Autor: admin

  • Mi profesora me orienta sobre un trabajo

    Mi profesora me orienta sobre un trabajo

    Sé que muchos ante mi relato pensarán que soy un vulgar mentiroso, pero lo que voy a contar, es algo verídico, algo que me sucedió hace unos meses y aun hoy sigue sorprendiéndome.

    He de empezar hablando sobre mí y contar que soy estudiante de Derecho. Este año estoy cursando tercero y para mi desgracia es bastante difícil, así que cuando Lourdes, la profesora de Derecho del Trabajo nos encargó el trabajo sobre las ETT’S no dudé en subir a su despacho, para que me orientara. Tal como es costumbre concerté cita, y me presenté el día señalado con todo el material.

    Cuando llegué, ella estaba colocando algo en el estante más alto del fichero, y como es algo bajita, se tenía que poner de puntillas. Pude ver como se contraían los músculos de sus piernas. Unas piernas preciosas, torneadas y tersas como las de una niña, que siempre muestra pues le encanta lleva minifaldas.

    Me invitó a tomar asiento y yo saqué mis bártulos y le empecé a explicar lo que pretendía hacer, como pretendía enfocar el trabajo. Ella muy interesada, se levantó y se puso a mi lado, sentándose sobre el pico de la mesa. Yo seguí explicándole lo que pensaba decir, pero cada vez me resultaba más difícil no dirigir mi vista hacia sus piernas. Ella las había cruzado al sentarse y por entremedias podía verle las braguitas.

    Empecé a ponerme nervioso, pero ella no parecía darle la menor importancia. Al contrario, sonreía.

    Intenté concentrarme al máximo, pero sin querer tiré al suelo el código con la Legislación Social Básica. Ella se agachó para recogerlo clavándome casi sus nalgas en mi cara. Entonces no pude más y le acaricié los mulos. Muchas veces había fantaseado con aquella situación. Ella puso el libro en la mesa.

    —Eres muy descarado —dijo.

    Pero ya todo me daba igual. La agarré por la cintura tumbándola sobre la mesa. Todos mis papeles se arrugaron. Le abrí la blusa y empecé a manosearle los pechos con mis ávidas manos. Mis labios se deslizaron por su cuello como una serpiente. Ella gemía, pues lo que le hacía le daba placer. Bajé mi lengua por su cuerpo hasta el ombliguito y empecé a mordisqueárselo.

    Ella frotaba su sexo contra mi cintura. Metí mi mano entre sus piernas. La muy golfa estaba chorreando. Le introduje mis dedos en su rajita mientras le mordisqueaba los pezones. Ella gritó por la mezcla de placer y dolor. Bajé mi boca buscando su clítoris y se lo lamí. Quería oírla gritar de placer. Y así fue. Entre espasmos y gemidos ella me soltó su “geiser” en mi cara.

    Me empujó con las piernas y se levantó obligándome sentarme en la silla. Se arrodilló y me empezó a lamer la polla. Yo acariciaba su pelo y le pellizcaba los pezones. Se me había puesto como un canto, como la columna de Trajano. Quise penetrarle, pero me detuvo.

    —¡El condón! —gritó.

    Me di cuenta de que no llevaba, así que la puse a cuatro patas, me ensalivé los dedos y se los metí en el culo. Ella gimió de dolor, pero no me dijo que parara. Sin duda, no era la primera vez que la hacían algo así. Se la clavé en el culo. La envestí como un jabato. Quería que la sintiera bien dentro. Notaba como me venía el placer final. La agarré con fuerza de los pechos aplastando su espalda contra mi estómago y ella volvió a gritar y a zarandearse de gusto. Me excité como un animal y me corrí al instante.

    Durante unos segundos ambos respiramos jadeantes en el suelo, por el placer recibido, pero de repente nos dimos cuenta de lo que habíamos hecho y no pudimos ni mirarnos a la cara. Yo recogí todas mis cosas y me fui avergonzado.

    Pocos días después presente el trabajo sobre las ETT’S y al recibirlo calificado, venía con la siguiente aclaración:

    Contenidos: 6,5

    Enfoque: 9,5

    Nota final: 8

    Tu trabajo tiene algunos problemas con los contenidos pues no has hablado en profundidad de la relación entre empresaria, usuaria y ETT’S… sin embargo tanto tu enfoque “como la forma de preparar el trabajo son excelentes”, así que no dudes en venir a aclarar cualquier duda que puedas tener al año que viene conmigo en Seguridad Social. Lourdes.

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  • Mi suegra encontró la horma de su zapato

    Mi suegra encontró la horma de su zapato

    Esta historia descorre el velo sobre “de eso no se habla”. El open mind, o mente abierta, ese estado de libre albedrío que permite aceptar cosas que no son bien vistas socialmente o la predisposición para lo nuevo, raro, poco usual y novedoso de incorporarlas, individuos que no la van con el molde estructurado y conservador, adelantados en el descubrimiento de otros comportamientos.

    Los “open mind”, solo somos adelantados, algunos dirán atrevidos, yo prefiero llamarlos espíritus libertarios. Pasan cosas buenas en una familia, a nosotros nos gustó comentárselo, espero que ese gusto sea compartido, al final del relato encontrarán de qué modo podemos intercambiar experiencias…

    Desde hace unos años estoy en pareja con Alicia, una muchacha plena en toda la acepción del término, sus 21 años contrastan con mis 40, tan solo en los números fríos, porque en el encuentro de pasiones vamos codo a codo con el deseo y la calentura, por eso mismo decidimos convivir. Por esas cosas de la economía y de que su mamá (Lidia) no se quedara sola, decidimos que la casa familiar tan espaciosa, sería también nuestra residencia.

    La madre de Alicia, transita sus 52 años, bien llevados y mejor lucidos. En cuestión de edad estoy a mitad de camino entre las dos mujeres de la casa.

    Mi pareja heredó las buenas formas de su progenitora, algo más bonita de rostro, pero con menos “tetamen” que la madre, ambas comparten el admirable trasero como marca de fábrica, no pasa indiferente a la mirada libidinosa de los hombres.

    Doña Lidia, como suelo llamarla adrede, para molestarla con el “doña”.

    —¡Doña!, ¡las pelotas! Deja de joder, doña es una mujer que “pasó a cuarteles de invierno” y yo estoy en actividad, no tengo marido, porque decidió morirse hace cinco años, pero soy una hembra en “edad de merecer” ¡Qué tanto eh!, y se palmea la nalga en demostración de la firmeza de sus carnes.

    Me gusta provocarla, mostrar esa enjundia, espíritu de pelea que tan bien le sienta a la expresión altiva y tan sensual que me provoca “cosa” cuando se pone de ese modo, ella que de lenta no tiene nada, se da cuenta de que esa ocurrencia es parte de una estrategia de seducción mutua, su forma de retrucar ese dicho, me hizo suponer que todo esto tiene un propósito desconocido en ese momento.

    Como en todas familias las divergencias y conflictos son moneda corriente, pero nada tan grave como para que dure más de un día; la convivencia no es fácil, solo es cuestión de poner voluntad y ganas para aprender a tolerar el pensamiento y gustos distintos. En la visión de las relaciones humanas, la tolerancia y respeto hacia el prójimo había consonancia, teníamos más consenso que disenso, tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan. Somos adictos a los juegos de palabras, graciosos y con una segunda intención.

    En una ocasión esta frase en tono jocoso: “el matrimonio dura lo que dure dura”. Mi suegra dijo: – Ah, entonces no tendrán problemas… – Supongo… aunque eso lo debería decir tu hija. – Ella no es imparcial, puede estar forzada a mentir, ja! -Veo que no me cree… ni sé qué más puedo decir en mi favor… ¿Qué pruebas necesita?

    ¡Touché! Está bien, está casi la ganas, las pruebas son los gemidos fuertes de Alicia en las noches, que luego me dejan alterada y me cuesta dormirme. Deberían ser menos efusivos o menos ruidosos.

    —Bueno eso debe decírselo a su hija, ella es la gritona. Y… seré un poco atrevido si le pregunto, ¿Cómo hace para calmarse?

    —¡Epa!, sí que eres atrevido. – silenciosa espera… – Bueno… como hacen algunas las mujeres que escuchan gemidos y jadeos tan enfervorizadas… ¡No me preguntes más!…

    Sonreímos, de momento esos puntos suspensivos escritos equivalen a miradas sugerentes que insinuaban un continuará… por la llegada de Alicia y la otra hermana, venían para la cena.

    El impasse duró hasta el lunes en el regreso de mi trabajo, la “doña” estaba preparando café con esa receta familiar de agregarle un toque de canela que tan bien sabe hacer. Me quedé sentado sin que Lidia hubiera notado de mi presencia (creía), así como cinco minutos o más, viendo ese movimiento de “entre casa”, con la impunidad que da creerse sola, en un momento se levantó la falda y acomodó el colaless de la tanga, en otro movimiento metió su mano bajo la camisa y se acomodó las tetas, movimientos habituales, pero no cuando los ojos masculinos están pendientes y estudiando su anatomía.

    De tonta no tiene nada, era el cazador cazado, ella supo de mí en todo momento, el reflejo en una bandeja de acero inoxidable servía de espejo para tenerme controlado, todos esos movimientos habían sido hechos adrede, más aún, exagerados y lentos como cuando metió la mano bajo la falda para “acomodarse” la tanguita negra, parodiando al chapulín colorado “todos sus movimientos estaban calientemente calculados”, diríase que causalmente exagerados para causar el efecto deseado. El juego del gato y el ratón que le dice, yo era el ratón, ella la gata que juega con mi deseo.

    —¡Epa! No te escuché llegar, me sorprendiste. ¿hace mucho que estás?

    —Bueno… no… hace poco…

    —Y yo inocentemente haciendo café y moviéndome en soledad… bueno contigo. ¿Que viste?

    —Bueno… no mucho… Solo un poco…

    —¿Y… qué te pareció? ¿Te gustó?

    —Sí… por qué negarlo… estás buena… diría que mucho…

    —Bien, me gusta. ¡Así me gusta! Nos vamos entendiendo ¿No? ¿Podrías decir que estoy buena para estrenar yerno?

    No sabía hasta donde quería llegar, pero dejaba en evidencia que le gusta apostar fuerte, sobre todo en estos temas de la seducción, estaba evitando un problema, quería ver sus cartas, que mostrara lo que tenía entre manos antes de aventurarme.

    —Por los efectos… (me señala la bragueta abultada) la exhibición fue efectiva, ¿o me parece nada más?

    —Sí, claro. A que negar, la evidencia está a la vista…

    —No tanto, más bien está oculta. ¿Me dejas ver?

    La “doña” había puesto “toda la carne en la parrilla”, que falta hacía decir algo más, todo estaba súper claro, sus intenciones se correspondían con las mías, provocado o no era algo que me rondaba cada noche desde hacía varias noches. Las ganas acumuladas eran de ambos lados del deseo.

    Sabíamos que teníamos al menos tres horas de recreo, “piedra libre” para jugarnos una partida de sexo en su cama.

    —¡Vamos! No te hagas rogar, vamos a mi cama, hace tanto tiempo que ese lecho no tiene una encamada

    que lo alegre. Yo necesito esa alegría que solo tú me puedes dar, necesito esto, y me acaricia la verga.

    Pegado a su trasero, tomada de las tetas, en tándem, caminando con la dificultad de estar tan pegaditos, pero generando esa calentura que nos debíamos de hacía tanto tiempo, estaba por cerrar la puerta, pero me lo impidió.

    —Deja abierta, así podemos escuchar si llega Alicia.

    Me dejé hacer, libera el objeto de su deseo. Lo sacó fuera y se lo engulló de un bocado, ansiosa por sentir el fruto prohibido, solo lo sacó para decir: – Tal como decía Alicia ¡Qué pedazo de pija, qué gorda es! Y siguió mamando.

    Demostró sus habilidades de mamadora, sabe todo lo que disfruta un hombre, cómo encerrarla entre sus labios, esconder los dientes (sin rozarme como su hija) subir y bajarse, abarcar todo el tamaño del miembro. Sabía cómo acomodar la boca y la garganta para hacerle “garganta profunda” meterse todo el choto hasta dar con sus labios en mis pendejos, algo que me gusta y no conseguía, porque a la hija le producía “arcadas” y se salía. Doña Lidia sabe hacer y bien, sabe cómo llevar a un tipo a la cima de su placer.

    Exhibía su necesidad de atención masculina, sin pudores, se me ofrece en bandeja de plata, y vaya ¡qué premio!, sólo un poco de esa grasa abdominal, esa que nombra Arjona en la canción, le dan el toque sexy, tomarse los pechos en el hueco de sus manos y ofrecerlas para dar de beber al yerno sediento es un gesto de buena voluntad. – Toma, es para hacernos amigos. Sonríe de manera pícara y atrevida. Me llevó de la mano hasta su dormitorio.

    Esta fue la carta de presentación, el prefacio del contenido, “muestra gratis” del tratamiento intensivo. Dispuesta para expresar sus deseos, recostada contra el respaldo de la cama, piernas abiertas y manos activas, descorre el vello enrulado, abre sus labios para que vea el brillo húmedo de su deseo. Sus dedos se mueven lentos y precisos, comienza a masturbarse para mí, conoce de sobra como excitar a un hombre. Voy reptando sobre el lecho, llegué a su cueva, me “agarré” a sus caderas.

    Reemplacé sus manos por mi lengua, lamí su raja, sabe a deseo, se aturde en gemidos, se agita en convulsiones, la exaltación sexual esta al tope de su resistencia física, se deja llevar en la ola salvaje del orgasmo, se reitera un par de veces antes de entregarse a la flojedad que deviene de ese torbellino de sensaciones, el terremoto interno pierde intensidad sin desaparecer del todo.

    No está muerto quien pelea, debe haber pensado en ese momento de recogimiento y saboreo del placer entregado a domicilio, directo de mi boca a su boca genital. Me aprieta a su sexo, encarcelado entre sus piernas y condenado a ser gozado por esta hembra insaciable.

    Fui por las tetotas, robarme el sabor de los pezones rosados y erectos, por la rapiña de las cerezas que coronan sus mamas. Llenarme las manos y la boca del fruto rosado, solícita da de mamar al hombre goloso.

    —¿Quieres que me ponga como te hace Alicia? También me gusta en posición de perrita.

    Sabía mucho de mí, conocía mi posición favorita, la dejé hacer

    —Espera, me pongo la almohada, doblada así te quedo bien expuesta, y me puedes domar a gusto. Seré tu putita, cuantas veces quieras. ¡Vamos mi macho, monta, estoy ardiendo!

    Esta señora “puso toda la carne en el asador” dispuesta a gozar y ser gozada. Para poner más brasas al fuego del deseo, separa sus nalgas, ofrece el espectáculo de su sexo regalando el deseo, pidiendo ser lamida nuevamente. Me dejé llevar por la invitación, lamí con intensidad hasta hacerla gemir, gritona y calentona como su hija, como decía mi abuela, “lo que se hereda no se compra”.

    Por los gemidos hasta me pareció que estaba en otro orgasmo justo cuando le entré, todo de un golpe, algo brusco, pero me pintó hacerlo de ese modo, me había calentado tanto que no me pude contener y se la mandé a guardar hasta el fondo de un solo envión. Se sentía tan ajustado como la de su hija, pero tan lubricada que fue solita hasta el fondo de su vagina.

    El sacudón brusco por la entrada, suma lo que pareció un orgasmo, la hizo vibrar, estrujar la almohada, morderla, gemir mientras mordía. Empinó bien el culito, me afirmé bien de sus ingles y comencé a meter con fuerza, con más violencia que lo habitual, esta mujer me había calentado de tal forma que me había alterado, desbordaba de lujuria y ella que se movía como una potra mientras la doman, todo convergía en acentuar mi calentura, llevada al extremo de aferrarme de sus cabellos y nalguear mientras vocifero guarradas, groserías al por mayor. Responde y nos perdemos en esos gritos de batalla de los sexos, estamos subidos al mismo delirio y nos quemamos en la misma hoguera.

    —¡Vamos, puto, cabrón, coge, coge! ¡Coge a esta puta que te va a dejar sin una gota de leche! ¡Coge, coge, coge…!

    Lidia se había transformado en una máquina de fornicar, sacudía sus caderas en círculo, adelante, atrás. Sus manos se tocan la concha, se agita y sacude nuevamente, parece electrizada, sacudida por una descarga eléctrica, se deja estar un momento y retoma y otra vez. Los gemidos son gritos quizás más fuertes e intensos que su hija cuando se viene, intento acallarla, tapo su boca me chupa los dedos.

    Acentúa los movimientos, me obliga a seguirla, pido que se detenga, que pare, necesito disfrutarla más, ella quiere su premio, yo seguir cogiendo… Ella ganó, forzó a venirme, me exprimía la verga, ¡qué modo de apretar sus labios vaginales! Me llevó en su calentura, arrastró sin poder contenerme, me gozó, me sacó hasta la última gota de semen.

    —Quédate, quédate, no te salgas, déjame disfrutarte, quédate dentro de mí.

    Exhausto, me derrumbé a su lado, más por la tensión puesta en esta calentura imprevista que por el gasto físico, la tensión emocional dominó la carne, amansando al macho cogedor. Lidia sonríe, con esa sonrisa franca, abierta, el rostro muestra las huellas de la batalla de los sexos, la mirada que refleja el goce increíble que acaba de tener.

    Coloca su boca en mi pene para limpiarlo, degustar el mix de sabores de la hembra caliente y el macho posesivo que la nutrió de leche recién fabricada para ella. Lidia se deja estar sobre mi vientre, en su mano el testimonio de su goce. Nos dejamos estar en el sopor que deviene de una entrega de tamaña dimensión, el reposo del guerrero que le dicen, mientras Lidia queda al cuidado del arma del guerrero…

    Cuando abrí los ojos, no entendía cómo ni de qué modo nos dejamos estar sin tomar precauciones, la razón se esconde cuando entra el gobierno de la pasión, por eso nos dormimos en los laureles del goce y ella, Alicia me está mirando desde el vano de la puerta, en silencio, expectante. Quién sabe desde cuando está viéndonos.

    Qué decir, qué hacer, son esas situaciones tan evidentes que no existe la más mínima posibilidad de establecer una “duda razonable”, la desnudez de los dos, los rastros de mi viaje por el interior de su mamá, se le escurren entre las piernas de la “doña”. Sin decir palabra toco suavemente en el hombro de Lidia para avisarle de la visita.

    La madre demostró tranquilidad, naturalidad, recostó su cara sobre mi pecho y habló con la calma de quien sabe de qué modo manejar esta comprometida situación.

    —Sólo pasó. Es bueno el Dany, es bueno haciendo el amor…

    —Estabas necesitando una alegría. ¿Cuántas?…

    —Es que llegaste antes, sólo uno solo, pero bien rico fue…

    —Ya tendrás tiempo para otros más… Bueno, mientras se acondicionan voy preparando algo para comer.

    Ni un reproche, ni un cuestionamiento, la cena normal, bueno había miradas cargadas de intencionalidad entre ambas mujeres. Esa noche bebimos más de lo usual, todo parecía igual, pero era distinto, ese no sé qué de algo flota en el ambiente.

    Terminado el café se va haciendo hora de dormir, pareciera que nadie está dispuesto a dar el primer paso, yo estoy sobre ascuas, tengo la sensación que algo está por suceder, pero ignoro que se traen entre manos. Demoro para ser el último en abandonar la mesa, el último sorbo de licor me lo arrebata de la mano Alicia y me lleva de la mano.

    Abre la puerta del dormitorio y me cede el paso, Lidia está en nuestra cama, ni pregunto, me desnudo y me agrego al dueto, ¡me hacen lugar en medio de las dos!

    Nazareno Cruz

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  • Con mi novia y su madre

    Con mi novia y su madre

    Me llamo Manuel. Les voy a contar mis experiencias. Salía con una chica llamada Paula de unos 20 años. Con frecuencia me llevaba a su casa. Allí conocí a su madre Sandra que tenía 41 años. Paula y Sandra eran de telefilme americano. Quiero decir de lo buenas que estaban. Las dos rubias. Estilizadas. Muy atractivas. Quizá la madre algo más robusta e incluso más bella. Los ojos de Paula son marrones, los de Sandra azules. La nariz de Paula es recta, la de Sandra respingona. Paula tiene algo más de pecho.

    Las dos vivían solas. Sandra estaba divorciada, por lo visto de un canalla absoluto que las abandonó a ambas en un mal momento.

    Uno tiene la suerte de haber estado en el paraíso si ha estado cenando en su casa. Con las dos. Esto que comento ahora es incluso mucho mejor que la propia historia con sexo. Me refiero a verlas con vestidos de noche, súper arregladas, cabellos con copetes, empapadas en perfume con música a todo volumen y cantando las dos a la vez “Stay” de Jackson Browne; o cantando y bailando “can you feel it” de The Jackson. Los movimientos que hacen son casi al mismo tiempo, contoneándose y apuntando con los brazos las dos a la vez. Si uno ha visto esto ya puede morir tranquilo.

    Son bastante desordenadas; a lo mejor dejan un vestido en cualquier sitio sobre una silla o la cama. O dejan una habitación con la persiana cerrada. Tienen montones de armarios llenos de ropa.

    Una tarde estaba en el cuarto de Paula. Haciendo el amor, bueno sodomizándola, metiéndosela por el culo. En ese momento aporrearon la puerta. Era la madre. Nos obligó a dejar de hacer lo que estábamos haciendo y nos vestimos.

    Paula abrió la puerta.

    —Deja de joder mama.

    —No estoy jodiendo. Sabes que no me gusta que te encierres ahí.

    —Pero si sabes de sobra que estoy con Manuel.

    —Ya —respondió la madre.

    —Lo que pasa es que estás celosa porque es joven y atractivo.

    —¿Qué insinúas?

    —Puta —insultó Paula a su madre.

    —¿Pero cómo te atreves?

    —¿Quieres quitármelo verdad?

    —Mira niña aquí la única que se acuesta con mis amigos eres tú.

    —Te refieres a Ricardo, puta.

    —Puta tu.

    —Y que sucedió con Jaime —le recordaba la hija a su madre.— No te echaste un polvo con él.

    —Bueno. Son cosas que pueden suceder.

    —Son cosas que pueden suceder… que pueden suceder.

    —Mira lo que te gustan los hombres de 40

    —Y a ti los de 20.

    Parece que la discusión se terminó y Paula se fue al servicio. La madre, Sandra puso un disco. Puso a Dionne Warwick. Se abalanzó sobre mí y nos echamos un bailecito. Me cogió de la mano y se la llevó debajo de su falda. Yo metí mano por debajo de las bragas y acaricié su sexo empapado.

    Cuando Paula salió del baño saqué mi mano de su horno húmedo. No dio tiempo se había dado cuenta.

    —Mira lo que hago ahora —dijo Paula que se desnudó.

    Yo sabía lo que tenía que hacer. Me desnudé mostrando mi bamboleante y erecta polla y de nuevo se la metí a mi novia por el culo. Al mismo tiempo Sandra se quitó la camisa y me mostró sus exquisitos senos. Mientras se la metía a su hija me obligó a coger esos pechos dulcísimos. Acercó su bellísima cara y me besó. Con su lengua. Me subió la adrenalina. Estaba a punto de estallar.

    Sandra, se terminó de quitar toda la ropa y se tumbó en un sofá. ¡Qué buena que estaba la madre! Saqué mi polla del culo de Paula, dispuesto a aprovechar la ocasión y me dirigí hacia Sandra.

    —chhh… una goma tú —me dijo lanzándome un condón que cogí en el aire.

    Me lo puse y la penetré por la vagina. “Que cabrón”, le oí decir a mi novia. Cuando giré la cabeza vi que ella tampoco lo estaba pasando mal. Tenía un dedo metido en su culo, otro en la vagina y se masturbaba el clítoris. Mientras, me follaba a la madre. Los dos jadeábamos como dos inocentes. ¡Que endiabladamente guapa era esa mujer! Como podía sentirla.

    —Sácamela anda —me dijo con los ojos cerrados.

    Hice lo que me pidió. Y besé sus pechos, casi me los comía. Vi como Paula seguía muy excitada toqueteándose. Volví a besar a la madre en la boca. La levanté y la puse de rodillas. Metí mi polla entre sus tetas. El gozo que sentí fue enorme y me corrí llenando su todavía joven cuerpo de mi lujuria espesa.

    Fui al servicio y traje una toalla. Limpié y sequé a Sandra. Le di un fuerte beso en el rostro; luego también a Paula. “Os quiero”, les dije.

    Cuando abría la puerta para marcharme escuché un sonoro beso. Esta vez se lo daba Paula.

    —Te quiero mamá —le dijo.

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  • Mi hermana y el fin de semana

    Mi hermana y el fin de semana

    Me acuerdo que aquel día perdí el tren que me debería llevar a pasar un fin de semana de ensueño con mi novia que vivía al otro lado del país. Volví a casa decepcionado, pues intenté conseguir otro pasaje y para esos días no quedaba nada. Mi frustración era total pues hacía meses que no veía a mi novia y esperaba esos días ansiosamente.

    Volví a mi casa con la moral por los suelos, pues mi fin de semana fantástico se había estropeado. Sonreí sin ganas al abrir la puerta pensando en la cara que pondría mi hermana, ella pensaba que tendría la casa para ella sola todo el fin de semana. Entré pensando que no había nadie y subí a mi habitación a tenderme en la cama y desahogar mis penas en el mundo de los sueños.

    Al pasar por la habitación de mi hermana vi que había luz y la puerta un poquito abierta. No le hice el menor caso, pues pensé que se la había dejado dada. Pero unos ruidos llamaron mi atención. Decidí mirar con cautela. No sé, la curiosidad me invadió. Así que, camuflado entre las sombras del pasillo, miré dentro. Vi a mi hermana desnuda encima de la cama. Ya la había visto antes, solo algunas veces y fugazmente en el cuarto de baño, siempre sonreíamos y ya estaba. Pero ahora era distinto.

    Ella estaba gimiendo, su mano estaba entre su entrepierna. Quise retirarme, pero mi cuerpo no obedecía a mi mente. Me fijé en sus pechos perfectos, sus pezones rosados estaban erectos, en uno de esos movimientos quedó abierta de piernas enfrente de mí, su coño estaba chorreando, una pequeña hilera de vello púbico lo adornaba. Sus dedos volvieron a entrar en su coño, haciéndola estremecerse de nuevo. Su otra mano acarició su pezón.

    Yo, me di cuenta que mi mano estaba acariciándome le polla por encima de mis pantalones, polla que ya hacía rato que estaba erecta. Sabía que estaba mal, era mi hermana. Pero aun así me la saqué y empecé a maneármela observándola. Ella gimió fuerte, se estremeció, gritó, ya que pensaba que estaba sola en casa y quedó tendida en la cama recuperándose de su orgasmo. Su coño abierto quedó en mi dirección.

    Al ver que ella había terminado me fui rápidamente a mi habitación, tenía miedo de que me viera. Me desnudé y me acosté. En mi mente solo podía ver a mi hermana masturbándose, solo tenía en mente ese coño tan rico. Mi polla comenzó de nuevo a tomar vida y yo automáticamente empecé a meneármela pensado en ese coño. La puerta se abrió y yo rápidamente disimulé. Mi hermana se aproximó a mí, llevaba una bata de ducha puesta, toma asiento al lado de mi cama.

    Nos miramos, allá echó la ropa hacia atrás y quedé completamente desnudo ante ella. Sentí algo de vergüenza, pues mi polla seguía empalmada. Tras ver sonreír a mi hermana, su mano me la acarició, se puso de pie y se quitó la bata, quedando también desnuda delante de mí. Bajó sus labios hasta mi polla y comenzó a lamérmela. Yo ya había pasado de la sorpresa al más delicioso éxtasis. Segundos después sentí como me corría dentro de su boca, el placer fue increíble, pues era mi primera vez que me la chupaban hasta que yo acababa.

    Ella se fue a mi cuarto de baño dejándome en la cama recobrando fuerzas, al salir se fue directamente hacia la puerta y antes de salir me miró y sonriendo me dijo que no hacía falta que la espiara y que cuando quisiera a una mujer o tuviera muchas ganas de follar que pensara en ella, que los hermanos están para cuidarse unos de los otros.

    Ella tenía en esos tiempos 25 años, yo 28, han pasado algunos años más, los dos estamos casados, pero de vez en cuando nos y disfrutamos de nuestro secreto íntimo.

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  • Se cobró la infidelidad del marido

    Se cobró la infidelidad del marido

    Estoy siendo protagonista de una situación para contar en este espacio, cómplice de nuestras trapisondas. Una historia simple pero no menos disfrutada. Mi amiga, Lola, me propuso que difundiera su historia, de cuando le plantó una buena cornamenta a Gerardo, el gran cornudo. Luego de consumado el acto de plantarle la cornamenta a su marido me pidió que relate ese encuentro con todos los detales de esta primera.

    Esta ocurrencia de salir a contarlo fue algo que surgió entre polvo de esa mañana a todo dar, y hasta se le ocurrió crear una especie de club de mujeres para formar una especie de club del cornudo (en proceso de formación) donde recopilar las historias referidas por los futuros socios/as que adhieran a esta idea de Lola.

    Nuestro testimonio comienza así:

    Ella es Lola, nos vemos con cierta habitualidad, cuando salimos para el trabajo, en las mañanas, ella con el marido adosado como cancerbero que custodia el tesoro. Somos vecinos desde no hace tanto tiempo, tan solo un par de casas nos separa, coincidimos muchas veces en los horarios, ella con su marido, haciéndole “marca personal” como el mejor jugador de la defensa conyugal, yo sacando el automóvil del garaje.

    Hasta este día he guardado las formas, para no hacer evidente lo que me atrae su figura, buenas piernas, mejor cola y un buen tentador par de opulento “tetamen”. Con el disimulo que corresponde a las normas de la buena vecindad, recorro cada parte de su seductora anatomía con el mayor disimulo, aunque me pude dar cuenta que me registró varias veces “echándole una mirada para comérmela”, el cruce de miradas decía que no estaba ajena a la intencionalidad que ponía en observar sus movimientos, que todo este ida y vuelta de miradas furtivas quedaría tan solo en nuestro inventario personal.

    Con la mirada le hacía saber de mi admiración, deseo y esas ganas de ser algo más que vecino respetuoso, ella con un discreto gesto aparenta agradecer el galante piropo. Con el correr de los días esa expresión de admiración fue tomando cuerpo y esencia, hasta diría que se había instalado una especie de juego de seducción compartida y disfrutada por ambos. En camino al trabajo, más de una vez, he fantaseado con na relación pasional.

    Esa mañana, llovía copiosamente, Lola sale sola, lucha, y pierde, la pelea con el paraguas; cruzamos esa mirada cómplice de muchas veces. Espero que se aleje algo de su casa, despacio, muy, bordeando la acera, por el mal tiempo la calle estaba desierta, bajé el vidrio de la ventanilla, ofrecí llevarla, me arrimo a la acera como para hablarle, se anoticia de mis intenciones, me hace señas con la mano, que doblará en la esquina…

    Giro antes que ella, espero casi al final de esa cuadra, instantes interminables, con el corazón latiendo a mil, como todas las veces que siento la ansiedad de una aventura, urge pensar a toda velocidad las posibles alternativas de que podría pasar algo y la eventualidad de concretarla. Las deducciones a velocidad del deseo, lo primero que surge es que me hizo girar en dirección opuesta a la parada del bus, doy como posible, en calidad de muy, que esta será la oportunidad que estuve fantaseando. Ya está todo pensado, a suerte y verdad, la tengo junto a la puerta, se la abro para que ascienda.

    —¡Uff! —Suspiró aliviada— Me has salvado de una buena mojadura.

    —¿A dónde vas? —sonreímos puesto que lo dijimos casi a dúo.

    Pregunté con la voz y con los ojos arrobados por esa cara angelical.

    —Yo lo dije primero… —sonreímos…

    —A cualquier lugar… —Cierra los ojos— Hoy no pienso ir a trabajar, ¿tienes un tiempo para mí? —Agregó.

    A buen entendedor… no era necesario hablar demasiado, la suerte había caído de mi lado, el deseo se había convertido en realidad, con forma de mujer. Somos dos adultos que se vienen reconociendo, diría que como que se venían buscando, sabiendo por vecindad de la relación que dejamos en casa. Del coqueteo mañanero en las miradas, solo hizo falta que el diablo metiera la cola esa mañana para encender el fuego que nos consume.

    Para un pirata como yo, habituado a las conquistas de las esposas ofendidas, podía deducir que ella era una más en esa etapa donde el enojo con el marido tiene más entidad que las anteriores, que esa mayor entidad también amerita un escarmiento, hacerle algo que pague su culpa. Ella misma es arte y parte en esta sanción, es el sujeto y el objeto, necesita consumar esa condena marital. Podía sentir en sus gestos, exageradamente alterados, y en la mirada deliberadamente furtiva, que tenía delante a una vulnerable mujer, entregada para lo que dispusiera de ella.

    Si bien es cierto que soy un pirata consumado, tampoco soy un abusador de las circunstancias, me gusta ganar en buena ley, bueno no tanto tampoco, soy de hacer alguna trampa, con el justificativo de que “en el amor y en la guerra todas las argucias sirven”, pero con ella y estas circunstancias esa regla del buen pirata, no aplicaba.

    —Conozco un lugar… y discreto, donde podamos tomar un capuchino bien caliente para que te quites esa mojadura y… echar una buena charla. ¿quieres?… —dejé la pelota en su campo. Asiente, con la cabeza y suspira.

    Con toda seguridad ella había también descifrado mis intenciones, era bien fácil, para asegurarse de mis intenciones y que la llevara cuanto antes, besó su dedo índice y me lo puso en la boca por toda respuesta.

    Ordené mis pensamientos más lujuriosos y exageradamente lascivos, le obsequié mi sonrisa más atrevida y puse rumbo al hotel más cercano.

    Se dejó llevar, mansita, entregada, sólo le faltó decir estoy vulnerable, resignada al juego de la conquista. Apretó mi mano por toda respuesta, era una forma de rendir la plaza al asedio de tantas mañanas de deseo y fantasías.

    Un par de capuchinos sirvieron para producir el impasse necesario, que se despojara de las ropas húmedas por la lluvia, un par de whiskies, para aflorar bronca y despecho, así comenzó a decirme, ocultando la cara entre sus manos:

    —Ni te das una idea de cuánto quiero vengarme del infiel y crápula de mi marido, darle de su propia medicina y… qué medio más propio que hacerlo con mi vecino, que seas tú el que pueda tener estas carnes que me dices con los ojos desear tantas mañanas. De ese modo puedo matar dos pájaros de un tiro, hacerle pagar a ese gran hijo de puta su afrenta de haberme corneado con mi amiga y al mismo tiempo cumplirse una secreta fantasía, hacerlo con otro hombre, le entregué mi virginidad y solo hice el amor con él.

    Siempre hay un momento para todo, lo importante es estar en ese preciso instante, ¡ahí y ahora!, si el que está es uno cuanto mejor.

    —Necesito un tiempo… para ordenar mis pensamientos y serenar mis sentimientos…

    —Todo lo que necesites… no hay prisa, puedo estarme esperando todo lo que necesites. Pedí otros dos whiskies, tenemos toda la mañana y si no se da, tengo la promesa de lo mejor estará por llegar…

    —Gracias, gracias. —me besó en la mejilla, gesto de ternuroso agradecimiento. Un “piquito” en los labios como para firmar y confirmar sus dichos.

    Recostados sobre la cabecea de la cama, solo con prendas interiores, compartiendo la segunda ronda de un buen escocés con hielo. El llanto asoma al balcón de sus ojos color miel, buscó el asilo de mi pecho, dócil, se deja contener entre mis brazos, en esta postura habla mientras termina de beber.

    El licor, la contención y el calor del pecho masculino le dan el cobijo necesario, para bajar la guardia, dejarse acariciar. El lloriqueo se va esfumando, el calor de los mimos prodigados, van entonándola, el fervor interior va expandiéndose y trepando, la espiral de excitación sube y crece sorprendiéndola, cambia timidez por osadía, pudor por deseo, cayendo vencido el último de los obstáculos, expedito el camino hacia el triunfo del pirata.

    La caricia bucal humedece y entibia su cuello, cumple el efecto deseado, casi todas las mujeres sucumben a los besos en esa zona altamente erógena y receptora del deseo. Avanzo con fe ganadora, ansiosa de contención se deja conducir por los insondables vericuetos de la lujuria, enredarse en la realidad de sus propias fantasías.

    Giró la cabeza, los labios se encontraron, las lenguas suman intimidad al beso profundo, es la llave que abre las puertas de mi deseo y su venganza. Los besos se vuelven atrevidamente obscenos y deseablemente impúdicos, el cuerpo es terreno fértil, la semilla del deseo germina, se transforma en pasión descontrolada, el dique pasional desborda el deseo descontrolado inundando los cuerpos ardientes.

    Los gemidos adquieren tono, textura y consistencia de ansiedad, seca la garganta por el acalorado tránsito a la pasión desenfrenada, la página de deseo está en blanco, solo falta meter manos a la obra y escribirla en detalle, con pelos y señales, tatuar en la piel de su primer infidelidad un “eres mía”, que en realidad no le he tatuado, sino que fue escrito con un bolígrafo sobre el vientre, bien cercano al pubis, con la promesa de que se lo lleve como testimonio de que de ahora en más, me pertenece.

    Entregó su desnudez al elogio de mis caricias, a punto de ser tomada por el macho ansioso, el cuerpo vibra y sacude al ritmo de los mimos. Flexiona y arquea su cuerpo, abre las piernas, ofrece el papo abultado (vagina) oculto en negro vello, suavemente enrulado y prolijamente recortado. Ofrendo mi admiración y adoración ante el templo de todos los deseos masculinos, separó los labios, la roja carne trémula exhala esencia de mujer en celo, el clítoris asoma como pimpollo energético y estridente sonido del placer.

    La inminencia del contacto los hace vibrar y aletear como mariposas en la luz, el húmedo barniz del deseo tapiza de terciopelo nacarado del interior, toda ella está dispuesta al sexo furtivo, entregarse a la hoguera de las pasiones desatadas, dejarse llevar en el caballo alado del amor prohibido.

    Una breve sesión se sexo oral, la llevó el erotismo de la calentura a la cima de su monte de Venus, y la excitación al borde mismo del abismo del orgasmo, pero… no era el tiempo que su maestro ceremonial tenía en mente para esta primera infidelidad, aún no dispongo que sea su tiempo, llevarla otro par de veces al mismo borde del abismo intensificará su energía femenina, sumar grados térmicos en el marcador del deseo. Cuanto más elevado el marcador y más tiempo se mantenga a tope, cuanto mayor será el triunfo al hacerla llegar a ese orgasmo tan temido como entronización del placer máximo a que tiene derecho una mujer bien agasajada por su hombre.

    Su manera de ser, tan vulnerable y tan llena de ternura, ameritan mis mejores acciones, hacerla sentir respetada y deseada, que transite este momento fundacional de su infidelidad como un acto algo digno de recordar y venir por más, se arte y parte de un momento mágico, que le haga sentir ese “eres mía” en carne viva este momento de amor prohibido.

    Arrodillado ante el altar de los placeres, hago los honores de recibir la entrega y sumisión de la hembra, separo el delicado velo, interior pletórico de jugos, se detiene su reloj pasional cuando la cabeza de mi verga se asome entre los labios palpitantes, halaga la estrechez vaginal, dulce resistencia, trampa mortal para sucumbir al deseo más fantasioso. La dulce entrega gesta el despertar de la boa constrictor que me aprisiona y devora con inusual fervor al intrusivo miembro de su macho.

    Ojos cerrados, gemido profundo, jadea ahogándose, responde a la penetración, caliente y húmeda, sus músculos vaginales aprietan mi carne dura que se abre paso dentro de ella. Está consciente de que este es su momento, el momento que la causalidad le otorga, siente el deseo de gozar y ser gozada, e vaivén del metisaca se torna violenta e impiadosa a su pedido, entregados al goce pleno no dejamos perder en la vorágine de la locura pasional.

    Lola gime, preludio de un orgasmo… Nuevamente el macho sabe cómo manejar estas situaciones, entiendo sus necesidades, hacérselo difícil no es un acto perverso, sino hacerle acumular el deseo para que cuando sea llegado el momento supremo sea algo distinto a todo lo experimentado.

    Alternando profundidad y velocidad, sin abandonar el mar de su ostra, voy haciendo las alteraciones y movimientos aleatorios para hacerla disfrutar del movimiento del coito, sin anticiparle mis intenciones. De este modo puedo sentir en sus músculos y sentir en sus vibraciones la emoción de transitar el recorrido turístico por tantas sensaciones inéditas hasta que me pareció que era tiempo de hacerla llegar al final de la recorrida exploratoria, el momento donde culminan todo el esfuerzo y la pasión, donde terminan las palabras, donde acaban las ilusiones y se hace realidad brutal esa fantasía de hacer el amor con otro hombre.

    Soy ese otro hombre que la hace desembocar en el orgasmo, breve, tímido, suave, que se deja llevar mansamente, pero… esto no es el final, tan solo es el comienzo de todo.

    Detengo por un momento, confundo sus emociones, altero sus sentidos y cuando todo se parece a la calma… sin salirme de ella, solo la hago girar, de modo tal que seguimos encastrados, pero yo voy por debajo y ella es la jinete. Un par de nalgadas azuzan sus sentidos y la pongo en movimiento, incito a moverse al compás de mis elevaciones de pelvis, tomado de sus caderas baja hasta empalarse hasta el fondo de su vagina. Entiende el sentido y la forma de moverse que le indica su hombre, comienza con timidez, pero las nalgadas la ponen a tono de cogida enérgica y casi salvaje en su rítmico deseo de gozar y ser gozada.

    Un nuevo orgasmo le estalla dentro de ella, sorprendida y aturdida se detiene luego de un par de vibrantes latidos, y nuevamente las nalgadas avisar que debe retornar al movimiento, otro más y otro más la llevan a estallar en jadeos, gemidos y obscenidades gritadas al mejor estilo de un carrero. Comenzó una mujer tímida y con el estallido emocional de los orgasmos encadenados descubrió esa otra mujer, tan hembra, tan atrevida en la hora suprema del exagerado goce sexual y tan desaforadamente gritado.

    Ahora es mi tiempo, nos miramos a los ojos, los míos fulgurantes por el deseo, los de ella con el rímel esparcido entre lágrimas de pasión, entendíamos que era llegado mi tiempo. Volvimos al movimiento, ahora sus abundantes jugos hacer chapotear mi verga dentro del estuche, igualmente ella cierra sus músculos para hacer más prieto el contacto, la fricción más intensa y apurar la llegada de la esperma que pugna desde hace un buen rato por buscar derramarse dentro de su carne. Entiende el código masculino, de los movimientos previos al momento de correrme, el silencio y la concentración del varón son señales inequívocas de que está llegando a la culminación del coito.

    Mis manos, mis ojos y todo mi ser le avisan que estoy en la recta final, con la bandera de cuadros de la eyaculación levantada y por caer sobre la línea de sentencia…

    —¡Dale, vení! ¡Adentro! Llename “la argolla” (la conchita), ¡Rompe la concha! ¡Hazlo bien cornudo, cogete a su puta mujer! ¡Ven, dame, dame toda mi leche!

    Llamó al deseo, empujé para atravesarla, el semen llega, lo recibe gloriosa. Las últimas contracciones de su vagina aplauden al glande, cíclope que abre su único ojo, late y el chorro lácteo tapiza el ámbito vaginal. Delira frenética, se agita, se inclina y me pone sus tetotas en mi cara. Sigue montada en mí, sin dejar de observarme, los ojos color de miel, tienen una mirada suave, contemplativa, agradeciendo el momento tan sentido.

    Disfruta los últimos latidos de la pija dentro de su vagina, y comienza a gestar su regalo. Los movimientos vaginales sobre el miembro producen el efecto que había pergeñado: Hacer que el semen vertido en la eyaculación, sean escurridos casi en su totalidad, y fue abundante, se queden descendiendo en mi verga.

    Entonces hizo algo que me sorprendió, sobre todo por ser nuestra primera ocasión de intimidad, que se inclinara y sin dejar de observarme comienza a meterse la verga en la boca y lamerse el semen que su hombre hizo por ella y en ella, terminó de lamerla toda completita.

    Arrodillada, volvió a mirarse en mis ojos, las miradas eran distintas, la mía de satisfecho, ella agradecida y feliz por tantas y buenas sensaciones recibidas.

    Estorban las palabras cuando los gestos son tan elocuentes. La ducha tiene las paredes vidriadas, la observo entrar y evolucionar bajo la lluvia de la ducha, extiendo el mullido toallón para darle la bienvenida al regreso del baño.

    El abrazo contenido en la tela para recoger la humedad del baño, sirven para acercar cuerpos y sentimientos, creo que ese fue el instante de vincularnos afectivamente.

    Sentía el deber moral de hacerle sexo oral, de hacerla sentir latir en mi boca nuevamente, ponerla otra vez en la cima de sus emociones. Esta vez el orgasmo surgió con la espontaneidad de la confianza y la habilidad de su hombre.

    Es tiempo de coger, otra vez entrar en el placer de Lola, sin las tensiones y con el deseo a flor de piel, menos demora y muchas ganas nos estamos dando una buena cogida. Es tiempo de cambio de posturas, de bruces, boca abajo, me recibe en su vagina, con toda la vehemencia que esa postura nos propicia, asido de sus hombros impulsado a fondo en ella, elevo mis nalgas todo lo posible para enterrarme a fondo, con la furia propia de las calenturas que nos permite esa postura que prioriza las actitudes de dominador y someter a la hembra a la insistencia de entradas bien profundas.

    —¡Esto es tuyo, toma, recibe mi leche amor! —noté que dije esa palabra mágica unos instantes después.

    Después del último latido de la eyaculación, desenvainé la verga, salí de Lola. Volteó, se quedó mirándome a los ojos.

    —¿Te escuchaste? —asentí con gestos— Hmmm… y un gesto moviendo la cabeza.

    Se levanta del lecho, despacio, al poner los pies en el suelo, siente que el semen comienza a escurrírsele de la vagina, la mano a modo de cuchara recoge las primeras gotas del fluido vital, levanta la palma y me muestra cómo se las lame.

    —Hmmm, es tuyo, sabe bien, sabe a mí… amor. —Hmmm mueve la cabeza como cuando yo dije eso mismo.

    Habían transcurrido más de seis horas, desde que entramos al cuarto, un café nos volvió a encontrar como al comienzo, desnuditos de ropas y de pudores, pero ricos en placer y la experiencia. Es bien sabido que la mujer para ser infiel necesita justificarse, el hombre tan solo tener una mujer delante.

    Ella necesitó justificarse y comenzó a decir: “Sentí la necesidad de darle un escarmiento a ese cabrón de mi marido, porque hace dos semanas lo pesqué saliendo de un hotel con mi hermana, durante tres días estuve mascullando la forma de vengarme, pero con inteligencia y disimulo para no perder los beneficios económicos que dispone hoy. Tu servías a mis planes, por eso decidí cuando sería el momento oportuno, el encuentro en la calle no fue azar, sino causalidad, provocado por mí. Pero ahora… esa palabrita que has dicho hace un momento me hizo “temblar el piso” en un instante de lucidez entendí que la causalidad no solo era la venganza, sino que había una parte de fantasía y más de ganas por hacerte mío.”

    Luego devino la pregunta con propuesta incluida de continuar con esta forma de encuentros, de seguir con esta relación de amor prohibido, que ella lo deseaba y que, si yo también, podríamos continuar esta relación, que también ella sentía que había algo más que sexo, pero, así como estaba de momento nos dejaba a ambos con el sabor del encuentro, que debemos repetirnos… Hubo acuerdo, un beso profundo y bien trabajado con la lengua selló el pacto de ser amantes hasta que… nos separe.

    Luego de volver a escribir, con bolígrafo, en su vientre, más cerca del pubis angelical, “eres mía” me pidió que escriba esta historia, para recordar su venganza y memorar nuestro primer encuentro de muchos más.

    Nazareno Cruz

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  • Tarde calurosa con el huevón de mi maestro

    Tarde calurosa con el huevón de mi maestro

    Nuestros encuentros son cada vez más excitantes, sorpresivos y candentes, nos vemos e inmediatamente nos conducimos a un lugar solitario, apartado de la gente, con el único deseo de satisfacernos.

    Hoy tu verga estuvo deliciosa, genial, wow. La disfruté al máximo. Me fascino.

    Lo que marcó la diferencia hoy fue que la habías rasurado una noche antes, magnífica, así luce aún más grande y gruesa, se puede apreciar mejor.

    Mi impulso inmediato al verla deliciosa, rosita, reluciente, fue lanzarme hacia ella, meterla en mi boca y comenzar a mamarla. Genial.

    Inmediatamente comencé a salivar la lubrique, la hice mía con deseo incontrolable, me pediste que le diera mordiditas, ohhh, eso me provoca más, me excita. Al estar mamándola mi vagina empieza a humedecerse, siento vibrar mi panocha, es genial, una deliciosa mezcla de sensaciones y emociones.

    De pronto sacaste tus enormes huevos, siii, ohhh, maravilloso, me fascina meterlos a mi boca aunque sienta que me atraganto con ellos, ohh eso te excito más, sii, tomaste mi cabeza, me indicaste la intensidad, wow.

    Siii empecé a sentir ese sabor tan peculiar de tu semen, empezaban a salir pequeñas gotas siii.

    Después pediste aumentar la velocidad siiii, ohh mi vagina se contrae, mmm, siento como se acumula el agüita en mi vejiga, siii, siii, te contoneas, gimes, lo estás disfrutando, siiii, genial.

    Ohhh terminas dejando todo el semen acumulado en mi boca, lo trago degustando y percibiendo su delicioso sabor dulce, ohhh genial, en silencio tuve un orgasmo, ohh delicioso. Maravilloso.

    Quisiera seguir repitiendo estas deliciosas aventuras, la adrenalina me excita.

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  • Su esposo casi nos descubre (2)

    Su esposo casi nos descubre (2)

    Un mes después de que el esposo de Mónica casi nos descubriera, volvimos a encontrarnos por casualidad, cuando la vi, no pude dejar de mirarla, desde su cabeza hasta la punta de sus pies, algo había cambiado en ella pero no sabía que era, me miró y solo mostró una sonrisa, más de cortesía que de otra cosa, pensaba irme cuando su marido apareció de la nada.

    -hola, estarás ocupado el próximo sábado daremos una fiesta

    Me sentía un poco raro al ser invitado por su esposo pero no dudaría en intentar cogérmela de nuevo.

    -claro estoy libre, a qué hora y en donde

    Me dio una invitación, al parecer su aniversario era el motivo de la celebración, ahí estaré, solo respondí eso saludé a Mónica a lo lejos y me fui, tenía que encontrar la forma de meterla en esa cama de nuevo.

    “Ni se te ocurra ir” fue el mensaje que recibí justo después de irme, no conteste el mensaje.

    El sábado llegó, y de la nada me encontraba manejando hacia una cabaña con lago, al llegar había unas 40 personas, mostré mi invitación y me dejaron entrar, me dieron cuarto en una caballa muy cerca del lago, al parecer estaríamos toda la noche, en cuanto vi a su esposo, le dije:

    -una disculpa pero tendré que irme, no traje ropa para tantos días.

    -es temprano, puedes ir y regresar, si haces eso podrías llevar a Mónica a la tienda, olvidamos unas cosas.

    -claro, puedo comprar algo ahí para no ir hasta mi casa

    Mónica al escuchar esto solo me miró y dijo que no quería molestarnos pero su esposo la convenció, así que ahí estábamos, Mónica, su sobrino de 20 años y nosotros dos.

    El viaje más incómodo del mundo, cuando llegamos, cada uno fue a buscar sus cosas, le dije que iría por ropa, y en cuanto nos quedamos solos ella se acercó a mi.

    -te dije que no vinieras

    -y decepcionar a tu esposo

    -No lo entiendes, estamos pasando por un mal momento, el piensa que tengo un amante

    -¿y lo tienes?

    -claro que no, solo he estado con el… Y contigo

    -y porque pensaría que tienes un amante

    -es por tu culpa, por eso te invito para saber si te acuestas conmigo-

    -pero dijiste que no sospecho nada

    -no fue por lo de esa noche, fueron los siguientes días, me dijo que me veía muy feliz, muy relajada

    -y solo por eso lo piensa

    -No… dije tu nombre…

    -¿que?

    -Lo estábamos haciendo y dije tu nombre, fue solo un momento, pero creo que lo escucho.

    Mire hacia todas las direcciones y me fijé que nadie nos viera, y metí a Mónica al cambiador, y comencé a besarla, ella correspondió el beso de una forma tan apasionada que no podía creerlo, toque sus pechos, note que sus pezones ya estaban duros, la senté en una banca que está para dejar la ropa, me la saqué, y sin decirle una palabra la metió en su boca, lo chupaba tan bien que parecía que había practicado, sacaba y metía mi verga de su boca, el sonido a saliva y ver cómo desaparecía en su boca era lo máximo, no tarde en correrme, y para mí sorpresa ella trago todo, limpio hasta la última gota, se bajó los pantalones y se dio la vuelta.

    -Metelo mejor aquí que en la casa

    -no, tendrás que esperar

    Subí sus pantalones y saque a Mónica de un empujón, un segundo después se escuchó la voz de su sobrino.

    -aquí estabas, ¿todo bien?

    -Si, solo vine a ver si ya había terminado

    Salí en ese momento con dos conjuntos de ropa, mire a ambos, tomamos las cosas y nos fuimos, llegando a la cabaña, metimos las cosas a la cocina, mire que no hubiera alguna cámara, me pegue a ella.

    -y si terminamos lo que empezamos -toque sus pechos.

    -no podemos, fue su respuesta pero no me apartó ni un poco.

    -me separé de ella para voltearla, pero alguien entro, en la cocina, salí y no la vi en todo el día…

    Llegada la noche, mi único pensamiento era estar dentro de ella, muchos invitados estaban tomando, incluyéndolos, me acerque me senté junto a ellos, mire a Mónica, ella evidentemente ebria me sonrió, beso a su marido y se levantó, camino hacia las cabañas, yo sin dudarlo salí tras de ella.

    Llegamos a mi cabaña, mientras se quitaba su pantalón y su ropa interior, me dijo -solo será está vez- no cerró la puerta por completo, ya que tenía que ver si su marido o alguno de los invitados se movía, metí mi verga en su vagina, estaba tan mojada que no fue nada difícil meterla.

    -ya quería meterla de nuevo

    -Cállate y hazlo, no tenemos mucho tiempo

    Metía y sacaba mi verga y ella no podía contener sus gemidos, le damos nalgada, y ella solo me decía que su esposo se daría cuenta si sus nalgas llegan rojas, estoy no me importo y yo seguía, sabía que le gustaba, pues tuvo dos orgasmos, sus gemidos no paraban y uno de los invitados miro hacia donde estábamos, él no podía vernos pero nosotros los veíamos perfectamente, comencé a venirme, yo pensé que se quejaría pero solo dijo -si dame tu leche, vente dentro, que rico, al sacarla un montón de mi semen salió de ella, se volteó se puso de rodillas y metió mi verga en su boca, dejándola limpia.

    -Nos vemos mañana -me dijo

    -¿vendrás a qué te coja otra vez?

    -No lo sé, si tengo ganas quizá.

    En la mañana se escuchó mucho ruido como si alguien peleará escuché la voz de Mónica y de su marido, pensé que nos habían descubierto, pero solo era un ejercicio de confianza, ella me miró sonrió como esas niñas que se comieron un dulce y nadie supo que fueron ellas, saludé a todos, se organizaron en grupos de 5 para el recorrido, si iríamos la montaña.

    En nuestro grupo estaban, Mónica que llevaba un shorts pegado que resaltaba su bonito trasero, una blusa de exploradora, el cual cubría bien sus pechos, su sobrino, un amigo de su esposo el y yo, después de media hora de caminar, note que no tenían la fuerza suficiente para continuar, así que les dije que me adelantaría, al parecer nos habíamos perdido y la única forma de regresar al camino era escalar un muro de 3 metros o regresar 10 minutos caminando, subí el muro y ate unas cuerdas, al momento de regresar note que Mónica tenía el pie torcido, su esposo trato de cargarla pero al estar fatigado no pudo hacerlo.

    -puedo cargarla y regresar a la estación, está a 10 minutos, yo dejé una cuerda para que puedan seguir

    Se miraron entre ellos y decidimos regresar

    Al llegar a la cabaña no había rastro de nadie pero había una pequeña cama vendas y todo lo necesario, el lugar al ser tan pequeño solo cabían dos personas.

    -Alguien sabe que debemos hacer -dijo su sobrino en todo preocupado

    -vayan a buscar al guarda, yo veré que su tobillo esté bien y lo vendare

    Al principio su esposo trato de ayudar, pero al ser un espacio algo reducido no podía hacerlo, ella le dijo que esperara afuera, ella se bajó el shorts y quedando solo en esa tanga roja con la cual tuvimos sexo por primera vez me dijo:

    -Métemela aquí, no importa si grito pensaran que es el vendaje

    Yo sude por un segundo ya que su esposo estaba del otro lado de la puerta, pero no tardaron más de 10 segundos para que ella estuviera cabalgando sobre mi.

    -ay no mames si, me puedo acostumbrar a esto, que rica la tienes.

    Yo dejé de pensar en su marido que estaba afuera, y empecé a meterla cada vez más rápido, termine dentro de ella por tercera vez, y ella tuvo un orgasmo tan grande que grito, su esposo tocó la puerta en ese momento, ella se tapó con una manta y yo la vende lo más rápido que pude, cuando entro su marido, pregunto por los ruidos y ese último que había sido, yo le dije que puede ser el radio de guarda y que el sonido era ella gritando, pues le acomode el tobillo.

    El solo sintió alivio, salimos los dos en lo que ella se cambiaba… la cargue hasta la cabaña

    Al llegar la dejé en su cama, le di un beso en los labios y le dije -descansa que mañana es el último día, y voy a cogerte tan duro que todos aquí se enteraran que eres mi puta personal… Solo me miró y con una sonrisa burlona me dijo… Eso espero.

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  • Buscando pareja

    Buscando pareja

    Un día mientras entraba a internet, decidí buscar anuncios personas activos que buscaban pareja y entré donde encontré personas que en realidad si lo hacían, para eso en mi celular tenía fotos con poses mías muy atrayentes, al primero que conocí fue Máximo tenía 35 años y buscaba un pasivo joven, no perdí la oportunidad, en el cual entable la conversación sobre mi vida gay y mi poco recorrido sexual, le mentí e inventé historias, me pidió fotos y le gustó, yo la verdad no le pedí fotos, pues no lo pensé a decir verdad.

    Sólo me envió foto de su pene a lo lejos que no lo tomé mucho interés, me dijo que tenía que mudarme a su departamento el cual me pagaría el taxi, la verdad que no tenía muchas cosas, y tomé el taxi que me estaba esperando afuera llegando a su casa, lo llamé y bajó me ayudó a subir mis cosas era el último piso un departamento sólo allí y alrededor tendían ropa, la verdad no era la persona que quería, era un poco moreno, tenía los vellos cargados en los brazos, su cara un poco demacrada quizás por los barros, ancho y fortachón.

    Pero dije para mí mismo voy a ver quizás es buena persona, instalé mis cosas mientras notaba que se fijaba en mi culo, pues yo sacaba culo para así atraerlo más, al final vino y me abrazó, besó tan rico los labios que me enamoraron sus dulces palabras de amor, me alzó en sus gruesos brazos como quien carga a un bebe, yo era flaco, me llevó a su cama y me soltó con amor para desnudarme todo, y pedirme ver mi culo.

    Me pide en cuatro y oía sus palabras morbosas que emitía y a la vez me excitaba al oír susurrarme como… Que rico culo que tienes mi amor!!Se desnudó y vi su enorme pija como la del cenizo anterior, ¡no podía creer! Era bien dotado y me asusté, como el del pelo cenizo que me cachó anteriormente, no sabía que hacer, le dije que nunca había probado uno de ese tamaño, no te preocupes mi amor, el culo se adapta a cualquier pija me respondió.

    Me chapa a él culo mientras yo mamaba su pija que era un buen trozo de carne gruesa, me abrió de piernas mientras intentaba meter, los nervios me traicionaban, pues la pija escapaba y no entraba, se ausento un instante y trajo una pomada, era vaselina me pasó el ano y puso en su pija y me metió de a pocos que sentía que mi culo explotaba de la presión que ejercía en mis paredes anales, yo trataba de aguantar mientras me decía que respire fuerte, eso hacía mientras su pija se abría pasó a mi culo, era una sensación fuerte de sexo y pasión.

    No podía creerlo, sentí sus huevos chocar con mi culo empezó a moverse poco a poco mientras me besaba con pasión y yo le accedía a sus besos hasta que se movía fuerte que mi culo me dolía pero le aguantaba hasta descargar su leche dentro mío, no lo sacaba a pesar que le rogaba que lo haga, me decía espera mi amor si me muevo sale más leche quise soltarme y se vino más dentro mío, hasta que sacó su pija enorme que salía leche por mi culo, vi su pija con leche y sangre, lloré recordando lo que me hizo el pelo cenizo, me abrazó y me dijo que me amaba mientras sentía mi culo super abierto lo abracé y le dije que era la pija más grande que he probado, lo sé mi amor, y nos dormimos juntos, mientras entre suelos sentía que me tomaba fotos.

    Fue espectacular, lo aguanté por una casi dos años hacíamos el amor en muchos sitios, pues le gustaba el sexo al aire libre, acepté tontería y medio por amor, hasta que un día lo descubrí que se cachaba a un trans que en verdad parecía mujer, le hice escenas de celos y al final me dijo que debía dejar su casa pues viviría con el trans. Tome mis cosas y me retiré a otro lugar.

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  • Economista y prosti: Sí, lo hicimos con Maca

    Economista y prosti: Sí, lo hicimos con Maca

    Queridos lectores:

    Hago lo posible por ponerme al día, pero el trabajo es mucho; la aventura con Juanjo (el casi desconocido), conquistar a mi amiga de la Universidad y dos viajes, uno al norte de Uruguay y Punta del Este y uno a Argentina, me quitan tiempo, ¡aunque suman experiencias y money! Al momento de escribir éste reporte, he regresado del viaje al norte, y viajo a Buenos Aires el próximo lunes 4 de agosto.

    Aunque no lo crean, Francisco, Paco, ya nos llamó al día siguiente de lo que les relaté. A mi me agradeció los momentos vividos y haberlo elegido para esa aventura, todo en tono muy caballeresco (por cierto no le dije cuánto me gustó su hermoso miembro viril o pija, ja ja). A Tommy, en una conversación mucho más extensa, le agradeció lo mismo, le expresó su voluntad de ver el tema económico para hacerse mi cliente, le expresó su admiración por cómo Tommy fue capaz de entregarme y presenciar todo.

    Y… por supuesto, sugirió si podría haber una segunda vez, “ya que creo que los tres lo pasamos muy bien”.

    Tommy agradeció todo y simplemente dijo que conversaría conmigo.

    Como mensaje para quien me lo ha preguntado, mi cuenta de relaciones (o Body Count) hasta hoy 29 de julio, es de 36 personas, y si quieren más datos, 34 caballeros y dos mujeres, desde fin de enero 2024. Antes de enero 2024, solamente, únicamente, mi amado Tommy, el hombre de mi vida.

    Ya saben que sin apuro, después de estar con Maca y otra amiga (muy tímida) en Colonia del Sacramento un fin de semana largo, y habiéndolo hablado con Tom, me dispuse a conquistar a Maca, a quien pude ver desnuda, ella también me vio. Me encantó.

    Hemos salido a tomar té o café y en una ocasión la hice conocer mi oficina, en lo físico, fui avanzando desde los besos de mejilla y aire usuales como saludo en Uruguay, hasta a veces tomarle la mano o el brazo para enfatizar algo que le estaba diciendo.

    Desde eso, avancé una tarde al despedirnos hasta que como sin querer y con apuro, el beso se transformó en un pico (un beso de labios muy liviano y casi que no comprometedor). Nunca me mostró disgusto ni resistencia.

    Un día casi de noche, ella había pasado a saludarme por mi oficina, yo estaba sola, aunque con cliente a las 10 pm y me ofrecí a llevarla a su casa, pues ella estaba sin coche.

    Conversamos y la llevé a su casa, pues debía volver a la oficina antes de las 10 pm y tener tiempo de prepararme.

    Cuando llegábamos a su casa, estacioné a unos 100 metros de distancia, me giré un poco en el asiento soltando el cinturón de seguridad. Y le dije:

    —Quiero hablar algo contigo, mañana de mañana ¿dispones de una hora? Puede ser temprano si quieres, te espero en mi oficina a partir de las 8.

    —Si, puedo ir, pero ¿Qué pasa? ¿Problemas con Tommy o económicos?

    —Te lo digo mañana, pero no es nada de eso, yo pienso que es algo positivo. Pero si puedes solucionar para llegar más tarde al trabajo, por si toma más de una hora.

    —Mañana paso por allí, y lo del trabajo, tengo libertad de horario. Iba a bajar del coche y giró el rostro para despedirse, volví a darle un pico, quizás un segundo más largo y la llevé en el coche hasta la entrada del edificio donde vive.

    La noche fue intensa. Manuel, el separado en trámite de divorcio estuvo fogoso y divertido. Siempre que puede me pide para pasar la noche (recuerden que no pongo límite de tiempo ni de prestaciones, auténtico servicio de novia). Cuando se fue, me di un largo baño de inmersión y me preparé para mi cita con Maca. Entusiasmada y al mismo tiempo intrigada por lo que podría pasar, aunque yo sabía que el rechazo era una posibilidad. Me vestí “interesante y accesible”, no escandalosa. Tacos altos, mini (no micro) falda negra, un sweater de cuello alto, turquesa; y debajo un lindo conjunto de tanga tipo hilo y soutien media copa todo color turquesa.

    Eso sí, un rico perfume con notas frescas de salida y final persistente, que me lo apliqué cuando ella hizo sonar el timbre de la oficina.

    La recibí, nuevamente un pico de saludo sin sorpresa ni desagrado de parte de ella “vamos bien, pensé”.

    Llevaba abrigo, que se quitó y debajo una camisa blanca con jabot de hermosos volados, con un poco de escote que no llama la atención pues es de pechos muy pequeños (yo los había visto al desnudo en Colonia, en el hotel) y un pantalón negro, ajustado, sumado a botas cortas, de tacón.

    La invité a té o café, y prefirió té. “Casualmente” yo no tenía ninguno de los dos en la cocina, sino que los había puesto en un bolso en planta alta.

    —Subo a buscar el té, ¿tienes tiempo verdad?

    —Sí, iré al trabajo a eso de 12 o 12 y 30.

    Subí la escalera meneando un poco mis caderas y sabiendo que en la escalera una siempre luce e las piernas, más aún en minifalda.

    Bajé, preparé té, pocos minutos de conversación, mi falda se subía cada vez más, “casualmente”, y decidí jugar todo:

    —Maca, lo que voy a decirte es importante, al menos para mí. Pero prométeme que sea lo que sea que oigas no dejaremos de ser amigas.

    —Sofía, por favor, te lo prometo, pero me preocupas, ¿cuán grave es lo que tienes que decirme?

    —No sé si es grave, pero para mí es importante… hice como que tocaría su cara con una mano, pero deliberadamente te dejé el gesto inconcluso.

    Es que verás, cuando estuvimos en Colonia, y nos vimos saliendo de la ducha… no sé, algo se agitó en mí… y cada vez pienso más en ti, y quería hablarte de eso, porque a veces me cuesta controlarme, y el deseo puede más y sigo pensando. Bueno, eso, está dicho y te ruego me perdones si te molesta. Para mí es tan importante que hasta se lo he comentado a Tommy, no es que quiera serle infiel, y claro que también respeto tu matrimonio, pero eso… me siento atraída cuando te veo… y cuando no te veo, pienso en ti.

    Y llegó su respuesta, breve, asombrosa e inesperada:

    —Me volvías loca con tu demora en hacer algo, esos picos, ese tomarme a veces la mano. ¡He mojado demasiadas tangas por tu culpa!

    Y se inclinó sobre mí en el sofá a besarme.

    Demoré como cinco segundos en reaccionar, ja ja. ¡Pero nunca esperé eso! Nos besamos al principio de boca cerrada y luego abrimos un poco los labios. No como se besan hombre y mujer, no; esto fue suave, dulce y muy muy largo. Tomé su cara en mis manos, la cara más suave que haya acariciado jamás, y nos seguimos besando, ella metió sus dedos en mi cabello, y más y más besos.

    Paramos para recuperarnos de aquello y nuestras palabras se atropellaban, era una conversación hasta incoherente, una comenzaba una frase y la otra la terminaba, pasábamos de decir cuánto nos gustamos a decir que no sabemos cómo seguirá esto y así, incoherentes y deseosas.

    La tomé de una mano y prácticamente subimos la escalera corriendo hasta la suite.

    Nos tiramos sobre la cama, riendo y jadeando. Más besos, ahora con un poquito de lengua, como adivinando hasta donde podríamos llegar.

    Le desprendí la camisa, surgieron a la vista sus tetas (no llevaba soutien), pequeñas como limones, y duras de maravilla, los pezones duros, pedían acción.

    No pude quitarle sus ajustados pantalones, nos paramos, ella se quitó los pantalones y yo me quedé en lencería. Nos miramos, sonreímos, “quiero ver tus tetas” dijo, y me quitó el soutien. “Me encantan las tuyas” le dije y se las acaricié. “Son divinas” me dijo, mientras me las acariciaba y las admiraba. Dos pares de tetas tan diferentes y tan hermosas unas y otras. Me encantan las de ella.

    Volvimos a besarnos y nos acariciábamos, hasta que me arrodillé y le saqué su tanga. Su concha me gustó al momento, nada más que una raja, nada de labios caídos, perfecta, totalmente depilada. Me acerqué a besársela, nada de lamer ni chupar, besos suaves y caricias a su trasero, mientras ella me tomaba la cabeza con las manos y gemía. Su concha tenía un sabor enloquecedor.

    Fue su turno, diría que repitió lo hecho por mí. Me hizo feliz que respondiera a mi estímulo, después de besarme la cuca a gusto se incorporó y volvimos a besarnos. Mezclamos nuestros sabores íntimos, suaves y agradables.

    Caímos a la cama besándonos, las manos ya se dedicaban a conocer todos nuestros rincones, las lenguas se enroscaban libremente, y los ojos de cada una estaban fijos en los de la otra.

    Todo eso terminó dejándonos sin aliento. Quedamos abrazadas conversando.

    Descubrimos que cada uno quedó gustando de la otra y desando hacer algo y fue desde que estuvimos juntas en el hotel de Colonia con nuestra otra amiga.

    También hablábamos de cómo yo lo conversé con Tommy y me dijo que ella pensaba hacerlo con su marido, déjenme llamarlo Javier, Javi. Coincidimos en nuestro amor a nuestros hombres, sin sombra de lesbianismo pero encantadas de hacer cosas bi entre nosotras.

    Nos reímos, como si fuera broma, cuando le dije la respuesta de Tommy, que le parecía perfecto que intentara conquistarla… “Y quién sabe si hasta podríamos intercambiar”, aunque yo sí sé que eso fue en serio ja ja.

    Nos contamos, estábamos verborrágicas, nuestros planes de maternidad, y si soy sincera, yo volaba de ganas de contarle todo acerca de mí, pero me mordí y decidí esperar un poco a tener mayor confianza.

    —¿Así que mojabas la tanga cuando yo te daba piquitos? Le pregunté.

    —Me ponía enloquecida, y pensaba que era casual y nunca harías nada.

    La volví a besar, respondió al instante, y una mano mía fue hacia su conchita, suave y mojada, suspiró al contacto, y no lo dudé, primero bajé a chupársela, esta vez sí, chupaba y le metí la lengua. Fueron instantes y me acomodé en 69. No lo dudó, ella también abrió mis labios con la lengua y chupaba.

    No que decir, yo marqué el camino hacia el clítoris. Y vaya si le gustó, gemía y gemía, al rato también yo me retorcía de placer.

    Decidí de un paso más.

    Primero, pasé a besarle y lamerle el chiquito, no se molestó y a los dos minutos ella también me lo hacía, y a ella le gustaba… ya saben que a mí me encanta.

    El calor físico y la excitación mental eran increíbles. Salí del 69 y pasamos a una nueva sesión de besos y caricias. Nuestras tetas eran objeto de pellizcos, caricias con los dedos, caricias con la palma de la mano y a veces besos y lamidas.

    No pude resistir más, les juro que mi concha era un fuego.

    Echada encima de ella que me seguía acariciando las tetas, estiré un brazo, abrí el cajón de la mesita de noche, y saqué algo que había comprado “por si llega a ser necesario”…

    Un hermoso consolador, de unos 40 cm de largo, anatómico, con dos hermosas cabezas de pene y simulando tener venas en toda su longitud. Grueso pero no demasiado, cómodo, nadie se asustaría. De silicona transparente, lucia casi como de cristal.

    Por lógica estaba en su envoltorio original, sin abrir, lo desenvolví, se lo mostré y asintió con un gesto. Le puse un estreno al alcance de su boca para que chupara y yo chupaba y lamía el otro extremo mirándola a los ojos.

    Nos tocábamos las partes, húmedas. Y así estuvimos chupando y chupando y a veces se lo frotábamos a la otra por la cara.

    Y llegó el momento. Enfrentadas, pasé mis piernas sobre las de ella, sentadas ambas.

    Cuando le metí el consolador me obsequió un prolongado ahhh y las uñas de una de sus manos se clavaron en mi brazo. Me metió la otra cabeza en mi concha y primero yo tomé la parte que quedaba entre las dos y comencé a moverlo dándonos placer, ¡mucho placer!

    Luego, íbamos aprendiendo, comenzamos a mover nuestros cuerpos, un poco fuera de sincronización, pero con los minutos fuimos aprendiendo hasta hacerlo perfecto.

    Un “Ayyy que me acabo” retumbó (sí, retumbó) en la habitación, Maca estaba con la cabeza hacia atrás, la boca abierta, los ojos cerrados. Pero seguimos moviéndonos hasta que me tocó mi turno, no grité, pero temblaba de pies a cabeza, y le tomé las manos atrayéndola hacia mí para besarnos.

    Lo siguiente, mientras normalizábamos nuestro estado, fue un gesto suyo que me confirmó que todo irá bien… retiró de nosotras el consolador y me dio a chupar la cabeza que estuvo en ella, y chupó la cabeza que estuvo en mí intimidad. Ahora somos, no sé cómo decirlo, ¡hermanas de fluidos!

    Agotadas, realmente agotadas, quedamos acostadas, ella sobre mi. Conversando de cualquier cosa, besándonos, frotábamos nuestros cuerpos, nuestras conchitas (¡qué delicia!).

    Sin que se lo pidiera, volvió a decirme que se lo contará a su marido, que esta experiencia le ha encantado. Y lo mejor… “Quiero repetir, repetir y repetir”, le prometí que sí, cada vez que podamos, le juré nunca aburrirnos. Y casi sin querer, me dejé llevar a abrir sus piernas y lamer su raja, aún inundada del flujo de su orgasmo. Me lo retribuyó, nos besamos largo rato, mucho .

    Era inevitable que le diera más satisfacción, y nuevamente mi mano fue al cajón de la mesita de noche.

    Tomé un nuevo sex toy, y valga el juego de palabras, un strap-on strapless ja ja, negro y venoso, en silicona. ¡Con testículos! Y con calce anal y vaginal.

    Maca lo miró intrigada al principio, pero rápidamente captó la idea, lo chupé un poquito y se lo di a chupar, lo chupó y también cubrió de saliva los calces anal y vaginal, y ella misma me los colocó delicadamente.

    Impresionante, yo parecía un trans rubio con tetas y con miembro y testículos negros, de más que buen tamaño.

    La guie a misionero, volví a ensalivar el aparato, parada frente a ella al lado de la cama para que admirara lo que entraría en ella.

    —Ponémela, dijo.

    Subí a la cama, fui entre sus piernas y me incliné para que nos besáramos, le chupé las tetitas, me chupo las tetas y mientras tanto, así como los varones me la refriegan en los labios de la concha, yo se la refregaba a ella. Le encantó. Nueva ensalivada a la cabeza de mi “verga” y se la fui metiendo de a poco. Solamente atinaba a decirme “más”, “más” y yo lentamente la complacía. Me moví, iba y venía dentro de ella, se la saqué y la volví a meter.

    Hasta que nuevamente comenzó a temblar acabando. Se aferró a mi espalda y sentí que me clavaba las uñas. Seguí y seguí, (esta verga no se ablanda ja ja), hasta que suspiró y se aflojó. Se la saqué, la saqué también de mi cuerpo, y nos abrazamos largo rato.

    —¡Por favor no lo pierdas! Me dijo, juguetona.

    —Estará siempre a la orden, y espero que algún día te lo pongas para mí.

    Más besos más mimos, más lengua y caricias.

    Y el maldito reloj dijo que deberíamos ducharnos para ella irse a trabajar, y yo “debo atender a quien viene a las 14 h”… por supuesto ella aún no sabe nada, pensó que sería un cliente de asesoría, que justo ese día no lo era…

    Nos vestimos, yo posteriormente a que se fuera me puse outfit de putifina, pero hasta que se fue no podíamos dejar de hablar del encuentro, y de contarnos cosas. Nos prometimos hablarnos a la brevedad, contarnos más cosas. Y ella tuvo que irse.

    Una situación que me hizo muy muy feliz. Y que espero que seguirá adelante. Tengo más juguetes comprados para divertirnos, y a mí me gustó muchísimo que ella esperaba mi “declaración” con ansias.

    El futuro dirá.

    Era obvio, al caer la noche ya estábamos hablando al teléfono, con el mismo entusiasmo y en adelante, conversamos cada día, poniéndonos al tanto de lo que sentimos y de la opinión de nuestros maridos.

    Pero demoramos unos días en vernos nuevamente, pues tuve compromisos en el norte de Uruguay y en Buenos Aires.

    Sumando a Maca, la cuenta de mis relaciones llega a 36, nada más y nada menos, un dato solamente relevante para el lector que me lo preguntó una vez, y se lo estoy actualizando cada vez.

    Besos

    Sofía.

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  • El jefe de mi novio

    El jefe de mi novio

    Estaba en la oficina casi terminando la jornada cuando recibo el mensaje de mi novio.

    “¿Kar, pudiste ocuparte del vino para la cena con mi jefe de hoy?”

    ¡Nuuu! Me había olvidado por completo, tras una semana muy intensa, la rutina me jugó una mala pasada y me olvidé por completo, sé que es muy importante para Rodri que la cena salga de satisfactoriamente.

    Salgo de la oficina un poco mas temprano pero ya eran las 16 h. Empecé a recorrer supermercados, vinotecas, bodegas y wine shop, pero ese vino no lo tenían porque lo tienen que importar y todos me dijeron que, en menos de una semana, era imposible tenerlo.

    Ya sin esperanza y viendo que le tenía que decir a mi novio que me había olvidado y que no pude conseguirlo de último momento paso por frente del viejo asqueroso de la despensa, si bien es un viejo de mierda, tengo que admitir que es un recinto que tiene de todo, creo que si le preguntas si tiene la punta de misil ruso para atacar ucrania, el viejo sucio te va a decir que sí.

    Entro temerosa, medio resistida, suena las campanitas de la puerta cuando la abro y paso.

    No había nadie en el mostrador, ese aroma a despensa antigua me generaba repulsión, era inevitable disipar los recuerdo en donde él hizo lo que quiso de mi cuerpito, me dejó su leche donde él quiso y de gran caudal mas de una vez, e incluso hacer que un repartidos se haga dueño de mi culito llenándomelo de su semen mas de una vez.

    Espantada me di vuelta de una manera repentina para irme y escucho su voz que me paraliza como si tuviera un poder sobrenatural sobre mí.

    -Pero mirá quien anda por la despensa del viejo Tucho… -dice con voz burlona.

    -¿Venís porque necesitas comprar algo, o de puta que sos no más? – se apoya sobre el mostrador mirándome de arriba abajo.

    No me queda otra alternativa que contestarle…

    -Necesito saber si tiene un vino, que es muy difícil de conseguir y lo necesito para esta noche -se lo digo temerosa.

    -¡Aha! ¿Y cual es ese vino? -pregunta el viejo.

    -Gran Velour, petit verdot de bodega Monte Velours -contesto rápido para que me diga que no y así irme lo más rápido posible.

    -Aaapa! Sos muy puta como para andar tomando vino de ese calibre -se sonríe de costado y se para metiendo las manos en los bolsillo y reclinándose para atrás como chantajeando en momento.

    -Si lo tuviera, ¿Cuánto estas dispuesta a pagar por él o por ellos? No sé -se cruza de brazos.

    Lo miro y no le contesto, su imagen soberbia me genera asco y en verdad quiero que me diga si lo tiene o no, la hora se estaba pasando y mi novio estaba por llegar en cualquier momento a casa con su jefe.

    -¿Lo tenés? ¿si o no? Estoy apurada y si no lo tenés sigo buscando, ya dije el tiempo me apremia -con mi mano izquierda y sin perder la vista a él tomo el picaporte de la puerta para irme.

    Se da media vuelta, corre la cortina y se ausenta, yo no sabía si quedarme o irme.

    -¡Bueno gracias! – le digo con tono de molestia y abro la puerta, es ahí donde vuelvo a escuchar su voz.

    -¿Te vas y no te llevas los vinos? -siento el sonido de las botellas apoyarse en el mostrador, giro y las veo ahí, mi salvación.

    -¿Cuánto sale? – le pregunto mientras saco mi billetera y me acerco al mostrador.

    -Ya te pregunté antes, ¿Cuánto estas dispuesta a pagar por las dos últimas botellas de este excelente vino, que en cualquier lugar tarda no menos de una semana en conseguírtelo? Y si mal no escuche, lo necesitas para hoy si o si – se apoya al mostrador y me vuelve a mirar de arriba abajo.

    -¡Mirá! La cosa es así, las cosas mermaron mucho por acá, ya no hay tanta clientela como antes, cada vez vienen menos gente, vos te dejaba coger porque yo te chantajeaba, pero hasta no hace mucho venia una mocosa de 24 años que le encantaba la pija de un viejo tetón como yo, tenía un morbo y yo entraba en sus target, es gracioso porque en Instagram todos los pendejos se la quieren coger, pero la muy trola viene a que la llene de leche un viejito como yo – se ríe muy morbo.

    Me quiero ir, pero él tiene algo que yo necesito y es mi salvación, pero no me dice el precio, eso me desespera.

    -La cosa es que esta pendeja creo que se fue un par de meses del país y tengo demasiada leche acumulada, vos me ayudas a sacarme la leche y te llevas la botella, ya sabes, como siempre, te apoyas en la mesa del depósito, te levanto la pollerita, te corro la tanga y te cojo la concha hasta que salga la lechita, después te doy la botella y estamos a mano – me mira y se ríe agarrando las botellas

    Empezaron a temblar mis piernas porque el peso de soportar el enojo y el fracaso de su reunión con su jefe por culpa mía no lo iba a poder soportar… Se me llenaron los ojos de impotencia, otra vez me tenía en su tela de araña el viejo sucio.

    -¿Cuántas necesitas? – me pregunta el muy cretino.

    -Las dos, necesito las dos -le respondo con bronca.

    -Mientras mas lo pienses el tiempo corre y tal vez para cuando te vayas a buscarlas por otro lado, yo justo, cierre y te quedaste sin vino y sin esa cosa importante que creo que tenés, todo por no entregar esa conchita que ya fue enlechada por mi un montón de veces… Jajaja

    Pude ver disimuladamente y le veía que el bulto ya lo tenía preparado…

    Miro el reloj y no tenía casi tiempo, en una hora tenía que llegar a casa, bañarme y esperar a mi novio con el jefe, cerré los ojo respiré profundo, lo miré y le di el ok.

    -Bueno, vamos, pero necesito que sea lo más rápido posible sino no voy a llegar -mis piernas empezaron a temblar.

    Pasé para el otro lado del mostrador, toc toc toc, se sentía el sonido de mis zapatos yendo al depósito.

    -me encanta lo puta que te vestís, esa pollerita corta con esa camisita y esos taco, con el pelo recogido… seguro que en tu trabajo deben hacer cola para llenarte la concha y el culo de leche, jaja -me manoseaba el culo mientras yo me apoyaba en la mesa sucia del depósito…

    Me levanta la pollera, me pasa los dedos por mi concha antes de ponerme de costado la tanga, mi corazón estaba a mil por horas y los ojos llenos de lágrimas contenidas.

    -Siii, como extrañaba esto… podrías pasarte, aunque sea una vez al mes, acá tenés leche de calidad a parte no te tenés que olvidar que fui yo el que te desvirgó el culo junto al repartidor, ¿te acordás? Como gritaste, pero al final te fuiste a tu casa llena de lechita en el culo, ufff como me encanta recordarlo -se masturbaba para ponérsela más dura

    Mis lagrimas caía al escuchar que poco le importaba de mí, solo me veía como un depósito de su leche y un lugar donde ponerla para su placer.

    Siento que su pierna se pone entre las mías y me las abre, me agarra con una mano mi cadera y con la otra direcciona su pija para entrar en mi concha, respiro profundo porque se las mañas de este hijo de puta, y no me equivoqué, de una sola estocada entro toda su pija en mi concha que me obligo a gritar fuerte.

    -¡Ahhh!… ¡aaaaa! -no se si se le había agrandado o que pero me mataba con cada estocada que me la metía hasta el fondo, me obligaba a gritar y mis piernas se aflojaban, sentía el rechinar de la mesa y él se hacía mas poderoso sobre mi, con una mano tenía mi cadera y con la otra me agarraba el pelo, que para su suerte yo lo tenía atado con una sola cola larga, erra su puta ideal y no tenía compasión por mi.

    -y pensar que mi mujer está preparándome la comida en mi casa y calentando la cama con la bolsa de agua caliente, eso es una mujer de verdad, una mujer que te dan ganas de tener hijos, no como vos que la vida te dio unas tetas y un buen culo para ser el placer de cualquiera que te quiera tomar y dejar su leche adentro tuyo… jajaja -cada vez mas fuerte sus estocadas que me obligó a pedirle que me cogiera mas despacio, pero el siempre hacia oídos sordo a lo que yo le pidiera.

    De repente siento que se le empieza a hinchar la pija mientras me dice una lista interminables de adjetivos descalificativos y yo solo podía decir…

    -Ayyy ayyyy, mas despacio por favor, ajak ajak -me hacía llorar sus estocadas.

    Hasta que me di cuenta que cada vez que le pedía que lo haga mas despacio se le hinchaba mas la pija, entonces opté por calentarlo mas, asi terma mas rápido.

    -¡Aaaah! Ayyyy despacito, aaay me estás haciendo mierda, me estas destrozando la concha hijo de puta, ¡ah! ¡Ah! ¡Ah! -lo hacía para que acabe rápido y por otro lado algo de verdad era me estaba matando…

    Siento que se hincha mas de lo debido y sin avisar se hace presente la catarata de leche hervida en el interior de mi concha…

    -aaaaa siii, que puta que sos, te cogería el culo también, pero estas apurada, aunque me queda un resto y ya estás en cuatro, es escupirte el culo y que mi pija entre hasta el fondo como en los viejos tiempos, aaa siii -se hacía mas lento las estocadas y como que de a poco se desplomaba encima mío, dejó su pija dentro mío y yo quería que me la sacara para irme lo más rápido posible con las botellas de vino.

    Cuando siento que me la está sacando, me quiero incorporar, pero me pone su mano en mi espalda apretándome contra la mesa.

    -¡que estás haciendo! – le digo desorientada

    -vos pensas que me vas a cagar, estarás apurada, pero negocios son negocios, vos te vas a llevar dos botellas y me vas a dejar que te coja una sola vez… ¡no pendeja! Prepará la concha para una segunda vuelta y no patalees demasiado a ver si me arrepiento y te termino cogiendo el culo, ¡mirá que yo no pido permiso! ¡Así que levantame el ojete así entra más adentro mi pija en tu concha! -me la mete con toda su fuerza, que no me da tiempo a acomodarme mejor, pero me hace gritar

    -Ayyy, no, no más por favor, suéltame, viejo hijo de puta, ya me llenaste de leche, que más querés, déjame ir -se lo imploro con voz quebrada.

    El solo se sonreía y me cogía con toda su fuerza que mis nalgas se estaban tornando rosada de las embestidas bestiales del viejo pajero.

    Al ver que no tenía opción y sabiendo que ya la gran eyaculación estaba en mi concha, la segunda iba a tardar y yo me tenía que ir, entonces lo estimule para que sea mas rápido.

    -Ayyyy, no, por favor, ya no quiero que me cojas más, me estás partiendo la concha, no quiero que sigas acabando adentro mío, por favor soltame, ajak ajak ajak -eso sirvió para excitar al viejo.

    -Que puta que sos, te encanta la pija pero sin embargo ¡te quejas cuando encontras una buena pija!, ja no le llegás ni a los talones a mi esposa, ella es toda femenina, delicadeza y amor… nada que ver con vos que solo tenés un gran culo y tetas para que te coja en el depósito, aaaa sii tomaaa toda la leche, ¡puta fea! ¡Con ropa barata de feria americana! Ufff ahí la tenés toda… agarrá las botellas y ándate, en 5 minutos viene un amigo y no voy a reparar en romperte el ojete con él… ¡ya me calienta ver como te va a quedar chorreando leche del culo y tu concha! -me la sacó y me dio una nalgada bien fuerte.

    Me incorporé y sin mediar palabra, me acomodé la tanga y la pollera, agarré la bolsa con las dos botellas y me fui, toc toc toc sonaban mis tacos en tanto silencio.

    Si bien estaba a dos cuadras del departamento, sentía como la leche de ese viejo se escabullía entre mi tanga, por suerte llego antes que mi novio, me baño y la idea era ponerme un pantalón suelto pero las tanguitas que tenía eran mas chicas de la que tenía puesta y mas que seguro se iba a notar si la leche del viejo se escabullía y me iba a manchar el pantalón. Entonces me puse un vestido negro con zapatos haciendo juego, un collar muy sutil y el pelo recogido con una cola muy larga, de echo tengo el pelo muy largo, me pinté muy sutil, respiro profundo y me mentalizo en hacer pasar una noche provechosa a mi novio con su jefe.

    Suena las llaves y entra mi novio con el jefe, estoy un poco nerviosa…

    -Hola amor, ¿como estas? ¿No me contestaste los mensajes? -me dice sonriendo mi novio.

    -estuve muy ocupada haciendo mandados, perdón amor -me excuso.

    -¿Compraste el vino? -me pregunta sonriente

    -eeh… si si ¡lo pude conseguir! – le respondí entusiasmada

    -Ay, ves… el uno de los mensajes te decía que, si todavía no lo habías conseguido, que lo dejaras porque mi jefe lo conseguía de un amigo ¡Qué lástima… bueno, tenemos más, gracias a vos! Bien igual -toma la bolsa que le da el jefe y me la da a mi para que las ponga junto con las otras.

    -¿Lo tuve que pedir con mucho tiempo de anticipación, a los vinos? -le pregunto al jefe para romper el hielo.

    -Nooo, para nada, acá a dos cuadras hay una despensa muy variada, es amigo de la familia, cuando era niño siempre iba a comprar a lo del viejo Tucho, iba yo porque mi mamá lo odiaba, no sé por qué -levanta los hombros.

    Porque seguro le habrá llenado la concha de leche, pensaba sin decir una palabra, de hecho, el amigo que estaba esperando era el jefe de mi novio, hubiera sido un desastre si me veía apoyada en la mesa siendo juguete sexual del viejo y del jefe de mi novio. Se me heló la sangre.

    La cena transcurrió con normalidad, por ahí cruzamos algunas miradas incomodas con el jefe, pero lo resumí a persecuciones mías por culpa del viejo.

    -Bueno, muy buena la cena, muy bueno el vino, muy lindo tu departamento, tienes una novia muy linda Rodrigo, ¡pero creo que dejaste la vara muy alta! Me pones en el compromiso y al mismo tiempo la satisfacción de comunicarte que hoy viernes es tu último día en la empresa -levanta la copa.

    La cara de mi novio se pone blanca como una piedra y mi corazón se pasa de revoluciones, ¿qué pasó?

    -Es el último día en la empresa, como operario porque a partir del lunes sos el nuevo team leader del sector de relaciones exteriores de la empresa, ¡lo hiciste bien Rodrigo! ¡Felicitaciones! -levanta la copa.

    Nos vuelve el alma al cuerpo y nos abrazamos de felicidad y chocamos las copas con el jefe… que felicidad.

    -No sé como celebrar este momento, no sé un postre, conozco una heladería que hace el helado más fabuloso de toda la Argentina -grita mi novio.

    -Amor, esa heladería queda a 20 minutos de acá y siempre hay mucha gente vas a tardar como una hora aproximadamente, ¿lo vas a hacer esperar todo ese tiempo a tu jefe? -le digo con tono de tranquilizar su euforia.

    -Por favor, si vos decís que es el mejor helado, yo por un buen helado espero toda la noche, jaja -se sienta en el sillón y cruza las piernas dando una imagen bien predispuesta de esperar lo que sea necesario.

    -Bueno voy, en un rato vengo, no se va a arrepentir de haber esperado, ¡ahí vengo amor! -me da un beso y se va.

    Una vez que cerró la puerta me puse nerviosa, entonces me dispuse a levantar la mesa para lavar los platos, llevé todo a la cocina, el solo me miraba, pero no decía una sola palabra, solo tenía su copa de champagne apoyada en su rodilla de la pierna que le cruzaba la otra.

    Lo dejo solo en la sala mientras me concentro en lavar todo, en un momento siento su voz de golpe y me asusta.

    -No, te asustes, entiendo que mi presencia da miedo, pero en este caso no hay por que tenerlo, todo salió a la perfección, tenés un novio muy dedicado, honesto, profesional y tiene todo la energía para llegar muy, muy, muy lejos en la empresa, le tengo cariño a Rodrigo y de mi lo voy a ayudar a que llegue a lo más alto de la empresa -se acerca lentamente.

    Será que estaba tan concentrada en los platos que le contesté muy descontracturada

    -Si, Rodrigo es muy capaz, está bueno que tenga un padrino que lo ayude y que nadie le ponga palos en la rueda -le digo mientras escurro la esponja porque había terminado.

    Pongo la esponja en su compartimiento y lo siento en mi espalda al jefe y muy cerca de mi oído me dice

    -De eso se trata, de palos en la rueda, por ahí… el palo en la rueda no se lo ponen desde la empresa, por ahí el palo en la rueda se lo ponen desde su propia casa, o mejor dicho su propia novia… -impregna la atmosfera de su perfume.

    -¡Que! ¡Yo sería incapaz! -trato de zafar de ese lugar.

    Me agarra de la cadera y me niega moverme del lugar.

    -¡Que hace! -le digo en un tono de asustada y enojada.

    -escuchame una cosita pendeja, te la voy a hacer muy cortita, toda la noche estuvimos cruzando miradas, te pusiste un vestido bien de puta, te podrías haber puesto un pantalón suelto, pero no, te pusiste ese vestido negro con zapatos de diez centímetro, que con cada toc toc toc, se te movía el culo firme que tenés y a mi se me calentaba la pija a mas no poder -ya me agarro con las dos manos la cadera fuertemente

    -pe pe pero, no era mi intención de provocarlo es todo una confusión, yo no soy así -me temblaba las piernas y la voz.

    -Pendeja puta, te la hago cortita, o me dejas enlecharte acá y ahora o tu novio lo que va a ser a partir del lunes es un desocupado más, le puedo decir que el directorio lo quería afuera porque lo veía como una amenaza, que hice todo lo posible para, aunque sea conserve su antiguo puesto pero que no quisieron, ¡me parece que te va a felicitar tu novio al enterarse que por un egoísmo tuyo de no abrirte de piernas a Rodrigo se le haya cortado la carrera! -me apoyó su pelvis en mi cola y me empujó hacia la mesada.

    -pe pero, por favor, no digo nada de esta situación, ¡pero no haga nada! No le quite el puesto a Rodrigo -le imploro

    -entonces andá apoyándote en la mesada, levantame el culo y a Rodrigo no le pasa nada -siento que saca su pija de la cremallera de su pantalón.

    Ya no tenía opción, me apoyo en la mesada, arqueo mi espalda para que se levante mi cola y dejarle toda mi conchita a su merced, temblaba de bronca e impotencia y rogaba que llegara rodrigo para que vea que clase de jefe tiene.

    Él mientras yo me apoyaba en la mesada, me agarro de la cola del pelo muy fuerte, con la otra mano me levanto el vestido, me puso de costado la tanguita escupió entre mis nalgas y empezó a frotarme sus dedos mayor y anular juntos desde mi concha hasta mi culo.

    Cuando paso por mi concha la notó resbalosa y pensó que estaba mojada, pero en verdad era la leche del viejo que seguía drenando.

    -Que puta que sos, nada que ver con la refinada de mi esposa que está cuidando mis hijos en este momento, ¡ya estas toda mojada porque sabes que te voy a coger toda la concha! Pobre Rodrigo, se merece una mujer de verdad y no una trola de feria como vos -seguía escupiendo y frotando…

    -No, por favor -la impotencia me hacía llorar.

    -Me considero un tipo muy bueno y justo, por eso te voy a preguntar… por la concha o por el orto -se masturba para ponerla mas dura mientras me tiene agarrada del pelo.

    -No, por favor no -le digo

    -¿Por la concha o el ojete? No es muy difícil la pregunta -me corre aún mas la tanga de costado y me levanta bien arriba el vestido.

    No me quedaba otra que darle una respuesta…

    -Por la concha, por el culo no… te dejo que acabes en mi concha, pero el culo no -le digo con voz temblorosa.

    -ok, será por el ojete, porque a mi nadie me dice lo que tengo que hacer y si yo te quiero coger el culo, llamar a todo el personal de limpieza para que vengan a llenarte de leche, vos no me podés decir nada… ¿sabías, cariño? -y sin mas, escupió una vez mas sobre mi culo, apoyó su pija sobre mi ano y fue entrando muy despacio hasta sentirlo bien adentro.

    -Aaaa, que hermoso culo, tan apretadito, siii, ¿te encanta no?, te encantan que te llenen el culo de pijas, ¿no?, te voy a llevar a la empresa para que seas la puta de todo el personal, como me va a calentar mucho eso y vos muy contenta ¿verdad? -me decía mientras me cogía muy despacio el culo.

    Yo no podía creer que haya sido cogida por dos tipos diferentes por una misma causa, Rodrigo.

    Soportar tanta sarta de estupideces que decía el jefe mientras me cogía, en un momento se le hincha la pija y desparrama toda su leche en mi colita, la saca, yo me incorporo sin decir una sola palabra, él se va al sillón y justo entra Rodrigo, imposto una sonrisa y lo saludo.

    -sacá los potes para servir helado -me dice con mucha euforia.

    -si si -se los doy

    Comimos helados y de buenas a primera se levanta el jefe se dirige a la puerta dando señal de querer irse, se levanta Rodrigo le abre la puerta y se va.

    Nos quedamos solos, nos besamos, terminamos el champagne y después Rodrigo pretende que hagamos el amor.

    -Amor, ya es muy tarde y mañana tengo que ir a yoga a la mañana, mañana tal vez, hoy, hoy estoy llena -y así termino ese fatídico día.

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