Autor: admin

  • La prisión de los placeres culposos (2)

    La prisión de los placeres culposos (2)

    Cómo recordarán, la historia anterior terminaba conmigo durmiendo junto a Maya, mi proxeneta, y este relato comienza a la mañana siguiente después de eso.

    En cuanto las guardias hicieron sonar la alarma, la cual anunciaba el inició de un nuevo día, Maya me llevó hasta la celda número 9, en dónde estaban todas las putas que ella manejaba, y me presento ante ellas.

    Luego, Maya le ordenó a una de sus putas, la cual se llamaba Gwen, que me diera un tour por la prisión para que la conociera. Aquella era una mujer peli marrón, alta, musculosa, y con varios tatuajes en la piel.

    Mientras recorría los pasillos en compañía de mi nueva compañera, varias de las reclusas me salvaron y me gritaron obscenidades, pero yo simplemente las ignore y seguí mi camino.

    “¡Se ve que soy muy popular!” exclame, con cierta angustia.

    “¡Y no es para menos!” exclamó Gwen “Estás mujeres hace años que no ven a un hombre, y estaría dispuestas a pagar lo que sea por coger contigo. Es más, mientras hablamos, Maya está haciendo subastando una noche de sexo salvaje contigo, pues son tantas las reclusas que te quieren coger que ella se puede dar el lujo de prostituirte a la mejor postora”

    “¡Eso es lo que más frustración me da! Soy un ser humano y tengo dignidad ¡Me niego a ser tratado como un juguete sexual por el resto de mi condena!”

    “Deberías estar agradecido de tener la suerte de ser una de las putas de Maya porque, de lo contrario, ya estarías muerto. Esta cárcel está llena de sociópatas que disfrutan matando hombres pero, mientras Maya te tenga bajo su protección, no se atreverán a tocarte. Pareces un buen chico, además de ser muy lindo, así que te voy a dar el consejo que aprendí en estos cinco años que llevo prisionera: simplemente agacha la cabeza, coge a quien te tengas que coger, y estarás bien”

    “¿Y tú disfrutas que te traten como una puta?”

    “A veces si y a veces no”

    “Por cierto ¿Dónde está la biblioteca?”

    “¿Biblioteca?”

    “¡Si, una vez vi un serie sobre cárceles en dónde había una biblioteca! ¿Aquí tiene?”

    “Aquí no hay bibliotecas, ni talleres de carpintería, ni de arte, ni nada de nada. Las únicas tres cosas que podemos hacer en este lugar para entretenernos y no volvernos locas por el aburrimiento son entrenar, drogarnos, y coger”

    Un par de horas después, fui al comedor de la cárcel para almorzar, y me senté en una mesa junto con Gwen y el resto de las putas de Maya. La comida que nos sirvieron era realmente espantosa y parecía estar rancia pero, aun así, me la comí, pues no había otra cosa.

    Ni bien terminamos de almorzar, Maya fue hasta nuestra mesa, me informo que ya me había conseguido a mi primera clienta, y que me iba a llevar a la celda de la misma para que pudiera “atenderla”.

    En el camino, lo único que Maya me dijo fue que la mujer que había contratado mis servicios se llamaba Velma, y qué se dedicaba al contrabando de drogas dentro de la prisión.

    Al llegar a la celda de mi clienta, puede ver a Velma, la cual era una mujer pelinegra de 40 años de edad, de cabello corto, con la mitad derecha de la cabeza rapada, un piercing en la nariz y otro en la ceja izquierda, un cuerpo musculoso pero femenino (destacando sus inmensos muslos, los cuales serían capaces de aplastar una cabeza) unas tetas enormes, y un culo gigantesco.

    “¿Así que tú eres la putita?” me preguntó Velma, mientras se me acercaba con firmeza.

    “¡Ho… hola, señorita!” exclame, con cierto temor y vergüenza.

    “¡No me digas señorita, dime mami!” exclamó ella, llena de lujuria, pero, antes de que pudiera tomarme, Maya le agarro el brazo.

    “¡No olvides el trato que habíamos hecho!” exclamó mi proxeneta, con seriedad “¡Si no hay droga no ahí verga!”

    “¡Bueno, está bien!” exclamó Velma, y le entrego a Maya una bolsa de metanfetaminas “Este es el primer pagó. Cómo acordamos, yo te daré toda la droga que quieras, siempre y cuando me permites tener a este hombrecito para mí sola durante un día entero por semana”

    “Es todo tuyo entonces, pero recuerdo: puedes hacer lo que quieras con él, pero no quiero verle marcas de golpes ni de cortes porque, si dañas mi mercancía, te juro que te vas a arrepentir”

    En cuanto Maya salió de la celda, Velma ordeno que me desnudara, me dió una tanga de color violeta y un lápiz de labio del mismo color, y me dijo que me los pusiera.

    Una vez qué me vesti como ella me había ordenado, la milf se desnudó por completo, me entrego una botella de aceite corporal, se acostó boca abajo sobre la cama de su celda, y me ordenó que le diera un masaje erótico.

    Tras cubrir el cuerpo de mi clienta en abundante aceite, comencé a masajear la de arriba a abajo. Primero, comencé por masajear su poderosa y musculosa espalda, hasta llegar a sus gordas e inmensas nalgas, las cuales bañe en abundante aceite y estruje con gran fuerza, cosas que ella disfruto, pues la escuche gemir con fuerza.

    “¡No sabes cómo extrañaba sentir las manos de un hombre!” exclamó Velma, mientras yo le masajeaba su enormes glúteos “Llevo 10 años encerrada en esta pocilga y, aunque me divertí mucho cogiendo con mujeres, para mí no fue lo mismo ¡Los hombres son mi debilidad, en especial si son jóvenes!”

    “Y dime ¿Por qué te encerraron?” le pregunté, con cierto temor.

    “Solo diré que yo antes enseñaba matemáticas en un colegio secundario y, un día, descubrieron que era muy “cariñosa” con uno de mis alumnos pero ¿Te soy sincera? ¡No me arrepiento de nada!” dijo ella, mientras se daba vuelta para que pudiera continuar con el masaje

    Al igual que hice con la parte trasera de Velma, empecé a aceitar su cuerpo de arriba a abajo, masajeando sus poderosos brazos, sus tetas suaves, y sus abdominales perfectamente marcados.

    “Dime ¿Te gustó la comida del comedores?” me preguntó ella, con una sonrisa pervertida.

    “La verdad, es un asco” le dije

    “¡Pues, para tu suerte, tengo un postre que te va a encantar!” exclamó, mientras agarraba mi cabeza, y la metía en su entrepierna “¡A chupar, mariquita!”

    En cuanto mi lengua penetro el coño maduro de la milf, está gimió con fuerza, y todo su cuerpo tembló por la excitación. Luego, Velma me agarró de los pelos, y nuestras bocas se unieron en un ensalivado y potente beso que parecía ser eterno. Nuestro beso fue tan intenso que, al momento de superar nuestras bocas, los labios de Velma quedaron todos pintados de violeta, debido al lápiz labial que había usado.

    “¡Ahora quiero que me beses el culo!” exclamó ella, mientras se ponía en cuatro, agarraba mi cabeza, y metía mi cara entre sus enormes nalgas “¡Buen provecho, putita de mierda!”

    Al igual que como me había pasado con Maya, al principio me dio asco chuparle el ano a una mujer pero, luego de unos instantes, y aunque me dé vergüenza admitirlo, me terminó gustando el sabor fuerte pero erótico que este tenía.

    “¡Cómo se nota que eres nuevo, aún no sabes cómo dar un buen beso negro!” exclamó Velma, entre gemidos, mientras aguantaba sus nalgas contra mi cara “¡Pero no te preocupes, te voy a hacer practicar hasta que aprendas!”

    Luego de un buen rato, Velma se acostó boca arriba sobre la cama, y me ordenó que me subiera encima de ella, que metiera mi verga dentro de su coño, y que comenzará a cogérmela tan fuerte como fuese posible.

    Yo acate la orden de mi clienta y, a decir verdad, me encantó lo húmedo y apretado que se sentía su coño.

    Al principio, ambos gemimos y disfrutamos del sexo pero, tras varios minutos, ella envolvió mi cuerpo con sus enormes y colosales piernas.

    “¡Estás bajado el ritmo!” exclamó ella, molesta “¡Te dije que quería que me cogieras bien duró!”

    “¡Perdón, hago lo que puedo!” exclame, nervioso.

    “¡No es suficiente!” respondió ella, mientras estrujaba mi cuerpo con sus piernas.

    “¡Detente, vas a romperme las costillas!”

    “¡Cógeme con todo lo que tengas entonces, o juro que te aplastarle como a una uva!”

    Al escuchar las amenazas de Velma, y al sentir como sus poderosos muslos aplastaban mis costillas, empecé a cogerla con todas mis fuerzas y a un ritmo muy intenso.

    Personalmente, yo jamás me hubiera imaginado que iba a tener sexo tan duro con una mujer, pero lo conseguí, aunque tuve que ponerle mucha fuerza de voluntad para lograrlo.

    Tras coger por varios minutos, Velma tuvo un orgasmo, y yo estaba a punto de acabar también, pero ella me ordenó que le hiciera un fascial. Fue entonces que yo saqué mi verga de adentro de su coño, me senté sobre sus abdominales, puse mi verga entre sus inmensas tetas, y eyacule sobre su cara, cubriendo todo el bello rostro de esa milf con mi semen.

    Al finalizar el brutal encuentro sexual, yo me desplome sobre la cama completamente agotado, y ella se acurrucó a mi lado.

    “¡Eso estuvo muy intenso!” exclame.

    “¡Si, estuvo muy bueno para ser la primera ronda!” me respondió ella.

    “¿Cómo que la primera ronda?” le pregunté, sorprendido y nervioso.

    “¡Pues claro! El acuerdo que Maya que hice con Maya estipulaba que te tendría para mí sola durante todo el día, y no pienso desperdiciar ni un solo momento ¡Ahora prepárate, porque ahora quiero sexo anal, y quiero que te cojas mi culo con la misma intensidad que te cogiste mi coño!”

    Pese a sentirme agotado, no tuve otra opción que obedecer a Velma y, dura te el resto del día, ella y yo tuvimos sexo de todas las formas que se puedan imaginar.

    Finalmente, al caer la noche, Gwen vino a buscarme para llevarme de regreso con las demás putas, y Velma se despidió de mi, diciéndome que me esperaba para la semana que viene.

    En el camino de regreso a nuestra celda, le conté a Gwen todo lo que Velma me había hecho hacer y está me dijo que su día había estado tranquilo, pues solo había tenido que atender a dos clientas.

    Al llegar a la celda de las putas de Maya, mis compañeras mi mostraron cual era mi cama pero, antes de que pudiera acostarme, llegó la mismísima Maya, quien me estaba buscando.

    “¿Y tú a dónde crees que vas, hombrecito?” pregunte mi proxeneta.

    “Simplemente me estaba por ir a dormir, jefa” le dije.

    “¡No, tu dormirás contigo en mi celda! Eres muy valioso como para arriesgarme a dejarte sólo con las demás putas, es por eso que es mejor que duermas en mi celda, dónde estarás más seguro” dijo Maya “¡Además, hoy anda con hambre de verga y, como la buena puta que eres, es tu deber complacerme!”

    “¿Podríamos coger mañana?” le pregunté, nervioso “¡Es que hoy Velma me estuvo cogiendo todo el día y…!”

    “¡Que vengas conmigo he dicho!” exclamó ella, mientras me levantaba como si fuese una princesa, y me llevaba consigo a su celda.

    “¡Adiós, amigo, que te sea leve!” exclamó Gwen, mientras se acostaba en su cama.

    Al llegar a la celda de Maya, está me arrojo sobre la cama y, mientras ella me quitaba la ropa para poder cogerme, yo me di cuenta de que ser el único hombre en una cárcel de mujeres iba a ser mucho más complicado de lo que había pensado.

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  • Una joven, una sombra y una obsesión

    Una joven, una sombra y una obsesión

    Descalza, sube una a una los peldaños de la escalera. Su cuerpo joven y de todo una mujer perfecta, su pecho firme, sus finas caderas y su abundante melena dorada como el trigo. Piel de luna, tapada por el roce de un camisolín de seda rosa. Que dulce verla bambolearse entre las paredes oscuras y agobiadas de silencio. Que bella escena verla a ella, toda una dama, dirigirse a su meta. Hasta que por fin, el cuarto de baño se alza ante ella, abre la puerta e ingresa sigilosa y feliz. Al cerrarse la puerta, una sombra, secuaz de las fantasías se alza nerviosa, audaz y sigilosa, y se ubica ante la perilla de la puerta de ingreso al baño.

    Un ojo, perverso, asoma su brillo a la cerradura, para poder apreciar el espectáculo que se desarrolla en su interior. La joven mujer se despoja de sus ropas y deja al descubierto todo su cuerpo y toda su esencia.

    La sombra, tan cruel, sacia su vista con tan magnífico espectáculo… la muchacha se mira ante el espejo acaricia sus senos y con sus manos delicadas como seda recorre palmo a palmo su sutil cuerpo, sube su mano hasta sus labios, humedece suavemente sus dedos con el roce de su lengua; nuevamente su mano desciende a paso lento hasta detenerse en su entrepierna, un suave masaje en su ser de mujer y experimenta el placer del toque suyo, del de su mano.

    Atrás de la puerta, la sombra se regocija al ver lo que ocurre, siente que su pantalón vaquero comienza a incomodarle a la altura de su herramienta masculina, y sin despegar sus ojos oscuros de la rendija, comienza a acariciar su miembro por sobre la ropa.

    La joven abre el agua caliente de la ducha y la deja correr, mientras el baño se llena de una neblina que poco a poco va tapando los movimientos de su cuerpo; la sombra, tan vil, comienza a desesperarse al no saber cómo seguir viendo su obsesión.

    Se escucha el agua caer al suelo, y de repente el cambio brusco del sonar agua sobre piel. La sombra imagina a la muchacha, desnuda, acariciándose con la espuma bajo la lluvia de la ducha, su excitación va en aumento, la de ambos, o al menos en la imaginación de la sombra.

    En su mente, la joven se toca sus firmes pezones, acaricia toda su piel, emite gemidos de placer, para terminar con su mano entre las piernas, acariciando suavemente su esencia femenina y brindándose placer ella sola… por su parte la sombra libera su miembro de la opresión de sus ropas y comienza a acariciarlo con mucha pasión, primero de una forma lenta, luego aumentando el ritmo y emitiendo gemidos constantes… sigue imaginando como la joven introduce uno de sus dedos en su vagina y como va experimentando el placer… deslizando su mano libre por sus pechos, oprimiéndolos y soltándolos.

    La sombra está a punto de descargar su mayor excitación… de repente, el ruido del agua cesa… unos cuantos ruidos bruscos se oyen dentro del cuarto de baño, la sombra se aleja de la puerta, sigilosa y callada, y se oculta un poco más allá atrás de algún bulto dificultoso de ver en la oscuridad de la noche. Se escucha el ruido de un picaporte y la puerta, cómplice en silencio, se abre… a través de ella pasa nuevamente el fino cuerpo de la joven, bamboleando su silueta para perderse un poco más allá entre las brumas de la noche y de la casa.

    La sombra, un poco asustada, pero al mismo tiempo extasiada por lo sucedido, regresa a su recámara, a dormir, a pensar, a seguir con sus fantasías, y a asegurarse de que mañana lo más probable es que la escena se repita… pero esta vez, convencido de que mañana podrá ver y hacer un poco más.

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  • Aby y sus cuñados

    Aby y sus cuñados

    Pocos días después de mi encuentro, siguiendo las instrucciones de mi suegro, con mi cuñado Pascual, el sistema me hizo una señal para que me conectara, cuando lo hice apareció la imagen del salón de Aby, la mujer de Pascual.

    Esta estaba sentada sobre el sofá, llevaba una camiseta blance de tirantes, muy ajustada, que provocaba la impresión de que su dueña no llevaba sujetador, y por contraste unos pantalones negros muy ajustados, en ese momento el timbre de la puerta sonó y Aby fue a abrir. Cuando volvió nuestro cuñado Oscar la acompañaba, Los dos se sentaron Aby en el sofá y Oscar a su lado, este le dijo:

    -Bueno, cuñada, cuéntame lo que quieres, me has dejado intrigado.

    -Veras, dijo esta, tú eres de los hermanos el que más se parece a Pascual, y quería consultarte, si así estoy bien para llevarle a cenar esta noche.

    Oscar miró de arriba abajo a su cuñada y la dijo:

    -Cuñada, así estas estupenda, su yo fuera mi hermano no saldríamos a cenar

    Y mientras le decía esto puso sus manos sobre las rodillas de su cuñada, los dos parecieron entender el mensaje de él otro y se besaron en la boca, luego él bajó los tirantes de su blusa, confirmando que no llevaba sujetador y dejando sus tetas al aire, en ese momento la pidió:

    -Cuñada, ponte de pie, quiero besarte las tetas.

    Esta obedeció, y cuando lo hizo él puso sus labios sobre los pezones de ella, y se puso a besárselos y chupárselos. Pero no se conformó con eso, sino que de un golpe le bajo los pantalones dejando a la vista un diminuto tanga de color oscuro.

    En ese momento Aby reaccionó y se quitó ella misma el pantalón quedandose solo con su tanguita, y le dijo a su cuñado:

    -Eso no es justo, yo estoy casi desnuda y tu completamente vestido, levántate y déjame hacer.

    Él se puso de pie, ella se sentó en el sofá y dijo:

    -Vamos a ver lo que escondes aquí,

    Le desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con el short, dejando su polla al aire, al verla exclamó:

    -Oye esta maravilla, no debería de estar escondida, sino a la vista, para que todas las mujeres pudiéramos contemplarla.

    Luego la cogió con una de sus manos y la llevó hasta su boca y abriendo sus labios, la introdujo dentro de esta, el al sentirlo se puso a gemir y dijo:

    -Cuñada, que boca tan deliciosa tienes, y que bien la sabe mamar, como te descuides vas a hacer que me corra enseguida.

    Ella siguió chupándosela un poco más, y fue él quien dijo:

    -Por favor cuñada, follemos ya.

    Y luego le sacó su polla de la boca de ella, se tumbó sobre el sofá y la hizo una señal para que se acercará, ella lo hizo, pero antes con un gesto pícaro le indicó un lugar del sofá, el vio que allí había un paquete de condones, cogió uno y se lo puso, ella al verlo echó una sonrisa complaciente, fue donde él estaba y poniéndose delante de él con sus piernas bien abiertas se colocó en una posición ideal para ser penetrada.

    Él no se hizo de rogar, sujetó con una de sus manos, uno de los cachetes del culo de Aby, y de un golpe se la metió, ella al sentirlo dijo:

    -Cuñado en esto no te pareces a mi marido, eres mejor que él.

    Oscar comenzó a moverse dentro del coño de ella, y pronto los dos se pusieron a gemir, ella continúo diciendo:

    -Oscar la tienes más grande que tu hermano, y la usas mucho mejor.

    -Es que tú eres una mujer sensacional y te mereces lo mejor, la contestó Oscar.

    Siguieron en esta postura hasta que ella dijo:

    -Cuñado me muero de ganas de ponerme encima de ti,

    -Tu por esa boquita tan sexy que tienes pide y tu Oscar te complacerá, respondió él.

    Ella se sacó la polla de él del interior de su coño y le pidió que se sentara bien relajado, y con las piernas juntas en el sofá, cuando el lo hizo, ella se puso de espaldas a él, y se sentó, encajando el coño de ella con la polla de él, en ese momento era ella quien marcaba el ritmo y el parecía encantado y dijo:

    -Cuñada te mueves maravillosamente, mi hermanito debe estar en la gloria follando a una mujer como tú.

    No creas, dijo ella, debéis de tener alguna putita en la oficina que le deja bien ordeñado, desde hace un tiempo.

    Ella siguió follandole en esta postura, y los dos parecían encantados, al parecer el ritmo que marcaba Aby le gustaba mucho a su cuñado, él no paraba de decir:

    -Cuñada me encanta lo buena folladora que eres, te cambiaba por mi mujer sin pensarlo.

    Siguieron así, hasta que él dijo:

    -Esto es divino, mi amor, pero me gustaría ser yo quien llevara el rimo otro rato.

    -Si ese es tu deseo, respondió ella.

    Él le pidió a ella que se pusiera a cuatro patas encima del sofá, ella accedió, y se puso como si fuera una perra, o una zorra, jajaja encima del sofá, con las manos apoyadas y una de sus piernas fuera del mismo, el se puso de pie, detrás de ella y dijo:

    -Que maravilloso panorama tengo desde aquí.

    Con una de sus piernas encima del sofá y la otra en el suelo, apoyó sus manos en los cachetes del culo de ella, y de un golpe le introdujo su polla en el interior del coño de su cuñada, que al sentirlo comenzó a gemir:

    -Cuñadito, eres fantástico, la manejas muy bien, te adoro.

    Yo al oír estas palabras y dado todo lo que había visto con anterioridad no pude evitar llevarme una de mis manos a mi coño, me había habituado a ver las conexiones del sistema sin nada en el coño, para no perder el tiempo en quitármelo, estaba extremadamente caliente, por lo que mis dedos se introdujeron en mi coño con verdadera ansia.

    Mientras ellos continuaban follando, él estaba muy excitado de poder follarse a su cuñada desde esta postura, ella también gozaba muchísimo y no tardó en correrse, él siguió con su metesaca hasta que sintió que iba a correrse, en ese momento se lo dijo a ella que le respondió:

    -Cariño, me encantaría que lo hicieras en mi boca.

    -Si ese es tu deseo dijo él.

    Oscas se levantó del sofá y se quedó de pie, ella hizo lo mismo, pero en vez de quedarse de pue se arrodilló y dijo:

    -Cuñado, quiero beberme tu leche.

    Se metió la polla de él en la boca y comenzó a chuparla, Oscar al sentirlo dijo:

    -Cuñada la mamas de maravilla, estoy alucinando.

    Siguió chupándosela hasta que él dijo:

    -Me corro.

    Y aunque no se viera si se notaba como un montón de leche salió de la polla de él, y fue a parar a la boca de ella, que no pudo retenerla entera y una parte se desparramó por sus labios.

    Después la comunicación se cortó.

    Pocos días después el sistema volvió a encenderse, y nuevamente apareció la imagen del salón de Aby, y la zorra de su dueña también, llevaba la misma blusa que el día anterior, pero esta vez, al parecer había ganado en confianza y no llevaba pantalones, sino que un minúsculo tanga cubría su coño.

    Creo que tampoco fue una sorpresa cuando llamaron a la puerta y ella fue a abrir, y yo no debería haberme sorprendido de que él que entrara por la puerta, junto a ella fuera mi marido. Ella le preguntó:

    -¿Qué te trae por aquí cuñado?

    Como había argüido Oscar, pocos días antes, la razón de la visita era, aparentemente relacionada con los negocios de mi suegro, pero mi marido no apartaba sus ojos del tanga de Aby, hasta que esta, haciéndose la sorprendida dijo:

    -Cuñado, perdona, en casa estoy en la intimidad, en tanga, y no me he dado cuenta hasta ahora, espero que no hay sido muy desagradable para ti.

    -Para nada, dijo mi marido, verte así es un verdadero placer, estas extremadamente sexy.

    Y sin pensarlo mi marido acercó su cabeza con la de su cuñada, la acaricio la cara y juntando, sus labios con los de ella se dieron un beso muy romántico y apasionado, después él le pidió a ella que se pusiera de pie, ella obedeció y cuando lo hizo mi marido acercó su cabeza al vientre de su cuñada y poco a poco se puso a subirle la blusa, mientras le besaba su torso, ella dijo:

    -Cuñado me encanta el romanticismo con que lo haces.

    Él siguió subiendo su blusa hasta dejar al descubierto sus tetas, y dijo:

    -Aby, las tienes preciosas.

    Mi marido la ayudo a quitarse la blusa, ella no llevaba nada debajo y con otro movimiento la quitó el tanga, dejándola completamente desnuda, y le dijo:

    -Cuñada estas estupenda, pareces una diosa,

    Y antes de que ella tuviera tiempo de responder la hizo sentarse en el sofá, el se arrodilló ante ella, aparto los labios de su coño, y añadió:

    -Aby, pareces una diosa.

    Acarició su coño con sus dedos durante un momento, luego llevó sus labios hasta los labios vaginales de su cuñada e introdujo su lengua en su interior, mientras la decía:

    -Tienes un coño delicioso.

    Y continuó comiéndoselo, ella al sentir su lengua se puso a gemir mientras le decía:

    -Cuñado esto es delicioso, lo comes maravillosamente bien.

    Él la respondió son su lengua que no cesaba de darle placer, los gemidos de ella fueron aumentando, y siguió chupándoselo hasta que ella se corrió, entonces Aby le dijo:

    -Me has hecho muy feliz, ahora me toca a mí hacértelo a ti, ponte de pie.

    Mi marido siguió las instrucciones de mi cuñada y se levantó del suelo, ella también se levantó y poniendo su cabeza a la altura de la polla de mi marido, primero se la acaricio y después le desabrochó la bragueta dejándole su miembro fuera y se la introdujo en la boca, él al sentir la boca de su cuñada actuar sobre su polla comenzó a gemir y dijo:

    -Que bien la chupas Aby

    Ella no dijo nada, pero siguió chupándosela, la cara de mi marido era un poema, no cabía duda de que su cuñada le estaba realizando una mamada sensacional, estuvieron así hasta que mi marido sintió que le faltaba poco para correrse, en ese momento aparto la cabeza de ella de su boca y le dijo:

    -No quiero correrme sin que mi polla haya disfrutado de ese coñito tan precioso que tienes.

    -Por mi encantada, dijo ella, pero creo que primero deberías de desnudarte.

    Llevaba razón, mientas su cuñada estaba completamente desnuda él se encontraba totalmente vestido, trato de disculparse.

    -Perdona cuñada, no me había dado cuenta.

    Luego procedió a desnudarse se quitó los pantalones y luego el short, continuaba con la camisa, pero de cintura para abajo, su polla estaba libre de cualquier prenda. En ese momento ella le pidió que se sentara en el sofá, el obedeció y ella buscó un paquete de condones que tenía escondidos, le puso uno a él en la polla y dándole la espalda se sentó sobre él y acopló su coño con su polla y comenzó a hundirla en su interior, mientras decía:

    -Cuñado, tienes una polla deliciosa, apenas se ha metido en mi coño y me esa volviendo loca de placer.

    -Tu coño si que es delicioso, cuñada, contestó él, es muy caliente y acogedor, esto es alucinante,

    Aby no respondió, pero sus movimientos arriba y abajo eran una auténtica respuesta, los dos comenzaron a gemir y mi marido dijo:

    -¿Por qué no lo abre hecho antes? Esto es increíble, es la mejor follada de mi vida.

    Debía de haberme puesto celosa al escuchar a mi marido decirle eso a una mujer, pero lo que en realidad estaba era caliente, mis dedos, de forma inconsciente se fueron hacia mi coño y se introdujeron en su interior, dando comienzo a una paja muy caliente, Mientras los dos tortolitos se seguían dando gusto, al notar a Aby cansada mi marido le sugirió un cambio de postura, ella se levantó y apoyando sus brazos en el sofá, dejó su culo en pompa y su coño al alcance de a polla de su cuñado.

    Mi marido se puso detrás de ella y desde esta postura le metió su polla, de nuevo, en el interior del coño de ella, los dos se pusieron, nuevamente, a gemir, ella dijo:

    -Joder cuñado, eres un gran follador, se nota que sabes el ritmo que más nos fusta a las mujeres,

    -Eso es porque tu ciño es muy especial, dijo él, apetece mucho moverse en tu interior.

    Mientras se decían esto sus miembros se daban placer mutuamente, mi marido debió de ver a su cuñada un poco cansada, y le dijo:

    -Si quieres túmbate en el sofá, boca arriba, y desde esa postura seguiremos follando.

    -Muchas gracias, mi amor, dijo ella.

    Dejaron de follar por un momento, y ella adoptó la postura que le había sugerido mi marido, tras lo cual siguieron follando, sus gemidos eran muy intensos ella dijo:

    -Joder cuñado, me vas a provocar un orgasmo alucinante,

    -Ese es mi deseo, dijo él.

    Y continuaron follando en la misma postura, los gemidos de ambos eran cada vez mas intensos, hasta que mi cuñada dio un fuerte gemido y se corrio, después dijo:

    -Muchas gracias cuñado, me has hecho tener uno de los mejores orgasmos que he tenido en mucho tiempo, es fantástico, pero quiero que sigas, quiero sentir como te corres.

    Por supuesto mi marido se dispuso a complacer a su cuñada, continuo moviendo su polla en el interior del coño de esta, sus gemidos me demostraban lo bien que el muy cabron lo estaba pasando, hasta que dijo:

    -Me viene Aby.

    Ella le dijo:

    -Adelante mi amor córrete

    Mi marido siguió follando con ella hasta que se corrió, cuando lo hizo ella ñe quitó el condón y con su tanga se puso a limpiarle la polla hasta dejarla limpia de semen, y en ese momento se cortó la comunicación.

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  • Mírame suegro

    Mírame suegro

    Me llamo Raúl, y desde hace 15 años estoy casado con una maravillosa mujer llamada Leire. No tenemos hijos y nuestra vida familiar se reduce a nuestra relación normal de matrimonio. Hacemos el amor tres o cuatro veces por semana, salimos con nuestros amigos y por lo menos por mi parte un nunca ha habido relaciones extramatrimoniales.

    Nuestra vida sexual, como ya he dicho es bastante normal aunque nos gusta variar en nuestra forma de hacerlo, entre nosotros hay cierta complicidad y confianza y nos abrimos a todo tipo de prácticas y juegos.

    El caso es que todo esto se rompió hace unos meses, mi suegro, Norberto, cayó enfermo y tras varias semanas en el hospital lo mandaron a casa, la verdad es que lo pasó y lo pasamos bastante mal, por lo menos mi mujer, yo la verdad es que hace bastantes años que prácticamente no me trataba con él.

    Siempre me ha rechazado y a lo largo de los años fue tomando una actitud muy mala hacia mi, me insultaba diciéndome que era un cornudo, que mi mujer se liaba con otros hombres mejores que yo, que yo era maricón y cosas así. Mi mujer siempre me apoyaba pero al fin y al cabo era su padre y los años hacían que este fuera perdiendo el juicio, aunque yo creo que se aprovechaba de eso para hacer creer a todos que estaba mal de la azotea, a todos menos a mí, que cada vez que lo veía pasaba un calvario de insultos y malos modos.

    El caso es que cuando lo mandaron a casa incapacitado prácticamente total y traqueotomizado el mundo se nos cayó encima, las residencias estaban al completo y hasta por lo menos dos meses no tendríamos plaza para poder atender a mi suegro, la verdad es que a mí no me hacía duelo pero para mi mujer era una carga insoportable.

    La cosa es que buscamos una enfermera para que lo atendiera las 24 horas en casa, nos pasó parecido no había disponibles hasta que un amigo nos dio el teléfono de un amigo suyo que era enfermero diplomado y estaba buscando algo, este amigo nuestro nos avisó de que era un poco raro pero que lo entrevistáramos y luego decidiéramos.

    Se llamaba Roberto y quedamos en nuestra casa una tarde para hacerle una pequeña entrevista y conocernos.

    A las cinco en punto sonó el timbre de la puerta y mi mujer salió a abrir, yo me quedé en el salón y cuando vi que mi mujer estaba parada en la puerta completamente embelesada mirando hacia la calle me levanté y me acerqué a ella.

    —Te presento a Roberto, cariño.

    Me quedé de piedra, ante nosotros, una preciosa mujer, alta y delgada, largas piernas, caderas bien redondas y un par de tetas que quitaban el sentido, con un escote que las resaltaba más si cabe, una sonrisa de oreja a oreja con unas facciones muy suaves y con el pelo muy cortito.

    —Hola, soy Laura, y siento que Alberto no os avisara de esto.

    —No importa, —dijo mi mujer estupefacta— pasa y hablamos un poco.

    Estuvimos hablando durante una hora, y nos comentó que había tenidos muchos problemas desde que se decidió a cambiarse de sexo, la despidieron del trabajo fijo que tenía en una clínica.

    Yo no podía dejar de mirarla, era espléndida, sus enormes tetas parecía que se le fueran a salir en cualquier momento y sus piernas parecían que no tuviesen fin hasta que se escondían dentro de su minifalda, ese punto era el que me tenía loco de excitación y no sabía porqué, nunca me habían atraído los hombres pero pensar lo que podía esconder la falda había hecho que el bulto de mis pantalones me jugara una mala pasada.

    Mi mujer, me pidió aprobación para poderla contratar, cosa que me sorprendió, pero visto lo visto y sabiendo que no íbamos a encontrar a nadie, yo me hice el despistado y le dije que si a ella le parecía bien, adelante, aunque por dentro estaba deseando que lo hiciera.

    La siguiente noche ya durmió en casa, la alojamos en una habitación bastante cómoda pero con la salvedad que no tenía baño y lo tendríamos que compartir.

    Mi suegro no sabía nada de la condición de Laura, no podía hablar pero si escuchar y ver y no le comentamos nada para que no se molestara. Los primeros días yo andaba loco por la casa viendo a Laura, sus batas blancas eran casi transparentes y se le notaba claramente el tanga y el enorme sostén que sujetaban sus tetas, Leire algún día me comentaba que iba un poco exagerada, yo le decía que sí y que quizás le debería decir algo, pero ella se echaba atrás por vergüenza.

    Todas esas noches hacíamos el amor pero mi cabeza no dejaba de dar vueltas en torno a Laura, yo estaba flipado y me estaba volviendo loco con semejante cuerpazo.

    Una mañana de sábado Leire tuvo que salir a hacer unas compras y me quedé en casa con Laura y mi suegro. Yo me senté en el despacho a terminar unos asuntos y Laura me comentó que iba duchar a mi suegro.

    El caso es que yo me levanté a los cinco minutos y subí a la habitación, al pasar por el baño vi que la puerta estaba entreabierta y me asomé, allí estaba Norberto completamente inmóvil sentado en la silla especial que le compramos para el aseo siendo enjabonado por esa preciosidad, no me di cuenta pero a la que iba a seguir con mi camino me percaté que la polla de mi suegro estaba completamente erecta, Laura seguía pasando al esponja por su cuerpo sin darle mayor importancia hasta que ni corta ni perezosa se la agarró con la mano llena de jabón y comenzó a cascársela.

    Yo no salía de mi asombro, los ojos de mi suegro estaban más abiertos que los míos y totalmente inmóvil observaba como esa delicada mano masajeaba su pequeña y vieja polla.

    Viendo la escena se me ocurrió una idea para vengarme de mi suegro, a pesar de lo jodido que estaba no me importaba joderle la deliciosa paja que le estaba cascando la mujer a la que yo deseaba.

    Abrí suavemente la puerta y me acerqué por detrás a Laura, mi suegro me vio pero como no podía decir nada Laura no se dio cuenta hasta que lentamente apoyé mi dura polla contra su culito.

    Laura se sobresaltó y le dije al oído:

    —Si supiera lo que eres seguramente te daría una ostia. Odia a los maricones y degenerados como dice él.

    Automáticamente dejó de cascársela y yo le fui desabotonando la bata dejando al descubierto su escultural cuerpazo. Mi suegro nos miraba atónito y seguramente pensaría en la putada que le estaba haciendo quitándole a semejante hembra.

    Yo mientras le decía:

    —Te gusta Laura verdad, menuda jaca, a qué te gustaría poder follártela, pues NO, no te la vas a follar…

    Le agarré las tirillas del tanga y de golpe descubrí ante sus ojos la enorme verga que escondía.

    —Me va a follar a mí, vas a ver en directo como follan dos hombres para que te jodas y…

    Me di la vuelta y la comencé a besar en los labios, unos labios carnosos y gruesos, mis manos recorrían su caderas, su culo, sus tetas que despoje del gigante sostén que las cubrían, su bata cayó al suelo y Norberto pudo apreciar en todo su esplendor la feminidad de su enfermera.

    Su polla apretaba contra mi pantalón, donde mi verga pugnaba por salir, ella se fue agachando y me liberó de mis pantalones y bóxer, yo me terminé de desnudar y Laura se metió mi polla en la boca.

    Era una auténtica experta, su lengua jugueteaba con mi glande y recorría de arriba abajo toda la polla, su boca sorbía mis testículos y su mano la masajeaba hábilmente mientras mi suegro alucinaba.

    Laura se levantó y fui yo el que me decidí a meterme su gran verga en la boca, nunca lo había hecho y las sensaciones que recorrieron mi cuerpo justo cuando la tenía delante de los ojos fue indescriptible, abrí la boca y lentamente empecé a lamer la punta, poco a poco me fui soltando y mi boca y lengua jugueteaban con todo el instrumento. La polla de Laura era bastante más grande que la mía y teniéndola en mi boca me preguntaba como podría entrar toda dentro de mi culo que ya hacía rato que había comenzado a palpitar.

    La verdad es que era una delicia el curioso sabor de un rabo todo depilado, nunca pensé que me pudiera llegar a gustar comer semejante delicatessen.

    Laura me incorporó y me preguntó:

    —Cariño, ¿quieres probar mi polla dentro de tu ano?

    —Por supuesto —le respondí— pero con cuidado que soy virgen, quiero ver como este cabrón alucina.

    Mi suegro no salía de su asombro y parecía que le fuera a dar algo.

    Laura se arrodilló y yo le expuse mi culo para que lo pudiera lubricar, comenzó con su lengua, me ensalivó toda la zona y su lengua una vez que me relajé casi llegaba a entrar dentro de mi ano, luego cogió crema hidratante y la extendió con los dedos, dos de ellos se llegaron a colar dentro de mi culo y mi polla, que había bajado ligeramente se puso dura como una roca instantáneamente.

    Así apoyado con los codos sobre la mesa y con mi culo en pompa Laura llevó hasta mi puerta trasera la punta de su gran verga. Yo la miraba de reojo y deseoso de que entrara sin problemas me relajé lo que pude, la polla de Laura se empezó abrir paso en mi esfínter y un dolor agudo recorrió mi espalda, siguió empujando a pesar de mi dolor y cuando la sentí en lo profundo de mi cuerpo sus depilados testículos se acomodaron entre mis muslos.

    Laura dejó de empujar y me pidió que me relajara del todo, su polla comenzó a entrar y salir de mi ano salvajemente, el dolor inicial se convirtió en un placer de vértigo, mis piernas apenas me sostenían y yo lo único que pedía era que me follara como una autentica perra, su polla entraba y salía sin parar y de vez en cuando la sacaba del todo dejando completamente vacío mi culo volviéndola a meter sin resistencia en mi dilatado ano.

    Mi mano se fue hasta mi polla y comencé a cascármela llevando mis dedos de vez en cuando a mi zona anal para tocar suavemente la enorme polla que entraba en mi culo.

    Laura, tras varios minutos de entrar y salir en mi ano se corrió dentro de mis intestinos, los chorros de esperma llenaron aún más mi culo y varias gotitas recorrieron mis muslos, Laura se recostó sobre mi espalda y suavemente me dijo al oído:

    —Quiero que me folles como yo te he follado.

    Su polla salió completamente de mí y se tumbó sobre la mesa bocarriba, yo he agaché y le comí la polla otra vez, Laura levantó las piernas y me dejó completamente a la vista su apretado agujerito, mi lengua lo recorrió y con un dedo untado en crema la penetré.

    Minutos después de follarla con mi dedo me levanté y apoyé la punta de mi polla contra su entrada, de un solo empujón se la metí hasta el fondo, su espalda se arqueó y con mi mano le masturbé la polla como si fuera la mía.

    Mi polla entra y sale de su ano con mucha suavidad, la polla de Laura late entre mis dedos y de frente miro a mi suegro que mira la escena con una cara de mala ostia que parece que se vaya a levantar a darnos dos bofetones.

    Laura me pide que me corra y yo acelerando el metesaca me corro dentro de su caliente agujerito, cuando me recupero de la salvaje corrida me pide que le termine porque se ha quedado a medias. Yo me salgo de ella y me agacho para volver a meterme en la boca su caramelo. Con una mano la masturbo, con la otra le masajeo el ano y con mi boca sorbo el enorme glande. Sus chorros de leche no tardan en inundar mi boca, yo jugueteo con ellos extendiéndolos por todo el tronco de la polla. Laura se queda extasiada durante unos minutos en los que yo no paro de comerme su polla.

    Tras unos instantes nos levantamos y así totalmente desnudos terminamos de bañar a mi suegro que parece que va a explotar, nuestras manos tocan su marchito cuerpo y muestras pollas rozan sus brazos, lo vestimos y ya relajados nos duchamos nosotros antes de que mi mujer vuelva a casa.

    Al cabo de dos meses encontramos residencia para Norberto y tuvimos que rescindir el contrato de Laura muy a mi pesar. Este mejoró en la residencia y llegó incluso a hablar y lo primero que dijo fue lo que pasó aquella mañana durante su baño, mi mujer como siempre no le creyó y yo me hice el enfadado como tiempo atrás. Hoy día mi suegro ha muerto y mi mujer y yo somos más felices que nunca.

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  • La viuda

    La viuda

    Tenía una semana de haber llegado a vivir en aquel edificio, ya había saludado a todos mis nuevos vecinos, solo me faltaba a una, pero ya me habían dicho que era una persona muy reservada. El encargado del lugar me comento que se trataba de una señora de cuarenta y dos años que había enviudado, que al parecer vivía de la pensión que le había dejado su esposo pues no se veía que se dedicara a otra cosa, y que no tenía hijos.

    Todos los días acudía a la capilla de la colonia según me conto también el encargado, vestía de manera conservadora, siempre llevaba una mascada cubriéndole la cabeza, lentes negros, blusas de manga larga y sus faldas y vestidos de colores discretos que le llegaban por debajo de la rodilla, medias negras transparentes y unos zapatos negros también bien boleados. Cualquiera diría que se trataba de una monja, se llamaba Irma, “la viuda” como le decían en el edificio.

    La viuda y yo éramos los únicos que vivíamos en aquel piso, pues los otros dos cuartos los ocupaba el dueño como bodega. Una noche salí al pasillo a fumar un cigarro y vi que ella estaba recargada en un muro fumando también, cuando me vio tiro el cigarro y se metió a su departamento, cuando volteo para cerrar la puerta nuestras miradas chocaron, pensé que iba hacerme un gesto de desagrado pero se detuvo un instante para cerrar la puerta sin apartar su mirada de la mía, y en su rostro se dibujó una sonrisa provocativa.

    Me quede impresionado por esa mirada, por primera vez la vi sin su mascada cubriendo su cabeza y tenía un cabello negro que se notaba bien cuidado, sus ojos eran hermosos, me pareció atractiva.

    En la siguiente noche salí a fumar nuevamente a la misma hora con la esperanza de poder verla, pero no salió, me termine mi cigarro y me recosté, pero empecé a estar muy inquieto, no podía quitar de mi mente esa mirada, empecé a excitarme, mi mente empezó a fantasear con doña Irma, me saque la pene y me empecé a masturbar, una idea me apareció en la mente, apague la luz y me asome, casi todos los vecinos estaban ya descansando, eran cerca de las doce, salí y me acerque a las escaleras que estaban pegadas a su departamento, se escuchaba la televisión, por un momento pensé en tocarle y presentarme pero temí que se molestara y que llamara al encargado del edificio y me acusara.

    En el piso había varias macetas y se me ocurrió como pretexto de acercarme a su ventana de ponerle un poco de agua a las plantas, así que fui por un poco de agua y empecé a regar con cuidado, había una planta cerca de su ventana y cuando me acerque aproveche para husmear y vi que la cortina no estaba bien cerrada, se podía ver bien a través del cristal, y lo que vi hizo que mi sangre hirviera en unos segundos.

    Ella ahí sentada en su sillón, con las bragas hasta el piso, su blusa hasta el cuello, con una mano se acariciaba las tetas y con la otra se masturbaba violentamente, al frente en su pantalla de tv había una escena de una película porno, donde una hermosa chica recibía una doble penetración, vi cómo la viuda se jalaba sus pezones, sus pechos eran grandes y se veían aun bien firmes, se metía los dedos en la boca, y se los llevaba nuevamente a su vagina.

    Busco algo en el sillón sin quitar la mirada de la pantalla, vi que tomo un enorme vibrador, que se llevó a la boca, era enorme, se notaban las venas, lo empezó a chupar, apenas y le cabía en la boca, me sorprendió la elasticidad que tenía pues alzo una pierna poniéndola sobre el sofá, la luz de la pantalla que estaba cerca iluminaba la deliciosa escena, se llevó la enorme verga de látex a su vagina y la empezó a meter, sus expresiones eran de placer, se mojaba y se mordía los labios haciendo muecas llenas de lujuria.

    En la pantalla habían cambiado de postura, penetraban a la chica por el ano, la enorme polla entraba y salía del estrecho agujero mientras le daba una deliciosa mamada a un segundo verdugo que la follaba haciendo gestos de placer y dolor.

    La viuda ya metía la cabeza de su enorme juguete en su vagina, luego la mitad y de inmediato toda la enorme polla estaba dentro de su cuerpo, empezó a meterla y sacarla suave, luego rápido.

    Se puso de pie, encendió una lámpara que tenía junto a su sillón, lo cual me favoreció porque dejo todo más claro, ahí pude ver su cuerpo, era hermoso, sus tetas luchaban con la gravedad meciéndose, sus piernas eran largas y bien torneadas, coloco el vibrador en el piso le puso saliva y se lo ensarto, en su rostro se notaba lo caliente que estaba, sus pezones estaban erectos casi a punto de reventar. En la pantalla la chica en cuatro y una enorme verga taladraba su vagina.

    No aguanté ante tal espectáculo y la verga se me empezó a escurrir, me la saque y empecé a masturbarme. De pronto vi como el rostro de la viudita empezó a deformarse, abrió la boca y un chorro de jugos salieron por su vagina, se mordió ella misma sus pezones, el látex del vibrador brillaba de lo escurrido que había quedado por el orgasmo. Se incorporó y rápido me agache y avance hacia mi departamento, apenas entre me recargue en la puerta y empecé a jalármela estaba súper caliente, me vine a chorros.

    Tuve que volver a bañarme, esa noche no pude quitarme de la mente lo que había visto, me masturbe otras dos veces para poder dormir.

    Al día siguiente, cuando bajaba las escaleras para irme al trabajo me la encontré, traía un traje deportivo al parecer había salido a caminar, y me sorprendió que me saludo muy amable.

    -¡Buen día joven!

    -Buenos días señora.

    -¿Eres el nuevo vecino?

    -Sí, mi nombre es Carlos.

    -¡Mucho gusto Carlos! Soy Irma, bienvenido.

    Y subió rápidamente. Todo el día me pase pensando en doña Irma, la viuda.

    Al llegar del trabajo, me apresure a bañarme, apague la luz y por mi ventana me puse a vigilar el departamento de la viuda. Salió al pasillo, prendió un cigarro y se recargo en uno de los pilares, vi que observaba los departamentos de los pisos de abajo, a esa hora ya todos descansaban. Aun no se terminaba su cigarro cuando regreso a su cuarto. Apago la luz y se notó que encendió su tv.

    ¡Era la hora! Con puras calcetas para no hacer ruido salí para acercarme muy despacio a su ventana y ahí estaba, de pie frente a su pantalla, donde nuevamente estaba una escena porno, tenía una bata transparente abierta, con las tetas de fuera, por la expresión de su rostro se notaba que ya estaba excitada.

    Se empezó a enjuagar sus pechos llevándoselos a su boca, mordisqueo sus erectos pezones. Se bajó las bragas, subió un pie sobre una mesa de centro, quedando expuesta su vagina a la cual empezó a frotar, a la vez que veía en la pantalla a una chica con un enorme culo, dándose de sentones en una polla grande y venuda. El cuerpo de la viuda lucia hermoso, blanco y a pesar de la distancia y el vidrio de la ventana, se notaba lo terso de su piel.

    De pronto, bajo el pie de la mesa de centro, cerró su bata y desapareció de la iluminación que daba la pantalla.

    -¡Se fue al baño! –pensé-

    Aproveche para echar un vistazo a los demás departamentos, ya pasaban de las 12 de la noche, ya todos estaban con la luz apagada, eso me hizo sentir más a gusto, me saque la polla, la cual ya estaba muy dura, y justo cuando me dispuse a ver hacia el cuarto su puerta se abrió.

    Sentí que una corriente eléctrica me atravesó el cuerpo, como si me atacara un rayo, frente a mí, estaba la viuda, mirándome fijamente, yo tenía mi verga en la mano.

    -¡Ya valí! –Pensé- seguramente va a empezar a gritar pidiendo auxilio.

    Del miedo de haber sido descubierto, no podía pronunciar palabra. En ese momento la viuda sonrió de una manera provocativa, se jalo la cinta de la bata y esta dejo al descubierta sus enormes pechos.

    Por el miedo me había soltado la polla quedando suspendida en el aire, me la tomo, sentí su mano suave y acolchonada, tiro de ella y me jalo hacia dentro de su apartamento.

    Me llevo justo al frente de su pantalla de tv donde una chica mamaba con dificultad dos enormes penes, la viuda empezó a masturbar mi verga que estaba muy dura, me acomodo en el sillón, se puso de rodillas y empezó a chupármela. ¡Era toda una profesional! Se metía todo mi miembro hasta la garganta, lo recorría desde el tronco hasta la punta a la cual de una forma maestra lengüeteaba el glande de mi polla. Se metía en la boca mis huevos y los recorría con su lengua, me hacía sentir en la gloria.

    Tomo sus tetas y envolvió mi verga iniciando un suave vaivén, sus pechos blancos contrastaban con mi morena polla. Se puso de pie, se quitó la bata, se dio la vuelta y puso frente a mi rostro su enorme culo, subió una pierna en el sofá de tal manera que su raja quedo justo frente a mi boca, empecé a meterle la lengua, le tome con ambas manos sus caderas acercándome con fuerza sus labios vaginales que colgaban, sentí su sabor, su sabor a fruta dulce.

    -¡Irma! Señora Irma –exclame con placer-

    Se acomodó mi verga en la entrada de su palpitante vulva y se ensarto, empezó a él mete y saca, sus enormes caderas chocaban con mi pelvis, me baje un poco del sillón para estar más cómodo, al subir y bajar de las nalgas de la viuda podía ver la pantalla como la polla negra le entraba y salía del ano de la chica, eso me excitaba mas. La tomé de los cabellos, jalándola hacia mí, alcance sus tetas las cuales las empecé a frotar con fuerza a la vez que no dejaba de penetrar su jugosa vagina. Ella se frotaba el clítoris.

    Se levantó y se volteó quedando al frente de mí, su mirada era llena de deseo, se agacho y alcanzo mi erecto pene le dio varias mamadas y se encimo, guio mi verga a su vagina y empezó a cabalgar, sus tetas grandes revoloteaban chocando entre sí, apoye mis manos en sus enormes nalgas ayudando a que la penetración fuera más profunda en cada sentón que doña Irma se daba.

    -¡Coge mi culo! –me dijo-

    A la vez que se acomodaba en el sillón, parando sus nalgas dejando expuesto su pequeño agujero. Estaba muy caliente, le metí la lengua en su estrecho ano dejándolo bien lubricado, le deje toda la saliva que pude, le metí uno, luego dos dedos que acepto sin ningún problema. El sonido que provocaban mis dedos entrando en su fundillo y el exceso de saliva mezclados con sus gemidos me ponían más caliente ¡Tenia que disfrutar esas nalgas!

    Suavemente metí la punta, y de un embiste le deje ir toda en su delicioso culo, sentí como su cuerpo vibro al recibir mi trozo de carne, la empecé a meter y sacar. Era una delicia estar disfrutando de ese estrecho ano, al frente tenía la escena en la pantalla, los dos tipos se venían en la cara de la chica, la cual recibía los chorros con hambre de semen, ella veía la escena y de pronto empezó a ponerse muy tensa, se llevó su mano a su vagina y la empezó a frotar.

    -¡Haaa! ¡Me vengo! –grito-

    Ya no pude más, me vine en su fundillo, sentí como vaciaba toda mi caliente leche en ese culo hermoso y delicioso.

    -¡Ay Dios mío! –Dijo la viuda- desde que falleció mi esposo hace más de tres años que no me metían la verga. ¡Estuvo riquísimo!

    Esa noche cogimos otras dos veces más hasta que quedamos rendidos. Desde entonces la viuda es mi amante, y en cada encuentro ya sea en su cuarto, en el mío o en algún motel nos encanta coger a la vez que vemos escenas porno.

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  • La acampada de las maravillas

    La acampada de las maravillas

    Un verano hicimos un viaje a la montaña un grupo de amigos y amigas, la idea era durante el día estar por la montaña disfrutando de todo y por la noche bajar a la ciudad para tener marcha.

    El viaje duro 4 días, pero sólo os contaré una de las noches en la cual en vez de bajar a las discotecas nos quedamos de botellón en una de las casas que alquilamos.

    Eran sobre las 22 h cuando empezamos en la casa de las chicas, la verdad es que la de los chicos no estaba muy ordenada y preferimos irnos a la otra casa.

    Después de varias horas de estar contando historias, reírnos y beber más de lo que debíamos el grupo se dispersó y los chicos nos fuimos a nuestra casa y dejamos a las chicas, bueno todos y todas menos una pareja que se fueron a dar una vuelta.

    Yo durante las copas me encariñe con una chica y quedé con ella, después de dejar a mis compañeros fui a la otra casa, llamé y ella salió. Para que sepáis más o menos como era: 1,75 de estatura, delgada, ojos claros y grandes, pelo largo y un poco ondulado, morena, universitaria, inteligente, simpática, en fin para mi gusto toda una belleza.

    Estuvimos en la puerta de la casa durante unos minutos besándonos, hasta que nos entramos para que nadie nos viera, la otra chica que estaba en la casa había bebido demasiado y estaba semidormida, yo le pregunté por ella para saber si podía ser un impedimento, pero mi chica me dijo que estuviera tranquilo.

    Llevábamos ya un rato en el sofá del salón enrollándonos cuando de repente aparece la otra chica de su habitación dando tumbos y nos sorprendió a los dos en el sofá.

    ―Hooola, parejita. ¿Qué estáis haciendo eh?

    Al momento los dos saltamos del sofá e intentamos disimular lo que ya había visto y no tenía duda de lo que hacíamos.

    La chica borrachita sonrió y como pudo se abalanzó sobre mí cayendo los dos en el sofá y empezó a hablarme con la voz cortada por los efectos del alcohol.

    —¿Qué pasa os he cortado el rollo?

    —Mira, será mejor que te acuestes, estas muy mal.

    —¿Yooo? Sólo he bebido lo justo ja, ja, ja.

    La verdad es que el tenerla encima de mí me provocó una gran erección, con aquel pijama tan bonito, con sus manos acariciándome el pecho, sus ojos tenían un brillo que no sé si lo provocó el alcohol y una risa que uff… estaba bastante asombrado con ella.

    Por eso creo que mi chica reaccionó, la agarró y le dijo que se levantara de encima de mí que iba a darle una ducha para bajarle la borrachera, pero ella se negó.

    —Nooo, shhh, ya no grito, ja, ja, ja

    —Venga anda levántate y te duchas. Le aconseje yo.

    —Bueeeno, pero cuando me digas una de tus poesías, anda porfa.

    Yo suelo escribir poesías no muy buenas, pero en fin me gustan y a las pocas personas que lo saben (que escribo poesía) pues algunas les gustan.

    Bueno pues recordé una y se la dije para que se quedara tranquila y se fuera a duchar para que se centrara más porque la pobre estaba bastante mareada. Después de decirla hubo un pequeño silencio y mi chica le dio otro empujón para llevársela a la ducha, ya en medio del salón y de pie hizo lo imprevisto soltándome un morreo y no supe reaccionar, otra vez provocó una erección en mí y de no haber sido porque estaba mi chica y ella estaba borracha le hubiera seguido el juego pero la aparté de mí, el gesto que puso mi chica fue algo extraño.

    —Toma de regalo por tu poesía.

    —Bueno yo mejor me voy mañana nos vemos… eh adiós…

    Aquella situación no me gustó mucho y preferí escapar de allí para no empeorar las cosas con mi chica.

    Otra vez se agarró a mí como una lapa…

    —Nooo, tengo una idea eh, pero no se la digas a nadie shhh…

    —Que no, que hemos bebido ya mucho y no sabemos lo que decimos.

    —¡Dúchate conmigo si te atreves!

    —¿Qué dices? Anda tira.

    Y me la quité de encima y cuando me disponía a irme ocurrió lo más sorprendente que me ha pasado en mi vida. Mi chica dijo:

    —¿No te atreves con dos mujeres?

    Me giré sorprendido y le vi el gesto de la cara, ¡lo había dicho en serio!

    Con los dos calentones que me había pegado ni lo dudé, fui con paso firme y decidido, ellas al ver mi reacción se rieron, las cogí de las manos y me las llevé para la habitación.

    —Primero vamos a duchar a esta que está pedo.

    Nos fuimos para la ducha, le solté un beso a mi chica y nos quitamos los tres la ropa hasta quedarnos en ropa interior solamente.

    Me taparon los ojos y me propusieron un juego para ver si era capaz de conocerlas por sus besos, lo cual me fue muy difícil y sólo acerté unas pocas veces de tantos besos y es que las dos besaban como auténticas fieras, ufff.

    Luego les propuse que las iba a conocer por mi tacto en sus conejitos, se pusieron enfrente de mí y metí mis manos a la vez por debajo de sus braguitas, una de ellas estaba prácticamente rasurada y además le ardía, dios estaba hot hot, la otra estaba algo menos calentorra y no tan rasurada, para mí era muy difícil identificarlas entonces se los empecé a acariciar hasta que una de ellas la más hot soltó un pequeño suspiro que me dio la solución.

    La más hot y más rasurada era mi chica.

    Todo aquello me produjo la más grande erección de mi vida, además el corazón se me aceleró y se me puso la carne de gallina… qué situación más deliciosa….

    Después de aquellos juegos y comprobar las dos chicas la enorme erección que tenía se les veía en los ojos que tenían unas enormes ganas de dejarme completamente desnudo y ver mi atributo.

    No tardaron mucho en llevar a cabo su plan, mientras mi chica se enroscó dándome un beso y volviéndome loco con su lengua, su amiga de un tirón me dejo desnudo y exclamó:

    —¡Dios que pollón!

    Mi chica sin dejar de besarme buscó con una de sus manos mi rabo y lo sobaba mientras me seguía besando más locamente si fuera posible.

    Cuando paró puse una toalla en el suelo de la ducha para no escurrirnos, (la experiencia es una grado) nos juntamos los tres y las desnudé y les acaricié los cuerpos, palpándoles cada rinconcito como si quisiera aprender cada curva de aquellos dos bellísimos cuerpos mientras nos caía el agua, y les daba a sus cuerpos una textura más alucinante.

    El cuerpo de la chica borracha era precioso, tenía unas curvas alucinantes, unos pechos bastante grandecitos pero firmes, con unos pezones grandes con un color que parecían de caramelo, (lo cual comprobé) un trasero firme y grandecito y un conejo que quitaba el hipo a cualquiera.

    El cuerpo de mi chica más bello aún, unos pechos algo más pequeños, firmes con unos pezones de lujo, una cintura de muñeca, un trasero firme y prieto, unos muslos de cine y como no, un conejo que era la puerta del paraíso.

    Después de memorizar sus dos preciosos cuerpos de 22 y 23 años corté el agua, cogí el gel de baño, las puse juntas de espaldas a mí y sólo asomaba entre las dos mi rabo y les dije:

    —Os voy a enjabonar como nadie lo hace, a ver que sois capaces de hacerme vosotras.

    Y con mis manos bien llenas de gel las pasaba por sus pechos delicadamente, subía y bajaba hasta llegar a sus conejos, mientras ellas cada una con una mano me masturbaban y después les aclaré sus cuerpos con agua.

    Así estuvimos un buen rato restregándonos los cuerpos hasta que no pude más las coloqué de cara a mí, dispuesto a que mi rabo saboreara las mieles de sus conejos, tan dispuestos a todo.

    La primera fue mi chica, claro está ya que era la que más me atraía, le alcé una pierna colocándola por mi cintura, empecé a pasarle mi rabo por su conejo sin llegar a penetrarla sólo a restregarlo, hasta que vi que ella no se aguantaba más y quería que lo hiciera, puse la punta de mi rabo en las puertas de su conejo y muy suavemente le introduje sólo una parte y ella soltó un pequeño gemido como de alivio, volcó la cabeza hacia atrás y cerró un poco los ojos, yo volví a abrir el agua muy poco, sólo un pequeño hilo de refrescante agua.

    Luego se la fui metiendo poco a poco y por cada trozo ella respondía y exclamaba:

    —Aaah aaaah

    Por último, cuando sólo me faltaba un trozo le propiné una fuerte embestida que terminó de clavarle todo hasta llegar hasta el fondo.

    —Aaaah, dios mío, aaah, ufff.

    De ahí pasé a moverme bastante rápido y ella me besaba y no paraba de mover los brazos muy agitadamente, estaba tan alterada que llegó a un orgasmo rápidamente y se le iluminó la cara quedando en un estado que parecía que estaba en el limbo, le susurré que se fuera a la habitación que ya mismo iría.

    A su amiga no la traté con tanta dulzura, la coloqué en la misma posición pero con la borrachera no pasaba de reír y me dio coraje.

    En cuanto le metí la punta y la tuve bien agarrada le pegué un gran y fuerte empujón metiéndosela de una vez y entera, llegando al tope de su cueva, no se quejó al instante pero a los pocos segundos dio un grito:

    —J¡oder! Aaaah diosss.

    Estaba completamente dentro y yo no paraba de seguir empujándole más y más.

    —Aaah, aaaah, ¡sácamela, sácamela, diosss!

    Ella intentaba apartarse de mi pero yo la cogía con fuerza para que no se separase, para entonces yo estaba muy caliente y casi a punto de correrme, le subí las dos piernas se agarró a mi cuello y me la llevé a la habitación sin sacársela.

    Cuando llegué mi chica tenía los ojos como platos de ver como traía a su amiga, la solté en la cama y la pobre se echó las manos a su dolorido conejo.

    Las puse a las dos en la cabecera de la cama de rodillas mirándome en el otro extremo, de pie enfrente de ellas me masturbé enérgicamente y les dije que se prepararan que las iba a llenar de semen. Así fue, solté 3 disparos que atravesaron toda la cama y fueron a parar a sus cuerpos, ellas alucinaban de la potencia de mi primera corrida.

    Cansado fui a la otra habitación cogí el colchón y lo llevé a la habitación donde estaban ellas, lo tiré al suelo y ellas juntaron el de su cama, nos tiramos, yo más exhausto que ellas, que no pararon de sobarme con la intención de provocarme otra erección para seguir la fiesta.

    Pasaron unos minutos y después de que las dos chicas me sobaran, me besaran y no pararan de restregarme sus estupendos cuerpos comencé a tener otra nueva erección, ellas se entusiasmaron mucho y no paraban de sobarme el rabo hasta conseguir que lo tuviera al gusto de las dos.

    Cuando alcanzó de nuevo un tamaño considerable hicieron algo que terminó de ponerme como una fiera, cada una colocadas a mi derecha e izquierda empezaron a pasar sus lenguas a la vez y lentamente por mi rabo de arriba a abajo, alternativamente se lo metían en sus bocas dándome unos increíbles chupetones que me hacían ver las estrellas, dios que gusto me estaban dando…

    Se hacían por momentos unas profesionales de aquello, rodeaban con sus dos lenguas a la vez mi gran prepucio, hacían círculos sobre el mientras yo les pedía que por favor no dejaran de hacerlo, pocas veces se experimenta tal grado de gusto y placer y volví a tener una grandiosa erección que ellas esperaban con expectación.

    Ágilmente mi chica se montó encima de mí sin llegar a metérsela y su amiga me puso su conejo en mi boca, era impresionante como lo tenía de colorado de las sacudidas que antes le había dado y con la voz todavía entrecortada por el alcohol me dijo:

    —Ahora trátame bien ¿eh? que aún me duele.

    Cuando mi chica vio como complacía a su amiga ella se fue restregando entre los labios de su conejo mi rabo, dándome yo creo más placer a mí que a ella, hasta que cuando estuvo preparada se la fue metiendo y dando pequeños gemidos que se unían a los de su amiga, a la cual seguía comiéndole todo su conejo, con sus carnosos labios tan ardientes, le introducía mi lengua en su interior y saboreaba sus delicias.

    Mi chica subió las revoluciones y se movía muy deprisa y sus manos se agarraban a mi abdomen apretándome casi haciéndome algo de daño pero en el fondo estaba disfrutando como nunca.

    A veces con mis manos tenía que sujetar bien a la chica borracha porque perdía un poco el equilibrio y cuando le agarraba su trasero le encantaba.

    Después mi chica quitó a su amiga y me puso su precioso conejo en mi boca mientras que ella empezó a besar mi rabo en un estupendo 69, nunca pensé que fuera capaz de hacer lo que me estaba haciendo con mis dedos y mi lengua le estuve dando todo el gusto que ella se merecía, su clítoris era enorme y estuve jugando tanto con el que tuvo que dejar de chupármela ya que le venía otro gran orgasmo y explotó con un gemido profundo y sus piernas le temblaban, ¡qué gran corrida que tuvo!

    Quedó bastante agotada y se tiró a un lado del colchón, mientras yo estaba recuperándome de la primera corrida y todavía necesitaba mucho más para llegar a correrme, por eso mirando a la pobre borrachita con mis ojos enrabietados le dije:

    —Te toca primor.

    La agarré por los tobillos y la acerque a mí, la pobre no sabía si reírse o resistirse y cuando se dio cuenta de mis intenciones se cerró impidiendo que pudiera seguir, pero para entonces yo no iba a parar le di la vuelta y la puse de espaldas a mi bien estirada en el colchón.

    —Nooo, que me dueleee, ¡nooo!

    —Tranquila que ahora será mejor.

    Le estiré los brazos para adelante y aunque ella se resistía un poco subí su cintura, quedando con la cabeza apoyada en el colchón con las rodillas apoyadas y dejando su precioso trasero en pompa y expectante de lo que yo dispusiera.

    Miré un poco hacia donde estaba mi chica y la vi con los ojos cerrados y sacando la lengua de la boca como si estuviese saboreando sus propios labios, como si estuviesen impregnados de un sabor dulce.

    Me volví sobre la otra chica y agarrándola por la cintura la aproximé hacia mi todo lo que pude, la pobre estaba confusa y no sabía muy bien lo que hacía.

    —Déjame ya, porfa, por ahí no nooo

    Le di un par de mordiscos a su trasero y le fui abriendo las piernas poco a poco mientras le saboreaba su trasero, sus muslos, hasta que sin darse cuenta la tenía bien abierta y casi sin oponer resistencia, le pasé mi mano por su enrojecido conejo, y pasados unos segundos reaccionó, sin dejarle pensar mucho le introduje la primera parte de mi rabo y creo que ni se enteró. Fui metiéndosela poco a poco y solo cuando la tenía ya casi completamente dentro arqueó su cuerpo hacia el cielo y empezó a dar una especie de gemidos y sollozos.

    —Ya la tienes dentro, tranquila tu tranquila, no hagas nada y no te dolerá.

    —Ufff aaaag, despacio…

    Ella daba pequeños golpes con sus manos al colchón y lo agarraba con cada suave embestida mía, no llegaba a proporcionarle placer y creo que era más por los síntomas del alcohol, pero poco a poco los sollozos se acabaron y daba pequeños gemidos.

    Estuve bastante tiempo intentándolo de esa postura, le acariciaba sus muslos por dentro y por fuera, su preciosa espalda y acariciaba sus pechos enroscando y desenroscando sus pezones hasta que se pusieron por fin duros como piedras.

    Ella reaccionó y fui sacándosela entera y volviendo a metérsela por completo y vi como gozaba, cuando estábamos los dos bastante excitados fui metiendo poco a poco uno, dos dedos por sus trasero y ella ni se inmutaba estaba bastante ensimismada con el placer que le daba a su conejito y se movía rítmicamente, era algo impresionante ver como se contorneaba su cintura.

    Cuando su trasero estaba bastante dilatado no me lo pensé, lo rodeé con mi lengua para lubricarlo bastante y le fascino sentir mi lengua en su trasero, puse cuidado al metérsela, y mientras ella, soltaba unos pequeños gritos mitad dolor mitad placer, cada vez conseguía meterla más y más, mis manos la agarraban con firmeza por la cintura, me estaba mordiendo los labios del gusto tan grande que conseguía.

    Una vez que estuvo dentro por completo no me moví para que se acostumbrará y pase mi boca por sus relucientes espaldas que me sabían a gloria, hasta que empecé a moverme despacio y los dos soltamos gemidos del gran placer de ese momento.

    Por fin después de unas cuantas sacudidas, (cada vez más fuertes las cuales hacían que nuestros cuerpos chocaran violentamente provocando un sonido rítmico que era una delicia) llegué a sentir que me corría, le di la vuelta rápidamente, la tumbe frente a mí, tenía dibujada en su cara una pequeña sonrisa y sus ojos estaban entreabiertos, la pobre estaba rendida y no tenía fuerzas para nada.

    Me puse encima de ella de rodillas, junte sus grandes pechos dejando una apertura perfecta para mi rabo, y se le fui restregando por entre sus dos perfectos pechos hasta el punto en que no pude más y me corrí, dejándole toda su cara llena de mi leche, la verdad es que la pobre creo que ni se enteró porque estaba casi dormida para ese momento.

    Al final de la noche me duché y me fui a la casa de los chicos, al día siguiente hablando con mi chica me comentó lo bien que lo pasó y que su amiga no estaba muy segura de lo que había hecho, lo que si le dijo es que si lo había hecho era solamente la segunda vez en su vida.

    Esto fue lo más interesante de aquel viaje.

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  • La maestra de español (2)

    La maestra de español (2)

    Hola a todas nuevamente. Si ya leyeron la primera parte de este relato ya me conocerán, y si no, soy Ángel.

    Algo que se me pasó decir en la parte anterior es que actualmente acabo de cumplir 20 años, y todo lo que les conté (y les contaré) ocurrió cuando tenía 18. Hace casi nada… al menos para mí.

    Vi cómo la maestra Yésica se iba a paso apresurado. Yo me quedé quieto unos segundos, viéndola alejarse, procesando todo. Finalmente, me fui de la escuela caminando, como siempre. Mi casa está a unos 20 minutos, y por la zona donde vivo no pasa transporte público, así que siempre me voy a pie, ya sea con amigos o solo.

    Mientras caminaba, mi mente no dejaba de dar vueltas. Iba sonriendo como idiota, feliz. Muy feliz.

    A ratos me llegaban flashes de lo que había pasado: su boca, su piel, su aroma…

    Aún podía sentirla en mí.

    Al llegar a casa, abrí la puerta y grité como siempre:

    Ángel: ¡Ma, ya llegué!

    Fui directo a mi cuarto a dejar la mochila. Después salí y la busqué en la cocina para saludarla.

    Ángel: Ma…

    Mamá: ¿Cómo te fue?

    Me acerqué para darle un beso en la mejilla, como siempre lo he hecho desde que tengo memoria… pero me detuvo. Puso cara seria, y con un tono más firme de lo normal, me soltó:

    Mamá: ¿Con quién estabas?

    La expresión de su rostro era de sospecha, casi enojada.

    Mi corazón dio un brinco. Sentí un nudo en el estómago.

    ¿Nos vio alguien? ¿Escucharon algo? ¿Le dijeron?

    Traté de mantenerme tranquilo, pero estaba nervioso. Muy nervioso.

    Ángel: ¿Qué? Con nadie, Ma… vengo de la escuela.

    Mamá: Ajá…

    Respondió como dudando de mí. Entonces frunció el ceño y soltó:

    Mamá: Hueles mucho a perfume de mujer. Seguro vienes de ver a alguna muchacha… En vez de estarte preocupando por pasar tus materias.

    No dijo nada más. Yo tampoco. Me quedé callado, comiéndome por dentro.

    Ella me sirvió de comer. Mis papás ya habían comido. En mi casa solo somos tres: mi mamá, mi papá y yo.

    Para que entiendan mejor, tengo tres hermanos. Soy el menor.

    Mi hermano mayor estaba en otro estado haciendo su servicio, ya que terminó la carrera.

    El segundo igual está en otra ciudad, estudiando.

    El tercero recién empezó su carrera y también vive fuera.

    Así que desde hace un tiempo, solo quedamos mis papás y yo en casa.

    Mi papá tiene un negocio que abre desde las seis de la tarde hasta la una de la mañana, así que casi todas las tardes y noches me quedo solo.

    Pero eso… lo contaré más adelante.

    Mis papás me dijeron que ya se iban, así que fui a despedirme y me encerré en mi cuarto a jugar en la computadora. Desde que llegué a casa no podía dejar de pensar en la maestra Yésica, y pensé que jugar me ayudaría a distraerme un rato, porque esa idea me estaba consumiendo. Si mi mamá llegaba a notar algo raro… todo podría valer madres.

    Estaba todo tranquilo, jugando unas partidas de Warzone. Eran como las ocho de la noche, más o menos. Tenía el celular sobre el escritorio, por si llegaba algún mensaje o llamada. Justo cuando volteé a verlo, vi que ya me había llegado un mensaje hacía dos minutos, y de pronto… entró otro.

    El primero decía:

    “Hola”

    Y el segundo:

    “¿Sí eres Ángel?”

    Era un número desconocido. La curiosidad me ganó, dejé lo que estaba haciendo, y justo cuando iba a responder… entró una llamada de ese mismo número.

    Me quedé mirando la pantalla, dudando si contestar. Al final lo hice.

    Ángel: ¿Hola?

    ???: Ángel…

    Ángel: ¿Sí? ¿Quién habla?

    Yésica: Soy Yésica… tu maestra. Te hablo de mi número personal.

    En ese momento entendí que el otro número que tenía era para cosas escolares. Me quedé helado. Casi al instante, siguió hablando:

    Yésica: Tenía muchas ganas de hablar contigo… pero mis hijas estaban conmigo y no podía. No quiero que se enteren de lo que pasó.

    Ángel: Ujum…

    Contesté algo nervioso. Mi corazón latía con fuerza. Ella continuó:

    Yésica: La verdad… no entiendo qué me pasó. Jamás te había visto, ni me había fijado en ti de esa manera… como para hacer lo que hicimos. Siempre te vi como un alumno. Incluso como un amigo.

    (Esas palabras me dolieron… esperaba que sintiera lo mismo que yo. Que correspondiera mis sentimientos.)

    Yésica: En cuanto me diste ese beso… el primero, el de pico… no supe qué hacer. Me quedé congelada. Mi reacción lógica era regañarte, alejarte… o lanzarte una cachetada. Pero mi cuerpo no respondió. Sentí algo. Quizás fue el momento… la tensión… no lo sé. Pero correspondí tu beso.

    Hizo una pausa breve. Su voz se escuchaba frágil.

    Yésica: No entiendo por qué. Hasta ahora no logro entenderlo. Y aunque las cosas se me salieron de control… me dejé llevar. Perdí la cabeza. Algo dentro de mí… se rompió. Y ahora me siento mal… no sé si es culpa, confusión… o ambas cosas. No lo entiendo.

    Ángel:

    La maestra Yésica no dijo nada más, y yo, algo nervioso y con pena, le respondí:

    —Desde el primer momento que la vi detrás de la pantalla me pareció atractiva… lo digo con sinceridad. Pero cuando la vi en persona, algo hizo clic en mí. Me pareció aún más bonita. Me gustó mucho su cuerpo, y aunque siempre fantaseé con usted, jamás imaginé que haría lo que hice.

    Sentía que tenía que demostrarle lo que sentía. La verdad… pensé que se apartaría, porque al principio no sentí que correspondiera… hasta que sí lo hizo.

    Y quiero confesarle que me gustó mucho lo que pasó. No dejo de pensar en usted. La verdad, me gusta mucho… no sabe cuánto. Y aunque no espero ser correspondido, solo quería que lo supiera.

    Sentí como si me quitara un peso de encima. Llevaba meses queriendo decirle eso.

    Yésica:

    —Ay, Ángel… —me dijo con una voz suave, que no supe cómo interpretar. No entendí si era arrepentimiento, ternura o algo más, pero no quise darle demasiada importancia.

    Luego me preguntó si estaba solo, y si quería verla en persona para hablar mejor.

    Ángel:

    Le dije que sí, que estaba solo, que mis papás no estaban en casa.

    Yésica:

    —¿Te puedo ver en tu casa? —preguntó.

    Ángel:

    Contesté algo nervioso:

    —Sí… claro.

    Yésica:

    —Mándame tu ubicación a este número. Voy para allá.

    La verdad, en ningún momento pensé que vendría para repetir lo que pasó en la tarde. Solo quería verla, hablar con ella, entender lo que había sentido. Me dijo que llegaba en 30 minutos.

    Mi corazón se aceleró. El tiempo se me hizo eterno.

    Hasta que llegó el mensaje:

    “Ya estoy afuera. Sal por mí.”

    Mi corazón se fue a mil. No por miedo ni malas intenciones… sino por saber que la volvería a ver después de lo que pasó.

    Mi casa no da directo a la calle. Está al fondo de un callejón, así que no tengo vecinos cerca. Salí algo nervioso y vi su carro —me parece que era un Jetta 2020. En cuanto me vio, se bajó. Yo no caminé hacia ella porque mis piernas no me respondían. Solo la saludé con la mano, a lo lejos. Ella se acercó rápido, quizás para evitar ser vista, aunque la calle es oscura… ya saben, el pésimo alumbrado del gobierno.

    Me dijo “hola” en voz baja, y yo le contesté igual. Le señalé que mi casa estaba hasta el fondo, y me dijo:

    Yésica:

    —Ok, vamos.

    Se veía preciosa. Llevaba unos jeans ajustados que marcaban ese gran trasero que ya había tenido el placer de acariciar, una blusa entallada con escote discreto y unos tenis. Venía con sus lentes y su cabello suelto. Caminamos en silencio, cruzándonos miradas, sintiendo esa tensión que no necesita palabras.

    Cuando llegamos, abrí la puerta y le pedí que pasara. Mis perros corrieron hacia ella, ladrando —no agresivos, solo emocionados. Yésica se asustó, me tomó del brazo y me preguntó:

    Yésica:

    —¿No muerden, Ángel?

    Ángel:

    —No, no, tranquila.

    Les grité:

    Ángel:

    —¡¡Quítense!!

    Y se sentaron. Mi papá los entrenó bien.

    Yésica no se dio cuenta de que aún me tenía agarrado del brazo, y cuando lo notó, dijo entre risas:

    Yésica:

    —Ay, disculpa.

    Entramos. Le ofrecí sentarse en el sillón grande, y yo me senté en el de al lado. Platicamos sobre lo mismo: su confusión, lo inesperado de todo… para no aburrirlos, les resumo: antes de terminar la charla, me dijo:

    Yésica:

    —Ángel… como te dije, no te veía con otros ojos.

    Esa frase me dio un bajón, pero lo que siguió me devolvió el alma al cuerpo:

    Yésica:

    —Lo que pasó entre nosotros… cómo nos besamos, cómo nos tocamos… lo que te hice… despertó algo en mí. No quiero ilusionarte, pero… creo que me estás empezando a gustar.

    Lo dijo apenada, bajando la mirada. Yo no supe qué contestar. Me quedé helado, pero reaccioné:

    Ángel:

    —No le veo nada de malo a que lo intentemos… aunque sea repetir el beso.

    Ella sonrió, divertida:

    Yésica:

    —Quizás… besas muy bien, la verdad.

    Después dijo:

    Yésica:

    —Me tengo que ir. Mis hijas van a llegar a cenar y van a empezar a preguntar dónde estoy.

    Se levantó, y yo también. No recuerdo lo que me dijo mientras caminábamos a la puerta, porque mi mente seguía atrapada en sus palabras. Nos quedamos viendo un momento… luego se acercó y me abrazó. Ese abrazo se sintió diferente. Fuerte. Verdadero.

    Y entonces, alzó su rostro hacia mí y me besó.

    Yo no dudé en corresponder. Fue un beso intenso, cargado de deseo. Bajé mis manos y acaricié su trasero. Creo que la tomé por sorpresa porque dio un pequeño brinco. Retiré mis manos enseguida, pero ella no se alejó. Al contrario, me abrazó por la cintura. Volví a tocarla, esta vez con más cuidado, y mi mano derecha se deslizó hasta acariciar su entrepierna por encima del pantalón. Escapó un leve gemido de sus labios… ese sonido me prendió.

    En respuesta, sentí cómo me apretaba los glúteos. Ese momento… fue fuego puro. Nuestros cuerpos conectaron sin necesidad de más. No me di cuenta, pero ya tenía una erección, y lo sentía todo intensamente.

    Justo cuando parecía que todo iba a escalar, su celular sonó. Era su hija. Le dijo que llegarían a casa a las diez. Eran ya las 9:15.

    Yésica:

    —Perdóname, me tengo que ir.

    Caminamos hacia la puerta que da al callejón. Antes de salir, me dio un beso corto y susurró:

    Yésica:

    —Te veo mañana en clase. No faltes, o te repruebo.

    Solté una risa nerviosa. Iba a acompañarla hasta afuera, pero me dijo que no era necesario. Al girarse para salir, no pude evitar fijarme nuevamente en ese trasero perfecto. Lo agarré con firmeza, sin pensar.

    Ella volteó y me dijo, sonriendo:

    Yésica:

    —Me puse estos por ti… espero te guste cómo me veo.

    Me sonrojé. Lo sé, lo sentí en la cara. Esa risa juguetona suya fue lo último que escuché antes de verla desaparecer en la oscuridad.

    No podía creer lo que acababa de pasar. Había vuelto a besarme con ella… y eso solo reforzaba todo lo que sentía.

    Mientras la veía alejarse por el callejón, con ese culo que resaltaba con cada paso, me quedé parado en la entrada de mi casa, con el corazón latiéndome a mil por hora y una sonrisa que no podía controlar. Cerré la puerta, todavía con el sabor de sus labios en los míos.

    Mientras caminaba hacia mi cuarto iba pensando que lo había conseguido… que había logrado que se enamorara de mí, o al menos que empezara a sentir algo más allá de lo prohibido.

    Yésica ya no solo me veía como su alumno. Ahora también me deseaba.

    Creo que el relato se está poniendo algo largo, así que seguiré la historia en otro, pues está siendo algo largo.

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  • Dia de elecciones: Sexo en colegio (3)

    Dia de elecciones: Sexo en colegio (3)

    Me reincorporo dirigiéndome al baño a limpiarme, cuando termino me dirijo al centro de acopio donde Milagros me espera desnuda para el 2 round, Me quito la ropa y me recuesto en la colchoneta, Milagros comienza a jugar con su manos con mi miembro, hasta que finalmente agarra firmeza, saco unos de los preservativos que había comprado y cuando estoy por ponérmelo ella me detiene.

    Milagros: espera…

    Me quita el preservativo y me lo coloca con su boca.

    “El que se case con ella será un afortunado”, pensé

    Succiona un poco con su boca mi miembro y luego se sienta encima de el para empezar a cabalgar.

    Pero antes acerca su boca e intenta darme un beso, le acepto el beso y nuestros labios e lenguas se entrelazan, su boca era dulce como la miel y pensar que hace solo unos minutos mis hijos estuvieron ahí jajaja.

    Con mis manos le acariciaba los senos y nalgas, la punta de sus senos se encontraban duritos y sus nalgas suaves, mientras continuábamos besándonos.

    Mi miembro se encontraba en el interior de su vagina, donde cada vez agarraba más firmeza.

    Que delicia de mujer

    Luego de unos minutos empezó a cabalgar dándome unos fuertes sentones. Cambiamos de pose llevándola hacia abajo y yo encima de ella. Agarre sus manos y la lleve encima de su cabeza inmovilizándola y succionando sus senos con mi boca, penetrándola cada vez más profundo. Estábamos en la pose del misionero, ella gemía de placer mientras yo la disfrutaba.

    Piernas al hombro mientras no dejaba de bombearla, luego con mis manos le hago cosquillas en los pies.

    Comienzo a ejercer fuerza en la penetración llegando hasta su interior, ella estaba desesperada no sabía qué hacer, movía sus manos de un lugar a otro buscando donde agarrarse estaba consumida de placer, a punto de llegar al clímax.

    Hasta que lanza un fuerte gemido, produciéndole un gran orgasmo yo también me vine en el acto en el interior de su vagina, caigo rendido encima de ella. Estábamos en silencio, nuestra respiración era agitada. Habíamos manchado completamente la colchoneta, colchoneta donde estudiantes harían educación física.

    Pasaron unos minutos y Milagros me indica que necesita ir al baño, salgo de estar encima de ella y se levanta, que hermoso cuerpo tiene no podía creer que todo eso fue mío.

    Aprovecho en mirar el celular y eran las 2:26 am, reviso los mensajes de WhatsApp y tenía uno de Anna enviado a las 11:38 pm indicándome que había llegado bien y deseándome las buenas noches. Su última conexión fue a las 1:10 am seguro esperando mi respuesta.

    En eso entra Milagros completamente desnuda, se sienta en unas de las sillas del aula.

    Y comienza la conversación, dejo el celular.

    Milagros: Sabes hace tiempo que un hombre no me produce tanto placer, tienes una muy buena herramienta.

    Ambos sonreímos

    Milagros: Esto es realmente loco, no crees.

    Yo: ¿Que es lo loco?

    Milagros: Jamás en mi vida imagine que tendría sexo en el salón de clases de un colegio.

    El centro de acopio era un salón de clase adecuado solo para las elecciones. En unas horas este salón recibiría a estudiantes y profesores para retomar sus clases.

    A decir verdad también era mi primera vez en un lugar así, rodeado de carteles, maquetas y demás trabajos escolares. Había tenido sexo en un avión, en un hospital, en el baño de una discoteca, en la playa, en un bosque rodeado de vegetación, hasta en una cárcel cuando fui a visitar a una amiga que había caído (Otra historia) pero jamás alucine en un salón de clases de un colegio estatal.

    Milagros se pone de pie y se dirige hacia mi dirección se arrodilla en la colchoneta.

    Milagros: ¿Listo para un 3 round?

    Yo: Por supuesto

    Ella comienza agarrando mi miembro con sus manos de arriba abajo, intentando hacerme una paja para que agarre firmeza, yo con mis manos comienzo a tocarle la vagina ella se percata y se voltea quedándonos en 69.

    Con mi lengua comienzo a acariciar sus labios vaginales, ella hace lo mismo con mi miembro comienza a lamerlo como un chupetín para luego llevárselo dentro de su boca.

    Poco a poco voy introduciendo mi lengua en el interior de su vagina, ella se comenzaba a consumir de placer.

    Milagros: Ya no puedo más penétrame, por favor

    Me reincorporo y me coloco detrás de ella, ella se queda en posición de perrito, me coloco el preservativo y procedo a penetrarla, emite un gemido de satisfacción.

    Voy introduciendo mi miembro en su interior vaginal hasta el fondo y comienzo a bombearla.

    Milagros empieza a gemir, en ese momento veo su ano. Un ano chiquito, se miraba sellado. Así que intento penetrarla con unos de mis dedos.

    Ella se percata y me dice:

    Milagros: Ey, espera por ahí no.

    Yo: ¿Alguna vez lo hiciste por ahí?

    Milagros: Si, pero como hace un año que no tengo sexo por ahí

    Yo: Pues creo que ya toca

    Milagros se queda pensando un rato

    Milagros: Esta bien, alcánzame mi bolso.

    Le alcanzo el bolso y saca un gel para suavizar manos el cual lo usaríamos de lubricante, me lo da y me pide que se lo eche en su ano, lo unté en mis dedos acercándolo a su ano, me acerque a su oído y le dijo: “te voy a meter el dedo tú me dices hasta donde aguantas”, entonces coloco mi dedo en la entrada y empujo suavemente.

    Tenía su ano estrecho el cual le producía dolor, mantuve el dedo en su interior y poco a poco se comenzaba a acostumbrar y el dolor a bajar, luego fueron 2 dedos más y más gel ella ya lo estaba soportando, ella se encontraba en perrito apoyándose con los codos y sus manos en su rostro, callada, cuando la note lista le introduje el tercer dedo, su ano se comenzaba a abrir poco a poco. Cuando mis dedos ya entraban y salían con facilidad, supe que estaba lista para mi miembro.

    Saco mi miembro de su vagina para perforar su ano pero ella me detiene.

    Milagros: Espera, con una condición

    Yo: ¿Cual?

    Milagros: Te parecerá loco, pero quiero que sea sin preservativo y quiero que te vengas adentro.

    Yo: Acepto

    Mi miembro se encontraba como una vara de acero lista para apuñarla a alguien.

    Milagros: adelante

    Me limpio mis dedos con alcohol y papel que había en su bolso y me saco el preservativo dejándolo a un lado acerco mi miembro en la entrada de su ano. Hecho un montón de gel y procedo, mi glande comienza a entrar en su orifico, Milagros grita.

    Le agarro de sus caderas para tener más control, mientras iba entrando poco a poco. Sus ojos comenzaron a lagrimear y ella empezó a arañar la colchoneta con sus uñas gimiendo de dolor.

    Me pidió que parara, pero ya era tarde ya tenía la mitad de mi verga en su interior aparte la sensación de como apretada era placentera.

    Así que de un golpe incrustó la mitad que falta, Milagros comenzó a llorar y gritar de dolor. Tenía que hacer algo era de madrugada y todo estaba silencio, algunos vecinos del colegio nos podían oír. Entonces cogí un pañuelo que estaba en su bolso y se la di para que la mordiera, así reducía el ruido, ella lo comenzó a morder, mientras su ano trataba de expulsar al visitante.

    La tenía agarrada de las caderas con mi miembro ejerciendo presión en su interior anal. Estaba inmóvil debía esperar unos minutos para que su ano se adapte bien. El dolor comenzaba poco a poco a desaparecer y se convertía en placer. Ella seguía con el pañuelo en la boca pero un poco más tranquila.

    Con mis dedos comienzo a follarle su vagina dándole mucho placer.

    Ahora era el momento de empezar a bombearle el ano, le comunico.

    Y ella mueve su cabeza de arriba a debajo de forma afirmativa. Con el pañuelo en la boca.

    Sacó la mitad de mi miembro y vuelvo a meterla hasta el fondo comenzando con el bombeo.

    Empecé a follarla cada vez más duro, Milagros empezaba a gemir como una loca mientras le ordenaba sus órganos internos. Cada vez que llegaba a su fondo emitía un fuerte gemido.

    Se estaba empezando a correr estando ensartada, con sus manos agarraba fuertemente la colchoneta. Yo trataba de mantener la respiración.

    Hasta que realiza un fuerte gemido de gozo y pasión, acababa de tener un orgasmo. Sus fluidos se desvanecen sobre sus piernas llegando hasta la colchoneta. A la vez que sus brazos pierden fuerza y cae rendida sobre la colchoneta. Yo caigo con ella pero me reincorporo y empiezo a follarla con más y más fuerzas sin contemplación dándole hasta el fondo, Milagros se encontraba en estado vegetal.

    Luego de varios minutos dándole siento que ya estoy por venirme le cumplo su deseo clavándola hasta lo más profundo de su orificio donde procedo a depositar mi leche, su ano se comienza a rellenar dándole las ultimas sacudidas, ella vuelve a gemir provocándole un nuevo orgasmo.

    Caigo encima de ella, ambos boca abajo, con la respiración entrecortada, completamente bañados de sudor, con mi miembro aun en su ano el cual se desvanecía poco a poco.

    El esfuerzo físico fue grande, necesitábamos recuperarnos así que permanecimos en esa posición un buen rato.

    Me levanto sacando miembro lentamente y veo su ano completamente abierto, era un hueco grande del tamaño de mi polla. Caigo a un costado veo mi celular y eran las 4:47am de la mañana, teníamos casi una hora para arreglarnos antes de la llegada del portero del colegio.

    Yo: Milagros, tenemos que levantarnos ay que ordenar el salón, limpiar y guardar las colchonetas en el depósito antes que llegue el portero.

    Milagros estaba inmóvil así que le di una nalgada.

    ¡Auchh! Veía como su ano poco a poco expulsaba mi leche.

    Yo: Apura

    Milagros: Ya voy, sí que me has follado duro.

    Cuando intenta incorporarse sus piernas le fallan, no podía ponerse de pie. Le había follado tan duro que prácticamente la deje inválida.

    Yo: Sabes que descansa mientras yo ordeno.

    Acomode las mesas y sillas en su sitio tal como estaba ordenado.

    Yo: Necesito que por lo menos te pongas de pie, tenemos que bañarnos si el portero nos ve así, vamos a tener problemas.

    Milagros: Todavía me duele el ano.

    Me lo dice con ojos sollozos.

    Agarro mi toalla y me la envuelvo en mi cintura. Voy donde ella le agarro la mano y la lanzo sobre mi hombro cargándola, agarro su toalla la envuelvo y nos dirigimos al baño de profesores. La meto a la ducha, tratando a que se mantenga de pie. Nos quitamos la tolla otra vez desnudos procedo a abrir el agua, ella coloca sus manos contra la pared para mantener el equilibrio. Procedo a bañarla lavándole el cabello con shampoo y luego le enjabono cada parte su cuerpo. Su ano seguía expulsando mi leche lo cual me hizo excitarme.

    La volteo y la subo a mis hombros, con mis brazos la cargo desde las piernas, ella rodea sus brazos por mi cuello buscando apoyo. Y comienzo a follarla nuevamente colocando su espalda contra la pared. Estaba vez sin preservativo, hasta llegar al placer. Botando lo último que me quedaba de leche en su interior vaginal.

    Terminamos de bañarnos y la llevo cargada devuelta al centro de acopio. Tiro la toalla en unas de las mesas y la echo encima.

    Le alcanzo su mochila para que se vista, yo hago lo mismo y busco en mi mochila ropa nueva.

    Son las 5:30 am el día comienza a amanecer

    Termino de vestirme y saco las colchonetas, las limpio con una toalla y alcohol. Encuentro en el baño de profesores un ambientador spray aroma coco tropical. Lo rocío sobre las colchonetas y el baño.

    También rocío sobre el centro de acopio tratando de quitar el olor a sexo. Milagros estaba todavía tratando de vestirse. Recibo un mensaje del portero que ya venía en camino, guardo las colchonetas en el depósito, guardando al fondo las que fueron utilizadas para el acto sexual para que no las lleguen a utilizar.

    Cierro con llave, saco mi mochila y mis documentos de CLV guardándolos en la maletera de mi moto. Ya listo para partir.

    Voy donde Milagros estaba sentada sobre la mesa, le dije que ya debemos irnos el portero viene en camino. Se apoya en mí tratando de caminar poco a poco. Cierro la puerta del aula que fue nuestro centro de acopio con llave. Escuchamos el timbre del colegio el Portero había llegado. La llevo hasta la moto y le pregunto si se podrá sentar.

    Milagros: No se estoy toda abierta.

    La subo en la moto y me subo también se agarra de mis hombros y llevo la moto hasta el portón. Bajo y le abro la puerta al portero, 6 am en punto nos ponemos a conversar, me pregunta cómo me había ido, si había habido algún incidente, Gracias a Dios todo salió bien respondo.

    En eso mira a Milagros montada sobre mi moto y se queda anonadado de su belleza, procedo a presentarlos; Samuel ella es Milagros una de las CM (coordinadora de Mesa) que trabajo ayer en las elecciones, Milagros él es Samuel el portero de este centro educativo, Samuel aprovecha y la saluda con un beso en la mejilla.

    Samuel: Que guapa tu amiga, seguro trabaja en una agencia de modelos.

    Milagros nos regala una sonrisa, bueno ya es tiempo de irnos le devuelvo todas las llaves al portero y nos despedimos le entrego un casco a Milagros y arranco la moto ya con la luz del día. Ella se echa sobre mi espalda rodeándome con sus brazos por el estómago.

    Antes de llevarla a la estación paro en un Oxxo, compro un agua sin gas y condones, luego le doy la pastilla del día siguiente ya que la última vez lo hicimos sin preservativo, procede a tomársela y luego nos dirigimos a la estación, me hubiese gustado llevarla hasta su casa pero está demasiado lejos a varios kilómetros casi afuera de la ciudad, nos despedimos en la estación del metropolitano con un gran beso, cuando se marcha le veo mojada la parte de atrás, aún seguía votando mi leche por su ano. Caminaba lento, aun le seguía doliendo la follada dada.

    Continuará.

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  • Me preñan a la fuerza por puta

    Me preñan a la fuerza por puta

    Soy Daphne, trans bonita, delgada, alta, contaré un día de trabajo muy excitante. Era un viernes, me preparé, eran 9 pm, me maquillé base y me pinté labios rojos, me puse top negro, falda negra corta, zapatillas plateadas brillantes, perfume.

    Tomé taxi y me fui al punto de mi ciudad donde me pongo, eran 10 pm, estaba en la esquina todo tranquilo, preguntaron algunos hombres, hasta que llegó uno que si me contrató.

    Nos fuimos al motel, se la empecé a mamar en el carro, obvio me encanta hacer eso, llegamos se le paró bien dura, y seguí mamando, le puse condón con la boca, después me le monté uff y empecé a cabalgar en su verga uff la tenía rica -buen largo y gruesa- y me dijo ponte en 4.

    Me puse en 4 bien abierta de piernas, y me agarró bien fuerte de la cintura, muy muy salvaje, me la metió toda de un solo empujón hasta el fondo, gemí de lo fuerte.

    -Ahhh -yo gemí

    -Así puta -él dijo

    Pero yo luego sentí diferente… obvio el condón raspa un poco, y yo sentía todo muy muy mojado y caliente, se empezó a mover, y yo me quedé en shock, pensé decirle que no pero simplemente tenía mucha adrenalina, y no sabía qué hacer.

    -Puta tu mereces carne… piel -dijo él

    Ya no había duda… se había quitado el condón sin preguntarme.

    -Ayyy si, me encanta que me preñen a pelo -respondí

    -¿Me lo vas a dejar gratis verdad? -dijo él

    -Si, tu preñame duro no importa -respondí

    Me estuvo preñando unos 10 minutos, toda la verga al natural saliendo y entrando de mi culo, al final…

    -Ahi te van mis mecos -dijo

    -Dámelos bien adentro -respondí

    -Ahhh me encanta -dije

    Me los echó todos adentro con tanta furia que uff me fascinó, me sentí tan puta, aparte ni le cobré para sentirme aún más tomada a la fuerza.

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  • Emputeciendo a Charo, la mujer de Germán

    Emputeciendo a Charo, la mujer de Germán

    Quizá alguien recordara como tras estar en la habitación de un hotel con mi amigo German y su amigo Sergio, les había prometido a los dos, si al final se atrevían emputecer a sus mujeres, y que al final terminarían follando cada uno con la mujer del otro, no sabía si esto sería una de las tantas cosas que se hablan mientras se folla, pero unas semanas después fue German quien me recordó el asunto, la idea de emputecer a su mujer era algo que le atraía, así que quedamos en provocar un encuentro fortuito entre los tres, el me la presentaría, y a mí me correspondería conducirla por el mal camino, jejeje.

    Y tal y como habíamos programado German, su pareja y yo nos encontramos en una calle concurrida de nuestra ciudad, cuando nos cruzamos el me llamo señora de (el apellido de mi marido), yo le salude con la mano, lo de los besos aún no se había popularizado, él le contó a su mujer que yo y mi marido éramos dos importantes clientes para él.

    German me presentó a su mujer, me dijo que se llamaba Charo, Físicamente no me pareció nada mal, y desde el primer momento tuve la impresión de que me encontraba ante una puta que necesitaba liberarse. Quizá por ser una cliente vip de su marido, aunque entonces no se utilizaba esta expresión, Charo me saludo de forma muy animada y me ofreció su amistad, por supuesto acepté, aunque en ese momento ella no sabía hasta donde iba a llegar nuestra amistad.

    Quedamos en vernos unos días después en su casa, para hablar y tomar unas pastas. Ese día, para no despertar sospechas yo me había vestido de una manera muy discreta, y el día en que habíamos quedado decidí hacer lo mismo, así que me puse un vestido de lunares discretísimo, ella me recibió y me hizo pasar, volví a tener una buenísima impresión respecto a su físico, desde luego German no se merecía que le hicieran follar con las luces apagadas, y ese cuerpo estaba hecho para ser visto desnudo.

    Nos sentamos a tomar las pastas y en un momento dado me pareció que debía de pasar al ataque, así que la dije que era una mujer muy bella, que German tenía mucha suerte de tener una mujer tan atractiva, primero acaricie su pecho de una manera que pareciera accidental, y después de una manera menos disimulada llevé mis labios junto a los suyos, y la bese en la boca, ella en un primer momento o reaccionó, después abrió su boca y se dejó llevar, por los movimientos de su cuerpo se la notaba que estaba disfrutando, pero en un momento dado pareció recobrar su moralidad y dijo:

    -Lo siento señora Isabel, pero yo soy una mujer decente, fiel a mi marido y no hago cochinadas de esas, que son muy pecaminosas.

    -Yo tampoco, créeme, Charo, en el extranjero es una forma natural de mostrarse amistad, pero si tu piensas que yo quiero hacerte cosas pecaminosas, simplemente me voy y no vuelves a saber más de mi

    Desde luego no era eso lo que ella buscaba, su marido le había pedido que se hiciera mi amiga, y lo último que quería confesarle era que por un malentendido había perdido a una buena clienta, así que haciendo de tripas corazón me dijo:

    -Lo siento Isabel, sin duda he interpretado mal lo que hacías, si en Europa se hace así, ¿Por qué no vamos a hacerlo nosotras?

    Había ganado, jajaja, le tenía sometida a mis deseos y sabía que ella iba a hacer todo lo que a mí me apeteciera, así que llevé mis manos hasta una de sus tetas y se la toque ligueramente con la mano, nuevamente vi que le gustaba, definitivamente tenía ante mí a una puta que necesitaba liberarse, llevé una de mis manos a su teta y se la acaricie ligeramente, y le dije:

    -Tu marido tiene suerte de tener una mujer tan bella como tú.

    Ella no sabía qué hacer y se dejaba hacer, en ese momento le pregunté:

    -¿Tu ropa interior es discreta?

    Ante mi pregunta ella se sentía molesta, pero yo veía que tras esta molestia se escondía mucho morbo, como vi que tardaba en contestarme yo tomé la iniciativa, me quité el vestido, llevaba un conjunto interior rojo, ella al verme así se quedó sorprendida, pero no podía dejar de mirarme, aunque lo intentaba, jajaja, finalmente tuve que ser yo quien volviera a decir lo de costumbre europea, ante ello ella de muy mal gana se quitó el vestido quedándose con las bragas y el sujetador más feos que he visto en mi vida, no me extraña que a German, viéndola así se le fueran todas las ganas de hacer nada, fue ella quien tomo la iniciativa:

    -Perdona Isabel, ¿Pero no te parece que esa ropa interior es de puta?

    Yo me reí un momento, y después, cuando me di cuenta de que ella se sentía culpable de sus palabras, llevé una de mis manos haca sus tetas y comencé a acariciárselas por encima del sujetador, estaba pensando en decirme que no, pero sabía que estaba en mis manos y se dejó hacer, yo me aproveché y le quité el sujetador dejándola con las tetas al aire, y después se las acaricié, viendo su duda le dije:

    -Mira está claro que las dos somos unas putas pecadoras y que vamos air derechitas al infierno, así que disfrutémoslo

    -Está bien Isabel, dijo ella, pero por favor que mi marido no se entere nada de esto, me moriría de vergüenza ante él.

    La verdad es que cuando terminara de follar con ella lo primero que pensaba hacer era contárselo a su marido, con el que había quedado en una habitación de hotel, pero aún no era el momento de que esta zorrita se enterara de que iba el juego así que hice como que aceptaba sus condiciones, jajaja.

    La terminé de desnudar y luego me desnudé yo y la empujé hacia el sofá tumbándola, y la abrí bien sus piernas, antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que iba a hacerla, la aparte las piernas, ella intento conservar un resto de dignidad y me dijo:

    -Isabel esto es un pecado muy grande, y además yo no soy tortillera.

    -Tu eres una zorra que le gusta que la hagan de todo, aunque hasta ahora no lo hubiera descubierto, y de otro lado de todas maneras vas a ir al Infierno, así que disfruta de tus pecados en la tierra, le respondí.

    Y nuevamente con toda la rapidez de la que fui capaz metí mis dedos en su coño y comencé a masturbarla, ella estaba horrorizada, pero a la vez se le notaba que la situación le ponía muy caliente, y mis dedos comenzaron a notar la humedad de su coño, intentaba no gemir, pero le fue imposible y comenzó a hacerlo, en ese instante me decidí a cambiar de instrumento, saqué os dedos, y en su lugar introduje mi lengua eso si le di una especie de consejo-orden

    -La próxima vez que hagas cosas pecaminosas conmigo quiero que tengas tu coño completamente depilado.

    -Así lo hare Isabel, dijo ella comprendiendo que su relación conmigo no se iba a limitar a esa vez, sino que iba a formar parte de su vida.

    A continuación, introduje mi lengua en el interior de su coño, y comencé a lamérselo, ella se resistía y trataba de no gemir, pero todo su cuerpo me demostraba que estaba disfrutando, su coño tenía un sabor delicioso y pensar que estaba comiéndome a plena luz el agujero donde German, solo podía meter su polla, y a oscuras le daba más morbo al asunto. Ella se mordía los labios, tratando de no gemir, pero al final, no pudo vitarlo, y comenzó a gemir de una manera que iba creciendo en intensidad, hasta que tras un fortísimo gemido se corrió:

    -¿Ves cómo eres una zorra y una tortillera? Le dije, y luego añadí, ahora te toca a ti hacérmelo a mí.

    Nuevamente ella trató de resistirse.

    -Pero Isabel nunca lo he hecho, no sé y además me da asco.

    Le sacudí un tortazo y le dije:

    -So puta, yo soy tu maestra y si te digo que me comas el coño tu me lo comes, y si no sabes lo intentas, aquí me tienes a mí para enseñarte.

    Luego la hice tumbarse sobre el sofá, me puse de rodillas encima de ella y le dije:

    -Venga puta empieza.

    Ella dudó un momento, pero viendo mi cara de mal genio comprendió que no tenía otro remedio y abriendo su boca introdujo su lengua en mi interior, comenzó a comerme el coño de una manera muy parsimoniosa, fue necesario que yo la dijera:

    -Venga, puta hazlo con ganas, o quieres que me enfade.

    Ante mi amenaza ella se puso a comerme el coño de una manera más apasionada, su lengua empezó a comerme con ganas, y pensar que la tenía dominada y sumisa ante mi hizo que mi excitación aumentara, poco a poco su forma de lamerme el coño comenzó a ser aceptable, en ese momento me decidí a premiarla, me gire sobre mi misma, y me tumbé hasta que su coño volvió a estar al alcance de mi boca, en ese momento le dije:

    -Mira zorra, como se come un coño, siente y repite conmigo lo que yo te voy a hacer a ti.

    Comencé a lamerle el coño, ella comenzó a comportarse como una alumna aplicada, su lengua comenzó a comer mi coño de una manera precisa, mi alumna estaba aprendiendo, en ese momento yo sentí que ella se estaba corriendo de nuevo, pero también en ese momento yo me corrí, al notarlo ella trato de sacar su lengua de mi coño, pero desde luego no la dejé, y le ordené:

    -Puta quiero que te tragues todos los líquidos de mi coño, ¿Entendido?

    -Si, mi ama, dijo ella.

    Volvió a meter su lengua en el interior de mi coño y comenzó a lamer mis líquidos al principio sin ganas, pero a medida que los fue chupando su lengua se animó, estaba aprendiendo a disfrutar con una mujer. yo la pregunté:

    -¿A qué te está gustando puta?

    Ella me hizo una señal de que efectivamente era así.

    Decidí pasar a la siguiente fase la ordené tumbarse en el cama con las piernas bien abiertas, y cuando lo hizo me pise encima de ella e hice que nuestros coños se rozaran, ella se puso a gemir de inmediato, parecía que al final había acetado su condición de puta y lesbiana, solo se le escapó un:

    -Pobre marido mío, va a tener unos cuernos muy grandes.

    -De pobre nada, le dije yo, porque la puta de su mujer, para ocultar su condición va a hacer lo que a él le apetezca, si negarse a nada, ¿Entendido zorra?

    -Si mi ama respondió ella.

    Mientras y seguía rozando mi coño contra el suyo, proporcionándola un gran placer que ella ya no trataba de ocultar, Hasta que me dijo:

    -Isabel, estoy gozando muchísimo, necesito correrme.

    -De acuerdo zorra, le dije, pero lo vas a pagar

    Contando con mi permiso ella se relajó y sentí como una gran humedad se desprendió de su coño, en ese momento yo le dije:

    -Ya te has corrido zorra, ahora te toca pagar el precio por hacerlo.

    Me di la vuelta y le dije:

    -Quiero que me lamas el culo.

    -Que asco, dijo ella.

    Pero inmediatamente notó en mi mirada que se había equivocado y trato de rectificar a tiempo:

    -Si es tu deseo, mi maestra, lo hare.

    Yo me puse bocabajo en la cama, y ella se puso con su cabeza cerca de mi culo, la pedí en primer lugar que besara los cachetes de mi culo, y lo hizo, y por fin llegó el gran momento, notaba la tensión en ella, pero arrimó su lengua a mi culo y la introdujo en él, se la notaba que era primeriza y comenzó a chupármelo de una manera un poco torpe. Pero era una buena discípula, no tardo en cogerle el tranquillo al asunto y poco a poco me fue dando más placer, saber que era mi discípula y que su emputecimiento iba por buen camino me ayudaba a sentirme bien, y no tarde en correrme.

    En ese momento me pareció que era bueno ser generosa con ella, la pedí que se lavara la boca, ella obedeció y cuando volvió, y comprobé el buen olor de su aliento, la bese en la boca y le dije:

    -Así me gusta, estas aprendiendo muy rápido, ahora date tu la vuelta.

    Lo hizo, quizá ella pensara que yo le iba a chupar el culo, por eso se debió de quedar sorprendida, cuando sintió que uno de mis dedos entro en el interior de su agujero, dio un grito de dolor, yo le dije:

    Cariño, una buena puta debe de tener sus agujeros siempre listos para que se los penetren. Y seguí jugando con mi dedo en su culo, poco a poco su dolor se fue transformando en placer, lo que me llevó a la siguiente fase en su emputecimiento. Y la ordené:

    -Ponte a cuatro patas, como una perra, que es lo que eres.

    Se había acostumbrado a obedecer y lo hizo, yo cogí un pañuelo que llevaba en mi bolso y con él la tapé los ojos, eso la provocó curiosidad, pero sabía que no debía manifestarla, lo siguiente que hice fue volver a ir a mi bolso y sacar un dildo que llevaba dentro, lo ajusté a mi cintura, y como si fuera un tío, me dirigí hacia donde ella estaba, me puse de rodillas, y desde esta postura arrimé el aparato a su coño, y de un golpe, se lo metí dentro de su coño, ella al sentirlo gritó:

    -¿Qué es esto?

    -Ta ves zorra, le respondí, no solo voy a ser tu novia, sino también tu novio.

    Y comencé a mover mi aparato en el interior de su coño, ella tenía cara de desagrado, además el estar ciega le hacía sentirse indefensa, pero hice como que no me importaba, y seguí follandola con mi aparato, poco a poco noté como su sensación de desagrado desaparecía y era sustituida por otra de placer, y en contra de su voluntad los gemidos comenzaron a salir de sus labios, ello me llevó a aumentar el ritmo, y ella pese a intentar disimularlo soltó un gemido muy inmenso, se había corrido.

    En ese momento la quité la venda de los ojos, y sin sacar el consolador de s coño le dije:

    -¿Ves cómo eres una grandísima zorra? Te has corrido con un trozo de plástico, jajaja, pues compórtate como tal y chúpale la polla a tu novio.

    Ella se arrodilló enfrente de mí, y abriendo su boca se metió en ella mi polla artificial y comenzó a chuparla, como si fuera una polla de verdad, poco después decidí sentarme en el sofá, y la ordené sentarse encima de mí, ella sin dudarlo, se sentó encima de mí, y comprendiendo mis deseos, llevó su coño hasta la pita de mi aparato y moviendo su sexo, se lo introdujo dentro de este.

    Y como si fuera una polla de verdad comenzó a moverla con su coño, cualquier tío se hubiera quedado seco si una tía se hubiera movido así con su polla dentro de ella, la idea me estaba resultando morbosisima, y ella parecía estar alucinando con la posesión de este pene de plástico, pero decidí tomar el control de la situación y la levanté, y la tiré sobre el sofá, y poniéndome yo de pille, la introduje mi polla artificial dentro de su coño, mientras la decía:

    -Toma zorra, toma, y disfruta.

    Sus gemidos se hicieron ensordecedores, por lo que subí el ritmo hasta que se corrió, en ese momento me decidí a hacerla pasar la prueba definitiva, la ordené volverse a poner a cuatro patas, ella obedeció y cuando la tuve así, me puse detrás de ella, y de un golpe se la metí en el culo, su reacción fue de sorpresa y un poco de dolor, pero poco a poco, este dolor de transformó en placer y dijo:

    -Pobre de mi marido, nunca le quise dar el culo y ahora me lo han desvirgado

    -So zorra, le dije yo, ofréceselo hoy mismo.

    Y seguí follandola por el culo hasta que se corrió. Horas después, cuando en la habitación del hotel le contaba a su marido German le contaba como había emputecido a su mujer se puso muy caliente y follamos de una manera salvaje.

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