Autor: admin

  • El mesero y mi esposa otra vez

    El mesero y mi esposa otra vez

    Recordando el relato pasado, donde les conté que todo indicaba que un mesero se había cogido a mi esposa, quedé con la duda, molesto, caliente, más caliente que molesto, imaginando a mi esposa bien ensartada por aquel tipo.

    Después de lo que pasó en esa noche de copas de mi esposa, ella estuvo como 2 días muy seria, distante, como pensando lo que hizo, probablemente arrepentida, preocupada probablemente de que lo hizo sin condón, o a lo mejor quedó caliente y seguía imaginándose como la atravesaban.

    Yo, aun sin poder creer esta situación, viendo a mi mujer todos los días, levantándose temprano, dándole de almorzar a nuestros hijos, tan limpia tan pura, me decidí a comprobar si se la habían cogido o no.

    Regresé un día a aquel salón de fiesta donde estaba el mesero ese, no había evento, estaba abierto, así que entré, había gente haciendo el aseo, y pregunté por los meseros, le dije al encargado que tendría un evento y que quería me facilitara el número de los meseros, ya que el día tal asistí a una fiesta y me gustó el servicio, me dio el número, me comuniqué y me contestó una persona, hable con él de esa fecha y le comenté que me gustó el servicio, que tendría próximamente un evento y que me gustaría que asistiera todo su equipo, todos, ni uno menos, en especial, el mesero que me había atendido. Me preguntó su nombre, le dije “creo se llama Juan”, me dijo “si, ya sé quién es, no trabaja con nosotros, pero lo voy a llamar”. Le comenté que no le dijera que lo estaba buscando porque se fuera a molestar o a sentirse apenado, me dijo que no había problema, quedé en llamarle al día siguiente para confirmar la fecha.

    Después de colgar regresé a mi trabajo pensando, y ahora que rayos voy a celebrar!!!

    Estando ya en la oficina busqué y pregunté de quien era el cumpleaños próximo, para mi fortuna seria el cumpleaños del jefe de área, Carlos, era un amigo mío, por lo que me acerque a él y entre platicas le dije “ya casi viene tu cumple”, “si -me dijo- la próxima semana”, y le dije “que vamos a hacer o qué?” me dijo “no tengo nada planeado, mi esposa no quiere hacer algo grande”, le dije “no te preocupes, vamos a la casa y ahí hacemos unas carnes asadas, sirve que Luisa platica con Carolina de sus cosas”, me dijo “estaría bien fíjate”, le dije “no se hable más, no voy a aceptar un no, así que ya está todo para el viernes”. En ese momento sentí que se me paró el miembro al saber que se iba armando mi plan.

    Regresé a casa y le dije a mi esposa:

    -Fíjate que Carlos cumple años el viernes y le ofrecí que hiciéramos unas carnes aquí en la casa, ya ves que su esposa anda un poquito estresada por él bebe y no quiere salir.

    Me dijo que estaba bien, que ella ya necesitaba un relax, que hacia ella, le dije que no se preocupara, que para ese día contrataríamos servicio de meseros y de cocina, para que nosotros solo disfrutáramos la fiesta, le gustó la idea, nuevamente sentí que mi miembro se levantó al ver que todo iba muy bien.

    Llegó el día esperado, ella se vistió con un vestido hasta las rodillas, blanco con negro, una blusa con un escote discreto, ropa para comer en el jardín, le dije que no se preocupara de nada que se fuera al jardín a ver como habían arreglado las mesas. De repente llegaron los meseros, vi que entró este tipo y él al verme parecía que había visto un fantasma, se quedó serio, me acerqué a él y él dio un paso atrás, pensó que le reclamaría, pero le dije “oye, tu eres el mesero de la otra vez, de la fiesta tal”, me dijo, “sí señor”, le dije, “oye discúlpame, creo que me porté grosero contigo aquella vez, las copas se me habían subido, pero bueno, al final de hoy te daré una buena propina para que no tengamos detalles”, él sonrió y me dijo “claro, sin ningún problema señor”, le dije “pásale por favor, allá en el jardín está mi esposa, ella les va a decir que hacer”.

    Él caminó al jardín y yo me acerqué a la ventana, ella al verlo vi que de inmediato se levantó de donde estaba y cambió de color, se puso muy seria y volteo para todos lados, se acercó a él despacio y platicó con él, no sé qué le habrá dicho, pero vi que se quitó la corbata y se acercaba a la puerta. Al ver esto, rápidamente me acerque a él y le volví a saludar, le dije que como veía el lugar, me dijo que bien, pero que él tenía que retirarse porque tenía otro evento y que lo mandaron llamar, le dije que no se fuera, en eso se acercó mi mujer y preguntó “qué pasa?” de manera muy temerosa, le dije, “es que mi amigo ya se va”, y ella dijo, “pues déjalo, tendrá algo importante que hacer, aquí con los meseros que hay es suficiente”, le dije que no, que yo quería que él se quedara a ayudarme, que tenía una deuda con él y que se quedaría. Ella molesta se retiró del lugar.

    Transcurrió la fiesta y yo los miraba de reojo, de repente se volteaban a ver, no se dirigieron la palabra, entonces lo que hice es empezar a darle de beber a mi mujer, me acercaba a la mesa y brindaba, me iba otra vez, le dije a algunas de las invitadas que le invitaran copas, que estaba un poco estresada por su trabajo, empezó a beber ella y yo también. Entonces vi por fin que ella se acercó a él y platicaron un poco, los vi a lo lejos, así que me apuré a donde estaban y le dije al mesero, “tómate una copa conmigo”, mi esposa me dijo “déjalo, él está trabajando”, le dije” nada nada, tú también”. El mesero aceptó la copa y los tres nos tomamos un tequila.

    Pasó el rato, me encontraba al mesero y nos tomábamos otro tequila, le mandaba copas a mi mujer y ya se veía un poco ebria, los invitados se iban retirando poco a poco, y cuando ya quedábamos pocos le dije al mesero “ven, siéntate con nosotros”. Solo quedábamos dos mesas, una de hombres y una de mujeres, de reojo veía que mi mujer volteaba a vernos, no sé si con temor de que me enterara de algo o con calentura de que ya estaba tomada y se acordó de que la cogieron.

    Pasaron las horas y empecé a actuar como si estuviese muy alcoholizado, la última pareja que quedaba decidió retirarse, así que solo quedaba el mesero, mi esposa y yo. Le dije al mesero “tomate la última copa conmigo”. Nos metimos a la casa, mi esposa estaba sentada a mi lado, se paró a dejar algo, el mesero fue por su celular al patio, así que tiré la copa en una maceta y me acosté en el sillón, roncando.

    Llegó mi esposa y me vio, me movió y trató de despertarme, entró el mesero e hizo lo mismo, me movió y trató de despertarme, le dijo mi esposa “pues bueno, ya se acabó la fiesta”, el mesero movió la cabeza y dijo “sí, me voy a retirar”, mi esposa le dijo “te acompaño”. Caminaron a la puerta la abrieron, la cerraron y se dirigieron al lobby.

    En ese momento empecé a escuchar que ella decía en voz susurrante, así quedita para que no se escuchara, “shhh no quiero volver a verte por favor, no te acerques a mi casa”, y él le decía que él no sabía, hasta llegar a la casa, se quiso retirar, pero que yo no lo había dejado, ella le dijo que estaba bien, pero que ya no lo quería volver a ver, y él le respondió, “a poco tan malo estuvo todo”. Ella no respondió, se quedó callada, escuché que abrió la puerta, entre ojos vi que se asomó para ver si seguía dormido, así que yo empecé a roncar más fuerte, ella volvió a cerrar la puerta y le dijo “no, no estuvo mal, estuvo delicioso todo, pero no estuvo bien”, él le respondió “así que delicioso, que tan delicioso”, ella le dijo “muy rico, pero no estuvo bien”.

    Empecé a escuchar la voz de mi esposa un poco más fuerte, pero sin querer despertarme “¡suéltame! hazte para allá por favor, Juan hazte para allá por favor, entiende lo que pasó fue un error, no puede volver a repetirse”, ella seguía hablando y se escuchaba como que la intentaba besar este tipo, y entrecortado se escuchaba “déjame, entiende, ya vete”. Se escuchaba que la estaba besando.

    De repente dejé de escuchar su voz y empecé a escuchar el ruido de que se estaban besando, un rato, empecé a escuchar así como pujidos de mi esposa, yo estaba acostado en mi sillón y solo podía escuchar, tenía muchas ganas de levantarme e ir a ver, pero me descubrirían, quería dejarlos para ver hasta donde llegaban.

    Volví a escuchar despacito que le dijo mi esposa “no no no, por favor, no está bien, ya vete, no entiende que no, por favor, que estás haciendo, deja eso por favor, vete, me vas a meter en problemas, vete por favor, guárdate eso!!”. En ese momento yo dije no maaa, ya se sacó el miembro este tipo, en ese momento tenía el miembro babeando y muy parado, y yo solo podía seguir escuchando.

    De repente escuché que le decía “vete vete”, en voz entrecortada y de repente escuche un “ahhh!!!” de mi esposa, dije ya se la metió, otro “ahhh! uhhhh! Despacito”, se la estaba cogiendo ahí en mi lobby, empecé a escuchar pequeños gemidos de ella y de él, muy despacio y al poco tiempo escuché que el tipo pujó más fuerte, ya se había venido, me imagino que dentro de ella, y sin condón nuevamente, porque no se pusieron condón ni nada. Escuché nuevamente como si se besaran y él dijo “ya me voy”, ella le dijo “si vete ya por favor, ya lograste otra vez hacerme lo que quisiste”, y él le contestó “si y las que faltan”, ella no dijo que no, solo le dijo “ya vete ándale”.

    Escuché la puerta de la calle, se abrió y se cerró, ella entró a la casa, fue a moverme nuevamente, me habló, yo seguí haciéndome el dormido, entonces ella se fue a la recámara y escuché la regadera, se fue a lavar sus babas de aquel cabrón y su leche.

    Después de bañarse nuevamente me fue a hablar, y yo me moví y pregunté que pasó, me dijo “te quedaste dormido, ya todos se fueron desde hace rato”, le dije “ya todos?”, me dijo “si, desde hace rato, yo ya estaba dormida”, y yo dije entre mi aja si putona, le dije “aquí me voy a quedar tu vete”, así que ella me dio un beso y se fue. Me quedé pensando que mi esposa, muy tranquila ahora, a diferencia de la vez pasada me dio un beso y me dijo buenas noches, cuando ella se fue, me masturbé y me vine a chorros de tan caliente que estaba yo.

    Esa fue la segunda vez que yo supe que me fue infiel mi esposa, después les contaré otra ocasión que supe.

  • En una farmacia

    En una farmacia

    Salí a comprar algunos implementos para cumplir una de mis fantasías (sexo anal) con mi amante. Llego al establecimiento, me atiende una mujer de aproximadamente 25 años, le solicito que me venda unos preservativos, lubricante íntimo y una pera de goma, de reojo noto como hace una mirada de sorpresa y su vez se alcanza a sonrojar, sonrío y procedo a mirarla fijamente a lo cual ella no logra mantener su vista en mí.

    En la registradora, pago por lo adquirido y me entrega las cosas, aprovecho el momento y suelto una pregunta indiscreta «¿Me garantizas que funcione?», a lo que ella se ruboriza nuevamente y responde «Tal vez», entonces pregunto «¿Podríamos probarlo?», se da la vuelta y doy por hecho que me he excedido. A lo que me giro para retirarme ella exclama «¡Espera!», me doy cuenta que se había girado a tomar las llaves del negocio, sale del mostrador, me mira con un poco de seriedad y complicidad mientras se acerca a la puerta.

    Cierra con llave y me invita a seguir al área de inyectología, me acerco a la camilla y dejo las cosas allí, voy al baño y busco un tazón para llenar con agua, al momento de salir veo que se encuentra sentada en la camilla y se ha quitado la bata, las miradas lo dicen todo (ya sabemos a que va esto).

    Le digo que se ponga en cuatro en la camilla, afortunadamente veo una mesa cerca, en donde dejo el tazón con agua, desempaco la pera de goma y empiezo a llenarla. La chica está ansiosa y lo siento de cerca cuando bajo su pantalón, al ver ese trasero y esas bragas inician mi excitación, luego, bajo sus bragas y aprecio sus partes desnudas, su ano y vagina expuestos a mí.

    Ya empiezo a imaginar ese ano llenándose de agua, pero antes, juego un poco con su vagina y clítoris, froto un poco e introduzco un par de dedos dentro de su vagina, sintiendo su calidez y humedad, también comienzo a escuchar leves gemidos de parte de ella, luego acerco uno de mis dedos a su ano humedeciéndolo con sus fluidos.

    Abro el lubricante íntimo e impregno la punta de la pera de goma, la cual acerco a su ano y empiezo a introducir lentamente mientras le pregunto «¿Todo bien?», asiente con la cabeza y procedo a oprimir la pera comenzando a llenar sus intestinos, a lo que ella da un leve brinco, por supuesto, está fría el agua. Extraigo la pera de su ano y ella lo aprieta para no dejar salir nada, recargo nuevamente el utensilio, nuevamente lo introduzco y comienzo a vaciarlo dentro de ella. La excitación me invade, mi pene esta con una considerable erección, retiro la pera de su ano y comienzo a frotar su vagina y clítoris, le comento a ella «La pera funcionó, ahora debemos revisar otra cosa», mientras digo eso voy sacando mi pene, destapando un preservativo y colocándolo rápidamente, vuelvo a tocar sus partes íntimas, acercando mi pene a su vagina y lo introduzco lentamente, se le escapa un gemido casi en tono de sorpresa.

    Comienza la penetración, una y otra vez mi pene va entrando y saliendo de su vagina, ella no contiene sus gemidos que van saliendo a la vez que estoy dentro de ella, lo hago suave, con firmeza y constantemente, me excita pensar en ella sintiendo la penetración junto con esa carga de agua en sus intestinos. Continua el acto, sus gemidos se hacen más intensos, lleva una mano a su ano acercando un dedo a este, posiblemente para evitar que se escape algo de allí, siento su vagina apretándose, sus gemidos en aumento, su temperatura sube y tiene un orgasmo.

    Al instante se va al baño a descargar el líquido que tenía dentro de ella, se sube a la camilla, vuelve a ponerse en cuatro y dejo nuevamente 2 cargas de agua en ella, la dejo ir al baño confirmando que ha quedado limpia en esa parte.

    Antes de subirse a la camilla, ella se quita la camisa y el brasier, vaya sorpresa, ese uniforme ocultaba su bello cuerpo, armónico, con senos pequeños bien redondos, caderas anchas y… un buen trasero. Yo tampoco me quedo atrás y me desvisto, para estar a la par.

    Sube a la camilla, se coloca nuevamente de perrito abriendo sus nalgas pidiéndome que vuelva a penetrar su vagina, acerco mi pene y lo introduzco, está muy mojada, entra fácilmente esta vez no me contengo, comienzo a penetrarla de manera más intensa, mientras agarro sus senos y froto su clítoris, ella empieza a gemir con mucha pasión, se levanta y agarra mi cabeza quedando de espaldas pegada a mi permitiéndome escuchar sus gemidos mas de cerca.

    Continúo penetrándola constantemente, froto sus pezones, froto su clítoris, hasta que nuevamente tiene un orgasmo que la deja enmudecida unos segundos, vuelvo a bajarla de perrito sigo penetrando su vagina, esta vez suavemente, para dejar que descanse de su agitación.

    Destapo el lubricante y lo impregno en mis dedos los cuales acerco a su ano y comienzo a introducirlos, uno… muy lentamente no muy profundo, estimulando su ano para que se dilate, ahora dos… entran profundamente para darse paso dentro, le pregunto si todo está bien, entre gemidos me contesta con una «ajá», luego entran 3 dedos… se ha dilatado lo suficiente, sigo preguntándole y ella sigue afirmando, «¿Estás lista?» pregunto ahora, ella contesta que sí.

    Ahora está boca arriba, con las piernas abiertas, me encanta esa vista, veo todo su cuerpo, sus senos con sus pezones duros, su abdomen, sus caderas, su vagina húmeda y mis dedos jugando con su ano, me quito el preservativo, acerco mi pene a ella y me aplico lubricante.

    Mi pene comienza a introducirse en su ano, se siente cálido, apretado y suave, sigo preguntando a medida que sigo penetrando, luego lo retiro, lo introduzco, lo retiro, lo introduzco, muy suavemente, no tan profundo, luego, no es necesario preguntar más, comienzo a aumentar el ritmo y su profundidad.

    Sigo penetrando una y otra vez, ella gime suavemente, se toca los senos y frota su clítoris, yo continúo constantemente sintiéndola toda por dentro, ella aumenta la intensidad de sus masajes en sus partes, a veces introduce dedos en su vagina, gime un poco más, yo también comienzo a excitarme mucho más, observándola y sintiendo todas esas sensaciones, comienzo a sentir su ano apretado, ella me dice «No pares» a lo que intuyo que va a terminar nuevamente. Me excito mucho más, mi pene se pone más duro, su ano más caliente y apretado, todo eso entre gemidos y mucho deseo.

    Siento su cuerpo temblar, siento su respiración intensa y siento como mi pene se tensa dentro de ella, nos dejamos llevar, terminando al mismo tiempo, mi pene inunda sus entrañas de semen y ella, se pierde en un orgasmo nuevamente.

    Retiro mi pene y ella se levanta, va al baño corriendo a descargar el semen que dejé dentro de ella.

    Nos vestimos, no decimos nada, solo un buenas tardes, queda la grata experiencia y bueno, esa noche espero a mi amante…

  • Mosquita muerta: ¡Dame por el culo mi amor!

    Mosquita muerta: ¡Dame por el culo mi amor!

    Pasaron alrededor de seis meses para poderme llevar a Melody Nicole a la cama.  Ella tenía alrededor de unos 33 años y yo tenía mis 36 por ese tiempo y desde que la vi, me gustó ese sensual y bello rostro y, su espectacular cuerpo con un trasero de ensueño. Trabajaba en un restaurante bar peruano que por pura casualidad visité y ella me atendió y desde ese momento me obsesioné por algún día probar ese hermoso trasero que tiene. Regularmente vestía pantalones vaqueros con blusas escotadas que dejaban ver una buen porción de unos generosos y redondos pechos y no sé si lo hacía adrede, pero muchas veces se agachó y no recuerdo las circunstancias, pero me dejaba ver la tanga que vestía. Siempre que hizo lo mismo llevaba tangas y la verdad era el foco de atracción a pesar de que había chicas más jóvenes y preciosas, pero no con ese espectacular culo que tiene Melody Nicole.

    Fueron muchas veces las que rechazó mi invitación a salir. Decía que era divorciada, que estudiaba en un colegio comunitario cuando no trabajaba y que su vida era muy ajetreada y que por cuestión de su divorcio se estaba dando el tiempo para pensar lo que deseaba hacer con su vida. La razón porque seguí yendo al restaurante a pesar de sus rechazos, era porque sentía que nos atraíamos mutuamente y ella en algo me coqueteaba. En esos meses de platicar me confesó que era estéril y, que eso había contribuido para llegar al divorcio y luego que su ex, según ella, era muy machista y extremadamente celoso. Siempre me hacía bromas de doble sentido e incluso llegó a indagar de mi vida sexual y eso abrió la ventana para de alguna manera conllevar con cierto morbo las pláticas.

    Un día de repente, creo que no me había acercado por dos semanas consecutivas y esa tarde me dijo de una manera más directa: – ¿Ya no me has invitado más a salir contigo? – La verdad que ya me había hecho la idea de que Nicole era de esas que le gusta calentar huevos, pero no te dan nada. Ese día le dije, que cuando ella se animara a salir, saldríamos donde ella quisiera. Me dio una sonrisa sensual y me dijo: ¿Qué te parece mañana, tienes tiempo? – Obviamente que haría lo imposible para posponer lo que debería posponer para intentar follarme a esta linda chica. Tenía el cabello castaño y ondulado y lo usaba corto; rostro alargado, ojos almendrados, cejas finamente depiladas, labios delgados, nariz pequeña y puntiaguda, de unos pechos de copa C por lo menos y redondos y unos glúteos que con sus pantalones vaqueros se le miraban firmes. Ese día me dijo que fuéramos a caminar a un lago que queda cerca del lugar.

    La recogí de un estacionamiento de un centro comercial y manejamos unos 30 minutos. Llevaba un bustier color naranja que me dejaba ver su ombligo y por primera vez la veo en una minifalda. Sus piernas son alargadas y tiene unos muslos bien definidos que hasta me vi obligado a preguntarle donde se ejercitaba y para mi sorpresa me dijo que solo caminaba, eso era todo su ejercicio. Caminamos por unos 30 minutos alrededor del lago, el cual tiene unos caminos solitarios y por ser día de semana, no miramos a nadie, excepto otra pareja con sus hijos jugando en la playa en la distancia. La tomé de la mano y ella accedió y luego llegamos a un lugar solitario con muchos árboles y maleza y la tomé de su cintura desde su espalda y le di un beso en su cuello. No dijo nada y continué mordiéndole uno de sus lóbulos hasta que de escucharla suspirar le di vuelta y le besé sus labios. Ella correspondió y nos besamos como si fuésemos enamorados y me bajé por su cuello y pude ver como Nicole se excitaba, su piel se erizaba. Di un vistazo alrededor y me voy a sus suculentos pechos, cuyos pezones estaban erectos y se podían ver a pesar de lo grueso de la tela de su bustier. Le subí el bustier abruptamente y me quedaron los pechos libres y me dediqué a mamarlos como loco. Su respiración se aceleró y ella quizá presintiendo mis intenciones me dijo algo así: ¡Tony, aquí no! – Me hice el sordo y seguí mordiendo y mamando esos pezones redondos y solidos que tenía y le puse mi mano entre sus piernas y poco a poco con unas insinuadoras caricias llego hasta su sexo mojado de la excitación y sobre su tanga comienzo a masajear su clítoris. Me volvió a decir: -Tony, aquí no por favor! – Hice caso omiso y solo me cercioré de que no hubiese ningún ruido a mi alrededor y continué mamando sus pechos e invadiendo su sexo con mis dedos. Hice su tanga de un lado y dos de mis dedos comenzaron a entrar y salir lentamente de la vagina de Nicole. Creo que a ese punto la excitación era más grande que el miedo a ser sorprendidos y se entregó al placer que hacía hasta movimientos pélvicos. Viendo su reacción comencé a chaquetearle su clítoris con mis dedos y se oía ese chasquido y Nicole me lo anunció: – ¡Tony, me corro! – y me abrazó, me pidió que le soltara los pechos y solo se escuchó su gemido que intentó ahogarlo lo más que pudo. El ambiente silvestre olía al sexo de esta linda chica venezolana de nombre Melody Nicole.

    Ella hizo lo mismo y se cercioró a que no hubiese nadie alrededor y me sacó la verga de mis pantalones. Era una delicia ver a esta chica como se fue metiendo centímetro a centímetro mi verga hasta lo que pudo. Me dio una felación delicada y divina y solo me pidió que no me viniera en su boca. La chupó como quiso y cuando sentía que tocaba el cielo se lo anuncié y me la pajeó con sus manos hasta ver salir mi esperma disparado a colisionar con las hojas de un arbusto silvestre. Caminamos hacia los baños públicos, nos lavamos el rostro y pensé que nos iríamos a algún motel, pues yo se lo insinué, pero ella me dijo que lo dejáramos para entre dos días, que tendría la mañana libre y que nos encontráramos en un motel. Nicole nunca me pidió mi número de celular y cuando yo le pedí el de ella, me dijo que no acostumbraba a dar su número a nadie. Ella enfatizó: Sí te digo que estaré allí en el motel a las 9 de la mañana, allí estaré sin falta. Pensé que era parte de su misterio y de la manera que ella se manejaba.

    Llegó el día de la cita en el esperado motel. Ella conocía mi coche y de repente la veo venir caminando. Este día venía con los típicos pantalones vaqueros, una blusa amarilla y zapatos de tacón. Quizá medía un metro y setenta o algo más. Entramos juntos a recepción, nos dan la llave y nos vamos a encerrar. Ella me dice que puede estar conmigo hasta la una de la tarde. Comenzamos a comernos a besos, esta vez soy yo quien comienzo dándole sexo oral. Lleva una tanga negra, su conchita totalmente depilada y ahora veo un pequeño tatuaje de por encima de su monte venus y es una mariposa en vuelo de color amarillo. Ella gime al contacto y me hala con sus manos y le meto mi lengua en ese saladito hueco. Le chupo el clítoris y se lo halo y me dice: ¡Que rico, me vas hacer acabar! Le gusta que le mordisquee el clítoris y que le hale los labios de su conchita, la cual es una diminuta raya. Ella hace ese vaivén recibiendo mi lengua y con esos movimientos pélvicos explota con su primer orgasmo. Gime y grita: ¡Me hiciste acabar!

    Como es supuestamente infértil, no compré protección y Nicole ni lo mencionó. Ella me había dicho que le gustaba de perrito y así la puse. Le metí mis 22 centímetros lentamente y ella me dijo: ¡Tienes un miembro grande… definitivamente se siente divino! – La comencé a pompear y es un paisaje, un paraíso divino mirar a esta chica en posición de perrito con tremendo culo. Un culo con un ojete rosadito y unas nalgas de infarto que a cualquier hombre sin experiencia hace acabar con solo mirarlo. Con cierta desconfianza le puse mi pulgar en el ojete y se lo comencé a sobar por encima. Ella lo aprobó diciendo: ¡Que rico Tony… me encantan tus embates mientras me masajeas el culito! – La verdad que me sorprendía pues en los últimos días era más abierta conmigo, pero no pensé que se comunicara conmigo la primera vez con tanta confianza. Lo que me sorprendió fue su petición y me lo decía cuando le taladraba la conchita en posición de perrito: – ¡Tony, méteme la verga en el culo! -Pensé que había escuchado mal, pues estábamos ambos agitados, pero ella me lo dijo de nuevo: Tony, cógeme por el culo. – Siempre he tenido que rogar a chicas para cogérmelas por el culo y aquí estaba con la hermosa Nicole, con un trasero despampanante y pidiendo que le meta la verga en el culo. Le escupí el ojete, le saqué mi pulgar de su ano y sin pensarlo mucho, me acomodé para follarle el culo a esta linda mujer. Me dijo nuevamente: ¡Cabrón, que rica pija tienes… rómpeme el culo mi amor! – Le taladré el culo hasta morir, ambos sudábamos de un vaivén de sexo duro porno. La halé del cabello y me pidió que le pegara en las nalgas y de esa manera explotó con un potente orgasmo que parecía que lloraba. Me iba a venir cuando ella me decía, dame más, mi amor, que me vengo otra vez. Tuvo dos orgasmos anales seguidos y ya no pude más y me vine es su culo. Pasamos cogiendo toda la mañana, pero entre todas las posiciones, la de perrito y ella montando a la inversa es lo que más le gusta a Nicole. ¡Que maravilla y que culo más espectacular el de esta chica!

    Me la cogí en tres ocasiones en un lapso de un mes y luego me desaparecí, ya había logrado lo que tanto había ansiado. Yo no tenía un número de contacto ni ella de mí. Pasaron los meses y como al año y medio un día mi hermana me pide ir a asistir a un inquilino. Ha habido tormentas y en esta casa, dos árboles han caído obstaculizando la entrada del guardacoches. Voy y me encuentro con alguien similar a mi edad, un hombre que según me decía, había trabajado con mi hermana y es como supo que ella rentaba propiedades. Él dice recordarse de mí, pero yo absolutamente no me recordaba de él. Esperábamos a los que cortan árboles y con ellos platicábamos cuando se acerca otro coche y él me dice: -Es mi esposa que viene de dejar a las nenas al colegio. -Para mi sorpresa, cuando la veo bajar es la misma Nicole, vistiendo esos pantalones vaqueros bien marcados y que dejan ver esas ricas nalgas que tienen. Ella supo disimular y su esposo me la presentó y ambos actuamos como si nunca nos hubiésemos conocido. Ella entró junto a su esposo a la casa y yo me quedé con el encargado de remover los árboles y este muchacho me dice: ¡Que rico culo se coge ese amigo… que linda mujer!

    Llegó el esposo de Nicole a despedirse, pues él va para el trabajo, solo le preocupaba que su esposa Nicole tendría que ir a trabajar por la tarde y quería saber si los árboles iban a estar ya despejados, pues el coche estaba obstaculizado. El señor encargado le dio la garantía que estaría todo despejado en cuestión de un par de horas. Lo vi subir al coche y hacerle un ademán de adiós a Nicole. Me fui a inspeccionar al patio trasero pues había algunas cuantas ramas en el piso y escucho a Nicole llamándome. Me hace pasar a la sala por la puerta trasera y me dijo: ¡Que pequeño es el mundo… dice mi esposo que trabajaba para ustedes! – Y le dije: Pensé que eras divorciada y que eras estéril y veo que tienes dos lindas nenas. – Se puso como apenada y algo nerviosa y me contestó: – La verdad que me provocaste y me disté mucha tentación y no me pude ya más resistir. – Y luego le pregunté: – ¿Te provoco lo mismo hoy que como lo hice hace más de un año? -Ella solo sonríe nerviosa y me dice: – Creo que sí.

    No lo pensé mucho. Me he ido por sobre de ella a besarle los labios, ella apresuradamente se ha bajado a bajarme los pantalones. Me da una felación corta pero divina y luego ella misma se baja sus pantalones, veo que lleva una tanga celeste, se pone en cuatro por sobre el brazo de un sofá y me dice de la siguiente manera: ¡Tony, rómpeme el culo cariño! ¡Quiero sentir esa hermosa verga en mi culo mi amor!

  • La dependienta se había metido conmigo al probador

    La dependienta se había metido conmigo al probador

    Era un martes por la tarde después de comer y yo había decidido ir a comprar algo de ropa aprovechando que ese día me lo había cogido de vacaciones. Además, pensé que a esa hora no habría nadie en la tienda lo que aceleraría muchísimo todo.

    Nada más entrar en la tienda me alegré de ver que estaba totalmente vacía. Fui directamente a la zona de caballeros para coger unos vaqueros y un polo y de repente oí una voz detrás de mí:

    -¿Le puedo ayudar en algo?

    Cuando me giré vi a una dependienta que me sorprendió realmente por su físico: pelo largo y moreno, piel clara, ojos castaño clarito, unos labios carnosos pintados de un rojo intenso… era chica de estatura media, pero si por algo destacaba era por sus enormes tetas. La dependienta llevaba el típico uniforme formado por una blusa roja (que en su caso se había desabrochado bastante dejando entrever el sujetador negro que llevaba), una falda gris de tubo muy ajustada, unas medias negras y unos tacones negros bastante altos.

    Tras volver al mundo real le dije amablemente que estaba buscando algo de ropa para probarme. En ese momento me indico donde podía encontrarlo todo y donde se situaban los probadores.

    La dependienta se alejó unos metros, pero pude observar mientras elegía la ropa que no paraba de mirarme. Pensé que era debido a que no había nadie más en la tienda y que quería ser profesional para asegurarse una venta.

    Cuando terminé de elegir la ropa fui directamente a los probadores y note como ella también venía conmigo.

    -Métete en uno de los del fondo. Ahí tendrás más privacidad -me dijo mientras me guiñaba el ojo.

    Yo cada vez que miraba a la dependienta no podía separar la vista de sus enormes tetas así que decidí entrar en uno de los probadores del fondo tras darle las gracias.

    Los probadores tenían una cortina de tela para tapar el interior pero, como en la mayoría de los casos, no evitan del todo que alguien pueda ver lo que sucede dentro si así lo desea.

    Ya dentro del probador decidía quitarme el pantalón y la camiseta para probarme todo de golpe. Mientras me quitaba la ropa no pude evitar ver como la dependienta estaba mirándome desde fuera del probador mientras se mordía el labio. El morbo de ver que la chica estaba viendo como me desnudaba hizo que me excitase aún más si cabía lo que se tradujo en una gran erección que se notaba muchísimo en mis boxers ajustados. Fue en el momento en el que terminé de quitarme toda la ropa que la dependienta entró y dijo:

    -Vamos a ver qué tal te queda esa ropa

    En ese momento yo me quedé petrificado y sin saber que hacer o decir pero, curiosamente, la erección seguía ahí y se notaba muchísimo.

    -Mmm… algo tendremos que hacer con eso, ¿no crees?

    De repente y sin decir nada más se giró, cerró la cortina del probador, se puso de rodillas y me bajó los boxers.

    Lo siguiente que hizo fue meterse todo mi pene en la boca de golpe. Fue increíble notar como su saliva húmeda y caliente baña cada rincón de mi pene. Estuvo unos pocos segundos pegando su nariz contra mi cuerpo hasta que se separó y abrió la boca para coger aire. Pensé que tardaría más en volverse a meter mi pene en la boca o que pasaría a masturbarme con la mano, pero no pasaron ni dos segundos hasta que se volvió a meter todo mi pene en la boca. La verdad es que tengo un pene con un tamaño normal (unos diecinueve centímetros y bastante grueso) pero nunca había conocido a una chica que fuese capaz de meterse todo mi pene en la boca de manera tan rápida y violenta.

    Estuvo un tiempo más hasta que se separó se chupo la mano derecha, escupió directamente en mi pene y me dijo:

    -¿Qué pasa? ¿No piensas follarte mi boca?

    Tras acabar la frase me guiñó un ojo y se pasó la lengua por el labio superior mientras no dejaba de masturbar y ver mi pene que en ese momento no podía estar más húmedo y empapado de toda la saliva que tenía.

    Decidí coger su pelo con mis dos manos y en ese momento, intuyendo lo que iba a hacer, soltó el pene, rio un poquito y abrió la boca todo lo que pudo.

    Empecé a follarme su boca de manera salvaje mientras veía como ella había puesto sus manos a la espalda indicándome que podía hacer lo que quisiera con su boca.

    Los ruidos que hacía la cabeza de mi pene al chocar contra su garganta no hacían más que excitarme y, para más inri, pude ver que debido a la fuerza con la que nos estábamos moviendo un hilo abundante de saliva salía de las comisuras de sus labios y caían justo en sus enormes pechos escurriéndose por el hueco que había entre los dos.

    En un par de ocasiones presioné su cabeza contra mi estómago manteniendo todo mi pene dentro de su boca y dejándolo ahí durante varios segundos. Fue en esos momentos donde la dependienta tuvo que utilizar las manos para separarnos mientras le daba una arcada del esfuerzo y le caía aún más saliva en sus pechos, pero al devolverme una sonrisa lujuriosa intuí que eso le gustaba y que podía repetirlo todas las veces que quisiera.

    Tras un rato haciendo esto, ella decidió coger con su mano derecha mi pene y empezar a golpearlo contra su lengua mientras me miraba fijamente. En seguida empezó a lamer y a recorrer con la lengua todo mi pene para acabar en mis huevos donde comenzó a metérselos en la boca e ir alternando entre uno y otro mientras los succionaba y, al mismo tiempo, no paraba de masturbarme con la mano.

    No pude evitar mirar que mi pene entero, aparte de estar totalmente empapado por la saliva, tenía un rojo intenso que el pintalabios de la dependienta me había dejado.

    Fue en ese momento cuando me dijo mirándome a la cara:

    -Córrete en mi boca

    Y empezó a masturbarme cada vez más rápido mientras apoyaba la cabeza de mi pene en su lengua.

    No tuvo que insistir mucho ya que yo estaba a punto de explotar. En ese momento cerré los ojos, eche la cabeza para atrás y empecé a jadear cada vez más fuerte. Era muy excitante notar que ella aceleraba el ritmo conforme yo aumentaba el número de jadeos.

    Cuando ya no pude más solté todo mi semen sobre su lengua. Abrí los ojos rápidamente porque no quería perderme nada de lo que estaba ocurriendo: vi como mi semen cada vez iba llenando más la boca de la dependienta hasta que esta tuvo que cerrarla para que no se le escapara nada. Vi como unas pequeñas gotas salieron de las comisuras de sus labios e hizo un gesto rápido de intentar cogerlo con los dedos. Sin embargo, no fue tan rápida y un poco de semen fue a parar a su falda negra.

    Estuvimos un rato en esa posición mientras mi pene no dejaba de tener espasmos por lo que había sucedido y ella no paraba de mirarme mientras tenía la cabeza de mi pene en su boca y esta repleta de semen.

    No fue hasta que ambos oímos a alguien entrar en la tienda que se incorporó, movió un poco el contenido que tenía dentro de su boca y se lo trago mientras con un dedo cogía las gotas que se le habían caído en la falda y se lo llevaba de nuevo a la boca. Sin decir nada, abrió la tela que cubría el probador se giró, se agachó un poco y me limpió la cabeza del pene que todavía tenía restos de semen. Al acabar se alejó sin decir nada y pude oír unos segundos después como saludaba al nuevo cliente que acababa de entrar.

    Estuve en shock durante unos segundos. Ahí parado con el pene todavía duro, cubierto totalmente de la saliva de la dependienta y dando pequeños espasmos. No fue hasta que oí unas voces que me di cuenta que la tela no tapaba el probador y que yo estaba dentro de este totalmente desnudo. Decidí cerrar el probador vestirme y dejar ahí mismo la ropa que había elegido.

    Recorrí la tienda disparado sin parar a ver dónde podía estar ella hasta que llegué a la puerta y la oí decir:

    -¿Al final no te ha gustado nada? Si cambias de opinión puedes venir cuando quieras.

    Me giré y vi que la dependienta me estaba sonriendo. A los pocos segundos siguió atendiendo a la señora con la que estaba ahora.

    Sin saber que decir salí de la tienda. A la semana siguiente me volví a coger vacaciones el martes con la idea de volver a la tienda. Cuando llegué no la vi por ningún lado. Solo pude hablar con un dependiente que me comentó que la chica que antes trabajaba ahí había dejado el puesto. Nunca más la volví a ver.

  • Primera vez de un adulto (Parte 8)

    Primera vez de un adulto (Parte 8)

    Todo estaba siendo tan surrealista que no podía crear lo que estaba viviendo, me sentía uno poco confundido, star lo noto y me hablo muy tiernamente me explico que el crossdressing es una cuestión de elección que si yo me sentía cómodo haciéndolo pues ella me ayudaría, si solo lo hacía por darle gusto a Alfredo, pues que lo pensara muy bien. Porque no hay peor cosa que hacer cosas solo por darle gusto a los demás aun y cuando eso nos traiga incomodidad.

    Después de una larga y tendida conversación, me di cuenta que quería satisfacer a Alfredo, pero al mismo tiempo me gustaba sentir que él me tratara con la ternura de ser femenina, y realmente me gustaba sentirme así, me gusta la sensación de la ropa interior, me gusta sentirme delicado y que me traten con la suavidad que se trata a una nena, pero eso no significa que quisiera ser transexual o salir a las calles vestido como nena, decidí que para la intimidad era algo que tenía que probar, si eso me hace feliz pues tengo que hacerlo, y si como ganancia voy a satisfacer a mi hombre pues es ganancia.

    Así que nos pusimos manos a la obra, star me ayudo a depilar mi cuerpo, que como ya dije antes no fue difícil, porque soy bastante lampiño, algunos bellos en axilas, piernas y nalgas, pero muy delgados así que no fue difícil. Aunque si debo de decir que me ayudo a aplicar cremas, lociones y tratamientos para hacer mi cuerpo más delicado. Las sensaciones eran maravillosas, me ayudo a escoger ropa, y a usar esa ropa, es un arte saber guardar el paquete, usar la tanga, los zapatos, me lavo el cabello y lo seco, me peino, me maquillo, escogimos la ropa, un vestido negro corto y ajustado, tanga negra de encaje, con medias y portaligas.

    Supe después que todo era porque Alfredo tenía preparada una cena especial, así que le había pedido a star que me dejara muy elegante, así que me dio zapatos de tacón alto, no tanto por mi inexperiencia, con un curso rápido de como usarlos, debo de decir que no es fácil, me divertí mucho y a la vez me sentía cada vez dentro de ese nuevo rol de vida. Me veía en el espejo y no podía creer que era yo, sentía mi cuerpo moverse dentro del vestido, el solo roce de esa tela sobre mi cuerpo, la tanga encajándose en mis nalgas, rozando mi ano, y sentirme tan sexy con las medias y portaligas, me ponían muy caliente.

    Cuando ya estaba casi al 100% preparado, star me dijo que le encantaba como me veía y que había nacido para esto. Me sentía el corazón acelerado a mil por hora, star se despidió de mí, me dijo que lo pasara muy bien, me dejo la mejor de las suertes y me dijo que le llamara cuando quisiera. Que no sintiera vergüenza que me veía preciosa. En ese momento reaccione pensando “preciosa” con a, wow, otro gran cambio en tan poco tiempo, ¿realmente estaba haciendo esto? La repuesta era si, y lo estaba disfrutando.

    Sali del cuarto y Alfredo me esperaba vestido con pantalón de vestir y una camisa azul de botones muy elegante, cuando me vio se levantó inmediatamente del sofá, se le vio muy emocionado, y dijo un sonoro “wow, te ves tan hermosa como pensé que te verías”, volví a pensar hermosa con a, solo acerté a sonreír y preguntar si le gustaba, se acercó a mí, me tomo de la mano, me dio una vueltecita, no paraba de decirme cosas lindas, yo estaba sumamente nervioso, no sabía como actuar o reaccionar, me abrazo y me pidió que me tranquilizara, que estaba con él, que él estaba encantado, me llevo a la mesa, me acomodo la silla, tenía una mesa preparada muy elegante, vino y comida, ni siquiera recuerdo que era, nos sentamos, comimos platicamos, el me trataba con una gran dulzura, me decía lo mucho que le gustaba, que era lo que él quería, y me agradeció el esfuerzo, le hice saber que no era un gran esfuerzo si él estaba feliz, me sonrío.

    Después de un rato nos pusimos de pie, puso algo de música, bailamos, era maravilloso, el guiaba el baile, me abrazaba por la cintura y yo le tomaba por abrazaba por el cuello, mi cabeza se apoyaba en su hombro, no decíamos nada solo bailábamos, era tan increíble, sentía que era como hacer el amor bailando, nos entregábamos el uno al otro, y nuestros cuerpos encontraban el ritmo para seguir los movimientos como un solo cuerpo, sentía como se apretaba contra mí, sentía como pegaba su miembro a mi cuerpo, sus manos recorriendo mi cuerpo, era un momento de mucha sensualidad, a veces creemos que la única forma de tener sexo es penetrando, pero hay mucho más que eso, la sensualidad puede estar por encima de la sexualidad, más si estas con la persona indicada, y yo sentía que estaba con la persona correcta, en el momento correcto y con la ropa correcta.

    Después de un rato, me pregunto que, si quería salir con él, no sabía que contestar, ¿salir a la calle? ¿Así?, me dijo que podíamos ir a un bar de ambiente, que nadie me juzgaría, al principio me negué rotundamente, le dije que prefería quedarme allí, solos, la estábamos pasando muy bien. Por un momento se detuvo y ya no insistió más, pero todos sabemos que cuando un chico quiere algo, no lo deja ir así de fácil, insiste, aunque sea subliminalmente. Así que por momentos dejaba salir una preguntita o un comentario acerca de ir a un lugar.

    Después de mucho preguntar accedí, le pedí que estacionara en la puerta de la casa para solo salir, no quería llamar mucho la atención, me llevo a una discoteca de ambiente, donde había muchas chicas trans, travestis, crossdresser, definitivamente si llamaba la atención era porque me veía mal, nadie le importaba mi ropa o mis gustos. Aunque uno siempre tiende sentir que le miran, no es así, mas creo que lo veían a él, un par de personas se le acercaron para saludarle, me presento con algunas personas, chicas muy agradables, algunas me miraron con envidia, se veía que se habrían llevado de mi lado si yo no lo sostenía de la mano.

    Conseguimos una mesa, bebimos, bailamos, nos reímos, las sensaciones no paraban de llegar, un par de amigo de Alfredo se acercaron pidiendo que nos presentara, me coqueteaban, me sentía muy bien, pero no dejaba de demostrar que mi interés era mi Alfredo, mi chico.

    Después de mucho pasándola bien, le pedí que nos fuéramos que ya me sentía cansado y mareado, el sin pensar dos veces me dijo que sí. Salimos a la calle a buscar el carro que habíamos dejado lejos en una calle solitaria y oscura, al llegar al carro le acosté contra la puerta del carro y le traje hacia mí, le bese con mucha pasión, faltaba lo mejor de la noche, el me apretaba contra el carro, y me tocaba, me metió las manos debajo del vestido y apretaba mis nalgas yo estaba en el cielo, la sensación de que te levante el vestido y te meta las manos mientras te besa es única, lo besaba más y más, con mi mano derecha empecé a acariciar su miembro y se sentía como quería reventar el pantalón, subí mi mano y la metí dentro del pantalón hasta llegar al pene, lo sentí palpitar, deseando salir y atacar, le saque la correa, desabotone el pantalón y le baje el zipper, baje su ropa interior y deje salir ese pene maravilloso, inmediatamente puse mi mano sobre él y lo empecé a acariciar, exigiéndole que se levantara.

    Acto seguido mire a todos lados tratando de ver si había alguien, al no ver a nadie baje, me puse en cuclillas, no podía ponerme de rodillas para no ensuciarme, y comencé a meter ese pene en mi boca allí en la calle, era una situación increíblemente caliente, estaba comiendo su pene en la calle, en la madrugada oscura, el sonido que emitía mi boca succionando y mamando ese pene resonaba por el silencio de la calle.

    Como siempre disfrute mucho de su glande, entendí que por la situación y por estar en la calle no podía ser algo que nos tomara mucho tiempo. Así que pensé que hacerle terminar con mi boca. En eso estaba cuando me tomo de las manos y me levanto, me apretó de nuevo contra el carro y me beso mientras metía sus manos de nuevo debajo del vestido. Esta vez llegaba a mi ano, y me acariciaba y penetraba un poco. Aunque era un poco incómodo, después de un segundo me soltó, abrió la puerta del carro, de la guantera saco un lubricante, pensé siempre está listo para la acción, tenemos que hablar de esto. Aunque no era ese el momento, me halo de nuevo, me dio la vuelta y me acostó contra el capo del motor, allí me levanto el vestido y movió la tanga a un lado y me lubrico. Algo que siempre agradecí porque eso mostraba que no deseaba lastimarme de ninguna manera.

    En un segundo su pene estaba ya en la entrada de mi ano, por el lubricante, la excitación y la práctica, no tardo ni un segundo empecer a penetrar, ese hermoso ritual de entra el glande, para volver a medio salir, luego otro poquito y atrás, otro poquito y atrás, hasta que su cuerpo choca por completo contra mis nalgas. Amo ese ritual, es estupendo sentirse poseído poco a poco.

    En segundos estaba atacándome con cierta dureza, yo solo atinaba a gemir y gozar, era riquísimo, sentía el aire fresco de la madrugada chocar con mis nalgas desnudas en la calle, me daba más y más, me tomaba por la cintura, me poseía entero, estaba súper caliente y deseaba correrse dentro. Así que yo me movía una y otra vez, gozando ese miembro caliente, quizás por los nervios de estar en la calle, el acelero, escuchaba como golpeaba de duro contra mí, solo atinaba a tratar de mantenerme de pie, me temblaban las piernas y de repente uno, dos, tres y cuatro disparos de sus semen en mis entrañas, lléname, por favor lléname, con sus manos me movió el cabello para poder besarme, me di la vuelta, lo bese, le dije que me encantaba que me cogiera, y me beso, yo arregle como pude la ropa, nos subimos al carro y nos fuimos.

    Durante el camino no cabía de feliz, mi corazón se salía del pecho, llegamos a casa como dos enamorados, nos besábamos, entramos, nos tomamos uno segundos para usar el baño. Salí y ya estaba el en cama esperándome en shorts, y yo había escogido camisa blanca suelta y un tanga blanca de encaje, llegue a la cama y me subí sobre el con las piernas abiertas, lo bese, él ponía sus manos en mis nalgas y recorría mi espalda levantando la camisa, seguíamos calientes, me senté sobre él y movía mi cuerpo sobre su pene, calentándole, sentía su pene dentro del short duro y listo para otra ronda.

    En un abrir y cerrar de ojos me dio vuelta, acostado yo en la cama, me quito la tanga y me quito la camisa, se quitó el short, quedamos completamente desnudos, se acostó sobre mí, abrí mis piernas, para dejarle acomodar, me beso, sentía su pene en mi abdomen, que rica sensación, él se movía como penetrando, yo le besaba, le tocaba, le acaricie ese hermoso trasero, se levantó, me dejo acostado con las piernas abiertas, me hizo abrir de piernas y dejar mi anito expuesto a su voluntad, me lubrico como siempre, y así con la dulzura que él me trata me penetro, de nuevo era suyo, como disfruto de tener el pene dentro, no voy a parar de decirlo, es una sensación increíble, la penetración en si es una pasada, el contacto carne con carne, sus anos en mis tobillos deteniendo mis piernas abiertas, mientras me empuja su miembro, duro, le veo su cara de placer, su pelvis moviendo y penetrando, escucho su respiración, le siento dentro, atacando, el ve mi cara de placer y como abro mis brazos para agarrar la cobija, no es dolor es demasiado placer, la mente se desactiva y solo deja funcionando el área referente al placer, baja lo suficiente para besarme y comer mis labios, piernas abiertas con las rodillas en mi pecho, detenidas por sus brazos fuertes, mientras sigue penetrando como un martillo eléctrico, sus movimientos son fuertes continuos, siento todo el miembro entrar hasta el fondo y su pelvis chocar con mis nalgas, y volver a salir hasta dejar solo la boquita sonriente de su glande dentro, luego vuelve a entrar, internamente todo vuelve a contraerse cuando sale y se expande de nuevo con entra, deliciosa sensación que sumando al contacto con tu punto G interno, más la excitación de ser poseído por el macho y mas si es tu hombre, tu dueño, todo se conjuga para el placer máximo. Mi cuerpo esta para darle placer y a la vez recibir ese placer, siento como me domina y controla mis movimientos, mueve mi cuerpo y abre, encoge o estira mis piernas. En un momento le atrapo con mis piernas por la cintura para empujarle hasta adentro me encanta la sensación de tenerle pegado a mí, era maravilloso verle el esfuerzo de no solo entrar, penetra y terminar, sino tratar de que yo sintiera ese placer, si eres activo y lees esto, dale placer a tu pasivo, procura disfrutar, pero preocúpate que el disfrute también, si le ayudas a terminar el sabrá recompensarte.

    me estaba haciendo muy dentro de la cama, me halo de nuevo hacia la orilla y coloco una almohada debajo para que mi culito quedara mas a su disposición, me volvió a colocar mis rodillas contra mi pecho, sentí como su pene llegaba mas adentro que nunca, estaba completo adentro, me perforo todo, rompió mis dos anillos, sentí su glande presionar tanto mi punto G que no podía ni respirar, mi cuerpo se estremecía al máximo, estábamos cogiendo como nunca, me estaba cogiendo con tanto deseo y excitación que ya no sabía ni donde estaba.

    Rápidamente me dio vuelta y me coloco en 4, de nuevo mi culito expuesto, no espero, no dijo nada, lo metió rápidamente, fuerte, seguro y directo, un grito sordo se ahogó dentro mi garganta, ya no podía ni emitir sonidos, sus embestidas eran fuertes, esta calientísimo, me tomaba de la cintura, me daba nalgadas fuertes que me hacían saltar y apretarle el pene, eso le encantaba, y me daba más duro, yo empujaba hacia atrás para sentirle mas adentro y mas fuerte. Me abría las nalgas y me decía que “rico culo tenés” “¿te gusta?” preguntaba una y otra vez, si decía yo, “cógeme” “mételo” “dame”, nunca lo habíamos hecho así, era salvaje, nos deseábamos, me empujaba, en un segundo caí sobre la cama, y él me siguió se acostó sobre mí, me penetro, parecía un niño que saltaba sobre la cama, yo sentía como rebotaba en la cama y como su pene entraba en mis nalgas cerradas, atravesando mi ano hasta llegar lo mas adentro posible, se quedaba acostado sobre mí, y se deslizaba, sentía su pecho apretar mi espalda, sus labios en mi cuello, giraba yo mi cabeza como podía para besarle, el me atendía los besos con gran pasión mientras sus movimientos pélvicos seguían penetrándome.

    Después de un rato, salió de mi y se acostó y yo sabía lo que me tocaba, con gran placer me levante, y me senté en ese hermoso pene, mientras le besaba, con mi mano derecha me ayude para matarme solo, que rico es sentir ese pene palpitante y grueso empujar para entrar, y acomodarte para cumplirle, riquísimo cuando llego al tope, me levante me quede completamente sentado y empecé a cabalgarle, primero moviendo mi cintura en movimiento casi circular, sintiendo ese hermoso miembro abrirme y seguir mi movimiento circular estimulando mi ano, mi intestino y mi punto G. el tomo mis manos y yo me sostenía en ellas casi como si pudiera caerme de placer, después me levante un poco para que el moviera su pelvis arriba y abajo y me penetrara sin parar, rápido, lento, suave, fuerte, solo podía gemir y levantar mi cabeza como un lobo que aúlla a la luna, quería mas y más, me encantan todas sus formas de moverse, el movimiento rápido me hacer temblar las piernas y las manos, y el movimiento lento es maravilloso porque me deja disfrutar cada milímetro de su miembro, cada pequeña parte que se desliza dentro produce una sensación de placer, su paso por el canal intestinal estimula las paredes que al estar llenas de terminaciones nerviosas producen sensaciones que te estremecen el cuerpo y al final llega a tu próstata que es el punta G masculino. En ese momento sientes como tu cuerpo recibe una total descarga de placer, un placer que solo puedes obtener de un hombre, un macho que te llene y que te desee.

    Alfredo me dio vuelta de nuevo y como un experto se quedó adentro sin salir de mí, volvió a dejarme con mis piernas abiertas mientras me seguía penetrando, yo ya estaba alucinando, el tomo mi pene con su mano y empezó a masturbarme, y al mismo tiempo empezó a darme mas y mas rápido, en un segundo yo estaba corriéndome y el empezó a correrse dentro de mí, sus lechazos dentro de mi cuerpo me calentaban tanto que yo sentía que escupía su leche también, su cuerpo cayó sobre mí, le abrace y le exprimí con mi ano lo mejor que pude. Estábamos los dos extasiados, cansados y muy satisfechos.

    Después de eso, Alfredo y yo seguimos juntos por 3 años, durante los fines de semana yo vivía en su casa como su novia, vestía con vestidos sexys que era lo que a Alfredo le encantaba, salíamos a discotecas de ambiente donde podía vestir sexy como nos gustaba, pero todo lo bueno tiene la posibilidad de terminar, Alfredo obtuvo un excelente trabajo en otro estado y yo no podía moverme con él, así que tuve que seguir con mi vida, pero no fue el fin de mis aventuras.

  • Karen. Una puta madura (X): La broma de la Viagrita

    Karen. Una puta madura (X): La broma de la Viagrita

    Como ya expresé en el anterior capítulo de esta serie, había mandado a mi negro Ramón y a Enrique a que le hicieran un apaño a Carmen pero fueron muy traviesos y se habían tomado un cuarto de Viagra cada uno.

    En ese intervalo de tiempo había guardado el video de la filmación del evento en mi disco duro y enviado como me había masturbado viéndolo a Carmen.

    En realidad, estaba ansiosa por probar la doble penetración le habían hecho a Carmen erectos como monos pero los muy idiotas no sabían eso lo había estado viendo en conexión con las cámaras de la habitación de Carmen.

    Esos dos bereberes ya habían salido de casa de Carmen y salvo contratiempo aparente pronto los tendría en casa.

    Así que lubriqué bien mi segundo agujero porque el coño lo tenía completamente encharcado y me dispuse a esperar en la ventana.

    Cuando llegaron los saludé agitando mi brazo y mis tetas a punto estuvieron de salirse de mi escote. Como no podía ser menos a ambos se les marcaban sus vergas tiesas sin haber eyaculado en Carmen.

    Entraron a casa.

    -Hola, chicos. Qué tal? Fingí preguntando no haber visto la escena de ellos con mi amiga.

    -Bien, muy bien, Karen. Tu amiga es muy cariñosa.

    -Ohhh! Pero que bultos más grandes llevan aún mis chicos, no? Les dije poniendo una mano en cada uno de ellos.

    -Pero no veníais ya descargaditos?

    Claro… solo os gusta con vuestra chica…

    -No habréis hecho alguna travesura por el camino?

    Los hombres están obsesionados con el sexo. No diré yo no me gustan las pollas grandes como las de ese par de pichones pero si es cierto a veces hacen no pocas tonterías. Ellos, siempre están pensando en ser atletas sexuales y cosas que a veces se convierten en complejos como tener una verga enorme o eyacular buenas cantidades de leche.

    Parecía mentira con la confianza yo les daba hicieran estas travesuras…

    Me puse de rodillas y saqué sus dos pollas. La de Enrique estaba roja de tanto satisfacer a mi amiga y unos eternos ríos de venas azules surcaban toda su largura.

    La de Ramón parecía iba a explotar pero como era realmente negra tenía el mismo color. Sea lo que fuere me las metí en la boca las dos como pude. Me saqué las tetas para que esos dos maromos me las sobaran a conciencia. Parecían dos burros tocándome con unas manos habían cogido a mi amiga.

    -Uhhh… os habéis puesto cachondos por el camino, chicos? Como vais, ehhh? Son insaciables mis chicos.

    Ramón dijo…

    -Es que nos hemos tomado un poco de Viagra?

    -Ahhh… ya decía yo… seguro habrá sido una ocurrencia de Enrique.

    -Ahora, claro… mis chicos no pueden correrse y andan como locos queriéndolo hacer… Me haréis alguna cosita nueva de esas solo se os ocurren a vosotros?

    Estaba ansiosa porque me hicieran una doble penetración. Quería probar que era eso. Me toqué el coño y destilaba flujo por todas partes un flujo que pese a ir ya bien lubricada me lo pasé por el ano. Estaba otra vez cachonda perdida. Por segundos imaginé como Carmen jadeaba como una loca con esas dos grandes vergas de 19 centímetros una en su orto y otra en su coño haciendo un sándwich.

    -Vaya huevos lleváis de llenos, eh? 4 huevos para mi.

    Era cierto. Sus cojones estaban duros como piedras. Sin duda alguna les deberían de doler a tenor por la presión de sus pollas y lo pequeño de sus testículos. Estaban ansiosos por desahogarlos en mi pero no lo lograban pese a la generosa mamada les estaba haciendo.

    Pero eso no era lo que quería.

    Me puse a cuatro patas en el sofá y con mis manos les abrí mi culo para que vieran como colgaba mi almeja chorreando y como mi culo estaba totalmente lubricado.

    -Vamos, tíos… que me apetece sándwich…

    Lo pillaron a la primera. Enrique se situó debajo de mi clavando su polla en mi coño. Comenzó a moverse sobando y chupándome las tetas y me besaba sin parar.

    Pude observar como las piernas de Ramón se situaban detrás de nosotros anhelando tener su polla en mi culo. Con sus grandes manos comenzó a agarrármelo con fuerza e introdujo su dedo corazón en el que clamaba ya esa polla. La introdujo poco a poco gimiendo desesperadamente hasta que logró calarla hasta sus duros huevos de negro zumbón.

    Cuando lo hizo, un sollozo escapó de todo mi ser. Estaba llena de las pollas de esos hombres. Imaginé que si hubiese un tercero me tragaría su rabo hasta el fondo de mi garganta. Eso me hizo sentir muy sucia y me puso muy cachonda a la vez pero diré a los lectores que aún ensartada por esas dos pollas soy una mujer respetable.

    De vez en cuando, Ramón sacaba su verga y se la untaba de lubricante con sabor a fresa.

    -Qué rabos tenéis. Dadme fuerte, tíos. Alcancé a musitar, si bien no recuerdo del todo esa frase mientas Enrique se metía mis tetas en la boca. De vez en cuando se salía su polla de mi coño y la volvía a meter con sus manos fácilmente, cosa que aprovechaba Ramón para empujar aún más fuerte mi culo cogiéndome de mis grandes pechos de mujer madura con sus negras manos. Sin embargo Ramón y conforme mi culo se dilataba cada vez estaba más dentro de mi.

    -Qué culo tienes, Karen! Exclamó Ramón.

    Comencé a comprimir mi culo y vagina a la vez para atrapar esas dos pollas sin que se salieran. Ellos bramaban de placer al intentar moverlas y sacarlas.

    -Mmmm….!!! No sabía que esto le habíais hecho a mi amiga era tan bueno… chicos… Os lo reserváis, eh? Me voy a correr enseguida y quiero más polla…!

    Efectivamente. Me corrí con esas dos serpientes que se retorcían dentro de mis agujeros. Lo hice como una perra y gimiendo como una loca.

    Llegados a este punto ambos se separaron de mi y me senté en el sofá para reponerme pero sabía lo que querían de mi esos dos golfos…

    Seguían sin poderse correr. Cogieron sus pollas en sus manos y las agitaron con fuerza. Acerqué mi cara a ellas y toqué sus estómagos y muslos que estaban tensos como cuerdas.

    Admiré la fuerza bruta de esos hombres. Siempre pensé que la fuerza de un tío radica en como unos muslos bien musculosos soportan toda la parte inguinal de sus cuerpos. Es una parte del hombre realmente sexy para cualquier mujer.

    -Vamos, campeones!! Os está costando, eh? Eso os pasa por ser tan malos…!

    Primero eyaculó Enrique. Tres terribles descargas de esperma me llenaron las tetas y el cuello de él, pero Ramón no quiso quedarse corto y al verme llena del esperma de mi novio dos inmensos chorros de lefa me llenaron la cara y el pelo de su negra esencia de hombre.

    -Qué marranos, mis chicos… correrse así encima de su mujercita…!!!.Exclamé.

    Por fin se habían desahogado.

    Me fui al baño y me hice una foto bañada en ellos y se la mandé a Carmen quien me respondió…

    -«Uhhh, como te han dejado… Qué raro. Conmigo no se han corrido…».

    -«Es que como son tontos se habían tomado un trocito de Viagra y luego pasa lo que pasa…».

    -«Casi me desarman, Karen… Qué par de animales…».

    -«Pero te ha gustado?».

    -«Bufff! En mi vida había visto algo parecido… Con lo escasa que iba… Acabo de eliminar tu foto llena de la leche de esos dos. No quiero caiga en manos de alguien del pueblo. Lo que nos faltaba, Karen…».

    -«Has hecho bien… aquí están todos muy salidos… y son unos cotillas. De esa traza acabo colgada de seguro en una página guarra.»

    -«Porqué te crees no me he liado con nadie hasta ahora? No me fío un pelo. Luego te ponen de puta para arriba esos paletos. A mi me gusta tu negrito…».

    -«Ya le diré vaya a verte. Oye… que hay para las dos, eh?» Vente mañana a cenar y vemos que pasa…».

    -«Uhhh! Puedo?»

    -«Si. Seguro que se ponen como dos cabestros estos dos pichones. Si los vieras ahora… da gusto. Están largos en el sofá con las pollas tiesas todavía. A pesar de haberse descargado bien aún las llevan grandes. Están exhaustos. Eso les pasa por machitos.»

    -«Eso si, Carmen… vaya pollas tienen. De 19 centímetros como el autor de esta serie.»

    -«Si, van sobrados. No les he dicho nada nunca al respecto porque las comparaciones son odiosas. Pero tienen buenas vergas. Si les dices algo luego se envalentonan. Es mejor callar.».

    Efectivamente. A Carmen y a mi no nos faltaba razón. Como mujer me gustan las pollas grandes y siempre preferimos que sobre a no que falte. Pero eso no es algo realmente importante. Lo importante es que él (sobre todo) se sienta satisfecho. He estado con hombres de un tamaño medio de 13 centímetros y me han satisfecho igual. Quizá ellos tengan más problemas que nosotras en ese sentido con su presunta falocracia. Sea lo que fuere, Ramón y Enrique se habían pasado de machitos con lo de la Viagra y lo habían pagado caro. Llevaban una buena paliza en el cuerpo. Mismamente podrían haberse acabado con Carmen y todos tan contentos. Al final, tuve que ser yo quien vaciara a esos dos tontos. Porque las mujeres a puro de aguantar conocemos a los hombres que si no… serían una especie a extinguir.

    Sea lo que fuere toleraba a Ramón y a Enrique porque eran buenas personas además de que me satisfacían plenamente. En nuestro íntimo círculo iba a permitir entrar a Carmen y creo ellos no se iban a molestar como verán los lectores en los subsiguientes capítulos de esta nuestra serie. No obstante, he de reconocer la sociedad ha hecho de los hombres unos seres que indefectiblemente siempre han de estar dispuestos. Y eso no tiene porque ser así. Luego, muchos son tan simples que toman como referencia a esos actores porno con tallas imposibles si bien mis chicos no tenían porque envidiar a ningún macarra de esos salen por internet. Es posible eso lo desconocieran puesto que es evidente solo las mujeres tenemos una referencia cierta a la hora de comparar a nuestros amantes.

    Primero se levantó del sofá Ramón a quien y de una vez por todas su verga le colgaba por los muslos. Luego, lo hizo Enrique con el mismo resultado. Al menos esas erecciones ya les habían remitido.

    Preparé la cena y comieron como dos lobos. Me miraban con caras de corderos degollados hasta que les dije…

    -Mañana viene Carmen a cenar.

    Estarán a la altura mis chiquitines?

    -Si, Karen.

    -Pero no sabéis que eso es para hombres que tienen disfunción eréctil o eyaculación precoz?

    -Si, pero es que como era la primera vez con Carmen estaba un poco nervioso. Dijo Enrique.

    -Bueno… pues mañana no tienes porque estarlo. Te gusta Carmen?

    -Si. Me cae muy bien.

    -Pues eso es lo importante. No le des vueltas y come, amor…

    (Continuará).

  • El nombre nunca importa (parte 1)

    El nombre nunca importa (parte 1)

    Era una noche de agosto, la lluvia había cesado y había invitado al frio a hacer suyo el ambiente, las cosas para aquel triste zapatero estaban mejorando; el esfuerzo no era en vano, se levantaba todos los días con los primeros rayos del sol y comenzaba a alistarse para salir, se bañaba con agua muy fría pues los gastos no alcanzaban para agua caliente, sin embargo, aquel pobre zapatero usaba eso a su favor para poder despertar más fácil. El agua caía sobre su cabeza y bajaba por todo su cuerpo, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo; sus pezones se ponían duros y sus testículos se escondían al contacto con el agua.

    Salía a trabajar vendiendo sus zapatitos que el mismo hacía con aquella vieja máquina de coser que tenía en su cuarto. Los días pasaban y su vida comenzaba a mejorar, ya había conseguido poner un puesto más grande en un pequeño mercado de la ciudad y los clientes ya lo buscaban específicamente a él, el negocio florecía, pero el estrés y el cansancio se apoderaban de sus noches, aquellas noches frías y lluviosas, aquellas noches de agosto.

    Ese día se había levantado, se había metido a la regadera y mientras el agua fría hacía ocultar sus testículos tomo el rastrillo y comenzó a rasurarlos; lentamente pasaba la navaja por su pelvis, bajando por su pene el cual contaba de una medida regular, así seguía por toda su zona sexual, hasta dejar liso y sin vellos todos sus genitales. Se puso una de sus camisas negras y entalladas, la cual dejaba ver su pobre musculatura, se puso su pantalón más nuevo y salió de su casa listo para tomarse un día de descanso. Se encamino a tomarse un café a una cafetería local, “Punto Final”, pidió un capuchino y se sentó a observar a las demás personas. Todos los que estaban en la cafetería venían acompañados, todos excepto una chica, una chica increíblemente sexy.

    Una falda negra y una ombliguera dejaba ver demasiado de esa chica, unas piernas torneadas y blancas se mantenían cerradas impidiendo ver que escondía tras esa falda; el zapatero se puso a tratar de adivinar e imaginar que llevaría de ropa interior. Lo primero que imagino fue que llevaría un tanga, tal vez rosa o roja, la cual combinaría con la falda; sin embargo, era algo muy arriesgado que llevará una tanga y una falda tan corta, a menos que se dedicará a la prostitución y ella no tenía cara de prostituta. Lo segundo que pensó fue que podría llevar un cachetero de encaje, un cachetero negro de una marca muy buena, unos cacheteros que no necesitaban ser diminutos para poder encender a un hombre, que con solo marcar su figura conseguirían parar el miembro de cualquier hombre; pero era algo improbable, al usar esa ropa se merecía una lencería más pequeña, era obvio que le encantaba mostrar piel así que los cacheteros no sería la mejor opción. La única opción que restaba era el calzón, así que la mente del zapatero comenzó a divagar al imaginar sobre cómo sería esté; sería liso, sería de encajé, sería azul o tal vez rosa. Mientras su mente seguía imaginando su pene comenzaba a llenarse de sangre, comenzaba a ponerse erecto; el zapatero no se había percatado de ello, no se percataba que un gran bulto comenzaba a asomarse por aquellos pantalones de mezclilla, un bulto que parecía que abriría un agujero en el pantalón.

    La chica comenzaba a darse cuenta de que alguien la observaba, una sensación de incomodidad le llegaba al cuello, así que comenzó a buscar a su acosador por toda la cafetería lo cual no le tomo mucho tiempo, pues solo una personaba la miraba fijamente, el zapatero, el hombre tenía una mirada muy fuerte una mirada que incluso quemaba al mirarla directamente; la chica se percató de algo un poco raro para ella, al bajar la vista de los ojos del zapatero vio como su bulto se encontraba algo erecto, la forma se marcaba en su pantalón pero aquella chica sabía que el hombre no tenía aún el pene en su máxima altura, ella intuía que no estaba suficientemente excitado; la chica estaba algo excitada por el hecho de poder causar eso en un hombre que solo la estaba mirando, el que solo con dejar ver sus piernas haya logrado poner de esa forma aquel desconocido prendió a aquella chica, nublo su mente y se dispuso a lograr poner a ese pene lo más erecto que se pudiera.

    Sin embargo, la chica era lista y sabía que solo bastaría con una acción de ella para lograr eso, la excitación por hacerlo cada vez subía más así que lo hizo; comenzó a tocar su pierna lentamente, disfrutando de esa sensación. Comenzó por su rodilla y comenzó a subir por sus muslos, mientras subía sus dedos comenzaban a levantar la falda revelando todo lo que escondía debajo. Fue en ese momento que conseguiría lo que ella anhelaba, abrió sus piernas y revelo lo que el zapatero quería, le dio respuesta a la intriga que tenía en su mente… unos calzones morados de encaje se abrían paso a la vista del zapatero, solo fueron unos pequeños segundos, pero fueron suficiente para poner súper duro el pene del zapatero, grueso y palpitante; la chica comenzó a ver como se movía incluso por debajo del pantalón, como con esfuerzos el pene trataba de atravesar el pantalón, como se levantaba y estiraba la tela; la chica comenzó a excitarse de verdad y comenzó a sentir como se comenzaba a lubricar de una manera exageradamente rápida, como su calzón se comenzaba a mojarse tan rápido, como ese sentimiento de tener un pene entre las piernas la volvía loca; no podía tocarse enfrente de todos aunque el sentimiento la estaba comiendo viva, así que tuvo una idea desesperada.

    El lugar donde vivía era peligroso y en más de una ocasión le habían asaltado, así que ella guardaba otro celular de baja calidad para emergencias o para usarlo como sustituto a la hora del robo; su mente estaba en otro lugar y la lujuria era el único pensamiento que estaba en su cabeza, así que copio la técnica que había visto en un video porno de su adolescencia (ella antes de perder su virginidad era demasiado adicta a la masturbación y había probado hacerlo de todas maneras, había usado un plumón, un cepillo, un peine, una almohada e incluso un mueble pues no tenía la edad ni la privacidad de comprarse un consolador; el porno la acompaño durante toda la secundaria, salía a las 2 pm y a las 3 pm ya estaba en su cama, había días en los que estaba tan desesperada que no tenía tiempo de quitarse la ropa solo se bajaba las pantis y ponía su celular en el primer video que apareciera, sus dedos iban directamente a la vagina sin previo aviso al minuto de haber comenzado ya estaba muy mojada y el primer orgasmo llegaba 4 minutos después, 3 orgasmos diarios era su rutina.

    Pero un día había visto cómo utilizar su celular como un vibrador; jamás lo intento, pero la espinita quedo incrustada en su mente y hasta el día de hoy iba a poder sacar) así que lo hizo, tomo el celular y lo puso entre sus piernas, tocando la entrada de su vagina, mostrándole al zapatero lo que hacía, con una seña le indico que el celular que estaba tocando su ropa interior estaba en vibrador y que iba a hacerlo vibrar llamándolo con el otro. El zapatero lo entendió y al momento que vio que la pantalla del celular se prendía, vio como la cara de aquella chica cambiaba ella quería gemir, pero no podía, así que mordía sus labios para que no se le escapara ningún sonido, su cuerpo se ponía tenso y comenzaba a obligarla a moverse involuntariamente. La llamada acabo pero ella no, así que volvió a llamar y su cuerpo se volvió a retorcer haciendo que casi se cayera el celular; ella lo tomo con fuerza y lo presiono fuertemente a su vagina, ella estaba tan excitada que tuvo el primer orgasmo en ese momento; por lo general tardaba más tiempo pero aquella ocasión basto no más de 5 minutos para lograrlo, el placer era inmenso, su cuerpo se comenzó a relajar y en su mente recordó que estaba en una cafetería, que había más personas y rogo al cielo que nadie la hubiera visto, nadie excepto el zapatero, al cual ella volteo a ver.

    El hombre se encontraba con la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados y tratando de respirar profundamente igual que ella, los brazos caían a cada lado de la silla, sin embargo, los ojos de la chica solo se centraron en la entre pierna de aquel hombre; el erecto pene que se marcaba comenzaba a bajar y una gran mancha se encontraba en aquellos pantalones, la chica había idealizado tanto la idea de que el la estuviera viendo que incluso dejo de prestarle atención a él, nunca se dio cuenta como él se había masturbado o si lo había hecho, lo había perdido de vista en el instante en que realizo la segunda llamada pero así como el zapatero había desaparecido también la chica se esfumo de aquel café, dejo el dinero de la cuenta sobre la mesa y una pequeña mancha en la silla que en 10 minutos ya no sería visible para nadie.

    La chica llego a casa aún sin haber procesado todo lo había pasado, su mente aún no se encontraba en sintonía con la realidad, en su cabeza solo estaba la cara del zapatero llena de placer y de lujuria, una cara que no podía sacar de sus pensamientos. Al cruzar la puerta una figura masculina apareció inmediatamente sosteniendo unas flores y una caja negra de terciopelo que al verla de inmediato la chica supo que era de una joyería que le encantaba.

    -Hola cariño. –El hombre la recibió con aquel saludo corto pero lleno de amor.- Te traje unas flores y un pequeño regalo que estoy seguro te encantará. -La chica aún estaba en shock y era evidente en su mirada que no tenía idea de lo que ocurría ni lo que había ocurrido.

    -Pablo… hola… Aún no es enero, faltan 4 meses para nuestro aniversario ¿Acaso lo olvidaste? -La chica trataba de aparentar que todo estaba bien, pero era evidente que seguía pasmada, así que trato de usar la excusa del regalo para que su marido no notará que su mente y cuerpo aún divagaban en aquel café.

    -No, no lo olvidé… claro que sé que aún falta tiempo, pero me encontré a tu amiga Jimena hace una semana y me hablo de que ustedes fueron juntas a la joyería de Mónica, Jimena no me quiso decir que habían visto ni que te había gustado, ya sabes cómo es ella. Así que fui directo a la joyería a hablar con Mónica y la convencí de que me contara que collar te había gustado y te lo quise comprar. También te traje unas flores de camino a casa, girasoles… tus favoritas. –Pablo sonrió y le entregó primero la caja negra, la chica la abrió y vio un collar de plata con las letras love en medio de este; era el mismo collar que había visto en la joyería, en aquella tienda también vendían vestidos y Mónica la había obligado a probarse uno negro el cuál combinaba a la perfección con aquel collar. Sin embargo, era un vestido anticuado para el gusto de la chica; le llegaba debajo de la rodilla, de tela lisa y con un pequeño escote que apenas resaltaba sus pechos de medida perfecta y bien formados.

    Al voltear hacia arriba vio a su esposo con los girasoles en las manos y una sonrisa de revista, su esposo era lo que toda niña desea cuando es pequeña; un hombre alto, guapo, de un cuerpo tonificado, piel bronceada, cabello castaño, ojos avellana, una sonrisa perfecta y blanca. Era todo un caballero, sabía cocinar delicioso (la mayoría de domingos él se levantaba temprano para tenerle el desayuno listo cuando la chica se despertará, pues era el único día que descansaba y no tenía que ir a trabajar), era listo, trabaja de ingeniero en una empresa de metales donde le pagaban más que bien, le gustaba leer, no fumaba, nunca había probado las drogas y ella jamás lo había visto borracho, nunca le había levantado la voz, era refinado, elegante, sabía tocar el piano sabía cantar. Era un hombre casi perfecto, era como si un ángel hubiera bajado del cielo y estuviera en el cuerpo de aquel chico singular.

    -¿Pero festejamos algo o por qué el regalo? -La chica, aunque aún tenía al zapatero en la cabeza, le intrigaba también saber que estaba pasando en ese momento porque estaba segura de que no había razón alguna para ese detalle.

    -No, solo pensé en regalarte algo, estas 2 semanas he estado muy ocupado y casi no he tenido tiempo para ti, así que se me ocurrió salir a cenar esta noche solos tu y yo, sin tener que saber nada acerca del trabajo. –La chica solo pudo asentir y agarro las flores que su esposo traía.– Iré al autolavado en este momento, para llevar la camioneta, aprovecha para meterte a bañar y comenzar arreglarte, nos iremos a las 7 pm ¿ok? –La chica volvió a asentir, así que Pablo se acercó y le dio un pequeño beso de despedida y partió directo a la camioneta.

    La chica pudo por fin caer en cuenta de que ya estaba en casa, que lo que había pasado en la cafetería fue real y eso era lo que más le excitaba de nuevo, la idea de que era real la volvía a prender; ella había soñado muchas veces con algo así, que un chico desconocido la mirará la volvía loca, por eso esa mañana había vestido así. Ella vivía en un mundo distinto, se encerraba todo el día en su fraccionamiento y los alrededores, no salía mucho pues las calles eran peligrosas incluso cerca de ese fraccionamiento algo lujoso. Dentro los hombres eran educados, vestían siempre elegantes, en las mañanas las calles las inundaban las mujeres que salían a platicar, unas pocas a correr y otras por el mandado; los únicos hombres a esa hora eran los jardineros y los guardias, sin embargo, ellos eran muy respetuosos pues en el pasado varias chicas de ahí los habían acusado de que las miraban de manera acosadora cuando salían a correr en esos diminutos shorts. Esto a la chica le causaba un poco de descontento, pues no entendía el por qué las demás mujeres usaban esos shorts tan cortos si no quería que nadie les mirara las piernas; ella decía que si no querían acoso deberían usar shorts más grandes, para ella esos shorts se debían lucir.

    Ella salía todas las mañanas a correr, su ropa favorita era un short rosa que apenas le cubría toda la nalga y se le pegaba demasiado, y un top azul con detalles rosas que combinaban con el short, el top se le pegaba al cuerpo y dejaba ver su abdomen, remarcaba sus pechos y el color era tan llamativo que todas las personas volteaban a verla. Eso le encantaba a ella, que las personas la vieran; ella corría pasando siempre por los lugares donde sabía que estaban los jardineros o albañiles haciendo su trabajo, corría tratando de siempre remarcar su figura o que sus pechos le saltarán, daba una vuelta rápida como anunciando que ya había comenzado el espectáculo, sin embargo, la primera vuelta siempre la daba sin voltear a ver a nadie, sin detenerse y como si los audífonos la apartaran del resto del mundo. No obstante, la segunda vuelta era otra cosa en el juego, la segunda vuelta su cuerpo comenzaba a sudar, así que el paso ya no era tan rápido y comenzaba a jadear un poco, pero aun así no se detenía para nada, solo les dedicaba una mirada coqueta de reojo y una leve sonrisa al notar que ellos la estaban viendo sin prestar atención a su trabajo, sin excepción, alguna todos los trabajadores ponían su mirada en el culo de aquella chica que meneaba más apropósito para ellos, ella los podía escuchar murmurando sobre lo buena que estaba (siempre traía audífonos pero sin música para que las demás personas pensarán que podían hablar de ella), al oírlos hablar sobre sus piernas o su trasero ella comenzaba a prenderse, aun así, el verdadero show se daba en la última vuelta.

    La última vuelta era la que más disfrutaba, ella ya estaba sudada y eso se podía ver a distancia. Las piernas le brillaban por el sudor y el short se le pegaba cada vez más revelando así su figura increíble; pasaba lo mismo con el top el cual ya dejaba ver los firmes que sus pechos estaban e incluso se marcaban sus pezones los cuales estaban demasiado duros y excitados. La cara se le veía roja y el pelo algo despeinado y fuera de su cola de caballo, el sudor le recorría todo desde la frente hasta la espalda y eso era algo que ella iba a aprovechar a su favor. Al doblar la esquina podía ver como los trabajadores se encontraban concentrados en su trabajo, eso era algo que no le parecía y estaba dispuesta a cambiar, la lujuria invadió su mente lo cual causo que ella quisiera invadir la de ellos. Al acercase ella comenzó a jadear fuertemente, tratando de simular los jadeos que recita durante el sexo; la mirada del primer hombre que voltea era la mejor de todas, su mirada es inocente pues aún que ya está un poco prendido no entendía que estaba pasando, la chica ya mantenía su trote lento pero aun así sus pechos saltaban pues al no traer bra y el top ser tan delgado no le daba el ajuste necesario, ella hacía como si estuviera cansada y se inclinaba hacia adelante marcando su trasero aún más y dejando ver un poco de nalga, la chica volteaba a ver a aquel hombre mientras estaba aún con la cabeza baja, sus ojos eran intensos y penetradores, ella aún jadeaba y el sudor recorría su cuello, su pecho, su abdomen y sus piernas.

    Esa mirada, ese sudor, ese movimiento del pecho al respirar rápidamente, esos sonidos jadeantes te trasportaban directamente a la habitación más sensual que existía en la mente de cualquier persona, ya no era el jardín de una señora rica en un fraccionamiento, un martes a las 9 am, con un sol brillante y un cielo despejado; no, aquel hombre se había ido a un lugar en otra dimensión dentro de su mente, un lugar que por la mirada que le regalaba a la chica, estaba segura que la incluía a ella. Un motel a las afueras de la ciudad con sábanas blancas, un sillón sexual, una pantalla que solo funcionaba si pedías el motel a la recepción y todos los canales eran porno, con aquellas paredes de tabla roca tan delgadas que podías escuchar a los demás huéspedes como disfrutaban y que ellos podían escucharte mientras entregabas cada parte de tu energía y los gemidos se hacían más fuertes invadiendo seguramente los oídos en otras habitaciones, los sonidos generados por un buen trabajo (una de las cosas que más disfrutaba la chica, ser escuchada, le proporcionaba una excitación muy grande el pensar que a otras personas se prendían al escucharla al igual que ella se excitaba al escuchar a alguien disfrutar de cualquier acto sexual), pero que tal si ese hombre no imaginaba un motel, que tal si su mente siempre habría imaginado un hotel caro con sabanas negras y una luz violeta que inundara la habitación y provocará el deseo desde el momento de entrar y ver esa enorme cama, abrir las cortinas y ver la ciudad entera de noche percatarte de la aventura que tendrás esa noche en esa habitación, en un piso muy alto donde no importa si lo haces con los el cuerpo pegado a la ventana completamente desnudo tu puedes ver toda la ciudad pero la ciudad no te puede ver, como hacer el amor con un demonio pero en el cielo pudiendo observar sin ser observado poder portarse mal enfrente del mundo sin ser descubierto; o simplemente en su habitación de su casa una habitación pequeña donde apenas caben juntos, donde ellos tendrían que siempre estar arriba de la cama porque no hay más lugar o pegados a una pared, dando golpes contra algo con cada embestida provocada, donde él tendría que taparle la boca a la chica para que los vecinos no oyeran lo fuerte que la estaba penetrando, donde solo podrían enfocarse uno en el otro y no en las sabanas, no en la iluminación, no en la televisión, en nada más que el cuerpo de la otra persona.

    El tratar de adivinar o imaginarse lo que le ocurría dentro de las fantasías que aquel hombre estaba teniendo con ella terminaba de ponerla cachonda y de mojarle todo por dentro, al igual que al hombre lo ponía erecto de tal forma que aquel pobre pantalón barato y delgado no podía ocultar; la chica al ver esto podía sentir como su vagina secretaba y más y más jugo, era el momento de terminar el espectáculo de motivación y pasar a la acción. Ella le dedicaba una sonrisa pícara desde abajo mientras lo miraba a los ojos y luego bajaba la mirada a su pene, indicándole que podía ver su erección; luego al ver que él se espantaba y se ponía rojo, ella volvía a sonreír y negaba con la cabeza como si se burlará de él, levantaba la mirada y se tiraba el resto del agua sobre sí misma como tratando de hidratarse; el agua recorría su frente sudada y baja por su cuello hasta sus pechos que con el top sudado se pegaba a su cuerpo, el agua llegaba hasta sus pezones marcándolos de una manera tan increíble casi como si no trajera nada, como si el top fuera parte de su cuerpo y la chica estuviera desnuda de la parte superior, ella se quedaba un par de segundos así sintiendo agua, el sol, su cuerpo, su vagina mojada y la mirada de aquellos hombres; los vio una última vez y con una sonrisa pícara emprendió su huida por esas calles calientes que solo reflejaban su propio sentir, un sentimiento de fuego intenso que apagaba al llegar a su casa donde no se detenía por nada.

  • Me hice bisexual y anal lover

    Me hice bisexual y anal lover

    Cuanto más lo pienso menos lo entiendo y más me excito.  Toda mi vida fui hetero, ni siquiera en la secundaria, o en el club cuando jodíamos en las duchas, tuve siquiera un roce lésbico. No es que esté en contra, simplemente no ¿es? Lo mío.

    Hace un par de semanas decidimos con mi novio ir de campamento a un lugar muy lindo en la playa, que conocíamos de pasada, era limpio y sobre todo con muy poca gente.

    Ni bien llegamos, armamos nuestra carpa y nos fuimos a la playa. Mientras tomábamos sol conocimos a una chica muy guapa, más o menos de mi misma altura, y muy buen cuerpo. Ella tenía un poco más de lolas que yo, y yo un poco más de culo.

    Volvimos juntos charlando al camping y ella nos contó que se había venido sola porque se había peleado con el novio. Nuestra carpa estaba en la zona más separada del camping. La de ella a unos 15 metros. No sé porque me nació decirle que si no era mucho lio, que la corriera a la parcela al lado de la nuestra, así podíamos charlar hasta tarde sin tener que vigilar su carpa. Ella lo hizo gustosa.

    Cuando ya había anochecido mi novio prendió el fuego para hacer unas hamburguesas. Como la idea era pasarla bien, habíamos llevado pocas hamburguesas y muchas cervezas. Nati, como se llama la chica, había comprado sándwiches en el campo ya que quería evitar cocinar y algunas latas de cerveza también. Obviamente decidimos compartir. Como era una noche muy cálida nos quedamos con la ropa de baño.

    Cuando la “cena” terminó, seguimos charlando al lado del fuego, nos contaba cosas de su vida, nosotros de la nuestra, hasta que apareció el tema sexo. Ella hablaba que el novio no la entendía, que a él el sexo no le interesaba mucho, que con hacerlo una vez por semana estaba bien y que ella necesitaba más contacto. Nosotros le contamos que por suerte ese problema no lo teníamos y que si bien no lo hacíamos todos los días, lo hacíamos cuanto teníamos ganas.

    Desde una casa rodante, que estaba casi a 60 metros, en la oscuridad, pusieron música de marcha. De un salto nos paramos los tres y empezamos a bailar. Bailar y tomar cerveza. Con las cervezas empezó el cachondeo, los movimientos más sexis, y las miradas.

    Todo se desató cuando pasaron Lambada, un éxito brasileño. Reconozco que fui yo la que empecé a bailar sexy y a refregar mi trasero contra el pubis de mi novio. Nati me seguía con los movimientos, pero no se acercaba a él. Sin ninguna malicia o intención, le extendí mi mano a Nati, como para bailar juntas. Ella reaccionó de inmediato y se colocó frente a mí, tan al frente que al bailar nuestros cuerpos se rozaban. En un momento puso una de sus piernas entre las mías y fue inevitable que roce con mi pubis. La cerveza, el baile, varios días sin sexo y los roces con esa hermosa chica fueron encendiendo mi cuerpo. Noté que me empezaba a mojar, sin haberlo esperado ni deseado en esa situación.

    Cuando miré a mi novio estaba fascinado con la escena. Él nunca había dicho nada de verme con otra mujer o hacer un trio, pero sé que es la fantasía de muchos hombres. Morbosamente me gustó su cara. Nati también lo notó. Como notó que mis pezones estaban hinchados. Siempre bailando y sin movimientos que hicieran pensar otra cosa, sus manos comenzaron a rosar mi cuerpo, las piernas, la espalda, la cara, los pechos. Yo no atinaba a reaccionar, no la rechazaba, pero no sabía cómo hacerlo. Aprovechando que nuestras cabezas estaban cerca me susurro al oído: “Tranquila”. Y sí, me sentí tranquila, pero no sabía de qué, ni por qué.

    La música tropical seguía y nuestro baile también. Por momentos bailábamos los tres juntos, por momentos yo con mi novio, ella con mi novio. Cada pausa aprovechábamos para tomar otra lata.

    Cuando empezó a sonar Despacito, de Fonzi, crucé una mirada con mi novio que lo dijo todo. Cuando la vi a Nati, su mirada me lo dijo todo. Sensualmente se acercó a mí, bailaba pegada, y sus manos iban sin mi control por todo mi cuerpo. No sé como hizo pero me repente me encontré sin el corpiño de la bikini. Bajé la vista para ver mis pechos al aire, y cuando la levanté ella estaba igual que yo. Me acariciaba, me besaba los pezones. Yo a este punto también le acariciaba todo el cuerpo. Mi novio se acercó y quitándonos lo que quedaba de las mallas, nos dejó desnudas. Quedamos los tres bailando pegados, intercambiando besos y caricias. De más está decir que su palo estaba terriblemente parado.

    Sin dirigirnos la palabra entramos a nuestra carpa, nos tiramos sobre los colchones inflables. Yo bajé a ese palo hermoso de mi novio y lo comencé a chupar, mientras Nati, besaba mi espalda y culo. Mi novio miraba extasiado. Apretaba mis pechos de una forma que me daba dolor y placer al mismo tiempo. Por efecto de la cerveza y el mareo, me deje caer de espaldas. Mi novio aprovechó para volver a ponerla en mi boca. Nati me abrió las piernas, las levantó un poco y se puso a chuparme la conchita, virgen aún de una lengua femenina. Por momentos alternaba masajeando con mi lengua mi culo. Culo que hasta ese momento era virgen total.

    En un momento, me saque la pija de la boca y le pregunté a Nati si quería chuparla. Ella solamente asintió y mi novio se acercó, se la puso en la boca y ella a chupar, pero sin dejar de jugar con sus dedos en vagina y moviéndolos sobre mi ano, pero sin penetrarlo. Verlo a él casi parado, con su palo terriblemente duro, sus ojos brillando de placer, yo sintiendo esos dedos dentro de mí, pensar que no me molestaba compartirlo, me excitaba cada vez más.

    Hábilmente ella buscó mi punto G y me lo empezó a masajear. No tardé mucho en llegar a mi primer orgasmo. Un orgasmo fuerte, diferente a otros que he tenido. Pero mi excitación no bajaba. Mi novio se acostó y me hizo montarlo. De un solo movimiento entro hasta el fondo de mí. Me tomó de la cintura y me guiaba, con movimientos suaves. Las manos de Nati recorrían mi cuerpo, chupaba mis pezones, los mordía, besaba mi cuello. Yo me sentía como una reina, todos me adoraban, buscaban mi placer. Se separó unos segundos y comenzó a besar suavemente mi espalda, desde la nuca hacia mi trasero. Sus manos mientras tanto acariciaban mis pechos y se rozaban con las de mi novio.

    Cuando llegó a mi culo, me guio para que apoyara mi pecho en mi novio, dejando expuesto mi culo.

    Por un segundo, se puso a un costado y me dijo: “Mírame”. Se había puesto en cuatro patas, y se daba dedos en la concha. Chorros de flujo salían, se notaba su tremenda excitación. Ella mojó un dedo y se lo metió en el culo. Ahora tenía los dos orificios ocupados. Ver a una mujer, masturbándose por como nosotros cogíamos era algo que nunca pensé ver, y por esa razón pensé calentarme así.

    Ella se volvió a colocar detrás de mí y sentí como uno de sus dedos apretaba mi ano. Quise moverme pero al estar abrazada por mi novio no pude. Sentí que entraba, no fácilmente, pero entraba. Evidentemente estaba usando algo para lubricarlo. Lo empezó a meter y sacar, cada vez más rápido. Vino el segundo y hasta un tercero. Ya estaba casi en el paroxismo cuando me preguntó al oído si quería que meta la pija de mi novio en el culo. Sin darme cuenta, dije que sí.

    Me hizo levantar un poco, tomó una crema de manos y la untó en la pija de mi novio. Con dos dedos, puso más crema dentro de mi culo y me guio hasta hacer que entre en mí. “Despacio” le dijo a mi novio, que acatando la indicación, fue entrando y saliendo suavemente. Yo me sentía explotar. Cuando toda esa hermosa pija entraba y salía cómodamente, hizo que apoye mis manos en los tobillos de mi novio, y metió dos dedos en mi concha, mientras chupaba un pezón y apretaba mi otro pecho.

    “Ahora dale con todo, gózala” le dijo a mi novio. A él parecía que lo habían estado frenando y de pronto lo soltaron, empezó a bombearme con todo, era un pistón que entraba y salía de mi culo a toda velocidad. Los dedos de Nati acariciaban con todo mi punto G. “Me vengo” gritó él. En realidad acabamos los dos juntos, los dos con tremendos sacudones del cuerpo. Caí casi desmayada, en el medio de ambos. Nos quedamos quietos un rato y descansamos.

    Nunca había sentido tremenda excitación. Nunca había estado con una mujer. Nunca lo había hecho por la cola. Mi cerebro no podía creer la locura que había pasado.

    Cuando nos recobramos, Nati me hizo un mimo en la cara y me preguntó si estaba bien.

    Y: Más que bien, nunca había gozado tanto. Me volvieron loca, totalmente. Pero, vos gozaste Nati?

    Nati: si a mi manera, me dijo moviendo dos dedos.

    Y: por qué no lo hiciste con él, que no se hubiera negado, jajaja

    Nati: No sé, sentí que era tu momento. Tu momento de placer, de descubrir nuevas cosas, nuevas sensaciones.

    Y: vos sabías que nunca había estado con una mujer? Cómo?

    Nati: no, no sabía, pero me dio la impresión.

    Tomamos unas cervezas más, como si nos faltaran, mientras charlábamos. Mi novio nos contaba que le parecía increíble lo que pasó, que no se atrevía a hacer nada para no romper el hechizo. Y que le daba mucho morbo verme con otra mujer, y verme gozar así.

    Al rato, lo miré a mi novio, y le dije: “Me dejas jugar un ratito con Nati?, a lo que dijo que sí. Tomó una lata de cerveza, se hizo a un costado y se puso a mirarnos.

    Comencé a besarla, acariciar sus pechos, tocar su clítoris. Fui bajando con mi boca, me lo puse entre los labios y le daba pequeñas succiones, fui metiendo dos dedos, buscando como ella el punto G. La sentía temblar de placer, su cuerpo vibraba con todo. Sobrevino el primer orgasmo. Seguí jugando y cuando fui a meter un dedo en su ano, dijo secamente “NO”. La respeté, y me acerque para besarla.

    Y: querés que lo volvamos loco, hacerlo gozar como un animal, cogiéndonos a las dos?

    Nati: yo no tengo problemas, pero es tu novio.

    Y: y yo soy su novia pero vos me diste con todo.

    Dicho esto, le empezamos a chupar la pija, las dos al mismo tiempo, las bolas, le apretábamos los pezones y se los besábamos. Le mostrábamos como nos masturbábamos frente a él, yo llegué a levantar con todo una pierna, ponerme crema en un dedo y meterlo en mi culo. NUNCA YO ¡!!!. Cuando ya estaba tremendamente excitado le dije: hacenos lo que quieras, a las dos, estamos para que goces, y que tenía total libertad con Nati

    Me hizo acostar boca arriba, a Nati sentarse en mi boca para que la chupe mientras él me cogía y la besaba. Ella gemía suavemente, estaba muy caliente, me dejó que juegue con mi lengua en su ano, pero no meter un dedo, nuevamente. Me levantó aún más las piernas y de a poco me la fue metiendo en el culo. No fue con facilidad pero entró, yo seguía con Nati en mi boca y el hizo que ella mirara como me rompía el culo. Ella se inclinó un poco más y aprovechaba a pasarle la lengua a su pija cuando salía, para volver a entrar.

    Ella y yo seguíamos en un 69 y él se colocó casi sobre mí para que se la chupe, mientras la tomaba de la cadera, y la atrajo hacia él. Mientras yo lo chupaba, él jugaba con sus dedos en la concha y le daba chirlos suaves en el culo. Ella respondía con leves gemidos de placer. La sacó de mi boca y se la metió de un golpe en la concha. Yo seguí chupando, la conchita de Nati, las bolas de mi novio. “Movete”, le dijo y le dio un chirlo. Ella iba y venía, hundió su cabeza en mi pubis y pasaba su lengua por mi clítoris aprovechando el movimiento. Instintivamente metí dos dedos y me comencé a masturbar. Más chirlos le daba, más se movía y gemía Nati.

    De pronto ella se salió, le dijo a él:

    Nati: Solamente escupime una vez el orto y métela, de una, hasta el fondo. Y vos, apretame la cabeza contra tu pubis, no me dejes mover.

    Nati: Dale, rómpeme el culo como un macho como vos lo puede hacer.

    Fue que mi novio escuche esto que escupió el orto, apoyo la punta de su pija y tomándola de las caderas se la enterró. El grito fue tremendo, pero quedó ahogado por mi pubis. El entraba y salía como una bestia, ella con dos toques en la pierna me indicó que la soltara. Me corrí de debajo de ella y me puse a un costado a mirar. La cara de Nati fue cambiando de dolor extremo a placer extremo.

    Mi novio me indicó que me ponga a la par de Nati. Entendiendo su dolor, le acariciaba los pechos y la besaba. De pronto, sentí que tres dedos de mi novio entraban en mi vagina, se movían dentro, salían y volvían a entrar. Nunca esperé el tirón de pelos. Hizo que me arqueara y fue en ese instante que dos de sus dedos entraron a fondo en mi culo. Los empezó a mover frenéticamente, sentí que mi culo chorreaba y estaba segura que era sangre. Cuando pensaba eso, fueron tres los dedos que entraban. Me soltó el pelo y me dio un chirlo. “Muévanse, vamos quiero ver como se mueven con todo” nos dijo, y nos dio un chirlo a cada una.

    No sé cuánto tiempo estuvo bombeando a Nati, si 10 o 15 minutos. Para mí fueron horas las que estuve moviéndome con esos dedos adentro. Sentí que su respiración cambiaba, metí dos dedos en mi concha y me empecé a dar con todo. Por lo que pude ver Nati hizo lo mismo.

    Cuando él llegó, la tomó de la cintura y la mantuvo en el aire unos segundos mientras daba los bombeos finales. La soltó y ella cayó desmayada, yo al lado de ella, casi igual. Él se mantuvo de rodillas unos minutos, acercó su pija a la boca de Nati se la abrió y siguió bombeando. Parecía que no pasaba la excitación. “déjala, no da más pobre”, me miró como pudo se puso a mi lado, me tomó de los pelos y me la metió en la boca.

    Yo no la chupaba, el me cogía la boca. “ponete de rodillas y Pajeate la concha” fue la orden. Nunca lo había visto así, tan loco y excitado. Hice lo que me indicó y el como pudo dentro de la carpa, se puso su pija junto a mi cara y se empezó a masturbar. Cuando estaba por acabar, me abrió la boca y me acabó, parte en la cara y parte en la boca.

    Caímos los dos, Nati estaba empezando a recuperarse, nos acostamos los tres juntos y nos dormimos.

    Cuando despertamos, nos miramos y nos reímos.

    Fuimos a la playa y charlamos sobre lo que había pasado. Mi novio y yo incrédulos todavía, pero genial con el placer que habíamos sentido.

    Nati nos dijo que ella, como lo demostró, disfruta del sexo así. Y por eso eran las discusiones con el novio. Aunque nunca llegaron a hablar de hacer un trio.

    Al atardecer, fuimos volviendo a la ciudad. Nosotros por nuestro lado y Nati por el suyo.

    Confieso que nunca esperé abrir mi mente (y otras cosas también) como ese fin de semana. Yo que creía que más de lo que gozaba (que no era poco) no podía llegar a gozar.

    Por un tiempo, Nati nos visitaba y se quedaba en casa. Luego, los tres decidimos alquilar una casa más grande e irnos a vivir los tres. Pero eso es para otro relato.

  • La hija del reverendo (Los Simpson)

    La hija del reverendo (Los Simpson)

    (Nota: En esta ocasión no pongo “one-shot” en el título porque creo que el relato está bastante abierto a una continuación, pero no prometo nada.) 

    -Dios mío, Jessica, eres increíble…

    -¿Te gusta, Bart? -replicó ella, conteniéndose para no gemir ante las embestidas de la enorme polla.

    El primogénito de los Simpson, ya rozando la veintena, se sentía afortunado de estar saliendo con la chica más caliente y atractiva de Springfield, la poco beata hija del reverendo. Claro que, cuando le pidió salir, no era precisamente este tipo de escenas lo que tenía en mente.

    El chico aminoró el ritmo de la masturbación para postergar la eyaculación. Por el contrario, Nelson cada vez penetraba a Jessica con más ímpetu, hasta el punto de que tuvo que taparle la boca para evitar que sus gritos llamaran la atención del resto de la familia de Bart. El matón la tenía a cuatro patas en la cama, mirando cara a cara a su novio, que estaba sentado en una silla. Nelson le tiraba del pelo y de vez en cuando la agarraba del cuello, pero no la azotaba porque no querían hacer demasiado ruido. Los perfectos pechos de ella se bamboleaban de forma hipnótica, acaparando la mayor parte de la atención del cornudo.

    Bart y Jessica llevaban casi un año saliendo, y a las dos semanas de noviazgo él la había pillado poniéndole los cuernos con Jimbo Jones. Bueno, lo de pillar es un decir, porque ella le llamó al móvil en pleno coito y no hizo ningún esfuerzo en disimular lo que estaba ocurriendo. La joven acabó admitiendo que no estaba hecha para estar con un solo hombre, pero que disfrutaba mucho de la compañía de Bart y no quería dejar de salir con él. A Bart le dolió al principio, pero acabó decidiendo que valía la pena salir con semejante monumento de mujer, aunque tuviera que compartirla.

    Jessica, por su parte, tenía claro que Bart era sumiso desde que ambos se conocieron hacía tantos años, y ahora estaba aprovechándose de ello de lo lindo. Había conseguido estar follándose a Nelson en el dormitorio de su novio y que este no solo no se opusiera, sino que observara y lo disfrutara.

    La única condición de Bart era que su familia no podía enterarse, pues a la tradicional Marge le daría un ataque al corazón si supiera la clase de perversiones en las que participaba su hijito. A Jessica le pareció bien.

    En cuanto a Nelson, parecía haber nacido para aquello. Reírse de los demás siempre había sido su pasatiempo favorito, pero reírse de alguien mientras te follas a su preciosa novia era otro nivel. Y, a decir verdad, la estampa de Bart, completamente desnudo, sacudiendo su relativamente pequeño pene (en realidad estaba dentro de la media, pero palidecía frente a la tranca de Nelson) era bastante ridícula.

    Una vez se hubieron corrido los tres (primero Jessica, luego Bart, luego otra vez Jessica y finalmente Nelson), Nelson se despidió (no sin un último “¡ha-ha!”) y dejó a la parejita a solas.

    -¿Te lo has pasado bien, cari? -preguntó ella con tono ligeramente burlón, ahora recostada sobre el pecho de su novio, ambos tumbados en la cama de él.

    -Sabes que sí, Jess… -suspiró él, aunque después de pasado el calentón siempre le entraban dudas. -Aunque sigue preocupándome que se entere mi madre.

    -No digas tonterías. -dijo Jessica, sin perder la sonrisa. -Tu madre es tan inocente que podríamos entrar aquí con cinco tíos y seguiría creyéndose que estamos haciendo un trabajo de clase.

    -No sé si es más sorprendente que se crea que vamos a la misma clase o que se crea que voy a molestarme en hacer un trabajo… -añadió él riendo.

    Bart estaba en el último curso del instituto. Claro que llevaba dos años en él, así que llamarlo “el último” seguía sonándole muy optimista. Jessica, por su parte, fue de las primeras de su promoción, por lo que ya estaba en la universidad. A Bart aún le sorprendía que Jessica tuviera tan buenas notas, ya que no era muy dada a hincar codos. En lo que no había caído era en que a lo que sí era muy dada era a hincar las rodillas.

    -No te preocupes, cielo. A ojos de tu madre seguiremos siendo una pareja casta y cristiana.

    Ahora estaba exagerando. Los dos sabían que Marge era perfectamente consciente de que su hijo tenía relaciones con su pareja, y podía figurarse lo que ocurría en aquella habitación cuando estaban los dos a solas. Lo que nunca podría imaginarse era lo que pasaba cuando había más gente (más chicos) con ellos.

    Entre risas, Jessica se levantó, se vistió ligeramente (solo se puso sus bragas y la camiseta de Bart) y se dispuso a ir al cuarto de baño.

    De camino, no le sorprendió escuchar un reproche proveniente de la habitación contigua.

    -¿Ya has acabado de humillar a mi hermano? -protestó, con deje sarcástico, la irritante voz de Lisa.

    La hermana de Bart estaba de pie en la puerta de su cuarto, con los brazos cruzados. Llevaba el pelo recogido en una pequeña coleta y vestía un bonito suéter y unos pantalones vaqueros. Cualquiera que hubiera visto la escena sin contexto pensaría que Jessica, semidesnuda y despeinada, era la que vivía en aquella casa y Lisa era la invitada.

    -¿Por qué tienes tanto interés en la vida sexual de tu hermano, Lisa? -respondió Jessica con un tono de impostada amabilidad.

    -No me interesa, pero me preocupo por él. -se defendió Lisa, indignada. -Sé que acabarás haciéndole daño, y por muchas cosas que sea mi hermano, no se lo merece. Además, aunque intentéis no hacer ruido estamos cuarto con cuarto, ¡y yo estoy intentando estudiar!

    Jessica sonrió, satisfecha de haber molestado a la sabionda de su cuñada, y se acercó a ella lentamente.

    -¿Sabes lo que creo, Lisa? Creo que necesitas estudiar menos y follar más, así no estarás tan amargada. -se burló.

    -A diferencia de otras, Jessica, mi felicidad no depende de cuántos hombres pasen por mi cama. -se defendió la otra con suficiencia.

    Jessica se acercó todavía más, situándose a un palmo de Lisa.

    -¿Y quién ha hablado de hombres? -susurró seductoramente.

    La expresión de desconcierto e incomodidad de Lisa le resultó hilarante. Riéndose a carcajadas, la dejó ahí plantada y se dirigió por fin al servicio.

    Después de asearse y hacer sus necesidades, a Jessica le entró sed, así que, sin importarle su estado de casi desnudez, bajó las escaleras hacia la cocina para hacerse con una Duff.

    En la sala de estar se encontraba Homer, sentado en el sofá, viendo la tele y con su propia lata de cerveza en la mano.

    -Buenas tardes, señor Simpson.

    Había cierto tono de flirteo en la voz de la chica, pero la verdad es que no lo hacía a propósito. A estas alturas, prácticamente le salía solo cada vez que se dirigía a una persona del sexo opuesto.

    -Buenas tardes, Jessica, bonita.

    Homer, por su parte, hablaba con cariño y sin ningún tipo de segundas intenciones. Aun así, no pudo evitar girar la vista y echarle un vistazo a la joven. Pocas cosas conseguían apartar sus ojos de la televisión, pero el cuerpo de Jessica bien merecía la pena el esfuerzo.

    Mientras Jessica atravesaba el salón no pudo evitar fijarse en el sospechoso bulto en los pantalones del hombre. Otra se hubiera sentido incómoda u ofendida, Jessica se sintió halagada y divertida, e incluso algo sorprendida por su tamaño.

    -¿Es una salchicha lo que lleva en el bolsillo o es que se alegra de verme? -no pudo evitar bromear al respecto.

    -¿Eh?

    Homer miró con confusión hacia su propio regazo y entonces sí que consiguió sorprender a la chica. Sin ningún tipo de disimulo, metió la mano en los pantalones y sacó una enorme… salchicha.

    -¡Así que ahí estabas! -exclamó, hablándole al alimento antes de llevárselo a la boca.

    -Ugh…

    Era difícil que un hombre incomodara a Jessica, pero Homer lo había conseguido en tiempo récord. Sin más dilación, se marchó a por su cerveza. Homer se quedó disfrutando de su birra, su salchicha y de la deliciosa visión del culo de Jessica.

    En la cocina estaba Marge, preparando la cena.

    -Jessica, ¿tienes que pasearte por la casa en paños menores? -la recriminó, aunque se notaba que intentaba mantener un tono cordial.

    Marge no tenía nada en contra de que la joven Lovejoy saliera con su hijo, pero no le hacía gracia que la chica se paseara por su hogar tan alegremente como si estuviera en su propia casa. Sobre todo con Homer presente. Ella sabía que su marido la adoraba, pero los años no pasaban en balde y Jessica era una preciosidad… Era inevitable sentir algo de celos.

    -Oh, Marge, tendrías que ver cómo me paseo por mi casa. -respondió Jessica, sin tomársela en serio.

    La novia de Bart tenía cierto grado de confianza con Marge, y hasta se permitía tutearla. Con Homer, en cambio, apenas habían cruzado unas pocas frases y unas cuantas miradas.

    -Bueno, pero esta no es tu casa. -insistió la mujer.

    -Es que solo he salido un momento a por algo de beber… No me valía la pena volver a vestirme. -explicó Jessica, risueña, mientras sacaba la Duff de la nevera.

    Marge no dijo nada y se centró en seguir haciendo la cena, intentando que Jessica no notara que se había puesto roja. Sabía que sus hijos la consideraban una mamá vieja y aburrida, pero lo cierto era que su libido siempre había estado muy alta, y ese tipo de conversaciones la hacían sentirse violenta, no por rechazo sino porque temía excitarse pensando en algo que no debía.

    En cualquier caso, Jessica enseguida se marchó y volvió con Bart.

    -¿Por qué has tardado tanto? -preguntó él en cuanto la vio atravesar la puerta de su habitación.

    -He ido a por esto… -indicó ella levantando la lata de cerveza, a la que ya había dado un sorbo, y se la ofreció para compartirla con él.

    “Y por el camino he puesto cachonda a tu madre, le he dado un pequeño espectáculo a tu padre y he hecho tambalearse la sexualidad de tu hermana.” pensó, y por un momento hasta se planteó decirlo.

    -Eres increíble, Jessica… -repitió él, dándole un trago a la cerveza mientras ella volvía a desnudarse.

  • Primera aventura con una trans increíble

    Primera aventura con una trans increíble

    Primeramente, quisiera presentarme, mencionar que me llamo Manu, estudiante universitario, y que desde hace cierto tiempo he sentido un fetiche por las trans, lo cual da origen al relato (sucedido hace poco tiempo) que deseo contar.

    Soy heterosexual, únicamente había estado con mujeres, pero desde hace unos años, navegando por internet, empecé a ver videos de transexuales, los cuales me llegaron a gustar y excitar bastante cabe decir, habiendo visto mucho contenido y llegando a desear vivir una experiencia (lógicamente que no sería similar a lo visto en esas páginas) con una transexual.

    Ahora bien, ya con toda la presentación hecha, el relato de lo vivido (una de las experiencias más excitantes de mi vida por cierto) empieza así:

    Estando un lunes en la universidad, bastante aburrido, me puse a mirar algunas páginas de scorts (que nunca contrataba, únicamente quería ver que tipo de chicas había en mi ciudad, del ámbito sexual profesional), viendo y viendo, no encontraba nada llamativo, entonces, ingrese a la pestaña de trans, a la par que abría otra página de gifs e imágenes para acompañar a las publicaciones de las scorts.

    Entre la variedad de chicas que publicaban, unas tres eran bastante atractivas, subían unas cinco a nueve fotos suyas, y el la descripción de sus servicios eran, en general, normales y genéricas, en eso veo la de una chica que con sus palabras me excitaron (como describía sus servicios y atención) y reviso sus fotos y mostraba sus pechos (no muy grandes) y su ano, bien visible, era una chica más que hermosa. Aunque no mostraba en ningún momento su pene (lo cual me decepcionó un poco, pues en las publicaciones de trans me da cierto morbo que muestren todo). En fin, ya estaba algo caliente, mi pene ya se había quedado medio erecto, entonces paso a la otra página y veo gifs de trans (o shemales) eyaculando, lo cual termina de completar mi erección. En ese momento se me ocurre que, dado que no tenía nada que hacer, y que la dirección de la chica trans decía que se encontraba cerca (relativamente) ¿por qué no tener relaciones con ella? Lógicamente la duda me invadió, nunca había contratado a nadie, y mucho menos a una trans, únicamente me había masturbado con videos y demás.

    Volví a ver sus fotos, y se veía tan increíble, ese ano era perfecto, sus nalgas, todo su culo y llegaba a ver apenas sus testículos, los cuales, junto con su pene, deseaba ver. Con la calentura, decido escribirle, un mensaje simple:

    -Hola, como estas? Querría saber cuánto cobras por tus servicios

    Espero la respuesta, la cual llega al cabo de casi media hora.

    -Hola papi, por una hora es «x monto».

    Lo cual resultaba bastante accesible para mi, y entonces pregunto por sus servicios (que estaba dispuesta a hacer y que no) aunque yo solamente quería actuar de activo, no pensaba ni pienso dejar que alguien me penetre a mi.

    Su respuesta me convenció.

    -Tienes una hora bebé, puedes hacer todo lo que desees en ese tiempo.

    Con eso, le dije que fijáramos para dentro de una hora (así le daba tiempo de prepararse y yo de decidirme del todo) y quedamos en encontrarnos en un motel.

    Realmente, lo único que yo deseaba era penetrarla, y ver como ella eyaculaba, nada de extraordinario.

    Salí de la universidad con mucho nerviosismo, iría a un motel a coger con una trans, algo impensable unas horas antes; mi pene estaba duro de pensarlo, por lo cual la decisión ya estaba tomada.

    Fui conduciendo hasta el motel, pensando en cómo sería e imaginando mil cosas en el camino.

    Ingreso a la habitación, y le escribo diciéndole en cual estaría, y me responde ella que llegaría en veinte minutos aproximadamente.

    Ansioso, aguardo en la cama, voy al baño, tomo una ducho, me siento en la cama, me recuesto, veo sus fotos, me siento de nuevo, en fin, un manojo de nervios aunque más que nervios, eran ansias y demasiada excitación.

    Mi pene (normal, de unos 15 cm, pero grueso) ya se encontraba más que listo para todo, incluso ya estaba bien lubricado, hasta temía que terminaría muy rápido, por como se encontraba ya.

    El tiempo no pasaba, parecía que no llegaría nunca, hasta que al fin escucho un ruido, finalmente llegó.

    La emoción me ganó y fui a mirar a la puerta, y ahí la vi, estaba subiendo, tenía un abrigo grande y largo que escondía todo su cuerpo.

    La veo y nos saludamos muy amistosamente, era muy amable y agradable.

    -Hola bebé, me esperaste?

    Y me da un beso

    -No mucho, pero ya tenía muchas ganas de conocerte.

    En eso, hablando un poco, se quita su abrigo y veo su increíble cuerpo, es alta, de 1.80 aproximadamente (yo tengo 1.87, así que estaba bien) unas largas y bien definidas piernas, abdomen plano, unas nalgas firmes, brazos finos, pechos bien formados y puntiagudos (ninguna operación por cierto), un largo pelo café y muy hermoso, y su rostro era sencillamente perfecto, sus ojos, su nariz, su boca y sus deliciosos labios. En fin, una dama total, elegante y erótica, imposible era afirmar que se trataba de una transexual a simple vista, incluso su voz era muy femenina, sexy y suave. (luego haré la descripción del aspecto sexual).

    En eso, procedo a pagarle el monto acordado, para que así podamos estar más tranquilos, y no se preocupe por ello.

    Me pregunta si ya me había duchado y si estaba cómodo, lo cual respondo que si.

    Seguidamente ya empieza lo erótico. Me abraza y me da muchos besos, profundos, fuertes, puedo sentir su lengua junto a la mía, sus labios besándome firmemente, con delicadeza primero, luego con más firmeza, con más sexualidad, recorría su lengua por mi boca primeramente, luego por mi cuello, por mis orejas, para volver a cruzarse con mi lengua.

    Nos acostamos (ambos con ropa aún) y mientras me seguía besando y pasando su exquisita lengua, me susurraba preguntando que haríamos (obvio con un tono más que lujurioso, para encender la velada) mientras colocaba su mano sobre mi miembro, y jugueteaba por encima del pantalón.

    -Primero quisiera que uses tu boca.

    Atine a decirle, después de esos besos, quería que mi pene sienta ese calor, y sobre todo su húmeda lengua.

    -Y después que?- Me preguntaba entre gemidos y un tono que haría terminar a cualquiera.

    -Después quiero que te subas y me montes, quiero estar dentro tuyo.

    Acto seguido, y sin esperar más, procedió a desabrochar el pantalón, mi pene ya estaba duro, con el erótico masaje que me había dado por sobre la ropa.

    Metió su fina mano en mi ropa interior y suavemente sacó mi pene, lo acarició lentamente, empezó a besarlo y acercarlo a su rostro viéndolo atentamente; estaba a punto de realizarme el sexo oral más intenso que había recibido, pero antes le pido a Rebeca (su nombre, que hasta ahora no lo había mencionado) para sacarse la ropa, primeramente se quita el sostén, viendo sus pechos suaves y delicados, con los pezones ya endurecidos y puntiagudos, yo me saco el pantalón, y ella su pequeño shorts, queda solamente con una tanga roja, a lo cual le pregunto si podría sacárselo, para ver también su pene, lo cual accede gustosa; yo había leído que muchas trans no sean sacarse su ropa interior, solamente apartarlo en la zona anal, al momento de la penetración, ya sea por vergüenza de ellas o porque algunos clientes no lo quieren ver, en mi caso, lo que más excitación me producía, y era lo principal de mi fetiche, era justamente ver su pene.

    Y justamente sobre ello, su pene es de un tamaño mediano pequeño, digamos unos 13 cm, el tronco bien grueso, y la cabeza puntiaguda, y sus testículos colgaban de manera que me excitaba mucho al verlo, y para completarlo, estaba semi depilada (esto es, con el vello púbico corto, como para poder ver bien todo su sexo, pero manteniendo el vello) lo cual me genera una lujuria y excitación desmedida, pues me gusta bastante que mis parejas sexuales sean «peludas» en esa zona (es otro fetiche, siempre buscaba videos e imágenes de ello) pero no creí que la primera trans con la que tendría relaciones lo tendría así, y dado que es algo difícil pedírselo a una scort, supongo, me sentí muy feliz de haber elegido bien a mi transexual.

    Ya bastante excitado después de ver ese pene suyo, procede al oral, saca un preservativo de su bolso, y se lo coloca en la boca, y me lo pone al tragarse mi pene, con total maestría.

    Inicia una subida y bajada lenta, como saboreando cada milímetro, cada vez más rápido, progresivamente, con mucha lubricación, mientras sostiene y masajea mis testículos con una mano, con la otra sostiene mi pene, succionando delicada pero duramente a la vez, realizando una ligera y pequeña masturbación en la base.

    Sigue chupando y chupando, realmente estaba disfrutando de un oral exquisito, ella se encontraba de cuatro, y yo acostado, habiéndose colocado a mi costado, con mi mano podía agarrar su pene, que se encontraba bien duro y erecto, apuntando hacia arriba, decidí empezar a hacer lo que estaba queriendo, que era tocar su pene, inicie tanteando primero, tocando lento, con algo de inseguridad, luego fui agarrando con más confianza su miembro, iniciando una muy suave y lenta masturbación, dado que nunca antes había tocado otro pene, no quería hacerlo fuerte y lastimarla, por lo que iba yendo progresivamente. Lo cual parecía gustarle a ella (a sabiendas de que es su trabajo, pero igual creo que lo disfrutaba un poco) entre lamidas y chupadas también oía sus gemidos, y la rapidez de su succión era más y más, engullía cada vez más mi pene, hasta el fondo de su boca, luego lo sostuvo con ambas manos en la base y lo dejo bien recto, y procedía a metérselo con fuerza en la boca, sentía como su lengua se movía con violencia, golpeaba deliciosamente mi glande, lo rodeaba, por momentos solamente chupaba la cabeza, y lo hacía con mucha succión y fuerza, por momentos daba mordisquitos y luego lamidas; al mismo tiempo, yo le tocaba, con más ímpetu y velocidad, hacía movimientos más rítmicos en su pene, masajeaba sus testículos colgantes, que eran muy suaves al tacto. También ella, bien juguetona, acariciaba constantemente los míos, intercalando sus chupadas y lengüetadas entre mi pene y mis testículos.

    Luego de un rato de buen (buenísimo) sexo oral, empecé a tocar su ano, como mencioné, esa posición en la que estaba me permitía tocar bien todo su cuerpo, le tocaba sus pechos firmes, sus pezones duros, con masajitos, y sus nalgas redondas y carnosas, iba cada vez más metiendo un dedo en su ano, mientras ella suspiraba y gemía lento pero excitantemente, cuando ya estábamos por terminar con la sesión de sexo oral, volví a tocarle su pene y sentí que había mucho líquido preseminal en su cabeza, le escurría bastante, goteando bastante en las sábanas.

    Como no quería eyacular solamente con sexo oral, la detuve y le pedí que se suba encima de mí.

    -Hora de montar el show. – me dijo con una sonrisa pícara.

    Se colocó encima mío (es una chica bastante alta, grande) se puso mucha saliva en la mano, en sus dedos y se los llevó a su ano, repitiendo esto dos veces más y luego sosteniendo mi pene lo acerco a su ano, apuntando bien, se fue sentando sobre él, debo decir que fue mi primera vez teniendo sexo anal (siempre había sido vaginal, ya que solo había estado con mujeres normales) y se sintió como otro mundo, primeramente, el rostro de Rebeca, su delicioso rostro mostraba excitación, a la vez cierto dolor, al darse la penetración, hacia gastos placenteros, gemidos fuertes y todo eso mientras me veía con ojos brillantes de lujuria. Mi pene, primeramente sintió una presión, al presionar su ano, luego cuando ya estaba entrando, se sentía estrecho y caliente, y fue absorbido por ese placentero lugar.

    Primero, se dio la penetración inicial, todo mi pene estaba dentro de ella, nos miramos, nos sostuvimos las manos, y luego de un minuto a lo sumo, comenzó!

    Iniciaba rítmica y lentamente, un sube y baja, con lentitud pero una progresión en la velocidad más que medida, cada vez respiraba más agitada, gemía más alto, los placenteros signos sonoros que emitía eran a la par de la velocidad de su montada. Su pene se balanceaba a la par, chocaba en mi abdomen, y cada vez brotaba más y más líquido pre seminal, cualquiera creería que ya era semen realmente y había eyaculado, pero no lo era aún.

    Su ritmo aumentaba salvajemente, empezábamos a sudar, el ruido que se oía era sublime, de sus nalgas y pene golpeándose en mi, sus gemidos ya pasaban a ser gritos, le sostenía sus nalgas y la apretaba hacia mi, cada vez me montaba con más fuerza, se volvía más y más intenso, sabía que no podría aguantar mucho más a esa brutal cogida que me estaba propinando, se sentía un dolor placentero, al ser sus saltos más y más potentes, todo mi pene ingresaba hasta lo profundo de su ser, su mirada por momentos no se fijaba en mi, si no que cerraba sus ojos, o miraba hacia arriba. Únicamente me quedaba disfrutar cada segundo de ese ano que en ningún momento dejaba de apretar inmisericorde a mi pene. Sentía que me acercaba al clímax (antes le había preguntado si ella también podía eyacular) y quería verla soltando chorros y chorros.

    Ya quedaba poco tiempo, le pedí que lo hiciera rápido, que me cogiera con violencia; no era necesario siquiera decírselo, comenzó con la montada final, una velocidad y fuerza que, sumado a sus gritos eróticos y gemidos infernales, lograron su cometido, sentí fuerza en mi vientre, sentía como mis piernas languidecían, sentía que el orgasmo se acercaba, mi pene ya estaba listo para largar cada gota de semen que tuviera, y lo hizo.

    Fue un orgasmo como nunca antes, fue intenso, fuerte, abrasador, sentía cada chorro que salía del orificio de la glande; un placer abismal, otorgado por ese perfecto y riquísimo ano, de esa increíble transexual perfecta.

    Mientras seguía eyaculando brutalmente, ella seguía perforando su ano con vehemencia, taladrando sin piedad su recto con mi pene, que había expulsado todo lo que tenía.

    Le avise que ya había terminado.

    -Ya largaste?- me pregunta jocosamente.

    -Fue por los nervios- le respondí, de hecho, no había durado mucho en esa sesión de glorioso sexo anal, dado todo lo que había sucedido antes. Me habría encantado haber probado otras posiciones más, de cuatro, misionero, un 69 (aunque no le hare sexo oral tal cual, solamente me atrevo a un beso negro con ella). Así también, queda como tarea pendiente verla eyacular, lo cual no le pedí porque dijo que ya estaba agotada, por lo que, en el siguiente encuentro habrá mucha tarea por hacer.

    Quedamos hablando un rato, conversando de temas variados, hasta que me avisaron que debía ir a ver ciertas cosas pendientes, por lo que allí quedo todo con ella.

    Fue la primera vez, teniendo sexo anal y la primera vez con una transexual más que increíble, pero definitivamente no será la última, pues aún queda mucho por hacer con ella.

    La siguiente vez que la vea, luego vendré a dejar el relato nuevamente, de nuestro siguiente encuentro, con mi increíble transexual.