Autor: admin

  • Sexo con la mujer de mi jefe

    Sexo con la mujer de mi jefe

    Un saludo para todos, soy nuevo en CuentoRelatos y voy a contarles lo que me sucedió hace unos meses atrás. Soy un joven de 30 años moreno de buen cuerpo, bien dotado y muy apasionado en todo.

    Hace unos empecé a trabajar con un señor, nos hicimos amigos, y él me invitaba a su casa. Todo normal, él es casado con una mujer 43 años, morena, delgada, buenas nalgas, no muy tetona, etc.

    Al pasar los días ella se consiguió mi número de WhatsApp, y empezó a escribirme que yo como estaba, empezamos hablar y hablábamos bastante, un día me comentó que yo le encantaba, que ella sentía una atracción grande por mí. Y que llevaba mucho tiempo sin tener buen sexo, y que el esposo siempre estaba enfermo. Y ya no le hacía el amor como antes, y quería sentir una buena polla.

    Un día me invitó a una motel, llegamos en la moto de ella y entramos de una, yo iba súper cachondo y ella igual. Ella se puso de rodillas y me bajo el pantalón y sacó mi polla, de 18 cm empezó a chuparla sin parar, enseguida me recostó en la cama y se subió a cabalgar.

    Después la bajé y la puse en cuatro y empecé a chuparle esa concha, después la puse boca arriba y le di varias embestidas.

    Después me dijo que le diera por el ano, gemía y decía “dame más duro cabrón”, ya a punto de venirme, saqué mi polla y se la puse en boca y le llené la cara de semen y nos recostamos un rato.

    Luego fuimos a la ducha y la follé de nuevo. y después fuimos cada uno a su casa, cada rato la follo en su casa o en el motel.

    Discúlpenme si fue tan corto. A propósito mañana voy a follarla

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  • El castigo de Elva

    El castigo de Elva

    Elva sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal mientras la doctora le explicaba los resultados del último análisis de sangre. “Su fertilidad está en niveles sorprendentemente altos” dijo la médica, con una sonrisa que percibió como demasiado pícara para el contexto. “Realmente increíble para su edad”.

    La noticia no era tan inesperada. La terapia hormonal post-menopausia había dado frutos y la sensación de rejuvenecimiento física que sentía era palpable. Pero la insistencia de la doctora en los niveles “sorprendentemente altos” le había despertado una inquietud.

    Las semanas posteriores fueron un torbellino de cirugías, tratamientos estéticos y sesiones con el nutricionista. Elva se miraba en el espejo con fascinación. La piel se veía tersa y luminosa, sus pechos habían aumentado a un tamaño voluptuoso y su cintura ahora era una delicia escultural. Sus piernas, musculosas gracias al entrenamiento que había empezado para recuperar su energía después de que Fernando su ex pareja terminara la relación, adquirieron un tono bronceado perfecto bajo el sol de Rosario. Se sentía como una diosa renacida, aunque seguía arrepintiéndose del abandono sexual y la falta de deseo que había llevado a Fer (así lo llamaba) a irse con un nuevo amor.

    “Es impresionante” susurraba cada vez que se miraba en el espejo, sintiendo una excitación desconocida por su cuerpo. Una sensación que le recordaba con fuerza los años pasados, cuando ella lo encontraba irresistible y estaba dispuesta a abrirse como una flor ante la más mínima caricia y dejarse llenar el útero con su fértil esperma. “¿Qué fue de él?”, pensaba mientras acariciaba sus nuevas caderas prominentes y recordaba los hermosos orgasmos que juntos tenían.

    La sorpresa llegó un día soleado de noviembre. Elva recibió un llamado telefónico en el consultorio. La voz del médico le dijo que había ganado un concurso y sería parte de un programa exclusivo para mujeres de su perfil: una experiencia “totalmente gratuita” llamada “El despertar de las diosas”. El programa, según la información que encontró en internet, era muy deseado y solo se seleccionaban unas pocas mujeres al año. Era una especie de tratamiento integral que incluía sesiones semanales con terapeutas, masajes, nutrición personalizada y acceso a un grupo exclusivo para compartir experiencias.

    Lo más llamativo: un “programa especial” para mejorar su “plenitud vital”. Ella no se podía explicar la sensación de mariposas en el estómago al leer esa frase. Era como si una parte de ella ya supiera lo que iba a suceder.

    Las primeras semanas fueron intensas. La atención era constante, los masajes eran exquisitos y las conversaciones con los terapeutas le ayudaban a descifrar un poco más la complejidad del dolor por su separación y sus traumas que mitigaron su deseo en los últimos años. Pero algo cambiaba en su cuerpo. Una energía nueva fluía por sus venas, una sensación de deseo que se volvía cada vez más potente. Los sueños se llenaban de hombres musculosos y cuerpos desnudos. Elva, antes tan tranquila, sentía su libido dispararse como un cohete sin control.

    Una noche, después de un masaje profundo con aceites calientes, Elva sintió un hormigueo en sus labios vaginales mientras el terapeuta masajeaba suavemente sus caderas. Lo miró a los ojos y sintió que un deseo feroz la consumía, una necesidad urgente que no podía reprimir. Sus manos se aferraron a los hombros del terapeuta, tirándolo hacia sí con fuerza. Lo besó profundamente, bajo sus pantalones torpemente y en esa posición tomó su pene con las manos y lo dirigió sin pensar en nada hacia su empapada vagina.

    El gran miembro entró en ella como si hubiera sido hecho a medida llenando cada rincón de su vagina la cual no era usada desde su separación, y en ese instante de desesperación, comprendió: el programa “especial” estaba relacionado con su deseo desenfrenado y su pasado…

    Su mente de derritió y se rindió ante el deseo. Solo se limitó a agarrar fuertemente del poderoso culo a su ocasional amante llevándolo profundamente dentro de ella pidiéndole que la llenara sin importarle el hecho de no estar tomando ninguna precaución en el acto.

    Y así fue que su primer amante acabó copiosamente en lo más profundo de su desprotegida vagina dejándola completamente inaugurada y a su poseedora agotada y lista para los hechos que luego comenzarían a ocurrir diariamente.

    Fernando había planeado esto todo con meticulosa precisión. Lo sabía en el fondo de su corazón. La venganza por su falta de deseo cuando ella estaba con él se hacía palpable como un fantasma frío que la acechaba.

    Al siguiente día y luego de sentirse culpable y avergonzada durante toda la noche, mientras se encontraba en un nuevo gimnasio exclusivo para el exclusivo club de mujeres, un hombre musculoso y alto, con una sonrisa seductora le extendió el brazo. “Te espero por acá”, dijo con una voz profunda y sensual, señalando una habitación privada al lado del sauna.

    Elva sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el calor del lugar. Había entendido finalmente qué le deparaba “El despertar de las diosas”. Y Fer había elegido el escenario perfecto para su venganza.

    Sus piernas se abrieron como pétalos hacia el hombre musculoso mientras él la sostenía por las caderas, sus grandes manos acariciando su piel tersa con una voracidad que hacía temblar sus entrañas. Su pene, un monstruo de más de 20 cm que parecía desafiar la lógica y la anatomía humana, se deslizó dentro de ella con una contundencia que le robó el aliento. Elva sintió un orgasmo estrangulador, un torbellino de placer visceral que la abrumó completamente y luego la sensación que desde ese momento sería su máxima compañera, el calor inconfundible y los golpes en lo más hondo de su útero desprotegido, de los potentes chorros de esperma de su compañero circunstancial.

    Luego de ese tremendo clímax él besó y se divirtió largo rato con los hermosos pechos chupándolos y besándolos como queriendo sacar leche de ellos y así como un aviso de lo que iba a venir unas pequeñas gotitas de líquido acuoso salieron de ellos mientras entraba en un nuevo orgasmo y se quedaba dormida.

    Al despertar estaba en una hermosa habitación con una gigantesca y cómoda cama, totalmente desnuda y con su vagina rezumando todavía el líquido depositado por su ultimo hombre… se levantó, se bañó cambió y perfumó, seguía tremendamente excitada pero a su vez sintiéndose culpable pues solo en 2 días ya había tenido sexo 2 veces sin protección. Ahora, pensó ella, voy a ir a la oficina de dirección, pido una pastillas del día después y me retiro.

    No encontró nada de ropa, solo toallas y muchísima ropa tremendamente sexy, casi pornográfica, entendiendo un claro mensaje. Se puso un brevísimo vestido negro encima y abríó la puerta, llevándose una gigantesca sorpresa, una fila interminable de hombres desnudos esperando su turno…

    Y así comenzó su nueva vida sin saberlo, solo se dejó llevar por el deseo y tomó la mano del primer hombre, y lo arrastró con ella a su cama, de a uno en uno todos los demás comenzaron a avanzar y la poseyeron. Una sinfonía de cuerpos musculosos, grandes penes y eyaculaciones copiosas llenaban sus días y noches. Cientos de hombres, con una selección meticulosa por parte del programa se turnaron para hacerla suya, sin protección alguna una y otra vez colmándola de orgasmos.

    Elva sin saberlo ni desearlo conscientemente se convirtió en un templo sagrado de fertilidad, un altar donde la pasión y el deseo se ofrecían como sacrificio a la voluntad implacable de Fernando. El dolor inicial de la humillación se transformó en una extraña sensación de posesión, de ser completamente consumida por su nuevo destino. Dos meses después su vientre, antes plano, después de recibir tantas eyaculaciones dentro, comenzó a redondearse levemente en la zona cercana al monte de venus, sus pechos se endurecieron e hincharon y sus pezones se agrandaron y oscurecieron, ella ya sabía hacia rato lo que estaba ocurriendo en su interior.

    Cuando Fernando finalmente apareció, después de dos meses y medio de este ciclo infernal. La sonrisa de satisfacción en su rostro era tan cálida como el sol de verano, pero también tan fría como la luna plateada que iluminaba las noches de sus encuentros con los hombres.

    “Te ves espléndida, Elva” dijo Fernando, acariciando su pequeño vientre abultado con una mirada llena de maliciosa ternura. “Y pronto serás madre.”

    Elva lo miró a través del velo de la locura y el deseo que ahora le dominaban. “Tu venganza es demasiado cruel” murmuró, sintiendo un nuevo orgasmo recorrer su cuerpo mientras sus dedos se aferraban al suave muslo del hombre que la estaba penetrando en ese preciso instante mientras eyaculaban otra vez en su interior.

    Fernando inclinó la cabeza y con una sonrisa triunfante murmuró: “Solo acaba de empezar.”

    Y Elva comprendió. Su castigo no solo era ese embarazo, sino el ciclo perpetuo de fertilidad forzada que le había deparado Fernando. Sería madre una y otra vez, un vientre fértil entregado al placer y a la posesión de otros hombres hasta que su cuerpo se agotara. Su destino no sería “El despertar de las diosas”, sino “Los partos de la diosa”, el lógico resultado de ser una esclava del deseo irrefrenable que él había reavivado en ella.

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  • Encuentro swinger (2)

    Encuentro swinger (2)

    Al levantarnos, nos duchamos, era un día hermoso, con mucho calor y salimos para la piscina principal, desnudos por supuesto. Comimos, con las otras parejas, mientras seguíamos tomando. La señora que conocí en la zona de masajes me ofrece reiki, y el que toma mi lugar es José. La mujer aprovecha para apoyar sus pechos largos sobre él lo que hace una erección genial. Y de paso también le dada unas ricas mamadas. Todo delante de mí.

    Cuando quede sola con Esteban le digo todo lo que me gusto lo de anoche, y le propongo que esta noche yo voy a jugar con el culito de él. A lo que responde, ¿estás loca?, la vas a pasar muy bien, te voy a hacer acabar como nunca lo hiciste antes, mientras veo como se le va levantando la pija.

    Cuando llega Cele le cuenta que quiere una doble penetración esta noche, pero quiere una pija grande, la de uno de los chicos del staff y José, si no te opones Lau, dice. Esteban la mira y no responde, sabe que ya ella lo había contratado, mientras yo tenía planes para Esteban.

    No llego la noche y Cele estaba con su doble penetración en la habitación, con la puerta cerrada. Así que con Esteban comenzamos en la ducha donde nos enjabonamos mutuamente, despacio… concentrándonos obviamente en los genitales del otro. Cada una de mis manos se posó en una nalga suya… acariciándola en círculos, resbalándose atrevidamente de tanto en tanto, entre su culito caliente para luego pasar a su verga bien dura y darle una repasadita de bolas a glande y viceversa.

    Él por su parte acariciaba suavemente mis senos, decorándolos con espuma, para bajar por mi vientre y luego un poco más… mi conchita lo recibió agradecida… clamaba por esos dedos, por sentir uno en su interior. Separé mis piernas un poco más para confirmarlo. Cuando me tuvo bien caliente se detuvo… me tenía justo donde quería… en un lento estado de agonía…

    Salimos del baño después de apenas secarnos, mientras caminábamos lentamente hacia la cama. Caímos estrepitosamente, yo sobre él… mi conchita desprendiendo su inconfundible calor sin estacarse aún sobre su miembro. Yo solo lo besaba en el cuello, en los hombros, en el pecho, más abajo… más… seguí de largo… besé el interior de sus muslos… me recogí el cabello con una banda.

    Comencé despacio, me introduje todo el glande, pasé mi lengua por todo su contorno concentrándome en el frenillo. Lo miré a los ojos, los tenía apenas entreabiertos… se limitaba a disfrutar acariciándome de cuando en cuando el cabello. El resto de la verga no lo dejé desatendido, ni más faltaba, lo acariciaba con una mano y con la lengua de lado a lado. Me dediqué a pajearlo por un momento con mi mano derecha mientras me metía sus bolas en mi boca una a una acariciándolas también con mi lengua golosa e incluso un poco con mis dientes. Él me lo agradeció con una serie de gemidos que me estimularon a ir un poco más allá en intensidad y velocidad.

    Me detuve un poco, fui más despacio para que no termine rápido, aunque estaban bien descargados sus huevos.

    Me levanté y quedé prácticamente sentada sobre su cara… no tuvo tiempo ni de reaccionar y empezó con su lengua dentro de mi fustigándome. Me apoyé sobre la cabecera de la cama para no caerme. Traté de separarme un par de veces, pero él no me dejaba, me agarró fuertemente por la cintura y a cada movimiento mío para alejarme el respondía con un “castigo” que no eran más que chirlos fuertes en mi cola. Yo lanzaba pequeños gritos de placer… que me oigan los que pasaban por la puerta semiabierta, pensaba… luego dejé de pensar y me abandoné al placer… solo podía sentir su lengua caliente, sus labios cerrándose sobre mi clítoris, succionándolo hasta que me sentía morir.

    Me estaba matando a punta de lengua… que rico… gemía yo esta vez moviéndome sobre su cara con cuidado de no asfixiarlo con mis movimientos circulares. Él también gemía de gusto, parecía disfrutar lo que estaba haciendo y eso me excitaba más. Uno de sus dedos entró en mi culito con facilidad, todavía dilatado, luego salió de nuevo y repitió el delicioso movimiento una y otra vez. Yo estaba loca del delirio, temblaba de pies a cabeza y luego mucho más cuando comencé a llegar violentamente dejándolo bañado con mis flujitos. Sudorosa y exhausta me tumbé a su lado.

    Con la yema de los dedos empecé a acariciar su espalda. Luego mi lengua se unió a la función lamiendo su piel y bebiéndose su sudor. Anochecía. Poco a poco nos acomodamos de modo que él quedó bocabajo y yo sentada sobre sus nalgas.

    Lo acaricié solo por fuera de su culito, con el calor del ambiente y el de nuestros cuerpos, estaba sudado. Lo sequé con la sabana y lo fui levantando, para tener más fácil acceso a su cavidad secreta, cubierta de un suave y delicado vello. Él tenía la cara entre la almohada, sofocando sus gemidos, aunque no siempre podía lograrlo y uno que otro se le escapaba. Una de mis manos acunó sus bolas un buen rato y luego se deslizó hacia delante para palpar el estado de su verga. Estaba a explotar, la punta, completamente empapada.

    Lo tomé por la cadera moviéndola hacia mí boca, y con la lengua a un ritmo acompasado y rítmico se la pasaba por el culito. Para después penetrarlo con un dedo primero y después con dos, con lo que respondía con movimientos para tragarse todo lo que daban mis dedos, mientras la otra mano en la pija en una paja feroz. Efectivamente estaba por acabar, sus gemidos, grito de placer lo confirmaban. Ese era mi premio. A la vez que se abre la puerta, era Cele, su chico del staff y José viendo como mis dedos lo estaban haciendo acabar, mientras él estaba en su mundo sin notar los espectadores que presenciaban.

    Yo le decía: ¿te gusta cómo te rompo el culo? ¿Lo estas disfrutando? – Mucho, mucho contestó.

    Cuando se sintió al borde del éxtasis largo toda su leche sobre la cama, con gritos, gemidos de placer, para caer sobre su leche derramada.

    Me violaste – me dijo en broma unos segundo después cuando recupero un poquito la cordura.

    No escuché que te quejaras en ningún momento – respondí.

    Mmmm… como te gusto lo que comiste culito, dijo Cele… Ahí giro rápido Esteban y vio a los tres espectadores. Solo sonrió, yo me fui a lavar, fui a mi habitación con José. Todavía quedaba la noche entera. Aunque José se lo notaba agotado, el sexo con Cele lo estaba matando. Me pidió dormir un rato para recuperar fuerzas, yo me acosté con él.

    Eran mas de las 11 cuando entra Cele a la habitación y nos despierta, diciendo: vamos que es la última noche. Ya sirvieron la cena y está por empezar la fiesta de despedida, no se la pierdan.

    Nos levantamos al rato, y con la cara de dormidos que teníamos fuimos al zoom, donde ya estaban todos de fiesta. Nos acomodamos en la barra y pedimos unos tragos y algo para comer, ya que no habíamos cenado.

    Bailamos un rato juntitos, pegados, desnudos como todos, se notaba la erección de José rosando mi conchita.

    Ana la que nos practicó reiki, de unos cincuenta y tantos años, que estaba muy bien por su edad, se fue acercando al ritmo de la música con un vaso en la mano, hasta pegar sus tetas un poco caídas por la espalda contra José y mojando con la lengua su oreja, fueron segundos de miradas intensas hasta que me besó a mí con suavidad. Fue un beso suave, pero jugoso en el que pude saborear esos labios también siliconados. Volvió a mirarme cuando los despegó a la vez que se los relamía. Ummm, ¡que bien sabes!

    Yo estaba atontada todavía, José tenía una mano en mi cintura y con la otra sujetaba un vaso, Javier (pareja de Ana) le arrimo el pedazo contra su culo y tomo los vasos para dejarnos las dos manos libres.

    Como si fuera una marioneta, Ana agarró a José, lo giro, le puso las dos manos sobre su culo, lo abrazó y aplastó las tetas contra su pecho para comenzar a bailar de forma lenta y apretada con su mejilla pegada a la él. Mientras yo bailaba detrás de José. Escuchando que le dice: -Vamos, apriétame el culo. Este baile es para apretarse.

    Miré de reojo a Javier, hombre no muy atractivo para mí, pelado, con pansa, las bolas largas, pene chico que se iba para dejarla con nosotros. Y Ana me dice: -No te preocupes por él, le gusta que yo la pase bien.

    Ana comenzó a frotarse contra su pija con movimientos sexys e insinuantes, mientras José aprieta su culito como con timidez.

    Ella se apretó más contra él y haciéndose hueco con la mano la bajó. Palpó el miembro y vi el ansia en su boca. Metió la mano y abrazó la dureza con sus largos dedos mientras con la otra me tomo del cuello y sentí la lujuria de su aliento en mi boca. -¡Diosss, que pija! – me exclamó al oído.

    Se separó lo suficiente para mirar la erección sin soltarlo de su mano. Podía ver como crecía la excitación en su rostro cuando se mordió el labio inferior. José le aprieta con ganas para llevarme uno de los pezones hasta la boca. Duro, largos y turgente, lo saborea con lengua y labios dándole unas buenas succiones.

    Ana, me mira y dice: ¡tócalos vos también Lau! ¡Arráncamelos! – exclamó con furia.

    Me apetecía hacerlo literalmente, y en medio la pista a la vista de todos metí una mano por delante y palpé el centro de la vulva. Me asombré al sentir sus gruesos labios vaginales, cole un dedo entre la raja. El interior ardía y la humedad impregnaba esa cueva ardiente. Ella se había excitado como una perra salida, y en mi cabeza cabalgaba la lujuria desenfrenada. Sentía la pija de José que la apoyaba.

    Sentía latir todo mi cuerpo cuando nos dice: ¿vamos a la sala, quieren que participe alguien más? No, respondo.

    El sonido de su grito lleno el gran salón, y en ese momento volví a recordar que estaba Javier. Lo busqué con la vista y le encontré recostado en uno de los sofá pajeándose. Fue una escena insólita para mí, pero lo consideré como una aceptación a lo que estaba pasando.

    José comenzó a cogerla allí de pies, agarrándola del culo para impulsar su verga en cada embestida. Podía sentir sus jadeos. Notaba cómo su coño absorbía por completo la pija sin ninguna presión y pensé que allí habían entrado unas cuantas de buen tamaño.

    Vamos a la sala y dejo la cortina por la mitad, para quien quiera ver se acerque. Y comienza una cabalgata de ella, sus jadeos aumentaron con sus movimientos pélvicos. Yo solo acariciaba su cuerpo, sus tetas, hasta poner mis dedos en la entrada de su cola.

    En ese momento pensé no solo en lo que estaba pasando, si no en pasármelo bien buscando un morbo que no conocía.

    -¿Y tu marido? – le pregunté con una sorna absoluta viendo cómo se pajeaba en el sofá.

    -A él le gusta ver cómo me cogen y disfruto.

    -Le gusta más pajearse mirando que follarte?

    -Cuando me folla no aguanta nada, y el disfrute es menor. Cuando se pajea le dura más tiempo ese estímulo de placer.

    Salgo y veo que Javier estaba a pocos centímetros espiándonos, con otros dos hombres más y lo invito a subir a la cama donde estaban cogiendo a su pareja. Ana acelero sus movimientos al verlo ahí, meto la mano para mojarme con su flujo y se la llevo hacia la boca de Javier en un acto morboso.

    Ana me toma de la mano para acostarme en una posición donde le quede cerca mi conchita y empieza a darme lengüetazos con su boca babeante, bajándose de la pija de José y quedando en cuatro, apuntando el culo ahora hacia él. Para mí sorpresa Javier sonriente exclamó: -¡Vamos, dale bien a mi zorrita!

    Yo no veía bien en mi posición solo disfrutaba de la lengua, labios, dientes y dedos de Ana. Pero sentí el momento en que José decidió cambiar de agujero, que seguramente Ana lo engulló como si lo estuviese esperando.

    Un empujón tras otro hizo que penetrase por completo, comencé a sentir cada embestida como si se lo fuese a romper. Dejaba de chuparme solo para jadear. Aquello no era morbo, era algo más allá del morbo.

    A cada empujón movía todo su cuerpo, y su cara se hundía entre mis piernas. Me lamia, me chupaba y le susurraba cosas a José que no podía oír por mi estado de éxtasis. Hasta que noté que José estalla como una olla a presión, mientras Ana intentaba besar a su pareja que largaba chorros de leche en su mano. Yo disfruté de esa brutal corrida mientras contemplaba esa escena tan insólita.

    Al otro día nos despedimos de todos, sobre todos Juan y Hebe los anfitriones. Prometieron volver a invitarnos cuando falte alguno de los integrantes del grupo. Y por supuesto una despedida especial con Esteban y Cele.

    Se agradece comentarios y me gusta.

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  • El inicio de una amistad inquebrantable

    El inicio de una amistad inquebrantable

    Me presento, mi nombre es María, tengo 34 años, mido 1.63, tez aperlada, nalgona de cintura no muy pequeña pero exalta mi figura curvy.

    Es mi primer relato y espero hacerlo bien.

    Hace alrededor de 2 años entré a un nuevo trabajo, la mayoría de los que laboraban ahí rondaban mi edad.

    Al llegar a la primera persona que vi fue a José, un hombre delgado, alto, el pelo muy corto y una sonrisa simpática, pero parecía que pasaba desapercibida ante sus ojos. Ese primer día me tocó ir con él a una brigada del trabajo y conversamos muy poco, a mí ya me atraía, había algo de él que me provocaba curiosidad por conocerlo más. Pasaron varias semanas, cuando entró a trabajar un amigo de José, su nombre: Omar, él era muy alto, parecía que hacía pesas, tatuado, tenía expansiones en la oreja, usaba ropa muy holgada; en cuanto cruzamos miradas lo supimos, teníamos que estar solos en una cama.

    Pasaron 2 meses y me invitaron a salir, iban varios de la oficina, obviamente no dejaría pasar la oportunidad de tener a Omar entre mis piernas y sabía que ese día podía ser el principio de alguna aventura. Cabe mencionar que él era un hombre soltero ya que tenía poco de haber salido de reclusión.

    Me puse un vestido, debajo una lencería en encaje negro, perfume en todo el cuerpo y salí decidida a llevarlo a mi cama.

    Pasó por mi José con una amiga y Omar, mi corazón palpitaba fuerte aunque ya habíamos platicado varias veces aún me provocaba nervio o tal vez sabía que no tenía buenas intenciones esa noche y yo misma me saboteaba.

    Llegamos al lugar, comenzamos a beber, pasaron las horas y José se acercó a Omar para decirle que llevaría a su amiga a casa pero que regresaba.

    Todos se comenzaron a ir y quedaba el con otros amigos, en un momento se quedó solo, sabía que era ese momento o nunca y me le acerqué pidiéndole que me acompañara a casa pero en un tono juguetón. Me volteo a ver con unos ojos engrandecidos y sin titubear aceptó.

    En el taxi, me iba metiendo mano debajo del vestido y besando el cuello tan delicioso que yo ya iba mojada. Entramos a la casa y me levantó el vestido dejando mis nalgas descubiertas, me puso de espaldas a él y presionando su pelvis con mis nalgas me besaba el cuello, sentía su verga dura en mi espalda, se agachó un poco y frotaba su verga en la rayita de mi culo con la ropa aún puesta (aún me mojo cuando lo recuerdo) me hizo la tanga a un lado y comenzó a lamer mi intimidad, lo hacía delicioso, pasaba toda su lengua por mi conchita y succionaba mi clítoris muy fuerte.

    No duré ni 2 minutos y ya escurría agüita entre mis piernas; se levantó, se bajó el cierre y solo sacó su miembro, comencé a mamarlo con tantas ganas, sentí cómo se hacía más y más grande, hasta que ya no cabía en mi boca, en ese momento sentí temor porque no había tenido una de ese tamaño dentro de mí, él me levantó y me recargó a la pared quedando frente a frente, abrió mis piernas y comenzó a meterlo despacio pero muy intensamente, lo hacía lento, parecía que disfrutaba mucho el entrar y salir de mí, yo en ese momento imagínense, estaba temblando del placer que ese hombre estaba generando en mí.

    Suena su teléfono, era José, habían quedado que regresaría por Omar, estaba afuera del bar esperándolo.

    Le di mi dirección para que pasara por el sin imaginar lo que vendría.

    En lo que José llegaba nosotros seguimos haciendo malabares en mi cama, estaba disfrutando mucho de ese chacalito.

    De repente sonó el timbre y nosotros salimos tratando de disimular lo que sucedía, había llegado José con 12 cervezas, seguimos tomando y escuchando música, cuando José se queda dormido en el sofá, obviamente con lo prendido que estábamos Omar y yo, aprovechamos, nos fuimos nuevamente a la cama y en medio de tanto cachondeo, le pregunte en el oído que si podíamos invitar a José, no sé cómo me anime a decirlo, era mi primera vez en un trío, pero el acepto rápidamente y fuimos al sofá, yo estaba en lencería, Omar solo con la verga de fuera, le hablo el despertó, nos vio fajando y solo camino hacia nosotros.

    Mientras Omar me besaba, José me chupaba una teta sacándose al mismo tiempo su miembro que también me dejó preocupada en un momento por el tamaño, me puse de rodillas y le comencé a hacer la mejor mamada de sus vidas, los hice venir en mi boca, estaba completamente llena de su leche. Nos fuimos a la cama y desperté de nuevo a aquellas vergas cansadas, Omar me estaba penetrando en posición de perrito y José recostado disfrutando de la mamada que le hacía.

    Me acostaron de lado y mientras Omar iba a la cocina por unas cervezas, José comenzó a meter su verga por mi culito, estábamos de lado, como les dije era muy grande su pene así que dolía un poco, le puso salivita y comenzó a meterlo un poco más y más. Llego Omar y al ver la escena se puso frente a mí y me comenzó a penetrar mi conchita, yo estaba vuelta loca, no podía creer lo que estaba sucediendo, estaba gozando como nunca y estos hombres me trataban como su puta.

    Pedí tiempo para ir al baño y darme una ducha rápido, estaba llena de jabón cuando entraron y así parada José me tomó por delante, Omar por atrás y volvieron a darme muy rico, me decían que me veía deliciosa, que no creían que un día estaría así conmigo, que lo disfrutaban y se notaba porque me besaban y tomaban con tanta intensidad que llegue al orgasmo en menos de un minuto. Nos enjuagamos y así desnudos nos acostamos los tres en mi cama, muy satisfechos de la exquisita noche que había terminado.

    Al amanecer desperté nuevamente con la verga de Omar en mi culo me despertó el dolor y con mis grititos desperté a José, así que todo lo volvimos a repetir.

    Después de ese día me trataban los dos con mucho cariño y me defendían de todo, obviamente seguimos saliendo los tres y nos divertimos mucho. Fui su puta por un año, pero ahora Omar está lejos de mi ciudad y José se ha casado.

    Espero volver a encontrar amigos así.

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  • Rojo intenso (5): El susurro del linaje

    Rojo intenso (5): El susurro del linaje

    Días después, mientras revisaba documentos en el estudio de su departamento, sonó el timbre. Al abrir la puerta, se encontró con una mujer que no veía desde hacía más de treinta años: su hermana Evangelina.

    Los ojos de ambas se llenaron de lágrimas. El tiempo y la distancia no habían logrado borrar el vínculo.

    —Rosanna… —dijo su hermana, con la voz entrecortada—. He esperado tanto este momento.

    El reencuentro prometía abrir viejas heridas, pero también la posibilidad de sanar y reconstruir.

    El reencuentro entre Rosanna y su hermana fue una mezcla de emociones contenidas y palabras que parecían demasiado tardías. Después de abrazos largos y miradas que decían más que cualquier frase, su hermana tomó la mano de Rosanna con firmeza y le dijo:

    —Quería contarte algo importante… voy a volver a casarme. Será una ceremonia pequeña, pero muy significativa para mí. Me encantaría que vinieras, que estuvieras ahí para conocer a mi futuro esposo y a mis hijos, si tienes a alguien en tu vida puedes llevarlo.

    Rosanna sonrió con sinceridad, conmovida por la invitación.

    —Me encantaría ir —respondió—. Pero iré sola. Es un momento familiar, y quiero que así se mantenga.

    Su hermana asintió, entendiendo perfectamente. Había un mundo de historias sin resolver, pero ese sería un paso hacia adelante, juntas y en sus propios términos.

    Días antes de la boda, su habitación estaba en silencio, salvo por el leve crujido del perchero mientras Rosanna deslizaba uno a uno los vestidos, buscando algo especial. La boda de su hermana Evangelina estaba a solo unos días, y aunque se había prometido no hacer de ello un evento personal, algo en su pecho la traicionaba.

    Entonces lo vio.

    El vestido rojo.

    Entallado, elegante, con ese brillo apenas insinuado que resaltaba lo mejor de ella. Al alzarlo, no pudo evitar sonreír. Era de esos vestidos que no se ponían para gustar… sino para encender. Para dejar sin palabras. Para ser recordada.

    Se lo llevó frente al espejo, lo sostuvo contra su cuerpo y pensó en él. En Ismael. En cómo la miraría con ese vestido rojo intenso, con esa mezcla de admiración y deseo que se había vuelto su mirada característica. Se imaginó cruzando el salón con ese vestido, y esos ojos siguiéndola desde la distancia, como si todo lo demás no existiera.

    Suspiró. Cerró los ojos. Y sin poder evitarlo, los pensamientos se le escaparon de las manos.

    La idea de tenerlo cerca esa noche… de saber que él estaría viéndola así, tan suya, tan provocadora, encendió algo profundo en ella. El deseo subió como una oleada. Se dejó caer sobre la cama, aún con el vestido entre las manos, abrazándolo contra su pecho y lentamente comenzó a masturbarse.

    En la penumbra de su habitación, la soledad se volvió cómplice. Se dejó llevar por ese pensamiento, por esa presencia invisible que Ismael provocaba en ella con sólo existir. Su mente se llenó de recuerdos, de momentos compartidos, de su voz repitiendo aquel apodo íntimo que la desarmaba: tía.

    Y entonces, sin contenerse, lo susurró. Lucas. Una vez. Otra vez. Más alto. Hasta que su propio cuerpo la hizo estallar en un orgasmo que empapó toda su cama y salpicó parte de su espejo. Comenzó a tranquilizarse y su respiración volvió a la normalidad.

    Quedó quieta, con una sonrisa suave en el rostro, el vestido aún entre sus dedos.

    —No —murmuró con la mirada fija en el techo—. No puedo invitarlo. Si lo hago, terminaremos perdiendo la cabeza.

    Se sentó lentamente, acariciando la tela roja como si fuera un secreto. Decidida, colgó el vestido junto a la puerta.

    Ya había tomado su decisión. Esa noche sería sólo para su hermana.

    Aunque sabía que, con solo cerrar los ojos… él seguiría ahí.

    El día de la boda había llegado, y el jardín donde se celebraba era sencillo, elegante y cálido. El ambiente estaba impregnado de música suave, risas y el aroma de flores recién cortadas. Rosanna, vestida con aquel vestido que robaba miradas, recorría la recepción con una copa de vino en la mano, saludando a los familiares que hace mucho no veía y a los amigos que su hermana le presentaba con entusiasmo.

    Todo marchaba con naturalidad, hasta que se detuvieron cerca de un grupo de personas riendo alrededor de un chico de espaldas.

    —Mira —dijo Evangelina, con una sonrisa orgullosa—, te falta conocer a mi hijo mayor… Ismael, ¿Lo recuerdas?

    Rosanna sintió un pequeño vuelco en el pecho. Su cuerpo se tensó, y la copa en su mano dejó de sentirse ligera. El joven volteó, como si hubiera sentido el llamado de su nombre… y ahí estaban, cara a cara.

    Ismael.

    Su Ismael.

    Por un momento, el mundo se detuvo. El murmullo de la fiesta se desdibujó, y lo único que existía era esa mirada de sorpresa mutua, de confusión, de vértigo. Rosanna abrió ligeramente los labios, sin poder emitir palabra. Él tampoco dijo nada. Solo sus ojos, anchos y atónitos, hablaban por ambos y al mismo tiempo se miraron con deseo.

    La hermana, sin notar nada fuera de lo común, continuó:

    —Ismael, ella es mi hermana mayor. Tu tía Rosanna, sé que nunca te hablé de ella, pero quiero que ahora se puedan conocer.

    El silencio fue inmediato. Rosanna apenas logró disimular su respiración agitada. Ismael bajó la mirada, como si el universo acabara de partirse en dos.

    Y entonces, sin que nadie más lo notara, la historia dio un giro que ninguno de los dos había imaginado.

    El nombre Ismael seguía flotando en el aire, como una campana que había sido golpeada con demasiada fuerza. Rosanna sentía que cada segundo duraba una eternidad. Los latidos de su corazón retumbaban con fuerza en su pecho, y, sin embargo, su rostro se mantenía sereno, contenido, como si una parte de ella supiera cómo guardar el secreto que acababa de estallar.

    Ismael, de pie frente a ella, no pudo ocultar del todo la palidez que lo atravesó. Su sonrisa habitual se desdibujó, y aunque intentó recuperarla, lo hizo torpemente.

    —Mucho gusto… —murmuró, sin atreverse a llamarla por el apodo de siempre.

    —Igualmente —dijo Rosanna, con una voz más suave de lo habitual, como si le hablara a una parte de sí misma que aún no entendía lo que estaba ocurriendo.

    La hermana de Rosanna, ajena al vendaval que acababa de desatar sin saberlo, los dejó a solas por un instante mientras saludaba a otros invitados. El silencio entre ellos se volvió casi insoportable.

    —¿Tú sabías? —preguntó ella en voz baja, sin mirarlo directamente.

    Ismael negó con la cabeza.

    —No. Te juro que no. Ella… nunca me habló de ti. Solo sabía que tenía una hermana, pero no que eras tú.

    Rosanna asintió lentamente. No había rabia en sus gestos, solo una mezcla de sorpresa, incredulidad… y algo más difícil de nombrar: un duelo silencioso por todo lo que no supieron.

    —Esto lo cambia todo —dijo ella, sin dramatismo, pero con una firmeza que helaba.

    Ismael dio un paso hacia ella, pero se detuvo. Ya no estaba seguro de si podía acercarse.

    —Yo… no sé qué decir. No sé qué hacer.

    —No digas nada. No ahora. Solo… mantén la compostura. Aquí nadie debe notar nada —respondió ella, enderezando la espalda y dándole una mirada que solo los dos podrían comprender.

    Y así, en medio de la fiesta, con las luces brillando sobre las mesas y las voces elevadas en brindis, dos personas quedaban atrapadas en un silencio lleno de preguntas.

    La fiesta ya estaba por terminar. El jardín estaba casi en silencio, solo quedaban copas vacías, luces tenues aún encendidas y las primeras señales de la madrugada extendiéndose como un suspiro.

    Rosanna no había vuelto a ver a Ismael desde aquella presentación. Había saludado, sonreído, disimulado. Su hermana la abrazó, estaba inmensamente feliz, sin saber el terremoto que había desatado. Pero el temblor aún latía en su pecho.

    Estaba por irse cuando sintió que alguien se acercaba detrás de ella. No necesitó girarse para saber quién era.

    —¿Podemos hablar? —susurró Ismael.

    Ella asintió y lo siguió hasta una pequeña terraza vacía, donde el cielo nocturno caía pesado sobre sus hombros.

    Hubo un silencio largo. El tipo de silencio que solo puede existir entre dos personas que han compartido demasiado y aun así no saben cómo ponerlo en palabras.

    —Tía… yo no quiero que esto termine —dijo Ismael, con voz grave pero firme—. No puedo. Lo que hemos vivido… no puede borrarse con un apellido, ni con un parentesco que no sabíamos que existía. Yo no crecí contigo. No te tuve como tía. Te tuve como… mi todo.

    Ella lo miró con los ojos humedecidos. Quería decir algo, pero no podía. No aún. Así que él continuó:

    —Sé lo que significa esto. Sé lo que la gente pensaría. Pero también sé lo que siento cuando te miro. Lo que me haces sentir cada vez que dices mi nombre, cada vez que me tocas, cada vez que simplemente… estás.

    Rosanna se acercó. No lloraba, pero su rostro era el de alguien que había caído desde muy alto y había decidido levantarse.

    —Yo tampoco quiero que termine —susurró—. No sabía cómo se llamaba tu madre. No tenía idea. No me importa si los demás no entienden. Tú y yo no somos un accidente. Somos una historia que se buscó en medio del caos. Ahora sé que en verdad soy tu tía, y yo no voy a renunciar a lo nuestro.

    Entonces se abrazaron. No con pasión, sino con algo más íntimo: con verdad. Con aceptación. Con la certeza de que, en este mundo extraño, habían encontrado algo demasiado raro como para dejarlo ir.

    Rosanna apoyó su frente en el pecho de Ismael.

    —Ahora… empieza un nuevo capítulo. Uno que nadie más podrá escribir, solo nosotros.

    Y él, sin soltarla, susurró:

    —Estoy listo.

    La terraza estaba vacía. El eco lejano de la fiesta ya se había disipado, y solo quedaban las luces tenues de la ciudad extendiéndose hasta el horizonte. El aire fresco rozaba la piel, pero entre ellos no quedaba espacio para el frío.

    Rosanna se giró lentamente hacia él. La luna revelaba cada línea de su vestido rojo, ese que parecía haber sido diseñado solo para ella, como si su cuerpo hubiera nacido para contener el fuego de la noche. Ismael la miró con reverencia, con deseo, con la certeza de que nada en el mundo lo detendría esta vez.

    —Te ves irreal —susurró.

    Ella no respondió. Solo tomó su mano y la llevó a su cintura, guiándolo.

    Ismael deslizó el cierre del vestido con una torpeza casi temblorosa, como quien teme despertar de un sueño. La tela cayó con lentitud, y lo que reveló fue más que un cuerpo: era una confesión sin palabras, una declaración de amor físico y emocional al mismo tiempo.

    No llevaba nada debajo. No porque buscara provocarlo, sino porque había decidido entregarse con todo lo que era. Y él lo entendió.

    No hubo prisa. Solo caricias que hablaban de reencuentros, de fuego guardado, de una conexión más grande que ellos. En ese rincón de la noche, sin más testigos que la luna y las farolas lejanas, sus cuerpos se unieron con la intensidad de quienes saben que lo prohibido también puede ser sagrado, Rosanna de espaldas a él, era penetrada mientras Ismael sostenía la pierna derecha de ella.

    No se escucharon palabras durante un largo rato. Solo respiraciones entrecortadas, suspiros como plegarias, y el roce de dos historias que se negaban a separarse.

    Y al final, cuando ya solo quedaban abrazos y piel contra piel, Rosanna le dijo al oído:

    —Ahora sé que nada fue un error. Todo nos trajo hasta aquí.

    Ismael la sostuvo con fuerza, con ternura. Y con el corazón en llamas, respondió:

    —Nunca lo será. Porque te amo… más allá de todo.

    Esa noche, la terraza dejó de ser solo un rincón apartado del mundo. Se transformó en santuario, en refugio de lo prohibido, en altar de lo inevitable.

    El vestido rojo de Rosanna, ahora a sus pies, parecía una flor marchita bajo la luna. Su cuerpo, sin temor, sin escudo, temblaba levemente al contacto de la brisa… o quizá por algo más profundo: la certeza de saberse amada, deseada, completamente vista.

    Ismael la rodeó con sus brazos, como si abrazara algo sagrado. En sus ojos, no había duda. Solo un fuego calmo que se había contenido durante demasiado tiempo.

    Los movimientos fueron lentos al principio, llenos de reconocimiento, de exploración, de promesas que no necesitaban palabras. Pero pronto, como suele ocurrir cuando lo que se guarda por años sale a la superficie, todo se volvió urgencia.

    —Lucas… —susurró ella, casi sin voz, como si su propio deseo la asfixiara—. Más… no te detengas.

    Y él, con la frente apoyada en su espalda, respondió con ese apodo que había cargado siempre con una mezcla de lujuria y ternura:

    —Tía… no sabes cuánto soñé con esto, en que realmente fueras mi tía.

    Sus cuerpos danzaron en la sombra, en silencio primero, hasta que los sonidos escaparon inevitablemente: suspiros, jadeos, y luego gemidos que se rompían contra la noche como olas contra roca.

    El apodo de él se repetía como un mantra en los labios de Rosanna, entrecortado, vibrante, poderoso. Y el suyo, ese “tía” cargado de deseo y devoción, se volvió un eco profundo, dicho al oído con cada vaivén, con cada roce, con cada entrega.

    No había reloj, ni reglas, ni mundo allá afuera. Solo ellos. Y una noche que los marcó para siempre.

    Ella, con voz entrecortada y llena de necesidad, murmuró:

    —Lucas, no te detengas… quiero que estés conmigo, aquí y ahora, para siempre.

    —Soy completamente tuyo, y tú eres mía, tía.

    Sus palabras se mezclaron con los gemidos que escapaban en un crescendo que parecía detener el tiempo. Justo cuando el orgasmo de su encuentro los envolvía.

    Los pocos que aún quedaban en la fiesta se divertían entre risas, copas de vino y música suave. Los invitados hablaban animadamente bajo las guirnaldas de luces, pero Evangelina no podía evitar una inquietud creciente. Habían pasado ya más de veinte minutos desde que vio por última vez a su hermana… y a su hijo.

    Primero pensó que se habrían retirado juntos a la cocina o a alguna habitación a platicar. Pero tras recorrer el comedor, la sala, el jardín trasero y hasta el estudio, no encontró ni rastro de ellos.

    Miró su copa casi vacía, suspiró con molestia, y dejó que el instinto hablara más fuerte que la cortesía. Caminó con pasos decididos hacia la escalera de caracol que conducía a la terraza, el lugar más apartado de toda la casa. Ahí arriba, pensó, podrían haber buscado algo de aire. Pero algo no cuadraba.

    A medida que ascendía, el murmullo general de la fiesta se desvanecía… y otro sonido comenzaba a emerger. Era tenue, ahogado por la distancia y las paredes gruesas, pero no imposible de distinguir: una mezcla de respiraciones agitadas, gemidos ahogados, y algo que sonaba peligrosamente íntimo.

    Se detuvo en seco a mitad del último tramo. El corazón le dio un vuelco.

    —No… no puede ser.

    Pero algo dentro de ella ya lo sabía. Una verdad oculta que, por más que quisiera rechazar, comenzaba a alzarse como una sombra inevitable.

    El sonido se hizo más claro. Una voz susurrada. Un nombre repetido con urgencia. Un tono que no dejaba espacio para la duda.

    Reunió valor, temblando, y dio los últimos pasos. Abrió la puerta de la terraza con lentitud… sin saber que estaba a punto de presenciar el quiebre más doloroso de su vida.

    Ahí estaba ella, la hermana de Rosanna, sorprendida ante la escena que no esperaba presenciar.

    La puerta corrediza se abrió con un leve crujido. Evangelina no tuvo que dar más de dos pasos antes de detenerse, petrificada. Allí estaban. En la terraza, iluminados por la luna, enredados en una cercanía que no dejaba espacio para dudas, el pene de su hijo salía y entraba de la vagina húmeda de su hermana.

    Su rostro, que al principio fue de sorpresa, se transformó de inmediato en algo más crudo: una mezcla de asco, traición y un dolor difícil de nombrar. No gritó. No hizo escándalo. Pero el temblor en sus labios delataba el terremoto interior.

    —¿Qué… demonios… es esto? —espetó con voz áspera, como si las palabras se le atragantaran en la garganta.

    Rosanna e Ismael se giraron hacia ella. No se cubrieron. No se alejaron. No hicieron nada, ni siquiera se detuvieron. Y ese descaro fue el puñal más filoso.

    —¿No piensan siquiera detenerse? ¿Ni un mínimo de vergüenza? —continuó, la voz alzándose.

    Rosanna la miró con calma, y eso la enfureció más. Ismael apenas pudo mantener la mirada.

    —Tú eres mi hermana —dijo, con un hilo de voz, pero cargado de veneno emocional—. Y tú —miró a su hijo con un vacío que dolía más que el enojo—, tú eras lo único que me quedaba limpio en esta vida.

    Dio un paso atrás, como si el aire le pesara.

    —Esto es… repugnante. No sólo por lo que hacen, sino por cómo lo hacen. Como si no importara nada. Como si yo no importara.

    Ismael quiso hablar, pero no pudo. Rosanna lo intentó, pero no hubo palabras suficientes para detenerla.

    —No me vuelvan a buscar. No me llamen. No intenten justificar esto.

    Y con eso, se marchó. Dejó la puerta abierta tras ella, como un juicio final. El silencio que quedó no fue de paz, sino de ruina.

    Por un momento, el silencio fue absoluto. Luego, sin perder la compostura, Rosanna miró a su sobrino y con una sonrisa serena dijo:

    —Hay cosas que ya no podemos esconder.

    Las luces del jardín titilaban como si algo estuviera a punto de estallar.

    Desde la pista improvisada de baile, algunos familiares que aún no se iban levantaron la vista cuando vieron a Evangelina bajar corriendo por las escaleras. Su vestido color durazno ondeaba tras ella, pero lo que verdaderamente llamó la atención fue su rostro cubierto de lágrimas, el temblor de sus pasos, la forma en que se sujetaba el pecho, como si algo dentro de ella acabara de romperse en mil pedazos.

    —¿Está bien? —murmuró una de sus sobrinas al verla pasar, pero nadie se atrevió a detenerla.

    La hermana cruzó el jardín, tropezando apenas con una maceta. No volteó a nadie. No explicó. Solo lloraba. Con la dignidad rota y el alma hecha pedazos.

    Gina y Gisela, primas de Ismael, movidas por la preocupación —y la inevitable curiosidad— se miraron entre sí y decidieron subir. Nadie dijo nada en voz alta, pero todos sabían hacia dónde se dirigían.

    Subieron con cautela. Una de ellas, al llegar al umbral de la terraza, se detuvo en seco. La escena frente a ella la dejó paralizada.

    Allí estaban Rosanna e Ismael. Unidos de una forma que no necesitaba explicaciones. Lo que los ojos veían era más que suficiente.

    Hubo un silencio incómodo. Largo. Un segundo que pareció durar horas.

    —¿Qué hacemos? —susurró Gina.

    —Nada —respondió Gisela, seca, sin expresión—. Pero envidio a la maldita.

    Y sin más, bajaron de nuevo.

    Los rostros con los que regresaron hablaban por sí mismos. No hubo chismes ni acusaciones esa noche. Solo una tensión espesa flotando entre los vasos de vino y las risas forzadas, como si todos supieran que algo había cambiado para siempre… pero nadie se atreviera a ponerle nombre.

    Una vez en la intimidad de la terraza, el tiempo pareció detenerse para ellos. Ismael, con delicadeza y devoción, recorrió con sus labios el contorno de Rosanna, regalándole besos suaves y llenos de cariño. Cada caricia avivaba el fuego que ya ardía en sus corazones, mientras observaban a sus primas mirarlos a lo lejos.

    Eso los calentó más y finalmente llegaron juntos a ese orgasmo culminante, se aferraron el uno al otro en un beso intenso, cargado de pasión y deseo contenido. En ese instante, sin palabras, sellaron una promesa silenciosa de amor eterno, conscientes de que nada ni nadie podría separarlos.

    El aire fresco de la noche los envolvía, pero entre ellos sólo había calor. Ismael tomó la mano de Rosanna y la atrajo cerca, sus ojos buscando en los de ella la certeza que ambos necesitaban.

    —Eres increíble, tía —murmuró con ternura mientras sus labios rozaban lentamente la piel de su cuello.

    Rosanna cerró los ojos y suspiró, sintiendo cómo el mundo se reducía a ese instante, a ese roce, a esa entrega.

    Con delicadeza, Ismael dejó caer suaves besos a lo largo de los senos de Rosanna, sus manos firmes pero cuidadosas, recorrían con respeto y deseo sus nalgas. Ella, rendida ante esa atención, susurraba su nombre entre suspiros.

    —Lucas… no me dejes ir.

    La intensidad creció con cada momento, hasta que ambos se encontraron en ese punto donde todo parece disolverse, donde el tiempo se vuelve intangible.

    Entre respiraciones entrecortadas, Rosanna murmuró:

    —Te amo. Para siempre.

    Ismael apretó su mano y respondió con voz firme y suave:

    —Y yo a ti, tía. Más allá de todo.

    En ese beso sellaron un pacto silencioso, Tía y sobrino, el inicio de una historia que ninguno quería que terminara.

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  • Cruces de parejas

    Cruces de parejas

    Ricardo, se mira en el espejo del ascensor mientras llega a la planta. Se abren las puertas con un pequeño chirrido y sale al rellano. Algo perdido y con el móvil en la mano, mira en todas direcciones hasta que encuentra una puerta que se abre sutilmente.

    Alba está mirando por la mirilla y en cuanto descubre a su amigo, abre la puerta y le hace indicaciones en silencio para que entre.

    –Shhh… Ricardo, por aquí. (Dice Alba susurrando)

    Entra Ricardo en casa y Alba cierra rápidamente la puerta cerciorándose de que no hay nadie más.

    –¿No te has cruzado con nadie en el portal ni nada, verdad?

    –Tranquila Alba, no me ha visto nadie.

    –¿Pero seguro? Uff… Estoy súper nerviosa.

    –Ya veo. -Comenta Ricardo mientras la calla con un beso en la boca.

    Alba se deja llevar y le mantiene el beso de forma apasionada. Una de sus manos se entrelaza con el pelo de Ricardo y la otra instintivamente va a su espalda. Las manos de Ricardo, se apoyan en la cintura de Alba, bajan hasta las nalgas y tras un agarre le da una cachetada picarona.

    –Uff… Estoy a mil, ¿lo hacemos en el dormitorio o dónde? No sé. Es la primera vez que hago algo así. Dime… ¿Cómo lo hacemos?

    –Cómo y dónde tú quieras, Alba.

    –No me digas eso… que soy muy insegura y no sé ni cómo hemos llegado aquí.

    –Pues eres tú la que me lo ha propuesto y pedido insistentemente. Hasta me has mandado nudes.

    –Lo sé…

    Ricardo se acerca a Alba y la vuelve a besar apasionadamente. Retroceden unos pasos y llegan hasta la pared. Al hacer contacto la espalda de Alba, ya se desata y con sus manos recorre todo el cuerpo de Ricardo intentando deshacerse de la ropa.

    Hacen un impás y Ricardo se quita la camiseta que lleva dejando su torso a la vista. Alba le sigue y se quita la suya también descubriendo el suyo. Ella pasa su mano por el pecho de él y se relame. Él es mucho más directo y agarra los pechos de ella con sus manos y los magrea. Para acto seguido, comenzar a chuparlos y comerlos.

    Su lengua recorre el contorno de la areola. Intenta amamantarse como un bebé. Abre la boca grande para poder introducirla toda en su boca mientras aprieta con sus manos. A la vez que lo hace, roza su torso por el vientre de Alba, la cual, está con actitud relajada apoyada en la pared con los ojos cerrados mirando al techo con algún suspiro que se escapa de sus labios.

    En algunos instantes ambos se miran a los ojos. Tras unos segundos muy intensos, Ricardo se arrodilla, arrastrando hacía abajo el pantalón y braguita de Alba. Ella no le quita ojo expectante a lo que sucede. Tensa a la vez que inquieta. Sabe perfectamente lo que va a ocurrir pero lo espera con deseo y sorpresa.

    Ricardo le da varios besos y lametazos por la zona del vientre, laterales del abdomen y lentamente se va adentrando hacia su pubis para llegar a la vulva.

    –¡Para! ¡Para! ¡Para!

    –¿Qué pasa Alba? ¿Quieres dejarlo?

    –¡Nooo! ¡Para nadaa! Lo que quiero es que me lo hagas en la cama. ¡Qué ya estoy cachondísima!

    –¡Pero si no hemos empezado! Esto es nada.

    –Ya… Pero llevaba tanto tiempo sin vivir algo así…

    (Ricardo se queda sorprendido sin saber qué decir)

    Alba toma la iniciativa y se dirige por el pasillo hasta la puerta del fondo, su dormitorio. Ricardo, se queda inmóvil observándola como se aleja. Ese cuerpo totalmente desnudo, ligeramente rechoncho pero prieto. Piel blanca con un ligero bronceado que delata la marca de un bikini por las nalgas. Unas nalgas que se intuyen prietas y pícaras. Puesto que se mueven de forma sensual acompasadas con las caderas.

    –¿Vienes o qué? (pregunta Alba, volviendo unos pasos atrás y estirando el cuello para ver a Ricardo)

    –¡Sí, claro! Estaba hipnotizado con tu culo.

    –¿De verdad te gusta? (Comenta Alba, mientras sujeta sus nalgas por el pliegue inferior y las agita con los dedos)

    –Mucho. Le haría de todo… (Responde Ricardo a la vez que le da una palmada)

    –Uff… Lo que yo me dejaría hacer por ti.

    –Ponte de rodillas ahí. (Le dice de forma autoritaria Ricardo a la vez que la empuja un poco por la espalda) Así, separa un poco más las rodillas, saca el culo para atrás.

    –(Miedosa exclama Alba) ¡¿Pero qué vas a hacer?! ¡Por el culo no, eh!

    –Es sólo comer.

    –¿Cómo que comer?

    –Sí, comerte el culo. Ya sé que así de primeras no se puede follar… ¿No te gusta?

    –Pues… No te lo sé decir… No me lo han hecho nunca.

    Ricardo se postra ante el culo de Alba, sujeta sus nalgas y se introduce entre ellas. Su lengua toca primero el orificio de la vagina que está ya emanando flujos del interior, sin pausa, la punta de la lengua llega hasta el ano de Alba. Se revuelve de forma caótica alrededor del ano. El culo de Alba se contrae varias veces. Algo que excita mucho más a Ricardo y se vuelve mucho más rudo y animal en su juego oral.

    Alba comienza la frase de nuevo de que por el culo no. Aunque unos arrebatadores gemidos de sus entrañas le impiden terminar la frase. Sin necesidad de palabras ambos se sincronizan en liberar sus instintos más básicos.

    Ricardo lame, succiona, muerde y castiga de todas las formas posibles el ano de Alba con su lengua. A la vez que usa los dedos de una de sus manos para estimularle el clítoris. Ella por su parte agita su cuerpo del mismo modo que se agita y acelera su respiración. Mueve sus caderas y lumbares debatiéndose entre pedir piedad para que se apiade de ella o entregarse aún más a la intensidad del placer. “Déjame que yo me doy” Atina a decir Alba muy fatigada y con voz entrecortada mientras con sus manos aparta de su clítoris y vulva las de Ricardo. “Tú céntrate en lo que te tienes que centrar”, sentencia Alba instantes antes de comenzar a gemir aún más.

    Ricardo contempla en primer plano los glúteos junto con las intimidades de Alba. Se chupa sus dedos, y la penetra vaginalmente. Ella se relaja y rota su cadera para ponerse aún más en pompa. Ricardo frota los labios vaginales.

    –¡Mételos! ¡Mete esos dedos ya! (Ordena Alba)

    –¿No me decías de no chillar? -Pregunta con cierta ironía malvada Ricardo, a la vez que le introduce los dedos y los agita enérgicos en su interior-

    –¡Qué te den por culo! (Comenta sobrepasada Alba entre resoplidos.)

    Ricardo usa otro de sus dedos para penetrar analmente a Alba de forma sincronizada con su vagina.

    –¡Mi culooo! ¡Oohh! ¡Ooohh! (Exclama mientras lo aprieta y contrae a la vez que esa “o” prolongada dolorosa se torna en onomatopeya de placer)

    –¡No te cortes, libératee! ¡Suelta todo lo que tienes! (Dice tajante Ricardo mientras aprieta los dientes para resistir la tensión)

    –¡Diosss!! Uff Uff Uff Uff… Esto es lo que le haces a Isa… (Pareja de Ricardo) Buufff…

    –A ella se lo hago peor… (Comenta con sobre esfuerzo Ricardo entre sus dientes apretados y tirando un bocado a Alba)

    Alaridos, gemidos, quejidos, resoplidos de ambos se entrelazan mientras reina el sonido de carne húmeda chocando. Alba se suelta y muerde con ganas la almohada. Grita sobre ella y aun así se la escucha. Su espalda comienza a transpirar y las gotas de sudor brillan como diamantes, y sus nalgas blancas sin broncear adquieren un color más asalmonado. Aunque no se aprecia pero sus labios vaginales se vuelven más carnosos, oscuros y sensibles. El clítoris se hace presente endureciéndose y sobresaliendo entre los pliegues que lo recubren.

    Salpicaduras vuelan desde la entrepierna de Alba. Gotas con estela recorren sus piernas. Sus pies no se dejan de mover, sus dedos se estiran y separan a la vez que todo su cuerpo se tensa. Un grito sordo y gutural que escapa entre las sábanas acompaña a una respiración agitada y jadeosa de Ricardo.

    Sus antebrazos están marcados por las distintas venas que parecieran que van a estallarle. Alba se cae sobre la cama con temblores y convulsiones. Ricardo, derrotado sobre el borde de la cama, levanta la mirada a duras penas y una mueca de media sonrisa se fija en su cara.

    –(Muy fatigado Ricardo) … Joder… Sí que has aguantado.

    –Esto es lo que quería y necesitaba yo, que me usaras como a Isa… No lo que me hace mi chico.

    –Pues que aprenda Rodri, le doy clases… (Pareja de Alba). -Se ríe agotado Ricardo.

    –Ya viste en el cuarteto -intercambio lo que le duró a Isa.. Una mamada y te tuve que compartir.

    Después de un tiempo de recuperación, están los dos (Ricardo y Alba) tirados en la cama evitando la zona húmeda del centro. Alba se incorpora ligeramente para tumbarse de costado. Contempla el cuerpo desnudo de Ricardo sobre su cama, suspira, y lo acaricia llevando la yema de sus dedos desde el torso hasta la mitad de las piernas. Deteniéndose en contemplar su polla en estado de semiflacidez.

    –Es toda una alegría… Hasta verla así transmite gusto. (Comenta Alba)

    –Gracias supongo. (Responde restándole importancia Ricardo)

    –No hablaba contigo sino con ella…

    –Pues dale besitos sin tan amigas sois ahora…

    Alba repta por la cama hasta acercarse a la entrepierna de Ricardo. Sujeta con dos dedos la polla, y la aparta para darle una rienda de besos desde la base hasta la punta. La cual termina introduciéndose en la boca y tragándose el resto. Según la saca, la polla de Ricardo va teniendo cuerpo otra vez. Va entrando en erección. Ella la recorre con la punta de su lengua, siguiendo el resalto del cuerpo cavernoso hasta el frenillo. Ricardo la acompaña con una mano en la cabeza.

    –Mmm… mejohm demjamee a mih maeraahhmm. (Suelta Alba sin sacarse la polla de la boca)

    –Perdón… es que tengo que tocar… es instintivo…

    Alba se vuelve a remover por la cama y se pone semitumbada sobre las piernas de Ricardo. Que este las abre y deja caer hacia afuera las rodillas. Ella se acomoda, abre las piernas y levanta los pies. Todo sin descentrarse de darle sexo oral a Ricardo. Con media polla en su boca, busca con sus ojos los ojos de Ricardo. Con miradita cómplice, ella misma se da un cachete en una nalga y guiña un ojo. Asiente con la cabeza y se vuelve a dar. Ricardo lo entiende a la primera y extiende los brazos para llegar a sus nalgas y le da varios cachetes repetidamente de esos que son sonoros y con punto picante.

    –¡Pero sin pasarsee! (Exclama rápidamente Alba apartando por un instante la polla de su boca)

    –Eres tú que me provocas… (responde Ricardo con una amplia sonrisa) Esas nalgas.. ese culo.. ese agujerito…

    –Toudob llegaaham y loz ujarahmm… (Le responde Alba nuevamente con la polla en la boca)

    Ricardo se recoloca un poco para llegar más cómodamente al culo de Alba y su entrepierna. Esto implica que ahora ella tiene su cabeza prácticamente encerrada entre las piernas de él y cualquier cosa que haga puede introducirse la polla hasta la garganta. A ella le gusta mucho esa sensación. Tenerla flácida en su boca y mientras masajea los huevos del chico, notar como la polla va entrando en erección y ocupando cada vez más su boca y garganta. Hasta el punto de casi provocarle alguna arcada. Alba juega con sus cervicales para no dejar de comer y tener la polla en su interior.

    En ese momento suena un móvil, Ricardo mira su reloj y quitándole importancia le dice a Alba que es Isa (su pareja) pero que no será nada importante. Que luego la responde cuando tenga un rato libre. Ricardo y sus manos inquietas, vuelven al culo de Alba. No dejan de mover en círculos las nalgas de ella, y con la yema de los dedos buscar sus orificios ya dilatados. Agujeros que nuevamente desprenden calor y humedad incesante.

    –Esto ya está. ¿Lo metemos y disfrutamos, no? (Pregunta Alba)

    –Tus agujeros yo diría que también están.

    –Puff… como para no estarlos después de lo de antes… ya ni me cierran, sólo me palpitan.

    (Ríen ambos de forma cómplice y abierta)

    –Házmelo otra vez como el otro día, el del intercambio de parejas. Que me volvió loca y nunca me habían follado así. Que suerte tiene Isa que la des así… ufff…

    –¿A 4 patas?

    –¡No coño! ¡¡La otra!! Que hoy sin mi marido no me pienso contener y voy a darlo todo… en todos los sentidos. (Apostilla con mucha picardía esta última frase)

    –Tomo nota de ese “todo” -Dice con cierto retintín Ricardo.

    Ricardo se recoloca por la cama mientras no deja de mirar el cuerpo de Alba de forma lasciva. Cualquier zona del cuerpo le parece excitante.

    –Dame gomita que la voy a fundir…

    –Espera Ricardo, ¿tú solo follas con Isa?

    –Si, salvo alguna vez como hicimos el otro día con vosotros, pero es muy de tarde en tarde.

    –Ok. Yo cuando follo, que en general es de tarde en tarde, también es sólo con Rodri. El otro día no lo quise comentar, pero ya sabiendo como puede ser, ¿te importa si lo hacemos sin goma? Quiero sentir todo dentro de mí con la máxima intensidad

    –Eh… (Ricardo se queda con el estuche del condón sin abrir en la mano)

    –Tomo píldora, no habrá problema y te puedes correr fuera o en el culo. Pero vaya, que si quieres usamos condón. Yo sólo era una propuesta, una fantasía que tengo y más desde que me follaste el otro día junto con Isa y mi chico. No he dejado de pensarlo.

    –Tú lo que quieres es mucha leche…

    –… Toda la que se pueda

    Mientras terminan de hablar, Alba ya está puesta encima de Ricardo para cabalgarlo cara a cara. Dejando caer su cuerpo sobre él para ser empalada.

    –¡Buff…! cómo se siente Ricar… déjame un poquito así y ahora me das tu más.

    Ricardo se reclina sobre sus codos para tener mejor vista y Alba comienza a moverse sobre él. Hace círculos con sus caderas, bota ligeramente. Frota su cuerpo con el de Ricardo. A veces se sujeta las tetas, se pelliza los pezones. Gime, resopla entre dientes. Ricardo la alienta a no parar mientras está trasteando con su reloj.

    –¿Qué haces Ricardo?

    –Ah.. nada.. no te preocupes.. contestar a Isa.

    –¿No te intereso yo? (Dice Alba con tono mimoso)

    –¡Mucho! por eso mismo estoy evitando que venga y nos pille.

    Los huevos de Ricardo bailan al compás de los botes de Alba, entre un sonido de chapoteo, salen disparadas algunas gotas del punto de encuentro entre los cuerpos. Carriles de fluidos escurren entre los huevos y las ingles de Ricardo hasta su ano donde tocan las sábanas y desaparecen.

    Después de unos minutos, Alba se empieza a agotar de cabalgar y baja de intensidad. Ricardo toma la iniciativa. Se apoya en la cama y eleva su cuerpo con el Alba encima. Tras un par de levantadas muy celebradas por Alba gracias a la penetración profunda, la agarra de los tobillos y comienza a moverlos como si fuera el de las señales de los aeropuertos. Una forma de conseguir que su polla penetre aun más, al menos Alba lo percibe así. A la vez, él tiene apoyados sus pies en la cama con las rodillas flexionadas, de forma que ahora Alba está como en una tumbona humana.

    –¡Esto! ¡Esto es! ¡Vaamooss Ricardo! ¡Dame!

    –¡¿Te gusta eh?!

    –Con tu polla lo que másss… creo… ufff… que nunca sentí ninguna tan dentro… ¡No pares, no pares, no pares! Ufff… siii… No sé cómo lo haces…

    Ricardo entonces la sujeta con una mano los dos tobillos y con la otra se apoya en la cama para tener impulso y vuelve a levantarse y a follarla en el aire mientras sujeta las piernas de Alba muy en alto. Intentando que el culo de ella rebote contra su vientre y pelvis.

    –¡Joder Ricardoo –ooh –oohh! (exclama entrecortada con cada golpe de cadera de él) Cómo me entra… ufff… uff… la noto en el estómago… déjamela dentro que la disfruteee… uufff… ¡Qué gustazo!… Serías el único que le diera mi culo si lo disfruto así..

    –(Muy fatigado y entrecortado a golpe de levantamiento de pelvis) Eso sería más intenso. ¡Aarrgg!!! (ruge mientras mantiene su pelvis lo más elevada posible con Alba encima)

    –Uf uf uf uf… más intenso… Si quieres usar mi culo… yo me dejo… estoy desatadaaa

    –¿Así sin preparar?… mejor no… que te lo rompo..

    –Diooshhhh!!! ufff Pártemeloo por favorrhh… ábremeloohh (Contesta Alba apretando los dientes)

    Ricardo para su actividad. Descansa para coger aire mientras con su manos indica a Alba que se voltee. La sujeta por la cintura y se la mueve. Que rote sobre sí misma sin desmontarse de su polla. Que le siga cabalgando pero ahora, ella mirando a sus pies. Alba obedece sin cuestionar, en su mente ya está empezando el sexo anal que tanto ansía. Un poco patosa, consigue darse la vuelta y ponerse como le ha indicado Ricardo.

    Ahora ella tiene las rodillas, espinillas y los empeines de los pies apoyados en la cama. Hace movimientos suaves de cadera sobre Ricardo a la vez que se separa las nalgas. Ricardo se termina de acomodar y según la ve, se ríe con cierto morbo y nerviosismo. Le quita sus manos del culo y deja que las nalgas se le queden sueltas. Que se muevan según lo hace ella. La empuja la espalda para que se tumbe sobre sus piernas.

    Alba muy expectante y algo nerviosa está a la espera de los acontecimientos. No puede disimular y cada poco su vagina se contrae fuertemente al igual que su ano, que se aprieta entre nalgas y se afloja. Aunque tiene la polla en el coño, está esperando ese momento del anal. ¡Plashhh! Suena un azote. Alba se sobresalta pero se desliza hacía atrás para recibir más. Ricardo le vuelve a dar unos cuantos más.

    –¡Sí dame! Es para ti… ¿No quieres usarlo? Casi estrenarlo. (Pregunta Alba con ironía)

    –¿Cómo? ¿Así? (Contesta Ricardo mientras introduce de golpe un dedo en el culo a Alba)

    –¡Aaaahh! ¡¡siii.. sí así, así así…!! (Responde Alba moviendo rítmicamente su caderas mientras es doblemente penetrada)

    –Son solo dedos.. un dedo..

    –Lo see… lo see… (comenta Alba resoplando)

    Ricardo la vuelve a empujar por la espalda con la mano que tiene libre y aprovecha para abrazar con sus piernas el cuerpo de Alba, juntando sus pies en el cogote. Ella se deja hacer. Se relaja más y extiende sus piernas hasta los hombros de él. Ricardo remueve su dedo dentro del culo de Alba y fuerza el meter un segundo dedo. Con la mano libre, le da azotes en el culo.

    Palmadas que la ayuden a relajar, aunque en realidad ella está excitada y esas palmas la excitan aún más. Sus glúteos se tensan y relajan a ritmo de su placer. Cada vez más tiempo tensos y menos relajados. Justamente lo contrario del ritmo que lleva Ricardo con sus dedos, que ante la imposibilidad de poder moverlos dentro del culo de ella, la folla intenso con su polla. Sus respiraciones intensas y sofocadas lo son todo.

    –¡Dioosshh! ¡me corrooo! no pares no pares no pares

    –¡Vamos! ¡aprieta y me corro también! ¡asíii aprietaaa!

    –Sí sí sí dame por el culo, dame duroo…

    –¡Aarrrgg!

    –¡Lo noto! ¡lo noto! te explota la polla. Uuhfff… me estás llenando.. (Dice entre jadeos Alba)

    Ricardo entra en un gran rigidez, sólo está apoyado en el suelo por el culo y algo las lumbares. Azota el culo de Alba para liberar toda la tensión a la vez que aprieta los ojos con gran fuerza y abre la boca. Son unos segundos que le parecen eternos, hasta que llega el nirvana del relax.

    –Uff… Vaya corrida… Perdón por lo del culo, no me controlaba. (Habla algo avergonzado Ricardo)

    –Para nada, me ha encantado sentirse así. Yo también me he corrido. Por eso gritaba, me has puesto a mil. Tan animal, tan de instinto… Tu forma de sujetarme con las piernas para follarme, tu polla explotando, los dedos en el culo y esos azotes… buaa, hacia mucho que no tenía sexo así.

    –¿Lo has disfrutado?

    –¿Tú qué crees?

    –No sé, cómo querías algo más que dedos por el culo… (Responde Ricardo con cierta ironía)

    –Buff… la costumbre de que acabe rápido y no de para meter más… Ahora no sé si podré anal contigo, pero necesito hacerlo. Probar si aguanto esa intensidad de tu polla y llegar hasta el final. Que nunca me lo llenaron de leche caliente. Ni follaron como puedes hacer tú.

    –Pues otro día con más tranquilidad probamos. El anal no es para hacer en cuartetos ni con calentones del momento como hoy. Eso se disfruta con calma y tiempo.

    –¡Por cierto! ¿tienes más mensajes o llamadas de Isa? Porque yo tengo varios WhatsApp y llamadas perdidas.

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  • De profesor de natación a putita

    De profesor de natación a putita

    Había vuelto a nadar como en los viejos tiempos, al profesor ya lo conocía y siempre me llamó la atención su parte femenina.

    Un buen día de viernes era el último turno donde quedamos nosotros solos y la secretaria que cerraba el local, notaba que siempre me miraba el bulto, mis 20 centímetros lo hacían desear, para que tengan una descripción 20 de largo su cabeza no era el problema si no lo ancho de su mitad y afinaba hacia el final.

    Esa noche al salir de la pileta vi que observaba como se me notaba el bulto en el bañador.

    -¿Te vas a bañar? -Pregunto con una sonrisa pícara.

    -Me encantaría hacerlo en tu casa -respondí sin descaro.

    -Mi camioneta esta acá a la vuelta si así lo deseas.

    No pasaron 15 minutos cuando toco mi puerta con su mochila en la mano, él es de una estatura de 1.85 más bien fornido sin marcar y un culo parado qué me invito a ser descarado.

    Llegamos a su casa.

    -Ponete cómodo me dio un baño y estoy con vos. Fue la invitación a que minutos más tarde me desvista y valla tras sus pasos a la ducha.

    No me sintió hasta que mi verga parada rozo sus nalgas.

    -No sabes cual deseoso estaba de que me metieras ese bulto.

    -Lo siento tendrás que esperar solo será la cabecita ahora, acomode la punta de mi pija y empuje lo justo para que solo sea penetrado por mi cabeza de la verga.

    Al sentirla gimió y me pidió que lo coja fuerte y que se la meta entera.

    -No y ya te dije acá solo será la cabecita, lo tome de la cara y lo bese profundamente.

    El en cambio busco con su mano tener mi pija y trato de meterla entera, fue entonces que con una nalgada le dije que acá mando yo y vos serás mi perra bien puta.

    Saque mi verga de su rico culo, lo cual comprobé minutos después.

    -Vete qué quiero bañarme, tal vez más cómodo te la meta entera por perra.

    Al salir del baño me dirijo a su habitación y ahí estaba boca abajo sobre su cama con un almohadón debajo de la pelvis levantando bien esas nalgas.

    Me dirijo hacia él y con mis manos abro esas nalgas redondas y mi lengua fue a probar esa delicia.

    Minutos después devoré ese hoyito delicioso caliente y rico, mientras el gemía y apuñaba las sábanas de su cama en demostración de que estaba recibiendo mucho placer.

    Tome sus caderas ayude a levantarse para ponerlo en cuatro patas, el me acerco un aceite de bebe el cual aproveche y lubrique su ojete con un buen chorro y mi verga terminando de poner dura como piedra.

    Acerque la cabeza a ese hoyito que se sentía calentito.

    -Quiero que me cojas bien duro hijo de puta.

    Lo tome de las caderas y de un solo empujón mis casi 20 centímetros se abrieron paso, su cuerpo se arqueo mi brazo izquierdo lo termino de levantar sintiendo su espalda pegado a mi pecho, un gran grito inundó la habitación. Mi mano tomo su cuello y mi otra mano sus tetilla apretando.

    -Te gusta putita.

    -Me encanta hijo de puta.

    Me movió un poco haciendo lugar para que lo poco de mi pija que quedaba se fuera dentro de él.

    Cuando el primer dolor pasó comenzó a buscar ritmo en un mete y saca de su culo, su cuerpo temblaba mi verga se hinchaba dentro de su culo y entonces comencé a penetrar ese culo que rebotaba contra mi pelvis.

    -Te gusta bebé, decía.

    -Rompeme ese orto, haceme tu perra.

    Lo cual respondí apretando más y más mis brazos y acelerando mi embestida para su goce, el gemía y yo cada vez más y más caliente penetraba sin parar.

    Tomo mi cabeza arqueo más su espalda y me beso un beso pasional al cual respondí metiendo mi lengua y jugando con la suya.

    Mi verga comenzó a salirse suavemente por su postura cuando salio el la tomó y apunto en su dilatado culo.

    Despacio que quiero sentir cada centímetro penetrarme y así lo hice una y otra vez mientras sus besos sacaban la bestia en mi tome su pelo y acelere el ritmo como un loco unos diez minutos hasta que su cuerpo tembló y mi verga dejo salir el elixir dentro de su apretado culo acompañado de un gran grito de placer de los dos.

    Dos, tres y cuatro grandes descargas de semen dentro de ese culo caliente, tomaba aire nuestros cuerpos perdieron fuerza cayendo sobre el sin dejar de penetrarlo con menos fuerza.

    Su culo apretaba y soltaba como queriendo sacar cada gota de leche, mientras que yo mordía su nuca y hombros buscando el relajo de mi verga dentro de él.

    -Me encantó me dijo aparte de romperme el otro, me trataste como la puta qué soy.

    -La noche es larga respondí y aún tengo bastante leche para mi perra.

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  • Travesti en celo (vol. 3)

    Travesti en celo (vol. 3)

    Con este relato cierro esta trilogía con mucho cariño para mis lectores. Quiero precisar que es muy real y me excita mucho contarles con detalles, espero lo disfruten.

    Ya había transcurrido una semana, y me encontraba muy preocupada, nunca me había durado tanto la calentura, algo está ocurriendo con mi etapa de celo, llevo ya algunos años con este fenómeno propio de algunas travestis, no a todas nos ocurre, pero ya pasaron los días que normalmente toma este ciclo periódico y seguía con muchas ganas más intensas de lo normal, sudaba mucho, mi corazón se aceleraba, mis pezones estaban muy duritos y paraditos.

    Bueno, y mi recto prácticamente respiraba, la sensación de estar abierta de la colita era impresionante. No hubo día que no tuviese que meterme por lo menos dos dedos, luego pepinos y mi dildo; no bastaba con metérmelos, sino que tenía que cabalgarlos y llegar bien adentro para satisfacer mi deseo anal hasta alcanzar el clímax.

    Todo el día pensaba en penes, muchos penes enormes, venosos, curvos, rectos, gruesos y cabezones, estaba en modo puta las veinticuatro horas del día. Sólo pensaba en penetrarme y mis fantasías parecían películas porno italianas, así me sentía. Incluso llegué a pensar en organizar un gang bang porque estaba decidida a ser follada por unos cinco machos salvajes, morenos, altos y fornidos con penes enormes que me rompan el ano y me dejen más abierta de lo que ya estoy.

    Eran las 3 pm y estaba recostada en mi cama completamente desnuda, recuerdo que mis uñitas de mis pálidos pies estaban pintaditas de color rosa, las de mis manos de color blanco, estaba bien bonita, con mis aretes y un collar de plata, estaba muy ruborizada por los calores propios del celo. Ya llevaba como dos horas en la cama con el culo bien parado y con tres dedos insertados y mi dildo realista XL tendido a un costado de la cama, ya muy sucio y embadurnado de vaselina y mentholatum, la faena había sido larga y el ano ya lo tenía desfondado, me entraba todo con mucha facilidad, ahora necesitaba penetraciones profundas, o doble penetración para sentir más rico y gozar.

    Había un poco de semen en las sábanas ya que era la tercera vez que me masturbaba durante ese día. Por mi mente pasaban pasajes de cuando era pequeña y llegaba a mi casa corriendo muy apurada de la escuela directamente para ir al baño a verme en el espejo desnuda, abrir mis nalgas y sobar mis pezoncitos y mi micro pene; como me excitaba verme tan ansiosa y deseosa de sexo en el espejo. También recordaba cuando me puse mi primera tanga, mi primer hilo dental, la primera vez que me penetré con un pepino, la primera vez que recibí leche en la boca o la primera vez que me masturbé haciendo caca frente a un amigo.

    Todos aquellos momentos vinieron a mi mente aquella tarde. Pensaba en lo mucho que había avanzado como travesti, en cómo mi ano ahora era el de una sissy hecha y derecha, una travesti madurita con mucho apetito anal, con experiencia follando con machos con ganas de seguir gozando descubriendo nuevas poses y haciendo más cochinaditas.

    Pues bien, llegó la hora de la verdad y llegó un macho a las 6.30 pm, un semental que contacté por internet, no lo conocía pero se mostró muy amable, disponible y calentón; era un moreno alto, fornido y con un pene enorme, era muy grueso y con un glande bien pronunciado, tenía un hongo gigante entre las piernas. Era un desafío ser follada por ese gladiador y cerraría el celo por todo lo alto con ese coito.

    Se llamaba Gael y tenía 26 años, ni bien llegó a mi departamento me empujó contra la pared y me manoseó toda, yo me encontraba con un baby doll y tacos color negro, muy sexy y no tenía nada más puesto debajo, eso sí, estaba muy bien maquillada y perfumada, dejé un poco de vello púbico, parecía el bigote de Hitler sobre mi clítoris de travesti.

    Pero a pesar de todo el aromatizador que usé en mi habitación, igual sintió olor a sexo y me dijo, Milka eres una puerca, percibo que te has estado masturbando, hay olor a culo y semen, voltéate y muéstrame el culo, separa la nalgas y muéstrame tu hueco de puta, a lo que yo obediente le mostré mi hoyito el cual ya estaba súper dilatado; tienes un túnel de perra, que rico, ven putita, eres una cochina, no me esperaste y has estado jugando con este agujero, pero no importa, te voy a follar como nunca antes nadie te lo ha hecho, mira cómo me pusiste, me cogió de la cabeza e hizo que le baje el pantalón y trusa, fue ahí que vi esa anaconda erecta, la apreté con fuerza y remangué el prepucio.

    Salió imponente aquel glande y comenzó a gotear de inmediato, le salió mucho líquido preseminal, con lo que comprobé que mi macho estaba ya listo y ansioso de culo. Se lo chupé de forma sensual, era muy grueso, me costó pero lo hice bien, succioné aquella verga vigorosa y sus bolas, lamí ese tronco venoso lo mejor que pude, lo besé y lo lacté por una media hora aproximadamente, mi penecito de sissy estaba flácido y muy pequeñito, parecía un botoncito, un capullito inofensivo, mi ano sí estaba en modo salvaje, gozando mucho porque me estaba metiendo dos dedos mientras se lo chupaba frenéticamente y estaba muy excitada de sólo pensar que sería ensartada por ese fierro caliente negro y brillante.

    ¡Voltéate perra y dame ese culo, vamos ábrelo para mí! Yo, nuevamente obediente, procedí a entregar mi colita para ser sodomizada, me zampó el pene en una y hasta el fondo. ¡Ah! Solté un grito porque me dolió a pesar de estar dilatada y lista para la penetración, me bombeó como un loco, era un potro en trance, me puso en cuatro e hizo que pare bien el culo y me lo taladró como un demente, llegó hasta el fondo y realmente me hizo gozar mucho, grité y gemí muchísimo, disfruté de ese pene a plenitud, quería más y más, le pedí que me chupe los pezones, que me haga un beso negro, que me chupe los deditos de los pies, y finalmente que me meta el dildo realista junto con su pene.

    Gael colaboró y me metió el dildo y luego metió su pene, fue una doble penetración y la disfruté como una zorra mujerzuela, sentía que estaba en el cielo, que delicioso fue sentir esa embestida doble. Luego sacaba su pene y el dildo bruscamente y el ano me quedaba súper abierto, con lo que nos excitábamos mucho más.

    Después de dos horas de culearme duro y parejo ya no aguantaba, yo estaba llorando prácticamente de placer, mi penecito goteaba un montón de excitación, hasta me salió lechita, la cual me tomé obviamente, tuve un orgasmo riquísimo sin tocarme, sentía como me desfondaba pero el celo y mi naturaleza de travesti caliente hacía que mi agujero sintiese más ganas, quería más grosor y más profundidad. Mi macho cabrío seguía dándome.

    Sentí que su pene se hinchaba dentro de mi recto, lo sacó y solté un pedo muy sonoro, mi ano quedó abierto, giré rápidamente y procedí a chupar esa vergota con todas las ganas del mundo, iba por mi néctar, quería mucha leche caliente y espesa en mi boca, se la pedí, se la exigí y fui atendida con creces. Gael me dijo, ¡Aquí viene perra, abre la boca aaah! Y me soltó como siete cargas de leche, cinco en la boca, una cerca de mi ojo izquierdo y otra en mi nariz, sentí ese sabor inigualable de leche de macho en mi boquita y casi me ahogo inclusive porque le salió mucha y estaba bien espesa, fue riquísimo recibirla toda, me sentí muy perra en ese momento.

    Lo más lindo fue que mientras recibía toda esa leche también comencé a botar mi lechita de mi penecito de travesti de pura excitación, bueno y porque estaba con mi dildo dándome duro también hasta adentro. Acabamos finalmente, aún tenía leche en la boca, lo miré a los ojos directamente y dejé caer su leche de mis labios, luego me volteé, paré el culo y expulsé lentamente el dildo realista de mi ano, me quedó boquiabierto unos segundos, después comenzó a abrirse y cerrarse bien rápido, hasta que se cerró del todo dando por concluido el celo de forma oficial.

    Chupé el pene de Gael para dejarlo limpiecito y nos metimos a la ducha, nos bañamos juntitos, me besó y abrazó, me dijo: Milka, eres la traviesa más puerca que he tenido, ese ano es muy hambriento y ruidoso, pero me excita mucho, yo diría que es insaciable. También lo chupas como una profesional del porno y eres súper caliente al pedir leche gimiendo y gritando.

    Al día siguiente mi culito estaba cerradito, mis pezones ya no estaban parados y mi penecito estaba muy flácido sin excitación, el celo había concluido, pero de allí en adelante los vivo con un nivel de intensidad superior, alguna razón debe haber, pero así es la naturaleza, cada vez me vuelve más y más putita.

    Pasaron por mi mente otros pensamientos, esta vez de tranquilidad, playa, brisa y un desayuno con café y… leche.

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  • Familia complicada (9): Cumpleaños

    Familia complicada (9): Cumpleaños

    Después del casi trío, con mi novia y mi hermanastra, digo casi porque solo me falto penetrar a Laura. Las cosas se volvieron bastante pesadas entre nosotros. Yo pensaba que estaba más cerca de mi objetivo, que era tener de amante a mí querida hermanastra. Pero no parece que ella no pensaba lo mismo, nuestra relación se volvió fría y distante, terminaron nuestros juegos sexuales, incluso no estaba en la casa, pasaba más tiempo en la casa de padre y con su novio Segundo.

    Y cuando estaba en casa me evitaba completamente, recluida en su cuarto. Le mande un par de mensajes, que nunca contesto. Pero en su mirada, las pocas veces que nos cruzamos era de bronca o rabia. No sabía como seguir con ella.

    Mi noviazgo con Florencia estaba en su mejor momento, ya nos habíamos declarado nuestro amor, así que era más que mi sumisa, era mi novia sumisa. Y esto me gustaba, nos empezamos a mostrar juntos y de la mano en la universidad y con nuestras amistades, esto dio un gran espaldarazo a Flor, se la veía con más confianza y seguridad. En lo sexual teníamos sexo salvaje cada vez que podíamos, eso sí con la ayuda siempre de la suegra. Nuestra intimidad se había vuelto más al límite, queríamos llevar lo aprendido mucho más allá. Éramos como una maquina perfectamente sincronizada, a la que intentábamos llevar al extremo. Ya su ano me aceptaba sin problemas, y era una práctica habitual y muy del gusto de mi novia.

    En cuanto al padre de Florencia, no era tonto y se había dado cuenta hace tiempo de lo nuestro, pero se había quedado callado. Hasta que invite a Flor a mi cumpleaños número 19, cuando esta fue a pedir la autorización para ir, fue interrogada por su padre, que se terminó enterando que su nena tenía novio, aparte de la mayoría de cosas personales que le pregunto de mi o de mi familia.

    Juan: Tú no tienes novio, hasta que ese amigo tuyo hable conmigo, después de ahí veremos, llama a tu madre que tengo que hablar con ella. Esto dejo a Florencia consternada y pensó que había metido la pata. Me llamo enseguida pidiéndome perdón y que ella y la madre intentarían arreglar todo con el padre.

    Como dije se acercaba mi cumpleaños número 19, en realidad no pensaba hacer nada especial, pero mi madre anuncio que volvería la país exclusivamente por mi cumpleaños, y que había invitados a mis tíos postizos, también estaban los chicos del gimnasio, mis amigos nerds y mi familia. Mi madre estaba emocionada por conocer al Flor, ya que mi padre y mi madrastra le habían contado que él bebé tenía noviecita. Y si, somos de esas familias ensambladas, donde mi madre actúa como amiga de mi madrastra, en realidad siempre se llevó bien con papá después del divorcio, y con Gabriela siguió todo en la misma sintonía. Esto me pareció ideal para acercar posiciones con el padre de Florencia, entonces le pedí que le comunicara que quería hablar con él.

    Ya en la casa de Flor no estaba tan seguro, pero aparentaba tranquilidad. Me hizo esperar un poco hasta que me hizo pasar a su oficina. Juan, o don Juan, es un hombre grande de edad, de contextura baja, bien fornido, con grandes hombros y brazos, y una barriga prominente. En su sillón parecía un capo mafia, todo en el parecía tranquilo, todo menos su mirada, sus ojos verdes eran fríos como el hielo, su mirada transmitía seguridad y confianza.

    Juan: Así que tú eres el que se acuesta con mi hija.- me dijo esto sacando un puro de una caja de madera de nogal labrado, mire bien y decía Cohíba.

    Fernando: Don Juan, Florencia y yo llevamos un tiempo saliendo y conociéndonos, le pido disculpas por no haber hablado con usted antes, quería pedir su bendición para poder ser el novio de su hija- Lo dije lo más pausado, tranquilo y firme que podía. En esto había sido aleccionado por Florencia y su madre. El viejo era un tradicionalista, y aunque era un mujeriego empedernido, no quería decir que no fuera a querer lo mejor para su princesa.

    Juan: Tranquilo muchacho- dijo con una media sonrisa y encendiendo su puro- sé que no quieres a mi hija por sexo, eso ya lo obtuviste hace tiempo, a parte eres un muchacho muy popular entre las mujeres, por el dinero tampoco, ya que tu familia está muy bien económicamente y en tus estudios sé que te va muy bien- me miro como estudiándome- Se lo que eres desde la primera vez que te vi en esta casa, desde entonces te he observado y estudiado. Todavía no decido si eres digno, pero no eres un mal muchacho eso lo sé.

    Fernando: Gracias señor.

    Juan: Mira muchacho- y me extendió una foto, donde se lo veía fornido y joven, muy robusto y con muchos músculos- mi hija me dijo que te gusta las peleas, esa foto es de cuando era cadete del colegio Naval, fui campeón de los cadetes en boxeo, peso mediano.

    Fernando: Que bueno, se nota en sus hombros y brazos.

    Juan: ja ja no eso es otra cosa, sabes que somos una familia, como decirlo sin sonar arrogante, que está bien económicamente. Esa foto es de cuando ingrese al colegio de la Armada, diez años estuve en la Armada, mi familia tenía 2 pequeños pesqueros, cuando me hice cargo de la compañía trabaje de sol a sol, y en diez años, teníamos treinta y dos buques, y uno de los mayores frigorífico y empacadores de pescado de la nación. Todo con estos dos brazos – levantaba las manos orgulloso- luego me canse y lo vendí todo, eso si, por un muy buen precio. Después de eso diversifique todo, y deje a mis hijos un buen capital, aunque Flor es la pequeña, es mi princesa.

    Fernando: Su hija está orgullosa de usted, me lo dice constantemente. Ha criado a una buena muchacha.

    Juan: Claro que si, por eso tengo que asegurarme de su futuro. Me casé con su madre ya siendo un hombre grande, era divorciado y tengo hijos que son ya hombres, y la relación con su hermana no es la mejor, por eso si algún día falto ella no tendrá más familia – se quedó más que pensativo, uno segundos- quiero que me acompañes a una pelea de vale todo, así confraternizamos y nos conocemos mejor.

    Fernando: Una pelea, seguro, puedo llevar a mi padre.

    Juan: Claro muchacho- dijo riendo y llevándose el puro a la boca. La pelea fue en las afueras de la ciudad, algo ilegal, pero muy exclusivo. Toda la gente era de dinero, un ring central, mesas y sillas alrededor. Y entre la gente camareras que servían tragos y ofrecían cigarro o puro. También había aquellos que levantaban apuestas. Antes de cada pelea en una pantalla se podía ver a cada peleador, y un pequeño tráiler de sus mejores peleas, aunque la mayoría ya los conocía. Las peleas eran similares a las profesionales con las mismas reglas, creo que lo ilegal eran las apuestas y las meseras casi desnudas.

    Mi padre y don Juan congeniaron casi inmediatamente. Es más, tenían muchísimos amigos en común. La verdad que la pasamos más que bien y no hubo más problemas con mi suegro. Mi cumpleaños fue muy agradable, al salón llegaron todos los invitados. Estaban todos los que me importaban. Mis amigos los nerds, que habían ido con las amigas de mi hermanastra, me pareció algo que hace un año era un hecho impensado, pero se habían hecho amigos incluso había aumentado muchísimo su valor como hombres dentro la universidad. Mis compañeros y amigos del gimnasio, muchos habían ido con novias, esposas o amigas.

    Mis tíos postizos, para decirlo de alguna forma, todos los amigos de mis padres, aquellos más allegados. Mi hermanastra fue con su novio Segundo al cumpleaños. Mi madre que se veía radiante, su novio no había podido venir pero me mando un regalo, era un sobre con dinero, no lo conocía personalmente pero si por video llamadas, se veía buena persona. Mis suegros también asistieron, ellos y Flor me regalaron el reloj que a mi me gustaba, un Seiko Military SNN83 Chronograph, lo cual me encanto, mi novia siempre estaba atrás de todo lo que me gustaba.

    Mi madre había llegado hacia tres días desde entonces nos invito a cenar en su hotel con mi novia. Salimos a pasear y de compras, incluso salió con Florencia las dos solas. También fuimos invitados por los padres de Florencia a cenar a su casa, fueron mis padres, mi madrastra y yo. Todo fue muy ameno, y los padres de Florencia se portaron como excelentes anfitriones.

    Todos los regalos me encantaron, yo no estaba acostumbrado a celebrar mi cumpleaños a lo grande, siempre eran cosas intimas, aquí éramos más de 60 personas, así que a veces me daba un poco de vergüenza. Recibí muchísimos regalos, ropa, video juegos, un cuchillo táctico. Pero lo que realmente me sorprendió fue la trampa que me tendieron mis padres. Hacia quince días mi padre me había pedido mis ahorros, 5.000 dólares y después me los devolvería. Yo estaba ahorrando para comprar un auto o camioneta usados.

    Aunque no me alcanzaba para mi sueño, que era una Toyota Hilux 2004, vieja pero la maquina más irrompible que se ha construido sobre ruedas. Aunque en mi país este tipo de camionetas son muy caras, salía 12.000 dólares. Mis padres me la compraron y pusieron el resto, aunque la que me entregaron venia con muchísimas modificaciones que yo le había comentado a mi padre, siempre hablábamos mucho de vehículos.

    El cumpleaños fue espectacular, mis padres se divirtieron mucho al igual que todo el mundo. Vi lo cariñoso que eran mis suegros, como se divertían mis amigos nerds, pero lo que me llamo la atención fue la relación de Laura con su novio, a veces me parecía que lo adoraba y otras veces que lo quería pisotear o humillar, y lo peor de todo es que el se dejaba. Pero fuera de eso fue el mejor cumpleaños de mi vida.

    Paso otra semana, mi madre se fue, haciendo prometerle que iría en vacaciones. Yo no paraba de andar en mi nuevo juguete, y salimos a pasear varias veces con Florencia. Un viernes decidimos ir al cine, la película me interesaba de verdad, pero tuve las manos alegres y la cosa se calentó, aunque no podíamos hacer mucho ya que la sala estaba llena.

    El patio de mi casa es grande, está la pileta, muchas plantas, todo muy bien hecho con muchos detalles de naturaleza. Y al fondo tenemos un Quincho, generalmente es un espacio para compartir en verano junto con la pileta, el quincho es cerrado, ahí está la parrilla, un horno, una barra, mesas sillas, las reposeras de la pileta y un baño. Se usa más para compartir con amigos y no molestar en la casa o una tarde de pileta. Tiene todas las comodidades, heladera, televisor, equipo se sonido, unos sillones grandes que se pueden usar para exterior. Es un lugar muy apreciado para momentos de relax.

    Yo llegaba a mi casa con Florencia, estaba anocheciendo y habíamos salido al cine, la cosa se puso muy acalorada en el cine y decidimos terminar en casa teniendo sexo. Desde que el suegro nos había dado el visto bueno teníamos más libertad. Entramos y ni bien lo hacíamos empezó el toqueteo y los besos, yo metí mano bajo se falda buscando sacar su tanga, mientras nos besábamos.

    Ahí me di cuenta que la alarma no estaba activada, al mirar con más detalle me di cuenta en el llavero ubicado en el recibidor de la casa estaban las llaves de Laura, con su inconfundible llavero de Patricio Estrella. Me asome por la ventana y me di cuenta que estaba estacionado en la calle el BMW de su novio Segundo, con el manoseo que le venía dando a mi novia no me había percatado de ello.

    Toda la casa estaba a oscuras, y en silencio. No había nadie en la planta baja, y cuando íbamos a mi habitación vi por la ventana la luz encendida del quincho. Solamente podía ser Laura y su novio Segundo, tome de la mano a Flor y nos dirigimos al patio, nos paramos atrás de una planta de nogal grande que hay. La mayoría del frente del quincho es vidriado, por lo tanto se puede ver perfectamente todo lo que ocurre adentro desde nuestra posición, que eran unos seis o siete metros, bien cubiertos por el nogal y el cantero de plantas que estaba alrededor de él. Dentro del quincho la parejita estaba desnuda, en pleno acto.

    Los dos eran demasiado blancos, aunque Laura se bronceaba, por eso su tono era un poco más oscuro. Segundo estaba sentado en una reposera que son bastantes bajas, por eso su cabeza quedaba a la altura de la pelvis de mi hermanastra, ella estaba parada frente a él, con un pie sobre el apoya brazo de la reposera, empujando la cabeza de él en la entrepierna de Laura. Ella tenía una mano en su nuca que lo aprisionaba contra sus órganos genitales, mientras que con su otra mano se pellizcaba los pezones.

    Laura: Así perrito, así, cómeme toda, no te olvides de pasar tu lengua por mi culo.

    Él tomo su mano y los dirigió así sus nalgas, apretándolas y abriéndolas. Se podía observar su lengua ir y venir, mientras apretaba, abría y cerraba las nalgas. Nosotros no nos perdíamos detalle de todo aquello, yo me sobresalte cuando Flor metió sus manos dentro de mi pantalón, y saco mi pene afuera, empezó a masajearlo suavemente mientras no se perdía detalle de lo que pasaba en el quincho, yo no me quede atrás y metí una mano bajo su falda y desde atrás empecé a recorrer su vulva y la raja del culo una y otra vez, una suave masturbación mutua con mi novia, mientras veíamos a la parejita.

    Laura: Así perrito, estoy a punto, méteme un dedo en el culo- y este obedeció- si que placer.

    Laura tuvo un orgasmo, aunque por lo visto no fue tan fuerte. Ella tomo una botella con agua bebió un poco, miro su celular. Nosotros estábamos bien ocultos, una por el nogal y las plantas, y la otra es porque la zona estaba oscura, no estaba prendidas las luces del patio, y el quincho solamente tenía encendidas un par de luces, así que nos quedamos tranquilos acariciándonos.

    Mi hermanastra se acercó a su novio y se dieron unos besos de campeonato, con mucha lengua y saliva incluida, en ese momento aprovecharon para tocarse, ella acariciaba su pene, que en realidad era bastante diminuto no se si llegaba a los 12 centímetros, y a sus huevos que si se veían grandes y colgantes. Él llevo una mano a su vagina y otra a sus pechos mientras se besaban apasionadamente, ella se separó un poco.

    Laura: En cuatro perrito, ahora te convertirás en mi perra.

    El obedeció en todo, se paró y se puso en cuatro, con una posición bastante perfecta, quebrando caderas y dejando expuesto su ano, también colgaban sus bolas y pene. Laura saco de su bolso una crema y un tubo que dejo al costado y no alcanzamos a ver, puso bastante crema en sus manos, en ambas, dirigió una de sus manos al pene del chico y lo jalo bruscamente hacia abajo y hacia arriba, la verdad que era muy violenta, parecía que estuviera ordeñando una vaca, Segundo empezó a gemir fuertemente, y no me sorprendería con la violencia que lo hacía aquello seguro era una mescla de placer y dolor.

    Flor parece que no aguanto más y se puso delante mío, se apoyó en el nogal y dirigió mi pene a su vulva, paso su mano por delante y apretó mi pene contra sus labios vaginales y se movía muy lentamente haciendo que mi pene se frotara en toda la zona, sin perder detalles de lo que pasaba en el quincho. Ya en un momento no pudo más, ya llegamos calientes y estos había elevado aún más la temperatura, se penetro sola muy lentamente en su vagina, sus movimientos eran lentos, era la primera vez que había tomado la iniciativa y la verdad que me gustaba.

    En el quincho paso algo que nos dejó de cuadros, Laura le metió dos dedos en el culo a su novio, los gemidos de este fueron más fuertes todavía, ella seguía jalando su pene con fuerza, acerco su boca y empezó a lamer sus bolas, usando toda su lengua era un espectáculo en si.

    Laura: Ahora se viene lo bueno perra.

    Saco lo que había dejado de lado, era un consolador que no le había visto antes, más o menos de 16 o 17 centímetros, que empezaba muy fino y terminaba con un grosor importante. Le unto crema, y lo puso en la entrada del ano de su novio, ella se lo metió sin más de un solo golpe, el grito de ese pobre cristiano nos helo la sangre. Laura se puso en cuatro bajo él y se metió todo el pene en la boca, después de un para de mete y saca una mano fue al consolador y la otra a su propia entrepierna, consiguió una buena sincronización, dedos la vagina, mamada y penetración anal, no era suave, era ruda. Mi novia se contagió, y empezó a moverse más rápido.

    Florencia: Amo por favor, deme duro.

    Empezamos un ritmo infernal las dos parejas, yo y Flor mirábamos y veíamos como Laura aumentaba la velocidad de sus penetraciones y mamadas y nosotros imitábamos su ritmo. Yo ya había llevado mis manos a sus dos pechos y los amasaba, mientras mi pene no paraba de invadir su cálida cueva, la llevaba hasta el fondo y la sacaba dejando solamente la cabeza adentro, y volvía a meterla completamente. Mi novia y yo hacíamos esfuerzos sobrehumanos para no emitir sonidos.

    No era lo mismo adentro del Quincho, Segundo daba verdaderos alaridos, mi hermanastra no se escuchaba ya que tenía todo el miembro de su novio en su boca, mientras seguía en cuatro patas masturbándose furiosamente. Ella agarraba el juguete sexual como si fuera un cuchillo, apuñalaba violentamente el ano de su novio una y otra vez. No sé si fue el destino o la calentura, pero acabamos al mismo tiempo. Yo ya notaba mis bolas y muslos impregnados de los flujos de mi novia cuando sentí las contracciones de su vagina que me llevaron a mi propio orgasmo, ella para no gritar tomo mi brazo y lo mordió con fuerza.

    Mientras esto ocurría Segundo emitió un largo gemido y empezó a descargar su semen, Laura la saco de su boca y la siguió jalando con fuerza, con la mano que abandono el puñal en el ano, mientras se corría fuertemente teniendo un squirts, los chorros de orina y flujo fueron completamente visibles para nosotros que estábamos teniendo nuestro propio orgasmo. Segundo quedo tirado en la reposera con su culo penetrado por el juguete mientras que Laura se acomodaba al costado, le dio un beso y le dijo.

    Laura: Buena perra, has sido una muy buena perrita.

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  • Comienzo y final

    Comienzo y final

    Después de ausentarme por un tiempo, vuelvo para contarles mis aventuras. Mi nombre es Andrea, mi descripción, soy una mujer madura, tengo buen cuerpo, tetas normales y un culo que es deseado, tanto por hombres como mujeres jajaja.

    Volvía de visitar a familiares fuera de la ciudad, ya me faltaba poco para llegar cuando mi auto empezó a fallar, me hice a un costado en la ruta, ese día hacia calor, llevaba unos jeans cortos, y una camisa anudada a la cintura y mi pelo en una cola atado.

    En cuanto bajé algunos autos me tocaban bocina, alagando mi figura, yo con enojo pues quería llegar, cada bocinazo respondía con un “vete a la mierda”. Levanté el capot, pero no entendía nada, en eso un camión frenó adelante, y el chofer se acercó para ayudar, o ¿me quería levantar?, no sé, muchas chances no tenía.

    Él me dijo, “hola preciosa, ¿problemas?”, “si, le respondo, gracias”, el chofer me dijo, “tuve uno de estos dejame dar un vistazo”. Luego de un rato me dice, “a ver dale contacto”, lo pongo en marcha y siii, todo bien, mi cara de emoción, gracias… Y me quedé pues no sabía su nombre, me dijo Claudio, yo le respondí Andrea.

    Él se ofreció acompañarme okey le respondí, llegué a mi departamento, y lo saludé, le dije “oye, no quieres lavarte las manos”, si gracias me respondió, me dispuse hacer unos mates, cuando sin darme cuenta Claudio estaba tras de mí, obvio me miraba el culo. “Quieres un mate” le digo, me lo aceptó, hablamos de cosas triviales y le agradecí su ayuda.

    Se me quedó mirando, y lo besé, gracias le dije, no sé qué hubiese hecho sin ti, él me beso de nuevo, y no tuve mejor idea que tocarle la pija, hacía mucho que no estaba con un hombre, él me bajaba de los hombros, yo ya sabía, así que me arrodillé, le desabroché el pantalón y se los bajé junto con el bóxer, lo miré con deseo.

    Él me tomo de la nuca y me acercó su pene a la boca, le di besitos en el glande, tenía buen tamaño, le pasé la lengua por el tronco venoso, y me lo metí todo en la boca, él me empujaba de la nuca, me lo tragué hasta la garganta, y sentí que iba a explotar, me acabo en la boca, me lo tragué todo, se ve que estaba necesitado, duró muy poco jiji.

    Me levante y me dijo, no puedo quedarme hoy, arreglemos para otro día, okey le respondo, cambiamos los números y nos despedimos.

    Me duche, estaba caliente como hace mucho no lo estaba, tenía la conchita húmeda, así pasaron los días hasta que en la semana Claudio me envió un mensaje, “mañana nos vemos”, mi corazón latía como una adolescente.

    En la noche fue difícil dormir, al día siguiente otro mensaje, “disculpa Andrés, vengo demorado, mañana jueves nos vemos”, okey maldición, estaba como un león enjaulado; al otro día sonó el timbre y era él, le abrí y no nos dijimos nada, nos besamos, el me levanto en sus brazos, lo rodie con las piernas en la cintura, y nuestras lenguas enredadas, así me llevó al dormitorio, nos desnudamos el uno al otro, se prendió a mis tetas, besó mis pezones que estaban como piedra, y recorrió mi cuerpo hasta llegar a la vagina, me la recorrió con la lengua, besaba mi clítoris, y subió arriba mío, apoyo su pene en mi conchita y me fue penetrando, un gemido salió de mi boca, mis piernas abiertas y levemente levantadas, yo retorciéndome de gozo.

    Que rico que me estaba cogiendo, suave y al ritmo, hasta que acabó dentro de mí. Lo hicimos dos veces más, y quedamos para el fin de semana, yo estuve satisfecha, llenita y deseada, hacia mucho que no cogía. Llegó el sábado, hacia un calor tremendo, yo estaba en ropa interior sostén y tanga, en eso suena la puerta, asomo solo la cabeza y era Claudio, hola le digo y cuando lo voy a saludar me dice, “tengo poco tiempo, me doy una ducha”, si okey, caramba dije, no es un buen día, traté de no ser jodida, me puse a tomar mates, mientras se duchaba.

    Y cuando sale me dice, “Andrea puedes venir”, si ya voy respondo, pasaron dos minutos, y siento que me toman del cabello por detrás, “ey que haces, por que así”, y me lleva al dormitorio, me tira sobre la cama, y me dice “te dije que tenía poco tiempo”, mientras me corre la tanga a un lado, yo quedé en cuatro patas, me restriega su pene por la concha la humedece con mis jugos, y me la apoya en el ano, “así no” le digo y no me puedo zafar, con apenas un movimiento, la siento dentro del culo, aaaay pego un grito, se acomoda y la sigue metiendo, hasta que me la mete toda, yo estoy acostumbrada a hacerlo por la cola, pero así no quería.

    Mientras me está rompiendo el culo, escucho un click, miro para atrás y le digo ¿qué haces?, abrió una lata de cerveza mientras me hacia la cola, le digo “hijo de puta”, y me la mete más adentro, aaah aahh aaah, me toma por la cintura, el frio de sus dedos, me hace endurecer los pezones, y me eleva a penas las rodillas y se mueve más rápido, hasta que me llena el culo de leche caliente, caigo rendida a la cama, con las piernas abiertas, el sale dentro de mí, y me pasa la pija por la boca, pidiéndome que se la limpie. Se vistió, y me dice te llamo para otro día, le respondo “si, vete a la mierda”, y escucho la puerta cerrarse.

    Entro al baño a ducharme y lavarme, me sentía sucia, mientras me caían las lágrimas, en eso recuerdo que tenía que mudarme, ya había encontrado otro departamento, después de la ducha, arreglé con mi hermano, y entre parte del sábado y el domingo hicimos la mudanza, no tenía muchas cosas. Me despedí de la dueña, le dejé la llave, y bloqueé el número de Claudio, cambio de departamento y nueva vida para mí, a comenzar otra vida bye, bye.

    Espero les haya gustado.

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