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  • El secreto de tía Laura (capítulo 1)

    El secreto de tía Laura (capítulo 1)

    Domingo 4 de febrero del 2018.

    Este es mi diario íntimo, sí. Y aunque yo mismo me reiría de la idea, si alguien me la hubiese dicho unos meses atrás, acá estoy. No soy una adolescente romántica que necesita plasmar su crisis existencial en algunas frases poéticas. No vengo a volcar mis inseguridades y mi miedo, no. De hecho, no soy (una) adolescente, sino (un) adolescente. Bueno, eso siempre y cuando Wikipedia esté en lo cierto al definir el límite de la adolescencia en los diecinueve años, la cual es mi edad. Con respecto a mi sexo, estoy seguro de él, por el momento.

    Por suerte no necesito de un cuaderno con un pequeño candado. Sería muy molesto tener que ocultarlo. Y si me vieran mis amigos con él, sería la burla de cada juntada que hiciéramos, hasta el final de los tiempos.

    Para eso existe internet. Una ventana en modo incógnito, registrarme en una página de relatos pornográficos con un seudónimo, y listo.

    Ayer hice un descubrimiento que me empujó a escribir estas líneas. Pero antes de llegar a eso, como intentaré fingir que soy un buen relator, empezaré por el principio.

    Hace casi dos meses, en noche buena, tuvimos una visita que, al menos para mí, fue inesperada.

    Suelo pasar las fiestas navideñas con papá y mamá, y en general, se suman algunos tíos que viven no muy lejos de nuestro barrio. En esta ocasión la cosa fue bastante concurrida. Dos tíos solterones de mamá, dos primos de papá con sus respectivas parejas, y varios primos de mas o menos mi edad.

    A eso de las diez de la noche el asado ya estaba listo. Notaba a mamá un tanto apesadumbrada, a pesar del jolgorio general, cosa que me extrañó, porque a ella siempre le gustaron las fiestas. De repente, cuando estábamos a punto de cenar, sonó el timbre.

    Yo estaba hablando con el primo Germán, sobre algunos animes que nos gustaban a ambos, así que no le di mucha importancia. Supuse que se trataba de algún vecino que pasaba a saludar antes de tiempo. Pero cuando mamá volvió a entrar, con el rostro iluminado, con ella venía una mujer que no conocía.

    Como buen pendejo virgen, me quedé aturdido al ver a la muñequita que llegaba, charlando animadamente con mamá. Estaba bronceada, y eso le daba un hermoso aspecto a su piel marrón. Llevaba un vestido bastante corto. Sus piernas eran, quizás, demasiado musculosas para mi gusto, pero no dejaban de ser atractivas, más aún cuando vi el tatuaje que tenía en la parte de atrás de la pierna derecha, varios centímetros encima de la rodilla. Era una frase escrita en letra cursiva.

    La chica estaba en forma, tenía un cuerpo tipo fitness. Cuando la miré desde atrás, mientras saludaba y se presentaba con mis parientes, vi la espalda musculosa, pero, sobre todo, vi su voluminoso orto. No necesitaría tocarlo para corroborar lo duras que estaban esas nalgas, ya que a simple vista se notaba, aunque ganas de hacerlo no me faltaban. La cintura era delgada, y eso, comparado con sus grandes pechos y sus sinuosas caderas, hacía que tuviera una silueta inverosímil, de esas que uno solo encuentra en internet.

    Yo no era el único que se había quedado impactado con ella. Más de un tío la siguió con la mirada, apenas sus respectivas mujeres se distraían.

    — ¿Quién es? —preguntó el primo Germán, quien también había caído en el hechizo.

    — Ni idea —contesté.

    — Qué buena que está —dijo él.

    — Muy musculosa para mi gusto —dije yo mintiendo. Si bien la chica estaba muy marcada, no llegaba al punto de perder esa gracia que tienen los cuerpos femeninos.

    Por fin se acercó a nosotros. Me mostró unos perfectos dientes, cuya blancura resaltaba en medio de ese mar de caramelo que era su piel.

    — Ella es Laura —dijo mamá, como si yo tuviese que reconocer a la chica. Cuando se dio cuenta de que mis neuronas no procesaban la información, agregó—: Laura, mi hermana. Te hablé muchas veces de ella ¿Te acordás?

    Mi cerebro hizo clic. Laura era producto de una relación clandestina del abuelo Eduardo. Mamá solía decir que a su padre le había agarrado el viejazo, y por eso se había encamado con otra mujer, cuando rondaba los cuarenta. Fue una cosa pasajera, salvo por el hecho de que había dejado una criatura por el camino. La abuela Mirta jamás le permitió tener una relación fluida con su hija extramatrimonial, y mamá creció desconociendo la existencia de aquella hermana. Recién de adulta se enteró del chanchuyo del viejo.

    No culpen a la abuela. Es de otra generación, y siempre fue muy orgullosa. Además, esta historia no va ni de ella, ni de mamá.

    Laura, como era de esperarse, era mucho más joven que mamá, quien contaba con cuarenta años, o cuarenta y uno, nunca recuerdo ese detalle. En fin, Laura tiene veintiséis años.

    La noche siguió su rumbo. Nos sentamos a cenar, y, como era de esperarse, Laura fue el centro de atención. Los tíos, y sobre todo las tías, la llenaron de preguntas, a las que ella respondía cortésmente, aunque a mí me pareció que por momentos quería que la tragara la tierra, sobre todo cuando se ponían pesadas con el tema de si tenía pareja o no.

    Cuando terminamos de cenar, pintó el bailongo. Me fue difícil quitarle la mirada de encima a mi, hasta ahora, desconocida tía. Germán y Lauty, mis primos, se habían animado a sacarla a bailar. Y Germán en particular, aprovechaba para agarrarla de la cintura. Sus manos estaban muy cerca del culo de la tía. No hace falta aclarar que ni Germán ni yo fuimos los únicos que parecíamos omitir el hecho de que nos unía un parentesco cercano con aquella chica. Algunos disimulaban mejor que otros, pero la imponente presencia de Laura era imposible de eludir, incluso para mi padre.

    — ¿Vos no bailás? —me preguntó Laura, cuando se sentó a mi lado, acalorada, después de terminar de bailar.

    — No, no me gusta —dije tímidamente.

    Por cierto, aclaro que escribiendo desde el anonimato puedo parecer más descarado de lo que soy en realidad. En la vida cotidiana soy bastante apocado.

    Tuve una corta conversación con Laura, en la que me comporté de manera torpe, por lo que no vale la pena mencionarla. Sólo intercambiamos información básica como la edad, trabajo, y esas cosas. Por cierto, ella es profesora de zumba.

    Después del brindis, y de que vimos los fuegos artificiales, la joda siguió por un par de horas. Yo no soy muy dado a las fiestas en general, y los tíos suelen ponerse pesados cuando se ponen en pedo, así que cuando pude, me recluí en mi cuarto, total, ya había visto a tía Laura tantas veces como quise, y no es que fuera a tener una historia con la hermana de mamá. Esas fantasías mejor las dejaba para mis noches solitarias.

    A eso de las dos, ya empezaban a irse todos, no porque ya hubiese llegado la hora de dormir, sino porque seguirían el festejo en otros lugares. Los primos tenían pensado ir a algún boliche, mientras que los tíos seguirían tomando y divagando en la casa de algún amigo.

    Sabía que, si no bajaba a dar una mano con la limpieza, mamá me lo echaría en cara al otro día. Y yo andaba corto de efectivo, así que no era buena idea darle motivos para que no me ayudase cuando lo necesitara. Entonces, cuando dejé de oír el jolgorio, bajé un rato.

    Laura estaba lavando unos platos en la cocina, mientras mamá terminaba de levantar la mesa.

    — ¿No te da vergüenza hacerle lavar los platos? —le dije a mamá medio en serio, medio en broma.

    — Me dijo que no lo haga, pero yo insistí —dijo Laura, y siguió en lo suyo.

    Me gustaba verla así, de espaldas, un poco inclinada, con una pierna flexionada. Era una posición perfecta para hacerle el amor. Me imaginé levantándole el vestido, y cogiéndola ahí nomás, en la cocina.

    — ¿No te invitaron los primos a ir al boliche? —le pregunté.

    — Sí, pero preferí quedarme acá con tu mami, tenemos muchas cosas de qué hablar —dijo Laura.

    — Además, Lauri tiene mala suerte —se metió mamá, guardando la comida que había puesto en un tupper en la heladera—. Tus primos son muy chicos y los tíos muy viejos. Se aburrió mucho al no estar con gente de su edad.

    — Nada que ver, ¡la pasé genial!—dijo Laura.

    — ¿Y papá? —pregunté.

    — Ya está durmiendo —dijo mamá, y se fue a ordenar el comedor.

    — Así que te quedás a dormir —le pregunté a Laura.

    — Sí, es que vivo lejos, en Pilar.

    — ¿En un barrio cerrado? —pregunté sorprendido.

    Pilar es una localidad llena de barrios privados. Me sorprendió que una simple profesora de zumba pudiera costear una propiedad así.

    — Sí —contestó ella.

    — ¿vivís sola? —pregunté, recorriendo su cuerpo con la mirada, desde su cuello, pasando por su espalda trabajada, su orto profundo, y sus piernas imponentes.

    Ella giró, pescándome infraganti, creo. Pero como desvié la mirada enseguida, tal vez me salvé.

    — Sí, vivo sola. Un día deberías ir a visitarme, así nos conocemos mejor.

    — Me encantaría —contesté, imaginando mil escenarios fantasiosos, uno más perverso que el otro.

    Luego mamá volvió a la cocina, y no paró de hablar. Se notaba que quería recuperar el tiempo perdido con su hermana. Habrá sido extraño empezar a entablar una relación siendo ambas adultas, y todo por un mandato materno. A mamá le había costado empezar a acercarse a Laura, incluso cuando se enteró de su existencia. La cosa fue lenta, y por fin estaban juntas. Así que las dejé en paz.

    Era común hacerme una buena paja antes de dormir, y no había motivos para no hacerlo usando a mi tía como musa inspiradora. Ya sé que es la hermana de mamá, pero yo qué culpa tenía de haberla conocido recién ahora. Si la conociese desde chico sería otra cosa. No podría evitar relojearle el culo, obvio, pero no llegaría al punto de masturbarme pensando en ella. Pero, para empezar, nuestro primer encuentro fue cuando yo ya era un pendejo con las hormonas revolucionadas, en segundo lugar, cuando vi a la hembra que entraba por la puerta, no sabía que era mi tía, sólo sabía que estaba buenísima. Luego, cuando me enteré de nuestro estrecho parentesco ya era tarde.

    El hecho de que estuviese en la habitación contigua sumaba morbo. Así que estuve un buen rato acogotando el ganso. Tuve que contener el gemido cuando por fin acabé.

    Cuando estaba amaneciendo, me dieron ganas de mear. Fui al baño, soñoliento, sólo vestido con el bóxer. Mientras orinaba recordé que tía Laura estaba durmiendo en casa. Fue muy tentador pasar frente a su cuarto. Me incliné delante de la puerta, y vi a través del orificio de la cerradura. Pero desde ese ángulo no podía ver la cama en su totalidad. Apenas pude observar las piernas desnudas, bañadas por unos rayos de sol que se filtraban en el cuarto.

    Cuando me levanté, al mediodía, ella ya no estaba. Hasta ahora no volví a verla personalmente. Mamá me comentó en una ocasión, que fuimos invitados a pasar un fin de semana en la casa de Laura. Una casa grande con piscina, según me contó. Pero yo preferí no ir. Papá, por su parte, dijo que era mejor que las hermanas disfruten el tiempo juntas.

    La verdad es que me hubiese encantado ver a mi tía en bikini, zambulléndose en el agua. Podría ver detalles que en la fiesta no conocí, pero sería incómodo hacerlo estando mamá presente. Si embargo, esta idea, la de poder verla en bikini, me dio una idea. La agregué a Instagram, esperando ver montón de fotos sensuales de ella. Una chica tan joven y linda, debía subir selfis todos los días. Pero, para empezar, la cuenta era privada. Tardó dos semanas en aceptar mi solicitud, y cuando accedí al perfil, me encontré con uno demasiado austero en cuanto a imágenes. Una decepción.

    A estas alturas, quizás algunos se pregunten si en algún momento me recriminé por estar fantaseando con mi tía. La respuesta es un simple y rotundo no. Siempre fui bastante pervertido, e incluso, un fetichista. Los relatos de incesto y dominación son mis favoritos, y cuando pensaba en tía Laura, ambas temáticas se entrelazaban deliciosamente en mi cabeza. Me gustaba visualizarla, con su escultural cuerpo desnudo, atada de manos y pies, con una venda en los ojos, mientras yo hacía de todo con ella.

    Pero a pesar de todo, soy virgen. Esto, sumado a la obsesión que tenía últimamente con tía Laura, me llevaron a tomar una decisión. Ya era hora de dejar de imaginar cómo sería coger, y pasar a la práctica.

    No lo haría con mi tía, claro está. No estaba tan loco como para creer realmente que ella se sentiría atraída por mí. Incluso si no fuese mi tía, sería difícil conquistar a un mujerón como ella, que era mayor que yo, y tendría dos mil pretendientes.

    Mi plan era más simple: me iría de putas.

    Ya contaba con unos billetes que me había dado el viejo. No tener trabajo era un problema, y muchas veces me sentía humillado por tener que mendigar dinero, pero ahora lo necesitaba de verdad. Así que conté la plata que tenía. Hasta el otro mes no me daría un centavo más, y yo pensaba gastarlo todo en un polvo.

    Busqué en internet, a ver qué escort tendría el privilegio de hacerme perder la virginidad. Abrí varias páginas, pero algunas tenían imágenes de mala calidad. Finalmente me quedé con dos webs donde se ofrecían servicios sexuales. Las mujeres aparecían en un cuadro rectangular. Debajo de sus fotos, estaba su supuesto nombre y un teléfono para contactar con ellas. Pero haciendo clic en la imagen, se abría una nueva pestaña donde había más datos de las chicas, y también más fotos.

    La selección fue, por sí sola, una experiencia estimulante. Tener a todas esas mujeres en una pantalla, como si estuviese frente a la góndola de un supermercado, me daban una sensación de omnipotencia que nunca había sentido. Una vez que eligiese a la escort, haría una cita, y durante un par de horas sería mi sirvienta sexual. La idea me fascinaba.

    Fui abriendo, uno a uno, los perfiles de las chicas que más me atraían. Ahí estaba Stefi, que decía tener veintiún años, medir uno sesenta, y hacer un servicio completo. También decía ser simpática y fina. La verdad que esas cosas no me interesaban, mientras fuera complaciente en la cama. Luego estaba Rocío, una rubia estilo vedette con unas enormes tetas operadas. También había una negra panameña, increíblemente sensual.

    Muchas de las mujeres tenían el rostro cubierto, o borroneado. Cosa que me pareció lógico. No todas quisieran que un conocido se enterase de que estaban alquilando su cuerpo por hora.

    Instintivamente, cuando veía una imagen de una chica con el cuerpo trabajado y la piel marrón bronceada, abría el perfil sin dudarlo. De esas había cinco o seis. Al final, se abrieron mas o menos treinta pestañas. Fui mirando, perfil por perfil, desechando a las que no terminaban de convencerme. Me di cuenta de que en cada perfil había comentarios de clientes, que dejaban sus opiniones sobre las escorts, como quien opina sobre qué tan bueno había sido el restorán a donde habían cenado. Eso también me sirvió para ir descartando putas.

    Finalmente, la sorpresa llegó cuando la preselección iba por la mitad. Estaba frente al perfil de una de las chicas que me habían llamado la atención por tener un aspecto similar al de tía Laura. Pero el parecido de esta mujer en particular, era mucho mayor de lo que podía haber imaginado.

    Se hacía llamar Jade, y era una de las chicas que tenían el rostro cubierto. Sin embargo, el parecido con la chica que había aparecido en mi casa era notable. Su cuerpo cimbreante estaba completamente bronceado. Sus piernas eran anchas y musculosas, pero aun así atractivas, al mejor estilo de Sol Pérez. Sus pechos, enormes. Su cabello castaño oscuro. Pero noté que en las fotos aparecía lacio, mientras que en la fiesta Laura lo llevaba ondulado. Finalmente, cundo vi una foto en la que estaba de espaldas, mostrando un espectacular orto entangado, pude ver un tatuaje en la parte trasera de su muslo derecho, justo por encima de la rodilla. Eran unas palabras en cursiva.

    Me quedé pasmado por varios minutos ¿¡mi tía era una puta!? No podía ser. Pensé que quizás mi imaginación me estaba jugando una mala pasada. Vi detenidamente las fotos. La chica tenía una contextura física muy parecida a la de Laura, era cierto. Pero no era lo mismo ver una foto que ver a alguien en persona. El tatuaje era muy parecido, sin lugar a dudas, pero ¿De verdad era el mismo? Creo que cuando vi el tatuaje de mi tía conté dos líneas escritas, igual que sucedía con Jade, pero andá a saber si realmente eran dos, y no una, o tres.

    Vi los datos que había de la mina. Veinticinco años. Laura tiene veintiséis, muy cerca. Jade trabajaba en microcentro, Laura vivía en Pilar. Los lugares eran bastante lejanos, pero eso no tenía por qué ser una prueba de que no se trataba de las mismas personas. Más bien todo lo contrario. No creo que una escort trabaje en el mismo lugar donde vive. Seguro tenía una doble vida: En pilar, una modesta profesora de zumba; en Capital, una prostituta VIP. Jade decía medir un metro setenta. No tenía idea de cuánto medía Laura, pero me pareció recordar que era un poco más baja que yo, que mido un metro setenta y seis. De todas formas ¿Qué mierda estaba flashando? Andá a saber si los datos que ponía la prostituta eran reales. Incluso podría tratarse de alguien que robó las fotos y las usaba para atraer clientes. Aunque, por otra parte, las fotos no eran amateurs. Algún profesional se las había hecho en un set. Y muchas de las otras putas se habían sacado las fotos en un lugar muy parecido.

    Me estaba volviendo loco. Tenía que llamar a esa puta y confirmar si se trataba de Laura o todas eran imaginaciones mías.

    Maquiné pensando qué carajos haría si mi tía realmente era una puta. Me la cogería, obvio. Pero había un pequeño problema: ¡ella me mandaría a volar apenas me reconociese! Tendría que ir con un aspecto totalmente diferente. Me podría teñir el pelo, usar ropas de un estilo completamente distinto a las que uso normalmente, fingir un tono de voz diferente… No, puras estupideces. De todas formas, me reconocería.

    Me puse a leer los comentarios que dejaban lo clientes, sobre sus experiencias con jade. “Esta mina es un infierno, te coge como si no hubiera un mañana, y se deja acabar en la boca, eso sí, no traga, escupe”, decía Pedro1975. “Una puta como pocas, apenas llegué me dio un beso tipo novios, después me la chupó hasta sacarme toda la leche, y en la siguiente hora me la cogí en todas las posiciones. La próxima pienso hacerle el culo”, escribió Juancaporongadura. “Los mejores trescientos dólares gastados en mi vida”, decía concisamente EduFeiman.

    Tenía la pija totalmente al palo. La idea de que mi tía era una puta y que seguramente se había acostado con centenas de hombres, me calentaba como una caldera. Tenía que descubrir si de verdad se trataba de ella.

    Se me ocurrió que, si de verdad lo era, y yo se lo decía, quizás retribuía mi silencio con unos buenos polvos. Parecía un argumento sacado de una novela berreta, pero quien sabe, el mundo estaba llenos de locos ¡Yo no era el único! Otra opción sería simplemente extorsionarla. “Mirá tía, te entregás, o todos se enteran”, le diría.

    Vi el celular que había registrado. Sería cuestión de revisar en el teléfono de mamá, a ver si los números coincidían, aunque no creí que fuera tan torpe de usar el mismo número para sus chanchadas.

    Seguí mirando, una a una las fotos, mientras me pajeaba como loco. Una vez que acabé ya tenía la mente un poco más clara.

    Puse mi teléfono en modo privado, para que no se vea mi número. Laura no lo tenía, pero en algún momento podría pedírselo a mamá. Marqué el número y llamé.

    — Hola — me saludó una voz femenina, que bien podría ser la de Laura, o la de otras miles de mujeres.

    — Hola, llamaba por el aviso de escortsvips —dije, haciendo que mi voz suene más gruesa de lo normal.

    — Estoy trabajando en microcentro, en un departamento privado —dijo la puta que quizás era tía Laura—. Mis tarifas son de 300 dólares por un servicio completo de una hora.

    — ¿Servicio completo?

    — Sí, el servicio es con masajes, caricias, bucal sin globito, anal, vaginal, lo que vos quieras —comentó Jade, como quien dice los precios de mercaderías. Pensé que por trescientos verdes debía ser una regla brindar el servicio completo. Yo seguía intentando decidir si esa voz podía corresponder a la de la tía, sin poder hacerlo, aunque por suerte tampoco sonaba lo suficientemente diferente como para verme obligado a descartar la idea— También hago tríos, y atiendo a parejas. El precio es de quinientos la hora.

    — ¿Orgías hacés? —pregunté, después de que una idea se me cruzara por la cabeza.

    — Sí, eso cuesta setecientos dólares, y durante una hora y media pueden hacerme lo que quieran. Eso sí, nada de celulares, y todos tienen que venir bien higienizados.

    Setecientos dólares era demasiada guita. Le dije que lo pensaría y la volvería a llamar. Necesitaba tiempo, pero ya estaba elucubrando una idea. Tenía que saber si jade y Laura eran la misma persona. Tenía que cogerme a mi tía. Cueste lo que cueste. Sería la experiencia más intensa que viviría.

    Abrí la foto donde salía el tatuaje de Jade. Agrandé la imagen y leí lo que decían esas palabras en cursiva. “Si no hay amor, que no haya nada entonces…”. Una frase curiosa por tratarse de una puta.

    El primer paso sería ese, diario. Confirmar si el tatuaje era el mismo. Si lo era, ya casi no habría dudas.

    Ya ves diario, que no soy un adolescente depresivo con una crisis existencial, soy un chico perverso que intenta cumplir sus sueños.

    Continuará

  • Dominación y orgía en la isla

    Dominación y orgía en la isla

    Meses después nos fuimos a una isla privada, en Bahamas que había comprado sin decirle nada a nadie. El primer viaje lo hicimos con Freddy y Mariel. Como somos muy amigos, le vendí el 50% a Freddy. La premisa era que fuera de la casa únicamente Nudismo.

    A la tarde salimos a caminar solos con Mariel, allí me contó que Lilian le había contado que había hablado con Freddy, y que él la había perdonado. Y que agradecía el haberlo hecho.

    Nos tiramos en el césped abrazado, y nos hicimos el amor con dulzura. Cuando volvíamos a la casa le pregunte si por “casualidad había traído algunos juguetitos”. Obvio me dijo, por lo que le pedí que los ponga en la mochila. Cuando llegamos nos encontramos con Freddy y Lilian.

    -Todo bien, les pregunté

    -Si dijo sonriente Freddy, estuvimos festejando su futuro casamiento, aprovechando que los del cuarto de al lado no estaban.

    -Claro, dijo Lilian, pero él se olvida que tengo 45, y a pesar de sus 54 parece más joven que yo.

    Reímos a carcajadas, y le dije a Freddy que me acompañe que quería revisar algo. Salimos y como se debe hacer, nos sacamos la ropa. Fuimos caminando hasta por un sendero hasta un hueco en los matorrales, todo cubierto de césped y al lado del mar.

    Yo había hecho colocar una tienda tipo beduina, un piso de lonas de 6 x 6, dos frigo bar completo, una mesa con copas y vasos. Otra con velas y aceites para masajes y aromatizantes. Y todo alrededor antorchas de citronella para iluminar y repeler algún que otro mosquito.

    -Qué te parece Freddy, te gusta el lugar?

    -Estoy asombrado, vos arreglaste esto?

    -Si claro, les prometí joda.

    -Sos un capo. Ves, así quiero aprender a vivir.

    -Freddy, perdona que sea directo: vos la amas a Lilian?

    -No tengo nada que perdonarte, sos la persona con la que más confianza tengo, el único que en nuestro ambiente que siempre se mostró tal cual es. Si Mike, a pesar de todo el pasado, la amo profundamente. Se la he dejado de lado mucho tiempo, la desatendí. Y bueno, entiendo lo que hizo.

    -Me alegro Freddy. Entonces, como ya sabes que quieres cambiar tu vida, es hora que tomes la decisión de hacerlo. Todo va a cambiar cuando vos decidas cambiar.

    -Entiendo, dijo pensativo.

    -Una pregunta, Freddy, y con total honestidad contéstame. Quieres poner algún límite para esta noche? Algo que no quieres hacer, que haga Lilian o que hagamos Mariel y yo?

    -Ninguno Mike. Seguro que ninguno.

    Regresamos a la casa, cenamos y les dije que en 15 minutos empezaba la joda. Fuimos con Mariel a la habitación, la vi cambiarse, maquillarse, elegir la ropa. Yo tomé la mochila que Mariel había preparado para mí y baje a esperar. Cuando bajaron Freddy y Lilian no pude dejar de dar una exclamación y decirle lo linda y elegante que estaba. Freddy, sin que ella lo viera hizo una mueca de burla y gesticulo diciendo “lo que te va a durar”. Casi al mismo tiempo bajo Mariel, entonces dije: “bueno vamos a comenzar la joda”

    Me dirigí a la puerta, haciéndoles una seña para que me sigan. Una vez afuera, me quite la ropa, al mismo que tiempo que Freddy me seguía. Ellas se quedaron heladas, lo que menos imaginaban era que íbamos a salir y por lo tanto, todo el tiempo que tardaron en arreglarse, había sido en vano.

    Mientras los guiaba por el sendero y como al pasar dije:

    -Que hermoso maquillaje que tienen, están realmente bellas.

    -Sos un hijo de puta, fue la respuesta de Lilian.

    Llegamos a la tienda, y ellas quedaron sorprendidas al ver la escenografía montada.

    -Todo obra de Mike, dijo Freddy.

    Destapamos una botella de champagne, Freddy brindo por nuestro casamiento y pedí hacer el brindis yo:

    -Por un lugar maravilloso, una noche estrellada que acompaña, un amigo cada vez más entrañable, dos hermosas mujeres y muy putas mujeres que nos van a dar el mejor sexo del mundo.

    -Freddy, podemos comenzar?

    -Adelante, vos sos el Maestro Guía.

    -Putas, muéstrenle Freddy lo que les gusta hacerse.

    No esperaban esto, pensaban que iba a ser mucho más light, solo entre las parejas.

    Con Freddy nos sentamos en las reposeras, y como la cosa iba lenta, solo dándose besitos tiernos, saque el látigo con el que castigué las nalgas de Mariel. Eso pareció activarlas y sus manos y bocas empezaron a jugar, los dedos o pellizcaban los pezones o las nalgas. Mariel la dejó, se acercó a mí y me dijo:

    -Señor nos deja jugar con el consolador y el arnés?

    -Si claro, y se lo di

    Freddy me miró y me dijo: “te llamo señor?”

    -Si Freddy, es mi sumisa.

    Mariel puso de rodillas a Lilian que quedó con los brazos al costado del cuerpo de frente a Freddy, se puso el arnés y empezó a cogerla por la boca, cada vez más fuerte, provocando las arcadas de Lilian. Freddy no podía creer lo que veía, tocaba su pene y lo miraba sin entender.

    Mariel puso el consolador en el piso, y monto a Lilian en el mientras le decía “dale puta, cógete ese consolador” y castigaba su espalda y trasero con el látigo. Lilian lloraba y gemía. Al rato de tenerla así, Mariel se acercó a Freddy y le preguntó:

    -Señor Freddy, le gusta lo que ve?

    -Si.

    -Desea que le haga algo en especial?

    -No, hazle lo que tu quieras.

    -Oíste puta, tu señor me dijo que haga lo que quiera. Más te vale no quejarte ni negarte porque sabes que el castigo será tremendo.

    Dicho esto, la hizo ir de rodillas hasta frente a Freddy, me pidió las esposas y para mi sorpresa la esposó pasando los brazos por los costados de Freddy, de forma que su cabeza si o si estaba sobre su pene, no se podía levantar y estaba totalmente expuesta.

    Freddy me miraba incrédulo, pero con una cara de satisfacción tremenda. Mariel empujó su cabeza contra la pija de Freddy, mientras ella pasaba sus manos por la concha y el culo de Lilian, y de golpe, sin previo aviso, hundió el consolador en la concha. Dio un saldo y empezó a moverse como loca, saltaba sobre el consolador que sostenía Mariel y sobre la pija de Freddy.

    -Ve que puta es Sr. Freddy, es esta zorra le gusta que le den fuerte. Mano dura con ella. Le voy a pedir que trate de no acabar todavía, mereces más por puta.

    -Ok, dijo Freddy, trataré

    Minutos después, la soltó y volvió a esposarla en la misma forma pero ahora sobre mí.

    -Por favor Señor, haga que esta puta chupe su pija

    -Como no, será mi placer.

    Después tomo de la mano a Freddy, lo hizo levantar y casi pidiendo mi aprobación con la mirada, que di asintiendo levemente con la cabeza, tomó la pija de Freddy y la empezó a chupar. Freddy la miraba a ella, me miraba a mí, por lo que le dije, “Disfrútala”.

    Cuando Mariel notó que iba a acabar, sacó la pija de su boca, la acercó al ano de Lilian que no podía ver, besó el cuello de Freddy, mordió el lóbulo de su ojera y le susurró algo al oído. En ese momento, elegí tomar de los pelos a Lilian y hacer que me mire a la cara. Fue justo en el momento que de un solo empujón Freddy la enterró en su ano.

    Fue un grito tremendo, Freddy dudo y Mariel le dijo: dele fuerte, con todo, disfrute su zorra, ella es su puta. Dele palmadas, pellizque, ella está para hacerlo gozar, su vida estará dedicada solo a su goce.

    Esas palabras fueron demasiado, para Freddy, que la enterró hasta el fondo y le llego toda la cavidad. Yo a su vez, me masturbé hasta llenarle la cara de semen.

    Mariel la soltó y callo rendida al suelo. Freddy se sentó, y se la quedó mirando un rato mientras Mariel me la chupaba para limpiarla.

    Cuando Lilian se recompuso, le dije que fueran y se metieran en el mar hasta que las llamemos.

    -Freddy, te escucho, le dije

    -Todavía estoy choqueado. Fue increíble, nunca goce, vi gozar a nadie así.

    -Tenés preguntas?

    -Solo una: hay más?

    -Obvio, a menos que quieras parar acá

    -Nooo quiero conocer más.

    -Ok.

    Las llamamos y vinieron ambas con la cabeza baja. Van a tener 5 minutos donde van a poder hablar sin que les preguntemos algo y pueden levantar la cabeza en esos 5 minutos. Ahora, de rodillas en el suelo y siéntense en los talones. Ambas quedaron con la mirada al piso. Solo escuchando

    Cuando lo hicieron, tomé la palabra

    -Freddy, la puta de Lilian, acepto de propia gana ser mi sumisa y por carácter transitivo la de Mariel. Como la puta es tu esposa, si quieres te la traspaso. Pero todo tiene un precio amigo. La aceptas?

    -Si, la acepto. Cuál es el precio? 1 dólar, por haberla entrenado.

    -No hay problema.

    -Tienes algo que decir Lilian? Le dije.

    -No señor

    -Mike, dijo Freddy, me honrarías si tú también y por supuesto Mariel siguen usando a la puta.

    Cuando dijo esto, Lilian comenzó a llorar.

    -Que pasa puta?, dijo Freddy

    -Esa palabra nunca esperé escucharla de vos.

    -Pues acostúmbrate.

    -No señor dijeron.

    -Bueno, vayan a aquel rincón, se sientan y esperan que las llamemos.

    Y nos quedamos charlando.

  • El pequeño convivio

    El pequeño convivio

    Después de algunos meses sin actividad me digne a escribir un poco. Las fechas principales ya pasaron y aunque no fueron lo que esperé me preparo un poco para la doble rutina que conllevo.

    Prosigo. Esto ocurrió a principios de diciembre, iba a asistir a un convivio con mis amigos que se suponía íbamos asistir unos cuantos (calculando unos 6) pero como la reunión era en casa de un amigo no contamos que su hermano había invitado a sus compañeros lo cual eran alrededor de unas 5 personas.

    Yo desde esa tarde junto a mis amigas ya habíamos aceptado en ir porque tenía meses que no nos veíamos y claro cada quien iría acompañada de su novio, ligue o ex. Yo iría con un chico que me pretendía y aunque era muy guapo aún no formalizábamos lo nuestro aunque nos considerábamos novios nos estábamos conociendo y aunque ya habíamos pasado escenas de faje y besos en su camioneta nunca pasó a más quizá por respeto de parte suya.

    La reunión de mis amigos era por la tarde para que no se prolongará tan noche. Mi amigo tenía casa sola por eso era el motivo de nuestra reunión y por ende pocos iríamos. Para esa tarde mi chico no me hizo esperar y paso por mi, me abrió la puerta de su camioneta y nos dirigimos a casa de mi amigo, en el trayecto íbamos hablando de cosas muy muy equis mientras me tomaba de la mano. El con su camisa blanca y sus jeans ajustado se veía muy guapo y claro conmigo hacía muy bonita pareja. Esa vez llevaba un vestido de tirantes un poco ajustado que había comprado en línea y no vi el momento para estrenarlo que esa tarde ya que hacía juego con mis tenis y me hacía ver demasiado linda e inocente. No sé porque razón me puse lentes quizá para verme como esas chicas bobas e inocentes pero al momento de ponérmelos y verme al espejo me veía demasiado bonita. Era primera vez que usaba lentes con mi outfit y me gustó.

    Al llegar a casa de mi amigo nos estacionamos en una especie de estacionamiento de la parte trasera de la casa así que solo le dimos la vuelta para llegar a la entrada de la casa de mi amigo. Nos saludamos y rápidamente nos sentamos en las sillas vacías del jardín con mis amigos. Apartamos lugares para mis amigas y en menos de 20 minutos ya habían llegado todas. Nuestros acompañantes se presentaron uno a uno con nosotras y estuvimos hablando sobre lo que habíamos hecho en estos meses donde las tareas nos inundaban de la rutina.

    La música estaba muy baja lo cual podíamos escuchar de todo. De pronto escuchamos cómo en la sala tenían una fiesta muy aparte así que le pregunté a mi amigo que pasaba ahí y me dijo que eran los amigos de su hermano. Eww dije. Por un lado estaba bien porque a pesar que nosotros éramos pocos teníamos el jardín para nosotros, pero duro muy poco nuestra felicidad porque vimos cómo uno a uno entraban al jardín. Pusieron unas mesas y comenzaron a sentarse para ingerir sus bebidas, nosotros estábamos en lo nuestro y aunque ya conocía la casa le pedí a mi amigo que me acompañara al baño el cual accedió, pasamos junto a la mesa de ellos y solo noté cómo algunos me vieron de pies a cabeza pero como siempre ignoré esas miradas.

    Al llegar al baño mi amigo me dijo que me esperaría abajo ya que el baño de nosotras las mujeres estaba arriba. Al salir vi que uno de ellos subió a preguntarme si el baño estaba ocupado pero le dije muy fría que no y seguí mi camino. Camine hasta llegar al jardín y me senté con mis amigas mientras nuestros novios o ligues estaban en una esquina hablando y fumando. Cómo sabrán mis amigas son algo coquetas (me incluyo) y solo hablábamos de los chicos de la otra mesa. Habían algunos súper fuertes con brazos grandes, otros altos y atléticos y otros guapos, uno de ellos volteaba a verme muy seguido y mis amigas se dieron cuenta de esto. “Denisse ese muchacho te queda viendo mucho” y no era la única, a Paulina (mi amiga) le pasaba lo mismo. “Oye Denisse acompáñame al baño” me dijo Pau, “vamos” le respondí pero antes de ir vi que le hizo señas al tipo que la quedaba viendo, señal de que iba a entrar a la casa así que ella me tomó del brazo y nos dirigimos a la parte de arriba.

     Al subir las escaleras notamos como dos de ellos venían tras de nosotras. “Hola” nos dijo uno de ellos, Paulina como es una de las más aventadas le respondió el saludo, nos invitaron a sentarse con ellos pero le dijimos que no porque veníamos acompañadas. “Ah vale, después que harán, dame tu número…” le dijeron a Paulina mientras sacaba su teléfono. Ella se lo dio pero le dijo que tratara de no ser tan insistente. Bajamos juntas y al llegar a donde estaban las demás vi como mi chico me veía muy serio, no le tome importancia así que me senté con mis amigas y en ese momento vi como a Paulina la tomaron del hombro y la alejaron de nosotras, era su novio y observe como medio discutían y para ese rato ya le habían subido a la música así que no se escuchaba de qué hablaban aunque ya nos dábamos la idea.

    En ese instante mi chico me habló y me pregunto porque había tardado mucho en el baño a lo cual le dije que iba con Paulina como no iba a tardar, “mira no soy tonto vi como apenas entraron y ellos dos fueron atrás de ustedes” (me dijo mientras señalaba la mesa donde estaban los otros) “si pero solo preguntaron por el baño” le respondí, “otra más y nos vamos” me lo dijo en tono de amenaza así que me acerque, le di un beso y le dije al oído “mi amor yo te quiero a ti, confía en mi” le dije para que se calmara, “está bien” me dijo mientras lo abrazaba y luego me volví a sentar con mis amigas y decidimos olvidar ese mal rato.

    Pasando la tarde y a punto de oscurecer mi amigo le pidió a los de la otra mesa que le bajaran a su música porque su hermano ya estaba hasta el full así que lo terminaron llevando a su cuarto mientras unos 3 se quedaron en el jardín. Poco a poco mis amigas se iban despidiendo de nosotros así que solo quede con Paulina porque su novio se había enojado con ella y la había dejado con nosotras así que le ofrecí que se fuera conmigo. Mi otra amiga Ivette estaba por despedirse, pero me pidió que la acompañara al baño lo cual la dirigí hacia allá y cuando nos disponíamos a subir la escalera uno de los chicos me habló pero le hice señas que fuera arriba. Una vez ahí mi amiga entro al baño y la esperé afuera con este chico.

    Al parecer me conocía y comenzamos a hablar normalmente cuando veo en una esquina a mi chico y al momento de verme se baja de las escaleras enojado ya que su cara lo decía todo. Le dije al tipo que me habló que le dijera a mi amiga que la esperaría en el jardín, baje atrás de mi chico y al llegar a nuestros asientos comienza el sermón. Para no hacerles tan larga terminó enojado a tal grado que me dejo ahí con mis amigas ya que según él no le di su lugar. Me sentí mal porque habíamos tenido una bonita tarde como para arruinarlo por algo tan insignificante. Me puse triste y al bajar Ivette le conté todo. Ella ya sabía cómo estaba y al parecer a Paulina le habían hecho lo mismo así que se ofreció a llevarnos pero Paulina le dijo que se quedaría un rato más a fin de cuenta nuestro amigo podría hacernos el favor de llevarnos. Cómo sea quedamos Paulina y yo con mi amigo y 5 tipos que apenas conocíamos en esa tarde y aunque ellos estaban en su rollo poco a poco iban entablando conversaciones con nosotras.

    Paulina comenzó hablar con ellos y luego yo le seguí. Para esto veo mi teléfono y veo una historia por WhatsApp que acababa de subir mi chico con otra tipa al parecer estaban cenando en algún lugar y esto lo había subido para darme en la madre y así fue. No me pondría triste así que seguí mi noche con Pau y seguimos en lo nuestro, charlamos y bebimos hasta que el alcohol ya parecía marearnos a nosotras y al ver tanto hombre musculoso entraban las ganas.

    Ya eran las 10 de la noche y le dije a mi amigo si podría llevarnos obvio no podía dejar sola a mi amiga pero uno de ellos se ofreció a llevarnos así que accedimos no sin antes darle las gracias a nuestro amigo. Nos fuimos en dos coches distintos, Paulina se subió con dos tipos en uno y yo me subí en una camioneta donde venían los otros 3. Me puse en el asiento trasero de forma que quede en medio de dos chicos aparte del que venía manejando, nadie se quiso subir adelante. “Y si le seguimos…” Dijeron los chicos mientras yo un poco entrada les dije “Vamos pero no quiero dejar sola a mi amiga”, no te preocupes mis amigos ya saben adonde iremos.

    Era un poco temprano así que nos dirigimos a un motel por el viaducto de Miguel Alemán ya que era el que estaba cercano a nosotros. En el camino ya se me insinuaban con indirectas sobre quien se les hacía más guapo, si no le molestaba que tocaran mi pierna o me abrazaran lo cual les dije que no había problema (esto por estar enojada y triste por lo de mi chico) y al entrar al motel ya dependía de mi si seguía de permisiva con ellos así que entramos y todos comenzamos a entrar en una de las habitaciones más grandes que tenían mientras uno de ellos ya me tenía abrazado y vi como a Paulina ya la tenían de las manos con los que se había ido.

    Uno de ellos le dijo a su amigo (de la camioneta) que teníamos mucho espacio ya que la cama era muy amplia así que se fueron del otro lado y poco a poco nos íbamos alejando hasta ocupar gran parte de la habitación. Nosotros nos quedamos hablando hasta que veía cómo a Paulina la estaban besando los dos sujetos con los que se había ido. “Muy atrevida tu amiga” me dijeron, yo solo veía que la tocaban y besaban mientras ella se dejaba llevar. El que me tenía abrazado nos dijo que habría que observar a ver qué pasaba. Uno de los que estaban con mi amiga comenzó a desabrocharle el pantalón y dejo al aire libre su inmenso trasero blanco con un calzón de encaje azul mientras iba besando sus piernas. A Paulina la traían de lado, mientras besaba a uno el otro trataba de desnudarla completamente.

    La escena de mi amiga con dos nombres comenzó a excitarme un poco hasta que uno con los que había venido dijo “Ya no aguanto” y se acercó un poco a ver lo que hacían ellos a Pau, comenzó a desabrocharse el cinturón para masturbarse. Acto seguido el otro con el que venía hizo lo mismo mientras veían a mi amiga ya completamente desnuda. A Pau la tenían acostada en la cama mientras ellos dos comenzaban a besarla por todo su cuerpo, hincaron a mi amiga y comenzó a desabrocharles los pantalones de ellos dos y luego inicio a practicarles sexo oral. Yo al verla así me dieron ganas así que comencé a besar con el que venía hasta que me deje llevar. En un rato me alzo el vestido y dejo ver mi bra rosa y mi calzón de rayitas de colores, así que colocó mi vestido cerca de la cama y comenzó a besarme.

    Continuamos un rato hasta que note un miembro detrás mío y era uno de los que se masturbaba. Por un momento pensé que se enojaría el chico con el que me estaba besando pero no, me preguntó si no habría problema y le respondí que para nada. Continuamos en lo nuestro mientras ya sentía un poco caliente mis piernas así que con un poco de trabajo me hinqué y comencé a chupar el miembro que vi primero. Cómo eran tres sujetos con los que estaba (el que me abrazaba y los otros dos que se masturbaban) se pusieron alrededor mío y comencé a turnarme para que pudiera introducirlos en mi boca. Al tener tres miembros me ponía a pensar si mi chico haría lo mismo con la chica en esa noche y esto solo me hizo enojar así que con más rudeza comencé a jalar el miembro que tenía en la boca.

    Para ellos era una delicia ver a alguien con lentes y el cabello suelto disfrutar de sus miembros así que mientras lo tenía en la boca los veía directo al rostro para ver quien terminaba primero. Al cabo de unos minutos ya comencé a escuchar los quejidos de Paulina pero por la posición en que estaba no lograba ver qué le hacían.

    Cómo tenía el miembro de alguien en la boca le hice seña que esperara, me levante y solo vi a Pau acostada en la cama mientras la penetraban y con sus piernas hacia arriba mientras el otro esperaba su turno. Ya una vez viendo eso me volví a hincar y continuar. Uno de ellos terminó lo más pronto posible y no lo culpo, con los lentes, el cabello lacio y en ropa interior era imposible no hacerlo. Al terminar dijo sentirse satisfecho y se fue a recostar en una esquina fuera de donde estábamos nosotros.

    Continué con mi trabajo hasta que me levantaron, me hicieron espacio y me recostaron en la cama así que quede a un lado de mi amiga que solo reía. “Ay amiga” “ay” “ay” comenzó a gemir y lo único que tenía en mente era callarla con mi mano mientras ella tenía los ojos cerrados mientras uno de ellos comenzaba a embestirla de lo más duro, uno comenzó a quitarme el calzón y comenzó a hacerme sexo oral, lo hacía bien rico tanto que comencé a sentirme muy húmeda, como tenía a mi amiga a un lado comencé a besarla para que no se quejara tanto hasta que me despegue de ella. Uno con los que estaba me puso en cuatro y tomó parte de mi cabello y comenzó a embestirme delicadamente mientras el miembro del otro me lo trataba de acercar a la cara.

    Comencé a quejarme un poquito y esto parecía excitarles a todos los presentes (incluso a mi amiga), comenzaron a darme suaves nalgadas que noté en un espejo me tenían toda rojita. “Ponte más acá” me dijo uno mientras se acomodaban y trataba de ponerme el miembro de uno en la boca mientras el otro sujeto me embestía. Estuvimos un rato así hasta que me propusieron una doble penetración y no me negué, a mi amiga igual se lo propusieron al mismo tiempo de tal manera que ambas gimiéramos tanto en la habitación. Comenzamos a lubricar los miembros de quienes iban a hacerlo por atrás incluso con Pau cambiábamos de miembros para que estuvieran completamente lleno de saliva, al hacer esto nos colocamos arriba de los otros dos y pronto sentí como el glande de uno iba introduciéndose poco a poco por mi otro orificio. “Ay” “ay” “Dios mío que rico” “ay” “ah” “ah” “ah” comenzamos a quejarnos demasiado, era un dolor demasiado placentero, me recosté en el pecho del que estaba arriba para no sentir demasiado pero los gritos de Paulina me excitaban demasiado, comencé a ponerme demasiado húmeda a tal grado de pedirle la mano a mi amiga y apretarla para seguir aguantando.

    “Miren nada más que putas son” nos comenzaron a decir, no nos importaba lo que decían de nosotras porque lo estábamos disfrutando. Uno de ellos se despegó de mi amiga y nos dijo “y si cogen entre ustedes”; “¿como? ¿Mi amiga y yo?” Pregunto Pau, “si jaja” comenzaron a decir los otros, nos miramos fijamente y solo nos reímos, “dale, sígueme cogiendo” le dije a uno pero le habían gustado la idea de vernos a nosotras, nos dejaron la cama para nosotras mientras comenzaron a tocarse sus miembros. “Ya que Denisse…” me dijo Pau, comenzamos a besarnos y abrazarnos, a ella la sentí mucho más húmeda que yo, comenzamos a tocar nuestros pechos y nuestra zona baja, como ya estábamos calientes ambas comenzamos a introducir nuestros dedos en la boca para luego llegar abajo.

    Comenzamos a masturbarnos mientras los demás sólo veían, uno no aguanto la escena y comenzó a rociar a mi amiga parte de tu espalda, al saber que nosotras estábamos por terminar decidieron preguntarnos a quien querían bañar de semen ellos tres, yo me baje de la cama y comencé a seguir succionando los miembros porque me había enojado con mi chico por nada así que hice que valiera la pena estar con ellos, mi amiga se acercó a otro y continuamos practicándoles sexo oral hasta que uno termino vaciando su semen en el rostro de mi amiga, minutos después el otro, estaba toda bañada de semen hasta que con el tipo con el que estaba decidió tirármelos a mi en mi cara, me gustó recibir semen calientito así que lo dejé limpio de su glande y me puse de pie junto a mi amiga, nos metimos al baño a bañarnos y cambiarnos mientras los otros estaban haciendo lo mismo. Mientras me cambiaba veía cómo tocaban a mi amiga pero les dijo que ya no que era mucho y se tenía que ir.

    Al bajar nos subimos en los mismos coches para nuestras casas, dejaron a mi amiga primero y luego a mi. Paulina me pregunto si ya había llegado a casa lo cual le respondí por mensaje. Esa noche me olvide por siempre de mi novio aunque intentó volver a hablarme lo evadía y hasta ahora no pasamos de un hola y adiós. Con los demás si los frecuento, pero ya no volvimos a hacer lo de esa noche porque solo se vive una vez.

  • El amor de los animales

    El amor de los animales

    Durante los primeros meses de cuarentena, en mi soledad e incertidumbre, hubo momentos en los que estuve a punto de llamar a mi ex y aunque nuestra relación fue horrible, llena de desconfianza, dolor y remordimiento, cuando se trataba de sexo disfrutábamos como animales, esa fue la única razón por la que soportamos toda esa mierda entre nosotros. Así que hice lo que me pareció más saludable, me masturbe salvajemente recordándola.

    «Julissa» es una mujer de menos de metro setenta, tiene el cabello de un castaño muy oscuro, largo y lleno de risos, tiene un rostro lindo, la nariz ligeramente puntiaguda, los dientes simétricos y un poco amarillos, usualmente con una gran sonrisa y unos ojos negros penetrantes. Tiene caderas anchas, un culo no muy grande pero bien formado, unos senos grandes tibios y salados, con pezones oscuros y anchos. Una hembra hermosa y sensual que hacía que mi sangre se aleje de mi cerebro.

    A finales del 2019, durante los últimos meses de nuestra relación, hicimos un viaje de trabajo a una isla muy cerca de la costa. Viajamos varias horas en lancha bajo un sol intenso que nos quemaba y nos hacía sudar, ella iba dormida en mi hombro, olía delicioso y tuve muchas ganas de comerme su cuello, pero había muchos testigos. Me conforme con tocarla, tratando de sentir los huesos de su cadera a través de su piel y su vestido.

    Esa misma noche después de nuestras labores, llegamos al hotel, compartimos habitación con tres compañeros más, con los que ocupamos dos grandes colchones acomodados en el piso. Julissa y yo nos acurrucamos antes de dormir, le manosee las tetas y nos rozamos a través de la ropa, pero sabía que no podía hacerle el amor sin exponerla ante los demás. Solo le baje las bragas y frote mi pene entre sus nalgas redondas y calientes hasta que eyacule y me quede dormido.

    A la noche siguiente después del trabajo fuimos a una fiesta en el puerto, después de bailar, beber y lidiar con tipejos que querían tirarse a mi mujer, volvimos al hotel. Mientras caminábamos de regreso ella se chocaba torpemente contra mi brazo, como magnetizada hacia mí, con esa mirada de niña y esa sonrisa nerviosa, como si se le hubiera olvidado como coquetearme y seducirme. Tuve unas ganas locas de hacerle el amor y disfrutar de ella.

    En lugar de ir a nuestra habitación, fuimos al tercer piso que aún estaba en construcción, las paredes estaban sin enlucir, no había vidrios en las ventanas, ni electricidad. Lo único que nos iluminaba eran las luces amarillas del alumbrado público.

    Antes del sexo a ella le gustaba que la abrazara y la acariciara. De cierto modo era mi niña y para ella el sexo tenía un significado diferente, algo espiritual o metafísico que le importaba más que la diversión y el placer. Según ella «llegó a un punto en su vida en que no necesitaba sexo» pero si que lo disfrutaba y le ponía empeño.

    Nos fuimos cerca de la ventana donde teníamos algo más de luz. Como siempre empecé comiéndole la boca, luego el cuello, en el que me enfocó de manera especial, sentía como palpita su cuerpo pegado al mío, mientras la agarraba del culo y trataba de introducir mis dedos entre sus nalgas. Me detuve un momento para mirarla a los ojos y acariciar su rostro con ternura, para volver a comerle la boca, acercando poco a poco mis besos a su oído y le dije «amor chúpamela un rato», ella soltó una carcajada y me dijo «yaaa» y de una forma juguetona y coqueta se puso de cuclillas, aflojó mi pantaloneta y libero mi pene erecto, caliente, duro y lleno de sangre, con mi mano me masajee un poco antes de que se lo metiera a la boca. Entonces ella me comió lento y con cuidado, pero con determinación, se movía con cierta destreza, apoyando sus manos en mis muslos.

    Después de un rato de darme ese increíble placer y dejar mi miembro cubierto de saliva, ella me miró con esa expresión de «ya estoy cansada de esto», entonces la tomé de los hombros para que se pusiera de pie, se volteó y apoyo sus manos en el borde de la ventana y arqueo su espalda de forma que exponía su vagina y sus nalgas para mi, le subí su largo vestido negro sobre la mitad de su espalda, donde tenía un tatuaje del gato sonriente. Le bajé rápido esas bragas color carne y con mi mano busque la entrada de su vagina caliente y húmeda.

    Pase mi glande por alrededor y entre sus labios, para luego introducirme poco a poco hasta el fondo, ella expulsó fuertemente el aire por su nariz acompañado de un pequeño gemido, la penetre despacio, como haciendo que su carne se amoldara a mi. A medida que aceleraba el ritmo de mi pelvis, ella gemía más rápido y más fuerte. Ver sus nalgas redondas y firmes chocando contra mi cuerpo me hizo sentir afortunado.

    Mientras la penetraba el sudor caía por mi frente, el calor de esa ciudad costera se sumaba al de mi cuerpo ardiente de lujuria y placer. Ella respiraba con fuerza, gimiendo duro eventualmente y estirando su espalda y envistiéndome, para obtener una penetración más profunda. Durante algunos momentos del encuentro sentía que estaba apuntó de terminar, entonces apretaba las nalgas y disminuía el ritmo, mientras me inclinaba para abrazarla, estrujarle las tetas y besar su espalda y cuello.

    Cuando estaba a punto de eyacular le di con todas mis fuerzas y sentí como sus piernas y sus caderas se tensaban para sincronizar nuestros orgasmos. Pensé muy rápidamente en sacar mi pene y eyacular en su espalda y culo, pero un instinto ancestral o paternal, no estoy seguro, me obligaba a terminar siempre adentro. Sentía como mi esperma subía desde mis testículos y salía disparado por mi glande, dentro de su vagina caliente, chorreante y deliciosa. Al final solo gemí con la voz entrecortada, mientras me temblaba todo el cuerpo.

    Después de todo, cuando estuve relajado y mi testosterona había bajado, nos miramos por un momento. Recuerdo sus ojos llenos de dulzura y cariño.

    Si nuestra relación se hubiera basado sólo en el sexo habría funcionado, pero así es la vida y hay que seguir adelante.

  • Vuelta al hogar

    Vuelta al hogar

    Verónica (a partir de ahora Vero) había vuelto a casa después del curso en la universidad, contaba con veinte años. Había sido un curso muy divertido y bien aprovechado. Había superado sus clases con muy buenas notas y además había descubierto una forma de sentir y de disfrutar que nunca pensó que existía en su interior.

    Había descubierto la sumisión y cada día interiorizaba más esa sensación de obediencia y entrega. Antes de volver a su pueblo le habían tatuado en una nalga y en la mano izquierda entre el pulgar y el dedo índice el símbolo del infinito acompañado de un triskel.

    Vivía en una granja con su padre que había quedado viudo hacía unos pocos años. Ese día estaba sola ya que su padre había dado permiso a los dos trabajadores que solían ayudarle en las tareas de la granja. Había ido a la ciudad a hacer unas gestiones y estaría de vuelta por la noche. Ella se había vestido con un vestido de falda larga que tenía de hace varios años y que se le había quedado un poco largo y la falda casi le llegaba a los pies, pero no le importaba.

    Cogió un libro y se sentó en el porche de la edificación principal tomando un poco el aire. En esa zona de la región las granjas estaban separadas por un par de kilómetros por lo menos. En la granja de al lado mientras tanto Javier había descubierto que se había quedado sin combustible en la segadora y quería terminar de segar el césped del jardín, pero no le apetecía ir hasta la gasolinera y como solo necesitaba un par de litros pensó en ir caminando a la granja más cercana. Su dueño le caía simpático. Javier se había mudado hacía un par de meses y su vecino le había ayudado a poner en marcha todo así que seguro que le prestaría ese par de litros que le faltaban.

    Bajó y cuando llegaba a la casa del vecino vio a una joven en el porche leyendo. Qué bombón, pero no la conocía, no sabía quién era.

    -Buenos días, soy Javier el vecino de la granja que hay más al sur. Creo que no nos conocemos.

    -Yo soy Vero, la hija de Fernando.

    -Había venido para ver si tu padre podía dejarme un par de litros de combustible para la segadora.

    -Pues ven conmigo que voy a coger la llave del candado donde lo guarda.

    Javier iba tras la chica y pudo comprobar por cómo se pegaba el vestido al cuerpo de la joven que era un auténtico bombón. Cuando entraron en el cobertizo donde Fernando tenía las herramientas Vero se acercó a una pared e intentó coger unas llaves que colgaban de un gancho. Al estirar la mano para acceder a ellas Javier observó el tatuaje en su mano y se dio cuenta de lo que significaba. Lo había visto en algunas sumisas y sumisos. Estaba sorprendido y muy alucinado. Él y su mujer eran Dominantes, habían comprado la granja para adecuar una parte para construir una mazmorra y una zona de juegos para poder invitar a gente del BDSM. La construcción de su zona ya la había empezado. Quedaban unos ajustes que hacer. Lo había hecho todo subterráneo y que se accediera de forma discreta desde su cobertizo.

    Cuando observó el tatuaje de la chica mezclado con lo guapa de cara que era y el cuerpo que tenía se empezó a excitar y la polla comenzó a ponerse morcillona. La chica no alcanzaba la llave porque estaba algo alta y él de manera intuitiva se acercó para cogerla. Al hacer este movimiento tocó con su pelvis el culo de la chica sin querer. Esta al notarlo primero lo retiró, pero luego se movió pegándose a él. El notó el movimiento y la sujetó de las caderas restregándose. Ella suspiró y se dejó hacer. El la cogió de la mano izquierda y la dijo de forma autoritaria pero desapasionadamente:

    -¿Y éste tatuaje?

    Ella se sonrojó y agachó la mirada a la vez que giraba su cabeza. Fue como una señal. Javier rompió la falda del vestido. Luego rasgó el tanga y sacándose la polla la penetró. Vero con su culo buscaba recibir las embestidas de Javier. El con la mano no paraba de darla azotes que ella agradecía. Vero se sujetaba al banco de trabajo y Javier con su peso la impulsaba hacia delante. Cuando estaba sumamente excitado le sacó la polla y la sodomizó. No necesitó mucha fuerza. Los dos estaban excitadísimos. Dentro no estuvo muchos minutos cuando sintió ganas de eyacular. Se cogió de sus turgentes pechos cuando extrajo la polla y se corrió sobre la parte de arriba del vestido.

    -¿O sea que eres sumisa? -preguntó Javier.

    -Digamos que aparte de estudiar y salir con mis amigos fui adiestrada por un matrimonio de Dominantes que me mostraron el BDSM y me iniciaron en él.

    Nosotros, mi mujer y yo, somos una pareja de Dominantes que hemos comprado la granja para poder crear un espacio en el que dar rienda suelta a nuestros juegos y llevar la vida que deseamos. Antes tuvimos un sumiso y una sumisa que formaba parte de nuestro grupo. ¿Tú eres libre o sigues perteneciendo a alguien?

    -Me han dado la libertad antes de las vacaciones, cuando vuelva en septiembre decidiré si les vuelvo a servir o busco otra cosa con lo que ahora Señor, en verano aceptaría ser suya y de su esposa si es lo que desean.

    El hombre giró a Vero, la observó y palpó, pero sobre todo la miró a la cara y cogiéndola del pelo la dijo:

    -Desnúdate y tráeme esa soga.

    Vero se desnudó y se desprendió de las pocas ropas que le quedaban. Javier vio que estaba bien rasurada salvo un pequeño mechón en el pubis. Cogió la soga que le daba la chica e hizo un nudo corredizo. Colocó la cuerda alrededor del cuello de Vero y lo ajustó a tope apretando, pero dejándola respirar.

    Luego caminaron entre los campos de maíz. Atravesaron la valla que delimitaba cada granja. Siguieron por el maizal de Javier hasta llegar a un claro en el cultivo. El maíz medía más de dos metros con lo que no se les veía. Javier cogió el móvil y llamó a su mujer indicando que viniera con lo que ella ya sabía. La mujer en la granja cogió todo y lo metió en el pick-up y condujo hacia el punto donde estaba su marido. Cuando llegó vio a una chica desnuda absolutamente deliciosa. Ella le sacó la cuerda. Ayudó a su marido a instalar el soporte donde la colocarían. Era una estructura metálica donde atar e inmovilizar a la chica. Luego colocaron una máquina hidráulica que era como una polla con un émbolo que follaría a la chica. Antes de instalar todo Ella había tapado los ojos de Vero para que no supiera lo que la pasaría.

    Luego la ayudaron a subir a la estructura. Entonces retiraron el antifaz y la chica fue consciente de lo que iba a pasar. Una mezcla de miedo y excitación recorrió su cuerpo. Predominaba la excitación porque sabiendo quienes eran y donde estaba situado sabía que sería cuidada con lo que se dedicó a disfrutar de lo que ocurriría. Fue inmovilizada, vertical, con las piernas ligeramente abiertas. La polla del émbolo situada a la entrada de su ano y la polla y su ano bien embadurnada de lubricante. Incluso su ano fue penetrado por una jeringa con más lubricante.

    Sus pezones atrapados en una especie de tuerca, la cual atravesaban unos tornillos que estaban unidos a una fuente de electricidad. En su cabeza fue situada una máscara transparente para que pueda observar todo. En su coño fue introducido un dildo con puntas romas metálicas que cuando conectasen la electricidad le daba pequeñas descargas. En la máscara fue unida una manguera para llenarla de agua. La mujer se retiró a unos metros y mojó con el chorro de agua fría el cuerpo de la joven.

    Javier llenó de agua la máscara, el aire le faltaba a la chica justo cuando fue sodomizada por el émbolo y las descargas fueron aplicadas en su clítoris y vagina logrando que su excitación fuera máxima. Para que bajase el nivel de líquido en la máscara tuvo que beberlo. Después de la primera vez, Javier se colocó a su lado y abría una pequeña espita en la máscara para que ahora no tuviera que beberlo, sino que el agua cayera poco a poco. Con ello regulaba la falta de aire. Con la falta de aire la excitación de la chica subía. Con tanta agua bebida sus ganas de orinar subieron al máximo y tras un tremendo orgasmo no pudo contenerlas y se orinó encima mojándose todos los muslos y quedando relajada colgada de la estructura.

    La mujer cogió un látigo de dos metros y fue azotando el cuerpo mojado de Vero. Javier colocó un gran vibrador en el coño de la chica para que la mezcla de dolor y placer condujera a la chica a otro orgasmo que no tardó en sobrevenirla. Mientras lo tenía le pasaron el móvil de Javier para que llamase a su padre y le dijera que volvería el lunes que se quedaba a dormir donde unos amigos.

    Tras la intensa sesión fue soltada y besada por el matrimonio y acariciada para relajarla y consolarla tras el cóctel de emociones.

    Este es un relato imaginario, pero me gustaría conocer vuestras opiniones.

  • Primera vez de un adulto (Parte 7)

    Primera vez de un adulto (Parte 7)

    Alfredo regreso a casa a eso de las 2 pm,  su trato conmigo era súper especial, me trataba con dulzura, cuando llego me saludo con un rico beso, trajo algo de comer así que fui a prepáraselo en un plato para que comiera cómodamente y fue a la cocina para abrazarme por la espalda y besarme, me decía que le gustaba mi sonrisa, que tenía piernas hermosas y un bonito cuerpo, esa cosas me hacían sentir muy bien, me sobaba el trasero en todo momento, me abrazaba y besaba, me decía cosita, me sentía súper bien.

    Nos sentamos a comer y entre la plática me dijo que después tenía un par de bonitas sorpresas y que saldríamos esa noche, me entusiasmo saber cuáles eran las sorpresas, hasta ese momento todas las sorpresas habían sido extremadamente satisfactorias. Después de almorzar, fue a al cuarto y me pidió que le esperara en la sala mientras preparaba la sorpresa, luego me llamo al cuarto cuanto llegue sobre la cama había ropa de nena, me sorprendió y me dejo casi en shock, lo mire y él estaba sonriendo y me dijo, “quiero que te pongas algo de esta ropita para mí, no tienes que salir a la calle así si no quieres, pero quiero verte así.”, mire la ropa estaba conmocionado, no sabía si era bueno o no, no sabía si quería llegar hasta allí, tengo que admitir que me encantaba usar lencería y la camisa corta, me sentía sexy, pero vestirme con vestido era otra cosa. En lo fondo sabía que lo quería hacer, ya lo había hecho, para mí mismo frente a un espejo, pero no sabía arreglarme o maquillarme.

    Así que decidí hablar con Alfredo antes de tomar una decisión, se lo expliqué y el entendió, me dijo que sabía que yo pensaba que no podía arreglarme por lo que me dijo que en la tarde iríamos a un lugar especial para que me sintiera mejor.

    Todo estaba pasando muy rápido, me sentía un poco confundido, no es fácil pasar de ser heterosexual (con deseos reprimidos), para convertirse en gay pasivo, tener pareja y luego iniciar como crossdresser, todo en un tiempo muy muy corto, no importa lo que digan los relatos o las películas, no es cosa fácil, se requiere muchísimo valor, en ciudades como New York es relativamente más fácil porque en las calles casi nadie te critica o no se fijan en ti, la gente es más abierta a aceptar las decisiones de otros, mis respetos a todas esas chicas trans o crossdresser en países donde todavía se les ataca mucho.

    Después de conversar un rato, mi galán me dijo que tomaría una ducha y con su sonrisa pícara y hermosa me invito a acompañarle, por supuesto que acepte, el entro a la ducha antes, cuando llegue estaba desnudo y el agua caía sobre su cuerpo moreno y definido. Podía míralo desde allí por un buen rato, mientras con sus manos sobre la pared dejaba que el agua cayera en su cabeza y corriera por su cuerpo, me desnude por completo y me acerque, el me miro y me extendió la mano. Entre a la ducha, donde inmediatamente me abrazo con sus manos en mi cintura, puse mis manos en su cuello y quede mirándole fijamente a los ojos, me beso suavemente, allí bajo el agua, nuestros cuerpos se apretaban y se besaban con pasión, era maravilloso, así estuvimos besándonos por un rato, me dijo con dulzura que le encantaba, que estaba feliz de haberme encontrado, que le gustaba muchísimo. Yo me sentía también que le dije que el a mí me volvía loco, que le deseaba y que me parecía el hombre más hermoso que había visto. Casi sin pensarlo le agregue, “vestiré lo que quieras que vista y seré lo que quieras que sea.”

    Volvimos a besarnos, solo que esta vez con más pasión y sabiendo adonde íbamos, bajo sus manos y empezó a apretar mis nalgas, a acariciarlas, sus manos que también conocía, empezaron a acariciar mi cuerpo entero, me comía el cuello, su pene crecía pegado a mi pelvis, me puso contra la pared y no dejaba de besarme, como él era más grande que yo, me levantaba un poco, yo levante mi pierna derecha, y el comenzó a recorrer mi pierna desde la rodilla, y la metió un poco debajo de la pierna, sentí su pene duro contra mí, sus caricias eran un afrodisiaco muy efectivo, mi cuerpo me lanzaba señales de lo mucho que estaba ardiendo en deseo, baje mi pierna y le bese por el pecho, abdomen hasta llegar a su pene, que metí en mi boca sin pensar, empecé a estimular su pene con mi boca, con mi lengua, le hacía círculos en sus glande, mientras me emborrachaba de su sabor y olor, ese sabor tan rico de un pene no se puede describir, es un sabor que no solo embriaga el gusto, sino el olfato y la vista. Cuando está en ti ser que recibe ese pene dentro, te enamoras de ese sabor y olor, la vista no puede serpearse de semejante ser productor de placer, sabes que lo quieres, no sabes porque, pero sabes que lo deseas y que lo necesitas en tu boca o en tu ano. Su leche es un premio al esfuerzo de darle placer, y buscas que te la den, se va volviendo como un vicio, y ya una vez que lo probaste y disfrutaste no vas a poder dejarlo, su pene, su cuerpo y su placer son el vicio que satisface tu propio placer y deseo.

    Le sostenía con mi mano y le masturbaba un poco, no mucho porque no quería hacerle terminar, quería que me diera algo a mí también. Le bese los testículos, los sentía ricos en mi boca mientras con mi mano le sostenía el pene, subí a la base sobre los testículos y le fui mamando el tronco hasta llegar a al glande, donde siempre me entretengo, chupando, pasándole la lengua y succionando un suave, luego meto en mi boca lo más que puedo de ese pene duro y delicioso, es curioso como el simple olor del pene me vuelve loco y altera mi cuerpo, siento esa electricidad recorrer desde mi nariz, encendiendo mi boca y convirtiéndola en un aparato sexual, luego bajando por mi espalda para llegar hasta mi ano que palpita deseando ser complacido, poniendo mi punto G interno en pie de guerra y estimulando mi propio pene.

    Sus manos siempre sobre mi cabeza acariciando mi cabello, que maravillosa sensación, me pone las manos en los hombros y me levanta, me coloca de frente a la pared, para que mi culito quede a su merced, toma el jabón comienza a enjabonar mi espalda, me acaricia, me enjabona las nalgas y el ano, deja que el agua nos caiga, mientras pone su pene en la entrada de mi ano.

    La maravillosa cabecita de su glande está en la entrada de mi ano que hace todo lo que puede abrir y trata de atrapar ese ser maravilloso, siento como empuja un poco, queda ya a mi merced, ya está un poquito adentro y me acomodo mejor para que entre sin problemas y sin lastimarme, se mueve hacia atrás saliendo, no quiero, no salgas y el vuelve a empujar, entra un buen trozo, ya lo siento, que rico, la sensación inicial es casi incomoda, pero la excitación es tal que hace una conversión de incomodidad a placer, vuelve a acomodarse, sale un poco, sé que viene el último empujón, lo siento entrar, va deslizando hacia adentro, está abriéndome como solo él sabe, cada milímetro de ese pene, va abriendo mi ano, para que le abrace y lo apriete, quiero abrirme más, y al mismo tiempo no quiero soltarle. Me deleito de sentir sus manos en mi cintura, dominándome, me atrae hacia él, me hace el amor, soy suyo, me besa y me volteo como puedo para comer sus labios para darle las gracias de hacerme suyo, empieza a entrar y salir, suavemente, me encanta la sensación de todo ese hermoso pene atravesando mis entrañas, y cuando su pelvis choca contra mis nalgas es un poco triste porque ya no hay más que meter y al mismo tiempo es increíble saberte poseído, sentir como acaricia tu punto G, inunda mis sentidos de placeres, me doy cuenta como cada vez que me posee me hacer disfrutar más, me vuelvo más adicto a ser penetrado, lo disfruto tanto que desde que me penetro la primera vez ni siquiera se me a pasado por la mente ser yo el que penetre, saber que ese macho posee tu cuerpo y que eres suyo, es suficiente placer, me encanta terminar, pero me encanta terminar porque el me está haciendo suyo y eso es suficiente para mí.

    Los sonidos que vienen desde su garganta me poseen y se hacen un coro con los míos. Yo también muevo mi cintura para darle placer, trato de encontrar el ritmo, cuando el sale yo muevo adelante y cuando el entra yo muevo atrás, y como si el público estuviera disfrutando el show, escucho como los aplausos de nuestros cuerpos chocando llenan el ambiente, me inclino más para poder levantar lo más que puedo el culito, el sigue en lo suyo, pero siento su manos recorriendo mi espalda, le gusta que me haya inclinado, sigue dándome empujones, una y otra vez, espectacular, le pido más y más, recuerdo que mi misión es que mi hombre este feliz, pero yo también tengo la misión de darme placer, así que me muevo tratando de encontrar el mayor placer y que él tenga todo el que necesita. Se detiene segundos y luego vuelve a continuar, me da más y más.

    Siento mi cuerpo estremecer, de nuevo voy a terminar y me ayudo un poco, y allí viene mi semen empujado por la excitación de tener un hombre dentro de mí, no logro discernir si me da más placer terminar o saber que ese placer viene de tener un pene dentro mí, creo que me encanta sentir el pene, ser pasivo, entonces un pensamiento me golpea en la cabeza, soy pasivo, soy pasivo, soy su pasivo y me encanta el pene de mi hombre. Me levanto y quedo en pie con el culito parado, con su pene dentro, sus manos en mi cintura, su boca besando mi espalda, yo moviéndome adelante y atrás, el empujando adentro y afuera, y allí esta, su leche entrando mi cuerpo, derritiéndome por dentro con su calor, sigue empujando para expulsar cada gota, y yo sigo apretándolo contra mí para sentir a mi hombre, mi activo, ni dueño. Miro hacia atrás y le beso, el aun sin salir, yo no quiero que salga, nos quedamos así esperando, sintiéndole adentro, no lo voy a sacar si él no quiere salir, después de unos segundos, empieza a salir, hasta que está afuera, quisiera que cada vez que lo hagamos dure horas o días. Pero no se puede. Me doy vuelta y le beso de nuevo, él me dice que la pasa muy bien conmigo, que le encanta estar así. Yo sonrío y no lo suelto, pongo mi cabeza contra su pecho y nos quedamos así mientras cae el agua, le pido que no me suelte que me encanta estar así.

    Nos quedamos como bailando bajo la ducha disfrutando de nosotros, después de un rato nos vamos separando, tomo el jabón y le paso por todo el cuerpo, bromeamos y reímos, nos besamos, el me pasa el jabón a mí, cerramos el grifo y salimos, tomo la toalla y le seco, y el sale y yo me quedo mirándole, me encanta ese hombre.

    Nos vestimos , el escoge para mí un jeans una camisa y tanguita hermosa, pero yo le digo que no, voy a ponerme un vestido corto y suelto, mi tanga y una sandalias, él sonríe y me dice que pronto llegara la nueva sorpresa, que me vista que quiere verme así pero que me espera en la sala, me visto, siento como el vestido ocupa mi cuerpo, soy de poca pelo en el cuerpo así que no hay mucho que ocultar pero igual me da un poco de vergüenza, me arreglo el cabello, que como les mencione en un relato anterior lo uso largo, me lo seque con la pistola, para dejarlo suelto. Siento muchísima vergüenza, pero igual me siento muy excitado.

    Salgo y allí esta Alfredo, pero gran sorpresa, hay otra persona, casi me desmayo, es una chica, entro de nuevo al cuarto muerto de vergüenza y entra Alfredo y me dice: “tranquila cosita, me encanta como te ves, no tengas vergüenza de ella”, detrás de él estaba ella, me dice ella es star, y está aquí para ayudarte, star es una chica crossdresser que se ve hermosa e impresionante, es cosmetóloga, se acerca y me dice “ hola linda no tengas vergüenza, mi especialidad es ayudar a primerizas y yo te voy a hacer más bella que nunca, pero solo si tú quieres”, miro a Alfredo y le digo, “si acepto, por y para él”. Alfredo sonríe y sale del cuarto.

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  • Karen. Una puta madura (IX)

    Karen. Una puta madura (IX)

    Como dije en el anterior capítulo Ramón y mi amiga Carmen habían hecho buenas migas con la excusa del «flamenco».

    Y la verdad, era que una vez a la semana mi negrito Ramón iba a dar clases de baile o como bien me decía Carmen a hacerle un apaño. Normal… estaba tan necesitada…

    Y es que imagine el lector una mujer privada de sexo durante 9 años como debe ir. Pues como Carmen…

    La llamé un día.

    -Qué tal Carmen?

    -Bien. Aquí con Carlitos. Oye, no veas lo majo es Ramón, ehh? Me tiene loca. Lo mismo vale para un roto que para un descosido, hija.

    -Ya, ya… Ya me cuenta.

    -Qué atendida debes estar con esos dos hombres, chica… Ya me gustaría a mi…

    -Quieres que vayan un día?

    -Ohhh… lo dices en serio?

    -Si, claro… tu solo tienes que hacer una cosa.

    -Ya me dirás. Yo lo que sea con tal de que me apaguen… Que vengan el viernes por la tarde a las 6 que Carlitos tiene piano.

    La clave es «FIDELIO».

    A Carmen le pasaba lo que a mi. De 46-47 años, su cuerpo estaba totalmente revolucionado en una edad en la que creemos se nos va escapando el tren del sexo pero nada más lejos de la realidad porque dura para toda la vida si es que se pone voluntad, claro. Pero si que es cierto es esa edad una con experiencia, sin complejos ni tabúes y en donde se es aún joven.

    Ya les gustaría a los chicos de 20 años pillar a dos tías como Carmen y yo…

    Se lo comenté a mis chicos quien Ramón aceptó de buen grado. No así Enrique quien dijo…

    -Claro… nos mandas a follarnos a tu amiga para dejarla contenta como si fuésemos marionetas.

    -A mi me gusta Carmen. Dijo Ramón el negro.

    -Claro… te la follas cuando quieres…! Bueno… haré un esfuerzo. Porque está viuda y hasta que no la pilló Ramón hace un mes llevaba 9 años a pan y agua que si no…

    -Hazlo por mí, Ramón. Que es muy buena amiga…

    Le mandé un mensaje a Carmen.

    -«Van a las 6. Haz lo que te he dicho que yo también quiero…».

    Estaba ansiosa. Había veces que tanto rabo alrededor me aturdía. Y echaba de menos aquellos dedazos me hacía con mi imaginación antes de que Enrique y Ramón aparecieran en mi vida. Imaginaba varios hombres me abordaban en los escenarios más insólitos tales que en el campo (como ya ocurrió con Enrique y sus amigos cazadores en el primer capítulo) en un callejón urbano o en un barco en mitad del mar. Así daba rienda suelta a mi imaginación y podía sentirme sucia sin serlo porque soy una mujer respetable en el fondo. Quizá muchas mujeres no entiendan como teniendo dos grandes pollas siempre a mi disposición necesite de vez en cuando hacerme un solo. Pero lo necesitaba, de verdad. Las mujeres de nuestra edad a veces preferimos masturbarnos antes que la presencia de un hombre. Quizá los hombres no sean así pero las mujeres, y siempre más celosas de nuestra intimidad a veces lo necesitamos y con más asiduidad de lo que imaginan los lectores, por cierto.

    Ding-Dong…!!!

    No eran las 6 menos cuarto que Ramón y Enrique estaban en casa de mi amiga Carmen. Uno con una camiseta de Metallica otro con una de ACDC parecían a Beauvis and Butt Head.

    -Hola, chicos!! Qué tal??

    Carmen salió a recibirlos con un picardías de encaje blanco ya manido y que le venía pequeño. Era evidente hacía tiempo no se lo ponía y que denotaba lo que había sido en su juventud una chica esbelta y delgada. La vida había convertido su cuerpo generosamente en uno voluptuoso y turgente.

    Por supuesto, más apetitoso si cabe.

    Encima llevaba una bata de seda que se ajustaba a la perfección en su busto y culo. Cuando besó a ambos hombres y se dio la vuelta de forma grácil y elegante mirándolos antes con deseo y complacencia, los dos adivinaron a través de esa bata como unos ligueros marcaban su culo.

    No llevaba sujetador ni bragas y en el canalillo de sus enormes tetas de madre unas finas arrugas denotaban sus 46 años. Estaba preciosa. Un bombón de mujer.

    -Queréis algo antes, chicos?

    -Si. Una cerveza pidió Ramón.

    Cuando se fue a la cocina Enrique le dijo a Ramón…

    -Madre mía como está esta tía…

    -Ya te lo dije. Obsérvala bien. Pone a cien a cualquiera y tu que no querías venir, idiota…!

    -Toma!!

    Enrique le dio un pedacito de Viagra a Ramón.

    -Qué es esto?

    -Un poco de Viagra.

    -Tómatela. Retrasa la eyaculación y esta mujer necesita le den bien. Solo una punta de la pastilla. Si te la tomas entera no acabas en un mes si no tienes disfunción eréctil…

    Ramón hizo caso.

    Se nos pasó el tiempo volando conversando con esa mujer que era inteligente y seductora. Ella cogió el teléfono y llamó a Carlitos y le dijo…

    -Cuando acabes la clase de piano ve a casa de tu tía a merendar. Tengo que irme a Alicante a comprar.

    -Si, mamá…

    -Veis que bien mandadito tengo a mi hijo? Vamos chicos… ahora si que tenemos toda la tarde…

    La única obsesión había tenido Carmen desde hacía 10 años había muerto su marido era encerrarse en su habitación para masturbarse rodeada de cámaras. Se tendía en su cama desnuda y con su vibrador trabajaba todo su cuerpo filmándose en circuito cerrado para luego volverse a masturbar viéndose a si misma. Un circuito cerrado el cual ella me había dado su contraseña.

    Me mandó un mensaje de que ya estaba lista y miró a una de sus cámaras ocultas guiñándome un ojo.

    Entró en su habitación con mis dos hombres y en frente de ellos se quitó su bata de seda que cayó al suelo como si fuese agua destapando sus grandes pechos.

    Mientras, yo había encendido mi portátil en el salón tecleado «FIDELIO» y había sacado mi consolador. Estaba muy cachonda porque iba a ver como mis dos chicos se follaban a mi mejor amiga con mi consentimiento.

    Carmen se sentó al borde de su cama y contempló como esos dos hombres se desabrochaban los pantalones y los arrojaban al suelo. El resto lo iba a hacer ella.

    Bajó los bóxer de Ramón y Enrique ya llenos totalmente de sus vergas en erección lo que fue una liberación saliendo dos pollas disparadas como tablas ansiosas de hembra madura.

    Toqué mi coño acariciando mi clítoris y estaba realmente encharcado. Metí mis dedos delante de mi ordenador para ensancharlo mientras observaba como mi amiga chupaba las dos grandes pollas de mis chicos a la vez. Se estaba poniendo las botas y las dos comenzamos a gemir como locas.

    -Qué polla tienes Enrique… la de mi negrito ya la conocía de largo pero la tuya no. Qué suerte tiene tu novia cuando la follais a la vez!!

    Por un momento, sentí celos y envidia de esa mi amiga pero si los había convencido para que se los follara bajo cualquier excusa o premisa era que los tenía controlados. Además necesitaba estar sola. Por una vez me vendría bien. A esas alturas llevaba un coño ya realmente húmedo y dilatado. Al menos eso podía observar en la cámara de mi móvil puesto que yo también me estaba grabando.

    -Cómo me gustan estos rabos!!! Dijo Carmen poniéndolos entre sus enormes tetas que habían cambiado de tono debido a la excitación y subiendo y bajando sus pieles al unísono.

    -Os gustan, ehhh?

    Carmen cogió un bote de lubricante que utilizaba en su coño para masturbarse y se echó un buen chorro sobre las tetas. Esas dos pollas comenzaron a brillar mientras ella las blandía entre pecho y pecho. Ramón y Enrique jadeaban sin parar ante esa visión. Ramón más ducho con ella metió su terrible verga en la boca de Carmen que no dejaba de agitar sus pechos para deleite de Enrique.

    -Mmmm!!! Gemía Carmen con la polla de Ramón en la boca.

    Para entonces yo estaba ya con mi vibrador en mi coño zurrándome de lo lindo. Fui capaz de hacer fuerza con las paredes de mi coño y de secuestrarlo entre mis piernas sin salirse para tocarme las tetas con las manos. Estaba cachonda perdida y me iba a correr de un momento a otro. En contrapartida me di cuenta de que ni siquiera habían empezado a disfrutar de Carmen ni Carmen de esos mis dos pretorianos.

    Por un momento Carmen se deshizo de esas pollas tiesas como candelabros y se tumbó en la cama abriendo su coño con las manos.

    -Quién va a follarme primero, chicos…

    Ramón subió a la cama y penetró a Carnen de una sola vez mientras Enrique no se quedó atrás y ajustó todo lo que pudo su verga en la boca de Carmen que sollozaba ante las profundas embestidas de Ramón. Por un momento soltó la polla de Enrique y exclamó…

    -Tan escasa durante tantos años y tan llena ahora…!

    Ante esa visión me corrí como una perra delante de mi ordenador. Cuando lo hice mi consolador cayó al suelo vibrando empapado sobre la alfombra. Esperé unos minutos para volverme otra vez a penetrar con él.

    Ambos bombeaban el cuerpo de Carmen sin compasión mientras ella gemía sin parar pero no esperaba iban a hacer un sándwich con ella.

    Enrique se tumbó boca arriba y ensartó a Carmen cuyas tetas tenía que retirar para poder ver su cara. Ramón se untó bien su polla de lubricante y atacó poco a poco el culo de Carmen quien gruñía como una loba. Sus dos cuevas emitían dos sonidos a mojado que se alternaban unos con otros. Viéndose ensartada por sus dos agujeros se corrió empalmando dos orgasmos uno con otro.

    Hummm!… Me estoy corriendo! Exclamó, durante cerca de 30 segundos…

    Nunca habían hecho eso conmigo y deseé probarlo la próxima vez me cogieran.

    -Te gusta, eh Carmen?

    -Ohhh… si… mis chicos… No paréis hasta que no os corráiiis…!!! Soy vuestra…!!!

    Ante esa visión subí la intensidad de mi vibrador moviendo mi pelvis de tal manera que notaba como mi culo iba cada vez saliéndose del asiento de mi sofá de cuero hasta quedar colgando en el aire. Imaginé que si en esos momentos una buena polla hubiese cogido mi culo desde el suelo hubiese sido algo fantástico. Era evidente me iba a ir otra vez como así ocurrió. Y es que ver in situ lo que a esos hombres iba a exigirles me hicieran la próxima vez me puso muy cachonda. Me fui, tocando el clítoris y penetrándome hasta adentro con mi vibrador en forma de polla negra. Cuando acabé interrumpí la grabación de mi móvil en media hora. Lo más extraordinario era que esos hombres seguían sin correrse dentro de Carmen que ya acusaba cansancio.

    Pude contemplar como sus piernas temblaban aún a 4 patas. Era evidente le estaban dando de lo lindo. Enrique besaba su boca y sus tetas como podía puesto que no llegaba a todo.

    Ramón sacó su polla del culo de Carmen. Un culo dilatado en su boquete y oscuro dentro.

    Ramón tanteó su verga golpeándosela en la palma de la mano y esa porra de ébano penetró a Carmen por el coño quien se vio tomada vaginalmente por dos pollas de cerca de 20 centímetros. Reponiéndose volvió a gemir. La polla de Enrique calada hasta sus testículos dejó paso a la negra de Ramón quien logró meterla entera sin dificultades aparentes. Sacando fuerzas de flaqueza Carmen volvió a mover otra vez su culo al ritmo de esas dos pollas. Estaba disfrutando como nunca.

    -Esto si es estar llena, mis valientes!!! Exclamó.

    Me dio tiempo a prepararme un café. Cuando volví a mi portátil seguían así.

    Carmen iba a correrse otra vez irremediablemente. Mientras, observaba como la jodían a dos bandas.

    Definitivamente Carmen se corrió por cuarta vez aullando mientras su cuerpo entero temblaba sin parar.

    -Me corrooo… otra vez… chicooos!

    Sacaron sus pollas de ella y se tumbaron a su lado con unos rabos tiesos como nunca los había visto.

    La besaron por todas partes. Carmen estaba llena de los grandes brazos y piernas negros y blancos de esos dos hombres quienes la habían follado con locura. Para su sorpresa sus vergas estaban completamente enhiestas. Ni en sueños había imaginado tener así a dos hombres contemplándola como a una reina colmándola de besos y palabras cariñosas que alababan su cuerpo y maduras hechuras.

    Carmen pensó para sus adentros…

    -«Joder… qué bien mandados los ha traído Karen!!! No puedo más…!

    Ramón besó las diminutas canas de su coño y su cicatriz de madre por cesárea situada encima de su pubis. Abrió sus piernas y comenzó a comer su coño metiendo sus dedos.

    Carmen volvió a gemir. Suavemente con su lengua Ramón conquistó el clítoris de esa mujer otrora tan necesitada. Enrique le besaba mientras su boca, pelo, cuello a la vez que acariciaba con cuidado sus pechos.

    Era evidente Carmen se sentía así más cómoda, bien tumbada en su cama como una papisa. En cuanto Enrique se sumergió entre sus grandes pechos dirigió su cara a una cámara resoplando para que yo diera cuenta de lo que estaba pasando.

    Ya me había tomado el café y cascaba unas pipas.

    Ramón hacía círculos con su lengua sobre toda su concha y metió su anular en el culo de Carmen sin dificultad alguna, a lo cual aumentó el tono de sus gemidos. No lo esperaba.

    -Ohhh… no me esperaba esto de postre, chicos… Exclamó Carmen.

    Ella se vio rodeada de dos hombres. Uno tomando su cuerpo el otro los más íntimo del mismo y se volvió a correr sin remedio gimiendo por quinta vez. Estaba loca de contenta y se sentía una mujer.

    Ramón subió por todo su cuerpo tocándola por entero. Y besó a Carmen en su cara exhalando un aliento limpio y perfumado impregnado del dulce aroma de su almeja. Tenía a dos hombres besándola. Uno a derecha, otro a izquierda.

    Qué más podía necesitar una mujer?

    Ramón le preguntó a Enrique…

    -Vamos ya?

    -Ya?

    Carmen entre sollozos exclamó sorprendida…

    -Qué me vais a hacer ahora?

    Se vistieron metiendo con no poca dificultad sus pollas erectas en sus pantalones y salieron a la calle.

    Cuando regresaron lo hicieron con un enorme ramo de flores silvestres que estaba esperando en el coche.

    Carmen se puso roja como un tomate desnuda en su cama.

    En el ramo había un sobre que Carmen abrió con ansiedad en el que ponía…

    -«Para la mejor madre y esposa del mundo…»

    No pudo más y se echó a llorar.

    -Muchas gracias!!! Esto ha sido lo mejor…

    Se vistió rápidamente y enseguida vino Carlitos. Puso los portaretratos de su difunto marido otra vez de pie que había quitado para la ocasión y despidió a esos dos hombres dándoles un beso.

    Si. Así se trataba a una mujer…

    El problema había sido que ellos no habían eyaculado…

    Cuando salieron Ramón preguntó a Enrique…

    -Esto de la Viagra es hacer trampa, eh?

    -Mereció la pena. Has visto lo feliz de Carmen?

    -Si.

    -Además si se lo explicamos a Karen nos vaciará sin problemas…

    Lo que no sabían era tenía esa hora y media en el disco duro de mi portátil y venían a mi casa más salidos que un balcón gracias a mi amiga…

    (Continuará).

  • Regalo de mi novia por San Valentín

    Regalo de mi novia por San Valentín

    Me llamo Toni y hoy voy a contarles la espectacular noche que mi novia me regaló este 14 de febrero que pasó. Todo parecía normal aquella mañana, nos despertamos y estuvimos jugando un rato en la cama pero no hicimos el amor, Laura -que es como se llama ella mi chica- me dijo que mejor nos esperábamos a por la noche que quería darme un regalo, yo le dije que me parecía bien y fuimos a desayunar.

    Mientras comíamos algo para irnos cada uno al trabajo intente que me dijera de que se trataba, pero ella ni mu, solo me decía que estaba segura me iba a gustar mucho. Yo no insistí demasiado pues me gustaba un poco aquel suspense de esperar hasta la noche para saber que me tenía preparado mi novia.

    Laura tiene 22 años y yo 25, estamos juntos desde hace 3 años, cuando la conocí era una chica un tanto tímida en la cama, no era virgen, pero nunca había practicado sexo oral, ni anal, ni muchas otras cosas que durante nuestra relación ha ido experimentando y se podría decir que ha evolucionado y abierto su mente sexualmente hablando. Ella es de estas chicas que parece que son adolescentes todo el tiempo porque es muy delgada y bajita, además tiene una cara casi angelical que nunca adivinarías ni de casualidad lo perversa que es en la cama.

    Pues el día transcurrió normal yo en mi trabajo contando los minutos para que llegara la noche y poder disfrutar con Laura. Al llegar a casa mi novia me recibió en la sala la cual estaba ligeramente oscura con algunas velas aromáticas alrededor y poco más ya que Laura me mando al baño rápidamente sin dejarme hacer mucha inspección. Me había preparado la bañera con agua caliente y aceites, la verdad es que se lo estaba currando muy bien, Laura siempre ha sido muy detallista y me consiente mucho.

    Al salir me puso el albornoz y me dijo:

    -Estás preparado para tu regalo?

    -Siii -le dije sin pensarlo.

    Entonces me puso un antifaz que impedía que viese absolutamente nada, esto lo hacíamos a menudo, casi siempre al contrario; la vendaba yo a ella y jugábamos, pero esta vez me tocó a mí. Me condujo hasta la sala y me sentó en el sofá.

    Se respiraba un ambiente muy calmado, entre las velas, la oscuridad de la venda que te priva de los estímulos visuales y hace que sientas todo más intenso, y estar allí sentado acabado de bañar con tan solo la bata puesta.

    De momento Laura me amarró las manos a cada lado del sofá y me dijo que solo era para que no intentara agarrarla o ponerme sobre ella, ya que hoy todo lo haría ella.

    Entonces comenzó a besarme lenta y apasionadamente, era delicioso sentir sus labios carnosos y húmedos, jugaba con su lengua dentro de mi boca, se retiraba y volvía a empezar con el juego. Luego pasó a mi cuello, sentía como cada vello de mi cuerpo se erizaba al notar su lengua, mientras con la mano iba acariciando el interior de mis muslos hasta llegar a mi entrepierna. Me agarraba delicadamente pero con firmeza los huevos y con la otra mano masajeaba mi pene, todo esto sin dejar de jugar con su lengua que ya había bajado hasta el pecho.

    Ya tenía mi pene más que erecto, estaba como una piedra con todo aquel juego. Laura abrió la bata por completo y se agacho delante de mí para empezar a lamerme los huevos, lo hacía despacio pero asegurándose de dejar mucha saliva en cada lametazo, los lamió un buen rato para luego pasar a mi culo. Allí aprovecho toda la saliva que había derramado y la esparció con su mano desde mi culo hasta la punta del glande, hacia círculos alrededor de mi culo con su lengua y le daba golpecitos como tratando de meterla, me tenía loco todo aquello, deseaba cogerla del pelo y meterle de golpe toda la polla en la boca pero como estaba amarrado no podía.

    Yo no hablaba, prefería contenerme y dejar que ella hiciera lo que quisiera. Después de un buen rato se levantó, no note nada más, hasta que de pronto siento como mi polla es devorada por completo por su boca, se la metió entera la muy perra, aguanto un rato con la polla hasta la garganta, hasta que no pudo más y soltó para coger aire. Volvió a engullirla, esta vez no completa sino hasta la mitad y comenzó a chupar de manera magistral como una verdadera puta. Me sentía en el paraíso sentado en aquel sofá recostado hacia atrás mientras mi novia me daba una de las mejores mamadas de mi vida. Yo estaba a punto de venirme y ella lo notó así que me dijo que iba a parar pues todavía no me podía correr.

    Se retiró y volvió a besarme de nuevo, esta vez podía saborear los jugos de mi polla que hasta hace un momento estaba devorando, también sentía unas notas distintas supongo que por la lamida de culo que me había dado, era todo muy morboso, lo estaba disfrutando realmente.

    Laura: Ya estas más relajado?

    Yo: Si ya puedes seguir mi amor.

    Laura se apartó de mí, sentí como colocó su vagina en la punta de mi rabo, se tomó todo el tiempo del mundo para metérsela, primero se metía la puntica y la sacaba, yo necesitaba sentir mi polla dentro de ella ya sino iba a explotar. Hasta que al fin bajó despacio pero hasta el final, pude sentir como se abría paso centímetro a centímetro hasta quedar completamente encajada. Solté un gemido muy profundo y recosté mi cabeza al espaldar. Ufff podría quedarme así toda la vida, aquel calor vaginal alrededor de mi rabo, las paredes de su vagina abrazaban mi polla como si trataran de protegerlo, era glorioso aquello.

    Fue entonces cuando comenzó a moverse, inicio con un meneo intenso sobre mí que la verdad no creo que durase mucho por cómo estaba. Se movía de delante hacia atrás de manera constante y sin sacar ni un milímetro de mi polla, sentía como la cabeza estaba encajada en la matriz de su vagina. Le dije amor si sigues así me voy a correr y te llenare de leche todo tu hueco. Esta no se detuvo ni bajo la intensidad, siguió con su baile hasta que ya no pude más y lancé un gran chorro de semen directo a su útero.

    Yo: Aggghhh siii bebé que rico me estoy vaciando dentro de ti.

    Seguí soltando leche como si fuera una llave abierta, sentía como la vagina se llenaba de mi leche caliente y Laura aun no paraba de moverse, quería exprimirme al máximo. Se quedó un rato quieta hasta que se me bajó la polla y se levantó, dejando caer restos de mi semen sobre mis piernas. Yo estaba en un estado de relajación increíble después de todo aquello. Fue entonces cuando Laura me quito el antifaz y me reveló la verdadera sorpresa de aquella noche.

    La que me había quitado el antifaz no era Laura sino una chica que desconocía por completo la cual estaba completamente desnuda y sudada. No entendía nada que estaba pasando, cuando de repente alcanzo a ver dónde estaba Laura y esta sorpresa fue aún mayor: Laura se encontraba frente a mí en cuatro patas con un sujeto a su espalda metiéndole una y otra vez su polla. Yo no podía ni hablar solo miraba atónito aquella escena que mi novia había preparado en el salón de nuestra casa.

    Laura: Amor esta es la sorpresa, durante toda la noche la que ha estado contigo y con la que has gozado es Jessica, la novia de Pablo, que es este chico maravilloso que me ha estado follando a centímetros de tu cara y en todas las posiciones que te puedas imaginar, hasta ponerme en cuatro frente a ti para que así veas como vacía sus huevos dentro de mí así como tú hiciste con su chica hace unos minutos.

    No me lo podía creer, la verdad había fantaseado con ver a mi novia así desde hace mucho tiempo era una de mis fantasías preferidas y ella lo sabía. Sin darme cuenta ya tenía mi polla dura de nuevo, era súper excitante ver como aquel chico se cogía a mi novia con semejante potencia, era todo un semental. Pero todo no acababa ahí, Jessica se sentó en el piso delante del sofá y recostándose, él abrió sus piernas de par en par, dejando ver como tenia todavía el toto lleno de mi leche, Laura me miro y sonrió mientras se mordía los labios y aguantaba las embestidas de aquel macho, así que para más sorpresa bajo la cabeza y comenzó a lamerle la vagina a Jessica sin ningún tipo de reparo. Yo sentía que me corría de nuevo solo con ver aquella imagen, mi novia siendo penetrada por otro en mi cara y al mismo tiempo haciéndole sexo oral a una chica para limpiarle el semen que yo le había dejado dentro de su vagina.

    Laura lamia y lamia sin parar hasta que levanto la cabeza y empezó a gemir como loca se estaba corriendo con aquel rabo, el chico no aguanto más y le dejo ir todos sus mecos hasta el fondo de su coño. Laura cayó despatarrada en el suelo colocando la cabeza sobre uno de los muslos de Jessica. Estuvieron un rato así, hasta que los dos chicos se levantaron se vistieron y se fueron. Laura regreso a mí y me dijo:

    Laura: Te gustó la sorpresa amor?

    Yo: Claro bebé sabes que estaba loco por hacer algo así contigo, lástima que no pude ver todo el proceso de cómo te cogían.

    Laura: No te preocupes está todo grabado y lo veremos ahora mientras me coges, además esta solo fue la primera vez de muchas más.

    Yo: Muchas gracias mi vida eres la mejor novia del mundo.

    Laura me soltó, fuimos a la habitación colocamos la cámara en el TV y nos acostamos. Le dije:

    Yo: Amor antes de iniciar el video y hacer el amor te puedo lamer el coño?

    Laura: Jajaja claro, por qué crees que deje que se corriera dentro de mí? Quería cumplirte otra fantasía.

    Yo: Como me conoces perra.

    Espero les haya gustado amigos, me gustaría saber que opinan, todo el que quiera conversar sobre experiencias o fantasías por el estilo me puede escribir al correo [email protected].

  • Con Marcela en el almacén

    Con Marcela en el almacén

    Hace ya varios años que conocí a Marcela, al igual que yo ella vivía como hombre y en su intimidad se vestía y comportaba como una mujer, ninguna de las dos estaba interesada en conocer hombres para tener sexo, solo buscábamos alguien similar para conversar y fantasear de vez en cuando.

    Al principio y durante más de un año solo nos escribíamos correos, habíamos entrado en contacto gracias a un aviso en línea que ella había puesto buscando amigas y así comenzamos a compartir nuestras fantasías y detalles de nuestras vidas. Ambas estábamos casadas y nuestras esposas conocían nuestros gustos y para nuestra suerte ella vivía en la ciudad y yo en un pueblo cercano.

    Nuestro primer encuentro fue muy tímido, pero en las siguientes ocasiones nos animamos a ir a un motel para estar vestidas y comportarnos como dos amigas íntimas. Si bien nuestros encuentros fueron solo dos o tres veces al año continuábamos escribiéndonos cada semana y compartiendo fotos de nuestra ropa interior. En esas ella me propuso que fuera un día a la ciudad para quedarme a dormir en su apartamento pues su esposa estaba en un viaje y ella estaría sola en casa. Yo organice mis asuntos y una vez que mi señora me dio me permiso empaque parte de mi ropita interior femenina, un par de pijamas y otra ropita y apenas fue el día acordado me fui de viaje.

    Desde mi pueblo a la ciudad hay algo más de una hora y como acordamos encontrarnos en una de las estaciones del tren urbano o metro como lo llaman acá pude acortar el viaje unos veinte minutos bajándome en la primer estación que encontré y mucho antes del terminal de la buseta, lo cual siempre prefería pues no quería que un policía revisara mi maleta y me pidiera explicaciones por la ropa femenina que llevaba. Apenas nos encontramos en la estación, ambos todavía vestidos como hombres, nos dirigimos hacia un almacén de cadena cercano a la estación, pues ella tenía allí parqueado su carro y además queríamos comprar algunas cosas para nuestra jornada.

    Entramos al almacén, el cual es parte de una cadena que se llama “Éxito” y que vende tanto mercado como electrodomésticos, ropa y otras cosas en sus locales, entre risas tomamos un carro y comenzamos a echar todo aquello que nos parecía femenino, recuerdo que pusimos desde medias de liguero, un par de faldas, varias pantis, sostenes, pijamas, cremas, vestidos, maquillaje, protectores higiénicos, esmaltes y una lonchera de Barbie, cuando menos pensé el carro estaba lleno y se veía como la compra de dos mujeres, cuando nos dirigimos a la caja yo asustada le dije cual era me presupuesto y ella me dijo que me quedara tranquila, que ella había calculado mientras llenábamos el carro y quería comprarlo todo.

    Ya con el carro lleno de cosas y muy contentas fuimos a su apartamento, este estaba cerca al almacén y era un poco viejo, pero muy amplio, en el su esposa le había cedido un cuarto para sus cosas femeninas, era un cuarto cerca de la cocina que antes se usaba para el servicio, entramos juntas y ambas nos cambiamos por la ropita que teníamos lista, en mi caso había preparado un vestido de falta larga rosado, con pantis y sostenes de encaje, unas pantimedias y unos tacones cafés que eran los únicos que había podido conseguir en mi talla años antes, mientras Marcela en el baño se puso un vestido blanco de falda a la rodilla muy pegado, con ligueros blancos y una juego de pantis y sostenes lisos. Así vestidas y ya excitadas fuimos a desempacar las compras.

    Como habíamos dejado las bolsas en la sala fuimos ya vestidas y femeninas a sacar todo lo que habíamos comprado para ponerlo en las sillas o usarlo según íbamos conversando, en eso ella abrió una bolsa y saco dos vestidos rosados iguales, tenían un tono muy infantil y cuando ella los puso en una silla junto a unas pantis de algodón, medias de liguero blancas y sostenes entrenadores con dibujitos infantiles femeninos yo me imagine que estaba fantaseando con algo muy específico y la pregunte, entonces me conto que una de sus fantasías era estar como una niña con otra niña usando un dildo doble las dos en cuatro y gimiendo, le encantaría mover su culito así hasta mojarse toda en las pantis. Yo me excite toda mientras me contaba y le dije que me encantaría hacer esa fantasía realidad, Marcela me escucho sonriendo y fue a su habitación de donde regreso con un dildo doble rojo no muy grueso todavía en su empaque.

    Nos miramos y en unos cuantos minutos estábamos las dos vestidas como una niñas, entonces comenzamos a preparar nuestros culitos con el lubricante y las cremas que habíamos comprado, por turnos nos bajamos las pantis para poner el culito a disposición de la lengua, los dedos o el dildo, así gimiendo estuvimos listas para ponernos en cuatro con los culito pegados y mojados, con las pantis solo un poquito abajo en nuestras nalguitas, entonces ella tomo el dildo y lo puso entre nosotras, ambas comenzamos a movernos para meter la parte que nos correspondía en el culito, cuando lo logramos nos comenzamos a mover como don nenas, gemíamos pasito como dos gaticas y después de movernos mucho terminamos en el suelo con el dildo en nuestros culito y haciendo tijeras mientras nos movíamos y tocábamos la una a la otra.

    Marcela se mojó primero, pude sentir como sus pantis se llenaban de su leche tibia y pegajosa, metí mis dedos por los lados de su panti y tome su leche en mis deditos mientras me movía y gemía como toda una putica, la lleve a mi boquita y solo probarla me llevo a otro mundo, me excite toda y comencé a mover mi culito hacia arriba y abajo hasta mojarme toda, entonces ella hizo lo mismo con mi lechita mientras gemía pasito, así todas mojaditas nos quedamos unos minutos que fueron muy deliciosos, con el juguete en nuestros culitos y todas pegadas mientras con nuestros dedos tomábamos la lechita de la otra para llevarla a nuestra boquita.

    Luego nos paramos las dos sacando el dildo lentamente y miramos la hora, apenas iban a ser las 7 de la noche, teníamos hambre y solo hasta las 8 habíamos acordado comenzar con nuestra pijamada.

    Continuará…

  • Mi sobrino Jonny

    Mi sobrino Jonny

    Hola, me dicen Mae, soy colombiana, pero vivo en Australia, tengo 40 años, estoy casada y tengo 2 hijos pequeños. Este relato lo cuento para desahogarme porque, aunque no me arrepiento de todo lo que hice, siento cierto remordimiento conmigo misma.

    A finales del 2018 llegaría a mi casa mi sobrino Jonny que vendría por un año a estudiar inglés en el país. Mi casa tiene 3 habitaciones una para cada niño y la principal donde mi esposo y yo dormimos, como mi sobrino estaría con nosotros por un año, adecuamos una de las habitaciones de los niños para que él tuviera su cuarto privado y que los dos bebés durmieran juntos. Yo recordaba a mi sobrino como un chico delgado, pero atlético ya que hacía ejercicio constantemente y además muy inteligente, pero ese recuerdo era de la última vez que lo vi, cuando él tenía 18 años, pero en el 2018 él ya tenía 25 años.

    Yo soy una mujer bajita, con cabello castaño largo, senos 34D, 65 de cintura y lo que más resalta de mi es mi trasero, todos los hombres se quedan mirándome el culo cuando paso, aunque ya soy ama de casa y no me cuido mucho ni hago ejercicio siempre he tenido un cuerpo que atrae la mirada de los hombres.

    Recuerdo el día que Jonny llego al país, yo fui a recogerlo al aeropuerto, me vestí casual con un pantalón y una blusa con algo de escote, nada muy atrevido. Yo me senté cerca a la salida de los vuelos internacionales, cuando de repente un joven muy guapo se me acerco y me dijo -hola tía que rico volverte a ver -besándome en la mejilla.

    Yo quedé muda unos segundos, mi sobrino había crecido bastante bien, estaba más alto y aunque su contextura seguía siendo delgada, se veía fornido, estaba súper guapo, yo trate de reaccionar rápidamente para que el no notara mi sorpresa.

    -Hola Jonny, tiempo sin verte, te ves muy guapo (puse mis manos en su brazo, y pude sentir su músculo).

    -Tú también te ves muy bien tía, los años te han puesto mucho más sexy. (Me miraba de arriba a abajo).

    El comentario me sorprendió un poco y me hizo sonrojar, pero pues lo tomo como un comentario amable. Luego nos subimos al carro y por el camino él ponía su mano en mis piernas mientras yo manejaba, me decía que me veía más linda de lo que recordaba y piropos por el estilo.

    Cuando llegamos a la casa mi esposo no estaba, se había ido al parque con los niños. Mi sobrino dijo que quería ducharse ya que el vuelo había sido bastante largo y quería refrescarse, yo le mostré donde estaba el baño y él entró sin cerrar completamente la puerta (ahora que lo pienso mostré que lo hizo a propósito, pero bueno ya no viene al caso), así que me entró la curiosidad y me asomé para ver. Mi sobrino se estaba desnudando de espaldas, podía ver a través de la puerta un espejo enorme que deja ver todo el baño, así que pude ver el cuerpo de mi sobrino completamente desnudo. Y debo decir que lo que vi me puso muy caliente, ese cuerpo marcado por el ejercicio y una verga de unos 20 cm muy gruesa, que de solo verla en el espejo me hizo pasar saliva, pero él era mi sobrino así que dejé de espiar y volví a la sala al tiempo que mi esposo llegó con los niños.

    Esa noche no podía dejar de pensar en lo que había visto, me sentía muy caliente, así que esa noche apenas apagamos todas las luces después de que los niños se durmieran, me le tiré encima a mi esposo literalmente, le quité el pantalón de la pijama, yo me desnudé rápidamente y empecé a mamársela, imaginándome que era la verga de mi sobrino, que es mucho más grande que la de mi esposo. Luego me subí encima y empecé a cabalgar la verga de mi marido como una loca, mientras cerraba los ojos y pensaba que era la verga de mi sobrino la que estaba cabalgando, así que empecé a gemir más y más fuerte (yo hago mucho ruido cuando estoy excitada) pero mi esposo no duró sino 5 minutos y terminó, de repente oí unos pasos afuera del cuarto, pensé que uno de los niños se había despertado, así que solo me puse una bata y salí a ver. Pero no había nadie y justo cuando salí la puerta del cuarto de mi sobrino se cerró.

    Luego de eso nada raro volvió a pasar, o bueno solo que cuando tenía sexo con mi esposo mi sobrino le gustaba escuchar mis gemidos, yo escuchaba cuando caminaba hacia mi cuarto, esperaba que termináramos y se iba. Pero mi sobrino nunca intentó sobrepasarse conmigo ni nada, solo que empezó a ser muy atento, me ayudaba en las cosas de la casa, con los niños, ayudaba a mi esposo, era el inquilino perfecto.

    Así por 3 meses hasta que un día mi sobrino me dijo que si podía quedarse en su cuarto con una chica, la pregunta me sorprendió, pero no me opuse, ya que su cuarto es pegado al mío y el de los niños es al otro lado de la casa así que no habría problema en caso de que hicieran ruido (y supe que hicieron ruido).

    Esa noche cierta sensación de celos por mi sobrino, hizo que buscara a mi esposo para que tuviéramos sexo, pero cuando yo empecé a mamársela a mi esposo, los sonidos de la otra habitación empezaron a llegar, y que sonidos, mi sobrino le estaba dando una culeada a esa mujer muy buena, se escuchaba como los gemidos de la chica eran ahogados contra la almohada mientras, mi sobrino le daba palmadas y la penetraba a toda velocidad.

    Eso me excitó a mí de sobremanera, así que me puse arriba de mi marido y empecé a moverme de arriba hacia abajo y a gemir duro para que mi sobrino escuchara que yo también me estaba divirtiendo, pero mis gemidos solo duraron unos 5 minutos, hasta que mi esposo acabó, mientras ellos duraron al menos unos 20 minutos. Eso me dejó bastante molesta y mi esposo suelta el comentario «perdona que ya no estoy tan joven» y se acostó a dormir. Yo me quede escuchándolos hasta que acabaron.

    Estaba bastante frustrada así que me puse solo la bata y salía a la cocina a tomarme un vaso con agua, pero al prender la luz, mi sobrino estaba desnudo en la cocina tomando agua, pero él estaba al otro lado del mesón que queda en el centro de la cocina, así que no se veía su verga, pero si su pecho y abdominales.

    -Perdona tía, que pena, no pensé que fueras a salir a la cocina.

    -No te preocupes (me serví mi vaso con agua y empecé a tomar), te estabas divirtiendo por lo que veo.

    -Tú también por lo que escuché…

    -… umm… Si algo así, pero no tanto como tú, saliste un buen semental Jajaja

    -Pues ahí se hace lo que se puede tía, aunque la chica no aguantó y dijo que paráramos, pero bueno estuvo divertido.

    -O sea que no terminaste?

    -No aun no, pero ella ya está durmiendo así que ni modo.

    -Ya veo ¿y me vas a dejar ver que tanto has crecido desde que me fui del país? Muévete hacia acá donde pueda verte. (Yo ya estaba completamente mojada, ya no pensaba con claridad).

    -No no tía me da pena, a menos que tú me dejes ver cómo te has puesto en estos años, quitándote la bata. (Me sonrió pícaramente).

    -Pícaramente tan gracioso, después de estar comiéndote a una muchachita jovencita, no vas a querer ver este cuerpo de una señora de 37.

    -Claro que si me gustaría ver.

    Él se quitó del mesón y se fue acercando hacia mí, ya tenía una erección, esa verga se veía como de película.

    -Si te parece que he crecido tía? (empezó a jalarse la verga)

    -Si… Si… sob… rino, has crecido bastante.

    -Si te quitas esa bata tía, te dejo que me la toques.

    -Y quien dice que quiero tocarla?

    -Pues no le has quitado la mirada de encima, y tus pezones se están empezando a notar, desde que me viste acá tomando agua.

    -Que… que… observador eres.

    -Vamos tía (tomo mi mano y la puso sobre su verga, que estaba dura, dura como nunca antes había sentido una verga)

    Sin quitar mi mano de su verga, me despunté la bata con mi otra mano y quede desnuda frente a él, yo ya no estaba razonando, estaba demasiado excitada, por los gemidos que había escuchado antes, porque mi esposo no me había hecho terminar y además porque la verga de mi sobrino estaba tan caliente y dura que no podía resistirme.

    Apenas quedé desnuda mi sobrino me agarró de las nalgas y me trajo hacia él, comenzando a chupar mis tetas como si fuera un bebé, al tiempo que introducía dos de sus dedos en mi chochita, la cual ya estaba bastante mojada, empezó jugar con sus dedos hasta que mis gemidos empezaron a salir, pero él me silenció besándome muy apasionadamente.

    Yo apagué la luz para que no nos descubriera, pero justo cuando mi sobrino se giró y me puso contra el mesón para metérmela, una de las puertas se abrió, uno de mis hijos estaba llorando porque había tenido una pesadilla, y venia hacia la cocina.

    Yo me puse la bata rápidamente y fui a acostar a mi hijo nuevamente, mientras mi sobrino se había escondido en la cocina para que mi hijo no lo viera desnudo.

    Continuará…