Autor: admin

  • Xochi, cómplice de mi madre, incesto y placer (Parte 1)

    Xochi, cómplice de mi madre, incesto y placer (Parte 1)

    Recién amanecía y ya se sentía la ducha en el baño de la suite, cuando aproveché la excusa de entrar en él, ya que en el de huéspedes,  “Mena” hacía rato que se escuchaba también en la ducha. Detrás del vidrio fumé, el cuerpo de mi madre era la silueta de una ninfa esculpida. Me rocé suavemente la pija sobre mi bóxer y dejé que mamá notara que yo estaba allí, espiando sus curvas.

    —Ricardo, sos vos?

    —Si ma… “Mena” está en el otro baño

    —Ve al de planta baja

    —Estoy medio dormido, me caería por las escaleras

    —Tonto, ya sé a qué venís, hoy salimos a navegar con un viejo amigo mío. ¿Venís?

    Ella salió de la ducha, apareciendo envuelta en un toallón rojo que colgada desde sus senos hasta por debajo de su cola, dejando librada a mi imaginación aún húmedas su cola y su vulva, cuando algunas gotas caprichosas todavía rodaban por el ocre de sus piernas.

    —Pasame una toalla del placard para el pelo. —Mientras sacudía su cabellera inclinado su cabeza hacia un costado, toda ella era la sensualidad reflejándose en el espejo.

    —Si mamá, tomá.

    Al sacudir su cabellera, el toallón que la cubría cayó sobre el piso y su cuerpo esculpido quedó reflejado en mis ojos, doblemente cautivable, por su espalda y sus nalgas delante de mí y su cuerpo reflejado en el espejo, sus senos siempre con sus aureolas grandes rosadas y esos pezones rígidos, siempre su pubis depilado con su cuidada y delicada línea delineada hacia el clítoris.

    —Ya viste bastante, pásame esa toalla

    —Si, mamá y salí del baño con una erección, pero aguanté no masturbarme, pero seguí mi juego de voyeur.

    Se ajustó un bikini blanco sobre el bronceado de su piel, sin soutien, delineó sus ojos con rímel negro, sus labios carnosos, aún más revivían con un rouge rosado pero suave cual el color de sus pezones, colgó de su cuello su cadena de plata con una cruz, -quizá crucificando sus pecados.

    Un sombrero de paja blanca despuntado y desprolijo coronaba su figura mientras delante del espejo se tomaba una foto cubriendo un seno con el codo sosteniendo la cámara, mientras en la otra mano lucía un anillo con una margarita blanca, cobijando el pezón derecho entre sus dedos que pellizcaba.

    Desde el corredor de la planta alta podía ver a “Mena” en el balcón mirando el amanecer sobe el mar y el verde de los médanos. Su corta bata, descubriendo su espalda y su cadera escapando del rojo de aquella, su pelo castaño se tornaba en un dorado con el reflejo del amanecer. —La sensualidad provocando a Helios, —el dios del sol.

    También mirarla era un placer entregado a Eros, sensual giró sobre los rayos del sol y descubriéndome del otro lado de la ventana, que la enmarcaba, solo me dijo, acariciándome el cabello:

    —Buen día bebe.

    “Mena” ingresó en el toilette de mi madre; —ten…. guau perra, besándole la boca. Te venía a preguntar: ¿cómo tenía que vestirme, que ponerme?, pero ya veo; vamos de lujuria.

    —Lo más sexi que tengas y llevá ropa para noche de cena y boliche en algún lugar de Brasil

    —¿Vamos a navegar hasta Brasil?

    —Si mí beba, placeres como estos no pueden durar solo una noche, hoy te presento a Carlo y a su mascota

    —Su mascota…. Jajajaja

    —¿los chicos?

    —En un rato llegará mi madre, se queda con ellos

    —¿Qué vas a hacer con Mingo?

    —Lo voy a dejar bien caliente y me lo “cojo” a full cuando regresemos

    Mama terminó de colocarse una corta blusa playera blanca de crochet calado, que dejaba ver su bikini y entre esos espacios el dorado de sus senos y escapando entre los tejidos el rozado de sus pezones, sandalias playeras cuyos sus tejidos simulaban botas en sus piernas y su sombrero desflecado. “Mena” llevaba un vestido gitano color rosado de crochet que dejaba traslucir su bikini y su corpiño también blancos.

    —¿Pero Uds. dos van de putas, o qué? dijo Mingo (el amante de mi madre) sorprendido al aparecer en el living con la zunga que dibujaba una tentadora erección.

    —No sos el único bebe que tiene una pija que me calienta, pero vuelvo y te “garcho” con ganas.

    —Como dice el cornudo de tu marido, lleva preservativos en la cartera, “putita”.

    —Salimos de la casa, un auto nos esperaba en la puerta, el que nos llevó hasta el puerto, un barco a vela que lucía en un costado de su casco “PÉCHÉ” (Pecados en francés), en el puente de mando un tipo de unos cuarenta y tantos levantó la mano al vernos y al distinguir a mi madre, dijo:

    —»Ici Lau»…

    —»Mon grand plaisir», dijo mi madre en perfecto francés, también levantando su mano al viento.

    “Mena” sonrió y abordamos, era inmenso con cuatro camarotes, en la cubierta, hacia proa tres tipos, uno de ellos muy morocho se dirigió a mi madre y dándole un beso en la mejilla no dejó de abrazarla por debajo de su cintura: —me debés tu colita—

    —Mamá sonrió, —te traje a una amiga, “Mena”

    —Hmmm, me quedo con “Mena”, porque a vos te están esperando en el puente de timón, pero igual estás en deuda con tu colita de caramelo.

    Mamá subió unos escalones meneando su cuerpo, tentando a los otros dos calvos y musculosos en la proa, que la miraban negando con la cabeza.

    —“Ma bien-aimée”, dijo Paulo, acariciando la cola de mi madre.

    —“Mon pénis”, respondió mi madre dándole un suave beso en los labios.

    Paulo izó velas dejando atrás la bahía de Maldonado, la playa “La Mansa” de Punta del Este, poniendo rumbo hacia la isla de Lobos.

    La idea es fondear cerca de la isla, pasar la noche a la luz del faro, cenar en cubierta allí antes de salir a mar abierto rumbo a Barra de Chuy en la frontera entre Uruguay y Brasil, y quizá remontarnos hasta la ciudad de Pelotas en la Laguna de Los Patos. —Dijo Paulo.

    —Disfrutar del sol de “meu Brasil, brasileiro” —cantó mi madre, meneando sus curvas, junto a su otro “amigovio amante”, ya que había dejado a Mingo, su amante oficial muy caliente en la casa.

    El sol era una maravilla reflejado sobre el Atlántico sur, cálida y húmeda la brisa marina se alentaba sobre nuestros rostros, cuando pudimos descubrir el verde de la costa junto a las espectaculares playas de la isla y esos lobos marinos que dejaban escuchar sus ladridos. Todo el litoral muestra un sorprendente contraste entre el continente y la isla, fundiéndose el dorado de la arena, en el azul del mar y el verde de la isla en uno de los paisajes más bellos que uno puede encontrar.

    —Con algo de suerte quizá demos con una familia de delfines –comentó Roxana, la hija de Paulo con quien yo ya estaba y disfrutando de su belleza adolescente.

    —¿Hablas en serio? –preguntó “Mena” completamente entusiasmada.

    —Si damos con ellos verás una auténtica maravilla. Respondió Paulo.

    ¿Qué tal si se cambian? –preguntó el moreno Carlo dirigiéndose a mi madre y a “Mena”. El día está maravilloso, el viento y el mar están ideales para darnos un chapuzón, antes de llegar a la isla.

    —Si todo sigue así podremos cenar aquí en la isla a la luz del faro donde no nos molesten los lobos, aún para nadar en la noche. Respondió Paulo.

    Mamá y “Mena” bajaron a los camarotes, Carlo le indicó a mamá cual era el que ocuparía ella, en la puerta podía leerse “Capitaine”, —evidentemente era el camarote de Paulo—Mientras que a “Mena” la guio con su mano sobre su espalda a uno más apartado, ingresando con ella, cuando “Mena” sintió la mano del moreno sobre su piel, volteándose la miró a mi madre y le guiñó un ojo mientras se mordía los labios, gesto que mi madre devolvió con otro morderse de labios.

    Al cabo de un buen rato, mi madre salió a cubierta con una amplia sonrisa frente a la brisa, Paulo le extendió la mano para subir junto a él al puente de timón. ¡Laura era una diosa!, cuando ambos se fundieron en un “chupón” de labios apoyándose las pelvis uno con el otro, mi madre le rodeó el cuello, Paulo subió sus manos por la espalda dorada jugando con la blusa de mi madre dejando al descubierto lo evidente, mi madre no llevaba el soutien y su tanga blanca se hundía entre su cola y sus caderas.

    ¿”Mena” aún no había salido del camarote, ello me llevó a asomarme por el ojo de buey, cuando Roxana me sorprendió —¿a vos también te gusta ser voyeur? —Nos miramos con la flaca, nos sonreímos y nos quedamos en silencio mirando como “Mena” arrodillada sostenía entre sus tetas desnudas el tronco de esa pija que devoraba después en su boca, como una morcilla negra de veintiséis centímetros y un diámetro que le exigía más y más a esos labios. Las arcadas que profería eran evidencia de su garganta profunda, cuando de sus labios dejó caer una abundante espuma con semen en burbujas, las que chorreaba sobre sus pezones alcanzando sus piernas como derrames de hilos blancos.

    Cuando todavía la pija de Carlo seguía escupiendo leche, “Mena” se acomodó sobre la litera acomodando sus piernas, abriendo sus ancas, facilitando que el moreno apoyara el glande sobre el esfínter y con la lubricación del semen dejó enterrar lentamente ese tubo, que desapareció en cada gemido y en cada orgasmo de esa “troia” cada vez más caliente.

    “Mena” había logrado su deseo de cogerse a Carlo, cuando quedando tendida sobre la litera, un estirado chorro de “esperma” brotaba desde su latente y dilatado esfínter.

    —Lau, no me va a perdonar que me hayas roto el culo antes que a ella. —dijo “Mena”

    —Para esa “Xochi”. le tenemos preparado una fiestita, Esta noche poronga doble para Laura.

    —¿Y yo qué?

    —Vos vas a ser espectadora “la troia” (puta en italiano) y te vas a pajear viendo como nos cogemos con Paulo a tu amiga, mañana es al revés, a vos te cogemos en manada y Lau se pajea, tenemos todo de acuerdo a plan de navegación, —guiñándole un ojo—

    —¿Y Roxana y Ricardo? —Preguntó “Mena”.

    —Los chicos tienen su propio programa, olvídate y gozá.

    Acomodándose la bikini y su blusa playera, “Mena” subió a cubierta junto con Carlo, mi madre y Paulo les sonrieron desde el puente de timón, “Mena” le hizo un gesto a mi madre al cual le sonrió cómplice; descendieron a la cubierta de proa, tendieron sus toallas y quitándose las blusas playeras quedaron desnudas, solo con sus tangas bikinis de espaldas al sol, pero a la mirada de todos, mientras sus pezones y sus lolas se acomodaban sobre esas toallas.

    —¿Te lo cogiste? —Preguntó murmurando mi madre

    —No, él me “regarchó” a mí, me destrozó el culo, me atravesó y acabo dentro de mi dos veces

    —Guacha, esa poronga era para mí culo, quería que me lo parta primero a mí, ya que no lo pude aguantar la otra noche en el boliche, ¿y vos?

    —Me mordía en las sábanas, pero el ardor de mi esfínter me gustaba y con toda la leche que le saqué con una buena mamada en mi garganta, me lubricó y me enterró hasta que sentí la punta de sus vellos erizados en mí concha. Para vos tienen preparado una fiesta con Paulo.

    —Naaah, yo sola con ellos y sus tremendas pijas, y vos?

    —Yo voy a estar en penitencia, me tengo que masturbar a dos manos, mirándote.

    —Demasiada ropa para la cubierta de este yate. —Les gritó Paulo desde el puente de timón.

    Ambas se miraron y se quitaron las únicas prendas que traían puestas, sus tangas, quedando desnudas a los ojos de Morfeo, que caía sobre la piel de dos ninfas esculpidas enmarcadas con el verde del mar de fondo.

    Muy cerca Carlo clavó la mirada en ambas perras y acariciándose el bulto por sobre su short ajustado, se apretó una erección y se la dedicó a mi madre.

    Laura (mi madre), la diosa Xochi le respondió tirándole un besito, con un aire de cortesana.

    —Carlo, divino, ¿me pasarías bronceador por mi espalda? —dijo “Mena” con voz sensual

    —Perra, le dijo mi madre con cierta envidia y sacándole la lengua

    —No solo por tu espalda nena, le dijo el moreno, acercándose, pero provocando a mi madre también con su mirada

    Carlo se sentó sobre la cola desnuda de “Mena” haciéndole sentir su miembro, cuando comenzó a untarla con sus dos manos morenas, llevándola a un relax y a un clímax sensual y erótico, mientras no le quitaba la mirada a mi madre. Mi madre se puso boca abajo y dejó ver también su cola, cerrando los ojos y con la cabeza echada a un lado tratando de relajarse, mientras sentía a su lado el gemido suave de “Mena”. Ella quería sentir las manos de Carlo sobre su espalda, mientras veía como esas manos alcanzaban también las caderas y las piernas de “Mena”, abriéndole y acariciando lo inimaginable en el orgasmo que sintió cuando sonó el suspiro de su amiga.

    Entreabriendo mínimamente los ojos, mi madre sintió que Carlo le acariciaba con un dedo su columna, desde el cuello hasta el comienzo de su cola, mi madre levantó su cadera invitándolo, pero Carlo abandonó la caricia antes de hundirse entre los glúteos de mi madre en extrema excitación.

    —Gracias Carlo, la crema estaba fría, pero me encantó sentirla con este calor que quema la piel. Dijo “Mena”, provocando a mi madre

    —Carlo es muy bueno dando masajes, deberías probarlo Lau… dijo —Paulo desde el timón orientando la nave, hacia el viento.

    No había duda que la estaban provocando entre los tres, mi madre ardía de deseo, pero sus orgasmos debían esperar aún más. El desinhibido bulto de Carlo seguía rígido bajo la suave tela del short que llevaba, al parecer poco a poco todos nos íbamos desinhibiendo; Roxana y yo también tomando mayor confianza.

    —Tranquila Lau, ya llegará tu hora, ahora es tiempo de disfrutar de un buen chapuzón –dijo Carlo dándole una cachetada en el muslo a mi madre.

    Después de que tiraron anclas, mi madre, “Mena”, Carlo y Paulo se arrojaron a las verdes aguas mientras nadaban, el pelado José (el tercer tripulante) se hizo cargo del timón. Roxana y yo también nadábamos desde la playa de la isla hacía el yate, cuando los cruzamos en ese ida y vuelta entre las olas, ellos nadaban hacia la isla. José, “el pelado” acomodó la escalerilla para que subamos con Roxana, la dejé escalar primero para ver su hermosa cola porque también sus lolas de pendeja, estaban al aire con sus pezones firmes por el agua fría.

    —¿Te gusta más mi cola o mis pezones?, —Se giró Roxana preguntándome y tomándome de la mano, ayudándome a subir por la escalerilla, mientras más me gustaba y me imaginaba su conchita depilada en mi boca —iba a ser la primera vez que chupara un clítoris, iba a ser mi debut, pensaba—, mientras que de su tanga se escurría un hilo de agua de mar hacia mi cara.

    —Vení Ricardo, vamos a agarrar los catalejos y te enseño porqué este yate se llama “PÉCHÉ”.

    Subimos al puente de timón y Roxana con los catalejos apuntando hacia la playa de la isla, exclamó —guau, que perra es tu mamá, con razón mi papá siempre habla de ella y mi mamá se pone celosa mal, tomá, miralos.

    Tomé los catalejos, y mi madre estaba echada sobre Carlo, que la penetraba por el culo, mientras que Paulo, sosteniéndola del cuello le chupaba la boca más que besarla. Ella sonreía o gemía al sentir al fin, su esfínter dilatándose con la pija del moreno.

    No faltó mucho para ver que el trío al final se conformaría en esa pose que mi madre tanto anhelaba y que me confiara en nuestros pecados en Río de Janeiro años después.

    Carlo se acomodó para penetrarla por el nácar de su vagina y esta vez Paulo montándola, le fue hundiendo sus veinticinco centímetros en su esfínter; a lo lejos y con los catalejos, se veía la boca de mi madre suspirando placeres y orgasmos.

    ¡Es por ello que mi madre jamás quedaría satisfecha después de estas cogidas! y yo sería su placer y su confidente.

    Luego de tumbarse en las arenas, “Mena” se acercó al trío y quiso tomarles unas fotos con su cámara, a mi madre le tomó una foto que aún hoy sigue en mi memoria y en la biblioteca de mi escritorio entre otros secretos. De rodillas desnuda en la arena y con las breves olas del mar llegando a la orilla, mi madre se tomaba un seno, pellizcándose un pezón, mientras con la otra mano se masturbaba junto a la espuma de aquellas olas que enjuagaba sus orgasmos.

    Aún hoy me masturbo con estas fotos y acabo derramándome sobre ellas.

  • Dominando a Mariel (Parte 3)

    Dominando a Mariel (Parte 3)

    Pasaron tres días y el jueves por la mañana le mande un mensaje:

    “Mañana te quedas a dormir, y veremos el sábado, te espero a las 18 Hs.”

    A los pocos minutos recibo un “OK Señor, si me necesita antes me avisa”

    En los días que pasaron fueron varias las veces que me quedé pensando distraído en todo lo que había pasado en estas semanas, todavía me sorprendía mi cambio. Soy un hombre de 55 años, estoy con una joven de 20 como mi sumisa, disfruto más el sexo que antes, y se me cruzan ideas de cosas para hacer con ella. En la cama y fuera. En la casa y fuera.

    Como dije, fueron varias las veces que me quede pensando, al punto que mi fiel Carla, mi casera, me preguntó un par de veces si pasaba algo, si a mí me pasaba algo o había algún problema. Obviamente la respuesta fue un no, seco. Si bien estaba trabajando conmigo hace 20 años, le daba ciertas confianzas, y conocía mucho de mí, no quise apresurarme.

    Por fin llego el viernes y a las 18 h nuevamente llegó puntual.

    -Pasa, le indique

    -Si Señor

    Fuimos a la sala, dejó su bolso habitual del trabajo y noté que no había traído ropa.

    -Vamos a la cocina, le dije secamente.

    -Sí Señor.

    -Qué quieres tomar?

    -Un té si puede ser

    -Quieres algo fuerte para acompañarlo?

    -Como qué Señor?

    -Whisky, cognac?

    -Nunca tomé, Señor

    Serví su te, unas galletas y me serví un whisky. Me senté frente a ella, que estaba mirando hacia abajo y empecé a hablar:

    -Mira Mariel, quiero que tengamos una charla bien franca. De ella decidiré como seguimos, si seguimos, así que por un rato no eres mi sumisa, levanta la cabeza y habla con sinceridad, que si noto que me mientes esto se termina de inmediato.

    Su cara era de estupor, no sabía que pasaba, incluso se notaba que su cuerpo tiritaba no de placer sino de temor.

    Que pasa, que hice mal? Dijo Mariel ya efectivamente mostrando su sorpresa y temor.

    Pasa que llegamos aún punto en el que quiero hablar claramente, dejar cosas en claro los dos, establecer un acuerdo a cumplir y tomar cada uno la decisión que necesitemos tomar. Esta decisión puede cambiar en cualquier momento, sobre todo de tu parte. OK?

    -Si Señor.

    -Sabes bien que tengo una fortuna bastante importante, que soy un empresario muy reconocido, con muchos amigos tan o más poderosos que yo. La otra noche me preguntabas por qué estaba solo y te contesté que por elección. No dudes que fueron muchas las mujeres que se acercaron a mí, y lamentablemente la gran mayoría prefería saber cuántos millones tenía en el banco antes de conocer mi personalidad.

    -Otras simplemente querían pasar por mi cama para ser la… (elige el título que quieras) de Mike Ferron.

    -Yo Señor…

    -Silencio, la interrumpí

    -Hoy tengo 55 años, una buena fortuna, no tengo expectativas de tener hijos, ni de nada que se parezca. Pero creo que ha llegado el momento de disfrutar un poco más lo que he ganado.

    -Mucho de esto lo has provocado con tu llegada a mi vida.

    Sus ojos iban abriendo cada vez más, y ya no intentaba interrumpirme, quizás previendo que todo acababa.

    -Por eso te quiero proponer algo Mariel, no para que me contestes ahora, tendrás unos días para pensarlo

    -Dígame Señ…

    -Más o menos es así:

    -A partir de ahora, a menos que estemos en situación sexual, me llamaras Mike, y me tutearas

    -Toda situación de sumisión, castigos, etc. Se dará exclusivamente en situación sexual

    -Debes tener en claro que vas a tener que desistir de tener hijos

    -Yo respeto mucho a las personas, tú debes guardar el mismo respeto y agradecimiento a quienes de una u otra forma nos sirven.

    -Si yo tengo que viajar, por placer o trabajo, estarás en libertad de no ir.

    -Dentro del sexo, seguirá la sumisión igual o mayor.

    Su cara era de incredulidad y sorpresa. Pasaron unos minutos hasta que se animó a hablar

    -Puedo hablar?

    -Ya te dije, estamos hablando.

    -No necesito pensarlo, todos estos días lo estuve haciendo, no todo lo que me dijo, pero si mucho y decidí que quiero quedarme a su lado. Pero siempre pensé que solamente iba a ser su esclava, su perra y nada más. Me sorprende y me inquieta que quiera mostrarme porque soy una chica humilde, sin mucha cultura, ni siquiera me sabría sentar en un restaurant de los que seguramente frecuenta Ud.

    -Eso no me importa

    -Pero su imagen, que va a decir la gente que conoce?

    -Eso no me importa. Me han visto con cada cosa…

    -Y la empresa, como me tendría que mover?

    -Por ahora igual, tienen por qué enterarse porque ellos de mi vida no saben nada

    -Entonces acepto todo lo que me planteo.

    Me levanté, tome su cara entre mis manos y le di un largo beso en sus labios. Ella como toda respuesta, paso sus brazos por mi cuello.

    Terminó su te, y le mostré la casa, el parque, el garaje, y nos quedamos charlando más en el salón.

    Al anochecer, preparé la cena, cosa que la sorprendió porque no imaginaba que sabía cocinar, tomé mi whisky de después de cenar y fuimos al dormitorio.

    Cuando entramos le dije:

    -Ahora sí, ahora eres mi sumisa

    -Si Señor

    -Quítate la ropa y acuéstate, ya vengo.

    Dicho esto, fui hasta mi baño para buscar un talco, un aceite aromatizado y unas toallas. Volví a la habitación y Mariel ya estaba acostada. Con cuidado la puse en diagonal en la cama, estiré sus brazos hacia atrás, al lado de su cabeza, y sus pies quedaron en el borde de la cama.

    -Ahora, cierra los ojos, te ordeno no moverte, solo puedes gemir. Comprendes?

    -Si señor

    Apagué casi todas las luces quedando la habitación en penumbras. Puse aceite en una vasija con llama abajo para que lo queme lentamente y música suave que tengo en un pendrive.

    Cuando el aroma del aceite empezó a sentirse comencé a acariciar con la punta de mis dedos los brazos, primero por fuera y luego más suavemente el lado interno, con especial esmero en el pliegue del codo y al lado de la axila. Fui lentamente recorriendo todo su cuerpo, mientras que su respiración se empezó a agitar. Todo sin tocar ni su vagina, ano, o clítoris.

    Comencé nuevamente el recorrido pero esta vez con mis labios, poniendo especial atención en algunos lados, pechos, pezones, interno del codo, pero solo con los labios. Su respiración era ya entrecortada.

    Cuando terminé la puse boca me senté sobre sus muslo, justo atrás de la cola. Puse sus brazos al costado del cuerpo, con las palmas de las manos hacia arriba. Puse más talco en mis manos y comencé el mismo proceso en su espalda, piernas.

    Luego de un rato, decidí que era hora de más. Separé sus piernas y mientras con una mano acariciaba su clítoris, comencé a besar la palma de su mano derecha. Comenzó a gemir suavemente, por lo que decidí que era hora de jugar con mi lengua en… la palma de la mano como si fuera el clítoris. La respuesta fue instantánea, comenzó a arquear el cuerpo y gemir más fuerte. Cambié la boca de lugar y la lleve al pliegue de sus rodillas, y cada vez se excitaba más, casi no se quedaba quieta.

    Cambié de lado e hice el mismo trabajo con la mano izquierda mientras mi mano se movió para comenzar a rozar los labios exteriores de su vagina. Lo mismo con el pliegue de su otra rodilla. Cuando lo hice, emitió un sonido gutural característico del orgasmo intenso.

    Entonces, mientras que con una mano separaba sus nalgas, apoyé el dedo medio de la otra mano en el ano, simplemente haciendo una suave presión.

    Entonces me dirigí al cuello y comencé a besarlo suavemente, cuando empezó a arquearse para forzar que mi dedo la penetre, le di un pequeño chirlo en la cabeza. Y al mismo tiempo a besar el lóbulo de su oreja, mientras lo humedecía con mi lengua lo mismo que su cuello. Pase mi boca a su espalda y besaba y lamia suavemente el centro de la misma, sobre las vértebras, haciendo un camino descendente a su trasero. Ella cada vez hacía más fuerza con su cola para que mi dedo entre. Cuando llegué con mi boca a su ano, lo lamí con ganas pero suavemente, introduciendo solo la punta de mi lengua en el mismo. Otro espasmo, otro sonido gutural y otro orgasmo.

    Me levanté, y sin hacer ruido la dejé boca abajo en la cama, en penumbras y con la música muy suave. Yo necesitaba un respiro y un nuevo whisky.

    Abran pasado 5 minutos cuando volví a la habitación, ella seguía boca abajo, no se notaba que se haya movido. Apagué la música, y mientras cambiaba el pendrive, le subí el volumen al equipo de audio, le di play y empezó a sonar el Óp. 1812 de Tchaikovsky (recomiendo escucharla, leyendo la descripción de la misma).

    Entonces, me acosté a su lado y sin mediar aviso ni palabra empecé a penetrarla con mis dedos en la vagina, mientras besaba su nuca y su cuello. Por momentos le masajeaba el punto G y por momentos metía y sacaba los dedos con fuerza. Como conozco la obertura, y sabía que venía a continuación, por sus gemidos, gritos y movimientos iba eligiendo que hacerle para incrementar todo.

    Cuando llegó la primera parte de la batalla, con los vidrios temblando por el volumen, empecé a jugar con su ano, metiendo y sacando mi dedo, ya lubricado por sus jugos vaginales.

    Mi pija, que parece que también conoce la música, ya estaba con todo. Me puse a sobre sus muslos los abrí y la comencé a penetrar con fuerza llevando sus manos al costado de la cabeza y sosteniéndolos con fuerza. Cuando la música volvió a bajar el ritmo, lo mismo hice yo, esperando el gran final.

    Cuando se acercaba, la di vuelta, puse sus piernas en mis hombros y pasaba mi pija por su clítoris ya súper hinchado. Cuando comenzó la parte final con los cañones y las explosiones, la penetré con todo, bombeando con violencia, rápidamente llené mi boca con whisky y trabando nuevamente sus brazos acerque mis labios a su boca, que ella abrió rápidamente, por lo que aproveché para pasarle parte de mi whisky, que por su ansiedad fue directamente a su garganta para tragarlo. Por respuesta fue un grito tremendo, mesclado con una sacudida de su cuerpo.

    Cuando terminó la música, caímos los dos, sin casi respiración, ella con su cabeza sobre mi pecho, y nos dormimos, muy profundamente.

    Como todos los días, sin importar a qué hora me duerma, a las 7 Hs me desperté. Ella todavía estaba sobre mi pecho, como habíamos quedado. Con cuidado, me fui saliendo, me fui al baño, donde me duche reviviendo en mi mente y disfrutando cada recuerdo de una noche genial.

    Cuando terminé de secarme, afeitarme, me puse ropa liviana, y viendo que ya eran casi las 7:30 h fui a la cocina.

    -Buen día Carla, le dije sonriendo

    -Buen día Mike, (como me llamaba cuando estábamos solos). Va a desayunar aquí?

    -Sí, dije también sonriendo, pero dame 20 minutos.

    -Ok, no hay problema

    Ah, y que sea para dos, por favor, le dije mientras salía rápidamente de la cocina, me dirigí al dormitorio y con un beso en los labios, desperté a Mariel.

    -Buen día dormilona.

    -Buen día, Mike?

    -Si, Mike. Te dejé toallas en el baño, toma una ducha y te espero en 15 minutos para desayunar en la cocina.

    Me quedé en el dormitorio, y cuando escuche que ya terminaba, fui a la cocina. Entre, tome asiento sin levantar la vista para no ver la cara de Carla.

    Segundos, solo segundos se abrió la puerta y Mariel casi sin secarse y con una camisa mía blanca de la oficina, que al estar mojada transparentaba todo, entró diciendo:

    -Que me hiciste anoche!?

    No pude aguantar la carcajada al ver la cara de Carla, viendo a Mariel y a Mariel, que con cara de sorpresa y susto, quedó petrificada. Solo atiné a levantarme, tratar de contener la risa y decirles

    -Ya se conocen, no?

    Lo único que escuche mientras salía fue la voz de Mariel

    -Es un hijo de puta!!!

  • Mi segundo encuentro con una joven de 18 años

    Mi segundo encuentro con una joven de 18 años

    Mi segundo encuentro con una joven de 18 años, la recogí en el mismo lugar de la primera vez y nos fuimos directos para un motel al cual llegamos en unos diez minutos, al subir me dio un beso en la mejilla y me pregunto cómo estaba.

    Llegamos y subimos a la habitación, tan pronto entramos ella se me abalanzó y empezó a besarme muy suave y luego muy duro con mucha pasión, intercambiamos lenguas, nos chupamos los labios, nos restregamos las bocas, unos besos descomunales que nos pusieron a los dos muy calientes.

    La coloque de frente mirando un espejo, y empecé a acariciarla por encima de la ropa, estando yo detrás de ella y acercándole mi verga para que la sintiera en su culo, ella me mando la mano atrás y me la cogía por encima de la ropa, empecé a desvestirla le quite la blusa y el brasier, le cogía sus tetas desde atrás y se las amasaba, la seguí desvistiendo la deje solo en tangas y me desvestí solo quede en calzoncillos, arrimaba mi cuerpo al de ella y le colocaba mi verga en su culo por encima de su tanga.

    Le subí los abrazos contra el espejo y empecé a pasar mis manos sobre sus manos bajando muy lentamente por sus brazos, apenas se sentía el roce de la piel, bese su cuello y metí mi lengua en sus oídos, su cuerpo se estremecía, pase mis manos a su espalda y las bajaba muy lentamente por la parte media y luego por los lados, llegue a sus nalgas le di nalgadas, las acaricie y le di pequeños mordiscos.

    Le abrí las piernas la puse en posición de requisa y empecé a bajar mis manos por el interior de sus piernas, luego por la parte externa, hasta llegar a sus pies, su cuerpo se estremecía con mis caricias, empecé a subir lentamente por sus piernas hasta llegar a su coño que para ese momento estaba muy mojado, muy suavemente acaricie su clítoris e introduje un dedo y luego dos en su coño, empecé a darle dedo.

    La volteé de frente a mí, me arrodille le quite la tanga y empecé a pasar mi lengua en su coño y a chupar su clítoris, lo mordí, la succione y lo frote en círculos, la lleve a la cama y ella se arrodillo y me lo mamo con desesperación, que mamada tan espectacular, la coloque en cuatro y se lo metí de un solo golpe pego un grito porque a pesar de lo lubricada es estrecha, empezó el mete y saca lento y luego acelerando, pego un grito, convulsiono y se vino, alcanzo un orgasmo muy fuerte, quedo tendida en la cama.

    Luego de un momento me quito el condón y empezó a mamarlo nuevamente y me dijo quiero tu leche en mis tetas, mientras me lo mamaba yo le chupaba y cogía sus tetas, sus pezones estaban duros y parados, acelero su ritmo y me vine en sus tetas, se pasaba las manos restregándose la leche en sus tetas y yo empecé a darle dedo nuevamente, le lamí el coño, pase mi lengua por todas partes, hasta que pego otro grito y convulsiono alcanzo un nuevo orgasmo.

    Quedamos rendidos en la cama, descansamos un rato y luego de un tiempo me lo volvió a mamar la verga hasta que me tubo a punto, se montó encima y empezó a cabalgarme, se mandaba hacia atrás arqueando la espalda, decía que así la sentía hasta los ovarios que le llegaba bien adentro y que era muy placentero.

    Luego cambiamos de posición, la coloque en cuatro, y le acaricie el ano y me dijo que vas a hacer y el dije nada que no te guste, me dijo por ahí no, ese no se lo he dado a mi novio y todavía soy virgen, de pronto más adelante.

    Entonces la coloque boca arriba y le subí sus pies a mis hombros y la penetre, luego le coloque sus pies hacia atrás e hicimos el salto del mico, me decía hazlo más fuerte que así lo siento bien adentro, yo me balanceaba lo más que podía, luego intentamos el helicóptero lo hicimos pero muy poco, hay que tener buena práctica, regresamos a la cabalgata hasta que ella pego su grito de costumbre, convulsiono y alcanzo su orgasmo.

    Nuevamente me quito el condón y empezó a chupármela y me dijo “esta vez quiero tu leche en mi boca” y así fue me vine y se tomó toda la leche luego nos besamos y nos acariciamos, descansamos un rato, nos duchamos y la lleve a donde iba nos despedimos con un beso en la boca hasta nuestro próximo encuentro.

    Todo lo relatado fue real, si les gustó espero sus comentarios.

  • Mi querida hija

    Mi querida hija

    Vivo en el norte de España en un pequeño pueblo de montaña a donde me mudé hace diez años. Es un pueblo apartado de la mano de Dios donde vivir tranquilo sin apenas contacto con otros de mi especie. Abandoné la gran ciudad, mi trabajo y todo lo que conocía después de mi traumático divorcio. Mi mujer Ana y yo decidimos romper nuestra relación de dos décadas. Los últimos años de convivencia fueron terribles; peleas, enfados, gritos y meses sin hablarnos, hasta que nos dimos cuenta que lo nuestro ya se había caducado hacía mucho.

    Fruto de nuestro matrimonio nacieron nuestras dos hijas, Carla y Sara. Carla mi hija mayor, es una mujer de veinticinco años. Con el tiempo se ha convertido en una morenaza despampanante. Su metro setenta, acompañado por una melena rubia, unos ojazos azules y unos labios rojos y carnosos la hacen convertirse en el delirio de cualquier hombre. Además, es cariñosa y muy lista una mujer más que perfecta. Sara, la pequeña, es una mujercita de veintiún años. En lo físico no tiene nada que envidiar a su hermana, aunque sus bellezas son muy distintas. El rostro angelical de la mayor lo contrarresta con su belleza exótica, no supera el metro sesenta, pero sus enormes pechos y su culo más que generoso, han hecho babear a más de uno. Sara al contrario que su hermana siempre ha sido muy insegura, indecisa e introvertida.

    Después de la separación ambas decidieron quedarse con su madre y aunque yo intenté de todas las formas posibles seguir viéndolas y teniendo relación con ellas, poco a poco se fueron alejando de mi por decisión propia. Toda nuestra relación estos últimos años se resume, en un par de llamadas telefónicas en sus cumpleaños y Navidad. Para mí era muy duro, pues eran mis niñas a las que adoraba, pero no me quedaba otra que aceptar su decisión. Mi último cumpleaños, el de los 56 lo había pasado sin recibir ninguna llamada de ellas.

    Todo cambió hace justo año y medio. Una tarde de finales del invierno recibo de manera inesperada una llamada de Sara. Me dice que está en la estación de tren del Norte, a unos cien kilómetros de mí casa y me pide que vaya a buscarla. Aunque estoy muy sorprendido ya que los ocho años anteriores apenas habíamos hablado más de un par de horas juntando todas las llamadas, acudo raudo a la llamada de ayuda de mi niñita.

    Cuando llegué a la estación Sara estaba sentada en un banco de madera con la cabeza entre las manos y una mochila entre las piernas. Me acerqué a ella corriendo y sin dejar que apenas se levantase la abracé con fuerza. Noté en su rostro que no se sentía cómoda con aquel abrazo así que me separé de ella y le pedí disculpas por mí efusividad desmedida. Fuimos en silencio hasta el coche y la hora y media de vuelta a casa tampoco nos dijimos nada importante. No tenía que ser un genio para saber que aquella no era una visita de cortesía, que no estaba allí para verme, su actitud me dejaba claro que yo era su única opción en aquel momento.

    Las semanas siguientes las pasó en la habitación que habíamos medio acondicionado para ella, salía a las horas de la comida y un ratito por las tardes para tomar el sol en el porche cuando no llovía. Decidí darle espacio, con la intención de que poco a poco se fuera abriendo y me contase porque estaba aquí y sobre todo que le pasaba.

    Aunque no había mucha conversación entre nosotros pude observar que la niña que se había quedado en la capital se había convertido en toda una mujercita. No podía dejar de mirarla cuando se paseaba por la casa tan sólo con una camiseta que apenas tapaba sus bragas. Era mi hija sí, pero también era una mujer con un cuerpo despampanante. Hablé con su madre varias veces, ella estaba tan preocupada cómo yo por su comportamiento, aunque no quiso decirme las razones de su huida, “tiene que ser ella quien te lo cuente” fue su contestación ante mi insistencia.

    —¿Hoy voy a visitar a algunas personas del pueblo, me acompañas? –Ya la primavera había avanzado y necesitaba que Sara comenzase a cambiar su actitud. Esconderse no era la solución. Me miró sorprendida unos segundos y afirmó con la cabeza.

    Salimos ambos de la casa a media mañana, el sol en lo alto hacía que la temperatura resultase muy agradable. Por primera vez en aquellos más de dos meses, Sara me fue preguntado por mi vida en el pueblo, que hacía allí y cosas de las pocas personas que nos encontramos. Le sorprendió saber que en aquel pueblo yo era el más joven con diferencia, que los once vecinos restantes superaban los setenta con mucho, que apenas salían del pueblo una o dos veces al año y que yo era su única comunicación con la ciudad durante el invierno. Mientras comíamos no paró de mirarme:

    —¿Tengo algo raro en la cara? —le dije sonriendo.

    —¿Eres feliz aquí?

    —Si hija, claro. Mucho más que en la ciudad. ¿Por qué lo preguntas?

    —Cuándo te separaste de mamá viniste a aquí y aunque ella se cansó de decir que en un año volverías, nunca lo hiciste. Por eso me imaginé que aquí habrías encontrado algo o alguien que te hacía feliz. Hasta hoy no sabía que podía ser eso, pensé que igual me había equivocado y que no serias tan feliz como yo me creía. Que te habrías resignado como piensa mamá. Hoy lo he entendido cuando vi tu cara al pasear, cuando hablabas con esa gente. Esto te hace feliz.

    —¿Te hace feliz a ti estar aquí?

    —Si claro —siguió diciendo ella— me gusta estar contigo, pero no sé si yo encuentre aquí lo que busco.

    —Y qué es?

    —Aún no lo sé.

    —Si puedo ayudarte, me gustaría.

    —Ya me ayudas dejándome espacio y no agobiándome como mamá.

    Las siguientes semanas salimos a pasear todos los días, ella era la que me pedía hacerlo, aunque el tiempo no fuese bueno. Largos paseos por el monte donde se iba abriendo cada día más e iba sabiendo cosas de su vida. Nos acostábamos a la sombra de algún árbol durante las horas de calor de julio, Sara apoyaba su cabeza en mi vientre y yo pasaba mi brazo por su pecho mientras digería toda la información que me daba. Lo cierto es que la chica fría y distante que había recogido en la estación poco tenía que ver con aquella que estaba allí conmigo. Se reía mucho, hablaba sin parar y cualquier cosa le valía para correr, saltar o crear un juego para retarme. Quien llega antes a aquel árbol, quien tira la piedra más lejos, quien come más rápido y así un largo etc…

    Aquel primer día de agosto fue la primera vez que vi a mi hija como una mujer, no como la niña con la que había convivido hasta los once años. Salimos a pasear como cada mañana y una caída mía, el día anterior en uno de los juegos, era el tema de conversación y las risas. Aquel día decidimos explorar todo el día y no ir a sitios que yo había visitado de antemano. Caminamos mucho rato por unos senderos estrechos y empinados hasta que llegamos a un riachuelo bastante caudaloso que discurría con agua clara y a gran velocidad. Lo seguimos hasta que el riachuelo se convirtió en un río mucho más ancho y con grandes pozos de agua. Estábamos cansados el sol junto con el bochorno del mediodía nos habían empapado de sudor, ambos nos despatarramos a la sombra en una gran losa de piedra a la orilla del río:

    —¿Por qué no nos damos un baño? —Sugirió Sara señalando el pozo de agua que teníamos enfrente— creo que ahí casi nos cubre.

    —No sé hija, seguro que está congelada además no tenemos bañador.

    —¡Qué más da! Hace mucho calor, estamos muy sudados, un baño nos dará la vida.

    Aún estábamos debatiendo si bañarnos o no cuando Sara se quitó la camiseta y el pantalón corto que llevaba. Cuando vi su sujetador negro aprisionando con fuerza aquellos dos pechos y su tanga de hilo que se perdía entre sus nalgas, mi polla se endureció como una piedra. Intenté que no fuera así, no quería que mi hija notase que yo me había puesto duro al verla medio desnuda, pero era imposible. Aquellas más que generosas tetas, el redondito culo y el cuerpo de escándalo que los acompañaban nublaban el juicio de cualquiera. Se metió al agua despacio:

    —Está helada —dijo girándose hacía mí.

    Mis ojos se posaron en sus gruesos pezones que intentaban agujerear el sujetador, a lo que mi polla respondió con dos latigazos que me hicieron doblar las piernas. Me quedé en bóxer lo más rápido que pude con la certeza que el agua fría ayudaría a bajar mi dureza. Y ayudo el agua casi polar, un tiempo al menos. Todo volvió a ser como al principio cuando Sara empezó con sus juegos. Se colgaba en mi espalda, en mi pecho, me empujaba o intentaba meterme la cabeza bajo el agua. Yo solo sentía sus pezones rozando mi cuerpo o su culo frotar mi polla.

    Perdí la cabeza, dejé de ser consciente de quienes éramos y comencé a jugar también. No de la misma forma que ella, claro. Buscaba la manera de tocarla de apretarla contra mí. Meter mi mano en su sujetador con el pretexto de sujetarla para que no se cayera, así aprovechaba para sobar sus tetas a placer. La subía en el aire y al bajarla muy despacio pasaba sus tetas por mi boca. Metía mi mano en su tanga intentando tocar todo lo que pudiese, tuve entre mi mano varias veces su vello púbico y roce con los dedos su vagina otras tantas veces. Froté mi polla con su culo tanto como pude, dejé que mi bóxer se bajara hasta que mi polla quedó libre para meterla entre sus nalgas, la frote con fuerza entre su culo y su vagina estuve así hasta que noté como me corría de manera inevitable. Apreté con fuerza su espalda contra mi pecho mientras la leche brotaba con fuerza de mi polla, disimulé como pude. Aquellos segundos de placer y miedo fueron los más intensos de mi vida, hasta aquel momento.

    Después de eso salimos del agua, yo iba acojonado. ¿Qué iba a decirle a mi hija si se había dado cuenta de lo que había pasado? Era probable que sí, mi polla estaba entre sus nalgas literalmente cuando me corría, así que tuvo que sentir mi leche caliente en su culo, era imposible que no se diera cuenta. ¿Qué podía hacer?

    Todo mi miedo pasó nada más salir del agua, para mí suerte todo fue de lo más normal. Hablamos al sol mientras nos secamos como si nada hubiese pasado y nuestra vuelta a casa fue igual de amena como lo era cada día. ¿Podía ser que mi hija no se diera cuenta y para ella solo fuera un juego? Parecía que sí.

    Aquella noche me juré mientras me acostaba que no volvería a pasar aquello. Todo había salido bien, me había gustado mucho, demasiado, pero no iba a tentar a la suerte. Sara quiso volver al río en más de una ocasión los días siguientes, pero yo siempre puse disculpas y no fuimos. Entonces llegó mi cumpleaños, hicimos una tarta entre los dos, algunos dulces más y a media tarde comenzamos a celebrar una pequeña fiesta con nuestros vecinos. Llevaba años sin soplar velas y sin una fiesta, así que me hizo ilusión celebrarlo sobre todo con mi hija. Cuando el sol se puso todos volvieron a sus casas, Sara y yo nos quedamos solos.

    —¿Sigues teniendo cartas de póquer? —me preguntó Sara tirada sobre el sofá.

    —Pues claro —cogí la baraja que guardaba en un cajón de la cocina— siempre tengo una. —Ambos sonreímos.

    —Recuerdo cuando jugábamos los cuatro, mama, Carla, tú y yo —dijo Sara— y los caramelos que os gané.

    —¡Que te dejé ganar! —ambos nos reímos.

    —¿Que nos jugamos hoy? Caramelos no —sugirió ella— ya se, ¿qué te parece un Strip-póker?

    En aquel momento yo tenía que decir que no, sabía cómo había acabado la cosa en el río días atrás y volver a verla medio desnuda no me iba a ayudar a cumplir mi promesa. Mi parte sensata del cerebro me decía un rotundo no al juego, pero mis neuronas regadas por los chupitos de wiski dejaron que mi boca dijera sí. Sara aplaudió con entusiasmo mi aprobación mientras decía las reglas en alto. El juego no acaba hasta que uno de los dos se desnude del todo, el primero que quede en bolas pierde y tiene que hacer el reto que le pida el ganador. Acepté sin más deseando ver cómo mi hija se desnudaba, perdí las dos primeras manos. En la séptima mano solo me quedaba el pantalón y el bóxer, Carla solo había perdido sus calcetines y zapatos.

    Las cartas me acompañaron las siguientes dos manos, un full y un póquer de reinas dejaron a Carla en sujetador y tanga. Para mí desgracia el sujetador rosa y el tanga del mismo color transparentaban sus lindos pechos y su vello púbico, a lo que mi polla volvió a responder con dos latigazos hasta ponerse dura como una piedra. En la siguiente mano me quedé sin pantalón y mi erección ya era imposible de disimular, intentaba mirar las cartas, el suelo o la pared, pero mis ojos iban por libre y se posaban en sus rosados pezones o la marcada raja de su entrepierna. Sus bailes cada vez que ganaba una mano tampoco ayudaban mucho a dejar de mirarla.

    No quería ganar si se quitaba algo más podía perder la cabeza. Me quedé solo con una pareja para terminar con aquella tortura, pero ella no tenía nada y se quitó el sujetador sin apenas tiempo de reaccionar para mí. Sus preciosos pechos se quedaron bailando ante mis ojos, quería meterlos en la boca, chuparlos con fuerza, morder aquellos pezones rosados, sobarlos y tocarlos. Me contuve no sin esfuerzo, manteniendo la poca cordura que me quedaba. La última mano fue paripé, yo no lograba mirar las cartas, cuando lo hacía sólo veía tetas dibujadas así que ella ganó. Salto de alegría mientras yo negaba con la cabeza, si me quitaba el bóxer iba a mirar mi tremenda erección, no es que no la notase ya, pero ahora la vería ante sus ojos e incluso mi polla goteando ¿Que iba a decir?

    —Mejor lo dejamos así —sugerí yo.

    Estuvo pensando un ratito antes de hablar:

    —Vale, no te los quites. Pero tienes que aceptar el reto.

    —De acuerdo —dije sin pensar.

    —Mañana vamos al río.

    Al día siguiente volvimos al río otra vez como yo había prometido. Ese día ambos llevábamos traje de baño, lo cual hacía la cosa un pelín más fácil, aunque para mi desgracia yo no lograba quitarme de la cabeza todo lo sucedido la noche anterior o lo que pasara días antes en aquel mismo sitio.

    Todo comenzó de la misma manera que la otra vez, Sara se fue primero al agua y yo la seguí no sin recelo. Los juegos comenzaron nada más mojarnos, y también comenzaron los problemas para mí. Volvieron los roces, mis dedos en su vagina, mis manos y mi boca en sus tetas, mi polla contra su culo. Para empeorar las cosas el enganche del sujetador de su bikini no soportó tanta fricción y salió por los aires dejando sus tetas desnudas enfrente de mis ojos. Le lamí un pecho mientras ella reía como una loca, le mordí los pezones, ella se reía aún más. Intentó quitarme mi bañador unas cuantas veces, creyendo que fuera yo y no la casualidad quién había roto el suyo. Su mano acarició mi polla por casualidad varias veces y entonces mi cabeza se perdió. Sara levantó triunfal mi bañador al aire cuando me lo quitó, no pensó que yo había colaborado y mucho para que ella lo consiguiese.

    Quería tener mi polla libre para poder frotarla en su culo. La levanté en el aire apretándola fuerte contra mí para que la parte inferior de su bikini se fuera bajando, al segundo empujón cedió. Cómo me había hecho ella se lo quité y dejé que nuestros cuerpos desnudos se rozasen. Fue la primera vez que vi duda en sus ojos, pero yo no podía parar. Comencé a hacerle cosquillas para distraerla de nuevo y otra vez volvieron las risas y los roces de ambos cuerpos desnudos se hicieron más intensos. Mi polla volvió a alojarse entre sus nalgas mientras yo le pellizcaba el vientre, se dobló hacia adelante en un acto involuntario y por vez primera mi polla quedó en la entrada de su vagina.

    Sara dio un paso hacia adelante cuando la sintió en su agujero para separarse de mí. Debería parar aquello, pero no podía. Hacía mucho rato que había pasado el punto de cordura. Volví a ponerla frente a mí y la levante lo más arriba que pude hasta que su coño quedó a la altura de mi pecho y mi boca. Tenía delante por primera vez aquel coño con una delicada mata de pelo morenita y unos labios gruesos, era precioso. Hice un esfuerzo para mantenerla en el aire mientras mi lengua se paseaba por su raja. Miré hacia arriba para ver su rostro, Sara ya no se reía. Se había dado cuenta de lo que estaba pasando y la duda bañaba su rostro. Le lamí el coño unas cuantas veces, mientras mis brazos resistieron, me puse en su espalda de nuevo y volví a pellizcar su vientre.

    Ahora ya no jugaba, yo había perdido la cordura, ahora iba a metérsela fuese como fuese. Se dobló como yo esperaba ante mis pellizcos y mi polla volvió a la entrada de su vagina, forcé un poco y la cabeza entró poco a poco hasta que toda mi polla se alojó en su vagina. Ella arqueo la espalda con mi segunda envestida momento que aproveché para meterla toda. Cuando mis huevos tocaron su culo unas cuantas veces, ella soltó un suspiro entre placer y miedo. La saqué un poco y comencé las embestidas más fuertes, cada vez más y más fuerte, cada vez le calcaba más la espalda sin importarme lo que pasase por su cabeza, con cada golpe mi polla entraba más y más.

    No dejé que se moviera, aunque lo intentó un par de veces. Entonces sentí los calambres en las piernas, como la polla se ponía más dura y crecía dentro del coño de mi hija, la espalda rígida me anunció la inminente corrida.

    Me corrí. Me corrí dentro de ella como nunca en la vida lo había hecho antes, me apoyé en su espalda para no caerme mientras la leche salía de mi polla sin parar, fueron unos segundos de placer interminables.

    Mientras recobraba el aliento, Sara salió del agua y se dejó caer desnuda en la losa de piedra. ¿Qué iba a decirle? No me quedaba otra que afrontar lo que viniese.

  • Mi amante, mi verdadero amor (3)

    Mi amante, mi verdadero amor (3)

    El reloj marcaba las 8 am, yo me retorcía en la cama esperando recibir su mensaje, apretaba duro mis piernas para sentir calor en mi vagina… hasta que por fin su mensaje llegó.

    Oliver…

    Hola

    Sabina…

    Hola

    Cómo estás?

    Oliver…

    Esperando

    Sabina…

    Jajaja

    Y de buen humor

    Y en eso de esperar, no me ganas

    Oliver…

    Y entonces?

    Sabina…

    Jajajaja

    En un rato estaré sola

    Oliver…

    Cuanto?

    Sabina…

    Media hora

    Te mandaré videos, como te gusta

    Oliver…

    Ya

    Tengo hasta las 8

    Sabina…

    Jajajaja

    Creí que ya no podías

    Y los borre

    Solo te guardé unas fotos

    Oliver…

    Recupéralos

    En ese momento le envíe unas capturas de los videos, me había recostado en la cama, me baje las pantaletas y me di durísimo con el dedo hasta que por fin exploté… pero sólo le envíe las fotos.

    Oliver…

    mmmm, que ricas fotos

    Manda más

    Sabina…

    Jajaja

    Cuando grabe este, todo el líquido empapo mi teléfono y ya no se escucha

    Y lo peor

    Detuvo la grabación

    Y no se ve lo bueno

    Oliver…

    En serio?

    No es contra agua?

    Tan rico que se ve

    Sabina…

    No es contra agua y menos de esa

    Jajaja

    Si ya se, y fue un gran chorro

    Oliver…

    Mm moriría por verlo

    Pero sirve?

    Sabina…

    Si, solo no se escucha

    Oliver…

    No de escucha el celular o el video?

    Sabina…

    Mi celular

    Solo aparece una imagen

    Que están conectados los audífonos

    Oliver…

    Reiniciarlo

    Sabina…

    Que están conectados los audífonos

    Ya lo hice

    Sucede cuando lo mojo

    Oliver…

    No pues déjalo que se seque

    Sabina…

    Y todo por el tremendo chorro

    Y no pudiste disfrutarlo

    Oliver…

    Ya se

    Eso fue lo peor

    Sabina…

    Y porque hoy sales tarde?

    Oliver…

    Si

    Sabina…

    Jajaja

    Pregunte por qué?

    De que sales tarde ya me había percatado

    Oliver…

    Jajaja

    Pues porque así es la vida

    Sabina…

    Jajaja

    Que chispa traes

    Oliver…

    Jajaja

    Manda más

    Sabina…

    Mmm

    Veré que puedo hacer

    Oliver…

    Pero manda mucho

    Sabina…

    Siii

    Pero quiero una fotografía tuya

    O mejor de lo tuyo

    Mira este video mientras

    Oliver…

    Mmm delicioso faltó luz pero delicioso

    Estuvo bastante rico ese video, faltó que prendieras el flash pero deliciosos

    Sabina…

    En esa función de la cámara no puedo usar el flash

    Oliver…

    Mmm

    Sabina…

    Mmm

    No sabes cómo me prenden tus mmm

    Bueno, todo lo que me escribes

    Soy una fácil

    Oliver…

    Solo un poco y conmigo bueno eso espero

    Sabina…

    Ja

    Oliver…

    ?

    Ese ja fue como un no

    Sabina…

    Eso fue un ya sabes que es así

    Que es solo contigo

    Y no un poco

    Oliver…

    No un poco?

    Pues que se vea y mándame otro video, provócame

    Sabina…

    Un poco, creo que mi facilidad contigo es excesiva

    Oliver…

    No, falta más

    Sabina…

    Más?

    Ya me viste todo

    Jajaja

    Oliver…

    Jajaja

    Sabina…

    Ahora quiero que me muestres todo

    Oliver…

    Primero tú

    Sabina…

    Jajaja

    Primero?

    Será, como siempre

    Oliver…

    Si

    Sabina…

    Jajajaja

    Que descaro

    Oliver…

    Sabes que me gustas y quiero verte

    Desnuda de preferencia

    Sabina…

    Mmmm

    Sabes que me encantas y por eso no puedo negarte nada

    Oliver…

    Ya manda algo

    Sabina…

    Necesito un rato

    Me están haciendo cambios y estoy en eso

    Oliver…

    Cambios? a ti?, implantes o algo así

    Sabines…

    Jajajaja

    Nooo

    A una portada

    Oliver…

    Ahhh

    Sabina…

    A qué hora saldrás hoy?

    Otra vez tarde

    Pero descansas el fin?

    Oliver…

    Si

    Sabina…

    Ya lo merecías

    Oliver…

    Y a ti

    Sabina…

    Jajaja

    Claro

    Pero yo merezco más

    Oliver…

    Claro

    Inspirarme anda

    Sabina…

    No puedo más, salí a comer

    Pero puedo recibir material

    Sería como si me dieras placer visual

    Oliver…

    Mmm

    Me tienes algo

    Anda

    Sabina…

    En un rato

    Estoy en reunión

    Oliver…

    De ombligos?

    Sabina…

    Nooo

    Esa me gustaría contigo

    Pero me temes

    Oliver…

    Tú que no me mandas nada

    Jajajaja

    Sabina…

    Además yo te he rogado años

    Más de veinte

    Oliver…

    Jajaja rogado no

    Y eso es porque te sientes culpable de que me bateaste en la secu

    Sabina…

    Claro que si ha sido rogarte

    Y no es por eso

    No me siento culpable, tal vez arrepentida

    Pero igual mi karma es aguantarte

    Oliver…

    Aguantarme?

    Sabina…

    Jajaja

    Si

    Como sea, me gusta estar enamorada de ti

    Oliver…

    Jajaja enamorada?

    Sabina…

    Jajajaja

    Obvio no

    Oliver…

    No estas enamorada?

    Sabina…

    Que crees tú?

    Oliver…

    Que no

    Sabina…

    Porque crees eso?

    Oliver…

    No lo creo, realmente no conoces mucho de mi

    Sabina…

    Pero te conocí, tal vez es de ese

    Recuerdo que era la neta

    Oliver…

    Jajaja mmm o creo

    Sabina…

    Pues que incrédulo

    Como sea, me gusta creerlo

    Oliver…

    No es que lo creas, si no sentirlo

    Te enamoraste alguna vez?

    De alguien

    Sabina…

    de ti, aunque me haces dudarlo

    Y de Carlos

    Oliver…

    De Carlos?,

    De mi sé que no

    Ya manda algo que casi salgo

    Sabina…

    Como sabes tú

    Eso lo siento yo

    De ti es de el que más

    Oliver…

    Que video

    Esta delicioso creo que daba vez son más húmedos

    Sabina…

    Mmmm

    Ahora si merezco algo tuyo?

    Que rico pene, ha lo quiero en mi garganta

    Oliver…

    Solo por que me encanto quiero otro más. Cerca, tengo como 1 hr anda

    Sabina…

    Que ganas tengo de que me lo metas

    Oliver…

    No se ven las ganas

    Súbelos al correo y borra todo. No guardes nada

    Sabina…

    Estoy masturbándome viendo tus videos

    Oliver…

    Te gustaron?

    Sabina…

    Me encantaron

    Me prendiste muchísimo

    Tuve que encerrarme en el baño para bajarme las ganas

    Oliver…

    Lo grabaste?

    Sabina…

    Siiiii

    Quiero mi regalo

    Oliver…

    Ya te lo di, no te gustó?

    Sabina…

    Mmmm

    Todavía me estremece recordarlo

    Oliver…

    Te toca

    Sabina…

    Jajaja

    Ojalá me tocara contigo

    En un ratito

    A qué hora sales?

    Oliver…

    A las 8

    Por? Vienes por mi?, como ya manejas

    Sabina…

    Jajaja

    Eso quisiera

    Ir por ti

    Y estoy por el rumbo

    Me toco visitar a mi mamá

    Oliver…

    Ven

    Sabina…

    Mmmm

    Llevo acompañante

    Oliver…

    Dejalo con tu mamá

    Sabina…

    Jajaja

    Es mi hija

    Oliver…

    Ahhh tráela

    Sabina…

    Jajaja

    Seguramente

    Me dejaste esperando mi regalo

    Oliver…

    Mmm y tú?

    Sabina…

    Mmmm

    Yo que

    Oliver…

    Más material

    Solo me emocionas con ese muy húmedo

    Sabina…

    Emocionada me dejaste tú con los videos

    Oliver…

    Mmm

    Sabina…

    Pero estuvieron tan ricos

    Salivo de recordar

    Me encantas

    Y más tu pene

    Oliver…

    Mmm mentirosa

    Te gustó más yo

    Sabina…

    Mmmm

    Solo porque vienen en paquete

    Específico, porque tú vienes en el paquete

    Oliver…

    Jajaja

    Sabina…

    Que bueno, que te resulta cómica la verdad

    Oliver…

    Si

    Sabina…

    Jajajaja

    A lo que vas

    Oliver…

    Pues si

    Mmm me antojaste

    Sabina…

    Quiero que me lo metas por los dos

    Una penetración tras otra

    Oliver…

    Puedo toda la noche

    Se ven tan rica rosadita mmm tu concha

    Sabina…

    Pues no creo que aguantes despierto

    Oliver…

    Claro que si

    Y tu? Puedes escribir

    Manda algo me quede picado pero ya no podía contestar

    Sabina…

    Escribir si

    Más material no lo sé

    Todavía no se duerme, y como estoy durmiendo con ella por lo de los arreglos si podría seguir escribiendo

    Picada me dejaste, y no cómo me gustaría, picada literalmente

    Oliver…

    Jajaja

    Anda hazme algo

    Hace rato no grabaste nada?

    Mmmm

    Anda

    Ya se durmió

    Anda

    Mira, te mando este video de mi pene

    Sabina…

    Que rico

    Quisiera mamártelo

    Y llenarlo de suficiente saliva para deslizarlo por mi culo

    Oliver…

    Te gustó?

    Y que más?

    ?

  • Isabella, despertar del placer sexual

    Isabella, despertar del placer sexual

    Sucedió hace como 10 años atrás, mi nombre es Isabella, hoy tengo 40 años, soy bajita por lo que siembre uso tacones para crecer unos centímetros, tengo buenas curvas según lo que me dicen los más cercanos o los piropos en la calle, casada desde los 20 años y dos hijos de este matrimonio.

    Mi vida de casada era monótona hasta que apareció en mi vida Aníbal, lo conocí en el transporte público, trabajábamos cerca así que nos topábamos las mañanas y él era fantástico, era muy culto y respetuoso, conversábamos de muchos temas y me reía, me hacía reír que era lo que más me faltaba, rápidamente se convirtió en parte importante de mi vida y rápidamente fue mi amante. Fue como renacer, como volver a vivir, nuevamente me sentí importante, me sentí deseada

    Comenzaron los encuentros clandestinos, primero inocentes, pero cada vez se fueron poniendo más intensos, nos acariciábamos, nos besamos, éramos como novios, hasta que quedamos de consumar nuestra unión de una manera intima, ambos nos deseábamos.

    Llego el día y cuando entramos al motel me llamo la atención que el portaba una mochila, la dejo sobre el velador. Pedimos unos tragos y como siempre conversamos mientras nos servíamos estos aperitivos, cuando terminamos la copa se levantó de su silla y se paró frente a mí, comenzando a acariciar mi pelo y mis mejillas, sus dedos se acercaron a mis labios y comenzó a acariciarlos por encima, hasta que su pulgar presiono y entro un poco en mi boca chocando con mis dientes mientras me miraba fijamente, de pronto me ordeno “chúpalo” eso me estremeció, fue como un golpe eléctrico en mi espalda y de inmediato apreté mi entrepierna, lo volvió a decir “chúpalo” y comencé a chupar su dedo, lo chupaba, lo apretaba con mi lengua, no paraba de mirarme fijamente a los ojos “chúpalo como si fuera mi tronco” eso me mato, me derritió, cerré los ojos y seguí chupando su dedo, con su otra mano tomo mi mano y la puso sobre su bulto, sentí un enorme pene erecto, comencé a apretárselo mientras chupaba su dedo, mi conchita estaba completamente empapada.

    Me tomo de la mano y me invito a levantarme, caminamos hacia el centro de la habitación, se puso detrás de mí y comenzó a desabrochar mi blusa, luego mi falta, finalmente saco toda mi ropa interior, me tenía completamente desnuda y excitada, de nuevo me tomo de la mano llevándome hasta la cama a la orilla del velador, ahí abrió su mochila y saco unas esposas, me las mostro y me puso solo en una mano, yo estaba nerviosa y asustada, no sabía hasta donde llegaría este juego, luego de su mochila saco un pañuelo y antes que pudiera decir algo vendo mis ojos, suavemente me inclino hacia atrás en la cama, recostándome, acto seguido sentí la esposa en la otra mano y levanto mis brazos enganchando al respaldo de la cama la cadena de las esposas. Ahí estaba yo totalmente desnuda y vulnerable con los ojos vendados y esposada a la cama,

    Encendió un incienso o algo así que perfumo la habitación a canela, de pronto comencé a sentir algo suave en mis pezones puede ser una seda o una pluma. Por el borde de mis pechos, mi cuello, bajo a mi vientre y llego a mi entrepierna, rozo mis labios vaginales y yo me arqueaba de placer, de nervios, estaba asustada y caliente de imaginar que más haría o hasta donde podía llegar.

    Luego acerco a mi piel algo filoso, metálico y helado, imagine la punta de un cuchillo, la paso por mi cuello luego clavo la punta de mis pezones, yo jadeaba, estaba asustada, excitada al máximo, de pronto paro y espeto con voz firme “ahora serás mi puta” eso a mí me volvió loca, comencé a apretar mis piernas y antes de que me tocara tuve mi primer orgasmo de solo imaginar lo que me esperaba.

    Mi marido nunca me había dicho palabras vulgares, pero Aníbal estaba despertando algo en mi que desconocía. Sentí su lengua en mis pezones, empezó a apretarme las tetas y a chupármelas, de pronto con su mano comenzó a acariciar mi conchita mientras chupaba mis pechos, fue un dedo, luego dos los que entraron, frotando mi clítoris que estaba a punto de estallar, me acariciaba, me penetraba con sus dedos y me decía en gruñidos “eres mi puta, mi zorra, te voy a culear hasta adentro, te partiré la concha”, fue mi segundo orgasmo y un grito de hembra hambrienta que se escuchó en toda la pieza.

    Quede en blanco, en las nubes, pero de pronto me tomo de las caderas y con fuerza me dio vuelta quedando boca abajo, de nuevo los nervios y el miedo. Se me erizo toda la piel y de improviso, sin mediar palabra una cachetada en mi culo con fuerza de hombre, luego otra, grite y trate de moverme, pero con su otra mano me afirmo de la espalda, me presiono contra la cama y me volvió a dar otra cachetada y otra, y repetía “puta, puta, puta, eres mi puta”.

    Pasaron unos segundos y acercó a mi cuello algo pequeño que vibraba, lo sentí como un lápiz labial pero metálico, vibraba y zumbaba haciendo una especie de cosquilla, la pasaba por mi cuello, mi nuca, bajaba por mi espalda, por mi columna, esa vibración era relajante y a la vez, excitante por lo erótico de la situación, de pronto bajo y bajo llegando hasta mi ano y ese pequeño vibrador comenzó a rozar todo el anillo de mi ano… supuse lo peor.

    Mi marido varias veces insinuó sexo anal pero siempre lo rechacé, fui categórica, pero ahora Aníbal ni me lo pregunto y estaba a punto de sodomizarme y lo peor es que estaba deseándolo. La vibración se intensifico y suavemente me comenzó a penetrar por atrás con el vibrador, de pronto la vos de Aníbal “te voy a encular por detrás” y otra cachetada en mi culo, era placer y dolor al mismo tiempo.

    Paro unos instantes y sentí que se arrodillo atrás mío, comenzando a restregar su pene desde mi vulva hasta mi ano, por uno de los dos lados me iba a penetrar, su voz nuevamente ordeno “muéveme el culo puta”, comencé a mover el culo y sentí su glande en mi vagina, me penetro suavemente para mi delirio, milímetro a milímetro, yo movía el culo como una ramera disfrutando como nunca antes, hasta que llego hasta el fondo, sentí sus testículos chocar y ahí quedo detenido, yo moviendo el culo y disfrutando, sentí que escupió saliva en mi ano y acto seguido su dedo pulgar comenzó a acariciar la entrada prohibida, me penetro por detrás con su dedo y yo moviendo el culo, sintiéndome puta, disfrutándolo, me tenía ensartada hasta el fondo con mis dos hoyos abiertos, dijo casi gruñendo “te voy a culear zorra por el grande y por el chico” yo en ese momento estalle, unos golpes eléctricos recorrían mi cuerpo, perdí el control.

    De pronto paro y me tomo con sus dos manos de las caderas y comenzó a perforarme la concha salvajemente, me estaba taladrando, yo apretaba mis puños, apretaba los dientes y gemía, me retorcía sin poder hacer nada, abandonada al placer sexual, perdí la conciencia y la noción del tiempo, no se cuánto rato me penetro hasta que sentí que apretó sus dedos en mi culo violentamente y eyaculo en mi interior, pude sentir se leche caliente como llenaba, pude sentir su fuerza de macho, luego se desvaneció sobre mí.

    Cuando se incorporó, se sacó la venda de los ojos y soltó de una en una mis esposas, me abrazo fuertemente y comenzó a hacer cariño en mi pelo, en mi cara, me beso tiernamente por mucho rato.

    Por varias semanas no quise tener sexo con mi marido usando en las noches un camisón largo de abuela, primero que todo porque ya nada se iba a comparar al sexo con Aníbal y segundo para esconder mis cachetes moreteados y los arañazos de sus dedos en todo mi culo.

    Este fue mi despertar al pacer sexual, donde Aníbal me llevó de la mano y donde juntos recorrimos un largo camino…

  • Nuestras aventuras con la prima Elvira

    Nuestras aventuras con la prima Elvira

    Esto pasó por el año 2012, resulta que al estar viendo una exposición de pinturas en uno de los museos de Colima, de inmediato llamó mi atención una mujer con una blusa anaranjada con vivos en amarillo, pelo quebrado hasta la media espalda y un pantalón blanco medio ajustado que le hacía resaltar unas riquísimas nalgas paradas y unas piernas bastante sabrosas, motivo por el cual me acerqué y cuál fue mi sorpresa que era la prima a quien llamaré Elvira, la cual saludé de beso y abrazo, preguntándole que no esperaba verla ahí, diciéndome que por las tardes se aburría mucho y había querido salir a ver la exposición, a lo cual yo le dije que a verr que día nos tomábamos unas cervezas y me dijo que el siguiente viernes me esperaba a las 9 de la noche en su casa.

    Ella en ese entonces tendría unos 46 años, separada, que se había venido a vivir a Colima con su madre y por las mañanas trabajaba en un kínder, sin embargo por la vida que le dio su aún marido, se había acostumbrado a tomar bastante cerveza y vino sin que se le subiera demasiado, ella es muy guapa, sin embargo es un poco pasadita de peso, pero eso si tiene unas nalgas espectaculares que desde aquel día, no me quitaba el pensamiento de cogérmela.

    Resulta que el viernes como a eso de las 8 de la noche me mandó un mensaje diciéndome que solamente me llevara una botella de whisky que ella ahí tenía un six de cerveza y agua mineral, diciéndole que llegaría un poco más tarde, yo para ese entonces estaba separado de mi esposa, así que ni tardo ni perezoso llegue alrededor de las 9:20 de la noche toqué y ella se asomó por el balcón diciéndome que la puerta estaba abierta que subiera a la casa, así que subí y saludé a su mama, una persona ya mayor y después de la plática de costumbre nos dijo que ella se iba a dormir, así que nos dejaba, por lo cual nosotros nos fuimos al comedor de su casa, el cual está pegado a la cocina, y ahí estuvimos primero bebiendo cerveza como hasta las 11 once de la noche y oyendo música disco, recuerdo que la prima traía su pijama un pantalón pegadito que hacía que su bikini se le notara a media nalga, y un blusón también pegado a su cuerpo.

    Ya en el calor de la plática que comentaba toda su vida de miserias que pasó con su aún marido, y el por qué decidió separarse de él, a lo cual yo le escuchaba con toda atención, resulta que yo le pregunté que desde su separación, no había estado con otro hombre, la cual me dijo que de repente tenía un amigo que le insinuaba algo, pero que a ella no le atraía, diciéndome que así de fodonga quien se iba a fijar en ella, a lo que de inmediato le dije que nada eso, que estaba como los vinos, mientras más maduros mejores, empezándose a reír, mientras yo tanteaba el momento de ver si su mama, ya estaba bien dormida, así serían las 12 de la noche hasta se acabaron los hielos y me dijo que iba a la cocina por más, para lo cual yo le pedí que si tenía un vaso de cristal, porque el whisky me gustaba en ese tipo de vasos.

    La seguí hasta la cocina y me puse a sacar hielo del refrigerador, diciéndome que los vasos estaban en el estante más arriba, ella puso un banquito para alcanzarlos a pesar de ser una mujer alta, lo que yo aproveché para tomar su cadera y repegar mi verga con sus nalgas, a lo cual ella me dijo, “estate quieto”, lo que aproveche para voltearla hacia mí, y darle un beso húmedo en su boca, notando que se puso nerviosa y me dijo “que no ves que somos primos, mi mamá nos puede ver”, a lo que yo insistí en seguirla besando, y viendo que me correspondía, le agarré sus nalgas con mis manos, empezando a manosearla, diciéndome “para Paco, mi mama nos puede ver, además somos primos”, yo ya estaba bien caliente, así que la empecé a besar en su cuello, lo que hizo que ella se estremeciera, y me dijo, “Aquí no” otro día.

    Así que nos volvimos a sentar en el comedor y serían como eso de las 2 de la mañana, que me despedí, no sin antes ya en la escalera para bajar a la calle, volví a repegar sus nalgas con mi falo, y se lo restregaba, mientras aprovechaba para besarle su cuello y con una de mis manos, masajear sus tetas y con la otra meterle un dedo por dentro de su calzón, para confirmar que estaba su pucha bien mojada, diciéndome “Paco mi mama nos puede ver, además somos primos”, yo para ese entonces estaba bien caliente, así que seguía con mi acometido dándole un faje de aquellos, sacando mi falo el cual repegaba con su culo, y después de un buen rato, de estar dándole dedo en su rica pucha y manoseándole sus tetas, y besándola a placer, sentí que me iba a ir, le bajé su pijama y le aventé todo el semen sobre su calzón, el cual no dejaba que se lo quitara, ella me dijo, “Paco, aquí no, mi mamá nos puede ver”, así que nos despedimos y quedamos de marcarnos al siguiente día.

    Al día siguiente me marco, diciéndome que había amanecido muy cruda y que quería estar todo el día dormida, así que deje que pasarán los días y de repente sería entre semana recibí un mensaje de ella diciéndome que se le había descompuesto su carro y que le daba pena pero quería ver si le podía prestar dinero para arreglarlo, así que le dije que saliendo de su trabajo pasara a mi oficina, que a esa hora estaba cerrada, que la iba a dejar la puerta de entrada emparejada, que en cuanto llegara la cerrara, así que siendo las 4 de la tarde, oí que la puerta se cerró, y entro a la oficina, nos saludamos y me dijo que le daba pena, pero que ocupaba el dinero, así que la lleve a mi privado y lo cerré con seguro, ya dentro estuvimos platicando, y le di el dinero, la notaba como rara porque yo no le decía nada de nuestro encuentro anterior.

    Así que cuando ella se disponía a salir de mi privado, la tomé de la cintura y la atraje hacia mí, y la empecé a besar, ella solamente me decía, “Paco ya me tengo que ir, mi mama me está esperando”, sin embargo yo no escuchaba de razones, y le quité el pantalón que traía puesto y la blusa dejándola solamente en ropa interior, así que el brassiere, lo desabroché y le empecé a besar y mordisquear sus pechos, viendo como sus pezones se ponían duros, y su respiración se hacía más profunda, para ese entonces mi verga ya la sentía cada vez más dura y con mucho líquido preseminal, así que le quite su calzón, y le abrí completamente sus piernas y la senté en el sillón de visitas y yo de rodillas, con uno de mis dedos, le penetraba su rica almeja y con mi boca y lengua me estaba dando un banquetazo, dándole una rica mamada de panocha, ella gemía “mmm, uff, que rico, augg…”, era tanta su calentura que mi mano y mi boca se empezaron a llenar de sus líquidos y su cara se descomponía del placer que sentía.

    Cuando me paré y me disponía a sentarla sobre el escritorio para penetrarla, ella estaba que reventaba de caliente y me decía, “Ya Paco, métela, uff…” escuche a un compañero de oficina que llegó haciendo ruido, y eso nos puso fríos, lo que hizo que mejor nos vistiéramos y cuando salimos ella se despidió y todo quedó así.

    Posteriormente les contaré lo que paso en semanas siguientes con la prima Elvira.

  • Mi primera vez con una mujer mayor que yo

    Mi primera vez con una mujer mayor que yo

    Ella tiene 45 años, o al menos eso creo ya que nunca me ha precisado su edad y es por su cabello un poco cano que pienso que tiene algunos años más. Es delgada y no muy alta, si uno la mira de reojo pensaría que no tiene mucha gracia por la ropa holgada que suele usar y vaya error quedarse con esa primera impresión. Sin embargo, además de un físico bastante bien cuidado (que por supuesto aprecié a mis anchas en el clímax de esta historia) ella posee una mente ágil y muy abierta; hasta el momento de conocerla creí que pasando cierta edad todos nos volvíamos necios y herméticos, por lo que me complace haberme equivocado y comprobar su inteligencia y su ansia de conocer y experimentar.

    A Maribel, así llamaré provisionalmente a mi amante protagonista, la conocí cuando un amigo me pidió apoyarlo en su negocio pues él debía salir de la ciudad junto con su esposa por algunos días. El negocio no es más que una tienda de papelería y artículos de oficina y yo solo tenía que supervisar la entrada de productos y monitorear las ventas. En el instante que llegué al lugar noté que Maribel por si sola podía hacerse cargo de todo el asunto, pero algo de ella me llamó la atención y es que enseguida congeniamos, teníamos puntos de vista similares y nuestras charlas rápidamente se volvieron extensas y en cuestión de días ya le llamaba por teléfono para seguir hablando. Estuve laborando en el lugar por un mes, tiempo en el cual nada sugestivo había pasado.

    Cuando mi amigo y su mujer volvieron, me comentaron que querían que los ayudara un poco más pues iban a estar muy ocupados para atender los pormenores de su tienda. Accedí encantado, sobra decir que la razón no era ni la paga ni la relación que mantenía con ellos sino Maribel que llamaba cada vez más mi atención.

    Y es que en ese momento yo tenía una relación con una mujer de mi edad (27), las cosas iban bien pero sentía que se iba haciendo cada vez más monótona nuestra rutina; a pesar de eso el sexo era muy intenso y frecuente (llegamos a follar en la pequeña bodega de la tienda mientras Maribel salía a comer, procuraba hablar con mi entonces novia mientras Maribel estaba cerca y en cuanto se iba nos encerrábamos y jadiamos como locos, casi nos descubren un par de veces algunos clientes, tal vez esto sea parte de otra historia pues de momento quiero extenderme en mi relación con esa mujer madura).

    Una vez, por accidente, Maribel descubrió un condón en mi bolsillo y solo se limitó a decirme «Vaya chiquillo picarón que eres», lo cual hizo que empezara a considerar que yo también le interesaba para algo más que hablar y que, de cierta manera, mi relación le importaba poco, pues lejos de mostrarse seria parecía divertida y juguetona con ese pequeño accidente.

    Maribel y yo de pláticas extensas pasamos a tener momentos de jugueteo, había ocasiones en las que se comportaba como una chiquilla al grado de tomar cosas de mi mochila para hacer que yo intentara quitárselas. En una de esas ocasiones tuvimos un primer exceso de la relación de amigos que veníamos manteniendo. Estábamos en la típica persecución por toda la tienda, entonces me acerqué por su espalda para tomarla de los brazos y alcancé a rozar sus pechos que se sentían bastante firmes, más de lo que esperaba, por su edad pensé que serían más flácidos, y acerqué mi vientre a sus nalgas por accidente ella me empujó hacia atrás y perdí el equilibrio con una caja que estaba detrás al nivel del piso.

    Caí sentado sobre la caja y por la inercia del movimiento jalé hacía a mí a Maribel quedando sentada en mis piernas. Estaba inmóvil, no sabía exactamente qué hacer pues todo sucedió muy rápido y fue ella quien hizo el primer movimiento; se acomodó sobre mis piernas y me acarició el rostro suavemente, yo la tomé de la cintura cuando fuimos interrumpidos por un cliente que entraba.

    No hablamos sobre lo sucedido hasta días después. Cerrando el negocio la invité a caminar por una plaza cercana. Después de dar un par de vueltas y hablar de cosas que realmente no me interesaban nos sentamos en una banca, por la oscuridad del sitio y de la hora el lugar que elegimos empezó a ocultarse en las sombras. Me animé entonces a robarle un beso que no vaciló en responder, me permitió besarle el cuello, pronto tenía una erección muy notoria bajo el pantalón.

    Sin embargo, imagino que por la vergüenza de estar en un lugar público, me pidió que esperara, que quería «hacer cosas» pero no era el momento. No insistí, nos despedimos en ese mismo lugar y llegando a mi casa le llamé por teléfono, aquella llamada se extendió hasta más de media noche y de hablar de lo que hacíamos en el momento pasamos a hablar de nuestras fantasías y de lo que haríamos apenas estuviéramos juntos; escuché claramente sus gemidos del otro lado y el sonido de sus dedos entrando por su sexo húmedo mientras repetía mi nombre con fuerza y excitación, lo que me hizo venirme al menos un par de veces mientras exclamaba su nombre.

    Al otro día, apenas nos vimos sabíamos que no terminaría el día sin consumar lo que habíamos comenzado la noche anterior. Ni recién había llegado a la tienda cuando mi novia me llamó para decirme que planeaba visitarme, la convencí de ir otro día con la mentira de que debía hacer inventario y por ende estaría muy ocupado para poder estar con ella. Hasta entonces no había tenido problema alguno con mi novia, nunca dio señas de sospechar que algo sucedía con Maribel, trataba de ser discreto al respecto y mi amante madura parecía entenderlo y se volvió mi confidente.

    Apenas le colgué a mi novia, Maribel me llamó desde la bodega para que fuera, no había entrado cuando se lanzó a mi besándome desesperadamente y me acercaba a ella con sus manos como para no separarnos de ese beso.

    Por fin tuve la libertad de tomarla firmemente por la cintura y me di a la tarea de hurgar bajo su blusa, sentir su piel tersa de arriba a abajo, ella se arqueaba con cada caricia y solo se mantenía besándome con el mismo ímpetu. Nos importó poco que entraran clientes a la tienda, escuchamos un par de llamados pero no respondimos y al cabo se marcharon. No sospechaban que tras la única puerta del local estábamos teniendo un exquisito arrebato de pasión.

    Al final la pude separar de mis labios solo para darle media vuelta y poder acariciar sus pechos mientras seguíamos besándonos y ella restregaba sus nalgas contra mi verga aún dentro del pantalón. Levanté su blusa para poder liberar sus pechos de su brassier, uno muy coqueto de encaje, y los amasé con firmeza, descubrí un par de grandes pezones cafés que se sentían hinchados y parecían implorar por ser lamidos y mordidos. Nuestra respiración era cada vez más agitada y en mi pantalón ya no cabía mi carne, entonces guíe una de sus manos, que desde que acariciaba sus pechos no hacían más que guiarme desde su nacimiento hacía la punta y de regreso, hasta mi pantalón y la posó sobre mi bulto con fuerza para sobar por encima de la mezclilla.

    Así estuvimos largo rato, fundiéndonos en un excitante beso. Acto seguido me recargué sobre una mesa que había a lado y jalé por la cintura a Maribel de manera que quedó sentada sobre mi vientre, empezó un movimiento circular lento sobre mí y por momentos simulaba dar sentones suaves. Me ofrecí a quitarle el pantalón despacio mientras seguía moviéndose y rozándome, hasta entonces había evitado tocar su sexo pero apenas pasé mi mano por encima de su ropa interior sentí una gran humedad que no se detenía sobre una espesa mata de vello que me excitó y me invitó a meter un par de dedos que en seguida le sacaron gemidos.

    Levanté con mis brazos sus piernas para acomodarnos mejor: yo sentado sobre la mesa y ella sobre mí y abriéndole las piernas para dedearla con mayor libertad. Suspiraba, gemía y respiraba muy ruidosamente y eso me excitaba también, entre sus gemidos me dijo que quería chuparme.

    Entonces nos levantamos, se puso frente a mí y con movimientos lentos y sensuales me fue desabotonando la camisa, se acercó a mí oído y me dijo «lo que voy a hacerte pocas veces lo he hecho, no me gusta hacerlo porque me hace sentir sucia, pero a ti quiero darte un trato especial». Le respondí besándola en la boca y metiéndole mí lengua que se encontró son la suya empezando un delicioso juego.

    Al ir desabrochándome la camisa iba besando mi pecho y cada rincón de mi torso, besó y mordió mis pezones despacio y les dio ligeros lengüetazos que me ponían a mil. Bajó despacio, poco a poco hasta llegar a mi cinturón y con una magistral habilidad lo desabrochó seguido del botón del pantalón y del cierre para bajarlo junto con mi bóxer y sacar mi carne de su encierro.

    Hasta a mí me sorprendió lo hinchada que ya estaba. He de decir que no tengo un pene muy grande pero, será por la excitación del momento, había alcanzado un buen tamaño y Maribel me lo hizo saber; «Mira lo que me tenías guardado, se ve muy bien. Espero poder hacerte sentir mucho placer». Con esas palabras ya estaba sintiendo más placer que con otras amantes, que con mi propia novia, y se lo hice saber: «te compensaré por todas estas sensaciones, te haré mi mujer hasta que ya no podamos».

    Yo mismo creí que lo dicho me lo había sacado de una novela pero a ella le excitó o eso noté cuando sonrió y tomó mi verga con su mano y empezó a masturbarme lento pero firme mientras acercaba sus labios a la punta y después de un par de besos y una lamida traviesa se lo metió completo a la boca. Yo estaba en el paraíso, hice lo posible por no hacer demasiado ruido.

    Me había mentido, estoy seguro que le gustaba usar su boca para dar placer, pero lejos de sentirme engañado mi libido aumentó. Mientras ella subía y bajaba por mi miembro con su lengua y succionaba y chupaba mis testículos, yo acariciaba su espalda y sus nalgas, hurgando su culo y metiendo un par de dedos en su sexo. Ambos gemíamos sin control, hasta ahora no sé si alguien nos habrá escuchado. Aunque estaba gozando de lo lindo, la separé bruscamente y le dije «es mi turno».

    La levanté y la recargué de frente a la mesa, abrí sus piernas y me agaché para meter mi cabeza entre sus piernas y lamer su vagina; hasta ese momento no me había encontrado con un sexo con vello tan abundante pero eso no me impidió succionar sus labios y probar sus jugos, sintiendo un par de espasmos en un par de ocasiones. Fue ella la que me dió un empujón haciéndome caer sobre mi espalda, antes de que me pudiera levantarme se hinco abierta de piernas a la altura de mi pelvis y fue bajando hasta que su sexo se encontró con el mío y empezó a moverse suavemente rozando, yo le seguí el juego y ciertamente fue excitante sentir su calor y su humedad.

    En esa postura nos besamos desenfrenadamente y al separar nuestras bocas le dije «ya es suficiente, ya te la voy a meter…te voy a coger» y sin responderme si quiera guío mi verga a su vagina y poco a poco entré en ella, se sentía muy estrecho. Nos volvimos a besar una vez que empezó a mover sus caderas en unos ruidosos sentones, era lo que había estado fantaseando por mucho tiempo, que bien se sentía. Se movía frenéticamente pero no contaba con mi aguante (con mi novia había follado largas jornadas sin venirme, deteniéndonos solo para tomar algo o simplemente descansar y abrazarnos).

    Más pronto que tarde se levantó, como había permanecido en cuclillas todo el rato se había cansado más rápido que yo. Fue ahí que al levantarme la cargué, ella me rodeo con sus piernas y por detrás de sus rodillas la sostuve, fue fácil entrar de nuevo en Maribel. Me rodeo por el cuello con sus brazos y empezó a rasguñarme la espalda, era una pantera en celo y no que no logró más que prenderme más y acelerar mis embestidas. Gemía y me decía al oído «que rico se siente», «me gusta como me tomas», «hazlo más rápido» pero lo que me excitaba más era escucharla decir mi nombre y yo respondía entonces con el suyo. No duré demasiado y le dije «voy a venirme, te voy llenar de leche», «si lléname toda» respondió y en ese momento un fuerte espasmo nos recorrió a ambos.

    Me vine dentro de ella, me había venido más que en muchas otras veces. Se aferró más fuerte a mi cuello mientras eso sucedía y sentí el temblor de sus piernas alrededor de mi cintura, repitió una vez más mi nombre «Jorge» despacio a mí oído y la besé mientras la recargaba en la mesa de la bodega, ahí se recostó y pude ver cómo salía mi semen de entre sus piernas. Maribel apenas estaba reaccionando pero percibió que la miraba y se llevó sus dedos a su sexo para meterlos y sacarlos llevándose un hilo de nuestros jugos mezclados en ellos.

    Me recosté con ella como pude, abrazándola y dándole besos en sus pechos, hombros, cuello y labios hasta que ambos nos repusimos. Nos limpiamos y tratamos de ordenar la bodega. Antes de salir me tomo para besarnos una vez más y me lanzó una mirada pícara y una sonrisa. Estábamos satisfechos. Salimos y ya nos esperaban un par de clientes, no tengo idea de cuánto tiempo nos dedicamos a darnos placer pero debió haber sido alrededor de una hora, para nuestra suerte ningún cliente había insistido con permanecer en el lugar y al parecer nadie escuchó nuestros gemidos.

    Claro, cada vez que podíamos nos besábamos o acariciábamos y un par de veces más nos encerramos en la bodega. Al menos así fue por un par de semanas más hasta que, por un descuido, mi amigo, el dueño, nos sorprendió a mi y a Maribel besándonos muy apasionadamente. Eso no pareció agradarle a su esposa y me pidió irme pues me dijo que si eso continuaba podía perder seriedad su negocio y demás cosas que considero tontas.

    Aun así seguí viendo a Maribel en otras circunstancias que después he de contar.

  • Madre soltera busca trabajo

    Madre soltera busca trabajo

    Tocaron el timbre y fui a abrir. Era Laura, una vecina del mismo edificio. Muy guapa, debo decir, me encantaba su belleza latina que no desmerecía pese a tener ya dos hijos.

    Lo primero que me dijo al abrirle la puerta fue que si me interesaba que mi hiciera la limpieza del departamento.

    —Ah, pero si vienes bien preparada —le dije al ver que traía todos los utensilios de limpieza en las manos.

    Luego cometí la torpeza de señalar lo obvio: ella estaba en una situación difícil con respecto a su economía familiar y hacía eso con tal de lograr algún ingreso. Se lo señalé e inmediatamente me di cuenta de mi estupidez. Debí simplemente aceptar y no decir pendejadas, pero ya lo había hecho, así que ella sólo sonrió y asintió.

    Ya hacía días que había notado que el esposo de Laura no se le veía más por ahí, por lo que había supuesto que la había dejado.

    Era evidente que Laura se había quedado sola con sus hijos. De seguro el muy cabrón del marido no le pasaba la pensión alimenticia.

    Después de darme cuenta de mi pendejada, al ponerla incómoda, la invité a pasar.

    Imaginé que ofrecer esos servicios a un vecino de por sí le podría parecer un tanto vergonzoso. Sé que no tenía nada de denigrante pero comprendía su situación.

    Le indiqué que podría empezar por donde quisiera, ya sabrán, siendo yo soltero y a esas horas la sala, el comedor y la cocina eran un total desastre. Había suficiente quehacer para que ella se dedicara toda la mañana.

    Se puso manos a la obra mientras que yo abrí mi compu. En realidad no pude trabajar en ella, sólo de verla trabajar me distraía. Es que tiene un culazo bárbaro que no dudé en admirar, aprovechando que la tenía ahí, pa’ mí solito. Cada que se inclinaba a recoger algo agradecía por mi suerte.

    Mientras la veía realizar limpieza pensé que era una tristeza que una mujer tan buenota tuviera que ir de puerta en puerta ofreciendo esos servicios. Platiqué con ella y me confirmó que su güey la había dejado. Traté de ser empático sobre su situación y le dije que su marido era un irresponsable por no hacerse cargo de los gastos.

    Así continuamos conversando tratando siempre de brindarle confianza. En eso se me ocurrió una idea. Le ofrecí una cantidad económica para que se ayudara en sus gastos. Por supuesto ella se resistió a aceptarlo de buena gana. Ya saben, por decente. Yo, sin embargo, insistí comentándole que no lo tomara a mal. Bien podría considerarlo un préstamo. Una vez mejorara su situación me podría devolver y listo.

    Le dije que no estaba dispuesto a permitir que una mujer tan buena y tan hermosa pasara penurias sin necesidad. Le enfaticé que las mujeres como ella se merecen el cielo por ser bellas, a pesar de todas las labores diarias, en particular al cuidar de los hijos. Digo, los hombres debemos de reconocer ello pues la mayoría tuvimos madre, ¿no?

    Ella se rio del comentario y aceptó el dinero que le ofrecía.

    Minutos más tarde ya estaba por acabar con la sala, y por tanto con todo el departamento, cuando me jugué el todo por el todo. Habíamos estado conversando sobre sus hijos. Estos estaban en un colegio de paga y, dadas las nuevas circunstancias, ella pensaba sacarlos y llevarlos a una escuela pública, de gobierno, pues claro que no podría continuar pagando las colegiaturas. Fue ahí que le hice ver que eso sería perjudicial para los chicos pues, la verdad, el nivel de las escuelas públicas en estos días está por los suelos. Pero más que eso estaba la ruptura de sus relaciones sociales en su actual colegio. Le comenté que debería tener en cuenta que ese tipo de relaciones son fundamentales para su futuro.

    Ella sopesó mis palabras y yo me sentí con “un pie adentro”, la tenía donde quería. No esperé más, le ofrecía cubrir sus colegiaturas por un año a cambio de un servicio extra.

    Por supuesto no aceptó de inmediato, pero luego de un rato de insistencia lo hizo.

    Laura se retiraba la última de sus prendas frente a mí. Sus carnes morenas, sus carnes de madre, eran tan bellas como siempre había imaginado, deliciosa. Era una preciosura de mujer, una súper hembra de culo latino. De verdad que no entiendo por qué el marido fue tan pendejo de dejarla. Dudo que encontrase alguien mejor.

    Tras señalar lo obvio ella respondió a mis calificativos de su belleza con silencio. Se le notaba ciertamente avergonzada de mostrar su cuerpo a un extraño, pero es que debía saber que estaba haciendo un buen trato. Ya le había depositado parte de lo prometido en su cuenta bancaria, vía digital y le prometí que mes con mes cumpliría.

    Tras haber gozado de ver su cuerpo al desnudo mientras continuaba con las labores hogareñas (el trato era que terminaría su faena así, encuerada, como si nada) le pedí que también hiciera mi recámara. Eso no había estado contemplado en un inicio, sin embargo, como no era demasiado aceptó. Claro que yo tenía mi plan.

    “Oye, estarás de acuerdo que yo me ponga cómodo”, le dije señalándole que, según nuestro trato, yo no tenía prohibido sacarme la ropa también, total, mientras no me le fuera encima. Y así que lo hice. Ella, por supuesto, se mostró incómoda de verme ahí desnudo. Yo por mi parte me senté en un sillón y viéndola dejé que una erección diera perfecta cuenta de lo que ella me provocaba. No sólo la dejé ser, sino que procedí a atender mi falo sobándolo, dándole a entender que ella me excitaba hasta tal punto.

    Laura trató de simular que eso no le afectaba, pero fue evidente que sí. Su nerviosismo e incomodidad fueron palpables para mí, y eso sólo hizo que la tuviera más dura.

    Mientras ella estiraba la funda de mi cama, con evidente incomodidad y nerviosismo trataba de detener sus bamboleantes senos pues éstos, al ser voluminosos, se balanceaban de aquí para allá cada que se movía.

    Lo que debía serle un atributo le avergonzaba, no podía creerlo. Se le bamboleaban de una forma riquísima para mí, aunque vergonzosa para ella, qué contradicción.

    «Es que estás bien dotada, no debes de avergonzarte», pensé en decirle, pero me limité a sólo pensarlo pues no quería caer en el error del principio y hacerla sentir incómoda, y menos en ese momento en el que me disponía a ir por “el oro”, por así decirlo.

    “Ya así déjalo, ven y siéntate”, le dije sin dejarme de manuelear mi propia erección. En mis adentros yo quería que se sentara pero justo sobre mi verga, jaja, por supuesto.

    Laura se sentó en la cama, delante de mí, con una expresión de evidente molestia marcada en el rostro; de seguro debida al verme cómo me masturbaba en su honor. Queriendo o no, le dio un vistazo disimulado a la dureza de mi carne, sabiendo en su fuero interno que ella era la causante.

    “De seguro ya te quieres ir”, le comenté señalando lo obvio (eso sí, sin detener mi labor manual).

    “Pues sí, ya terminé y pues… mis hijos, tengo que darles de comer y…”, me contestó.

    Sabía de sobra que ella deseaba poner fin a la situación lo más pronto posible. No obstante le hice una nueva propuesta. Ahí mismo, con mi celular le indique que de inmediato estaba dispuesto a transferirle una cantidad aún más alta de lo que habíamos pactado, si me permitía hacerle todo el “numerito”, es decir, penetrarla como si yo fuera su marido y ella mi mujer.

    Estaba claro, ahí mismo ella podía ver cómo le hacía la transferencia (a bendita tecnología) sin duda de por medio. No había manera de que yo la engañara, bien podía comprobar que el dinero estaría depositado en su cuenta.

    “Mira, déjame penetrarte, es sólo una vez y te doy lo que ni tu marido te ha dado. Déjame hacerte esto tan mínimo que te pido y te libraras de preocupación por los menos los meses siguientes”

    La entrada en su cuerpo fue todo lo deliciosa que yo había imaginado. Pese al preservativo que había entre nosotros sentí su calidez pues dicho condón era de poliuretano (por eso uso de esos). Hubiera preferido hacérselo al natural pero ya saben, puso sus peros. No obstante ver mi verga traspasar por en medio de aquellas voluptuosas nalgas morenas ya me recompensaba.

    Verla de a perro fue de lo más excitante, le quedaba al puro pelo esa posición sexual. Mientras la agujereaba pensé en lo necesitada que estaría de esto, y claro, no hablo del dinero, a lo que me refiero es al ingreso de la carne de macho. Después de todo ya llevaba varios días sin marido en casa (y en cama). Y, después de todo, no cualquier mujer se viste de leggings para ir a hacer limpieza a casa ajena (bueno, eso pienso).

    Tras varios minutos de firme ayuntamiento, y ya habiendo la confianza necesaria, es decir, ya después de que mis metidas le sacaron su jugo y algunos evidentes placeres que le noté al mirarle la sonrisa en el rostro, le pedí que me diera un merecido mamón, este sí, al natural. Al sentir el advenimiento de mi venida no desperdicié la oportunidad y me le dejé ir en su boquita sin decirle “agua va”.

    Como me había afianzado de su nuca a dos manos no tuvo de otra que tolerar la deposición de mis espermas en su boca por lo menos unos segundos. Estuve tentado a cerrarle sus fosas nasales para que se los tragara, pero no quise verme tan pinche. Obviamente, como mujer decente que es, los fue a escupir al baño (no se quiso tragar mis hijos, jeje).

    Luego de yo eyacular, y de ella limpiarse, vestirse y arreglarse, recogió sus cosas y se fue. Pero para mí el gozo no había acabado, por fortuna. Y es que, para mi bendita buena suerte, justo ese día había estrenado un nuevo gadget, eran unos lentes con una cámara oculta integrada. Por verdadera fortuna los llevaba puestos al abrirle a Laura, pues los estaba probando. La había estado grabando desde que me ofreció su servicio hasta que copulamos sin que ella lo supiera.

    Me había quedado con un bonito recuerdo de mi vecina. Uno privado, supuse al principio, sin embargo, luego de hacerme la enésima pajuela viendo las grabaciones lo pensé mejor:

    Abrí un sitio en internet donde ofrecí los servicios de la protagonista de esos videos. Gracias a lo grabado pude armar un promocional de los favores que aquella podría brindar a hombres con el poder adquisitivo suficiente como para pagar sus servicios.

    La oferta partía desde sólo hacerles la limpieza; hacerlo, pero desnuda, y, por supuesto, un paquete especial que incluía el exclusivo servicio extra en donde ella se dejaba penetrar. Todo con su justo precio.

    No pasó mucho tiempo para que algunos se mostraran interesados. Ahora bien, yo sabía que no todos realmente pagarían, pero una vez colocara un número de cuenta donde depositar ahí sí que se vería claro el interés, y así fue-

    “Mira, ya van por lo menos diez personas que han solicitado tus servicios y que realmente han hecho el primer depósito, ya sólo falta confirmar fecha y hora y que ellos depositen la otra parte. Anímate, como esto es de prepago no te arriesgas a que no te paguen”, le dije a Laura tratándola de convencer; ella aún se veía desconfiada, incrédula.

    “Son verdaderos clientes, los depósitos ya están comprobados. Están en la cuenta bancaria y te los estoy transfiriendo justo en este momento”, le señalé.

    “Este dinero ya es tuyo —le insistí—. Yo sólo cobraría el porcentaje que ya te mencioné, por mantener el sitio y coordinar tus citas, pero tú te llevarás la mayoría de ingresos, te lo juro pues es lo justo, claro, tú harás la labor principal de este negocio”.

    Y así cambió todo. Laura aceptó el negocio.

    En poco tiempo la página: “madre_soltera_busca_trabajo.com” recibió miles de visitas y los suficientes clientes como para que Laurita estuviera tan ocupada (aunque a la vez desahogada de preocupaciones económicas) que necesitaba de otras colaboradoras. Pronto contratamos a otras mujeres que estaban en similar situación y que necesitaban recursos económicos. Fue un gusto ayudar así a tantas madres solteras quienes se las veían bien duras para llegar a fin de mes. Les dimos un trabajo bien remunerado y a su vez cumplimos el deseo a nuestros clientes de que una bella mujer les hiciera el aseo completamente desnuda, y sí, pagaban lo necesario, podrían cerrar la jornada de las aseadoras ensartándoselas como fino remate a su labor.

    FIN

  • Pillé a un hetero pajeándose en el cyber

    Pillé a un hetero pajeándose en el cyber

    Este es un relato 100% verídico. Me ocurrió hace unos años.

    Iniciaré por presentarme, me llamo Alex, tengo 23 años. De tez morena, alto, delgado pero definido y proporcionado por los años que fui a gimnasio (desde los 17 hasta los 21 años), cabello castaño y rizado. Yo solía visitar un cyber administrado por un amigo de la universidad, solía llegar y jugar videojuegos con él en los momentos en que él no atendía clientes y no hacía algo de trabajo. En algunas ocasiones le pedía me dejara usar una de las computadoras del cyber para revisar redes sociales, jugar o sólo ver un poco de porno.

    En mis tantas visitas al cyber, noté a un chico de unos 25 años o más. Muy rico, aunque un poco más bajo que yo (mido 1.75 m), tenía uno de esos cuerpos que son el resultado de buenas jornadas de gimnasio. El tipo es todo un adonis, un rostro guapo, cabello castaño, de tez blanca, con un cuerpo muy bien definido y proporcionado, tiene un culo de campeonato y ya que generalmente iba con uniforme de trabajo (al parecer trabaja en un farmacia), usaba pantalones ajustados que invitaban a más de uno a quedarle viendo el culo. Siempre notaba como las miradas de mujeres y hombres (hasta heteros) no podía evitar darle un vistazo completo. La primera vez que lo vi no pude evitar comérmelo con los ojos, el tipo me calentó desde ese primer encuentro.

    En varias de mis visitas posteriores, el chico también llegaba, generalmente a hacer llamadas internacionales. Cierto día llegó en ropa de gimnasio. Un camisa a tirantes y un pantalocillo, ufff ¡qué espectáculo de virilidad era eso! Sus brazos muy gruesos y bien definidos, su barba de tres días, sus piernas que estaban completamente ajustadas al short que usaba y ese culo riquísimo. De sólo verle no pude evitar tener una erección, obviamente no se podía notar, yo estaba sentado en un sofa jugando mientras mi amigo lo atendía. El chico llevaba un accesorio innecesario: su novia. Ahí me enteré que era hetero. Bueno, no podía fantasear con que le fueran los chicos, porque si así fuera tampoco imaginaba pudiera pasar algo entre ambos, parece de esos chicos engreídos porque saben que están buenos y todos los desean, y yo no voy con esas personalidades.

    Pasaron semanas y hasta meses después de esa primera vez lo vi, antes de que ocurriera lo que les relataré. Ya verlo en el cyber se volvía una tradición. Más o menos calculaba las horas y los días en que pasaría a hacer su habitual llamada (casi todos los jueves y sábados a las 6:30 pm). Llamaba a su familia, creo que su madre que, radicaba en España. Lo sé porque en una ocasión mi amigo tuvo que ir al baño y me pidió que atendiera durante ese tiempo y me toco atenderle. Los nervios y lo poco atinado que me veía al atenderlo no será objeto de este relato.

    Así, un viernes por la tarde, estaba aburrido en casa. Decidí tomar mi bicicleta e irme donde Diego (mi amigo del cyber), llegué y no tardamos en pedir comida china y ponernos a ver una peli mientras los clientes se iban a la cabinas a usar las computadoras (las cabinas estabas juntas unas a otras, no era cubiertas, pero la divisiones impedían que pudieras ver la pantalla del cliente de al lado y la mitad del cuerpo sentado estaba dentro de la cabina). A eso de las 8:00 pm llegó la novia de Diego mi amigo y para no hacer estorbo, le pedí que me desbloqueara la computadora de al rincón. Me fui a mi cabina y a los minutos, el adonis apareció. Obviamente, desde que entró, yo subí la mirada para poder apreciarlo bien. El chico usaba un short azul holgado, una camiseta blanca con la cual se miraban sus hermosos brazos, usaba una gorra y tenis. Para mi sorpresa no pidió una llamada, sino una cabina. Mi amigo le dio la que quedaba en el extremo contrario a la mía (en línea recta). Entre él y yo habrían otras cinco personas usando computadoras, así se me hacía difícil poder verlo de vez en cuando.

    Al pasar medía hora los clientes que estaban en las computadoras de en medio se fueron yendo, hasta que en esa fila sólo quedábamos él y yo. En una de las tantas miradas que lance para poder disfrutar de su vista lateral (a la mitad por que la mitad de su cuerpo estaba dentro de la cabina) me pareció notar un vaivén de subida y bajada de su brazo derecho. Eso me calentó de una, imaginar que tenía tremendo semental a unos pasos y caliente, me prendió. Mi amigo me llamó, me dijo que me hiciera cargo de la computadora administrador por unos minutos ya que iría a acompañar a su novia de tomar un taxi. Cuando me puse de pie, el chico que me traía loco, volteó a verme, pude notar como cerraba páginas antes que yo pasara por detrás de su cabina. Me senté en el escritorio del administrador y no pude soportar la tentación de ver lo que hacía ese chico en su computadora. Me metí al ControlCyber y me fui a ver que veía. Obviamente estaba viendo porno, hetero, reproducía un video de una chica que era cogida por un chico mientras otro los veía sentado desde un sofá. Era de esos videos de simulación, donde el novio pone a coger a la novia con otro tipo.

    Descubrir lo que mi Adonis hacía me puso caliente y nervioso. No sé por qué tantos nervios, pero hasta temblaba y no sabía como reaccionar. Al volver mi amigo, me dijo que todavía faltaba una hora para que cerrara y me preguntó si jugábamos algo. Le dije que no, que tenía que revisar unas cosas de la U. y que me prestara de nuevo la PC que usaba antes. La misma dinámica, el chico me volteó a ver, noté que cerraba o minimizaba páginas antes de que yo pasara por atrás. Después de eso, cuando me senté en mi cubículo no hice más que ver de forma disimulada hasta el otro extremo, ver el vaivén de aquel brazo me excitaba y me ponía nervioso. Sabía que ese tipo tan rico tenía su verga empalmada y que él estaba caliente. Quería que fuera mi mano la que lo estuviera pajeando, o mi boca o mi culo (generalmente soy activo, pero ese chico me inspiraba a querer darle el culo).

    Así pasé varios minutos, a momentos él se detenía y volteaba a ver a su alrededor «disimuladamente». Yo en esos momentos ponía la vista en mi monitor. Sabía que era hetero, no quería que se pusiera incómodo y se fuera, quería seguir disfrutando de aquello. Pero en uno de esas, mientras se pajeaba, seguro se percató de mi mirada, volteó sin aviso y se topó con mis ojos. Se detuvo de la paja, me miro como asustado, noté que tragó fuerte y miró a su monitor. Me puse helado. No supe que hacer, sólo volteé a ver mi monitor. Luego noté dos o tres miradas de su parte, como verificando si yo seguía viendo. Yo ya no lo hacía directamente. Al parecer pensó que yo no seguía viendo (aclaro que no soy evidente, puedo pasar por hetero y al menos que yo diga algo o muestre interés por alguien, nadie se daría cuenta de mis preferencias), así comencé a notar de nuevo a mi chico pajeándose.

    Me decidí, yo quería tocar aquel cuerpo, mamar esa verga, o lo que fuera. Pero quería a ese macho. Decidí quedarlo viendo de nuevo de forma descarada hasta que él me viera, y cuando lo hiciera yo haría algún gesto o algo que le insinuara lo que quería. Y así pasó, a los pocos segundos el chico volvió a ver, de nuevo su expresión de impresión. Yo hice un gesto con mi lengua dentro de mi boca, simulando tener algo dentro de la boca que estaba chupando. El chico abrió los ojos como sorprendido y volteo a su monitor. Algo cambió en él, porque no pasó mucho cuando se la comenzó a jalar de nuevo (todo esto por encima de la ropa, recuerden que él andaba un short holgado). Yo decidí seguir viendo, aquello me tenía excitado. El tipo sabía que yo lo estaba viendo y eso no lo hizo incomodarse, más bien se había vuelto un descarado. Me volteó a ver de nuevo, pero ahora no dejó de sobarse la verga por encima del short. Eso hizo como tres veces. Finalmente, me vio y me dijo (a modo que yo pudiera leerle los labios): «¿me ayudas?»

    Mi corazón se puso a mil. A esa hora no sabía que me superaba, o la excitación o los nervios. En eso, sólo me salió preguntar ¿cómo? Él respondió con mi mismo gesto insinuante, simulando una mamada con su lengua y su mejía. Me volví loco, temblaba. Ver aquel hombre caliente y pidiéndome que le ayudara me tenía excita. Le pregunté ¿aquí? Me dijo, no. Y con su cabeza hizo el gesto para que lo siguiera. Al momento se levantó pagó a mi amigo el tiempo estado y salió del cyber. Yo salí disparado, le dije a mi amigo que debía irme, el me gritó cuando iba por salir ¿y la bicicleta?, yo le respondí a gritos ¡déjala acá, mañana vuelvo por ella, voy rápido y necesito un taxi!

    Al salir a la calle, ya eran las 9: 30 pm. Estaba oscuro, y miré al adonis en la esquina cercana. Me dirigí hacía él y él comenzó a caminar. Me extrañó, pero sólo lo seguí, entró por una calle que va directo a un predio baldío que queda detrás de un centro comercial. Le seguí y él entró en el predio. No había alumbrado público, sólo había luz de luna y varios árboles. El chico fue y se puso debajo de un gran árbol que queda entre el predio y el parqueo externo del centro comercial. Desde el centro comercial no nos verían, estaba oscuro y habría que caminar a través de mucho monte para llegar hasta donde estábamos. Cuando llegué hasta donde él, en esa mezcla de nervios y excitación, sólo me atreví a decirle ¿necesitas ayuda?

    El tipo no dijo nada, se quitó la camisa y wow, ¡qué cuerpo! Tiene unos pectorales de riquísimos, es lampiño, tiene unos pezones rosado oscuro grandes y un abdomen marcado durísimo. De inmediato extendí mi manos para tocar, cuando lo hice con él las apartó y me dijo «no soy puto, pero necesito deslecharme». Yo no dije nada, no podía, estaba mucho. Se bajó rápido el short y el bóxer, eso fue rapidísimo. No podía creer lo que veía. ¡Esa verga era grande! No soy de tanto estereotipo, pero yo creía saber que los morenos o negros eran los mejores dotados, yo mismo lo había comprado algunas veces, pero este chico de tez clara tenía señora verga. No lo dudé, me puse cuclillas y me puse a oler sus huevos. No sé por qué me inspiro a eso, pero quería sentirlo en todo sentido. Olía rico, había una mezcla entre lavanda, imagino que por el olor del detergente de la ropa, ese olor a macho, orina y sudor. No lo pensé mucho. Se la comencé a mamar.

    Aquel chico sólo se recostó al árbol, yo subí mis manos a su pecho, él quiso quitarla de nuevo, pero esta vez yo lo permitiría. Hice fuerza y aparté sus manos. Me metí aquella verga de unos 21 cm lo más que pude y puse mis manos en sus pectorales. Comencé a mamarla, a acariciarle el pecho, el abdomen, wow, eso si era hombre. No hubo parte que no le tocara. Todo mientras le mamaba la verga como loco y él sólo gemía y suspiraba y no decía nada. Era un ahhh ahhh ahhh. O cuando comenzaba a metérmela toda hasta dar arcadas, el tipo decía ohhh ohhh que rico cabrón. De repente tomó de mi cabeza y comenzó a follarme la boca, lo comenzó a hacer suave. Parecía considerarme, sabía el pedazo de verga que cargaba.

    Mientras me follaba la boca, disfrute de manosear aquel hermoso culo que tanto me encendía. Así pasamos unos 10 minutos, mientras él me follaba la boca. Tomé yo el control de la mamada y se la mamé de forma profunda y luego rápido mientras acariciaba sus testículos y culo. Noté como se tensaban sus espectaculares piernas y como subía su pelvis para llegar más adentro, de momento comenzó a gemir de manera gruesa oohhh oohhh, cabrón, me vengo, dijo. Esa fue demasiada corrida, él gemía, sus músculos se tensaban y su cabeza estaba hacia arriba. No me la iba a tragar, pero me llenó todo, mi rostro quedó bañado de leche, mi camisa (de color azul) quedó blanca en el cuello, leche cayó en mi pantalón. El tipo literalmente se vació encima de mí. Yo ni me había pajeado, ni nada. Pero estaba satisfecho. Haber comido semejante macho. Él tipo, ya no me parecía tan altivo, de repente reaccionó, se subió el short y el boxer y se puso su camiseta.

    Me miró y me dijo, pero: puta, cabrón, te he dejado hecho un desastre. Disculpa. Ahora me parecía hasta amable. Le dije que no se preocupara que yo lo había disfrutado. Él, creo que se sonrojó, aunque la poca luz no me permitió apreciarlo bien. Me dijo entre nervios y la conmoción del orgasmo que acaba de tener que, era la primera vez que hacía algo con un hombre, que por favor no se lo dijera a nadie, que él tenía novia, pero que andaba súper caliente y ella no estaba en la ciudad. De repente cambió de tono, y me dijo que si me atrevía a decirle a alguien… ahí yo lo detuve y le dije: tranquilo, queda entre tú y yo.

    Dicho esto me dijo: Bien, me voy. Hicimos lo mismo que al entrar, él se fue primero, yo después y cuando ya estuve en la vía pública lo dejé que se marchara sólo. Ahí me acordé que tenía todo manchado de semen y personas que pasaron lo notaron. Yo me quité mi camisa y me quedé en la camiseta que tenía dentro. Aquel olor era fuertísimo. Olía a hombre y no sé que más ¿qué coño comía aquel tipo?, el olor no era desagradable, pero sí era fuerte. De esa forma, con semejante olor, no podía tomar un taxi. Caminé hasta casa, me metí a la ducha y me hice una paja de aquellas, aunque no tardé mucho, estaba demasiado excitado.

    No volví a ver a mi adonis en el cyber. Ni supe su nombre. No lo volví a ver hasta hace tres meses que descubrí, por accidente, la farmacia donde trabaja. Fui a hacer unas compras a esa farmacia y ahí estaba él, igual de hermoso o más. Se ha dejado crecer la barba, y wow, luce hermoso. En cuando me vio me reconoció, bajo la mirada y evitó atenderme. Lo hizo una chica. He ido varias veces, evitaba atenderme, pero un día él estaba sólo y tuvo que hacerlo. Yo estaba acompañado, así que sólo le sonreí y agradecí su atención. Ahora ya me atiende y responde a mis sonrisas, pero nada más.

    No se los puedo ocultar, me encantaría coger con él, pero no estoy seguro que eso llegue a ocurrir. Espero le haya gustado. Saludos.