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  • Su polla de ébano dentro de mi rosada vagina

    Su polla de ébano dentro de mi rosada vagina

    Todos los veranos me suelo perder sola en una cala muy poco conocida, donde me gusta bañarme sin que haya miradas indiscretas, sentir la caricia del viento sobre mi cuerpo desnudo, las caricias del agua sobre aquellas partes siempre ocultas, es una cala pequeña de apenas seis metros y de las paredes del acantilado a la orilla de aguas cristalinas tan solos tres metros, las paredes de unos veinte metros de altura casi verticales que te esconden del resto de la gente, solo un camino pedregoso y de difícil bajada lo separan de una carretera en medio de la nada.

    Bronceada por el sol mi, sentada en la orilla el agua me cubre no más de la mitad del muslo y las olas van ahogando mi sexo, mojando mi vello cada vez que llegan amansadas después de haber roto sobre mis pies, algunas pocas gotas caen nuevamente al mar llenándole con mi deseo al desprenderse de mi sexo hasta la próxima ola, la melena mojada por mi espalda y mis manos acariciando mis pechos duros, quitando el exceso del agua al haberme zambullido, en la cala como siempre sola, ni un alma, solo el sonido de las olas al batir en la orilla, el sonido de las cigarras y el piar unas pequeñas aves que revolotean en un cielo azul libre de nubes blancas, pero hoy por el camino de difícil acceso a la cala un hombre empieza su descenso.

    Salgo presurosa del agua y me pongo un pequeño vestido de playa prácticamente transparente atándolo a la cintura y me siento nuevamente en la arena, el hombre se acerca irremediablemente a mí, es un hombre muy guapo de raza negra, por debajo de una camisa blanca abierta puedo ver su cuerpo con unos músculos bien esculpidos, labios carnosos, ojos azules y con poco pelo, lleva una toalla en la mano derecha y un libro en la izquierda, un bañador de nadador que permite ver un bulto considerable debajo de él, sus muslos y piernas son una tentación, una invitación a mirar.

    -Buenos días, un buen día para bañarse. -Me saluda con una enorme sonrisa blanca,

    -Buenos días. -Le respondo cordialmente.

    Estoy casi al final del acantilado mirando como extiende la toalla, deja el libro sobre ella y se va quitando la camisa blanca dejándome ver su espalda igualmente esculpida por los mismísimos dioses del olimpo, una espalda ancha con unos trapecios y dorsales bien definidos, aunque tapados por ese mini bañador de color rojo, observo unos glúteos redondos y duros, la verdad que era un hombre espectacular, guapo a más no poder y un cuerpo envidiable.

    Mientras él se metía en el agua, yo me incorporaba poniéndome de pie y le miraba con deseo, mordiéndome los labios inferiores y sintiéndome tremendamente excitada, su piel negra mojada y reluciente por el sol hacía de mis delicias, sus bíceps y tríceps dispuestos a desmontar mi resistencia, las olas golpeando sus abdominales y yo no podía más que mirarle apoyada en la pared del acantilado, con mis manos jugando con la cinta que ataba mi vestido, hasta desatarlo, hasta que mi vestido se abrió dejando ver mi cuerpo, mi sexo y mis pechos nuevamente libres de la tela.

    Él mirándome fijamente y yo comiéndomelo con la mirada, empezó a salir del agua desnudo con su bañador en una mano tirándolo sobre su toalla y con una erección tremenda en su polla de ébano se acercaba a mí.

    Le tenía a pocos centímetros de mi cuerpo, tapándome el sol con su cuerpo, sus manos acariciaban mis mejillas y separaban algunos pelos de mi melena que revoloteaban libremente por el viento, notaba el golpeo de su erección en mi tripa, ninguno de los dos dijo ni una palabra, nada, solo los mismos sonidos de la naturaleza envolvían la cala, mis manos estaban sobre su cuerpo acariciando sus músculos secándole las gotas de agua con las yemas de mis dedos, sus labios próximos a los míos y mi cuerpo empezó a temblar al sentir sus manos sobre mis pechos, cubriéndolos con sus enormes manos y sintiendo su pene bajar hasta mi sexo.

    Sus labios sobre los míos ya buscaban la forma de entrar en mi, para que nuestras lenguas se bañaran juntas dentro de mi boca, su mano izquierda cogiendo su pene recorría mis labios vaginales de arriba abajo, golpeando y presionando con su glande mi clítoris rosado, no paraba de besarme, no paraba de apretar mis pezones duros y puntiagudos, sus labios sobre mi cuello y mi melena rubia al viento, un sonido más en aquella cala, un gemido, el gemido que mi cuerpo emitió cuando su glande de ébano se metía en mi vagina rosada, negro y rosado, rosado y negro, un baile delicioso empezaba a ser protagonista aquella tarde.

    Me sentía atravesada por una lanza, sus labios no paraban de morder mi cuello y mis labios y sus manos sobre mis nalgas me levantaron en vilo apoyando mi espalda contra la roca, mis piernas abrazaban su cuerpo mientras él se movía arriba y abajo, metiéndome esa enorme polla de ébano en mi vagina rosada, destrozando cualquier resistencia de mi vagina, dilatándola a cada embestida, estaba tremendamente mojada que mis flujos salían de mi interior cada vez que esté la metía y sacaba, un líquido blanquecino y lechoso le empapaba su polla negra cada vez que me la metía más y más al fondo, hasta mis entrañas como queriendo atravesar las paredes uterinas y aun todavía… tenía polla por meterme.

    Me estaba follando un dios del sexo, un dios negro con una polla como nunca había visto, el placer al sentirme insertada en aquella polla que me llenaba entera era indescriptible y un tremendo orgasmo paralizo mi cuerpo, convulsionándolo, las pocas aves que había posadas en la cala emprendieron el vuelo asustadas de los gritos de placer que soltaba y el como si nada, seguía metiendo y sacando su polla de mi rosada vagina.

    Empalada en su polla dio dos pasos hacia atrás y me soltó en el suelo arrancando el vestido de mi cuerpo, me puso a cuatro patas y volvió a meter su polla en mi vagina, ni una palabra, ni un gesto, solo el silencio en la cala, mis gritos y el golpeteo de su carne sobre la mía cuando metía su polla habían acallado el resto de sonidos, con las manos en la arena caliente y mis pechos bailando en el aire, con sus manos sobre mis caderas y con más fuerza y con más rapidez empujaba, penetrando tan dentro de mi cuerpo que mis manos no aguantaron y caí con mi cabeza en la arena, mis nalgas elevadas seguían recibiendo las penetraciones de aquel semental negro.

    Mis gemidos se convertían en gritos, los gritos en soplidos sobre la arena y un nuevo orgasmo, nunca había sentido uno orgasmo tan intenso como ese, parecía como si me estuviera orinando cuando empezó a salir de mi cuerpo a chorros un líquido casi transparente, sabía que mis piernas temblaban cada vez que expulsaba ese líquido, bañando su polla con él, sentí como la sacaba y dándome la vuelta me la metió en la boca, empecé a chupar y chupar aquella polla negra con sabor a mi tan rápido y tan profundamente como me fue posible hasta que empezó a explotar lanzando chorros de su semen en mi boca, tragándomelos, limpiándole el glande con mi lengua y saboreando, acariciando aquella polla que me había dado el mayor de los placeres hasta ese día.

    Me quede sentada en la arena, mientras él se bañaba, estaba todavía asimilando lo que había pasado, salvo el saludo inicial, ni una palabra más, me había follado un desconocido, un hombre sin conocerlo de nada me había hecho disfrutar con el mayor orgasmo de mi vida, todavía tenía mi vagina sintiéndole dentro, aquel hombre jugaba con el agua, su cuerpo negro volvía a relucir en aquellas aguas cristalinas y como si tuviera algún efecto hipnótico sobre mí le miraba como si fuese el dueño de mi cuerpo y de mis actos.

    No tarde en entrar en el agua con él y no tarde en abrazarme a él sintiendo nuevamente su polla deslizarse por mi interior, nuevamente nuestros besos, nuevamente los gemidos cada vez que sentía su polla entrar en mi vagina, le rodeaba su cuerpo con mis piernas, paso sus fuertes brazos por debajo de mis muslos y sujetándome con sus manos por mis nalgas, me iba sacando del agua despacio, su inmensa polla salía de mi vagina con cada paso y volvía a entrar.

    En la orilla doblo su cuerpo hacia delante dejándome caer con suavidad en la arena, solo mi cabeza y mis manos en la arena, boca abajo viendo la cala del revés sentía como su polla me atravesaban una y otra vez, los gritos que salían de mi garganta asustaban a los pájaros que nos merodeaban, una y otra vez iba recibiendo en mi interior esa enorme polla negra que me estaba volviendo loca, nuevamente un orgasmo hacia que mi cuerpo volase y entrara en éxtasis.

    Con furia empujaba su polla dentro de mi vagina, era casi imposible meterla más, mi vagina rosada era penetrada una y otra vez por aquel extraño, meneando sus caderas, de pie subiendo y bajando su cuerpo sobre el mío, clavándome la estaca que tenía entre sus piernas, las pequeñas olas batían y mojaban mi cara, quería gritar a los cuatro vientos, pero el placer que me estaba causando no me dejaba hasta que por fin lo conseguí un tremendo grito salió de mí al recibirla tan dentro que casi me partió en dos, dejándola palpitar allí dentro como si se hubiera enganchado a mi, no se movía solo me llenaba con su semen tan dentro de mí que me estaba llenando como un vaso y despacio fue soltando mi cuerpo tumbándome y él sobre mí cuando nuevamente empezó a moverse, a sacar su polla de mi vagina.

    Tres colóreles en mi vagina, mi piel rosada, su polla negra y su semen blanco que salía de mi cuerpo como si me hubiera llenado con un vaso de leche, los besos sobre mi cuerpo alejándose de mí y las olas limpiando mi vagina a la vez que le veía marchar.

    Cubrió su cuerpo con la camisa blanca y su diminuto bañador, cogiendo su toalla y su libro empezaba a subir por el sendero, a la vez que me gritaba.

    -Mañana estaré a la misma hora.

    Nuevamente me quedaba como hipnotizada, tumbada sobre la arena, el agua mojaba mis piernas y mi sexo, un ruido estridente empezaba a oírse en la lejanía.

    El despertador no paraba de soñar, me levantaba no solo con las bragas mojadas, sino con las sabanas empapadas, había sido todo un sueño, un sueño muy real y sé que le echaré de menos, echaré de menos al semental negro que me hizo gozar tanto, una de mis fantasías más profundas.

    Algún día Lara, algún día…

  • Las aventuras de L: Cómo he acabado aquí (Parte 1)

    Las aventuras de L: Cómo he acabado aquí (Parte 1)

    Muy buenas a todo el que quiera leerme,  creo que lo propio sería presentarme en primer lugar, aunque dado que lo que van a leer a continuación son confesiones personales voy a dar la mínima información personal más allá de una descripción física y una forma de la cual podáis referiros a mí.

    Podéis llamarme L, soy una chica aún menor de 30 años, aunque ya pasé los 25, nunca me he considerado demasiado atractiva, del montón y da gracias, aunque nunca he tenido demasiado problema para atraer a chicos, aunque en general a los erróneos. No soy demasiado alta, más o menos 1,60, mis ojos son marrones, mi cabello color castaño claro en ocasiones virando hacia el rubio, mi piel es clara y dado que gran parte de mi vida he sido un poco rellenita desde que empecé a desarrollarme siempre he tenido un cuerpo con curvas, mi pecho es generoso y según siempre se me ha dicho tengo unos labios apetecibles con un lunar juguetón justo sobre mi labio superior.

    Mi motivo de compartir esto es que nunca he sido demasiado afortunada en el tema del amor, de aquí a un tiempo relativamente cercano he asistido a terapia y se me ha recomendado recoger de cierta manera mi historia con las relaciones, en concreto las sexuales, ya que parecen ser el principal de mis problemas. No sé cuánto me llevará esto ni si lo terminaré, mi intención es realizar, en una serie de entradas, un recorrido de todas mis historias con mis parejas sexuales.

    Me gustan mucho tanto la lectura como la escritura así que quiero plantear esto también como si fuera una suerte de novela, por llamarlo de alguna manera. Así que, aunque todo lo que va a haber aquí es real quiero darle cierta estructura narrativa, por así decirlo.

    Siempre he pensado que una historia debe comenzar desde el principio, por lo que me ha llevado mucho tiempo decidir qué podíamos considerar como “el principio”, al final he decidido plantearlo empezando por el punto de inflexión que me ha conducido a esto y a partir de ahí retroceder unos años para narrar toda mi vida con las relaciones.

    ¿Y qué es lo que desencadenó que yo esté aquí, cuál fue ese punto de inflexión os preguntáis? Si habéis aguantado hasta aquí no os hare esperar, aquí lo tenéis.

    Todo sucedió a mediados del año pasado, en mitad del confinamiento, yo me encontraba viviendo en un piso compartido con mi hermana y por aquel entonces tenía pareja, lo llamaremos A. Un chico maravilloso, muy guapo y atractivo, súper atento conmigo, hacía que yo me sintiese querida y siempre fue muy cumplidor conmigo en el tema del dormitorio. Habíamos logrado, además organizarnos para poder vernos y expresar nuestro amor, ya que él seguía trabajando incluso durante el encierro. Todo parecía ir medianamente bien dentro de las circunstancias, la relación con mi hermana siempre ha sido buena así que el encierro no se me estaba haciendo particularmente duro.

    Pero si todo hubiese sido perfecto y no hubiese habido ningún problema yo no estaría aquí ahora y ese problema vino en forma de mi vecino, a quien me referiré por J, un chico de mi edificio un poco mayor que yo y con el que tenía buena relación. El chico es atractivo no, lo siguiente, muy guapo, piel bronceada, ojos verdes, pelo negro que parece que siempre está en perfecto estado y un cuerpazo perfectamente cuidado de gimnasio y luego esta su personalidad, es majo y tal, pero tiene un puntito de chulito y malote que siempre han sido mi perdición, mi punto débil son los malotes. Desde que llegue al edificio siempre habíamos tenido muy buen rollo, confianza y hasta flirteo, pero nunca sospeche que pudiera pasar de ahí.

    Todo sucedió un día que yo salí a hacer la compra sola ya que mi hermana era la que había hecho la escapadita de turno para estar con el respectivo y estaba bastante hecha a la idea de que iba a tener una velada solitaria ese día, no podía estar más equivocada. Lucía una camiseta de tirantes de color negro bastante escotada, como era de tejido grueso decidí no llevar sujetador, tras tanto tiempo sin usarlo me molestaba una barbaridad, una falda holgada de color blanco que me llegaba más o menos hasta las rodillas, unas braguitas normalitas de color lila y unas sandalias para ir con los pies al aire, ya llegaba la primavera y se empezaba a notar el buen tiempo así que, aunque fueran unos momentos necesitaba sentir el sol en mi piel.

    En ese momento me encontré a J bajando de la azotea hacia su apartamento, como es un chico muy deportista nos pidió permiso para subir a la azotea para poder hacer algo de ejercicio al sol y, dado que somos pocos vecinos, no nos pareció mal. En mi caso, desde una de las ventanas podía verlo incluso, y no os hacéis una idea de, estando lo bueno que está, lo caliente que me ponía. Estaba empapado en sudor de sus rutinas y demás, ese olor a hombre y su ropa ajustada me pusieron a mil. El caso fue que hubo el clásico saludo formal preguntado como estábamos y como iba todo y empezamos a hablar bastante más largo y tendido. Yo no soy tonta y noté perfectamente como me revisaba de arriba abajo, no paraba de mirar hacia mis pechos, cosa que me alagó, la verdad es que me gusta sentirme deseada. Como entre ambos hay muy buen rollo y feeling la conversación se estaba estirando como si de un chicle se tratase, supongo que con las limitaciones de contacto y demás, por lo menos hablar con alguien era mucho de agradecer.

    Pasado un tiempo y dado que la conversación no tenía pinta de acabarse pronto acabamos acordando irnos al apartamento de uno de los dos para seguir hablando y ya de paso tomar algo para desconectar de toda la situación. El suyo fue el elegido ya que, por un lado, tenía bebida y por otro al vivir solo habría menos problemas. En ese momento, aunque estaba muy caliente diría que no había ninguna malicia en mis pensamientos de estar con él, pero he llegado a un punto en el que ni yo misma estoy segura.

    Aunque era muy temprano, como media mañana, propuso empezar a beber del tirón. Yo, teniendo en cuenta, que no tenía mucho que hacer a lo largo del día tampoco me negué, así que comenzamos. El chaval aparte de todo es un encanto, tiene labia y sabe hacer que las conversaciones sean divertidas, así que todo fluía con mucha naturalidad, se perdía fácil la noción del tiempo y de lo que llevabas bebido. Es decir, que tras lo que serían más o menos dos horas de charla y varias copas, ya estábamos los dos bastante pasados de vueltas. Así que, como no podía ser de otra forma, la conversación se fue poniendo caliente y todo ese tonteo y coqueteo parecía constantemente a punto de pasar la línea. Cosa que, como os imaginareis, terminó pasando.

    Había mucho alcohol en la ecuación y mi memoria está bastante difusa en según qué cosas, no puedo asegurar si fue uno u otro el que dio el paso o fue algo mutuo, pero entre laguna y laguna y con toda esa situación cuando quise darme cuenta nos estábamos besando. Y no estoy hablando de picos, me refiero a que le estaba comiendo la boca con toda mi pasión y el me correspondía.

    Qué situación tan excitante era aquella, estábamos acarrados, pegados el uno al otro, había sudor en el ambiente, nuestros cuerpos húmedos aún vestidos restregándose el uno contra el otro mientras nuestras lenguas se buscaban. El aprovechaba para meterme mano, tocando mi entrepierna, mi trasero y mi pecho y lo hacía lo propio con su miembro aun por encima de la ropa. Aunque no tarde en notar su voluminosa erección.

    Nuestras mutuas caricias no cesaban y aumentaban su ritmo e intensidad tornándose en una masturbación reciproca del uno al otro que desembocó en mi mano sacando su miembro de su pantalón de chándal, mostrando todo su glorioso esplendor. Tenía un tamaño envidiable y yo me moría de ganas de tenerlo en la boca así que no me demoré más, mi cabeza se agacho y comencé a practicarle una felación con toda la pasión que era capaz de mostrar. El por su parte acariciaba mi cabeza mientras se dejaba hacer haciéndome saber por sus gemidos el buen trabajo que yo estaba realizando. No sé cuánto tiempo estuve ahí abajo dándole placer con mi boca ya que dado mi estado de embriaguez reaccionaba muy lento a todo y a veces parecía que las cosas iban a toda velocidad, de modo en lo que a mí me pareció poco tiempo empecé a notar como su miembro se hinchaba y palpitaba para terminar deleitándome con una explosión de semen en mi boca culminándolo el con un gemido y jadeo a gran volumen y un pequeño gritito. Yo, por mi parte, no dejaba de hacerle sexo oral hasta que expulsó la última gota de hombría en mi boca, retirándome yo con cuidado de no ensuciar nada para así incorporarme con una de mis manos tapando mi boca para dedicarle una mirada llena de pasión mientras yo me tragaba todo su néctar.

    Me sentía encendidísima, empapada en sudor, en parte por el calor y en parte por la excitación. El me miraba agotado por el placer que le había hecho sentir sin el más mínimo ápice de culpa en mi ser. En ese momento no había lugar para el lamento en mi mente, solo para el desenfreno.

    Una vez hubo recuperado J el aliento se abalanzó sobre mi besándome y manoseándome con la misma fiereza de antes buscando entre mis piernas con sus juguetones dedos. No tardó en llegar a su meta y antes de darme cuenta me estaba masturbando, primero sobre mi ropa interior y posteriormente bajo ella. Para finalmente culminar quitándomela completamente y darme placer con su boca, así como yo había hecho con la mía. De modo que, igual que me pasó mientras yo le satisfacía a él, no debí esperar mucho tiempo hasta sentir que llegaba mi clímax, logrando que me retorciera del placer en un desenfreno de gemidos ahogados, risas y algún que otro grito. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero llevaba mucho tiempo sin que alguien me practicase un sexo oral tan efectivo y placentero. No se explicarlo, pero era como si ambos estuviésemos creados para ser los compañeros sexuales perfectos, entendíamos el cuerpo del otro a la perfección y de manera natural.

    Tras eso vino un breve periodo de descanso y recuperación, conmigo tendida boca arriba en su sofá recuperando el aliento y el haciendo lo propio sentado cerca de mí. Sabíamos lo que venía ahora y ambos lo estábamos deseando. Prácticamente al unísono empezamos cada uno a despojarnos de nuestras respectivas prendas de ropa no sin el hacer un comentario al ver que no usaba sujetador y con mi respectiva risotada para continuar comentado lo perfecto que era mi cuerpo, cosa que me alagó aun teniendo en cuenta lo exagerada que era la afirmación a mi parecer. Una vez estuvimos ambos completamente desnudos procedimos al tan ansiado coito. Entre besos y caricias yo me tendí boca arriba en el sofá con las piernas abiertas completamente lista para recibirle y el hizo lo propio sobre mí, con un breve periodo de jugueteo en el que restregaba la punta de su herramienta contra la húmeda entrada de mi templo del placer. Sabía a lo que estaba jugando, quería que se lo pidiera así que decidí satisfacerlo, le lancé la más viciosa de mis miradas acompañada de un susurro con mi voz más sensual que rezaba un “follame”, lo cual pareció activar algo en su mente porque no tardo ni un segundo en penetrarme como si fuera un chico virgen deseando hacerlo en su primera vez, con agresividad y sin ningún miramiento.

    Había pasado, estaba dentro de mí, sin nada que se interpusiera entre su piel y la mía, totalmente a pelo. En ese momento era evidente que no pensaba en todo lo que suponía ya que no tomo ningún tipo de anticonceptivo y dado lo caliente que andaba casi todo el día y lo fácil que era encenderme era más que evidente que en esos días debía de estar ovulando. Pero esto son confesiones así que quiero ser totalmente sincera, en ese momento no me importaba lo más mínimo, incluso lo prefería así. Él era un chico malo y yo quería ser mala con él. En todo el tiempo he estado dando vueltas a todo ese asunto y es la única explicación que encuentro a ni siguiera pedirle que se pusiera un preservativo, aunque sinceramente dudo mucho que se lo hubiera puesto.

    Una vez dentro de mi comenzaron los movimientos, con bastante intensidad y salvajismo debo añadir. Me besaba, agarraba y mordía, de hecho, las marcas que dejo en mi pálida piel tardaron algunos días en esfumarse. Yo por mi parte lo correspondía con caricias, besos y acariciando ese musculoso pecho que tenía además de una pequeña técnica que tengo que me dicen los chicos que les encanta y es que soy capaz de apretar bastante las paredes de mi vagina de modo que les doy gran placer, lo cierto es que no se si yo lo haré de una forma en concreto, pero es algo que casi siempre me comentan. Todo era tan intenso… los besos, los mordiscos, como me comía las tetas, era todo un salvaje. Ambos completamente empapados en sudor, realmente no me quiero ni imaginar cómo debía de oler en el salón en ese momento, pero no se me ocurre ninguna forma en que esa situación podría haberme excitado más.

    Durante ese desenfreno llegó mi segundo orgasmo, acompañado de un enorme temblor en mi cuerpo y grandes contracciones de mi vagina, lo cual provoco un descenso en el ritmo de J, probablemente porque fuera a correrse, aunque él me dijo que era para dejarme retomar el aliento. A veces creo que los chicos se piensan que soy tonta. Aunque tengo que reconocer que ese descenso en el ritmo fue agradecido. No solo me ayudo a recuperar el aliento, también hablamos un poco. Había tanta complicidad en nuestras palabras. No sé cómo lo hizo, pero durante esa conversación, llegué no solo a estar convencida de que debía estar ahí sino a pensar que lo que estaba haciendo estaba bien, que estábamos hechos el uno para el otro y que, ya que eso iba a pasar tarde o temprano, cuando antes pasara mejor para todos. Igual un poco tonta sí que soy.

    Tras nuestra “romántica”, por llamarla de alguna manera, conversación en ese periodo de calma en la que hasta me había atrevido en fantasear en un futuro con este chico, cuanto más lo pienso más cuenta me doy de lo tonta y manipulable que puedo llegar a ser, volvió le momento de acelerar el ritmo. Como si quisiera dejarme claro que esto era lo que era, como si a base de embestidas quisiera devolverme a la realidad, y vaya si lo hizo, orgasmo incluido. Finalmente, todo ese frenesí llegó a su fin con ambos teniendo un orgasmo simultaneo, yo volviendo a mis contracciones y el soltando, la que en sus propias palabras fue “la corrida más grande que recuerdo haber tenido” en mi interior. Y no sé si lo sería realmente pero no tengo palabras para describir la sensación que tuve mientras sentía como vaciaba en mi interior, incluso con la percepción entumecida que tenía por el alcohol me pareció demasiado.

    Volvía a tocar tomarse un descanso de toda aquella pasión, él estaba recostado sobre mi agotado y yo había tenido el mejor sexo que había tenido en mucho, muchísimo tiempo. Sin adornos, sentí más placer con el que el que nunca había sentido con mi pareja de ese momento. Tras el descanso tocó volver a beber para recuperar un poco de energía y tras eso la sesión de sexo continuo en el dormitorio. No recuerdo ni cuantas veces llegaríamos a corrernos cada uno, al final acabamos los dos agotados y nos quedamos profundamente dormidos.

    Y, como no podía ser de otra forma, llegó la mañana siguiente. Lo primero que sentí fue todo el malestar del exceso de alcohol del día anterior. Mi cerebro adormilado y resacoso estaba recomponiendo poco a poco el día anterior. Entonces me llegó, el bofetón de realidad, estaba desnuda en la cama de J, él también estaba desnudo, lo habíamos hecho, lo había hecho, había engañado a mi novio. No era la primera vez que era infiel a una pareja mía, pero esta vez lo sentí diferente, con A llevaba ya varios años saliendo, sentía que la cosa era muy en serio, teníamos planes… Y yo acababa de joderlo todo. Todo era un abanico de emociones. Era incapaz de moverme, no quería despertar a J para no tener que afrontar lo que habíamos hecho el día anterior. Y mi cabeza, dios mi cabeza… llevaba mucho tiempo sin sentirme tan mal, aparte de agotada, claro llevaba un montón de tiempo sin comer nada.

    Finalmente, J se despertó, bastante más animado que yo cabe señalar. Y me ofreció tomar un desayuno, en el que hablamos de lo pasado la noche anterior. En esa charla quedó bien claro que las fantasías románticas que yo me hubiera montado en mi cabeza mientras lo hacíamos eran solo eso, fantasías, y que el hijo de puta me había liado para que me lo hiciera con él. Una vez nos despedimos él quiso dejar la puerta abierta para volver a hacerlo, yo en ese momento no quería ni pensar en ello. Estaba asustadísima, ¿qué iba a hacer? ¿Decírselo a A y joder nuestra relación o sería capaz de mantener el secreto? A parte de eso había otro problema, cabía la posibilidad de haber quedado embarazada tras las nulas medidas anticonceptivas que J y yo tomamos el día anterior. No me lo podía creer. Hacía muchos años que me había prometido a mí misma tener una seriedad casi religiosa con esas cosas, ni siquiera dejaba a A hacerlo sin condón, ¿por qué con J sí? Todo era un caos.

    Pasaron los días y decidí mantener el secreto, mi hermana no había estado en casa en casa ese día así que no sabía que había pasado la noche fuera, lo único que tuve que justificar fue el ejército de llamadas perdidas que tenía tanto de mis padres como de mi novio, lo cual achaqué a encontrarme bastante mal del estómago y que me había acostado pronto el día anterior, lo cual con mi voz de resaca se convertía en una mentira totalmente creíble.

    De momento voy a dejar las confesiones por aquí ya que esto se ha alargado un poco. Aún quedan cosas que contar de esta aventura que asumo quedaran todas dichas en la siguiente entrada para posteriormente arremeter con la historia de mi vida. Si queréis acompañarme en este viaje sois bienvenidos.

  • La sorpresa de cumpleaños

    La sorpresa de cumpleaños

    Carlos es uno de esos hombres maravillosos que rara vez se encuentran dos veces en una vida. A simple vista puede que no aparente ser nada del otro mundo, pero entre sus atributos es inteligente, sensible, tierno, atento y al mismo tiempo es salvaje y peligrosamente adictivo en la cama. Es una mezcla muy peculiar y deliciosa del romance con el sadismo. Parecieran ser términos distantes y sin relación alguna pero este hombre los armoniza de tal manera que te esclaviza a su cama.

    Y eso me pasó, soy adicta a él.

    Hace ya un tiempo que nos frecuentamos y cada encuentro es tan diferente al anterior, él sabe despertar en mi la lujuria, el deseo que toda mujer debe experimentar para poder decir con propiedad que ha llevado una vida plena.

    Hace unos días me enteré de que se acercaba su cumpleaños y decidí regalarle algo que lo hiciera recordarme siempre. Nada material que le pudiera comprar podría sintetizar lo que él despierta en mí así que decidí ser su regalo de cumpleaños. Si, así como lo pueden leer, yo sería su regalo de cumpleaños, le regalaría mi cuerpo y todo lo que soy.

    Ese día llegué a su casa muy temprano (no quería desperdiciar ni un minuto del día) y él me recibió vistiendo únicamente una bata y con un cálido abrazo y medio dormido, aún me dio un beso en la mejilla y me llevó a su cuarto donde me despojé de mi ropa y desnudos nos acostamos uno junto al otro sumidos en un delicado y tierno momento donde pude sentir los latidos de su corazón sobre mi pecho.

    Entrada la mañana arreglo una pequeña mochila donde aparte de su ropa también empacó artículos de primera necesidad como lubricantes, mi plug anal (una verdadera joya que disfruto infinitamente desde el momento que me la coloca hasta cuándo me la quita), entre otras cositas. Nos dirigimos a dar un paseo por tratarse de un día tan especial. Fuimos a la playa, dónde habíamos apartado una pequeña cabañita para pasarlo rico disfrutando de la intimidad y discreción que ofrecía un lugar apartado como ese.

    A llegar al lugar, revisamos el lugar, acomodamos nuestro equipaje (tampoco era tanto, solo dos maletas pequeñas con lo esencial ya que con Carlos la ropa sale sobrando). Y nos fuimos a explorar los alrededores. Encontramos un pintoresco restaurante donde disfrutamos de una deliciosa comida y al terminar dimos un paseo a orillas del mar. A su lado el tiempo pasa volando y en poco pudimos ser testigos del más hermoso atardecer nunca antes visto por mis ojos. Puede que el atardecer por si solo no fuese tan impresionante, pero la compañía así me lo hizo sentir.

    Se diría que con una escena tan romántica como esa lo que se espera en todo caso es una conversación amena y una cesión de sexo a lo Romeo y Julieta, pero no fue así.

    De regreso a nuestra cabaña ya íbamos comiéndonos a besos, tocándonos, yo estaba más que encendida. Al entrar pasamos a la habitación y aunque mi idea era ser su sorpresa de cumpleaños también fui sorprendida. En algún momento en que no me di cuenta había preparado la cama con un enredado juego de cuerdas, amarres y demás y al ver eso era claro que sería una noche larga he interesante.

    Pasé a la habitación y me ordenó que me quitará la ropa y solo me dejara el panty, me lo ordenó con una mirada sería y un tono de voz grave que me erizó todo el cuerpo, me sentí un poco asustada, pero al mismo tiempo me excitó muchísimo. Claramente obedecí al instante. Seguido me ordenó acostarme en la cama abierta de pies y manos, me colocó buena venda en los ojos y me colocó una especie de esposas en muñecas y tobillos, las que ajustó a las cuerdas que había preparado en la cama sujetándome fuertemente de manera que no me podía mover.

    Sin poder ver sentí como recorría mi cuerpo con sus manos y su boca hasta que llegó a mi entre piernas. Allí me tocó con sus dedos la michita hasta el punto de introducir un dedo en ella. Lo metía y lo sacaba repetidas veces y así pudo ver cómo me mojaba, estaba tan mojada que mis fluidos salían de mi micha y se escurrían hasta mi culo. Su boca se unió a tan delicioso ritual y sentí como sus labios se posaban sobre mi micha que ya estaba húmeda y pasaba su lengua de arriba a abajo y al mismo tiempo su dedo dentro de mi seguía moviéndose. Todo mi cuerpo se estremecía de placer y sin poder moverme estaba a punto de correrme hasta que mis gemidos deben haberle hecho ver qué me correría en cualquier momento y se detuvo abruptamente. No les voy a mentir, esa sensación de estar a punto de llegar y no hacerlo no se siente muy agradable que digamos pero lo agradecería más tarde.

    Me soltó de mis ataduras y me ayudó a incorporarme en la cama. Yo no podía moverme porque aún mi cuerpo temblaba del orgasmo que pudo ser pero no se me dio. Con cuidado me llevo hacia un sillón pequeño que adornaba la habitación pero que él le había visto otra utilidad. Me acomodó sobre el sillón boca abajo y me volvió a atar de manera que mi culo quedaba expuesto y dispuesto a su gusto y placer. Estando en esta posición y aún con los ojos vendados volvió a recorrer mi cuerpo pero en esta ocasión no eran sus manos lo que mi piel sentía, era otra cosa, como un cinto o una correa y eso me puso muy nerviosa.

    Luego de unos segundos sus manos se deslizaban sobre mi espalda y nalgas y eso me hizo sentir más segura y de repente la sorpresa, un latigazo en mis nalgas, fue tan sorpresivo que no sé si grite de dolor o por la sorpresa en si que me lleve. Ese primer latigazo puso mis sentidos en alerta y los músculos de mi cuerpo se contraían más que por dolor por la incertidumbre de no ver ni saber si sería el único o en qué momento recibiría más latigazos. Por supuesto que no fue el único, no sé cuántos latigazos me dio al final pero eran de diversas intensidades, algunos no los sentía casi, otros dolían un poco y otros hasta dejaban una sensación de picor en la piel.

    Luego de recibir los latigazos casi de manera inmediata sentí como sus manos separaron mis nalgas y su pene que ya estaba duro se colocaba en la entrada de mi culo, no necesité lubricación porque mi culo ya estaba húmedo con míos propios ruidos que se escurrieron hasta allí cuando él me lamía la micha. El empujó su pene y al entrar fue una mezcla maravillosa de dolor y placer. Si dolor sentí un poco de dolor pero al mismo tiempo fue maravilloso, podía sentir como su pene entraba y me abría, estaba poseyendo mi cuerpo y a decir verdad para ese momento ya no era mi cuerpo.

    Toda yo le pertenecía. Y como estaba contando, su pene entro en mi culo y me abrió con una mezcla de dolor y placer, el entro fuerte y con un empujón llegó hasta lo más profundo haciendo que soltará un grito, allí estaba yo amarrada sin poder moverme y dolorosamente empalada. El empezó a moverse dentro de mi y con cada movimiento el dolor fue convirtiéndose en placer. Colocó una cadena al collar que me había puesto al comienzo de la noche y tiraba de ella mientras me seguía culeando enérgicamente. El vio como mi cuerpo se retorcía de placer (lo poco que podía moverme por estar amarrada), enrolló la cadena en su mano acortándola y tirando mi cabeza hacia atrás, arqueando un poquito mi espalda, lo suficiente para escuchar cómo me decía al oído que yo era su perra y al escuchar sus palabras mi cuerpo no aguanto más y se convulsionó en una explosión de placer, tuve uno de los orgasmos más intensos de toda mi vida, cada músculo se estremeció y contrajo en ese momento.

    El soltó la cadena y exhausta repose sobre el sillón. El espero unos minutos y me soltó Blas ataduras y me llevo nuevamente a la cama donde amarro mi tobillo izquierdo a mi muñeca izquierda haciendo lo mismo del otro lado y dejándome abierta y boca arriba, colocó una almohada debajo de mí para darle cierta elevación a mi culo y me colocó un plug anal. Me deja acostada de esta manera un momento mientras va al baño (para limpiarse, para refrescarse o para darme la oportunidad de que me recuperará un poco de tan intensa experiencia).

    A su regreso me retirarla venda de los ojos y se sube encima mío y se coloca entre mis piernas que lascivamente permanecían abiertas para él. Sus manos recorren mi cuerpo, me come literalmente entre besos y mordiscos, lame mis senos y me penetra despacio. Mi micha está más que mojada, es más me la siento como hinchada al punto de que la siento palpitar.

    El sale y me penetra una y otra vez y mientras lo hace juega con el plug que me metió en el culo y de repente sus movimientos de vuelven cada vez más rápido y fuertes yo siento nuevamente como mis músculos se contraen, no puedo moverme y Carlos me embiste con fuerza me estremezco, mi espalda se arquea y grito pidiendo que me dé más duro, arrecha y caliente me sostiene la cara con ambas manos y mirándome a los ojos se corre dentro de mi con furia como si quisiera romperme la micha mientras que en ese mismo instante también me corro intensamente, luego jadeante cae sobre mi cuerpo sudado mientras que intento recuperar la respiración y mi corazón sigue latiendo como si quisiera salirse del pecho.

    A los minutos se incorpora y suelta mis amarres y aún con el plug metido en el culo me quedo dormida a su lado.

    Es todo un fin de semana que vamos a pasar juntos, pero lo que ocurre después es otra historia.

  • Dominando a la sumisa Mariel (4)

    Dominando a la sumisa Mariel (4)

    Cuando volví a entrar a la cocina, lo único que se me ocurrió decir fue:

    -Lo siento, me olvidé que hoy venía Carla.

    -Claro, porque desde hace 20 años no vengo todos los sábados hasta el mediodía para asegurarme que si está acá almuerza. Que caradura.

    -Dale, Clara, sírvete un café y desayuna con nosotros.

    -Ok, dijo con un refunfuño

    -Y vos Mariel, no vas a cambiar la cara de enojo?

    -Sos un desgraciado, lo planeas todo, no dejas nada librado a la improvisación o azar, me dijo.

    Terminé el desayuno y les dije:

    -Tengo que hacer algunas cosas en la oficina, las dejo charlando y no me critiquen mucho.

    Después de un rato, cuando hube terminado, salí de mi oficina privada con dos porta armas, que como dije tiene entrada desde mi dormitorio, y menuda sorpresa me llevo cuando veo a las dos haciendo el cuarto.

    -No podía dejar que Carla lo haga sola, es una vergüenza como lo dejamos, ella no tiene que pagar nuestros platos rotos.

    -Simplemente no me meto. Carla es tu problema.

    -Sí, mi problema que Ud. trajo a la casa, dijo ya riendo.

    -Ah señor, dijo Carla, creo que alguna de las muertas tenía la misma talla de Mariel, le puedo dar ropa así está más cómoda y sobre todo si viene alguien que Ud. haya “olvidado” que venía? (y siguió) Tranquila, muertas yo les digo a las mujeres que Mike echo de la casa y dejaron su ropa.

    -Sí, claro, tú las guardas como trofeo, le dije riendo.

    Así transcurrió el día, sin volver a tener sexo, solamente descansando, charlando.

    -Te puedo preguntar algo Mike?

    -Si claro.

    -Lo que me hiciste anoche se lo hiciste a muchas mujeres?

    -No

    -A 5?

    -No, solo 2

    -Y que pasó, por qué estoy yo aquí y ellas no?

    -Vamos a hacer una prueba, no vamos a empezar nada, está claro?

    -Si Mike

    -Permíteme tocar tu pubis, solo eso, dije apoyando la mano en él.

    -Ahora acerca tu mano a mi boca

    Lo hizo, la giré para que su palma quede frente a mi boca, apoye mis labios y bese su palma y la mojé con la punta de mi lengua y sentí como su pubis se estremecía.

    Saque mi mano, la miré a los ojos y le pregunté:

    -Que fue eso?

    -Un espasmo involuntario, me moje terriblemente al instante, podría llegar a decir que si me tocas de nuevo, en cualquier parte tengo un orgasmo, no importa si es en la punta de mi cabeza o en mi vagina.

    -Bueno, ellas nunca lo sintieron, porque a diferencia tuya, cuando lo hice con ellas no entregaron su mente ni sus sentidos a mí, o lo peor de todo, a su propio placer.

    -Me resulta fácil entregarme, porque si bien nunca un hombre me hizo nada de esto, ni siquiera me hicieron gozar, tengo plena confianza, y me provoca mucha lujuria ver como cada vez me haces algo nuevo, distinto y que cada vez gozo más. Nunca, nunca imaginé gozar así.

    -Cambiando de tema, le dije, que vas a hacer el fin de semana que viene?

    -Lo que me digas

    -Yo tengo que viajar a Miami el viernes y vuelvo el domingo a la noche. Quieres venir, y el lunes vas desde aquí a la oficina.

    -Pero, no sé, sinceramente me da vergüenza que te vean conmigo.

    -No seas estúpida, dije enojado. Creo que hablamos ayer muy claramente. Si no quieres venir, directamente dilo.

    -Si quiero ir, pero te vuelvo a decir, temo avergonzarte.

    -Se lo que hago, le dije con mi natural autoridad, mañana empiezo a organizar todo. Vos tranquila.

    -Ok, Mike

    El lunes avisé a los gerentes que viajaba el viernes al mediodía a Miami, que me iba a reunir allá con Rick, que preparen la carpeta completa, y que necesitaba que alguna asistente me acompañe. Que si estaba disponible el fin de semana prefería a “la chica Mariel”. Que la consulten.

    Al rato me llamaron y me dijeron que sí que “la chica” no tenía problemas, pero les parecía muy “simple” para ser asistente. Insistí y como soy el jefe, nadie se opuso y que me pases el no de documento de ella como su nombre completo. Aproveche para preguntar si Jorge estaba de regreso de sus vacaciones y me dijeron que sí.

    Cuando terminé con ellos, llamé al gerente del Banco con el que opera la empresa. Le dije que necesitaba una tarjeta de crédito para martes a mediodía, o sea un poco más de 24 h., que ella la pasaba a retirar, que esa tarjeta giraba sobre mi cuenta personal. Le pase los datos de Mariel y el monto límite.

    Mandé un mensaje a Mariel que cuando pueda me llame.

    Sonó mi teléfono y era ella:

    -Hola Mike, como estás.

    -Bien, alguna novedad, le pregunté casi sarcástico

    -Claro, porque el Sr no sabe. Me hablo mi jefa, que el Sr. Ferron necesitaba una asistente para un viaje de fin de semana, que había pedido por mí, que no entendía habiendo otras asistentes más capacitadas, me dijo que no me mande cagadas, “no lo hagas quedar mal ni enojar porque el lunes echa a alguien”, hace todo lo que diga y remarcó TODO. Te juro que tenía ganas de decirle que ya lo hago.

    -Olvídate, después me ocupo. Mañana en el almuerzo tienes que pasar a buscar un sobre por el Banco donde cobras el sueldo. Directamente a hablar con el Gerente, decirle tu nombre a la recepcionista y que vas de mi parte. Te van a dar un sobre.

    -Ok, algo más

    -No mañana veo. Un beso. Se hizo un silencio del otro lado, por lo que repetí

    -Un beso

    Casi susurrando me contestó. Otro.

    La mañana siguiente, otra vez llamé a la empresa y les indique que le dieran la carpeta que había pedido a “la chica Mariel”, que coordine con Jorge para que la traiga, y que se iba a quedar conmigo para ver la carpeta y ver el temario.

    Lo llamé a Jorge, le pregunte por sus vacaciones y le comenté las ordenes que había dado. Que hable con Mariel antes que salga a comer y coordinaban.

    Le mande un mensaje a Mariel

    “Almorzamos juntos”

    Su respuesta fue: “Como hago? Y la empresa”

    -Ah, cierto. Ok ¡!!

    -A los 5 minutos otro mensaje de Mariel: No aprendo más, a las 13 estoy allí!!!

    Le avisé a Carla que Mariel venía comer y me miró haciendo caritas.

    -Jefe le puedo decir algo?

    -Y cuando te has quedado callada sin retarme?

    -Esto nunca se lo dije: Tenga cuidado, no la lastime, me parece que es una buena chica, sana.

    -Yo también, por eso el sábado desayunamos en la cocina. Y hoy almorzaremos los tres en el mismo lugar.

    -Entiendo. Me gusta para Ud.

    Me sonreí y me fui al parque.

    Casi puntualmente Carla me avisó que habían llegado, por lo que fui a saludar. Jorge bajó del auto y tomándolo del hombro, le avisé: “en la oficina, nada de esto”. Simplemente asintió, se sonrió y se fue.

    Entre risas almorzamos Carla, Mariel y yo. Al terminar, fuimos a la oficina y aunque no lo crean, repasamos cosas de la carpeta y le enseñé que era lo importante.

    Cuando terminamos, pasamos por la cocina, y le dije a Carla:

    -Nos retiramos, tenemos que tratar un tema muy duro y sensible.

    -Si claro, hasta mañana…

    La cara de Mariel se tornó de color bordeaux de la vergüenza.

    Cuando entramos al dormitorio Mariel me dijo al oído:

    -Puedo pedir algo Señor?

    -Dime, veremos si te lo otorgo?

    -Humildemente, puede ponerme las esposas, las vendas y violarme, hacerme todo lo que desee sin ocuparse de mí?

    -Desnúdate pero ya ¡!!

    Dicho esto, busque lo que pidió, se lo puse y comencé a darle bofetadas en todo el cuerpo, incluso alguna en la cara, que hizo que ruede una lagrima. Cuando me cansé de un empujón la tiré en la cama la puse de costado y de un golpe, le metí mi pija en su boca: “Chupa puta de mierda”, y bombeaba su boca cada vez con más fuerza. La hice un ovillo fui metiendo y sacando dos dedos de su vagina, con brutalidad, luego un tercero. Con fuerza y provocándole arcadas, terminé en el fondo de su garganta.

    Me levante, y arrastrándola de los pelos, la puse en el suelo a los pies de la cama. Comenzó a llorar, como nunca lo había hecho. Le saqué las esposas y la esposé de rodillas a los pies de hierro de la cama, con los tapaojos puesto. Le di un buen chirlo, que dejó su nalga roja y lo próximo que sintió era como un consolador entraba y salida de su concha. Era la máquina a media velocidad. La dejé así en el suelo y me fui de la habitación.

    Cuando volví había pasado media hora, cuando me escucho, pedía “Por favor, basta”, logrando que aumente la velocidad de la máquina. Otra vez la dejé sola, volviendo a los 15 minutos. Como pude me senté en la cama poniendo mi pija a la altura de su boca, obligándola a chupármela. Cuando estuvo bien dura, me salí, y se la metí por el culo, mientras tenía el consolador entrando y saliendo de su concha.

    -Qué lindo se siente montarte así. Que sos vos?

    -Una puta

    -Como?

    -Una puta, su puta

    -Que tan puta sos?

    -Muy, muy puta

    -Y si te mando cogerte un tipo?

    -Lo haría si me lo manda

    -Y una mujer?

    -Ehhh, tras lo que le di un golpe en las tetas, mientras seguía bombeando su culo

    -Sí señor, también una mujer

    Eso me termino de quemar la cabeza y acabé llenándole el intestino de leche. Me levanté, me senté en el borde de la cama mientras ella todavía era penetrada por el consolador.

    La vi llorar nuevamente, apagué la máquina, saque su venda y la liberé de las esposas. Cayó pesadamente al suelo, con jugos saliendo de su concha y su ano, el culo rojo por los golpes, baba cayendo de su boca.

    La dejé así, sin decir nada un rato, y me fui a bañar. Luego de 20 minutos volví a la habitación y por lo menos se había podido sentar en la cama.

    -Báñate, puta

    -Sí Señor.

    Cuando terminó de bañarse, se puso solo una remera y una tanga y fuimos a la cocina. Le di una cerveza, que no rechazo para nada y empezamos a tomarla.

    -Como la pasaste? le pregunté

    -Fue terrible, nunca me sentí más humillada, usada, despreciada. Me volvía cada vez más loca. Pero creí que mi cuerpo no lo soportaba más. Vos gozaste a tu puta?

    -Si claro, pero más me gusta hacerte sentir lo mismo pero solamente aplicando tortura a tu mente, otro día probaremos. Y continué

    -Nunca te pregunté, que explicaciones das en tu casa de tus tardanzas, que dormís afuera?

    -Mira ellos saben que soy grande, han visto como cambió mi humor desde que estoy con vos, no peguntan y yo no digo. Mientras menos sepa, mejor.

    -Ok. Mañana, quiero que al salir de trabajar, vayas a uno o dos Shoppings, los que tengas que recorrer, y te compres ropa, de salir a cenar, elegante sin ser de gala, mallas de baño 3 o cuatro, ropa casual, remeras, jean, shorts, pero bastante, como para pasar varios días y una o dos valijas y un bolso de mano. Pídele a Jorge que te acompañe, y cuando terminan que te traiga a casa.

    -Pero, Mike, no puedo pagar todo eso

    -Ok. Porfa traes el sobre que te dieron en el banco?

    -Aquí está

    -Sabes qué es?

    -No

    -Ábrelo, es una tarjeta de crédito a tu nombre. Sus ojos se abrieron como el dos de oro de la bajara. Cuando reaccionó se largó a llorar como una chiquilla. Se puso de rodillas frente a mí y me besaba las manos.

    La hice sentar nuevamente, acaricié y seque sus mejillas, y le di un tierno beso en sus labios.

    Estuvimos charlando un rato más y cuando se iba, me besó las mejillas y con los ojos llenos de lágrimas se fue a su hogar.

  • Una situación no esperada ¿Cómo acabará?

    Una situación no esperada ¿Cómo acabará?

    Tarde muy calurosa de finales de julio, es viernes, ya he acabado con el trabajo, estoy en casa desnudo y recién duchado.

    Vivo en un ático de una gran ciudad, es un loft casi todo está en el comedor, hay mucho ruido fuera, es casi viernes noche.

    Suena el interfono… mierda es la chica de telefónica, tengo claro que no quiero comprar nada pero quiero ser educado.

    Me calzo unos tejanos a medio abrochar, nada en la parte de arriba, no tengo tiempo, suena la puerta.

    Abro la puerta, soy su última visita del día, esta sudada, el maquillaje ya no es maquillaje del calor, del sudor de todo el día de puerta en puerta.

    Viste una falda muy corta, blanca, americana con los puños remangados, muy ajustada, no sé si lleva algo más de ropa debajo, un escote muy grande y muy generoso, y unos taconazos de impresión, melena larga, oscura y con alguna mecha rubia, en el dedo la alianza de boda.

    Por cortesía la invito a pasar y a sentarse sobre mi sofá negro, no lo duda, se deja caer, se recoge la melena y la deja caer por fuera del respaldo del sofá, está agotada, está muy cansada, tiene mucho calor.

    Me pide ir al baño, desde el sofá ve la mini-cocina y el wc, habla poco pero no deja de intentar venderme algo, se sienta en el Wc sin cerrar la puerta, sin dejar de hablar, veo como se baja unas braguitas color rosa cliquet, sigo hablando como si nada, vuelve al sofá, reposa, se deja caer…

    La invito a un vaso de agua con hielo, con un corte de limón y con cubitos, lo necesita, sigue hablando.

    Me siento frente a ella en el suelo, de rodillas, le tomo el pie y le saco un zapato, luego el otro.

    Le doy suaves masajes en los pies, en la planta de los pies, entre los dedos de los pies, uno a uno, en los tobillos con más fuerza, ella llevada por el relajo se va abriendo piernas, pone su otro pie en mi muslo, sigo de rodillas frente a ella, ahora le veo más de cerca sus braguitas y su sexo depilado, me gusta y me va excitando, todo surge de manera muy natural y espontáneo.

    Su otro pie, ahora ya no sé si de manera espontánea, va arriba y debajo de mi muslo, pero sigue hablando mucho, de cómo le ha ido el día, de lo fría que puede llegar a ser el puerta a puerta, sé que no le voy a comprar nada, pero la situación empieza a gustarme.

    Al presionarle el dedo gordo del pie, suelta un pequeño gemido, no sé si de placer, no habla tanto de móviles, entre cierra y entre abre los ojos, y ahora sí con más picardía, me abre más y más las piernas, para que vea, para que mire, para que goce se desabrocha el primer botón de su americana, y luego el segundo, tiene calor y está a gusto, ahora además veo su pechos firmes, y tersos, grandes, lleva un sujetador negro normal, nada de combinación con las braguitas, pero le sienta de muerte, además todo su cuerpo está bronceado.

    Bebe, bebe agua fresca con limón, me atrevo a subir un poco más, por detrás de la pierna, su piel es suave, tersa, cierra los ojos, no habla, suspira, toco las rodillas, la tarde de atrás y los muslos, ella con los pies, empieza a jugar con mi sexo, sube y baja el pie a modo de paja por encima del pantalón, y mi diminuto sexo va tomando forma y endurece, tomo un cubito de su vaso y lo refriego por sus nalgas, veo como su piel se eriza al tacto del hielo, pero no dice nada, les gusta y la refresca, coge mi mano por encima y me la acerca a su sexo, a sus braguitas sudadas de todo el día, le paso el hielo por la comisura de las braguitas, primero por debajo, dibujo con el hielo como si fuera un tiza la silueta de sus minúsculas braguitas, las caderas, la pelvis, la mojo con el hielo, y ella se moja también, esto no va bien!, su pie cada vez juega más fuerte con mi polla por encima del pantalón, también mojo un poco, también empiezo a sudar, erecto, me erizo los pezones y le gusta, exclama pequeños gemidos y sonrisas, sus ojos son preciosos, son grandes y dicen placer…

    Mientras sigo dibujando con el hielo sus braguitas, se recoge y se acaricia el pelo, lleva sus manos sobre los pechos y se los aprieta, se pellizca los pezones por encima del sujetador negro, me gustan mucho estos gestos.

    Da un gesto fuerte y se quita la americana y se quita el sujetador, en un pezón lleva un delicado percing, se lo toca, se lo estira suavemente, mi labios húmedos y frescos le recorren cada poro de su pies, me faltan manos para mimar tanta mujer, le desabrocho los botones de la falda, hasta dejarla caer por los costados, le toco los braguitas, el ombligo con mis manos, ya no queda hielo.

    Le chupo las rodillas, mi nariz se acerca a la piel de su barriga, cerca de su sexo, ella se deja hacer, mi sexo va explotar de un momento a otro, lo noto, su pie no cesa…!!!

    Con delicadeza le llevo las braguitas a un lado, empiezo a lamer su sexo húmedo, caliente, sucio, pero me gusta, no me gusta de otro modo, mi lengua recorre un labio, el otro, le mordisqueo el clítoris con fuerza entre mis labios, estiro hacia a fuera, suavizo, vuelvo a estirar, les gusta, me gusta, mientras el beso, le lamo todo su sexo, mis manos van hacia su barriga suave, hasta sus pechos, cada vez lamo con más fuerza, cada vez está más mojada, con su manos me coge por los lados de mi cabeza y suelta su primer squirtin, su primera eyaculación, con un flujo muy caliente, muy suave al gusto, y chorrito cortito, pero suficiente para mojarme los labios, tan denso que solo llega a humedecer mis pezones, hace una arcada con su cuerpo que no sé describir en estos momentos, sólo sé que me gusta, que me gusta mucho, y vuelve acercar mi boca a su sexo, empapado de sus flujos de mi calentura lleva su boca a la mía y nos fundimos en un grato, apasionado y caliente beso, un intercambio de flujos y de lenguas, estamos empapados, yo ya me he corrido encima, en su pie, tengo los vaqueros empapados de semen, pero no me molesta, esta mujer se lo merece.

    Se levanta toma mi mano y nos vamos a la habitación, me saco el pantalón, ella el sujetador y las braguitas, me tuba boca arriba y me limpia de sexo de, me lo empalma de nuevo…!!!!, dos para mi van a ser demasiados, hay que ser honestos… jajaja, pero su felación me vuelve a erectar, que pueda correrme de nuevo será otra historia, pero su lengua es un demonio en mi sexo, que felación más auténtica y divina, mientras me hace la felación, mi mano toca su pelo, su espalda suave, bronceada y tersa, su piel es un escándalo de suave, deja de chupármela y se tumba ella boca arriba, ahora tú otra vez me dice, vuelve con tus labios a mordisquearme y a pajearme el clítoris.

    Adoro a estas diosas, adoro este cuerpo, y todos los cuerpos de mujer, mi lengua de nuevo le hace un cunnilingus, con muchos gemidos, ya no se corta, mi lengua va desde su clítoris, por su labios, se adentra en su ser, hasta su periné, y vuelve a recorrer de vuela hasta su clítoris, me pide si podemos follar un poco, unas pasaditas, la penetro con fuerza desde arriba, la tomo por el culo para apretarme dentro de ella con fuerza, su culo está muy prieta y duro, me encanta, se arquea a cada empujón y me da la vuelta, quiere ponerse encima para controlar más, mucho más cada penetración!

    Me cojo a sus pechos con fuerza, no puedo más, le lamo los pezones, el pearcing, los chupo, su pezones se endurecen con en mi boca, me encanta, los mordisqueo con fuerza y no se queja, son fuertes, turgentes, grandes, suaves, bronceados, dios, no sé ni cómo se llama, pero es una mujer una diosa en mayúsculas, me cabalga con fuerza, cada vez más deprisa, tenemos espasmos juntos, se toca el pelo, me pellizca los pezones, tiene tiempo y ganas para todo, es una sucia como yo, está casada, es viernes, su marido e hijos la esperan en casa, pero no le importa, es su momento, está follando con un perfecto desconocido, es tarde!

    Quizá la esperan en casa! voy a estallar por segunda vez en ella, no es habitual en mi, empieza a correrse, saca mi polla de su sexo y otro squint, está vez con más fuerza, con más espasmos, con mucho más fluyo que la vez anterior, todo va encima de mi, sus arqueos son fuertes, mi pasión desenfrenada, se corre, me corro.

    Oímos un ruido en mi comedor, seguro es mi vecina que tiene llave, cada vez que se queda sin agua caliente viene a casa a ducharse, es una mujer muy especial, y trabaja en la noche, pero a ella parece no importarle, es su momento, se está corriendo y mi vecina pasa en albornoz por la habitación hasta la ducha, ella ni se inmuta, está follando y nadie va a romperle el momento, tampoco atiende las numerosas llamadas de su móvil.

    Me saca la polla de su interior, se eyacula ella de nuevo, se corre con pasión, encima de mi estómago, encima de mi sexo, con los dedos no para de tocarse con fuerza, y me pide que le apriete los pechos, los pezones, ahora lo vas hacer tú, toma mi polla en su mano y la hace correr de nuevo, queda mi corrida en su mano, se la lleva a la boca, relame sus labios, con la otra mano recoge su flujo encima mío y me lo lleva a mi boca, ahora es más denso, más trasparente, más fuerte de gusto!, mi vecina especial está en la ducha, y nosotros intercambiamos flujos, no nos importa nada nos reímos, nos besamos, estamos exhaustos, estamos sin aire!

    Ahora apreciados lectoras, me gustaría saber si debemos dejar la situación así o seguirla con mi vecina, es una “mujer especial; travesti” o es una…!?, como siempre vosotras decidís el final, teniendo en cuenta que ella está casada con hijos, es viernes noche y la esperan en casa! jajaja.

    Nota del Autor: (jajaja profesional, muy profesional).

    Si alguna mujer, despierta su diosa interior ya me doy por satisfecho, puedes adueñarte de tu placer!

    Sólo trato de alabar a las mujeres, a su inteligencia, a sus emociones, a su cuerpo.

    Gracias.

  • Le revelo a mi madre quien es el enmascarado

    Le revelo a mi madre quien es el enmascarado

    Después del último encuentro con mi madre que me pidió que me quitara la máscara pasaron, varios días para volver a tener algo ella y yo.

    Fue el 5 de enero cuando me mandó un mensaje diciendo que si me podía llamar, lo que respondí que si tuvimos una larga llamada donde ella me decía que estaba muy prendida y quería volverme a ver para tener sexo, que si podíamos vernos al día siguiente para darle su regalo de día de reyes.

    Yo le dije que si, que estaba libre ese día a lo que me cito en un hotel a las 3 de la tarde que llegara puntual fue lo que dijo.

    Llegó el día siguiente y me dirigí al hotel, al llegar toque la puerta ella me abrió, traía una bata larga, donde solo podía ver sus enormes tetas que sobre salían de la bata. Me invito a pasar, me dijo que me pusiera cómodo, por lo que me pidió que me desvistiera y me quedara en puros calzones, saco dos copas y una botella de vino tinto, salimos al balcón y comenzamos a beber, ella quería brindar, por los momentos felices que habíamos pasado y por qué ir según ella tenía mucho que no se sentía así de feliz que por qué tenía mucho sin tener relaciones, yo la verdad no le creí ya que mi madre es una MILF que se levanta a cualquiera y estoy seguro que cada que sale con sus amigas levantan a alguien para que les de su cogida, pero en ese momento me deje llevar y brinde con ella, seguimos platicando, ella se sentó en mis piernas, me abrazo y nos besamos varias veces, puso algo de música y me pidió que bailara con ella, a lo que accedí a complacerla, estábamos bailando muy pegados y mi pene se comenzó a poner erecto a lo que ella lo notó y más se pegaba a mi.

    Me pidió que me acostara, saco una bolsa de fresas y chocolate, me puso chocolate en algunas partes del cuerpo y me empezó a comer el chocolate y mordía las fresas, me puso gran cantidad de chocolate en mi pene y después comenzó a mamarlo muy lento, yo quise agarrar su cabeza para que subiera el ritmo, a lo que ella me quitó las manos y me dijo que no que ella iba ser su trabajo, mamaba lentamente, me agarraba el pene y me masturbaba lento quería que disfrutara, luego se llevaba mis huevos a su boca y los chupaba, así duro buen tiempo, hasta subir el ritmo, parecía que sabía cómo hacer eso, después de varios minutos ya no pude aguantar más y le dije que ya iba terminar, puso más chocolate en mi pene y siguió mamando hasta que ya no pude más y terminé en su boca, fue algo delicioso.

    Me pregunto si me había gustado y yo con la cabeza le dije que sí que me había fascinado, le dije que era mi turno, tome chocolate y le puse en varias partes de su cuerpo, disfrute sus hermosas tetas su pezón se puso erecto y duro de lo excitada que estaba, después comencé hacerle un hermoso sexo oral donde chupaba su vagina e introducía dos dedos logrando llegar al clímax y hacerla tener un orgasmo podía ver cómo blanqueaba los ojos, y como se retorcía de placer, ya que termine me pidió que se lo metiera pero quería que me pusiera sus piernas en mis hombros y la penetrara con mucha fuerza que estaba demasiado excitada, a lo que le hice caso, le introduje mi pene y empecé a darle duro, con una mano tocaba sus tetas y después colocaba dos dedos en su boca y ella comenzaba a mamarlos.

    Mientras gritaba y gemía de placer, su clítoris se comenzó a poner duro ella con una mano se pegaba en el clítoris y después de unos minutos ella tuvo otro orgasmo, lo pude notar por qué de su vagina salía gran flujo vaginal, saqué mi pene me puse de rodillas frente a sus enormes tetas y me hizo una rusa, logré terminar y llenarle de leche la cara y parte de su cuello, me acosté a un lado de ella ya que los dos estábamos exhaustos, pero después de unos minutos me empezó acariciar mi pene y se empezó a poner duro.

    Ella se levantó y puso su culo en mi cara y me dijo que le diera un beso negro, a lo que yo obediente empecé a mamar ese culo y ese orificio, después que ya lo tenía muy húmedo se puso de perrito y me dijo que por favor se lo metiera por el culo, que ya no aguantaba que le diera rudo por ahí, por lo que se lo deje ir de una ella gritó a lo que yo pare por el susto pero ella dijo sigue sigue no te detengas, nuestros cuerpos chocaban con cada embestida que le daba, ella gritaba, gemía y me pedía que la nalgueara fuerte, después me dijo que le apretara fuerte las caderas que ya iba acabar qué no parara que siguiera, cuando de su boca salió un ya por favor para yaaa, pero ahora el excitado era yo por lo que no pare y seguí dándole hasta que termine su culo quedo inundado de leche, su ano se veía color rojo, sus nalgas tenían mis manos pintadas y sus caderas mis uñas, se tiro a la cama y me dijo el mejor sexo que e tenido en mucho tiempo, me pidió que me acostara con ella y nos quedamos buen rato abrazado, después ella me dijo:

    M: bueno después de un gran sexo, ahora viene lo que me dijiste la vez pasada, quítate la máscara.

    Yo pensé que se le había olvidado pero como todo caballero, le dije que ella me la quitara, ella se levantó y me la quito poco a poco, al ver que era yo su propio hijo la estuvo culeando, se quedó en shock con la boca abierta y de pronto me dio una tremenda cachetada.

    M: maldito cómo pudiste estarme cociendo y yo de tonta que nunca me di cuenta, me dan ganas de matarte.

    Y: tranquila puedo explicártelo.

    M: no me vas a explicar nada, tienes suerte que a mi me haya encantado tener estos acostones, que te advierto, este no va ser el último y ya no tenemos que andar viniendo a hoteles, ahora hasta en la casa lo podemos hacer, ahh y te digo que de una vez vayas dejando a tu mujercita.

    Después de decirme varias cosas, me invito a bañarme con ella y después nos fuimos a la casa, creo que nació una relación de madre e hijo y la verdad no sé si estemos bien haciendo eso pero es algo que nos gusta, pero no sé hasta dónde parar…

  • Lucha de poder

    Lucha de poder

    Llegué tarde a la convención de la rama en donde trabajo. Dando mi ronda vi muchos colegas ya ostentando sus barrigas criadas a son de cerveza y comida chatarra. Dentro del bullicio pude notar una feminidad conocida. Era Patricia la chica practicante que la firma donde trabajaba contrato una década atrás. Yo era un abogado con suficiente experiencia para ya no ser llamado novato cuando ella comenzó así que me la dieron de ayudante en un caso que trabajaba. Aunque siempre he estado atraído a mujeres mayores ella tenía algo que siempre me atrajo. Tenía gran personalidad y siempre tenía ocurrencias que me hacían reír. Además de eso tenía un hermoso cuerpo y una bella sonrisa. Fue la protagonista de mis fantasías en más de una vez. Nunca se lo dije pues violaría mil políticas del departamento de recursos humanos.

    Al cabo de los años ella se había convertido en toda una abogada famosa y muy poderosa. Ya la había visto varias veces en el periódico pues defendió casos de gran renombre. Hicimos contacto visual y me sonreí con ella. Ella vino a saludar y se me echo encima con un abrazo digno de aquella jovencita que conocí. Me saludo casi gritando la palabra “mentor”. Esto me recordó que ella me veía como una figura de respeto aun cuando ella era más influyente que yo en el ambiente jurídico.

    Charlamos por un rato de nuestra vida profesional y privada. Le dije que había terminado mi relación con Jenny mi novia de par de años y ella me conto de lo difícil que era conservar un esposo siendo una mujer con tanto éxito y poder. La charla se extendió por horas y aunque no se lo hice saber me tenía hipnotizado la evolución de aquella mujer. Ella se vio muy atenta y tengo que reconocer que una vez me vio no compartió con nadie más ese día.

    Culminó la convención y cada cual siguió su camino. Intercambiamos mensajes de tono profesional por meses hasta que se acercó la convención nuevamente. Esta vez le dije que me estaría quedando en un apartamento que poseo pues me quedaba cerca de donde sería la convención. También le comenté que quería cocinar para ella y otras amistades de nuestra antigua firma. Ella accedió al igual que un grupo selecto de amigos. Ella llego primero que todos y me ayudo con la actividad como si fuera la señora de la casa. Se quedó hasta que todos se fueron y me ayudo a recoger. Le pedí que se quedara y me acompañara a bebernos la última jarra de sangría que quedaba.

    Le dije de un pequeño espasmo que me fastidiaba la existencia hacía unos días. Ella sin dudarlo comenzó a masajear el área. Esto hizo que se me erizara todo el cuerpo. Ella pregunto qué porque la reacción y le confesé que no podía evitarlo, que era la manera de mi cuerpo reaccionar al tacto de una mujer que me gustaba mucho. Ella saco la abogada que llevaba adentro y me increpo por qué le decía eso en ese momento y no antes. Le atribuí la culpa al respeto que le tenía y el no dañar una bonita amistad. El sentimiento de respeto que ella recibió sirvió de afrodisiaco pues pude notar cómo cambió su cara de amiga a depredadora.

    Mirándome a los ojos me dijo que siempre le llame la atención también pero que el destino nos apartó. Seguimos nuestras palabras cada vez más intensas hasta que la bese. Ella se me pego a mí y rápido sintió los efectos de ese deseo. Nos besamos por largo rato cada vez más apasionados. Palpo con su mano averiguando si mi equipo valía la pena el paso que estaba a punto de dar. Me emocione pues pensé que la haría mía en ese momento, pero ella tenía otros planes. Ella se separó de mí y me dijo que el encuentro seria bajo sus condiciones y que no era el momento. Me dio un beso en la mejilla y se marchó dejándome grave. Confieso que tuve que tomar una ducha larga para desquitarme de ese momento.

    Al otro día la vi en la convención durante el desayuno. Me volvió a saludar con un beso en la mejilla, pero esta vez las esquinas de nuestros labios se tocaron. Me abrazo y me susurro al oído que le diera la llave de mi apartamento porque ella necesitaba preparar el banquete de esa noche. Le di las llaves y me fui a una conferencia. No atendí nada pues mi mente solo pensaba en lo que me esperaba esa noche. Al finalizar el día de la convención fui al gimnasio para darle tiempo a prepararse. Una vez termine mi rutina me asegure de estar listo para ella y así lo hice.

    La llame y le informe que pronto llegaría para que se preparara. Ella ya estaba lista, me dio las instrucciones de que llegara directo a mi cuarto lo cual hice. Cuando llegue estaba ella con una lingerie morado de encajes. El panty era pequeño, casi un hilo y sus anchas caderas y hermosas piernas eran adornadas por ligueros de igual diseño. La cama tenía pedazos de tela en las esquinas, cosa que me dio mucha curiosidad. Ella camino hacia mí y beso. Me dijo que ella tenía el poder y que yo debía de obedecer. Al parecer su poder en la vida se reflejaría en el cuarto.

    Me quito la ropa y beso el pecho. Yo la agarre por las nalgas y me la eche encima. Mordí su cuello y hombros suavemente. Su instrucción llego clara, ella quería que la amarrarla a la cama y le hiciera el amor. Quería sentirse dominada por primera vez en mucho tiempo y solo lo podría lograr yo, la última figura de poder que tuvo en su vida. La amarre de las manos dejándola indefensa. Deje sus piernas sueltas para poder hacer mi trabajo. Tome un pedazo de tela y vende sus ojos, esta acción no estaba en sus planes. La bese fuertemente alternando con mordiditas en los labios. Bese su cuello y hombros y se me ocurrió algo.

    Salí un momento a la cocina dejándola allí a merced mía y regresé con un vaso con hielo. Chupe un hielo y cuando mi boca se enfrió la bese. Abrí su brazzier exponiendo sus pezones color marrón. Agarre sus senos y pase mi fría lengua por uno de sus pezones. Vi como este se endureció inmediatamente dentro de mi boca. Una vez duro, lo mordí suavemente a la vez q ella se retorcía indefensa. Tome un hielo y lo pase por su vientre a la vez que baje besando hasta su pelvis.

    Volví a usar hielo en mi boca para enfriarla. Pase mi lengua helada por su clítoris aun cubierto por su lindo panty sacando un grito de desesperación. Moví el panty a un lado y comencé con mi trabajo en su caliente área. Lamí su parte mil veces, hasta que me dijo que sentía que quería explotar. Se movía rápidamente para que parara mi acción, pero es ahí donde intensifique mi poder sobre su cuerpo que ya era mío. Intensifique mi juego hasta que se sintiera lo suficientemente excitada para llegar al clímax. Me encargue de hacerla venir tantas veces, que suplicara que la penetrara. Introduje mis dedos y comencé a penetrarlos haciendo presión en su punto G. Combine esta acción con más lengua sobre su vulva. Seguí hasta que exploto sobre mi cara con un chorro caliente a la vez que temblaba de placer. Una vez se calmó me pidió que le acercara mi miembro a su boca así que la complací. Probó mi cabeza lamiéndola hasta que lo arropo con su boca. Lo masajeo con su lengua y lo succiono con furia. Cuando vi que estaba en extremo enfocada en su faena lo saqué. Le demostré que se haría todo a mi manera y eso la excito más.

    Quité su panty y ella abrió sus piernas en clara sospecha de que sentiría mi poste. Puse mis manos en su cintura y le hice sentir un poco de lo que le iba a regalar. Me suplico que se lo introdujera, pero quise torturarla, y me iba a disfrutar aquel momento como si fuera el último. Se lo metí solo un poco y pude notar como sus muslos se mojaban. Ella ya estaba exhausta, pero aún faltaba sentirme completo. Poco a poco hice que sintiera mi pene entrando, yo podía ver como continuaba torciéndose de placer. Comencé a penetrarla con tanta fuerza que sentía que la cama se partiría. Ella comenzó a llegar a orgasmos y estos comenzaron a ser tan fuertes que su cavidad se contraía tanto que me empujaba el pene hacia afuera. Seguí mi ritmo y cuando estaba a punto de llegar otra vez, aguanté sus caderas con fuerza y se lo metí completo dejándolo dentro más tiempo, lo sacaba suave y lo metía duro.

    Pude sentir como su vulva se convertía en un musculo fuerte que se contraía y relajaba, varias veces. Sentí como la cavidad me lo agarraba y lo soltaba cuando se contraía, esto era algo que no había sentido antes. Esto siguió hasta que no pude aguantar más y lo saqué para derramar mi caliente esperma por todo su torso. La descarga fue tan grande que le cayó en su boca, callando momentáneamente sus gritos. Este lamio sus labios probando cual era mi sabor. La solté y quité su venda. Me miro con cara de satisfacción. Había cumplido su fantasía de ser sometida a en el sexo. Hicimos el amor tres veces más, pero esta vez no había nadie dominando.

    Nos seguimos viendo sin otra expectativa que pasarla bien. Yo tuve un caso notable que me puso a su nivel de poder. Creo que estoy preparado para ser yo el que sea sometido y sé que ella estará encantada de hacerlo.

  • Historias de hotel: Perdón hermana, me follé a tu hijo

    Historias de hotel: Perdón hermana, me follé a tu hijo

    Manejaba en mi camioneta por la carretera rumbo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, pisaba fuerte el acelerador con mis tacones altos de color rojo cereza, sin medias. Un poco más arriba, una falda corta negra, seguida de una blusa beige y una coqueta chaqueta de piel del mismo tono rojo. En fin, el clásico conjunto de oficina, pues hacía poco que salía del trabajo. No había tiempo de más, mi hermana se casaba ese mismo fin de semana en España.

    En el asiento del copiloto me acompañaba mi sobrino, quien no había podido irse con su madre por motivos de su escuela y trabajo. Un chico muy lindo de 21 años y 1,80 m con una buena estructura muscular, sin llegar a lo exagerado, piel morena, cabello corto negro, y una elegante barba de candado que siempre engalana su linda sonrisa juvenil.

    –No te preocupes querida, yo te lo llevo el viernes saliendo del trabajo. Paso por él y salimos volando. –Recuerdo que le dije a mi hermana, ingenua yo, como si no conociese que siempre me agarran las prisas. Y para colmo no había comprado los boletos.

    Y heme ahí, estaba con el tiempo encima, conduciendo un poco agresiva tengo que reconocerlo. Las maletas previamente empacadas la noche anterior rebotaban unas contra las otras en la parte trasera. Un tanto gracioso, mi sobrino miraba con temor, en parte preocupado por el equipaje, pero principalmente por la integridad de nuestra propia salud, pendiente de algún percance automovilístico.

    Pero nada, afortunadamente llegamos a la terminal aérea tal y como salimos de casa. Corrimos arrastrando las maletas a comprar los boletos. Sin suerte. Los únicos disponibles eran para las primeras horas del siguiente día. No me enfadé mucho, gran parte de mí sabía que algo así sucedería. Llamé a mi hermana para disculparme porque su hijo y yo demoraríamos un poco más.

    Apaciguado el ajetreo del momento salimos del puerto, ahora sí, con los boletos en mano. Sería estúpido regresar a casa, casi cuatro horas de ida y otras más de vuelta, gastos de gasolina y tiempo añadidos. Por ello decidimos quedarnos en un hotel cerca de la terminal.

    No le presté mucha importancia; en el vértice del edificio se anunciaba con un letrero grande la palabra “Hotel” y la fachada daba muy buena pinta. Con tantas cosas en la mente, tan solo clavé la camioneta en la rampa de entrada al estacionamiento y me encaminé al check in.

    Solo hasta ese momento caí en mi error, al darme cuenta que el condenado lugar tenía “Villas”. Me llevé las manos a la cabeza, de paso peinándome un poco para cubrirme el rostro con mi rubia cabellera larga y un poco risada, por la terrible vergüenza.

    Ahí el primer dilema moral. Salir y buscar otro hotel toda la noche o entrar a uno de paso con mi sobrino adolecente.

    Con la respuesta en mente, me acerqué a la ventanilla, y con la cabeza baja me aventuré a pedir una habitación doble, rezando porque la suerte me sonriera aunque fuese un poquito. -¿Una noche? –Me respondía la señorita naturalmente extrañada de mi solicitud. No era para menos; al ver entrar a un jovial universitario acompañado de una exuberante mujer, y esos taconazos que me cargaba con la falda muy por arriba de la rodilla.

    -Así es, una noche por favor. Habitación doble. –Enfatizaba una vez más, para que quedara bien en claro, como queriendo limpiarme la conciencia con ello. Solo disponemos de una habitación sencilla, exclamó, describiendo el costo y tiempo disponible. –Está bien deme dos. –Respondí, sacudiéndome los malos pensamientos.

    -Solo tenemos una en estos momentos para una noche. Podrían ser dos pero serían solo cuatro horas, ¿o desea esperar a que se acondicionen? demorará algún tiempo.- Me explicaba amablemente, mientras yo ya tenía un pie afuera. Pero entonces me terminó de convencer cuando me sugirió la suite.

    Me pareció una buena oferta. Ni loca rentaría dos, pero la idea de una habitación más grande ya no parecía tan mala. Y es que realmente quería evitar tener que pasar toda la noche buscando otro hotel en pleno mes de febrero. Todo eso mientras fantaseaba con la idea de dormir con mi sobrino. Pero tras finiquitar mi dilema moral, pagué y subimos a nuestra habitación.

    Estoy segura de que mi sobrino ya sabía lo que pasaba, y solamente no exclamaba ningún comentario para evitar poner las cosas más tensas, o para no ponerme más nerviosa de lo que ya estaba y hacerme sentir todavía peor.

    Flashback

    Caminando en silencio sobre los pasillos alfombrados que silenciaban un poco mis tacones altos, pronto mis recuerdos de aquellos días de juventud me llegaban a la memoria. Cuando debía estar en mis veintes, unos largos quince años atrás. No me malentiendan, no solía merodear esos lugares; lo hice solo un par de veces, con un novio de la universidad con quien además trabajaba de becarios en una aseguradora.

    Pero ese día, me sentía diferente, con la diferencia de edades entre mi sobrino y yo, no podía evitar imaginarme lo que aquella chica en la recepción habría pensado, y que seguramente sería la situación más obvia.

    No hace falta explicarlo, pero en ese momento me sentía como una sexoservidora acompañando a su cliente a hacer su trabajo en aquella habitación de la cual tenía la llave en mano.

    Y mi mente se descarriló. Lejos de sentirme enfadada o apenada, en un instante me sentía realmente excitada. No lo sé, fue como un shot de adrenalina que me golpeaba desprevenida. De un segundo a otro mi corazón bombeaba con fuerza, el aliento se me escapaba, mis piernas comenzaban a tambalear mi andar y mi mente no ayudaba en nada, haciéndome fantasear con imágenes sexualmente explicitas de lo que sucedía en ese lugar en todo momento tras cada puerta, a medida que llegábamos a nuestro propio intimo lugar de reposo.

    Pasé la llave para activar el cerrojo y de inmediato mi sobrino me abrió la puerta caballerosamente, enseguida pasé y coloqué la llave activando ahora la electricidad, detrás me acompañaba, ni más ni menos que el hijo de mi hermana, quien pese a mis tacones altos casi me igualaba la altura, y eso me ponía cada vez más nerviosa.

    Las luces se encendieron y frente a nosotros el clásico cuarto oscuro, atenuado tan solo con colores neón morados y rojos provenientes detrás de la cama y alrededor del gran espejo frente a ésta. Tímida, me adentraba capturando cada detalle como si mi vida dependiera de ello, embriagándome lentamente con el ambiente de erotismo y lujuria.

    Finalmente me armé de valor para pasar hasta el fondo del gran cuarto y abrir las cortinas, intentando aligerar un poco el ambiente. Encendí todas las luces que pude, apagando los cálidos colores eróticos, y me senté sobre el sofá cerca de la ventana.

    Pero todo era inútil. La habitación estaba excelente, higiénica y muy bien presentada, jacuzzi, un baño amplio e impecable, en fin nada que reprocharle, sin embargo era justo eso lo que me tenía en ascuas. Todo muy lindo, pero no dejaba de ser lo que era, y yo no podía dejar de mirar aquel tubo vertical cromado que se posaba imponente en el extremo derecho del cuarto. O aquel famoso “sofá del amor” al frente de la cama, en el que mis ojos se clavaron. Era como el estandarte que hacía falta para no dejarnos olvidar en dónde estábamos y lo que se supone debíamos hacer ahí.

    Ya estaba arrepintiéndome en grande, casi a punto de salir a pedir la otra habitación. Pero eso solo corroboraría mi error y con ello mis malos pensamientos. No lo sé, pero mi sobrino parecía estárselo tomando mucho mejor que yo, estaba más tranquilo y despreocupado, ya hasta se había metido a cambiar al baño a ponerse su ropa de noche.

    Quizá debía hacer lo mismo de mi parte. Después de todo, era solo un cuarto hotel, mi sobrino y una linda noche estrellada.

    Sueños húmedos

    Como pude me tranquilice lo suficiente para pasar la noche. Fue muy incómodo, nunca había compartido la misma habitación con otro hombre que no fuese mi prometido, de quien me había separado hacía ya más de cuatro años. Y dios sabe cuánto necesitaba estar con un hombre.

    No podía evitar sentirme muy nerviosa al desnudarme en el baño. Al despojarme de toda mi ropa, un profundo sentimiento se apoderó de mí, era como esa sensación que se tiene justo antes de hacer el amor. De alguna forma mi mente y mi cuerpo ya estaban predispuestos a que eso sucediera.

    Salí del baño con mi pijama y me recosté en el extremo opuesto al que se había acostado mi sobrino, lo más alejado posible de él. Estaba temblando, todo era muy estresante, había un ambiente de tensión, como esa primera cita, cuál bien sabes terminara en sexo. –Por todos los cielos, es tu sobrino. Relájate. –Me gritaba dentro de mi mente, reprochándome por estar tan excitada.

    No podía evitarlo, me había clavado en esa idea, de la cual no escaparía. Recuerdo que intentaba pensar en la boda de mi herma y en lo bien que nos la pasaríamos todos en familia. Pero mi cuerpo lo único que deseaba era al hijo de mi hermana.

    Bajo el incómodo silencio de la habitación, se escuchaban los gemidos sexuales que resonaban en los cuartos conyugales, y yo me imaginaba girándome hacia él y montármelo, ensartándome su pene y cabalgarlo hasta hacerme venir sobre él. Lo besaría, tan apasionada como hacía mucho que no beso a un hombre, le gemiría con extrema seducción cerca del oído, y me dejaría tocar todo el cuerpo, sintiendo sus tiernas manos inocentes en mi trasero y mis senos naturales balanceándose en su rostro, al tiempo que me estamparía su fuerte pene en mi mojada conchita.

    Diablos, estaba realmente caliente. Aun así, gracias a la fatiga del día, pude conciliar el sueño, lo más lejos posible de mi sobrino. El, cual caballeroso es, no intentó nada, tan solo habló para desearme buena noche y guardó silencio, acompañando la noche. Siempre ha sido un chico callado.

    Al amanecer desperté incontrolable, de esas veces que despiertas bien caliente casi sin saber por qué, estaba tan fogosa que no pude evitar tocarme un poco, de hecho ya me estaba masturbando antes de despertar. Quién sabe en qué estaba soñando pero tenía toda la concha mojada, y me cargaba unas perras ganas incontrolables por bajarme la calentura a punta de palos.

    Encendí la TV solo para intentar distraerme un poco y bajarme la calentura, mirando a mi sobrino paseándose con su pijama y una pequeña erección que levantaba un poco su entrepierna. Sabía que era normal, a mi novio siempre le pasaba eso por las mañanas. Solo que con él lo aprovechaba para echarnos el mañanero antes de salir a trabajar.

    -Es tu sobrino, es tu sobrino, apenas es un chicuelo. –Me repetía una y otra vez intentando contenerme. -Pero ya tiene la edad, y es muy lindo, sería solo una vez, sin compromisos, él no tiene novia y yo no estoy comprometida, nadie lo sabría.

    Pensaba con la calentura a tope, masajeándome las piernas inconscientemente bajo las cobijas, recorriendo la palma de mis manos en mis ingles, deseando fuera el cuerpo de mi sobrino el que se estuviese restregando allí al penetrarme.

    Escuchaba el sonido de la regadera sobre mi sobrino en la ducha, me acariciaba la cintura, metiendo mis manos por debajo de mi blusón hasta llegar a mis desnudos senos naturales, infamados, calientes y bien duros. Me los masajeé con extrema sensualidad haciéndome estremecer de placer. Enseguida bajé mi mano derecha y la metí por debajo de mi pijama con todo y mis bragas, ahí pude darme cuenta de lo majada que estaba, había dejado mi ropa interior totalmente húmeda, mi vulva estaba completamente dilatada, caliente y babeante, lista para enfundarse un buen pene duro y tieso dentro de mí.

    Estaba lista para complacerme y bajarme lo zorra que estaba, sin importarme que mojara toda la cama, pero en ese momento me entraron unas ganas terribles de orinar. No sé si era por la misma excitación de mi cuerpo, o porque en verdad era la primera del día. De cualquier forma me obligó a salir de la cama.

    Asalto

    Fue ahí cuando me perdí por completo. Debía esperar a mi sobrino a que saliera de la ducha, pero no podía dejar de imaginármelo desnudo, entrar, y sorprenderlo. Estaba insoportable, me cargaba unas ganas de esas que te hacen cometer estupideces. Y no me pude contener.

    Con toda alevosía entré al baño, la puerta estaba abierta. -¿Puedo? Solo voy a hacer pipí. –Le dije sin esperar su permiso. –Adelante tía. Me respondió con toda naturalidad, cuando yo ya estaba adentro, deleitándome con su escultural cuerpo delgado y bien tonificado, completamente explicito detrás del vidrio trasparente de la regadera.

    Me senté en el mingitorio e hice lo mío, estaba temblando de lo excitada que estaba, sin poder separar la vista de sus redondas nalgas y su largo pito adormitado balanceándose entre sus piernas, imaginándome arrodillada frente a él para chupárselo.

    Con esa imagen en la mente, terminé, me sequé mi partecita y al pasar el higiénico sobre mis pliegues vaginales, un poderoso escalofrió me recorrió todo el cuerpo, haciéndome temblar hasta las piernas. Fue ahí cuando no pude más.

    -¿Vas a tardar? –Le cuestioné sinuosa. –No, ya casi salgo. –Me respondió creyendo que llevaba prisa. Pero en realidad mis intenciones eran otras. –Que lastima. –Me atreví a insinuar. – Quería aprovechar el agua caliente antes de que se acabará. –Añadí buscando pretexto.

    -No tardo. –Me respondió, inocente. Pero su integridad no le salvaría de mis garras y la terrible calentura que me cargaba. Entonces comencé a desnudarme. Me despojé de mi pijama y mis bragas que era lo único que vestía, asegurándome que me viera hacerlo, y como no dijo nada me metí con él bajo la ducha.

    Nuestra relación siempre ha sido muy sincera, aunque no suele ser un chico muy abierto ya que halamos muy poco nunca hemos tenido ningún problema al socializar cuando voy a visitar a mi hermana, o en aquellos viejos tiempos en los que solíamos vivir juntos. Claro que no se compara bañarlo de nene, con veinte años después.

    Deslicé la mampara de vidrio sin voltearle a ver, y entré con toda naturalidad, disimulando las ganas que tenía de follármelo. Respetoso cuál es, mi sobrino mantenía distancia, guardaba en silencio, apresurándose un poco a enjuagarse el cuerpo, con toda decisión de salir lo antes posible.

    Era increíble que aquel jovenzuelo fuese más recatado y maduro que su loca tía. Desnuda frente a él, le arrimaba el culo con todo descaro para que se frotase contra su entrepierna, incluso parándome un poco de puntillas para compensar su altura. Quería sentir ese pene endurecido entre mis algas, que las agarrase, que me penetrara, que me cogiese ahí mismo.

    Pero mi sobrino se ponía difícil, no se negaba, pero tampoco ponía de su parte. Quizá él si me veía como debía ser correcto, como su tía, como una adulta parte de la familia a quien debía respetar. Pero yo en ese momento no necesitaba un sobrino, necesitaba un hombre, alguien me diera un buen follón para bajarme el ardor del cuerpo. En ese momento necesitaba que me faltara al respeto.

    Ya con la excitación a tope me giré a media vuelta, para quedar frente a frente, nuestras miradas se cruzaron, pese a que la mía le llegaba apenas por arriba de su barbilla. En su mirada puede ver un destello de miedo e incertidumbre; en tanto, en la mía, solo había lujuria y depravación.

    Ahora me siento muy apenada con él, pero en ese momento le sonreí coquetamente. Él no supo cómo reaccionar, solo acertó con una mueca cómo preguntándome ¿qué putas estás haciendo tía? Y yo, respondiéndole con la mirada: Tu puta sobrino, quiero ser tu sexoservidora solo por esta vez. Al tiempo que le acariciaba su tímido pene semierecto para terminar de endurecerlo al cien.

    De inmediato bajó la mirada, sorprendido al ver mí tersa mano enredada en su tronco, deslizándose sensualmente por todo lo largo. Después regresó la vista a mi cara, ahora le miré seriamente, como retándolo a que se atreviera a negarme. No lo hizo, y eso me volvió loca. Loca de poder, de dominación y esa insoportable excitación que sacudía todo mi cuerpo, conteniéndome por no follármelo en ese mismo instante.

    Pero quería disfrutarlo, disfrutar de ese momento que ambos bien sabíamos jamás se repetiría en la vida. Me arrodillé frente a él, justo como me lo había imaginado, le acaricie un poco las piernas, agasajándome con sus fuertes muslos, y acerqué mi boca su pene. No me lo metí enseguida, en cambio, le lamí el glande con extrema delicadez, después posé mis labios lentamente sobre éste y lo besé, tal cual como le besaría los labios de la boca. Lentamente comenzaba a deslizarlo dentro de mí, humedeciéndolo con mi lengua a su paso hasta mi garganta, y de ahí en más, se lo chupé a placer, haciéndolo deslizarse dentro y afuera, como si me estuviese cogiendo la boca, lo lamía, y succionaba como la más rica paleta helada que me hubiese comido.

    Mi sobrino lo disfrutaba, seguramente al recibir la mejor mamada de su vida, gemía complacido, acariciándome el cabello y las mejillas en señal de agradecimiento, al tiempo que mi cuello se meneaba como loco de un lado a otro, arriba, atrás, abajo y adentro. Estaba tan perdida con mi chupete que me sobrepasé, sin darme cuenta, el largo pene de mi sobrino comenzaba a convulsionar, y antes de poder detenerme sentí su tibio sémenes en mi lengua deslizándose hasta mi garganta.

    No me importó, estaba tan complacida por el incestuoso momento que solo me lo tragué, levante la mirada y le sonreí, de paso mostrándole mi garganta seca para que se diese cuenta que lo había engullido todo.

    -Lo siento. –Me decía, apenado. Pero yo, tan solo me puse de pie y le sonreí de nuevo con mucha más perversión, sin decirle palabra. A continuación nos terminamos de bañar como si nada hubiese pasado.

    Él salió primero, y yo no demoré demasiado, aún había pendientes que tratar. Quizá ya estaba satisfecho, pero a mí todavía me faltaba consolidar mi travesura y no me iba a quedar con las ganas. Rápidamente me sequé el cuerpo, enseguida me envolví la toalla y salí del baño.

    Al salir, miré que mi sobrino ya comenzaba a vestirse; se había puesto sus pantalones, preparando su camisa para calzársela. Pero entonces llegué, abriéndome la toalla, dejándola caer al suelo, para mostrarme completamente desnuda, deteniendo así sus intenciones.

    Lo acorralé llevándolo de vuelta a la cama. Lo entendió de inmediato, lo supe al verlo recostarse sobre su espalda totalmente sometido a mí, que lo asechaba gateando sobre él. Seguí así y no me detuve hasta tener su cabeza entre mis piernas, entonces me arrodillé sobre su cara y posé lentamente mi vagina en su boca.

    Ya habiendo cometido el pecado, qué más daba. Solo quería complacerme, aunque fuese a costa de mi propio sobrino, quien comenzaba a lamerme mi deseosa conchita mojada.

    En un instante sentí su húmeda lengua recorriendo mis labios vaginales, internos y externos. De inmediato mi cuerpo entero se estremeció agradecido por aquellas caricias que tanto aclamaba. Cerré los ojos, arqueé la espalda y me desplomé sobre su boca, casi sin importarme que se ahogara un poco. Me sentía tan excitada que apenas podía pensar conscientemente.

    Con los ojos cerrados, me concentraba en esa tierna lengua adolecente lamiendo mis carnosidades íntimas, sintiendo cómo mi vagina se mojaba más y más, escurriendo mis secreciones hasta la boca de mi sobrino a quien no le quedaba más opción que beberla.

    Estaba gozando como nunca, sentía que estaba a punto de venirme, pero quería más. Así que me desmonté de su rostro y me deslicé a su entre pierna, le bajé el pantalón hasta quitárselo con todo y calzones. Y ahí aparecía de nuevo su pene en escena, erguido a noventa como buen caballero.

    Enseguida me acoplé sobre él, separando mis rodillas alrededor de sus piernas y me lo inserté. Aquello se deslizaba cual espada lubricada dentro de su funda, igualmente lubricada como nunca antes. Sabía que me haría venir intensamente, me puse en cuatro y comencé a cavarme su largo y caliente pito moreno dentro de mí rosada conchita chorreante, dentro afuera, lento pero fuerte, y constante, como me gusta.

    Y lo gozaba como nunca, lo juro, su pito me estaba llevando al cielo, y ese añadido de hacerlo con él, con mi sobrino, con ese lindo joven y apuesto chico, guapo y delicado, cariñoso inteligente, talentoso y prohibido. Un momento tan pecaminoso e incestuoso sí, pero es que me estaba cogiendo tan rico.

    Me acariciaba todo el cuerpo, me besaba tan rico y movía la cintura a un ritmo perfecto, haciéndome gemirle como puta, agradeciéndole por ser así conmigo, mientras me complacía con su pene estrangulándolo dentro de mí.

    Sus manos me acariciaban la espalda, la cintura, cadera, mis nalgas y mis piernas. Eran las mejores caricias que había sentido en mucho tiempo. Eso me hacía sentir en las nubes, totalmente drogada de placer. Lo estaba disfrutando tanto que apenas recuerdo levantar la cabeza para mirarle a los ojos y clavarme en sus labios para besarle con todo el amor y cariño que me nacía en ese erótico momento. Él me respondió de la misma manera, finalmente comprendía que era un amor de paso. Solo por ese instante dejaría de ser su tía y sería su amantes, o mejor aún, su sexoservidora. Su puta de motel.

    Y mi cuerpo se estremecía, sedado y adormecido por tanto placer, tumbada sobre mi sobrino, doblando la cintura una y otra vez para estimularme con su largo pito. Sintiendo como mis piernas se relajaban e inmediatamente se tensaban, exprimiendo mi vagina cada vez más mojada al intentar contener un profundo y poderoso orgasmo inminente que ya comenzaba a asomar.

    -Me vengo. –Me susurró. Esperando a que me detuviese para que terminara fuera. Pero yo estaba completamente extasiada, y solo acerté a suspirarle en el oído: -Yo también.

    Entonces por fin relajé todo mi cuerpo, destensando mis piernas, dejándome venir sobre mi sobrino. Derrumbando mi pecho sobre el suyo para abrazarlo, mientras exhalaba un profundo gemido orgásmico, sintiendo cómo mi lechita escurría alrededor de su pene, al tiempo que también eyaculaba dentro de mí.

    Al sacarme su pene, mi enrojecida conchita chorreaba, escurriendo aquel blanquecino semen de ambos fusionado en uno solo, bañando su pobre pene que comenzaba a flaquear, cual por fin podía descansar de las dos tremendas corridas que le había acomodado su tía.

    Seis con quince de la mañana y nuestro vuelo salía a las siete. Rápidamente nos dimos una última ducha, nos vestimos en tiempo record y salimos corriendo de aquel erótico lugar pecaminoso, de lujuria e incesto.

    Sin más contratiempos salimos del país. Desde ese momento jamás volvimos a repetir una cosa así, de nuevo nos tratábamos con respeto, como toda relación tía/sobrino. Al llegar a España con mi herma, no pude evitar sentirme terrible, cuando le entregaba en sus manos a su inocente pupilo después de haberle dado el follón de su vida. Solo pude pensar a mis adentros. Perdón hermana, pero me cogí a tu hijo.

    Si te ha gustado el relato, te invito a leer más historias así, visitando mi perfil Erothic.

    Te agradezco por haber llegado hasta aquí.

    Me encantaría conocer tus sensaciones en los comentarios. Cuéntame tus experiencias en un hotel.

    Que tengas Felices Fantasías.

  • Soy la puta del novio de mi amiga

    Soy la puta del novio de mi amiga

    Itzel es mi mejor amiga. No hay secretos entre nosotros Nos contamos todo y casi siempre terminamos hablando de sexo, porque nos encanta y porque ambas somos putas adictas al semen. Gracias a ella fue que probé la delicia de un buen trozo de carne por primera vez. La de su novio. Itzel siempre me cuenta la manera tan dura que cogen y me muestra las fotos de su rica y magnifica vergota. Se me hace agua la boca, me la jalo imaginando que soy yo la que recibe esa verga en su interior.

    Itzel, como la buena amiga que es, me ayudó a cumplir mi fantasía, y su novio jamás se enteró que el amigo gordito de su novia le chupó la verga hasta que se vino. ¿Cómo se iba a enterar? Si estaba esposado a una silla del comedor, estando desnudo, con la verga erecta apuntando al cielo y con los ojos vendados.

    Él creía que era su novia la que estaba entre sus piernas. Más o menos era así. Itzel estaba junto a mí, acariciando mis nalgas, metiéndome dedos por el culo o apretando mis huevos, porque tener un pito chico significa que todos pueden humillarme y usarme. También me ayudaba con la verga de 20 centímetros de su novio. Era más hermosa en persona, y era toda mía. Pero debía tener cuidado, no podía tocarlo para que no sospechara, ya que mis manos son muy diferentes a las de Itzel.

    Primero saboreé sus grandes testículos de macho, olorosos y peludos. Los mamaba como si fueran una dulce fruta, mientras Itzel se encargada de mastúrbalo. Me encantaban los gemidos que expulsaba de sus labios, aun más cuando eran provocados por mí, solo por mí. Por mis lamidas desde los huevos hasta la punta de su vergota, para pasar a meterlo en mi boca, rodearlo con mi lengua y por mí saliva.

    Entre gemidos me decía lo buena que era mamando sin saber que era yo. Me decía que no me detuviera y que me metiera toda su verga en la boca. En ese entonces era mucha verga para mí, pero mi amiga me ayudó, empujando mi cabeza hasta que todo el miembro de su novio entrara en mi boca, sintiendo ricas arcadas y soltando una que otra lagrima.

    Ella me jalo a tiempo cuando ya sentía las ganas de vomitar, tapando mi boca para que no tosiera. Le preguntó a su novio si le gustaba lo puta que era, y cuando él respondió que si me empujo de nuevo a engullir su verga.

    Después tuve el ritmo de la mamada, haciéndolo intenso deslizando su deliciosa verga por mis labios, metiendo y sacándolo una y otra y otra vez hasta que su abundante corrida se hizo presente en toda mi cara. Que puta me sentí bañado con su leche. Quería más de él, cabalgarlo hasta que me rellenara el culo. Pero mi amiga también quería jugar, después de todo era su novio, y solo me lo prestó para chupárselo.

    Entonces me alejé para que Itzel se sentara en la vergota de su novio. Verla coger, ver sus nalgas prietas rebotar con cada sentón, me prendió mucho, tanto para jalármela mientras me metía mis dedos en mi culito, imaginando que soy Itzel.

    Ella si es una buena amiga, y mi compañera de puteria en otros relatos.

    Les dejo mi correo por si quieren saber más: [email protected].

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (11)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (11)

    “¡¿Qué cojones hago?!” se dijo mientras su mano se alzaba.  Parecía que por un momento sí que era consciente de lo que pretendía. La mente la tenía completamente en blanco, no pensaba, bueno, no es del todo cierto… solo meditaba una única cosa.

    Encogió dos de sus dedos y con estos, golpeó la puerta de la forma más suave posible. Solo dos toques intercalados que llegaron a los oídos de su tía y entonces los pasos de Carmen… llegaron a los oídos de su sobrino, que seguía de pie aún con la mano levantada.

    Sergio vio el picaporte moverse, se iba a derretir, no entendía en qué momento se pensó que era buena idea. Se iba a presentar delante de su tía, con el pijama y con una erección de caballo que señalaba a la puerta como un dedo acusador “¿me da tiempo a huir?”, por supuesto que no. El calor, la vergüenza y miles de sentimientos le invadieron cuando la luz atravesó la abertura de la puerta.

    Carmen se quedó mirando a su sobrino, justo había salido del baño. Se estaba desmaquillando cuando escuchó los golpes y aún estaba vestida como había salido de fiesta. En un vistazo rápido, sus ojos se movieron por el cuerpo del chico, analizándolo sin parar en una fracción de tiempo. Lo que deseaba, lo que anhelaba… allí estaba. Sabía de sobra por qué estaba allí, a que había venido, pero una duda le asaltaba ¿Qué debería hacer ella? El chico había dado el primer paso.

    Carmen pasó su visión al bulto, que despierto se movía enorme en la entrepierna del muchacho. Se llevaría la mano a la boca para ocultar su asombro, pero no tenía el cerebro demasiado lucido. El montículo que se formaba en la entrepierna era terrible, más de lo que recordaba haber visto nunca, por supuesto mucho más que su marido.

    Sergio la miró fijamente, con el vestido de noche estaba espectacular y trató de decirla algo, pero estaba cohibido, su garganta estaba de adorno, no le funcionaba. Fue entonces que su tía movió los labios y aunque pareciera que de estos no iba a salir ningún sonido… el joven logró escuchar una deliciosa palabra.

    —Pasa.

    Entró con temor, un miedo que le hizo humedecer sus manos. Su tía le agarró de una de estas después de cerrar la puerta, no le importa lo sudadas que estaban, la sujetó con fuerza y sin decir nada más, los dos caminaron hasta la cama.

    El nerviosismo se apoderó de ellos, dos colegiales en su primera noche juntos. Estaban subidos en una nube que les transportaba por un mundo imaginario, no podía ser real lo que estaban viviendo. Carmen sintió su cuerpo arder en los fuegos del averno, el joven más de lo mismo, ni en sus mejores sueños habían estado tan excitados.

    Por tener más edad y quizá una mente más responsable, la mujer se sintió en la obligación de tomar la palabra, aunque no sabía si sería capaz. Estaba a tan pocos momentos de volverse loca por la tensión que se respiraba en la habitación.

    —¿A qué has venido? —Carmen lo sabía muy bien. Primero le acarició la mano para acto seguido subir por el antebrazo. El suave tacto del hombre que tanto deseaba, le hizo notar como bajo su sujetador, los pezones se le estaban endureciendo.

    —Venía… ve… venía a… —la lengua le pesaba y su cuerpo estaba entumecido. Carmen se mantuvo en silencio para que pudiera contestar. La voz del joven sonaba más adulta, más suelta— a contestar lo de antes. Puede que… —no quería expresar esa tentación perpetua que sentía al verla. Quizá compartiendo el anterior momento fuera mejor— Me has preguntado por quién me había puesto… creo que por las dos. —cuando lo escuchó en voz alta, se dio cuenta de lo estúpido que era. ¿Por ella y su madre se había empalmado? Qué tontería, sonaba tan irreal fuera de su mente, pero… no mentía.

    Carmen resopló, de alguna manera debía ventilarse tras escuchar a su sobrino decirle claramente que le excitaba. Obvió a un lado lo de su hermana, ahora mismo ella era la importante. No sabía cuál fue el detonante, la gota que colmó el vaso, pero no había vuelta atrás. Apretó sus piernas con fuerza queriendo resistir por última vez el pecado.

    —Menuda puta locura, esto es muy heavy —apenas susurró la mujer, notando la humedad de su vagina impregnando su braga.

    Bajó una mano temblorosa hasta la pierna del joven. Sin mirarle a los ojos, aquellos dedos caminaron por el cuerpo de este hasta llegar a la cintura, donde la goma del pantalón de deporte le impedía el paso. La última frontera, como si fuera una barrera moral… engañar a su marido, hacer algo con su sobrino, el hijo de su hermana… era el último paso y… nada la iba a detener. Estaba loca, sí, loca por desatar su pasión con el hombre que más sentimientos había provocado en ella.

    —Te dije la verdad en la piscina… —ella le miró quitando la vista del pene, aunque con el primer dedo atravesando la goma—no puedo tener amigas. Siempre acabo queriendo algo más.

    —¿Qué quieres conmigo? —su voz sonaba tan melosa, tan ardiente, una sinfonía dedicada al amor, un susurro que Sergio apenas pudo escuchar.

    Sus cuerpos estaban pegados, el calor de uno era transportado al del otro. Sus cabezas pegadas la una contra la otra. Carmen mirando como el joven había sujetado su mano, la cual ya notaba el primer vello en la yema de sus dedos.

    No hizo falta que contestara a la pregunta de su tía, el joven pensó acertadamente que mejor actuar a hablar. Con delicadeza y lentitud la mano que tenía sujeta la fue introduciendo en el interior de su ropa, hasta el punto de llegar a la zona más dura de su cuerpo.

    Carmen sintió la dureza, el calor, la suavidad de la piel… una auténtica delicia. La agarró rodeándola con cada una de sus dedos, notó el poder, el placer, su humedad… lo notó todo. “¡Está ardiendo!”, chilló su cabeza a la par que se deleitaba de una sensación que había olvidado, una satisfacción extrema.

    —Es grande… —soltó la mujer por su boca con la voz más erótica que pudo.

    —Dieciocho… —respondió Sergio posando la frente contra la de su tía. Estaba con el rostro enrojecido y su voz sonaba entrecortada por la vergüenza y el gozo— pero… lo mejor… o eso dicen… es que es gorda.

    Carmen la soltó y de su boca salió un rebuzno animal. Estaba como nunca, con aquel sonido se recordó a la frase que le decía una amiga “caliente como una perra”, porque eso parecía, un animal en celo.

    Sin dejar de mirar a su sobrino, abandonó el tan ansiado calzoncillo. Con las manos, delicadamente como si estuviera hecha de papel y en cualquier momento se fuera a romper, sacó del bajo de su vestido unas bragas rojas. Sergio que entendió la señal, se levantó posicionándose delante de ella, observando como Carmen dejaba con calma su braga encima de la cama. La mujer se tumbó sobre el colchón quedando apoyada en sus antebrazos sin dejar de mirar a Sergio, esperando que diera el siguiente paso.

    El joven miraba el sexo de su tía con unos ojos que se iban a salir de sus órbitas. Recortado pulcramente dejando poco bello y brillante a la luz de la tenue lámpara. Un ágil dedo se posó encima de ese manjar que le hacía derretirse y sintió como su tía temblaba.

    Lo introdujo con pausa, con un amor y una pasión que casi había olvidado. Carmen apretó los labios sintiendo el cuerpo extraño horadando en su interior por primera vez, “¡Qué delicia!” Pensó muy cachonda. El sobrino sacó su dedo mojado, con un líquido trasparente que brillaba. Sin dudarlo, se lo introdujo en la boca, saboreando los jugos que habían salido del cuerpo de la mujer.

    Carmen se estremeció, sus piernas se cerraron y abrieron en un rápido movimiento, echando la cabeza hacia atrás y resoplando de manera sonora, si su hermana estuviera consciente la podría escuchar. No podía aguantar más, quería el siguiente asalto, saltarse todas las normas escritas. Le daba igual ahora, y le daría igual en un futuro, lo sabía, no habría cargos de conciencia. No pensaba ni su familia, ni su marido, ni siquiera en su hermana, pensaba en el joven que con una cara roja de placer sentía lo mismo que ella.

    —¡Dios mío! Sí… —apenas era un susurro audible.

    De los pantalones de Sergio emergió la figura de un miembro erecto que a los ojos de Carmen pareció un coloso. Dieciocho centímetros de carne, Sergio no mentía, y tampoco en lo gruesa que era, algo que la mujer repitió en su cabeza, “qué gorda…”. Su respiración se agitó, su pecho subía y bajaba de forma alocada, la espera por lo inevitable se le hacía eterna.

    Sus piernas se abrieron con fuerza, escuchando en ese momento un ligero chof, eran sus líquidos, habían emanado fuera de su sexo y se rezumaban sin parar. “Tendría que haberlo rapado del todo, ni un pelo, pero… ¿Quién pensaba que esto se haría realidad?”. La mujer sin despegar la mirada del miembro de su sobrino, observó como con una mano que parecía pequeña lo acercaba a su entrada.

    El pantalón del joven yacía en sus tobillos y las rodillas se posaron en la cama, justo a la altura perfecta para hacer lo que ambos pretendían. La mano le temblaba ligeramente, Sergio vio a la perfección el dulce y precioso sexo de su tía… tan maravilloso… y que en teoría, solo debía ser contemplado por su tío.

    —Estoy soñando… —se le escapó, lo estaba pensando, pero ya que había hablado, siguió—, el mejor sueño de mi vida.

    Colocó tremenda herramienta en el agujero de su tía, la cual miraba expectante, apoyada en sus antebrazos sin perder de vista lo que estaba por suceder. El contacto de su capullo con la vulva de la mujer hizo que ambos se estremecieran. Pasó su pene por el clítoris de Carmen, algo que sabía que a su ex le gustaba y cuando vio como la mujer se mordía el labio, supo que a ella también.

    Los juegos habían acabado, no podían soportarlo más. Colocó su punta en la entrada. Los labios vaginales se abrieron dando un ansiado beso al prepucio enrojecido del joven. La sensación era ardiente y húmeda, no podía haber nada más glorioso para Sergio. No hizo apenas esfuerzo, solo un leve movimiento de cadera y… el pene se introdujo en el sexo de su tía.

    La mujer aspiró súbitamente en los primeros centímetros, el placer era indescriptible. Cuando notó como la mitad estaba dentro y aquello le estaba llenando todo su interior, se tuvo que tapar la boca para no gritar a los cuatro vientos todo lo que sentía.

    Empujó un poco más quedándose casi toda en el interior y acomodándose al sexo de Carmen. Al sentir en sus adentros los dieciocho centímetros, tensó el cuello y arqueó todo el cuerpo recibiendo la primera entrada completa. Trató de coger aire, todo el que podía, pero no le era suficiente, necesitaba cuatro pulmones para reponerse de la primera sacudida. Era algo abrumador, un sentimiento de que en verdad… la habían llenado.

    —¡Jesús! —dijo en voz baja conteniendo las muestras de placer que no paraban de llegar y tratando de comportarse lo más normal posible, añadió— ma… ¿Más?

    La pregunta de la mujer rubia fue contestada con rapidez cuando su sobrino comenzó a meter y sacar con calma su pene. Sergio lo introducía lentamente, mucho más de lo que le gustaría, pero entre que su madre estaba dormida (imposible que se despertase) y sabiendo que si subía algo el ritmo podría terminar rápido. Prefería ir despacio.

    El primer minuto pasó rápido, las paredes de Carmen se adecuaron a lo que le habían metido entre ellas y el placer de ambos traspasaba fronteras. Casi había olvidado lo que era sentir tal placer. Aunque algo la detenía, necesitaba expresarse, ser ella misma como siempre, le gustaba conversar en el sexo, pero por una extraña vergüenza, no podía.

    —Lo deseaba… —Sergio la miró con unos ojos de verdadero animal— por favor, cariño… lo necesito.

    Subió las piernas cuanto pudo, para permitir una entrada perfecta a su sobrino. La falda se le arremolinó en la tripa dejando sus piernas al aire y un sexo que devoraba el miembro del muchacho.

    Notó algo, algo que hacía mucho que no notaba, una sensación se concentraba en su interior, era algo grandioso. La temperatura de Carmen se elevó, sus pechos se endurecieron por momentos y la sensación de placer le agarrotó el cuerpo. Las venas del cuello se le estaban hinchando y como pudo agarró uno de los cojines que había en la cama.

    —Un poco… más… —rogó a su sobrino sin casi respirar.

    Obediente, Sergio entró un par de veces más, de manera lenta y pausada, pero muy profundo, impulsando los últimos centímetros para que llegaran a lo más hondo. Carmen intentó aguantar concentrando más y más placer. Estaba a punto de reventar, el placer era inaguantable y no podía contenerlo en su cuerpo por más tiempo. Mordió el cojín llegando a deshilacharlo con furia, para después, con un pequeño quejido que supo minimizar, dejar que todo fluyera.

    Las entradas de su sobrino habían logrado que su vagina explotase en mil sensaciones. Se acababa de correr haciendo que el placer no cesara de aumentar. Ahogó mil y un gritos en el cojín mientras todo su cuerpo comenzaba a contraerse, moviéndose en espasmos como un pez fuera del agua.

    Perdió la noción del tiempo y del propio mundo, no sabía ni donde estaba, solo observó puntos de colores en sus ojos. Jamás supo cuánto tiempo pasó desde el comienzo del orgasmo hasta que fue consciente de nuevo de donde estaba, quizá un segundo o quizá una vida. Alargó su mano en busca de su amante hasta tocar el abdomen de su sobrino. Dejó las yemas de los dedos sobre la piel del joven sintiendo el calor que desprendía y haciéndole saber que de momento era suficiente.

    —Ya… ya… para, cariño —consiguió emitir por su garganta mientras se ahogaba con el cojín.

    Sergio obedeció y Carmen liberó su rostro de la presión que se autosometía. El joven la vio con un color rojo y los ojos brillantes, con una expresión de satisfacción natural, simplemente preciosa. Sus pechos subían y bajaban como si tuviera un terremoto en su interior. La respiración es demasiado elevada, Carmen sin duda había tenido el mejor orgasmo de su vida, o por lo menos el mejor que recordaba y apenas habían pasado unos minutos en la tarea.

    —Maravilloso —sentenció al aire con un tono más normal.

    Levantó un poco la cabeza y volviendo a apoyarse en sus antebrazos, observó cómo su sobrino sujetaba sus piernas y la miraba con un rostro de satisfacción. Ella se dio cuenta de la situación, no debía ser egoísta y aunque se podría dormir simplemente bajando los parpados, quedaba algo por hacer.

    —¿Seguimos? —consiguió decirle su sobrino sin que la voz le temblase. Carmen no dudó en asentir— estoy casi…

    —Sí… por supuesto—le contestó con más normalidad, sin tener nada de normal la situación.

    Las entradas volvieron a producirse. Esta vez Carmen sintió una sensación de placer demasiado grande e incluso al principio le incomodó. Pero solo duraron unos instantes, hasta que se acostumbró de nuevo a que el miembro de Sergio la llenase su interior. La sensación de placer volvió a ser la misma que antes, un placer de una magnitud inigualable, algo que ya apenas solo podía concebir en su mente.

    Mientras meditaba en aquel gozo, veía como su sobrino, de nuevo comenzaba a moverse con algo más de rapidez. Su cara cambiaba y los sonidos que emitía elevaron el volumen, parecía que el final se acercaba. Carmen se llevó rápidamente el dedo a la boca y le dijo.

    —¡Shh! No querrás… —que difícil se le hacía hablar— que nos oiga tu madre.

    —Ahora… me da igual… quien escuche —el placer era tal que no le importaría que entrara el marido de Carmen, le daría lo mismo, él seguiría a lo suyo.

    —¡Joder! —contestó con un tono que demostraba lo caliente que estaba— ¿No te importaría?

    —Estoy casi… —dijo susurrando sin poder hacer más que centrarse en su eyaculación y añadió tajante— No.

    Sergio finalizaba. Se venía lo que tanto había deseado esos días. El placer le recorrió el cuerpo y de sus genitales nació un cosquilleo que le arrebataba la vida.

    —Me corro… mierda, ¡Me corro! —dijo mientras Carmen le miraba esperando el acto final.

    El joven sintió el placer concentrado de tantos días. Logrando en un instante que todos los músculos se agarrotaran para el único fin de conseguir expulsar todo el cargamento que llevaba dentro. Introdujo el máximo de la envergadura de su pene, dejando todo su peso sobre la cadera de su tía y la primera porción de su néctar, se disparó.

    Estaba ardiente, espeso y… abundante, la mujer lo sintió en el momento que el blanco líquido salió por la punta del joven pene. Aquella primera descarga fue poderosa, pero la segunda no se quedó atrás. El jugoso manjar salió en misma cantidad y con el mismo poder volviendo a golpear sus paredes internas hasta el punto que las piernas le temblaran.

    Mientras su sobrino apretaba los labios, cerraba los ojos de placer y aferraba sus dedos sobre los muslos de su tía, esta sintió el último. Increíblemente era igual de poderoso que los otros, incluso causándole cierto placer al golpearla. Al mismo tiempo, su sobrino desfalleció.

    Con Sergio jadeante y con la fuerza justa para no desmoronarse en la cama, Carmen sintió como unas gotas comenzaban a recorrer su trasero hasta llegar a la cama. El semen mezclado con los fluidos de la mujer, abandonaba el dulce sexo de ambos.

    —¡La virgen! Qué… bueno…

    La vitalidad le abandonó al muchacho, que se tuvo que apoyar en la cama para no caer sobre su tía. Ambos respiraban acelerados quedándose satisfechos por lo sucedido. El joven rompió la unión, haciendo que de la vagina de su tía, el jugo que caía en pequeñas gotas, saliera ahora de forma abundante. Quizá en otro momento de su vida aquello no le hubiera gustado, pero en ese instante, era precioso.

    —Creo que… nos toca dormir… —dijo ella aún tumbada.

    —Mañana… nos vemos —Sergio apenas era consciente de lo que decía, el placer le acompañaría toda esa noche.

    —Voy a dormir como un bebe —el fuego grabado en sus pómulos no desaparecía.

    —Yo también, estoy muerto.

    Carmen no pudo evitar sonreír ante aquel comentario y observó cómo su sobrino hacia lo mismo, rompiendo la pequeña vergüenza que parecía separarles, dejándoles por fin totalmente liberados.

    El joven amante se levantó de la cama, aunque Carmen ni siquiera recordaría verle subirse los pantalones, todavía miraba al techo notando la picazón que le surgía en lo más profundo. Escuchó los pasos alejarse y volviendo la cabeza para la puerta dijo.

    —Ciérrame la puerta al salir, cariño —intentando levantarse de la cama sin lograrlo. Sergio ya estaba con la mano en el picaporte, cuando escuchó de nuevo a Carmen— a ver si… mañana… otra vez.

    Ambos se sonrieron, un gesto cómplice al que Sergio sumó un guiño que dejaba todo bien entre ellos. No había remordimientos, no habría conversaciones incómodas sobre las repercusiones de lo ocurrido, los dos lo deseaban, había pasado y si surgía ¿volvería a pasar?

    Sin tener en calma su cuerpo aunque si el alma, la mujer consiguió mover las piernas para vestirse con una ropa interior nueva. La otra estaba por lo menos para lavar si no es que era mejor tirarla, la había humedecido demasiado.

    Metiéndose en la cama y echándose la sabana, no puede evitar reírse. Sabía que al día siguiente tendía que ponerse otra ropa interior nueva, ya que los fluidos de su sobrino fueron tales que seguro se despertaba con esta totalmente sucia. La idea no le desagrado.

    CONTINUARÁ

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    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.