Autor: admin

  • La madre de mi amiga (Parte 2)

    La madre de mi amiga (Parte 2)

    3 días después de haber tenido sexo con la madre de mi amiga por primera vez.

    Era día lunes, habían organizado por whatsapp ir acampar a un rio a 15 minutos de la ciudad. Entre ellos estaban 2 amigos, mi amiga con su pareja y su hija… y adivina… también fue la madre de mi amiga, (que ahora ya la miraba con otros ojos). Llegamos como a las 5 de la tarde, bebimos, hicimos parrilladas, algunos se bañaban en el rio, etc. todo normal.

    Cuando cayó la noche, ya estábamos bastante bebidos, algunos se fueron a sus carpas (o tiendas como le dicen algunos) a dormir, ya quedábamos pocos alrededor de la fogata, un amigo, la pareja de mi amiga, y la madre de mi amiga. Recuerdo que empezó hacer frio, así que saqué una manta para taparme las piernas, y bueno la madre de mi amiga estaba sentada al lado mío así que igual aprovechó de cubrirse las piernas. Entre conversa y conversa, me empezó a acariciar la pierna con su pierna, yo andaba con pantalones cortos y ella con un vestido, así que se sentía el roce de la piel.

    No pasó mucho rato, y quise ver si solo me quería acariciar la pierna o algo más… así que mientras todos hablábamos normalmente alrededor de la fogata, metí una mano debajo de la manta, y empecé acariciar su pierna, su suave piel, la tocaba suavemente, tratando que los demás no notaran lo que estaba sucediendo debajo de la manta… en ese momento sentí que se abrió de pierna levemente, y lo sentí como un llamado a tocar un poco más allá, así que me aventuré y dirigí mi mano lentamente recorriendo su entre pierna y llegando a su vagina… ufff como me estaba calentando esa situación. Actuando normal pero debajo de la manta ya se sentía el fuego. Toqué solo un rato, después me levanté y fui al baño. Pero cuando regresé note que se habían ido los demás a dormir, y solo había quedado ella, la madre de mi amiga. Estaba fumando un cigarro al lado de la fogata, como esperándome.

    Cuando llego a la fogata, me siento al lado de ella y le pregunto, y los demás?, y me responde que se fueron acostar, eran súper aburridos para acampar, porque se había acabado todo muy temprano. Yo le encontré la razón, y le dije que sigamos nosotros, la noche es joven. Así que nos quedamos bebiendo y hablando de la vida, teníamos vino, buena música, buen ambiente, pero faltaba algo… bailar.

    Pone una música fiestera y me dice, bailemos? a lo que yo le respondo que obvio, nos pusimos de pie, y empezamos a bailar, creo que no pasó ni minuto y medio, y apenas nos apegamos al cuerpo empezamos a besarnos, muy calientemente, tocándonos por todos lados, yo metiendo mi mano por debajo del vestido, agarrando sus nalgas, ella tocándome el cuerpo y la verga por encima del pantalón. Fue todo como una explosión!

    Le dije, y si vamos a otro lado y nos ponemos más cómodo?? Ni siquiera lo pensó y me dijo, vamos!

    Caminamos, buscamos un lugar a la orilla del rio, había luna llena así que alumbraba demasiado, era la noche perfecta para tener sexo a la orilla del rio.

    Encontramos un buen lugar y nos instalamos con una manta, empezamos a besarnos muy fogosamente, ya venía excitado de antes así que en un par de segundos mi verga ya estaba durísima, nos quitamos la ropa, nos acomodamos sobre la manta, y comenzamos a hacer el 69, yo abajo y ella encima mío, Uff que mojada que estaba esa vagina, y que bien que lo chupaba, me movía como si estuviera follando su boca, mientras le comía toda esa panocha, haciéndole movimientos en el clítoris y metiéndole la lengua devorándome todo eso.

    Era el momento de penetrarla, se da vuelta, y se monta en mi verga, entro sin ningún problema, estaba demasiado mojada esa vagina! que rico se sentía dios mío, la agarre de la cintura y empecé a follarla fuertemente, gritaba de placer, la otra vez no quiso hacer ruido, pero ahora no había nadie alrededor, así que gritaba y gemía de placer… te gusta?? le preguntaba y ella moviéndose en círculos encima de mi verga me decía, me encanta mmmh sii que rico… me calentaba mucho que me dijera cosas así mientras se lo metía bien duro… luego cambiamos de posición y se puso en 4, me la estaba follando vaginal, pero quiso cambiar y me dijo, métemelo por el culo… ufff que oferton, ella se pone en posición de perrito, con el culo bien levantado, y con su cara pegada al suelo…

    Se veía espectacular, le hice una previa, la lubriqué como pude, echándole saliva a su culito y metiéndole un dedo de a poco, luego otro dedo, y cuando ya estaba más o menos lista, empecé a meter mi verga lentamente, hasta que ya estaba toda adentro, se la deje ahí y empecé a moverme suavemente de lado a lado, restregándole mi verga dentro de su culo, le tiré otro poco de saliva y empecé a fallármela como se merece, fuerte y dándole palmadas en las nalgas, mientras más gritaba de placer más duro se lo metía… cuando ya estaba por correrme la agarre fuerte de la cintura y me la pegué bien a mí, y le mandé con todo, sacaba mi verga lento, y tiraba su culo hacia mí lo más fuerte que podía, ella gimiendo en cada clavada, hasta que tire toda mi leche dentro de su culo… fue una follada espectacular.

    Luego volvimos a la fogata, seguimos hablando de la vida, bebiendo, etc. Nadie supo nada.

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  • Mi mejor amiga Gabriela (Parte I)

    Mi mejor amiga Gabriela (Parte I)

    Me llamo Daniel, tengo 36 años, mido 1.80 de piel morena y cabello oscuro. Conocí a Gabriela en mis épocas de estudiante universitario y ha sido mi (mejor) amiga desde entonces, muchos años a la fecha. Paso a describirla a ella, Gabriela es delgada, mide 1.60 de piel blanca, cabello cortado estilo Bob (si desean googleen corte bob para darse a la idea), con una mirada bastante sexy y una nariz delicada y redondita, de lindas piernas largas, senos de tamaño medianos y una cola redondita muy linda.

    Por cuestiones de trabajo no podíamos vernos a menudo, cuando para gran sorpresa un día me llega un mensaje suyo preguntado si tenía planes ese día luego del trabajo y si podíamos vernos para platicar al salir de la oficina; le respondí que no tenía plan alguno y que me gustaría verla. Pasé todo el día en la oficina feliz porque podría volver a verla e incluso me puse a pensar a qué lugares podríamos ir aquella tarde. Para mi disgusto mi jefe me pidió que realice unos informes y debido a la importancia de los mismos me tocaba quedarme a trabajar hasta tarde. Inmediatamente le escribí a Gabriela para cancelar nuestro junte, ella me contestó que entendía y que no había problema.

    Como deseaba mucho verla se me ocurrió enviarle un mensaje para proponerle si no deseaba ir a mi oficina y acompañarme mientras terminaba los informes y luego irnos a cenar algo, ella aceptó con la condición de que yo pague la cena.

    Llegó la hora de salida y la oficina se fue vaciando, yo estaba concentrado en los informes cuando suena mi celular, Gabriela me estaba llamando para indicarme que estaba llegando. Bajé inmediatamente para esperarla, al verla quedé sorprendido, no había cambiado casi nada desde la última vez que nos habíamos visto. Ella estaba hermosa, vestía unos jeans y su uniforme del trabajo, una polera polo azul que le acentuaba bien sus curvas. Nos saludamos y la invite a pasar.

    -Como te va con el trabajo -me preguntó.

    -Pronto lo terminaré, gracias por venir a acompañarme –respondí– por cierto, ¿ya has pensado que deseas cenar?

    -Un filet mignon –me contestó con una sonrisa.

    Al subir las escaleras no pude evitar el darle una buena mirada a su cola y me encontré imaginándome qué tipo de ropa interior estaría usando en ese momento. Entramos a la oficina y la invité a ponerse cómoda, ella se sentó en un sofá y yo en mi escritorio para terminar con los informes, nos dimos a la tarea de ponernos al día sobre nuestras vidas. Hablamos de muchas cosas que no vienen al caso, realmente cuando disfrutas de una buena compañía el tiempo pasa rápido, yo había culminado mis informes hacía mucho y ya estábamos en el sofá platicando mientras tomábamos gaseosas. Le pregunté si deseaba tomar un poco más antes de irnos a cenar y me dijo que sí, pero que deseaba algo fuerte, le comente que tenía una botella de whisky guardada en mi escritorio y me dijo que era justo lo que deseaba, serví dos vasos y brindamos mientras seguimos la conversación.

    -Y dime… ¿estás saliendo con alguien? –le pregunte mientras le daba un sorbo a mi bebida.

    -No, te cuento que hace un buen tiempo estoy soltera.

    -Entiendo cómo es eso, es difícil… sobre todo cuando a uno les viene ciertas necesidades.

    -Siii –fue su respuesta– te juro que hay días en los que tengo unas ganas… -se calló, quizás al darse cuenta que estaba hablando demasiado.

    -No te preocupes, me pasa lo mismo, en ocasiones el deseo y las ganas es enorme y me encuentro fantaseando con muchas cosas.

    -Ah sí? Cuéntame cuales fantasías tienes –me dijo mientras me lanzo una mirada de curiosidad enorme.

    Le conté sobre las fantasías sexuales que tenía, el uso de disfraces, juguetes sexuales y las posiciones sexuales que me gustaría hacer. Para mi sorpresa Gabriela demostró ser una mujer, que a pesar de haber tenido pocas parejas, su vida sexual era o fue muy satisfactoria, llegando ella a hacer muchas de las poses sexuales que yo deseaba hacer. En mi defensa le comenté que las parejas sexuales que yo había tenido habían resultado ser muy tradicionales en el aspecto sexual.

    -¿Qué opinas del sexo anal? –Le pregunté.

    -La verdad que lo he hecho –me respondió con una mirada pícara.

    -Pero te gusta hacerlo?

    -Sí, le hallé cierto gusto a hacerlo, me gusta mucho el sexo duro, sobre todo cuando terminan dentro de mí y siento como me vacío cuando escurre todo.

    Todo lo que ella me estaba contando me tenía a muy excitado y me entraron unas ganas enormes de besarla, de recorrer todo su cuerpo con mis labios.

    -Mejor no sigamos con esta charla –dijo– mirá que luego me entraran unas ganas de hacerlo y es mejor con provocarme, además que no tengo con quien quitarme las ganas. Creo que será mejor que nos vayamos a cenar, el whisky se me está subiendo.

    Ella se levantó y se dirigió al baño a arreglarse, nuevamente mi mirada se dirigió a sus nalgas y muchos pensamientos pasaban por mi cabeza, de pronto me encontré deseándola, para no pensar tanto en eso tomé los vasos y me dirigí al servicio para lavarlos.

    Volví al sofá y me senté a esperarla, ella al acercarse se tropezó y me levanté con rapidez para evitar que se cayera, la tome entre mis brazos y ella solo alcanzo a maldecir el suelo que estaba resbaloso, de pronto me di cuenta que al tenerla entre mis brazos podía sentir sus senos contra mi cuerpo y eso volvió a encenderme. Incomodo la ayude a sentarse y le pregunté si estaba bien, ella me dijo que le dolía un poco el tobillo y le ofrecí colocarle alguna crema del botiquín para evitar que le duela o se le inflame, ella dijo que no era necesario; me senté a su lado y nos miramos en silencio. Sin mediar palabras me acerque a ella y la bese, ella se separó de mí y me dijo que no deberíamos de hacerlo…

    Le pedí disculpas y ella se levantó, me levanté de nuevo avergonzado, ella me miró y me dijo no te preocupes, me acerque a ella, la tome de la cintura y la bese de manera apasionada, en esta ocasión ella no se separó de mí, entre beso me decía que no deberíamos de hacerlo, que debíamos controlarnos. Animado por la situación dirigí mi mano para acariciarle los senos por encima de la ropa, para mi placer noté como sus pezones se marcaban por encima del sujetador y la ropa, me detuve y le dije que esperara un momento, me dirigí para apagar algunas luces y al volver con ella la encontré de espaldas a mí revisando su celular, me acerque a ella y la abrace por atrás, bese su cuello, su aroma era realmente delicioso, ella dejo el celular y daba pequeños gemidos, con una mano acaricie su vientre, mientras entre beso y beso en el cuello le susurraba al oído:

    -No sabes lo hermosa que estas, no te imaginas cuanto te deseo.

    Acerqué mi mano libre a uno de sus senos y recordando lo que me había dicho sobre el sexo intenso y rudo lo apreté fuerte, ella soltó un gemido ahogado y note como sus pezones se marcaban más por sobre la ropa.

    -Creo que así será mejor –dijo ella, mientras empezó a quitarse el uniforme del trabajo, inmediatamente me quité la camisa, Gabriela se giró y aprecié el hermoso contraste que hacia su brasiere de encaje negro y su piel blanca, realmente estaba hermosa.

    La senté en el brazo del sillón mientras la besaba y le desabroche el brasiere, admire sus hermosos senos de buen tamaño y unos pezones oscuros y bien erectos, dirigí mi boca y me puse a chupar uno de sus senos con fuerza, dirigí mi mano a su pezón y comencé a pellizcarlo y estrujarlo, ella solo gemía y respiraba agitada. Chupé y apreté esos hermosos pechos, era un sueño.

    -No te imaginas lo mucho que los deseaba tener entre mis manos –le dije y para confirmar lo dicho los apretaba fuerte para sacarle más gemidos de placer.

    La empujé y ella cayó recostada en el sofá, tomé sus pies y le saqué sus tacones, besé sus pies y lentamente desabrocho sus jeans y se los saco, ella usaba una tanga negra que iba a juego con el brasiere.

    -Vaya que si lo andas deseando –me dijo.

    Tomé sus piernas para abrirlas, acerque mi rostro a sus muslos y comencé a besarlos y lamerlos, hundí mi rostro en esa tanga negra, lamiendo su intimidad por encima de la tanga, noté como estaba mojada lo que me enloqueció mucho más; hice a un lado la tanga y comencé a lamer su vagina (la cual tenía completamente depilada) ella sólo ahogaba gemidos, la situación me tenía muy caliente, ella acostada en el sofá casi desnuda con las piernas abiertas para mí, yo arrodillado con la cabeza entre sus piernas lamiendo como desesperado es deliciosa vagina, lamiendo sus jugos, respirando ese olor embriagante, olor a hembra en celo.

    Mientras le lamía su deliciosa vagina, ella apretaba y pellizcaba sus pezones mientras daba gemidos, empiezo a acariciar su vagina con mis dedos, de arriba hacia abajo, haciendo círculos suaves, inserto uno de mis dedos en su húmeda vagina y un suspiro sale de Gabriela, mientras inserto mi dedo uso mi lengua para estimular su clítoris, sus movimientos de cadera y gemidos me indican que eso la está calentando mucho, de pronto su cuerpo se arquea y comprendo que ella ha tenido un orgasmo poderoso, no me inmuto ante esto y continuo, ahora insertando dos dedos a su vagina y castigando su clítoris con mi lengua.

    Mi erección me molesta demasiado en el pantalón, así que me detengo y desvisto.

    -Ahora me muero por penetrarte –le digo. Ella me sonríe y abre sus piernas ofreciéndome su sexo.

    Coloque mi pene a la entrada de su sexo y con un solo movimiento fuerte lo meto todo, ingresa fácilmente, su vagina está muy empapada.

    -Te gusta que te la meta –le digo mientras empiezo a penetrarla salvajemente. Ella solo gime fuerte- No sabes como deseaba cogerte así de rico, la tienes muy apretadita -le digo mientras observo como sus senos empiezan a rebotar con cada una de mis embestidas.

    -Sí, sigue, sigue así -Ella me dice con una expresión pervertida de placer.

    Coloco sus piernas en mis hombros y la bombeo con más fuerza, realmente deseo llenarla toda, ella solo gime. De pronto ella me dice -Para un momento por favor, detente, quiero que te sientes -.Me siento en el sofá, ella se arrodilla ante mí, me mira a los ojos y me dice:

    -Yo sé cuánto deseas esto y hoy te lo cumpliré.

    Acto seguido coloca mi pene entre sus pechos y empieza a hacerme una buena cubana, aprieta sus pechos con sus manos y los mueve muy rápidamente, se detiene y luego agarra mi pene con una de sus manos para acercarlo a sus pezones y estimularlos, la escena continuó por un tiempo cuando siento que voy a terminar y le pido que por favor se detenga. Le ayudo a levantarse y la beso tiernamente, me acerco a su oído y le susurro -Ahora cumpliré una de mis fantasías que tanto deseo contigo -.Acto seguido la coloco de cuatro, apoyando sus manos en el sofá, la tengo así, empinadita para mí, la visión me enloquece, me arrodillo y empiezo a lamerle su vagina en esa posición, sólo que en esta ocasión mi lengua recorre también su ano, ella enloquece, sus gemidos son cada vez más fuertes.

    -Te gusta sentir mi lengua en tu culito? -le pregunto mientras sigo lamiéndola de manera salvaje.

    A continuación me levanto, dirijo mi pene hacia su vagina y la penetro fuertemente, la tomo de la cintura mientras la penetro, le doy de nalgadas feroces, al comienzo tengo miedo de ser muy brusco pero Gabriela solo está gozando.

    -Así te gusta que te coja? -Le pregunto dándole una nalgada que la hace gemir; la tomo del cabello y se lo jalo con fuerza, me acerco a ella y al oído le susurro:

    -Decime que te gusta esto-. Mientras la penetro salvajemente le jalo el cabello para acompañar cada penetrada.

    Ella está fuera de sí gimiendo cada vez más fuerte, sus gemidos, el sonido de nuestros cuerpos chocando, ese sonido que hace mi pene cada que ingresa a esa vagina que está empapada y chorreando.

    -No sé si pueda seguir aguantando -le digo– quiero llenarte de leche Gaby.

    -Termina dentro! Terminemos juntos Dani! –me dice ella toda agitada.

    Siento como empiezo a eyacular dentro de ella, su cuerpo de Gaby se arquea, tiembla, los chorros de semen salen disparados, el orgasmo que Gaby me proporciono fue increíble. Me separe de ella respirando agitado, ella se desplomó en el sofá con las piernas un poco abiertas y su culo un poco levantado, con su vagina la chorreando una mezcla de mi semen y sus jugos. Permanecimos en silencio un momento.

    -Ya es tarde –me dice– debo irme.

    Se levantó y se dirigió al baño no sin antes darme un beso en los labios. Bajamos de la oficina y la acompañe a la salida, ya que yo debía de quedarme a limpiar para no dejar rastro de lo que ahí había pasado. En el trayecto hacia la salida no dijimos ni una sola palabra, una vez en la salida ella se despide de mi con un beso y me dice:

    -Mira que aún me debes esa cena y ya se lo que quiero pedir -se sonríe de manera pícara y se aleja mientras yo ya estoy pensando en nuestro próximo encuentro.

  • Una buena pintura

    Una buena pintura

    La señorita R o los placeres sin culpa.

    Estando en mi taller pintando unos cuadros me acordé de ti y en cómo me gusta cuando mi lengua te recorre el cuerpo como si fuese un pincel, decorando toda tu piel con minúsculas gotas de saliva. Quizá más que su boca, ávida, golosa y absorbente, sea este tu verdadero órgano del conocimiento. Mi boca se deposita un momento en el valle que forman tus pechos y los aprieto brevemente, subiendo y bajando, viendo esas perlas de color que huelen a ti.

    Sujeto mi miembro con una mano y lo subo un poco y lo froto contra tu mentón, dibujo el rostro paso a paso, paso de largo ante tus labios que se estremecen de deseo, ansiando que lo hunda en la cavidad de tu boca para catarlo. Pero no, ahora delineo tus ojos, el nacimiento de tu pelo, me retiro… Masajeo tus pies con ese prodigioso rodillo de venas y músculo, lo oprimo contra mis testículos cuya suave pelusa te produce cosquillas; lo pongo entre tus dedos y simulo un vaivén que, a ti te da morbo y yo me retuerzo de lujuria. Mientras rozo tu rodilla, mi boca busca la copa de tu ombligo donde ha permanecido indemne un brevísimo rastro de saliva, mi lengua seca sus bordes con infinito cuidado y avanzo volviendo a tus pezones que me reciben estremeciéndose cuando los toco con la punta mojada de mi increíble pincel.

    Quieres que te penetre ya, pero aún me dispongo a diseñar tu geografía como avezado cartógrafo, como adelantado a llegar a tierras ignotas, valles y altiplanos de tu piel tibia y deseosa… Tu espalda siente el roce fugaz de ese bello don buscando oasis para saciarse y darte, a un tiempo, tu merecida paz.

    He encontrado, sin buscarlas, las cordilleras de tus nalgas redondas con su secreto oculto en el profundo valle. Ahí estoy, decorando, con mi miembro, con pericia caprichosa la entrada que parece un cojín donde desea descansar y asolada sin demora. Debajo, un hilillo de aroma a néctar se derrama como una riada sobre la sábana, incapaz de contenerse ante mi juego. Miro a tus ojos y capto tu placer, reflejo exacto del que te estoy proporcionando: tu sonrisa es la de una niña que ha descubierto un juguete nuevo para sorprenderte.

    No puedes esperar más, te tomaré ahora. Siento como te abres toda para que mi ariete derribe las puertas estremecidas, puedo sentir los jugos que la fruta madura exhala para testificar su madurez. Tu pequeño clítoris está saliente y listo para que lo estruje sin más demora, hundirme en tu cuerpo, usarlo para guardar mi pincel, de guante para mis dedos, que ojalá fueran miles para alcanzar cada por de tu piel.

    Me saciaré, dejando mis colores dentro, organízate, crearte de nuevo. Dejándote rugir como la fiera cuando se ve alcanzada por el simple y puro destino de su vida.

    Embriágate, te nombro, hago que te disuelvas para que digas que me quieres, así como yo soy, espejo para mí y placer sin culpas para mi hambre. Hare de ti mi obra maestra, pintor de viva paleta.

    Y luego déjate, tumbada, llena de mi pintura, hecha un ovillo, y sobre todo no cierres el bote de pintura por si queremos volver a mojar el pincel.

    Hasta aquí mi relato, espero que os gustara y que me comentéis y valoréis, es gratis y ayuda bastante.

  • Madre e hijo, experiencias eróticas (Partes I y II)

    Madre e hijo, experiencias eróticas (Partes I y II)

    Mi nombre es Paul, tengo 28 años, un cuerpo bastante bueno, me cuido y hago deporte. Mi madre, Nati, tiene casi 60 años, a pesar de ello, se conserva bien, es muy guapa, lleva el pelo corto y platino, tiene sus curvas, tetas grandes aunque algo caídas, y un culo un poco grande, redondo y apetecible. Mi padre tiene 66, y por lo que yo sé, ya no suelen hacerlo nunca, sobre todo porque mi madre suele ponerse a la negativa.

    Esta historia, como otras, comienza conmigo, teniendo fijación por las mujeres maduras desde adolescente, y continua con el momento en que empecé a pensar en mi madre como mujer atractiva para masturbarme.

    Esto, por supuesto, lo llevaba en secreto, pues no es algo que uno pueda expresar abiertamente. Mi madre, siempre ha sido una mujer que no ha tenido pudor en casa, era habitual verla salir del baño desnuda, cosa que a mí me encantaba, pues podía verla desnuda discretamente. Con los años yo fui subiendo el nivel, masturbándose con sus bragas, en su cama, etc. También encontré algunas fotos de mi madre medio desnuda que mi padre le debió tomar en la playa en algunas vacaciones, las cuales guardé para masturbarme, pero nunca me atreví a hacer nada más.

    Con los años ella quería mantener algo la forma y me pedía ayuda y consejos para entrenar en casa, a lo que yo accedía claro. En ocasiones, cuando le daba pereza me pedía que entrenase con ella, así que yo, claro está me animaba a ello.

    La ayudaba con las sentadillas, con las pesas, momentos en los cuales era inevitable algún roce, sobre todo cuando me ponía detrás de ella para ayudarla con la postura de las sentadillas. Para mi había un momento donde la erección era inevitable, y sé que mamá lo notaba.

    Con el tiempo, y algunos entrenamientos más, mamá se fue comprando ropa de deporte más entallada, unos leggins, y un top que le apretaba y subía las tetas de forma muy sexy, y que me excitaba mucho.

    Tras una de esas sesiones de entrenamiento donde sudamos y entrenamos bastante bien mientras mi padre se había ido a cuidar de mi abuelo todo el día, mi madre me dijo algo que me sorprendió:

    -Ahora habrá que darse una ducha, que hemos sudado muchísimo eh Paul.

    -¡Si! -le conteste- ¿Te duchas primero tu o entro yo?

    -Podemos ducharnos los dos juntos, ¿o te da vergüenza?, como cuando eras pequeño y a veces te bañabas conmigo.

    Yo, impactado en mi mente, tarde unos segundos en reaccionar, hasta que logre articular algunas palabras:

    -Vale, vamos a la bañera grande que sino no cabremos.

    Nos dirigimos al baño, dejamos la ropa sudada en el cesto y mamá entro primero a la ducha. Yo, tarde un par de segundos en entrar. Mamá abrió el agua de la ducha y empezó a caerle encima, mientras algo de agua me salpicaba a mí una vez había entrado.

    La vista era increíble, el agua cayéndole por encima, su culo mojándose, sus tetas, algo caídas pero muy apetecibles mojándose, sus pezones grandes y rosados goteando agua que les llegaba. Su entrepierna tenía algo de bello ya empapado por el agua que se notaba que estaba cuidado.

    Al poco mi madre me dijo:

    -Pasa bajo el agua que cojo el jabón y el champú.

    Cambiamos el sitio en la ducha y me rozó con una de sus tetas, yo hacía esfuerzos por no tener una erección, aunque ya empezaba a sentir que mi pene se estaba irguiendo. Cuando mamá se agachó un poco para coger el champú pude ver levemente su coño, algo que hizo que mi pene empezase a aumentar.

    Cuando se incorporó mamá con el champú empezó a echárselo en la cabeza y a frotarse el cabello, para mí era como ver a la diosa Afrodita bañarse. Me pasó el bote y me empecé a echar también yo el champú en la cabeza. Ella tomó el gel del cuerpo, y comenzó a enjabonarse los pechos de forma suave, yo hice lo propio también. Al ver esa escena yo estaba ya totalmente erecto, y mi madre se dio cuenta, pero no dijo ni tampoco hizo gesto alguno.

    Al poco se giró dándome la espalda y me pidió que la enjabonase, yo accedí y mi pene quedo a escasos milímetros de su culo, yo procuraba no rozarlo para evitar que fuera incomodo, aunque a veces era inevitable leves roces.

    -Gírate hijo -me dijo mi madre- que te voy a enjabonar ahora yo. Mi madre se recreaba en mi espalda con sus manos.

    -Que cuerpazo tienes eh, eres un adonis –me decía.

    Nos aclaramos el jabón y salimos finalmente de la ducha, yo lógicamente seguía totalmente erecto.

    Mientras mamá se secaba los pechos, a mis ojos de forma sugerente y trataba de secarme disimulando con poco éxito mi erección, por lo cual mi madre esbozaba una sonrisa divertida.

    Cuando nos secamos y aun desnudos, mi madre me dijo:

    -Gracias por el entrenamiento cariño –y me dio un beso cerca de la comisura de los labios.

    Mamá salió del baño con la toalla en el brazo y veía como se iba al cuarto con sus nalgas moviéndose a cada paso.

    Cuando llegó la noche y mi padre había vuelto, yo seguía alucinado por la experiencia de esa mañana. Mis ganas de masturbarme eran intensas, pero quería esperar a que se fueran a dormir mis padres, y así evitar una interrupción. Finalmente se fueron al cuarto, y escuchaba a mi madre decirle a mi padre:

    -Ay, quita, que estoy muy cansada anda, no seas pesado.

    Como era habitual casi siempre, mi madre no le daba sexo a mi padre.

    Cuando deje de oír ruido, empecé a masturbarme, sencillamente recordando las experiencias de esa mañana. Tal era mi morbo y excitación, que apenas dure minutos.

    Pero aquella sería la primera de una serie de experiencias que trascenderían hasta puntos que jamás habría imaginado.

    Parte 2:

    Pasó una semana desde aquella ducha erótica junto a mamá, donde yo no podía quitarme lo ocurrido de la cabeza. Solo con pensarlo levemente, me excitaba.

    Al llegar el sábado y quedarnos nuevamente solos, yo únicamente pensaba en repetir el entrenamiento con mamá y confiar en que quisiera que nos duchásemos después.

    Así pues, el sábado llego, y le ofrecí a mama entrenar juntos, a lo que ella accedió muy alegremente. Se puso su ropa ajustada, y un top nuevamente que hacia sus pechos muy sugerentes. El entrenamiento fue bien, sudamos, nos rozamos, y llego el momento de la ducha.

    Yo ansiaba escuchar a mi madre sugerir la misma idea, y para mi fortuna, así fue:

    -Bueno Paul, ¿nos pegamos otra ducha juntos? –dijo sonriente.

    -¡Claro! -Accedí yo, haciendo énfasis en el entusiasmo que ello me suponía.

    Nos desnudamos en el baño, y entramos de nuevo a la ducha juntos. Siguiendo un proceso parecido a la última vez. Mamá tomo el jabón y comenzó a enjabonarse los pechos, en un movimiento suave, circular y constante mientras me observaba con una suave sonrisa. Yo la miraba mientras iba echándome jabón por el pecho. Entonces, ella se acercó a mí, con sus manos llenas de jabón y comenzó a masajearme el pecho, situándose cerca de mí y de la erección que en ese momento tenía. Al poco me dijo:

    -Venga date la vuelta, que te enjabono.

    Yo, haciendo caso, le di la espalda y me deje hacer.

    Mamá comenzó a pasar sus manos por mi espalda, frotando en círculos suave y maternalmente. Al poco, comenzó a pasar las manos hacia mi pecho bajando desde mis hombros. Para poder llegar más cómoda, se acercó a mí, y fue entonces cuando pude notar sus pechos en mi espalda, y el roce de sus pezones erguidos, y como los movía sutilmente en mi espalda, a la par que me acariciaba el pecho.

    -Enjabóname tú ahora cariño –me dijo.

    -Claro mamá, gírate –dije yo.

    Me dio la espalda y comencé a enjabonársela. Me acerque mucho a ella y, tras dudarlo un poco, forcé el roce de mi pene erecto en sus nalgas. Pude darme cuenta que mamá dio un leve respingo cuando lo notó. Decidí intentar hacer el mismo movimiento que ella había hecho conmigo. Comencé a frotar sus hombros y empecé a bajar despacio por delante, haciéndole una especie de masaje. Mamá soltaba leves gemiditos de gusto, y me colocó sus manos sobre las mías. Por lo que no me atreví a bajar más hacia sus pechos.

    Nos aclaramos el jabón con el agua, y salimos de la ducha. Nos comenzamos a secar frente a frente. Mamá se frotaba los pechos con la toalla, mientras yo me secaba el torso dejando ver mi erección. Pude observar que mama me recorría con los ojos de arriba abajo y percibí una pequeña sonrisa disfrutona en su rostro. Cuando se terminó de secar, se acercó a mí y me dio un abrazo. Notaba sus pechos pegados al mío, y mi pene erecto rozando su vientre.

    -Gracias cielo –me dijo mientras me daba un beso de nuevo cerca de los labios.

    Y se marchó a su cuarto a vestirse mientras yo observaba su culo moverse mientras se alejaba.

    Esa noche claro está, me masturbe recordando sus pechos en mi piel y mi pene erecto rozando sus nalgas.

    Al fin de semana siguiente, mi padre no tenía que cuidar de mi abuelo, así que como no iba a poder entrenar y luego ducharme con mamá, opté por irme a entrenar a la calle solo.

    Cuando volvía a casa vi un mensaje de whatsapp de mamá, que decía:

    “Que pena, hoy he echado en falta nuestro entrenamiento, y sin duda una duchita juntos, ducharme sola no es tan divertido (emoticono de guiño con lengua)”

    Los días pasaron y yo solo deseaba que mi padre no estuviera ese fin de semana siguiente.

    El jueves a la tarde fue mi madre quien me dijo:

    -Oye, papá no está el finde, se va con el abuelo, así que a ver si entrenamos juntos –mientras me guiñaba un ojo.

    Yo esboce una sonrisa y respondí afirmativamente, y lo cierto es que no cabía de la emoción.

    El día llegó, y no hizo falta mediar mucha palabra, pues ambos queríamos entrenar. Así lo hicimos y esta vez fue yo quien le dije:

    -Bueno, vamos a darnos esa duchita que me decías el otro día ¿no? –sonriendo.

    -Pues si, que además hoy me va a sentar muy bien que me masajees –dijo mamá.

    Nos desnudamos y entramos a la ducha.

    Mamá se puso bajo el chorro de agua, ya que entró primero, y decidí acercarme a ella mientras me daba la espalda con idea de que notase mi erección en su culo. Entonces ella se giró, y quedamos frente a frente muy pegados mirándonos fijamente, quedando la punta de mi pene rozando su bajo vientre. En esos segundos que nos quedamos así, se sentía una tensión sexual muy potente. Finalmente mamá me dejo pasar bajo el agua y ella cogió el champú y el jabón.

    Comenzamos a enjabonarnos, y llegó el momento en que mamá me pidió que me diera la espalda para enjabonarme, y para mi sorpresa me abrazó por la espalda pasando sus manos por mi pecho y abdomen. Cuando frotaba esta zona rozaba en ocasiones mi pene con el dorso de la mano haciendo ver que era sin querer. Yo en esos momentos estaba muy excitado, por ese roce, notar su vientre en mi lumbar, casi pudiendo notar su vello púbico rozándome y sus generosos pechos apretados contra mi espalda.

    Me tocó el turno de enjabonarla, y repetí el proceso de la última ocasión, juntándome mucho a ella dejándola sentir mi erección en su culo, salvo que esta vez ella lo esperaba ya. Cuando llevaba un rato masajeándole los hombros y la espalda, mamá tomó mis manos con las suyas, las deslizo por el lateral de sus pechos, permitiéndome fugazmente rozarlos, bajo hasta sus caderas, y me hizo rodearle el vientre con sus manos, quedándome esta vez yo muy pegado a ella. Tan pegado estaba que mi pene estaba aprisionado contra el culo de mamá, y además ella se movía ligeramente haciendo que mi pene le rozase las nalgas.

    Finalmente y tras un rato así mama se giró me dio un beso en la mejilla, y dijo:

    -Vamos a aclararnos ya cielo.

    Ella se empezó a remojar y salió primero y se rodeó el cuerpo con la toalla. Cuando salí de la ducha ella abrió la toalla, brindándome una imagen deliciosa de todo su cuerpo desnudo, ese cuerpo que deseaba desde hacía años, y que ahora parecía más accesible a mis deseos sexuales. Nos rodeó a ambos con la toalla para secarnos, y quedamos pegados frente a frente, sus pechos con mi torso, su vagina próxima a mi pene erguido.

    Al cabo del rato se separó de mi, me volvió a dar su ya habitual beso en la comisura de los labios, y me dijo:

    -Gracias cielo, me encantan estos ratitos –con una amplia sonrisa de satisfacción en la cara.

    Yo para variar, aquella noche, no pensé más que en aquello mientras me masturbaba.

    No obstante, algunos días después descubriría que no era el único que se masturbaba en casa…

  • Las apuestas se pagan

    Las apuestas se pagan

    Tal vez para muchos esto no sea lo correcto pero: me encanta el sexo y trato de disfrutarlo con mi pareja, disfruto de ver una buena película o mejor si es sexo en vivo, me resulta muy morboso ver como follan enfrente de mí, y, más si las personas son alguien que conozco.

    Claro que el sexo siempre debe ser excitante y morboso…

    Claro que para quien gusta de ver, es muy morboso ver que alguien más está haciéndolo…

    Claro que es más excitante verlo, en vivo…

    Claro que el morbo sube, cuando vas a participar en la orgía…

    Claro que el ambiente se calienta cuando sabes que puedes tener a otra mujer y no tendrás problemas con tu esposa es más ella vera y participará…

    Claro que te calientas con la idea de verla gozar con alguien que no eres tú…

    Claro que disfrutas sus orgasmos mientras te toma la mano o te chupa el falo…

    Claro que es muy morboso verla y oírla mientras tú le das placer a otra mujer…

    Todo el día estuve esperando la hora de terminar pronto mis pendientes para poderme ir a casa temprano, pero tenía un par de cosas que no podía dejar para después, por eso mi frustración cuando una de las personas con quien me reuniría llegó tarde a la cita, lo atendí como atiendo a todos mis clientes, con una sonrisa, y haciéndole ver porque necesita de nuestros productos, una vez cerrado el trato, me despedí de Sandra, mi secretaria y el dije que era hora de que me retirara, ya el lunes nos veríamos temprano para comenzar una nueva semana.

    Me di prisa por llegar a casa cuando llegue a ella ya estaban ahí mi cuñada Raquel y Jack su pareja. Ya casi estaban listos para salir.

    Mónica estaba espectacular, tenía puesta una chaqueta con una blusa oscura a juego con un pantalón de vestir muy ceñido a su figura, en la parte de arriba y un poco más flojo de las rodilla para abajo, era de una tela que se amoldaba a su cuerpo perfectamente, el pantalón tenía una abertura en cada pierna hasta su rodilla, la hacía resaltar sus caderas y la forma como le quedaba en su sexo ufff se veía muy bien, unos zapatos de tacón le hacían levantar aún más su rico trasero. Raquel llevaba una falda arriba de las rodillas que tapaban sus bien torneadas piernas, con una blusa y unos huaraches, Jack iba en un saco informal con una camisa y pantalón de vestir. Me di prisa en desvestirme para darme un baño rápido me enjabone y enjuague lo más rápido que pude para estar a tiempo para la reunión, saliendo del baño elegí mi ropa en esa ocasión opté por mis típicos jeans de mezclilla azul claro con una playera oscura y un saco también informal.

    Ellos eran especiales en nuestra relación pues junto con Miranda era con los que habíamos tenido nuestras primeras experiencias en un tipo de orgias.

    El día de la reunión había llegado…

    Ya era viernes, y desde hacía unos días la esperamos con ansias, –creo en que todos así era, pero yo tenía un motivo en particular, toda la semana previa había estado en castidad para ese día, eso no implica que no había estado fajando con Mónica, llegando incluso a penetrarla hasta el punto de casi eyacular, claro que ella si tuvo un par de noches donde se pudo desahogar, así que ese viernes independientemente de lo que pasará en la reunión, yo acabaría por fin vaciando mis ganas en Moni–, siempre reunirse con los amigos es una buena forma de salir de la rutina y levantar los ánimos, además en esta ocasión estaríamos la mayoría, siempre la pasábamos muy bien con todos ellos. La mayoría estábamos entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años, los más jóvenes eran Raquel de veinticinco y Jack de treinta. El grupo está formado por Raquel y jack que como ya dije son los más jóvenes.

    Rubí y Andrés,

    Julia y Francisco

    Athenea y Miguel

    Miranda y Jonathan

    Paulina y Román

    Mónica y Fede

    Este es nuestro círculo de amigos más íntimo.

    En nuestras reuniones cada que nos juntamos la pasamos muy bien, bailamos, hay apuestas entre nosotros, nos tomamos algunos tragos, charlamos de todo –hasta de política y religión, temas que casi no tocamos por qué nunca sale uno de acuerdo y no falta quien se sienta–, precisamente hace alguna reuniones alguien habló del intercambio de parejas, pues acababa de salir una serie que ponía el tema –en el cual Mayte, mi novia platónica era una de las protagonistas– en la mesa, Mónica y yo ya hemos tenido algunas experiencias en ese ámbito aunque casi sin querer y no han sido muchas, pero en una fiesta hace tiempo entre Raquel, Miranda, Moni, Jack y yo pues digamos que nos divertimos mucho así que el tema no nos asustó demasiado, hoy era un día especial pues tal vez alguien se animaría a intercambiar a su pareja en esa reunión.

    Nos subimos en la Q8 de Raquel para ir al lugar de la reunión, Raquel manejando y Moni aún lado de ella, como copiloto, Jack y yo nos fuimos en la parte trasera, manejo por las calles de la ciudad por unos veinte minutos, al llegar al lugar nos quedamos impresionados por lo imponente que se veía, entramos en el estacionamiento queriendo captar cada detalle.

    El lugar de la reunión era un restaurante famoso por tener fiestas temáticas para adultos, ya nos morimos de ganas de ir y disfrutar de alguna de las fiestas que ahí se organizaban, nosotros habíamos apartado un salón privado donde íbamos a disfrutar y cenar, y posiblemente si el ambiente era el propicio algo más…

    Llegamos al Cesar un poco después de las 8:30 de la noche, la reserva estaba para las 8:45 era en lugar enorme que en tiempos antiguos había sido una hacienda en un barrio importante de la ciudad, ahora había quedado atrapada en medio de la modernidad lo cual sólo hacía resaltar su grandeza y antigua gloria, todo el lugar estaba pintado para hacer resaltar las canteras antiguas que tenía, la parte del primer piso era un restaurante para quien gustara ir y disfrutar de una excelente cena, mesas de maderas finas y sillas con tapizados perfectos hacían ese un lugar único y mágico, cuando llegamos nos hicieron pasar a un pequeño salón a un lado del restaurante, ya estaban ahí Julia y Francisco, Julia venía con un vestido negro a media pierna y Francisco con camisa y pantalón de vestir, Athenea y Miguel, Athenea traía puesto un lindo jumper de una tela fina que se amoldaba a su exquisita figura y Miguel traía un traje sastre, Paulina y Román venían combinados en su vestimenta ella traía un escote que nos dejaba ver el comienzo de unos sugerentes senos, Rubí y Andrés, bueno Rubí venía con un short corto y unas botas arriba de la rodilla que le dejaban al descubierto unos escasos centímetros de piel, en cambio Andrés venía en mezclilla como yo, que junto con Raquel y Jack y nosotros sólo faltaba Miranda y Jonathan para que el grupo estuviera completo tardaron unos cinco minutos más en llegar, ella venía con una sugerente falda corta y una blusa que dejaba al descubierto sus hombros, sus chinos caían sobre ellos de una manera que daba envidia no poder besar su cuello al igual que el pelo, sus labios, esos benditos labios rojos que siempre incitan, esos benditos labios rojos que siempre que llega ese momento sonríen, esa noche simplemente estaban para morder, Jonathan en cambio venía soberbio en un traje de diseñador, cabe decir que todas se veían hermosas envueltas en ropas que las hacían lucir, cuando el grupo estuvo completo, una hostess morena muy guapa, como todas las personas que trabajan ahí, nos acompañó a nuestro salón, cruzamos por una puerta en dirección contraria a donde estaban los comensales, nos dirijo por un pasillo adornado con velas en candelabros antiguos y una que otra obra de arte moderno, cruzamos un enorme jardín con un césped muy cuidado, el jardín tiene unos árboles de naranja, que en ese momento estaban en flor, el aroma de ellos de inmediato nos inundó el olfato, todos íbamos asombrados con el lugar esperando que nos depararía la noche, al final de ese jardín, una escalera subía en dos direcciones, subimos por la derecha siguiendo a la señorita pasamos un par de salones cerrados, donde dentro se escuchaba música y pláticas de las personas que ahí estaban.

    Al fondo, al lado de una puerta se miraba un joven mesero muy musculoso, sin camisa solo su pantalón y un pequeño moño en su cuello –en este punto los meseros estaban desnudos de la cintura para arriba–, nos recibió junto a una puerta doble, indicándonos que ese era el lugar, y abriendo la puerta nos invitó a entrar, Moni y Miranda no aguantaron las ganas de poner sus manos en los cuadros de su abdomen al pasar a su lado, cruzamos la puerta mientras nuestra anfitriona se despedía para volver a la entrada del lugar, y llegamos a un pequeño vestíbulo donde pusimos los sacos y bolsas, Roberto se presentó como nuestro jefe de meseros, ya dentro junto a él estaban otra chica y otro mesero, ellos nos llevaron hasta la mesa, cruzamos el lugar era una habitación grande con solo una ventana, tenía una pequeña pista de baile, una mesa de billar, varios sillones anchos, cómodos como para albergar a más de dos personas a la vez, estaba una pequeña mesa de centro con un frutero, pero en vez de frutas tenía preservativos, de muchos colores y sabores, texturizados, fluorescentes había un gran surtido, aceites fríos, Calientes, de sabor, había también una gran cama, y, un tipo de columpio en el lado más alejado a la puerta, con una hermosa vista a los naranjos… una linda tabla de parota era nuestro comedor, una gran banca pegada a la pared para unas siete personas y siete sillas del otro lado nos esperaban, unas velas repartidas por la mesa daban un toque romántico, mientras unas flores de jazmín estaban estratégicamente distribuidas por la mesa, soltando su aroma, las mujeres se sentaron en la banca, recargadas contra la pared –que casualidad, así quisiera tenerlas, contra la pared con sus traseros hacia mí, pero sin ropa–, mientras que cada uno de los hombres se sentó frente a su mujer, enfrente de cada silla ocupada por un hombre pusieron una pastilla, que según decía en el envoltorio nos daría una noche de una gran dureza, todos las tomamos entre risas de morbo y curiosidad, por su parte a la mujeres les sirvieron una bebida para despertar más su livido, la música era tranquila, estaba a un volumen en el cual podías mantener una conversación con cualquiera de los ahí reunidos sin ningún problema. Roberto nos sirvió una bebida de cortesía en lo que decidimos que era lo que cenaríamos –yo, ya sabía exactamente lo que quería –, estaba sentada frente a mí y el postre sentado a un lado de ella…

    La cena llegó un poco después de ordenar nos decidimos por una pasta con camarones y tocino bañada con crema de espinacas, estaba deliciosa, para tomar Roberto nos recomendó un vino blanco seco, varios le hicieron caso, algunos pidieron vino tinto, alguien pidió cerveza, o un whisky, yo mejor prefiero el tequila, así que eso fue lo que estaba tomando, la cena terminó entre risas y tragos, pasamos a la sala envueltos en un ambiente de total cachonderia, jugamos un poco un jenga erótico que tenían por ahí en la mesa de centro, el clima fue subiendo en intensidad al igual que los retos, un beso por aquí, un agarró más allá, un pequeño baile erótico por algunas de las participantes, pero la que más se lució fue Rubí que era una experta en eso, unas nalgadas de castigo para Andrés, así estábamos hasta que Miranda me miró directo a los ojos, tomando un trago como para darse valor y me lanzó una apuesta –pareciera que el ambiente iba a cambiar, y se pondría más intenso–, ella quería jugar una mesa de billar contra mí.

    —Fede!!! te tengo una apuesta, va estar interesante –dijo ella con una sonrisa pícara en su rostro–

    —Dime Miranda que tipo de apuesta –conteste intrigado–.

    Si ella ganaba Jonathan su pareja follaria a Mónica ahí en presencia de todos, pero eso no era todo… saco un enorme y grueso dildo de plástico de su bolso, de esos de dos cabezas como los que usan dos mujeres para satisfacerse entre ellas, y añadió que ella me follaria a mismo, con ese gran dildo –la verdad no quería eso dentro mío–, si yo ganaba las cosas serían al contrario –todos estábamos asombrados y un morbo enorme se apoderó del ambiente, ya todas las pequeñas conversaciones que se mantenían se hicieron una, el silencio se apoderó del lugar en la que esperaban mi respuesta–. Yo pensé que era una broma, sería fácil vencer a Miranda en el billar jajaja, así que voltee con Mónica para ver si estaba de acuerdo, ella con un movimiento de cabeza me dijo que estaba de acuerdo, tal vez Jonathan te tenía ganas a Mónica y por eso esa apuesta, tal vez supo que Miranda y nosotros teníamos un pasado en común, y, quiso unirse al grupo, el chiste es que ahí estábamos a una mesa de billar de saber si eso ocurriría.

    —Esta bien Miranda aceptó, pero, hay una condición.

    —Cuál es?

    —Si yo gano, antes de follarte, todos los que gusten de los aquí presentes te pueden meter mano o hacer lo que se les antoje. Y tú serás la que follaras a Jonathan –ahora yo sonreía, mientras ella ponía cara de susto.

    —Aceptó –dijo– pero, debes darme ventaja yo no sé muy bien jugar al billar, déjame empezar la partida.

    —ok, tu abres.

    Todos se pusieron con expectativa alrededor de la mesa para ver el juego, nos dieron espacio para no estorbar.

    Acordamos jugar un ocho, y enseguida acomodamos las bolas en la mesa. Miranda tomó una tiza torpemente para dejar su taco listo, acomodó la bola blanca, preguntando con la mirada si ese era el lugar correcto para abrir el juego, y se dispuso a tirar…

    Abrió con un golpe seco, fuerte, como si supiera jugar, todos soltaron un grito de sorpresa menos Jonathan que sonreía por lo bajo, nos observaba pacientemente, yo me sorprendí un poco, pensé que no sabía jugar, Moni también noto como ella sabía lo que hacía, con el primer tiro cayeron un par de bolas rayadas y una más de las rayadas quedó en un tiro fácil que le señalé de inmediato, ella tomó mi consejo y con una facilidad sorprendente la metió en la buchaca –para ese entonces ya algunos decían que me ganaría entre risas cómplices –, augurando que me tragaría el dildo.

    —voy por las rayadas

    Con ese tiro le quedó de nuevo otra rayada a modo, se la señalé de nuevo y ella la vio, con maestría tomó el taco y metió una nueva bola.

    –Sabes Fede yo también se jugar el billar, me encanta embaucar a la gente diciendo que no se, para ganar mis apuestas jajaja

    —jajaja –todos reían de cómo me había engañado–

    Vas a perder, escuché como la mayoría lo decía.

    Miranda era una experta jugadora de billar y solo le faltaban tres bolas si contábamos la ocho. Le volví a señalar el tiro más fácil y ella lo tomó de nuevo –adentro, ya solo le quedaba una, Mónica estaba ya preocupada de que iba a perder, al igual de todas formas íbamos a disfrutar pero se disfruta más cuando sientes que ganaste–, solo quedaba una bola, volvió por la tiza, se apuntó, me puse tras de ella para ver el tiro que tenía, era el tiro más difícil de toda la mesa, me acerque a ella lo más que pude justo cuando iba a tirar, y le susurre, ya casi soy tuyo, después de eso, tiro…

    Lo falló la dejó cerca de la buchaca junto a la bola ocho.

    En este punto sonreí, sabía que tanto mi perfume –siempre mi aroma la ha puesto nerviosa– como mi cercanía la turbarían, pero lo que en realidad la distrajo fue el saber que ya estaba en la bolsa el premio.

    —ya perdiste Miranda

    —Pero Fede a mi solo me queda una bola

    —Si, pero ya perdiste para ganar hay que meter la ocho, sabes te fui señalando el camino de las bolas que deberías meter y tú caíste en la trampa, primero debiste destapar la bola más difícil, pero apuntaste a las que yo te iba diciendo ahora vas a perder el juego.

    Ella dejó de sonreír –al parecer en verdad quería follarme con esa cosa y Jonathan quería a Moni para él–, ya solo miro como empezaba a meter las bolas en las buchacas, fui tiro a tiro metiendo cada una en su lugar, al final un tiro de tres barandas para meter la bola ocho que entró lentamente en la buchaca, ya solo quedaba cobrar la apuesta. Todos en nuestro interior, en nuestras más íntimas fantasías, estábamos emocionados por meter mano a Miranda, por verla desnuda, tiene un cuerpo hermoso y todos queríamos verlo al natural sin nada de ropa, todos queríamos ver cómo disfrutaba, y hoy sería ese día… Me acerque a ella y pegué mi pecho en su espalda, sentí el aroma de su pelo en mi rostro, después de aspirarlo los aparte con mi mano para poder besar su lóbulo, siempre me gusta hacer eso, lamer su oreja y susurrar lo bien que se ve y lo mucho que disfruto al follarla, tiene un efecto mmmm, mi mano bajo directo a su parte más privada, así sin tapujos de ninguna índole, la metí por debajo de su falda mientras ella sumía un poco su abdomen para darme un acceso más fácil, estaba disfrutando sentir como se tensaba, sentir como se ponía en modo sumiso para darme permiso de hacer lo que me viniera en gana, su pertenencia en ese momento era hacia mí, mientras su pareja nos miraba, saber que todos en la sala querían estar en mí lugar, era un plus que me prendía cabron, en realidad todos los presentes lo disfrutábamos, sentir su vello púbico enredarse en mis dedos, su humedad era evidente, cuando metí mi mano por debajo de su tanga, mis dedos la sintieron apenas tocar la suave y fina tela que cubría su sexo, hice a un lado la tanga y suavemente empecé a mover mi dedo de forma circular sobre su clítoris… En su oído le decía lo mucho que la disfrutaba, lo mucho que anhelaba ganar la apuesta para poder follarla a mi antojo, para poder poner mis manos y quemarle a base caricias su piel, a la vista de todos, en especial quería que Jonathan lo viera, que él supiera lo grato que resultaba tenerla así como estaba, entregada a mí, le dije en el oído lo mucho que iba a disfrutar ella también –ella solo podía gemir un poco ante mis caricias, pero con las palabras le brillaban los ojos de una manera peculiar, loa quería, parecía que le excita a sobremanera sentirse expuesta, saberse el centro de atención, saber que cada uno de los ahí reunidos querían follarla–, mis dedos siguieron masajeando, presionando un poco y luego otra vez los movimientos circulares, mientras mi boca hablaba, con esa combinación sus piernas rápido empezaron a doblarse un poco, a moverse sin control aparente, sus caderas se pegaron en mi falo y comenzaron a frotarse en el, estaba tan caliente que en un par de minutos se corrió por primera vez, con un grito ahogado, quiso moverse, quitarse de ahí, buscar mi boca con la suya, pero con mi mano libre la detuve en su sitio, no la deje moverse, con mi mano libre la apreté fuerte contra mi para evitar sus movimientos, solo deje de presionar cuando ella entendió que no se podía mover, que ella era mi premio, que ese era mi juego, un juego en el que ambos éramos ganadores, en el que todos los presentes ganaríamos…

    Continúe los movimientos circulares de mis dedos sobre su ya sensible clítoris, de reojo vi que algunas de las demás parejas ya estaban también empezando con sus caricias subidas de tono mientras nos miraban… cuando alcanzó un segundo orgasmo, tal vez era el momento de tomarla, de hacerla mía y de cobrar mi apuesta, pero yo me detuve, saqué mis dedos mojados de ella y le día probar su sabor, metí uno en mi boca y después le arranqué la blusa, sus tetas quedaron a la vista de todos, un par de tetas bien formadas estaban ahí moviéndose por el movimiento brusco que le di, el color oscuro de sus pezones quedó a la vista de todos, siempre me ha gustado su color, tomé uno con mi boca y mordí sobre ella, su pezón recibió mis dientes, Miranda gimió un poco, sentí como Jack se arrimaba a nosotros y comenzaba a tocar el pecho libre, luego llegó Miguel, y así uno a uno fue tocando a Miranda, hubo un momento que los siete pasamos las manos y lenguas por su piel, alguna de las chicas no aguanto las ganas y también le acarició su humedad provocando nuevas convulsiones en sus piernas, pero nadie la follo, ese gusto sería mío, por lo menos en primera instancia… enrosque su falda hasta su cintura, la empuje sobre la mesa y su trasero quedó expuesto para todos, vulnerable, listo para ser tomado, que linda visión nos ofreció, mi mano se estampó en su trasero, su figura quedó pintada en el, y mis dedos hormigueaban por el del golpe, recibió un par de nalgadas también por parte de Román y enseguida tome un aceite y un preservativo del tazón, puse un poco de lubricante en sus labios –no porque lo ocupara, más bien quería que ella sintiera el contraste de su humedad con el calor del aceite– y me puse el preservativo, me dirigí a ella decidido, le acaricie las nalgas antes de darles un beso, arrime mi falo a su sexo, me clavé de un solo golpe, lo más profundo que pude, ella soltó un gritito de placer. Vi como Mónica fue por otro preservativo y camino hacia Jonathan que estaba sentado en el sillón en primera fila, viendo como su mujer gozaba de lo lindo mientras yo la follaba, cuando llego a él Mónica sacó su miembro erecto del pantalón, le puso lentamente el preservativo, y luego ella se quitó sus pantalones y la tanga y se sentó sobre de él dándole la espalda, mostrando su excelente trasero a él dejando que el se deleitará con ella, y así ella podría seguir viendo como yo follaba a Miranda…

    Moni me miraba con morbo, su cara me indicaba que le gustaba lo que veía, lo que sentía, su cara se fue transformando mientras sus movimientos de subir y bajar se intensificaban, pronto tenía esa cara de placer que también conozco, esa que indica que el clímax viene, ella estaba gozando de lo lindo con la polla de él dentro, mientras yo hacía lo mismo con Miranda, fueron unos momentos Calientes, ardientes, llenos de un morbo único, el ambiente estaba impregnado de erotismo, donde todos estábamos disfrutando, entregados al placer… lleve hasta el máximo placer a Miranda, pude sentir sus contracciones en mi falo, su sonrisa me lo confirmó, sus bellos labios rojos se transformaron en una carcajada, tiene esa extraña manía, cuando le llega el orgasmos, ríe, su boca siempre se ríe, es algo que la vuelve inolvidable… Enseguida le hice una señal a Mónica, que ella rápido entendió, se bajó de Jonathan, y comenzó a desnudarlo le quito la camisa, el pantalón y los bóxer, sería imposible decir con detalle lo que cada uno de los integrantes hizo esa noche, pero en ese momento aunque algunos ya se desnudaban, todos estaban atentos a las dos parejas, ellos también ya estaban metiéndose mano cada quien con quien quería, pero siempre atentos a las dos parejas una en la mesa de billar, y la otra en un sillón al lado. Salí de Miranda y Tomé el dildo con que Miranda me pretendía follar –en realidad que era muy realista, tenía hasta las venas de un miembro verdadero–, y, lo metí en su boca, lo metí lo más profundo que ella aguanto, la deje dentro de su garganta un poco tiempo antes de ponerla sobre su vagina, la fui dando vueltas en sus labios a fin que se acostumbrara al grosor, era gruesa la cosa esa –ya me imagino lo que sería sentirla en el culo–, la fui metiendo de a poco y la folle con él, la llevaba desde arriba acariciando su clítoris para al final clavarla en su sexo, cuando sus piernas empezaban a tensarse le hice otra seña a Moni, ella puso en cuatro Jonathan, y enseguida comenzó a lamer su ano, con su mano seguía masturbando su polla, cuando Miranda termino de nueva cuenta le dije que era hora de follar a su marido, su pícara sonrisa volvió, se levantó de la mesa y con el dildo clavado en ella, camino hasta su marido, Moni no se apartó, siguió lamiendo sus bolas y su pene, él abrió los ojos cuando sintió que Miranda se ponía en su trasero y empezaba a empujar en su culo, ella tomó la cabeza del dildo con sus manos para darle más fuerza al dildo y lo empezó a empujar en su ano, cuando la cabeza entró la manos de Jonathan manos se tensaron, sus dedos buscaron a que aferrarse y un quejido salió de su boca, mientras sus ojos se abrían más, esto pareció excitar aún más a Miranda –de verdad que ella estaba disfrutando eso–, espero un poco a que él se acostumbrara a tenerlo dentro y luego comenzó a bombear, Moni siempre estuvo ahí abajo chupando y lamiendo para que él estuviera más relajado, Jonathan por su parte ya acostumbrado a sentir como le rompían el culo, empezó a lamer el húmedo sexo de Moni, ahí estaban los tres entregados al placer Moni lamiendo su falo, mientras él lamia el sexo de mi mujer, Miranda gozando dentro suyo mientras ella misma follaba a su marido era un lindo triángulo amoroso, con varios testigos jarioso…

    Camine hasta Paulina y Román, ella estaba sentada sobre él subiendo y bajando en un ritmo muy acelerado, mientras llegaba a ellos observe como ya todos estaban entretenidos unos con otros una sinfonía de gemidos se escuchaban en el cuarto haciendo el concierto del placer, llegué al lado de Paulina y bese su hombro, Paulina se detuvo un poco volvió su cara para besarme, tras un beso apasionado, con su marido dentro de ella tomó mi falo sintiendo su dureza subió y bajó su mano por él, enseguida sus manos fueron a sus nalga y las abrieron para mí, entendí lo que quería , Román lo aprobó con la mirada… Me coloque en su trasero puse mi dedo gordo en el con un poco de saliva lo recorrí, poco a poco lo fui metiendo en ella mientras, Román se movía solo un poco, cuando dos de mis dedos entraban y salían con facilidad los saqué de forma definitiva, puse mi polla en su ano, Román detuvo sus movimientos, entre en ella, sentí como su apretado culo me recibía, como lo iba abriendo de a poco, hasta llegar a tener toda mi polla dentro de su culo, los tres cuerpos se acoplaron, Paulina estaba extasiada, con dos pollas dentro de ella… no salí de ella hasta no haberle llenado el culo de leche, cuando salí de ella estaba sudoroso y agitado, pero aún quedaba mucho por vivir, Moni estaba con Jack, mientras Raquel los observaba bajo los brazos de Francisco…

    No sé si fueron las pastillas que nos tomamos, no sé si fueron las bebidas que ellas tomaron, no sé si la luna estaba ese día en su mejor punto, solo sé que me puse duro más rápido de lo habitual Julia me miraba con esa mirada traviesa, cachonda, estoy seguro que ya se había divertido con alguien, aun así la tomé de la mano y la lleve a la cama, en ella estaban Athenea y Miguel, y Rubí Con Andrés ambas recostadas con las piernas bien abiertas mientras Andrés y Miguel las tenían fuertemente sujetas de los tobillos, pude notar el depilado sexo de Rubí y una de mis manos le dio un apretón a su pezon izquierdo, hice lo mismo con Athenea, recosté a Julia junto en medio de ellas, julia se besó con Athenea y luego volteo con Rubí las dos se besaron, tomé la misma posición en que Andrés y Miguel tenían a Rubí y Athenea, y, comenzó una carrera hacia el orgasmo, me di mi tiempo, quería disfrutar de Julia comencé lento, pasando el largo de mi falo por toda su vulva, dándole un suave masaje con él en sus labios, de repente me metía en ella, su calor húmedo me cobijaba.

    —ohhh Julia estas estupenda

    Yo escuchaba a Rubí, que no dejaba de gemir, ellas en medio de los movimientos seguían con sus besos apasionados, a veces con Rubí otras con Athenea, más ruidos se escuchaban en todo el cuarto, eso era de lo más excitante pues aunque no los vieras, podías sentir el placer de cada una de las personas involucradas, Julia resultó insaciable estaba entregada a mí, entregada al momento, y no dejaba de pedirme que no me detuviera…

    Aferre mis muñecas aún más en sus tobillos, doble un poco sus piernas hacia su pecho, deje caer todo mi peso en ella, sus pies le quedaron junto a su rostro y mi boca alcanzó su cuello, estábamos locos de lujuria, en cada arremetida sentía como me abría paso dentro de ella, fue un momento único cuando ella tocó el cielo, su aliento en mi oído, su acelerado corazón latiendo muy cerca del mío, sus piernas temblorosas, un cansancio extremo nos acompañó, fue una noche larga, una noche de ensueño que se quedaría en la memoria de cada uno de los que ahí estuvimos, la primera de muchas que vendrían por delante…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera Etapa (16)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera Etapa (16)

    Cuando su madre desapareció por la puerta, el joven miró su móvil.  La luz parpadeaba, anunciando que tenía algún mensaje pendiente de leer. “Tía Carmen” era lo que ponía en la pantalla, lo abrió antes de arrancar y leyó el contenido.

    —Las pizzas acaban de llegar, cuando vengas, sube a mi habitación. Seguramente tu madre vendrá para las ocho y media o nueve, tenemos tiempo, pero… DATE PRISA.

    Sergio pisó el acelerador y salió disparado al encuentro de su tía. La carretera se hacía eterna, interminable. El miembro del chico le pedía que corriera más, porque si tardaba mucho en llegar, podría correrse allí mismo.

    Aunque el recorrido se le hizo largo y tedioso, apenas se acordaría en el futuro. Aparcó el coche y salió corriendo a la casa, las llaves le resbalaban de sus manos sudorosas, era un manojo de nervios. Consiguió meterla por la ranura “no va a ser lo único que meta” pensó de manera descara al abrir la puerta.

    Desde la parte baja de la casa, todo se veía apagado, salvo la luz en la habitación de su tía. Se quitó las zapatillas lo más rápido que pudo y subió aún más veloz por las escaleras. Estaba atorado, con el corazón explotando dentro de su pecho, había dejado a un lado su parte humana, la racional. Solo estaba su lado salvaje, el animal que llevaba dentro. Tuvo que controlarse en el trayecto, no quería tropezar y quedarse sin el majar que esperaba en el piso de arriba y… tampoco llenar toda la casa de saliva, estaba demasiado eufórico.

    Por fin estaba ante la puerta, como la otra noche. Aunque esta vez, estaba abierta y solo tuvo que empujarla, entrando de sopetón, sin embargo allí no había nadie. Anduvo hasta la cama. Estaba hecha y las dos luces de la lámpara estaban encendidas, dos faroles con poca fuerza que daban una sensación de calidez a la estancia. En ese momento, otra luz iluminó la habitación, era la del baño a su espalda. La puerta se había abierto y de allí, salía su tía.

    —Has llegado pronto, ¿tienes prisa por algo?

    —Madre de dios…

    Carmen apareció con una bata de terciopelo negro que le llegaba más arriba de las rodillas. El pelo casi dorado, ondulado y con algunos tirabuzones como los que llevaba su madre. Estaba realmente preciosa, se acercó al joven con paso decidido, mientras este se quedaba quieto sin poder moverse y a punto de temblar. De cerca vio cómo se había pintado los ojos con una sombra rosa y estos tenían aún más color, ¿acaso aquello era posible?

    —Si aún estoy vestida… —dijo ella con una sonrisa, mostrando unos labios recubiertos de gloss que le daban mayor volumen.

    Posó su mano en el pecho del joven, el solo roce de sus dedos le produjo una atracción irrefrenable. No dudo en empujarle con cierta fuerza, Sergio se dejó caer contra la cama, para que acto seguido ella hiciera lo mismo, sentándose a ahorcajadas encima del muchacho.

    —Carmen, por dios… —Sergio pasó sus manos por los muslos visibles, no sabía que más decir, ni hacer, su garganta estaba seca y agarrotada.

    —¿Carmen? No, Carmen no… prefiero que me llames tía. —decía mientras su cadera comenzaba a moverse encima del pene casi erecto en su totalidad— Parece que ya estás listo ¿La has tenido así todo el día?

    —Sí. No te lo he demostrado con la foto.

    Carmen embistió más fuerte la entrepierna de Sergio, dando con su sexo en el gran bulto de su sobrino. Resopló con fuerza pensando en la dichosa imagen que tan acalorada la había puesto. Encima del muchacho, a horcajadas con sus piernas abiertas, notaba en su ropa interior un calor que no le ayudaba a serenarse.

    —Joder, cariño, eso no se le hace a tu tía… Has sido malísimo, pero ahora vas a tener tu recompensa.

    Con calma deshizo el nudo de su bata, para después, con más calma aún, como si el tiempo no jugara en su contra, abrir una parte de la bata y después, la otra. La prenda se abrió con una sutileza que desbordaba erotismo quedando toda la bata abierta delante del joven.

    Sergio abrió la boca ante tal despliegue de armas de mujer, volviéndose a quedar sin hablar. Su tía llevaba lencería de encaje, seguramente “cara”. Era de color rosado, la parte de abajo estaba formado por una braga que rozaba el límite para ser un tanga, y tapaba menos de la mitad de sus nalgas. Pero la parte de arriba… Sergio no podía dejar de mirar.

    Los pechos de su tía estaban metidos en un sujetador que las mostraban perfectas, grandes como eran y jugosas como un algodón de azúcar. El joven pensó estar en el paraíso, aquello no podía ser cierto, era la mejor imagen que había visto en su vida. Sí, su tía era mayor, tenía algunas arrugas, sobre todo de expresión y su vientre no estaba plano. Había pasado dos embarazos que dejaron rastros que no se irían jamás, pero se conservaba como un buen vino.

    —Parece… que te gusta. —la voz de Carmen sonaba agitada.

    —Me encanta. —logró decir sin perder la cordura.

    Ninguno podía hablar demasiado, estaban demasiado atorados, les invadía el placer como un parásito que no podían matar. Sergio temblaba al pensar en cuál sería el siguiente paso, seguía con las manos quietas en los duros muslos de su tía, era un niño asustado delante de una diosa.

    Su tía en cambio, seguía moviendo su cadera, cada vez notando más el terrible sable de que la atravesaba por completo su vagina. Se apoyó en el pecho de este con las manos estiradas, como si ya hubieran comenzado con el coito. Sergio no perdía de vista el precioso cuerpo de su tía que en ese momento tenía más cerca. El calor que le atravesaba el pantalón debido al horno que su tía tenía en las piernas era demasiado. Sentía que el paraíso se volvía tangible en la tierra y a cada movimiento de la mujer, los pechos apretados por ambos brazos daban la sensación de ser inabarcables.

    —Ti… ti… tía… si seguimos así… me corro.

    —¿Estás muy caliente? —la boca se le quedaba pastosa.

    —Si la meto, me corro —dijo Sergio como pudo.

    —¡Dios mío! No me digas esas cosas. —se mordió el labio con lujuria y apretó sus uñas contra la piel del chico. Trato de desfogarse con eso, pero necesitaba más— ¿Tú sabes lo bien que sienta que le digan esas cosas a una mujer de mi edad?

    —Pero no miento… no voy a aguantar ni un minuto.

    —Ca… cariño, yo también estoy aceleradísima. —se le ocurrió que lo mejor sería ir paso a paso— ¿Quizá unos preliminares?

    —Si nos da tiempo… será lo mejor.

    —Una duda, —parando por primera vez el movimiento de su cadera y recogiéndose el pelo tras la oreja— si… Si acabas… ¿Podrás seguir?

    —Joder —pensando en lo caliente que estaba y en cómo le ardía el cuerpo— apostaría lo que fuera a que sí.

    Carmen se bajó de la montura y se apoyó en la cama. Aunque apenas le dio tiempo a pensar en qué hacer, ya que instantes después Sergio la había agarrado de las piernas y la tumbaba en la cama. Sus manos ágiles y también nerviosas, llegaron hasta las braguitas de su tía, las cuales quitaron de golpe con precisión de cirujano ante la pasividad de esta. El sexo de Carmen hizo acto de presencia, esta vez estaba impoluto, sin ningún pelo a la vista. Se lo había rasurado para él, “menudo regalo”.

    Sergio acercó su rostro, podía oler el aroma que desprendía, estaba notablemente mojado. Se veía brillante con la tenue luz que despedían las pequeñas lámparas, tenía un color rosado que cautivaba, Sergio pensó que no habría cosa más bonita en la tierra.

    Unos labios temblorosos se arrimaron al dulce tesoro de la mujer, podía sentir como el calor emanaba del interior. Soltó un poco de aire sobre el clítoris de la mujer para aplacar ese fuego. Carmen se estremeció por completo, desde el primer centímetro de piel al último. Notó el aliento caliente de su sobrino como el mejor de los néctares. Sacó su lengua sin poder detenerse, no pensaba en lo que hacía, solo quería hacerlo y punto. La puso en la parte más inferior de la vagina de la mujer y subió muy despacio hasta el otro extremo dejando un rastro de saliva que parecía el de un animal.

    Los jugos se amontonaban en su boca, “Marta no se mojaba tanto” pensó al ver que estos se derramaban fuera de su lengua. Carmen notaba el calor y la humedad que imprimía la lengua de su sobrino, sintiendo un incontrolable placer que le hizo cerrar los ojos, apretar con fuerza el edredón y volar por un mundo de felicidad.

    —Madre del amor hermoso… —dijo al notar como la lengua de Sergio terminaba su recorrido— esto es… es como… tocar el cielo.

    —Apenas he empezado —respondió el joven, viendo como el pecho de su tía subía y bajaba acelerado.

    —Sigue, cariño…, sigue, por favor… —le rogaba con una voz temblorosa.

    El sobrino obedeció y pasó su lengua por el clítoris de su tía. Esta zona también estaba húmeda y dura… Carmen no podía esconder lo caliente que estaba y observando su zona íntima sería una locura negarlo. Lo rodeó, lo lamió y lo degustó, haciendo que la mujer no pudiera tener sus piernas quietas.

    El jugueteo terminó y un hábil dedo se comenzó a colar en el interior de Carmen, gimió al notar como le horadaba el interior. Pero más le gustó, cuando al movimiento de aquella juguetona falange, se le unió una todavía más traviesa lengua que volvió a visitar el clítoris.

    Los entrantes habían terminado, Sergio se disponía a darle el primer plato. Su lengua comenzó a moverse con verdadera maña por la zona más erógena de su tía, mientras que el dedo entraba y salía presionando las paredes abultadas del interior.

    —Mi vida… hacia cuanto que no me hacían esto… ni lo recuerdo… —a Carmen cada vez se le hacía más difícil estar allí, su mente volaba y volaba.

    Veía con unos ojos a medio cerrar como su sobrino se deleitaba con su sexo rasurado. El placer la estaba inundando, abrió todo lo que pudo las piernas para recibir el máximo de gozo. En menos de un minuto, quizá no habían pasado ni treinta desde que Sergio se lo había tomado en serio, todo el calor se concentró en una sola zona.

    —No… no… no me lo creo —Sergio la miró sin dejar de desempeñar su tarea— me… voy… me voy a… a… a… a correr.

    Los gemidos ahora eran más sonoros, las bromas se habían acabado, ahora llegaría el clímax que tanto ansiaba. Los primeros retazos de orgasmo aparecieron, pero Carmen los aplacó, sabía que luego los multiplicaría. Aunque tal era la suma de placer que le daban aquel dedo y aquella lengua, que le era imposible retener todo aquello un segundo más. Sabiendo que era inevitable, avisó a su sobrino.

    —Cari… cari… ño…, no me aguanto, me corro…

    —Córrete tía… a eso hemos venido… —dijo sacando por primera vez su boca del clítoris.

    —Pero, sa… saca… saca… tu lengua… que la… me… me… me…

    Los sollozos eran más altos, convirtiéndose en verdaderos alaridos. Carmen no se acordaba de lo que era un verdadero orgasmo, aunque no quería expresarse de manera tan sonora, le era imposible ceder ante tales sensaciones. Sintió como se electrificaba su cuerpo, como la espalda se arqueaba contra la cama y como el interior de su sexo ardía como si del mismo infierno se tratara. Logró recordar lo que era el placer.

    —No… no me quito —dijo su sobrino llamando su atención— córrete.

    —¡DIOS!

    Carmen ante la puerta abierta que le dejó el joven, no dudó en aceptarla. Puso un antebrazo en la cama y se erigió levemente no quería perderse ni un segundo. Colocando la otra mano en el pelo de su sobrino, le aprisionó ante su sexo, mientras este seguía moviendo su cabeza al tiempo que lamia. La explosión estaba allí, aquella situación le provocaba un morbo inexplicable, era la primera vez que iba a hacer algo como eso, iba a terminar mientras alguien le devoraba su sexo. El calor se había concentrado y ya reventaba la salida, por lo que con un grito clamando al cielo, Carmen lo dejó salir.

    Las piernas temblaron frenéticas y se movieron poseídas por el demonio, su brazo quedó sin fuerzas casi haciéndola caer en la cama, pero aguanto. La presión le hizo cerrar los ojos, sin embargo quería ver el momento, el instante en el que su sobrino, recibía el orgasmo que su tía le ofrecía a su boca.

    En su interior se sentía más liviana, más desatada, su cara ardía y en las partes bajas de su cuerpo parecía haberse metido en la piscina. Los pulmones trabajaban al máximo de su capacidad mientras dentro del sujetador sus senos parecieran que iban a extrañar de la presión. El placer que le recorría todo su cuerpo tenía el epicentro en su vagina. No supo cuánto tiempo paso, pero más de un minuto estuvo gimiendo con un hilo de voz, el gozo seguía y seguía mientras observaba como su sobrino le limpiaba todo lo que emanaba de ella.

    —Pa… para…, mi vida, para… —le consiguió decir en un momento que pudo— no lo soporto más, dema… demasiado placer.

    Sergio retiró su boca del sexo y esta observó que toda humedad que tenía en su interior ahora manchaba la mandíbula del joven. Pequeños trozos de sus fluidos se posaban tanto en labios como en los pómulos de este y una gota traviesa, reptó desde su barbilla recorriendo su cuello.

    —Menuda… corrida, Carmen… —Sergio no podía creerse semejante despliegue de fluidos mientras se pasaba la mano por el pómulo. En un arrebato de pasión le añadió— Estás deliciosa.

    —¿Te… te…? —a la mujer todavía le costaba recuperarse— ¿Te lo has comido?

    —Lo que pude…

    —¡Jesús…! ¡Jesús! Me… has matado.

    Carmen se quedó tirada en la cama con la respiración a toda velocidad y el corazón dando latidos desbocados, sentía que en cualquier momento podría sufrir un infarto. Intentó llenar todo lo que pudo sus pulmones, para serenarse aunque fuera un poco, pero le costaba más que nada en el mundo. El orgasmo había sido perfecto, o quizá más que perfecto, sin embargo la excitación y la pasión, todavía seguían allí.

    Sergio había ido al baño a limpiarse un poco el rostro, estaba demasiado mojado para seguir con la tarea. Apenas tardó unos segundos en volver que su tía ya trataba de levantarse para conseguir sentarse en la cama.

    —Aún me tiemblan las piernas —habló en un susurro, todavía pensando en lo que su cuerpo no paraba de sentir.

    —Espero… que sea el comienzo… de algo mejor. —ambos sentían algo de vergüenza por estar el uno frente al otro, las cosas habían cambiado mucho para Carmen sin estar borracha.

    —Lo es. —se sentó al borde de la cama y miró desafiante al bulto que su sobrino escondía enfrente de sus ojos— ¿Esto… está listo?

    —Estoy demasiado caliente, no sé si voy a aguantar siquiera 10 segundos.

    —Sería todo un halago para mí —sacó el primer botón y bajó los pantalones para ver el pene solo tapado por el calzoncillo— sí que… sí que estás listo, madre de dios. —adentró sus dedos por el calzoncillo y una mano sacó lo que dentro reposaba.

    Carmen no pudo evitar contener el aliento cuando la vio de frente y sin estar ebria. Sus ojos se posaron después en los de su sobrino, buscando saber si aquello era real, sí que lo era. En su mano, rodeándola con sus dedos, el pene de su sobrino era acero, estaba tan dura… tan ardiente… y a la vez tan suave, le pareció magnifico. Aquello confirmaba lo que se veía en la foto y en directo, parecía muchísimo mejor.

    —Por favor, Sergio… ¿Eran dieciocho? —su voz apenas salía en un susurro. Mientras con la mano diestra sujetaba el sexo del joven, con la otra le quitaba los pantalones dejando únicamente en la parte de abajo los calcetines.

    —Sí… —contestó después de un resoplido notando como su tía tiraba la piel de su prepucio hacia atrás— 14 de perímetro.

    La mujer miraba como hipnotizada el músculo que tenía en las manos, le parecía increíble, “¿dónde has estado todo este tiempo?” pensó.

    —¿Va a ser rápido? —dijo Carmen casi por no mantenerse en silencio.

    —Muy… rápido… —las piernas del joven comenzaron a estremecerse.

    —Siéntate, cariño. —volvió a obedecer y ella se arrodilló entre sus piernas— ¿Te apetece algo en especial? —le preguntó mientras se quitaba la bata del todo y echaba su pelo hacia atrás. Pero Sergio no entendía, apenas podía comprender algo en ese momento— lo digo, porque… yo me he… ido… en tu boca… por si tú… ya sabes.

    —No, tía —apretó los dientes gozando de placer— no me va mucho… ¿Y si luego te beso? Me… me… daría como cosa…

    —¿Quién te ha dicho que me puedes besar? —aquel comentario la soltó un poco y agarró el miembro con más dureza.

    —No… no sé… —gimió al sentir como de nuevo su prepucio salía a la luz por maña de la mujer— quizá… te apetecía. —había pensado que era lo que más le gustaba y que Marta nunca le había permitido, pensó en probar suerte con Carmen. Pero cierta vergüenza casi le impide decírselo— Te importaría… en tus… por… ya me entiendes —se rodeó con la mano su propio pecho para hacerla entender.

    —¿En mis tetas? —rio con cierto nerviosismo— no me importa, cariño, ¿me quito el sujetador?

    —No, no, mejor así, están… muy… —Carmen subía y bajaba la piel de su sobrino con más velocidad— grandes… ¡No me aguanto!

    —¿Te… gustan mucho? —se vio con más confianza y muy sensual. Carmen, soltando el pene de su sobrino llevó ambos brazos bajo su sujetador y desde la parte baja, elevó ambos senos para que se vieran a la perfección— ¿así?

    —Son perfectas… me vuelves loco…

    —Cariño…, —río volviendo a coger el sable duro de Sergio— ¿te gusta… acabar en los pechos?

    —Sí… y… no… —Sergio podía notar los primeros esbozos de placer y apenas se la estaban tocando— será… la primera vez que lo haga.

    —¡No me lo puedo creer! —fue la primera vez que habló con un tono normal— ¡Qué honor! —Sergio la miró. Vio cómo se dirigía la punta el pene a sus pechos y añadía— Si lo deseas, puedes hacer los honores. La coges así cuando vayas a explotar, pum… —señalando una zona de su pecho con el sexo de su sobrino— pum… pum…

    —Carmen…, por favor…, empieza, me estás matando.

    —Claro, cariño, siento la espera… ojalá te guste… hace mucho que no lo hago.

    Sergio casi impaciente porque su tía comenzara, disfrutó de la visión perfecta cuando Carmen abrió la boca y engulló toda la carne que pudo. El joven echó hacia atrás la cabeza con brusquedad, cerró los ojos y se estremeció. La mojada lengua de la mujer, humedecía la parte inferior de su pene, al tiempo que la totalidad de la boca envolvía la carne restante, el calor le llegaba a cada milímetro.

    Aun haciendo muchos años que Carmen no “practicaba” una felación, se desenvolvía con suma fluidez. Subía y bajaba su cabeza succionando el pene de Sergio sin parar, al tiempo que su mano hacia lo mismo moviendo la piel.

    El placer llegó a los quince segundos. “Imposible” pensó Sergio, pero sí lo era. El líquido preseminal había comenzaba a salir. “No me lo creo, ¿ya?” se dijo el joven observando como su tía seguía centrada en la felación y al mismo tiempo, le dedicaba una salvaje mirada con sus preciosos ojos. “¿Quién podría aguantar algo así? Es normal…”

    —Carmen… —ella le seguía mirando con sus ojos del color del mar, mientras su cabeza subía y bajaba. Aún no le había dado ni tiempo a que su pelo se alborotase— tía… creo… que… que…

    —¡¿Ya?! —dijo la mujer atónita por la rapidez, separando sus labios de la prisión que tenían sometida al pene, pero sin detenerse en la masturbación— ¡¿De verdad?!

    —¡Mierda! Sí, sí, sí… ¿Hacemos…? ¿“Eso”? —dijo como pudo recordando en lo que habían quedado.

    —Claro, claro.

    Carmen se puso las manos como le había mostrado antes al chico y este se colocó de pie como un rayo, con la mano en su pene para masturbarse con fiereza. La tía veía de rodillas como su sobrino parecía un titán con aquello en la mano moviéndola a la velocidad del rayo. Estaba excitada de por sí, pero verse así por primera vez, alteró todo su ser. El calor la inundaba, una sensación de erotismo salvaje se apoderó de ella, solo quería ver salir aquella masa viscosa de semen de la punta del joven pene.

    —Vamos, cariño, sácalo. —le animó de forma improvisada sin creer lo que decía. Su ardiente cuerpo le rogaba por más, que terminara ya, necesitaba eso que su sobrino le iba a dar, no entendía por qué estaba tan deseosa de recibirlo. Incluso su boca le hizo saber al joven que lo necesitaba— Córrete.

    —Ya va, sí, tía, sí.

    El pene de Sergio se colocó muy cerca de los pechos. Con su mano, detuvo por un instante las atroces ganas de expulsar el orgasmo que llegaban como una estampida. Esperó menos de un segundo, conteniendo todo dentro de su hinchado sexo, quería abundancia. Su tía de mientras, sin pestañear siquiera, esperaba con las manos debajo de sus pechos para alzarlos lo más que pudo.

    El primero salió, comenzando de nuevo a mover su piel de arriba y abajo. Carmen lo esperaba con los ojos abiertos, pero no estaba preparada, puesto que era la primera vez que le disparaban el semen fuera de su vagina. Su pecho derecho fue el objetivo, un impacto que le hizo sacar un pequeño grito de sorpresa, ¡y placer…! “¡Alucino!”. El calor que desprendía, la textura, todo el morbo… le envolvió en tal pasión que su respiración se agitó aún más. Una masa abundante de líquido blanco golpeó su seno formando una mancha de volumen considerable.

    Recibió el segundo que era igual de abundante que el primero, pero esta vez, por iniciativa propia dispuso el otro seno. La sensación fue la misma, aunque esta vez soltó solo un único y comedido gemido de placer al notar como todo el semen le llenaba el pecho izquierdo. La visión era terrible, a la mente le vinieron los sobres de mayonesa de comida rápida que alguna vez le traían. “Es como si me hubieran lanzado varios a las tetas”, su mente sonrió con tal imaginación, aunque su rostro seguía con el mismo rictus y los ojos fijos en el miembro de Sergio.

    Un tercero se deslizó por la punta mientras Sergio soltaba un interminable.

    —Aaahhh.

    Que a Carmen, incluso le hizo gracia. Sin embargo, evitó reírse por no estropear tal momento de pasión. El líquido que salió en esta acometida, llegó al seno derecho de la mujer, que levantó estos aún más recogiendo la pequeña cantidad que salía.

    Sin poder soportarlo más, el joven se sentó en la cama, recostándose finalmente sobre el mullido edredón, sin ninguna fuerza y con el ritmo cardiaco por las nubes. Había quedado igual que su tía escasos minutos atrás.

    Carmen se miraba aún los pechos sujetados por su parte inferior “esto… no… no ha estado… nada mal” pensó al ver como esa sustancia blanca le recorría casi completamente sus senos. Levantó la cabeza solo para ver a su sobrino agotado, pero con el vigor de su miembro aún recto como el mástil de un barco. No pudo soportar quedarse quieta, la punta del joven esta morada, lubricada todavía con alguna que otra saliva suya que la dejaba brillante y en un arrebato, le pasó la lengua.

    Sergio se estremeció como nunca y puso las palmas en alto para que parase, pero su tía ya se había levantado en dirección al baño. Debía limpiarse a fondo, aunque, tampoco le hubiera importado disfrutar un rato más de la sustancia caliente y espesa sobre sus senos. Se quitó el sujetador limpiándose con agua para dejarlos impolutos, perdiendo unos segundos contemplándose en su desnudez, viéndose radiante, bella, espléndida. “¿Será gracias a la excitación que tengo?” Pensó antes de darse la vuelta.

    Lo que más la sorprendió de camino a donde su amante reposaba, era el gran tacto que le dejaron y el tono brillante que habían adquirido “¡mejor que mis cremas!”. El orgasmo le había quitado varios años de encima, caminada flotando por la alfombra sin dejar de mirar al joven que seguía tumbado en la cama. Estaba pletórica, pero el clímax del chico… esa… corrida, había sido algo que aún le hacía vibrar todo su cuerpo.

    Carmen que de nuevo estaba lista y con la llama de la pasión bien encendida, se quedó totalmente desnuda enfrente del joven. Sergio había conseguido incorporarse y le esperaba apoyado en la cama sobre sus manos y sin la camiseta… los dos estaban desnudos.

    Caminó hasta donde él y puso sus manos en sus hombros, este pasó las manos por sus muslos llegando hasta su trasero donde lo palpó con cariño.

    —Veo que sigues listo.

    —Ni siquiera bajó… increíble.

    —¿Gracias a mí? —preguntaba al tiempo que empujaba a su sobrino, tumbándolo en la cama— Qué halago…

    —Te los mereces todos.

    Carmen sonrió esta vez de felicidad, las palabras de Sergio en verdad hacían que su corazón saltara de alegría. Se colocó ahorcajas otra vez encima de él, aunque esta vez ambos sin nada de tela que separase sus sexos. Llevó el aparato reproductor de su sobrino hasta el suyo y allí lo dispuso en la entrada, para después dejarse caer con calma para que nada doliera. Aunque… los 18 centímetros entraron sin restricción.

    —¡Jesús! Me llena entera. —no lo dijo para que Sergio lo supiera, aunque este le contestó.

    —Eso está bien… —Sergio se sentía más liberado y sujetó las caderas de su tía para ayudarla— ¿Sabes que todavía son las siete y cuarto?

    —¡Qué maravilla! Nos va a sobrar tiempo. —seguía moviéndose con parsimonia, notando que la vergüenza inicial se disipaba— No creo que aguante mucho rato… estoy mayor… —añadió una pequeña mueca de burla.

    —No tan mayor —Sergio le guiñó el ojo y movió su cadera, acoplando el movimiento de su tía al suyo e insertando cada uno de los centímetros de su pene de una sentada.

    —Caaa… bron… —Su garganta lo soltó al sentir como su vagina se abría de forma abrupta por el grosor de Sergio hasta llegarle al fondo. Donde nadie antes había llegado— ¿Esas… tenemos?

    Carmen subió el ritmo progresivamente, su cadera ya se movía sola a un ritmo que no recordaba practicar desde hacía muchos años, “quizá la que tuvo retuvo, será como montar en bici, nunca se olvida”. Sergio abría y cerraba la boca notando como en el interior de su tía, los jugos de esta daban un baño satisfactorio a su pistola.

    Estaban comenzando a desatarse, habían roto la barrera de la vergüenza y comenzaban a sacar sus verdaderas personalidades. El pelo rubio y bien peinado de Carmen comenzaba a volar adelante y atrás, y Sergio no podía dejar de mirar los pesados pechos de su tía, se movían como locos siguiendo el baile de la penetración.

    Pocos minutos pasaron así, hasta que Carmen volvió a abrir la boca intentando respirar grandes bocanadas de aire, parecía que ninguna la llenaba por completo. Sergio se veía aún con mucha resistencia, su miembro había descargado hacía poco y el fin ni lo vislumbraba. Viendo como la mujer comenzaba a emitir sonidos más y más elevados. Posó sus manos en ambas nalgas, agarrando con relativa fuerza, cogiendo una gran parte de carne sin querer que sintiera dolor. De seguido, subió sus piernas, alejando sus pies del suelo y colocándolas en la cama, estaba listo.

    Ayudó a su tía primero en la tracción, aunque era demasiado, Carmen no podía seguir ese ritmo. Por lo que dejó sus manos en la cama y abrió las piernas todo lo que pudo alzando su trasero en dirección al cielo. Las manos de Sergio separaron lo que pudieron las nalgas y con su cadera, ahora él era el que se movía a un ritmo muy elevado.

    Carmen apenas podía cerrar la boca, los ojos en cambio, no podía abrirlos al sentir un pene enorme introducirse en ella una y otra vez. Estaba siendo penetrada sin parar y con una profundidad sorprendente. El ritmo era endemoniado y el sonido de los genitales de su sobrino chocando contra el trasero de la mujer resonaba en toda la habitación.

    —Sigue, sigue…

    Comenzó a decirle a su sobrino, la mujer estaba totalmente desatada. El aire entraba en su cuerpo de forma acelerada dado el éxtasis del coito y el esfuerzo realizado. El joven que estaba poseído por un placer incalculable, aceleró cuanto pudo, escuchando para su deleite tanto los gemidos (demasiado sonoros) y los sonidos acuosos de su pene entrando y saliendo.

    La pasión le pudo y escuchando como su tía ya comenzaba a gritar, no pudo reprimirse. Alzó su mano derecha y recordando lo poco que le gustaba a Marta, la bajó con fuerza, propinándole a Carmen un sonoro azote que hizo que sus nalgas temblaran.

    —¡SÍ! —gritó Carmen al recibirlo— Sergio…, me corro… me corro… —en el tono se percibía la aceleración de su cuerpo. No obstante apenas era más audible que un susurro— ¡Ay, madre mía! Ya viene… ya viene…

    Carmen gritó la vocal “a” sin parar, hasta que de pronto, le sorprendió como su sobrino había logrado amarrar uno de los grandes senos con su boca. Succionaba el pezón de manera afanosa, como si tratase de robarle aquel pecho que la pertenecía. La mujer que a cada décima de segundo notaba mucho más placer, acabó por agarrar la cabeza de Sergio contra su pecho y gritó terribles maldiciones, que cualquier vecino podría haber oído, de haberlos tenido…

    El joven se sorprendió de tales gritos e improperios, era la primera vez que la oía decir la palabra cabrón, y menos común era escucharla soltar las barbaridades que decía mientras se corría. Sintió como el interior de su la mujer se contraía para después relajarse al máximo. Carmen gimió sin parar y su cuerpo se relajó mientras sus flujos caían sobre el pene que tanto placer le había dado.

    El segundo orgasmo de la tarde le recorrió todo el cuerpo, estaba sintiendo cada estrella del firmamento, se notaba en medio de un viaje astral. Con los ojos azules abiertos, no veía nada, una capa blanca se movía delante de ella imposibilitando su visión, todo para que su cuerpo se centrase en recibir cada gota de placer. Se aferró al cuerpo de su sobrino como si se fuera a caer al vacío, incluso clavándole las unas en su cuello, el cual seguía agarrando contra su pecho.

    Las piernas le temblaron, el trasero le tembló, el alma le tembló, todo le tembló. Se colocó como buenamente pudo su cabello detrás de la oreja y cuando volvió en sí, soltó de la atadura a su sobrino. Aprovechando para separar también la unión que tenían en la parte baja de sus caderas y se derrumbó en la cama.

    —Ahora… —habló Sergio con la voz cansada— sí que me gustaría que vivieras cerca.

    —Y… a mí… —respondió Carmen de manera forzada— se… sexo… en condiciones… lo había olvidado.

    —Te he escuchado decir cosas, que jamás te hubiera imaginado.

    —Estoy… —con las manos en el pecho intentando tranquilizarse— desatada, cariño.

    —Me alegro. —observando su pene lleno de fluidos blancos que caían por su cadera le añadió— ¿Estabas llena?

    —Creo que… después de este… estaré menos acelerada. Tú… —le costaba hablar debido a la falta de aire. Dudo un momento lo que iba a salir de su boca, ¿hace cuánto no lo decía en alto? Y su mente le dijo con rapidez “¿por qué no?”— tu polla… me ha vaciado.

    —Tía, —la miró sorprendido al oír el nuevo vocabulario de la mujer— me acabas de excitar…

    —¿Por decir POLLA? —lo remarcó.

    —Sí, una palabra que no pensaba que te escucharía decir en mi vida, y claro…

    Ambos rieron tumbados en la cama y Carmen agarró la mano de Sergio trayéndolo hacia sí. Este lo comprendió y se colocó encima de ella mientras la mujer abría las piernas. Estaban en la postura del misionero y Carmen cogió con su mano de nuevo la entrepierna del joven y se la colocó en su entrada.

    —Entonces te diré algo… —la vergüenza parecía disminuir hasta el cero y se decidió a decir algo con cierta melosidad— méteme… tu polla.

    —A sus órdenes… —el pene entró y ambos gimieron sin control.

    Sergio estuvo un buen rato comandando el coito, entrando y saliendo de ella mientras esta sollozaba y el joven observaba como sus pechos se movían de un lado a otro. En algunos momentos su tía le daba un pezón para que lo succionara, no le cabían en la boca, ni tampoco los abarcaba cuando por primera vez posó una de sus manos en los magníficos senos.

    El sexo fue más tranquilo, ya no era tan pasional, la fogosidad había sido aplacada y ahora, era más sentido. Sergio la giró sobre la cama dejándola de lado, subiéndole la pierna y con su mano dándola placer en el clítoris a la vez que la penetraba. Carmen se sentía novata en todo, hacia tanto que no salía del misionero, o como mucho ella cabalgando, que cualquier situación diferente parecía que lo hacía por primera vez… aunque no era así.

    El orgasmo tardaba en llegar, sin embargo no importaba, porque el sexo estaba siendo de lo más delicioso. Ambos se tocaban, se acariciaban, se sentían… muchas veces de manera lenta, cuando el pene de su sobrino entraba por completo, Carmen tenía que apretar los labios para soportar tanto gozo.

    Después de unos minutos, Sergio decidió que esa postura ya valía y volvió a girar un poco más a su tía, colocándola “a cuatro patas” sobre la cama. Sacó y metió muy lentamente su pene para que se acomodase a la nueva postura y cuando entró por completo, Carmen aulló.

    —Por dios, ¿ha agrandado?

    —No lo creo, quizá te haya entrado mejor —respondió Sergio para que Carmen cambiara su cara de duda.

    —Pero, qué diferencia… ¡La Virgen! Vete despacio por favor.

    Por supuesto el joven la hizo caso, las entradas eran lentas y profundas, así el interior de Carmen se acomodaría a todo lo que le entraba.

    —¿Mejor? —preguntó Sergio al de unos minutos.

    —Sí… creo que sí… Aaaahhh —dijo al notar que el pene de Sergio entraba aún más dentro— creo… creo… que puedes… su… subir el ritmo.

    —Lo que digas. —comenzando a hacer caso a su tía.

    —Me gusta… que… obedezcas—Carmen se volteó lanzado una mirada más que pícara y de nuevo giró para mirar al frente.

    El ritmo se incrementaba, la penetración era increíble y Carmen estaba que no se lo podía creer, “¿si esto también es sexo?, ¿Yo que he estado haciendo estos años?”. La velocidad ya se había elevado sin parar, el cuerpo de la tía, estaba venciéndose hacia la cama y solo quedaba bien erguido su trasero. Lo tenía colocado lo más respingón posible tratando de no desmoronarse en ningún momento. Era el último bastión que resistía el duro sexo que le propinaba su sobrino, no debía caer.

    Las acometidas eran mucho más potentes que antes, el sonido llenaba la casa y la mujer notaba como los genitales de su sobrino la golpeaban con dureza el clítoris. No podía más, estaba a punto. De nuevo se iba a correr, lo sabía, “tres…” pensó para sí, “todos los de un año en menos de una hora. Gracias, Sergio” acabó por pensar. No se podía mover, el placer la tenía paralizada, agarraba con fuerza las sabanas y comenzaba a gritar de manera sonora sabiendo que otro orgasmo llamaba a la puerta, es más, la iba a tirar.

    —Mi… vida… otro… otro… —Carmen no podía levantar el rostro de la cama.

    —Dios, tía, te vas a secar, ¿te doy más?

    —Sí… dame más… —Sergio comenzó a acelerar un ritmo que se solapaba una entrada con la siguiente, Carmen gritó como loca. Ni en sus mejores sueños había sentido ese placer— ni… me acuerdo… hace tanto que no lo hacía así… la del “perrito”.

    —La mejor. —el muchacho jadeaba por el esfuerzo, cayéndole las primeras gotas de sudor por el cuerpo.

    —Viene, viene. —Carmen con fuerza de voluntad colocó su cuerpo en paralelo a la cama, separando sus pechos del edredón. Agarró con fuerza este, clavando sus uñas. Quien la viera podría pensar que estaba sufriendo, pero nada más lejos de la realidad. Abrió sus piernas todo lo que pudo a la vez que levantaba el trasero. Mientras su cabello rubio ya algo despeinado por el coito le golpeaba su rostro sin parar. La mujer abrió la boca y con todas sus fuerzas clamó al cielo— ¡Dame Sergio! ¡Méteme tu polla, por favor! ¡QUÉ ME CORRO…!.

    —¡Carmen, por dios! —las palabras de su tía le subieron tanto el calentón, que agarró con fuerza la cintura de la mujer para poder penetrarla con aún más fuerza. Era una batalla y Sergio no mostraba piedad.

    Un grito aterrador salió de la boca de la mujer, algo tan fuerte que incluso hizo pensar a Sergio que la había hecho daño, no era así. Carmen sentía el fuerte agarre de su sobrino en su cintura, impulsando hacia atrás su cuerpo mientras le introducía todos los centímetros que tenía. La mujer supo al instante que era lo que estaba pasando en su interior, estaba teniendo el mayor orgasmo de su vida. En ese momento, en aquel preciso instante en el que sentía las fuertes manos de Sergio agarrándola, más el pene erecto horadándola sin parar pensó “me están follando… ¡ME ESTÁN FOLLANDO!”.

    La mezcla de sentimientos en su interior era una bomba e iba a explotar. La pasión del coito, la manera en la que Sergio se lo estaba haciendo y… el morbo de estar haciéndolo con su sobrino. Todo aquello se juntó, mezcló y agitó sirviendo el orgasmo que estaba por llegar.

    Sus fluidos salieron explotando en el pene de su sobrino, sus piernas se movieron sin parar y su culo vibraba con tal fiereza que la unión se rompió. Parecía que estaba en la misma silla eléctrica. Sergio vio cómo su pene salía totalmente manchado de fluidos y con su punta roja del color del fuego, aunque lo que se quedó mirando fue la vagina de su familiar. Un pequeño hilo de líquido salía hasta su clítoris recorriendo un camino de fluidos que se perdió en su vientre. Para Carmen había sido el mejor de su vida, pero para Sergio… también.

    La mujer se lanzó boca abajo casi sin poder respirar, y el joven quedó agotado sentado en la cama y con el cuerpo totalmente agitado. Ninguno rompió el silencio en varios minutos, estaban extasiados, lo habían deseado durante todo el día y acabado el coito, no podían más. Quizá Sergio tenía algo más de fuerza, pero también le temblaban las piernas del esfuerzo.

    Por fin Carmen se intentó levantar, logrando sentarse en la cama. Miró el móvil, marcaban las ocho menos cuarto de la tarde, todavía les quedaba tiempo, pero no fuerzas. Se puso de pie aunque al instante se sentó de nuevo.

    —Sergio, ayúdame, por favor.

    Este se levantó de la cama con más vitalidad y ayudó a su tía de la forma más caballeresca que sabía mientras ambos se sonreían.

    —Acompáñame hasta la ducha. No sé si las piernas me van a aguantar.

    —Lo que quieras. —los dos comenzaron a andar de forma lenta— ¿Estuvo bien?

    —Nada mal… —Carmen le dio un beso en la mejilla.

    La mujer se sentó en la taza del váter y Sergio accionó la ducha a petición de esta. Carmen suspiraba todavía sin creerse los orgasmos y el placer que había sentía, era glorioso, es más, aún sentía algo de calor y partes de ese último orgasmo flotando dentro de su cuerpo.

    —Quédate aquí por si acaso, cariño —le dijo a su sobrino introduciéndose en la ducha.

    Sergio la podía ver, apenas tenía una pequeña mampara que cubría un tercio de la ducha, el resto era abierto y muy amplia. La podía observar si tuviera algún problema… y por placer personal.

    —Ha sido el mejor de mi vida, no te miento. —Carmen necesitaba ser sincera, porque… era la mayor verdad que había dicho en su vida.

    —El mío también, estoy reventado.

    —No me lo creo, ¿no has tenido mejores con Marta u otras? —sentía curiosidad mientras se enjabonaba los pechos, quitando así el curioso tacto del semen.

    —Para nada. —no dudo.

    —No paras de halagarme, cariño, te lo mereces todo.

    —Bueno, con lo que me has dado ya fue más que suficiente.

    —Te mereces más. Entonces —tenía una cosa en la cabeza que le hacía gracia— ¿te ha gustado oír a tu vieja tía, decir polla y otras cosas?

    —Me ha puesto muchísimo, nunca te había imaginado diciendo tales cosas… es normal.

    —Es que estaba súper cachonda. Te diré, que te has venido muy arriba, me estabas dando muy fuerte.

    —¿No te ha gustado? Lo siento, me he dejado llevar —Carmen le fue a cortar rápidamente.

    —No, no, al contrario, me ha encantado. Me he sentido una adolescente, llena de vitalidad. Por cierto, tú… no te… —señalando a su pene mientras notaba como el agua caliente le caía por el cuerpo.

    —No, solo una vez, pero me he quedado bien a gusto.

    —Cariño, tenemos tiempo, ¿por qué no… te duchas conmigo?

    —Tía, si entro, no creo que acabemos duchándonos.

    —Bueno… quizá eso busque —el calor volvía a ella, “¿Cómo puede ser?”.

    Sergio entró decidido, el agua caía como lluvia por el cuerpo de Carmen que aún le esperaba dándole la espalda. Este pasó sus manos por la espalda, subiéndolas lentamente hasta alcanzar los hombros, donde apretó dándole un masaje en los trapecios.

    —¿Doble placer? ¿Primero sexo y luego masaje?

    —Se hace… —acercó sus labios al cuello de esta y le besó con erotismo— lo que se puede.

    —Dios… Sergio, no sé qué provocas en mí…

    Pasó ambas manos intentando rodear el cuerpo del joven, aunque no pudo, solo lo consiguió atraer más a su espalda, notando como el sexo de su sobrino impactaba entre sus nalgas.

    —Aún falta para que venga mi madre, ¿no? —dijo Sergio mientras mordía el cuello de Carmen.

    —Mmmm, sí… —subió una de sus manos y agarró la cabellera del joven para que no parara— Tardará un rato más, no estaría bien… que nos viera.

    Las manos de Sergio rodearon el cuerpo de la mujer, la primera en dirección al pecho izquierdo, aprisionando el pezón entre sus dedos y jugueteando con él. Mientras que la otra, bajó hasta el clítoris que estaba durísimo y lo empezó a masajear.

    —Si nos viera… no creo que aprobara esto.

    —¿Hablas tan tranquilo de tu madre, mientras me metes mano? —le comentó su tía mientras volvía a sentir el placer por todos lados.

    —No tengo problema… podría incluso mantener una conversación sobre ella mientras lo hacemos.

    —Madre mía, —resopló con fuerza notando las ganas de tener sexo que de nuevo rebosaban su cuerpo— eres un guarro.

    Miró a su sobrino con el rostro rojo de pasión, el mismo que tenía el joven. Sin dejar de mirarse, este detuvo sus manos, dejando de masajear la parte delantera del cuerpo de Carmen para posarlas en la espalda, haciendo que esta se doblara lentamente.

    La mujer se quedó apoyada contra los azulejos mientras su trasero se abría cada vez más al chico. El contraste del frío de los azulejos con el calor de la ducha le causaba una agitación en su cuerpo que el joven trataría de calmar. Este no perdió la oportunidad y al ver de nuevo la rojiza vagina, agarró su sable y lo introdujo dentro de su tía, el interior parecía mantequilla ardiente.

    —Carmen… no te parece nada guarro lo que te hago. Tan guarro no seré ¿no? —mientras comenzaba a penetrarla de nuevo con suavidad.

    —Es diferente, soy tu tía… o no… seguro que si fuera… ¡Otra vez, qué gusto! —sollozó y añadió— si yo… fu… fuera… tu madre, seguro… que no me follarías.

    Sergio pasó sus manos hasta llegar a ambos pechos. Poco a poco, a pasos cortos y por el empuje del cuerpo de Sergio, Carmen se encontró con todo su cuerpo contra la fría pared. “Jamás había visto una definición tan clara de estar contra la espada y la pared” pensó al notar como Sergio la penetraba.

    El chico ante lo que le dijo su tía, acercó su cuerpo pegándolo completamente al de la mujer. Los cuerpos quedaron pegados, completando una perfecta unión sin que ningún centímetro del muchacho dejara de penetrar a su tía. En un movimiento rápido, sus labios se movieron a la oreja de esta susurrándola.

    —Que no te quepa duda… de que sí.

    Carmen gimió al escucharlo, ni se imaginaba algo así, si Sergio fuera su hijo muchas cosas cambiarían y aquello jamás sucedería, lo tenía claro. “¿O sí?” le dijo algo muy al fondo de su cabeza. Cerró los ojos notando la penetración de su sobrino que no paraba de bombear. Todo aquel morbo produjo tal placer y tal sensación en el cuerpo de Carmen, que gritó de nuevo en una entrada del chico y le dijo a viva voz.

    —¡Cariño, dame!, ¡Que se viene otro!

    —Y yo, tía… y yo…

    No habían estado ni 3 minutos dentro del agua que de nuevo se iban a desbordar. Se separaron un poco y volvieron a la posición en la que la entrepierna de Sergio se metió por primera vez. Carmen sentía el agua en su espalda caer caliente, pero su cuerpo estaba tan acalorado que notaba que las gotas le golpeaban eran frías. Aunque lo mejor estaba por llegar, dentro de su vagina notó como el pene de Sergio crecía y engordaba más y más, sabía lo que iba a pasar.

    Estaban ambos a punto, Carmen apenas escuchó lo que Sergio decía, pero no le importaba sabía que era el aviso de su final. Ella estaba casi lista, pero le faltaba un poco, aunque cuando Sergio terminó todo… se arregló.

    Al notar aquel chorro caliente en su interior, todo lo que le faltaba para que el orgasmo llegara apareció. Vio las estrellas, las sintió paseando por su piel y desapareció todo en el mundo, “otro más, no me lo creo”, pero era cierto. Se sujetó bien a la pared, con miedo a caer, mientras el pene de Sergio salía inerte de su interior y los dos jadeaban.

    —Ya… ya… estoy.

    —Magnifico, cariño… —le agregó Carmen sin aliento.

    —¿Tú también? —ella asintió mordiéndose el labio— ¿4? —volvió a asentir— Voy un momento a la cama que me mareo.

    —Bien, cielo… —Carmen no le importaba a donde fuera, solo quería estar relajada, lo más relajada posible, para seguir disfrutando de los espasmos en su sexo.

    Sola en la ducha, con las gotas de agua masajeando un cráneo que desconocía donde se hallaba, comenzó a caer en la ducha. Sus piernas flaquearon, se empezaron a quebrar y poco a poco su cuerpo bajo hasta quedarse de rodillas. El agua seguía golpeando haciendo que se sintiera sumergida en el mejor de los sueños mientras que notaba, como un líquido de lo más apreciado salía de su vagina. El semen de Sergio escapaba para diluirse por las cañerías.

    El muchacho se secó en la habitación lo poco mojado que estaba. Por fin su pene volvía al estado de letargo, menos mal, de seguir así se hubiera mareado. Echó un vistazo al móvil viendo que su madre le había llamado hacia dos minutos, abrió su conversación le acababa de escribir.

    —Cariño, ¿cuándo puedas me vienes a buscar?

    —Lo siento, mamá, estaba en el baño, ¿dónde estás? —le escribió y ella lo leyó al momento.

    —Para no liarnos, ¿me recoges donde me has dejado?

    —Perfecto, me pongo ropa de calle y voy.

    Su madre acabó mandándole el icono del beso, “que rara esta” pensó Sergio, “demasiado cariñosa”. Aunque eso en el fondo era bueno, “ojalá siempre fuera así”.

    —Tía, me dice mi madre que la vaya a buscar —le dijo desde la habitación— volvemos en menos de veinte minutos.

    —Bien, espero estar lista… —dijo su tía todavía arrodillada en la ducha y aislada en su placer.

    CONTINUARÁ

    —————–

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Madre instruye a su hija

    Madre instruye a su hija

    Amanecía, la criada descorrió las grandes cortinas que cubrían aquellos ventanales que llegaban hasta el piso. Los rayos de sol dieron directamente sobre la cama donde dormía aquella muchacha rubia.

    Ya pasaba la hora del mediodía, pero eso le importaba poco a Sabrina, era su hora habitual de despertar. Entreabrió los ojos, miró a la criada y se tapó la cabeza con la almohada.

    -Señorita Sabrina, ya están todos esperándola para almorzar, recuerde que hoy debe viajar a su nuevo colegio, el Santo Camino de Jesús.

    En eso se abre la gran puerta de la habitación de dos hojas y entra en ella una mujer elegantemente vestida, con los típicos atuendos de la clase alta de la época victoriana, segunda mitad del siglo XIX.

    -Puedes retirarte Lisbeth yo me arreglo con ella.

    -Si mi Lady – respondió la criada y salió de la estancia.

    La mujer se sentó al borde de la cama y le dijo con voz suave y calmada a su hija.

    -Debes levantarte, yo sé que no es tu deseo ingresar en aquel colegio, pero servirá para formar tu carácter, hacer amistades y ser mejor persona. Además no todo serán estudios, ya lo veras.

    Dicho esto descorrió las ropas de cama, mostrando a la muchacha que todavía se mantenía boca abajo con una pierna estirada y la otra recogida, dejando ver la forma de su culo hacía arriba un poco de lado. Paso seguido levanto el grueso camisón hasta enrollarlo a la altura de la cintura de su hija. Tenía un hermoso culo redondito y apetecible. La mujer se quedó unos momentos viéndolo y luego estiro ambas manos hacia el borde superior de la prenda íntima para tirar hacia abajo, desnudando aquellas nalgas exquisitas, que en aquella posición exhibían un ano color crema y un coño maravilloso.

    La muchacha se hacía la dormida evidentemente, solo estaba dejando hacer a su madre. Sintió ser destapada, y luego al darse cuenta que su madre estaba sentada solo observándola, decidió incentivarla. Haciendo que su culo resaltará lo más posible por debajo del camisón.

    Cuando su madre le levanto el camisón en ese momento pensó sí estaba bien aquello, pero se dijo, es mi madre, ella sabe lo que hace. Y de pronto los colores se le subieron al rostro, su culo y sus lugares íntimos estaban a plena vista.

    La mujer miro un momento aquel anito hermoso y sin pensarlo más hundió su cara allí, comenzó a hundir su lengua en aquel orificio prieto y dos dedos en aquel coño virgen.

    La muchacha abrió mucho los ojos y su boca, al sentir que su madre metía su cara entre sus nalgas y comenzaba a lamer. Espasmos intermitentes le corrían por todo el cuerpo a cada lengüetazo. De pronto sintió unos dedos hurgando en su coño y un pulgar masajeaba su clítoris, estaba en las nubes, no podía creer aquello que le hacía su madre.

    -Mamá, que está haciendo? Por Dios! Esto es pecado!

    -Solo es una muestra de lo que experimentaras en aquel colegio católico, mi cielo.

    -Pero, pero…

    -Solo disfrútalo, tu ano es delicioso y tu coño está muy mojado

    Siguió lamiendo y dando dedo a su hija que gemía cada vez más alto hasta llegar a dar casi alaridos de placer, ya que nunca había experimentado aquellas sensaciones, después de un rato entre espasmos y gemidos de agonía la muchacha tuvo un orgasmo que la dejo casi desvanecida. Su madre se puso de pie levanto sus faldas y se quitó sus bragas, para luego subirse a la cama de rodillas, dejando el cuerpo de su hija entre sus piernas.

    -Mamá y ahora que haces?

    -Ya te mostré algo de lo que te harán, ahora toca que veas algo de lo que tú debes hacer, ponte boca arriba.

    Sabrina se colocó boca arriba mirando el alto techo y de pronto algo obstruyo su visión y se apoyó sobre su boca y nariz, era algo, húmedo, tibio, con un olor algo fuerte Su madre se había sentado sobre su cara y le restregaba con fuerza aquel coño regordete y de labios grandes. Lo hacía con fuerza casi ahogándola.

    -Ahora saca tu lengua mi amor y métela en el coño de tu madre, vamos hazlo.

    Sabrina lo hizo y sintió un sabor salado en su lengua, no le agradó demasiado pero no tenía alternativa, sí no lamía se asfixiaría, además aquello también la estaba excitando mucho.

    La mujer movía su pelvis sobre el rostro de su hija, sintiéndose cada vez más caliente y mojada, comenzó a desabrochar los botones frontales de su vestido, mientras ya jadeaba fuertemente. Cuando termino de hacerlo lo dejo caer de sus hombros, quedando con un escotado camisolín de seda, que dejaba asomar unos enormes pechos de pezones grandes y cafés.

    Giro sobre sí misma y así en esa posición inclino su cuerpo hasta el coño de su hija, para empezar a chuparlo con ansias. Sabrina dio un sobresalto al sentir la lengua caliente en su clítoris. Estaban haciendo un perfecto 69, madre e hija.

    Sabrina lamía el coño a su madre y miraba aquel ano oscuro a cinco cm de sus ojos, de pronto le vino el impulso y junto sus tres dedos centrales de la mano derecha, los apoyo en el culo de su madre y empujo metiéndolos a la fuerza, sintiendo como sus dedos eran presionados por aquel ano cerrado y palpitante.

    Ana que así se llamaba la veterana mujer, hizo un visible gesto de dolor al sentir su culo invadido de aquella manera tan brusca. Pero siguió lamiendo y decidió devolverle el favor a Sabrina, junto no tres sino cuatro dedos y los metió con fuerza en el culito de su hija.

    Sabrina grito fuerte al sentir su ano virgen ser invadido de aquella forma, empezó a gemir y sollozar mientras trataba de no perder aquella batalla con su madre, entonces agrego el dedo meñique en el culo de Ana, así sumando ella también cuatro dedos dentro.

    Las dos gemían y gritaban como dos desaforadas, ya habían llegado varias veces al orgasmo, pero ninguna quería pedir basta. Ana decidió ir más allá y metió dentro de su hija también el dedo pulgar y empezó a hacer movimientos semicirculares de vaivén tratando de ir metiendo su mano completa en el culito de Sabrina.

    La muchacha pensaba que su culo se iba a desgarrar, no dejaba de gritar y de sus ojos ya rodaban lágrimas, cuando sintió los nudillos de su madre estirando al máximo su esfínter. Ella también pugnaba por meter la suya en el culo de su madre, pero no tenía la fuerza y la pericia suficiente, no lograba meter los nudillos dentro. Además estaba medio histérica por el dolor y placer que su madre le proporcionaba.

    Ana sintió que su hija no podría meterle el puño entero y se sintió triunfadora, pues su hija comenzó aquel juego tomándola por sorpresa pero ella con su experiencia sería la ganadora. En un movimiento brusco empujo con fuerza y metió su mano completa hasta más arriba de la muñeca en el culito de su hija, comenzando a mover dentro de aquellas entrañas calientes, húmedas y apretadas.

    Sabrina dio un alarido al sentir su culo abierto y penetrado de forma tan desgarradora, siguió gimiendo, gritando y llorando mientras su madre movía su mano y casi medio antebrazo dentro de sus entrañas. Sentía que su vientre se abultaba en cada embestida. Ya no pudo más, era incapaz de lamer o chupar el coño de Ana, solo atinaba a mover un poco los dedos dentro de su culo.

    -Ya no puedes más he Sabrina? Tu comenzaste el juego, pero yo tengo mucha más experiencia que tú.

    -Aay madre ya no puedo más, basta por favor!

    -Solo queda una cosa, ponte de rodillas y abre la boca!

    Sabrina lo hizo y Ana de pie sobre la cama comenzó a orinarle el rostro y la boca, la orina caliente rebotaba con fuerza sobre la cara de la muchacha y se escurría hacia el camisón haciendo que se pegara a la piel trasluciendo unos pechos medianos y turgentes de pezones rosados. La muchacha hacia muchos gestos de desagrado tragando aquella orina caliente, oscura y agria que le quemaba la garganta.

    Cuando termino, Ana le quito el camisón mojado a su hija, dejando su hermoso cuerpo desnudo. En sus 18 años, era una belleza de muchacha en su esplendor.

    -Ahora debo secarte – dijo Ana y acto seguido comenzó a lamer las mejillas, luego el cuello, el torso y finalmente aquellos senos tan sabrosos de su hija.

    -Oh madre, ya no doy más, que más me vas a hacer?

    -Calla y deja que te sequé.

    Ana continuo lamiendo hasta dejar el cuerpo de Sabrina completamente seco, luego se bañaron juntas y bajaron a almorzar como si nada hubiera pasado. Pero Ana estaba orgullosa de la lección amatoria que le había dado a su joven hija y Sabrina trataba de disimular el dolor en su culo, pensando que si lo que le había hecho su madre era una muestra, que le esperaría en el colegio católico para señoritas El Santo Camino de Jesús?

  • Cumpliendo fantasía con una chica trans

    Cumpliendo fantasía con una chica trans

    Que tal buenas tardes.

    Me presento, soy Junior de Mty, N.L, tengo 25 años, complexión media, casado, 1.68 de estatura, tengo una buena herramienta (me han dicho jaja), y soy bastante, bastante cachondo, me considero heterosexual… creo.

    Siempre he tenido la curiosidad de compartir con ustedes algunas de mis experiencias sexuales que he tenido, lo que les contaré en una serie de relatos son totalmente reales y en la mayoría de ellas al recordarlas me pongo caliente y termino masturbándome.

    La primera historia que quiero contarles, es una de las historias que más me causaban un morbo enorme, esto sucedió hace 3 años, en ese entonces contaba con 22 años de edad, siempre desde muy joven he sido bastante cachondo, desde temprana edad me han encantado las mujeres, me masturbo si no me falla la memoria desde los 14 años, al principio con esas imágenes que mostraban los periódicos en las últimas páginas, después con mis compañeras de secundaria, vecinas, tías, señoras, jovencitas, no tengo un gusto específico de mujer.

    En esos días andaba sumamente cachondo y viendo por internet ya sea relatos eróticos o videos xxx en ese tiempo empecé a tener un gusto por las mujeres trans, no cualquier mujer trans si no por las activas (tal vez uno de mis lados reprimidos de homosexualidad), me empezó a causar una gran excitación ver o leer todo ese tipo de contenido. Yo sabía que había trans que por una cierta cantidad de dinero podían prestarme sus servicios, eso me causaba un morbo aún mayor, con el simplemente echo de escribirles de número que veía en internet y preguntar por sus servicios terminaba matándome con una enorme jalada!!! No les voy a mentir, me causaba un enrome miedo también, pasaban mil cosas por mi cabeza, que me fueran a robar, que me fueran a hacer algo, por eso siempre terminaba por no decidirme.

    Un día me gano lo cachondo, quede con una chica que había visto muchas veces en una página de servicios, Nicole!!! Aún guardo su contacto telefónico, a la señorita Nicole yo le había comentado que me daba miedo, que era mi primera vez con una trans y todo eso que lo único que me provocaba era tener una enorme erección.

    Al final quede un día con ella, me sentí de alguna manera tranquilo, me cito en su departamento en el centro de Mty, llegue después del trabajo con un miedo que estuve a punto de irme, al llegar le mande un mensaje, vivía en unos departamentos en la zona cerca del metro Felix U Gomez, al llegar ella bajo a abrirme, sentí que mi corazón se me quería salir.

    Cuando entre a su departamento, un departamento pequeño, muy pequeño en realidad, tenía una cama, aire acondicionado y lo demás no lo recuerdo, estaba perdido en el miedo, ella me recibió con un beso, me comento que me relajara y que no iba a pasar absolutamente nada!, ella llevaba puesto un vestido cortito!! Tiene un enorme par de melones (obviamente operados) bastante acorde a su complexión, unas ricas nalgas y para mi gusto, un delicado rostro fino, guapa en realidad!

    Lo primero que hizo fue sentarse en la cama, me sentó de espaldas a ella y me empezó a dar un leve masaje en la espalda, me empecé a relajar ciertamente, después a acariciarme el pecho y más abajo hasta llegar a mi pene que ciertamente estaba con una erección de esas que sientes que te palpita de lo erecto que está!! Ella se puso de pie y se quitó su vestido, salieron a relucir ese hermoso par de tetas las cuales me abalance a disfrutar, ella inmediato se me sentó en las piernas.

    Nicole: Así papi mámame las tetas mi amor!!

    J: Hay mamacita no sabes las ganas que tenía de hacer esto!!

    Después de estar unos minutos ella sentada encima de mi, mamándole esas tetas hermosas, se puso de pie, se hinco en el suelo y empezó a darme una de las mejores mamadas que me han hecho en la vida!!! Me recosté mientras ella seguía mamando como becerra!!! Tuve que pedirle que parara, estaba bastante cachondo! Se puso de pie, se dio la vuelta y se empino completamente mientras se bajaba la tanga!!

    Al darse la vuelta pude apreciar por fin su pene, un pene ciertamente mucho más pequeño que el mío y más delgado (no es presunción pero estoy por los 18 cm y bastante grueso), inmediatamente tomo un preservativo del buro, me lo puso deliciosamente con la boca, luego se puso empinadita en la cama, con su rostro en el colchón, las manos abriéndose ese rico par de nalgas:

    Nicole: Ándale papito, cumple tu fantasía y méteme la vergota por el culo, que me la estoy saboreando!!

    J: Mamacita te ves riquísima

    Después de un poco de salivita en su rico culo, le empecé a meter la verga!!! La verdad es que yo no era virgen, ya había tenido relaciones con mujeres y sexo anal con mujeres, pero la situación de ser la primera vez con una trans, en un departamento que me aterraba, cuando se la metí sentí delicioso, empecé a darle con ritmo mientras le masajeaba sus chichotas a mi gusto!! Voy a hacer un paréntesis, no había mencionado que justo al lado de la cama, pegado a la pared, había un espejo enorme, casi del tamaño de la pared, me empecé a excitar mucho más cuando ella empezó a hablarme de una forma riquísima.

    Nicole: Hay papacito que vergota, que rico me coges.

    J: Mi amor, estas bien rica mamacita

    Nicole: Por que abres así el culito cuando me la metes papi, mueves las nalgas bien rico

    J: No se mi amor, me tienes extasiado

    Después de estar unos minutos así me acostó, y volvió a mamármela, esta vez me subió las rodillas al estómago, empezó a mamarme la verga mientras masaba su dedo índice por el borde de mi culo, realmente nunca me habían hecho algo así pero no me disgustaba, estaba al borde del éxtasis!!!

    Siguió mamándome la verga y empezó a meterme el dedo índice en el culito no aguante más!!

    J: Hay mamacita me vengo!!!

    Nicole: Si papi échamelos en la verga!!!

    J: Ahhh

    Me quito el condón muy rápido y me vine como nunca antes, mientras ella acercaba su verga a la mía!! Fue algo increíble, empezó a frotar las dos vergas juntas, la mía no perdía dureza!!

    Nicole: Papacito estas en la edad, mira nada más!!

    Rápido me volvió a poner otro condón y se montó, me acostó totalmente en la cama, mi vergota le entro ahora muy fácil, empezó a darme unos sentones deliciosos, empecé a jalarle la verga!!! Nuevamente estaba yo a punto de llegar, igual que ella.

    Nicole: Hay papacito ya viene, ya viene, me vengo Ahhhh

    J: Yo también mi amor me vengo chiquita

    Nicole: Hay pendejo no mames que rico, mira como me sale la leche papi te gusta?

    J: Me encanta mi amor

    Me aventó toda su leche en mi pecho, fue algo increíble.

    Seguido de eso me metí a bañar mientras ella se quedó acostada, cuando salí, me pude mi ropa y le iba a pagar, créanme o no, me dijo lo siguiente:

    Nicole: No papi, fue tu primera vez y realmente yo también disfrute mucho, esta corre por mi cuenta, ya la que sigue porque sé que vas a volver ya me pagas.

    J: Muchas gracias mi amor fue increíble.

    Seguido me despedí y salí rumbo casa!! Ese día fue mi primera vez con una trans y me encanto, honestamente creo que era la cosquilla, porque solo un par de veces más en lo que va de 3 años la he visto, yo pienso que soy hetero porque me fascinan las mujeres pero bueno, lo dejo a su criterio.

    Espero que les haya gustado, pronto les contare otra historia bien cachonda!!!

    Saludos cordiales, Junior!!

  • Nuestras aventuras con la prima Elvira (III)

    Nuestras aventuras con la prima Elvira (III)

    Después de aquel día que por fin, pude cogerme aunque sea a la prisa a Elvira, y pude derramar toda mi leche en su boca, quería tener más tiempo para disfrutarla a mi antojo y en una cama, así que le propuse si al día siguiente nos íbamos a un motel por la tarde, diciéndome que sí, así que hice varios preparativos para esa tarde.

    Serían las 5 cinco de la tarde cuando me tome media pastilla amarilla con agua mineral, porque sabía que estaríamos por lo menos hasta las 11 o 12 de la noche, y quería poseerla a mi antojo varias veces, así que estaba en mi oficina esperando el mensaje de Elvira, sería como las 5:40 de la tarde cuando me llega un mensaje diciéndome que ya fuera por ella, pidiéndole que se pusiera el pantalón y la blusita que traía el día de la exposición, y que ya estando afuera le mandaría un mensaje para que saliera, así que tardaría unos 10 minutos en llegar, puesto que mi oficina se encuentra muy cerca de su casa, le mandé mensaje y salió de inmediato, vestida con ese pantalón blanco y esa blusita, y se veía muy bien arreglada, oliendo muy rico, así que subió al carro nos saludamos y nos fuimos.

    Ya en el trayendo al motel, le pregunté que cual había sido el pretexto que le había dado a su mamá de que iba a llegar algo tarde, diciéndome que le había comentado que se iba a reunir con algunas amigas y que al salir yo iba pasando y me pediste un aventón, pidiéndome solamente que no fuéramos a determinado motel, porque sabía que el hermano de una amiga de ella trabajaba en la entrada cobrando, así que me la llevé a otro motel relativamente más cerca del que acostumbraba ir con mi secretaria.

    Llegamos al motel, pagué y nos asignaron habitación, así que al cerrar el portón del estacionamiento, le dije que se veía muy guapa y me dio las gracias, “Que rica te ves con esa ropa que traes” le comenté y ella me dijo “Antes que me pidieras que me la pusiera, ya la traía, porque quería complacerte”, bajamos del carro y deje que ella primero subiera las escaleras porque quería aprovechar la oportunidad de ver en casa escalón como se le veía el tremendo culo que se cargaba, inclusive cerraba mis puños como señal que en unos momentos le iba a dar una cogida monumental, al llegar a la puerta de entrada de la habitación, la cerré y de inmediato me le abalance para tomar su cintura y pegarme ese rico trasero en mi falo y empezarla a besar en la parte trasera del oído.

    De inmediato ella me dice “Primo no pierdes tiempo, a lo que te traje Chencha, diría el indito”, “Claro mamacita, hoy te voy a dar mucha verga ya verás” le conteste, “la tienes muy grande y me imagino como me vas a dejar, de por sí ayer me diste de lo rico” respondió, “Y más grande la vas a ver y sentir y lo de ayer no fue nada, vas a ver que cada rato vas a querer mi verga” le dije, así que al tener mis manos sobre su cadera, la jalaba hacia mí, para seguir sintiendo el culazo y repegarlo a mi verga, la cual rápidamente empezaba a reaccionar, mientras con mi boca y lengua ya exploraban el interior de su oído, y con mi mano derecha la subía hasta sus senos y los estrujaba.

    Estuvimos así unos 5 minutos, y la voltee hacia mí, empezándola a besar metiendo lentamente mi lengua en su boca, la cual recibía suplicante, mientras con mis dos manos le agarraba sus nalgas, las cuales a esa fecha aún las tenía sabrosas y todavía algo duritas, y mi verga ya durísima se la pegaba fuertemente a su sexo, notando que ella ya empezaba a jadear, “oohh, mmm, qué rico” y su respiración se hacía más rápida, y sus pechos se empezaban a expandir, así que empecé por desabrochar su blusita, bajándole el brassiere y mi boca empezó a chupar sus pezones, los cuales ya los tenía duritos y unas lindas aureolas, las cuales de tanto chuparlas, besarlas, lamberlas las llené de saliva, mientras ella se calentaba más, así que con una de mis manos le desabroche su pantalón y lo empecé a bajar, viendo que traía un bikini del mismo color, así que la senté en la cama y le quite completamente el pantalón con todo y calzón, y la deje completamente desnuda, puesto que ella misma se quitó el brassiere, así que la abrí de piernas y con dos de mis dedos le empecé a penetrar su rica pucha, la cual estaba bien depilada.

    Elvira para ese entonces ya respiraba a mayor velocidad, y su cara se descomponía, empezando a suspirar y gemir más rápidamente “mmm, uff, agg…” para eso mis dedos los doblaba un poco para posteriormente recorrer la parte superior de tremenda rajita, y llegar al punto g, lo que hacía que ella se retorciera arqueando su espalda, mientras con mi lengua lamía su clítoris, el cual de momentos le daba pequeños mordiscos, lo que hacía que ella se pusiera súper caliente, “Paco que rico lo haces, auff, grr, me tienes toda mojada”, así estaríamos unos 10 minutos, mientras ella a momentos gritaba como loca “Cabrón, ya cógeme, no ves cómo me tienes?, uff, métemela”, así que yo sintiendo mi verga toda dura, ya con bastante líquido pre seminal, me arrodille en la cama y me senté sobre mis piernas, pasando las de la prima sobre mis caderas, y tomé mi falo y le empecé a pegar por fuera de su rica raja dándole golpes leves, provocándole que empezara a salir bastantes fluidos de su puchita, sentía que mi verga fácil traía unos 18 a 20 centímetros porque al tomarla con mi mano y pegarle en su pucha todavía había muchos centímetros de más.

    Al tenerla en esa posición, empecé por meterle mi glande a su cavidad el cual entró sin mayor problema, para tomarla de la cintura y levantarla levemente y de un tirón meterle la mitad de la pija, lo que hizo que inmediato ella reaccionara diciendo “Que rico, la tienes bien larga y gruesa, duele un poco” “Espera mamacita, aún no entra toda, es la mitad” le contesté, y sin decir nada más, de un solo empujón se la ensarté toda porque sentía como la base de mi verga pegaba hasta la entrada de su pucha y como mis huevos quedaban por fuera colgando, a lo que ella solo exclamó “Güey, me vas a perforar, no friegues, esta grandísima, me lastimas, uff, ayy”, “Deja que se amolde, y te va a entrar hasta mis huevos” le dije, y empecé a darle durísimo, hasta que sentí que su raja recibía con mayor facilidad toda mi verga, mientras ella gemía y gritaba a momentos de placer.

    En esa posición la tuve alrededor de unos 10 minutos, así que ante cada arremetida que le daba oía un “cloc, cloc, cloc”, puesto ambos sexos tenían abundantes líquidos, para ese momento Elvira, abría y cerraba sus ojos, y se notaba que estaba en un trance de éxtasis, porque solamente respiraba y pujaba, gemía y sus ricos senos rebotaban ante cada arremetida de mi verga; Yo me sentía algo cansado, así que tomé una de sus piernas y la puse sobre mi hombro, lo que hacía que mi cuerpo se apoyara y así volver a penetrarla, teniendo nuevamente su rica almeja a mi entera disposición, dándole nuevamente unos 5 cinco minutos, para posteriormente abrirle ambas piernas ampliamente para subirme arriba de ella en la posición del misionero y apoyarme con mis pies para seguir con una penetración profunda, mientras ya para ese entonces ya habrían pasado alrededor de unos 40 minutos de estar cogiendo, y nuestros cuerpos a pesar del aire acondicionado sudaban al por mayor, es decir, ya no solo nuestros fluidos íntimos y saliva se mezclaban, sino también nuestro sudor.

    Ella solamente se limitaba a gemir y suspirar, “Paco, eres un semental, que posiciones me pones, me estás dando el cogidón de mi vida” decía, mientras yo la cambie de posición y le dije “Mira mamacita, ahora tú me vas a cabalgar, quiero que te subas arriba de mi”, así que me acosté boca arriba y puse dos almohadas sobre mi cuello y cabeza, haciendo que ella pusiera sus piernas alrededor de mi cadera y de inmediato ensarte mi verga en su pucha, y la puse a que subiera y bajara para que su raja se clavara completamente en mi falo, mientras yo disfrutaba de sus senos besándolos y apretándolos levemente con una de mis manos y a ratos besándola y disfrutando en meter mi lengua en su boca, mientras mis manos tomaban sus ricas nalgas para apoyarla en seguir subiendo para posteriormente bajar para ensartarse en mi verga, “Que rico, primo donde estabas, me estás dando una santa verguiza” diciéndome, a lo cual yo le dije “Espera primita, todavía tenemos mucho tiempo por delante, te voy a disfrutar como nadie lo ha hecho, y vas a sentir cosas que nunca imaginaste”, volviendo a besarla apasionadamente en su boca, mientras con mis manos tomaba sus nalgas y las estrujaba a mi antojo.

    Después de alrededor de unos 20 minutos de estarle dando durísimo y en esa posición, ella solamente se limitaba a pujar y gemir “uff, mmm, ayy, me vengo” sintiendo como nuevamente de su rica puchita salía bastante líquido, así que yo con mi boca volví a chupar sus senos, lambiendo sus pezones todos duritos, y de repente le succionaba alrededor de las aureolas, así que de repente me grito suplicándome “Paco ya no puedo, mi cuerpo se está estremeciendo, ya sácamela por favor”, sentir como su cuerpo se empezaba a convulsionar y los chorros de líquido que salían de su puchita, hizo que me calentara más y con mis brazos la atraje hacía mi, tomando sus hombres con mis manos para hacer más palanca y empecé a penetrarla más rápido y profundamente sintiendo como la base de mi verga chocaba completamente con su chocha, y nuestras pelvis se juntaban, mientras ella me decía “Paco me estas matando, siento como todo mi cuerpo se convulsiona, ya para por favor”, “No mamacita, siente todo el poder de mi verga, quiero que te vengas nuevamente”, le contesté y seguí con mi acometido de darle más duro y rápidamente, hasta que pasarían otros 10 minutos y sin importar sus suplicas, le seguía dando de lo lindo, porque a momentos gritaba “Que placer, que rico, me desmayo” yo sentí que no tardaría en venirme, así que le dije que me iba a venir, sintiendo como salían chorros de semen los cuales entraban en su puchita, diciéndome “Papito dámelos todos, que rico se siente, ahh, mmm, uff”.

    Cuando terminé de irme serían las 8:30 de la noche, ella después de unos tres minutos de descanso, me dijo “Paco, no sabía que cogieras tan rico, que vergota tienes y que bien lo haces, mira como me tienes empapada de sudor, de su saliva y tu semen”, “ya vez primita de lo que te estabas perdiendo, ahora vamos a descansar un rato, porque quiero seguir dándote verga”, así que nos recostamos y ya en la plática me dijo que la había dejado impresionada de la forma de coger, a lo cual yo le dije que acaso su esposo no la cogía de tal manera, diciéndome que aunque pareciera un hombre fuerte y grandote, no tenía la más mínima idea de lo que era coger, y que hasta este momento ella se sentía completamente satisfecha en la cama, así que le dije que a partir de ese momento quería cogérmela por lo menos una vez a la semana, diciéndome que ella sería feliz de recibirme cada vez que yo quisiera estar con ella.

    Ya repuestos de la refriega, le dije “Elvira quiero darte por tu chiquito” de inmediato respondió “No Paco, no me va a caber, la tienes bien grande y bien gruesa, me vas a reventar”, “Claro que no primita, veras que te la vas a comer todita, tu déjame a mi hacer el trabajo” le respondí, así que de inmediato la empecé a besar, la cual me respondió metiendo su lengua en mi boca, para con mis manos manosear nuevamente su rico cuerpo, sus senos y sus nalgas, hasta que sentí como sus pechos volvían subir y bajar de la excitación que tenía y mi verga ya empezaba a volver a revivir, diciéndome que ocupaba ir antes al baño, lo que yo aproveche para sacar de mi pantalón una crema para engrosar el pene, el cual me unté y al cabo de dos minutos salió del baño, completamente desnuda caminando hacia mí, así que la tome de la cintura y empecé a besarla lentamente, mientras con una de mis manos frotaba suavemente sus nalgas y con la otra la atraía de la cintura para conmigo, sintiendo que esos besos y esas caricias empezaban a parar más mi falo, el cual repegaba con su sexo, mientras ella en un acto de entrega total, dejaba que mi lengua penetrara su boca y sus manos me tomaban de mi espalda, para pegar sus pechos a mi.

    Después de algunos minutos del faje que nos estábamos dando, le pedí que se acostara de lado sobre la cama y yo me acomodé detrás de ella, en esa posición subí pierna derecha y acomodé mi falo en su puchita, no sin antes dedearla para confirmar que su almeja ya estaba lo bastante lubricada, mientras suspiraba “Paco, que rico le haces, uff, ugg, mmm”, así que le pedí “Acomoda mi falo en tu cosita sabrosa”, la cual al tomarlo con una de sus manos me dijo “Pinche Pacho, está bien grueso y duro, parece tubería, me vas a partir”, “Tu tranquila, ya estás bien mojadita, te va a entra todo” le respondí, así que ya estando la punta de mi verga en medio de sus labios externos, comencé a empujar levemente, sintiendo como los pliegues de su puchita empezaban a ceder, “Paco, está bien gruesa, me vas a lastimar, uff, aug, aug”, sus palabras provocaban más excitación, así que decidí seguir empujando hasta que después de varias entradas y salidas, sentí como mi verga topaba con algo en el fondo de su vagina, mientras ella suspiraba, gemía y gritaba, a veces de placer y otras de dolor, pidiendo que lo hiciera más lento.

    Yo teniéndola de tal manera y ayudándola a sostener su pierna seguía el entre y saca, mientras volteaba su cara para besarla, viendo la cara de placer y de dolor ante cada arremetida en su cavidad, ella ya en esos momentos estaba a mi completa voluntad, así que le dije “Elvira quiero darte de a perrito”, la arrodille sobre la cama y me acomodé detrás de ella, así que de inmediato metí mi verga toda durísima y gorda, y agarré sus brazos con mis manos para tenerla como una carretilla empujándola hacía mí, mientras ella pujaba muchísimo y me decía “Paco, me la estas metiendo toda, uff, ayy, siente como chocan tus huevos con mi chochita, mmm”, así que a pesar de sus gemidos y suplicas yo seguía con mi acometido y le daba más duro, quizás así la tuve alrededor de unos 10 minutos, y le solté sus brazos, para ponerme arriba de ella y apoyado en mis pies, para sostenerme en sus caderas y así mi falo como una banderilla de toro, estarla penetrando más duramente, mientras ella ahorita si gemía «augg,“ayy, para cabrón, me estas partiendo, por favor para”, yo sin hacer caso, seguía dándole durísimo, mientras con una de mis manos le empezaba a dedear su rico culito.

    Ella al sentir que mis dedos empezaban a tratar de penetrar su chiquito, me dice “No Paco, me vas a reventar mi culo”, yo le conteste “Claro que sí prima, pero verás que te vas a hacer adicta”, “Está bien, pero ponme algo para que resbale por favor” me contesta, así que yo ni tardo ni perezoso, fui al baño y tomé una crema que están de regalo y le dije, “Quédate así como estas, deja que estimular tu esfínter”, así que le unté la crema sobre su hoyito, y con dos de mis dedos empecé a meter poco a poco, al ver ya que empezaban a entrar ambos dos terceras partes, intenté con un tercero, mientras ella pujaba de dolor y me decía “Paco, me duele, mejor otro día”, “Claro que no, quiero dejarte toda mi leche en tu culito” le contesté siguiendo con mi acometido de dedearla, hasta que noté que mis tres dedos ya empezaban a entrar por completo y al salir traían liquido lleno de la crema, así que le dije “Elvira no te muevas mucho, voy a empezar a meter mi verga”, así que la llevé hasta que casi su cabeza topara con la cabecera de la cama, para que al irla metiendo ella no tratara de sacar su cuerpo y así dejarla acorralada y no pudiera hacer ese movimiento, así que primero empecé a meter la punta de mi verga lentamente mientras ella pujaba “Uff, está bien gruesa y dura, me vas desangrar, grr, mm”, así que poco a poco empezaba a seguir penetrándola, viendo como ese rico culito se iba comiendo poco a poco cada parte de mi verga, y sintiendo como sus pliegues anales iban cediendo ante mi lenta envestida, hasta que después de unos 3 minutos de estar poco a poco y ella gimiendo, pujando y hasta gritando, sentí que esos 19 centímetros ya los tenía todos adentro, y solamente se limitada a decir “Paco, me partes, me estas culeando muy fuerte, uff, no manches, esta durísima”, así que aproveche para sacar medio falo y volverlo a meter ante cada arremetida.

    Así estuve alrededor de unos 30 treinta minutos sacándola y metiéndola, viendo como mi verga salía llena de sangre, líquidos e inclusive algo de excremento, mientras ella ya para ese momento me decía que le dolía pero que empezaba a sentir sensaciones extrañas, “Ver como chocan mis huevos con tu puchita”, “Si Papito, que grande la tienes y durísima, nadie me había dado por el culo, uff, agrr, ayy, ya termina”, me contestaba entre gemidos y suspiros, “Eso significa que te la estas comiendo enterita, que rico coges primita, te los voy dejar todos en tu culito” le dije, y después de unos 5 cinco minutos más le dije “Me voy chiquita, siente mi leche toda caliente”, sintiendo como salían de mi verga chorros y chorros de semen, mientras ella me decía “Dámelos todos, uff, agg, mmm”, cuando se la saque después de irme dentro de ella, ella cayó rendida en la cama, diciéndome que sentía raro su culo, que lo sentía súper abierto, y vio como salía sangre del mismo lleno de semen.

    Ya como a la 1 de la mañana camino a dejarla en su casa, me dice que cuando nos volveríamos a ver y le dije que si quería al día siguiente, diciéndome que mejor hasta el sábado porque la habia dejado muy abierta de su puchita y de su chiquito, y me preguntó que cual era mi fantasía sexual, “Me la cumples”, le pregunté, “Depende” contestándome, me gustaría cogerte junto con tu amiga “Mónica”, diciéndome “Mira que cabrón eres”, bueno tu piénsalo y me dices, -su amiga es una mujer guapísima, lindo cuerpo que siempre le había gustado-, así que lo que pasó entre esas dos mujeres será motivo de otro relato.

  • Lucky boy (I): El bus

    Lucky boy (I): El bus

    Mi confesión

    Un hombre maduro tiene sus encantos, y siempre el atractivo de forjar una relación estable, pero sexualmente me parecen muy predecibles. Como mujer sabes perfectamente lo que quieren y al final siempre termina siendo solo sexo, sin juegos ni atractivo. Nada antes ni después, al menos en mi experiencia.

    En cambio, un adolecente ofrece la oportunidad de seducirlo, la libertad de decisión y al mismo tiempo el control absoluto en cada uno de los encuentros. Sé que parezco una aprovechada, pero venga, que tengo valores y siempre me aseguro que sean legales, tampoco soy una enferma para enredarme con menores de edad.

    Siempre me han atraído de una manera muy especial los chicos jóvenes, en parte por la simpatía natural de un cuerpo tierno, pero especialmente por esa inocencia en el actuar, su timidez al habar y esa sinceridad verídica en su forma de ser.

    Cuando era adolecente tenía un mejor amigo al que le gustaba mucho una señora que vivía por el vecindario aledaño. Se trataba de esas clásicas MILF’s maduras de barrio blanco. Él solía espiarla cada día cuando regresábamos de la escuela, pues siempre pasábamos por esa zona residencial. Cambió mucho en esos días, y yo me sentía muy mal por él.

    Ahora, entrando en mis cuarentas, gozo de un buen cuerpo, siempre me he cuidado mucho en mi alimentación y haciendo ejercicio, sin descuidar mí trabajo. Me he casado, tengo dos maravillosos hijos y una buena casa. Ahora soy una de esas MILF.

    Seduciendo en el Bus

    Era primavera, debían ser por eso de las once de la mañana, regresaba de la Ciudad de México a Guadalajara, Jalisco, un camino medianamente largo en autobús, sin tráfico, aunque nunca falta el choque, la manifestación o cualquier percance.

    Estaba muy cansada después de un pesado fin de semana de trabajo en la capital. Lo único que tenía en mente era regresar a casa y relajarme. Me imaginaba en mi recamara quitándome el vestido de holanes que vestía ese día, deshaciéndome de mi ropa interior y tumbándome boca abajo sobre la cama. Quizá mi esposo me acompañaría con un seductor masaje y quién sabe, quizá un buen sexo antes de caer profundamente dormida.

    Miraba por la ventanilla del autobús, perdida en mis fantasías, esperando que el resto de pasajeros tomara su asiento. Uno a uno pasaban de largo a mi derecha, algunos se quedaban en los lugares de enfrente acomodando sus equipajes de mano en las repisas bajo el toldo del trasporte.

    Entonces una familia me arrebató la mirada que tenía difusa en la nada. Subía por el pasamanos haciendo mucho alborotó, rompiendo con la típica tranquilidad del protocolo, seguramente habían arribado con el tiempo encima. Típico.

    La mamá lideraba el grupo, era una señora de unos cincuenta y tantos, bastante robusta, detrás de ella le seguía una niña no mayor a quince años, atrás de ella el que sería seguramente su hermano, un chico de veinte años, y al final el padre, un hombre grande en todos los aspectos.

    Enseguida la señora tomó el asiento del otro lado del pasillo, a una fila enfrente de donde yo estaba, junto a un pobre señor quien seguramente sufriría por la falta de espacio todo el camino. A su derecha, se acomodaban su esposo y la niña, justo enfrente de mi asiento. En tanto, el hermano mayor miraba incrédulo el número de asiento que compartiría conmigo, cotejando una y otra vez con su boleto, asegurándose de no equivocarse.

    Me dio mucha gracia, me encantó esa inocencia y su timidez incontrolable al ver a una mujer como yo. Hacían que todo ese trabajo en el gimnasio y esas dietas valieran la pena. En verdad me encantan esas miradas, de lujuria sí, pero cohibidas y con cierto carisma natural que me embriaga.

    El camión comenzó a andar, y rápidamente salimos de la estación encaminándonos a la carretera. Al mismo tiempo, poco a poco el joven adolecente a mi lado, finalmente entraba en confianza, relajando los hombros y distrayéndose un poco con una consola portátil que traía.

    Normalmente yo leería un poco en el trayecto, pero claro que no me perdería una oportunidad como esa. Era un chico atractivo, de piel morena, cabello corto y con una pequeña barba que comenzaba a asomar lo suficiente para ser elegantemente recortada. Era alto y un tanto fornido, habiendo heredado los genes de su padre, sin embargo parecía que a él si le gustaba cuidar su figura. No lo sé, me pareció lindo, aunque quizá solo era el calor del momento.

    A mí lo que más me gustaba era la simple oportunidad de seducirlo. Tan solo con el puro hecho de saber que le gusto y que no podía dejar de mirarme, me vuelve loca. Me trasportaba a esos días en que mi mejor amigo espiaba a esas mujeres maduras, ahora encarnándome en una de ellas. Espiar esas miradas tímidas que se apartaban de su consola hasta mis piernas una y otra vez, me hacía saber cuánto me deseaba, y eso, sin saberlo, comenzaba a excitarme.

    Me hacía sentir como una diosa, me llena de poder, es adictivo. Una vez que saboreas todo ese control no puedes dejarlo. Me sentía tan bien, que pensaba que debía recompensarlo de alguna manera. Jugueteaba con mi largo cabello ondulado color castaño claro, me acariciaba las piernas subiéndome cada vez un poco más mi ya de por sí corto vestido.

    Comenzó como un día un poco nublado, pero a medida que salíamos de la ciudad pronto el sol golpeaba con todo su fulgor, iluminando cada rincón del autobús, especialmente mis blancas y tercias piernas exhibiéndose con descaro a mi inocente compañero de viaje.

    Sabía que me estaba mirando, intentaba disimularlo pero cada vez le era más difícil despegar sus ojos de mis manos acariciando sensualmente mi cuerpo, ensañándose mis tetas, cuales sentía inflamadas y calientes aún bajo mi vestido y mi sostén.

    Con lentitud deslizaba mi mano derecha por un costado de mi seno izquierdo, jugando con la redondez de esa parte de mi cuerpo, apenas rozado con extrema delicadeza la punta de mis dedos poco a poco hasta llegar a mi pezón. Esas caricias, y su mirada, y el sol abrazando por todo mi cuerpo, me estaban llevando al cielo.

    Entonces, me puse de pie, pidiéndole permiso al chico para salir al pasillo, de paso parándole la cola en toda su cara al pasar de espaldas entre el asiento de enfrente y él. Así llegué al baño del bus, y ahí me desnudé por completo, cuando me pongo caliente me vuelvo realmente loca, y no hay nada que me ponga más caliente que exhibirme a un chico como él.

    Una vez estando completamente desnuda, me toqué mis senos, dios, estaba realmente excitada. Cada caricia era un regalo del cielo, no había nada que quisiera más que follarme a ese chico. Me acariciaba mi cuerpo, mi cintura, mis nalgas, mi vagina, todo. Quería bajarme la calentura, pero lo único que conseguía era ponerme más y más zorra.

    En un momento me miré en el espejo, tenía la mirada perdida, estaba como drogada, realmente estaba intoxicada de sexo, no podía pensar claramente; me pellizcaba mis pezones, me estrujaba mis paradas tetas, incluso me metí un par de dedos en mi depilada vagina como si nunca lo hubiese hecho antes, empapándolos con la tibia lubricación de su interior.

    Finalmente me enfundé de nuevo en mi vestido, dejando en el olvido mi ropa interior dentro de mi bolso, y salí de regreso a mí asiento, desfilando entre los pasillos con arrogancia y la calentura a tope.

    -Permiso. –Le susurré al chico con extrema coquetería, al tiempo que me deslizaba frente a él nuevamente de espaldas para que pudiese admirar y oler mí mojado coño al pasarle por su cara. De nuevo tomé asiento y me acomodé a su lado, crucé mis piernas y me dejé admirar solo un poco más.

    Pero mi corazón palpitaba con intensidad, cada musculo de mi ser aclamaba por ser consolado, sudaba y me estremecía, ansiosa de observar hasta dónde llegaría mi travesura. Mis manos rondaban por mis piernas, acosando mi caliente coño que minutos antes habían probado. Solo quería complacerme a manera de premio por lo mal que me estaba portando, y por todo lo que estaba gozando. Me sentía tan bien que no podía dejar de tocarme, acariciarme las piernas cada vez más arriba de mis rodillas, haciendo que mi vestido se me subiera hasta la cintura al paso de mis tersas manos al llegar finalmente a mi entre pierna, debelándole a ese afortunado chico toda mi conchita depilada y mojada, con mis manos acercándose a ella, separando mis muslos para llegar a su cálido hogar.

    Él miraba atentamente, ahora su consola de videojuegos se había quedado completamente desatendida y olvidada por su dueño, quien ahora se perdía encantado con el espectáculo de mirar a una real MILF masturbándose a su lado.

    Nadie más lo sabía, sus padres estaban ausentes, concentrados en la película que se proyectaba en las pantallas frente a ellos. En tanto, su hijo se perdía en las redes de una hermosa dama, de piel tersa y caliente cual cervatilla en celo. Y yo me regocijaba como nunca mostrándole cuan mojada estaba al separar mis rosados labios vaginales para insertarme un par de dedos, haciendo que mi lubricación natural escurriese alrededor de ellos.

    Estaba perdida, quería dejarme llevar y terminarme de estimular ahí mismo, aunque al mismo tiempo quería prolongar el momento pues el camino aún era largo. Pero en ese momento una señora se ponía de pie a un par de filas enfrente. De inmediato me sobresalté y me acomodé el vestido de regreso a cubrirme las piernas, mientras miraba a la mujer encaminarse al baño en la parte trasera del trasporte.

    La ansiedad me consumía, quería regresar a gozar con mis caricias y consolarme con las miradas de mi joven acompañante. Mis manos temblaban, me pedían a gritos que continuara tocándome, estaba incontrolable; me sobaba los brazos, me frotaba el cuello y lentamente deslizaba mis dedos por debajo de mi escote, mirando de reojo que nadie más me mirara. Estábamos completamente solos, pese a que el autobús iba a tope, el momento era solo nuestro, nadie nos veía en la privacidad de nuestros asientos.

    Solo quería su atención, solo la vista de aquel muchacho en mis manos sobre mis pechos que ahora acariciaban la erizada piel de mis suaves tetas por debajo del vestido, haciendo que uno de los tirantes de éste se deslizara por mi hombro izquierdo debelándole mi seno censurado por mi propia mano sobre él.

    Lo estrujé seductoramente, separando mis dedos para abarcar toda su circunferencia, al mismo tiempo dejando al descubierto mi aureola central que asomaba entre mis largos dedos, lo suficiente para pellizcar un poco mi pezón erecto y duro, listo para una buena y dulce chupada. Mmm.

    La puerta del baño se abría y la luz de ocupado se apagaba. Enseguida me reincorporé y acomodé de nueva cuenta mi vestido, ahora para cubrirme mis pechos. Había estado más tiempo desnuda que vestida en ese autobús, estaba caliente como nunca y aún había tiempo por delante.

    Pero ahora le tocaba a él, había sido el centro de su atención por todo el camino; era hora que me complaciera un poco a mí. Debía demostrar cuanto me deseaba. El espectáculo no era gratis, bueno sí, pero habría que contribuir un poco. Desde hace tiempo que le miraba un buen paquete levantándose en sus jeans y ya se me antojaba probarlo. Si quería probar mi cuerpo, debía convidarme un poco del suyo, ese era el trato.

    Todo regresaba a la calma; las personas comenzaban a sucumbir al sueño, nadie hablaba, el viento resoplaba a medida que el camión se abría paso velozmente en la carretera, la película hacía eco entre las filas a oídos sordos de los tripulantes delirando de cansancio como boxeador noqueado. Yo aguardaba pacientemente a que el muchacho a mi izquierda firmara el contrato pecaminoso.

    Primero voleó a todos lados. Revisó a su señora madre quien hacía mucho había caído rendida, después a su padre al frente de nosotros, invisibles a su perspectiva, y a su hermana quien parecía ser la única que prestaba atención al filme romántico que se reproducía. Finalmente el joven volteó a su izquierda, en los asientos detrás de su madre, mirando temeroso a una pareja de señores concentrados en su ordenador portátil, seguramente compañeros de trabajo, sin embargo eran los únicos que podían vernos.

    Una vez seguro que, por el momento, gozábamos de cierta privacidad, el chico se llevó su mano derecha a su bulto y lo estrujo disimuladamente, pero con firmeza suficiente para delinear su larga y fálica figura debajo de la mezclilla. Y aquello me sacó de quicio, esa inocente acción me daba luz verde para que continuara con mi perverso juego.

    El chico rosaba su pene fugazmente para apartar su mano rápidamente, como si hubiese sido un movimiento involuntario, quizá así lo fue, pero apenas el chico apartaba su mano, inmediatamente era remplazada por la mía, posando con delicadeza la palma sobre su bulto.

    Y ahí la dejé, sin voltearle a ver. Sabía que él quería buscarme la mirada, lo sabía por mi visión periférica, pero yo me mantenía firme, y al ver que no objetaba mi atrevimiento comencé a acariciarlo. Lentamente deslizaba mi femenina mano sobre su pantalón hinchado por la tremenda erección que se cargaba. Él miraba atónito, disfrutando a la vez, del glorioso masaje de aquella loca y caliente acompañante desconocida.

    Estamos nerviosos, pero sin duda, muy excitados, al menos yo lo estaba. Sin importarme que nos pudiesen sorprender, comencé a deslizarle la cremallera de su pantalón. No dijo nada. Se lo desabotoné y de inmediato le saqué el trozo con desesperación, apartando sus calzoncillos con cierta incomodidad, pero con todo el cuidado y delicadeza que una dama como yo podía ofrecer.

    Una vez afuera, su inflamado pene se desenvolvía erecto a más no poder, como misil nuclear listo para la guerra; rojo, y con el prepucio totalmente estirado. Lo saboreé, me relamí los labios, y sin medias tintas me agaché para darle una buena chupada.

    No me importaba nada, con firme decisión me engullí su falo y comencé a chuparlo cual paleta de dulce. Lo disfruté como nunca; lo lamí, la masturbe, lo mamé, lo estrujé y le di la felación de su vida, con extremo cuidado de que no se me fuera a venir en la boca.

    Ya cuando lo sentía a punto de reventar, lo dejé. Regresé a mi asiento y me acomodé de lado a él, subiendo mi pie izquierdo en la división de ambos asientos, separando mis piernas para él. Le mostré de nuevo mi bella vagina y comencé a tocarme para su deleite, llenándome mi ya de por sí mojada conchita con la lubricación de su semen que había embarrado en mi mano.

    Lo entendió enseguida, porque no tardó un solo segundo en llevarse su mano derecha a su pito y comenzar a estimularse, complacido con la increíble vista que frente a él se revelaba. Ambos lo disfrutábamos, no había duda. Le tomé de la mano, y me la acerqué a mi entrepierna, para que pudiese palparme toda mi conchita caliente y mojada.

    Fue muy divertido, tierno además, pero sobre todo muy, muy excitante. Me tocaba con dulzura, con delicadeza, y con inexperiencia. Recorría su mano sobre la tersa piel de mi depilada vagina, lentamente, rosando apenas mis labios húmedos, seguramente descubriendo por primera vez aquella suave, caliente y mojada textura. Y eso me encantó, casi sentía que me venía. No se atrevía a meterme los dedos con tosquedad, sabía cómo tratar a una mujer, o quizá solo estaba demasiado aterrado. De cualquier forma me estaba llevando al cielo.

    Sin embargo, justo en ese momento el camión se detenía. Arribaba a León, una escala obligatoria en aquella ruta. Ahí nos mantendríamos al menos una media hora, por lo que la mayoría optaría por bajar un momento a estirar las piernas un poco.

    -¿Vienes? –Le pregunta la hermana menor al chico a mi lado, quien aún terminaba de acomodarse su pito dentro de sus pantalones de mezclilla.

    -No. Yo… No. –Respondía, temblando de excitación. Y yo regresaba a mi hipócrita faceta de viajera desinteresada, mirando a los pasajeros bajando del autobús encaminándose a una afortunada tienda de autoservicio, ahora bien sentada y con las piernas cruzadas. Mientras aquella pequeña se marchaba junto a sus padres, quienes sin saberlo, dejaban a su hijo en las garras de una depravada.

    -¿Tienes novia? –Le lanzaba la pregunta al aire sin voltear a mirarle, libre para que pudiese capturarla si así lo quisiese. –No. –Respondía, serio y muy nervioso. -¿Qué edad tienes? –Veinte. –Que bien. –Respondí alegre. -¿De dónde eres? –México, de la ciudad. –Me respondía, corroborando así todas mis sospechas.

    -¿Y…? ¿Viajas a menudo? –Le coqueteaba con total indiscreción, cual esposa desesperada, al tiempo que deslizaba uno de los tirantes de mi vestido asomando un poco mi seno izquierdo. –Nn… No. –Me susurraba temblando ansioso. Y yo continuaba tocándome para él, terminando de debelar mi pezón erecto frente a sus ojos, como esperando a ser estrujado por sus manos.

    -Sácatelo. –Le suspiré muy cerca del oído, con extrema seducción. Mirando como el adolecente se sacaba su tierno falo nuevamente erguido y dispuesto para mí. Entonces, aglomeré una buena cantidad de saliva en mi boca, y sin mediaciones me clavé como ave de rapiña hasta humedecerlo por completo con mi saliva y sus preeyaculaciones.

    Estaba realmente caliente, lo único que deseaba era cogérmelo como desquiciada. Una vez satisfecha de tenerlo completamente lubricado, me levanté de mi asiento y me senté sobre él. Así sin más, sin importarme que aquel par de secretarios tecleando con furia en sus ordenadores, pudiesen verme.

    Me planté frente al joven, separé mis piernas y las rodeé en él, arrodillándome sobre los asientos, obligándolo a estrechar sus piernas mientras yo me acomodaba su pene dentro de mí.

    Así, finalmente me deslizaba placenteramente su largo trozo lubricado entre mi conchita mojada produciendo un erótico sonido pegajoso al estamparme en sus muslos, antes de comenzar a cabalgar, de arriba abajo, exprimiéndome su férreo musculo en las profundidades de mi ser.

    El bullicio se escuchaba cerca del autobús. Turistas, transeúntes y los pasajeros merodeaban los alrededores. Los podíamos ver por la ventanilla, entre las cortinas azules. Pero a mí ya nada me importaba, estaba tan caliente y tan complacida que solo quería hacerme venir sobre ese chico, a quien abrazaba con pasión, gimiéndole al oído.

    En un momento levante la vista para cruzarla con la de uno de esos tipos de traje, percatándose cómo montaba inhumanamente a ese pobre chico. Estaba tan excitada, y lo estaba disfrutando tanto, que solo atiné a sonreírle con coquetería, incluso guiñándole un ojo.

    Creo que el chofer también se habría dado cuenta por el retrovisor, pero nada me importaba, estaba tan excitada, y me sentía tan zorra que solo me importaba darme placer con la polla de ese chico. Meneaba las caderas con extrema sensualidad. Sabía que estallaría en cualquier momento sobre él.

    Luchaba a cada segundo por no gemir como loca. Igual se me escapó uno que otro, no podía más. Lo dejaría terminarme dentro, ya cuando una esta así de caliente no se piensa con cordura, seguramente era virgen, se le notaba. Otro punto a favor por lo que me encanta enredarme con jovenzuelos.

    De cualquier forma, terminó primero, pero aguantó, aguantó como todo un caballero a que yo lo hiciera. No tardé mucho, estaba como nunca, al borde. Tan solo un par de sentadas más y mi vagina sucumbió por completo, rindiéndose al momento placentero sobre su pene.

    -Mmm. Haaa. Siiii. Gracias. –Le suspiré en medio orgasmo cerca de su oído, al tiempo que me dejaba venir profundamente, escurriendo un poco de mi lechita sobre su pene, expulsando de paso su propia eyaculación que había depositado dentro de mí, haciendo un espectacular creampie en mi conchita.

    Exhalando un profundo suspiro, ya completamente satisfecha, por fin me bajé de su asiento, desempotrándome de su enrojado pene, aliviado del calvario sexual que jamás se habría imaginado en su corta vida.

    Y así, al poco tiempo todos los pasajeros regresaron de nuevo, y con ellos, aquella señora regordeta, el robusto papá y la joven hermana, retomaban sus lugares. Completamente candorosos a lo que había acontecido con su inocente pupilo. Aquellos hombres de negocios jamás dirían nada, lo sabía. Sin compromisos, sin testigos, y un buen follón, como debe de ser.

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