Autor: admin

  • Casada abusada en su casa por un extraño

    Casada abusada en su casa por un extraño

    Adolfo y su yerno estaban sentados en dos tumbonas del jardín de la casa de pueblo del primero. Tomaban dos ginebras con tónica y le decía el yerno:

    -… Que no, Adolfo, que es una remilgada y del misionario no sale, y aún le cuesta. La criasteis mal, muy mal.

    -La criamos para que no fuese una puta. ¿Aún no le comiste…?

    -No, no me deja bajar al pilón, para ella eso es una indecencia. Voy a pedir el divorcio.

    -¿Se lo has dicho a ella, Javier?

    -No, no lo entendería, para ella el matrimonio es sagrado.

    -¿Ya no la quieres?

    -La adoro, por eso antes de engañarla con otra…

    Adolfo, que era un cuarentón, moreno, con el pelo cano y aún de buen ver, interrumpió a su yerno veinteañero.

    -Viólala y hazle de todo. Seguro que le metes el vicio en el cuerpo.

    Javier se quedó mirando a su suegro con cara de asombro.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Que violes a mi hija.

    -A ti te hizo daño la ginebra.

    -Si la adoras cómo dices bien puedes violarla por un bien mayor

    -¡Tú estás loco!

    -¿Quieres que te diga cómo hacer que el misionero pase a la historia?

    -No voy a escuchar las barbaridades que se te puedan ocurrir.

    Adolfo levantó el vaso, lo miró y dijo:

    -Ser o no ser, esa es la cuestión.

    -¡Qué mal Hamlet harías!

    Adolfo volvió a levantar el vaso y dijo:

    -To be or not to be, that is the question.

    Javier se echó el alma a la espalda.

    -A ver, habla, qué harías tú si estuvieras en mi lugar.

    Adolfo acabó diciendo:

    -… Esto tiene un inconveniente, Javier.

    -Los tiene todos, pero… ¿A cuál te refieres tú?

    -Que Noelia te oculte la violación. Ya no la volverías a mirar igual.

    -No me la va a ocultar porque no la voy a violar. Tú vives el mundo del despropósito.

    Noelia era una mujer de 23 años, morena, de ojos azules, cabello negro medía 1.66, pesaba 60 kilos de peso, sus tetas eran medianas tirando a grandes, su culo gordo y prieto y sus caderas anchas.

    Eran las once de la mañana, Noelia estaba en la habitación de la plancha doblando unas piezas de ropa. Un intruso llegó por sus espaldas, le tapó la boca con una mano, mano que cubría un guante negro, y con voz ronca, le dijo:

    -Si chillas cuando te suelte te estrangulo.

    Le quitó la mano de la boca, Noelia se dio la vuelta y quiso pegarle una patada en todos los huevos a aquel tipo vestido de negro, con la cara cubierta con una máscara de goma del mismo color que sus ropas y con gafas de sol con cristales también negros. El intruso le paró la patada, la cogió por el cuello, levantó la mano, y con voz ronca le dijo:

    -No te lo vuelvo a repetir, resístete y te estrangulo.

    Noelia cogió miedo. Temblando le ofreció lo que pensaba que venía a buscar.

    -El dinero está en el armario de la habitación de matrimonio.

    El intruso le dijo:

    -He venido a robar y a por ti. Hace tiempo que te deseo. Pórtate bien y no te pasará nada.

    Al acabar de hablar le desgarró el vestido y el sujetador blanco que había quedado al descubierto. Noelia no le dijo nada, tenía miedo de que le cayese una trompada. Acabó rasgándolo de todo y la dejó en bragas blancas y zapatillas marrones. La puso cara a la pared y le quitó los restos del vestido, el sujetador y le rompió las bragas por los dos lados, luego le abrió las piernas con sus grandes manos. Le agarró las tetas. Le lamió los dos lados de la cara, después le besó el cuello… Bajó besando y lamiendo la espalda, abrió su gordo culo con las dos manos y sin lamer le clavó la punta de la lengua en el ojete.

    -No, por favor, no me hagas eso.

    Siguió follando su culo con la lengua… Noelia se puso cachonda y su coño comenzó a lubricar. Al ratito el intruso vio que Noelia tenía el interior de sus muslos mojados, y le dijo:

    -Date la vuelta que te quiero comer el coño.

    -No, por favor -dijo dándose la vuelta-, no me hagas eso.

    La cogió por la cintura con su mano izquierda y comenzó a lamer su coño al tiempo que jugaba en su ojete con la yema del dedo medio de la mano derecha.

    Noelia, sin poder evitarlo, comenzó a gemir en bajito. Adolfo le dijo:

    -Me gusta que te guste.

    Noelia, echando la pelvis para que la lengua se apretase con su clítoris, seguía diciendo lo contrario de lo que le quería que le hiciera.

    -Déjame, por favor, déjame.

    Poco después entregó la cuchara. Le echó las manos a la cabeza al intruso, la apretó contra su coño y se corrió en su boca gimiendo en bajito. Le tembló todo el cuerpo, pero esta vez no era de miedo.

    Al acabar de correrse, el intruso, con su voz ronca, le dijo:

    -¿Tienes Nocilla?

    -Creo que no.

    -Pena, te iba a comer enterita. ¿Y mantequilla?

    No le preguntó para qué la quería, le respondió:

    -En la cocina.

    El intruso levantó la manopla, y le dijo:

    -¡Tira para la cocina!

    Noelia no esperó a que la bajara, echó a andar. Al llegar a la cocina fue a la nevera, cogió la Nocilla y la mantequilla y las puso sobre la encimera.

    El intruso al poner la Nocilla sobre la encimera, después de haberle dicho que creía que no la tenía, supo que quería que la comiera viva. La cogió por las axilas, la sentó en el medo la mesa, y le dijo:

    -Acuéstate sobre la mesa.

    Noelia obedeció. El intruso cogió Nocilla con un dedo y la untó en sus labios, cogió más y cubrió sus pezones y areolas, y luego hizo lo mismo con su ombligo y con su clítoris. Hecho todo esto le dijo:

    -Echa la lengua fuera.

    Al echar la lengua fuera sintió el sabor de la Nocilla. El intruso le chupó la lengua y besó sus labios. Noelia le devolvió los besos, después su lengua lamió el pezón izquierdo, lo aplastó con la lengua, lamió la areola, chupó la teta y volvió a la boca. Posó sus labios sobre los de Noelia y ya fue ella quien le comió la boca a él. Después lamió el otro pezón, lamió la otra areola, chupó la otra teta y de nuevo volvió a su boca. Lo mismo hizo al limpiar su ombligo de Nocilla. Cuando bajó al coño ya había una pequeña charca de jugos sobre la mesa. Le lamió el clítoris y mientras lo hacía la charquita se hizo más grande. Noelia ya gemía con ganas. El intruso sabía que la haría correr cuando quisiera, y al rato lo hizo, lamió su coño encharcado de abajo a arriba, luego aplastó su lengua contra el clítoris y lamió transversalmente cada vez más aprisa. Noelia se corrió y la charquita se hizo lago mientras se retorcía de placer.

    Al acabar de correrse la volvió a besar. Noelia le devolvió el beso, ahora lo hizo tiernamente.

    Noelia se sentó en la mesa. El intruso fue a la nevera, cogió un cartón de leche y a morro le echó un trago largo, después sacó la polla, una polla gorda y morcillona, y le dijo:

    -Úntala con mantequilla.

    Noelia bajó de la mesa, cogió mantequilla con dos dedos, se puso de cuclillas y la untó en la polla.

    -Menéala.

    Noelia le masturbó la polla. Poco después, le dijo:

    -Chúpala.

    De nuevo dijo que no a lo que estaba deseando hacer.

    -Eso no, chupar no.

    Se quiso levantar, el intruso le puso una mano sobre la cabeza y levantó la otra. Amenazaba con darle.

    -¡Chupa, coño!

    Noelia metió la polla en la boca e hizo lo que pudo, ya que nunca se la había chupado a nadie. Cuando vio que se puso dura también se puso ella cachonda de nuevo, pues no era tonta y sabía que la polla acabaría dentro de su culo, lo que no contaba era que el intruso se corriera tan rápido. Al sentir el primer chorro de leche quiso quitarla de la boca, pero el intruso no la dejó, le agarró la cabeza y no le quedó más remedio que tragarla.

    Después de descargar en su boca la puso de cara a la encimera, untó mantequilla en un dedo y se lo metió dentro del culo, a ese dedo siguieron dos, después tres… Cuando tenía el culo bien engrasado le dio la vuelta, le untó en las tetas la mantequilla y después se las magreó y se las comió bien comidas. Luego su boca buscó la de Noelia la encontró con ganas atrasadas de besar. Noelia le metió la lengua en la boca, echó sus brazos alrededor de su cuello y lo devoró, después, sin perder contacto visual, le cogió la polla y la llevó a su coño mojado. El intruso la cogió en alto en eso, la arrimó a la pared, y después le metió la polla hasta las trancas y le dio caña de la buena. Pasado un tiempo Noelia paró de comerle la boca, para decirle:

    -Me voy a correr.

    El intruso se la quitó del coño y se la frotó en el ojete.

    -Por el culo no, no seas malo.

    Fue malo, le metió la puntita, la sacó, la volvió a meter, la volvió a sacar… Cada vez entraba un poquito más y al final entró el glande. A Noelia le dolió.

    -¡Me acabas de romper el culo!

    -No me rechistes que te la meto toda de un leñazo.

    La expresión «leñazo» solo la usaba una persona que Noelia conocía muy bien. Ganas le dieron de agarrarle los huevos y apretar fuerte, pero le estaba gustando lo que le hacía, así que decidió seguir gozando.

    El intruso sacó la polla, la volvió a untar con mantequilla, y de nuevo le metió y sacó la puntita varias veces antes de que Noelia, cachonda cómo una perra en celo, empujara con el culo y metiera el glande dentro de su culo… Al rato con toda la polla dentro de su culo descargó cómo una zorra, diciendo:

    -¡Me corro!

    Se la quitó del culo y se la volvió a meter en el coño. La echó encima de la mesa mientras se corría y se convulsionaba y le siguió dando caña brava hasta que se volvió a correr.

    Noelia ya estaba desatada. Bajó de la mesa, le puso una mano en a cabeza al intruso para que se agachase. El intruso se agachó pensando que quería que le volviera a comer el coño, pero no era eso lo que quería, al tenerlo en cuclillas lo empujó e hizo que se echara sobre el piso de la cocina. Lo montó, cogió la polla, la metió en el coño y comenzó a follarlo a toda mecha con la idea de hacer que se corriera, pero poco después con las tetas al viento, volando descontroladas, le vino a ella. Se quedó quieta, y gimiendo cómo si estuviera muriendo le bañó la polla de jugos al intruso.

    Al acabar de correrse el intruso se la frotó en el ojete y la miró. No sabía si meter o no. Noelia le dijo:

    -Mete, papá, mete y córrete dentro que por ahí no hay peligro de que quede preñada.

    El intruso le dijo:

    -No soy tu padre…

    No lo dejo mentir más.

    -Calla, papá, calla y mete.

    Adolfo se quitó la máscara, y dijo:

    -Habrá que callar y meter.

    Quique.

  • El regalo: Un antes y un después (Tercera parte)

    El regalo: Un antes y un después (Tercera parte)

    —Y… ¿Ahora qué hago? Pensé a quien acudir, obviamente a mi esposo ni hablar. ¿Alguna compañera de oficina? No, claro que no. Dejaría en evidencia a mi jefe y eso sería imperdonable.

    Necesitaba… Me urgía despertarlo y traerlo de vuelta de su embriaguez. ¿Pero cómo? ¡Una bebida energizante! Si obviamente. ¡Mierda! Él las detestaba. Entonces… ¿Algo de comer? ¡Sí, eso podría ser! Un buen plato de sopa caliente, especulé y sonreí por mi brillante idea. Sin embargo, su brazo seguía abarcando mi cintura, su cara vuelta hacia mí. No roncaba pero si emitía ligeros sonidos, palabras enredadas, cortas y espaciadas en medio de sus ebrios gruñidos. Con sumo cuidado retiré su brazo y me fui colocando en pie, necesitaba llamar a recepción y pedir servicio al cuarto. De la mesita auxiliar tomé el blanco teléfono y descolgué.

    Escuché la voz de aquella mujer de la recepción y le pedí que por favor me hiciera llegar un desayuno, con un buen plato de sopa caliente. Me leyó el menú y opté por un cocido madrileño y para mí, una taza de buen café. ¡Lo necesitaba con urgencia! Al terminar el pedido, levanté del piso aquel estropicio. Su chaqueta la colgué en el armario y los pantalones… ¿Se los pongo? Preferí dejarlos doblados al extremo de la cama. Levanté los zapatos y los acomodé en el fondo de aquel guardarropa. Lo miré durante unos minutos y no me decidía a moverlo. Tomé con mis dedos delicadamente un borde de sus pantaloncillos, creyendo que estaría bien si se los acomodaba. Estaba yo en esos menesteres cuando tocaron a la puerta. Desistí y me encaminé a la puerta para recibir el pedido.

    Un joven de aspecto marroquí, pretendía entrar con su carrito y el desayuno, al interior de la habitación. Con mucha pena de mi parte le obstaculicé la entrada, y de un bolsillo de mi traje, tomé un billete, se lo entregué como propina y me hice dueña de aquél pedido. Lo ingresé con prisas dentro de aquella habitación, para posteriormente cerrar con apuro la puerta.

    Al darme la vuelta, ya don Hugo se había cambiado de posición y ahora si me ofrecía una vista de su fisiología frontal. Sus cabellos revueltos, sus ojos cerrados y la boca entreabierta, dejando escapar un hilo fino de saliva. La camisa apenas cerrada con dos o tres botones y la corbata a medio desanudar, enredada por el cuello, –larga tela de fina seda– estirada hacia su costado izquierdo. Los laterales de la camisa se abrían hacía uno y otro lado de su tronco. En su pecho un poco de vello oscuro, tan parecido a Rodrigo en eso. El abdomen con algo de panza, subiendo y bajando al compás tranquilo de su respiración. Y debajo de su hundido ombligo, una secuencia de vellos, a modo de lujurioso camino, que descendía en sensual desorden hasta su pubis, cubierto de grueso pelambre negro. ¡Pufff! Me quedé fijamente observando el resto de su cuerpo desnudo.

    Tenía él, un pene flácido de tamaño normal y de un tono más oscuro que el resto de su blanca piel, eso sí, debidamente circuncidado. El glande era como una seta grande y rojiza, sus testículos se me antojaron más abultados que los de mi esposo. Estaba absorta mirando su sexo cuando abrió los ojos y me extendió sus brazos, llamándome por mi nombre…

    —¿Sil…via? —Y me acerqué nuevamente hacia él. Me senté en el borde de la cama, al costado y le tomé de sus dos manos. Pero don Hugo con fuerza, me atrajo hacia él, tomándome por sorpresa.

    —¿Porr… queee, Silviaaa? Meee trai… cioonoo. —Jefe, por favor, suélteme. –Y él empezó a llorar–.

    Logré zafarme de su abrazo, incorporé mi cuerpo pero seguí allí, de medio lado sentada, observando la pena y el dolor de aquél hombre en ruinas.

    —Jefe, por favor… ¡Tranquilícese! No llore más. —Pero él continuaba dejando escapar entre sus jadeos, una y mil lágrimas.

    —A ver, venga. Ayúdeme a acomodarlo y se toma esta sopa caliente. Por favor, no puede seguir así, aquí derrotado. Venga don Hugo, usted no es de aquellos que se dejan vencer tan fácilmente.

    Lo tomé por debajo de sus brazos, intentando alzarle, más por su peso y la posición en aquella cama, yo no lograba incorporarlo. Me acerqué a su rostro y acariciando su frente le di un beso en su mejilla.

    —Don Hugo, colabóreme un poco que usted pesa demasiado. —Pero nada, no reaccionaba, solo lloraba y suspiraba–.

    —¡Por quee Sil…viaa! Siii yioo la… amabaa. —Era lo único que yo le entendía cuando hablaba en su borracho y enredado dialecto.

    Por fin, abrió sus ojos y me miró. Pasó su antebrazo por el rostro, retirando la humedad en ojos y mejillas, seguramente con la intención de volver de la embriaguez de su desgracia, hacia la calmada compañía que yo le ofrecía, en esa nueva realidad. Se apoyó torpemente en sus codos y entonces aproveche para ayudarle a recostar su espalda contra el cabecero de la cama. Deslicé una almohada detrás de su cabeza, le retiré del cuello aquella roja corbata; acomodé lo mejor posible su camisa y tomé en mis manos la sopa, con la plateada cuchara en su interior.

    Una y dos. A la tercera hizo un gesto de agrado y me regaló su grisácea mirada. ¡Sonrió!

    El nivel del cocido ya iba por la mitad, cuando tosió y escupió entre arcadas lo que acababa yo de darle con la cuchara. Rápidamente dejé el plato en la bandeja y mi jefe a trompicones se puso en pie, buscando de manera confusa el lugar donde se hallaba el baño. Cayó al piso de rodillas al tercer paso, había pisado la tela de su pantaloncillo y se fue de bruces sobre la alfombra. Entonces me apresuré para ayudarle a levantarse. Recostado su brazo derecho por sobre mis hombros, como pudimos dimos los siguientes pasos y lo acompañé hasta dejarle de rodillas frente al blanco inodoro. Allí descargó toda la bebida, revuelta con los restos de comida. Me aparté de él, con mi mano derecha tapando boca y nariz, totalmente asqueada, me di vuelta para no mirarle y darle un poco de privacidad.

    Era una imagen triste y penosa, ver allí a mi jefe, vencido y sin fuerzas, con su mirada perdida, pálida su piel como un cirio pascual, sudoroso en la frente y temblores por todo su cuerpo. Meditaba yo que más hacer para recomponerlo. Lo necesitaba lucido, para irnos a la oficina y concluir con su firma el informe pendiente por enviar. ¡Mierda! ¡La oficina! Mi bolso, mi teléfono…

    —¿Hola? ¿Amanda?…

    —¡Silvia! mujer… ¿Pero dónde coño estas metida? Estas de suerte, el gruñón aún no se aparece, pero apresúrate, puede aparecer en cualquier momento y donde no te vea aquí…

    —Tranquila Amanda, estoy con él. —Le conteste pausadamente.

    —¿Qué? ¿Cómo así? Tanto tiempo con él. ¿Qué están haciendo? —¡Puff! Si ella supiera.

    Tiempo era lo que no tenía, sin creérmelo no me di cuenta de la hora. Como transcurren los minutos de rápido cuando estas ocupada y distraída en otras cosas… ¡No! No puede ser. El colegio, mis hijos… ¡Rodrigo!

    —Amanda, después te cuento, ahora no puedo. Ehhh, mira, asegúrate de cerrar bien la oficina. En un rato llegó y recojo mis cosas. Mañana nos vemos temprano. ¿Todo quedo preparado? —Si por supuesto. ¿Está todo bien? —Me preguntó algo preocupada–.

    —Todo bajo control. Nos vemos mañana. —y colgué la llamada.

    Dios mío y ahora ¿A quién llamo? Primero a mi madre y luego a mi esposo. Rápidamente marque al móvil de mi mamá y sin dejarle casi hablar le inventé una excusa peregrina y luego pedí el favor de que pasara por mis hijos al colegio y que en la noche se los llevara a Rodrigo.

    Llevé mis ojos hacia el baño, donde mi jefe continuaba tirado en el piso. Sin reaccionar y yo, tratando de calmar mi angustia y mi temor, llamé a mi esposo.

    — ¿Quieren ver a que me dedico en mis tiempos libres? —Nos preguntó Almudena mientras nos entregaba las copas de Brandy. —Por supuesto que sí–. Contestamos al unísono Paola y yo.

    Y se dio vuelta para ascender por las escaleras, con nosotros dos siguiéndola. No supe si fue por el alcohol ingerido, si fue un accidente o una patraña de ella, pero al ir por el tercer escalón, perdió un poco el equilibrio y yo alcancé a tomarla con mis manos por sus nalgas, favoreciéndola de caer de espaldas. La diferencia de altura entre los dos, me impidió que la tomara de más arriba, como sería lo correcto. Me puse colorado, me disculpé con sinceridad pero ella no se inmutó y me dio un ligero beso en la boca a modo de agradecimiento. Paola me miró bastante sorprendida por aquel gesto, y pues también yo. Ella, Almudena, continuó su cadenciosa ascensión y yo embelesado, observando sus piernas torneadas y su acaramelado bronceado, esperando ver un poco más allá. Pero un fuerte carraspeo se escuchó tras de mí. Era Paola, que observó la situación.

    —¡Ajá nene, se te van a salir los ojos de las orbitas, de tanto mirar! —Y me reí por su oportuno comentario–. Paola se acercó aún más a mí y muy suave al oído me dijo: «La señora como que quiere armar una comparsa contigo y luego llevarte de carnaval».

    Y justo en eso llegamos al segundo nivel y a la izquierda un vasto estudio de pintura con un amplio ventanal. A los costados tres caballetes portátiles, dos mesitas de madera. Un gran anaquel con diversos utensilios y algunos pinceles recientemente usados sobre una amplia mesa de dibujo, junto a varios tarros de acrílica pintura. Tableros de lienzos blancos, un cuadro a medio terminar y al fondo un cómodo diván, con un taburete alto a su lado y una estilizada lámpara para ofrecer iluminación artificial. Allí se sentó Paola, de medio lado ofreciéndonos, gracias a la abertura de su falda, una vista amplia de sus hermosas piernas. ¡Toda una modelo!

    Recuerdo que esa tarde me acerqué hasta la mesa de dibujo, donde entre acuarelas, trozos de carboncillos y olor a aguarrás, pude apreciar algunos bocetos, cuerpos desnudos de mujeres sin rostro, en poses eróticas y en otra hoja debajo de aquellas, la figura de un hombre con su cabeza cubierta por una capucha y su torso cruzado por cintas simulando ser de cuero y con taches de metal, sosteniendo en su mano un látigo o una fusta de cuero, de aquellas usadas en equitación.

    —¿Te gusta lo que ves? —me dijo Almudena, recostada ya en aquel «chaise longue» de rojo terciopelo, bebiendo sensualmente de su copa.

    —La verdad me parece interesante. Trabajas muy bien los trazos, imprimes delicadeza en las figuras y los contrastes de luz… Mucha sombra y tan poca luz. La temática es un poco sado. ¿Lo haces por gusto y placer o pintas por encargo? —Le respondí a Almudena mientras daba pocos pasos, hasta acercarme a un tornamesa que estaba sobre una mesita cercana. En él estaba colocado un disco de negro vinilo, con una circular etiqueta que obviamente yo reconocí.

    —¿Puedo? —Le dije a Almudena mirándola, y sin esperar su respuesta encendí el aparato y coloqué suavemente el delicado brazo y su aguja de diamante sobre los surcos que giraban ya, a las revoluciones adecuadas.

    La música invadió el ambiente. Paola me miró con cara de circunstancia, seguramente al desconocer aquella melodía.

    —¡No puede ser! ¿Es en serio?… ¡Bilitis! ¡Pufff! —Y suspiró emocionada, descendiendo de la silla y acercándose a donde yo me encontraba.

    —¡Me encanta Rodri! Tanto tiempo sin escucharla. ¡Ajá nene! sube un poco el volumen. —Me dijo aquella rubia, sorprendiéndome a mí y también a Almudena, que aplaudió la efusividad de la Barranquillera.

    —No jodas Paola, ¿es verdad? Me sorprende que la conozcas. ¿Algunas buenas remembranzas? —Le pregunté, mientras yo daba un sorbo a mi copa del cálido Brandy.

    —Hummm, tantos recuerdos hermosos de Barranquilla. Estudié todo mi bachillerato en un colegio femenino y ¡Ajá! tuve allí mi primer amor. —Paola miraba al tocadiscos mientras nos comentaba. Ella también bebió el último trago de su licor, para apreciar después el aroma a madera de roble, vainilla y coco, al acercar su copa vacía hasta las fosas nasales de aquella preciosa y recta nariz. Impreso en el borde, permanecieron las huellas de sus apetecibles labios, en un difuminado carmín.

    —Una novicia, tímida y como tú mi «rolito», nacida en la sabana. —Me dijo sonriendo para luego girarse y observar a Almudena–. Ella fue el beso primero Rodri. Las escondidas miradas, disimuladas sonrisas y las delicadas e inexpertas caricias nacientes. La mujer con quien desperté al sexo… Ella fue mi tierna y prohibida iniciación.

    Almudena se puso en pie, recompuso el largo de su veraniego vestido y sin decirnos nada, bajó nuevamente por las escaleras hacia el piso inferior. Paola se acercó a una puerta a la derecha de aquel estudio, que en penumbras, estaba entre abierta. Y fiel a su estilo libre y osado, dio un leve empujón, permitiéndonos observar en algo su interior.

    —Esa es… «La habitación del pecado». —Era la voz de la dueña de casa, que nos hablaba desde la entrada al estudio, traía en sus manos la botella de Brandy y un plástico envase mediano de Coca-Cola. Paola se sintió pillada, volteó su cara hacia la voz que nos describía lo que se podría hallar en aquel cuarto, si persistía en continuar. Más aun así, dándose vuelta dio un primer paso dentro de aquella habitación.

    — ¡Ten cuidado corazón! —Se escuchó de nuevo la aguda voz de Almudena, advirtiéndole a Paola, un futuro incierto si proseguía adelante. —Es muy probable que sí entras, ya después no desees salir.

    Y fui yo, quien bastante sorprendido, me voltee para observar el rostro de aquella mujer tan segura, elegante y ahora… ¿Demasiado intrigante?

    En aquel instante el sonido y la vibración de mi teléfono móvil, llamó mi atención. Miré la llamada entrante y era Silvia. ¡Juepu…! Por estar en esos jueguitos, se me había pasado por alto llamarla después de almorzar y ahora eran pasadas las cuatro de la tarde. Seguramente estaba por salir a recoger a los niños del colegio…

    —Hola mi amor. Lo siento mucho, me «encarreté» haciendo una visita a un cliente y se me pasó el tiempo. Perdóname. ¿Cómo estás?

    —¡Bien mi vida! Discúlpame tú a mí también. Aquí en la oficina tenemos mucho por hacer. —Mentí inmisericordemente a mi marido–. —Mientras tanto no dejaba de observar la desnudez desparramada de don Hugo en aquel baño.

    —Mi amor, hoy también me voy a demorar un poco. Te llamó para avisarte que hablé con mi mamá. Le pedí el favor de recoger a los niños y luego por la noche como a las siete y media, llevártelos hasta el piso. ¿Será que no te molesta esperarlos e ir preparando algo de cenar?

    —Perfecto mi cielo. No te preocupes, yo salgo de aquí para nuestro apartamento y miro a ver que me invento de comida. Ya sabes que a mí se me quema hasta un agua hervida, pero intentaré preparar algo medianamente comestible. Que tal… ¿Pasta con atún y tomate? ¿Te parece bien?

    —¡Jajaja! Por supuesto, por mí no te preocupes que más tarde Amanda solicitará algo de comer. —Y en esos momentos vi como mi jefe trataba de levantarse apoyándose del lavabo, para luego resbalar y caer nuevamente, haciendo ruido al golpearse contra la cerámica del piso.

    —¿Silvia estas bien? ¿Que fue ese ruido?

    —Nada grave mi vida. Aquí que me tropecé con un archivador y se cayeron unos folders. Te tengo que dejar amor. Un beso y cuídate mucho. Hasta más tarde.

    —Chao mi vida. Que te rinda. ¿No quieres que te recoja más tarde en tú oficina?

    —No, no… ¡Ehh! no te preocupes. Yo pido un taxi. Bye.

    —Hasta la vista Baby. Un beso también.

    Y allí me quedé pensando, recordando aquella medianoche del viernes anterior. Silvia también se había demorado en llegar por culpa de no sé qué informes importantes. También esa noche me había quedado con mis hijos. Por no cocinar pedí una pizza extra grande y dos litros de Coca-Cola. Extrañamente después de marcarle a su móvil en la noche, no lo contestó. Dejé un audio en el buzón. Le envié un mensaje de texto pero nunca respondió.

    Acosté a los niños y me puse a «canalear» en la tv de la sala, esperándola. Hasta que dieron las doce y sin pensar en nada malo, salí al balcón para fumarme el último cigarrillo de aquel día, sin cervezas en el “Juli” como lo había planeado, pues primero estaban los deberes del trabajo y a Silvia todo se le había acumulado encima.

    Recuerdo qué me devolví hasta el mesón de la cocina para servirme otro vaso de aquella bebida gaseosa y me regresé hasta apoyar una mano en las barandas del balcón. No hacia frio y el cielo estaba despejado, pero al observar hacia abajo, –en la entrada al edificio– me congelé al ver como mi esposa descendía de un vehículo con prisa, como asustada o nerviosa, no lo sé bien. El auto negro era uno de alta gama, de marca alemana y con los vidrios oscurecidos. Debido a la distancia y oscuridad, no me permitió una clara visión de quien lo conducía.

    Cuando Silvia abrió la puerta de nuestro piso, se sorprendió al verme allí. No me dijo nada de eso ni nada le insinué. Solo la abracé con miedo, con esa extraña sensación en la boca del estómago y la sangre palpitándome en la sien. La besé con algo de pasión, pero su beso me supo extraño, ¡No! no el sabor de sus labios. Era… era como si estuviese besando a otra mujer. Y ahora esta llamada, tan similar a la de aquella vez. Palpitaba mi corazón alocadamente y en mi mente, se empezaron a dejar caer recuerdos de un amargo ayer.

    Bueno con todo aclarado y cubierto, –eso creí estúpidamente– me dirigí hacia el baño para arrodillarme junto al cuerpo desvanecido de mi jefe.

    —¿Don Hugo?… ¿Jefe? Por favor no me haga esto. ¡Despierte ya! —Y desesperada comencé a zarandearlo de un brazo, pero nada, el pobre hombre solo balbuceaba palabras sin sentido.

    Una solución rápida. ¿Pero cuál? ¡Dios mío ilumíname! Y entonces me fijé en la ducha. Pues claro, eso era. ¿Agua caliente o fría? ¿Caliente para dormir o fría para despertarlo ya? Fría, sí. ¡Definitivamente! Como pude, me di mañas para llevarlo hasta acomodarlo bajo la ducha. Humm, no podía abrir el grifo y mojarle todo. Ni modos, ya entrada en gastos pues… ¡Tocará!

    —¿Jefe?… ¿Don Hugo? Mire, escúcheme bien. Esto le va a salir caro. —Y mientras le hablaba, iba desabotonando su camisa, retirándola con esfuerzo para sacársela de los brazos y luego dejarla en el piso tras de mí. Sus medias también y claro cómo no, sus pantaloncillos por igual. Todo tan… ¿Fácil?

    —Me va a tener que dar un buen aumento de salario en contraprestación por estar arriesgando mi matrimonio. –Le dije alzando el tono de mi voz, acercándome a su oído derecho.

    Con cuidado giré la perilla y de la regadera surgió un torrente de agua fría que cayó sobre su cuerpo. Parecía haber dado resultado. Movió la cabeza de un lado para el otro y sus manos, las elevó tratando de resguardarse de las gotas heladas. Me estaba salpicando, así que me aparté un poco. De repente me sentí optimista, pensé que aquella ducha, traería de vuelta a la realidad a mi jefe con prontitud. ¡Equivocación! él seguía allí tirado, encorvado en posición fetal, sin reaccionar. ¡Maldición!

    No había nadie allí que se diera cuenta y mi jefe en su borrachera, no repararía en lo que yo me aprestaba a realizar. Me despojé de la chaqueta de mi negro traje sastre, desabotoné mi blusa satinada y la fui acomodando sobre la tapa del bidé. Luego bajé la cremallera lateral de la falda gris. Me deshice de los zapatos y con cuidado de no romperlas, mis medias veladas fueron a parar encima de la falda y de mi chaqueta. Me miré en el redondo e iluminado espejo y me vi ridícula, sonreí sin querer, al mirarme allí en aquella atípica situación; semi desnuda en un baño junto a mi jefe, aquel hombre desnudo y traicionado por su esposa. Mi sujetador blanco «push up», regalo de mi esposo como casi toda mi ropa interior, realzando mis medianos senos. Las bragas que yo tenía puestas, eran de un azul claro en algodón, para nada transparentes y del tipo bikini. Estaba cercano el día en que me bajara el periodo, así que de sexi, nada.

    Pufff, suspiré y tomé una bocanada de aire que me diera valor e impulso. El frio me invadió casi de inmediato y empecé a tiritar. Pasé mis brazos por debajo de las velludas axilas de don Hugo y con fuerza, apoyándome en la pared interior, fui enderezando su cuerpo hasta lograr ponerlo medianamente en pie. Mi jefe y yo bajo una ducha fría, recibiendo la lluvia de la regadera, abrazados durante no sé cuantos minutos. Pareció reaccionar, me miró y…

    —¿Mar… tha? —De improviso me habló, pero sin mirar.

    —No señor, Silvia, jefe. Soy yo, Silvia.

    —¿Sil… via? ¿Miii ángeeel? —Sí señor, su ángel. —Le respondí yo, mientras pasaba mi mano por sus cabellos húmedos, apartándolos de su rostro. Sus ojos grises, ya no estaban tan enrojecidos. ¡Me sonrió!

    Y se abrazó fuertemente a mí. Recostó su quijada partida a la mitad sobre mi hombro y pude sentir su barba picando mi piel y su aliento calentando la mía, obviamente aquel aroma a alcohol y comida persistía en su boca. Pero no, no me dio asco. Al igual que el giré mi cara hacia el lado opuesto y la apoyé en su pecho. Podía sentir el latir de su corazón, el seguramente el mío, al estar tan juntos. El agua recorría medio lado mío. El cabello se me empapó y los minutos gastados en el alisado del domingo, se fueron a la mierda. Don Hugo fue recobrando de a poco sus sentidos y yo percibí un ligero movimiento en mi vientre. Se le estaba endureciendo su pene y me arrepentí de estar así. ¡Tan juntos!

    Aparté mi cintura pero al hacerlo una pierna suya se metió en el medio de las mías. Y a pesar del agua fría, sentía el calor y la firmeza de su muslo rozando mi piel. Aquello no podía seguir así. Era demasiada intimidad, pero mis brazos desobedientes, permanecieron allí, rodeando su espalda, aferrándome a él. Tantos años de duchas dadas junto al mismo hombre, un cuerpo tan mojado y conocido, en un principio tan erótico y sensual, baños de tibia agua y de placer deseado y buscado, ahora vueltos tan comunes y distanciados por la rutinaria realidad tan familiar. ¿Cuándo dejamos que se volviera tan monótona y fría? ¿Cómo fuimos dejando que ingresara en nuestras vidas, la calmada indiferencia?

    Y bajé mi mirada hasta observar el tamaño de su pene rígido, grueso y de tamaño diferente, color distinto, de un largo similar al de mi esposo y las venas marcando el contorno hasta llegar a coronar la punta de aquel rosado glande. Un cuerpo distinto al que yo me abrazaba, mi maquillaje desvanecido por las gotas, apartando en su constante deslizar, de mi mente la imagen de mí esposo. Sus manos grandes abarcando mi espalda. Una de ellas tomándome de la parte superior, la otra abierta por debajo de mi cintura. Un dedo muy cercano al comienzo de mis nalgas, como enseñando el camino hacia un destino indebido. Los demás manteniendo ligera presión sobre mi piel. ¡Para no distanciarnos tanto!

    En mi interior, un sentimiento empezó a fluir. ¡Placentera sensación de mujer deseada! ¡Angustia! por dejarme acariciar de otro hombre, inadecuado él, vedada yo. Pero me sentí halagada, por aquella virilidad exhibida por estar el allí, conmigo. Don Hugo echó hacia atrás su cabeza, recibiendo en su cara la cascada de agua, abrió su boca y le permitió la entrada. Tomó un sorbo, largo y la lluvia de la regadera escurría por su frente, acariciando su varonil rostro, descendiendo liberados hilillos hasta su boca, mojando aquellos labios antes resecos. Humedecida su quijada y las gotas gruesas, caían como rendidas sobre su amplio pecho. Luego me observó detenidamente, sin sorpresa alguna en su mirada. Una agradecida sonrisa se dibujó vasta, mostrándome su blanca y perfecta dentadura.

    —¡Ufff! Gracias Silvia. —Y acercó lentamente su boca a la mía. Entreabierta, húmeda con gotas de agua introduciéndose continuamente en ella, tan mojadas como yo. ¡No! no más besos.

    Aparté mi rostro y con firmeza me separé de él. Me di vuelta y salí del escaso espacio de la ducha. Tomé una toalla grande del anaquel inferior y se la alcancé con mi brazo estirado pero sin mirarle, dándole la espalda. Luego tomé otra para mí. Don Hugo permanecía allí de pie sin cerrar el grifo. Embobado escrutando mi cuerpo, de arriba hasta abajo. Me envolví rápidamente en la suave tela y acercándome hasta él, estiré mi brazo y mi mano dio el giro necesario para cerrar la llave. El agua dejó de caer sobre él y de su mano tome la toalla y luego de esa misma, lo jalé hacia fuera.

    El muy sumiso y obediente, avanzó tres pasos y yo empecé a secar su pecho, los hombros, sus fuertes brazos y el vientre después. Me detuve allí para luego hacerme por detrás y pasar la toalla por su ancha espalda, despacio bajé mis manos envueltas en la tela y froté sus nalgas. Me arrodillé y sequé sus muslos, pantorrillas por igual, hasta llegar a sus tobillos y pies.

    Se dio vuelta de improviso y casi a la altura de mis ojos, quedo expuesto su velludo sexo. Sin perder su firmeza, se mantenía izado y arqueado en algo hacia mi izquierda. ¡Hermosa tentación! Tan cerca de mi boca si yo quisiera, al alcance de mi lengua de un lametón, si mi razón lo permitiera.

    Pero no lo hice, tan solo bajé mi rostro para continuar el proceso, secando sus piernas por el frente hasta que sin opción alguna, tomé delicadamente su pene con mi mano izquierda, mientras que con la tela en mi derecha, lo fui envolviendo y suavemente lo froté, de su base hasta la punta, luego pase la toalla por sus testículos, sopesándolos con delicadeza hasta secarle toda su expuesta intimidad.

    —Gracias mi ángel. —¿Otra vez aquel apelativo? Y de nuevo, me hizo sentir conmovida. Noté que mi vagina se humedecía, más no por la ducha fría, sino por el cálido flujo que empezaba a emanar de mi interior.

    —Lo siento Silvia, discúlpame. —Y quitándome con suavidad la toalla de mis manos, se envolvió en ella y posteriormente me ayudó a incorporarme. Quedamos cerca, muy juntos nuevamente, pero esta vez su piel y la mía, estaban apartadas del contacto por el grosor de las telas.

    —¿Se encuentra usted mejor? —Le pregunté.

    —Sí, gracias a ti. Aunque sigo un poco mareado. Vamos a la cama. —Y me llevó tras él o simplemente me dejé llevar sin hablar, sin rechistar. Nos sentamos y al mirarnos, tal vez fui yo o tal vez empezó don Hugo, el caso es que comenzamos a reír con ganas, y no parábamos. Feliz él y yo también. En esos minutos no había tristeza en sus ojos y en mi mente, por ninguna parte aparecía la imagen de mi marido.

    Después de unos minutos se hizo silencio en la habitación, cubiertos en las toallas, tiritábamos los dos por el frio.

    —Te vas resfriar Silvia, ven. —Y con sus manos, fue apartando el pliegue de la tela que me cubría, desenrollándola lentamente.

    —Don Hugo no siga, por favor. —Pero el omitió mi ruego y yo sencillamente le dejé hacer–. Tenía mi sostén emparamado en verdad y de mis calzones ni hablar. Me encogí como una chiquilla y me abracé a mis piernas con mis brazos. Metí mi cabeza entre ellas y esa oportunidad él no la desaprovechó. Fue un poco torpe pero logró desabrocharme por la espalda aquel brassier. Me enderecé sorprendida y algo enojada. Lo miré seriamente pero el…

    —¡Es que te puedes resfriar Silvia! Y pues después de mi bochornosa actuación, al verme desnudo, ya ni quita ni pone que te vea yo también. De hecho tú has tenido que lidiar con mi ebriedad, me has duchado y secado… ¡Todo! No tenemos nada que ocultarnos. —Dijo mi jefe con un tono de voz cariñosa y para nada autoritaria. Lo miré ruborizada.

    Era verdad, pero no debía pasar de ahí. ¡Una circunstancia de la vida, nada más! Nadie podría saberlo, ni su esposa ni Rodrigo, ninguno. Con cuidado de no enseñar de más, retiré por completo mi sostén. Lo dejé caer a un lado de la cama, y de igual manera, levanté un poco mis caderas, me acomodé la toalla presionando la tela bajo mis axilas y mis manos retiraron afanosamente mis emparamadas bragas. Don Hugo se colocó en pie también, pero respetuosamente, no desvió su mirada hacia mí desnudez. Sencillamente se acercó hasta el mueble donde reposaba la botella de whiskey y se devolvió hasta la cama.

    —Estaría bien un trago para quitarnos este frio. ¿No te parece? —Me dijo sonriente y blandiendo en su mano aquella botella.

    —En realidad se me hace el colmo que después de todo, vuelva usted a querer beber. ¿Es que no lo entiende jefe? Tenemos cosas urgentes en la oficina, mejor nos vestimos que se está haciendo tarde.

    —Solo un trago Silvia, tan solo para entrar en calor. ¿Qué mal nos puede hacer? —Y como respuesta mía, ¡Pufff! le ofrecí un suspiro, con mis ojos mirando al techo–.

    —¡Prometido! —Terminó por decirme y sentándose a mi lado, acomodó su toalla alrededor de su cintura, sin ajustársela completamente–.

    Me pasó la botella, y mirándolo tomé un pequeño sorbo. Me supo horrible he hice una mueca de desagrado. Mi jefe soltó una risa y a continuación bebió él.

    —Jajaja, el primero siempre entra mal. Brrrr, que frio. Gracias Silvia, si no fuera por ti… —Y se acercó aún más a mí, pasándome un brazo por encima de mis hombros desnudos.

    —Jefe en serio, tengo los documentos pendientes para su firma y es urgente enviarlos a la oficina en Nueva York.

    —¡Jajaja! Silvia ¿sabes qué horas son allá? Es temprano para ellos, tenemos tiempo suficiente.

    Y me ofreció de nuevo aquel ambarino botellón. El segundo trago me supo mejor. Se lo agradecí porque sí estaba dejando ya de temblar. Don Hugo bebió un trago más largo y se tendió en la cama y con su movimiento sin quitar su brazo de mis hombros, me recostó con él. Terminó mi cabeza sobre su brazo derecho y él me observó. Se hizo silencio en aquella habitación; tan solo se escuchaba mi respiración y la suya, bastante agitadas; nerviosos ambos, desacostumbrados los dos, por estar así tan cerca y tan desnudos bajo esas humedecidas telas.

    Se incorporó un poco, de medio lado y dio otro trago a la botella, me la alcanzó sin dejar de mirarme a los ojos y me dijo…

    —Este si es el último. —Me negué a beber, moviendo mi cabeza en un claro no. —Por favor, mi ángel, hazlo por mí.

    Y lo hice, al levantarme sobre mis codos y estirar mi brazo para recibir la botella de su mano, el nudo de mi toalla se deshizo y esta se abrió. Extrañamente no hice nada por ocultar mi desnudez. Él tenía la toalla cubriendo su cuerpo de cintura para abajo. Y yo a medias, pues también. Semejantes estábamos los dos, aunque nuestras verdaderas parejas no se lo pudieran imaginar.

    Me miró a la cara y luego el gris de sus ojos, descendió para admirar la redondez de mis senos. Sentí calor en aquella mirada y mis pezones, ya de por sí erguidos por el frio, se pusieron más duros y mis aureolas más anchas, en clara señal de excitación.

    —Que hermosa eres Silvia. Tantos meses tú entrando y saliendo de mi oficina, sin saber que yo te miraba a hurtadillas. Tu cabello ondulado, tu rostro de tan delicada juventud, tus ojitos achinados y tu boca, tu cuerpo… ¡Si Silvia! lo confieso, te observaba y en silencio te deseaba. Tanto como ahora siento que te deseo.

    Y su rostro se fue haciendo más grande, más cercano, hasta que su boca se posó sobre mis labios y su mano fría arribó sobre mi seno derecho…

    —No, no Jefe, por favor, ¡basta! No podemos, no debemos. —Y él se apartó, inseguro, como angustiado de haber cruzado una prohibida línea, un alto en rojo, que se había formado en mi rostro.

    —Don Hugo, esta «eventualidad» no es más que una broma del destino, tuve que verlo desnudo sí, pero le recuerdo que soy una mujer casada y con hijos. Y usted también tiene un matrimonio, una esposa y por supuesto, también dos hermosos niños. Esto que ha sucedido aquí no puede salir de esta habitación. Aquí pasó, aquí se queda. ¡Simple! Ni debe, entre usted y yo, pasar nada más.

    —Vamos a vestirnos ya, tenemos que ir a la oficina, firmar ese bendito informe y usted, después de llevarme hasta mi hogar, se va directo al suyo para arreglar sus problemas. Y me puse en pie, dirigiéndome hasta el baño para encerrarme allí y terminar de secarme el cabello, tomar las bragas y exprimirlas lo que más pude al igual que mi sostén.

    Continuará…

  • Imperdonable

    Imperdonable

    Solo en un relato casi anónimo me animo a relatar lo que alguna vez me sucedió. No me perdonaré nunca ese periodo de mi vida, el cual intento olvidar. Por eso uso este medio, quizás como bálsamo para que el dolor sea menor.

    Me presento. Soy Nicolas, tengo 38 años. Soy farmacéutico y vivo en Capital Federal. En el momento que aconteció todo, yo tenía 34 años, y estaba en pareja con Fernando, un muchacho de mi edad, que si bien tenía muchos errores, me quería mucho y pasábamos lindos momentos.

    Fernando era hijo único, de padres muy amables, que me aceptaron desde el inicio, sin prejuicios. Óscar y Nélida, en aquel momento de 62 años ambos, eran el clásico matrimonio que uno pensaba sin grietas.

    Sin hacer demasiado más preámbulos, Oscar tuvo un problema con papeles de un auto que había comprado en Lobos, por lo cual tenía que ir hasta esa localidad a solucionar todo. Nos pidió a Fernando y a lo que lo acompañáramos, ya que si bien el viaje no era largo, quería compañía en el viaje y que le demos una mano. Ambos aceptamos, pero a Fernando le cambiaron una fecha de un examen final (estaba por terminar la universidad) y tuvo que desistir. Obviamente yo también me bajé del viaje, pero mi novio me pidió que acompañe a su papá, para que lo ayude, y porque le daba inseguridad que haga el viaje solo. Con mucha vergüenza decidí ir. No sabía cómo iba a pasar esa noche con el (el viaje era de viernes a sábado), de que íbamos a hablar, si bien Oscar es muy simpático, un viaje ida y vuelta termina con cualquier intento de charla.

    Para mi sorpresa, el viaje fue súper ameno. Llevé para hacer mates, y entre risas y música se hizo súper divertido. Llegamos a Lobos, terminó con los trámites esa misma tarde, si bien oscurecía y ambos agradecíamos haber solicitado Hotel ya que comenzaba a lloviznar.

    Cenamos en el hotel, y Oscar pidió vino, el cual tomamos, repetimos y subimos a nuestras habitaciones. Hablé con Fer por teléfono, y cuando estaba viendo tele ya recostado, me golpean la puerta de la pieza:

    – Nico, me acompañás a ver el partido?

    – Te parece?

    – Dale, sino me aburro y lo quiero ver, así tengo alguien con quien comentar

    – No se ni quien juega

    – Quien va a jugar? Boca!

    – mmmm

    – Dale, dale que empieza. Al menos el primer tiempo

    – Bueno, pero después me vengo que estoy re cansado

    – Si, si. Un ratito

    Entre, y mientras él se recostaba en la cama, yo me senté en el borde.

    Había sacado un porrón de cerveza del frigobar y tomaba de a sorbos.

    – Veni Nico, ahí estás incómodo

    A mi me daba mucha vergüenza estar acostado en la cama a su lado, pero me recosté en su lado con cierta tensión.

    Óscar comentaba todo el partido, y yo entre divertido por ver cómo se enojaba e insultaba, me fui relajando. Terminó el primer tiempo y nos pusimos a hablar de cualquier cosa, empezó el segundo tiempo y me quedé a ver cómo terminaba todo. Lamentablemente para Oscar, Boca empató y se enojó bastante, y mientras me comentaba sus teorías de por qué no habían ganado, me apoyó disimuladamente una mano en la pierna. Yo le resté importancia, pensando que era mera casualidad, hasta que un segundo y tercer toques aparecieron. En ese momento, con mucho nerviosismo, me levanté y me excusé por el cansancio. Levantándome para ir, me pidió que me quede para tomar otra cerveza.

    – No Oscar, gracias, me voy a dormir. Es re tarde

    – Dale Nico! Una sola y listo

    – No no. En serio, a dormir

    – No es tarde!

    Seguimos un ratito que si y que no y medio a los empujones salí de la habitación y me dirigí a la mía.

    Dormí de una manera bastante incómoda, dado lo que había pasado, me despertaba cada 30 minutos con sudoración, y sueños que parecían muy reales sobre escenas sexuales con Óscar.

    Finalmente decidí ir a hablar directamente con él, ya que quería poner claridad sobre lo sucedido y que no haya resquemores ni malos entendidos.

    Toque la puerta, y para mi sorpresa, Oscar estaba despierto:

    – Perdón Oscar, quería aclarar lo qué pasó, yo te quiero mucho y quiero estar en buenos términos, si te ofendí o algo…

    En ese momento, seguramente por el alcohol ingerido, Oscar comenzó a avanzar, quedando yo entre la pared y su cuerpo. Se acercó hasta quedar a escasos diez centímetros, y mientras yo lo miraba con los ojos bien abiertos, pude ver cómo estiró sus manos para agarrarme de la cintura y abrir su boca buscando la mía.

    Es increíble como juega el morbo en esas situaciones. Jamás hubiera pensado en Oscar como hombre, como amante, y en breve tiempo me encontré excitado, deseado, caliente.

    No podía dejarme tan fácil, por lo que hice la escena que debía:

    – Estás loco Oscar! Qué haces!

    – Hago lo que viniste a buscar bebé

    – No! Soy la pareja de Fernando!

    – y nunca se va a enterar…

    Y terminó la frase con un beso de lengua, la cual recibí hasta el fondo de mi boca. Un beso con mucha saliva, deseo, alcohol y calentura.

    Mientras me besaba, me tocaba la cola de una manera descontrolada, parecía querer arrancarla

    – Sabés la cantidad de veces que te escuché gemir con Fernando no? Me volvía loco escucharte gritar. Gemís como una puta!

    Y mientas él hablaba, vi que sacaba un preservativo y un pote de gel lubricante. Me calentó mucho saber que había preparado esa situación.

    Me hizo arrodillar, se bajó el jean y apareció su pija ya gomosa.

    El verla quedé sorprendido, la genética es realmente asombrosa, muy parecida a la de mi novio, y para mi placer temporal, más gruesa.

    Sin pensar lo que hacía, me la metí en la boca, y comencé a chupársela como no creí que pudiera.

    – Sii, chúpala bebe!

    Yo hacía mi mejor esfuerzo para que me entre lo más posible, lo miraba a los ojos y veía que disfrutaba muchísimo. Pasé de la vergüenza total a disfrutar esa pija prohibida que ahí tenía.

    Le agarré el pene y a continuación le comencé a lamer los huevos, algo que me encanta.

    Óscar estaba enloquecido, resultó ser mucho más malhablado que su hijo, se agarró la pija ya en ese momento hecha una roca y me comenzó a pegar en la cara con la chota.

    – Te la voy a meter toda putita, viniste a mi habitación porque te morias de ganas de recibirla puta…

    En ese momento decidí hacer el último intento:

    – No Oscar, ya está, podemos todavía detener esto.

    – Que detener ni detener! De acá te vas con la cola bien hecha, sabés las pajas que te dediqué!

    Y acto seguido me agarró y me colocó boca arriba en la cama, me agarró mis piernas y se las subió a sus hombros:

    – No no! Patitas al hombro duele mucho!

    – Quiero que me veas la cara bebé, que veas a tu macho

    Me untó la cola con gel, se puso el forro, lo llenó también de gel y comenzó a empujar. Entró con cierto trabajo:

    – Aggghhh

    – Mmmm uffff

    – Despacio despaciooo!!!

    – Si bebeee siii

    Y de a poco fue consiguiendo entrar más en mi. Consiguió cierto ritmo pero el dolor era mucho y decidimos cambiar. Me puso en 4.

    Ahí me sentir mejor, también al no tener que ver directamente a mi macho y sentir vergüenza.

    Me la acomodó nuevamente y entró con mayor facilidad.

    Al minuto el ritmo era muy bueno y a los 2 minutos el bombeo me llevó a las estrellas:

    – Ayyyy ahhh ahh ahhhh

    – si bebé siii gemí!!

    – Auyyu siii

    Plaf plaf plaf

    – Siiii

    – Tomala toda puta siii

    – Ay por favor que polvo me estás echando!!

    – sabés las veces que te voy que cogerrr!!!

    – Si si así así asiii!

    – Aaaaaa!!!

    Lo sentí caer rendido a mis espaldas y a continuación sentí su pene en retracción. Cuando se sacó el preservativo me sorprendió la cantidad de semen que había largado.

    Ni bien salió de adentro mío, me terminó de caer la ficha de lo que acabábamos de hacer. Salí corriendo, todavía con el ano latiendo y el látex en mi cola.

    Ya en mi habitación, no pude dormir en toda la noche.

    No dormiría por varias noches.

  • Los ojos de mi vecina (Parte 2)

    Los ojos de mi vecina (Parte 2)

    No volví a saber de Ana hasta tres días después cuando ambos coincidimos al salir. Llevaba unos jean ajustados, una sencilla blusa blanca y una cola de caballo que le daba un cierto aire más juvenil. Al verme, me sonrió con naturalidad, regalándome una de esas sonrisas reservadas para ocasiones especiales. Me volvió a agradecer por el favor de la visita del plomero, le volví a recalcar que no tenía nada qué agradecer y se alejó rumbo al elevador mientras yo me quedaba cerrando la puerta con llave. De pronto sentí el toque de su mano en mi hombro y al voltear a verla, me entregó un pequeño trozo de papel. Lo leí un poco sorprendido sin tener idea de lo que podría contener. Era su número de celular.

    – Para lo que se pueda ofrecer. – Me dijo a modo de explicación tratando de no darle mucha importancia.

    – Gracias. – Contesté. – En un momento te mando un mensaje para que guardes mi número también. – Le contesté tratando de mantener el mismo tono impersonal.

    – Nos vemos, Rubén. Que tengas un lindo día. – Me dijo a guisa de despedida.

    – Nos vemos, Ana. – Le contesté volteando a ver cómo se alejaba moviéndose con la gracia de una gacela, rumbo al elevador.

    No la volví a ver en un par de días a pesar de que trataba de hacer coincidir mis salidas con los horarios en los que habíamos coincidido antes. Le mandé un lacónico “hola” por medio de un mensaje a su celular pero no me lo contestó a pesar de que se mostraba como leído. Intenté no darle demasiada importancia aunque debo confesar que me sorprendí a mi mismo con la intención de volver a escribirle de nuevo un par de veces, tal vez un poco más dos veces, si somos totalmente sinceros. Para una semana relativamente tranquila, el recordar esa mirada tan linda y esa sonrisa, era un buen pasatiempo y nada más.

    Era una tarde de viernes. Lo recuerdo perfectamente. Había tomado un par de copas de vino mientras veía una película de acción que pasaban por uno de los canales de paga. Algo relacionado a una mujer que había sido aparentemente secuestrada pero la trama te llevaba por varios giros inesperados.

    Me acosté y apagué la luz para poder conciliar el sueño mientras repasaba las actividades que tenía planeadas para el siguiente día. Mientras sentía que el sopor se iba apoderando de mí, me pareció escuchar el ruido de vidrios que se rompían. Me levanté sobresaltado y pensé en Ana con el temor de que se hubiera colado algún ladrón a su departamento. Tomé el celular y sin pensarlo mucho le mandé un mensaje.

    “Me pareció escuchar un ruido. Está todo bien?”

    Casi inmediatamente me contestó.

    “Si, no te preocupes, todo está bien.”

    “¿segura?” – insistí.

    “Sí, estaba lavando la vajilla y se me cayeron algunos platos al suelo.”

    “Necesitas ayuda para limpiar?” – le escribí a sabiendas de que eran casi las doce de la noche.

    “No te preocupes, yo me hago cargo. Gracias”

    Dejé el celular en la mesita de noche y me volví a recostar cuando volvió a llegar un nuevo mensaje, iluminando tenuemente la habitación con la luz del teléfono celular. Lo leí.

    “La verdad es que si necesito ayuda, ¿no te molestaría? Sé que es tarde y no quiero molestar”

    “No es molestia, Voy” Le escribí. Me puse una camisa y decidí dejarme el pantalón del pijama.

    Cuando toqué su puerta quedamente me abrió y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Mientras mi mirada se paseaba por la cocina, tomé nota que llevaba unos shorts de mezclilla ajustados y bastante cortos y una desgastada camisa blanca con una caricatura y algo relacionado al poder de las chicas o un tema similar. Traía su pelo de nuevo con esa colita de caballo que tanto le hacía lucir. Su figura se veía esbelta y bien torneada y decidí que definitivamente era una mujer que me encantaría meter a mi baúl de fantasías al menos para sobrellevar mis noches solitarias. En el piso de la cocina se hallaban los restos de varios platos blancos que se hallaban desperdigados por todos lados. En la barra también había una cantidad menor de fragmentos de vidrio y al centro un bote de basura donde había empezado a depositar los trozos más grandes.

    Nos pusimos de acuerdo en cuanto a las zonas que nos tocaría limpiar a ambos y escogí el piso por estrategia. Ella, al recoger los fragmentos de la barra, se inclinaba de espaldas a mí y me permitía tener una visión de primera fila de su lindo trasero. Sus largas piernas rozaban ocasionalmente con mi brazo al intentar retirar los fragmentos de vidrio que estaban más cerca de ella, pero ninguno de los dos dijo nada. Poco a poco, fuimos terminando hasta que quedaron solamente los fragmentos más pequeños que no podíamos recoger con los dedos.

    – Voy a traer una escoba para ver si puedo barrer bien el piso aunque dudo que funcione. – Dijo.

    – Espera, ¿tienes algún tipo de cinta adhesiva? – Le pregunté.

    – Creo que en el armario junto al baño hay una cinta para embalaje. ¿te sirve?

    – Debe servir. ¿La traes o la traigo?

    – ¿Te molestaría traerla? – Me dijo, mostrando sus manos ocupadas con el trapo para fregar con el que limpiaba la barra.

    – Descuida. Yo voy. – le dije y me levanté y me dirigí hacia el baño. Antes de llegar al armario, vi la puerta entreabierta de su habitación y me pareció ver un objeto rojizo parcialmente cubierto por su almohada. Sin darle mayor importancia, abrí la puerta del armario y encontré la cinta con bastante facilidad.

    Al regresar, ella estaba agachada restregando las partes del piso que ya habían quedado limpias. Me dediqué ahora a poner trozos de cinta en las uniones de plástico de la barra para retirarla luego con los trozos de vidrio adheridos a ellos. En ese momento se me ocurrió pensar que ahora era ella quien podría verme el trasero a sus anchas, aunque dudé que la vista fuera tan apetitosa como la que ella me había regalado sin querer. Me giré un poco casi por inercia y la miré de reojo. Ella seguía concentrada en su faena y sentí un poco de desilusión ante su falta de interés por mi anatomía, como si realmente fuera algo relevante. Lo que si pude apreciar fue el canalillo de sus senos, que se marcaba en la abertura de la camisa. Eran unos senos bonitos sin llegar a ser enormes, no se apreciaba demasiado pero no soy lo que se dice un limosnero con garrote así que me contenté con admirar lo que el momento me regalaba aunque solo fuera por un poco mas de tiempo ya que mi método probó ser muy efectivo y entre los dos terminamos de limpiar rápidamente.

    – Muchas gracias, Rubén. – Me dijo cuando terminamos. – Lamento que te hayas tenido que levantar de tu cama para ayudarme. ¿Gustas que te sirva un refresco?. – Dijo.

    – Te lo acepto con gusto. – Contesté. No tenía realmente mucha sed pero de alguna manera quise prolongar un poco más ese momento.

    Ana sacó una botella de Coca-Cola del refrigerador y me sirvió todo lo que quedaba en un vaso. Ella a su vez se sirvió un vaso de agua natural.

    – Dirás que soy una pobre e inútil mujer pero no sé qué hubiera hecho sin tu ayuda…

    – Ya te lo dije, Ana. Lo que se te ofrezca. – No sé si mi afán seductor se coló por esta última afirmación pero sentí que se ponía un poco tensa. Finalmente me dijo.

    – Estaba limpiando porque mañana regresa finalmente mi marido y no quería que encontrara la casa hecha un muladar.

    – Me da gusto por ti. Supongo que ya lo debes extrañar. – Repuse más por compromiso que por otro motivo.

    – Pues… si. Si lo extraño. – Contestó evasiva.

    – Ana, ¿me permites usar tu baño? – ella dudó un segundo y recordé el incidente del plomero. – Prometo no hurgar en el cesto de la ropa sucia. – Dije sonriendo. Ana se sonrojó un poco pero intentó sonreír también.

    – Si, claro. Sólo recuerda poner el seguro para que no vaya a ocurrir un accidente. – Dijo tratando de seguir la broma.

    – Te prometo que a mí me gusta más el refresco que la botella vacía. – Dije con el vaso levantado y señalando al envase vacío que había quedado en la barra. Ella de nuevo se sonrojó al captar la analogía. Sentí que tal vez había llegado muy lejos y me levanté para ir al baño.

    De camino al baño, volví a voltear hacia la recámara con más atención y en esta ocasión pude descubrir que aquel objeto rojo bajo la almohada tenía la forma de un consolador. Seguramente era su compañero de aventuras durante las prolongadas ausencias de su marido. Sonreí. Me la pude imaginar reclinada en su cama con el enorme artefacto vibrando sin misericordia dentro de ella, mientras lo disfrutaba con sus ojos cerrados ante la inminente llegada de un apoteósico orgasmo. Guardé mis fantasías para otro momento menos inconveniente y fui a hacer mis asuntos al baño.

    Finalmente me despedí de ella estrechando su mano de forma ceremoniosa al llegar a la puerta. Ella dudó por un instante y al final me abrazó con gratitud. Pude sentir la presión de sus pechos en mi y sentí cómo mi pene volvía a la vida ante su suave contacto. Correspondí a su abrazo esperando que hubiera algún indicio de algo más de parte de ella, pero sólo se despidió y me dio las buenas noches y las enésimas gracias antes de cerrar la puerta.

    Esa noche, antes de dormir, me pareció sentir el acompasado golpeteo de su cabecera contra la pared que ambos departamentos compartíamos y la pude imaginar en todo su esplendor, con sus piernas completamente abiertas mientras se masturbaba con su juguetito rojo. Cerrando mis ojos la visualicé completamente desnuda, con el short de mezclilla, sus pantis azul claro y la desgastada camisa a un lado de su cama. El vibrador se movía lentamente en su mano y lo paseaba por los contornos de su húmeda vagina, con sus labios apretados que de vez en cuando dejaban proferir un ocasional quejido. A medida que su excitación crecía, la fuerza de la acometida del aparato dentro de ella aumentaba haciendo que se arqueara de placer en aquella cama. Sus gemidos se volvieron mas guturales, como si se hubiera conectado su boca con el fondo de sus entrañas. Su otra mano se aferraba a su seno izquierdo pellizcando suavemente sus pezones endurecidos, para posteriormente pasar al del lado derecho y darle el mismo tratamiento. La yema de sus dedos recorriendo la suave piel de su abdomen que se agitaba ante el ritmo de su respiración.

    Abusando de mi imaginación, llevé la escena al punto donde ella empezaba a musitar mi nombre con ansia mientras sentía que un orgasmo descomunal se descolgaba por las paredes de su vagina y estallaba con tal ímpetu que la sentí estremecerse y agitarse como una culebra tratando de escapar de esa cama y quedarse en el paraíso de ese orgasmo incontrolable que le había provocado un río de flujos que bañaba su entrepierna.

    En este lado del planeta Tierra, mi mano agitaba vigorosamente mi pene al mismo ritmo que la Ana de mi imaginación y terminé con un interminable chorro que llenó del blanco líquido mis sábanas y una buena parte de la alfombra.

    Guardé mis fantasías traviesas en el apartado de Vecina de los ojos bellos y me quedé dormido con una sonrisa.

    Dark Knight

    [email protected]

  • Soy tu putita

    Soy tu putita

    Nunca me había pasado. Si fuera en la vida real diría que fue amor a primera vista. Pero sucede que no fue la vida real y tampoco fue amor. Fue un correo de uno de mis queridos lectores y en lugar de amor fueron unas ganas enormes de darle las nalgas.

    Me pasó hace algunos meses, una madrugada en que no podía dormir o más bien no quería dormir je, je. Mi marido y yo habíamos cogido como de costumbre, pero yo me quedé con ganas y él solo tenía ganas de dormir. Necesitaba hacer algo, como llamar a mi vecino que me coge delicioso, pero a esa hora era literalmente imposible. Así que necesitaba pensar en algo más. Mi panochita estaba muy mojada y palpitaba pidiendo verga. Tenía ganas de masturbarme y recordé los deliciosos correos que me envían mis lectores y de inmediato supe que esa era una gran idea. Miré a mi marido que estaba profundamente dormido y pensé para mis adentros que en venganza por haberme dejado así, le iba a ser infiel leyendo las cosas ricas que me escriben y enviándoles alguna que otra foto. Así que sin más salí de mi recámara totalmente desnuda, tomé mi laptop y me fui a la sala a revisar mi correo.

    No sé quién es, no tengo una foto de él, pero nada más leer sus primeras líneas me hizo sentir cositas ricas y después de leer su mensaje acabé teniendo uno de los más ricos orgasmos, sin siquiera haber sido penetrada. No tenía claro cuánto me gusta que me dominen hasta que leí lo que él me escribió.

    Luego de ese mensaje, días después me envió otros dos iguales de ricos y excitantes y sin más dejó de escribirme. Como no sé si vuelva a escribirme, decidí compartir las cosas ricas que me dijo para que sepa que lo recuerdo y como una forma de agradecer todo lo que me hizo sentir. Lo único que se de él, aunque no sé si sea su nombre real, es que se llama Dan GJ. Esto es lo que me escribió:

    “Me dejaste seco bebé.

    Hola putita,

    No sabes lo jodidamente caliente que estoy, llevo todo el día con la verga creciéndome en los bóxers y hasta ahorita me la he podido sacar para jalármelo. Y sucede que me encuentro con tus relatos de puta y me pongo aún más pinche caliente después de leer tus aventuras de zorra. Me estoy imaginando bien rico y suave ese culito, como para meterte unas pinches nalgadas bien puestas.

    Me estoy imaginando empinarte y empezar a frotar mi verga contra tu culito mientras te aprieto esas tetas. Quiero ver que te vistas súper sexy para mí, con una tanguita de encaje porque me voy a masturbar con mi pito entre tus nalgas y tu tanguita.

    Te confieso que tengo un fetiche bien cabrón con la ropa interior entonces después de cogerte me voy a quedar tus braguitas. No tienes idea de cuántas veces ya me vine viendo la fotito de tu tanga en tu relato. Me excita mucho que lo sepas, soy un pinche puerco y te voy a coger así, porque eres una pinche puta igual de sucia que yo, ni te hagas. Cuando era más joven me robaba las braguitas de las hermanas buenotas de mis amigos, me jalaba la verga con ellas puestas y me venía así, las dejaba llenas de mis mecos y las regresaba para que las usaran con mi semen fresquito. Me atraparon un par de veces y algunas tuvieron final feliz. Si quieres te puedo contar más sobre eso, porque me excita mucho.

    Sí quiero que me la dejes bien babosita mamándomela (bien que te encanta chupar verga ¿verdad?) para después ponerte en 4 como la perra que eres, y te voy a empezar a azotar esas nalgas hasta dejarlas rojas putita. Te las voy a morder para que sepas a quién le perteneces, quién es el dueño de la puta que eres. Tú eres mi puta y yo soy tu papi, y voy a usar todos tus hoyitos para divertirme como se me antoje. Así con tu carita en la cama y el culo al aire como una ofrenda para mí, me voy a montar en ti, te voy a pisar la cara con un pie mientras te penetro, con mis bolas golpeando tu coñito para estimularlo zorra, impulsándome más adentro de ti mientras agarro tu cabello que seguro es tan hermoso, jalándotelo para penetrarte más profundo.

    Cuando tengas el culo destrozado me vas a limpiar la verga, vas a pasar tu lengua por mis huevos sin dejar de sonreír y susurrar que eres mi juguetito sexual. Después te voy a abrir las piernas para taladrarte la vagina. Me encanta imaginar tu vocecita gimiendo para mí, que te dé más duro, que eres mi pinche putita y que me perteneces.

    Ya estoy por venirme, y para que me vacíes los huevos quiero usar tu boquita de puta. Voy a usar tu carita, te voy a echar mi lechita en tu garganta y te la vas a tragar y me vas a agradecer por dártela. Te mando esto justo en el momento que estoy disparando mi semen para ti bebé. Dios, cómo me prendes.

    No tienes idea de lo rico que me la acabo de jalar contigo. Espero no haberme pasado con todo lo que te dije, pero tú mejor que nadie sabes cómo se pone uno cuando está caliente”

    Si querido Dan. Ya te lo dije… Soy tu putita.

  • Imaginación

    Imaginación

    Solo sentate y usa tu cabeza, hace de cuenta que estás viviendo lo que te voy a relatar…

    Estás en tu habitación, sentado frente a la computadora, terminando el día laboral, corrigiendo el último pedido de tu jefe, fue un día intenso, a la mañana te levantaste y te cambiaste para poder laburar tranquilo, sin ganas de acostarte de nuevo.

    Por la tarde tomaste una siesta y volviste a la ropa cómoda, ya es la tarde noche, estas frente a la computadora, das el ultimo click, trabajo terminado.

    Una vez enviado el archivo, decidís mirar un poco que hay en la internet, navegas, buscas, lees y te aburrís, es hora de irte a bañar y cenar, pero antes pasas por un sitio porno, un video por aquí, un video por allá, tu pene se erecta, se empieza a calentar, tenés abierto tres videos, una orgia, uno casero y uno de un trio, tu pene ya está prendido fuego, tus manos empiezan a manosearlo, a tocarlo, querés masturbarte, ves en tu pantalla como se la chupan entre todos, algunos en cuatro disfrutando de la penetración, otros con la boca llena de carne, vos sentado tocándote de a poco tu pene, que ya está erecto y listo para ser usado.

    De pronto paso yo por al lado, con una toalla donde se nota mi cola redonda, una manzana que te gusta mucho, tu mirada ya me desnuda, paso y te miro, miro tu pene erecto y listo para mí, pero paso de largo, antes de entrar al baño se me cae la toalla, estoy desnudo, me rio y entro al baño, solo escucho tu gemido, tus palabras “Mi manzana preferida”.

    Entro al baño a depilarme la colita, las piernas y todo lo que te gusta tocarme, me depilo, me paso la navaja, me voy sacando todo eso que preferís que no este, al pasar unos minutos soy una nena con un pene, una mujer con un cuerpo flaco, cola redonda y parada.

    Me doy cuenta que me estas mirando por algún lado, veo tus ojos detrás de la puerta, masturbándote y esperándome, yo sigo en la mía y abro la ducha, caliente, lista para entrar, voy caminando despacito así miras mi manzana y más te calentas, todo depilado, listo para ser chupado, saboreado y franeleado.

    Voy caminando y entro a la ducha, caliente como tu piel, hirviendo como tu pene y tus ojos que me miran a través de la puerta, me baño, me lleno de jabón y voy dejando que el agua saque todo, que me limpie, mi cuerpo esta nuevo y listo para subirme arriba tuyo.

    Me seco de a poco todo mi cuerpo, mi pene también esta erecto, solo y parado entre tanta piel sin nada, al descubierto. No lo toco, lo dejo parado que espere.

    Ahora estoy listo para salir del baño y verte, ahí sentado masturbándote seguramente desnudo, solamente vos y tu carne caliente y firme.

    Abro la puerta y la luz está más tenue, bajaste un poco la intensidad por tu vista que ya está cansada, pero estas ahí sentado, desnudo y masturbándote.

    Me acerco por atrás, te rozo la espalda con un dedo, con la palma de la mano toco tu cuello, con mi pene parado rozo tu piel, tu cara e intentas a tirarle un beso pero me alejo justo, te dejo con los labios pagando, al alejarme dejo mi manzana toda depilada en tus ojos, me rozas con tu mano, me acaricias mis nalgas limpitas y con perfume.

    Mi cuerpo está desnudo, doy una vuelta alrededor tuyo para que me mires y tu pene se pone más duro todavía, mi cuerpo está totalmente limpio y listo, me acerco y rozo mis nalgas con tu piel, te paso cerca para que sientas mi presencia.

    Te alejas un poco de la computadora, dándome lugar para llegar, me arrodillo frente a vos y voy abriendo mi boca, le paso la lengua a todas tus piernas, voy subiendo y me acerco a los testículos, les doy un beso, le paso la lengua y sigo mi camino.

    Tu pene me pasa cerca, sigo con mi saliva por tu pecho, tu panza, todo tu entorno, toda la parte cercana a tu miembro más rico y suave.

    Estoy ahí, arrodillado ante vos, desnudo y depilado, mi cuerpo te pide cerca y tocándome, yo sigo rozándote con mi lengua, subo por tu panza de nuevo, te beso fuerte y con pasión mientras agarro tu pene erecto y duro con una mano, es grande y me queda corta la palma de una sola, de inmediato lo agarro con la otra palma, lo siento, lo palpo, está hirviendo y lleno de miel.

    Empiezo a bajar con mi lengua, por tu pecho, tu panza, voy disfrutando, saboreando, beso, lengua, saliva en vos, dejo todo, mi aire y pasión.

    Llego de nuevo a tu pene, le pasó la lengua desde la cabeza hasta los testículos, nunca sentí un gusto tan rico en mi vida, es suave, delicado, grande y prendido fuego.

    Estoy desnudo, arrodillado y por chuparte el pene, me acerco más todavía, abro la boca y lo voy dejando entrar de a poco, la carne está en mi lengua, se siente el gusto a piel, lo disfruto, voy abriendo más para que llegue hasta el fondo, es grande y me cuesta, pero ya estoy acostumbrado a tanta carne, finalmente entra todo en mi boca, lo siento completo.

    Lo empiezo a saborear, subo y bajo, entra y sale, lo escupo, te miro con cara de nena, de mujer hambrienta, tu mirada es de un animal salvaje, no podes más, me decís cosas sucias, yo sigo chupándotela, abriendo mi boca, tragando toda tu carne.

    Pasados unos minutos me levantas sin moverte de la silla, me das vuelta y me agachas, me empezas a chupar la cola, las nalgas, tu lengua por mi colita, mi espalda, siempre sentado, con tu pene prendido fuego, yo no puedo más, empiezo a gemir, me estas mojando todo.

    Me haces agachar suavemente abriéndome mas y mas con tu lengua, mi cabeza está explotando, me agacho y pongo las manos sobre el escritorio y me abro a vos, me estas mojando todo, tu lengua es una víbora candente que entra en mi agujero y me hace volar por las estrellas, de pronto acercas un dedo, lo vas metiendo de a poco al ritmo de mis gemidos, te pido otro, “Meteme otro por favor” y lo haces, me metes dos dedos en mi cola dilatada y mojada, mi olor a recién bañado se transforma en necesidad de penetración, me estás pasando la lengua y un dedo, se me seca la lengua, me quedo sin saliva de tanta calentura, mis suspiros secaron mi garganta, me vuelvo a dar vuelta, me agacho y te la vuelvo a chupar, a tragar toda tu carne.

    Me levanto y te miro, te pones vaselina en el pene, me das vuelta y me pones vaselina, me acercas con tus brazos para que me vaya sentando. Me acerco con furia pero despacio para empezar a sentir como tu carne me abre y entra, me voy agachando, me voy acercando y se empieza a sentir tu cabeza cerca, me rozas el agujero, me haces calentar, me vas tocando de a poco con tu miembro, de a poco me vas dejando sentarme, se empieza a abrir mi cola, a dilatar, la entrada está sucediendo, tu carne empieza a penetrarme, tu pene me está haciendo gemir, entras despacito y todo se abre para vos, mi mundo y mi cuerpo son tuyos.

    Me siento y subo, ya la tengo adentro, subo y bajo, subo y bajo, grito y me masturbo, no aguanto y me toco, ya es una cabalgata, subo y bajo a toda velocidad, la vaselina y mi cola ya están haciendo su trabajo sobre vos, que gritas, que me decís cosas sucias de nuevo, tu pene esta firme como un palo, duro y sabroso, me seguís dilatando, mas y mas.

    Subo y bajo durante varios minutos, sin preservativos por tanta confianza y años juntos, la piel se hace sentir, estamos completamente desnudos, me estas penetrando, dilatando mi parte trasera.

    Me coges como nunca, el juego de pasarte por al lado te encanto y te calentó, subo y bajo, yo parado y vos sentado en tu silla de trabajo.

    Me corres y sacas tu pene de adentro, me dejas agachado contra el escritorio y me volvés a coger, me penetras fuerte para que lo sienta y se siente toda tu carne de varios centímetros, larga y gorda, ideal para una perra en celo como yo.

    No paro de gemir ante cada arremetida de tu carne, tu pene sin anda se siente como nunca, me estás haciendo explotar de placer, no tengo más saliva de nuevo, me acercas tu cara y me escupís la boca, exploto de fuego, eso me calienta mucho, como me agarras del cuello y me haces sentir tu puta y me escupís, me abro más todavía, “Cógeme por favor, cógeme” te grito entre gemidos y palabras.

    Salgo de tu carne y me voy a la cama, me pongo en cuatro y te espero, venís corriendo y me penetras como nunca, me coges, entras y salís, me haces gritar y gemir, me seguís entrando y saliendo, tu pene esta duro como una columna de cemento, seguís entrando y saliendo, todo la piel se siente, tu carne caliente dentro de mi organismo, de mi cuerpo. Estamos transpirando los dos, disfrutando del placer de hacernos el amor, me seguís penetrando con furia y amor, me das vuelta y me acostas, me levantas las dos piernas y te las pones al hombro, te miro y pongo cara de mujer, de necesitada, te acercas y penetras nuevamente una cola toda dilatada, me abrís mas y me muevo, como una perra, me seguís cogiendo sin parar, ahora si soy tu mujer, abierto con mis piernas en tus hombros.

    Llevamos varios minutos entre pasión piel y deseo, fuego y amor, no podemos mas de erección, nuestros cuerpos están por explotar, mi boca no tiene más nada, mi cuerpo está abierto para vos, tu pene adentro mío dándome como si fuera la última vez, no puedo mas y vos tampoco, llega ese momento de conexión única y explosión.

    Siento que te vas poniendo más firme, que movés tu cintura, está viniendo, está llegando todo para mi, vas estirando tus piernitas y yo también, está llegando, gemidos, gritos, de pronto acabamos juntos, siento tu miel caliente adentro de mi cuerpo, me acabaste adentro, yo acabe afuera, los pechos se mojaron con mi miel, mi cola está llena de la tuya, explotamos en el momento justo, descargamos todo lo que guardamos durante esta caída del día, durante esta noche que estaba ya dando su espectáculo, me hiciste el amor como nunca, sin nada más que la piel.

    La dilatación se cierra para guardar todo tu néctar, lo disfruto, el calor que tenía me hizo volar, todo caliente pasando por mi cola, adentro bien al fondo.

    Mi pecho lo limpie con mis manos y boca, trague todo lo que quedaba, disfrute mi propia miel, vos tirado en la cama, cansado y satisfecho, te acaricio el cuerpo, te paso la manos por todos lados, te beso, bajo y chupo un rato mas lo que te quedo de erección, tus gemidos me dicen quiero mas pero a la vez que frene, no tenés energía.

    Saboreo un poco más tu pene y lo dejo descansar, me doy vuelta para que me abraces y sentir tu piel caliente y llena de placer cerca.

    Me apoyas y nos dormimos.

    Ahora imagínate que estas en la computadora trabajando y paso casi desnudo por al lado tuyo, prepárate que vuelvo enseguida.

  • Superando la imaginación

    Superando la imaginación

    Lo que voy a relatarles es una historia real que vivimos con mi marido hace algunos meses.

    Mi nombre es Daiana y mi esposo Cristian. Llevamos casados algo más de 10 años y 13 de felices. Él fue mi hombre desde el día cero. Y estoy profundamente enamorada de toda su forma de ser. Claro digamos que podría ser un poco más cariñoso o tal vez atento pero perfectos hay pocos y en casa solo hay un espejo grande donde puedo verme, jajaja.

    No tenemos hijos y la vida sexual ha pasado por altibajos. Algo que disfruto de él, es la manera en que me posee. Me hace sentir un objeto en sus manos, me pule, me usa y me toma a su antojo. Y creo que nada mas sexy para una mujer sentirse así.

    La historia que voy a contarles sucedió un día con unos amigos.

    Cristian es un poco celoso pero ese día me pidió que me ponga muy sexy para él, así que decidí vestir con un calza bien apretado y una remera escotada. En realidad poseo un cuerpo muy completo con gran culo y unas tetas redondas y grandes que, quiera o no, siempre desborda de cualquier blusa que me ponga.

    El plan era que venga a comer unos amigos a casa. Rosa, su esposo Federico y una amiga nuestra que de momento se encontraba sola luego de romper una relación de unos 3 años.

    Paso a describirlos, Rosa y Fede llevan 12 años de casados y tiene un hijo de 7 años. La relación entre ellos ha llegado a un estancamiento y eso lo noto en Rosa y las largas conversaciones que tenemos, y lo apoyo con lo que me cuenta Cristian de Fede. Pero se ve de lejos que ambos se aman.

    Mi otra amiga es Mara, ella es mas bien un poco tímida que mantuvo una relación tortuosa con un hombre o como diría ella un macho que la uso y abuso (no en sentido sexual). Ella trabajaba y él, un zángano, que creo que lo único lindo que le daba, era el sexo; y por las historias que me ha contado era un tipo dominador. Mejor perderlo que sufrirlo. Asique creo que festejamos el día que se fue. Lo malo fue que desde hace un año está sola y creo que no puede comenzar ya ninguna relación. Así que aprovechamos cualquier salida para sumarla con nosotros y que se distraiga.

    El día de la reunión era un viernes. Y coordinamos con Rosa para preparar la comida, cada una traía o hacia algo. Rosa y Fede llegaron y como siempre los besos y las presentaciones, pero se les notaba muy cansados. Y el niño que volvía de la escuela estaba algo inquieto asique lo mandamos a la pieza a jugar a la playa de Cristian aunque mucho no le gusta prestar sus cosas esta vez no tuvo reparo.

    Reconozco que yo también estaba muy cansada ya que tuve un día muy largo, pero como ninguno de nosotros trabajaba el sábado nos pareció una buena idea cenar y distraernos un poco.

    Fede a poco de llegar nos preparó un rico cigarro de mariguana y todos le entramos, creo que el cansancio apetecía un buen relax. Asique fumamos esas flores que trajo y la verdad quedamos súper extasiados. No sé de donde las habrá sacado pero nos vino de diez.

    A ratito llego Mara con el postre que es lo que le había tocado comprar o hacer. Y la muy turra me hizo caso, se vino con una mini súper ajustada y una blusa que resaltaba sus pequeños pechos asique deduje que cuando se saque la blusa seguro tendría una remera súper ajustada. Y así fue, hacía mucho calor en el departamento con el horno prendido y las chicas nos quedamos en remera.

    Cristian y Fede se sorprendieron porque casi nunca la ven vestida así. Pero disimularon. Creo que Fede estaba más interesado en mi calza apretada porque sentía sus ojos apuñalando mi culo cada vez que giraba.

    La noche fue divertida, comimos unas pizas y tomamos unos vinos que trajimos de Mendoza. Asique se imaginaran que en poco tiempo todo nos causaba gracia.

    Ya entrada más la noche el niño se durmió en la pieza y se veía el cansancio de todos. Pero los chicos no querían que vayamos a la cama y propusieron jugar a algo.

    La idea era por turnos hacer afirmaciones como: «Yo nunca robe dinero»

    Y el que nunca lo hizo tiene que tomar un sorbo de alcohol.

    Primero estuvimos tonteando un poco con pregustas muy comunes y normales. Y la verdad el juego parecía muy aburrido. A Rosa se le veía totalmente cansada, destruida y bostezaba a cada rato. Asique en la primera oportunidad dijo que se iba a ver al nene y ya no volvió. Quedó tendida en la cama al lado de él. Fede fue a buscarla y como la vio durmiendo se llevó al niño a otra habitación que habíamos preparado para él y dejo a su mujer acostada en el dormitorio principal.

    Nosotros estábamos mas enganchados con el juego y seguimos un rato mas. Ya para ese momento las preguntas eran mas picantes. Preguntas como, si nunca hicimos un trio, o si nunca besamos a una mujer.

    Ni bien se fue Rosa y como ya estábamos mas que entonados con todo lo que fumábamos y lo que tomábamos, Federico redoblo la apuesta y dijo que, para mejorar el juego en lugar de preguntas o afirmaciones tenemos que cumplir un desafió y quien no lo haga tiene que tomar.

    Los primeros desafíos fueron graciosos e implicaban que Cristian saliera al balcón y arrojara un balde de agua a la calle del piso 5 donde estábamos y luego ocultarse, o Fede tuvo que mandar un mensaje de texto zarpado a una amiga del trabajo. Incluso, a Mara la hicieron gatear alrededor de la mesa maullando como una gatita. (Creo que la idea era verle el culo ya que esa mini no ocultaba nada y se le veía clarito la tanga roja metida en el culo a cada paso que daba) A mi me hicieron saltar en una pata para ver hipnóticamente mis pechos moverse hacia arriba y hacia abajo.

    Finalmente comenzaron cosas mas zarpadas le toco perder a Mara y fue Fede quien la desafió a mostrarnos una foto de ella intima. Y como no tenía ninguna la hicieron ir al baño a sacarse una. Ella fue y se notaba que le costaba caminar. Pero no dudo y se sacó una foto como pudo. En realidad, la foto salió movida y solo fue en ropa interior. Asique hubo quejas pero yo me plante defendiendo a mi amiga. Ya que el desafió no fue claro, -si hubieran querido ver algo mas deberían haberlo planteado de inicio- dije. Y ese fue el puntapié para que se desmadre todo.

    Me toco perder y me pidieron una foto también pero de mis tetas y para evitar que salga movida tenía que ensacarla Mara. Asique fuimos al baño pero Mara estaba realmente mareada y fue Cristian quien propuso que la foto la saque Federico que estaba mas despierto. Argumento que quería que no salga movida. Yo no esperaba eso. Cristian entregándome a su amigo para que me vea las tetas. O estaba muy pasado o estaba muy excitado.

    Asique Fede se metió en el baño y me miro… Yo no dude en sacarme la ropa dejando libre mis tetas y a él se le salieron los ojos de orbita. Y vi claramente como se le paraba la pija debajo del pantalón. La verdad me éxito mucho la situación y mucho mas verlo tan sacado. Creo que moría por tocar pero solo se dedicó a tomar muchas fotos. Incluso me pareció que saco su propio celular para quedarse con algún recuerdo ya que el celular con que estaba sacando, era el de Mara.

    Cuando volvimos Cristian estaba ayudando a Mara que se le notaba muy afectada por el alcohol y creería que también estaba aprovechando mi ausencia para tocarla un poco ya que la minifalda ya estaba en la cintura y su remera solo cubría sus pechos dejando su panza al aire.

    Le preguntamos si quería seguir un rato mas y dijo que si. Y para mala suerte para ella perdió de nuevo y los chicos dijeron que mejor seguíamos y que pierda otro hasta que se recupere un poco mas. Y me toco perder a mi, y ni lerdos ni perezosos nos dijeron que como las dos habíamos perdido, el desafío era besarnos por 3 minutos. Yo mire a Mara quien ya le daba igual todo. Asique me pare y la pare a ella, la tome del cuello y comencé a besarla lentamente. Pensé que ella no iba a devolver mi beso pero me abrazo y empezó a pasar su lengua tímidamente en mi boca. Nunca había tenido contacto tan estrecho con otra mujer pero la verdad sentí como mi concha se mojaba y las manos de ella pasaron a acariciarme la cara. Así el tímido beso se transformó en beso sexual y creo que no nos habríamos detenido de no ser que nos avisaron del tiempo.

    En ese estado de excitación seguimos jugando y fue Cristian quien tuvo que cumplir un desafío. Le pedimos que se desnude y salga afuera del balcón y baile unos minutos. Cumplió pero prometió vengarse y mas que nada, de mi, quien fue la de la idea.

    Le toco a Fede perder y Cristian propuso que vaya a la pieza donde estaba su mujer, le sacara la ropa y tomase una foto. Pensé que no le iba a hacer pero me equivoque. Se veía que era el que menos había tomado o el que mas fresco parecía estar. Ya que, de tiro, se fue y no tardo ni 3 minutos en cumplir lo pedido. Y lo mejor fue que nos trajo dos fotos. Una de Rosa desnuda con las piernas abiertas boca arriba donde se podía ver sus tetas con pezones negro , el cabello colocado para un lado un brazo doblado apoyado en su cintura y la otra mano sobre su ombligo. Su concha estaba completamente depilada y el muy descarado se la había abierto con los dedos por lo que se veía los labios rosados. Y la otra foto se la veía boca abajo también con las piernas abiertas esta vez con un culo terrible bien levantado, se veía claramente el ano y la concha desde el ángulo en que la saco. La verdad súper excitante. Favorecía también que tiene una cámara de última generación con no sé cuántos pixeles. No se perdían detalles.

    Cristian la verdad que quedó maravillado. Se le paro la pija de la excitación y fue el que más se quedó con el celular en la mano. Luego supe que aprovecho el tiempo y el descuido para pasarse la foto a su celular y borrar el mensaje.

    Después de semejante desafío Mara ya no quiso jugar mas y dijo que ya estaba fundida y que con su suerte seguro se pasaría la noche cumpliendo desafíos o en su defecto tomando hasta reventar. Asique solo se tiró en la un colchón que habíamos preparado para ella en el comedor. Quedó en una pose muy erótica boca abajo con el culo apuntando al techo y una diminuta tanga metida en el orto. Los chicos se ubicaron de tal forma que no se perdían detalle y yo quede sentada de espala a ella.

    Jugamos unas veces mas y casi nunca perdía. Asique era yo la que les proponía cosas.

    En unas de esas le hice ir a Cristian a la habitación a sacarse una foto con Rosa que según nos dijo Fede la había dejado boca abajo como se veía en la última foto. Tenía que poner la cara cerca de su culo y sacarse una foto.

    Yo estaba muy alegre y me estaba divirtiendo mucho y veía a los chicos mirándome con unas ganas terribles. Y cuando me toco perder fue Cristian que propuso que me encierre en el baño 7 minutos con Fede y que lo que pase en el baño se quede en el baño. Yo no podía creer que mi amor me entregue así a su amigo, ya que es muy celoso y sobre todo se veía que su amigo ya no disimulaba para mirarme o rosarme.

    A Fede le brillaron los ojos y a pesar de ser el que menos tomo, se le notaba que ya estaba mareado. Se levantó de inmediato como pudo y me tomó de la mano. Así me llevo al baño y cerró la puerta. Pensé inocentemente que su Fede me respetaría y que nunca se aprovecharía de la esposa de su mejor amigo a lo sumo querría sacarme alguna que otra foto. Pero ni bien entro me tomo de los hombros, me empujo contra la pared y comenzó a besarme apasionadamente. Yo no esperaba eso y solo respondí a su beso. Era como otra persona, estaba poseído y me trataba como de su propiedad. Ese beso me pareció una eternidad y yo realmente lo estaba disfrutando.

    Mientras su lengua jugaba con la mía su mano empezó a explorar mi culo por debajo de la ropa, me apretaba sin disimulo y en un momento sentí su dedo tocar mi orto y seguir mas abajo hasta llegar a el inicio de mi concha ya humedecida. Y ahí, sentí su otra mano explorando mi panza, subiendo hasta el sostén y chocando con él. Me abrazo por atrás y en un segundo sentí que el corpiño se caía. Lo había desatado con una sola mano y esa misma mano volvía a entrar con delante tocando mis pechos libremente.

    Todo esto pasaba sin dejar de besarme. Era como que el beso le daba permiso para hacer lo que quiera conmigo.

    Sin dejar de besarme sus dos manos se fueron a mi cadera y comenzaron a levantar mi blusa y dejarme desnuda e indefensa ante él. Solo ese instante dejo de besarme para poder sacarme la ropa y continuó con sus besos. Yo solo me entregue, y con los ojos cerrados levante las manos para que pueda sacarme la remera.

    Estaba idiotizada, sentía como me agarraba con sus manos grandes y quede helada cuando comenzó a estrujarme los pezones con fuerza. Me dolía pero seguía besándolo, me deje llevar, fue recién en ese momento cuando saco su boca de la mía para seguir por mi cuello. Me chupaba y me manoseaba las tetas con total descaro.

    Yo sentía como un rio dentro de mi concha. Era una bestia salvaje que me estaba poseyendo. Sus manos bajaron mi pantalón y me hizo levantar los pies para quedar totalmente desnuda ante él. Sencillamente me dejé hacer.

    Me sentí indefensa, estaba totalmente entregada a su antojo. Me giro bruscamente apoyando mis pechos contra el frio azulejo del baño y con su mano comenzó a masturbarme. Mientras su boca estaba en mi oreja y mi cuello chupando cada centímetro.

    -Estás mojada putita, te gusta- me dijo con su voz en el oído.

    Yo solo seguía con los ojos cerrados disfrutando hasta que con la otra mano me apretó un pezón y me dijo nuevamente: -Te gusta putita…

    -Si me gusta- respondí al sentir el fuerte apretón en mi pecho.

    En ese momento, sonaba la alarma que había puesto Cristian sobre la mesa. No era un ruido fuerte porque como algunos estaban durmiendo le habíamos puesto el sonido bajo, para no despertar a nadie, pero me pareció raro que siguiera sonando y Cristian no la parara.

    Fede se detuvo con una terrible y evidente frustración. Y yo estaba súper mojada y la verdad no quería que pare. Pero sentíamos que si no salíamos en cualquier momento se abriría la puerta. Por lo que, me volví a poner la ropa rápidamente. Solo que en las apuradas me puse la remera sola sin corpiño. Luego me di cuenta que si iba a hacer evidente cuando se vean los pezones dures bajo la remera ajustada.

    La alarma por fin dejo de sonar y nosotros, en ese momento, salimos de baño. Lo primero que note fue a Cristian algo agitado como si hubiera estado corriendo e incluso se lo veía algo transpirado.

    -Que abran hecho ahí adentro- dijo Cristian mirándome la ropa algo mal colocada y mis pezones parados.

    -nada, solo charlamos al oído- respondió Fede sonriendo.

    -Seguimos un rato más? – dijo Cristian

    Yo la verdad estaba muy cansada y excitada también pero después de lo que había pasado ya estaba demasiada caliente para dejar el juego ahí. Asique acepte seguir.

    Cristian comenzó a repartir mientras Fede se fue a preparar unos tragos y en ese momento me percaté de que Mara estaba casi desnuda. No recordaba que la habíamos dejado así. La remera la tenía toda sobre la espalda pero fuera del cuerpo y la cola completamente al aire, solo tenía enrollada la mini en la cintura y tenía puesta la tanga roja mal colocada. En ese momento relacione lo que veía con la transpiración de Cristian.

    El muy desgraciado no había perdido el tiempo y por lo visto esa era la explicación de que había puesto tanto tiempo en la prueba. Cuando sonó el reloj no fuimos los únicos que nos quedamos con las ganas en el baño, él también se quedó con las ganas de seguir.

    Me levante y fui a donde estaba Mara y me recosté un rato al lado de ella. Un poco de cansada y otro poco para poner mi cuerpo al lado de ella y ponerlos mas cachondo a los chicos. Porque yo estaba con ganas de sexo y los necesitaba bien excitados.

    Fede giro y cuando me vio junto a Mara desparramada. Dijo:- ya se me ocurre un desafió viendo a estas dos casi desnudas en la cama.

    Cristian rio y comenzó a dar de nuevo.

    Esta vez el ganador fue Fede por lo que Cristian y yo tendríamos que cumplir su capricho. Yo pensé que me iba a pedir que le haga algo a Mara pero no, para mi sorpresa dijo que él quería ver a Cristian penetrándome.

    Lo mire a Cris y él dijo: -bueno pero tiene que ser cuando termine el juego y ya nos vayamos a dormir.

    Fede asintió y yo ni pude responder. Era claro que los dos me tenían controlada. Estaba a la voluntad de mi macho y su amigo. Y la verdad me sentía completamente entregada a su antojo.

    Se notaba que los tres estábamos excitados y ya el juego parecía que no daba para más.

    En ese momento Fede dijo: che Cristian acá algo anda mal, fíjate que tengo a Rosa en la pieza totalmente desnuda, Mara esta acá acostada con solo una prenda en su cintura y Dayana tiene más ropa que oso polar en invierno, jajaja.

    Todos reímos y Cristian dijo: -la verdad no lo pensé pero tenés razón. Vamos Dai a mostrar un poco.

    -que nos haga un striptease mientras se saca la ropa- dijo Fede.

    Yo al principio dudé y me sorprendió que Cristian me lo pidiera pero fue como si mis hombres dominaran mi voluntad y solo me pare y comencé a bailar algo al compás de una música que puso Fede.

    Primero me saque la blusa lentamente quedando con tetas al aire, luego me fui moviendo lentamente de espaldas sacándome la calza y dejando ver la tanga rosa haciendo juego con el corpiño (que había dejado en el baño) y ahí mismo me detuve, y después de muchos movimientos sensuales me senté.

    Los dos me miraron con una carita de decepción. Esperaban que continué el baile y quede totalmente desnuda. Pero yo quería dejar algo a la imaginación porque sentía que todo iba muy rápido.

    Seguimos el juego un rato más y tras un empate entre Cris y Fede decidieron que sea yo sola la que tenía que cumplir el desafió.

    Propusieron que me ponga en poses junto a Mara y a Rosa que estaban durmiendo las dos y ellos me sacarían fotos. Pero teníamos que estar todas en bolas. Por lo que los dos te tomaron el trabajo de sacarle la única prenda que tenía Mara y la dieron vuelta.

    La imagen era impactante. Esos pechos apuntando el techo tan erguidos y duros y la concha totalmente depilada.

    Asique en unos movimientos rápidos yo también me termine de sacar la única prenda que me quedaba.

    Cristian me pidió que me acueste al lado fingiendo que dormía y comenzaron los flash de las cámaras.

    Me pidieron que le agarre las tetas, que las masajee, que le pase la lengua y yo los complacía en todo. Creo que estaba mas que entregada.

    Luego la dieron vuelta y me pidieron que me ponga en cuatro sobre ella, culo sobre culo y me empezaron a sacar fotos del culo. No sé quien de los dos estaba mas excitado y emocionado, pero se veía claro que Cristian aprovechaba cualquier oportunidad para abrirle las piernas a Mara o la concha y toquetearla y Fede repetía lo mismo pero conmigo.

    Cuando terminaron las fotos me dijera que vayamos a sacarnos con Rosa pero yo ya estaba muy cansada y le dije que lo dejábamos para otro día porque ya no daba más.

    Se compadecieron de mi y me dejaron pero me hicieron prometer que cumpliría mi palabra.

    Igual Fede dijo que le debíamos un desafió y que no pasaba de esta noche en cumplirlo. Y me alegré que lo dijera porque yo quería cumplirlo, ya que tenía la concha tan caliente que si no me cogían me iba a masturbar toda la noche antes de dormir.

    Cristian dijo que no tenía problema en cumplir y yo solo asentí con la cabeza.

    Entre los dos armaron la cama de dos plazas con el sillón del comedor, justo al lado de donde estaba Mara acostada. Y ni cuenta me di cuando pero al girar los vi a los dos desnudos.

    En ese momento pude ver lo que había sentido en el baño. La pija de Fede era bastante mas larga y ancha que la de Cristian y se veía tan rica que tenía muchas ganas de sentirla y tocarla. Cristian se acostó boca y no fue necesario que me diga que hacer. Inmediatamente me puse entre sus piernas y comencé a chupársela como a él le gusta. Lentamente pase mi lengua sobre su glande y con mi mano derecha apreté sus pija. La verdad se veía mas grande que de costumbre y yo tenía tantas ganas de chuparla que estaba poseída. Generalmente lo hago desear antes de metérmela toda hasta el fondo pero esta vez era yo la que quería sentirla en mi garganta. Asique en instantes, era un entra que sale, y si bien tenía sus manos sobre mi cabeza no era el quien me presionaba hasta el fondo, era yo quien me la mentía al grado de tener los ojos vidriosos. Estaba hecha una golfa caliente. Y fue un poema ver la cara de Fede completamente sorprendido.

    Y lo note porque comencé a ver luces del flash en mi cara.

    Seguí con mi faena y las luces pararon y comencé a sentir un dedo incursionando entre mis piernas.

    Era un mar lo que tenía ahí, y ahora estaba sintiendo varios dedos jugando con mi clítoris y metiéndose. Mire a Cristian y estaba con los ojos cerrados sin notar que su amigo estaba toqueteándome. Así que me esmere mas para que siga disfrutando y no abra los ojos. Pero me desconcentraba con tanto toqueteo, y la verdad estaba muy caliente, necesitaba una pija en mi concha mojada. Pensé que Cris se iba a dar cuenta porque, comencé a detener mi chupada para gemir, asique decidí comenzar a jugar con mi mano en sus bolas que se le encanta y de ahí, pase a bajar mi lengua para chuparle las bolas y acercarme a su culo. Mientras con la mano libre le hacia una paja lentamente.

    Ahí sentí que la otra mano de su amigo comenzaba a estrujarme las tetas, las apretaba con fuerza y me dolía y luego comenzó a apretar el pezón y pellizcarlo.

    Quería sacarlo, porque lo hacía muy duro, pero su otra mano en mi concha me tenía inmovilizada, me violaba con tanta firmeza que solo me deje hacer.

    Mi lengua ya estaba en llegando al culo de Cristian y él ya estaba delirando. Pero no quería que termine porque necesitaban que me penetre. Por lo que, detuve mi lengua y mi mano y me monte sobre él.

    Sentí como me clavaba sin ningún inconveniente. Estaba volviéndome loca, y necesitaba esa leche en mi concha. Comencé con movimientos suaves pero él me tomo del cuello y me acerco para morderme los pechos.

    Y ahí pude notar a Fede con su terrible pija casi frente a mi y cerca de la cabeza de Cristian apuntándome y haciéndose terrible paja. Su mano subía y bajaba a mucha velocidad y se veía claramente mojada. Era la misma mano con la que estuvo jugando en mi concha… Su cara de placer al ver mis tetas cayendo sobre el cuerpo de mi amado. Y el bambolee de las mismas, era hipnótico, ya que no le quitaba los ojos de encima.

    Y yo estaba tan tentada de meterme ese pedazo de carne en la boca que me costaba contenerme.

    El placer me estaba volviendo loca. Y en cuestión de segundo Fede desapareció de mi vista y volví a sentir su mano en mi culo. Me lo apretaba y con fuerza, parecía que se habían puesto de acuerdo ya que mientras Cristian se entretenía con mis pechos, Fede se dedicaba a mi culo. Cristian no se estaba moviendo ya que era yo quien movía mis caderas suavemente sobre él.

    Todo estaba muy oscuro y en ese momento sentí las manos de Federico abriendo mi culo y mordiéndomelo. Esa lengua traviesa ya estaba bajando por mi raya y se acercaba peligrosamente a mi agujerito. Y por unos instantes la sentí hurgándome. La misma lengua que me había comido el cuello y que me dejó tan excitada, ahora jugaba con mi culo y ahí me di cuenta!!! Esa lengua estaba muy cerca de mi concha, que estaba siendo penetrada por Cristian, por lo que la situación se puso más morbosa de lo que pude haber imaginado. Asique comencé a moverme con más desesperación para provocar ese choque, quería sentir esa lengua en mi concha mientras era penetrada. Y lo logré… pero el movimiento fue tan brusco que ya no volví a sentir esa lengüita calentita. Después me di cuenta que esa picardía me iba a salir caro.

    Y puede comprobarlo cuando un chirlo me azoto el culo con mucha fuerza, creo que me quedo rojo el culo y fue tan fuerte que todos nos quedamos quietos por un instante pensando que los demás iban a despertar. Pero Cris siguió como si nada hubiera pasado y Fede quien parecía molesto con mi treta comenzó a jugar con mi auguro y sin ninguna piedad me metió un dedo en el culo. Me dolió por la brusquedad pero sentí que el dedo estaba mojado porque entro fácilmente. Y como buscando revancha, comenzó a moverlo con brusquedad y velocidad. No sentía placer porque no era algo que me guste pero siendo penetrada por Cristian y al mismo tiempo castigada por Fede, sencillamente me deje llevar por el momento y deje el dolor o la incomodidad de lado para comenzar a disfrutar.

    Había sido una chica mala y mis hombres me estaban castigando porque ahora también Cristian me estrujaba los pezones y me dice al oído:-Putita te gusta jugar con fuego no???

    Ahí me di cuenta que él sintió la lengua de Fede cerca de su pija y también se quería vengar de mi. Yo quería gritar porque me estaban dando tan duro los dos, pero el placer pudo más. Y solo salían gemidos de mi boca. Y en ese momento, tuve un orgasmo terrible. Sentía la concha y el culo llenos y un sonido de placer salió de mi boca con tanta intensidad que Fede retiro la mano de mi culo y con rápidamente me tapo la boca. Yo sentí unos espasmos que jamás tuve y el orgasmo las largo de mi vida y desplome mi cuerpo sobre Cristian. Me tomó unos segundos reaccionar, fue como un desmayo.

    Habría dormido en ese mismo momento pero era imposible porque claramente ninguno de los dos había terminado y dudo que lo hubieran dejado así. Mucho menos mi hombre.

    Y así fue, Cristian salió y me hizo poner en cuatro como perra y comenzó a penetrarme desde atrás, como fuerzas y velocidad. Mientras tanto, Fede se acercó frente a mi, con su pija parada apuntando a mi cara. Ahí pude ver que estaba totalmente depilado y el tamaño y dimensión de su pija que tenía un pequeño hilo de leche saliendo de la punta.

    Con sus dos manos comenzó a manosearme las tetas ya muy doloridas y a apretar mis pezones, por suerte no tan fuerte como me lo hizo Cristian.

    Sentirme en esa posición completamente entregada a mi hombre y con una pija apuntándome en la cara me puso caliente nuevamente. Tenía muchas ganas de metérmela en la boca pero me contuve. Pensaba que, si mi picardía de provocar un rose de lengua contra la pija de mi esposo lo puso así, imaginaba como se pondría si me veía chupándosela. Me iba a castigar peor. Asique solo me dedique a mirarla con ganas.

    El sin dejar de tocarme las tetas usaba una de las manos para acercarla a mi concha por mi panza y eso hacía que se acerque mas peligrosamente su pija a mi cara. Cuando llegaba a tocarme la concha ya su pija hacia contacto con mi cara chocando con mi mejilla o con mi pera y en ocasiones con mis labios. Resistían el impulso de abrir la boca porque cada vez que el hacia ese moviente Cristian me envestía con mas violencia como advirtiéndome.

    Y en una de esas movidas me termino dentro, sentí su leche, pero más que nada sentí sus manos apretando con fuerza mis caderas. En ese momento, Fede tenía la mano tocando el incido de mi concha y su pija apretando mi cara y como estaba tan excitada y no quería que saque su mano de ahí empecé a frotar mis labios contra su pija. Y disimuladamente abrí un poquita la boca para sentirla. Ya que su olor era muy fuerte y me estaba volviendo loca. El empujo la pija con violencia y logro meter apenas la cabeza en mi boca ya rendida de deseo, pero retire la cara rápidamente mientras sentía a Cristian salir de mi cuerpo lentamente y dirigiéndose al baño. Fede ya con la concha desocupada metió un par de dedos y el morbo me invadió cuando comencé a sentir la leche caer entre mis piernas. Federico me estaba dando placer con su mano entre los restos de semen de su amigo… La verdad la imagen era morbosa y sin Cristian a la vista recompensé sus caricias sacando la lengua y dándole unas chupaditas a esa cabeza roja que me tenía sacada. Probando el líquido que estaba saliendo y es sabor de su pija.

    Pero el no aprovecho ese momento para metérmela, que era lo que yo esperaba, tal vez por respeto, también me dejó y se fue al baño con Cristian. El desafió se había cumplido e increíblemente no se había desmadrado.

    En los minutos que siguieron yo estaba caliente nuevamente recordando todo lo que paso y la verdad quería seguir un poco más pero también estaba muy agotada. Y con todo el cuerpo dolorido y viendo que los dos me habían dejado, deduje que ahí había terminado todo.

    Pero al rato sale Cris del baño y me dice que Fede que se iba a quedar con nosotros en el sofá para no molestar a Rosa. Me agarro del cuello y me dijo al oído:- más vale te portes bien.

    A mi me pareció una excusa porque Rosa estaba sola en una cama de dos plazas y era más cómodo dormir allá que los tres en un sofá para dos. Pero imaginé que Fede se lo pidió porque él no había terminado y quería seguir jugando un rato más conmigo. Asique no objete su pedido.

    Yo estaba boca arriba y Cris se tiró a mi derecha boca abajo y en cuestión de segundos se durmió. Tan así, que cuando salió Fede, él estaba roncando. Fede había estado bastante tiempo en el baño, y me imagine que estaba haciéndose una paja, pero cuando salió, tenía la pija parada. Y cuando se acercó a mi, rápidamente cerré los ojos y fingí que dormía.

    Él se recostó a mi izquierda. Que morbo sentí al tener a cada lado mío un hombre estando yo desnuda y entregada. Ellos parecían mis dueños y me sentí una puta caliente. Estaba en mis pensamientos cuando sentí la mano de Fede entre mis piernas.

    Mi concha aún tenía restos de la leche de Cristian, pero claramente no le molestaba y estuvo largo tiempo masturbándome. De pronto, el muy pervertido sacó los dedos de mi concha y me los metió en la boca. Yo quería fingir que dormía pero no pude resistirme y abrí la boca. Así fue que se dio cuenta que estaba despierta y me dijo a oído:- putita el único que se quedó con las ganas fui yo y con la que me hiciste hoy me voy a cobrar revancha.

    Sabía a que se refería.

    Tomo mi mano y la llevo a su pija.

    Yo disimuladamente comencé a masturbarlo Mientras le chupaba los dedos.

    Luego saque la mano de su pija y la metí en mi concha que seguía mojada de mis flujos. Y ya con la mano mojada comencé a subir y bajar lentamente. Baje la piel de su pija y jugaba con su cabecita. La tenía tan grande que no me entraba en la mano, no podía cerrarla y apretarla completamente.

    Yo estaba caliente y en ese momento, sentía ganas de chupársela. Necesitaba ese trozo en mi boca, pero tenía miedo de moverme y despertar a Cristian. Quería sentir el sabor de esa pija.

    Me había dejado impregnado el olor en la cara y quería sentir esa leche calentita en mi boca. Me sentía una zorra y esa noche lo fui. Aunque no me anime a más.

    Solo comencé a mover velozmente la mano y en ese momento sentir un chorro que salió de su pija y otro y otro y otro. Me llego hasta los pechos, No había visto a nadie terminar tanta leche. El me agarro la mano con la que estaba pajeándolo que estaba llena de leche y me la llevó a la boca. Y sabiendo lo que quería me empecé a chupar los dedos hasta dejarlos limpios.

    Se acercó a mi oído y me dijo:-TODA…

    Me lo dijo con tal autoridad que solo atine a volver a llevar la mano y tratar de recoger lo que podía y llevarlo a mi boca. Incluso junté la leche que había saltado a mis pechos. Él tomo el celular, prendió la linterna y me alumbro a su estómago con algunos restos de leche y su pija, aun dura y firme. Y volvió a decirme al oído con más autoridad que antes:- Toda putita…

    Asique trate de moverme lentamente, para que no despertar a Cristian y logré ponerme con cuatro entre los dos y como una gatita, comencé a pasar mi lengua por su pecho, su estómago y limpiando todo.

    Lo mire y me señalo con sus ojos la pija, lo sentí como una orden y comencé a pasar mi lengua por sus alrededores y sin tocársela. Podía ver como su respiración se aceleraba cuando mi legua lo rosaba. Y me pone loca ver a un hombre entregado, esperando que le de lo que me pide. Mi lengua comenzó a subir por su pija y a sentir esas venas a punto de explotar. Chupaba como si fuera un heladito. Hasta que el tomo mi cabeza con su mano derecha, agarró un manojo de mi cabello y llevo mi boca a su pija que nuevamente estaba más que dura.

    Ya no había dudas de lo que quería. Vio mi boca tragarse completamente la polla de Cristian y quería sentir esa sensación. Pero en este caso, era imposible. A penas podía ponerme la cabeza en mi boca y ahí me di cuenta, lo difícil que sería para Rosa hacerle una manada con su boca pequeñita. Tenía esa idea en la cabeza cuando sentí un flash en mi cara. Me había sacado una foto con su pija en mi boca.

    Esa luz me trajo a la realidad, y aunque imaginaba ese pedazo de carne entre mis piernas, partiéndome en dos, reaccioné y rápidamente me volví a acostar dándole la espalda. Ya había llegado muy lejos y no quería hacer algo que mañana me iba a arrepentir. Más que nada porque en la otra pieza estaba mi amiga y ella no estaba consiente de todo nuestro juego.

    El pareció entender y ya no volvió a tocarme ni decirme nada. Creo que pensó que estaba molesta por sacarme esa foto.

    Mire el reloj del comedor y pude ver que eran las 3 am. Asique abrace a Cristian y en cuestión de segundos me dormí.

    Luego de un rato, siento algo entre mis piernas y me desperté. Tenía el brazo de Fede sobre mi haciéndome cucharita con su pija intentando penetrarme la concha pero me desperté porque en unas de esas envestida había presionado mi orto y me dolió.

    No sabía si hacerme la dormida y dejarlo hacer o moverle e ir al baño. Pero el morbo pudo más porque tenía a mi lado a Cristian durmiendo y a su amigo tratando de meterme su pija sin permiso.

    Lo dejé hacer un rato más, para ver qué pasaba y comencé a mojarme. Eso facilitó que su pija se meta en mi, más fácilmente. Pero igual no era fácil, en esa posición con su pija tan grande no era fácil entrar. Y sentí que sin piedad metía su cabeza. Con mucho esfuerzo lo logró y me dejo helada. Porque era como dos pijas a la ves entrando.

    Fue una sensación que nunca experimenté. Creo que en su intento por entrar más adentro provocó que mi cuerpo se estremezca y ya no pude fingir que estaba durmiendo y no quería que sienta que tenía mi permiso para hacer eso. Así que, en contra de mi voluntad tuve que moverme bruscamente fingiendo que me despertaba y obligándolo a salir.

    Me levante y mire el reloj eran las 4,25 y me preguntaba si había estado así durante más de una hora.

    Fui al baño pero no al que estaba en el living sino al que tenía en el cuarto.

    Al entrar al cuarto vi a Rosa boca abajo con las piernas separadas y con la concha abierta como una flor. Me acerque y me pareció que estaba mojada así que puse mis dedos y comprobé que estaba llena de leche. En ese momento deduje que el muy cabrán de Fede había violado a su mujer como me lo había quería hacer a mí. Y en parte lo justifique ya que había quedado muy caliente viéndonos coger y él solo se había conformado con una paja.

    Luego de descargar en el baño los litros de alcohol que había tomado, volví sin hacer ruido y vi a Cristian durmiendo en la misma posición que había queda desde el principio y Fede estaba en el baño.

    Mire a Mara y ella también estaba acostada boca abajo y con la concha abierta como una flor. Ahí me acerque y metí mi dedo y para mi sorpresa también estaba llena de leche. No podía creerlo, el muy atorrante había aprovechado que todas estábamos dormidas y nos había metido su pija.

    Estaba indignada porque me había mentido su pija luego de haberla metido en la concha de mis dos amigas. Pero algo a dentro de mí me estaba excitando. Solo pensar que esa pija estuvo descargando su leche en la concha de mis amigas y si lo hubiera dejado, también en la mía, me había despertado el morbo. Además, pude notar la cantidad de leche que les salía y me pareció increíble que después de la paja que le hice y de todo lo que largo aun tenga más y en esas cantidades. Y para rematarla, si lo hubiera dejado seguía cogiéndome y volvería a descargar dentro de mí.

    Un cerdo, un animal salvaje, una bestia. Me pareció tan excitante y repulsivo que casi no pude dormir pensando en eso.

    Sentí ruedos en el baño y rápidamente me tire en la cama boca abajo mirando al lado contrario de él y fingiendo que dormía. El muy cerdo se acostó a mi lado y metió un dedo en mi concha desde atrás, se acercó a mi oído y me dijo:- ya te voy a llenar de leche esta conchita que seguro se quedó con las ganas de sentirla toda a dentro.

    Gire la cara y lo mire con un odio y rechazo total. Levante la mano, le hice un gesto con el dedo del medio y volví a girar el rostro. Pero estaba en lo cierto yo estaba muy caliente y no solo lo que me hizo en el baño o que me obligo a tomarme su leche sino de saber que se las había cogido a mis amigas sin consentimiento. Me calentaba lo macho y lo autoritario. Ya me gustaba eso de Cristian, pero esta salvaje le ganaba.

    El no dejó de penetrarme con su dedo y de moverlo y yo seguía largando leche, era inevitable. Tampoco tenÍa voluntad de sacarle la mano. Me tenía poseída, en ese momento sentía que le pertenecía. Pero no quería que lo sepa.

    Se volvió a acercar a mi oído y me dijo: – ese culito tampoco se va a salvar. Te lo voy a romper todo.

    Y el mismo dedo que estaba en mi concha lo sacó empapado y lo metió en mi orto con firmeza pero a la vez muy delicadamente. Porque no me dolió en lo absoluto y es una de las cosas que más me molestan. Cristian ha intentado hacerme el culo pero siempre lo rechazo, no me parece excitante. Había terminado salvajemente hacia unas horas, con el dedo de él en el culo pero deduje que fue por el morbo de tener a Cristian penetrándome y a otro hombre pajeándose y tocando el culo. Además al ser un solo dedo no lo sentí tan invasivo.

    Pero en este momento fue distinto. Su dedo no solo no me molesto sino que me estaba excitando. Y sumado a su voz autoritaria y su amenaza sentí espasmos en mi concha. Solo no quería que él lo supiera, no quería que me vea tan desarmada antes sus manoseos. Ni que descubra lo desesperada que me tenía. Que supiera que necesitaba su pija en mi concha que ya me estaba volviendo loca de deseos.

    Por suerte, retiro su dedo y me dejo descansar. Bueno la verdad que de descansar muy poco. En realidad como me dejó, fue calienteee. Y si ya lo odiaba antes, más lo odie ahora. Eso no se le hace a una mujer.

    Trate de controlarme y de dormí como pude pero toda esa situación morbosa no me dejaba. Hasta que finalmente puede oír a Fede roncar y me toco renunciar a mi fantasía. Esperaba que me cabalgue así de espalda como estaba, que tome mi pelo y me penetre sin piedad. Pero nada de eso paso más que en mi mente. Así que resignada me dormí al rato.

    Continuará…

  • Mi violador vuelve a atacarme

    Mi violador vuelve a atacarme

    Hola queridos lectores, soy Sandra, la Zángana, para quienes me leen por primera vez me presento, soy nacida en Bucaramanga, Colombia, tengo 35 años cumplidos, casada, sin hijos, cabello largo y lacio, tetas medianas y unas nalgas redonditas y paradas que son la sensación para los hombres, ya que cuando voy por la calle parece que me desnudan, los conductores hacen pitar sus vehículos y muchos piropos llegan a mis oídos, unos decentes, otros morbosos y otros groseros.

    Hoy le describo lo mejor posible, una historia de mi vida, algo real, omito los nombres para evitar destapar esa olla, esas historias de sexo en mi vida.

    Cierto día me encontraba en casa como de costumbre, a eso de las dos y media de la tarde, estaba en la sala de mi casa, reposando del calor fuerte que hace en la ciudad de Bucaramanga, sonó el timbre, asumí que eran personas de un grupo de religión que van de puerta en puerta atrayendo personas a su comunidad, al notar que ese timbre no paraba de sonar, decidí asomarme para ver quién era.

    Se trataba de dos hombres, ambos conocidos y reconocidos con anterioridad, uno de ellos era de color moreno, alto, como de 1,90 de estatura, fornido, musculoso, recordé que ese mismo tipo era quien se había metido a mi habitación en el hotel, en la fiesta de despedida del año pasado, llegó vestido con una pantaloneta de colores y una camiseta tipo esqueleto, unas sandalias viejas y raídas, típico de una persona de la costa. El otro era mucho más bajito, considero que 1,70 estatura, sus ojos color café, piel blanca, contextura mediana, vestía muy de oficina, pantalón de dacrón, zapatos negros de material y camisa de botones.

    Vengo a pedirte disculpas, a hacer las paces, explicarte lo sucedido y que seamos buenos amigos, mi compañero viene como garante de mis intenciones, por favor permíteme esta oportunidad, fueron las palabras del negro gigante. Así lo llamaré en adelante, el negro, el flaco, su otro compañero, asintió con la cabeza, dando por sentado las palabras del negro.

    Está bien, pasen, pero no tardan, soy una mujer casada y los vecinos empiezan a murmurar, o puede llegar a oídos de mi esposo y no quiero problemas, tranquila mi reina, seremos breves en la visita, los hice sentar en la sala, les pregunté si les preparaba un café, querían agua u otra cosa.

    Queremos algo más, de un bolso sacaron dos, six pack de cerveza club Colombia, tomaron una cada uno y me ofrecieron una, no quiero, les dije, es una sola, no pasa nada, la tomas despacio mientras hablamos, por favor guardas las otras en la nevera, acepté y regresé a la sala.

    Recuerdo que ese día estaba vestida con una pantaloneta, chanclas y una camisilla de algodón con un dibujo de un gato en su parte delantera, me senté en otra silla y les dije, bueno, ¿a qué vinieron?, no seas tan dura, vengo a pedirte perdón y se tiró de rodillas frete a mí, levántate, que eso no remedia lo que nos hiciste, es verdad, me dijo, estuvo mal, pero aquí estoy, se levantó y sacó del mismo bolso un paquete, envuelto en papel de regalo, mira es para ti, no tenías que hacerlo, le dije, sí, lo sé, me contestó, en todo caso a eso vengo a pedir disculpas, que podamos ser amigos en el futuro.

    Mira, nosotros trabajamos con tu esposo en la misma empresa, aunque diferente área, sabemos todo de ti, todos tus pasos los conocemos, me asombra eso, ¿por qué lo hacen? En parte curiosidad, parte porque eres inolvidable y porque cualquier hombre daría todo por un beso tuyo, sonreí fuerte, tampoco exageres, no es exageración y lo sabes, pero destapa el regalo, si no te gusta me lo devuelves y no pasa nada.

    Al abrir el paquete, salieron a la vista dos juegos de ropa interior, una de color blanco, mi color favorito y otro de color rojo vivo, están hermosos, exclamé con asombro, son tuyos sin compromiso, me dijeron, no puedo recibirlos, mi esposo estaría averiguando eso, tranquila, eso ni se dará cuenta, así son los maridos, solté la risa, en el fondo tenían razón.

    ¿Por qué no te los mides?, así quedamos más tranquilos, la talla está bien y el color también, me gustan mucho de verdad, mídetelos y nos cuentas, tanto insistieron que acepté, me dirigí a mi habitación, me probé el juego color blanco, perfecto, cambié mi camisilla por una blusa de malla transparente, para insinuar que sí los había probado, wow, qué hermoso se te ve, no es para tanto, les dije.

    Seguimos bebiendo cerveza, el negro se acercó más a mi silla, quiero hablarte de la fiesta de despedida, ya deje eso así, no quiero recordar, le dije, no es así, yo no puedo olvidar ese momento, quiero que sepas que desde mucho antes, he sido tu admirador, que me he tocado y soñado muchas veces con esa oportunidad, además, sé que también te gustó, lo digo por las miradas del día siguiente, yo tenía miedo a tus reproches y solo vi una sonrisa gustosa.

    Eres un maldito y lo sabes, el negro sonrió, el flaco en ese momento intervino, ¿pero de verdad es el juego que te trajimos? O es uno de los que tenías, estoy estrenando, les contesté, el negro volvió a tomar las riendas de la conversación y dijo, puedes desabrochar un poco la blusa, para ver que sí es nuevo, abrí uno o dos botones, mira la etiqueta puesta, no quitaron ni el precio, qué brutos somos, dijeron, todos reímos a carcajadas.

    ¿El panty también es del juego o te dio pereza ponértelo, corrí un poquito el resorte de mi pantaloneta y mostré una parte de los pantys, tienen buen gusto y tino para dar con la talla perfecta, fue la niña del almacén que nos orientó, ella si tiene idea de esas cosas.

    Volvamos al tema que nos trae, no quiero hablar más de eso, me pone mal, tranquila, te entiendo, pero quiero que no haya rencor entre nosotros, ninguno de mi parte le dije, lo hecho, hecho está y no puedo volver atrás el tiempo.

    ¿Puedo darte un abrazo, de amigos? Está bien, me levanté de mi silla, el negro se me acercó y me rodeó con unos brazos que sentí, me daba dos vueltas a mi pequeño cuerpo, se agachó para darme un beso en la boca y traté de esquivarlo, pero estaba presa, no pude evitarlo por mucho tiempo, nuestros labios se encontraron, quedando pegados por largo tiempo, nuestras lenguas hurgaban en la boca del otro, como una lucha en un ring, comprenderán ustedes, mis amigos lectores, que a esas alturas, con ese abrazo y besos que nos estábamos dando, las cosas empezaban a salirse de control, la temperatura corporal empezaba a subir, aunado a la temperatura caliente del ambiente.

    Cuando me solté, me miró a los ojos, una mirada fija y penetrante, ¿te gustó?, ¿te gustan mis besos? Callé por un momento, un sí, silencioso y casi imperceptible salió de mi garganta, me encanta como me besas, me encanta sentir tu cuerpo musculoso, tus brazos fuertes, eso me pone nerviosa, ¿nada más? Me dijo el negro, ¿acaso algo más me debe poner nerviosa? Mmm, pronunció el negro, sé que hay un juguete por ahí escondido que también te puede poner nerviosa, o mejor dicho feliz, que haga juego con tu ropa interior que llevas puesta.

    Callé por un momento, mi cuerpo temblaba, las cosas se estaban poniendo de verdad calientes, ¿por qué no se van ya? Les dije, está bien, dijo el negro, pero me das otro beso, no abuses, le dije, sabes que no quiero eso, solo que seamos amigos, nada más, dijo el negro.

    Volvimos a entrelazarnos en un abrazo, nuestros labios se unieron de forma apasionada, esta vez, una mano del negro, comenzó a recorrer mi espalda, mientras la otra me apretaba contra su cuerpo, esa mano bajó hasta mis nalgas, las apretó con fuerza, en mi afán de esquivar ese apretón, moví mi cuerpo hacia adelante, sintiendo su miembro fuerte, duro y muy grueso dentro de sus ropas, al punto que era muy obvio esa presión contra mi cuerpo, sentí que mi vagina se llenaba de líquidos, como si un chorro hubiera bajado desde mi estómago, inundando todo a su paso.

    Cuando recordé al flaco, amigo del negro, pensé, ¿en qué hp, me metí ahora? El negro notó mi frialdad, se apresuró a decir, tranquila, él sabía que esto podía pasar, tampoco va a decir nada a nuestro amigo y compañero, intenté ignorar, pero era imposible, el flaco notó mi contrariedad y se paró frente a mí, te puedo dar un abrazo, así entenderás que todo está bien. Acepté y nos abrazamos, espero no estar cometiendo un error, les dije.

    Estando abrazados con el flaco, sentí las manos del negro meterse por debajo de mi blusa, un escalofrío recorrió mi cuerpo, mi piel se puso como piel de gallina, cerré mis ojos, dispuesta a disfrutar el momento, el flaco aprovechó y me dio un beso, al que apenas pude corresponder, debido a las cosquillas y sensaciones que recorrían mi cuerpo,

    El negro jugaba con sus manos, metió sus dedos por entre el resorte de mi pantaloneta y comenzó a acariciar mi piel en contorno de mi cintura, vaya que sensación más hermosa, con cada movimiento mi pantaloneta y patys iban bajando centímetro a centímetro, el flaco empezó a soltar los botones de mi blusa, quedando al descubierto mis téticas, forradas en la tela del brasier que me habían traído de regalo, vamos a la alcoba, les dije, perfecto, vamos y seguro estamos más cómodos.

    Fuimos a la alcoba de huéspedes, les dije que bajaran el colchón al piso para que ni fueran a romper la cama, se apresuraron a hacerlo entre los dos, el negro me agarró nuevamente, nos besábamos apasionados mientras mi ropa iba cayendo al piso ayudada por esas manos fuertes, me tiraron mi panty y llegó a la rodilla, levanté una pierna y lo liberé, luego de una patadita lo lancé a un lado, quedé totalmente desnuda, entre tanto ellos también se desnudaron totalmente.

    Los pude observar bien en ese momento, el negro una vergota de 30 centímetros, muy negra, con la cabecita sin piel, gruesa y provocativa, el flaco unos 15 centímetros, piel trigueña y con piel en su glande, su cabecita, normal, como la de muchos tipos que conozco.

    El negro, me atrajo hacia su cuerpo, tenía fuerza como para mover un avión, me sacudía como un juguete de lana, puso su mano grandota en mi entrepierna y comenzó a masajear con movimientos de ida y regreso, mi clítoris parecía saltar de su sitio, los jugos de mi vagina no paraban de fluir, por eso se le hizo más fácil, doblar sus dedos y meter dos o tres, para seguir con más fuerza y rapidez sus movimientos dentro de mi cuerpo, recuerdo haber levantado un poquito una pierna para evitar tropiezos en esos ejercicios.

    El flaco estaba a mi espalda, sobando y acariciando mis téticas, que estaban duras en ese momento, no se recuperaban de las sensaciones de mi cuerpo, me besaba mi espalda, trataba de morder mi nuca, hasta que le dije que no fuera a dejar marcas, porque me metía en problemas con mi marido.

    El negro me puso una de sus manos por debajo de mi axila apoyando mi espalda, de un solo envión me hizo saltar a su cintura, mis brazos rodearon su cuello y nuca, mis piernas abiertas se agarraron a su cintura, eso le ofreció una puerta abierta de par en par para acomodar con facilidad esa vergota de 30 centímetros, comenzó a hacerme galopar, impulsando mi cuerpo hacia arriba y empalarme con ese trozo de carne en mi humanidad, me sentí como en un gancho de carnicería, mis téticas se columpiaban también rítmicamente, de arriba abajo y viceversa, mientras en flaco me sostenía con sus manos desde mis nalgas, metiendo uno de sus dedos dentro de mi expuesto culito, era imposible salvarme de ese gancho que había metido en mi ano.

    El negro dobló sus rodillas un poquito, el flaco se acercó y me empaló por mi culo con su verga, yo gritaba y gemía de placer, de dolor y de la felicidad que sentía en esos momentos, que rico, que ricas y deliciosas sensaciones, me sentía plena, realizada, el mundo se rendía a mis pies, era la reina coronada en ese momento.

    Cuando el negro se cansó, se tiró al piso boca arriba, sobre el colchón, me tiró de una mano para que me echara encima de él, aproveché para llevarme a la boca esa vergota, que se iba poniendo más dura a cada momento, se estaba recuperando del cansancio al estar de pies, él me acariciaba mis nalgas con sus manotas, luego me senté encima de ese miembro, que sensación más hermosa, sentir deslizar esa tranca dentro de mi vagina, aunque llena de jugos en ese momento, se sentía plenamente, cómo los pliegues internos iban dando paso, abriéndose y dilatándose al paso de esa serpiente, hasta tocar fondo, maltratando mis trompas de Falopio, ovarios, matriz y todo su componente, hasta llegar a mi estómago, gemía de placer, que rico, dame más duro, métela toda, esto sí me gusta, me agaché para dar un beso al negro en su boca,

    Sentí en ese momento al flaco, acomodarse en mi cintura y seguir taladrando mi ano, otra sensación más a la lista de corrientasos de mi cuerpo, esas embestidas me tenían a mil, mi vagina no paraba de producir chorros de líquido, seguramente agradecida por ese momento, me senté un momento sobre la verga del negro, me desenganché, me voltee para volver a mamar esa rica polla, la agarraba con mis dos manos, pero, se necesitaban como seis para cubrirla toda, empecé a pajearla, el negro me acomodó y su lengua comenzó un trabajo de trapear, de hurgar dentro de mis labios vaginales, como buscando algo.

    El flaco se tiró sobre el colchón y me senté sobre él en la misma posición anterior, fue el turno de ser enculada por e negro, esa serpiente se introdujo dentro de los esfínteres de mi cuerpo, sentí unas lágrimas brotar de mis ojos, suave, le dije, empezó ese vaivén de carne dentro de mí, cada vez más profundo, hasta que sentó sus bolas golpear mis nalgas y labios vaginales, el negro se arrodillaba, también se paraba agachado sobre mis nalgas, así lograba más profundidad, mi cuerpo se estrellaba o quedaba pegado al cuerpo del flaco,

    Por momentos parecía que la verga del negro se llevaba toda mi atención, no era verdad del todo, el flaco también sabía moverse, sabía trabajar y lograba que mi mente se fijara en las sensaciones que producía su pene dentro de mi cuerpo.

    Me hicieron acostar a mí sobre el colchón boca arriba, el negro se acomodó encima de mí al estilo misionero, comenzó su trabajo de penetración en mi mojada rajita, que parecía reír, recibiendo ese huésped, que tanto la hacía disfrutar, el flaco se acomodó arrodillado al lado de mi cabeza, me ofreció su verga dentro de mi boca. Comenzó sus movimientos como simulando estar culeando mi boca, yo trataba de seguir el ritmo, pero me era imposible, por momentos se pajeaba cuando se salía del orificio de mi boca, de repente sentí su leche caer en mi cara, aun disparando leche, me la metió en mi boca, comencé a chupar con fuerza, hasta que comenzó a perder fortaleza, inició su relajamiento, se levantó y se sentó en las tablas de la cama, mirando como el negro seguía trabajando sobre mi cuerpo, dentro de mi vagina.

    Dámela toda, la quiero dentro de mí, ¿estás segura? Me contestó el negro, sí, la quiero sentir dentro de mí, no te preocupes, no estoy en días fértiles y además, me aplico mis inyecciones para planificar, ok, está bien, me dijo el negro, yo levantaba mis rodillas para sentir más profundo ese tolete de carne, parecía interminable ese goce, mi mente se concentró tanto que olvidé, tiempo, espacio, mi marido y mis obligaciones,

    Noté que la cara del negro comenzaba a apretar sus labios, su respiración más rápida, sus movimientos de cintura también parecieron aumentar, su cuerpo se apretó, contrayéndose contra sí mismo, jadeó y empezó a bramar como un toro, sentí que su verga crecía al doble dentro de mí, un río de leche corría por mi cuerpo, desbordándose por los labios, hasta caer al colchón, su respiración se normalizó, su cuerpo se quedó quieto encima de mí, en ese momento sentí su peso verdadero, me espichas, se volteó y puso uno de sus brazos encima de mí, hasta que se recuperó un poco más.

    No supe si fueron mil o más los orgasmos que experimenté ese día, en todo caso, ha sido uno de los días más felices, de gozo pleno, de sentirme amada, deseada y calmada toda esa arrechera que produce un cuerpo,

    Nos duchamos los tres al tiempo, ellos aprovecharon para volver a tocar mi cuerpo a su antojo, mi culo, mi vagina y tetas no se escapaban a sus dedos juguetones, to agarraba una verga en cada mano, mientras el agua caía por nuestros cuerpos, noté que sus vergas volvían a tomar algo de potencia, sabía por experiencia que un segundo round, dura mucho más tiempo, por lo que decidí salir casi corriendo a vestirme, ellos hicieron lo propio, volviendo a arreglar la cama, tal como estaba hecha.

    Bebimos otra cerveza, el negro me preguntó, ¿cuál te gustó más, el de hoy o el de la despedida? Los dos, me apresuré a contestar, el morbo de tener a mi esposo cerca de mí y empalada por esa vergota tuya, no tiene precio, hoy la pude disfrutar y sentir mucho mejor, además tu amigo aportó mucho para llevarme hasta las nubes, allí estuve todo el tiempo, apenas me estoy bajando, este recuerdo permanecerá por un buen rato.

    Esa era la idea, sabíamos que no te ibas a negar o correrías la misma suerte, ese era nuestro pacto, no sean malos les dije, eso no se vale, no está bien, además ustedes son amigos y compañeros de mi esposo, tienen mucha maldad en sus corazones. Nada de eso, sabemos que te gusta el buen sexo y quisimos darte gusto, eso es todo.

    Seguimos charlando amenamente, a eso de las seis de la tarde, salieron de mi casa, eso sí, con la promesa de un nuevo encuentro, pero desde horas más tempranas, para disfrutar mucho más, me quedé pensativa, ¿qué he hecho?, en qué me estoy convirtiendo y convirtiendo a mi marido, mi propia casa no se escapaba a mis placeres, eso no disminuyó mi satisfacción, ni modo, lo disfruté y eso es lo que vale en la vida, volví a la ducha y me arreglé para mi esposo, quien llegaba a eso de las ocho de la noche, tiempo suficiente para estar presentable, además estrenando ropa interior.

    Con estos mismos personajes, he disfrutado en un par de oportunidades, mantenemos también comunicación por redes sociales, en presencia de mi esposo ellos son como desconocidos para mí, en su ausencia son mi esposo y tienen derecho a mi cuerpo entero.

    Aquí termina otra historia de mi vida, algo real, algo que quise compartir y dar a conocer a ustedes mis amigos lectores, soy Sandra, la zángana, espero te animes a comentar, evaluar o votar, eso me animaría para escribir otros relatos.

    Espero tengas la valentía de comentar y votar.

  • Mojito cubano (Parte 1)

    Mojito cubano (Parte 1)

    La conocí en uno de mis trabajos,  había llegado de Cuba hace un par de años, morena, cabello ondulado y espeso, de labios finos y sonrisa hermosa, un cuerpo envidiable a sus 45 años, bonito trasero, caderas delgadas, muslos ricos como para apretarlos, pechos redondos y bien formados… aunque claro si hablamos de «escala masculina» yo no estoy ni cerca de eso, si hablamos de belleza… menos si tomamos en cuenta que pasaba con ojeras por el trabajo… al verla lo primero que pensé «es tan rica esta tipa, que dudo que se fije en mi»… a veces la miraba en el casino de la empresa, veía como los demás tipos se «hacían los lindos» con ella, yo solo le decía «hola» cuando la veía pasar, un par de veces conversamos un poco… hasta que un día… a mí me gusta el terror, películas, series, libros, una tarde estaba leyendo en el trabajo, ella estaba cerca y me pregunto que estaba leyendo, le respondí «el hijo de Rosemary, de ira levin», pensé que solo me preguntaba de curiosa, pero respondió «no me gustan los libros de terror, me gustan las novelas policiales» la mire sorprendido… «O sea, sabe lo que estoy leyendo, interesante» pensé… esa pequeña conversación dio a lugar a más cosas de las que esperaba…

    De a poco fuimos conversando más, de literatura, música, política, a pesar de lo que pensé en un principio, era una persona muy cultivada, muy inteligente, y extremadamente pragmática… las conversaciones se hacían más largas… nos dimos los números de teléfono… recuerdo que un día en la noche, empezamos a conversar de literatura erótica, la conversación se puso más y más atrevida, yo por miedo a ir muy rápido no insinué nada, pero escuchaba su voz alegre y dulzona decir palabras tan calientes… se me venían a la cabeza sus pechos firmes y redondos, sus caderas perfectas caminando con elegancia y soltura, era una de esas pocas mujeres, que con cualquier cosa que se pusiera se veía apetecible… estuve más de media hora con una erección que me llego a doler de lo hinchado que estaba. Terminamos de conversar de madrugada, me fue imposible no masturbarme esa noche pensando en sus labios, su cabello espeso cayendo por su cuello largo y hermoso…

    Obviamente nos fuimos haciendo amigos, caminábamos juntos al metro, almorzábamos juntos, lo típico… un día, con otros compañeros de trabajo, nos organizamos para ir a un local que quedaba cerca, obviamente fuimos juntos, tomamos unas cervezas, nos reímos bastante, pero debido a una ley de mi país, no se puede fumar en espacios públicos, así que como tenía ganas de fumar, salí a hacerlo, ella me siguió… ya estábamos un poco tocados por la cerveza, casi no recuerdo de que nos reíamos, de repente, sin aviso, se acurruco en mi pecho, de una forma tan sutil, tan tierna… yo la abrace sin decir nada, su cabello me rozaba la barbilla, sentía sus pezones rozar mi pecho al respirar, empecé a tener una erección casi al instante, ella seguía con su cabecita mirando hacia abajo, tan sumisa, le tome su carita y en silencio roce mis labios con los suyos, despacio, lentamente abrí un poco más la boca y nos sumergimos en un beso largo y cálido, sus manos me apretaban la espalda, yo le acariciaba el cabello y le sujetaba las caderas con fuerza, empujándola hacia mí, mi verga que ya estaba demasiado dura, pasaba por los pliegues de su vagina, al sentir esto ella solo decía «mmmm…» mientras nuestras lenguas se acariciaban suavemente y con calentura… nos separamos un momento, nos miramos a la cara, reímos de quien sabe que, volvimos con nuestros compañeros de trabajo, como si no pasara nada, la velada siguió tan amena como empezó y obviamente se hizo tarde… y obviamente nos fuimos juntos…

    Caminamos en la noche fresca de una ciudad indiferente y solitaria, abrazados en algunos tramos, de la mano en otros, pero cada cuantos pasos, la agarraba fuerte de las caderas y la besaba, ella reía… su sonrisa era tan hermosa… pasamos por el lado de un callejón oscuro, la arrime contra el muro mientras la besaba, ella se dejaba querer, mi boca se fue moviendo de los labios hacia su cuello, por debajo de su oreja, le daba pequeños mordiscos escondidos entre la respiración caliente y agitada, mis manos apretaban sus caderas, y subían lentamente por su vientre, acariciando su piel entre la tela y mis manos, sus piernas se abrieron un poco, para recibir mis caderas y mi verga dura que estaba prisionera bajo mi pantalón… podía sentir el calor de su vagina, moviéndose por instinto, queriendo coger, sus uñas largas se enterraban en mi espalda, me dolía, pero no me importaba… no estábamos ahí… estábamos en otro lugar, en un sueño de sudor y carne, de suspiros y embistes calientes… de a poco mis manos subieron y pude tocar el contorno de sus tetas morenas y suaves, sus manos bajaron de golpe, una en cada nalga, me las apretó fuerte, y me empujaba a su concha ansiosa… ya no aguantaba más… «estoy que reviento» le dije al oído esbozando una sonrisa picarona, «¿Y tú crees que yo no?» me dijo riendo con su voz alegre de la habana… y volvimos a besarnos, esta vez más fuerte, más rápido… mis dedos apretaron sus pezones duros, los frotaba entre la tela áspera y mis yemas, una de sus manos se posó en mi entrepierna, sus uñas rasguñaban mi pene… el tronco, la cabeza, mis testículos… y entre las lenguas desesperadas de calentura, se escapaban gemidos de ambos… casi sin darme cuenta, sus deditos hábiles desabotonaron mi pantalón y se fueron directamente a mi verga… la carne buscaba a la carne… al hacerlo me bajo un poco los pantalones, lo suficiente para masturbarme, sus manos apretaban mi verga con fuerza, yo me aleje un poco y la mire a los ojos… no pude decir nada, solo abrir la boca y dejar escapar un suspiro ahogado… metí mis manos bajo su polera, su piel canela estaba hirviendo y sus tetas suaves solo lo estaban más… le levante el sostén, chupe esos pezones duros como si quisiera tomar leche de ellos, ella gimió fuerte y me pajeaba con fuerza, su pulgar empezó a apretar la cabeza de mi verga y se empezó a mojar con las primeras gotas de semen que salían… el sonido y las luces bajas de un auto pasaron al lado de nosotros y en medio de toda esa calentura, recordé que estábamos en plena calle, apoyados en un muro poco iluminado, pero en vez de preocuparme… solo me calentó más… y quería que ella se calentara más, en un movimiento rápido, desabotone sus jean, y me agache para quedar justo en su concha, acerque mi boca y pude sentir en la oscuridad esa carne suave del pubis… y nada de pelito, suave y tersa… mmm… mis manos bajaron su calzón ya mojado de excitación y su pantalón, dejando su concha desnuda a mi merced, entre besos y lengüetazos, abrí los labios de esa concha madura y ansiosa, y con mi lengua encontré el clítoris, estaba tan mojada, luego de acariciarlo con mi lengua, chupe ese pequeño botoncito de carne como si fuera un pezón… fuerte, mamándolo, una y otra vez, apretándolo desesperadamente con mi boca. Mire levemente hacia arriba, ella también me estaba mirando lánguida de calentura, aguantándose gemir, con sus manos se apretaba las tetas con fuerza, mientras sus caderas se movían hacia adelante y atrás, le lleve el ritmo a su conchita de canela… mientras sus jugos me mojaban la barbilla y los labios. «sube» me dijo gimiendo, al estar cara a cara y los genitales al aire en plena calle, me dijo «métemelo, ya no aguanto, mételo ahora»… no fue difícil… mi verga y su concha estaban completamente húmedas de calentura… pero había un detalle, una de las ventanas del edificio contiguo, estaba iluminada y la silueta de una sombra se veía en esta… eso, ese pequeño detalle, encendió el morbo a decir basta.

    Sin parar de besarla, abrí un poco las piernas y doble las rodillas, por el ansia di un par de empujones en su pubis, ella tomo mi verga con su mano, y la puso justo en medio de su vagina… el solo contacto de las carnes ardientes nos hizo suspirar a ambos, pude sentir como el contorno de pene mojado acariciaba su clítoris, como el borde de la cabeza pasaba por encima de ese botoncito de carne rosada… rápido… muy rápido… solo empujaba, por instinto, mi mano apretaba su teta carnosa, su pezón duro de excitación, mi otra mano estaba en su nuca, acariciándole el pelo… tomándola como mía… le mordí su orejita despacito mientras cogíamos y le dije al oído «nos están mirando, mira hacia la ventana»… la silueta seguía ahí, se podía ver como corrió un poco la cortina, para no dejarse ver, pero admirar todo el espectáculo, ella hizo un siseo prolongado y me agarro el culo con ambas manos, casi enterrándome las uñas, y empujaba mis caderas para que pudiera entrar más profundo… no aguante el morbo… y le dije «está mirando hace rato, se está tocando… si es hombre o mujer, se está pajeando, te gusta cochinita?, que te miren culeando en la calle como perrita caliente»… si antes me empujaba, ahora ella movía su culo casi sin control, no decía nada, solo gemía, pasaban y pasaban los autos y no podíamos detenernos, «dale mami, culeame rico, dale, en la calle, culeame rico putita» le susurre al oído… con solo esas palabras, la mujer tranquila, simpática y sencilla, se volvió una bestia que prácticamente me estaba violando en plena vereda… cogíamos como desesperados, ansiosos ya no por escondernos, si no, porque nos estaban mirando… los jugos de su concha me mojaban las bolas, rápido, desesperante, fuerte, caliente, suave… mas… mas… «échame la leche papa» me dijo al oído… de a poco me tense por completo, sentía su conchita apretarme la verga, sin parar de coger, sin parar de empujar, «ya papi, ya» me dijo abrazándome con fuerza… ya no podía aguantar… solo sentí el chorro de semen mojándole los labios, el clítoris, la concha entera… juntamos nuestras mejillas, cada uno gimiendo en un orgasmo húmedo y desesperado… sin mirarnos a los ojos sabíamos que por un momento fuimos uno…

    Nos quedamos ahí un momento… sudando… sintiendo las gotas de semen y fluidos bajar por nuestros muslos… «primera vez que lo hago en la calle» le dije, «yo también» me respondió, nos miramos y nos reímos a carcajadas… «vámonos, me bajo toda la vergüenza» yo entre risas le dije «es un poco tarde para eso, no crees?», nos acomodamos la ropa, y caminamos rápido para dar vuelta en la esquina, de la mano, con una sonrisa gigante en la cara, «hay un local por aquí cerca que está abierto, ¿Quieres un café?», «bueno» me dijo sin dejar de sonreír, después de eso la fui a dejar a su casa… pero lo de esa noche, no fue lo único que ocurrió…

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  • El día que la gata Sonia me desvirgó (Final)

    El día que la gata Sonia me desvirgó (Final)

    Desde ese día esperaba que llegara el siguiente martes con ansiedad. Tenía el perfume de su cuerpo y el olor de su sexo en mi nariz. No me concentraba en mis estudios recordando haber tocado la conchita y mamado los ricos pechos de la chica más bella y popular de la vecindad. La miraba pasar para la universidad y siempre me sonreía con esa mirada sensual y coqueta muy de ella. Quería compartir aquella experiencia con la gata Sonia con alguien, pues quería que supieran que aquella bella chica me había besado y permitido que tocara su sexo… era el más grato suceso de mi vida hasta el momento y deseaba compartirlo. Me abstuve pensando en la promesa a la gata Sonia y también pensaba que si aquello se daba a conocer no me cumpliría con lo que ella me había prometido.

    El domingo después del juego de fútbol ella me pidió que se quería venir conmigo en la moto. Lo había hecho en varias ocasiones y dado que sus tíos sabían del noviazgo de Sonia y Mauricio, ellos no creo que sospecharan de lo que pasaba conmigo y su sobrina; además, ella en manera de broma les decía a todos que yo era su verdadero novio. Y creo que hasta su novio lo percibía como broma, pues cómo una chica como Sonia se podría fijar en un chico como yo. En aquella ocasión en esos seis minutos que nos tomó llegar a casa desde el parque ella me confirmaba ese encuentro para el martes diciendo: – ¡Quiero sentirte adentro de mi… ven preparado!

    Ya para esta tercera semana el tío de Sonia ya sabía que no iría al entrenamiento pues le daba la excusa que tenía mucho que estudiar. Nuevamente vi como salieron todos al parque, con excepción de Sonia, quien también se excusaba de no ir por cuestiones de estudio. Con los minutos escuché su voz llamándome. Debo confesar que estaba sumamente nervioso y aunque hacía un calor de los mil demonios, mis manos estaban frías. Sonia llevaba en esta ocasión una falda de tela más delgada con estampados a cuadros de matices azules, una blusa blanca la cual tenía un cierre al frente que al bajarlo dejaba ver sus dos preciosos melones y por primera vez lleva un brillo en sus labios, lo cual nunca la había visto usar antes, pues Sonia no usaba mucho maquillaje. Esta vez entré por el mismo portón, pero no nos quedamos en la misma pared de días antes, ella me llevó a una pequeña bodega donde había algunas herramientas y guardaban algunas pequeñas máquinas de jardinería. Yo había entrado ahí antes cuando jugábamos con sus primos, pero en esta ocasión había un sillón viejo que por no saber a dónde tirarlo, estaba relegado en la pequeña bodega.

    Tan pronto entramos nos comenzamos a besar como los días anteriores. En esta ocasión sentía que Sonia iba más aprisa y ella no solo me subía la camisa para tener acceso a mis pectorales, sino que me la quitaba completamente. Me pidió que le desabrochara el brasier y me insinuó que le asistiera a removerle la blusa. Nos quedamos así besándonos y en esta ocasión fue por mi propia iniciativa y comencé a besarle los pezones. Ella intentaba contener los gemidos que ahora en esta bodega encerrada parecían tenía decibeles más altos. Alternaba con los dos pezones y como la vez anterior comencé a meterle la mano por debajo de la falda, ahora hacía lo mismo, pero a diferencia de la vez anterior, hoy solo llevaba una especie de sujetador o enagua… algo como forma de falda de la misma tela de ropa interior, pero no vestía prenda íntima. Ella me lo dijo al oído besándome el lóbulo: ¡No llevo ropa interior! – Y pude sentir su sexo húmedo y caliente que se derretía de excitación y gimió de placer cuando dos de mis dedos recorrieron su canal vaginal. Pasé unos tres o cuatro minutos masturbándola mientras le mamaba los pezones y luego ella interrumpió diciéndome:

    – ¡Hoy vamos a hacer algo diferente!

    – Dime.

    – ¡Espero te vaya a gustar! Pero quítate los pantalones… quiero ver esa cosita que nunca he visto.

    Haciendo el recuerdo, sentía pena desnudarme en frente de ella. Nunca me había desnudado ante nadie del sexo opuesto y esta era la primera vez que una chica me vería el sexo. Sonia me asistió a bajarme los pantalones y vio cómo me quedaba ceñida la verga en esos calzoncillos estilo bikini, que eran los populares de la época y los cuales estaban húmedos de mi líquidos seminales. Eran de un color azul pálido y algo transluciente y con ese líquido mi verga comprimida por la tela de la prenda prácticamente parecía que estaba desnuda. Sonia me la tocó con cierta sorpresa y no dijo nada más creo que dibujó un rostro de excitación mientras se quitaba la falda junto con la otra prenda. Ella volvió a sus indicaciones, pues era ella quien me dirigía:

    – Vamos a hacer algo rico que, espero te guste. Tú vas a aprender a besar mi cosita y yo luego haré lo mismo con la tuya.

    El concepto del sexo oral nunca había pasado por mi mente. La idea mía era ese sexo básico; una penetración vaginal dónde había aprendido era la causa esencial para prolongar la existencia humana. Por instinto sentía el morbo de experimentarlo y al igual por ese instinto me atraían los rostros, piernas, traseros de muchas chicas, pero no sabía que había más allá o lo que implicaba una relación sexual. Aquí tenía a la bella gata Sonia completamente desnuda ante mí, cosa que siempre había fantaseado gracias a lo que su primo me contaba al decirme que algunas veces la espiaba mientras se vestía. Hasta ese punto en mi vida no había visto una conchita desnuda ante mí, ni tan siquiera en fotografía, pues como dije, estos eran los años donde no había internet y la pornografía era todo un tabú. Así es que en mi mente no existían esas insinuaciones de gestos o actuaciones exageradas de orgasmos fingidos que la pornografía ahora nos proyecta y nos inyecta. Lo mío era natural, era una experiencia que estaba descubriendo paso a paso con esta chica que me atraía y con quien nunca pensé vivir esta experiencia.

    La gata Sonia después de decir aquello se acomodó en el sillón y me dirigió a que besara su sexo. Me pareció un tanto raro ver una conchita completamente desnuda. Ella se quitaba la mayor parte de los vellos, pero se dejaba un pequeño arbusto en la parte superior donde comenzaba su pequeña raya. Podía ver esos labios superiores que brillaban por su humedad y ahora podía ver esa pepita que una semana antes tan solo había sentido con mis dedos y que le había provocado un momento tan rico y excitante que luego después conocí todos los sinónimos de tal momento: Orgasmo, corrida, venirse, acabada y algunas más.

    Me hinqué ante el sofá mientras Sonia me abría sus piernas y quedé hipnotizado con tal vista. Podía sentir su olor de esas feromonas sueltas, frescas y juveniles y las volví a asociar con el sabor de una semana antes cuando me llevé los dedos empapados de los jugos vaginales de Sonia a la boca. Una especie de atol saladito, con un olor raro que instintivamente mi nariz debía buscar y aquí lo había encontrado. Le di el primer beso a su vulva y pude sentir que con aquel toque ella contraía los músculos de su vagina y dejaba escapar un gemido. La besaba con besos intermitentes que creo le hacían correr muchas ansias a Sonia pero que aún disfrutaba. Ella me pidió que mantuviera mi lengua en su rajadura y posteriormente me pidió que con la punta le masajeara esa pepita que luego supe se llamaba clítoris. En unos cuantos minutos sentía como fluían sus jugos vaginales y ella hacia movimientos pélvicos buscando el calor de mi boca y el musculo de mi lengua. No se pudo contener más y creo que en cinco o seis minutos se le despejaron los cielos y miraba el paraíso y jadeó tan fuerte y me pidió que le metiera los dedos en su vagina. Mis dedos entraban y salían y Sonia fruncía sus labios, dibujaba en su rostro algo confuso a dolor, desesperación, pero luego iba reconociendo que se trataba del máximo placer de nosotros los seres humanos. Con mi camisa me limpié sus jugos vaginales de mi rostro y ella con la misma camisa hizo lo mismo con su conchita. Ella me preguntó:

    – ¿Conseguiste un condón?

    – No. -le contesté.

    – Bueno… está bien. Eso será para otra ocasión. Ahora bien, déjame ver ese pajarito que veo está llorando.

    Sonia me sacó la verga del calzoncillo y con la misma camisa intentó secarla de mi líquido pre seminal y se la llevó a su boca para mi sorpresa. Fue un placer tan exquisito que hasta este punto de mi vida es muy difícil en describirlo y es por eso por lo que de una forma simplista lo comparamos como estar en el paraíso, pero para mí era más que eso. Ver esos labios brillantes atrapar mi verga con tanta excitación, sentir como se sentían las paredes de su boca esa primera vez, de veras no hay manera de describir tan deliciosa primera experiencia. Ella hizo una pausa y me preguntaba y decía lo siguiente:

    – ¿Te gusta?

    – Si. -le dije.

    – No te vayas a ir adentro de mí. Cuando sientas que te vas a correr me la sacas.

    Era un ingenuo que no sabía de lo que me hablaba. Nunca había tenido una eyaculación en mi vida… quizá solamente alguna o algunas en algún sueño húmedo, pero que no asociaba a esos términos que la gata Sonia hablaba. No le cabía más que la mitad en su boca y podía ver a Sonia produciendo mucha saliva y como caía en el piso de cemento de la pequeña bodega que debía estar a unos 100 grados Fahrenheit, pero debido a nuestras emociones no sentíamos. Creo que ella intuía que me venía por lo tenso que se ponía mi cuerpo y me sacaba de aquella avenida deliciosa cuando paraba por segundos y me lo preguntaba. Ya segura que me venía, ella hizo una pausa y fue cuando me lo propuso cuando yo me moría de la desesperación de liberar todo eso que sentía en mí. Pero creo que valió la pena y Sonia me daba otra sorpresa sexual de la cual tampoco había nunca conceptualizado. Ella se levantó del sillón y se puso en cuatro apoyándose contra el espaldar de este y me dijo:

    – Tony, ven… lo vamos hacer, pero me la vas a meter por detrás pues yo no quiero salir embarazada. ¿Sabes dónde verdad?

    – Dime… ¡No te entiendo!

    – Ven… acércate a mi y no me la vayas a meter abajo por descuido.

    Sonia con una mano me había tomado el pene y apuntaba mi glande a su ano. Podía ver algunos pequeños finos vellos en su ojete y como este se contraía. Mi verga producía tanto liquido pre seminal que no necesitábamos más lubricante. Ella se lo embarró deslizando mi verga por sus nalgas y empujaba la cabeza de mi verga hacia su ano. No sé cuánto tiempo estuvimos intentándolo y todo aquello me tenía tan excitado pues me apretaba la cabeza de la verga con sus pequeñas manos y me la restregaba con su rico culo. Con los minutos me atrapó la verga con el anillo de su ojete y no tuve que hacer mucho más esfuerzos cuando mis piernas se debilitaron y un torrente eléctrico subió y bajo y volvió a subir por todo mi cuerpo. No entendía lo que sentía ni lo que estaba sucediendo en mi cuerpo, pero por instinto de reproducción, me amarré de sus caderas elevadas y la embestí enterrando el resto de mi verga en su culo y Sonia solamente gritó. Ya era muy tarde, ella ya no podía hacer nada por más que quisiese pues mis fuerzas no se comparan a esta pequeña mujer y se aguantó las continuas embestidas hasta que descargué un manantial de semen que me sorprendió al ver como emana de su rico culo cuando mi verga llegaba a su estado pasivo de nuevo. Era tan ingenuo que no sabía que era yo quien se lo había inyectado y por primera vez veo mi propio esperma con ese olor extraño, algo parecido al cloro.

    – ¡Me duele! -me dijo.

    – ¡Lo siento! No pensé que te dolería. -le he dicho.

    Nos vestimos lo más rápido como pudimos como si alguien nos apresurara. Dimos un vistazo al salir y constatar que no había nadie alrededor y Sonia entró a su casa y yo me fui a la mía. Mi hermana me vio entrar y no sé sí olio el aroma que llevaba pues me la encontré en el pasillo que daba a la puerta. Me fui a bañar pensando en todo eso que acaba de ocurrir y todavía mi verga producía más líquido seminal. A los minutos mi hermana me toca a la puerta y me dice: -Tony, te llama Sonia. -Y salí a contestar el teléfono.

    – ¿Qué pasó Sonia?

    – ¿Puedes hablar?

    – Si… dime.

    – Por favor prométeme que nunca le contaras esto a nadie. Necesito que me lo prometas.

    – ¡No te preocupes! Te lo prometo.

    Mi hermana que escuchaba mi parte de la conversación me preguntaba curiosa:

    – ¿Y qué le estás prometiendo a Sonia?

    – ¡Ah… una tontería! He visto como su novio ha salido de la casa cuando sus tíos están en el parque.

    – Pensé que ya no eran novios… ella me dijo la semana pasada que habían cortado.

    La dejé terminando la última oración y yo me fui a revivir esos momentos en la soledad de mi habitación. Esa experiencia con Sonia creo que fue la que me hizo adicto al sexo anal. Una semana después me dio a probar su conchita, pues ella misma había conseguido condones y quizá por eso me gustaba más darle por el culo pues no debería usar condones y ahora ella me admite que le encantaba. Meses después tuve mi segunda experiencia con una chica de nombre Ana, quien por las mismas circunstancias de que no quería salir embarazada esa primera vez me dio su rico trasero y creo que se me desarrolló una especie de fetichismo que siempre busco cogerme el culo de las chicas con quien he estado y que la mayoría de las veces he logrado.

    La gata Sonia fue esa chica que me desvirgó y estuvimos cogiendo por varios meses. En las últimas pláticas por teléfono y en su recuerdo, cuando esto ocurrió ella ya había terminado con su novio Mauricio. No sé si me lo dice en una forma de hacerme sentir especial, pero ella me dice confesar que esa experiencia de sexo oral y anal fue la primera vez en su vida y me admitía que su primer novio la había desvirgado un par de años atrás, en una experiencia no muy grata o satisfactoria. Ahora ya adultos y como les repito que tenemos meses de habernos contactado y hemos hablado de muchas cosas pero siempre omitíamos esto y, es que Sonia también me admite que siempre le había gustado y que fantaseaba conmigo a pesar que sabía que nunca podríamos ser novios oficiales y es por eso que jugaba conmigo diciéndoles a sus amigas que yo era su verdadero novio y en esa plática su última frase fue esta: Me gustaba todo… todo lo que hacíamos y quizá me gustaba porque sabía era algo prohibido.

    Nota:

    La gata podría sonar como un sobrenombre despectivo, pero la verdad que en el idioma de Shakespeare (Kitty) gatita, le decíamos de cariño a Sonia, quien era una chica muy linda como ser humano y realmente bella y sensual como mujer. Creo que la comenzaron a llamar así por sus ojos que no tenían un color definido; a veces se le miraban verdes, miel e inclusive gris. Sus ojos eran almendrados con terminación superior achinados y tenía unas pestañas grandes y onduladas. Lo clarifico porque sé que en ciertos lugares del mundo les llaman gatas a las chicas del servicio doméstico o una mujer de la calle (prostituta) o loca. La gata Sonia fue mi loca y la loca quizá de otros, pero solo con los que ella quiso.

    Final

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