Autor: admin

  • La venganza fue terrible

    La venganza fue terrible

    Mi nombre es Silvia, tengo 36 años, estaba ¿felizmente casada?, desde hace 10, con Pablo. La naturaleza me bendijo con un hermoso cuerpo, delgado, con buenas tetas y culo. Diariamente compruebo que soy apetecible, ya que son muchos los hombres que me miran y voltean su cabeza a mi paso.

    En todo el tiempo que he estado con Pablo, nunca le fui infiel, a pesar de haber tenidos muchas oportunidades. Aunque solo pude comprobar la última, estoy segura que él no me correspondió. Y justamente la última la pude comprobar porque la chica gravo un video con él y lo subió a un sitio de videos porno. Nunca lo hubiese sabido de no ser que mandó el link a un grupo de amigas, donde está mi hermana Clara, pero ella no sabía quién era, que obviamente me lo reenvió.

    No dije nada, y le pedí lo mismo a Clara. Estaba terriblemente dolida. No entendía el porqué de su infidelidad. Siempre hemos tenido muy buen sexo, cumpliendo fantasías y disfrutando al máximo.

    Con distintas excusas las noches siguientes no quise tener sexo. En una de esas noches, se me ocurrió mi venganza. Con ayuda de mi hermana pude saber que la chica trabajaba de vendedora en un comercio de ropa de mujer. Una tarde fui de compras y a conocerla. Era linda, más joven que yo y simpática.

    Cuando me atendió le pedí probarme dos o tres cosas. Pasé al probador y la llamé para que me dé su opinión

    “Te queda espectacular, más por el cuerpo que tenés que por la ropa. Con ese cuerpo te queda bien cualquier cosa” me dijo

    “Gracias, pero ya estoy entrando en años, y… siento que no atraigo a los hombres”

    “Olvídate, sos hermosa, si te ve mi novio seguro que va a querer llevarte a la cama” dijo.

    “No creo que un chico quiera a esta “vieja””

    “No es un chico, tiene 38 años, te aseguro que es como te digo” reafirmo ella.

    “Raro una chica tan jovencita como vos con un viejo”

    “No tanto. Además tiene mente abierta, hasta nos grabamos en la cama” dijo ufanándose

    “En serio, guau, nunca yo hice ¿y él no dice nada?” pregunté

    “No, al contrario”

    “Que hot, ¿y es muy fuerte lo que grabaste?

    “Si, mirá” me dijo mostrándome el video en el teléfono.

    “Si, es fuerte en serio.”

    “Ahora estamos pensando hacer un trio con otra mujer” me dijo

    “¿No me digas que vos también sos Bi? Dije.

    “Si, claro”

    En ese momento le tomé la mano y la introduje al probador, la puse contra la pared y le comí la boca, mientras lo cerraba. Era mi primera vez con una chica, pero de ver videos, sabía cómo “atacarla”.

    Ella se sorprendió, y como no atinó a decir nada, le comencé a besar el cuello y bajé mi mano a su concha. Ella comenzó a gemir. Subí su falda, corrí la tanga y metí dos dedos dentro. Ella no paraba de gemir, la hice poner de cara a la pared, puse sus manos arriba de su cabeza, y nuevamente a besar el cuello y meter sus dedos en la concha.

    “No te muevas un centímetro” le dije

    Me puse de rodillas, levante la falda, baje su tanga y abriendo sus cachetes, le empecé a comer el ano. Sus gemidos eran más fuertes, me pedía más. Me puse de pie y besándole el cuello le metí un dedo en el culo. Ella dio un respingo y quiso zafarse.

    “Quédate quietita, bebé, goza” le dije al tiempo que le apretaba una teta.

    Mi dedo fue entrando y saliendo de su culo. Ella temblaba de placer.

    “Ahora, te voy a meter otro, y me vas a dar un buen orgasmo”

    Ella asintió con la cabeza y le metí el segundo dedo. Cuando le entro todo, ella se sacudió y llegó a un tremendo orgasmo.

    La solté, y me seguí probando una camisa. Ella quedó de rodillas por un par de minutos. Cuando se levantó me dijo:

    “Juro que nunca había gozado así, ni con un hombre ni una mujer. Lo que debes ser en una cama”

    La mire a los ojos, le apreté la garganta y le dije:

    “Si querés saberlo, te paso a buscar cuando salís. Pero, te aclaro, te voy a gozar como buena puta que sos. Te voy a hacer mi puta personal. ¿Te animas a probar?”

    Ella dudó por unos segundos pero el placer que había recibido y el deseo de más la llevaron a aceptar.

    Salí del negocio sin comprar nada y me fui a caminar. Yo también estaba excitada, me calentaba mucho lo que había hecho, a quien se lo había hecho, y me sorprendía a mí misma mi nueva faceta.

    Busqué un sex shop y compré unas esposas, un consolador y un arnés consolador.

    Cuando cerró el negocio estaba afuera esperándola en mi auto. Ella subió sonriente, yo la miré seria.

    “¿A un hotel o a tu casa? Le pregunté

    “A mi casa. Estuve toda la tarde mojada pensando en vos y como me hiciste gozar” y me dio la dirección.

    “¿Con cuantas mujeres estuviste?” le pregunte

    “Tres, sin contarte”

    “Y te gusta ser sumisa por lo que vi”

    “En realidad, es la primera vez que me pasa” me dijo

    “Levántate la pollera, y sacate la tanga.” Dije.

    “¿Acá?”

    Mi respuesta fue un sopapo en la cara. Ella de inmediato se levantó la pollera y se sacó la tanga.

    “Así me gusta, que hagas de inmediato lo que digo. Ahora metete la tanga en la boca, y por ningún concepto te la saques”

    Llegamos a su departamento, entramos. Yo en mi bolso llevaba las cosas que había comprado.

    Fuimos a su dormitorio, y le ordené que se quede parada sin moverse. Me desvestí, me pasé la mano por mi concha que estaba bien mojada, y la pasé por su rostro.

    Le saque la tanga de la boca, y la pasé por mi concha, mojándola bien con mis jugos, para volver a ponérsela.

    “Ahora tienes los dos sabores para degustar, putita. Quítate la ropa y rápido.” Le ordené.

    Ella cumplió de inmediato. Saque las esposas del bolso y se las coloqué con las manos en su espalda. Comencé a besarla y tocarla, ella inmediatamente a gemir, ahogada por su tanga. No necesité penetrarla en ningún lado que tuvo su primer orgasmo.

    “Veo que estas muy caliente putita”

    Ella asintió con la cabeza. Saque del bolso el consolador y el arnés y ella abrió los ojos desorbitados.

    Le saque la tanga de la boca.

    “Bueno, ahora se pone lindo para mí esto. Es tu última oportunidad de detenerme. De aquí en más, seré tu Señora, y me obedecerás sin decir nada ni negarte a nada, absolutamente a nada. Por más que te duela o no te guste. ¿Sigo?”

    “Si” dijo ella

    “Si, señora, es como debes decirlo, si no lo haces tendrás un castigo. Ahora, quiero que me chupes bien la concha”

    La chica se inclinó y me comenzó a chupar, lo hacía bien, me calentaba ver como lo hacía. Luego de un rato, tomé el consolador y se lo di a chupar. Lo hacía como si fuera una verdadera pija. Veía como por sus entrepiernas caían sus jugos.

    “Veo que te gusta mucho chupar pijas”

    “Si señora.”

    “Bien, veo que aprendes rápido. ¿Cuantas veces te han roto el culo?”

    “Nunca, señora. Solo Ud. con sus dedos”

    “Y te gustó”

    “Si, y mucho” dijo.

    Mientras hablaba, me coloque el arnés.

    “Bueno, ahora quiero que te subas y te cojas esta hermosa pija mía”

    Ella subió y se la fue enterrando, entre quejidos y gemidos.

    “Vamos puta, que no tengo toda la tarde”

    Ella terminó de enterrársela y empezó a subir y bajar. Me miraba a los ojos, y se mordía los labios.

    Le metí el otro consolador en la boca y ella comenzó a chuparlo. Le pellizcaba los pezones y ella gemía sin parar. Llegó a un nuevo orgasmo.

    Saqué el consolador de su boca y se lo puse en una de sus manos en la espalda

    “Métetelo” le dije

    “No puedo señora, tengo las manos en la espalda”

    Le di un fuerte golpe en el estómago y le dije

    “Pues busca un agujero que te quede cerca, puta”

    Ella entendió. Fue bajándolo lentamente. Otro golpe hizo que acelerara sus movimientos. Entre gemidos lo empezó a enterrar.

    Con mis dedos, contralaba sus movimientos en el orto.

    “Ahora quiero que me cuentes, que estás haciendo”

    “Estoy cabalgando a mi señora, mientras me meto un consolador en el culo”

    “¿Y te gusta tener dos consoladores metidos?”

    “Si, soy muy puta, su puta, señora”

    Le daba palmadas en el culo, que aceleraban sus movimientos, hasta que llegó a otro orgasmo.

    “Ahora, chúpame la concha mientras te das por el culo, haceme acabar en tu cara”

    Ella lo hizo de inmediato, veía que su mano metía y sacaba el consolador con velocidad, la misma de su boca para chuparme. Un rato y acabé en su cara.

    Me levanté y le saque las esposas.

    “Quiero que grabes mientras te cojo como perrito, que se vea como gozas como puta, por la concha y el culo, pero que no se vea mi cara, y andá contando que te hago” le dije

    “Si Señora”

    Tomó el teléfono y se puso a grabar. La puse en cuatro le metí el consolador del arnés en la concha

    “Mi señora me está cogiendo re lindo, ya acabé muchas veces pero no se baja mi calentura. Soy muy puta para mi señora. Ella sí me hace gozar”

    Filmaba su propia cara y me pasaba el teléfono para que yo filme como se la metía.

    Acerque el consolador a su ano, y lo comencé a enterrar. Era más grande que el otro, costaba.

    “Ahora me está rompiendo el culo, me duele, pero soy su puta, su perra. Ay, duele pero como me gusta”

    Verla filmarse, saber para que serviría, me calentó mucho. Filmé un poco como le entraba todo el consolador, y le devolví el teléfono.

    La tomé de la cintura y hacía que el consolador entrara y saliera con velocidad, mi calentura subía al ritmo que se incrementaban sus gemidos y gritos de placer. Comenzó a tener orgasmos a repetición, hasta que yo tuve mi propio orgasmo. La solté y ella cayó rendida en la cama. Me di una ducha y ella seguía tirada en la cama.

    “Veo que gozaste puta”

    “Si señora, como nunca, gracias por tanto placer”

    “Vos me dijiste que querían hacer un trio con tu novio”

    “Si señora”

    “Pues, ahora eres mi puta personal. Para acostarte con tu novio me tienes que pedir permiso. Y el trio, lo vamos a hacer mañana a la tarde, ahora te diré como”

    Le dije paso por paso que quería y como quería que haga. A ella se le llenaban los ojos de lujuria. Obviamente que solo una parte le dije. Ella aceptó todo. Yo pasaría a buscar un juego de llaves el negocio al mediodía.

    Antes de irme revisé el video que había grabado, se lo hice subir al sitio porno y que lo mande al grupo como el otro.

    Casi en la puerta la agarre de cuello ahogándola, la bese en la boca y le dije:

    “Puta, si llegas a fallar, el castigo será muy duro, pero muy duro.”

    “No mi señora, no voy a fallar.

    Cuando llegué a casa estaba Pablo.

    “Que tarde que viniste, mi amor” me dijo

    “Es que me entretuve charlando con unas chicas”

    Esa noche, tampoco tuvimos sexo.

    Al mediodía siguiente, pasé a buscar las llaves y a ver si había arreglado algo con “el novio”, que era mi marido.

    “Si señora, ya está arreglado. A las 18 estaremos en mi departamento como Ud. me indicó”

    “Bien, en tu mesa de luz estará la cinta para tapar su boca y el tapa ojos. Tenés que ponerlo de forma que no se le salga. Y las esposas”

    Fui al sex shop, compre cinta para taparla boca y un tapa ojos. En mi bolso llevaba los otros juguetes.

    Antes de las 18 estaba en el departamento de la chica. Me escondí en la ducha por si iba al baño antes de empezar, pero no fue así. Yo había dejado la puerta entreabierta para poder ver.

    Cuando entraron ella le dijo:

    “Mi amorcito, hoy te quiero hacer gozar como nunca gozaste, pero tenés que confiar en mí”

    Y de inmediato, se puso de rodillas para chuparle la pija, aún vestido.

    “Mmm, que linda que está, como me gusta así” le decía mientras lo chupaba.

    Se puso de pie, le vendó los ojos mientras le hablaba al oído, lo desvistió lentamente mientras lo acariciaba y masturbaba. Le puso las esposas en las muñecas en su espalda. Volvió a ponerse de rodillas, y a chupar su pija. Yo salí del baño sin hacer ruido. Le hice una seña a ella, y lo puso junto a la cama, ella se acostó con su cabeza colgando y haciendo un 69. Ella tomó la cabeza de Pablo, y la guio a su concha para que la chupe, al tiempo que ella le chupaba la pija. El bufaba de excitación. Fui hacia ellos, y tomé su pija y la comencé a masturbar. Cuando él se dio cuenta que eran otras manos, se quiso levantar, pero la chica se lo impidió.

    “Amorcito, ella es mi señora, mi ama. Me hizo descubrir cosas impensadas, ahora disfruta vos también amor”

    Él se relajó y se dejaba masturbar, al tiempo que le acariciaba la espalda, y ella seguía hundiéndole la cabeza en su concha. El gemía de placer. Con mi lengua fui jugando en su ano, su excitación aumentaba más y más, puse su pija en la boca de la chica, y ella hacía su trabajo. Lentamente fui penetrando con un dedo, buscando jugar con su punto P, su próstata. Cuando la encontré el dio un sacudón y enterró su pija hasta el fondo de la garganta de la chica. Luego fueron dos dedos. Le hice una seña a la chica y me dio su teléfono. Comencé a filmar como le penetraba el ano y el gemía a más no poder. Puse el consolador del arnés en la puerta de su orto, y lo comencé a meter. El dio un respingo, pero ella lo sujetó, sin dejar de chuparlo.

    Increíblemente se dejaba penetrar. Le pase en teléfono a ella para que filme su cara y le hice una seña para que junto a su concha ponga el consolador y se lo ofrezca a chupar. El comenzó a chupar las dos cosas. Lo tomé de la cintura y bombeaba en su orto con todo. El gemía de placer sin parar. La chica filmaba toda la escena y lo alentaba a gozar.

    “Ves amor, ella nos hace gozar como nunca hemos gozado”

    De golpe, hice que ella filme su cara y le saque la venda. Cuando pudo ver, giró su cabeza y me encontró sonriente taladrando su culo. Se quiso levantar, pero un golpe en los riñones se lo impidió.

    Me salí de él, con la cinta amarré sus tobillos y lo tiré en la cama.

    A ella la puse en cuatro patas y le rompí el orto. Dio un grito de dolor, pero dijo

    “Si mi señora, rómpame toda, por favor”

    “Si niña, eres toda mía. Ah, te presento a mi esposo, tu novio”.

    La chica se quedó dura. Pero no se salió. Al contrario, se empezó a mover con fuerza para enterrarse todo en el culo.

    Ella seguía filmando. Él lloraba y pedía que nos detengamos y lo soltemos. Nada de eso pasó.

    Cuando llegamos al orgasmo, las dos nos besamos tiernamente.

    “Gracias Señora, soy su puta por toda la eternidad. No entiendo cómo pudo estar al lado de él, es muy poca cosa para Ud.”

    “Ciertamente, ah, subí el video, así todos conocen como goza Pablo”

    “Si mi señora”

    Él pedía, rogaba que no lo haga. Pero lo subió completo y mandó el link al grupo de amigas.

    Mandé un mensaje a Clara, mi hermana:

    “Hola Clarita, fijate el videíto que mandaron al grupo. Quizás te lleves una sorpresa”

    En minutos me respondió:

    “Genial, te cuento que estamos en el club, con todos los muchachos, y algunos compañeros de Pablo. Dicen que salió muy bien”

    Lo soltamos, y ella y yo nos quedamos en la cama.

    “Pablo, te podes ir, de acá y de casa. No me gustan los hombres que a los que les gusta que le rompan el culo. Prefiero los dominantes. Yo me quedo con tu ex-novia, que nos llevamos genial”

    Él se fue llorando. Nunca más supimos de él, solo que se fue de la ciudad.

    La chica sigue siendo mi sumisa hasta hoy. A veces buscamos a un amigo para tener un hombre que nos coja a las dos.

    Mi venganza fue hermosa. Todavía hoy algunos del grupo dudan de meterles los cuernos a las mujeres.

  • Por jugar con fuego (Parte 1)

    Por jugar con fuego (Parte 1)

    Hola, soy Maribel y quiero compartir con vosotros el cambio que sufrimos, mi marido y yo, de ser una pareja juguetona en temas de sexo a una pareja morbosa.

    Todo empezó cuando éramos novios, Ernesto, era muy salido y nos metíamos mano cada vez que quedábamos, pero una vez cuando estábamos en plena acción dentro del coche, nos dimos cuenta que había un hombre en la ventanilla mirándonos. Ernesto arrancó el coche y nos fuimos a toda velocidad, aunque claro, nos habíamos quedado a medias por lo que enseguida buscó otro sitio solitario y seguimos con la faena.

    Cuando Ernesto, empezó a tocarme el coño, en la nueva ubicación, se quedó sorprendido de lo mojada que estaba. Y era verdad, el ver al hombre en la ventanilla, me dio mucho corte y un subidón de excitación, no hacía más que preguntarle ¿me habrá visto los pechos? ¿Me habrá visto el coño? y preguntas similares.

    Después de este encuentro con el voyeur, Ernesto cambió totalmente, si antes podríamos decir que era bastante celoso y no le gustaba que llevara escotes ni minifaldas cuando estábamos con alguien, después de esto y ver con la fuerza que tuve el orgasmo ese día, pasó a ser mucho más juguetón, me pedía que provocara, pero como accidente, dejando ver el escote al agacharme o el final de las medias al cruzarme de piernas.

    Cuando llevábamos más de 10 años casados y con hijos, cada vez que salíamos el juego era más atrevido, saliendo de casa sin ropa interior y volviendo a casa con una excitación importante los dos según se hubiera dado la noche. Hacíamos el amor recordando escenas en las que se supone que alguno me había visto los pezones o se había dado cuenta que no llevaba bragas.

    Si íbamos con gente conocida, no lo hacíamos, solo cuando íbamos solos de marcha, como le llamábamos a nuestros juegos, pero una tarde, en la que habíamos quedado a cenar con un cliente argentino de mi marido, me dijo:

    -Por qué no te pones esta noche, la blusa negra de seda sin sujetador. Total, Fernando (así se llamaba el cliente) vive en Argentina y no creo que le volvamos a ver, al menos en algunos años. Y así se lleva un gran recuerdo de España.

    -Me da corte -le contesté- no es lo mismo que me vea un desconocido a que me esté mirando, y excitándose, alguien con el que vamos a estar cenando varias horas.

    Ernesto se acercó a mí, me besó el cuello y me dijo al oído:

    -¿tú sabes lo cachonda que te vas a poner y como vamos a disfrutar luego nosotros? No seas tonta, te va gustar, además solo tienes que llevar más botones abrochados para controlar lo que se pueda ver.

    El ir sin sujetador con la blusa de seda, era excitante, el roce se los pezones con la suavidad de la tela hacia que me excitara, así que poco a poco me fui convenciendo a mí misma de que podía ser una buena experiencia, y que Fernando se hiciera una paja esa noche pensando en mis pechos, empezó a ser una idea atractiva.

    Cuando salimos de casa, Ernesto se fijó en que no llevaba el sujetador, me dio un beso y me dijo al oído:

    -Quiero que Fernando llegue a verte los pezones.

    Me separe de él, y le dije:

    -De eso nada, te tienes que conformar a que note que no llevo sujetador y vea el movimiento de mis pechos, pero llevaré los botones abrochados sin dejar que se vea nada.

    Con un gesto de resignación de Ernesto salimos de casa. En el coche empezó a poner su mano derecha en mi muslo notando que llevaba medias e intento seguir subiendo para comprobar si llevaba bragas, pero no le dije.

    -Así usas tu imaginación -le dije.

    Al llegar al restaurante nos pasaron a la mesa que había pedido Ernesto en un reservado y nos tomamos una copa mientras esperábamos a Fernando. Durante esos 10 minutos, mi marido empezó a provocarme desabrochando 2 botones de la blusa a lo que yo oponía resistencia volviéndolos a cerrar, pero cuando tenía tres botones desabrochados que iba a cerrar, llegó Fernando y no me dio tiempo.

    Me presento y noté como la miranda de Fernando se quedó congelada en mi escote durante unos segundos, bueno quizás fue menos pero a mí me pareció una eternidad, y eso me violento, pensando en que mi marido me las iba a pagar, pero a la vez sentí que mi cuerpo reacciona a la mirada con agrado, haciéndome sentir que se me calentaban las orejas y se mojaba mi coño.

    Nos sentamos a cenar, y Ernesto hizo que se Fernando quedara a mi izquierda, desde donde tenía la mejor posición para ver mi escote.

    Durante la cena, entre las charlas y el vino me fui olvidando de la vergüenza inicial que me produjo tener tres botones desabrochados y me subía la excitación cada vez que pillaba a Fernando mirando por mi abertura.

    Mi enfado inicial con mi marido por haberme dejado con tres botones abiertos, no me dejó darme cuenta que el cuarto botón se había quedado mal abrochado, y que con los movimientos para alcanzar las ostras, que estaban en el centro de la mesa, se soltó del todo.

    No sé cuándo pasó, lo noté cuando vi que las miradas de Fernando eran más continuas, con disimulo me miré el escote para ver que había cambiado y fue cuando me di cuenta: El cuarto botón era la diferencia entre poder ver la parte alta de mis pechos y un poco de canalillo, o poder ver, según mis movimientos ahuecaran el escote, la parte de abajo del pecho, la aureola y el pezón.

    Me subió un calor por todo el cuerpo y me quedé pensando que hacer: ¿cerraba los botones delante de ellos y les dejaba sin espectáculo? ¿Me iba a baño a recomponer mi blusa y salía con el escote cerrado? o ¿me hacia la distraída y dejaba que Fernando viera mi todo mi pecho, pezón incluido?

    Por una parte estaba muy excitada y me apetecía seguir poniéndolos cachondos, pero por otra me daba mucho corte. Cuando estaba con esas dudas, noté que me llegaba un mensaje al reloj, para estas cosas siempre llevamos Apple Watch de 5 generación que nos permitía salir de casa sin móvil ya que tenía una SIM virtual que lo hacía totalmente autónomo, lo miré y vi que era de mi marido decía: «Estas preciosa, ni se te ocurra». Era uno de los mensajes que teníamos pregrabados para nuestros juegos.

    Con disimulo, le contesté otro de los mensajes pregrabados, podías usar con dos toques de forma disimulada, «me está viendo el pezón ¿te gusta?»

    Cuando Ernesto recibió el mensaje, me hizo una señal diciendo que SI.

    Eso me excitó aún más, era la primera vez que me veía el pecho alguien conocido, noté otra vez como la sangre subía hasta mis orejas que se debían estar poniendo rojas como un tomate, por suerte tenía el pelo largo que las cubría.

    A partir de ese momento la excitación se apropió de mi cerebro y fui adoptando posturas que le permitieran ver mis pechos con mayor claridad, mientras notaba que mis bragas estaban totalmente empapadas.

    Cuando vino el camarero, Fernando sacó su móvil y le pidió que nos hiciera una foto. Se levantó y se puso entre nosotros poniendo su mano encima de mi hombro. El camarero disparó la foto y la repitió, sin que nadie le dijera nada usando el flax.

    Mi marido cogió el teléfono al camarero, se quedó mirando la foto y no pudo evitar llevarse la mano a su entrepierna, dijo:

    -Tú has salido muy guapa, Fernando se va a llevar un gran recuerdo de Madrid.

    Le cogí el teléfono y me quedé mirando la foto que dejaba constancia de mi escote. Al ponerse detrás Fernando había corrido la blusa, sin que lo notara, dejando que entre las telas de la blusa se viera ver claramente mi pecho derecho entero, con aureola y pezón incluido

    Me puse súper excitada y le pase el teléfono a Fernando.

    Noté como Fernando agrandaba la foto y se quedaba mirando mi pecho en primer plano.

    Le pedí que la borrara, pero Ernesto me dijo: «No seas tonta ¿no haces topless en la playa? deja que Fernando se lleve un buen recuerdo.»

    -Bueno pero, por favor, no la muestres dame tu palabra.

    Fernando dijo: “Te doy mi palabra, solo si me dejáis que os invite a una copa en un local que ha abierto, aquí al lado, un amigo el mes pasado y me gustaría pasar a saludarle».

    Aunque estaba muy cortada y súper excitada, dije: “vale, pero nosotros tomamos una rápida y no vamos”.

    Con esa intención salimos del restaurante hacia el local del amigo y lo que pasó allí es otra historia.

    Continuará.

  • Adiós a mi inocencia (Segunda parte)

    Adiós a mi inocencia (Segunda parte)

    Por fin llegó el fin de semana tan esperado. Hoy es sábado y tuve una noche reparadora, me siento muy bien y con muchas energías para gastar. Sin embargo, mis nervios siguen sin control. Ráfagas de escalofríos, invaden mi cuerpo. Ayer, Claudio me dijo que no podía fallarle, que ese era el compromiso. No puedes dejarme mal ante mis amigos, sentenció duramente. Para mí, tus deseos son mandatos que siempre cumpliré al de la letra, le repliqué. Además, entiendo, que eso fortalece tu naturaleza de macho dominante, agregue escuetamente. Pero, continué diciendo… si yo fuera una mujer verdadera, estoy seguro que no te habrías comprometido a socializar con esos pervertidos de tus amigotes, reclame algo molesto.

    Me miró fijamente, y después de un largo silencio, unió sus palabras: La última novia que tuve, me rogó que le diera el gusto de realizar una antigua fantasía. ¿Qué fantasía?, pregunté ansioso. De hacer el amor con mis mejores amigos, contestó. Y ¿lo hiciste cariño mío?, exclamé con asombro. Sí, respondió… pero, lamentablemente, ella se enamoró de uno de mis amigos. ¿De quién?, pregunté con impaciencia. De uno de los que vienen a gozar mañana. ¿De cuál de los dos?, lo interrogue. ¿De quién crees tú? No lo sé, respondí, con la inquietud de saber. Guardó silencio. Y, con una ira hipócrita, le dije, entonces, me estás usando para uno de tus experimentos… ¡De ninguna manera!, protestó irritado. Y, entonces, ¿Qué?

    Me quiero demostrar a mi mismo, que los sentimientos del amor, son superiores a las relaciones carnales…

    Pero, cariño malo, las relaciones sexuales, desencadenan nuevos, y a veces, potentes sentimientos misteriosos, justifique tímidamente…

    ¡Eso es verdad!, afirmó con seguridad experimental.

    Pero entonces, es ahí donde empieza la libre competencia que justifica la infidelidad, sugerí con mucho cuidado para no herirlo con crueldad…

    Así es, lo aprendí directamente de las palabras de mi novia, cuando me despedí para siempre. En mi corta historia con ella no hay vuelta atrás, sentenció con amargura. ¿Por qué, cariño?, susurré con espanto. Porque ella, reveló la parte débil de mi teoría sobre el amor…

    ¡Qué horror!, repliqué!… por favor Claudito, explícame eso, para estar más relajado mañana…

    Me comentó, que ella, durante toda la noche de orgía, sólo tuvo profundos orgasmos con uno de sus amigos y que, ¡¡¡siempre fue igual cuando la montábamos… sea con dulzura o locura!!!

    Mi cuerpo estaba lleno de sensaciones extrañas, deseos y pensamientos. Me da vuelta todo lo que conversamos ayer. Me fui al dormitorio, abrí un cajón y tomé todos los calzones que había comprado. Los puse todos ordenadamente sobre la cama. Todos eran hermosos. Pero, tomé uno de color amarillo porque me llamó la atención un detalle. En la parte superior y a un costado, tenía bordado dos pequeños corazones entrelazados. Me los puse y me vestí.

    En pocos minutos estaba en su casa. Almorzamos tranquilamente y bebimos una copita de vino. Después, nos fuimos a descansar al dormitorio. Recostados sobre la cama, dormimos casi una hora. Él se despertó primero, se desvistió sigilosamente sin darme cuenta y comenzó a jugar con su sexo en mi cara. Regaloneé unos pocos instantes más, pero la calentura me obligó a abrir los ojos… ¡Qué hermoso y grande está!, exclame con gusto. Lo tomé con mis dos manos, estando acostado todavía, y lo besé con ternura maternal.

    Me senté en la cama y rápidamente comencé a desnudarme. Cuando me iba a bajar los calzones, me interrumpió, ordenando que los dejara puesto.

    ¿Por qué? reclamé, quiero volver a ser tuya otra vez… continué diciendo.

    Claudio me miró con dudas en la cara, y dijo: ¡no debes olvidar en ningún momento, que esta noche te romperemos el trasero entre los tres!

    Eso hice, desde ese mismo instante. Me senté al borde de la cama, frente a él que estaba de pie. Comencé a lamer su sexo, mientras con mis manos acariciaba su cintura. Entre abrí mi boca para humedecerlo con los jugos de mi lengua. Lo empape, a lo largo y ancho de todo su maravilloso espesor, durante mucho tiempo. Los dedos de sus manos, se entretenían en mi pelo, deslizándose por la nuca y extendiéndose de lado a lado por mis hombros…

    Aludes de placer interminables, nos envolvieron con intermitentes jadeos que retumbaban en las paredes de las bocas… Sin embargo, no podía dejar de pensar en la orgia que viviría esa noche y, una y otra vez, en el macho que le hizo expulsar, repetidos orgasmos a la puta de su exnovia.

    Pero, Claudio me hacía volver a la realidad, interrumpiendo mis pensamientos y sensaciones eróticas…

    Ahora, tenía anclado en mi boca, su grueso y duro sexo. Sentía sus palpitaciones apresuradas, atrapadas en las paredes húmedas de la garganta. Las primeras gotitas de su savia se deslizaron dulcemente al interior de mi cuerpo caliente…

    Mientras él, empujaba y retrocedía. Atragantado, sentí que me encontraba entre dos mundos. No sabía cuál de los dos era más verdadero…

    Cerré los ojos por algunos momentos, y sentí que mis nalgas se abrieron infinita vez más que la vez anterior con Claudio, y que su fastidioso amigo, que aún no conocía, me penetraba sin permiso. Entonces, mi cuerpo se convulsionó varias veces y mis calzones amarillos, sentí que se mojaron. Con espanto y vergüenza, abandoné ese mundo. Abrí los ojos y vi como Claudio, desesperadamente bombea mi boca, para después de algunos instantes, agarrado de mi pelo, lanza a chorros su sustancia más íntima para que la bebiera. Eso hice… Me la tomé toda, hasta el último sorbo con angustia…

    Mientras degustaba su delicioso manjar, me di cuenta que el pervertido del Claudio, me había convertido en una puta caliente que sólo podría saciar su hambre en orgias.

    ¡Un mundo nuevo se abrió ante mi!

    De pronto, volví a mis cabales. Con su sexo aún dentro de mi boca, succionaba desesperado las últimas migajas del pastel, con los brazos entrelazados a su cintura. Lo retiró con un solo y único movimiento, y vio como mis calzones amarillos estaban empapados, mojando el brillo del piso del dormitorio. Me miró y dijo: veo, que gozaste mucho más que el otro día… ¡Si…! le dije, esta vez fue muchísimo más intenso. Pero, sólo yo sabía porque había sido más intenso y misterioso…

    Nos duchamos juntos, me vestí y me fui. Desde la puerta de su casa, me dijo a viva voz: ¡Te espero de vuelta a las nueve de la noche!

    ¡Sí!, le grité…

  • El incesto de los incestos

    El incesto de los incestos

    Andrea acababa de cumplir 24 años y tenía la misma estatura que su hermano, 1, 70. Sus ojos eran negros y su cabello castaño y muy corto.  No era gorda ni delgada, sus tetas tenían grandes areolas oscuras y pezones medianos, sus caderas eran anchas, su cintura estrecha y su belleza era discutible.

    Alfredo tenía 32 años y era un hombre de lo más normal. Estaba en la cocina vestido solo con un delantal e iba a hacer una tortilla de patatas con mucha cebolla. Su hermana, que estaba desnuda cómo él y se sentaba en una silla de la cocina, le dijo:

    -Tienes un culo precioso, Alfredo.

    -El tuyo sí que es precioso y además envicia.

    Andrea cogió un cigarrillo de una cajetilla de Winston que había sobre la mesa y antes de encenderlo con un mechero le dijo:

    -El tuyo también envicia. ¿Crees que somos unos guarros por comerlos?

    -Lo somos, y lo sabes, hermana.

    Andrea se acercó a su hermano mientras pelaba una patata, le arrimó las tetas a la espada, lo besó en el cuello y le echó una mano a la polla. Alfredo giró la cabeza, le dio un pico, y después sonriendo le dijo:

    -Y a ti te gusta que sea una guarra, guarro. Tengo ganas de correrme otra vez.

    Echó una calada y después tiró el cigarrillo en el fregadero, donde se apagó al estar este mojado. Alfredo le dijo:

    -Eres incansable.

    -Paso muchas necesidades.

    Meneando su polla le mordió el lóbulo de una oreja. Alfredo se quedó quieto con el cuchillo en una mano y una patata en el otro. Andrea se puso en cuclillas, abrió sus nalgas con las dos manos y le lamió y folló el ojete con ganas. Lamia cómo una perra y le follaba el culo al estilo de los conejos, luego se dio la vuelta y con sus manos en las nalgas de su hermano le mamó la polla. Alfredo, le dijo:

    -Desde luego saliste bien caliente, Andrea.

    Sacó la polla de la boca para decir:

    -Bien puta, Alfredo, bien puta. Si supieras la cantidad de pajas que me hago pensando en hombres…

    Alfredo le habló con voz fraternal.

    -Anda, ponte en pie, traviesa.

    Se levantó, la morreó y después le magreó y le comió las tetas… Hizo que levantara una pierna y pusiera un pie sobre el borde del fregadero. Su ojete y su coño quedaron a su disposición. Le lamió el ojete y se lo folló con la lengua a ver que le decía, y le dijo:

    -Te veo venir.

    -Ya va siendo hora de que te desvirgue el culo.

    Por vez primera iba a dejar que la polla de su hermano jugase con su trasero.

    -Si me duele mucho, paras.

    -Sí, no tienes más que decir que pare y pararé.

    Alfredo cogió la tarrina de la margarina en la nevera, untó el dedo pulgar con ella y besando sus nalgas se lo metió dentro del culo. Andrea gimió con el gusto que sintió. Alfredo le dijo:

    -Se ve que te gusta.

    -¡No me gusta, me encanta!

    Después de un par de minutos de follarle el ojete con el dedo, le preguntó:

    -¿Quieres que te la meta?

    -Prueba a ver si entra.

    Untó la polla con margarina, le acercó la punta al ojete, empujó y le metió la punta, Andrea dio un pequeño brinco en un solo pie y la polla salió del agujero.

    -¡Es demasiado gorda!

    -¿Y?

    -Y no va a entrar.

    Tener aquel culito a su alcance y dejarlo ir no estaba entre los planes de Alfredo. Volvió a empujar y le metió el glande.

    -¡Duele!

    La sacó, se agachó y le volvió a lamer a follar el ojete con la lengua. Al rato untaba de nuevo de mantequilla el dedo pulgar y le follaba el culo con él. Poco después Andrea ya estaba más que cachonda. Su coño echaba por fuera y goteaba en el piso de la cocina. Tan cachonda se puso que le dijo a su hermano:

    -Prueba a meterla otra vez.

    Volvió a untar la polla con mantequilla, se la frotó en el ojete. Sintió cómo se abría y se cerraba. Apretó la polla contra él. Andrea apretó su culo contra la polla y sin empujar fue entrando el glande poco a poco y sin producirle dolor. Al entrarle la corona, dijo:

    -¡Joder, es cómo si me hubieran metido un salchichón en el culo!

    Exageraba, ya que la polla era gordita, pero era una polla de lo más normal. En fin, que apretando los dos, sin empujar, la polla entró hasta lo más profundo de su culo. Alfredo magreaba sus tetas con ganas, pero los pezones los acariciaba con delicadeza. A Andrea le iba la marcha.

    -Aprieta más los pezones que no se van a romper.

    Magreó sus tetas con más fuerza y pellizcó sus pezones. Andrea se metió un dedo en el coño, luego lo llevó a la boca de su hermano, y le dijo:

    -Mira cómo estoy.

    Alfredo chupó el dedo, y después le dijo:

    -Deliciosa, estás deliciosa.

    Andrea le enseñó dos dedos, los chupó y Le dijo:

    -Con estos dos me voy a correr.

    Metió los dos dedos dentro de la vagina y se masturbó moviendo el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Alfredo pellizcando sus pezones, viendo cómo su polla entraba y salía del culo de su hermana, sintiendo sus gemidos y sintiendo el chapoteo que hacían los dedos dentro del coño, se corrió cómo un lobo dentro de su culo. Andrea al sentir la polla latir y sintiendo la leche inundando su culo, se corrió a lo grande, soltando jugos cómo si su coño fuese un aspersor.

    Al acabar le quitó la polla del culo y la leche comenzó a salir de él. Andrea bajó la pierna del fregadero, cogió un trapo y limpió sus jugos del piso, se limpió el culo con otro, y después le dijo:

    -Dame el mandil. Acabo de hacer yo la tortilla.

    Se lo dio y le dijo:

    -Voy a la despensa a por el vino. ¿Lo quieres blanco o tinto?

    -¿Cuál crees que le va mejor a mis tetas, Alfredo?

    -Para la carne, tinto.

    -Pues trae tinto y no tardes.

    En broma, le dijo:

    -No tardaré, no vaya a ser que te sorprendan así vestida y cuando vuelva estés follando con otro.

    – O con otra.

    Su respuesta le dio que pensar. Le preguntó:

    -¿Probaste algún chochito más desde la última vez que nos vimos?

    -¿Tú que crees?

    -¿A quién se lo comiste?

    -Se dice el pecado, no las pecadoras.

    -Entonces comiste más de uno…

    -Puede ser.

    -Me acabas de excitar de nuevo.

    -Ven y dame un beso.

    -Si voy te voy da algo más que un beso.

    -Lo sé, ven.

    Andrea se quitó el delantal mientras Alfredo iba a su lado. Al tener su boca junto a la de su hermano, le echó las manos a los hombros, hizo que se agachara, y después de llevar su cabeza hasta su coño, dijo:

    -Ahí, bésame ahí.

    Le dio un beso en el clítoris, le abrió el coño con dos dedos y vio que aún seguía allí parte de la corrida que acababa de echar. Lamió los jugos y después le lamió los labios vaginales. No le tocó el ojete porque aún lo tenía sensible. Enterró y sacó la lengua en su coño varias veces, después lamió de nuevo sus labios vaginales y acto seguido le chupó el clítoris… Se perdió en ese bucle…, bucle del que salió cuando su hermana le dijo:

    -Me voy a correr.

    Se levantó, la cogió en alto en peso, la llevó hasta la mesa de la cocina, la echó sobre ella y le acercó la cabeza de la polla a la entrada de la vagina. Le bajó la piel al glande y se lo metió.

    -¡Dios qué gusto!

    Con el glande dentro mojó dos dedos en la lengua y le acarició el clítoris. Andrea cogió el culo de su hermano con las dos manos, tiro de él hacía ella y la polla entró hasta el fondo. Después de un largo mete y saca, le dijo:

    -¡Me corro!

    Andrea entre gemidos y convulsiones se corrió cómo una loba.

    Al acabar le quitó la polla del coño y se la puso en la boca. Andrea la mamó con tantas ganas que ni un minuto tardó Alfredo en correrme en su boca. Luego le dijo:

    -¿Acabaré hoy de hacer la tortilla, hermano?

    Alfredo le respondió:

    -Voy a por el vino tinto.

    Volvió de la despensa con dos botellas de tinto del país. Andrea giró la cabeza, Alfredo la miró y vio que le lloraban los ojos.

    -¿Qué te pasa?

    -Las condenadas cebollas.

    Le miró para la espalda, para el culo y para las piernas. ¡Qué cuerpazo tenía! Cuerpazo al que al echar los huevos batidos, la cebolla y las patatas en la sartén le saltaron un par de gotas de aceite hirviendo. Al sentir las quemaduras se separó de la sartén, y gritó:

    -¡Cooona! (¡Cooooño!)

    -Quítate de ahí que acabo de hacer yo la tortilla.

    Andrea se sentó en una silla. Alfredo moví la sartén para repartir la tortilla y le preguntó:

    -¿Le echaste sal?

    -Sí.

    Poco después estaban comiendo. Seguían desnudos los dos. Andrea ya diera cuenta del vino de su botella, cuando le dijo a su hermano:

    -Sabes, si me tocase la primitiva mandaba a tomar por culo todo y tendría un harén cómo tienen los árabes.

    -¿De mujeres?

    Comió un trozo de tortilla, después un trozo de pan y le respondió:

    -De hombres… A ver, ya sé que me llamarían de todo si lo supieran, pero…

    -No hay pero que valga, eso no lo podrías tener.

    -Camuflado, hombre camuflado.

    -¿Y cómo camuflarías una cosa así?

    -Comprando un equipo de fútbol. Me los iba a follar a todos.

    -Tonta no eres, no. Ibas a tener polla para aburrir.

    -La polla nunca aburre, pero bueno -suspiró-, hoy me tengo que conformar con la tuya.

    Estaba ninguneando a su hermano, pero Alfredo no se lo tuvo en cuenta.

    -¡Serás…!

    -Puta, soy muy puta. ¿Te echo otro vaso de vino?

    -Tú lo que quieres es echar otro vaso para ti.

    -Hombre, si tú no lo bebes…

    -Deja alguno para tus tetas.

    -¿Es qué no tienes más?

    -Tengo.

    -Pues echa, hombre, echa.

    Alfredo echó los dos vasos de vino.

    -Que no se diga que lo lloro.

    Algo después, al acabar de comer, Alfredo estaba con la barriga llena y no le apetecía follar, le dijo:

    -¿Tomamos la siesta?

    Lo miró con cara de picarona, y le preguntó:

    -¿En tu cama o en la mía?

    -Hoy estás muy socarrona.

    Andrea se puso a cantar:

    -Era o viño meu ben, era o viño… (Era el vino mi bien, era el vino…)

    Al oírla cantar Alfredo supo que el vino le había hecho daño a su hermana.

    Una hora más tarde Alfredo se despertó en su cama con un brazo levantado y la lengua de Andrea lamiendo su axila izquierda. Se estiró y bostezó para desperezarse. Andrea le levantó el otro brazo y le lamió la otra axila, después lo besó con lengua. Andrea ya se había lavado la boca, pero la de Alfredo le olía mal hasta a él. Le dijo:

    -Espera que ahora vuelvo.

    Fue a la cocina y enjuagó la boca con vino. Los platos seguían encima de la mesa. Escupió el vino de su boca en el fregadero sobre el cigarrillo, luego se mandó un trago con el vino que quedaba en la botella y volvió a la habitación. Se echó encima de su hermana, pero Andrea le dio la vuelta y se puso ella encima. Volvió a empezar, pero esta vez por la boca de su hermano, después de besarse le puso el pezón de la teta izquierda en la boca, se lo lamió, a continuación le puso la areola, lamió alrededor y después mamo, luego fueron el pezón de la teta derecha y la areola los que lamió y chupó. Lamió y besó sus axilas, su vientre y después bajó hasta la polla empalmada, lamió y chupó sus huevos y luego le lamió el glande cómo si fuera un chupa chups. A continuación se lo mamó unas veinte veces, y después le dijo:

    -No te corras dentro.

    -No te preocupes, si siento que me voy a correr la saco y me corro en tu culo.

    Confió en su hermano. La polla apuntaba hacia arriba cuando lo montó, la acomodó en la entrada de la vagina, empujó con el culo y la metió hasta el fondo de un tirón. Se echó sobre él, y le dijo:

    -Follemos cómo si esta fuera la última vez.

    Alfredo comenzó a meter y a sacar despacito… Al parar él era Andrea la que con su coño metía y sacaba lentamente. Sus labios y sus lenguas se juntaron. Se besaban al mismo ritmo que se follaban… Transcurrido un tiempo el coño de Andrea apretó la polla de su hermano y después la bañó con una grandiosa corrida mientras le chupaba la lengua y temblaba sobre él. Acabó de correrse y siguieron follando y besándonos cómo antes… Tiempo después Andrea ya no dejaba que su hermano marcase el ritmo. Lo follaba ella a toda pastilla. Su boca devoraba la de Alfredo y las tetas se frotaban con su pecho. Entre gemido y gemido, le dijo:

    -Dime que me quieres.

    -Sabes que te quiero, hermana.

    -No quiero que me quieras cómo me quieres. ¡Ay que me corro! Quiero que me quieras cómo yo quiero que me quieras. ¡Me voy a correr!

    -Córrete. Te quiero cómo tú quieres que te quiera, Andrea.

    -Demuéstramelo, córrete dentro de mí.

    Se incorporó y echando la cabeza hacia atrás y las tetas hacia delante se corrió en la polla de su hermano, gimiendo y diciendo:

    -¡Dame tu leche, dámela, dámela!

    Alfredo no se la dio, la sacó y se corrió fuera. No podía dejar preñada a su hermana, aunque sabía que ella buscaba un hijo suyo para mandar todo a mierda y venir a vivirse con él.

    Andrea al acabar de disfruta salió de la cama, y cogió en el respaldo de una silla su hábito de monja bajo el que estaba la sotana de su hermano.

    Una vez vestida con su cofia, con su hábito y con el gran crucifijo colgando, parecía una santa. Su hermano le dijo.

    -Ven aquí que te quiero volver a follar con el hábito puesto.

    -¿Y eso?

    -Morbo puro y duro.

    -Voy si te corres dentro.

    -Vale, ven.

    ¿Se correría dentro?

    Quique.

  • Deseo, disfrute y desenfreno (4)

    Deseo, disfrute y desenfreno (4)

    Llevaba algo más de un mes sin saber de D3. Pensaba que se habían olvidado de mí, pero ahora andaba más ocupada puesto que había encontrado un nuevo trabajo y no tenía tanto tiempo para pensar en ello. Era viernes por la tarde y el estrés y el cansancio acumulado de toda la semana ya se notaba, necesitaba desconectar. Al llegar a casa tenía en el buzón una propaganda de un nuevo spa no muy lejos de mi casa que decía así: «Nuevo Spa la Nube ven a conocernos este sábado por la mañana y disfruta de tú primera hora gratis». Decidí que debía ir a conocerlo y aprovechar esta oportunidad para desconectar lo que me iría genial. El sábado por la mañana me preparé mi bañador, mi gorro de baño y mis chanclas, las metí en mi bolso y me dirigí a la dirección del Spa.

    Cuando llegué vi que no era un local muy grande y que parecía bastante tranquilo. En la recepción me recibió una simpática chica, que me explicó el funcionamiento del Spa, me dijo los servicios de los que disponían y me acompañó hasta los vestuarios donde me proporcionó un biquini, gorro, chanclas y albornoz que debía usar durante mi estancia allí. La verdad que me sorprendió el que te dieran incluso el biquini, pero me dijo que era una norma de higiene. No le di más vueltas y comencé a cambiarme pues me moría de ganas por relajarme en el agua. El biquini que me dieron era de estos típicos de triangulitos, que para mí 90D de pecho tapaba más bien lo justo y dejaba poco a la imaginación, pues su fina tela blanca remarcaba mis oscuros pezones. Lo mismo ocurría con la braguita que era de esas que se atan con cordoncitos a ambos lados y dado mi voluminoso trasero, tan solo tapaba la mitad y menos mal que llevaba mi rajita bien depilada porque estoy segura que si no, se me hubiera transparentando todo.

    Me puse el albornoz y me dirigí hacia la zona de las piscinas. En primer lugar me decanté por una pequeña piscina de hidromasaje que en aquel momento se encontraba vacía, menos mal, pues me dada algo de corte sacarme el albornoz dada la escasa ropa que llevaba. Entré en la piscina y tras aclimatarme me coloqué en uno de los asientos para relajarme con la presión de los chorros en la espalda. Se estaba en la gloria, tan relajada me encontraba que cerré los ojos y desconecté.

    De repente noté unos suaves roces sobre mi rajita, primero creí que era algún nuevo chorro y me dejé llevar, la verdad que me estaba calentando y todo, pero pronto vi que no se trataba de un chorro, abrí los ojos sobresaltada. Frente a mí se encontraba un guapo moreno de unos 30 y poco años, con unos lujuriosos ojos dorados y un trabajado pecho color miel que sobresalía del agua. Al mirarlo no pude evitar relamerme los labios y excitarme haciendo que mis pezones se endurecieran, rozando amenazantes la mojada tela del biquini. Sus ojos no dejaban de mirarme consiguiendo intimidarme, mientras que su pie seguía el camino que ya había comenzado.

    La verdad que me había quedado en shock y no era capaz de moverme ni quejarme, lo único que fui capaz de emitir fue un leve gemido. Su pie seguía con su sube y baja y yo me encontraba a mil, creía que iba a explotar, cuando de repente alguien más se acercó a la piscina y sus caricias cesaron, floto hasta mi sitio y antes de salir de la piscina se acercó a mi oído y me susurro: «Esto ha sido solo el principio» Besó dulcemente el lóbulo de mi oreja y se marchó. Buff… estaba que echaba chispas.

    Tarde varios minutos en reaccionar, pero cuando por fin volví en si decidí que era hora de probar otra zona. Pase en primer lugar por una travesía de agua helada, que hizo bajar mi temperatura corporal, lo cual necesitaba la verdad. Cogí mi albornoz y me decante por ir a la sauna. Cuando entré tan solo había una pareja, me coloque en otro extremo para no molestarles. Poco después llego una chica de mi edad con un cuerpo de escándalo, de estatura media, delgadita con unos tersos y grandes pechos y sin un grapo de más, que se sentó a mi lado y comenzó a darme conversación. La verdad que era muy simpática y me sentí muy cómoda conversando con ella. Al poco la pareja abandonó la sauna y la chica que se había presentado como Eva dijo «Ya no aguanto más con este calor voy a sacarme el biquini espero que no te importe» y dicho esto se desprendió de ambas partes de su biquini quedando al aire su tersos pechos y su rosada rajita que no pude evitar mirar por curiosidad.

    E-¿No te animas Sophie? Si no hay nadie más, no te cortes que hay confianza- Y me lanzó un guiño, lo que he de decir que en cierta manera me excito.

    S- No así estoy bien, además me da vergüenza mostrar mi cuerpo que comparado con el tuyo…

    E- Pero si estas estupenda, mira que preciosos pechitos tienes- Y comenzó a sopesar mis pechos entre sus manos.

    E- Son ideales- continuo mientras pasaba sus pulgares sobre las aureolas que ya se encontraban como piedras- Yo estaba petrificada por las sensaciones y me deje llevar.

    E- O vamos muéstrame esos pechitos- Y como hipnotizada por Eva me sabe el biquini

    E- Que preciosidades!! Me muero por probarlos deben estar deliciosos.

    S- Oh… yo no, eeeh… no me gustan las mujeres- conteste como pude mientras me apartaba un poco de Eva acalorada por los vapores de la sauna y la situación.

    E- Sssh!! Silencio, tu solo túmbate aquí y disfruta- dicho esto callo mi boca con un beso húmedo que me dejo sin aire y me ayudo a tumbarme sobre su falda en los asientos de la sauna.

    Comenzó a trazar círculos alrededor de mis pezones mientras me miraba fijamente a los ojos, después me dio ligeros pellizcos en estos, haciendo que se me escaparan ligeros jadeos. Se levantó y dejándome sobre el banco se situó en el bando inferior de rodillas, y colocando su suave boca sobre mis pechos, empezó a dar deliciosos lametones, deteniéndose en mis duros pezones, dándoles mordisquitos y succionándolos. Dios, a pesar del seco calor de la sauna sentía mi entrepierna empapada, no creía que pudiera aguantar más. Eva sentía que mi excitación subía y fue aumentando el nivel de succión, mezclado con lametones y mordiscos a la vez que amasaba mis pechos en sus manos. Llegó un punto en el que no pude más y me deshice en un delicioso orgasmo. No podía ser, solo con jugando con mis pechos había conseguido que me corriera, que más podría haber si seguía más abajo…

    Eva me saco de mi ensoñación y me dijo que deberíamos salir que no queríamos que nos diera un bajón de tensión. Me ayudo a incorporarme y nos dirigimos a la ducha fría que había a la salida. Allí me acaricio el cuerpo a la vez que el frio agua caía por mi cuerpo, cuando el chorro cesó lamio suavemente las frías gotas que resbalaban por mi cuello, pechos, abdomen, llegando hasta algo más abajo de mi ombligo y deteniéndose ahí. Esto hizo que un suave escalofrió recorriera cada rincón de mi cuerpo poniéndome los pelos de punta. Después me puso el albornoz y me dijo:

    E- Ven sígueme, iremos a un lugar más privado- Yo caminé detrás de ella contemplando como se contoneaba su trasero al andar.

    Llegamos a la zona de las hamacas calientes, que se encontraba en un rinconcito apartado lo cual creaba una atmosfera más privada y mágica gracias a la tenue luz y al suave hilo musical que había. Allí Eva me deshizo del albornoz y me insto a tumbarme junto a ella en una de las hamacas dobles, lo cual a estas alturas no dude. Se volvió hacia mi y comenzó a besarme, siguiéndole yo el juego, la verdad que nunca había pensado que liarme con una mujer podía ponerme tanto.

    E- Veo que todavía llevas mucha ropa- dijo con una mirada lujuriosa y la vez que una de sus traviesas manos tiraba de uno de los cordoncitos de la braguita de mi biquini, siguiendo por el otro hasta dejarme desprovista de esta.

    E- Ummm… que bonita rajita- dijo mientras su dedo índice la recorría de arriba a abajo

    E- Y decías que no tenías un cuerpo bonito – me planto otro beso húmedo a la par que trazo un suave circulo sobre mi clítoris que hizo que se me escapara un gemido ahogado por su beso.

    Deshizo el beso, y comenzó a lamer delicadamente cada parte de mi cuerpo, bajando por mi cuello, pasando por mis pechos sin detenerse demasiado en estos, siguiendo hasta mi ombligo, trazando suaves círculos en este y continuando por mi línea alba, deteniéndose al llegar a mi zona sensible y desviándose hacia la ingle izquierda, volviendo a subir hasta el principio de mi rajita y volviendo a bajar ahora por la ingle derecha.

    S- Por favor, no puedo más cómeme la rajitaa… uff..- Ni yo me reconocía ya a estas alturas, jamás pensé que le diría esto a una mujer.

    E- Umm… parece que estoy sacando tu lado sucio Sophie. Estaré encantada de comerme tu dulce néctar- dicho esto su lengua se dirigió hacia mi clítoris, bajando un poco más hasta saborear todos mis jugos que empapaban a estas alturas la hamaca.

    E- Estas de vicio- y sin darme tiempo a reaccionar me planto un beso salvaje, haciéndome saborear mi propio néctar.

    Después, volvió a acomodarse entre mis piernas, con una mano separó mis labios vaginales, dejándome totalmente expuesta, y no tardaron en volver sus lametones recorriendo toda mi rajita, subiendo la intensidad a la vez que notaba que aumentaba mi excitación, de vez en cuando se detenía a succionar mi clítoris dándole después pequeñas y rápidos lametones. Me estaba volviendo loca, como lo hacía esta mujer, estaba experimentando sensaciones que jamás pensé que fueran posibles. Finalmente me deshice en un increíble orgasmo que tenso todas mis terminaciones nerviosas, dejándome convulsionando de placer. Entonces Eva recogió todos mis jugos con su hábil lengua y de nuevo vino hasta mi boca inundándome de mis propios jugos con su beso. Permanecimos unos minutos tumbadas mientras me recuperaba del increíble orgasmo.

    E- Vayamos a darnos un baño- Dijo mientras se levantaba y se cubría con su albornoz. Yo hice lo mismo y juntas nos dirigimos hasta el jacuzzi, allí se encontraba el moreno de la piscina de hidromasaje.

    Eva se deshizo de su albornoz y con total naturalidad se dirigió al interior del jacuzzi pero antes se volvió hacia mi.

    E- Vamos Sophie, estoy segura de que un bañito te ira genial ahora mismo- Viendo que no me movía se volvió hacia mi y me desato el albornoz dejándolo caer a mis pies. Instintivamente me cubrí con una mano mis pechos y con otra mi rajita, aunque estoy segura que el apuesto moreno de ojos dorados no hubiera nada que no se hubiera imaginado antes. Después me tomo de la mano que cubría mi rajita y me dirigió dentro del jacuzzi, llevándome hasta el lado del misterioso hombre y colocándose ella a mi otro lado.

    M- Hola preciosa, ya perdonaras antes no me he presentado, mi nombre es Mario- tras lo pues me arreo un morreo

    S- Eeee… en… encantada- dije con voz entrecortada.

    M- Ya te dije que solo era en principio por lo que prepárate porque este te estaba esperando- dijo mientras colocaba mi mano sobre su miembro. Dios con el agua no me había fijado de que también estaba desnudo y menuda talla se calzaba.

    Eva a mi otro lado empezó de nuevo a jugar con mis pechos mientras Mario me excitaba con sus besos calientes a la par que yo jugaba con su miembro que cada vez estaba más duro. De nuevo volvía a estar súper mojada, y no por el agua el jacuzzi precisamente.

    Mario bajó una de sus manos hasta mi rajita y me metió dos dedos al ritmo que yo subía y bajaba mi mano por su polla, mientras Eva seguía entretenida en mis pechos. Cuando no me quedaba mucho para acabar Mario paro en seco.

    M- Ya vale preciosa es hora de que llene ese hermoso cuerpo- Se colocó un condón y tras ello me subió en volandas sobre su cuerpo, quedando mi espalda pegada a su esculpido torso. Tras ello colocó su pollo en mi entrada.

    M- Siéntate sobre ella preciosa- entonces yo me senté a la par que el dio una gran embestida de manera que cerca de 20 cm de dura polla entraron en mi cuerpo de una sola vez

    S- Dios mío me vas a partir- Mario dejo que mi cuerpo se acostumbrara a su polla, luego mientras con sus manos masajeaba mis pechos, comenzó a bombearla dentro de mi ayudado por el vaivén del agua.

    En esas Eva se colocó delante de mí y empezó a besarme y a frotar mi clítoris. Madre mía ya no resistí más y caí en mi tercer orgasmo de la mañana por lo menos, pues ya empezaba a perder la cuenta. Después, Mario se levantó, me hizo colocar doblada sobre el borde del jacuzzi mientras él se colocó de pie tras de mi. Introdujo su polla dentro de mi empezando suavemente para luego ir aumentando progresivamente, chocando en ese vaivén con mi culo.

    Mientras mis pechos se bamboleaban al ritmo de sus sacudidas rozando la burbujeante agua del jacuzzi, lo cual me provocaba un cosquilleo delicioso. En esas Eva me susurro al oído, «es hora de que pruebes mi fruto», tras esto se puso sentada en el borde del jacuzzi, entre mis brazos y acerco su rajita a mi boca. Iba a ser mi primer oral femenino por lo que no pude evitar sentirme nerviosa. Comencé lamiendo toda su rajita inspeccionando el terreno y saboreando sus dulces jugos. Luego me centre en jugar sobre su clítoris, succionando y lamiéndolo a fondo y aumentando la velocidad a la par que las embestidas de Mario aumentaba la velocidad y con su mano frotaba mi clítoris.

    Sentía que no iba a aguantar mucho más. Poco después sentí como de nuevo caía en otro tremendo orgasmo y sentí como mi cuerpo se contraía sobre la dura polla de Mario, que tras esto se vino. Yo continúe ansiosa con mi labor hasta que un momento después Eva se corrió en mi boca. Estábamos exhaustos y los tres nos quedamos sentados en el interior hasta que nos relajamos.

    Finalmente, salimos y nos pusimos nuestros albornoces. Mario se me acerco y de su albornoz saco un sobre, esto es para ti, te lo has ganado y tras un beso de despedida me entregó el sobre. Saque su contenido y me encontré con la ya familiar tarjeta de D3 en la que salía el siguiente mensaje: «Espero que te hayas relajado y hayas dado a basto. Estate atenta porque nunca se sabe cuando puedes volver a tener noticias nuestras. Un saludo. Isabella». Madre mía que intriga me creaba esta tarjeta, que sería lo próximo, superaría a esta última aventura…

    Espero que este relato os haya excitado tanto como a mi mientras lo escribía. A Sophie todavía le quedan muchas experiencias por vivir por lo que si tenéis alguna sugerencia estaré encantada de escucharlas, así como de leer todos vuestros comentarios.

  • La inocente sirvienta

    La inocente sirvienta

    Alejandra era una joven que recién había terminado sus estudios y deseaba encontrar su primer empleo ya que vivía con su madre y su padrastro, era una joven tímida, pero muy bonita media 1.60 no era delgada más bien lo que se dice rellenita, pero muy bien distribuida cosa que hacían resaltar sus hermosas piernas y su redondo culazo, tenia cabello largo negro que le llegaba a la cintura y con su piel blanca y sus grandes ojos negros era todo un poema verla.

    Buscando empleo en el periódico encontró un anuncio donde solicitaban una empleada del servicio muy educada y bien presentada, al no encontrar muchas posibilidades llamó al anuncio y le contestó una mujer la cual le indicó donde tenía que dirigirse para la entrevista. Al día siguiente Alejandra se levantó muy temprano se vistió de manera informal unos jeans y una camisa de tirantes junto con unas sandalias de plataforma se despidió de su madre y se dirigió al lugar acordado.

    Al llegar se encontró con que el lugar estaba un poco alejado de donde el autobús la había dejado, hecho que hizo que tuviera que caminar durante media hora. Al llegar encontró una enorme casa de 2 plantas, llamó a la puerta y después de unos minutos la recibió una señora de más o menos 50 años, la mujer era alta y muy acuerpada se veía que era de mucha clase. La hizo pasar a una especie de recibidor donde había un sofá grande “siéntese y así piensa que le voy a dar el empleo llegando tarde hasta el día de la entrevista” dijo la señora de pie mirando a la joven que avergonzada agachaba la cabeza y solo pudo balbucear “disculpe señora es que yo no sabía que el lugar quedaba tan lejos”.

    Luego de esto la señora se sentó en frente de la joven y cruzando las piernas la miró durante unos minutos como analizando la linda joven.

    -Y usted si sabe realizar labores domésticas.

    -Pues señora yo no tengo mucha experiencia, pero yo le aseguro que si puedo realizar el trabajo -dijo ella.

    -Le diré que aquí somos muy estrictos con las empleadas del servicio y que no toleramos ninguna falta, está usted dispuesta a aceptar el empleo bajo esas condiciones.

    -Y cuantas personas viven aquí -dijo la joven con un nerviosismo que se le notaba en la dulce voz quebrada.

    -Aquí vivimos mi marido y yo y en algunas ocasiones nos reunimos a tomar él te mis amigas y yo, entonces usted me dirá para traerle el contrato ahora mismo.

    La joven se emocionó y dijo:

    -señora en serio

    -Si claro se nota que es muy educada y obediente.

    La joven le extrañó esto último, pero con una sonrisa dijo:

    -si claro señora.

    La señora se levantó y al cabo de unos minutos volvió con una pequeña caja de donde sacó el contrato y un uniforme de empleada.

    -Mira aquí tienes el contrato, fírmalo y te colocas este uniforme para ver si te queda bien o hay que hacerle algún arreglo y por favor apúrate que tengo que salir.

    La joven tomó el documento y casi sin leerlo lo firmó sin saber realmente lo que estaba firmando, luego le pregunto a la señora en donde quedaba el baño para cambiarse.

    La señora la llevó hasta el baño y cuando Alejandra ya estuvo dentro y sacó el uniforme se mostró confundida, ya que el uniforme era un vestidito de mucama azul muy corto con un delantal blanco que tapaba un poco el frente y se veía que era al menos una talla menos para ella, así y todo se lo colocó y cuando se vio en el espejo del baño se vio una joven con un vestido que le quedaba casi por debajo de las nalgas en la parte de atrás se sintió muy incómoda.

    -Puedes salir ya -dijo la señora desde el otro lado de la puerta ella con mucha vergüenza abrió y le dijo a la señora que ese uniforme le quedaba demasiado corto.

    La señora empezó a girar alrededor de ella como observando su presa y luego la joven sintió como la señora con total descaro con su mano tocaba el límite de su vestido en la parte de atrás rozando así el comienzo de su culo el cual al llevar tangas estaba casi al desnudo.

    La joven se sentía muy nerviosa, pero se quedó inmóvil cosa que la señora aprovechó para con la excusa de seguir tocando el contorno del corto vestido pasó ya varios dedos por las suaves nalgas de la nerviosa joven.

    -Para mi este uniforme le queda perfecto.

    Y cuando la joven estaba diciendo “es que señora este uniforme…“, la señora le dio una fuerte nalgada por encima del corto vestido cosa que hizo que la joven diera un paso adelante asustada.

    -Tú te callas yo soy la dueña de la casa y yo soy la que decido como tienen que estar mis empleadas y tú ya eres mi empleada acuérdate que acabaste de firmar el contrato y que de renunciar tendrías que pagar una gran suma de dinero. Y dime eres una persona aseada?

    -Si señora -dijo Alejandra sin atreverse a mirar la señora.

    -Bueno entonces voy a comprobarlo.

    Luego de decir esto se arrodilló tras la joven y sin darle tiempo a que ella reaccionara le levantó el vestido y le corrió la tanga- inclínese.

    -Pero señora -intentó protestar la joven cuando sintió nuevamente otra nalgada.

    -Cállese e inclínese.

    Ahora la joven obedeció cosa que hizo que el culazo se mostrara en su totalidad frente a la cara de la señora que miraba ese coñito de labios carnosos y ese agujerito rosado.

    Aun con una mano sosteniendo la tanga hacia un lado con la otra introdujo un dedo en el coñito de la joven esta dio un pequeño respingo al sentir ese dedo intruso en su cavidad, pero la señora siguió hundiéndolo hasta dejarlo adentro empezando a un mete y saca, luego lo sacó y metiéndoselo a la boca ahora introdujo dos los cuales volvieron hacer el mismo movimiento. La joven no era capaz de parar lo que la señora le estaba haciendo ya que estaba muy confundida por lo irreal de la situación solo daba pequeños quejidos al sentir los dedos de la señora.

    -Bueno parece que este coñito si está limpio ahora veamos a que.

    Y luego de decir esto sacó los dedos del coñito de la joven y dirigió uno a su culito cosa que cogió desprevenida la joven que casi se cae hacia delante. Ahora si empezó a quejarse un poco más fuerte, pero la señora sin atender a sus quejidos sacó su dedo y luego de escupir bastante saliva en el anito de la joven volvió a introducir su dedo el cual fue introduciéndose más y más hasta tenerlo completamente hundido en el dilatado agujerito también comenzó un mete y saca que hizo que el cuerpo de la joven comenzara a reaccionar y luego de varios minutos de dicha intromisión y de hacerle un gancho con el pulgar en su coño y el índice en su culo la joven no pudo aguantar y se corrió permitiendo a la señora acercarse a beber los jugos de la joven vencida por el deseo.

    Luego de esto la señora se puso de pie y le dijo:

    -Bien, veo que empezó muy bien su empleo, mañana la espero muy temprano.

    Continuará…

  • Escapada a la montaña con mi madre (VII)

    Escapada a la montaña con mi madre (VII)

    Llegaba la noche y la verdad es que el día no podía haber ido mejor. Después de nuestra sesión de masajes ambos decidimos ducharnos para dejar nuestros cuerpos bien limpios y ponernos a hacer la cena. La verdad es que no nos complicamos, hicimos una buena ensalada para ambos y comimos muy cómodamente, charlando de la vida como lo harían una madre y un hijo, cosa curiosa teniendo en cuenta que hacía apenas un par de horas estábamos corriéndonos juntos cual amantes. Una vez cenados decidimos coger unas cervezas y salir a la terraza, ya que la noche estaba muy bonita. Ella llevaba un pijama algo más normal, de encaje pero con un poco más de tela. Incluso me pude fijar que llevaba sujetador, ya que la noche estaba algo fría. Yo por mi parte iba más sencillo, un típico short con una camiseta y una sudadera.

    -Oye mamá, ¿te puedo hacer una pregunta?

    -Claro cielo, dime.

    -¿En casa habías usado el dildo ese? Ese u otro vaya. Que si habías probado antes juguetes de ese estilo.

    -Que va que va, para nada, este es el primero que pruebo. De hecho me lo compré justo el día antes de venir aquí.

    -¿Y cómo te dio por eso?

    -Si te soy sincera estaba bastante cabreada con tu padre, y la verdad es que llevamos un tiempo en el que no tenemos mucha vida sexual que digamos. Así que pasé por una tienda y me apeteció darme un capricho.

    -Di que sí. Además es bueno que uno experimente consigo mismo, de hecho deberías probar algún otro juguete, que hay un montón de variedad.

    -Hombre con lo que he vivido hoy ya te digo yo que alguno más probaré jajaja.

    -Me alegro que hayas disfrutado.

    -¿Disfrutado? Dios cariño perdóname que hable tan bruscamente, pero no me había corrido tan a gusto en años -se notaba que mi madre era muy suelta cuando ya estaba en faena, pero en frío era una mujer pudorosa-.

    -Jajaja pues me alegro mami. La verdad es que estos días me lo estoy pasando muy bien.

    -Yo también cariño. Hacía años que no disfrutaba tanto. Además pensarás que es una tontería, pero cuanto más rienda suelta doy más caliente ando, que vergüenza no sé cómo explicarlo…

    -Sé lo que dices sí jajaja.

    -Mira cielo, lo que quiero dejar claro es que tenemos que cortarnos un poco. Quiero decir, parece que hemos normalizado esto, cuando nunca se debería normalizar algo así entre madre e hijo.

    -Pero mamá, yo no quiero cortar esto que tenemos.

    -Hijo sé que a tu edad todo lo relacionado con el sexo es lo que más interesa, y a todos nos gusta, pero tenemos que pensar un poco en nosotros.

    -Y en nosotros estoy pensando mamá. Yo no quiero hacer cosas contigo por mi propio disfrute, yo quiero verte feliz y satisfecha. Puede que pienses que hoy por la tarde estabas desatada y que lo que has hecho está mal, pero hoy yo sólo he visto a una mujer disfrutando como se merece. ¿Está eso mal? ¿Por qué un hijo puede darle un masaje a su madre, o cuidarla, o hacerle la comida, pero no puede regalarle orgasmos?

    -Hijo no sabes cuanto te agradezco lo bueno que eres conmigo, pero sabes que no está bien -decía mientras me abrazaba y me daba un beso en la mejilla-. A estas alturas sé que no podemos deshacer lo que hemos hecho durante estos días, y que sepas que me has dado mayor placer del que me haya dado nunca nadie, pero lo que me da miedo es hasta donde podemos llegar.

    -Te refieres a follar, ¿verdad?

    -Dios sólo la palabra ya me impone respeto.

    -Entiendo lo que dices mamá pero, si lo hiciéramos ¿qué pasaría?

    -¿Cómo que qué pasaría? ¿Crees que podríamos seguir manteniendo nuestra relación madre e hijo después de tener sexo?

    -Mamá pero, ¿qué te crees que hemos hecho hasta ahora?

    -Bueno no hemos tenido sexo.

    -Hombre yo creo que si jajaja -yo intentaba quitarle hierro al asunto para que ella se relajara-. Esa visión de que el sexo es sólo penetración es muy antigua mamá. Por esa regla entonces las chicas lesbianas no tendrían sexo nunca.

    -Bueno… visto así sí claro…

    -Pues eso mamá tu no le des vueltas a la cabeza. Estos días son para divertirnos, no para pensar de más. Disfrutemos todo lo que podamos, no hagamos nada que no queramos hacer y simplemente descansemos.

    -Ay hijo no sé cómo puedes tomártelo tan a la ligera. Seré yo que me como la cabeza de más jajaja.

    -Jajaja yo lo veo así no sé. Mira mamá lo que creo que tienes que hacer es relajarte y probar cosas nuevas.

    -No si al final vas a tener razón hijo. La verdad es que estos años me he centrado más en la familia y en hacer feliz a todo el mundo que en explorarme más a mí misma. Supongo que también por eso ahora me está viniendo todo de golpe.

    -Pues no te preocupes, cualquier cosa que necesites o que quieras probar aquí estoy.

    -Ya ya, tú lo que quieres es enseñarme guarradas eh, como esa de comerme… Bueno ya sabes… Ahí abajo…

    -Jajajaja no noo, yo me refiero a cosas de todo tipo. Pero eso precisamente fue un buen descubrimiento, ¿verdad? Jajaja.

    -Ay hijo… De verdad que así en frío me da cosa hablar de estos temas pero… dios que gusto que da -decía ella entre risas y empujándome divertida-. Sólo hay que ver los chorros esos que suelto, te juro que nunca me había pasado. Bueno bueno voy a dejar de pensar en eso que me pongo tonta jajaja.

    -Jajajaja tú habla de lo que quieras no te preocupes -decía yo tocándole suavemente el muslo-. ¿Oye y cómo es que nunca te lo habían hecho?

    -Bueno antes eran otros tiempos, la gente de mi edad siempre ha sido más conservadora en el sexo. Además antes de tu padre yo tampoco es que hubiera estado con muchos otros hombres, y supongo que tu padre no es el más fogoso precisamente jajaja.

    -Ya me imagino ya jajaja -ella ya estaba empezando a estar más tranquila, por lo que había que entrar un poco en acción-. Oye mamá y dime, ¿te gustó el masaje de hoy?

    -¿Es una pregunta trampa o algo del estilo? Porque por cómo acabamos te puedes imaginar la respuesta jajaja.

    -Ya bueno jajaja. Pero me refiero al masaje en sí, es que nunca había hecho uno en así en serio.

    -Hijo pues si te soy sincera me encantó, con decirte que casi me quedo dormida y todo jajaja. Varios de esos necesitaría yo para desestresarme -en ese momento no sabía si iba con segundas o si realmente solo se refería al masaje-.

    -¿Lo hice bien en serio?

    -Y tanto cariño, me dejaste la espalda como nueva.

    -Pues no se hable más, antes de dormir te daré otro.

    -Bueno bueno hijo yo por mi encantada. Pero no será para luego querer hacer esas cosas que te gustan eh, que te veo venir jajaja -decía divertida-.

    -Anda como si fuera el único aquí al que le gusta hacer «esas cosas» jajaja.

    -Jajajaja -reía ella sonrojada-. Noo pero en serio hijo, un masaje normal eh, recuerda que tenemos que relajarnos un poco.

    -Lo que tú mandes mamá, seré lo más profesional que se puede ser y solo haré lo que usted, mi clienta, me pida -dije en tono de broma haciendo una leve reverencia-.

    -Jajajaja. Pues agradezco su seriedad caballero -decía ella siguiendo el juego-.

    -No se hable más entonces. Espera aquí mientras yo preparo todo y te llamo en cuanto esté listo.

    -Perfecto hijo, aquí te espero.

    Tras esto yo empecé a organizar todo. Busqué por la casa y encontré un pack de velas y otro de incienso. También cogí el lubricante y un par de toallas. Encendí varias velas por todo el cuarto de mi madre para crear ambiente, prendí también un par de varas de incienso para aromatizar y puse toallas sobre la cama para no mancharla de lubricante (con esperanza de que luego se manchara de otros fluidos). Tras esto puse en el iPad un pequeño hilo musical con una música muy relajada, algo subida de tono eso sí. Una vez con todo preparado fui a avisar a mi madre.

    -Mamá ya esto todo listo para tu masaje.

    -Perfecto hijo. ¿Cómo me pongo?

    -No no aquí no, que es de noche y empieza a hacer fresco. Te he preparado todo en tu cuarto.

    -Ya decía yo que mucho estabas tardando. A saber la que me habrás montado jajaja -decía divertida mientras se levantaba y subía las escaleras hacia la habitación-.

    Estábamos justo a punto de entrar, pero yo había preparado algo especial para antes del masaje. Algo que seguramente relajaría aún más a mi madre y que incluso podía hacer que se empezara a calentar por su cuenta.

    -Espera un momento mamá, porque este no va a ser un simple masaje, sino que será una experiencia de spa al completo, por favor te pido que me acompañes.

    -Veras… Jajaja -ella me miraba esperándose cualquier cosa-.

    La guíe hasta llegar al baño, donde había llenado la bañera hasta arriba prácticamente, llena de espuma de jabones aromatizantes que había encontrado. Todo esto acompañado de unas cuantas velas. Una vez dentro su cara era de asombro total. La verdad es que me gustaba verla así de feliz.

    -Pues aquí tienes mamá, antes del masaje podrás disfrutar de un relajante baño.

    -Ay hijo de verdad que eres el mejor del mundo -decía dándome un abrazo para después plantarme un seco beso en los labios-.

    -Te lo mereces mamá -dije yo respondiéndole con un beso también corto pero esta vez con algo de lengua-. Mira aquí te dejo el albornoz para que te lo pongas cuando salgas, así luego no tienes que andar quitándote ropa.

    -Perfecto hijo, pues no te preocupes que en unos minutos estoy lista.

    -No tú tranquila, es tu momento del día así que disfrútalo todo lo que quieras. De hecho en el armario del lavabo te he dejado un amiguito por si quieres entretenerte un rato.

    Obviamente me refería a su dildo, el cual dejé ahí por si quería ir entrando en caliente. A esto ella respondió con una expresión un poco pudorosa pero sonriente y, tras darme un último beso, cerró la puerta para tomar su relajante baño. Yo me quede un par de minutos al otro lado intentando escuchar si abría el armario para coger su juguete, pero solo conseguí oírla canturrear mientras se metía en el agua. La verdad es que nunca sabré si lo llego a usar o no.

    Tras esto me fui a la habitación a esperar a que ella terminara. Yo no tenía prisa, pero sí que cada cierto tiempo fantaseaba con la idea de mi madre metida en la bañera, bien mojada y enjabonada, quizá incluso jugando con su dildo. Era una imagen que me ponía a más no poder, pero tenía que estar sereno para cuando ella llegara, tampoco era plan de que me pillara con la polla al aire. Tras unos treinta minutos aproximadamente oí como salía del baño y se acercaba, por lo que me levanté de la cama. Abrió la puerta y ahí estaba ella, con su media melena húmeda y algo ondulada secándose al aire y con su albornoz puesto, el cual por el escote dejaba intuir que efectivamente no llevaba nada debajo.

    -¿Qué tal mamá? ¿Disfrutaste de tu baño?

    -Uy hijo no sabes cuanto -decía ella feliz y totalmente relajada-. Hacía años que no me daba uno de esos. Por mi hubiera estado más tiempo vaya jajaja.

    -¿Por qué no te quedaste más entonces? Ya te dije que podías estar todo el tiempo que quisieras.

    -Bueno pero no quería tenerte aquí esperando cariño. Además también tengo ganas de un buen masaje de los tuyos.

    Lo dijo sonriente pero sin ningún tonito insinuante, por lo que no sabía si iba con doble sentido o si realmente solo se refería al masaje en sí. Eso sí, la simple duda ya me pareció de lo más erótica y levantó aún más mi «ánimo»

    -Bueno bueno muchas gracias mami. Me alegro que de verdad te gusten jajaja. En ese caso… -dije yo apartándome y señalando la cama para que se pusiera cómoda-.

    -Con mucho gusto…

    En ese momento se abrió el albornoz dejándolo caer, mostrando todo su cuerpo totalmente desnudo sin pudor alguno ante su hijo. Estos días había visto más a mi madre desnuda que en toda mi vida, pero la verdad es que me pareció una diosa. Sus tetas brillaban de lo húmedas y limpitas que estaban. Incluso se podían apreciar leves marcas de los chupetones que le había hecho esa misma tarde. El resto de su cuerpo obviamente también estaba radiante, especialmente su jugoso y resplandeciente culo, el cual me quedé mirando embobado de la que se tumbaba boca abajo. Supongo que os haréis una idea de lo que me apetecía tirarme a comérselo cual animal, y del esfuerzo que tuve que hacer para contenerme.

    Una vez con ella tumbada comencé a masajear de la misma forma que lo había hecho por la tarde. Primero la espalda y el cuello, rozando por momentos los laterales de sus aplastados pechos. Más tarde pase a las piernas, subiendo hasta el culo y centrándome un buen rato en amasarlo, como a mi bien me gustaba. Esta vez eso sí intente evitar la zona de la entrepierna, ya que quería jugar un poco con ella y no lanzarme a lo evidente. Después de un buen rato le dije que se diera la vuelta y repetí el mismo proceso. Empecé por el cuello para más tarde centrarme en sus tetazas. La verdad es que siempre me quedaba embobado con ellas. Verlas bien relucientes por el lubricante, resbalándose entre mis manos, sintiendo como la respiración de mi madre se aceleraba muy levemente cuando pasaba por sus pezones. Simplemente increíble. Más tarde como era obvio bajé hasta las piernas, eso sí evitando de nuevo la entrepierna para que se siguiera calentando. Tras un buen rato de masaje decidí decirle lo inesperado.

    -Bueno mami pues ya estaría. ¿Qué tal? ¿Te ha gustado?

    -Emm… Bueno sí… O sea… Sí sí ha estado genial cariño… -decía ella totalmente desconcertada mientras se incorporaba en la cama-.

    -¿Qué pasa mamá? ¿No te ha gustado algo? -Decía yo haciéndome el tonto mientras me acercaba disimuladamente hacia ella-.

    -Sí sí hijo me ha encantado, sólo es que conociéndote pensaba que ibas a salir con ese rollo del final feliz jajaja -lo decía en tono de broma, pero en realidad se notaba que se moría de ganas-.

    -Bueno eso era otro tipo de masaje mami. Pero dime, -decía yo mientras me iba acercando más y más a su boca- ¿te gustaría?

    -Bueno… -ella comenzaba a sonreír- No te voy a negar que por ahí abajo está algo húmeda la cosa…

    -¿Ah sí? ¿Estás muy mojadita?

    -Bueno un poquito sí… -decía sacando su lengua y metiéndola de lleno en mi boca, dándome así un húmedo morreo que daría comiendo a una interesante noche-.

    -Mmm… Bueno pues hoy soy tu masajista privado, así que puedo poner solución a esto… -decía yo plantándole mi mano en su muslo-.

    -¿Ah sí? ¿Y qué me hará el señor masajista? ¿Me va a tocar un poquito como antes? -Decía con esa voz de niña buena que a mí tan cachondo me ponía, signo de que ella estaba también caliente como una moto-.

    -No… Ahora no te voy a tocar. Voy a hacer algo que me lleva apeteciendo toda la tarde… -dije para comerle la boca una última vez antes de poner rumbo a mi siguiente objetivo-.

    Tras esto no lo dude ni un segundo y me puse encima de ella. Comencé a bajar lentamente, terminando nuestro guarro morreo para luego seguir besándole el cuello y más tarde comerme con mucha calma su rico par de melones. Los chupé bien de arriba a abajo, metiendo por momentos mi cabeza entre esas dos preciosas masas de carne. Pero en lo que más me centre sin duda fue en sus pezones. Dios me es imposible describir la sensación estar chupando uno de los pezones a tu madre mientras con una mano le amasas bien su otra teta. Todo esto claro acompañado de sus sensuales respiraciones, las cuales poco a poco se iban convirtiendo en gemidos.

    Tras un buen rato seguí bajando para llegar a su entrepierna, la cual seguía cerrada. De esta manera acerqué mi cara y comencé a abrirla de piernas lentamente, dejando a la vista entre sus muslos varios hilos de sus fluidos, para que os hagáis una idea de lo mojada y cachonda que estaba mi madre en ese momento. Su coño estaba como siempre, bien depilado, mojadito y algo rojo por la excitación y la postura. Mire a mi madre a los ojos y ella asistió con la cabeza casi rogándome. Yo no me lo pensé ni dos segundos y ahí que fui directamente, comenzando de primeras a lamer toda su encharcada vagina de arriba a abajo para después centrarme en el clítoris, chupándolo a una velocidad de locos y succionando a ratos. Esto hizo que inmediatamente mi madre comenzara a gemir y chillar como una loca agarrando mi cabeza entre sus piernas, a lo que yo respondí metiéndole un par de dedos bien al fondo. Quería que se corriera lo antes posible, ya que esto sólo era el principio.

    -Aagghh dios… Sii cariño… Cómeme bien ahí abajo… Jo-der que guarrada tan rica…

    -Mmm… ¿Te gusta cielo? -yo levantaba a veces la cabeza para decirle cosas, mientras con los dedos seguí machacándola-.

    -Joder me encanta amor… Aaghhh… Sigue por favor… Aaghh sigueee… -decía ella mientras con las dos manos intentaba agarrarse las tetas para chuparse sus propios pezones-.

    -Mmmm… ¿Esto era lo que querías verdad? Querías que tu hijo te hiciera correrte ¿A qué sí?

    -Mmmm… Sí… O sea no…

    -¿Seguro que no? ¿No te gusta como te como este coñito gordo? -decía yo acelerando la lamida-

    -Si cariño… Me encanta como me lo comes… Ufff joder me encant… ¡Aaaghhh!

    -(Yo me centraba en que ella terminada de una vez)

    -Ay… Ay ay hijo que me voy… Uff ufff… ¡Sii, SÍ! ¡Haz que mamá se corra!

    -Si… Correte en mi boca mami…

    -Aagghhh… Me voy cielo… ¡Me voy, me voy, me voy! ¡aaaggghhh!

    En ese momento ella se empezó a retorcer de placer con mi cabeza atrapada entre sus piernas, mientras su coño expulsaba chorros y chorros de corrida, los cuales iban a parar directos a mi boca. Yo hacía lo que podía por tragarme todo, pero me era prácticamente imposible, por lo que mi cara quedó empapada al igual que la toalla que cubría la cama. Tras esto dediqué un par de minutos a dar leves lamidas por su rojo y palpitante coño, el cual no paraba de temblar por los leves espasmos debido al orgasmo, mientras ella aprovechaba el lubricante y sus propios fluidos para amasarse las tetas a la vez que me acariciaba la cabeza.

    -Mmmm…. Me encanta comerme toda tu corrida mami -decía yo mientras subía lentamente para darle un guarro beso-

    -Mmm… Dios hijo… Hay que ver qué guarradas más ricas le haces a tu madre…

    -¿Te ha gustado el final feliz entonces?

    -Bueno… ¿Hace falta que te responda cariño? -decía ella con una sensual sonrisa para luego continuar nuestro morreo-.

    En ese momento parecíamos dos amantes. Yo estaba encima de ella, besándola mientras a ratos le tocaba suavemente su todavía caliente entrepierna. En un momento dado comencé a frotarme contra ella apoyando mi paquete sobre su coño suavemente. Ella de primeras me miró algo asustada, pero como yo todavía llevaba el pantalón puesto pareció dejarlo pasar.

    -Mami sé que debemos poner límites, pero… -decía yo mientras me seguía frotando contra su vagina-.

    -Hijo…

    -Quiero… -me acerqué susurrando a su oído- Quiero hacértelo…

    -Mmm… -ella se estremeció en una mezcla de miedo y morbo al escuchar eso- Cielo sabes que no podemos. De verdad que si seguimos así voy a acabar haciendo una locura.

    -Pues hazla mamá, volvámonos locos juntos -dije yo comenzando a besarla con pasión mientras me quitaba lentamente los pantalones, dejando al aire mi tremenda erección a punto de estallar-.

    -Mmm… Dios hijo hay que ver cómo estás…

    -Esto es por ti mamá, así de caliente me pones.

    -¿Tan cachondo te pone tu propia madre cariño? -su voz comenzaba a tornarse algo juguetona de nuevo-.

    -No lo sabes su bien… Si te dijera las cosas que quiero hacerte te corrias solo de oírlas…

    -Mmm… Pues de momento ven aquí, que ahora va a ser mami la que te haga algo a ti.

    Tras esto ella se levantó y yo me recosté en la cama boca arriba. Se colocó entre mis piernas, por lo que yo ya me preparaba para una de sus buenas mamadas. Mi sorpresa vino cuando de repente se comenzó a echar lubricante por las tetas, algo que enseguida relacioné con lo que se venía. Así es, mi madre me iba a dar la primera cubana de mi vida.

    Comenzó durante unos minutos masajeándose las tetas delante mío, apretándose los pezones, gimiendo y sonriendo mientras por momentos se masturbaba tímidamente. Un verdadero espectáculo a mis pies el cual me estaba volviendo loco. No eran pocas las ganas que tenia de saltar sobre ella y comenzar a follarla sin control, cosa que ella notaba perfectamente y que seguramente la estaría poniendo a cien.

    Tras un rato así pasó al plato fuerte. Empezó a hacerme una mamada bien salivada de esas que a ella tanto le gustan y, una vez que mi polla estaba lista, agarró su gran par de melones y comenzó lo bueno. La sensación era increíble, siempre había soñado con mi madre haciéndome una cubana, pero esto sin duda superaba mis expectativas. Sus tetas subían y bajaban por todo mi pene mientras con su boca chupaba por momentos mi glande. No sé cuando tiempo estuve ahí pero recuerdo que sentía que estaba a punto de correrme desde el principio. Cuando estaba ya listo para llenarle la boca y las tetas de lefa, ella me sorprendió parando en seco y echándose boca arriba a mi lado.

    -¿Mm…. Mama? ¿Qué haces por q…

    -Cielo no aguanto más, ven aquí -ella me agarro y me puso encima suyo, exactamente en la misma posición que teníamos antes sólo que ahora los dos estábamos desnudos-.

    -¿Qué? ¿Quieres que te lo meta?

    -Sshhh -dijo tapándome la boca-. Hijo no lo metas por favor, solo frótalo por fuera…

    Tras esto yo agarré mi dura y lubricada polla para empezar a frotarla muy suavemente. Era el primer contacto de mi pene con la vagina de mi madre y se sintió a gloria. Su coño estaba empapado, muy hinchado y muy rojo, seguramente al no poder usar sus manos para tocarse durante la cubana que me estaba haciendo segundos antes. Ella comenzó a gemir mientras me apartaba la mirada, se notaba que en el fondo se avergonzaba de lo que estaba haciendo.

    Durante un buen rato fui recorriendo todos los rincones de ese jugoso manjar, rozando por momentos mi glande con su clítoris. Esto hacía que los dos nos retorciéramos del gusto y por momentos nos diéramos guarros morreos, llegando incluso a escupir directamente en la boca del otro. Se notaba que a mi madre y a mi nos ponían las mismas cosas, lo cual hacía de ese momento algo delicioso.

    -Mmmm dios mami… Me encanta como se siente tu coño…

    -Aaghh hijo no sabes lo cachonda que estoy… Ufff sí frótame bien…

    -Te quiero mamá… -le dije mirándole a los ojos-.

    -Yo también cariño… te amo -dijo ella mientras se incorporaba para besarme, lo cual hizo que mi glande rozara la entrada a su vagina, por lo que ella reculó-.

    -Tranquila mami no pasa nada -dije yo volviendo a ponerla justo a la entrada-

    -Mmm… Cielo esa zona es muy peligrosa, que no entre mucho…

    -No te preocupes cariño… -dije besándola a la vez que aprovechaba para meter la punta unos centímetros dentro-

    -Aaaghh cielo cuidado… Mmm…

    -Shhh… Tranquila… -en ese momento comencé a metérsela muy levemente para que no se asustara. Joder entraba como un cuchillo caliente cortando suave mantequilla-

    -Mmmm amor la estás metiendo mucho…. -decía mirándome a los ojos mientras se mordía el labio-. Aaaghhh sácala por favor cariño…

    Para ese momento yo ya la tenía prácticamente entera dentro. Dios mi polla estaba dentro del coño de mi madre. Ojalá pudiera describir con palabras todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Sentía mi rabo caliente, inundado por los jugos que emanaban de las entrañas de mi madre mientras sus jugosas paredes me apretaban. Ella quería (o más bien decía) que lo sacara, por lo que yo comencé a sacarlo muy lentamente. Cuando lo tenía prácticamente fuera mi madre comenzó a decir entre sofocos que debíamos parar, pero yo no la dejé ni terminar la frase y sin previo aviso volví a introducir toda mi polla hasta el fondo sin darle tiempo a reaccionar.

    -Aaagghhh. Cariño por dios qué haces -decía ella casi sin respiración jadeando entre leves gemidos-.

    -Aghhh… Perdón mami, ¿quieres que la saque? -dije yo mientras la sacaba lentamente-.

    -N…Sí. Mmmm por dios hijo est…

    Yo no le dejé ni terminar la frase y de nuevo la ensarté hasta el fondo, esta vez comenzando a follarla ya en toda regla. Ella empezó a gritar y gemir sin control mientras sus intentos por apartarme se iban disipando. Yo por mi parte estaba disfrutando como nunca. A ratos le comía las tetas mientras la penetraba sin control ninguno, a lo que ella respondía abrazándome y besándome por el cuello, gimiéndome al oído y diciéndome guarradas. Se notaba que estaba desatada por completo. Su tetas botaban en todas direcciones mientras oía perfectamente su chorreante coño recibir las embestidas de su hijo.

    -Aaagghh cariño sí… Mmierda me estás matando… Ufff

    -Dios mami… Aaghhhh….

    -Aaaghhh hijo… Pero que cerdada estamos haciendo… Uffff dios que rica se siente tu polla amor…. Aagghhhh…

    -Aaghh joder mamá que apretada estás…

    -Mmmm pues ábreme bien cielo… Dios sí, fóllame bien el coñito… Aaaghhhh.

    -¿Te gusta verdad? ¿Te morías de ganas de que tu hijo de follara no?

    -N… No… Aaaghhh… Esto está mal…

    -Mmm… Entonces no te gusta… ¿esto? -ahí comencé a chuparle con fuerza los pezones mientras aceleraba algo más las embestidas-.

    -Aaagghhh siii cariño siiii… Cómeme las tetas… Ufff por favor no pares… ¡No pares!

    -Te voy a follar hasta que te corras. Mmm ¿Quieres correrte en mi polla mami? Aaghh…

    -Aaagghhh sí cielo sí. Ufff por favor fóllate rico a tu madre y haz que se venga.

    -¿Quieres correrte amor? Aagghhh… Pues voy a hacer que esta madre tan cerdita se corra…-en ese momento acérele la follada y la agarré del cuello.

    Mmmm…

    -Aagghhh sii amor… Fóllate a la putita de tu madre… Dios como sigas así… como sigas así… -sus ojos estaban prácticamente en blanco-.

    -Aaaghhh joder mamá que bien se siente tu coño… Dios no aguanto mucho más cariño… voy a explotar…

    -Yo también cielo… ¡Yo también! Aaahhh joder siguee… ¡Sigue follándome y haz que me corra cariño! joder…

    -Mierda no aguanto más mamá. Joder me corro cielo, ¡me corro!

    -¡No la saques hijo! Correte dentro cariño… quiero que me llenes el coñito de leche rica…

    -Aaaghhh me voy mamá. ¡Ufff! ¡Joder toma mi lefada cariño!

    -Ayyy yo también me corro cielo. Dios hijo que me voy… Aaghh joder que rico… ¡Que rico! ¡Que rico! ¡ahhh!

    En ese momento los dos explotamos en un orgasmo sincronizado, seguramente el más intenso de mi vida. Mi madre comenzó a gritar sin cortarse un pelo mientras se corría a chorros con mi polla todavía dentro. Pude sentir la presión de esos fluidos intentando salir mientras su jugoso coño se contraía exprimiendo cada gota de mi lefada. Yo por mi parte eyaculaba inundando todo su interior. Recuerdo que obviamente no lo podía ver pero llegue a sentir como de mí salían más de diez chorros de espeso semen. Estuvimos un buen rato ahí enganchados mientras nos vaciábamos bien el uno en el otro, dándonos besos pero esta vez no tan guarros, sino algo más cariñosos, como la primera vez de dos novios.

    Tras un buen rato mi polla comenzó a ponerse dura de nuevo (esto sin haberla sacado de su vagina), por lo que yo comencé a realizar de nuevo movimientos de penetración, dispuesto claro a una segunda ronda. A esto ella respondió moviendo también las caderas y comenzando a besarme ya de nuevo de una forma más sucia, pero de pronto su móvil sonó. Se estiró un poco para cogerlo de la mesita mientras yo aprovechaba para comerle las tetas, pero al coger el móvil rápidamente me apartó y me dijo que me fuera a mi habitación, que mañana hablaríamos. Esto a mi me dejó con la cabeza loca toda la noche, ya no solo por la duda de qué la habría sobresaltado, sino por todo lo que tenía que procesar. Joder, esa noche me había follado a mi propia madre.

    Continuará…

  • Autobiografía sexual (Parte 13): Trío con vergas chapinas

    Autobiografía sexual (Parte 13): Trío con vergas chapinas

    Aquella noche tuve una larga discusión con mi mamá. No podía creer que decidiera dejar a mi papá vivir en nuestra casa sin pensar si yo estaba de acuerdo, ¿acaso se le olvidó cómo me madreó y me corrió de su casa? Al menos me enteré de muchas cosas: La golpiza que mi papá le propinó a mi tío después de correrme dio origen a una demanda que ganó mi tío. La deuda era muy grande para mi papá y tuvo que pagarle con su casa, por eso se veía con mi mamá todo ese tiempo, para obtener la reconciliación como segundo objetivo, pero el principal era tener dónde vivir, suponía yo.

    Dormí enojada aquella noche, al despertar se me olvidó, fui a trabajar, volví a casa y ahí estaba mi papá, besándose con mi mamá en la sala. El muy hipócrita se paró y fue a abrazarme, pidiéndome perdón por aquella putiza que me dio. Solo respondí que me daba gusto verlo de nuevo y me fui a mi habitación.

    Al siguiente día, me encontraba trabajando y de pronto, mi celular sonó. Eran mis amigos guatemaltecos, que querían verme aquella tarde y acepté. Regresé a casa, me bañé, me vestí intencionalmente sexy y estuve esperando a mis amigos, aunque no conté con que mi papá los vería primero estacionarse frente a la casa y al notarlos desconocidos, quiso agarrarse a madrazos con ellos.

    —¡Papá, déjalos! —intervine en la pelea—. ¡Son mis amigos!

    Después de que los soltó, me dirigió la palabra con gritos.

    —¡¿Otra vez tú?! ¡Cómo te encanta andar de puta!

    —¡Eso no te importa! Ya estoy grande y contribuyo al gasto del hogar, así que piénsalo dos veces antes de volver a insultarme porque la casa no es tuya y tengo el derecho de correrte.

    Mi papá se quedó calladito y yo, con una sonrisa malévola, me subí al auto de mis amigos y nos marchamos.

    Los muy lindos me invitaron a cenar a un restaurante y me cumplieron el capricho que tenía de un pastelito y malteada de chocolate. La plática estaba entretenida, pues nos conocimos, me aprendí sus nombres (Misael de 35 años e Ian de 37), me contaron muchas cosas sobre Guatemala y el porqué vinieron a vivir a México, además de contarme que la policía de San Juan del Río los estaba buscando por haberse escapado del separo y tuvieron que mudarse a Tequisquiapan.

    A mí el chocolate ya me había puesto muy feliz, por lo que me dieron ganas de iniciar una plática más atrevida.

    —Solo me he acostado con dos mujeres, una novia de mi juventud y mi ex esposa —contó Misael.

    —Yo con tres, una novia de mi juventud, una esposa y una amante —relató Ian—, ¿y tú? Supongo que al menos te has metido con un noviecito.

    —Para ser exacta, hasta la fecha he tenido sexo con quince hombres.

    —¡Wow! ¡Qué pícara muchachita con los hombres! —exclamó Ian.

    —¿No te gustaría que fueran diecisiete? —insinuó Misael.

    —Pues ustedes ya invitaron la cena, yo invito el hotel, ¿va?

    —¿Cómo crees? Esta noche todo corre por nuestra cuenta —dijo Ian.

    —Entonces nos vemos otro día, caballeros —dije como indignada—. Me tengo que retirar, gracias por la cena.

    A la salida, Misael me alcanzó, se plantó frente a mí y se disculpó por su amigo, excusándose con cierta pena por tener que hacerme gastar en una habitación de hotel, siendo ellos los que deberían hacerlo por ser hombres, según él.

    —Es una pena que piensen que una mujer no puede invitarlos a divertirse.

    Seguí caminando unas cuantas calles hasta que se frenaron junto a mí mis amigos. Ian bajó del auto, se disculpó conmigo, se dijo muy interesado en mi propuesta y aceptaron que yo pagara la habitación. No quise repetirles la lección, pues en verdad tenía ganas de coger, así que me subí al auto y les indiqué el camino hacia un hotel al que siempre había querido ir.

    En el trayecto del coche a la recámara, Misael me estuvo manoseando el trasero y yo lo disfrutaba. Al entrar al cuarto, me tomó de las caderas y pegó mi culo a su entrepierna mientras caminábamos hacia la cama, yo recargué mis brazos en la cama, me agaché y comencé a azotarme contra él de lo deseosa que estaba.

    Ian se subió a la cama, se hincó y me restregó su entrepierna en la cara, pero en menos de diez segundos descubrí su verga y la empecé a masturbar para ponerla firme.

    A su vez, Misael me bajó la minifalda y sentí su verga golpeando mis nalgas, al mismo tiempo que jalaba mi tanga y la devolvía en su lugar.

    Estaba a completa disposición de dos gorditos y ricos chapines. En el momento en que me metí por primera vez la verga de Ian a la boca, le pedí a Misael que me metiera su verga en la panocha y así lo hizo, comenzando a —embestirme duro pero lento.

    —Mmmm. Las tienen bien ricas, así gruesitas.

    Ian me hizo una colita de caballo y la sujetó para mover mi cabeza a placer suyo mientras le chupaba su chilote. De pronto, me tomó de la barbilla para mirarlo a la cara mientras se la mamaba y gemía, para expresarme sus deseos.

    —Quiero golpearte la cara.

    —No seas idiota —le respondió Misael mientras aceleraba el ritmo en que me penetraba—. Ves que ya tiene la cara rota.

    —¡Ah, ah! Háganme lo que gusten, queridos —consentí y después dirigí mis palabras a Ian—. Pégame, papi.

    No se contuvo el sabroso de Ian y me soltó bofetadas a la vez que le mamaba la pija y me la introducía completita en la boca, aunque tuviera que expandir mis cachetes de lo gruesota que la tenía.

    Como en las veces anteriores, apareció un orgasmo muy temprano. Tuve que sacarme el pene de Ian de la boca para gritar.

    —¡Ah, papi! ¡No la saques, que me vengo! ¡Ahhhh! ¡Mmmm!

    Después de correrme delicioso, volví a mamar intensamente el pito de Ian, como toda una perra, demasiado excitada.

    —¡Ay, ya la quiero tener dentro! Me encanta tu verga, Ian.

    —Voltéate —dijo Misael en el fondo y obedecí para ahora darle la cola a Ian sobre la cama y comerme la herramientota de Misael.

    En ese sentido todo fue diferente. Misael me tomaba de la cabeza para mamarle la verga, pero lo hacía con suavidad, incluyendo algunas caricias en mis mejillas, mientras que Ian comenzó a cogerme duro, rápido y con nalgadas muy duras. Polos opuestos entre amigos, pero muy sabrosos ambos modos.

    Un rato después, estaba experimentando otro rico orgasmo y le pedí a Ian que no parara. Tanto fue el placer que me empiné completamente, grité e Ian me sacó su pene y vio cómo lo rocié de mis fluidos.

    —¡Ahhhh! ¡Es que me rellenas la concha con tu vergota! ¡Mmmm!

    —Voltéate boca arriba —me pidió Ian y así lo hice rápidamente.

    Ian me despojó de mi blusa y de mi bra y le abrí mis piernas, pero él las alzó, haciendo que flexionara mis rodillas y me abriera más de piernas para que me metiera su miembro hasta lo profundo, mientras que Misael no dudó en penetrarme la boca y meter y sacar su pija con velocidad.

    —Me encantan sus penes. Si se van a venir háganlo en mi boca.

    No pude evitar tocarme el clítoris mientras era penetrada por las dos vergas, llegando a provocarme otro orgasmo que disfruté demasiado, pues esta vez Ian no sacó su pija de mi concha, sino que la dejó bien metida y me vine a presión bien rico.

    —¡Ay! ¡Mmmm qué delicia! ¡Ahhhh! ¡Ya me hicieron correrme tres veces!

    Ambos continuaron follándome, hasta que Misael se vino en mi boca y me echó su semen en toda la cara y a los escasos minutos, Ian me quitó el pene de la cuca y se acercó a mi cara para eyacularme en la boca y me regó su leche en el cuello y el pecho. Terminé bañada desde la frente hasta las tetas de sus deliciosas leches.

    Después nos metimos a bañar juntos y ahí me arrodillé para mamarles los chilotes, metiéndomelos ambos a la boca y apenas me cabían. Ian todavía tenía ganas de follarme y no me negué, por lo que me incliné para que me la metiera por atrás, mientras le seguía chupando el trozo a Misael durante un rato más.

    Ambos se agotaron poco tiempo después, terminamos de bañarnos, nos vestimos y nos fuimos. Los muy amables me dejaron en mi casa, aunque mi papá los recibió afuera con pistola en mano. Tuve que pedirles que se retiraran y discutí de nuevo con mi papá, lo cual me hizo llegar de muy mal humor a mi recámara.

    Me acosté en mi cama y sentí algo a la altura de mis muslos. Lo tomé y era un periódico, lo aventé molesta, pensando que mi papá había entrado a mi cuarto y se puso a leer su periódico ahí. Sin embargo, sentí una mano tapando mi boca y con su otro brazo rodeó todo mi cuerpo, evitando así que pudiera defenderme. De pronto, su voz se hizo escuchar.

    —¡No hagas ruido! ¡Soy Adrián!

    Me calmé poco a poco y me soltó.

    —¡¿Qué haces aquí?! —susurré asustada y enfadada a la vez.

    —Solo vine a darte el recordatorio de que estoy al pendiente de ti todavía.

    —¡Te dije que ya no!

    —Es imposible, estás en mis planes y pronto te necesitaré.

    —¿De qué planes hablas?

    —Sigo sin poder revelártelos, pero estás disfrutando de los beneficios que implican sin siquiera hacer algo.

    —¡No te entiendo nada!

    —Entenderías si leyeras el periódico que acabas de tirar.

    Prontamente, recogí el periódico y leí la portada, la cual decía «Un cerdo menos. Aparece cuerpo de hombre a la orilla de la presa Centenario. «Por violador», decía un cartel en su pecho».

    —Eh… —pronuncié pero fui interrumpida por su voz.

    —Así es. Es el tipo que te violó. No le habías visto la cara, pero ahí la puedes apreciar para odiarla si quieres. Estuve espiándote ese día y vi cuando te subió a su auto contra tu voluntad. No tenía un arma ni refuerzos a mi disposición, pero lo seguí en mi auto, vi que se metió a la cochera de una casa contigo, poco después salió y continué persiguiéndolo. Le perdí el rastro cuando llegó a la carretera, se desvió hacia un pueblo, creo que supo que lo estaba siguiendo, pero después, la suerte me hizo reencontrármelo de regreso, lo encaré y le gané la pelea a puño limpio. Puedes decirme tu héroe.

    Permanecí en silencio. No sabía qué decir, pero de nuevo habló él en su insolencia.

    —Pues, de nada. Seguirás siendo protegida y vengada como beneficio del plan que tengo para ti.

    Adrián salió de mi habitación y en unos cuantos segundos, lo vi por la ventana afuera de mi casa, yéndose sin que no lo detectara mi papá ni mi mamá.

    Al siguiente día, fui a trabajar algo insegura por sentirme espiada por Adrián, pero estuve recibiendo llamadas constantes de un número desconocido. Al finalizar la jornada contesté una llamada, la voz fue reconocible.

    —¡¿Dónde estás, puta?! ¡Necesito hablar contigo! —me gritaba Ricardo.

  • Con Marcela y su novio, nuevas experiencias (Segunda parte)

    Con Marcela y su novio, nuevas experiencias (Segunda parte)

    Como conté en la primera parte de este relato había acordado encontrarme con mi amiga Marcela para una noche de juegos, ambas somos travestis de closet, muy femeninas cuando estamos vestidas, esa noche habíamos acordado que ella sería mi niñera y yo actuaría como una nena necia que debía ser castigada, también habíamos acordado que ella invitaría a su novio, Iván quien se unió a nosotras después de que Marcela había llenado mi culito con su leche, cuando llego lo primero que hizo fue comerme por mi culito hasta correrse en él, esto debido a que venía muy caliente por las fotos que Marcela le había estado enviándole durante toda la noche.

    Después de que Marcela le hubiera servido un trago, Iván se sentó en el sillón mientras nosotras nos organizábamos la ropita, entonces Marcela tomo mi correa de perrita y me llevo hasta ponerme frente a él y se sentó en sus rodillas mientras aun sostenía la correa. En ese momento Iván la pregunto quién era y que habíamos estado haciendo, ella comenzó a contarle, poniendo la voz lo más femenina que podía, que esa noche estaba como niñera y que yo era la nena que estaba cuidando, le indico que era una sissy sumisa y que sus servicios incluían enseñarme a comportarme como una buena nena y castigarme cuando ella quisiera, le conto que ya había terminado las tareas, pero que tenía las pantis muy sucias y mojadas por lo que ella aun me debía castigar antes de ponerme la pijama y acostarme a dormir.

    Entonces me halo del collar para que me arrimara mientras le decía a Iván que mi nombre era Victoria, que ella me decía Vicky, me indico que ella era la sumisa de Iván y que dado que yo estaba sometida a ella también lo estaba a él, yo camine hasta ponerme junto a ellos y después realice una venia levantando mi faldita como una nena y de la forma más femenina que pude dije “mucho gusto Señor Iván, soy Victoria y estoy para servirle”.

    El me miro de arriba abajo y me dijo que levantara más mi faldita y diera una vuelta lentamente, mientras lo hacía le indico a Marcela que deseaba que nos cambiáramos de ropa, le indico que debía vestirse para ser castigada y vestirme a mí con un vestido de falda y pantimedias como mínimo. Apenas termino de darnos las indicaciones Marcela tomo mi collar y me llevo rápidamente hacia la habitación en donde estaba su maleta, la tenía sobre la cama y se veía la ropa de mujer regada, me indico que me desnudara y pasándome unos paños húmedos me dijo que me limpiara bien mientras ella buscaba la ropa. Mientras la obedecía miraba como ella también se desnudaba rápidamente y se comenzaba a colocar unas pantis y sostenes negros, luego un traje negro de látex muy apretado que tenía una abertura entre sus piernas, se puso una falta apretada y una camisa de encaje, saco unos tacones y rápidamente retoco su maquillaje mientras yo la miraba hipnotizada.

    Apenas termino me miro desnuda y fue a su maleta, de ella saco un juego de sostenes y pantis de encaje rosados, unas pantimedias blancas y unos tacones, me los entrego indicando que me los colocara, cuando estuve lista me maquillo y saco un vestido de faldita rosado de flores, era un vestido de falda hasta las rodillas con adornos en los hombros, me lo coloco fácilmente pues era un par de tallas más grande, mientras me decía lo linda que me veía. Ya vestidas y arregladas regresamos a la sala en donde Iván nos esperaba sentado en el sillón con un morral al lado, mientras le pedía a Marcela que le sirviera otro trago me indico que me sentara en sus piernas. Yo lo obedecí de forma sumisa y cuando Marcela regreso le indico que se sentara en el piso al frente. Mientras ella lo hacia él puso una de sus manos entre mis piernas y me dijo que le sostuviera su trago, mientras lo hacía tomo el morral y saco un dildo con forma de pene que tenía vibración y entregándoselo a Marcela le dijo que se calentara toda con él.

    Mientras ella prendía el vibrador para meterlo en su boquita y luego entre sus piernas Iván me fue explicando que Marcela era su Sumisa y había ido esa noche a castigarla por comportarse como una perrita, mientras hablaba subía su mano por mis piernas levantando mi faldita hasta llegar a mi nalgas, cuando lo hizo me dijo que como yo era también muy perrita le debía ayudar, pero lo primero era que ambas nos conociéramos como perras, me indico que me bajara de sus piernas al suelo mientras decía que las perritas se conocen olfateando sus culitos, entonces me dijo que me pusiera en cuatro entre sus piernas y le dijo a Marcela que se pusiera igual detrás me mí, cuando estuvimos listas le ordeno a Marcela que oliera y lambiera mi culito para conocerme como perra, ella levanto mi faldita y pego su nariz a la entrada de mi culito, luego sin bajar mis pantis comenzó a lamerme toda, yo gemía mientras Iván tomaba mi cabeza y pegaba mi cara a su verga y sus bolas diciéndome que solo podía lamer, que aún no era momento de mamarle su rica verga.

    Luego de un momento nos ordenó que cambiáramos de lugar, las dos nos movimos gateando y él se aseguró que mi cara solo se despegara de su verga cuando tuvo a su alcance la de Marcela, cuando estuve detrás de ella me pegue de su culo, saque mi lengua y comencé a lamber tus pantis, la verdad me sentía muy excitada por estar siendo tratada tal y como una perrita. Iván se movió sentándose en la espalda de Marcela y tomando mi cabeza la metió en su culito mientras me decía que así lambia una perra, entonces me soltó y bajo sus pantis para volver a meter mi cabeza en el culo de marcela, yo seguía con mi lengüita afuera y lamiendo todo lo que podía, entonces el tomo el vibrador y lo metió en mi boquita primero, en su culito después, así unas 6 o 7 veces, hasta dejarlo bien adentro de ella y decirme que lo sostuviera. Yo lo hice mientras él se volvía a acomodar en el sillón y ponía a mi amiga a que lo chupara todo.

    Después de un rato de estar así, él nos dijo que ahora que éramos dos perritas conocidas ya podíamos jugar, entonces nos ordenó que nos pusiéramos a sus pies y nos fue indicando como abrazarnos, besarnos y tocarnos mientras nos tomaba fotos, nos hizo estar la una encima de la otra, hacer un 69 lamiéndonos todas, también nos colocó en varias posiciones todo sin quitarnos la ropa interior, tras un rato de estar jugando le quito a Marcela las pantis con unas tijeras, amarro sus manos juntas y saco otros dos dildos con vibración, con ellos me indico como preparar el culito de mi amiga mientras ella volvía a estar con su cabeza entre sus piernas y su verga en la boquita. Cuando la tuvo muy dura levanto a Marcela y poniéndola de pie me indico que debía chuparla y que el dildo que ella tenía lo debía usar en mi culito, yo lo obedecí mientras él iba sentando a Marcela en su verga y abriendo sus piernas para acomodarla encima de él.

    Tras acomodarnos bien logramos que Marcela tuviera la verga de Iván dentro de su culito mientras estaba sentada encima de él dándole la espalda y teniéndome entre sus piernas con su colita en mi boquita mientras yo me metía un dildo por el culito, él se movía de forma rítmica metiendo su verga hasta el fondo y yo estaba dedicada a mamar la rica colita de mi niñera, mientras lo hacia ella me indicaba como chuparlo enseñándome además a lamer sus bolitas, bajando mi lengua hasta llegar a las bolas grandes y calientes de su novio. Yo la obedecía completamente excitada y feliz de estar así sometida, en uno de los momentos en los que estaba chupando su colita Iván alcanzo mi cabeza desde atrás con sus manos y comenzó a guiarme siguiendo su ritmo mientras Marcela gemía de placer y él nos decía lo puticas que éramos, estando así sentí como la colita de mi niñera se puso súper dura, muy caliente y gordita en mi boquita, entonces comencé a saborear su lechita, sabia delicioso, dulce y afrutado, mientras ella se venía toda Iván seguía con su movimiento y yo trataba de tragar toda la leche para no desperdiciar nada, sin embargo mi amiga seguía llenando mi boquita con sus chorros antes de que los pudiera tragar y una parte comenzó a chorrear por mi mentón cayendo sobre mi vestido.

    Marcela siguió moviéndose intentando que su novio no notara que ella se había mojado toda, el siguió metiendo su verga por su culito otro rato mientras seguía apretando mi boquita contra su colita cada vez más flácida. Yo note que ella ya no gemía ni se movía igual antes que Iván, quien cuando lo noto me soltó y poniéndola a ella a un lado nos miró sonriente y después fingiendo enojo comenzó a decirle a Marcela que era una nena mala, una perrita barata y una putica primeriza, que el apenas estaba a la mitad y ella ya había terminado, ella dijo que era mi culpa, que yo la había hecho mojar antes chupando su colita solo porque me gustaba tomar toda la lechita. Iván nos miraba excitado y mientras seguía haciendo su papel de enojado saco un par de collares de perra que nos ordenó usar, luego tomo la cuerda que Marcela uso antes y mientras miraba cada uno de los muebles comenzó a decirnos que nos iba a castigar a ambas, a Marcela por ser tan puta y a mí por hacerla mojar para tomar su lechita. Mientras Iván miraba cada mueble Marcela me puso el collar y notando que todavía tenía el juguete erótico entre las pantis subió mi faldita para meter su mano y acomodarlo entre mis nalgas mojadas, en ese momento Iván se dirigió a la mesa del comedor en donde me había encontrado atada esa noche y nos llamó, apenas llegamos a donde estaba me tomo del cuello con fuerza y señalando con su otra mano al piso me pregunto qué era eso, yo le respondí que era mi lechita, pues me había mojado toda mientras me comía más temprano, él me dijo que lambiera mi reguero y comenzó a atar las piernas de Marcela a las patas de la mesa.

    Era una mesa rectangular mediana, así que yo tuve que estar entre sus piernas con mi boquita pegada al piso mientras el ataba a Marcela, cuando termine él me dijo que me pusiera en el otro extremo de la mesa y también me ato a las patas de la mesa en los tobillos, luego nos inclinó sobre la mesa y nos ato las correas de perrita que estábamos usando de forma que nuestros labios quedaran justo a punto de tocarse y ato nuestras manos a la espalda.

    Primero estuvo un rato dando castigando las nalgas de Marcela, mientras hacía que nos besáramos y que una, la otra o ambas pidiéramos su verga, o dijéramos que éramos putas, sus perritas, sus esclavas, volvió a meter su verga en el culito de Marcela y mientras lo hacía comenzó a castigar mis nalgas por encima de la falda con una correa, a cada correazo yo daba las gracias y movía mi colita lo más sensualmente que podía, eso porque ardía en ganas de volver a sentir esa verga en mi culito, quería que el novio de mi niñera volviera a montarme toda como a una perrita, quería sentirme poseída y a su merced nuevamente.

    Después de comerse un rato a mi amiga, Iván saco su verga y con ayuda de una silla la puso en la mitad de nuestras boquita, las dos la besamos y la lamimos como dos hembras mientras el llevaba una mano a cada culito, cuando toco el mío noto el juguete que tenía entre las pantis y me dio una nalgada, entonces le dijo a Marcela que ahora veía por qué la había contratado, pues nada mejor que una putica para cuidar a otra, se bajó de la mesa y se ubicó detrás de mí. Lo primero que hizo fue levantar mi faldita, entonces sin bajar mis pantis tomo el juguete y lo metió por mi culito haciéndome gemir como una nena, dejándome así bajo mis pantis y comenzó a pegarme en las nalgas con su verga, luego con sus manos.

    Luego de unas cuantas nalgadas fue por algunos látigos y estuvo castigándome una rato, mientras lo hacía nos trataba a las dos como unas putas, nos decía lo perras que éramos y nos hacía besarnos, también dejaba a ratos mis nalgas para castigar las de Marcela, estuvo jugando con nuestros culitos con algunos de los juguetes que había, haciéndonos rogar a las dos por su verga en nuestros culitos, el final nos dio gusto a ambas y antes de soltarnos metió su rica verga a cada una durante un rato. Cuando nos soltó nos indicó que nos acomodáramos en un sillón, una a cada lado y sentándose en la mitad volvió a atar nuestras correas juntas, así nos puso a que lo chupáramos juntas hasta que sentimos como su verga se ponía más grande, más dura, entonces nos acomodó con las boquitas a los lados de su verga para comenzar a venirse, su semen salió disparado hacia arriba y yo vi, casi en cámara lenta como subía y volvía a caer hacia nuestras caritas, sentí como su leche caía en mis mejillas, en mi cara, mis ojos y mi pelo, otra parte baja por su verga y era absorbida por nuestros besos. Iván nos sujetó hasta que dejamos su verga completamente limpia

    Luego nos soltó y nos sentamos ambas en el sillón a descansar mientras él se vestía apresurado, Marcela compuso la ropa que aun tenia puesta y le abrió la puerta mientras acordaban su próximo encuentro y las cosas que ella debía preparar, en eso menciono un par de veces mi nombre escuche sus besos en la puerta y como Marcela la cerraba y volvía a la sala donde yo la espera todavía vestida como una nena con las piernas abiertas y sentada en el sillón. Cuando ella regreso me dijo que descansara mientras se ponía la pijama yo me quede sentada mientras escuchaba como ella arreglaba cosas en el cuarto donde había puesto su maleta, rápidamente regreso en una bata blanca que dejaba ver unas pantis y un sostén blancos, traía una bola rosada en sus manos y cuando llego me dijo que me pusiera de pie, note que ella había vuelto a retomar el rol de niñera y después de desnudarme me reviso bien el culito y me limpio con una toalla húmeda, me quito toda la ropa mientras me decía que era una niña muy mala, que la había hecho quedar mal, señalo la mancha de su lechita en mi vestido y me dijo que era mejor que lo lavara temprano en la mañana, pues si lo dañaba debía vender mi culito para pagarlo, una vez estuve desnuda saco de la bolsa un enterizo rosado de la Barbie, de esos que tienen botoncitos entre las piernas y me dijo que lo usara, luego me paso unas medias de liguero blancas, una bata rosada y unos guantes blancos que me fui poniendo ante su atenta mirada.

    Apenas estuve vestida me indico que podía tomar algo y después debía cepillarme los dientes y prepararme para ir a la cama, pues ya estaba muy tarde. Cuando Salí del baño ella me espera en la puerta de la habitación, me tomo de la mano y le llevo cerca a la cama, se sentó y levantando mi bata noto que ya tenía mi ropa interior mojadita, me regaño, me acostó en sus rodillas y me dio algunas nalgadas, también metió sus deditos por mi culito mientras me decía lo putica que era, luego soltó los botoncitos de mi enterizo y sacando un pañal rosado me indico que me pusiera en posición para usarlo, mientras me lo ponía me dijo que a su novio Iván le encantaba hacerla usar esos pañales sucios, que la hacía lamerlos y hasta dormir usándolos como almohada, cuando lo tuve puesto ella tomo un vibrador en forma de plug que no había visto antes y lo metió por mi culito. Antes de prenderlo ato mis manos juntas a la parte de arriba de la cama y me puso boca abajo, entonces sentí como lo prendía, como jugaba con las velocidades, después comencé a sentir que crecía en mi culito, la mire y vi que tenía dos controles en su mano, entonces me dijo que el plug que tenia se inflaba adentro de mi culito, como el de un perrito, que debía aprender a usarlo pues su novio tenia uno doble y le había pedido que para una próxima vez estuviera preparada por que lo quería usar para tenernos abotonadas como dos perras pegadas por el culito.

    Yo me sentía muy caliente mientras ella jugaba con mi culito, entonces me dio vuelta y se puso encima de mí y comenzó a tocarme por encima de la ropa de mujer que estaba usando mientras ponía sus pantis sobre mi boquita, me estuvo tocando así mientras aumentaba el tamaño del dildo que tenía en mi culito y cambiaba su velocidad hasta que me moje toda, me vine en ese pañal como una nena, quedando muy mojada, ella lo noto y apago el vibrador, luego comenzó a masturbarse encima de mí, mientras bajaba lentamente el tamaño del dildo en mi culito y sacando su colita de sus pantis la metía en mi boquita de vez en cuando, solo para volverla a guardar después, estuvo así un rato hasta mojarse toda mientras sus pantis seguís pegadas a mi boquita, cuando termino se movió sacándolas primero por una pierna de forma que puso volver a meter su colita en mi boquita para que la limpiara bien y me tomara cualquier resto de su lechita, cuando termine ya se había quitado sus pantis y las metió completas dentro de mi boquita antes de bajarse y acostarse a mi lado para quedarnos así como estábamos profundamente dormidas.

  • Primera infidelidad de casada

    Primera infidelidad de casada

    Hola a todos y todas soy Marina, tengo 35 años de edad, estatura media, una mujer considerada del común nada de medidas de reina, aunque soy muy activa en cuestiones sexuales, les voy a relatar el cómo fue que inicié mis infidelidades, en el transcurso de un viaje en taxi, me hice a un extorsionador que se convirtió en mi pervertidor, experto en esas lides, aunque he disfrutado muchas veces, quiero compartirles mi historia, que corresponde a una situación real, carente de fantasías y adornos literarios.

    Soy una mujer casada y mi esposo es una persona que se puede considerar buena gente, trabajador, responsable y un poco frío, situación que me llevó a que me enrolara con un excompañero del colegio y saliéramos de vez en cuando a tener encuentros sexuales sin compromiso y disfrutar un rato juntos, es decir cuando alguno de los dos quería, llamaba al otro, aunque yo quería que fuese más seguido; todo transcurría normalmente en nuestros encuentros de una vez por semana, corría el segundo mes de relación furtiva cuando solicitamos el servicio de un taxi, es de anotar que vivíamos relativamente cerca, el taxista de unos 28 años, apuesto y con una musculatura bien marcada, nos llevó a nuestro nido de amor y muy atento nos ofreció el servicio de recogida en el motel que habíamos elegido, aceptamos el servicio para evitar ser vistos por alguien casual conocido, me llevó a mi lugar de residencia, mi amigo se quedó por el camino, pues vivía en un sector cercano, en ese trayecto restante me platicó que yo era muy bonita, que a qué me dedicaba y muchas cosas más rutinarias, yo le respondí con la verdad, ese fue seguramente mi error, hasta que explotó la bomba y me dijo que tenía todo grabado en video y me enseñó algunas imágenes tomadas con una cámara go-pro, ahí me estaba besando y toqueteando con mi amigo con derechos, me dijo que se las entregaría a mi esposo si no accedía a estar con él como su perra sumisa y sin protestar, le supliqué, le lloré y no fue posible que me dejara en paz, ni con amenazas de ir a la policía, accedí a verlo al día siguiente, me recogió a eso de las 2 de la tarde, me llevó a un cuarto de habitación que tenía rentado con una cama, un baño, un televisor, una radio grabadora y una nevera pequeña con algunas cervezas y licor, parecía que nadie lo habitaba aunque tenía lo básico de una vivienda.

    No bien entramos a esa habitación me ordenó quitarme la ropa y ducharme, yo quedé estupefacta, sentí que se me abría el piso, accedí a regañadientes, el tipo a quien llamaré José, también se desvistió y se metió a la regadera, me ayudó a enjabonar de la manera más morbosa ya que me trataba de meter el dedo en el culo y por mi rajita, me daba palmadas en mis nalgas y le grité que no lo hiciera ya que me dejaba marcas o morados y si mi esposo me descubría y tendría problemas, accedió y nos tiramos en la cama, de una me ofreció su verga para mamar, cogiéndome del cabello del lado de las orejas y obligándome a tragar casi en su totalidad un trozo de carne de unos 18 centímetros y algo aplanada a los lados, con la cabeza limpia como si fuera una cabeza calva y un tanto doblada hacia la izquierda, yo le gritaba que fuera más delicado y el muy salvaje solo se reía, decía pero si eres una gran puta, ¿de qué te quejas?, me decía que me estaba grabando para tener más pruebas de que yo era una perra, aunque yo no veía cámaras por ninguna parte, cuando sintió satisfecha su perversidad oral, me puso en cuatro y de un solo envión me penetró con violencia, un rito desgarrador se escapó de mi garganta, ayy maldito, sea más delicado, pendejo, le grité, me bombeaba con tana fuerza que yo estaba entrando en un dilema, me estaba gustando demasiado esa vergota o me estaba lastimando, obviamente me estaba gustando y mucho.

    Por otro lado recordaba a mi esposo con sus actos cariñosos y pasivos, amoroso y delicados, mi amigo con derechos era un poco más activo, recursivo y habilidoso, pero este salvaje no se comparaba con nadie, estaba dándome una clavada de verga brutal, pero deliciosa, cuando se cansó se acostó boca arriba y me hizo sentar encima de su verga que no dejaba de estar parada, cuánto aguante tiene este maldito, pensaba yo, me hacía girar primero que le mirara la cara, que me sentara de medio lado, que diera la vuelta y le mostrara la espalda, yo accedía encantada y perturbada a la vez, me gozaba a un desconocido que me obligaba a recibir tanta verga y en la forma que ese tipo quería, me sentía como una cajita musical dando vueltas encima de ese tipo, me sentía con la cara enrojecida por los insultos y comentarios morbosos de José, quien no dejaba de decir, que rico culo tienes, me encantan tus nalgas, y eres una puta, eres una perra y con mucho potencial entre muchas morbosidades, obscenidades y groserías, para terminar esa posición es que de manera desvergonzada me metió uno de sus dedos en mi culo, al menos una falange, yo grité y me baje, él se botó encima de mí, comenzó a bombearme al estilo misionero, posición propia y apetecida de mi esposo, pero con la diferencia de la fuerza, besos y apretones de tetas, de repente comenzó a estremecerse y se la agarró con la mano, gateó hasta estar cerca de mi cara, llenándome de semen espeso, caliente, me escurría por la frente, los ojos, mi nariz y cabellera, se reía con una sonrisa de burla y placer que se dibujaba en su cara, me la metió en mi boca chorreando aun leche y se la chupé hasta que se volvió a poner dura, ahí supe que seguiría recibiendo verga de manera indefinida, volvió a metérmela teniendo mis piernas en alto y ayudándome con las manos para no dislocarme, de repente cogió su verga con la mano y comenzó a sacudirla entre mis labor en un vai-ven de arriba abajo, al comienzo pensé, y este qué? Qué pretende, era una experiencia nueva para mí, pero no dije nada, entre otras cosas porque era una sensación nueva para mí, que me hacía sentir bien y estaba allí obligada, con la esperanza de que nunca volviera a pasar, cuan equivocada estaba.

    El tipo seguía sacudiendo mis labios y de vez en cuando me la metía un rato y volvía a sacudir con su vaivén frenético, fue cuando empecé a sentir algo extraño en mis entrañas y de repente un chorro de agua, orines o no sé qué salió disparado por mi orificio vaginal y le llegó hasta el pecho de José quien no paraba de reír y probar ese líquido desconocido para mí, lo disfrutaba visual y gustativamente, yo me retorcía, parecía un geiser brotando agua a chorros. Él sí sabía de qué se trataba el asunto de ese chorro, lo disfruté, otra cosa nueva para mí, un nuevo aprendizaje, situación que más tarde me explicaría y que yo enseñaría a algunos tipos con quienes he estado en cama. Ese día me hizo probar de varias posiciones, en cuatro patas, encima de él, girando en cuatro tiempos, de frente, de lado, de espalda, de lado y vuelta al ciclo inicial, cabalgando sobre su verga, en misionero, de medio lado, en fin, en ese sentido era una máquina ese patán, incansable, un experto para esa lides, yo como siempre una buena alumna, recordando lo enseñado por mi tío Federico y añadiendo cositas para disfrutar con mi pareja de turno.

    Tardamos metidos en esa cama unas dos horas y media, recibiendo verga brutal, obscenidades verbales, aprendiendo de un tipo desconocido que sabía mover ese culo, que me hizo disfruta como una loca y como nunca, cuando se volvió a venir dentro de mi vagina me abrazó y me dio un fuerte beso encantador, creí que no lo iba a hacer nunca, me sentí protegida, hasta feliz y aunque tenía ganas de salir corriendo sabía que cogidas de ese talante iba a recibir por algún tiempo, al menos hasta que se cansara, nuevamente me equivocaba enormemente.

    Nos bañamos más delicadamente y me llevó en su taxi hasta mi casa con la promesa de nuevas, pero más grandes y excitantes momentos o tardes de deporte como decía, como dato curioso nos veíamos una vez por semana, siempre los lunes, con mi amigo trasladé los encuentros para los días jueves, pero un poco más espaciado, entenderán que la calidad es importante para una de mujer; en mi mente ahora estaba este salvaje que me estaba volviendo loca.

    Como si todo confabulara a mi favor o no sé, llegó el día que mi esposo por cuestiones de trabajo debería cumplir una comisión y viajar por 48 horas a una ciudad intermedia, un tanto distante de la ciudad en que vivo, por ingenuidad o no sé qué razón le conté a José quien me dijo “uy mamacita rica” te voy a preparar una sorpresa que no olvidarás nunca”; para presionarme me enviaba fotos de mi primer viaje en ese taxi con mi amigo y videos cortos de la cogida primera que tuvimos, los mismos que decía enviar a mi esposo de no acceder a sus caprichos, sabía que me estaba pervirtiendo, volviéndome una perra, puta deliciosa como decía José.

    Se fue mi esposo de viaje, José me recogió como de costumbre, llegando a esa habitación de perversión y lujuria, en la cual estaba uno de sus amigos con una chica de unos 20 años, ya se imaginarán mi susto e impresión en ese momento, me sentía abusada y en manos de esos dos tipos prácticamente desconocidos para mí, los cuales resultaron ser unos maestros del culeo, pero eso es otra historia que pronto conocerán.

    Mi entrenamiento de prostituta y maestra duró unos tres meses, en manos de ese salvaje maestro, gracias a Dios mi esposo nunca se enteró de estas andanzas mías, hasta la fecha sigue siendo buena gente, santurrón, delicado y cachón que es lo más triste, no sé qué haría ese señor si se entera de mis movimientos y andanzas. Con mi compañero de colegio también se terminó esa relación de derechos, aunque seguimos con charlas calientes, recordando muchas cosas, siendo buenos amigos y confidentes. Hoy en día procuro tener sexo cada día, días en que puedo escapar de casa o me conformo con mi esposo.

    Por este medio seguirán conociendo historias reales de mis andanzas y entrenamiento de este taxista, que era un perfecto desconocido, vulgar y patán, el que se convirtió en mi maestro, pervertidor y domador de una alumna que tenía algún conocimiento en esa materia y se graduó con honores, con experiencia de avanzada.

    Si quieres comentar hazlo por favor, trataré de leer y contestar lo que pueda, me despido Sandra, la Zángana pues así decía mi violador, tengo recuerdos de mi vida estudiantil con compañeros, profesores, amigos, infidelidades y muchas cosas más.