Autor: admin

  • El mejor viaje a España (P. 3): Me chantajean con un video

    El mejor viaje a España (P. 3): Me chantajean con un video

    A la mañana siguiente me desperté muy temprano. Al caminar por el pasillo noté una puerta abierta. Jules estaba acostada boca abajo, completamente dormida. Estaba semi-desnuda, llevaba unas bragas color duraznos que se habían alzado ligeramente, marcado su trasero, pero sobre todo podía alcanzar a ver el contorno de su vulva marcarse ligeramente. Me quedé unos segundos ahí, embobado por aquella visión, pero al final tomé el picaporte y cerré la puerta lo más silencioso posible.

    Me dirigí a la cocina donde me encontré con Luna, tomando un café, completamente vestida y arreglada.

    —Hola —me dijo con una sonrisa.

    —Ey —dije un tanto nervioso.

    Ella continuó bebiendo su café mientras yo me servía uno. Ninguno de los dos dijo nada. Me coloqué a su lado y finalmente hablé.

    —Luna, ayer…

    Ella colocó su índice en mis labios para callarme.

    —Sólo fue sexo sin compromiso, necesitaba eso, espero que no te haya molestado que te usara así… aunque por lo que vi, parece que no.

    —N-no, no lo fue. Estuvo bien, pero…

    —Shhhh

    Me dijo y me dio un beso en los labios.

    —Gracias por esa noche tan rica, pero tengo que ir por mi novio al aeropuerto. Tú tranquilo, fue algo de una vez.

    Me guiñó el ojo y salió de la casa.

    Me quedé parado en la cocina varios minutos, sin saber qué decir o pensar, hasta que una voz me hizo sobre saltarme.

    —Hi

    Volteé a ver a Jules, ahora con una playera que cubría la mayor parte de su cuerpo, me distraje por un momento debido a que podía ver sus pezones encima de su playera. No era tan flaca como Luna o como Ashe, pero tenía un cuerpo escultural, sus pechos eran bastante bondadosos, incluso con aquella playera podía apreciarlos. Sus labios eran finos y se veían bastante suaves.

    —Everything fine?

    —Sí, sí. Todo bien.

    Ella me miró con una sonrisa, pero no dijo nada. Entre ella y yo comenzamos a preparar el desayuno. Mientras cocinábamos no podía dejar de mirarla. La playera dejaba ver por completo sus piernas. Tenía muslos de una persona que utilizaba mucho la bicicleta, y, aunque no lo podía ver, podía imaginar que su trasero estaba firme y grande debido a ese ejercicio.

    Poco tiempo después Rachel y Lisa nos acompañaron.

    Unos minutos después, Luna regresó a la casa y finalmente conocí a su famoso novio. Debía admitir que James era bastante atractivo. Era un tipo un tanto musculoso, tenía una sombra de barba y bigote recortado, cabello corto y un poco rebelde. La verdad entre él y Luna armaban una pareja digna de actores, ambos eran bien parecidos y se notaba que hacían mucho ejercicio para mantener su figura.

    En cuanto lo salude, temí por un momento que James fuera a pegarme o algo por el estilo debido a lo que había sucedido entre Luna y yo, pero la verdad fue bastante amable. Mientras se unían al desayuno, James nos comentó la razón del porqué había llegado hasta ahora, la misma historia que Luna me había contado en el restaurante. Su español parecía casi nativo del país a pesar de ser francés, pues comentó que había trabajado en España un par de años y aprendió el idioma casi en tiempo record.

    Mientras hablaba podía ver a Luna bastante pegada a él, cosa lógica, debido a que estaba ansiosa por su llegada. Me pregunté si aún después de lo que habíamos hecho anoche aún no estaba satisfecha. Supuse que no, pues cuando terminaron de desayunar, Luna agarró a James del brazo y le pidió que la llevara a la playa.

    James aceptó con gusto, fueron a la habitación de Luna para dejar sus cosas y luego salieron en traje de baño, aunque se habían tardado bastante en salir. No faltaba ser un genio para saber que habían comenzado a calentarse para una tarde juntos.

    Rachel y Lisa salieron para dar un paseo por la ciudad. Ambas llevaban vestido: Lisa uno de color blanco bastante holgado y Rachel uno rojo un poco más suelto, dejando entrever el borde de sus senos.

    Por mi parte, decidí quedarme un rato en la casa. Llevaba un rato sin hablar con Ashe, así que prendí la televisión para tener un poco de ruido de fondo y le mandaba mensajes a mi amiga. Resultaba que Ashe había adelantado su vuelo de regreso, pues ella se sentía mal de que me había tomado la molestia de venir desde tan lejos para que no la viera. Contestaba feliz sus mensajes, le pregunté si sus abuelos no tenían ningún problema y ella me dijo que no.

    Mientras continuábamos hablando de su familia, alguien llamó a la puerta.

    —It ‘s for me —dijo Jules corriendo a la puerta.

    Por un momento había olvidado que ella también se había quedado en la casa. Al pasar, pude ver que llevaba un vestido blanco de una pieza bastante veraniego, de esos de una tela bastante sencilla.

    Unos segundos después, Jules regresó con otra chica.

    —Ro, this is Lain. A friend from here —me dijo presentándomela.

    —Hola.

    Mire a la recién llegada. Lain tenía una cara bastante inocente, casi la de una adolescente, pero se veía que tenía casi la misma edad que Jules debido a su cuerpo. Llevaba una blusa blanca bastante pequeña que dejaba ver parte de su abdomen, revelando un enorme tatuaje de flores que bordeaba todo el contorno inferior de sus pechos. Un pequeño short negro mostraba también otro tatuaje de flores que estaba en casi todo su muslo izquierdo. Me pregunté cuánto tiempo había pasado con el tatuador para llegar a tener algo tan bonito como eso. Tenía unas caderas bastante voluminosas y un pelo negro bastante largo y lacio. Llevaba puesto unos lentes de pasta negra que realzaban sus ojos cafés. En fin, otra belleza.

    —Un gusto, soy Ro. —le dije extendiendo mi mano.

    —Amm, yo hablar español poquito —me dijo tomando mi mano y juntando su pulgar e índice con la otra.

    —Oh, don’t worry. I can speak in English if you like.

    —Thanks —me dijo con una sonrisa.

    Ambas se sentaron a mi lado y comenzamos a hablar. Jules me contó que Lain y ella eran amigas desde la universidad y que se llevaban bastante bien. Lain era también de Estados Unidos. En la conversación salió el tema de que Jules planeaba mudarse a las Islas Canarias y que la razón de que estuviera rentando la casa con nosotros es que estaba buscando departamentos para vivir. Lain había venido para ayudar a su amiga con la mudanza, entonces me comentaron que ambas solo se quedarían otro par de días más antes de regresar a EUA y comenzar la mudanza de Jules.

    Era la primera vez que hablaba con ambas y ambas me agradaban. Nuestra conversación continuó un buen rato. Luna y James entraron, tomados de la mano, riendo y casi sin mirarnos se metieron a su cuarto, claramente los tres sabíamos que iban a hacer.

    —I’ll get some water —les dije dirigiéndome a la cocina.

    Mientras me servía agua, agudice el oído para ver si alcanzaba a escuchar lo que Luna y James estaban haciendo, pero supuse que estaban siendo respetuosos debido a que Jules, Lain y yo estábamos en la casa.

    Jules entró en la cocina también y se colocó a mi lado para tomar un vaso de agua.

    —You know? They are being really silent —me comentó claramente sorprendida por la falta de ruido en la casa.

    —I know, Luna couldn’t wait for her boyfriend to arrive —le dije mientras bebía de mi agua.

    —It wasn’t like last night, when you fucked her.

    Casi me atragante con el agua por su comentario. La miré sorprendido al decir que nos había escuchado. Ella tan sólo bebió con una sonrisa en el rostro.

    —Y-y-you heard that? —le pregunté limpiando el agua de mi boca.

    —Heard…watched… touching myself —dijo mientras recorría una de sus manos por el cuello, bajando lentamente hasta el escote de su vestido y sus piernas—. Sounded really good.

    Ella se mordió el labio de una forma coqueta. Yo no sabía a dónde mirar.

    —Creo que voy a salir un rato —dije olvidando por completo mi inglés por el nerviosismo.

    Camine hacia la puerta de la cocina, pero Jules me siguió y me lanzó contra la pared al lado de la puerta, luego se puso frente a mí.

    —Why so nervous? —me dijo poniendo su mano en mi muslo y subiendo lentamente hacia mi entrepierna. Mi miembro comenzó a ponerse duro por el contacto—. Last night it looked like you had some fun.

    Su mano llegó hasta mi cinturón y comenzó a desabrocharlo, lentamente.

    —Jules, creo que no deberíamos hacer esto —le dije intentando tomar sus manos para detenerla. Luego repetí en inglés.

    —Why not? I’ve seen how you look at me. —me dijo sacando mi miembro del pantalón y comenzando a masturbarme—. I like you too.

    —Sí, pero… —mientras me masturbaba acercó su rostro al mío, intenté concentrarme para poder decirle en inglés—. Your friend is here.

    —So?

    Ella me dio un beso en los labios y luego se arrodilló rápidamente para comenzar a chupar mi miembro. No pude evitar soltar el gemido debido a la descarga que sentí cuando empezó a comerme la verga.

    Apreté mi cuerpo contra la pared y cerré los ojos mientras sentía la lengua de Jules recorrer mi falo. No sabía que estaba pasando, por qué Jules se había lanzado así conmigo, pero el placer no me permitía pensar con claridad.

    —Do you like how I suck this dick? —me preguntó mientras la jalaba.

    Bajé la mirada para verla mientras lo hacía.

    —Sí, me gusta mucho.

    Ella sonrió y continuó chupándomela mientras hacía a un lado los tirantes de su vestido para dejarme ver sus hermosos pechos. No pude evitar agacharme un poco para tomar uno de ellos. Tenían un buen tamaño, apenas me cabían en las manos. Jules continuó comiéndose mi miembro con celeridad. Me obligaba a cerrar los ojos para poder disfrutar lo que me estaba haciendo. En un momento volvió a chupar despacio, haciéndome disfrutar poco a poco más, cuando oí una voz a mi lado.

    —What a whore you are!

    Abrí los ojos y miré a Lain recargada en el marco de la puerta, mordiéndose la uña del dedo pulgar y sonriéndome. Jules se sacó mi falo de la boca y comenzó a golpearla en su lengua.

    —I think I beat you —dijo con una sonrisa.

    —¿Qué está pasando? —pregunté sin poder moverme.

    Lain sacó su celular de su short y me mostró un video en él.

    —Jules sent me this last night —dijo con una sonrisa.

    Me quedé de piedra al ver que en el video estaba yo cogiendo con Luna en el baño. Podía ver como ella estaba recargada contra el lavabo mientras mi miembro entraba en ella con deseo y celeridad.

    —¿Qué? —dije mirando a Jules quien seguía jugando con mi lengua—. ¡¿Me grabaste?!

    Ella sólo se alzó de hombros y continuó chupando mi miembro.

    —After she sent it to me —continuó Lain—. I thought that we could have a little contest between us to see who would fuck you first.

    —I won! —dijo Jules sacando mi miembro por un momento para contestar.

    Me quedé helado, básicamente lo que estaban diciendo era que me estaban chantajeando para ver quién de las dos me cogía primero. Iban a usar el video como prueba. ¿Qué harían con él? ¿Enseñárselo a James? ¿Difundirlo por internet?

    —So here’s the deal —continuó Lain acercando su rostro tan inocente al mio— Fuck me and I won’t upload this to the internet

    —¿Qué?

    —Fuck… me —dijo ella acercando su rostro al mío haciendo énfasis con sus labios. A pesar de lo que estaba pasando, tenía un olor frutal bastante increíble, seguramente de un perfume que se había puesto.

    —Back off, he is mine. I made the first move —dijo Jules levantándose y empujando ahora a Lain contra la pared. Al verla de pie pude ver por completo su cuerpo. Sus pechos estaban bastante generosos, sus pezones rosaditos estaban alzados. Tenía un par de lunares en el abdomen que me llamaron la atención por la posición, llevaba la misma pantimedia de la mañana, color durazno y pude notar una ligera mancha de humedad en ella.

    —You can sit and watch us if you like.

    —You were able to beat me just because you went after him while I was distracted.

    Me hice unos cuantos pasos hacia atrás mientras ellas se peleaban, pero…en realidad no parecía una pelea. Jules apretaba el cuerpo de Lain contra la pared tomándola de las muñecas, sus rostros estaban bastante cerca, casi como si se fueran a besar. Quería meter mi miembro de nuevo en mi pantalón, pero no me podía mover, mis ojos no se desprendían de la escena.

    —You are a whore. Sucking his dick like that —dijo Lain sonriendo y mordiéndose el labio.

    —I bet you enjoyed the show —le respondió Jules besando su cuello.

    Me quedé con los ojos completamente abiertos. Definitivamente ya no estaban peleando. Ambas comenzaron a besarse y Jules comenzó a besar la clavícula de Lain, ella tan sólo la tomaba del pelo mientras ella bajaba poco a poco, besando todo su cuerpo.

    Cuando llegó al short, Jules se arrodilló y con un fuerte tirón se lo bajó.

    —So you DID enjoy the show —dijo al ver la enorme mancha en las pantimedias blancas de Lain.

    Ella se mordió el labio y abrió ligeramente las piernas mientras Jules movía sus pantimedias y colocaba su cabeza entre ellas para comenzar a comerle el coño.

    Mientras tanto yo estaba ahí parado, observando, sin saber qué hacer. Lain comenzó a gemir y acercó un poco más su cadera a Jules. Luego alzó la mirada y me sonrió.

    —Come on. Don’t be shy.

    —Pero… ustedes…

    Lain me ofreció su mano, llevado por la excitación se la tome. Ella llevó mi mano a su cuello.

    —Don’t tell me you don’t want to. —me dijo mordiéndose el labio y poniendo ojos de cachorro.

    —Quiero que borren el video —dije hipnotizado por sus ojos.

    —Follanos y lo haremos —me dijo con su pobre español.

    Sentí la boca de Jules de nuevo en mi verga, baje la mirada y vi como Jules comenzaba a chuparme un par de veces mi falo para luego continuar comiéndole el coño a Lain, repitiendo el proceso.

    —Fuck us, please —me dijo Lain apretando un poco mi mano en su cuello. Luego acercó mi rostro al suyo para besarme.

    Llevado por esta locura, la bese.

    Los gemidos de Lain no tardaron en llegar. Levante su blusa para revelar unos pechos un poco más grandes que los de Jules. Ahora podía ver que el tatuaje también subía entre el espacio de ambos pechos, pero dejaban todo el contorno de su blanca piel y sus rosados pezones intactos.

    Comencé a chupar uno por uno sus botones. Lain clavó sus uñas en mi espalda, estaba atrapada entre Jules, yo y la pared, pero eso pareció gustarle, pues sus gemidos se acrecentaron. Jules bajó mi pantalón y mi ropa interior por completo y comenzó a chupar mi verga con deseo, haciéndome gruñir de placer, junté mi boca con los pezones de Lain y la hice vibrar. Lain tomó mi playera y me la quitó casi de golpe para luego hacer mi rostro para besarme

    Ahora podía escuchar los gritos de Luna desde la habitación. Seguramente nos habían oído ya y ahora ya no tenían reparos en hacerlo también.

    —That ‘s so hot! —Dijo Jules levantándose para tomar mi rostro, besarme y jalarme fuera de la cocina, tome la mano de Lain para llevarla con nosotros—. It gets me horny hearing them.

    Una vez en la sala, los gemidos de Luna se alcanzaban a oír mucho mejor.

    Jules nos llevó hasta el sillón, la película seguía corriendo, pero ninguno de los tres le prestó atención.

    Lain ahora tomó la iniciativa. Se me adelantó y comenzó a besar a Jules mientras masajeaba sus pechos con deseo. Yo me coloqué detrás de ella e hice que se inclinara hacia adelante. Su enorme trasero estaba a mi disposición. Comencé a darle un par de nalgadas, dejando unas enormes marcas rojas en sus cachetes.

    —No debiste grabarme —le dije con cada nalgada y ella gemía con cada una.

    Lain me empujó contra el sillón, haciéndome sentar. Luego agarró a Jules por su trasero y la fue empujando hacia mí. Tome a Jules de los brazos y la recargue contra mi pecho. Ella se giró ligeramente para comenzar a besarme.

    Pude sentir como Lain comenzaba a chupar mi miembro y mientras yo hice a un lado la pantimedia de Jules para comenzar a masturbarla.

    Los gritos de Luna se oían fuertes y claro. Jules comenzó a gemir mientras metía mis dedos en el interior de su vulva.

    —Yes, yes. Just like that —me decía asintiendo. Colocó su brazo detrás de mi cabeza para poder girarse un poco más y dejarme alcanzar sus pechos. Mientras mi lengua y boca jugaba con su pezón, mi mano se movía en círculos en su entrada, todo esto mientras Lain disfrutaba del espectáculo chupando mi verga.

    Sentí los labios de Lain soltar mi miembro y usar su mano para apuntar mi glande a la entrada de Jules. Ella se acomodó mejor sobre mí para deslizarse sobre mí. Estaba completamente mojada, con facilidad resbaló hasta llegar al fondo. Jules comenzó a mover su cadera de arriba abajo y sus gemidos de placer se convirtieron en gritos.

    —Yes, yes. Fuck me. Just like that! —gritaba mientras subía y bajaba de mi falo.

    Yo tan sólo podía hacer mi cuerpo hacia atrás sobre el sillón, agarrando su trasero, mirando como mi verga desaparecía en sus entrañas.

    Lain se acercó a ella y comenzó a besarla y atacar sus pechos. Los gritos de Jules eran comparables con los de Luna en la otra habitación. Jules dio un fuerte setón sobre mí y su cuerpo se convulsionó ligeramente mientras el orgasmo la atacaba.

    Comenzamos a sudar. Combinación del calor que hacía en ese momento y el nuestro. La piel de Jules comenzó a brillar debido a esto, pero ella continuaba montando mi verga con deseo.

    —My turn —le dijo Lain besándola.

    Jules asintió y se levantó. Sin darme tiempo de moverme ni de cambiar de posición. Lain se montó sobre mi verga, deslizándose igual de fácil sobre ella. Lain comenzó lento, pero sus movimientos ganaron velocidad muy rápido. Podía ver como sus pechos rebotaban, todo su cuerpo era hermoso mientras me montaba. Su cabello se agitaba con cada sentón que daba. Verla sobre mí con aquellos hermosos tatuajes hacía difícil que no me corriera. Jules se colocó a su espalda y apretó sus pechos mientras besaba su cuello. Lain cerró los ojos y se dejó hacer, acompañando las manos de Jules mientras recorría su cuerpo.

    —You like it? —le preguntó Jules— He has a good dick, doesn’t he?

    —Yes, I love it. It fucks so good —decía Lain mientras continuaba sobre mí.

    Lain comenzó también a sudar y podía ver como Jules lamía su piel y movía su cabello de un lugar a otro para poder hacerlo con facilidad.

    Ya no escuchábamos a Luna y a James, seguramente ya habían terminado, pero nosotros no.

    Jules soltó a Lain y luego se acomodó sobre el respaldo del sillón, bajo ligeramente su cadera para dejarme comer su coño.

    Ambas chicas se movían sobre mí casi al unísono. Sus gemidos se podían oír por toda la casa, casi seguro.

    Así continuamos un rato hasta que sentí que la posición me incomodaba demasiado. Ambas parecieron notarlo, pues Jules se bajó del asiento y Lain se levantó. Ahora Lain se acostó sobre el sillón mientras Jules se colocaba encima de ella para besarla. Mientras ambas tocaban su cuerpo las mire, Jules movía su trasero de forma sugerente y sabía lo que me pedía.

    Me arrodille detrás de ella y la penetre lentamente. Jules me volteó a ver con una cara de placer y luego regresó a besar a Lain. Ambas continuaban besándose mientras yo continuaba con mi vaivén, pero pensé que Lain también merecía lo suyo. Saqué mi falo de Jules y luego apunté a la entrada de Lain, ella soltó un fuerte gemido antes de que empezara a bombear mi herramienta.

    Penetraba a Jules y a Lain de forma intermitente. Cuando follaba con una, la otra movía su cuerpo al mismo ritmo.

    Verlas a ambas a mi disposición, su piel brillante, ambas gimiendo por mis penetraciones…sentí que ya no podía.

    —¡Me corro! I’m cumming.

    —Give it us, all of it —dijo Jules.

    Saqué mi verga de Jules y me corrí. Mi semen golpeó la vulva de Jules y su trasero. Poco a poco, mi corrida se deslizó hasta caer sobre Lain. Ambas se masturbaron y se arrancaron un nuevo orgasmo entre las dos.

    Yo sólo pude ver mientras me desplomaba del otro lado del sillón. Ambas se besaron un poco más, luego me voltearon a ver y recularon hacia mí, se acercaron y cada una me dio un beso en los labios.

    —That was awesome —me dijo Jules.

    —It was amazing —añadió Lain.

    —Podrían… Could you erase the video? —pregunté algo agotado.

    Jules se levantó con una sonrisa y me entregó dos teléfonos desbloqueados. Luego se llevó a Lain de la mano y ambas se fueron así desnudas afuera. Un segundo después escuché el chapuzón de la alberca.

    Yo por lo mientras tomé los teléfonos y borré los videos tanto de las galerías como de las conversaciones del WhatsApp e incluso me asegure de borrarlas de la papelería de los teléfonos.

    No quería dejar ningún rastro de ese video.

    Dejé los teléfonos en la mesa para ellas y me levanté del sillón. Me sorprendí al ver a Luna salir con apenas unas pantimedias negras puestas. Tenía el pelo recogido y dos botellas de agua en una mano. Estaba sudando también, haciendo que su piel y sus pechos brillaran un poco, indicando que lo que había hecho con James había sido casi igual de intenso que lo que había hecho con Jules y Lain. Me sonrió y guiñó el ojo mientras regresaba a su cuarto.

    Regresé a la cocina, tomé mi ropa y decidí salir a dar un paseo.

    Necesitaba un tiempo fuera de esa casa.

  • La tortuosa espera

    La tortuosa espera

    Alonso se fue ese lunes muy temprano y con las últimas palabras que susurró hizo de mi una loca ansiosa cada segundo, día y noche, en una agonizante espera que causó estragos en mi en todos los aspectos.

    Aun sentía en mi cuerpo las consecuencias de dar rienda suelta a las perversiones sexuales que tanto había deseado. Mis piernas me dolían mucho, apenas me podía parar o sentar, mis pechos y sabrosos pezones los sentía delicados por tantos mordiscos, mi vulva apenas podía tocarla de tanto darle roce y el orificio recién descubierto por los dedos de mi apasionado amante lo tenía irritado a pesar de que siempre brotó ese jugo caliente que me mantenía húmeda y cuando faltaba mi ultrajador mojaba con mi saliva o la suya sus dedos para volver a la tarea que nos tuvo concentrados.

    Traté de seguir mi rutina laboral como pude, pero era imposible concentrarme, estaba muy errática, pero no quise suspender el trabajo por temor a someterme a un interrogatorio de miedo de parte de mi madre.

    Mi mente se nublaba con los recuerdos, sus labios carnosos, su piel suave y caliente, la forma como me manoseaba, besaba, lamía y con eso las zonas erógenas que descubrí, me dieron una nueva perspectiva de cómo hacer gozar mi cuerpo.

    El cuello entero, los hombros, mi espalda y por sobretodo la zona antes de que empiecen a encumbrarse mis pechos se convirtieron en un lienzo lleno de sensores que emanaban descargas hacia todos lados, llegando los espasmos hasta la punta de mis dedos, me erizaba, me retorcía, emitía sonidos que salían de mis entrañas y los orgasmos se desencadenaron cuan cuentas de un largo collar.

    Cuando sentía el aire jadeante de su respiración a la altura de mi cuello y espalda, no hacía falta que me tocara, solo ese roce provocaba que mis vellos despertaran haciendo un urgente llamado a que me volvieran a tocar lujuriosamente.

    Jamás pensé que al aflojar mis piernas para dejar libre el camino a sus manos con dedos grandes y que se introdujera a mi oscuro canal de lujuria, daría paso a que se abriera la puerta al desenfreno absoluto, comenzaría aquí la locura y la ansiedad casi adictiva de experimentar el placer en todas las formas posibles y desconocidas… recién empezaba y ni siquiera me imaginaba que jamás pararía.

    Nunca había estado provocativamente desnuda frente a un hombre y menos había visto a uno excitado, ver por primera vez ese pene enorme, rojo, caliente y tan duro del que emanaba un exquisito líquido que le hacía brillar esa punta cabezona. Veía casi boquiabierta como se masturbaba y mientras lo hacía su cara se transformaba, su mirada se perdía, sus gestos eran desesperados, las venas de su cuello parecía que iban a explotar y la piel de su miembro ya no podía estirarse más, al punto de temer que se rasgara. Cuando yo lo tocaba, lo hacía con ambas manos, lo masajeaba fuerte, suave, en círculo, de arriba hacia abajo, dibujaba su relieve con la punta de mis dedos y me detenía a propósito en su glande, era la parte que más me extasiaba, cerraba los ojos y me enfocaba en tatuar en mis palmas su textura gruesa y venosa, su temperatura, lo pegajoso de su líquido, de verdad era fantástico, estaba atontada.

    Mientras me deleitaba manoseándolo, me miraba y con sus dedos húmedos recorría mi boca abriéndola y metiéndolos y yo los succionaba y apretaba con mi lengua. Por el borde del labio caía algo de saliva y él lamía con su lengua lo que chorreaba.

    Esa fiera interna que por tantos años estuvo escondiéndose entre las tinieblas, saliendo en la penumbra cuan ladrón en la noche para que nadie la descubriera, en esos momentos solo quería revelarse y dar rienda suelta a toda su perversión y pasiones más oscuras, sin embargo, me dejé experimentar cierto grado de lo que hasta hacía unos días solo estaba a disposición de las más “sueltas, desinhibidas y vulgares” mujeres. No permití que me penetrara porque, si bien es cierto, era bastante ignorante ante temas de sexualidad, mi instinto me alertaba que debía ser cauta y así fue, tampoco hicimos sexo oral porque me avergoncé y también lo respetó.

    Así pasaron los días, con todas estas escenas pasando una y otra vez en mi cabeza, no pensaba en nada más, me hablaban y no escuchaba, no me daba hambre, es más, sentía un fuerte dolor de estómago y cabeza, tenía escalofríos, llegaron y llegué a pensar que me estaba agripando, lo que hizo que el jueves me quedara en casa. Por las noches me masturbaba frenéticamente, ahora jugando además con mis dedos, metiéndolos en ese canal de placer. Pude percibir su textura rugosa y suave, también como de cierta parte cuando llegaba al clímax brotaba un chorro de un exquisito líquido que empapaba parte de mis sábanas y que llevaba parte de él a mi boca con mis dedos tratando de emular el movimiento que Alonso hacía con los suyos.

    Mi mamá de una manera curiosa se preguntaba cómo me había resfriado tanto en verano y me miraba con cara rara, además se fijó en unas marcas que me quedaron en el borde de la boca producto de la fricción entre la boca de Alonso y la mía. Mi excusa fue que era producto de mi baja de defensas y que quizás era un herpes, igual no quedaba muy convencida. Luego, a ratos, aparecía y me preguntaba que habíamos hecho con la visita, si nos habíamos bañado en la piscina o algo así. Negué todo y para que me dejara en paz le dije que nos habíamos puesto al día con nuestras vidas y que yo lo consolé luego de estar tan dolido aun por el término de su relación, inclusive le dije que aún estaba muy enamorado de ella. Con eso quedó conforme.

    Pero la verdad que mi enfermedad tenía un solo nombre, quería SEXO, porque solo pensaba en eso y me puse compulsiva con mis rutinas de autocomplacencia.

    El jueves en la noche, casi quedándome dormida, entra mi mamá y me dice muy feliz que Alonso había llamado y que estaba preocupado por mi y que el viernes en la noche llegaría, eso me sanó inmediatamente, hasta que mi madre dice – Si mañana amaneces así de enferma me quedaré este fin de semana cuidándote y así no te tienes que preocupar por atender a la visita – Eso fue como un balde de agua fría, todos mis planes de seguir adelante con mi anhelo de que me desfloraran, se derrumbaban. Rápidamente idee una estrategia, como fuera me iba a levantar al día siguiente y le pediría a Sandra, una de las nanas, que me ayudara para que mi mamá saliera tranquila.

    Así llegó el tan ansiado viernes, me tiritaban las piernas, me faltaba aire a cada rato, pero me levanté estoica y con más ánimo que nunca.

    Comí o mejor dicho, traté de comer para tratar de demostrarle a mamá que ya estaba recuperada. Ella vio mi mejoría y preguntó al mediodía si creía pertinente que se quedara para atenderme, obviamente le dije que no, que Sandra se daría una vuelta y me ayudaría (ya se lo había pedido con anticipación), y bueno, creyó que estaba todo controlado y partió a sus salidas misteriosas tipo 4 de la tarde.

    De ahí en adelante, cada segundo era una eternidad y un martirio esperando la llegada de Alonso. Así pasaron las horas, todos se fueron, quedé sola y aun ni una señal, yo estaba angustiada y hasta unas lágrimas recorrieron mis mejillas imaginando que todo había sido solo una ilusión…

  • Mi tía la culona y mi madre la buenota

    Mi tía la culona y mi madre la buenota

    Un día sábado (7/7/2020) yo estaba en mi cuarto tranquilo, viendo películas, cuando se hizo tarde como las 00:30 y acabo la película cuando de repente escuché unos gemidos, pensé que eran de los vecinos ya que en mi casa ni mi padre ni mi tío estaban ese día, ya que habían salido de viaje de negocios, así que no le di importancia ya que no era nadie de mi familia, entonces me dormí y no supe más.

    Al día siguiente me levante temprano como eso de las 05:30 y me iba a duchar cuando de repente oigo que alguien se estaba duchando, yo en mi mente pervertida decidí asomarme para ver quién era, me asome y era mi tía quien se estaba bañando, en eso que la vi duchándose pues me calenté y mi pene se erecto, así que me quite la ropa y me empecé a masturbar cuando de pronto sale mi madre de su habitación y me cacha viendo y masturbándome con mi tía, pero ella en vez de regañarme se agachó y empezó a masturbarme con sus manos hasta que me vine y mi semen le cayó en las tetas, luego me dijo ve a tu cuarto y no salgas hasta que tu tía acabe de bañarse, así que hice lo que me pidió.

    Pasaron horas después de lo sucedido y mi madre no hablaba del tema conmigo ni nada, así que después de comer con mi madre ella salió y yo subí a mi habitación para ver un rato la tv en eso que subo veo a mi tía dormida boca abajo y traía un vestido chico y por ende se le veía la tanga, así que lo que yo hice fue sacarme el pene y masturbarme, luego de 5 minutos jalándomela y tomando fotos, decidí entrar a la habitación y empezarla a tocar en el culazo que tiene mi tía, la empecé a tocar y llego el punto en que le baje la tanga y le empecé a lamer la vagina, ella obvio empezó a sentir como gusto o placer porque empezó a gemir, después de un rato lamiendo la penetre muy sutilmente al principio y después empecé a meter y sacar rápido hasta que se despertó y me vio, obvio su reacción fue de rechazo y me hecho del cuarto.

    En la noche que llega mi madre, mi tía habla con ella respecto a lo sucedido, y mi madre no le dio importancia alguna, a lo cual mi tía se enojó y se encerró en su cuarto, mi madre sube y me dijo que no lo volviera a hacer o si no me iba a acusar con mi padre, a lo cual le dije que estaba bien, no lo volvería a hacer. (Lo cual no era cierto)

    En la noche me volví a meter al cuarto de mi tía para cogérmela, pero para que no dijera nada, o hiciera algo para evitarlo la espose a la cama y la amarre, obvio lo tuve que hacer con mucho cuidado para no despertarla.

    El caso es que ya se la estaba metiendo bien duro, obvio se despierta y se dio cuenta que no podía ni gritar ni moverse, y le hice de todo esa noche y me vine 2 veces, pero la segunda vez fue dentro de su vagina.

    Si quieren leer la parte de mi madre, esperen la segunda parte.

  • El amigo camionero de mi padre (Final)

    El amigo camionero de mi padre (Final)

    Cuando subí al camión con Rubén la nostalgia parisina con Pierre me invadió, me quedé un rato pensativo, anonadado, le daba vueltas a mi vida y sobre todo mis experiencias estos últimos días, era gay? O todo había sido morbo? Bueno fuera lo que fuese estar con Pierre me había llenado en todos los aspectos, tanto sexualmente como sentimentalmente, había sentido cariño y eso es lo que más me preocupaba de todo.

    Rubén me pegó un collejón y volví al mundo real…

    Rubén: ehyyy que tal la noche tío?

    Yo: eres un hijo puta.

    Rubén: y eso? Que pasooo?

    Yo: bueno a parte de dejarme todo tirado con tus amigos, y de no volver a por mí, lo cabrones y como se pasaron todos conmigo.

    Rubén: venga si seguro que lo disfrutaste.

    Yo: bueno, no pienso contarte más.

    Rubén: mira… toma… (Saco un fajo de billetes)

    Yo: y eso?

    Rubén: no creerás que iban a follarte de gratis?

    Yo: que cabronnn… lo sabía.

    Rubén: ahí van 3000 euros tío, es lo que has ganado poniendo tu culito, que te parece?

    Yo: joderrr… ostiasss… Eso es mío?

    Y tú? Que te has quedado cabrón?

    Rubén: 1500 te parece bien?

    Yo: ok, ok… me fío tío biennn.

    Cogí el dinero y lo guarde, pensé en que era un prostituto, pero no me afectó para nada, lo había disfrutado, no sé si lo volvería a hacer, seguramente sí ,si me hiciera falta pero en ningún momento había buscado el dinero , todo lo que buscaba era placer y satisfacción en aquellos polvos.

    El resto del camino fue casi del tirón, ninguna otra adversidad nos hizo demorar, solo un par de paradas para comer y tomar café y directamente al almacén de mi padre, no sin antes haberle pegado una buena mamada de cipote a Rubén que la disfruto como un cerdo.

    Al llegar al almacén eran casi las diez de la noche, aparcamos el camión, vimos luz en la oficina de mi padre y subimos a ver. Allí estaba el jefe con otro de los camioneros, mi padre me abrazo y saludo a Rubén, yo saludé a Víctor el otro camionero, un tío de unos 40 años, guapo, fuertote, espaldas anchas, barba recortada, ropa ceñida que marcaba su musculatura, mi vista fue directa a su paquete, que se veía considerado, entonces la voz de mi padre me sobresalto.

    Papa: y qué? Menudo viaje no?

    Rubén: joder, la puta nevada.

    Yo: si, si, menudo viajecito me has hecho hacerme.

    Papa: pues según mi amigo Rubén, tan mal no lo has pasado.

    Rubén: jajaja, si ya te lo dije.

    Yo: pero que está pasando aquí?

    Papa: nada hijo, nada… todo está bien.

    Víctor: pues tienes un hijo que está tremendo… si señor.

    Yo: joderrr, aquí me parece que de algo no me estoy enterando.

    Papa: no te preocupes Pedro, yo también he disfrutado de viajes con Rubén, se lo que son, y quería ver hasta dónde te gustaba a ti, y por lo que me contaba Rubén, no lo has pasado mal.

    Yo: joder papá, Rubén, que es esto?

    Entonces todo derivó en el desenlace de aquella historia, Rubén se acercó a mí, me agarró con una mano del cuello, y me acerco a su boca morreándome y metiéndome su lengua allí mismo, frente a mi padre, intente zafarme pero no podía, después vi como a mi padre como a Víctor no les extraño nada, al revés pude observar como masajeaban sus paquetes y entonces empecé a comprender la situación, sería todo un montaje de mi padre? seria Víctor el amante de mi padre? Mi padre monto aquello para saber si yo también me gustaba ese rollo?

    Rubén me tenía acorralado, empezó a sobarme por todos lados, seguía comiéndome la boca, hasta que dejó de besarme para simplemente decirle a mi padre, «con su permiso voy a follarme a su hijo» , la reacción de mi padre fue un gesto con la cabeza de complacencia y Rubén entro al ataque, empezó a desnudarme , en unos segundos estaba en pelotas, y Rubén también, retiro las cosas del escritorio de mi padre, me alzó y tumbo sobre él, sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo, y su lengua a chuparme por todos los lados, empezó a pellizcarme los pezones que se me pusieron durísimos de excitación, mi polla y la de Rubén completamente duras, se rozaban, mi culo se movía buscando aquel pedazo de carne, mire hacia donde se encontraban mi padre y Víctor, los dos con los pantalones bajados y ambos con las pollas en la mano pajeándose mientras Rubén me hacía lo que le venía en gana, se había subido sobre el escritorio, llevando su polla a mi boca, cómetela como tú sabes pedro, que te vea tu padre lo putita que eres, me dijo… yo agarre su cipote y empecé a lamer su capullo, sabía a precum condensado, me excitaba mucho aquella situación y me tragué su polla de golpe, chupaba y chupaba sin parar haciendo gemir a Rubén fuertemente, entonces noté como una mano agarró mi polla, era la de mi padre ofreciéndosela a Víctor, este se agachó, escupió sobre mi capullo escupió en su mano, para después masajear mi polla y metérsela directamente en su boca, ummm, ahhh, ummm, que delicia, como la chupaba Víctor, mientras mi padre le estaba acariciando las nalgas a este tío, ya los dos completamente en pelotas.

    Yo seguía comiéndole la polla a Rubén, mientras que a mí, me la estaban comiendo en ese momento Víctor cómo mi propio padre que se había unido a aquella felación, yo me sentía lo más guarro y sucio en aquella situación, pero el morbo era tremendo. Rubén saco la polla de mi boca y se levantó de la mesa, Víctor ocupó esa posición y me metió la suya en mi boca, un pollón bastante grande y duro , estaba rico de degustar, le lamí todo su contorno, le besé su prepucio y pase mi lengua por todo el, dejando mis babas chorreando por encima, la agarre con mi mano y empecé a succionar y meter y sacar de mi boca, Víctor se estremeció y empezó a mover su cadera follándome la garganta produciéndome alguna arcada, le pude oír decir, (mamá putona, no dejes de mamar, ummm, ummm, ahhh, diosss que mamadas da tu hijo) le decía a mi padre, mientras tanto Rubén y él se intercambiaban mi culito, lamiendo y escupiendo sobre mi ano para ir pasando sus lenguas uno después del otro, mis gemidos eran lujuriosos, los dedos de mi padre y Rubén fueron haciéndose camino en mis adentros, me follaban el culo metiéndolos y sacándolos, y yo seguía con mi tarea de comerle la polla a Víctor que por sus gritos y gemidos, se lo estaba haciendo pasar de maravilla, mi felación a Víctor enseguida dio sus frutos, se puso tenso, grito no pares puta que me corro y seguidamente mi boca empezó a llenarse de lefa caliente de aquel macho buenorro, relamí todo el esperma de su polla mientras el apretaba mi cabeza contra su polla.

    Mi padre y Rubén habían dejado de follarme con sus dedos y vi como Rubén cogía su pollón con una mano encaraba su polla a mi culo y con un seco golpe de cadera penetró mi culo hasta el fondo, ahhh, Víctor tapo mi boca con sus labios propinándole un buen morreo que terminó con una buena comida de boca ensalivada, nos escupíamos ambos y seguíamos besándonos, mientras la polla de Rubén hacia mis delicias para mi culo, me pegaba tremendas embestidas que mi culo gozaban una tras otra pidiendo y rogando que no me dejara de follar, mi padre me miraba con cara de lujuria, mientras Víctor me había puesto sus nalgas en mi cara diciéndome que le comiera el ojete a lengüetazos.

    Tremendo culito el de Víctor depiladito, sonrosado y bien Prieto, mi lengua, lamía aquel orificio que con cada paso de mi lengua se abría diciéndome métemela más, chúpame y cómeme, Víctor gemía como un putón, ummm, cabrito que bien, tu papá te ha hecho bien putita y zorra, cómeme el culo, no dejes de lamer, me decía, mientras tanto llegó el momento esperado, no sabía si se atrevería a hacerlo, pero sí, mi padre apartó de un puñado a Rubén que saco su polla de mi culo, y fue entonces cuando mi padre me agarró de las caderas tiro de mi y puso su pene en mi culo, me guiño un ojo y la metió de un estacazo, ahhh, diosss, que pollón joder, podía notar mi culo a reventar, mi padre tenía un miembro enorme, se lo vi en alguna ocasión, pero siempre flácido, pero ahora lo tenía dentro de mi, y me estaba follando con gran dureza, sentía sus embestidas y sus gritos, aggg, toma polla hijo, toma polla cabrón, como sabía que te gustaría, que culito tienes hijo puta, que ganas tenía de follarte, mientras me daba bien fuerte y yo gemía como una zorrita, ummm, que bien papá, que polla, como me gusta, sigue , sigue, hazme tuyo. El culo de Víctor no me dejaba casi respirar pero yo seguía lamiéndoselo y dejándolo bien húmedo de babas, mientras Rubén y él se morreaban delante de mí y mi padre seguía follándome.

    Así seguimos un buen rato, hasta que Víctor se unió a mi parte trasera y Rubén aprovecho para volver a meter su polla en mi boca, observé cómo susurraban mi padre y Víctor y entonces me levantaron de la mesa, me llevaron hasta el sillón de mi padre, donde se sentó este y me indico que me sentara sobre su polla, le agarre la polla de mi padre me la metió entera hasta notar sus pelotas golpear las mías, mi padre agarró mis piernas y me las alzó y llamo a Víctor, diciéndole ya lo tenemos remata, y Víctor de acercó coloco su polla en mi culo y empezó a penetrarme con la polla de mi padre dentro, ahhhh, para, para, pero siguió, poco a poco ,hasta meterla entera, aguantaron unos segundos quietos Hasta que vieron que yo volvía a mover mi culito pidiendo polla, y entonces empezaron a mover las caderas y metiéndome y sacándome sus pollas hinchadas y duras de placer, la banda sonora de la oficina eran nuestros gemidos, ahhh faltaban los de Rubén que al ver mi boca abierta se arrimó para continuar dándome polla en la garganta.

    Mi culo deliraba de placer, mi polla estaba siendo pajeada por Víctor mientras me follaba y yo parecía estar en el paraíso, pero todavía podía mejorar aquello, mi doble penetración y la follada de boca, paso a dejar a mi padre follándose a su hijo, Rubén mi boca y Víctor agarró mi polla completamente dura, abrió sus nalgas y se sentó sobre ella poco a poco, menudo culito me iba a follar, Víctor era hermoso por dónde lo miraras, de repente mi padre empezó a agitar su respiración a incrementar su ritmo de sacudidas , se puso tenso y soltó un te preño hijo te preño cabrón y pronto sus chorros de leche incestual impregnaron mis entrañas, ese semen que un día me dio la vida, recorría mi culo ardiendo a borbotones, no me dio tiempo a saborear ese momento cuando Rubén empezó a correrse en mi boca, su leche impregnó mi garganta, que intentaba tragar a gran velocidad, las pollas de mi padre y su amigo Rubén se aflojaron, mientras la mía y la de Víctor seguían ardiendo.

    Rubén y mi padre cogieron sus cosas y salieron de la oficina, riéndose y diciéndonos que disfrutamos, y así tenía pensado hacer, empuje a Víctor sobre una de las paredes, agarre sus brazos y los puse en alto, abrí sus piernas y le puse su culito en pompa, le agarre por las caderas y se la metí de un tirón, Víctor se retorció pero me pidió que le diera caña, lo agarre de su pelo y estire de el hacia atrás y mis caderas empezaron a moverse metiéndole y sacando mi polla a un ritmo bestial, gemíamos los dos, disfrutábamos como cerdos, su sudor y el mío se entrelazan, le mordisqueaba el cuello y le apretaba sus pechos entre mis manos mientras le clavaba mi miembro a punto de reventar, lo incline más hacia abajo dejando su espalda y culo a la altura de mi polla y empecé a follar como un poseso, le dije que me corría y él me dijo que lo hiciera dentro, que quería mi leche, mi garrote, mi respiración y mi corazón se aceleraron y de mi polla salió tal cantidad de leche que su culo la expulsaba de entre mi polla, ahhhh, que rico, que bueno, diosss, caí sobre su espalda, mi pecho resbaló sobre ella, los dos suspiraba mis abogados, pero él me dio la vuelta, me empotró de un empujón en la pared abrió mis nalgas y metió su pollón de una embestida, me tenía casi en el aire, notaba como entraba y salía y como aceleraba su follada, hasta que su leche inundó mi culito también, caímos al suelo, apoyamos nuestras cabezas una sobre la otra, y nos fundimos en un largo morreo.

    Al rato coincidimos en las duchas de la empresa los cuatro, no nos dijimos nada, nos sonreímos y charlamos de cosas que nada tenían que ver con lo ocurrido. Pero aquello cambio la vida de todos, yo dejé mi trabajo y me puse a trabajar con mi padre, me divorcie, y me hice transportista viajando a menudo a París , allí me citaba con Pierre al cual lo tenía como mi pareja, mi padre me follo más de una vez en algunos calentones, no me importaba lo disfrutaba, además su amante Víctor participaba en más de una ocasión, incluso yo estuve muchas veces a solas con Víctor, era un tipo genial y lo compartíamos mi padre y yo, con Rubén alguna vez más hubo algo pero poco, lo que si engatusar a su hijo para ser mi acompañante de viaje en alguna ocasión, estaba rico y quería pagarle a Rubén lo que me enseñó a mí, haciéndose lo a su hijo… pero está tanda de relatos la enlazarse más adelante. De momento mi experiencia con Rubén el amigo camionero de mi padre había concluido, pero no mi periplo sexual y morboso de camionero.

    Espero que hayáis disfrutado con la saga, este último relato me encanta, lo he hecho de corazón, con mucho morbo y placer, empalmado a tope, pensando en los que lo leéis y esperando contactar con alguien que le gusten mis relatos y podamos quedar en alguna ocasión y disfrutar, soy de Valencia España y podéis contactar conmigo en mi Instagram vlcpedro22, besos a todos…

  • Rose Mary (Capítulo 3)

    Rose Mary (Capítulo 3)

    Al día siguiente fui otra vez a su casa, eran las 8 de la mañana. Yo apenas había dormido pensando toda la noche en lo que había hecho con Rose Mary, veía la grabación una y otra vez, sobre todo la parte en que tenemos el orgasmo y nos fundimos boca con boca metiéndonos las leguas hasta el fondo de la garganta (si, ella también).

    Ella me abrió la puerta medio dormida, en short y remera. En cuanto me vio ya se dio cuenta de mis intenciones, pero estaba resignada, se limitó a callar y yo tomé la iniciativa entrando a su departamento.

    -Hola Rose Mary, lo que hicimos ayer me gustó mucho, y yo sé que a vos también. Si pensás lo contrario te muestro el video para que veas la cara de placer que tenías. (me encantaba humillarla). Voy a ser claro contigo, me gustas mucho y de ahora en más quiero que me obedezcas. Vas a estar a mi disposición las 24 horas del día, vas a poder hacer tu vida normal pero cuando yo te diga que quiero algo vas a tener que complacerme. Para que veas que no soy un mal tipo, voy a hacer esto con vos durante un mes y después de ese tiempo te voy a dejar libre para que sigas con tus cosas y no vas a saber más de mi. Cualquier cambio que quieras hacer en tu vida diaria me vas a tener que pedir permiso, de ahora en más de casa al trabajo y del trabajo a casa. Si aceptás esto que te propongo, te prometo que nunca te voy a hacer nada que te lastime y vas a sentir mucho placer, si no lo aceptás voy a enviar nuestros videos a todos los que te conocen, todo Asunción te va a señalar como puta. Aceptás?

    – Si – dijo después de tomarse unos minutos entre lágrimas.

    – Bueno, ahora que nos entendimos quiero que te pares ahí mientras yo me saco la ropa.

    Ella se paró enfrente de su sillón y yo me saqué el jean y la remera que tenía lo más rápido que pude hasta estar totalmente desnudo (la noche anterior tuve la delicadeza de afeitarme los genitales para que a ella no le moleste). Ella miraba al piso, entonces le dije:

    – Mirá acá (apuntando mi pija), mirala bien porque esta te va a dar mucho placer, así que tenés que mimarla mucho.

    Me senté en el sofá y me empecé a masturbar mirándola fijamente, ella me miraba trabajar en una mezcla de resignación y curiosidad. Mientras yo me acariciaba le dije:

    – Sacate la remera.

    Ella me hizo caso, no llevaba corpiño así que sus lindas tetitas quedaron paraditas como mirándome. Luego le dije que se saque el short y luego su bombachita. Quedó toda desnuda enfrente mío y noté que ya no llevaba ese vello púbico que tenía el día anterior.

    – Veo que te depilaste, de ahora en más no te vas a depilar hasta que yo te lo diga.

    Mientras yo seguía masajeándome el pene ya duro como el acero le dije que se acerque hasta donde estaba yo. Me quedé sentado y la atraje hasta quedar parada enfrente mío entre mis dos piernas. Tenía su conchita a la altura de mi cara, así que empecé a lamerle la pancita mientras le acariciaba las tetas con mis dos manos. Ella cerraba los ojos, yo seguía con mi trabajo para excitarla, dejé la mano izquierda jugando con su pezón izquierdo y bajé la derecha para acariciar la conchita mientras seguía lamiendo la zona del pubis. Poco a poco empecé a notar que la lubricación comenzaba, así que le metía los dedos para mojarlos bien y estimular el clítoris. Una vez logré mi misión de que su conchita esté lo suficientemente húmeda le dije que se ponga de rodillas enfrente mío entre mis piernas y le llevé su mano derecha a mi pija dura. Ella empezó a acariciarme el tronco y el glande. Mientras, le guie la cabeza esta quedar a la altura de mis genitales:

    – Chupame los huevos Rose Mary que me encanta

    Ella empezó a pasar la lengua por mis huevos mientras seguía con sus caricias en el pene.

    – Metételos en la boca

    Y sin chistar empezó a devorarme los huevos. Yo estaba tan excitado que tuve que apartarle la mano derecha porque tenía miedo de eyacular. Todavía no quería que termine, faltaban más cosas que quería hacer con ella. Mientras, se había concentrado en los huevos que ya estaban lavados con su saliva:

    – Ahora andá subiendo con tu lengua hasta la punta de mi pija y lameme la punta.

    Obviamente me hizo caso, fue subiendo hasta arriba y empezó a lamerme con la punta de la lengua.

    – Metela en la boca ahora y empezá a chupármela con ganas

    Empezó a meterse mi pija hasta la mitad mientras que la otra parte se ayudaba con la mano derecha que ya había vuelto a su tarea. Mientras tanto yo le hablaba solo porque me gustaba humillarla y hacerle ver que detrás de esa niña decente había escondida una puta que se enloquecía con el sexo.

    – Eso es Rose Mary, que bien que la chupas. Había sido que sos una experta, que ganas tengo de llenarte otra vez de semen la boca, yo se que te gusta. Pero no te preocupes, que antes de largarte el semen te voy a hacer disfrutar.

    Yo ya estaba a punto de terminarle en la boca, así que la hice parar y volví a concentrarme en su conchita, esta vez abriéndole un poco las piernas y metiendo mi lengua todo lo que podía en su vagina y lamiéndole el clítoris. La estaba lubricando bien para empezar con la cogida.

    Me acosté en el sofá de costado y le dije:

    – Acostate acá a mi lado dándome la espalda

    Yo estaba atrás de ella, así que le levanté la pierna derecha y apunte mi pene a su conchita. De a poco se la fui metiendo hasta que la tuvo toda adentro, por la parte de arriba su cabeza apoyaba recostada en mi brazo izquierdo mientras que el derecho lo tenía libre para acariciarle las tetas. Empecé a moverme detrás de ella metiendo y sacando suavemente pero de a poco fui aumentando el ritmo y también la excitación de ella. Con el brazo izquierdo de repente le movía la cara hacia mí para poder besarla en la boca y meterle la lengua en la garganta, ella como siempre se resistía un poco pero yo la obligaba y no la dejaba escapar, al final cedía y también me daba su lengua. Yo estaba con movimientos cada vez más acompañados por la cadera de Rose Mary que buscaba “ayudar” para que la pija la penetre lo más hondo posible. Estábamos disfrutando como locos y ella ya estaba cerca del orgasmo:

    – Viste como te gusta Rose Mary? Al final me vas a pedir por favor que te coja.

    Yo estaba al borde del orgasmo igual que ella, pero se la saqué para cambiar de posición. Se le notó la frustración de cortarla justo cuando más placer estaba sintiendo aunque intentaba disimularlo. La hice parar para poder sentarme en el sofá recostado en el respaldo, le indiqué a ella que siguiera de espalda y que se sentara en mi pene mirando al frente. Ella me obedeció, se introdujo toda mi pija y quedó sentada encima de mí mirando al frente y yo atrás de ella.

    – Ahora Rose Mary cogé como más te guste. Yo sé que te gusta mi pija bien adentro de tu conchita, no lo podes disimular. Eso… cogé con ganas.

    Ella se fue acomodando hasta encontrar una posición que le permitiera hacer los movimientos, cuando estuvo lista empezó a moverse lentamente. Esto era para que oficialmente se recibiera de puta, hacer que ella sola busque el orgasmo. Sus movimientos empezaron a ser más veloces y yo sentía como mi pija entraba y salía de esa conchita totalmente empapada. Yo por mi parte con la mano derecha la pasaba por delante hasta llegar a su teta derecha para estrujarle el pezón, con la mano izquierda pasaba por encima de su pierna izquierda hasta su concha para acariciarle el clítoris mientras me cogía. Ella ya estaba fuera de sí, sus movimientos eran cada vez más violentos hasta que por fin llegó a su orgasmo que hizo que se retorciera encima de mí respirando hondo, tanto fue que me hizo terminar a mí también eyaculando en el fondo de esa conchita (por suerte no estaba ovulando). Al terminar se quedó rendida, con toda mi verga dentro suyo y sentada usándome de respaldo, inmóvil, intentando volver en sí.

    Al cabo de unos segundos la moví de encima de mí y se acostó en el sofá así desnuda como estaba. Yo había llevado mi cámara de fotos en el bolsillo, la busqué y pude tomar varias instantáneas de ella desnuda, con los ojos cerrados y la cara de agotamiento de haber tenido un buen orgasmo. Me acerqué a la conchita y saqué algunas fotos en primer plano con un hilito de semen que le salía.

    Había terminado mi tarea del día, por suerte había colocado cámaras de video nuevas en su departamento mientras ella no estaba para poder grabar desde distintos planos nuestros encuentros sexuales.

    – No sé cómo hiciste, pero hoy te pasaste de puta Rose Mary. Hoy cogiste mejor que ayer, se nota que te gusta mucho, no se para que tratás de resistirte. Lo mejor de todo es el nuevo video y las fotos que tengo para mí colección. Nos vemos en cualquier momento. Chau preciosa.

    Salí de su departamento, totalmente descargado de semen. A descansar y pensar lo siguiente que haría con mi nuevo juguete sexual.

    Pero esa noche a la madrugada me desperté y decidí hacerle una visita. Entré en su departamento, llegué hasta su habitación. Estaba dormida con una remera en la parte de arriba y solo una bombachita en la parte de abajo. Así dormida como estaba le levanté la remera hasta descubrir sus tetitas y empecé a acariciárselas muy suavemente, mientras que con la otra mano la metí por debajo de su bombacha para hacer lo mismo con su hermosa conchita. Ella entre sueños intentó sacarme la mano:

    – Acordate de nuestro trato – le susurré al oído.

    Después de decirle eso dejó que yo hiciera con tranquilidad. A medida que su concha se iba mojando su clítoris se erguía cada vez más y hacía que la pudiera masturbar dándole mucho gusto. Le saqué la bombacha para facilitar el trabajo, ella contraía sus músculos cada vez que yo rozaba intensamente el clítoris totalmente estimulado. De cuando en cuando le metía y le sacaba 3 veces el dedo índice por la concha para después seguir el trabajo en el clítoris, esto la excitaba cada vez más, hice eso alrededor de 4 veces y luego me dediqué a hacerla terminar masturbándola con intensidad. Su cuerpo estaba totalmente duro, al borde del placer, hasta que por fin explotó en un fuerte orgasmo que hizo que se retorciera toda y cerrara las piernas con fuerza, yo obviamente aproveché para meterle la lengua hasta el fondo de la garganta que ella aceptó sin problema.

    Poco a poco se fue relajando, su clítoris estaba sensible y se notaba que le molestaba que se lo siga acariciando. Terminé acariciándole la panza, los muslos, dándole unas palmadas en la concha, como quien tiene una perra y la está felicitando porque se portó bien.

    – Eso es, buena chica, así me gusta que recuerdes lo puta que sos. Hasta mañana.

    Me fui de su departamento totalmente caliente con el momento que había pasado recién, pero no quise terminar yo a propósito, quería guardar mi calentura para lo que tenía preparado para el día siguiente.

    Me fui a dormir excitado como nunca, con la verga como una piedra. Al otro día me descargaría bien.

  • Gerente de putas por Tailandia

    Gerente de putas por Tailandia

    Soy gerente de compras de una empresa de que utiliza componentes que normalmente importamos de China. Pero, últimamente se presentan nuevas empresas de esa área. Justamente por una empresa debí viajar a Tailandia. Por suerte el jet de la empresa estaba disponible por lo que pude usarlo.

    Como mido 1.95 m, me cuesta mucho viajar cómodo en aviones de línea, aunque sea en bussines. Tengo 35 años, soy soltero y entreno todos los días en el gimnasio o en la pileta, por lo que tengo un físico muy trabajado. Por suerte la naturaleza me dotó de un pene de 25 cm, porque realmente me vería ridículo con un micro – pene. El problema es que muchos pantalones marcan demasiado.

    Esa semana había comenzado mi nueva asistente, por lo que decidí viajar con ella para delegar algunas reuniones y tener tiempo de pasarla bien. Venía de un año agotador, de muchos viajes y quería aprovechar para divertirme.

    En el hotel nos habían asignado una suite con dos dormitorios y una sala de estar. Como llegamos a la mañana, decidí ducharme e ir a una primera visita de cortesía a la empresa. Mi asistente hizo lo mismo.

    Fuimos recibidos con todos los honores, y aproveche para reunirme con el presidente de la empresa, que por razones que entenderán llamaré John. Charlamos un poco sobre su oferta para vendernos algunos componentes, mientras Marian hablaba con el gerente de ventas. John me invitó a recorrer la fábrica. Eran todas mujeres y en su gran mayoría de baja estatura, delgadas, y de lindas facciones.

    Cuando volví a la oficina le comenté a John lo sorprendido que estaba por la cantidad de mujeres que tenía trabajando y las lindas facciones que tenían. Cuando Marian termino su reunión pidió que me avisen, lo cual significaba que nos retirábamos.

    John nos invitó a cenar en una villa de su propiedad. Aceptamos y fuimos al hotel y a un shopping a comprar algunas cosas. Volvimos, cada uno a su dormitorio, y nos cambiamos. Cuando nos encontramos en la sala de estar, me impresionó que Marian no tuviera uno de los clásicos “uniformes” de Asistente, pollera larga o pantalón, camisa y saco. Era una mujer joven, de 30 años, soltera y con un buen cuerpo, pero sin ser deslumbrante, era muy elegante, y su metro setenta de altura la ayudaba.

    Ella ahora estaba con un vestido muy elegante, con estampado de colores vivos, abotonado al frente que dejaba ver bastante de sus piernas, ya que no le llegaba a las rodillas.

    Cuando llegamos vimos que había muchas más mujeres que hombres. Por momentos me sentía ridículo por la diferencia de altura de casi todos, que apenas llegaba al metro sesenta.

    Mientras charlábamos con el dueño de casa, notaba que muchas mujeres miraban mi entrepierna, hablaban entre ellas y se reían. Luego de cenar, casi todos los hombres solos se retiraron y quedaron dos o tres con sus parejas. John se excusó por tener que ir a su piso, porque la esposa no se sentía bien, y nos dijo que quedaba el auto con el chofer a nuestra disposición.

    Pusieron música internacional y muchas mujeres comenzaron a bailar entre ellas. Un par se me acercó y me sacaron a bailar. Por no despreciarlas fui. Una de las chicas, me miraba constantemente, y se fue acercando. Con muy poco disimulo apoyo su mano en mi pija y me miró. Yo hice de cuenta que no me había dado cuenta y me fui a sentar con Marian.

    “Linda mano te metió, Tom.” Me dijo.

    “¿Se vio mucho? Le pregunté.

    “Creo que desde el casino a tres kilómetros.

    Cambió la música, la pista se despejó y las chicas locales se reían y se las notaba ansiosas. Al centro de la pista y frente a nosotros, dos chicas muy jóvenes se pusieron a bailar. Pero enseguida nos miramos con Marian, ya que se comenzaron a besar y tocar. La música era sensual, y ellas avanzaban. Se comenzaron a quitar la ropa, hasta quedar desnudas. Las chicas que antes se rían ahora miraban, sonreían y se hablaban al oído. Las dos muchachas, ya totalmente desnudas se tiraron al piso y comenzaron un 69, que terminó con un orgasmo doble (real o fingido). Se fueron y volvió la música anterior y las chicas volvieron a la pista.

    Ahora sin ningún disimulo, te tocaban el culo entre ellas. Las más lanzadas directamente le tocaban la vagina a otra.

    De reojo vi que Marian se mordía los labios.

    “Vamos a bailar” le dije

    Primero dudó pero fuimos a la pista. Las chicas se seguían tocando y algunas se iban de la pista a sentarse en los sillones a besarse. Marian miraba y le brillaban los ojos. Vi que una de las chicas se puso detrás de ella, dándole la espalda. De repente su mano fue hacia atrás y le tocó el culo a Marian que solo abrió los ojos grandes. Otras tres chicas se acercaron y en este caso me tocaban la pija a mí, ante la mirada de Marian. De pronto notamos que en el salón solo estábamos Marian, yo, y seis chicas. Dos se empezaron a besar y a acariciar al lado nuestro. La que estaba de espaldas a Marian ya se había dado vuelta y directamente se apoyaba contra ella, metiéndole mano por encima de la pollera. Marian se dejaba hacer. Una de las chicas me acariciaba la verga mientras otra desde mi espalda me acariciaba el pecho. A Marian desde atrás le habían levantado el vestido y directamente le acariciaban el culo. Me miraba con lujuria, se notaba que le hervía la sangre. Seguíamos bailando. La que me acariciaba la verga, decidió que era hora de sacarla, y lo hizo. Yo ya estaba bastante excitado y al estar en manos de esa joven, siguió creciendo. Las chicas se juntaron para verla y tocarla, entre todas me masturbaban. La bombacha de Marian estaba en el suelo, su vestido casi totalmente desprendido, dos chicas se dedicaban a besarle los pechos y acariciar su concha. Una de las chicas tomó su mano y la hizo agarrar mi pija. Ella miraba con ojos desorbitados, y luego me miró a mí, para volver su vista a lo que tenía en la mano. Nos llevaron a los sillones, nos sentaron, previamente me bajaron los pantalones y el bóxer. Nos empezaron a chupar, Marian sin darse cuenta agarró mi brazo y gemía. Yo tenía dos ocupadas con mi pija. Por la forma que me apretaba, Marian comenzaba a tener una sucesión de orgasmos mientras la chupaban. De pronto me miró y pasó su lengua por los labios. Una de las chicas se sentó de espaldas a mí y me montó. La tomé de la cintura y la clavé en mi estaca, dio un grito y comenzó a moverse. La otra le hablaba y la abofeteaba en la cara y los pechos con fuerza, una la dejó a Marian y se unió para pegarle. Era una paliza lo que le daban, pero ella no paraba de moverse. Siguieron hasta que la chica tuvo un orgasmo. La pusieron a chuparle la concha a Marian y la mano le indicaron que le pegue en la cara. Primero lo hacía suavemente, pero le tomó el gusto y siguió aumentando su fuerza.

    Las otras trajeron a la pareja que estaba en los sillones y las desnudaron por completo. Entre tres agarraron a una mientras otra me chupaba y llenaba de saliva mi pija. Las que la sostenían la hacían bajar a la chica que lloraba y quería zafarse. En el último segundo, la chica que me chupaba apuntó mi pija al ano de la chica y las otras la empujaron para que le entre. Pobre chica sufría como loca.

    La miré a Marian y ahora hacía que la azotada le chupe el orto al tiempo que ella se metía dos dedos y miraba como yo penetraba a la chica y ella se hundía dos dedos. Una de las que forzaba a la que me cabalgaba, vio que Marian se estaba metiendo dedo. Se los sacó para meterle los de ella, hacerlos entrar y salir con velocidad, mientras que volvía a golpear a la chica que Marian tenía de los pelos y a la propia Marian en el culo, que pedía más y gemí como loca. Me hicieron seña que me corra, y una de las chicas se sentó poniendo su vagina en la boca de Marian, que empezó a chupar, gemir y pedir más.

    Viendo eso, Apuré el paso y acabé en el orto de la chica. Me subí los pantalones, y sin dejar que ella termine, la tomé de los pelos y la levanté. Como pudo se prendió el vestido, olvidando la tanga en la pista. Sin soltarle los cabellos la llevé al auto. Entramos y le dije que nos lleve al hotel. La miré a Marian y metí mi mano bajo su culo y enterré un dedo. Tomé su mano y la apoye en mi pene, a través del pantalón. Ella no dijo nada, solo se mordía los labios. Sin preocuparme del chofer abrí dos botones y comencé a apretar los pezones que estaban al aire. Me acerque al oído y le dije:

    “Mirá como te mira el chofer, está calentándose seguro.” Ella gimió. Nuevamente me acerque y le dije, “Me duele la mano, vos metete dos dedos” Me miró y sintió el pellizco en su pezón. Acomodó su mano bajo el culo y se metió los dos dedos.

    Llegamos al hotel y subimos a la habitación en el ascensor, le puse de cara contra la pared y le metí nuevamente sus dedos en el culo y le dije:

    “Así que te gusta jugar duro, pues ahora nos vamos a divertir”

    “Si por favor, me dejaste muy caliente, no pude acabar”

    Al salir del ascensor, no dejé que saque los dedos, por lo que desde atrás se veía todo su culo por la pollera levantada. La llevé a mi dormitorio y le indique que se quede esperando. Ella obedeció. Me quité la ropa y mi pija ya estaba de nuevo al palo. Fui al minibar y me serví un whisky tomé un diario y lo enrolle. Volví a la habitación le saque el vestido y la puse de espaldas a la pared con los brazos extendidos.

    “Así que te gusta el sado parece” y le di un golpe con el diario en los pechos.

    Ella gimió le separé las piernas.

    “No contestaste, castigo” y ahora con el diario golpee su vagina. Otro gemido más fuerte.

    “Como te gusta que te azoten putita”

    “Si, me encanta que un macho me azote, por puta y por no hacer caso.

    La separé de la pared y azoté su espalda. “Esto por placer, mi placer putita”

    Puse mi mano en su clítoris y lo empecé a acariciar, enseguida se hincho. Le di una cachetada en los pechos y le dije: Como te necesito mañana no te voy a marcar la cara, pero no me tientes, porque marcada y todo vas a tener que trabajar.”

    “Gracias mi señor” me dijo. Me paré frente a ella y llevé su mano a mi pija. Ella empezó a masturbarme. La mire a los ojos y ella bajó la mirada

    “Señor, permítame chuparla”

    “¿Cómo?

    “Su puta pide permiso para chuparla”

    “Adelante”

    Dejé que me chupe un rato y la levante para tirarla boca abajo en la cama. Separé sus piernas y sin que diga nada ella separó sus cachetes, levantando la cola. Acerque mi pija y se la metí de una hasta el fondo. Ella mordió la almohada ahogando el grito de dolor. Yo entraba y salía de ella que gemía con todo.

    “Sr. use a esta puta, rómpale bien el culo, que sufra por meterse con machos en serio, grandotes, bellos, y bien armados” dijo en tercera persona

    Me vine en ella con todo. Luego de un rato me corrí. Ella pasó su mano por el culo, juntando y chupando lo que salía.

    “Te puedes retirar puta, mañana a las ocho en el bar”

    “Si mi señor, puntual estaré”.

  • El harem (1): Alfonso. Sonambulismo

    El harem (1): Alfonso. Sonambulismo

    En la primera parte de “Esclavo de ti mismo”, Marcus, un perverso hipnotista, consiguió someter y transformar en sus esclavos sexuales a ocho guapos y fuertes guardaespaldas, todos anteriormente heterosexuales. Sin embargo, mediante el control mental, cada uno fue vuelto un esclavo homosexual, que ocupa un rol en el harem de Marcus.

    Marcus tiene grandes planes para ellos, no obstante, antes de revelar lo que les depara el destino, publicaré una serie de historias cortas acerca del entrenamiento, inducción y transformación de cada uno.

    Cada capítulo transcurre paralelo a la historia principal, entre las capturas de los esclavos y relata de forma más detallada cómo Marcus consiguió implantar en cada guardaespaldas su nuevo rol y personalidad homosexual.

    Alfonso – Sonambulismo.

    I. Privilegio y honor.

    Marcus cerró lentamente la puerta del baño detrás de sí. Observó con gran deseo a su esclavo dentro del agua, envuelto por el vapor, completamente desnudo, con sus párpados cerrados y con una respiración pausada y profunda, listo para servir, listo para obedecer.

    Para Marcus, Alfonso Era de lo más sensual. De un metro ochenta y cinco de alto, atlético, de musculatura bien tonificada y firme abdomen, piernas torneadas y cuello prolongado. Su piel era blanca y tersa, cabellera clara y castaña, rasgos elegantes y viriles y unos labios delgados y simétricos, además de dos preciosos ojos verdes.

    -Kaligari, mi sonámbulo, ven aquí y desnúdame, llévame al agua.-

    Ordenó Marcus totalmente excitado.

    -Sssi, mi Amo…-

    Respondió soñoliento el español, mientras se alzaba del yacusi y el agua espumosa escurría a través de su escultural cuerpo.

    Marcus gozó entonces de las expertas manos de Alfonso desabotonar su bata. Disfrutó cada toque, la manera en que aquellos dedos tan varoniles y duros, recorrían su piel desnuda. Escuchó la pasión y el ansia apoderarse lentamente de la respiración del sonámbulo, al tiempo que el lívido y el deseo llenaban su rostro. Resultaba claro que los comandos homosexuales de la noche anterior, habían calado hondo en su subconsciente.

    -¿Te gusta desnudarme mi sonámbulo?-

    Preguntó Marcus con su boca pegada a la del guardaespaldas.

    -Ssi… Mi Amo… Vivo para complacerte… Y para hacer lo que digas…-

    Contestó Alfonso, a la vez que sacaba con cuidado la bata y lo tomaba del antebrazo para llevarlo hasta el yacusi.

    -Alto, espera. Abrázate a mí, y recórreme con tus manos. Explórame y bésame en la boca. Y mientras lo haces, quiero que repitas que estás sonámbulo y duermas todavía más profundamente. Te quiero cada vez más sonámbulo. Más dormido.-

    Instruyó el perverso hipnotista.

    Alfonso obedeció y atrajo a Marcus hacia sí. Inhaló profundamente el aroma del cabello de su Amo y lo tomó del rostro suavemente, mientras lo besaba con apetito. -Estoy sonámbulo… Estoy sonámbulo… Estoy… sonámbulo… Estoy… Sonámbulo…-

    Repitió con una voz más cadenciosa y gutural, a la vez que deslizaba sus manos a través de la espalda, cintura y glúteos de Marcus.

    -Duerme, duerme, duerme más. Cada momento que estés conmigo, cada vez que me obedeces, duermes más profundamente. Cada vez que me tocas, te vuelves más sonámbulo. Más sonámbulo, más dormido.-

    Indicó Marcus, al corresponder a los fogosos besos del castaño.

    -Sssi, Mi Amo… Duermo más… duermo más… duermo más… Cada minuto que estoy contigo… Cada vez que te obedezco, Duermo más profundamente… Cada vez que te toco, me vuelvo más sonámbulo… sonámbulo… Duermo… Más… Duermo… Más…-

    Dijo Alfonso, a la vez que dejaba caer su cuerpo pesado contra el de Marcus y lo estrechaba fuertemente entre sus musculosos brazos.

    -Bien, perfecto. Disfrútalo. Dormir, ser mi sonámbulo. Ser mi esclavo sonámbulo. Quiero que lo disfrutes. Estar sonámbulo, ser mi esclavo sonámbulo te complace, te hace feliz, te hace disfrutar.-

    Instruyó el perverso Amo al oído del castaño.

    -Sssi… Mi Amo… Dormir… Ser tu sonámbulo… Ser tu esclavo sonámbulo… Estar sonámbulo… Ser tu esclavo… Me complace… Me hace feliz… Me hace disfrutar… Sonámbulo… Esclavo… Lo disfruto… Mi Amo… Haré lo que me digas… Vivo para complacerte y nada más…-

    Aceptó el castaño, con una erección cada vez más grande que Marcus sintió sobre su vientre.

    -Eso es, así. Disfrútalo, excítate. Eres mío, yo soy tu Amo y Señor.-

    Dijo Marcus, mientras conducía Alfonso hasta el agua caliente.

    -Sssi… Lo disfruto… Tú, eres Mi Amo… Y Señor…. Yo soy un miserable esclavo del Kaligari… Tú eres Marcus… El Amo del Kaligari… Yo vivo para obedecerte… Para complacerte… Soy un objeto para tu placer… Haré lo que digas… Amo…-

    Pronunció Alfonso con los labios a penas separados, mientras ambos entraban en el agua.

    -¿Qué tienes prohibido hacer mientras estés en mi mansión esclavo?, ¿cómo debes estar siempre delante de mí?-

    Inquirió Marcus, mientras le pasaba el jabón y estropajo a Alfonso.

    El sonámbulo comenzó a tallar con cuidado el cuerpo de su Amo. -Yo… Tengo prohibido usar ropa mientras esté en esta casa… Al menos que tú lo ordenes… Nunca podré vestirme, al menos que tú lo mandes… Tengo prohibido utilizar ropa… Debo permanecer siempre desnudo… Estar siempre desnudo para ti… Listo para que disfrutes y uses mi cuerpo cuando quieras…-

    Repitió aquella poderosa sugestión el castaño, a la vez que enjabonaba el trasero del hipnotista.

    -Así es. Estar desnudo delante de mí, estar desnudo delante de tu Amo, es el máximo honor que existe. Es el máximo placer.-

    Indicó Marcus, al tiempo que volvía a morder y chupar el cuello del esclavo.

    -Sssi… Mi Amo… Estar desnudo delante de ti… Estar desnudo delante de mí Amo… Es el máximo honor que existe… El máximo placer… Estar desnudo delante de ti, Mi Amo… Desnudo delante de ti… Es el máximo honor que existe… El máximo placer… Sssi, mi Amo…-

    Respondió el español a la vez que enjabonaba el pecho de Marcus.

    -Permanecer sonámbulo y desnudo delante de tu Amo, es un privilegio. Duerme más.-

    Señaló Marcus, a la vez que sujetaba y acariciaba el miembro del castaño.

    -Sssi… Permanecer sonámbulo y desnudo, delante de mí Amo, Es un privilegio… Sonámbulo y desnudo… Es un privilegio…-

    Repitió el castaño, con los labios casi juntos.

    -Bien. Sólo podrás vestirte cuando cumplas una misión para mí. –

    Dijo Marcus, mientras acariciaba las piernas del castaño por debajo del agua.

    -Sssi, Mi Amo… Sólo podré vestirme cuando cumpla una misión para ti… Sssi Mi Amo… Vestirme sólo cuando cumpla una misión para ti…-

    Respondió Alfonso, a la vez que enjuagaba con adoración el cabello de Marcus.

    -Bien, muy bien. Para ti usar ropa está prohibido fuera de una misión. Usar ropa fuera de una misión, será un castigo. Será un acto de deshonor. Un castigo de tu Amo. Te causará miedo e incomodidad, usar ropa fuera de una misión.-

    Instruyó el hipnotista sin dejar de explorar a placer el cuerpo de Alfonso.

    -Sssi… Mi Amo… Tengo prohibido usar ropa, fuera de una misión… Usar ropa fuera de una misión será un castigo… Un acto de deshonor… Un castigo de mi Amo… Usar ropa fuera de una misión, me hará sentirme incómodo y me causará miedo… Sssi, mi Amo…-

    Contestó el castaño, a la vez que lavaba los pies de Marcus.

    -Bien, perfecto. ¿Estar desnudo delante de mí es ¿…-

    Preguntó Marcus lujurioso.

    -Estar desnudo delante de mí Amo es el máximo honor… El máximo placer… Estar desnudo delante de mí Amo es el máximo honor… El máximo placer… Permanecer sonámbulo y desnudo delante de mí Amo… Es un privilegio…-

    Afirmó el otrora heterosexual guardaespaldas, sin resistencia alguna en su voz.

    -¿Qué debes hacer cuando tengamos sexo?-

    Volvió a cuestionar Marcus, al tiempo que apretaba la verga del indefenso Alfonso.

    -¡Tener sexo con mi Amo me complace!… ¡Tú eres el sujeto de toda mi energía sexual! ¡Eres mi mayor atracción!… ¡Tener sexo con mi Amo es el mayor placer de mi vida!, ¡Debo excitarme y complacerte!… ¡Debo brindarte pación, ser salvaje y hacerte disfrutar!… ¡Debo hacerte disfrutar!… ¡Sólo vivo para brindarte placer!… ¡Soy tu miserable esclavo del Kaligari!… ¡Tú esclavo sonámbulo!… ¡Tú esclavo sexual!… ¡Haré lo que digas!-

    Declaró Alfonso entre gritos, mientras bramaba y sujetaba a Marcus con gran ansiedad.

    El hipnotista quitó el tapón del agua y dejó que el líquido se fuera. -Eso es mi sonámbulo. Así me gusta. En un momento acabaremos con el baño. Pero me gustas tanto, me excitas tanto. ¡Ahora cógeme, cógeme mi esclavo! ¡Sólo yo Marcus, sólo yo tu amo tengo poder sobre ti, ¡sólo yo te puedo ordenar!, ¡cógeme ahora!, ¡cógeme yaa!-

    Ordenó el hipnotista en medio de desenfrenados gritos.

    El castaño gruñó en aprobación. Alzó a Marcus, lo colocó de un tirón contra la pared del fondo y le penetró con violencia, a la vez que llevaba las manos hacia su verga.

    -¡Tener sexo con mi amo me complace!, ¡tener sexo con mi amo me complace!, ¡permanecer sonámbulo y desnudo es un privilegio!, ¡tener sexo con mi amo es el máximo honor!, ¡estar desnudo delante de mi amo es el máximo honor!, ¡tener sexo con mi amo es el máximo placer!, ¡tener sexo con mi amo me complace!, ¡ser tu esclavo me complace!, ¡ser tú esclavo es un privilegio!, ¡ser tu esclavo es un honor!, ¡sólo tú tienes poder sobre mí!, ¡sólo tú mi amo me puedes ordenar!, ¡sonámbulo, desnudo, ser tú esclavo!, ¡tener sexo con mi amo es un placer, el máximo honor!, ¡ser tú esclavo es el máximo honor, ser tú esclavo es el máximo placer!-

    Gritó Alfonso totalmente presa del lívido, entre gemidos y con todas las sugestiones revueltas en su subconsciente.

    Marcus gritó debido a las profundas estocadas del guardaespaldas, pero todavía más gracias a la impresión de su triunfo. Había conseguido su objetivo, mezclar aquellas órdenes en la mente de Alfonso, mientras se hallaba en el estado más profundo de sonambulismo. Eso causaría que el castaño viera a su esclavitud como un privilegio, como un honor, como un placer. Y que en ese trance de sonambulismo en que el Kaligari lo mantenía, se sintiera como un gozo, como una felicidad perfecta.

    El Amo gruñó presa de un primer orgasmo, cuando Alfonso apretó su verga y la agitó con maestría, mientras incrementaba el ritmo de su penetración. -¡Tener sexo con mi amo me da el mayor placer!, ¡ser tu esclavo es el mayor placer!, ¡tener sexo con mi amo es un honor!, ¡estar desnudo y tener sexo con mi amo es el máximo placer!, ¡sólo tu me puedes ordenar!, ¡sólo tu tienes poder sobre mí!-

    Gritó Alfonso totalmente poseso por la lujuria, mientras apretaba con mayor desenfreno a su Amo y lo envestía sin piedad.

    -¡Mi sonámbulo, Kaligari, duerme más!, ¡máximo orgasmo!, ¡córrete ahora!

    Gritó Marcus, al tiempo que introducía de golpe su dedo medio en el ano de Alfonso y golpeteaba con violencia su próstata.

    El español gruñó como un animal. Salivó sobre la cabeza de Marcus y puso su cuerpo totalmente rígido, a la vez que llenaba el recto de Marcus con tres potentes descargas de semen y con hábiles maniobras hacía que su Amo se corriera junto con él.

    -¡Permanecer sonámbulo, desnudo!, ¡ser tu esclavo me complace, es el máximo placer!, ¡sólo tu tienes poder sobre mí!, ¡mi amo!, ¡mi amo! ¡mi amo!-

    Gritó Alfonso en el culmen del más irrefrenable orgasmo, mientras dejaba caer todo su peso contra el delgado cuerpo de Marcus.

    El hipnotista sintió como su propio semen manchaba los largos y masculinos dedos del sonámbulo, que en ningún momento aflojó su agarre o movió un músculo después de la explosión orgásmica. La respiración del castaño era pesada, y su cuerpo se percibía duro como una roca.

    Marcus jadeó exhausto y quitó las manos del sonámbulo de su miembro, aunque sólo para llevarlas hacia la boca de su esclavo. -Chupa tus dedos, degusta mi semen, es un privilegio chupar mi semen. Te gusta, lo disfrutas.-

    Indicó Marcus aquella nueva sugestión, a la vez que se giraba.

    -Sssi, Mi Amo… Lo que digas… Degustar tu semen… Chupar tu semen es un privilegio… Degustar tu semen me complace… Chupar tu semen me gusta… Lo disfruto…-

    Repitió solícito Alfonso con una gran cara de satisfacción, mientras su lengua voraz sorbía hasta la última gota del semen de su Amo de encima de sus propios dedos.

    -Bien, ¿cuál es tu primera tarea diaria esclavo?-

    Preguntó Marcus con morbosidad, a sabiendas que el español estaba por completo subyugado.

    -Mi primera tarea cada mañana, será bañarte, mientras me baño contigo…-

    Respondió el sonámbulo con los párpados cerrados y la cabeza de nuevo caída hacia atrás.

    Marcus lo besó en el cuello repetidas veces y chupó aquel humedecido pectoral.- Bien, muy bien. Mi sonámbulo, mi predilecto. Tú eres mi esclavo predilecto. ¿Eso te excita verdad?-

    Inquirió el hipnotista, mientras abrazaba al dormido guardaespaldas.

    -Sssi, mi Amo… Me excita…- Mucho… Mi Amo…-

    Respondió entre gemidos, al sentir la lengua de Marcus saborear sus pectorales y lamer su clavícula.

    -Ser mi predilecto, es un honor, es un privilegio. Permanecer desnudo delante de mí, es un privilegio, el máximo honor, el máximo placer. Ser mi predilecto es el máximo honor, el máximo placer.-

    Inculcó Marcus aquel nuevo comando en la debilitada mente del castaño.

    -Sssi, mi Amo… Ser tu predilecto es un honor, es un privilegio… Permanecer desnudo delante de ti es el máximo honor, el máximo placer… Ser tu predilecto, es el máximo honor, el máximo placer… Mi Amo…Soy un objeto para tu placer, haré todo lo que digas…-

    Aceptó Alfonso aquella importante sugestión.

    Marcus deseaba convertir a Alfonso en el esclavo capataz de su harem, en el esclavo que instruyera a los demás a cómo comportarse. Que le ayudara a cazar a los otros machos, volverlo tan homosexual que disfrutara someterlos, usar sus cuerpos, inducirlos en el placer gay. Que se olvidara de cualquier sentimiento por ellos, de todo prejuicio heterosexual, de toda moralidad.

    -Llena el yacusi de agua otra vez, vamos a acabar de bañarnos, que tengo mucho que enseñarte sobre el placer gay.-

    Dijo Marcus, a la vez que pellizcaba los pectorales de su esclavo.

    Alfonso gruñó en conformidad, estiró su mano para abrir el agua caliente y que el yacusi empezara a llenarse.

    Marcus observó absorto la manera en que el castaño vació de nuevo los frascos de esencias aromáticas y sales, como estos comenzaron a hacer burbujas lentamente. Disfrutó la visión del perfecto trasero de Alfonso, cuando se agachó para coger el jabón y el estropajo. Pero todavía más, cuando sin decir una palabra, empezó nuevamente a enjabonarlo.

    -Estar desnudo delante de mí Amo, es el máximo honor… El máximo placer… Lo disfruto… Me hace feliz y me complace… Siempre debo permanecer desnudo para que uses mi cuerpo cuando quieras… Vivo para complacerte y nada más… Soy un objeto de placer… Sonámbulo… Sonámbulo… Sonámbulo… Desnudo… Desnudo… Desnudo… Es un privilegio ser tu esclavo… Eres mi Amo y lo disfruto… Haré lo que digas… Sólo tú me puedes ordenar… Sólo tú tienes poder sobre mí…-

    Repitió Alfonso la mezcolanza de aquellas sugestiones, hecho que a Marcus sorprendió gratamente.

    Eso significaba que el consciente heterosexual de aquel macho Alfa, de aquel jefe de seguridad, de ese experto en artes marciales, de ese hombre tan fuerte y varonil, de ese guardaespaldas con preciosos ojos verdes, estaba neutralizado. El nuevo subconsciente homosexual que Marcus había creado por medio del Kaligari, tomaba más y más control de la mente de ese guapísimo hombre y muy pronto ya no habría retorno posible.

    Resultaba necesario eliminar cualquier rebeldía, cualquier destello heterosexual, pues un solo chispazo, bastaría para arruinarlo todo. En la fase en que hasta ese momento mantenía al castaño, “La Primera Fase del Kaligari”, era más que perfecto. Mas si deseaba que Alfonso se convirtiera en su capataz, cazara hombres para él y además disfrutase en verdad acostarse con ellos, y someterlos al placer gay, era necesario reprogramar por completo su personalidad y conducirlo a la segunda fase.

    Cuando Alfonso terminó de bañarlo y enjuagarlo, Marcus le permitió limpiarse también. Quitó el tapón para que el agua se fuera por última vez y mientras el particular sonido de succión llenaba el cuarto de baño, Marcus besó de nueva cuenta el cuello de su recién adquirido esclavo.

    -Vamos a secarnos, que hoy hay que aprovechar el día para seguir con tu inducción.-

    Dijo Marcus con sorna, mientras se abrazaba al cuerpo desnudo de aquel macho.

    El castaño gruñó en aceptación y se estremeció al experimentar los calientes besos de Marcus sobre su yugular.

    Los dos hombres salieron del yacusi, mas Alfonso buscó inmediatamente una toalla en el armario de blancos para secar el cuerpo de su Amo. Marcus gozó de cada roce, de cada suave movimiento. Le ordenó a su esclavo que secara su propio cuerpo, mas decidió que el cabello del sonámbulo permaneciera húmedo. El Amo se colocó una bata limpia y tomó a Alfonso del brazo para conducirlo de nuevo a la recámara.

    -Mi sonámbulo, voy a darte una misión. ¿entiendes?-

    Preguntó Marcus, a la vez que se sentaba en la cama, pero hacía que el castaño continuara de pie.

    -Ssi, una misión… Sssi Amo… Haré lo que digas… Ordéname… Vivo para complacerte…-

    Admitió el sonámbulo con la cabeza de nueva cuenta caída hacia atrás.

    -Bien, busca tu ropa, está tirada por toda la mansión. Allí al otro lado de la habitación, frente al espejo están tu bóxer y tu short. En la escalera se encuentran tu cinturón y el pantalón. La camisa la dejaste en el bar. Los zapatos y calcetines los pusiste sobre la mesa del comedor. Y tú saco y corbata, en la estancia y el recibidor. Búscalos y cuando los encuentres, quiero que te vistas, recuerda, es una misión y yo te permito y te ordeno vestirte, será por poco tiempo.-

    Dijo Marcus a espera de observar la reacción de su esclavo sexual.

    El castaño tardó un par de segundos en asimilar la orden. -Sssi, mi Amo… Yo tengo prohibido usar ropa, mientras esté en la casa… Excepto cuando tú lo ordenes y para cumplir una misión… Sssi Amo… Me vestiré, Lo haré mi Amo… Haré lo que me pides… ¿Será por poco tiempo verdad mi Amo?, no me gusta usar ropa… Me hace sentir incómodo… Me da miedo… Yo quiero estar siempre desnudo para ti… Es el máximo placer… El máximo honor… Estar desnudo para ti… Quiero estar desnudo para que uses y disfrutes mi cuerpo…-

    Dijo el español con un ligero tono de ansiedad.

    Marcus lo miró fascinado, las sugestiones eran precisas y perfectas. La condicionante de permanecer desnudo era ya parte de su nueva personalidad, así como el desagrado a la ropa.

    -Si, esclavo, será por poco tiempo, muy poco en realidad, enseguida te dejaré quitarte la ropa otra vez. Quitarte la ropa para mí, es un privilegio, es un honor, es un placer.-

    Respondió Marcus, a la vez que acariciaba el rostro del sonámbulo.

    -Sssi Amo… Quitarme la ropa para ti Amo, es un honor… Un privilegio… Un placer… Quitarme la ropa para ti… Sssi Amo… Complacerte y quitarme la ropa… Todo un privilegio… Mi Amo…-

    Aceptó el cada vez más dominado guardaespaldas.

    Marcus torció la boca más que satisfecho. -Muy bien, ve a cumplir tu misión. Cuando estés vestido vuelve aquí, a mi alcoba.-

    Alfonso acató la orden y se dio la media vuelta. Caminó hacia su bóxer y short, y tras alzarlos del suelo se los puso, aunque no sin una mueca de cierto desagrado.

    -Esclavo, cada vez que camines por esta casa, cuando estés así, sonámbulo, quiero que camines con los brazos hacia adelante y los puños apretados. La cabeza caída atrás o clavada sobre el pecho y camines con suavidad, despacio, y muevas un poco tus caderas, enseñes tus glúteos. ¿De acuerdo?-

    Dijo Marcus, mientras avanzaba hacia el sonámbulo.

    Alfonso asintió con la cabeza y sin hablar, adoptó la posición que Marcus le instruyó. Enseguida salió por el pasillo y el hipnotista conectó la cámara que tenía oculta en un adorno de su cómoda, para monitorearlo. El sonámbulo cumplió al pie de la letra las indicaciones de Marcus, por lo que pudo ver deleitado como este recogió prenda por prenda y se la puso, aunque con un pequeño desagrado. En cuanto estuvo vestido, el español emprendió el retorno a la alcoba de Marcus y una vez delante de su Amo, se quedó quieto, con los brazos hacia adelante, los puños apretados y la cabeza clavada pesadamente sobre el pecho, a espera de nuevas órdenes.

    II. Siempre desnudo.

    Marcus contempló al español vestido con aquel traje azul marino, lucir tan sexi, tan apetecible. Lo observó detenidamente, sin mover un músculo, listo para cualquier cosa que él le ordenara. Esa expresión ausente, los párpados cerrados, los brazos rígidos. Se excitó tanto, que volvió a experimentar una notable erección. Su mente se llenó de una serie de pensamientos, de cómo entrenar a ese hombre, como transformarlo en todo un semental homosexual.

    -Bien mi predilecto, mi sonámbulo. A partir de hoy, sólo me referiré a ti como mi predilecto o mi sonámbulo. Esto es lo que quiero que hagas. Camina por la habitación en la posición que te enseñé. Muy sensual, luce tu cuerpo. Hazlo tres veces, enseguida que termines, podrás sacarte el saco y la corbata. Quiero que me las entregues y digas, “me desnudo para ti, es un honor desnudarme para ti, te entrego mi ropa, te entrego mi voluntad, estoy sonámbulo y sólo tú me puedes ordenar”. Quiero que cada prenda te la quites de forma sensual y cuando lo hagas, me des un beso apasionado en los labios. Bien ahora, comienza.-

    Ordenó el hipnotista con lujuria.

    El castaño acató el mandato sin resistirse. Caminó tres veces por la habitación, con pasos lentos y un ligero contoneo de sus caderas, en una clara exhibición para su Amo. Después se desanudó la corbata lentamente, mientras gemía con excitación al sentir la tela entre sus dedos. Luego con algo de torpeza y movimientos lánguidos, se retiró el saco. Lo deslizó poco a poco, al bajarlo despacio a través de sus hombros, mas de pronto, lo sacó de un tirón. -Me desnudo para mi Amo… Es el máximo honor desnudarme para mi Amo… Disfruto desnudarme para ti, Amo… Es el máximo placer y lo disfruto… Te entrego mi ropa… Te entrego mi voluntad… Estoy sonámbulo… Cada vez más sonámbulo… Sonámbulo… Y sólo tú me puedes ordenar… Sólo tú tienes poder sobre mí Amo…-

    Repitió Alfonso presa del deseo, mientras le besaba con fogosidad.

    Marcus lo miró asombrado, pues el español repitió sin que le ordenara las demás sugestiones. -Bien, así me encanta. Que obedezcas, que me complazcas. Ahora, vuelve a caminar, tres veces. Cuando termines, podrás quitarte los zapatos, las calcetines y cinturón. Ahora quiero que me digas: “Disfruto desnudarme para ti mi Amo, porque tú eres mi dueño, yo disfruto desnudarme y ser tu esclavo homosexual, sólo vivo para ser tu objeto de placer y nada más”. Después me darás las ropas y un nuevo beso.-

    Indicó el publicista.

    Alfonso caminó por la alcoba las tres veces que su Amo ordenó y cuando terminó, se inclinó para quitarse los zapatos y calcetines. Marcus disfrutó del impresionante y duro trasero de Alfonso, del modo en el que los pantalones le marcaban y de la forma tan sexual en que el castaño se sacó el cinturón, lenta y torpemente.

    -Disfruto desnudarme para ti, Marcus, mi Amo… Disfruto desnudarme para ti, mi Amo del Kaligari… Porque tú eres mi dueño… Te pertenezco… Disfruto desnudarme para ti…. Disfruto ser tu esclavo homosexual… Disfruto ser tu esclavo sexual… Disfruto desnudarme para ti… Sólo vivo para ser tu objeto de placer y nada más… Sonámbulo… Sonámbulo… Sonámbulo… Mi Amo…-

    Repitió el español, aunque esta vez volvió a dejar caer su cabeza pesada hacia atrás, a la vez que le daba las ropas y besaba a su Amo.

    -Bien muy bien. Ahora, vuelve a caminar, camina tres veces y quítate la camisa y el pantalón. Y repite, “Soy un esclavo miserable del Kaligari, disfruto desnudarme para ti, eres mi Amo y haré todo lo que digas, creeré todo lo que digas y cumpliré tu voluntad y sin resistirme, tu voluntad es la mía”. Después dame las ropas.-

    Dijo Marcus cada vez más caliente y listo para la nueva sesión de sexo que estaba por venir.

    Alfonso realizó los tres andares por el cuarto. Se quitó el pantalón de una manera tan apasionada, en un movimiento de marcado deleite, al deslizar y alzar sus piernas para que Marcus pudiera apreciar lo bien torneado de su cuerpo y lo perfecto de su piel. Se desabotonó la camisa lentamente y la sacó de un tirón. Y para sorpresa de Marcus volvió a caminar una vez más con sus pasos de sonámbulo frente al espejo, para que Marcus fuera capaz de vislumbrar a detalle lo atractivo de su cuerpo.

    -Sonámbulo… Sonámbulo… Sonámbulo… Cada vez más sonámbulo… Disfruto desnudarme para ti, mi Amo… Soy un miserable esclavo del Kaligari… Eres mi Amo… Eres mi dueño… Te pertenezco…. Haré todo lo que digas… Creeré todo lo que digas… Mi voluntad es la tuya… Obedeceré sin resistirme… No tengo voluntad… Tu voluntad es la mía… Sólo vivo para complacerte… Soy tu objeto de placer… Disfruto estar desnudo para ti… Es el máximo honor desnudarme para ti… Es el máximo placer estar desnudo delante de ti… Haz conmigo lo que quieras… Disfruto ser tu esclavo homosexual… Disfruto ser tu esclavo… Me hace feliz… Disfruto estar desnudo y sonámbulo… Sonámbulo… Cada vez más sonámbulo… Yo… No tengo voluntad… Sólo tú tienes poder sobre mí… Sólo tú me puedes ordenar…-

    Repitió Alfonso mientras su cabeza caía pesada hacia atrás y sus brazos se volvían increíblemente rígidos.

    Marcus observó como la respiración del español era pausada y profunda. El trance sonambúlico llegaba así al punto más lejano, la mente consciente y heterosexual del guardaespaldas estaba anulada por completo.

    -Bien, puedes desnudarte por completo, rompe el short y el bóxer, entra totalmente en un sueño aún más profundo y se mi esclavo para siempre. En cuanto lo hagas, serás completamente feliz, completamente desnudo, mi esclavo y sólo yo mandaré en ti por siempre y para siempre. Nunca despertarás, jamás, querrás despertar. Di que renuncias a tu voluntad, a todo lo que eres y a tu heterosexualidad. Y que yo Marcus, soy el Amo de tus sueños y el Amo de tu cuerpo y voluntad.-

    Indicó Marcus con absoluto deseo.

    Alfonso pareció dudar por un momento, como si algún leve sentimiento de su personalidad perdida tratara de salir a flote. Su cara se tensó por un instante y Marcus sintió la ansiedad, pero el sonambulismo fue más poderoso. Gruñó como un animal, preso por el lívido y rompió el short y el bóxer de un solo tirón.

    -Sonámbulo… Estoy sonámbulo… estoy sonámbulo… Estoy sonámbulo… Sonámbulo… Duermo más… duermo más… Disfruto estar profundamente dormido… Disfruto estar sonámbulo…. Disfruto estar desnudo… Es el máximo placer estar desnudo para ti, mi Amo… El máximo honor desnudarme y permanecer desnudo delante de ti mi Amo…. Soy un miserable esclavo del Kaligari… Lo disfruto, disfruto ser tu esclavo… Renuncio a todo lo que yo soy, a mi voluntad y a mi heterosexualidad… Sólo tú me puedes ordenar… Haré lo que digas… Creeré todo lo que digas… Tu eres el Amo de mis Sueños… El Amo y dueño de mi voluntad… De mi cuerpo… Disfruto estar desnudo… Siempre desnudo… Es un honor… Mi máximo placer… Haz conmigo lo que te plazca… Lo que quieras… No tengo voluntad… Tu voluntad es la mía… Nunca despertaré… Seré tuyo por siempre… Eso me hace feliz… Sólo vivo para hacerte disfrutar… Para tu placer y nada más… Soy tu objeto de placer… Tu esclavo… Tu esclavo… Esclavo… Mi Amo…-

    Admitió el español por completo el dominio sobre él.

    Marcus sonrió más que complacido por el resultado del Kaligari. La caja era un éxito. Las ondas doblegaban la mente de Alfonso de forma absoluta e irrefrenable y la heterosexualidad estaba ya reprimida y borrada de su mente.

    -Ahora, demuéstralo. Arrodíllate, bésame los pies y después hazme una mamada. Quiero que me hagas gozar, pero no abras los ojos. –

    Demandó Marcus, mientras se colocaba de pie.

    Alfonso avanzó hacia su Amo, se hincó, besó y chupó con adoración los pies del hipnotista. La mueca de placer era más que evidente y los gruñidos del español se hicieron más y más intensos, sobre todo cuando estiró su poderoso cuello para alcanzar la entrepierna de su dueño.

    Marcus sintió la lengua del sonámbulo lamer despacio su verga. Primero de arriba hacia abajo, después en círculos. Los labios de Alfonso chupaban con deleite y glotonería el prepucio. Marcus gimió en satisfacción cuando el sonámbulo, sin bajar en ningún momento los brazos, ni abrir los ojos, dio dos largas lengüetadas a sus testículos.

    -Hmmm, ¡eso es, mi esclavo, sigue así, mi sonámbulo!-

    Dijo Marcus con la respiración algo pesada, ante tan impresionante mamada.

    Alfonso gruñó en conformidad e incrementó el ritmo de los lengüetazos, aunque comenzó a introducir más y más carne en su poderosa garganta. Marcus se estremeció cuando de imprevisto, empezó a chupar con voracidad su verga y a morder su vello púbico. Los vellos de Marcus chocaban contra la boca y el rostro de Alfonso, que sin abrir los ojos o bajar los brazos en ningún momento, restregaba una y otra vez aquella magnífica lengua.

    Marcus no aguantó mucho más, sintió un calor subir por todo su cuerpo y el sudor invadió su espalda, al tiempo que el orgasmo se apoderaba de su ser. Tres potentes chorros invadieron la boca del español, a la vez que Marcus gritaba de placer y Alfonso se estremecía al complacer a su Amo, a su dueño, al ser un objeto de placer.

    -¡Trágatelo todo sonámbulo, trágatelo todo, todo, ¡El beber el semen de tu amo es un privilegio!-

    Gritó Marcus fuera de sí.

    El esclavo obedeció y tragó con cuidado cada gota, con una cara de satisfacción que dejó todavía más anonadado a Marcus, sobre todo cuando sintió como el sonámbulo también eyaculaba, víctima de un orgasmo, causado por complacerlo.

    -Eres tal como te imaginaba. Todo un hombre. Esa mamada, estuvo espectacular. Me encantas. Bien hecho esclavo. Levántate y abrázate a mí.-

    Dijo Marcus, a penas con un hilo de voz.

    El guardaespaldas se puso de pie y se abrazó al cuerpo desnudo de Marcus. El hipnotista era al menos quince centímetros más bajo que él, por lo que fue Marcus el que colocó su cabeza en el cuello del sonámbulo. El hipnotista besó varias veces el cuello de aquel macho, y el español gruñó ante cada caricia, ante cada roce.

    -Bien, voy a ordenar el desayuno. Pero antes, tengo otra tarea para ti. Una tarea especial. Esa será tu tarea especial. ¿Entiendes?-

    Preguntó Marcus con deseo.

    -Sssi… Mi tarea especial… Dime Amo… Haré lo que digas…-

    Aceptó el sonámbulo con voz soñolienta y sin dejar de gruñir ante los besos en su cuello por parte del hipnotista.

    -A partir de hoy, al menos que yo te ordene hacer otra cosa. Todo el día, harás lo siguiente. Caminarás desnudo por todas las habitaciones abiertas de la casa, excepto donde yo te lo prohíba. Una y otra vez. Desnudo. Con tus brazos extendidos por delante, la cabeza caída hacia atrás o encima de tu pecho, los ojos cerrados y exhibirás tu cuerpo para mí. Estarás listo para ser usado cuando yo quiera. Caminarás una y otra vez, una y otra vez, sin cansarte. Sólo pararás para hacer tus necesidades y entonces podrás ir al cuarto de baño, o cuando yo te lo mande. Pero nada más. Desde que yo te diga en la mañana que comiences con esta tarea, hasta que yo te ordene detenerte. ¿Entiendes?-

    Indicó Marcus, a la vez que acariciaba la espalda y los hombros de Alfonso.

    -Sssi… Caminaré por todas las habitaciones de la casa… Excepto donde tú me lo prohíbas… Caminaré desnudo… Totalmente desnudo… Con mis brazos adelante… Los párpados cerrados… Mi cabeza caída hacia atrás o sobre el pecho… Una y otra vez… Sin cansarme… Con mi cuerpo listo para cuando quieras usarlo… Sólo pararé cuando quiera ir al cuarto de baño… O cuando tú me ordenes hacer otra cosa… Desde que me pidas comenzar y hasta que me ordenes terminar… Si Amo…. Haré lo que digas…-

    Aceptó aquel extraño comando el español.

    -Bien, empieza con esa tarea especial. Cuando escuches que suene el timbre, quiero que vayas a abrir. Quiero que noquees al repartidor y lo arrastres hacia la sala.-

    Dijo Marcus al tiempo que se separaba del sonámbulo.

    -Sssi, Amo… Noquear al repartidor y llevarlo hacia la sala.

    Afirmó el sonámbulo sin inflexión en su voz.

    -Bien comienza con tu tarea, ¡ya!-

    Ordenó el hipnotista, a la vez que se aproximaba a su armario para colocarse algo de ropa.

    Alfonso se giró y se dirigió a la puerta, para cumplir las órdenes de su señor.

  • 2. La obsesión por el fetiche de ser infiel

    2. La obsesión por el fetiche de ser infiel

    Una vez que has sido infiel, no hay marcha atrás. Lo repetirás una y otra vez hasta saciar tu sed.

    Transcurrieron las horas durante las cuales mi marido estaba trabajando y yo no paraba de pensar en que le acababa de ser infiel con el señor de la tienda. Pero ¿por qué infiel? ¿Acaso sentía algo por don Óscar? Para nada. Solo disfruté tanto de una buena cogida que hacía tiempo no me propinaban y, siendo una ninfómana de lo peor, quería otra.

    Mis quehaceres del hogar los dejé a un lado por estar pegada al teléfono celular y espiar los perfiles de las redes sociales de viejos amigos, personas populares y sobre todo, de algunos compañeros del trabajo de mi marido con los que me llevaba bien. De pronto, despertó en mí el interés por tener relaciones con alguien que conociera a mi esposo, ¿la razón? No la sabía exactamente.

    En la soledad de la casa me tomé varias fotos sexys y las subí a mis redes sociales, configurando que únicamente ciertas personas las pudieran ver, exceptuando a mi esposo, obviamente. No tardaron en llegar las reacciones de los hombres que quería que reaccionaran, incluso me escribieron en la caja de mensajes y con toda la actitud coqueta les contesté.

    Así fue como decidí con quién progresaba la charla y con quién no, al punto de citarme al siguiente día con un goloso y enérgico muchacho de 23 años, llamado Guillermo, compañero de trabajo de mi esposo. Nada mal para comenzar, pensaba yo al respecto de su edad.

    Llegó el día, mi marido salió a trabajar y una hora después yo salí hacia el hotel donde quedé de verme con Guillermo, quien no se presentó al trabajo por cuestiones de salud puestas como excusa.

    En ese entonces yo tenía 29 años, le llevo 6 años solamente, pero el hecho de que fuera más pequeño que yo me hacía sentir una señora y fue justo como me arreglé, con el cabello recogido, las cejas bien marcadas, los pómulos brillantes, un top halter guinda, una faldita entubada negra y zapatillas de tacón. El joven fue con un pantalón de mezclilla azul y una camisa polo a rayas horizontales, justo como lo pensé para que siguiera imponiéndose en mi imaginación la idea de sentirme mayor que él.

    Muy tímido el muchacho, me llevó del brazo todo el tiempo hasta estar en la recámara, donde dejé de hacerme pasar por una señora educada a comportarme como la sucia que soy, iniciando con acariciar su pecho y tomarlo de las caderas, pero no veía acción de su parte.

    L: ¿Te sientes bien?

    G: Sí, solo estoy nervioso.

    El lindo joven invitó el cuarto, pero se quedó sin dinero para algo más, así que puse de mi parte y solicité unas bebidas a la habitación. La plática fue fluyendo hasta poder estar acostados de lado, mirándonos uno al otro y comiéndonos a besos, sintiéndome de 23 años como él y siendo su pareja amorosa, en sentido figurado, aunque no por nada lo elegí a él, ya que tenía las cualidades que me encantan en un hombre, alto, corpulento, gordito como yo, fortachón, cachetón, nalgón… Justo como mi esposo, pero con vigor sexual.

    Los besos ya nos habían prendido mucho y en mi caso, ya estaba muy mojada, por lo que decidí quitarle el cinturón y bajar su pantalón. Le sostuve su rica verga gruesota y le pedí que me la metiera. Guillermo me tenía ya abierta de piernas bajo él, así que se apresuró a quitarme la tanga por debajo de la falda y me dejó ir su polla suavemente, resbalando sin dificultad por mi concha ya húmeda.

    L: ¡Ay! Se siente bien gruesa, mmmm.

    Comenzó a embestirme con velocidad moderada y yo le agarraba las nalgotas mientras me cogía sabroso. Sus manos me apretaban los pechos por encima de la blusa de una forma tan violentamente rica que me hacía gemir extra.

    L: ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! ¡No pares, papi! ¡Hazme tuya!

    Cada vez más se hacía enorme el deseo de sentir su vergota hasta lo profundo de mí, de forma que empujaba sus nalgas con todas mis fuerzas para que permaneciera con el pene dentro de mí por largos instantes.

    Lo detuve un momento para terminar de encuerarme y de encuerarlo a él y me volví a poner abierta de piernas, comenzando a frotar mi clítoris por mi cuenta, ya que estaba llegando a mi primera corrida de la tarde.

    L: ¡Uy, sí! ¡Me estás haciendo venir! ¡Ah! ¡Ahhhh!

    Volví a sostenerlo de las nalgas para que dejara todo su miembro en mi interior y así correrme a presión bastante sabroso. Mi respiración y latidos cardíacos se aceleraron demasiado que tardé en volver a incorporarme, pero fue tan satisfactorio venirme así con su verga bien adentro.

    Continuamos follando así un rato hasta que cambiamos de posición, ahora me puse en cuatro y experimenté lo salvaje que un chico de su edad puede ser con una madura. Me hizo recordar mi primera vez, que justamente fue con un joven de 23 y por lo que me volví adicta al sexo.

    Nalgadas, sujeción de caderas y cabello rudas y penetración intensa me llevaron a emitir gritos de placer, a inclinar completamente mi cuerpo hasta tocar la cama con mi cara y sentir que los viejos tiempos habían vuelto, cuando era libre y gozaba de acostarme con quien quería hasta que se me ocurrió la gran idea de casarme.

    De repente, sentí que me bañaba los glúteos y la espalda con su semen. Tuvo una eyaculación enorme y se reflejó en sus gestos de placer inmenso. Guillermo quiso descansar un poco, pero luego de ese rato, me aproveché de él para subirme en sus muslos y meterme su grueso y ardiente pito en la cuca.

    Me di de sentones con la intensidad y clase de una prostituta de cinco estrellas, como nunca en mi vida y gimiendo en cada impacto de lo delicioso que se sentía clavarme su enorme pija.

    G: Me encanta cómo te mueves, ¡uf!

    L: ¿Si, chiquito? Es que la tienes bien rica, ¡mmmm, me fascina!

    Pasó un rato largo. Para sorpresa mía no experimenté cansancio ni aburrimiento, sino que llegué a provocarle su segunda corrida y fue en mi vagina. Fue un deleite sentir su calientito y abundante semen escurriendo desde mi interior y por mis labios vaginales. Me llevé los dedos a mi concha para recoger semen y probarlo con mi lengua, tenía un sabor agradable y como vaso de yogur me estaba acabando el semen que me depositó.

    G: Quiero hacerte un oral, pero primero tendrás que asearte ahí, no quiero probar mi semen.

    L: Claro, papi. Igual yo me quiero comer tu vergota.

    Sin embargo, vi la hora en mi teléfono. No podía creer que habían pasado tantas horas y tuve que disculparme para tomar una ducha y correr a casa. La lección que aprendí fue que no debía irme a un hotel o una casa muy lejana de la mía, pero ya no me serviría de nada esa lección, pues llegué y ahí estaba David, mi marido.

    D: ¿Dónde andabas, amor?

    Con las fachas en las que te estaba y mi olor a baño reciente, no podía ocultarlo.

    L: Tenemos que hablar.

  • Perversión

    Perversión

    La señorita R y yo nos conocimos hace ya más de quince años. Las veces que hemos quedado siempre ha sido por temas de sexo, somos muy fogosos, ella, sobre todo, y a mi directamente hace que lo sea. La última vez que quedamos ella ya andaba detrás de un chico, ya que cualquier chico iría detrás de ella, un buen chico, y empezasen un noviazgo. Con el paso de los años, el cambio de casa, de modo de vida, etcétera… seguimos hablando, pero no viéndonos, y manteniendo la amistad. Y bueno del tema del sexo, muchos recuerdos. Los contactos se han reducido a unos whassap, unos mensajes de voz a la semana, pero nuestra amistad sigue hay…

    Antes de seguir, os describiré a la señorita R. 1,70, con un tipo normalito, unos pechos tirando a grandes para su altura y un culo rotundo, y que hace que más de uno hace girar la cabeza y seguro que pensar en darle unos azotes y rompérselo (a mí personalmente me pasa). Con el paso de los años y la maternidad, tiene los pechos más grandes y caídos, según dice ella, pero sigue conservándose bien. Tiene los ojos preciosos, el pelo largo, y una sonrisa que ilumina toda su cara. De lo que recordaba de nuestra efímera experiencia en el pasado además le gusta follar, es activa sexualmente –no es de las que se limitan a dejarse hacer- y también multiorgásmica, y bien que pude comprobarlo.

    Durante el último año aproximadamente, cada vez que hablábamos, me confesaba que su relación iba estupendamente, con los problemas cotidianos, que estaba encantada, que sexualmente no tenían ningún problema, es más, con su chico se buscaban y siempre tenían un rollo morboso, la existencia de su hija y el buen nivel de vida que le permitía el sueldo de él y lo ahorradora que siempre ha sido, les permitía vivir “cómodamente”. Sus relaciones sexuales estaban en una fase de eterno enamoramiento, como cuando estas en los primeros meses de relación, que solo había un punto de inflexión que era cuando estaba la niña por casa, pero que sin importancia. Yo sin embargo era todo lo contrario, poco y monótono.

    Un día, después de casi 7 años volvimos a quedar en persona

    Quedamos en un concurrido bar del centro. Entre café y risas de cañas ella me fue contando que el pasado viernes él había salido de noche con sus amigos – algo habitual en él, pero más últimamente- y que al despertarse ella por la mañana y ver que aún no había llegado se alarmó y lo llamó por teléfono. Tardó en contestarle, y cuando lo hizo fue para balbucear una excusa y decir que estaba de camino. Finalmente, y ya en casa, su chico, le confesó que había pasado la noche con otra, pero que había sido por estar borracho y que estaba arrepentido. La señorita R me confesó que rompió a llorar, lo llamó de todo y que a duras penas consiguió mantener el tipo cuando su hija se despertó para darle el desayuno, he ir a casa de sus padres, como tienen por costumbre dominical. Dolida, desengañada y triste apenas tuvieron un rato de intimidad tuvieron una gran discusión; ella le reprochó su infidelidad y él se defendía diciendo que ya no estaba enamorado de ella, que eran solo rutina, y la hipoteca. Tras subir el tono de los reproches y de las recriminaciones ella le pidió que se fuese para estar sola unos días y pensar, y él a su pesar acabó haciéndolo. Aprovechó el domingo para dejar la niña con sus abuelos y así poder llorar a sus anchas y luego intentar serenarse, y para ello, por la amistad y confianza que nos une, me llamó para charlar y descargar conmigo… Yo, que aunque me considero buen paño de lágrimas soy poco amigo de dar consejos – cada uno debe cometer sus aciertos y equivocaciones en la vida, sin luego poder echárselos a nadie en cara- únicamente le dije que no tomase una decisión en caliente, que hablasen pasados unos días y bajada la tensión existente, y que en caso de separación se asesorase legalmente sobre temas como el uso de la vivienda familiar, las cuentas del banco compartidas etcétera. Pero, para animarla, le tomé de la mano, la miré fijamente y mirándola a los ojos le dije que, seguro que en un par de días su chico volvía con el rabo entre las piernas, arrepentido e intentando lo imposible para que lo perdones.

    – Que tú eres mucha mujer para él: guapa, lista, trabajadora, sexy…

    Ella sonrió entre sus lágrimas y poniendo una mano sobre la mía me replicó

    – Tú que me ves con buenos ojos… por algo quería quedar yo contigo, para que me subieses la moral. Pero lo cierto es que me siento vieja, gorda y cornuda. Ya hace tiempo que, con mi chico, aunque intento no tener rutinas con él no es lo mismo, y ahora para colmo se anda follando a otra más joven.

    Salimos de aquel bar y fuimos dando un paseo, poco rato, por que entramos en una cervecería y las repetidas rondas de cervezas empezaban a notársenos a ambos, y yo, que además del morbo de habérmela follado años atrás y de tener de siempre la fantasía de follarme a una mujer despechada y que llevaba varios días sin sexo, no pude evitar que mi miembro empezase a despertar y tomar el control de mis actos. Así es que, acercando mi rostro al suyo, hasta que nuestros labios quedaron separados por apenas unos centímetros le repliqué

    – Si no lo excitas será porque se ha vuelto eunuco y gilipollas con los años, porque sigues siendo terriblemente sexy y deseable. Y más nos vale dejar las cervezas por hoy y darnos un paseo para despejarnos, o sino no respondo de mis actos

    Acto seguido pedí la cuenta, salimos y le dije de ir caminando y charlando hasta su casa, distante unos diez minutos. Por el camino le pasé la mano sobre sus hombros y la atraje hacia mí para consolarla. Ella se recostó sobre mi hombro y me rodeó por la cintura… parecíamos una pareja y no un par de amigos. Mi mirada se iba furtivamente hacia su escote, que sin ser nada exagerado lucía espléndido desde mi ángulo de visión, al ser algo más alto: lucía un canalillo muy apetitoso, sujetos sus pechos por un sujetador de encaje negro de estilo wonderbra. En el acto me imaginé su tanga a juego – sabía por experiencia que la señorita R es muy amiga de los tangas- y mi miembro reaccionó poniéndose dura del todo, de tal manera que era bien visible en mis vaqueros a poco que ella se fijase… Yo me decía a mí mismo que era una amiga y que no quería más que consuelo, que estaba vulnerable y no debía aprovecharme de ella sino apoyarla, pero el diablo que llevo dentro me decía que esa noche estaba más que a tiro…. Casi en silencio recorrimos el trayecto hasta su casa, y llegando a su portal – ya era medianoche pasada- y cuando iba a despedirme fue ella la que se me adelantó y me dijo:

    – Te invito a un café, es lo menos que te debo por toda tu ayuda y comprensión. Además, por aquí pedir un taxi es complicado – vivo en una urbanización de las afueras.

    Yo me incliné, la besé en la frente y le dije

    – De acuerdo, siempre que me prometas no llorar más esta noche.

    Al entrar en su casa – en la que más o menos conocía por fotos- ella me dijo que iba a ponerse cómoda, y yo me ofrecí a preparar el café. Habiendo tomado posesión de mí el deseo, y pensando ya en que, de perdidos, al río, sustituí éste por una botella de tequila que había por casa, y junto con un cuenco con sal y un limón cortado en rodajas llevé todo al salón…. Cuando la vi salir del dormitorio, en lo primero que me fije fue en unas caletitas que se había hecho, casi se me cae la bandeja: ella había sustituidos su ropa de calle por una camiseta amplia que le hacía las veces de pijama: era lo suficientemente larga como para evitarle usar bermudas, pero no tanto como para no mostrar la mayor parte de sus muslos, holgada para permitir intuirse el movimiento de sus pechos libres bajo la tela, pero pequeña como para que se le notaran los pezones contra la tela… Nunca había tenido la oportunidad de verla así antes y en ese momento me di cuenta que o bien por estar dolida o algo borracha, pero quería tema. Sonrió el verme – supongo que también por mi cara de alucinado- y poniéndose la sal en el dorso de una mano y cogiendo el chupito de tequila con la otra lo alzó y preguntó

    – ¿Entonces por qué brindamos?

    Yo cogí el mío, me acerqué a ella y le dije

    – Por las mujeres guapas, los viejos amigos y los buenos recuerdos

    Apuramos la sal, el trago y a continuación el limón de pie uno frente al otro, y luego nos sentamos pegaditos en el sofá: yo recostado en una de las esquinas, las piernas abiertas y mi miembro apreciable bajo mis vaqueros, y ella sentada sobre sus rodillas, con la camisola que se le había subido hasta dejarme adivinar su tanga negro – ciertamente a juego con el sujetador que entreviera antes- e inclinada hacia mi pecho. Sonriendo maliciosamente me dijo

    – Si seguimos bebiendo no voy a dejar que te vayas

    Yo sin contestarla me incliné sobre la mesita para rellenar los chupitos, y mientras lo hacía contesté

    – Entonces tendré que pedirte asilo esta noche

    Ella me miró fijamente a pesar de su incipiente borrachera y me dijo

    – Tu mujer te echará en falta

    Pero yo, acercando mis labios al lóbulo de su oreja la tranquilicé diciéndole que yo estaba donde tenía que estar en ese momento. Sin esperar su respuesta, y dispuesto a quemar mis naves, me giré para coger la sal, eché un poco de la misma entre su cuello y su hombro, y antes de que pudiese reaccionar procedí a succionarla golosamente con labios y lengua desde la clavícula hasta su oreja. Ella se estremeció, entre sorprendida y excitada, y antes de que reaccionara apuré el chupito y a continuación coloqué la rodaja de limón entre sus dientes – ella la mordió como una autómata- y procedía a comérmela, tanto como su boca. Ella cerró sus ojos, empezó a corresponder al beso y a gemir de gusto mientras se inclinaba más hacia mí y sus manos rodeaban mi cuello para que no escapase. Sabiendo que ya no había marcha atrás tiré el chupito al suelo y pasé mis manos bajo su camisa para agarrar sus nalgas y empezar a amasárselas mientras sus tetas y pezones – que notaba ya duros- se empezaban a restregar contra mi torso. Pasado un rato de comernos desenfrenadamente la boca separamos nuestras caras apenas unos centímetros para coger aire, y abriendo los ojos, excitada y ruborizada como estaba, me dijo

    – Mira, llevo mucho tiempo haciendo el amor con mi pareja y necesito que me follen, llenar tu cara con mis fluidos y tragarme todo lo que salga de tu cuerpo, estoy más caliente que una estufa.

    Yo me levanté para poder sacarme cómodamente los jeans y el bóxer, mientras ella no dejaba de pasarse la lengua por los labios, mordiéndoselos y mirándola fijamente le repliqué

    – Aquí donde tu chico te hizo llorar yo voy hacer que grites de placer, y si quieres polla ya puedes ir desnudándote y poniéndote a cuatro patas sobre el sofá para que te monte desde atrás como a la perra que eres

    La señorita R, que estaba sacándose la camiseta por el cuello, se detuvo al oírme tratarla de aquella manera tan ruda, pues nuestro efímero affaire de hace años había sido bastante sexualmente hablando bastante convencional, pero enardecido como estaba, y decidido a follármela a mi gusto o perder la oportunidad y hasta la amistad, le di un leve cachete en uno de sus pechos y le urgí

    – Venga zorrita, que yo no soy tu chico ni tengo toda la noche, a cuatro patas frente al espejo ya o me marcho y te masturbas sola para bajarte el calentón.

    Ella, tras dudarlo apenas un instante, se quitó el tanga, se dio la vuelta y abriendo las piernas, poniendo el culo en pompa y girando la cabeza me dijo por encima del hombro

    – De acuerdo diablillo, a ver si eres tan buen semental como te recuerdo y me dejas tan bien follada como necesito

    Yo solté una carcajada, le di una sonora nalgada – que la hizo gemir de excitación más que de dolor- y agachándome tras ella acerqué mi cara a su sexo para proceder a comérselo. Estaba brillante, pues a buen seguro llevaba mojada desde antes de que me invitara a subir a su casa, completamente rasurado, con ese calor, de hembra salida a la espera de que su macho la montase… le abrí las cachas con mis manos y le metí la lengua desde el ano hasta el clítoris, penetrando sus labios hacia adelante y hacia atrás media docena de veces, mientras ella suspiraba y me decía

    – Siii, por los dioses, que gusto, joder… Sigue chupándome así cabrón, que me derrito

    En el acto yo dejé de comerla y comencé a juguetear con mi miembro venoso en su sexo…. Apenas metido el glande – que más que meter yo fue succionado por ella echando las caderas hacia atrás- me detuve y sujetándola las caderas para evitar que se empalase ella sola le contesté

    – Primero, aquí se hará lo que yo diga, no lo que tú quieras, y segundo, ¿Quién es el cabrón aquí?

    – Tú, gimió… un diablillo… pero fóllame ya…

    Yo me eché a reír, retiré mi polla y pasándosela arriba y abajo a lo largo de su encharcado coño le dije:

    – Muy bien, ya sabes quién soy en realidad, y dime quién eres

    Ella, completamente entregada y fuera de sí por el alcohol y la calentura que tenía, ya no dudó en contestarme

    – Soy una golfa salida y necesitada de polla que quiere que la follen y la hagan correr como una loca…

    Ahora sí la ensarté de un golpe hasta el fondo, notando su coño caliente y mojado inundar mi polla, y mis huevos depilados tocando sus muslos… Ella, fuera de sí, empezó a gritar más que a gemir en voz alta de puro gusto, mientras yo la embestía cada vez más fuerte y más excitado viendo su cara de gusto reflejada en el cristal, sus grandes tetas balanceándose y su coño atravesado una y otra vez por mi polla… al poco su cara pareció descomponerse, se puso rígida y berreando como una cierva en celo empezó a correrse aullando

    – Síííí… joder, me corro… que gusto…

    No aguanto, sus brazos dejaron de sostenerla y enterró su cara y sus tetas en el suelo, mientras su culo permanecía expuesto puesto que yo la sujetaba por las caderas impidiéndole derrumbarse. Continué ensartándola salvajemente presa de mi propia excitación, sintiéndome aún más cachondo todavía al notar mi polla encharcada en un mar de flujos vaginales que se escurrían fuera de su sexo y resbalaban desde mi rabo hasta mis depilados huevos, y al oír el chop, chop que sonaba cada vez que se la empujaba hasta el fondo, como si quisiera metérsela tan al fondo que pudiera sacársela por la boca. Inclinándome hacia adelante, la agarré del pelo con la mano izquierda y tiré de su melena para hacerle levantar la vista hasta el espejo, mientras con la derecha empecé a azotarle las nalgas y le pregunté:

    – ¿Gozas, zorra?

    Ella, con la mirada perdida de puro vicio, cachonda perdida y camino de su segundo orgasmo, respondió:

    – Si, joder, que ganas tenía de que me echaras un buen polvo, llevo años haciéndome dedos pensando en ti y fantaseando con este momento, y aún es mejor de lo que me imaginaba.

    Y gruñendo como una cerda, la cara desencajada de placer y roja como un camarón empezó a soltar orgasmos de nuevo, dando unos alaridos que sus vecinos no debieron dejar de oír… yo, para evitar correrme todavía, me quedé quieto dentro de ella, dejando que poco a poco su cuerpo dejase de lubricar succionándome la polla, saliéndome de ella y permitiéndole desplomarse sobre el sofá bajando las caderas. Verla así, toda desnuda, mojada, abierta de piernas y en estado catatónico, entregada al placer, en una palabra, sacó mi yo más perverso, no aguante más y tuve que meter mi cara entre sus muslos, tenía que empapar mi cara con ese líquido.

    Empecé solo a rozar mi perilla junto a su sexo y sacando la lengua moví su clítoris con la puntita de la lengua mientras 3 dedos míos entraban en ella. Otros dos órganos le vinieron de esa manera, sujetando mi cabeza con sus manos. La miré y le dije:

    – Pues si quieres más polla, saca la lengua fuera y empieza a lamer como tu sabes…

    Se levantó a duras penas la vista, entornados los ojos, visiblemente agotada, y se encontró con mi rabo a apenas 5 centímetros de su cara. Como quiera que parecía dudar, bien fuera por el agotamiento de su cuerpo tras los tres orgasmos sucesivos o bien porque creía que me correría en nada, retiré mi polla de delante de ella e inclinándome hacia ella la miré fijamente a los ojos y le dije:

    – Ya sé que te tienes por una mujer decente y una madre modelo, pero te recuerdo que no estamos haciendo el amor, acabas de follarte a otro en tu hogar conyugal, y no solo eso, sino que te has corrido como seguro que hace años que no lo hacías. Te prometo que si te dejas llevar y te comportas como la chica mala que en realidad eres no solo te desencajare la boca y el culo, sino que aún te correrás unas cuantas veces más, y te quitarás el resquemor de los cuernos de tu chico…

    Ella ahora sí pareció despertar en sí de su letargo, me miró fijamente e incorporándose lentamente me contestó…

    – Eres un cabrón degenerado, pero nunca había estado tan salida ni excitada como esta noche.

    Y sin más se inclinó sobre mí y comenzó a succionarme el glande suavemente, como quien come un cucurucho. Ciertamente se le notaba experta, así que, al cabo de unos segundos, satisfecho con lo que estaba viendo y recibiendo, la aparté, me recosté en el sofá y levantándola del mismo ante mí le dije

    – A ver zorra no necesito que me chupen la polla: en primer lugar, ponte de rodillas entre mis piernas para tener un cómodo acceso, luego has de mirar siempre mi cara para excitarme aún más. Además, tienes que comértela toda, no solo la punta, con la lengua, con los labios y con la boca; así que vete metiéndotelo un poco más al fondo cada vez, hasta la campanilla. Y no uses las manos: una buena chupapollas no las necesita si se la ha tragada toda, y además quiero que las emplees en sobarte las tetas y el coño mientras me la comes.

    Y agarrándola suavemente por la cabeza – era su primera vez y se atragantaba con facilidad- la guie en el proceso… lo cierto es que ella era experta y estaba con ganas, porque poco a poco pero relativamente rápido se puso en situación, y en menos de cinco minutos ya se metía la polla hasta la base. Ciertamente respiraba con cierta dificultad – pero eso sin duda era debido también a lo excitada que estaba-, boqueando de cuando en cuando y chorreando saliva que caía no solo sobre mi rabo y el suelo sino también sobre sus tetas. Sus sonidos guturales y sus gemidos de excitación eran música celestial a mis oídos, y cada vez más excitado acabé levantándome – ella se irguió sin dejar de estar de rodillas en ningún momento, pero sin dejar de machacarse el clítoris ni perder el compás de las mamadas- para contemplar la escena en el espejo del pasillo, y mientras sujetaba firmemente su cabeza por detrás para que no pudiese retraerse le dije:

    – Gira la vista de reojo y mírate cómo me corro en tu boca…

    E impidiéndole retirar la cabeza descargué todo el semen que llevaba acumulado en los últimos días en su garganta, obligándola a tragárselo para no ahogarse. Mientras lo hacía le ordenaba.

    – Traga, señorita R traga, que una buena chupapollas no sólo come el rabo a sus amantes, sino que además lo bebe todo… si quieres tener a un hombre bien satisfecho debes saber cómo hacerlo, Y NO DEJES DE TOCARTE NI DE MIRARME MIENTRAS LO HACES, GUARRA

    Verla mirarme con los ojos llorosos, el rímel corrido y el semen escapando por sus labios babeantes en dirección a sus tetas mientras yo apuraba mis espasmos me produjo el orgasmo más morboso y satisfactorio en mucho tiempo. Al cabo de unos instantes retiré mi polla de su boca – la abrió a duras penas, buscando aire, y mostrándomela aún con restos de semen en dientes y encías- y sin tiempo para recuperar el aliento me contestó:

    – Joder, qué cabrón eres y cómo me excitas… Dios

    Y acto seguido comenzó a tener orgasmos de nuevo, cayendo hacia atrás hasta apoyar la espalda en la alfombra, tres dedos de la mano izquierda en el coño y sobándose el clítoris con la derecha, mientras sus piernas abiertas se agitaban como si acabasen de electrocutarla y no dejaba de bufar con voz roca

    – Que gusto, joder, que gusto… otra vez…

    Otra vez empezó a hacer un squirting tal que me salpicó a mí – que me había dejado caer derrumbado frente a ella- a la alfombra y al sofá. Cuando hubo acabado quedó en un estado catatónico del que tardó unos minutos en volver: sus ojos estaban en blanco, sus tetas subían y bajaban sin control debido a su respiración acelerada… me recreé en la vista mientras yo mismo me recuperaba, y cuando consideré que estábamos de nuevo dispuestos la incorporé, la volteé y la puse a cuatro patas diciéndole

    – Como aún tengo que romperte el culo no vas a tener que limpiarme la polla tras correrme, pero como en adelante vas a ser mi perrita vas a ir a cuatro patas hasta tu dormitorio, pues te lo voy a desvirgar en tu lecho… vamos, niña mala

    Tambaleante pero sin replicar – nada más me echó una mirada mezcla de sorpresa y vicio- ella comenzó a dirigirse lentamente hacia el pasillo, mientras yo me ponía en pie a duras penas motivado por la visión de sus grandes nalgas balanceándose y de sus tetas colgando cual ubres… Nada más llegar a su dormitorio quiso subirse a su cama, pero yo necesitaba una nueva dosis de morbo y juegos previos para ponerme de nuevo “a tono” – ni soy un chaval ni estaba puesto de viagra, por lo que necesitaba un rato para recuperarme-. Por ello la sujeté del pelo, me arrodillé a su lado y le susurré al oído

    – Tranquila… veo que te mueres de ganas de que te sodomice, pero antes necesitaremos relajarnos y alguna ayuda. ¿Tienes algún bote de lubricante o crema que pueda ayudarme a preparar tu culo? Me muero por desvirgártelo, pero tampoco quiero hacerte daño, ya lo sabes. Quiero que lo disfrutes para que repitas

    Ella giró su cara y me dijo

    – Ya lo sé. Confío en ti, y por eso y por lo bien que me estás follando esta noche voy a dejar que entres por detrás. No, no tengo ningún gel lubricante, pero voy al baño por un bote de aceite corporal hidratante y por una crema de manos de efecto suavizante. ¿Valdrá con eso?

    Yo le repliqué

    – Será perfecto. Y como premio por tu buen comportamiento voy a dejar que te levantes. Pero eso sí, no podrás limpiar los restos de semen que tienes en tu pelo y en tu cara, a tu regreso deberás volver a tu rol de sumisa y harás todo lo que te ordene. A cambio te prometo otra serie de orgasmos antológicos.

    Ella se abalanzó sobre mí para besarme – un beso, con lengua, en el que el sabor al semen que acababa de tragar era notorio- pasándome una mano por el cuello y sobándome la polla con la otra, y tras comerme la boca y restregar sus tetas contra mi torso se acabó separando acalorada y me contestó:

    – Joder, no sé qué me pasa, pero estoy excitada como nunca en mi vida. Hasta que me hables así me pone a mil esta noche.

    Yo le nalgueé sin piedad, pero sin excederme – una única vez, ya que no quería dejarle marcas que el cornudo pudiese reconocer en días siguientes- y riendo le dije

    – Eso es que por fin estás dejando atrás todos los convencionalismos sociales, tus miedos al que pensarán de mí, etcétera, y te estás comportando como lo que en realidad eres: una loba sexualmente sumisa, muy satisfecha en la cama y con ganas de vengarte con creces del cabrón de tu chico… y ahora corre al baño y no tardes en volver.

    No se lo hizo repetir y salió corriendo hacia el baño. Mientras esperaba su regreso, empecé a masturbarme lentamente y a urdir en mi cabeza un plan de acción para la segunda parte de la noche. Quería romperle el culo, sí, pero también la voluntad: aprovechar su noche de alcohol, el resquemor para con su chico por su infidelidad y la tensión sexual de años entre nosotros que habían explotado y la habían desmelenado, para que en el futuro no fuese para mí más que lo que yo quisiera, mi amiga o mi esclava sexual, y para ello debía hilar fino para ni excederme ni quedarme corto en el trato a darle a continuación…

    Cuando la vi regresar del baño, las tetas balanceándose con los pezones duros, y la sonrisa en la cara, supe que venía más que dispuesta a obedecerme, que los remordimientos si los tendría serían mañana, no esta noche, y que con tal de seguir follando y corriéndose como hasta ahora la muy puta haría lo que le dijese. Así que nada más verla mi polla recuperó todo su esplendor – ella no pudo dejar de mirarla como atraída por un imán- y antes de que se tumbase en la cama a mi lado le ordené:

    – Para la siguiente fase del plan necesitaré unas cuerdas o bridas para atarte a la cama. Seguro que tu chico tiene algo en su cajón de herramientas, así que apura mientras yo acabo de prepararlo todo en el dormitorio.

    Salió corriendo hacia la cocina en busca de lo que le había pedido, mientras yo descolgué una foto de los dos de la pared y lo puse sobe la almohada, en el cabecero de la cama. Cuando volvió con las bridas de plástico que le solicitara – a dios y a los chinos gracias todos las tenemos en casa, como las cuelgas fáciles o los desatornilladores – la coloqué a cuatro patas mirando hacia la pared y la até al somier dejando piernas y brazos bien abiertos y la cara pegada a la foto con su chico. Acto seguido empecé a sobarle el coño y lamerle la cara interna de los muslos para calentarla de nuevo gradualmente hasta ponerla hirviendo: su respiración se iba agitando por momentos, veía sus tetas colgar agitarse más y más cada vez, sus muslos moverse a espasmos cada vez que los lamía, como si sufriesen una descarga eléctrica, y su coño empezar de nuevo a segregar flujos… La señorita R mantenía los ojos cerrados, como concentrada, pero su cara acalorada, su forma de morderse los labios y sus bufidos cada vez más seguidos daban buena cuenta de su excitación creciente. Con todo, para mí que se dejara hacer no era suficiente, así es que me puse detrás de ella y empecé a restregar mi glande por su coño, con el doble objetivo de lubricarlo para lo que estaba por venir y de ponerla aún más cachonda si cabe. Mientras lo hacía – ella meneaba sus caderas buscando ensartarse mi polla en el coño- le dije:

    – Quieres que te folle?

    – Si, me contestó con voz ronca

    – Pero tu coño ya ha sido saciado, tu boca ya ha sido desvirgada, y ahora le toca el turno a tu culo, lo sabes. ¿Quieres que te encule?

    – Haz lo que quieras, pero fóllame y hazme correr de nuevo, cabrón… me contestó ella cada vez más excitada

    Yo empecé a comerle el culo con la lengua, abriéndole las nalgas con las manos y ensalivándoselo a cada paso, y sin dejar de bajar a su coño cada vez más chorreante de vez en cuando. Cuando su excitación fue mayor y su lubricación aceptable me unté un dedo en la crema suavizante y lentamente fui introduciéndolo en su ano mientras a la vez le mordisqueaba el clítoris. Ella contrajo instintivamente el esfínter al notar el intruso, pero yo dejé de comerla y le dije:

    – Si quieres gozar como nunca en tu vida, relaja el culo y déjate hacer, ya verás cómo al final acabarás agradeciéndomelo.

    Se relajó poco a poco, mientras yo retomaba mi trabajo en su sexo con mi lengua y empezaba a mover lentamente mi dedo índice en su recto dentro y fuera, lentamente pero un poco más profundo cada vez, hasta llegar al fondo. A continuación, le embadurné de crema, unté un segundo dedo en la misma y pasé a introducir dos dedos simultáneamente en su esfínter hasta entonces nunca profanado. La muy puta no protestó, pero gimió quedamente cuando ambos dedos se abrieron paso dentro de ella hasta el fondo. Para evitar dolores innecesarios y rechazo por su parte, los dejé quietos en el fondo, para que se fuese acostumbrando, y aproveché para embadurnarme la polla de crema. Al cabo de un rato ya no se quejaba.

    – Venga puta, deja de gimotear y abre los ojos, quiero que mires a la cara a tu chico mientras te desvirgo el culo, le des un beso con lengua a su foto y le digas quien está montándote esta noche y cómo lo estás disfrutando.

    Ella giró la cabeza sobre sus hombros, me miró fijamente y me contestó:

    – Eres un maldito cabrón, no te contentas con follarme de todas las maneras que además quieres humillarnos a mí y a mi chico.

    Yo solté una carcajada y tirando de su cabeza hacia atrás agarrándola por el pelo le repliqué al oído.

    – Te recuerdo que tu querido chico te pone los cuernos con otra, así es que respeto no se merece ninguno por tu parte, y en lo que se refiere a ti ahora mismo no eres más que una viciosa, una salida que goza de que la folle de todas las maneras posibles, que tiene los pezones duros, el coño encharcado y el culo abierto para su amante en su lecho… pero bueno, tú misma, yo me voy y aquí te dejo.

    Antes de que pudiese levantarme siquiera, sacó la lengua, lamió con lujuria la foto situada en la cabecera de la cama y me dijo:

    – Venga cabrón, déjate de cháchara y rómpeme el culo, a ver si consigues que me corra otra vez.

    Yo, en cuclillas tras ella, separé sus nalgas con una mano, enfilé mi glande y lentamente, pero sin pausa empecé a metérsela en su culo, ajeno a sus quejas y a sus gemidos de dolor, diciéndole:

    -¿Querías polla? Pues polla vas a tener. Te voy a dejar el culo más abierto que el túnel del metro, y cuando acabe contigo le habrás cogido el gusto y serás tú quien me pida que te la meta.

    Tras girarme, la agarre de las caderas, abrí sus nalgas con las manos y tras situar mi glande en la entrada de su culo comencé a presionar lenta pero firmemente introduciendo mi polla en sus entrañas. Aunque mi polla estaba de nuevo dura como una roca y la abundante crema que previamente había puesto facilitaba un tanto el resbalar de mi miembro en su interior, el culo de la muy puta debía estar ciertamente sin estrenar, pues apretaba mi miembro con firmeza, como si quisiera ordeñarme la polla. Ella gruñía y apretaba los dientes aguantando el dolor, descuidando sus obligaciones, por lo que a medida que iba enterrando lentamente mi polla en su culo le dije:

    – Venga, detállale a tu chico lo que te están haciendo

    Ella gruñó al notar mi polla enterrarse hasta los huevos – yo me quedé quieto unos instantes para que se acostumbrase a la situación antes de empezar a bombearla- y al cabo de un instante se encaró con la foto de su marido y dijo:

    – Cariño, como eres un cerdo y me has engañado con otra, he decidido pagarte con la misma moneda. Pero además, me estoy follando a alguien que conoces, que es un auténtico diablo y que no sólo me ha hecho correr como tú nunca has sabido, sino que además le he comido la polla y le estoy dejando que me rompa el culo, convirtiéndome en su putita y a ti en el mayor cornudo de la ciudad…

    A medida que hablaba yo comencé a moverme dentro de ella, empezando un lento mete-saca desde el fondo de su culo hasta casi sacársela del todo, para a continuación volver a metérsela hasta el fondo. Sus gemidos de dolor fueron cesando lentamente, y al cabo de unos instantes fueron sustituidos por gemidos de placer. Para incrementar éste, deslicé mi mano izquierda de su cadera hacia su coño – que se encontraba encharcado- en busca de su clítoris, que empecé a masajear con la yema de mis dedos primero y a pellizcar con sumo cuidado después-. Ella estaba cada vez más caliente y excitada, sus caderas empezaron a acompañar a mi polla para enterrársela sin parar, sus gemidos de gusto eran cada vez más audibles, y viéndola totalmente entregada me dejé caer sobre su espalda, me puse a sobar sus tetas con mis manos y a la vez que las amasaba le pellizqué los pezones le rocé el lóbulo de la oreja con mi lengua y le susurré al oído:

    – Te gusta que te den por culo, ¿eh? Hasta creo que quieres que te lo rellene de leche esta noche

    Ella, con voz ronca, la mirada perdida y pasándose la lengua por los labios contestó:

    – Estoy que me muero de gusto, me encanta que me lo desvirgues, que me lo folles, y aunque me siento como una zorra solo por pensarlo quiero correrme de nuevo y que me lo llenes de semen, cabrón.

    Yo, que cuanto más guarra y sometida la notaba más excitado me ponía, volví a concentrar mis dedos en su coño, que comencé a escarbar mientras aceleraba mis embestidas y le decía:

    – Pues he aquí la solución a tus problemas: sigue viviendo en pareja, viviendo bien con él y gozando como lo que eres a costa de mi polla. A partir de ahora serás mi putita, mi casada infiel, y tus agujeros un depósito de semen a mi disposición cuando y como yo diga… no te dejaré marcas, no destruiré tu relación, pero serás mi esclava sexual…. Venga dilo en voz alta, que yo te oiga.

    Ella, roja como un tomate, con la respiración casi entrecortada por la excitación, pero más caliente que el horno de un panadero, replicó sin dudar

    – Si, seré tu puta, tu cerda y tu sumisa siempre que me regales orgasmos como estos…

    Y vibrando como una poseída empezó a correrse de nuevo, inclinándose para morder la almohada y evitar escandalizar a los vecinos. Yo, ante la visión de su cara encendida, sus tetas colgando y su culo roto no pude aguantar más y me corrí en sus entrañas gritando:

    – sí… toma, aquí tienes tu culo roto y preñado de leche. Te la he metido por todos tus agujeros, me he corrido en todos ellos, y tú has gozado como una puta… dios, que placer me has dado, perrita.

    A gusto me hubiese tumbado a su lado a descansar, pero agotado como estaba de seguro me hubiese quedado dormido sin poder evitarlo, y además me faltaba el punto final, follarme su mente. Así es que tras romper sus bridas – ella calló desmadejada sobre el colchón, sin importarle que estuviese mojado de sudor y semen- volví sigilosamente al salón, me vestí, y regresé al dormitorio para despedirme convenientemente… Ella apenas entreabrió los ojos cuando la llamé por su nombre.

    … espero tu llamada

    Afortunadamente para mí, y en apenas unas horas, me whatsapeó para “comentar lo que había pasado”… pero esa es otra historia.

    Espero me perdonen por el lenguaje soez utilizado en este relato, pero me salió desde muy adentro. Si les gustó y creen que debo usarlo más, dejen un comentario, es gratis.

  • Vecina necesitada (Parte II)

    Vecina necesitada (Parte II)

    Este relato es verídico,  este relato es la continuación de la vecina ardiente, corría el año 83, estaba en concubinato, ella trabajaba en una fábrica textil, yo había días que quedaba solo, enfrente de la casa vivía una chica que en ese tiempo tenía 20 años, estaba casada con un albañil y aparte hacia boxeo, yo tenía 25 años.

    A partir de esa primera vez, día por medio cogíamos toda la mañana, quedando llena de leche, en el segundo encuentro, mientras le chupaba la concha, jugaba con los dedos en el culo virgen, al principio ofrecía resistencia, aunque fue unos segundos, porque donde le metí el dedo casi entero, lo dejo quieto un instante y después despacio, empiezo a meter y sacar, mientras que con el otro dedo se lo metía en la concha y con la lengua lambia el clítoris.

    Esta acción hizo que Estela me mojara toda la cara, le agarro vergüenza a la vez que quedo con los ojos en blanco por un instante, lo que me asusto un poco, pero a los segundos volvió en si y lloraba porque nunca le había pasado y creía q era malo, la tranquilice y le dije que estaba bien, que debía disfrutar y gozar.

    Me la chupa unos minutos, me acuesto de espaldas, la subo arriba mío, se la meto despacio, mientras le estrujo las grandes tetas, que también estaban vírgenes porque no tenía hijos todavía y no había amamantado.

    Le chupo las tetas, la tomo de la cintura y con un golpe de cintura se la mando hasta el fondo, pega un grito y sola empieza a subir y bajar enterrándosela entera, no quería acabar porque quería ese culito virgen, por lo que paro, la pongo en cuatro, se le meto en la concha, mientras juego de nuevo con el culito, se lo mojo y le apoyo la pija, me dice que no por ahí porque le va a doler, empujo despacio hasta que entra la cabeza.

    Se la dejo quieta, hasta que relaje y empujo de nuevo, entra más y la saco despacio, empujo de nuevo y entra más, le pongo saliva y ella sola empieza a empujar para que entre toda, una vez que entra hasta el fondo se la dejo y le digo que toque para que vea que esta toda adentro, me dice “si, la siento en la garganta”, seguimos en el mete y saca, hasta que le lleno el culito de leche y otra vez vuelve acabar, la saco del culo y se la meto en la concha le doy dos empujones y la meto en el culo, así hasta que se me ablanda, nos vestimos y se cruza la casa bañarse y yo hago lo mismo.

    Una tarde vamos al hotel, que era peligroso porque nos conocían todos y en ciudad chica puede ser trágico, ella andaba a pie, yo en bicicleta, llego meto la bicicleta adentro del hotel, la espero, nos metemos en la pieza, empezamos a besarnos y a jugar con nuestros cuerpos, me la chupa un poco, la acuesto se la meto y le doy duro hasta que le lleno la concha de leche.

    Nos lavamos y empiezo a chuparla la concha, me pongo en posición de 69, me empieza a chupar la pija, se me para enseguida, le chupo la concha hasta que acaba, la pongo en cuatro y se la mando al fondo, la saco se la pongo en el culo, que le entra más fácil, le doy con todo hasta que le acabo de nuevo, nos volvemos a lavar, nos acostamos de nuevo.

    Empiezo a jugar con los dedos en la conchita y se moja enseguida, por lo que bajo y se la empiezo a chupar, acaba ,yo ya la tenía casi dura de nuevo (a esa edad estaba a full) hago que me la chupe un poco, la subo arriba mío y le doy como un pistón, pensé que se había orinado, porque me mojo todo, pija, huevos, pierna, sabanas, seguí, mientras la apretaba contra mi pecho y sus tetas se aplastaban contra mí, cuando vuelvo acabar, llenándola de leche, ella vuelve acabar, quedando desfallecida encima mío, quedamos así unos instantes, nos recuperamos, nos lavamos, como todavía quedaba tiempo para las 2 horas del turno, faltaba como media hora o más y estábamos desnudos todavía, empiezo a chuparle las tetas de nuevo, me dice “que no quería más porque estaba re cansada, le digo uno más y me dice que no puede ni moverse y que para volver a la casa va a tener que tomar un taxi, por lo que le digo que me la chupe, se la mete y la chupa con ganas y entusiasmo, cuando estoy por acabar, le digo toma la lechita, la meto hasta el fondo y se traga toda la leche no desperdiciando ni un poquito, le pregunto si seguimos, me dice “estás loco, vámonos”, así que camina una cuadra se toma un taxi y yo me voy en la bicicleta, llegamos casi juntos a la casa, hubo más encuentros salvajes, pero no los voy a aburrir.