Autor: admin

  • De oficio golfa

    De oficio golfa

    Las dos mujeres en prendas sugerentes propias de su oficio habían salido del lupanar donde ambas trabajaban. Nila lo había hecho sólo para fumar, pero su compañera Estrella salió con intención de pescar cliente. Bien sabía que era mejor lucirse en la calle al paso de los hombres, y así atraer a alguno, que únicamente esperar en el interior del prostíbulo a que llegara uno que se interesara por ella. Allí había mucha competencia.

    “Estoy harta”, dijo de pronto Nila. Por supuesto se refería al trabajo, pero no porque le fuera mal, de hecho ella era la más popular del lugar.

    “Ay, no sé de qué te quejas”, le respondió la otra.

    Estrella no podía comprender las quejas de Nila, la más solicitada de la casa de citas. Ya quisiera la “suerte” de aquella quien bien podía echarse de diez a quince en una noche, y eso en una jornada regular. Además cobraba caro, a diferencia de ella. Nila fácilmente sacaba en una noche lo que Estrella en una quincena, o hasta más.

    «Cómo hay gente tan malagradecida en el mundo, me cae, si ya lleva siete seguiditos. Ya quisiera tener su suerte… caray», se decía para sus adentros Estrella.

    Pero claro que no era cosa de suerte, Nila tenía sus atributos. Algunos sumamente evidentes (como aquel par de dilatadas posaderas entre las cuales bien que había acomodado el tronco del árbol en el que en ese momento se recargaba mientras fumaba y reflexionaba) pero otros más sutiles, como el saber escuchar al cliente y así ofrecerle algo más que una relación sexual. La mayoría de sus compañeras creían que todo estaba en desnudarse, ponerse de a perro o abrirse de piernas y dejarse coger, eso era todo lo que hacían; pero no todo está en montar o ser montada. Nila bien lo sabía, los hombres buscan algo más, algo más de lo que ni ellos mismos son conscientes muchas de las veces.

    La mayoría buscan lo que no tienen en casa. Algunos necesitan ser escuchados, apapachados; que se rían de sus chistes, otros requieren reconocimiento de sus cualidades, de sus logros; hay quienes les viene bien recibir comentarios halagadores que les brinden seguridad, mientras que otros entre menos cháchara mejor. Incluso existen los que buscan una figura materna que los mime como su madre nunca lo hizo; más de un cliente le había pedido que lo recibiera en su seno, a manera de bebé recibiendo su maternal amamantamiento.

    «Los hombres que acuden a un “servicio” siempre están carentes de algo», pensaba Nila, y ella era experta en reconocer las carencias de los hombres, tenía el “don” de la comprensión en ese ámbito de la naturaleza humana.

    Era por eso que hacerlo con ella era lo más cercano a hacerlo con la mejor amiga que se hubiese tenido en la vida. Nila sabía darse en la cama, pero también sabía escuchar e incluso brindar buenos consejos.

    Era tan inteligente que a muchos les servía de terapeuta sólo que, además de orientarles en su vida cotidiana, los cogía muy, pero que muy rico.

    Por ello cualquier hombre que pasara por sus piernas se enamoraba de ella. Estaba muy por encima de sus colegas. A diferencia de aquellas sabía dar un buen trato y sus clientes lo reconocían, por eso era la más solicitada.

    Claro que a Estrella le caía mal por pura envidia, pero se le acercaba por conveniencia, a ver si se quedaba con las migajas de su trabajo, hacerse de alguno de los clientes que no pudiera atender.

    Lo que no podía entender Estrella es que Nila, a diferencia de ella o de otras de sus compañeras, pensaba más allá del día que se vivía, pensaba en el futuro, en su futuro. A diferencia de otras chicas del lupanar no vivía como si pudiera dedicarse a eso toda la vida. Nila estaba consciente de que llegaría el momento de retirarse ya fuera por propia decisión o porque no le quedaría de otra, y ella prefería decidir cuando dejar el oficio y no verse obligada por los años.

    Tras llegar a su departamento Nila, como habitualmente hacía luego de una jornada de trabajo, se dio una merecida ducha. Tras el baño que limpió su cuerpo de las sudoraciones propias y ajenas, se vistió con su ropa de cama y se untó la crema que le brindaba esa suavidad exquisita a su piel. Era ya de madrugada, sin embargo, había alguien más que estaba despierto y quien la espiaba mediante unos binoculares desde otro edificio.

    Esto también ya era habitual, aquél era Mauricio, un joven de diecinueve años quien adoraba a la mujer años mayor que él. La admiraba por su obvia belleza desde hacía tiempo, se hacía una chaqueta en su honor cada vez que se iba a la cama luego de verla. A sus años el joven increíblemente no tenía novia, esto se debía a que Martha, su madre, era muy posesiva con él y no se lo permitía. Lo tenía controlado como si aún fuera un niño. Siendo su único hijo lo celaba demasiado, y si en lo material era mezquina lo era más con su hijo, su “posesión” más valiosa.

    Un día, no obstante, Martha dio pie a algo que pondría en riesgo justamente aquello que más cuidaba, pero claro, ella no podría habérselo imaginado. Le ordenó a su hijo que se encargara de cobrar las rentas de uno de sus edificios de departamentos, según ella ya era hora de que el joven se hiciera responsable y supiera exigir los pagos a los inquilinos. El chico como siempre obedeció.

    “Buenos días, soy el hijo de Doña Martha, vengo por la renta”, le dijo Mauricio a Carolina, una de las dos mujeres que vivían en aquel departamento.

    “Ah claro, recibí la llamada de tu mamá, me dijo que tú cobrarías este mes, permíteme”, le respondió Carolina y fue a buscar el dinero.

    Como aquella dejó la puerta abierta, al joven se le aceleró el ritmo cardiaco, pues vio pasar, en prendas muy ligeras, al amor de su vida, Nila, quien era la roommate de Carolina.

    El impacto en el rostro del chico fue evidente. Ella era aún más bella así de cerca; estaba a tan sólo unos pasos y casi podía apreciar su aroma.

    Dada su falta de experiencia con las mujeres, el sólo hecho de estar tan cerca de la instigadora de sus chaquetas, quien le obsesionaba, le provocó un engrosamiento en la extremidad que le colgaba de su entrepierna. De pronto sintió y tomó consciencia del hecho pues su ajustado pantalón lo hacía aún más evidente, pero como no llevaba nada con qué cubrirse hizo lo que pudo con sus manos.

    Para colmo de males justo en ese momento Nila se percató del muchacho y le sonrió a manera de cordial saludo. Aquél se sonrojó.

    Cuando regresó Caro y le entregó el pago, notó la erección que el joven había estado cubriendo pues la destapó al recibir el dinero.

    La expresión en el rostro de Carolina lo dijo todo.

    El pobre chico no supo qué decir ni cómo disculparse.

    Carolina volvió su vista a su amiga y entendió que aquella había sido la motivación para que el joven reaccionara de esa manera.

    Mauricio, sin decir nada más, se fue.

    Carolina cerró la puerta riendo y luego se dirigió a Nila.

    “Ay amiga, cómo eres, mira lo que le provocaste al hijo de la casera”

    “Ah, pero él es el tan mentado hijo de Doña Martha, pensé que sería más chico”, comentó Nila.

    “Sí, él es el heredero. Es su único hijo, bueno, eso me han dicho. Él es quien va a heredar su fortuna de la vieja esa”

    Fue en ese momento en que Nila tuvo una inspiración. Era la oportunidad que tanto deseaba. Nila vislumbró la manera de dejar el sexoservicio.

    Sin ponerse otra prenda más que su ropa interior que vestía, Nila fue tras él. Por suerte, con su erección, el joven no había caminado muy rápido y logró alcanzarlo antes de que dejara el edificio.

    “Oye, ven, sube. Mi amiga y yo necesitamos de tu ayuda”, le dijo. No fue nada difícil convencer a Mauricio de que la acompañara de nuevo al departamento, pese a la vergüenza pasada.

    “¿Cómo te llamas?”, le inquirió Nila al joven que esta vez no se quedaba en el umbral sino que ingresaba al interior. Ella cerró la puerta tras de aquél.

    “Mau-mauricio”, respondió nervioso.

    “Bien pues mira Mauricio, a mi amiga la dejó plantada su novio (aquí Nila le dirigió una mirada cómplice a Carolina tratándole de indicar que le siguiera el juego), y ¿sabes?, mi amiga es muy caliente y necesita hombre”

    Oír aquellas palabras le provocaron unas palpitaciones aún más fuertes que antes al núbil muchacho.

    “¿Tú crees que nos puedas ayudar?”

    Mauricio negó con la cabeza. No sabía si todo se trataba de una pesada broma o qué.

    “Es que si no recibe sexo le puede pasar algo grave ¿me comprendes?”

    Como Mauricio volteó a ver a Caro ésta le siguió el juego a su amiga y se metió las manos bajo el vestido para bajar sus calzones, así sus manos dieron con su raja desnuda la cual expuso ante los ojos desorbitados del chavo. Mauricio atestiguó como la mujer se dedeaba a sí misma con exagerada lujuria haciendo movimientos pélvicos tan repetitivos y exasperados que el chico creyó que lo que había escuchado era verdad.

    Carolina le puso más enjundia a su actuación y, al ver por vez primera una expresión de éxtasis sexual en el rostro de una mujer, Mauricio se le erectó al máximo su hombría. Estaba en su punto, listo para actuar como un hombre por primera vez en su vida. Ellas lo sabían.

    “¿Ya se te puso dura?”, le preguntó Nila, a la vez que ella misma lo comprobaba mediante un apretón de mano que hizo sobre el evidente abultamiento en el pantalón del chico.

    Era demasiado, la primera vez que alguien le tomaba de su verga. Sin embargo aún siguió enterito.

    “¿Me lo enseñas? Quiero conocerlo”, le dijo Nila.

    Él con cierta torpeza; era su primera vez y estaba alterado; se desabotonó el pantalón y se abrió la bragueta. Una vez al aire Nila lo tomó a palma abierta. Estaba que babeaba por tanta excitación y ella embarró aquel líquido lubricante por todo el fuste.

    Aproximándose de tal forma que su boca quedaba bien cerca del oído del chico le dijo: “Lo tienes grueso y grande. ¿Me lo prestas?”, y dicho esto lo tiró del miembro como si de una rienda se tratara y él fuera un potro que fuera conducido por su dueña y futura jinete. Nila lo fue llevando así hasta la recámara donde la cama aguardaba a lo que vendría.

    El rostro de Mauricio estaba en éxtasis, nunca se había sentido tan caliente y a la vez tan reconfortado en su calentura, y es que estaba siendo mamado por la boca de Carolina, una experta al igual que Nila en las artes sexuales.

    Mientras tanto Nila se retiraba las únicas prendas que la habían estado cubriendo, sus pantaletas y su sostén. Mauricio la contempló y admiró al natural.

    El panorama era increíble. Los senos eran hermosos, se adivinaban suaves al tacto; con areolas apenas definidas pues eran casi tan claras como la piel que las rodeaba; pero aquellas caderas, ¡esas nalgas!, eran lo máximo. Bueno, aún no las había visto bien pues la mujer estaba de frente a él, pero las podía mirar gracias al espejo del tocador que estaba detrás de Nila, y ya podía notarse que eran un par de imponentes gajos de carne bien formados. Y no sólo imponían por su tamaño; volumen bastante considerable; sino su delicada forma y buena tonificación lo que los hacían bellísimos.

    Viendo a aquella dama del placer, y siendo mamado por la otra quien además lo manueleaba con ansias locas, le fue inevitable llegar al punto del derrame.

    “¡Ah… voy a…!”, emitió, pero sus espermas llegaron más pronto que sus palabras.

    Mauricio se le había venido en toda la boca a Carolina y ésta, una vez lo tuvo dentro, jugó con su semen como si de enjuague bucal se tratara. El joven miraba aquello con atención ya que era la primera vez que lo veía, una mujer con la venida de un hombre en su boca. Él no sabía que iba a hacer aquella, ¿se lo iba a tragar?, ¿lo escupiría?

    Unos segundos más tarde lo supo. Carolina se incorporó, dejando la cama, para acercarse a su compañera de departamento a quien besó transmitiéndole en el acto el esperma del chico.

    Ver a Nila hacer eso fue superlativo, y más cuando ella le sonrió. La mujer que tanto deseaba tenía su simiente en la boca y él ni siquiera la había penetrado.

    Aún con el producto del joven dentro de sus mejillas fue hacia él avanzando a gatas sobre la cama. Sin darle tiempo de reflexión así mismo lo besó. Fue la primera vez que Mauricio probara el sabor de su propia esperma y no le asqueó, dada la calidad de la transmisora.

    Siendo toda una maestra en ello, Nila fue conduciendo al chico por los caminos del placer.

    “Ya estoy bien mojadita mi amor, ya es hora, ya dámela”, le dijo acariciándolo del cabello como si de un cachorro se tratara.

    Mauricio siguiendo sus indicaciones le había estado lamiendo su “pepa” con el fin de darle placer y a la vez lubricarla para su prometido ingreso. Se le despegó sonriendo (obviamente teniendo en cuenta lo que vendría).

    Carolina como única espectadora, miraba a la pareja sentada frente al tocador.

    “Bájate más”, tuvo que indicarle Nila, pues dada la inexperiencia del muchacho no había apuntado bien al acceso femenino. Ella lo recibía recostada, con las piernas abiertas y flexionadas, una pose convencional y sencilla para que él no tuviera problemas durante su primer ingreso. Una vez halló camino el pene de Mauricio resbaló por primera vez en una vagina, inaugurando así su desempeño sexual. A pesar de ser su vez primera el chico se mantuvo en ese mete y saque instintivo por bastante tiempo. Nila lo animada llamándole “cogelón”.

    Esa no sería más que la primera de otras ocasiones que “educaría” al joven en el ámbito sexual.

    “Esta es mi posición favorita”, mientras se le montaba a manera de vaquerita invertida.

    Ella bien sabía que así lo excitaría demasiado pues sus nalgas quedaban ante su vista y al alcance de sus manos.

    “Válgame Dios”, pareció decir Mauricio por la expresión de su mirada, mientras veía como entraba su propia hombría a través del canal femenino. Y es que el panorama ante él expuesto era aún más placentero que el la vez anterior. Esas tremendas nalgas se veían hermosas y estaban ahí delante, sobre él, subiendo y bajando, subiendo y bajando, en un movimiento hipnotizador que de sólo verlo provocaba el mayor de los deleites; adicionalmente sentía el delicioso estrechamiento de las paredes interiores de su montadora, y ya novia, Nila.

    Según ella ya eran novios lo que a Mauricio le hacía la felicidad. Él no era uno de esos que sólo se la querían coger, la quería para esposa y madre de sus hijos. Dada su inexperiencia e ingenuidad no podía verla de otra forma.

    “Son estupendas”, dijo Mauricio mientras se asía de las enormes mejillas traseras que le eran inabarcables.

    La dama que lo montaba sonreía pues bien sabía que lo tenía donde lo quería. Lo siguiente fue colocarle aquellos dos mofletes de carne encima del rostro del cual no se levantaba sino hasta casi ahogarlo.

    La asfixia sentida era el mayor de los éxtasis para el joven imberbe quien apenas librado de aquello deseaba más.

    Nila lo tenía dominado y era momento de dar el siguiente paso.

    “Creo que es hora de que me presentes con tu mamá”, le dijo.

    Y por supuesto que Mauricio, completamente obsesionado por aquella “dama” estuvo de acuerdo. Una noche llevó a Nila a casa con el objetivo de presentarla a su madre.

    “Mamá, quiero presentarte a Nila, mi novia”, le dijo el ingenuo muchacho a su progenitora quien no podía creer que su hijo fuera tan…

    Pero el joven estaba tan ilusionado de que Nila fuese su esposa que no podía ver lo obvio, su madre jamás lo consentiría. Nila sin embargo sonreía. Ella bien lo sabía, conocía bastante la naturaleza humana como para darse cuenta de que Martha, una mujer posesiva, avara, la dueña de aquellos edificios, y de una considerable fortuna; ella jamás aceptaría entregar a su único hijo a una…

    “¡Bueno tú estás pendejo o qué!”, descargó Martha sobre su hijo como si éste no pudiera ver lo obvio. Luego se le fue directamente a ella:

    “¡Te me largas de esta casa!”, le gritó la enojada señora a la mujer evidentemente generosa de carnes que le había traído su hijo.

    Martha, por supuesto, había estallado de coraje. Mauricio, por su parte, defendió a la mujer de sus sueños, aquella a quien deseaba para madre de sus hijos.

    “Si así la corres me voy con ella”, amenazó en un arrebato el muchacho.

    “Espera Mauricio —le dijo Nila al chico deteniéndolo, y luego se dirigió a la madre—. Señora, por favor, permítame unas palabras a solas y luego le prometo retirarme de aquí sin ningún escándalo”

    La señora, considerando unos segundos la situación, sabía que corría el riesgo de que su hijo hiciera una tontería largándose con esa cualquiera, aceptó. Ella se sabía mucho para enfrentarse a una facilona como aquella.

    “Mire, su hijo me quiere, está enamorado”, había comenzado Nila.

    “¿Bueno y tú qué quieres? ¿Quién eres, a qué te dedicas…?”, correspondió Martha.

    “Soy de oficio Golfa”

    Martha quedó impactada por el descaro, como bien había pretendido Nila.

    “¡Pero ¿cómo…?! ¡Cómo te atreves a…!”

    “Mire señora, como ya le dije, Mauricio, su hijo, está enamorado de mí y, créame, a pesar de mi oficio él me seguirá a donde yo vaya. Y estoy dispuesta, de hecho, a irme de aquí, así que considere, me puedo ir sin que él se entere y él nunca sabrá nada más de mí, o me lo llevo conmigo, usted decide”, Nila extendía la premisa de su propuesta.

    Martha lo entendió, la mujer la estaba chantajeando, ella sólo quería dinero. Era momento de decidir que le pesaba más perder: una cuantiosa cantidad, o a su bien más preciado, su hijo.

    “Todo está arreglado Mauricio”, sorpresivamente escuchó el muchacho, unos momentos más tarde de boca de aquella a quien amaba cuando ésta salió.

    Tras un beso de despedida Nila le dijo que al día siguiente se verían, cosa que no sucedió por supuesto. Carolina y Nila se mudaron inmediatamente, según lo prometido. Mauricio quedó abatido gracias a la decisión de su madre, ella había pagado por ello.

    Con el dinero recibido Nila emprendió un negocio de edecanes mediante el cual no sólo se retiró del sexoservicio sino que conoció a un rico empresario con quien se casó. No obstante aquel joven le caló de tal forma que, de vez en cuando, se levantaba a un jovencillo de similares características con fin de saciarse de esa necesidad.

    “Lo que te propongo es esto, si aguantas la respiración y mi peso hasta que yo diga y sin protestas, podrás penetrarme. ¿Estás de acuerdo?”, le decía Nila al joven que ya tenía debajo, pues ella estaba de cuclillas con el culo a sólo unos centímetros del rostro de aquél. Ella estaba dispuesta a sentarse sobre él.

    El chico quien veía con ojos muy abiertos esas tremendas mejillas situadas arriba, las cuales amenazaban con precipitarse hacia él, respiró agitadamente y con notable nerviosismo y excitación aceptó el trato. Nila con aires de gran señora se sentó entonces, dejando reposar esas tremendas nalgas que poseía en la cara del pobre que las cargaba con el rostro.

    La cara del joven era notablemente más chica que ese trasero que se le había sentado encima. Tal como cuando Nila acudía a un inodoro aquel par de cachetes sobresalían de los bordes. Ver aquello daba la impresión de que el rostro del joven estaba siendo tragado por el amplio trasero de aquella hermosa mujer.

    Sin miedo a asfixiarlo, o provocarle algún daño físico por obligarle a cargar todo su peso con la cara, Nila permaneció muy oronda sentada sobre él mientras recordaba a Mauricio, aquel chico quien la amó y quien hubiese dado todo (bien lo sabía) por hacerla madre de sus hijos, sin importarle que hubiese sido sexoservidora.

    FIN

  • El móvil dentro de mi vagina y una tarde de sexo con Roberto

    El móvil dentro de mi vagina y una tarde de sexo con Roberto

    Las risas se agolpaban en la mesa del comedor cuando aparecí con lo que iba a ser un pavo bien asado y en vez de eso presentaba una especie de pájaro carbonizado, Óscar, mi marido, a pesar de las risas intentaba disculparme echándole la culpa al horno. Fue la última cena que todos compartimos juntos antes de que terminara el verano y empezaran las clases, Óscar, su hermana Carmen, mi mejor amiga, Sergio su esposo y el benjamín de la casa el hermano pequeño de Óscar y Carmen, Roberto, que había cumplido los 20 años y en su segundo año de universitario me iba a tener como profesora en una de sus asignaturas.

    Al final unas pizzas a domicilio fueron la cena mientras las marinábamos con el vino tan caro que Carmen había traído para la ocasión y al final de la cena mientras los chicos se entretenían con el fútbol, Carmen y yo hablábamos en la cocina con una copa de vino en las manos, las dos un poco desinhibidas por aquel exquisito zumo convertido en vino que parecía que no se subía a la cabeza, Carmen me contaba su última locura.

    – Que si, Lara, que te juro que es tremendo, te lo pasas genial.

    – Pero tía, es una guarrada.

    – Pues lo limpias antes tonta.

    – Ya, y después no jajaja.

    Carmen, me contaba que un día se le ocurrió meterse su móvil solo con el vibrador dentro de su vagina y le hacía sonar y sonar llamándose continuamente, que incluso salió a dar una vuelta con Sergio y cuando la llamaban se ponía muy cachonda y nada más llegar a casa el polvo que hecho fue el mejor de su vida. Carmen me pedía el móvil para ver cuanto me vibraba, la verdad que nunca utilice esa opción, pero cuando la pusimos, las dos nos miramos y nos echamos a reír fue entonces cuando Carmen me dijo “tía déjamelo”, las dos estábamos muertas de la risa, prácticamente llorando, lo que despertó el interés de los chicos por aquellas risas.

    – De que os reís chicas.

    – De nada, jajaja, de nada.

    – Venga contarnos el chiste.

    – Jajaja de nada, solo de la intensidad que le vibra el móvil a Lara jajaja.

    Los tres nos miraban como a bichos raros y siguieron pegados al televisor viendo el fútbol al darnos por imposibles.

    No había pasado más que un mes de aquella conversación cuando Carmen, me pregunto si lo había probado ya y que si no, no sabía lo que me estaba perdiendo. Así que me decidí aquella tarde aprovechando que estaba sola, me baje las bragas hasta las rodillas y medio tumbada en el sillón metí el móvil en mi vagina y lo hice sonar llamándome con otro teléfono, la primera vez apenas notaba nada hasta que el teléfono seguía y seguía vibrando en mi interior y poco a poco notaba como un placer me llenaba por dentro, como me iba mojando cada vez más y el móvil se iba deslizando fuera de mí teniéndolo que meter una vez más con mi mano.

    Estaba tremendamente mojada, con mis dedos acariciando mi clítoris y con la otra sujetaba el teléfono fijo llamándome de vez en cuando, Carmen tenía razón, me estaba volviendo loca, me estaba masturbando con el teléfono móvil y sentía que iba a estallar en un pequeño orgasmo cuando la puerta de casa se abrió de repente y Óscar entro. Me había subido las bragas de prisa y corriendo, dejándome el teléfono dentro de mi vagina, quería ir al servicio, a la habitación, a algún sitio para quitármelo, pero ese día Óscar había llegado con ganas de hablar y prácticamente me secuestro allí en el salón durante más de una hora contándome lo que había sucedido en el trabajo.

    Una hora en la que recibí tres llamadas, en la que mi cara cambiaba por completo mordiéndome los labios, cruzándome de piernas y tapándome la cara, fue algo glorioso, esas palabras fueron las que utilice cuando se lo contaba a Carmen, mientras se meaba de la risa.

    – Al final me corrí delante de tu hermano sin que este se percatara de nada, hay a veces que es más pánfilo que me gustaría devolvértelo.

    – Jajaja, a mí no que ya lo soporte mucho tiempo, ahora te toca a ti querida.

    – Jajaja. – Las dos estábamos muertas de la risa.

    Después de aquella experiencia, me arriesgue un día a metérmelo nuevamente e ir con él a clase, por regla general un día laborable no me llamaban mucho, pero si lo hacían por lo menos durante un ratito me iban a hacer un favor. Llego la media mañana y no había recibido ninguna llamada hasta que estando en clase, en la clase en la que estaba Roberto mi cuñado, mi semblante cambio por completo mientras que estaba explicando a los chicos un problema, el móvil sonaba y sonaba insistentemente y tuve que sentarme cruzándome de piernas.

    Mi voz se iba debilitando por momentos, no había tenido en cuenta que realmente esta opción podría llegar a pasar, los chicos se daban cuenta de que algo me estaba pasando, pero no sabía que, nadie salvo Roberto que por casualidad escucho a su hermana contarme lo del teléfono y recordando aquella conversación supo que era posible que yo la hubiera puesto en práctica. Por fin el teléfono dejo de vibrar y por fin aunque con las bragas totalmente empapadas, mis pezones muy excitados y queriéndomelos tapar, me puse nuevamente de pie para proseguir con la explicación.

    Nuevamente el móvil empezó a moverse en mi interior, nuevamente no paraba y era más insistente que antes, al final di por acabada la explicación y casi por terminada la clase cuando vi a Roberto con el móvil en la mano, tremendamente excitada le miraba fijamente mientras los demás pasaban los apuntes de la pizarra, no sé por qué, pero sabía que era el quien me llamaba, de un modo u otro sabía lo del móvil y me estaba haciendo perder los papeles, mordiéndome los labios, cruzada de piernas sentía como el móvil vibraba y se metía más en mi vagina, penetrándome como una pene, pero sin salir, estaba al borde de explotar cuando termino la clase y Roberto me miraba sonriéndome.

    Mientras todos salían pedí a Roberto que se quedara y con voz firme le dije que parara, él sabía muy bien por qué lo decía, pero en ese momento estaba yo tan excitada que una llamada más, tan solo una más…

    No habían pasado ni 15 minutos y en una habitación de hotel cercano a la facultad, estábamos los dos desnudos encima de la cama, yo estaba saboreando la polla de mi cuñado Roberto, metiéndomela poco a poco en mi boca mientras que mis manos bajaban y subían por ese tremendo tronco que tenía, salivándolo para que mis manos resbalaran por él y con su polla continuamente entrando y saliendo de mi boca, lamiendo y mordiéndole con mis labios su glande, no me podía creer que le estuviera haciendo una mamada a mi cuñado, pero me había puesto tan caliente que se merecía un premio, aparte Óscar esa tarde se quedaría a trabajar hasta tarde y luego se iban de cena, así que yo no tendría a nadie que me aliviase en casa.

    Roberto gemía de placer cuando su polla desaparecía dentro de mi boca, pero iba a tener algo más que ese premio, lo tumbe boca arriba y gatee por el hasta poner mi vagina en su boca, me empezó a lamer mis labios y mi clítoris, con movimientos circulares su lengua me iba recorriendo entera mi vulva, la sentía tan activa y deliciosa que estaba empezando a beber de mi néctar, metiéndome su lengua en mi vagina mientras me cogía y me rodeaba con sus brazos mis muslos, yo no podía más que mover mi pelvis hacia uno y otro lado, agarrándome con las manos los pechos, enredándome la melena y cogiéndome del cabecero de la cama a la vez que gemía, que lengua tenía Roberto, que movimiento, con que acierto se posaba allí donde yo la requería, aquel regalo que yo le hice, pero que él me devolvió con creces antes de que me la metiera, Roberto termino por agarrarme de los glúteos apretando mi sexo contra su boca metiéndome muy profundamente su legua a la vez que su nariz rozaba continuamente contra mi clítoris.

    No le había dejado levantarse, me había dado la vuelta mirando ahora hacia sus pies y cabalgando sobre él, su polla entraba y salía de mi vagina a la vez que mi cuerpo subía y bajaba, teníamos un enorme espejo enfrente de nosotros y miraba como su polla desaparecía en mi coño una y otra vez, como mi semblante había terminado por entornar los ojos, por tener la boca continuamente abierta mientras respiraba y jadeaba, su polla se ocultaba en mi interior regalándomelo el placer del que Carmen me había hablado, echando mis manos hacia atrás me incline y Roberto empezó a cogerme de los pechos, mi pelvis empujaba su polla dentro de mí, con movimientos rotativos la empujaba casi sin salir de mi vagina, rozándonos los sexos desnudos más y más en mi interior piel contra piel, su glande a la vanguardia liberando el placer de cada centímetro de mi vagina rosada húmeda y mojada.

    No podía más, el aguante de Roberto me estaba sorprendiendo, metiéndome su polla una y otra vez, notaba que algo ya cambiaba en él, sus manos dejaron de acariciar mi pecho y me había cogido de las caderas para moverse conmigo, en mi interior también había algo que presagiaba que llegaba al final, mis músculos se tensaban y empezaba a tener pequeños escalofríos y espasmos, me eché hacia delante cogiéndole de los pies, tumbada sobre sus piernas y mirando fijamente al espejo y empecé a presionar mi vagina contra su polla para metérmela más en mi interior, empezaba a gritar, a gemir fuertemente y los dos acompasábamos nuestros movimientos con el sonido de nuestros sexos al entrar y salir, con los muelles de la cama que empezaban a sonar, hasta que sentí como Roberto explotaba en una tremenda erupción, lanzando contra mí, en mi interior chorros de su semen que iban llenando mi vagina, semen que empezó a ser barrido por mi flujo cuando literalmente inundo mi vagina, entonces si hubo música, la música del placer, gemidos y gritos se entrelazaban como lenguas de fuego.

    Intente darme la vuelta con su pene dentro de mí para besarle, quería verle la cara, tumbarme a su lado recostar mi cabeza sobre su pecho sudoroso y descansar mientras jugaba con mis dedos dibujando su cuerpo, levantando y soltando su pene que ahora parecía muerto y digo parecía porque una vez más mi sorpresa fue mayúscula cuando la sentí tan grande y tan dura como antes.

    – Roberto, ¿y esto?

    – Ya ves, Lara, tú que la excitas.

    – Claro la culpa mía no, jajaja.

    – Tú lo has dicho, pero la pregunta mi querida profesora es, ¿y ahora que?

    – A mí se me ocurre una forma de aliviarte ese dolor ¿y a ti?

    – Lara, a mí varios, a mi varios.

    – Pues a que esperas, yo ahora soy tu alumna, ilústrame.

    Me cogió por sorpresa y me tumbo boca arriba poniéndose Roberto encima de mí abriéndome las piernas con las suyas, me besaba continuamente mi cuello, mis labios y terminamos en un beso profundamente apasionado cuando su glande encontraba la entrada de mi vagina y se metía deslizándose despacio y en silencio hacia el interior, subí con ímpetu mi pelvis apoyando mis pies con fuerza en la cama para que me penetrara más adentro a la vez que exhalaba aire con un gemido delicioso, haciendo que se pusiera él a cuatro patas sin poderse tumbar sobre mí, empecé a bajar y subir mi pelvis metiendo ya sacando su polla de mi vagina tremendamente húmeda y mojada, de manera juguetona me movía arriba y abajo, un juego que duro un rato teniéndole a mi merced, teniéndole parado y siendo yo quien se movía para que su pene me fuera penetrando.

    Roberto me miraba fijamente, nuestros besos, nuestras muecas de placer, nuestro deseo, mi deseo porque me follara no tenía fin, pero el del tampoco, yo había empezado, pero él lo iba a terminar, haciendo fuerza con su cuerpo termino por tumbarme por completo en la cama, y aprovechando que mis piernas estaban flexionadas me subió primero una y luego la otra sobre sus hombros, con mis talones sobre ellos, mis piernas plegadas sobre mis pechos, Roberto tumbado sobre mí, pero elevando su torso casi de rodillas con sus manos extendidas sobre la cama a ambos lados de mi cuerpo, me penetraba de una manera especialmente profunda, teniendo mi vagina extra lubricada por la excitación del juego de antes, empezaba a sacarme los gritos más profundos y altos de la tarde.

    Las sensaciones que estaba teniendo de placer excedían a las que antes había tenido, a las que siempre había tenido, me la estaba metiendo de tal manera que mi cuerpo entero temblaba antes incluso de tener un orgasmo, nunca me habían follado así, nunca había sentido tanto placer cuando me penetraban, la sentía entrar y salir envuelta en mis flujos, empapada de mis jugos que ya chorreaban por mi vagina, apretaba las sabanas con mis manos fuertemente, moviendo mi cabeza gritando a diestro y siniestro, sentía como se me escapaba sin remisión todo el placer que tenía acumulado en cada penetración hasta que empecé a correrme, un orgasmo que no fue uno sino varios seguidos.

    Roberto gemía, gritaba conmigo cuando empezó a eyacular dentro de mí, disparando su semen a gran velocidad contra mí, sintiéndole tan dentro que me estaba provocando otro orgasmo, no podía ni hablar, casi ni respiraba, inhalando profundamente aire por la boca para exhalarlo despacio todo esto en forma de gemidos y gritos, su cara de gozo y de placer era un reflejo a la mía, más de un minuto de orgasmos, más de un minuto cuando él rendido cayó sobre mi cuerpo cuando mis piernas se abrieron a él y nuestros cuerpos sudorosos se unían en un baile, cuando nuestras lenguas se entrelazaban como una sola, Roberto me acababa de regalar el orgasmo más genial de mi vida.

    Los dos caímos en un pequeño sueño, me puse de lado hecho un pequeño ovillo con mis piernas, mis ojos se habían cerrado un momento con Roberto abrazándome por la espalda, sintiendo su respiración, amoldándose a mi cuerpo. Un momento dije, pero cuando abrí los ojos habían pasado dos horas, cuando abrí los ojos fue porque note como Roberto intentaba metérmela por detrás de mí, tenía su pene a las puertas de mi vagina, entrando y saliendo de ella tan solo unos centímetros.

    – Perdona, Lara, al despertarme sin querer se ha metido, ¿te he despertado?

    – ¿Sin querer? Mmm. Sin querer te voy a dar yo sin vergüenza mmm.

    – Te ha molestado.

    – Me hubiera molestado que no lo hicieras.

    – Te gusta

    – Me encanta que me la metas Roberto mmm, y ahora sigue, mmm sigue así.

    – ¿Sabes?

    – Di… mmm dime aaahhh.

    – Me alegré de que decidieras meterte el móvil en tu coño.

    – Y a mí que lo supieras.

    – ¿Qué se siente?

    – Gozo, placer, no sé explicarte, pero mmm calla y fóllame, calla y fóllame.

    Fue decirle eso y de un empujón me la metió entera, una vez más la sentía dentro de mí, su mano se turnaba apoyándose en mi cadera mientras que me penetraba, en mis pechos acariciando mi pezón, una vez más Roberto me hizo sentir tanto que una vez más mis gemidos volaban por la habitación, que mi pierna se elevará, flexionándola por detrás de el para que la pudiera meter más profundamente, nuevamente nuestros besos, nuestros labios no descansaban gimiéndonos el uno al otro con nuestro aliento en nuestros labios, su semen, una vez más navegaba por los restos de mi flujo que ya me había inundado la vagina.

    Era tarde, ya había anochecido cuando entre en casa, cuando me duchaba me iba acariciando el cuerpo, recorriendo y recordando donde él me había besado, pasándome las manos por mi sexo donde él me había penetrado, sintiendo todavía su semen en mi interior. Cuando llego Óscar venía con ganas de sexo esa noche, pero a mí me dolía la cabeza, la cabeza no era sol el pretexto, esa noche quería dormir solo con él dentro de mí, quería recordar cada momento con él.

    Contigo… Roberto.

  • Playa y sexo

    Playa y sexo

    Es verano y esta vez estamos junto al mar, con algunas cervezas en el cuerpo y el color propio del sol. Aunque le incomoda un poco el calor y el sudor, él es más de frio y montaña, las bragas de los bikinis, las chicas jugando vóley en la arena y los toples, lo convencieron de disfrutar de la brisa y las olas…

    Pedazo a pedazo hago fotografías mentales de su cuerpo. Flash: cabello castaño, cejas perfectas, pestañas largas, candonga en la oreja. Flash: boca suave y pequeña, barba gruesa, tatuaje en el cuello. Escuchábamos un poco de reggae, reggaetón, rap, salsa, nos reíamos de nuestras historias, por encima de las gafas, observaba con discreción a las chicas que se paseaban orgullosas de sus cuerpos, naturales, de ficción, pequeños, grandes, negros, blancos, canela, la diversidad de la naturaleza femenina… sus manos acariciaban mi espalda, piernas, nalgas, me aplicaba aceite para acentuar mi color canela.

    Le gustaba ver a las otras mujeres, las detallaba, se sorprendía y las admiraba, pero siempre regresaba su mirada hacia mí, mi braguita roja en medio de mis nalgas le hacia sonreír de manera especial.

    Ese día planeamos ir a la playa, divertirnos un poco entre cerveza y sol, jugar un poco dentro del mar, dejarnos llevar por las olas, reírnos cuando éramos arrasados, caminar y recolectar conchas, piedras, recuerdos.

    Estábamos los dos en medio de cuerpos bronceados, gafas que ocultaban miradas perversas, sensuales, tímidas, vestidos de baño de colores cubriendo pezones, senos pequeños, grandes, tatuajes y aretes, agua que refrescaba la lívido y lujuria, risas de complicidad, música y humo, éramos los dos rozándonos con los dedos, jugando a descubrirnos en medio de la gente, nos coqueteábamos con miradas, besos ligeros y apasionados, aceite en el cuerpo y deseo de follar en el aire.

    Por primera vez me deshice de mi sostén delante de muchas personas, por primera vez dejaba al descubierto mis pezones, grandes, rosados, con lunares e historias de dedos y mordiscos, mis senos talla 36, naturales, estaban al natural, sin nada que los sostuviera, los ocultara, como si fueran parte del paisaje.

    Una cerveza fría para los 38 grados que hacían, y un beso apasionado en medio de las olas para el calor de mi entrepierna. Nos encendimos poco a poco, jugábamos en las olas, mis brazos rodeaban su cuello, mis senos se estremecían en su pecho, mis ojos café oscuros y su mirada picara se reían de nuestras caricias en el agua, sus dedos tocaban mis nalgas y mi vagina estaba tan cerca de su hombría, que podía sentir cada erección.

    Mi lengua juguetona en medio de su boca y por su cuello, cada vez que pasaba mis labios por su oreja, el apretaba con sus manos todo mi culo, mis manos acariciaban su pelo y mis piernas se enredaban con las suyas y de repente, sentí sus dedos dentro de mi, llegaron a mi culo con la frescura del mar y el calor de su cuerpo, oh su cuerpo, bronceado, dorado, músculos dibujados y firmes, tatuajes que resaltaban en su figura canela por el sol y yo estaba ahí, en medio del mar, sintiendo sus dedos penetrarme con tanta sutileza y sensualidad, que lanzaba pequeños gemidos para que no nos descubrieran y así, quedarnos otros minutos debajo del agua, ahogando las ganas de comernos.

    Baje mi mano a su pene, lo toque, lo saque de su bañador, lo manoseaba, lo frotaba con mi abdomen, mi vagina, las olas nos empujaban, nos movían y cada vez, era más excitante estar en el mar a punto de correrme…

    Nos besamos apasionadamente, jugando con las lenguas, mordiendo los labios, respirando cada vez más rápido, las manos entrelazadas, los cuerpos calientes, pequeños pellizcos en mis pezones, dedos en el interior, buscando la zona para hacerme correr, cada vez más cerca, estaba mojada y no era el agua del mar, estaba mojada de ganas, me subí en su cadera, el busco la posición para penetrarme, me lo hundió profundamente y me vine, como un estadillo, como una ola feroz, sentí mi vagina palpitar, apretar su hombría… acaricié su cabello, nos vimos a los ojos, sonreímos y seguimos jugando con el mar.

  • El revivir de mi hermana

    El revivir de mi hermana

    Mi hermana y yo, nos casamos el mismo año, yo con 25 y ella con 22. Sinceramente nunca entendí por qué siendo una mujer tan bella se había casado tan joven y con su primer y único novio. Ella misma me contó después que hasta que se casó no habían tenido relaciones.

    Mi matrimonio duró solo dos años, el de ella cuatro. Somos de un pueblo de la provincia de Santa Fe. Apenas separado me vine a vivir a Buenos Aires. Vivo en una casa en el norte de Buenos Aires, Gracias a Dios me va muy bien laboralmente, por lo que pude comprar una casa con cuatro dormitorios, pileta y buen parque.

    Muchos me criticarán pero no deseo tener hijos, y normalmente siempre tengo alguna mujer para compartir la cama de vez en cuando. NSA, Relaciones sin ataduras.

    Ella en cambio, permaneció en el pueblo, con un trabajo rutinario en un comercio, que con suerte le permitía mantener a una hija que nació casi un año después del casamiento.

    Como yo viajaba poco al pueblo, casi no la vi crecer, la última vez solo tenía trece años y era una niña aún sin desarrollar.

    Hace pocas semanas me llamó, preguntando si sabía de algún trabajo porque la Mariel, la hija quería estudiar una carrera en Buenos Aires, y ella prefería venir con ella y acompañarla, de paso no tendría que mantener dos casas, cosa que le era imposible.

    Yo: Mira, está muy jorobado por acá, no hay muchos trabajos, no todos pagan lo justo y en blanco. Y para buscar uno tendrías que estar acá porque las vas a tener varias entrevistas seguro.

    H: el problema Martín es que no puedo, si dejo de trabajar para ir a buscar trabajo nos quedamos sin comer. Bueno, tendrá que estudiar algo en Rosario que puede ir y venir en el día, o hacer como yo, quedarse en el pueblo.

    Yo: Vos tenés vacaciones para tomarte:

    H: Si, tengo 30 días

    Yo: Te ofrezco algo, por qué no se vienen las dos, que hace tanto que no nos vemos y te tomas ese mes para buscar trabajo

    H: te agradezco, pero no puedo aceptarlo, vos estás acostumbrado a vivir solo, tranquilo, no quiero alterar tu vida.

    Yo: Lilian, te lo ofrezco de corazón. Acá van a tener un cuarto para cada una, pileta, y comida, no van a gastar nada. Y vos vas a poder buscar trabajo.

    H: bueno, hablo en el trabajo y vamos para allá.

    A la semana estaban en casa. Llegaron un viernes a la tarde. Mi hermana ya tenía 44 años, pero un cuerpo fenomenal, parecía de menos de treinta, hermosos pechos, una cola tremenda. Mi sobrina, seguía sus pasos, si uno no se fijaba bien, parecían hermanas.

    Se acomodaron, el sábado y domingo lo aprovechamos para charlar. A veces al lado de la pileta, otras en la cocina, Una tarde que Mariel, la hija, estaba en el dormitorio mirando TV, le pregunté:

    Yo: Lilian, como después de tanto tiempo no has formado otra pareja? Eres una mujer bellísima.

    H: sabes que pasa, en el pueblo nos conocemos todos, sabemos las historias personales y yo no tenía ganas de enroscarme con algunos, otros estaban separados y con dramas. Fueron pasando los años y quedé sola.

    Yo: Pero con ese cuerpo debes haber tenido tus buenas aventuras

    H: Matías, como me hablas así,

    Yo: Despertate, estas en el siglo 21, cambió todo. En el pueblo pueden seguir en el pasado pero acá, cambió todo. Hablar de sexo, de las experiencias, de los gustos sexuales es lo más natural del mundo.

    H: a ver vos, tenés novia? Pareja como le dicen ahora?

    Yo: no solo NSA, por tu cara no sabes que es: Relaciones si ataduras. Cada uno por su lado, sin controles, sin celos. Cuando tenemos ganas nos vemos, vamos a la cama y listo.

    H: en serio hay mujeres que viven así.

    Yo: si y muchas más de las que te pensas.

    El lunes yo empecé mi semana laboral, salía temprano y volvía siempre después de las 19.

    Ella por su parte por la mañana salía a entregar curriculums en algunos avisos, volvía la tarde y cuando yo llegaba ya estaba preparando la comida.

    Normalmente en la cena, me contaba como le había ido, Mariel me contaba que había estado ordenando en la casa o limpiando y así transcurrió la semana hasta el viernes, que yo acostumbro volver al mediodía a casa.

    Cuando llegué dejé el auto afuera porque iba a volver a salir, entre a la casa y como no escuchaba ruidos fui al parque

    Madre e hija estaban con dos diminutas bikinis, los físicos eran espectaculares, ni un gramo de grasa.

    Cuando me vieron dieron un salto, se trataron de tapar con las toallas y les dije:

    Yo: pero que les pasa, por qué se tapan no soy un desconocido.

    H: es que me avergüenza que me veas así desvestida. Vas a creer que soy una de esas amigas tuyas.

    Yo: Dejate de joder. Vamos a tomar unos mates.

    Mariel subió al cuarto y Lilian y yo nos quedamos en la cocina

    Yo: Lilian, soy tu hermano, decime la verdad: desde que te separaste hace 18 años, estuviste con algún hombre

    H: no, dijo mirando hacia abajo con una mezcla de pena y vergüenza

    Y: 18 años sin una pija? Como podes?

    H: Martín soy tu hermana. Como podes ser tan grosero.

    Yo: Derpertate de una vez.

    Les avisé que esa noche salía, y cerca de las 21 h, partí con el auto.

    Fui al lugar donde nos encontramos amigas y amigos casi todos solos y de la misma edad, llegó “mi amiga”, tomamos unos tragos y fuimos para casa. Entramos por la cochera y directo al dormitorio

    Se notaba que estábamos los dos necesitados, porque nos empezamos a revolcar como animales en celo. Ella se prendió de mi pija y la empezó a preparar y lubricar, mientras yo jugaba con su clítoris y metía dedos en su vagina

    Siguió chupando un rato y de pronto, sin dejar de masturbarme se acercó a mi oído y me dijo “méteme un dedo en el culito”

    No hizo falta que me lo dijera otra vez ni que me explique que quería.

    Humedecí mis dedos en la concha y primero metí uno que he la hizo gemir. Cuando ya entraba y salía cómodo, metí el segundo. Intenté darla vuelta para penetrar su concha que ya rebalsaba pero no me dejó y me dijo: Mete el tercero, hoy la quiero por la colita, pero tu pija es gordita y larga, méteme el tercero porfa.

    Yo estaba enloquecido, metía y sacaba los dedos a toda velocidad. Ella se sentó hizo que agarrara sus pechos y los apriete y empezó a jugar con la cabeza de mi pija en su ano. Se incorporó un poco, metió la cabeza y me dijo: Pellízcame los pezones, hijo de puta, me vas a romper el culo. Cuando se los pellizqué se enterró los 21 centímetros de una, sus ojos parecían salirse de las orbitas, se le cerro la garganta de tal forma que el grito no pudo salir. Se quedó quieta unos segundos y empezó a cabalgar. Con las manos se habría el culo para que le entre toda, empezó a gemir más fuerte, cuando no gemía me decía que la estaba haciendo mierda, que le pegue en la cola, que le apriete las tetas.

    Cada vez iba subiendo más y más la voz. Empezó a tener orgasmos y a gritar: Hijo de puta, me destrozas, te gusta como te coge tu puta, Me estás haciendo mierda. En este punto debo decir que mi excitación estaba al máximo y me había olvidado que tenía visitas. De pronto siento que se abre la puerta y mi hermana solo atinó a decir Que, cuando vio a mi amiga ensartada por el culo y galopando. Cerró la puerta y nosotros terminamos a los gritos los dos. Nos acostamos, nos acurrucamos y nos dormimos.

    Por la mañana, antes de bajar a desayunar le di una camisa a mi amiga para que se tape algo. Yo bajé con una malla de baño lycra pero con piernas que me marcaba el bulto.

    Cuando llegamos a la cocina, presenté a mi amiga y mi hermana casi no levantaba la vista. Menos mi sobrina. Charlamos un rato, o lo que se pudo, mi amiga trataba de hablar con mi hermana pero ella contestaba con monosílabos. Cuando me levanté a buscar jugo a la heladera alcancé a ver como mi hermana y mi sobrina me miraban el bulto. Al rato mi amiga se pidió un Uber y se fue. Quedamos los tres en la cocina y mi hermana empezó

    H: Martín te voy a pedir que delante nuestro no traigas esas mujeres. Sobre todo delante de la nena.

    Yo: Lilian, no son esas mujeres, son mujeres que son amigas mías. Segundo esta es mi casa, tercero que vos seas una pelotuda que se niega a vivir la vida es tu problema, no el mío, a tus 44 tenés mejor físico que la chica que se fue que tiene 28 y por último la “nena” ya no es nena, es una mujer que tiene un cuerpo espectacular, y no es ninguna boluda.

    Se hizo un silencio profundo, seguimos tomando mates hasta que Mariel dijo:

    M: Mamá, sé que te vas a enojar, pero me alegro que el tío te lo haya dicho. Como él te dijo tenés un cuerpo bárbaro. Nunca te darían la edad que tenés. Sé que tenés necesidades porque soy mujer como vos. Y te he escuchado algunas noches gemir y te vi mover las manos bajo la sabana.

    Y yo también lo hago. Porque soy mujer y tengo deseos como tienen los hombres. Hasta ahora no me animaba a hablar, pero el tío me hizo dar cuenta con lo que dijo es que lo mejor es decírtelo

    Vos vivís en el pasado, extrañas a mi papa que anda de puta en puta y lo sabes. Ayer no te diste cuenta pero escuche cuando él te preguntaba si habías estado con otros hombre y le dijiste que no. Y me parece mal. Como dice la publicidad las mujeres cambiamos. Cambia. Por eso me quiero venir a Buenos Aires, porque no terminar como vos, frustrada y sola.

    Lilian se largó a llorar. Apoyo su brazos en la mesa, tomo su cabeza y lloraba desconsolada.

    H: nunca pensé que me hablarías así, sos mi hija.

    M: Mamá te amo, sos lo único que tengo en la vida, hasta ahora que conocí al tío. No quiero verte sola y amargada. Quiero verte feliz, quiero verte gozar la vida, y no me importa si te volteas uno, dos o tres por mes. Es tu tema. Yo lo entiendo al tío, él no quiere quilombos a esta altura de su vida, y quiere pasarla bien. Me parece fantástico. De la misma forma que piensa él hay mujeres. Preguntale al tío de que trabaja esa chica.

    Yo: es abogada en tribunales, no quiere nada serio para que no interfiera en su carrera.

    M: ves mamá, es otro estilo de vida, no son putas, solo que disfrutan el sexo a su manera.

    Lilian se quedó callada. Le hice una seña a Mariel para que no siga, cada uno fue a hacer algo y así pasó la mañana y el almuerzo. Cuando estaba por entrar a mi dormitorio, se acercó Lilian y me preguntó si podía hablar conmigo.

    Yo: si claro hermanita. Qué pasa?

    H: es que me doy cuenta que soy una boluda, que perdí muchos años de mi vida, que te tendría que haber seguido cuando me dijiste que te venías a la Capital. Ahora ya estoy grande y sola. Y lo peor es que mi hija me tiene que decir como debo vivir. Quiero pedirte perdón por como traté a tu amiga y por haberte juzgado.

    Yo: Lilian, no hay problema, todos nos equivocamos lo importante es remediarlo. Cambiar.

    Ella me abrazó u apoyo sus pechos contra mí, la escuchaba sollozar apoyada en mi hombro. Acaricie su espalda consolándola, y mi pija empezó a crecer. Y sobre mi cabeza la idea de tomarla. Cuando ella notó la excitación de mi pene quiso separarse, se lo impedí sosteniéndola de su espalda, le tomé la mano y la hice apoyar sobre mi pija, dos veces trató de sacarla pero al ver que se lo impedía empezó a acariciarla.

    Lentamente la introduje en el cuarto, y la fui desvistiendo.

    H: no por favor, está mal

    Y: a la edad que tenemos solo somos un hombre y una mujer.

    H: es que… Y la bese con fuerza, metí mi lengua y acariciaba su entre piernas por lo que comenzó a gemir.

    H: es que hace mucho…

    Yo: déjame guiarte.

    La terminé de desvestir, a acosté boca arriba, te tiré junto a ella, la besaba y mi mano iba de los pechos a su concha. Ya estaba totalmente húmeda, bajé mi boca a sus pechos y mis dedos empezaron a penetrar su vagina, con suavidad. Lilian gemía y suspiraba, su respiración se aceleraba. Cuando mis dedos descubrieron su punto G empezó a temblar como loca, parecía a punto de explotar, y si, explotó en un orgasmo tremendo.

    Cuando de recompuso me preguntó: que fue eso?, después te explico. Me puse entre sus piernas, las levanté y comencé a chupar su concha y pasar mi lengua por su ano. Jugaba cada vez más fuerte, mientras dos dedos jugaban en su vagina, mi lengua trataba de abrirse paso en su ano

    H: No Martín no

    Me fui incorporando hasta llegar a apoyar mi pija en la entrada de su vagina. Me miró a los ojos y me pidió que no la lastime.

    Fui penetrándola lentamente, hasta que hubo entrado toda, empecé a bombear y ella me abrazaba con fuerza, gemía y me besaba el cuello.

    Con cuidado giré y quedo sentada, la ayudé a acomodar sus piernas y le dije:

    Yo: ahora, despacio subí y baja, despacio.

    Ella comenzó a hacerlo, yo apretaba esas tetas maravillosas, y ella mis manos, haciendo que las apriete más fuerte.

    H: lo hago bien?

    Yo: si muy bien, seguí

    H: te hago gozar?

    Yo: si, por supuesto

    Ante cada respuesta aceleraba el movimiento, y se excitaba más

    H: Lo hago también como tu amiga?

    Yo: y mejor, la tenés apretadita

    Empezó a gemir fuerte, cada ver más. De repente me pareció que la puerta se abría solo un poco. Sola no se abre y solo estamos tres en la casa. Mariel estaba espiando, no dije nada y volví a lo mío pero el morbo de ser espiado por mi sobrina mientras cogía a su madre me calentaba cada vez más

    De la calentura que tenía empecé a bombear yo, Lilian sintió el movimiento y volvió a hablar.

    H: pensas que soy muy puta?

    Yo: eso lo decide cada uno

    H: si soy muy puta, decime que soy puta

    Yo: Lilian sos muy puta, sos mi puta preferida

    Y le apretaba los pezones, para hacerle doler. Me dolía la pelvis de los golpes que daba al caer, no soporté más y me vine dentro de ella. Cuando sintió los chorros dio un grito que hizo que la puerta se abriera un poco más e inmediatamente se entrecerrara y cayó sobre mí.

    Cuando reaccionó se salió de encima, se tapó la cara y dijo:

    H: por Dios, que he hecho. Martín, perdóname, me dejé llevar, nunca me pasó

    Y: Lilian acá fuimos dos los que estuvimos, no hay nada que perdonar, al contrario, mucho para festejar

    H: por qué festejar?

    Y: porque volviste a ser mujer

    H: me voy a bañar y cambiar

    Y, espera, que salgo y si no hay nadie te aviso.

    Con eso le daba tiempo a Mariel que seguía escuchando todo en la puerta.

    H: ok gracias, pero fue lo que tocaste que el solo roce me provocó un orgasmo?

    Yo: el punto G, no lo conocías

    H: había escuchado, pero nunca lo busque

    Yo: ahora ya sabes.

    Se marchó a su cuarto, yo me cambie la malla por un short y bajé.

    Fui al patio y vi a Mariel en una de las reposeras, puse otra al lado y me recosté.

    Yo: Todo bien Mariel?

    M: Si tío, todo bien

    Me senté en la reposera mirándola, ella me miró y le pregunté:

    Y: llegaste a gozar?

    M: Me viste

    Y: si no fuiste muy disimulada

    M: si tío, tremenda paja me hice. Y a vos no te fue mal!

  • Una aventura al aire libre como nunca pensé que pasaría

    Una aventura al aire libre como nunca pensé que pasaría

    Llevaba saliendo dos meses con Patricia, la famosa abogada con quien me había re-encontrado hacía un tiempo atrás cuando ella me comentó de pasar un fin de semana en la casa de campo de su tío. Había una reunión familiar de fin de semana y ella al parecer quería presumir de su última conquista. No me agrado mucho la idea de entrada pues podría dar una idea errónea de nuestra realidad romántica. Como no tenía nada que perder accedí a ir con ella, cosa que la puso muy emocionada.

    Llegamos a la montaña luego de una tarde de paseo por nuestra hermosa isla. Cuando llegue me sentí abrumado por la cantidad de personas que estaban en la reunión. De ser un perfecto extraño pasé en dos minutos a ser el protagonista del momento. Sus tías me hicieron toda clase de pregunta desde cual fue el lugar donde nos conocimos hasta que planes tenía con ella. Solo pude sobrevivir esa tarde y la noche gracias a la ayuda de los primos de Patricia. A la hora de dormir me tomó de sorpresa que Patricia me dejara dormir solo en un cuarto. Aun cuando en el ambiente jurídico era una mujer muy poderosa seguía siendo la nena de papá en su familia. Luego de ese día creía merecerme una sección amorosa para terminar de botar mis energías y dormir bien. Confieso que tuve la idea de raptarla durante la noche, pero el sueño me dominó.

    Me levanté temprano y cuando salí el desayuno ya estaba listo. De veras que me trataron como rey esa mañana. De pronto entro Patricia al comedor con unos cortos que le resultaron en un regaño de su padre por la poca tela que tenían. Ella lo hizo para llamar mi atención cosa que cumplió a la perfección. Una vez terminamos el desayuno decidimos salir a caminar. Sus primos menores se auto-invitaron a nuestra aventura dañándome los planes. Empezamos por el camino principal y dejamos que ellos tomaran la delantera. Una vez estaban a cierta distancia empecé a agarrarla por las caderas para que se diera cuenta que tenía malas intenciones. Sus ojos comenzaron a brillar dejándome saber que ella también tenía los mismos deseos que yo tenía.

    Así seguimos un rato, pero esta vez era mi mano la que acariciaba sus nalgas. Pausé un momento cuando sus primos regresaban a donde estábamos para traernos unas chinas que habían cogido de la finca. Me comentó que sabía de un lugar donde podríamos pasar la tarde pues tenía una charca y habían arboles de sombra. Al escuchar la propuesta casi todos los primos decidieron no ir pues era algo lejos y solo se quedaron dos dañándome la tarde. Después de casi media más por fin llegamos al lugar, era una charca con una cascada con un paisaje digno de una foto.

    Los primos no dudaron en meterse en la charca mientras yo buscaba un lugar donde descansar. Yo no me metí pues el día se había nublado y había caído un lejano trueno. No habían pasado veinte minutos cuando Patricia recibió la llamada de su tía diciéndole que los primos tenían que regresar. Mi día había mejorado instantáneamente con esa llamada. Los chicos se fueron bajo protesta pues querían seguir un rato más en la charca.

    No habían pasado cinco minutos de quedarnos solos cuando me le acerque a Patricia y la agarré por la cintura desde la parte trasera. Como tenía un rabo, su cuello quedaba descubierto a merced de mi boca. Besé su cuello mientras le dejaba saber con mi bulto que la deseaba enormemente. Subí mis manos y agarre sus senos a la vez que mordí su nuca. Pase mi lengua por su cuello llegando hasta su oreja la cual mordí suavemente. Ya para este punto ella estaba jadeando de placer. La vire y bese intensamente mientras ellas quitaban mi camisa. Beso mi cuello y pecho mientras yo le quitaba la blusa y el sostén. Había una roca a la orilla del rio lo suficientemente grande para acomodar su cuerpo. La recosté a esta y comencé a comerme sus pezones. Pasaba mi lengua de forma circular por toda la circunferencia de su aureola y chupaba su pezón sacando gritos cada vez que lo hacía. Ella mordía mis orejas salvajemente a la misma vez que yo atacaba su pecho.

    Bese su abdomen y baje hasta su pantalón. Desabroche su pantalón y pase mi lengua por su liza pelvis. Quite su pantalón y quedo solo en panty. Beses sus muslos y palpe su húmeda vulva. Se le escapo un tímido gemido. La mire fija y le recordé que estábamos solo, quería escucharla sin ningún tipo de freno. Como no podía aguantar moví el panty hacia el lado y pegue mi boca así cuerpo. Pase mi lengua desde arriba hacia abajo mientras ella se estremecía de placer. Con mis manos separe sus labios para tener acceso directo a su clítoris el cual ataque con mi lengua usando movimientos circulares. Alternaba estos movimientos succionando. Moví mi lengua a los laterales y volví a pasarla esta vez completamente extendida sobre toda la cavidad. Procedí a poner la lengua dura y usarla para penetrarla.

    Ella gemía sin ningún control. Sus gemidos le hacían coro a los truenos que cada vez eran más frecuentes. Introduje mis dedos en su cavidad buscando su punto escondido el cual encontré de la primera. Comencé a penetrarla a la misma vez que chupaba sus jugos cuando nos sorprendió un enorme aguacero. Le dije que no se moviera y seguí mi tarea cada vez más intensa mientras la lluvia nos empapaba. Allí todos mojados seguíamos pegados y yo seguía sin misericordia siguiendo sus instrucciones que me decía que aumentara intensidad. Sus gemidos ahora eran gritos, cosa que me encendía como nunca antes me había pasado con ella. Seguí penetrándola y chupando hasta que anunciándomelo exploto en mi boca. Se desmorono sobre mí temblando y sin fuerzas.

    Una vez se compuso me quito el pantalón y la ropa interior. Mi hombría expuesta cayó casi instantáneamente en su boca. Esta vez no hubo besos, comenzó a succionarlo al momento. Yo la agarraba por su mono dirigiendo el ritmo. Allí arrodillada frente a mí me hizo sexo oral bajo el cada vez más fuerte aguacero. Yo sabiendo que mi excitación era tanta la retire y me acosté en la piedra. Ella se acomodó sobre mí y mi miembro se introdujo en ella casi sin ayuda sacando el más grande de los gemidos. Ella puso sus manos sobre mi pecho y comenzó a menearse con movimientos de caderas que amenazaban con aleccionarme. Alternaba movimientos pélvicos circulares con movimientos de adelante hacia atrás. Esta vez era yo quien gemía de placer.

    Siguió mientras yo agarraba sus nalgas sin robarle el ritmo que ella había implantado. Ella tenía todo el control y yo estaba a su merced. Sus movientes eran cada vez más rápidos y agresivos. Allí los dos bajo el torrencial aguacero estábamos envueltos en gran ritmo. Decidí tomar el control y la agarre por la cintura. Comencé a penetrarla esta vez yo haciendo el movimiento. Subía mi pelvis a la vez que la empujaba por las caderas hacia mí. Sentía que mi miembro entraba hasta más no poder. Sus gemidos se convirtieron en estruendos de placer. Mis movimientos eran cada vez más rápidos mostrando la cercanía de mi clímax. Seguí así mismo subiendo mi ritmo hasta que en un grito de placer le anuncie que terminaría. Deposite toda mi carga dentro de ella mientras ellas temblaban nuevamente pues también había terminado.

    Nos quedamos allí acostados bajo la lluvia por varios minutos. El aguacero mermo y decidimos darnos un chapuzón para limpiarnos el olor a sexo. Así cogimos nuestro camino hacia la casa donde nos esperaba el almuerzo. Esta vez la conversación incisiva no me molesto. Lo único que les dije fue que nunca olvidaría mi experiencia en el rio.

  • Nohemí, el fin de una era (?)

    Nohemí, el fin de una era (?)

    La relación con Nohemí parecía que iba creciendo, nos disfrutábamos mucho, sabíamos manejar las situaciones que la rodeaban, dígase su “esposo” y su hermana, pero un día me comentó que estaba buscando su cambio a una oficina mucho más cerca de su casa, que aún no había comentado eso que la gente de su área, pero lo comentaba conmigo primero, a lo que no me opuse, al contrario tendríamos más tiempo de vernos los fines de semana, a lo cual lo comentó con su supervisor a lo cual se lo dio en cuestiones de días, llegando una de sus amigas en su lugar, pero esa es otra historia.

    Un sábado decidí no ir a mi oficina y llegar de sorpresa por Nohemí, y fue una grata sorpresa, se veía hermosa, nos besamos y decidió también pedir el día, justo a dos cuadras de esta oficina había un hotel, a lo cual nos seguimos, algo que no había pedido antes me pidió unas cervezas, a lo cual sorprendido, pero no espantado se las compré. Se había tomado tres como si fueran agua, algo que, si me sorprendió, al ver mi cara me dijo… yo si aguanto tomando… algo que era una gran mentira ya que a los pocos instantes ya se veía considerablemente mareada.

    Me bajé el pantalón y sacó mi verga de mi bóxer y la empezó a mamar, lo disfrutaba mucho, ver como recorría su lengua mi verga, como la metía y presionaba con sus mejillas, abrí su blusa, con ese bra negro hermoso resaltando el color de sus bellos senos rosados, me terminó de bajar el pantalón y sacarme los zapatos.

    Yo la levanté para hacer lo mismo y lamer su exquisito culo, estaba hincado y ella de pie al lado de la cama parada de puntas en sus pies y recargada en la cama con sus manos, sentía como le temblaban las piernas, besaba sus nalgas y me incorpore para meterle mi verga a lo cual se subió a la cama poniéndose en cuatro, y algo que nunca había hecho fue quitar mis manos de sus nalgas y ver como rebotaban en cada metida que le hacía, ver ese culo grande y firme solo para mí, en un punto las cervezas le iban a pasar la factura a Nohemí y me dijo… “quiero hacer pipí…”, a lo que respondí con un… “te acompaño…”. La tomé de la mano y sentándose para orinar, puse mi verga en su boca y me seguía mamando. Escuchaba como caía su orina en el agua a lo cual ya tenía el rostro rojo de pena, lo cual la tomé del cabello y la cogí por la boca.

    Se incorporó tambaleándose, la recargué en una pared, me hinque frente a ella y le subí una pierna y empecé a mamarle su conchita rosa con orina, a lo cual solo cerró los ojos y me presionó hacia ella, hasta sacarle hasta la última gota que emanaba de su conchita. Nos fuimos a la cama y empezó a mamar mi verga, sin ser pretencioso tal vez fueron 20 minutos de los cuales me dedicó con pasión, yo pasaba mis dedos por su conchita y su culo, se los metía, chupaba mis dedos para volvérselos a meter, ella no dejaba de mamarme.

    Después de todo ese tiempo, le dije que se montara sobre mi PERO quería metérselo otra vez por el culo, a lo cual accedió solo tomando mi verga y metiéndosela despacio, empezaba a mover sus caderas frenéticas y a meter sus dedos en su conchita masturbándose, empezaba a gritar a gemir, lo cual me calentaba mucho más, recorría con una mano su pierna y nalga y con la otra sus tetas, podía ver el sudor en su cuerpo, como se llenaba de flujo su conchita y más cuando llene de mi leche su culo, a lo cual se esperó hasta que estuviera flácida y con un gas saco mi leche de su culo, a lo cual se moría de pena.

    Como no había planes de vernos tenía que regresar antes de las 2 de la tarde a casa, así que tenía que bañarse, arreglarse y quitarse el alcohol de encima, se apresuró a bañarse y maquillarse y al salir le compre algo de comer y caminamos a su casa tal vez 15 minutos para secar bien su cabello y termina de comer y que se le bajara el alcohol, a esas alturas me comento que existía presión por parte de sus padres incitada por su hermana que volviera con su esposo, lo cual no quería pero eran insistentes.

    Y sin saberlo en ese momento sería la última vez que nos veríamos y tendríamos sexo. Al pasar los años seguíamos en contacto, muy esporádico, me comentaba que esa semana le dolió mucho el cuello por tanto tiempo que estuvo mamándome, que se sentía rara del culo, pero le había gustado, que era la primera persona que la había visto orinar (y la única), que extrañaba nuestros encuentros. Que efectivamente había regresado con el papá de sus hijos y en un arrebato de enojo le comento lo nuestro y todo lo que hacíamos a lo cual se burló diciendo que ella jamás podría hacer todo lo que le describió.

    Le pregunté como era su vida sexual con él a lo que la respuesta era “aburrida”, el sobre ella, cinco minutos y se acabó, le comenté que si hacia algo de lo que practicábamos a lo que dijo… “no, ese es solo entre tú y yo…”, le pregunte del sexo anal diciéndome… “ese es solo tuyo”.

    A más de diez años a finales del 2020 sin tenerlo planeado nos encontramos, al verla se veía igual, pero ya a principios de sus 50s, nos abrazamos y la bese en la boca, metiendo mis manos entre sus pantalones apretando esas nalgas que aún tiene grandes y firmes, PERO ya sin tanga, a lo que me respondió que se tenía que vestir de acuerdo a su edad, a lo que le dije que estaba en un error, que ella tenía el cuerpo para usar lo que fuera, subí mi mano y jugué con sus tetas a lo que solo sonreía, le pregunte si el hecho de la diferencia de edad había tenido algo que ver con su decisión me dijo que no, que nunca le importo la edad, pero que ahora si consideraba verse más grande que yo, empezando con que ya tiene dos hijos casados.

    Le pregunte de la vez que hicimos sexo anal, la del concierto, y me dijo que lo había dolido mucho pero como siempre me quería complacer, de verla orinar que hasta el día de hoy solo yo la he visto, que solo a mí me ha hecho sexo oral de ese modo y solo ha probado mi leche, de su esposo que no la satisface pero la presión en ese momento ya era mucha así que regreso, acordamos que no sabíamos que esa sería la última vez que estaríamos juntos, así que le propuse ser su amante, a lo cual hasta el día de hoy está considerando, mientras llega su respuesta aún hay historias que contar…

  • De día una dama y de noche toda una gatica

    De día una dama y de noche toda una gatica

    Esa mañana como de costumbre encendí mi vehículo para ir al trabajo, cada día contaba con esa misma rutina que ya me sabía de memoria; pasar por el colegio a llevar a los niños, dejar a Karla mi vecina, en su trabajo la cual me pedía el aventón todas las mañanas; yo por supuesto no me negaba a llevarla Y finalmente llevar a mi esposa a su trabajo para luego yo dirigirme hasta mi trabajo. Karla era una chica con un trasero hermoso, contorneado casi que un perfecto redondo, de un 1.68 de estatura aproximadamente. De cabellos largos color azabache y una linda piel morena que a mi por demás me encantaba. Ella siempre se perfumaba muy divina y cada día usaba un aroma diferente porque así yo lo notaba cuando se incorporaba al vehículo.

    Todo por demás transcurría de lo más normal hasta que un buen día mi amigo Andrea Jesús me invita a su departamento a pasar un rato y a platicar y saber de cómo van las cosas. Ya saben, Unas cervezas, pasapalos, unos cigarrillos y buena música al fondo para un rato agradable y cambiar un poco la rutina diaria del trabajo, el tránsito y relajarnos un poco la vida.

    -Oye Manuel! -me comenta Andrea Jesús.

    -Desde cuándo no tienes una aventura por allí? Desde cuándo no arrojas una cana al aire? Me insistió.

    -Tengo tiempo amigo mío, con eso de trabajar a diario y el asunto de los hijos y el hogar, ya me he apartado de esos ratos. Le respondí.

    -Pues déjame contarte que en días pasados estuve en una reunión con unos amigos que organizaron un rato para divertirnos y allí contrataron unas chicas prepago o escort en una de esas empresas y/o números telefónicos que te envían a esas chicas hot que te complacen un mundo. De verdad me encantó porque entre ellas había una morena, la cual no supe su nombre, pero no me importó porque me la gocé como no tienes idea. -Me dijo.

    Pero lo mejor fue que mi amigo colocó cámaras escondidas en las habitaciones y en la sala para grabar y tomar fotografías de las chicas y yo tengo unas.

    -Te las muestro? -Me preguntó con tono sonriente.

    -Ok Está bien, quiero verlas. -Le dije. No perdía nada con mirar, pensé.

    Allí pude ver los videos de todo lo que se grabó en esa fiesta y de verdad luego de mirar pude concluir que fue una verdadera fiesta.

    Chicas desnudas bailando, con los pechos al aire, algunas con antifaz en sus rostros y otras tan sólo se dejaban llevar en el ambiente promiscuo de la fiesta.

    Pero de todo ese relajo, me llamó la atención una chica morena con un pompis del carajo, levantadito, apretadito, y unos pechos lindos que parecían unos melones de mediano tamaño. Detallé con calma y cuál fue mi sorpresa: Karla mi vecina aquella que yo todas las mañanas le doy el aventón a su trabajo!

    Qué sorpresas tiene la vida! Pensé.

    No quise comentar nada a mi amigo Andrés pero me sentí intranquilo con mi descubrimiento. Pero dentro de la tertulia se me ocurrió la gran idea de preguntarle como contactar aquellas chicas que prestaban ese servicio prepago a domicilio.

    Yo a diario al mirar a Karla la imaginación se me hacía volátil y sin querer imaginaba su trasero desnudo todo carnoso y sus curvas muy contorneadas frente a mí. Algunas veces me masturbé pensando en el cuerpazo de esa mujer que por demás está decir, toda una diosa de carne y huesos.

    Mi amigo Andrés me consiguió el número telefónico de la agencia escort, lo guardé en el bolsillo para luego grabarlo en mi celular.

    Estuve toda una semana planeando cómo hacer para yo contratar a esta morena con el culazo más llamativo de mi vida. Pienso que ya se tornaba en una fijación mi atención hacia Karla. Mientras eso sucedía, yo cada mañana le volvía a ver temprano y la subía al coche para llevarle a su trabajo, además olía su perfume y verdaderamente, luego de saber que ella prestaba esos servicios, en las noches me iba al baño y me daba una masturbada antes de bañarme pensando en su trasero, en sus tetas, en su vagina y en todo su cuerpo porque me imaginaba haciéndole el amor y me robaba una erección cada vez al pensarla de la manera que yo lo hacía o simplemente me desquitaba cogiéndome a mi mujer de una manera intensa pero con la imagen y deseo por Karla.

    Finalmente tuve el ánimo de llamar y así lo hice. Todo nervioso, pero tenía que hacerlo.

    La contestadora respondió:

    -Buenas tardes! Usted se ha comunicado con “Escort…”. Si es cliente habitual, por favor marque su código de acceso. Caso contrario, espere en línea por favor.

    Guardé silencio y esperé tal como me lo señaló.

    Finalmente me respondió.

    -Buenas tardes! Le habla Sofhía R… en qué podemos servirle?

    -Aló buenas tardes! -respondí con voz un tanto fuerte para tratar de esconder mi nerviosismo.

    -Está interesado en nuestros servicios? Me reiteró preguntándome.

    -Si señorita estoy interesado en saber y conocer de ustedes y si es posible afiliarme al servicio exclusivo que ustedes ofrecen. -Le respondí con voz seria y con la seguridad que debía demostrar.

    -Perfecto, por favor me señala su correo electrónico, nombre y apellido y número de celular por favor? La información que le solicito es tratada con total confidencialidad caballero. -Me indicó.

    Accedí y le di toda la información requerida y ella me manifestó que me enviaría información sólo de mi interés al correo electrónico con los detalles de la afiliación y una copia digital de contrato de confidencialidad que debía leer detenidamente, llenar dicho formato, imprimirlo y firmarlo con todo lo que allí se me solicitaba. Luego escanear todos los requisitos incluyendo mi tarjeta de crédito de querer afiliarla al servicio para pagar con ella.

    Al término de una semana, entre requisitos, escaneos y lectura de documentos, finalmente era yo un socio de la agencia. Ahora me tocaba a mí dar el gran paso: Solicitar los servicios de la amiga Karla. Para ello me dirigí al website que me indicaron y con mi número de clave y acceso allí pude ver el catálogo de lo diverso que era el servicio: Chicas morenas, blancas, rubias. Incluso había servicio para damas con los hombres de diferentes tipos y formas, además de sexo diverso inclusive.

    Buscando yo entre las chicas morenas, allí estaba ella, mi Karla mi tan deseada y soñada Karla. Supe que era ella porque demás está decir que dentro de la confidencialidad se encuentra el detalle de proteger la identidad de las “escorts” que allí se observan. Pero yo a mi favor tenía algunos detalles que conocía de ella como su cabello, además de un lunar en su hombro derecho el cual en algunas oportunidades se lo observé debido al uso de algunas blusas descotadas que lucía. Los distinguí en su cuerpo en las fotos de presentación. No cabía lugar a dudas; era ella.

    No quedaba más que hacer la reservación, ingresé a la web, realicé todo el protocolo de solicitud y como fetiche sencillo el cual ella podía cumplir era que llevara un antifaz en su rostro, esto con la idea de yo también colocarme uno ya que si ella me reconocía de inmediato, tal vez no querría estar conmigo, imaginé.

    La habitación en un lujoso hotel de la ciudad se prestaba para yo ver realizada mi fantasía con aquella hermosa mujer.

    La luz de la habitación la gradué un tanto tenue y una botella de vino rosado que solicité y un ramo de rosas rojas eran parte del encanto de aquella decoración sublime que se hacían cómplice de mi amoroso y erótico plan de seducción.

    Sonó la puerta de la habitación y me apresuré abrir despacio tratando de no mostrarme nervioso e inquieto.

    Allí estaba ella, Tal como la imaginé, cabellos largos, su piel morena. Lucía un vestido rojo turquesa que le llegaba hasta las rodillas, un perfume de aquellos que olía yo al ella subirse al coche, y por supuesto el antifaz que le cubría algo de su rostro pero que sin lugar a dudas me dejaba reconocer aquel su lindo rostro.

    -Hola corazón, buenas noches aquí estoy! Me habló con aquella voz tan sensual que obvio, era parte de su presentación.

    -Buenas noches señorita! Pase adelante por favor. Le dije con voz caballerosa y muy varonil.

    –Ponte cómoda! Le dije.

    Le serví una copa de vino y de inmediato me senté frente a ella e intenté comenzar una plática para romper el hielo. Era indiscutible que yo sólo quería cogérmela, llevarla al lecho de amor y hacerla mía finalmente.

    Por cierto no les había comentado que en su perfil de la página de citas, ella se hacía llamar “gatita salvaje”.

    -Llámame John! -le dije.

    -Yo gatita salvaje, dime gatita. Me encanta ese nombre y cuando estoy con mi amante me gusta que me lo mencionen te diré.

    -Ok, lo tendré en cuenta… “gatita”.

    Coloqué algo de música de fondo, le serví nuevamente más vino en su copa y le dije que si quería ir al baño, le señalé por donde.

    -Ok gracias -contestó ella.

    Se me acercó con aquel cuerpo de diosa hermosa y me extendió la mano y me dijo:

    -Bailamos?

    Tomé su mano y nos juntamos suavemente cuerpo a cuerpo muy sutilmente pegaditos, ella recostó su rostro de lado sobre mi pecho y bailamos. Pude oler su cabello azabache y en un profundo suspiro inhale el aroma rico de su cabellera. Pasé mi mano sobre esos cabellos y los acaricié. Ella se permitió pasar sus manos sobre mi pecho y ambos allí comenzamos a calentarnos y a entrar en materia.

    Ambos con nuestros respectivos antifaces nos acercamos y comenzamos a besarnos tiernamente, al menos eso hacía yo. Unos labios carnosos sensuales y que poco a poco comencé a saborear más a profundidad. De repente mi lengua quiso abrirse paso a través de ellos y no sentí impedimento alguno al hacerlo.

    Bajé mis manos detrás de ella toqué donde siempre había querido: ese hermoso y monumental culo, esas nalgas de ensueño que me habían robado varías pajas en el baño de mi cuarto.

    No era un sueño! no estaba dormido imaginando eso, era muy cierto, era yo quien la manoseaba, la acariciaba, olía su cabello y la tenía apretada sobre mi pecho.

    -Qué hermoso trasero tienes “gatita” se siente rico. -Le susurré tiernamente al oído.

    Ella casi de inmediato dejó escapar un suspiro muy romántico en señal de que le gustaba y denotaba que ya entraba en calor.

    -Aaah! Gracias corazón, disfrútalo. Es todo tuyo ahora, gózalo y hazme tuya. -Me contestó con voz erótica.

    Yo ardía en llamas, pero sabía que no podía darme el lujo de acelerar el proceso, por el contrario; quería que fuese toda la vida, que el tiempo se detuviera, que se perpetuara ese momento.

    Seguidamente se dio vuelta, aproveché y le acaricié su cuello por detrás y aparté su cabellera hacia un lado para seguir con mis labios tocando esa parte de su cuerpo al momento que degustaba el aroma de su piel. Ella bajó su mano derecha hacia mi entrepierna y de inmediato tocó lo que parecía una montaña, un bulto, una enorme y gran pija que como un león enjaulado se mantenía allí y que quería salir a comerse esa “gatita”.

    -Qué dura y grande la tienes corazón, la quiero ver! -Me dijo.

    Oír eso permitió que yo gesticulara:

    -Ohhh! También mi pija es para ti esta noche corazón, mi gatita, toda tuya.

    Desabotoné su vestido y suavemente se lo quité y lo dejé caer sobre el mueble donde minutos antes ella había estado sentada. Pude ver con más detenimiento su esbelto cuerpo. Sus curvas, su contorneado y hermoso trasero quedó ante mí. Sus piernas lindas y al darse vuelta quedaron ante mi sus enormes pechos, firmes como ningún otro, los cuales traía al aire libre sin brassier.

    Ella por un momento modeló para mí, dio una vuelta para que le mirara todo su cuerpo que tan sólo era cubierto por una diminuta y sensual panty color roja. Se acercó a mí y me tomó las manos y las colocó sobre sus pechos y me dijo:

    -No tengas pena, acarícialos, son tuyos ahora. Bésalos corazón.

    Yo sin perder tiempo me llevé un pezón a la boca y comencé a succionarlo, a tragarlo, me pasé al otro pecho no menos hermoso y también lo chupaba, lo saboreaba mientras ella desabrochaba mi correa de pantalón y yo a la vez me quitaba la camisa para quedar finalmente en cueros.

    Una vez desnudos los dos, la tomé de la mano y la llevé a la cama. Allí la acosté y le pedí que se diera vuelta. Para que quedara todo su culo, su enorme pero hermoso y monumental trasero hacia arriba.

    Posé mi cara sobre su trasero y comencé a besar sus delicadas nalgas, que lindas son. Morenas color canela clara, contorneadas totalmente. Ella ya excitada por mis caricias dejaba escapar un susurro cada vez.

    Tomé ambas nalgas y las aparté una de la otra para finalmente dejar al descubierto aquel tesoro hermoso: su delicado y hermoso culo, ese orificio anal, esa delicada puerta trasera, se veía virginal y apretadito aún, no parecía haber sido penetrado, pues; ese hermoso culo se dejaba ver ante mí.

    Posicioné mi lengua allí justo en medio de el y comencé mi tan deseado trabajo de lubricación anal. Lo succionaba, lo chupaba, lo lamía todo goloso, mientras ella se tambaleaba y jadeaba por tan ricas caricias.

    Mi saliva comenzó a bajar, a escurrirse hacia su vagina, la cual se podía ver expuesta también como una flor con sus hermosos pétalos.

    Mientras lamia, mis dedos se hicieron sentir y comencé a tocar sus labios vaginales y a introducirle primero un dedo, luego dos y así jugueteaba con ella. Además alternaba, penetraba su coño y su ano a la vez. Con mi pulgar introducido en su culo, aprovechaba y penetraba su vagina con mi dedo índice y también el medio; los cuales, en un solo movimiento los movía y podía sentir la sensación de ellos juntarse a través de su piel la cual separaba ambos orificios.

    Por supuesto mi “gatita” toda chorreada por mi saliva y también por sus jugos vaginales se movía y toda excitada me pidió que la cogiera, que finalmente la penetrara ya que estaba muy caliente y excitadísima.

    -Cógeme corazón, hazme tuya, cógeme con tu enorme pija. Lo deseo papi! -Susurró.

    Yo caliente al máximo y con ese miembro hinchado hasta más no poder a punto de dolerme, me posicioné encima de ella. Le tomé por su cintura y la atraje hacía mi y la dejé en cuatro. Ese descomunal y hermoso culo estaba a mi entero placer allí justo delante de mí, a punto de enterrársela.

    Tomé mi pene con mi mano y se lo pasé por la puerta de sus hermosos labios vaginales y abrí la puerta hacia la gloria. Caricia que por supuesto me hizo ganar otro gemido de parte de mi hermosa gatita la cual “maullaba de placer”.

    Al fin se lo introduje, mi glande comenzó a perderse dentro de su cavidad vaginal. Despacio, poco a poco fui agregando milímetro a milímetro, centímetro a centímetro esa carne, ese tolete que ella había acariciado momentos antes.

    -Aaaah siiii amor dámelo todo, qué rico papi! -Gritaba ella.

    Sus cabellos esparcidos por su espalda los junté con mis manos y los tomé con mi mano derecha y los halé hacia mí y levanté su cabeza la cual tenía recostada sobre la cama. Ella colocó sus brazos y manos de manera que quedó en una perfecta posición de “cuatro” y allí aproveché y le tomé por su cintura y empecé a realizar movimientos de cintura; atrás y hacia delante con mi miembro dentro de su orificio en perfecto movimiento. Parecía un pistón de motor de un cilindro trabajando sincronizado sin parar.

    Por supuesto, aquella escena se tornaba caliente y a punto de erupción. Ella me pedía de todo.

    -Dame duro!

    -No pares!

    -Hazme acabar corazón!

    -Que rico!

    -Dame así! -Jadeando y contorneándose frenéticamente.

    Yo a punto de acabar, próximo a depositar todo aquel torrente de semen, de leche que se contenía a montón sólo para mi “gatita salvaje”, para mi hermosa Karla; y que sin ella saberlo, yo su vecino Manuel la cogía como loco frenético.

    Los movimientos se hicieron incontrolables, los gritos, susurros y jadeos de ambas partes predecían el final. Desenlace que terminó cuando saqué mi pene y comencé arrojarle por toda su espalda, por el culo, sus nalgas y su cintura mi leche caliente.

    Ella entre gemidos y susurros se movía sobre las sábanas blancas de aquella cama silente que sirvió de escenario para desahogar y terminar con mi agonía al coger a Karla.

    Juntos al fin los dos aún jadeantes y un tanto sudorosos nos acostamos y descansamos un poco. Hablamos y de repente nos pusimos frente a frente y ella; sin pensar, me quitó la máscara que hasta ese momento era mi anonimato, mi artilugio, mi cómplice en esa trama erótica y sexual.

    -Hola vecino Manuel!

    Yo quedé boca abierta y sin poder gesticular palabra alguna. Quedé mudo, no sabía qué decir.

    -Desde que entré a la habitación te reconocí, pero quise seguir tu juego. -Me dijo ella.

    Yo también le quité su máscara y le llamé por su nombre.

    -Karla, hola -le dije.

    -Manuel, eres un león en la cama, me encantó la cogida que me diste. -Dijo sonriente y me besó.

    Correspondí a su beso y otra erección cobró vida de inmediato.

    Comenzamos a coger nuevamente.

    Saludos y gracias por leer mis relatos.

    Atte.:

    Profelocutor

  • El hermano gemelo de mi padre (X)

    El hermano gemelo de mi padre (X)

    Anteriormente:

    Al volver de la casa de la fiesta de mi tío donde me cogió con la máscara puesta sin saber que era yo, pasó una situación horrible con un taxista que me manosea toda y mete sus dedos en mi concha y mi culo, mientras se la chupo a cambio del viaje.

    No pasa a mayores porque la policía llega y percibe que estábamos en la vía pública haciendo cosas non sanctas.

    Termino en casa logrando que una mujer policía haga el papeleo sin decirle a mi madre de lo que había pasado.

    Varios días pasaron y los recuerdos de la fiesta y hasta lo del taxi me causan morbo a tal punto que me masturbo todas las noches.

    Eso me lleva a tentarme a subir historias en redes sociales filtradas de tal manera que solo la vea mi tío.

    En ella jugaba con la seducción, con mi inocencia, con polleras cortitas, con minis en la que se veía mi ropa interior » sin querer», videos cortos, tik toks, y todo recurso virtual para poder ofrecerle al único espectador lo que yo quería que viera.

    Todo siguió hasta la ropa interior, las fotos tomando sol, las poses que mostraban de más.

    Hasta que mi tío pica y me responde las historias.

    Charla va y charla viene termino pidiéndole de poder estar con él, a lo que accede, pero en un día en la que mi padre no estaría en su casa.

    Eso sería un miércoles, día en que mi padre trabajaría hasta tarde.

    Allí me recibe entonces el miércoles, tal cual lo acordado. En su cuarto me entrega la ropa que compro para mi, ropa interior rosa de encaje y un vestido blanco al cuerpo finísimo.

    En el mismo cuarto me espera mi tío, nos besamos apasionadamente.

    Con delicadeza, pero con fuerza toma mi cuello, su boca domina a la mía, su lengua juega con mi adolescente lengua. Mi suave piel comienza a sonrojarse ante su madura piel con varias pasadas de hojas de afeitar que sufrió durante décadas.

    Su mano baja por mi hombro bajando mi bretel, acompaña la caída del mismo para llegar hasta mi pequeño pecho blanco de pezón rosado.

    Juega con él, eso me enciende. Su mano es muy grande para tan pequeña teta, pero parece gustarle. No es como las tetas de Lorena, ni las de las otras putas de las amigas. Las cuales tenía unas tetas enormes y bronceadas porque se la pasaron haciendo topless para ellos.

    Con su otra mano baja el otro bretel, y el vestido cae de par en par solo hasta mis caderas.

    Con mis pequeñas manos de adolescente llego hasta la base de su chomba y le propongo sacársela. No se resiste.

    Tengo ante mí a todo un hombre, musculoso, con piel dorada, con algunos pelos en el pecho y entre ellos algunos entrecano.

    No quiero asustarlo así que procedo a besarle nuevamente, mis manos rodean su cuello. Mi cuerpo se pega al de mi tío.

    Mis pequeñas tetas hacen contacto con la base de sus pectorales, yo estoy de punta de pie por el esfuerzo de besarlo.

    Mi torso entra dos veces en el de mi tío, mi pequeña cintura parece ser 3 veces menos que la de mi tío.

    Con sus dos manos cubre toda mi cintura.

    Mis pezones se ponen erectos al tocar su pecho, al sentir su vello del pecho.

    Sus manos en mi cintura bajan para hacer caer lo que queda del vestido blanco

    Pocos minutos me duro puesto. Ahora solo quedaba la resistencia de una tanga rosada de encaje.

    Sus manos grandes y calientes agarran mis nalgas y mientras me besa las masajea y las abre.

    Siento su miembro a través de su bermuda.

    Comienzo a bajar mis manos para desabotonar y bajarle el cierre.

    Como una puta experta me separo solo un poco mientras lo miro a los ojos, pero mientras intento desabotonar se me ocurre arrodillarme, y en el camino paso mi lengua por sus pectorales y sus abdominales.

    Arrodillada es más fácil desabotonar y bajar el cierre.

    Empujo hacia abajo el pantalón y queda un bóxer blanco con todo el bulto acrecentado por la situación.

    La situación es sensual, su sobrina de 18 años arrodillada solo con una microtanga con la cara frente al bóxer de su tío.

    Paso mi lengua por encima del bóxer y siento el calor. Luego procedo a bajarlo con mis pequeños dedos y se despliega como un mástil la bestialidad de mi tío, más de 20 cm de carne apunta a mi cara, unas bolas que parecen huevos de gallina cuelgan y se bambolean de forma hipnótica.

    Siento el calor que emana y hasta ese olor a sexo del líquido preseminal.

    Mis pequeñas manos juegan en sus muslos hasta tomar el tronco y los huevos y comenzar a sentir su textura.

    Abro mi boca y mis labios y mi lengua reciben el enorme glande de mi tío.

    Allí arrodillada comienzo a tragarme lo más que puedo de esa pija que tanto me apetecía.

    Miro a los ojos a mi tío, el hermano gemelo de mi padre.

    Mientras lo hago noto el parecido con mi padre, eso me asusta, pero ya estoy haciéndolo, sus gestos incluso de la cara me suenan tan familiares.

    Cierro los ojos pero mi tío me agarra de los pelos y me dice

    «abrí los ojos putita, querías cogerte a tu tío, ahora miralo»

    Miro sus abdominales y sus pectorales, pero me vuelve a decir que lo mire a los ojos.

    Cuando lo veo, veo a mi padre. No estoy disfrutándolo tanto. Pero sigo chupando.

    En un momento él mismo hace que la saque de mi boca, parece que estaba a punto de terminar pero todavía no me había cogido. Así que me levanta de los hombros y me besa con fuerza.

    Me da vuelta y me dice que camine a la cama, al darme vuelta me da un sonoro cachetazo en las nalgas que me deja ardiendo.

    Me doy vuelta y sonrío nerviosa.

    Me dice que me ponga en cuatro. En esa posición me saca la tanga rosa, de un solo tirón.

    Inmediatamente pone su cara entre mis nalgas. Siento como su lengua pasa por todos lados.

    Me come el culo, mete su lengua dentro de mi ano. Siento su saliva por mis nalgas.

    Aprieta mis nalgas con sus manos, cada tanto lanza una cachetada, quedan marcadas sus manos.

    Mete su lengua entre mis labios vaginales, me hace arquear la espalda de placer. Su lengua madura sabe como hacerme gozar.

    Mientras lo hace me dice que soy una puta, una pendeja puta, una sobrina que va a aprender que no se juega con el tío, de que voy a terminar pidiendo más pija por todos lados todos los días. Que voy a ser su esclava sexual, y otras cosas.

    Mis piernas tiemblan de placer y de nervios, mi tío esta como poseído, también parece estar nervioso por estar haciendo eso con su sobrina.

    Sabe que está prohibido, sabe que si alguien se entera puede ser un caos. Sabe que si mi padre llega antes del trabajo sería una catástrofe.

    Quiere disfrutar bien pero está aterrado.

    Su lengua sube a mi culo, muerde mis nalgas, siento más nalgadas que arden, mi culo ya está rojo.

    Siento sus manos en mis caderas y la punta de su glande en la entrada de mi conchita rosa.

    Unos segundos después siento como se abre paso, como me parte en dos, como entra sin contemplaciones. Me siento completamente llena, completa, no entra nada más sin embargo sigue empujando.

    Parece interminable pero sigue y sigue entrando hasta que llega al tope de su panza contra mi cola, si no fuera por ese límite físico seguiría empujando.

    La saca y vuelve a entrar, así lo hace y comienzo a jadear de placer.

    En cuatro me está cogiendo mi tío, está castigando mi adolescente y suave piel con sexo, la está dejando irritada, roja, ardiendo.

    Se escucha como aplauden mis nalgas contra su panza, se escucha como aplauden sus huevos contra mis muslos y los labios vaginales.

    Es un toro desaforado, siento su fuerza de macho maduro sacudiéndose. Mis pelos dan cuenta de ello, por eso los junta con una mano y me tira como si fueran los crines de una yegua a la cual está domando.

    Mis pequeñas tetas se bambolean por el movimiento y él aprovecha para pellizcarlas. Mientras se abalanza sobre mí y me mete la lengua dentro de mi boca.

    En el cuello me besa y me da unos chupones de esos que te quedan marcados.

    Luego se repone y se sale dentro de mi, se para al borde de la cama y me toma de la mano para que lo acompañe.

    «vamos a continuar donde quedamos la otra vez» me dice

    Así que me hace subir de manera que queden mis piernas alrededor de su cintura.

    Sus manos sostienen mi culo, mis tetas a la altura de su cara, lo cual aprovecha para besarlas y chuparlas.

    No pasa mucho tiempo más hasta que empieza a dejarme caer, hasta donde quedamos esa vez que se arrepintió.

    Entonces siento nuevamente ese glande ahora abriéndome por la fuerza de gravedad.

    Me dejo caer completamente, y comenzó a hacerme subir y bajar, fue tan erótico, recordar ese momento del arrepentimiento que ya no era tal que gozábamos mucho más ahora.

    Mis jugos caían alrededor de su falo, el olor a sexo en la habitación era insoportable, nadie podía suponer que no pasó nada si entraba.

    En esa posición subiendo y bajando me pone contra la pared y empuja como un toro, la mete y saca como un taladro, mis gritos seguro se escuchan afuera de la casa.

    No importaba si llegaba mi padre, estaba disfrutando.

    Estábamos ambos transpirados, nuestra transpiración se mezclaba con los líquidos sexuales.

    Mi maquillaje corrido, mi pelo mojado y despeinado pegado a mi cara y cuello.

    Contra la pared abrazada a mi tío por brazos y piernas, mientras él me bombeaba sin parar.

    Lo miro y veo el increíble parecido a mi padre, es igual, ya no puedo parar, lo veo y la culpa desaparece, hasta incluso pienso que es mi padre.

    Una electricidad surge desde lo más profundo de mi interior, me recorre todo el cuerpo, tengo un orgasmo único en la vida y suspiro un

    «ay papaaa»

    Mi tío al escuchar eso, pone una cara extraña pero no se detiene, inmediatamente su cara de extrañez se transforma en placer.

    Siento la tensión muscular de todo su cuerpo, propia del momento previo al orgasmo masculino.

    Explota dentro de mí y siento los chorros dentro de mi cuerpo, siento el calor de la leche madura de mi tío.

    Poco a poco vamos deteniendo los movimientos. Me lleva hasta la cama y me deposita ahí con delicadeza.

    Me mira aun tratando de recuperar el aire, estoy desnuda en su cama, toda transpirada, con su leche saliendo de mi pequeña conchita rosa.

    Él está con su miembro aun duro pero fatigado de toda su tarea, con la punta aun chorreando algo de leche y mezclado con mis líquidos.

    De repente me dice:

    «bueno cambiate y anda para tu casa, antes de que vuelva tu papa»

    Y él se encamina hacia su baño para darse una ducha.

    Yo estaba hecha un desastre y mi tío me pidió que me cambiara y me vaya como una de sus putas.

    Desconcertada por la situación voy a buscar mi ropa, con la que llegue a la casa, me tiemblan las piernas mientras me cambio, tengo moretones en mis muslos, tengo marcada las manos de mi tío en mis nalgas, tengo chupones en el cuello, moretones en mis tetas, producto de mordiditas de mi tío.

    De la bronca me secó la transpiración con el vestido blanco que me regaló mi tío y se lo dejo en la cama.

    Me acomodo un poco el cabello y salgo del cuarto para irme y no volver nunca más.

    Cuando estoy bajando las escaleras la puerta principal se abre y es mi padre.

    Con todo el sexo que tuvimos no me di cuenta de la hora y ya estaba atardeciendo. Igualmente mi padre llegó antes de lo esperado.

    Cuando me ve en las escaleras, sale mi tío por detrás con una toalla en la cintura.

    La situación no podía ser peor. A pesar de estar vestida, se notaba que estaba sucia y transpirada. Mi tío no tenía porque estar con una toalla en su cintura, y ambos viniendo desde los cuartos.

    «qué haces acá?» pregunta mi papa

    Mi tío se adelanta y responde

    «vino a buscarte para que vuelvas a intentar arreglar las cosas con tu esposa, estuvo esperándote en tu cuarto, yo le dije que venías tarde pero se quedó igual.»

    Mi padre se larga a llorar creyendo la historia de mi tío. Bajo corriendo a abrazarlo y lloramos juntos, yo más por nervios y miedo pero lloramos juntos.

    Mi tío dice que nos va a dejar solos para que hablemos, había salvado su vida.

    Mi papá me lleva a su cuarto para hablar.

    Allí hablamos de mama, de lo que hay que hacer para pedir perdón, de la vida, de cuanto nos quiere.

    Lagrima va y lagrima viene termina diciendo que se va a dar una ducha y sale para casa para intentar hablar con mi madre, animado por mi.

    Ahora yo había salvado mi vida.

    Espero en su cuarto mientras él se ducha.

    El cuarto me resulta familiar, es el cuarto donde cogí con mi tío el día de la fiesta disfrazada de colegiala y con antifaz.

    Empiezo a revisar si quedaban cosas de la puta de Lorena, se le acabaría la buena vida.

    Revisando su mesita de luz, en uno de los cajones, encuentro mi bombacha de algodón blanca, la que mi tío se guardó como trofeo.

    El miedo me invadió nuevamente, pensaba si mi papa reconocía mi bombacha, pero eso era algo imposible, así que con la bombacha en la mano respiro aliviada.

    En eso sale mi padre del baño y me ve con la prenda íntima.

    «perdón hija, ya que estamos en plan de ser sinceros, esa es una estupidez que hice con una de las chicas que traía tu tío a la casa. Te juro que nunca más voy a hacer nada que no sea con tu madre».

    Fin

  • Lluvia y playa ¿Qué puede salir mal?

    Lluvia y playa ¿Qué puede salir mal?

    Amigos lectores y lectoras, hoy os traigo un relato con la Señorita R y una playa un día de lluvia. 

    No sé qué tienen los días de lluvia que me ponen algo melancólico, pero a la vez me excitan. Claro que si ese día de lluvia transcurre en la playa a mí me resulta aún más excitante. Esa es la historia que les relato a continuación.

    Era un viernes de finales de noviembre cuando me encontraba solo pasando un fin de semana en la playa. Todo era perfecto: el sol, la dorada arena y las límpidas aguas del mar Cantábrico que abrazan las costas de mi país. A eso de las 4 de la tarde el cielo empieza a tornarse gris plomizo y ya a las 5 estallaba una tormenta, con agua, viento y unos truenos que hacían crujir los tablones de la puerta en la vieja cabaña que yo habitaba.

    Yo que desde niño he sentido verdadero júbilo al presenciar el esplendor terrible de una tormenta, estaba en la playa llevando sobre el cuerpo no más que una desgastada camiseta y unos pantalones cortos. Reí, salté, bailé como loco en medio de la playa. Me sentía tan y tan exaltado, casi todo era perfecto. Excepto, claro que la Señorita R no estaba conmigo.

    Hubiese sido perfecto como algo más que dos camaradas compartiéramos la dicha de observar la naturaleza en toda su magnífica belleza. Pero mientras dejaba que la lluvia corriera por mi rostro, así como si fuese un conjuro, se apareciera ella. Toda vestida de negro como un ángel caído. No lo podía creer, que estuviera aquí. Pero a menos que no estuviese padeciendo alucinaciones visuales la mujer que se acercaba era nada más y nada menos que la Señorita R.

    Guao, parecía la respuesta a todas mis plegarias. La vi acercarse a mí lentamente, con pasos de felina, parecía que no le afectase el terrible viento que azotaba con fuerza las olas. Dejó escapar un hondo suspiro, sé que cuando la tenga enfrente no podré resistirme al embrujo de su voz, de su mirada y sus manos.

    Sus manos… realmente adoro sus manos. Son tan femeninas, tan bellas. No soporto su lentitud, corro hacia ella y me lanzo a abrazarla como un loca. La beso, la muerdo, la aprieto entre mis brazos. Estoy tan feliz de verla. Ella me abraza, me aleja un poco de sí para mirar mis ojos y me da un beso profundo, caliente, ardiente que recorre cada una de mis terminaciones sensoriales. Yo le devuelvo el beso, acaricio su nuca y le digo al oído que la echo de menos.

    Siempre había tenido la fantasía de hacer el amor en la playa bajo una tormenta y al parecer este era el día perfecto para satisfacer este tan largamente anhelado momento.

    Mientras nos besamos, desabrocha con lentitud cada uno de los botones de mi camisa hasta llegar al botón de mis pantalones, cuando termina de desabrocharlo, le digo:

    -¿Aquí?

    Ella se encuentra absorta en la tarea de bajarme los pantalones y se limitó a asentir con la cabeza. Al dejarme solo en calzoncillos, me apresuro a quitarle toda su ropa. Nuevamente nos enfrascamos en un inolvidable beso. Me tira en la arena y empieza a acariciar mi cuello con sus labios. Lentamente, desesperándome, enloqueciéndome. Sus dedos tamborilean impacientes por mi espalda. Mientras yo asciendo y beso su frente, sus mejillas… mis labios descienden y aprietan su trasero. Mi amor tiene unas nalgas realmente hermosas que a veces me dan ganas de pellizcar en los momentos y lugares más inapropiados. Sus maravillosas manos acarician mis hombros mientras sentimos que la lluvia arrecia. Nuestros cuerpos son lavados bajo el torrencial aguacero mientras que casi asfixiados probamos el sabor de nuestros labios.

    Es increíble… la agarro por los hombros y dando un giro de 180 grados la coloco a horcajadas sobre mí. Ella me mira sorprendida por tan brusco movimiento y yo solo sonrío y desciendo el rostro hacia el suyo, lentamente paso mi lengua por el humedecido contorno de sus labios, tomo entre mis dientes su labio inferior y luego de darle un pequeño mordisco, lo succiono. Mis manos recorren sus hombros y mis labios recorren con pasión su cuello, sus pechos. Me detengo en sus pezones, los besos, por la línea media recorro el camino hasta su ombligo donde paso mi lengua y en círculos danzantes mido su diámetro. Sigo, estimulándola, por sus gemidos el descenso hacia su sexo, lo beso y no le presto mayor atención. Beso la parte interior de sus muslos y aspiro su aroma.

    Ella empieza por mis muslos, mis piernas, mientras todo mi cuerpo tiembla no solo a causa del frío si no del placer tan grande que me produce que recorra con sus labios mi cuerpo. Llegando a mis pies, mete mi dedo grande dentro de su boca y le da un mordisco. La miré entre extasiado e incrédulo.

    Con sus manos dirige su cara hacia mi excitada masculinidad. He decidido no hacerla esperar más. Con verdadero amor sus labios recorren mi miembro, lamen sus bordes y succionan sus contenidos… Mientras yo apretaba sus hombros sintiendo la necesidad de estar dentro de la Señorita R. Ella se dio cuenta de lo que necesitaba y agarrando mi miembro entre sus manos, se sentó encima de mí y lentamente empezó a cabalgarme mientras la lluvia caía en nuestros cuerpos.

    La arena húmeda de la playa, los truenos sonando en la lejanía hacían casi insonoros nuestros gritos de placer, se estaba tan bien, su feminidad recorre mi longitud y su interior lo alberga entrañablemente. Es como el candado y la llave, nuestros miembros están hechos para acoplarse a la perfección. Sus caderas empezaron una danza ansiosa, descienden, ascienden hasta que pierdo el control de mí y en un delirante momento su ser se vierte en mí mientras el cielo lo hace sobre nuestros cuerpos. Notar sus fluidos calientes, deslizándose entre mis muslos y la lluvia fría hicieron que yo también soltara mi amor a chorros dentro de ella.

    Sabía que a ella también le gustaba ese paisaje y no podíamos acabar ya, tenía que darla más placer, así que con mis manos agarré sus nalgas y sacando mi miembro de dentro de ella hice que subiera hasta mi boca, para darle placer y hacer que se vaciara, de nuevo, en mi boca, en mi cara, jugando con mi lengua mientras la Señorita R se movía como poseída por las olas que iban y venían.

    Extasiados en la playa nos quedamos mientras la lluvia nos mojaba y vimos como empezaba a salir el sol entres nubes y relámpagos.

    Espero que os haya gustado este relato, os recuerdo que los comentarios y valoraciones son gratis. Nos leemos.

  • Educando a mi sobrina

    Educando a mi sobrina

    Había quedado en:

    “Fui al patio y vi a Mariel en una de las reposeras, puse otra al lado y me recosté.

    Yo: Todo bien Mariel?

    M: Si tío, todo bien

    Me senté en la reposera mirándola, ella me miró y le pregunté:

    Y: llegaste a gozar?

    M: Me viste

    Y: si no fuiste muy disimulada

    M: si tío, tremenda paja me hice. Y a vos no te fue mal!”

    Me volví a recostar en la reposera, y ella aprovechó para charlar conmigo cosas que con su madre no se atrevía

    M: Tío, con cuantas mujeres te has acostado?

    Y: No llevo la cuenta Mariel.

    M: Más de 30?

    Y: seguramente

    M: Y de qué edad te gustan más?

    Y: de 25 a 45, aunque reconozco que entre una de 25 y una de 40, me quedo con la de 40

    M: Y las de mi edad no? Por qué?

    Y: porque están mucho en el histeriqueo, piensan que porque tienen 18 años y un lindo cuerpo son las diosas del sexo. Además como todas sus experiencias son normalmente con jovencitos, no saben disfrutar el sexo.

    M: y una veterana qué?

    Yo: Mira, una “veterana” como le decís vos, comparada con vos, te lleva kilómetros de ventaja

    M: a que si lo haces conmigo, cambias de opinión, no creo que una “vete!” sea mejor que yo.

    Y: ya que estas desafiante, contesta vos: Con cuantos has estado?

    M: 2

    Y: y seguro que siempre 1 a 1, nunca con los dos?

    M: no

    Y: Con cuantas mujeres?

    M: Ninguna

    Y: sos multiorgásmica?

    M: ehh

    Y: Cuantas veces hiciste sexo anal?

    M: Nunca tío!!!

    Y: Sabes dónde tenés el punto G

    M: si en la vagina

    Y: pero te lo descubrieron o lo descubriste?

    M: No

    Yo: pues entonces olvídate que le llegues a los talones a “una vete”. Las mujeres que yo frecuento, son las que han aprendido a gozar, a buscar el placer, a pedirle al hombre, sin pudor, que es lo que quiere que le haga, o decirle lo que quiere hacerle.

    M: entiendo

    Y: y algunas no tienen problemas en compartir la cama con otra mujer, y otras, se llevan dos hombres a su cama. No todas las veces, solo cuando les pinta la situación

    M: y por ejemplo con la chica que trajiste, hablaste que iban a hacer?

    Y: No, vinimos porque teníamos ganas uno del otro.

    Al rato se unió Lilian a la charla,

    L: de que charlaban?

    M: de las mujeres que se acuestan con el tío

    Lilian se puso colorada instantáneamente carraspeo y dijo:

    L: no me parece un tema para vos Mariel, y vos Martín, ojo con meterle cosas en la cabeza.

    Y: Meterle que y en dónde? -dije mirándola a Mariel, y guiñando el ojo en complicidad.

    L: Por favor, no empieces con tus dobles sentidos, eres terrible.

    Y: es que no entendí bien.

    Cuando Lilian fue a buscar para tomar algo, Mariel siguió.

    M: pero nunca te acostaste con una chica de mi edad, siendo vos grande.

    Y: si, alguna noche de necesidad, si

    M: y?

    Y: parecía su maestro de escuela. Después me llamó varias veces para vernos, pero cuando le dije de hacer un trio y hacerle la cola, salió corriendo.

    M: a mí no me molestaría?

    Y: que no te molestaría

    M: hacer un trio y lo de la cola?

    Y: huy, que lanzada. Por favor Mariel, te falta cama.

    Lilian: supongo que no seguirán hablando de lo mismo

    M: le decía al tío que me gustaría probar todo en el sexo, y a vos mamá?

    Lilian: no son preguntas que se le hacen a una madre.

    M: no se le hacían, ahora si

    Lilian: me incomodan, y vos que tanta experiencia tenés para decir eso?

    M: mamá, ya estuve con dos chicos. Hace dos años que no soy virgen?

    Lilian: Qué? Cuando? Quién? Te cuidas?

    M: muchas preguntas. Relajate y goza, sobre todo eso, goza.

    Lilian: pero, pero.

    M: me voy a la compu, me la prestas tío?

    Y: Si, no hay problema. Y no vayas a abrir una pestaña que dice “oink”, porque son chanchadas, sitios porno

    M: no tiito, eso no lo hace una niña buena!!! Tras lo cual salió corriendo

    L: Martín, por favor, no la estimules

    Y: sin embargo a vos te gusta que te estimulen

    L: no empieces.

    Acerqué mi reposera hasta que se chocaron, tomé su mano y la apoye sobre mi pija. Hizo una suave caricia y se quedó quieta, no la sacó

    L: no, Martín basta, ya fue mucho lo que hicimos, aparte Mariel puede venir en cualquier momento

    Y: no te preocupes, que no es ninguna boluda, si nos ve hacer algo ni se va a acercar. Te acordás como chupar una pija?

    L: algo, necesitaría practicar

    Saque mi pija fuera del short, puse su mano y le dije: “Acá tenés un voluntario”

    L: pero, acá? Ahora?

    Y: como vos me pediste que te diga hace un rato: “Chupa PUTA”

    Lentamente se fue acercando, fueron besitos en la cabeza primero, luego empezó a sacar la lengua y pasarla por el tronco, cuando tuvo más confianza fue metiéndola y sacándola de la boca.

    L: está bien así?

    Y: si, disfruta vos chuparla, mámamela con ganas de gozar vos

    Sus movimientos cada vez eran mejores. Sentí como se comenzaba a agitar

    Y: Estas caliente, ya te estas mojando?

    L: sí, estoy mojada.

    Y: bueno, tocate, excitate y date placer mientras le chupas la pija a un macho.

    L: pero

    Y: tocate las tetas, el clítoris, metete dedos, demostrale al hombre cuanto te excita estar con él, cuanto te excita hacerlo gozar.

    L: si me encanta ver esta pija dura por mi, me hace bien

    Y: pues entonces dame y date placer

    Fueron casi veinte minutos que estuvo mando, pajeando y al mismo tiempo se tocaba.

    Cuando estaba por acabar, la tomé de los cabellos de la nuca con las dos manos hice que me miraba y le dije:

    Y: ahora vas a saber que es que te cojan la boca

    Me paré, dejé su cabeza quieta y empecé a bombear, entrando y saliendo a fondo. Por momentos le daba arcadas, pero también casa ves se excitaba más. Cuando sentí que me venía, la enterré hasta el fondo de su garganta y acabe en ella. Al mismo tiempo llegó a un orgasmo que hizo templar todo su cuerpo.

    Y me volví a sentar, ella se acomodó la malla, pasó su mano por su cara limpiando un poco los restos de semen, y al ver que venía Mariel, se tiró a la pileta. Como quien no quiere la cosa, le limpio la cara y los pechos, y Salió sonriendo del agua.

    L: ahora vengo, voy a buscar una toalla

    Y: bueno

    Cuando entró a la casa, la miré a Mariel

    Y: otra vez espiando?

    M: si tío, y me calenté otra vez.

    Y: me parece que te tenés que calmar un poco y sacarte el sexo de la cabeza.

    M: no puedo “Martín”, desde antes de venir ya estaba así. Y recién vi dos videos y me puse loca. Justo bajé a tomar algo a la cocina y la vi a Mamá y fue para peor, para colmo no me dio tiempo a meterme mano.

    Justo volvía Lilian por lo que se cortó la charla. Y no siguió por el resto del día. Al atardecer pasó un amigo a saludar, y ver si iba a salir esa noche. Le dije que no, que no salía, cuando justo entró Lilian a la cocina

    A: Ahora entiendo por qué no salís.

    L: Perdón no sabía que estabas con gente.

    Y: No es gente, es un amigo. Juan, ella es mi hermana Lilian, que está de visita, buscando trabajo porque se quiere venir a vivir con la “nena” a Capital

    A: Un gusto Lilian, no sabía que Martín tuviera una hermana, sobre todo, tan joven y hermosa.

    Yo: Lilian, te están tirando los perros, ojo?

    L: Gracias, pero ni tan joven ni tan hermosa. Y si Martín, escucho los ladridos, jajajaja

    A: perdóname, pero me vas a decir que a los 30-32 que tenés no sos joven?

    Yo: Ves lo que te digo, boluda!!!

    A: Cuantos años tenés Lilian?

    L: 44 no tengo problemas en decirlo

    A: Por Dios, en serio que no te daba más de 32.

    L: Gracias, sos muy amable.

    Y: Juan, me haces un favor: La podes invitar a tomar algo, no conoce la zona, porque no salen. Eso sí, metes una mano y te cago a trompadas, es MI HERMANA.

    A: Con todo gusto. Lilian, si querés paseamos un poco y te invito a cenar. Prometo comportarme.

    L: Martín, en el pueblo eso se llama “entregarla atada” y Juan, te agradezco pero no quiero interrumpir tus planes.

    A: No, va a ser un gusto y sobre todo encantado de tener tiempo para charlar y conocerte más.

    L: Bueno acepto, si me esperas ya bajo.

    A: por supuesto

    Al rato bajó, con un lindo vestido, entallado que realzaba su figura. Cuando se fueron, me fui a mirar televisión al living. Al rato escucho que Mariel pregunta:

    M: Mamá ya salió? A qué hora vuelve?

    Y: si hace un ratito. Y creo que vuelven tipo 1 o 2, no sé. Por?

    No contestó, y al ratito bajó, se sentó al lado mío y vi que seguía con la malla y una remera.

    M: este es un Smart TV, no?

    Y: si

    M: Me prestas el control remoto?

    Y: si busca algo, yo recién lo prendo.

    Con una habilidad asombrosa en dos segundos había puesto una página de videos porno.

    Y: que haces pendeja?

    M: quiero mirar porno en pantalla grande.

    Y: no jodas, no empieces un juego que no sabes cómo puede terminar

    M: si, se

    Y puso un video de un trio de dos mujeres y un hombre. En cuestión de segundos sus manos buscaban sus pechos y su vagina, su respiración se agitaba. Ver el video y a mi sobrina excitada y metiéndose mano hizo que empezara a excitarme.

    Ella, sin ponerse de pie se sacó la remera. Sus pechos eran apenas más pequeños que los de su madre, pero sus pezones mucho más grandes. Solo pasó un par de minutos hasta que de un salto se saque la parte de debajo de la malla, para quedar completamente desnuda, se sentó de costado, abrió las piernas y me mostraba como sus dedos entraban y salían.

    Y: Mariel, es hora que pares. Podes terminar llorando.

    M: Me la tendré que bancar.

    Y: pues chuparme la pija pendeja, y sin chistar.

    Con la misma velocidad que se sacó la ropa estaba prendida a mi pija. Evidentemente tenía más entrenamiento que la madre. Le sobaba la vagina, jugaba con el clítoris. Y apretaba suavemente su ano. Me paré, la hice acostar con la cabeza de lado mientras le metía mi pija en la boca. Le metí dos dedos en la vagina y dio un salto. Busque su punto G y los estimulé.

    M: Por Dios, que me haces, que placer, voy a acabar, gritaba

    Así acabó 3 o cuatro veces. Su boca se separaba unos segundos de mi pija para buscar aire.

    Me prendí a sus pezones y los besaba y mordía, mis dedos seguían excitando su punto G, y otro de mis dedos, aprovechando que su concha choreaba y mojaba el ano, fue abriéndolo y dilatándolo, hasta que entro por completo. Marial estaba totalmente desquiciada me apretaba la cabeza contra sus tetas, metía dos dedos en su boca como si fuera otro pene.

    Así llegó a un súper orgasmo. Cuando vi que dejaba de temblar, la tome, la puse de rodillas frente al sillón, tomé una de sus manos y dos dedos de esa mano los introduje en la concha.

    Y: te gusta pajearte, pues pajearte para mí.

    Mariel: No doy más, déjame descansar un poco.

    Y: te lo previne, ahora báncatela. Pajeate.

    Lentamente comenzó a hacerlo cuando volteó la cabeza me vio como me masturbaba, la miré y le pregunté:

    Y: te gustaría tenerla adentro?

    M: si, pero es grande.

    U: Vos dijiste que te la bancabas. Pues báncatelas.

    Luego de un rato, hice que uno de los dedos siguiera y el otro lo meta en su ano. Se negaba por lo que le dije: es preferible que te lo metas vos y no yo.

    Se lo fue metiendo de a poco, entrando y saliendo. “Otro” le dije

    M: No, por favor

    Y: Otro

    Y casi sin meterlos fueron entrando dos. La dejé así y fui hasta la cocina y traje aceite de cocina.

    Fui poniendo gotitas para que vayan lubricando los dedos. Esto facilitó la entrada. Cada vez lo hacía más rápido, le hice meter un tercero. También entraban y salían, la acosté en el suelo, hice la puse de costado y le empuje la rodilla de la pierna de arriba hasta que toco su pecho. Todo sin sacar los dedos.

    Y: así que te la bancas, que le pasas el trapo a una “vete”

    Y de un golpe le enterré la pija en la vagina, quiso sacar los dedos del culo y no la dejé: Entraba y salía con todas mis fuerzas. Empezó a llorar de dolor, pedía que pare.

    Y: bancatela putita, te haces como todas las de tu edad que se la saben todas, pues esto es apenas una muestra de lo que se banca una vete. Y encima lo disfruta, y pide más.

    Seguía llorando, yo estaba sobre ella bufando como un toro furioso. Ver que lloraba me excitó aún más. La saque, y acabe en su cara.

    Me senté en el sillón, cambié y puse una película y me puse a verla, así desnudo como estaba, como si nada hubiera pasado.

    Quedó acostada unos segundos y se levantó y salió corriendo al dormitorio. Con un trapo limpié el living, fui a mi cuarto y me cambié. Cuando pase por su cuarto escuche que se estaba bañando.

    Bajó, se sentó en un sillón frente a mí

    M: sos una bestia, me hiciste mierda.

    Y: Mariel, vos me desafiaste, yo te advertí dos veces y te di la oportunidad de parar. No quisiste.

    Como te dije, eso para una vete no es nada. Solo fueron 30 minutos. A veces podemos estar una hora y media dándonos.

    M: nunca pensé que era así. Yo cuando lo hice, los flacos no duraban 15 minutos. Y yo si no me tocaba no llegaba.

    Y: por eso te dije. Uds. se la creen y no saben nada.

    M: sé que vas a pensar que estoy loca, pero quiero más, que me enseñes más.

    Y: hoy me olvidé que sos mi sobrina, pero no me busques.

    M: no soy tan boluda para volver a decir que me la banco, pero por lo menos quiero intentarlo…

    Y: veremos.