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  • Julieta, mujer madura

    Julieta, mujer madura

    En la dinámica de nuestro devenir, vamos atravesando diferentes etapas, en muchas de las cuales la búsqueda de nuestra propia identidad se convierte en una necesidad existencia, que nos ubique en tiempo y espacio con nuestros deseos y necesidades.

    Durante los años jóvenes el sexo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo vital, la búsqueda y despertar sexual, en objetivo primordial que nos ocupa y preocupa.

    En la mujer madura también tiene lugar el proceso dinámico de tomarse un momento para pensar en ella como individualidad, en abstracto, separando su condición de esposa y madre de ella misma como ser humano, hembra con necesidades eróticas insatisfechas.

    Recorrer en trazo grueso el mapa de su vida, de pronto se siente que está estancada en una meseta de sensaciones anodinas, sin sentir la adrenalina de atreverse a más. Precisamente pensar en esa palabra “atreverse” fue lo que la despertó sus sentidos, se miró en el reloj biológico estancado en la medianía de su existencia, Julieta, que no es la Verona, sintió vibrar en sus venas la rebeldía de tiempos idos.

    Julieta está inmersa en esa edad donde los hijos se han convertido en adultos independientes en obligaciones y amistades, el esposo más interesado en jugar con sus amigos o de aventura con alguna jovencita que le haga sentirse como tal.

    Este es el punto, se encuentra con más tiempo para ser “mujer”, que ya no es centro de atención de su pareja, él está ocupado en su crecimiento personal, laboral o económico.

    Ella siente bullir la vida y los deseos como nunca, a mitad de camino, con más tiempo y más deseos, para ella misma, para sus gustos personales y descuidada en su sexualidad.

    El hombre se justificará pensando, para eso está el “finde en familia” y con eso salda el débito afectivo, el resto de “su tiempo libre” lo invierte en amigos, café, fútbol y aventuras extraconyugales.

    La esposa comienza a generarse su espacio personal, es la metamorfosis de esposa-madre a mujer, el camino inverso transitado tan solo hace unos años, en el proceso anterior tenía alguien de la mano, ahora en la vuelta al “mercado del deseo” sola, con sus deseos cargada en la mochila.

    Se siente llena de seducción y sex appeal, para despertar pasiones y deseos en cualquier hombre, menos… en ese que vuelve en la noche al seno familiar y se encierra en la sección deportiva del diario, contesta con monosílabos y algún que otro hmm, hmm, el sexo forma parte del inventario de la rutina y la costumbre, con más silencios que diálogo.

    Se siente hembra total, plena, las clases de gym y las sesiones de spa conservan la firmeza de sus carnes, apetecibles a ojos vista de cualquiera que se cruza en su camino, no es ajena a ese mundo exterior de machos cazadores que la tienen en la mira esperando para el ataque final.

    Nuestra heroína, está plena, todas las hormonas despiertas, listas para dar batalla, falta un poco de decisión y saltar al ruedo…

    Le agrada que le digan July, en esta nueva etapa, siente que “a mujer nueva nombre nuevo”, tocada por la varita mágica de la naturaleza, frescura, encanto, gracia y el plus de seducción que le ha incorporado y que tan bien le sientan. Comenzó a ser permeable a las miradas e insinuaciones, sentía en su fuero íntimo el placer de esas caricias que la llenaba de gozo y elevan la libido.

    Se amigaba consigo misma, esos mimos la revalorizan, elevan la autoestima, de pronto sin notarlo comenzó a cambiar hábitos y costumbres, volver a los detalles de coquetería, renovar la lencería íntima por otra más audaz, fantaseando un encuentro con un secreto admirador, volver al “mercado de la seducción”, postularse como “carne de exportación”, esa frase usaba con sus íntimas para definirse como mujer que busca una “alegría”, adherían y sumaban sus fantasías.

    Las bromas y juegos al respecto fueron haciendo mella, se sabía vulnerable y con falta de training, pero igual aceptaba el juego de la seducción, aunque con las reservas del caso, el status social no era negociable. Pero… como dice el refrán: “donde menos se lo espera, salta la liebre”, y.… no fue precisamente una liebre sino yo, joven veinteañero con todo el deseo a full, algo saturado de las muchachas tontas de mi entorno y con el deseo de encontrarme alguna mujer con sustancia, que fuera algo más que para calmar un momento de calentura.

    El destino movió sus invisibles hilos y el diablo metió la cola para juntar por un momento las vidas de dos personas disímiles, pero en la búsqueda inconsciente de un mismo objetivo: el placer de sentir palpitar la vida. Así July y Ricardo sintieron el flechazo de Cupido, herida mortal en el centro del corazón.

    Amigo y compinche de su hijo mayor, cómplice de correrías, hasta ese momento ella solo había sido una mujer de muy buen ver, atractiva por demás, pero… sobre todo la madre del amigo.

    Una tarde, como tantas, llegué a su casa para buscarlo, un equívoco en los horarios nos desencontró. Toqué el timbre y se apareció ella, July, con el cabello aún húmedo y envuelta en una bata de baño a medio cerrar, un teléfono celular en la mano, y ¡Oh, sorpresa! No es el hijo que volvía por el móvil, sino ¡Yo!

    Un instante de sorpresa, mirándonos, ella sorprendida, suponía con razón que su hijo volvía por el teléfono olvidado, yo que no salía de mi sorpresa al ver como en la sorpresa y la torpeza de movimiento para abrir la puerta y alcanzar el teléfono se abrió la bata más allá de lo prudente, regalándome buena parte de esa tremenda anatomía nunca vista y siempre imaginada…

    —¡Pasa! -de la sorpresa a la sonrisa sin escalas.

    Sólo atinó a dejar el móvil y a cerrar la bata, me dejó pensando si morosidad en cerrar la bata, habrá torpeza o intencionalidad, no lo sabré pero esos segundos fueron una excursión al paraíso del deseo, algo turbados por la situación se nos dificulta volver del estado de sensualidad creado por el ¿azar?. Halagada por la excitación del “ánimo” que produjo en mí, momentos cruciales y decisorios, podía más la ilusión de una aventura transgresora que la satisfacción de los sentidos, se sentía ansiosa cuyas sorpresas nunca se agotan.

    Conservar las formas mientras la procesión va por dentro, de la emoción a la turbación y de la sinrazón a la pasión fue solo un paso. Sin poder manejar mis emociones me expuse al cachetazo y la reprimenda, la tomé de los hombros y la besé, sin más ni más. Sorprendida se dejó estar en el contacto bucal, se deja acomodar, beso intenso, más pleno y profundo, colaboró en el beso robado.

    Saciado ese instante de loco deseo, tomé algo de distancia, tomé de las manos y se las besé.

    —¡Soy culpable! -ofrecía la mejilla para que se cobre.

    En lugar de bofetón, un beso fue el cobro, la sonrisa plena la gratificación adicional. La forma y el modo de “avanzarla” había terminado con sus defensas, dejar hacer a un joven que tenía actitudes de caballero, que hacía realidad alguna escondida fantasía: se dejó llevar por los insondables caminos de la seducción y el deseo, se atrevía a volar.

    Con sus manos me tomó el rostro, serenidad complaciente, mejillas encendidas de carmín, ojos muy abiertos y la mirada chispeante, era otra persona llena de vida, sonreía todo el tiempo.

    La bata abierta a pedir de mi curiosidad, los pechos rotundos coronados de turgentes pezones asoman desafiando la avidez del joven amante, me dejo atrapar entre sus senos.

    Sus manos me rodearon, apretaron contra su pecho, acurrucarme entre el canal de sus tetas fue caer al abismo de todas las tentaciones.

    Extasiado en el aroma de las sales de baño que habían perfumado su piel hasta retomar el sentido, besarla, recorrer sus carnes que me quitaban el sueño y la calma en las noches de solitaria calentura. Ahí y ahora, toda real, toda en carne viva y ¡qué carne! Dejándose besar y lamer, llenarme la boca de sus carnes palpitando vida y deseo.

    Los gemidos, reprimidos al inicio, de July incentivan y acompañan las evoluciones sobre ese cuerpo que pierde, la verticalidad, el equilibrio corporal y emocional, se deja conducir hasta el sofá, sin soltarnos ebrios de pasión y lujuria, me dejo caer para tenerla encima de mí.

    Nada más importa, la suerte está echada, displicente, con estilo y graciosa seducción sacude de sí la bata, como una rosa deja caer algunos pétalos para mostrarse ante mí, diosa pagana, cabellos húmedos cayendo en prolijo desorden sobre los pechos voluptuosos, por los incipientes y sensuales rollitos del vientre se escurren algunas gotas de agua, indiscretas y brillantes como perlas de rocío, me apresuro a recoger con mi lengua como trofeo… Esta gentileza terminó por derribar el último vestigio de cordura, tirar por la borda los últimos escollos morales, quemar las naves de la prudencia y el recato, dejarse llevar por su instinto y mi deseo.

    Se exhibió ante “su hombre” en plenitud, su deseo desbordado, la libido había alcanzado el tope de la escala de lujuria, suavemente me empuja, tira en el sofá, y comienza a desnudarme, lento, saborea cada trozo de piel expuesta, primero el torso, descubre y besa, luego se arrodillada ante el ícono de su deseo que abulta bajo la tela, abrazada a la cintura me dejo deslizar el pantalón, como en acto sublime es turno del bóxer, lo quita como se hace con el lienzo que cubre un escultura, eso parecían decir su ojos y sus gestos.

    Se tomó su tiempo, saborea cada instante, cada gesto, adora al ícono de carne que brilla ante sus ojos, objeto fetiche de su apasionado deseo, no alcanzan los ojos y las manos para abarcarlo, palpitante y vive entre sus manos. Aprieta, adora, besa, lame despacio, hacer eterno ese momento, imagino cuantas cosas transitan por sus pensamientos, sensaciones que la conmueven, agitan el ánimo, si hasta me parecía ver un destello de lágrimas robadas al rocío de muchas mañanas sin alegrías.

    Lenta mirada en la profundidad de los míos y se “abocó” a degustar el manjar de mi juventud, bebía el deseo contenido en mí, los primeros jugos de la excitación transmiten el sabor del macho, ligeramente salado, la puso en órbita, sin voluntad, solo dejar manejar la cabeza con mis manos, enredar mis dedos en sus cabellos, movernos al compás de mi excitación, ella solo tiene ojos para mi contento.

    Perdió la voluntad, dejarse llevar por el ímpetu que ha despertado en “su hombre”, como me llamaría más tarde, transita momentos inéditos en su vida sexual, nunca tan lejos de este modo, nada importa, es un libro del deseo que estoy escribiendo en su carne, palabras nuevas, sensaciones diferentes.

    Los tiempos se consumen, el control y el manejo de mi excitación se hizo llama, perdí el control, el momento culminante se aproxima a grandes zancadas, lo siento generase en los riñones como si algo se desprendiera de mí, comienza el recorrido, subido al tobogán de un destino imparable: July.

    No puede emitir sonido alguno, la garganta se cierra, los ojos se me abren grandes y elocuentes, ella nota el estado de trance, los dedos enredados en sus rizos se lo transmiten, los movimientos de pelvis que la penetran en la boca lo corroboran. Su leve movimiento de cabeza, sus ojos y la tracción de sus manos en mis caderas sostienen el destino del “final feliz”: La urgencia masculina apremia, me derramé en su boca sin aviso.

    No podía creerlo, estaba fluyendo en ella, los primeros fulgores de savia joven estallaron dentro de su boca, sorprendida solo atinó a sacarme un instante para no atragantase y dar lugar a recibir el resto de “su hombre”. Tragó, todo en dos etapas.

    Se detuvo mi mundo, con el último envío, quedamos inertes… despacio me salí de ella, sostenido en sus manos como una delicada y frágil pieza de fino cristal, vuelve a mirarme, otra vez esos ojos grandes y llenos de brillo, entreabre la boca como si quisiera que viera por última vez el contenido del amor en ella… despacio, la vi como el elíxir de la vida es pasado dentro de su cuerpo. Una última gota del rocío del amor asoma de la carne palpitante, la recoge con la lengua y la lleva para sí con el resto.

    Me dejé caer sobre el respaldo, ella sobre mi regado, sin soltarme. La emoción y la energía puesta en la prisa de esa eyaculación me habían dejado las piernas temblando, más que cuando hacemos sexo de pie. No sabré cuanto tiempo permanecimos así, en el silencioso revivir de los momentos una y otra vez, los ojos cerrados y el corazón abierto, como será el nuevo mundo a abrir los ojos a esta nueva realidad fundacional. Estamos persuadidos que algo nuevo ha nacido entre nosotros.

    Con los pies en la tierra del nuevo mundo, me disculpé por lo intempestivo, la falta de consideración y aviso, que no soy de hacerlo sin aviso previo, pero… los hechos me pudieron, perdí el dominio y el control. La besé, en la boca, tenía sabor a mí, nos enredamos en un beso que nos lleva la vida en él. En la húmeda comunión se decía todo lo que las palabras omitían, no se necesitó más.

    —¡Mi hombre!, te siento tan mío -no hacía falta, lo había escuchado en cada latido de su ser.

    Esto era el preludio del encuentro que unió dos necesidades en busca de satisfacción, dos sentimientos que se encontraban después del naufragio, ella de la rutina y la insatisfacción, yo de lo frívolo y falto de contenido, ella aporta la búsqueda de la aventura y la potencia salvaje, yo para robarle caricias y ternura.

    Luego de esta presentación viene lo mejor y lo más sustancioso de esa fogosa relación del deseo insatisfecho de una mujer madura y el fuego de un joven que necesitaba liberar la presión volcánica de su masculinidad, que por lo extenso se continuará en otro capítulo.

    Esta relación siguió un tiempo, hoy con más años nos hemos reencontrado y renovado ese compromiso afectivo. Este relato es una forma de dejar testimonio de esos primeros encuentros que cimentaron la amistad que perdura en nuestro sentimiento.

    Nazareno Cruz

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  • Mi mujer, mi hija

    Mi mujer, mi hija

    Mi hija volvió a casa, me dijo que los últimos años de la universidad los iba a hacer virtual. Me hizo feliz tenerla en casa de nuevo, llevo años de soledad desde la partida de mi compañera, la mamá de Vicky (Victoria) nuestra única hija. Yo estaba separado cuando conocí a Susana una joven que tenía 21 años, los años que tiene hoy Vicky. No sé cómo me dio bola, pero fue la mujer que más me amó, lejos. Una maldita enfermedad sé la llevo muy joven y solo me quedó Vicky, que pronto se fue a la universidad y quedé solo en casa.

    Hoy Vicky tiene casi la misma edad de su madre cuando la conocí y me impresiona el parecido físico con ella, no muy alta, los senos medianos, como a mí me gustan, se destaca su colita, paradita y redonda, muchas veces me dan ganas de meterle manos pensando en Susana, mi mujer. La diferencia con su madre es el carácter firme que tiene, cuando se propone una cosa, trata de cumplirla si o si. Le pregunte de por qué volvía a casa, si le faltaba tan poco para terminar los estudios. Me dijo:

    —Mira papá, te veo tan solo y quiero ayudarte a rehacer tu vida, ya no está mamá, ahora voy a ser yo la que te cuide. La voy a reemplazar en todo.

    —No quiero que te sientas obligada conmigo.

    Deje en mi pensamiento, la frase degenerada que pugnaba por salir de mi boca. “Quisiera tenerte para mí y amarte en la cama como amaba a tu madre”

    Mi casa es de clase media, tenía dos habitaciones principales y un cuarto para visitas. Cuando quede de mi habitación lo único que saque fue mi ropa y cosas personales, después deje lo de mi mujer todo como estaba, hasta la cama matrimonial y ocupe el cuarto para las visitas.

    Un día al regresar del taller que regenteaba junto a mi socio, antes del mediodía, entre directamente a mi cuarto para cambiarme de ropa, algo más liviano de entrecasa. Me dirigí a la cocina, quería tomar algo fresco, al entrar quede tan sorprendido que casi tengo un paro cardiaco, allí estaba cocinando mi “señora”, vestía un solero fino, que dejaba sus hombros al descubierto y marcaba el canal de sus nalgas, cuantas veces había metido mis manos por debajo para acariciar su entrepierna, mientras le apoyaba mi pija en su culo.

    Me acerque despacio y cuando ya estiraba las manos para levantar su falda y masajear ese culo, que tanto extrañaba, dio vuelta la cabeza diciéndome:

    —Hola papá, no te escuche llegar.

    Quedé pasmado con mis manos estiradas, sin hablar.

    —¿Qué pasa? ¿Tanto te sorprende verme cocinar?

    —No, no es eso, dame algo fresco, tengo la boca seca.

    Después de tomar lo que me sirvió, pude hablar.

    —Ese vestido que estas usando era de tu madre.

    —Sí, ahora te cuento, lo saqué del placar de mamá

    —Yo te confundí con ella y como lo hacía cuando cocinaba, de atrás eres igual a tu madre, casi te toco la cola, perdona, es que la extraño como loco.

    —No te aflijas papá, es mi culpa de vestirme así sin avisarte. Vi que no dormís en la habitación que ocupaban y fui a husmear, abrí el placar y vi que todavía tienes la ropa de mamá y me puse este vestido.

    Desde entonces comenzó a usar la ropa de su madre y me dijo que se iba a trasladar con todas sus cosas al dormitorio que tenía la cama matrimonial, yo no opuse resistencia. Fue cuando la descubrí como mujer, una mujer que me calentaba, que me ponía a mil, que no podía dormir sin masturbarme, ya no pensando en su madre, sino que estaban dedicadas a ella, Vicky mi hija.

    Soñaba despierto con ella en mi cama matrimonial, sobándole esas nalgas hermosas, esas tetitas jóvenes y turgentes, chupándoles los pezones, su pancita plana hasta llegar a la entrepierna y abrir con mi lengua los labios de la conchita, introduciéndosela hasta que se acaba en mi cara. En esos instantes se moja mi mano con todo el semen de mi paja.

    En esos días al abrir la página de la red social que uso, tenía un mensaje que decía: “Hola soy Mirta, prima de Susana, no sé si te recordás de mí ya que hace mucho dejamos de vernos, cuando enviude me fui al pueblo de mis padres, pero ahora estoy de vuelta y me gustaría charlar contigo, abrazo”. Conteste el mensaje, quedando con Mirta de ir a tomar algo y hablar, estaba contento de que se diera la oportunidad de ir tomar algo con una mujer y por lo que recordaba Mirta era una mujer bonita y estaba muy buena. Hasta llegue a pensar que si se daba, acostarme con ella y me sacar un poco de leche, no me haría tanto la paja con Vicky.

    Esa noche en la mesa cenando le comente del mensaje de Mirta y que había quedado ir a tomar algo con ella. No la vi muy entusiasmada, solo pregunto:

    —¿Y vas a ir?

    —¿Y por qué no? Será bueno ver a Mirta de nuevo.

    Esa noche terminamos de cenar y ella se fue al dormitorio, no nos quedamos, como lo hacíamos habitualmente a charlar o ver algo en la tele, quede sorprendido por su actitud. En los días siguiente me di cuenta que ya usaba solo la ropa de su madre y había cambiado su actitud para conmigo, una cosa que me llamo la atención fue encontrar ropa interior suya, usada en el baño. De más está decir que las olí y las chupe antes de hacerme terrible paja. Ese olor a su conchita, era peculiar, entre olor a flores y el característico olor a concha. No supe como tomar aquello, fui un tonto, recién a los días supe que fue una trampa.

    Parecía que Vicky, cada vez más estaba resuelta a ser la mujer de la casa. Recién tuvimos un charla larga el día que me encontré con Mirta, la prima de mi señora, esa tarde vi que no habían pasado los años para Mirta, La encontré mejor de lo que recordaba parece que la viudez le había sentado mejor que a mí, se me la tarde charlando con ella y sentí que había buena onda y así me lo hizo saber cuándo dijo al despedirse:

    —Que esto sea el inicio de una buena amistad.

    A lo que respondí presuroso.

    —¡Así será! Le dije, estampándole un beso entre mejilla y labios.

    Esa noche mientras cenábamos le conté a Vicky, con pelos y señales el encuentro con la prima Mirta. Ya sentados en el sillón frente al televisor, dijo:

    —No sé por qué le decís prima, si no es nada tuyo y no quiere ser tu amiga, lo que quiere es coger con vos.

    Se levanto del sillón y se fue al dormitorio, me pareció que iba a llorar. Quede como un tonto sentado, pensando que sucedía, fue como si Vicky estuviera celosa. Espere que volviera, pero no lo hizo. Preocupado fui a golpear la puerta del dormitorio, preguntando:

    —¡Vicky! ¿Estás bien?

    Al no obtener repuesta, girando el picaporte, le dije:

    —Voy a entrar.

    —Sí, pasa.

    Estaba sentada en la cama, tenía puesto un déshabillé que reconocí, era de mi señora, se paró con el déshabillé abierto, también reconocí el conjunto de ropa interior color salmón que usaba ella. Quede sin palabras mi hija era una diosa, parecía La Venus de Botticelli.

    —Papá, ¿vos oíste lo que te dije cuando llegue?

    —Sí, me dijiste que venias a ayudarme a encarrilar mi vida.

    —¿Y qué más?

    Quede callado, no sabía que contestar.

    —Que iba a reemplazar a mamá en todo ¡en todo! ¿Vos entiendes eso?

    —Sí, pero no puedes en todo.

    —¿Por qué no? ¿Acaso no me quieres? ¿Acaso no te gusto?

    —¡Sí me gustas! ¡Te quiero, más, te amo! ¡Pero sos mi hija!

    —¡Qué importa eso, yo quiero que me ames como la amabas a mamá! Que no vayas a buscar a la prima Mirta, a nadie para coger, si me tienes a mí para hacerte gozar, como lo hacía mamá.

    No lo podía creer mi hija, mi amada hija, quería ser mi mujer. Con lágrimas de felicidad en mis ojos, caí rendido a sus pies, arrodillado me abrace a sus caderas. Mi cara queda a la altura de su conchita, podía sentir su aroma, penetro en mis sentidos y ya no pude pensar en nada más que hacerla gozar y comencé a lamer su bikini donde se notaban los labios de concha. Me aparto suavemente, se quitó el déshabillé y subió a la cama y susurro:

    —Ahora enséñame todo lo que sabes hacer.

    Le baje la bombachita sacándola por los pies, mientras ella se desprendía el corpiño dejándolo de lado. Comencé por lamber sus pezones y a mordisquearlos, ella gemía como gata en celo, estuve un rato entretenido con sus tetas. Ella pidió que me desnude, cuando lo hice fue directo a mi pija, la sopeso con sus manos y se la llevo a la boca. Comenzó a mamar como si fuera un biberón. Desprendí mi pija de su boca y girando sobre su cuerpo, hice un 69.coloque mi pija en su boca nuevamente y me zambullí a comerle la concha. Ella gemía guturalmente mamando mi pija y yo sumergía mi lengua en su concha inundada de sus jugos.

    No sé cuánto tiempo estuvimos así, soltó la pija por un instante y dijo:

    —¡No doy más, me voy a acabar!

    Cuando la escuche, aceleré mis chupetones sobre el clítoris y comenzó a gemir fuerte y mojo toda mi cara con un líquido viscoso, que no alcance a beberlo todo. Sin avisar acabe en su boca, ella no la soltó y creo que trago casi todo. Yo estaba en el paraíso, me acosté a su lado entreverando sus jugos y los míos en un beso donde se enredaron nuestras lenguas.

    Después de tanta pasión, cruzo por mi mente un momento de arrepentimiento.

    —Perdón hija, esto no puede ser, ¡no está bien!

    —¿Qué pasa, acaso no me quieres?

    —Te lo dije y te repito, te amo y te deseo más que la vida.

    —Entonces no hablemos más, seré tu amada hija para afuera y aquí en casa cuando estamos solos, somos marido y mujer. Y ahora vamos a lavarnos porque falta lo mejor, tu mujer quiere más pija.

    Nos lavamos y llevamos unas copas y botella de vino al dormitorio. Se tendió a lo largo de la cama, abrió las piernas como invitándome que invadiera territorio desconocido, ya sobre ella apunte con mi pija a la cavidad rosada abierta, como orquídea en flor.

    Cuando ella me hablo en un susurro, utilizo las mismas palabras que mi dijo su madre cuando lo hicimos, la primera vez.

    —Despacio por favor. Solo respondí.

    —Me haces el hombre más feliz de la tierra.

    Lo que pasó esa noche y los días siguientes, lo contaré en la próxima.

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  • Cronología de un pene eyaculando

    Cronología de un pene eyaculando

    El frotamiento se hacía intenso. Las vibraciones que provocaba el contacto entre su mano y el glande se acentuaban como la crecida de una ola gigante, hasta que llega el punto de no retorno.

    “Oh, oh, ah, ah, ahh, ahh, ay, sí, qué rico”, gime Facundo con voz gruesa y rasposa.

    El semen es impulsado desde los testículos y recorre toda la base del pene como una ola generada por las contracciones de los músculos del falo a la velocidad de la luz.

    Todo esto pasa mientras Facundo, con la mirada perdida fuera de sus córneas, observa los majestuosos pechos de la pantalla bajo el filtro cinematográfico de color violeta. Hasta que sale el fluido blanco en forma de chorro. La voz de Facundo llena de fuego la escena.

    El semen posa en las costillas blanquecinas de él junto a su pene erecto. Este transfiere su temperatura hirviente al cuerpo, antes de que el pene se retraiga, y en esa eyaculación se desagota todo el estrés de un arduo día de trabajo.

    Al fin y al cabo, él todavía tiene puesta su sexy camisa blanca con su corbata negra.

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  • Para mi amante virtual

    Para mi amante virtual

    Kilómetros nos separan, pero nos une el deseo.

    Sé que estás ahí, presiento tu llegada.

    Siempre la presiento.

    Hace semanas que nos encontramos

    de casualidad, en una sala cualquiera.

    Las casualidades no existen,

    sólo las piezas anatómicamente perfectas.

    Creadas para encajar la una en la otra.

    Como tu pija.

    Como mi concha.

    Y desde entonces no hacemos más que eso.

    Desearnos.

    Acudir sin fallar nunca a nuestras citas

    frente a la pantalla de la computadora.

    Tenemos el compromiso de mantener funcionando

    el sonido, el micrófono, la cámara.

    Tenemos el compromiso de conectarnos.

    Siempre igual: desnudos y dispuestos

    a complacer al otro, siempre,

    y la promesa de guardar la intimidad.

    No hay nombres.

    No hay rostros.

    No vi nunca tu rostro, pero me sé de memoria tu verga.

    Nunca me viste la cara,

    pero podrías dibujar mi concha con los ojos cerrados.

    Tu presencia me es indispensable.

    Tu voz, relatando en el micrófono

    la forma en que tu pija me perfora

    me es necesaria, como el agua y el aire.

    Uno o dos orgasmos cada noche

    semana tras semana.

    Algunos días me pides que me meta

    algún juguete reemplazando a tu carne.

    Otros sólo quieres que me toque.

    Varios sólo quieres que me duerma

    dejándote observar mi concha húmeda.

    No te conozco, no me conocés.

    Pero sabés como hacerme alcanzar la gloria.

    Y alcanzarla vos viendo mis jugos,

    oyendo ese ruidito que tanto te gusta,

    el de mis fluidos cuando me masturbo fuerte.

    Me has vuelto viciosa de tu gruesa verga

    de tu blanca leche,

    de tus manos grandes,

    de imaginar tu sexo en mí.

    Mi amante virtual.

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  • Dia de elecciones: Sexo en colegio (parte 2)

    Dia de elecciones: Sexo en colegio (parte 2)

    Siento vibrar mi teléfono intento levantarme para contestar, pero Anna estaba acostada sobre mi pecho, su peso estaba sobre mi brazo izquierdo que se encontraba totalmente dormido ay Anna.

    Contesto, era el jefe de policía que quería verme, eran las 6:10 am recién empezaba a amanecer. Voy al encuentro con el Jefe policial, el cual me da una lista para que la comparta con mi personal, era una lista de personas requisitoriadas que votaban en nuestro centro educativo. Si se llegaban a presentarse les diéramos aviso para su captura.

    Luego coordino con los militares como va a hacer su distribución dentro del colegio. En lo que me dan las 7 am los apresuro a levantarse y desayunar porque a las 7:30 am se apertura las puertas para los miembros de mesa.

    Aprovecho que Anna estaba sola en su aula esperando a los miembros de mesa y procedo a darle la pastilla del día siguiente, le ordeno que se la tome a lo que saca de su bolso su toma todo y procede a tomársela.

    El día transcurría con normalidad, salvo algunos problemas con unos señores de edad que no sabían cómo realizar su voto electrónico en la cabina de votación y uno que otro altercado con algún representante de algún partido político, que buscaban hacer cualquier tipo de problema.

    Todo lo resolví con serenidad sin seguirle el juego, hasta que me llega un mensaje de Fabio que me decía que vaya donde Anna que parecía tener problemas con un tipo, justo me encontraba conversando con un miembro de la policía, así que vamos al encuentro.

    Al llegar me encuentro con un señor de unos 50 años calculo tratando de gilear (seducir) a Anna, ella estaba asustada sin saber que hacer le decía que se fuera, sin embargo no le hacía caso.

    Hasta que llegue yo con el Policía, pregunte si todo estaba bien. Ambos me miraban en silencio, el Policía le pidió su DNI (Documento de Identidad) le pregunto si ya había realizado su voto, luego le ordeno que se marchara. Su tiempo de don Juan había terminado. El policía se fue con el acompañándolo hasta la salida.

    Anna se lanza sobre mí hundiendo su rostro en mi pecho, yo le acaricio la cabeza y le dijo que tranquila todo está bien, Milagros visualiza toda la escena desde su aula.

    Cuando dan las 16 pm los militares proceden a cerrar las puertas del centro educativo, dando fin a la jornada electoral. Se procede con el levantamiento de actas con los resultados de cada partido político. El técnico de transmisión envía los datos a la central.

    Finalizo todo reuniendo al grupo felicitando a cada uno por el trabajo realizado, luego les comunico que solo falta esperar al camión para que recoja el material utilizado en la jornada electoral y luego pueden irse a descansar a sus casas. El día de mañana se lo podían tomar libre y ya nos veríamos el martes en la oficina distrital.

    El camión llega como a las 22 pm lo que nos da tiempo de comer algo, luego cada uno procede a marcharse Fabio y Rodrigo se marchan por su cuenta, a Janet la recoge su enamorado, Anna me comunica que su padre viene a recogerla en su auto. Los militares también proceden a retirarse a su base igual los policías.

    Yo no puedo retirarme aun ya que tengo que esperar al portero del colegio para entregarles las llaves el cual recién vendría a las 6 am, así que voy al centro de acopio a descansar y donde encuentro a Milagros.

    Ella me dice que no se puede marchar ya que vive lejos y la estación de metro ya está cerrada a estas horas, aparte que esa zona es peligrosa. Prefería salir al amanecer por seguridad. Así fue como ambos nos quedamos solos dentro de un centro educativo completamente vacío.

    Me acuesto en la colchoneta, ella se echa en su colchoneta boca abajo apoyándose en sus brazos mostrándome su trasero.

    Empezamos a conversar

    Milagros: ¿Que paso anoche con Anna?

    Yo: ¿Que paso de qué?

    Milagros: Ayer cuando la encontré se asustó al verme, traía el cabello mojado venia de ducharse, ¿se bañaron juntos?

    Yo: No, seguro se duchó en el baño de mujeres que está en el patio.

    Milagros: No puede ser porque fui a buscarla ahí y los pisos de esas duchas estaban secos.

    Yo: Entonces no tengo ni idea

    Milagros: Sonríe, creo que te atrape. También vi cuando se lanzó sobre ti luego del incidente con el señor, se está enamorando de ti.

    Yo: Bueno eso es asunto de ella.

    Milagros: No es la única, eres muy guapo.

    Comienza a poner su mano sobre mis vaqueros subiendo hasta donde se encuentra mi miembro.

    Milagros: me pregunto si sabes hacer el amor

    Agarré su mano sacándola de ahí.

    Yo: Ya basta Milagros, porque no vas a tomarte una ducha refrescante

    Milagros: Me quieres limpia, bueno.

    Le doy la llave del baño de profesores y se marcha.

    Veo de lejos que deja la puerta entre abierta, seguro esperando que vaya pero no se la iba a poner fácil. Aunque le tuviera ganas, solo me acosté en la colchoneta a descansar.

    Luego ella viene solo con una toalla puesta y el cabello mojado. Se dirigí a su bolso y deja caer la toalla dejándola completamente desnuda. Por Dios, que monumento de mujer.

    Mi miembro comienza a ponerse erecto Milagros lo nota y comienza a gatear hasta mi lugar, ya no podía aguantar más, me desabrocha en botón del vaquero y me baja el cierre , dándole salida a mi miembro el cual lo comienza a saborear.

    Yo le agarro con mis manos su cabeza y nuca logrando meter mi miembro hasta llegar a su garganta, Milagros lo comienza a succionar subiendo y bajando, hasta que comienza a atorarse, la suelto para que tome un poco de aire.

    Milagros: Me gusta tu miembro es duro y blando a la vez además tiene un rico sabor.

    Vuelve a colocar sus labios alrededor de mi miembro, deslizando su lengua por la punta.

    Yo: Wow… Milagros

    Empieza a chupar cada vez más fuerte ejerciendo presión luego se queda inmóvil con mi verga dentro de su boca jugando con la lengua.

    Yo: Oh… Milagros… es fantástico

    Nuevamente comienza a chupar más deprisa, empujando cada vez más hondo y girando la lengua alrededor.

    Ya no puedo más.

    Yo: Milagros, voy a correrme en tu boca —le advierto

    Parece no importarle mi advertencia y continúa con más fuerza.

    Entonces le agarro la cabeza y la empujo más adentro llevando mi verga hasta el fondo de su garganta donde finalmente consigo correrme. Ella se queda quieta con mi miembro dentro de su boca.

    Asimilando lo que acaba de pasar, luego cuando suelta mi miembro me muestra su boca completamente llena de mi leche para después tragárselo rápidamente.

    Luego con su mano agarra mi miembro ya sin energía y comienza a limpiarlo con su lengua.

    Diablos… Milagros este es uno de los mejores orales que me han dado en la vida.

    Milagros: Como has podido comprobar soy muy buena en técnicas orales. Ahora me debes un orgasmo.

    Yo: ok, pero dame unos minutos para recuperarme

    Esta noche será una noche larga, con esta ninfómana, pensé.

    Continuará.

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  • El socio de mi esposo

    El socio de mi esposo

    ¡Hola! Espero que se encuentren bien, a los que me leen espero y la vida los esté llenando de muchos placer y sexo. El día de hoy les voy a contar una aventura que tuve con el socio y amigo de mi esposo, quien se asoció hace como 6 años con esta persona llamada Ricardo para abrir un negocio de consolas de videojuegos, así como figuras de acción, y juguetes coleccionables, en el cual la verdad les ha ido muy bien, pero pues hay temporadas donde como todo negocio, escasean los clientes y obvio el recurso.

    Su amigo Ricardo o “Richi” como le llamaba él, es chaparrito, llenito, pelo lacio, moreno, en fin. Cómo les comento pues mi esposo y él se asociaron, mientras ponían y se aclientaba el negocio en Julio del año 2019, mi esposo se iba todos los días en la tarde y fines de semana todo el día a atender y vender, ya que Ricardo se ocupaba de hacerlo en las mañanas, así que cuando llegábamos de la escuela le llevaba de comer y pues a su amigo en ocasiones también cuando no llevaba o no le llevaban, ya que Richi le hacía compañía y se encargaba de las reparaciones, mientras mi esposo de la mercadotecnia y la difusión.

    Así fue como lo fui tratando y conociendo, me mandó solicitud a mi Facebook, lo acepte, alguna que otra vez me mandaba cadenas, inclusive en algunos memes me etiquetaba, la verdad es muy buena onda, hasta que le salió lo “chapulín”.

    Pasaron los meses, llegó diciembre de ese mismo año, y comenzó a mandar aún mucho más mensajes por Messenger, inclusive me pidió mi número, yo sin malicia se lo di, así que pues siguió creciendo la amistad.

    En vacaciones de abril del 2020 (antes de iniciar la pandemia) mi esposo iba al negocio todos los días, yo le llevaba igual de comer, ese día recuerdo que hice cóctel de mariscos y les lleve a los 2, recuerdo que se día llevaba un vestido corto blanco, unos taconcitos y llevaba a mis hijos.

    Cuando regrese a la casa encontré 2 mensajes en mi WhatsApp, mi esposo diciendo que me había quedado delicioso y Richi diciéndome que el cóctel estaba tan rico como yo, la verdad me saque mucho de onda, pero le dije que gracias y pues no fue solamente ese mensaje durante la tarde me dijo que el día que quisiera me invitaba un café, que a salir, que si mi esposo me trataba mal que le dijera, en fin, trataba de hacerme plática y me decía muchas cosas de esas, hasta que subió de tono y comenzó a mandar memes de sexo, no le di importancia a él y la verdad hasta lo dejaba en visto a veces.

    Pasaron los días, comenzando mayo contrataron a un chico para que atendiera el negocio, comenzaba la pandemia apenas en mi municipio con uno que otro infectado, así que mi esposo dejo de ir más que a hacer corte de caja, así que seguimos enviándonos mensajes Richi y yo, la verdad me fue atrayendo poco a poco su manera de tratarme, de preguntar cómo estaba y que me pasaba, hasta que el día 8 de mayo de ese año me invitó a salir, me dijo que del día de la madre me llevaba a un restaurante, le dije que no podía que la verdad no sabía si estaba bien y mi esposo estaba en casa, además de que no era correcto, obviamente como buena ama de casa y esposa “fiel” haciéndome del rogar.

    El día 9 de mayo me mando mensaje otra vez Richi, me dijo que la invitación seguía en pie, yo estando en la escuela acepte y fue ahí donde le dije a mi esposo que fuera a celebrar a mi suegra el día martes 10, que se llevará a los niños y que yo me quedaba en casa, que ya en la tarde me llevará a comer y al cine, así fue. Ese día mi esposo salió temprano de la casa, 8:30 am más o menos, tomo el auto y se llevó a mis hijos. Cuando se fue, me comencé a arreglar, un vestido negro, zapatillas negras, abajo un conjunto de encaje negro, en fin. Salí de la casa cerca de las 9 am, había él reservado en el restaurante de un hotel llamado “Tabachines”.

    Yo llegue en mi camioneta, él en su moto y pues entramos al restaurante, comenzamos a platicar del negocio, de mi relación con Luis (mi esposo), me dijo que le gustaba mucho, que ya me había dicho que él daría todo por tenerme y tratarme como reina, le dije que eso no se podía, yo todavía haciéndome del rogar, hasta que me besó, mientras almorzábamos me tomo por sorpresa y me dio un beso, yo la verdad le dije que no y que se calmara, ya que pues estaba lleno el restaurante y no quería tener problemas, me dijo que eso se solucionaba, que rentaba una habitación y que podíamos tener más privacidad, le dije que era una locura y me levanté al baño dejándolo solo en la mesa.

    La verdad me levanté porque ya estaba excitada, me atraía la idea de coger con él, aunque no era muy mi tipo, sin embargo, era más que obvio que al estar ahí era porque yo quería que pasara algo más. Así que regrese a la mesa y siguió cortejándome, me prendió aún mucho más, su léxico doble sentido, sus miradas acosadoras, en fin, estaba yo tan caliente hasta que le dije que si, que aceptaba su propuesta.

    Pidió la cuenta, y subimos al área del hotel, ya en el cuarto comenzamos a seguir platicando, yo la verdad me hacía del rogar, hasta que me dijo que sabía que a veces teníamos problemas mi esposo y yo, que él le contaba a veces lo que pasaba entre nosotros y que él no se enojaría nunca conmigo.

    Fue entonces cuando me besó y lo bese, comenzó a besar mi cuello, mis hombros, mientras yo solamente disfrutaba sus caricias, yo, como buena esposa fiel me resistía, le dije que no era correcto, que jamás había hecho lo que estaba haciendo con alguien más que no fuera mi esposo, sin embargo, entre el rechazo que según yo le hacía y el forcejeo que él me daba me calentaba aún más.

    Fue entonces cuando comenzó a desabrochar el cierre del vestido, quedé en tacones y con mi conjunto negro de encaje, mientras me besaba le fui desprendiendo de la camisa y de lo demás, hasta que lo deje sin nada, tenía una verga morena de buen tamaño, no tan gruesa pero si algo larga, besándome con pasión tome su vergota en mi mano derecha y comencé a jalársela, mientras él besaba mis hombros, mis manos.

    En fin, me estaba llenando toda de besos, fue entonces cuando me sentó en la orilla de la cama, me quito los tacones y comenzó a besar mis pies, mis tobillos, subió desde las pantorrillas hasta las piernas, piernas que le abrí y subí a la cama mientras él me llenaba de besos la entrepierna sin llegar a un oral, fue cuando subió a besar mi vientre, mi estómago, mis pechos por arriba del bra, hasta llegar al cuello.

    Me besó nuevamente y me recostó en la cama, era tanta su desesperación por cogerme que se colocó un condón y se subió en mi, mas tardé en abrirle las piernas que ya la tenía dentro, al principio me lastimó, me resistía un poco para hacerle saber que seguía siendo una mujer fiel, sin embargo lo disfrutaba, me estaba cogiendo tan rico que solamente me dispuse a disfrutar, mientras mis piernas las tenía en sus glúteos abrazándolo para que no se saliera, él se dedicaba a meterla y sacarla, yo gemía y gritaba pidiendo más hasta que se paró, se arrodilló y colocó mis piernas en sus hombros y sin más que decir la metió toda de nuevo.

    Me la metía tan rico hasta que llegó la pregunta del millón, “quién coge más rico, Luis o yo”, obviamente no le respondí, seguí disfrutando hasta que sentí como mi vagina se contraía al sentir mi primer orgasmo, le pedí que no parara, y sin parar y metiendo todo ese enorme trozo de carne me vine la primera vez.

    Al sentir mis contracciones paro, y la saco, con esa enorme verga me rozaba y pega en el clítoris, mientras yo me humedecía aún más. Fue entonces cuando lo recosté en la cama, me quite mi conjunto por completo y en cuclillas me fui sentando poco a poco en su verga hasta tenerla toda adentro, fue ahí cuando comencé a moverme, mientras él me apretaba las tetas con sus manitas pequeñas, no le cabían en la mano literalmente, y me decía que eran enormes mientras decía esto las comenzó a chupar y morder, yo solamente me limitaba a sentir eso que tenía dentro de mí.

    Seguí moviéndome hasta que me puso de perrito, me pidió que me pusiera mis tacones y me colocó en 4, mientras me tenía de perrita, me nalgueó, yo le pedí que no parará y que me diera más duro, me jalaba del cabello, me nalgueaba y me decía groserías y eso me excitaba, yo solamente gemía y le decía “así papi, dale más duro, acábatela”, mientras se movía me decía que jamás se imaginó que fuera tan puta, y volvió a hacer la pregunta del millón quién coge más rico, Luis o yo?”, mientras se seguía moviendo yo le decía que no parará que ya venía otro más, y fue ahí cuando él se vino, mientras se movía y yo esperaba mi siguiente orgasmo me ganó, y se vino antes que yo.

    Al ver que no pude venirme otra vez y que se vino antes que yo, saque su pene de mí y me recosté en la cama cobijándome, según yo por pudor y vergüenza, mire el celular y eran más de las 12 pm. Le dije que me tenía que retirar, insistió que me quedara, que le había gustado mucho y que me pedía, me rogaba que no me fuera, sin embargo le dije que no, que me tenía que ir ya que iba a ir a comer con “su amigo” y mis hijos.

    Comencé a cambiarme, no había tiempo de un baño, me coloqué todo lo que traía puesto y me despedí de él, quién me dijo que se iba a quedar un rato más, sin mediar más palabras me agradeció y yo también, le agradeció el rato de placer. Me despedí de él, y salí hacia el estacionamiento.

    Llegué a casa antes que mi esposo, me metí a bañar o más bien a enjuagar, me coloqué la misma ropa menos la interior y a los pocos minutos llego mi marido.

    No me había mandado mensajes, en mucho tiempo de ningún tipo más que el día que me chocaron (accidente vial por culpa de una moto que se estampó atrás de mi camioneta), ese día si me mando mensajes, inclusive mi esposo los vio y los leyó, no decían otra cosa más que “¿cómo está doña Wen?”

    Mi marido no sospechó nada, ni me dijo algo si veía algún mensaje de él, ya que no se imaginó nunca lo que pasó entre nosotros, además de que eran mensajes amables, nada sexosos, esos, me los mandaba por Messenger.

    Es una anécdota corta, lo sé, pero es algo de lo que mi cronología de encuentros sexuales que he tenido a lo largo de mi vida, se preguntarán dónde quedó el sexo oral o anal de otras veces, ese día no mostré lo que podía hacer, ya que para Richi yo era toda una señora y yo obviamente no iba a mostrar mis armas sexuales, además de que era alguien muy cercano a mi esposo y no iba a entregar todo lo que tengo y lo que se hacer a una persona tan cercana a él.

    Además después de ese encuentro pasó casi 1 año y medio para poder estar nuevamente juntos, durante la pandemia los únicos encuentros sexuales que tenía eran con mi esposo y uno que otro con Jorge, el doctor del cual ya les hablé, si gustan leer las demás anécdotas sabrán que llevo una secuencia de como empecé y como seguí en esta vida de infidelidad.

    Leo sus comentarios y por supuesto les contesto, saludos y esperen más de mí. Aún tengo mucho que escribirles. Besos.

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  • Historias de oficina (2 de 2)

    Historias de oficina (2 de 2)

    Comenzó el invierno, definitivamente me encanta el clima de hoy, el trabajo se hace más liviano y es un descanso algo de lluvia en una tierra tan caliente como la de esta región. Todos están tan tranquilos que casi ni salen de sus oficinas, las llamadas han sido escasas y tampoco hay visitantes.

    La bodega está muy silenciosa, hoy no se reciben ni se despachan mercancías, Santiago el jefe de bodega aprovecha para arreglar unos papeles en su oficina, él es un hombre de piel trigueña de estatura media, 35 años de edad y contextura media, hace un mes se casó con Gina una digitadora del segundo piso que aunque es bajita tiene muy bonita cara, contextura gruesa pero lo que definitivamente más llama la atención son sus senos muy bien formados, redondos y firmes de talla 36, se pueden observar mejor en los escotes que ella prefiere usar en su ropa de calle, ya se podrán imaginar lo feliz que está la pareja es en su luna de miel, sin embargo no han podido viajar y vaya que lo necesitan.

    Me llama la contadora para que le ubique a Santiago, me dirijo a su oficina que está en la entrada a la bodega pero ya no se encuentra allí, dejó sus archivos abiertos en el PC y nadie en los pisos superiores lo ha visto.

    En el sepulcral silencio de la bodega me parece escuchar algo, he comenzado a sospechar que él no quiere ser encontrado, con mucha discreción me dirijo a la bodega y entre cajas y estanterías el ruido se hace más claro, me dejo guiar por él y muy al fondo en el rincón más oscuro puedo observar que Santiago y Gina están muy ocupados calentando sus cuerpos en este invierno, él la rodea con un brazo por la cintura mientras besa su cuello y ella acaricia su cuello con una mano y con la otra masajea su pene por encima del jean con firmeza pero sin afán.

    El uniforme de oficina de Gina va desapareciendo, primero desabrocha la blusa azul y su sostén habano resalta cuando él lo desabrocha sin quitarlo para besar sus senos, pegado a sus pechos como un niño, los disfruta los masajea, los muerde un poco mientras ella aprieta sus labios, él sube por su cuello hasta volver a besarla, y ella desabrocha el pantalón y con rapidez encuentra el duro y grueso miembro que libera del bóxer y estruja con su mano.

    Ya que comprendo las necesidades del nuevo matrimonio no tengo intención de interrumpir este momento de felicidad para ellos y para que decir mentiras también para mí, porque no quiero ni parpadear viendo como ellos dejan un poquito de su amor impregnado en el aire abandonado de la bodega. Ella comienza a gemir cuando el introduce su mano por el pantalón de tela que desabrocha y cae junto con la tanga dando espacio a su mano para masajear a gusto la vagina ya mojada de su esposa.

    Las piernas de ella se ven temblar cuando el da círculos con sus dedos en el clítoris y ella empuña con más fuerza el pene entre su mano subiendo y bajando, con el movimiento el cierra los ojos, baja su pantalón hasta las rodillas y con sus manos en los hombros de Gina la empuja hacia abajo, lo cual ella entiende enseguida y sin dudarlo se arrodilla ante aquel tronco enrojecido para que ella siga el delicioso masaje con sus labios, lo besa, pasa su lengua para humedecerlo, comienza por el glande.

    Después de unos besos solo a la punta, comienza a profundizar más en su boca hasta que se pierde completamente entre sus labios, lo saca despacio y vuelve a introducirlo, su lengua se pasa por el glande con lascivia el placer se apodera de Santiago, quien toma su cabeza para indicarle el ritmo más indicado, se decide y comienza a bombear la boca de ella.

    Después de un rato parece no aguantar más y la mira con un gesto de no poder contenerse más, ella esboza una sonrisa maliciosa y mueve con rapidez su lengua en el glande brillante y rojo de él, lo introduce de nuevo en su boca e inmediatamente puedo ver como su boca se llena y se derraman de sus labios algunas gotas del líquido blanco que ella intenta tomar.

    Él sonríe con satisfacción mientras ella se pone de pie dando besos sensuales a torso bronceado, el acaricia ese cuerpo femenino casi desnudo y retoma las acaricias en la entrepierna, ella está extasiada de placer, noto como tiemblan sus piernas en cada vez que recibe un masaje en su clítoris, al ver la lujuria en sus ojos él no puede evitar la tentación y le da un beso, veo que él está listo de nuevo después de aquella placentera masturbación que le ha dado.

    Le proporciona un beso profundo donde se confunden sus lenguas y muerde sus labios, mientras la levanta de los muslos para montarla encima de su miembro, ella descarga las manos en las cajas de atrás y respiran con rapidez, suspiran con fuerza y emiten gemidos, estos ruidos me preocupan y miro hacia atrás con cuidado recordando que aún hay personas en la empresa, pero veo que nadie más que yo se ha enterado de aquello y continuo disfrutando de aquella escena de placer.

    Al acomodarla correctamente frente a él, la mira con misterio y ella espera lo que todo este rato ha deseado, ubica la punta del pene duro en la entrada de la vagina y de un solo tajo lo hunde hasta el fondo, lo cual hace que ella se queje con fuerza y yo me muevo silenciosamente entre las sombras y al ver hacia las oficinas, veo que la gerente asoma la cabeza por la ventana que de su oficina da a la bodega.

    Santiago, tapa la boca de Gina con un beso para evitar el ruido y despacio comienza un mete y saca intenso, poco a poco acelera y ella sonríe encorvando su espalda hacia atrás y moviendo su cadera para proporcionar más movimiento en el ajetreo que Santiago le concede desmesuradamente, cuando ella menos lo espera él une a este espectacular momento unos toques precisos en su clítoris que masajea con rapidez y firmeza, sus labios vaginales están tan rojos que parece que no pudiera soportar más, sin embargo ella le susurra: más, así, más duro, me encantas mi amor, me encanta que me lo metas así… ahhh…

    Es feliz se le ve en el rostro, y en el momento en el que él se queda quieto con los ojos cerrados ella lo abraza para que se descargue muy profundo en ella.

    En ese momento yo caigo en cuenta que debo alejarme antes de que ellos salgan de su trance porque de lo contrario me pueden descubrir, me alejo con todo esto en mi mente y cierto cosquilleo en mi entrepierna, ahora tengo suficiente material para relajarme a mi modo esta noche.

    Llego a mi escritorio los teléfonos no han parado de sonar, los atiendo mientras observo salir a Gina con una cara de satisfacción increíble, por un momento la envidio, pero ya veré como me desquito de este antojito.

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  • Infiel una vez, infiel siempre

    Infiel una vez, infiel siempre

    Es una mujer fantástica, la conozco hace muchos años, tantos como los que llevo trabajando en la empresa. No es una hembra despampanante, pero tiene algo que me hechiza. Tiene 41 años, casada y dos hijas. Somos amigos desde hace tiempo, y a pesar de que siempre he defendido que entre un hombre y una mujer puede haber verdadera amistad sin sexo, la realidad no me ha dado la razón.

    El caso es que hace un mes aproximadamente, en una conversación de risas entre compañeros les dije: “el próximo puente me voy a Venecia”, “¿con los niños?” dijo Carlos, como siempre en estas ocasiones la mujer se da por hecho. A lo que respondí, “no si Marta no viene”, risas, alboroto, “¿con quién vas golfo?” Me salió sin pensar: “Joder, me habéis estropeado la sorpresa para Ali”. Ja, ja, ja, más risas, anda tonto, dijo ella enrojecida. Y ahí quedó.

    A los dos días asomó por el despacho y con la más sensual de las miradas me dijo: “ya tengo la maleta preparada, ¿eh? Y se marchó.” Mi corazón se aceleró como el de un adolescente, y no he dejado de pensar en ello.

    A los pocos días lo tenía pensado, reservé una casa rural de puta madre, con jacuzzi, sauna, camilla para masaje, sillón tantra, chimenea. Un lujo que me costó 200 pavos la noche. Pero me arriesgué.

    “Ali, tengo preparado nuestro viaje a Venecia, el fin de semana del 15, espero que puedas” “Se puso roja, ¿cómo, cómo dices? Estás de coña ¿no?” “En absoluto, yo a Marta ya le he hablado de la reunión que tengo en Bilbao ese finde, y que probablemente tú también tuvieras que venir” le dije. Su cara era una mezcla de asombro, incredulidad y nerviosismo. Al fin me dijo, “no se Jorge, no sé si debemos” “¿Debemos?, ¿qué debemos o qué no debemos? Te quiero mucho, somos amigos y quiero disfrutar tranquilamente de tu compañía. Eso es todo.” “¿Me dejas pensarlo?” “Claro, cómo no”.

    Pasaron un par de días en que apenas la vi por la oficina, miraba continuamente el móvil, pero nada. Cuando el miércoles ya pensé en que tendría que buscar otro plan para no perder los 200 euros, me llegó un WhatsApp: ”De acuerdo, mi marido dice que se queda con las niñas y que mi empresa es un coñazo con tantas reuniones los fines de semana”. “Te recojo el sábado a las 10:30 en tu casa, tú solo preocúpate de estar increíble y disfrutar, vas a ser mi invitada de honor”

    Me pasé los tres días preparando todo, comida, bebida, sales para el baño, aceite de masaje, incienso, también le compré un par de conjuntos de lencería de esos irresistibles, que probablemente utilizara solo el fin de semana, pero…

    Llegó el sábado, me despedí de Marta, de los niños y me fui. A las 10:20 ya estaba en su puerta. Cinco minutos más tarde la vi aparecer, pantalón vaquero que marcaba sus caderas, botas con un poco de tacón jersey de cuello vuelto y poncho abierto de lana. Su pelo corto, más rojizo que nunca, un poco de pintura y una sonrisa radiante.

    “Estás preciosa” dije cuando entró en el coche. “Esto es una locura Jorge. ¡Ay, espero no arrepentirme!” Se echó un poco hacia atrás en el respaldo del coche: “¿dónde vamos, porque no creo que tengas billetes para Venecia de verdad?” “No, tienes razón. Sólo quiero que descanses, que te relajes y disfrutes. Vamos a una casa rural especial que conozco, cerca de aquí”. “¿A una casa rural? Mira, a mí no me pongas a cocinar, ¿eh?” Me encanta cuando se pone así de vehemente. “Ja, ja, ja, no se me ocurriría, desde luego, te repito que tú solo tienes que descansar, de lo demás me ocupo yo”.

    Una hora y algo después estábamos en el pueblo, hicimos el checking y fuimos a la casa. Ali, comenzó a relajarse, la bañera de hidromasaje y la sauna, la camilla para masaje e incluso que hubiese dos camas para dormir separados ayudaron bastante.

    “Mira, lo primero va a ser una sesión de baño y masaje, tú ve a la habitación, ponte cómoda y descansa un rato”. “Umm, genial, me gusta” dijo. Yo organicé la cocina, puse el vino y el champán a enfriar, preparé la bañera con sales de baño, puse velas aromáticas, música adecuada, encendí el sistema de cromoterapia, puse encima del diván tantra los dos juegos de lencería. Me encanta prepararlo todo, el placer de la anticipación, de la imaginación corriendo libre por mi cabeza.

    Subí despacio por la escalera, oía su voz de fondo: “… si claro, cariño, ¿cómo no?, te quiero, cuídate, oye, acuérdate de que Laura se tiene que tomar la pastilla antes de acostarse. Un beso cielo, te quiero” Suspiró, tiró el móvil encima de la cama. Estaba a medio vestir, o medio desvestir, no sé. Tenía el pantalón puesto, sin el jersey y sin los zapatos, una camiseta blanca de tirantes muy ajustada que resaltaba sus tetas, pequeñas, pero sugerentes. Me quedé quieto, mirando en silencio. Se quitó el pantalón, sus caderas eran espectaculares, su culo bien formado y sus muslos como para perderse entre ellos. No se quitó el sujetador ni las bragas, pero yo ya estaba a mil. Al girarse para ir a coger una bata de raso morado que había colgado en la puerta del armario, me vio.

    “Perdón, perdón, subía para decirte que ya está listo. ¿Todo bien?” “Sí, sí, hablaba con Dani. Me entran dudas Jorge, esto es una locura”

    “Puede ser, pero siempre he pensado que el amor tiene múltiples formas, que no puede ser restrictivo y que dudo mucho que nuestra relación reste a nuestros matrimonios, al revés, estoy convencido de que puede sumar”.

    “¿Sumar, cómo?”.

    “¿Soy mejor porque nunca le haya sido infiel a Marta, o porque la quiera con toda el alma aunque también pueda querer a otras personas?”

    “No sé, supongo que porque la quieras con toda el alma”.

    “Así es, para mí la fidelidad no se cifra en tener un cerco alrededor de matrimonio dentro del cual no puede entrar nadie y del cual ninguno de nosotros puede salir. El amor es darse, es vida, es relación es afecto, es sexo también, es muchas cosas pero no, no creo que sea restrictivo. No es infiel el que engaña a su pareja, sino el que no sigue la voz de su corazón en cada momento”.

    Se giró, vino hacia mí, y sin mediar palabra, me besó. Primero de manera muy suave, luego su lengua buscó mi lengua. Me dejé hacer. “Me has convencido. Hoy no quiero ser infiel, seguiré la voz de mi corazón” Se apartó de mí, se desabrochó el sujetador y lo dejó caer. Sus dedos se deslizaron muslos abajo arrastrando sus bragas negras. Quedó desnuda frente a mí. Su figura era espléndida, una mujer madura, hecha a la vida, con mirada sólida y sin titubeos. Tetas perfectas, pezones rosados, caderas abundantes, coño con el vello elegantemente perfilado, muslos carnosos, hombros firmes y sonrisa delicada. Toda una mujer.

    Bajamos a donde estaba el jacuzzi, ella delante, desnuda por las escaleras y yo, como hechizado detrás. Al llegar, la ayudé a entrar en la bañera, subí un poco la música, y me acerqué al comedor a por un par de copas y una botella de champán que ya estaba es su punto justo.

    Al volver a la habitación estaba recostada, dentro de la bañera, con los ojos cerrados y una cara de quietud absoluta. Sin abrir los ojos me dijo, “quiero que te desnudes y me acompañes”. Me acerqué despacio, entonces se incorporó, y me dijo, ven, empezó a desabotonarme la camisa, muy despacio, mientras me decía con voz queda, “ya sabes que pienso que los hombres con camisa ganáis mucho, pero sin ella aún más”. Sus dedos iban acariciando mi pecho al tiempo que la camisa se deslizaba por mis brazos.

    Sus manos se dirigieron a mi pantalón, me lo desabrochó, bajó la cremallera y cayó al suelo. Mi polla estaba despertando de su letargo, cuando con sus dos manos me bajó el calzoncillo, al inclinarse, su barbilla rozó mi pene y reaccionó poniéndose más tieso. Me metí en el jacuzzi junto a ella.

    Pasamos largo rato juntos, acariciándonos, besándonos, su cuerpo se movía en el agua con gracilidad, sus tetas aparecían y desaparecían debajo del agua, dejándome ver sus pezones tiesos, su risa se hacía cada vez más libre y descarada, el calor del alcohol y del agua fue derribando barreras. “¿Quieres que te dé un masaje?” Le dije. Claro, como no, fue la respuesta.

    Salimos del agua, la sequé con la toalla abrazándola fuerte contra mí, mientras besaba su cuello y su oreja. Completamente desnuda la tumbé en la camilla de masaje y me unté las manos de gel. Su espalda era una autopista para mis manos, su cuello, sus hombros, sus brazos, sus caderas, todo en esa mujer me volvía loco.

    Dirigí mis manos hacia su culo, lo acaricié despacio, masajeando cada una de sus nalgas, luego metí la mano por debajo, buscando su coño cálido y húmedo, no se movió, seguí buscando con mis dedos, primero las yemas, luego dos dedos, luego tres, poco a poco fui entrando en el calor de su sexo y ella poco a poco fue cediendo terreno, elevó un poco el culo para poder entrar más adentro. Los primeros gemidos, leves, luego un poco más fuertes, y más, su respiración se fue agitando al tiempo que mi mano seguía hurgando su coño y jugando con su clítoris, tieso, grande, desafiante.

    Empezó a gritar, me corro, me corro, joder, me corro, Jorge, Jorge, sigue, no te pares ahora, sigue, sigue. Me empapó la mano, la camilla, sus mulos. ¡¡¡Ufff qué mujer, qué corrida impresionante!!! Gemía y gemía sin parar.

    La levante de la camilla y la apoyé sobre el sillón tantra, completamente inclinada, su culo expuesto hacia mí, chorreando su flujo entre las piernas, mi mano empapada se acercó hacia su culo, lo acaricié, metí un dedo en su agujero, entró fácil, lo saqué metí dos. Su tremenda corrida mezclada con su flujo vaginal hacía de excelente lubricante, mis dos dedos entraban y salían ya fácil de su culo. La oí gemir algo, seguí, sabía que su culo era virgen, Daniel me lo había confesado, y sólo de pensarlo me estaba poniendo malo.

    Agarré mi polla con la mano, baje bien toda la piel dejando el capullo bien libre, lo apoye es su culo y apreté, despacio, muy despacio, la volví a oír gemir, estaba completamente entregada, apreté un poco más, vi como mi polla se hundía despacio entre sus dos nalgas perfectas, soltó un gritito, e hizo ademán de quererse escapar. Sé por experiencia que ese es momento crucial para abrir bien un culo, la agarré con fuerza de las caderas y le di la embestida definitiva, mis huevos rebotaron contra sus muslos, seguí mis embestidas, cada vez más encendido por sus jadeos, sus gritos, sus déjame ya joder, dame más fuerte, más, más, esa adorable mezcla de dolor y placer que proporciona una polla follando un culo.

    Estaba sudando, mi polla a punto de reventar, mis manos seguían aferradas a esa presa maravillosa de sus caderas, cuando estaba a punto de correrme se la saqué de golpe, sin que se moviera, me dirigí hacia su cabeza, la cogí del pelo y la dije, chúpamela. Se la metió en la boca. No la chupaba nada mal, se le tragó hasta dentro un par de veces, lo que unido a mi excitación, hizo que me corriera casi de inmediato, su cara, esa cara de princesa, de señora bien, de modales exquisitos, se llenó de leche, de semen de macho ajeno resbalando por sus mejillas, su barbilla y su cuello. “Eres impresionante acerté a decir” mientras acariciaba su cara mezclada con mi semen, su sonrisa entrelazada con mi pasión, su candor despertando a la vida.

    La recosté en el diván para hacerle la mejor comida de coño que hubiese podido soñar mientras miraba de reojo a la cámara que no había perdido detalle de lo que había pasado allí.

    Estaba seguro de que a Daniel no le iba a defraudar el video que le había prometido.

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  • Una visita muy inesperada

    Una visita muy inesperada

    El timbre de la puerta sonó. Al abrir me encontré a dos chicas, no deberían tener más de treinta años ninguna de las dos.

    ―Queremos hacerle unas preguntas si le podemos robar 5 minutos de su tiempo. —dijo la pelirroja.

    ―¿Sobre qué? —le pregunté extrañado.

    ―¿Usted cree en la reencarnación?

    ―A ver, ¿esto qué es? —de golpe me di cuenta. Estaba tan absorto en mis problemas que no caí que serían evangelistas, testigos de Jehová, cristianos católicos, musulmanes o yo qué sé.— lo siento, pero no me interesa. —les dije al momento.

    Tras un intento fallido de las chicas por querer seguir hablando les cerré la puerta con educación y marcharon al piso de enfrente.

    Pasaron tres semanas más cuando de nuevo, una tarde noche, volvieron a llamar a casa. Al abrir me sorprendió ver de nuevo a las dos chicas plantadas delante de mi puerta.

    ―Ya os dije que no me interesa nada de lo que vendéis —les dije con mucho respeto.

    ―Pero no vendemos nada, solo queremos ayudarle y que comprend…

    ―Lo siento, de verdad que no me interesa —la volví a cortar.

    ―Todo el mundo le interesa algo y lo espiritual nos ayuda en nuestro día a día.

    Me quedé observando a las dos chicas, una pelirroja, la otra morena. La verdad que eran atractivas y se les intuía que tenían buen cuerpo.

    ―A mí me interesa el sexo —les dije para ver su reacción.

    Las dos se quedaron sorprendidas, en silencio durante unos segundos, silencio que rompí yo.

    ―¿En vuestro grupo practicáis sexo entre vosotros?

    La morena reaccionó al momento.

    ―No, claro que no.

    ―A mí me encanta el sexo y si en el grupo lo practicarais seguro iría con vosotras.

    ―Nosotras practicamos el alma pura, la palabra de nuestro dios.

    ―¿Habéis follado vosotras dos?

    De nuevo el silencio volvió. La pelirroja solo miraba, la morena tal vez era la más sorprendida.

    ―Pues claro que no —dijo la morena.

    ―¿Y no os habéis replanteado tener relaciones entre vosotras?

    ―¡¿entre dos chicas?!, claro que no.

    ―¿queréis pasar? —me aparte de la puerta ofreciéndoles entrar.

    Las chicas se miraron, y dando unos pasos atrás hablaron en voz baja.

    ―¿Qué hacemos? —dijo la morena

    ―No sé, tal vez podamos convencerle, así nos apuntamos un punto ante los compañeros.

    ―Pero ya lo has oído, él quiere sexo.

    ―No sé, tal vez sea solo para asustarnos.

    Tras unos segundos más, las dos chicas entraron. Ya en el comedor les dije que dejaran sus cosas en la mesa. Ellas dijeron que necesitaban las carpetas para poder explicarme cosas. Entonces les dije que hablaban demasiado. Les volví a ordenar que dejaran las carpetas y así lo hicieron. Me puse delante de una de ellas y empecé a darle la vuelta observándola detenidamente, después hice lo mismo con la otra.

    ―Veo que tenéis buen cuerpo y un culo muy rico —les dije.

    Ninguna de ellas contestó.

    ―Acercaros la una a la otra y acariciaros el rostro —les ordené.

    La morena iba a decir algo cuando la pelirroja ya le acariciaba la mejilla. Cosa que hizo que la chica se extrañara algo, pero se dejó llevar.

    ―Besaros en las mejillas.

    Esta vez las dos lo hicieron sin poner objeción alguna.

    —Ahora quiero que os beséis en los labios, suavemente y os abracéis. Las dos juntaron sus labios al mismo tiempo que sus manos tocaban la cintura de la una a la otra. Vi, que sin yo mandárselo las lenguas de las dos estaban jugando entre ellas.

    ―Acariciaros por debajo de la ropa —ordené de nuevo tomando asiento en el sofá para observarlas con tranquilidad.

    Las manos de la pelirroja fueron las primeras en sacar la camisa de la falda de su amiga y acariciar el cuerpo suave hasta llegar al sujetador, pasándola por debajo. La morena se estremeció un poco. Y sus manos también acariciaron el cuerpo de la pelirroja. Les dije que se fueran desnudando poco a poco. Y así lo iban haciendo entre besos y caricias. En pocos minutos las dos estaban solo con un tanguita la morena y unas braguitas la pelirroja. Las dos tenían los pechos medianos, sus pezones duros y erectos gritaban al viento que querían más caricias.

    ―Ahora quiero que os toquéis el coño, ya no os diré nada más, quiero veros follar a las dos.

    Esta vez fue la morena quien bajó su mano a las braguitas de su amiga, notando como estaban muy húmedas. Mientras la pelirroja empezaba a lamerle los pezones… metió las manos por su braguitas y sus dedos entraron con suma facilidad por el coño de su amiga. Notó un calor extremo en sus dedos, la pelirroja empezó a moverse para acompañar los dedos de su amiga, así ayudaba a ser follada mejor, mientras sus manos pasaron por el culo de la morena pasándole también sus dedos por el coño depilado de esta.

    Las dos cayeron al suelo entre gemidos besos y caricias. Las dos estaban envueltas en el frenesí del sexo y ya no les importaba nada. Yo mientras me había sacado la polla erecta y me la acariciaba suavemente sin prisa. Ellas ya desnudas se lamian el coño la una a la otra, se metían los dedos y se follaban con fuerza. Poco después las dos se pusieron en x, esta vez ordenado por mí, y juntaron sus coños ardientes, jugando a frotárselo el uno al otro. Gemían de placer, se miraban, me miraban mientras sus coños aplastados intercambiaban fluidos.

    Me levanté e hice que las dos se pusieran a cuatro patas, cosa que hicieron al momento. Sus culos redondos dejaban ver sus coños al mismo tiempo. Yo los acaricié y abriéndoles el coño con ambas manos mis dedos tres en cada uno de ellas empecé a follarlas al mismo tiempo. Mis dedos entraban y salían con soltura, pero con fuerza.

    La morena estalló en un grito de placer y se dejó caer al suelo, su cara de felicidad y su respiración pausada desvelaba su gran orgasmo. Al segundo notó el chorro de calor en mis dedos de la rubia, ella gritó y gritó mientras el placer la invadía.

    Al ratito se vistieron y abandonaron mi casi sin mediar palabra.

    Dos semanas más tarde sonó el timbre. Al abrir la puerta dos chicas se encontraban al otro lado, una morena y otra pelirroja. No pidieron permiso para entrar…

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  • La Corregidora y El Conin (mi primer amante)

    La Corregidora y El Conin (mi primer amante)

    Prólogo

    En todas mis historias siempre cuido la discreción tanto mía como la de todos y todas que me han hecho gemir. No pongo nombres. Aunque soy detallada en varios puntos de mi historia, procuro cambiar algunas cosas la ropa que llevábamos, marcas de coches que aunque sé que esto último es algo ridículo, pero créame todos. He sabido de varias cosas hechas por manos expertas por cualquier tipo de filtración.

    ¡¡¡Estoy emocionada ya que tengo mi primer fan!!! Me ha pedido que narre la historia de mi primer amante y en honor a este fan, el nombre de mi amante se llamará así: José

    Cuando estábamos a mitad de la pandemia, yo estando harta de estar encerrada, decidí mudarme. Estuve viendo opciones y el ganador fue Querétaro el cual por cierto ame con todo mi corazón. Realmente espero regresar. Me sentía segura allá, tanto así que allá fue la primera vez que salí a la calle vestida. Empecé a hacer amigas del ambiente, algunas de ellas se paraban en Av. Universidad. Mujeres hermosas que amé y que de hecho me dejaron pararme junto a ellas una vez. Ellas son hermosas, sus cuerpos eran divinos. Esa noche solo recibí 300 pesos por una mamada en el coche. Así de hermosas son.

    Otra de mis mejores amigas se llama Ximena. Una escuincla de 24 años en aquel entonces. Hermosa con unas nalgas hermosas que tuve la oportunidad de besar. Con ella salía regularmente e íbamos mucho ya sea a Maximilianos en el centro o a chuecas en Bernardo Quintana.

    Era sábado en la noche pasé por Xime y nos fuimos al “Maxi” tiene un cuerpazo, aparte es una escuincla aún, salió con un minivestido blanco donde se filtraba un pantiliguero, tanga y bra negro. Ya que estamos en eso, describo mi outif:

    Minifalda tableada “Corte A” para medio disimular mi carencia de caderas a medio muslo de color negro

    Un bra de encaje rojo DD que guardaba cada copa una teta de silicona

    Blusa entallada abierta de los tres primeros botones. Dejando ver parte de mi chichero.

    Pantiligueros negros Dorian Grey y abajo una tanga roja de Victoria Secret. Es importante mencionar que si sabes que esa noche vas a estar con Vlad Dracul o con El tío McPato, debes llevar el calzón encima del liguero. Es más cómodo abrir las piernas cuando te quitan el calzón. Ese día iba con La tanga abajo del liguero. Iba con Xime y ella iba a llamar más la atención que yo. La neta me emocionaba ver a mi amiguita ser tan putita y que lo disfruta tanto.

    Estacioné la camioneta como a dos cuadras del Maxis, cuando estábamos a media cuadra para llegar, olvidé que tenía mi… otro maquillaje en la bolsa. No lo había escondido para cuando nos revisaran en la entrada. Rápidamente lo saqué y la metí en mi panocha de forma bastante discreta.

    Ya adentro, lo primero era ir por una chela e ir hasta el fondo al baño para sacar la balita de mi panocha totalmente depilada y aprovechar a hacer pipi mientras me maquillaba cada fosa nasal. Salí del privado para que entrara Xime. Yo me fui a lavar las manos verificando que no haya quedado ningún “fantasmita” en mi nariz y esperando a mi amiga.

    Alrededor de la media noche estando bailando y tomando ambas donde se escapa uno que otro beso le marcan a si celular. Se aleja lo más que puede del ruido dejándome sola. Al cabo de 5 minutos regresa y me dice:

    -Mana!!! Que crees, viene mi sugar para acá jaja

    -¡Súper! Mientras pensaba: Ok, seguro me voy a quedar sola aquí. Cabe la posibilidad, entonces a ver a quien me ligo o algo.

    -Mana, está con un amigo de hecho y perdona le mandé una foto tuya porque quería ver el amigo como eras y pues si le gustaste.

    Mientras decía eso, me enseñaba que foto le había mandado la cual era yo pero en lencería. La neta si me dio pena y si le reclamé en buena onda pero pues a ver qué onda

    Llegaron tipo 12:30 a donde estábamos las dos. El amigo de nombre José era un tipo como de 1.80, complexión media aunque se veía que iba al gym, 50 años muy bien cuidado para su edad. Afeitado con lentes y cabello entrecano. La verdad nada feo. Ingeniero, casado y después supe que amante del Cris.

    Paso la noche, el lugar se fue vaciando dejando mesas libres agarrando una y pidiendo cubeta tras cubeta de cerveza. Cuando sentía que ya estaba a punto de perder equilibrio y más con tacones, iba al privado a darme un retoque en cada fosa.

    La última vez que regresé del baño la lengua de Xime y su sugar estaban ya jugueteando entre ellas. Mientras ellos ya estaban en otra cosa me quedé platicando con José. Culto, inteligente. Admiro a los hombres que saben seducir la mente. Excitar el cuerpo es rico pero todos lo pueden hacer. Excitar la mente sin temas sexuales, en lo personal me puede dejar la tanga mojada.

    Seguimos tomando, bailando, ya pegando mis tetas a él. Abrazándolo mientras bailábamos una salsa.

    Vi que mi amiga y su güey iban de la mano al cuarto oscuro. No tardaron ni 5 minutos cuando llegaron a la mesa.

    -Lía, queremos ver cómo hacerle. Él y yo queremos irnos a coger pero José no tiene coche y aunque vive en Querétaro, se está quedando en San Juan del Río en un hotel por 5 días por cosas de trabajo. Puedes llevarlo.

    Vaya que si puedo…

    Teniendo el hocico caliente los 4, no medimos el tiempo hasta que prendieron luces a las 3 am. Tanto mi amiga como él, no estaban en condiciones para manejar. Decidimos llevarlos a la casa de su amante en Zakai. Yo manejando mi camioneta junto a Xime y José manejando el otro coche con Xime.

    Los dejamos sanos y salvos y ahora si, a SJR. Le di las llaves a José para que manejara mi camioneta. Digo, ¿él es el hombre no?

    Siendo donde estábamos ya era más rápido salir hacia el aeropuerto hacia la 57. Por mi cabeza pasaba que seguramente si pasaba algo iba a ser en su hotel, interrumpiendo mi pensamiento me dice:

    -¿Lía, te puedo hacer una pregunta? ¿Que dulce es el que consumes? Y si puedo adivinar es perico.

    -¿Por qué piensas eso?

    -Minutos después que regresabas del baño mágicamente llegabas más sobria. Neta no hay bronca, a mi me late fumar e inhalarCris.

    Pues ya que le digo si igual era un adicto como yo. En una parte de la carretera, honestamente no me acuerdo, estaba peda y drogada. Se orilla. Estaba con poca iluminación y bastante solo. Saco su bolsita y pues aproveché para sacar mi balita y retocar mi nariz. En esa misma parada le pedí que me aguantara porque ya me estaba haciendo pipi.

    -fíjate que tengo esa duda. ¿Haces parada o sentada?

    -Lía es dama Pepe.

    Abrí la puerta de mi camioneta y abrí la puerta de atrás para taparme. Me bajé la tanga aun teniendo mi clítoris entre las piernas sentándome como toda una dama y me dispuse a hacer pipi. Tome un kleenex para limpiarme. Al momento de pararme “accidentalmente” me levanté tantito el vestido.

    -Pepe, va sonar ridículo pero necesito arreglarme tantito, como caballero ¿te podrías tapar los ojos?

    Volteado con la mano en los ojos, me hice la vaginoplastía temporal en chinga, me subo al auto cerrando la puerta señalando que ya podía abrir los ojos. Puso drive y avanzamos.

    -Oye Lía, si puedo preguntar, ¿que te estabas arreglando?

    -La panocha bebé. Siempre hay que verse lo más femenina. ¿Quieres verla?

    Me tomó del muslo levantando mi falda y acariciando. Tienes piel suavecita hermosa. La levanto toda dejando ver mi camel toe en la tanga. Lo tome por la pierna cuando en ese mismo instante dijo. Primero un “jale sin” ¿no? ¡Pues claro! Dejo su mano acariciando mi muslo y entrepierna mientras ya mi mano sentía como se le iba poniendo dura, tratando de medirla. Estaba muy drogada, borracha y caliente para analizar. Manejamos así durante no sé cuánto pero se me hizo eterno. Decidió no agarrar la 57. No sé donde estábamos, pero el lugar estaba como boca de lobo. Llegamos a un lugar plano con mucha Yerba, medio escondió la camioneta entre la maleza. Cada quien sacó su respectiva medicina.

    Creo que es importante mencionar que algunos encuentros que he tenido el vato es vidrioso. El 100% de ellos que representa como un 20% aproximadamente del total de mis encuentros me han dado la cogida de mi vida. Me comentan ya que a mí no me agrada, los pone más caliente y con la verga más dura y pues de ese 20% el 100% fueron. Wow.

    En mi caso con mi balita, me pone más caliente y aunque no llego a tener una erección total, pero pues lo suficiente. Aparte me vale madre. Soy pasiva.

    Una vez que guardamos eso, proseguimos a besarnos y a darnos el faje de nuestra vida. Me manoseaba toda, yo desabrochando el pantalón.

    -¿Tienes condones?

    -Pues si, pero no quieres llegar al hotel.

    -Nena, estaría riquísimo, pero son las 4 am y mi esposa llega a las 6 al hotel. Estoy impregnado de tu perfume y de ti, tengo que deshacerme de toda evidencia.

    Tiempo después me explicó sus reglas. No era la primera vez que había tenido una amante TV. También me explicó el porqué nosotras somos las mejores amantes.

    -¿Papito, entonces por que no hacemos los asientos para adelante y bajas los asientos de atrás para expandir la cajuela de la camioneta?

    Se baja del coche, hace el asiento de mi camioneta hasta delante, haciendo el mismo procedimiento yo, en lo que daba la vuelta me acomodaba mi rajita. Apenas terminaba cuando le da la vuelta a la camioneta.

    Solo con la luz de la luna se acerca a mí, a cada paso que daba mis uñas rojas levantaban la falda, exponiendo mi liguero y la tanga

    -¿Entonces si te gustó papi?

    Sin contestar se desabrocha el pantalón secándose una verga que neta era exactamente como me gustan. Unos 18-19 cm. ¡Con circuncisión, cabezón, venuda, gruesa, hermosa!

    Me abraza agarrándome las nalgas, con las manos jugaba con su verga. Me dio la vuelta, sacando la tanga de entre mis nalgas, con ella se detenía la verga mientras me rozaba las nalgas.

    -oye amor, ¿como te gusta que sea tu mujer en la cama? ¿Una dama o una puta?

    -La neta 50-50. Depende momento y así, ¿y tú?

    -Igual 50-50. Me encanta el romanticismo, pero también me gusta ser medio pervert. Es como me vayan llevando. Lo importante es que si quieres a una puta en la cama, primero seduce a la dama.

    -¿seduje a la dama?

    -Culto, estudiado, caballeroso. No digas mamadas mi amor, y mejor deja que tu putita te las haga.

    Me senté en la orilla de la camioneta con las piernas abiertas. La falda escondía mi ya desaparecida panocha pero falló en ocultar el liguero.

    -Pero primero un jalesin. Tome la balita poniendo tantito polvo en la punta de su pitote. Lo suficientemente gruesa para que un “bump” quedara bien centrado. Tapándome una fosa y jalando con la otra, procedí a limpiar el resto con la lengua mientras le búscala la mirada. Eran besos suaves al inicio, lamiendo la punta para comerme su fluido preseminal. Conforme iba sintiendo la necesidad de poner esa verga en mi garganta y ahogarme con ella, le puse la mano en mi cabeza para que me empujara.

    Se la estuve mamando así un rato, lamiéndola de arriba a abajo, mordiéndola con los labios. Mis manos masajeaban sus bolas que estaban hasta arriba por el frío.

    -Vente putita, vamos atrás. Me ayuda a pararme, reclina el asiento y me da el paso primero. Estaba a punto de subirme cuando me empino en el asiento ya reclinado, levantándome la falda y haciendo la tanga a un lado empezó a mamarme el culo. Abría mis nalgas, escupiéndole, metiendo un dedo, dilatando y lubricando.

    -¿Dónde están los condones?

    ¡Eso me encantó!

    -En mi bolsa amor, también saca el lubricante, hay toallitas húmedas y una bolsa de plástico que uso para cuando saco a mi perrita.

    En lo que sacaba las cosas le comentaba.

    -¡Pepe, eres un cabrón! Eres lindo, caballeroso, guapo, con buena verga. Me estás enculando y ni siquiera se la has metido a tu putita.

    En tono medio serio.

    -Sinceramente Lía, estoy pensando en hacerte mi novia.

    De lengua me como un taco pero siempre abierta de piernas o abierta a lo que pase. Sin hacer más comentario al respecto y para cambiar abruptamente de plática .

    -Amor, quieres que te la mame un ratito más o ya me la quieres meter. Lo que papi quiere, mami hace.

    -Pues papi quiere que mami consienta con su boquita hermosa.

    Con movimientos suaves, pensando en movimientos felinos, me deslice hasta sentarme en la orilla de la camioneta, haciendo un déjà vu de una mamada anterior.

    Mis dedos desabrochaban la blusa, abriéndola, dejando el bra completamente al descubierto. Me ayuda a pararme, me pide que me suba y me acueste boca arriba. Estando como mi hombre quería:

    -Mi amor, ¿sería mucha molestia que me ayudaras a quitarme los tacones?

    ¡Hijo de su… no, me cae que su madre era una santa! Con toda la tranquilidad y paciencia del mundo me quito lentamente los tacones. Besando mis pies. Esos besos subían llegando a la rodilla. Tomándose su tiempo llegó a la frontera de mis ligueros. Donde la tela se encontraba con la piel suave, recién depilada. Cada vez que subía levantaba más mi falda, besaba mis muslos, lamía mis entrepiernas. Teniendo en cuenta que estábamos en espacio reducido. Con toda la paciencia del mundo inició la misión de quitarme la falda. Se hacía para arriba, me besaba mi vientre. Cómo toda buena mujer apoyando a su hombre en su misión, bajaba la falda.

    -Mamita, papito quiere que te bajes los calzones y me enseñes esa panocha depiladita.

    Mirándolo a los ojos a través de mis lentes los cuales me fue quitando, con una carita de puta y con una sonrisita de travesura:

    -Lo que mi papito pida mamita obedece.

    En lo que ponía mis lentes en la parte de adelante, Mamita quería complacer a su papito. Con las piernas juntas escondiendo mi verga disimulando una panocha gorda, los calzones abajo como papi ordenó. Vi que traía su bolsita, poniendo tantita en mi panocha, inhalando y lamiándola.

    -Me encantó tu idea jajaja.

    -Lía, neta neta t¿e gustó? Plis se honesta.

    -Si, ¿por?

    Ya con aquel trozo delicioso duro como piedra me monta, Metiéndomela en la panocha, rozándome mi clítoris. Me besa:

    -Lo que te dije hace rato es verdad. Ya lo decidí, si quiero que seas mi novia. ¿Te gustaría andar conmigo?

    -¿Es neta Pepe?

    -solo que bueno. Se podría decir que sigues siendo de clóset, entonces sé que eres discreta. Eso lo pido al mil.

    -Tranqui, créeme que esto es para divertirnos, no generar más problemas.

    -Ya después te diré cómo hacerle y todo, pero de una vez te digo que no solo te voy a hacer mi vieja. Te voy a ser mi amigo y como tal es confianza y discreción completa de ambos.

    -Siempre con condón. No me lo tomes a mal mi vida, pero pues amo a mi mujer y madre de mis hijos. Podré tener cariño contigo y se que estás sana pero no puedo enamorarme de ti y siempre voy a cuidar a mi esposa.

    A pesar de que el infiel estaba sobre mí, metiéndome su verga en mi panocha, lo cual podría decir que era un cínico. La neta es que me dio ternura. Yo no sé qué es lo que lo hace estar aquí, no soy nadie para juzgar, sin embargo, el simple hecho de que cuide así a su esposa, lo respeto y lo admiro.

    -Mi amor, ¿sabes que me encanta? El hecho de que te expreses así de tu esposa. Es una mujer mega afortunada al tenerte. Créeme que viviendo como mujer llegas a tener experiencias que pasan las mujeres que detona ese pensamiento y sentir de ellas. Me considero culta y entrenada. Si llegas a tener problemas con tu mujer, contáctame, créeme que soy buena escucha y a veces doy buenos consejos. Entonces a tu pregunta, sí, si quiero ser tu novia. Ahora cállate, bésame y hazle el amor a tu nueva amante.

    Normalmente con la cantidad de polvo que me metía tenía complicación con mi erección. Está vez la tenía tan parada como mi nuevo amante.

    Lo abracé con los brazos y piernas, juntando nuestras vergas para acariciarlas al mismo tiempo. El beso que nos dimos fue prolongado, húmedo, apasionado. Ponía su verga en el perineo,

    -Amor, acuéstate boca abajo y préstame tu balita.

    Abrió mis nalgas, dando lengüetazos a mi panocha de travestí. Tratando de meter la lengua. Con una mano abrió mis nalgas y con la otra puso un “bump” en la entrada de mi cola. Mojó su dedo, dilatándome, metiéndome un dedo, con la cola medio anestesiada, no tardó en meter dos. Me empezó a besar las nalgas, las levantaba, moviéndolas cada vez que mamaba mi cola.

    -¿Te gustan mis nalgas mi amor? ¿Le vas a dar verga a tu nueva puta?

    -Le voy a meter la verga a mi vieja que me encanta que sea tan puta.

    Ya con el condón puesto se acostó en mi espalda. En el vientre tenía mi chamarra y una cobija que tenía ahí para tratar de alzar lo más posible las nalgas. Que me penetrara lo más profundo posible. En lo que iba sintiendo como entraba en mi, movía las nalgas para dilatar más. Al final se acostó completamente. Besándome la espalda y embistiéndome. Realmente era algo que no podía tardar mucho tiempo.

    -Mamita, me da cosa que no te vengas.

    -Papito, no te preocupes, mamita entiende y es lindo que pienses en mí. ¡Pero si quiero que te vengas, amor dale verga a tu puta!

    Si ese cabrón me proponía matrimonio, me cae que hasta me dejaba embarazar.

    -¡Ay José! ¡Que rico me estás culeando cabrón! ¡Me tienes bien drogada y bien puta!

    -¿Te imaginas que te estuviera en serio preñando?

    El güey sabe excitar la mente. Yo-ya-valí-madres…

    En mi mente pasaron tantas cosas. Han sido años que no me he dejado preñar. Desde que era una adolescente.

    -¡Ay mi amor, en serio me vas a encular bien cabrón! Ahora, si se puede y en forma de fantasía. No vayas a pensar mal ni nada, solo que pues en mi puteria soy romanticona y ahorita que me dijiste eso de preñar, pues me encantaría agregarle a la fantasía a veces obvio que fuera tu esposa. Incluyendo el te amo y así. Una vez que terminamos, pues el juego se acabó. Cómo dices, cariño, estima, que dure lo que tenga que durar….

    -A ver mi amor, cállate. ¡Cómo buena vieja, no se calla caray! Jajaja. Escúchame mi vida.

    Acostado completamente en mi espalda con ligeros movimientos de mi culo, mordiendo la verga gracias a ejercicios de Kegel.

    -En los 10 años que hemos estado te puedo decir que me encantas más y más y te amo así mismo.

    Hijo de la fregada. ¿Quieres mi carro, mi cuenta bancaria, quieres que te mande lonche todos los días? Tu pídeme, sin pedos. Ya valió madre jajaja. Lo bueno es que soy capri y tengo más consciencia y frialdad como dicen.

    Pues de que iba a ser puta, pues acabe siendo dama. En ese momento era su esposa. Volvió el ritmo, empezó lento, cariñoso, nos fuimos excitando más:

    -José quiero un hijo tuyo, ¿si? ¡Pepe, embarázame!

    Su ritmo aceleró, mis gemidos y gritos le imploraban su semen en mi útero. Estaba tan excitada que estaba segura que estaba en mis días fértiles y quería un hijo de José. Si lo imaginaba. Imaginaba como inundaba mi cola con toda su leche. Dio un grito de placer. Empezó a venirse y me la dejó toda adentro. Sentía como explotaba, levantaba las nalgas, moviendo la cola mientras me la jalaba. Casi al instante me vine yo, dejando todo mi “squirt” en la cobija.

    Muchos encuentros tuve con mi güey. Pero hay uno que vale la pena ya que fue el día que me vistió de novia y me contó todo para ser una buena amante.

    Pensaba en él estando juntos aunque sabía que no iba a pasar. Sabía cuál era mi lugar.

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