Autor: admin

  • Secreto candente (Capítulo 1)

    Secreto candente (Capítulo 1)

    Me llamo Javier, tengo 22 años, estudio arquitectura y trabajo para una cooperativa, soy alto, cuerpo atlético, mido 1,82, soy de piel morena, casi casi canela, labios gruesos y rosados, brackets, ojos miel y cabello levemente castaño.

    Esta historia comienza con un día normal, labores activas para empezar el día y metas trazadas para la semana, todo en orden y listo para salir de mi casa hacia la universidad. Durante el trayecto en medio del ajetreo recibo varios mensajes de mi mejor amiga “Sol” cuadrando una clase programada para una materia, respondo con audios muy breves dando a explicar que voy saliendo de casa y que en la universidad concordamos lo requerido.

    Finalmente todo se concreta como debe ser, veo las clases correspondientes y finalizo mi día académico, desplazándome hasta la empresa en la que trabajo, llegando un poco temprano por lo que decido ir al restaurante vecino para comer algo en el break. Mientras estoy sentado en la mesa, comiéndome una bandeja (plato de comida), observo cómo empiezan a llegar algunos compañeros, jefes y directivos de la empresa; cuya hora de entrada es igual a la mía en esa jornada. De repente llega uno de mis jefes “Alexander” a quien de lejos puedo ver se baja del carro con otro caballero, bien vestido y de muy buen aspecto, llamando mi atención por no asociarlo a alguien conocido hasta ese momento. Ambos hombres ingresan a la empresa dialogando, mientras yo termino de comer rápidamente para acceder al plantel, ya que contaba con 12 minutos y aún tenía que entrar al baño, lavarme los dientes y fijar un poco mi cabello para laborar.

    Ya en mi puesto de trabajo saludo a mi compañero y colega “Edwin” quien me recibe con un chicle de menta, cómo todos los días… me pregunta si ya sabía que Alexander se iba retirar de la empresa, a lo que respondo sorprendido, no sabía; Edwin me dice que el jefe nuevo ya está por los pasillos de la empresa conociendo y qué Alex en un rato lo va anunciar a los demás empleados. Inmediatamente algo dentro de mi asoció a aquel hombre que vi junto a Alexander cuando bajaron del carro, supuse que ese caballero tan elegante sería nuestro nuevo jefe. Los minutos transcurrieron y finalmente Alex nos reunió en la sala de juntas para empleados, confirmando mi latente sospecha…

    -Les presento al señor Miguel Ángel Sáenz, él será el nuevo jefe que se quedará en mi reemplazo, ya que como muchos sabrán me retiro de la empresa, por favor denle una grata bienvenida y de ahora en adelante cualquier tema relacionado a su trabajo deberán resolverlo con él.*

    Evidentemente para todos fue una sorpresa, ya que Alexander llevaba muchos años dentro de la empresa y su renuncia claramente convocaba a un nuevo sujeto, el cual nadie hasta el momento conocía. El señor Sáenz, para entrar en contexto, era un hombre alto, fornido, barbado, de mirada fría y sería, tono de piel claro y ojos verdes. Un hombre cuya voz igualaba la seriedad y sensatez; lo cual causó buena aceptación al momento de su discurso.

    Cuando llegó mi momento de estrecharle la mano en forma de saludo, el dicho caballero me miró fijamente a lo que me dijo: -Te pareces mucho a alguien que conozco* a lo que yo le respondí -¿De dónde jefe?* mientras fijamente se quedó viéndome y levantando los hombros me dio a entender que lo ignoraba.

    No sé porque después del nombramiento del nuevo jefe, me quedé como elevado, pensativo… Edwin me hablaba y estaba como en otra galaxia, sin sentido alguno. Finalmente el día culminó y me fui a mi casa, dando cierre a ese día laboral.

    A la mañana siguiente, Sol me había dejado un mensaje diciéndome que llevara uno de los planos que tenía para un trabajo, le respondí y seguí derecho a mis actividades rutinarias. En la tarde, ya en la oficina, me encontraba firmando unos documentos cuando de repente salió el jefe y me lanzó una mirada como de amigos, lo cual me agradó y correspondí con un gesto sonriente, minutos después pasó con un café en la mano; a partir de ese momento, empecé a sentir algo extraño en mi interior, no sé exactamente cómo describirlo, solo sé que sentía algo así como un acelere en el pecho cada vez que recordaba, pensaba o veía a mi jefe. Una noche extrañamente llegué a mi casa pensando en él, pero no podía descifrar con exactitud el motivo por el cual lo pensaba tanto, no lograba descifrar la razón exacta por lo que el señor Sáenz no salía de mi pensamiento.

    Resulta que un mes después, para una conferencia, se dictaminó un cóctel en la empresa, especialmente para empleados y contactos directos de la cooperativa, por lo que se convocó a todo el personal a asistir a un especié de “brindis” por las metas propuestas en el mes y otros temas, por lo que ese viernes todos estábamos ansiosos preparando nuestros mejores trajes para lucirlos en la celebración. Cuando llegué al salón, mis ojos se fueron buscando a Edwin, que no veía por ningún lado, tomé una copa de champaña, visualizando el panorama, cuando de repente apareció mi amigo de la nada y me saludo, me preguntó si llevaba rato ahí y le dije que no, si acaso unos 15 minutos… evidentemente el señor Sáenz no había llegado, a lo que fue muy obvia mi pregunta a Edwin, quien me dijo que le había parecido verlo en la entrada hablando por teléfono. Rápidamente me dirigí hacia la entrada, mientras me acercaba me sentía un tanto nervioso, fue raro porque no sabía el porqué de mi comportamiento, era como si el jefe me intimidara, fue algo inexplicable. Cuando llegué al lugar donde estaba el señor Sáenz noté algo de alteración, parecía que estuviese discutiendo con alguien, cuando me vio terminó su llamada y en medio de su seriedad me saludó, le pregunté si todo estaba bien y me dijo que si, que no tenía importancia. Me preguntó qué cómo estaba la fiesta, le dije que muy bien, pero que faltaba él, cosa que después quise corregir, pero no tuve forma. Mi jefe me miró y en medio de una sonrisa me dijo: -¿Cómo así? ¿Qué intentaste decir con eso? Jajaja* a lo cual me quedé pasmado y un poco frío, no supe responder y simplemente le dije que su labor de jefe era excelente y que merecía estar en la reunión junto a todos sus empleados; y aunque no quedó muy convencido con la respuesta, me dijo -entremos pues*

    Durante la noche, el champán y el vino corrían por las mesas de los invitados, mientras yo solo no quería perder de vista a mi jefe, quería casi que estar a su lado, pero no lo hacía por no dar muestras de interés tan obvias.

    (Quiero explicar algo, en este momento de la historia el señor Sáenz ya me parecía interesante y atractivo, por mucho tiempo atrás me había considerado bisexual, así que sabía perfectamente qué era lo que venía después.)

    Entre trago y trago, la noche fue pasando, mi jefe ya se veía algo tomado, así que decidí acercarme. Una vez en la mesa, el señor Sáenz comenzó a preguntarme algunas cosas sobre mi carrera y mi familia mientras me invitaba a brindar con él, claramente fue un momento en el cual me sentí muy bien, ya que estaba sentado junto al hombre que me gustaba y además estábamos teniendo una charla amena. Finalmente nos reímos, bebimos un poco y llegó la hora de finalización del evento, ya para ese momento mi jefe estaba algo fuera de sí, lo ayudé a levantar mientras él me abrazaba y se prendía de mi blazer. Llegamos hasta su carro, le propuse llevarlo hasta su casa, pero él me pidió que mejor fuéramos a otro lugar que no fuese su casa, le pregunté el motivo, pero no me dijo nada, le pregunté si era casado o tenía compromisos y se negó a responderme; simplemente me dijo que fuéramos a otro lugar. Terminamos en mi casa, el carro de él lo dejamos en el parqueadero de la empresa bajo seguro. Cabe mencionar que yo vivía solo, así que teníamos espacio para hablar, escuchar música y lo que fuese…

    Así que tan pronto entramos lo senté en la sala, le dije que se pusiera cómodo mientras yo me quitaba el saco y los zapatos, me preguntó si tenía algún vino o bebida para pasar el rato, por fortuna tenía en mi cava una botella de vodka nueva, él me dijo que ese trago era fuerte pero que no pasaba nada, que la destapara… puse hielo en dos vasos y serví inmediatamente, la media noche nos cobijaba y en medio del frío prendí dos velas en la mesa de la sala; no voy a negar que para este momento yo ya estaba muy alterado con la presencia de mi jefe, le observaba fijamente y en mi interior gritaban unas enormes ganas de besar esos labios que se veían tan suaves, él solo me observaba con detenimiento, hasta que en un momento me preguntó porqué lo había traído a mi casa, le dije que en realidad no sabía dónde más llevarlo, no iba dejarlo tirado en otro ambiente a su merced, que mi casa era un lugar seguro.

    La noche transcurrió alegre y entre copa y copa, terminamos algo borrachos, hasta que en un momento mi jefe se quedó viéndome fijamente y me volvió a decir que le parecía conocerme de algún lugar, yo le dije que de pronto en su vida pasada me había conocido; por un momento nos quedamos viendo tan fijamente que me acerqué por la copa de su trago y se lo puse en las manos, sujetando también con las mías presionando hacia el vaso, mi jefe levantó la cabeza como intentando decirme algo, pero no se decidía, a lo que opté por romper el hielo preguntándole si estaba cómodo, me dijo que si, que de hecho estaba muy bien, lo cual me dio confianza para acercarme un poco más y hacer de mis brazos una especie de refugio, tal cual lo dije, me acerqué un poco mientras él seguía mirándome sin parpadear. (¿Pueden ustedes imaginar todo lo que estaba sintiendo en ese instante? En realidad mi corazón y mi cuerpo estaban sumamente tensos, de repente empecé a sentir como mi pene se levantaba con fuerza mientras intentaba mover mis piernas para suavizar la ropa y que no fuera muy evidente)

    El señor Sáenz ya en ese momento se quitó su saco también y aflojó su corbata, quedando al descubierto el inicio de su pecho, notaba algo de pelos en su interior lo cual terminó por volverme loco; yo estaba cada vez más erecto y sentía cómo mi bóxer estaba mojado, ya resbaladizo, el deseo me estaba matando por dentro, me encontraba a solo centímetros de besar a mi jefe, pero para ser franco no me atrevía, me daba mucho miedo de su reacción, pero también pensaba que lo que estaba pasando era normal y que si mi jefe ya se había empezado a salir de ropa, era porque estaba esperando que a lo mejor yo diera el siguiente paso… y si! Si señores! Me acerqué un poco más y empecé a sentir el aliento de alcohol con chicle de mi jefe, cerré mis ojos y simplemente me dediqué a percibir lo que estaba ya sucediendo, poco a poco pude sentir la suavidad de sus labios, mientras se movían tan despacio, pude sentir su respiración acelerada y fría, yo por mi parte estaba más frío que él y a su vez sentía una calentura en el pene que me estaba volando los sentidos, mi corazón estaba a punto de estallar, de pronto empecé a sentir la humedad de su boca, dándome paso a lo que deseaba y era tocar su lengua con la mía, esa lengua que emanaba un penetrante sabor a menta – sandía, esa lengua húmeda, que frotaba suavemente mis encías y tocaba mis brackets… confieso que ese momento se estaba convirtiendo en placer, así lo describo, mero PLACER! el calor y la humedad de esos besos me tenía tan caliente como no pueden imaginar, sentía como salían gotas de mi pre cum, pero de una forma exagerada; parecía que estuviese eyaculando sin parar, y eso que aún no había pasado nada más que un beso… Al instante me acosté en el sofá, él se recostó sobre mi torso y seguíamos besándonos, besándonos sin parar, como si fuésemos un par de enamorados que no se ven en meses! Así mismo estábamos, el frío de nuestro cuerpo se disipó de la nada y en cuestión de segundos yo me quité la camisa, Sáenz se quitó la suya, quedando a pecho descubierto, noté sus pectorales llenos de vello en crecimiento, y lo más delicioso de esa zona, sus tetillas rosadas… Dios!

    Estaba en el paraíso, no sabía qué quería hacer primero, mi jefe estaba sentado encima de mi pene, que estaba más duro que un mástil, se movía de una manera tan brutal que lo único que hice fue desabrochar su correa y pantalón, dejándolo en bóxer, analizando cómo se transparentaba en medio de esa tela blanca su pene mediano, mojado quedando hasta la mitad de su tronco, permitiéndome ver la forma y tamaño, pero lo mejor fue cuando él me tomó de la cintura y me empujó hacia el sofá, acostándome por completo; me quitó la correa y acto seguido me quitó el pantalón, dejando al descubierto mi pene inundado en líquido preseminal, me bajó el bóxer y pude notar en su cara gran morbo… me dijo: -estás bañado, estás caliente* mi cara simplemente fue la respuesta, en esas me abalancé sobre él y lo acosté, le bajé el bóxer y quedó al descubierto su pene, forrado en pre cum y pegajoso por el mismo líquido, tenía las bolas rosadas y afeitadas, eso me hizo imaginar que su ano sería igual… comencé a besar su cuello y lamer sus tetillas, el olor de su loción se mezcló en mi lengua lo cual me dejó un sabor rico, excitante, un olor que más abajo se combinó con su olor masculino, el cual me excitó muchísimo más, percibía un olor suave a sudor, hacia sus testículos y en su pene como tal, un delicioso olor a loción con semen… Santo Dios!

    Me encontraba deleitando las mieles del placer señores! Rápidamente le volteé, poniéndolo en cuatro sobre el sofá, dejando frente a mi lo más hermoso que haya podido ver en mi vida… esas nalgas, grandes, blancas, redondas y suaves… mientras unos vellos monos cubrían su ano rosado, ¿entienden lo que digo? Su ano era rosado, se veía tan limpio, tan aseado, que automáticamente me pegué a dar lengüetazos, no me resistí a hacerlo, cuando mi lengua tocó ese hoyito, pude sentir como se contrajo, mientras el se erizaba y gemía suave… lamí con fuerza todo lo que pude encaminando mi pequeño músculo hacia el fondo, Sáenz a esta parte estaba muy excitado, por en medio de sus piernas podía ver cómo caían gotas de pre cum sobre el sofá, así que me metí por debajo de su cuerpo y terminamos haciendo un 69… queridos amigos, no me lo van a creer, pero el solo roce de los labios de mi jefe en mi pene, me hacían sentir que no iba durar nada, sentía como me subía el semen, por lo que le pedí que lo hiciera suave para no eyacular tan rápido, y eso que no soy precoz, simplemente el momento fue tan deseado que probablemente si me hacia el oral duro y me embestía con su boca el pene, eyacularía en cuestión de nada…

    Pero bueno, me acarició de a poco el falo hasta que quiso llegar a la penetración, debo confesar que el momento fue tan deseado y placentero, que se nos pasó por alto buscar un preservativo y utilizarlo, simplemente la lubricación de mi pene bastó para hacer que poco a poco entrara en su ano… Sáenz no mostró cara de dolor, más bien noté satisfacción, segundos después ya se encontraba cabalgando mi tronco duro… debo admitir con algo de vergüenza, que en ese primer momento no duré nada… eyaculé a los 2 o 3 minutos, creo! El movimiento de él fue tan perfecto y excitante, que no tuve cómo frenar el semen que quería ser expulsado de mi pene… 5 o 6 contracciones fueron las que sentí cuando eyaculaba los chorros… no sé qué pasó pero el hombre al ver mi cara de placer y satisfacción, de la nada eyaculó sobre mi torso, cuello y cara, expulsó tremendos chorros que aún lo recuerdo como si hubiese sido ayer, el semen estaba espeso y hasta con grumos, parecía que en semanas no había tenido eyaculación.

    (Caballeros, no me juzguen por mi aparente “corrida rápida” fue solo más que deseo y ansias de placer, fue un momento que no supe cómo tomar, pero que evidentemente gocé como no imaginan.)

    Después del orgasmo, Miguel quedó cansado, con dolor de piernas y yo igual, un poco exhausto por la calentura jaja, me propuso un baño, accedí y estando en la ducha con el agua tibia, nos besamos pegados a la pared, el vapor del agua nos sofocó un poco así que salimos, nos secamos y nos acostamos en mi cama, me puse en plan romántico, le pregunté si quería tomar algo, me dijo que agua, y nos quedamos acostados, dándole entrada al sueño…

    A la mañana siguiente, sucedió algo que no esperaba…

    Continuará…

    No dejes de seguir mi relato para el siguiente capítulo. Gracias por leerme, un abrazo para todos.

  • Aprovechada en bar swinger

    Aprovechada en bar swinger

    Ya tenía tiempo convenciendo a mi novia de que fuéramos a un bar swinger. Ella tiene 27 años y yo 32. Le había contado que me gusta ver y que me encantaría ver como se la coge alguien más.

    Después de haberle platicado a cerca de ello finalmente nos decidimos a ir a uno en el centro.

    Se arregló bonito y se veía deliciosa. Traía una falda pegadita, se puso una tanguita negra y unos tacones negros. Llegamos y era un lugar no muy agradable en donde la mayoría de las personas que había ahí eran señores de entre 40 y 50 años, sucios, etc. Se veía que era un lugar en donde no exigían tanto en cuanto la apariencia pues era un lugar ubicado en una vecindad.

    Al entrar, de inmediato nos dimos cuenta las miradas que se fijaron en ella. Parecía que nunca había ido alguien tan hermosa y rica como ella a ese lugar porque nunca la dejaron de ver aún en mi cara y descaradamente.

    Elegimos una mesa en un rincón y empezamos a ver el ambiente. Todos estaban sentados, viendo pasar a la gente, escaneando unos a otros y, la mayoría, seguía fijando su mirada en mi novia.

    Me pare por unas cervezas para ir ambientándonos y le dije que me esperara ahí sentada. A lo lejos vi como varios se le acercaban para invitarla a bailar pero ella les decía que no. Volví con las cervezas y empezamos a tomar tranquilamente. Un par de valientes se acercaron a preguntar si podían sentarse con nosotros pero a todos les dije que no, que se fueran. Una pareja de unos 50 años aproximadamente nos preguntó si íbamos a ver o solo a interactuar pero sólo de verlos me dieron hueva a lo que tajantemente les dije: «sólo a ver».

    La música se puso en lo alto, seguimos tomando pero ahora cambié por tequila en vez de cerveza. Yo quería verla sumisa y flojita para que hiciera lo que yo le dijera con quien yo le dijera.

    Varias veces se paró al baño y solo veía como las miradas la seguían, ella también se daba cuenta y eso le gustaba; jugar con ellos y ver lo que nunca podrán tener entre sus manos… o sí?

    Minutos después, ya entonados y con un par de shots encima, un showman de repente tomó el micrófono y propuso un juego.

    «Necesito 2 chicas lindas y 5 afortunados que pasen al frente».

    Le dije, «pasa y hazme ver de qué eres capaz».

    Se levantó y pasó al frente. Muchos de los presentes no podían creer que la más rica del bar pasara. La otra chica era una chica promedio sin nada llamativo, solo delgada y con minifalda.

    Los 5 hombres que pasaron eran casi señores, bigotones y feos. Se veía que habían escapado de sus casas y de sus esposas solo con el morbo de ver o tocar alguna chica linda como mi novia… pues parecía que era su noche de suerte.

    El juego consistía en que durante 2 minutos que dura la canción podían tocarlas y hacerles lo que quisieran, excepto penetrarlas.

    Los tipos parecían lobos viendo a su presa. No podían creer lo que estaba a punto de pasar. En seguida comenzó la música, la cama empezó a girar y sobre ellas se abalanzaron esos 5 tipos desagradables. De inmediato le subieron el vestido, le hicieron a un lado su tanga y fuertemente empezaron a dedearla, tocarle los senos, a besarle el cuello, etc. Estaban locos de lujuria, nunca en su vida habían tenido entre sus manos a una chica de 27 años y también hermosa como ella.

    A la otra chica no le dieron tanta importancia, obviamente también la tocaron y gozaron pero todo el club se dio cuenta que la estelar fue mi novia. Terminó la canción pero ninguno se quería alejar, fue ella la que tuvo que pararse porque obviamente todos estaban con la verga a todo lo que da. Cuando volvió le dije «te viste deliciosa entre tantas manos» y era verdad, verla con esa cara de asco pero a la vez de satisfacción sumada al morbo que generó el show hizo que quisiera seguir viéndola y los demás también.

    Al bajarse de ese colchón se dirigió hacia nuestra mesa acomodándose la falda y su tanga no pudiendo evitar las miradas morbosas y lascivas de cada uno de los presentes.

    Seguimos tomando y el show seguía, dos chicos striptease musculosos salieron de atrás. Se supone que debía pasar a cada mesa a preguntar si alguna chica quería bailar con ellos pero de inmediato se dirigieron hacia la nuestra. Me preguntaron si la dejaba pasar a interactuar pero ella en seguida dijo «si quiero». Mi cara de sorpresa fue evidente porque me di cuenta que el ambiente y, tal vez, el show pasado la había dejado caliente e insatisfecha, con ganas de seguir provocando tal vez no solo a mí, sino a todos los demás, después de todo, estaba en una cueva de lobos a la que todos se querían comer.

    Después de afirmar, uno de ellos se la llevó cargando, haciéndola enseñar su panochita a todos. La bajaron en un sillón Kama Sutra ubicado en medio de la pista. La música empezó y ahí estaba parada ella, con los ojos tapados con una banda sin saber qué hacer, solo estaba esperando a que hicieran un movimiento pero no sabía lo que venía. Poco a poco empezaron a besarle el cuello, a tocar sus piernas y bajarle sus prendas. Súbitamente uno de ellos la volteó y sin decir nada, la empinó sobre el sillón, le hizo a un lado la tanga y de un golpe la penetro. No supe si el grito-gemido que emanó fue de placer o dolor o ambos. La cara de todos nosotros los espectadores fue de asombro. Yo no podía creer lo que estos dos estaban haciendo y los demás sólo se imaginaban siendo ellos quienes estuvieran ahí. Poco a poco se acercaban para ver mejor de cerca y admirar su vagina siendo penetrada.

    El show no duró mucho, al fin de cuentas creo que solo querían prender a la gente para darle paso a lo que seguía y a lo que todo mundo va, al cuarto obscuro.

    De nuevo volvió a la mesa pero esta vez yo le ayudé a ponerse su ropita porque ya se veía mareada y un poco cansada. Le pregunté tocándole su vagina:

    Yo: «¿te gustó, amor?»

    A lo que ella solo respondió con un «mucho».

    Era evidente que aún estaba caliente y yo más.

    Le serví otro tequila para que se relajara aún más pues la noche aún no terminaba y yo aún no me venía.

    Después de todo el show que dimos, o que más bien, ella dio, nos dirigimos al cuarto obscuro. Las miradas nos siguieron, los muy cínicos casi casi nos siguieron viéndole las nalgas y solo viendo de lejos esperando el momento de que les toque una probadita de ella.

    Al llegar vimos a unas parejas que ya habían empezado. Nos sentamos a ver como estaban cogiendo y también para que descansara un poco. Yo ya estaba muy caliente y mi pene ya estaba sacando ese líquido seminal, señal de que ya no puedo contenerlo más. Ahí sentados empecé a besarla rico y cariñosamente, tocando sus senos, pasando mis manos por sus piernas, diciéndole cosas ricas y sucias como:

    «No sabes cómo me pones de cachondo, sacas lo peor de mi y solo te quiero ver seguir disfrutando.»

    Ella me respondió:

    «Haz conmigo lo que quieras y con quien quieras, soy tu puta esta noche y a eso vine, a hacer que tengas el mayor placer de tu vida viéndome como abusan de mi».

    … (Sin habla)

    Ya no supe qué me gustó más… lo que había visto hasta ese momento o lo que me acababa de decir. Sus palabras fueron mágicas y accionaron el freno que tenía puesto.

    No esperé más tiempo, no le pregunté, ya había esperado mucho tiempo y ya tenía su permiso. Me bajé el pantalón, saqué mi verga y de su cabello la tomé dirigiendo su cara hacia mi pene erecto. Sus mamadas se hacían escuchar en todo el cuarto, con fuerza la tomé de arriba hacia abajo. Le levanté la falda apretando sus nalgas, los tipos de a lado solo veían mi cara de satisfacción y la manera en que la bajaba hacia mi verga. Se empezaron a frotar el pantalón de una manera cínica viendo el delicioso trasero entre mis manos.

    Con la mirada les dije que se acercaran y la disfrutaran conmigo. No lo pensaron, se pusieron atrás de ella viéndole su duro y rico trasero. Al sentir unos dedos que no eran los míos frotando su vagina la hizo dar un pequeño salto de susto o de sorpresa.

    Me gustó ver el rostro de los tipos, uno con aspecto y fachas de albañil un poco panzón y el otro un poco más joven e igualmente mal arreglado. Uno de ellos bajó su tanga metiendo su cara entre sus nalgas, eso hizo que diera un fuerte gemido sacando mi pene de su boca para voltearlos a ver.

    Me volteó a ver y me preguntó:

    «¿Te gusta esto, amor?»

    «Mucho» -le respondí.

    «Entonces a mi también me encanta» -me dijo.

    «Quiero verte flojita y cooperando». Me aparté y le dije al otro tipo que ocupara mi lugar. De inmediato sacó su verga, se acomodó en donde yo estaba sentado y solo se dedicó a disfrutar de su linda boca subiendo y bajando por su asqueroso pene, dando gritos de placer y apretando sus senos fuertemente, como no queriéndolos soltar nunca.

    El señor de atrás cuando se sació del sabor de su vagina de inmediato se acomodó, apuntó su pene a la misma y de a poco la empezó a meter.

    «No maaames… que rico… que rica está esta chamaca o no? Hijo?» exclamó.

    ¿O sea que padre e hijo estaban disfrutando a mi novia? Me importó poco porque ella se veía súper rica y excitante al ver a esos dos morbosos pervertidos Haciéndola como querían. No duraron mucho cuando de repente y casi al mismo tiempo acabaron dentro de ella, uno en su vagina y el hijo en su boca.

    Había una pareja a lo lejos disfrutando y casi no pudiendo creer lo que estaban viendo.

    Volteé a ver al chavo, igualmente feo, moreno y sin ningún chiste y le dije ¿tu gustas?

    Con asombro volteó a ver a su novia. «Ve y cógetela, bebé» -ella le dijo. Mi novia apenas se estaba incorporando de la cogida que le metieron padre e hijo hace unos momentos cuando así como así, sintió que alguien más la levantó, la empinó y le empezó a propinar embestidas, una tras otra una tras otra. Eran obvias las ganas con la que se la estaba cogiendo pues su novia no tenía mucho que ofrecer.

    Después de unos pocos minutos y sin disimular mucho se vino también él. Nunca había visto su vagina tan llena de mecos y no de los míos.

    Ya no podía más, ya había sido disfrutada por muchos el día de hoy, yo estaba casi satisfecho al recordar y ver todo lo que había pasado, solo me faltaba descargar a mi.

    Esta vez no quería espectáculo, esta vez la quería solo para mí. La metí casi a empujones a una cabina, ella aún cansada y borracha estaba aún a mi merced. Su vagina ya había sido penetrada muchas veces hoy, su ano ahora era solo mío.

    Sin perder mucho el tiempo se lo metí de un golpe. Ella gritó de placer así como yo. No pude evitar decirle mientras la penetraba.

    «Que rica te viste hoy amor, estás deliciosas y solo eres mía mía mía…»

    Descargué todo lo que había acumulado en la noche, lo estaba guardando y su ano terminé.

    Por fin satisfecho nos fuimos, pero espero que se repita…

  • Los ojos de mi vecina

    Los ojos de mi vecina

    Su nombre era Ana. Era todo lo que sabía de ella hasta ese día en que realmente nos conocimos. Eso y que tenía los ojos color avellana más hermosos que me hubiera tocado conocer, una figura esbelta, que se lograba apreciar a través de su ropa sencilla y holgada; piel blanca y cabello castaño claro a la altura del hombro y una sonrisa hermosa que rara vez sacaba a pasear. Debía tener no más de 35 y no menos de 27 años y hasta donde yo sabía, no tenía hijos, al menos viviendo con ella. Había coincidido unas tres o cuatro veces con ella y su marido en el pasillo de los departamentos donde vivíamos. Ellos se habían mudado hacía unos 5 meses apenas y yo llevaba año y medio, desde mi divorcio, en el departamento de al lado, en el cuarto piso del edificio.

    Sabía su nombre porque su esposo le había llamado para apurarla a que saliera en una de las ocasiones que habíamos coincidido, con gesto de frustración. Ella, con la vista baja, había obedecido, sin mirar apenas a verme.

    El cuarto piso tenía cuatro departamentos, uno de ellos desocupados, otro semi-habitado por un ejecutivo de una empresa local que lo utilizaba como su discreto nidito de amor, el que ocupaban Ana y su esposo y finalmente el mío.

    Mi nombre es Rubén y la historia que les voy a contar tiene que ver con Ana y la manera en que nos conocimos e hicimos amigos, pero antes debo platicarles un poco de mí.

    Mi ex esposa y yo teníamos muy claro desde hacía varios años que lo nuestro no tenía ningún futuro. Era simplemente una relación cuyo único vínculo a través de los años, era nuestro hijo Eduardo al cual tuvimos cuando ambos éramos muy jóvenes. Demasiado jóvenes para saber en la que nos metíamos. La rutina nos fue agotando y al final continuamos juntos solo para darle un hogar estable a Eduardo. Cuando él se marchó a la Universidad al otro lado del país, supimos que era el momento para poder separarnos sin que hubiera un encono de por medio. Acordamos los términos de la pensión, la dejé vivir en nuestra casa y me mudé a este departamento donde ahora vivo.

    No he tenido una relación seria desde entonces. No estoy listo para dejar ir mi libertad todavía, aunque no he cerrado la puerta a una nueva oportunidad a mis cuarenta años, tal vez después, pero no ahora. Mientras la gente normal mojaba sus ganas en el café o tomando lo ocasional copa y las aventuras de una noche, yo me conformaba con leer y escribir algunos relatos eróticos, algunos pasables, otros no tanto pero era lo que había y de alguna manera, mi trabajo como consultar y entrenador en línea, me daba para vivir bien y mantenerme ocupado.

    No les voy a mentir, no soy un adonis, ni tengo una herramienta de 20 cm en todo su esplendor. Ni siquiera sé cuánto mide y no me interesa saberlo, pero estoy seguro que no se acerca ni por mucho a esos terrenos. Creo que soy de tamaño normal y no estoy esperando que me llame una productora de material pornográfico en un futuro cercano. Por lo demás, me mantengo en forma, mido 1.70 m, soy de complexión media, blanco de pelo café claro con un ligero aire intelectual. Básicamente en eso se resume mi vida y lo que le rodea.

    Esa mañana me levanté temprano aunque no tenía ninguna clase agendada. Pasé por la cocina y me recibió el agradable olor del café recién hecho por mi cafetera programada. Pensé llenar una taza pero decidí darme un regaderazo primero ya que el incipiente calor del día lo demandaba. La temperatura del agua estaba en su punto y estaba disfrutándola más tiempo del habitual cuando sonó el timbre de la puerta. Supuse que sería algún mensajero con un paquete o correspondencia, aunque no esperaba nada urgente por lo que decidí seguir disfrutando del agua tranquilamente, cuando volví a escuchar el sonido del timbre, esta vez con demasiadas repeticiones. Mascullando maldiciones de grueso calibre, me salí y me puse la bata de baño encima sin alcanzar a secarme el pelo y me puse las sandalias mientras gritaba que iba en un momento.

    Con gesto hosco, abrí la puerta esperando ver al mensajero cuando me topé cara a cara con mi atribulada vecina, Ana. Llevaba un holgado short blanco y una camiseta deportiva de esas que se usan para andar cómodamente por la casa. Me quedé boquiabierto sin saber qué decir hasta que ella rompió el silencio.

    – Vecino, disculpe que lo moleste, pero tengo una urgencia y necesito de su ayuda, por favor. – Me imploró poniendo una mirada de angustia en sus bellos ojos color avellana.

    – Dígame vecina. ¿Qué se le ofrece? – atiné a decir apenas repuesto de la sorpresa de verla ahí a mi puerta después de cinco meses de no dirigirnos la palabra siquiera.

    – Tengo una fuga de agua en mi cocina y estoy intentando llamar a un plomero pero no quiero que se me vaya a inundar toda la casa… se está mojando la alfombra… – En este punto se le quebró la voz y sin más, la tomé del brazo y nos dirigimos a su casa. – Mi marido está fuera de casa en un viaje de negocios y regresa hasta la próxima semana. – Me aclaró sin que yo le hubiera pedido una explicación.

    – No se preocupe, vecina. Ahorita lo arreglamos. – Le dije mientras entrabamos a su departamento y veía el enorme charco que se estaba empezando a formar, brotando por debajo del fregadero.

    – Muchas gracias. – Me dijo todavía con ese aire de angustia. Me metí bajo el fregadero tratando de mantener mi bata cerrada mientras giraba las manijas del agua fría y la caliente también pero el chorro seguía manando con la misma intensidad.

    – Supongo que todos los departamentos son iguales así que voy a buscar y cerrar la llave maestra, – le dije. Al hacer esto, me levanté y me dirigí al cuarto de servicio donde, efectivamente, tenían una llave maestra para el agua, similar a la de mi departamento. Esta vez la cerré de igual forma y el flujo del agua paró finalmente.

    La cara de Ana se iluminó mostrando esa hermosa sonrisa que sólo me había tocado ver en una ocasión anterior. El estropicio no había sido tan severo después de todo y el agua solo había mojado el borde la alfombra aunque el piso de la cocina parecía un pequeño chapoteadero. Ana cogió su celular e intentó marcar un número. “El plomero” musitó apenas, explicándome el motivo de su llamada. Yo asentí en silencio, dándome por fin cuenta del aspecto que tenía, solo con mi bata de baño y mis sandalias en aquella casa extraña.

    – No me contestan. – dijo Ana finalmente y colgó.

    – Si gusta le puedo ayudar a encontrar un plomero en un momento. Sólo necesito ir a vestirme y…

    – ¿Bueno? – Me interrumpió Ana al recibir una llamada en su celular. – Si. Yo estaba llamando hace un momento. Me urge que me vengan a arreglar una fuga en la tubería de agua…

    Después de un momento de silencio en que escuchaba a la voz al otro lado de la línea, contestó.

    – No, dos horas es mucho tiempo. Por favor, necesito que vengan lo antes posible. No puedo estar así con la cocina en esas condiciones… – ¿45 minutos? Está bien. Aquí lo espero. Le mando la dirección por mensaje. Gracias. – Terminó la llamada.

    – Bueno, parece que ya tiene todo resuelto… – Dije con la noción de que mi tarea ahí estaba concluida.

    – Muchísimas gracias, vecino. No sé qué hubiera hecho sin usted.

    – No hay de qué. Para eso estamos, para apoyarnos entre nosotros…

    Ana me interrumpió diciendo.

    – ¿Le podría pedir un nuevo favor, si puede hacerlo? – Me dedicó esa mirada compungida que tan buenos resultados le había dado cuando me sacó apresuradamente de mi departamento.

    – Dígame… – Contesté sin saber exactamente de qué se trataba todo aquello.

    – Es que, bueno… tuve una mala experiencia con un plomero en una ocasión y la verdad me da temor quedarme a solas con él. Sé que es absurdo y entiendo si no…

    – Está bien, no se preocupe, le acompañaré con gusto pero necesito ir a cambiarme primero. – Dije mostrándole mi escasa indumentaria. – Ella sonrió de nueva cuenta.

    – Claro, sí. No hay problema. El plomero dijo que llegaba en 45 minutos. Muchas gracias vecino. A propósito, mi nombre es Ana.

    – Lo sé. – Dije sonriendo. – Mi nombre es Rubén. Mucho gusto.

    Salí de su departamento y me dediqué a preparar mi café, preparé un par de panes tostados con mermelada y me vestí rápidamente con un pants deportivo y una camisa del mismo tipo, y unos tenis. Nada formal para aquella ocasión tan peculiar.

    Cuando regresé al departamento de Ana, cuarenta y cinco minutos después, el plomero aún no había llegado. No me sorprendió en absoluto pero no hice ningún comentario al respecto. Ana me ofreció un refresco y lo decliné amablemente. De pronto se formó un espeso silencio entre ambos ya que nuestro tema de conversación solo podía girar en torno al desperfecto del fregadero y así ahí me dirigí.

    – Tal vez sea conveniente que vea dónde está la fuga para que no le vaya a querer estafar el plomero, ¿no cree?

    – Si. Creo que es una buena idea. – Dijo Ana siguiéndome.

    Me volví a colocar debajo del fregadero, esta vez sin preocuparme de mi pudor ya que mi pants y mi camisa me cubrían perfectamente. Ana se acercó a mí y se agachó para ver el lugar donde estaba tratando de localizar la fuga, después de un rato se cansó de esa posición y se enderezó sin moverse del mismo lugar.

    – Estoy viendo que la tubería después de las llaves está seca así que tuvo que ser en la parte pegada a la pared. – Le dije mientras exploraba esa zona con mis dedos para buscar evidencia de la humedad. Al voltear a verla, me encontré con sus esbeltas y bien torneadas piernas, frente a mí. Asomé un poco más la cabeza y vi el inicio de sus shorts blancos donde se alcanzaba a mirar el contorno de unas braguitas de color azul cielo. Al parecer, ella no se había percatado que me estaba dando una visión privilegiada de sus piernas y la zona VIP. Seguí hablando para no levantar sospechas mientras deleitaba mi pupila con aquel inesperado regalo. – Acá si se siente la humedad y hasta está cayendo una gota todavía. – Dije sin abandonar mi posición.

    – ¿Será mucho el daño? ¿Cree que se vaya a tardar mucho?

    – Depende de qué tan dañado esté el tramo de tubería. Si tiene que remplazarlo por completo…

    Me detuve un momento al girar mi cabeza y ver un poco más allá en el reflejo del horno de la estufa. Ana, sin el temor de ser descubierta, miraba el bulto que se empezaba a formar en mi entrepierna ante el panorama que me ofrecía. Ambos estábamos dando un espectáculo ajeno a los ojos del otro, aunque ahora yo llevaba la ventaja gracias al fortuito reflejo del vidrio opaco del horno. Sentirme observado de esa manera incrementó mi excitación y la tela elástica de mi prenda dio muestra de ello. Aunque la visión reflejada en el vidrio del horno no era perfecta, me pareció que Ana llevaba su mano derecha a su seno y se lo estrujaba con nerviosismo.

    – ¿Entonces si es algo grave? – Preguntó llenando el súbito silencio que se había formado entre nosotros.

    – No lo creo. Es relativamente sencillo, solo que yo no tengo las herramientas para soldar pero debe ser un trabajo fácil. Déjame ver si alcanzo a ver más daño. – Dije para ganar un poco más de tiempo ante aquella visión. Me di cuenta vagamente que la había tuteado y a ella no pareció importarle demasiado.

    – Está bien. Creo que ya se está tardando este señor. – Me pareció percibir un sobresalto en su voz y noté que su mano vagaba de su cuello a sus senos, sin saber que estaba siendo observada por mí. En un arrebato, decidí subir un poco más la temperatura y me extendí hacia adentro con la guisa de alcanzar a tocar la pared y la parte más alejada de la tubería, teniendo buen cuidado de que mi camisa se levantara del pants, exponiendo mi vientre ante su mirada de forma que pareciera un movimiento casual sin ninguna doble intención. Pude notar que Ana se movió un poco inquieta y su pierna girada me ofreció una vista un poco más amplia de sus braguitas azules casi al punto donde se hubiera apreciado el pliegue de su vagina. No corrí con tanta suerte pero con lo que veía me bastaba para hacer de aquel un momento bastante erótico.

    – Rubén, necesitas que te ayude con…

    La pregunta quedó en el aire porque justo en ese momento tocaron el timbre de la puerta. Ana se alejó de ahí para abrir la puerta y encontró al inoportuno plomero que había llegado finalmente a romper ese mágico momento entre ambos. De mala gana, me levanté del fregadero y le expliqué al muchacho moreno y delgado que se identificó como el plomero, lo que había descubierto acerca de la fuga. Obviamente, mi otro descubrimiento me lo guardé para mí.

    Una vez que el plomero se hubiera puesto a trabajar, le acepté el refresco que me había vuelto a ofrecer y platicamos un poco acerca de nosotros. Le platiqué brevemente de mi divorcio, de mi hijo en la Universidad, de mi línea de trabajo y alguna que otra cosa no demasiado trascendental. Ella a su vez, me comentó que tenía 6 años de casada, no tenían hijos aún, se habían movido a la ciudad hacía apenas seis meses gracias a una oportunidad laboral que se le había presentado a su esposo pero que aún tenía que ir de forma regular a liderar un proyecto que había quedado inconcluso en su otra plaza. Entre plática y plática, la observé con mayor detenimiento, sus bonitos ojos, la piel clara que hacía un contraste muy bello con su cabello oscuro, su figura delgada pero bien torneada que se lograba apreciar a través de esa ropa tan casual. Era una mujer bonita sin llegar a ser demasiado bella, y sonreía con los ojos cuando se daba la oportunidad.

    – ¿Te puedo preguntar algo? – Le dije, ya salvado el escollo del tuteo entre ambos.

    – Dime, si puedo te contestaré. – Me contestó sonriente aún.

    – ¿Cuál fue esa experiencia que tuviste con aquel plomero? – Dije bajando la voz y volteando a ver hacia la cocina a sabiendas de que el plomero no nos podía escuchar acá en la sala donde nos hallábamos.

    Ana titubeó un poco y su cara reflejó el disgusto que le provocaba aquella imagen que se presentó en su mente.

    – Hmm, fue algo muy desagradable para mí. Hace tres años, ya estaba casada…

    – Si te incomoda, no tienes qué platicarlo. Descuida.

    La mujer dudó por un breve instante y al final decidió continuar.

    – Era una situación similar. Teníamos una fuga en la regadera que goteaba día y noche. Era desquiciante porque el tic-tac-toc era constante. Mi esposo me dijo que llamara a un plomero porque él estaba muy ocupado así que lo hice. El señor se dedicó a hacer su trabajo, muy serio y todo. Nada fuera de lo normal.

    – Y luego ¿qué pasó? – Inquirí intrigado por el rumbo de aquella historia y temiendo lo peor.

    – Cuando terminó de arreglar todo y le pagué, me pidió que si podía utilizar mi baño y yo accedí. Pasaron los minutos y aquel señor no salía. Lo llamé un par de veces sin respuesta y me asusté que le hubiera pasado algo dentro del baño. Después de la segunda vez que le llamaba decidí abrir la puerta… – Ana hizo un mohín de disgusto al llegar a esta parte de la historia.

    – ¿En serio? Y ¿qué viste?

    – El señor estaba de pie frente al sanitario, masturbándose…

    – Qué barbaridad, no lo puedo creer. – le interrumpí pero inmediatamente me di cuenta que aún no terminaba la historia. Le dejé continuar.

    – Y tenía unas braguitas mías en su rostro mientras se masturbaba con los ojos cerrados. Había hurgado en el cesto de ropa sucia y se estaba excitando con el olor de mi ropa interior. “¿Qué diablos crees que estás haciendo?” le grité muy molesta.

    – ¿Y él qué hizo?

    – Abrió sus ojos espantado y volteó a verme justo en el momento en que empezó a eyacular. Cuando se giró, en vez de que su corrida cayera en el sanitario, se esparció por el espejo, por el lavabo y aún unas gotas cayeron en mi cara. Me acuerdo y me da un asco, todavía a veces siento la mejilla mojada…

    – Lo siento. – Dije sin poder dejar de sonreír internamente ante la imagen que se mostraba en mi mente. Tuve el buen tino de no dejar que esa sonrisa se manifestara en mi rostro y puse la cara compungida más creíble que pude encontrar en mi repertorio. Con eso fue suficiente para no regalarla.

    – El señor se disculpó tratando de darme mis bragas de vuelta y yo le dije que saliera inmediatamente de mi casa. Apenas se subió los pantalones y salió como exhalación secándose las manos contra el pantalón. Me quedé rabiando mientras trataba de limpiar el lavabo y el espejo antes de que llegara mi marido…

    – ¿Quieres decir que él no sabe nada de esto? – Pregunté

    – No, no lo sabe, solo el plomero, que por supuesto jamás regresó, yo, y ahora tú. Así que cuento con tu discreción. Mi esposo es muy celoso y a veces no reacciona bien ante estas situaciones.

    – Pierde cuidado, será nuestro secreto. – Dije guiñándole un ojo.

    – Gracias Rubén. Gracias por todo. – Me dijo tomando mi mano con un gesto de gratitud sincera. Recordé que esa misma mano estaba acariciando sus senos antes de que llegara el joven plomero y me estremecí por dentro. Siempre he tenido debilidad por las mujeres casadas, pero eso es tema para otra historia.

    – No tienes nada qué agradecer, Ana. Ha sido un placer hacerte compañía en lo que termina el trabajo…

    Como si lo hubiéramos conjurado, el plomero se acercó a nosotros y le comunicó que ya había quedado reparada la tubería. Volteó a verme para decirme el costo de la reparación pero ella tomó el mando del asunto. Cuando nos quedamos solos de nueva cuenta, el momento de magia había desaparecido y sólo me quedó despedirme de ella de la manera más efusiva que pude, reiterándole que podía contar conmigo para cualquier otra crisis que se pudiera presentar.

    No me imaginé que esa oportunidad se volvería a presentar cinco días después.

    Dark Knight

    [email protected].

  • La puta del grupo

    La puta del grupo

    Marleny y su novio Mau se la pasaban teniendo sexo en ocasiones que podían estar solos.

    El sexo oral que ella hacia era increíble, lento, profundo y con una mirada morbosa.

    Ella era delgada con caderas anchas, piernas tonificadas, sus pechos algo pequeños pero levantados. A veces su novio se imaginaba a ella dando sexo a varios hombres. Uno pensaría que es algo enfermo o masoquista el querer ver a tu novia siendo cogida por otros, pero él era de mente abierta.

    Él le dice de su «fantasia» y Marleny le confiesa que quiere experimentar cosas.

    —Quiero dar una mamada grupal —Le dijo. Él algo celoso acepta que varios de sus amigos tuvieran sexo con ella sólo que él sería quién la penetrara en su vagina y en su ano, sus amigos sólo podrían penetrar su boca y manosearla y ya mucho que la manosearan en su vagina.

    Hay mujeres que les gusta sentir muchas emociones en alta medida, buscan inconscientemente un macho que les haga sentir una ruleta rusa de placeres sentimientos y morbo. Marleny encontró la oportunidad de satisfacer posiblemente una fantasía, qué tan profunda podría ser su garganta, sus habilidades para hacer todas las marranadas que sea capaz de soportar.

    El día llegó, Marleny y su novio fueron a casa de uno de los amigos de él. Ella fue vestida con un vestido negro muy ajustado qué hacía recalcar su culo parado.

    Chavos estaban ahí para complacer la fantasía de Marleny. Ellos la miraban y estaban sorprendidos

    —¡Pero qué bella es! —Exclamó uno.

    —Tal vez no podamos penetrarla pero al menos ese culo voy a mamarlo —Dijo en mente con morbo otro.

    —Bueno amigos les presento a mi novia Marlene como ustedes saben tanto su fantasía como la mía, es satisfacer su curiosidad así que Marleny, adelante —Dijo su novio.

    Ellos la rodearon y levantaron su vestido para manosearla y se reía, empezaba a excitarse. Ese vestido negro ajustado a su cuerpo remarcaba muy bien sus pequeñas y redondas nalgas. Todos sacaron sus penes e inmediatamente ella empezó a chupar, se reía y tosía de tan gruesas y largas que estaban sus penes

    —¡¡Quién Viera tu novia muy buena!! —Dijo excitado uno mientras tomaba su cabeza y metía su pene hasta su garganta

    —La tienes gruesa —Dijo ella riendo. Los amigos se agacharon para frotar su vagina así que ella se levantó para que le quitaran su vestido.

    Desnuda con sus tenis aún puestos, Marleny seguía mamando sus penes y ellos manoseaban sus pechos y pellizcaban sus pezones.

    De manera algo brutal agarraban su cabeza y penetraban su boca hasta la garganta…

    —Wow —Decía ella riendo y sacando saliva en exceso. Así estuvieron un rato hasta que la empezaron a masturbar y…

    —¡¡Ayyyy!! —Exclamó ella y expulsando semen de su vagina.

    —Chavos ahora vengo —Dijo su novio y aprovecharon para penetrarla

    —Esperen, ¿Qué hacen? —Preguntó ella

    —No finjas, bien que quieres —Le contestó uno ahorcándola y metiendo su pene su vagina. Ella no podía negarlo y lo disfrutaba. Todos empezaron a penetrarla y la cargaban.

    Marleny estaba recibiendo una doble penetración. Ya venía su novio

     —Hey —Grito

    —Mau te voy a ser sincera, no me gusta tener sexo contigo ya.

    —¿Que?

    —La verdad es que tus amigos me saben complacer y tienen penes más grandes que el tuyo.

    Chicos mejor vámonos a otro lado que esto todavía ni siquiera termina —Todos se cambiaron y dejaron sólo a Mau.

    —Si que sabes lo que quieres

    —Quiero ser la puta del grupo —Exclamó ella.

    Pasaron los días y Marleny tenía sexo con ellos, con uno o con todos a la vez, su recompensa, una buena carga de semen para su bello y morboso rostro.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (4)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (4)

    Ya por la noche, en la cama, Nuria me dijo que tenía la regla y que por tanto no iba a usar su coño hasta dentro de una semana.  Sin embargo, me dijo, tengo otras ideas para estos días, y si accedes a ellas te dejaré correrte una vez.

    En seguida le pregunté de qué se trataba, y me dijo que hoy adoptaría mi rol más bisexual y probaríamos el anal. Es decir, follarme a mí. No era algo completamente nuevo para mí. De vez en cuando Nuria me metía un dedo en el culo cuando me estaba haciendo una mamada. Sabía que yo estaba bastante deconstruído al respecto y que me daba gusto. Ahora que estábamos en una relación de dominación-sumisión, sabía que era cuestión de tiempo que sacara el tema de mi ano, por lo que no me sorprendió. Así se lo dije.

    -Bueno, pues mejor. ¿Quieres empezar ya?

    -Sí, ¿pero has comprado un bote de lubricante?

    -Sí. Voy a traerlo.

    Al volver con él en la mano, me dijo al oído: desnúdate y ponte a cuatro patas sobre la cama, putita.

    Al escucharla, me dio un escalofrío. Estaba muy nervioso, tenía el corazón a mil, y empezaba a sudar. Rápidamente, me desvestí y me puse sobre la cama, apuntando mi culo hacia ella, y flexionando la espalda de la forma más sexy que pude. Dejé caer mi cabeza en la cama, forma por lo tanto un triángulo con mi cuerpo y la superficie de la cama.

    Empezó metiéndome un dedo, que sentí intensamente. Pero al poco tiempo cambió de idea, y me dijo que esperara allí. Cuando volvió, me puso un antifaz, por lo que dejé de ver, y me dijo que me pusiera de rodillas. Después me pidió que abriera la boca, y con su mano en mi nuca, me acercó la cabeza a su entrepierna. En seguida noté el tacto de un dildo. Se lo había puesto en el monte de Venus, con el arnés.

    -Me gustó mucho verte chupar una polla esta tarde, por lo que vas a seguir ahora. Vas a aprender a chuparla bien, y quien sabe, quizá en un tiempo pruebes una de verdad jajaja.

    Tragué saliva, y empecé a chupar el dildo. Primero solo el prepucio, y después de medio minuto, empecé a intentar tragarla cada vez más profundo. Sin embargo, como a la mitad del dildo, hacía tope con el fondo de mi boca y no podía continuar. Entonces Nuria me dijo que relajara la garganta e intetara metérmelo más. Eso hice, y llegó un punto que dejé de poder respirar y me la metí más. Noté que se abría paso por la garganta, lo cual me molestaba bastante, y me dio una arcada. Entonces lo saqué rápidamente de mi boca.

    -Eso que acabas de hacer es una garganta profunda cariño. Al inicio se siente muy invasivo, pero con la práctica verás que ya no tendrás arcadas. Mira:

    Entonces me quitó el antifaz de mis ojos, quitó el dildo del arnés y empezó a chuparlo ella. Se lo metió hasta el fondo de la garganta, haciendo desaparecer la totalidad del dildo dentro de ella. Esperó unos cinco segundos, y lo sacó. Estaba lleno de saliva, muy brillante.

    -Ahora tú, cariño. – Y se lo volvió a poner en el arnés.

    Ahora veía el dildo, que estaba recubierto de la saliva de Nuria. Eso me dio aún más morbo y ganas de intentarlo de nuevo. Esta vez se hizo más fácil deslizarlo ya que estaba bien lubricado. El dildo llegó hasta el inicio de la garganta e hice lo que Nuria me había dicho. Conseguí meterla más, pero de nuevo me dio una arcada. Lo hice otras dos veces y las arcadas eran cada vez más fuertes, por lo que Nuria me hizo parar. Además, también había segregado mucha saliva. Nuria me dijo que la escupiera sobre su mano y así lo hizo. A continuación escupió ella también sobre su mano y me la restregó por mi cara. La sentí muy húmeda y sucia.

    -Nuestras salivas unidas en tu cara. ¿A que es romántico? Jajaja. Ahora, ponte en cuatro, que empieza lo bueno.

    De nuevo me fue metiendo dedos dentro. Primero uno, luego dos y finalmente cuatro. Después los quitó y me dijo que empezaría a meter el dildo. Sentí una presión muy grande en mi ano, y de la nada noté cómo se abría mucho. Me dolió muchísimo y así lo manifesté, gritando. Ella respondió sacándolo y volviéndolo a meter aún más lentamente. Una vez dentro, puso sus manos en mis caderas, y empezó a moverse rítmicamente. Al cabo de unos minutos de dolor intenso, me fui acostumbrando y mi ano empezó a dilatarse. Entonces empezó a moverse cada vez más rápido, aunque el dildo no lograba entrar más de la mitad de su extensión total. No me daba mucho placer el tenerlo dentro. Era muy extraño, y me sentía incómodo. Lo único que me gustaba era el morbo de saber que mi novia me estaba follando. Lo que eso involucraba. El cambio de roles que generaba. Por primera vez en mi vida, yo estaba a cuatro patas, sintiendo las embestidas de una polla penetrándome, aunque fuera de silicona. Me sentía completamente a merced de Nuria, y me gustaba.

    Sin previo aviso, me cogió del pelo, y tiró de él hacia ella, lo cual me obligó a arquear la espalda y acercarme a ella. Yo se lo había hecho a ella en muchas ocasiones, y la verdad es que me sorprendió que fuera tan incómodo y doliera tanto. Aguanté como pude. Siguió con sus embestidas, cada vez más rápidas, hasta que paró en seco y me ordenó que le comiera el coño. Estaba a punto de correrse, y así lo hizo una vez tuvo mi boca en su agujero. Empezó a masturbarse y cogiéndome fuertemente de la nuca, me pegó la cara contra su entrepierna. Todos sus músculos se tensaron y finalmente me dejó libre.

    Estaba muy, muy cachondo. Sentía como gotas y gotas de líquido preseminal caían de mi glande, manchando la jaula de castidad. Era verdaderamente duro no poder disfrutar de mi polla. Ya no era tanto poder follarla y sentir sus paredes vaginales. Era el simple hecho de poder tener una erección y tocarme la polla, sentirla viva. Y más aún, era la sensación que se tiene justo después de un orgasmo lo que más echaba de menos. Durante toda la vida, cada interacción sexual había terminado en un orgasmo. Todas y cada una de ellas, de las cientas que había tenido. Y ahora, de forma repentina y continua, esto no era así. Y el no tener esa sensación post-orgasmo, te impedía separar el acto sexual del resto del día. Te impedía pasar del momento sexual a un momento posterior no sexual. Por lo que nunca estaba satisfecho. Por más que le comiera el coño media hora seguida, no sentía la necesidad de parar, y era infernal. Ser su esclavo sexual era entrar en un bucle de lívido que no hacía más que subir y subir, sin terminar nunca. Podía bajar hasta un cierto nivel, cuando Nuria interrumpía los actos sexuales y seguíamos nuestras rutinas cotidianas. Pero volvía a subir con una facilidad espantosa, y tardaba mucho en bajar nuevamente.

    A todo esto, Nuria dejó de follarme, y me dijo que me tumbara boca arriba sobre la cama. Acto seguido, me cogió de la jaula de castidad, y me sonrió.

    -¿Qué tal? ¿Te está gustando que te folle?

    -Me dolió mucho al inicio, pero ahora estoy mejor. Se siente raro sentir el dildo dentro, pero me gusta pensar que me estás follando y desfrutando de ello.

    -Hace falta mucho trabajo, apenas te entra la mitad del dildo, que no es mucho más grande que tu polla. Pero bueno, hay tiempo.

    La perspectiva de que esto era solo el inicio me daba mucho vértigo, porque no sabía cuánto podría durar en este estado de excitación perpetua, ni con qué otras cosas me sorprendería Nuria. Pero a la vez, estaba disfrutando de la situación, y sentía mariposas en el estómago al pensar en qué sería lo próximo que me depararía su pervertida mente.

    -Como te has portado bien, te voy a quitar la jaula durante un rato.

    Por fin me iba a quitar la jaula, después de cuatro días eternos. La jaula en sí no era muy molesta, ya que pesaba poco al ser de silicona. Tenía más problemas al mear, ya que el chorro se iba por cualquier lado y me obligaba a mear sentado, lo cual le divertía a Nuria. Pero sin duda lo peor eran los dolores por la noche, al no poder tener erecciones nocturnas.

    Cogió las llaves de su collar del cuello y con bastante facilidad, abrió la jaula y la retiró. Antes, me dijo que pusiera mis brazos hacia los lados y que tenía prohibido moverlos. Aún no había comprado cuerdas para inmovilizarme.

    Mi pene estaba inundado en líquido preseminal. Nuria lo recogió lo mejor que pudo con sus dedos, y me los metió en la boca. Yo succioné lo mejor que pude y tragué. Sabía mucho menos fuerte que el semen y tenía una textura también más agradable, más elástica y suave.

    A continuación empezó a masturbarme, y pese a que el primer minuto mi polla seguía completamente flácida, poco a poco empezó a crecer, lo cual me produjo una sensación indescriptible. Nunca pensé que me gustaría tanto sentir mi polla dura. Sentía sus dedos sobre mi tronco como nunca los había sentido. Notaba mi piel muy sensible a su tacto.

    Una vez la tuvo completamente dura, movió mis piernas de tal forma que las tenía perpendiculares a mi cadera. Entonces volvió a ponerse el dildo en su arnés, y de rodillas, empezó a follarme de nuevo. Mientras me follaba, también me iba masturbando, y encontré esta doble sensación muy agradable.

    Pasados unos cinco minutos, por fin, me corrí. Pero la cabrona de Nuria, una vez entendió que estaba a punto de correrme, quitó su mano de mi polla. Igualmente me corrí, sin ningún estímulo más en mi polla, ya que había llegado al punto de no retorno. Lo que sí siguió fue su follada anal, que cobró una intensidad aún mayor durante el orgasmo.

    Una vez me corrí, Nuria siguió follándome un buen rato, lo cual no me gustó nada. Me apetecía relajarme, tumbarme a su lado y estar tranquilo un rato, pero nada de eso ocurrió. Sus embestidas me resultaban mucho menos agradables, ya que ya no estaba cachondo, e incluso me dolían más. Pero aguanté, sin decirle nada, hasta que se cansó.

    El objetivo, como me dijo más tarde, es que no asociara nunca más el correrme con el fin del sexo. Se había acabado eso, y era ella la que decidiría siempre cuándo terminar.

    Continuará.

    (Os leo en los comentarios).

  • Tres en una

    Tres en una

    Fue un largo día y ella me había llamado, para saber qué planes tenía para esa noche, tardé en contestar por diferentes razones, así que en la última llamada, solo me dijo que iba a ir a tomar con dos compañeros de trabajo.

    Un par de horas más tarde me escribió para saber si iba a unirme al plan, accedí y llegué al lugar, la conversación estaba amena, así que iban llegando más tragos y la confianza aumentaba entre todos.

    Noté que había cierta tensión entre ellos dos con ella, así que le dije secretamente que si tenían atracción o algo, me confesó que sí y bueno, le pregunté ¿Qué tal si no me hubiera unido al plan?, se sonrojó y se avergonzó de decirlo, pero mi sospecha era cierta… Esperaba un trío.

    Ni corto ni perezoso a lo que ella fue al baño pedí los números de ellos y les hice una propuesta indecente, ella regresó y luego me fui solo con ella a un hotel, estábamos en la previa cuando llegaron a la habitación sus dos compañeros.

    Si, los había invitado a la velada, estaba súper sorprendida, llegué a pensar que me iba a odiar por eso, pero no, continuó desnudándose y nosotros tres (Con un poco de pena), también.

    Repartí preservativos a todo y comencé a besarla, tocarla, ellos se masturbaban mientras, veían el cuerpo de ella, como lo tocaba, como le abría las piernas y les mostraba lo que iban a gozar en unos momentos. Su vagina estaba mojada, pero no iba a ser suficiente, su ano también iba a ser penetrado.

    Uno de mis dedos lo introduje en su vagina, lo impregne con sus fluidos y pasé a su ano, note que su interior no estaba listo y ella se avergonzó un poco, así que llamé a solicitar un enema en recepción y mientras llegaba, ella empezó a tocar y chupar el pene de todos.

    Abrí su vagina y le dijo a uno de sus compañeros que empezara un poco con la acción, mientras yo la besaba y tocaba sus senos, el otro sujeto frotaba su clítoris.

    Llegó el pedido a la habitación así que nos detuvimos, la puse en cuatro en el suelo, inserté la sonda en su ano y vacié media carga del enema en su interior, algo que excitó mucho a estos dos colegas que se tocaban sus penes mientas veían esa escena. Saqué la sonda, ella fue al baño a descargar, volvió a ponerse en cuatro y repetí el proceso, volvió al baño, regresó me besó intensamente y se recostó en la cama.

    Abrió sus piernas y abrió su vagina, comencé a penetrar su vagina mientras ella agarraba el pene de sus compañeros e intercalaba felaciones a cada uno. Y así, intercambiamos de su boca a su vagina uno tras otro. Luego uno de ellos se acostó y ella se hizo encima de él para cabalgar intensamente sobre él, saqué el lubricante de mi maleta y comencé a introducir un dedo en su ano, eso la hizo llegar a un orgasmo, aunque seguía intensamente sus movimientos. Después bajó la velocidad cuando le dije que ya iban a entrar dos dedos por su orificio.

    Poco a poco fue dilatando mientas tenía un pene en su vagina, otro en su boca y ya un tercer dedo entraba en ella. Nos acomodamos y poco a poco fui introduciendo mi pene en su ano, lento y completo, para luego sacarlo lentamente lubricar y repetir. Sus gemidos no faltaban y comenzamos a tomar ritmo, la sensación era rara y la escena muy inusual, pero la libido nos nublaba, nos hacía seguir.

    Les dije que cuando fueran a terminar, se quitaran el condón y terminaran en su ano. Con lo que continuamos, cambiando de posiciones y agujeros de esta señorita, estaba muy excitado y decidí terminar primero, así que introduje mi pene en su ano, comencé a frotar su clítoris y agarraba uno de sus senos, otro penetraba su vagina, otro su boca mientras también tocaba otro de sus senos.

    Descargué todo mi semen dentro de ella, mientras su cuerpo temblaba, a lo que el que estaba en su vagina decidió terminar, se retiró el condón pasó a su ano y el que estaba en su boca, se colocó en su vagina. Mi erección no bajaba al ver ese momento, su compañero descargó su semen dentro y al instante el otro compañero aumentó la velocidad en su vagina a lo que la hace terminar de nuevo, eso lo excitó mucho y procedió a continuar eyaculando también en su ano.

    Él se quedó ahí dentro un rato, y ella quedó tendida en la cama, agobiada, a lo que el pene salió de su ano y comenzó a salir lentamente la leche de los tres, se puso boca arriba y me comencé a comer su clítoris, quería hacerla venir de nuevo, ellos comenzaron a masturbarse, yo también, mientras lamía su entrepierna con lujuria.

    Fue un poco largo el tiempo pero el justo para que terminara intensamente en unos gemidos suaves, casi mudos, aunque contrarios al movimiento casi involuntario en intenso de su cuerpo. Momento perfecto para que termináramos sobre ella y finalizar la aventura.

    Sus compañeros se vistieron y se retiraron de la habitación, estaba por buscar algo de papel para limpiar su cuerpo pero ella sacó fuerzas para irnos a bañar y luego ir a dormir un poco.

  • El desfile

    El desfile

    Siempre me iba del club acabado, masturbado, pero con sensación a poco.

    Yo iba a la clase de natación por un tema de salud, necesitaba mejorar mi respiración y me lo recomendaron, al principio dudaba, pero con el correr de los días me fue gustando más, no nadar sino bañarme y ver tantos penes cerca de mí. Grandes, chicos, medianos, gordos, cabezones, largos, de todo tipo y color, era una pasarela de miembros, todos me hacían excitar, a todos los quería probar.

    Pero había uno que era el más lindo, el que me sacaba todo, mediano, grueso, el portador era muy lindo, todo era un gran combo, pero no entraba en mi boca ni cola, era una utopía simplemente.

    Cada ducha era larga y caliente, yo esperaba a lo último para bañarme, entre la charla que se generaba y el deseo de mirar todo lo que podía terminaba bañándome cuando ya casi no había nadie.

    Era un gran juego mental, evitar que se pare mi pene y que todos se den cuenta que me calentaban, que los quería a todos adentro mío.

    Me bañaba masturbándome, un dedo, dos, acabar, tragar lo que había quedado en mi mano y salir, así era siempre, no podía aguantar llegar a casa y en seguida me tocaba mi cola, en seguida tenía un dedo adentro.

    Ese pene era mi preferido, lo quería tener si o si, quería saborearlo, meterlo en la boca y sentir su gusto, su piel, oler su olor y tragarme todo lo que tuviera para sacar. Lo miraba, lo analizaba, armaba fantasías, me bañaba y me masturbaba, era mi gran deseo, quería abrirme en el medio del baño y que me hiciera todo, que también se sumaran otros, tres, cuatro, cinco penes para jugar.

    De alguna manera intentaba llamar la atención, me paraba desnudo con la cola arriba, me agachaba, me abría ante la presencia de él, era una nena con disfraz de hombre, nunca erecto, siempre con posición firme y dispuesto a ser usado sexualmente.

    Fueron miles de intentos, pero nunca lo pude lograr, mi cola, mi boca y mis fantasías quedaban vacías siempre.

    Hasta que un día algo pasó y me pude ir satisfecho, esos imprevistos que nunca te imaginas, pero pueden suceder.

    Me estaba bañando, en mi ducha, tranquilo, pasándome jabón por mi cola, cuando de repente siento un ruido, levanto la mirada y de frente estaba una persona duchándose y masturbándose, mirándome a mí, de frente, yo no lo había notado, él se estaba tocando por mí, se estaba manoseando de una manera animal, me quedé helado, nunca me había pasado, se estaban masturbando mirándome, me dio una sensación extraña, pero en seguida vino una erección y salí de mi ducha rumbo a él.

    Nunca dejo de tocarse ni de mirarme, con los ojos me invito a acercarme, mis pasos fueron lentos pero decididos, tres metros en 10 segundos, con caminata de mujer, me acerque, me agache y abrí mi boca, su pene entro completo, era mediano y gordo, no lo conocía, era el primer día que venía.

    Se lo empecé a chupar sin dudarlo, a tragarle toda la carne, a sentir su gusto, cerramos la cortina por si alguien entraba, las duchas eran grandes y había lugar para jugar entre dos personas.

    Mi boca disfrutaba del manjar, chupaba, sacaba, entraba, escupía al compás de las gotas del agua que caían de la ducha. Estaba agachado en posición de necesitado, arrodillado con mis manos en sus piernas, mi boca en su pene y mi cuerpo desnudo esperando ser follado.

    Su pene estaba prendido fuego, duro como una estaca a punto de entrar en mi cuerpo, lo chupe hasta que mi cola se fue dilatando sola, cuando sentí la necesidad de que cogiera, me levante y se lo pedí “cógeme por favor” se paró lentamente, se puso su preservativo y me dio vuelta, la primera entrada fue dura, no la esperaba, no pidió permiso, me penetro sin dudas, fuerte y con pasión, la segunda ya estaba abierto, desesperado por mas carne, a la tercera ya estaba entregado, era una hembra en celo, quería su carne adentro sin parar.

    Me decía cosas al oído, me escupía la espalda y la boca, me decía sucia, te gusta mi pene, que cola más linda tenés, abrite más, así durante 20 minutos de pasión y fuego, me cogió como nadie, mi fantasía en el baño del natatorio se estaba cumpliendo, me estaba follando un desconocido, me estaban dilatando toda, no lo podía creer, mi cuerpo estaba totalmente excitado y quería más, mi dilato todo, mi cola abrió todo para que su pene entrara y saliera obviando mi agujero.

    Parados los dos contra la pared de la ducha, me agacha y sigue follándome, yo gimiendo como una cerda, le pedía más por favor.

    10 minutos eternos agachado a las puertas del placer, mi ano estaba completamente dilatado, mi carne fusionada con su carne, su pene prendido fuego y a punto de explotar, cuando tembló, cuando hizo un gesto, salí de la posición y me pare de frente a él, salió toda su miel, me baño la cara, mezclándose con la ducha, su miel por mi boca y mentón, todo mi rostro maquillado con su néctar, saboreando, probando su esencia, todo para mí, abierto, dilatado, feliz.

    Nunca me lo había imaginado, pero de un desfile de penes pude tener uno entero para mí, para jugar, ahora cada martes nos vemos en ese baño, en esa ducha y en esa fusión de dos cuerpos, donde yo siempre me abro completo a él.

  • LoreHtWf y el regalo de cumpleaños de su esposo

    LoreHtWf y el regalo de cumpleaños de su esposo

    Aquí estoy nuevamente contándoles mis aventuras en el cumple de mi esposo,  llegamos al restaurant yo vestida con una blusa muy ligera de tela semi transparente, falda larga de tela súper ligera, pero pegada a mi cadera y piernas de esas abiertas hasta arriba que dejan asomar una pierna casi por completo al caminar, además estoy segura que al caminar de frente al sol podría ser más transparente y dejar ver la silueta de mi tanga, zapatillas negras y un conjunto de lencería en blanco de bra y tanga de encaje muy linda prácticamente es puro encaje transparente y un poco de algodón que queda entre mis piernas, cabello suelto, recién bañada y perfumada, de la mano de mi esposo llegamos al restaurant en una terraza de un centro comercial que muchos ubicaran, no mucha gente, pero la mayoría hombres y eso me alegró porque entré robando miradas por mi vestimenta y pierna coqueta, nos sentamos ya casi obscureciendo y me senté cruzando mis piernas para dejar que una pierna quedara al descubierto, quiero decirles que casi la abertura llegaba a mi cintura ya que de ahí se amarra, muy fácil de poner y de quitar pedimos algo de tomar y por mi mente pasaban muchas cosas pero no sabía que travesura hacer decidí ir al baño para explorar el lugar y bueno de paso saber que me mirarían, así que entre al restaurante ya que estábamos en la terraza y los sanitarios estaban subiendo unas escaleras y entonces mi imaginación voló al ver un pequeño privado con unos sillones de piel una mesita de madera como de troncos y bueno muy acogedora y privada, así que al salir del sanitario y dirigirme a mi mesa busque con la mirada como quien era el gerente o encargado pero estaba ocupado así que regrese a mi mesa con un pensamiento de niña traviesa sin decirle a mi esposo nada comencé a planear mi travesura entonces pedimos de cenar.

    Yo seguía mostrando mi pierna desnuda hasta la cintura para el deleite de los hombres de mesas cercanas que desprendían miradas lascivas y descaradas, yo me mantenía ajena e inocente como que no me daba cuenta pero en realidad me tenían caliente. Comenzaba a obscurecer y poco más tarde se acerca el que precisamente pensé era el gerente para indicarnos que los horarios seguían restringidos y cerraban a las 10 pm para prevenirnos y pedir antes de las 9:30 y me le quede viendo, le sonreí pero esa noticia me daba más ideas, nos apuramos en pedir una copa más de vino y postre justo antes de que cerraran el bar y cocina, entonces me levante nuevamente al baño pero solo fue el pretexto ya que entre directo a buscar al encargado y le dije muy coqueta, ¿disculpa me puedes ayudar?

    Le hice un gesto de que me siguiera y subí la escalera con el atrás de mí sin saber qué quería, subí lentamente peldaño por peldaño moviendo mis caderas lo más sexy que pude, podía sentir los ojos del encargado clavados en mi culo, llegando al privado y le dije, ¿sabes? hoy es cumpleaños de mi esposo y quiero festejarlo, sé que ya pronto cerraran, pero… me quede mirándolo a los ojos y le dije quiero darle una sorpresa y me encanto el lugar, justo iba a decir que el horario y bla, bla, bla cuando le dije te propongo una cosa, me dejas usarlo y te daré una buena propina y algo más, y claro el hombrecito sonrió y me miro, abrí mi falda solo un poco y le dije te daré propina y te regalare mis calzones ¿te parece?, me encanto ver como cambio de color de su cara y pude notar que su miembro creció bajo su pantalón jajaja, me dijo señora le quiero advertir que este privado tiene una cámara de circuito cerrado, por política no grava pero puedo ver en directo lo que sucede ahí dentro, le puse la mano en el hombro diciendo gracias, tú me avisas a qué hora podemos subir y me fui a mi mesa con mi esposo.

    El restaurant comenzaba a quedar solo, mi esposo me dijo pediré la cuenta para irnos y entonces le dije si quieres la pido yo mientras vas al baño ya que estaba el por ir, una vez que se levantó llego la persona con quien hable y me dijo ya está listo, entonces subí y nuevamente el atrás de mi ahora con nuestras copas y le pedí un pastel con velita, como los baños quedaban muy cerca del privado recién salió del baño y no se esperaba que de pronto apareció lo jale al privado y comencé a besarlo apasionadamente, el correspondió con besos y caricias, mientras le mordía su oído y le decía feliz cumpleaños amor, quiero que me hagas tuya aquí ahora mismo y sentía como se le paraba de tan cerca que estábamos, le dije no te preocupes por nada y puse sus manos en mis nalgas, comenzó a apretarlas, la puerta del privado estaba entre abierta y vi justo que venía el encargado con el pastel y velita entonces pare un momento para recibirlo, cerré la puerta y puse el pastel con la velita encendida en la pequeña mesita. Le dije a mi esposo feliz cumple amor y lo abracé fuertemente.

    Una vez soplo la velita senté a mi esposo en uno de los sillones y comencé a desnudarme lentamente y poco a poco hasta quedar solo en tanga, todo el topless lo hice mirando a mi marido pero de frente a la cámara, sabía que el encargado iba a estar mirando, tome el pastel embarrándolo en mis pechos solo un poco para ponerme encima de mi esposo en el sillón y que comiera a gusto su pastel chupando mis pechos y pezones para después desabotonar su pantalón sacar su miembro bajar sus pantalones, tomaba yo un poco de vino de mi copa y lo besaba con lengua intercambiando el vino y excitándome cada vez más, luego unte todo su tronco en el pastel y me fui a devorar mí porción de torta, fue un oral exquisito, me sentí como una actriz porno, me imagine en la pantalla del administrador haciendo sexo oral así que tome el papel con propiedad y se lo chupe como en los videos porno, me lo refregaba en la cara, le chupaba sus huevos, el tronco, la cabeza, lo chupe con furia, me sentía una verdadera puta, además dando un espectáculo por cámara, cuando note agitado a mi marido me detuve, poco a poco me ayudo a incorporarme y quede de rodillas frente a él, volvimos a tomar vino de nuestras copas, brindamos y mirándole a los ojos le sonreí, su miembro seguía ahí como un mástil, brillaba como un puñal y yo solo quería que me apuñalara, que me la clavara hasta adentro. Le dije, amor ahora le voy a dar el postre… le embetuné nuevamente el pico primero en la copa de vino y luego con el pastel, me di la vuelta, apoyé las manos en la mesa y le ofrecí todo mi culo de regalo.

    Comenzó a meterla muy despacio por mi colita y hacerme un anal delicioso con sabor a Merlot y al pastel de crema, pude sentir como su glande se abría paso, como me habría milímetro a milímetro, yo sentía la cara hirviendo, respiraba con la boca abierta, la mirada nublada, pero hice un esfuerzo y mire a la cámara, me quede fijo mirando a la cámara mientras mi marido me envestía, mi cuerpo se estremecía con cada clavada y mis tetas saltaban, con mis manos me aferraba con fuerza a la mesa, la crema del pastel actuó como un lubricante perfecto que me hacía disfrutar como una ramera en celo, me estaba culeando exquisito era toda una escena para mi esposo y para el encargado del local que seguro nos estaba viendo en su oficina, eso me tenía a mil y comencé a gritarle a mi marido, “métemela toda… métemela toda” y el así lo hizo, luego sentí como clavo sus dedos en mi culo y eyaculo largos chorros de semen que pude sentir borboteando en mi interior, eso me transporto a otro plano y tuve un orgasmo que pocas veces he alcanzado, fue maravilloso.

    Mi marido quedo extenuado, una vez se recompuso nos vestimos y le dije que se fuese al auto que yo pagaría, que no se preocupara por nada. Así fue, el bajo las escaleras con dirección al estacionamiento y yo me fui a la oficina del administrador. Estaba en su escritorio frente a su pantalla de monitor, aun no lo podía creer, me pare al lado de su escritorio y baje mis calzones en frente de él, me arremangue la falda y me senté horcajadas de frente a él, el quedo como paralizado, le tomé su mano derecha y la lleve a mi concha, rápidamente metió dos dedos y comenzó a masturbarme, yo abrí más mi piernas para que llegara al fondo, lo bese con locura, nuestras lenguas se trenzaron en una lucha furiosa, pare un instante, apoyando nuestras frentes y jadeando por la estación le dije que en la semana traería yo un pastel para que comiéramos juntos en su oficina, luego le pregunte cuanto le debía y el todo galán me dijo que nada, que estaba ya todo pagado.

    Me incorpore, tome mi calzón, me seque mi entrepierna en frente de él, me acerque le di un beso en la mejilla y le dije gracias corazón disfrútala y le entregue en su mano mi jugosa tanga.

  • Cogida express con el remisero

    Cogida express con el remisero

    Yo salía del boliche y paré un remis para ir a casa. Cuando me agacho por la ventanilla para decirle al chofer hacia donde iba veo que estaba hermoso. Trigeño, ojos verdes, musculoso, bien vestido. Así que decido subir en el asiento del acompañante.

    Apenas mueve el auto me dice que no había ni un caballero que me llevara a casa para ahorrarme el pasaje y yo aprovecho la situación y le digo «hoy no, pero mejor, porque ninguno estaba tan lindo» luego agrego un «como vos». Estábamos en el semáforo y él me dice «ah si? Vos también estas muy buena»

    Ya fue, me re mandé, total, si me decía que no era poco probable que lo vuelva a ver. Le sonrío y empiezo a frotar su pierna con mi mano y él me devuelve la sonrisa y me dice «espero no me vayas a calentar en vano, eh».

    Ese no era mi plan, así que sin decirle nada intento desabrochar su cinturón pero no puedo, así que él para en el semáforo y se lo desabrochar y saca su verga. Ya estaba parada y muy dura cuando me dice «tragatela toda».

    Yo obedientemente me tiro a comérsela hasta la base y empiezo a cabecear, llenaba su pija de mi saliva lubricándolo bien y él me decía «si, putita, dale, cómetela toda, chupapijas» Me puse más caliente, sentía como se me hinchaba la concha solo de escucharlo y un segundo después siento que estaciona el auto. Yo saco mi cabeza de entre sus piernas y me saco la bombacha para montarlo.

    Me siento en su regazo abriendo mis piernas lo más que pude y sentí la gloria penetrándome. Bajé lentamente para sentirlo todo y le dije que me rompiera toda. Él me levantó el top y el corpiño dejando mis tetas en su cara, luego me agarró de las caderas y empezó a moverme.

    Yo me lo montaba lo más fuerte que podía. Sentía toda su pija llenando mi concha y no aguanté los gemidos.

    -«Así, así. Hijo de puta rompeme toda»

    – Te voy a dejar toda abierta, putita.

    Eso era lo que yo quería. Que ese remisero me penetrara y me embistiera como un animal y eso hacía.

    – Voy a acabar.- me grita

    -Llename la concha de leche, papi

    Sentí como me apretaba las caderas y me sentaba en su verga con toda la fuerza que podía cuando sentí toda su leche caliente en con concha.

    Acabamos al mismo tiempo. Su explosión se coordinó con la mía y yo sentía como su leche chorreaba por mi raja y sus bolas. Me quedé sentada sobre su pija dura un segundo y luego me levanté para tirarme en el asiento del pasajero con las piernas lo más abierta que podía. Me ardía todo y mi concha palpitaba de saciada. Pase lo mano y sentí el resto de leche, me chupe los dedos y lo miré

    – me rompiste toda la concha

    – te gusto, putita? Me dejaste sin leche, bebé. El viaje es gratis sabes?

    – obvio jaja

    Me llevó hasta la esquina de mi casa y fui todo el camino con la concha abierta. Cuando bajé del auto apenas podía caminar.

  • Sola, en la tarde, imaginaba que él me tocaba

    Sola, en la tarde, imaginaba que él me tocaba

    Ahí estaba yo otra vez, mi mano inquieta, deseosa de sentir mi vulva… Y mi cuerpo, ya se preparaba para los placenteros espasmos. Inhalé, exhalé y cerré los ojos, me puse boca abajo y mis dedos recorrieron el medio de mis pechos y alrededor sobre el ajustado vestido de rayas.

    Mis piernas comenzaban la fricción, podía sentir cómo mi centro frotaba contra el sillón, mi temperatura se iba elevando. De repente tenía recuerdos, flashbacks de todas las manos que alguna vez me habían tocado con lujuria. Mi imaginación también hacía lo suyo y creaba escenarios con personas que me hubiera gustado que estuvieran allí.

    Mi mano derecha encima del vestido ya enloquecía a mi clítoris con movimientos circulares, mi mente se concentró en un solo pensamiento. Imaginaba que C estaba atrás mío acariciando mi espalda, mientras era él quien me pedía que me tocara, me corría el pelo y pronunciaba mi nombre, «no dejes de tocarte» me decía, y yo entre tímida pero deseosa de cumplir, lo seguía haciendo.

    Él me levantaba el vestido para agarrarme la colita, darme una nalgada y felicitarme: «Bien, María, ¿ves cómo te gusta sentirte doblegada?» ¡Cuánta razón!, me excitaba sobremanera sentirme en su poder, indefensa. En ese momento mi cuerpo comenzó a tomar ritmo, me levanté el vestido hasta mis pechos y me entangué bien la ropa interior. Solo podía pensar en C, con su ropa puesta mirándome, y yo, semidesnuda, tocándome por y para él, un sentimiento de humillación me invadió y me calentó todavía más. «Libérate, María», me decía.

    Comencé a imaginar que sus dedos empezaban a entrar en mi vagina, mientras los míos seguían ocupados con mi clítoris. Primero uno de sus dedos, luego otro y otro, entraban y salían de mí y eso me volvía loca. «¿Te gusta, María? por lo mojada diría que sí». Me pedía que abra las piernas un poco y bajaba la intensidad de la penetración, pero el estar así de abierta para él me mantenía caliente, y me hacía sentir una puta, su puta.

    Como si me hubiera leído la mente me diría: «sos muy puta, María, muy puta». El solo pensarlo hizo que explotara de placer. De repente me encontré diciendo en voz alta: «sí, C, soy muy puta, cógeme por favor». Apreté mis ojos y me lo imaginaba dedeándome otra vez fuertemente «¿así?» me preguntaba, la sensación fue tan real que jadeante terminé por retorcerme y hundirme en ese extasioso orgasmo que estaba buscando…