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  • Sesión fotográfica de Isabella

    Sesión fotográfica de Isabella

    Hola a todos nuevamente soy Isabella, desde novia he compartido mis pensamientos, fantasías y todo con mi ahora esposo, él también me comparte sus fantasías que muchas veces son de ambos…

    Buscando en internet encontramos una página de adultos donde se podían enviar fotos intimas en ropa interior, semi desnuda o desnuda, videos mamando o follando y donde todos los lectores podían opinar. En este caso nuestra fantasía era que mi esposo enviara fotos mías y que todos los hombres miembros de esa página puedan escribir sus más calientes comentarios, de cómo me follarían, como me pondrían o como me llenarían con su virilidad de machos, sus más obscenos comentarios y depravados mensajes, eso es lo que a mí me vuelve una loquilla, me enciende y a mi marido también, para luego hacer el amor como desesperados, con fuego, con pasión desatada.

    Quise hacer esto de la manera más profesional, por eso contacté a un fotógrafo de estudio, le pedí su mayor discreción ya que serían fotos muy íntimas y privadas. El fotógrafo se llamaba Aníbal y me dijo que no me preocupara, que tenía un estudio especial para algo así y que para su mayor confianza y tranquilidad la cámara digitar la debía traer yo de manera de que las fotos solo las tuviese yo. Eso me dejo más tranquila, acordamos el día y la hora luego me fui a un sex shop a buscar algo especial para la sesión de fotos y lo que más me llamo la atención era un conjunto de accesorios de sumisa, estaba compuesto por unas esposas, un collar de cuero, un antifaz hermoso de encaje negro, un látigo de cuero con tiritas delgadas en su extremo y varias cintas de ceda negra, de solo imaginarme vestida con el atuendo y las fotos que me iba a tomar comencé a excitarme.

    Llego el día, me presente en el estudio fotográfico, me recibió Aníbal, era un hombre muy amable cordial y respetuoso, me condujo por varios pasillos donde había muchas salas fotográficas hasta que llegamos a una sala que estaba ambientada como pieza de motel o como dormitorio de película porno, me encanto y yo sería la actriz, me dijo que me dejaría a sola para que me preparara y volvería en 15 minutos. Me puse un conjunto de lencería negra, sostenedor y tanga de encajes, donde el calzón solo tenía un pedacito de algodón entre mis piernas, luego me puse el antifaz del conjunto y el collar de cuero, retoqué mi maquillaje y labios. A los minutos sentí golpear la puerta, era Aníbal le dije que pasara, cuando entro me puse nerviosa y me dio vergüenza, me tape un poco con el cubre cama, Aníbal me dijo que no me preocupara que estaba acostumbrado que sería una sesión profesional, que me relajara. Comenzó a encender unas luces dentro de unos paraguas para iluminar mejor y me pidió la cámara fotográfica.

    Comenzaron las fotos, yo estaba feliz y excitada con la situación, imagínala los comentarios de todos los hombres sobre mi disfraz de sumisa, en especial los comentarios de mis calzones que eran completamente traslucidos y marcaban todos mis pliegues vaginales, además realzando todo mi culo. Estaba echa una loquilla, me sentía una actriz porno, de pronto Aníbal me dijo que ahora íbamos a usar las esposas, me puse un poco nerviosa pero ya estaba en esto así que asentí con mi cabeza. Fue muy delicado y gentil, me pidió que extendiera una mano y luego la otra, luego me pidió que me pusiera en cuatro sobre la cama, apoyando los codos y con las esposas hacia adelante, una vez en esa posición tomo una cinta de seda la amarro a la cadena de las esposas y el otro extremo lo ato al respaldo de la cama, luego tomo otra de las cintas y ato un tobillo, luego el otro y las cintas las amarro a las patas de la cama, en resumen, quedé completamente inmovilizada.

    Comenzó nuevamente la sesión de fotos, ahora me veía completamente sumisa, atada y vulnerable, me hacía primeros planos de mi cara con antifaz, desde arriba, sobre mi espalda y en espacial en mi culo, unos primeros planos donde el lente de la cámara prácticamente rozaba mi vagina, eso ya me tenía a mil, estaba completamente excitada, podía sentir mojada mi tanga con mis propios jugos, tenía la concha hirviendo, pero Aníbal seguía impertérrito, inmutable como todo un profesional. De pronto golpearon la puerta y él fue a ver quién era, yo quede helada y lo único que atine era a esconder mi cabeza entre mis brazos, para estupor mío Aníbal los hizo pasar.

    Entraron tres hombres adultos riéndose y conversando, yo monté en cólera y le pedí una explicación a Aníbal, él se acercó a mi cara, me hablo en voz baja y me dijo que estuviera tranquila que era parte de la sesión, pero ahora me miro distinto, sentí su mirada lasciva y eso me hizo estremecer, luego comenzó a acariciar mi pelo, mi espalda, eso fue como un golpe eléctrico, arquee mi espalda por reflejo y señal que estaba completamente excitada y deseando sexo, luego volvió a acariciar mi mejilla hasta que acercó su dedo pulgar a mis labios y me ordeno “chúpalo”, sin pensar introduje su dedo en mi boca y comencé a chupárselo acto seguido sentí manos en mi trasero, luego en mis tetas, un fuerte tirón y quede sin sostenes y mis pezones saltaron al aire erizados producto de la calentura, me sobaban mis nalgas, las apretaban, mis tetas y pezones estaban a punto de estallar.

    Aníbal bajo sus pantalones, dejando al lado de mi cara su enorme verga completamente erecta y de cabeza brillante, sin siquiera pensarlo gire mi cara y comencé a chuparla, para mi delirio tenía un tronco grueso y cabezón, se lo chupaba, lo apretaba con la lengua y con mis dientes, estaba alucinando, mientras Aníbal tomaba fotos y más fotos, de pronto sentí un golpe con el látigo que yo había traído, era una sensación muy extraña, dolía un poco pero a la vez me excitaba más, luego un segundo latigazo en mi culo y otro y otro, estaba jadeando, mi clítoris a punto de reventar, estaba en otro plano, completamente entregada al placer, alucinando en mi papel de sumisa.

    Volvieron las caricias a mi culo, mientras yo seguía mamando, sentí una mano hurguetear en mi vagina, estaba completamente empapada así que entraron dos dedos como mantequilla, me comenzaron a dedear a masturbar, luego sentí otro dedo en mi ano que me penetro lentamente, me estaban dedeando por los dos hoyos además apretaban mis tetas, los cuatro hombres estaban disfrutando de mí y yo convulsionaba en espasmos de placer que recorrían todo mi cuerpo hasta que Aníbal eyaculo copiosos chorros de semen en mi boca, se vació por completo, pude sentir todas sus pulsaciones y chorros hasta que quedo relajado, comenzó a acariciar mi pelo y cara, me pidió que abriera la boca y sacara la lengua para tomar una foto, hizo un primer plano de mi boca, la esperma llenaba mi lengua y goteaba por mis labios hacia mi pera y cuello, estaba convertida en una verdadera actriz porno.

    Aníbal les pidió a todos que pararan y comenzó a soltar las cintas de seda con mucha delicadeza, soltó mis esposas quedando completamente liberada, me dio la mano y me invito a levantarme de la cama, luego me pidió que me acostara boca abajo a la orilla de la cama, yo estaba loca y deseosa por sentir que me penetraran, así que obedientemente me puse al borde de la cama, las rodillas en la alfombra y con el culo levantado, pero para mi sorpresa ninguno de los hombres me toco. Aníbal cual director de cine porno para adultos me pidió que con mis manos abriera mi culo, tome mis cachetes y los abrí para deleite de los tres espectadores, Aníbal tomo del centro mi tanga y la tiro hacia arriba incrustándomela más en mi concha, quedo como un hilo encarnado en mis labios vaginales, luego ordeno a los tres tipos que se masturbaran.

    Ellos con la mejor postal de sus vidas comenzaron a masturbarse como cerdos, jadeaban y me decían vulgaridades, a esa altura tenía la vista nublada, perdí la noción ante esta situación exquisitamente morbosa, reaccionando cuando comencé a sentir sus chorros de semen en mis cachetes y calzón, fue un baño profuso de leche, borbotones de esperma sobre mi tanga hasta que acabaron, Aníbal les pidió que se retiraran. Con mucha delicadeza él me ayudo a sacarme la tanga, levante mis piernas de a una en una casi sin fuerzas, cuando ya tuvo mi tanga en sus manos comenzó a fotografiarla, era como una jalea que gotereaba al suelo, mi ropa interior estaba completamente bañada en semen de tres machos desconocidos pero que habían disfrutado con mi cuerpo, luego Aníbal la puso en una bolsa transparente y la dejo junto a mis pertenencias, me dijo que se la entregara de regalo a mi marido junto con las fotografías y videos, me dejo sola para que me pudiera vestir y arreglar. Una vez en la salida del estudio fotográfico le transferí el dinero por su trabajo, le di las gracias y le dije que volvería en otra oportunidad, él hizo un ademan de caballero y me dijo vuelva cuando lo desee.

    Camino a casa iba feliz por la fantasía que estaba viviendo y por qué pese a todo estos tipos no abusaron de mi sin mi consentimiento, fueron muy respetuosos, o por lo menos yo lo sentí así. Esa noche vimos juntos con mi marido las fotos y videos y nos despertó un deseo sexual animal, tuvimos sexo desenfrenado, recordando las escenas de cada foto y de cada video, me empalo como un salvaje por mi concha y mi colita, fue exquisito, delicioso y quizás tuve el mejor orgasmo de mi vida…

  • Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 2.5)

    Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 2.5)

    Era un poco más tarde de las 11 de la noche y la fiesta continuaba en todo su apogeo. Patricia volteó a ver a su hija Cristina y se deleitó de verla reír de esa manera, mientras sostenía una animada charla con algunos de sus amigos, a pesar de la estridente música que inundaba el ambiente. La mujer, de unas escandalosas curvas, tetas duras y apetitosas, producto del duro trabajo… del cirujano plástico que las había operado y una bonita figura en general, pensó en lo poco que conocía el mundo de su hija, de los 5 jóvenes que le acompañaban, conocía solamente a Arturo, su novio, quien casi no participaba de la conversación, con la mirada abstraída de quien se halla a punto de caer rendido ante el efecto del alcohol, y a Pamela, la mejor amiga de su hija y… desde hacía una semana, su perrita particular.

    Patricia paseó la mirada por la terraza a un lado de la sala. Era una zona de guerra en toda la forma. Los jóvenes habían dado cuenta de los canapés, de las pizzas y botanas que habían preparado para la fiesta y, cuando se acabaron las primeras botellas de licor, volvieron a aparecer otras como por arte de magia y que de igual forma se iban vaciando sin que mediara control alguno. Patricia se sintió alegre de haber recurrido a Pamela para ayudarla a organizar aquella fiesta.

    Casi como si fuera un conjuro, la joven volteó discretamente a verla y le lanzó un guiño imperceptible para el resto de sus compañeros. Patricia se estremeció mientras volvían a su mente las candentes escenas que habían protagonizado ambas en la regadera la semana anterior. Pamela se veía encantadora enfundada en esos apretados leggings y la blusa pequeña que dejaba parte de su abdomen descubierto. Su bonita figura se amoldaba perfecto a esa ropa y se sintió muy cachonda de pronto, anhelando volver a sentir la turgencia de ese cuerpo juvenil entre sus manos de nueva cuenta.

    Cristina traía puesto unos jeans que le quedaban de infarto también y una ligera blusa transparente con la leyenda de “Happy 18, Girl”. Era su cumpleaños dieciocho esa noche de viernes y todo había salido a pedir de boca gracias a la ayuda de su amiga, y ahora amante sumisa de su madre, Pamela. Se alcanzaba a apreciar la figura de sus macizos senos, desafiando a la gravedad sin recato alguno, aunque su sport bra cubría apenas, discretamente, sus atributos.

    Patricia había querido subir a su recámara, pero su hija había insistido en que se quedara con ellos ya que esa era su última noche antes de que partiera de nuevo a Nueva York en su rutina de vuelos de cada 15 días al siguiente día, ya que Patricia trabajaba como Azafata de una línea aérea comercial. Por otro lado, su esposo Ricardo si había decidido subir a dormir y le había pedido a Patricia una de sus pastillas para poder conciliar el sueño sobre todo aquel escándalo.

    De pronto sintió que alguien se sentaba a su lado. Volteó y vio el sonriente rostro de Pamela. Tomó uno de los cojines del sofá y lo puso de manera casual entre ambas. La sala se iluminaba apenas por la escasa luz que se alcanzaba a colar de la terraza donde todos bebían, charlaban y bailaban ya bastante eufóricos a estas alturas del partido. Debía haber unos 15 a 20 muchachos en total y todos parecían divertirse de lo lindo. Patricia volteó de nuevo a ver a Pamela y le sonrió sugestivamente, dándole las gracias con una voz apenas audible. La chica musitó, realmente sin voz, un “de nada” mientras tomaba su mano y la guiaba entre sus piernas por debajo del cojín del sofá. Cobijadas en la semipenumbra, Pamela comenzó a moverle la mano sobre su entrepierna por encima de los leggings. Patricia apretó suavemente su mano sobre el pubis de Pamela y ésta se tensó recargándose sobre el respaldo del sofá mientras cerraba los ojos. Patricia a su vez, sintió como una deliciosa humedad se iba apoderando de su entrepierna. Volteó a ver al resto de los muchachos y no percibió a nadie que les estuviera prestando atención. Con un ligero movimiento de su cuerpo, se acomodó y metió su mano bajo los leggings de la chica para tocar su coñito bajo sus bragas mojadas. Fue guiando su mano experta por toda la extensión de su pubis e hizo a un lado la prenda para tocar directamente sus labios vaginales con el dedo índice. Estaba muy mojada y sintió el delicado botón de su clítoris salir a darle la bienvenida a ese dedo andariego. La joven gimió tal vez un poco más alto de lo que hubiera querido pero su gemido se perdió en el tumulto y el ruido de la música.

    Patricia empezó a mover su dedo adentro y afuera de la vagina de Pamela, quien había abierto las piernas por completo, ofreciéndole su intimidad como una ofrenda, dispuesta y cachonda al saberse rodeadas de tanta gente. Le hubiera gustado abrazarle y besarle esos labios apetitosos que se entreabrían con cada nuevo gemido pero se contuvo. Era demasiado obvio y no quería exponerla ante sus compañeros de escuela.

    De cualquier manera, Patricia siguió con esas caricias profundas en Pamela y, excitada por la situación, siguió implacable con esa masturbación lenta pero constante, que logró su cometido al finalmente sentir como se tensaba el cuerpo de Pamela mientras le recompensaba con un río de fluidos vaginales en su mano intrusa. El brillo de su rostro sudoroso y la mirada de satisfacción le dijeron que había disfrutado enormemente de aquel encuentro improvisado entre ellas. Se sintió muy cachonda y mojada también.

    Pamela se acercó a ella y le susurró en el oído, “gracias, ama. Me hiciste venirme bien rico”. Patricia se estremeció al escuchar la voz cargada de sensualidad de su sumisa y apretó las piernas de forma instintiva. La chica la observó y metió a su vez la mano debajo del cojín, moviéndolo un poco hacia el lado de Patricia, susurrando de nuevo “¿quieres que te satisfaga a ti, mi ama?”. Patricia se escuchó susurrar con una voz cargada de deseo “si, zorrita. Haz que se venga tu pinche ama caliente”.

    Pamela levantó discretamente la falda de su ama hasta que sintió el contacto de su mojada entrepierna sobre la diminuta tanga que usaba esa noche. Huelga decidir que la prenda estaba empapada con los fluidos que Patricia había derramado mientras le daba placer a la chica. Los dedos de Pamela se movieron con destreza y, haciendo a un lado la tanga, acariciaron los mojados bellos de la bella mujer. Un joven tambaleante se acercó a ellas haciendo que Pamela frenara un poco el ritmo de su movimiento, pero sin sacar la mano ni dar indicios de sorpresa por aquella intromisión. El joven pareció querer decirles algo, pero finalmente recordó que su destino era el baño para nivelar su hidratación y les sonrió de forma boba e incoherente, siguiendo de largo. Pamela continuó dándole placer sin tregua a su ama, dejando que su dedo corazón vagara libremente por los delicados pliegues del coño de Patricia ante su evidente placer y cachondez. No les importó cuando el joven volvía de regreso del baño, balbuceando palabras sin sentido ya sin prestarles la menor atención. Pamela detenía su acometida a la entrepierna de su ama, dejándola un par de veces al borde de un orgasmo casi inminente. Finalmente le dio tregua y, apretando su teta izquierda en su mano y ocultándola contra su propio cuerpo, le masajeó el clítoris rápidamente hasta que Patricia se vino copiosamente, exclamando un par de maldiciones y estremeciéndose en la mano de su aventajada pupila.

    – Putita, me dejaste seca. – Dijo Patricia a modo de cumplido. Pamela solo sonrió y le guiñó un ojo, levantándose.

    – No te vayas a ir a dormir todavía. ¿Me lo prometes?

    – Si, ve putita. Me voy a ir asear y vuelvo con ustedes. – Dijo Patricia levantándose a su vez y sintiendo la humedad entre sus piernas.

    Como pudo alcanzó el baño y se metió rápidamente a limpiarse. Como lo sospechaba, su tanga estaba empapada y decidió quitársela y dejarla en el cesto de la ropa sucia. Se sentía liberada al no tener nada bajo su falda. Se limpió y el roce del papel higiénico en su coño le pareció un estímulo delicioso acrecentado por las imágenes de sexo improvisado que acaban de protagonizar en la sala ante todo mundo.

    Patricia siguió estimulándose sin importarle el par de veces que golpearon a la puerta. “A la mierda” pensó “que usen el baño de arriba”. Sus dedos siguieron el camino que ya había trazado la mano de Pamela y esta vez si se pudo despojar de su blusa y sostén para tocar sus tetas a sus anchas. Imágenes de las escenas de la semana anterior con Pamela maniatada en la sala, Pamela comiéndole el coño ese mismo día en el baño. Su excitación cuando sintieron llegar a Cristina y Patricia conversó con ella mientras se bañaba pretendiendo que estaba sola mientras Pamela la acariciaba por detrás de la cortina sin que Cristina se diera cuenta; todo en una vorágine de imágenes sensuales aderezadas por la coqueta y juvenil sonrisa de la chica. No tuvo conciencia de cuando tiempo estuvo dándose placer en el baño hasta que un nuevo orgasmo le llenó el cuerpo de electricidad haciendo que se tensara y gritará con los labios apretados para no delatarse ante quienes pudieran estar esperando afuera.

    Había sido un orgasmo brutal e inesperado y se congratuló de haber obedecido a su amo para seducir a esa chica espectacular. Una vez que se hubo sentido satisfecha, se puso la blusa de nueva cuenta y dejó el sostén junto a su tanga mojada como recuerdo de lo bien que lo había pasado esa noche.

    Cuando salió finalmente del baño, la fiesta había casi concluido. De los casi veinte jóvenes que estaban en la fiesta, ahora solo quedaban 4, bueno cinco si contabas a Arturo, el novio de Cristina que se había finalmente quedado dormido en el sofá que previamente ocuparan ella y Pamela cuando se prodigaban placer, literalmente “a manos llenas”.

    – Hola Patricia. – Dijo Pamela saliendo a su encuentro. – Pensamos que ya te habías ido a dormir.

    – No todavía, pero veo que ya se fueron casi todos. ¿Te divertiste, hija? – Dijo dirigiéndose a Cristina.

    – Claro que si, mamita. Fuee franduioso, granduooioso. – Dijo Cristina arrastrando las palabras, evidentemente ebria. Los demás, con excepción de Pamela se veían en las mismas condiciones, sin contar a Arturo que había sido el primero en caer.

    – ¿Cómo que fueee? – Dijo uno de los jóvenes, alto y moreno aunque un poco escuálido reclamó intentando que su voz sonara lo suficientemente coherente para hacerse entender.

    – Tranquilo Manuel, que todavía falta el juego de atreverse… – dijo Pamela. – Nos acompañas Patricia? – preguntó dirigiéndose a su secreta ama.

    – No, muchachos, sigan ustedes yo viajo mañana…

    – Anda mamá, quédate con nosotros. Te prometo que te va a gustar el juego? Dijo Cristina haciendo un mohín de niña caprichosa.

    Patricia iba a seguir argumentando ya que realmente se sentía cansada pero cayó en cuenta que Cristina no la procuraba mucho últimamente, parecía que toda su atención estaba volcada en su padre y esta era una oportunidad de oro para retomar la relación con su hija y, haciendo a un lado su cansancio se sentó alrededor del grupo, quedando a un lado de Manuel a su derecha y de Pamela a su izquierda. Frente a ella, quedó el otro joven y su hija Cristina sentados todos en la alfombra de la sala.

    – Vamos a jugar un poco a los retos. – Dijo Pamela sacando su celular. – Somos cinco participantes y tengo este juego que selecciona automáticamente el nivel de reto y qué número se lo pide a quien. Yo seré la número 1, Cristina 2, Eduardo 3, Manuel 4 y Patricia será el número 5. ¿Les parece?

    Todos asintieron, ya deseosos de comenzar con aquel juego que parecía ofrecer algunas posibilidades.

    Pamela presionó el botón de la pantalla y el juego desplegó la leyenda “4 pregunta a 1 Nivel: Verde”

    – Manuel, te toca preguntarme. Nivel verde significa que lo que pidas no debe ser muy pasado.

    Manuel dudó por un instante y finalmente dijo con voz pastosa.

    – Quítate la ah la blusa, Pam eh llllla.

    – A cómo serás idiota, Manuel. ¿No sabes lo que significa verde? Algo sencillo.

    – Ah, ok, tómate… una cerveza da, de un solo… trago. – Dijo finalmente. Pamela iba a objetar algo, pero decidió callar y tomó una de las cervezas de la mesita, la abrió y tomó casi todo el líquido hasta que terminó derramando una parte por sus labios ante la risa de sus compañeros.

    – Demonios, ya me mojé la blusaaahh. – Dijo Pamela riendo al igual que sus compañeros.

    Pamela volvió a presionar el botón del juego y esta vez le tocó el turno de preguntar de 3 al 5. Eduardo a Patricia. A pesar de su borrachera, el joven se sentía cohibido al tener que preguntar algo o dar una orden a la madre de Cristina. Ante su silencio, Cristina le arengó a que preguntara, que todo era un juego al final.

    – Está bien. Señora Patricia… a qué hora, no perdón, a qué edad, tuvo su primera experiencia eehmmm

    – ¿Sexual? – Le interrumpió Patricia. El joven asintió con la cabeza nerviosamente. – A los 18 años. – contestó ella con una sonrisa.

    – Cuéntanos más detalles, mamá. – Dijo Cristina.

    – No, sólo contesté la pregunta. No quiero acaparar la conversación.

    Pamela la secundó y aplicó la nueva ronda de retos. Esta vez le tocó al 4 (Manuel) preguntarle al 3 (Eduardo). Color Rojo. Todos se miraron nerviosamente, esperando el reto o pregunta a Eduardo.

    – A quien de las 3 mujeres que están en el juego… – Manuel dudó un momento y continuó acordándose que al fin estaba borracho y los escrúpulos se habían ido a dormir hacía un buen rato… – te cogerías si tuvieras oportunidad?

    – A las 3 jajaja, – Dijo Eduardo súbitamente espabilado.

    – No seas pendejo, Eduardo, tienes que elegir a una. – Dijo Cristina pellizcándolo suavemente y todos rieron sin saber porqué a ciencia cierta.

    – Bueno pues… a ti. – Cristina se ruborizó un poco, pero ya no dijo nada. Eduardo le dedicó una mirada a sus senos e iba a decir algo, pero prefirió callar.

    En la siguiente ronda, por azares del destino, le tocó al 3 (Eduardo) preguntarle a la 2 (Cristina). De nueva cuenta el reto se presentó de color Rojo.

    – ¿Tengo que hacer preguntas o retos también? – preguntó dirigiéndose a Pamela.

    – Lo que quieras, reto o pregunta. – Contestó la chica.

    – Ah, entonces quiero que se quite el sostén que no se quería quitar hace rato. – Todos, inclusive Patricia lo secundaron.

    Cristina, sin hacerse mucho del rogar se despojó de su sport bra metiendo sus manos por debajo de su blusa de cumpleaños y quitándoselo hábilmente como un contorsionista. Sus pezones se miraban erguidos a través de la delgada tela y Eduardo, disimuladamente se cogió la verga para reacomodarla en su pantalón.

    A medida que el juego progresaba, los retos se iban haciendo cada vez mas atrevidos entre ellos. Besos de Eduardo a Cristina, adivinanza de quien te tocó el paquete para Eduardo y hasta un reto para que el mismo Eduardo besara a Manuel. Después de mucho resistirse le dio un beso apresurado en los labios ante la algarabía de las chicas.

    Era casi la una de la noche cuando le tocó el turno al 1 (Pamela) para el 2 (Cristina). Nerviosamente, Pamela le susurró algo en el oído y Cristina, después de pensársela un poco asintió, mientras volteaba a ver a Patricia.

    – Patricia, el siguiente reto que le voy a pedir a Cristina, no se va a atrever a hacerlo frente a ti, pero no queremos que te vayas…

    – Si quieren me retiro a dorm…

    – No, mamá, quédate, pero sólo te vamos a poner una condición. – Dijo Cristina.

    – Bien, díganme.

    – Te vamos a poner unos audífonos y te vamos a tapar los ojos mientras dura el reto. No puedes quitártelos ni preguntar nada cuando concluya el reto. ¿Estamos?

    – ¿Pero, quieres decir, que me van a dejar incomunicada?…

    – Es mi cumpleaños, mamá. – Dijo Cristina haciendo un pequeño puchero.

    – Está bien, pero si se sienten mas cómodos los puedo dejar sol…

    – Quédate, mamá. Quiero que te quedes. Solo es esa condición y es solo un momento.

    – Está bien. – Accedió Patricia, levantando los brazos en señal de asentimiento.

    Pamela tomó los audífonos que Arturo llevaba en su mochila y encendió la música, poniendo los auriculares sobre las orejas de Patricia. Acto seguido, tomó el sport bra de Cristina y los puso sobre el rostro de su madre. A través de la prenda, Patricia solo podía ver formas sin poder identificar quien era quien, pero sabía la posición que tenía cada uno de ellos y sonrió a la expectativa. De alguna manera, sentir el sostén que recientemente usara su hija, le provocaba algún tipo de placer morboso que no podía o quería explicarse a si misma.

    Acto seguido, una mano femenina, tomó sus manos y las ató para prevenir que se fuera a quitar los audífonos o la prenda de sus ojos y la guiaron delicadamente hasta donde sintió el contorno familiar de la cocina. La voz susurrante de Pamela le llegó como un silbido cuando le retiró momentáneamente los audífonos. “Aquí quédate ama, en un rato vengo por ti”. Después sintió la tibieza de su lengua en su oído y se estremeció de placer antes de que le volviera a colocar el aparato y la dejara sola ahí en la cocina mientras ellos terminaban con el reto que le habían asignado a Cristina.

    Pamela regresó a la sala con sus amigos y les indicó con la mirada que todo estaba listo. Pamela le dijo quedamente a Cristina. “Escoge al que tú quieras pero tienes que hacer que se venga, ese es el trato” mientras decía esto, volteó a ver a Arturo que seguía durmiendo la mona plácidamente, acostado en el sofá en la misma posición que tenía desde que empezaron a jugar.

    Cristina apuntó con el dedo a Manuel y luego a Eduardo, luego a Manuel y de nuevo a Eduardo en una especie de Tin-Marin de do pingüe. Finalmente se hincó en la alfombra de la sala frente a Eduardo y le sacó lentamente la verga ante la mirada expectante de los otros dos. Eduardo se bajó los pantalones y se plantó firmemente ante Cristina, ansioso por sentir aquel erguido instrumento dentro de su boquita que se antojaba deliciosa y húmeda.

    La chica abrió la boca y se introdujo la verga de Manuel lentamente, acariciando la punta con su lengua en suaves movimientos circulares. El joven respingó soltando un largo suspiro, mientras volteaba a ver al inconsciente novio de la cumpleañera que ni se inmutó ante semejante cornamenta que le iban pintando frente a sus ojos. Manuel, mientras tanto, observaba aquella escena con suma atención y casi sin darse cuenta, se la sacó y empezó a jalársela excitado de ver a Cristina devorar la verga de su amigo. Sentía unas ganas horribles de orinar y una excitación creciente. Supuso que poder orinar en esas condiciones sería una tarea cuesta arriba pero, la urgencia pudo más y, sin molestarse en guardar su pene en el pantalón se dirigió al baño.

    Cristina mientras tanto, había logrado tragarse por completo la verga de Eduardo y, dando grandes arcadas, la metía hasta que su velludo pubis chocaba con la nariz de la chica. Siempre le había parecido una sensación extraña pero agradable el escozor que le provocaba dicho contacto cuando mamaba una verga y lograba tragarla toda. Con delicadeza, acarició los huevos del muchacho, que se estremeció ante la caricia y se animó a coger la cabeza de la chica para empujarla hacia él e intensificar el movimiento.

    Pamela, mientras tanto, se acariciaba el coño con su mano por encima de los leggings cuando de pronto…

    Patricia estaba muy concentrada escuchando la música que salía de los audífonos de Arturo. Debía admitir que el muchacho tenía buenos gustos musicales. De pronto, sintió un contacto inesperado detrás de ella. Seguramente uno de los muchachos se estaba queriendo propasar con ella, aprovechando su indefensión. Sintió unas tibias manos deslizarse por debajo de su blusa y acariciar sus tetas suavemente comprobando que no traía sostén. Ella trató de parar esa caricia, cuando los dedos hábiles empezaron a juguetear con sus pezones acariciándolos con pequeños movimientos circulares seguidos por un apretón que le resultaba simplemente delicioso. En su mente desfilaba el rostro de Manuel, cuando miraba disimuladamente sus tetas durante el juego y el de Eduardo, pendiente siempre de sus piernas, mientras se acomodaba repetidamente su paquete. Repentinamente se sintió excitada de no saber quién de los dos muchachos le estaba tocando y sintió cómo se iba excitando ante aquel inesperado evento. Sintió una lengua buscando ávidamente su cuello y ella le permitió dando un pequeño quejido. La lengua intrusa fue moviéndose lentamente por su cuello mientras las manos seguían apretando sus tetas ahora con más libertad y atrevimiento.

    Cuando pensaba que aquello no podía ponerse más intenso…

    La chica sintió la mano posándose en sus nalgas por encima de sus leggings. Sin dejar de voltear a ver cómo su amiga se devoraba aquel pedazo de carne ensalivado y en pie de guerra, movió su culito hacia arriba para facilitar el contacto. Ante aquella invitación, la mano se metió dentro de su prenda y acarició su coñito, que para estas alturas estaba ya empapado de nuevo. Pamela sintió un ramalazo de placer atravesando por todo su cuerpo, especialmente el centro mismo de la entrepierna y, con lujuria acarició el paquete del intruso que la acariciaba.

    Cristina, por su parte, se levantó de la posición donde se hallaba tragándose la verga de Eduardo y, cuando este pensó que la diversión había ya terminado, notó con beneplácito cómo la chica se despojaba de su blusa de cumpleaños y le ofrecía sus juveniles tetas. Eduardo, sin pensársela dos veces, las empezó a besar con desesperación, masajeándolas tal vez un poco más fuerte de lo que ella hubiera querido, pero a ninguno de los dos pareció importarles. Eduardo apretó los labios alrededor de sus pezones y presionando mediante sus dientes, le empezó a dar mordidas intensas que la llevaron a sentir una emoción intensa. La suavidad protectora de esos labios, permitían a los labios del muchacho presionarlos sin llegar a lastimarla. “Así pinche Eduardo, mámame las tetas así cabrón, me tienes hecha una puta” gemía Cristina de forma entrecortada, apenas consciente de la presencia de su novio a un escaso metro de ellas.

    Pamela seguía acariciando aquella verga que se sentía deliciosa en su mano cuando sintió cómo sus leggings iban bajando junto con sus panties. Se enrollaban en sus piernas, como resistiéndose a dejar el paraíso pero finalmente sintió sus piernas liberadas y en un acto reflejo las abrió lo mas que pudo aun estando de pie. Una mano le retiró la suya de la suculenta y verga y por un par de segundos cesó aquel delicioso contacto, hasta que…

    Patricia sintió como su cuerpo era empujado firmemente sobre la superficie de la mesa hasta quedar en posición de perrito. Sus tetas quedaron tocando la fría superficie de la mesa, ya que aquellas manos mantenían su blusa levantada a la altura de su cuello. Cuando Patricia adoptó esa posición sin quejarse, la mano se retiró de su cuello y empezó a subir su falda.

    “¿Qué estoy haciendo?” se preguntó la mujer, consciente de que no traía ropa interior y que su atacante pronto le estaría tocando su coñito sin contemplaciones. “¿debo pararlo ahora? ¿Cómo lo llamo, Manuel, Eduardo, chaval o hijo de puta?, me estás violando, cabrón”. Su boca intentó decir esas palabras pero su coñito lo silenció abriendo las piernas en señal de consentimiento.

    Patricia sintió una mano hurgar en su cuevita llena de fluidos. En silencio, el intruso se metió entre sus piernas y le empezó a dar una chupada deliciosa, acariciando su clítoris con la punta de la lengua. Patricia brincó por la sensación, incapaz de negarse a recibir las caricias de aquella boca descarada y atrevida. Sus labios empezaron a proferir obscenidades que ella misma no alcanzaba a escuchar por la música de los audífonos. De lo que sí estaba segura era de que algunas de esas palabras eran “cógeme” y “cabrón” dichas repetidamente entre gemidos.

    Sin hacerse del rogar, aquel intruso la volvió a coger de la cintura y, atrayéndola hacia si…

    Cristina se acostó en el sofá a un lado de Arturo su novio. Podía sentir la acompasada respiración del muchacho mientras sentía cómo Eduardo le iba quitando sus jeans y sus pantys hasta dejarla completamente desnuda. Abrió sus piernas y el muchacho metió su cabeza en medio de ellas, rozando sus labios vaginales, hinchados de placer con aquella boca sedienta. Subió un poco más la boca, presionando contra su pubis apenas recubierto de sus vellos finamente recortados y, cuando pensaba que aquello no se podía poner mejor, sintió un par de dedos de Eduardo entrando en ella mientras seguía comiéndole entre gemidos de ambos.

    Pamela, recibiendo de igual forma una rica comida de coño, veía a su amiga recibiendo aquel tratamiento a un lado de su novio y se sintió sumamente excitada. Todo aquel episodio le parecía surreal y sintió el chorro caliente de su venida correr en tropel por su entrepierna para caer en la boca de aquel afortunado comedor de coños.

    La chica, apenas repuesta del temblor que le provocara tan profundo orgasmo, se movió un poco hacía donde se hallaban Cristina y Eduardo y se metió entre las piernas de su amiga, luchando por un pedazo de aquel coño delicioso. Apenas sintió cómo una verga se movía a través de los labios de su coñito e, incapaz de hacer otra cosa, se empezó a acariciar el clítoris, con su dedo, mientras seguía comiendo el coñito de su amiga y recibía aquella caliente verga dentro de ella.

    Para completar el cuadro, Eduardo acariciaba las tetas de Pamela a la vez que compartían aquel mojado manjar. El placer que sentía la chica era indescriptible y sintió una enorme urgencia por retribuirle el favor al muchacho. Tomó la verga de Eduardo, ya mojada por la saliva de Cristina y empezó a masturbarla lentamente.

    Cristina, abriendo sus ojos, volteó a ver a su novio aun dormido y, con una perversa sonrisa en su rostro…

    Patricia sintió el brutal golpe de aquella verga adentrándose en sus carnes, las paredes de su coño se abrieron para darle la bienvenida a aquel visitante inesperado y levantó su culo para facilitarle aún más el acceso. Las manos intrusas la tomaron de la cintura y comenzaron a penetrarla con rudeza en un frenético movimiento que le hizo sentir como su coñito se contraía ante la inminente llegada de un nuevo orgasmo. Sin saber quién de los dos chicos se la estaba cogiendo, Patricia dejaba volar su imaginación entre los rostros sonrientes de los dos.

    Nunca había tenido sexo con unos audífonos puestos pero la sensación no le molestaba en absoluto, estaba consciente de que estaba seguramente gimiendo tanto que podía despertar a Ricardo si no se hubiera tomado aquella potente pastilla para dormir. Imaginar el cuerno que le estaba poniendo al imbécil de su esposo le hizo potenciar aún más el placer que sentía y se retorció en la mesa sintiéndose una puta sin escrúpulos, puro placer sin culpa, sin temor a ser sorprendida, en algún punto recóndito de su ser le atraía el morbo de escuchar la voz encabronada de su marido al verla cogiendo como una vil perra y ella sin poder recobrar el control de su cuerpo, incapaz de parar de sentir emociones intensas ante los embates de aquella verga dentro, muy dentro de ella. Sin poder contenerse más se vino en aquella mesa, con el culo al aire y sin siquiera saber a ciencia cierta a quien le estaba dando su coñito en esa noche extremadamente caliente. Sintió cómo sus fluidos bañaban a aquella verga deliciosa cuando…

    Cristina se recostó en el sofá montada encima de la cabeza de su novio Arturo y ofreció su coñito abierto a Eduardo para que se la metiera duro. Eduardo dudó por un momento ya que el coño de Cristina estaba a unos escasos centímetros arriba de la cara de Arturo. Para cogerla, tendría que rozar el rostro de su amigo, aun inconsciente. Qué pasaría si el despertaba y los encontraba en esa posición. A su lado, Pamela recibía una rica ración de verga que le estaba taladrando su coñito mientras la chica gemía y se aferraba de la pierna de su amiga.

    Finalmente, pudo más la calentura de Eduardo que su temor a ser descubierto y se recostó parcialmente en el sillón para penetrar a Cristina. Su coñito húmedo y caliente le recibió alegremente y sintió, con aprensión al principio, como sus huevos rebotaban en las mejillas de su amigo cada vez que penetraba a su novia. Cristina, tal vez debido al morbo de aquella situación, gemía y le decía guarradas al tiempo que se acariciaba su clítoris al mismo ritmo con el que recibía la verga endurecida de Eduardo. Pronto sus fluidos escurrían mojando el pene del muchacho y por supuesto la mejilla de su cornudo novio. Volteó a ver a su amiga con una mirada extraviada en el rostro, Pamela captó esa mirada turbia y, sin pensarlo…

    Patricia sintió que su mundo daba vueltas y su coñito se contraía al sentir el espeso y caliente semen inundando su intimidad en volúmenes copiosos. La verga se contraía y ella sentía los espasmos de aquel intruso empujando contra ella y apretando aún más sus tetas contra la dura superficie de la mesa. Vagamente sintió cómo él se separaba de ella y, cuando pensaba que todo había concluido, sintió unos dedos hurgando en su interior para recoger aquella leche fresca que acababa de ser vaciada en su hambriento coño. Las diestras manos, utilizando el semen como un lubricante empezó a masturbarla frenéticamente. De pronto paró por unos cinco segundos y continuó de nueva cuenta con aquel movimiento de sus dedos dentro de ella. Su otra mano se adentró en la boca de ella, y le hizo probar el sabor de aquel semen fresco, mezclado con sus abundantes flujos vaginales. Era un sabor exquisito que la puso de nuevo caliente en un santiamén y, con el estímulo de aquellos otros dedos dándole placer a su coño, le hicieron venirse de nueva cuenta, temblando ante aquel extraño y colapsando su cuerpo contra la mesa hasta quedar exhausta, totalmente rendida a aquellas caricias endemoniadamente cachondas. Cuando recuperó de nueva cuenta las fuerzas…

    Pamela se acercó a la boca de su amiga, moviéndose con sus piernas y brazos como una gatita, y le besó mientras ella seguía siendo penetrada por aquel incansable chico. Pamela le sonrió a Cristina y se puso a un lado de ella, montada en el pecho del inconsciente Arturo. Abrió sus piernas igual que su amiga y Eduardo y se ofreció de nuevo ante aquella verga deliciosa que la había penetrado anteriormente.

    Ver a aquellas dos pareas lado a lado, disfrutando de lo rico, era un espectáculo demasiado caliente y no tardaron aquellas jóvenes vergas en descargar su leche en las calientes amigas, que se besaban con desesperación mientras sentían la corrida de ambos jóvenes y sus aullidos incontrolables. Primero se vino Eduardo seguido casi inmediatamente después de Manuel, que se vació como si no hubiera un mañana en el dulce coñito de su amiga.

    Como si se hubieran puesto de acuerdo, Pamela y Cristina se siguieron besando, y se tocaron sus respectivos coños cubiertos de semen, hasta venirse como dos bailarinas practicando coreografías elaboradas.

    El semen de Eduardo escurría por el coñito de Cristina y bañaba el rostro de Arturo que ni se inmutó ante aquella brutal escena.

    Patricia sintió la suave mano acariciando su rostro, y removiendo el sostén que aún le cubría sus ojos. Ante ella apareció la cara sonriente de Cristina.

    – Ma, te quedaste dormida acá. Perdón que nos hayamos tardado tanto en el juego…

    – No te preocupes, hija. – Dijo Patricia aun somnolienta.

    – Hija… ¿te puedo preguntar algo?

    – Dime mamá…

    – ¿Quién de los muchachos abandonó el juego?

    – Nadie. – Dijo Cristina aun recordando la brutal corrida doble en el sofá y encima de Arturo. – Nos quedamos jugando hasta que ambos perdieron… ya se fueron hace un momento, pero pamela se quedará a dormir conmigo y Arturo sigue perdido en el sofá…

    – ¿Estás segura, Cristina?

    – Totalmente, ma. ¿Por qué lo preguntas?

    – Por nada hija, no tiene importancia. – Dijo Patricia confundida.

    En el cuarto de arriba, Ricardo dormía plácidamente en su cama, con una pacífica sonrisa mientras una pastilla para dormir se iba disolviendo lentamente en el drenaje.

    Sin que su madre se diera cuenta, Cristina sonrió y se retiró a su recamara.

    Dark Knight

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  • Masajes y algo más…

    Masajes y algo más…

    Yo hace unos años era instructor académico en un colegio, donde había otras personas más que tenían mi cargo, una de ella era Kat, una mujer de 34 años, tez blanca, alta, de senos grandes y trasero redondo, exquisita para una gran noche. Desde que la conocí no dejaba de verla, pero como había mucho trabajo, olvidaba todo eso. Es una gran chica, amable y buena trabajadora, estaba soltera hace un tiempo, y dentro de la confianza, me contaba sus cosas, la infidelidad que le hicieron. A pesar de mi edad en ese tiempo de 25 años, ella sentía que era maduro.

    Pasado un poco de tiempo, nos jugábamos de manos, con mucha confianza, decíamos frases eróticas y nos reíamos. De juego le decía «muéstrame el hilo dental que tienes puesto», y ella se reía y me lo mostraba, cuando nos quedábamos solos en clases. Le encantaba usar hilo dental, cada vez que se compraba me lo mostraba.

    Un día me escribe al celular y me dice que se siente estresada con dolor de cuello y espalda, a lo que respondo: «si quieres te hago masajes». Ella rápidamente me dice que ya y donde lo haría? Se me ocurre en un hotel, nadie nos ve y no dice nada malo. Ella riéndose me dice que payaso, que ahí no solo acabara en masajes. Yo le respondo: “todo depende de ti». Ella acepta y me dice que en media hora nos vemos en un lugar cercano a ambos.

    Yo me alisto, preparado para todo, porque ambos sabíamos que no solo iba a ser masajes…

    Nos encontramos y nos vamos al hotel, yo pago e ingresamos al cuarto. Para hacerlo más bonito y excitante el momento le digo que vaya a los servicios y se saque toda la ropa, ella se ríe y me dice que no. Luego le digo que solo la parte de arriba y salga en toalla.

    Ella me hace caso y sale sin brasier ni polo, pero tapada en toalla. Se echa en la cama boca abajo, algo nerviosa por el momento, al igual que yo, pero era un buen momento para todo.

    Empiezo a dar masajes, se sentía que le gustaba, la piel se le erizaba, por momentos mis manos bajaban cerca a sus pechos y ella gemía suavemente. Luego de un momento le digo que si desea cara arriba los masajes o de las piernas, Kat ya excitada y relajada me dice que desea todo el cuerpo, le saco el pantalón y veo su hilo dental rosadito y bien chiquito. Yo estaba excitándome mas! empiezo por las piernas las abro un poco y veía su vagina algo húmeda.

    La volteo y ella tapada sus pechos con la toalla, así que le quito y veo sus hermosos pechos redondos, empiezo a echarle un poco de crema y la masajeo, por toda la parte de adelante, en especial sus pechos, ella estaba en otro mundo, muy excitada, gemía en cada momento, pero donde más fue su placer es cuando llegue cerca de la vagina, puse a un lado el hilo dental, y empecé a tocar el clítoris.

    Fue un momento caliente al verla como se doblada de placer, empecé a meter mi dedo, y ella me dice que le lama la vagina, le quite el hilo me saque la ropa, y le hice sexo oral. Piernas abiertas, vagina húmeda, gemidos de placer y yo muy excitado, combinación perfecta.

    Después de un momento, Kat no soporto más y me dice hazme el amor, quiero sentirte todo. Yo subo, la beso, le muerdo el cuello, lamo los pechos, eran todo para mí. Sentía que esto debió ser antes, o quizá era su momento, solo lo disfrutábamos, empecé a penetrarla donde ella grito fuerte, ambos sin miedo a que nos escuchen, solo disfrutar esa tarde – noche de placer. «Sigue papi», «rico», «dame más, hasta el fondo», «me vengo, quiero sentirte todo», «soy tuya, soy tu puta». Frases que me excitaban más, lo hacía más fuerte, rápido y siempre con pasión.

    Estando por finalizar ella me dice que quiere toda mi lechita en la boca, cosa que me sorprendió de ella, pero lo hice, leche caliente para mi «putita», veía como se lo comía, se lo pasaba como premio, le encantó.

    Lo hicimos toda la noche, hasta el día siguiente que nos fuimos a casa.

    Pasaron muchas veces más, coordinábamos y nos íbamos a distintos hoteles, éramos amigos cariñosos, sin celarnos, sin reclamar nada si salíamos con otras personas. Fue por medio año, ya que luego conocí a una chica que me gustaba y Kat conoció a un amigo mío. Lo que duró, se disfrutó. Ahora somos amigos que conversamos por chat y nada más. Deseándonos lo mejor siempre.

  • Por jugar con fuego (Parte 3)

    Por jugar con fuego (Parte 3)

    Al día siguiente nos levantamos muy tarde, la cena en el club y el sexo como animales toda la noche nos había dejado exhaustos. En la cocina mientras desayunábamos en silencio, los dos pensábamos en que íbamos a hacer cuando llegara Fernando, ¿hablaríamos de la noche anterior? ¿Trataríamos de pasar página y hacer como sino hubiera pasado nada?

    Al cabo del rato Ernesto se decidió a hablar:

    -No hago más que darle vueltas a lo que paso ayer y que ahora vamos a volver a ver a Fernando dentro de un rato.

    -Ya lo sé a mí me pasa lo mismo, estoy muy cortada. Ayer me vio desnuda y me estuvo tocando todo el cuerpo y ahora que pensara de mí ¿que soy una puta? ¿Intentará propasarse? Creo que será mejor que anules la cita.

    Ernesto, me abrazo por detrás y me dijo:

    -De lo que paso ayer no tienes nada de qué avergonzarte, estábamos los dos juntos y disfrutamos de una experiencia nueva que nos excito mucho. Solo con recordar cuando vi cómo te chuparon los pechos entre los dos y la cara de excitación que tenías, me pongo a cien.

    -¿de verdad que no te arrepientes de que me hayan tocado dos hombres?

    -No cielo- respondió Ernesto- ya te digo que me gusto y disfrute mucho, es más me estoy excitando con esta conversación.

    – Cuando llegue Fernando ¿te excitaras al recordarlo o te sentirás celoso? – le respondí.

    Ernesto se quedó mirándome a los ojos, abrió mi escote y me contesto:

    -No lo sé seguro, pero ahora solo pensar cómo te chupaba el pecho y te hacia disfrutar creo que me gustara. Además si la situación se pone incomoda, no tengo ningún problema en decirle que se marche.

    -Eso me tranquiliza, porque yo no sé cómo me voy a sentir, nunca he estado con otro hombre.

    -Tranquila, veras como no pasa nada. Ni el sacara la conversación ni hará ningún tipo de insinuación.

    Terminamos de desayunar y nos fuimos a arreglarnos, ya tenía la comida preparada desde el día anterior, así que solo teníamos que preparar la mesa y vestirnos para la ocasión.

    Después de ducharnos, estábamos los dos en el dormitorio y Ernesto se percató de que no hacía más que mirar la ropa del armario sin decidirme por nada.

    – Si te dijera- me dijo de repente- que te pongas el vestido camisero azul sin nada debajo ¿te enfadarías?

    -Ernesto siempre estas igual, estos juegos no podemos repetirlos con Fernando, le estamos dando pie a que se propase.

    -No es mi intención, el vestido es largo y lleno de botones, que estarán perfectamente abrochados sin dejar que se vea nada, solo tú y yo sabremos que debajo no llevas nada y eso permitirá que nuestra imaginación nos mantenga excitados para que cuando salga Fernando por la puerta pasemos directamente al dormitorio.

    -Vale pero estarán abrochados todos los botones todo el tiempo, aquí no estamos en el club y no tengo ganas de que Fernando piense cosas que no son.

    -Tú eres la dueña de tus botones y te prometo que yo no voy a tratar de abrirte ninguno.

    Por una parte, el juego que me proponía Ernesto me excitaba, ayer me vio desnuda y me estuvo tocando, solo pensar que iba a estar desnuda delante de él, pero sin que él lo supiera me hacía circular la sangre más deprisa.

    A la hora convenida llego Fernando, con un ramo de flores y una botella de vino, me saludo como siempre dándome dos besos, aunque esta vez sin rozarme.

    Nos sentamos a tomar el aperitivo y estuvimos hablando sobre Buenos Aires, llevaba una semana fuera pero lo echaba mucho de menos.

    Nos sentamos a comer y seguimos hablando sobre Argentina, sobre como ellos preparaban los corderos en La Pampa…

    A la hora de café, me fui a la cocina para prepararlo y enseguida apareció mi marido con los platos que estaban en la mesa. Me cogió por la cintura desde atrás y me dijo que estaba muy caliente, que porque no me desabrochaba algún botón, que le gustaría ver como Fernando me miraba el escote,… A lo que me negué, aunque, a decir verdad, con poca convicción: yo también estaba muy caliente recordando escenas de la noche anterior pero mi juicio me impedía hacerlo.

    Salimos al salón con las tazas para el café y con vasos para tomar unos chupitos de licor.

    Pregunte a Fernando que licor quería y pase otra vez a la cocina a coger las botellas de licor de orujo que manteníamos siempre en el frio y al volver me había desabrochado dos botones del vestido, lo que dejaba claro que no llevaba sujetador aunque, todavía era lo bastante recatado para no llamar la atención.

    Para estar más cómodos nos sentamos en los sillones, Fernando en uno, Ernesto en el otro y yo me acomode en el brazo del sillón de mi marido esperando que se hiciera el café, cosa que aprovecho Ernesto para rozarme el culo y los muslos con cierto disimulo, mientras abría una caja de pastas.

    Al poner las pastas sobre la mesita baja, se me ahueco el vestido dejando una buena vista de mis pechos a Fernando, como lo hice sin pensar no me di cuenta hasta que vi como los ojos del argentino se agrandaban como si estuviera viendo un gol de Maradona. Me quede acalorada y enseguida me levante para ir a la cocina a por el café.

    Estaba tratando de retomar la calma, cuando por mi espalda, se me acerco mi marido y me dijo:

    -Que has hecho, le has puesto nervioso y ha tirado el café sobre su camisa. Y diciéndomelo al oído me puso las manos sobre los pechos y empezó a besarme el cuello.

    Me di la vuelta y le bese, con un beso caliente y apasionado. Estaba muy excitada y Ernesto lo aprovecho la excitación para abrirme los botones del vestido y poner su mano en mi coño.

    Estaba totalmente húmedo y me dijo:

    -Estas deseando que te meta mano Fernando, no me mientas, porque yo también lo deseo. Me lo decía metiendo sus dedos en mi vagina haciendo que me contuviera mis gemidos.

    -Estás loco, hoy es mucho más peligroso, estamos solos y si pasa algo va a querer follarme.

    -Estoy deseando verlo- me dijo al oído.

    De repente, vi como aparecía Fernando por detrás de Ernesto y yo estaba con el vestido totalmente abierto aunque tapada por el cuerpo de mi marido. Me apreté contra él y le dije al oído:

    -Esta detrás de ti, no te muevas.

    Al contrario de mis indicaciones, Ernesto se apartó dejándome a la vista de Fernando con el vestido totalmente abierto, en un rápido movimiento se puso detrás de mí y me quito el vestido delante de Fernando como ofreciéndome.

    Cerré los ojos, bueno lo aparente, y vi como Fernando se acercaba y ponía sus manos en mis pechos.

    Mi marido, detrás de mí, saco su polla su polla apoyándola en mi culo y me dijo:

    -Sácale la polla, quiero ver cómo te folla.

    Estaba tan caliente que obedecí desabroche el cinturón, los botones del pantalón y deje que callera al suelo. Luego muy despacio, metí la mano por el calzoncillo y libere su polla, seguía con los ojos cerrados pero al notar ese miembro no tuve más remedio que abrirlos para admirar el tamaño de esa polla.

    Me agache, sin pensarlo, y me puse a chuparla, lo que aprovecho mi marido para poner la suya en el agujero del culo y poco a poco ir introduciéndola.

    Aunque me gustaba lo que hacía Ernesto, mi cabeza no podía dejar de pensar cómo sería tener la polla de Fernando dentro de mí.

    Como no podía más, tome la iniciativa y les dije seguirme, y me dirigí a las tumbonas de la piscina.

    Los dos aprovecharon para quitarse del todo los pantalones y las camisas apareciendo rápidamente en el jardín.

    Coja la mano de Fernando y le senté en la tumbona. Sin dejar de mirar a los ojos de mi marido me aproxime a su polla sentándome sobre ella poco a poco y viendo la cada que ponía Ernesto mientras veía que aquel pedazo de carne entraba en mi coño.

    Cuando la tenía totalmente clavada, se acercó a mí y me dio un beso apasionado diciéndome: Gracias

  • Los viejos se cogieron a mi esposa

    Los viejos se cogieron a mi esposa

    Debí haberlo imaginado, pero no lo hice, la excitación que me producía ver a mi esposa mostrarse en el balcón y verla disfrutar en mi cama con visitantes ocasionales, me impidieron vislumbrar el futuro. Tendría que haberme dado cuenta que, más tarde o más temprano, todo dejaría de estar en nuestra privacidad y se empezaría a ser más público. Y así fue.

    Con Ana vivimos en un edificio de departamentos en una zona muy coqueta. Es un complejo con piscina, gimnasio y un gran parque que se usa como solárium. Por supuesto, como en casi todos estos lugares, contamos con seguridad privada en los ingresos y monitoreo por cámaras en casi todas las zonas comunes. Y aunque esto hace que uno se siente más seguro, termino jugándonos en contra.

    Aunque tomamos siempre bastantes precauciones, era seguro que la constante exhibición de Ana y las frecuentes visitas de jóvenes, empezaron a llamar la atención más de lo que hubiésemos querido.

    Ese viernes de enero, como todos los días que asistimos a nuestros respectivos trabajos, salimos de nuestro departamento y nos dirigimos hacia el ascensor. Acostumbro alcanzarla al negocio en que trabaja y de ahí me dirijo al mío. Estábamos bastante cansados, había venido de visita un “amigo” y nos habíamos dormido tarde. Entiéndase que cuando digo “amigo”, me refiero a algún conocido que vino a disfrutar de mi esposa.

    – No puedo más, me dijo Ana.

    – Yo también estoy muerto, le respondí.

    – Menos mal que mañana es sábado, continúe.

    – Tenemos que parar de hacer esto en la semana, me dijo sonriendo.

    – Ayer no se te veía disconforme, sonreí.

    Solo sonrío y antes que pudiera decir algo más, llego el ascensor. Al abrirse las puertas su interior estaba ocupado por un vecino del séptimo piso, que, aunque lo había cruzado varias veces, nunca habíamos entablado una conversación.

    – Buenos días, dijo.

    – Buenos días, dijimos casi al unísono con Ana.

    – Van a las cocheras, preguntó.

    – Si, gracias, dije.

    Yo me acomode al lado de él y Ana se ubicó delante de los dos mirando hacia la puerta del ascensor. Ella vestía un pantalón blanco muy ajustado que dejaba notar muy sutilmente a través de la tela los bordes de su pequeña tanga.

    Por supuesto eso no pasó desapercibido para nuestro vecino, que clavo la mirada en la cola de mi esposa, sin ningún disimulo.

    – Me llamo Ricardo, dijo mientras me ofrecía su mano.

    – Jorge Pietro, un gusto, dije correspondiendo su saludo.

    – Soy Ana, un gusto.

    – Si claro señora, ya conozco su nombre, acá en el edificio se habla mucho de Ud., dijo.

    Ana me miro y se sonrojo.

    – Es que hace mucho tiempo que vivimos acá, dije nervioso.

    – Si claro, dijo el riendo.

    Por suerte, el ascensor llego a destino. Mientras caminábamos hacia nuestros autos a Ana se la veía abrumada, pero no dijo palabra. Yo a su lado le agarré la mano y se la apreté en un gesto de tranquilidad. Ricardo había quedado detrás de nosotros y me lo imaginaba disfrutando la cola de ella con atención.

    – Que tengan un buen día, dijo

    – Igualmente, respondí

    – Adiós, fue solo el saludo de Ana.

    – Espero no haberla incomodado con mi comentario, en el edificio es muy conocida por su belleza, dijo Ricardo mientras la observaba de arriba abajo.

    – Gracias, dijo ella sonrojándose nuevamente.

    – Cuide mucho a su esposa, es un hombre muy afortunado, continuo, dirigiendo su mirada hacia mí.

    – Si claro, dije.

    Subimos al auto y salimos del edificio.

    – Que fue eso, me pregunto Ana

    – No sé, anda a saber, por ahí te vio en el balcón dije.

    – No creo, de donde está ubicado su departamento no se ve nada, dijo.

    – Tenés razón, desde su balcón no creo que pudiese verte, por ahí alguien le dijo.

    – Un admirador más de tu cola, continúe sonriendo.

    – Es un viejo, dijo mientras me pegaba suavemente en el hombro.

    – Será un viejo, pero no te imaginas como te comió la cola con los ojos en el ascensor, dije.

    – Que viejo baboso, dijo.

    – Me vas a decir que no te calienta que te desee la cola.

    No me contesto, habíamos llegado a destino, me dio un beso y bajo del auto.

    Ana tenía razón, Ricardo era una persona bastante mayor, rondaba los 65 años, su cabello lucía completamente blanco, estaba muy tostado por el sol y se lo veía, a pesar de su edad, en muy buen estado físico. Las veces que lo había visto vestía muy elegante e inundaba el ambiente con un penetrante perfume.

    Manejando camino a la oficina tuve una erección de solo imaginar que mi esposa podía tener algo con el viejo. Siempre quise ver a Ana con alguien muy mayor, se lo había propuesto varias veces y siempre recibí un rechazo contundente. A ella le gustaban los jóvenes.

    Fue un día distinto en la oficina. No podía dejar de imaginarme a Ricardo en la cama con mi esposa. Fue tanto así que tuve que ir al baño a masturbarme para calmarme un poco. Tenía que hacer algo para que eso ocurriera, pero que.

    Se me ocurrían un montón de cosas, pero difíciles de llevar a la práctica. Pensé en invitar a cenar al viejo a casa, pero lo descarte, con que excusa lo haría. También fantasee con hacer que viera a Ana en el balcón, pero era imposible, él no tenía vista hacía nuestro departamento. Me sentí frustrado, comprendí que tenía que seguir con mi fantasía sin cumplir.

    Nunca creí mucho en eso del destino y de los que dicen que las cosas que tienen que darse se darán, siempre pensé que si no trabajas para conseguir algo no hay forma de lograrlo. Lo que no tuve en cuenta es que la vida siempre te da sorpresas y la sorpresa estaba cerca.

    Al regresar a casa e ingresar en la cochera lo veo a Ricardo a un costado, lo salude con la mano, estacione y me baje del auto.

    – Hola señor Pietro, me saludo, estirándome su mano.

    – Hola como esta, respondí.

    – Bien, gracias, lo estaba esperando, dijo.

    Ante mi cara de asombro, continuo:

    – Quería disculparme con usted, me quedé pensando todo el día que quizás podía haber tomado a mal el comentario que le hice a su esposa, si es así lo lamento mucho, no fue mi intención ofenderlo.

    – No hay problema Ricardo, estoy acostumbrado a que le digan cosas, respondí.

    – Me imagino, tiene una mujer muy bella, dijo.

    – Gracias.

    – Además viste muy sexy y eso no pasa desapercibido, comento.

    – Tiene unos minutos ahora, me gustaría invitarlo a tomar un café en mi casa, prosiguió.

    Iba a decirle que no, pero luego pensé que era una buena ocasión para descubrir si sabía algo de lo que hacíamos con Ana, así que acepté.

    El departamento que habitaba era uno de los más grandes del edificio, tenía una hermosa vista a los jardines y a la piscina y estaba muy finamente decorado.

    – Pase Pietro, siéntese por favor, dijo indicándome unos mullidos sillones.

    – Prefiere café u otra cosa, preguntó.

    – Café está bien, respondí.

    – Que buena vista tiene desde acá, dije mirando hacia su balcón.

    – No crea, hay edificios enfrente que tienen mejor vista que esta, ¿no cree?, pregunto con una sonrisa.

    Me tomo de sorpresa. Lo que había dicho podía ser una frase más, o podía saber algo de las exhibiciones de Ana en nuestro balcón.

    – ¿Porque lo dice?, pregunté.

    – Es que hay balcones que tienen vistas más divertidas, ¿no le parece?

    Ya no tenía dudas, sabía lo de Ana. Eso me excito, pero lo disimule.

    – Puede ser, respondí sonriendo.

    Se acercó con una bandeja con los dos cafés, me ofreció uno y se sentó en el sillón frente al mío.

    – Me dijeron que su balcón es interesante.

    – Le parece, respondí haciéndome el desentendido.

    – ¿Quién le dijo?, pregunté.

    – Alfredo, el de seguridad.

    Alfredo es nuestro guardia de seguridad del turno noche. Un hombre de unos 50 años, morocho, le dicen el negro, corpulento, calvo, con aspecto rudo, pero siempre muy callado y cordial.

    – Venga que le voy a mostrar algo, continúo dirigiéndose al balcón.

    – ¿Ve ahí?, y me señalo una parte superior del edificio.

    – Eso es una cámara, continuó.

    En efecto, había instalada una cámara tipo domo que por la posición que estaba colocada era muy posible que tomara imágenes de parte de mi balcón. Nunca supimos con Ana de esa cámara. Me corrió un frio por la espalda, mezcla de vergüenza y excitación.

    – Alfredo me conto que esa cámara es de alta resolución y que tiene un buen zoom. También me dijo que, a pesar de lo aburrido de su tarea, hay noches que gracias a esa cámara la pasa muy bien, continúo diciendo.

    – Me alegro que se divierta un rato, dije dirigiéndome a los sillones visiblemente abrumado.

    – Sí, yo pienso lo mismo, pero le digo que es un egoísta, se guarda los videos para el solo y no se los quiere mostrar a nadie.

    Eso me tranquilizo bastante, por lo menos sabía que solo Alfredo había tenido acceso a las imágenes.

    – No le parece egoísta de su parte que no quiera compartir la hermosa cola de su esposa conmigo, dijo mirándome fijamente.

    Su cara se había transformado, se le notaba que haberme dicho eso lo había excitado. Lo mire molesto. Él se dio cuenta.

    – No se ponga mal Pietro, no me culpe por querer disfrutar de ese culo hermoso, acaso a ella no le gusta lucirlo y acaso usted no disfruta que lo deseen, ¿o me equivoco?

    Me quede callado, eso le dio lugar para seguir hablando:

    – Alfredo también me conto que hay varios muchachos vecinos que van a visitar a su mujer. Perdón que le pregunte, pero ¿Qué edad tiene su esposa?

    – Treinta y seis, le respondí.

    – Ah, pero que bien que esta, parece mucho más joven, me dijo.

    – Así dicen, fue solo lo que atine a responder. Me sentía incómodo, Ricardo estaba enterado de todo y eso me preocupaba.

    – Con ese físico y con la experiencia de la edad debe dejarlos secos a los vecinos, prosiguió notándoselo cada vez más excitado.

    – ¿Disfruta viéndola con ellos?

    – Si claro, lo nuestro es consensuado, respondí.

    – ¿Le gustaría que me coja a su esposa?, pregunto con cara de deseo.

    Había dejado de dar vueltas, había ido al grano. Su audacia me sorprendió, pero también me gustó.

    – No creo que quiera, no le gustan las personas mayores, respondí.

    – No le pregunte eso Pietro, ¿le gustaría verla coger a su esposa conmigo?, insistió.

    Asentí con la cabeza, estaba muy perturbado para emitir sonido.

    – Bien, entonces ¿me da vía libre para seducir a su mujer?, preguntó.

    – ¿Me va a ayudar a que eso pase?

    – Le repito, ella no va a aceptar, respondí.

    – No se preocupe, eso déjemelo a mí.

    – Bueno, usted sabrá, dije.

    – Perfecto, le agradezco su confianza. ¿Quiere otro café?

    – No gracias, ya me tengo que ir.

    – Ha sido un placer conversar con usted, ya nos veremos pronto, dijo mientras me acompañaba hacia la puerta de calle.

    – Gracias, estreché su mano y salí.

    – Salúdeme a su esposa, dijo sonriendo, antes de cerrar la puerta.

    Mientras bajaba por el ascensor hacia mi piso tuve que acomodarme el pantalón, la charla me había producido una erección que era notoria. La preocupación que me producía que personas del edificio supieran lo nuestro, había desaparecido ante la calentura que tenía.

    Aunque lo había notado muy seguro a Ricardo, seguía pensando que Ana jamás tendría algo con él, aunque yo realmente deseara que sucediera.

    Decidí no comentarle nada a ella, no estaba seguro como lo tomaría, seguro se va a preocupar pensé y para que abrumarla con algo que ya no tenía solución.

    Esa noche cenamos y como estábamos muy cansados nos acostamos temprano, aunque a mí me costó bastante dormirme.

    El sábado amaneció hermoso, muy soleado y cálido. Por suerte no teníamos ningún compromiso, ni laboral, ni familiar, cosa que rara vez ocurría. Decidimos tomarnos ese día para disfrutar del verano. Desayunamos tranquilos y tipo 10 de la mañana bajamos al sector de piscinas.

    Ir por la mañana tiene la ventaja de no encontrar gente, la mayoría lo hace por la tarde con las familias y eso termina con la tranquilidad.

    Nos ubicamos en dos reposeras. Ana tenia puesto un traje de baño enterizo color negro bastante cavado, pero nada exagerado. Igualmente dejaba ver gran parte de su hermosa cola que, como es costumbre, lucia con orgullo.

    Había pasado un rato, yo leía apasionado un libro que me habían recomendado, mientras ella tomaba sol boca abajo.

    – Buen día Pietro, como esta, escuche detrás mío.

    Al voltear, lo vi a Ricardo que se acercaba junto a otra persona.

    – Buen día Ricardo, conteste sorprendido.

    – Buen día señora Ana, dijo.

    – Hola, contesto ella, incorporándose y sentándose.

    – Por favor, no se moleste por nosotros, siga tomando el sol como estaba, dijo.

    – No, está bien, respondió.

    – Les presento a mi socio.

    – Un gusto, Carlos, dijo mientras estrechaba la mano de los dos.

    Carlos tenía más o menos la misma edad de Ricardo, quizás era un poco más grande, también de cabello canoso y tan o más tostado que él. Se lo notaba muy fino. Ambos estaban con batas de baño de toalla color blanco.

    – Les molesta que les hagamos compañía, pregunto Ricardo.

    – Para nada, dije yo, aunque note que a Ana no le gustó mucho la idea.

    Juntaron dos reposeras a mi lado, se sacaron las batas y se sentaron. Lucían trajes de baño ajustados que hacían lucir sus cuerpos. A Ricardo se lo notaba muy en forma, su cuerpo estaba bien trabajado. Carlos, sin llegas a ser gordo, no se notaba tan cuidado y tenía una panza más prominente.

    – Los vimos desde el balcón de casa y se nos ocurrió bajar así nos conocemos un poco más, les gusta la idea, pregunto, guiñándome el ojo sin que Ana lo viera.

    – Si claro, dije.

    – Y a usted señora, que le parece, nos gustaría conocer más de usted, le pregunto con cara de deseo.

    – Está bien, dijo ella, con cara de sorpresa.

    – Si les interesa saber más de ella solo yo no tengo nada que hacer acá, dije sonriendo, mientras amagaba levantarme de la reposera.

    Todos rieron, inclusive Ana, que hasta ese momento estaba tensa.

    – Bueno, si usted lo prefiere, dijo Carlos mientras me tomaba de la mano como queriendo levantarme.

    Todos volvimos a reír, el ambiente se había distendido. A Ana se le noto por su risa que la monería de Carlos le pareció graciosa. Este aprovecho eso y acerco su reposera a la de ella.

    – Cuénteme todo, dijo graciosamente mientras se sentaba a su lado.

    – Mejor me voy al agua, me agarro calor, dijo ella mientras se incorporaba.

    Fue caminando por el borde de la piscina hasta la escalera. Lo que me llamo la atención es que ese camino lo hizo con la cola parada, cosa que solo hacia cuando quería exhibirse a alguien. Sera que quiere calentar a los viejos pensé. Por supuesto eso no pasó desapercibido para Ricardo.

    – Que terrible culo tiene su esposa, dijo.

    Yo lo mire con sorpresa haciéndole un gesto señalando a Carlos.

    – No se preocupe Pietro, él sabe todo, me dijo.

    – Si, tranquilo hombre, ya me conto Ricardo como les gusta jugar, dijo Carlos.

    – Divino orto, continuo sin sacarles los ojos de encima a mi mujer.

    – Escúcheme Pietro, ahora cuando vuelva ella, háganos un favor, invente algo y déjenos solos un rato con su esposa, vaya a mi departamento, dijo Ricardo mientras me entregaba un manojo de llaves.

    – Desde mi balcón podrá vernos. ¿Le parece bien?, continuo.

    – Denos una hora, eso sí, cuando vuelva delante de ella invítenos a cenar hoy a su casa.

    – ¿A los dos?, pregunte desconcertado.

    – Claro Pietro, ¿sería capaz de privarme de esa cola?, pregunto Carlos.

    No dije nada, solo tomé las llaves y las escondí. Lo que no podía esconder era la erección que me había producido la propuesta. No pude aguantar que regresara, me acerque a Ana y le avise que ya volvía, que iba a buscar algo para que me calmara el dolor de cabeza que tenía.

    Llegue al departamento de Ricardo y me asome al balcón, tenía una vista perfecta. Ana ya había salido de la piscina y estaba camino a las reposeras. Los viejos le ofrecieron una para que ella quedara en medio de los dos. Ella se sentó y con su toalla comenzó a secarse. Me baje el short y me masturbe viendo la escena sin importarme si alguien pudiera estar mirándome.

    Al rato, charlaban animosamente, se reían, entraban los tres al agua, jugaban con una pelota y volvían a las reposeras, Ana se untaba crema de forma muy sensual, y seguían charlando y riendo. Le miraban el culo sin disimulo cada vez que ella se paraba. Yo estaba caliente, tan caliente que acabe enseguida. Espere un rato y baje.

    – Hola amor, ¿estas mejor?, preguntó Ana.

    – Si, gracias, dije mientras le daba un beso.

    – Menos mal que llegaste, no sabes lo bravos que son estos dos, dijo Ana riendo.

    – No le haga caso Pietro, se la cuidamos bien, dijo Carlos también riendo.

    – Lo felicito Pietro, su esposa además de ser hermosa, es muy simpática, dijo Ricardo.

    – Lo que sí es bastante obstinada, nos ofrecimos varias veces a pasarle bronceador en la espalda para que el sol no le hiciera mal y no quiso saber nada. Mire lo colorada que tiene la cola, prosiguió sonriendo.

    – Viste, te dije, así me tuvieron todo el tiempo, dijo Ana.

    – ¿Me va a decir que el pasó mal con nosotros?, pregunto Carlos.

    – Son bravos pero simpáticos, respondió ella riendo nuevamente.

    – Es verdad lo que dice Ricardo amor, tu espalda está muy colorada, mejor subamos a casa, dije.

    – No sea malo Pietro, nos va a dejar sin la compañía de su mujer, la vamos a extrañar, dijo riendo mientras le miraba el culo con deseo.

    Ella se dio cuenta y riendo dijo:

    – Ya me imagino lo que van a extrañar, te dije amor que eran bravísimos.

    – Que mal concepto tiene de nosotros, dijo Ricardo a las carcajadas.

    Yo solo reí. Pensé que era el momento justo para hacer lo que Ricardo me había pedido.

    – ¿Porque no vienen a cenar a casa esta noche?, pregunté.

    Ana me miro desconcertada, pero su cara mostro que no le había disgustado del todo mi idea.

    – Claro, por supuesto, dijo Ricardo.

    – Pero con una condición, que su esposa no cocine, no quiero que trabaje, continuo.

    – Que caballero, dijo Ana con una sonrisa en los labios.

    – Nosotros llevamos el vino y el postre y podemos pedir unas empanadas, dijo Carlos.

    – Listo, traigan solo el vino, el postre lo ponemos nosotros, dije mirando a Ricardo con una sonrisa en la cara.

    Había entendido mi indirecta, su cara de deseo lo delato. Ana no se dio cuenta, seguía juntando las cosas ayudada por Carlos. Yo disimuladamente les devolví las llaves a Ricardo. Arreglamos para las 21 horas y nos despedimos.

    – Qué raro que los invitaste a cenar, me dijo Ana camino a nuestro departamento.

    – ¿No querías?, ¿te parece que lo suspenda?, pregunté.

    – No, está bien, no me caen mal, son agradables y muy graciosos, me respondió.

    – Parece que vos también les caíste bien, te lo digo por la forma que te miraban, dije sonriendo.

    – Sí, me di cuenta, son bastante zarpados, pero siempre me trataron con respeto.

    – Quererle pasar crema en la espalda a una mujer casada no me parece muy respetuoso, dije.

    – Me estaban jodiendo, decían que podía ser su hija y me estaban cuidando del sol, son unos locos bárbaros, rió.

    – No parecía que te miraban el culo como a una hija, dije a propósito para ver su reacción.

    No dijo nada, solo me sonrió. La note a Ana entusiasmada, los viejos le habían hecho pasar un buen rato. Recién en ese momento comencé a pensar que mi fantasía podía hacerse realidad.

    Almorzamos y pasamos la tarde en casa mirando unas películas. Ana estuvo pasándose crema por todo el cuerpo a cada rato, realmente el sol había arrebatado la piel de la parte posterior de sus piernas y de la cola.

    Llego la hora de prepararnos para la cena. Me duche, me cambie y mientras Ana hacia lo mismo, prepare la mesa del comedor para la velada. Al rato apareció ella.

    – ¿Amor, me notas algo raro?, me pregunto mientras daba una vueltita.

    Se había puesto un solero azul que dejaba su espalda al descubierto y que le llegaba a unos diez centímetros por arriba de las rodillas, con unas sandalias con un poco de taco y del mismo color. Se veía hermosa y radiante.

    – Además, que estás relinda no noto nada, dije piropeándola.

    – ¿Seguro? Me volvió a preguntar dando otra vuelta.

    – No, dije.

    – ¿Que tengo que notar?, pregunté.

    – Es que no me pude poner nada abajo porque me arde por lo quemado, dijo.

    – ¿No se nota no?, continuó.

    – No, para nada, dije.

    – Gracias, ya vengo, me voy a maquillar, dijo mientras me daba un beso.

    Tuve que disimular el principio de erección que me había producido saber que iba a recibir a los viejos totalmente desnuda debajo del vestido. Trate de pensar en otra cosa, y continúe acomodando la mesa.

    A las 21 en punto sonó el timbre, Ana todavía se estaba arreglando. Abrí la puerta y los hice pasar. Ambos estaban vestidos con una camisa y un pantalón, prendas que se veían muy finas. Una estela de perfume inundo todo el ambiente.

    – Hola Pietro, buenas noches, dijo Ricardo.

    – Permiso, dijo Carlos al entrar.

    – Hola, bienvenidos, dije.

    – Gracias, acá traje lo prometido, dijo mientras me entregaba dos botellas de vino caro, muy caro.

    – Por cierto ¿donde está el postre?, pregunto sonriendo.

    – Amor, ya llegaron, grite como respuesta a esa pregunta.

    Me miraron y transformaron su cara sonriente por una de deseo casi salvaje. En ese instante apareció Ana. Estaba radiante, el color del tostado contrastaba con el azul del vestido, su maquillaje era sutil y su perfume tan sensual la hacían más atractiva de lo que ya es. Los viejos enmudecieron, imagine que habían tenido una erección.

    – Hola, dijo Ana, dándoles un beso en la mejilla a cada uno.

    – Buenos noches, dijeron casi al unísono.

    – Que hermosa esta, dijo Ricardo tomándola de la mano y dándole una vueltita.

    – Divina, dijo Carlos.

    – Gracias dijo ella, ustedes están muy elegantes.

    – Les trajimos regalitos, dijo Carlos y nos entregó una bolsa a Ana y una a mí.

    – En serio, dijo ella, que amables, continuó.

    – No se hubiesen molestado, dije

    Abrí la bolsa y había una caja con un perfume.

    – Es el que uso yo dijo Ricardo, como hoy en la piscina su esposa me dijo que le gustaba, pensé, que mejor que también lo use usted, así cada vez que ella lo huele se acuerda de mí, dijo astutamente.

    – Gracias es muy rico, dijo Ana inquieta.

    – ¿Te gusta amor?, continuó.

    – Si claro, muchas gracias, dije.

    – Abra el suyo señora, dijo Carlos.

    Ana metió la mano en la bolsa y saco una tanga diminuta con encaje de color negro. Me miro, se ruborizo y sonrió nerviosamente. Con los regalos los viejos habían jugado fuerte, era una movida que no esperaba, pero que me hizo correr un frio por la espalda

    – Espero sea de su talle, dijo Ricardo, cortando la tensión generada.

    – Si, gracias es talle 1, el que uso yo, dijo Ana, tratándose de reponer.

    – Estaba seguro, el diablo sabe más por viejo que por diablo, y a mi edad he visto muchas colas hermosas, dijo sonriendo.

    – ¿Nos sentamos?, pregunte. Necesitaba hacerlo, la erección que tenía ya me molestaba.

    Ambos se ubicaron en la mesa uno al lado del otro, yo puse una botella de vino en la mesa y le di la otra a Ana para que la llevara a la cocina.

    – Mire como tiene las piernas de coloradas, dijo Ricardo, con la mirada clavada en ella mientras se retiraba caminando sensualmente.

    – Si, le hizo bastante mal el sol, dije mientras servía el vino.

    – Cómo será que no pudo ponerse ropa interior porque le ardía, continúe.

    Sabía que lo que había dicho calentaría un poco el ambiente. Dio el resultado que esperaba, los dos me miraron serios. Tenían en su cara una expresión de excitación que no les había visto hasta ahora. Fue en ese momento que regreso Ana.

    – ¿Que pasa?, pregunto al vernos a los tres en silencio.

    – Nada, solo estábamos hablando de cómo te arrebataste las piernas con el sol, dije haciendo un esfuerzo para que no notara en la voz lo excitado que estaba.

    – Si, vieron, dijo dándose vuelta y levantándose unos centímetros el vestido llevándolo casi al límite de la cola.

    – Uh, como tiene, dijo Carlos notablemente excitado.

    – Eso le pasa por no habernos hecho caso y dejarnos pasarle bronceador, dijo Ricardo.

    Ella solo rio mientras se bajaba el vestido y se sentaba en una silla al lado mío.

    – Nos comentó su marido que no pudo ponerse ropa interior, dijo Carlos.

    – Eso no se cuenta, dijo ella recriminándomelo enojada.

    – No se enoje, como le dije por la mañana, yo puedo ser su padre, dijo Ricardo, sonriendo.

    – Es más, puede llamarme papi cuando quiera, continúo riendo más fuerte.

    – Que terribles que son ustedes, y vos que encima les contás cosas privadas, dijo dándome un golpecito en el hombro.

    – No culpe a su marido, me defendió Ricardo.

    – ¿A usted Pietro le molestaría que su mujer me llamara papi?, preguntó.

    – Para nada, dije sonriendo.

    Ana estaba inquieta, se notaba que le había empezado a gustar el jueguito.

    – Seguro a su hija no le regalaría una tanga tan sexy como esta, dijo Ana con una sonrisa pícara, sacándola de la bolsa que había quedado sobre la mesa.

    – Porque no, si tuviese una hija con una cola tan bella como la suya, si lo haría, dijo, Ricardo.

    – Una pena que le arda la cola, me gustaría ver como luce en usted y darle mi opinión, continúo riendo.

    Estaba seguro que escuchar a Ricardo desearle verle la cola entangada la había calentado, esas cosas a ellas la ponían a mil. Además, el brillo de sus ojos la delataron.

    – Otro día se la muestro papi, dijo haciéndose la bebota.

    – ¿Le gusta que le hable así?, pregunto sonrojada.

    – Me encanta, dijo Ricardo poniendo cara de degenerado.

    Todos reímos. Se había creado una atmosfera cargada de erotismo. Eso fue aprovechado por Carlos que intervino rápidamente para que no se cortara.

    – Permiso Pietro, mi dijo poniéndose de pie y tomando de la mano a Ana. La hizo parar y la ubico dando la espalda a la mesa.

    – ¿Cuándo le toco así, le molesta?, le pregunto mientras pasaba suavemente su palma de la mano por su pantorrilla derecha, deslizándola desde el talón hasta detrás de las rodillas.

    Ella, no hizo ningún movimiento para evitar que Carlos la tocara. Se la notaba como atontada, era indudable que cada minuto que pasaba estaba más excitada.

    – No, usted tiene la mano muy suave, respondió.

    – ¿Y acá?, pregunto nuevamente, mientras subía más la mano hacia el muslo, llegando a que sus dedos hurgaran apenas unos centímetros por debajo del vestido.

    – No, dijo ella casi inaudible.

    Ana seguía inmóvil. Ricardo y yo éramos simples espectadores sin emitir sonido. El silencio tanto de ella como el mío me hizo creer que Carlos no se iba a detener e iba a llegar a acariciarle la cola por debajo de la pollera. A decir verdad, deseaba ver eso con desesperación. Pero me equivoque. Saco su mano, se acercó a su oído y le susurro algo que no logre escuchar.

    – No es para preocuparse, mañana ya no le va a molestar mas, dijo Carlos, mientras volvía a su lugar.

    A Ana se la noto sorprendida, lo que había escuchado de Carlos la había perturbado. Al sentarse se veía muy ruborizada, el solero marcaba lo duro que se le habían puesto los pezones. Sin dudas estaba muy excitada. Tomo una copa de vino y bebió un trago.

    – Permiso, le quedo una gota de vino en los labios, dijo Ricardo

    Acerco el dedo pulgar de su mano derecha a su boca. Recorrió con mucha suavidad sus labios dos o tres veces para luego ejercer un poco de presión para abrirse lugar y entrar en su boca. No tuvo que esforzarse demasiado, al instante el dedo entro y salió de la boca de mi esposa unas tres o cuatro veces, ella lo chupo con gusto. Entre el color del sol y la calentura que tenía su cara se había puesto roja como un tomate. Ricardo saco su dedo.

    – Pietro, acompañe a su esposa al balcón a que tome un poco de aire, está muy acalorada, me pidió.

    La tome de la mano y la saque al balcón bajo la sigilosa mirada de los viejos, la acerque a la baranda dándole la espalda a nuestros invitados. Yo me puse al lado. Baje una mano disimuladamente y la toque por adelante, estaba toda mojada. Ella me miro y emitió un pequeño gemido. Tomé con las dos manos la parte de la pollera del vestido y comencé a subirla. Ella me freno con sus manos y volvió a mirarme, no dijo nada, su mirada reflejaba deseo, pero a la vez vergüenza.

    – Lo que tengas ganas de hacer para mi está bien, le dije para tranquilizarla.

    Volvió a mirar al frente y luego de unos segundos aflojo las fuerzas de sus manos. Levante su pollera lentamente hasta dejar su cola totalmente descubierta. Le pedí que sostuviese el vestido para que no se volviera a bajar, ella agarro la tela con una mano. La besé suavemente en la mejilla y volví hacia donde estaban los viejos. En camino me cruce con Ricardo que iba en dirección a Ana.

    – Ya vuelvo Pietro, voy a hacerle compañía a su esposa, dijo sin mirarme.

    Llegue a mi silla y me acomode a disfrutar la escena. Carlos no se había movido de su lugar y no le sacaba los ojos de encima al culo de mi mujer. No era para menos, esa cola desnuda rosadita por el sol y con la marca blanca del traje de baño se veía tremenda. Ana se tocaba muy sutilmente.

    Ricardo se ubicó a unos pasos de ella y fijo uno segundo la vista en su cola, luego se acercó un poco más, se puso a su lado y la miro a la cara fijamente. Ana seguía mirando al frente.

    – ¿Le arde acá?, le pregunto a la vez que apoyo la mano completa sobre su apetitoso culo y lo acaricio suavemente.

    No respondió nada, apenas sintió el roce, arqueo la espalda, tiro su cabeza para atrás y gimió, demostrando cuanto lo estaba deseando. Carlos miraba la escena en silencio y tocándose por arriba del pantalón, yo estaba que explotaba.

    – Le puedo preguntar qué le dijo al oído, rompí el silencio.

    – Claro Pietro, le dije que a mí no me engañaba, que se hacia la señora fina, pero que era terrible putita, me respondió Carlos sonriendo.

    – Y por lo que se ve, parece que no me equivoque, continuó.

    No dije nada, solo me concentré en seguir mirando.

    Durante unos minutos Ricardo continúo manoseando la dura y parada cola de mi esposa a su gusto, no dejando lugar donde no tocar. Metió un dedo entre sus piernas y lo saco empapado. Se lo mostro y regreso a las caricias.

    – Sabe que creo, dijo Ricardo acercándose a su oído.

    – Que no ponerse ropa interior porque le ardía fue una excusa para su marido.

    – Estoy seguro que desde esta mañana estaba deseando entregarme este culo, ¿o me equivoco?, le preguntó apretándole con fuerza un cachete.

    Ella lo miro con deseo mordiéndose suavemente el labio inferior. El viejo la sujetó de la cabeza y la beso apasionadamente mientras le seguía manoseando fuertemente el culo y los muslos. Estaba en lo cierto, por la forma que Ricardo la tocaba se notaba que no le ardía nada. Me había engañado, Carlos tenía razón, era más puta de lo que yo creía.

    – Permiso Pietro, voy a disfrutar del postre, dijo Carlos sonriendo y se dirigió al balcón.

    Se paró del otro lado de Ricardo, quedando Ana en el medio de los dos. No perdió tiempo, bajo su mano y comenzó a masajearle el culo. Cuando ella lo sintió, dejo de besar a Ricardo y comenzó con él. Yo me acerque al sillón para poder estar más cerca de la escena, me baje el pantalón y comencé a masturbarme furiosamente.

    Así estuvieron un rato, compartiendo el culo y la boca de mi mujer, hasta que Ricardo saco la mano, se ensalivó un dedo y se lo inserto hasta el fondo en la cola. Ana pego un terrible gemido y flexionó nuevamente la espalda. El dedo entraba y salía con rapidez, mientras Carlos la manoseaba por todos lados.

    – Usted es una señora que se porta muy mal, tiene la colita muy abierta, dijo Ricardo.

    – Proba Carlos, continuo mientras le sacaba el dedo

    Al segundo Carlos tenía el dedo dentro de la cola de mi mujer Lo entraba con fuerza y lo sacaba despacio, así una y otra vez. Eso fue mucho para Ana, que les regalo un terrible orgasmo jadeando descontroladamente.

    Con tremendo griterío temí que algún vecino se quejara. Ahí, me acorde de Alfredo, seguro estaba viendo y filmando todo desde la cabina de seguridad pensé. Me alarme, pero también me excito tanto que no pude aguantar y acabe por primera vez en la noche manchándome todo.

    Fui al baño a limpiarme, lo hice rápido, no quería perderme nada de lo que pasara. Cuando regrese, ya estaban adentro, en el sillón. Ana estaba sentada entre los dos viejos y ya lucia con el solero enrollado en la cintura y sus pechos al aire. Me sorprendí en ver a los dos aun vestidos e incluso con sus miembros dentro de sus pantalones. La lengua de Ricardo jugaba con la de ella, y con una mano acariciaba suavemente su entrepierna totalmente depilada y húmeda. Carlos se entretenía lamiéndole un pezón. Ana se contorneaba de placer. Sus manos estaban apoyadas en las piernas de ellos. Me quite los pantalones y me senté en una silla.

    – Hola Pietro, donde fue, me pregunto Ricardo, cuando le paso la boca de Ana a Carlos.

    – Fui al baño, dije tímidamente.

    – Venga, me dijo.

    – Dele un beso a su mujer que se lo merece, además de ser hermosa es muy caliente, continuó.

    Cuando me acerque, Carlos le soltó la boca y volvió a su pezón, la bese suavemente en los labios. Temblaba. Ninguno dijo nada, solo nos miramos. Entendí por sus ojos que deseaba más, mucho más.

    Volví a mi lugar, estaba nuevamente erecto. Carlos la tomó del brazo y la hizo arrodillar frente a ellos. Al mismo tiempo abrieron sus braguetas. Ana los miraba ansiosa.

    – ¿Quiere ver que tenemos para usted?, pregunto Carlos.

    – Si, contesto, acariciando sus pantalones,

    – ¿Si qué?, pregunto Ricardo.

    – Si, papi, contesto con terrible cara de puta.

    Abrieron sus pantalones y sacaron sus miembros totalmente erectos. Ella los miro con sorpresa. No era para menos, el tamaño de ambos llamaba la atención, eran enormes, largos y gruesos y estaban totalmente rasurados. Por su asombro se notó que nunca había imaginado que los viejos portaban terribles pijas, y, a decir verdad, yo tampoco.

    – Acá tiene lo que le gusta, dijo Carlos, balanceando con la mano el terrible pedazo de carne.

    Ana tomo ambos con la mano y comenzó a acariciarlos. Se la notaba extasiada. Yo estaba feliz, siempre había querido ver a mi mujer con un viejo y hoy la estaba viendo disfrutando con dos.

    Lamio primero la de Ricardo, solo jugando con la lengua por su cabeza. Hizo lo mismo con la de Carlos. Mientras lo hacía, los miraba a los ojos. Era la primera vez en la noche que note que los viejos habían perdido el control, estaban que estallaban.

    Lo repitió varias veces alternando entre los dos, hasta que abrió bien la boca y se introdujo el miembro de Ricardo hasta el fondo. Se escuchó la primera exclamación de parte de ellos.

    – Así señora, susurro Ricardo a la vez que con las dos manos empujaba la cabeza de Ana con fuerza.

    Tuvo su primera arcada, le había llegado a la garganta. Eso no la detuvo, siguió entrando y sacando esa inmensa pija de la boca, mientras masturbaba con ganas a Carlos.

    Al rato, cambio a Carlos e hizo lo mismo, mientas masturbaba a Ricardo. Las arcadas eran más seguidas y el esfuerzo había llenado sus ojos de lágrimas que habían corrido su maquillaje. Abundante saliva caía hacia sus pechos.

    De repente Carlos se paró y vino hacia la mesa.

    – Su mujer es una fiera, hace rato que no me chupan la pija así, me dijo mientras tomaba un sorbo de vino.

    – Y ese culo duro que tiene esta para comérselo, continúo notándoselo terriblemente excitado.

    No dije nada, solo me masturbaba. El regresó a seguir disfrutando de mi esposa. Ana seguía mamando la verga de Ricardo con entusiasmo. Carlos se arrodillo detrás, le abrió el culo con las manos e introdujo su lengua en su hoyito. Ella grito, giro su cabeza para mirarlo, paro más la cola y siguió mamando. El viejo metía y sacaba la lengua mientras ella empujaba el culo a su cara. Estuvieron así un rato hasta que Ana tuvo su segundo orgasmo.

    Ricardo saco la verga de su boca y se levantó del sillón, agarro un almohadón, salió al balcón y lo acomodo en el piso. Carlos seguía lamiéndole la cola.

    – Venga señora, quiero que me la chupe acá, dijo Ricardo desde el balcón.

    Ella dudo, me miro como buscando mi aprobación.

    – No Ricardo, los pueden ver, dije yo.

    – Eso es justamente lo que quiero Pietro, que todos puedan ver lo puta que es su mujer, dijo.

    – Venga, vamos a mostrarle a los vecinos como le gusta la pija, continuo, tomándola de la mano a Ana y sacándola al balcón.

    Ella obedeció, estaba muy caliente para pensar. A mí me pasaba lo mismo, no pude decir nada. Carlos salió tras ellos.

    Ana se arrodillo sobre el almohadón apuntando con la cola hacia fuera quedando de frente a mí. Ellos se ubicaron uno a cada lado. Carlos la agarró de los pelos y le refregó su trozo de carne por toda la cara. Ella se la metió en la boca hasta hacerla desaparecer, la saco y fue por la de Ricardo. Se notó que les encantaba los viejos, chupaba como nunca la había visto antes hacerlo. Pasaba de una pija a la otra, les lamia los huevos, se ponía las dos en la boca y todo lo hacía mirándolos a los ojos. A ellos se los notaba terriblemente excitados.

    Muéstreles bien ese culo a los vecinos, decía Ricardo, ella obedecía sacándolo bien para afuera. Métase un dedo, le decía Carlos, ella volvía a obedecer clavando un dedo en su cola. Ambos le pegaban con sus miembros en la lengua, en la cara, en la cabeza. Habrán estado al menos media hora así, tiempo en el que conté por lo menos 3 orgasmos más de ella. La tenían totalmente dominada, nunca la había vista tan puta.

    La levantaron y entraron. Ella era un desastre, tenía su pelo todo revuelto, la cara manchada de maquillaje, su solero recogido en su cintura lleno de saliva y su cola y sus tetas rojas de las manoseadas que le habían pegado los viejos.

    – Pietro, ayude a su mujer a arreglarse un poco y después llévela a su dormitorio, me pidió Ricardo.

    – Nos tomamos una copa de vino y vamos, dijo Carlos.

    La acompañe al baño, seguía tan caliente que aun temblaba, le quite el solero y la ayude a limpiarse la cara mientras se arreglaba el cabello.

    – Te están matando, le dije.

    – Y eso que recién empezaron, continúe.

    – Estas bien, queres seguir, pregunte tontamente, solo para que viera que me preocupaba por ella.

    No dijo palabra, solo me miro. No dije más nada solo esperé que terminara de lavarse. A los minutos estaba nuevamente hermosa y perfumada.

    – Vos queras que siga, me pregunto sonriendo.

    No espero la respuesta, me dio un suave beso en la mejilla y salió del baño totalmente desnuda en dirección al dormitorio. Fui al comedor y les avisé a los viejos que ya estaba lista.

    – Mi esposa los espera, dije.

    – Gracias Pietro, dijo Carlos.

    – Avísele que ya vamos, dijo Ricardo.

    No tenían apuro, tenían toda la noche por delante y estaban seguros que Ana los iba a esperar lo que ellos quisieran. Fui al dormitorio.

    Estaba acostada boca arriba con los ojos cerrados, una mano acariciándose un pecho y con la otra masturbándose.

    – Ya vienen, dije.

    Creo que ni me escucho. Busque una silla y la coloque al costado de la cama, me desnude completamente y espere también masturbándome.

    Entraron juntos a la habitación. Ricardo se sentó al lado de Ana, mientras Carlos paso al otro lado de la cama y comenzó a desvestirse.

    – ¿Hola señora, como esta?, pregunto mientras la acariciaba suavemente todo el cuerpo.

    – Bien papi, respondió ella, acelerando un poco su masturbación.

    – Qué lindo queda ese papi en su boquita, no Pietro, me pregunto, a la vez que insertaba dos dedos en su boca.

    – Si, le respondí tímidamente.

    – Usted sabe que yo siempre la voy a cuidar como una hija, así que cuando necesite algo sabe dónde vivo, dijo mientras Ana le chupaba los dedos con ganas.

    – A ver como tiene la colita, continuó.

    Ella se puso boca abajo y levanto bien el culo.

    – Ya está mucho mejor, no le duele nada no, pregunto mientras se lo acariciaba.

    – No, papi, respondió nuevamente.

    – Bueno, ahora Carlos se la va a meter por la cola, si le llega a doler usted me avisa, dijo mientras le insertaba un dedo.

    Ella pego un gritito de placer. Ricardo saco su dedo y le dio lugar a Carlos que ya totalmente desnudo se acomodó detrás de Ana. Ella, al sentirlo, se puso de rodillas con la cara apoyada en la almohada y el culo bien abierto. El escupió varias veces el agujero, acomodo su miembro y empujo. Se escuchó un grito de placer. Carlos se sorprendió con qué facilidad el culo se tragó terrible pija.

    – Se la comió de una, dijo mirándolo incrédulo a Ricardo mientras empezaba a bombearla.

    – Vaya a besar a su mujer, felicítela por ese hermoso culo abierto, me pidió Ricardo viendo la escena.

    Me acerqué y le di un apasionado beso en la boca mientras Carlos la golpeaba de atrás con intensidad.

    – Permiso Pietro, me dijo Ricardo sacándome de un hombro.

    Yo volví a mi silla, El ya totalmente desnudo levanto la cabeza de Ana y puso la verga en su boca. La habitación era todo gemidos. Mi esposa tenía un orgasmo tras otro. Yo acabe por segunda vez en la noche.

    Fui a lavarme. Cuando regrese habían cambiado de posición, Ana estaba cabalgando descontroladamente arriba de Ricardo que tenía su miembro que entraba y salía de su vagina a un ritmo infernal mientras pajeaba con fuerza a Carlos que la besaba y amasaba sus tetas. De pronto escuche un grito.

    – Pietro, grito Ricardo.

    – Mire como la lleno de leche a su mujer, continuó.

    Se mezclaron los gemidos. Ricardo dejo hasta la última gota de semen dentro de Ana, ella había acabado una vez más y Carlos tenía su primer orgasmo desparramando su leche por toda la cama.

    Bajo de arriba de él y se acostó a su lado, Ricardo seguía jadeando, a ella le goteaba la vagina. Carlos recostado del otro lado la besaba suavemente en su boca.

    Se había hecho silencio, todos necesitábamos un descanso. Salí del dormitorio y fui al comedor a recostarme en el sillón. Me dormí.

    Me despertaron unos gritos, me fije la hora y habían pasado casi dos. Fui hacia el dormitorio, pero al llegar al baño en suite descubrí que los gritos venían de ahí. Estaba la puerta entreabierta, me asome y ahí estaban, Ana agarrada de la mesada frente al espejo y Carlos parado detrás tomándola de la cintura y dándole fuertemente por la cola. Ambos estaban con el cabello mojado, supuse que se habían bañado juntos. Los gemidos de ella estaban acompañados del ruido que producía el golpear de la panza de Carlos contra su culo. Me vieron a través del espejo, pero estaban muy entretenidos como para decirme algo. Los dejé y me fui a ver dónde estaba Ricardo. Me lo cruce en el pasillo saliendo del dormitorio.

    – Hola Pietro, lo despertaron los gritos, me preguntó.

    – Si, respondí.

    – Imposible dormir con estos ruidos, sonrió.

    – Lo felicito, su esposa es tremenda, como le gusta la pija, continuó.

    – Carlos hace media hora que le está serruchándole el culo en el baño y no la puede calmar, sonrió nuevamente.

    No le dije nada, estaba excitado nuevamente. En ese momento se escuchó un jadeo de Carlos y por fin, se hizo silencio. Pasaron unos segundos y salió del baño.

    – Hola Pietro, el culo de su mujer es lo más, me dijo.

    – Le acabo de dejar un litro de leche adentro, continúo sonriendo, mientras se dirigía al comedor.

    Se escuchó el agua de la ducha caer, pensé entrar a bañarme con Ana. Me detuvo Ricardo.

    – Le quiero comentar algo Pietro, me dijo.

    – Hace un rato, me mandó un WhatsApp el negro Alfredo preguntándome si podía subir cuando termine su turno, y como usted dormía y no quise despertarlo, me tome el atrevimiento de decirle que sí, prosiguió.

    – ¿Cómo?, ¿para qué?, lo increpe asustado.

    – Para que va a ser Pietro, quiere darle a su mujer, me respondió sonriendo.

    – No me parece, tenía que haberme preguntado antes, dije serio.

    – Le pido perdón, no pensé que lo iba a tomar a mal, se disculpó.

    – Piénselo bien, ¿no le gustaría verla disfrutando con el negro?, preguntó.

    La verdad que la idea me excitaba. Era seguro que Alfredo estaba muy caliente con Ana después de lo que había visto a través de la cámara y eso me aseguraba un buen espectáculo. Lo que no sabía era como iba a reaccionar Ana, eso me preocupaba.

    – No creo que mi esposa quiera, dije.

    – No se haga problema por eso Pietro, a ella le va a gustar, se lo puedo asegurar.

    – Todavía no se dio cuenta la putita que tiene al lado, continuó.

    A esa altura de la conversación estaba tan caliente que ya no tenía la capacidad de tomar decisiones, así que le hice caso a Ricardo.

    – Bueno, dije, pero le voy a avisar a Ana, le dije.

    – No le diga nada, que sea una sorpresa, me sugirió.

    – Cuando llegue, tráigalo para el dormitorio y va a ver que va a estar todo bien, dijo convencido.

    Su seguridad me ayudo a sentirme más tranquilo. Parecía que conocía a mi esposa mejor que yo.

    En ese momento salió Ana del baño, se la veía cansada pero exultante, se había vuelto a maquillar y nuevamente su perfume inundo el ambiente. Seguía completamente desnuda. La bese suavemente.

    – ¿La estas pasando bien?, le pregunte.

    – Genial, me respondió sonriendo.

    – Y todavía falta lo mejor, no Pietro, dijo Ricardo mirándome sonriente.

    No dije nada, ella me miro desconcertada, pero no le dio demasiada importancia.

    – Venga conmigo señora, mire lo que tengo para usted, continuo Ricardo mientras le mostraba el miembro totalmente parado.

    La agarró de la mano y la llevo a la cama. Se acostó boca arriba e hizo que ella se tendiera sobre él. La besó ardientemente mientras le masajeaba el culo. A los minutos ella bajo besando su pecho hasta tener nuevamente su verga en la boca. Se los veía muy calientes, era como si recién empezaran. Yo estaba más o menos igual y nuevamente me masturbaba con ganas sentado en una silla.

    Al rato, regreso Carlos, me saludo con un pulgar para arriba y se acostó al lado de Ricardo. Al verlo Ana le acaricio la verga hasta que la se la puso dura. Los besó, mamó y masturbó sin parar durante al menos quince minutos. Luego se le subió arriba a Ricardo, se introdujo su verga en el culo y comenzó a cabalgarlo a un acelerado ritmo. Yo estaba a punto de acabar cuando escuche el timbre de la puerta.

    Me contuve y fui hacia el comedor. Los gritos de Ana llegaban hasta ahí. Abrí la puerta de entrada.

    – Buenas noches señor Pietro, me saludó Alfredo.

    Aun vestía su uniforme de camisa y pantalón gris. Calzaba unos borceguíes negros y se lo notaba temeroso a mi reacción.

    – Busco a Ricardo, dijo nerviosamente.

    – Buenos noches Alfredo, Ricardo me aviso que vendría.

    – Sígame, le pedí.

    Mientras caminaba hacia el dormitorio los jadeos de ella se oían más fuertes. Me sentía muy inquieto por la situación, me excitaba mucho, pero a la vez tenia temor. No estaba seguro como reaccionaria Ana y me alarmaba el comportamiento que pudiese tener Alfredo. Llegamos al cuarto.

    Ana seguía cabalgando el miembro de Ricardo, mientras Carlos se masturbaba recostado al lado de los dos. Cuando Alfredo los vio, su cara se transformó. Durante unos minutos no dije nada para que pudiera disfrutar de la escena. Estaba perplejo, se lo notaba nervioso y empezó a tocarse sobre el pantalón.

    – Ricardo, llego Alfredo dije.

    Cuando Ana me escucho giro su cabeza y lo vio. Se quedó sentada arriba de Ricardo totalmente inmóvil y con la verga toda enterrada en el culo. Con su brazo y mano derecha trato de taparse los pechos y con su otra mano la cola. Su cara era una mezcla de asombro y vergüenza. Me miro como buscando algún comentario mío. Que podía decirle.

    – Hola negro, dijo Ricardo.

    – No pasa nada señora, quédese tranquila, Alfredo es muy discreto, continúo dirigiéndose a ella.

    – Como es un gran admirador de su cola le sugerí que viniera así usted se la muestra un rato, no le molesta, ¿no?

    Ella dudo un momento, lo miro a Ricardo y volvió a mirar a Alfredo, que seguía a mi lado sin moverse, enderezo la cabeza, bajo los brazos y lentamente comenzó nuevamente a cabalgar.

    – Eso es señora, muéstrele como le gusta tener una verga en la cola, dijo mientras le empujaba su miembro bien adentro.

    – Vení negro, siéntate ahí, le ordenó.

    – Permiso señor, dijo Alfredo mientras pasaba hacia el otro lado de la cama sin sacarle los ojos de encima al cuerpo de mi esposa.

    Ocupo la silla que era mía. Se desabrocho la bragueta y dejo asomar su miembro totalmente erecto a punto de estallar. Si las vergas de los viejos eran enormes, la de Alfredo era descomunal. No tan largo pero impresionantemente grueso. Comenzó a masturbarse con ganas.

    – Mire como lo puso al negro señora, dijo Carlos.

    Ana lo miro y su cara mostro más deseo. Comenzó a hamacarse y jadear con más fuerza hasta que le llego un nuevo orgasmo.

    – Venga conmigo así el negro la tiene más cerca y la ve mejor, siguió Carlos.

    Ana salto del miembro de Ricardo y se subió al de Carlos, que se lo introdujo en su vagina. Ella pego un pequeño gemido y empezó a saltar. Yo seguía parado en la puerta tratando de no perderme nada. Ahora Alfredo la tenía a unos centímetros. La recorría con los ojos de arriba a abajo.

    – Sacate la ropa Alfredo, le dijo Ricardo.

    Él le hizo caso y se desnudó totalmente. Tenía muy buen físico, bien formado y musculoso. Ana se quedó mirándolo un rato, le había gustado. Estiro su mano y comenzó a acariciarle la pierna. A los pocos segundos estaba masturbando la verga de Alfredo.

    – Así me gusta señora, muéstrele lo puta que es, dijo Ricardo a la vez que me miraba sonriendo.

    Ambos viejos habían tenido razón desde un principio, mi esposa era mucho más puta de lo que yo creía.

    – Parece ahí y muéstrele bien el culo al negro, dijo Carlos señalando la ventana.

    Ella se bajó de él y fue hacia la ventana. Se paró mirando hacia fuera con la cola bien parada. Ana estaba de nuevo haciendo lo que más la excitaba, mostrando su cola desnuda a desconocidos. Los cuatro nos masturbábamos.

    – Dios, que pedazo de orto, exclamo Alfredo.

    – Tremendo, dijo Carlos, que durante la noche había demostrado que le encantaba.

    – Es una colita muy traga pijas, ¿no señora?, le preguntó Ricardo.

    Ana asintió con la cabeza, le temblaban las piernas de lo caliente que estaba. Todo lo que le decían la encendía más.

    – Permiso señor Pietro, dijo Alfredo.

    Sin esperar mi respuesta se acercó a Ana y le palmeo fuertemente el culo. Ana gimió. Se lo acaricio un rato y volvió a palmearlo. Lo repitió varias veces hasta dejarle la cola toda colorada. Luego la puso de frente, la tomo firmemente del cuello, la miro a los ojos y le escupió la cara. Me pareció demasiado agresivo como para dejarlo continuar. Iba a intervenir, pero Ricardo me contuvo de un brazo, haciendo una seña para que esperara un poco.

    – Te gusta duro putita, le preguntó el negro.

    Ella lo miro a los ojos mientras con sus dedos tomo la saliva de su cara y la metió en su boca. Ricardo largo una carcajada, Carlos sonreía y yo no lo podía creer. El negro la había excitado lo suficiente como para que hiciera cualquier cosa.

    Le hizo abrir la boca y la volvió a escupir dentro, ella lo trago. Le metió la lengua hasta la garganta mientras le apretaba el culo y las tetas con las dos manos. La tomo del cabello y la hizo poner de rodillas, le agarro la cara con las dos manos y le metió su miembro en la boca. Ella no lamia, el literalmente le cogió la boca durante 15 minutos. Ella se ahogaba, se reponía y seguía. Cuando la levanto su cara estaba roja y llena de saliva.

    – Ahora te voy a romper este orto que tanto te gusta mostrar, le dijo arrojándola a la cama.

    Ella se puso en cuatro y paro bien la cola. Se la notaba deseosa que se lo rompiera. Él se acomodó detrás, se salivo dos dedos y se los metió hasta el fondo. Ella grito. Le pajeo el culo a un ritmo infernal que la hizo acabar enseguida. Cambio los dedos por la verga y comenzó a bombearla. No sé si ella gritaba porque le gustaba, porque le dolía o por ambas cosas. Lo que sé es que verla gozar así con el negro me hizo imposible aguantar y tuve el tercer orgasmo de la noche. Deje leche por todas partes.

    – Vaya a lavarse que yo se la cuido, dijo Ricardo mientras subían con Carlos a la cama.

    No podía mas, estaba totalmente agotado. Me lavé y me fui al sillón. De ahí se escuchaban como le daban entre los tres, hasta que nuevamente se hizo silencio. Al rato Alfredo entro en el comedor, me saludo y se fue. Habían pasado casi cinco horas desde que llegaron los viejos y Ana no había parado. Fui a ver como estaba. La encontré dormida entre los viejos que también dormían. Había semen por todo su cuerpo. Ya nada volverá a ser igual pensé, me fui al sillón, me recosté y me dormí.

  • Jorge Luis, su hermano y yo (III): Cena, baño y a dormir

    Jorge Luis, su hermano y yo (III): Cena, baño y a dormir

    Después de aquella corrida en nuestra ropa interior y de intercambiarla en combinación con el alcohol y la excitación nos dio algo de hambre. Así que nos dirigimos al comedor solo en la ropa interior del otro la cual aún estaba húmeda por la corrida que habíamos arrojado sobre ella.

    Yo caminaba con los trunks negros de Hugo y a cada paso mi verga se restregaba en su corrida, la sensación era muy caliente. Nos dispusimos a preparar la cena, de vez en cuando pasábamos a lado de otro le agarrábamos el paquete, las nalgas o le dábamos un beso.

    Después de cenar Jorge dijo: -oigan y si nos bañamos para dormir tranquilos- así que Hugo y yo terminamos de recoger los platos y de lavarlos en lo que Jorge preparaba el baño. Jorge gritó – ya está listo el baño- Hugo camino delante de mí y yo pegado atrás de él metiéndole las manos a los bóxer blancos y tomándolo de su verga mientas le pegaba la mía a su culo.

    Cuando llegamos al baño Jorge ya estaba en la regadera, que tenía una puerta de cristal que empezaba a empañarse por la temperatura del agua, al vernos llegar pegados se sonrió y abrió la puerta tomando a su hermano del cuello, le dio un beso, mientras lo jalaba hacia el interior de la ducha, yo fui tras él. Una vez que el agua caliente empezó a caer en nuestros cuerpos, Jorge me abrazó dejando a su hermano en medio, sus vergas se rozaban a través de la ropa interior que ya estaba húmeda, mientras Hugo le besaba el cuello a Jorge este último me daba un beso de lengua y metía sus manos a los trunks negros y sobaba mis nalgas.

    Jorge empezó a quitarme los calzones que usaba, hasta que estos fueron a parar directo al piso de la regadera, con un pie los empujé a una orilla para que no estorbaran, mientas con las manos le quitaba a Hugo su ropa interior y este a su vez le quitaba la suya a su hermano. Nuevamente estábamos los tres desnudos y semi erectos.

    Jorge se acercó a mí, me hizo darle la espalda y empezó a enjabonarme mientras yo besaba a Hugo a quien tenía de frente y que empezaba a enjabonarme mi verga. Tener a los dos hermanos enjabonadme el cuerpo me hizo soltar un suspiro, cuando mi verga estuvo suficientemente enjabonada, Hugo se volteó y se recargó en la pared, tomando la barra de jabón con la que Hugo había enjabonado mi verga, empecé a pasar por su culo, de vez en cuando metía un dedo y le daba vueltas empezando a dilatarlo, Jorge repetía la operación en el mío, cuando lo sentí suficientemente lubricado me acerqué a él y empecé a pasar la punta de mi verga, ya erecta, por la entrada. En ese momento sentí como Jorge ya podía introducir tres dedos en mí, me acerqué más a Hugo y empecé a introducir mi verga suavemente en su culo, la cual, entre el jabón, lo dilatado y la calentura se deslizó suavemente, Hugo lanzó un quejido que inició siendo de dolor, pero cuando mis huevos chocaron con su cuerpo se había convertido en placer, lo abracé Y empecé a masajearle los pezones mientras le daba un beso de lengua, en ese momento Jorge me tomaba por la cintura y empezaba empujar sus 17 centímetros dentro de mí, el placer de sentí aquel trozo de carne deslizándose dentro de mi hizo que aumentara la intensidad del beso que me daba con Hugo, el estar en medio me impedía bombear mi verga dentro del culo de Hugo.

    Hugo propuso que nos fuéramos a la recamara de su hermano para podernos coger mejor, salimos del baño y llegando a la recamara de Jorge inmediatamente Hugo se puso en posición de perrito casi a la orilla de la cama, yo de rodillas de tras de él y empecé a meterle mi verga, Jorge de pie detrás de mí, metió su delicioso tronco dentro de mi culo, la distancia me permitía bombear a Hugo y cada vez que me hacía para atrás para sacarla, en mi culo se introducía la verga de Jorge, la habitación se llenaba de quejidos, bufidos.

    Hugo cambió de posición acostándose boca arriba en la cama y subiendo sus piernas a mis hombros, permitiendo que la penetración fuera mucho más profunda, lo cual lo hacía poner unas caras de placer que me ponían aún más cachondo, mientras tanto Jorge seguía en su mete y saca que se había coordinado con la cogida que yo le estaba dando a su hermano.

    Jorge se acostó con las piernas en la orilla de la cama, yo me monté con las piernas abiertas e introduje de un solo golpe su verga en mi culo, Hugo recostó su espalda sobre el pecho de su hermano, subiendo las piernas en mis hombros e introduciéndose mi verga en su ya dilatado ano, empezamos a bombearnos mi vaivén intercambia entre ser cogido y coger, la sensación era gloriosa, de pronto Jorge gritó me vengo, me senté completamente en su verga y la apreté un par de veces con mi ano lo cual provoco que Jorge lanzará tres chorros caliente dentro de mí, aquella sensación me hizo explotar en seguida lanzando un par de chorros dentro del culo de Hugo.

    Una vez que nos salimos del otro, nos acostamos sobre la cama exhaustos después de tres corridas, yo sentía como la leche de Jorge escapaba suavemente de mi culo y escurría por mis piernas. Nos metimos a la cama, la verga ya flácida de Hugo, quedo pegada a mi culo y mi verga que estaba dormida quedo pegada al culo de Jorge, así nos ganó el sueño, preparándonos para un segundo día de sexo y morbo.

    No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas escribirme y platicamos.

  • Atendiendo a dos viejitos

    Atendiendo a dos viejitos

    Hola a todos los lectores de relatos en esta página, para quienes no me conocen soy Sandra, mi tío violador me llamaba la zángana, estoy casada, tengo 35 años, no tengo hijos, mi contextura es delgada, 1,60 metro de estatura, 57 kilogramos de peso, negro y lacio, tengo también unas tetas medianas y unas nalgas redonditas y paradas que no pasan desapercibidas cuando voy por la calle.

    Algunos recordarán a José, un taxista de unos 28 años de edad, que tomó un servicio desde una residencia en que me estaba encontrando con un excompañero y amigo del colegio, tomó unas fotos y video con una cámara go pro que tenía instalada en su interior y con ellas, me presionó para “abusar” de mí a su antojo, so pena de entregar esas imágenes a mi esposo.

    Estando en esa relación forzada con este personaje, del que por cierto me estaba enamorando, debido a su fortaleza, dominio y poder que ejercía en todo momento, sabía qué decir y cómo actuar, buen amante, buena herramienta de trabajo, no era tan cariñoso, más bien llegaba a ser un tanto burdo en sus caricias.

    Este amante furtivo, me comentó, que, si yo quería atender a uno de sus tíos que quería hacer un trío con otro compañero y una chica, quedé sorprendida cuando me dijo que su tío tenía 68 años y su compadre, compañero y amigo tenía más o menos la misma edad, que ellos me pagaban bien, pero debería ser complaciente, cuidadosa y condescendiente, pues ya no eran tan hábiles para hacer piruetas en la cama, acordamos la fecha, el lugar y el dinero.

    La reunión se llevaría a cabo en una habitación con entrada independiente que José tenía rentada para sus propósitos de encuentros con chicas, así se ahorraba u dinero en hoteles y residencias.

    El taxista José se encargó de llevar a los viejetes y de recogerme, nos reunimos los cuatro en la habitación y José nos deseó suerte, luego de presentarnos, y de hacer recomendaciones de cuidado con su tío, de llamarlo cuando se terminara la reunión y de todo lo que se le ocurrió en ese momento.

    Al quedar solos, me dispuse a examinar a mis dos contrincantes, ya no eran lo suficientemente hábiles para mover sus cuerpos, eran frágiles, lentos y algo temblorosos, aunque su morbo y ganas de vivir estaban intactos, bueno muchachos, les dije, ustedes pagaron por su atención, entones a lo que vinimos, les dije con firmeza, ellos se sonrieron y se notaban muy animados.

    Me acerqué al más alto y con mis manos acaricié su rostro, lo acerqué a mi boca y nos dimos un beso, se le notaba tenso, como apenado por la situación, tranquilo papi que esto se pone bueno, relájese, bajé mis manos y con la derecha le apreté su bulto sobre el pantalón, aún estaba dormido ese animal, metí mi mano por entre la cintura y lo pude palpar, empezaba a tomar fuerza, lo apreté y aflojé varias veces, le desabroché los botones de su camisa y se la eché por encima de los hombros, quedó al descubierto un cuerpo esqueletudo, huesudo y su piel algo arrugada, él se quitó totalmente su camisa.

    Me dirigí al más bajito y repetí la acción anterior, con la diferencia que este estaba más duro y dispuesto que mi otro viejito, su contextura era más gruesa y acuerpada, su miembro se palpaba más gordo y largo que el otro, al igual besaba con más pasión, se notaba más experto en esas artes amatorias.

    Llegó mi turno de que me desvistieran, yo estaba vestida tal cual puta profesional, una minifalda de cuadros, unas zapatillas de tacón y una blusa transparente, ropa interior negra, los viejitos se desbordaban en elogios hacia mí, mamacita, me decían, que linda eres, que guapa, que cuerpo tan bello, chiquito pero cumplidor, mira que tetas tan bellas, esas nalgas tan provocativas que tienes, dichoso tu marido que tiene eso a la mano todos los días, en fin, todas las cosas que comúnmente dice un hombre para conquistar.

    Me desabroché mi blusa y me la quité, al igual que la mini que llevaba puesta, quedé en ropa interior y descalza, les ayudé a quitar lo que les quedaba de sus ropas y los dejé totalmente desnudos, los dos tenían una semi-erección ya formada, sus miembros eran promedio unos 14 centímetros, un tanto delgados en comparación con otros que he podido disfrutar, me agaché, tomé una verga en cada mano y comencé a llevarlos a mi boca, alternando un poco a cada uno, ellos se retorcían de la dicha, reían entre ellos, comentaban además, esto sí vale la pena, esto sí es vida, de habernos animado mucho antes, de lo que nos estábamos perdiendo y muchos otros comentarios, que incluían denigrar de sus esposas.

    Cuando ya los tuve bien duros entre mis manos, me levanté, los abracé a los dos viejetes y les propiné un beso a cada uno, ellos me correspondieron, desabrocharon mi brasier y comenzaron a acariciar mis tetas, las besaban, chupaban, lamian, cual bebés en los brazos de su madre, yo les acariciaba sus cabelleras y los estimulaba a seguir en esa actitud, me tiré sobre la cama, uno de ellos se arrodilló entre mis piernas y comenzó a lamer mi rajita, la que disfrutaba la delicadeza del abuelito, de vez en cuando metía uno o dos dedos un poco tímidamente dentro y seguía su rutina de lengua en mis labios vaginales, piernas y pelvis, yo solo podía apretar su cabeza y cara con mis piernas, apretándolas suavemente.

    El otro se estaba disfrutando de mis dos téticas, las masajeaba a su antojo, las apretaba, las chupaba, las lamía y volvía a chupar como queriendo escurrir o encontrar la leche que de allí emanan las lactantes, yo le acariciaba su cabeza con mis manos y lo apretaba contra mi pecho.

    En esa misma posición, se arrodilló por debajo de mis axilas, comenzó a frotarlo contra mis téticas, pero como no son tan grandes, no le alcanzaba para masturbarse con ellas, me ofreció en mi boca su miembro, que había vuelto a agachar su fortaleza, comencé a engullir aquel trocito de carne, e cabía entero en mi boca, de haber querido seguramente sus bolas hubieran entrado en mi cavidad bucal sin problemas, con mis dientes lo mordía suavemente al meterlo y sacarlo, solo atinaba a decir, siii, eso sí, que rico se siente, no me habían hecho sentir eso, mis manos apretaban sus bolitas suavemente, su miembro fue recuperando su erección total, el disfrute en ese momento fue superior para mi cliente en ese momento.

    El otro abuelito, me acomodó con sus manos en mi cintura para ponerme a su altura para que mi rajita, recién lamida y lubricada con sus dedos, quedara al mismo nivel de su pelvis y su verga, la cual entró sin problemas, hasta el fondo, de un solo envión, sus bolitas golpeaban mis nalga, en un intento desesperado por entrar, mmmm, yo gemía de placer, no tanto por el grosor de sus vergas, sino por el placer que de verdad me generaba el morbo de tener dos personas adultas trabajando en mi cuerpo, metiendo y sacando por mis dos agujeros, esos trocitos de carne que en ese momento se me antojaban lo más delicioso del mundo.

    Decidieron cambiar, me quedé en la misma posición, el que estaba en mi boca, pasó para mi vagina, llena de jugos, la introdujo de un solo golpe, comenzó su mete y saca a su propio ritmo, me levanté apoyando mis codos en la cama y así me quedé, observando ese panorama, el abuelito temblaba de emoción, s rostro reflejaba una especie de desespero, que rica verga tienes papi, le dije, y cómo sabes manejarla de bien, con voz entrecortada atinó a decir, gracias y seguía en su ejercicio, mientras el otro abuelito, se masturbaba para mantener la erección.

    Ven te la chupo un poquito, le dije, se acercó y la acomodó en mi boca, la disfruté de la mejor manera, mordía su glande, su cabecita, mientras soportaba los movimientos de los ataques que recibía desde mi vagina, eres una diosa, me decía mi abuelito, sabes usar esa boca de una manera sinigual, fantástica, los abuelitos sudaban copiosamente en ese momento, quieren descansar un poco o quieren seguir, o cambiamos de posición.

    Se acostaron los dos, uno al lado del otro, yo me ubiqué en la mitad de ellos, mi boca y mis manos, fueron las encargadas de hacer gozar a estos dos sinvergüenzas infieles, ellos se miraban entre sí y se reían, estamos en el cielo o en el infierno, comentaban, esto es la dicha, estamos gozando, entonces es el cielo, por momentos mis manos cogían una verga cada una, un instinto de frotar hacia arriba y hacia abajo salía sin pensarlo mucho, me agachaba y las turnaba para chupar y volvía a quedar sentada, levanté una de mis rodillas, me acomodé y me senté sobre una estaca de esas, la guardé dentro de mis labios vaginales, comencé a hacer movimientos circulares encima de él, me vas a hacer venir ya, pareces una licuadora, gritó el viejito, me lo saqué y lo dejé en ascuas.

    Repetí el ejercicio anterior con el otro viejito, no te vayas a derramar adentro de mí, le advertí, quiero ver cómo se vienen en mi cara, listos, me dijo, me apoyé de manos en su pecho, comencé a hacer movimientos circulares y de arriba – abajo, no tardó en decir, ya, ya, ya, pónganse de pies, les dije, comencé a mamar de una de esas vergas y frotar sus huevos con las manos, cuando sentí que se iba a venir, retiré mi cara, comencé a masturbarlo con fuerza, velocidad, hasta que salió dispara su leche, me llegó a los pómulos, dos o tres disparos fueron suficientes para acabar con la fortaleza de esa verga, me la llevé a la boca, comencé a chupar, hasta escurrir la última gota de ese semen, pronto su verguita perdió fuerza, quedando reducida a un trocito colgante.

    Tocó el turno del otro abuelo, como una experta, cogí ese miembro, lo chupé, apreté sus huevos, su leche no tardó en inundar mi boca, tragué esa leche para no perder continuidad en mis movimientos, al sentir que iba perdiendo fuerza, lo saqué de mi boca, acariciando con mi lengua su cabecita, pronto se fue perdiendo entre mis manos, se bajaron de la cama y se sentaron en su orillo, me bajé también y les propiné un beso apasionado a cada uno de ellos, mandé mis manos agarrando sus miembros, cómo trabajan de bien ustedes, felicitaciones, quién lo hubiera imaginado, se manejan mejor que muchos que no alcanzan a saludar cuando ya se van.

    Me dirigí al baño a asearme, ellos quedaron recostados de medio lado en la cama, cuando salí, ellos fueron al baño, ¿aguantan para otro? No, fue una respuesta rotunda, los ayudé a vestir, quitar pelos y mugres de sus ropas para eliminar evidencias para sus esposas, yo también me arreglé nuevamente, mientras les preguntaba sobre su vida sexual en casa, uno de ellos dijo, mi mujer ya no quiere, perdió el interés hace mucho tiempo, ya no tiene morbo, ni ganas de dar o recibir caricias, es una amargada como dicen por ahí, me tiene jodido, el otro dijo, yo de vez en cuando me dan una caricia o una mamada, pero eso ya es una rutina que no cambia, siempre es la misma película, eso lo aburre a uno y se pierde el interés.

    Culpa de ustedes, les dije, no supieron cultivar ese morbo y pasión en ellas, no, que va, yo le dije que mantuviéramos esa pasión, que fuéramos a un hotel o paseo y cambiar de todo, nunca aceptó, el otro dijo, mi mujer es muy religiosa y fanática, dice que es pecado hacer esas cosas, que no quiere ir al infierno, pero hoy tuvimos la dicha de encontrar alguien que nos llevara al cielo, salimos a beber un refresco en un establecimiento cercano, ¿podemos volver a vernos? Me dijeron, claro que sí, les respondí, nos ponemos de acuerdo, desde que mi marido no esté en casa o que me pueda escapar, sí, ¿y si venimos con otro amigo? Mmm, no sé, lo hablamos, pero todo cambia, les dije, además deberían traer pastillas de esas que toman ustedes para que puedan gozar más tiempo o que sirva para otro polvo, consulten con sus médicos y aprovechen la vida, gracias por el consejo, me dijeron.

    Aquí termina otra historia de mi vida real, un tabú desmitificado, los abuelitos si pueden tener sexo, son buenos amantes, obviamente no hay la misma agilidad, pero, aguanta una nueva experiencia, seguramente acepto al otro tipo, es un buen terreno para explotar.

    Quiero agregar que el dinero que recibo, el que me da mi esposo y el que me sobra del diario de mercado, lo voy guardando en un banco, mi esposo no sabe nada de eso, es un respaldo si algún día me descubren y se acaba todo, es un capital semilla para empezar mi propio negocio, también estoy pensando en cómo hacer infiel a mi esposo para tener pretexto de que también tengo derecho, aunque él es muy pasivo, ya lo he comentado en otras historias, siempre le gusta la posición de misionero, se viene rápido y se duerme de una vez, pero no pierdo la esperanza de encontrar la manera de hacerlo pecar, en mi beneficio, si hay alguna sugerencia la leeré, estudiaré y tal vez ponga en práctica, o me de nuevas ideas.

    Gracias a los que leen, chicas también hay lectoras, a los que comentan y dejan su voto, no entiendo por qué no comentan, si están escondidos tras de un pseudónimo que nadie conoce, con mucho cariño, Sandra, la zángana.

  • Un día antes de mi boda

    Un día antes de mi boda

    Buenas tardes, soy lmmc, ese será mi nombre, para este lugar, soy de Venezuela, tengo 36 años actualmente; soy casado y primera vez que entro en este lugar…

    He leído varios relatos y algunos me llaman la atención y bueno me estoy atreviendo a escribir uno propio que me pasó y la verdad es difícil de explicar, pero aquí voy.

    Era un día normal un viernes 29 de noviembre de 2013. Un día antes de mi boda, no lo puedo negar lo recuerdo bien ese día estaba extraño, tenía nervios, emoción, susto en fin, era obvio me iba a casar en menos de 24 horas y bueno como es costumbre aquí en Venezuela (no se en otros países) no se puede ver a la novia el día antes de casarse ni llamarla por teléfono ni nada…

    Yo estaba tranquilo en mi casa, vivía solo, mis padres para ese momento estaban fuera del país, y bueno era como las 5 pm me disponía a bañarme cuando escucho el timbre y era una amiga de mi novia (en ese momento), llegó con dos cajas de cervezas que tal! Para celebrar mi último día de soltero; se podría decir que una mini despedida de soltero pero con ella sola y bueno, por supuesto pasó, se instaló, prendimos el equipo de sonido, saco los instrumentos para hacer una parrilla y bueno nos pusimos a beber y hablar… Mucho mucho mucho…

    Si me parecía extraño, pues así como confianza 1000% no había pues era amiga de mi novia… En fin y casi tiempo ella conmigo solos! No habíamos compartido, siempre era con mi novia presente pero ese día! Pues estaba bien estábamos hablando de lo mejor, y bueno entre tanto tema salió el tema del matrimonio, que era un paso muy importante en la vida, que tenía que estar seguro, que cuidara a mi novia, que era su amiga del alma, en fin que la quería mucho… En fin un sermón, que yo pensé que era una trampa y tal para ver cómo me comportaba… Pero no…

    Seguimos hablando se hizo de noche, y ya estábamos algo tomados, ella es medio cegatona también y le daba miedo manejar de noche, y por cuestiones de la pandemia pues se quedó en mi casa y pues se relajó! Y ahí fue donde poco a poco fuimos perdiendo los frenos como se dice.

    Pues se quitó la blusa y el pantalón y quedo en chachetero, muy sexy debo admitir y en top, tipo brasiere o sostén deportivo… Me sorprendí a decir verdad, y mis ojos se fueron solitos y la recorrí, tal cual como un escaner… Y le dije y «esta es mi última noche» y me acerque a ella y la bese!!!…

    Ella me correspondió el beso! Obvio yo estaba ya excitado y ella se calentó, le sentí su respiración profunda con ese beso!!! Largo, profundo, rico, lengua pareja, y me salieron manos hasta de donde no tenía… A lo que se separó y me dijo estás seguro… Mira que te vas a casar!! Con mi amiga…

    En ese momento no la deje terminar de decir amiga cuando le volví a plantar otro beso! Más profundo!! Le agarre las nalgas!!! La levante y la recosté en mi cintura! Y me la comí a besos muchos besos… Estábamos en la cocina ella se soltó y ahí mismo se arrodillo me bajo el cierre me bajo el pantalón y yo estaba como carpa de circo (jejeje) a lo que baja mi bóxer salir la fiera duro como un roble, y comenzó aquí exquisita mamada!! Excelente que mujer de mamarlo ricoo ricooo, lo chupaba, lo succionaba, lo llenaba de saliva, lo escupía, en pocas palabras una buena mamada hasta mis bolas se las metió a la boca que ricooo fue en serio que si…

    Un buen rato ahí y le dije déjame intentar algo… La volví a levantar la recosté en la mesa le termine de arrancar el cachetero! Me la volví a comer a besos hasta que llegue a su vagina! DIOS era la gloria!!! Metí mi lengua dedos, se la chupe y le di también una buena mama con intensidad tanto así que se me vino… En mi cara!!! UFFF lo mejor y mientras ella se retorcía por el orgasmo que estaba haciendo tener yo seguía chupando…

    Hasta que no aguante la volví a levantar me la lleve cargada a la sala, la acosté en el mueble! Le abrí las piernas, las apoye en mis hombros y comencé a cogerla! Suave, los gemidos de ella me excitaban mas y más y fui aumentando el ritmo y le di cada vez más fuerte, que ricooo me la estaba culeando a placer y ella lo disfrutaba y dure un buen rato y ella se volvió a venir!!! Seguidamente la puse en 4 en el mismo mueble y la volví a penetrar! Fuerte duro la agarre del cabello… La estaba cogiendo bastante bien y ahí fue yo el que estaba a punto de terminar! Ella sintió mi respiración, se volteó y me lo comenzó a mamar otra vez súper rapidooo y me hizo terminar en cara, boca, cabello, ojos, en fin la chorreé full, jaja y seguía chupando para escurrírmelo que rico se sentía!!!

    Nos fuimos a bañar en el baño le volví a meter mano, y toco… Me la cogí otra en la ducha pero duramos menos! La puse en 4 pero así de pie! Y la penetre full hasta que me termine otra vez! Y ella tuvo su tercer orgasmo en la ducha…

    Salimos del baño y nos acostamos en la cama, supuestamente a tomar más cerveza y que vaaa nos quedamos dormidos hasta las 10 am del día sábado!!! Se podrán imaginar al despertar! El estrés total pues era el día de mi boda… Y pues aparte de comenzar a arreglarme, (que no es lo difícil) pues tenía que hacer un sin fin de cosas, para poder llegar a tiempo a la ceremonia…

    Pero todo paso de mejor manera, tuve una buena despedida con la amiga de mi esposa, mi esposa sigue siendo su mejor amiga! Y yo me casé… Jejeje y pues hasta los momentos nadie sabe nada de lo sucedido!!

    Es mi primero relato, de mi vida real espero lo lean me comenten y me digan si les gustó o en que fallé! Para perfeccionar mis futuros relatos.

    Hasta luego… Lmmc

  • El caballito del diablo (Parte II)

    El caballito del diablo (Parte II)

    Esta es la continuación de mi primer relato, no dejes de leerlo antes porque tiene detalles que se cruzan. Espero les agrade.

    Estábamos en ese portal, con las ganas a mil y mis dedos aún húmedos de Lili. En mi otra mano su anillo mojado de sus propios fluidos y el corazón por salirse de mi garganta. La mujer me había sorprendido dándome el control de su cuerpo para lo que quisiera y además me había permitido hacerlo en su propia casa.

    Alucinaba con llevarla a la cama donde duerme con su marido cada noche y hacerla mía. Tenía muchos planes con aquella mujer casada. Y estaba a sólo pasos de entrar en ese lugar y podríamos hacer lo que llevábamos meses planeando.

    Ella sacó las llaves rápidamente y abrió la puerta de su edificio. Nos escabullimos por los pasillos agarrándonos y besándonos dando tumbos por las paredes hasta llegar el ascensor.

    Una señora muy mayor abrió la puerta justo antes de subir. Ambos nos asustamos pero ella parecía una adolescente nerviosa. Aun así se veía plena y emocionada de la aventura que se venía. La señora pasó sin más pero nos detuvo unos segundos nada más.

    Subimos al ascensor y las ganas se desbordaron; no se hicieron esperar los apretones y el respectivo agarrón de culo de esa deliciosa madura. Ambos nos besábamos como si quisiéramos saborear la garganta del otro con nuestras lenguas. La señora se agarraba de mi cabeza girándola a su gusto para besarme como le daba la gana mientras que mis manos la sujetaban por las nalgas levantándola levemente para hacerle llegar a mi pelvis mientras que ella arqueaba las caderas buscando roce con mi cremallera que se calentaba debajo del vestido.

    Sus nalgas suaves se sentían enormes entre mis manos y era como si se me escurrieran entre los dedos pero no las dejaba escaparse.

    Esos segundos en el ascensor me hicieron tener una gran erección y podía sentir el hueso pélvico de esa madura estimularme el capullo cuando la subía y bajaba contra mi sujetada de sus poderosas nalgas.

    El timbre del ascensor indicó la llegada y tardamos algunos segundos en ser capaces de dejar aquel delicioso vicio. Pero ella se bajó y apresurada me llevo a la puerta de su casa, puso las llaves en la puerta y se dio la vuelta para besarme intensamente por unos segundos y me dijo entre murmullos.

    -pase lo que pase ahí adentro no me dejes sola… con cara de ternura pero mirada caliente.

    -vas a suplicar que me vaya. Le dije cachondo entre sonrisas.

    Ella se dio la vuelta y entro de golpe a la vivienda sujetándome de la mano y haciéndome pasar. Me empujo hasta estar adentro y cerró la puerta apoyándose en ella como queriendo aislarme de afuera.

    Me quede viendo el oscuro recibidor. A mi izquierda un comedor y la que después descubrí era la cocina y a mi derecha una sala enorme con un juego de sofás de cuero todo muy moderno y lujoso.

    Mi corazón se detuvo cuando una figura masculina algo candada y lastimera se puso de pie justo al percatarme de su existencia.

    El silencio envolvió el lugar y por instantes me sentí perdido y desubicado. La sensación de haber sido engañado y descubierto me invadió de adentro para afuera y por intento adopte una postura defensiva contra aquel hombre mayor.

    Olvide por completo a Lili y quise poner en una posición ventajosa. Fue entonces cuando entendí la dramática emboscada de aquella arpía al verla tranquila y expectante. El hombre se acercó despacio y le dije.

    -no se acerque don. Sacando mi más primitivo dialecto materno aún con el anillo de su esposa en mi mano.

    Lili se interpuso entre ambos y me dijo:

    -cálmate por favor. No tienes de que preocuparte. Todo está bien.

    Tenía las manos adelante y como intentando contenerme. Vengo de un país muy violento y para mi quien golpea primero lo hace dos veces.

    Estaba oscuro pero la actitud del señor era de derrota. Era un señor de unos 47 o 50 años y claramente era su marido. Lo que no entendía era porque ella me había llevado hasta ahí.

    -cálmate amigo, no pasa nada! -Dijo con voz ronca y calmada.

    Rápidamente entendí la complicidad del señor, pero me sentía estofado y muy cachondo. Solo hace segundos esa mujer me había pedido que no la abandonara y yo me había sentido como un verdadero Latinlover, pero no. Solo ponía esa frase en mi cabeza para lo que estaba viviendo yo en ese momento.

    Tras una breve explicación me dejaron saber que ambos estaban de acuerdo en que estuviera con aquella madura. Ambos dejaron claro que sabían a que había ido a ese lugar y que respetarían mi decisión.

    Fue difícil separar el deseo de mis pensamientos, mi pene seguía duro y mis manos, aún con la sensación de las nalgas de aquella madura.

    Espere a que hablaran y dijeran todo lo que querían y pensé por unos segundos.

    -quieres que me quede Lili? Ella asintió.

    -Lili? Replicó él con cara de extrañado.

    -ese es el nombre que me ha dado. Respondió sin verle siquiera.

    La muy morbosa jugaba con ambos y nos tenía donde quería a los dos, pero dejaba muy en claro lo que deseaba y sus ahora reales intenciones.

    -que tanto sabe él de mi? Le pregunte sin importarme nada más que follarme a aquella mentirosa.

    -que tenemos algo en el chat y que había la posibilidad de que folláramos hoy. Le dije que intentaría traerte a casa si podía.

    -es verdad! No sé nada de ti y lo que han acordado o hecho. Solo eso se! Respondió con acento creíble. -llevo dos horas esperando aquí a oscuras a ver si regresaba.

    Me relaje y asumí que me habían emboscado pero ahora no me disgustaba. Lo que no sabían es que dentro de mi se estaba gestando una revancha implacable.

    Mis ganas se elevaron y mi mente vio el camino totalmente claro y desde ese momento tomé el control.

    -te llamaré Bambi y seré el macho alfa en esta casa hasta que me vaya. Le dije señalando a aquel hombre de 47/50 años.

    -tú vas a cumplir lo que has prometido. Dije después señalándola a ella.

    Ambos asintieron.

    -haré los que me plazca con tu mujer y tu obedecerás lo que te pida. Dije seguro dejando salir un poco el enfado por aquella estafa.

    -pero, pero… quiso interrumpir y le calle con un ruidoso shhhh.

    -tu solo vas a poder pedir que me detenga una sola vez. Lo haré pero, me iré de inmediato. Le dije al marido que ya empezaba a asumir las astas.

    -y tu solo podrás pedir que me detenga en lo que haga solo dos veces. Después me iré.

    Ambos se vieron a las caras y me pidieron hablarlo en privado. A lo que respondí con un movimiento de cabeza de lado a lado.

    Mi vénganla estaba tomando cuerpo ahora y se me notaba por la gran sonrisa que dejaba ver mis dientes como una hiena hambrienta.

    -lo que pidas. Dijo ella segura sin importarle su marido.

    Él se asombró y quedó en silencio. No parecía tener opción por la actitud de ella y no tuvo otro remedio que opinar.

    -no le hagas daño.

    -nada de eso querido Bambi, ella solo va a disfrutar como la puta que es y tú me vas a asistir para que no se le olvide jamás.

    Me sujete los testículos porque me sentía muy cargado ahora y sabía que debía dejarlo salir pronto.

    Me paseé por el recibidor unos segundos como ocupando mi nueva casa. Fui directo frente al señor y le entregue el anillo en sus mano y le dije, -póntelo en la boca. La agarre por las caderas y la bese con más ganas ahora a centímetros de su esposo que nos miraba admirado mientras tomaba el anillo de su mujer como píldora.

    No tardó en darse cuenta que estaba sucio pero sospecho que no sabía con que, aunque le sorprendió ver ese anillo en mi poder.

    Ella cerró los ojos y me besaba como si quisiera meterse por mi boca. Podía verla como lo miraba a ratos sin compasión ni pudor. El se quejaba en silencio al verla como se contorneaba imprudentes contra mi.

    Ella se notaba expectante ante lo que sucediera, lo vigilaba mientras veíamos cómo se calentaba a una cuarta de nosotros. Lo veíamos a los ojos sin decir nada y el solo podía verla a ella.

    Ella lo dejaba ver lo mucho que le gustaba que le mordiera la boca y besara el cuello en medio de apretones de culo y forcejeos suaves entre los dos

    -ponte detrás Bambi. Esta puta quiere tener una polla entre las nalgas y tú se la vas a dar. Solo podrás agarrarla de las caderas y nada más y no le levantes el vestido.

    El obedeció en silencio pero apresurado por ir detrás. Ella soltó un hilo de voz al oírme reclamarle a su marido. No tardo en empujase contra el como un imán a un pedazo de hierro. Ella perdía la conciencia por segundos. Se confundía entre la realidad y los relatos que la calentaban a solas.

    Su esposo obedecía como buen peón y seguramente disfrutaba de las buenas nalgas de aquella hembra madura.

    Ella meneaba el culo como zorra en celo y él se atravesaba bruscamente contra el relieve de sus nalgas. Ambos jugaban a estimularse con el otro.

    Le tome de las mejillas con una mano y le apreté haciendo saltar sus labios y captando su atención. Me veía como un animal justo antes de ser cazado. Sus cabellos desordenados adornaban su cara y la hacían ver ordinaria. Sus manos me agarraban los brazos y me los acariciaba con vició mientras le daba gusto a su marido.

    -me has engañado zorra. Le dije con ira viéndola a los ojos. -me has puesto más cachondo a cada paso y caí en tu trampa. El marido escuchaba atento sin perder el ritmo y me veía.

    -has usado a Bambi pero ya sabias que cooperaría y lo metiste en esto. Que debo hacer contigo? Le decía a sólo centímetros de la boca, susurrando mi aliento en sus labios de mentirosa.

    Dos bofetadas alarmaron al marido que le hicieron perder el ritmo por un instante pero no se detuvo. Ella gemía sin remedio y me apretaba los brazos empinada contra la polla de Bambi.

    -lo has hecho bien puta. No es así Bambi? Le dije a ella pero clave mi vista en la cara del señor y seguí. -La muy puta te ha despejado el camino. Mientras saque del bolsillo la tanga de la esposa y se la mostré poniéndosela en el hombro a él.

    -súbele el vestido y nalguéala por mi 10 veces. Se lo merece no?

    -por puuuta! Rezongó con rabia y placer para obedecer de inmediato contando cada una de las sonoras caricias en el culo desnudó de aquella mujer.

    Con la numero dos le solté la cara y sin más agarre su escote con ambas mano y estiré a los lados con fuerza, desgarrando la tela sobre sus hermosas tetas que le colgaban suaves por lo empinada que estaba.

    Note un gesto en su rostro cuando se mezclaba el sonido de la tela rasgarse y el golpear del marido que juraría que sus piernas chorrearon sin aviso. Ella perdida en sentir se quejó tan deliciosamente que el señor y yo nos vimos con gesto de triunfo hasta que llegó la décima.

    La empujé contra mi separándolos y le di una vuelta para verla unos segundos. Yo ahora al lado del marido y mi aliado. Me acerqué y desgarre más el vestido pero no del todo. Y volví al costado de mi lacayo. Lo vi y entendió rápidamente y se le abalanzó a romperle todo el vestido con furia hasta que quedó desecho entre sus manos.

    Tuve que separarlo o habría seguido sin control. Le hice para atrás y ella se quedó quieta aunque inquieta. Su pecho parecía locomotora subiendo y bajando con respiraciones rápidas pero profundas. Ahora nos miraba con miedo, pasión y mucha obediencia.

    Yo tomé a Bambi y le dije. -está hecha una zorra tu mujer no? El asintió, tenía cara de acecino en serie, lascivo y animal.

    Ella debió notar las miradas irrespetuosas y llenas de ganas de ambos peque poco a poco recobró la soberbia que tenía cuando llegamos a ese lugar.

    Las cosas estaban claras ahora si empezaríamos a follar…

    Continuará…

  • Fátima y sus pies dormidos

    Fátima y sus pies dormidos

    Esta chica se llama Fátima,  la conocí en la universidad, no iba en mi aula pero si iba en mi taller, fue cuando una chica que iba en mi salón que era se puede decir de las más populares o reconocidas.

    Había organizado una fiesta o reunión ya que eran de los últimos días de ese curso, y había invitado a unos pocos amigos de ella que no eran del salón, los conocía y ya que eran amigos cercanos de ella los invitó.

    Entre esos chicos que invito estaba Fátima, a Fátima yo no le hablaba pero ella sabía que iba en su taller, nos teníamos agregados en redes, pero nunca conversamos, solo nos saludamos cuando me la encontraba frente a frente en la uni.

    En fin, llego el día y en el lugar que iba a ser la reunión estaba retirado y se suponía que iban a ir por nosotros en un auto, pero no llego a la hora y aparte que nos reunimos los que iríamos unas horas antes, así que fuimos a la casa de una de las chicas ya que el auto llegaría en 2 horas.

    Estábamos en la casa solos todos, algunas de las chicas se subieron al cuarto de la dueña de la casa a platicar en privado y solo quedamos unos 5 en la primera planta, 2 chicos y yo, y Fátima y otra chica.

    Ellas igual se metieron a un cuarto que estaba en la segunda planta, las otras chicas estaban en la tercera planta, solo nos quedamos los chicos en la sala, paso alrededor de media hora y bajo la chica que subió con Fátima.

    Le preguntamos por Fátima y dijo que habían intentado dormir, pero que ella no pudo, pero Fátima si estaba dormida, en ese momento sentí una sensación en mi vientre como de nerviosismo al saber que estaba durmiendo.

    Yo quería decir que intentaría dormir para subir a su cuarto y estar a solas con sus pies y fue cuando dije, yo también quiero intentar dormir, me dijeron que me subiera ya que había otra cama a lado donde estaba Fátima.

    Intentando disimular los nervios subí al cuarto, abrí la puerta y efectivamente estaba Fátima, se escuchaban las respiraciones confirmando que estaba dormida, y solo tenía puesto los calcetines, estaba con los pies en la orilla de la cama, la posición perfecta.

    Tenía calcetines chicos, me acerqué y muy nervioso empecé a quitarle el calcetín derecho ya que era el pie que mejor se me acomodaba para tocarlo con el pene, estaba consciente de que lo tenía que volver a poner, eso me daba más nervios pero eso me hacía disfrutar más el momento.

    Cuando se lo quite no hubo ningún movimiento de su parte, estaba muy excitado por lo que iba a hacer, tenía las uñas pintadas color blanco y tenía los dedos perfectos, me saque el miembro y me acerque a la orilla dejándolo a centímetros del pie.

    Toque su pie con el pene y no lo movió, así seguí haciendo contacto con su pie sin ser tan brusco con los movimientos, seguí y seguí haciéndolo con su pie, estaba muy excitado dejando embarrado su pie completo de líquido pre-seminal, esto me dio miedo por si llegaba a despertar.

    Así estuve por unos 10 minutos más hasta que mi cuerpo empezó a sentir tanto placer que ya no aguantaría mucho más, no sabía si aventar todo a su pie o no, termine aventando los 2 primero chorros a sus dedos y lo demás a las sábanas ya que los chorros habían sido gigantes y muy bruscos.

    Fui corriendo al baño de la habitación por papel higiénico y limpié lo más rápido que pude su pie, tarde más de lo que dure haciendo de todo a su pie para acomodar su calcetín sin dejar rastro de que estuve ahí, pero valió la pena.