Autor: admin

  • Mi mejor amiga me da su virginidad

    Mi mejor amiga me da su virginidad

    Este es mi primer relato y les voy a contar de la noche en qué mi amiga me entregó su virginidad.

    Voy a describirnos para que nos puedan imaginar, yo mido 1.50 cm, mi talla de bra es 110 y mi trasero no está nada mal, ella es mucho más alta, mide 1.78 cm, su busto es pequeño, pero tiene unas caderas hermosas que hacen que su culo sea gigante, ella nació en Sudáfrica, es morena con el cabello afro

    Teníamos 19 años, entre nosotras siempre hubo tensión, siempre estábamos cerca y nos halagábamos la una a la otra.

    Esa noche ella estaba triste, me acosté con ella y la abracé, me dijo que sentía que nadie la quería, que no aguantaba más ser la fea del grupo de amigas. Le dije que eso no era cierto, que era hermosa y todo eso.

    Ella se dio vuelta y apoyó su cabeza en mis tetas y sentía como respiraba sobre ellas, eso comenzó a calentarme pero no quería aprovechar la situación. Ella volvió a voltear y me dejó su trasero pegado a mi. La abracé por detrás y empezamos a jugar. Ella me pegaba, yo le hacía cosquillas y etc. Le desprendí el corpiño porque dijo que le ajustaba, ella se lo quitó. Ella tenía una remera arriba pero cada que la abrazaba mis manos tocaban sus tetas siempre.

    Pasó un rato y ambas no podíamos dormir, me dijo que mis manos estaban frías así que agarró mi mano y la envolvió con la suya. Un tiempo después empezó a hablar de sus tetas, que no le gustaban y eso, ella sabe que soy bisexual. Me pidió que la desvirgue, le dije que no podía, que eso arruinaría nuestra amistad. Insistió una vez más así que salté sobre ella, me puse arriba y empecé a besarla y a manosear. Ella agarró mi culo y metió su mano por debajo de mi remera.

    Poco a poco empecé a bajar besando su cuello, le quité la remera y pude ver sus hermosas tetas con sus pezones duros y oscuros pezones. Con mi mano empecé a desprender su pantalón, metí la mano y sentí toda su concha depilada completamente. Mi amiga estaba empapada y empezó a gemir, tenía su piel erizada y eso alimentó mi ego. Me desnudé, me senté sobre su cara y empezamos a hacer el 69, luego me pidió que le meta los dedos. Empecé con 1 para no lastimarla, luego pidió otro, y luego otro, empezó a sangrar pero ella no quería parar.

    Me dijo que quería hacer una tijera y que ella quería estar arriba, que quería verme sumisa. Ella se puso sobre mi y yo le entregué mi cuerpo, empezó a frotar rápido fuerte y duro, yo sentía que me venía y ella empezó a hacerlo más veloz. Hasta que solté un inmenso chorro y quedó empapada, luego empezó a chuparme toda, metía sus largos dedos. Me puso en cuatro y metió la lengua en mi culito, luego un dedo mientras seguía chupando mi conchita, yo siempre fui activa pero esta vez quería que ella me destruyera.

    Me pidió que le vuelva a chupar la concha y lo hice hasta que acabó, su conchita morena estaba empapada, sus jugos eran una delicia. Me pidió descansar un rato y a la mañana cuando despertamos repetimos.

  • Volcán de fuego

    Volcán de fuego

    Al salir una noche de viernes con unos grandes amigos donde se reunirían grupo de moteros donde inesperadamente te conocí, donde conversamos y nos tomamos unos vinos en fin, nos divertimos mucho de inmediato sentí que algo recorría mi cuerpo, sentí que nuestras miradas decían más de lo que las palabras podían mencionar.

    Él tenía algo hermoso en su mirada y sentí que esto no podía quedar ahí, esto debía ser algo más que un apretón de manos. Cuando íbamos de salida decide irme con él en su carro lo cual fue de una manera muy sutil mientras íbamos en el carro tuvimos una charla amena y muy agradable mientras él me llevaba de camino a casa se siente la química entre los dos, sonrisa va y viene, intercambiamos número telefónicos y ahí donde decido susurrar a su oído lo mucho que lo deseo…

    En ese instante frena carro comenzamos a besarnos, acariciarnos de una manera desenfrenada, era algo único, me encantaba como besaba mi cuello… él comienza a quitarme mi blusa, quita mi sostén y besa mi senos y cada vez me excita más, él quita su camisa, seguimos en ese ir y venir de caricias…

    Después de un rato quedamos totalmente desnudos, donde me penetra una y otra vez. Grito de placer, sentía con mi vagina chorreaba, después me monto encima de él… acariciaba mis pezones, y yo gemía, me sentía cabalgando siento su verga dentro de mí.

    Después de darme cuenta que él ya se iba a venir pongo mi boca en su verga para sentir lo rico de él.

    Lo maravilloso de todo esto es la lujuria, el deseo hacia ti.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (18)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (18)

    Mari esperaba en la parte delantera de la casa, apoyada en el coche al tiempo que con los ojos cerrados disfrutaba del calor que le producían los rayos de sol. Tenía muchas ganas de pasar el día con su hijo, desde que era pequeño no tenían un día para los dos, aunque tampoco recordaba hacer mucho por para solucionarlo. En cambio, con su hija sí que solía tener algún momento a solas, no obstante… tampoco muchas.

    Tenía bien planeado el día, o al menos eso pensaba. “Primero subiremos al monte, donde está la torre, siempre la quiso ver. Después ir al lago, ¿llevo bañadores? Sí, sí… comer bocatas, estar allí tranquilos, si quiere tomamos algo en el pueblo y volver a casa, no está mal”.

    La mujer seguía divagando con los ojos cerrados y sintiendo el calor de la mañana. Mientras que en otro lado de la casa, Carmen sacaba el miembro reproductor de su sobrino de la boca con un reguero de saliva más que notorio.

    Pasaron los minutos sin que la mujer morena se diera cuenta, se encontraba tan a gusto que podría incluso dormirse. Un ruido hizo que abriera los ojos y vio cómo su hijo se despedía dentro de la casa con su tía, “qué bien se llevan, me encanta”. Los dos salieron de la casa y Carmen le acompañó hasta el coche, juntándose allí los tres.

    —¿Ya te has duchado? —preguntó Mari a su hermana mientras Sergio rodeaba el coche para meterse dentro.

    —No, ahora voy. Primero he ido a picar algo, tenía un poco de hambre, ya me conoces —Sergio escuchó aquello y cerró la puerta con rapidez.

    —Bueno… —Mari se despidió con dos besos de Carmen— nos vemos luego.

    —Pasarlo bien, os quiero.

    —Y nosotros.

    Madre e hijo montados en el coche, salieron por la puerta con dirección a la primera parada.

    —Espero que nos lo pasemos bien, no es el súper plan…, pero presiento que te va a gustar —dijo su madre ya en carretera algo nerviosa. La felicidad la desbordaba y no entendía muy bien cuál era el motivo, al fin y al cabo era una tarde con su hijo, nada más.

    —No tenemos por qué pasarlo mal.

    —Ya… también tienes razón… ¿Te acuerdas de la vieja torre que está antes de entrar al pueblo?

    —Claro, siempre me ha gustado…

    —¿Te parece ir a verla? —cortó la mujer para sorprenderle.

    —Por supuesto —sonrió mirando a la carretera— empezamos bien, mamá, muy bien.

    Llegaron a su destino después de perderse una única vez, un buen logro al haber ido sin mapa, ni GPS. Aparcaron en un camino de pastoreo y tuvieron que andar un par de minutos hasta que encontraron la torre. Sergio de niño la admiraba al pasar y siempre que venían al pueblo, jugaban a ver quién la veía primero en el horizonte. Había olvidado por completo aquel pequeño juego que hacían todos los años, pero con el plan que había preparado su madre, lo recordó nítidamente. “Curioso cómo actúa el cerebro” pensó justo antes de llegar a ver la torre más cerca que nunca.

    —Está muy vieja —dijo su madre al ver el deterioro.

    —Se nota que no está cuidada —añadió Sergio y sacando su móvil le preguntó a Mari— ¿Foto?

    —¿Conmigo?

    —Podría pedirse a alguna cabra, si es que le apetece a alguna pasar por aquí…

    —Qué tonto eres. —se rio ante el comentario y acercándose a su hijo añadió— Pero, ¿Luego me vas a poner subir a las redes sociales?

    —No subo casi nada nunca, lo que tú prefieras.

    —No, lo decía porque… —sintió como Sergio pasaba su brazo por su espalda y la agarraba con firmeza de la cintura, algo en su mente se desestabilizó y le descolocó. Sentir el roce de los dedos de su hijo aferrando con fuerza su cuerpo era algo que no solía pasar, le sorprendió que le gustase.

    —¿Por qué, mamá?

    —Lo siento, pensaba que había pisado algo…

    Fingió mirar el suelo, por supuesto no había nada más que hierbajos y piedras. La poca costumbre a estar tan cerca le había sorprendido, pero más el tacto. Sentir sobre su blusa, el fuerte apretón de los dedos de su hijo, incluido el meñique el cual por su posición rozaba con su cadera, le hizo sentirse tan cómoda como extrañada.

    Estaban tan pegados, sentía su mano, su brazo recorriendo su espalda, su cuerpo contra el suyo, la situación era la más normal para una madre y su hijo y eso… la puso de lo más feliz.

    —Nada lo decía porque tu hermana siempre me dice, “mejor házmela a mi sola”.

    —Laura es muy suya… es difícil de querer… —sacando el móvil y colocándolo en modo selfie para la foto— Sonríe, mamá.

    —Tienes que llevarte mejor con ella —le añadió Mari para después de hacer la foto quitarle el móvil sin pedir permiso a su hijo—. A ver, déjame ver.

    Estaba sacada desde una posición más elevada que ellos, ambos sonreían como dos personas felices y en el fondo la vieja torre les miraba en silencio. Sin embargo a la mujer algo no le gustó.

    La instantánea en su conjunto era perfecta, pero algo para su mente no cuadraba, algo que quizá otra Mari sí que viera normal. No obstante la “Mari de casa”, la de siempre, no la de las vacaciones, hizo acto de presencia.

    “Esa mano suya… ¿Está demasiado abajo para una madre? Parece que me va a tocar el culo. Mejor que no suba esto a internet…” y de seguido una voz en su interior le preguntó “¿Lo estás diciendo en serio?”.

    —Sergio, ¿te importa hacernos otra? En esta no salgo muy bien. ¿Hacemos una para que la torre se vea mejor?

    —A ver… —Sergio miró la foto y obviamente no veía ningún fallo— Si estás muy guapa, mamá, creo que ha quedado muy bien.

    —Sí, pero… —Mari volvió a mirar el móvil, intentando buscar una excusa, no quería decirle que en esa posición casi parecía que le estaba “metiendo mano”, menudas palabras brotaban en su mente. Esa mano tan malvada para su mente casera, era más un efecto óptico que otra cosa. Por lo que mirando los botones de su blusa donde se mostraba una pequeñísima parte de su escote, encontró lo que buscaba— Es que mira. ¿Ves aquí? Se me ve un poco el canalillo.

    —¡Por favor, mamá! Si no se ve nada, si vieras lo que hay ahora en internet, te asustarías.

    —Ya, pero no sé, no me gusta mostrar nada. Venga, cariño, otra.

    —Vale… a ver… —se puso de cuclillas y le hizo señas a su madre para que se pusiera a su espalda. Ella accedió colocando sus manos en los hombros del joven para no desequilibrarse. Apenas le rozaba, como si fuera a molestarle— mamá, abrázame anda, que parezca que me quieres.

    —De verdad eres tonto ¡eh! —contestó riendo y pasó sus brazos por el cuello de su hijo, anudando sus manos a la altura del pecho.

    La foto salió mejor que la anterior, estaban ambos sonrientes y esta vez no se veía nada que le pareciera “raro”. Solo un hijo con su madre, “El agarre de antes, tenía algo raro…”. No era que no le gustara, es más, había sentido cierto cosquilleo, uno muy similar a aquellos que notaba cuando un chico la sujetaba en la adolescencia. Los jóvenes del pueblo con brazos largos siempre tratando de tocar donde no debían, en aquellos tiempos le hacía gracia y ahora el brazo de su hijo lo veía “¿inapropiado?”.

    —¿Te gusta más esta foto? —Aunque Sergio usaba un tono normal, su madre notaba la mofa— ¿Pasa tu certificado de calidad y censura?

    —Sí, está mejor —dijo Mari añadiendo una mueca de burla a su rostro.

    —Aunque se te ven las manos, no será demasiado sensual… —soltó el joven sin esconder su risa.

    —De verdad, Sergio… —en otro momento quizá no hubiera aguantado la broma, pero en estas vacaciones le devolvió la sonrisa de forma boba.

    —¿Subimos? —comenzó a andar hacia la torre.

    —¿Cómo? ¿A la torre? Ni de broma vamos —a Mari esa edificación no le causaba ningún buen pálpito.

    —Anda, ¿a qué hemos venido entonces? Qué no se diga, mamá.

    —No, no, no, hijo. Si quieres sube tú que te espero, además que es ya algo tarde, deberíamos salir para el río y comer.

    —¿Crees de verdad que es tarde o es una excusa? —ella movió la cabeza haciéndole entender que lo creía en verdad— Vale, lo que quieras. Pero seguro que nos hemos perdido unas vistas magníficas.

    Volvieron a la carretera después de su primera parada y tras media hora en coche, llegaron al río. Apenas había alguna que otra persona, suerte que esa zona no era muy transitada… aparcaron de maravilla y bajaron la comida junto con las toallas.

    Mari fue la que eligió un sitio cómodo entre la hierba, alejado de la gente, donde el sol pegaba con ganas, pero unos árboles obstaculizaban la luz, proporcionándoles una sombra de lo más agradable. La orilla del río les quedaba a varios pasos, la madre de Sergio no podía haber escogido un lugar mejor. Parecía el lugar perfecto, con sol, cercanía al agua y buen césped mullido, ni la compañía fallaba, Sergio no podía poner ni una pega.

    El primero que se quedó únicamente en bañador fue Sergio. Con rapidez se quitó la camiseta, quedándose con el bañador que llevaba a modo de pantalón. Se sintió realmente reconfortado, el calor que hacía era asfixiante.

    Se quedó tumbado en la toalla con los ojos puestos en su madre, sin ningún motivo en especial, simplemente sus ojos pararon en la figura más cercana. Las manos de Mari se movieron hasta los botones de su pantalón corto, se lo bajó con gracia hasta que topó con el tobillo y un ligero movimiento le hizo desprenderse de la prenda.

    De pronto una curiosidad malsana entró dentro del joven, cuando su madre se desató el botón más inferior de la blusa. Pensó en quitar la vista, que aquello no era apropiado, sin embargo una cierta picazón en el cerebro le hizo quedarse quieto. El segundo botón fue el siguiente, y después otro, como si estuviera mirando algo prohibido… Sergio no quitó la vista.

    Ni con toda la fuerza de voluntad podría haber apartado sus ojos. La curiosidad le estaba matando y su madre… parecía que lo estuviera haciendo a cámara lenta. Sus movimientos eran pausados, sus dedos no fallaban en ningún momento, eran tan gráciles y rápidos… Sergio no parpadeaba.

    Su madre miraba al río, ajena que los ojos de su hijo mayor la miraban con descaro. El joven no sabía a qué venía aquello, mientras las manos de su madre subían por los botones, él se sentía más impaciente. La había visto en sujetador, también en bañador, no había nada nuevo, ¿por qué ahora quería… necesitaba verlo?

    Por fin llegó al último. Pareció detenerse el tiempo, con ambas manos se separó la blusa de los hombros cayendo hasta dejar sus bíceps libres. El pecho salió a la luz y el vientre dio la bienvenida al sol. Sergio no quitó la vista, su madre estaba delgada, conocía ese cuerpo, recordó todas las veces que lo había visto, eran muchas.

    No obstante aquella vez era diferente, una brisa azotó el cabello moreno de la mujer haciendo que su rostro quedara limpio, parecía que manaba luz propia. La blusa se deslizó por ambos brazos dejándola sola con el bikini, mostrando una figura delgada, pero de proporciones perfectas, el joven abrió la boca en señal de admiración.

    No podía dejar de mirarla, el bikini le quedaba realmente bien. Era de un color amarillo, no muy llamativo, que se ceñía perfectamente como una segunda piel. El muchacho quiso querer quitar la vista, porque sus ojos no miraban como de costumbre, pero no pudo.

    Lo primero que vio fue el busto de su madre, ese que sabía que tenía en buena cantidad, pero que nunca le había prestado atención. La parte de arriba del bikini dejaba un canalillo que no podría salir en ninguna foto de lo tentador que era. Bajó la mirada tratando de escapar del pecado, pero llegó a otro lugar del todo inapropiado para la forma de ver a su madre.

    En su cintura un pequeño bikini se anudaba, de idéntico color a la parte de arriba. Escondía unos glúteos duros que eran visibles a más de la mitad de su volumen. Los ojos se le estaban secando por la pequeña brisa venida del río y debido a que no los había cerrado en un amplio lapso de tiempo. Parpadeo en una única ocasión perdiéndose tan deliciosa visión y sabiendo que ese trasero sería la envidia de muchas mujeres de su edad.

    El joven pudo combatir su curiosidad dándose la vuelta en la toalla para dejar de mirar… admirar a su madre. Movió la cabeza para sacudirse una sensación que le nacía muy dentro y pensó “la entrada de Carmen en el baño me ha dejado secuelas”.

    Queriendo normalizar una situación que se le había descontrolado a él solo, volvió a darse la vuelta para hablar a su madre que justo se acomodaba el bikini de la parte inferior.

    —Mamá, —atendió aunque seguía colocándose el bañador. Sergio no podía evitar decírselo, la frase le picaba en la lengua y tenía que salir— si no te gustaba la foto de antes, ahora no nos sacamos ninguna ¿verdad?

    Se sentó en la toalla, acomodándose para después buscar la crema de sol en su mochila. Todavía en silencio, cogió el bote de crema solar y comenzó a esparcirse el cremoso líquido por las manos.

    —¿Por qué lo dices? —no recordaba la excusa que le dio con total claridad.

    —Antes, se te veía un poco el canalillo y ahora, se te ve bastante más.

    —Sergio… aquí no hay nadie, no estoy muy acostumbrada a mostrarme así… este bikini me lo compró tu tía. No pensaba que me quedaría tan… al aire.

    —Por favor… —Sergio sacó una sonrisa sarcástica— ni que fueras con medio pezón fuera. A mi modo de ver, es un bikini muy normal.

    —Bueno… son mis cosas y ya. No me juzgues que eres mi hijo —dijo ella con voz de madre para después colocarse boca abajo.

    —Vale, vale… —dio por terminada la conversación, cerrando un poco los ojos para disfrutar del calor que le proporcionaba el sol.

    Después de un cuarto de hora en silencio, Sergio decidió que era un gran momento para hablar de algo que le había rondado desde que habló con su tía. Una pregunta muy obvia apareció, ¿hace cuánto no tenían una charla sobre algo serio? No se acordaba, si es que alguna vez la habían tenido. Giró únicamente su cabeza permaneciendo tumbado mientras los rayos del sol que atravesaban las hojas de los árboles les proporcionaban una gran calidez.

    Los ojos de su madre estaban abiertos, dos preciosos círculos azules que le estaban mirando cuando él se giró. Quizá lo sabía, quizá había leído esa sensación de querer expresar algo en su cuerpo. Por un segundo admiró los bellos ojos que su madre había dado en herencia a Laura y le dijo.

    —Mamá, ¿te puedo preguntar algo? —asintió— respóndeme con sinceridad, si es que quieres contestar. ¿Tienes ganas de volver? —antes de que la mujer contestara, tomó de nuevo la palabra. De una forma sosegada y casi en susurros, volvió a hablar, parecía que compartieran un secreto— no lo digo por ver a papá y a Laura. Digo VOLVER, otra vez allí, lo mismo de siempre.

    Mari se humedeció los labios al tiempo que pensaba si era un tema que pudiera tratar con su hijo. Recordando las palabras de su hermana, de cómo le había ayudado le observó por un segundo, se sentía tan bien a su lado. Su pequeño había crecido tanto… era un momento idóneo, se sentía de maravilla, en mucho tiempo no se había sentido de esa forma. El calor golpeaba su cuerpo que era sosegado con la leve brisa que brotaba del río, si cerraba los ojos podía notar como el viento la mecía como en una nube. “Podría dar una oportunidad a hablar con mi hijo”.

    —Antes de contestarte a eso. Me ha contado Carmen… —su tono era bajo, igual que el de su hijo, apenas hablaban más alto que el ulular del viento. Sin quitar los ojos de este, sin importar quien más hubiera, en ese instante solo eran ellos dos— que has hablado con ella del tema de… Pedro. —asintió sin querer decir una palabra, ambos estaban demasiado cómodos— Me gustaría saber tu opinión.

    —¿De ellos dos? Mi opinión es la de un chico de 21 años. No tengo vuestra experiencia… aun así —no sabía bien cómo encarar la pregunta, o sea que “se tiró” a la piscina— yo de ser la tía, no sé cómo actuaria. Mi punto de vista es que debe hacer lo que quiera, tiene que ser feliz, vida solo hay una… tiene que ver que es lo más beneficioso para ella, si seguir así, sabiendo que la engañan o cambiar. En mi caso, con esta edad claro esta… le devolvía la moneda…

    —Hijo, que es tu tío… —replicó su madre casi sin voz.

    —Lo sé, mamá, deja que me explique. La tía es una mujer de los pies a la cabeza, es guapa, lista, graciosa… se conserva de maravilla. —bien lo sabía, aunque no iban por ahí los tiros— Si en su vida marital aguanta al tío y sus deslices bien, pero… aquí está el dilema. Todavía tiene edad para disfrutar de esa parte de la vida, si se le presenta la oportunidad, y quiere… ¿Por qué no aprovecharla si eso la hace feliz?

    —En la vida no solo está el… sexo, con los años lo entenderás mejor. —la palabra sexo salió con dificultad de su boca, no recordaba haberla usado antes delante de su hijo.

    —Lo entiendo. Pero ponte en su lugar, papá te engaña y lo sabes, porque el tío por desgracia, la engaña seguro. Sabiendo que tu vida conyugal es un desastre desde hace años, de pronto, aparece una oportunidad de hacer algo… ya entiendes, ¿Qué harías? Se sincera. No te digo que empieces una nueva vida, solo que te puedes divertir sin que nadie lo sepa.

    Las palabras de Sergio la estaban haciendo pensar. Tomó la pregunta literalmente, ¿qué haría ella? Dio un repaso rápido a los últimos años de matrimonio. No hizo falta pensar mucho para comprobar lo que ya sabía, su vida sexual no era para nada boyante y cada vez era peor, en eso se asemejaba a su hermana.

    Entrados en los 40 el bajón había sido significativo, siempre le había buscado a Dani para el sexo, pero desde que cruzaron esa edad, había sido un punto y aparte. Había pasado de tener cerca de uno al mes o cada dos meses, a ser 2 o 3 al año. “¡Joder! Yo todavía me veo guapa y… fogosa” pensó con rapidez con cierta rabia, aunque de la misma se calmó sabiendo que ese no era su caso, su marido no la engañaba…

    —No creo que pudiera —se quitó los pelos morenos del rostro sin dejar de mirar a su hijo con sus ojos azules. Siguió— si papá me engañara no sé… no me entra en la cabeza… no creo que ni se me ocurriría pensarlo. O sea no lo digo con dudas, no quiero que lo interpretes así, tu padre y yo no estamos mal.

    —Mamá —le dijo cortante Sergio—, sé que no estáis mal, sin embargo, no hace falta tener más ojos que estos dos, para ver que vuestra relación ha pasado por mejores momentos.

    Mari sintió una punzada en el pecho, una quemazón que solo podía provocar una cosa, la cruda realidad. Siguió mirando a Sergio, quizá por escuchar una rectificación… alguna palabra que le hiciera saber que era broma, pero no, aquello era verdad.

    ¿Por qué trataba de negárselo? La comodidad era absoluta, de su interior las palabras querían brotar, aunque le costaba demasiado. Pero ¿Qué pasaba con su hijo? Cuál era el motivo de que aquella mirada le atrajera tanto, le diera tanta seguridad, tanta tranquilidad. ¿Aquel tono de voz? La voz le parecía de lo más atrayente, un sedante en un mar de dudas, sintió las palabras de su hermana más cerca que nunca, era como hablar con un amigo. Seguía tumbada en una toalla, pero le parecía la cama más confortable y Sergio… no era un niño, su hijo se había convertido en un adulto hecho y derecho que trataba de ayudarla.

    —Me gustaría ayudarte a estar más feliz… por eso te he hecho la pregunta sobre si querías volver.

    Mari suspiró de manera profunda y se decidió que no estaría mal hablar con alguien tan cercano de sus problemas. Su hermana siempre estaba muy lejos, tener de confidente a su hijo no podía ser mala idea.

    —¿Te parece bien si primero comemos y luego hablamos? —Sergio la sonrió, un gesto cálido, lleno de comprensión y ternura. Para acto seguido, mover sus labios en silencio y sin emitir sonido decirla “vale”.

    Así lo hicieron. Los bocatas los engulleron en silencio, sin apenas mirarse, solo de vez en cuando sus miradas se cruzaban mientras saciaban su hambre con el lomo con queso que Mari había preparado. Cuando terminaron, se volvieron a tumbar y Sergio comentó que le habían salido riquísimos, en cambio su madre no reparó en eso.

    Estaba pensando en lo que iba a pasar, comenzar una conversación sobre un tema que le era importante, tan serio que no se imaginaba que lo fuera a tratar con su hijo. Sin embargo, Sergio ya no era un niño, se había convertido en un hombre, un adulto. Le miró un instante pensando cómo no había notado ese crecimiento mental si le veía a diario, por un momento, sintió que tendría otro adulto en casa, que su niño se había ido.

    —Cariño, ¿tu cómo me ves? Eres uno de los tres que me ve día a día.

    —¿Sinceramente? Mal… —Sergio hablaba tumbado desde la toalla— Todos los días estás apática, falta de vida, algunas veces sonríes, pero es forzado, lo sé. Solo estos días he visto que tu rostro mostraba verdadera felicidad… creo que eres…

    —¿Infeliz?

    —Sí. —el joven sintió una punzada en el vientre, decirle eso a su madre le había dolido— Te expongo lo que veo yo día a día. Te levantas con una cara… se te ve cansada, pero no físicamente, sino mentalmente. Aunque parezca algo más externo, pero el que no te preocupes de tu aspecto, me hace ver que si no te quieres por dentro tampoco por fuera. —su madre le miraba intrigado, estaba dando en el clavo— Te duchas y con eso basta, apenas cuidas más tu apariencia. En casa tienes todo el día una coleta mal hecha, vistes ropas casi rotas, pareces… una mujer… mayor. Algunos días te pones camisetas mías o de papá para estar en casa, incluso para salir a la calle. No digo que necesites cierta ropa para estar bella, por ejemplo cuando lo hace Laura no llama la atención porque lo hace por comodidad. Pero en tu caso es diferente, es como si quieras verte mal a propósito…

    —No tengo tiempo…

    —Sé que no tienes ni un minuto. Pero mira, somos tres en casa, podemos ayudar… —pensó mejor— debemos colaborar, es nuestro cometido. Mírate estos días, por favor, —Sergio la miró de arriba y abajo. De no ser porque era su hijo, Mari lo tomaría como un descarado— has ido a un salón de belleza, tienes ropa más moderna y tu rostro brilla, incluso parece que tus ojos son más azules. Ahora, en casa de tu hermana, podrías ponerte una camiseta mía o revolcarte en lodo, que seguirías estando guapísima, pero todo eso viene porque estas bien por dentro. En cambio, si tuvieras el rostro y la desgana que tienes siempre en casa, seguirías… mal… espero que me entiendas…

    —Sergio… —intentó detener las palabras de su hijo. La garganta se le había agarrotado y apretaba los labios para contener los sentimientos, incluso la rabia…, pero no hacia el joven, sino hacia ella misma.

    Su hijo estaba acertando de lleno. Lo que le sucedía era una tristeza continua, una rutina diabólica que le había llevado a catalogar su vida como un infierno. Levantarse, hacer la casa, comprar, preparar la comida, limpiar… una vida monótona que no estaba hecha para ella. Se sentía vacía, asqueada, nada la hacía feliz, quizá también fuera su culpa, pero el bucle en el que había entrado la horrorizaba.

    —Aquí es diferente, creo que es efecto de la tía. Te alegra la vida y… te pareces más a ella, menos cortada, más suelta, como si te importara bien poco lo que dijeran los demás. Te ves otra, mamá, las dos… cuando estáis juntas, os convertís en dos mujeres que bueno… perfectas. Unas personas que una adolescente como Laura debería tener como referencia. Resplandecéis tanto en lo anímico, como en lo físico… bueno, creo que me he explicado.

    —Sí, cariño, te explicas bien.

    La brisa venida del río sonó entre los árboles meciendo las hojas. Alguna no soportó el baile que el viento les proporcionaba y se deslizó en un gracioso movimiento hasta sus toallas. Mari seguía mirando sin parar a su primogénito, pero ninguno de los dos hablaba, su cuerpo le decía que ella era la que tenía que dar el paso y retomar la conversación. Sin embargo Sergio se adelantó.

    —Mamá, ¿te sientes bien con ese bikini? —a Mari volvió a parecerle “rara” la pregunta. Si hubiera sigo cualquier otra persona, le hubiera vuelto a sonar descarado, pero era de su pequeño… aunque no tan pequeño.

    —Sí, ¿Por qué?

    —Porque te he visto con bañadores otras veces, cierto es que no tan “pequeño” digámoslo así. El caso es que lo llevas de otra forma, no con orgullo, pero creo que sabes que te ves muy bien y… no te escondes. No quiero que te enfades o te suene mal, pero creo que aquí te luces, te sientes más sexy, más cómoda, con más seguridad en ti misma…

    —¿Me ves así? Como… a ver… ¿Wonder Woman? ¿Una mujer poderosa? —intentó calmar un poco la seriedad del tema con una broma, pero Sergio estaba lanzado.

    —Mamá, aquí eres eso y más… —la vergüenza le invadía porque jamás le dijo tanta realidad a nadie— te lo vuelvo a decir, un referente para nosotros, sobre todo para tu hija. Me encanta la Mari que veo junto a Carmen. Sin ir más lejos, el primer día —una pequeña sonrisa apareció en el rostro del joven— después del salón de belleza, de ponerte aquellas ropas, antes de salir ¿sabes que vi? —ella le miró con mucha curiosidad. Sus palabras le provocaban una atención extrema— Vi en tu cara que sabías que ibas preciosa, que te sentías así… eso en casa jamás lo he visto.

    —Gracias, cariño. —meditó las palabras de su hijo y le dio una contestación— Creo… que no has fallado en nada, nada de nada… impresionante. —se tumbó en la toalla mirando hacia las hojas que la cálida brisa seguía moviendo— Me he dejado mucho. Sé que no tengo tiempo, sin embargo, el tema de tener que prepararme también me da pereza. —resopló solo de pensarlo— Creo que el ir dejándome, el convertirme nada más que en una ama de casa… me ha llevado a una rutina que me mata. —sus ojos miraron al pasado, a una época de risas con su hermana y sonrió por primera vez en toda la conversación— De joven, un pelín más joven que tú, como Laura más o menos. Era muy alocada y también muy guapa ¡eh!… tan diferente a lo que ves ahora.

    —He visto fotos tuyas de joven… y en la boda… mamá, parecías una princesa.

    —Tus ojos de hijo… que no me ven de manera objetiva.

    Más de una vez, Sergio lo había pensado mientras echaba un ojo a aquellas instantáneas, “realmente era guapa, muy guapa”. En algunas fotos de la juventud, en las que estaba con Carmen, se las veía de verdad como siempre fueron y debían seguir siendo, preciosas. En muchas instantáneas, hacían el tonto o reían a mandíbula abierta, con una felicidad inacabable. Sabía que no eran sus ojos los que le mentían, la prueba estaba con su tía, ella le parecía igual de guapa que su madre y no había duda de ello. Por lo menos no la tarde anterior.

    Algo se prendió en su cabeza, algo que quizá su cerebro le estaba bloqueando o quería salvar esa última barrera que por temas de moralidad estaba cerrada a cal y canto. Pero en menos de una fracción de segundo, todas las preguntas posibles se resumieron en un conjunto de ideas que llevó a una única duda “¿Mari es guapa?”.

    La pregunta no era la que se hace un hijo, una madre siempre es la más bella del mundo, sin embargo no era ese tipo de cuestión. Era más objetiva, hecha desde unos ojos que no veían a su madre, sino a una mujer adulta en bikini a menos de un escaso metro ¿podría contestar a tal pregunta? Sí.

    No obstante algo se lo impidió, un límite que le dejaba su mente parada sin poder reaccionar. Había podido responder a una pregunta similar con su tía, pero este caso era diferente y no pudo hallar la respuesta. Aunque mejor dicho, su propio subconsciente no se lo permitió.

    Aun así, mientras su madre le seguía mirando, con una mirada tierna llena de un amor verdadero, se atrevió a contestarla. Porque lo que le iba a decir era cierto, no la iba a mentir. Sus ojos de hijo la veían guapa, pero en ese momento, ¿de qué forma la miraba? La opinión de que su madre era guapa… salía de su parte de hombre, no de la de hijo.

    —Aparte de tu hijo, también soy un hombre, mamá. Puede ser objetivo.

    La mirada de uno quedó fija en los ojos del otro, un sentimiento de lo más incómodo, pero atrayente que ninguno se atrevía a romper.

    Escuchar aquellas palabras, a Mari le hizo que el corazón se le parara. No era algo que un hijo le decía a su madre, no la frase en sí, sino el tono, la fuerza, la seguridad… era raro. Además, ¿Dónde la había escuchado? Rebuscó en su memoria. No tardó en acordarse de la conversación con su hermana mientras hacía de vientre, ¿no le había dicho algo similar? ¿Por qué ahora volvía a escuchar esas palabras?

    El sol seguía calentándoles el cuerpo entre las sombras de los árboles, nadie se divisaba alrededor, estaban prácticamente solos, solos en una zona casi paradisiaca. Aquel remanso de paz al lado del río y cubierto de mullida hierba era como en un limbo donde nada importaba, nada más que esos ojos que se miraban el uno al otro.

    Mari comenzó a sentir una incomodidad demasiado marcada en su cuerpo, no podía aguantar la mirada de su hijo, no parecía la mirada de un chico, se asemejaba… a algo que no lograba adivinar. Aunque cuando cerró los ojos apartando la vista, lo supo bien. Era la misma mirada que su marido tantas veces le había dedicado y que hacía años que no sentía, la mirada de un hombre que mira de verdad a una mujer.

    Mari se levantó para evitar que Sergio se diera cuenta de que su cuerpo se había puesto a temblar. Los ojos de su hijo la habían hecho que un escalofrío recorriera su espalda teniendo que pensar en otras cosas. La sensación había sido tan extraña, que erguida mirando al agua solo quiso zambullirse y gritar. Lo había sentido, había notado la mirada en un hombre en su cuerpo, quizá no intencionada, pero aquellos no eran los ojos de su niño, estaba segura. No tenía dudas, Sergio era un hombre.

    —¿Vamos al agua? —preguntó sin mirarle. Sonó a una orden, su hijo no contestó, solo se levantó.

    La tensión era palpable e incómoda, Sergio podía ver como su madre estaba tensa y él, cada vez se sentía más extraño. Sin motivo aparente, recordó de forma involuntaria el momento en el que la desvistió en su habitación cuando llegó de fiesta. La vio con un sujetador nuevo magnífico, petición obviamente de su tía y unas braguitas a juego que también llevaban la misma firma. La recordaba despampanante, una mujer que no se parecía en nada a la Mari de casa, era más como Carmen… su tía Carmen…

    Pero ¿qué había hecho su tía al salir de aquella habitación? le había visto la erección que portaba. Le preguntó si era por Mari o por otra, sabía muy bien por quien era. En aquel instante, saliendo del cuarto, podía responder con claridad que había surgido gracias a Carmen. Pero ahora… en el momento que caminaba junto a su madre hacia el agua, se volvió a preguntar con muchas dudas “¿Por quién era?”.

    Se adentró en el agua con velocidad, estaba templada, pero le vino de maravilla para paliar el calor que amanecía como el sol en su interior. Su madre apenas le miraba y bajaba con calma por el camino empedrado, primero sus pies, después sus piernas, con lentitud fue metiendo el resto del cuerpo mientras su hijo la mirada de soslayo. Sergio estaba atenazado, no sabía que decir ni hacer, pensaba que podría estropear el día con un único movimiento… debía recobrar la normalidad de madre e hijo. Para no sentirse tan “raro”, por su mente aún adolescente y por supuesto, más que brillante… solo se le ocurrió una idea.

    Se acercó a su madre que le miraba con dudas, sus ojos azules intentaban entrar en sus pensamientos, pero no podía, “¿Qué quiere?”. Los brazos de su hijo la rodearon con fuerza, los notaba en forma, como el resto de su cuerpo, pasarían muchos años hasta que saliera la típica “barriga cervecera”. Posó sus manos en sus hombros por inercia, como si estuviera levantándola en un baile acrobático, de nuevo sus ojos contactaron, ninguno sonreía, era una mirada que intentaba ver más allá.

    La mujer estaba descolocada, no podía entender que iba a hacer su hijo. Estaba tan cerca que ambas pieles calientes por el sol y húmedas por el agua del río, hicieron contacto. Mari y Sergio estaban pegados. Los brazos le apretaron con más fuerza y su bikini rozó el pecho del joven, una pregunta explotó en su cabeza de nuevo “¿QUÉ QUIERE?”.

    Mari por fin se dio cuenta de lo que su hijo tramaba cuando su cuerpo se alzó para después sumergirse bruscamente en el agua. El río estaba templado y la sacó del trance en el que llevaba introducida un largo rato. Salió rápido aspirando una bocanada de aire y echándose en un movimiento veloz todo su pelo moreno hacia atrás. Salpicó gotas de agua con los mechones de su cabellera y abrió sus preciosos ojos azules tanto como pudo para poder ver con claridad. El color de sus ojos se podía confundir con el agua.

    —¡SERGIO! —clamó con un grito al cielo.

    El joven no dijo nada, se quedó mirando a su madre, que tenía una mano en sus pechos sujetando la parte de arriba del bikini para comprobar que el golpe no lo hubiera movido. Todo en orden. Sergio vio como sus manos apretaban los senos contra su propio cuerpo, haciendo que el volumen de estos agrandara sin quererlo, se reprimió así mismo y alzó sus ojos al rostro mojado de su madre. No debía mirar más abajo.

    La cara de la madre al ver a su hijo quieto dentro del agua y con el rostro de forma “boba”, le hizo sentir tal ternura que una sonrisa comenzó a salir de su boca. No pudo aguantarlo, aquella sonrisa desembocó en una carcajada a mandíbula abierta que no se detenía. Los dos comenzaron a reír como locos sin saber muy bien por qué.

    Mari se acercó a su hijo todavía sonriendo, pero de manera más maliciosa, posó las manos en la cabeza de Sergio y devolviéndole la jugada, le introdujo con fuerza dentro del agua. Pasaron así varios minutos jugando como niños, como lo hacían cuando Sergio todavía no había cumplido los diez años.

    La madre no recordaba pasárselo tan bien con tan poca cosa. Perdió la noción del tiempo mientras pasaban los minutos jugando, solo supo que salieron con los dedos arrugados y con un dolor agudo en el vientre de tanto reírse.

    —¿Te parece que comencemos a recoger después de secarnos? —propuso Mari habiendo apartado a un lado el sentimiento tan incómodo de su cuerpo.

    —Bien, he acabado algo cansado con esa pelea…

    —¿Además de perder, te cansas?

    —¡Oye! Yo no lo veo así —trató de hacerse el ofendido sin conseguirlo.

    CONTINUARÁ

    ———————-

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Novia sádica, novio cornudo: El inicio (Prólogo)

    Novia sádica, novio cornudo: El inicio (Prólogo)

    Mariana y Luis llevaban 5 años de relación. Luis no era feo, pero tampoco para exagerar. Él era un poco más alto que el promedio (180 cm) y solo un poco más fornido que el promedio, blanco, ojos cafés y apenas un poco más guapo que el promedio. En fin, solo un poco mejor que el promedio, en un grupo de más de 10 hombres no sobresalía, pero tampoco ofendía a la vista.

    Sin embargo, Mariana, ella si era para exagerar. Blanca como la leche, con su piel sedosa y suave, impecable, sin una sola marca que arruinara ese perfecto lienzo sexual, sus tetas eran un buen par (32C) que lucían bien con cualquier escote, no la llamarías “tetona” pero sin duda alguna rebotaban que daba gusto. Su cintura era perfecta y bien definida, ella hacia algo de ejercicio, algunas veces por semana algunas horas cada vez, ella tenía buena genética, con ese poco ejercicio su cintura se mantenía firme y pequeña, pero lo mejor de todo, su culo.

    Escribiré un párrafo aparte, porque lo merece. Su culo era simplemente magnífico. Enorme, redondo, firme y hermoso. Un culo que daba gusto verlo. Que volteaba las miradas y que sorprendía a todos los extraños en la calle que la veían pasar. Sus enormes y bien definidas nalgotas levantaban cualquier pants deportivo flojo, cualquier falda de tablones y no tengo que decirte de cuando ella vestía algo ajustado, su culo era simplemente perfecto, un tamaño grande, una redondez y firmeza notables.

    Encima de todo, ella era linda, tal vez no la mujer más preciosa comparable a un ángel de victoria secret, pero sin duda era hermosa ¿cómo carajos terminó Luis siendo su novio entonces? Bueno, una combinación de suerte, buen timing y amor. Ellos habían comenzado a ser pareja cuando ella era una adolescente algo insegura de sí misma y su asombroso culo apenas comenzaba a crecer, así que Luis aseguró su amor cuando ella aún no sabía que hubiera podido aspirar a más. Y ahora que estaban por cumplir 22 ya no importaba, ella lo amaba locamente y no le importaban los comentarios a veces algo sutiles y a veces por completo directos de amigas, familiares y conocidos sobre la obvia diferencia de ligas entre ellos dos.

    Su relación había sido buena, solo habían tenido una ruptura hace más de 2 años que duró apenas 5 meses y aunque ella tuvo otra pareja durante 2 de esos 5 meses, no soportó la tortura de estar sin el amor de su vida y simplemente regreso a los brazos de él.

    Todo estaba perfecto, excepto el sexo, no me mal intérpretes, el sexo estaba bien, pero solo bien. No era tan apasionado como antes, aunque ella era una delicia de ver en cuatro patas con su impresionante trasero, bueno, hasta el rey se harta de cenar faisán, ¿verdad?

    El sexo no era todo lo que increíble que podía ser, pero hey, eso era solo un aspecto y no parecía molestarle a ninguno de los dos.

    Sin embargo, no vengo a hablarte de su aburrida vida cotidiana, vengo a hablarte de cuando todo cambió para ellos. El olvidó su celular en casa de ella. Ambos vivían cada uno en su propia casa cerca de la universidad donde ambos estudiaban, tenían trabajos de medio tiempo que les permitían tener una vida modesta. Así que ella simplemente dejó el celular donde no lo olvidará al salir cuando fuera para allá. Él no fue ese día, ella lo llamó a su teléfono fijo, él estaba algo enfermo y le dijo que recogería su celular al siguiente día. Ella comentó esto con un amigo suyo, él era algo así como un informático por hobbie. Él le dijo pícaramente que podría desbloquear el celular usando cierto archivo que podía pasar desde su laptop conectándolo por USB. Ella se rehusó, ellos no invadían su privacidad así y ella confiaba ciegamente en él, nunca habían tenido ningún problema de infidelidad, el honestamente no parecía interesado en probar otros coños.

    Al siguiente día él la llamó, la gripa era peor de lo que parecía, no iría de nuevo y para no contagiarla no iría tampoco a su casa. Ella estaba un poco molesta, quería verlo y necesitaba algo de sexo, por la noche le dijo a su amigo que le diera ese archivo.

    Ella siguió las instrucciones y el celular efectivamente se desbloqueó. Ella vagó por los archivos, algunos vídeos sucios de ellos dos, ella comenzaba a tocarse como consuelo de no tenerlo a él. Pero luego, encontró estos otros videos… No eran de su hombre con otra chica, eran videos descargados de internet.

    Ella los veía curiosamente, le parecía algo incorrecto ver algo tan privado como la pornografía de su hombre, pero siguió viendo. Los videos le gustaban y siguió tocándose. Se dio cuenta de que había un patrón en esos videos, siempre era una chica normalmente follada por algún impresionante hombre y alguien más grabando, pero no parecía profesional. Todos los videos parecían amateurs, mal hechos, algo mal grabados, con poca calidad. Se quedó impresionada cuando en uno de los videos el hombre que follaba a la chica se burlaba del hombre que grababa, “tu esposa es una puta” le recorrió un escalofrío, se emocionó, rápidamente vio más y más. Todos los videos eran de cornudos.

    Ella estaba confundida, ¿esto era algo? ¿Existía está clase de fetiche? Ella nunca fue aficionada al porno y definitivamente no sabía que algo así existiera. Rápidamente abrió su laptop para buscar más información desesperadamente, 15 minutos después estaba leyendo foros, historias, testimonios y viendo muchos videos con esta temática. Se masturbó dos veces viendo y leyendo aquellas cosas.

    Después de la diversión ella estaba acostada y confundida. ¿Su novio realmente era de esos? Una cosa era ver y otra querer, ¿verdad? Ella revisó su historial, ahora sabía lo que buscaba, prácticamente el 90% de la pornografía que él veía en sitios web era sobre esto y también temas en algunos foros, aunque por desgracia no parecía que él hubiera comentado ni dicho nada para echar más luz sobre el asunto, tal vez a él solo le gustaba por pura casualidad esa pornografía y no necesariamente fantaseaba con eso, él siempre había sido bastante tranquilo en lo sexual, no creyó que el pudiera tener un fetiche tan oscuro. Ella no sabía que pensar.

    Al tercer día ella le regresó el celular en la universidad. Él estaba mejor, ella no mencionó nada obviamente, desayunaron y se fueron a sus respectivas clases por separado. Durante las clases la acosaban las imágenes de aquellos videos, negros con vergas impresionantes follándose rubias cuarentonas y el marido grabando y masturbándose. Todo era tan morboso, tan incorrecto, tan inmoral, tan malo, tan reprobable… Tan cachondo. Se sorprendió así misma húmeda en clase de álgebra pensando tan profundamente en esto que tuvo que ir al baño a relajar la tensión en su coño con sus dedos. Ella tenía que saberlo.

    Invitó a su novio a su departamento al salir, el casi parecía que iba negarse, tarea y esas mierdas, pero ella no lo dejó escapar. Fueron y estaban cenando comida china en el apartamento de ella, de un lugar barato de ahí cercas, ella había leído algunas cosas y si acaso el sabio internet tenía razón, ella sabía exactamente dónde presionar botones…

    Mariana: ¿sabes? Creo que nunca te he contado casi nada de Armando ¿verdad? – decía ella simplemente, mirando su pollo agridulce y llevándose un pedazo a la boca, Armando había sido ese novio de 2 meses que ella había tenido cuando ellos rompieron aquella vez hace 2 años

    Luis: no, casi nada, solo que duraron solo 2 meses y esas cosas – decía Luis desinteresadamente

    Mariana: jajaja bueno tampoco hay mucho que contar – decía ella fingiendo desinterés, media el terreno

    Luis: ¿por qué lo recordaste? – decía el intentando averiguar qué pasaba por la cabeza de su linda chica

    Mariana: nah por nada – decía ella, sabiendo que él no dejaría el tema, él era un poco obsesivo

    Luis: ¡jajaja vamos! No puedes dejarme así, ¿qué sucede? Sabes que puedes confiar en mí – decía amablemente y, de hecho, honestamente, no tenía idea de lo que venía

    Mariana: jajaja ok – ella lo veía con los ojos entre cerrados, estaba nerviosa, pero intentaba lucir guay, no quería levantar sospechas, todo tenía que parecer improvisado, tomaba aire y continuaba – soñé con el – decía riendo un poco

    Luis: ah ¿sí? – la voz de Luis de inmediato se quebraba, parecía nervioso ¿eso era buena señal?

    Mariana: si, no fue la gran cosa, equis en serio – decía ella, amagando de nuevo con dejar el tema, sabía que el seguiría insistiendo

    Luis: Mariana… – decía el viéndola a los ojos con tono molesto gracioso, no molesto real

    Mariana: jajaja ok ok o sea fue como soñar un recuerdo ¿me entiendes? – decía ella sonriéndole

    Luis: si, o sea algo que, si pasó, soñarlo – decía el amablemente

    Mariana: exactamente – decía ella simplemente, él no podía creer que ella volviera a dejar el tema

    Luis: ¡maldición solo dime! Jajaja – reía histérico y nervioso

    Mariana: jaja… Soñé con esa vez que se la chupé en su carro… – decía ella sonriendo tímidamente, nerviosa como el diablo, no fue necesario fingir sus nervios.

    Luis: o sea… ¿Se la chupaste? Nunca me habías dicho eso… – dijo Luis nervioso, ella pudo notar su boca seca, ellos se conocían a la perfección, ella sabía que él estaba nervioso, pero no pareciera que estuviera molesto, ella decidió que aún podía seguir por el campo minado.

    Mariana: es que… No sé no lo creí necesario, solo fue esa vez y ya, lo juro y fue equis – decía ella riendo y dando un sorbo a su soda.

    Luis: jajaja ¡deja de hacer eso! ¡Cuéntame de una maldita vez! – decía, se hacia adelante en su silla y sonreía, parecía emocionado, pero tal vez solo emocionado, era muy pronto para saber si solo era su maldita y recalcitrante curiosidad de siempre… O algo más.

    Mariana: jajaja ok ok ya Luisito, te contaré – Luis se recargaba y retomaba su lugar en la silla firmemente, con una sonrisa complacido por haberlo logrado.

    Luis: bien – decía sonriendo tontamente y dejando sus cubiertos sobre la mesa, decidido a solo escuchar.

    Mariana: bueno ammmm – decía e intentaba fingir recordar mirando al infinito, aunque sabía perfectamente lo que diría – estábamos en su auto – ella veía de reojo a su hombre, él la veía con una sonrisa juguetona, le recorrió un escalofrío de la espina dorsal hasta su lindo coño – estábamos algo ebrios, veníamos de tomar taaanto jajaja –ambos reían, el interrumpía curiosamente

    Luis: ¿de dónde venían? ¿Qué día era? ¿Cuánto llevaban? – preguntaba a súper velocidad y curiosamente, los ojos casi le brillaban, ella no podía creerlo, tal vez estaba incluso más emocionada que él.

    Mariana: veníamos del sky blue, me había tomado como que mil cervezas, estaba ebria y toda cachonda – apenas ella dijo esa última palabra él se ponía un poco serio, su sonrisa se desdibujaba, pero no parecía molesto, la cosa se ponía sería, ella tomaba valor por la actitud de su hombre y por su coño húmedo – nos besuqueábamos en su carro, empezó a tocarme las tetas y ya sabes que cachonda me pone eso – decía sonriéndole pícaramente y dándole oportunidad a hacer comentarios.

    Luis: y tú te pusiste más cachonda… – decía retomando su sonrisa.

    Mariana: me saco las tetas y comenzó a lamerme los pezones y obvio le empecé a buscar la verga – decía y era evidente que ambos estaban entrando en el mood cachondo.

    Luis: ¿dónde estaban? ¿Afuera del bar? – preguntaba despacio, quería respuestas claras está vez no se desesperaba, parecía disfrutar.

    Mariana: si jaja estábamos afuerita del bar, era tarde, como las 3 am, así que no había nadie en la calle, pero igual era emocionante – decía y estiraba su mano tímidamente por la pierna de su hombre, él se retorcía un poco y no la rechazaba.

    Luis: ¿luego? – decía con la voz casi quebrada, ambos estaban serios.

    Mariana: le saqué la verga, la tenía dura… como esta – decía mientras alcanzaba la verga de Luis y la acariciaba, él se retorcía y tragaba saliva, él estaba erecto – me encantaba su verga – se atrevió… Y dio en el blanco, sintió como la verga de su hombre dio un salto dentro de sus pantalones – la tiene muy larga y gruesa – le decía lentamente viéndolo a los ojos y lo besaba dulcemente en los labios, Luis respiraba con rapidez, Mariana alargaba la otra mano para abrir el cierre del pantalón de Luis y sacaba lentamente su erecta verga, la acariciaba delicadamente.

    Luis: ¿luego…? – decía nervioso, Mariana lo besaba dulcemente.

    Mariana: bajé, me hundí entre sus piernas y le lamí las bolas profundamente – decía y le apretaba la verga, él se retorcía y le tomaba ambas tetas con ambas manos, un escalofrío le recorría a Mariana y gemía un poco sin quererlo.

    Luis: ¿te gustó? Chupársela… – preguntó débilmente, parecía que temía a la respuesta, pero parecía quererla.

    Mariana: me encantó lamer su enorme vergota – a Luis le dio un escalofrío, ella nunca usaba la palabra “vergota» la tomó de la nuca y la bajó de una manera casi grosera a chuparle la verga, ella lo hizo sin resistencia.

    Comenzó a chuparle la verga profundamente sin preámbulos ni jugueteos, Luis gemía sintiendo la cálida y húmeda boca de su novia, ella iba desde la punta hasta la base, él se ponía de pie desesperadamente, tomaba la cabeza de su novia y metía su verga por completo en ella, Mariana daba arcadas y la saliva caía por todos lados.

    Luis: ¡¿te encantó chuparle su enorme vergota?! – decía histérico, remarcando la palabra “vergota” por como ella lo había dicho, ella se soltaba del firme agarre de el.

    Mariana: ojalá se la hubiera chupado más veces – dijo histérica respirando con dificultad, Luis la tomó y regresó violentamente su erecto falo a su boca, follaba con violencia su cara mientras gemía sinceramente, ella escapaba de nuevo de sus manos, él lo permitía, sabía que ella diría algo más y él quería escucharlo – se la chupé tan fuerte que lo hice eyacular en mi boca y me tragué su asquerosa corrida – Luis la vio fijamente, ella casi se arrepintió ¿ella se había excedido?

    Él la puso de pie violentamente, le dio la vuelta y la empinó groseramente contra la mesa, cayeron algunos cubiertos sonando escandalosamente en el piso, le bajó los jeans tan desesperadamente que crujieron.

    Mariana: ojalá me la hubiera metido, estoy idiota por no haberle dado el culo – Luis le bajaba violentamente su tanga y se ponía de rodillas a darle sexo oral con su precioso culo contra la cara, ella le restregaba las nalgas fuertemente contra la cara – estoy segura que su verga se hubiera sentido mejor que la tuya – la verga de Luis casi explota al escuchar eso, lamió tan profundamente el diminuto coño de Mariana que la saliva tronó entre sus labios vaginales, ella gimió y se retorció, dio un pequeño salto sobre la cara de su novio, el recorrió la lengua hasta en medio de sus hermosas nalgas y lamió profundamente su rosado y apretado ano, ella reía un poco.

    Se puso de pie detrás de ella acomodaba desesperadamente su verga en su coño.

    Mariana: a veces me masturbo pensando en él.

    Luis entró violentamente en ella tomándola con ambas manos de la cadera, la folló tan fuerte que no pudieron hablar más, solo hacer ruidos histéricos, gemidos, pujidos, quejidos, en medio de los húmedos sonidos de las penetraciones.

    Él terminó tan solo en dos minutos, pero ella sintió como la verga de él se retorcía histéricamente dentro de ella y soltaba una carga enorme como hace mucho no recordaba de esa magnitud.

    Terminaron respirando desesperadamente, mientras la abundante y espesa corrida de Luis escurría desde el apretado coño de su novia pasando por su verga y terminando en sus bolas, el salió de ella y una espesa gota enorme y blanca caía en el piso. El sexo había sido corto, pero apasionado como hace mucho no lo era y de alguna extraña manera desgastante y exhaustivo. Él se derrumbó sobre su espalda, recuperaban el aliento.

    Luis: te amo tanto – le decía al oído

    Mariana: yo también

    Se besaban apasionadamente, se recomponían, vestían y recogían las cosas, reían por lo loco y apasionado que había sido eso, ninguno de los dos mencionaba precisamente la historia, solo circundaban cobardemente el tema, él quería preguntar si la historia era real, ella estaba ansiosa por decirle que sí.

    Recogieron todo, él estaba erecto de nuevo viendo la asombrosa redondez de las nalgas de su chica y tocaba su culo mientras ella lavaba algo en el fregadero de la cocina, ella sabía que el volvía como adicto por otra dosis

    Mariana: una vez estuvimos aquí, llegó y me manoseó exactamente igual, ese día casi pienso en darle el culo… – dejó la frase ahí, Luis comenzó a besarle el cuello, se comenzaron a desnudar, pero está vez corrieron al cuarto.

    Esa noche follaron 4 veces, una marca a la que no llegaban hace muchos años en una noche, ella daba pequeñas insinuaciones como esas que servían como combustible para la verga de Luis, aunque ella disfrutaba bastante hacerlo

    “Me gustaba su verga porque la tenía prieta y peluda”

    “A él le encantaba lamer mis pezones”

    “Cuando bailábamos reggaetón me encantaba sentir su pitote contra mi trasero”

    “Solo se la chupé una vez y nunca cogimos, pero lo masturbé bastantes veces en el lavabo del baño, me gustaba sentir su vergota retorciéndose en mi mano cuando eyaculaba”

    Luis se ponía como loco con cada una, hace años que no habían follado así, al final cuando estaban dormidos abrazados, desnudos y exhaustos, ella pensaba en que definitivamente ella disfrutaba torturándolo así, él estaba confundido y cachondo, ¿cuántas cosas más no sabía? ¿Cuánto más quería de eso?

    Mariana había sido sincera, ella no había follado con Armando, solo le había dado esa mamada en el coche de la que le contó a Luis esa noche y lo había masturbado un par de veces a petición de el en su lavabo, aunque ella lo había disfrutado bastante, a veces pensaba sexualmente en él y que tal vez debió darle una oportunidad, pero jamás se hubiera atrevido a serle infiel a Luis.

    Pero ella solo había amado a Luis, había sido el único amor de su vida, lo fue así desde que lo conoció, había sido el único hombre con el que había estado por completo desnuda y como ya dije, con el único que había follado y acostarse con un novio de apenas algunos meses le parecía un acto blasfemo, no era una abuela moralmente asustadiza, pero el sexo le parecía algo solo de amor, no de morbo… Hasta esa semana. Nunca había querido más, nunca había pensado en más, hasta en esos acelerados días, viendo esos reveladores videos en el celular de su novio e investigando por internet y mientras estaba sudada y haciendo cuchara desnuda con su novio, pensó en que definitivamente quería más de esa emoción.

  • Mi compañero de maestría

    Mi compañero de maestría

    Hace más de 15 años cursé una maestría. Algunos de los trabajos que debíamos realizar eran grupales. Usualmente grupos de 3 o 4 personas. En el curso de planeamiento, el profesor decidió que el trabajo sería realizado entre dos personas, en grupos elegidos por el mismo.

    Me tocó formar grupo con un compañero con el que teníamos una relación muy básica, de compañeros de aula. No coincidíamos en los grupos en los que socializábamos, pero cuando nos tocaba compartir, siempre hubo cordialidad.

    Luego de enterarnos que haríamos equipo, en el cambio de hora conversamos sobre el tema de trabajo y sobre cómo lo haríamos. Iban a ser tres o cuatro reuniones de trabajo (presenciales pues en esa época no había nada online). Le comenté que yo tenía una hija de 6 meses y que, si bien podía ser en mi casa, iba a ser difícil. Él me dijo que estaba casado, pero aún sin hijos. Que podíamos reunirnos en su casa. Por suerte, cuando intercambiamos direcciones, resultó que vivíamos razonablemente cerca, más en una ciudad tan grande como Lima. En taxi a unos 15 minutos uno del otro. Quedamos en reunirnos el siguiente sábado por la tarde para empezar el trabajo.

    De acuerdo con lo acordado, el sábado a las 3 pm fui a su casa. Vivía en un departamento muy elegante, amplio y realmente bonito. Era obvio que tenía muy buenos ingresos. Sabía que era administrador de empresas y poco más. Me recibió en su sala, conversamos unos 5 minutos de trivialidades y me dijo para pasar a su “biblioteca”. Me sorprendió me dijera biblioteca, pero vaya si lo era, dos paredes de la habitación completamente llenas de libros, sobre finos estantes. Un escritorio hacia un lado y una mesa de trabajo hacia el centro. Allí nos instalamos.

    Avanzamos un par de horas y a eso de las cinco apareció su esposa con una bandeja con sándwich y café. Me tuve que poner muy fuerte para no mirar con descaro sus senos y su culo, estaba súper fuerte. Linda de rostro, de un cuerpo firme y atlético, pero con generosas curvas. En un coqueto short y una blusa de casa, realmente una mujer muy guapa, de unos 25 años. No me sorprendió pues mi colega, además de tener claramente una posición económica muy holgada, era muy culto y además atractivo.

    Me presentó a su esposa, ella dejó la bandeja y se fue. Cuando acabamos de comer, mi compañero recogió las cosas y me dijo las llevaría a la cocina. Salió y demoró unos 10 minutos en volver, me pareció extraño, pero con la mujer que tenía en casa entendí estaba jugueteando con ella. Cuando volvió me di cuenta que tenía la entrepierna abultada, muy abultada. Además de rico, culto y atractivo, era muy dotado.

    Me subió la calentura en un instante. Imaginarlo haciendo cosas con su mujer no me había despertado, pero tenerlo allí al lado, con la verga dura, me puso súper hot. Igual tuve que guardar la compostura y seguir trabajando con normalidad. Un par de horas después concluimos lo planificado y quedamos en reunirnos el martes, hacia las 7 pm, luego del trabajo.

    Llegué a casa, me corrí en el baño fantaseando con su verga y luego me puse a ver tv.

    El martes fui como habíamos acordado. Entramos directo a su biblioteca y empezamos a trabajar. A los 15 o 20 minutos me dijo que estábamos solos, que su esposa había ido al cine con sus amigas y luego irían a cenar. Me preguntó si quería una cerveza. Acepté. Regreso con dos latas de Pilsen Callao y seguimos trabajando. Al acabarlas me preguntó si quería dos más y acepté. Recogió las latas vacías y fue por dos más.

    Cuando volvió me di cuenta que su entrepierna mostraba la hinchazón de su pene erecto. Su esposa no estaba y sentí que era por mí. Pero preferí no hacerme ilusiones. Se sentó en su silla y a los pocos minutos la acercó a la mía, como para trabajar más cerca. Su pierna empezó a rozar con la mía y en pocos instantes ya tenía su mano sobre mi pierna. Sentí que era todo o nada.

    Cogí su verga sobre su jean y la sentí enorme. Él se desabrochó el pantalón y la sacó, era tan grande como la había imaginado. Me dijo amablemente chúpala. Me arrodillé y empecé a chupársela con pasión, estaba ya demasiado caliente. Unos momentos después me dijo para, para, vamos al cuarto. Fuimos a su habitación.

    Me dijo desvístete. Lo obedecí. Mientras tanto el hurgó en la ropa sucia y sacó una tanga de su esposa. No me sorprendió lo fina y elegante que era. Realmente una pieza de lencería muy cara. Me la dio la olí, olía a hembra. Me dijo póntela. Lo obedecí. Se desvistió y me acomodó en 4 patas sobre su cama. Sin sacarme la tanga, sólo poniéndola ligeramente de costado, comenzó a lamerme el culo con pasión y luego salvajemente.

    Unos instantes después, sin sacarme la tanga, subió sobre mí y empezó a culearme. Su verga larga y gruesa entró muy fácilmente. Mi culo estaba dilatado y tragón, me la comí toda. Sentirlo cabalgarme fue una experiencia brutal, más aún con la tanga puesta de su esposa.

    Cuando comenzó a penetrarme empezó a decirme que era una puta. Que era una zorra. Que era una culera. Que le encantaba romperme el culo, fue delicioso sentirme su hembra, en su cama, con la tanga de su esposa puesta. Paró y la sacó. Me dio vuelta y puso mis piernas sobre sus hombros y siguió culeándome con la tanga puesta, yo me sentía morir de placer.

    Comencé a gemir y gemir, le decía me vengo, me vengo, me vengo. Y paró nuevamente. Se acostó y me dijo, sube y cabalga puta. Lo obedecí, comencé a cabalgarlo, a disfrutar cada centímetro de su verga enorme en el culo. Comencé a gemir y a venirme. Sentí mi semen esparcirse dentro de la tanga de su esposa. Se dio cuenta y se vino dentro de mí. Me llenó el culo de leche.

    Me acosté a su lado y le pregunté ¿Qué hacemos con la tanga? Déjala en la ropa sucia. La señora que viene a limpiar mañana la pondrá a lavar.

  • Hora de disfrutar

    Hora de disfrutar

    Este es mi primer relato espero les guste, recibo consejos.

    -Hola nena, espero que estés bien, salgo como a las 16, tenés tiempo? quiero llevarte a un lugar pero necesitamos bastante tiempo…

    Estaba muy cansada estaba entre “si y muero de sueño”, al final contesté.

    -Hola amore, mmm… siendo sincera estoy saliendo de un turno de 24 h, pero creo que sí, si querés me pasas a buscar al departamento en caso de no responderte… tenés llave así que no habría problema. Lo que si no trabajo hasta mañana a las 22… apurada no estaré. Besitos.

    Llegué al departamento y caí rendida en mi cama, no llegué ni a revisar el celular, cuando desperté y veo mi teléfono faltaban 30 minutos para las 16 h.

    Salté de la cama a meterme como rápido en la ducha, el agua salía más fría de lo normal, pero bueno al menos me despertó, lencería especial para la ocasión, pantalón vaquero y una camisa con líneas negras, un saco para el frío y tacones para darle el toque, no soy de maquillarme mucho, pero no falta el rímel y lápiz labial.

    Mágicamente no estaba tan atrasada, baje para esperarlo en la entrada, no fueron ni cinco minutos y ya estaba estacionando justo donde yo estaba, me subí al auto lo salude con un beso en la mejilla y empezamos el viaje.

    Mientras conducía comenzaron las preguntas, cómo has estado? que contas? no había mucho que contar, nuestras profesiones eran rutinarias en algunos aspectos y como que no era el momento para contar todos los heridos rotos que vi y ni para las urgencias más chistosas como lo fue la pareja que tuve que atender por quedarse «trabados»…

    Me avisa que estábamos por llegar, el lugar era una casa muy grande en un pequeño pueblo, tenía su ambiente misterioso, cuando estacionamos nos indican a donde vamos, al ingresar a la habitación nos consultan que deseábamos tomar, yo quería una bebida energizante, me daba igual cual fuera, él pidió lo mismo que yo, miraba a mi alrededor, la habitación era un casino por donde lo vieras, una mesa de apuestas con vidrio, unos dados gigantes con sus “premios” en un pared, espejos arriba y a cada lado de la cama, un jacuzzi hermoso, una ruleta que me impresionó ya que era un banco y arriba de él habían esposas colgantes, los premios estaban en el suelo, al final.

    Me fui al baño, mientras tanto el recibió nuestras bebidas, obviamente me saque mi ropa, quede solo con la hermosa lencería de color negro y me hice una cola en el cabello, estaba como a él le gustaba.

    Cuando salgo él tenía mi bebida y se quedó mirándome fijamente sin perder detalle, me encanta eso y lo sabe.

    Me quedo en silencio y espero que él diera las instrucciones, la primera fue que podía beber algo de mi energizante, en ello me da su mano para guiarme a donde él quería, me sienta justo en el banco con las esposas colgantes, yo solo suelto una pequeña risa y me pregunta serio.

    -¿Que te causa risa?

    Sabía que lo que contestara era para que me castigara así que solo dije

    -Recordé cuando fuimos para tu cumpleaños a un casino y eso me dio algo de risa… disculpé Amo.

    -mmm… te perdonare esta vez… puede que ya entiendas el juego en el que te acabo de poner, pero lo haremos distinto… tengo una cajita que tiene cosas muy interesantes, tú dirás un número del 1 al 7 y yo sacare lo que corresponda de ahí, el uso lo veré yo eso si…

    No negare que lo encontré interesante e intrigante, no sabía realmente el contenido de la caja, al final me decidí.

    -El numero 7 quiero.

    Me miró fijamente y saco un antifaz, no sé si era realmente lo que quería, pero al final no podía retractarme así que procedió a cubrirme los ojos, mis sentidos se volvieron locos, todos en alerta, mi piel, mis oídos, mi olfato, todo…

    Después de amarrarla acerco su rostro a mi mejilla, sus manos tocaban despacio mis brazos, cosa que mi piel responde erizándose, se acerca a mi oído y su voz resonó…

    -Parece que te gusta… di otro número…

    Sin pensarlo mucho mi respuesta fue

    -5…

    Escuche que como rebuscaba en la caja, hasta que siento como que abren algo, el sonido era similar a un envase de crema…

    Se acerca a mí y siento como cae algo por mi clavícula, tenía olor a chocolate, no logre seguir pensando por que siguió derramando hacia abajo, cayó en mi medio de mi pecho, aún tenía mi corpiño, pero mi mente quedo en blanco cuando sentí su lengua lamer la salsa desde el principio… mis latidos se aceleraron y mis pezones respondieron poniéndose duros, él se dio cuenta de ello, ya que con su mano corrió un poco mi ropa y derrabo algo de salsa para así comenzar a lamer desde la punta hasta succionar con calma todo el chocolate, mi cuerpo se movía instintivamente al sentirlo, mi excitación no duro en salir humedeciéndome, de la nada me baja de mi cielo para decirme…

    -Número…

    En mi estado no podía pronunciar palabra, no me salía la voz y como pude respondí

    -1… con un gemido al final…

    Se acerca a mi nuevamente esta vez siento sus manos en mis caderas y muslos, me está sacando toda mi ropa interior y me pone a la orilla del banco dejando mi sexo a su vista y paciencia en ello siento un dedo en mi ser, me dice:

    -Ya estas mojadita… interesante…

    Saca su dedo y siento algo muy frio en mi interior… en un segundo siento como vibra mi interior, pero a él no lo siento cerca, no podía pensar solo sentía como el vibrador me llevaba, hasta que siento si voz en mi oído nuevamente

    -Parece que te gusta… ¿Qué estas imaginando?…

    Comenzó a lamer mi lóbulo y siento como sus brazos me rodean desde atrás, logro sentir el calor de su piel en mi espalda, sus manos suben hasta mis pechos, comienza con caricias suaves, con sus dedos aprieta mis pezones, mi excitación se va a las nubes, con todo lo que hace, termino con un orgasmo brutal, tanto que hasta el vibrador se termina saliendo…

    Me deja descansar unos minutos, aunque sigo maniatada, en ello me pregunta:

    -¿Te doy algo de beber?

    -Si, por favor, necesito algo de mi bebida…

    Con cuidado me da de beber… y me dice

    -Continuamos… te quedan el 2, 3, 4, y el 6…

    -El 3…

    Hay un silencio y escucho que me está desatando las esposas… pero sigo con el antifaz, me guía y de pronto siento como cae agua en mi cabeza, me saca el antifaz y quedo frente a él.

    -No fue lo que pediste, pero ya no aguanto yo…

    Me besa desesperadamente, me recorre con su boca y sus manos, el agua estaba helada, pero ni se sentía, yo solo lo sentía a él, sentía como su miembro estaba erecto a pesar del agua… en eso me da vuelta y me ordena a poner las manos en la pared de la ducha, busca mi entrada y con delicadeza entra a mi ser… estaba caliente, comienza a sacar y a meter lento mientras me afirmaba con fuerzas de las caderas… después de un rato y con los gemidos retumbado en la habitación acelera sus movimientos y los hace más fuerte, yo estaba por llegar al cielo y el también, en ello nuestros gemidos se unen, me levanta para fundirme en un beso de placer… nos terminamos bañándonos para limpiarnos un poco ya que yo estaba algo pegajosa con la salsa de chocolate…

    Salimos de la ducha y aún seguía la caja en la cama… me dirijo a ver su contenido y veo como habían: unas pinzas de pezones, un lubricante anal, plug anal y había un brownie…

    Él se recostó en la cama y yo me comencé a comer el brownie, me había dado algo de hambre, el detalle es que cuando me ve y me quita la mitad, me dice

    -No vas a poder descansar ahora…

    Yo no entendí, tampoco le di importancia, la cosa es que dejé la cajita en una mesa y me recosté a su lado, me acariciaba el cabello, mientras yo tenía mi mano en su pecho… a los quince minutos me siento algo extraña, sentía mucho calor, pero no estaba sudando… él se había quedado dormido… No sabía porque me sentía así, pero me di cuenta de que estaba excitada, en ello miro su miembro con deseo, me acerco y lo tomo con mis manos y comienzo a lamerlo… despertó al segundo, mi me dijo

    -Te dije no podrías descansar… en ello se comió la mitad del brownie que me había quitado y entendí… tenía afrodisiaco… seguí lamiendo de arriba abajo, en ello siento sus manos en mis piernas y coloca su cabeza entre ellas… yo seguía en lo mío cuando siento su lengua en mi sexo, un gemido solté de la nada, el seguía lamiendo y jugando en mi clítoris, la sensación era extraordinaria, yo deje de lamer y comencé a chupar, aumente el ritmo y el comenzó a meter sus dedos en mi interior, su lengua y sus dedos se turnaban yo estaba llegando al éxtasis, él se dio cuenta así que apresuro más sus movimientos, yo no pude continuar, arqueé mi espalda y el seguía y seguía de mi boca sale un gemido mezclado con un grito… fue demasiado tuve un orgasmo increíble y el seguía aun así chupando todos mis fluidos… quede exhausta, ahí realmente caí en la cama… se acerca a mí y me pregunta

    -¿Estas bien?

    -Si… conteste con mi voz apagándose… en ello veo que él se dirige al baño, pero yo caí en un profundo sueño…

    Cuando desperté él estaba revisando su teléfono, me mira y me dice:

    -¿Dormiste bien?

    -Sí, gracias… no había descansado bien hace mucho…

    -Te creo, pedí que trajeran unas bebidas y algo para comer, aunque yo creo que más rápido llegan las bebidas, ¿necesitas algo como para llamar?

    -Tranquilo, estoy bien, aunque si quieres llenas el jacuzzi… por favor. Se lo dije con una mirada angelical y él se levantó a prepararlo, en el hotel había sales y esencias… En ello llegaron las bebidas, urgentemente me bebí casi toda la lata, estaba sedienta…

    Estaba tan relajada, me encantaba poder estar con él, a pesar de todo éramos buenos confidentes… reviso si mi celular tenía algo importante y solo habían mensajes, habían perdido un examen y no sé si fue de malvada, pero me reí algo fuerte, así que me pregunto, le comente un poco había sido un turno muy pesado, parecía que a todos les había dado por enfermarse o quebrarse algún hueso… Él trabajaba en una firma de abogados, obviamente también había estado estresado por un caso algo complicado ya que era empresarial, siendo sinceros a ninguno de los dos nos agradaba conversar de nuestros trabajos, ya eran agotadores por sí solos, me había ido en mis pensamientos cuando me dice que estaba listo el jacuzzi… fui casi volando a meterme… el agua estaba exquisita y justo donde me acomode salían las burbujas, cerré los ojos por unos segundos y el aprovecho de besarme…

    -¿Por qué no vienes conmigo aquí?

    -Si, contesto esto y voy enseguida…

    No se demoró ni dos minutos y ya estaba a mi lado disfrutando, mientras yo reposaba en su pecho, él me hacía caricias en mi cabello, después siguió por mi hombro y me dio un beso profundo, mi cuerpo respondió al instante, se me erizo toda la piel y la culpa no la tenía el agua… seguimos fundiéndonos en ese beso apasionado, aunque ahora mis manos estaban rodeando su cuello y las de él recorrían mis muslos, la ansiedad me desesperaba, sentía como el calor se centraba en mi sexo y deseaba que me masturbara… cuando por fin siento como sus dedos recorren mis labios suelto un leve gemido, la sensación en el agua era totalmente distinta, me coloque encima de él, mientras sentía como su miembro también comenzaba a reaccionar, en un momento siento como me toma de las caderas y me comienza a penetrar, cuando ya lo tengo todo dentro de mí, comienza a chupar mis pechos, sus manos apretaban fuerte mis glúteos, yo comencé a subir y abajar al principio algo más lento después comencé acelerar mis movimientos, con todo lo que sentía tendría un orgasmo bastante pronto aunque sabía que a él le costaría más volver a venirse, me miro y me dijo:

    -Por mí no te preocupes disfruta tú… después me tocara…

    Esa respuesta me dejo claro que debía seguir, el seguía comiéndome a besos, me volvía loca con sus caricias, estaba a full, cuando con su mano derecha comienza apretarme el cuello y con la izquierda me tomaba mi cabello, me perdí en el éxtasis de ese momento, terminé temblando con el orgasmo que tuve y aun así seguía excitada, caigo en su pecho y al oído me dice:

    -Eso se sintió muy rico… te parece si vamos a la cama quiero intentar algo…

    Me ayudo a salir del jacuzzi, nos secamos un poco y me recosté en la cama, me ordeno a que me pusiera en cuatro aunque apoyando mi pecho en la cama, en si él quería mi trasero bien en alto, tenía una vista de todo en la posición en la que me dejaste… comenzaste a masturbarme lentamente, la humedad que tenía ayudaba bastante, aunque después de unos minutos siento un líquido algo helado cerca de mi recto, habíamos jugado varias veces por ese lugar aunque siempre con cierto cuidado… comenzó a jugar en esa área con el plug para ir dilatándolo con el lubricante, se sentía exquisito, además que sus dedos seguían jugando con mi clítoris y en algunos momentos me metía hasta dos dedos… cuando logro introducirlo completo cambio los dedos por su miembro, me tenía gimiendo por la locura, era una sensación difícil de explicar, podía sentir como me apretaba, estaba extasiada… sus movimientos eran lentos al salir y rápidos y profundos en cada entrada, ya no podía resistir más, termino teniendo un orgasmo, sentía como mis fluidos terminaban saliéndose aun con el dentro de mi… no podía ver su rostro, pero la forma en que me apretaba las caderas me decía cuan excitado estaba también. Saca su miembro de mí y en ello veo de reojo que se estaba poniendo un condón, saco de mi recto el plug y algo lento comenzó a introducir su miembro, la diferencia de portes se notó demasiado ya que a pesar del placer igual sentía algo de dolor, a pesar de ello la satisfacción era mayor, logro meter la mayor parte, se quedó ahí por un momento, me pregunto con su voz algo entrecortada:

    -¿Estas bien?

    -Ssiii… mi voz poco se logró escuchar.

    Después de eso, comenzó a moverse, seguía haciéndolo lento y cuidadoso, cada movimiento me hacía suspirar, gemir, en ello me agarro fuerte la cadera con su mano derecha y con la izquierda me tomo el pelo, realmente quede en cuatro, mi pechos se movían al vaivén de sus movimientos, yo estaba perdida, llego un momento en donde llegaba a escuchar su respiración más rápida, más jadeante, sus movimientos se aceleran demasiado, yo gemía más y más, a ratos me apretaba los labios no podía con tanto, estaba llegando al clímax y él también, cuando es inminente su eyaculación me suelta el pelo y con sus manos me rasguña la espalda… nos vinimos juntos en ese instante… cansados mis manos y brazos temblaban no resisto mucho más y caigo rendida en la cama, él también se había agotado, saca su miembro y se va al baño a sacarse el condón y a limpiarse, yo intentaba alcanzar la bebida que me quedaba, me quede unos minutos acostada, hasta que salió del baño, quería ir al baño, pero realmente no me podía mover, así que me ayudo. Me duche y con agua helada, eso me trajo a la vida nuevamente, al salir me miraba al espejo y la sonrisa que tenía no me la sacaba nadie, cuando salgo él estaba en la cama con sus ojos cerrados, me acosté a su lado, apoyando mi cabeza en su pecho, no sé en qué momento nos quedamos dormidos…

    Cuando desperté lo veo con bóxer acercando una bandeja de desayuno, tenía una ensalada de frutas, café, jugo de naranja y pan de molde tostado con mantequilla, todo se veía delicioso.

    -Come, no has comido desde ayer, como el aperitivo se demoró preferí que me lo cambiaran y que fuera el desayuno…

    -Mejor no pregunto cuando hiciste eso jajaja… esta delicioso de verdad, a todo esto ¿Qué hora es?

    -Falta poco para medio día, no quise despertarte antes, es extraño verte tan calmada y relajada…

    Me sonrojé, es verdad con mi trabajo es difícil no estar a mil…

    -¿Tú no comerás?

    -Ya me tomé una taza de café. Tranquila.

    Se sienta en la orilla de la cama a revisar su celular, en si mi trabajo era más físico, pero el de él estresaba más mentalmente. Comencé a comer, bebí algo de café, suena mi celular, era mi compañera.

    -Lau por favor, por favor cúbreme a las seis es que debo ir a reunión del colegio de mi hija…

    -Bueno Caro, pero con tantos cúbreme me debes un día… jajajaja

    -Si lo sé, ahí me avisas cuando lo quieres, gracias te adoro.

    Un suspiro dejo salir, era hora de alistarse, fue lindo mientras duro… Me miro y me dice

    -¿Debes irte verdad?

    -Si, entro más temprano…

    -Si algo escuche, consulta ¿Cuándo te tomas el día que ya te debe?

    -No lo sé, aun no tengo planes… ya me iré a duchar, que igual es largo el trayecto y debo ir a alistar mis cosas en el departamento…

    -Okey, ¿nos duchamos juntos?

    Salí de la cama en dirección a la ducha y en la puerta le digo

    -¿Esperas invitación?

    Llego a volar a la ducha, yo ya estaba dentro sintiendo el agua caer en mi rostro, él se sacó el bóxer y se colocó detrás de mí, siento sus manos por mi cintura y su mejilla en mi hombre, empezó a besarme la espalda mientras caía el agua entre nosotros, me pierdo sintiendo su cuerpo más cerca, sus caricias van a mis pechos algo resentidos por lo de ayer, pero que a su tacto siempre reaccionan, sus besos suben a devorar mi cuello, no aguanto más y me giro, quedando de frente a él mientras toda el agua corre por mi espalda nos fundimos en un beso apasionado, voy perdiendo la cabeza cuando él me levanta la pierna izquierda con firmeza dejándola a la altura de su cadera, su miembro erecto nuevamente, lo me lo refriega por mi humedad, con su mano derecha me pone contra la pared mientras baja a seguir acariciando mis pechos, mis pezones, después baja a mi humedad y sin previo aviso mete sus dedos, un pequeño gemido sale de mi ser, en ello te acomodas para entrar en mi interior, empiezas despacio para terminar entrando de golpe al final, tu mano derecha la dejas como apoyo en la pared y me besas profundamente, tus movimientos eran despacio, así aprovechabas para mirar cada gesto mío, tu vista fantástica aunque de la mía tampoco me quejaba podía ver tu rostro todas esas expresiones que no pude ver anoche, tu respiración comenzó acelerarse, tus movimientos también y con ello mis gemidos empezaron a salir, tus estocadas cada vez más rápidas y más profundas, yo con mis sentidos totalmente en descontrol, siento como estoy por llegar al clímax al igual que vos, tu rostro me daba una de las mejores expresiones que te había visto cuando comienzo a sentir como terminas dentro de mi y en ello un gemido mío ensordece el baño, sueltas mi pierna y terminas pegado a mi cuerpo mientras yo me apoyo contra la pared para no caer, tus fluidos y los míos caen por mis muslos, después de unos minutos volvemos a la realidad y a continuar bañándonos ya que debíamos irnos…

    Salimos de la ducha nos comenzamos a vestir, tenías todo listo para podernos ir, así que nos fuimos al auto y partimos, en esos minutos de camino, me fui recordando, me trae devuelta al mundo cuando me dice

    -Listo y en la puerta de tu edificio.

    Miré y si estábamos ahí, me despedí con un beso en sus labios

    -Te veo pronto…

    -Eso espero, además debes tomarte un día, quizás podríamos organizar algo con más tiempo o tal vez un poco más lejos… cuídate sí.

    -Lo pensaré Amore, vos también cuídate…

  • Con la mujer de mi primo

    Con la mujer de mi primo

    MI nombre es James, contaré la historia con mi prima, una chaparra con pocas nalgas, pero una vagina abultada. Su nombre es Candy.

    Ella vive en mi apartamento y cada día después del trabajo por las noches se dedica a preparar la comida del día siguiente.

    Un día de esos llegué a casa y ella no esperaba a nadie, abrí la puerta y cuando entré se asustó, andaba solo con una toalla de baño y del susto la dejo caer.

    Aprecié todo su cuerpo y cuando miré todo me apresuré a levantar la toalla que estaba a sus pies, cuando me agaché miré hacia al frente y ahí estaba esa vagina depilada y sin pensarlo metí un dedo en esos labios mojaditos, ella no puso resistencia y empezó a gemir.

    Me excitó tanto que la agarré y al instante la penetré de golpe en posición de perrito, estuvimos toda la tarde noche teniendo sexo, ya por la madrugada no tenía muchas fuerzas y ella para animar mi pene cansado lo mamaba delicioso y lo cabalgaba como una verdadera puta.

    Ahora todos los días me espera en toalla y lo hacemos por toda la casa hasta que el cuerpo aguante. Experimentamos haciéndolo anal y al inicio le dolía, ahora disfruta montándose hasta horas de la madrugada y le encanta la adrenalina, salimos a lugares a tener sexo en baños y en el carro.

    Su obsesión es tener un trio con otra mujer. ¿Quién se apunta?

  • Una señora con muchas ganas

    Una señora con muchas ganas

    Me cogí a mi vecina madura, le enseñé posiciones y maneras nuevas que jamás había experimentado. Ella sólo había conocido y tenido relaciones con su esposo, únicamente se lo metía, acababa y se dormía, ese matrimonio le proporcionó tres hijos en total, el mayor un varón y un par de gemelas, todos con hijos y casados, era abuela, en sus cuarenta años de vida conyugal nunca probó las mieles del placer sexual, lo nuestro comenzó cuando estábamos solos en su casa en un momento en que la visitaba, la noté algo consternada y charlando una cosa llevó a la otra. Me mostró unas fotos de cuando tenía entre 18 a 40 años, le halagué y comenté que tenía un buen cuerpo, su rasgo más llamativo era su hermoso trasero, le gustó lo que escuchaba, diciendo que ya era bastante mayor para levantar pasiones, la desmentí haciéndole saber ahora es cuando podría disfrutar del placer, que si me lo permitía dejara que yo le enseñara lo poco que sabía, sin pensarlo mucho acepto y me dejó claro que lo mantendríamos en secreto.

    Fuimos a su cuarto, se dejó llevar, de a poco fui acariciando cada parte de su cuerpo, sin prisa y suavemente, chupaba sus senos, acariciaba sus nalgas, lamía su vagina, introduje mi lengua en su ano, ella gemía y decía que le gustaba, que no parara, que hiciera con su cuerpo lo que se me antojara, le expliqué como debería mamar mi pene, aprendía rápido, hicimos un 69, le introduje un dedo en su culo, me pidió que primero la cogiera por detrás, quería saber que se sentía, la lubrique y la penetré, ella gozaba, así alcanzó dos orgasmos, antes de que me corriera, le llené el culo de leche, reanudamos y la penetré por su concha, estaba bastante aguada, probamos varias posiciones, se corrió varias veces, me pidió que la volviera a coger por el culo, me volví a correr en su ano, quedamos tendidos, me pidió repetir cuando su esposo saliera a beber, bueno realmente él tomaba casi todos los días. Salió de su boca que ser desde ese momento mi puta.

  • Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 2)

    Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 2)

    Llegó el sábado y logré que mis padres me dejarán quedarme todo el fin de semana en la casa de David diciendo que teníamos que hacer tarea por lo que estaba muy emocionada. Le robe una nueva tanga a mi hermana, una roja con decoraciones en encaje negro, está vez también agarré un bra que iba a juego con la tanga, me puse el conjunto abajo de mi ropa normal y salí rumbo a la casa de David.

    Cuando llegue toque la puerta, David me abrió y me hizo entrar rápido. Una vez adentro me bajo los pantalones y empezó a manosearme las nalgas.

    D: Linda tanga putita, me gusta lo obediente que sos.

    Y: Gracias, y no es lo único que me puse.

    Me saque la remera y le mostré que me había puesto bra sin que me lo pidiera.

    D: Veo que al final te está gustando ser una nena, entonces te va a gustar la sorpresa que te prepare.

    Me llevo a un cuarto y abrío el armario que había dentro de éste, el armario estaba lleno de ropa de chica, me contó que su hermana, que se había mudado, dejó toda su ropa de adolescente y que podía usar todo lo que quisiera.

    D: Ahora vestite que solo vas a usar ropa de nena hasta que te vayas.

    Se fue a la sala y me dejó sola para que elija que ponerme, buscando entre la ropa me di cuenta que la hermana de David era bastante zorra, igual que yo, tenía un montón de minifaldas, blusas escotadas y shorts de esos que solo tapan media nalga. Me puse una blusa blanca que dejaba ver mi bra por el escote y un short negro que como el resto que había era casi tan pequeño como unas bragas.

    Salí del cuarto y vi a David esperándome en el sillón con la verga afuera.

    D: Uff estás buenísima putita, vení a comerte el desayuno.

    Me puse en cuatro encima del sillón y empecé a chupársela mientras él me manoseaba la cola y me daba nalgadas. Estuve chupando por unos cinco minutos hasta que sentí su leche salir y llenar mi boca, me tragué todo y le limpie la verga.

    Y: Gracias, me gusto mi desayuno.

    D: De nada zorrita, ahora date vuelta que todavía no terminé de usarte, voy a terminar de convertíte en una nena.

    Me di vuelta y él me bajo el short junto con la tanga, me abrió las nalgas y escupió la entrada de mi ano. Apoyo la punta de su verga en mi hoyito y de a poco empezó a empujar, sentí un dolor muy fuerte como si me quemara por dentro y David tuvo que tapar mi boca con su mano para que no gritara. Cuando logro meterla entera la dejo un rato adentro para que me acostumbre mientras se me caían algunas lágrimas.

    En ese tiempo se me pasó un poco el dolor, pero volvió cuando me la saco y volvió a meter entera de golpe. David empezó a cogerme cada vez más rápido y otra vez de a poco se fue calmando el dolor, en unos minutos desapareció por completo y me empezó a gustar la sensación, David ya no tenía que taparme la boca para que no gritara sino que ahora era para evitar que los vecinos escucharan mis gemidos. Pocos minutos después empecé a correrme, era mi primer orgasmo anal.

    D: Mira la putita cómo se corre como nena jajaja.

    Siguió cogiéndome un rato mientras seguía burlándose hasta que finalmente acabó llenando mi colita de leche calentita, me subió la tanga y el short, y me dijo que no me limpiara hasta después del almuerzo.

    Mientras comíamos el almuerzo tuve la mala idea de pedir algo para tomar, David agarró un vaso se sacó la verga y lleno el vaso con su pis. Yo miré con un poco de asco pero sabía lo que pasaría si no obedecía, empecé a tomar y casi vómito del asco pero logré tomármelo todo.

    Después del almuerzo me fui a bañar, me limpie bien la colita metiéndome los dedos para sacar toda la leche. Salí del baño y fui al cuarto para ver qué ponerme, en ese momento entro David y me dijo que busque algo para meterme a la pileta. Agarré una bikini rosa y me la puse, salí al patio trasero con un poco de miedo porque, aunque nadie podía verme ahí, era la primera vez que estaba al aire libre vestida de nena.

    Nos metimos en la pileta y David no paro de manosear, en poco tiempo ya sentía su verga parada en mis nalgas, se sacó el shorts de baño y empezó a pasarme su pene por las piernas y nalgas. Yo estaba deseosa de que me la metiera y él lo nota por lo que aprovecho para jugar conmigo.

    D: Que pasa zorrita? Querés que te abra la colita de vuelta?

    Y: Si por favor cogeme de vuelta.

    Empecé a mover mi culo rozando con su verga y funcionó porque David no aguanto mucho más, me bajo las bragas y me la metió entera. El que me haya cogido antes y el agua hicieron que no sienta ningún dolor por lo que enseguida empecé a gemir cómo una puta. En pocos minutos me hizo acabar de vuelta como una nena, en ese momento saco su verga de mi cola y salió de la pileta quedando sentado al borde.

    D: Esta vez te vas a tragar la leche zorra.

    Comencé a chupar y en unos segundos David acabo, y me trague todo como siempre.

    No hicimos nada hasta la cena en la que tuve que tomarme otro vaso de pis, está vez con menos dificultad que la anterior. Después cenar fui a buscar algo de ropa que me sirviera para dormir, encontré un babydoll rojo que me encantó. Fuimos a acostarnos a la cama de los padres de David, cuando me acomode en la cama él me abrazo y pegó mi cuerpo al suyo, estábamos muy cansados como para hacer algo así que ambos nos dormimos así pegaditos.

    Continuará…

  • El divorcio

    El divorcio

    Todo comenzó hace dos meses, cuando mis padres me llamaron y me dijeron que tenían algo importante que decirme. Cuando llegué allí, me dijeron que se iban a divorciar y que mi padre ya ha estado viviendo fuera desde hace un mes. Me puse un poco triste, pero lo acepté. Pensé que si se están divorciando es porque lo están pasando muy mal, así que era lo mejor para ellos.

    A pesar de que les preguntó, en ese momento no explicaron demasiado sobre la razón del divorcio. «No es como solía ser», «Estas cosas suceden», y respuestas similares.

    Esa misma tarde fui a visitar el nuevo apartamento de mi padre. Era un lugar pequeño, pero limpio y organizado, porque mi padre es muy estricto con la limpieza.

    Estuvimos allí hablando un poco de cosas, y en un momento confesó la verdadera razón de su divorcio: mi madre lo engañó con un tipo unos años mayor que yo. Mis padres tienen 50 años, por lo que mi madre tiene más del doble de edad que ese tipo.

    Mientras le decía a mi padre que se veía muy mal (nunca lo había visto así), y que me quedaría todo el tiempo que necesite. Luego me acerqué a él y lo abracé mientras él me hablaba. Cuando terminó de hablar, respondo con un «lo siento mucho, de verdad» y le di un beso en la mejilla.

    Realmente no esperaba lo que pasó después de eso. Ambos pasamos unos momentos mirándose a los ojos en silencio, con la cara a pocos centímetros de distancia. Después de eso, sin decir una palabra, mi padre y yo empezamos a besarnos. Lo seguimos haciendo con más pasión durante unos minutos.

    Hacía tanto calor que incluso dejé pasar unos gemidos. Luego empezamos a jugar con nuestras manos mientras nos besábamos. Me estaba agarrando la cintura y las tetas, mientras yo tocaba su entrepierna. Después de unos minutos, deslizó la mano por debajo de mis bragas y comenzó a frotar mi clítoris totalmente húmedo. Un gemido enorme vino de mi boca cuando sentí sus dedos ahí dentro. Entonces, decidí quitar sus pantalones y echar un vistazo a esa polla. Eran 18 cm que empecé a acariciar, sin dejar de sentir sus manos sobre mí.

    A continuación, sin decir nada, y todavía con su mano en mi coño me incliné y empecé a chupar esa polla. Fue en ese momento que me di cuenta de lo que estaba haciendo, y me sentí tan culpable pero tan caliente al mismo tiempo por ello. Ya se había venido dos veces cuando me pidió que me detuviera por un momento (lo que me decepcionó, porque realmente estaba disfrutando).

    Me miró y sonrió, y luego empezó a quitarme la ropa. Hice lo mismo con él hasta que terminamos completamente desnudos. Me acosté en el sofá y él se puso encima de mí, metiendo su dulce polla dentro de mí. Me penetró muy fuerte, empujando su miembro caliente dentro de mí. En un momento, me susurró al oído «No puedo creer que me esté cogiendo a mi hija», a lo que le contesto «Tú eres, papá. Sigue cogiendo a tu niña». Y lo hizo, eso es seguro.

    Me vine y él también lo hizo, llenándome por dentro. Era el mejor sexo que había tenido en toda mi vida.

    Cuando terminamos, nos miramos sonriendo, empezamos a reírnos y a besarnos de nuevo, sintiendo su cuerpo desnudo sobre el mío. Pensé que iba a ser incómodo, pero no lo fue. Acabamos diciendo «te quiero» y seguimos follando toda la tarde, probando diferentes posiciones y cosas que hacer.

    Hoy en día, visito a mi padre en cualquier momento que pueda para que me dé el placer que necesito. Nunca imaginé que mi padre seria mi amante, pero me alegra que lo sea. Mi único problema ahora es que me preocupa que me pueda estar enamorando de mi padre.

    La mejor parte de esto: tengo un novio, y él no tiene idea de nada.