Autor: admin

  • La fantasía compartida…

    La fantasía compartida…

    Por cosas del destino, coincidimos con nuestros compañeros ocasionales de aventura en el vuelo de regreso al término de nuestro, entre comillas, viaje de descanso. Tal vez llamar a aquello viaje de lujuria ilustraría mejor lo vivido, y fue inevitable sentir una relación cercana con aquella pareja, surgida por la complicidad en la realización de los acontecimientos sucedidos apenas unas horas antes. Y también, por la experiencia compartida, ellas, nuestras esposas, se sintieron cómodas conversando, váyase a saber de qué, lo cual hizo que nosotros, los esposos, también termináramos hablando, aunque, al principio, de todo menos de lo sucedido.

    Pero, dado que los hechos estaban recientes, fue impostergable no llegar a preguntarnos cómo era que habíamos terminado en aquello. Yo le confesé a Iván que Laura, no de ahora sino de algún tiempo atrás, había descubierto su gusto por los hombres de color y cómo su disposición y actitud hacia el sexo cambiaba radicalmente cuando estaba con ellos. La curiosidad había surgido a raíz de una crisis en nuestro matrimonio, tal vez por falta de comunicación, y que la posibilidad de que ella tuviera sexo con otros hombres había sido la justificación y la válvula de escape perfecta para que la relación mejorara en muchos sentidos.

    Quizá, le confesé, ella quiso experimentar eso desde mucho tiempo atrás, pero, comprometida en un matrimonio formal y tradicional, dedicada tan solo a su hogar y sus hijos, aquellos deseos se fueron postergando, casi que irrealizables, pero seguían allí a la espera de una oportunidad. Y, bajo esas expectativas, él que yo tuviese una amistad especial con una chica en mi trabajo, dio pie para la consabida escena de celos, para los juicios y señalamientos, para la desconfianza y todo lo que ello conlleva.

    De modo que, para no seguir con ese mal ambiente, yo mismo sugerí que, si lo que ella quería era experimentar cómo era tener relaciones con otros hombres, y diferenciar lo que era tener una pareja comprometida en un proyecto de vida y una pareja sexual, por mí, siempre y cuando tuviera claro qué quería, no le veía inconveniente. Dependería de ella si estaba dispuesta a vivir la aventura y no confundirse. Y basaba mi posición en que si uno, como hombre, muchas veces no desaprovechaba la oportunidad de pegarse un revolcón con una mujer que no fuera la esposa, ¿por qué ellas no?

    Y, bueno, de eso ya hace un tiempo, y, la muestra, fue lo que sucedió anoche. La verdad, no estuvo programado para nada y todo surgió espontáneamente. Al principio un tanto expectante, porque no sentía la confianza suficiente para compartir esa experiencia, pero, conforme transcurrían los minutos, y viéndolas a ellas tan cómplices en la aventura, creo que me fui relajando. Al fin y al cabo, fueron ellos, Christian y Jason, quienes supieron manejar la situación y hacernos sentir cómodos, ¿o no? Lo demás, por lo visto, resultó agradable para los dos, porque ninguno dijo nada. ¿Me equivoco?

    Iván me contó que Sonia y él veían películas de sexo con regularidad, preludio de sus encuentros, y que, cuando él llegaba con una nueva cinta, creía que ya Sonia suponía sus intenciones. Pero que, desde hace un tiempo, un amigo común, bastante atractivo, y que él creía que quería acostarse con Sonia, había coincidido, no sabe él si por casualidad, con el mismo hobby. Y que, un sábado en la tarde, pasó a visitarles, llevando a la mano unas películas de estas, y que Sonia había reparado en ello y había manifestado, con toda naturalidad, la posibilidad de verlas juntos, como si nada.

    Me confesó que a él, particularmente, la actitud de Sonia le había parecido sospechosa y cómplice con su amigo y que, a regañadientes, mostrándose adulto y de mente abierta, lo había aprobado, así que terminaron viendo juntos las famosas películas. La temática eran los tríos, lo cual lo puso alerta y que su amigo, gastando bromas y mostrándose aparentemente desinteresado, les preguntaba a los dos si aquello les llamaba la atención. Sonia respondía que no había tenido ese tipo de experiencias y que, en ese momento, no sabía que responder. Y que Iván, respaldándola, respondía lo mismo. Su amigo, en consecuencia, preguntaba, pero ¿les llama la atención? Y Sonia, sin reparos, dijo, a mi sí.

    Iván me contó que se sonrojó y se puso algo incómodo, pero que aparentó no darle trascendencia. Y, una vez ido su amigo, la curiosidad le siguió taladrando el cerebro, tanto, que no perdió la oportunidad para preguntarle a Sonia si de verdad aquellas experiencias le llamaban la atención. Y ella, desparpajada, como aparentaba ser ante los demás, le dijo que por qué no, si otros lo hacen debe ser algo normal ¿no te parece? Pues, si, había dicho él y habían seguido en las rutinas de su hogar, como si nada, pero que a partir de ese día el tema de ver películas ya no le parecía tan atractivo como antes y que, la posibilidad de llevar a la práctica tales escenas, en vivo y en directo, le excitaban.

    Que su desinterés por el programa de ver películas con Sonia había sido evidente y que ella, percibiéndolo, le había preguntado el por qué. Y que él le había dicho que no sabía cómo explicarlo, pero que a partir del día que su amigo había estado con ellos viendo películas, y viendo él cómo aquel la veía a ella y cómo ella lo veía a él, su cabeza no dejaba de dar vueltas sobre si, de verdad, ella quería darse la oportunidad de llevar a la práctica lo que habían visto en esas películas. Y que ella le había dicho que el hecho de ver esas películas por tantos años y de compartir ahora, con otro, ese mismo gusto, para nada cambiaba el tono de su relación, que ella seguía queriéndolo igual y que por eso extrañaba que ya no hubieran vuelto a ver películas juntos.

    Bueno, dijo él, pero si Gustavo, que era el nombre de su amigo, nos propusiera, otra vez, venirse a ver las películas con nosotros, y quisiera algo más, ¿tú lo permitirías? No lo sé, le había respondido. Ciertamente tenemos confianza con él, me parece un hombre atractivo, no lo puedo negar, pero me parecería una deslealtad hacia ti si no hubiera existido entre nosotros un acuerdo para permitirlo. O sea, estarías de acuerdo, había dicho él, ¿sí te gustaría? Ella le respondió que lo que ella pensara no tenía porque afectar su relación y que el hecho de haber estado de acuerdo en ver con su amigo esas películas, aquella tarde, no debía interpretarse de otra manera y que lo había sugerido más con la idea de complacerle a él que por otra cosa.

    Y que, además, le había dicho ella, ¿cuántas veces me has preguntado si me gustaría estar con alguno de esos tipos que vemos en las películas? Y cuantas veces te he respondido que sí, tan solo fantaseando con esa posibilidad, y eso no ha significado que cambie nada en nuestra relación ¿o, sí? Entonces, ¿por qué tendría que ser diferente ahora? Le preguntó ella. Y, me confesó Iván, que le había dicho, sin saber por qué, que ahora, por primera vez, se excitaba con solo pensarlo y estaba considerando en llevarlo a la práctica, si ella estaba de acuerdo. Y que ella, mirándolo con incredulidad le había preguntado, y ¿no será para problemas? Pues, es tu fantasía y la mía, le había respondido él, depende de los dos. Y que, ella, pensativa, le había dicho, bueno, tu siempre te sales con la tuya. ¡Adelante!

    Me contó que era su primera experiencia porque, en primer lugar, no sabían con quién hablar del tema y a quién acudir, de manera que el buscó en las páginas de contactos y que a través de ellas había llegado a Jason. Que lo había contactado y que habían conversado sobre el tema, pero que él, en realidad, no sabía muy bien en que se estaba metiendo. Que lo único que lo tranquilizaba era que aquello iba a pasar en un lugar donde nadie los conocía y que, una vez vivida la experiencia, cerraban la página, por lo menos por ahora. Que, al parecer, Sonia se había sentido cómoda con la experiencia, pero que no habían tenido la oportunidad de hablar sobre el tema y que quizá lo harían, con más detalle, una vez estuvieran en su casa.

    Le pregunté, bueno, y ¿por qué con un hombre de color? ¿Acaso a Sonia le atraen? Me dijo que no, al menos no lo habían considerado antes. Que la fantasía surgió por el tamaño de los penes y la supuesta resistencia que ellos tienen a la hora de tener sexo con las mujeres, además que siempre, los que aparecen en las películas, son hombres acuerpados, musculosos y bien dotados. Y era, tal vez, comprobar si todo eso era cierto. Y ¿cómo lo comprobaste? Pregunté. El día que no fui al viaje, yo me encontré con Jason. Le conté sobre nuestras expectativas y las imágenes que tenía mi esposa sobre lo que significaba tener sexo con un hombre de color, y él, allí mismo, se sacó su pene para que yo lo pudiera ver. Me dio mucha pena.

    Bueno, seguí, y ¿cómo fue que aparecieron dos hombres el viernes, en el bar? Es que mi idea era que Sonia estuviera con ambos, por aquello de los tríos, pero ella tenía otra cosa en mente. Ella quería medirse a la experiencia, primero con uno solo y luego, si le gustaba, ver si podía experimentar con lo otro. ¿Y qué la decidió a lo otro, entonces? Tu mujer, respondió. ¿Cómo así? Es que Christian le contó a Jason lo que había pasado con ustedes y le dijo que, para convencer a Sonia, tal vez la presencia de Laura la iba animar. Y creo que así fue, por eso es que andan tan compenetradas y comunicativas el día de hoy.

    Y lo que sucedió es que habíamos quedado de vernos con Christian ese sábado, aunque sin muchas expectativas, porque él había salido de nuestra habitación muy temprano en la mañana, casi a las 5 am, así que pasamos gran parte del día durmiendo. Y, en la tarde, en vísperas de nuestro viaje en la mañana del domingo, decidimos ir al comercio a mirar y antojarnos de comprar souvenirs. Y en esas estuvimos todo el tiempo, como hasta las 5 pm, momento en el cual nos dirigimos nuevamente al hotel. Descansamos un rato y, más tarde, decidimos bajar a cenar. La verdad, teníamos ganas de descansar después de haber estado caminado la mayor parte de la tarde.

    Llegamos al restaurante y, próximos a ordenar, apareció Christian en escena. Hola ¿cómo están? Nos saludó, acercándose a Laura para besarla en la mejilla. El tipo iba muy bien vestido, como para una ocasión de etiqueta, así que le invitamos a que nos acompañara si no tenía algún otro compromiso. Encantado, dijo, pero me gustaría, si no les molesta, que conocieran unas personas. Ellos son muy especiales y pudieran congeniar con ustedes, si no les molesta. Bueno, ¿por qué no? ¿Y pudiera ser que, repliqué, coincidiéramos todos aquí, nos conocemos y cenamos? Déjeme ver, respondió. Ya vuelvo.

    Cuando le volvimos a ver, unos minutos más tarde, venía acompañado de Sonia, Jason e Iván. Llegados a la mesa, y siendo que ya les habíamos saludado y nos habíamos visto antes durante los recorridos en la isla, les acogimos amigablemente. Hola, ¿cómo están? Todo bien, gracias, respondieron muy amigables. ¿Ya se conocían? preguntó Christian. Sí, contesté. Ya habíamos tenido la oportunidad de encontrarnos un par de veces en este paseo. Como que andamos en el mismo plan, ¿verdad? Pareciera, dijo Sonia. Bueno, les presento a Jason. Él es el que sobra en el grupo. ¿Cómo así? dijo Sonia. Es que a él no lo conocían ellos, respondió Christian. Y a continuación; Jason, muy educado y caballeroso, me saludo de mano y saludo de beso en la mejilla a mu mujer.

    Bueno, acomodémonos dije yo, llamando la atención de un camarero, indicándole que nos organizara una mesa para seis. Y, mostrándosenos el sitio, nos dirigimos hacia allá para sentarnos. Yo, sin intención diferente a compartir con todos ellos, insinué la manera de acomodarnos, quedando yo frente a Sonia, Iván frente a Laura, Jasón a un costado de Sonia y Christian a un costado de mi mujer. Y lo hice instintivamente, pensando en la cercanía que ya existía entre Laura, Christian y yo, y la que pudiera existir entre Sonia, Jasón e Iván, dado lo que habíamos visto la noche anterior.

    Pedimos unos cócteles para amenizar el encuentro y, una vez servidos, propuse un brindis, manifestando mi complacencia por estar reunidos, por haberles conocido, por haber disfrutado de su compañía y agradecer las atenciones de nuestros invitados. Iván me miraba como sorprendido y Laura y Sonia dedicaban sonrisitas y miradas cómplices para Christian y Jason quienes, además, se unieron a mis palabras, indicando que les resultaba muy agradable compartir con personas tan educadas y amables y, añadían, que esperaban que la velada fuera de nuestro agrado. Y, en ese momento, yo aún no me imaginaba lo que vendría.

    Vino un trago, después otro trago y, en medio de ellos, la conversación giraba sobre nuestras experiencias y anécdotas durante nuestra estadía, lo que nos había gustado, lo que no y cosas así, nada importante. Nos reímos mucho con los apuntes de cada quien, y Jason y Christian parecían estar a gusto en nuestra compañía. Pregunté, por cortesía, si les apetecía cenar, porque la verdad estábamos pasando un rato muy placentero, pero todos fueron de la opinión de que así estaba bien. Iván, en respuesta a mi actitud con ellos, nos ofreció otra ronda de bebidas. Y ya, entonaditos con el alcohol, nuestra conversación se centró en temas mucho más personales.

    Sonia, quien se había reído de lo lindo con nuestras ocurrencias y tomaduras de pelo, finalmente rompió el hielo. Oye, Laura, preguntó, ¿qué hicieron anoche? Christian, respondió ella, que apenas le conocíamos, se ofreció a mostrarnos la vida nocturna en San Andrés y nos llevó a conocer la discoteca del hotel Sol Caribe. El ambiente estaba super, muy animado, y de allí no salimos sino hasta la madrugada, y nos vinimos para acá, contestó ella. Y ¿vinieron solos? Preguntó Sonia. Christian nos acompañó, contestó mi mujer. Ah, ¡qué rico! Dijo ella. Y tú ¿cómo la pasaste? Le preguntó Sonia a Christian. De maravilla, contestó él, agarrando la mano de mi mujer sobre la mesa, a la vista de todos, que estaban atentos, y dándole un beso en la mejilla. Esta mujer es espectacular, añadió.

    Uuuyyy, dijo Sonia, ¡qué maravilla! ¿Durmieron juntos? Yo no diría eso, dije, más bien compartieron. Esa sería la palabra, porque de dormir hubo poco. Todos se rieron del apunte. Dormimos toda la mañana, continué. Y a ti ¿no te molesta? Me preguntó. Molestarme qué, repliqué. Que Laura haya compartido con Christian. No veo por qué, respondí, yo también fui parte de la experiencia, la presencié, estuve de acuerdo con ello y la acompañé en su aventura, entonces, no debería haber motivo de reproche. Y muestra de eso es que aquí estamos, como dicen Jason y Christian, compartiendo civilizadamente. ¿O, no? Respondí. Perdona, dijo ella, es que no tenemos experiencia y tal vez siento curiosidad. Es todo.

    Tranquila, dije yo. Creo que es normal. Es más, les confieso que es la primera vez que Laura y yo tenemos la oportunidad de hablar así, abiertamente, con otras personas. No todo el mundo se presta para ventilar estos asuntos en público, y público es lo que tenemos aquí el día de hoy, además que contamos con la presencia de los patrocinadores de los eventos, dije yo, señalando a Iván y a mí, a las damas que quieren cumplir sus fantasías, y las señalé a ellas dos, y a los señores que pueden hacérselas realidad, y señalé a Jason y Christian, de manera que todos estamos involucrados, de alguna manera.

    Y, continué, le pregunto a una de las damas, dije dirigiéndome a Laura, ¿qué le llamó la atención de compartir con Christian? Respondió riéndose, pues que lo encontré atractivo, educado, caballeroso, muy varonil y me dejé llevar de la situación. ¿Por qué no? Y ahora le pregunto a un caballero, Iván, ¿qué querías ver, si fuiste el patrocinador de la aventura de Sonia? El respondió un tanto seco y cortante en su respuesta, ver cómo se comportaba estando con otro hombre. Y ¿lo visto llenó tus expectativas? Sin decir palabra, asintió con la cabeza. Y Christian, ¿qué le gustó de la aventura con su dama? Bueno, que ella es una mujer muy fogosa y lo hace sentir a uno aceptado, querido y muy cómodo. Se entrega al momento. Sonia y ¿tú que esperabas? Bueno, respondió, realmente no sé lo que esperaba. Me sentí un poco cohibida estando presente Iván, como que lo estaba traicionando o algo así. La verdad, me sentí un poco inhibida. Y Jason ¿qué paso anoche, entonces? Para mí estuvo bien, pero si noté a Sonia un tanto prevenida. Disfrutaría mejor si vive un poco más suelta la aventura.

    Y, a todas estas, ¿qué nos convoca esta noche? ¿Porque estamos hablando de esto? Porque existe la posibilidad que Iván vea cumplida su fantasía, pero Sonia no está muy segura, y pensamos que ustedes pudieran ayudar. Y ¿cuál es la fantasía? Pregunté mirando a Iván. Que ella esté con los dos, contestó. ¿Y en que podemos ayudarles? Es que no me siento muy segura contestó Sonia. Christian nos ha comentado lo suelta que ve a Laura para estas cosas, así que pensamos que ustedes nos podían acompañar. Todos nos miraron expectantes. Laura dijo, bueno, esto es nuevo para mí, pero si estamos todos de acuerdo, yo no veo el problema. Vamos hasta donde cada uno sienta que lo puede manejar. Si me siento cómoda bien, y si no, también.

    Bueno, Sonia, dije yo, explícame ¿qué tienes en mente? Yo no quiero irme de aquí sin que Iván cumpla su fantasía, pero no me siento tan confiada para hacerlo bien, así que pensé que, si estoy en compañía de otra mujer, con más experiencia, de pronto me anime y me desenvuelva mejor. Iván, ¿estás de acuerdo? ¿No te incomoda que yo esté allí para ver cómo estas tienen sexo con ellos? ¡De acuerdo! No he tenido la experiencia, dijo, pero siempre hay una primera vez. Y ustedes, jóvenes, ¿qué ofrecen? Christian tomó la vocería y dijo, nosotros hacemos lo que ustedes quieran. Lo importante es que ellas se sientan cómodas y disfruten su aventura. Entonces, dije yo, propongan. ¿Cómo lo hacemos?

    Jason intervino. Si les parece podemos ir a la habitación de Sonia, que es más amplia y espaciosa, tiene un pequeño espacio a manera de pista de baile, con iluminación de discoteca incluida, y allí, bailando, podemos empezar a amenizar la noche y calentar el ambiente y ya ellas nos irán indicando cómo avanzar. Me parece bien, dije yo. ¿Qué piensa Iván? Pregunte. ¡Estoy de acuerdo! Solo una cosa, Iván, por si acaso, nuestra fantasía es ver lo que pasa entre ellas y estos, así que nuestro papel será limitarnos a observar. Y, en lo posible, veamos lo que veamos, nos abstenemos de intervenir. ¿Te parece? Sí, de acuerdo, respondió. Y ustedes, señoras, ¿qué opinan? A mí me parece bien, dijo Sonia. ¿Te parece?, Laura, le dijo esperando su aprobación. Si, está bien, respondió ella. Bueno, pues vamos, dije yo. Vayan adelante mientras nosotros pagamos la cuenta y dejamos arreglado esto.

    Christian se tomó aquellas palabras muy a pecho y, tomando a mi esposa de la mano, la invitó a levantarse y, abrazándola por la cintura, la fue llevando fuera del lugar. Jason quizá trató de hacer lo mismo, pero Sonia sólo permitió que la llevara de la mano y, volteándose para mirar a su marido, se despidió agitando su mano. Nos vemos arriba, dijo. No te demores.

    Bueno, Iván, le dije a mi compañero de aventura, nos toca hacer preparativos. Ayer me tocó salir a buscar preservativos, porque en el hotel no había nada abierto a esa hora, así que vamos al almacencito que hay por los lados de la piscina y vemos si encontramos. Por otro lado, nos toca aprovisionarnos de licor, porque la noche va a ser larga, no lo dudo. Si te parece, consigue el licor y acompañamientos a tu gusto y yo busco los preservativos. ¿Te parece? Sí, respondió él. Te espero aquí. ¡Bien!

    Fui al almacencito, que también tenía una sección sexy shop, así que no sólo conseguí preservativos, sino también aceite lubricante, perfume de feromonas, por si acaso, y crema dulce, por si aquellas querían chupar sus paletas de chocolate. Volví al encuentro de Iván, quien ya estaba, con las provisiones, esperándome. Cuando entramos a la habitación de Iván, encontramos a Jason sentado en la salita. Y ¿dónde está el resto? Pregunté. Sonia está en el baño, preparándose, según dijo. Y Laura también quiso arreglarse, de manera que ella y Christian deben estar en su habitación. Ella dijo que no tardaría. Tal vez por eso Sonia también se quiso vestir para la ocasión. Bueno, será esperarlas, dije. Espero que aquellos no vayan a empezar la rumba allá.

    No tardó Sonia en salir y, de verdad, se había esmerado en verse muy atractiva y sensual, usando un body escotado, una minifalda blanca y zapatos negros de tacón alto. Iván se sentó en la sala, junto a su esposa, y empezaron a conversar con Jason, a la espera de la otra pareja. Yo, mientras tanto, me puse a explorar en el equipo de sonido para colocarles música y empezar a animar el ambiente, a la vez que procuré preparar nuestras bebidas, para Iván y para mí, y algo más ligero para ellos. Al rato llegó Laura con Christian. Ella, para no desentonar con Sonia, también utilizaba un body negro bastante transparente, sin sujetador, una falda roja y zapatos también de color negro, y todas las alhajas, pulseras y aretes que encontró a la mano. Ambas lucían muy bien y listas para la función.

    Ya se escuchaba una música de ritmo suave y cadencioso, así que Jasón apagó las luces de la sala, prendió la esfera que iluminaba la pequeña pista de baile e invitó a Sonia a que lo acompañara. Otro tanto hizo Christian con mi mujer, así que los cuatro se acomodaron en aquel limitado sitio y empezaron a bailar, así que Iván y yo, portando cada uno un vaso con un gran trago de vodka y jugo de naranja, nos sentamos a observar. El estaba mirando absorto hacia donde ellos estaban, sin perder detalle, y yo, haciéndome el experimentado, procuraba regular el volumen de la música, acentuar o disminuir la intensidad de las luces, colocar más hielo en el vaso de Iván y servir maní y uvas pasas para acompañar los tragos.

    Más que baile, aquello ya parecía el inicio de sus escarceos amorosos. Realmente no bailaban, sino que balanceaban sus cuerpos de un lado a otro mientras permanecían abrazados. Christian, más confiado, sin dudarlo tanto, estrechó a mi mujer entre sus brazos y, al compás del improvisado movimiento, empezó a besarla. Y Jason y Sonia, viendo lo que sucedía a su lado, parecieron seguirles. De un momento a otro, aquellos procuraron colocarlas a ellas de espaldas, una contra la otra, y vimos como los brazos de Jason se extendían por debajo de los brazos de Sonia para alcanzar y acariciar los senos de Laura, desde atrás.

    Christian ya había llevado las manos de mi mujer para que palpara su miembro y ella, sin tanto preámbulo, se las había arreglado para exponer su pene fuera del pantalón y masajearlo mientras él seguía besándola, y las manos de Jason atendían sus senos. Christian, mientras tanto, había levantado la blanca y corta falda de Sonia y masajeaba sus nalgas. Ella, igual que Laura, se besaba apasionadamente con Jason, pero, más recatada y romántica, mantenía sus brazos alrededor del cuello de su macho. En esos juegos permanecieron un largo rato, hasta que Christian, sin pudor alguno, empezó a desnudar a mi esposa, allí mismo, mientras seguían simulando bailar, estando ambas mujeres en contacto con sus espaldas.

    La falda de Laura cayó al piso y Christian, para estar a la par con ella, se deshizo de su pantalón, quedando tan solo vestido, con su camiseta y zapatos. Sonia seguía besando a Jason, al parecer sin darse cuenta de lo que sucedía a sus espaldas. Poco después Christian despojó a mi mujer de su body, quedando los dos, totalmente desnudos, uno frente al otro. Entonces, en medio, de la simulación de baile, las parejas se separaron un poco y los hombres propusieron un cambio de pareja, encontrándose Sonia con un Christian totalmente desnudo y Jason con una Laura ya totalmente expuesta a su vista.

    Christian recibió a Sonia dirigiéndole sus manos a su miembro erecto para que empezará a sentirlo. Y Laura, mientras tanto, ya estaba siendo masajeada en todo su cuerpo por las hábiles e inquietas manos de Jason, quien aún se encontraba vestido. Creo que Sonia se sintió fuera de lugar al verse todavía vestida y, por propia iniciativa, se empezó a quitar la ropa. Mi esposa, para estar en igualdad de condiciones, se dio la libertad para empezar a desvestir a Jason mientras este accedía a ella para besarla, igual que su amigo lo había hecho antes, lo cual no rechazó. En cuestión de segundos las dos parejas ya estaban desnudas y frotaban sus cuerpos con creciente excitación.

    Christian frotaba su sexo contra el sexo de Sonia quien, a este punto, parecía estar cómoda, mientras que Jason continuaba besando a mi mujer y explorando con sus manos todo su cuerpo. Él era más alto que ella y era notoria la diferencia, porque Jason lograba llegar más abajo de las nalgas de mi esposa cada vez que estiraba sus largos y musculosos brazos. Por el lado de Christian y Sonia, la diferencia no era tanta. Laura y Sonia eran de la misma estatura, aunque Sonia más joven y con un cuerpo más esbelto que el de su compañera de aventura, una mujer mucho más madura y mayor. Pero, aun así, ambas estaban procurando disfrutar equitativamente los machos puestos a su disposición. Y ellos lo sabían.

    Se colocaron ambas parejas, lado a lado, y Christian dirigió las manos de Sonia al pene de su amigo, y atrajo hacia sí las manos de Laura, que instantes antes jugueteaban con el pene de Jason. Princesa, le dijo Jason a mi esposa, ¿podrías acariciar mi pene con tus labios? Y ella, sin dejar de masajear el pene de Christian, se fue acurrucando frente a Jason para meterse la punta de su pene en la boca y empezar a chupar. Sonia seguía masajeando el tronco de aquel pene y, siendo tan grande, para nada interfirió con que mi esposa chupara y chupara ese glande, pues, creo, al sentirlo tan grande, no se atrevía a ir más allá, y menos aún con la mano de Sonia disfrutando de él.

    Yo miraba a Iván, quien estaba encantado con lo que veía. Cada que, de repente, me miraba, yo le decía ¿estás bien? Y él me respondía, ¡súper! Seguramente aquellos dos habían hecho esta maniobra muchas veces, porque se notaba que se complementaban muy bien. Al colocarse las dos parejas frente a frente y lado a lado, Sonia y Laura quedaban situadas diagonalmente en extremos opuestos, de modo que estaban cómodas para masajear los penes de sus machos, Laura el de Christian y Sonia el de Jason, y, en el caso de Laura, chupar con intensidad el glande del pene de Jason. Y Sonia, viendo esto, pareció imitar a Laura y se acurrucó frente a Christian para chupar su pene mientras masajeaba el pene de Jason.

    Pasado un rato las mujeres se incorporaron, quedando frente a frente a sus machos, pero Christian, al parecer más creativo que su compañero, hizo una seña para que Laura y Sonia quedaran frene a frente, mientras ellos dos frotaban sus penes contra sus vaginas desde atrás, aun sin penetrarlas. Ambos se aferraron con fuerza a sus caderas y atraían sus cuerpos para que sus nalgas frotaran sus penes, masturbándose, por decirlo así, con ellas. Y ellas, en esta posición y buscando soporte, apoyaron sus manos mutuamente en los hombros de cada una y ahí, en esta posición, aguantaban las embestidas de aquellos, estando sus rostros frente a frente.

    Ambas estaban disfrutando la situación, pero Laura, más expresiva, de a poco empezó a gemir, a gesticular conforme Jason restregaba su enorme miembro contra su vagina y, en un momento dado, de repente, Sonia y Laura terminaron besándose, presa de la excitación que a ambas les producía el momento. Christian hacía lo propio con Sonia y ella lo que hacía era sacudir sus piernas y caderas, temblando con cada embestida, pero nada de gritos ni gemidos. Tan solo se atrevía a pronunciar un sonoro, Uuuyyy, esto está muy rico, que hacía moverse en su puesto a su ensimismado esposo.

    Así estuvieron un rato más, pero, tal vez, cansadas, ellas quisieron cambiar de posición y se separaron, sin que aquellos, al parecer, terminaran la faena. Laura y Sonia estaban frente a frente y los machos detrás de ellas, pero ahora, y sin tener nada en mente, quizá, Christian tomó de la mano a Sonia y se fue hacia el sillón donde nosotros estábamos sentados, hizo que ella se agachara, estirara sus brazos y apoyara sus manos en la mesa de centro donde reposaban nuestras bebidas y ahí, desde atrás, penetró a Sonia delicadamente y empezó a follarla cadenciosamente. Jason hizo lo propio llevando a Laura para hacer lo mismo y ella, sin negarse, se acomodó y esperó su embestida.

    La escena estaba para pajearnos de la excitación. Ver a ese par de machos penetrando a nuestras esposas, y ver los gestos de placer que aquellos les estaban proporcionando no tiene nombre. Laura, apenas sintió ese enorme miembro adentro, empezó a gemir de forma ruidosa, tanto que me sentí algo incómodo por si la bulla se llegaba a escuchar fuera, pero nada que hacer. Ya metidos en eso, lo mejor era esperar que todo pasara. Y Sonia, para nuestra sorpresa, al poco rato también empezó a gemir. Su esposo estaba maravillado. Nunca antes lo había hecho me dijo. ¡Es increíble! Bueno, añadí, se les salió lo putas que llevan dentro.

    De un momento a otro Jason y Christian cambiaron de posición y seguían penetrándolas como si nada. Eran muy aguantadores porque, en ese momento, y sin tocar mi sexo, sentía como estaba humedeciendo mis pantaloncillos de lo excitado que estaba. La escena era sumamente excitante. Y, pasado un rato, Laura pareció no aguantar más las embestidas y después de un sonoro gemido, se incorporó, agitando su pecho y con la respiración entrecortada. Christian la abrazó, la besó y le dijo, mi reina, estuviste muy bien. Sonia, por su parte, tardó un poco más, pero también pareció llegar.

    Nosotros, Iván y yo, nos levantamos, dando espacio para que aquellos, los cuatro, se sentarán y descansaran. ¡Imagínense! Los dos maridos preocupados por el bienestar de los machos que se estaban follando a sus esposas, pero nos nació tener ese gesto con ellos. Y no sólo eso, sino que también les alcanzamos unos tragos para que se refrescaran un rato. Laura se acercó a mí y, frente a Iván y su esposa, dándome un beso en la boca me dijo, gracias, amor, esto está muy rico. ¿Te ha gustado? Si, dijo ella, esta súper. ¿Cierto? Dijo mirando a Sonia, quien también abrazaba a su esposo. Sí, muy cierto, contesto.

    Los cuatro se sentaron en el gran sofá; los hombres en los extremos y ellas en medio, y empezaron a charlar animadamente. Creo yo, ellos, trataban de elevar el ego de nuestras esposas para que se sintieran bien y no se echara a perder la noche. Christian halagaba a mi esposa, y lo mismo hacía Jason con Sonia. Y nosotros dos, tan solo espectadores, escuchábamos sin saber que decir o hacer. Llegué a decirle a Iván, como que nos faltaría hacer eso en nuestras casas, porque al parecer esos halagos funcionan como afrodisiaco para ellas, a lo cual él asentía afirmativamente, con su cabeza, sin decir palabra.

    En medio de la charla, ya las manos de nuestras esposas jugaban con los miembros de sus machos y aquellos movían inquietos sus dedos para estimular los clítoris de nuestras mujeres. Y, pasado un rato, Jason le dijo a Sonia, mi reina, mi sexo quiere sentir las caricias de tus labios. Y ella, obediente, de inmediato, se colocó en medio de sus piernas, sin dejar de frotar su pene erecto, y se dispuso a chuparlo como aquel lo estaba pidiendo. Si quieres, dijo, muéstrale a Laura cómo es que me haces disfrutar de placer. Oye, ¿me ayudas? Creo que no voy a poder sola, le dijo Sonia a mi mujer, así que Laura se aproximó a Sonia y ambas empezaron a chupar aquel inmenso miembro, turnándose para hacerlo, al principio, y luego ambas, mirándose cara a cara, mientras una le atendía por un lado y la otra por el otro, encontrándose sus lenguas en varias oportunidades, rematando en un femenino beso.

    Christian, que miraba aquel espectáculo, y tenía su miembro erecto, se deslizó con sigilo detrás de Sonia y, ubicándose con sutileza, apuntó el pene a su vagina y la penetró, empujando suavemente al principio, pero incrementado la fortaleza de sus embestidas a medida que ella aceptaba aquello sin rechazarlo y empezaba a contorsionarse con cada embate de aquel. Bueno, mi reina, dijo Jason, ya tu marido te está viendo compartir con dos hombres al mismo tiempo. ¿Estás bien? Si, dijo ella, retirando el pene de Jason de su boca por un instante. Laura, sentada a un lado, con las piernas abiertas, recibía estimulación por parte de este mientras contemplaba la escena que Sonia nos proporcionaba.

    Creo que Christian y Sonia merecen descanso, dijo Jason, después de un rato, así que intercambiaron posiciones. Laura, princesa, te toca a ti, dijo Christian, prémiame con tus caricias, por favor. Laura se colocó de frente a él y, sin dudarlo, empezó a chupar su pene con mucha pasión, como queriéndole hacer llegar ahí mismo. Y Jason, encantado con el trasero de mi mujer, se colocó detrás de ella y empezó a penetrarla. Laura no tardó en activar sus gemidos para anunciar lo bien que lo estaba pasando y hacer que Jason se esforzara por hacerla llegar, lo cual no demoro mucho en suceder. Y creo que, difícilmente, Laura podría resistir tanto voltaje, pues su vagina apenas podía alojar tan grande miembro. Mientras tanto Sonia besaba a Christian, quien recibía los favores de mi mujer, ya próxima a su orgasmo.

    Luego de esto, una vez mi esposa hiciera evidente que llegó al tope, Jason la hizo incorporar y la retuvo contra su cuerpo, manteniéndola penetrada un rato más. Bueno, princesa, dijo, te ganaste un descanso. Ambas merecen un descanso, así que vamos a la cama. Los cuatro se fueron a la cama y, al llegar allí, Jason le indicó a mi mujer que se recostara, y ella así lo hizo, mientras Sonia, Christian y él permanecían de pie. Luego le indicó a Sonia que se acomodara del lado contrario, detrás de la cabeza de Laura y, estando allí le dijo, ¿has probado el sexo de una mujer? No, dijo ella. ¿Quieres probar? No sabría cómo hacerlo, respondió. Bueno, eso no es problema. Laura, quieres cambiar con Sonia. Bueno, respondió mi esposa.

    Lo que Jason sugería era que ellas hicieran la posición del 69. Sonia se tendió en la cama y Laura se montó sobre ella, invertida, atacando su sexo con la boca. Después de un rato, Sonia dijo, se siente rico Laura. Tienes experiencia. Y, a continuación, mientras Laura atendía el sexo de Sonia, Christian penetró a mi mujer por detrás y empezó a taladrarla de nuevo, lo cual hizo que al poco tiempo ella dejara de chupar el sexo de su compañera, por la intensa sensación que estaba experimentando, momento en el cual Jason penetró a Sonia diciéndole, bueno mi reina, a ti lo que te gusta es esto y empezó a empujar dentro de ella a la vista de mi mujer que veía cómo su miembro entraba y salía del cuerpo de Sonia, igual que ella veía cómo el miembro de Christian entraba y salía del cuerpo de mi mujer. Poco tiempo pasó y aquellos machos dejaron que todo volviera a la normalidad.

    Ellas quedaron tendidas sobre la cama, una al lado de la otra, descansado un poco del ajetreo. Y sus machos, dejándolas tranquilas por un rato, se acercaron a nosotros en busca de un trago. Jason nos preguntó ¿todo ha estado bien? Creo que sí, contestó Iván. Ellas tienen la última palabra, pero, por lo que hemos visto, han disfrutado de ustedes al máximo. Esa era la idea, dijo Christian. Si les parece, nos tomamos un trago, les hacemos una última atención y nos vamos. ¿Están de acuerdo? Me parece bien, contesté. ¿Qué opinas? Pregunté mirando a Iván. Sí, creo que ya está bien, a menos que ellas quieran otra cosa. Lo dudo, dije, estos ya las exprimieron bastante.

    Ellas seguían tendidas sobre la cama, acostadas una al lado de la otra, en posición invertida, como habían quedado. Y estando así, estos las abordaron de nuevo. Jason se ocupó de mi mujer y Christian de Sonia. Y Jason, dirigiendo la acción, dijo, bueno niñas, llegó el momento de la despedida, pero no queremos irnos sin dejarles un grato recuerdo, para que no nos olviden. Y dicho esto, cada uno, en frente de su dama, se dispusieron a, literalmente, comerse sus sexos. Vimos como cada uno, arrodillados a los costados de la cama, hundieron sus cabezas en medio de las piernas de nuestras esposas y empezaron su faena.

    No tardaron mucho en hacer que aquellas, ambas, empezaran a gemir de nuevo, momento en el cual los dos, como coordinados, se incorporaron y, montándose encima de nuestras mujeres, las penetraron y les dieron verga hasta que ellos, finalmente, también alcanzaron su clímax. Ambos sacaron sus penes en el momento de eyacular y regaron su semen en el pecho de ellas. Parecieron llegar al tiempo, los cuatro, porque nadie se movió una vez aquellos terminaron su faena. Ellos se recostaron al lado de nuestras esposas, abrazándolas, y así reposaron por un rato, descansando del intenso ajetreo, no sin dejar de conversar con ellas y agradecerles la oportunidad de compartir, esperando que les hubiera gustado.

    Con Iván, mientras aquello pasaba, y ya conscientes de que la aventura había acabado, nos salimos al balcón. Bueno, le dije, nos graduamos de cornudos. ¿Para qué más? Si, dijo él, pero estuvo bien. Sin duda, repliqué. Tanto pensar en preparativos y preservativos y ni siquiera los usaron; ni ellas, ni ellos, ni nosotros le pusimos atención a eso. Ojalá no nos vayamos a arrepentir, dije. Pues sí, dijo él, la verdad, no estuvimos al tanto de eso. Pero ellos estuvieron a la altura. Sí, porque si hubiéramos sido nosotros, hacer rato estábamos durmiendo.

    Volvimos al interior de la habitación y ya aquellos estaban vestidos, mientras nuestras esposas, aun desnudas, permanecían sentadas en el sofá mientras se refrescaban con unas bebidas. Christian y Jason se despidieron de ellas de beso en la boca, como debe ser después de haber disfrutado a sus amantes, y dándonos la mano, nos agradecieron y se pusieron a la orden por si en un futuro quisiéramos volver a hacer algo parecido. Lo tendremos en cuenta, dije yo, seguro. Que vuelvan sanos y salvos a sus casas. Hasta pronto y gracias, una vez más. Chao, dijeron nuestras esposas, y ellos finalmente se fueron.

    Bueno Iván, creo que nosotros también nos vamos. Mañana tenemos viaje en la mañana y no vayamos a perder el vuelo ¿no? Sí, es verdad, replicó él. Nos vemos mañana, entonces. Laura se colocó su body transparente y, sin tanta ceremonia, nos despedimos de ellos. Hasta mañana.

    Bueno, al fin y al cabo, no nos podemos quejar, porque cada uno encontró aquí lo que vino a buscar, le dije a Iván mientras conversábamos en el avión, y recordábamos los detalles de lo vivido unas horas antes. ¿Qué sigue para ustedes ahora? No lo sé, contestó él. ¿Qué va a pasar con su amigo Gustavo? Creo que va a terminar follándose a mi mujer porque, después de esto, ¿qué excusa saco para decirle que no, si a ella le interesa la aventura? Bueno, pues pudiera ser con otros y no necesariamente con su amigo. Sí, dijo él, pero la verdad me siento más confiado y seguro con él que con extraños. ¡Veremos!

    Lo cierto, como dije hace un rato, con esta aventura nos graduamos de cornudos, con todas las de la ley. Espero que nuestra fantasía compartida haya sido para bien y que su matrimonio siga firme y se fortalezca aún más. Y que ojalá volvamos a vernos, al menos para recordar este atrevimiento. Yo creo que sí, dijo Iván, yo creo que sí. Laura y Sonia, mientras tanto hablaban sin parar detrás de nosotros. ¿De qué tanto hablarán? Imagínese, respondió Iván. Estas cosas no pasan todos los días. Y así terminó nuestro viaje de descanso.

  • Los pies de mi amiga Jana

    Los pies de mi amiga Jana

    Mi nombre es Cristiano y vivo en México, tengo 23 años, pero esto pasó hace 1 año. Iba en segundo semestre de la carrera cuando un día estaba con mis amigos observando a las chicas de nuevo ingreso, había una chica que resaltaba a las del resto porque era de piel blanca, rubia y tenía un culo bien formado y era muy alegre. Ella media aproximadamente 1.65 y después supe su nombre, se llamaba Jana. El día que la vi por primera vez llevaba unos leggings negros y hacía ver su culo bien sabroso, en la carrera que estudiamos llevamos uniforme, pero como ella era de nuevo ingreso normalmente la primera semana llevan ropa casual.

    Me tocó recursar una materia y fue cuando me tocó en su salón. Con el tiempo nos empezamos a hablar como compañeros de salón, jamás pensé que yo podía lograr algo con ella ya que mi autoestima en esos tiempos estaba muy baja. Pasaron los semestres y nos convertimos en amigos.

    Todo comenzó un día que yo salí de clases y justamente ella también y coincidimos en la salida, en esos tiempos yo me transportaba a mi casa en camión y ella manejaba un auto. Cuando de pronto me dijo:

    Jana: ¿Que vas a hacer hoy?

    Yo: Me iré a casa, no tengo algo que hacer hoy

    Jana: ¿Quieres ir al cine?

    Me sorprendí un poco porque jamás espere una invitación para ir a algún lado con ella, pero manejé la situación y supuse que estaba aburrida y solo quería un acompañante para desaburrirse un poco.

    Yo: Claro, vamos!

    Me subí a su auto y fuimos a una plaza cerca de la uni. Todo transcurrió normal, tomamos refresco, comimos palomitas y vimos una película de comedia que estaba buena. Al salir de ahí me dijo:

    Jana: ¿Vamos por una cerveza?

    Nuevamente quedé sorprendido por su invitación, por suerte llevaba dinero para poder pagar sin problema, pero al final nos dividimos la cuenta siempre en todo momento que tuvimos que pagar algo.

    Yo: Dale, vamos a la chapu

    Fuimos a un bar que está cerca de la universidad donde todo lo venden a $19 o 1 dólar aproximadamente.

    El ambiente estaba muy bueno, estaba un partido de la selección nacional de México, la gente estaba ambientada, el lugar estaba un poco lleno. Por suerte nos tocó un buen lugar en la terraza del lugar. Después de varios tragos unos señores que estaban enfrente de nosotros nos saludaron y nos preguntaron algunas cosas sobre nuestra carrera, se dieron cuenta porque llevábamos uniforme, el uniforme es una filipina azul y un pants quirúrgico igual azul ya que estudiamos odontología. Les explicamos un poco y les dimos nuestra tarjeta para que nos llamaran por cualquier duda o si necesitaban algún tratamiento dental sin problemas lo podíamos solucionar en la universidad. Los señores se comportaron muy amigables y nos quedamos un rato platicando con ellos mientras seguíamos tomando varias cervezas. Nos regalaron un poco de wiskey y ya aproximadamente a las 10 de la noche decidimos irnos del lugar.

    Por suerte vivimos un poco cerca, mi casa de su casa está aproximadamente 10 minutos en auto. Ella me dijo que podíamos ir a su casa a platicar en lo que se nos bajaba la borrachera un poco. Yo vivo con mis padres y mi hermano, pero ella vivía sola por lo tanto me sorprendí mucho y me pregunte qué es lo que podía pasar en su casa los dos ebrios y solos.

    Llegamos a su casa y nos sentamos en un sillón, ella se acostó y parecía ganarle el sueño un poco. Yo estoy un poco asustado con esas cosas de aprovecharse de las situaciones cuando alguien no está en sus 5 sentidos y no quería arruinar la amistad. Así que por lo ebrio que estaba decidí acercarme un poco, pero no sobrepasar quizá el límite.

    Le dije que hace tiempo había entrado a una escuela de masajes y había aprendido a hacer masajes en los pies. Lo cual no era cierto solamente buscaba una forma de acercarme a sus pies aunque sea, ya que el alcohol me dio valor, tocarle los pies no sería nada extraño para ella, pero para mí que tengo este fetiche sería sumamente excitante.

    Jana: Esta bien hazme un masaje

    Se quitó los tenis y llevaba unos calcetines rosas y se le miraban unos pies delgados y de pronto me excité mucho. Yo sabía que no quería solamente acariciar sus pies por encima de los calcetines y en ese momento sin preguntarle se los quité y dejé sus pies desnudos.

    Ella alcanzó a decir:

    Jana: No me quites los calceti…

    Pero era demasiado tarde ya se los había quitado y tenía sus pies desnudos en mis piernas.

    Jana respondió: Bueno está bien, no importa. Me voy a acostar un ratito porque me siento muy cansada

    Ella se acostó y yo tenía sus pies desnudos en mis piernas mientras le hacía un masaje. Sus pies eran delgados y se le formaba el arco de la planta de los pies de una forma muy preciosa, sus dedos estaban perfectos, la piel de sus pies eran blancos y un poco color rosa, la verdad es que sus pies tenían todo lo que me gusta en ellos. Y desprendían un olor muy rico.

    Yo sabía que era una oportunidad que posiblemente no se iba a volver a repetir así que saque mi celular y empecé a tomarle muchas fotos.

    Después me di cuenta que ella estaba respirando un poco más profundo, ella estaba dormida y yo tenía sus pies ya casi cerca de mi cara, me acerqué para olerlos y a pesar de que ella había estado todo el día con sus tenis y calcetas olían a limpio muy rico. Ya estaba muy excitado y no podía controlarme más.

    Así que decidí dar un paso adelante y decidí pasarle la lengua rápido por si dedo pulgar del pie para ver si ella reaccionaba de una forma positiva o negativa, cuando le chupé el dedo pulgar no me dijo nada y empecé a observarla y parecía dormida profundamente ya que su respiración era más fuerte y ella se había acostado totalmente.

    Empecé a chuparle los dedos de los pies y ella no decía nada, entonces saqué mi celular y me grabé chupándole los dedos de los pies, después guardé mi celular y decidí disfrutar el momento. Empecé con un pie primero y me metí todos sus dedos en la boca, luego le chupé toda la planta hasta bajar hasta su talón. Así más o menos por 20 minutos, luego pase a su otro pie y repetí todo el proceso. Yo tenía mi pene bien erecto y quería masturbarme y correrme en sus pies. Después me di cuenta que ella ya estaba despierta, pero parecía disfrutarlo mucho. Cuando de pronto mi celular empezó a sonar y era mi madre. Contesté y me empezó a cuestionar que a qué hora llegaba a la casa, ya eran aproximadamente las 11:50 pm, le dije que ya iba para allá y que no se preocupara.

    Al terminar la llamada me dijo Jana:

    Jana: ¿Ya quieres que te lleve a tu casa?

    Yo le conteste que sí, que tenía que irme ya

    Le pedí disculpas por chuparle los pies y le conté un poco sobre mi fetiche y le dije que no me había podido controlar.

    Ella me dijo:

    Jana: Jaja está bien no te preocupes, alguna vez escuché sobre el fetiche de pies, pero nunca había conocido a alguien que lo tuviera. Me gusto! se sintió muy bien. -Me contestó.

    Yo: ¿Crees que se pueda volver a repetir?

    Jana: Mmm jaja no lo creo, me gustó mucho, pero no lo sé.

    Entonces fue cuando subimos al auto y ella muy sonriente me llevó a mi casa. Se comportó de una manera muy normal y al final ahí terminó el día. Yo creía que posiblemente ella iba a verme de forma rara después de este día. Pero no fue así, ella siguió siendo muy alegre conmigo y me llegó a invitar a salir a algunos bares donde había música en vivo y otros eventos.

    Yo llevé la situación muy mal, ya que siempre le decía que sí, pero nunca le ponía fecha, ella fue perdiendo el interés y después dejamos de hablar con tanta frecuencia. Me arrepiento un poco porque pude haber intentado lograr algo con la bella Jana, pero en esos tiempos no pasaba por una buena situación y mi autoestima estaba por los suelos, así que decidí dedicarme a mi crecimiento personal.

    Tenía unas joyas en mi celular, videos y fotos de los pies de Jana, todos los días revisaba los videos y me masturbaba día y noche.

    Hasta que un día mi celular dejó de cargar, era un iPhone 7 plus y lo acababa de comprar, fui inmediatamente a reclamar la garantía y lo formatearon para revisarlo. Perdí los videos que grabé esa noche. Resulta que al final el celular estaba bien, solamente era el cable el que se había trozado. Me regalaron otro cable en atención al cliente y todo se solucionó, pero perdí para siempre los videos de cuando chupé los pies más hermosos que había visto hasta entonces.

  • Mi tia Ana me inicia en el sexo (II)

    Mi tia Ana me inicia en el sexo (II)

    “Es la primera vez que siento esto, gracias por decirme que es calentura. Siento ganas de sentir, ganas de que… de gozar”.

    Ana me tomó de la mano, entramos a la casa, cerró y fuimos al dormitorio.

    Así terminaba la primera parte de mi historia. Fuimos a su dormitorio y me dijo que me quite toda la ropa, era tal mi estado de excitación que no dudé en hacerle caso. Ella hizo lo mismo. Nos pusimos de rodillas enfrentadas y con las rodillas separadas casi al máximo, a casi un metro una de otra. Mi calentura subía al ver el cuerpo desnudo de Ana, y no saber qué iba a pasar, pero sabía, confiaba en ella.

    Ana empezó a acariciarse lentamente los pechos, pasaba sus dedos por los pezones y jugaba con ellos. Yo la empecé a imitar, sentía lindo ese contacto. Ana con cara de placer introdujo dos dedos en su boca, yo chupaba mis propios dedos, de pronto imaginaba que era el pene de un hombre, mi otra mano seguía ocupada en mis pechos. Una vez que los tuvimos bien mojados comenzamos a acariciar los pezones. Por primera vez en mi vida, a los veintiocho años sentía choreaban mis jugos por mis piernas.

    Ana había tomado un aceite para el cuerpo de su mesa de luz, puso un poco en sus manos y en las mías. Me mostró como recorría su propio cuerpo, tal como yo.

    “Sentí Flaca, sentí el placer de acariciarte tu propio cuerpo, como tu piel se alegra de recibir esas caricias”

    Sus palabras lograban despertar mis sentidos, no excitarme, me excitaba comprobar que lo que ella decía era verdad.

    Se detuvo, me miró, se sonrió y me dijo

    “Ahora, subimos el nivel, lista?”

    “Si, lista”

    Separó los labios de su vagina y comenzó a jugar con su clítoris. Yo la seguí, y ella me indicó

    “Cuidado, es muy sensible, mimoso”

    Le hice caso, y realmente era sensible, desde allí por mi espina, impulsos eléctricos sacudían mi cuerpo, estremecían mi cerebro. A pesar de tener los dedos con aceite, nuevamente introdujo dos en su boca, le pasaba la lengua, me miraba con lujuria, haciéndome saber que pensaba lo mismo que yo, que la imitaba. Los llevamos del nuevo al clítoris, pero esta vez dejándolos extendido solamente los subíamos y bajábamos.

    “Sentílos, los picarones, quieren jugar con nosotras, es como si tuviesen vida propia, huy, están muy picarones, muy calientes, sentí como se aprietan contra nosotras, prepárate porque me parece que quieren…”

    Y no continuó porque efectivamente querían penetrarnos y lo hicieron, Respiré profundo, años sin sentir nada dentro mío y de pronto, de pronto el placer

    “Cuidado, dijo Ana, estos chicos son muy malos, nos quieren hacer poner locas para gozarnos ellos, anda a saber que quieren hacernos los chanchos.”

    Ella relataba todo tan perfecto, que a sus palabras, mis sensaciones, se sumaban flashes con imágenes de lo que ella relataba, cerraba los ojos y los veía reír dentro de mi vagina, cómplices, los veía tramar algo. Las sabanas bajo mío eran casi una laguna, mis fluidos caían sin pasar por mis piernas.

    “Sentí, dijo Ana, ahora están buscando con sus yemas algo en la pared anterior de nuestra vagina, por favor, que no lo encuentren, porque nos van a hacer mierda, buscan a G, no, Aggg los míos lo encontraron, no, me hacen sentir todo junto.”

    “A mi igual Ana, me siento dominada por ellos, pueden conmigo, no los puedo detener, Aggg, me matan, como hago, decime”

    “Solo hay una forma, con la otra mano apretate las tetas, y esos traviesos sacalos y metelos con todo de tu concha, apretando contra el G. Mostrales quien manda, eso.”

    “Flaca, por favor, uno se está yendo para mi ano, quiere entrar, aunque más no sea un poquito, me quiere hacer acabar con todo. “

    “A mí ya se me metió, entran y salen los dos, Nooo”

    Lo que era temblor se hizo convulsión, de pronto mis pechos me dolieron sin que los apretara, mis brazos caían muertos al costado de mi cuerpo, mi vista estaba nublada. Vi que Ana estaba igual que yo, sin pensarlo me acerque a ella y la bese. Primero la sorprendió, pero enseguida respondió.

    Nos quedamos de rodillas, tomadas de las manos por un rato.

    “Me vas a tener que invitar a tu cama porque esta la hicimos mierda”

    Dormimos juntas, pero nada pasó.

    Casi sobre el mediodía nos despertamos. Me dolía cada uno de los músculos de mi cuerpo. Me duche, y luego mientras preparaba el desayuno se ducho rápido Ana. La vi venir y me paré a servirle jugo y café. Pasó por detrás de mí y me dio una palmada en la cola.

    Nos sentamos sin hablar, solo sonreíamos. Hablando lo mínimo fuimos a la playa. Caminábamos juntas, empujándonos con los hombros. Peleábamos como chiquillas.

    “Parece que ninguna quiere hablar” dijo Ana.

    “Ana, todavía estoy destruida, ni se cómo puedo caminar”

    “Pero…”

    “Si tía, me gustó, mucho, demasiado, tía”

    “jaja sí que te calentaste, eras una máquina de gozar, y yo también, lo reconozco. Ni sé cuántos orgasmos tuve.”

    “Juro que yo tampoco, y es una pena, porque me gustaría saber cuántos fueron la primera vez que tuve orgasmos. Pero tenías toda la razón es hermoso gozar, y eso que solo fue masturbarme.”

    “Yo quiero ser honesta con vos, como vos lo fuiste conmigo, Me calentó mucho verte masturbando frente a mí. Alguno de mis orgasmos fueron pensando en vos…”

    Fuimos al agua, para ver si el mar recomponía nuestras energías. Cuando salíamos vimos que de frente venía un flaco como de un metro noventa, un físico tremendo y una malla de lycra ajustada.

    “Por dios Flaca, mira lo que viene ahí”

    Pasó a nuestro lado y con poco disimulo lo miramos de arriba hasta la ingle, nos detuvimos y seguimos hasta los pies.

    Nos dimos vuelta y tenía un hermoso culo. Ana se colgó de mis hombros como si se cállese.

    “Flaca, viste eso, ese animal nos parte al medio a las dos en fila, No menos de 25 calza, y bastante gruesa.”

    “No te entiendo Ana, acordate que soy “nueva””

    “Que tiene una pija de 25 centímetros y bien gorda, entendiste”

    “Es un animal”

    “Decí que a Marcos lo respeto, porque…”

    Cenamos y volvimos a salir para ver la noche.

    Tomábamos nuestro primer whisky cuando me preguntó:

    “Flaca, en serio, te sentiste bien? No te sentiste forzada, porque no me gustaría que sientas eso”

    “Ana, para nada, y hoy me siento viva por primera vez. Solo puedo agradecerte”

    “Me alegro, solo me interesaba y me interesa que descubras el sexo”

    Se quedó callada, mirando las estrellas. Pude ver de costado una sonrisa

    “Que pasa Ana? Te quedaste callada, y ahora sonreís mirando las estrellas”

    “Nada, flaca, nada, todo bien” me dijo mirándome con esa sonrisa en el rostro y mirada picara.

    “Ana, dale, te conozco y algo pasa”

    “No te enojes, pero hoy empezó a darme vueltas por la cabeza una fantasía con vos, eso”

    “mmm, viniendo de vos y tu cabecita debe ser muy caliente e interesante”

    “Eso te lo aseguro, pero mira que puede ser medio fuerte para vos, si no te sentís a gusto, quiero que me digas”

    “Vamos”

    Entramos, fuimos a su cuarto y nos pusimos a los pies de la cama, me miró y me preguntó

    “Empezamos?”

    Asentí con la cabeza. Me pidió que cierre los ojos, cosa que hice. Unos segundos después sentí que me ponía una venda en los ojos. Sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, aún con ropa. Sus manos “aparecían” y “desaparecían” segundos después, en mis pechos, mi cara, mis piernas. Nunca pude adivinar donde sería el siguiente lugar. Primero fue mi remera y por no tener brazier, mis pechos quedaron al aire. Acariciaba uno mientras su boca besaba mi nuca, por segundos no me hacía nada y después, acariciaba mi trasero aún con el short. Me lo sacó, al igual que mi tanga. Volvía a mis pechos, los chupaba, apretaba suavemente los pezones.

    “Me volves loca Ana, muy loca”

    “Me alegro, quiero que te entregues, a mí y al placer”

    “Lo estoy, claro que lo estoy”

    Sentí una de sus manos con aceite recorrer mis pechos mientras ella basaba mi cuello desde atrás, y apoyaba sus pechos en mi espalda, de pronto sentí como separaba mis labios y sus dedos jugaban con mi clítoris.

    “Goza, Flaca, dame tu primer orgasmo de la noche”

    Demoré solo segundos en complacerla y al instante sus manos desaparecieron. Moví mi cabeza como si pudiera verla. Lo que volví a sentir como ataba con una cuerda mis muñecas a los costados de mi cintura. Increíblemente no tenía miedo.

    “Huy que caliente que estás, parece que te gusta que te dominen” me dijo

    “Si” susurre, “me gustaría probar”

    Lo siguiente que sentí fue sus manos apretando mis pechos y acariciando mi clítoris. Ella se pegó con fuerza a mi espalda y refregaba sus pechos con fuerza. Claramente me dominaba, más mental que físicamente. De pronto sentí como su mano con aceite recorría el canal entre mis muslos, con intensidad, haciéndome sentir que efectivamente estaba allí, que no era un accidente. Todo era lento y vertiginoso el mismo tiempo. Lento el movimiento de sus manos y su boca, vertiginoso como cambiaba de lugares.

    Sentí que sus manos me dejaban de tocar, pero fueron segundos hasta que corrió el pelo que caía sobre mi espalda, besó mi nuca y metió un dedo en mi boca. Fue desatar una locura de chupar, lamer, pero como todo duró poco.

    “Mmm, me parece que el sexo te está gustando mucho pero mucho, hasta casi convertirte en una putita” me dijo.

    Escuchar eso, me estremeció, si, era así.

    “Si, pero en tus manos, solamente en tus manos” le dije. Después ella me contaría que eso desato toda su pasión y liberó su calentura.

    Comenzó a besar mi espalda desde la nuca y fue bajando lentamente, sentía como su boca dejaba un camino de humedad en mi piel. Llegó donde empieza la cola y me hizo inclinar hacia adelante, sus manos separaron mis cachetes y mi ano y vagina quedaron a su disposición.

    De pronto sentí que algo parecido a un rayo trataba de introducirse en mi ano, era su lengua, lo lamía, forzaba la entrada para volver a lamerlo y forzar la entrada. Yo me estremecía, ella me sostenía de la cintura, sentía como esa lengua vencía toda resistencia.

    “Ana, por favor, para, me muero, no aguanto más, tanto placer, me tiemblan las piernas”

    “Ponete de rodillas entonces”

    Lo hice y durante casi un minuto no sentía nada ni escuchaba nada

    Tres de sus dedos entraron en mi boca, casi bruscamente. Los empezó a meter y sacar.

    “Uy, estás de rodillas frente a él, podes sentirlo en tu boca, como te penetra, hace gozar a tu hombre sin manos, solo con tu boca, y sentí como vos misma gozas haciendo gozar. En este momento vos tenés el poder, aunque el crea que es al revés, solo vos y tu boca dándole placer, ni lo tocas, solo con tu boca, Se egoísta, busca tu orgasmo mientras lo chupas y el no acaba, porque vos jugas con tu boca, vos marcas el ritmo.”

    Fui entrando en un torbellino de excitación, podía sentir todo lo que Ana me decía:

    “Hablale, pedile que te haga lo que te gusta cuando vos termines con él, él es solo un objeto de placer para vos, vos estas atada, pero realmente vos dominas, él depende de tu boca, tu boca lo retiene.”

    “Quiero verte loquito, que me penetres con todo, sentir que nada de esta pija queda afuera, después que me la metas en el culito, despacito, suavemente, y cuando estés todo adentro mío, que sueltes esa bestia salvaje y me cojas bien cogida, como una mujer como yo merece ser cogida.

    Y cuando yo quiera, sentarme con tu pija en mi concha, mirándote a los ojos y volverte loco, moviéndome como serpiente tragándome toda tu pija, mirándote a los ojos para que vos veas mi calentura”

    Todo esto mientras chupaba y lamía, escuchar mis propias palabras hizo que acabara un par de veces, no podía creerlo.

    Ana me hizo acostar boca abajo, se tendió a mi lado y me metió dos dedos en la concha, y me masturbó hasta que saco un orgasmo. Y tras eso, sin ningún tipo de aviso, los metió lentamente en mi culo, me lamió la oreja y me dijo

    “Ahora Flaquita, si, ahora a gozar como una buena puta, porque sabes, las dos somos dos buenas putas.”

    Me moví como loca, mi cintura subía y bajaba, y por fin llegué a orgasmo. Brutal, sus dedos estaban enterrados en mi culo, caí rendida.

    Por un par de minutos no reaccioné. Ana me sacó la venda, Ella estaba sentada con las piernas abiertas masturbándose. Yo la miraba, reptando me fui acercando a su vagina, ella no decía nada. Cuando tuve al alcance su concha la comencé a chupar… nunca hubiera imaginado verme haciéndolo.

    Ella me desató y mis dedos la penetraron por los dos agujeros, le saque dos orgasmos y caímos agotadas. En medio de las sabanas recién puestas y ya sucias. Nos dimos un beso y nos dormimos.

    Espero les haya gustado, queda la tercera y última parte, espero que me acompañen.

    Ah les pido que dejen sus comentarios al pie.

    Marisa

  • Con un vagabundo en el centro de la ciudad

    Con un vagabundo en el centro de la ciudad

    Hola a todos, no ha pasado más de la semana desde que subí un relato contando como me sorprendió mi padrastro con un plug en el ano y al día siguiente solamente le chupe la verga, bueno, esto tiene lugar dos días después, decidí aumentar el nivel de morbo en mi ser, así que me puse a pensar que tipo de hazaña podría hacer yo esta vez que me produjera excitación; así que recurrí a un viejo relato que leí hace tiempo sobre un chavo que se cruzó con un vagabundo y este se lo cogió.

    Entonces como siempre me dispuse a crear un plan, hace unos días venía observando a un señor en el centro de mi ciudad, casi en el bulevar, en un edificio casi abandonado, salvo por algunos negocios que están a los lados, pero la entrada principal al edificio está en total abandono, bueno, ahí mire a un señor casi tirándole a anciano, diría que de unos 55 años, ya canoso, pero eso si, aseado, pues siempre tiene todo acomodado, sobre pilas de cartón y varias mantas se encontraba ahí.

    Esa noche me arme de valor para ir hasta ahí y ser cogido por otro extraño; me prepare con mi mochila, dispuse de lo necesario, como condones, lubricante, mi plug (no puede faltar, jaja) así que llegué a las altas horas de la noche, creo eran las 2 de la mañana, una vez que llego al sitio no veo al señor (Alfonso, así se llama) me quede un rato en la parte de enfrente del edificio, supuse que si me veía en su lugar de descanso no llegaría por temor de ser reprendido; al cabo de unos 20 minutos, llegó, con mas cartones, en eso llego yo, me presenté, y comenzamos a platicar, me dijo que lleva un tiempo en la zona, para ver si lograba algo de suerte encontrando comida y un lugar donde dormir, me dijo porque estaba tan noche fuera de mi casa, a lo que le respondí que estaba buscando a alguien que me hiciera sentir bien, y me respondió que si una mujer, a lo que le dije que no necesariamente; seguimos hablando y le comento que he estado publicando cosas calientes en esta página.

    De primero se le hizo raro pero fue agarrando confianza y le dije que no sabía si era por eso que me gustaba que me penetraran, ya entrando un poco mas allá de las palabras, le comenté que traía puesto un plug, (él no sabía lo que era) así que le dije que es como un tapón que se pone en el ano para dilatarlo y que haya una penetración mas sencilla y sin dolor; acto seguido le dije que si se lo podía enseñar, a lo que dijo que sí, entonces me recuesto sobre su regazo (él estaba sentado como si estuviera en la acera, pues no había sillas ni nada donde sentarse) luego me bajo el pantalón que es de esos tipo stretch que pueden estirarse; los bajo hasta la parte de mis glúteos para acto seguido despegar mis nalgas y pudiese ver el plug y su vistosa joya color rosa.

    Me dijo que le gustó, que se veía chingón en unas nalgas como las mías, después me empezó a manosear, ya excitado le dije que me enseñara su verga, y así fue, se bajó los pantalones y ahí pude ver el tronco que se cargaba, que a pesar de su edad se veía bastante bien, le dije que si podía tocarla, a lo que me dio su permiso, y comencé a acariciarla, después sin previo aviso me lo metí a la boca para saborearla, sabía algo extraño, pues hay que considerar que es una persona de la calle y no tiene la higiene que debería, pero aun así no me importó; seguí con la faena unos 10 minutos más o menos, para después decirle que me gustaría que me cogiera, a lo que él aceptó.

    Nos metimos un poco más hacia adentro del lugar en donde estaban los cartones, y ahí me desnudé por completo, él solo se quedó con la sudadera que llevaba, saque un condón de mi mochila y se lo coloque, pues era algo de noche y solo teníamos las luces de la autopista, me saqué el plug y me puse un poco de lubricante; y entonces comenzamos el show, me puse en cuatro e inició con solo la punta, pues me dijo que si no me iba a doler, a lo que le respondí que el plug ya hizo su trabajo, aun así lo fue metiendo poco a poco, no cabía en mi la emoción que sentí en ese momento, de ser penetrado por un extraño en un espacio público. Me siguió dando y dando hasta que cambiamos de la posiciones de perrito, a colocarme arriba, la sensación era indescriptible, nunca había estado arriba, casi siempre estaba yo boca abajo o en cuatro patas.

    Después me siguió cogiendo, esta vez de lado y yo con una pierna levantada, estábamos probando varias posiciones, cosa que casi nunca hice. Luego nos levantamos y siguió penetrándome esta vez de pie y yo con mis manos en el suelo, casi como la del perrito pero con las piernas estiradas y yo con la cabeza casi en el suelo; este hombre me estaba haciendo suyo y eso me subió la excitación. Era increíble la facilidad con la que entraba y salía su verga de mi culo, pudo deberse al lubricante pero la verdad entre cada que sacaba su pene, podía notar que mi ano estaba bien abierto, gracias al plug.

    Después la siguiente que probamos era yo acostado y con las piernas en sus hombros mientas ligeramente me levantaba, esa me encantó mucho, seguido de eso él se sentó en la acera y yo dándole la espalda en cuclillas; ambos gozamos a nuestra manera, yo gemía poco y le decía cosas como: eso, sigue dándome, no pares, más rápido; él solo se quedaba en silencio, de vez en cuando me decía: ¿te gusta? a lo que respondía que sí. Luego por ultimo hicimos una que se llama la carretilla, que es parecida a la de coger de pie con la diferencia que esta vez mis piernas están arriba y mis manos abajo.

    Luego de un rato de estar repitiendo algunas posiciones note empezó a eyacular dentro de mi, traía condón pero aun así sentía los disparos dentro de mi, termino encima de mi del agotamiento; lo dejé unos momentos hasta que se levantó y sacó el condón de mi ano, se había quedado atrapado, jajaja, me lo dio y le hice un nudo y lo guardé en mi mochila, le dije que mas al rato lo iba a tirar a la basura, ambos quedamos extasiados, nos quedamos un rato con los ojos cerrados, y ya faltaba poco para amanecer, eran las 5:40 de la madrugada, ya estaba saliendo el sol, así que nos vestimos, me despedí de él, le di $200 para se fuera a comprar algo de comida, me volví a colocar mi plug y me fui directo a mi casa.

    Volví a tomar un baño; después me recosté un rato hasta que recordé que traía el condón usado con su líquido, por lo que entonces desenrolle y metí mi plug dentro de ese manjar y lo saque y me lo metí a la boca para saborearlo, como si se tratara de un dulce, volví a meterlo al condón y esta vez me lo metí en el culo, entraba como cuchillo caliente en mantequilla. Ya con lo último que quedó me recosté sobre la cama y lo coloque hacia abajo para que saliera todo el semen directo en mi boca.

    Y este es mi relato, yo creo que es el más hot hasta hoy, no solo por haberlo hecho en público y con un extraño sino por probar nuevas posiciones.

    Les dejo mi correo por si acaso quieren contactarme: [email protected].

  • El amigo camionero de mi padre (5)

    El amigo camionero de mi padre (5)

    Cuando me desperté eran casi las doce de la mañana, estaba algo aturdido y cansado, mi culito todavía se resentía de la doble penetración de la noche anterior, pero mi cara era de satisfacción morbosa, me gustó aquella situación, Rubén sabía ponerme a prueba y sabía darme el morbo que yo pedía constantemente, por cierto se había largado sin mi a la ciudad a descargar el camión, había sido considerado y amable conmigo y me había dejado descansar.

    Me levanté y tome una ducha caliente que me sentó fenomenal, me vestí y baje al bar y por la hora que era ya casi tome un buen almuerzo con una gran cerveza que me acabo de espabilar y ponerme de nuevo al cien por cien , estaba preparado para todo lo que me pudiera venir encima ese día. Rubén todavía tardaría en llegar, por lo que di un paseo por la zona y volví a echarme un rato a esperar que viniera.

    Eran sobre las seis de la tarde cuando una mano enorme y unos labios carnosos me cogieron de los huevos y me besaron respectivamente, me asusté, abrí los ojos era Rubén que había vuelto…

    Yo: cabron me has asustado.

    Rubén: todavía duermes o qué?

    Yo: me había tumbado después de estar un rato esperándote y me he quedado sopa.

    Rubén: cómo estás pedro? Ya recuperado?

    Yo: si, si, gracias tío lo necesitaba, te lo agradezco.

    Rubén: te vi algo cansado y decidí dejarte, total solo era llevar el camión y que lo descargaran. Por cierto he estado con unos viejos amigos españoles que trabajan allí, hemos estado comiendo juntos, me han hablado de un local muy bueno para tomar unas copas, les hable de ti y quieren que vayamos está noche a disfrutar un poco. Qué te parece? Podemos volver luego aquí pasar la noche y ya regresar a España…

    Yo: uyyy… Qué tipo de local es ese? Y quiénes son esos amigos? Qué les has contado de mi? Qué te conozco.

    Rubén: nada tío ya sabes, es un local ambiente gay, mis amigos son muy cachondos y tú eres un buen putito, no lo puedes negar, solo será tomar unas copas y seguir el rollo.

    Yo: madre mía Rubén, te conozco pájaro, pero bueno hablando de morbo y fiesta, porque no ir, siempre tengo la opción de coger un taxi y volverme.

    Rubén y yo nos duchamos, nos acicalamos un poco y llamamos a un taxi para que nos acercara a París, eran sobre las doce de la noche, el taxista nos introdujo por un barrio un tanto oscuro, de repente paro delante de un garito con una gran puerta y un gran cartel de neón, bajamos del taxi y en un rincón habían cuatro hombres que enseguida alzaron la mano a Rubén, nos dirigimos hacia ellos y Rubén me los fue presentando uno a uno. Este es Jean, un tipo de unos 60 años, corpulento, calvete y barba, barrigón, este es Luis me presento al segundo, un tipo de unos 50 años normal, con gafas, bigote más bien delgado y alto, este es Fran, bajito, gordete, tripon y este es Pierre un chaval de obre 28 años, fibradete, guapete, barbita y una buena melena, les choque la mano a todos ellos y pasamos dentro del local.

    Una vez dentro, enseguida empezamos a tomar cubatas, el ambiente era oscuro, luces tenues, sillones alrededor de unas mesas, nos sentamos y entablamos conversaciones sin sentido, la música de ambiente todavía hacia más difícil escucharnos, los camareros medio en pelotas y un par de gogos bailando en dos atriles eran nuestra distracción. El tiempo iba pasando y los cubatas haciendo efecto, Jean el sesentón estaba a mi lado, me puso el brazo por mi cuello y con la otra mano empezó a acariciar mi paquete, yo no puse resistencia, mi rabo se puso a mil, me daba mucho morbo la situación, Fran que estaba al otro lado sin pestañear se abalanzó sobre mi y empezó a morrearme, estaba siendo sometido a todo tipo de tocamientos por ambos, mientras los demás miraban, incluso Rubén que me sonrió, después de un buen rato manoseándome, me propusieron pasar a la zona de reservados, allí nos llevamos los cubatas, unas cortinas cerraban una serie de cuartos, en donde había espacio para un par de sillones, un colchón redondo en el suelo y varios aparatos como un potro y una rueda con grilletes.

    Entramos a uno de esos cuartos, todos menos Rubén, que lo había perdido de vista, nada más entrar mi cuerpo empezó a recibir caricias y manoseos de aquellos cuatro hombres, no tardaron en desnudarme por completo, y en segundos tenía a uno comiéndome el rabo, a otro morreándome, y a otro pasando su polla por mis nalgas, el otro se sentó y observo el espectáculo, parecía Pierre el más joven, enseguida estuvieron todos en pelotas, sus barrigas, sus cuerpos peludos, se restregaban contra mi, podía notar sus pollas rozándome, yo cerré los ojos y me deje llevar, el que tenía puesto por detrás , empezó a meter sus dedos en mi culo, notaba algo fresco, debía ser lubricante, porque entraban y salían sin resistencia seguían comiéndome la boca, los pezones, mi polla seguía siendo mamada por uno de ellos , de repente el que tenía detrás me empujó hacia una zona donde había un potro me recostó sobre él, me engrilleto las muñecas a unos salientes y me abrió las piernas, vi cómo se ponían uno detrás del otro en fila, el primero fue jean, puso su polla en mi culo presionó y empezó a follarme, la notaba gorda, no muy grande pero si muy gorda y dura, mi culo la recibió tranquilo, gozaba de ella, me molaba la situación, las embestidas fueron aumentando, los demás jaleaban, dale fuerte, romperle el culo, Pierre se levantó con su cubata y se puso delante de mí, acariciaba mi pelo y mis mejillas, mientras Jean seguía follándome y gimiendo, ahhh, ummm, cabrón que culito tienes, yo también gemía, porque gozaba como un putón, note como aquel hombre aumentó su ritmo y como sus gemidos fueron a más, sabía que iba a correrse, saco su polla , apartó a Pierre y me la dio a mamar, no hizo falta más que unas cuantas mamadas y lamidas a aquel pene para que jean empezará a descargar en mi boca, trague lo que pude, lo demás cayó al suelo, Luis me desató, el tipo delgado, se sentó en el sofá y me dijo que se la comiera, me arrodille y empecé a comerle la polla bastante larga, pero más delgada que la de Fran, mi boca enseguida empezó a lamer todo su tronco y tragármelo entre jadeos del tipo que suspiraba sin parar, mientras los demás me pegaban palmadas en las nalgas y acariciaban mi ano con sus dedos.

    Después de un rato comiéndole la polla me dijo que me sentara sobre ella, se la agarró con una mano y me puse de espaldas a él y fui introduciéndomela, hasta que de un golpe me la metió, con sus manos agarró mis pezones y empezó a pellizcármelos y yo empecé a galopar sobre su polla que entraba y salía de mi culo dándome gran placer, ahhhh, sus pellizcos en mis pezones dolían, pero me excitaban, jean le hizo un gesto a Fran y le dijo follatelo también a este le caben dos pollas , no lo dijo Rubén? Y jean me alzó las piernas tumbando su espalda sobre su pecho mi culo con su polla dentro quedo a la vista de Fran, que se acercó con su polla bien dura y posicionó sobre mi culito, presionando fuertemente, yo grite varias veces, hasta que Fran introdujo su pollón en mi culo que ya estaba lleno con la polla de jean, entonces empezaron a moverse los dos, follandome sin pasión, yo tenía una sensación entre placer y dolor, pero no quería que dejarán de follarme, ummm ahhh, los gemidos se entremezclaban.

    Pierre se puso al lado de mi cabeza, dejo caer un escupitajo sobre mi boca y después paso a lamerme los labios y morrearme, aquel muchacho era un tanto rarito pero me gustaba, era un pion, entonces sin bajarse el pantalón se sacó la polla por la bragueta, por cierto gran pollón, lo arrimo a mí boca y empecé a lamerle el capullo, después presionó mi cara, para que abriera mi boca e introdujo toda su polla en mi garganta, casi me ahoga, pero pude recuperar el aliento y seguir mamándosela, la cara de Pierre se transformó, era el placer escenificado, cerró los ojos y temblaba mientras se la comía, mientras tanto mi culo seguía abierto por las pollas de aquellos tipos, el dolor había dejado paso al placer, y ya estaba completamente dejado a dejarme hacer lo que fuera, aquellos hombres, me pusieron de todas las formas posibles, me metieron sus pollas tantas veces como se les puso dura, sus lefadas, cubrían desde mi cabeza hasta mis pies, pero aún les quedaba cuerda y me pusieron de rodillas, agarrando sus pollas entre sus manos y haciéndome tragármelas de una haciendo rueda, Pierre no participo, se hecho a un lado a observar, así estuve chupando sus pollas más de media hora, me dolía las quijadas, hasta que uno a uno se fue corriendo en mi boca o sobre mi.

    Estaba un poco ido, pringoso, extasiado, pero con ganas de placer y de satisfacción, me había corrido más de tres veces y sin llegar a tocarme, aquellos hombres me habían hecho sentirme la zorrita más puta del mundo, su esclavo, su objeto sexual y eso me gustaba tanto que mi placer fue inmenso. Se limpiaron poco a poco y se vistieron, uno a uno se fueron marchando de allí yo me quedé tumbado sobre aquel colchón redondo del suelo con los ojos cerrados, casi sin respiración, note que me tocaban, abrí los ojos, era Pierre que pasaba sus manos limpiando mi cuerpo con toallitas, me guiño un ojo, y me deje llevar, Pierre me ayudó a levantarme, salimos de aquel cuarto y ni rastro de sus colegas y tampoco de Rubén, tome un poco de agua, y le dije a Pierre si me podía pedir un taxi, pero él me dijo que si quería pasar la noche con él en su apartamento, yo lo mire y asentí con la cabeza, salimos de allí, me llevo a su coche y de allí a su apartamento.

    Y hasta aquí este nuevo episodio con Rubén el amigo camionero de mi padre, espero os haya puesto cachondos y morbosos, de eso se trata, besos y lo dicho por Instagram hablamos, vlcpedro22, contestó a todos.

  • Papá, más despacio, pero no pares

    Papá, más despacio, pero no pares

    Soy Manuel, tengo 45 años y hoy les contaré cómo mi matrimonio de 20 años acabó hace un par de meses. Lucía y yo nos conocimos en el cuarto año de Administración en la universidad, salimos tan solo tres veces y decidimos ir más rápido, tan rápido que esa noche de sexo salvaje terminó con ella embarazada y yo planeando un presuroso matrimonio. Nos casamos y al séptimo mes de casados ya llegaba Emma, nuestra pequeña, un dulce tal cual como su madre. Los años pasaron y así como la vida todo toma su curso natural, veinte años después esa pequeña pasaría a ser toda una mujer, y que mujer…

    Emma con sus 19 años mide 1,65 cm de altura, piel muy blanca, un trasero envidiable y un par de tetas que hipnotizan, piernas gruesas y unos ojos cafés claros. Desde pequeña fue muy apegada a mi porque coincidimos en el carácter pacífico, todo lo opuesto a Lucía, su madre. Lucía tenía las mismas cualidades en cuanto a lo físico pero un carácter intratable. Pues sabiendo todo esto vamos al problema y cómo fue que inicio. Mi pequeña Emma estaba cursando el segundo año de enfermería y tenía exámenes por lo que una de sus compañeras vendía una noche de sábado a quedarse con ella para poder estudiar, o al menos era eso lo que nos dijo a su madre y a mi. Cenamos y entre bromas y chistes la noche transcurrió rápida, terminado todo mi ahora ex mujer y yo fuimos a nuestra habitación para que ellas pudieran empezar a estudiar. Lucía hace unos 3 años toma unos sedantes ligeros para conciliar el sueño rápidamente luego de haber sido diagnosticada de estrés, la vida de administrar y ser madre es difícil y era de entender. Por mi parte me cuesta dormir pero prefiero no recurrir a medicamentos por lo que esa noche ya era un poco tarde, según recuerdo daban casi las 1 de la madrugada. En vista de no poder dormir decidí ir por un poco más de agua ya que la jarra de la habitación la había vaciado. Cuando me disponía a bajar las escaleras me distrae la luz del cuarto de mi hija aun prendida.

    -Vaya examen para estar estudiando tanto.

    Dije y seguí bajando rumbo a la cocina, llené la jarra y de inmediato iba volver al cuarto pero algo no cuadraba en esta historia. Ambas mochilas, el de Emma y Sara (la amiga que vino a estudiar) estaban en el sofá, dejé la jarra en la mesa y al verificar tenían los libros y cuadernos dentro, de inmediato noté que algo estaba mal. De inmediato pensé en drogas o cosas raras de la gente joven, traté de entrar en calma y subí lentamente por las escaleras para preguntar qué estaba pasando. Como soy muy precavido guardo un juego de todas las llaves de casa por seguridad y demás cuestiones, evidentemente la puerta estaba bajo llave, me acerqué a la misma y escuchaba una música a un volumen bajo y a ellas pero no lograba entender de qué hablaban. Metí la llave de su cuarto y con cuidado abrí la puerta, la luz que percibía era solo el de la mesa de luz y lo sé porque al entrar esto fue lo que vi. Mi hija Emma atada a la cama totalmente desnuda y su amiga Sara metiéndole una especie de consolador a mi niña en lo que le decía “te gusta?” “más bebé?” y otras tantas frases que no importan tanto. Imposible de explicar cómo fue que esperé tanto para reaccionar, me quedé observando, esa joven escupiendo el dildo y encajando nuevamente en la entre pierna de mi hija, una y otra vez, lamiendo sus piernas, vagina, pechos. Estaban extasiadas de placer, la montó y rosando sus partes estaban deleitando sus cuerpos al más maravilloso pecado. Finalmente ya pude entrar en razón y abrí bruscamente la puerta a lo que la amiga salta de la cama y se cubre de inmediato con sabanas.

    -Vístete ahora mismo y llama a un taxi.

    Le ordené a la joven que tomó del piso su ropa e ingreso al baño a vestirse, fue rápido y solo me pedía disculpas, bajamos y de inmediato la bote fuera de la casa en lo que llegaba el taxi que la llevaría a su destino. Regresé a la habitación de mi hija, aún estaba amarrada a la cama, sus grandes senos al aire y sus piernas cruzadas tratando de ocultar su vergüenza. Me senté junto a ella y no dijo nada, solo miraba a la dirección opuesta, yo aproveche para mirar todo aquello. Su joven cuerpo desnudo lleno de fluidos de ella y de su amiga.

    -Le vas a decir a mamá?

    Dijo interrumpiendo el silencio y notando que estaba mirando ese par de tetas hermosas que mi hijita preciosa tenía. Procedí a liberar su brazo izquierdo de donde estaba atado, al girar del otro lado de la cama para liberar el otro brazo fui sorprendido.

    -Papá por favor no le cuentes a mamá

    Me dijo mientras su mano agarraba mi hinchado miembro, estaba tan excitado al ver a mi hija siendo devorada. Era imposible no hacerlo, dos jovencitas se daban placer de forma que jamás había presenciado. Ella también se sorprendió, su intención era detenerme más no contaba con que su padre tenía la verga totalmente dura, cuando desate su brazo derecho ella simplemente no soltó mi pene, solo me miraba y mi miembro no bajaba su hinchazón. Dios me perdone pero lo que hice no tiene explicación, la tomé del cabello y la arrastre de la cama, cayó al piso sin soltar mi pene, entonces ella ya de rodilla, quité su mano sin soltar sus cabellos y bajé mi prenda de dormir dejando fuera a mi verga, dura como quizá jamás lo había estado en demasiado tiempo.

    Ella quedó muy sorprendida, entonces tomándola del cabello hice que la trague toda, apenas la tuvo cerca abrió su boca y la metió completa, comenzó a chupar como si su vida de ello dependiera, su cabeza iba y venía con tal maestría que mis cuarenta y tantos caían rendidos a esa obra de arte, ella estaba totalmente desnuda, de rodillas y tragando el pene de su padre mientras mi esposa dormía en nuestra cama. Estaba tan caliente que no pude aguantar, tirando de su cabello la puse de pie y azotando su cuerpecito contra la pared me agaché un poco para meter mi pene en ella, sin decir nada sólo se puso de cuclillas y trataba de levantar esas nalgas lo más posible para que pudiera penetrar. Apoyó ambas manos a la pared en lo que di la primera embestida, mido 1.80, sus pies dejaron de tocar el suelo, mis manos agotaban ese trasero y luego iban a sus tetas, no paraba un instante de penetrarla duramente, inexperta aún en lo absoluto sentí como temblorosa llegaba a su primer orgasmo. Decidí que el castigo aún era leve, saqué mi pene de aquella vagina muy feliz y tire a mi hija a la cama.

    – Date vuelta hija.

    Ella obediente me dio la cola y sabía que lo que venía no iba ser tan agradable, la estiré de la cintura y la puse en 4, escupía la entrada a su ano y fui de a poco metiendo mi miembro por atrás, le dolía, gemía fuerte.

    – Papá duele, despacio, pero no pares.

    Me decía jadeante mientras sacaba su mano de la boca y la llevaba a su vagina para poder masturbarse, yo seguía azotando ese culo con fuerza, cada vez con mayor felicidad. Pareciera sincronizado pero en ese momento sentí como ella llegaba a su segundo orgasmo a la par que mi semen la llenaba por atrás. Temblaba, respiraba fuerte, muy fuerte manteniéndose en 4, saqué mi miembro feliz y fui a limpiar ese desastre al baño. Regresé y seguía en esa posición pero sonriente.

    – Papá, deberías hacerme esto más seguido.

    Decía mientras mi esposa Lucía entraba al cuarto, silencio absoluto seguido por una horrible cachetada. Fue a la habitación, tomó sus cosas y se marchó en su auto, al día siguiente recibiría la carta de divorcio. Bueno, eso pasó ya hace 3 meses, los trámites siguen proceso, la casa ya está a la venta y mi hija y yo seguimos juntos. Ella es mi orgullo.

  • ¡Qué locura!

    ¡Qué locura!

    Hola de nuevo por aquí, me encontré muy ocupado, pero no ajeno a sus vistas o comentarios y si, ella también los lee.

    Esta vez les voy a contar que ella tomó la iniciativa, estimulada por unas caricias mías como siempre, mi instinto calentón no deja nunca de desearla y tratar de enloquecerla.

    Lo logré? Pues si, es que verla de espalda y ver ese culito rico abundante listo para ser manoseado, besado y apoyado, no se puede contener. Ella como siempre cae en la tentación en unos minutos ya se encontraba entretenida mientras me tocaba el amigo duro, lo confieso me toca mejor que hasta yo mismo.

    Nos acariciamos un buen rato y ella no aguantó.

    -cumplime una fantasía -dijo levantándose de la cama

    -cual? -respondí un poco sorprendido

    – me voy a bañar -dijo emocionada- y entras a forzarme

    -segura?… Bueno si eso quieres

    Salió apurada hacía el baño obviamente mi mirada no se apartó de su cola deliciosa.

    El sonido de la ducha fue mí señal, entre al baño con mí miembro totalmente erecto, listo para la guerra. Me hice lugar, corrí la cortina y ahí la vi, desnuda dándome la espalda tan hermosa tan deseable y tan deliciosa.

    Cruce la cortina, no le di tiempo ni a qué me mire y la recosté contra la pared, en seguida mí miembro busco entrar dónde sea y así lo hizo, su cola mí destino favorito. Comer esa manzana ya era mí misión preferida.

    -silencio, no grites -le dije tapándole la boca- voy a disfrutar de esa colita que tienes y me voy, no es necesario un escándalo, no hagas esto peor para tu marido.

    Tomarla de la cintura y hacer ese culito mío una delicia ella actuaba bien el papel de resistida.

    Pero no tardó mucho en liberar unos gemidos y note su espalda doblarse más, ya el papel de resistida no le importaba y lo supe cuando ya no tenía que forzar su cintura para que se moviera, le gustaba ser forzada.

    A los minutos todo cambio, me besaba la boca como loca y gemía como una gata en celo, cerraba los ojos y gritaba mordiéndose los labios. Que decir de esa cola que la mayor satisfacción verla rebotar en mí.

    Grito tanto que le dije a los oídos que su marido se iba a dar cuenta.

    -no me importa, seguí –exclamó.

    Cómo me excitaba su actuación no había duda que le gustaba el juego y así fue hasta que de un buen rato sentí acabar y liberar mi miembro de su interior.

    Aproveché la ducha para higienizarme rápido el miembro, pero al darme cuenta la vi arrodillada chupándome todo mi miembro como buena atorranta casi sin darme tiempo a nada. Que locura.

  • Mi mejor amiga (Parte 3 y Final)

    Mi mejor amiga (Parte 3 y Final)

    Esta es la tercera y última parte de los relatos con mi mejor amiga, pienso continuar contando, pero no quiero que todos sean sobre ella.

    Cómo conté al final de la parte dos, mi relato anterior, le dije que si no lo hacía bien sería castigada. Y ella no me hizo venir así que la castigué.

    La invité un día a mi casa, le dije que estaba muy caliente y que me moría por repetir lo de las últimas veces, lo que no sabía es que no estaría solo yo. Invité a dos amigas lesbianas, tres bisexuales y otras dos chicas que querían probar sexo con mujeres. Éramos nueve, de todos los colores, tallas, olores y sabores.

    Cerca de la hora, les pedí a todas que se desnudaran en mi cuarto y no hicieran ruido. Al llegar mi mejor amiga la empecé a besar en el living, la desvestí por toda la habitación, cuando ambas estábamos desnudas la agarré de sus manos y le vendé los ojos, le dije que hoy sería su castigo, entramos a mi cuarto, le dije que se acostara y ella siempre obedeció.

    Al acostarse seguí besándola, y de a poco se iban sumando otras chicas, una la besaba en el cuello, otra en los labios, otra por los pies, yo por su pelvis, otras le chupaban los dedos y así, su cuerpo parecía ser devorado por hormigas, ella gritaba, me pedía que le saque la venda, le dije que debía chupar la concha de cada una de las chicas, cada una tenía un número y ella al quitarse la venda debería adivinar quien fue la primera, segunda, tercera etc.

    La primera en sentarse en su rostro fue Macarena, una morena cabello trenzado, con mucho culo y mucha teta, me excitaba ver cómo mi amiga, a quien yo desvirgue, se cogía a otra. Le chupó hasta el culo y le manoseo las tetas. Pasó la siguiente, Romina, la más pequeña, 18 años, virgen y era su primera vez que iba a besar a una mujer. La tercera fui yo, ella al dar el primer lengüetazo sonrió y me dijo «Nati jaja». Y así pasó su lengua por cada una de las 8. Al terminar se quitó la venda, y a la única que acertó fue a Macarena y a mí.

    Luego de eso hicimos una ronda, las chicas sacaron sus juguetes, yo los míos y todas, mutuamente, nos penetrábamos, chupábamos, besábamos, tocábamos, así ninguna se quedó sin un orgasmo, o dos.

    Luego hicimos sorteo y la ganadora sería tocada por todas, le tocó a Pía, una rubia, con poca carne de dónde la mires, unos labios rojos y carnosos que quería probar y ojos grises hermosos. Ella se acostó, abrió las piernas y nos dijo «vayan despacio, eso me calienta más». Yo pedí ser la primera en probar su conchita, me recordó a la primera porno que vi, estaba depilada de todos lados, ya estaba húmeda pero lentamente me fui acercando a su conchita, de a poco, para generar más tensión.

    La primera vez que probaba un sabor tan rico, era dulce y no quería alejar mi cara de ahí. Las otras chicas la chupeteaban, mi amiga se sentó en su cara y las escuchaba gemir a todas, Pía tuvo una eyaculación, su chorro empapó mis sabanas. Yo no podía estar más caliente, sentía que mi conchita estaba empapada y quería que Pía ahora me la chupara a mi. Le pedí a las chicas que cambiemos de posición y me senté en la cara de Pía, me corrí como nunca lo había hecho. Miré hacía un costado y mi mejor amiga estaba besando a Macarena mientras que Romina metía su pequeño puño en su concha nunca había visto algo así, ella no dejaba de gritar, aunque estaba fascinada, no podía dejar a Pía.

    La orgía duró muchas horas, tuve que lavar mi colchón y dejarlo secar. Días después recibí un mensaje de Pía, diciendo que quería salir conmigo.

  • El mejor viaje a España (P. 1): Espiando a mis compañeras

    El mejor viaje a España (P. 1): Espiando a mis compañeras

    Hace un par de años tenía una amiga que conocí por internet, su nombre era Ashe y vivía en España. Ella había venido a mi país para visitar a un amigo que teníamos en común. Nos conocimos, platicamos y nos volvimos amigos. Ashe era mitad española mitad inglesa, de ahí su nombre. Con honestidad, Ashe era de las mujeres más bellas y sexys que había conocido. Tenía los ojos claros, un tono de azul que casi parecía gris, la piel blanquita como la porcelana, flaquita, de 1.65, cabello café oscuro en las raíces y claro en las puntas. Realmente una belleza, pero lo que más me gustaba de ella era un tatuaje que tenía en el antebrazo derecho: un sauce llorón con hojas violetas. El tatuaje en su piel blanca resaltaba de forma increíble.

    Total, desde que la conocí estuvimos hablando por varios meses. Me hablaba de España, concretamente de las Islas Canarias, que era el lugar donde vivía. Pasábamos días y noches enteras hablando y ella muy sugestivamente me estaba invitando a ir a su país, que ella podría darme un tour por lugares locales y muchas otras cosas. Lamentablemente no tenía trabajo para un viaje así, estaba del otro lado del mundo y era costoso.

    Para mi buena suerte, logre ganar un concurso de escritura, el premio fue, desde luego, la publicación de mi obra y un buen adelanto de las regalías del mismo. Con mucho entusiasmo, conseguí mi pasaporte y compré un boleto para ir a Canarias por junio, ya que Ashe me había comentado que era el mejor momento para ir. El calor del lugar ayudaba a disfrutar mejor las playas.

    Iría dos semanas completas, visitaría a mi amiga con la esperanza de que algo pasara entre nosotros. Ashe me había dado varios indicios que le había parecido atractivo la vez que vino a mi país. Mido 1.75, cabello café oscuro y corto, casi no hago ejercicio, pero tocó la batería, lo que me mantenía en forma y trabajaba mucho mi espalda, pies y brazos debido a que tocaba metal. Quizá mi único defecto es que usaba lentes y desviaba mucho la atención de mis ojos, pero fuera de eso me considero un buen espécimen masculino.

    Durante nuestras conversaciones, Ashe me pedía fotos o vídeos de las tocadas que hacía con mi banda y yo con mucho gusto accedía, a cambio ella me manda videos de ella en la playa o recorriendo las calles de Canarias. Nuestro coqueteo no era muy evidente, pero estaba ahí, sobre todo cuando le pase los mensajes a mi mejor amiga y ella me confirmó que Ashe quería algo conmigo.

    Con esa ilusión viaje a Canarias para darle una sorpresa. Triste fue mi reacción cuando me enteré que Ashe estaba en Barcelona. No le había comentado que iba a visitarla ya que quería sorprenderla, pero en cuanto aterricé en el aeropuerto de Canarias le hice una llamada.

    —Lo lamento tanto —me dijo por el teléfono—. Vine a visitar a mis abuelos un par de días, si me hubieras avisado hubiera pospuesto el viaje, estaré aquí en Barcelona hasta el viernes.

    —Bueno —le contesté tratando de sonar lo menos decepcionado posible—. Yo estaré aquí un par de semanas, cuando regreses aún podemos vernos.

    Desde luego que colgué un poco decepcionado, pero sentía que no todo estaba perdido, estaba en una bonita ciudad, con hermosas playas, quizá podía perder mi tiempo en lo que la esperaba.

    Tomé un taxi y me dirigí al Airbnb que había rentado. Había ganado buen dinero con el concurso, pero no tenía lo suficiente para los hoteles en Canarias, tuve la suerte de encontrar una casa en la aplicación bastante barata, con todo y alberca, el pero era que tenía que compartir.

    No me molestaba compartir con gente, pero me sentía un tanto incómodo estar en un país que no conocía con personas extrañas. Me sentía un poco paranoico en ese sentido al respecto, pero qué le podía hacer. Parecía tener mi edad, tenía la piel de un tono canela bastante bonito y sensual, su cabello negro lacio le caía hasta la mitad de su espalda y era bastante alta, solo que un poco menos que yo. Llevaba un crop top gris y una falda negra con flores que mostraba unas hermosas piernas bastante atléticas. En general todo su cuerpo se veía atlético, no con mucha musculatura, pero si lo suficiente como para marcar ligeramente los músculos de su abdomen.

    Cuando llegue a la casa era una bastante bonita, tome mis cosas y toque la puerta. Una chica con rasgos asiáticos me abrió.

    —Hola —respondí.

    —Tú debes ser Rodrigo verdad —me dijo ella en español con un acento bastante bueno.

    —Sí, dime Ro, disculpa, creo que estoy en un error, la aplicación decía que iba a compartir la casa con hombres, ¿eres la novia de alguno de ellos?

    —Sí, mi novio James rentó la casa también, me llamó Luna.

    Me ofreció la mano y la miré un poco confundido.

    —Soy vietnamita y francesa —me dijo al ver la confusión por su nombre.

    —Ah, lo siento —dije tomando mi maleta con la otra mano y estrechándola.

    —No hay problema, sobre lo otro espero no sé qué habrá pasado, pero… será mejor que entres.

    Con curiosidad pase el pórtico y entre en la casa y me lleve una enorme sorpresa al ver a otras tres chicas sentadas en la sala y platicando.

    —Chicas —dijo Luna anunciando con alegría—. Ya llegó nuestro otro inquilino.

    Ambas me saludaron con alegría y me quedé de piedra.

    —Creí que…

    —Sí —dijo Luna—. Lo que pasa es que mi novio iba a invitar a sus amigos aquí, pero sucede que tuvieron que cancelar de último momento por el trabajo, así que tuvimos que dejar los espacios para rentar la casa y pues ellas decidieron rentar los cuartos. Ven, deja te las presento.

    Luna se acercó a las chicas y yo con nerviosismo la seguí.

    —Ella es Jules —dijo Luna presentándome a una chica rubia

    —Hi —me dijo Jules en inglés— Nice to meet you.

    Salude un poco nervioso. Jules parecía tener unos años más que yo, quizá unos 26. Su cabello rubio le caía hasta los hombros. Llevaba un bikini y un short de mezclilla bastante corto.

    —Ella no habla mucho español, viene de Estados Unidos —dijo Luna.

    —No te preocupes, yo también hablo —le dije y luego me dirigí a Jules—. Nice to meet you too.

    Jules me sonrió mostrando sus dientes blancos como perlas.

    —You have a nice accent.

    Le agradecí y luego Luna señaló a una pelirroja al lado de Jules.

    —Ella es Lisa, es griega.

    —Un gusto —dijo ella con un acento muy marcado ofreciéndome la mano.

    Mientras se la estrechaba mire a esta griega tan bonita. Su cabello pelirrojo era completamente natural y le llegaba hasta debajo de los hombros, su piel era blanca, realzando el brillo de su cabello. Se veía joven, incluso sentía que era la más joven de todas.

    —Y ella es Rachel. Inglesa

    —Que bueno que nos acompañas —dijo ella con su acento inglés.

    Su piel estaba un poco más bronceada que la de Luna. Tenía el cabello un poco corto y unos ojos azules preciosos, casi como los de Ashe.

    —Disculpen las molestias chicas —dije una vez que terminaron la presentación—. Esperaba compartir este lugar con hombres, no esperaba estar entre puras mujeres, no sé si sí eso las incomode.

    —Para nada —dijo Lisa—. El novio de Luna también va a venir aquí, así que si no te sientes incómodo entre tanta mujer, nosotros tampoco.

    El resto de las mujeres rieron.

    —Además, podemos ser amigos y luego salir a divertirnos después —dijo Luna con una sonrisa—. No le veo nada de malo.

    —For sure —sonrió Jules.

    —De acuerdo, disculpen entonces iré a buscar mi habitación.

    Decidí tomar el cuarto más alejado del lugar, cuando cerré la puerta finalmente dejé salir el aire en mi interior. Estaba muy cansado y apenas mi cerebro podía procesar el hecho de que estaba compartiendo casa con cuatro mujeres bastante atractivas. Debido al jet-lag que traía, no tardé en caer en mi cama por las próximas dos semanas y quedarme dormido por varias horas.

    Cuando desperté ya era de noche, salí de mi habitación y vi por la puerta de cristal a Jules y Lisa en la alberca, nadando y relajándose. Rachel estaba en la cocina con una camisa bastante grande para su talla y logre a ver por encima que no lleva sostén. Al verla ahí pude notar mejor su físico. Tenía una cinturita bastante bien curvada y unas piernas tan largas como hermosas. Casi podría jurar que era una modelo o algo por el estilo porque se le veía una piel bastante tersa, señal que se la cuidaba mucho. Su abdomen estaba más marcado que el de Luna y no sé por qué me dio la impresión de que era bastante flexible. Básicamente sentí que tenía el cuerpo de una gimnasta o quizá bailarina. Desvíe la mirada del contorno de su seno en cuanto ella volteó a mirarme.

    —¿Dormiste bien?

    —Sí —dije con un bostezo—. Doce horas de vuelo realmente te destruyen. Creo que necesito un baño.

    —Hay dos baños, hay uno en la parte trasera, creo que ese tiene una tina, las personas que rentan la casa nos dejaron unas cuantas sales de baño, por si te interesa.

    —Muchas gracias.

    —Bienvenido a las Islas Canarias —me dijo sorbiendo su café y guiñándome el ojo. Algo que me pareció algo extraño.

    Le agradecí y me fui a mi cuarto para tomar una toalla y mi cambio de ropa. Mientras caminaba directamente al baño le mande un mensaje a Ashe, que había llegado a la casa donde me quedaba y que había dormido varias horas. Mientras ella me contestaba escuche algo que me hizo detenerme.

    Comencé a oír a alguien gimiendo. Me detuve un momento para escuchar, no podía discernir de dónde venía, pero definitivamente era el de una mujer. Tarde un poco y pensé que debía tratarse de Luna, seguramente su novio había llegado y estaban cogiendo. Sin darle mucha importancia, me dirigí al baño, pero me detuve al escuchar que sus gemidos venían dentro. Me detuve con la mano en la puerta, mientras la oía. No supe que hacer, una parte de mí quería alejarse, pero escucharla dentro… mi cuerpo no quiso moverse. Sentí que mi erección subía ligeramente al escucharla. Pero decidí darle un poco de privacidad y alejarme, pero en ese momento escuche ella detenerse abruptamente y gritar:

    —¡Pero dijiste que ibas a llegar hoy!

    Solté el picaporte y me quedé en silencio para escuchar.

    —Llevo esperando a que llegues desde la mañana, estaba preparada para ti.

    Unos segundos de silencio.

    —¡Eso no es suficiente! ¿Sabes qué? Mejor te llamo más tarde.

    Luna al verme parado frente a ella dio un salto de sorpresa al verme.

    —Lo lamento, no quise entrar así como así. Quería tomarme un baño —dije un poco nervioso.

    —Ah, ¿me escuchaste? —dijo ella y luego hizo una pausa y comenzó a mirarme de una forma rara.

    —Lo siento —dije— ¿Sucedió algo? Parecía una pelea…disculpa por meterme.

    —No, está bien —dijo ella con una sonrisa— Se suponía que él iba a llegar hoy y resultó que tuvo una emergencia de trabajo, así que no podrá venir hasta dentro de dos días.

    —Oh, lamento oír eso.

    —No te preocupes —dijo ella negando con la cabeza—. Es sólo que…

    Ella me miró de arriba abajo y por un momento vi que se mordió el labio inferior.

    —¿Sólo qué? —pregunte al ver su cara de duda.

    —Nada, es algo tonto. Disfruta. —dijo y salió del baño para dejarme entrar.

    Sin darle mucha importancia, entré, me dirigí a la tina y comencé a llenarla de agua. Me quite la ropa quedando completamente desnudo. Cuando vi que el agua tenía una temperatura bastante agradable decidí meterme, pero recordé que Rachel me había hablado de las sales de baño, así que comencé a buscarlas para colocarlas en el agua.

    Me metí al agua y el calor de ésta y las sales me relajaron de nuevo haciendo que me quedara dormido de nuevo. Cuando desperté no sabía cuánto tiempo había pasado. Cuando salí del baño me dirigí a la cocina para hacerme algo de cenar. Se veía que era muy noche ya, pues ninguna de las chicas se encontraba ni en la alberca ni en la cocina, todas las luces estaban apagadas también. Revisé el reloj para ver que era la 1 de la mañana.

    Tome mi cena, un plato de cereal, y me fui a mi cuarto cuando un ruido me hizo detenerme. Para llegar a mi cuarto tenía que pasar por un enorme pasillo y alcance a ver que una de las puertas estaba ligeramente abierta y una tenue luz salía del interior.

    Alcance a oír la risa de dos chicas.

    —No seas así —dijo una.

    —¡No! Nos van a oír —dijo otra.

    Llevado por la curiosidad, me acerque a la habitación y mire al interior. Rachel estaba sentada de rodillas en la cama frente a Lisa. Rachel se inclinaba para besar a su amiga, pero Lisa se resistía con una ligera risa. Ambas estaban en pantimedias y con una playera bastante chica. Podía ver el abdomen marcado de Rachel debajo de su playera gris y un poco de la blanca piel de Lisa en contraste con su playera naranja.

    —Rachel, no —dijo la pelirroja con una sonrisa—. ¿Qué pasa si alguien nos oye y viene a ver?

    —Pues si lo hacen…que vean —dijo Rachel apoyándose aún más sobre la cama para alcanzar la boca de Lisa. Ella sólo se rio y le correspondió el beso.

    Por un momento quise alejarme, dejar que hicieran lo que querían hacer en privado, pero mi cuerpo no se movió. Mis ojos se quedaban pegados en ambas.

    Lisa agarró el rostro de Rachel y la jaló para que ella pudiera acostarse y que Rachel estuviera sobre ella. Los besos aumentaron su intensidad, podía ver la lengua de Rachel entrar en la boca de Lisa y ella la recibía con gusto.

    Rachel comenzó a besar el cuello de Lisa, ella tan sólo se dejó hacer mientras Rachel baja poco a poco, explorando su cuerpo.

    Yo me apreté un poco contra la pared para ver un poco mejor como Rachel llegaba hasta las piernas de Lisa, besándoselas con deseo, sin separar los ojos de su amiga. Lisa se llevó un dedo a la boca y comenzó a chuparlo, su rostro mostraba la excitación que sentía.

    Rachel le quitó las pantimedias con delicadeza y lentitud. Cuando terminó, las lanzó a un lado de la cama y Lisa rio. Con la misma delicadeza, Rachel comenzó a besarle las piernas, lentamente, llegando hasta su entrepierna, pero luego volvió a subir, tomando la punta de la playera con los dientes y subiéndosela lentamente. Lisa, jugando, intentó bajarla mientras reía.

    —Ven aquí —le dijo Rachel tomándola de los brazos para que hacer que se incorporara un poco.

    La beso con lentitud mientras masajeaba sus pechos. Un ligero gemido salía de Lisa entre beso y beso.

    —Date la vuelta —le dijo Rachel.

    Ella obedeció. Por un momento creí que me vería en la puerta, pero Lisa tomó su hermoso cabello rojo, lo hizo a un lado y giró ligeramente la cabeza para que Rachel continuara consintiéndola. La inglesa hizo a un lado el tirante de la camisa y comenzó a besar el hombro de Lisa, subiendo lentamente por su cuello. Lisa cerró los ojos y se mordió el labio mientras agarraba la cabeza de Rachel con su brazo.

    Así se quedaron unos cuantos minutos, antes de que Rachel tomara el borde de la playera de Lisa y poco a poco se lo fuera levantando. Rachel jaló la playera hacia atrás ligeramente cuando llegaron a sus pechos para marcarlos, debido a la presión, la playera se subió de un fuerte tirón, deleitándome con la visión de sus pezones. Sus pechos eran redonditos y ligeramente grandes, sus pezones rosados estaban más que levantados y listos para ser estimulados.

    Lisa giró la cabeza para besar a Rachel, mientras ella comenzara a recorrer su cuerpo con sus manos, tocando sus pechos, jalando ligeramente sus pezones, acariciando su abdomen, bajando sus manos hacia sus piernas. El cuerpo de Lisa se contoneaba ante las caricias de su amante y un ligero gemido salía de su garganta.

    Finalmente Rachel llevó su mano a la entrepierna de Lisa y ella dejo de besarla, miraba como la mano de Rachel se movía sobre su vagina y Lisa movía la cadera al ritmo que su amante marcaba.

    Desde mi posición podía ver las expresiones de deleite en el rostro de Lisa, podía ver con claridad cómo el cuerpo de ambas se movían al unísono de arriba abajo mientras Rachel masturbaba a su compañera. Lisa movía la cabeza de un lado a otro con los ojos cerrados, llevada por el placer. Rachel por otro lado no despegaba su mirada del rostro de Lisa. Tenía la boca abierta y en el silencio de la noche podía escuchar como exhalaba sobre el oído de Lisa.

    —¿Te gusta, amor? —le dijo Rachel

    Lisa se mordió el labio inferior y asintió. Rachel sacó sus dedos de Lisa y se los acercó a la boca. Lisa abrió los ojos y comenzó a chuparlos con deseo. Rachel la observaba mientras su otra mano amasaba el pecho izquierdo de Lisa.

    —Ven aquí —le dijo Rachel lanzando a su amante contra las almohadas. Ella sólo se dejó hacer, abriendo las piernas.

    Sin ningún miramiento, Rachel atacó sus pechos mientras le quitaba por completo la playera, dejándola desnuda. La boca de Rachel fue bajando poco a poco hasta llegar a su entrepierna. Lisa soltó un gemido alto que después se cubrió con la boca para evitar que alguien la oyera. Podía ver la cara de Rachel subir y bajar, seguramente comiéndose el coño de su amante como una hambrienta. Lisa cerraba los ojos e intentaba acomodar su cuerpo para poder apoyarse mejor contra la cabecera de la cama.

    Mientras continuaba haciéndole un oral, podía ver por completo el cuerpo de Rachel, acostada bocabajo en la cama. Podía alcanzar a ver la pequeña mancha en sus pantimedias, señal de lo mojada que ella también debía estar, alcancé a ver sus dedos hacer a un lado la tela para poder estimularse ella también. Lisa tan sólo disfrutaba, con los ojos cerrados, mordiéndose los labios para evitar gemir fuerte, pero a la distancia en la que estaba podía oír los que venían de su garganta.

    Los dedos en la vagina de Rachel se movieron con más alegría, haciendo pequeños círculos rápidamente.

    —Ven aquí —le dijo Lisa tomando el rostro de Rachel.

    Ella detuvo su festín para ir con ella y besarla. Los dedos que jugaban en la entrada de Rachel inmediatamente buscaron la vagina de Lisa para estimularla. Entre besos podía oír los gemidos de ambas.

    Lisa le susurró algo a Rachel que no pude escuchar. La inglesa asintió y comenzó a trepar por el cuerpo de Lisa, ella, en cuanto tuvo las caderas de Rachel a su alcance, le bajó la pantimedia y acercó sus piernas a su rostro.

    Rachel se apoyó con la pared y bajó su cadera un poco más. Desde ahí podía ver la lengua de Lisa subir y bajar en los labios de Rachel, mientras ella tomaba sus nalgas y las separó para abrir más su vulva. En esa posición, Lisa abrió sus piernas y comenzó a masturbarse.

    Ahora fue Rachel quien comenzó a gemir, giraba la cabeza para poder ver como su amante se masturbaba mientras le hacían un oral. La expresión en su rostro me indicaba que estaba disfrutando, abría la boca hasta formar una O y sus gemidos llegaban un poco más fuertes y claros, pero aun así controlados. En esa posición, Rachel se quitó su playera y aplastó su cuerpo y rostro contra la pared para seguir disfrutando de aquella lengua de la pelirroja de fuego.

    Lisa finalmente pareció cansarse de la posición pues bajó a Rachel hasta ella para comenzar a besarla de nuevo. La mano de ambas fueron a la vagina de su pareja y comenzaron a masturbarse mientras continuaban besándose. Rachel se giró, dejándome ver sus hermosos por un momento antes de agacharse y comenzar a lamer la vagina de Lisa mientras ella hacía lo propio.

    No podía despegar la mirada de ellas mientras continuaban con ese 69, lo cual hizo que me llevara una sorpresa al ver que Rachel levantaba la mirada para verme.

    Mi corazón se puso a mil por hora. Rachel me miraba con sus hermosos ojos azules mientras continuaba lamiendo la vagina de su amante, no se detuvo y no apartaba la mirada de mí. Ella sonrió, luego separó su boca de Lisa para estimularla con su mano mientras alzaba la cabeza.

    No separaba su mirada de la mía mientras metía su dedo medio y anular en Lisa. Podía notar en su mirada que le estaba excitando que la mirara follar. Su cara cambió de repente y giró su cabeza para mover su cadera con rapidez, de seguro que Lisa le estaba haciendo algo increíble, pues Rachel no dejaba de gemir alto y de moverse sobre ella.

    Cuando su orgasmo pasó, Rachel se acostó a un lado de Lisa y comenzó a besarla y acariciarle todo el cuerpo.

    Parecieron bajar el ritmo un poco, hasta casi apenas moverse. Unos cuantos minutos después, ambas se quedaron dormidas.

    Regrese a mi cuarto con el corazón latiendo a mil y con una enorme mancha en mi short. Me había corrido viéndolas sin darme cuenta.

    Había sido excitante, demasiado, pero me preguntaba si había invadido su privacidad al espiarlas. Aunque la mirada de Rachel me indicaba que ella sabía que estaba ahí…quizá desde el principio. Intente relajarme, lo que había visto había sido increíble, pero tenía sueño, de hecho no sabía cómo me había mantenido despierto todo el tiempo que duraron. ¿Cuánto había sido? Mire el reloj, eran cerca de las 4 de la mañana. ¡Habían durado 2 horas! No me sorprende que ambas cayeran rendidas después.

    Me acosté en la cama y cerré los ojos, la inconsciencia llegó más pronto de lo que esperaba. Mi último pensamiento fue la suerte que había tenido en quedarme en esta casa.

    Y así es como inicio el mejor viaje de toda mi vida.

  • Mi primera orgía con Iván

    Mi primera orgía con Iván

    Agosto de 2009. Yo tenía 19 años. Era por la tarde y estaba en la playa con mi amiga Sandra (ella me incomoda muchas veces porque ella es amante del topless, cosa que a mí particularmente no me gusta) cuando me llamó Iván para acudir a su fiesta de cumpleaños. Nos invitó la semana pasada así que ya teníamos toda la ropa a mano. En la conversación nos dijo que estaba cerca: resulta que alquiló una casa cerca de la playa. Ambas acabamos de recoger todo y empezamos a caminar un rato por la playa hasta llegar a la casa. Ahí encontramos otro grupito de chicos y chicas, en total seríamos unos veinte, ahí ya estaban escuchando música, bebiendo… lo típico. Subimos a dejar las cosas, cogimos un par de cervezas y yo fui a buscar a Iván.

    Lo encontré en la cocina, hablando con otros chicos.

    -Hola guapo. -Le dije sonriente y dándole dos besos.

    -Vaya, ¿solo eso? -Me dijo sonriente.

    -¿Esperabas algo más? -Le dije picarona bebiendo de mi cerveza.

    -¿Y tu amiga? No creas que me he olvidado de lo que hiciste el otro día por mí. El regalo de cumpleaños viene luego, cuando estemos solos. -Le dije tocándole el paquete.

    -No sé. Nos hemos separado abajo con las bebidas. Yo tenía que subir a saludarte antes.

    -¿Y eso?

    -Bueno. -Dije mirando si venía alguien-Me hiciste algo, así que yo vengo a agradecértelo.

    -Quizá es antes de lo que te esperas -Me dijo besándome el cuello y tocándome.

    -Ahora no, hay mucha gente. -Le dije apartándole, tímida.

    -Debo confesarte algo.

    -¿Qué? -Dije extrañada.

    -Los colegas que me has visto antes… bueno, me han dicho que han invitado al resto diciendo que esto va a ser una orgía.

    -¿Qué? -Dije sulfurada.

    -Lo siento.

    -Es una broma. -Le dije dejando la cerveza en el mármol de la cocina.

    -No.

    -Me voy.

    -Quédate, por favor.

    -No pienso quedarme aquí para que me folle cualquiera. ¿Qué le digo yo a Sandra? -Le dije en voz baja muy alterada.

    -Bueno, ella parece que está encantada -Miré al piso de abajo desde la cocina y ya se estaba enrollando con un negro- Quédate. Te lo compensaré.

    -No, no.

    -Mi regalo de cumpleaños. Te pido que te quedes.

    -Está bien -Dije tras pensarlo un rato- Pero yo decido lo que hago.

    -Lo entiendo.

    El tiempo fue pasando. La gente cada vez está más borracha y más excitada. Yo ya llegaba un rato en el cuarto con Iván.

    -¿Te falta mucho?

    -Espera, no seas impaciente. ¿Te gusta? -Dije saliendo del baño, vestida con un disfraz de colegiala.

    -Estás tremenda.

    -Sabía que te gustaría. Vi un poster tuyo en la habitación.

    -Sí, pero en el mío ella tiene un collar y una correa.

    -Todo se puede arreglar. Ya te dije que hoy es tu cumpleaños y yo soy tu regalo.

    En ese instante vi como la parte baja de los pantalones de Iván comenzaba a aumentar. Le besé apasionadamente tocándole los huevos por fuera del pantalón, le desabroché la bragueta y metí la mano sin dejar de besarlo. Empecé a masajearle los huevos, viéndolo cada vez más excitado y luego lo acompañé haciéndole una paja. Estaba tan excitado que en pocos minutos se corrió en mi ropa. Se avergonzó por haber durado tan poco, lo que el aún no sabe a día de hoy es que es un tipo de masturbación que acelera la eyaculación. Entonces me dispuse a empezar a chupársela ante su negativa de que tardaría un poco en empalmarse. En ese instante le dije «hoy me tienes toda para ti, haré lo que pidas» y su mente y cuerpo reaccionó permitiendo a su polla seguir erecta todo el rato.

    Empecé a chupar salvajemente, insertando casi toda su pene de 17cm en mi boca y garganta, acariciando sus huevos y lamiendo su glande con mi lengua.

    Estábamos muy excitados. En un instante entraron de sopetón Sandra y Carlos acompañados de tres chicos más. Yo primeramente no quería participar en ningún juego con más gente que no fuese Iván, pero ante su mirada de excitación ante la posible idea de estar con dos chicas más en la sala me hizo dudar.

    -¿Estás segura?

    -Soy tu regalo, ya te lo dije. ¿Qué quieres tu?

    -Que os podamos usar como queramos el rato que queramos.

    Ambas nos miramos, era la primera vez que estábamos en una habitación las dos juntas teniendo sexo. Por la mirada de Sandra entendí que le daba igual.

    -Vale -Dije.

    Empecé a morrearme con Iván mientras le tocaba su… Yo luego noté como alguien me estaba masturbando mi vagina y tocando los pechos desde atrás, me giré y vi a un chico pelirrojo feo pero musculado y me fui a besarlo. Iván estaba muy excitado, eso era lo que más me excitaba a mí. Así que bajé unos cuantos centímetros y me dispuse a chupar la… de ese desconocido que respondía al nombre de John y le enseñé mi culo a Iván para que lo usase a su antojo. Entre ambos me quitaron la ropa y me tumbaron boca arriba, seguí chupando la folla de John (y que uso casi para follarme la cara) e Iván se desnudó dejando entrever esa tableta de chocolate que tanto me excita (lubriqué más y eso él lo notó) y empezó a follarme vaginalmente muy rápido y duro como a mi me gusta.

    Estuvimos así como 5 minutos. Luego John le pidió a Iván cambiar pero ambos querían follarme. Así que John se colocó debajo de mí y empezó a follarme (analmente) e Iván seguí follándome vaginalmente, sobándome los pechos, besándome apasionadamente. En eso Sandra puso su vagina en mi cara para que le hiciera sexo oral. Me negué a hacerlo, pero Iván y los chicos nos recordaron que aceptamos hacer de todo. Así que ella apoyó bien su vagina en mi cara y empecé a chupárselo como nunca. Sus fluidos cada vez eran mayores y se corrió algunas veces en mi boca mientras ella tenía a sus dos chicos masturbándoles y chupándosela. Iván, John y Carlos nos dijeron que ya estaban casi listos. Así que Sandra y yo nos bajamos de la cama, nos colocamos de rodillas y empezamos a chupar, masturbándoles y tocándoles los huevos. A su vez ellos nos tocaban los pechos, nos tiraban del pelo… era muy excitante. Cuando tuvieron ganas, ambas abrimos nuestras bocas y se corrieron en un vaso.

    -¿Te gusta? -Dijo Iván agarrándome del pelo

    Asentí mordiéndome los labios.

    -Pues tenéis dos opciones: tragar ambas lo que hay aquí o besaros con el semen en la boca. La elección correcta tiene premio, la otra no.

    Ambas nos miramos.

    -Nos besamos.

    Acto seguido nos dieron el vaso, todo el semen fue a parar a mi boca. Nos besamos y luego lo que cada una tenía esparcido lo chupó y se lo tragó.

    -Buenas chicas. Pero esa no era la opción correcta.

    Iván miró a Karl

    -Trae a Sussy y sus amigas. Dile a Sussy que se podrá divertir. El resto salid de la sala.

    Yo no sabía bien qué pasaba. Solo vi a Sandra salir escoltada por esos tres chicos que no paraban de sobarla y al salir gritaron «¿quién se apunta?». Mientras yo veía como salían y Karl empezaba a buscar a esa tal Sussy, no me di cuenta cómo Iván me esposó las manos a la espalda. Justo después me tiró fuerte del pelo y ahí es cuando noté que estaba esposada. «Ven aquí perrita» dijo poniéndome un collar con correa.

    -Me has hecho daño, ¿qué haces? -Le dije muy confundida y asustada mirando el collar e intentando liberarme.

    -Este es tu castigo por no cumplir del todo mis deseos. Hoy es mi cumpleaños y me dijiste que podía hacer contigo lo que quisiese, ¿cierto?

    -Sí, pero te has pasado tirando del collar. Suéltame.

    -No voy a hacerte nada que te lastime ni a aprovecharme de ti. ¿Confías en mí.

    Titubeé. Lo tuve que pensar bien. Jamás había hecho algo así. Me encontraba indefensa.

    -Si quieres paramos, hace años que quiero probarlo. Y ahora quiero hacerlo contigo.

    -Iván, es que estoy confusa.

    -¿De lo que sientes por mí? ¿O de lo que siento por ti?

    -Ambas.

    Me besó como nunca. Me agarró fuerte del pelo, me arrimó a su cuerpo y me besó por toda mi boca y cuello tocándome el culo, como a mí me gusta mientras un chico me besa.

    -¿Qué soy para ti? -Le pregunté.

    -No eres una chica cualquiera si me preguntas eso. Hace semanas que nos vemos casi cada noche. Quiero ser tu pareja. Pero necesito que confíes en mí.

    -Confío en ti.

    Se lo dije después de un beso apasionado y luego con mi cuerpo le indiqué que estaba dispuesta a todo bajando mi cabeza mirando al suelo. Unas semanas atrás leí que eso hacían las sumisas así que lo apliqué.

    -Ahora sólo hablarás cuando yo te diga, ¿entendido? Por un rato vas a ser mi esclava. ¿Entendido? Ahora soy tu AMO. Cuando te deje volver a hablar te dirigirás a mi como AMO Iván o sufrirás las consecuencias. -Dijo mientras empezó a masturbarme.

    Llamaron a la puerta y les ordenó pasar. Tras eso y una bofetada me ordenó abrir la boca y me introdujo una mordaza con un extremo fálico. Sussy y dos chicas más entraron a la habitación. Todas ellas vestidas en plan «sado». Intenté incorporarme, esta vez sí que un poco incomodada y nerviosa. Dije que no con la cabeza y le indiqué con la cabeza que me soltase.

    -Tranquila perrita. No vienen a hacerte daño. Quiero que nos divirtamos. ¿Confías en mí? Sé que no te gusta estar con mucha más gente así. Pero hoy es mi cumpleaños. ¿Seguimos?-Dijo tras tirar de la correa hasta tener él su oreja en mi cuello.

    Volví a pensarlo unos momentos y le hice ver que sí.

    Se fue a un armario y de ahí sacó una bolsa que dejó en el suelo. Volvió a colocarme las bragas primeramente hasta media altura para luego introducirme un vibrador en el ano y otro en el… Los encendió al máximo y me subió las bragas. Era demasiado para mí, no quería esa situación y los vibradores no hacían más que excitarme. Entonces el metió su mano entre mis bragas y empezó a tocarme. Empecé a mojarme más que antes.

    -Toda tuya Sussy.

    -¿Y tú?

    -Por ahora solo miraré.

    -¿Seguro?

    -Para esto la he hecho venir hoy.

    Yo me quedé perpleja. Jamás imaginé que mi condición de bisexual la utilizase para eso. Lo miré extrañada y en sus labios me pareció leer «sorpresa».

    -Seguro? Bien. Laura, Samy, protocolo.

    Ambas me cogieron y me tumbaron en la cama. Acto seguido ataron pies y manos a la base de la cama liberándome de las primeras esposas y esposándome nuevamente. Acto seguido Sussy se colocó cerca de mi cara, apartó un poco su falda e introdujo la polla de goma que tenía mi mordaza y empezó a follarlo. Justamente después sus sumisas, que pude ver al entrar que eran muy desinhibidas, se acercaron a mis zonas y empezaron a lamerme y a masturbarme mi clítoris y pezones.

    Estuvieron así como un cuarto de hora y yo además tenía prohibido correrme. Cinco minutos antes tuve la osadía de correrme con una eyaculación y lo pagué siendo liberada de la cama (pero seguí estando esposada al collar) para a cuatro patas comerle el ano a Sussy que estaba sentada en la cama mientras ella azotaba la espalda y las dos sumisas me lamían el ano y la vagina.

    Tras esos diez minutos de dolor y placer a la vez, me acercaron a una silla a la que me fijaron y amordazaron abriendo bien mi… La silla era de madera muy rígida y permitía a la persona sentada lamerle el ano también ya que la parte del asiento apenas existía. Ahí es cuando Iván se acercó a Sussy.

    -¿Cómo la ves?

    -Es buena. Pero aún tiene miedo. Creo que para ti está bien.

    -¿Y ahora? ¿Le preguntamos qué quiere hacer?

    -Eres el AMO. Se hará lo que Tú digas. Cuando seáis AMO y sumisa, se hará lo que tú digas. Su opinión no importa. Por eso ya empezarás ese tipo de relación sabiendo sus gustos, preferencias y límites.

    -¿Tú que me recomiendas?

    Tras una risa picarona le indicó a Laura un último protocolo señalándole el número cuatro con las manos. Volvieron a introducir en mi ano y vagina los vibradores de antes. Solo que esta vez impidieron que saliesen tapando los orificios de salida con cinta. Acompañaron esa situación con unas pinzas en mis pezones. Les indicó de salir y le indicó lo mismo a Iván. Salieron de la estancia.

    Solo cuando Iván volvió supe el tiempo que había pasado. Me confesó que sólo pasaron 45 minutos, pero a mí me pareció una eternidad. Tras eso nos besamos, estuvimos hablando, y nos tumbamos en la cama. Al despertar me encontré a Iván trayendo el desayuno.

    -Ya estás despierta.

    -Sí. Me duele todo.

    -Es normal. ¿te duele mucho? ¿Me pasé con la idea?

    -Algo. No me lo esperaba. Por un momento pensé en irme.

    -¿Qué hizo quedarte?

    -No lo sé. Tú. La curiosidad, que estaba algo borracha…

    -¿te gustó?

    -Aún no lo sé.

    -¿Te sigue gustando la idea de ser mi novia?

    -Sí.

    Por un momento me callé.

    -¿Lo de ayer es algo que te guste?

    -Algo. No quería decírtelo antes para no asustarte. ¿Supone algún problema?

    -No lo sé. Pero por ahora somos tú y yo. Nadie más. ¿Entendido?

    -Claro cielo. -Me dijo

    Tras eso nos besamos apasionadamente e hicimos el amor en la postura del perrito durante 20 minutos para luego él correrse en mis pechos.