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  • Con mi amigo Buga (V): Un videojuego sexual

    Con mi amigo Buga (V): Un videojuego sexual

    Después de ausentarme mucho tiempo por problemas con la computadora y la pérdida de algunos archivos, retomo la escritura de los relatos de aventuras sexuales con mi amigo buga. En este quinto relato contaré la historia de un día de videojuegos que se convirtió en una aventura sexual en la que casi somos descubiertos por su hermano.

    Cuando esta historia sucedió, llevábamos aproximadamente 2 meses saliendo, aunque no teníamos el título, éramos una especie de pareja muy sexual.

    Esa tarde J y yo estábamos en su casa, habíamos comido junto con su familia, su mamá y su hermano mayor, habíamos acordado disimular nuestra relación delante de otros hasta que el estuviera completamente listo para “salir del closet”. Su madre y su hermano terminando de comer nos dijeron que iban a comprar unas cosas al supermercado y que de ahí se pasarían a visitar a una tía y que regresarían hasta bien entrada la noche. Supongo que por la mente de J, pasó la misma idea que por la mía, ya que desde aquel encuentro en la cochera de mi casa (Con mi amigo Buga IV, El excitante viaje en moto) aprovechábamos cualquier oportunidad que teníamos a solas para tener sexo.

    Hacía una hora que nos encontrábamos solos, estábamos jugando consola sobre su cama, él estaba solo con unos shorts amplios y se encontraba recostado con la espalda recargada en la cabecera de la cama y yo me encontraba sentado entre sus piernas abiertas y recargado en su pecho desnudo. Yo nunca he sido demasiado bueno jugando videojuegos por lo que me mataban muy rápido y eso hacía que J bajara su ritmo de juego, así que le dije -si quieres juega en línea y yo te veo- el me contesto -está bien pero no te muevas de aquí, me gusta que estés así recargado en mí- y dándome un beso en los labios, se colocó los audífonos gamer y empezó a jugar en línea una partida de campaña de GoW.

    Después de 10 minutos de que J estaba jugando, yo me aburrí un poco de solo ver y entonces quise sorprenderlo. Empecé deslizándome hasta que mi cabeza llego a su entrepierna y sentía su verga flácida sobre mi nuca, él estaba tan metido en su juego que no se había dado cuenta de que me había movido y girándome muy despacio, le saqué su verga por la bragueta de los shorts, esta estaba flácida y sin pensarlo empecé a jalársela suavemente de arriba abajo, teniendo cuidado de que en cada bajada su prepucio descubriera aquella deliciosa cabeza, en ese momento J cerrando el micrófono de sus audífonos me dijo – ¿qué haces cabroncito?- dándole servicio al soldado- le contesté- para que pueda matar muchas hordas, tu continúa luchando, es mi manera de servir al ejército para llevarlo a la victoria- sonriendo ardientemente J activó nuevamente el micrófono pero en su rostro se notaba el inicio de una lujuria.

    En cuanto empecé a notar que su verga ya estaba medio dura y su prepucio ya se había retirado para descubrir la cabeza, me llevé su verga a los labios y empecé a darle pequeños besos en la cabeza. J inmediatamente me dirigió una mirada de complicidad para que siguiera mi trabajo, introduje su mástil de 18 cm, ya erecto, en mi boca, apretando el tronco entre mis labios subía y bajaba recorriendo toda su verga hasta llegar a aquella cabeza que ya empezaba a lubricar un poco y luego la volvía a meter, notaba como J se mordía los labios y que hacia un esfuerzo para no soltar quejidos a través del micrófono, saber que él podía soltar un sonido y que podían escucharlo, me hizo reforzar aquel trabajo, sacándome su verga de la boca llevé mis manos al resorte de su short y se los tiré hacia abajo él se levantó un poco y me dejó sacar su prenda, se la retiré completamente y la tiré al piso, volví a llevar su glande a mis labios para darle pequeñas chupadas, mientras que con una mano empecé a sobar sus bolas que tanto me prendían, con la otra me recargaba en su muslo para darme fuerza para realizar el movimiento que hacía con mi boca de mete y saca.

    En ese momento, terminaba una partida y me dijo- que buena chupada me estás dando, quiero que sigamos con esto, me está prendiendo que cojamos mientras juego. Me hizo quitarme la ropa y ponerme de perrito en la cama, mientras él se arrodillaba detrás de mí, tomando su verga entre sus manos la lubricó con un poco de crema y aunada a mi saliva quedó preparada para su misión, jugando con su cabeza en mi agujero, empezó a empujar, mi culo, ya acostumbrado a su verga, le cedió paso rápidamente. Una vez que se aseguró que su verga entraba con facilidad retomó el juego y mientras él jugaba metía y sacaba su verga asegurándose de que no saliera completamente, yo no podía detener los bufidos que aquel placer me provocaba y mi verga ya empezaba a lubricar manchando un poco la sábana, me encantaba sentir como sus pelotas chocaban. Y el saber que él estaba jugando mientras me cogía me ponía al cien. De vez en cuando J soltaba algunos ruidos, yo me preguntaba- ¿qué estarán pensando los otros jugadores de los sonidos que oían a través de sus auriculares? ¿alguno sospechará que está cogiendo?

    Cada vez que el ritmo del juego aumentaba porque había una horda que matar, él aumentaba su vaivén. En ese momento su partida terminaba, su equipo había ganado y me dijo-¡vaya que nos diste suerte! ¡Es hora de que este soldado, pague el servicio que le diste al ejército! y dejando a un lado el control me levantó e hizo que pegara mi espalda a su pecho, retirándose los audífonos cogió mi mandíbula y girando suavemente mi cabeza me dio unos besos en los que nuestras lenguas se unieron, mientras con su mano jugaba con mis pezones, con la otra mano estimulaba mi verga.

    Me susurró al oído- estoy a punto de correrme- yo le dije – lléname de tu leche- hasta ese momento habíamos cogido siempre con preservativo y deseaba sentir su líquido llenar mis entrañas, en ese momento J sujetó mis caderas y empezó a aumentar el ritmo de su follada, yo sabía que el fin se acercaba y el mío también. Mientras J me decía te voy a dar mi leche… oímos que la puerta de su casa se abría y su hermano gritaba – ¡Carnal, ya llegamos! ¿dónde estás?- y empezaba a subir las escaleras, sentí como J salía rápidamente de mí, yo buscaba mis calzones, mi playera y me sentaba en la cama, J se ponía la playera y el short, en ese momento, justo cuando él se acostó en la cama y tapándose la erección con una sábana, su hermano tocaba la puerta y la abría, asomando la cabeza dijo- venimos a dejar unas cosas que compramos y ya nos vamos… ah por cierto, me dice mi mamá que nos llevemos unas cartas para jugar con la tía- J le dijo, tratando de disimular la entrecortada voz- pásale están en el cajón-

    Cerró la puerta y cuando escuchamos que cerraban la puerta de la casa J y yo nos volteamos a ver y soltamos un suspiro y después una carcajada que era una mezcla de miedo y emoción.

    Cualquiera pensaría que con el miedo de ser descubiertos habíamos perdido la calentura, pero no fue así para ninguno de los dos, al contrario, el morbo de ser descubiertos nos había provocado corrernos. J se destapó de la sábana y sacándose los shorts me mostró como se había venido sobre su ropa interior, al parecer fue justo cuando su voz se entrecortó, me acerque a su verga y llevándola a mi boca procure dejarla lo más limpia posible, cuando terminé de limpiarla, fue su turno de limpiar la mía.

    Por supuesto que aquel día cogimos otra vez, ahora no me quedaría sin sentir su venida dentro de mí, pero esa es otra historia.

    Hasta aquí termina este quinto relato, en la siguiente historia les contaré como continuó esa tarde de videojuegos que se convirtió en una emocionante sesión de sexo. No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas escribirme y platicamos.

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    Este es el quinto relato de una serie de aventuras que sucedieron con mi mejor amigo, él se dice buga, pero solo él y yo sabemos la verdad.

    1. Con mi amigo Buga I, la primera fantasía

    2. Con mi amigo Buga II, La segunda fantasía

    3. Con mi amigo Buga III, La confesión de mi amigo

    4. Con mi amigo Buga IV, El excitante viaje en moto

  • El cabronazo (El cabrón – Parte 2)

    El cabronazo (El cabrón – Parte 2)

    Ricardo no miraba a ningún sitio en particular, por la ventana de la cocina sosteniendo una taza de café con la que desayunaba. Era sábado y a su mente volvían imágenes de la tarde noche anterior. Lleva casi un mes sin hablar con Andrea. Después de habérsela follado en el almacén del bar donde trabaja, ella se había enfadado porque se había corrido sin condón dentro de su coño. Por supuesto, él había pasado de la pataleta de niña caprichosa.

    Pero hacía cuatro días, ella le había pedido hacer las paces. Él buscó una coartada para no ir a casa el viernes por la tarde y otra para librarse del trabajo. Alquiló una habitación en un hostal. En la cama de aquella habitación, Andrea exhibió las habilidades amatorias que encerraba en su precioso cuerpo. Lo cabalgó de manera salvaje mientras se agarraba las tetas y su melena se alborotaba con cada salto sobre el ariete de carne que la estaba atravesando.

    Sin preocuparse de ser oída, aquella joven de 23 años gritaba de forma descontrolada con la tremenda follada que se estaba pegando. La visión de Ricardo era excitante. Una preciosa joven a la que doblaba la edad botaba sobre su polla. Las enormes tetas, sujetas por las manos de ella, y el coño, cubierto por una fina capa de rizos negros, abriéndose para abarcar el grosor de su miembro, eran una bendición para sus ojos.

    No se pudo contener y ante tanta excitación salió el animal dominante que era para voltearla y colocarla boca abajo contra el colchón:

    -¿Qué haces cabrón? No soportas que una tía te folle, ¿no?

    -Me gusta domar a las putas como tú…

    -Pues venga cabrón… Dómame si tienes cojones.

    Ricardo le sujetó las manos en la espalda con una suya. Con la otra la agarró por la nuca contra el colchón. Andrea estaba inmovilizada y atravesada por la tremenda polla de aquel maduro con el que llevaba meses enrollada en secreto. Su novio era un pobre cornudo que no se imaginaba lo que ella hacía cuando le daba excusas para no quedar con él r:

    -Dame fuerte cabronazo… rómpeme el coño con ese pollón…

    El hombre se sentía retado a esforzarse con más fuerza sobre su joven amante. Un grito desgarrador anunció que se corría de manera abundante en aquel volcán ardiente que era el coño de Andrea. En esta ocasión no hubo quejas por no usar condón.

    Un chasquido de dedos de Pilar, su mujer lo trajo de nuevo a la realidad del desayuno en su cocina:

    -¿Qué tal en el trabajo ayer? -La pregunta de la mujer le descolocó un poco. No tenía ninguna respuesta predeterminada así que improvisó algo inconexo.

    -¿Qué…? ¿Anoche…? Bueno…, sí…bien…

    -Cualquiera diría que no me quieres contestar… jajaja

    -No, pero ya sabes… Esas reuniones con clientes son muy aburridas…

    Su móvil sonó al recibir un whatsapp echándole un cable. Al abrirlo se le dibujó una sonrisa en su cara. Era una fotografía de Carla, su compañera de trabajo. En ella se le podía ver en actitud sensual. En una toma alta se le veían las tetas mientras se mordía el labio inferior. Bajo ella un mensaje:

    «Pensaré en ti mientras me ducho…»

    Inmediatamente, llegaron dos más. Una era un desnudo frontal donde Carla se pellizcaba los pezones. En la otra, la mujer se masturbaba dirigiendo la alcachofa de la ducha hacia su coño rasurado.

    «Ojalá fuera tu lengua…»

    Ricardo recordó cómo, apenas dos meses antes, se habían escapado los dos a un hotel de la Sierra con la excusa de un viaje de trabajo. La foto hacía referencia a la comida de coño que él le dio a Carla bajo la ducha, arrodillado ante ella mientras el chorro de agua caía sobre ellos. Habían llegado hasta allí después de calentarse de manera incontrolada, cuando él la asaltó por detrás, agarrándole las tetas, al despertar y verla, sentada en el borde de la cama, hablando con su marido:

    -Claro que te echo de menos Arturo, cariño…

    Esa fue la frase que encendió el interruptor de Ricardo. Se acercó por detrás de su compañera de trabajo y le mordió sensualmente el cuello al tiempo que le pellizcaba los pezones. La mujer, a partir de ahí, no pudo mantener una conversación lineal. Y su mente la llevaba a recordar cómo había sido poseída por su amante la noche anterior. Aligeró una despedida de su marido y se llevó a Ricardo a la ducha donde follaron como adolescentes con las hormonas disparadas:

    -Ricardo… -su mujer tuvo que gritarle para llamar su atención. -¿qué te pasa que te hablo y no prestas atención?

    -Disculpa, es que tenía un whatsapp del despacho, ¿qué decías?

    -Te decía, que mi hermana Ana va a venir a pasar las vacaciones de semana santa a la casa de la playa con nosotros.

    -Ah… Vale… – El hombre siguió algo distraído.

    Su mente se escapó de nuevo por la ventana. Su cuñada Ana era 13 años menor que su mujer. Era la rebelde de la familia. Había empezado 3 carreras y no había terminado ninguna. Ahora andaba colaborando en algún proyecto teatral.

    Eso sí, estaba buenísima. Y alguna vez, en alguna reunión familiar, sus miradas se habían quedado enganchadas durante más tiempo del que el decoro marca. No tenía demasiado pecho pero tenía un cuerpo de surfista espectacular. Además de una cara de niña traviesa que volvería loco a cualquier hombre… y mujer.

    Tres meses antes, las cosas se cuadraron para que la situación se desmadrara entre ellos. Ricardo tuvo que realizar un viaje de trabajo a La Coruña y su cuñada andaba buscando combinación para Santiago de Compostela. Pilar, mujer y hermana de ambos, fue la que propuso la opción de que viajaran juntos en coche… Ricardo y Ana se miraron con esos ojos lascivos que solo podían entender ellos.

    La cuñada, que tenía que realizar una convivencia con su grupo de teatro prefirió no asistir a Santiago y pasar el fin de semana en La Coruña con Ricardo. La noche del sábado salieron a cenar. Bebieron, bailaron, y se enrollaron en un conocido bar de copas. De vuelta al hotel la cosa era incontrolable. Subieron por el ascensor morreándose.

    Apoyados en el espejo, Ricardo había bajado el escote del pequeño vestido de Ana y le comía los pezones de color marrón muy oscuro que le desafiaban erectos, puntiagudos, duros. Ella le agarraba por la nuca obligándolo a comerle las tetas mientras suspiraba. El hombre dirigía una de sus manos por debajo de su corto vestido hasta su pequeño jardín de las delicias. Haciendo a un lado su tanga pudo acariciar una mata de vellos suaves. Con sus dedos fue abriéndose camino hasta la entrada de su vagina. Empapada y caliente, metió dos dedos y comenzó a moverlos en círculos arrancando suspiros de placer de su cuñada.

    Como diría el gran Joaquín Sabina «un piso antes del séptimo cielo se abrió el ascenso…». Salieron agarrados al pasillo hasta encontrar su habitación. Ante la puerta, Ana intentaba abrir con la tarjeta magnética pero le resultaba imposible. Además Ricardo la abrazaba por detrás cogiéndole las tetas y haciendo que su concentración fuera imposible.

    El marido de su hermana le agarraba las tetas por encima del vestido mientras le mordía el cuello de manera sensual. Ella respondió sacando el culo hacia atrás restregándolo por su entrepierna. Sentía como la polla erecta abultaba bajo el pantalón. Ricardo fue besando la espalda de su joven cuñada hasta arrodillarse tras ella. Levantó el vestido y besó las nalgas de Ana. Blancas, redondas, desnudas por el tanga que se perdía entre ellas. Las abrió y paseó su lengua desde el ano hasta el coño.

    La mujer gemía de manera sonora sintiendo la lengua caliente del hombre. Notando como retiraba a un lado la prenda íntima y accedía a su coño caliente y húmedo. Ricardo se puso de pie, se desabrochó el pantalón y liberó su tremenda polla:

    -¿Tienes goma…? -preguntó Ana muy excitada.

    -No, no suelo usar…

    -Bueno, nos arriesgaremos… pero métemela ya…

    Ricardo dirigió el capullo de su polla a la rajita de su cuñada. Ésta se elevó de puntillas y, apoyada sobre la puerta, se dispuso a recibir el pollón del marido de su hermana. De un golpe de cadera, la penetró muy profunda:

    -Ay… -se quejó Ana de dolor. -Joder, cabrón, qué grande la tienes…

    El hombre no le dio tregua y comenzó a follársela muy fuerte, en el pasillo de aquel hotel, apoyada sobre la puerta de su habitación. Ana sentía como le llegaba muy adentro de la vagina cada puntazo de su cuñado. Ricardo tiró de su melena obligándola a echar la cabeza hacia atrás. Ella gemía de placer sin cuidado de que alguien pudiera oírlos:

    -¿Quieres polla, zorra? ¿Quieres la polla que se come tu hermana?

    -Sí, joder, sí… Me moría de ganas porque me follaras.

    Ricardo la agarró por el cuello mientras tiraba de su melena sin dejar de percutir contra aquel coño estrecho. Durante más de 10 minutos estuvieron follando sin darse cuenta que una joven los observaba desde la puerta entreabierta de su habitación.

    Con un bufido Ricardo tensó su espalda para alcanzar el orgasmo y descargar todo su semen en el interior de su cuñada. Ésta arqueó la espalda alcanzando el clímax cuando el marido de su hermana la rellenó de leche caliente…

    El hombre se llevó la taza a los labios y volvió a la realidad al notar que el café se le había quedado frío. Su mujer le miraba atónita ante el estado de ausencia que mostraba su marido.

    Una hora más tarde, se encontraba en el gimnasio haciendo ejercicio cuando la música que oía en su móvil se interrumpió al recibir un whatsapp. Se apresuró a abrirlo al ver que era de Carla, su compañera de trabajo. Era la foto de una ecografía.

    «Arturo y yo vamos a ser padres… pero el hijo es tuyo…»

    Ricardo no contestó aunque quedó algo preocupado. Después de ducharse salió en dirección a su casa. Su mujer salió a recibirle muy contenta:

    -¿Qué pasa? -preguntó algo desconcertado.

    -Mi hermana, tiene un notición.

    Al entrar en su casa, su cuñada estaba siendo felicitada por sus suegros que habían llegado a su casa:

    -Cuñado, te voy a hacer «tito»… -le dijo Ana sonriéndole.

    -No sabía que estuvieras emparejada.

    -Y no lo estoy… El padre no lo sabe, pero estoy dispuesta a ser madre soltera…

    Minutos después Ricardo recibió un whatsapp. Su cuñada le escribía desde la otra esquina del salón:

    «Es tuyo pero no te preocupes. No te exigiré nada.»

    El hombre no lograba entender nada. A lo largo del día se había encontrado con la noticia de una doble paternidad. Pero aún fue peor cuando a la hora de la comida recibió una llamada:

    -Hola Ricardo

    -Hola Andrea, ya sabes que no me gusta que me llames cuando sabes que estoy en mi casa.

    -Estoy embarazada…

    -¿Qué dices, niña?

    -Lo que oyes cabrón. ¿Recuerdas cuando te corriste dentro en el bar…? Pues hiciste diana…

    -¿Abortarás…?

    -Nada de eso. Te tienes que hacer cargo o te hundo la vida CABRONAZO…

  • El tipster (Parte I)

    El tipster (Parte I)

    “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

    Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

    la resaca de todo lo sufrido

    se empozara en el alma… ¡Yo no sé!”

    — César Vallejo —

    ¿Acaso la vida es esto que vivimos? ¿Acaso hay algo más tras la puerta de la Parca?, pienso en estas palabras mientras miro la tumba de mi padre. Sus últimas palabras fueron. “Hijo, no cometas los mismos errores”.

    Mi padre se enfermó, luego de las deudas que contrajo producto de los cuantiosos préstamos a diferentes entidades bancarias, que no pudo pagar. Lo cual produjo que nos quitaran la casa, debido a que ésta estaba de garante. ¿Cómo pudimos malgastar el dinero de esa manera?, pues no necesariamente fuimos mi padre y yo quienes causamos esta tremenda irresponsabilidad. Exactamente fue aquella señora, que un día fue mi madrastra, cabe señalar que mi madre verdadera murió por un aneurisma cuando yo era muy pequeño, así que no tengo muchos recuerdos de ella.

    Quedó enamorado de aquella mujer, no lo culpo, ya que tenía una belleza que impactaba, pronto contrajo con ella su segundo matrimonio. Pero lo que le sobraba por fuera, carecía por dentro, miraba a los demás con una altanería impresionante, se creía la última cosa del mundo. Pronto se convirtió en una mujer florero a quien mi padre tenía que complacer con joyas y viajes caros. Le pasó una cuenta en la que despilfarraba el dinero comprando ropas y vestidos de diseñador.

    Incluso con todo esto, no afectaba demasiado a la economía que mi padre manejaba, puesto que tenía una empresa que nos daba una buena ganancia y nos permitía llevar una vida acomodada con un chalet, en una zona residencial. Todo cambió con la caída de la bolsa de valores, las acciones de la empresa se desplomaron y posteriormente se tuvo que vender a un costo bajo ya que quebraría. Y con eso vinieron los problemas, las deudas, problemas de salud y el divorcio con mi madrastra. Esto afectó a mi padre y se llevó sus deudas y penurias al más allá. Es así como me quedé sin familia y hogar.

    Morir es dormir… y tal vez soñar. ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?…

    Reflexioné, mientras con el poco dinero que me quedaba, que provenía de la cuenta que separó mi padre para la universidad, alquilé un departamento. Me propuse visitar a mi novia, una linda pelirroja, que siempre estuvo conmigo en los momentos más difíciles. Me dirigía a su casa cuando pasé cerca de una casa de apuestas, había más gente de lo habitual, decidí acercarme y ver qué pasaba.

    Recordé que ese día empezaban los octavos de final de la Champions League jugarían el Benfica vs Dortmund y PSG vs Barcelona. Tuve la extraña sensación de que sabía lo que iba a pasar, presentía quién ganaría el partido, mientras me llenaba de una sensación de seguridad y firmeza. Decidí jugármela y aposté 10 dólares por la victoria del Benfica y por una victoria con más de tres goles del PSG, con lo cual la cuota aumentó, a pesar de que mi instinto me decía que ganaría por cuatro goles de diferencia, no le hice caso porque me parecía irrisorio.

    Pasé la tarde con mi enamorada, fuimos al cine y pasé un buen rato con ella. Me dije, si solo mi madrastra hubiera sido igual de afectuosa como mi novia.

    —Jimena, hoy es un buen día, para acercarnos mucho más —le propuse con una mirada de deseo.

    —Sé que quieres dar el siguiente paso, pero siento que aún no estoy preparada, sabes que te amo. Prometo que cuando me sienta segura, es más será el día de tu cumpleaños, quiero que sea una ocasión especial para ambos, te recompensaré merecidamente —me respondió dándome un beso.

    No dudaba que me amara, me lo demostró en varias ocasiones, pero respecto al sexo era un poco ingenua y le tenía miedo. No insistí, pensando que no era tan importante y que no tardaría el día que me entregaría su virginidad.

    Al día siguiente cuando vi el resultado del partido, me percaté que gané la apuesta y más importante aún que el partido PSG – Barcelona quedó (4-0), arrollaron a los catalanes en el Parque de los Príncipes tal como me decía mi instinto el día de ayer. Nunca me pasó esto, y era la primera vez que sentí esa extraña sensación de saber cómo acabarían los partidos.

    Fui a cobrar mi ganancia a la casa de apuestas, hoy al igual que ayer se darían dos partidos Real Madrid – Napoli y Bayer Múnich – Arsenal.

    Esta vez haría caso a esa especie de instinto que me decía que sucedería en los partidos. Aposté 50 dólares, la mayor parte de mi ganancia de la apuesta anterior, a marcador exacto y multiplicador de ambos partidos, (3-1) en el primer partido y (5-1) en el segundo. Esta apuesta me ofrecía una cuota de “x40” y me quedé a ver el partido. Festejé los goles del Madrid y Bayer a la vez se daba el resultado esperado. Había ganado 2000 dólares, extasiado y emocionado por ese vaticinio que tenía, me dije a mí mismo que lo aprovecharía para salir de la situación en la que me encontraba, ya que deje la universidad por no poder pagar la matrícula.

    Entonces me dirigí a la casa de Lucía, la amiga de mi novia, para buscar a Jimena, quería contarle lo sucedido, mencionarle de esa especie de fortuna que el destino había puesto en mí, tal vez después de todo la vida me sonreía dándome ese extraño don.

    Hace una semana me dijo que hoy celebrarían una fiesta, por motivo de fin de ciclo en la casa de Lucía, le dije que no iría porque estaría ocupado con la mudanza y porque me daba mala espina Lucía, desde que escuché una conversación entre ella y mi novia.

    —¿No entiendo como sigues con Carlos, habiendo mejores propuestas? —le preguntó Lucía.

    —No sigas con esto, ya te dije que lo amo, y no lo cambiaría con otro —le respondió mi novia.

    —Viene de una familia fracasada, tampoco es un adonis y tú eres una diva, están en estatus diferentes. Hasta dejó la universidad, tal vez termine de obrero, para mí no tiene futuro —replicó Lucía—. Lo que pasa es que no conoces a muchos hombres y te metiste con el primero que encontraste. Recuerda que mi hermano sigue pensando en ti.

    —Aun así es muy buena persona y yo le quiero, además no es su culpa el haber dejado la universidad —respondió con seguridad Jimena.

    —El tiempo me dará la razón Jimena. Pero vamos, seguimos siendo amigas a pesar de que elegiste mal —concluyó Lucía.

    Después de escuchar aquellas palabras de desprecio hacia mi persona, advertí que Lucía era una mala influencia para mi novia. Pero no podía separarla de ella ya que eran muy amigas desde el colegio. Y el que haya mencionado a su hermano me pareció muy raro.

    Llegué a la casa de Lucía, me abrió una amiga de ellas que estaba muy mareada. Entré a su sala y observé muchas botellas de whisky, vodka y cerveza. Al parecer festejaron muy bien. Pero no encontré a mi novia por ningún lado.

    —¡Carlos! ¿Qué haces aquí? —exclamó Lucía con una mirada de extrañeza.

    —Vine buscando a Jimena, me preocupé por ella ya que no me respondía el celular—. Respondí advirtiendo que algo pasaba, ya que Lucía se veía nerviosa y miraba de forma disimulada al segundo piso.

    —¿Dónde está Jimena? —pregunté. Sin esperar que me contestara fui al segundo piso.

    Lucía trató de detenerme, pero la esquivé. Nada más acercarme escuché gemidos y alarmado pensé que mi novia se había caído y se había hecho daño, así que subí rápidamente a la segunda planta de la casa y fui en dirección a los dormitorios, de donde provenían aquellos gemidos.

    Atiné que una puerta estaba entreabierta y me fijé en el interior. Mi novia estaba tendida en la cama con el cuerpo desnudo, sus enormes pechos al aire reclinada hacia atrás. Con sus carnosos muslos abiertos y encima de ella un joven que enseguida identifiqué como Sebastián, ¡el hermano de Lucía!

    Este también desnudo, penetraba a mi novia, mientras ella decía: ¡Así, sigue, que bueno! ¡Ya no me duele, que rico! ¡Más… más!

    Sebastián le hizo caso, mientras le sujetaba de las caderas, bombeaba rítmicamente su concha, haciéndola jadear vigorosamente cada vez que le hundía toda la tranca en su vagina ahora desflorada.

    —¡Seguro que el cornudo de tu novio no te hacía sentir así! —sugirió Sebastián, mientras seguía follando— ¡Ahora estás con un hombre de verdad!

    —¡Uhm… Uhm! —Jimena no respondió, mientras se notaba que disfrutaba, estando los ojos cerrados, como concentrándose en el placer.

    ¡Qué ingenuo fui al pensar que aquellos gemidos eran de dolor!

    Me quedé allí en la puerta, viendo la tórrida escena, sin ser capaz de entrar ni de salir corriendo, tan pasmado como un tonto, con la boca abierta y la cara desencajada.

    No podía creer lo que estaba observando. ¡Mi novia y Sebastián follando en directo!, pero era toda una verdad.

    Sentí un retorcijón en la panza. Sebastián tenía fama de ser mujeriego y también era arrogante como Lucía.

    El cabrón era el típico chulito y presuntuoso, que se sabía atractivo y se aprovechaba de ello para conseguir lo que quería. Gustaba de presumir sus gustos caros, de vestir siempre a la moda, era esa clase de tipos que suele colgar en Instagram todas las estupideces que hace durante el día.

    Es el tipo de persona que más odiaba, en lo personal evitaba tener contacto con estas personas.

    Ni siquiera la muerte de mi padre, que me dolió en lo más profundo de mi alma, me laceró por dentro como lo que acababa de hacer mi novia. Al dolor se unía la incomprensión, de injusticia, de haber sido traicionado. Mi novia estaba en este momento en brazos de otro hombre, desnuda y entregando su virginidad a otro. Me entraban arcadas de vómito y se me aceleraba el pulso hasta límites casi dolorosos.

    Regularicé mi respiración, me calmé todo lo que puede y me puse a pensar en lo que iba hacer a continuación.

    ¿Matarlos por la traición? No, nada de eso, me habían matado junto con todo mi amor y ahora serían ellos los que murieran para mí.

    Me puse en pie con las piernas templando. Abrí la puerta y fingiendo una aparente tranquilidad entré a la habitación. Al darse cuenta de mi presencia, dieron un salto que desacopló sus sexos por completo. Su rostro de asombro, miedo, angustia me hizo ver que al menos tenía la decencia de saber que lo que había hecho no estaba bien, no en el caso de Sebastián, que todo tranquilo se sentó en el sillón tratando de ponerse con rapidez los pantalones, seguramente no sería la primera vez que le ocurría esta situación y por tanto estaba muy acostumbrado.

    —Carlos, esto no es lo que parece… puedo explicarlo…

    —¿No es lo que parece?, a mí me ha parecido muy claro que estabas follando y entregando tu virginidad a otro —le increpé.

    —Carlos, mi amor, perdóname, no sé qué me ha pasado… —susurró Jimena con lágrimas brotando de sus ojos.

    —Cállate, maldita zorra —la interrumpí— estás muerta para mí, me has engañado y destrozado toda la confianza que tenía en nuestro amor. Me mentiste dándome falsas ilusiones y promesas de amor —le dije sin mirarla y dirigiéndome a Sebastián continué— Que bueno que fue este idiota y no yo el que te quito la virginidad, me habría arrepentido tarde o temprano de haberme acostado con una puta como tú.

    —A mí no me metas… —dijo el hijo de perra, ya puesto el pantalón y ganando confianza— Y cuidado con lo que haces… que ella no está sola y no permitiré que te sobrepases con ella…

    —Cállate Sebastián… no empeores las cosas —intervino Jimena tratando de apaciguar las aguas.

    —Veo que ya tienes quien te defienda… Y no tienes nada que explicarme, aquí el que sobra soy yo… —espeté finalmente y salí por la puerta.

    —Carlos, por favor…—lloraba Jimena con lágrimas que inundaban su cara—, escúchame, he sido una hija de puta, no tengo perdón, he cometido el mayor error de mi vida, haz lo que quieras conmigo, pero no me dejes, te amo con locura, no podré vivir sin ti…

    —No te escucho —le solté con la voz más fría que era capaz de articular—  los muertos no hablan y ya te dije que tú has muerto para mí.

    Después de concluir con estas palabras, salí de la casa sin decir nada más. Ahora las lágrimas descendían por mis mejillas y era incapaz de detenerlas.

    Mientras caminaba por la calle, arrastrando los pies mecánicamente, pensando cómo superaría este dolor que me corroía por dentro. Aunque quería negarlo, la amaba a pesar de que era una traidora. Pero sabía que ya no podía seguir a su lado, mi orgullo me lo impediría.

    Desde las profundidades de mi torturada alma, tenía que sacar fuerzas y dar vuelta a la página. Una de las frases más emblemáticas de Rocky Balboa dice:

    Nadie golpea más fuerte que la vida… pero hay que saber levantarse tras cada golpe.

    Estaba inmerso en mis pensamientos, así que no me percaté que no estaba en el paso peatonal, y un auto me arrolló, y perdí la conciencia.

  • Mi amiga Katia

    Mi amiga Katia

    Los 14 de febrero me recuerdan a mi amiga Katia, una chica morenita, chaparrita, flaquita y muy guapa, pero lo que la caracteriza principalmente es su alto grado de curiosidad sobre cualquier cosa.

    Su cumpleaños es cada 14 de febrero y siempre salíamos como grandes amigas que somos a dar un paseo, platicar, ir al cine y divertirnos.

    Un día salimos a caminar y nos sentamos en una banca a platicar, escuchábamos música en los audífonos y cantábamos aunque nuestras voces no eran nada agradables. De repente, su celular vibró y se asomó la notificación de un mensaje de Messenger, alcancé a ver el nombre del chico que le escribió, se llamaba Demetrio.

    La reacción de Katia me llamó la atención, pues de inmediato quitó la notificación de mi vista y así sucedió varias veces, pues el sujeto insistía.

    L: Ya dile a ese wey que deje de estar chingando.

    K: Ay, sí ¿verdad?

    L: ¿Quiere contigo o qué?

    K: Ni idea.

    Katia desconectó sus datos móviles justo cuando ya le estaba prestando atención a las notificaciones. Noté que me estaba escondiendo algo.

    Se acercó el 14 de febrero y le llamé por teléfono para salir aquel día de su cumpleaños, pero me respondió que no podría por un asunto personal que después me contaría, pero que podíamos vemos al siguiente día y estuve de acuerdo.

    Llegó el día siguiente al 14 de febrero y vi a Katia más contenta de lo normal. Después de ir a comer y platicar me confesó que el día anterior salió con un chico llamado Demetrio, ya que él lo invitó a salir. Bueno, aquí tienen más o menos exactamente lo que me comentó. Intenten no reírse.

    K: Demetrio me hablaba y trataba muy lindo y me pidió ser su novia, pero lo rechacé porque no estoy interesada en una relación. Entonces, él me dijo que le concediera una oportunidad de comportarse como mi novio por un día con el fin de convencerme, yo le dije que sería difícil pero que estaba de acuerdo y ese día fue ayer.

    Después de contarme toda la parte cursi llegó al punto que me interesaba. El tipo se la llevó de la ciudad de México a Querétaro y esto pasó.

    K: Y le pregunté «Oye, Demetrio. ¿Para qué alquilas una habitación de hotel sí no vamos a pasar la noche aquí?» Yo no sabía qué onda. Entonces, él me decía que le gustaron mucho las fotos que le mandé por mensaje y que me veía muy atractiva y demás. En eso, me di cuenta que su amiguito estaba paradito y me le quedé viendo. Me dijo «¿quieres verlo?» Yo nunca había visto uno en vivo y a todo color y le dije que sí. Entonces él se bajó el pantalón y el calzón, yo me puse muy nerviosa de verlo y luego él me dijo que lo tocara con toda confianza. Lo toqué y él sintió bien, pero después me pidió que lo besara y chupara. Pensé que era algo asqueroso y así fue como se dio cuenta de lo inocente que soy. Pero él tan lindo me llevó paso a paso a la cama y a hacer el amor, así era como quería tener mi primera vez, con alguien que me enseñara y me tuviera paciencia. Al final me repitió sí quería ser su novia y le dije que lo pensaré muy bien y que prometía no tardar en darle una respuesta.

    A esa edad de 20 años yo ya era experta en sexo y aunque Katia era todo lo contrario a mí somos muy buenas amigas. Y digo que era todo lo contrario porque después se volvió una traviesa igual que yo, pero ella fue volviéndose así poco a poco.

    Katia y Demetrio duraron poco más de medio año de novios, ella terminó muy mal y al año siguiente, otro tipo, llamado Juan Carlos la invitó a salir también en 14 de febrero y también él le pidió ser novios. La estrategia de este chico para tener sexo con ella fue otra, pues se la llevó en su coche a una zona sola de noche y la convenció de coger en el automóvil. Al día siguiente me platicó a detalle su aventura con mucha emoción. Sin embargo, le aconsejé no ser novios, sino que fueran recurrentes en salir a tener sexo, así sin compromiso alguno, pues era lo que ambos querían en realidad. Ella tomó mi recomendación y me lo agradeció siempre que se acordaba.

    Lo sorprendente para mí fue que los siguientes tres años ella tenía una nueva pareja sexual con la que iniciaba cada 14 de febrero. Y es que es tan guapa, ¿cómo no va a tener tantos pretendientes? Cuando cumplió los 23 me dijo así.

    K: Este año nuevo que cumplo quiero pasar el 14 de Febrero con David. Se ve que está bien dotado, aunque me costó elegir entre él y Roberto, pero a Roberto le toca el próximo año.

    Sinvergüenza mi amiga y quién diría que ese tal David luego sería mi esposo. Pero eso es una historia aparte.

    Mi amiga aprendió que los 14 de febrero una mujer soltera recibe múltiples mensajes y llamadas de los chicos que conoció desde primaria hasta los actuales y que su intención en casi todos los casos es coger. También dejo a un lado su inocencia y ahora es más pervertida que yo.

    Para terminar este breve relato, les contaré lo que sucedió un 14 de febrero, en el cumpleaños 25 de Katia.

    Sin quererlo, nos encontramos afuera de un hotel ella y yo, cada quien con nuestras respectivas parejas. Eso no era la sorpresa, sino que su pareja ¡era un señor de 43 años!

    K: Te presento a Luis, compañero de trabajo de mi papá.

    De pronto, mi acompañante, llamado Ulises llamó la atención y propuso que los cuatro alquiláramos la misma habitación. Katia lo dudó por lo que llegara a pensar Luis, pero ella no veía con malos ojos esa sugerencia. Finalmente, así se hizo.

    En el interior de la habitación se notó un ambiente de desconfianza entre ambas parejas por empezar, por lo que decidí hablar y decirle cordialmente a Katia y a Luis que ocuparan cualquier cama y que Ulises y yo comenzaríamos en el baño.

    Luego de encerrarme en el baño con Ulises, no soporté la curiosidad de escuchar a mi amiga y en momentos le pedía a Ulises que se detuviera para oír. No podía creer que ella usara frases más guarras que yo.

    K: Mmmm papi es que la tienes enorme. ¡Me vas a partir en dos! Sigue así, duro duro. ¡Ay! Qué rico.

    Cuando oí que pausaron, salí yo sola y vi a mi amiga súper relajada sobre la cama.

    De repente, el señor quiso acercarse a mí y me dijo «sigues tú». Yo pegué una carcajada pero me vi seducida, me acerqué y le agarré la verga. Luis comenzó a besarme y a manosear mi trasero. En eso, sentí los pasos de alguien atrás de mí y volteé a ver a Katia. Ulises se le acercó y así tal cual le puso su pene en la boca, mi amiga bien sonriente no despreció el intento y comenzó a mamársela. Así fue como me sentí en seguridad de empujar a Luis en la cama e hincarme para chuparle su gran verga y después subirme en ella para darle unos deliciosos sentones.

    L: ¡Ah! ¡Ah! ¡Uy qué rico papi! Me encanta sentirla hasta adentro mmmm.

    Katia no desaprovechó la oportunidad con Ulises y se puso en cuatro para ser penetrada, de frente a nosotros para ver cómo cogíamos yo y Luis. Katia de vez en cuando le mandaba un piropo a Luis.

    K: Mira no más que sabrosa se te ve la verga en acción papi.

    Sentía pena por Ulises y la gran diferencia entre vergas y entre saber coger excelente. Pero eso no era todo. Luego de un largo rato terminé exhausta y bañada de los pechos con la leche de Luis. Así que me metí a darme una ducha.

    De pronto, los gritos de Katia se dejaron escuchar fuerte y, después de un rato, salí a asomarme. Ulises hasta abajo boca arriba, encima de él tenía a Katia penetrándola por la concha y encima de ella estaba Luis cogiéndosela por el culo. Una doble penetración que se veía apetecible y que, luego de un rato de complacer a Katia, me la concedieron los caballeros. Penosamente para mí, esto paso al final.

    L: ¡Ay! ¡Mi culo! Luis, por favor. Basta.

    Luis se disculpó conmigo y le devolví las disculpas, pues me estaba encantado, pero salí lastimada del ano y mejor reanudé con mi ducha. Ulises se metió conmigo a ducharse mientras Katia y Luis continuaron encendidos y follando.

    L: ¡Uf! Me voy a venir cariño.

    K: Córrete dentro de mí amor. ¡Sí, sí, sí! ¡Ay quiero sentir tu semen en mi vagina!

    L: ¡Ahhh!

    Fue lo último que escuché desde la regadera y me resultó muy excitante a pesar de lo adolorida que estaba.

    Han pasado cinco años de aquella vez. Yo me encuentro casada desde hace tres años y medio y ella sigue dándole rienda suelta a su lujuria. Me imagino que hoy, 14 de febrero a sus 30 años tendrá a su o sus ligues para coger y mañana me enteraré del chisme.

    Siendo sincera, extraño esos días.

  • Trío con Mariel y una nueva sumisa

    Trío con Mariel y una nueva sumisa

    A la noche llegaron Freddy y Lilian.  Con Freddy me une una amistad de más de 30 años. Es un empresario poderoso, de los que uno quiere como amigo. A Lilian la conozco desde que está con él, 15 años. Aunque ahora tiene 45 años trabaja su cuerpo diariamente y es muy bella. Por Freddy sé que es bi, y le gusta mucho la fiesta. Incluso la ha encontrado más de una vez con una chica en su casa.

    Todos estábamos vestidos de ropa más que informal, shorts, remeras disfrutando la noche de Miami. Mariel se había puesto unas calzas muy apretadas, que marcaban claramente la raya del trasero y un top que apretaba sus pechos sin corpiño. Yo le había dicho que con Lilian hable tranquila, que es una amiga en serio.

    Cuando llegaron, la presenté y Freddy dijo: “La conozco de vista”, tras lo cual los tres largamos la carcajada, mientras su mujer miraba sin entender. “Después te explico, te pasa por levantarte tarde”, dejándola aún con más intriga.

    Antes de la cena nos separamos con Freddy para hablar de negocios y ellas quedaron charlando. Veía que se reían, y Lilian la comía con la mirada. De pronto, por el rabillo del ojo veo a Mariel que nos miraba, y asentía con la cabeza. La mano de Lilian, fue rápidamente a uno de sus pechos, lo sopesó y apretó suavemente.

    Fuimos hacia ellas con Freddy y nos dirigimos a cenar. La cena se hizo amena, les conté la negociación con Rick y la escapada en las lanchas, lo que aprovecho Lilian para decirme que les debía una escapada en mi Pershing. Le prometí que lo haríamos pronto. Pedí que nos lleven el café al parque para seguirla allí.

    Nos tumbamos en unas cómodas reposeras y al rato noto que Freddy dormía. Cuando se lo hice notar a Lilian, un brillo en sus ojos y una sonrisa burlona le cambiaron la cada.

    -Sí, claro que se durmió. Su vino estaba “aditivado”, dijo casi riendo.

    -Que le diste y por qué?

    -Un calmante y relajante muscular muy fuerte, mesclado con un somnífero, contesto

    -Lo vas a matar!! y por qué lo hiciste? Pregunte

    -Sé que Freddy te contó, que soy bi, que me agarró en varias.

    -Si, conteste.

    -Bueno, siempre llevo las pastillas en la cartera por si surge “algo”. Conocer a Mariel, me calentó mucho, demasiado. Además Freddy me contó alguna vez que aunque se te conocen pocas parejas, siempre todas fueron muy sexuales.

    -Y? pregunte casi sabiendo lo que venía

    -Podemos hacer algo los tres? O yo con Mariel? Dijo divertida.

    La cara de Mariel era para la foto. Su mandíbula inferior casi llegaba al suelo. Me miró perpleja. Nunca había estado con otra mujer.

    -Mariel, vos qué opinas, tienes ganas de tener sexo con Lilian?

    -Lo que vos me ordenes Mike. Dijo poniendo cambiando su cara, mirando hacia el piso.

    -Qué pasó? Ordenes? Preguntó Lilian

    -Si. Ok, pero el que manda soy yo. Vamos al dormitorio.

    Rápidamente subimos las escaleras, y vi que Lilian agarraba su bolso. Cuando llegamos, cerré la puerta con llave, giré y les ordené.

    -Desvístanse.

    En dos segundos estaban las dos desnudas. Mariel en su pose habitual, con los brazos a los costados del cuerpo y la cabeza gacha. Lilian, la miraba y me miraba a mí.

    -Lilian, vos quisiste jugar, ahora te la vas a bancar. Mirada al piso, brazos a los costados. Se va a hacer lo que yo diga.

    -Ok, contestó

    -No, ok no, Si señor, es la forma que contestaras.

    -Sí señor. Traje algo…

    -Búscalo

    Fue hasta su bolso y trajo un consolador y un arnés para colocarlo.

    -Mariel, trae lo tuyo.

    Abrió una de las valijas y sacó un consolador, las esposas y el plug anal. Lilian abría los ojos desorbitados.

    -Empiecen a jugar entre Uds. que me voy a sacar la ropa.

    Lilian, con más experiencia, comenzó a acariciar los pechos de Mariel, besarlos y fue bajando su mano hasta su clítoris, lo empezó a acariciar. Mariel no emitía sonido. Lilian tomo su mano y la llevó hasta sus pecho, vagina, trasero mostrándole como Mariel debía acariciarla. Enseguida empezó a gemir.

    -Lilian, mastúrbate con el consolador, pero solo en la concha. Vos Mariel, ven a chuparme y ver como esta puta se masturba.

    Los ojos de Lilian iban de los pechos de Mariel, a su boca que hacía desaparecer casi por completo mi miembro. Así estuvimos un rato, hasta que tome de los pelos a Lilian e hice que me chupe también sin dejar que se saque el consolador. En un momento tome su cabezas y forcé que se besen. Primero Mariel no abría la boca, pero un nuevo empujón la hizo obedecer. Quería más lujuria, mi morbo estaba a mil pensando que Freddy dormía tranquilo mientras yo sometía a su mujer.

    Las hice parar, tomé las esposas y las coloqué en las muñecas de Lilia, cruzadas en su espalda. La hice acostar a Mariel en el borde de la cama con las piernas levantadas y separadas.

    Me coloque con mi pija junto a la boca de Mariel y le dije a Lilian:

    -Chúpale la concha, puta, bien chupada, tras lo cual metí mi pija en su boca. Lilian estaba como loca, no paraba de chupar y gemir, sus fluidos caían por sus piernas.

    Cuando vi que Mariel estaba a mil, casi por tener un orgasmo, acerque mi boca a su oído y la susurre:

    -Hoy te gustó sentir poder mientras manejabas la lancha?

    -Sí señor, susurró

    -Quieres sentir más poder?

    -Si, contesto dubitativa.

    -Entonces, usa a Lilian un rato.

    Tras lo que me separé, y me senté en un sillón a ver. Mariel tomo de los pelos a Lilian, y apretó su rostro contra su concha, luego se levantó, empujo a Lilian a la cama, la puso boca arriba, se sentó su cara y solamente le dijo: “Querías joderme, ahora voy a divertirme yo”, tras lo que empezó a pellizcar sus pezones, pegarle cachetadas en los pechos, y meter dedos en su concha.

    Lilian gemía, por momentos por placer, y en otros de dolor. Con una seña le indique a Mariel que meta el plug en el ano de Lilian. Cuando esta se dio cuenta pidió por favor que no, que nunca lo había hecho por allí.

    -Bueno dijo Mariel, lo que me sorprendió, pero más me sorprendió lo que hizo después.

    Brutalmente puso a Lilian boca abajo en el borde de la cama, con sus piernas colgando, se paró detrás y empezó a darle con el consolador violentamente en la concha, mientras golpeaba sus nalgas. Lilian gemía loca de placer, llegó a un punto donde tenía orgasmo tras orgasmo. En un momento Mariel la dejo, se acercó a mí y me dijo: “Me ayudas”

    Me levanté, me indicó que me siente con mi pija en la boca de Lilian, esta se prendió desesperada. Ella fue por detrás y empezó pasarle la mano por la concha y el ano, mojándola casi hasta la cintura, acercó nuevamente el plug a su ano, y otra vez Lilian pidió que no.

    -Ah cierto dijo Mariel y mirándome con cara de sádica enterró dos de sus dedos en el culo de Lilian

    Por suerte tenía mi pija en su boca para ahogar el grito de dolor. Los dedos de Mariel entraban y salía, Lilian trataba de soltar sus manos pero las esposas se cerraban cada vez más, trato de salirse de mi pija pero la sujeté de los pelos. Pasados unos minutos, Mariel se salió de Lilian, se colocó a mi lado, tomó por los pelos a Lilian sacándola de mi pija y dijo:

    -Señor, quiere hacer los honores.

    -Si, por supuesto.

    Lilian quedó tirada, con los ojos cerrados y sin moverse. Le di a Mariel el arnés, colocó el consolador de Lilian que era bastante grande. Le indique que se acueste, ensarté a Lilian en la vagina con el consolador que tenía Mariel. Pareció que le habían dado algo para despertarla. Inmediatamente empezó a cabalgar mientras Mariel apretaba sus pechos y pezones. Cada tanto le daba una palmada fuerte en el culo, zamarreaba su cara y le decía:

    -Puta, así que te gusta la joda, pues acá tenéis joda. Me dijiste que te gustaba darle a las pendejas, pues ahora una pendeja te está dando; que ya habías hecho tríos, que la tenías clara, pues parece que no. Sos muy puta, pero yo soy más trola que vos. Ah, y que te ratoneaba probar la pija de Mike, pues un poco ya lo hiciste, pero falta algo.

    -Mike, me dijo Mariel, todo tuyo mientras agarraba a Lilian de los pelos y la besaba trabándola

    De un empujón metí mi pija en su culo hasta el fondo y empecé a bombear. A pesar de que Mariel tapaba su boca, igual se sintió el grito de Lilian que fue cambiando a gemidos cada vez más fuertes. Cuando acabé llenando su culo, Mariel me siguió arqueando su cadera para penetrarla más fuerte, y Lilian, se arqueó totalmente, contrajo involuntariamente su vagina y ano, que quedaron latiendo orgasmo tras orgasmo hasta que la soltamos y cayó desmayada.

    Mariel con su boca limpió mi pija, y sin decir nada, fuimos a darnos una ducha. Cuando terminé fui a buscar un champagne, tres copas y volví al dormitorio.

    -Te gustó parece, le dije a Mariel-Le diste muy duro.

    -Si, fue lindo someter a Lilian, pero solo porque vos me lo ordenaste. Sentía que mi poder sobre ella era el tuyo que me lo transmitías.

    Lilian se despertó, nos miró y se largó a llorar.

    -Nunca sufrí tanto dolor, humillación. Pero tampoco nunca gocé tanto ni tuve tremendos orgasmos como hoy. Uds. son dos sádicos tremendo, no me tuvieron piedad.

    Mariel la miró casi con desprecio, paso sus dedos por su propia vagina, los mojó bien, los introdujo en la copa de Lilian y se los metió en la boca, mientras le decía

    -Ahora vas a ser la nueva puta sumisa de Mike, y se él me deja, yo también seré tu puta ama. Te podrá usar cuando quiera y como quiera. No podrás negarte a NADA, aunque sea lo más asqueroso que se te ocurra. Es tu oportunidad de decir que no, si no lo haces, a partir de este momento le perteneces a Mike.

    -Acepto, dijo mirando para abajo.

    Terminamos de tomar el champagne, y nos contó que nunca se hubiera imaginado que nuestra relación era así, y si en serio Mariel era mi novia. Le contesté que sí, pero la sumisión era solamente para el sexo, fuera de eso, éramos una pareja normal.

    -Gracias, me hicieron descubrir un mundo nuevo, a mis 45 años aprendí a gozar y a hacer gozar como nunca antes.

  • Trabajo escolar en la casa cural

    Trabajo escolar en la casa cural

    Hola, buen día, mi nombre es Antonio, soy de Bogotá y actualmente tengo 20 años. El relato que les contaré a continuación fue hace dos años cuando tenía 18 años y cursaba mi último año de bachillerato.

    Estaba cursando mi último periodo del año cuando se me dañó mi computador y pues mis padres no tenían para comprarme otro y tenía que entregar algunos trabajos a computador, y como era acólito le pedí el favor al sacerdote que tiene más o menos 40 años que si me dejaba hacer mis trabajos en el computador de él, que el mío se había dañado, y me respondió que sí.

    Un sábado fui después de mediodía hacer un trabajo para el lunes, eran las 4 pm cuando terminé, le aviso al cura que terminé y que ya me iba para mi casa cuando me dice.

    -ponte cómodo que estoy haciendo unas onces.

    Cuando lo veo que llega con café con leche y unas galletas, pero sin camiseta y con pantaloneta, pensaba que quería estar cómodo y no sospechaba las verdaderas intenciones que tenía con las onces.

    Estando en la sala disfrutando las onces y viendo una película, veo que al cura tiene una erección y se va acercando lentamente y deja caer una galleta en mi entrepierna y rápidamente mete la mano para sacarla y rozarme el paquete. Lo mire fijamente y le pregunte.

    A: encontró lo que buscaba.

    C: no, ¿puedo buscar?

    A: si, por supuesto

    Se abalanzo sobre mí y me dio un beso y cual le respondí y sin pensarlo tanto le bajé la pantaloneta y ya que no tenía bóxer ni calzoncillo fue rápido apreciar ese pedazo de carne de 19 cm. Se levantó del sofá y me dijo que fuéramos a la habitación, le dije que no que quería ahí en el sofá.

    Se paró al frente y su pene quedo al frente de mi boca, le dije que este será un dulce pecado y cogí la salsa de las galletas y cubriéndolo completo comencé por besarle los testículos y fui subiendo lentamente cuando llegue a la punta lo miro a los ojos y lentamente fui mamándoselo cada más profundo hasta que me lo trague completo, aunque casi que no puedo, pero la salsa ayudo a que resbalará en mi garganta.

    Seguí mamándoselo por 15 minutos cuando me coge con ambas manos y me aprieta hasta que me trague completamente la verga y siento los chorros de leche caliente en mi garganta, sin derramar una gota me la tomo toda y comienzo a limpiarle la verga, me dice que me recompensara por la excelente mamada que le acaba de dar. Le agradezco por las onces y el postre y me fui para la casa.

    Hasta aquí este capítulo, ojalá hayas disfrutado este relato.

  • Despedida de soltero entre amigos y llega mi madre

    Despedida de soltero entre amigos y llega mi madre

    Esta historia me la contó mi amigo Pedro que le pasó hace 6 años y yo se las voy a contar, la contaré como si yo fuera el protagonista.

    Todo empezó porque un amigo de mi infancia que vivía cerca de mi casa embarazó a una muchacha y se iba a casar, y como muestra de amistad le íbamos a realizar una despedida de soltero entre amigos éramos 3 amigos y el, 4 en total. Solamente nos íbamos a reunir y tomaríamos demasiado alcohol.

    La despedida iba ser en la casa de mi amigo que quedaba Justo a dos casas de la mía y ese fin de semana sus padres no iban estar por lo que decidimos hacer la despedida el sábado, en la semana nos pusimos de acuerdo para que cada quien llevara algo de alcohol y botana, dijimos que la despedida iba empezar a partir de las 8 de la noche, empezamos a llegar cada quien con su botella de alcohol, unos compraron tequila, otros wisky, sabritas, hielo y todo lo que se ocupa para una borrachera, ya eran como las 11 de la noche, cuando un amigo dijo “qué tal si vemos pornografía nos calentamos un rato y nos hacemos una manuela”, algunos nos quedamos sacados de onda, pero Juan un amigo de la bola dijo “pues suena loco, pero yo le entro”.

    Apagamos las luces de la sala, bajamos el volumen de la tele y mi amigo Roberto el que tenía el control dijo “pondré la artista que más me gusta, véanla se van a excitar” y puso el canal de porno y buscó, salió una rubia con grandes tetas y buen cuerpo, cuando iba a ponerle play e iba empezar el video, le dije que si paraba poquito porque iba ir al baño, así que pausó el video y yo subí al baño de la segunda planta, escuché que tocaban la puerta era la voz de una mujer, era mi madre que se escuchaba que venía algo ebria.

    -buenas noches chicos disculpen la molestia, pero como vengo de una fiesta y vengo algo tomada, pasaba para ver si tenían algún trago que me puedan invitar.

    -claro, que se le ofrece tequila o Wisky -dijo Roberto

    -un vaso de wisky estaría bien, y qué festejan -dijo mi madre

    -le estamos haciendo una despedida de soltero a Miguel -contesto Juan

    -ahh y ya veo que tienen demasiado alcohol y una película para verla entre amigos -respondió mi madre

    Yo estaba escondido en las escaleras, pero podía observar todo lo que ellos hacían.

    -Disculpe es que no tenemos para contratar a una stripper que le dé la despedida de soltero y por eso solo beberemos y miraremos la película -dijo Roberto.

    -Pues qué buenos amigos son -dijo mi madre y tomos de un trago el vaso lleno de wisky, Roberto le pidió el vaso y le sirvió más.- Bueno chicos les voy a decir algo, pero quiero que quede entre nosotros, no sé si deba porque vengo algo tomada, que les parece si yo le hago un baile a Miguel como regalo de su despedida.

    Todos de inmediato dijeron que sí.

    -Bueno esto quedará entre nosotros, pongan una silla en el medio.

    Mi madre mide 1.75 su piel es morena clara, tetas no muy grandes, culo y piernas muy marcadas y muy ricas, ese día llevaba unos tacones negros una mallas negras, falda muy corta color rojo y una blusa negra de escote que le hacía ver muy bien sus tetas.

    Juan puso algo de música, y mi madre comenzó a bailarle a Miguel, le agarraba la cara, se sentaba encima de él, Miguel tocaba su culo, sus tetas, mi madre se paraba y se agachaba poniéndole el culo casi en la cara, después se quitó los tacones y se los lanzó a Roberto, el los agarro y empezó a oler los zapatos de mi madre y mientras los olía se empezaba a tocar su pené, yo estaba en las escaleras deseando ser Miguel, la verdad que mi madre me levantaba pasiones y ya le había dedicado varías manuelas.

    Continuando con el baile mi madre se quitó la blusa y dejó ver un brasier negro que sostenían Sus tetas muy apretadas, después se quitó la falda y mostro una tanga de hiló negra que a todos se nos salían los ojos, se acercó a Miguel y le puso las tetas en la cara, Miguel rápido le quitó el brasier y comenzó a mamar y tocar cada una de las tetas, mi madre estaba comenzando a excitarse ya que echaba su cabeza para atrás, Miguel se quitó el pantalón y quedó en bóxer, mi madre notó la erección de Miguel y comenzó a jugar con el pene de él por encima de su bóxer, Miguel le quitó la tanga y se la lanzó a Juan que sin pensarla la puso en su nariz y se bajó rápido su pantalón y metió la mano en su bóxer para comenzar a masturbarse.

    Miguel quería que mi madre se sentara encima de él, pero mi madre se arrodilló, bajo su bóxer y comenzó a pegarle una mamada, Miguel disfrutaba por qué hizo su cabeza para atrás, cerró sus ojos y agarró con sus manos la cabeza de mi madre y comenzó a movérsela para arriba y para abajo, mi madre nunca despegó la cabeza del pene de Miguel, mientras yo estaba en las escaleras con una tremenda erección quería cogerme a mi madre.

    Después de unos minutos Miguel le dijo a mi madre que ya iba acabar por lo que mi madre siguió mamando y tragándose cada gota de leche de Miguel hasta que lo dejo seco, mi madre se paró y dijo que ya se había acabado el regalo, Juan seguía oliendo la tanga y masturbándose. Roberto dijo “no señora, no me puede dejar así, vea como la tengo aunque sea un baile o una manuela hágame”, sacó un billete de 200 pesos y se lo dio a mi madre. Ella solo se rio y dijo “está bien te haré una manuela y cuando vayas a terminar me das tu leche que quiero probarla”.

    Mi madre comenzó a masturbarlo, Roberto tenía la cara de felicidad se le notaba y se trataba de apretar para no terminar, pero luego de unos minutos le dijo a mi madre que ya terminaría por lo que mi madre apuntó el pene a su boca y se tragó toda la leche de Roberto, el pobre de Juan terminó masturbándose solo ya que era el más excitado viendo todo.

    -Ahora si chicos me retiro -dijo mi madre y comenzó a buscar su ropa y sus zapatos, Juan le dijo que si se podía quedar con la tanga y mi madre se la regaló.

    Roberto le dijo:

    -señora no se vaya estoy muy caliente y quisiera cogerla.

    También Miguel dijo eso y Juan también.

    -Ya los hice terminar a cada uno de ustedes y no puedo dejar que los tres me cojan dijo mi madre.

    -Hagamos una rifa dijo Miguel -en eso decidí salir de las escalera y entrar a la rifa.

    -Donde has estado Pedro -dijo mi madre.

    -En las escaleras viendo todo y estoy también muy excitado. -Conteste yo

    -Hagamos una cosa señora -dijo Roberto- le vendaremos los ojos y nos pondremos frente a usted y usted tocará cada uno de nuestros penes y el que usted permita con ese cogerá.

    -Está bien -dijo mi madre- hagámoslos así.

    Vendamos los ojos de mi madre, nos paramos frente a ella y comenzó a tocar varias veces nuestros penes, hasta que por cosas del destino agarró el mío y dijo “este elijo”, se quitó la venda y dijo “ay hijo fuiste el afortunado vamos a coger en el sillón”, pero yo le dije “no, vamos acuéstate en la mesa que hoy te cogeré ahí”, todos se fueron a sentar al sillón y comenzaron a masturbarse viéndonos a nosotros.

    Acosté a mi madre en la mesa, tome sus piernas las comencé a besar hasta llegar a sus pies qué los chupaba y le lamia sus dedos eso hice en ambas piernas, hasta que me perdí en su vagina metiendo mi lengua y besando sus labios vaginales, después la tomé con fuerza y de una embestida se la deje ir toda con fuerza. Mi madre gemía y se tocaba sus tetas, yo la agarré de las cintura y le daba fuertes embestidas que mis huevos chocaban con sus nalgas, de su vagina salía líquido vaginal y se escuchaba el plas, plas de su líquido saliendo y mi pene entrando.

    Roberto cuando iba terminar corrió y dejo caer su chorro de leche en las tetas de mi madre, mi madre comenzó a tomarlo con la mano y se empezó a comer la leche, después siguió Miguel que terminó en la cara de mi madre, y por último Juan que se la metió en la boca y terminó en su boca. Juan después que terminó agarró un pie de mi madre y comenzó a chuparle los dedos de sus pies, mi madre ya muy excitada y con algunos orgasmos que ya había tenido comenzó a pegarse en el clítoris y yo le hice saber que ya iba acabar, por lo que me dijo “vente dentro de mi quiero sentir tu leche caliente” y zaz le deje ir toda mi leche dentro, saque mi pene y pude ver como mi leche le salía de su vagina, mi madre se paró de la mesa y le escurría mi leche y sus flujos vaginales por las piernas.

    -Chicos pasamos una muy buena noche y muy buena despedida de solteros, esto debe quedar solamente entre nosotros, ya hasta lo borracha se me bajó. -Dijo mi madre.

    Agarró sus cosas se vistió y me dijo “Pedro te espero en la casa”. Se retiró de la casa y todos nos quedamos con cara de felicidad, Juan se quedó con su tanga y estaba fascinado con ese regalo. Yo ya me quería devolver a la casa y repetir lo de esa noche más no sé si mi madre iba querer que pasara eso otra vez.

    Después les contaré lo qué pasó con Pedro y su madre.

    Los amigos de Pedro jamás dijeron algo de lo sucedido creo que fue la mejor despedida de soltero a la que han ido, Miguel ahora es feliz casado con su mujer y su hijo.

  • Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin

    Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin

    Encontrar una última oportunidad para trabajar no fue lo más bonito que me haya pasado ese día.

    El señor Romanin, un hombre caucásico, gordo y de 62 años, me entrevistó para ocupar el puesto de sirvienta en su casa, la cual estaba ni muy muy ni tan tan, pero el que fuera de ascendencia italiana me hacía pensar que era de alta alcurnia y que el valor de los objetos de su casa era inmenso.

    Le comenté mi situación al señor Romanin y la mejor parte fue cuando el muy amable me hizo la última pregunta de la entrevista.

    —¿Tienes algún inconveniente porque tengas que dormir aquí? Tendrías tu propia habitación y la puedes ocupar desde hoy.

    Casi lloro de gusto y le respondí que estoy dispuesta y que él no tenía idea de lo encantada que estaba porque era lo que yo buscaba, dónde pasar las noches.

    —El trabajo es tuyo —me dijo sonriente y estirando su mano para estrecharla—. Hoy no te molestes en hacer ningún esfuerzo, solo instálate y descansa, mañana temprano tendrás tu uniforme a la entrada de tu cuarto y dispones de todo el tiempo y espacio. La casa está sola la gran parte del día y yo muchas veces no vengo ni a dormir. Mi hijo Gustavo, es joven como tú, de 18 años, llega como en la tarde o en la noche de su escuela entre semana y de sus prácticas de natación los fines de semana, pero no tienes que molestarte en prepararle algo, nunca pide de comer, pero si lo hace, te encargo que me lo hagas saber y sírvele. Me sorprenderá el día que deje de ser un huraño con la gente que no conoce.

    —¡Por supuesto que sí! No sabe lo agradecida que estoy. ¡Gracias, gracias, gracias! ¿Cómo podría alguien renunciar a esta oportunidad de oro?

    —Por cosas irrelevantes. Además, las sirvientas anteriores ya eran de edades grandes. Por eso, en esta ocasión me decidí por una jovencita como tú. No me falles.

    Obedecí, fui a la casa de mi tío por mis cosas (por suerte él no se encontraba), volví a la casa del señor Romanin, me instalé en mi nuevo cuarto y dormí, no sin antes maravillarme de semejante fortuna y apagar mi celular, ya que mi tío me llamaba insistentemente. De hecho, desde ese momento me desconecté de todos. Prácticamente me hice la desaparecida.

    A pesar de sentirme a gusto por el nuevo logro, una parte de mí estaba muy suspicaz. «¿Será cierto que renunciaron las sirvientas anteriores? ¿O el las habrá despedido?» pensaba constantemente, sin olvidar lo que me dijo sobre su hijo.

    Al siguiente día hallé un uniforme de sirvienta colgado frente a la puerta de mi recámara y lo vestí. Era normal, nada que ver con los de lencería.

    Comencé a laborar y más que sobrellevarlo lo disfrutaba. Era como tener mi propia casa, pues hacía lo que yo quería. El orden, la limpieza y el color de la casa estaban a mi cargo, como si fuera yo la dueña.

    La visita de Gustavo no era incómoda. Parecía que nunca llegaba, solo escuchaba de mañana el azote de la puerta cuando se iba. Hasta creía que era un fantasma, pero comprobé su existencia una semana después de empezar a trabajar. Llegó de noche y me encontró cenando, a lo que dijo con voz muy amargada «buenas noches, provecho». Contesté amablemente, pero él fue hacia su recámara de inmediato, la cual estaba al sur de la casa y en planta alta, mientras que la mía estaba al norte y en planta baja. «Si el señor Romanin me hubiera presentado a su hijo no se lo creía, el señor está feo pero su hijo es un galanazo» me deshice en elogios luego de ver al papucho alto, guapo y musculoso de Gustavo.

    Esa noche fui a mi recámara como si nada, pero a la siguiente noche no pude evitar tocarme y pensar que ese bombón me hacía suya. Ahogué mis gritos en la almohada al provocarme orgasmos y me impuse el reto de seducirlo algún día.

    Tristemente, era más huraño de lo que pensaba. Por más que me mostraba muy amable cuando él llegaba, nunca se desviaba de su camino hacia su recámara y en ocasiones hasta me ignoraba. No me sentía bien insistiendo, por lo tanto, dejé de ser amable las siguientes dos semanas, hasta que cumplí un mes de estar trabajando ahí.

    El señor Romanin fue a verme temprano para darme el pago de mi segunda quincena (no pagaba nada mal) y se retiró. El día parecía ser normal hasta que cayó la noche y el joven Gustavo abrió la puerta. Yo solo me asomé a verlo y seguí con mis deberes, aunque me pareció extraño que se quedara parado viendo hacia el suelo. De pronto, me sorprendió escuchar su voz sin haberle dicho algo yo primero.

    —¿Cómo está Lorena?

    —Perdón, estoy bien, ¿y tú? Pero no me hables de usted, soy casi de tu edad —dije sonriente y disculpándome al principio por haber volteado a otro lado, creyendo que le hablaba a alguien más.

    —De acuerdo. También estoy bien, en lo que cabe —lo escuché algo triste.

    —¿Sucede algo?

    —No. De verdad estoy bien.

    —¿Quieres que te sirva algo de comer?

    —Claro. No estaría mal.

    —Vale. Ponte cómodo y cuando esté lista la comida te llamo.

    Me sorprendí de poder entablar una charla con él y de inmediato le preparé algo de comer. Mientras él se alistaba, tomé el teléfono de la casa y contacté al señor Romanin para comentarle lo sucedido, tal y como me dijo cuando me contrató, que si su hijo me pidiera de comer le contara. El señor Romanin solo me agradeció y colgó, lo cual se me hizo un poco extraño.

    Me puse cómoda para cenar con Gustavo, luciendo un poco cachonda para atraerlo. No obstante, logré ganarme su confianza y rompió mi ilusión de acostarme con él.

    —La verdad es que no me siento bien. Te confesaré algo: Me gusta un chico de mi escuela llamado Adrián, pero él es heterosexual.

    —¿Y tú eres bisexual? —pregunté con la última esperanza.

    —No, soy cien por ciento gay —dijo sonriendo—. Perdón si me comporté grosero al principio, era por eso. Las anteriores sirvientas me coqueteaban y pensé que tú también lo harías, pero noté que no eres así.

    «Si supiera» pensé dentro de mí con ganas de reírme.

    Para mí era algo extraño relacionarme con un gay. Nunca en mi vida lo había hecho e insistía preguntándole si no le gusta ni tantito una mujer, pero su respuesta siempre era no. Me decepcioné que semejante adonis no se viera atraído por mí.

    Sin importarme eso, escuché atentamente todos sus secretos que a nadie más le había contado. Se desahogó conmigo en medio de una plática motivacional que resultó en el inicio de una linda amistad y le pedí que con el paso de los días me contara sus avances por conquistar a su pretendiente.

    Transcurrieron los días, hasta que llegó la siguiente quincena. Gustavo no tenía éxito con su cometido, pero lo notaba más feliz. Parecía que mi amistad le hacía bien y eso me alegraba. Lo que se me hizo raro fue lo que el señor Romanin me dijo en la mañana al momento de pagarme.

    —Hoy llegaré a dormir en la noche. Solo requiero que a las once de la noche me lleves un té de hierbabuena para tomar mi medicamento, si no estoy en mi habitación me esperas, por favor.

    Dieron las once de la noche. El señor Romanin ya había llegado horas antes, pero estuvo en su oficina. No tardé en llevarle su té a su habitación, pero para sorpresa mía, Gustavo estaba ahí antes porque dejó el correo en el buró de su papá y en cuanto me vio llegar, abrió mucho los ojos.

    —Es una trampa —dijo con tono de preocupación.

    El joven quiso salir corriendo por la puerta, sin embargo, fue más rápido el señor Romanin en llegar a la recámara y se encerró con nosotros, poniéndole llave al cerrojo. Yo no sabía qué pasaba, hasta que el señor Romanin habló a manera de regaño.

    —¡No vas a ninguna parte Gustavo! ¡Y tú! ¡Lorena! ¡Acuéstate!

    —¡No, papá! ¡A ella no!

    —¡Que te acuestes! ¿¡No escuchaste tarada!?

    Yo estaba muy nerviosa y me vi obligada a obedecer la orden del señor Romanin, quien siguió gritando.

    —¡Gustavo, tócala!

    El joven empezó a llorar y su papá le dio una cachetada muy dura.

    —¡No seas puñal, cabrón! ¡Quiero que se te quite lo puto! ¡Tócala, desnúdala y cógetela!

    Yo me veía entre la espada y la pared. No sabía si defender a Gustavo o seguir de sumisa. Pero ante la negación del joven, el señor Romanin se adelantó.

    —¡Pon atención güey! ¡Quiero que lo hagas igual!

    El señor Romanin se acercó a la cama, me jaló hacia él y me bajó la ropa interior por debajo de mi falda del uniforme de sirvienta.

    —Tú no te preocupes, solo afloja y disfruta. Te pagaré más la siguiente quincena por esto. ¡Y cuidado si le dices a las autoridades!

    Mientras me decía lo anterior, el señor Romanin ya me había abierto de piernas y metido su pene. Yo me estaba dejando sin poner resistencia, pero no lo disfrutaba por lo mal que se sentía Gustavo.

    El señor Romanin me penetraba duro y rápido. Su verga no la tenía nada mal, mediana pero gruesa. Todo un semental para su edad.

    —¿Sí estás viendo, hijo? —preguntó volteando a ver a su hijo mientras seguía cogiéndome. Gustavo solo lloraba y veía a través de un pequeño espacio que dejaban sus manos que se había llevado a la cara—. Vete bajando el pantalón y el calzón, Gustavo. Para que le metas la verga. ¡Órale! ¡No te quedes quieto!

    No creí que se me fuera a hacer realidad follar con Gustavo, pero no quería que fuera de esa manera. El señor Romanin vio que su hijo no le hacía caso y él fue a quitarle la ropa y a ponerlo frente a mí.

    —Perdóname, Lorena —dijo él entre lágrimas.

    —Descuida, no pasa nada.

    Ante la fuerte presión de su padre, Gustavo metió su pene en mi vagina, el cual no estaba nada parado. El señor Romanin se acercó y metió su dedo en mi vagina para ayudar a que el pito de su hijo estuviera bien adentro de mi concha.

    —Ahora muévete. Sin miedo. Dale con todo, campeón.

    Gustavo metía y sacaba su pene de forma lenta y con frustración. De repente, se salió de mi vagina.

    —Vuélvela a meter. ¡Pero dale con ganas, hijo! ¡Lorena! ¡Quítate lo demás para que vea tus senos!

    Yo hice lo que el señor Romanin me decía, pero Gustavo no respondía como su papá quería.

    —¡Eres un inútil! —Gritó el señor Romanin dándole una cachetada a su hijo luego de que él dejara de penetrarme y se volteara—. ¡Pásate del otro lado de la cama y súbete! ¡Lorena! ¡Ponte de perrito!

    Mientras yo ejecutaba la orden, el señor Romanin se subió a la cama y me acomodó para darme en cuatro. Sinceramente, el señor Romanin lo hacía muy bien. Me estaba dando duro y se movía muy rico, pero como yo no gemía, comenzó a tirar de mi cabello y darme nalgadas muy duras, a lo que yo comencé a gritar de dolor, más no de placer. De pronto, comencé a notar que a Gustavo se le estaba poniendo más firme el miembro y su papá también se dio cuenta.

    —Es tu turno, hijo. Verás que te gustará en esta posición.

    Con mucho temor y la presión de su papá encima, Gustavo se colocó atrás de mí y me penetró. Mientras el señor Romanin se masturbaba al vernos, Gustavo empezó a cogerme aunque con miedo y todo parecía que volvería a quitarse.

    —¡Lorena! ¡Dile cosas para provocarlo!

    —Claro —susurré—. ¡Ay, Gustavo! Mmmm qué rico me la metes.

    —¡Dile que te dé más duro!

    —Mmmm ¡sí! Duro, duro. ¡Ay, sí! ¡Dame más duro papi!

    De pronto, Gustavo me tomó de la cintura y comenzó a follarme más rápido y duro. Mis gemidos fueron dejando de ser fingidos y ya eran reales. Ya no lo estaba sufriendo, ahora lo estaba disfrutando y Gustavo era felicitado por su padre, quien le pedía continuar así. Sin embargo, el señor Romanin se dio cuenta de la trampa que estaba cometiendo su hijo.

    —¡No cierres los ojos, Gustavo! ¡Vele el culo! ¡Ve como le rebotan las nalgas y se le alborota el cabello!

    Gustavo se cansó y se acostó, pero su padre era el que no estaba satisfecho.

    —¡Lorena! ¡Dale sentones así como está acostado!

    Me subí en Gustavo, me enterré su verga en mi concha y comencé a azotarme como lo sé hacer.

    —¡Que abras los ojos, chingada madre! —le gritó su papa—. ¡Agárrale los pechos!

    Tuve una buena idea y esa fue agacharme poco a poco y fingir que nos estábamos besando.

    —Cierra los ojos —le susurré mientras me seguía azotando duro y hacía que mi cabello le tapara el rostro para que su padre no le viera.

    No obstante, pocos segundos después, Gustavo me aventó con fuerza hacia atrás y se volteó para eyacular a mares sobre la cama. Los aplausos del señor Romanin se dejaron escuchar.

    —Muy bien, hijo. Te felicito. Procura no aventar a las chicas cuando te vayas a correr, hazlo dentro de ellas o avísales para que te pongan enfrente la boca o las tetas. Ve a tu cuarto, tengo que platicar con Lorena.

    Gustavo abandonó la recámara y el señor Romanin seguía caliente. Se acostó y me pidió con voz delicada que me subiera en él, pero yo me rehusé y me le quedé viendo con cara de decepción.

    —No me obligues a tener que masturbarme hasta venirme —dijo queriendo convencerme.

    —Usted mastúrbese, yo no lo voy a complacer.

    Con la intención de salirme de la cama, el señor Romanin me jaló con fuerza de un brazo, lastimándolo. Yo no puse resistencia, porque pensé que me quebraría el brazo. Entonces, él se hincó en la cama, me puso a su gusto en cuatro y me penetró sosteniéndome de los dos brazos. Era la primera vez que sentía que me cogían sin mi consentimiento, o como se dice legalmente, me violaban. Sin embargo, guardé la calma y lo sobrellevé.

    —Aquí se hace lo que yo diga, ¿entendido?

    —De acuerdo.

    —Ahora gime, pero despacio porque mi hijo tiene que dormir.

    Sentí que ya había pasado más de media hora en esa posición y el viejo aún no se corría. Fue entonces cuando se agotó y me pidió darle brincos con su verga enterrada en mi vagina y así lo hice, pero de espaldas y con rapidez para que se viniera lo más pronto posible. Por suerte, lo logré en cinco minutos y se chorreó en mi boca porque así lo quiso. Mientras me vestía, el señor Romanin no dejó pasar por alto algunas observaciones.

    —No quería decirte la verdad de porqué las otras sirvientas renunciaban. Pero, sin duda, tú fuiste suficientemente sumisa y estoy dispuesto a triplicar tu sueldo si permites que esto suceda cada que se me dé la oportunidad. Consúltalo con tu almohada, ¿de acuerdo?

    Callé, pero el viejo no tardó en volver a hablar.

    —Además, si consigues que a mi hijo se le quite lo gay, te heredo el 30% de mis bienes. Considéralo.

    Salí de su presencia y me fui a dar un baño. Durante la ducha, estuve recapacitando acerca de la malicia de mi parte en todo ese rato con Gustavo. Me estaba sintiendo mal por aprovecharme de mi nuevo amigo, él no quería hacer eso y lo obligaron.

    Fui a dormir y al día siguiente, el señor Romanin volvió a desaparecer del radar. Cayó la noche y Gustavo llegó a casa, cabizbajo y sin ganas de hablar conmigo. Sin embargo, pasaron los días y retomamos tanto la amistad como la conversación.

    —A ti te gustó lo que pasó esa noche, ¿verdad? —cambió repentinamente la plática que teníamos.

    —¿Por qué lo preguntas?

    —Por tu sumisión y tu ayuda. Las otras sirvientas se negaban aunque luego eran golpeadas por mi padre.

    —Para qué te voy a mentir. Soy una ninfómana de lo peor.

    —Perdóname.

    —¿Por qué?

    —Porque en realidad no vi por ti o porque fueras violada, solo vi por mí. Bien pude detenerme, pero cerraba los ojos para pensar en Adrián y que mi papá se convenciera de que lo estaba logrando.

    —En verdad yo fui la que no vio por ti. Yo fui la que te violó y solo quería que el momento pasara lo más rápido posible y que fueras libre de esa olla de presión.

    —No tienes la culpa de nada. Tú también estabas sometida a esa olla de presión. Los dos fuimos víctimas y la culpa es mía por salir defectuoso. Es mi culpa sentir atracción por los hombres y que mi papá fuera de una familia importante, de la que quiere que aún haya descendencia bajo la influencia de sus antecesores y teme que se interrumpa conmigo. De por sí le costó tenerme a mí, ¿sabes?

    —No digas estupideces —contesté enojada—. Las mujeres somos las que tenemos a los hijos.

    —Mi mamá era estéril y no lo sabía. Fueron varios años de intentos hasta que detectaron el problema. Mi papá comenzó a despreciar a mi mamá, pero ella se hizo independiente del poco amor que le tenía mi papá hasta el día de su muerte por cáncer cervicouterino. Por su parte, él ya con avanzada edad tuvo una amante y fui concebido por ella. Ella ahora está en una casa muy grande en Canadá que se compró con el dinero que le daba mi papá. Por ende, soy un hijo de puta.

    —¿Y tu papá no puede hacerse de otra amante para tener otro hijo? Así te deslindarías de esa responsabilidad que te impone y él corregiría sus errores como mal padre que es. Si tiene suerte, le saldrá un hijo como él quiere, pero los hijos no deben de ser como los padres quieren.

    Sin duda, me identifiqué con él por lo que a mí me había sucedido mes y medio antes. No obstante, lo que continuó diciéndome me impactó.

    —Tiene cáncer en etapa terminal. No sabemos cuándo morirá. Los médicos le dieron como máximo siete años de vida. La idea de tener otro hijo sí la tenía contemplada, pero decidió que no porque no alcanzaría vivir los años suficientes para criarlo como se debe, resaltando que soy una vergüenza para él y que no lo dejaría en mis manos.

    —Entonces, ¿tu papá seguirá recurriendo a tratarte de esa manera si tú no dejas de ser gay?

    —Así es. Hasta el momento estoy desheredado.

    —Lo lamento.

    —Gracias.

    —¿Por qué agradeces?

    —Por salvarme ese día.

    —Se hizo lo que se pudo.

    —Fuiste mi primera vez y siempre lo recordaré, aunque no quería que fuera así.

    —¡Ay! ¿Ni tantito puedes ser bisexual? La tienes bien rica —me salió lo cínica y poco seria, pero Gustavo me siguió la corriente con demás bromas y supimos sobrellevar lo sucedido.

    Nuestra amistad se volvía cada vez más fuerte con el transcurso de los días hasta que volvió a presentarse otro suceso como ese.

  • Esclavo de ti mismo (Cap. 20) VII cacería: Duerme marioneta

    Esclavo de ti mismo (Cap. 20) VII cacería: Duerme marioneta

    Marcus y Nataku bajaron hasta el estacionamiento mientras conversaban sobre la colección de joyas y la lista de invitados.

    -¿Puedo preguntarte algo?-

    Dijo Nataku, al tiempo que descendía del ascensor y caminaba hacia la camioneta de la empresa.

    -Claro, lo que quieras.-

    Respondió Marcus insinuante.

    Nataku le dedicó una mirada suspicaz. -Noté que la lista de invitados únicamente incluye hombres, ¿hay algo especial en ello?-

    Lanzó mientras abría la camioneta.

    -Si, sonará algo patético, pero como sabes soy gay. Comencé estas cenas como una fiesta entre mis amigos gay hace algunos años. Pero ahora invito a otros caballeros que no lo son, pero me acostumbré a la ausencia de mujeres. Ciertamente me he planteado abrir la fiesta, mas aún no me decido.-

    Contestó Marcus al acomodarse en el asiento del copiloto.

    Nataku lo miró pensativo, como si aquella respuesta no le convenciera del todo. -Ya veo, disculpa si te ofendí, es que me pareció raro, eso es todo.

    Se justificó el mitad japonés.

    Marcus realizó un ademán con la mano. -No tiene la menor importancia, soy algo extravagante.-

    Nataku asintió y arrancó la camioneta, a la vez que reanudaba la conversación sobre el evento y se incorporaba a la avenida. Marcus le dio las indicaciones de cómo llegar a su mansión y Nataku colocó el gps.

    Charlaron del diplomado de balística y las recientes vacaciones del medio japonés, así como de la negociación en la que Marcus se había vuelto socio de la empresa. Nataku disminuyó la velocidad cuando descendió el puente del lago y tomó la desviación del bosque.

    -¡Veo que te gusta el aislamiento!-

    Expresó Nataku al darse cuenta de lo escondido de la ruta.

    Marcus le dedicó una mirada curiosa, como si se riera de su pregunta. -Bueno, si consideras que poseo una colección de joyas valuada en trescientos millones de dólares, creo que es mejor que vivir en los suburbios.-

    Nataku se rio por su estupidez. – touché. Si fue una pregunta idiota.-

    Aseguró Nataku mientras avanzaba por aquel camino.

    En cuanto estuvieron delante de la ya conocida puerta de acero, Marcus levantó un control automático para que la compuerta les diera paso, e indicó al medio japonés que manejara a través de los terrenos hasta estacionarse delante de la mansión.

    -Vale, ¡veo que eres un rico hijo de puta!-

    Comentó Nataku asombrado por la enorme casona y los bellos terrenos.

    -La vida me ha tratado bien, para que negarlo.-

    Respondió Marcus, mientras abría la portezuela de la camioneta para bajar.

    Los dos hombres anduvieron hasta la mansión y Marcus franqueó el paso. Nataku se quedó impresionado por la colección de obras de arte que decoraban el recibidor y la exquisita alfombra persa de la estancia.

    -Reitero lo dicho ¡eres un rico hijo de puta!-

    Dijo Nataku con una voz sarcástica.

    Marcus le dedicó una mueca cómplice y guio al medio oriental hacia una puerta del otro lado del salón bar, que abrió para dejar ver una escalera de caracol. -Ven, la galería con las joyas están aquí.-

    Nataku lo siguió y subió detrás de Marcus. Al avanzar, las lámparas de la escalera se encendieron y el guardaespaldas se quedó pasmado con los bustos, esculturas y cuadros que adornaban las paredes. Alcanzaron un entrepiso entre la segunda y tercera planta de la mansión y Marcus tecleó una contraseña de seguridad, en un tablero junto a una puerta de metal que resguardaba la entrada, la cual se corrió con un chasquido.

    Nataku abrió los ojos sin poder creerlo. Era un gran salón, repleto de vitrinas, gavetas y anaqueles llenos de piedras preciosas, tiaras, tocados, pulseras, brazaletes y monedas antiguas de oro y plata.

    Nataku dio un silbido y miró cautivado aquella colección. -¡Woo!, ¿Y todo esto vas a exhibirlo el domingo?-

    Cuestionó el mitad japonés, mientras cavilaba en el tiempo que costaría embarcar aquella gran colección.

    Marcus lo observó algo desaprobador. -Claro que no, suelo mostrar sólo parte de la colección cada año y algunas nuevas adquisiciones. Lo que va a exhibirse en la galería es lo que se encuentra etiquetado y ya embarcado en esas cajas.-

    Contestó Marcus al señalar una pila de grandes cajas de plomo recargadas contra una de las paredes.

    Nataku reparó entonces en que, en uno de los costados varias vitrinas y gavetas se hallaban vacías. -Claro, disculpa, es que de verdad me dejaste asombrado.-

    Respondió Nataku mientras avanzaba hacia las cajas para cotejar las etiquetas de los embarques con la lista que llevaba en su Tablet.

    Marcus lo miró divertido por lo que estaba a punto de pasar. -No tiene la menor importancia.-

    Durante diez minutos Nataku leyó y corroboró en voz alta el listado de las joyas y Marcus se limitó a confirmar la información. -Marcus, falta el último artículo. Es un collar de zafiros con un péndulo de ópalo negro.-

    Dijo Nataku tras verificar aquel objeto.

    Marcus asintió con la cabeza. -Si, fue el único que no embarqué en estos días. Ven voy a mostrártelo. Supongo que puedes ayudarme a embarcarlo, aquí tengo otra caja y un candado.-

    Comentó Marcus al tiempo que atravesaba el salón.

    Nataku dejó la Tablet sobre una mesa, siguió a Marcus, mas antes de alcanzar la vitrina su anfitrión se volvió. -Sabes quería aprovechar la oportunidad para preguntarte algo. ¿James y tú son buenos amigos verdad?-

    Nataku lo miró desconcertado. -Si, ¿por?-

    Marcus sonrió aparentemente avergonzado. -Bueno, ayer James y yo nos acostamos. Nos topamos después de la sesión con la 515 ayer y no sé, tuvimos mucha tensión sexual. Y una cosa llevó a la otra. Y bueno.-

    Dijo Marcus a la vez que le dirigía una mirada algo curiosa.

    Nataku quedó asombrado por aquel giro en la conversación. -Si, lo vi en la mañana y me contó todo al respecto.-

    Respondió sin saber cómo continuar.

    -Mira yo sé que es cosa de una noche. Estoy consciente que James es heterosexual, tal vez fue curiosidad por su parte. Pero ya que dices que hablaste con él, ¿cómo se siente?, ¿qué te dijo? Por la mañana salió antes de poder hablar y sólo me dejó una nota.-

    Inquirió Marcus interesado.

    Nataku lo observó, no muy seguro de contestar. -Bueno, pues no sé si fue curiosidad. La verdad es que él explicó que no sabía bien a bien porqué te siguió el juego. Aunque sé que te invitó a cenar y hasta cocinó para ti. Así que ahora que preguntas, no estoy seguro si sólo se trató de curiosidad.-

    Marcus asintió y meditó la respuesta. -¿Pero tú qué piensas?-

    Nataku reflexionó al respecto. -La verdad yo creo que lo hizo porque quiso. James suele acostarse con todas las mujeres que le parecen atractivas. Si te siguió el juego, es porque quería probar, sí, pero también porque le gustabas o atraías desde tiempo antes. De lo contrario no lo hubiese permitido. ¡Además a riesgo de parecer impertinente, me dijo que le encantó!-

    Contestó Nataku con una carcajada.

    Marcus rio divertido. -¡Vaya!, ¿enserio crees eso?, ¿crees que yo le gustaba desde antes?-

    Nataku afirmó con la cabeza. -Definitivamente. Conozco a James desde mucho tiempo atrás y es una persona que nunca se arrepiente de las cosas que lleva a cabo. Puede parecer irreflexivo o impulsivo en sus actos, mas eso es falso. Todo lo que él hace lo medita antes y lo hace porque quiere. Y en el ámbito sexual, porque lo disfruta.-

    Aseguró el medio japonés.

    -Ya veo, interesante. ¡La verdad a mí también me encantó!-

    Agregó Marcus con una carcajada que Nataku compartió.

    Marcus avanzó hacia la vitrina y Nataku se colocó a su lado. -¿Y tú?, ¿no te da curiosidad?-

    Inquirió Marcus, mientras desplazaba un panel para abrir la vitrina.

    Nataku lo miró ceñudo. -No, la verdad es que no. Sin ofender, no tengo nada contra los homosexuales, pero a cada quien sus gustos. ¡Yo soy un feliz hombre heterosexual!-

    Dijo el medio japonés con un tono divertido.

    Marcus negó con la cabeza. -Es una lástima, pero eso está a punto de cambiar.-

    Nataku lo miró desconcertado ante aquella respuesta, sin embargo en ese momento, Marcus sacó de la vitrina un hermoso collar de zafiros con un gran péndulo de ópalo negro.

    -¡Woo!, ¡qué preciosura!-

    Dijo Nataku en medio de un silbido.

    -¿Maravilloso verdad?-

    Inquirió Marcus a la vez que balanceaba notablemente el collar delante de la cara de Nataku.

    El medio japonés miró el péndulo y no pudo evitar seguir el movimiento de un lado a otro del collar. De izquierda a derecha, de derecha izquierda. Trató de parpadear, pero algo se lo impidió. El péndulo empezó a emitir extraños destellos que encandilaron sus ojos. El collar se balanceaba de un costado al otro, de forma rápida, incesante y Nataku se sintió perdido en el movimiento.

    -Concéntrate. Observa cómo los destellos parecen danzar. Bien, ahora, lo único que puedes ver es el péndulo.-

    Dijo Marcus con su voz de hipnotista.

    -Sssi, solamente el péndulo… El péndulo es hermoso… Ssi…-

    Respondió Nataku Al tiempo que sus ojos quedaban fijos en este y reflejaban los destellos.

    -Bien, ahora, el único sonido que escuchas es el de mi voz.-

    Indicó Marcus a la vez que incrementaba el balanceo del collar.

    -Lo único que escucho es tu voz…-

    Respondió Nataku con la mirada ya algo ausente.

    -Mi voz te relaja en forma inimaginable. Ahora tú sigues el ritmo del medallón y quieres balancearte libremente junto con este. Muévete de izquierda a derecha.-

    Indicó Marcus con su voz de serpiente.

    Nataku obedeció y comenzó a balancearse de un lado a otro, al ritmo del medallón, mientras sus párpados empezaban a temblar fuertemente.

    -Ahora, contaré desde 5 hasta 1. Cuando diga 1 pararás de moverte y caerás en un profundo sueño. 5…comienzas a sentirte cansado… 4… Tus párpados pesan demasiado… 3… Déjate llevar… 2… Sientes mucho sueño, deseas dormir profundamente… 1… Cierra tus párpados… Tus párpados pesan… Duerme profundamente…-

    Nataku cerró sus ojos, dejó caer sus brazos pesados a los lados de su cuerpo y su cabeza colgó suelta hacia atrás.

    Marcus lo observó triunfante, pero continuó con la inducción. -Levanta tus brazos, tus brazos son de acero, tus brazos son duros y rígidos, eres incapaz de moverlos. Eso es, están sostenidos arriba por mi poder… Coloca la cabeza hacia atrás, esta también es muy pesada, mi poder la sostiene también… Ahora, voy a contar de 10 a 0 y cuando cuente hasta 0, tus brazos se volverán extremadamente pesados, tan pesados que serás incapaz de mantenerlos arriba y los dejarás caer inevitablemente al lado de tu cuerpo… Tu cabeza se tornará tan pesada que se clavará en tu pecho. Cuando tu cabeza se clave en tu pecho querrás dormir aún más y entrar en un trance más profundo. Vamos a comenzar. 10… 9… Tus brazos son de acero. Tus brazos se tornan más duros y rígidos, tan duros y rígidos que eres incapaz de sostenerlos… 8… 7… Tu cabeza se vuelve cada vez más pesada, cada vez más pesada, y quieres clavarla en tu pecho… 6… 5… Quieres dormir aún más profundamente… 4… 3… Tus brazos son de acero, duros y rígidos, eres incapaz de sostenerlos más tiempo… Deja que caigan a los costados de tu cuerpo, duros y pesados como rocas… 2… Deja que tu cabeza se clave en tu pecho, es muy pesada, tan pesada que la dejas caer sobre tu pecho… 1… Duerme profundamente… Duerme profundamente… Duerme profundamente… 0… Sumérgete más en este trance… Todo tu cuerpo es duro y rígido… Tu cuerpo es de roca… Caes En un profundo trance… Todavía más profundo que el de antes… En un profundo trance… No puedes moverte si yo no te lo pido.-

    Indicó Marcus con una voz queda y sugerente.

    Nataku obedeció todas las instrucciones del perverso hipnotista y suspiró profundamente dormido y ya casi bajo el poder de Marcus.

    -Bien, ¿me escuchas Nataku?-

    Inquirió Marcus mientras dejaba de balancear el collar.

    -Sssi…-

    Respondió Nataku con voz cascada y gutural.

    -Bien, escúchame. Ahora levanta tu brazo derecho. Quiero que cuentes de 10 a 0 junto conmigo y repitas lo que voy a decirte, ¿de acuerdo?-

    Dijo Marcus, al tiempo que le colocaba el collar a Nataku en torno al cuello.

    -Ssi, contar del 10 al 0 y repetir contigo lo que vas a decir…-

    Admitió Nataku profundamente dormido al tiempo que alzaba su brazo derecho.

    -10, 9, 8. Tu mente está en blanco.-

    Dijo Marcus.

    -10, 9, 8… Mi mente está en blanco.-

    Repitió Nataku con voz casi inaudible acompañado por Marcus.

    -7, 6, 5. No tienes mente propia.-

    Repitió Marcus, a la vez que extraía de la vitrina un brazalete de oro con un ópalo negro en su centro, que le colocó a Nataku en el brazo derecho.

    -7, 6, 5. No tengo mente propia…-

    Afirmó Nataku cada vez más cerca de ser sometido por Marcus.

    -4, 3,. Debes entregar tu voluntad, ese es tu destino.-

    Indicó Marcus, a la vez que le ponía un par de arracadas de plata con los mismos ópalos, que se adhirieron de forma extraña a la piel de Nataku.

    -Debo… Debo entregar mi voluntad… Ese es mi destino…-

    Aceptó Nataku una vez más, ya a punto de sucumbir ante el poder de Marcus.

    -2, 1. Debes ser mi marioneta, debes ser mi esclavo y tomarme como tú Amo y Señor.-

    Dijo Marcus, mientras le abrochaba un segundo brazalete con el ya característico ópalo en la mano izquierda.-

    -2, 1… Debo ser tu marioneta… Debo ser tu esclavo… Y te tomo como mi Amo y Señor.-

    Repitió Nataku a la vez que dejaba caer pesadamente su brazo nuevamente y los ópalos del péndulo, los brazaletes y las arracadas emitían un fulgor negro.

    -0. Eres mi marioneta, eres mi esclavo y yo soy tu Amo y Señor. Sólo yo tengo poder sobre ti, sólo yo te puedo ordenar.-

    Dijo Marcus la instrucción final, al tiempo que lanzaba una mirada de triunfo, pues la caída del brazo y el destello oscuro de los ópalos, garantizaban que Nataku estaba en la fase más profunda de la hipnosis.

    -0. Soy tu marioneta… Soy tu esclavo… Eres mi Amo y Señor… Sólo tú tienes poder sobre mí… Sólo tú me puedes ordenar…-

    Acató Nataku la inducción final mientras los fulgores oscuros se incrementaban y su cuerpo quedaba totalmente rígido.

    Marcus gozó por la facilidad con la que logró cazar a Nataku. Verlo allí de pie, hipnotizado y doblegado por aquel profundo trance. Cada una de las joyas que le había colocado, poseía incrustados dentro de los ópalos, poderosos microchips que él denominaba hipnopulsadores, los cuales transmitían a la mente de Nataku una serie de sugestiones que anulaban su consciencia.

    Mientras las tuviera puestas, Nataku no saldría del trance. No obstante, contaba con la desventaja que el último guardaespaldas quedaba reducido a un ser sin ningún tipo de criterio, una marioneta que conservaba sus actividades motoras, pero completamente dependiente de recibir órdenes para realizar cualquier otra acción.

    -¡Enserio que me calienta cómo te ves! Tan sensual, con esas joyas, bajo trance.-

    Dijo Marcus mientras se apoderaba de la boca de Nataku.

    El guardaespaldas no correspondió al beso, ni siquiera se inmutó y Marcus sonrió satisfecho. -Ven, sígueme. Vamos a mi cuarto, quiero probarte antes que lleguen los demás.-

    Ordenó Marcus a la vez que caminaba hacia la salida.

    Nataku acató sin decir palabra. Anduvo con la cabeza clavada en el pecho, los ojos cerrados y su cuerpo rígido. Atravesaron la mansión hasta la alcoba de Marcus y el muchacho no se resistió en ningún momento.

    Cuando estuvieron dentro de la pieza del perverso hipnotista, Marcus volvió a besarlo despiadadamente antes de proseguir.

    -Cierra la puerta, ponle seguro.

    Nataku continuó sin corresponder al beso, pero acató de inmediato la instrucción y después se quedó allí de pie, en espera de recibir una nueva orden.

    -Nataku, ahora eres mi marioneta. Yo soy tu Amo y Señor. Harás, creerás y sentirás todo lo que yo te mande y diga.-

    Indicó Marcus.

    Nataku afirmó con la cabeza. -Sii… Lo haré mi Amo y Señor…-

    -Bien, muy bien. A partir de este instante, eres gay y mi esclavo sexual, estás dispuesto a experimentar el sexo conmigo y con los hombres que yo te ordene. Sientes una gran atracción hacia mí y a quien yo te mande.-

    Indicó Marcus.

    Nataku volvió a afirmar con un rostro de gran satisfacción. -Sii, mi Amo y Señor…-

    Respondió con una voz gutural y carente de cualquier oposición.

    -Bien, muy bien. Desvístete. Sácate la ropa. Déjate las joyas, nunca podrás quitártelas. Pero ya no soportas la ropa, quieres estar desnudo para mí.-

    Indicó Marcus.

    Nataku obedeció y se sacó la chamarra, camisa y cinturón para tirarlos sin cuidado al suelo. Después se retiró las botas, calcetines y se bajó el pantalón. Lanzó toda la ropa a un lado y se quitó el calzoncillo que dejó caer sin cuidado sobre las demás ´prendas, aunque después se quedó rígido, a espera de más órdenes.

    Marcus miró a la última de sus presas. No demasiado alto, un metro setentaicinco, de rasgos masculinos y orientales, aunque de piel blanca y ojos cafés, cabello corto y rubio, piernas y brazos casi libres de bello, fuertes y delineados hombros, un musculoso torso, el tatuaje de un tigre grabado en su espalda, junto con un más que aceptable paquete en el que por supuesto colocó toda su atención.

    -¡Vaya cuerpo!, ¡enserio que todos ustedes son unos supermodelos!, a mi gusto eres tan guapo como tus amigos, ¡todo un galán!, ¡Ese tatuaje y la forma en que te vistes!, ¡eres un chico malo!, ¡eso me excita!-

    Dijo Marcus mientras abrazaba al desnudo Nataku.

    El guardaespaldas rodeó con sus brazos a su Amo y dejó que él recorriera y explorara sus músculos a placer. -Sácame la ropa y besa cada parte de mi cuerpo mientras lo haces.-

    Demandó Marcus encendido.

    Nataku obedeció, sacó las prendas de Marcus y a cada centímetro de piel desnuda, plantaba calientes besos sobre su Señor, aunque sin decir palabra. A Marcus le gustaba en sobremanera aquel tipo de hipnosis, tan ajena, tan carente de toda participación de su esclavo, donde él poseía el poder absoluto.

    Cuando Marcus estuvo desnudo, empezó a restregarse contra el cuerpo del medio oriental. -¡Caliéntate!, eres mi esclavo sexual ahora, ¡quiero que lo disfrutes y te muestres más salvaje y apasionado!.-

    Dijo a la vez que chupaba y mordía su cuello.

    Nataku gruñó de una forma tan sensual que causó una inmediata erección en Marcus. Empezó a recorrer, besar y frotarse contra el cuerpo de su Señor. Los dos compartieron un largo beso, a la vez que chocaban sus miembros de forma más que ansiosa.

    -Eso es, disfrútalo. Inclínate, ponte de rodillas. Quiero que me hagas una mamada, piensa en las mujeres que te lo hicieron en el pasado. Ahora eres gay, mi esclavo sexual y quieres imitarlas conmigo. Quieres gozar, mientras yo gozo.-

    Dijo Marcus cargado de lujuria.

    Nataku besó y chupó el cuello de Marcus, volvió a gruñir, con la Berga dura y la cara roja por el deseo. Sin oponerse se arrodilló mientras salivaba igual que un perro e introdujo el pene de Marcus en su boca. Dio varias lengüetadas, lentas y en círculo, mientras besaba la punta de la Berga de su Señor.

    -Gozar… Mientras tu gozas…-

    Repitió Nataku en un tono gutural, casi bestial.

    -Ahora mastúrbate con tu mano, mientras me complaces a mí. ¡Goza, a la vez que yo gozo, esclavo!-

    Expresó Marcus con dificultad, gracias a la destreza de Nataku.

    El medio oriental comenzó a frotar con ambas manos su Berga, mientras incrementaba el ritmo de sus lengüetazos. Gemía y gruñía de placer, a la vez que Marcus se unía a él completamente cautivado por aquella felación tan experta, tan increíble.

    -Más rápido, chupa más voraz, más voraz, haz que me corra y bebe mi semen, ¡este es la fuente de tu placer!-

    Indicó Marcus entre fuertes quejidos.

    Nataku gruñó presa de aquel lívido tan antinatural, acrecentó el ritmo de su masturbación y de sus lengüetazos. Dio dos fuertes lamidas a los testículos y a todo el pene de Marcus, lo que provocó que su Señor gritara debido a lo poderoso de aquella acción.

    -¡CÓRRETE, CÓRRETE, CÓRRETE, ESCLAVO, ESCLAVO!-

    Gritó Marcus al sentir lo inminente de su eyaculación.

    Nataku percibió el chorro de semen en su boca y tragó goloso, como si se tratase de néctar o el más exquisito de los vinos. El chorro de esperma del esclavo bañó las piernas de Marcus, al tiempo que Nataku gruñía como un animal e inclinaba su cuerpo hacia adelante, preso del orgasmo.

    Marcus lo sostuvo de los hombros y jadeó con gran dificultad. Las técnicas de felación de Nataku en verdad lo habían sorprendido. Deseaba más, en realidad se encontraba muy caliente, el muchacho logró encenderlo más de la cuenta.

    -¡De pie!, aún no terminamos.-

    Ordenó Marcus al rubio.

    Nataku acató la orden, sin embargo aún sudaba y respiraba fuertemente a causa de aquel orgasmo. Marcus lo besó y luchó por el control de la boca, pues el guardaespaldas cumplía su instrucción de hallarse caliente y apasionado.

    -Cógeme, quiero que seas rudo, ¡cógeme mi esclavo!-

    Nataku tomó a Marcus del cuello y lo arrojó con violencia sobre la cama. Rebuscó sus botas y de manera veloz tomó sus agujetas para amarrar a su Señor de los postes. Marcus quedó sorprendido ante aquel arranque tan bestial y aún más cuando comenzó a aplicarle una llave para someterlo. Nataku gruñía como un animal, a la vez que frotaba una y otra vez su erección contra el cuerpo de Marcus. Usó su fuerza para alzar a su Señor y mientras volvía a aplicarle una llave que le cortó algo la respiración, lo penetró de modo fiero y sin piedad.

    Marcus experimentó el golpeteo rudo y vigoroso del medio oriental, al tiempo que le apretaba con fuerza y mordía su espalda y cuello, entre aquellos gruñidos que lo excitaban de forma tan intensa.

    -¡ESCLAVO, GRUÑE MÁS FUERTE, APRIETA MÁS FUERTE, CLÁVATE MÁS FUERTE!, ¡QUIERO UN ORGASMO CÓMO NUNCA HAS TENIDO!-

    Nataku rugió igual a una fiera, apretó el torso y cuello de Marcus, a la vez que mordía su espalda y propinó varias estocadas de manera repetida. El hipnotista se vio inundado por un chorro caliente de esperma, al tiempo que él se corría también y ambos emitían alaridos de placer y dolor.

    Nataku dejó caer sus manos, completamente exhausto después de ese segundo orgasmo, mientras Marcus veía borroso debido al lívido y a la falta de aire debido a ese último apretón.

    -Desamárrame, quiero abrazarme a tu cuerpo desnudo.-

    Dijo Marcus con la boca seca y casi sin poder hablar.

    Nataku obedeció, se estiró y deshizo los nudos de manera rápida. Después dio vuelta a su Señor y lo estrechó contra su fornido y sudoroso torso.

    -Nataku, cada vez que de mi voz y sólo de mi voz, escuches “Duerme marioneta”, caerás en este profundo trance. ¿entiendes?-

    Dijo Marcus con dificultad, aunque cerca al oído del hipnotizado guardaespaldas.

    -Si, mi Amo y Señor…-

    Repitió Nataku en un tono gutural, como si le costara trabajo hablar.

    -Bien, a partir de ahora, sólo hablarás cuando yo te lo pida. Para afirmar sólo moverás la cabeza o gruñirás. ¿Entiendes?-

    Dijo Marcus, a la vez que volvía a besarlo.

    Nataku gruñó en aceptación y Marcus se sintió realizado, había logrado cazar a todas sus presas y por fin el resto del juego podía dar inicio.

  • Con Joaquín y José conocí de tríos

    Con Joaquín y José conocí de tríos

    Vivo en una ciudad urbe en donde las noches son interminables y sobre todo los fines de semana. Trabajo en una empresa de diseño de modas ya que estoy graduada en ello. Llevaba ya 6 meses laborando y ya había hecho amistades y no me era difícil ya que soy jovial y de mente amplia y me permito tener amistades para no tener que aburrirme y poder conversar con alguno cuando así lo desee.

    José y Joaquín son dos amigos que recién conocí y que trabajaban en el mismo edificio en donde yo estoy trabajando. Era fin de semana y nos conseguimos temprano en la mañana, recién iniciando las labores de ese viernes en el ascensor.

    -Hola Joaquín, José como han amanecido hoy? qué gusto verles! Están muy guapos hoy. -Les dije con una sonrisa en el rostro.

    Era indudable que ambos hombres eran unos mangazos de lo rebueno que estaban. Atléticos, José con una barba baja pero que le lucía muy bien y Joaquín con unos ojos verdes y cabellos claros que cualquier mujer no dejaría de verlo.

    -Hola Ana -me respondió José y me dio un beso en la mejilla.

    -Qué linda estás hoy -respondió Joaquín para continuar con el saludo. Igual me abrazó y pude oler su perfume varonil que me dejó encantada.

    -Qué vas hacer esta noche? -preguntó José.

    -Déjame decirte que no tengo planes para esta noche. Tal vez me quede en el apartamento y veo una peli y me como un helado. -Les respondí!

    -Te queremos invitar a un lugar en donde podemos bailar y disfrutar un rato. Venga, anímate y nos relajamos un rato. -Exclamó Joaquín.

    -Ok. Está bien, pero me prometen que regresamos temprano? No quiero trasnocharme porque amanezco con unas ojeras del carrizo. -Les dije.

    Finalmente llegamos al piso donde trabajamos y nos despedimos con una sonrisa y besos y cada quien a su oficina.

    Ya en la noche, en mi apartamento me eché un baño y me arreglé mi cabello y saqué un vestido rojo muy lindo y mis zarcillos pequeñitos una pantis muy lindas y sexys color rojo para hacer juego con el vestido.

    Sonó el timbre, eran José y Joaquín que al verme al yo abrir la puerta quedaron boca abierta y sin palabras al verme toda vestida y maquillada.

    -Pero no se queden allí como estatuas y digan algo. ¿Cómo me veo? -Pregunté.

    Al fin reaccionó Joaquín y me dijo:

    -Muy linda, hermosa, qué hermosa! Lindísima mujer.

    Por su parte, José me veía de arriba abajo como queriendo desnudar aquel monumento ya que su mirada iba más allá de una simple admiración por tanta hermosura.

    Finalmente tomé mi cartera de mano y nos fuimos.

    Tomamos un taxi y al cabo de 15 minutos estábamos en la puerta del edificio donde estaba el lugar nocturno que pretendíamos visitar.

    Entramos y ocupamos una mesa cerca de la pista de baile. Pude detallar lo bonito del lugar, con unas luces bajas pero se podía mirar todo el lugar.

    Pedimos unas copas de vino Excepto José que pidió un whisky doble. Comenzamos a platicar de nuestras vidas y así repetíamos y llenábamos nuestras copas una y otra vez.

    José me invitó a bailar y con gusto accedí.

    Una melodía suave un tanto romántica. Me tomó en sus brazos y me apretó hacia él y quedé muy pegadita a su pecho y sentí que podía oír su corazón latir. Al principio, un tanto nerviosa pero a lo largo de la melodía me relajé y pude seguir el ritmo de sus pasos. Me dijo al oído casi susurrante:

    -Eres una mujer linda! Extraño que no tengas novio! -Y sonrió.

    -Mas que extraño, no he tenido tiempo desde que llegué a mirar algún chico que me pueda cortejar -le respondí.

    -Déjame decirte que me gustas mucho. Tu perfume me transporta y tus cabellos azabaches me fascinan, -me dijo con aquella voz casi sensual y varonil. No pude evitar sonrojarme por sus halagos.

    Me dejó sin palabras y sólo atiné a decirle un tanto tímida:

    -Gracias!

    Volvimos a la mesa y pedimos otra ronda de tragos, además unos pasapalos.

    Joaquín al oír una salsa sonar me miró y me dijo:

    -Bailamos?

    -Si, por supuesto. Me gusta la salsa.

    Joaquín todo un bailador acompasado, no me fue difícil seguirle.

    Sus manos se deslizaban por mi cintura y me arrojaba contra su pecho de vez en cuando. Me encantó como bailaba y deseaba que no parara la melodía ya que empezaba a sentirme excitada por aquellos movimientos y su forma de tomarme entre sus manos y brazos. Ya casi terminando la melodía me haló hacia él y quedamos cara a cara respirando frenéticamente y miré sus labios muy junto a los míos y nos miramos fijamente y fue como mágico ese instante porque ambos nos besamos. Sus labios carnosos entre los míos y sus manos apretando mi cintura, por un momento sentí que el tiempo se detenía.

    Finalmente nos separamos y tomados de la mano fuimos donde José y nos sentamos.

    Eran ya más de la media noche. Miré mi reloj y les dije:

    -Muchachos, que tarde es! Ya son más de la media noche y me tengo que ir.

    -Quedémonos un rato más por favor. -Ambos dijeron al mismo tiempo.

    Les hice un movimiento con mi cabeza en señal de que no quería.

    Pagaron la cuenta y llamamos un taxi y de nuevo al poco rato ya estábamos en el edificio. Tomamos el ascensor y José me tomó en sus brazos porque casi me tambaleo al ascensor subir repentinamente. Llegamos al piso y me acompañaron a la puerta de mi departamento.

    Joaquín me pidió que si podíamos tomar una copa dentro. Al final ya estaba yo en mi apartamento.

    Accedí y pasamos, al poco rato Joaquín traía de mi enfriador una botella de vino la cual destapó allí frente a nosotros y tomamos sentados relajamos en el sofá. Puse una melodía en mi equipo de sonido con el deseo de que Joaquín me pidiera bailar nuevamente y así lo hizo. Yo quería sentir nuevamente sus manos en mi cintura y mi cuerpo.

    Romántica la melodía y así se sentía el ambiente. Bajamos las luces un poco para dar ese toque que teníamos en el club nocturno. Al poco rato Joaquín y yo bailábamos muy suavemente y contra su pecho estaba yo recostada. Sintiendo su palpitar y su perfume que tanto me gustó. No nos decíamos nada, sólo escuchábamos la música y así dejamos que nuestros cuerpos bailaran al ritmo de la música, mientras José sentado en el sillón nos observaba tomando de su vaso.

    De repente, acercó sus labios a los míos y me besó con ternura y mis labios correspondieron a ese beso tan hermoso y suave que me dejó cautivada. Yo le correspondí y lo que recuerdo seguidamente fue sus manos presurosas tocando y acariciando mi cuerpo. Bajando hasta mi cintura y subir por mi espalda en una caricia indetenible que prometía extenderse por todo mi cuerpo.

    De repente abrí mis ojos y vi a José levantarse del sillón y pensé que se iría al ver esa escena y nos dejaría a solas. Pensé que se sentiría apenado y que decidió irse, pensé.

    Por eso me dispuse a seguir con el juego y cortejo de caricias que teníamos allí parados oyendo la música, la cual ya no nos importaba, sólo extender aquella velada que prometía terminar en mi cama. Sus manos se dirigieron hasta mis pechos acariciándolos por encima de mi vestido, luego apretó mis pezones todos erectos ya por tan sutil caricia. Me di la vuelta para que desabotonara mi vestido el cual cayó al piso fácilmente. Desde allí continuó apretando mis pechos y sentí como una de sus manos bajaba hasta mi sexo ya que su mano se deslizó por dentro de mi panty y pude sentir mi sexo todo húmedo por tanta excitación. Alcancé a oír mis gemidos suaves al principio pero llenos de deseos y placer.

    Nuevamente quedamos frente a frente y seguimos con el juego de caricias y exploración con sus dedos y mis manos. Yo bajé hasta su sexo y pude tocar el bulto que se hacía por la erección de su pene debajo de su pantalón, el cual desabotoné con la idea de quitárselo. De repente sentí unas manos tocándome por detrás y un cuerpo acercarse a mi espalda y una respiración un tanto acelerada detrás de mi oído. Era José que no se había marchado y se sumó a la escena amorosa. Yo al principio me impresioné porque no esperaba que otro hombre estuviera allí tratando de sumarse al juego sexual que tenía con Joaquín; además nunca había tenido esa experiencia como mujer al estar con dos hombres a la vez, pero entre el licor, la excitación y el ambiente propiciaron el momento y me permití dejarlo participar y ver en qué paraba esa experiencia única para mí.

    Instintivamente le dije a Joaquín muy sutilmente al oído:

    -Llévame a la cama corazón. -A lo cual me tomó de sus brazos y me cargo hasta la habitación.

    Me acostó muy suavemente en la cama y allí José tomó la iniciativa y bajó hasta mi cintura y me quitó las pantis y casi de inmediato con sus manos intentó abrir mis piernas y con sus labios quiso buscar mi vagina, lo que me hizo sacar un gemido de placer inmenso porque no esperaba tal estrategia tan pronto. Sentí vergüenza y pena al principio pero la ocasión era ideal y me permití jugar esa aventura de pasión y de inmediato abrí mis piernas sin pena y no opuse resistencia y dejé que aquel hombre degustara de mi sexo.

    Mientras tanto, Joaquín tiernamente buscaba mis labios y me besaba tiernamente sin prisa, muy despacio; lo que me demostraba que tendríamos toda la noche para hacerlo, mientras, acariciaba mis pechos con su mano derecha mientras que con la otra acariciaba su pene. Yo con mis manos lo acaricié y me dediqué a tocar su miembro erecto.

    Al momento lo tenía frente a mí, con su miembro erecto, su pene parado como una lanza dispuesta a la guerra. Me acerqué y le acaricié con mis labios. Su miembro todo esponjoso, rosado, hermoso. Lo tomé en mi boca y empecé a succionarlo y a tragarlo y al poco rato estaba empapado de mi saliva, la cual chorreaba de mi boca a la cama.

    Por otra parte, escuchaba el sonido que hacía mi otro amante frente a mi vagina, tragaba, la chupaba, succionaba, mordía mi clítoris suavemente con sus labios, lo presionaba y casi lo mordía sutilmente con sus dientes. Eso hacía que elevara mi cintura y la separara de mi cama y él a su vez arreciaba su acción al verme loca de pasión y lujuria.

    No aguanté más y me di vuelta y dejé mi trasero, mis nalgas expuestas y enterré mi cara en la cama, en las sábanas, movimiento y posición que ambos entendieron y casi de inmediato sentí el pene de José haciendo un jugueteo de caricias en mis labios vaginales para entrar y penetrarme, la cual estaba toda chorreada de néctar de amor puro y de la saliva de mi amante. Sentía su miembro, la cabeza al principio abrirse paso dentro de mi y eso me robo otro gemido fuerte que yo misma censuré al colocar mis manos en la boca creyendo que había sido muy fuerte aquel suspiro romántico. Joaquín me acariciaba la espalda mientras que a su vez jugaba con su miembro todo grande y erecto con su mano haciéndose una paja para mantenerlo erecto. Yo alcancé a ver su miembro y vi como su glande, color rosado crecía y se hacía más grande; lo cual me encantó mucho y él instintivamente lo posicionó frente a mí cara y yo casi de inmediato lo tomé abriendo mi boca y comencé a saborearlo y a tragarlo. Me encantó el sabor de aquel pene de ese hombre que minutos antes me deslumbraba en la sala de baile y que ahora estaba frente a mi sobre mi cama haciendo el amor conmigo y por si fuera poco su amigo José estaba detrás de mí, cogiéndome ricamente.

    Mi saliva se escapaba a montón de mi boca al yo tragar desesperada aquel miembro hermoso, grande y rico, el cual casi no cabía dentro de mi boca dada sus dimensiones el cual se erectaba para satisfacerme y que me penetraba casi hasta mi garganta.

    Por demás está decir que José me penetraba y me daba unos enviones de cintura cada vez más fuertes como queriendo atravesarme. Claro está y debo decirlo, me trataba con ternura y nunca me sentí violada o ultrajada, todo lo contrario; ambos amantes me trataron como una dama con los mismos deseos sexuales y necesidades que ellos. Al poco rato levanté la cara y miré hacia atrás para echarle una mirada a José y hacerle saber con mi mirada que lo estaba haciendo bien y que yo disfrutaba de sus movimientos acompasados de cintura y que no quería que su pene cesara de penetrarme, a lo cual me entendió perfectamente con yo sólo mirarle y ver que yo gozaba como nunca.

    Pero yo también deseaba que Joaquín, el hombre, el galán con ese perfume rico que me cautivó me cogiera, quería que me poseyera, que me hiciera suya totalmente, quería sentir al fin su miembro dentro de mí. Por eso me hice hacia adelante y el miembro de José cesó de penetrarme y abrí mis piernas a Joaquín el cual atrapé con ellas y cayó sobre mí. Ambos nos besamos y nos abrazamos uno sobre el otro. José se levantó de la cama y permitió que nosotros nos tomáramos ese tiempo y se sentó en la cómoda frente a la cama masturbándose con aquella escena delante de él.

    Al fin Joaquín me cogía, yo era finalmente suya, no había más impedimento para los dos. Sólo era él y yo, lo había esperado, casi que me niego a José por estar con él sobre mí. Allí me penetró hasta muy adentro y allí verdaderamente pude sentir lo grande que era su miembro. Yo casi desmayada de placer me dedique a disfrutar el momento y a sentir sus movimientos de cintura y sus quejidos y jadeos varoniles. Yo de piernas abiertas y él sobre mi, y yo tomándole con mis manos de sus nalgas apretándolo hacia mi. Pude ver que aceleraba sus movimientos y su vaivén se hizo frenético y entendí que ya estaba por acabar y yo me concentré en ello también.

    Eché la mirada de reojo y vi como José se masturbaba frenéticamente frente a nosotros, allí comprendí lo caballeroso que fue al permitir que nosotros dos gozáramos sin él arriba de la cama. Otro hombre tal vez, se hubiese quedado allí cerca tratando de seguir cogiéndome de alguna manera, pero fue un caballero y se lo reconozco. Yo quería acabar debajo de Joaquín, quería que fuera él quien me hiciera terminar, porque él fue el que me atrajo primeramente, el que me cautivó, el que me sedujo, el que me llevó a la cama, pensé mientras lo sentía cogerme. Finalmente pude sentir su semen caliente dentro de mí vagina al instante que oía sus gemidos y jadeos con más intensidad y caerse sobre mí exhausto. Yo por supuesto aproveché para acabar también.

    Les confieso que como nunca lo hice. Pude casi de inmediato oír a José que casi terminaba y eché la mirada hacia él y pude observar como frenético se masturbaba y vi como su semen salía disparado de su pene. Casi de inmediato, le estiré la mano y le hice seña que viniera con nosotros y se acostara y descansara. Finalmente quedamos los tres allí acostados, agotados de esa singular experiencia y que además era mi primera vez al hacer el amor en un trio.

    Les confieso que esas noches de pasión se siguieron repitiendo, pero muchas veces Joaquín y yo nos escapamos y nos regalamos unas cogidas él y yo solamente.

    Si les gustó mi relato pueden escribirme a @profelocutor y por allí podemos dialogar y conocernos queridos lectores. Saludos