Autor: admin

  • Tres chicas el mismo día

    Tres chicas el mismo día

    Fue un día de cumpleaños, mi novia me había preparado un pastel, pero no podría llegar a su casa hasta la noche ya que en la mañana tenía trabajo y en la tarde debía tomar clases en la universidad.

    En los días previos había estado hablando con una que otra chica sobre temas calientes y hasta había conseguido algunas propuestas. Una de ellas, compañera de trabajo me dijo que me tenía un regalito de cumpleaños especial, yo ya me hacía a la idea de lo que sería y pies le seguí el juego.

    Me levanté, me bañé, leí algunas de las felicitaciones que tenía en las redes sociales y en mensaje de texto, de camino al trabajo recibí una que otra llamada de familiares y amigos, en verdad me sentí una persona agraciada al darme cuenta que muchas personas pensaban en mi, no por las redes, si no por las llamadas y mensajes. Al llegar al trabajo me dirigí a mi cubículo y para mí sorpresa estaba decorado con globos y carteles hechos a mano con buenos deseos de cada uno de mis compañeros. Nos reímos, nos tomamos algunas fotos y luego al trabajo.

    Al cabo de más o menos 2 horas, ya vendrían siendo las 10 a 10:30 de la mañana me escribe la chica que me había ofrecido el “regalo especial”, me preguntó que a qué hora saldría a almorzar, le respondí que antes de las 12, porque no me gustaba comer cuando el comedor estaba lleno de gente, me dijo que antes de ir al comedor subiera a unas oficinas que siempre estaban vacías o se usaban para almacenar los expedientes de algunos departamentos, así lo hice, al llegar la hora le envié un mensaje de texto y le dejé sabe que iba en camino a ese lugar, no recibí respuesta pero escuché los pasos detrás de mí en las escaleras.

    Al llegar la puerta estaba sin cerrar y pues entre, era una oficina cerrada, con solo una ventana y llena de casilleros, espere aproximadamente 1 minuto hasta que ella entró y puso seguro a la puerta, se acercó a mi, me besó, yo correspondí el beso, ella me explicó que había dicho en su oficina que iría al baño así que yo debía “dársela” rápido, yo me hice el tonto y le pregunté que debía darle? Ella me miró mientras desabrochaba mi correa, sacó mi pene y se arrodilló, mirándome a los ojos me preguntó “qué crees que me vas a dar?” yo solo sonreí y la dejé hacer.

    Como el lugar estaba sucio y su pantalón por ser uniforme era negro le sugerí que apoyara sus rodillas en mis zapatos y así no se ensuciaría, así lo hizo y comenzó a darme una tremenda mamada, lo besaba, lo lamía, lo engullía entero, era toda una experta, al parecer le daba “vergüenza” mirarme a los ojos mientras me lo mamaba, porque cada que hacía contacto visual sonreía y desviaba la mirada, yo no dije nada sola la dejaba hacer, en un momento le coloque mi mano sobre su nuca, me pidió que no lo hiciera porque la despeinaría y estábamos en el trabajo, así que coloqué mis manos en mi cintura y solo me dedique a recibir placer, ella seguía con la mamada, en un momento sentí como aceleró la marcha y le dije que si seguía así se la daría rápido, ella siguió y al cabo de algunos 30 a 40 segundos ya estaba derramando todo mi semen en su boca, ella la recibió toda con los ojos cerrados, me hizo señas con las manos de que si ya había terminado y le dije que si, se levantó y me enseñó su boca sin ni un rastro de leche, sonrió y me preguntó qué tal estuvo el regalo, le dije que excelente, ambos reímos, bajamos yo a la cocina y ella a su oficina, pero a los pocos minutos todos fueron al comedor, otra vez me cantaron cumpleaños y después de comer me marché a la universidad.

    En las clases estuve hablando con una amiga que ya si teníamos algo planeado para esa tarde, tomé mi primera clase y ella me escribió que ya había llegado a la facultad, le dije donde esperarme y al salir nos dirigimos al tercer nivel de la facultad, dónde sabíamos están muchas aulas vacías a “esperar” mi otra clase, cuando vimos que teníamos el área despejada comenzamos a magrearnos, ella estaba nerviosa por si alguien llegaba, pero yo ya había hecho cosas en esa misma aula, la apoyé del escritorio que había y ella me pedía que me la cogiera rápido que estaba muy nerviosa, se hincó a hacerme una mamada pero le dije que solo lo lubricara bien de saliva, que estaba ansioso por cogérmela, mientras me ponía el condón ella bajo su pantalón hasta sus rodillas, y volví a apoyarla contra el escritorio, pero está vez de espaldas a mi, la penetré rápido, ella soltó un gemido entre placentero y doloroso y comencé a bomberos, al principio lento para ver si reacción pero ella no tardó en pedirme que le diera duro y así lo hice, comencé a arremeter duro contra ella, y ella gemía pero trataba de no hacer mucho ruido, yo disfrutaba la vista de ver cómo mi pene se perdía en su interior.

    Escuchamos unos ruidos como si alguien arrastrara alguna silla, ella se quiso recoger pero se lo impedí, le dije que nadie entraría en el aula donde estábamos y ella no se calmó del todo pero se dejó penetrar de nuevo y seguimos como estábamos, gemía cada vez un poco más alto y se tapó su boca son su mano derecha, yo arremetía con más fuerza, con maldad, quería que se le saliera un gemido que hiciera ruido así que le quité su mano de la boca y ella al mirar mi cara de malicia entendió y se dejó llevar, gemía bastante fuerte pero yo ya sentía que me iba a venir, así que la dejé salir y terminé dentro del condón, pensé que hubiese sido más morboso venirme en su boca también, me habría venido en 2 bocas diferentes el mismo día, pero ya estaba echada, nos recogimos y fuimos a dar una vuelta en los alrededores de la universidad y a comer algo hasta que ella se marchó para su universidad.

    Ya en la noche sabía que tenía que ir a casa de mi novia, sabía que me tenía ese pastel de cumpleaños y para ser sincero sentí un poco de remordimiento por lo que había hecho sabiendo que en algunas horas más me la estaría cogiendo a ella también.

    A la hora de salir de mi última clase del día aún quedaba un poco de claridad de la luz del sol, me marché camino hacia la casa de mi novia, tome un micro bus que me dejaba frente a su casa, al entrar, fue como lo esperaba me recibió con mucho amor, besos, abrazos, globos y el pastel, nos pusimos a hablar sobre lo cotidiano, que tal el día? Que tal la UNI? etc…

    Al rato recordando lo que había pasado me comencé a excitar y poniendo una de sus manos sobre mi pene se lo hice saber, estábamos viendo televisión en su cuarto y la comencé a y ella me siguió el juego inmediatamente, la desnude y le comencé a hacer sexo oral, era fácil hacerla venir así, y ya cuando sentí su primer orgasmo me levanté y saqué mi pene, recordé que me había puesto un condón y pensé que se podía dar cuenta por el sabor, así que le dije que hora al baño a asearme un poco con la excusa de que había caminado mucho en la universidad y estaba algo sudado, entré al baño, prácticamente me bañé y salí de nuevo, volví a hacerle sexo oral y volví a sacarle un orgasmo, me levanté ella comenzó a hacerme sexo oral también, pero la detuve y le dije que estaba ansioso por penetrarla, se recostó yo me subí sobre ella besándola y la penetré, su posición favorita era el misionero, y así me la estaba cogiendo, me encantaba ver sus tetas bailar al compás con las arremetidas y sus gemidos que dejaban al descubierto el placer que sentía, la volteé, posición de perrito (mi favorita) y comencé a cogérmela fuerte, la tomé del pelo, sus gemidos aumentaron, la nalgueaba, la jalaba contra mí para que la penetración fuera más profunda y así dentro de ella me vine por tercera vez en el día, ambos sonreímos, nos quedamos desnudos un rato hasta que escuchamos a la gente de su casa llegar, nos vestimos, subimos un poco el volumen de la TV y al salir saludé como si nada hubiese pasado.

    Comimos pastel y a eso de la media noche me marché a mi casa. Todavía hoy me disfruto mucho el morbo de recordar que tuve sexo con tres chicas diferentes el mismo día.

  • El regalo: Un antes y un después (Segunda parte)

    El regalo: Un antes y un después (Segunda parte)

    Casi medio día y sin saber de él. Cada que veía abrir la puerta de la oficina, ilusionada elevaba mis ojos para observar, esperando por su llegada. Continuaba angustiada, revisando, acumulando papeles y folders, a uno y otro lado de mi escritorio. Pensaba en él y en su dolor. Por detrás del espaldar de mi silla y encima del archivador, reposaba un retrato de mis hijos junto a mi esposo, recordándome lo feliz que ellos me hacían, justo por delante de una solitaria y delicada maceta con una orquídea artificial. Recuerdo de un día de octubre, un obsequio por la fecha de nuestro aniversario. No, no de casados, sino de cuando yo lo busqué, corriendo una nublada tarde, por detrás de Rodrigo para darle alcance y declárale mi consentimiento, diciéndole que sí, que aceptaba ser su novia. Tenía en mis manos aquella carta llena de amor, y escrita en ella sus para nada ocultos sentimientos hacia mí, en letras mayúsculas. ¡No lo podía dejar escapar!

    —¡Silvia! Mujer aterriza, el amor te tiene boba hoy. Mira, toma. Estos son los últimos soportes recibidos de las cuentas en Portugal, para adjuntarlos al informe final. —La voz que me traía de vuelta a la laboral realidad era la de Amanda, una mujer muy amable pero retraída hasta el extremo de sonrojarse por cualquier comentario que la tuviera a ella como protagonista. Bueno o malo, gracioso u ofensivo, daba igual.

    Afortunadamente, mis compañeras y yo, diligentemente realizamos las labores pertinentes para organizar los documentos financieros requeridos para complementar los informes que mi jefe debería entregar en Lisboa y luego en Londres. También pudimos ordenar la carpeta con los ajustes faltantes para las oficinas principales en Nueva York. Pero… ¡Sí! siempre el atravesado inconveniente. La faltante firma de don Hugo en la última hoja, su visto bueno. Aquella rúbrica de elegantes y firmes trazos. Faltaba él y su ausencia para mí no pasaba desapercibida, al contrario de la alegría que respiraban el resto de mis compañeras de oficina, al no tenerlo a él por allí. Don Hugo era muy serio, reservado y muchas veces se olvidaba de brindarnos un saludo de buenos días o buenas tardes. De los cumpleaños de las empleadas ni hablar. Nunca los recordaba o simplemente para él, eran fechas sin importancia.

    Y sin embargo yo lo echaba en falta, primero para aclarar lo sucedido entre los dos y sí, también para consolarle después de conocer la infidelidad de su esposa y entendiendo en parte su forma de actuar. Ni una llamada suya a la oficina, ningún mensaje tampoco en mi móvil. Y yo no me atrevía a llamarle. Sencillamente porque no sabía cómo hablarle, que decirle, y él sin saber que yo ya conocía el motivo de su tristeza. Esa certeza que fue aliviando mi corazón al transcurrir las horas de aquella mañana.

    ¿Un café? Sí y también un cigarrillo para acompañar mis pensamientos. Pero debería salir del edificio hasta una cafetería cercana. Les informé a mis compañeras mi ausencia por unos minutos, para después avanzar sin prisa por el amplio lobby. Saliendo ya por las acristaladas puertas, una llamada a mi móvil me sobresaltó, lo busqué con prisas dentro de mi bolso. Mi corazón palpitaba, lo tomé entre mis afanadas manos, lo desbloquee… Pufff ¡Rodrigo!, suspiré y me demoré unos instantes para contestar. Lo había olvidado, a mi esposo y la usual llamada de las diez.

    —Mi vida lo lamento, ¡perdóname! Me olvidé. —Respondí angustiada por mi descuido.

    —¡Hola mi amor! ¿Cómo estás? no te preocupes por eso mi vida, supongo que has estado muy ocupada en la mañana soportando al «pesado» de tu jefecito. —Escuché decir a mi esposo con su jocoso tonillo en la voz. No me gustó.

    —Mi amor, tampoco es para que te expreses tan mal de él y te burles. Don Hugo no lo está pasando bien. —Le contesté algo alterada a Rodrigo. —Y mi esposo no lo dejó pasar por alto, cambiando perceptiblemente la modulación en su voz.

    No sé por qué le respondí de aquella manera, saliendo en defensa de mi jefe aquel medio día, en contra de la mofa de Rodrigo. Sin saberlo, aquello solo fue el abrebocas para lo que acontecería momentos después.

    —Parece que no te cojo en buen momento. Qué raro escucharte defenderlo, ya pareces otra mujer. Hace unas semanas atrás eras tú quien me contaba cómo te sentías aburrida y cansada con su forma de ser. En fin, solo quería que supieras que te extraño… —Y se hizo un corto silencio, que yo no me atreví a romper, pero mi esposo sí.

    —Bueno, a la mujer que eras antes y no la que estuvo tan apartada y lejana de mí este fin de semana. Ni siquiera disfrutaste conmigo de las cervezas en el “Juli”. Aunque ya sé que no te gusta el rock, pero al menos hubieras podido desconectar de tus problemas.

    —Discúlpame amor, estoy con mil cosas en mi cabeza que ni te imaginas. Informes por entregar, pagos por realizar, facturas que adjuntar a las carpetas y mi jefe que no aparece por ningún lado. Lo siento yo…

    —Mira Silvia, entiendo que estés estresada por tus labores pero siempre quedamos los dos, en dejar en nuestro trabajo y en la oficina, el estrés y sus dificultades, bien apartados. Nuestro hogar es el refugio de nosotros. Nuestro sitio de descanso. —Y noté como el tono de su voz lo elevó al decir «nuestro». —Pero veo que estas infringiendo sin quererlo esa norma. Te amo, que te alcance el tiempo esta tarde y nos vemos por la noche. Un beso.

    Y me cortó la llamada sin darme oportunidad a una esclarecedora réplica.

    Pero… ¿Refutar qué? ¡Sí! Mi esposo tenía toda la razón. Me comporté ajena con el hombre que compartía mis sueños y mis angustias, aquella persona que siempre me había entregado todo su amor y yo pensativa, fuera de mí, no le presté mi atención ni mis caricias todo el fin de semana.

    Me sentía tan sucia y tan mezquina como si fuera una furcia cualquiera. Rodrigo tenía tan buenas intenciones de disfrutar la noche del viernes conmigo en el bar, pero como no llegué temprano, él por el contrario, preocupado me esperó despierto, mirando la televisión en el sofá de nuestra sala y al recibirme notando mi cansancio, me mimó con sus abrazos y tiernos besos, no me confrontó por la tardanza e insistió en pasarse por donde nuestra amiga Lara la noche del sábado, para desconectar de todo, y los dos, reencontrarnos como un par de recién enamorados, tan pronto como dejáramos aquella tarde a nuestros niños al cuidado de mi madre y de mi suegro.

    Y yo, sin estar cansada me resistía a asistir, pero como interiormente me encontraba en deuda, –tan confundida y enfadada conmigo misma– no pude ni supe ofrecer resistencia a su invitación. Fui con Rodrigo esa noche al “Juli”, pero a pesar de estar entre sus brazos, no estuve con mi esposo allí; tampoco aprecié sus caricias esa noche por estar mi mente inmersa en recuerdos de otro sitio, ni reparé en sus amorosas palabras, mucho menos en sus apasionados besos, porque no era yo su acostumbrada Silvia, dentro de mí habitaba otra mujer, la otra qué permanecía sumida en otros pensamientos, confundida por recibir besos nuevos, de una boca muy ajena y tan prohibida. Albert, nuestro amigo abogado bailaba como siempre solo, tan apartado de este mundo y una Lara tan enamorada, tan solo de lejos le observaba, sonriente, para luego con un par de envases en las manos, acercarse de vez en cuando y obsequiarnos esas dos cervezas a cuenta de ella e interactuar un poco con nosotros. Nos hablaba y comentaba algo; y yo no escuchaba. Reía ella tras algún comentario gracioso de Rodrigo, al cual no presté atención. Lara si lo notó, –mujer al fin y al cabo– no era yo la parlanchina Silvia de costumbre…

    Opté finalmente solo por fumar y no trasladarme hasta la cafetería por el café. Me pasee por la acera, de un extremo hasta el otro meditando y finalmente de regreso, me senté en una de las bancas públicas, al lado de un árbol de mediana altura y que me ofrecía generoso su amplia sombra, hasta que se consumió entre mis dedos aquel cigarrillo mentolado. Estaba tan confundida por los últimos acontecimientos, la tarde del viernes en la oficina, mi fin de semana esquivando a mi esposo como si el culpable fuera él y no yo. Y ese video tan revelador aquella mañana… Y escuché de nuevo el timbre melodioso de mi teléfono móvil. ¡Era él! Sí, esta vez sí era mi jefe. Me puse en pie y resuelta le contesté.

    —¿Aló?… —Señor Cárdenas, ¿Cómo está usted?

    —¿Señora Almudena? buena tarde. Yo muy bien, de hecho he tenido una mañana excelente y agradecido obviamente por su llamada. ¿Para qué soy bueno? —Le respondí yo. Ella era una señora de unos cuarenta y tantos, elegante y de muy buen ver, interesada en averiguar por un nuevo modelo de SUV, la versión nueva de la que ella ya poseía, obviamente con algunos años de uso. La mujer era una más de los clientes que yo había atendido aquella mañana del sábado anterior.

    —Pues para muchas cosas, Jajaja. —Me respondió de manera alegre y muy cordial. –—Pero por ahora, me gustaría saber si puede usted venir a mi residencia para darle un vistazo a mi camioneta y decirme el valor de retoma.

    —Pero claro que sí. Usted solo dígame la hora, he indíqueme el lugar y allí estaré sin falta. —Respondí emocionado por vislumbrar la posibilidad de cerrar la primera venta del mes.

    —¿Le queda bien en una hora? Por el almuerzo no se preocupe, yo invito esta primera vez. —Me quedé pensando un momento, miré mi cartera y en su interior poco efectivo. Suspiré y agradecido, mirando al techo sonreí.

    —Claro que sí, solo envíeme la ubicación y por el almuerzo pues, me da algo de pena pero si usted insiste, la acepto y luego la invitaré yo. ¡Jajaja!

    Vaya agradable golpe del destino. La señora Almudena era una mujer directa y concisa. Me tomó por sorpresa, no lo voy a negar. Y luego de una corta y simpática despedida, recibí la notificación con la dirección de la residencia.

    —¡Aja!, ya estoy aquí. —Me giré y la observé de pie frente a mi escritorio. Su traje ceñido y elegante, con escote formal ajustado al costado por dos grandes botones y una amplia abertura en la falda del lado derecho, toda ella envuelta en un sobrio beige, salvo por su coqueto bolso de mano, en charol de intenso negro, que se me antojó un tanto anticuado para aquella entrevista, si lo fue. Sin embargo no dejaba lugar a dudas, le sentaba fenomenal a la figura delgada y alegre juventud de aquella espigada rubia. —¡Andaa nene! otra vez tú con la boca abierta, ni que hubieras visto un fantasma. —Oops, lo siento, perdón. Es que… –«Postrecito rico», un delicioso manjar lo que yo miraba y no a una aparición fantasmal–. ¡Ehhh! Estaba por salir a visitar a un cliente.

    —¡Perfecto!… Déjame entrar al baño para retocarme un poco y salimos. —Y yo… ¿WTF?

    —¡No! ¿Cómo así? aguanta un poco ventarrón. Es una visita de rutina, un avalúo de una camioneta. Mejor te quedas aquí y mientras tanto te pones al día con esto del CRM. De paso en un descansito, te puedes leer este libro.

    Le alcancé del gabinete superior un ejemplar de “Cállese y venda”. Paola lo tomó en sus manos pero no dejó ni un segundo de observarme y obviamente, siempre tan sonriente. ¡Preciosa! Tan segura de sí misma, con su porte tan sensual, que me cohibió por unos segundos.

    —¿Me temes? ¿Te da «cosa» salir conmigo a la calle? ¡Ummm! quizás sea por esto. —Y colocó su mano sobre la mía, acariciando en especial el dedo donde brillaba mí argolla matrimonial. —Pero nene, no te inquietes que yo no soy para nada celosa, Jajaja. ¡Ya regreso, no te vayas sin mí! —Y la rubia melena junto a su perfumado aroma ondeó libre al girarse, tan jovial y autónoma como su dueña. ¡Arrasadora tentación!

    —¿Silvia?… ¡No! tan solo soy una discreta mujer de compañía, contratada por este pobre hombre por dos horas. —Una dulce voz de mujer me hablaba y yo no entendía nada.

    —¿Disculpe y usted quién es? ¿Y Don Hugo? ¿Le sucedió algo? ¿Él está bien? —Preguntas y más preguntas. Mi corazón latió acelerado.

    —Puedes llamarme Cassandra, pero eso no importa. Este señor está bien, aunque bastante pasado de copas y me pidió entre sus desvaríos que la llamara. No le entiendo mucho lo que balbucea pero creo que es mejor que venga usted por él. Ya cumplí con el tiempo por el que pagó. Debo irme.

    —¡Pero cómo así! ¿Dónde está él? —presurosa le indagué.

    —Nos encontramos en el hotel xxxx, habitación xxxx. ¿Lo conoce? Es el que está por el Bernabéu. —Sí, por supuesto, afortunadamente estoy a solo unos pasos. —Perfecto, entonces no se demore por favor, ya que tengo otro cliente a quien debo atender. —Y me cortó la llamada.

    Mi jefe… ¿Borracho? Obviamente aquel video había hecho mella en la firme estructura de su alma. Pensé en llamar a su esposa, pero primero, desconocía su número de móvil, y segundo, ¿para qué? No, no debía inmiscuirme en sus problemas. Me encaminé hacia el hotel con prisa, mientras en mi cabeza elucubraba ideas de mi jefe teniendo sexo con aquella mujer, solo por venganza más no con placer. Él no parecía ser ese tipo de hombre, al menos era la imagen que yo tenía de él.

    ¡No! Don Hugo no era así. Nunca una mirada indiscreta, un roce imprudente, mucho menos un comentario fuera de lugar. Era serio, reservado y distante con todas las personas que trabajábamos bajo su dirección, sí, más nunca en mi mente lo habría visualizado pagando por sexo.

    Llegué al lobby del hotel y me anuncié en la recepción. La muchacha que me atendió llamó a la habitación y luego de inspeccionarme discretamente, de arriba para abajo, me indicó de gentil manera, como ubicar la zona de los elevadores y el piso donde ubicar a mi jefe. De manera nerviosa di dos golpecitos a la puerta, que fue abierta casi de inmediato por una bella mujer de ojos azules, labios carnosos pintados de un brillante rojo y su cabello lacio, de negro azabache, un amplio mechón, descendía dócil siguiendo la forma de sus generosos pechos y por el costado observe que le llegaba hasta un palmo por debajo de su cintura. Vestía ya una gabardina de estilo clásico, para nada ostentosa, al contrario, le hacía lucir muy discreta, a excepción del exagerado maquillaje de brillos purpúreos en los párpados y el grueso delineado oscuro, contrastando con el azul claro de su mirada.

    —Hola, soy Silvia. —Me presenté de manera tímida y a continuación extendí mi mano para estrechar la de ella. —Mucho gusto, Cassandra. —Y me permitió el acceso a aquella habitación. Tenía un acento extranjero, arrastraba la lengua al pronunciar las «eses» y la «erre» de su nombre. Era casi tan alta como mi jefe, alrededor de un metro con ochenta. Bastante atractiva.

    —El señor no habla mucho, ¿sabes? –Me dijo sin preguntarle yo nada, anticipándose a mis propios pensamientos.– Cuando llegué a esta habitación, él ya estaba bebiendo. —Observé sobre la mesita auxiliar, una botella ya a la mitad, de una marca muy fina de Whisky escocés y un vaso de cristal con rastros de hielo y algo de la ambarina bebida. La mujer sin dejar de mirarme y sin atisbos de preocupación, continúo relatándome lo que fue su función.

    —Tan solo me abrió la puerta, para luego ordenarme sin tan siquiera saludarme, que me desnudara. Así lo hice, pero te aseguro que, aunque ahora lo encuentres así, el pobre no fue capaz de nada. Se me echó encima pero su verga no se le paró. Mi deber era hacerle pasar un buen rato por lo que me arrodillé y se lo chupé bastante tiempo, sin éxito. Debe ser por el alcohol. Luego me ofreció un trago, que acepté más por educación que por las ganas mías de Whisky, y se arrodilló entre mis piernas, pero no te creas que para meter su boca en mi vagina, lo único que hizo fue tomar la botella y beber, llorar y volver a beber. Pobre hombre, es una pena de amor te lo aseguro. Se pasó mí tiempo y él está muy ebrio, apenas si podía mantenerse en pie, cuando me vestía para marcharme me pidió que le alcanzara su teléfono móvil. Intentó en vano marcar a un número, pero no coordinaba, colgaba, marcaba mal y se le caía de sus manos. Le ofrecí mi ayuda para llamar y solo me dijo un nombre… ¡Llama a Silvia!

    —Así que eso es todo. Ahora tu estas a cargo. Pagó por dos horas y la verdad ya voy treinta minutos retrasada, Adiós. —Y yo lo busqué con mi mirada. Cassandra se apartó un poco de mí, permitiéndome observar a mi jefe tirado en la cama, atravesado boca abajo, semidesnudo con solo su camisa de franjas azules, puesta todavía alrededor de su cuello, sin desanudar su corbata roja y las medias en sus pies de un azul muy oscuro. Las nalgas redondas, bastante blancas. La raya algo velluda de su culo, llevó en ese momento mi mirada hasta la bolsa rosácea de sus grandes testículos. El pene no se le veía en aquella posición. Sus piernas las tenía abiertas, la izquierda un poco doblada, de muslos firmes sin mucho vello, dejándome ver que en una de ellas, todavía rebelde, permanecía enredado a su tobillo izquierdo un pantaloncillo gris con ribetes blancos.

    Y entonces antes de cerrar la puerta de la habitación, la joven prostituta con su mano derecha tomando la manija, me preguntó intrigada…

    —Por cierto, ¿Quién es Martha? —Alcé mis hombros dándole a entender que no sabía de quien me hablaba, aunque obviamente yo la conocía, pero a ella no le importaba. Me sonrió y su adiós con la mano, lo enfatizó con un guiño de sus bellos ojos azules. Y se fue.

    ¡Mierda! Y ahora qué hago. Me colocaba las manos en la frente, transpiraba un poco y entretanto, miraba el desorden alrededor mío. El pantalón de paño gris, tirado a un lado de la cama, el par de mocasines cafés en distinta posición por el otro, el saco de pana azul rey, extendido por igual sobre el tapete, en similar posición que su propietario. En fin un desorden total. Y luego estaba él, mi jefe en su penosa y desnuda posición.

    —¿Marr… thaaa? —Fue la primera palabra que escuché de mi jefe ese día, aquella tarde de un primero de julio y sí, sola con él en aquella habitación de hotel. Su voz pastosa, arrastrando las letras por la pesadez del alcohol ingerido. Y me acerqué hasta él, sentándome a su lado. ¡Babeaba! Que lamentable estado. Y pensé en Rodrigo, mi esposo quién seguramente no se lo podría creer cuando le contara lo sucedido.

    Pero… ¿Se lo podría contar después de…? ¡No! desde luego que no me creería.

    —No señor, soy Silvia. —Ahhh, eeres tú, mí ánggeeeel. —Me contestó.

    ¿Su qué? ¿Su ángel? ¿Eso era yo para mi jefe? Me enternecí en aquel momento con su comentario, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y mi jefe, quién no era precisamente un niño, sí que estaba muy borracho y tan semidesnudo al lado mío, como si fuera un pequeño al cual debería yo vestir o terminar de… ¡Pufff!

    Le tomé de la mano y le acaricié su frente. —¡Sí jefe, soy su ángel! —Le respondí susurrándole al oído, mientras que él, giraba con algo de dificultad su cabeza para mirarme con la embriaguez palpable en sus enrojecidos ojos y extender su brazo, dejándolo caer pesadamente sobre mis piernas.

    Con calma abrí la puerta de mi automóvil para darle paso a mi bella y rubia acompañante. Paola ingresó con elegancia y suma delicadeza, para no darme una vista obscena de su intimidad. Sin embargo, el largo de su falda se acortó, tras acomodarla con sus manos y de esta manera, me permitió observar las formas de sus blancos muslos, cubiertos por la fina seda de su par de medias, color piel.

    —Bueno Paola, –le decía mientras acomodaba mi cinturón de seguridad– por favor me dejas dialogar en calma. Solo observas y escuchas. No es una clase de ventas en sí, pero es un acercamiento a un posible comprador.

    —Por supuesto Nene, «Cállese y venda». Ya lo sé. —Y me mostraba el libro que anteriormente le había prestado para leer. Entre tanto colocaba en el GPS de mi móvil la dirección para guiarme por la ciudad.

    Avanzamos en medio del poco tráfico que había al medio día, hasta llegar a una calle con árboles en cada costado de la vía, por la zona de Chamberí. Era un edificio de siete plantas, de diseño arquitectónico algo antiguo pero restaurado recientemente; mantenía sus blancas cornisas impecables y el herraje forjado destacaba sobre los amplios balcones. La entrada estaba enmarcada por un amplio portón de madera. Me anuncié con la joven que estaba allí y después de unos pocos minutos me dio vía libre para ingresar por una calle amplia y de añejo aspecto.

    —¡Erdaaa! Pero qué lujo de edificio Nene. ¿No te parece Rodri? Semejante a las viejas casonas de Cartagena o a la zona de La Candelaria en tu natal Bogotá. —Me dijo Paola completamente extasiada con la belleza alba de aquel lugar.

    —¡Rocky! Paola, solo dime Rocky, no «Rodri». Y sí, es una zona muy exclusiva. Entre cosas, cuéntame, ¿hace poco que estas por Madrid? —Paola soltó una carcajada y me acarició con su mano izquierda mi mejilla, apretando un poco entre sus dedos mi quijada, al descender lentamente por mi rostro, sus delicados dedos.

    —¡Anda mi niño! Creo que llevo en España un poco más de cuatro meses, nada más. Y sí, recién acabo de regresar. —Coloqué mi brazo sobre el cabecero del asiento del copiloto y haciendo con mis labios una mueca de sorpresa, exclamé un prolongado suspiro, observando sus verdes ojos fijamente y en mi rostro una expresión para hacer hincapié en mis dudas.

    —¡Oyeee! Que sí. —Y Paola alegre, gesticulaba sonriendo y utilizando sus manos abiertas para darle mayor validez a su afirmación.

    —Lo que sucede es que estaba «rumbeando» por ahí. Unas amistades me llevaron a un sitio por la llamada Costa Blanca, ehhh, como es el nombre… —¿Benidorm? O tal vez… ¿Alicante? Le respondí yo, tratando de ayudarle a recordar. — Hummm… Ya lo tengo. ¡Altea! Un lugar precioso con unas vistas impresionantes sobre el Mediterráneo. ¿Tú no has ido Nene? —¿Yo? No. ¡Ya quisiera y brincos diera! —Respondí, mientras que observaba las vistas que me interesaban más. Aquel delicado encaje de su sostén blanco, que asomó un breve momento al girarse ella para hablarme–.

    —¡Pufff! Deberías. —Y continuó relatándome su aventura, acomodándose de medio lado en la silla, dejándome observar la parte superior de sus medias de liga, que se mostraba entera por la abertura de la falda.

    —Es un lugar fascinante. Tan azul su cielo y blancas sus fachadas, con calles angostas, casas con flores de colores en los balcones y un encantador ambiente nocturno en la playa, como para enamorarse. Y estuvimos por allí un tiempo hasta que se nos fueron acabando los ahorros y pues sin un euro en el bolsillo, tuve que acudir a mi mamá, o lo que es más correcto, a mi padrastro. ¡Jajaja! Soy una niña mimada. —Y se sonrió, tan guapa como siempre, mientras que por mi izquierda veía llegar hasta nosotros, la reconocida y sinuosa figura de la señora Almudena.

    Abrí la puerta del auto y descendí, para luego ofrecer mi mano y mi sonrisa a modo de saludo. La señora Almudena se acercó un poco más a mí y delicadamente deposito un beso en cada mejilla mía. Nos separamos un poco y la pude repasar desde arriba hasta abajo, muy rápidamente para que no se llevara una mala impresión. Su vestido era perfecto para aquel clima veraniego, escotado y florido. De tela suave que le daba un aire juvenil a su curvilínea silueta y el largo no sobrepasaba sus rodillas. Sandalias doradas de un tacón bajo.

    En sus manos varios anillos de oro, un colgante redondo y dorado, destacando en el medio de su redondo escote, dirigiendo mi mirada sobre aquel buen par de pechos. Seguramente ese cuerpo lo esculpía en horas diarias de gimnasio y obviamente una que otra pasadita del bisturí, para terminar de delinear su precioso contorno. Su cabello negro, recortado en capas hasta alcanzar la nuca y peinada de medio lado. Cejas pobladas y ligeramente arqueadas, adornaban unos redondos ojos negros, pintados delicadamente de una sombra granate sobre sus párpados. Me tomó del brazo, colocando una mano sobre la otra y me regaló su sonrisa, más una mirada llena de picardía. Sin embargo se sorprendió mucho al ver a Paola descender del vehículo por el otro costado, torció su boca levemente y me miró para indagarme con su mirada.

    —Señora Almudena, esta es Paola. Una nueva compañera a quien pusieron hoy bajo mi cargo. Lo lamento, no alcancé a avisarle que venía acompañado.

    —No se preocupe señor Cárdenas. Y de inmediato se acercó a Paola para brindarle por saludo un beso en la mejilla y un abrazo.

    —Bienvenidos a mi hogar. ¿Gustan pasar a tomar algo mientras preparo la mesa para poder almorzar? Es que la verdad ustedes llegaron un poco antes. —Paola, ruborizada un poco y yo, salí al paso diciéndole a la señora Almudena…

    —Bueno, no se preocupe por eso, mejor vamos a ver cómo está su vehículo y después almorzamos. —Entonces señor Cárdenas, ¿vamos a mirar mi camioneta? Eso sí, espero que sea bueno conmigo y me ofrezca un precio razonable o no haremos negocios. —Me dijo la señora Almudena sonriente y tomándome ahora a mí por el brazo–. Paola, un poco alejada de nosotros, seguía nuestro andar hasta el garaje donde estaba la SUV gris plata, estacionada.

    —Y me despojé de la chaqueta, entregándosela a Paola. Me arremangué los puños de mi camisa y le pedí las llaves a la señora Almudena. Empecé la evaluación, observando el perfil, palpando con mis manos la pintura en busca de desperfectos. Un lado bien, el otro ¡perfecto! El cofre y la portezuela trasera bien ajustados. Las llantas a media vida y en el interior, la tapicería en cuero demostraba el esmerado cuidado, toda ella estaba como nueva. Giré la llave de encendido y el motor ronroneó perezoso. Afinada su tonada por aquella orquesta de cilindros y pistones, ascendiendo y descendiendo presurosos, detonando rítmicamente, y en el tablero de instrumentos, el kilometraje demostraba el poco uso. Apagué el motor y descendí. Ahora faltaba observarla por debajo ya que a mitad del estribo derecho, justo en el medio, observé una leve abolladura. Miré a la señora Almudena, que tan solo se encogió de hombros y algo traviesa, se mordió la punta de su lengua.

    Me tendí en el piso, escurrí mi cabeza y la mitad de mi cuerpo por debajo de ella. Estaba oscuro, no veía bien la parte inferior.

    —Paola, ¿podrías alcanzarme el celular para alumbrar? Aquí debajo está un poco oscuro. —Pero la señora Almudena se le adelantó y una pierna suya, la izquierda para ser más precisos, la pasó por encima de mi cintura. La derecha la dejó del otro lado. Abierta de piernas, se ofreció para prestarme el suyo. Arrastré mi cuerpo un poco hacia fuera y al voltear mi cabeza para recibirle su móvil, mucho fue lo que pude observar.

    Sus piernas separadas, cuál columnas de una preciosa entrada, se alzaban imponentes hasta arriba, casi uniéndose al final, solo distanciadas por los carnosos labios de una hinchada vagina, totalmente depilada y un tatuaje con formas arabescas en su pubis. En el medio brillaba un piercing que pendía de su clítoris. ¡Vaya con la señora! Tan elegante en su visita al concesionario y ahora aquí en su casa, sin bragas puestas, tan libre y provocadora. Mi corazón palpitaba y me entraron repentinas las ganas; la sangre fluyendo de mi cabeza fue a parar hasta mi verga. Toda ella en franca excitación por la sexual eventualidad.

    Tomé su celular sonriéndole y ella tan solo me guiñó un ojo. Encendí la linterna y su luz me permitió observar que la camioneta había sufrido más de una raspadura, quizás en algún desnivel, entrando o saliendo por alguna empinada rampa. Escuché un taconeo. De soslayo observé los zapatos beige y el comienzo de las hermosas piernas cubiertas por aquellas medias veladas de Paola, acercarse por la izquierda a las de la señora Almudena, y de pronto se agachó llamándome la atención.

    —¿Rodri todo bien? ¿O necesitas mi ayuda? —Y entonces se la vi. Sí, allí mismo, estaba Paola en cuclillas, abierta de piernas también, pero más a la altura de mis ojos. Me dejaba ver el triangulito de seda blanco transparentando su piel, una hendidura en aquel pequeño trozo de tela, perdiéndose por la mitad de sus blancas nalgas. Me di un gustazo al observar su vello púbico, bien arreglado en una línea no muy ancha y que llegaba justo por encima del comienzo de su raja. Sus medias de color piel eran de esas de ligas, lo que hacía de aquella imagen algo más erótico por mi fetichista pasión por las prendas íntimas femeninas. Solía regalarle a Silvia, cada mes más o menos, un conjunto de ligueros con sus respectivas medias. Y obviamente unas tanguitas bastante sugerentes. Escuchaba… ¿Risas? ¿De ambas?

    —Oigan ustedes dos, dejen de reírse, no son para nada justas conmigo. Les dije mientras salía de debajo de aquella camioneta, sacudiendo un poco mis nalgas y los muslos, demostrando ante ellas, la tirantez de mi pene bajo la tela, sin ningún tipo de pudor. Si querían jugar, tenía yo, uno que otro truco bajo mis pantalones, con el cual, con seguridad podría hacerlas disfrutar.

    —¿Porque lo dice señor Cárdenas? —me respondió risueña la señora Almudena, sin apartar la vista de mi entrepierna.

    —Es que las dos estaban obstaculizando la luz y distrayendo mi visión. Así no me puedo concentrar. —Les respondí, mirando primero a Paola y luego a la señora Almudena, fingiendo seriedad.

    —¡Ayyy! qué pena mi Rodri, solo queríamos ayudar. ¡Jajaja!. —Y la rubia barranquillera se tapó los ojos con sus manos, aduciendo una simulada timidez.

    Yo entonces me dirigí donde estaba Paola conversando animada con la señora Almudena. Ellas dos, una joven preciosa llena de juventud y desfachatez, la otra una madurita de esas que quitan el hipo, pero en vez de un susto lo hacen con gusto y autoridad.

    —Pero mira cómo te has ensuciado la cara y las manos. Ohhh y la camisa también. —Me dijo Paola, y en su cara la expresión de angustia por mi suciedad.

    —Entonces vamos, puede entrar a lavarse en el baño y de paso, deme su camisa para meterla en la lavadora. —No creo que sea necesario señora Almudena, en cuanto llegue a mi piso la puedo lavar–. Y le agradecí por su amable gesto, sin quitar de mi cabeza aquella visión de su pubis tatuado.

    —Gracias, respondió la rubia barranquillera y confianzuda le agarró por el brazo a la señora Almudena y dieron la vuelta las dos como un par de viejas conocidas. Yo me fui tras ellas siguiendo sus pasos hasta el interior de una vivienda. En el recibidor me deshice de la camisa para limpiarla un poco. Me indicó un baño anexo a la entrada y me pude asear.

    Al salir de él, observé a mi derecha la sala, con cuadros de gran formato, paisajes al óleo y otros coloridos, en trazos geométricos adornando las venecianas paredes. Una mesa auxiliar soportaba el peso de una escultura de dos seres desnudos inmortalizados en un fino mármol. Una felpuda alfombra en tonos cenizos, contrastaba con la armonía antigua y revitalizaba el ambiente. Sofás de tres plazas en cuero negro a un lado, y otro más de dos, formando una esquina, ofrecían su elegante comodidad. Paola acompañaba en la cocina a mi cliente.

    La señora Almudena nos brindó una copa de vino, que acepté por cortesía, aunque en realidad me apetecía a esas horas una buena taza de café. Con las copas en las manos, tanto Paola como yo, fuimos de una estancia a la otra, tras el tour personalizado que nos ofreció la dueña de casa a solicitud de mi parlanchina acompañante. ¡Mujeres! Ellas prestas a comentar de los variados arreglos florales y entre tanto, yo me fijaba en las pinturas. Pero en una pared cercana a las escaleras que seguramente daban acceso a las habitaciones, colgaba un desnudo al carboncillo de un pintor reconocido por mí. Un original de Luis Caballero. Vaya sorpresa.

    La mesa bien servida, a un lado Paola y en el otro yo. La señora de la casa obviamente en el centro de la mesa. El almuerzo estuvo simplemente genial, una pasta a la carbonara exquisita, acompañada por varias copas de vino tinto con la acidez necesaria para no agobiar el sabor de la comida. Me dispuse a levantar la vajilla para llevarla a la cocina pero la señora Almudena se opuso rotundamente. Me ofreció de beber una copa de brandy pero lo rechacé pues estaba conduciendo y no quería problemas. Paola encantada si lo recibió.

    —Mejor si gustan, ustedes lo van tomando mientras doy una mirada por su balcón. ¿Puedo fumar aquí? —Y la señora me tomó del brazo y me acompañó, tomando ella también un cigarrillo de mi paquete, sin que yo se lo hubiese ofrecido. Le di fuego al suyo y luego al mío.

    —Y bien Rodrigo, supongo que ya podríamos tratarnos con mayor intimidad, ya que has visto cómo mantengo de bien cuidada…

    —Su camioneta, si señora. —le interrumpí.

    —Claro que sí lo pude notar. Y por mí, ¡Perfecto si no te molesta! claro está. —Le sonreí y ella se apartó un poco para mirarme y sacudir una mancha de tierra en mi hombro, que aún permanecía sin que yo la hubiera notado tan siquiera.

    —Y déjame decirte, –continúe sin dejar de mirarle a los ojos– que tienes la pintura en buen estado y es muy suave al tacto. Y en el interior, la tapicería se encuentra en magníficas condiciones y la carrocería…

    —¡Espléndida! Lo sé. La cuido bastante. —Me respondió Almudena al momento.

    —El motor suena bien ¿No te parece Rodrigo? Quizás deberías probar a darle una o dos vueltas para sentirla bien. Un poco de… ¿toma de contacto, es como dicen ustedes?

    —Por mi encantado de conducirla un poco. Sería cuestión de darle un buen empujón a la palanca y dejarle rodar un rato para sentir toda su potencia y confort. —Dije yo, sonriéndole maliciosamente.

    —Y tu amiga nos podría acompañar o… Prefieres dar esas vueltas… ¿Solo conmigo? —Nos fuimos acercando más, –su pecho muy cercano al mío– y yo incliné mi cabeza para susurrarle en su oído…

    —Quien quita que de pronto se nos pegue y pueda ella apreciar la manera en yo hago los cambios de marcha y podamos zarandear un poco esa carrocería, apreciando el estado de la suspensión. Porque déjame decirte que la portezuela trasera me pareció muy ajustada y me dio la impresión de tener poco uso. ¿O me equivoco?

    Y luego de eso no pudimos más y nos echamos a reír. Paola tal vez alcanzó a escuchar nuestra conversación y al vernos reír se unió a nosotros en el balcón.

    —¡Aja! Y ustedes dos, ¿ya llegaron a algún acuerdo por lo que puedo apreciar? —Y ambos, la señora Almudena y yo, negamos con un movimiento de nuestras cabezas.

    —Ni siquiera hemos tocado el tema del precio, ¡Tesoro! —Le respondió graciosamente Almudena–. Aquí Rodrigo, me está dando las impresiones que se llevó, al ver el estado en que mantengo mi camioneta. —Y yo tan solo me llevé mi mano a la frente y me sonreí. Paola nos observó seguramente algo confundida. ¿O no tan Inocente?

    —¿Les gustaría otra copa? Dijo Almudena y finalmente acepté. La rubia igual. Se retiró hasta el bar y Paola me guiño el ojo, en señal de complicidad.

    —Vaya, estas seguro que en el libro que me diste para leer, encontraré el capítulo donde enseñan este tipo de… ¿Cierre de ventas? Jajaja. —No lo creo–. Contesté entre carcajadas.

    Continuará…

  • Cornudo a los 58

    Cornudo a los 58

    Hola a todos, voy a contar un relato 100% real de mis primeros cuernos consentidos y el disfrute de mi mujer con otra polla.

    Mi nombre es José y el de mi mujer maría evidentemente son nombres supuestos para salvaguardar la intimidad de los dos. Estamos casados hace 30 años y enamorados como el primer día. Tenemos los dos 58 años y fruto del matrimonio dos hijas de 20 y 27 años. En el sexo pues nada fuera de lo común en una pareja casada lo hacemos un par de veces a la semana y casi siempre de misionero. Ella ya no tiene la regla así que puedo correrme dentro y notar como la lleno de leche. Ella suele correrse cuando nota mi semen caliente pero algunas veces tengo que masturbarla para que acabe.

    Ella mide 1.70 melena corta y ojos castaños y a pesar de la edad se conserva muy bien. Tiene buenas tetas, grandes y de pezones oscuros y hermosos su talla de sujetador es una 100 B y cuando vamos por la calle más de una vez algunos hombres se le han quedado mirando sus pechos y eso a mí me ha excitado bastante. Tiene un poquito de barriga un buen culo y un coño peludo muy negro con un lunar justo donde empieza la raja del mismo que le da un aire lujurioso bastante intenso. Yo soy de la misma estatura normal y polla de 14 cm nada del otro mundo. Ella no suele mamarla porque no le gusta metérsela en la boca ni el sabor del semen… o eso parecía hasta que como les dije probó otra. Tampoco le gustaba el anal pero otro rabo le desvirgo el culo y a día de hoy con sus amantes es por donde mas folla.

    Todo comenzó un sábado que no estaban mis hijas y salimos a cenar y luego a tomar unas copas en un pub de mi ciudad donde vivimos que no revelare por intimidad. Siempre cuando follábamos y cuando más caliente estábamos solía fantasear y preguntarle si le gustaría probar otra polla al ser posible negra y yo verla correrse con otro mientras me la meneaba, ella por supuesto se negaba y al principio se enfadaba y dejaba de joder conmigo durante un tiempo, poco a poco le insistía y una noche mientras me cabalgaba y yo veía como sus tetas botaban le dije: «tienes unas tetas hermosas y son de mi propiedad» a lo que ella con la calentura contestó: «siiii mi amorrr son tuyas puedes hacer con ellas lo que desees mientras me follas!!!».

    Viéndola tan caliente y a punto de venirse vi la oportunidad y le dije: «si son mías puedo compartirlas con quien yo quiera» ella abrió los ojos pues los tenia cerrados por el placer y me dijo: «a que te refieres» y yo le contesté: «que puedo dárselas a quien yo quiera ya que son mías… como tu coño» «siii dáselas a quien quieras que me follen quien quieras soy tuyaaa» y tuvo un orgasmo inmenso que hizo que yo también me corriera.

    La cosa quedó ahí y retomando el relato estábamos tomando unas copas y vi a un amigo mío que siempre ha querido follarse a mi mujer, cosa que ella sabía por qué se lo había comentado y cada vez que lo saludábamos ella lo hacía con mucha frialdad y casi siempre me hacía poner una excusa para marcharnos y no tener que estar en su compañía.

    Sin embargo esa noche era su cumpleaños y nos invitó a unas copas mi mujer estaba radiante llevaba blusa roja con medio escote de seda y sujetador negro wonder bra que le levantaba y unía los senos dejando el canalillo bastante pronunciado haciendo las delicias de todos los que estábamos en el local, falda negra hasta encima de las rodillas, medias de seda negra y tacones del mismo color de aguja que le estilizaba la figura. Estuvimos tomando hasta las 10 de la noche por la pandemia, ella casi mareada por los 3 piles con piña que se había tomado, coqueteaba con Dani, que así se llamaba mi amigo también un poco pasado de alcohol. Decidimos tomar la última en casa y allí fue donde me hizo cornudo.

    Entramos y mientras yo preparaba las copas ellos se sentaron en el sofá del salón comenzaron a hablar muy juntos y de forma animada, él le ponía de vez en cuando la mano en los muslos mientras miraba las tetas de mi mujer y ella que se daba cuenta se reía maliciosamente y ponía sus manos en el brazo de él, en un momento de la velada me retiré con la excusa de ir al baño y entorne la puerta del salón y me escondí en el pasillo, no tardaron ni 5 minutos, en la cual mi mujer abría sus piernas y guiaba la mano de Dani a su entrepierna mientras ella le acariciaba el pantalón y le besaba la boca, comenzó a jadear ya que por encima de las bragas y medias.

    Dani acariciaba el coño mojado de ella, en un momento dado el bajo la cabeza a los pechos de ella y empezó a lamerlos por encima de la blusa. La cara de mi mujer era un poema, jadeaba de placer y lujuria y en un momento le sacó las manos de la pierna y la dirigió a los pechos: «acaríciame las tetas que desde hoy tienen nuevo propietario», decía mientras miraba hacia el pasillo, Dani apretó los pechos y con soltura abrió la blusa y los sacó no sin dificultad del sostén dejando los pezones a su alcance que el apretó y comenzó a chupar mientras ella jadeaba.

    La imagen era de lo más excitante y lujuriosa mi polla estaba a mil y empecé a menearla despacio cuando le pidió que se bajase el pantalón y los slips y como un resorte saltó el rabo de él largo y grueso tendría como unos 20 cm o así y unos huevos grandes y muy redondos, mi mujer entre sorprendida y excitada comenzó a masturbarlo mientras lo miraba con lujuria: «nunca me ha gustado chupar la polla de ese cabron que tienes por amigo, pero en este caso voy a comérmela entera hasta tus cojones y espero que te corras en mi boca para luego enseñarle al cornudo lo que me gusta tu leche» y dicho eso bajo la cabeza y comenzó a chupar y masajear el rabo de Dani mientras este cerraba los ojos lleno de placer.

    Yo no pude aguantar más, me encontraba entre desconcertado y excitado por la situación y por las palabras de mi señora, jamás la había oído hablar así, parecía que lo tenía preparado, estaba por correrme cuando escucho que me llama: «cornudo donde estas escondido, te crees que no sé qué nos estás viendo mientras te la meneas?, ven al salón y quítame el sujetador y las medias y bragas para que me termine de follar tu amigo que estoy deseando sentir su polla en mi coño, acércate ya cabrón!!».

    Sin rechistar obedecí, acercándome al salón y desabroche el sujetador, en ese momento ella saco la polla de su boca me miro y dijo: «es lo que querías, un buen cuerno, tú lo has querido y lo voy a disfrutar. Termina de desnudarme que quiero enseñarle el coño a tu amigo para que me la entierre entera y me llene de leche, tu no me toques, ahora soy de él y viendo su rabo creo que durante mucho tiempo, tu mastúrbate y laméntate de haber perdido a una mujer por tu capricho».

    Me quede sin palabras, acabé de desvestirla y Dani me dirigió una sonrisa diciéndome: «es una buena hembra tu mujer he tardado, pero ahora no voy a parar de follármela hasta que ella diga basta o nos cansemos y tú te vas a conformar cornudo». «Siéntate en la silla y mira cabrón» dijo ella mientras desnuda, dejó de mamarle el rabo se levantó y se sentó encima de él empujando despacio mientras se lo metía en el coño, comenzó a cabalgarlo primero despacio y luego cada vez más rápido, sus tetas botaban como dos globos y Dani las apretaba, chupaba, y ella pasó del jadeo a gritos en voz baja y cada vez más seguidos, él gruñía de placer y en cada embestida le llenaba los huevos de flujo, me corrro, ohh cabrón que polla sigue, sigue, así fóllame, lléname ummm este rabo es mío y quiero disfrutarlo siempre ahhh gnnnn» y dando un gran espasmo arqueando la espalda se corrió como nunca lo había hecho conmigo, gritando, jadeando y al sacar la polla de su coño meándose literalmente de gusto.

    Se agacho agarro la polla de Dani y metiéndosela en la boca le ordenó: «es hora de correrte, hazlo ya! Quiero tu puta leche en mi boca!!» y empezó a chupar y meneársela hasta que Dani en varias movidas de caderas pegó un alarido y se corrió en la boca de mi mujer que se ahogaba de la cantidad de leche que soltaba y le resbalaba por la comisura de los labios, me miró sin dejar de meneársela y me dijo: «ven cabrón bésame» yo obedecí compartiendo la leche de el con su boca: «y ahora límpiasela cornudo que la quiero lista para mañana’.

    Dicho esto se levantó y mirándonos a los dos nos dijo: «me voy estoy cansada gracias por tu orgasmo Dani, quiero verte mañana por la noche para seguir follando, vístete y vete y tu cornudo despide a tu amigo y vete a la cama, si te portas bien te hare una paja, que a partir de ahora es lo que vas a conseguir de mí. Has pasado la línea y eso trae sus consecuencias… ah y ya te diré dónde y como quiero las siguientes pollas voy a probar».

    Eso pasó hace 3 meses, desde entonces folla con Dani todas las noches y los fines de semana en una página de contactos donde se ha dado de alta, consigue pollas la mayoría negras.

    Y yo? Pues soy su cornudo, de vez en cuando me masturba y le compro lencería que utiliza con otros, mi misión es verla follar y limpiarle culo y coño de la leche de otros. Y la verdad es que me gusta!!

    Espero le gusten y escriban sus opiniones gracias.

  • Cogida por cinco amigos de mi amigo

    Cogida por cinco amigos de mi amigo

    Hola a todos los lectores de relatos en esta página, para quienes no me han leído, soy Sandra, la Zángana, como me decía mi tío Federico quien me enseñó estas artes desde temprana edad, tengo 35 años, casada, sin hijos, 1,60 estatura, 57 kilogramos de peso, contextura delgada, tetas medianas, una colita redondita y parada, tengo una vida sexual muy activa desde muy niña, aquí otra historia de mi vida real, por eso la contundencia y sinceridad de mi relato escapa a muchos adornos literarios, quedando algo a la imaginación del lector.

    Para el mes de septiembre de 2018, contaba con 32 años de edad cumplidos, mi tía Enriqueta fue hospitalizada en Bogotá, Clínica San Pedro, hablé con mi esposo quien me dijo, pues ve y la visitas, esa tía te quiere mucho, estuve buscando un tiquete aéreo desde la ciudad de Bucaramanga a Bogotá, no fue posible, todo estaba ocupado, decidí viajar esa noche por una empresa de buses intermunicipal, me correspondió un puesto en la parte de atrás, pero por lo menos tenía transporte, salimos a las 21:00 horas y se presupuestaba llegar a Bogotá a eso de las 06:00 am del día siguiente.

    A mi lado se sentó un caballero de unos 50 años, muy refinado, un perfume exquisito, varonil, facciones de su rostro muy agradables, muy respetuoso y caballeroso desde el primer momento que ocupó ese espacio, siempre apretaba entre sus manos un portafolios negro, con una combinación como seguridad, que desastre, murmuró, no encontré pasajes aéreos, me toca estar en una junta urgente en Bogotá, yo tampoco encontré y por eso estoy aquí, le contesté.

    Ese fue el inicio de nuestra larga noche juntos en ese vehículo, hablamos de muchas cosas, política, religión, familia, etc., por el camino el bus paró para comprar bocadillos, él me preguntó, ¿quieres un café? O tinto, como decimos aquí, gracias mejor no, luego debo ir al baño muy seguido, yo te acompaño me dijo, así no te roban, sonreí, cuando volvió tenía una bolsa llena de galletas, refrescos, dulces, bocadillos, etc., me ofreció para que tomara lo que me apeteciera, la mayoría de las personas siguieron durmiendo o fingiendo que lo hacían.

    Nuestra conversación se fue haciendo más íntima y personal, como todos empezó halagándome por mi belleza, por mi personalidad, por mi charla, por no hacerlo aburrir en ese viaje, entre otras cosas, que lindas uñas tienes, me cogió una de mis manos y empezó a detallar dedo por dedo, cada color o decoración, me apretó suavemente y me dio un beso en mi mano, eso me hizo dar un escalofrío de pies a cabeza y viceversa, no sé cuántas veces ocurrió eso, fue tan sensual, cariñoso y delicado, que casi me desmayo por lo inesperado de todo eso, me abrigó mi mano con la otra suya, como un sándwich, sin más preámbulos se acercó para propinarme un beso en mi boca, solo recibí un pequeño roce en mis labios, ¿tienes miedo?

    Claro que sí, eres un desconocido para mí, mira soy un empresario reconocido, tengo una junta con mis socios, en el hotel (el salto), ahí mismo dormiré y regreso nuevamente para seguir viajando. Le conté lo que iba a hacer. Si quieres te rento una habitación en mi hotel y estamos juntos nuevamente, no está mal esa idea, es un hotel carísimo, le dije, no hay problema, yo asumo los gastos en su totalidad, ¿a cambio de qué? Pregunté. Nada, tu amistad es muy hermosa, como tú, me gustaría lucirte mañana en la noche como mi novia, soy casada le recordé, tranquila, es por una noche. No está mal esa idea, pensé, mi tía enferma, poco espacio en su casa, aburrida allí, mejor una buena cama, déjeme y lo pienso.

    Entrados en amistad, empezamos a besarnos cual pareja de novios enamorados, cada vez con más confianza, sorteando el vaivén del bus, los imprevistos y la incomodidad de las sillas, nuestras manos empezaron a recorrer el cuerpo que teníamos a disposición, encontré unos brazos algo fuertes, poco ejercicio y mucha oficina, un pecho ancho, velludo, una barriga poco pronunciada, cuando llegué a la entrepierna, había un bulto de carme, firme, gruesa, queriendo salir de una cárcel, se apresuró a soltar su correa y bajar su cierre, pude agarrarla con una mano, en principio no muy larga, seguramente por la posición del cuerpo, empecé a acariciar y ahí me quedé mucho tiempo, mis téticas era masajeadas, pellizcadas suavemente y vueltas a acariciar, mi espalda, mis nalgas, le generaba algo de incomodidad llegar a mi entrepierna, no sabía cómo acomodar su mano para encontrar mis labios vaginales, opté por bajarme mi jean hasta las rodillas, junto con mi panty, subí mis piernas sobre las de él y me ofrecí plena, abierta y dispuesta de todo a todo, abrigada solo por su chaqueta y una bufanda que estiré a lo largo de mi cuerpo.

    Ahora sí, todo se le facilitó, llegó directo a mi raja que estaba empapada, metió sin problemas sus dedos, 2, 3 no lo sé, los metía y sacaba con rapidez, le dije: me vas a hacer venir y aquí no hay como secarme, tienes razón, fue más suave de vez en cuando volvía a mis téticas y se las llevaba a la boca, mamaba de ellas cual ternero en la mañana, esto es de locos le dije, para, aquí es difícil por la gente que nos mira, la incomodidad, quédate así, no te imaginas cómo estoy, me decía, yo quería ser empalada, pero, mi instinto me gritaba que no lo hiciera, era lo más sensato en ese momento, déjame mamarte un poco a ti, le dije, me arreglé mi pantalón, pero no lo abroché, sabía que quería ser tocada mucho más tiempo, con eso me conformaría en ese momento.

    Me incliné sobre esa verga, la oscuridad iba y venía, por las luces de otros vehículos, por el paso por las zonas habitadas, etc., con mi lengua acariciaba y disfrutaba de esa cabecita que aunque no es nada atractiva, nos vuelve locas a todas, saboreaba sus líquidos, trataba de meterla toda en mi boca o lo intentaba hasta donde lo hacía, sentía sus manos en mi nuca empujando, acariciando mi espalda o cabello, no sé cuánto tiempo estuve en esa posición, hasta que murmuró, algo va a pasar, no respondí nada, no podía decir nada porque tenía mi boca llena, con un delicioso chupete de carne, y quería seguir así, aceleré mis movimientos y comenzó la erupción de esa leche viscosa, con su olor y sabor característico, me la tragué toda, hasta la última gota, todo para que no manchara su pantalón, su verga se fue aflojando cada vez más y regresó a su posición de descanso.

    Gracias, me dijo, eres estupenda, fenomenal y muy práctica para todo, espero que aceptes la invitación a mi hotel esta noche, terminamos lo que hemos empezado ya, te presento a mis socios y pasamos un rato fenomenal, si lo deseas, ya no tenía nada que pensar, estaba decidido desde mucho tiempo atrás, iré a ese hotel, quiero esa verga dentro de mí, pensé, cruzamos nuestros números de teléfono, comimos algo de lo que él había comprado, llegamos a la terminal de buses en Bogotá a eso de las 5.30 am, vaya que viaje, aún estaba amaneciendo, me invitó a desayunar a esa hora, acepté para esperar que amaneciera por completo y todo se normalizara. ¿En qué te vas? Esperaré un bus, nada de eso, toma para que te muevas en taxi en todo momento, sacó de su bolsillo varios billetes y me los acomodó en mi mano, apretando suavemente, recordé a mi abuelita, así lo hacía ella.

    Durante el día visité a mi tía en el hospital, ella muy agradecida por mi esfuerzo de viajar a visitarla, estaba llevando una lista de sus visitas, para saber con quienes contaba, en la noche le dije que prefería quedarme en un hotel, le expliqué mis motivos, escuché sus miles de recomendaciones, acepté todo de ella, así quedaría más tranquila.

    Llegué al hotel muy temprano, mi amigo desconocido y nuevo para mí, estaba ocupado en una reunión, recibí mi habitación, me duché, me puse mi mejor traje que tenía en ese momento, un vestido rojo, muy cortico, unos tacones medios, una chaqueta cortica negra, brasier y pantys blancos, bien maquillada y lista para bailar o salir a caminar, no sabía qué deseaba mi galán, cuando él terminó su reunión, eran casi las 11.00 de la noche, fuimos a cenar los seis, me presentó como su novia, cosa que no creí por las miradas y sonrisas burlonas de ellos, luego fuimos al bar del mismo hotel, escogimos y nos acomodaron de una manera espectacular, como todo en ese hotel, bebimos whisky, ellos parecía que tomaran agua, yo más recatada, un trago me duraba horas, bailamos y la pasamos de película.

    Con mi amigo, del cual no mencionaré su nombre, bailaba muy suave conmigo, abrazados siempre, muchos besos, palabras cariñosas amorosas, el novio ideal para cualquier chica, de vez en cuando, bailaba con los otros socios y recibía sus halagos de cariño, aprecio y amabilidad, ninguno se propasó ni me dijo alguna palabra que pudiera ser mal interpretada, muy respetuosos todos.

    Cada vez se iban entonando más por el licor, por sus charlas y cosas de ellos, decidimos ir a dormir, ¿estás bien acomodada en tu habitación? Sí, es perfecta, les dije, ¿podemos conocerla? Vamos, no hay problema. Entramos a mi habitación, sirvieron más licor, me hicieron beber un buen vaso, allá no tomaste nada, aquí estás en tu cama, puedes dormir todo el día si lo deseas. Me senté en mi cama, sin tener la precaución de mi vestido, se me subió y dejó al descubierto la mayor parte de mis pantys, oh, qué belleza, muy lindo ese panorama, escuché, mientras me acomodaba un poco, amigo y supuesto novio, me abrazó con fuerza, nos fuimos de espaldas juntos, ahora sí que el espectáculo fue completo, se me vio hasta el apellido, yo pataleaba para zafarme de los brazos de mi amigo, pero era imposible, escuché unos aplausos, sencillamente hermoso, decían, estábamos algo pasados de licor.

    De repente sentí que mis pantys eran arrancados de su puesto, ayudados por una mano de mi amigo, mi calentura subía a mil por segundo, mis zapatos también eran sacados de su puesto, supe de qué se trataba esa visita, me iban a cobrar la noche en ese lujoso hotel, ¿qué pretenden ustedes? Anoche en el bus iniciamos algo bonito y debemos terminarlo de la mejor forma, pero ese no fue el compromiso, le dije, sí, pero ya estamos aquí, no podemos echar pie atrás. Está bien, pero no quiero golpes, morados, chupones, nada de brusquedad, no quiero llegar a mi esposo toda maltratada o que vaya a tener problemas.

    Es casi un juramento, afirmó mi amigo novio. Arrancaron mi vestido con algo de suavidad, desabrocharon mi brasier y quedé totalmente desnuda ante cinco tipos, bien vestidos, olorosos a perfume y licor, sus edades promediaban, creo que los 45 años, para no entrar en detalles, me fueron pasando de mano en mano, cada uno me besaba y tanteaba mi cuerpo a su antojo, yo disfrutaba lo mejor que podía hacer, de vez en cuando recordaba a mi esposo, solo en casa y yo disfrutando de una noche de sexo, recordé mi primera vez con varios tipos, eso fue en el colegio, mi novio y cuatro de sus compañeros amigotes, la historia se repite en mí, ahora con adultos, pero todos desconocidos.

    En ese momento entró una llamada de mi esposo, hola mi amor, me dijo, ¿dónde estás? Acá en un hotel, mi tía me recomendó y me dio dinero para que no pasara incomodidad en su casa, ¿con quién estas? Sola, con quien más podría estar, es que escucho hablar a algunas personas, claro, estoy en un hotel, hay gente despierta todo el tiempo, ¿tú con quién estás? ¿Por qué me llamas a esta hora? ¿No te dejan dormir y pretendes despertarme? O ¿es el pecado de estar con una chica a tu lado? ¿Me estás engañando? Le hice un interrogatorio de una mujer celosa, no le quedó otra que despedirse y dejarme tranquila en mis cosas.

    Ya todos desnudos, lo hicieron mientras yo hablaba por teléfono, pude empezar a apreciar plenamente sus vergas, todas de tamaño mediano, nada de destacar, aunque de buen tamaño, he visto y tenido mejores, me agaché, empecé a mamar a mi amigo novio y frotar otras dos, una con cada mano, mientras los otros se tocaban para mantenerse firmes, cuando se acabó la ronda de mamadas me tendieron en la cama boca arriba, sentí una lengua en mi raja, que anda bien depilada siempre, en contraste con esas vergas velludas de mis machos de esa noche, sentí que acariciaban mis téticas, las apretaban, las chupaban, una verga llegó a mi cara y comencé a mamar, eso tapaba toda mi visión de las cosas, sentí que empezaba a ser empalada, una verga entraba y salía de mi boca y garganta, otra de mi chocha húmeda, insaciable, la que estaba recibiendo era una buena dosis para mis gustos, sentía que se iban rotando entre ellos para ocupar el hueco de mi raja, pues cada estilo es diferente,

    Me senté a galopar sobre una verga y sentí que era llenado otro de mis huecos, el hoyo del culo empezaba a recibir otra verga, dura, con buen ritmo se movían, en mi boca se iban rotando uno a uno, parecían dar la vuelta, cambiando y moviéndose entre ellos.

    Me hicieron pararme al lado de la cama, agacharme y apoyarme en el colchón, para dejar mi cola expuesta a ellos, hicieron una fila, empezaron a atacar mi chochita y mi culito en esa posición, hicimos varias variantes de todas y cada una de esas posiciones, alternadas con mamadas, tragos de licor y agua, nuestros cuerpos estaban sudando todos, observaba la expresión de sus rostros, felices, sonrientes, qué rica novia tienes mi estimado…, sí, eso es lo que me gusta de ella hermosa y dispuesta a todo por complacerme, muchas expresiones sobre mis habilidades recibí esa noche, muchas veces sus vergas entraron en mi boca, culo y vagina que permanecía empapada a todo momento, hasta por mis piernas escurría líquido de mi vagina, ya que ellos usaban condones todo el tiempo, me quedo corta al expresar este momento.

    Cuando se aproximaba el momento cumbre del evento, uno de ellos, se acercó presuroso y muy callado, puso su verga en mi boca, empecé a mamar y de repente un chorro de leche invadió mi boca, tragué todo lo que pude, otra parte se escurrió por la comisura de mis labios, se lo escurrí y dejé tan flácido como empezó. Ohh, gracias, que rica mamada, que rica chocha y qué rico todo. Al rato llegaron dos al tiempo a repetir la primera acción, no pude beber toda esa leche, al igual que ellos no se pudieron acomodar juntos, mi cara y pecho quedó salpicada de gotas de leche, las froté con mis manos, acariciando mi piel con esa crema de leche humana que iba dejando una capa por mi cuerpo, los escurrí también a ellos hasta que no quedó muestra de poderse recuperar. Llegó mi amigo novio, le agarré su miembro con mis dos manos, lo acerqué a mis téticas y comencé a masajearlo, al tiempo que le besaba su pelvis, ombligo y vello púbico, cuando empezó a venirse sobre mí, su verga parecía una cañería con aire, botaba y botaba leche a chorros, cuando pudo respirar, la llevé a mi boca, comencé a mamar con cariño, amor y agradecimiento seguramente, hasta que quedó totalmente limpia y flácida. El último, me hizo poner en cuatro y comenzó a taladrar mi culo, sentía esa verga entrar y salir con rapidez, su respiración era fuerte, sentí que se clavaba contra mi cuerpo, se estaba viniendo dentro de mi cuerpo, dentro de mi culo, allí depositó toda su carga de leche, se quedó un rato ahí quieto y pegado a mí, cuando se levantó, ya estaba flácida y bien escurrida, en ese momento no usó condón, por eso no lo mamé. Me senté en el piso, un tanto desconcertada, desorientada y como en shock, otro aplauso escuché en ese momento. ¿Van a seguir la fiesta? Preguntó mi amigo, vamos a descansar, necesitamos volar todos a nuestro destino, ok, descansemos un rato, luego nos volvemos a reunir para despedirnos. Se acomodaron sus ropas y salieron, sólo se quedó mi amigo novio, ¿te gustó la noche? De verdad no la esperaba, nuca imaginé esta situación, contesté, pero ¿te gustó? Es lo que quiero que respondas, me encantó, será inolvidable para mí, le contesté, las cosas sin planear salen a veces mejor, así es, le respondí.

    Vamos a ducharnos, en el baño nos abrazamos, nos besamos bajo el chorro de agua tibia, disfrutamos de un momento de intimidad, limpiamos hasta el último rincón o pliegue de nuestros cuerpos, sacando rastros de los otros cuerpos, leche y borrando evidencias para nosotros dos, fuimos a la cama, nos tiramos abrazados, nuestras bocas pegadas parecían fundirse en una sola carme, sentí nuevamente su verga crecer por la emoción , se acomodó encima de mí y empezó a metérmela en mi vagina, limpiecita luego de la ducha, cuando se iba a venir me dijo, ¿la quieres adentro? Sí, dámela toda, le contesté, mientras lo apretaba contra mi pecho, apretando también las paredes de mi vagina para aumentar su sensación, se esforzó para llenar mi chocha de la mayor cantidad de leche posible que pudo exprimir en ese momento, nuestras bocas no paraban de besarse, nuestros brazos no querían dejar mover al otro, así nos quedamos dormidos. Cerca del medio día nos despertamos por un camarero que llegó a arreglar la habitación y nos encontró totalmente desnudos, reímos como niños, ¿quieres más? Le pregunté, no me alcanza el tiempo, aunque quisiera, no puedo, necesito salir, nos arreglamos y salió presuroso, eso sí con la promesa de muchos encuentros, ya hablaríamos de eso.

    Al revisar mis cosas para abandonar el hotel, encontré un sobre que no era mío, al verificar su contenido, encontré muchos billetes y una nota escrita a mano, gracias Sandrita hermosa, por tu comprensión, amistad y cariño demostrados, acepta este detalle, es con respeto, agradecimiento y cariño. Era más dinero del que mi esposo se ganaba en un mes de trabajo. Llegué al hospital a despedirme de mi querida tía, ¿qué tal tu noche mijita? Me preguntó, Venía tan cansada que no despegué los ojos en toda la noche, le dije, ¿no será que no te dejaron dormir? Ay tía, cómo dices esas cosas, ella sonrió y me dijo, yo pasé por tu edad, me quedé callada, pero mi cara parecía enrojecer, no te avergüences, lo hecho, hecho está.

    Esa noche regresé vía aérea, para Bucaramanga, 7.15 de la noche salió el avión, mi esposo me esperaba en el aeropuerto de palo negro, cenamos allí, yo invité una buena cena, tenía dinero y me la merecía, a mi esposo le dije que era invitación de mi tía, que me había obligado a recibir algo de dinero.

    A eso de las 10.00 de la noche, íbamos rumbo a nuestra casa, le dije a mi esposo quedémonos un rato en el mirador, allí había muchos vehículos, motos y parejas viendo las luces a lo lejos de la ciudad, un espectáculo muy hermoso, de un vehículo con su baúl abierto, era la venta de cerveza, compré un six pack y degustaba esa cerveza fría, qué delicia, el clima era adecuado, nada de frío, nada de amenazas de lluvia, era algo ideal, mi esposo no quiso tomar por miedo a los retenes de policía, yo acepté su excusa,

    Al detallar a mi alrededor comencé a ver cosas que me iban llamando la atención, un vehículo parecía estar siendo movido por un fantasma, le mostré a mi esposo, jajaja, eso es una pareja teniendo relaciones, ay que boba soy, le contesté, otra pareja estaba en pleno sexo oral, una chica arrodillada tragaba el vergón de su parejo, otra estaba tendida en el piso cerca a unos árboles, todos en su propio cuento, eso me iba poniendo caliente, hacía dos noches que no veía a mi esposo, ¿quieres que te de una mamada aquí mismo? No, cómo se te ocurre, vamos y en la casa, solitos los dos, que aburrido, pensé, seguimos nuestro viaje, por el camino hay muchas residencias y sitios nocturnos, ¿entramos a un sitio de estos? El fin de semana venimos sin falta y te complazco en todo lo que quieras, así quedamos, de ahí nace una nueva historia que contaré más adelante.

    Con mi amigo novio, nos hablamos de vez en cuando, aunque no hemos vuelto a encontrarnos, sí fantaseamos en lo ocurrido, esperemos si se dan las cosas para un nuevo encuentro.

    Aquí termina esta historia de mi vida real, carente de imaginación y fantasías, todo lo que plasmo es para sacar de mente y corazón, algo que me atormenta y deseo sanar mi Alma, descansar al confesar mi pecado, sabiendo que alguien se va a sentir identificado o que se emocione como yo al recordar esos momentos.

    Agradezco tu voto y comentarios, trataré de responder a cada uno, tu amiga Sandra, la Zángana.

  • El nuevo jefe de mi mujer (Parte 5)

    El nuevo jefe de mi mujer (Parte 5)

    Esa noche no dormí demasiado bien, pensado que estaba perdiendo a Nerea y que lo que empezó como un juego se había ido de las manos y Noelia se estaba enamorando de Raúl.

    Al despertarme, mi mujer que había dormido con una pijama de seda rosa muy sexy, se puso encima de mí y me empezó a besar lentamente mientras con su hábil mano masajeaba mis polla y los huevos a la vez.

    -Buenos días mi amor, esperó que no te sentara mal lo de ayer, ya sabes que nunca haría nada que te hiciera daño, así que si quieres que paremos solo dímelo, yo solo hago esto para que disfrutemos los dos.

    -Gracias cariño, es que te vi tan decidida que pensé que se había ido de control todo, la idea de verdad que me excita, y siempre te confesado que me gustaría verte comiendo otra polla.

    -Ya lo sé amor mío, además que voy a estar al teléfono contigo todo el rato, solo quiero que te hagas una buena paja viéndome y a la noche ya seré todo tuya, como lo voy a ser toda la vida porqué eres lo que más quiero del mundo.

    -Yo también, y sabes que si hago todo esto y porque me gusta verte disfrutará y que puedas hacer estas fantasías que también te gustan, es solo para verte gozar más que nunca.

    Mi mujer que había acelerado el ritmo de sus manos, levantó las sábanas y me empezó hacer una mamada, intensa pero de corta durada, luego se puso encima de mí y se introdujo por completo mi polla.

    Empezó a cabalgar mientras con sus manos condujo las mías a sus pechos y luego me besó el cuello y boca, jadeaba de una manera tan sensual que rápido me corrí dentro suya. Ella al notar mi corrida, me besó en la boca durante unos largos segundos y me dijo que me amaba.

    Esa mañana se fue al trabajo con unos leggings negros, bambas blancas, jersey rosa chicle y una tejana de última moda. Se había puesto un sujetador que hacía ver sus tetas más grandes de lo que ya eran.

    Sobre las seis de la tarde Noelia me preguntó si me apetecía hacer lo que habíamos hablado, ya que no quedaba nadie en el despacho y Raúl seguramente no se iba a oponer.

    Yo le dije que vale, que me iba a ir al comedor a ponerme cómodo, que esperaba ansioso su llamada.

    Ella me escribió que estuviera tranquilo, que disfrutará que esto lo hacía solo para hacerme feliz.

    Yo le contesté, que esperaba que ella disfrutará mucho.

    Me fui al sofá del comedor, me quite toda la ropa y conecte el teléfono a la televisión, de forma que podía reproducir la pantalla del teléfono en la pantalla de 70 pulgadas de nuestro comedor, si iba a ver a mi mujer comiéndose otra polla, que mejor forma que hacerlo con las mejores condiciones.

    A los 10 minutos sonó la melodía de llamada entrante y efectivamente era mi mujer, no sé si estaba preparado para esto, pero ya no había marcha atrás.

    Contesté, y vi a mi mujer con la cámara selfie, ella me veía totalmente desnudo, ya que había apoyado el teléfono al trípode que teníamos y lo había colocado en frente del sofá.

    -Hola amor, ya veo que estás preparado, estás muy bueno cariño.

    -Hola vida, tu si que estás buenorra, pues aquí me tienes solo para ti.

    -Espero que te guste mi vida.

    Pude observar que Noelia le dio e teléfono a Raúl para que ella pudiera tener las manos libres.

    Raúl no podía verme ja que él tenía la parte posterior del teléfono, y la pantalla enfocaba a mi mujer.

    Noelia estaba de rodillas y se quitó el jersey dejando su sujetador puesto. En mi televisión apareció el pantalón de Raúl, ella con gran habilidad le quitó el cinturón, desabotono el tejano y se lo bajó hasta los tobillos. Pasó lo mismo con los calzoncillos, solo que al liberar la polla de Raúl, está ya estaba completamente dura.

    Noelia agarró su polla, y escupió un par de veces, una en la cabeza y otra en el tronco, y mirándome se la introdujo en la boca.

    Yo empecé a tocarme lentamente ya que estaba súper excitado y no quería correrme.

    Mi mujer se sacó la polla y me lanzó un besó, me preguntó si me gustaba lo que veía y le dije que sí, que estaba muy sexy comiéndose el pollón de Raúl.

    Empezó a lamer los huevos de Raúl y aumentó el ritmo de succión con la boca y mano. Más tarde cogió la polla con su mano y se dio pequeños azotes en su cara con ella y empezó a dar lametones con la lengua desde los huevos hasta el glande.

    Mi mujer estaba haciendo una mamada de campeonato, era imposible que Raúl pudiera aguantar más.

    Noelia se desabrochó el sujetador, se apretó las tetas con su brazo por debajo de ellas y se puso a masturbar a Raúl, esperando su corrida en las tetas.

    Yo no pude aguantar más y me corrí como un animal encima de mi barriga. Noelia me sonrió y me dijo que me amaba.

    Raúl hizo lo mismo en las tetas de mi mujer, había soltado leche en las dos tetas de Noelia. Ella le dio un par de lametones y besos a su polla y me preguntó que qué tal lo había hecho. Le dije que me había parecido muy excitante y que me gustó mucho.

    Esa misma noche, hicimos el amor como dos poseídos recordando lo ocurrido por la tarde.

    Aproveche que Noelia se fue al baño a limpiarse para abrir su teléfono y añadir el contacto de Raúl en el mío.

    Escribí a Raúl diciendo quien era, y que no le dijera nada a Noelia de lo que le quería proponer, que ni siquiera le advirtiera que habíamos hablado.

    Me contestó diciendo que podía estar tranquilo, me agradeció que dejara a mi mujer comerle lo polla y le dije que no pasaba nada, que si lo hacíamos bien se podría follar a mi mujer otra vez.

    -Soy todo oídos -dijo.

    Continuará.

  • Cambiando la vida de mamá (Parte II)

    Cambiando la vida de mamá (Parte II)

    Llegamos a la iglesia, cuando faltaba media hora, para la ceremonia. 

    Saludamos a todos los familiares y conocidos. Todos decían que yo estaba hecho un hombre, y que mi madre estaba jovencísima, no pasan los años por ti, le decían todos.

    Mientras el cura, daba el sermón, le dije a mi madre al oído, ves todo el mundo, ha reconocido lo guapa que estás, y lo joven que se te ve.

    -Gracias cielo -me respondió acercándose a mi oído, mientras entrelazábamos nuestras manos.

    Salimos de allí, y fuimos al restaurante del convite, estaba muy cerca. Hicimos una parada para echar una meada, y tomar una cervecita rápida. Estaba seco.

    Nos sentaron con unos primos, los cuales conocíamos y lo pasamos genial.

    Mientras cenábamos, miraba a mi madre y la veía contenta, sonriente… estaba en su salsa.

    Tengo que reconocer que yo también, me lo estaba pasando muy bien. Menos mal que he venido, pensé.

    Terminó la cena, y repartieron puros, yo pensaba que eso no se hacía ya. Cogí uno, no fumo hace 7 años, pero nunca digo que no a un puro.

    Tras levantarnos de la mesa, me acerqué al bar de la barra libre, pedí un gin-tonic para mí y una tónica con un chorrito de ginebra para mi madre.

    -Dónde vas? cariño -me preguntó.

    -Al jardín a fumarme el puro -le dije.

    -Vale me quedó aquí con la prima Luisi -dijo ella.

    Estuve charlando con unos primos, de fútbol, trabajo, pero cuando me quedé solo, salió mi madre a mi encuentro.

    -Cariño otro gin-tonic?-me propuso.

    -No se Ma, he bebido, vino y un par de wisskis…

    -Bueno hijo, disfruta, yo también me he pasado con el vino, pero un día es un día. -dijo sonriente, mientras bailoteaba.

    -Tú quieres emborracharme para aprovecharte de mi. -Dije sin reírme, lo más serio que pude.

    -Si hombre, ni en tus mejores sueños, apuntó mientras apretaba mi carrillo con su mano. -Me dio un beso en la mejilla.

    -Ma, sabes que tenemos una conversación pendiente. -le dije.

    -Si hijo, luego o mañana la tendremos, tranquilo hay tiempo para todo. Sabes, es una pena que solo podamos estar dos días, en Madrid. Me gustaría conocerlo. -Dijo entristecida.

    -No te preocupes Ma, un fin de semana, que podemos te traigo y lo vemos, te lo prometo. Así de paso a ver si puedo hacer algo contigo, aquí no pareces la misma que en casa, pensé.

    -Venga tira esa mierda de puro ya, y ven a echar un baile con tu vieja madre.

    -Voy volando. Lo que tú mandes mi reina.

    Aproveché la oscuridad que me regalaba la sala, y agarré a mi madre por su cintura, ella a mí, por los hombros. Me pegué a ella, un poco más de lo que haría un hijo y una madre normal, en ese momento, estaba otra vez como una moto, empalmado a más no poder. Mi madre, sintió mi paquete contra ella, pero no dijo nada. Se me ocurrió bajar mi mano derecha al culo de mi madre, para comprobar que había escogido bien su ropa interior, y no se marcaban la costura de las bragas.

    -Luisja -ya vale dijo tajante mi madre.- Da ahora mismo un paso para atrás, deja de restregar tu dura cola, contra mí y no me toques el culo, nos puede ver cualquiera y no quiero. Bajo ningún concepto quiero que piensen lo que no es.

    Le hice caso a sus dos órdenes ipso facto.

    -Luego en el hotel, lo que quieras -dijo mi madre.

    -Como? Es lo que estoy pensando? -pregunté con sorpresa.

    -No hijo no, eres un extremista, te dan un dedo y coges toda la mano -protestó.

    Le di un casto beso en la mejilla, mientras le decía, no te enfades que te pones muy fea.

    Todo el evento acabó, sin novedad alguna.

    Rondaban las 3 de la mañana y nos despedimos de todos.

    Salimos del restaurante y pusimos rumbo al hotel que estaba a tiro de piedra.

    Mi madre me agarró del brazo, y cuando nos habíamos alejado, dos calles, y comprobó que no venía ningún conocido, me paró en seco, se agarró de mi cuello y me dio un largo beso en los labios.

    Yo aproveché para bajar mis manos a su culo y se lo sobé a base de bien, esta vez a dos manos. Arrimé mi dura polla contra su vientre, pero esta vez no dijo nada. Nos fundimos en un beso, eso sí sin lengua, que duró más de 1 minuto.

    -Ves mi niño, aquí no hay problema, nadie nos ve. En la boda, creo que no era el lugar -dijo muy tranquila.

    -Te quiero mucho Ma.

    -Yo también tesoro. Sabes? lo he pasado muy muy bien. La verdad que estoy un poco contentilla por el vino. Pero estoy perfecta. -Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    Pensé que tenía que aprovechar, ese «contentillo» para ver si pasaba algo entre nosotros.

    Llegamos a la habitación, esa noche tenía que pasar algo, entre nosotros, sino exploto. No podía más, sabía que no me la iba a follar, pero, si hacernos unas pajas o algo.

    -Buff, estoy molida de tanto bailar -dijo mi madre, sentándose en uno de los butacones que allí había.

    Se quitaba los zapatos, mientras yo traía dos gin-tonic del mini bar. Quería seguir la fiesta un poco más.

    Me senté en el otro butacón y dejé los vasos, en la mesa que había entre los dos.

    -Suéltame la cremallera, para quitarme el vestido -dijo levantándose.

    -No Ma, déjatelo estás preciosa con él -no podía dejar de mirar esas preciosas piernas, con esas medias que tanto la estilizaba. Me hizo caso y se volvió a sentar.

    Allí tranquilos, supe que era el momento de sacar la conversación que habíamos dejado por la tarde a medias.

    -Ma, es verdad que tú con papá, solo el misionero en tantos años de casados?

    -Si, hijo si, solo el misionero. Además desde esta tarde, estoy dándole vueltas, a lo de que igual nunca he tenido un orgasmo.

    -Nunca le has hecho una paja? o un 69? no me digas que papá no te ha hecho un buen cunnilingus nunca? -la conversación iba subiendo de tono.

    -Un coni que? -dijo mi madre sorprendida,

    -Ja ja Ma –protesté- de verdad que no sabes que es un cunnilingus?

    -No hijo no. ENE-O, me vas a explicar qué es? seguro que es alguna guarrada de esa que hacéis los jóvenes -protestó.

    -Ma, un cunnilingus es que te coman el coño, que te chupen el clítoris, que te lo succionen… eso es a grandes rasgos.

    -Pues nada, hijo lo de 69, sé de cuando se juega al bingo, la típica gracia del número erótico, pero no sé tampoco que es -dijo ella.

    -Pues Ma, es que tú le comas la polla al chico y él te como el coño. -Le expliqué.

    La cara de asombro que ponía mi madre, era un poema, mientras le daba un sorbo a su vaso. Estaba alucinando la pobre.

    -Paja sí que le hice a tu padre algunas cuando éramos novios, como no podíamos follar, pues así lo tranquilizaba un poco, pero bueno un par de ellas, poco cosa. Tu padre era muy fogoso, siempre quería follar, estaba caliente las 24 horas, pero ahora, ya hace casi un año, que nada.

    -De una buena cubana ni hablamos no? -le pregunté.

    -Que tienen que ver las de Cuba, en esta conversación? -respondió ella.

    -Buff déjalo Ma. -Aquí hay mucho trabajo que hacer, me pensé para mí, mientras me la estaba comiendo con la mirada.- Y alguna vez se la has chupado a papá? -le pregunté intrigado.

    -No, hijo tampoco, nunca me lo pidió y yo en la cama, lo justo. Somos de otros tiempos, otra educación. Antes no era como ahora que con internet, podéis aprender y ver de todo.

    Esto ya no podía parar, me tenía que lanzar, tenía que llegar a hacer algo con ella… lo que fuese.

    -Ma, quieres saber que se siente cuando se tiene un orgasmo? -me atreví a decir.

    -Hijo, creo que te quieres pasar de listo. Para el carro. Ni lo sueñes que veo tus intenciones.

    -A ver Ma, si quieres te puedo enseñar donde tienes y como hay que tocar para llegar a él. -Me tiré a la piscina, ahora o nunca.

    -No se hijo, no lo veo. Que mi hijo me diga, como me tengo que tocar el chocho pues… Además hijo, ya estoy con la menopausia, hace tres años o así, que no tengo la regla, tengo eso muy reseco y dormido.

    -Bueno Ma, eso tiene solución, todo tiene su lado bueno.

    -Cual? -se apresuró a preguntar.

    -No te puedes quedar embarazada -le dije riéndome.

    -Calla bobo -contestó ella- lo que me faltaba a mi edad.

    -Piénsalo Ma, te aconseje cambiar tu vestuario, me has dado la razón, te has depilado el coño, también me has dado la razón. Creo que si llegas a tener un orgasmo, verás, como ha merecido la pena. Y me vuelves a dar la razón otra vez.

    Estuvo dudando durante unos segundos, el silencio se podía cortar.

    -Está bien dijo mi madre -pero yo pondré las normas, vale? -No conteste.- vale? -volvió a preguntar, al no tener respuesta.

    -Vale Ma -sabía que luego iba hacer lo que yo quisiera, cuando tuerce un poco su brazo, hago con ella lo que quiero.

    -Estaremos separados, no me tocarás, solo me dirás como lo tengo que hacer, y cuando esto acabe, los dos lo olvidaremos esta noche para siempre. Vale? -volvió a preguntar mi madre.- Vale? para siempre -sentenció.

    -Si Ma, lo haremos como tú mandes -la polla me iba a reventar. Estaba a punto de ver hacerse una paja a mi madre… No me lo podía creer.

    -A ver, por donde empezamos? -preguntó inquieta.

    -Pues por quitarte el vestido Ma, me puedo acercar para bajarte la cremallera? -le dijo en tono burlón.

    -Hijo que me voy a dormir, y esto acaba aquí.

    -No ma No, lo siento -respondí rápido.

    Me acerqué a ella por detrás, le agarré de la cintura, quería que estuviera a gusto y de paso ponerla un poco a tono. Empecé a besar su cuello, sin todavía haber soltado su vestido, le di mordisquitos, por el cuello, y no paraba de besarla mientras le bajaba la cremallera del vestido.

    Cayó al suelo y apareció, ese precioso cuerpo, con esas bragas transparentes. Me restregué un poco contra su culo. No decía nada se dejaba hacer. Solté su sujetador, y le di la vuelta, le besé en los labios, intenté meterle la lengua, pero no tuve respuesta, insistí, pero nada. Me separé y entonces le pregunté.

    -Ma, nunca has dado un beso con lengua?

    -No, hijo yo solo picos, y besos de tornillos de los de la bodas… -dijo

    Reí.

    -Ma, te voy a enseñar. Tienen que jugar tu lengua con la mía, hacer círculos, juntarse… y sobre todo disfrutar del beso -le dije.

    Volví a insistir, esta vez metió su lengua y casi me produce una arcada.

    -No tanto Ma -le dije- más despacio y no la metas tan adentro. -Me hacía caso, y mejoraba, parecía una quinceañera, dando su primer beso.

    Enseguida le cogió el truco, y no paraba, me tuve que separar yo.

    -Empezamos ya? -le propuse

    -Cuando tú quieres mi vida. Estoy más que lista

    Le bajé, sus preciosas bragas, entonces ella fue a quitarse las medias y el liguero. La paré en seco.

    -No Ma, déjatelo te sienta muy bien.

    -Como tú quieras -acertó a decir.

    Separé un poco el butacón para que se acomodara en él, y hacer caso a sus reglas. Por nada del mundo quería que se acabaría aquel juego.

    Se sentó en él.

    -Y ahora? -preguntó.

    -Sabes dónde tienes el clítoris? -le pregunté.

    -Si hijo algo de anatomía sé -respondió como dolorida por esa pregunta.

    -Pues acariciarlo con suavidad.

    Ver a mi madre desnuda en esa butaca, con esas medidas abierta de piernas, con su precioso coño asomando, era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo…

    Comenzó a tocarlo, pero sus movimientos, eran bruscos demasiado rápidos, creo que no era capaz de encontrar su clítoris.

    Me acerqué para ayudarle, pero al acercarme, me paró en seco.

    -Hemos dicho sin tocar. -Protestó.

    -Pues Ma, ya me dirás cómo te explico dónde te tienes que tocar… volvió a dudar unos segundos.

    -Está bien, a ver. -Dijo ella.

    Me acerqué por detrás, empecé a besar su cuello de nuevo, y pude ver como su bello se erizaba, se estaba poniendo cachonda.

    Entonces llegó el momento que tanto espera desde hace una semana, toque todo su coño, toqué sus labios, y pude comprobar como mi madre tenía razón, eso estaba seco. Sin dejar de besar su cuello, encontré su clítoris a la primera, se lo toqué, le enseñé como tenía que hacerlo, círculos, subirlo, bajarlo, pero con mucha suavidad. Me volví a separar y ella empezó a tocarse como le había enseñado. “Espera no pares, sigue con los besitos en el cuello”.

    Supervise como lo hacía, pero vi que de seguir así, se cansaría y no llegaría al orgasmo. Entonces fui al baño, me di bien de jabón en los dedos de la mano derecha, y fui de nuevo hacia mi madre. Estaba decidido de que tenía que hacer que tuviese un orgasmo.

    Cuando estaba a un metro de ella, le di otro beso con lengua, el cual respondió muy hábilmente, volví a buscar su clítoris, con mi dedo gordo, mientras que con los otros, le lubricada bien la parte interior de su coño. Fui metiendo dos dedos, mientras que con el gordo jugaba con su clítoris. Sacaba ya los dos dedos, como si fuese el coño de una veinteañera, ya lo tenía bien lubricado y no le dolería.

    Seguí con el largo beso, pero al poco pude ver cómo echaba su cabeza para atrás. Empezó a gemir y a retorcerse, como una culebra, “AHh” dijo, supe que iba por buen camino.

    Al poco tiempo, tuve que darle un cojín para que se tapase la boca, sino despertaría a todo el hotel.

    Qué manera de gemir.

    -Si mi amor, no pares, me gusta, me gusta mucho, me encanta. Me estas matando de gusto. Sigue sigue ah ahhh. Por sus movimientos, creo ya había tenido un orgasmo, bueno unos o más. Creo que mi madre era multi orgásmica y no lo sabía.

    Después de más 10 minutos, mis dedos no podían más, se me cansaban.

    Cuando ya iba a parar, mi madre quitó mi mano de su coño con la suya.

    -Para por favor, no puedo más, ya vale. Te quiero -me dijo.

    Fue a levantarse, pero cayo redonda al suelo, le fallaban hasta las piernas estaba claro que ya sabía que era un orgasmo. Tras el primer orgasmo de su vida, mi madre no era capaz de articular palabra.

    Le ayudé a levantarse y la volví a sentar en el butacón. Yo no podía más, mi madre me miraba, pero no decía nada, me quité el pantalón, y me bajé los calzoncillos, mientras no me quitaba ojo, viendo que hacía. Comencé a bajar y subir la piel de mi dura polla, me estaba gustando mucho, cogí las bragas de mama, me las llevé a la nariz, eso olor a coño me puso a mil. De mi dura polla, salieron seis chorros muy contundentes de lefa, que acabaron en las bragas de mi madre, tras limpiarme con ellas. Que gusto, madre mía qué pasada… Mi madre me miraba asombrada, pero no decía nada, Solo dijo:

    -Hijo, muchas gracias, por todo. Gracias por darme un orgasmo tan bueno. Te quiero con locura, dame un beso y méteme en la cama. Me fallan las piernas hijo, no me puedo ni levantar.

    Le quité las medias y el liguero y la metí, desnuda en su cama. Yo me fui a la mía y caímos rendidos… serían ya las 7 am.

    Continuará…

  • Es tiempo, es ahora

    Es tiempo, es ahora

    Eran los últimos retoques antes de ir a encontrarme contigo y mientras tanto pensaba en una frase que decía  «Para la cólera y para el amor, todo lo que se aplaza se pierde» Y no, no estaba de acuerdo, habían pasado muchos años, sin embargo sentía que el deseo por ti, continuaba creciendo. Un deseo que me estaba llevando a cometer la mayor locura de mi vida, por primera vez y quizás por esta única vez.
    Pero eso no era lo importante, no ahora, luego vendrían los arrepentimientos, las culpas por saberme infiel… ahora no. Me decía a mí misma “estaba escrito… merezco ser feliz… fueron muchos años sin ninguna esperanza”. Y dentro de tan solo unos minutos estaré frente a ti, finalmente.
    El paisaje se iba desvaneciendo a medida que avanzaba o yo no estaba viendo a nada ni a nadie más que a ti. Y el mundo desapareció totalmente cuando mi timidez desfasada hizo que buscara refugio en tus brazos… Busqué tu oído para susurrarte “me quedaría a vivir en tu abrazo” y tus labios contestaron apresando los míos con el beso más hermoso que ningún hombre fue capaz de darme jamás. Dirás que soñadora estoy siendo, pues si y romántica y tantos adjetivos más que en mi vida apenas he sido, pero que ahora me definen completamente.
    No sabía si caminaba o simplemente flotaba cuando entramos a aquel hotel de Toledo, del que no recuerdo su nombre, pero eso poco importa cuando se halla en la ciudad que tú y yo sabemos…
    Al cerrar la puerta de la habitación, me preguntaste si quería beber algo… te contesté que no. No hubiera podido, como no podía hacer otra cosa que mirarte a los ojos, volver a tus brazos, a tus besos y ahora por fin a tus caricias, mientras nos íbamos desprendiendo de la ropa poco a poco, para ir reconociendo nuestra piel, nuestros sexos…
    Cuando rozaste apenas mi seno debajo del sujetador no pude evitar suspirar y humedecerme más de lo que ya estaba. Con mi mano acaricié tu pecho, soñaba con acariciarlo, con enredar mis dedos en tus vellos… ah… perdí el control y mi mano bajó precipitadamente a tu pantalón, abriendo el cinturón, bajando la cremallera, dejando que cayera a tus pies. Yo quería, te miré, tú también querías.
    Rápidamente bajé tu slip, cogí tu pene con mis manos, acerqué mi boca y con mi lengua fui recorriéndolo a lo largo, hasta que sentí tus dedos enredarse en mis cabellos. Y entonces me dijiste «ven». Te ayudé a quitarte los pantalones… la camisa abierta, con una aparente calma y tú, con suma delicadeza, quizá sabiéndome tan frágil por mis sentimientos hacia ti, me quitaste mi ropa. Es que tú eres así, cuidando hasta el más mínimo detalle para que todo sea perfecto.
    Y con esa misma “calma” aquella que presagia la tormenta, nos tumbamos en la cama, yo queriendo satisfacerte y tú llenándome de besos y caricias, besando mi cuello, mis senos al tiempo que tus dedos se perdían en mi vagina tan, pero tan húmeda, que creí morir de placer cuando sentí tu lengua saboreando mi clítoris y no pude evitar gritar al correrme en ti no sé cuántas veces…
    Y entonces me dejaste hacer y yo… yo quería hacerte tantas cosas… quería llevarte al mismo cielo y luchando con mi torpeza –a mi edad y con mi experiencia- volví a coger tu pene tan duro y tan hermoso para hacerlo completamente mío dentro de mi boca y acariciarlo con mi lengua cada vez con más intensidad, mientras los latidos de mi corazón se aceleraban y cogí tus manos y las coloqué sobre mi cabeza para permitirte llevar el ritmo… Y tú me diste tu semen y yo me volví loca si es que ya no lo estaba.
    Me tumbé hacia un lado o caí… quedando a la altura de tu cintura. Me ladeé para ver tu cara y te erguiste un poco para llevarme hacia ti y me ovillé a tu lado, entre tus brazos, en ese silencio lleno de palabras, mientras acariciaba tu pecho hasta que dejé descansar mi mano y tú la cogiste para besarla.
    Cuanto tiempo pasó hasta que acaricié tu rostro, no lo sé, el tiempo era ajeno a mí, como todo lo que demás, todo lo que no fueras tú. Y tus besos y caricias me volvieron a la vida, con más pasión de los dos, con ese deseo de buscar la entrega total y te colocaste frente a mí, abriste mis piernas y mirándome a los ojos pude sentir como tu pene se iba abriendo paso en mi vagina que volvía a humedecerse… quería que lo dejaras allí para siempre, quería no parar de moverme siguiéndote a ti, quería oír tus jadeos y no los míos… y nos corrimos al tiempo, mientras unas lagrimillas se escapaban de mis ojos, mientras tu cuerpo descansaba completamente sobre el mío y yo te abrazaba como si la vida se me fuera en ello. Así de esa manera, acariciando tu espalda, besando suavemente tu cuello, comprendí porqué siempre te había amado tanto.

  • Mi experiencia cruising con mi novio

    Mi experiencia cruising con mi novio

    Bueno, este nuevo relato que les voy a contar fue una experiencia cruising que viví con mi novio no había tenido experiencias de este tipo y él me comentó que podíamos ir a un sauna que hay aquí en la ciudad donde vivimos ese día fui a su casa, cuando llegue a su casa él estaba hermoso con su pantaloneta su camiseta me recibió con un beso recuerdo bien qué almorzamos y de allí salimos a aquel sitio iríamos a ese sauna dónde viviría esta experiencia con él lo más importante es que era con él.

    Iba con bastante nervios ya que era mi primera experiencia él me tranquilizó llegamos al sitio el pago la entrada y allí nos entregaron unas pequeñas toallas que debíamos colocar nos teníamos que desnudarnos todos y colocarnos estas pequeñas y diminutas toallas que apenas alcanzaron a cubrir nuestras partes entramos un lugar al fondo había un cambiador ahí empezamos a desnudarnos y ya empecé a sentir morbo sólo de ver como ese desnudaba frente a mí y se le colocaba esta pequeña toalla igual hice yo y guardamos nuestras cosas en los lokers.

    El conocí el sitio y empezó a Mostrarme lo recuerdo muy bien primero me llevó al patio donde hay una especie de cabañas las cuales hay una cama que se cierra con cortinas allí me besó me tumbó sobre esta cama y empezó a lamer todo mi cuerpo sí que fue excitante en este momento todavía no había mucho público en este lugar de allí, nos levantamos y me mostró las instalaciones fuimos a una sala de vídeo, un cuarto oscuro, el cuarto con cabinas, otra sala de proyección de videos, me mostró donde estaban las regaderas o duchas y por último el sauna.

    Decidimos entrar a una de las salas de vídeo allí se sentó sobre mis piernas empezó a besarme alguien entro, él se dio cuenta que yo estaba incómodo nervioso y ansioso a la vez me, besó y me tranquilizó de allí me llevo un cuarto oscuro que había deslizó su lengua y su boca por todo mi pecho hasta llegar a mí dura verga empezó a hacerme un sexo oral que me enloqueció. Sé que en este cuarto oscuro había más personas, escuchaba su respiración y sus gemidos él seguía chupándome mi verga…Lo detuve no quería venirme todavía él sonrió y de allí salimos.

    Fuimos un momento al patio allí tomamos algo de aire y él se reía de mi cara de susto sin embargo me dijo continuemos fuimos a otro de los cuartos donde exponían videos un sofá rojo recuerdo él se tumbó sobre este me quitó mi toalla y empezó nuevamente hacerme sexo oral chupaba mi verga con una adoración, una delicia recuerdo que entraron tres chicos más y nos veían como la chupa va mi pene erecto y con ganas de explotar. Eso sí estos chicos muy respetuosos solamente sacaron sus vergas y se masturbaban mientras él me seguía haciendo sexo oral lo detuve y me dijo vamos a una de las cabinas privadas ingresamos a esta había un pequeño sofá él se sentó y siguió haciéndome el sexo oral hasta que no aguanté más le di la vuelta con fuerza e introduje mi verga sobre su apretado y latente ano él me decía, dale, dale así es que me gusta.

    Estuve a punto de venirme el me detuvo y me dijo aún no salgamos fuimos nuevamente al patio sudábamos nuestros cuerpos habían quemado energía y calorías y el sudor rodaba por nuestras espaldas y pechos entramos a las duchas donde puede entrar cualquiera allí nos quitamos las pequeñas toallas y empezamos a enjabonarnos a refrescarnos un poco recuerdo bien que él me besó bajo el chorro del agua me aplico jabón y me enjuagó, mientras alguien nos observaba, en ese momento ya estaba abierto el sauna y decidimos entrar a este…

    Entramos habían cuatro personas más, dos empezaron un ritual de morbo se besaban se acariciaban uno le hizo sexo oral al otro mientras nosotros observamos que caliente no solamente por el vapor era la situación en la que me tenía en esta forma él se puso de pie me miró y bajo hasta mi pena y nuevamente empezó a hacerme sexo oral qué calor tan impresionante pero qué excitante era esta situación le di la vuelta y nuevamente lo penetre pero el calor era demasiado fuerte y creo que se me estaba quemando mi pene y él también sentí ardor jeje, nos reímos, nos besamos y salimos nuevamente. Nos duchamos y nos refrescamos qué pasión que excitación lo había penetrado ya creo que tres veces y mi verga no aguantaba más…

    Así que nuevamente fuimos a las cabañas del fondo me acosté sobre una cama de estas él se tumbó boca abajo recuerdo que me monté encima de él pero le di la vuelta quería verle su cara abrí sus piernas las puse sobre mi cintura e introduje mi pene, suave, suave, suave… él me decía todavía no me adapto a esa gran verga que tú tienes y sonrío sé que nos observaban uno dos o tres personas empecé a hacerle el amor, porque créame a él no se le hace el sexo se le hace el amor qué chico tan divino, estoy realmente enamorado de él seguí, seguí, penetrándolo, suave, suave hasta que nuestros cuerpos se adaptaron recuerdo que acelera el ritmo el gemía y se reía sentí como mi semen salía y se posaba dentro de su cuerpo el gimió sonrió y me dijo wuau qué delicia sé que nos observaban sé que algunos se masturban mientras yo le hacía el amor a mi novio que experiencia cruising tan fabulosa espero se repita pero con este chico del cual estoy loca mente enamorado…

    Que experiencia CRUICING, tan fabulosa…

  • No robarás

    No robarás

    Mi nombre es Eli, tengo 40 años vivo con mi esposo Facundo, él tiene 41 años.

    Llevamos 20 años de casados, como todos los matrimonios tuvimos nuestras crisis y nuestros buenos tiempos. En los últimos años creo que producto de nuestra madurez logramos llevar un matrimonio feliz y muy interesantes en lo que respecta al sexo.

    Siempre estamos pendientes de mantener la pasión encendida, para ello recurrimos a juegos, juguetes y bueno… todo aquello que nos ayude a lograr el máximo placer. Aunque sinceramente nada me preparó para lo que estoy a punto de contarles.

    Con Facundo vivimos en uno de tantos barrios del conurbano bonaerense, de jóvenes trabajamos ambos, él tiene un comercio y yo por lo general siempre trabajé como empleada. De hace un tiempo a esta parte a Facundo le ha ido muy bien en su negocio (o al menos eso creía yo) hemos podido comprar nuestra casa propia que es muy amplia y con un enorme parque con pileta y quincho. Tenemos un auto para cada uno, y nuestro estilo de vida es muy acomodado. Desde que facundo prosperó en su negocio me ha pedido que yo ya no trabaje y me dedique a mi, por supuesto que no me disgusto, y siempre trato de estar espléndida. Acá entre nosotros, yo le digo que es para él, pero creo que en realidad lo hago por mí, me gusta verme bien y que me vean bien y por supuesto me encanta provocar la atracción de los hombres.

    Solo lo hago para sentirme segura y en ocasiones para provocar los celos de facundo, me encanta verlo celoso. Le cambia la mirada.

    Una tarde noche de noviembre estábamos en el parque escuchando música y tomando algo fresco para sobrellevar los primeros calores de la sofocante Buenos Aires cuando sonó el timbre de casa. Facundo se levantó y se dirigió a la entrada, la verdad no le di importancia supuse que sería algún vendedor o algo relacionado al negocio de facundo, no estaba tan errada… transcurrieron como 30 minutos y facundo no regresaba así que me dirigí a la casa, al ingresar a la sala de estar lo vi a facundo con dos hombres. Uno de unos 30 años con facciones europeas, tez blanca, ojos verdes, pelo corto y enrulado con un físico muy atlético. El otro de unos 40 años con el rostro marcado por algunas cicatrices, ojos marrones oscuros y un poco más robusto, los dos muy bien vestidos con cadenas y reloj de oro.

    Al verme entrar automáticamente interrumpieron su charla que por lo poco que escuche no era muy amigable, facundo se levantó del sofá y me presentó, el más joven se llamaba Fabrizio, el otro Andrés. Después de saludarlos me disculpé e intenté retirarme, a lo que Fabrizio con una voz muy gruesa y firme dijo:

    «Disculpe señora pero tendrá que permanecer con nosotros»

    La verdad no entendía nada pero de inmediato comprendí que la situación no era buena, la cara de facundo no era la mejor, pero luego de la orden de Fabrizio se transformó su rostro; en ese momento comencé a preocuparme.

    Fabrizio tenía una forma de hablar muy pausada pero muy firme, se notaba que cuando él hablaba el mundo debía tomarlo muy en serio, tenía un acento raro, como un rezago de italiano.

    Todos tomamos asiento y Fabrizio comenzó a hablar:

    «Mira Facundo el día que comenzamos a hacer negocios juntos te advertí que jamás me fallarás porque así como te podía hacer rico también te podría quitar todo»

    Facundo solo atino a tartamudear pero inmediatamente Andrés que hasta el momento solo observaba en silencio le propinó un golpe que hizo callar a Facundo.

    Yo di un grito instintivo tomándome la boca con ambas manos, en ese momento Fabrizio volvió a hablar:

    «Disculpe señora, no soporto la violencia. Pero su esposo debe aprender algunas lecciones. La primera es no intentar robarme, la segunda es que cuando yo hablo el resto solo escucha y obedece.

    Su querido esposo hace ya un largo tiempo ingresó en el mundo del narcotráfico y aparentemente se siente lo suficientemente poderoso como para robarme, pero hoy le enseñaré a no morder la mano que te da de comer»

    Yo temblaba por dentro y por fuera la cabeza me daba vueltas, por fin podía ver que nuestro repentino ascenso económico no era obra de los grandes negocios de Facundo sino del dinero sucio del narcotráfico.

    Fabrizio le hizo una seña a Andrés y este comenzó a golpear a Facundo, yo comencé a llorar y a suplicar que dejaran de golpearlo.

    Con otra seña Fabrizio ordenó a Andrés que se detenga.

    Me miró fijo y rascándose el mentón con su mano derecha me dijo:

    «Que está dispuesta a hacer para evitar el castigo???»

    De inmediato supe lo que la pregunta implicaba, sabía que de contestar cambiaría para siempre nuestras vidas, pero también sabía que no podría ver cómo torturan a Facundo y no podía dejar de preguntarme hasta dónde serían capaz de llegar; lo asesinarían???

    Luego del largo silencio que tamaña pregunta provocó y recurriendo a todas mis fuerzas, surgieron las palabras que tanto Fabrizio como Andrés estaban esperando:

    «Estoy dispuesta a cualquier cosa.

    Todo antes de que lastimen a Facundo»

    Semejante situación obligó a facundo a reaccionar, poniéndose de pie y sin medir consecuencias se abalanzó contra Andrés (a quien tenía más a mano) e intentó acertarle un golpe de puño. Pero este lo esquivo y en un mismo movimiento sacó de su cintura un arma de fuego con la que le golpeó la cabeza provocando el knockout instantáneo de Facundo.

    En ese instante se me nublo la vista y la razón; solo atiné a tirarme sobre Facundo para protegerlo. Andrés nos apuntaba con el arma y yo solo esperaba el fatal desenlace.

    Una vez más se escuchó la voz de Fabrizio:

    «Alto Andrés! Baja el arma y déjala que lo atienda»

    Coloque la cabeza de Facundo sobre mis piernas e intenté despertarlo pero él no reaccionaba, lo mire a Fabrizio y le pedí si me permitía ir a la cocina por un paño húmedo para colocarle a Facundo en su cabeza y por un poco de agua.

    Fabrizio me autorizó y le dijo a Andrés que me acompañará.

    Sin perder tiempo fui por las cosas y volví.

    Al regresar Fabrizio me dijo:

    «Ahora déjalo a Andrés que se ocupe de tu esposo y tú ven siéntate al lado mío que tenemos un negocio que cerrar»

    Tome asiento en el sofá a su lado y sin preámbulo y sabiendo en qué terminaría todo le dije:

    «Yo estoy dispuesta a cumplir tus órdenes y satisfacerte pero tú me tienes que dar tu palabra de que no nos vas a lastimar a ninguno de los dos y te irás cómo llegaste»

    Fabrizio me miró con sus ojos verdes y mostrando una sonrisa de satisfacción me dijo:

    «Te doy mi palabra que ninguno saldrá herido. Ahora ve y ponte algo sexy. Recuerda que esto no es un abuso, tú estuviste de acuerdo. Y no hagas nada estúpido, recuerda que Facundo se queda con nosotros»

    Era raro, Fabrizio si bien era un delincuente siempre me trató con respeto y se preocupaba por no dañar su imagen de caballero.

    Mire nuevamente a Facundo y vi que estaba recuperando la consciencia, un poco más tranquila me dirigí a la habitación matrimonial que se encontraba en la planta alta. Yo era un manojo de nervios no podía terminar de comprender ni de aceptar la situación pero sin dudar tome el cofre dónde guardo las prendas que utilizo en la intimidad, seleccione un conjunto de encaje Negro y un par de medias de red negras con portaligas.

    Siempre que elegía estas prendas lo hacía sabiendo que las utilizaría para pasar un rato de placer y lujuria pero esta vez en lo único que pensé fue en la integridad de mi esposo.

    Tome una ducha rápida y me coloque las prendas íntimas, cepille mi cabello me coloque una bata y me dirigí a la escalera, desde allí arriba le dije:

    «Fabrizio… Ya está todo listo»

    Me quedé en la puerta de la habitación matrimonial.

    Solo sería cuestión de aguantar, que pase el mal momento y de retomar nuestras vidas lo más normal posible.

    Tremenda fue la sorpresa cuando vi subir a Fabrizio a Andrés y a Facundo.

    Cuando ingresaron los tres a la habitación le dije a Fabrizio con voz de asombro:

    «Creí que solo estaríamos los dos, que hacen ellos aquí»

    A lo que Fabrizio respondió:

    «Recuerda que esto no es una violación, tu aceptaste el trato y que justamente el trato es debido a los errores de tu marido, por tal motivo él tiene que estar presente para que aprenda la lección.

    Y Andrés… bueno él debe cuidarme en todo momento»

    Yo no sabía que hacer; una cosa era aceptar tener sexo con Fabrizio para proteger a facundo, pero otra muy distinta era hacerlo delante de él.

    Me quedé en silencio y observando a Facundo que a todo esto recién estaba terminando de reponerse del golpe, cuando Fabrizio dijo:

    «Bueno Andrés parece que se canceló el trato vas a tener que trabajar vos»

    Con una exclamación espontánea y en voz alta dije:

    «No!!!»

    Y en voz baja y resignada dije:

    «Está bien, sigue todo en pie»

    Andrés de un empujón sentó a Facundo en la silla que tenemos al pie de la cama

    Lo mire a Facundo y en su mirada entendí que él ya sabía lo que ocurriría, me acerque y besándolo le dije al oído:

    «Recuerda que te amo y que esto no cambiará nada»

    El me miró y me dijo:

    «Solo quiero pedirte una cosa, no te pido que lo disfrutes pero…

    No soportaría verte sufrir»

    Agachó su mirada y se quedó en silencio.

    Muchas veces charlamos con Facundo sobre las fantasías sexuales de ambos, yo siempre fui muy introvertida al respecto, creo que por algún motivo que no logro descifrar nunca me sentí muy cómoda diciendo mis más íntimos deseos. Pero más de una vez nos hemos confesado la inquietud que nos genera imaginarnos vernos tener sexo con otra persona o realizar tríos sexuales, pero nunca pasaron de una simple charla o de un juego para excitarnos más al momento de tener sexo. Así que aunque no quisiera, la situación que estaba atravesando no dejaba de generarme un poco de morbo y estoy segura que a Facundo le ocurría lo mismo.

    La voz de Fabrizio me volvió a tierra:

    «Bueno señora llegó el momento de la acción»

    Con muchos nervios pero segura de mi misma me quite la bata que me cubría dejando mi cuerpo que lucía el conjunto negro de encaje.

    Mi primera reacción fue bajar la mirada por la vergüenza que sentía. Mientras miraba el piso tratando de evadirme de la situación escuché la voz de Andrés que exaltado dijo:

    «Jefe que pedazo de hembra se va a coger»

    A lo que Fabrizio respondió:

    «Andrés hace falta que seas tan ordinario?!

    Aunque comparto que la señora está muy bonita y tiene una figura por demás excitante»

    Nunca me consideré una mujer de cuerpo perfecto si eso existiera. Pero si reconozco que tengo mis encantos, estos años dedicándome a mi, habían dado sus frutos muchas horas en el gym me dejaron unas piernas bien marcadas, una cola firme y parada. Nunca tuve una cintura de avispa pero años de cuidarme en la comida y ejercicio ayudaron a que esté bastante pequeña lo que resaltaba más mi cola, y la naturaleza me dotó de dos pechos bastante grandes que debo decirlo son muy bonitos y naturales.

    Cuido mucho de mi estética, estoy completamente depilada siempre y mi piel es muy tersa debido a mi dieta y las cremas que utilizo.

    Fabrizio tomó la cremallera de su pantalón y muy suavemente la abrió, metió su mano y sacó su miembro, el cual estaba semi erecto, me miró y no hicieron falta palabras. Con mis 40 años tenía la experiencia suficiente para saber lo que debía hacer, así que me dirigí a él, me arrodille y tome su verga suavemente y comencé a lamerlo muy despacio desde la base del tronco hasta la cabeza con cada lamida su miembro se ponía más erecto, luego de unas cuantas lamidas y sin preámbulo lo introduje en mi boca, lo comencé a mamar suavemente.

    Yo no quería ni mirar hacia donde estaba Facundo, de hecho no quitaba los ojos de la pelvis de Fabrizio. A medida que le succionaba su ahora totalmente erecta pija pude escuchar los gemidos de Fabrizio. La succionaba y luego la masturbaba con mis manos para luego volver a succionar salivar y volver a masturbar de a poco comencé a observar mi alrededor. Alcé la mirada y ví a Fabrizio con los ojos cerrados, su cabeza inclinada levemente hacia atrás y una expresión de placer inconfundible. Giré la mirada y lo vi a facundo sentado en la silla con la cabeza gacha sin querer mirar y Andrés con los ojos enormes observando el espectáculo.

    Continué chupando la verga de Fabrizio que para entonces estaba en su máxima erección, la verdad tenía un tamaño de normal a pequeña, si la comparaba con las que probé anteriormente. Mi esposo tiene una verga de unos 18 cm y Fabrizio estaría por los 15 cm o 12 cm y no muy gruesa pero a su favor tenía muy buen sabor, quizás a causa de su dieta o vaya a saber qué.

    Mientras la chupaba comenzó a quitarse la camisa y con los pies sus zapatos. Su torso estaba bien marcado, un abdomen plano y muy bronceado, definitivamente lo trabajaba. Esto comenzó a excitarme, seguí lamiendo y succionando su miembro que chorreaba mi saliva, me tomo de la cabeza y comenzó a cogerme la boca, lo hizo por un tiempo prolongado. Cuando saco su verga de mi boca no pude retener la saliva mezclada con sus primeros fluidos seminales y se me chorrearon por la pera para caer entre mis tetas que para mí sorpresa estaban con los pezones duros y bien marcados en mi corpiño, delatando el estado de excitación que estaba alcanzando.

    Fabrizio se alejó un paso y se quitó toda la ropa, totalmente desnudo se tiró en la cama y me ordenó que continué chupando su verga, yo me coloque sobre él con mi cabeza a la altura de su pelvis y continúe lamiendo y chupando su verga me asombraba lo rico que sabía, la verga de Facundo tiene un sabor más fuerte, la verdad ya comenzaba a disfrutar de la mamada que le estaba haciendo. Luego de un rato me dijo Fabrizio:

    «Bueno es hora de ver cómo te mueves»

    «Pero antes quítate toda la ropa»

    Así que me levanté, me saque el conjunto negro que realzaba mi figura y quedé como dios me trajo al mundo. Coloqué mi vagina sobre su pelvis, me salive los dedos y la humedecí, tome la verga de Fabrizio y la coloque en la posición adecuada. Inmediatamente el alzo su pelvis y me penetró, no pude evitar gemir, lo que provocó la risotada de Andrés, que en tono burlón le dijo a Facundo:

    «Tu esposa no pierde el tiempo»

    Esto provocó en mí un sentimiento de culpa horrible y me volvió a la realidad que la excitación me había hecho olvidar.

    Pero Fabrizio continuó moviéndose suavemente y comenzó a tocar mi cuerpo, mis pechos, mi espalda, mi cintura, con su pelvis me empujó un poco hacia arriba y luego tomándome de la cintura me mantuvo a esa altura para comenzar a cogerme duro, subía y bajaba su pelvis sosteniendo fuerte mi cintura. Sus manos firmes y su movimiento continuo de penetración me hacían entrar en estado de excitación nuevamente en la habitación el silencio permitía escuchar claramente cómo la pelvis de Fabrizio chocaba con la mía y por supuesto en el medio su verga muy dura penetrando mi vagina que ya comenzaba a largar sus fluidos.

    No quería ni mirar hacia donde estaba Facundo pero en un movimiento rápido logré ver qué continuaba con la cabeza gacha.

    Luego de un rato Fabrizio me tomo de la cintura y me quito de encima de él me dijo:

    «Ok, ahora vamos a ver cómo te ves desde atrás»

    Y con una mano en el abdomen y otra en mi espalda me coloco en la posición que más me gusta; la del perrito.

    Me tomo firme por las caderas y pasó su mano que previamente había ensalivado por mi conchita, coloco su verga justo en la entrada.

    Yo esperaba la inminente penetración pero Fabrizio le dijo a Andrés:

    «Andrés asegúrate que su esposo vea el espectáculo para que no le queden ganas de seguir robándome»

    Andrés le dio un cachetazo en la nuca a Facundo y le dijo:

    «Ya escuchaste mira o te obligo»

    En ese momento facundo alzó la mirada y me vio directo a los ojos ya que Fabrizio se encargó de colocarme en la posición para que quedemos de frente.

    Fue justo en ese momento que Fabrizio comenzó a cogerme duro sostenía mis caderas y me penetraba. Con cada penetración sentía sus bolas rebotar en mi monte de venus, intenté contener la excitación pero no pude y comencé a gemir mi cuerpo se estremecía. Nunca sabré porque, si fue la situación, o el hecho de que me estén viendo mi esposo y un extraño o la actitud de Fabrizio de macho dominante, pero no pude contener la excitación y tuve que bajar la cabeza y morder las sábanas para no gemir cómo una gata, no quería hacerlo para no humillar aún más a mi esposo.

    Fabrizio continuo por un largo tiempo cogiéndome intercalaba el ritmo me sostenía firme de mis caderas y repetidamente me daba nalgadas. Mi esposo observaba impávido como su mujer era cogida por otro hombre y yo trataba de contener mi excitación.

    Ya cansado de cogerme en esa posición Fabrizio quitó su miembro de mí vagina que para ese momento estaba muy húmeda e hinchada. Sin decir palabras coloco su verga en mi ano y comenzó a penetrar muy suavemente. Yo no dije nada, quedé en silencio sin hacer gesto alguno, mi intención era que Facundo no sepa lo que estaba por suceder.

    Con mi esposo lo hacíamos seguido por detrás pero aunque a mí me gusta no siempre lo podía disfrutar ya que su pene es bastante grande y muchas veces provocaba un dolor incómodo.

    Fabrizio continuó con su labor y de apoco logró dilatar mi ano logrando penetrar por completo, yo permanecí inerte. Comenzó a aumentar el ritmo de sus embestidas y con cada una de sus penetraciones más se dilataba mi ano y más lo disfrutaba, su tamaño era perfecto, me provocaba un placer inexplicable y sin dolor, con su mano derecha comenzó a masturbarme, tocaba mi clítoris que para entonces era un capullo de rosa queriendo eclosionar, se inclinó y susurrando a mi oído me dijo:

    «Se nota que lo estás disfrutando como yo, tu conchita está demasiado húmeda, esto no lo puedo desperdiciar»

    Saco su verga de mi culito y la introdujo en mi conchita, me cogía un rato por mi vagina y luego alternaba con mi ano, sentía como sus bolas rebotaban contra mi. Mi excitación era tal que comencé a gemir ya no me importaba nada, el me tomo fuerte de la cadera y comenzó a cogerme duro por el culo sentía sus bolas rebotar en mi vagina que chorreaba fluido, me mordía los labios para no hablar pero no lo pude contener y comencé a gritar:

    «Siii!!! Cógeme duro… siii!!! No pares seguí cogiéndome!!! Ufff que lindo que me coges!!!»

    Fue en ese momento que tuve un orgasmo intenso, quedé apoyada sobre mis brazos y la frente apoyada en las sábanas mientras Fabrizio continuaba taladrando mi ano.

    Lo mire a facundo y sin emitir sonido pero moviendo los labios le pedía perdón, en ese instante sentí como Fabrizio me llenaba mi culito de su esperma caliente. Se abalanzó sobre mí y diciéndome al oído que le encantó cogerme comenzó a perder su erección dentro de mí.

    Una vez se salió de mí me dirigí al baño a ducharme.

    Cuando salí del baño vi a Fabrizio parado desnudo al lado de facundo y a Andrés quitándose la ropa. Alterada le dije:

    «Fabrizio yo ya cumplí mi parte del trato, que es esto!!!»

    A lo que él respondió:

    «No; tú cumpliste parte del trato. Nunca especificamos las condiciones»

    Mientras decía esto apoyaba el arma de fuego sobre la cabeza de Facundo.

    «Aparte no lo vamos a dejar al pobre de Andrés así»

    Fue ahí cuando le preste atención a Andrés y pude ver por sobre el pantalón la tremenda erección que tenía.

    Resignada me senté en la cama mientras Andrés terminaba de desvestirse.

    Tamaña sorpresa me lleve cuando lo vi desnudo, tenía una verga gigante, yo le calculé de 22 cm y muy gruesa, lo mire a Fabrizio y el desgraciado sonriendo me hizo un gesto como diciendo

    «y bueno…»

    Lo mire a facundo y su mirada lo decía todo.

    Comencé por tomar esa verga con la mano y a lamerla lo mismo que hice con Fabrizio, pero cuando intenté chuparla no me cabía en la boca, así que solo le chupaba la cabeza y una parte del tronco, lamía su tronco y sus bolas e intentaba nuevamente chuparla, el me sostuvo la cabeza e intentó cogerme la boca, pero solo logró introducir una parte y provocarme muchas arcadas. La verdad me gustó más chupar la de Fabrizio, aparte me preocupaba saber que semejante verga cogería mi para entonces sensible conchita.

    Antes de Facundo estuve con otros hombres pero ninguno con una verga de ese tamaño y en los últimos 20 años solo estuve con mi esposo, así que mi conchita estaba adecuada a su tamaño no sabía si podría con este miembro.

    Luego de un rato Andrés dijo:

    «Bueno señora es hora de algo grande»

    El muy bastardo todavía hacía alardes de su miembro.

    Me dijo que yo eligiera la pose. A lo que no dude y le dije apresuradamente:

    «Yo arriba»

    En mi mente está la idea de tener el control sobre la penetración.

    Andrés aceptó y se acostó boca arriba, su enorme miembro se erguía como un mástil, me coloque en la posición y con las piernas abiertas y en cuclillas comencé a llevar esa cosa hacía mi vagina.

    Pero en ese momento Fabrizio interrumpió diciendo:

    «No no señora; póngase de frente a nosotros, recuerde que todo esto es una lección para su esposo»

    El desgraciado quería que facundo viera el instante preciso en el que la conchita de su esposa sería dilatada por semejante verga.

    Sin decir nada me di vuelta volví a mojar mi vagina con saliva y también moje bastante la verga de Andrés, la tomé con una mano y la coloque en su posición, luego suavemente comencé a bajar, claro que esa cosa no entraba con facilidad una y otra vez lo intentaba pero mi vagina no lograba tragar tanta carne, luego de algunos intentos mi conchita se estiró y claramente sentí como la cabeza de ese grueso pene se introducía, nos seguimos moviendo y al cabo de un rato ya casi tenía toda la verga dentro, la sensación era muy extraña al principio sentí bastante dolor luego se comenzó a transformar en molestia para por último convertirse en placer sentía sensaciones raras que nunca antes había sentido y definitivamente me tocaba zonas erógenas que no conocía.

    Cuando presté atención a mi alrededor lo vi a Fabrizio con su miembro nuevamente erecto y Facundo no quitaba los ojos de mi vagina totalmente estirada por esa verga gigante.

    Andrés me tomó de la cintura y comenzó a cogerme con fuerza, esto me provocaba mucho placer pero a la vez un poco de dolor.

    Mi respiración se aceleraba y sentía que el corazón se saldría del pecho me recosté sobre el pecho de Andrés, el apoyo sus pies en el colchón yo hice lo mismo y los dos elevamos un poco la pelvis para separamos del colchón en ese momento Andrés comenzó a cogerme a un ritmo mayor me sostenía las caderas elevadas y me penetraba con esa hermosa pija gruesa que me estaba haciendo sentir cosas que jamás hubiera imaginado, luego con una mano comenzó a tocarme el clítoris yo me sentía empapada el me manoseaba se humedecía sus dedos con mis fluidos y me seguía masturbando al mismo tiempo que me cogía duro, mis piernas se comenzaron a aflojar y a temblar como gelatina en ese instante sentí un orgasmo explosivo y de mis labios surgió un gemido intenso mi reacción fue sacar su verga de mi conchita totalmente estremecida por el placer, al hacerlo sentí una sensación extraña como espasmos y de mi vagina salió un chorro de fluido chocó sobre la todavía parada y dura verga de Andrés. Fue la primera vez en mi vida que logré tener un squirt.

    Mi cabeza ya no me pertenecía no me importaba que estuviera Facundo ni que estaba cogiendo con un desconocido, di un salto y volví a caer sobre Andrés sentí la necesidad de chupar esa verga que tanto placer me dio y así lo hice, la agarre con ambas manos y comencé a chuparla. Intentaba tragarla completa pero era inútil contenía lo que más podía la respiración y la tragaba pero no lograba tragar ni la mitad solo provocaba arcadas que me hacían escupir gran cantidad de saliva la que utilizaba para lubricar y masturbar esa verga, Andrés me abrió las piernas y comenzó a chuparme la conchita, la lamía y jugaba con su lengua en mi clítoris estuvimos un largo rato haciendo el mejor 69 de mi vida.

    Entonces Andrés dijo:

    «Bueno esa conchita ya está lista para otra sesión»

    Me levanté y sola me coloque en cuatro, no podía desperdiciar la oportunidad de sentir semejante verga en mi posición preferida. Andrés se arrodilló tras de mí me sujetó la cintura colocó su verga en la posición y comenzó a empujar; si bien costó la penetración fue mucho más rápida que la primera vez, él comenzó a taladrar mi vagina con un ritmo ascendente, yo estaba de frente a facundo el me miraba asombrado de cómo su mujer se había convertido en una perra, no me importaba, yo solo sentía como Andrés ocupaba cada rincón de mi agujerito con su enorme miembro, se escuchaba los golpes de Andrés contra mis nalgas que seguramente a esta altura estarían coloradas yo agache mi pecho contra las sábanas y levanté lo más que pude mis nalgas.

    Esto provocó aún más a Andrés y comenzó a cogerme muy duro sentía como su verga rozaba contra las paredes de mi concha comencé a gemir nuevamente como loca estire mis brazos hacía Facundo pidiendo que me sostuviera, el me entendió e hizo lo mismo y cruzó sus dedos con los mío. Andrés continuaba cogiéndome duro llevándome me llevaba contra él con sus manos desde mis caderas para luego empujar hacia adelante con su verga, totalmente excitada le decía:

    «Siii… Cógeme duro. Reventame la conchita con esa verga enorme

    No pares!!! Noo pareeesss!!!»

    Se escuchaba el rebote de mis nalgas con su abdomen y su verga totalmente mojada por mis fluidos como me penetraba muy duro.

    El comenzó a decirme:

    «Voy a acabar, te voy a llenar esa concha de leche»

    Mientras me daba nalgadas cada vez más fuertes pero que solo seguían aumentando mi excitación.

    Le dije:

    «Nooo por favor no acabes»

    Facundo seguía sujetándome las manos. Y Fabrizio estaba totalmente excitado nuevamente con su pene totalmente duro y recto.

    Andrés bajó el ritmo de las embestidas yo solté a Facundo y estirando un poco tome a Fabrizio de su verga y lo traje hacia mí, comencé a chuparle la verga a Fabrizio mientras Andrés seguía cogiéndome regulando el ritmo para no acabar.

    No podía creer que estaba siendo cogida mientras chupaba una verga, aquello que en algún momento fue una fantasía ahora era una realidad, y que realidad!!! Continué chupando la verga a Fabrizio, me encantaba, la podía tragar completa hasta sentir sus huevos en mi mentón le chupaba su verga y su huevos su pija brillaba de lo mojado que se la mantenía. Mientras Andrés utilizaba mi concha a su placer, comencé a sentir nuevamente esa sensación en las piernas sabía que se venía otro orgasmo brutal le dije a Andrés:

    «Por favor cógeme duro apretame las caderas y cojemeee»

    No termine de decirle eso que sentí una explosión nuevamente mis piernas se desvanecieron y caí sentí el vacío que provocó la verga de Andrés al salir de mi conchita y nuevamente el chorro que salió disparado esta vez mojando las sábanas, me quedé tirada un instante en la cama recuperando las fuerzas,

    Era extraño a pesar de haber acabado no sé cuántas veces y dos de ellas con chorro incluido seguía aún más excitada, era como un fuego interno. Me incorporé miré hacía donde estaba Facundo y para mí sorpresa estaba con su verga afuera y totalmente parada. Lo miré a Andrés y le dije acostate boca arriba, ahora era yo quien daba las órdenes. El me obedeció frotando su verga y dejándola lista para clavarme, me posicione arriba de él y de un solo movimiento me clavé toda su enorme pija. Comencé a moverme con todo su miembro adentro no quería que salga ni un milímetro de su verga, apoye mis manos sobre su pecho y continúe moviéndome, Fabrizio se acercó me puso su pija en mis labios y la comencé a besar le besaba la cabeza y las bolas luego comencé a lamerla y nuevamente a chuparla.

    Sentía como de su verga salía la leche caliente, la que sin ningún reparo la saboreaba y la tragaba cuando vi que estaba por acabar deje de chuparla, apoye mis pechos sobre el pecho de Andrés y con mis manos abrí mis nalgas lo más que pude, Fabrizio entendió el mensaje muy rápido, se dio la vuelta y agarrándome de la cintura colocó su verga en mi culo. Producto de la excitación y de la cogida que ya me había dado anteriormente no tuvo ningún problema en penetrarme el ano. Ese día descubrí muchas cosas respecto al sexo y una de ellas fue la doble penetración, también había fantaseado muchas veces al respecto pero la realidad lo superaba ampliamente, sentir las dos vergas penetrarme era delicioso, al comienzo fue rara la sensación pero una vez me acostumbré y una vez los dos encontraron el ritmo fue espectacular.

    Sentí como la tremenda verga de Andrés me llenaba la conchita y luego la verga de Fabrizio que estaba hecha a la medida de mi culito. Cada tanto me metían los dos a la vez cada uno por su orificio, esto me hacía sentir completamente llena, los dos me cogieron súper rico la verdad ya para ese momento había perdido la cuenta de las veces que acabé mi vagina era una laguna que desbordaba de fluidos, cada tanto Andrés sacaba su verga para que Fabrizio la introdujera la lubricara con mis fluidos y me siguiera taladrando el ano, pero nada se comparaba a la sensación de cuando Andrés me introducía su enorme verga mientras Fabrizio tenía la suya en mi culito. Solo me quedaba una materia en el tintero así que me dispuse a realizarla, le pedí a Fabrizio que saliera de atrás mío me levanté salí de la cama y me arrodille en el piso, no hizo falta que diga nada. Los dos se posicionaron uno a cada lado y yo comencé a chuparles la verga a los dos, tenía una en cada mano y mientras chupaba una, pajeaba la otra, así sucesivamente. Me asombraba el aguante que tenía Andrés en toda la cogida no había acabado ni una vez aunque si estoy segura que algo de semen dejó salir mientras me cogía, pero no había acabado aún.

    Mientras le chupaba la verga a los dos mire a Facundo, se estaba haciendo una paja y al observar que lo estaba viendo con una pija en cada mano y mis labios desbordando saliva y los fluidos que salían de esas vergas acabo automáticamente manchando el piso con su esperma.

    Continué disfrutando de la mamada que le estaba realizando a los dos.

    El primero en acabar fue Fabrizio mientras se la chupaba sentí como comenzó a latir y salir el líquido pre seminal así que tome distancia y él masturbándose apuntó a mis labios largando un chorro de semen que cayó justo en mi boca, con su semen todavía en mi boca seguí chupando la verga de Andrés.

    No pasó mucho tiempo que Andrés dijo:

    «Ahora sí me voy a correr en esa carita hermosa»

    Me aleje, pero a esa verga la vaciaría yo!! La agarre con una mano y comencé a pajearla, escuché un gemido profundo y seguidamente un gran chorro de semen que impactó sobre mi rostro.

    Yo no sé cuánto hacía que no cogía, pero tenía los huevos totalmente cargados de leche, era disparo tras disparo, me embarro todo el rostro como lo había prometido. Con toda la cara y la boca llena de leche comencé a chuparles nuevamente sus vergas como para dar un broche de oro.

    Luego me dirigí al baño para ducharme y relajarme.

    Al salir, Fabrizio y Andrés ya no estaban. Miré a Facundo el me miró y comenzamos una nueva historia en nuestro matrimonio.

    Continuará…

  • La mamá de Adrián

    La mamá de Adrián

    Tengo un compañero del club y nos hicimos bastantes compinches. Su padre trabaja en los cruceros italianos y veces tiene viajes consecutivos y está muy poco en su casa. Su madre, es una mujer muy bella. En el club concurre a las clases de gimnasia y mantiene un cuerpo firme. Tiene cabello negro, que cae sobre los hombros con amplias ondas, vientre plano y una cola paradita. Casi 40 años.

    Con Adrián, mi amigo, a veces estudiamos juntos a pesar de ir a distintas Facultades (él, medicina, y yo abogacía). Estábamos en su casa un mediodía y cuando finalizó una charla telefónica con su padre, que estaba en Ibiza; me dice que debe ir a un Sanatorio pues tiene un práctico por la noche hasta la mañana.

    Se despidió de su madre y me saludó a mí, que debía terminar mis apuntes antes de irme a mi casa. En plena tarea estaba, cuando Teresa me dijo:

    -Te traje un café, porque me voy a tirar una pequeña siestita.

    -Gracias, Tere -le contesté- No se hubiera molestado.

    -Cuando te vayas, asegúrate de cerrar bien la puerta de calle -dijo. Y se marchó.

    Seguí con mi tarea y en momentos, tuve necesidad de ir al baño. Cuando salí del baño, al pasar frente al dormitorio matrimonial, sentí unos leves quejidos y una respiración agitada. Miré por la pequeña abertura de la puerta y vi a Teresa tendida en la cama con la falda levantada y sin trusa, masturbándose frenéticamente.

    Ese espectáculo además de asombrarme, me excitó en demasía. Ver a una mujer bella moverse agitada y presa de la lujuria me llevó a lentamente acercarme a la cama. Cuando sintió el roce de mis pasos, se sorprendió y removiéndose en la cama, bajo su falda.

    -Dani, ¿cómo entraste a mi dormitorio? ¿Por qué estás aquí? -exclamó, y tapándose la cara con ambas manos, agregó- Dios mío que vergüenza.

    -Teresa, -le dije- No es ninguna vergüenza y la comprendo perfectamente. Esto jamás saldrá de mi boca, quédese tranquila. Queda solo entre usted y yo.

    -Lo que pasa, es que mi esposo, debido a su trabajo -me cuenta- me deja mucho tiempo sola y no soy mujer de andar por ahí buscando aventuras. A veces tengo deseos sexuales y me cuesta dominarlos.

    -Todos los tenemos -dije quitándole importancia- y los demás no lo notan.

    -Pero a vos -dijo señalando mi entrepierna- se te nota una excitación bastante considerable.

    -Al verla a usted, tan bella y apasionada, no puedo dominarme -y agregué-Es una mujer tan atractiva y deseable como pocas.

    -¿Deseable? -preguntó- ¿acaso vos, me deseas? ¿no tienes muchachas que te atraigan más que yo?

    Sentándome en el borde del lecho, puse mi mano sobre la de ella y sentí que su piel se erizaba con el contacto.

    -Y en tiempo de confecciones, le digo que la deseo intensamente -murmuré cerca de su oído- y la penumbra de este cuarto me excita muchísimo más de lo que pueda imaginarse. Poseerla sería el mayor placer de mi vida.

    -Pero, si se enterara mi hijo o mi esposo -musitó- Sería el fin de mi vida.

    -Jamás sabrán nada ni tendrán sospechas -aseguré- sería nuestro secreto.

    Saqué su blusa y mi camisa. Se dejó llevar por mis acciones. Recosté su cuerpo en las sábanas y deslicé su pollera fuera de sus piernas. El resto de la ropa, lo tiré al costado del lecho y quedamos desnudos uno junto al otro.

    -Esto es una locura -gimió- pero también te deseo y necesito el sexo que me puedes dar. Hazme tuya y goza conmigo. Quiero sentirte dentro mío y que llenes mis entrañas con tus eyaculaciones.

    Sus pechos temblaban con mis caricias y besos, mordía sus pezones suavemente.

    -Así… Así mi muchachito… ¡Dios mío. Cuanto estoy gozando!! Sigue… sigue por favor. No te detengas.

    Besé los labios de su vagina y busque su clítoris con mi lengua y succioné sus jugos.

    -Nunca. Nunca nadie me hizo esto. No sabía que podía haber tanto goce -gemía casi llorando -dejame a mí también darte placer, besando tu miembro. Quiero sentir en mi boca tu gran pene y que goces como yo lo hago.

    Me ubiqué entre sus piernas (en ese momento, tenía una erección inmensa y dura) lentamente fui penetrando su vagina y ya no gemía, sino que gritaba enloquecida:

    -Dame más. Destrózame la vagina con ese miembro tremendo. No te detengas. Ahhh… aashhh… Me estas matando pendejo. No pares.

    Su pelvis empujaba mi vientre con frenesí. Sus uñas se clavaban en mi espalda. Mientras el mete y saca producía espasmos que le provocaban un orgasmo prolongado. Mordía mi hombro con fiereza incontenida. El largo tiempo sin sexo, desataba el desenfreno de Teresa. Yo llegando a la eyaculación, no sabía que quería ella y saque mi verga entes de llegar.

    Ella rápidamente se la metió en la boca y recibió mi eyaculación en su boca.

    -Te gusta así, Dani. -dijo sonriendo feliz- toda tu lechita en mi boca. Tuve el mejor orgasmo de mi vida.

    -Yo también -le contesté- mientras nos besábamos tiernamente.

    -Daniel, mi amor -aseveró- tanto placer no puede ser una sola vez. Veremos de repetir. Cogeremos nuevamente y pronto, por favor.

    Lo hicimos más veces, con iguales goces y placeres.

    DANINO