e dejo en shock

    L: Gracias a ti por estar vigilándome tan bien, creo que te con trataré como resguardo.

    R: Lo único que atiné fue a sonrojarme, reí y decirle que había sido un honor, que era la primera vez que había visto una dama tan elegante y bonita.

    L: Me haces reír, puedo ser tu mamá, no te creo pero en fin gracias por ser tan lindo, se acercó y se despidió con un beso en la mejilla.

    Pasaron días y decidí escribirle, la sorpresa que me llevé fue que me contestó fríamente el mail y cuando me anime a llamarla fue súper cortante. Pasaron semanas y entrando al Messenger le envié una invitación y me aceptó de una, mi corazón latía a mil y ella me escribió:

    L: quién eres? -obvio que sabía porque le escribí un mensaje previo de invitación.

    R: Soy Renato, su guardaespaldas.

    L: Hola corazón, gracias por escribir, esta semana ha sido difícil ya que he tenido problemas con mis hijas y el trabajo.

    R: le escribí diciendo que estaba triste porque pensé que se había enojado… su respuesta me dejó frío ya que me dijo que al contrario le había gustado mucho conocerme y que le encantó que la cuidara, me mandó cam y pude verla.

    Laura estaba hermosa, con una blusa escotada que hacían estallar sus senos grandes, hablamos y le dije que me encantaron sus zapatos, me sorprendió porque se paró y me mostró como estaba vestida, tenía una falda que le marcaba las inmensas caderas, estaba a mil, ella se sentó y me dijo:

    L: ¿Como un joven como tú -en ese entonces tenía 31- se podía fijar en una vieja?

    R: Vieja para nada, eres bellísima y muchas jovencitas quisieran tener tu cuerpo, irradias mucha sensualidad y para mí es un honor verte.

    L: Tú crees que soy bonita? Estoy gorda.

    Lucía se paró y comenzó a modelar, no pude más y comencé a masturbarme muy sutil, era una locura ver el espectáculo, estaba fascinado con su culo, sus nalgas eran gordísimas y resaltaba porque tenía su cintura, como bien he dicho, Laura no es gorda sino voluptuosa. En un momento ella comenzó a mostrarme sus pies, bajaba la cámara y me enseñaba sus dedos, sus piernas y en una de esas, se dio cuenta y me dijo que era un travieso, que seguro me estaba tocando, pero que le gustaba.

    L: Dime la verdad, tanto te excito? No ves que soy gorda y mayor?

    R: Eres mayor, pero la edad es algo superficial y segundo para nada estás gorda, eres bellísima, por algo no estoy a mil, no sabes cómo está latiendo mi corazón.

    L: me gusta lo que me dices y me excita saber cómo puedo excitarte tanto, es la primera vez que me pasa esto con alguien que tiene la edad de mi hijo, si te pido algo lo harías?

    R: haría todo lo que quisieras y lo que tu imaginación creara.

    Ella comenzó a acariciar sus labios y me dijo si podía mostrarle como estaba, me paré de la silla y tenía el pene muy duro, su cara cambió, y me dijo:

    L: Uauu es bien gruesa y rosada, es bien linda, estas así por mí?

    R: claro que si Laura, Tú produces todo esto, tu hermoso cuerpo, toda tú.

    Ella se paró de la silla y se subió la falda y me dijo si le parecía gorda, dios usaba hilo dental, las nalgas eran inmensas, le dije que me fascinaba, se rio y me dijo que haría y yo le dije que le besaría de los pies a la cabeza, que me encantaría lamer sus nalgas y ella me dijo que le fascinaba que le hagan eso, le mostré como estaba y no lo podía creer, le dije si podía hacer una locura y me contestó que sí, pero unos segundos, le pedí que me muestre su ano, ella dudo y se abrió de piernas y se agachó abriendo las enorme nalgas, me fascina que se forme un color diferente entre las nalgas producto del roce, me quedé impactado, su ano era delicioso, bello de color rosado oscuro y me dijo que ya era suficiente, que mejor esperemos para vernos y que ahí sería algo más intenso.

    Antes de finalizar la llamada me dijo que quería ver que eyacule, yo comencé a masturbarme y ella también, algo que me llamó la atención fue que quería que chupe mi líquido pre seminal y que la mire, yo accedí y cuando lo hacía ella me mostraba lo mojada que estaba y se limpiaba los dedos con la lengua.

    Me dijo que era una locura, pero que le gustaba mucho que era muy tierno, nos despedimos y quedamos para vernos.

    A los dos días quedamos en vernos, fui a recogerla y la invité a tomar un café, se sorprendió que no fuera tan lanzado a lo que le dije que ella me gustaba mucho y que quería algo lindo y no algo pasajero. Eso fue el gol para cautivarla, subimos al auto y le di un tierno beso en la mejilla.

    La dejé en su casa y le dije que si podíamos vernos otro día a lo que ella me respondió “que tal si nos vemos el sábado temprano”, le respondí que me encantaría y me dio un beso en los labios.

    Este era el inicio de una relación de amantes que duró 4 años, la cual me enseñó los placeres del sexo en todo ámbito y que la clave es dejarse llevar para disfrutar en plenitud, cuando les cuente lo que pasó el sábado…

  • La última casada decente

    La última casada decente

    Nieves tenía 43 años, era alta y atractiva, su cabello que llevaba en una media melena era de color castaño. Tenía buenas tetas, buenas piernas caderas anchas, cintura normal y culo redondo. Era una mujer casada y levantaba pasiones, además de por sus encantos por ser la decencia personificada.

    En la oficina era la intocable. Su seriedad estaba a la altura de su belleza, pero siempre hay un sobrado, un echado para adelante que le gusta poner los huevos en el nido de otro, y que cuanto mayor era el reto más lo disfrutaba, y Nieves era un gran reto. Este don Juan se llamaba Fidel, estaba casado y tenía todo lo que una mujer busca en un hombre en la cama, era alto, moreno, fuerte, guapo y con fama de mujeriego. Fidel sabía cómo abordar a una mujer que es intocable. Con Nieves usó todas sus triquiñuelas, el roce de las manos al coger una carpeta, la mirada penetrante que la desnudaba, el choque accidental para que sus manos se posaran en sus tetas…, uso todo su repertorio. El ataque final fue en un restaurante a la hora de comer. Nieves estaba sentada a una mesa esperando a que le sirviesen la comida cuando llegó Fidel a su lado y le preguntó:

    -¿Puedo sentarme a tu mesa y comer contigo?

    Nieves con la seriedad que la caracterizaba, lo miró y le respondió:

    -Puedes.

    Se sentó y le dijo:

    -¿Puedo preguntarte algo?

    -Puedes.

    -¿Eres feliz en tu matrimonio?

    -Sí, mucho.

    -Entonces me voy de la oficina.

    -No te entiendo. ¿Qué tiene que ver mi felicidad con que te quedes o que te vayas?

    -Solo me retenías tú.

    -¿Y eso?

    -Estoy enamorado de ti.

    -¿Qué te pasa con tu esposa?

    -La voy a dejar, me metió los cuernos, merecidos, pero eso no la exime de ser una puta.

    Fidel mentía más que hablaba, lo que quería era marcar otra muesca en su pistola. Nieves le dijo:

    -Pues tienes un problema.

    -Uno, no, tengo dos.

    El camarero le trajo el pedido a Nieves. Fidel pidió lo que iba a comer. Al irse el camarero, le dijo:

    -¿Qué te estaba diciendo? ¡Ah, si! Tengo dos problema y muy gordos, no duermo sin antes hacerte el amor…

    A Nieves la cogió de improviso la confesión.

    -¡¿Qué?!

    -Bueno, no duermo sin hacerme el amor a mi mismo.

    Nieves le cambió el tema, no le gustaban los cauces por donde discurría a conversación.

    -¿Y para dónde vas a pedir el traslado?

    -Para Santiago de Compostela.

    -Tenemos oficinas más cerca de Barcelona. Galicia queda lejos.

    -Sí, pero quiero poner tierra de por medio. Aunque sé que te voy a seguir soñando, que te voy a seguir deseando. Eres la clase de mujer que una vez se conoce no se puede olvidar.

    -Si me conocieras no me hubieras dicho lo que me has dicho.

    -¿Te molestó saber lo que sentía por ti?

    -No, ya lo sabía, sabía que me deseabas, lo de estar enamorado de mí aunque lo repitas mil veces no te lo creerás ni tú.

    -¿Por qué no lo crees?

    -Porque eres un mujeriego.

    -Eso no lo puedo negar, pero…

    -Déjalo, Fidel.

    Siguieron hablando, pero Fidel había pinchado en hueso.

    Fidel se fue de la oficina y Nieves empezó a echar de menos sus miradas, sus roces…, echaba de menos su presencia.

    El punto de inflexión en su aburrido matrimonio fue el día que llevó el coche al taller para hacerle una puesta a punto. Al bajar del coche y entrar en el taller le dijo a una mecánica veinteañera:

    -Venía a…

    No la dejó hablar, bajando la parte superior de la funda y dejando sus gordas tetas al aire, le dijo:

    -Sea lo que sea vuelve mañana. Voy a cerrar, Estoy hasta las tetas de tanto aceite. Vaya mierda de día, el jefe enfermo y yo, yo hasta el mismísimo coño.

    La mecánica era más alta que ella, ni guapa ni fea, fuerte, con el cabello negro muy cortito, ancha de caderas, con buenas tetas, buen culo y poca educación.

    Nieves le miró para las manos y vio que las tenía negras -acababa de hacer un cambio de aceite-, después le miró para las tetas, unas tetas gordas, con areolas oscuras y pezones cómo dedales. Le entraron ganas de orinar, y le preguntó:

    -Tenéis aseos.

    -¿Para mear o para cagar?

    -Necesito orinar.

    -Estás de suerte, ya que el papel se acabó. El retrete está al fondo a mano izquierda.

    Acabó Nieves de orinar y se levantó buscando papel higiénico para limpiar el coño, papel que ya le había dicho la mecánica que se había acabado. La mecánica abrió la puerta, vio su coño peludo, sus bragas en las rodillas, y en un tono más amable, le dijo:

    -Nunca me propusieron hacerlo en el cagadero mientras me miraban para las tetas.

    Nieves se quedó de piedra.

    -¿Qué yo, qué?

    -Ni jamás imaginé que mi marido me mandaría al taller un bombón cómo tú en el día de nuestro aniversario.

    Nieves estaba tan sofocada con aquella situación que ni cuenta se daba de que estaba con las bragas bajadas enseñando el coño.

    -No conozco a tu marido. Te estás equivocando conmigo.

    La mecánica fue a su lado y le metió la lengua en la boca. Nieves le metió una hostia que le puso la cara del revés y después le dijo:

    -¡Puta!

    La hostia rebotó y con eco, ya que la mecánica le largó en ambos lados de la cara y se la dejó roja y negra, después le escupió en la boca y le volvió a meter a lengua en la boca. Nieves sacó su genio.

    -¡O me dejas salir del inodoro o aquí se va a armar la mundial!

    -Me gusta lo que me propones. Escúpeme.

    -¡Estás loca!

    La mecánica le volvió a escupir y la volvió a besar, después le dio la vuelta, la puso contra la pared izquierda del inodoro, le puso una mano en la espalda, metió la cabeza debajo de su falda y le comió el culo bien comido sin que Nieves ofreciera más resistencia que decir:

    -O me dejas o te echo un pedo que te atufo, cerda.

    -Siii, suéltalo, cachonda!

    Le siguió comiendo el culo. Nieves hacía esfuerzos para no gemir, y se seguía resistiendo sin resistirse.

    -Vas a dejar de hacer esa guarrería.

    La mecánica le echó la mano al coño y vio que estaba empapada,

    -Mata a la mojigata dejando que te coma el coño hasta que te corras en mi boca.

    Nieves se hizo la ofendida.

    -¿Mojigata yo? Mira que mojigata soy. ¿Quieres que sea tu puta?

    -Quiero.

    -Pues me tienes que pagar.

    -Pide por esa boquita

    -Seré tu puta si me haces gratis la puesta a punto.

    -¿Y qué crees que te estoy haciendo?

    -A mí, no, al coche, y otra cosa, yo no como coños.

    -Lo que tú digas.

    La mecánica se puso en pie y le volvió a comer la boca. Del culo a la boca era un cambio brutal, pero a Nieves le gustó. Quitó la blusa y el sujetador. La mecánica le echó las manos a las tetas y se las magreó. Nieves sintiendo las manos pringadas de aceite amasar sus tetas y la lengua de la mecánica jugando con sus pezones y sus labios y lengua chupando se fue mojando, tanto se mojó que cuando la mecánica iba a lamer su coño le cayeron en ella una pequeña lluvia de gotitas. Al sentirlas le agarró las nalgas y lamió de abajo a arriba. Lamió su coño y su clítoris sin parar hasta que Nieves se corrió en su boca mordiendo el canto de su mano derecha. Sus piernas temblaron una cosa mala y la otra mano apretó la cabeza de la mecánica contra su coño.

    Al acabar de correrse dijo:

    -¡Madre mía que corrida!

    La mecánica la besó y le dijo:

    -Me alegro de que te gustara, regalito mío.

    Nieves se vistió, subió las bragas y le dijo a la mecánica:

    -No soy ningún regalo, soy una cliente.

    -Ni yo estoy casada. Pero me volvió loca tu carita de mujer responsable. Gracias por correrte para mí, Me voy a duchar. ¿Te gustaría ducharte conmigo?

    -Ya te dije que yo no como coños.

    -¿Probaste alguno?

    -No, ni estoy preparada para probarlo.

    -Tú te lo pierdes. Me voy a duchar y a hacer un dedo pensando en ti.

    -Que te preste.

    -Prestará, prestará. ¿Volveremos a vernos?

    -Nunca se puede decir…

    -¿De ese coño no beberé?

    -Algo así.

    Nieves salió del taller, subió al coche y no volvió por allí, pero la semilla de la infidelidad ya estaba sembrada. Nieves buscó a Fermín en el Facebook. Lo encontró, y lo que empezó como un. «Hola. ¿Cómo estás?», derivó en conversaciones subidas de tono, en pajas y en la necesidad imperiosa de encontrarse con él para follar. La decente se había vuelto una zorra de cuidado que se moría por follar con Fidel.

    Dándole la disculpa a su marido de que la mandaban a Santiago de Compostela por un asunto importante, del que no le dio explicaciones se fue a Galicia.

    Al llegar a Santiago de Compostela cogió un taxi en el aeropuerto para ir al motel gallego donde habían quedado. El taxista al verla se le puso cara de estar pensando. «Esta viene a follar». Estaba en la habitación escuchando música cuando la llamaron por teléfono, era Fidel, estaba dejando el auto en el aparcamiento subterráneo del motel. Fue a buscarlo. Al encontrarse se besaron con pasión. Subieron las escaleras besándose. Al llegar a la habitación se siguieron comiendo las bocas, luego Nieves lo empujó encima de la cama y le dijo:

    -¿Sabes lo que me muero por hacerte, verdad?

    Lo sabía, habían hablado mucho de sexo oral. Nieves le quitó los zapatos, le abrió el cinturón, le bajó la cremallera del pantalón, se lo bajó, le sacó la polla, lamió desde la base hacia arriba hasta el glande, despacito y con intensidad… Llegaba a la punta del glande, lo miraba a los ojos, apretaba los labios contra el glande, hacía una profunda y potente mamada y volvía a empezar. Fidel estaba muy excitado. Al ratito agarró con fuerza la base de la polla y subió y bajó la mano por el tronco mientras su lengua lamía el frenillo y lamía el glande, después sus labios apretaban el glande por la corona y se la mamaba. Continuó haciendo círculos con la punta de la lengua en su meato. Su mano subió y bajo con más rapidez. No perdía el contacto visual. Vio cómo se le ponían los ojos vidrios, cómo se le cerraban de golpe y oyó cómo le decía:

    -¡Me corro, Nieves!

    Salió un chorro de leche que casi llega al techo. Nieves metió el glande en la boca y se tragó la corrida, eso antes de haberse dado los buenos días.

    Luego se desnudaron. Nieves se abrió de piernas, le puso el coño empapado en la boca, y le dijo:

    -Saca la lengua que tengo para ti un pastelito de crema.

    Fidel sacó la lengua. Nieves frotó el coño contra ella. Eran tantas las ganas que tenía, que en un visto y no visto se corrió en su boca, diciendo:

    -¡Hártate!

    Al acabar de correrse entre convulsiones y gemidos se echó a su lado. A Fidel no le llegara aquella inmensa corrida, era un obseso de los jugos vaginales. Nieves lo sabía, así que cuando metió la cabeza entre sus piernas, flexionó las rodillas y le dijo:

    -A ver si eres tan bueno comiendo un coño como me dijiste.

    Mirándola a los ojos lamió lentamente una docena de veces de abajo a arriba y después le dijo:

    -Tienes un coño delicioso -lamió su clítoris de abajo a arriba con la puntita de la lengua-, y un clítoris precioso.

    -Me gusta que te guste.

    Fidel le levantó el culo y lamió desde el periné hasta el clítoris varias veces, después lamió el periné, del periné pasó al ojete, hizo círculos con la punta de la lengua sobre él y después metió y sacó la punta de la lengua más de una decena de veces, del ojete pasó a coño, lamió sus labios externos, los internos, y le folló la vagina con la lengua unas veinte veces, luego subió al clítoris, lamió de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor, lo chupó… Volvió a bajar al ojete, estuvo haciendo el recorrido largo rato, parando para follar los orificios. Nieves había cerrado los ojos, gemía y de vez en cuando levantaba la pelvis buscando apretar la lengua contra su coño. La lengua se apretó contra el coño al sentir sus gemidos pre orgasmo, subió y bajó a toda hostia por él hasta que Nieves se corrió, diciendo:

    -¡¡Me matas!!

    Fidel dejó la lengua quieta y Nieves retorciéndose y frotado su coño contra ella le dio a Fidel lo que buscara, los jugos calentitos de otra inmensa corrida.

    Al acabar de correrse, Fidel siguió lamiendo. Nieves le dijo:

    -¿Nunca te cansas?

    -De comer coños, no.

    Le metió dos dedos dentro del coño, y acariciando su punto G le lamió el clítoris de abajo a arriba. Nieves cerró los ojos, puso las manos en la nuca, giro la cabeza hacia el lado izquierdo y le dijo:

    -Ni yo de que me lo coman.

    Pasado un tiempo dejó de lamer su clítoris, y le dijo:

    -Sigue jugando tú con la perlita.

    Nieves puso dos dedos sobre el clítoris y lo frotó haciendo círculos… Al rato, con los dedos de Fermín frotando su punto G sintió cómo el coño se le encharcaba. Frotó el clítoris a mil por hora y se corrió eyaculando cómo un hombre. Al orgasmo vaginal se unió otro «made in the clit» y casi se muere de placer, sus gemidos parecían ladridos de perra. Por un instante se sintió desfallecer con el inmenso placer que recorría su cuerpo.

    Al acabar de correrse Fidel lamió su coño y tragó los últimos jugos de las tremendas corridas. Nieves le dijo:

    -Eres increíble, Fidel.

    Le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, la cogió por la cintura y le comió el culo, con lamidas y besos negros… Nieves volvió a acariciar el clítoris cuando le frotó la polla en el ojete, ojete que se abría y se cerraba esperando ser penetrado, pero el culo tuvo que esperar. La polla entró cómo un torpedo dentro de su coño, y comenzó una follada épica. Le dio cómo un conejo, cómo un lobo, a toda hostia, sin parar. Nieves no tardo en correrse. Fidel sentía cómo se corría en su polla, pero no paraba, le siguió dando. El coño salpicaba los jugos de la corrida cada vez que la polla llegaba al fondo. Nieves estaba atómica, sí atómica, ya que en la segunda corrida sintió dentro del coño una explosión que casi la derrumba sobre la cama. No se derrumbó porque Fidel le echó las manos a las tetas y le siguió dándole a mazo. Aquello no era una polla, era un taladro. En segundos grito como una coneja y se corrió por tercera vez. Fidel sudando cómo un cerdo se corrió y le llenó el coño de leche.

    Al acabar tiraba Fidel del aliento y tiraba Nieves. Tuvieron que descansar, luego él fumó un cigarrillo mientras Nuria se la volvía a levantar mamando cómo solo ella sabía mamar. Fue una mañana inolvidable.

    Por la tarde la llevó al aeropuerto y Nieves volvió a casa, allí la esperaba su marido, que decía de su mujer que era «La última casada decente».

    Quique.

  • Estoy segura de haber follado contigo

    Estoy segura de haber follado contigo

    Acabamos de terminar de hablar, me has escrito y yo a ti, me has leído y yo a ti, ninguno de los dos ha sacado el tema, ninguno de los dos ha preguntado, tú no me has preguntado si fui yo o yo si fuiste tú, sé que en nuestro fuero interno lo sabemos y sin embargo callamos y no preguntamos.

    Sé que fuiste tú quien me amó aquella tarde, sé que fuiste tú, lo supe desde el momento en que tus manos rozaron las mías y sentí como acariciabas mi cuerpo, desde que tu pene tan bien descrito por ti tantas veces y leído por mí penetró en mi interior, sé que tus labios me besaron y que bailé y disfruté con tu lengua en mi boca, sé que aquel sábado gris y tristón conseguiste que saliera el sol para mí y me hiciste andar por un arco iris de placer como tantas veces soñé contigo.

    Estaba ilusionada en que esto pudiera pasar por fin, por eso ese sábado por la mañana viaje hasta tu ciudad, la recorrí con intención de escribirte, pero al final no me atreví, pero si me presenté en aquella exposición de la que tanto me habías hablado en aquel chalet a las afueras de la ciudad, no más de diez personas, algo íntimo y todos con las medidas de seguridad habituales ya en nuestras vidas.

    Ese día me vestí con una falda lápiz de cuero negro, medias ligeras negras, una blusa blanca, unos botines de tacón y un abrigo rojo largo de lana, estaba bastante cómoda desde que entre a pesar de no conocer a nadie, de hecho salvo dos o tres ninguno de los que estaban allí se conocía, simplemente se dedicaban a admirar aquellas pinturas y esculturas, era todo como muy familiar, como si fuera una reunión de amigos, gente muy abierta y simpática, nada más entrar me dijeron que dejara el abrigo de lana y el bolso en una habitación dentro de un armario.

    Me sentía nerviosa porque no sabía si te encontraría, no sabía ni como eras ni cómo te llamabas y por otro lado, desde que empecé con mi novio ya hace más de dos años nunca le había sido infiel y estaba dispuesta a serlo por ti, pero no encontré o eso pensaba yo, tú tenías más descripciones mías que yo tuyas y ya dispuesta para irme, entre en la habitación para coger de mi bolso el teléfono y ver si mi novio me había llamado, esperaría un poco más y me iría.

    Al entrar nuevamente había un hombre recién llegado de unos 35 años dejando una cazadora, nos saludamos y cuando dejaba el teléfono en el bolso nuestras manos se rozaron, un escalofrío, un no sé qué me decía que eras tú, te mire y tú a mí, nos sonreímos, pero nada más, no pregunte, no preguntaste y ya en la puerta espere antes de abrir, no me resignaba a que no fuera tú y sin embargo nada.

    Giré el pomo para emperezar abrir la puerta y fue cuan te sentí detrás cerrando con tu mano la puerta, impidiéndome que la abriera, tus manos rodearon mi cintura y tu cuerpo se unió al mío que sin decirme nada empezaste a besarme el cuello, para entonces te habías quitado la mascarilla y no me había importado, al final mi instinto no me traiciono porque sabía que eras tú, tus caricias lo demostraban y con suavidad subías por mi cuerpo hasta mis senos abrazándome por detrás como tantas veces yo te había descrito que me gustaba, oí que echabas el cerrojo de la puerta y me sentía nerviosa, pero feliz, te tenía detrás abrazándome con tus manos sobre mis senos acariciándolos por encima de mi blusa, apretándomelos igual que tu pene sobre mi falda.

    Unos botones de la blusa blanca fuera y tus dedos buscaban mis pezones por debajo del sujetador que optaste por subírmelo y liberar mis pechos, sin dejarme dar la vuelta me subiste las manos por encima de mi cabeza apoyándolas al final de la puerta, recorriendo mis brazos con tus manos y sentía tu pene rozándose contra mi falda continuamente, apretándome contra la puerta y yo echando y moviendo mis nalgas hacia atrás para sentirlo mejor, tu mano derecha buscaba algo más que mis pezones, buscaba mi sexo y se iba acercando a el cuando se metió por debajo de mi falda, subiéndomela y acariciándome por encima de mi tanga mi vulva mojada y haciéndote sentir en tus dedos mi excitación.

    Acariciabas la piel de mis muslos por encima de mis medias, apartando mi tanga y recorriendo mis labios vaginales con tus dedos, tus labios empezaron a morderme y bajar por mi cuello hasta desaparecer, sentía el aliento de tus labios en mi vulva, con tus manos separaste mis nalgas y como la punta de tu lengua me empezabas a lamer y explorar mi vagina, tus dedos agarraron mi tanga por la cintura y fueron deslizándola hacia abajo hasta quitármela por completo y dejarla en el suelo.

    Mi excitación era total, había decidido desde hacía tiempo entregarme a ti, había decidido dejarte beber el néctar de mi cuerpo y que penetraras en mí, que atravesara el umbral de mi vagina, quería jadear, gemir y gritar contigo y de momento los primeros jadeos y pequeños gemidos cuando encontraste mi clítoris.

    Quería más, pero no me dejabas darme la vuelta, seguía castigada contra la puerta con las manos en alto entrelazadas y notaba como te quitabas el pantalón, seguía castigada, pero con tu pene desnudo sobre mis nalgas, como una niña mala sin poderte mirar me agarraste por mi cintura y me echaste un poco hacia atrás, el castigo se convirtió en premio cuando sentí tu glande recorrer mis labios mojados buscando la puerta de entrada a mi vagina sobreexcitada, húmeda, mojada, pase del sueño a la realidad cuando tu glande atravesó mi portal y con solo tres centímetros me explorabas el interior de mi vagina, notándola tremendamente lubricada para ti.

    Del gemido al silencio cuando me ibas metiendo muy despacio todo el pene en mi interior, mi cuerpo poco a poco se despegaba de la puerta hacia ti, ya solo mis brazos estirados sobre la puerta tocándola con las yemas de mis dedos, mi cuerpo en paralelo al suelo y tú agarrándome de los pechos empezabas a entrar y salir de mí, tu pene me regalaba las primeras sonrisas, los primeros gemidos y me hacías volar con cada penetración.

    Cada vez que tu pene se deslizaba sobre mi vagina, arrastrabas y tirabas todo lo malo de este año, cada vez que la metías hasta el fondo, bien al fondo me hacías olvidarme de mi novio, cada vez que sentía tu pene acariciar mi interior una y otra vez me hacías olvidar los remordimientos que tenía por soñarte, por permitir que me follaras en sueños y ahora, ahora lo recibía en persona, sin sueños por medio, tu pene era real, tus caricias y tus besos reales, me estabas haciendo gozar de verdad, sin kilómetros de por medio, ni un solo centímetro me separaba de ti, sentía tu pene sentía entrar y salir, duro, grande, suave, sentirle entrar y quedarse, entrar y salir, entrar y hacerme gemir y era real.

    Los dos tan excitados que por fin me tumbaste en la cama, tu piel sobre la mía, entre mis piernas buscabas la forma de entrar denuedo y ningún misterio, ningún problema, mi vagina te llamaba y simplemente fue tumbarte encima de mí y sin ayuda, sin oposición tu pene se deslizó llenándome entera otra vez, volví a recibirte de nuevo en mi interior como si fueras ya parte de mí, tus labios sobre mis pechos, sobre mis pezones, sobre mi cuello, sintiéndote entrar muy dentro y queriendo gritar me quiere yo también la mascarilla para besarte, para unir nuestras lenguas al igual que nuestros sexos.

    Mis piernas cerrando el círculo, rodeándote y sintiendo cada empujón, mis medias y botines puestos, mi falda levantada por la cintura, mi blusa desabrochada, mi sujetador por encima de mis pechos y mi cara descompuesta del placer que me estabas causando con tus penetraciones tan profundas, clavándote las unas en la espalda sentía como mi cuerpo convulsionaba por un orgasmo delicioso que hizo que por fin algunos gritos salieran de interior, en esos momentos no era un sueño, era real, un hombre y una mujer haciendo el amor, una mujer que esperaba desde hacía tiempo un encuentro con él y él con ella, sin darnos cuenta no solo nuestras lenguas se unían una y otra vez, no solo nuestro sexo se unían y otra vez, sino que también nuestros gemidos volaban por aquella habitación y tu semen recorría mi vagina uniéndose a mi flujo.

    Ni una palabra cuando hicimos el amor, ni una palabra después de que disfrutaras de mi cuerpo y yo del tuyo, ni una palabra cuando nos vestíamos y arreglábamos, ni una palabra cuando te vi que te ibas con otra mujer, solo una nota escrita, una dirección en un papel escrito deprisa y corriendo, una fecha, una hora, una habitación de hotel, es donde estoy ahora, donde acabo de terminar de hablar contigo, desnuda esperándote sobre las sábanas blancas, hoy sabré si fuiste tú, haremos nuevamente el amor, pero despacio, sintiendo como nuestros cuerpos se funden nuevamente y nos evaporamos, tu agua yo fuego, tu fuego y agua.

    Es la hora, la puerta se abre, hoy sabré si quien me amo aquel sábado fuiste tú, pero y si no, si no eres tú…

    No importa, seguiré escribiéndote, seguiré leyéndote, seguiré buscándote, pero hoy, hoy disfrutaré de nuevo de esas caricias que mojaron mi interior, de esos labios que me cubrieron de besos, de esa lengua que me hizo bailar y de esa polla que me hizo volar.

  • ¿Eres mi ángel o mi tormento?

    ¿Eres mi ángel o mi tormento?

    Mi nombre es Ángel, mis padres decidieron ponerme ese nombre porque para ellos, yo era una de las cosas más puras del mundo. Siempre una buena hija, de excelentes calificaciones, servicial y amable, sin novios, ni escapadas a fiestas.

    -Ángel. -Me llamo mi compañera de alado para pedirme un borrador. Y es que estaba en las últimas clases del día y justamente ese día no tenía ganas de prestar atención a la lección de Francés. Aunque desde los 18 años estaba enamorada del profesor mí, él se había convertido en lo único que pensaba en los primeros meses de la Universidad. Y es que era tanta mi atracción hacía él que con el simple hecho de escuchar su voz cerca de cuello sentía unas cosquillas que recorrían mi espalda hasta llegar a mis caderas.

    El tampoco parecía indiferente hacia mi presencia. Una sonrisa al entregar mis trabajos, coqueteos y roces nos llevaron a quedar en varios momentos en su casa o en algún hotel. No había amor, solo sexo y atracción. Al ser 10 años mayor que yo tenía más experiencia que me hacía quererlo de manera encaprichada, además de que no tenía que lidiar con la monotonía del romance, pues tenía a su novia de toda la vida con la que compartía los buenos y los malos raros y conmigo solo era deseo, pasión.

    Mi apariencia de niña buena, atenta lo habían cautivado y yo podía hacer y deshacer como me diera la gana, me tentaban a desafiarme e incluso a romper con mis propios principios, era su amante pero el deseo que tenía hacía su cuerpo, su voz y sus manos, me hacían estar de rodillas por él. Me hacían romper mis esquemas.

    Casi nunca me permitía romper las reglas pero él era la excepción.

    Una tarde de otoño fue el preludio de nuestro más apasionado encuentro. Lo recuerdo muy bien por el viento y las hojas secas que adornaban los pasillos de la universidad, llevaba pantalones de mezclilla ajustados negros, una blusa negra de mangas bombachas, chaqueta de cuero roja y mis botas vaqueras que en esa temporada se convirtieron en mi accesorio favorito.

    Estábamos en la última clase del día, éramos unos cuantos en la facultad que nos quedábamos a las clases Francés, extrañamente ese día había despertado con mi libido alto, en la mañana una buena paja con mis dedos pero al llegar la tarde y verlo y escucharlo me hacía desearlo, trataba de no pensar en ello haciendo garabatos en las hojas de mi cuadernos, pero era inevitable, ver sus manos e imaginar que tocaban mi cuerpo, sus brazos, su voz, sus gemidos.

    Mordía el lapicero aguantando mis ansias y apretaba los puños, no quería ser evidente frente a mis compañeros pero él me conocía a la perfección y me miraba con esos ojos coquetos que me habían cautivado. Espere que la clase terminará para acercarme a él y le susurre en el oído “En 15 minutos nos vemos en la biblioteca”.

    Fui casi corriendo a la biblioteca y me asegure de que no entrara nadie, ya en ella me quede en los estantes de la parte trasera. Él sabía perfectamente en donde encontrarme porque conocía cual era mi Literatura favorita, en donde comenzó todo.

    -¿No hay nadie en la biblioteca? -Me tomo por la cintura acercándome a su cuerpo.

    -Nadie viene después de la última clase además tengo las llaves y me aseguré de colocar el seguro en la puerta y las persianas están cerradas.- Le di un beso corto en el cuello.- Además sabes que después de las 9:00 pm la facultad cierra.

    – Le danger dans mon paradis c’est de trouver un ange, et cet ange est tu (El peligro en mi paraíso es encontrar un ángel, y este ángel eres tú) Me reí y nos besamos profundamente. Con mis brazos rodee su cuello y el mi cadera. No pronunciamos nada no dijimos nada, solo sentíamos nuestras lenguas tocarse y explorarse. El aire comenzaba a faltarnos y nos separamos un momento.

    -Quiero que me folles aquí, entre los libros y me hagas correrme. Le dije para quitarme la chaqueta y comenzar a desabrochar su camisa y quitársela.

    Nos recargamos en un escritorio y el me sentó en él. Primero quito mi blusa y llevo su boca a mi cuello, bajo a mi pecho y luego a mi abdomen. Para ese entonces ya estaba demasiado excitada por lo que desabroche mi brasier para dejar mi busto libre y acariciarlo quedando atrapado en mis brazos por lo que él lo removió de mi cuerpo con sus manos. Me recosté y me beso el busto, lo lamio con la punta de su lengua y al llegar a los pezones los mordió mientras yo gemía. No me importaba si me escuchaban en la puta China, solo quería correrme de placer.

    Me levante para volvernos a besar y aproveche para desabrochar su pantalón y luego su bóxer. El tamaño de su erección era grande y me baje del escritorio para acariciarlo con más comodidad, mis manos subían y bajaban y el ahora gozaba al igual que yo viéndolo gemir, lo llevé a mi boca y él se había recargado en el borde apretando los puños con su cabeza hacía atrás y cuando me pedía más me aleje para darme la vuelta y deshacerme de mi pantalón y sacarme las botas. Estando de espaldas y únicamente en pantaletas cubriendo mis pechos con mis brazos, le pedí que prendiera el proyector que estaba atrás del escritorio, una luz blanca alumbro la pared y me di la vuelta. Movía mis caderas y mi cuerpo mientras él seguía desvistiendo. Me agache y al subir fui removiendo mis pantaletas hasta deshacerme de ellas.

    -¿Qué esperas? Tómame que soy toda tuya.- Recorrí mi cuerpo con mis manos y lleve un dedo a mis labios.

    Fue en cuestión de segundos para que el me tomará y me pegará en la pared para devorarme a besos, sentía su erección en mi vientre subí una de mis piernas en su cadera y el la tomo y sin previo aviso se introdujo en mí. Cada embestida era fenomenal y solo veía mi cuerpo, mi busto rebotar ante el impacto de su miembro en mi cuerpo. Gemía y me aferraba a su espalda mientras lo besaba y este me decía muchas cosas en francés, lo que me ponían más caliente de lo que ya estaba.

    Me di la vuelta para quedar frente a la pared, me incline un poco y abrí mis piernas, él me tomó del hombro y se introdujo en mí, era mucho más el placer que sentía al sentir mis muslos chocar en su pelvis y saber que estaba de espaldas frente a él, con la luz blanca de proyector enfocándonos, sus gemidos y los míos iban a unísono. Hasta que llevo sus dedos a mi clítoris y lo acaricio provocando más placer en mí, entre más envestidas y más caricias, mi cuerpo se iba debilitando, sentía como corría el sudor por mi espalda, mi vientre y mis nalgas.

    Me aferraba con las manos a la pared hasta que sentí como por mis piernas se debilitaban y mi cadera se tensaba luego de mis fluidos correr en su mano, ya no importaba lo alto de mis gemidos sentía que fallecería ante tanto placer en mi cuerpo, aun dentro de mi nos sentamos en nuevamente en el escritorio, me seguía envistiendo, lo que provoco que se viniera dentro de mí. Él se salió de mí cavidad para quedar frente a frente y besarnos, busque sus dedos curiosos y los lleve nuevamente a la mi entrada lo que me provoco un segundo orgasmo.

    Nos recostamos en el escritorio y viendo el proyector con la luz blanca.

    – Es-tu mon ange ou mon tourment? (¿Eres mi ángel o mi tormento?).- Removió mi cabello para darme un beso en la frente.

    Yo solo sonreí y con mis dedos recorrí la comisura de sus labios.

  • No dejo de fantasear contigo

    No dejo de fantasear contigo

    «Que tienes que no dejas de clavarte y clavarte más y más en mis pensamientos.

    Que tienes que haces que me ponga mojada de tan solo imaginar tu lengua recorriendo todas las extremidades de mi cuerpo.

    Que me haces que cada que me masturbo siento tu humedad impregnada en mi capullo y en mi rosa.

    No dejas de seducir mis sentidos y mi mente la pones a delirar. Haces un mar dentro y fuera de mi, me pones tu miembro en el fondo de mi rosa y me pones caliente y mojada de tan solo sentirlo grande y húmedo.

    Me tienes dominada y haces conmigo lo que se te venga en gana.

    Me seduces debajo de mis bragas y me haces gemir muy fuerte de tanta relación acumulada en mi interior.

    Me haces el amor sin tenerte conmigo, puedo sentir todo tu cuerpo en mis manos y con mis manos siento toda la humedad que abunda en tu bosque.

    Y claro que te deseo, si tú provocas en mi muchas cosas que no dejo de fantasear con ellas.

    Me gustaría tenerte justo en este momento, tu cuerpo encima de mis caderas.

    Tu miembro en la comisura de mi rosa.

    Tu lengua en mi bosque.

    Y tus ganas para devorarlas.

    Mi más grande ambición, es tenerte empiernado en mis caderas.

    Y verte beber el néctar de mi rosa.

    Y disfrutar de tu glorioso cuerpo.

    Irnos juntos al paraíso, para gozar de la brisa

    cálida y húmeda.

    Y sumergirnos en el mar de la pasión

    y la lujuria para degustar el momento

    mágico e inolvidable»

    – Andy Pau

  • Primera vez de un adulto (4)

    Primera vez de un adulto (4)

    Esa noche después del cine nos acostamos, nos quedamos viendo televisión y hablando por un rato. Era fantástico, parecíamos una pareja de enamorados, fue allí que me detuve a pensar, acaso somos una pareja de enamorados? Solo nos hemos visto un par de veces, hemos tenido relaciones, riquísimas relaciones, pero nada más, apenas supe su apellido hoy. Decidí quedármelo solo para mí porque no quería arruinar el momento. Después de todo el sexo era estupendo, estaba aprendiendo mucho, la pasaba bien, me trataba muy bien, ¿qué más podía pedir?

    Durante la conversación Alfredo me comento lo mucho que le gustaban mis piernas, mis nalgas y en general mi cuerpo, le explique qué jugué mucho voleibol y hacia gimnasio, como broma le mencione que empezaría a trabajar por completo en mis nalgas, quería hacerlas ver mejor. El se puso a reír y me comento que le encantaría verme usando lencería, eso me prendió, no sé porque, nunca había tenido esas ideas, aunque debo admitir que me atrae mucho la idea del crossdressing, la idea de lucir como nena no me era del todo mala idea, ya me sentía su hembra y deseaba ser poseído todo el tiempo. Así que quizás era algo que intentaría.

    Después de un rato me levante, me despedí y me fui a casa, durante el camino no pare e pensar en la idea de la ropa. Y durante los siguientes dos o 3 días la idea me dio vueltas por la cabeza mucho. Conversaba con Alfredo casi a diario, y acordamos de vernos el siguiente fin de semana, y quedamos en que iba a quedarme con el desde el viernes hasta el lunes. Estaba muy emocionado. Así que me decidí a comprar en línea algunas cosas para entrega rápida, compré una ropa muy sexi, hilos y tangas y un par de babydolls y camisones para dormir, me decidí a hacerlo feliz.

    Llego el día y me fui con un jean normal, pero adentro ya llevaba puesta la primera sorpresa, iba yo muy alegre, sintiéndome super sexy con mi ropa interior un calzoncito cachetero de encaje blanco, no puedo negar que me encantaba como se me veía. Y ni decir como lo sentía. Me sentía muy caliente con la situación, aunque al mismo tiempo tenia miedo que no le gustara o que me pensara que era un ridículo.

    Al llegar a su casa inmediatamente me corrió la electricidad por la espalda, mi cuerpo exigía satisfacción, lo salude, me invito a entrar y me pregunto si deseaba tomar algo, no se si era el clima o era lo que yo estaba caliente, pero le pedí una cerveza, no sentamos muy juntos a tomar la cerveza, le hable que tenia una sorpresa para él, pareció un poco sorprendido, él me dijo que quería ver su sorpresa, me levante y me senté frente a el con las piernas abiertas de modo que quedamos cara a cara, de inmediato me puso las manos en la cintura, y comenzó a tocarme, estábamos de frente, podía sentir su pene crecer y endurarse, al mismo tiempo podía sentir mi cuerpo transformarse en una nueva persona, la nena, la mujercita con una sola misión, darle placer a su hombre, satisfacerlo y sacarle toda la leche.

    Ese era yo, llevar la ropa interior tan femenina me hacía sentir mas hembra que nunca, era irremediable que esto sucediera, ya era una nena, no quería solo ser un pasivo, deseaba ser su hembra, su mujer, sabía que sería en la intimidad, pero lo deseaba mas que nunca. Lo comencé a tocar, acariciaba su pecho, su pelo, su cara, le dije que le deseaba, quería que me cogiera con muchas ganas, que me penetrara, que le deseaba y que quería ser su hembra, el me detuvo, me asusto un poco, pensé que había dicho algo indebido y me sorprendió mucho lo que dijo, “tu eres mi hembra, quiero que este fin de semana seas mi hembra en todas formas”, me pare y me quite el pantalón, cuando vio mi calzoncito parecía perrito al que le enseña un hueso, estaba feliz, me dio vuelta, vio mis nalgas y se abalanzo sobre ellas, me mordía, me tocaba, me besaba, me sobaba, parecía que no sabia que mas hacer, y que más darme. Yo sabia exactamente lo que quería.

    Como él seguía sentado tocando mis nalgas, me baje un poco el calzoncito, y él iba devorando lo que le iba dando, su boca ansiaba mi hueco y hueco ansiaba su boca, así que se lo di, no baje la prenda para que el pudiera sentir que estaba allí. cuando sus labios se posaron sobre mi anito, sentí el universo, pare mas el culito y se lo entregue completo, con una mano alcanzaba su cabeza y lo empuja mas hacia adentro, el lamia y me cogía con su lengua, yo deliraba y sentía como la excitación me corría por todo el cuerpo, le quería adentro pero también estaba disfrutando como la lubricación de saliva permitía a sus dedos ir entrando poco a poco.

    Después de unos minutos de intenso placer, me di la vuelta le cogí de las manos y lo hale hacia mí para indicarle que le quería en la cama, al llegar al altar del placer, lo bese con mucho morbo, lo toque, le sobe su miembro que estaba como una dura piedra, acaricie su pecho, mientras me agarraba con las manos de mis nalgas y me las abría, apretaba y sobaba mi anito. Me empujo para que me acostara, pero no lo deje, di vuelta y lo empuje a él, me subí sobre él, y me puse en una posición de 69, quería que siguiera mamando mi ano y quería pagarle el favor.

    Al ver su pene como siempre le salude, hola amor mío, lo bese de la punta y después le pase la lengua desde alrededor de la cabeza, su cuerpo se contrajo por el placer, luego le pase la lengua desde la punta hasta la base, sin dejar ni un milímetro suelto, luego subí succionando igual cada parte, al llegar arriba lo metí en mi boca suavemente, y le succione la cabecita, deseaba sentir el sabor de su liquido prese minal, mientras tanto el jugueteaba con mi ano, se lo comía, me estaba cogiendo con su boca y sus dedos, una hermosa sensación, me estaba cogiendo dos veces al mismo tiempo, por la boca y por el ano.

    Una sensación muy me sentía lleno y completo, seguía comiéndome su pene, lo metía en mi boca hasta donde entrara, saboreaba sus jugos, disfrutaba su grosor, su consistencia, sentía lo caliente de su carne dentro de mi boca, y sabía que quería más.

    En un segundo pude notar que ya estaba poniéndome por lubricante, lo había alcanzado de la mesa noche, y sonreí porque sabia lo que venía, me levante y me puse de perrito, en 4, me prepare porque estaba ansioso y decidido, puse mi pecho contra la cama, pare el culito lo mas que pude, y sentí como su pene jugaba entre mis nalgas, no lo metía, solo pasaba de arriba abajo, se ponía lubricante y me ponía a mí, el siempre ha sido dulce y suave conmigo, sus penetraciones son lentas, dejándome que mi ano se acomode y se acostumbre, no esta vez, sentí la punta empujando para entrar, y sin pensarlo entro hasta le fondo, sentí sus huevos chocar contra mi y mis nalgas se abrieron por completo para él, me encanto esa sensación del macho poseedor que te toma sin dudarlo.

    Gemí y creo que eso lo excito más empezó con mucha fuerza, me agarro de la cintura, y me daba con mucha fuerza, escuchaba como chocaba con mis nalgas con fuerza, me dio una nalgada que me hizo apretarle el gimió y me dio con mas fuerzas, me daba duro. Lo gozaba, me pregunto si quería más y sentía que la voz no me salía, me pregunto de nuevo, y con mucho esfuerzo logré decirle que sí, que quería más, le dije dame todo lo que quieras, que placer, por un momento el placer llega hasta tal punto que se siente como si se perdiera la conciencia.

    Fuerte, mas fuerte, me agarro de los hombros me puso casi de rodillas sin sacarla, yo trataba de que no saliera, paraba el culito, el seguía se detuvo un poco, para besarme me gire y lo bese apasionadamente, sus manos tocaban mi pecho, apretaban mis nalgas, me dejo caer, caí rendido para sentir sus embestidas de nuevo, siguió cogiéndome con fuerza, por momentos rápido, fuerte, directo, en otros momentos sentía que trataba de moverse a los lados, arriba o abajo, yo gozaba a mas no poder. Me la saco por completo y volvió a meterla de golpe, volvió y la saco y la metió, la saco y la metió, yo volaba, lo disfrutaba, me he vuelto adicto al sexo, al pene, a ser cogido.

    Me encanta darle mi culo y que haga lo que quiera, el que no lo ha hecho no sabe de lo que se pierde, volví a preguntarme a mí mismo, ¿porque espere tanto? Con mi cara en la cama gemía, mientras con mis manos abría mis nalgas, me decía que le encantaba mi culo, que lo quería verse mover, paro sus movimientos para dejar que me moviera, era mi momento de brillar, me moví para que meterlo y sacarlo, hice los círculos, lo metía hasta dentro y después lo dejaba casi hasta afuera, lo metía de nuevo solo de la puntita, metía y sacaba la cabeza y en un segundo lo dejaba ir hasta adentro, sus testículos rebotaban contra mí, es lo mejor del mundo.

    Salió repentinamente me dio vuelta, me abrió las piernas y se las puso en los hombros, apunto y hasta adentro, sabroso, solo alcance a gemir, dame más, cógeme duro, me daba más y más. Empezó a hablarme fuerte y sucio, me decía que su culo era suyo, que iba a cogerme cuando quisiera, que quería hacerme gozar día y noche, que ese fin de semana iba a ser su hembra. Yo estaba como en otra dimensión, le escuchaba, le respondía yo que sí, pero realmente mi atención estaba en el placer que estaba recibiendo.

    Le besaba, nos besábamos como poseídos, quería más, cogimos por mucho tiempo. Sudamos los dos, cuando se acostaba sobre mi sentía como su cuerpo su cuerpo se deslizaba por el sudor, era tan excitante.

    Salió de nuevo, se acostó en la cama y con su mirada supe que era lo que tenía que hacer, me subí y le acomode sin usar las manos, mi gran amigo Lucas el dildo me enseño eso, lo puse en la entrada y empecé a bajar para que entrara, hasta el día de hoy no logro superar la increíble sensación del momento que entra, primero el placer del glande que su puntita abre el camino, luego cuando va avanzando va abriendo a medida que se va haciendo más gruesa, después caer por la gradita entre el glande y el cuerpo del pene, Alfredo tiene un pene con un prepucio algo grueso, puedo jurar que sentía su prepucio correr hacia abajo, mientras va entrando en mi ano, su carne caliente quemándote de placer los intestinos, su cabeza rozando tu punto G, al final el delicioso placer de todo ese cuerpo adentro, empujando para llegar mas y mas profundo, todo tu haciendo espacio por dentro para pueda correr libremente, ambos cuerpos moviéndose casi como bailando, casi sincronizados, los gemidos y las palabras lujuriosas.

    Luego de un rato, la respiración acelerada, los movimientos más rápidos, con su mano derecha toma mi pene y empieza a sacudirlo, voy a morir de placer, agarro las sabanas, voy a explotar, mi semen sale como en una explosión de leche escarlata, y uno segundos después saca su pene y me tira su semen sobre mi cuerpo, se mezcla con mi propio semen, estamos agotados. Pero el la vuelve a meter, y vuelve a empujar aunque con menos fuerza, pero sigue dando, que rico, dámelo que soy tuyo, dale a ese culito que te pertenece. Dale lo que puedas y lo que quieras. Va aminorando los movimientos yo no quiero que termine, lo disfruto tanto que lucho contra el agotamiento por seguir. Inevitablemente termina. Pero esto me dice que será un fin de semana para no olvidar.

    [email protected].

  • Johao

    Johao

    Mi inicio en la homosexualidad se debió a la inmigración. Me había separado hacía ya un año, y si bien tenía relaciones de tanto en tanto con una amiga, el sexo se había transformado en algo innecesario en mi vida, desde la separación me concentré en el trabajo y en darme una vida más o menos holgada. Me iba de vacaciones a conocer distintos lugares. Comía rico, me compraba la ropa que me gustaba, no era millonario obviamente, pero podía disfrutar de ciertos lujos que era impensado durante el matrimonio. Tengo dos bares y pretendo un tercero así es que trabajo mucho, pero también disfruto mucho ver como el trabajo rinde sus frutos.

    Un día llegó a uno de mis bares un hombre negro, tendría más o menos unos 35 años o un poco más, me pidió trabajo mientras me contaba su historia, huía del hambre en su país. Sin ser racista ni mucho menos, pensé en qué podía darle cabida en mi bar, no sabía nada del rubro, en su país trabajaba en los bosques cortando árboles, lo cual se comprendía por su cuerpo alto, sus brazos fuertes musculosos, unos tremendos pectorales donde se marcaban las tetillas.

    Le dije que volviera al otro día porque tenía que pensar si tenía algo que ofrecerle, no encontraba nada donde me sirviera. Lo conversé con Sergio el encargado de ese bar y me propuso que tal vez podría ser bueno tenerlo como guardia, por lo menos hablaba con bastante soltura el español. Al otro día estaba temprano esperándome, su nombre es Johao. Lo hice pasar a mi oficina y le ofrecí el puesto, me agradeció una y otra vez. Comenzó a trabajar para mí. Entre tantas cosas que hacer me olvidé del asunto aunque cada tanto cuando iba al bar lo veía, preguntaba por su desempeño y no había queja alguna.

    Una noche pasé tarde por el bar, casi a la hora de cerrar, sólo iba a buscar unos documentos que debía revisar, todo estaba okey, estaban ya terminando de asear el local y dejar todo a punto para el otro día. Johao iba de acá para allá ayudando en todo y preocupándose de dejar todo en orden. Finalmente cerraron y cada uno se marchó a su casa, yo tomé mi automóvil y me propuse partir hacia mi casa, miré por el espejo retrovisor y pude ver a Johao caminando por la vereda seguramente en dirección a su casa, sentí un poco de lástima y detuve mi automóvil, grité su nombre y él se acercó, le dije se quería que lo llevara a su casa, él contestó que no, que no me molestara caminaría hasta su vivienda, insistí y finalmente aceptó.

    Arrendaba lejos del bar, me dijo que noche a noche hacía caminando ese recorrido porque ahorraba todo el dinero que podía para enviarlo a su madre y hermanos. Al llegar me invitó a pasar y tomar un café, en principio lo rechacé, pero luego acepté y entramos en su vivienda, un pequeño apartamento de un ambiente, viejo aunque muy limpio y ordenado. Preparó el café mientras conversábamos de esto y aquello.

    Tomamos el café y luego fumamos un cigarrillo, Johao me volvió a agradecer por el empleo y me abrazó apretándome contra él, en primer instancia me incomodó, pero no dije nada y cuando volvió abrazarme sentí sus brazos fuertes rodeándome y su cuerpo tan cerca del mío. Nunca comprenderé del todo la naturaleza humana, y aquella noche descubrí que todo lo que sabía sobre mí, se diluyó en segundos.

    Dejé que me abrazara y dejé que sus labios besaran mis mejillas en señal de agradecimiento y dejé que sus manos fuertes y grandes acariciaran mi espalda, luego sentí sus labios en mi cuello, en mi oreja mordiéndola suavemente, gemí y un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando sus manos se metieron bajo mi camisa y apretaron mis tetillas, sus labios se apoderaron de mi boca, en principio intenté girar la cabeza y no permitirle hacerlo, pero mi cuerpo no hizo caso y un largo y profundo beso hizo que mi cuerpo estallara en sensaciones que nunca antes había sentido.

    Johao me fue desnudando poco a poco, no podía creerlo estaba completamente desnudo, a merced de un hombre que no paraba de acariciarme y lamerme todo. Suavemente me hizo girar quedando de espaldas, sentí como su boca daba pequeños besos por mi espalda bajando cada vez más, no podía pensar, me mordía los labios para impedir gemir, pero era imposible gemía y respiraba con dificultad, sentí la boca del hombre mordiendo delicadamente mis nalgas, su lengua jugaba bajando y subiendo por ellas y luego su manos abrieron mis nalgas y sentí un placer hasta ese momento desconocido cuando Johao comenzó a lamer mi ano, cada vez con mayor intensidad, hizo que me excitara demasiado, mi pene estaba empapado en juego preseminal, de mi boca caía saliva mientras gemía, sin pensarlo agarré con mis manos la cabeza de mi hombre empujándolo contra mi culo para que metiera más su lengua dentro mío.

    Sentí un vacío cuando Johao sacó su lengua, subió por mi espalda besándome, me giré y yo busqué su boca nos besamos entonces sentí sus dedos mojados jugando allí donde había estado su lengua, lo dejé hacer y dos de sus dedos comenzaron a penetrarme, no lo podía creer, pero estaba abandonado, perdido en ese paraíso, mordía mis tetillas, mis labios, sus dedos completamente dentro mío se movían generando en mí un placer desconocido.

    Retiró sus dedos lentamente, pensé que terminaba ahí ese delicioso juego, pero estaba equivocado, sus manos separaron mis piernas lo más que pudo y sentí su pene recorrer mis nalgas dejando un hilillo de jugo preseminal sobre ellas, sentí miedo y ansiedad, nos besamos, me acariciaba delicadamente cuando su pene empezó a introducirse en mí, se apoderó el dolor en mi cuerpo, quise retirarme pero él me hizo calmar con besos y caricias, inició lentamente un movimiento y mi ano fue cediendo ante los embistes de su pene.

    El dolor que sentía fue cediendo y aumentando el placer, si antes había gozado con sus dedos ahora el placer era muy superior, con lentitud pero con firmeza su pene fue entrando todo en mí.

    Cuando estuvo todo dentro mío él detuvo un poco sus movimiento, tomó mi mano y la llevó allí para que comprobara por mí mismo la profunda penetración, mi mano acarició sus testículos que chocaban contra mis nalgas, estaba hasta la raíz toda esa carne dentro mío, mi calentura subió al máximo y comencé a mover mi cuerpo, él se unió a mis movimientos que fueron creciendo en intensidad, lo besaba con furia, de mi boca salían palabras que nunca había pronunciado, con gemidos de placer indescriptibles, sin poder evitarlo ya más me corrí abundantemente sobre mi estómago sin tocarme, pero no detuvo mi calentura casi al instante y por primer vez en mi vida mi pene se volvió a poner duro y seguí moviéndome mientras le pedía que por favor no parara de darme pene.

    Pasaron unos minutos y él se puso tenso sus movimientos se aceleraron aún más, mordía mi cuello, pensé que me iba a partir y quería que eso pasara con tal de obtener todo el placer y darle todo el placer a él. Con furia se descargó dentro de mí, sentí cada chorro de su semen inundarme por completo, me volví a correr, nos seguimos moviendo hasta que nuestros cuerpo cansados se quedaron quietos, abrazados, él sobre mí con sus labios pegados a los míos.

    Sentí como su pene salía de mi interior dejándome abierto, el semen chorreó por mis piernas desde mi agujero abierto. Johao me pidió que me quedara con él esa noche y aunque al otro día tenía que estar muy temprano en el banco, acepté.

    Nos acostamos y al poco rato su miembro y el mío estaban duros nuevamente, lo quería todo mío de nuevo, esa noche no íbamos a dormir estaba claro.

  • Esclavo de ti mismo (Cap. 19): VII cacería: El anzuelo

    Esclavo de ti mismo (Cap. 19): VII cacería: El anzuelo

    Marcus despertó envuelto en los brazos de James y tuvo conciencia de la maravillosa cacería de la noche anterior.  James había sido un amante increíble, casi tan increíble como su predilecto. Superó con creces a Sergio, Hércules y Sam, aunque no estaba seguro si superaba a Mendosa y Nicolás.

    James igual que sus compañeros, era un hombre sumamente atractivo. De un corto y lacio cabello rubio, preciosos ojos azules, piel blanca, un metro noventa de alto, bastante atlético y musculoso, de estrecha cintura, fuerte trasero y piernas largas y torneadas. Un símbolo sexual en toda regla.

    James se removió y abrió sus preciosos ojos celestes. -Buenos días mi Amo. ¿Qué deseas? ¿cómo te puedo complacer esta mañana?-

    Murmuró mientras le daba un suave beso a Marcus.

    -Enserio que eres el novio esclavo perfecto. Vamos a darnos un baño, a desayunar y a prepararnos para la junta de mi evento. Hoy debo cazar al último de tu antigua manada. Tu amigo Nataku se convertirá en mi siguiente esclavo. Lo volveré mi esclavo marioneta. ¿Eso te pone celoso?-

    Cuestionó Marcus mientras deslizaba sus dedos sobre los labios de James.

    -No, mi Amo. Me indicaste que creyera e hiciera todo lo que ordenaras y eso haré. Dijiste que fuera tu novio esclavo perfecto, tu esclavo sexual y te brindara placer. Mi deseo es el tuyo, tu deseo es el mío, ¿verdad?, por eso no me hace sentir celos. Todo lo contrario, ¿cómo puedo ayudarte a cazar a Nataku?-

    Inquirió James en un ronroneo y la cabeza hundida en el cuello de Marcus.

    Marcus lo besó de forma satisfecha. -De verdad que eres el novio esclavo perfecto. Vamos a bañarnos y desayunar, después te diré cómo vas a ayudarme.-

    Respondió Marcus a la vez que los dos se removían y se levantaban de la cama.

    Esa mañana Nataku Llamada, decidió tomar el metro y llegar a pie a la oficina. Se detuvo en la esquina de la avenida Malborow y entró a la acogedora cafetería Dublín. Se pidió un americano, un jugo de naranja y un sándwich. Coqueteó un poco con la encargada, una muchacha pelirroja de ojos verdes, no muy dotada, aunque sí delgada.

    Nataku pensó en invitarla a salir, mas creyó que debería esperar. Después de todo ese fin de semana estaría muy ocupado con la cena de beneficencia de Marcus. Encendió un cigarrillo y lo fumó mientras bebía el café.

    -¡Buenos días cabrón!-

    Dijo James al sentarse delante suyo.

    Nataku lo miró extrañado, pues se había encontrado tan ensimismado con la chica pelirroja, que no se percató de la llegada de su amigo. -¡James!, ¡Hola! ¿cómo estás?-

    Saludó efusivo el mitad japonés.

    James le dedicó una sonrisa divertida. -Bien, anoche tuve un encuentro sexual que uuup, ¡ni te lo imaginas!-

    Confesó con descaro, pues aquel tipo de conversaciones entre los dos era más que habitual.

    Nataku lo miró burlón y aplaudió. -Bravo, ¿Cuánto tiempo conseguiste pasar sin coger? ¿un día?-

    James lo miró molesto antes de responder. -Bien, sí perdí la apuesta. ¡Pero aguanté tres días!-

    Los dos amigos se carcajearon y chocaron los puños. -¿Y quién es la afortunada?, ¿la conozco?, recuerdo a Damarina, la profesora de la universidad. ¿fue ella?-

    Inquirió Nataku al tiempo que terminaba su café y le daba la última mordida al sándwich.

    James lo miró de manera extraña y una expresión de vergüenza cubrió su rostro. -Por eso quería platicar contigo. Fue una noche fabulosa, pero la verdad no sé cómo

    ocurrió. Me siento confundido.-

    Comentó James al tiempo que se frotaba las manos y recibía de parte de la camarera un vaso de jugo de naranja que también había pedido.

    Nataku lo miró preocupado y con una sonrisa burlona. -¿acaso te acostaste con tu madre cabrón?-

    Preguntó el mitad japonés entre dos caladas a su cigarrillo.

    James lo vio ofendido antes de hablar. -¡No idiota!, ¡hablo enserio!-

    Exclamó el rubio mientras fijaba su vista en el rostro de Nataku.

    -Vale, vale. Cuéntame con qué mujer te acostaste en esta ocasión.-

    Respondió Nataku desconcertado por aquella reacción.

    James inhaló profundo antes de contestar y no pudo evitar agachar la mirada. -Con ninguna. Tuve sexo con un hombre.-

    Soltó a bocajarro.

    Nataku dio un rodillazo que hizo temblar la mesa y apagó el cigarro de un golpe. -¡Qué?, ¿cómo dices?-

    Inquirió el medio japonés anonadado.

    James lo miró con la cara llena de vergüenza, mas se llenó de valor para explicar. -Lo que dije cabrón. Tuve sexo con un hombre.-

    Repitió el rubio con más firmeza.

    Nataku lo observó sorprendido y sin poder formular una respuesta. Sabía que James no era gay, Él no tenía nada contra los gays, no obstante se encontraba convencido que James no lo era. Es más, James actuaba como un maldito play voy, casi todas las noches se llevaba a una mujer diferente a la cama. Las mujeres lo perseguían y cuando él no las invitaba, las tipas solían lanzársele encima.

    -Y… ¿cómo estuvo?, ¿por qué?, ¿con quién?-

    Fue lo único que Nataku atinó a decir.

    James suspiró como si meditara las palabras. -Bueno espero que no te sea muy escandaloso, pero me acosté con Marcus.-

    Nataku abrió los ojos estupefacto y tuvo que beber de su jugo para aclarar su garganta. -¿Con Marcus?, ¿pero cómo cabrón?-

    Cuestionó Nataku completamente impactado.

    James sorbió también de su jugo y tardó unos segundos en responder. -Ayer después de la sesión de fotos y de mi reunión con la gente de Kronowere, me lo encontré de nuevo en el centro. Damarina me había cancelado y él me preguntó sobre mis planes para la tarde. Le contesté que no tenía nada que hacer y me pidió si podía acompañarlo a realizar algunas compras. Y algo que jamás he accedido a hacer con una mujer, lo llevé a cabo con él. Fuimos de compras, yo también me compré alguna ropa que se me antojó y no sé por qué, lo invité a cenar a caza. La verdad es que toda la tarde el muy joto se la pasó tirándomela y yo admito que, le di línea y contesté. ¡No me preguntes por qué lo hice!, no sé.-

    Explicó James, mientras sorbía el último trago de su jugo.

    Nataku lo miró fijamente y negó con la cabeza sin poder creérselo. -¿Y luego qué pasó?-

    James sonrió derrotado y como si pensara en la mejor forma de continuar. -No sé porqué hice todo lo de ayer. Fuimos al pent-house, preparé la cena que ya tenía pensada para Damarina y seguimos con el flirteo. La tensión sexual se podía cortar con el cuchillo y sin entender cómo me atreví, lo besé.-

    Nataku azotó el vaso de vidrio sobre la mesa y miró a James asombrado. -¿Acaso te gustaba desde antes?, ¿eres gay y nunca me habías dicho?, ¡No entiendo!-

    James negó con la cabeza. -No, nunca antes me había gustado un hombre, tú lo sabes. ¡Cóño siempre me la han parado las morenas!, ¡jamás he tenido ni el más mínimo pensamiento homosexual!-

    Dijo James con desesperación y confusión.

    Nataku lo observó tan desconcertado como él. -¿Y entonces?-

    James negó y entrecerró los ojos. -No lo sé. Ayer fue muy raro, la tarde con él. La cena, las miradas que nos lanzábamos. Los dos queríamos arrancarnos la ropa. Marcus es gay, me consta. Tú sabes cómo nos contemplaba a todos estos últimos meses. Y ayer quise comprobarlo, no sé. Me dejé llevar. Pero cabrón, ¡lo peor es que me encantó!-

    Admitió James con la cara roja.

    -Vaya, no sé que decirte James. No hay nada malo, claro. Me dejas frío.-

    Dijo Nataku con la vista puesta en el rostro de su amigo.

    James soltó una pequeña risotada. -La verdad es que yo tampoco. Esta mañana me levanté, no tuve el valor de enfrentarlo y le dejé una nota antes de salir. ¡No sé qué hacer!-

    Nataku soltó una carcajada burlona. -¡Irónico!, ¡tú que te has acostado con cientos o quizás miles de mujeres, le tiras a un bato y no sabes que hacer!-

    Exclamó Nataku, mientras hacía ademanes a la camarera para ordenar la cuenta.

    James lo miró entre molesto y divertido. -¡Cállate cabrón!, por eso te lo cuento para que me des un concejo. ¡Idiota!, ¡pero vete a la mierda!-

    Nataku soltó una carcajada al tiempo que colocaba algunos billetes sobre la mesa. -No sé, déjame pensar, de verdad que me la pusiste difícil. Yo creo que debes tomarlo igual que cualquier otra experiencia. No creo que Marcus te vaya a pedir ser novios o algo así. Él como gay es mucho más abierto que los hombres hetero. Habla con él y déjenlo en una noche de pasión. Y como dije hace un momento, no tiene nada de malo. ¡Bueno sí, que ahora también vas a ligarte a cuanto tipo veas por la calle!-

    Terminó Nataku con una carcajada, a la vez que se levantaba de la mesa.

    James soltó una risa cómplice y se puso de pie para seguir a su amigo fuera del café. Los dos siguieron con la conversación mientras caminaban por la acera entre la gente que se dirigía a sus trabajos. James le contaba entusiasta la diferencia entre hacerlo con una mujer y un hombre, y Nataku no podía dejar de asombrarse. Tal parecía que a su amigo en verdad le había gustado y eso no podía creerlo.

    Los dos hombres ingresaron al edificio de oficinas donde se localizaba la empresa de seguridad y atravesaron el vestíbulo hasta los ascensores. Un grupo de gente se arremolinó a su alrededor, pues aquel sitio era la sede de diversas empresas. Nataku fue empujado por un grupo de tres hombres y cinco mujeres hacia el elevador principal, mientras James se vio obligado a esperar al siguiente ascensor.

    En cuanto las puertas de metal se cerraron, James se dirigió hacia el cubo de las escaleras y comenzó a subir, mientras marcaba un número y hablaba mediante el manos libres. -Listo mi Amo. El anzuelo fue lanzado. Ya va en el elevador. Si mi Amo, todo como ordenaste. Si. ¿qué trae puesto?, Un pantalón azul, una camisa plateada y una chamarra verde. Si, está muy sexi. Si ya voy.-

    Colgó James la llamada, al tiempo que empezaba a correr por las escaleras.

    Nataku entró a las oficinas y vio a Sam en la computadora que terminaba de subir unos archivos en la nube. -Buen día.-

    Saludó Nataku mientras tendía la mano hacia el ojiazul.

    -Nataku, hola. ¿cómo has estado? Varias semanas de no verte.-

    Respondió Sam cordial a la vez que regresaba el apretón.

    -Bien, bien. Ya listo para reincorporarme. Después de mis vacaciones y el diplomado estoy listo. ¿Ya llegaron todos?-

    Cuestionó Nataku, al tiempo que se sacaba la chamarra y la colgaba del perchero en el recibidor.

    -No. Falta James, Marcus y Mendosa.-

    Respondió el norteamericano, mientras apagaba la computadora y redirigía el teléfono hacia la sala de juntas.

    -James ya viene, lo topé hace un momento. Hay mucha gente abajo, creo que no sirve el elevador de la izquierda. ¿Es cierto que Marcus se va a incorporar a la empresa de modo permanente?-

    Inquirió Nataku, a la vez que abría la puerta de un casillero para dejar su maletín y sacaba su Tablet.

    Sam lo miró molesto, como si no quisiera tocar ese tema. -Si, ese joto le hizo una propuesta financiera a Alfonso. Invertirá dinero y comprará algunas acciones, en compensación Alfonso lo hará socio y director de ventas y publicidad.-

    Respondió Sam a la vez que azotaba la cajonera para sacar un control remoto.

    Nataku lo observó extrañado. -¿Acaso no te cae bien?-

    El norteamericano negó con la cabeza. -Dime lo que quieras. Nunca me han gustado los homosexuales. Acúsame de prejuicioso o lo que tú quieras. Pero no me cae de nada. En especial porque nos mira como si fuéramos malditos estríperes y quisiera drogarnos para llevarnos a la cama.-

    Contestó Sam desdeñoso.

    Nataku realizó un ademán tranquilizador. -Bueno ponte en su lugar. Si es gay como dices. ¡Imagínate!, ¡tener que trabajar con ocho hombres como nosotros! ¡Si yo fuera él también querría llevarnos a la cama!-

    Afirmó Nataku entre risas.

    Sam no pudo evitar sonreír, aunque a Nataku le pareció una mueca maliciosa, como si el americano supiera un secreto que él no. -Tienes razón, desde ese punto de vista. Pero aún así no me agrada. Mas lo que piense no importa. Alfonso es el dueño, el jefe y él ya tomó la decisión.-

    Sentenció el ojiazul a la vez que se abría la puerta del pasillo.

    Marcus, James y Mendosa aparecieron en medio de una animada conversación, que interrumpieron para saludar a Nataku y Sam. El ojiazul les pidió a todos ir a la sala de juntas, pues Alfonso y los demás ya se encontraban allí. Marcus se detuvo para guardar sus cosas en uno de los casilleros y pensó en que la cacería estaba por concluir.

    James lo aguardó en la recepción y no pudo evitar lanzarse hacia él para darle un beso en la boca. -Mi Amo, ¡estoy muy excitado por unirme al harem!, Nataku caerá fácilmente y podrás usarnos a todos como deseas. ¿quieres que haga algo más?-

    Preguntó en un murmullo junto a la boca de Marcus.

    Marcus correspondió al beso y negó con la mirada. No, quiero cazarlo yo. En cuanto la junta termine, repórtate con tu capataz, mi sonámbulo te dirá que debes hacer.-

    Indicó Marcus al oído de James.

    -De acuerdo. Lo que mandes.-

    Aceptó el rubio, mientras besaba nuevamente a Marcus.

    Los dos se apartaron y se encaminaron a la sala de juntas. Todos saludaron a Marcus y él se maravilló ante aquella actuación, pues siete de esos machos ya se encontraban bajo su poder. Si él quería podía someter a Nataku en ese mismo momento, inclusive ordenar a los demás que lo violaran, lo dejaran inconsciente o lo sujetaran mientras él lo cogía. Pero no. Ese era uno de sus placeres, la cacería.

    Sam le dedicó una mirada molesta y Marcus quedó encantado por el poder de la hipnosis ejercida sobre el ojiazul, sin embargo se deleitó cuando tras lanzarle una mirada intimidatoria, el americano se estremeció de pies a cabeza.

    Contempló a Alfonso sentado en la cabecera de la mesa beber su café, aparentemente normal, salvo por los lentes oscuros que utilizaba para ocultar sus ojos carmesí de sonámbulo. Hércules y Sergio conversaban animados al tiempo que terminaban de configurar la pantalla, pero sí uno los observaba detenidamente, sus ojos yacían vidriosos y sus labios algo azules debido a los efectos de las drogas. Nicolás portaba también unas gafas negras para esconder el tono amarillento de sus ojos y mantenía la mano derecha por debajo de la mesa, en un intento por ocultar la sortija. Mendosa hablaba con él, mas se palpaba discretamente la ropa, incómodo por encontrarse vestido, pues era su esclavo encuerado y aquella sugestión era muy poderosa. James conversaba en voz baja con Nataku, sin embargo, le dedicaba de vez en vez insistentes miradas, en las que le confesaba todo su deseo y necesidad.

    Aunque si los observaba más detenidamente, todos los machos experimentaban lo mismo y contemplaban a Nataku como un intruso, como a un rebelde, a un traidor que les impedía complacer a su Amo.

    Marcus sonrió satisfecho y le dirigió una mirada circunspecta a Alfonso, que pidió la palabra y comenzó a dar cuenta de la razón de aquella reunión. El sonámbulo explicó de forma clara y concisa la logística, tareas y asignaciones para la cena de beneficencia, mientras Sam por medio de su control remoto proyectaba las diapositivas, documentos y fotografías en la pantalla.

    Nataku, James y Mendosa fueron los que más preguntas realizaron (Marcus no dejó de aplaudir la actuación de los últimos dos), pues eran los menos informados al respecto. Alfonso y Sam aclararon punto por punto y Marcus intervino un par de veces para precisar algún dato. Una vez que todo estuvo asentado, Alfonso comunicó que a partir de esa semana Marcus sería socio de la empresa y el nuevo director de ventas y publicidad.

    Los siete hombres lo felicitaron y Marcus tuvo que mantener el control para no carcajearse debido a aquella charada. “¿Socio?, ¿director de publicidad?”, “Si claro”. Alfonso en realidad le había cedido todo el control de la empresa, sus activos, acciones y utilidades. Además había hecho que Sam cambiara los contratos de todos, únicamente faltaban James y Nataku por firmarlos y aquellos hombres quedaban prácticamente atados a la empresa y por tanto a él.

    -Bueno, sino hay nada más. Por favor Mendosa, Nico y Hércules vayan a la empresa de transportes para programar el movimiento del domingo y a hacer los pagos finales, un favor que nos pide Marcus, Sam les dará el cheque. Sam y Sergio vayan a la galería y monitoreen a la gente de la empresa de eventos para vigilar que todo vaya conforme lo previsto. James por favor ve a la comisaría a entregar el plan de logística y a verificar que todo se encuentre coordinado y en orden con la policía. Y Nataku, ¿puedes llevar a Marcus a su casa?, Quiero que verifiques que todo esté embarcado para el traslado del domingo. Los demás y yo te alcanzaremos allí por la tarde después de la hora de comida. ¿bien?-

    Instruyó Alfonso a su equipo.

    Todos asintieron y empezaron a levantarse para ir y cumplir las tareas. Nataku le pidió a Alfonso las llaves de la camioneta de la empresa, pues ni él ni Marcus traían auto ese día. El castaño le dedicó una mirada extraña, como si lamentara por un momento su situación, pero regresó de inmediato a su expresión neutral, le entregó las llaves y se volvió para conversar con James. Nataku tomó sus cosas junto con Marcus y se despidió de Sam, Sergio, Hércules, Mendosa y Nicolás, que hablaban de las asignaciones en la recepción.

  • Divina casualidad

    Divina casualidad

    Esto me pasó hace dos años cuando por descuido mi vecina vio unas fotos que yo guardaba en mi teléfono.

    Resulta que yo acostumbraba intercambiar fotos calientes con la que era mi novia como parte de nuestro juego sexual, eso me excita mucho y me pone con unos deseos tremendos de hacerle el amor cómo no son capaces de imaginar.

    María mi vecina ve unas de esas fotos en las que tengo el pene bien erecto e incluso un pequeño vídeo donde estoy eyaculando, no puedo decir que mi verga es de las más grandes que existe, pero al menos son unos veintiséis, veintisiete centímetros bien acomodados listos para hacer sentir a cualquier mujer.

    Mi vecina que es una rubia madura muy bonita se sintió atraída por aquellas imágenes y comenzó a enviarme algunas fotos de su cuerpo desnudo al Messenger sin decirme nada, puedo decir que a pesar de su edad tenía unos senos maravillosos, sus pezones de un color miel apuntaban directamente al punto exacto del deseo, su piel blanca, su cintura y una vagina tan bien detallada que parecía hecha con las manos, no pueden imaginarse como me excitaba, como me ponía de dura la verga solamente de mirarlas.

    Una mañana en qué su marido no se encontraba entré a su casa y sin decir una palabra puse su mano sobre mi miembro, la sentí apretar con tanto placer que el sexo que pedía era evidente, comencé a besarla, bese su cuello, bese su espalda y mientras la besaba mi pene se ponía más y más duro, sentía su voz que me decía por favor tómame, quiero sentirte dentro de mi y yo seguía jugando con sus ganas, acariciaba sus senos, pasaba mis manos por su vulva mojada y se estremecía de placer, no pudo aguantar más, colocó sus dos manos alrededor de mi miembro y lo acercó a su boca, sentí su lengua como jugaba con mi glande, sentía como lo hundía hasta su garganta, como chupaba, como lamía y sentía que de un momento a otro iba yo a desbordar de placer, la sensación era maravillosa, mi semen no demoró en salir dejándolo correr sobre su cara.

    -Me gusta (me decía), desde que vi tus fotos soñaba con tenerlo entre mi boca, sentirte dentro de mí.

    -Y yo te voy a complacer (le respondí)

    Ya para ese entonces mi pene estaba tan duro nuevamente que me la podía estar cogiendo un día entero, la recline hacia adelante para que sus nalgas se abrieran todas para mi, comencé a lamer lentamente desde su vagina hasta la boca de su ano y sentía sus gestos sus gritos, sus espasmos, sentía su humedad en mi garganta y sentía sus deseos de que la tomara, de que la hiciera mía, no la hice esperar y no me hice esperar pues ya estaba loco por penetrarla, cuando la cabeza de mi pene tocó la entrada de su concha se sintió estremecer, un “ay papi que ricooo” salió de sus labios y mientras lo hundía lentamente me decía “así, así, así”, le daba con todas mis ganas, mis veintisiete centímetros se perdían en su concha húmeda, rica, mojada y ella gozaba de placer, me seguía llamando, pidiendo como si siempre hubiese sabido que me encanta que me hablen cuando tengo sexo.

    -Te gusta, le pregunto mientras sigo estrellando mis movimientos contra el borde de sus nalgas

    -Si papi si, así, así, que rico, dame más

    Tiro de su cintura, de sus cabellos, la hago estremecer en un sexo arrebatado y loco moviéndome en todas las direcciones y cuando ya no puede más siento sus uñas clavarse en mi piel víctimas de un orgasmo desenfrenado, su semen corría y mi pene todavía en su vagina lo sentía, cálido, rico, no me lo saques por favor me dijo y se abrazó de mi con mi miembro en sus entrañas.

    Todavía nos mandos fotos pues como dije eso me pone muy caliente y con ganas de coger, quizá le cuente el relato de cuando me pidió que se lo hiciera por atrás.

  • ¿Qué pasó con esa chica que me encantaba?

    ¿Qué pasó con esa chica que me encantaba?

    No soy de ir a reuniones de encuentros de exalumnos, pero esta sería una especial para mí. Mi querida amiga Claudia vendría de Estados Unidos por primera vez en siete años para un reencuentro que ella misma había planeado. Ella fue mi confidente y paño de lágrimas en la universidad. Sabía sobre mis aventuras y sobre mi amor platónico, esa chica que estaba a doscientos años luz de mí. Aunque éramos muy amigos, Claudia no hablaba mucho sobre su vida. Lo único que supe de su vida amorosa fue que perdió su virginidad con su novio de escuela superior, el cual siguió rondándola hasta graduarnos de universidad.

    El día de la reunión la fui a buscar al aeropuerto y casi no la reconocí cuando llegó. Aquella chica flaquita, tímida y con aspecto de chica que solo vivía para estudiar se había convertido en una mujer sofisticada, segura, que jamás pasaría por desapercibida en ningún lugar. Yo al igual que ella había evolucionado también. Ya no era el chico roquero de pelo largo y extremadamente despistado. Me había convertido en un exitoso abogado con porte de modelo de revista, pero sin los abdominales que usualmente estos tienen. Como era el mismo día de la reunión me pidió que la llevara al hotel para dejar su equipaje y luego la llevara al bar donde sería la actividad para terminar con los detalles de esta. Al llegar pude notar que solo había reservado una mesa. Esto causo mucha curiosidad pues esperaba que fuera un grupo más grande. Me aclaro que en la universidad ella no tenía muchos amigos y que solo sería yo y alguien más que había invitado.

    Tomamos unos tragos hasta que llego la otra persona. Me sorprendió ver que era Michelle, mi amor platónico. Estaba tan bella como siempre, parecía que el tiempo no había pasado. Mi corazón empezó a palpitar y me dieron las tan trilladas maripositas en el estómago al verla. Resulta que Michelle fue empleada de Claudia hacía unos años y se habían hecho buenas amigas. Michelle sabía más de mí por Claudia en sus años de trabajo que lo que yo pude lograr compartir en la universidad. Claudia le había contado que yo vivía loco por ella y quería conocerme mejor. Aparentemente no fui tan invisible para ella después de todo pues luego me enteré de que yo le gustaba a ella también. Ya veía que mi gran amiga tenía planes de cupido y a mí no me molestaba su intensión.

    Cenamos y bebimos hasta que nos indicaron que ya teníamos que pagar la cuenta pues había cerrado el negocio. Como la estábamos pasando tan bien decidimos irnos a bailar a una discoteca que estaba cerca del hotel donde Claudia se estaría quedando. Bailamos los tres como si fuéramos los mejores amigos de toda la vida. Ambas recibieron invitaciones de otras personas en la disco para bailar, pero prefirieron quedarse en nuestro cerrado circulo. Los tragos siguieron pasando y la distancia fue acortándose. Pronto me encontraba bailando en medio de dos bellas mujeres al ritmo de música electrónica muy sensual. Claudia estaba bailando detrás de mí cuando me dijo al oído besara a Michelle. Le dije que no quería hacerlo allí frente a ella para que no se sintiera fuera de grupo. Ella me contesto que lo hiciera que ella estaba allí por una misión, esta era juntarnos. Ella se iría a la barra a buscar tragos y yo debía hacer mi movida.

    Al quedarnos solo, Michelle se sintió invitada a bailar más pegados. Así ella y yo abrazados, mirándonos a los ojos bailamos hasta que la cercanía de nuestras bocas hizo lo inevitable. Nos besamos casi tiernamente. La timidez se apodero de mí en ese momento. Tenía a mi amor platónico entre mis brazos y ni en mis más locas fantasías había imaginado algo similar. No desperdicie mi tiempo y la bese nuevamente, pero esta vez demostrándole la pasión que acumule con los años. Cuando nos separamos pudimos notar que Claudia estaba a nuestro lado con los tres tragos y una sonrisa que denotaba satisfacción. Había logrado regalarme una de las cosas que más había deseado en la vida. La sonrisa fue interrumpida por un movimiento brusco que hizo que derramara los tragos sobre la ropa de Michelle. Era una chica ebria que había perdido el balance y había aterrizado sobre Claudia. Demás está decir que aquel evento cambio el ánimo de Michelle pues se le había manchado su fino vestido blanco. Ella quería golpear a la intoxicada chica, pero pronto entendió que fue un evento desafortunado. Como toda mujer vanidosa, pidió que nos fuéramos pues no quería ser vista con aquel desastre en su traje. Claudia sugirió ir a su cuarto pues tenía ropa adicional que le podía prestar.

    Caminamos hacia el hotel y yo era el centro de atención del área pues iba agarrado de manos con dos bellas damas. Al llegar al cuarto Claudia sugirió abrir el minibar para seguir compartiendo. Aquel cuarto era una suite por lo tanto tenía una salita con sofá donde Claudia y yo esperamos a lo que Michelle se cambiaba. Una vez salió quede perplejo. Solo tenía una blusa, pero aún no tenía pantalón. Su panty blanco casi imperceptible al ojo revelo el cuerpo que tanto había deseado. Al parecer sus caderas no cabían en el pantalón que le habían prestado y prefirió dar el mensaje en persona para que yo la notara. Le dije que su trago estaba servido que nos hiciera compañía y así lo hizo. Nos reímos y hablamos de nuestro pasado cuando Michelle nos preguntó que, siendo tan cercanos, si nunca paso nada entre Claudia y yo. Yo le dije que éramos muy cercanos para eso, pero Claudia le dijo que yo nunca la había notado como mujer. Esa contestación me dejo confundido pues no era del todo cierto. Yo siempre la encontré linda pero nuestra amistad estaba primero.

    Michelle hizo la observación que en la disco había notado cierta química que no es normal entre mejores amigos. Yo lo había notado, pero se lo atribuía al alcohol. Me lanzo un reto de besar a Claudia para ver que reacción tendría. Mire a Claudia y está mirando pícaramente accedió a la prueba. Casi dirigidos de la mano de Michelle finalmente nos besamos. La sensación fue diferente a la que había tenido antes esa noche. Se sintió natural, como si nos conociéramos en esa faena de años. Los dos sabíamos que hacer con la boca del otro. Fue un beso perfecto que hizo lo que el de Michelle no logro, excitarme. Ella era mi mejor amiga de años y ahora era la mujer que mejor me había besado en toda mi vida. Ese beso fue seguido por varios, casi se nos olvida que Michelle compartía el sofá con nosotros. Una vez nos separamos Claudia me dice que la intención era que lo hiciera con Michelle y no ella. Me sentí casi regañado y procedí a besar a Michelle. Sin planearlo estaba compartiendo besos con dos mujeres bellas y ellas no tenían ninguna objeción con ello.

    Entre besos quite la blusa prestada que tenía Michelle. No tenía sostén así que rápido jugué con su pecho. Lamia sus pezones mientras alternaba con besos. Al mismo tiempo sentí que Claudia desabrochaba mi pantalón dejando al descubierto mi erecto miembro. Comenzó a masajearlo con una mano mientras con la otra mano me agarro mi cara, demandando atención. La bese y fue Michelle quien tomó el mando de mi miembro, pero esta vez con su boca. Estaba allí compartiendo mi cuerpo con Michelle, pero mi atención la tenía Claudia. Procedí a desvestirla, primero la parte de arriba. Como no podía moverme por lo que hacía Michelle, fue Claudia quien puso sus pequeños pero duros senos en mi boca. La agarraba por la cintura y la apretaba sobre mí. Quité su pantalón como pude y su panty también.

    Al poco tiempo sentí que Michelle me soltó. La mire alejarse del sofá mientras me decía que ese no era su momento. Ese era el momento de Claudia y no quería quitárselo. Claudia le dijo que no le molestaba, pero ella insistió en dejarnos solos. Realmente no se fue, solo se movió a otro mueble y observo silenciosamente nuestra excitante escena. Claudia no perdió tiempo y se terminó de trepar sobre mí. Mirándome fijo sin pestañar agarro mi miembro y se dejó caer sobre él. Ambos soltamos un gemido al unísono. Ella cerró sus ojos y comenzó a moverse sobre mí como desnudista profesional. Yo chupaba sus senos y mordía su cuello. En la lejanía pude percibir un tercer sonido. Era Michelle que no resistió la escena y decidió jugar consigo. Esto me encendió más aun y se lo hice saber a Claudia con mis penetraciones. La tomé por la cintura y la recosté boca arriba. Baje a explorar su sabor con mi boca. Me bebí sus jugos una vez la llevé al orgasmo. Me pidió casi rogando que la penetrara nuevamente. Me recosté sobre ella y la penetre como misionero lujurioso hasta que termine descargando todo mi deseo en su vientre. Nos miramos casi pasmados por lo que había ocurrido. Le había hecho el amor a mi mejor amiga y me gustaba el hecho.

    Un grito de placer interrumpió el momento. Era Michelle que estaba a punto de terminar. Se contoneaba a la vez que jugaba casi abusivamente con su humanidad. Nos quedamos abrazados mirando como nuestra cómplice lograba emular lo que habíamos hecho segundos antes.

    Así los tres nos vestimos y hablamos del suceso. Resulta que el plan era claro. Claudia quería cumplir un negocio inconcluso conmigo a la vez que quería que yo completara el mío. Ellas tenían un plan entre sí y se había cumplido una parte. Claudia se fue dos días después, nuestra amistad nunca fue igual. Había mutado a algo más íntimo.

    Con Michelle fue otra cosa. Al salir esa noche la lleve a su apartamento donde hicimos el amor por seis horas corridas. Claudia lo supo al momento pues la llamamos para que nos escuchara. Esta vez fue ella quien tuvo el momento a solas. Salí con Michelle hasta formalizar una relación. Jamás voy a olvidar esa noche. Tuve lo mejor de los dos mundos y los dos mundos me tuvieron a mí.